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Carta abierta al Papa Francisco y a la Iglesia

Católica
A Su Santidad Papa Francisco
Ciudad del Vaticano

Su Santidad:

Primeramente, deseo expresar mi solidaridad con el arrepentimiento por las injusticias


cometidas por la Iglesia a los pueblos originarios de América Latina hace algunos siglos. Sus
palabras reflejan una sincera preocupación por los impactos nocivos del colonialismo y sobre
todo por los principios del neo-colonialismo de hoy en día.

También concuerdo con usted cuando afirma que las poblaciones oprimidas son parte
importante de la solución. ¿De qué manera? Dejando de consumir todo producto y dejando de
colaborar con todo tipo de sistema que aumenta su miseria. Esto se consigue en forma pacífica
mediante protestas vía la no cooperación, como lo hizo Mahatma Gandhi, para terminar con el
imperialismo de Gran Bretaña. Se puede boicotear a las megas industrias, sustituyendo el
consumo de sus productos por otros naturales, elaborados por artesanos y por industrias locales
honradas, y así incentivar la economía local.

Pero hay otra consideración que la Iglesia debe tomar en cuenta. La Iglesia, con su mega
estructura, mega capital, mega influencia, vía el Opus Dei y otras agrupaciones debería tomar
medidas con el fin de que esta energía dirija su rumbo hacia inversiones sociales, inversiones
que favorezcan a los pobres. Se entiende que la riqueza del mundo existe en gran parte por la
explotación de los recursos naturales y que la miseria e ignorancia existen por la manipulación
de los poderes mencionados.

Los conquistadores no fueron personas con sentimientos religiosos, eran matones y ladrones a
sueldo, de otros matones y ladrones mayores. Los directores de las grandes industrias buscan
monopolizar la semilla, envenenando nuestros campos con glifosatos; buscan contaminar a
nuestros pueblos con píldoras engañosas, de una industria farmacéutica irresponsable. No son
personas con sentimientos compasivos, y peor aún, no son religiosos. Todos ellos se burlan de
su petición de perdón.

Cambios concretos, transparentes y públicos son los que los ciudadanos del mundo queremos
ver. Una conducta no-sectaria con todos aquellos que siempre han hecho lo que usted pide en
sus discursos. ¿Y qué es lo que siempre han hecho? Cuidar la Madre Tierra, adorar a la Madre
Tierra, y amar de esta forma a la divinidad, porque la tierra es creación de Dios. Paganos y
ateos fueron quienes violaron sus derechos. Vemos que los pueblos originarios sí respetaban a
Dios y Su creación, que era como su energía o forma femenina.

Su nueva encíclica, que por primera vez en la historia coincide con muchas conclusiones que
los pueblos ancestrales siempre han expresado y practicado, es una noticia de gran alegría y
esperanza. Soy fundador, con un grupo de activistas a favor de la Madre Tierra, de lo que
llamamos el Pacto Mundial Consciente, que promueve que cada ser, hijo de la Madre Tierra,
tiene que ser plenamente responsable para que no aumenten desmedidamente los errores
cometidos en contra del bienestar de la humanidad.

Así como cada padre y madre tienen la plena responsabilidad de velar por el bienestar de sus
hijos, y nadie más los puede substituir en su responsabilidad, de la misma manera, cada ser de
la tierra debe cuidar a su madre, a su Madre Tierra. Solo con esta consciencia habrá esperanza.

Permítame realizar una sugerencia concreta: la ONU reconoce que el 51% de la contaminación
ambiental es causada por la industria de la matanza de animales y por esta causa estamos
perdiendo cantidades alarmantes de agua y grandes extensiones de la Amazonia, para
mencionar solo dos de los daños.

El llamado original de los santos como San Francisco de Asís, de los apóstoles y de los mismos
Esenios; de donde proviene el Maestro Jesús, era el del vegetarianismo. Ellos jamás hubieran
aceptado dañar la Amazonia para vender hamburguesas en Europa o Nueva York. La Iglesia
debe, con toda vehemencia, promover estos valores para reducir el consumo de carne. Y no
solamente con sus fieles, sino debería ser parte de su currículum educativo, eliminando la carne
y pescado completamente de la alimentación en las escuelas e instituciones, para dar un
verdadero ejemplo.

La Iglesia, que preside muchos hospitales, debería apoyar con vehemencia curaciones
naturales, antes que acudir a sustancias químicas y a la cirugía. Estos tratamientos, que en gran
parte funcionan justamente por llevar una dieta sana, por tomar agua pura, por hacer ejercicio,
por seguir medidas de sanación ancestrales, que hoy en día están siendo desacreditadas y hasta
perseguidas en las universidades de medicina, incluyendo universidades Católicas, entre otras.

Debemos entender que los dirigentes de los grandes poderes casi no tienen espiritualidad y muy
a menudo hacen alianzas con dictadores y con sistemas seculares (ateos de procedencia), que
no reconocen ningún valor espiritual en la madre naturaleza. En esta alianza brota el plan
siniestro de explotar la ignorancia de los pobres e indefensos de múltiples maneras. Con
relación a esto tendríamos que escribir un libro, al estilo del libro "Las venas abiertas de
Latinoamérica" (por Eduardo Galeano). Usted mismo menciona en su discurso los planes
siniestros de las élites de ahorcar a la población con un salario mínimo, con la inflación, con un
alto costo de vida, tratados de comercio internacionales, actuando como mediadores del Fondo
Monetario Internacional, del Banco Mundial y peor aún, de los que cooperan con crímenes en
todos los países, manejando el poder y depositando gran parte de todos los "fondos de ayuda"
en sus cuentas privadas en Suiza u otros paraísos fiscales. Es una mafia, que hace lucir a la
mafia Siciliana como quien se robó una fruta cuando estaba con hambre.

Y este nivel de corrupción existe en Latinoamérica. Sobre todo en poderes que son los
principales promotores del neo-colonialismo. Entonces yo le pregunto: ¿Qué se hace con un
criminal que se arrepiente y pide perdón mientras sigue matando y robando al mismo tiempo?
¿Se le puede tener simpatía? ¿Se puede confiar en su sinceridad?

Papa Francisco, necesitamos ver cambios radicales. Sus palabras son un bello comienzo, pero
no tendrán valor si no hay cambios verdaderos.La madre tierra y sus pueblos originarios gritan
a todo pulmón: “¡No más represas! ¡No más bosques deforestados! ¡No más conflictos bélicos
y enemistades provocadas!” Son muchos los temas en los que el capital de la iglesia está
involucrado. En cosas perjudiciales que hostigan y matan lentamente a la Madre Tierra.

El sistema educativo es uno de los principales aliados del neo-colonialismo y es cierto, por sus
palabras sinceras, su misma vida está en peligro, así como la vida de tantos que reclaman
cambios para proteger a nuestra madre. Por esta razón, como pastor de los católicos y de la
Iglesia poderosa neo-colonialista, haga cambios radicales. Las palabras de la encíclica quedarán
grabadas y el amor por Dios comenzará a florecer en todos los que acatan estos principios,
porque todos los que no cuidan a la Madre Tierra, ya viven en el infierno de su propia mala
consciencia y quién sabe lo que les espera después de su muerte.

Corregir tantos errores parece una tarea imposible o una misión imposible, pero todos juntos
podemos mejorar muchísimo comenzando por dejar la carne, por ser alimento insustentable
para la salud personal y del planeta. Dejar el pescado por ser la pesca insustentable y cruel.
Dejar de maltratar a la mujer y de usarla como un símbolo sexual y más bien establecerla como
representante sagrada de la Madre Tierra o de cualquier forma femenina sagrada; rechazando
las novelas que promueven la promiscuidad y que están destinadas a publicitar la píldora del
día siguiente, el plan B.

Yo le ofrezco como colaboración los descubrimientos de la OIDA terapia y de la psicología


perenne, para ayudarnos a comprender mejor la gloria de la fe, que es el origen de la
espiritualidad de cada ser, y para comprender mejor a los pueblos ancestrales y su
espiritualidad, la que ha sido totalmente desdeñada por nuestro sistema educativo moderno.

Debemos detener el tráfico de drogas y el consumo de sustancias tóxicas, con una metodología
totalmente diferente, pues ahora se descriminaliza el abuso de la libertad y la explotación de los
recursos naturales. Debemos informar a la humanidad sobre los efectos nocivos de todos los
estupefacientes y alcoholes, que transforman a la gente en esclavos de sus diversas adicciones.
Sin duda, el capital y el poder siempre tendrán que ser manejados por alguien en este mundo, y
los sistemas políticos básicamente han fracasado en proveer sistemas que exijan justicia y
honestidad a los líderes, que generalmente se declaran católicos en Latinoamérica. Un nuevo
sistema de control de los recursos debería ser promovido, que permita un volumen moderado de
libre comercio, pero que haga imposible el excesivo enriquecimiento de los individuos. Esto
debe ser buscado por todos los seres humanos. En fin, querido Papa Francisco y todos los
demás católicos que desean mejorar el mundo, el trabajo de ustedes, y obviamente del resto del
mundo, es gigantesco.

Después de Rio +20, la conclusión de la doctora Vandana Shiva, filósofa y escritora india,
activista de la Madre Tierra, y de los demás fundadores del Pacto Mundial Consciente, fue que
los gobiernos ya no tienen poder. Una gran parte de éste está en manos de las mega-
corporaciones y de capitalistas que manipulan por encima de ellos. En consecuencia, se debe
transferir la responsabilidad a cada individuo, a cada ser y a su valentía, para que luche por un
mundo más justo y sustentable. Y su encíclica muestra esta valentía. Ya es el primer paso de un
Papa sincero que está dando nueva esperanza al mundo. El haber pedido perdón es otro gran
paso.

Que sigan habiendo muchos otros pasos, tan necesarios, tanto de su parte, Santo Padre, como
de la Iglesia, y de los obreros y campesinos del mundo, además, con respeto hacia los pueblos
ancestrales, guardianes de la Madre Tierra, pues todavía corre por nuestras venas la sangre de
nuestros antepasados, todos ellos provenientes de pueblos ancestrales. No eran primitivos,
como nos quieren hacer pensar los evolucionistas, que niegan la espiritualidad como
ingrediente y capital principal de la solución. Solo con admiración y agradecimiento hacia
aquellos pueblos que vivieron en forma sustentable durante incontables siglos en las diferentes
partes del planeta y respetando su espiritualidad, podremos dar la bienvenida a otros mensajes
espirituales, como el quinto mandamiento, "no matarás", etc.

Que el amor nos una en esta tarea hermosa que Dios nos ha permitido realizar. Necesitamos
vida sencilla y pensamientos espiritualmente elevados. Un gusto superior que no dependa de
artículos del consumismo derrochador. Yo creo en las recomendaciones de los yoguis de la
India, como también en San Francisco de Asís, y qué decir del mismo Cristo, donde se puede
aprender mucho sobre este tema.

Y no debemos olvidar que los pueblos ancestrales nos enseñaron también que somos almas
espirituales. Cada uno responsable de sus propios actos y que después de la muerte pasaríamos
a otras existencias dependiendo de lo que hayamos hecho en esta vida. Una enseñanza que
perfectamente coincide con lo que el padre Orígenes sostuvo en la iglesia antigua.

Me despido con un abrazo fraterno a usted y sus hermanos, en el espíritu de un progreso tanto
espiritual como material.

Swami Paramadvaiti (Ulrich Harlan)


pswami@vrindavan.org

Cofundador del Pacto Mundial Consciente


www.pactomundialconsciente.org

Fundador de la OIDA Terapia


www.oidaterapia.org
www.worldpeacetherapy.com