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ZINDO&GAFURI

herbario

juliana bonacci
Bonacci, Juliana Virginia
Herbario. - 1a ed. - Buenos Aires:
Zindo & Gafuri, 2015.
48p. ; 20x14 cm.

ISBN 978-987-3760-17-4

1. Poesía Argentina. I. Título


CDD A861

Fecha de catalogación: 02/07/2015

Ilustración de cubierta: graphicspunk

zindo.gafuri@gmail.com

Diseño de portada: Patricio Grinberg


Sebastián Bruzzese
Diseño de interior: Sebastián Bruzzese
sebruz@gmail.com

Hecho el depósito que marca la ley 11.723.

Impreso en Argentina
A Luisa, mi abuela,

por llevarme cada mañana a ver las flores nuevas


¿Vamos a recoger hierbas por el mundo?

Haremos un herbario con hojas y flores,

aún con las que parecen

un murmullo apagado en la arena.

Edith Vera

Las flores se marchitan y caen arrastradas

por el viento de otoño;

pero el perfume de las flores, ¿dónde va?

Li Tchangyin
herbario
Uno

De niña quería saber


cómo iba a ser mi amado.
Una noche, antes de dormir
tomé una ramita de abedul
la até a mis cabellos con una cinta rosada
y acaricié mis párpados con aceite de lavanda.

Recité:

“Colores silvestres que tiñen


el río soleado de ardores
develen mis dudas
y anuncien pasiones”.

Al despertar solo supe cuál era


el color de las orillas
cuando engendran una partida.

“Quien sueña con el Betula pendula abedul protege su hogar contra


las penas. Algunos místicos sostienen que la presencia de dicho árbol
está indicada para mejorar las depresiones. En un tiempo otro, era
conocido por muchos que las cunas que estaban hechas con su
madera resguardaban a los infantes y por pocos, que las escobas de
las brujas se hacían con sus ramas”.

11
Dos

Busco plantas sagradas


en las que veo cada día.
Hojitas de albahaca
ramitas de helecho y
flores de hibisco.
Dejo que se sequen y tomo
solo una cucharada de cada una
para hacer una tinta con la que
escribo el poema que recorre
mis nervaduras y llega
al margen del sentido.

Llevo conmigo un manojo de hojas de Ocimum basilicum para atraer


la riqueza, metafísica, claro. Después de la tercera noche en duermevela
preparo un bebedizo con esas hojas para poder descansar. Cuando
lo logro, sueño que camino por jardines con pérgolas cubiertas por
una filigrana verde opaco de rizomáticos Pteridium aquilinum y
refrescantes Hibiscus sabdariffa. Atardece y acompaño a cada cáliz
azucarado en su caída. A la mañana despierto llena de capullos.

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Tres

Bajo una luna propicia


elijo pedacitos de madera
hojas y raíces del alcanforero.
Obtengo un aceite esencial
de nota alta-media
que permanece unas horas
entre mi piel y el aire.
El uso sostenido impide la putrefacción
de mi sustancia animal frente
al desamparo temporal del cortejo.

En el bosque de Cinnamomum camphora suena una canción para


arrullar animales que sueñan cada noche con su nacimiento y su
muerte y… no despiertan.

13
Cuatro

La amapola acampanada se escapa


de las categorías del pensamiento
y forma un torbellino escarlata
mientras salgo de la decimotercera
crisis existencial
semillas latiendo vienen hacia mí
como un río numinoso
mientras la pregunta se eterniza
en un crepúsculo de cuatro pétalos
se escapa, acampanada, la amapola.

Extraigo el pigmento de la Papaver rhoeas para teñir hilados,


darle color al vino y preparar jarabe para las esperas desoladas.
Abro la puerta y la hierba roja precede a mis sueños. Es musa de
transformaciones en el jardín. La hierba roja y estas palabras alcanzan
las heridas sin cuerpo.

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Cinco

Anís estrellado contra mi corazón.


La vida juega con las formas
nosotros somos nuestro propio accidente.

Estoy de viaje. Llueve. Lentamente. Y se derraman las connotaciones.


Es el apogeo de la primavera y los brotes relucen. De alguna manera
siento como si estuviera en casa. No voy de paseo porque prometí
recoger las semillas de Illicium verum, que abre sus flores en esta
estación. Ellas ofrecen la esencia para un poderoso remedio. Beber
su infusión a diario aumenta la clarividencia y permite percibir
acontecimientos futuros. Aunque esta vez creo intuir el pulso de las
cosas.

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Seis

Cuando el sol está en su cénit


arrojo flechas de artemisa
hacia los rumbos posibles
de la rosa de los vientos.
Así protejo mi casa.
En los tiempos en que parece que
todo sale mal
pongo siete hojitas secas en una
píxide con figuras rojas y dejo
las intenciones mágicas en
la habitación del silencio.

“La artemisa es una hierba femenina que urde la felicidad. Cuando


era pequeña, Antonia me contaba que en tiempos remotos las
sacerdotisas llevaban ramas de Artemisia vulgaris en las procesiones
para venerar a sus diosas. Una vez una bella dama había acudido a
ella para que la ayude a averiguar un secreto. Mezcló sus hojuelas con
incienso y leyó la respuesta en la tierra. Aprendí que con sus tallos se
hace una poción mágica (y amarga) que desvanece las molestias de
las mujeres”.

16
Siete

En tiempos remotos hombres y mujeres


se veían tentados en poner estigmas
de azafrán entre su ropa blanca
para imprimir en sus sueños el signo del sol.
¿Habrán sido de ese color los de
la Mujer con abanico y su creador?
¿Cuál es el vínculo tan fuerte que
se ha creado entre nosotros
para emerger en tantos poemas?
La melancolía en el oriente
era tratada con sus hebras
ya que se creía que
traía alegría y sabiduría.
La melancolía, esa dorada sustancia.

Quemamos Crocus sativus en un rito de iniciación y visualizamos


hilos dorados que nos unen con la divinidad. Es muy suave nuestro
estar gracias al efecto de sus pigmentos. Todo es amarillo y eso nos
hace felices.

17
Ocho

Con pétalos de caléndulas


granadillas, nísperos confitados
y vino adamascado, recibo
la estación de las flores.
La purificación cobriza es
una pequeña acción de gracias
la elegía azul de la danza es
una minuciosa acción de amor
la reunión de todos los huesos,
el encuentro de lo que es y no puede ser.

Cuando cada mes tiene su inicio, tres niñas comen crema color
naranja. Recogen cornalinas, insectos alados y pétalos de Calendula
officinali que luego esparcirán sobre sus “propias moradas”.
La lluvia sobre el círculo es el pasadizo hacia la cristalidad de las
cosas.

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Nueve

Hay un mueblecito en la cocina.


Un mueblecito hecho con un cajón de frutas
con frasquillas con hierbas, semillas
polen, miel, canela y un cuenco que
mucho tiempo usé para hacer libaciones
y que ahora lleno con palabras bordadas que
quiero decir y no puedo.
Cuando las visitas aceptan algo de beber
se los acerco para que acompañen su aperitivo.
Algunas se van sonrientes
o taciturnas
o inspiradas.
Otras, no vuelven.

De las hojas y los tallos tiernos del canelero Cinnamomum


zeylanicum obtengo la especia y la esencia. Las flores blancas o
amarillas se disponen en racimos, más adelante habrá bayas. Su
follaje persiste todas las estaciones. Hay pequeños animales en el
canelar. Hay un molinillo debajo de uno de los árboles y aquí preparo el
polvo rojizo. Si me pudiera observar vería que soy una posible imagen
de una litografía. En el invierno el exquisito tesoro servirá para hacer
té y dulces para aumentar el calor en el cuerpo y proteger el corazón.

19
Diez

El muro de la casa agoniza.


Aun abrigado por la celidonia, agoniza.
Sus tallos ramificados lo sostienen con amor
como las líneas de mis manos sostienen mi destino
como estas pequeñas palabras sostienen al poema.
La búsqueda ¿natural? del equilibrio
la relación/tensión entre las cosas
no es advertida por la conciencia hasta que
el amarillo silvestre nos descubre
cómo viven las criaturas cuando
los hilos se han cortado.
Cada mundo es esa revelación.

En los herbazales que me rodean se distinguen desoladas y amarillas


las inflorescencias de la Chelidonium majus, calmante de martirios. El
ciervo, terciopelo silvestre, come los tallos y hojas. Por las mañanas y
por las tardes. Todos los días. Todos. Hasta el último.

20
Once

Con los pétalos de la dalia púrpura


grabo la palma de mi mano.
El bosquecito será habitado
por las criaturas ominosas
que la consciencia
no puede seguir conteniendo
en su espesor y espesura.

El agua sube por los tallos de la Atlcocotlixochitl, moja mi vestido


y sube a mi lengua que retorna a lo silvestre. Mis pies danzan la
consagración, aquí y ahora.

21
Doce

La cajita de las lunaciones que salvan


tiene un cianotipo con un arboreto.
Los eucaliptos y el viento crean
un azul sin fin. La mariposa de
plata trae preguntas para
la espuma enloquecida
mientras la muerte
agoniza.

La fiebre llega como un pájaro amarillo cremoso. Antes de volverme


niña, ya tengo preparadas las hojas y bayas de Eucalyptus globulus
Labill para hacer vapores y respirar hasta fundirme con el primer
sonido audible.

22
Trece

Durante la cosecha, frambuesas rumorosas,


derraman su textura visual, brillante
trece millones de raicitas suben a
contemplar la belleza que alimentaron
los insectos ofrecen sus libaciones
los círculos de mi cuerpo giran
a la velocidad de la renovación estacional.
Mis manos llenas de frutos y espinas
perciben la promesa del ciclo sagrado.

Atraída por el color de los frutos de la Rubus idaeus, una procesión


minúscula avanza hacia el interior de la topiaria. Allí, celebran sus
esponsales señoriales celestinos. Las criaturas intercambian dones
elementales y urden un nuevo Banquete.

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Catorce

La hiedra progresa por los muros


hacia el pretil del puente, sube y oculta la escalera.
Una mujer se recuesta sobre su verde espesura, caracoles
se deslizan sobre su pecho. Quito las ramas imbricadas que
están
sobre los silencios. Bajo los peldaños y canto. Y cantando
accedo a un
interminable sueño, siguiendo un cauce de agua, camino y me
alejo.
¿Cómo se despide lo intangible?
Lo intangible que está pero se sabe lejos.

Las umbelas de la Hedera hélix no detienen la lluvia de imágenes que


caen desde un cielo desconocido. ¿Es cualquiera de las formas de la
inmortalidad un innecesario deseo?

24
Quince

La higuera ya no está
pero impregna mis recuerdos.
En el lenguaje de las plantas
significa penuria.
Ese detalle pudo haber pasado inadvertido
con la misma sencillez
con la que pudo haber calado
en el inconsciente familiar
como una profecía.

Antonia venía a buscar hojas de Ficus carica para practicar un


método adivinatorio. Escribía una pregunta sobre una de ellas y, si
esta no se secaba inmediatamente, era de mal augurio. Ubicada en un
sector umbrío de la casa su existencia no se desvió de la zona de los
misterios. Con el tiempo pude ver como agonizaban sus ramas, como
sus frutos se atestaban de insectos, como se volvía gris, porosa.
Todavía recuerdo con pavor una hoja verde con la que no me animé
a dialogar.

25
Dieciséis

Mientras preparo fuego


dejo la ventana entreabierta
coloco arena en la base de un recipiente
hago un reverbero en seco
para neutralizar el ambiente.
Sobre un carbón encendido
deposito siete lágrimas de incienso
giro siete veces sobre mí misma.
El humo ocupa así el lugar de la tristeza.

(Donde hay olor hay un agente químico natural


compuesto por átomos que vibran en determinada frecuencia
y llevan igual que yo una vida pequeñita.
¿Y dónde hay dolor?)

El incienso es una sustancia de color amarillento o rojizo y de muy


picante fragancia al arder, que procede de diversas especies de
Boswelia. Cuando era niña, durante la temporada seca, acompañaba
a mi abuela a hacer una incisión en los tallos de los arbolitos y así
recogíamos la exudación en forma de lágrimas endurecidas. Después
supe que esa acción se conoce como sangrado y su producto es el
“incienso hembra”, a diferencia del “incienso macho” que es lo que
destila naturalmente el árbol. Mucho tiempo tardé en saber qué se
escondía detrás de esa clasificación si la pensaba como metáfora.

26
Diecisiete

Diez flores de jazmín, cien pétalos de rosas silvestres


una chaucha de orquídea vainilla y dos clavos de olor
un litro de aguardiente, medio litro de agua, y miel.
En una vasija coloco los ingredientes
lo cierro herméticamente y dejo que transcurra un mes
le ato un cordón enhebrado con cascabeles
varias veces agito el recipiente
luego
preparo jarabe con miel y agua
espero que se vaya el calor y
mezclo agito filtro y embotello.
La noche del primer sábado invernal, lo tomo y me acuesto.
Tengo a mano lápiz y papel.
Al despertar escribo mis propias profecías.

Una tarde, la diosa de los árboles, descubrió que su compañera se


había perdido, por lo que comenzó a gritar su nombre. Gritó. Gritó
hasta que perdió la voz y comenzaron a salirle rosas silvestres en
lugar de sonidos. Aquella nunca apareció. Con un canto melismático
en la boca, fue descubriendo que podía hacer perfumes y bebidas
para curar sus males a partir de sus sépalos, pétalos, estambres
y carpelos. Se propuso crear una Rosaleda junto a la flor que su
amiga había descubierto durante sus paseos lunares: el Jasminum
officinale.

27
Dieciocho

Con los dedos de la mano derecha


bebo el jugo del lirio de agua
con los ojos fijos en la flor más próxima
y los pies en el cuerpo del arroyo
sello un nuevo tiempo
fuera del tiempo
y acuerdo
una instancia lunar.

En las praderas húmedas de mi consciencia, son pájaros los que


aportan la coloración cárdena al Iris sibirica .
La primavera aparece con la herida de los dioses grises, que no se
pueden nombrar pero deben destruirse.

28
Diecinueve

Preparo una poción


con hojas y flores secas de malva
recogidas en el montecito.
Después de beber el líquido
me abandono a la gravedad de la tierra
encuentro y muestro mis raíces
y recuerdo que
habité pueblos que tenían como deidad
a una Diosa de epifanías arborescentes.
Estoy dentro y fuera
de una escena en la que el viento
levanta y arremolina hojas verdes y amarillas
reactualizando la noción de intemperie
impregnando la atmósfera de algo
muy parecido a un páramo.

Es verano. Camino entre una deliciosa superposición de follajes.


Busco la Malva sylvestris. Ella ofrece desde su raíz hasta sus racimos
de inflorescencias. Regala su color morado pálido al espacio. Sus
frutos traen semillas que se esparcen al caer al suelo y dan nueva
vida. Lleno mis bolsillos con hojas y flores. Dejo atrás el malvar para
ingresar a la zona de los encantos. Recuerdo que los actores antiguos
que tenían problemas en su garganta o en su voz bebían una infusión
preparada con sus pétalos y estambres. Pienso en la situación que
estoy viviendo: mis nuevos personajes son mudos.

29
Veinte

Se aconseja dormir sobre un


colchón de suaves manzanillas
para volver a enamorarse.
Tras la sucesión de las noches
la piel adquiere un aroma a miel salvaje
la sangre, la música serena de
las emociones frágiles.
Algo… vuelve leve al durmiente.
¿Y si los enamorados no se encuentran?
Una banda de pájaros cantará hasta reunirlos.
¿Y si aun así no sucediere?
Las criaturas han de recuperar el drama y
la representación se eternizará
en el lugar que ya conocen.

Los celestinos construyen una estructura en forma de tacita con


fibras vegetales, pajitas y diminutas raíces. Desde las ramas medias
asoman sus cabecitas azul celeste. Buscan musgo y Chamaemelum
nobile para la incubación de los huevos. En cada bosque en el que se
instalan, después de volar largas distancias, yace una durmiente sobre
el herboso suelo.

30
Veintiuno

Los unicornios viven debajo de los manzanos.


Dicen que durante el crepúsculo
quienes se sientan debajo de su copa
a meditar (o a escribir un poema)
pueden verlos comiendo sus frutos.
Dicen también que los que tienen
un brillo inusitado, se han hecho mágicos.
Cuando comemos manzanas
atesoramos sus pepitas hasta el plenilunio
y las sembramos debajo de la cama.
Después esperamos que sucedan los milagros.

El manzano (Pyrusmalus) es bello en todas las estaciones. Ya lo


supo Mondrian después de pintarlo. El que estoy contemplando es
muy pequeño y está lleno de líneas y curvas. El cielo tiene el color
de la primavera pero el árbol tiene todas sus flores ocultas. Se ofrece
misterioso y abstracto para que se lo pueda imaginar con frutos
liláceos.

31
Veintidós

¿Podría haber un bosque dentro de mí


si me asumiera como árbol?
Me enamoro debajo de un membrillero
la tarde que todos sus frutos son de color amarillo-dorado
(aunque si quedan algunas flores rosadas
podría ser un buen augurio).
Elijo dos frutos y los coloco entre la ropa
y así perfumo nuestras prendas.
Tiempo después del tiempo
el aroma brillante
sobrevuela nuestras existencias.

Debajo del tronco tortuoso de la Cydonia oblonga, preparo mi atril


para pintar un gran bodegón con membrillos. Por momentos me
sobreviene una meliflua melopea. Algo me inquieta. Busco el Relicario
y descubro sólo una foto.

32
Veintitrés

En situaciones en las que siento que


algo me amenaza y llevo demasiado
tiempo en estado de alerta
busco los ingredientes
para preparar una agüita de curación:
tres hojas de profunda menta
una flor de azahar y agua fresca.
Durante un día dejo la flor en remojo
para que suelte su esencia
luego pongo a hervir las hojas
y mezclo los líquidos
que bebo
con los pies en la tierra.

Cuando la Luna es Menguante abro todas las ventanas, con un difusor


esparzo gotas de aceite de Mentha piperita por todos los ambientes
para aumentar las vibraciones del espacio y así lograr progresiones
armónicas. Luego me alejo para que las cosas puedan tener su
intimidad reparadora.

33
Veinticuatro

Quiere saber cómo está.


Hago un saquito con milenrama
La cuelgo de mi cuello.
Respiro con mis pensamientos
sosiego mi mente
empleo mis poderes fortalecidos
por la blanca constelación de flores
y averiguo que ella aún
en la penumbra
crea los más bellos colores.

Achillea millefolium fue la planta que la diosa del amor le sugirió


a Aquiles para aliviar los dolores de la herida mortal que la flecha de
Paris le hiciera durante la guerra de Troya. Las que yo recojo florecen
durante el verano a orillas del arroyo mayor. Alquímicas y mágicas
estas flores  diminutas se compactan y parecen ser una sola.  Las
coloco al sol sobre un lienzo violáceo. Una vez desecadas las separo y
con una parte de la cosecha preparo una tintura para curar las heridas.
Las vierto en alcohol y las dejo por varios días. Con el resto preparo
un licor. Introduzco las flores en una botella de boca ancha con un litro
de vino de uvas blancas. Dejo macerar durante quince días y filtro. Lo
bebo en un copita de cristal tallado.

34
Veinticinco

Es invierno, recién nos mudamos.


El amor no es lo que era.
Optamos por resistir y dormir muy cerca del nogal negro.
Del río traigo piedras que encimo
hasta formar un círculo imperfecto
espero que brote la siembra
sin hacer preguntas.
La copa desnuda confía
en la semilla llena
que yace a sus pies.

Cierro los ojos e imagino el Juglans nigra que crece al pie de la


casa materna de Antonia. Junto frutos y los como ávidamente, como
buscando una respuesta. Subo más y más. No quiero bajar. He
encontrado el umbral de la felicidad.

35
Veintiséis

Hoy es la consagración de las flores.


Llevo un vestido de diminutas nomeolvides
y pequeños cuerpos cósmicos.
Con levedad ceremonial los árboles
abandonan sus raíces y vienen
conmigo a contemplar el lugar
en donde las palabras regalan
los nuevos nombres.

Construyo un santuario personal en el lugar donde se produjo el


primer milagro. Sobre encaje bordado coloco una cajita con cenizas
del primer poema y un ramillete de Myositis syvatica. Permanezco
en ese lugar el tiempo que se necesita para mudar la tristeza.

36
Veintisiete

Un puente. Con las piernas colgando


observo. Polvo y salitre y viento.
El único palo azul, espinoso y tupido
sostenido por una espera.
Polvo y salitre y tedio.
Cuatro maras en silencio
lo abrazan sin temerlo.
Polvo y salitre y milagro
para los que están atentos.
¿Qué dirá de nosotros el viento
a través de los siglos?

Cuando preparo la infusión milenaria con el Cyclolepis genistoides


se tiñe el agua con un profundo tono azul -ambarino que a veces
llega a tener matices iridiscentes. Ese remedio curaba y cura los
dolores que afectaban las articulaciones del cuerpo.

37
Veintiocho

Las flores solitarias, hipnóticas de la pasionaria


¿qué esconden entre sus pétalos?
Hasta ella llegan atraídos por sus nectarios
pequeños visitantes que bailan
una danza adivinatoria
descubren que sus hojas irán
a una colección caprichosa.
La dulzura es un señuelo
y
la muerte la ignorancia
de todas las criaturas.

El Mburucuyá es una planta que, según la botánica oculta, sirve para


infundir paz y armonía, como también para vehiculizar intenciones
mágicas para el desarrollo de las amistades. Los primeros habitantes
del Abya Ayala usaban su raíz para elaborar cataplasmas con las que
trataban quemaduras, heridas e inflamaciones.

38
Veintinueve

¿Hay caos o hay orden entre las partículas


que conforman la pulpa frutal madura
minutos antes de que la gravedad
la devuelva al ras de la tierra?
¿Y entre las partículas de mi mente?
¿Es el espacio el que se expande o
yo me contraigo?
En ocasiones, recito una oración que
una Niña escribió para mí
intentando un devenir mántrico.
Una dimensión ultra sutil se hace lugar.
Los espesores, las magnitudes, los cuerpos
los signos, los sentidos, los volúmenes
crean un ambiente difuso.
Mientras tanto vivir se ha convertido
apenitas en una reunión de preguntas
que se secan como pensamientos rojos
entre hojas ya leídas.

Durante el invierno encuentro Violas x wittrockiana en todo su


esplendor. Los incorporo a mi vida. Los uso para colorear ensaladas o
postres. Para endulzarlas debo sumergir la cara superior de la flor en
clara de huevo y después empolvarla con azúcar fina.
Para hacer un remedio mágico contra la melancolía necesito su
floración, unos trocitos de manzana, tela rosa, hilo del mismo color.
Primero le quito cada pétalo a la flor, mientras canto los buenos
deseos.
Coloco sobre la tela lo que antes fue una corola, los pedacitos de fruta.
Uno las puntas del paño a modo de bolsita y realizo unas puntadas.
La coloco debajo de la cama hasta la mañana siguiente. 

39
Treinta

Alguien que no conozco


escribe mi nombre
en el papel en el que seca
semillas de peonías.
Las semillas respiran a un bajo nivel
para mantener vivo al embrión
¿y mi nombre todavía respira?
Estas anotaciones irrigan la máquina floral.
Este herbario acelera las partículas
de mi esperanza.

Las flores de la Paeonia officinalis están bordadas en pañuelito. La


muñequita de tela que da consejos, las semillas cuidadas, el bálsamo
de pétalos y sal son las ofrendas de esta tarde de ceniza.

40
Treinta y uno

Dejo los pies en el arroyo


algo se va con el agua.
Un pájaro bebe muy cerca.
Bebe y vuela.
Un milagro corre
hacia la sagitaria
sus pétalos caen como un velo
la flor no conserva su forma 
pero ahora vive
en su blanco conjuro.

Esta noche es imposible acariciar la blanca flor de la Sagittaria


sagittifolia. Sus hojas siguen la fuerza de su nombre y atraviesan el
cuerpo de quien quiera acercarse. Esta noche ella se pertenece a sí
misma.

41
Treinta y dos

Te espero
con mis ojos
de trébol
de tres hojas

(intuyo que 
la suerte
vendrá
cuando estemos
en el mismo espacio 
y tiempo).

El Trifolium Pratense es una famosa hierba de hojas trifolioladas y


florecillas rojas, rosadas, blancas o amarillas. Si miro hacia abajo veo
que crecen sin problemas (cerca de las ortigas, del diente de león o de
las minúsculas verónicas) en cualquier superficie. Después de comer
los de flor blanca uno se siente más cerca de la tierra y del sol.

42
Índice

Uno 11
Dos 12
Tres 13
Cuatro 14
Cinco 15
Seis 16
Siete 17
Ocho 18
Nueve 19
Diez 20
Once 21
Doce 22
Trece 23
Catorce 24
Quince 25
Dieciséis 26
Diecisiete 27
Dieciocho 28
Diecinueve 29
Veinte 30
Veintiuno 31
Veintidós 32
Veintitrés 33
Veinticuatro 34
Veinticinco 35
Veintiséis 36
Veintisiete 37
Veintiocho 38
Veintinueve 39
Treinta 40
Treinta y uno 40
Treinta y dos 42
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Araujo 3293
julio de 2015