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Ensayo sobre políticas públicas en Colombia

Luisa Fernanda Moreno Ospina

Planificación Alimentaria y Nutricional


Maria Teresa Quintero

Agosto 29

Escuela de Nutrición y Dietética


Universidad de Antioquia
2018
La Política Colombiana de Envejecimiento Humano y Vejez se plantea desde la
premisa de que el envejecimiento humano es un proceso heterogéneo, intrínseco e
irreversible1, además de que es un suceso que ocurrirá en todos los seres humanos
sin excepción alguna. Se basa en la dignidad humana y como miembros de una
sociedad que tiene propósitos y objetivos en conjunto, se puede considerar como
una política de responsabilidad social que vela por los miembros que en este
momento se encuentran en dicho estadio y por todos los que llegarán a él. Es por
esto que se busca darles a los adultos mayores un espacio en la sociedad, en la
política, en lo económico y en lo cultural, sin irlos a hacer a un lado y que se sientan
obsoletos para la época actual.
La Política Pública plantea, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, que
“el envejecimiento activo es la optimización de oportunidades de salud, participación
y seguridad con el objetivo de mejorar la calidad humana de vida a medida que las
personas envejecen”. Así que la estrategia para hacerlos partícipes de la sociedad
es optimizar su acceso al servicio de salud, darles participación política y brindar
seguridad, aunque no se especifica en cuál ámbito. Se busca que vuelvan a tener
un rol, así como se ha escuchado que, en las generaciones antiguas, las personas
mayores eran quienes se encargaban de la transmisión de enseñanzas y
tradiciones, y por ende cumplían una función vital dentro de esos grupos sociales.
Sin embargo, la política se enfrenta con unos retos muy propios de la sociedad
colombiana actual como lo son la desigualdad social, la dependencia funcional que
tienen los adultos mayores respecto a su familia, el hambre y la pobreza extrema
que sufren diariamente una cantidad considerable de hogares colombianos y los
imaginarios adversos y representaciones discriminatorias del envejecimiento
humano1. Esto sin hablar de la corrupción y la falta de ética de algunos dirigentes
que colocan sus intereses por encima de los de la población.
Para esta política, como muchas otras en Colombia, se utiliza la focalización con el
fin de llegar a esos adultos mayores que son más vulnerables por su situación
económica y social; no obstante, es esta misma focalización la que sigue ampliando
las brechas de desigualdad, pues convierte esta política en una asistencia del
Estado y no en un derecho de todos los colombianos.
Entonces es el momento de examinar más a fondo la política y comenzar a ver esas
contradicciones dentro de ella misma que la convierten en una política irrealizable y
que sólo se limita a cumplir con programas que no cubren a toda la población de
adultos mayores, mientras ataca las contingencias actuales y resulta como paños
de agua tibia para un problema de mayor magnitud que termina afectando a todos
los habitantes colombianos.
Su primera contradicción se plantea desde que considera que la política se debe
fundamentar desde la dignidad humana, como un derecho humano y universal, pero
se focalizan en los estratos más bajos. No existe ningún problema con que se quiera
ayudar a esas franjas sociales y segmentos excluidos de los mercados de trabajo
que se encuentran en mayor vulnerabilidad por las desigualdades sociales, pero
sustituyen sus derechos sociales y económicos por medidas de apoyo
asistencialista2, creando una dependencia de las políticas del gobierno actual; sin
contar con que las gestiones de los gobiernos no son acumulativas, cada presidente
llega con su nuevo plan de gobierno y desmonta lo que había instaurado el anterior2.
Es decir, cada gobierno cambia las políticas según sus objetivos, muchas veces
desamparando proyectos que ya estaban instaurados y que beneficiaban una
población, pero como nunca fueron un derecho vuelven a dejar vulnerables a sus
participantes y en mayores riesgos a nivel económico, social y humano.
Sin contar con que es la focalización el primer protagonista en el clientelismo2 pues
al limitarse los beneficios de la política a ciertos estratos socioeconómicos o ciertos
puntajes del Sisben, siguen siendo muchos los ciudadanos que se quedan por fuera
de ella aun mereciendo los beneficios, y es ahí donde aparecen los actores de la
corrupción que, a cambio de votos incluyen a personas que el puntaje de corte no
los amparaba pero aún así se encuentran en situaciones económicas y sociales
muy difíciles de manejar y ayudar. En otras palabras, se convierte en una manera
de cómo aspirantes a puestos políticos utilizan a servidores públicos para conseguir
esa cantidad de votos que sus partidos políticos requieren para acceder a sus tan
anhelados puestos, corrompiendo la democracia de los ciudadanos a cambio de
estar en programas de asistencias sociales y económicas.
Como segunda contradicción, se puede observar en el mismo marco teórico de la
Política de Envejecimiento que se habla de la limitada oferta laboral para las
personas mayores de 60 años1; sin embargo, se sigue optando por aumentar la
edad de pensión. Resulta muy ingenuo creer que un adulto que tiene poca oferta
laboral se encuentra en condiciones económicas de seguir a cargo de sí mismo y
aportar al sistema pensional del cual espera, algún día, poder reclamar una pensión
y descansar de todos esos años de vida laboral. Es entonces más apropiado
cuestionarse cuál es el fin del aumento de la edad de pensión, si en verdad se quiere
hablar de un envejecimiento activo donde los adultos mayores sigan siendo
partícipes de la sociedad a través de su trabajo, o solamente se hace con el fin de
se sostenga de alguna manera el tan fracturado sistema pensional. No se debe
olvidar que este aumento de edad para la pensión sólo ocasiona que los adultos
mayores recurran al empleo informal, pues tras de que su oferta laboral es casi nula,
son la población que cuenta con mayor índice de analfabetismo, siendo un aliciente
para disminuir su oferta.
Según el modelo neoliberalista que se adoptó en el país desde la década del 80,
cada persona debe hacerse responsable de esos derechos sociales pues por la libre
competencia del mercado cada cual puede acceder a ellos y, por la libertad
financiera que se maneja, decide de qué manera administrar sus recursos y elegir
entre diferentes ofertas de entidades de salud y de pensiones, sin estar esperando
que el Estado se los garantice3. Y sería muy válida esta posición, si se asegurara
una competencia libre pero justa entre sus participantes, es decir, si existiera una
distribución de la riqueza más apropiada y no un acaparamiento de la riqueza del
país, sin importar si es por parte de muchos o pocos, pero que es bien sabido por
todos que ha sido de manera fraudulenta y ha causado mucho dolor en familias del
campo colombianas, incluso llegando al derramamiento de sangre.
Así que tampoco es sensato creer que los ciudadanos colombianos están en la
capacidad de asegurarse por sí solos una vejez digna, pues ni siquiera se les
asegura que en sus años más activos laboralmente podrán recoger un capital
significativo para enfrentarse a las necesidades y a los cambios que atraviesa la
economía año tras año cuando ellos ya decidan no laborar más.
Retomando la política que ofreció el gobierno de turno en el año 2015 puede sonar
tentadora y hasta hacerle creer a la ciudadanía que busca ayudar a los adultos
mayores a tener una vejez digna en la cual sigan formando parte de la sociedad,
pero es mejor no llamarse a engaños y ver tal cual las cosas como son. Es más una
mercantilización del ser humano, él vale por lo que pueda producir y aportar al
sistema, dejando a un lado todos sus derechos sociales, incluyendo entre ellos el
poder descansar tras tantos años laborando arduamente. Es una política sin bases
ni recursos que busca ganarse el agrado frente a las masas pero que no soluciona
el problema latente al que se enfrentan y es el fracturado sistema de pensiones con
el cual cuenta Colombia.
Para finalizar, es entendible que se quiera llegar a quienes cuentan con menor
cantidad de recursos tanto humanos como económicos, pero no se puede olvidar
que todos los colombianos, indiferente de su estrato socioeconómico o su puntaje
del Sisben han contribuido a la sociedad y al sistema pensional, como para recibir
menos beneficios sólo por no ser del estrato 1 y 2. Si se busca elaborar una política
para devolverle a los adultos mayores toda su entrega y trabajo que tuvieron en su
vida laboral, debe institucionalizarse y convertir en un derecho la pensión, no bonos
pensionales que en cualquier momento se les retira el presupuesto y se deja en
mayor riesgo a toda población que en su momento fue la beneficiaria.

Referencias Bibliográficas:
1. MINSALUD. Política Colombiana de Envejecimiento Humano y Vejez.
Biblioteca Digital [Internet]. 2015 [consultado 31 Ago 2018]. Disponible en:
https://www.minsalud.gov.co/sites/rid/Lists/BibliotecaDigital/RIDE/DE/PS/Pol
%C3%ADtica-colombiana-envejecimiento-humano-vejez-2015-2024.pdf
2. Adelantado J, Scherer E. Desigualdad, democracia y políticas sociales
focalizadas en América Latina. Revista Chilena de Administración Pública.
2008; (11): 117-134.
3. Mancilla López LP, Álvarez Castaño LS, Pérez Isaza EJ. Las políticas
alimentarias y nutricionales en Colombia y América Latina. Historia, contexto
y desafíos. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia; 2017.