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EN

EL CIRCO NO HAY REGLAS:


UNA TEORÍA PAGANA DE LA SEXUALIDAD

1. INTRODUCCIÓN: LOS CABALLOS DE LA PASIÓN

Al fi nal del milenio cristiano y el siglo de Freu;}


{ el sexo sigue envuelto en el misterio. Un interrogante cuelga
1 sobre todos los temas sexuales importantes. A pesar de la amar-

¡
/ ¡ gas polémicas públicas y los acalorados debates privados, rodavía
~! 1 no tenemos respuestas. En realidad , apenas hemos em pezado a
JJ
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formular las preguntas adecuadas.
·. . El sexo, he argumentado en libros anteriores, es animalidad y
artificio, un intercambio dinámico de naturaleza y cultura. Para
estudiarlo, uno debe sopesar el testimonio del arte y utilizar todos
los recursos académicos de las ciencias naturales y sociales. En mi
opinión, las muchas escuelas de psicología moderna, cuyas raíces
se encuentran a finales del siglo XIX, alcanzaron su cumbre en los
eclécti.cos años sesenta, que fusionaron teorías y prácticas muy
diver as , desde el análisis verbal de Freud hasta la manipulación
corporal reichiana. En esa década, en Estados Unidos, la ciencia
occidental y el hinduismo asiático se unieron momentáneamen-
te, pero las brillames intuiciones obtenidas de este encuentro fue-
ron experimenrada por individuos aislados y se disiparon en la
cultura ge neral. Los psicodélicos sesenta dejaron su huella en
imágenes y música más que en libros.
Durante los últimos 25 años, la teoría sexual ha permanecido
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en un estado de caos. Los activismos monotemáticos se han con- lfri conocimiento y control. El sida, sobre todo, vuelve a introducir
vertido en fanatismos , tanto por parte de la izquierda como por ¡u / la naturaleza en el temario de la teoría sexual. D esgraciadam enre
1 parte de la derecha. En realidad, la comprensión del erotismo ha ) para la vacía ideología del fem1msmo actual y la liberación gay,
lj sufrido una regresión, a medida que la ideología se ha vuelto pr~­ l cuyas metas últimas yo apoyo, esto significa que la procreación
mordial. El mayor avance conceptual de los sesenta fue su mov1- debe ser afrontada de manera mucho más honesta de lo que ha
, miento romántico de regreso a la naturaleza, el impresionante y sido hasta ahora. La omisión de ese tema por parte de la izquierda
'\¡ estrellado paisaje empequeñeciendo las convenciones~ las formas sólo ha ayudado al ascenso de la derecha, que plantea la discusión
sociales. La visión de los sesenta de la naturaleza a pamr del poder en términos morales o más bien en términos judeocristianos. ~
de las flores tenía demasiado de la benevolencia de Rousseau, Para mí, el poder definitivo en el universo es la naturaleza, no
pero era más acertada que errónea. El organicismo es la verdadera Dios, cuya existencia sólo puedo entender como energía vital
deconstrucción. Debido al fracas~ o la reticencia de los visiona- despersonalizada. Pero como he dicho repetidamente, sólo por-
rios de los sesenta a introducirse en las profesiones o la política que la naturaleza sea suprema no significa que debamos doble-
general, los setenta sufrieron un vacío intelectual que fue ocupa- j@fuianre ella. Yo sigo la visión derRo riiantlcismo tardío de que
/ ¡·· ¡·(do pory n construccionismo social de miras estre_chas, la creencia todas las cosas grandes en la historia de la humanidad han sido
behaviorista simplista de que la naturaleza no existe, que todo lo logradas de .afiand o a la naturifeza-:-Latey;et-áTte flal ecnoTogia·--

\ ~I que somos procede del condicionamiento social.


~l El construccionismo social fue una burda distorsión de la vas-
\ ta visión cósmi~a de los sesenta. Fue pr~mulgado con intenciones
son mecanismos de defen a, tríñC:Iieras apolíneas trazadas contra
las dionisiacas turbulencias de la naturaleza. El capitán Ahab de
Melville, mutilado y desfigurado, agitando su puño contra l: o J
/ ¡ políticas sectanstas por~ _P.nmero, la nueva camada de cielos tormentosos, simboliza la rebelión de la imaginación con- _
¡ los setenta de feministas estalinistas intentó, en la cruzada por el tra el destino.
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' aborto, borrar cualquier referencia a la naturaleza o la religión, Hay un roblerna$ 1U!al en O ccident:e debido a la ambigüe-
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una estrategia descabellada que le salió por la culata y que sólo ) dad judeocrisriana hacia la naturaleza, el reino caído de la materia
fortaleció la oposición pro vida. Segundo, ambiciosos académi- / hecho ser por una divinidad trascendente y perfecta. Desde su
cos literarios, ignorantes de las ciencias, utilizaron la teoría cons- primer libro en adelante, la Biblia relaciona el exo con la re m~
truccionista francesa basada en el lenguaje de forma esotérica duccig11 y condena como perver as-to as as acrividades sexuales
para medrar en sus carreras después del colapso del mercado masculinas, tales como la sodomía o el onanismo, que suponen
laboral académico en la recesión de los setenta. Tercero, los acti- desperdicio de semen. Recientes afirmaciones de activistas gays
vistas gays, después de la identificación del sida a principios de de que no hay prohibición explícita de la homosexualidad en el
los ochenta, utilizaron tácticas fascistas para impedir cualquier Antiguo Testamento, o de que simplemente se trata de una de
discusión pública que no se planteara en términos políticos, / tantas fórmulas rituales difuntas, o de que «Dios es amor» (lo cual
como si la enfermedad se produjera en los prejuicios de la gente, se aplica p rincipalmente al N uevo Testamento y sólo a ágape y
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en lugar de en el cuerpo enfermo. cáritas, no a eros), plantean la cues tión de manera estúpida y equi-

i Pero lo que el sida nos muestra es la misma naturaleza, levan-


tándose con fuerza terrible para burlarse de nuestras ilusiones de
1/Jl vocada. La procreación , no el mi do o el prejuicio, subyace en la
/{j oposición cristiana a la horno exualidad.

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La lectura fundamentalista de la Biblia todavía está lejos de ser mente similares en el comportamiento erótico, pues una identi-
algo pasado de moda. Por el contrario, la fe religiosa, en particu- dad se superpone a otra en el espacio y el ritmo intensificado de
lar el protestantismo evangélj o y el catolicismo romano, se las ciudades.
extiende por el mundo. Los objetivos y la reputación de la políti- Si la homosexualidad abierta rampante es o no es un síntoma
ca progresista han sido dañados por la arrogancia juvenil del siste- de decadencia social sigue siendo uno de los temas que deben ser
ma liberal hacia la religión institucionalizada, que podrá tener discutidos de manera serena, sin acusaciones histéricas de
reglas opresivas pero que también es una reserva de experiencia «homofobia», en la nueva era de la teoría sexual. Estoy dispuesta a
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espiritual, además de sabiduría popular sobre la vida, mucho más defender ramo la ho rno exualidad como la decadencia, ya que
fiable que cualquier cosa que diga el posres u·ucruralismo francés. conreruplo la his toria desde la perspectiva del arte, no de la mora-
Lo que propongo es un argumento basado en otra tradición occi- lidad. Para mí, la civilización arte, y el arte es el más alto logro
dental, la grecorromana o pagana, que tuvo la misma importan- /
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de la humanidad. Un día, cuando nos presentemos a los habitan-
cia que la judeocristiana en la conformación de nuestra cultura. ¡/ tes de galaxias remotas, será a través de nuestro arte como querre-
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Los activistas gays y feministas deben abandonar esa costum- 1 m os que nos onozca n. Por lo tan to, cualquier cosa que contri u-
bre autodestructiva de mofarse de la Iglesia e intentar retorcerla ya al arte debe ser ali.mem ada y preservada. Lo que parece
para que se ajuste a sus propios fines. Debemos concentrarnos irrefutable a partir de mis estud ios es que la homosexualidad mas-
por el contrario en obtener el reconocimiento de la línea pagana culina está intrincadamente entrelazada con el arte, por razones

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como una «contratradición» cuyas mayores contribuciones han 1
que aún tenemos que determinar.
sido la ciencia y el arte, y cuya filosofía de la sexualidad es más Lo griegos invenraron no ólo lo géneros mayores de la lite-
amplia y más sutil que la judeocristiana. Debemos remontarnos ratura y la disciplinas de la fil sofía, sino el deporte organizado,
L hasta fi.tenas y Roma al rastrear nuestros sistemas políticos. Los con su forma de campos y pistas basados en las matemáticas. La
fundadores de la democracia americana no eran cristianos con- competición dramática forma parte de"la estructura argumental
vencionales, sino deístas ilustrados que invocaban a un «Creadorn agonística de la tragedia griega de la misma manera que del estilo
intercultural. No es ninguna coincidencia que la principal arqui- oratorio occidental de argumentación legal. Quiero transferir esa
tectura monumental de la capital de nuestra nación sea pagana. coreografía rítmica de enfrentamiento a la teoría sexual. La Amé-
Incluso en la antigüedad clásica, la homosexualidad era polé- rica de finales del siglo XX tiene más en común con la Roma
mica, y a pesar de las exageradas afirmaciones de los activistas de imperial que con la Atenas clásica, de manera que es al mundo
hoy en día, no hubo ningún periodo ni lugar donde floreciese romano helenizado al que miro en busca de modelos paganos.
libre por completo del oprobio moral. Sin embargo, los centros Necesitamos nuevos mitos vivientes.
urbanos del antiguo Mediterráneo eran imanes para la prostitu- El discurso actual sobre el sexo es demasiado suave. El severo
ción, además de para la homosexualidad masculina. Ciertamen- sistema de Freud, basado en el conflicto, ha perdido popularidad
te, desde mi punto de vista, el desarrollo de un submundo sexual ante un estilo sentimental y coloquial de consulta psicológica
podría ser intrínseco a la urbanización como fenómeno mundial, ' para todos los públicos que encuentro típicamente protestante,
un proceso que puede limitarse sólo mediante la represión des- 1 de la misma manera que lo son los modales entusiastas de la
piadada por parte de la Iglesia o el Estado. Hay pautas notable- Cámara de Comercio. Las perversiones operísticas de Krafft-

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Ebing y el perturbador demonismo de Ferenczi han desaparecido gazas y empujándose para quitarse la posición. Ésta ha sido nues-
. completamente. Pero la guerra sexual sigue, y es probable que sea tra suerte. Debemos aceptarla y concebir un nuevo libro de reglas
nuestra condición permanente. La competición y el conflicto sencillo y un régimen de entrenamiento que dé las mismas posi-
operan en cada nivel de nuestras empresas cooperativas, en el tra-
bajo o en casa. Incluso nuestra vida onírica, como Freud ha
demostrado, es tanto un juego de poder como un juego de la
¡l bilidades a ambos combatientes. Ni las mujeres ni los gays deben
1 suplicar protecciones especiales o tratamiento preferente. El circo
es el reino social, separado de la naturaleza pero formalizando
l pasión.
En la guerra también puede haber honor, el código de la caba-
¡ ritualmente las agresiones de la naturaleza. Mi posición libertaria
es la de que, siempre que no haya violencia física, la conducta
llería aristocrática, aplicado por los caballeros medievales (cheva- ( sexual no puede y no debe ser legislada desde arriba, que toda
liers, «jinetes») al campo de batalla, la corte y el dormitorio. Si las ' intrusión de las figuras de autoridad en el sexo es totalitaria.
mujeres quieren libertad e igualdad, deben aprender las reglas del 1
La ley definitiva del circo sexual es la responsabilidad personal
juego. El título de este ensayo está tomado de Ben-Hur(l959), la 1
/ y la autodefensa. gebemos estar !=!reparados para desenvolvernos
epopeya hollywoodiense que describe la tensión explosiva en • solos, sin la se · . infantilizame de a o o externos como los
Judea bajo la ocupación romana. Un sheik árabe persuade al ven-
gativo príncipe judeo Ben-Hur (Charlton Heston) para que com- /1
' { ~ejeros de traumas, los comités de quejas y los tri unal.e de
leyes. Yo digo a las mujeres: meteos en el fango, en el reino de los
pita con sus exquisitos caballos blancos en Jerusalén, prometién- sentidos. Luchad por vuestro territorio, hora tras hora. Aguantad
dole un duelo mano a mano con el malvado tribuno romano, los golpes como hombres. Yo exalto la personalidad pagana del
Messala (Stephen Boyd). El sheik dice «En el circo no hay reglas». deportista y el guerrero, que pertenecen a la cultura de la ver-
El sexo hoy en día se realiza en el polvo y el clamor del circo güenza más que a la cultura de la culpa, y cuya ética es el candor,
imperial. Las quejas privadas son arrastradas a la luz del día y se la disciplina, la vigilancia y el valor.
convierten en carnaza para las masas. La noble metáfora platónica
del auriga, el alma sometiendo con la fría racionalidad los caballos
de la pasión bestial, fue brutalmente revisada en Roma, con sus
grandiosos espectáculos de gladiadores. La casta elegancia del 2. DELITO SEXUAL: VIOLACIÓN
Auriga Délfico contemplativo era inconcebible en los bulliciosos
hipódromos del Mediterráneo helenístico. Bajo el imperio, como El territorio donde el feminismo contemporá-
podemos ver a través de los sobrios escritos de Marco Aurelio, el neo se-ha autoinfligido los mayores daños es la violación. Lo que
ideal filosófico del desapego estoico se convirtió en una forma de empezó como una útil sensibilización de los agentes de policía,
sobrevivir a la inestabilidad cultural. Entonces, como ahora, no ; los fiscales y los jueces ante las denuncias de auténticas víctimas
hubo vuelta atrás. Los paradigmas conservadores merecen nuestro de violación se convirtió en una superampliación alucinatoria de
respeto, pero también que los reconozcamos como anhelos nostál- la definición de violación para cubrir todos los encuentros sexua-
gicos de un pasado más simple y completamente perdido. les desagradables o incómodos. La violación se convirtió en el
El sexo en nuestra época se ha convertido en algo propio de crimen de los crímenes, eclipsando todas las guerras, masacres y
gladiadores, con macho'y hembra, gay y hetero, dándose de latí- desastres de la historia mundial. La ol5sesión feminista por la

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