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Redacción 220
Angulo Arce, Dieter Esteban
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1. Introducción a la Primera Gran Transformación Peruana


2. Contexto histórico
2.1. Posibilidades de ascenso social
2.2. Revaloración de productos peruanos
2.3. Problema político
3. Superación mediante la educación
3.1. Introducción de la educación secundaria
3.2. Introducción de la educación universitaria
4. La migración peruana
4.1. Surgimiento del término “Cholo”
4.2. Crecimiento de ciudades limeñas y otras provincias
5. Integración del nuevo limeño
5.1. Apoyo mutuo en el parentesco
5.2. Integración al mercado
5.3. El signo de “Choledad”
6. Cambios en la religiosidad
6.1. Apoyo a los pobres en la religión
6.2. Nuevos cultos
6.3. Fiestas costumbristas
7. Invención de la tradición
7.1. Revaloración culinaria
8. Conclusión
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La Primera Gran Transformación Peruana


La urbanización e industrialización en el Perú fue un proceso largo que
trajo muchos beneficios para el limeño. Este proceso se dividió en dos etapas, en
la cual, “la primera gran transformación”, que abarco de los años 50 a los años
80; sirvió como pilar y punto de partida de lo que ahora conocemos como la
sociedad actual, adoptando nuevas costumbres que luego el peruano tomaría como
símbolo de identidad. A continuación, se presentara todo lo que se debe conocer
acerca de este gran cambio.
La primera gran transformación fue un proceso que comenzó a incubarse
mucho antes y su historia no es lineal, pero a partir de la década de 1950
irrumpieron con fuerza inusual para trastocar profundamente el rostro de nuestro
país. El Perú vivió por esos años la decadencia del poder oligárquico, y también
la sociedad tradicional andina sustentada en la gran propiedad agraria y la
servidumbre, ya qué ingresaría de lleno a una etapa de urbanización e
industrialización. Además, se generó expectativas y posibilidades de ascenso social
para las nuevas clases medias, entre 1950 y 1967, gracias a la prosperidad en los
precios de los minerales, la inversión extranjera en el sector minero y en el
manufacturero, asimismo, el auge de la harina de pescado y la expansión del gasto
público, que posibilitó la construcción de obras públicas como grandes unidades
escolares y hospitales públicos en la ciudad. Esto trajo consigo la revaloración o
la invención pura y simple de productos que se convertirían en símbolos de nuestra
identidad como: el cebiche, el pisco sour, el pollo a la brasa, la Inka Kola, los
helados D’Onofrio y las cervezas Pilsen, Cristal, Cusqueña, Arequipeña, San Juan,
que reflejaban el desarrollo de nuestra industria de alimentos y bebidas. Con
llegada al poder del general Juan Velasco Alvarado (1963), el Perú, se llevó a
cabo un periodo de irrupción de nuevos sectores sociales y de reformas radicales;
también de crecimiento desmesurado del Estado y desmontaje de la incipiente
democracia política. La creación de una Asamblea Constituyente (1978) y la
promulgación de una nueva Constitución (1979) causaron una embestida violenta
fundamentalista de Sendero Luminoso, iniciando así lo que llamaron “guerra
popular” contra el Estado peruano (1980).
El acceso a la escuela creció en el Perú desde inicios del siglo xx, pero
se aceleró explosivamente desde 1950. En primer lugar, se masificó el acceso a
la escuela primaria, lo que dio lugar a la reducción del analfabetismo y la
generación de nuevas expectativas en las zonas rurales. A partir de las décadas de
1950 y 1960, el auge escolar comenzó a tocar las puertas de la educación
secundaria, puesto que encontró respuesta a través de la construcción de unidades
escolares y la asignación de un porcentaje creciente del presupuesto nacional al
sector de educación. Los peruanos depositaron sus esperanzas y dedicaron su
esfuerzo a la superación a través de la educación. Este deseo de superación llevo
en las décadas siguientes a una masiva presión para ampliar la educación
universitaria, en esta última etapa (1980-2000) fueron las universidades privadas
las que más crecían, además, el tema educativo se volvió especialmente sensible
en las regiones central y sur andina, allí la promesa de la modernización opero a
través de la Reforma Agraria y la ampliación de la cobertura educativa universitaria.
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Según el censo nacional de 1940, había entonces 7 millones de peruanos y


para 1972 la población se había duplicado a 14 millones. Una alta tasa de
natalidad, la reducción de la tasa de mortalidad, el control de epidemias y
enfermedades infecciosas, entre otros factores contribuyeron a ese crecimiento
masivo de la población. Además, en 1981 se invirtió la relación entre habitantes
urbanos y rurales, casi dos tercios de la población vivía en ciudades (65.2%) y
apenas poco más de un tercio en el campo (34.8%). La profundidad de los cambios
fue tal que, a partir de la década de 1980 se observó un Perú no solo urbano y
joven, sino también más costeño, ya que la relación entre las regiones se
transformó. Franco (1991) bautizo este proceso como “la otra modernidad”,
entendiendo el impulso de los migrantes como decisivo en la redefinición de la
antigua imagen dual de un Perú dividido entre un campo atrasado y tradicional, y
una urbe moderna y pujante. En este contexto surge el término “cholo” que aludía
al origen provinciano y mestizo de la nueva población, que a partir de sus
tradiciones rurales y sus experiencias urbanas gestó una forma diferente de sentirse
peruano, de perfilar una comunidad nacional y de construir identidades
socioculturales. Por un lado, las ciudades, especialmente Lima, crecieron de manera
desordenada y principalmente por el esfuerzo de sus nuevo habitantes, a partir de
la década de 1950, un cordón de chozas y casas humildes comenzó a rodear la
capital, la oleada migratoria avanzo sobre las tierras baldías del valle del Rímac,
Chillón y Lurín. Se formaron así las denominadas “barriadas”, en los distritos que
actualmente son: El Agustino, San Martín de Porres, Independencia, Comas y por
ultimo San Juan de Lurigancho. Lima se constituyó en el principal foco de atracción
de la marea demográfica, pero no el único, tales como Trujillo, Arequipa. Chiclayo,
Piura, Cusco, Ica o Huancayo se sumaron a las provincias predilectas para migrar.
El desequilibrio de un crecimiento urbano caótico y un Estado que no fue
capaz de proveer servicios básicos a la población, llevó a los migrantes a confiar
en el capital social que traían consigo. Sus redes de parentesco y paisanaje, junto
con la tradicional reciprocidad, fue recreada para construir los nuevos barrios
urbanos y junto a una ética del trabajo originada en las antiguas comunidades
andinas, sirvió para que muchos migrantes lograran hacerse un lugar en el mercado.
Estas estrategias para la migración y la fijación en las ciudades sirvieron también
para la incorporación al mercado mediante actividades que iban desde el comercio
ambulatorio hasta confección de calzado, ropa o la mecánica automotriz. El proceso
de urbanización coincidió así con la conformación de una importante burguesía
comercial, mestiza e indígena, que formo “economías étnicas” en emporios como
jirón Gamarra o el mercado Caquetá. Nuevas. El signo de “choledad” construyo
una cultura e identidad, gracias a las nuevas maneras de ser y sentirse peruano, y
de sentir el Perú, que se expresaron a lo largo de todo ese periodo desde las
canteras de la literatura y de la música, la artesanía, la religión, la culinaria.
Además, los medios adquirieron un peso creciente en la redefinición de los gustos
y sentidos estéticos de una población que formaba su imagen del Perú, y una
visión que no desestimaba la tradición en nombre de la modernidad, que la
utilizaba más bien para fusionarla con los elementos modernos.
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En la religión institucional, los cambios más importantes fueron el


crecimiento de las iglesias evangélicas y las grandes transformaciones producidas
por el Concilio Vaticano II (1962-1965) en la iglesia peruana y latinoamericana.
El Perú produjo por primera vez una reflexión teológica de repercusiones mundiales
llamada “Teología de la Liberación” (1968), en la cual Gutiérrez (1968) concibe
opción la opción preferencial por los pobres descrita en las evangelios, también,
encontró eco en la formación de las denominadas “comunidades cristianas de base”,
muchas de las cuales fueron muros de contingencia contra la violencia terrorista
de la década de 1980. Por otro lado, surgieron nuevos cultos, sobre todo en
aquellos sectores donde la precariedad de las condiciones de vida y desarraigo
llevaron a muchos a la marginalidad, tales como la veneración de Sarita Colonia,
que represento en este contexto la necesidad de contar con alguien entronizado en
el orden de lo sagrado, pero al mismo tiempo cercano. Sarita Colonia, joven
migrante de Huaraz fallecida a los 26 años en 1940 en los Barracones del Callao,
llegó a expresar un sentido popular: “Sarita es nuestra, porque es pobre y miserable
como nosotros”. El otro fenómeno que marca estas décadas es la transformación
de las fiestas patronales, peregrinaciones y “fiestas costumbristas” de pueblos y
comunidades, tales como la procesión del Señor de los Milagros que se difundía
por diferentes partes del país, al igual que otras celebraciones como la Virgen de
la Candelaria en Puno, o la semana santa en Ayacucho.
En medio de los procesos de modernización y urbanización, muchas
tradiciones decidieron transformase para quedarse, y los peruanos de los nuevos
tiempos rescataron algunas que estaban por extinguirse, las recrearon, inventaron
otras, les construyeron genealogías y reinterpretaron su pasado para poder vivir en
un presente vertiginoso y construir un futuro sin perder sus raíces, tales como la
gran fiesta inca imperial, el Inti Raymi. Asimismo, la movilidad geográfica
producida por las grandes migraciones hizo que también las comidas regionales
salieran de sus lugares de origen para ser conocidas en todo el país como: Adobo
Arequipeño, Cuchi Canca, Pepián de Cuy, etc; mientras que en tiempos de viaje y
viajeros, se consolidaba una suerte de comida de carreteras y malas noches: el
caldo de gallina, el caldo de cabeza. Incluso, la necesidad en los barrios pobres
trajo consigo platillos modestos que eran innovaciones culinarias como: la
salchipapas, las tripitas, los emolientes y todo tipo de combinaciones.
En suma, se puede afirmar que en el Perú la urbanización e industrialización
llego acompañado de nuevas expectativas, que a pesar de los percances presentados
seguimos creciendo como país y hasta el día de hoy seguimos sobrepasando nuestras
expectativas. ¿Se mantendrán nuestras tradiciones?, ¿Qué nuevos cambios nos
depararán en el futuro?
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Referencias

Aldo, P. H. (2015). La Urbanización de Lima. Recuperado de


http://blog.pucp.edu.pe/blog/wp-
content/uploads/sites/38/2012/01/urbanizacion_temprana_de_lima.pdf

Karina, C. N. (2016). La Primera Gran Transformación. Cultura Peruana


(pp.209-221). Lima: Ucss

José, M. M. (2014). Las Migraciones Campesinas y el Proceso de Urbanización en el


Perú. Recuperado de http://unesdoc.unesco.org/images/0008/000881/088100SB.pdf