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LOS INSTINTOS EN EL ENEAGRAMA

Alejandro Celis Hiriart


Febrero 2015

I.- Introducción
Es claro para todos los estudiosos del Eneagrama que sus orígenes se pierden en el tiempo,
pues son desconocidos (se les supone en Babilonia o Medio Oriente, 2500 a. C.).“El
primero en referirse a él fue el Sexto Imam. Fue el primero en popularizarlo: no lo
inventó” (Ichazo, O. en Kudura, K., 1979). Luego, el rastro sigue en Órdenes Sufíes
(Sarmoun, por ejemplo: siglo XIV o XV d.C.). Sin embargo, si exploramos un poco más,
llegaremos a saber que el término “sufi” no es un nombre con el que esas agrupaciones se
identificaran a sí mismas, sino un nombre con el que los occidentales nos referimos muy en
general a los místicos musulmanes. Es así que atribuír su origen a los Sufis no nos aclara
nada. Sin embargo, la precisión y exactitud de sus enseñanzas me hace –al menos a mí-
suponer que fueron fruto de una revelación obtenida en un estado muy alto de consciencia,
como una herramienta que los humanos podemos utilizar para trascender el sufrimiento de
la separación con el Todo. Visto así, es claro que esta herramienta es absolutamente
Transpersonal.

A menos que me equivoque, en Occidente nos encontramos con la característica figura de


nueve puntas del Eneagrama recién en los escritos de P.D. Ouspensky 1, discípulo de G.
Gurdieff, místico ruso de principios del siglo XX; sin embargo, éstos en nada se refieren a
la tipología de nueve caracteres, que es la aplicación más popular de este conocimiento. Los
nueve tipos aparecen recién en las enseñanzas del maestro boliviano Oscar Ichazo, quien
presentó por primera vez el Eneagrama en el Instituto de Psicología Aplicada 2, calle
Bellavista 185, Santiago, en una serie de conferencias en diciembre de 1969, a un grupo de
profesionales afines invitados por Héctor Fernández Provoste3; entre ellos, Lola Hoffmann,
Claudio Naranjo, Ada Contreras y unas ocho personas más. Naranjo fue convencido de
1 Fragmentos de una Enseñanza Desconocida (1949).
2 Fundación Fernández-Lorenzen, dedicada principalmente al desarrollo y fomento de la psicoterapia no
psicoanalítica.
asistir por el internacionalmente famoso fotógrafo Sergio Larraín, quien había conocido
previamente a Ichazo.

II.- ¿Quién es Oscar Ichazo?

Nace en Bolivia en 1931, y actualmente (2015) vive en Hawaii. A la edad de seis años
comenzó a tener serios y periódicos ataques de catalepsia, para los que nadie tuvo
explicación y menos una cura. A los 13 años acudió a los curanderos indígenas, quienes le
administraron ayahuasca. A través de esas experiencias, Ichazo experimentó de modo
directo que el Universo entero es una sola cosa (De Christopher, D., 1981). En los años 50
y a la edad de 19, un hombre mayor le invita a Buenos Aires, donde participa de las
reuniones de un grupo de místicos –todos europeos o del Medio Oriente-, a quienes les
sirve café. Entre 1956 y 1960 viaja a Santiago, donde inicia grupos de trabajo y viaja
también al Oriente -Cachemira, el sur de Irán, el Pamir, Hong Kong-. En 1964 regresa al
hogar de su padre en Bolivia, donde se aísla por un año. “Tuve una experiencia entonces” –
dice Ichazo- “que surgió sin esfuerzo y que realmente me sorprendió. Sentí que esta
experiencia era LA experiencia, que no necesitaba aprender nada más. Había alcanzado la
totalidad”. “¿Describirías esa experiencia como la iluminación?”. “Sí, definitivamente.
Pero la iluminación es algo que tiene grados internos también” (De Christopher, D., 1981).

Como vimos, comienza a enseñar en Santiago en los años 50. A fines de 1968 se instala en
la ciudad de Arica, Chile, con un reducido grupo de quince personas 4 con quienes trabaja
intensamente. A fines de ese año dicta la ya mencionada serie de conferencias en Santiago.
Un impresionado Claudio Naranjo vuelve a EEUU y regresa a mediados de 1970 con

3 Abogado y Psicólogo, primer Presidente del Colegio de Psicólogos de Chile. De él oí por primera vez el
término “Transpersonal”, a fines de los años 70.
4 Que conformaban Jenny Pereda –con quien posteriormente Oscar formó pareja-, Marcos Llona, Iris
Sangüeza, Rafael Urzúa, Sergio Huneeus, Juan Carlos Villegas, Margarita Reifschneider, Ricardo Salas,
Oscar de la Fuente, Rosa Maria Fehrenberg, Domingo Urzúa, el ya mencionado fotógrafo Sergio Larraín,
Sergio Huneeus, Carmen Balmaceda y Pepa (oriunda de Arica). Al final de ese entrenamiento se incorpora
Carolina Ichazo. En ese tiempo, Héctor Fernández y María Cristina Lorenzen viajan un par de veces a Arica
y al final de este trabajo organizan las charlas en el Instituto de Psicología Aplicada. Luego de las charlas, se
reinicia –ya en 1970- el entrenamiento en Arica, con la incorporación de Paz Huneeus, Horacio Leng, Pedro
Salas, Verónica Figueroa, Adolfo Elosúa, Vilma Lomboy, Martín Urrutia y Hernán Ichazo. Agradezco a
Gonzalo Pérez y a Sergio Huneeus el aporte de muchos de estos datos.
alrededor de medio centenar de exploradores de la consciencia5 provenientes del Instituto
Esalen de California, quienes se incorporan al grupo y ese 1º de Julio inician un intenso
trabajo de diez meses en Arica. Al cabo de los diez meses, los norteamericanos invitan a
Ichazo a establecerse en EEUU, donde viaja en 1971 a quedarse hasta ahora. En Nueva
York, el grupo funda la “Escuela Arica” o Arica Institute, cuyo nombre obviamente se
debió a su permanencia en esa ciudad del norte de Chile.

III.- El Instituto Arica en Chile

Personalmente, participé en actividades del Arica desde fines de 1975 hasta mediados de
1981. Las enseñanzas llegaban de Nueva York en forma de entrenamientos: material
impreso estrictamente pautado y calendarizado de actividades individuales y grupales que
tenían una duración determinada –meses, semanas o días, en que se mantenía una dieta y
rutina estrictas-. Participé en todo lo que llegó hasta 1981 6, junto a los “antiguos” del Arica,
porque era primera vez que el trabajo era estructurado de esa manera. Fui testigo del énfasis
de Ichazo en evitar entregar material explicativo escrito –salvo lo esencial- y también en
impedir transcripciones de las enseñanzas, con el fin de evitar que éstas se desvirtuaran o
deformaran. Sin embargo, este esfuerzo no tuvo éxito, y pronto comenzaron a aparecer
cantidad de publicaciones referidas al Eneagrama, en general basadas en información muy
incompleta. Y es casi natural que sean incompletas, porque el sistema incluye una enorme
cantidad de datos e información que se entrelaza. Baste señalar que en la literatura al
respecto prácticamente nunca se mencionaron siquiera los Nueve Principios Divinos fuera
del Instituto Arica, hasta que A.H. Almaas escribió su libro Facetas de la Unidad (1998),
con un Prefacio de Oscar Ichazo. Los Principios Divinos son un elemento fundamental de
este sistema, pues son las características de la Divinidad, del Uno; y caemos a la trampa de
un Eneatipo específico cuando, merced al condicionamiento, dejamos de percibir uno de
ellos.
5 Entre ellos, John Lilly y John Bleibtreu, quienes escribieron en sus respectivos libros respecto a esta
experiencia.
6 Los Nueve Sistemas Hipergnósticos o 40 días, la Psicocalistenia, Tres días para Kensho (Three days to
Kensho), El Chu’a K’a del rostro, Protoanálisis, Los Nueve Dominios, Las Nueve Formas del Zhikr, la
Psicoalquimia, Pneumorritmia, Kinerritmia, La Pareja para la Evolución, Trabajo en Equipo, The Alpha
Heat, la Apertura del Ojo del Acoiris (Opening the Rainbow Eye), El Corte de la Pirámide de Diamante (The
Cutting of the Adamantine Pyramid).
Claudio Naranjo se distanció de Ichazo al cabo de los diez meses de entrenamiento con el
grupo norteamericano en Arica. Creó entonces el grupo S.A.T. 7, donde enseñó acerca del
Eneagrama, difundiendo además el sistema en libros y otras instancias. Es mucho lo que
Naranjo ha aportado a la difusión y al desarrollo del Eneagrama, pero es claro que la
información que recogió de éste fue incompleta, dada su breve estadía con el grupo en
Arica. De hecho, Oscar Ichazo persiguió legalmente a quienes difundieron el Eneagrama,
pero la era de la información ya había llegado y el tiempo en que las enseñanzas sagradas
se ocultaban y restringían sólo a un grupo de iniciados había llegado a su término. El
resultado es lo que contemplamos hoy en este ámbito: el materialismo espiritual, la
promesa de la iluminación en tres pasos de un fin de semana, charlatanes de todo tipo
dándose aires de gurúes o chamanes y, en general, una gran confusión entre lo que es real y
lo que es basura en el mundo espiritual.

En el grupo original del S.A.T. participaron Sandra Maitri y Hameed Ali Almaas, autores de
algunos de los más meritorios textos sobre este tema. Según Maitri (2005), en este grupo
inicial Naranjo reconocía el poder del Eneagrama como una herramienta psicoespiritual, así
como su potencial y lugar en un trabajo espiritual serio, de modo que hizo prometer a sus
estudiantes no enseñar el Eneagrama sin su permiso. Sin embargo, dada su potencia, era
quizás inevitable que el Eneagrama se comenzara a filtrar (Maitri, 2005), repitiéndose el
fenómeno que ya se había dado con Oscar Ichazo.

Por mi parte, aprendí del Eneagrama trabajando con colegas psicólogos que habían
ingresado tempranamente a la Escuela Arica -Ana María Noé, Gonzalo Pérez, Ada
Contreras y Leonor Bernales- y que habían formado un Centro Terapéutico en la zona
oriente de Santiago, el Centro Psicológico El Trovador. Estos colegas me acogieron
generosamente en igualdad de condiciones, a pesar de ser menor y con mucha menos
experiencia de vida que ellos. Participé en ese Centro entre 1975 y 1980, y entre otras cosas
aprendí muchísimo del Eneagrama trabajando junto a ellos en los grupos terapéuticos que

7 Seekers after Truth, Buscadores de la Verdad.


organizábamos. De hecho, en la Escuela Arica –en la que todos participábamos
paralelamente- aprendí mucho más del contexto, del Sistema, que del Eneagrama mismo.

IV.- Los Tres Instintos

A riesgo de entregar información también incompleta, quisiera exponer a continuación un


tema que es central en el conocimiento del Eneagrama: los tres Instintos. Oscar Ichazo
(1982a) introduce el tema de este modo, desde los tipos de raciocinio con los cuales
funcionamos: “Vivimos en diferentes planos: tenemos un cuerpo físico. Tenemos un cuerpo
de emociones o una vida emocional. Esto es innegable. Tenemos una vida intelectual, lo
que es también innegable. Y tenemos una vida espiritual 8: eso también es innegable. Cada
uno de estos círculos de la vida ( ) es completamente independiente y también
interdependiente con los otros. Lo que podemos decir es que cada plano tiene su propia
forma de aprehender la realidad”.

“¿Cuál de nuestros tipos de raciocinio se halla conectado al cuerpo? El raciocinio


empático, que es el primero en aparecer. Cuando somos niños, no hacemos analogías,
porque no sabemos con qué comparar las cosas. A medida que el infante crece, aparecen
las emociones ( ) a través de las sensaciones de “gusto” y “disgusto”. Con esto crea la
base de su mente analógica. Pero los “gustos” y “disgustos” serán, por supuesto,
modelados por los juicios del padre, porque serán la base de “lo bueno” y “lo malo” en la
analogía social. ( ) Los valores del niño, su axiología, se originan en este momento”.

“Sólo cuando llega a la adolescencia se estructura y desarrolla su raciocinio analítico ( )


y entonces pondrá a prueba su nueva forma de raciocinio cuestionando todo lo que se le
ha enseñado. Desde ese momento, las otras dos formas de raciocinio serán como niñitos
gritando en nuestro interior por la vida entera. ¿Cómo aparecerán? Aparecerán en nuestra
vida adulta como ansiedades totalmente inexplicables. Los temores y fobias aparecerán
porque el raciocinio empático aún no se ha desarrollado”.

8 Al hablar de “vida espiritual”, Oscar Ichazo no se refiere a la práctica de alguna religión, sino a la
“búsqueda del sentido de vida”, tema que es universal entre los seres humanos.
“Lo mismo ocurre con el raciocinio analógico. Todos tenemos un niño en nuestro interior
que aún no satisface sus deseos; y, como resultado, sus valores, su axiología, es
completamente inmadura y destructiva. Lo que ocurre a continuación es que incluso el
raciocinio analítico será a su vez sobrepasado por lo que llamamos “el juicio social”.

“¿Qué es lo que originan estos tres tipos de raciocinio? Tres instintos: Conservación,
Relación y Sintonía. Un instinto es una pregunta viva, una pregunta que existe
permanentemente en nuestro interior. Por ejemplo: ¿cómo estoy? –la pregunta del Instinto
de Conservación. Esta pregunta está siempre. Si algo duele, tenemos una reacción
inmediata, y nos preguntamos, “¿Cómo Estoy?” La pregunta aparece cuando el instinto es
amenazado. Si no es amenazado, la pregunta permanece latente. El Instinto de Relación
responde la pregunta, ”¿Con quién estoy?”. Esto es fundamental porque vivimos en
interacción con los demás, y debemos ser capaces de distinguir afines con no afines,
amenaza de cercanía, atracción de rechazo. El Instinto de Sintonía nos conecta con el
mundo que nos rodea, y responde la pregunta, “¿Dónde Estoy?”. Si por ejemplo, las luces
se apagan súbitamente y no sabemos dónde estamos, entraremos en pánico”.

IV. 1. El Instinto de Conservación:

Es el que primero se activa, y esto ocurre a través de la madre. La madre tiene un contacto
muchísimo más primario, visceral e instintivo con el niño(a) que cualquier otro adulto, y
esto es, por supuesto, recíproco. Para el niño, la madre es su tabla de supervivencia:
alimento, abrigo, limpieza, sueño, cariño. La madre es la primera fuente de afecto y
aceptación del niño, desde el mismo período intrauterino, en que se establece este contacto
tan simbiótico y estrecho –físico, emocional e intuitivo- que supera toda explicación
racional. El Instinto de Conservación está representado, a nivel físico, por el sistema
digestivo.

El instinto de Conservación es el que nos permite atender a nuestras necesidades: no sólo


físicas, sino de todo tipo, es la tendencia a preservar tu integridad tanto psicológica,
biológica y de tu entorno inmediato, tiende a protegerte en todo nivel, como ser completo.
Nos advierte tanto de la temperatura del cuerpo y de la necesidad de cubrirnos más o no,
como así también de los límites a los que estamos dispuestos a llegar sin resentirnos, en
cuanto a cooperar con otras personas. Nos permite vernos y saber lo que necesitamos.
¿Alimento? ¿Descanso? ¿Cariño? ¿Protección? Es el instinto que nos permite establecer
nuestros límites, más allá de los cuales nos descuidamos o nos desgastamos en la vida
cotidiana, ya sea en nuestro quehacer o en las relaciones con los demás.

IV. 2. El Instinto de Relación:

Éste se ve potenciado por el contacto con el padre, que es habitualmente el otro adulto
cercano que se halla presente en los alrededores. Es claro que tanto el padre como la madre
pueden ser reemplazados por un sustituto que cumple esa función; los tiempos han
cambiado y la imagen de la familia nuclear tipo Walt Disney que muchos asimilamos no
puede ser considerada como única alternativa. Padres separados, niños criados por sus
abuelos o tíos, parejas homosexuales… lo importante es identificar quién cumplió esa
función de referente en cada caso.

La conexión con el padre no es desde las entrañas –como con la madre-. El padre es un
adulto que, si bien a veces cumple algunas de las funciones de la madre, ofrece otras
posibilidades: cariño, juego, exploración y, como vimos anteriormente, la transmisión de
valores. Si este contacto es sano y el padre es medianamente normal, el niño aprende a
contactar con otro, a expresarse: aprende el complejo juego de la comunicación, que
incluye no sólo un idioma, sino todo un entramado de claves no verbales surgidas del grupo
familiar y cultural más amplio. Considérese, por ejemplo, lo que el medio nos enseña
respecto a “la forma en que se hacen las cosas” en el trabajo, las demostraciones de afecto,
el coqueteo, etcétera. Lo que es aceptado o valorado en una cultura determinada puede
resultar ofensivo y rechazado en otra.
El instinto de Relación es el instinto natural que nos lleva a asociarnos a una comunidad
con otros seres humanos -como un principio básico de supervivencia- y está representado, a
nivel físico, por el sistema circulatorio.

IV. 3. El Instinto de Sintonía:

Guarda relación con sensibilizarnos: con nosotros mismos, con los demás y con nuestro
entorno. Se desarrolla en tercer lugar, cuando habitualmente entramos en la etapa escolar o
pre-escolar (ésta se está iniciando, sin embargo, cada vez más temprano), con el entorno
social más amplio que los padres: hermanos, primos, familia extendida, amigos y
compañeros de colegio. El instinto de Sintonía (también llamado por Ichazo “de
Adaptación”), tiene su correlato físico en el Sistema Nervioso Central.

La sensibilidad tiene que ver con captar señales sutiles, adentro y afuera: nuestras
sensaciones subjetivas, nuestras intuiciones, nuestras señales que no entran en el ámbito
racional -las que son, de hecho, mucho más amplias de lo que comúnmente se cree-. Aquí
están todas esas habilidades mal llamadas “paranormales” –que lo son sólo porque nuestra
educación no las favorece-, como la intuición, la clarividencia, la anticipación del futuro, la
lectura del pensamiento, etc. Ni siquiera se consideran estas cosas en la enseñanza de la
psicología, salvo como fenómenos extraños e inexplicables, y aún se cree que su existencia
requiere comprobación a través de pruebas científicas.

Afuera, todas las claves que nos dan el entorno y las demás personas, las que nos permiten
captar “qué está pasando allá afuera”. Gestos, lenguaje corporal y vibración que emiten los
otros, todo lo cual no requiere de un manual para captarse y entenderse; claves sociales y
culturales, las que muchas veces no se explican verbalmente –pero pueden intuirse-, y una
multiplicidad de “señales” de difícil comprensión racional, pero que sin duda existen y nos
permiten percibir situaciones. Esto se ve fácilmente si recordamos nuestra infancia pre-
verbal, en que captábamos situaciones globales de nuestros padres o de otros con una sola
mirada o percepción.
Según A.M. Noé (2013) el instinto de Sintonía dice dónde te ubicas, es la inteligencia de
entender dónde se está, sitúa a la persona en un contexto, le permite saber qué la rodea, sin
necesidad de hacer un esfuerzo consciente. Por ejemplo, si hay peligro, éste se percibe de
inmediato, pudiendo ser que en una primera instancia no se sepa dónde está con precisión,
pero se siente. A.M. Noé (2013) define esta inteligencia como un radar de la situación, y
por eso la pregunta es, ¿dónde estoy?

V.- La falla Instintiva.-

“Cada uno de los tres raciocinios (empático, analógico y analítico) evoluciona a lo que
llamamos una “entidad egótica”, de las que tendremos tres. El Ego Histórico es el que
deriva del raciocinio empático, y está todo el tiempo explicando su vida a través de su
historia personal. El Ego Imagen –el raciocinio de nuestras emociones, de nuestros gustos
y disgustos- es el que deriva del raciocinio analógico, y se halla permanentemente
preocupado de su imagen pública. Y el raciocinio analítico evoluciona a lo que llamamos
el Ego Práctico, que realmente desea hacer cosas. En la vida cotidiana, los tres egos están
en una continua batalla” (Ichazo, 1982a).

En su Tesina de término de Postítulo, Piola y Rodríguez (2014), sintetizando las enseñanzas


recibidas en el Instituto así como las entrevistas realizadas, explican del siguiente modo
cómo se define el instinto que finalmente falle (Conservación, Relación o Sintonía):
“Depende de distintos factores; sin embargo, se podría decir que subyacente a cualquiera
de estas fallas la alteración de la confianza básica es el factor fundamental. Como explica
Almaas (1998), la confianza básica se relaciona con el estar en contacto con lo que
realmente pensamos o sentimos (contacto directo con la realidad y así con las Ideas
Divinas), sin cuestionarlo con nuestra mente. Nos permite simplemente ser, por lo que
cuando dicho estado está presente se da un desplazamiento hacia el Ser y, cuando está
relativamente ausente, hay un desplazamiento hacia el funcionamiento desde el Ego.
Durante la infancia, lo que contribuye a la sensación de confianza básica es lo que se
conoce en la literatura psicológica como "el entorno de apoyo" (concepto desarrollado por
D.W. Winnicott).

“Así también, en palabras de Almaas:


“Si el entorno proporciona una buena sensación de apoyo, experimentaremos la confianza
básica. Cuando no se producen trastornos grandes y no hay frustraciones o no existen
problemas intensos sin resolver, no se genera inseguridad y conseguimos una sensación de
bienestar fundamental. Experimentamos nuestro mundo como algo seguro, protegido y
continuo, del que podemos depender de un modo amoroso, de forma que evolucionamos en
el marco de una confianza fundamental en la realidad.”(1998, p. 27).

La sensación de confianza básica se ve influida inicialmente por la relación con la madre,


luego el entorno de apoyo se amplía, incorporando a la figura del padre y otras relaciones
significativas (hermanos, pares). Influye también el clima emocional familiar así como
otras cualidades del entorno, las experiencias y la sensibilidad propia. El entorno de apoyo
incluye lo psicológico, lo físico, lo emocional y lo espiritual. El entorno de apoyo y el
consecuente desarrollo de la confianza básica son importantes para la continuidad del Ser
del niño y el desarrollo de su mismidad. Almaas (1998) plantea que cuando la evolución se
despliega a partir de la continuidad del Ser, la consciencia permanece centrada en la
naturaleza esencial, por lo que el desarrollo del niño será la maduración y expresión de
dicha naturaleza. En caso contrario, cuando el niño no cuenta con un entorno de apoyo
sustentador, reacciona tratando de reestablecerlo, por lo que intenta manejar la situación y
hacer que las cosas funcionen de modo que se sienta sostenido, tratando de conseguir
aquello que necesita para sobrevivir y desarrollarse. De este modo, el niño despliega
mecanismos para manejar un entorno poco fiable y éstos forman la base del Ego. Este
desarrollo de la consciencia del niño se basa, entonces, en la desconfianza y el miedo. Es
así entonces que dejan de operar los instintos como tales, en el sentido de ser respuestas
básicas, naturales e inmediatas del organismo en contacto directo con el Ser.

Se mencionan distintos factores en interacción que inciden en la determinación de la falla


instintiva fundamental que se puede encontrar en una persona, dentro de los cuales se
encuentran: el momento en que ocurren las frustraciones más significativas, según el
periodo de desarrollo y la predominancia de alguno de los instintos; las características de la
relación con las figuras materna, paterna, fraternas, con los pares y los otros en general; la
sensibilidad original, y la presencia de eventos que pueden resultar traumáticos.

Todos estos eventos generan el “Olvido de Sí Mismo” del que hablan las tradiciones
espirituales. Dejamos de percibir el Todo, surge la desconfianza y se desencadenan las
Pasiones que menciona el mismo Eneagrama: la Indolencia, la Ira, el Orgullo, la Mentira, la
Envidia, la Avaricia, el Miedo, la Gula y la Lujuria. Todas estas -llamémosles
"perspectivas"- para ver la realidad son, a mi juicio, más que "pecados" desde el punto de
vista tradicional, más que algo de lo cual sentirse culpable, formas en las que olvidamos a
nuestro ser interior. Como dijo Jesús, "El que esté libre de pecado, que lance la primera
piedra". Claramente, los cristianos olvidaron muy pronto esta lección, porque en su
fanatismo se han sentido no sólo con derecho, sino con la misión -recuérdese la
evangelización de los indígenas americanos- de rescatarnos a todos de las tentaciones del
demonio. Ante la bajeza de las pasiones, ante las aberraciones que llenan las primeras
páginas de la prensa, la reacción de nuestra sociedad occidental ha sido la denuncia, el ceño
fruncido, el dedo acusatorio, el sentirse "moralmente superior" al resto de los mortales.

Éste es un error trágico que ha cometido la iglesia católica prácticamente desde sus inicios,
una vez desaparecido el inspirador ejemplo directo de Jesús. El asunto sería tragicómico y
la ridiculez extrema de todo el asunto, digna de contemplar desde un palco, si no fuera por
las devastadoras consecuencias de esta actitud. Entre éstas, la Inquisición -por nombrar el
ejemplo más grave- y, por supuesto, la simple generación de culpa y vergüenza por no estar
"a la altura" de esos estándares morales, algo que hemos heredado todos de nuestro
condicionamiento social católico. Y quizás lo peor es que esa actitud simplemente no
funciona.

¿Por qué no funciona? Porque simplemente, cada uno de nosotros es, potencialmente, capaz
de las peores bajezas -y también de las mayores grandezas- porque todos formamos parte
de la misma Humanidad. Entonces, cuando nos erigimos en jueces y nos declaramos
moralmente superiores a los demás, nos vemos obligados a reprimir cualquier posibilidad
de "caer" en lo mismo que ellos. Examinemos las noticias: las peores atrocidades las
cometen quienes se han dado el lujo de juzgar a sus semejantes y de auto-nombrarse como
garantes de la libertad y la bondad humanas -considérese el ejemplo de los EEUU y lo
ocurrido con Wikileaks, Julian Assange, Bradley Manning, Edward Snowden y
denunciantes similares-, o quienes nos juzgan a todos por pensar en el divorcio o por tener
hábitos que no dañan a nadie pero que son juzgados por estas supuestas autoridades como
reprobables.

Al reprimir, al imponerse a sí mismo en forma rígida no sentir o actuar de determinadas


formas, el efecto es el opuesto al deseado: nos retorcemos internamente, y lo que deseamos
eliminar se ve reforzado. La consecuencia obvia es la culpa y la represión, intentar negar
que somos seres humanos de carne y hueso, que experimentamos pasiones y que
olvidaremos no una, sino un millón de veces nuestra naturaleza más íntima. Quizás la peor
y más retorcida inmoralidad en que puede caer un ser humano es la pedofilia, el abuso
sexual -a veces con violencia- de niños. ¿Quiénes han sido acusados de esos actos en el
último tiempo? Aquellos que posan como ciudadanos modelos: sacerdotes y personas en
extremo conservadoras y moralistas. No es el libertinaje el que produce las peores
patologías, sino, paradójicamente, la represión y el moralismo.

Entonces, es importante considerar las Pasiones no como un pecado del cual arrepentirse,
sino como una forma en que se expresa el Olvido de nuestra Esencia. Y el remedio siempre
ha sido el Auto-recuerdo. Por otra parte, según Rajneesh, B.S. (1984) el uso de la palabra
“arrepentirse” en el cristianismo proviene de una mala traducción: “Cuando dicen
"¡Arrepentíos!", quieren decir, arrepiéntete de toda la forma en que has vivido hasta ahora,
de tu forma de ser. No es cuestión de pedirle perdón a alguien -no, en absoluto-. Es sólo un
retorno. La palabra "arrepentirse" significó, originalmente, "retornar". En Arameo -el
idioma que utilizaban Jesús y Juan- "arrepentirse" significa "retorna, retorna a tu fuente;
regresa a tu ser original". O, dicho de otro modo, “recuerda quién eres”.
V. 1. Falla del Instinto de Conservación.-

Cuando este instinto falla –como es el caso de los Eneatipos 8, 9 y 1- no tenemos


consciencia de nuestras necesidades, y las pasamos por alto hasta que las señales de alarma
se desencadenan en forma más contundente, por agotamiento o síntomas psicosomáticos.
La señal sana del cuerpo es reemplazada por creencias intelectuales acerca de sí mismo.
Los sensores están dirigidos hacia las necesidades de los demás, no a las propias.

La Indolencia -como se la entiende aquí- suele ser confundida con pereza, con simple
flojera, pero los Indolentes -los que caracterológicamente son los 9 del Eneagrama, así
como los Mentirosos o Vanidosos son los 3 y los Miedosos los 6- no son necesariamente
flojos, sino que pueden ser muy activos. El tema es otro: tiene que ver con no movilizarse
por el propio desarrollo, la propia consciencia y el propio y auténtico bienestar,
característica que comparten los tres eneatipos a quienes falla este instinto.

Desde mi perspectiva, lo que aquí hay es un profundo escepticismo y desesperanza, una


sensación de que nada vale la pena, y mucho, muchísimo menos aún, buscar la propia
felicidad y plenitud, estados que se perciben como imposibles e inalcanzables. Entonces,
¿para qué moverse? ¿qué sentido tiene? Y entonces, el Indolente -y todos compartimos en
alguna medida esta actitud- cae en el desgano, en la desidia, la apatía y un cierto grado de
depresión. Y entonces, lo único que vale la pena es la satisfacción inmediata, y todo el resto
puede irse al demonio: los buenos propósitos, la salud, los principios, porque todo da lo
mismo, importa un carajo. Que se venga el mundo abajo, "Total, ¡qué importa, qué más
da!".

El Indolente -y, repito, en alguna medida todos nosotros- no se siente incluido en el


Universo, se siente ajeno, "dejado de la mano de Dios" -suponiendo que crea en algo así-,
no merecedor de cualquiera de las bendiciones que reciben los demás. Y si esa sensación es
la que subyace a su actitud de desidia, ¿podemos acaso culparlo? Entonces, no se trata de
un "pecado", sino de que hay algo que no está viendo, algo que ha olvidado. No hay que
culparle, hay que ayudarle a recuperar el respeto por sí mismo, a recuperar la fe en sí
mismo, en la vida y en que es posible para él o ella lograr la plenitud: que no es la última de
las ovejas descarriadas.

Según A.M. Noé (2013) cuando falla el instinto de Conservación, lo que está obscurecido
es el sí mismo, pero en un sentido de saber de sí mismo. La última pregunta que se hace es
¿cómo me siento?, ¿estoy cansado(a)?, ¿estoy acalorado(a)?, ¿tengo sed? Lo esencial es el
abandono, dejar de sentir la necesidad. Por lo tanto, es común que en las personas en las
que falla este instinto se produzca estrés. Para Celis y Thomas (2011), para el diagnóstico
serían importantes la presencia de percepción o recuerdos de rechazo y de falta de afecto
por parte de la madre; percepción o recuerdos de situaciones de postergarse a sí mismo
asumiendo las necesidades de otros; tendencia a la mimetización con el otro, por lo que
cuesta la diferenciación; dificultad para cuidar de sí mismo, traspasando los propios límites,
-por ejemplo en el trabajo, hasta que tenemos que parar forzosamente por una enfermedad-;
tendencia a olvidar una necesidad básica (como comer, ir al baño, etc.).

En el caso de los niños, se puede empezar a notar el abandono de sí mismo quizás con el
hermano o con los padres (como aquél niño que está preocupado de toda la familia excepto
de sí mismo, tratando de componer situaciones, de no causar problemas o incluso en
algunos casos, cuidando a la mamá más que al revés). En general, de aspecto se ven
desgastados, cansados: no se verían como niños felices, cuidados, rosaditos, gorditos,
sanos, sino que se ven descuidados de aspecto. Respecto a los motivos de consulta en el
caso de los adultos, se puede acudir a terapia por sensaciones de “estar reventado” de “no
dar más” y también por la sensación de estar viviendo una vida ajena –dado que se
mimetizan con las necesidades de sus cercanos-; y, en el caso de los niños, por síntomas
psicosomáticos. Según A.M. Noé (2013), las personas con falla en el instinto de
Conservación serían las que menos consultan, ya que tienden a ser sobreadaptadas. El
detonante central de la falla de este instinto es un conflicto contundente con la mamá, ya
sea con ella como persona o con la percepción de ella.

V.2.- Falla del Instinto de Relación.-


Cuando la Relación falla –como es el caso de los Eneatipos 2, 3 y 4-, se desarrolla un Ego-
Imagen. Es decir, la persona desarrolla un personaje o imagen a través del cual cree que
conseguirá el afecto y atención de los demás: el intelectual, el exitoso, el eficiente, la sexy,
la agradable/amable/servicial, el filósofo profundo, el alternativo, la artista, el chistoso, el
alma de la fiesta, etc. Se observan más visibles, más coloridas, histriónicas y artificiales.
Sobre todo se ve una persecución de la imagen, lo que se evidencia en el intento de
mostrarse y verse bien frente a los ojos de los demás. Algunos actúan continuamente como
si los estuvieran televisando; es decir, sus gestos, posturas, movimientos y expresiones
están –consciente o inconscientemente- destinados a producir un determinado efecto en un
supuesto público espectador. Una herramienta como Facebook revela también lo mismo:
una intención activa de mostrarse –de nuevo, a un supuesto “público” imaginario o real- en
actividades que den una imagen positiva de sí mismos –viajes, actividades, reflexiones-.

La imagen, que es el tema fundamental, puede estar centrada en distintos aspectos: en los
modales, en la adecuación, en la preocupación hacia lo correcto, en el estatus profesional,
en la ropa, el aspecto físico. La ansiedad que pueden presentar estas personas se asocia a la
preocupación respecto a la imagen que tienen de ellos los demás, respecto a qué ven los
otros, cómo los interpretan y los evalúan. Según A.M. Noé (2013), cuando falla el instinto
de Relación, lo que le pasa a la persona es que con quien menos está es consigo misma;
cuando se pregunta ¿con quién estoy? está siempre referido a alguien de afuera, nunca se
refiere a sí misma: lo que busca al relacionarse es que alguien externo le dé afecto. Según
Celis y Thomas (2011), en las personas en que falla este instinto, se encuentra: percepción o
recuerdos de rechazo, distancia o falta de afecto por parte del padre; priorización por la
imagen de sí mismo ante los otros, por cómo nos evalúan y nos ven los demás; tendencia a
recurrir a la seducción o al halago para conseguir lo que se desea; tendencia a envidiar a los
demás y a apreciar que lo de los otros es mejor que lo propio; tendencia a avergonzarse por
lo que se siente.

Para A.M. Noé (2013), en el caso de los sujetos con problemas en el instinto de Relación,
los motivos de consulta que aprecia como más frecuentes en adultos son en torno a
problemas afectivos y a la sensación de abandono o soledad. Y, en el caso de niños con
dificultades en el instinto de Relación se puede observar, por un lado, que cuando salen a
recreo buscan atraer (con su propia imagen, liderazgo o “encantos”) o, por otro lado,
pueden mostrar timidez y no se relacionarse mucho, porque tienen miedo de no ser
aceptados o no gustar, y se quedan cerca de los adultos.

Generalmente, siente un gran temor a mostrarse tal cual es, porque su experiencia le enseñó
que eso le traerá rechazo e incomprensión. Esta imagen es algo intencionado desde la
infancia, y es frecuente que el individuo pierda contacto con su verdadero sentir y
preferencias, por una historia completa en que ha priorizado cómo lo ven los demás. El
individuo regido por el ego-imagen tiene una serie de expectativas e ideas respecto a la
forma en que deben comportarse los demás con él, pero no las expresa porque supone que
eso no debiera ser necesario. Esto conduce a continuas frustraciones.

Tal como hablamos del “olvido de sí mismo” como el común denominador para quienes
comparten la falla del instinto de Conservación, hablamos aquí de la “mentira” en quienes
comparten la falla del instinto de Relación. Es necesario aclarar, sin embargo el uso de este
término, y lo haré con un ejemplo: años atrás, Ava Lowe -una mujer bastante excepcional–
me preguntó si yo me consideraba veraz. Extrañado por la pregunta, respondí que sí.
Entonces me preguntó si yo expresaba todo lo que sentía o pensaba, a lo que respondí que
no. Para mi sorpresa, me dijo entonces que no era enteramente veraz, porque no era
totalmente transparente. Acostumbrado a considerar como “mentira” sólo a la flagrante
tergiversación de los hechos, me sorprendió su perspectiva; sin embargo, con el tiempo
comprendí que tenía toda la razón y que se refería a un nivel mucho más sutil de mentira en
nuestro interior.

“La verdad les hará libres”, dicen Jesús y, al parecer, otras fuentes bíblicas. Ésa es una
verdad profunda que tiene muchos niveles; sin embargo, no conozco casi a ningún cristiano
que se tome esto de veras en serio –y mientras más rasgan vestiduras, menos son de
confiar-. Vivimos en un mundo donde existe un total doble estándar entre declarar un
incondicional amor por la verdad y vivir ese precepto en la vida real, de lo cual existen
cantidad de ejemplos en figuras públicas actuales –Presidentes, políticos, sacerdotes,
empresarios, militares, periodistas, etc-. Es obvio que muchísimos hombres y mujeres han
tenido encuentros extramaritales, han fumado marihuana o alterado en alguna ocasión su
declaración de impuestos: sin embargo, en EEUU cualquiera de esos hechos parece ser
mucho más grave que exterminar poblaciones enteras, y basta para descalificar a un
candidato a la Casa Blanca.

Examinemos los tipos de mentiras: todos conocemos la mentira flagrante. Hay verdaderos
profesionales en esa área, y consiste básicamente en pasar gato por liebre, asegurar algo que
sabemos que no es verdad. Esta es la más obvia y descarada, lo que no impide que se la
practique a todo nivel. Los motivos que Bush o Blair esgrimieron para convencer a sus
respectivos Congresos de permitirles invadir y arrasar Irak entran en esta categoría, pero
eso no les trajo grandes dificultades, lo que es un pésimo síntoma: significa que la mentira
tiene un sitial aceptado en nuestro funcionamiento social. En base a las descaradas mentiras
de Bush, los americanos aún creen que Irak tuvo algo que ver con el ataque a las Torres
Gemelas –y que por tanto se justificaba invadirlo- pero esa posibilidad no ha tenido el más
mínimo respaldo probatorio. En el plano de las relaciones humanas, no son poco comunes
las calumnias puras y simples: achacarle a alguien cosas que son falsas para perjudicarle,
desde una actitud envidiosa o mezquina. Ejemplos extremos de esto existen en las
delaciones –con acusaciones ficticias- durante la Inquisición o la dictadura chilena.

La mentira blanca es muy popular en Chile: en este caso tergiversamos la verdad, pero por
supuestos “buenos motivos”. Entre los motivos citados, el más popular es “para no producir
daño”, con lo cual nuestros interlocutores permanecen en estado infantil, creyendo en
fantasías. Enarbolando estas buenas intenciones, mentimos acerca de nuestros sentimientos
–a veces por supuesta “lástima” por el otro- o acerca de hechos puros y simples.

La mentira por omisión es, supuestamente, inocente: implica “sólo” la poda selectiva de
algunos detalles de los hechos o bien simplemente omitir comunicarlos. Aquí no se
tergiversan los hechos, sino que simplemente no se les menciona. No es tan grave como las
anteriores, pero también genera equívocos y señales confusas en las relaciones humanas.

La mentira inconsciente surge por el simple desconocimiento que la persona tiene de sí


misma: nos asegura algo de sí misma que resulta ser falso. Puede que crea a pies juntillas
en la realidad de lo que afirma –por ejemplo, algo respecto a sus sentimientos o
intenciones- pero no parece darse cuenta de que, bajo la superficie, simplemente la realidad
es otra. Por ejemplo, el matrimonio “para toda la vida” es una bonita idea, cargada de
idealismo y romanticismo, pero la simple realidad es que esas mismas personas que se lo
juran mutuamente experimentarán cambios inevitables a lo largo de sus vidas, y puede que
esos cambios les separen internamente. Y entonces, sus buenas intenciones quedarán en
nada. E insistir en lo contrario es la simple obcecación de negar la realidad.

Las consecuencias de la mentira son a veces imperceptibles para el ojo no entrenado. Las
consecuencias más obvias son, claro, señales contradictorias y difusas entre las personas, lo
que mina la confianza entre ellas y, por tanto, las relaciones más profundas de corazón a
corazón. Nos duele profundamente descubrir que nos han mentido, sin importar los
motivos. Entonces, más allá de las consecuencias más obvias, el efecto más serio es que las
relaciones se vuelven superficiales: no hay intimidad con el otro y ni siquiera consigo
mismo. Al no expresar mi verdad, me distancio de los otros e incluso de mí mismo, de mi
sinceridad y espontaneidad.

¿Por qué mentimos? Creo que, en general, la respuesta es sólo una: por temor a perder el
aprecio de los demás. Desde pequeños aprendimos a reemplazar nuestra integridad y
nuestra propia fuerza y solidez interiores por el frágil cebo del afecto y apoyo de las otras
personas. El negocio es muy malo, sin embargo, porque ese apoyo es volátil y muy
condicional: lo tendremos sólo si nos atenemos a las condiciones de los demás, que
cambian según la persona y la situación.

Las mentiras más burdas no son, sin embargo, las más graves en términos más
trascendentes. A fuerza de mostrar una imagen que no corresponde a nuestra realidad más
íntima, terminamos por mentirnos a nosotros mismos. Comenzamos realmente a creer
nuestras propias historias, a racionalizar y a convencernos a nosotros mismos de las
mentiras que hemos transmitido a los demás.
Imaginemos, por un instante, que el sentido de nuestra existencia en la Tierra es realizar el
potencial que traemos: ese potencial muchas veces se aleja o incluso se contradice
enteramente con lo que la sociedad nos sugiere. Por ejemplo, deseamos dedicarnos al
comercio o al arte y nuestros padres desean que estudiemos ingeniería; deseamos no
casarnos, no tener hijos o tener sólo uno: la presión –especialmente en Sudamérica- por
ajustarse a la norma puede ser bastante considerable. Si nuestra prioridad es el aprecio y la
aprobación de los demás, dejaremos de lado nuestras preferencias internas y haremos lo que
supuestamente es “lo correcto”; pero de ese modo no desarrollaremos nuestro potencial y
nos estancaremos. Puede que tengamos éxito social, pero eso muchas veces no guarda
ninguna relación con los designios de nuestro ser interno (“¿De qué sirve obtener el mundo
entero si al hacerlo pierdes tu alma?”).

Y a esto me refiero: no ser fieles a nosotros mismos es, a mi juicio, la mentira más grave,
porque daña nuestro ser, y es la “mentira” en la que caen los Eneatipos 2, 3 y 4. No respetar
nuestra propia voz interna nos convertirá en seres inevitablemente frustrados, en
comparación con la belleza serena y profunda del potencial único que cada uno de nosotros
posee. ¿Qué hubiese sido de Jesús si se hubiese salvado de la cruz a punta de mentiras?
Quizás ni siquiera habríamos oído de él. Sin embargo, le habría sido muy fácil; ante el
Sanhedrín, en lugar de expresar esa frase gloriosa, “Mi Padre y yo somos uno” –una verdad
en la que las religiones orientales coinciden- podría haberse hecho el loco o pedido
disculpas por el malentendido o cualquiera de las muchas salidas que tuvo. No lo hizo, sin
embargo, y en su irrestricto respeto a su Verdad reside gran parte de su grandeza. Un
Maestro Sufi, Al Hillaj Mansoor, también fue muerto por los ignorantes cuando afirmó la
misma verdad.

Y creo que aquellos seres que, como Jesús, llamamos "iluminados” o “despiertos” se
caracterizan más que nada por una característica: una continua apertura a la Verdad que se
nos presenta en cada instante del Eterno Presente.

V.3. Falla del Instinto de Sintonía.-


Cuando la Sintonía falla –como es el caso de los Eneatipos 5, 6 y 7-, todo el complejo
sistema de percepción ya descrito es reemplazado por una racionalidad descontrolada. El
resultado es la desconexión, tanto interna como externa, de la sensibilidad y de las señales
sutiles. La racionalidad reemplaza la percepción directa por la imaginación, la que
fácilmente conduce al miedo imaginario. Todo el bagaje de sensaciones sutiles que
permiten guiar y orientar la propia existencia es reemplazado por una estructura de decisión
eminentemente racional, dejando al individuo esencialmente desconectado de su propio
sentir más profundo, pero sin saberlo.

Respecto a la falla del instinto de Sintonía, Piola y Rodríguez (2014) refieren que en la
biografía de la persona se pueden hallar situaciones en que hay todo un setting en que era
importante saber qué estaba sucediendo y nadie da explicaciones, una situación en que no
se entiende qué sucede y nadie da una pauta ni contención. Lo que sucede internamente con
este tipo de experiencias es que la persona se desconecta de su emoción o bien es más
probable que sienta temor o miedo indefinido. Estas situaciones pueden darse en diversos
contextos (familia, colegio) o en las distintas relaciones (con la madre, el padre o los
hermanos).

Para Celis y Thomas (2011) en las personas en que falla del instinto de Sintonía se aprecia:
percepción o recuerdos de haber tenido dificultades al ingresar a la preescolaridad o
escolaridad; percepción o recuerdos de “meter la pata” con facilidad; percepción o
recuerdos de tener dificultad para captar lo que sucede con los otros; percepción o
recuerdos de sentirse ajeno a un grupo; tendencia a sentirse autorizado a faltar con los
deberes; tendencia al miedo; tendencia a sentir que no se soporta a la gente; tendencia a
evitar las crisis y el sufrimiento.

El Ego Práctico es el que se desarrolla cuando este instinto no funciona bien, y consiste en
que la persona mantiene una actividad incesante –de cualquier tipo- que le permite sostener
su desconexión interna. El otro recurso es el humor, que puede ser utilizado para evitar el
dolor y cualquier asomo de sensibilidad, a través de la ridiculización, la ironía y el
sarcasmo.
Según A.M. Noé (2013), en el niño que tiene dificultades con el instinto de Sintonía, lo
usual es que no vea cuánto vale, cuáles son sus capacidades, por lo que es frecuente
observar angustia frente al rendimiento escolar. Así también, es común la ansiedad como
motivo de consulta, la que tiene que ver con el rendimiento y con su necesidad de ser
reconocido.

No puedo asegurar que dolencias como la que llamamos "ataque de pánico" no existiera en
décadas anteriores, pero lo dudo. Creo que éste es un producto de este tiempo, de un
hombre enajenado, que vive en el temor: el temor a sí mismo y a los demás. Naturalmente,
la educación complica las cosas, enseñando a competir y a desconfiar unos de otros. Y el
sistema de salvaje capitalismo en que vivimos confirma los temores: hay que competir si
deseamos sobrevivir. Nos contraemos: el otro es un rival, no un igual. El amor, que es una
vivencia espontánea, es reprimido y se nos enseña a vivirlo sólo al interior de un núcleo
muy restringido: la familia. ¿Hay alguien que vive en la calle? ¿Hay gente que no tiene
agua potable en su casa? ¿Hay quienes no tienen qué comer? Pobres... cambiemos el canal
y no tendremos que ver eso.

En los pueblos pequeños, donde esta mentalidad aún no prima, la gente se saluda, se
conoce, confía unos en otros. Se tratan con interés, se importan unos a otros. No está
presente esa desconfianza básica y competencia de la gran ciudad, en que los intereses del
otro generalmente no nos importan.

¿Qué es el temor?
La pasión central es aquí el miedo, representado sobre todo por el Eneatipo 6, el Cobarde;
sin embargo, tal como en los casos de la Conservación y la Relación, los otros Eneatipos
que comparten la falla de la Sintonía –el 5 y el 7- también están teñidos por esta Pasión. El
miedo puede llegar a constituir un estado crónico, en el que el mundo completo -e incluso
mi propio mundo interno- se transforman en un lugar amenazante y peligroso, y todos sus
habitantes en potenciales agresores. Es un estado de profunda hipnosis, en el que la
imaginación reemplaza enteramente a la realidad, generando incontables posibilidades de
sufrir daño. El elemento clave es la desconexión de la realidad: la imaginación reemplaza
los sentidos, y la persona deja de ver, palpar y –en suma- conectarse sensorialmente con el
mundo físico y las demás personas y se encierra en una mente llena de paranoia que la
asusta más y más.

Antiguamente, existían peligros muy reales y la reacción de temor nos preparaba para
luchar o huir: tribus rivales, fieras, tempestades o fuego que cotidianamente amenazaban
nuestras vidas. En la actualidad, el peligro se presenta de modo ocasional e inmediato: un
auto se nos viene encima en la calle, por ejemplo. Un poco de adrenalina y lo esquivamos.
La reacción de temor no tendría sentido más allá de ese instante: no sería necesario vivir en
el temor a los automóviles. ¿Vivimos en un barrio donde roban con frecuencia? Tomemos
precauciones, acordemos estrategias con los demás habitantes de la casa; más allá, ¿qué
sentido o utilidad tiene vivir en el temor a los robos? En la actualidad, salvo casos
excepcionales, los peligros físicos son predominantemente imaginarios: hay temor a otros,
temor a situaciones, reacciones de ataque que prácticamente no tienen relación con nada
real.

Son las ideas en la mente las que producen temor en el cuerpo: la imaginación delirante, el
peligro imaginario, las fantasías con posibles catástrofes son las que nos llenan de tensión y
ansiedad, las que nos producen insomnio, stress, baja de defensas y todo el conglomerado
de dolencias que llamamos "psicosomáticas". Desgaste que es, por lo demás, inútil: con
toda esa preocupación y tensión no evitamos nada de nada; lo que debe suceder, sucede
igual.

En el documental Bowling for Columbine (2002), el cineasta Michael Moore se pregunta,


¿por qué los norteamericanos se matan continuamente a tiros y bombardean a casi todo el
planeta? Es claro que desde que tenemos memoria que los norteamericanos siempre están
bombardeando a alguien, invadiendo o interviniendo en algún país. A esta altura, el asunto
ya parece casi natural, pero por supuesto que no lo es. Todos nos sorprenderíamos si los
pacíficos Canadá o Brasil -por citar ejemplos- se ponen a bombardear o a invadir países
vecinos el día de mañana, pero de los norteamericanos nos parece natural. En todo caso, el
realizador concluye que los norteamericanos tienen miedo, y que es por eso que andan
matando gente. La cultura norteamericana no es predominantemente carente de Sintonía,
sino más bien se halla teñida de la falla del instinto de Relación; y sin embargo, la idea es
absolutamente valedera, tanto más que en la película se examinan y descartan otras
hipótesis posibles: por ejemplo, los canadienses tienen tantas armas como sus vecinos...
sólo que no las usan para matarse entre ellos. Los alemanes -por ejemplo- tienen una
historia muchísimo más violenta que los norteamericanos, pero no discuten sus diferencias
a balazos. La hipótesis es que es una tradición del Gobierno y los medios en Norteamérica
fomentar el temor: y si examinamos la idea... la verdad es que toma fuerza.

Piense en la "Guerra contra el Terror" desatada con posterioridad a la caída de las Torres
Gemelas, que, de hecho, más bien sembró el terror en Afganistán e Irak. Piense usted en lo
que estamos viendo desde ese 11 de Septiembre, en que prácticamente se estableció un
estado de sitio en EEUU, en que las libertades individuales se han visto seriamente
limitadas (Poitras, L., 2014). Éste no es el único ejemplo: en los años de la posguerra se
desata en ellos la paranoia del comunismo y de sus agentes y McCarthy tiene su instante de
dudosa gloria persiguiendo a gente del mundo del cine, acusándolos de cosas absurdas que
ahora darían risa de no ser tan siniestras y de no haber causado tanto dolor. Se estimuló
abiertamente el soplonaje y la delación, lo que obviamente amplificó la paranoia a límites
pocas veces visto. Instituciones como el FBI y su patético Director Hoover no se dedican
sólo al crimen real, sino a prevenir todo tipo de complots y planes siniestros que sólo
existían en la mente afiebrada de ese sujeto, quien reúne cientos de archivos producto de un
espionaje sistemático a figuras públicas. La CIA ha hecho lo mismo jugando a Dios con
todo país extranjero que tuviese la desgracia de interesarle -como sabemos, Chile tuvo esa
mala suerte en los años 70-.

Un de las reaccciones posibles a la vivencia del temor es aparentar precisamente lo


contrario: el miedo se vuelve más soportable si soy agresivo con el otro. Como decía al
principio, el temor no nos permite contactarnos de verdad con lo que está ocurriendo "allá
afuera". No vemos de verdad al otro, sino que imaginamos cosas respecto a lo que siente y
piensa: atribuímos intenciones, a veces en forma abiertamente delirante. El mundo se divide
entre aliados y enemigos: no hay más opciones. Y, como el mundo se halla lleno de
peligros, me parapeto detrás de cerrojos, candados, rejas, alarmas, porteros humanos y
electrónicos, y por sobre todo no me expongo a ser herido por los demás -para lo cual
nunca, nunca jamás, dejaré que otro ser humano sepa todo lo que siento o pienso-. Lo peor
de todo es que la paranoia suele actuar como profecía auto-cumplida: mi temor empieza a
generar peligros que empiezan a confirmarme que yo tenía razón al temer. La paranoia y
consecuentes bombardeos de los norteamericanos van a seguir generando miles de nuevos
terroristas.

Sin verdadera intimidad, no hay armonía interna ni con los demás; la verdadera armonía se
logra sólo en la confianza y la transparencia mutuas. De Oscar Ichazo oí una frase hace
muchos años: "Quien tiene miedo no es confiable". En ese momento me pareció exagerado
-quizás porque yo mismo estaba demasiado asustado- pero con el tiempo le he hallado toda
la razón. Quien tiene miedo, se oculta; quien tiene miedo, miente; quien tiene miedo, no
muestra sus cartas. Y todo eso, desde su perspectiva de temor, es enteramente justificado.
Pero por supuesto, una persona así no resulta confiable: lo que nos muestra, lo que nos dice,
cómo nos ve... todo esto está teñido de su paranoia, de su imaginación. No nos está viendo,
en realidad; se está relacionando con una fantasía, no con nosotros.

VI.- La Sanación

A mi juicio, lo más hermoso del Eneagrama es que no sólo describe nuestro ego retorcido y
predecible, sino que también describe la puerta de salida de ese ego. En ese sentido, es
auténticamente trans-personal: nos guía a trascender nuestro ego o personalidad. Me gusta
considerar a los supuestos pecados como simples olvidos, un olvido de nuestro Origen, de
la simple gloria y magnificencia de nuestro verdadero Ser. ¿En qué sentido un "olvido"?
Estamos en esta Tierra. No estamos entre ángeles, desencarnados, tocando el arpa, libres de
los sentidos, la mente y las pasiones. Si alguna vez nos encontramos en esa situación, es
obvio que probablemente no haya mucho en qué distraerse. En la Tierra, la situación es
diferente: "La vida es un carnaval", canta Celia Cruz. Comparto esa idea. No estamos aquí
para negar al cuerpo, negar el sexo, negar las pasiones, negar los sentidos, sino para
disfrutar de todo eso. Nada de lo que vemos, olemos o palpamos es ajeno al Origen común
de todo lo que existe...

Pensemos en lo que ocurre cuando nos obsesionamos con el consumismo, con la comida y
la bebida, con el sexo. ¿En ese momento, recordamos acaso nuestra conexión con el Todo,
con nuestro ser interior, con la trascendencia? Claramente, no. Y pienso que eso no es un
error ni un “pecado”.

Toda Escuela mística por la que he tenido algún respeto –el Arica, Osho Rajneesh, el
Tantra, el Taoísmo, el Sufismo, entre otras- proponen que la liberación -el "recordarse a sí
mismo" de que hablan los Sufis- se alcanza estando en el mundo, sin negar nada de lo que
hay en él ni en nosotros. Si simplemente aceptamos todo aquello, no habrá terreno para el
cultivo de patologías, porque no negaremos ningún aspecto de nuestro Ser. Tarde o
temprano sentiremos la sed del Infinito, aquello que nos indica que hay algo más que la
sensorialidad... y entonces lo buscaremos. Y, eventualmente, recordaremos quiénes
somos, pero no a través de la negación ni la represión.

Y después, el asunto ocurre -como absolutamente la vida entera- minuto a minuto. Es


cierto, a veces se pierde la fe; es cierto, las cosas se mezclan: de la pereza nos vamos al
miedo y de allí a la mentira o viceversa. El punto es, ¿cuán intenso es nuestro deseo de
liberarnos de la trampa y del círculo vicioso de nuestro ego? ¿Cuán intenso es nuestro
deseo de liberarnos? Si ésta es nuestra primera prioridad, nada podrá detenernos; por
supuesto, a veces las pasiones serán la figura y nos dejaremos enceguecer por ellas. Pero lo
hermoso de la vida es que recomienza minuto a minuto: no importa nuestro pasado o el
grado de ceguera de que hemos hecho gala antes. Todo comienza de nuevo ahora. El
pasado ya quedó atrás y en el aquí-ahora nuevamente podemos ser conscientes de nuestras
opciones más importantes y esenciales.

En cada instante tenemos las opciones abiertas: podemos escoger dejarnos llevar por alguna
pasión... y luego pagar el precio, o no hacerlo. Si disfrutamos de un almuerzo descomunal,
es obvio que eso tendrá consecuencias en el cuerpo, pero podemos asumir eso
responsablemente: no es necesario sentirse culpable ni pecador. Y lo mismo con las otras
pasiones, a pesar de que socialmente algunas tienen peores connotaciones que otras. Y
cuando las prioridades se enturbian y la comodidad física prevalece, ¿qué hacer? Si
logramos sobreponernos a la comodidad, levantarnos de esa cómoda poltrona y actuar,
bien está; y si no, no. El asunto es: asumamos que tenemos un cuerpo, que muchas veces
nos hará olvidar nuestra verdadera naturaleza. Y el juego consiste en jugar en la Tierra -para
lo cual el cuerpo es indispensable- y, entre un olvido y otro, recordar quiénes somos, hasta
que ya no lo olvidemos más. Y aún entonces seguiremos disfrutando de los sentidos, pues
lo que vemos no es ajeno a nuestra naturaleza más íntima.

Más específicamente, en la Conservación, el camino de recuperación es, obviamente,


volver a sintonizar con las señales del cuerpo y sus necesidades, así como con las
emociones más intensas. También es necesario re-examinar las creencias respecto a sí
mismo y los propios merecimientos. Una vez recuperada la fe en que sí es posible que yo
-sí, yo, y no sólo los otros- podemos, de verdad, tener un espacio, validar nuestra
existencia, nuestras preferencias, nuestras emociones, nuestro espacio en el mundo, casi
todo el camino está hecho. Para algunos, el camino sigue expresando lo que de verdad
sienten; para otros, elegir esas opciones de vida -trabajo o pareja, por ejemplo- que estén
más de acuerdo con lo que nos permitirá crecer y desarrollarnos; para otros más, esforzarse
por ser más conscientes minuto a minuto para lograr sobreponerse a un hábito destructivo –
como la continua postergación de sí mismo-, etcétera. El principal obstáculo que veo no es
saber qué necesitamos hacer ni tampoco lo es sobreponerse a la desidia, sino verle algún
sentido a la posibilidad de moverse.

En el ámbito de la Relación, y habiendo probablemente acumulado ya una buena cantidad


de frustraciones en el plano de las relaciones interpersonales y sentimentales, es oportuno
que la persona se pregunte si hay algo que está haciendo mal –y dejar de atribuir las
dificultades a los otros o a la mala suerte-. El camino de sanación de la Relación empieza
cuando en su interior el individuo comienza a rescatar, valorar y aceptar su verdadero
sentir, desconectándose de la prioridad que le ha atribuido a la valoración de los demás. Es
importante que en esta etapa entienda que no es que alguna vez le será indiferente la
valoración ajena: vivimos en comunidad y ésta siempre será importante, pero que lo
saludable es que él o ella misma sea su principal autoridad. Es claro que no basta con tomar
esta decisión una sola vez para zanjar el problema, sino que la persona deberá atenta para
revertir el condicionamiento que le ha desviado de su verdadero camino durante toda su
vida.

Una forma posible es estar continuamente preguntándose –en contacto con las señales de su
cuerpo-, “¿Estoy haciendo o actuando de este modo porque yo deseo hacerlo o porque
pienso que me van a valorar más si lo hago?”.

La Sintonía comienza a sanarse cuando la persona toma la decisión de sensibilizarse, tanto


a las señales internas como externas. Para esto, generalmente debe lentificarse y poner
atención en cada momento, especialmente cuando alguien nos habla: aquellos con falla de
Sintonía son pésimos auditores, simplemente porque están sumergidos en su mente, incluso
cuando alguien les habla directamente.

Si desean dar pasos para superar el miedo, pueden comenzar por correr riesgos
comunicándole sus pensamientos y sentimientos a las personas con quienes deseen tener
relaciones más cercanas, decirles las cosas que nunca se ha atrevido a decirles. Luego,
comenzar a hacer cosas que desean de veras hacer pero que nunca se han atrevido. Y no
deben esperar a no tener miedo: todos esos riesgos se corren con miedo incluido. Ninguno
de nosotros hubiera aprendido jamás a nadar o a andar en bicicleta, o se hubiera iniciado
alguna vez en el sexo si hubiera esperado que se le pasara el susto antes. La sanación se
logra atreviéndose a hacerlo a pesar del miedo que siente, aunque tartamudee o le
tiemblen las rodillas. Pero con cada riesgo que corra, se sentirá literalmente más "grande" y
más seguro en este mundo.

Respecto al muy extendido temor a mostrarse frente a un grupo de personas, Fritz Perls,
creador de la Terapia Guestáltica, diseñó una sencilla técnica, que consistía en mirar y
contactarse con atención con el auditorio –en lugar de imaginar lo que podrían estar
pensando respecto a uno-. Si la persona logra realmente hacer eso, sus fantasmas y fantasías
se esfuman.

En general –y esto vale para todos los eneatipos-, buena parte de nuestras trabas internas se
desactivan en la medida que nos atrevamos a enfrentar nuestros fantasmas y a correr los
riesgos que no nos hemos atrevido a correr antes. Éste es uno de los grandes aportes de
Perls: más que hablar “acerca de” los problemas, solía pedirle a los participantes de sus
grupos que los actuaran. De ese modo –y si persevera- un buen día a la persona le parecerá
incomprensible que otras personas no se atrevan a hacer lo que desean hacer. Sentirá una
libertad exquisita; y, quizás por primera vez, se sentirá a sus anchas en este mundo, porque
ya no tendrá miedo.

Referencias

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Thomas, Alice. Instituto de Expansión de la Consciencia Humana, Santiago de Chile.

Poitras, Laura (2014) Citizenfour10. Praxis Films, New York.

Rajneesh, B.S. (1984) Ven, Sígueme (vol. 1). Charlas acerca de los dichos de Jesús. Ashram,
Santiago.

10 Esta película obtuvo el Oscar 2015 al mejor documental, el mismo premio en Inglaterra (BAFTA) y una
serie de otros premios –un total de 41 premios y 16 nominaciones-.