Está en la página 1de 175

Aflicción de los israelitas en Egipto.

LFV 101

EXODO

INTRODUCCION

Éxodo es el segundo libro escrito por Moisés y continúa con el relato iniciado en el libro del Génesis,
aunque hubo un lapso de, al menos, 3 siglos y medio. Génesis 15:13 decía que la descendencia de
Abraham permanecería 400 años en Egipto. Éxodo 12:40 dice que fueron 430 años y la carta de Pablo
a los Gálatas 3:16, 17, lo confirma, como el período exacto.
Éxodo significa “salida” y narra la historia de la redención. El mensaje de este libro está expuesto en la
carta a los Hebreos 11:23-29, que dice:
23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que
era un niño hermoso y no temieron el edicto del rey.
24 Por la fe Moisés, cuando era ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón,
25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del
pecado,
26 considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tenía la
mirada puesta en la recompensa.
27 Por la fe salió de Egipto sin temer la ira del rey, porque se mantuvo firme como viendo al Invisible.
28 Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los
primogénitos no los tocara.
29 Por la fe pasaron el mar Rojo como por tierra seca, y cuando los egipcios lo intentaron hacer, se
ahogaron.

Vamos a efectuar algunos comentarios breves sobre ciertos detalles.


Un estudioso de la Biblia ha afirmado que en este libro, nada se comienza, ni se termina. Es, en efecto,
una continuación del Génesis.
En Génesis 46:27, se nos decía que 70 miembros de la familia de Jacob entraron en Egipto. La cantidad
de personas que salieron de Egipto en los tiempos del Éxodo podría cifrarse en 2.100.000. Aunque
resulta imposible estar seguros de las fechas de este remoto período, es posible que Jose entrara en
Egipto durante el período de los Hicsos o reyes pastores, que eran conquistadores Semíticos
emparentados con Abraham, Isaac y Jacob. De hecho, los Israelitas pueden haber sido los únicos
amigos de aquellos reyes, que eran odiados por los egipcios. Finalmente, fueron expulsados por una
dinastía egipcia nativa, que era comprensiblemente hostil hacia los extranjeros y de la cual descendía el
Faraón que oprimiría a los judíos y que no había conocido a Jose.
Moisés se presenta como la figura sobresaliente en el libro del Éxodo. Es el autor del Pentateuco, así
llamado por incluir los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, que son, Génesis, Éxodo,
Levítico, Números y Deuteronomio. En el Éxodo, la vida de Moisés se divide en 3 períodos de 40 años
cada uno:
1. 40 años en el palacio del Faraón en Egipto.
2. 40 años en el desierto de Madian.
3. 40 años en el desierto como líder de Israel.
La educación recibida por Moisés en Egipto, presumiblemente en el Templo del Sol, evidentemente no
le había preparado para seguir a Dios y para conducir a Israel fuera de Egipto. Dios le preparó en el
desierto durante 40 años para revelarle que él solo no podría liberar a Israel. Le entrenó no solo para ser
un estadista capaz de gobernar a un pueblo sino también para ser el portavoz de Dios ante ese pueblo.
Después de ese período de preparación de 40 años, Dios le envió de regreso a Egipto, para reunir a los
ancianos dirigentes de Israel y para presentarse ante Faraón. Este se negaría a permitir que Israel saliese
de aquella nación, por lo cual surgiría una lucha entre Dios y los dioses de Egipto, país dominado por la
idolatría, con miles de templos y millones de ídolos. Detrás de esta idolatría se encontraba Satanás y la
religión constituía realmente un poder en Egipto. En la segunda carta de Pablo a Timoteo leemos que
8 Y así como Janes y Jambres se opusieron a Moisés, de la misma manera éstos también se oponen a la
verdad; hombres de mente depravada, reprobados en lo que respecta a la fe.

En su encuentro con Moisés y Aarón, relatado en Éxodo 5:2, Faraón preguntaría:


2 ¿Quién es el SEÑOR para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? No conozco al SEÑOR, y
además, no dejaré ir a Israel.

Dios se presentó a Sí mismo a Faraón y éste, después de sufrir la prueba de las plagas, profesó
reconocerle como Dios. Éxodo 9:27, dice así:
¶27 Entonces Faraón envió llamar a Moisés y Aarón y les dijo: Esta vez he pecado; el SEÑOR es el
justo, y yo y mi pueblo somos los impíos.

Y en 10:16, dice:

16 Entonces Faraón llamó apresuradamente a Moisés y a Aarón, y dijo: He pecado contra el SEÑOR
vuestro Dios y contra vosotros.

De aquel episodio surge la pregunta: ¿y por qué fueron enviadas las 10 plagas? Porque formaban parte
de la batalla de Dios contra los dioses de Egipto. Cada una de las plagas fue dirigida contra un dios
concreto de Egipto. En Éxodo 12:12, leemos:
12 “Porque esa noche pasaré por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto,
tanto de hombre como de animal; y ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo, el SEÑOR.

Dios quería revelar a Su propio pueblo que El, el Señor, era inmensamente mayor que cualquier dios de
Egipto y, por lo tanto, tenía poder para liberarles.
Después de esta breve introducción comenzaremos a estudiar el primer capítulo de este libro.
EXODO 1:1 – 22
TEMA: Israel en Egipto; un nuevo Faraón; la esclavitud y persecución de Israel; el heroísmo de dos
mujeres.

OBSERVACIONES

Los primeros versículos de este libro, lo conectan con el relato del libro del Génesis, y presentan una
lista de los primeros que llegaron a Egipto, pasando rápidamente por alto los años transcurridos. El
versículo 7 de este primer capítulo continúa con el informe ofrecido en el Génesis.
El versículo clave del libro del Éxodo se encuentra en 20:2, que dice:
¶2 Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.

Leamos, pues los primeros 6 versículos, que comienzan a contarnos la trayectoria del pueblo de
ISRAEL EN EGIPTO
Estos son los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto con Jacob; cada uno fue con su
familia:
2 Rubén, Simeón, Leví y Judá;
3 Isacar, Zabulón y Benjamín;
4 Dan, Neftalí, Gad y Aser.
5 Todas las personas que descendieron de Jacob fueron setenta almas. Pero José estaba ya en Egipto.
6 Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.

Como hemos ya afirmado, Éxodo es la continuación del Génesis. Con la muerte de José concluía el
Génesis. El versículo 6 nos dice que José, todos sus hermanos y toda aquella generación, habían
muerto. Al menos 3 siglos y medio habían transcurrido. Y, a partir de ahora, el relato nos llevará a
considerar, desde sus comienzos,
LA ESCLAVITUD BAJO LOS EGIPCIOS

En Génesis 46, Dios había dicho que Israel se convertiría en una nación grande y con una población
numerosa en el país de Egipto. El versículo 7, que leemos a continuación, nos indica que aquella
profecía se había cumplido realmente. Dice este versículo:
7 Pero los hijos de Israel fueron fecundos y aumentaron mucho, y se multiplicaron y llegaron a ser
poderosos en gran manera, y la tierra se llenó de ellos.

Pero el versículo 8 añade que se produjo un cambio muy importante:


¶8 Y se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José;

Un nuevo Faraón había llegado al trono de Egipto, que nunca había oído hablar de José. Quizás los
Hicsos, o reyes pastores, que eran semitas, habiendo sido depuestos en el pasado por la dinastía anterior
de reyes egipcios, ocupaban ahora nuevamente el trono. Al no haber conocido a José, el nuevo
soberano no se consideraba en deuda con aquel ni con sus descendientes.
El versículo 8, nos enseña una lección muy importante. Y es que tenemos una gran responsabilidad de
enseñar la Palabra de Dios a cada generación, especialmente a los niños. Si se descuida esta enseñanza,
llegará un tiempo en que la Biblia será olvidada.
En una ocasión, un ejecutivo de una empresa fabricante de una bebida muy famosa me recordó que un
porcentaje del precio de cada botella se invertía en publicidad. Me parecía difícil creer que fuera
necesario hacer propaganda sobre un producto tan conocido y afianzado en el mercado. Le hice notar a
aquel empresario la gran cantidad de anuncios que había visto en un pueblo pequeño, lo cual me
parecía una exageración. Lógicamente no estaba de acuerdo conmigo y me preguntó si yo había visto
publicidad sobre cierto producto muy popular en los años de mi infancia. Respondí que no había visto
ninguna últimamente. Entonces me aclaró que, un día, la empresa productora pensó que ya no era
necesario hacer publicidad. Como resultado, el artículo fue poco a poco cayendo en el olvido.
Volvemos al relato, que nos decía que el nuevo Faraón no había oído hablar de José. Ello me recuerda
que ha habido siempre una nueva generación que no ha oído hablar del Señor Jesucristo. A veces
podemos asombrarnos de que nuestros hijos, como no los han vivido, desconozcan acontecimientos
históricos que nosotros hemos presenciado y que nos provocaron aflicción o grandes dificultades. Por
lo tanto, es necesario enseñar a la generación siguiente lo que le haya sucedido a la generación anterior.
En el caso de este pasaje Bíblico, surgió una generación que ignoraba el nombre de José, y así ocurrió
que el héroe de su época, famoso por el papel que había desempeñado en la supervivencia de aquel
país, era ahora solo un desconocido. ¡Pensar que había sido tan popular que cuando murió, recibió los
homenajes más espectaculares!
En consecuencia, el nuevo Faraón no estaba en absoluto bien dispuesto hacia los israelitas. Como
habían estado sus predecesores. Leamos los versículos 9 al 11:
9 y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y más fuerte que
nosotros.
10 Procedamos, pues, astutamente con él no sea que se multiplique, y en caso de guerra, se una también
con los que nos odian y pelee contra nosotros y se vaya de la tierra.
11 Entonces pusieron sobre ellos capataces para oprimirlos con duros trabajos. Y edificaron para
Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramsés.

De hecho, existía la posibilidad real de que Israel hubiese unido sus fuerzas a los enemigos de Egipto.
Aunque Faraón necesitaba esclavos, la forma más simple de solucionar el problema habría consistido
sencillamente en dejarles salir del país. Sin embargo, intentó solucionar el problema a su manera; les
obligó a trabajar duramente, construyendo ciudades donde se almacenarían provisiones. Y tuvieron que
construir los edificios con ladrillos que ellos, como esclavos, fueron obligados a fabricar. Al principio
de su esclavitud, a los israelitas se les facilitaba la paja para hacer los ladrillos. Pero al agravarse la
persecución del Faraón, se vieron forzados a procurarse su propia paja y, a la vez, producir el mismo
número de ladrillos que fabricaban antes. Sin duda, los israelitas se encontraban en una situación muy
difícil, a medida que los egipcios endurecían cada vez más sus condiciones de vida. Dice el versículo
12:
12 Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y más se extendían, de manera que los egipcios
llegaron a temer a los hijos de Israel.

Dios le había dicho a Abraham que Israel pasaría por tiempos de privaciones en Egipto. Decía el libro
del Génesis 15:13,
13 Y Dios dijo a Abram: Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es
suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años.

En este versículo había 3 predicciones: Los israelitas serían extranjeros en una tierra ajena; serían
esclavos y, serían oprimidos. Todas estas predicciones se habían cumplido precisamente en el período
abarcado por los primeros versículos de Éxodo 1.
Pero, cuanto más oprimían los egipcios a los israelitas, más aumentaba su población. Continuemos
leyendo los versículos 13 al 16;
13 Los egipcios, pues, obligaron a los hijos de Israel a trabajar duramente,
14 y les amargaron la vida con dura servidumbre en hacer barro y ladrillos y en toda clase de trabajo
del campo; todos sus trabajos se los imponían con rigor.
¶15 Y el rey de Egipto habló a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y la otra
Puá,
16 y les dijo: Cuando estéis asistiendo a las hebreas a dar a luz, y las veáis sobre el lecho del parto, si es
un hijo, le daréis muerte, pero si es una hija, entonces vivirá.

A pesar de la persecución y la crueldad con que fueron tratados la bendición de Dios estaba con ellos.
Entonces el rey se dio cuenta del notable crecimiento numérico de aquel pueblo de esclavos y habló
con las parteras de las mujeres hebreas. Es interesante observar los nombres de las 2 mujeres: Sifra
significa “belleza” y Puá, “esplendor”, cualidades que caracterizaban a las mujeres egipcias, como
puede comprobarse por las figuras femeninas creadas por los pintores egipcios. Las citadas mujeres
aparentemente ocupaban una elevada posición oficial en Egipto y estaban encargadas de controlar a las
enfermeras responsables de asistir a las mujeres en el nacimiento de sus hijos.
Este fue otro intento de Satanás de destruir la línea de descendencia que conducía al Señor Jesucristo.
Tentativas de este tipo se registraron por toda la Biblia, desde el Antiguo al Nuevo Testamento. Muchos
intentos de destruir a los judíos han tenido lugar en la historia y resulta interesante observar la manera
en que el anti-semitismo se ha propagado por todo el mundo. Es satánico en su origen y, en
consecuencia, ningún hijo de Dios debiera identificarse con tales sentimientos ni acciones.
Generalmente son personas que no conocen ni tienen una relación con Dios, las que toman parte en esa
persecución.
Este pasaje nos ha llevado a considerar el antisemitismo. Aunque, realmente, cualquier odio racial, no
importa contra quien esté dirigido, es ajeno al espíritu cristiano. Ello debiera hacer reflexionar a todos
aquellos que, desde dentro o fuera de diferentes iglesias y religiones, mantienen en la actualidad esta
actitud. En mi opinión, ninguna persona puede estudiar la Palabra de Dios y, al mismo tiempo,
convertirse en un perseguidor impulsado por el odio racial que, en este caso histórico, se refiere al
antisemitismo y a sus proyecciones históricas.
En medio de este ataque, Dios intervino, a través de

EL HEROISMO DE DOS MUJERES

Leamos los versículos 17 al 22:


17 Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que
dejaron con vida a los niños.
18 El rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, y habéis dejado
con vida a los niños?
19 Respondieron las parteras a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias, pues son
robustas y dan a luz antes que la partera llegue a ellas.
20 Y Dios favoreció a las parteras; y el pueblo se multiplicó y llegó a ser muy poderoso.
21 Y sucedió que por haber las parteras temido a Dios, El prosperó sus familias.
22 Entonces Faraón ordenó a todo su pueblo, diciendo: Todo hijo que nazca lo echaréis al Nilo, y a toda
hija la dejaréis con vida.

Este intento de destruir a los niños varones hebreos, fue una maniobra política que no funcionó.
Aquellas heroicas mujeres egipcias tuvieron que elegir entre obedecer al Faraón o a Dios. Su gesto
constituye un ejemplo elocuente para nosotros en la hora actual, en tiempos de falta de compromiso e
insensibilidad, mostrándonos además, cómo actúa Dios, protegiendo la integridad y honra de los que
optan por El. Habían aprendido a temer y respetar a Dios y su obediencia fue tenida en cuenta y
recompensada por Dios, quien hizo que el nombre de ellas fuese muy respetado no solo en Israel sino
también en Egipto.
Si la orden del Faraón hubiese sido cumplida, el pueblo de Israel habría sido exterminado rápidamente.
Pero tal mandato fue desobedecido y los capítulos subsiguientes lo demostrarán con claridad. Dios hizo
surgir a Moisés para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de los Egipcios.
Éxodo es el gran libro de la salvación, de la redención que en realidad revela, con vívidas ilustraciones
e imágenes históricas, cómo Dios nos libera en la actualidad del pecado, del mundo como sistema que
se opone a Dios, de nuestra naturaleza física con sus malos y desordenados deseos y del diablo, el
enemigo de Dios.
Estimado oyente, Dios, por su amor y su gracia, puede liberarte de cualquier esclavitud y forma de
opresión. Solo tienes que ser consciente de cómo se acercó El a ti cuando envió a Jesucristo a morir a
una cruz. El resucitó y venció. Y tú también puedes participar de esa victoria.
© 2014 La Fuente de la Vida

Nacimiento de Moisés.; huye de Egipto,


encuentro con Reuel, casamiento con Séfora.
LFV 102

EXODO 2:1—22

TEMA; Dios preparó un libertador para Su pueblo; el nacimiento de Moisés; los primeros 40 años de
Moisés en el palacio de Faraón; relación de Moisés con Israel y el rechazo del pueblo; matrimonio de
Moisés con una mujer de otra nación.

En nuestro programa anterior, finalizábamos el primer capítulo del Éxodo con el relato de la
persecución de Faraón contra los niños que naciesen en las familias de Israel, en contraste con la
actitud de las parteras que valientemente ocultaron la información requerida por el soberano, debido a
su reconocimiento y respeto a Dios. Al comenzar este capítulo 2, mencionaremos algunas breves
OBSERVACIONES

Este capítulo nos presenta, a una figura relevante; Moisés, libertador de Israel, como protagonista
principal de los once primeros capítulos, cuyos principales temas son:
Capítulo 1 - Esclavitud de Israel en Egipto.
Capítulo 2 - Nacimiento de Moisés; los primeros años en el palacio del
Faraón.
Capítulo 3 - Llamado de Dios a Moisés; segundo período de 40 años
Madián (se describe el incidente de la zarza ardiendo)
Capítulo 4 - Regreso de Moisés a Egipto; anuncio de la liberación de Israel
Capítulo 5 – Las disputas con Faraón (y las 10 plagas contra la idolatría
De Egipto)
Éxodo es el gran libro de la salvación, de la redención. Ningún tema ni evento se comienza en este
libro, que constituye simplemente una continuación de la historia iniciada en el libro del Génesis, que
proseguirá en los libros de Levítico y Números.
Comencemos la lectura Bíblica con los versículos 1 y 2, que relatan
EL NACIMIENTO DE MOISES
Un hombre de la casa de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví.
2 Y la mujer concibió y dio a luz un hijo; y viendo que era hermoso, lo escondió por tres meses.

Esta es la historia secular del hombre que ve a una mujer, se enamora; ella, a su vez, le corresponde. Se
casan y tienen un hijo. , como suele suceder en todas partes.
Moisés estaba escribiendo la historia de sus padres y su nacimiento y lo hizo escuetamente, sin entrar
en mayores detalles. Por tal motivo, debemos dirigirnos a otras partes de la Biblia para obtener más
detalles sobre aquellos eventos. Si tuviésemos la oportunidad de escribir nuestra biografía,
posiblemente incluiríamos más detalles sobre nuestros padres. Sin embargo, Moisés ni siquiera
mencionó el nombre de sus progenitores. Estos eran personas normales y corrientes, que vivían en la
esclavitud, miembros de la tribu de Leví. En este momento, es todo lo que Moisés registró en el relato.
Aunque más tarde incluye sus nombres: Amram y Jocabed.
El versículo 2 dice que Moisés era un niño atractivo y sano; y el escritor se mostró reticente a
ofrecernos una descripción más detallada de sí mismo. Leamos los versículos 3 y 4:
3 Pero no pudiendo ocultarlo por más tiempo, tomó una cestilla de juncos y la calafateó con asfalto y
brea. Entonces puso al niño en ella, y la colocó entre los juncos a la orilla del Nilo.
4 Y la hermana del niño se puso a lo lejos para ver qué le sucedería.

Resulta evidente que Moisés era un niño sano. Sus padres pudieron, en un principio, esconderle, pero
llegó un día cuando el niño comenzó a llorar y gritar con todas sus fuerzas. ¡Qué contraste con la
escena que tendría lugar años más tarde, cuando el Señor le pediría que fuese su portavoz ante Faraón y
Moisés respondería que no sabía hablar!
Jocabed tenía un problema serio; no podía esconder al niño por más tiempo. Hubiera sido una
imprudencia mantenerle en la casa, pues un guardia podría fácilmente haberle oído llorar, lo cual
hubiera implicado la muerte del niño. Y como la fe no está reñida con el sentido común, que también es
provisto por Dios, Jocabed actuó con sensatez y colocó a Moisés en la pequeña cesta de juncos, con lo
cual demostró su fe y confianza en la intervención de Dios para proteger a su hijo, dejándole en un
lugar seguro, a la orilla del río, frecuentado por gente que pudiese recogerle. Además, puso a la
hermana de Moisés en un lugar donde, prudentemente, pudiese vigilarle. Continuemos leyendo los
versículos 5 al 10:
5 Y la hija de Faraón bajó a bañarse al Nilo, y mientras sus doncellas se paseaban por la ribera del río,
vio la cestilla entre los juncos y mandó a una criada suya para que la trajera.
6 Al abrirla, vio al niño, y he aquí, el niño lloraba. Y le tuvo compasión, y dijo: Este es uno de los niños
de los hebreos.
7 Entonces la hermana del niño dijo a la hija de Faraón: ¿Quieres que vaya y te llame una nodriza de
las hebreas para que te críe al niño?
8 Y la hija de Faraón le respondió: Sí, ve. Y la muchacha fue y llamó a la madre del niño.
9 Y la hija de Faraón le dijo: Llévate a este niño y críamelo, y yo te daré tu salario. Y la mujer tomó al
niño y lo crió.
10 Cuando el niño creció, ella lo llevó a la hija de Faraón, y vino a ser hijo suyo; y le puso por nombre
Moisés, diciendo: Pues lo he sacado de las aguas.

Lo sucedido nos muestra la mano del Señor y cómo El iba a intervenir en esta situación en la que
Jocabed, demostró su fe, sentido común y sensibilidad. Nada menos que la hija de Faraón descendió al
río a bañarse en aquel lugar protegido y le llamó la atención la cesta. Una vez abierta ésta, el niño
comenzó a llorar y la mujer no pudo permanecer insensible. Sus sentimientos prevalecieron sobre las
órdenes que su padre había difundido con respecto a los niños hebreos. Y aquel fue también el
momento oportuno para que apareciese la hermana de Moisés y ofreciese una sugerencia útil a la
princesa. El giro real de aquellos acontecimientos nos muestra cómo actuó Dios a favor de aquellos que
depositaron su fe en El. Pues la misma madre del niño fue encargada de criarlo. Más tarde, la hija de
Faraón le pondría al niño el nombre de Moisés, que significaba precisamente, “salvado de las aguas”.
Aunque la identificación histórica del Faraón de la época de la opresión ha sido objeto de controversia
y especulación, la hija de Faraón puede haber sido la hija mayor del famoso Ramsés II o, quizás, su
hermana. Según las costumbres de la época, el primer hijo de la princesa, tenía derecho a acceder al
trono y, entonces, en el caso de que Ramsés II y su reina hubieran permanecido sin hijos, Moisés habría
sido el sucesor del Faraón.
Vamos a considerar ahora, el
PRIMER INTENTO DE MOISES PARA AYUDAR A SU PUEBLO

Moisés pasó los primeros cuarenta años de su vida en la corte de Faraón, donde creció y se educó como
un egipcio. Su aspecto, su forma de hablar y su modo de actuar eran los de un egipcio. Más adelante, en
este libro del Éxodo, veremos que cuando llegó a Madián, fue reconocido como un egipcio.
Moisés se educó en el gran Templo del Sol, que era la universidad más importante de aquel tiempo. A
veces, solemos dar poco valor a los conocimientos y logros de los egipcios. Sus conocimientos de
astronomía eran extraordinarios e incluyeron estudios sobre la distancia entre el sol y la tierra y teorías
sobre la redondez de la tierra. También se destacaron por su dominio de la química, evidente en la
forma en que eran capaces de embalsamar a los muertos; técnica que no ha podido ser aun igualada. Su
destreza en la preparación de los colores era extraordinaria, pues los tonos logrados eran de mayor
brillo que los nuestros en la actualidad, ya que no ha sido posible descubrir las fórmulas para producir
el color que utilizaban los egipcios. Resulta increíble que tales colores se conserven aún luminosos,
sorprendentemente vivos y hermosos después de 4.000 años.
Además de todos estos descubrimientos, los egipcios tenían también una gran biblioteca. El relato
Bíblico nos infirma que Moisés fue educado en toda la sabiduría de Egipto. La única gran carencia en
la preparación académica de Moisés fue que no había sido instruido en cómo servir a Dios. Pero no le
tengamos en poco, porque era un hombre extraordinario. Esteban, primer mártir de la iglesia cristiana,
nos ofreció una visión penetrante sobre este período de la vida de Moisés. En el libro de los Hechos de
los Apóstoles 7:20-29, podemos leer lo siguiente:
20 Fue por ese tiempo que Moisés nació. Era hermoso a la vista de Dios, y fue criado por tres meses en
la casa de su padre.
21 Después de ser abandonado para morir, la hija de Faraón se lo llevó y lo crió como su propio hijo.
22 Y Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, y era un hombre poderoso en palabras y
en hechos.
23 Pero cuando iba a cumplir la edad de cuarenta años, sintió en su corazón el deseo de visitar a sus
hermanos, los hijos de Israel.
24 Y al ver que uno de ellos era tratado injustamente, lo defendió y vengó al oprimido matando al
egipcio.
25 Pensaba que sus hermanos entendían que Dios les estaba dando libertad por medio de él, pero ellos
no entendieron.
26 Al día siguiente se les presentó, cuando dos de ellos reñían, y trató de poner paz entre ellos,
diciendo: “Varones, vosotros sois hermanos, ¿por qué os herís el uno al otro?”
27 Pero el que estaba hiriendo a su prójimo lo empujó, diciendo: “¿QUIEN TE HA PUESTO POR
GOBERNANTE Y JUEZ SOBRE NOSOTROS?
28 “¿ACASO QUIERES MATARME COMO MATASTE AYER AL EGIPCIO?”
29 Al oír estas palabras, MOISÉS HUYO Y SE CONVIRTIO EN EXTRANJERO EN LA TIERRA DE
MADIAN, donde fue padre de dos hijos.

En otras palabras, toda la educación recibida en Egipto no preparó a Moisés para liberar al pueblo de
Israel. Un día estaba él por la calle y vio a uno de los suyos que era perseguido y golpeado por uno de
los que controlaban a los esclavos. No pudo reprimir sus impulsos y su reacción fue matar al guardia.
Miró a su alrededor para comprobar si alguien le había visto. Pero su principal problema es que no
miró en dirección a Dios, que no aprobó lo que él había hecho. En realidad, sin saberlo, había
pretendido adelantarse 40 años a los planes de Dios para liberar al pueblo de Israel. En consecuencia,
Dios iba a enviarle a un lejano lugar del desierto. Leamos el versículo 15;
15 Cuando Faraón se enteró del asunto, trató de matar a Moisés; pero Moisés huyó de la presencia de
Faraón y se fue a vivir a la tierra de Madián, y allí se sentó junto a un pozo.

El párrafo siguiente, nos relata cómo

EN MADIAN, MOISES ESCOGIO UNA ESPOSA DE OTRA NACION

Moisés había vivido 40 años en Egipto que, como hemos ya afirmado, no le habían capacitado para las
experiencias del resto de su vida. Leamos el último párrafo de nuestro estudio de hoy; los versículos 16
al 22:

16 Y el sacerdote de Madián tenía siete hijas, las cuales fueron a sacar agua y llenaron las pilas para dar
de beber al rebaño de su padre.
17 Entonces vinieron unos pastores y las echaron de allí, pero Moisés se levantó y las defendió, y dio
de beber a su rebaño.
18 Cuando ellas volvieron a Reuel, su padre, él dijo: ¿Por qué habéis vuelto tan pronto hoy?
19 Respondieron ellas: Un egipcio nos ha librado de la mano de los pastores; y además, nos sacó agua
y dio de beber al rebaño.
20 Y él dijo a sus hijas: ¿Y dónde está? ¿Por qué habéis dejado al hombre? Invitadlo a que coma algo.
21 Moisés accedió a morar con aquel hombre, y él dio su hija Séfora a Moisés.
22 Y ella dio a luz un hijo, y Moisés le puso por nombre Gersón, porque dijo: Peregrino soy en tierra
extranjera.

En este episodio en el cual Moisés conocería al que sería su suegro, demostró su valentía y sentido de
la justicia, al intervenir ante el abuso cometido sobre aquellas mujeres. Así fue como Séfora se
convirtió en la esposa de Moisés. Resulta interesante comprobar que muchos de los hombres de la
época del Antiguo Testamento fueron figuras de Cristo. Aunque no todos los detalles de sus vidas
simbolizaban a Cristo, como era de esperar, sus vidas mismas ilustraron de alguna manera a Cristo. Por
ejemplo, cuando Moisés mató al Egipcio, se marcó un agudo contraste entre él y la persona de Cristo,
nuestro Salvador. Sin embargo, Moisés simbolizó a Cristo en el hecho de que fue el libertador escogido
por Dios; también él fue rechazado por el pueblo de Israel y se dirigió a gente de otras naciones no
judías, uniéndose a una esposa perteneciente e dichos pueblos. Después de ello, apareció nuevamente
ante Israel como su libertador y fue aceptado.
Así es que encontramos a Moisés en la tierra de Madián, que durante los siguientes 40 años sería su
hogar y donde nacieron dos de sus hijos. Allí en el desierto, comenzaría su preparación para convertirse
en el libertador del pueblo de Israel, esclavo en Egipto.
Con respecto a aquel matrimonio de Moisés, ha existido siempre un interrogante. No me cabe duda de
que debió haber amado a su mujer. Pero la información de que disponemos no revela que haya existido
una admirable relación con su esposa. Esta parte de su vida es uno de los episodios que Moisés, en
cierta forma, pasa por alto. El nombre Séfora significaba “gorrión”, o pájaro pequeño. , lo cual podría
describir a una persona de pequeña estatura y nerviosa. Quizás cabría ver algo de confusión en Moisés,
con respecto a su propia identidad y en cuanto a las promesas que Dios había dado a Israel, en el
nombre que le puso a su primer hijo: Gersón, cuyo significado en hebreo estaba relacionado con su
situación de ser un peregrino en una tierra extranjera. En el pasado, Dios había prometido a Abraham la
tierra de Canaán. Por una parte podría recordar a Egipto como su propia tierra y, por otra, estaba la
opresión en que vivía Israel en aquel país y su necesidad de una liberación.
Podemos imaginar lo que habrá pasado por la mente de Moisés al recordar su pasado inmediato, con su
elevada posición y privilegios, y su situación posterior como un nómada en el desierto. El tremendo
contraste, seguramente dio lugar a que se plantease preguntas con respecto a su situación pasada y
perspectivas futuras. ¿Por qué habría tenido que ocurrir aquel desafortunado y grave incidente que
motivó su huída de Egipto? ¿Era su situación desfavorable ya irreversible? ¿Habría alguna forma de
rehacer su vida? ¿Habría realmente un futuro para él?
Aunque él no pudiese verlo, sabemos que Dios tenía grandes propósitos para su vida, ya que llegaría a
ser quien liberaría a Israel de la esclavitud. También como legislador y conductor de un pueblo, su
nombre figuraría como uno de los personajes más destacados de los tiempos Bíblicos y de la historia.
Desde nuestra lejana situación en el tiempo, podemos reconocer en aquellos interrogantes, muchos de
las preguntas que hoy en día podemos formularnos ante acontecimientos que hayan podido ocurrir en
nuestra vida. ¿Por qué habremos tenido que pasar por ciertas experiencias? ¿Habrá que soportar
interminables consecuencias por un error cometido? ¿Hay alguna manera de reparar los daños sufridos?
¿Hay perspectivas de un futuro esperanzador? ¿Vale la pena volverse a ilusionar por algo?
En este sentido, la vida de este personaje, nos mostrará como fue aprendiendo a encajar sus preguntas
vitales con los propósitos que Dios tenía para él. Y nos ayudará a ir comprendiendo el significado de
nuestra propia existencia, iluminando nuestra propia situación frente a Dios y en esta vida, y evitando
que nuestras propias preguntas nos bloqueen, nos angustien y nos inmovilicen. En este estudio
descubrirás que Dios tiene un propósito para ti, a pesar de que la realidad te lleve a fijar tus
pensamientos en interrogantes sin respuesta, y sin explicación humana posible. A la luz de su
trayectoria y relación con Dios, Moisés fue descubriendo el propósito de su existencia y el significado
de su misión en esta vida. ¿No te parece que ésta es también nuestra opción, nuestra esperanza? Y, ¿por
qué no?

© 2014 La Fuente de la Vida

Llamamiento de Moisés; la zarza.


LFV 103

EXODO 2:23 – 3:8

Nuestro programa anterior terminaba con una escena familiar, en Madián, donde Moisés, que había
tenido que huir de Egipto, contrajo matrimonio y tuvo hijos. Allí dio comienzo a su prolongado período
de permanencia en el desierto.
Comenzaremos nuestro estudio de hoy leyendo los versículos 23 al 25:
23 Y aconteció que pasado mucho tiempo, murió el rey de Egipto. Y los hijos de Israel gemían a causa
de la servidumbre, y clamaron; y su clamor, a causa de su servidumbre, subió a Dios.
24 Oyó Dios su gemido, y se acordó Dios de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.
25 Y miró Dios a los hijos de Israel, y Dios los tuvo en cuenta.

Dios estaba ordenando el curso de los acontecimientos para liberar al pueblo israelita, oprimido en
Egipto. En ese proceso, estaba preparando a Moisés para ser el libertador. Dios no optó por liberar a los
israelitas porque éstos fuesen superiores a los Egipcios, ni por que hubiesen sido fieles a El, ni porque
hubiesen evitado dejarse arrastrar por la idolatría. Por el contrario, habían sido muy infieles a Dios.
Habían adorado y servido a los ídolos de religiones paganas, antes que a El. Hay que recordar que, más
adelante en la historia, después de haber sido liberados de Egipto y cuando estaban siendo conducidos
por Moisés por el desierto, en la primera ocasión que se presentó, fabricaron un becerro de oro para
adorarlo. El deseo de Dios había sido liberarles porque se encontraban indefensos, en una desesperada
situación de esclavitud. A menos que alguien hubiese intervenido a favor de ellos, habrían perecido.
Dios presentó dos razones para liberar a Israel:
1. Había escuchado el clamor de su sufrimiento.
2. Había recordado Su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.
La desesperada e irremediable condición de Israel apeló al corazón de Dios. Y Su promesa de traer a
los descendientes de Abraham de regreso a la tierra, después de 400 años, fue el motivo por el que Dios
diseñó un plan para liberarles.
¿Por qué crees que Dios te ha salvado? (en el caso de que, efectivamente, así haya sido) Dios nos ha
salvado por la misma razón que salvó a aquel pueblo de Israel. No encontró en nosotros nada que fuese
merecedor de Su salvación. El dejó claro que no somos salvos por algún mérito que poseamos. El
apóstol Pablo, escribió en su carta a los Romanos 3:23 y 24,
23 por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,
24 siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús,

La palabra “gratuitamente” significa, “libremente, sin una causa”. Hemos sido salvados de nuestros
pecados sin que existiese un motivo para ello. En el idioma original se utiliza la misma palabra, cuando
en el Evangelio según Juan 15:25, citando a uno de los Salmos, se dice que Jesús fue odiado sin causa,
sin razón. Dios no decidió salvarme porque vio en mis buenas cualidades. La verdad es que Dios nos
vio en toda la oscuridad de nuestro pecado e ignorancia, alejados de El. Vio que estábamos
desesperadamente perdidos y que éramos incapaces de salvarnos por nosotros mismos.
El amor de Dios le hizo proveer un Salvador. Como se dice en el Evangelio según Juan 3:16:
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree
en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Lo que nos salvó fue la gracia de Dios, que nos alcanzó generosamente. Hemos sido, pues, salvados si
una razón o motivo que lo requiriese, por Su gracia, por haber sido comprados con el sacrificio en el
que su Hijo Jesucristo derramó su sangre en la cruz. Al escuchar esa buena noticia, solo hemos tenido
que aceptar individualmente y por la fe, esa salvación.
Es cierto que muchas personas piensan que Dios ha visto en ellas algo digno o merecedor de la
salvación. O que las salvó como pecadoras que podrían irse convirtiendo en buenas personas. Esta
forma de pensar es completamente errónea. Nunca podremos cambiar, o irnos transformando por
nosotros mismos en personas buenas, porque cada uno de nosotros tiene una naturaleza vieja, que ya no
da para más, en la cual no mora el bien ni la bondad, sino el mal de las desordenadas apetencias
humanas. Nada menos que el apóstol Pablo, en su carta a los Romanos 7:18, escribió: “Porque yo se
que en mí, es decir, en mi naturaleza de hombre pecador, no hay nada bueno. . .” Es por ello que
cuando Dios nos salva, nos provee una naturaleza nueva. Y es por ello, también, que aquella vieja
naturaleza, con el tiempo, debe ir siendo controlada y anulada.
Volviendo a nuestro pasaje Bíblico y resumiendo, diré que Dios no vio nada de bueno en Israel. Pero,
como ya hemos destacado, escuchó el clamor de aquel pueblo bajo la opresión de la esclavitud, y les
salvó de la misma manera en que vio nuestra desesperada condición y nos salvó. Como indicaba aquel
célebre versículo que acabamos de leer, incluido en el Evangelio según Juan, Dios el Padre amó al
mundo y envió a su Hijo para morir por los pecados del mundo. El Hijo, Jesucristo consintió en venir y
el Padre acordó salvar a todo aquel que creyese en Jesucristo para recibir su salvación. A cada
individuo le quedan las opciones de aceptarla o rechazarla.
Este es, básicamente, el mensaje que Dios está comunicando en la actualidad a la humanidad, a partir
de este pasaje Bíblico del libro del Éxodo. No había ninguna condición espiritual positiva ni ningún
atractivo especial en aquel pueblo de Israel que pudiese impulsar a Dios a actuar. Pero el escuchó el
clamor del dolor y la desesperanza. De la misma manera, el pasaje que hemos leído nos recuerda que
tampoco la condición de la humanidad puede presentar ante Dios algún motivo para salvarnos. En el
remoto pasado de los tiempos Bíblicos, y como hemos estudiado al leer el libro del Génesis, Dios hizo
un pacto con Abraham, Isaac y Jacob que prometía la salvación a aquel pueblo de Israel. De la misma
manera, El se mostró dispuesto a salvar a todo aquel que confiase en Jesucristo como Salvador. La
gracia de Dios, es su amor en acción, su amor en movimiento para ofrecer la salvación.
A continuación, comenzaremos a considerar
EXODO 3:1 – 8

TEMA: El llamado de Dios a Moisés; la zarza ardiendo; la revelación del “YO SOY”; la promesa de
una liberación divina; la vacilación de Moisés para aceptar el llamado de Dios; la misión encomendada
a Moisés.

En primer lugar, vamos a destacar algunas


OBSERVACIONES

de carácter general, que nos sitúan en el contexto de la situación concreta de lo que ocurrió, según la
descripción de este pasaje Bíblico.
El período de 40 años vivido por Moisés en Madián había llegado a su fin. Habíamos aclarado que toda
su preparación académica en Egipto no había sido suficiente como preparación para su importante obra
de liberar al pueblo de Israel de la esclavitud. Dios le formó durante ese tiempo en Madián para la gran
tarea que le esperaba.
El primer párrafo del capítulo 3, nos relata detalladamente como fue

EL LLAMADO DE DIOS A MOISES

Leamos los versículos 1 al 3:


Y Moisés apacentaba el rebaño de Jetro su suegro, sacerdote de Madián; y condujo el rebaño hacia el
lado occidental del desierto, y llegó a Horeb, el monte de Dios.
2 Y se le apareció el ángel del SEÑOR en una llama de fuego, en medio de una zarza; y Moisés miró, y
he aquí, la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.
3 Entonces dijo Moisés: Me acercaré ahora para ver esta maravilla: por qué la zarza no se quema.

Moisés se apartó del rebaño para ver por qué la zarza ardía y el fuego no la consumía. Una de las
mayores pruebas de la veracidad de las Sagradas Escrituras es la existencia de la nación de Israel. Hace
muchos años un Emperador de Alemania le preguntó a su capellán sobre la prueba principal para
afirmar que la Biblia era la Palabra de Dios. Sin vacilar, el capellán respondió que eran los hebreos.
Ellos son la zarza ardiente, una realidad que debiera ser examinada cuidadosamente, haciendo
reflexionar al no creyente. Resulta sorprendente que ese pueblo haya mantenido una existencia tan
prolongada, desde la época de Moisés y a través de los siglos, hasta la hora actual. Otros pueblos han
surgido y luego fueron extinguiéndose. Pero ellos han asistido al funeral de las demás naciones, y ahí
están, presentes en la escena contemporánea. Tal como le sucedía a aquella zarza, el pueblo de Israel no
se ha consumido.
A propósito, ¿cuándo fue la última vez que has visto a un Madianita? ¿Has visto su bandera o has oído
algo de su gobierno? Por supuesto que no porque, ese pueblo ha desaparecido. Sin embargo, el pueblo
de Israel, no.
El ángel del Señor que apareció frente a Moisés, desde la zarza ardiendo, no era otro que el Cristo pre-
encarnado, es decir, que era una aparición de Cristo previa a su nacimiento en este mundo. Habíamos
visto esta situación cuando estudiamos el libro del Génesis, concretamente, a propósito del personaje
que luchó con Jacob. También en este caso, queda claro que se trataba de Dios mismo como resulta
evidente al leer los versículos siguientes. Es mi conclusión después de varios años de estudio de la
Palabra de Dios. Continuemos leyendo los versículos 3 al 5:
4 Cuando el SEÑOR vio que él se acercaba para mirar, Dios lo llamó de en medio de la zarza, y dijo:
¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.
5 Entonces El dijo: No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde estás es
tierra santa.

Vemos que el Señor tuvo que corregir los modales de Moisés. Aunque éste se había criado en la corte
de Faraón, no sabía que tenía que quitarse su calzado en la presencia de un Dios santo. Quizás muchas
personas hoy, al referirse a Dios o al dirigirse a El, se expresan con una familiaridad que excluye el
respeto y la dignidad que El merece, por ser Quien es. El hecho de que sea nuestro Padre, no quiere
decir que deba ser tratado como un compañero de estudio o de trabajo. Una relación de amistad con El
debe incluir no solo la naturalidad, sino también el respeto. En este sentido, este pasaje también nos
enseña alguna lección sobre la santidad de Dios.
Continuemos leyendo el versículo 6:
6 Y añadió: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tenía temor de mirar a Dios.

Observemos la actitud de Moisés de no atreverse a dirigir su mirada a Dios. Es que la naturaleza


esencial de Dios no puede ser conocida ni contemplada directamente por el ser humano. Esa naturaleza
o esencia verdadera solo se puede conocer por medio del Señor Jesucristo. En este sentido se expresa el
Evangelio según Juan 1:18;
18 Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a
conocer.

Leamos los versículos 7 y 8, que finalizan el pasaje Bíblico escogido para hoy:
7 Y el SEÑOR dijo: Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado
su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos.
8 Y he descendido para librarlos de la mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una
tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al lugar de los cananeos, de los heteos, de
los amorreos, de los ferezeos, de los heveos y de los jebuseos.

Cuando Dios libera al ser humano, no solamente le libera de algo. El siempre libera hacia algo, con
vistas a algo. Hemos sido salvados del pecado para vivir consagrados a El aquí en la tierra y para ir al
cielo a Su presencia. El apóstol Pablo explicó este concepto en su carta a los Efesios 2:5 y 6;
5 aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia
habéis sido salvados),
6 y con El nos resucitó, y con El nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús,

Esta declaración enfatiza que Dios nos ha dado una vida y una posición en Cristo. La afirmación es
clara y no deja lugar a dudas. Si tú eres salvo hoy, eres completamente salvo. Y permanecerás salvo
incluso dentro de un millón de años, debido a la posición que ocupas en Cristo. Explicado de otra
manera, hemos sido sacados, apartados de Adán e introducidos en Cristo. Hemos sido sacados del
ámbito de la muerte e introducidos a la vida. Hemos sido sacados de la oscuridad e introducidos en la
luz. Aunque parezca tremendo y llevando el contraste aun más lejos, es como haber sido sacados del
infierno e introducidos en el cielo. Este es, pues, el significado completo de la salvación, de la
redención, de que Jesucristo nos haya comprado y liberado. Consiste en salir de algo para entrar en otra
cosa.
Es por ello que este último versículo expresaba que Dios iba a hacer salir a aquel pueblo del lugar y del
estado de opresión y esclavitud, para llevarles y hacerles entrar en una buena tierra. Así es la salvación,
la redención, la liberación que Dios ha obrado en el pasado, a través de los siglos, en la actualidad y
mientras el mensaje del Evangelio, el mensaje de las buenas noticias sea proclamado en el mundo.
Estimado oyente, no se si el citado mensaje habrá llegado a ti en alguna otra ocasión. Pero,
seguramente lo has oído en el día de hoy. Las noticias del mensaje son realmente buenas y la invitación
de Dios, como en muchos lugares de la Biblia, se ha reiterado en numerosas oportunidades. El Dios que
llamó a Moisés a una relación personal con El, y a llevar a cabo una obra gigantesca, habla hoy
también por Su Palabra y continúa llamando, invitando a aceptar su obra de salvación. Te invitamos a
reflexionar sobre ello y a tomar una decisión.
A veces, en el transcurso de nuestra vida, buscamos los momentos más oportunos para tomar ciertas
decisiones importantes. Te recuerdo las palabras del apóstol Pablo, en su segunda carta a los Corintios
6:2, escritas después de citar al profeta Isaías, del Antiguo Testamento:
He aquí, ahora es EL TIEMPO PROPICIO; he aquí, ahora es EL DIA DE SALVACION.

© 2014 La Fuente de la Vida

Excusas de Moisés. La vara.


LFV 104

EXODO 3:9 – 4:5

En el programa anterior vimos que cuando Moisés se encontraba cuidando el rebaño de su suegro, en la
zona del Monte Horeb, Dios se le apareció y le llamó, desde una zarza que ardía y cuyas llamas no la
consumían. En el pasaje Bíblico que hoy consideramos, encontramos el mensaje que Dios le transmitió.
Leamos los versículos 9 al 11:
9 Y ahora, he aquí, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí, y además he visto la opresión
con que los egipcios los oprimen.
10 Ahora pues, ven y te enviaré a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto.
11 Pero Moisés dijo a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón, y sacar a los hijos de Israel de Egipto?

Sería bueno que observásemos lo que le había sucedido a Moisés. Cuarenta años antes de este
momento, se encontraba dispuesto a liberar a Israel. Era presumido, arrogante. Había matado a un
egipcio liberando a uno de los suyos de la persecución que estaba sufriendo, porque pensó que su
acción sería comprendida. Pensaba que él podía liberar a Israel por sus propios medios. Pero descubrió
que no podía, y entonces Dios le hizo dirigirse hacia un lugar lejano, en el desierto, para someterle a
una preparación especial y adecuada para esa gran tarea. Fue así que llegó a darse cuenta de cuán débil
era realmente. Al fin había aprendido que no era capaz de liberar a Israel por sí mismo.
Ahora Moisés le estaba respondiendo a Dios: “¿pero quién soy yo? No puedo hacer lo que me estás
pidiendo”. Estimado amigo, entonces sí que Dios podía utilizarle. Esa es precisamente la manera en
que Dios prepara a los suyos. Veamos algunos ejemplos. Más adelante en la historia, El tendría que
tomar al joven David, que pudo matar a un gigante, y hacerle esconderse en cavernas y cuevas.
Después de haber sido aquel joven acosado, como el animal perseguido por el cazador, descubrió cuán
débil era. Entonces Dios pudo convertirle en un rey.
Elías, el profeta, fue lo bastante valiente como para dirigirse directamente a la corte de los reyes Acab y
Jezabel, de acuerdo con el relato de 1 Reyes 17:1, con el propósito de decirles que por un tiempo no
habría rocío ni lluvia, hasta que el anunciase lo contrario. En realidad, Elías no era tan valiente como
parecía. Y Dios le hizo pasar por el desierto, donde el capacita a los suyos. El profeta solía beber del
agua de un arroyo que se estaba secando, y debió pensar que su vida dependía de aquel arroyo. Después
de pasar por otras experiencias, en las que Dios le alimentó milagrosamente, descubrió que él no valía
nada y que Dios era todo para él. Cuando se dio cuenta de esto, Dios le utilizó para enfrentarse a los
profetas de Baal, el dios falso de los cananeos, haciendo descender fuego del cielo.
El apóstol Pablo, en su segunda carta a los Corintios 12:10, lo expresó de esta manera:
10 Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en
angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Verdaderamente, siendo ésta una paradoja. , era, sin embargo, lo que Dios le estaba enseñando a
Moisés. Cuando éste descubrió que él solo no podía liberar a Israel, pero que Dios sí podía hacerlo por
medio de él, entonces Dios estuvo dispuesto a utilizarle.
Una de las razones por las cuales muchos de nosotros no somos utilizados por Dios en la actualidad es
que nos sentimos demasiado fuertes. ¿Te has detenido a pensar en ello? Dios no puede utilizarnos
mientras nos consideremos tan fuertes. Es a partir de nuestra debilidad que somos fortalecidos. Fue el
mismo apóstol Pablo quien dijo, esta vez en su primera carta a los Corintios 1:27:
27 que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil
del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte;
Tanto Moisés como el apóstol Pablo reconocieron que Dios podía actuar a través de ellos cuando eran
conscientes de su debilidad. Es sorprendente lo que Dios puede hacer por medio de un instrumento
débil.
Continuemos leyendo los versículos 12 y 13:
12 Y El dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y la señal para ti de que soy yo el que te ha enviado será
ésta: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto adoraréis a Dios en este monte.
13 Entonces dijo Moisés a Dios: He aquí, si voy a los hijos de Israel, y les digo: “El Dios de vuestros
padres me ha enviado a vosotros,” tal vez me digan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les responderé?

La pregunta de Moisés era razonable y seguramente todos nosotros hubiésemos formulado la misma
pregunta. Moisés temía que los del pueblo de Israel no le aceptasen. No sabía cómo presentarles y
explicarles a Dios. Tampoco sabía cómo se las arreglaría para hacer que los israelitas viniesen a aquel
monte. Estos eran los problemas con los que se enfrentaba Moisés, y observemos cómo le respondió
Dios. Leamos el versículo 14:
14 Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: “YO SOY
me ha enviado a vosotros.”

Indudablemente, en el nombre “YO SOY” hay más significado de lo que siempre se ha puesto de
manifiesto, pero hay varias cosas de fundamental importancia que debieran mencionarse. El nombre
“YO SOY” es un tetragrama o palabra de 4 letras. Se tradujo como Yahweh y se convirtió en una
palabra sagrada, en un nombre santo para los israelitas hasta tal punto que, de no poderlo pronunciar y
para evitar profanar el nombre de Dios, no lo utilizaban. Entonces, ¿cuál es el nombre correcto, Jehová
o Yahweh? Nadie lo sabe. Pero, de todas maneras, el nombre de Dios puede ser definido como “YO
SOY”. Puede traducirse como “el Eterno” o bien, como “el Señor”.
En el libro del Génesis, Dios es el Creador. El es Elohim, el Dios poderoso, el que existe por sí mismo;
como le dijo Dios a Moisés, YO YOY EL QUE SOY. Aquel era el Dios que estaba enviando a Moisés
para liberar al pueblo de Israel.
El Salmo 135:13 dice;
Tu nombre, SEÑOR, es eterno;
tu memoria, SEÑOR, por todas las generaciones.
En este versículo, la palabra “SEÑOR” puede traducirse como “YO SOY EL QUE SOY”. Es
importante ver que este nombre nos habla de la realidad de que DIOS EXISTE.
El último párrafo de este capítulo detalla la
LA MISION ENCOMENDADA A MOISES

Había llegado el momento del cumplimiento de la promesa expresada, por José, el hijo de Jacob,
registrada en Génesis 50:25, que decía: “. . . Dios ciertamente os visitará”. Volviendo a nuestro capítulo
3, el versículo 15 dice:
15 Dijo además Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: “El SEÑOR, el Dios de vuestros padres,
el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros.” Este es mi nombre
para siempre, y con él se hará memoria de mí de generación en generación.

Dios había aparecido a Abraham, Isaac y Jacob. El mismo Dios que estaba enviando a Moisés a los
israelitas y por el modo descripto en los versículos siguientes. Leamos desde el versículo 16 hasta el
18:
16 Ve y reúne a los ancianos de Israel, y diles: “El SEÑOR, el Dios de vuestros padres, el Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob, se me ha aparecido, diciendo: ‘Ciertamente os he visitado y he visto lo
que se os ha hecho en Egipto.
17 ‘Y he dicho: Os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del
ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que mana leche y miel.’ ”
18 Y ellos escucharán tu voz; y tú irás con los ancianos de Israel al rey de Egipto, y le diréis: “El
SEÑOR, el Dios de los hebreos, nos ha salido al encuentro. Ahora pues, permite que vayamos tres días
de camino al desierto para ofrecer sacrificios al SEÑOR nuestro Dios.”

Dios le había indicado a Moisés cual sería su actuación y el orden que debía seguir. Debía informar a
los ancianos de Israel sobre el plan de liberación de Dios. Luego, él y los ancianos tendrían que
presentarse ante Faraón y pedirle permiso para salir de viaje por el desierto durante 3 días, para ofrecer,
como nación, sacrificios a su Dios. La intención era comunicarle al Faraón, con delicadeza, el plan de
los israelitas, antes que manifestarle bruscamente que la idea era regresar para establecerse para
siempre en la tierra de Canaán. Continuemos leyendo los versículos 19 y 20:
19 Pero yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir, si no es por la fuerza.
20 Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con todos los prodigios que haré en medio de él, y
después de esto, os dejará ir.

Hemos leído que Dios le dijo a Moisés que el Faraón se negaría a permitir que los israelitas saliesen. La
negativa del soberano desencadenaría la campaña divina contra los dioses falsos de Egipto. Después de
las conversaciones mantenidas, y aunque Dios demostraría su poder mediante acciones prodigiosas,
Faraón aun se negaría obstinadamente a dejar salir al pueblo. Entonces Dios, como castigo, enviaría
plagas que forzarían a Faraón a cambiar de opinión y autorizar a Israel para abandonar Egipto. Dios
tenía un plan para liberar al pueblo y verdaderamente lo llevaría a cabo. Leamos los versículos 21 y 22:
21 Y daré a este pueblo gracia ante los ojos de los egipcios; y sucederá que cuando os vayáis, no os
iréis con las manos vacías,
22 sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que vive en su casa objetos de plata, objetos de oro y
vestidos; y los pondréis sobre vuestros hijos y sobre vuestras hijas. Así despojaréis a los egipcios.

Las instrucciones dadas a las mujeres para que pidiesen dichos objetos no implicaban que podían robar;
la idea era que pudiesen cobrar los sueldos atrasados. Los israelitas habían sido esclavos, trabajando sin
recibir ningún pago. Dios les estaba simplemente indicando como recuperar los salarios no cobrados
durante algunos centenares de años. De esta manera saldrían de Egipto debidamente recompensados
por muchísimo tiempo de duros trabajos. Dios estaba realmente cuidando a aquel pueblo, ante sus
futuras necesidades. En el próximo capítulo veremos como reaccionó Moisés ante este mandato.

EXODO 4:1 – 5

TEMA: Las dos objeciones de Moisés para conducir a Israel fuera de Egipto: (1) la incredulidad de
Israel, y (2) su falta de elocuencia. Dios respondió a las objeciones de Moisés con dos señales
milagrosas: (1) una vara, fue utilizada por la poderosa mano de Dios para hacer milagros, y (2) la mano
con lepra de Moisés, una ilustración del pecado, fue limpiada por Dios para mostrar Su poder a
aquellos que se rindiesen a El. Aarón se convirtió en el portavoz de Moisés; Moisés regresó a Egipto y
anunció a los ancianos dirigentes de Israel el plan de Dios para su liberación.

OBSERVACIONES

Este capítulo nos relata el regreso de Moisés a Egipto y la forma maravillosa en que Dios actuó con él,
debido a sus recelos. La mente de Moisés estaba llena de preguntas y de obstáculos que superar. Pero
Dios tuvo una respuesta para cada una de sus objeciones. El primer párrafo, pues, expone
LAS OBJECIONES DE MOISES PARA SER EL LIBERTADOR DE ISRAEL

Moisés tenía varias razones para creer que no era la persona adecuada para la tarea que Dios le había
encomendado. Leamos los versículos 1 al 3:
Moisés respondió, y dijo: ¿Y si no me creen, ni escuchan mi voz? Porque quizá digan: “No se te ha
aparecido el SEÑOR.”
2 Y el SEÑOR le dijo: ¿Qué es eso que tienes en la mano? Y él respondió: Una vara.
3 Entonces El dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra y se convirtió en una serpiente; y Moisés
huyó de ella.

En los días futuros, Moisés utilizaría la vara de maneras muy diferentes. Esta se convertiría en una
señal de autoridad y en un testimonio para Israel y Egipto de la presencia de Dios junto a Moisés. La
vara también sería para él como una fuente de fortaleza. Cuando en esta ocasión la arrojó al suelo, se
convirtió en un reptil peligroso. Una serpiente normal no habría logrado que Moisés huyese de ella,
porque el estaba habituado a convivir con los peligros del desierto. Observemos que no había un poder
intrínseco en la vara porque era simplemente un instrumento que podía ser usado por Satanás, como
veremos más adelante, o por Dios. A modo de ejemplo, podríamos comparar la vara con un billete de
banco, que puede ser usado para realizar buenas obras, para ayudar a muchas personas necesitadas;
pero también para comprar drogas que destruyen la salud, o para pagar un asesino. O sea que, un
simple billete, puede convertirse en algo tan dañino y peligroso como una serpiente. Solo cuando aquel
instrumento que era la vara, fuese puesto en manos de un hombre guiado por Dios, impulsado por Su
poder, podía ser utilizada por Dios. Esta es la lección importante que contiene este pasaje Bíblico.
Leamos el versículo 4:
4 Pero el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano y agárrala por la cola. Y él extendió la mano, la
agarró, y se volvió vara en su mano.
5 Por esto creerán que se te ha aparecido el SEÑOR, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios
de Isaac y el Dios de Jacob.

Las cosas de que disponemos en esta vida, pueden ser usadas para bien, o para mal. En esta vida
podemos ser instrumentos de Satanás, para hacer el mal, o podemos convertirnos en instrumentos de
Dios para hacer Su voluntad, para hacer el bien. Dios había llamado a Moisés para liberar a los
israelitas de la esclavitud en la que vivían en Egipto. Le había formado durante 40 años en el desierto y,
como hemos visto en este texto Bíblico, le estaba encargando una misión desde la zarza ardiendo. Es
interesante recordar que este hombre, que tiempo atrás, en Egipto, estaba tan ansioso e impaciente que
pretendió adelantarse a los planes de Dios, se mostraba ahora renuente a aceptar la función de
libertador a la cual Dios le estaba llamando. Cuando él comenzó a enumerar sus objeciones, Dios puso
una vara en su mano. El tenía que aprender que, incluso cuando algo tan sencillo como una vara fuese
usado de acuerdo con la voluntad de Dios, en las manos de una persona rendida y consagrada a Dios,
tal instrumento se convertiría en un símbolo de autoridad efectiva que lograría el cumplimiento de los
propósitos de Dios.
En nuestro próximo programa veremos que Dios ofreció a Moisés otras pruebas, que le enseñarían
otras lecciones, para capacitarle en el cumplimiento de la gran tarea y responsabilidad de liberar a todo
un pueblo, enfrentándose al poder del Faraón y sus ejércitos.
Estimado oyente, queda a nuestra elección convertir nuestra vida en un instrumento como aquella vara
de Moisés, utilizado por la mano de Dios. Al escuchar el llamado de Dios, y aun conscientes de
nuestros sentimientos de insuficiencia, debilidad e impotencia, podemos tomar en serio los propósitos
de Dios en grandes o en pequeñas tareas, en elevadas o limitadas responsabilidades, creyendo que en su
nombre y por su autoridad y poder, El nos capacitará y nos proveerá los recursos necesarios para vivir
una vida significativa, una vida de calidad, y una vida de victoria, aun en las circunstancias más
adversas. Sinceramente, creo que vale la pena

cuidando el rebaño de su suegro, en la zona del Monte Horeb, Dios se le apareció y le llamó, desde una
zarza que ardía y cuyas llamas no la consumían. En el pasaje Bíblico que hoy consideramos,
encontramos el mensaje que Dios le transmitió. Leamos los versículos 9 al 11:
9 Y ahora, he aquí, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí, y además he visto la opresión
con que los egipcios los oprimen.
10 Ahora pues, ven y te enviaré a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto.
11 Pero Moisés dijo a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón, y sacar a los hijos de Israel de Egipto?

Sería bueno que observásemos lo que le había sucedido a Moisés. Cuarenta años antes de este
momento, se encontraba dispuesto a liberar a Israel. Era presumido, arrogante. Había matado a un
egipcio liberando a uno de los suyos de la persecución que estaba sufriendo, porque pensó que su
acción sería comprendida. Pensaba que él podía liberar a Israel por sus propios medios. Pero descubrió
que no podía, y entonces Dios le hizo dirigirse hacia un lugar lejano, en el desierto, para someterle a
una preparación especial y adecuada para esa gran tarea. Fue así que llegó a darse cuenta de cuán débil
era realmente. Al fin había aprendido que no era capaz de liberar a Israel por sí mismo.
Ahora Moisés le estaba respondiendo a Dios: “¿pero quién soy yo? No puedo hacer lo que me estás
pidiendo”. Estimado amigo, entonces sí que Dios podía utilizarle. Esa es precisamente la manera en
que Dios prepara a los suyos. Veamos algunos ejemplos. Más adelante en la historia, El tendría que
tomar al joven David, que pudo matar a un gigante, y hacerle esconderse en cavernas y cuevas.
Después de haber sido aquel joven acosado, como el animal perseguido por el cazador, descubrió cuán
débil era. Entonces Dios pudo convertirle en un rey.
Elías, el profeta, fue lo bastante valiente como para dirigirse directamente a la corte de los reyes Acab y
Jezabel, de acuerdo con el relato de 1 Reyes 17:1, con el propósito de decirles que por un tiempo no
habría rocío ni lluvia, hasta que el anunciase lo contrario. En realidad, Elías no era tan valiente como
parecía. Y Dios le hizo pasar por el desierto, donde el capacita a los suyos. El profeta solía beber del
agua de un arroyo que se estaba secando, y debió pensar que su vida dependía de aquel arroyo. Después
de pasar por otras experiencias, en las que Dios le alimentó milagrosamente, descubrió que él no valía
nada y que Dios era todo para él. Cuando se dio cuenta de esto, Dios le utilizó para enfrentarse a los
profetas de Baal, el dios falso de los cananeos, haciendo descender fuego del cielo.
El apóstol Pablo, en su segunda carta a los Corintios 12:10, lo expresó de esta manera:
10 Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en
angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Verdaderamente, siendo ésta una paradoja. , era, sin embargo, lo que Dios le estaba enseñando a
Moisés. Cuando éste descubrió que él solo no podía liberar a Israel, pero que Dios sí podía hacerlo por
medio de él, entonces Dios estuvo dispuesto a utilizarle.
Una de las razones por las cuales muchos de nosotros no somos utilizados por Dios en la actualidad es
que nos sentimos demasiado fuertes. ¿Te has detenido a pensar en ello? Dios no puede utilizarnos
mientras nos consideremos tan fuertes. Es a partir de nuestra debilidad que somos fortalecidos. Fue el
mismo apóstol Pablo quien dijo, esta vez en su primera carta a los Corintios 1:27:
27 que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil
del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte;
Tanto Moisés como el apóstol Pablo reconocieron que Dios podía actuar a través de ellos cuando eran
conscientes de su debilidad. Es sorprendente lo que Dios puede hacer por medio de un instrumento
débil.
Continuemos leyendo los versículos 12 y 13:
12 Y El dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y la señal para ti de que soy yo el que te ha enviado será
ésta: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto adoraréis a Dios en este monte.
13 Entonces dijo Moisés a Dios: He aquí, si voy a los hijos de Israel, y les digo: “El Dios de vuestros
padres me ha enviado a vosotros,” tal vez me digan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les responderé?

La pregunta de Moisés era razonable y seguramente todos nosotros hubiésemos formulado la misma
pregunta. Moisés temía que los del pueblo de Israel no le aceptasen. No sabía cómo presentarles y
explicarles a Dios. Tampoco sabía cómo se las arreglaría para hacer que los israelitas viniesen a aquel
monte. Estos eran los problemas con los que se enfrentaba Moisés, y observemos cómo le respondió
Dios. Leamos el versículo 14:
14 Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: “YO SOY
me ha enviado a vosotros.”

Indudablemente, en el nombre “YO SOY” hay más significado de lo que siempre se ha puesto de
manifiesto, pero hay varias cosas de fundamental importancia que debieran mencionarse. El nombre
“YO SOY” es un tetragrama o palabra de 4 letras. Se tradujo como Yahweh y se convirtió en una
palabra sagrada, en un nombre santo para los israelitas hasta tal punto que, de no poderlo pronunciar y
para evitar profanar el nombre de Dios, no lo utilizaban. Entonces, ¿cuál es el nombre correcto, Jehová
o Yahweh? Nadie lo sabe. Pero, de todas maneras, el nombre de Dios puede ser definido como “YO
SOY”. Puede traducirse como “el Eterno” o bien, como “el Señor”.
En el libro del Génesis, Dios es el Creador. El es Elohim, el Dios poderoso, el que existe por sí mismo;
como le dijo Dios a Moisés, YO YOY EL QUE SOY. Aquel era el Dios que estaba enviando a Moisés
para liberar al pueblo de Israel.
El Salmo 135:13 dice;
Tu nombre, SEÑOR, es eterno;
tu memoria, SEÑOR, por todas las generaciones.
En este versículo, la palabra “SEÑOR” puede traducirse como “YO SOY EL QUE SOY”. Es
importante ver que este nombre nos habla de la realidad de que DIOS EXISTE.
El último párrafo de este capítulo detalla la
LA MISION ENCOMENDADA A MOISES

Había llegado el momento del cumplimiento de la promesa expresada, por José, el hijo de Jacob,
registrada en Génesis 50:25, que decía: “. . . Dios ciertamente os visitará”. Volviendo a nuestro capítulo
3, el versículo 15 dice:
15 Dijo además Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: “El SEÑOR, el Dios de vuestros padres,
el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros.” Este es mi nombre
para siempre, y con él se hará memoria de mí de generación en generación.

Dios había aparecido a Abraham, Isaac y Jacob. El mismo Dios que estaba enviando a Moisés a los
israelitas y por el modo descripto en los versículos siguientes. Leamos desde el versículo 16 hasta el
18:
16 Ve y reúne a los ancianos de Israel, y diles: “El SEÑOR, el Dios de vuestros padres, el Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob, se me ha aparecido, diciendo: ‘Ciertamente os he visitado y he visto lo
que se os ha hecho en Egipto.
17 ‘Y he dicho: Os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del
ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que mana leche y miel.’ ”
18 Y ellos escucharán tu voz; y tú irás con los ancianos de Israel al rey de Egipto, y le diréis: “El
SEÑOR, el Dios de los hebreos, nos ha salido al encuentro. Ahora pues, permite que vayamos tres días
de camino al desierto para ofrecer sacrificios al SEÑOR nuestro Dios.”

Dios le había indicado a Moisés cual sería su actuación y el orden que debía seguir. Debía informar a
los ancianos de Israel sobre el plan de liberación de Dios. Luego, él y los ancianos tendrían que
presentarse ante Faraón y pedirle permiso para salir de viaje por el desierto durante 3 días, para ofrecer,
como nación, sacrificios a su Dios. La intención era comunicarle al Faraón, con delicadeza, el plan de
los israelitas, antes que manifestarle bruscamente que la idea era regresar para establecerse para
siempre en la tierra de Canaán. Continuemos leyendo los versículos 19 y 20:
19 Pero yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir, si no es por la fuerza.
20 Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con todos los prodigios que haré en medio de él, y
después de esto, os dejará ir.

Hemos leído que Dios le dijo a Moisés que el Faraón se negaría a permitir que los israelitas saliesen. La
negativa del soberano desencadenaría la campaña divina contra los dioses falsos de Egipto. Después de
las conversaciones mantenidas, y aunque Dios demostraría su poder mediante acciones prodigiosas,
Faraón aun se negaría obstinadamente a dejar salir al pueblo. Entonces Dios, como castigo, enviaría
plagas que forzarían a Faraón a cambiar de opinión y autorizar a Israel para abandonar Egipto. Dios
tenía un plan para liberar al pueblo y verdaderamente lo llevaría a cabo. Leamos los versículos 21 y 22:
21 Y daré a este pueblo gracia ante los ojos de los egipcios; y sucederá que cuando os vayáis, no os
iréis con las manos vacías,
22 sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que vive en su casa objetos de plata, objetos de oro y
vestidos; y los pondréis sobre vuestros hijos y sobre vuestras hijas. Así despojaréis a los egipcios.

Las instrucciones dadas a las mujeres para que pidiesen dichos objetos no implicaban que podían robar;
la idea era que pudiesen cobrar los sueldos atrasados. Los israelitas habían sido esclavos, trabajando sin
recibir ningún pago. Dios les estaba simplemente indicando como recuperar los salarios no cobrados
durante algunos centenares de años. De esta manera saldrían de Egipto debidamente recompensados
por muchísimo tiempo de duros trabajos. Dios estaba realmente cuidando a aquel pueblo, ante sus
futuras necesidades. En el próximo capítulo veremos como reaccionó Moisés ante este mandato.

EXODO 4:1 – 5

TEMA: Las dos objeciones de Moisés para conducir a Israel fuera de Egipto: (1) la incredulidad de
Israel, y (2) su falta de elocuencia. Dios respondió a las objeciones de Moisés con dos señales
milagrosas: (1) una vara, fue utilizada por la poderosa mano de Dios para hacer milagros, y (2) la mano
con lepra de Moisés, una ilustración del pecado, fue limpiada por Dios para mostrar Su poder a
aquellos que se rindiesen a El. Aarón se convirtió en el portavoz de Moisés; Moisés regresó a Egipto y
anunció a los ancianos dirigentes de Israel el plan de Dios para su liberación.

OBSERVACIONES

Este capítulo nos relata el regreso de Moisés a Egipto y la forma maravillosa en que Dios actuó con él,
debido a sus recelos. La mente de Moisés estaba llena de preguntas y de obstáculos que superar. Pero
Dios tuvo una respuesta para cada una de sus objeciones. El primer párrafo, pues, expone
LAS OBJECIONES DE MOISES PARA SER EL LIBERTADOR DE ISRAEL

Moisés tenía varias razones para creer que no era la persona adecuada para la tarea que Dios le había
encomendado. Leamos los versículos 1 al 3:
Moisés respondió, y dijo: ¿Y si no me creen, ni escuchan mi voz? Porque quizá digan: “No se te ha
aparecido el SEÑOR.”
2 Y el SEÑOR le dijo: ¿Qué es eso que tienes en la mano? Y él respondió: Una vara.
3 Entonces El dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra y se convirtió en una serpiente; y Moisés
huyó de ella.

En los días futuros, Moisés utilizaría la vara de maneras muy diferentes. Esta se convertiría en una
señal de autoridad y en un testimonio para Israel y Egipto de la presencia de Dios junto a Moisés. La
vara también sería para él como una fuente de fortaleza. Cuando en esta ocasión la arrojó al suelo, se
convirtió en un reptil peligroso. Una serpiente normal no habría logrado que Moisés huyese de ella,
porque el estaba habituado a convivir con los peligros del desierto. Observemos que no había un poder
intrínseco en la vara porque era simplemente un instrumento que podía ser usado por Satanás, como
veremos más adelante, o por Dios. A modo de ejemplo, podríamos comparar la vara con un billete de
banco, que puede ser usado para realizar buenas obras, para ayudar a muchas personas necesitadas;
pero también para comprar drogas que destruyen la salud, o para pagar un asesino. O sea que, un
simple billete, puede convertirse en algo tan dañino y peligroso como una serpiente. Solo cuando aquel
instrumento que era la vara, fuese puesto en manos de un hombre guiado por Dios, impulsado por Su
poder, podía ser utilizada por Dios. Esta es la lección importante que contiene este pasaje Bíblico.
Leamos el versículo 4:
4 Pero el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano y agárrala por la cola. Y él extendió la mano, la
agarró, y se volvió vara en su mano.
5 Por esto creerán que se te ha aparecido el SEÑOR, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios
de Isaac y el Dios de Jacob.

Las cosas de que disponemos en esta vida, pueden ser usadas para bien, o para mal. En esta vida
podemos ser instrumentos de Satanás, para hacer el mal, o podemos convertirnos en instrumentos de
Dios para hacer Su voluntad, para hacer el bien. Dios había llamado a Moisés para liberar a los
israelitas de la esclavitud en la que vivían en Egipto. Le había formado durante 40 años en el desierto y,
como hemos visto en este texto Bíblico, le estaba encargando una misión desde la zarza ardiendo. Es
interesante recordar que este hombre, que tiempo atrás, en Egipto, estaba tan ansioso e impaciente que
pretendió adelantarse a los planes de Dios, se mostraba ahora renuente a aceptar la función de
libertador a la cual Dios le estaba llamando. Cuando él comenzó a enumerar sus objeciones, Dios puso
una vara en su mano. El tenía que aprender que, incluso cuando algo tan sencillo como una vara fuese
usado de acuerdo con la voluntad de Dios, en las manos de una persona rendida y consagrada a Dios,
tal instrumento se convertiría en un símbolo de autoridad efectiva que lograría el cumplimiento de los
propósitos de Dios.
En nuestro próximo programa veremos que Dios ofreció a Moisés otras pruebas, que le enseñarían
otras lecciones, para capacitarle en el cumplimiento de la gran tarea y responsabilidad de liberar a todo
un pueblo, enfrentándose al poder del Faraón y sus ejércitos.
Estimado oyente, queda a nuestra elección convertir nuestra vida en un instrumento como aquella vara
de Moisés, utilizado por la mano de Dios. Al escuchar el llamado de Dios, y aun conscientes de
nuestros sentimientos de insuficiencia, debilidad e impotencia, podemos tomar en serio los propósitos
de Dios en grandes o en pequeñas tareas, en elevadas o limitadas responsabilidades, creyendo que en su
nombre y por su autoridad y poder, El nos capacitará y nos proveerá los recursos necesarios para vivir
una vida significativa, una vida de calidad, y una vida de victoria, aun en las circunstancias más
adversas. Sinceramente, creo que vale la pena intentarlo.

© 2014 La Fuente de la Vida

Indicaciones a Moisés, las señales. Moisés vuelve


a Egipto. Moisés y Aarón ante Faraón.
LFV 105

EXODO 4:6 – 31

En nuestro programa anterior considerábamos el episodio en que Dios le hablaba a Moisés desde la
zarza ardiendo, encomendándole la misión de liberar al pueblo oprimido en Egipto. Moisés no se
consideraba la persona adecuada para semejante empresa y entonces, Dios había puesto una vara en su
mano, demostrándole los milagros que podía realizar si confiaba en El y cumplía sus propósitos. En el
relato que hoy comenzamos, Dios le ofrecería otra prueba de su poder, como una lección más antes de
cumplir su misión. Leamos, pues, los versículos 6 al 8:
6 Y añadió el SEÑOR: Ahora mete la mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno, y cuando la
sacó, he aquí, su mano estaba leprosa, blanca como la nieve.
7 Entonces El dijo: Vuelve a meter la mano en tu seno. Y él volvió a meter la mano en su seno, y
cuando la sacó de su seno, he aquí, se había vuelto como el resto de su carne.
8 Y acontecerá que si no te creen, ni obedecen el testimonio de la primera señal, quizá crean el
testimonio de la segunda señal.

El seno re presentaba la vida interior de Moisés. Dice el libro de los Proverbios 4:23;
Con toda diligencia guarda tu corazón,
porque de él brotan los manantiales de la vida.
En otras palabras, la mano actúa según las órdenes del corazón. Dios quiso poner la vara en la mano de
un hombre entregado, sometido a El. El quería que la mano de Moisés estuviese de acuerdo con su
corazón. En el Evangelio según Mateo 7:17 se encuentra esta declaración del Señor:
17 Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos.
Además, en Lucas 6:45, vemos que el Señor dijo:
45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal
tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.

Dios le estaba diciendo a Moisés que el quería poseer su mano y su corazón. Y El nos está diciendo lo
mismo a nosotros en la actualidad. Dios no quiere nuestro dinero ni nuestras capacidades. Dios nos
quiere a ti y a mí. Si el posee completamente nuestro ser, entonces tendrá también el resto.
Continúa diciendo el versículo 10:
10 Entonces Moisés dijo al SEÑOR: Por favor, Señor, nunca he sido hombre elocuente, ni ayer ni en
tiempos pasados, ni aun después de que has hablado a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de
lengua.

Aquí tenemos otra objeción de Moisés, en la que manifiesta su falta de elocuencia y dificultades para
expresarse. Su trayectoria demostraría que era capaz de comunicarse bien cuando la ocasión lo
requiriese, así que en este episodio esta poniendo una excusa porque no se sentía la persona adecuada
para esta tarea. Leamos los versículos 11 al 13:
11 Y el SEÑOR le dijo: ¿Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo,
con vista o ciego? ¿No soy yo, el SEÑOR?
12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que has de hablar.
13 Pero él dijo: Te ruego, Señor, envía ahora el mensaje por medio de quien tú quieras.
Dios le estaba diciendo a Moisés que El no solo quería su mano, sino también su boca: Y le prometió
estar cerca de él para enseñarle y guiarle en lo que tendría que decir. Anteriormente afirmamos que lo
que nosotros decimos proviene de lo íntimo del corazón, o de la mente. Por ello Dios quería poseer el
corazón de Moisés. Pero está claro que éste estaba tratando de encontrar un sustituto. Y éste es el tema
del párrafo siguiente, que nos relata cómo
AARON SE CONVIRTIO EN EL PORTAVOZ DE MOISES

Leamos, los versículos 14 al 18;

14 Entonces se encendió la ira del SEÑOR contra Moisés, y dijo: ¿No está allí tu hermano Aarón, el
levita? Yo sé que él habla bien. Y además, he aquí, él sale a recibirte; al verte, se alegrará en su corazón.
15 Y tú le hablarás, y pondrás las palabras en su boca; y yo estaré con tu boca y con su boca y os
enseñaré lo que habéis de hacer.
16 Además, él hablará por ti al pueblo; y él te servirá como boca y tú serás para él como Dios.
17 Y tomarás en tu mano esta vara con la cual harás las señales.
18 Moisés se fue y volvió a casa de su suegro Jetro, y le dijo: Te ruego que me dejes ir para volver a
mis hermanos que están en Egipto, y ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz.

Moisés cometió un grave error al pedirle a Dios un portavoz. Dios lo permitió, pero El no quería un
mando dividido y al avanzar en la historia, encontraremos que surgirían problemas cuando los israelitas
viajaban por el desierto. En el libro de Números, descubriremos que Aarón estaría implicado en la
fabricación de un becerro de oro para que Israel lo adorase mientras Moisés estaba en el monte Sinaí.
En aquella ocasión, Aarón cometió una terrible equivocación y ésta fue la consecuencia de tener al
frente del pueblo, un mando dividido. Y otros problemas afloraron, como también relata el citado libro
de Números. Dios no necesitaba a Aarón para la empresa de liberar a los israelitas; solo necesitaba a
Moisés. Pero éste se mostró reacio a depositar totalmente su confianza en Dios, quien como resultado,
tuvo que enviar a otro, como Aarón, que le acompañase. Es cierto que tenemos que reconocer nuestras
debilidades, pero cuando Dios nos llama a realizar una tarea, deberíamos responder con confianza.
Dios nos capacitará para llevar a cabo la labor que nos llama a realizar.
El párrafo que sigue, se ocupa de las incidencias ocurridas cuando
MOISES REGRESÓ A EGIPTO
Leamos los versículos 19 al 21:
19 Y el SEÑOR dijo a Moisés en Madián: Ve, vuelve a Egipto, porque han muerto todos los hombres
que buscaban tu vida.
20 Moisés tomó su mujer y sus hijos, los montó sobre un asno y volvió a la tierra de Egipto. Tomó
también Moisés la vara de Dios en su mano.
21 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Cuando vuelvas a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las
maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón de modo que no dejará ir al
pueblo.

Había entonces un nuevo Faraón en Egipto. El anterior, el que había ordenado la muerte de Moisés,
había muerto y Moisés podía regresar sin peligro. El hecho de que Dios dijese que endurecería la mente
de Faraón ha presentado siempre un problema, que surgirá nuevamente cuando consideremos las
plagas; entonces lo estudiaremos más detalladamente y llegaremos a una solución satisfactoria.
Continuemos leyendo los versículos 22 y 23:
22 Entonces dirás a Faraón: “Así dice el SEÑOR: ‘Israel es mi hijo, mi primogénito.
23 ‘Y te he dicho: “Deja ir a mi hijo para que me sirva”, pero te has negado a dejarlo ir. He aquí,
mataré a tu hijo, a tu primogénito.’ ”

Dios no estaba llamando al israelita individual un hijo de Dios, pero sí podía hablar de la nación,
describiéndola como su “hijo y primogénito”. Aquí también conviene aclarar que Dios fue muy
indulgente en su trato de Faraón y los Egipcios. Al principio del conflicto, le dijo a Faraón que si no
dejaba salir a los israelitas de Egipto, causaría la muerte de su hijo. Pero antes de actuar sobre los hijos
primogénitos de Egipto, envió muchas plagas, dándole un extenso período de tiempo y oportunidades
de reconocer al verdadero Dios y de permitir que Israel pudiese salir. Pero Faraón no aprovechó tales
ocasiones. Continuemos leyendo los versículos 24 al 26:
24 Y aconteció que en una posada en el camino, el SEÑOR le salió al encuentro y quiso matarlo.
25 Entonces Séfora tomó un pedernal, cortó el prepucio de su hijo y lo echó a los pies de Moisés, y
dijo: Tú eres, ciertamente, un esposo de sangre para mí.
26 Y Dios lo dejó. Ella había dicho entonces: Eres esposo de sangre, a causa de la circuncisión.
Aunque éste sea un incidente extraño, revela la tercera objeción real de Moisés. El había descuidado el
rito de la circuncisión de su hijo. Dicha ordenanza constituía la evidencia o sello de garantía del pacto
que Dios había hecho con Abraham. Si Moisés iba a proclamar a otros la voluntad de Dios, él mismo
tenía que ser obediente a la voluntad de Dios. Y Dios, por su parte, tenía que recordarle su
desobediencia, aunque fuese a la fuerza o a través de una grave enfermedad. Este episodio parece
difícil de entender y debemos retroceder en el tiempo, por un momento, para examinar el problema. En
el pasado, cuando Moisés huyó como un fugitivo de Egipto, se dirigió a la tierra de Madián. Los
madianitas eran los descendientes de Abraham y su esposa Cetura. Aquel pueblo era monoteísta. No
eran idólatras, pues adoraban a un solo Dios. Y Moisés se sintió a gusto con ellos.
Moisés se hizo muy amigo del Sacerdote de Madián, que tenía siete hijas. Moisés se casó con su hija
Séfora. Al principio, Dios bendijo el hogar de Moisés. Su primer hijo, llamado Gerson, que significaba
extranjero, nació en Madián. Moisés había sido extranjero en esa tierra, pero la había convertido en su
hogar.
Desgraciadamente, en la vida matrimonial de Moisés había un problema. Dios llamó a Moisés desde la
zarza que ardía y le encargó una misión en Egipto. Faraón había muerto y Moisés podía regresar sin
peligro. Al emprender el viaje de regreso a Egipto, se produjo el incidente del que acabamos de leer, en
que Dios intentó matarle. ¿Por qué? Porque Moisés no había observado la circuncisión, que estaba
ideada para enseñar a los israelitas que no tuvieran confianza en sí mismos, en su propia naturaleza
humana. Parte de su carne debía ser cortada y cada israelita debía depositar su confianza en Dios.
Pasajes Bíblicos como Génesis 15:6, Romanos 4:3 y Gálatas 3:6, nos dicen que Abraham creyó en Dios
y entonces Dios le consideró como justo, le aceptó, concediéndole su amistad. Isaac y Jacob siguieron
el ejemplo de Abraham. Eran israelitas de nacimiento, pero el rito de la circuncisión era la señal
distintiva. Para ellos, cumplir con ese rito era un acto de fe. La circuncisión era la evidencia de que un
hombre era descendiente de Abraham, y también la evidencia de que tenían fe.
Aparentemente, Séfora se había resistido al mandato de la circuncisión y Moisés no había insistido en
que se realizase. Quizás Moisés no creyó que ese acto fuese tan importante y, evidentemente, su esposa
pensó que se trataba de algo absurdo y sangriento. De todos modos, Moisés no quiso precipitar una
división en su matrimonio. Su esposa no era atea sino monoteísta. Simplemente se estaba resistiendo a
una ordenanza de Dios y Moisés no había querido forzar la situación. El tendría que decirles a los
israelitas que rectificasen cuando estuvieran equivocados, pero no había podido enfrentarse a su propia
esposa cuando ella estuvo en el error.
El haber desobedecido el mandato de Dios provocó Su intervención, en la que quiso darle una última
lección antes de convertirle en el máximo líder de su pueblo, haciéndole ver la seriedad de su situación.

Fue Séfora quien llevó a cabo el rito de la circuncisión en su hijo, para salvar la vida de Moisés; lo hizo
como un acto de fe, reclamando la promesa del pacto con Abraham –que implicaba la redención por
medio de la sangre, y la desconfianza en la naturaleza humana del ser humano. Después de la
circuncisión de su hijo, quizás cuando llegaron a Egipto, Moisés se dio cuenta del problema y la envió
de regreso a su hogar con su padre. Más tarde, durante el viaje por el desierto, veremos que Jetro,
suegro de Moisés, trajo a Séfora y ésta se reunió nuevamente con Moisés.
Leamos los versículos del final del capítulo 4, desde el 27 al 31, que relatan el primer encuentro entre
Moisés y Aarón, después de 40 años;
27 Y el SEÑOR dijo a Aarón: Ve al encuentro de Moisés en el desierto. Y él fue y le salió al encuentro
en el monte de Dios, y lo besó.
28 Y contó Moisés a Aarón todas las palabras del SEÑOR con las cuales le enviaba, y todas las señales
que le había mandado hacer.
29 Entonces fueron Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel;
30 y Aarón habló todas las palabras que Dios había hablado a Moisés. Este hizo entonces las señales en
presencia del pueblo,
31 y el pueblo creyó. Y al oír que el SEÑOR había visitado a los hijos de Israel y había visto su
aflicción, se postraron y adoraron.

Esta fue una gran escena de adoración. Aquel pueblo expresó su fe en Dios, en base a la cual Dios les
conduciría fuera del país de Egipto.

OBSERVACIONES ACLARATORIAS AL CAPITULO 5

El capítulo 5 comenzará en el conflicto con Faraón. Las plagas serían dirigidas contra la idolatría de
Egipto. Moisés regresaba al país después de una ausencia de 40 años, como un libertador preparado
para liberar a su pueblo. Debía reunirse con los ancianos dirigentes de Israel y ellos tendrían que
presentarse ante Faraón para exponerle su pedido. Faraón se negaría a dejarles salir y ello
desencadenaría la lucha entre Dios y los dioses de Egipto.
Las plagas no fueron llegando como por casualidad ni fueron fruto de la improvisación. Se trató de una
sucesión organizada de calamidades y con un significado concreto, contra la idolatría de Egipto.
Faraón hizo la pregunta: ¿Quién es el SEÑOR para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? No
conozco al SEÑOR, y además, no dejaré ir a Israel. Así fue como Dios se presentó a Sí mismo y lo hizo
haciendo venir las plagas que llegaron a aquella tierra para liberar a Su pueblo. En Éxodo 7:5, el Señor
dejó claras sus intenciones, diciendo;
5 Y sabrán los egipcios que yo soy el SEÑOR, cuando yo extienda mi mano sobre Egipto y saque de en
medio de ellos a los hijos de Israel.

Cada plaga fue dirigida contra un dios diferente de Egipto. Había allí miles de templos y millones de
ídolos, dedicados a unos 3.000 dioses. Es que la religión representaba un verdadero poder en aquel
país. Pero los egipcios no eran ignorantes. Nosotros tenemos grandes adelantes científicos, incluyendo
la exploración del espacio, pero esto no significa que somos superiores a ellos. Todo nuestro
conocimiento está basado en lo que se nos ha transmitido desde el pasado. Hemos edificado sobre el
conocimiento acumulado que nos ha llegado a través de los siglos. El apóstol Pablo nos habló del poder
de las religiones de Egipto. En su segunda carta a Timoteo 3:8 dijo:
8 Y así como Janes y Jambres se opusieron a Moisés, de la misma manera éstos también se oponen a la
verdad; hombres de mente depravada, reprobados en lo que respecta a la fe.

Se trataba de un poder satánico y Satanás otorga poder a aquellos que le adoran. El oráculo de Delfos,
fue un ejemplo de ello. Pero Dios habría de dirigir sus plagas contra la idolatría, Faraón y Satanás. Dice
Éxodo 12:12;
12 “Porque esa noche pasaré por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto,
tanto de hombre como de animal; y ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo, el SEÑOR.

Dios puso en evidencia que los dioses de Egipto eran falsos, y reveló a los israelitas su capacidad para
liberarles; éstos habían nacido en las fábricas de ladrillos, en medio de la idolatría y Dios tenía que
demostrarles que El era superior.
A continuación incluiré un perfil breve sobre cada plaga, que nos ayudará a comprobar el sentido y
finalidad de cada una. Cuando Moisés se presentó por primera vez ante Faraón, hizo que su vara se
transformase en una serpiente. Pero los sabios de Egipto realizaron el mismo milagro. Esto nos revela
que Satanás posee poderes definidos. Después de aquella demostración comenzaron a llegar las plagas.
1. EL AGUA CONVERTIDA EN SANGRE (Éxodo 7:19-25); La fertilidad del tierra en Egipto
dependía del desbordamiento del río Nilo, para el suministro de fertilizantes e irrigación. Por lo tanto,
este río era sagrado ante el dios Osiris, cuyo ojo-que-todo-lo-ve puede verse en muchas pinturas
egipcias. Cada primavera, cuando el río traía vida, se celebraban ritos paganos. Cuando las aguas se
transformaron en sangre, el río trajo muerte en vez de vida. Los sabios de Egipto también imitaron esta
plaga con sus hechizos.
2. LA PLAGA DE LAS RANAS (Éxodo 8:1-15) Uno de los templos más hermosos de Memfis, era el
dedicado a Heka, la divinidad con cabeza de rana. Los egipcios encontraban ranas no podrían matarlas,
pues ello constituiría una ofensa dado su carácter sagrado. Los sabios también reprodujeron este
milagro, lo que podría indicar su habilidad, hasta este momento, en trucos de destreza manual o
recursos mágicos similares.
3. LA PLAGA DE LOS PIOJOS (Éxodo 8:16-20) Los egipcios adoraban a Geb, dios de la tierra. Pero
el polvo de la tierra se transformó en piojos por todo el país de Egipto. Y la gente tuvo que despreciar
lo que antes era sagrado para ellos. Faraón no pidió que esta plaga fuese retirada y los hechiceros
egipcios no pudieron reproducir esta peste. Y parecieron reconocer que Aquel que había enviado
aquella plaga era superior a sus dioses.
4. LA PLAGA DE LOS INSECTOS (Éxodo 8:20-32) Algunos creen que los enjambres de insectos eran
enormes cantidades de escarabajos, cuyo dios se llamaba Kepara. Su figura ha aparecido en las tumbas
egipcias y se le ha relacionado con la vida eterna. Eran sagrados para Ra, dios del sol.
5. LA PLAGA DE LA PESTE EN EL GANADO (Éxodo 9:1-7) El segundo templo en tamaño que se
edificó en Egipto estaba situado en Menfis, y estaba dedicado a la adoración del toro negro Apis.
6. LA PLAGA DE LAS ULCERAS (Éxodo 9:8-17) Los sacerdotes de todas las religiones de Egipto
tenían que ser limpios –sin ninguna mancha o defecto en el cuerpo—para poder servir en los templos.
Durante esta plaga, tuvieron una interrupción momentánea de la adoración, debido a las úlceras que
sufrían los sacerdotes, quienes no podían realizar su servicio. Fue realmente un juicio sobre el sistema
religioso.
7. LA PLAGA DEL GRANIZO (Éxodo 9:18-35) En ésta Dios demostró su poder sobre los dioses del
cielo, impotentes en sus propios dominios.
8. LA PLAGA DE LAS LANGOSTAS (Éxodo 10:1-20) Este juicio estaba dirigido contra los dioses de
los insectos. Significó una maldición para las cosechas y fue una evidencia del juicio de Dios tal como
se expone en los libros del profeta Joel y Apocalipsis.
9. LA PLAGA DE LA OBSCURIDAD (Éxodo 10:21-29) Con la obscuridad, Dios intervino contra el
dios principal que ellos adoraban –Ra, dios del sol--. El disco solar es el símbolo más conocido de las
ruinas egipcias. Esta plaga destaca la impotencia de ese dios Ra.
10. LA MUERTE DE LOS HIJOS MAYORES (Éxodo 11—12:30) De acuerdo con la religión de
Egipto, el primer hijo pertenecía a los dioses de Egipto. En otras palabras, Dios estaba tomando
posesión de quienes estaban consagrados a los dioses del país. Dios les estaba enseñando a los egipcios
quién era El y convenciendo al Faraón de que El era el verdadero Dios. El estaba también llevando a Su
propio pueblo al punto en que los israelitas le reconociesen como su Dios. Este fue el acto final de
juicio que liberaría a Israel de la cautividad egipcia.
Podemos imaginar la idolatría que imperaba en aquel país. Sin embargo el Señor, por medio del profeta
Isaías había predicho que vendría un tiempo en que todos los ídolos desaparecerían de Egipto. En la
actualidad, Egipto es un país musulmán, que no permite en absoluto los ídolos; todos han desaparecido,
como el Señor había anunciado.
Estimado oyente, al terminar hoy, habiendo hablado de esclavitud y liberación, quisiera asegurarte que
tienes que conocer al Señor antes de que puedas experimentar una liberación. Algunos no se dan cuenta
de que la necesitan y otros sí, son conscientes de su necesidad de alcanzar la libertad frente a
consecuencias del pecado tales como cautividad y opresión. En el Evangelio según Juan 8: 32, 34 y 36,
quedaron registradas ciertas palabras de Jesucristo, claras y apropiadas para todos los tiempos;
32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 34 todo el que comete pecado es esclavo del
pecado 36 Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.

© 2014 La Fuente de la Vida

Faraón se endurece. Jehová comisiona a Moisés


y a Aarón
LFV 106

EXODO 5:1 – 6:5

TEMA; La apelación de Moisés para conseguir la liberación de Israel; el aumento de la opresión que
soportaban – el pueblo fue obligado a fabricar ladrillos sin paja; El conflicto con Faraón; La oración de
Moisés pidiendo la ayuda de Dios.

En nuestro programa anterior tuvimos una introducción al tema de las plagas que vinieron sobre
Egipto. Afirmábamos que aquellas 10 plagas no llegarían de forma improvisada ni aleatoria, sino que
aparecerían, una después de otra, en una sucesión ordenada de acuerdo con un propósito determinado.
Por medio de esas calamidades, Dios desafiaría a los falsos dioses de Egipto y los derrotaría,
demostrando al Faraón y a su pueblo, y también al pueblo de Israel, quién era El realmente, dándose así
a conocer como el único y verdadero Dios, capaz de rescatar a un pueblo de su esclavitud y opresión,
conduciéndolo hacia la liberación.
El capítulo 5 comienza con el conflicto con Faraón y el principio de la batalla contra los falsos dioses
egipcios. Leamos el versículo 1:
Después Moisés y Aarón fueron y dijeron a Faraón: Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: “Deja ir a mi
pueblo para que me celebre fiesta en el desierto.”
La fiesta en el desierto constituía el primer paso hacia la libertad de los hebreos. Moisés y Aarón no se
apresuraron en anunciarle a Faraón la salida de Egipto hacia la tierra prometida. Simplemente le
pidieron permiso para que el pueblo saliese al desierto a adorar. Fue una forma de prepararle para la
noticia que al final le anunciarían. El versículo 2, muestra la reacción del Faraón:
2 Pero Faraón dijo: ¿Quién es el SEÑOR para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? No conozco al
SEÑOR, y además, no dejaré ir a Israel.

La pregunta “¿Quién es el Señor?” es una pregunta muy relevante para los seres humanos en la
actualidad. Porque resulta indispensable conocer al Señor para que tenga lugar una verdadera y
completa liberación del pecado y sus inevitables consecuencias se opresión y esclavitud. Además,
Faraón hizo las siguientes 2 declaraciones: (1) No conozco al Señor, y, (2) No tengo intención de
permitir salir a Israel. Dentro de muy poco tiempo el soberano podría conocer al Dios de aquel pueblo
de una manera tremenda, y tendría que dejar salir a los israelitas. Continuemos leyendo los versículos 3
al 5:
3 Entonces ellos dijeron: El Dios de los hebreos nos ha salido al encuentro. Déjanos ir, te rogamos,
camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificios al SEÑOR nuestro Dios, no sea que venga sobre
nosotros con pestilencia o con espada.
4 Pero el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué apartáis al pueblo de sus trabajos? Volved a
vuestras labores.
5 Y añadió Faraón: Mirad, el pueblo de la tierra es ahora mucho, ¡y vosotros queréis que ellos cesen en
sus labores!

Dios requiere el reconocimiento, gratitud y adoración de su pueblo; desde aquellos tiempos, a través de
la historia y en la actualidad. Debe ser una reacción normal individual y del pueblo de Dios,
consecuente después de haber recibido una experiencia de salvación y liberación de la esclavitud y la
opresión espiritual. Moisés había mantenido reuniones con su pueblo, que estaba inquieto y deseoso de
salir de Egipto. Faraón vio el problema que esta situación presentaba y su respuesta fue ordenar que
regresasen a las fábricas de ladrillos. Al mismo tiempo incrementó la presión sobre el pueblo esclavo,
imponiéndoles más dificultades. El próximo párrafo nos habla, precisamente, del
AUMENTO DE LA OPRESIÓN DE ISRAEL
Leamos los versículos 6 al 8:
6 Aquel mismo día, dio órdenes Faraón a los capataces que estaban sobre el pueblo, y a sus jefes,
diciendo:
7 Ya no daréis, como antes, paja al pueblo para hacer ladrillos; que vayan ellos y recojan paja por sí
mismos.
8 Pero exigiréis de ellos la misma cantidad de ladrillos que hacían antes; no la disminuyáis en lo más
mínimo. Porque son perezosos, por eso claman, diciendo: “Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro
Dios.”

Faraón no debió creer en el deseo del pueblo de salir de aquella tierra y de sus ocupaciones para adorar
a Dios. Quizás pensó que simplemente deseaban disfrutar de un descanso y dedujo que se trataba de
una excusa para trabajar menos o abandonar su trabajo. Entonces dispuso que no se les entregase la
paja que se les venía facilitando para fabricar los ladrillos exigiéndoles, al mismo tiempo, que se
mantuviese la misma producción de ladrillos. Así fue que sus tareas diarias se incrementaron
enormemente y fueron tratados con el máximo rigor, llegándose a una situación insostenible. Leamos
los versículos 9 al 14, que describen en detalle la situación angustiosa vivida por aquel pueblo.
9 Recárguese el trabajo sobre estos hombres, para que estén ocupados en él y no presten atención a
palabras falsas.
¶10 Salieron, pues, los capataces del pueblo y sus jefes y hablaron al pueblo, diciendo: Así dice Faraón:
“No os daré paja.
11 “Id vosotros mismos y recoged paja donde la halléis; pero vuestra tarea no será disminuida en lo
más mínimo.”
12 Entonces el pueblo se dispersó por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojos en lugar de paja.
13 Y los capataces los apremiaban, diciendo: Acabad vuestras tareas, vuestra tarea diaria, como cuando
teníais paja.
14 Y azotaban a los jefes de los hijos de Israel que los capataces de Faraón habían puesto sobre ellos,
diciéndoles: ¿Por qué no habéis terminado, ni ayer ni hoy, la cantidad de ladrillos requerida como
antes?

Realmente, estos versículos nos presentan a seres humanos viviendo en una situación límite. Pasemos a
leer ahora desde el versículo 15 al 21:
¶15 Entonces los jefes de los hijos de Israel fueron y clamaron a Faraón, diciendo: ¿Por qué tratas así a
tus siervos?
16 No se da paja a tus siervos, sin embargo siguen diciéndonos: “Haced ladrillos.” Y he aquí, tus
siervos son azotados; pero la culpa es de tu pueblo.
17 Mas él dijo: Sois perezosos, muy perezosos; por eso decís: “Déjanos ir a ofrecer sacrificios al
SEÑOR.”
18 Ahora pues, id y trabajad; pero no se os dará paja, sin embargo, debéis entregar la misma cantidad
de ladrillos.
19 Los jefes de los hijos de Israel se dieron cuenta de que estaban en dificultades, cuando les dijeron:
No debéis disminuir vuestra cantidad diaria de ladrillos.
20 Y al salir de la presencia de Faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que los estaban esperando.
21 Y les dijeron: Mire el SEÑOR sobre vosotros y os juzgue, pues nos habéis hecho odiosos ante los
ojos de Faraón y ante los ojos de sus siervos, poniéndoles una espada en la mano para que nos maten.

Vemos que se produjo una tensa situación de hostilidad en el pueblo contra Moisés y Aarón y les
culparon por el aumento de la opresión y las dificultades. Ante esto, solo cabía recurrir a Dios. El
último párrafo de este capítulo nos describe
LA ORACION DE MOISES
Leamos los versículos 22 y 23:
¶22 Entonces se volvió Moisés al SEÑOR, y dijo: Oh Señor, ¿por qué has hecho mal a este pueblo?
¿Por qué me enviaste?
23 Pues desde que vine a Faraón a hablar en tu nombre, él ha hecho mal a este pueblo, y tú no has
hecho nada por librar a tu pueblo.

Moisés estaba impaciente y se quejó a Dios; veía como una gran contradicción en el cumplimiento de
su misión, bajo las instrucciones divinas, y no sólo no conseguía resultados sino que la situación del
pueblo oprimido se había agravado mucho. No podía ver la totalidad del panorama, y que Dios estaba
actuando lenta y pacientemente, de acuerdo con su forma natural de obrar para llevar a cabo sus
propósitos y su plan. En el capítulo 6 veremos que Dios animó a Moisés y al pueblo de Israel,
renovando su promesa de liberarles. Dios aun tenía mucho que enseñarles a Moisés, a los israelitas, al
los egipcios y a Faraón.
Comenzaremos ahora el capítulo siguiente,
EXODO 6:1 – 5

TEMA; El Señor respondió a la oración de Moisés; se presenta una genealogía o lista de los
ascendientes de Israel y se renueva la misión encomendada a Moisés.

OBSERVACIONES

Este capítulo 6 continúa el relato de la última parte del capítulo 5. Se hace evidente que el momento de
la llegada de las plagas se encontraba muy cercano. El momento de la batalla contra los dioses de
Egipto estaba por comenzar. ¿Qué fue lo que condujo a aquel momento? Dirigiendo una mirada
retrospectiva veremos que lo primero que hicieron Moisés, Aarón y los dirigentes de Israel fue pedirle a
Faraón permiso para salir al desierto y presentar sacrificios rituales al Señor durante 3 días. La
respuesta del Faraón fue negativa porque, según manifestó, “no conocía al Señor”. Entonces aumentó
la opresión sobre el pueblo esclavo. Los israelitas se quejaron a Moisés quien, a su vez, se quejó al
Señor.
Afirmándole Su identidad divina y sus planes de acción, Dios quiso infundir confianza a Moisés. El
Dios de Abraham, Isaac y Jacob había escuchado los lamentos de los israelitas e iba a liberarles; y le
recordó a Moisés la historia pasada de Israel, para que comprobase como El les había protegido. Dios
había demostrado una y otra vez Su amor por Israel y su deseo de ayudarles, interviniendo muchas
veces a su favor.
Dios interviene a nuestro favor en la actualidad. Yo tengo esa seguridad y no se, estimado oyente, si tu
tienes la certeza de que El está actuando en tu vida. Dice el apóstol Pablo en su carta a los Filipenses:
6 estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la
perfeccionará hasta el día en que Jesucristo regrese,

Dios conoce nuestras necesidades actuales y nuestra condición desesperada. Y quiere ayudarnos, tal
como ayudó a Israel en Egipto. El problema que nosotros tenemos es que, a veces, queremos que Dios
intervenga en nuestra vida de la manera y en el momento que consideramos oportuno y, si no lo hace,
caemos en la tentación de pensar una de dos cosas; o Dios no tiene el poder para actuar en una
situación determinada o bien, sí puede hacerlo pero no actúa porque no está interesado en nuestro bien.
Vamos a comenzar la lectura del primer párrafo del capítulo 6, en el cual se nos describe
LA RESPUESTA DEL SEÑOR A LA ORACION DE MOISES
El Señor, Aquel que existe por sí mismo, le habló a Moisés para darle ánimo, esperanza y confianza.
Leamos el versículo 1:
Respondió el SEÑOR a Moisés: Ahora verás lo que haré a Faraón; porque por la fuerza los dejará ir; y
por la fuerza los echará de su tierra.
Dios le estaba diciendo a Moisés que el era EL SEÑOR. El no tiene que hacer preparativos para el
futuro. El existe por sí mismo y no necesita acumular una reserva de recursos. Dios no depende de nada
en la creación ni necesita apoyarse en nada. Más bien, toda la creación tiene que apoyarse en El para su
subsistencia. Y Dios quiso que también Moisés se apoyase en El. Continuemos leyendo los versículos 2
al 5:
¶2 Continuó hablando Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy el SEÑOR;
3 y me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, mas por mi nombre, SEÑOR,
no me di a conocer a ellos.
4 También establecí mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra donde peregrinaron.
5 Y además, he oído el gemido de los hijos de Israel, porque los egipcios los tienen esclavizados, y me
he acordado de mi pacto.

Dios le estaba diciendo a Moisés que El había aparecido a Abraham, Isaac y Jacob, pero no
esencialmente como EL SEÑOR. A ellos se les había revelado como el Dios Todopoderoso, Aquel que
provee abundantemente y sostiene. Sin embargo, a Moisés se le reveló como EL SEÑOR. Dios, como
EL SEÑOR, iba a salvar, a redimir a Su pueblo, adoptándolo como Suyo, liberándole de la esclavitud y
guiándole a la Tierra Prometida. Por todo esto, ellos conocerían a Dios como EL SEÑOR, o sea, El
Eterno, como una parte de su carácter y personalidad que no había revelado plenamente a Abraham, ni
a Isaac, ni a Jacob.
En este programa hemos hablado de un Dios Todopoderoso que provee lo necesario, que protege y
sostiene, de un Dios eterno, que cumple sus promesas.
Los sentimientos de incertidumbre que evidenció Moisés durante aquellos días, no debieran resultarnos
extraños. También nosotros experimentamos esa inseguridad cuando las circunstancias a nuestro
alrededor, y lo que nos sucede, carecen de toda explicación o sentido. Cuando Dios nos parece lejano,
muy distante, como si no actuase ni estuviese presente en nuestra situación.
A ti que nos escuchas, queremos recordarte que, así como en el pasado Dios fue sensible al sufrimiento
de un pueblo, escuchando las expresiones de su angustia, El escucha hoy tu oración, e incluso ese
clamor que surge de tu mente y que no puede expresarse con palabras. Deseamos que, así como Moisés
recibió la fortaleza y ánimo para continuar, tú también puedas experimentar un impulso vital, un
empuje hacia delante, una renovación en tu forma de ver las cosas, al recordar que Dios no está lejano.
Está cerca, muy cerca de ti, para escucharte, dispuesto a actuar, listo para intervenir a favor tuyo.
© 2014 La Fuente de la Vida

Indicaciones. Nombres de los Jefes de las


familias.
LFV 107

EXODO 6:6 – 7:1

En nuestro programa anterior, interrumpimos nuestra lectura en el párrafo que incluía la respuesta de
Dios a la oración de Moisés, en la que se reveló como el SEÑOR, que iba a salvar y liberar a su pueblo
de la esclavitud, conduciéndolo a la Tierra Prometida.
En los versículos 6 al 8 vemos que Dios revela las 7 promesas que conciernen a la redención. Este
pasaje Bíblico presenta una maravillosa ilustración apropiada para nosotros en la actualidad y que, en
su día constituyó un gran estímulo para Moisés. Dios anunció quien era y lo que llevaría a cabo. En lo
que a nosotros se refiere, tenemos un Salvador que nos explica quien es El, y lo que tiene intención de
hacer. El puede salvar completamente a todos los que vienen a El. Leamos los versículos 6 al 8:

6 Por tanto, di a los hijos de Israel: “Yo soy el SEÑOR, y os sacaré de debajo de las cargas de los
egipcios, y os libraré de su esclavitud, y os redimiré con brazo extendido y con juicios grandes.
7 “Y os tomaré por pueblo mío, y yo seré vuestro Dios; y sabréis que yo soy el SEÑOR vuestro Dios,
que os sacó de debajo de las cargas de los egipcios.
8 “Y os traeré a la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la daré por heredad. Yo soy el
SEÑOR.”

Las 7 promesas de la redención son:


1. Yo os sacaré de los duros trabajos de los egipcios.
2. Yo os libraré de la esclavitud.
3. Yo os redimiré con brazo extendido, con poder.
4. Yo os consideraré como mi pueblo.
5. Yo seré vuestro Dios.
6. Yo os llevaré al país.
7. Yo os daré ese país en propiedad.
A continuación haremos una aplicación espiritual de cada promesa.
1. Yo os sacaré de los duros trabajos de los egipcios. Esta es como una analogía de nuestra redención en
Cristo. Hoy nosotros llevamos la carga, el peso del pecado y las dificultades de la vida oprimen nuestro
corazón. Debemos admitir que, aunque el pecado parezca placentero, la esclavitud que se deriva de la
costumbre de practicarlo es dura, permanente y no es posible liberarse de tal opresión sino por la fe en
Jesucristo y la aceptación de su obra redentora en la cruz.
2. Yo os liberaré de la esclavitud del pecado. Dios nos libera de la esclavitud que trae consigo el
pecado. Los israelitas se encontraban en Egipto viviendo una vida de esclavitud y Dios prometió
liberarles de aquellas cadenas que les aprisionaban. La esclavitud constituye una condición de la cual
nadie puede liberarse por sí mismo; es necesaria una intervención externa. Cuando estaba vigente la
esclavitud, había que pagar cierta suma de dinero como rescate para obtener la libertad. Jesucristo es el
medio establecido por Dios para liberar a todo aquel que crea.
3. Yo os redimiré con brazo extendido, con poder. Este es el poderoso brazo mencionado por el profeta
Isaías en su capítulo 53:1, que dice; “¿Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el
brazo del Señor?” Yo no se a quienes está siendo revelado pero tengo la seguridad de que en la
actualidad, Dios está realizando la obra de la redención e los corazones y vidas de hombres y mujeres.
Cada uno de nosotros necesita un Salvador del pecado porque estamos corrompidos ante Sus ojos. Pero
El nos amó de tal manera que murió por nosotros, para que podamos ser salvos. Y si el estuvo
dispuesto a hacer tal sacrificio, nosotros debemos estar dispuestos a acudir al Señor como pecadores. Si
depositamos nuestra fe en la obra de Jesucristo a favor nuestro, seremos salvos. Dios tiene un gran plan
de salvación pero tenemos que acudir a El y entonces, el nos salvará con su poder.
4. Yo os consideraré mi pueblo. Reflexionemos. El nos sacó del fango y la suciedad del pecado y nos
convirtió en hijos Suyos por la fe en Jesucristo. El no nos salva para después apartarse y dejarnos solos.
Quiere ser nuestro Dios. Si realmente has sido salvado, no continuarás viviendo como si Dios no
existiese. Si has confiado en Jesucristo como Salvador, esta experiencia transformará tu vida. El se
convertirá en tu Dios y tú le reconocerás como tal. Dios quiere redimirte. El desea que conozcas a
Cristo como Salvador y Señor. Quiere que estés seguro de que has sido salvado. Desea ser tu Dios.
Quiere que seamos Su pueblo.
5. Yo seré vuestro Dios. Por consiguiente, El ha escogido tener creyentes en Cristo antes de la
fundación del mundo, en la eternidad pasada. Su plan de redención surgió del propósito sabio de Dios.
El no tiene que esforzarse para amar a los Suyos, a pesar de sus fracasos. Dios ama a los suyos porque
el amor forma parte de su naturaleza. Por eso, El quiere ser nuestro Dios.
6. Yo os llevaré al país. La tierra era Canaán. Había sido prometida a Abraham, Isaac y Jacob. Canaán
no es una figura del cielo sino de la vida cristiana, tal como los creyentes debieran vivirla. Canaán es
un símbolo de las bendiciones espirituales celestiales, que pueden ser disfrutadas por la obra del
Espíritu Santo, como explica el apóstol Pablo en su carta a los Efesios 4:1 al 5:18. También hay lucha,
y batallas por ganar. A veces, los creyentes viven como si se hubiesen declarado en quiebra, en un
estado de derrota, como si aun estuviesen en el desierto (como estarían los israelitas) y nunca
comienzan a disfrutar de las riquezas de la gracia y misericordia de Dios. ¿Estás experimentando
actualmente la vida, la luz y el amor de un Salvador que vive?
7. Yo os daré ese país en propiedad... En su carta a los Romanos 5, el apóstol Pablo dejó claro que
hemos sido declarados justos por la fe, y tenemos paz con Dios por medio del Señor Jesucristo, por
quien tenemos acceso a Dios. Por eso, podemos tener alegría en medio de las dificultades. Se nos ha
dado el Espíritu Santo que habita en nosotros y el amor de Dios se ha hecho realidad en nuestra vida.
Hemos sido liberados de la condena futura. Estimado oyente, si la salvación de la que hablas no ha
transformado tu vida o te ha rescatado de algo, ¿qué clase de salvación puede ser ésa? Estos versículos
nos hablan de nuestra herencia e ilustran nuestra salvación.
Continuemos leyendo los versículos 9 al 13:
9 De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moisés a causa del
desaliento y de la dura servidumbre.
¶10 Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
11 Ve, habla a Faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los hijos de Israel de su tierra.
12 Pero Moisés habló delante del SEÑOR, diciendo: He aquí, los hijos de Israel no me han escuchado;
¿cómo, pues, me escuchará Faraón, siendo yo torpe de palabra?
13 Entonces el SEÑOR habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los hijos de Israel y para
Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto.

Podemos identificarnos con los israelitas que vivieron en aquella época. Les resultaba imposible creer
en Moisés porque, en vez de haber sido de ayuda para su causa, era el responsable de que sus
condiciones de vida hubiesen empeorado. En consecuencia, Moisés no fue aceptado por los israelitas ni
por Faraón. Dios le dijo que hablase nuevamente con Faraón y Moisés se mostró reticente a hacerlo
porque su mirada estaba fijada en las circunstancias antes que en Dios.
El párrafo siguiente incluye
UNA LISTA PARCIAL DE LOS ASCENDIENTES DE ISRAEL

En medio de tantos problemas, la inclusión de esta lista es un hecho extraño. Dios se preocupó en
presentar otra vez una lista de las familias de Israel, lo cual es un asunto de importancia en el Antiguo
Testamento. Sinceramente, leer todos estos nombres podría resultarnos aburrido, pero ellos son
importantes para Dios y El ha dispuesto que las listas de ascendientes se añadan al relato, para que
conozcamos a los personajes de la historia Bíblica, quienes fueron ellos y sus hijos. Y El tiene los
mismos sentimientos hacia ti, y hacía mí, pues quiere que seamos Sus hijos por medio de la fe en
Cristo. Leamos los versículos 14 al 16:

¶14 Estos son los jefes de las casas paternas. Los hijos de Rubén, primogénito de Israel: Hanoc, Falú,
Hezrón y Carmi. Estas son las familias de Rubén.
15 Y los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar y Saúl, hijo de una cananea. Estas son
las familias de Simeón.
16 Y estos son los nombres de los hijos de Leví según sus generaciones: Gersón, Coat y Merari. Y los
años de la vida de Leví fueron ciento treinta y siete años.

Gerson, Coat y Merari, como hijos de Leví, serían los que llevarían la tienda o santuario transportable
de reunión para Israel durante el viaje a través del desierto. Esta lista de nombres es importante porque
la genealogía, en el futuro, conduciría a Jesucristo. Continuemos leyendo los versículos 18 al 20:
18 Y los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento
treinta y tres años.
19 Y los hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas son las familias de los levitas según sus generaciones.
20 Y Amram tomó por mujer a Jocabed, su tía, y ella le dio a luz a Aarón y a Moisés; y los años de la
vida de Amram fueron ciento treinta y siete años.

En este pasaje se mencionan los padres de Aarón y Moisés; Amram y su esposa Jocabed. La vida de
Aarón no había estado tan en peligro como la vida de Moisés, durante el período en que se impuso la
orden de Faraón de matar a los hijos varones recién nacidos de los hebreos. Porque Aarón era mayor
que Moisés y dicho decreto aun no se encontraba vigente en aquella época. El soberano no emitió
aquella orden hasta que fue consciente de que los israelitas estaban creciendo numéricamente muy
rápido.
Los próximos versículos continúan con el tema de la lista de ascendientes. Así que reanudaremos
nuestros comentarios leyendo los versículos 26 y 27:
26 Estos son Aarón y Moisés a quienes dijo el SEÑOR: Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto
por sus ejércitos.
27 Ellos fueron los que hablaron a Faraón, rey de Egipto, para sacar a los hijos de Israel de Egipto, esto
es, Moisés y Aarón.

En el versículo 12 leímos que Moisés estaba desalentado. No había sido aceptado por nadie; ni por
israelitas ni por egipcios. En aquel momento crítico, Dios intervino y dispuso que se incluyesen los
antecedentes y presentación personal de Moisés, quien tendría que comportarse a la altura de sus
peticiones antes de liberar a los israelitas.
Resultaba esencial que Moisés y Aarón realmente fuesen quienes afirmaban ser. Habían transcurrido 40
años desde que Moisés había salido de Egipto. Durante ese período, se había casado con la hija del
sacerdote de Madián. Ahora se encontraba de regreso en Egipto. Pero, ¿quién era, realmente? Esta lista
de ascendientes nos explica quién era y sus antecedentes familiares. Pertenecía a la tribu de Leví. Y la
genealogía proporcionaba las credenciales necesarias para que Moisés llevase a cabo la tarea que había
sido enviado a realizar en el país de Egipto.
En base a esas credenciales, tuvo lugar
UNA RENOVACIÓN DE LA MISION ENCOMENDADA A MOISES

registrada en los versículos 28 al 30, que leeremos a continuación:

¶28 Y sucedió que el día que el SEÑOR habló a Moisés en la tierra de Egipto,
29 el SEÑOR habló a Moisés, diciendo: Yo soy el SEÑOR; di a Faraón, rey de Egipto, todo lo que yo
te diga.
30 Pero Moisés dijo delante del SEÑOR: He aquí, yo soy torpe de palabra, ¿cómo, pues, me escuchará
Faraón?
Vemos que Moisés estaba nuevamente buscando pretextos. La tarea que debía ejecutar no era agradable
ni fácil. Había sido rechazado constantemente. Incluso después de que fuesen expuestas sus
credenciales familiares, fue rechazado. Leví, cabeza de la tribu, era hijo de Jacob, Jacob, hijo de Isaac,
e Isaac, a su vez, fue hijo de Abraham. Y Dios había hecho a Abraham las promesas para los israelitas.
Es decir, que Moisés era el hombre adecuado para aquella ocasión histórica, pero aun dudaba, porque
tenía poca fe y poca confianza en sí mismo.
Pasemos ahora a considerar
EXODO 7:1

Considerando el capítulo en su totalidad, resumamos el

TEMA; Moisés fue animado a presentarse ante Faraón para pedirle que dejase salir a los israelitas; La
vara de Moisés se transformó en una serpiente; Los magos de Egipto también transformaron sus varas
en serpientes; El corazón de Faraón fue endurecido; Dios envió la primera plaga que transformó el agua
en sangre.

En primer lugar, cabe realizar algunas

OBSERVACIONES

El desarrollo de la batalla entre el Señor Dios de Israel y los falsos dioses egipcios aún no se había
incorporado al relato, pero llegamos ahora a la descripción de los hechos. Dios había estado preparando
a los israelitas, a Moisés, Aarón, e incluso al Faraón para esta lucha.
Moisés iba a presentarse ante Faraón, pero Aarón actuaría como portavoz. ¿Se le trababa la lengua a
Moisés, tartamudeaba o tenía algún otro problema de dicción para poder expresarse? Tengo la
impresión de que el problema de Moisés era psicológico. Después de 40 años en el desierto, se debe
haber sentido insuficiente y temeroso.
Sin embargo, Dios quiso dejar claro que El, y no Moisés, iba a liberar a los israelitas. Podemos ver en
esto una lección para nosotros. Dios es el que actúa y nosotros solo somos instrumentos en sus manos.
Frente a esta verdad, debemos apartarnos de dos extremos: uno sería el de sentirse totalmente indigno
de hacer algo, como en el caso de Moisés, y el otro sería del de considerarse una gran persona y
atribuirse el mérito de lo que Dios realiza. Si nosotros insistimos en ponernos en el lugar principal para
llevar los méritos, el brazo poderoso del Señor no intervendrá para actuar. Dios debe quitar de en medio
el elemento humano, porque El no puede utilizar esa naturaleza viciada por el mal. Debiéramos
comprender lo que Dios, hablando por medio del apóstol Pablo quiso decir cuando escribió en su carta
a los Romanos 7:18, lo siguiente:
Porque yo se que en mí, es decir, en mi naturaleza de hombre pecador, no hay nada bueno; pues aunque
tengo el deseo de hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo.

A algunas personas les resulta difícil creer que la naturaleza humana no esté controlada por el bien, ya
que ellas cuentan con cierta bondad natural, especialmente en situaciones de emergencia o crisis. Pero
Dios no acepta los impulsos y acciones de nuestra naturaleza humana en la cual, tarde o temprano, se
impone el mal y, por lo tanto, no la usará. En la situación descripta en nuestro pasaje Bíblico, Dios puso
a un lado la naturaleza humana y Aarón hablaría en lugar de Moisés.
Para finalizar nuestro comentario de hoy, comenzamos un párrafo en que
CONTINÚA EL RELATO DE LA RENOVACION DE LA MISION DE MOISES

Leamos el primer versículo de este capítulo 7 del libro del Éxodo:


Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Mira, yo te hago como Dios para Faraón, y tu hermano Aarón será
tu profeta.

Esta es una de las mejores definiciones que encontraremos de un profeta. Moisés sería como un Dios
ante Faraón, al representar a Dios. Y Aarón sería el portavoz de Moisés, es decir, sería un profeta. Un
profeta es alguien que habla de parte de Dios, que tiene un mensaje de Dios para el pueblo. Un profeta
es, entonces, lo contrario que un sacerdote, porque sale de la presencia de Dios y se dirige a la gente.
Pero un sacerdote, representa al pueblo ante Dios. Por lo tanto, un sacerdote no debía hablar de parte de
Dios y un profeta no debía representar al pueblo, porque tenía que representar a Dios. En este pasaje
Aarón, como profeta, debía representar a Moisés delante del pueblo y Moisés debía representar a Dios
tanto ante el pueblo como ante Faraón.
Quizás nos quedemos hoy pensando en Moisés, aquel gran líder, concentrado y abrumado por las
circunstancias que le rodeaban. ¡Cuantas veces, también a nosotros, nos habrá resultado difícil evitar el
dirigir nuestra mirada más allá de las dificultades de la vida para fijarla en Dios! ¡Cuántas veces
habremos dudado, no tanto de Su poder sino de que estuviese realmente interesado en nuestros
problemas!
Estimado oyente, si te encuentras en una situación parecida, acuérdate de los poderosos recursos de la
oración. Dirígete a Él con tus propias palabras, expresando tu desaliento, tus dudas y tu frustración. Y
verás como El responde, y como El interviene en el momento oportuno.

© 2014 La Fuente de la Vida

La vara de Aarón. La plaga de la sangre.


Advertencias a Faraón.
LFV 108

EXODO 7:1 – 8:5


Terminábamos nuestro programa anterior con el diálogo entre Dios y Moisés quien, escuchaba como
Dios le renovaba su llamado a emprender la gran tarea de liberar a los israelitas de la esclavitud en
Egipto. Habiendo sido ya rechazado por su pueblo, quien le había culpado por el empeoramiento de su
situación, y lleno de temor y dudas sobre sus condiciones personales para cumplir tal misión, Moisés
planteó nuevamente sus pretextos ante Dios. Comenzamos hoy con la respuesta de Dios. En el primer
párrafo de este capítulo 7,
CONTINÚA LA RENOVACIÓN DE LA MISION ENCOMENDADA A MOISES

Leamos los versículos 1 al 3:


Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Mira, yo te hago como Dios para Faraón, y tu hermano Aarón será
tu profeta.
2 Tú hablarás todo lo que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje salir de su
tierra a los hijos de Israel.
3 Pero yo endureceré el corazón de Faraón para multiplicar mis señales y mis prodigios en la tierra de
Egipto.

¿Qué significa esta frase sobre el endurecimiento del corazón de Faraón? ¿Haría Dios esto? Solo en el
siguiente sentido. Si Faraón hubiera sido una persona compasiva y bondadosa, deseosa de volver a
Dios y dispuesta a permitir que Moisés liberase a los israelitas porque quería hacer algo a favor de
ellos, entonces habría sido injusto que Dios endureciese el corazón del buen Faraón. Pero ése no fue el
caso. La palabra endurecer es una expresión figurativa que significaba que Dios sacaría o pondría de
manifiesto lo que realmente había en el corazón de Faraón, obligándole a hacer lo que aquel soberano
realmente deseaba.
Faraón era como ciertas personas de la actualidad, que al hablar nunca expresan sus verdaderos
sentimientos ni intenciones. Faraón no quería dejar salir de Egipto a los israelitas y sin embargo, quería
mostrarse como un gobernante benevolente y generoso. Pero en su confrontación con Israel, era duro,
inflexible. Así que Dios iba a someterse a la presión de sus juicios para hacerle admitir sus intenciones
reales.
Hay personas que tienen no cumplen sus acuerdos u obligaciones hasta que se enfrentan con la
posibilidad de ser llevados a un juicio ante un tribunal de justicia. Es lo que Dios estaba haciendo con
Faraón. Fue como si Dios llevase a Faraón ante un tribunal, diciéndole: “Tu tendrás que revelar lo que
verdaderamente está en tu corazón. No puedes decir una cosa y hacer otra completamente diferente”.
Por cierto, esto es exactamente lo que Dios va a hacer con cada uno de nosotros cuando algún día
comparezcamos ante Su presencia. Seremos vistos como realmente somos. Nadie podrá disimular ni
enmascarar su verdadera personalidad.
Leamos los versículos 4 y 5:
4 Y Faraón no os escuchará; entonces pondré mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de Egipto a
mis ejércitos, a mi pueblo los hijos de Israel, con grandes juicios.
5 Y sabrán los egipcios que yo soy el SEÑOR, cuando yo extienda mi mano sobre Egipto y saque de en
medio de ellos a los hijos de Israel.

En otras palabras, Faraón y el Señor Dios de Israel serían puestos de manifiesto tal como lo que
verdaderamente eran. Los egipcios lo sabrían, los israelitas lo verían confirmado y Moisés y Aarón
recuperarían su credibilidad. Continuemos leyendo los versículos 6 al 9:
6 E hicieron Moisés y Aarón como el SEÑOR les mandó; así lo hicieron.
7 Moisés tenía ochenta años y Aarón ochenta y tres cuando hablaron a Faraón.
8 Y habló el SEÑOR a Moisés y a Aarón, diciendo:
9 Cuando os hable Faraón, y diga: “Haced un milagro”, entonces dirás a Aarón: “Toma tu vara y échala
delante de Faraón para que se convierta en serpiente.”

Faraón iba a preguntarles a Moisés y a Aarón cuáles eran sus credenciales y con qué autoridad se
presentaban ante él para comunicarle una petición tan excesiva. La vara de Aarón sería la señal de
autoridad.
Pasemos a considerar el siguiente párrafo, que nos describe la actuación de
LOS MAGOS EGIPCIOS

Leamos el versículo 10:

10 Vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón e hicieron tal como el SEÑOR les había mandado; y Aarón
echó su vara delante de Faraón y de sus siervos, y ésta se convirtió en serpiente.

Han surgido algunas dudas con respecto a la palabra serpiente en este pasaje, porque hay pocos datos
históricos sobre la serpiente en Egipto. De hecho, la palabra utilizada aquí es cocodrilo. Durante los
días de Moisés había muchos de estos reptiles viviendo a orillas del río Nilo y por los estanques de
aquel país. La vara se transformó, pues, en un cocodrilo.
A medida que estudiamos las plagas veremos que Dios se estaba ocupando de la totalidad del reino de
la zoología. Es decir, que los dioses de Egipto eran animales, aves o insectos. El apóstol Pablo se
refería a esto cuando escribió, en su carta a los Romanos 1:22, 23:
22 Profesando ser sabios, se volvieron necios,
23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de
aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Los egipcios elaboraban símbolos de todas las cosas. Tomaban un concepto abstracto y lo expresaban
en la forma concreta de una imagen. Tenían deidades que representaban todas las fases y funciones de
la vida. No se olvidaron de nada. Convirtieron al monoteísmo en politeísmo. En efecto, creían en la
existencia de un gran Dios, eterno, que existía por Sí mismo, todopoderoso. Desafortunadamente,
creían también que aquel Ser era demasiado importante y potente como para querer ocuparse de los
asuntos y destinos de los seres humanos y por lo tanto, permitía que la administración de este mundo
cayese en manos de multitudes de dioses y demonios, de espíritus buenos y malos. Esto es, en síntesis,
lo que ellos creían.
Es lo mismo que el apóstol Pablo descubrió cuando llegó a la ciudad de Atenas. Allí encontró un
monumento al “Dios desconocido”, como dice en el libro de los Hechos 17:23,
23 Porque mientras pasaba y observaba los objetos de vuestra adoración, hallé también un altar con
esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO. Pues lo que vosotros adoráis sin conocer, eso os anuncio
yo.

Si alguien adoraba a todos aquellos diferentes dioses, no podía conocer al Dios vivo y verdadero. Así
que el Señor Dios de Israel atacó a los dioses de Egipto para revelar quién era El.
La palabra hebrea tannin que en este capítulo se traduce como “serpiente”, no se traduce de esta manera
en ninguna otra parte de la Biblia. En los libros de Isaías y Ezequiel se traduce como “dragón”. La
palabra incluye un significado satánico, y por este motivo los traductores utilizaron la palabra serpiente.
Aparte este motivo, queda el hecho de que los egipcios adoraron al cocodrilo, que ocupó un lugar
importante en la adoración y religión de Egipto. La deidad del mal era Sebak y tenía una cabeza de
cocodrilo. Y Apepi, el gran enemigo de los dioses solares, aparecía bajo la forma de un cocodrilo. Los
egipcios se dedicaban a los rituales mágicos que se celebraban en el templo de Amen-Ra, en la ciudad
de Tebas. Apepi vivía en la región más baja de los cielos, procuraba cada día evitar la salida de Ra, el
dios del sol. Provocaba los relámpagos, truenos, tempestades, tormentas, huracanes, lluvias y trataba de
obscurecer la luz del sol llenando el cielo de nubes, bruma, niebla y obscuridad. El ritual egipcio, que
constituía un intento de destruir a Apepi, era prominente en Egipto y fue el primer objetivo contra el
cual Dios asestó un golpe. Y la vara de Aarón se transformó en un cocodrilo. Continuemos leyendo el
versículo 11:

11 Entonces Faraón llamó también a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los magos de
Egipto, hicieron lo mismo con sus encantamientos;

Los magos de Egipto reprodujeron el milagro de la vara de Aarón. Quizás sería mejor decir que
imitaron el milagro. Sea como fuere que los hubieran hecho o cómo los hubiesen realizado, hicieron del
resultado un buen espectáculo. Sin embargo, el apóstol Pablo tuvo algo que decir al respecto en su
segunda carta a Timoteo 3:8:
8 Y así como Janes y Jambres se opusieron a Moisés, de la misma manera éstos también se oponen a la
verdad; hombres de mente depravada, reprobados en lo que respecta a la fe.

Y así fue que aquellos magos se opusieron al Dios vivo y verdadero. Leamos también los versículos 12
y 13;
12 pues cada uno echó su vara, las cuales se convirtieron en serpientes. Pero la vara de Aarón devoró
las varas de ellos.
13 Pero el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho.

Resulta interesante observar que los egipcios adoraban al cocodrilo y que la vara de Aarón devoró a los
cocodrilos de ellos. Esta tendría que haber impresionado al Faraón pero no fue así. Faraón se obstinó en
sus propias intenciones y decisiones. Por otra parte, y a causa de esta actitud, Dios continuó con su plan
y envió
LA PRIMERA PLAGA: EL AGUA CONVERTIDA EN SANGRE

Leamos los versículos 14 al 19:

14 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: El corazón de Faraón es terco; se niega a dejar ir al pueblo.
15 Preséntate a Faraón por la mañana cuando vaya al agua, y ponte en la orilla del Nilo para
encontrarte con él; y toma en tu mano la vara que se convirtió en serpiente.
16 Y dile: “El SEÑOR, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti, diciendo: ‘Deja ir a mi pueblo para
que me sirva en el desierto. Mas he aquí, hasta ahora no has escuchado.’
17 “Así dice el SEÑOR: ‘En esto conocerás que yo soy el SEÑOR: he aquí, yo golpearé con la vara
que está en mi mano las aguas que están en el Nilo, y se convertirán en sangre.
18 ‘Y los peces que hay en el Nilo morirán, y el río se corromperá y los egipcios tendrán asco de beber
el agua del Nilo.’ ”
19 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Di a Aarón: “Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de
Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de agua, para
que se conviertan en sangre; y habrá sangre por toda la tierra de Egipto, tanto en las vasijas de madera
como en las de piedra.”

Este sí que fue un golpe certero a la adoración en Egipto. Las aguas del sagrado río Nilo se convirtieron
en sangre. Los egipcios representaban al Nilo como Hapi, un hombre grueso con pechos de mujer, lo
cual indicaba sus poderes de fertilidad y nutrición. Había un himno que cantaban en el templo en honor
a este dios, cuyas palabras expresaban lo siguiente:
Tú riegas los campos creados por Ra . . .
Tú eres el proveedor de alimentos . . . creador de todas las cosas buenas
Tú llenas los graneros . . .
Tu cuidas a los pobres y necesitados

El río Nilo era como la sangre de Egipto. Pero tenía que ser de agua para continuar siendo su fuente
vital. Al transformarse en sangre, vino a significar la muerte para ellos. Lo que había sido una
bendición para el país, pasó a ser una maldición. Era el juicio de Dios. Dicen los versículos 22 al 25:
22 Pero los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos; y el corazón de Faraón se
endureció y no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho.
23 Entonces se volvió Faraón y entró en su casa, sin hacer caso tampoco de esto.
24 Y todos los egipcios cavaron en los alrededores del Nilo en busca de agua para beber, porque no
podían beber de las aguas del Nilo.
25 Y pasaron siete días después que el SEÑOR hirió al Nilo.

Esta plaga duró 7 días. Faraón no se convenció de que había sido provocada por la acción de Dios
porque los magos fueron capaces de reproducir la plaga. Fue un hecho asombroso. Por supuesto, fue
una manifestación del poder de Satanás, pero ellos fueron impotentes para convertir la sangre en agua.

EXODO 8:1—5

Considerando este capítulo en su totalidad, abarca el siguiente

TEMA; Egipto sufrió la invasión de una plaga de ranas y Faraón, una vez más, endureció su corazón.
Entonces llegó la plaga de piojos y Dios humilló el orgullo de Faraón; Egipto fue atacado por
enjambres de insectos (probablemente, como el escarabajo sagrado) y Moisés usó su relación con Dios
actuando como un intercesor.

En primer lugar, una breve


OBSERVACION

Las plagas continuaron asolando la tierra de Egipto. Dios estaba dirigiendo su ataque contra un pueblo
sumido en la idolatría. En consecuencia, llegó
LA SEGUNDA PLAGA: LAS RANAS
Las ranas estaban representadas por Heka, una diosa con cabeza de rana. También otra deidad, Hapi,
estaba representado como sosteniendo a una rana, de cuya boca fluía una corriente de alimentos. Esto
indicaba la estrecha relación entre el dios del Nilo y la diosa de las ranas, una de las más antiguas y
madre de diosas. Ella era la diosa de la fertilidad y el renacimiento, la patrona de las parteras. Una
pintura egipcia mostraba a Heka recitando hechizos para afectar a la resurrección de Osiris. También
había una escultura que la presentaba arrodillada delante de la reina y supervisando el nacimiento de
Hatshepset. Leamos los versículos 1 al 5:
Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Ve a Faraón y dile: “Así dice el SEÑOR: ‘Deja ir a mi pueblo para
que me sirva.
2 ‘Pero si te niegas a dejarlos ir, he aquí, heriré todo tu territorio con ranas.
3 ‘Y el Nilo se llenará de ranas, que subirán y entrarán en tu casa, en tu alcoba y sobre tu cama, y en las
casas de tus siervos y en tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas.
4 ‘Y subirán las ranas sobre ti, sobre tu pueblo y sobre todos tus siervos.’ ”
5 Dijo además el SEÑOR a Moisés: Di a Aarón: “Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, sobre los
arroyos y sobre los estanques, y haz que suban ranas sobre la tierra de Egipto.

Las ranas estaban por todas partes –en las camas, cocinas, en cada sala de las viviendas, en los lugares
donde se amasaba el pan y en los hornos. Era una situación insostenible, al tratarse no ya de unas
cuantas sino de una gran cantidad, lo cual causó una tremenda consternación. Y como eran sagradas, no
podían ser matadas.
Al terminar con nuestro estudio de hoy, recordemos la actitud de obstinación de Faraón, que no quiso
ceder, después de la primera plaga, la del agua convertida en sangre. Tal proceder debiera hacernos
reflexionar. ¡Cuántas veces, a pesar de las numerosas llamadas de Dios y de Su intervención, los seres
humanos continúan en su vida de pecado y rebelión contra El! tal como hizo aquel Faraón, volviéndole
la espalda y prosiguiendo tercamente con su conducta desafiante. La intención del Señor quedó clara
con las palabras del 7:17 a Faraón: “conocerás que yo soy el Señor” y ésa es también su intención con
respecto a nosotros. El quiere revelarnos Quién es, y su plan para la salvación de la humanidad.
Estimado oyente, esperamos que la actitud de Dios, al tomar la iniciativa en darse a conocer, para que
le conozcas de una manera personal, no te resulte indiferente. Recordemos las palabras del Salmo 95:7
y 8; Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón.

© 2014 La Fuente de la Vida

La plaga de las ranas.; de los piojos; las moscas;


en el ganado.
LFV 109

EXODO 8:6 – 9:7

Terminamos nuestro programa anterior describiendo los efectos devastadores que tendría la segunda
plaga, la de las ranas, sobre un país que ya había sufrido las tremendas consecuencias de la primera
plaga, en la que todas las fuentes de agua de Egipto se habían transformado en sangre. Comencemos
nuestra lectura Bíblica de hoy leyendo los versículos 6 al 11:

6 Y extendió Aarón su mano sobre las aguas de Egipto, y las ranas subieron y cubrieron la tierra de
Egipto.
7 Y los magos hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron subir ranas sobre la tierra de
Egipto.
8 Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y dijo: Rogad al SEÑOR para que quite las ranas de mí y
de mi pueblo, y yo dejaré ir al pueblo para que ofrezca sacrificios al SEÑOR.
9 Y Moisés dijo a Faraón: Dígnate decirme cuándo he de rogar por ti, por tus siervos y por tu pueblo,
para que las ranas sean quitadas de ti y de tus casas y queden solamente en el río.
10 Y él respondió: Mañana. Entonces Moisés dijo: Sea conforme a tu palabra para que sepas que no
hay nadie como el SEÑOR nuestro Dios.
11 Y las ranas se alejarán de ti, de tus casas, de tus siervos y de tu pueblo; sólo quedarán en el Nilo.
Una vez más, los magos egipcios pudieron reproducir una plaga, lo cual revela el poder de Satanás para
engañar a los seres humanos. Resulta interesante observar que, aunque los magos fueron capaces de
multiplicar las ranas, no pudieron eliminarlas. Faraón estaba tan disgustado con esta plaga que parecía
dispuesto a prometer cualquier cosa. Dios estaba obligando a aquel rey a reconocer quien era El.
Continuemos leyendo los versículos 12 al 15:
12 Entonces Moisés y Aarón salieron de la presencia de Faraón, y Moisés clamó al SEÑOR acerca de
las ranas que El había puesto sobre Faraón.
13 Y el SEÑOR hizo conforme a la palabra de Moisés, y murieron las ranas de las casas, de los patios y
de los campos.
14 Y las juntaron en montones, y la tierra se corrompió.
15 Pero al ver Faraón que había alivio, endureció su corazón y no los escuchó, tal como el SEÑOR
había dicho.

Este pasaje nos ofrece una visión amplia del endurecimiento del corazón de Faraón. Se nos dice que
éste endureció su propio corazón. La participación de Dios consistió en hacer salir a la superficie lo que
ya estaba en el corazón de aquel rey.
Leamos los versículos 16 al 19, que relatan
LA TERCERA PLAGA: LOS PIOJOS

16 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Di a Aarón: “Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra para
que se convierta en piojos por toda la tierra de Egipto.”
17 Y así lo hicieron; y Aarón extendió su mano con su vara, y golpeó el polvo de la tierra, y hubo
piojos en hombres y animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos por todo el país de
Egipto.
18 Y los magos trataron de producir piojos con sus encantamientos, pero no pudieron; hubo, pues,
piojos en hombres y animales.
19 Entonces los magos dijeron a Faraón: Este es el dedo de Dios. Pero el corazón de Faraón se
endureció y no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho.

Hasta ese momento los magos habían podido reproducir cada milagro realizado por Dios. Pero, por
algún motivo, fueron impotentes para reproducir esta plaga. Si fue por medio del engaño que ellos
pudieron repetir los milagros, por lo menos durante esta plaga finalmente reconocieron la intervención
de Dios en estas calamidades. Gradualmente, Dios estaba convenciendo a los egipcios de que El era el
único y verdadero Dios.
La adoración de aquellos dioses falsos se había introducido en la misma vida de los egipcios y en su
rutina diaria. Este juicio debió traer repugnancia hacia Geb, el dios de la tierra. Geb estaba
estrechamente relacionado con la tierra en todas sus fases. Este dios era el que informaba a Osiris sobre
el estado de la cosecha.
La palabra piojo puede significar mosquito. Su raíz significa “cubrir”, “picar” o “pellizcar”. Resulta
interesante que el cubrir, picar o pellizcar no pueden ser realizadas por un mosquito. Estas acciones
describen más bien lo que hace un piojo. Un destacado zoólogo ha dicho que estos insectos forman un
orden enorme cuya función principal es, un gran parte, actuar como carroñeros. Podemos imaginar que,
con la tierra apestando a ranas, habría cantidades incalculables de piojos. Estos, eventualmente,
pudieron librar al país de las ranas, llegando a ser, al mismo tiempo, una bendición y una maldición.
Indiferentemente de la aparente ayuda que puedan haber representado los piojos, un turista bien
conocedor de Egipto observó que la arena parecía moverse; observando más detenidamente, vio que la
superficie de la tierra era una masa de diminutas garrapatas, miles de las cuales estaban trepando por su
pierna ante lo cual, se batió en retirada, recordando las palabras de este pasaje Bíblico: “y el polvo de la
tierra se convirtió en piojos por todo el país de Egipto”.
Esta plaga no pudo ser reproducida por los magos egipcios. Dios había comenzado a dirigir su juicio
contra la vida misma en toda aquella tierra.
A continuación, vamos a leer el párrafo siguiente, versículos 20 al 23, que relatan
LA CUARTA PLAGA: LOS INSECTOS

20 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Levántate muy de mañana y ponte delante de Faraón cuando vaya al
agua, y dile: “Así dice el SEÑOR: ‘Deja ir a mi pueblo para que me sirva.
21 ‘Porque si no dejas ir a mi pueblo, he aquí, enviaré enjambres de insectos sobre ti, sobre tus siervos,
sobre tu pueblo y dentro de tus casas; y las casas de los egipcios se llenarán de enjambres de insectos, y
también el suelo sobre el cual están.
22 ‘Mas en aquel día yo pondré aparte la tierra de Gosén en la que mora mi pueblo, para que no haya
allí enjambres de insectos, a fin de que sepas que yo, el SEÑOR, estoy en medio de la tierra;
23 y yo haré distinción entre mi pueblo y tu pueblo. Mañana tendrá lugar esta señal.’

Hasta aquel momento las plagas habían venido sobre las tierras de Egipto y a Gosén, donde vivían los
israelitas. Quizás algunas personas le habrán dicho a Faraón que, ya que Gosén también había sido
afectada por las plagas, el fenómeno tendría una explicación natural. Puede que hayan atribuido las
molestias a uno de los dioses egipcios. En esta coyuntura, sin embargo, todo quedó totalmente claro,
cuando Dios declaró que a partir de aquel instante habría una diferencia y ninguna de las plagas
siguientes tocaría a la región de Gosén, lugar de residencia del pueblo de Israel. En los días futuros, el
juicio caería únicamente sobre la tierra de Egipto.
El cuarto juicio era esta plaga de insectos, que habrán sido muy probablemente el escarabajo sagrado,
tal como era conocido en aquel país. Aquellos escarabajos, muchos de ellos de oro, fueron encontrados
en las tumbas de Egipto. Para el dios del sol Ra, eran considerados sagrados. La severidad de esa plaga
se refleja en el hecho de que, esta vez, Faraón estaba dispuesto a alcanzar algún tipo de compromiso
con Moisés. Observemos la propuesta que Faraón presentó mientras el escarabajo sagrado invadía su
tierra. Leamos los versículos 24 al 27:
24 Y así lo hizo el SEÑOR. Y entraron grandes enjambres de insectos en la casa de Faraón y en las
casas de sus siervos, y en todo el país de Egipto la tierra fue devastada a causa de los enjambres de
insectos.
25 Entonces llamó Faraón a Moisés y a Aarón, y dijo: Id, ofreced sacrificio a vuestro Dios dentro del
país.
26 Pero Moisés respondió: No conviene que lo hagamos así, porque es abominación para los egipcios
lo que sacrificaremos al SEÑOR nuestro Dios. Si sacrificamos lo que es abominación para los egipcios
delante de sus ojos, ¿no nos apedrearán?
27 Andaremos una distancia de tres días de camino en el desierto, y ofreceremos sacrificios al SEÑOR
nuestro Dios, tal como El nos manda.
Se pretendía que el escarabajo egipcio representase a la vida eterna. Imaginémonos a aquel insecto
convirtiéndose en una maldición para la gente y en una plaga sobre la tierra. Faraón quiso llegar a un
compromiso; haría cuatro en total, antes del final de las plagas. Moisés y Aarón querían que los
israelitas hiciesen un viaje de 3 días por el desierto. Faraón estaba dispuesto a permitir que realizasen
sacrificios rituales, pero quedándose en el país. Esta situación me recuerda que muchos cristianos están
dispuestos a llegar a este tipo de compromisos, que son utilizados por Satanás, el adversario de Dios,
para mantener al cristiano dentro de sus dominios, bajo su control. Se trata de ser cristianos, pero no
con una mentalidad estrecha, estricta y radical, presentándonos como retrógrados, sino con una mente
amplia, flexible y sin cambiar nuestra vida, adaptándola a las situaciones que se presenten. Pero
debemos destacar aquí que, si nuestra vida no cambia, es una evidencia de que no somos realmente
cristianos. No estoy diciendo que haya que realizar buenas obras para ser cristiano. Porque somos
salvos por la fe en Cristo, lo cual excluye las obras. Pero cuando colocas tu fe en Jesucristo para que te
salve, tu vida cambia y se pone en evidencia tu conducta cristiana. Porque la personalidad interior debe
ser cambiada en primer lugar. Hay algunos sectores del cristianismo que han efectuado tantos
compromisos ajenos a su fe que, utilizando la analogía de nuestro pasaje Bíblico, podríamos decir que
están aun viviendo en la tierra de Egipto y no se puede establecer una diferencia entre el cristiano
término medio y la persona no cristiana normal de nuestra época.
Es como si estuviésemos participando como jinetes en una carrera de caballos, con dos caballos. Por
ejemplo, uno negro y otro blanco. Podemos pretender cabalgar con ambos, con un pie en cada caballo.
Esta situación podría soportarse mientras ambos caballos corran en la misma dirección; pero si ellos
decidiesen marchar en direcciones opuestas, tendríamos que decidir con cual caballo desearíamos
continuar. En nuestra historia Bíblica, Moisés no aceptaría el compromiso con Faraón e insistió en que
el pueblo de Israel pudiese salir para un viaje de 3 días por el desierto para ofrecer sus sacrificios
rituales al Señor Dios.
A continuación, Faraón se decidió a ofrecer un segundo compromiso: Leamos el versículo 28:
28 Y Faraón dijo: Os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificio al SEÑOR vuestro Dios en el desierto, sólo
que no vayáis muy lejos. Orad por mí.

Esta vez, la concesión de Faraón era levemente diferente a la anterior. Nuevamente comprobamos que
el pedido de Faraón de que orasen por él no era más que un engaño para ocultar sus verdaderas
intenciones. En estos 2 versículos que acabamos de leer se ve claramente que la voluntad del soberano
no era la de obedecer a Dios sino la de librarse del castigo que Dios estaba enviando sobre él y el
pueblo egipcio. Pero continuemos leyendo los versículos 29 al 32, para ver el final de aquel incidente:
29 Entonces dijo Moisés: He aquí, voy a salir de tu presencia y rogaré al SEÑOR que los enjambres de
insectos se alejen mañana de Faraón, de sus siervos y de su pueblo; pero que Faraón no vuelva a obrar
con engaño, no dejando ir al pueblo a ofrecer sacrificios al SEÑOR.
30 Y salió Moisés de la presencia de Faraón y oró al SEÑOR.
31 Y el SEÑOR hizo como Moisés le pidió, y quitó los enjambres de insectos de Faraón, de sus siervos
y de su pueblo; no quedó ni uno solo.
32 Pero Faraón endureció su corazón también esta vez y no dejó salir al pueblo.

Y así fue que, una vez más, Faraón puso en evidencia sus íntimos deseos. Llegamos entonces a
EXODO 9:1 – 7

TEMA: Los ganados de Egipto fueron heridos con una plaga muy grave que provocaba la muerte; los
egipcios mismos fueron heridos con forúnculos, que eran erupciones ulcerosas muy dolorosas;
finalmente, Dios envió la plaga del granizo, durante una espantosa tormenta.

OBSERVACIONES

Dios continuó su confrontación con el corazón obstinado del Faraón y su pueblo. Mientras el rey
resistiese al Señor Dios, la tierra de Egipto y sus habitantes sufrirían aflicciones y desastres. Hasta este
capítulo se nos ha dicho que Faraón endureció su propio corazón. Pero ahora se nos dirá que Dios
endurecería el corazón de Faraón. La negativa persistente de éste de reconocer al Señor y de reconocer
sus deseos provocaría que el poder de Dios desencadenase la destrucción. En realidad, el deseo de Dios
en todas las épocas es enviar sobre nosotros dones, bendiciones, y salvarnos. Pero nuestra negativa
puede transformar esas bendiciones en maldiciones. Así fue en el caso de Faraón.
Leamos los versículos 1 al 7, que nos describen el anuncio a Faraón de que si persistía en su actitud,
llegarían las siguientes calamidades.
LA QUINTA PLAGA: LA PESTE SOBRE EL GANADO

Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Ve a Faraón y dile: “Así dice el SEÑOR, el Dios de los hebreos:
‘Deja ir a mi pueblo para que me sirva.
2 ‘Porque si te niegas a dejarlos ir y los sigues deteniendo,
3 he aquí, la mano del SEÑOR vendrá con gravísima pestilencia sobre tus ganados que están en el
campo: sobre los caballos, sobre los asnos, sobre los camellos, sobre las vacadas y sobre las ovejas.
4 ‘Pero el SEÑOR hará distinción entre los ganados de Israel y los ganados de Egipto, y nada perecerá
de todo lo que pertenece a los hijos de Israel.’ ”
5 Y el SEÑOR fijó un plazo definido, diciendo: Mañana el SEÑOR hará esto en la tierra.
6 Y el SEÑOR hizo esto al día siguiente, y perecieron todos los ganados de Egipto; pero de los ganados
de los hijos de Israel, ni un solo animal murió.
7 Y Faraón envió a ver, y he aquí, ni un solo animal de los ganados de Israel había perecido. Pero el
corazón de Faraón se endureció y no dejó ir al pueblo.

Podría haberse pensado que, a la luz de lo que estaba ocurriendo, Faraón cambiaría de actitud, se
rendiría y permitiría que los israelitas saliesen del país. Era una realidad evidente que Dios estaba
implicado en esta plaga y que se estaba ocupando directamente del rey y de su pueblo.
En Egipto, no lejos de las pirámides, puede visitarse un lugar donde se encuentran centenares de
momias de toros que han sido sepultadas reverentemente en sarcófagos. Apis, el toro negro, era
adorado en Egipto. El segundo templo en tamaño edificado en este país estaba situado en Menfis, ya
fue dedicado a la adoración de Apis, el toro negro. Se suponía que Apis era una encarnación del Pta, de
Menfis y que había sido engendrado por un rayo de luna, destacándose por varias características. Se
pensaba que un nuevo Apis nacía cuando uno viejo moría. El toro muerto era embalsamado y sepultado
en Menfis; entonces, su alma pasaba al más allá como Osiris-Apis.
En consecuencia, lo que los egipcios estaban adorando durante la plaga, era un toro enfermo, lo cual
habrá hecho sonreír a Dios, quien estaba dirigiendo sus juicios contra esta atroz idolatría que ejercía
tanta influencia, tanto sobre el pueblo egipcio como sobre los israelitas que, como veremos más
adelante, se desviaron hacia la idolatría.

© 2014 La Fuente de la Vida

La plaga de úlceras; del granizo; de langostas;


LFV 110

EXODO 9:8 – 10:9

En nuestro programa anterior habíamos considerado la quinta plaga, la de la peste sobre el ganado, que
ocasionó la muerte de los animales. A pesar de las tremendas consecuencias de aquella calamidad, que
además constituía un juicio a la idolatría, Faraón no permitió la salida de los israelitas de Egipto.
Nuestro pasaje Bíblico de hoy comienza con el relato de
LA SEXTA PLAGA: LAS ULCERAS
Leamos los versículos 8 al 12:
8 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados de hollín de un horno, y que Moisés lo
esparza hacia el cielo en presencia de Faraón;
9 y se convertirá en polvo fino sobre toda la tierra de Egipto, y producirá furúnculos que resultarán en
úlceras en los hombres y en los animales, por toda la tierra de Egipto.
10 Tomaron, pues, hollín de un horno, y se presentaron delante de Faraón, y Moisés lo arrojó hacia el
cielo, y produjo furúnculos que resultaron en úlceras en los hombres y en los animales.
11 Y los magos no podían estar delante de Moisés a causa de los furúnculos, pues los furúnculos
estaban tanto en los magos como en todos los egipcios.
12 Y el SEÑOR endureció el corazón de Faraón y no los escuchó, tal como el SEÑOR había dicho a
Moisés.

Si suponemos que esta plaga comenzó probablemente en la misma presencia de Faraón, el habrá sido el
primer afectado por esta enfermedad. Y con él se encontraban los magos o sabios que le aconsejaban, y
que habían sido capaces de reproducir las 3 primeras plagas y milagros, pero no los demás milagros y
calamidades. Y además, como consecuencia de este juicio, ellos también resultaron afectados. Por
primera vez Dios estaba permitiendo que una plaga perjudicase tanto a los seres humanos como a las
bestias, causando grandes molestias al cuerpo humano. Hay que recordar que los sacerdotes que servían
en los templos egipcios tenían que permanecer en un estado de pureza, no contaminados por defectos ni
enfermedades. Al venir sobre ellos, repentinamente, esta plaga, se consideró no eran adecuados para
ejercer su sacerdocio en los templos. Esta situación provocó la interrupción de este culto falso en todo
el país.
Los turistas pueden hoy en día contemplar lo poco que queda de las ruinas de la ciudad de Menfis que,
al menos, permiten comprobar la magnitud de aquella gran ciudad. A los costados de sus vías públicas
se alzaban centenares de templos, donde sus sacerdotes practicaban sus ritos sagrados. Podemos
imaginarnos el impacto que esta plaga habrá tenido sobre los servicios religiosos que allí tenían lugar,
al interrumpirse totalmente el culto de aquella religión falsa. Podríamos imaginarnos la impresión
producida en el pueblo ante los templos que exhibiesen carteles con la leyenda “cerrado por
enfermedad”. El texto Bíblico aclara que ni aun así, Faraón cedió y persistió en su actitud de ignorar las
palabras de Moisés y Aarón, impidiendo que los israelitas abandonasen Egipto. Aun sufriendo los
efectos dolorosos de esta enfermedad, su corazón continuó endurecido por su obstinación.
Continuemos leyendo los versículos 13 al 17:
13 Entonces dijo el SEÑOR a Moisés: Levántate muy de mañana, y ponte delante de Faraón, y dile:
“Así dice el SEÑOR, el Dios de los hebreos: ‘Deja ir a mi pueblo para que me sirva.
14 ‘Porque esta vez enviaré todas mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que
sepas que no hay otro como yo en toda la tierra.
15 ‘Porque si yo hubiera extendido mi mano y te hubiera herido a ti y a tu pueblo con pestilencia, ya
habrías sido cortado de la tierra.
16 ‘Pero en verdad, por esta razón te he permitido permanecer: para mostrarte mi poder y para
proclamar mi nombre por toda la tierra.
17 ‘Y todavía te enalteces contra mi pueblo no dejándolos ir.

Estas palabras nos hacen ver que Dios iba a utilizar a Faraón para mostrar Su poder en toda la tierra,
utilizando el enojo, el furor del ser humano para recibir alabanza a Su nombre. Es lo que expresa el
Salmo 76:10, cuando dice: “Pues el furor del hombre te alabará”.
Continuemos leyendo el párrafo que sigue, que nos describe
LA SEPTIMA PLAGA: EL GRANIZO
Leamos los versículos 18 al 21:
18 ‘He aquí, mañana como a esta hora, enviaré granizo muy pesado, tal como no ha habido en Egipto
desde el día en que fue fundado hasta ahora.
19 ‘Ahora pues, manda poner a salvo tus ganados y todo lo que tienes en el campo, porque todo
hombre o todo animal que se encuentre en el campo, y no sea traído a la casa, morirá cuando caiga
sobre ellos el granizo.’ ”
20 El que de entre los siervos de Faraón tuvo temor de la palabra del SEÑOR, hizo poner a salvo a sus
siervos y sus ganados en sus casas,
21 pero el que no hizo caso a la palabra del SEÑOR, dejó a sus siervos y sus ganados en el campo.

Egipto es esencialmente un país de lluvias escasas. El promedio anual de agua caída es inferior a 3 cm.
En este caso, Dios les anunció que tendrían una lluvia, que no era precisamente la que esperaban y
necesitaban. Porque consistiría en un temporal de granizo muy pesado. En esta plaga hubo un elemento
nuevo que consistió en la advertencia de Dios que aconsejó la conducta a seguir para evitar grandes
daños. Surge la pregunta de si algunos creyeron realmente en Dios o no. Aquellos de quienes se dice
aquí que no tomaron en serio las palabras de advertencia, sufrieron el juicio de Dios. El les proveyó una
oportunidad de evitar estos males, pero quedó a su elección el creer, o no creer, la Palabra de Dios. En
un contexto diferente, pero que tiene que ver con la actitud permanente del ser humano a través de toda
la historia, la misma situación se produce hoy, cuando las personas escuchan el mensaje que Dios les
proclama por diversos medios.
En el caso de Egipto, esta plaga fue enviada como un ataque contra Isis, a veces representada con una
cabeza de vaca), diosa de la fertilidad y diosa del aire. Era la hija mítica de Set y Nut, hermana y esposa
de Osiris, y madre de Horus. Se decía que las lágrimas de Isis caían sobre el río Nilo produciendo un
desbordamiento en sus riberas, que traía sustento a la tierra. Isis era, pues, una diosa importante en
Egipto, lo cual explica que esta plaga del granizo fuese dirigida contra ella. Y ya hemos destacado el
hecho de que la plaga afectó tanto a seres humanos como a animales. Continuemos leyendo los
versículos 22 al 25:
22 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo para que caiga granizo en toda la tierra
de Egipto, sobre los hombres, sobre los animales y sobre toda planta del campo por toda la tierra de
Egipto.
23 Y extendió Moisés su vara hacia el cielo, y el SEÑOR envió truenos y granizo, y cayó fuego sobre
la tierra. Y el SEÑOR hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto.
24 Y hubo granizo muy intenso, y fuego centellando continuamente en medio del granizo, muy pesado,
tal como no había habido en toda la tierra de Egipto desde que llegó a ser una nación.
25 Y el granizo hirió todo lo que había en el campo por toda la tierra de Egipto, tanto hombres como
animales; el granizo hirió también toda planta del campo, y destrozó todos los árboles del campo.

Aquellos que no creyeron en las advertencias de Dios, no tomaron medidas de protección. El mensaje
que Dios envió a los egipcios es el mismo que El proclama al mundo de nuestro tiempo, anunciando un
juicio cercano. Pero el ser humano continúa viviendo y actuando como si nada fuese a ocurrir. Así
sucedió en los días de Noé (como estudiamos en Génesis 6 y 7). Y así será también en los días de la
próxima venida de Jesucristo, cuando venga para juzgar. En los tiempos que narra nuestro pasaje, en
Egipto, muchas personas no creyeron en las palabras de Dios y pagaron un elevado precio por sus
incredulidad. Entonces y ahora, en la actualidad, todo lo que Dios pide a los seres humanos es que
crean en El. Este es el mensaje claro de Su Palabra hoy, tal como llega a nosotros por medio de las
páginas de la Biblia.
Continuemos leyendo los versículos 26 al 35:
26 Sólo en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.
27 Entonces Faraón envió llamar a Moisés y Aarón y les dijo: Esta vez he pecado; el SEÑOR es el
justo, y yo y mi pueblo somos los impíos.
28 Rogad al SEÑOR, porque ha habido ya suficientes truenos y granizo de parte de Dios; y os dejaré ir
y no os quedaréis más aquí.
29 Y Moisés le dijo: Tan pronto como yo salga de la ciudad, extenderé mis manos al SEÑOR; los
truenos cesarán, y no habrá más granizo, para que sepas que la tierra es del SEÑOR.
30 En cuanto a ti y a tus siervos, sé que aún no teméis al SEÑOR Dios.
31 (Y el lino y la cebada fueron destruidos, pues la cebada estaba en espiga y el lino estaba en flor;
32 pero el trigo y el centeno no fueron destruidos, por ser tardíos.)
33 Y salió Moisés de la ciudad, de la presencia de Faraón, y extendió sus manos al SEÑOR, y los
truenos y el granizo cesaron, y no cayó más lluvia sobre la tierra.
34 Pero cuando Faraón vio que la lluvia, el granizo y los truenos habían cesado, pecó otra vez, y
endureció su corazón, tanto él como sus siervos.
35 Y se endureció el corazón de Faraón y no dejó ir a los hijos de Israel, tal como el SEÑOR había
dicho por medio de Moisés.

A partir de este punto del relato de las plagas, la tierra de Gosén fue protegida de las plagas que caerían
sobre el resto de las regiones de Egipto. Y aquí cabe destacar que ésta fue la primera ocasión en que
Faraón admitió su pecado, su rebelión y la de su pueblo ante un Señor justo. Podemos imaginarnos la
situación desastrosa del país, con una gran parte del ganado destruidos por las plagas precedentes y el
resto, diezmados por la violencia y efectos de esta tormenta. Cabe aclarar que el trigo y el centeno no
fueron perjudicados en la misma forma porque aun no habían crecido. Dios estaba golpeando a los
egipcios en un intento de sacudirles y despertarles de su estado de idolatría y cultos falsos. Pero Faraón,
su líder, continuó inamovible, con su corazón obstinado. Llegamos así a
EXODO 10:1 – 9
TEMA; Faraón fue amenazado con otra plaga que llegaría si él continuaba negándose a dejar salir a
Israel; Faraón se inclinaba por dejar salir a los israelitas, pero cambió de opinión y la plaga de las
langostas descendió sobre la tierra de Egipto; Faraón fue amenazado nuevamente para liberar a Israel
pero, al negarse, la plaga de la oscuridad cubrió el país; Faraón le pidió a Moisés que aliviase al país y
al pueblo pero su corazón permanecía aun obstinado.

El primer párrafo de este capítulo nos relato cómo


FARAON FUE AMENAZADO CON LA PLAGA DE LANGOSTAS

Al llegar estos extremos, uno se pregunta qué habría tenido que suceder para que Faraón para que éste
cediese y permitiese salir a los israelitas. Leamos los versículos 1 y 2:
Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Preséntate a Faraón, porque yo he endurecido su corazón y el
corazón de sus siervos, para mostrar estas señales mías en medio de ellos,
2 y para que cuentes a tu hijo y a tu nieto, cómo me he burlado de los egipcios, y cómo he mostrado
mis señales entre ellos, y para que sepáis que yo soy el SEÑOR.

Dios tenía muchas razones para actuar de aquella manera. Un motivo importante para el envío de las
plagas era revelarle a Faraón que él era una persona malvada. Dios podría haber sacado a los israelitas
de Egipto inmediatamente, sin haber tenido ninguna relación con Faraón. Si así lo hubiese hecho,
siempre habrían surgido críticos alegando que Dios no había sido justo con Faraón. El tenía que darle a
Faraón una oportunidad de permitir que Israel fuese liberado para salir del país y, al mismo tiempo,
proveerle una ocasión de salvarse él mismo. Y eso es exactamente lo que El hizo. Pero también quiso
demostrar a Su pueblo lo que era capaz de hacer antes de conducirles al desierto. Quiso que los
israelitas supiesen que era capaz de llevarles a la tierra que había prometido a Abraham, Isaac y Jacob.
Esa historia sería contada una y otra vez durante 4.000 años, por medio de la celebración de la fiesta de
la Pascua.
Leamos ahora, los versículos 3 al 7:
3 Moisés y Aarón fueron a Faraón, y le dijeron: Así dice el SEÑOR, el Dios de los hebreos: “¿Hasta
cuándo rehusarás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.
4 “Porque si te niegas a dejar ir a mi pueblo, he aquí, mañana traeré langostas a tu territorio.
5 “Y cubrirán la superficie de la tierra, de modo que nadie podrá verla. También comerán el resto de lo
que ha escapado, lo que os ha quedado del granizo, y comerán todo árbol que os crece en el campo.
6 “Y llenarán tus casas, las casas de todos tus siervos y las casas de todos los egipcios, algo que ni tus
padres ni tus abuelos han visto desde el día que vinieron al mundo hasta hoy.” Y se volvió y salió de la
presencia de Faraón.
7 Y los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo este hombre nos será causa de ruina? Deja ir a los
hombres para que sirvan al SEÑOR su Dios. ¿No te das cuenta de que Egipto está destruido?

La advertencia no podía ser más grave, y también creíble. Nada menos que una plaga de langostas, que
consumiría lo que se hubiese salvado de la destrucción provocada por las destrucciones anteriores y
que, además se introduciría en las viviendas del pueblo egipcio. El soberano no sólo recibió las
advertencias de Moisés y Aarón que le dijeron “¿hasta cuándo rehusarás humillarte?” Porque los
propios siervos de Faraón se atrevieron a encararle con la misma pregunta “¿hasta cuándo?” ¿Acaso no
era consciente, en su obstinación, que la totalidad del país estaba siendo devastado y que toda su
población estaba a punto de alcanzar un estado de ruina total? El versículo 8 nos detalla la reacción de
aquella gente desesperada;
8 Entonces hicieron volver a Moisés y Aarón ante Faraón, y él les dijo: Id, servid al SEÑOR vuestro
Dios. ¿Quiénes son los que han de ir?

Y una vez más, vemos un aparente cambio de opinión, una actitud de sumisión y de apertura para dejar
salir a quienes se le indicase. Este párrafo comienza con los incidentes previos a la que sería
LA OCTAVA PLAGA: LAS LANGOSTAS
Para finalizar nuestra lectura de hoy, leamos solamente el versículo 9:
9 Y Moisés respondió: Iremos con nuestros jóvenes y nuestros ancianos; con nuestros hijos y nuestras
hijas; con nuestras ovejas y nuestras vacadas iremos, porque hemos de celebrar una fiesta solemne al
SEÑOR.

En nuestro próximo programa veremos por qué Moisés insistió en que debía salir todo el pueblo,
incluyendo la totalidad de los miembros de las familias y también sus ganados. La pregunta previa del
Faraón “¿quiénes son los que han de ir?” escondía no solo su inquietud sino un propósito determinado.
Aquí vemos nuevamente ese núcleo duro, inflexible de su voluntad, que ni siquiera los más duros
sufrimientos y calamidades sobre él mismo, y sobre su pueblo, habían podido quebrar. A pesar de haber
recibido pruebas tan contundentes del poder de Dios, y de que las amenazas de sus mensajeros Moisés
y Aarón se iban haciendo realidad inexorablemente, le vemos dispuesto a resistir y con la misma
actitud desafiante y rebelde que tuvo durante sus primeros encuentros en que se le había comunicado el
pedido de liberación para el pueblo oprimido.
¿Hubo en alguna de estas reacciones de Faraón alguna medida de sinceridad, aunque superada por su
terquedad y la fortaleza de su determinación de no ceder? No lo parece así, teniendo en cuenta la
rapidez con que volvía a poner en evidencia su rebeldía, aun en medio de una serie de situaciones
catastróficas que iban agravando la situación, ya muy cercana al caos total. Incluso sus asesores le
instaron a ceder, pero nada pudo convencerle. Incluso, podemos decir que su oposición a Dios y a sus
mensajeros era cada vez mayor.
En la hora actual y con respecto a la Palabra de Dios, algunas personas se refugian en una aparente
indiferencia, mientras otras hacen ostentación de su oposición al mensaje de salvación que surge de la
obra de Jesucristo en la cruz, y de su triunfo sobre la muerte. Cabe recordar aquí, dos importantes
declaraciones del apóstol Pablo, escritas en su carta a los Romanos. La primera, parece dirigida
personalmente a personas parecidas a Faraón, aquel obstinado rey: dice así en 2:5,
Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de
la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,

Después de haber visto en nuestro estudio de hoy, nuevas manifestaciones del poder de Dios en
aquellos juicios, terminamos con la segunda declaración, registrada en 1:16, y que nos revela una nueva
dimensión del poder de Dios, en su relación con los seres humanos:
Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree;

(NOTA: si fuese necesario reducir algo, podrían eliminarse los siguientes versículos: 9:29, 30, 32 al 34)

© 2014 La Fuente de la Vida

Ante el faraón. Plaga de tinieblas. Anuncio de la


muerte de los primogénitos.
LFV 111

EXODO 10:10 – 11:10

Finalizábamos nuestro programa anterior con las escenas dramáticas en que habiéndose negado
nuevamente a dejar salir a Israel, el Faraón fue amenazado por Moisés y Aarón con el envío de una
plaga de langostas que cubriría todo el país de Egipto. La advertencia fue tomada en serio por los
sirvientes del soberano, quienes le rogaron que cediese, ante la perspectiva de destrucción total que se
cernía sobre todo el pueblo. Al enterarse Faraón de que el pueblo saldría llevándose a sus hijos y a todo
su ganado, reaccionó inmediatamente.
Leamos los versículos 10 y 11, que continúan relatando los momentos previos a
LA OCTAVA PLAGA: LAS LANGOSTAS (cont.)

10 Y él les dijo: ¡Así sea el SEÑOR con vosotros si os dejo ir a vosotros y a vuestros pequeños! Tened
cuidado porque tenéis malas intenciones.
11 No será así; id ahora sólo los hombres, y servid al SEÑOR, porque eso es lo que habéis pedido. Y
los echaron de la presencia de Faraón.

Faraón se enfadó mucho de que Moisés y Aarón no aceptasen su propuesta de que los adultos del
pueblo saliesen al desierto dejando a sus niños en Egipto. Sin duda Faraón sospechó que si todo el
pueblo saliese para un viaje de 3 días por el desierto, continuarían alejándose y jamás regresarían.
Quiso adelantarse a sus intenciones y evitarlo, sabiendo que si sus niños quedaban en Egipto, los
adultos estarían obligados a regresar.
Así como Faraón tentó a Moisés con sus soluciones de compromiso, los hijos de Dios en la actualidad
se enfrentan también con la tentación del compromiso, al ceder en sus convicciones frente a otros
valores que el mundo secular presenta como muy atractivos. Desde pequeños muchos han recibido
enseñanzas de un sistema que enfatiza la gran importancia y necesidad de lograr el éxito, de obtener la
mayor cantidad posible de dinero para lograr lo mejor en todos los órdenes de la vida, pero sin tener en
cuenta las enseñanzas del cristianismo y la prioridad de los valores espirituales. Incluso muchos padres
que profesan ser cristianos, al ambicionar ese futuro para sus hijos claudican ante esa forma de pensar y
olvidan su responsabilidad y tarea de formarles en los valores cristianos que Dios ha establecido en Su
Palabra. Como resultado de esa educación, que parecía tan prometedora, muchos jóvenes, al carecer de
una base espiritual firme, se han ido distanciando en su relación con el Señor, creyendo que podían
comprometerse simultáneamente con otros valores puramente materiales. Se trata de una tentación muy
sutil.
Volviendo a nuestro relato, Moisés y Aarón no aceptarían aquel compromiso con Faraón, al
considerarlo como una interferencia ajena a los propósitos de Dios, y esa actitud enfureció al soberano.
Pero su enojo no logró nada, porque otra plaga estaba a punto de llegar. Leamos los versículos 12 al 15:

12 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto, para traer la
langosta, a fin de que suba sobre la tierra de Egipto y devore toda planta de la tierra, todo lo que el
granizo ha dejado.
13 Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y el SEÑOR hizo soplar un viento del oriente
sobre la tierra todo aquel día y toda aquella noche; y al venir la mañana, el viento del oriente trajo las
langostas.
14 Y subieron las langostas sobre toda la tierra de Egipto y se asentaron en todo el territorio de Egipto;
y eran muy numerosas. Nunca había habido tantas langostas como entonces, ni las habría después.
15 Porque cubrieron la faz de toda la tierra, y la tierra se oscureció; y se comieron toda planta de la
tierra y todo el fruto de los árboles que el granizo había dejado. Así que nada verde quedó en árbol o
planta del campo por toda la tierra de Egipto.

Este juicio tan destructor que asoló a aquel país nos revela algunos detalles interesantes. Observemos
que no apareció milagrosamente, como algunas de las otras plagas. Un viento oriental trajo a las
langostas de otro lugar, posiblemente de Asia, donde vivían en grandes cantidades. El viento las
impulsó a través de una gran extensión del desierto y debían encontrarse bastante hambrientas cuando
llegaron al verde valle del río Nilo. Así que rápida y completamente despojaron a aquella zona de su
vegetación.
La langosta es usada en las Sagradas Escrituras como un símbolo de juicio. Probablemente, una de las
calamidades más grandes que el ser humano podría enfrentar sería una plaga de langostas. En el libro
de Joel, en el Antiguo Testamento, el profeta describió una plaga de langostas en un pasado
determinado, como un hecho histórico, y después predijo un juicio que aun es futuro para la
humanidad. En el libro del Apocalipsis, en el Nuevo testamento, se menciona también una gran plaga
de langostas que vendrá sobre la tierra. Estos grandes insectos probablemente tuvieron sobre aquel país
de Egipto un efecto destructivo mayor que cualquiera de las plagas que anteriormente habían caído
sobre aquella tierra. Leamos los versículos 16 al 20:
16 Entonces Faraón llamó apresuradamente a Moisés y a Aarón, y dijo: He pecado contra el SEÑOR
vuestro Dios y contra vosotros.
17 Ahora pues, os ruego que perdonéis mi pecado sólo esta vez, y que roguéis al SEÑOR vuestro Dios,
para que quite de mí esta muerte.
18 Y Moisés salió de la presencia de Faraón y oró al SEÑOR.
19 Y el SEÑOR cambió el viento a un viento occidental muy fuerte que se llevó las langostas y las
arrojó al mar Rojo; ni una langosta quedó en todo el territorio de Egipto.
20 Pero el SEÑOR endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel.

Por segunda vez, Faraón admitió su culpa y pecado. (La primera vez había sido durante la plaga del
granizo, en 9:31, como vimos en nuestro programa anterior) Y cabe observar también que Dios siguió
un método en la manera sistemática y ordenada en que estaba enviando las plagas. Las primeras plagas
fueron dirigidas contra los diferentes dioses, diosas e ídolos que infestaban a aquel país. Ahora Dios
estaba comenzando a enviar las plagas en una forma en que producían una severa privación sobre las
personas, obligándolas a luchar por su supervivencia. La plaga de langostas causaba seguramente esas
penurias y el pueblo trató de convencer al Faraón de la extrema gravedad de la situación. Ello causó
que éste, temporalmente, se arrepintiese. Pero sin embargo, tan pronto como la plaga fue removida,
Faraón cambió de opinión y volvió a su postura original. Así que Dios iba a obligarle a permitir la
liberación de los israelitas.
Pasemos a un nuevo párrafo en nuestra lectura, que nos describirá
LA NOVENA PLAGA: LA OSCURIDAD

Leamos los versículos 21 al 23:


21 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la
tierra de Egipto, tinieblas tales que puedan palparse.
22 Extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas en toda la tierra de Egipto por tres
días.
23 No se veían unos a otros, nadie se levantó de su lugar por tres días, pero todos los hijos de Israel
tenían luz en sus moradas.

¿Has estado alguna vez en algún lugar donde la oscuridad era total y tan impenetrable que hasta parecía
que se podía sentir o palpar? En una situación así, en el mejor de los casos permaneceríamos inmóviles
aunque podríamos perder el control y ser presas del pánico. Fue esa inmensa negrura, una densa
oscuridad la que cubrió como un manto al país de Egipto en pleno día. El juicio estaba dirigido contra
Ra, el dios del sol. Dios intervino con la oscuridad contra aquel dios que ellos adoraban. El disco solar
es el símbolo más conocido que utilizaban los egipcios, y que está presente en su obra artística. Por eso
esta plaga ponía en evidencia la absoluta impotencia de aquel dios Ra y fue un milagro de Dios. Es
interesante observar que los israelitas tenían luz en sus viviendas. Por cierto, Egipto, en el contexto
Bíblico, es un símbolo del mundo como sistema alejado de Dios. Aquí es oportuno recordar que, tal
como lo registraba el Evangelio según Mateo 5:14, Jesús les dijo a sus discípulos “Vosotros sois la luz
del mundo”, es decir, que eran una luz que no debía esconderse, sino que tenía que ser vista por todos.
Esa luz tenía dos funciones: indicar el camino vivo y verdadero, que es Jesucristo y, al mismo tiempo,
pronunciar un juicio para los que no la poseen. Esta claro que esa luz procede de Dios e ilumina a los
suyos. Esa luz es Dios mismo. En este sentido, el apóstol Juan escribió en su primera carta 1:5, “Dios
es luz, y en El no hay tiniebla alguna”.
Y los egipcios que vigilasen la región de Gosén al ver aquel resplandor, habrán podido decir, “el Dios
de ellos es Luz, el nuestro, el dios Ra, no lo es”. Y este milagro hizo que Faraón propusiese su cuarto
compromiso, que fue el último que pretendió hacer antes de permitir que los israelitas saliesen del país.

El siguiente párrafo se refiere a


LAS DEMANDAS DEL SEÑOR PARA ISRAEL

Leamos el versículo 24:


24 Entonces llamó Faraón a Moisés y dijo: Id, servid al SEÑOR; sólo que vuestras ovejas y vuestras
vacadas queden aquí. Aun vuestros pequeños pueden ir con vosotros.

Podría pensarse que el dejar sus rebaños allí sería un compromiso que Moisés podría haber considerado
aceptable para los israelitas. Faraón había llegado bastante lejos en hacer concesiones a Moisés y ésta,
aparentemente, habría resultado apropiada. Pero Moisés no estuvo dispuesto a hacer concesiones que le
llevasen a un compromiso con el enemigo de Dios, como nos cuentan los versículos 25 al 29:
25 Pero Moisés dijo: Tú también tienes que darnos sacrificios y holocaustos para que los sacrifiquemos
al SEÑOR nuestro Dios.
26 Por tanto, también nuestros ganados irán con nosotros; ni una pezuña quedará atrás; porque de ellos
tomaremos para servir al SEÑOR nuestro Dios. Y nosotros mismos no sabemos con qué hemos de
servir al SEÑOR hasta que lleguemos allá.
27 Pero el SEÑOR endureció el corazón de Faraón, y éste no quiso dejarlos ir.
28 Entonces Faraón dijo a Moisés: ¡Apártate de mí! Guárdate de no volver a ver mi rostro, porque el
día en que veas mi rostro morirás.
29 Y Moisés respondió: Bien has dicho, no volveré a ver tu rostro.

Llegamos así a
EXODO 11:1 – 10
TEMA; Dios dio instrucciones a los israelitas para que pidiesen a sus vecinos egipcios objetos de oro y
plata como pago por los años de arduo trabajo sin recibir sueldos; se amenazó con la muerte de los
hijos mayores de las familias egipcias, si no se permitiese salir a los israelitas; se anunció el pronóstico
de la “gran lamentación” que resonaría en Egipto si los egipcios daban lugar a que esa plaga viniese
sobre ellos.

En primer lugar, destacaremos algunas


OBSERVACIONES

Este es el capítulo final de esta sección que trata sobre el conflicto con Faraón. La muerte de los hijos
mayores fue el acto final del juicio sobre Egipto antes de que los israelitas fuesen liberados de la
esclavitud. Para aquel entonces Faraón tendría que haber aprendido que era inútil implicarse en un
conflicto con Dios. Dios había sido paciente, dispuesto a perdonar, pero tenía que hacer comprender a
Faraón que había llegado el momento de que los israelitas saliesen de Egipto. Todo el país se inclinaba
instintivamente, quizás, a tomar partido a favor de Faraón, en su conflicto con Dios, y El tenía que
asestar un golpe final sobre Egipto en Su intento de enseñarles las lecciones que aun necesitaban
aprender.
Leamos el párrafo que narra como
LOS ISRAELITAS PIDIERON LAS JOYAS DE LOS EGIPCIOS

Leamos, pues, los versículos 1 al 3:


Y el SEÑOR dijo a Moisés: Una plaga más traeré sobre Faraón y sobre Egipto, después de la cual os
dejará ir de aquí. Cuando os deje ir, ciertamente os echará de aquí completamente.
2 Di ahora al pueblo que cada hombre pida a su vecino y cada mujer a su vecina objetos de plata y
objetos de oro.
3 Y el SEÑOR hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios. Además el mismo Moisés era muy
estimado en la tierra de Egipto, tanto a los ojos de los siervos de Faraón como a los ojos del pueblo.

La idea expresada en estos versículos era que Dios les permitió a los israelitas que fuesen compensados
por los sueldos atrasados, pues habían trabajado por muchos años como esclavos sin haber recibido
ningún pago por su trabajo. De esa manera recuperarían su dinero. Por ello se dirigieron a sus vecinos
para pedirles lo que se les debía. Y el Señor hizo que obtuviesen el favor de los Egipcios, siendo bien
recibidos por ellos, que les trataron bien, pagándoles con agrado lo que era justo.
El último párrafo de este breve capítulo relata como
LOS HIJOS MAYORES DE EGIPTO FUERON AMENAZADOS DE MUERTE

Leamos los versículos 4 al 10:


4 Y Moisés dijo: Así dice el SEÑOR: “Como a medianoche yo pasaré por toda la tierra de Egipto,
5 y morirá todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su
trono, hasta el primogénito de la sierva que está detrás del molino; también todo primogénito del
ganado.
6 “Y habrá gran clamor en toda la tierra de Egipto, como nunca antes lo ha habido y como nunca más
lo habrá.
7 “Pero a ninguno de los hijos de Israel ni siquiera un perro le ladrará, ni a hombre ni a animal, para
que entendáis cómo el SEÑOR hace distinción entre Egipto e Israel.”
8 Y descenderán a mí todos estos tus siervos y se inclinarán ante mí, diciendo: “Sal, tú y todo el pueblo
que te sigue”; y después de esto yo saldré. Y Moisés salió ardiendo en ira de la presencia de Faraón.
9 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Faraón no os escuchará, para que mis maravillas se multipliquen
en la tierra de Egipto.
10 Y Moisés y Aarón hicieron todas estas maravillas en presencia de Faraón; con todo, el SEÑOR
endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó salir de su tierra a los hijos de Israel.

Ahora bien, los hijos mayores de las familias y de los animales, pertenecían a los dioses de Egipto. Y el
Señor Dios reclamaría los primeros frutos que les correspondían a los dioses egipcios. Iba a demostrar
que había una diferencia entre aquellos israelitas y egipcios. La diferencia no consistía en el ángel de la
muerte que pasaría por las zonas de Egipto y la región de Gosén, ni tampoco en el hecho de que unos
fuesen de raza judía y los otros no. La diferencia se basaba en la sangre del cordero colocada sobre los
marcos de las puertas de las casas. Toda vivienda protegida por la sangre no sería tocada por el ángel de
la muerte. Este sería el comienzo de la más antigua fiesta de los judíos: la fiesta de la Pascua. Y la
Pascua fue una de las más elocuentes figuras del Señor Jesucristo registradas en el Antiguo Testamento.
El último versículo es un breve resumen del capítulo anterior en el que, en efecto, vimos que Moisés y
Aaròn realizaron milagros y prodigios de parte de Dios. Sin embargo Faraón se obstinó en no permitir
la salida de los israelitas.
En nuestro estudio de hoy hemos considerado aquella impresionante plaga de la oscuridad, en la que
Dios quiso demostrar Su poder al dirigir su ataque a las fuerzas de la idolatría, el fanatismo y la
superstición de aquel pueblo, personificadas en el ídolo que habían construido para honrar y adorar a su
dios del sol. Mirando a nuestro tiempo, a pesar del resplandor transitorio de muchos logros humanos,
podemos percibir cómo una densa oscuridad espiritual ha invadido la mente de muchas personas. Hoy
hemos visto uno de los juicios de Dios sobre aquella generación. Cabe recordar aquí que el Evangelio
según Juan, en 3:19, declaraba que
Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues
sus acciones eran malas.

Hemos leído que Dios manifestó a aquellos pueblos, a los egipcios y a los israelitas, Su poder para
vencer a los poderes de la oscuridad. La Biblia declara que Dios es luz, y El se acerca hoy a tu vida
para liberarte de toda oscuridad. Estimado oyente, te invito a contemplar la luz que puede invadir todos
los rincones de tu vida, para salvarte y para transformarte. No se trata de una invitación mía, porque no
es una invitación humana. Solo te transmito la invitación de Jesús que es, indudablemente, una buena
noticia. Porque cuando Jesucristo vino a esta tierra pronunció las siguientes palabras escritas en el
Evangelio de Juan, capítulos 12:46 y 8:12:
Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas. Yo soy la
luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida.

© 2014 La Fuente de la Vida

La Pascua.
LFV 112

EXODO 12:1 – 13

TEMA; Los israelitas comenzaron un año religioso, además de su año civil; se instituyó la fiesta de la
Pascua; se dieron los detalles del rito de la Pascua; se produjo la muerte de los hijos mayores y los
israelitas fueron echados del país de Egipto.

En primer lugar, haremos algunas

OBSERVACIONES

La fiesta de la Pascua fue instituida como un acto conmemorativo de la liberación de Israel de Egipto y
de su adopción como nación del Señor. La Pascua era un festival que estableció el fundamento de la
nación con una nueva relación con Dios.
Pasaremos ahora a considerar el
EL COMIENZO DEL AÑO RELIGIOSO DE ISRAEL

El capítulo 12 representa la culminación del libro del Éxodo. Aquí encontramos la institución de la
fiesta de la Pascua, que es una figura de lo que el apóstol Pablo hablaba en su primera carta a los
Corintios 5:7: Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. Es como si en este capítulo
encontrásemos a Jesucristo. Leamos los versículos 1 y 2:
Y el SEÑOR habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:
2 Este mes será para vosotros el principio de los meses; será el primer mes del año para vosotros.

Este capítulo nos conduce a una nueva división en el libro del Éxodo. La primera división, formada por
los capítulos 1 al 11, se ocupa de Moisés, el libertador. Los capítulos 12 al 14 desarrollan el tema de la
liberación de Israel. Primero aparece el libertador y luego se produce la liberación. En realidad, la
liberación no fue llevada a cabo por Moisés, sino que fue lograda primero por medio de la sangre. Se
trataba de la fiesta de la Pascua, de la muerte de los hijos mayores. Luego, en los capítulos 13 y 14, por
una manifestación de poder, tuvieron lugar el cruce del Mar Rojo y la destrucción del ejército egipcio.
Por eso decimos que Dios les liberó por medio de la sangre y del poder. Y nuestra salvación, nuestra
redención hoy, se realiza también a través de la sangre y el poder. La sangre que el Señor Jesucristo
derramó al morir en la cruz pagó el castigo por nuestros pecados. Y el Espíritu Santo convierte esa
salvación en un hecho real y eficaz en nuestros corazones pecaminosos. El profeta Zacarías, en su libro
4:6, dice:

“No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu”—dice el SEÑOR de los ejércitos.

La redención es la obra del Señor Jesús en la cruz por nosotros y la obra del Espíritu Santo en nosotros.

Los versículos 1 y 2 de este capítulo nos hablan del nacimiento de una nación. Cuando Israel entró en
Egipto, lo hizo como una familia. Cuando efectuaron su salida, se retiraron como una nación. El detalle
interesante aquí es que Dios colocó el énfasis sobre la familia porque fue ésta la que constituyó los
componentes básicos que dieron lugar a la formación de la nación. Recordemos que Faraón había
obligado a los israelitas a que fabricasen ladrillos sin paja. Durante todo el tiempo que Israel vivió en el
cautiverio Dios estuvo modelando a los individuos y a las familias que habrían de formar la nación;
( fue como si El hubiera estado preparando aquellos ladrillos utilizando la paja de los individuos, para
edificar la nación.) Se ha llegado a decir que ninguna nación es más fuerte que las familias que la
componen. Para Israel había llegado la hora cero y la cuenta atrás para el éxodo de los israelitas de
Egipto, que comienza en este capítulo.
Llegamos así al pasaje Bíblico que trata sobre la
INSTITUCION DE LA FIESTA DE LA PASCUA
Leamos el versículo 3:
3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: “El día diez de este mes cada uno tomará para sí
un cordero, según sus casas paternas; un cordero para cada casa.

En este versículo se enfatizan dos puntos: (1) la sangre y (2) la familia. Los israelitas se habían
convertido en una nación y Dios iba a liberarles, pero lo haría por familias, y por individuos en la
familia. Tenía que haber un cordero en cada casa. Su sangre debía ser rociada sobre los marcos de las
puertas. Continúa diciendo el versículo 4:
4 “Mas si la casa es muy pequeña para un cordero, entonces él y el vecino más cercano a su casa
tomarán uno según el número de personas; conforme a lo que cada persona coma, dividiréis el cordero.

Este versículo no dice nada de que el cordero fuese demasiado pequeño para la casa. Este no sería el
caso porque el cordero sería adecuado en cualquier caso. Sin embargo, era posible que la familia fuese
demasiado pequeña para el cordero. Dios estaba interesado en cada individuo miembro de la familia.
Cada familia debía disponer de un cordero pero, ¿que sucedería si la familia fuese poco numerosa, por
ejemplo, si un hombre y su mujer no tuviesen hijos, o tuviesen hijos casados que viviesen
independientes de sus padres? En este caso se esperaba que la pareja se uniese a vecinos que estuviesen
en la misma situación y dividiesen el cordero. Todo miembro de cada familia debía recibir una parte del
cordero. Porque la celebración de la fiesta de la Pascua tenía que ser un asunto personal y privado. Es
cierto que implicaba salvación y redención para la nación, pero estaba centrada en la familia. La
pascua, entonces, debía ser recibida y aceptada por cada individuo miembro de la familia, porque se
trataba de una cuestión familiar.
Dios estaba presentando el procedimiento por el cual El iba a salvar a los individuos. Nadie será salvo
por ser miembro de una nación, o de una familia. Veamos, por el ejemplo, el relato del carcelero de
Filipos y la salvación de su familia, registrado en el libro de los Hechos 16. Su familia no fue salva
porque el carcelero creyó sino porque (expresándolo en los términos del libro del Éxodo) cada
miembro de la misma aceptó un pacto con el Cordero; cada uno tuvo que participar del Cordero. Y ese
fue el caso en nuestro pasaje de hoy. Cada miembro de la familia tuvo que demostrar su fe de esta
manera. La frase pronunciada ante el carcelero de Filipos, fue “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tu
y toda tu casa” Esto no significa que si tu crees, tu familia será salva. Los miembros de tu familia
tendrán que creer en el Señor Jesucristo y entonces, serán salvados. Así como en la celebración de la
Pascua, cada uno debía participar y compartir ese acto de fe para colocarse bajo la protección y la
redención de la sangre que se encontraba fuera, rociada en el marco de la puerta de la casa.
Hemos llegado al relato de una noche fatal para aquel país de Egipto. La plaga final estaba a punto de
llegar sobre el pueblo. Los israelitas que habitaban en la región de Gosén fueron preservados de los
efectos de las 3 últimas plagas y el pueblo de Dios había sido librado del juicio, pero no habían sido
redimidos, liberados. Ahora, sí tenían que ser salvados, redimidos, y mostrar su fe en aquella sangre.
Continuemos leyendo los versículos 5 y 6:
5 “El cordero será un macho sin defecto, de un año; lo apartaréis de entre las ovejas o de entre las
cabras.
6 “Y lo guardaréis hasta el día catorce del mismo mes; entonces toda la asamblea de la congregación de
Israel lo matará al anochecer.

Esta sección de las Escrituras es bastante interesante. Observamos que cada familia tenía un cordero.
Aquella noche deben haber matado miles de corderos, porque dice el versículo 6, “toda la asamblea de
la congregación de Israel lo matará al anochecer” Todos aquellos corderos representaban a otro
Cordero que vendría en el futuro. Dios miró a todos los corderos como si fuesen aquel único Cordero,
el Señor Jesucristo, que fue el Cordero de nuestra Pascua; fue muerto en sacrificio por nosotros. Esta
fiesta claramente señalaba a la venida del Señor Jesucristo al mundo. Dice el versículo 7:
7 “Y tomarán parte de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo
coman.

Los israelitas tenían que colocar la sangre del cordero fuera, sobre el marco de la puerta de la casa. Al
ver la sangre, el ángel de la muerte pasaría por alto aquella casa.
Dentro de la vivienda, la familia estaría comiendo el cordero, y por la fe, es como si estuvieran
participando de Cristo. Los niños, no sabrían qué estaba ocurriendo. Entonces, ¿corrían peligro de
muerte por no haber llegado a la edad de asumir responsabilidades? No. Porque la sangre cubría con su
protección a cada miembro de la familia. Continuemos la lectura Bíblica con el versículo 8:
8 “Y comerán la carne esa misma noche, asada al fuego, y la comerán con pan sin levadura y con
hierbas amargas.

Cada una de las instrucciones relacionadas con esta fiesta tenía un significado específico y un mensaje.
Este versículo nos habla del compañerismo de la familia. Los miembros de la familia comenzaban
juntos la celebración de la Pascua. También se nos dice que tenían que comer la carne del cordero asada
al fuego. El fuego nos habla de juicio, porque tiene que haber un juicio del pecado. Debían comer el
cordero con pan sin levadura. La levadura representa al pecado y el pan sin levadura simboliza a Cristo
como aquel de quien tenemos que alimentarnos. Además, debían participar de esta comida con hierbas
amargas. Aunque existen diversos significados atribuidos a estas hierbas, en este contexto creo que
ilustran el hecho de que la experiencia humana, nuestras experiencias, no siempre serán gratas después
de haber recibido a Jesucristo como nuestro Salvador. Así es que las hierbas amargas acompañan a la
redención. Leamos el versículo 9:
9 “No comeréis nada de él crudo ni hervido en agua, sino asado al fuego, tanto su cabeza como sus
patas y sus entrañas.

El cordero sacrificado no podía comerse crudo porque representaba al juicio del pecado en las vidas
humanas, lo cual requería un sacrificio y el fuego que simbolizaba al juicio. Cuando un ser humano
acude a Jesucristo, viene como un pecador. Tampoco podía el cordero ser cocido en agua. Esto significa
que debemos confiar en Cristo y sólo en El. Hay personas que tratan de añadir otros elementos a la obra
de la salvación. Además, todo debía ser asado al fuego. Era el juicio del fuego. Continuemos leyendo
los versículos 10 al 12:
10 “Y no dejaréis nada de él para la mañana, sino que lo que quede de él para la mañana lo quemaréis
en el fuego.
11 “Y de esta manera lo comeréis: ceñidos vuestros lomos, las sandalias en vuestros pies y el cayado en
vuestra mano, lo comeréis apresuradamente. Es la Pascua del SEÑOR.
12 “Porque esa noche pasaré por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto,
tanto de hombre como de animal; y ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo, el SEÑOR.

La idolatría que reinaba en Egipto y de la que iban a salir los israelitas, era como un símbolo del
mundo. Debían comer apresuradamente y preparados para salir de viaje. Estimado amigo, cuando
vengas a Jesucristo, deberás acudir vestido y preparado para salir del área mundana, controlada por el
sistema que se opone a Dios, apartándote de sus valores y sin involucrarte en nada de lo que caracteriza
a esa zona de influencia. No creas que puedes convertirte a Jesucristo y continuar viviendo bajo el
control del pecado. Esto no significa que no cometas, ocasionalmente, algún pecado o acción que Dios
desapruebe. Más bien quiere decir que no desarrollarás el hábito de vivir de acuerdo con un modelo
pecaminoso, ajeno y opuesto a las enseñanzas de la Palabra de Dios.
Dios dirigió estas plagas, una por una, contra los principales dioses de Egipto. Todos aquellos dioses
demandaban la ofrenda de los hijos mayores de cada familia. Por eso Dios concentró sus ataques contra
todos los ídolos que representaban a los falsos dioses de aquel país.
Leamos ahora el último versículo del pasaje designado para el programa de hoy; el versículo 13;
13 “Y la sangre os será por señal en las casas donde estéis; y cuando yo vea la sangre pasaré sobre
vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros cuando yo hiera la tierra de Egipto.

Los israelitas no fueron salvados por formar parte de le descendencia del patriarca Abraham. Si los
egipcios hubiesen obedecido los mandatos de Dios, también ellos se habrían salvado. Dios dijo:
“cuando yo vea la sangre pasaré sobre vosotros”. Nadie fue salvo porque estuviese viviendo de la
mejor manera que podía, por ser una buena persona o por ser honesto. No se les dijo que durante la
noche saliesen de sus casas para contemplar la sangre que estaba en los marcos de sus puertas. Solo
tenían que tener confianza y fe en la eficacia de aquella sangre. Tampoco fueron salvos por haber
cumplido con el rito y ceremonias de la circuncisión, o por pertenecer a un grupo practicante de alguna
religión. Reitero que Dios dijo: “Cuando yo vea la sangre, pasaré sobre vosotros”. Los miembros de las
familias no podían alegar ni obras, ni méritos personales, ni ninguna otra cosa. Por todo ello, ¿quiénes
fueron salvados aquella noche? Aquellos que creyeron en Dios, aquellos que rociaron la sangre por los
marcos de las puertas, confiando en su eficacia. Y aunque yo no pueda comprender completamente a
Dios y a Su obra redentora, creo en Su Palabra, creo en lo que El dice. Y El ha declarado que la sangre
derramada por Jesucristo me ha salvado y que ninguna otra cosa logrará mi redención y liberación.
Considerando una vez más la frase que nos habla de la importancia de la sangre durante aquella noche
de juicio, diré que la sangre, de ninguna manera era alguna señal mística o supersticiosa. Hay un gran
principio que abarca la totalidad de la palabra de Dios y es el siguiente; que sin derramamiento de
sangre no hay perdón de pecados. En otras palabras, Dios no puede, arbitraria y generosamente, cerrar
Sus ojos ante la realidad del pecado y no hacer nada al respecto, de la misma manera que un juez hoy
en día, cuando se le trae a un culpable, puede ignorar las demandas de la justicia. El juez tiene que
aplicar la ley al culpable y la culpa debe ser pagada, castigada. Algunos países pueden tener más o
menos laxitud o flexibilidad en la aplicación de las leyes. Pero la ley de Dios es inexorable en todo el
universo. La antigua declaración profética está vigente: “ el alma que peque, morirá” Y esa sentencia de
muerte está sobre todos nosotros. Pero Dios en su gracia, bondad y misericordia ha dispuesto que una
vida inocente pueda sustituir al culpable. Hasta que Jesucristo vino a este mundo, el sustituto era un
cordero. Al hacer llegar Jesucristo, El fue entonces, como lo describe el evangelio según Juan 1.29, “el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” Al recibir a Jesucristo, al creer en El, somos salvados
del juicio que merecemos como pecadores.
En aquella trágica noche de Egipto, se produjo la muerte del hijo mayor en cada casa que no estaba
protegida por la sangre. Es que la aplicación de ésta en los marcos de las puertas de las casas, era una
indicación de la fe de sus moradores, lo cual corresponde, en la actualidad, a depositar una fe personal
en la persona y la obra de Jesucristo en la cruz.
Estimado oyente, te agradecemos tu compañía y que hayas dedicado una parte de tu tiempo para
escucharnos. Nos despedimos, enfatizando la oportunidad que hoy Dios concede a los seres humanos
de responder al mensaje de las buenas noticias, al mensaje del Evangelio. En el Evangelio de Juan
3:36,están registradas las siguientes palabras de Jesús:
36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la
ira de Dios permanece sobre é .

Quisiéramos rogarte que escuches estas palabras, que están vigentes en nuestro tiempo, como dirigidas
personalmente para ti, por la Palabra misma de Dios. La verdad que expresan puede aplicarse a tu vida.
Son palabras vivas y eficaces. Tu mismo, tu misma, puedes pedirle a Dios que las convierta en realidad
a partir de este momento.

© 2014 La Fuente de la Vida

Significado de la Pascua. Muerte de los


primogénitos. Los israelitas salen de Egipto.
LFV 113

EXODO 12: 13 – 51

En nuestro programa anterior comenzamos con la institución de la fiesta de la Pascua y examinamos las
instrucciones para su celebración. Destacamos también el anuncio de la décima plaga, la de la muerte
de los hijos mayores y las advertencias del rociamiento con sangre en las puertas de las casas del
pueblo israelita, para evitar el juicio de Dios, como explicaba el versículo 13, con el que comenzaremos
nuestra lectura de hoy. En el libro de Levítico se encuentran las instrucciones para la fiesta de la Pascua
y de la fiesta del Pan sin Levadura que, de hecho, era una parte de la Pascua, aunque se celebraba
después de ésta. Leamos, pues, desde el versículo 13 hasta el 16:
13 “Y la sangre os será por señal en las casas donde estéis; y cuando yo vea la sangre pasaré sobre
vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros cuando yo hiera la tierra de Egipto.
14 “Y este día os será memorable y lo celebraréis como fiesta al SEÑOR; lo celebraréis por todas
vuestras generaciones como ordenanza perpetua.
15 “Siete días comeréis panes sin levadura; además, desde el primer día quitaréis toda levadura de
vuestras casas; porque cualquiera que coma algo leudado desde el primer día hasta el séptimo, esa
persona será eliminada de Israel.
16 “Y en el primer día tendréis una santa convocación, y otra santa convocación en el séptimo día;
ningún trabajo se hará en ellos, excepto lo que cada uno deba comer. Sólo esto podréis hacer.

Realmente, estas instrucciones no tenían nada que ver con el ángel de la muerte y su presencia en el
pueblo, ni con la salvación de los israelitas. Durante aquellos 7 días se celebraba una fiesta de
compañerismo y relación fraternal para aquellos que se encontraban dentro de sus casas. Era un deber
que tenían que cumplir pues Dios lo había ordenado y a la vez constituía un privilegio. Tenían que tener
una relación de compañerismo con Dios. Leamos también el versículo 17:
17 “Guardaréis también la fiesta de los panes sin levadura, porque en ese mismo día saqué yo vuestros
ejércitos de la tierra de Egipto; por tanto guardaréis este día por todas vuestras generaciones como
ordenanza perpetua.

Ellos comerían los panes sin levadura en su marcha por el desierto, durante 7 días, porque fueron
expulsados de Egipto durante la noche de la Pascua. Observemos que se trataba de pan sin levadura.
Los que comiesen pan con levadura, serían separados del pueblo, es decir apartados de la relación
fraternal con sus compañeros. (Como detalle adicional, la levadura es mencionada 8 veces entre los
versículos 14 y 20) Leamos ahora los versículos 19 y 20:
19 “Por siete días no habrá levadura en vuestras casas; porque cualquiera que coma algo leudado, esa
persona será separada de la congregación de Israel, ya sea extranjero o nativo del país.
20 “No comeréis nada leudado; en todo lugar donde habitéis comeréis panes sin levadura.”

La levadura simboliza el principio del mal. Representa a aquello que es malo y ofensivo. En el
Evangelio según Mateo 13, hay una parábola sobre una mujer que mezcló levadura con 3 medidas de
harina (para hacer fermentar toda la masa). La levadura no representa al Evangelio por ser, como
hemos indicado, un símbolo del principio del mal. Las 3 medidas de harina representan a la Palabra de
Dios y la levadura (o el mal) ha sido introducida en ella. Es sorprendente la cantidad de errores que se
enseñan. Es que la “levadura”, con todo lo que ella representa, está circulando mezclada con la
enseñanza de la Palabra. Muchos cultos y sectas utilizan la Biblia, incluyendo sus propias doctrinas
falsas. En estas instrucciones recibidas por los israelitas había una lección espiritual sobre lo que debían
evitar a partir de aquella fiesta.
Nuestro Señor puso en claro este asunto de la “levadura” en el citado Evangelio de Mateo. Mateo 16:6
explica que Jesús les dijo a sus discípulos: “Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y
saduceos.” Y según Mateo 16:11, continuó diciendo: “¿Cómo es que no entendéis que no os hablé de
los panes? Pero guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.” En aquel tiempo, los discípulos del
Señor, pensaron que El estaba refiriéndose al pan material. Más adelante entendieron que el Señor
estaba hablando de la doctrina de los Fariseos, que contenía ese principio del mal.
El pan sin levadura no es sabroso. En cuanto a la Palabra de Dios, es evidente que a muchas personas
no les agrada estudiar la Biblia, que es la Palabra de Dios pura y sin “levadura”. Les gusta asistir a la
iglesia por causa de sus relaciones sociales, o por motivos relacionados con el lugar como, por ejemplo,
la belleza de la liturgia. Pero no acuden allí atraídos por la Palabra de Dios, porque no la consideran
atractiva o no les parece lo suficientemente apetitosa como para alimentarse de ella. Es cierto que el
pan sin levadura no tiene ese sabor especial del pan normal con levadura. Pero la Palabra de Dios es el
mejor alimento espiritual para el hijo de Dios. Continuemos leyendo los versículos 21 al 23;
21 Entonces Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad del rebaño cordero para
vosotros según vuestras familias, y sacrificad la pascua.
22 Y tomaréis un manojo de hisopo, y lo mojaréis en la sangre que está en la vasija, y mancharéis con
la sangre que está en la vasija el dintel y los dos postes de la puerta; y ninguno de vosotros saldrá de la
puerta de su casa hasta la mañana.
23 Pues el SEÑOR pasará para herir a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos
postes de la puerta, el SEÑOR pasará de largo aquella puerta, y no permitirá que el ángel destructor
entre en vuestras casas para heriros.

Quizás nos hayamos preguntado cómo pintaron con sangre los postes o marcos de las puertas. Para ello
se utilizó el hisopo, que es una planta pequeña y suave al tacto, y que crece alrededor de las rocas. Para
mí el hisopo representa a la fe. Esta es la manera en que la sangre de Cristo es aplicada a tu corazón y a
tu vida y entonces confías en lo que Cristo ha hecho cuando murió por ti.
Llegamos ahora al momento de considerar
LA DECIMA PLAGA: LA MUERTE DE LOS HIJOS MAYORES

Esta sería el último juicio y la última plaga que vendría sobre aquel país, y para la cual Dios había
preparado a Su pueblo. La tierra de Gosén no había resultado afectada por las últimas 3 plagas, pero no
podría escapar a las consecuencias de esta última a menos que la sangre estuviese en los marcos de las
puertas. Cualquier egipcio podría haber seguido el ejemplo de los israelitas, creyendo en Dios y
siguiendo las indicaciones en cuanto a la sangre; entonces, el ángel de la muerte habría perdonado al
hijo mayor de esas familias. Hablando ahora de nuestra época, creo que muchos se van a sorprender en
un día futuro, cuando lleguen ante la presencia de Jesús y el no les pregunte a qué iglesia pertenecían.
Si tú has confiado en Cristo como tú Salvador, el Espíritu Santo te ha bautizado introduciéndote en el
cuerpo espiritual de creyentes y, en ese caso, tú eres miembro de la verdadera iglesia.
Continuemos con nuestra lectura, con los versículos 29 y 30:
29 Y sucedió que a la medianoche, el SEÑOR hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el
primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que estaba en la
cárcel, y todo primogénito del ganado.
30 Y se levantó Faraón en la noche, él con todos sus siervos y todos los egipcios; y hubo gran clamor
en Egipto, porque no había hogar donde no hubiera alguien muerto.

Este último juicio demandó la vida del hijo mayor de cada casa. Hasta ese momento Dios no había
tocado vidas humanas. En esta plaga sí lo hizo. Pero no debemos pensar en Dios como si hubiera sido
un asesino. La Biblia nos cuenta que cuando el patriarca Job perdió a sus hijos porque Dios había
permitido que Satanás causase su muerte, exclamó:
El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó;
bendito sea el nombre del SEÑOR.
El creador de la vida tiene la autoridad para quitarla. Y tenemos que considerar pasajes como el que
hoy estudiamos en el contexto de una guerra espiritual, que tiene heridos y muertos, entre Dios y Su
adversario, entre el bien y el mal; lucha que se va desarrollando a través de la historia por medio de
acontecimientos trágicos que nuestra mente limitada no alcanza a comprender. En cualquier caso,
sabemos que Dios vencerá en la batalla final.
Nos toca ahora considerar los acontecimientos del día en que
LOS ISRAELITAS FUERON ECHADOS DE EGIPTO

En aquella noche, Faraón se levantó. Veamos lo que sucedió leyendo los versículos 31 y 32:
31 Entonces llamó a Moisés y a Aarón aún de noche, y dijo: Levantaos y salid de entre mi pueblo,
vosotros y los hijos de Israel; e id, adorad al SEÑOR, como habéis dicho.
32 Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacadas, como habéis dicho, e idos, y bendecidme
también a mí.

En aquel conflicto, al fin, Faraón tuvo que ceder. Hasta ese momento se había mostrado reacio a
acceder a las demandas de Moisés. Pero esta trágica plaga afectó a su propio hijo. Dios no había
comenzado esta lucha tocando las vidas de los hijos mayores, sino transformando la vara de Aarón en
un reptil. Las reacciones iniciales de Faraón consistieron en una constante incitación a la violencia,
oprimiendo aun con mayor dureza las precarias condiciones de vida de un pueblo que vivía en la
esclavitud. Y después fueron llegando sucesivamente las plagas, precedidas por advertencias de Moisés
y Aarón como mensajeros de Dios. Si Faraón hubiese creído en Dios, los israelitas podrían haber salido
de aquel país y entonces, los juicios se habrían evitado completamente. Por lo tanto, la culpa no debe
ser atribuida a Dios. Continuemos con el relato, y veamos la enorme tensión que se produjo, leyendo el
versículo 33:
33 Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa en echarlos de la tierra, porque decían: Todos
seremos muertos.

Los egipcios no sabían hasta donde llegaría el juicio de Dios y cuándo se terminaría. Los hijos mayores
ya habían muerto. ¿Qué haría Dios después? Debieron pensar que el siguiente paso sería la muerte de
todos los egipcios. Así que Faraón y el pueblo, temiendo por sus vidas, apremiaron a los Israelitas para
que se retirasen del país lo antes posible. Dicen los versículos 34 al 36:
34 Tomó, pues, el pueblo la masa, todavía sin levadura, en sus artesas de amasar envueltas en paños, y
se las llevaron sobre sus hombros.
35 Los hijos de Israel hicieron según las instrucciones de Moisés, pues pidieron a los egipcios objetos
de plata, objetos de oro y ropa.
36 Y el SEÑOR hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, que les concedieron lo que
pedían. Así despojaron a los egipcios.

Dios hizo que los egipcios tuviesen actitudes de buena voluntad hacia los israelitas y entonces les
entregaron lo que les pidiesen. Fue la manera que Dios utilizó para que los israelitas recuperasen los
sueldos atrasados de muchos años trabajando como esclavos en Egipto. Como, los egipcios les debían
tanto dinero, tuvieron que reponerlo por medio de aquellos objetos valiosos, que formaban parte de la
riqueza de Egipto. El versículo 37, nos detalla la cantidad de gente que salió:
37 Y partieron los hijos de Israel de Ramsés hacia Sucot, unos seiscientos mil hombres de a pie, sin
contar los niños.

Podría calcularse que, en total, habrán salido de Egipto, aproximadamente, bastante más de 1.000.000
de personas, contando a las mujeres y a los niños.
Dirijamos nuestra atención a otro hecho interesante, leyendo el versículo 38:
38 Subió también con ellos una multitud mixta, juntamente con ovejas y vacadas, una gran cantidad de
ganado.

Además de los israelitas que salieron de Egipto, salió con ellos una multitud muy variada, que incluyó
a alborotadores, es decir, personas que causarían muchos problemas en el campamento de Israel, y de
quienes se nos dan más detalles en el libro de Números 11. Objetivamente hablando, se trataba de hijos
nacidos de matrimonios mixtos entre egipcios con mujeres israelitas o viceversa, Los hijos de tales
uniones tuvieron que adoptar una decisión: o salían de la tierra de Egipto, o se quedaban con los
egipcios. Muchos de ellos salieron del país, pero también muchos se quedaron. Aquellos que salieron,
con frecuencia se preguntarían si habían cometido un error, y cuando surgieron problemas y
privaciones, fueron los primeros en quejarse. Es que no eran israelitas en un sentido estricto de la
palabra. Continuemos muestra lectura Bíblica con los versículos 39 al 42:
39 Y de la masa que habían sacado de Egipto, cocieron tortas de pan sin levadura, pues no se había
leudado, ya que al ser echados de Egipto, no pudieron demorarse ni preparar alimentos para sí mismos.
40 El tiempo que los hijos de Israel vivieron en Egipto fue de cuatrocientos treinta años.
41 Y sucedió que al cabo de los cuatrocientos treinta años, en aquel mismo día, todos los ejércitos del
SEÑOR salieron de la tierra de Egipto.
42 Esta es noche de vigilia para el SEÑOR por haberlos sacado de la tierra de Egipto; esta noche es
para el SEÑOR, para ser guardada por todos los hijos de Israel por todas sus generaciones.

La celebración de la fiesta de la Pascua se remonta al éxodo o salida de los israelitas de Egipto. Ellos
nunca debían olvidar tal evento, ni siquiera cuando se encontrasen a salvo habitando en la tierra
prometida. Como veremos más adelante al examinar el desarrollo histórico de este pueblo, en
numerosas ocasiones, se olvidaron de lo que el Señor Dios había hecho por ellos.
Sigamos leyendo los versículos 47 y 48
47 Toda la congregación de Israel la celebrará.
48 Pero si un extranjero reside con vosotros y celebra la Pascua al SEÑOR, que sea circuncidado todo
varón de su casa, y entonces que se acerque para celebrarla, pues será como un nativo del país; pero
ninguna persona incircuncisa comerá de ella.

Solo aquellos que por la fe se identificaran con el pueblo de Dios podrían participar de las ceremonias
de la fiesta de la Pascua. Pero aquella fiesta no sería un patrimonio exclusivo de los judíos. Si personas
o familias no pertenecientes a Israel, procedentes de otras naciones, querían identificarse con la fe de
los israelitas en Dios, podían participar de aquella celebración.
Finalmente por hoy, leamos los últimos versículos de este capítulo 12, desde el versículo 49 hasta el 51:
49 La misma ley se aplicará tanto al nativo como al extranjero que habite entre vosotros.
50 Y así lo hicieron todos los hijos de Israel; hicieron tal como el SEÑOR había mandado a Moisés y a
Aarón.
51 Y sucedió que aquel mismo día, el SEÑOR sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus
ejércitos.

En los próximos programas estaremos siguiendo la trayectoria de los israelitas en su salida de Egipto,
cruzando el Mar Rojo y viajando por el desierto. Y al hacerlo, iremos aprendiendo lecciones cuya
aplicación corresponde a las experiencias de nuestra vida cristiana en la actualidad. Como bien dijera el
apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios 10, todo lo que Dios permitió que le sucediese a aquel
pueblo quedó registrado en las Sagradas Escrituras como ejemplo para los cristianos, para los
creyentes, para que no caigamos en sus pecados ni errores, no nos desviemos hacia ninguna forma de
idolatría, ni caigamos en actitudes de rebelión contra Dios, como ellos hicieron.
Por tal motivo enfatizamos la lectura y el estudio de la Biblia. Es un libro antiguo y moderno. Ha sido
el libro adecuado para cada época de la historia de la humanidad. Es el libro apropiado para los tiempos
en que tú y yo vivimos. Sus enseñanzas y advertencias tienen la frescura y oportunidad de poder ser
aplicadas a los problemas actuales y a las oportunidades del día de hoy. Al abrirlo cada día y leer sus
páginas, te invitamos a adoptar una actitud serena, sensible y abierta, pidiendo a Dios que te ilumine,
para que El pueda revelarte Sus propósitos para ti.

© 2014 La Fuente de la Vida


Consagración de los primogénitos. La columna
de nube y fuego. Cruzan el Mar Rojo.
Persecución del Faraón y su. ejército
LFV 114

EXODO 13.1 – 14:10

TEMA; Los hijos mayores fueron apartados y consagrados a Dios; Se celebró una Pascua
conmemorativa; los hijos mayores entre los animales fueron colocados aparte; los israelitas salieron de
Egipto y llegaron a Etam; Dios guió a los israelitas por medio de una columna de nube durante el día, y
por una columna de fuego durante la noche.

Después de los estragos causados por la décima y última plaga, con la muerte de los hijos mayores de
las familias del país, los israelitas fueron obligados a salir de Egipto por un rey y su pueblo, temerosos
de que los juicios continuasen asolando a la población. El programa anterior terminaba con los detalles
de la salida de los israelitas y las instrucciones para la celebración de la pascua por parte de los
israelitas y personas de otras naciones.
El relato comienza con instrucciones concretas, porque
LOS HIJOS MAYORES DE ISRAEL FUERON CONSAGRADOS A DIOS

Los israelitas estaban saliendo de Egipto y dirigiéndose hacia el Mar Rojo. Leamos los versículos 1 al
3:
Entonces el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
2 Conságrame todo primogénito; el primer nacido de toda matriz entre los hijos de Israel, tanto de
hombre como de animal, me pertenece.
3 Y Moisés dijo al pueblo: Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la casa de esclavitud,
pues el SEÑOR os ha sacado de este lugar con mano poderosa. No comeréis en él nada leudado.

Los hijos mayores de Egipto habían muerto. Los dioses de Egipto habían considerado siempre a
aquellos hijos como propios y ahora, Dios reclamaba la consagración de los hijos mayores de Israel
como suyos. También hoy, aunque el quiere ocupar el primer lugar en la vida de los creyentes, muchos
no le dan ese primer lugar. El reclama lo mejor de nosotros y ser la prioridad máxima en todos los
aspectos. No es posible que la mayor parte de nuestra vida esté dedicada a nuestros intereses personales
o al ocio. Recordemos que El siempre ha bendecido a aquellos que han colocado a Dios en primer
lugar.
Los israelitas acababan de salir de Egipto donde, por años, habían servido como esclavos. Quizás
muchos se habrán sentido dolidos por el hecho de que, apenas liberados de la esclavitud el Señor les
reclamase la dedicación de sus hijos mayores para El. El Señor Jesucristo hace lo mismo por ti y por
mí. Nos libera de la esclavitud del pecado, nos salva, nos pone en libertad. En Su Palabra,
concretamente en el Evangelio según Juan 8:36 leemos lo siguiente: Así que, si el Hijo os hace libres,
seréis realmente libres. Pero el Señor desea que nos consagremos a El. Hemos sido comprados por un
precio muy elevado, la sangre preciosa de Jesucristo. Y El nos bendice cuando nos entregamos a El
voluntariamente, y le colocamos en el primer lugar de nuestra vida.
Continuemos leyendo los versículos 5 al 7:
5 Y será que cuando el SEÑOR te lleve a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del heveo y del
jebuseo, la cual juró a tus padres que te daría, tierra que mana leche y miel, celebrarás esta ceremonia
en este mes.
6 Por siete días comerás pan sin levadura, y en el séptimo día habrá fiesta solemne al SEÑOR.
7 Se comerá pan sin levadura durante los siete días; y nada leudado se verá contigo, ni levadura alguna
se verá en todo tu territorio.

En otras palabras, los israelitas debían celebrar la fiesta de la Pascua y la fiesta de los panes sin
levadura. Cuando salieron de Egipto se llevaron para su viaje sus amasaderas y la masa que estaba en
ellas. Esta era masa con levadura y Dios les dijo: “Quiero que os libréis de ella” Por 7 días tendrían que
comer el pan sin levadura y no deberían tener consigo pan con levadura ni permitir que lo hubiese en
sus casas. Pero había algo más; leamos el versículo 8:
8 Y lo harás saber a tu hijo en aquel día, diciendo: “Esto es con motivo de lo que el SEÑOR hizo por
mí cuando salí de Egipto.”

La celebración de esta fiesta debía pasar de una generación a otra, para que la gente siempre recordase
que Dios les había liberado de la esclavitud en Egipto. Continuemos leyendo los versículos 9 al 12:
9 Y te será como una señal en tu mano, y como un recordatorio en tu frente, para que la ley del SEÑOR
esté en tu boca; porque con mano fuerte te sacó el SEÑOR de Egipto.
10 Guardarás, pues, esta ordenanza a su debido tiempo de año en año.
11 Y sucederá que cuando el SEÑOR te lleve a la tierra del cananeo, como te juró a ti y a tus padres, y
te la dé,
12 dedicarás al SEÑOR todo primer nacido de la matriz. También todo primer nacido del ganado que
poseas; los machos pertenecen al SEÑOR.

Los primeros machos que naciesen del ganado de los israelitas, pertenecerían al Señor. Y añade el
versículo 13:
13 Pero todo primer nacido de asno, lo redimirás con un cordero; mas si no lo redimes, quebrarás su
cerviz; y todo primogénito de hombre de entre tus hijos, lo redimirás.

En el caso de la primera cría de una asna, deberían dar un cordero o un cabrito como rescate por el
asno. De acuerdo con Levítico 11, los asnos eran animales ceremonialmente impuros pero podían ser
redimidos por corderos sacrificados en su lugar. Y el hijo mayor de los israelitas sería redimido, como
veremos más adelante, por plata, que representaría al dinero del rescate. Leamos los versículos 14 y 15:
14 Y será que cuando tu hijo te pregunte el día de mañana, diciendo: “¿Qué es esto?”, le dirás: “Con
mano fuerte nos sacó el SEÑOR de Egipto, de la casa de servidumbre.
15 “Y aconteció que cuando Faraón se obstinó en no dejarnos ir, el SEÑOR mató a todo primogénito en
la tierra de Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el primogénito de los animales. Por esta
causa yo sacrifico al SEÑOR los machos, todo primer nacido de la matriz, pero redimo a todo
primogénito de mis hijos.”

La celebración recordaría a los israelitas que Dios les había liberado de la opresión en las tierras de
Egipto. De entre los hijos de las familias, el mayor tendría que ser redimido por la plata. En este
sentido, cabe recordar las siguientes palabras escritas por el apóstol Pedro en su primera carta, 1:18 y
19:
18 sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con
cosas perecederas como oro o plata,
19 sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.
Hay que subrayar que se pretendía que todas estas indicaciones debían ser explicadas a los hijos para
que vieran estos actos con la debida motivación, con un conocimiento pleno, para que no repitiesen los
ritos sin comprender su valor espiritual. Continuemos con la lectura Bíblica, en el versículo 17:
17 Y sucedió que cuando Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los
filisteos, aunque estaba cerca, porque dijo Dios: No sea que el pueblo se arrepienta cuando vea guerra y
se vuelva a Egipto.

Los israelitas acababan de salir de la esclavitud y no estaban preparados para la guerra. El camino más
corto para que llegasen a la tierra que Dios les había prometido corría a lo largo de la costa marítima.
Durante la guerra de los 6 días que tuvo lugar en 1967, los israelitas de desplazaron por la costa
marítima y expulsaron a los egipcios. Por supuesto aquellos disponían de preparación militar, carros de
combate y apoyo aéreo. Pero los israelitas de los tiempos Bíblicos, anteriormente esclavos, ni siquiera
tenían armas para luchar; así que Dios, por su gracia y misericordia, les condujo a través del desierto.
Era una ruta más larga para aquella lejana tierra, pero les evitaría encuentros con enemigos y guerras.
No tendrían que enfrentarse con enemigos hasta entrar en su nueva tierra. Tardaron 40 años en
atravesar el desierto y llegar a la tierra prometida. Como veremos más adelante, para ese entonces,
tendrían un ejército bien equipado.
Algunos piensan que Dios podía haberles liberado por un milagro. Esto es cierto, solo que el
razonamiento no es correcto. Hay cristianos que creen que Dios debería realizar un milagro por ellos en
cualquier momento, y se sienten con el derecho de pedir a Dios que intervenga por cualquier motivo o
circunstancia. No se trata de la capacidad de Dios para obrar milagros, porque El puede llevarlos a
cabo. Más bien, la cuestión es la forma o manera en que Dios quiera actuar, porque El sigue un plan.
Cuando resulte necesario, El hará un milagro a favor nuestro, pero únicamente para hacer Su voluntad
y cumplir Sus propósitos para nuestras vidas.
El Señor podría haber trasladado a los israelitas milagrosamente a la tierra de los filisteos, y si hubiesen
sido atacados por enemigos, les podía haber liberado de forma repentina. Cuando es necesario, Dios
está preparado para realizar milagros, pero solo con el propósito de cumplir Su voluntad. Y el
cumplimiento de Su voluntad es lo mejor que nos podría suceder.
Leamos a continuación el versículo 18:
18 Dios, pues, hizo que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto, hacia el mar Rojo; y en
orden de batalla subieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto.

En estas palabras vemos que los israelitas salieron de Egipto de forma ordenada, y no como una turba
incontrolada. Aunque aquella muchedumbre tan numerosa no era un ejército, cualquiera que les hubiera
contemplado a lo lejos, habría visto un grupo enorme pero bien organizado.
Observemos un detalle interesante en el versículo 19:
19 Y Moisés tomó consigo los huesos de José, pues éste había hecho jurar solemnemente a los hijos de
Israel, diciendo: Ciertamente os visitará Dios, y entonces llevaréis de aquí mis huesos con vosotros.

O sea que al salir de Egipto Moisés llevó los huesos de José. Un pasaje interesante de Génesis 50; 24,
dice:
24 Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir, pero Dios ciertamente os cuidará y os hará subir de esta
tierra a la tierra que El prometió en juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob.

Y Génesis 50:25, continúa diciendo:

25 Luego José hizo jurar a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os cuidará, y llevaréis mis
huesos de aquí.

Al menos 200 años habían transcurrido desde que José había pronunciado aquellas palabras, pero al fin
llegó el momento de su cumplimiento. Cuando el murió, era un héroe nacional y como tal, tuvo que ser
enterrado en Egipto. Pero, con el tiempo, surgió un Faraón que no conocía a José. Entonces, había
dejado de ser un héroe de su país y sus huesos podían ser trasladados fuera de Egipto sin que nadie
protestase.
José quería ser sepultado en la Tierra Prometida. Pero, ¿por qué remover sus restos mortales para
enterrarlos en la otra tierra? El libro del Génesis terminó sin que los hombres de fe de aquella época
viesen la promesa de la tierra hecha realidad. Pero la expectativa de una intervención divina parece
implícita en las palabras de Jose, que resumían la esperanza expresada en el Antiguo y en el Nuevo
testamento. Por ello, aquellos hombres y mujeres fieles murieron con la esperanza de la resurrección y
el cumplimiento de las promesas dadas a los patriarcas, con la llegada del Mesías prometido. Y ésa era
también la esperanza de Moisés. En consecuencia y por la fe, Moisés llevó los huesos de José a la
Tierra Prometida.
El último párrafo de este capítulo 13, describe el
VIAJE A ETAM BAJO LA GUIA DIVINA

Leamos los versículos 20 al 22:

20 Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto.


21 El SEÑOR iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de
noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche.
22 No quitó de delante del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la
noche.

Los israelitas estaban desplazándose hacia el muy cálido desierto que incluso Moisés calificaría como
“aquel vasto y terrible desierto”. Y lo atravesaron sin siquiera sufrir quemaduras por causa del calor
abrasador, porque tenían sobre ellos la protección de una columna de nube durante el día. Aquella
nación tuvo algo que ninguna otra jamás había tenido: la Gloria, la presencia visible de Dios. Cuando
en su carta a los Romanos 9:4, el apóstol Pablo estaba refiriéndose a sus parientes, dijo: “ . . . a quienes
pertenece la adopción como hijos, y la gloria . . . “ tenían con ellos la gloria, una manifestación que
pudieron contemplar, de la misma presencia de Dios.
Ni siquiera la Iglesia puede contemplar la presencia visible de Dios. A la iglesia no se le ha dado una
manifestación visible. El apóstol Pablo, en su carta a los Efesios 1:3, dice que Dios “nos ha bendecido
con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” Nosotros no necesitamos la presencia
visible de Dios para vivir por la fe. Ellos necesitaban aquella “gloria” porque en aquellos tiempos, la
salvación, la redención, aún no había sido cumplida en la historia. Solo se haría realidad con la venida
de Cristo al mundo.
Estos últimos versículos nos muestran que Dios había hecho preparativos para hacer frente a cualquier
contingencia, a fin de conducir a Su pueblo sin peligro a través del desierto.

EXODO 14: 1 – 10

TEMA; Dios dio instrucciones a los israelitas; Faraón comenzó a perseguirles con su ejército; los
israelitas mostraron su descontento y murmuraron; Moisés alentó a su pueblo; Dios le dio instrucciones
a Moisés; la columna de nube fue removida y los israelitas cruzaron el Mar Rojo; los egipcios les
siguieron por el camino abierto en el mar y se ahogaron.
El primer párrafo nos relatará como

FARAON Y SU EJERCITO PERSIGUIERON A ISRAEL

Leamos los versículos 1 al 3:


Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
2 Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar;
acamparéis frente a Baal-zefón, en el lado opuesto, junto al mar.
3 Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: “Andan vagando sin rumbo por la tierra; el desierto los ha
encerrado.”

Faraón tenía espías que vigilaban a los israelitas y, de todas maneras, los movimientos de una multitud
de tantos centenares de miles de personas habrían sido difíciles de ocultar. Faraón habrá esperado que
los israelitas iniciarían su por la ruta de la costa y para llegar hasta la tierra de los Filisteos. Cuando
comprobó que se encaminaban hacia el desierto pensó que estaban perdidos y no sabían a donde se
dirigían. Dios dijo que cuando el soberano pensase que estaban atrapados, les perseguiría. Era evidente
que Faraón les había dejado salir de mala gana. Y por otra parte, Dios no había terminado de tratar con
él, como veremos en el versículo 4:
4 Y yo endureceré el corazón de Faraón, y él los perseguirá; y yo seré glorificado por medio de Faraón
y de todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy el SEÑOR. Y así lo hicieron.

Uno podría pensar que los egipcios ya habían experimentado bastantes desastres, pero algo bastante
más grave y que les acabaría convenciendo, estaba a punto de ocurrir. Leamos los versículos 5 al 7:
5 Cuando le anunciaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, Faraón y sus siervos cambiaron de
actitud hacia el pueblo, y dijeron: ¿Qué es esto que hemos hecho, que hemos permitido que Israel se
fuera, dejando de servirnos?
6 Y él unció su carro y tomó consigo a su gente;
7 y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los demás carros de Egipto, con oficiales sobre todos
ellos.

Aquí vemos la magnitud de la fuerza militar que se puso en marcha contra los israelitas, en contraste
con la inferioridad de aquella multitud impotente, que incluía a mujeres, niños y al ganado. Leamos,
finalmente, los versículos 8 al 10:
8 Y el SEÑOR endureció el corazón de Faraón, rey de Egipto, y éste persiguió a los hijos de Israel,
pero los hijos de Israel habían salido con mano fuerte.
9 Entonces los egipcios los persiguieron con todos los caballos y carros de Faraón, su caballería y su
ejército, y los alcanzaron acampados junto al mar, junto a Pi-hahirot, frente a Baal-zefón.
10 Y al acercarse Faraón, los hijos de Israel alzaron los ojos, y he aquí los egipcios marchaban tras
ellos; entonces los hijos de Israel tuvieron mucho miedo y clamaron al SEÑOR.

Tenían sobrados motivos para clamar al Señor. Se encontraban entre dos fuegos. Las huestes de Egipto
estaban detrás de ellos y, por delante, el Mar Rojo. Humanamente hablando, difícilmente podríamos
imaginar a un grupo más indefenso y una situación más desesperada.
Estimado oyente. ¿No te has encontrado en alguna situación similar, en la cual no aparecía ninguna vía
de escape? Recuerda que cuando clames a Dios, El siempre llegará a tiempo. Aunque no lo parezca,
aunque pienses que ya has llegado al límite de tu resistencia y El parezca ausente, actuará en el
momento más oportuno. No olvidemos las experiencias que dieron lugar a las palabras del Salmo
107:6,
Entonces en su angustia clamaron al SEÑOR,
y El los libró de sus aflicciones;
Esperamos que el recuerdo de esta oración, que ha llevado consuelo y paz a tantas personas, pueda
dejarte la certeza de que Dios escucha, y Dios responde.

© 2014 La Fuente de la Vida

El ejército egipcio es cubierto por las aguas del


Mar.
LFV 115

EXODO 14: 10 – 31

En nuestro programa anterior vimos que, después de la décima y última plaga de la muerte de los hijos
mayores de cada familia, Faraón dejó salir a los israelitas. Pero, dándose cuenta de que estaban
huyendo, Faraón cambió de actitud y reforzando su ejército con 6oo carros, emprendió la persecución
de los israelitas. El párrafo con el que hoy comenzamos nuestro estudio, continúa describiéndonos
como
FARAON Y SU EJERCITO PERSIGUIERON A ISRAEL (cont.)

Leamos los versículos 10 y 11, que reflejaban la angustiosa situación de aquel pueblo:
10 Y al acercarse Faraón, los hijos de Israel alzaron los ojos, y he aquí los egipcios marchaban tras
ellos; entonces los hijos de Israel tuvieron mucho miedo y clamaron al SEÑOR.
11 Y dijeron a Moisés: ¿Acaso no había sepulcros en Egipto para que nos sacaras a morir en el
desierto? ¿Por qué nos has tratado de esta manera, sacándonos de Egipto?

Este era una pregunta irónica, especialmente en aquella época. Las grandes pirámides se habían erigido
como monumentos y tumbas para reyes. Las momias estaban enterradas en numerosos lugares. Casi se
podría decir que todo el país era como un gran cementerio y ellos preguntaron si no había suficientes
sepulcros en Egipto, como para haber muerto allí. Estaban convencidos que iban a morir en el desierto.
Y dice el versículo 12:
12 ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: “Déjanos, para que sirvamos a los egipcios”?
Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto.

En Egipto, los israelitas habían clamado por una liberación. Dios les proveyó una oportunidad de salir
de aquella esclavitud, y apenas salieron y se enfrentaron con el peligro, quisieron regresar.
Desgraciadamente, la reacción de los israelitas iba a ser muy similar en futuros momentos de coacción
y miedo, como comprobaremos más adelante por todo este libro del Éxodo. No tenían realmente
confianza en la ayuda de Dios. Sorprendentemente, al llegar el esperado momento de su liberación,
estaban llenos de desconfianza y temor.
Observemos lo que Dios iba a hacer por aquel pueblo. Sin Su ayuda estaban indefensos y desesperados.
Si iban a ser redimidos, Dios tendría que actuar. Quisiera que pudiéramos ser objetivos frente a
nosotros mismos en la hora actual, para ver si somos exactamente como ellos. Si pudiésemos viajar a la
luna con los astronautas y desde allí contemplar a nuestro pequeño planeta, veríamos a muchísimas
personas perdidas en su situación de pecado y rebelión contra Dios. En realidad, nuestro mundo es un
lugar sin esperanza; como un gran cementerio. En su carta a los Romanos 5:12, el apóstol Pablo dijo:
12 Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así
también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron;

El ser humano lleva más de 5.000 años transitando por el camino de la historia. Pero, ¿Hacia dónde se
dirige? Va en dirección a la sepultura. No es muy grato decir esto, pero es la verdad. El ser humano es
el fracaso más colosal en el universo de Dios.
Si continuamos nuestra lectura veremos que se produjo un vuelco en la situación, y se produjo
LA VICTORIA SOBRE EGIPTO

Miremos a aquellos israelitas. A menos que Dios entrase en acción, estaban condenados a una cruenta
derrota. De la misma manera, tú y yo nunca podríamos ser salvados, redimidos, a menos que Dios
interviniese. La redención es la obra del Señor. El profeta Jonás, en su libro, 2:9, dijo: “La salvación es
del Señor”. El rey David afirmó lo mismo y ése es el mensaje del Nuevo Testamento. Continuemos
leyendo el versículo 13:
13 Pero Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes y ved la salvación que el SEÑOR hará hoy por
vosotros; porque los egipcios a quienes habéis visto hoy, no los volveréis a ver jamás.

El Señor actuaría a favor de su pueblo; todo lo que ellos tenían que hacer era aceptar y recibir Su
salvación. Debían permanecer firmes y Dios realizaría el trabajo. Recuerda que no podemos hacer
nada, absolutamente nada, para lograr tu salvación. Todo lo que tienes que hacer es aceptar lo que Dios
ha hecho por ti. Leamos los versículos 14 al 16:
14 El SEÑOR peleará por vosotros mientras vosotros os quedáis callados.
15 Entonces dijo el SEÑOR a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en
marcha.
16 Y tú, levanta tu vara y extiende tu mano sobre el mar y divídelo; y los hijos de Israel pasarán por en
medio del mar, sobre tierra seca.

Dios traería la salvación a Su pueblo y la paz que experimentan las personas cuando sus pecados han
sido perdonados. Los israelitas debían permanecer firmes y tranquilos, sabiendo que verían esa
salvación de parte del Señor y, mientras ésta se llevaba a cabo tenían que atenerse, por la fe, a las
instrucciones recibidas. Esa fe debía ser evidente en todo momento.
Se han ofrecido muchas explicaciones sobre cómo los israelitas cruzaron el mar. En primer lugar, creo
que los historiadores y teólogos autorizados han dejado bien establecido que el éxodo de Israel fue un
hecho histórico. Para la mayoría de la gente el problema consiste en averiguar como cruzaron el Mar
Rojo. Algunos dicen que el viento impulsó las aguas haciendo que éstas retrocediesen. Pero, a ambos
lados del sendero abierto en el mar había dos paredes de agua. Otros sostienen que algún fenómeno
natural hizo retroceder al mar. Y otros afirman que sobrevino un terremoto en el momento preciso en
que la gente estaba preparada para cruzar el mar. Aquí hay que enfrentarse con la realidad de que
ocurrió un milagro. O aceptamos que lo hubo, o no. Dios, de forma milagrosa abrió el mar dividiéndolo
para que el pueblo lo cruzase por tierra seca.
Así fue que cruzaron el mar a pie enjuto, porque no había suficiente agua como para que se mojasen los
pies. Sería difícil explicar este hecho a parte de un verdadero milagro.
Leamos ahora el versículo 17:
17 Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que entren a perseguirlos; y me glorificaré
en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería.

Si hubiéramos estado al borde de las aguas en el momento en que Faraón y su ejército comenzaron a
perseguir a los israelitas a través del mar, podríamos haber pensado que, al endurecer el corazón de los
egipcios, Dios les estaba obligando a hacer lo que ellos no tenían intención de hacer. Por el contrario,
Faraón y su ejército siguieron a los israelitas por su espontánea voluntad de hacerlo. Dios indujo a los
egipcios a llevar a cabo lo que ellos ya tenían en mente realizar.
Continuemos leyendo los versículos 18 al 21:
18 Entonces sabrán los egipcios que yo soy el SEÑOR, cuando sea glorificado en Faraón, en sus carros
y en su caballería.
19 Y el ángel de Dios que había ido delante del campamento de Israel, se apartó, e iba tras ellos; y la
columna de nube que había ido delante de ellos, se apartó, y se les puso detrás.
20 Y vino a colocarse entre el campamento de Egipto y el campamento de Israel; y estaba la nube junto
con las tinieblas; sin embargo, de noche alumbraba a Israel, y en toda la noche no se acercaron los unos
a los otros.
21 Extendió Moisés su mano sobre el mar; y el SEÑOR, por medio de un fuerte viento solano que
sopló toda la noche, hizo que el mar retrocediera; y cambió el mar en tierra seca, y fueron divididas las
aguas.

En este pasaje Bíblico tenemos que tomar nota de ciertos detalles. Primeramente, hay que destacar que
los egipcios mencionados en el versículo 18 son los que habían quedado en Egipto y que no formaban
parte de aquel ejército que había salido en persecución de los israelitas. Estos cruzarían de forma
segura en medio de las aguas hasta la otra orilla del Mar Rojo, y Faraón, con su ejército perecería al
juntarse las aguas divididas del mar. En consecuencia, los egipcios que quedaban en las otras regiones y
ciudades reconocerían que el Dios de los israelitas era el verdadero Señor. Otro detalle es que en el
versículo 19 se menciona al “ángel del Señor” Creo que este “ángel del Señor” podría referirse a una
aparición de Jesucristo antes de su venida a este mundo. En cualquier caso, podríamos decir que Dios
mismo se interpuso entre los egipcios y los israelitas. Entonces, un fuerte viento oriental impulsó a las
aguas haciéndolas retroceder, y al mismo tiempo mantuvo seco el lecho del mar. Un viento normal
nunca podría haber hecho que las aguas se amontonasen para formar muros de agua a ambos lados del
sendero abierto. Y este sendero debe haber sido lo suficientemente ancho como para permitir el paso de
centenares de miles de personas y sus ganados,
Veamos cómo se completó el milagro, leyendo los versículos 22 al 25:
22 Y los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, y las aguas les eran como un muro a su
derecha y a su izquierda.
23 Entonces los egipcios reanudaron la persecución, y entraron tras ellos en medio del mar todos los
caballos de Faraón, sus carros y sus jinetes.
24 Y aconteció que a la vigilia de la mañana, el SEÑOR miró el ejército de los egipcios desde la
columna de fuego y de nube, y sembró la confusión en el ejército de los egipcios.
25 Y entorpeció las ruedas de sus carros, e hizo que avanzaran con dificultad. Entonces los egipcios
dijeron: Huyamos ante Israel, porque el SEÑOR pelea por ellos contra los egipcios.

Al considerar cómo Dios estaba llevando a cabo su plan para liberar al pueblo, vemos que, una vez
más, El actuó por medio de la columna de fuego y la nube que, a mí entender, representan al Espíritu
Santo. Tal como el actúa en la época presente, puedes verle en movimiento a través del Espíritu Santo,
simbolizado por la columna de fuego y la columna de nube. Los israelitas fueron guiados, como cada
hijo de Dios debiera ser guiado hoy, por el Espíritu de Dios.
Para los egipcios resultó evidente que lo que estaba ocurriendo, verdaderamente tenía un origen
sobrenatural. Entonces, presas del pánico, intentaron retirarse y escapar de las fuerzas que estaban
actuando contra ellos. De acuerdo con el relato del Salmo 77:16 al 19, Dios causó una tempestad de
lluvia, relámpagos, truenos y un terremoto. Quizás la lluvia rápidamente comenzó a empapar el lecho
seco del mar y ello hizo que las ruedas de sus carros se desviasen bruscamente. Veamos lo que sucedió
leyendo los versículos 26 al 28.
26 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas vuelvan sobre
los egipcios, sobre sus carros y su caballería.
27 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al amanecer, regresó el mar a su estado normal, y los
egipcios al huir se encontraban con él; así derribó el SEÑOR a los egipcios en medio del mar.
28 Y las aguas volvieron y cubrieron los carros y la caballería, a todo el ejército de Faraón que había
entrado tras ellos en el mar; no quedó ni uno de ellos.

Y así fue que los arrolladores muros de agua aplastaron a aquel ejército ahogando a sus soldados y
ninguno sobrevivió, pues el mar era lo suficientemente profundo como para que todos se ahogasen. Al
describir un milagro, este relato debe ser examinado detenidamente. No hay una manera natural,
humana, de explicar lo que sucedió. Muchos intérpretes de la Biblia que creen que ésta es la Palabra de
Dios, y que profesan haber sido salvados solamente por la fe en Jesucristo, tratan de explicar el cruce
del Mar Rojo de una forma natural. En realidad, cuando uno lee esta narración, se da cuenta de que
resulta imposible explicárselo desde un punto de vista natural. Dios ha dicho que fue un milagro y hay
que recibirlo como tal, o rechazarlo. Leamos además, el versículo 29:
29 Mas los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar, y las aguas les eran como un muro a
su derecha y a su izquierda.

El relato aclara, por segunda vez, que el pueblo que huía cruzó el mar por un sendero de tierra seca, con
las aguas amontonadas en muros de agua a su derecha e izquierda. Realmente, este hecho no puede
atribuirse a un fenómeno natural.
Leamos ahora los 2 últimos versículos de este capítulo, los versículos 30 y 31:
30 Aquel día salvó el SEÑOR a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la
orilla del mar.
31 Cuando Israel vio el gran poder que el SEÑOR había usado contra los egipcios, el pueblo temió al
SEÑOR, y creyeron en el SEÑOR y en Moisés, su siervo.

Estos 2 versículos declaran el propósito de Dios en la liberación de los israelitas. Ya al principio del
viaje a través del desierto, ellos pudieron ver al poder de Dios actuando a su favor cuando les libró de
la muerte en aquella noche trágica en Egipto, a causa de la sangre del cordero que habían colocado en
los marcos de las puertas. Luego, como nos ha relatado este pasaje Bíblico, les demostró Su poder
nuevamente conduciéndoles sin peligro a través del mar, y destruyendo al ejército que les estaba
persiguiendo. Los cuerpos muertos de los soldados en las orillas del mar les recordarían la tremenda
dimensión del juicio de Dios. Así fue como Dios libró a sus hijos por medio de Su poder.
Desde nuestra lejana perspectiva en el tiempo y en la historia hemos contemplado el poder de Dios
demostrado en las plagas y juicios que cayeron sobre aquel país de Egipto, y que impulsaron a su
obstinado soberano a permitir, finalmente, que el pueblo oprimido en situación de esclavitud saliese de
aquellas tierras. También hemos visto como el Faraón no pudo reprimir su odio y deseos de venganza y
persiguió al pueblo que huía hasta que una nueva e imponente manifestación del poder de Dios le
destruyó a él y a su ejército. En resumen, hemos visto su poder actuando en el castigo y en el juicio,
pero también, salvando y liberando a otro pueblo de la esclavitud.
Dios no ha cambiado y Su poder, y Su amor actúan hoy en las personas, que reconociéndose pecadoras
y alejadas de El, creen en El y aceptan la obra de la redención efectuada en la muerte de Jesucristo en
una cruz. Allí también se manifestó el poder de Dios, que resucitó a Jesucristo de entre los muertos. Ese
mismo poder es la única fuerza que puede transformar a los seres humanos, convirtiéndoles en hijos de
Dios quienes, a partir de ese momento comienzan una nueva vida, empezando a experimentar la vida
eterna que poseen aquí en esta tierra. Te invitamos, pues, a aceptar la buena noticia del Evangelio y a
comprobar que ese poder del cual hemos hablado hoy transforma y produce en ti una vida diferente,
plena de significado, una vida de calidad, un verdadero anticipo de la presencia de Dios y la vida
eterna.

© 2014 La Fuente de la Vida

Cántico de Moisés y de María. El agua amarga


de Mara.
LFV 116

EXODO 15

TEMA; Moisés y los israelitas cantaron una canción dedicada a la redención; la gente se quejó porque
no disponía de agua para beber; episodios de las aguas amargas de Mara y de las fuentes de Elim.

Al finalizar nuestro programa anterior leímos el relato del cruce del Mar Rojo por parte de los
israelitas, cuando huían del ejército que les perseguía. Por el poder de Dios y bajo la guía de Moisés
llegaron a salvo a la otra orilla. Entonces cantaron

LA CANCION DE LA REDENCION

Leamos los versículos 1 al 3:


Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al SEÑOR, y dijeron:
Canto al SEÑOR porque ha triunfado gloriosamente;
al caballo y a su jinete ha arrojado al mar.
2 Mi fortaleza y mi canción es el SEÑOR,
y ha sido para mí salvación;
éste es mi Dios, y le glorificaré,
el Dios de mi padre, y le ensalzaré.
3 El SEÑOR es fuerte guerrero;
el SEÑOR es su nombre.

Aquí vemos a una multitud que estaba cantando con entusiasmo. Es la misma que solo unas horas
antes, del otro lado del Mar Rojo, estaba quejándose y protestando, expresando su deseo de regresar a
Egipto. Le habían dicho a Moisés: “¿Acaso no había sepulcros en Egipto para que nos sacaras a morir
en el desierto?” Recordemos que en la primera carta de S. Pablo a los Corintios 10:11, el apóstol dijo:
“Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para
quienes ha llegado el fin de los siglos”.
Dios utilizó la experiencia vivida por aquel pueblo para enseñarnos una verdad importante. Dice
también el mismo apóstol en el mismo capítulo 10; 1 y 2:
Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos
pasaron por el mar;
2 y en Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar;
¿Cómo quedaron los israelitas bautizados en Moisés? No puede haber sido por agua, porque cruzaron
el mar por un sendero abierto en el fondo y pisando tierra seca. ¿Qué significa aquí que fueron
bautizados en la nube y en el mar? Significa que se identificaron con él. El primer significado del
bautismo es la identificación. Hablamos del bautismo por agua, al que yo considero importante, porque
explica el verdadero bautismo, que es el que realiza el Espíritu Santo, que nos identifica con Cristo, y
nos coloca en Cristo, uniéndonos a El. ¿Cómo fueron los israelitas bautizados en Moisés? Ellos estaban
quejándose a un lado del mar y cuando cruzaron a la otra orilla, cantaron la canción de Moisés. Se
habían identificado con Moisés. Habían sido liberados por medio de él.
Dice la carta a los Hebreos 11:29: “Por la fe pasaron el mar Rojo como por tierra seca, y cuando los
egipcios lo intentaron hacer, se ahogaron”. Fue “por la fe” que los israelitas cruzaron el mar. ¿Pero, por
la fe de quién? No fue por la de de ellos porque no tuvieron ninguna fe hasta que atravesaron el mar. Se
habían identificado con Moisés, así que fue por la fe de Moisés. Moisés había extendido su mano sobre
las aguas del Mar Rojo. El les había guiado al cruzar el mar, hasta que llegaron a la otra orilla. Y fue
Moisés el que elevó una canción de liberación. Ahora sí que aquel pueblo había visto la salvación
provista por Dios. Por eso decimos que se habían identificado con Moisés; se habían bautizado en
Moisés.
Esto es lo que sucede cuando confías en el Señor Jesucristo como Salvador. Así como le sucedió a
aquel pueblo, esclavo en Egipto, El es el que te ha rescatado de la esclavitud y de la oscuridad de este
mundo. Te ha conducido a través del Mar Rojo. Estamos hablando de Su liberación, Su salvación y Su
redención. El nos ha traído a un lugar seguro donde podemos elevar ante El una canción de redención.
Entonces, hemos sido unidos a El. Hemos sido bautizados a El. El apóstol Pablo dice, además, en la
citada primera carta a los Corintios 12:13;
13 Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o no judíos, ya
esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.

El Espíritu Santo es el que nos une a Cristo y logra que lleguemos a ser uno, juntamente con El. Es una
maravillosa experiencia estar unido a El. Somos miembros del cuerpo espiritual de Cristo. El Espíritu
Santo nos ha unido a El. Es una de las consecuencias de la redención que tenemos en Cristo. Así que lo
que le sucedió a aquel pueblo israelita quedó como ejemplo para nosotros y es una figura de nuestra
redención y de lo que el Espíritu Santo hace cuando confiamos en el Señor Jesucristo como Salvador.
Antes que los israelitas se unieran a Moisés para cantar la canción de la redención a su Dios, sus
canciones eran tristes. Y ellos estarían pronto volviendo a entonar aquellas canciones melancólicas,
mientras viajaran por el desierto. Sin embargo, por esta vez, cantaron una jubilosa canción de
redención.
Esta canción podría compararse con la canción de Débora y Barac, incluida en el libro de los Jueces. Es
que hay muchas canciones en la Biblia. El rey David compuso muchas de ellas y las cantó; pueden
encontrarse en el libro de los Salmos y son de gran calidad. Incluso el profeta Jeremías tenía una
canción, aunque frecuentemente expresada con penas y lamentos. Y otros profetas también cantaron
canciones, que quedaron registradas por todo el Antiguo testamento.
El Nuevo Testamento comienza con canciones. El médico Lucas incluyó varias en su evangelio: estaba
la canción de Elizabet, cuando recibió el mensaje de que iba a tener un hijo. La virgen María cantó
también una canción cuando supo que iba a ser la madre del Señor Jesucristo. Y otras canciones
estuvieron relacionadas con el nacimiento de Cristo. Finalmente, en el último libro de la Biblia, el
Apocalipsis, podemos vislumbrar una imagen momentánea del cielo, donde vemos a una gran multitud
reunida alrededor del trono de Dios, cantando una nueva canción. Allí todos tendremos un cuerpo
nuevo, con una nueva voz, y podremos participar en aquel gran coro.
Si nos hemos imaginado a Dios como un ser venerable y pacífico, nos extrañará verle, en esta canción
de Moisés, como un guerrero. También en el capítulo 19 del citado libro de Apocalipsis, le vemos venir
a la tierra para reprimir toda la maldad. Hasta que Su venida tenga lugar, este mundo no tendrá paz. En
el evangelio según Mateo 10:34, el Señor dijo: “No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a
traer paz, sino espada.” Estas palabras fueron dichas de su primera venida a la tierra. La segunda vez
que venga, traerá paz por medio de una lucha. Será la única manera de librar a este mundo de la maldad
y la perversidad.
La canción de Moisés y los israelitas vuelve a relatar la tremenda experiencia que tuvieron al cruzar el
Mar Rojo. Su canción contó la historia de lo que le habían visto hacer a Dios, y de lo que Dios había
hecho por ellos. Algo que no serían capaces de olvidar, y esta canción mantendría esa experiencia en
sus recuerdos.
Continuemos leyendo los versículos 4 al 6:
4 Los carros de Faraón y su ejército arrojó al mar,
y los mejores de sus oficiales se ahogaron en el mar Rojo.
5 Los abismos los cubren;
descendieron a las profundidades como una piedra.
6 Tu diestra, oh SEÑOR, es majestuosa en poder;
tu diestra, oh SEÑOR, destroza al enemigo.

Este pueblo celebraba de esta forma su liberación porque Egipto y los egipcios representaron, para
ellos, a los poderes de este mundo, la esclavitud, su desesperanza e impotencia. Pero ahora habían sido
redimidos. Y ese tema constituía la esencia de su canción.
Recordemos que acababan de salir de una tierra de idolatría y que cada una de las plagas había estado
dirigida contra uno de los dioses del país. ¿Y a qué conclusión habían llegado? Leamos los versículos
11 al 13:
11 ¿Quién como tú entre los dioses, oh SEÑOR?
¿Quién como tú, majestuoso en santidad,
temible en las alabanzas, haciendo maravillas?
12 Extendiste tu diestra,
los tragó la tierra.
13 En tu misericordia has guiado al pueblo que has redimido;
con tu poder los has guiado a tu santa morada.

Dios les había enseñado valiosas lecciones sobre Si mismo. Ellos eran ahora, un pueblo redimido. Y la
redención del pueblo tenía que ocurrir en primer lugar. Dios no te estará pidiendo que hagas algo para
El hasta que hayas sido salvado, redimido; hasta que hayas aceptado Su salvación, realizada por medio
del Señor Jesucristo sobre la cruz. No te pide nada a ti. Tampoco quiere nada del mundo, ni le pide que
trate de mejorar, ni que eleve su nivel moral, ni que mejore su aspecto exterior. Solo le hace a cada
persona la siguiente pregunta: ¿Qué harás con mi hijo Jesús que murió por ti? Leamos nuevamente el
versículo 13: (arriba)
Estas palabras suenan como si ya se encontrasen en la Tierra Prometida. Por lo que a Dios se refiere, es
como si estuviesen en esa tierra porque El iba a conducirles hacia allí. Leamos los versículos 18 y 19:
18 El SEÑOR reinará para siempre jamás.
19 Porque los caballos de Faraón con sus carros y sus jinetes entraron en el mar, y el SEÑOR hizo
volver sobre ellos las aguas del mar; pero los hijos de Israel anduvieron por en medio del mar sobre
tierra seca.
Y ahora, el relato nos presenta a una mujer de la cual no habíamos oído desde el nacimiento de Moisés.
Se trata de Miriam, la hermana de Moisés y Aarón. Leamos los versículos 20 y 21:
20 Y Miriam la profetisa, hermana de Aarón, tomó en su mano el pandero, y todas las mujeres salieron
tras ella con panderos y danzas.
21 Y Miriam les respondía:
Cantad al SEÑOR porque ha triunfado gloriosamente;
al caballo y su jinete ha arrojado al mar.

Esta es pues la conclusión de esta canción de alabanza y gratitud a Dios por su liberación.
Pasemos ahora a considerar los incidentes que se produjeron cuando
LOS ISRAELITAS SE QUEJARON POR LA FALTA DE AGUA

Los israelitas, ya en la otra orilla del Mar habían pasado por una gran experiencia de alabanza, al haber
cantado, como pueblo redimido, la canción de Moisés. Podríamos esperar que, a partir de aquellos
momentos, las asperezas del camino de sus vidas hubieran desaparecido y su existencia se parecería a
un lecho de rosas. Y que no tendrían que enfrentar más dificultades, sin nubes en el cielo, sin espinas en
su sendero ni un suspiro de tristeza por parte de nadie. Pero, viajaron durante 3 días por el desierto y,
¿qué sucedió? ¡Que tuvieron sed! Leamos el versículo 22:
22 Moisés hizo partir a Israel del mar Rojo, y salieron hacia el desierto de Shur; anduvieron tres días en
el desierto y no encontraron agua.
Egipto había sido para ellos una tierra de abundancia, con mucha agua. Pero apenas cruzaron el Mar
Rojo se encontraron en circunstancias totalmente diferentes. Ya no disponían más de agua. Las
cisternas y depósitos de Egipto no estaban a su disposición y no podían encontrar fuentes de aguas para
sobrevivir. Creo que ésta es la experiencia de cada hijo de Dios que ha pasado por la experiencia del
nacimiento a una nueva vida. Después de recibir la salvación, el creyente descubre que las cisternas de
Egipto, (en este pasaje símbolo del mundo) no satisfacen en absoluto. En ese período de tiempo, el
alma tiene sed. De esa época habla el apóstol Pablo en su carta a los Filipenses 3:7, cuando dice: “Pero
todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo”. Entonces, el
apóstol reveló una gran sed, un gran anhelo, cuando dijo en el mismo capítulo, versículo 10, que
deseaba “conocerle a El, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a
ser como El en su muerte”. Esta es la experiencia del hijo de Dios después de haber sido redimido.
Después de que has sido salvado (y continuando con el vocabulario de este episodio histórico) siempre
hay un viaje por el desierto. Te surge la sed, pero las cisternas de Egipto, simplemente ya no te
satisfacen más. Pero del agua viva nos habla el Evangelio de Juan 7:37, que dice:
37 Y en el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: Si
alguno tiene sed, que venga a mí y beba.
Estar sedientos y no encontrar agua fue la primera experiencia de aquel pueblo. Pero después, pasaron
por otra experiencia que no fue mucho mejor. Leamos los versículos 23 al 26:
23 Cuando llegaron a Mara no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas; por tanto al
lugar le pusieron el nombre de Mara.
24 Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos?
25 Entonces él clamó al SEÑOR, y el SEÑOR le mostró un árbol; y él lo echó en las aguas, y las aguas
se volvieron dulces. Y Dios les dio allí un estatuto y una ordenanza, y allí los puso a prueba.
26 Y dijo: Si escuchas atentamente la voz del SEÑOR tu Dios, y haces lo que es recto ante sus ojos, y
escuchas sus mandamientos, y guardas todos sus estatutos, no te enviaré ninguna de las enfermedades
que envié sobre los egipcios; porque yo, el SEÑOR, soy tu sanador.
O sea que su segunda experiencia del otro lado el mar fue encontrar las aguas amargas de Mara.
Después de 3 días de viaje por el desierto, estaban sedientos y al probar el agua, resulta que era amarga
y no apta para beber. Recordemos que los israelitas eran ya un pueblo redimido, liberado. Y aquel
lugar, Mara, estaba precisamente en el camino por el que Dios les había guiado. El había dispuesto que
pasaran por allí con un propósito.
No se si te habrás dado cuenta, pero el oasis de Mara forma parte de la experiencia cristiana normal.
Cuando un cristiano pasa por una experiencia amarga, la considera como un evento misterioso e
incomprensible. Muchos dicen, ¿por qué tenía que sucederme esto a mí? No puedo deciros por qué
ciertas cosas les suceden a los cristianos, pero sí se que Dios no les está castigando. Les está formando
y preparándoles para algo. Justo en el camino de cada creyente hay un lugar como Mara. Dios lo ha
permitido así, para que pasemos por allí. Y es que ya sabemos que en la vida nos enfrentamos con
muchas frustraciones, decepciones y penas. Nuestros planes pueden deshacerse, como las piezas de un
rompecabezas. Todos habremos de transitar por dicho lugar de aguas amargas. No podemos evitarlo
desviándonos ni dando un rodeo; ni saltando sobre él ni cavando un túnel para pasar por debajo.
Es como si Dios utilizase un hierro de marcar; el que se usa para marcar el ganado. La marca causa
dolor al animal pero, a partir de ese momento, todos sabrán a quién pertenece y además, dicha marca
impedirá que se pierda. Dios hace lo mismo con nosotros en la actualidad.
¿Y qué se hizo para endulzar aquellas aguas amargas? Se nos dice se arrojó un árbol al agua y ésta se
convirtió en agua dulce. El árbol tiene un significado simbólico en la Biblia. En el libro del
Deuteronomio 21:23, dice: “el colgado es maldito de Dios” y en la carta a los Gálatas 3:13, dice:
“Maldito todo el que cuelga de un madero”. Jesús murió colgado de un madero, de un leño, y es
exactamente aquella cruz la que convierte las experiencias amargas de la vida, en momentos dulces. El
probó la muerte por cada ser humano y le quitó a la muerte su aguijón. Decía el apóstol Pablo en su
primera carta a los Corintios 15:55: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu
victoria?” Es pues la cruz de Cristo la que convierte las experiencias de la vida, al pasar por Mara, en
dulces experiencias.
Dice, finalmente, el versículo 27:
27 Llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las
aguas.

Elim fue el lugar de las bendiciones abundantes y de la fertilidad, de las palmeras y las fuentes de agua.
Después de la amargura de Mara Dios condujo a su pueblo a Elim. Me recuerda a las palabras del
Salmo 30:5, que dice: “el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría”
El apóstol Pedro estaba encerrado en la celda más interior, pero el ángel le abriría la puerta. Pablo y
Silas fueron azotados a medianoche, pero un terremoto les liberó de la prisión. Siempre hay hoy un
lugar como Mara en la senda del peregrino: pero, mi estimado amigo, también hay otro lugar como
Elim. Recordemos que el patriarca Jose, pasó por esa experiencia. Y Moisés, Elías, y el rey David y
tantos otros, famosos y desconocidos a lo largo de la historia. Junto a cada Mara, hay un Elim. Más allá
de toda sombra, de cada nube, está el sol. Más allá de la oscuridad, se encuentra la luz. Más allá de
cada prueba o dificultad se encuentra el triunfo. Y más allá de cada tempestad, hay un arco iris.
Esperamos que estos incidentes tan lejanos, que nos señalan experiencias y situaciones tan cercanas,
refuercen nuestra esperanza en Dios.

© 2014 La Fuente de la Vida


Dios da el maná.
LFV 117

EXODO 16

TEMA; Los israelitas llegaron al desierto de Sin; se quejaron por la falta de pan; recibieron pan y
codornices; el pan o maná no debía ser recogido en el día del reposo; tenían que guardar una porción
determinada de maná.

OBSERVACIONES

Hemos estado estudiando las experiencias de los israelitas. Después de salir de Egipto, cruzaron el Mar
Rojo, dirigiéndose hacia el Monte Sinaí, se registraron siete experiencias de aquel pueblo que se
corresponden con la experiencia cristiana. Hasta el momento, habían cantado la canción de Moisés, y
habiendo viajado 3 días sin encontrar agua, llegaron a Mara donde el agua era amarga, y luego a Elim,
donde encontraron agua y árboles en abundancia. Para nosotros, Elim es un símbolo de la experiencia
cristiana fructífera y Dios ha prometido conducirnos a ese lugar. Hoy continuaremos el relato con la
llegada de los viajeros al desierto de Sin, y los incidentes del maná y las codornices. Como cristianos,
recordaremos que Cristo es el pan de vida. Leamos, pues, los versículos 1 al 3, en los que vemos que

LOS ISRAELITAS SE QUEJARON POR LA FALTA DE COMIDA


Partieron de Elim, y toda la congregación de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin, que está entre
Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de su salida de la tierra de Egipto.
2 Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto.
3 Y los hijos de Israel les decían: Ojalá hubiéramos muerto a manos del SEÑOR en la tierra de Egipto
cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos
habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.

Solo habían transcurrido aproximadamente 2 meses y medio desde que los israelitas salieron de Egipto.
Habían comenzado a quejarse cuando llegaron al Mar Rojo. Después de cruzar el mar, cantaron la
canción de Moisés, la canción de la redención. Pero no pasó mucho tiempo antes de que comenzaran a
quejarse otra vez.
Querían librarse de la esclavitud de Egipto pero, al poco tiempo de viajar por el desierto, les faltó el
agua y la comida y comenzaron a quejarse nuevamente. Entonces recordaron las ollas de Egipto y
suspiraron por ellas. De la misma manera, hoy hay muchos que han sido salvados del pecado y desean
volver a su vieja vida. Muchos habremos sentido esa tentación.
Dios no tenía la intención de que su pueblo pasase hambre. Su plan era guiarlo a través del desierto y
había prometido cuidarlo. Leamos los versículos 4 al 7, y veamos cómo
DIOS PROVEYO EL MANA Y LAS CODORNICES

4 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, haré llover pan del cielo para vosotros; y el pueblo
saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día, para ponerlos a prueba si andan o no en mi ley.
5 Y sucederá que en el sexto día, cuando preparen lo que traigan, la porción será el doble de lo que
recogen diariamente.
6 Entonces Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que el SEÑOR os ha
sacado de la tierra de Egipto;
7 y por la mañana veréis la gloria del SEÑOR, pues El ha oído vuestras murmuraciones contra el
SEÑOR; ¿y qué somos nosotros para que murmuréis contra nosotros?

Moisés y Aarón les preguntaron: “¿Por qué estáis quejándoos contra nosotros?” Solo somos humanos y
no podemos hacer ni proporcionaros nada. Pero Dios ha escuchado vuestras quejas y veréis la gloria de
Dios”. Cada vez que el pueblo se había quejado, había aparecido la gloria de Dios. Eso quiere decir que
a Dios no le agradan los cristianos quejosos, que tienen la manía de criticar a los demás. Continuemos
leyendo los versículos 8 al 13:
8 Y Moisés dijo: Esto sucederá cuando el SEÑOR os dé carne para comer por la tarde, y pan hasta
saciaros por la mañana; porque el SEÑOR ha oído vuestras murmuraciones contra El. Pues ¿qué somos
nosotros? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra el SEÑOR.
9 Y Moisés dijo a Aarón: Di a toda la congregación de los hijos de Israel: “Acercaos a la presencia del
SEÑOR, porque El ha oído vuestras murmuraciones.”
10 Y sucedió que mientras Aarón hablaba a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el
desierto y, he aquí, la gloria del SEÑOR se apareció en la nube.
11 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
12 He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Háblales, diciendo: “Al caer la tarde comeréis
carne, y por la mañana os saciaréis de pan; y sabréis que yo soy el SEÑOR vuestro Dios.”
13 Y sucedió que por la tarde subieron las codornices y cubrieron el campamento, y por la mañana
había una capa de rocío alrededor del campamento.

Hemos visto que Dios no solo les proveyó el pan sino también les envió las codornices. O sea, que
tuvieron una comida excelente. Leamos los versículos 14 al 21, que contienen una
DESCRIPCION DEL MANA Y SU RECOLECCION

14 Cuando la capa de rocío se evaporó, he aquí, sobre la superficie del desierto había una cosa delgada,
como copos, menuda, como la escarcha sobre la tierra.
15 Al verla, los hijos de Israel se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto?, porque no sabían lo que era. Y
Moisés les dijo: Es el pan que el SEÑOR os da para comer.
16 Esto es lo que el SEÑOR ha mandado: “Cada uno recoja de él lo que vaya a comer; tomaréis unos
dos litros por persona, conforme al número de personas que cada uno de vosotros tiene en su tienda.”
17 Y así lo hicieron los hijos de Israel, y unos recogieron mucho y otros poco.
18 según la medida acordada, al que había recogido mucho no le sobró, ni le faltó al que había recogido
poco; cada uno había recogido lo que iba a comer.
19 Y Moisés les dijo: Que nadie deje nada para la mañana siguiente.
20 Más no obedecieron a Moisés, y algunos dejaron algo para la mañana siguiente, pero crió gusanos y
se pudrió; y Moisés se enojó con ellos.
21 Lo recogían cada mañana, cada uno lo que iba a comer; pero cuando el sol calentaba, se derretía.
El pan debía ser recogido cada mañana. Y cada persona debía ocuparse de ello, pues tenía que ser una
experiencia personal. Aquel pan nos habla del Señor Jesucristo como el Pan de Vida. El Evangelio de
Juan 6:32 al 35, confirmando esta verdad dice:
32 Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del
cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.
33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo.
34 Entonces le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí
nunca tendrá sed.
Volvamos a nuestro pasaje Bíblico y continuemos leyendo los versículos 22 al 24:
22 Y sucedió que en el sexto día recogieron doble porción de alimento, es decir, unos cuatro litros para
cada uno. Y cuando todos los jefes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés,
23 él les respondió: Esto es lo que ha dicho el SEÑOR: “Mañana es día de reposo, día de reposo
consagrado al SEÑOR. Coced lo que habéis de cocer y hervid lo que habéis de hervir, y todo lo que
sobre guardadlo para mañana.”
24 Y lo guardaron hasta la mañana como Moisés había mandado, y no se pudrió ni hubo en él gusano
alguno.

Dios les proveería el alimento día a día. Pero el día anterior al día del reposo debían recoger lo
suficiente para dos días. Como hemos adelantado ya, aquel pan representaba a Cristo como el Pan de
Vida que descendió del cielo para dar Su vida por el mundo. El es el verdadero Pan. El es el que nos da
la vida y el sustento.
Leamos los versículos 25 26, que nos hablan del
DIA DEL REPOSO

25 Y Moisés dijo: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para el SEÑOR; hoy no lo hallaréis en el
campo.
26 Seis días lo recogeréis, pero el séptimo día, día de reposo, no habrá nada.
Aquí destacaremos que el sábado, el día del reposo, fue dado a Israel antes de la promulgación formal
de la ley. La finalidad del sábado o día del reposo era enseñarles una gran lección sobre su dependencia
total del Señor, que tenía una amplia aplicación, tanto en las cosas prácticas como el alimento de cada
día como en el ámbito espiritual como la salvación del almo y su relación con Dios. Más adelante
tendremos ocasión de profundizar más en nuestro estudio sobre esta enseñanza. Continuemos leyendo
el versículo 27 al 31:
27 Y sucedió que el séptimo día, algunos del pueblo salieron a recoger, pero no encontraron nada.
28 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mis mandamientos y mis
leyes?
29 Mirad que el SEÑOR os ha dado el día de reposo; por eso el sexto día os da pan para dos días.
Quédese cada uno en su lugar, y que nadie salga de su lugar el séptimo día.
30 Y el pueblo reposó el séptimo día.
31 Y la casa de Israel le puso el nombre de maná, y era como la semilla del cilantro, blanco, y su sabor
era como de hojuelas con miel.

. Ahora veremos algo relacionado con el aspecto del pan.


¿Cómo podría describirse aquel pan? Resulta difícil de explicar. Era una comida excelente, que
contenía todo el sustento que el pueblo necesitaba. Sin embargo la gente pronto comenzó a quejarse. El
libro de los Números 11.4 y 5, registra el incidente y dice:
4 Y el populacho que estaba entre ellos tenía un deseo insaciable; y también los hijos de Israel
volvieron a llorar, y dijeron: ¿Quién nos dará carne para comer?
5 Nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos, de los melones, los
puerros, las cebollas y los ajos;

Esto es lo que aquella multitud añoraba en el desierto, recordando a Egipto. Se trataba de vegetales que
crecían en la tierra o bajo su superficie, más bien condimentos, sin un valor nutritivo real, como los
pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos. Es decir, alimentos que por sí mismos no satisfacen porque,
además, se utilizan como guarnición para complementar las comidas. Por aquellos, sí sentían hambre, y
los recordaban con nostalgia. Leamos también, en el mismo capítulo del libro de Números, el 11; 6,
6 pero ahora no tenemos apetito. Nada hay para nuestros ojos excepto este pan.

Y los versículos 7 y 8 añaden, con respecto al pan, también llamado maná:


7 Y el maná era como una semilla de cilantro, y su aspecto como el del bedelio.
8 El pueblo iba, lo recogía y lo molía entre dos piedras de molino, o lo machacaba en el mortero, y lo
hervía en el caldero y hacía tortas con él; y tenía el sabor de tortas cocidas con aceite.

Como vemos, aquel pan podía ser preparado de diversas maneras, y estaba lejos de ser una comida
monótona. Sin embargo, los israelitas se cansaron de comerlo y así despreciaron aquella comida
celestial, quejándose por tener que comerla. Seguían recordando aquellas ollas de Egipto. En otras
palabras, querían regresar al lugar del cual habían sido liberados.
Me temo que esta misma historia podría contarse de algunas personas que se han convertido a Cristo y,
por lo tanto, pueden considerarse cristianas. Personas que han sido liberadas de lo que aquel Egipto
simbolizaba, es decir, del mundo como sistema ajeno a Dios. Personas que, después de su conversión, y
de vez en cuando, desean regresar a sus antiguos hábitos o costumbres. Tales creyentes necesitan
realizar una ruptura completa con su antigua vida. No es posible continuar viviendo como en el pasado,
bajo los valores de aquel otro mundo opuesto a Dios y, al mismo tiempo, ser útiles a Dios y
experimentar Su paz en el corazón. Hay que romper con esa época ya superada, que frecuentemente se
hace presente en la mente, intentándola esclavizar otra vez. Debemos vivir del Pan verdadero que vino
del cielo, es decir, del Señor Jesucristo.
Regresemos a nuestro pasaje Bíblico de hoy y leamos los versículos 32 y 33:
32 Y Moisés dijo: Esto es lo que el SEÑOR ha mandado: “Que se guarde una medida de dos litros de
maná para vuestras generaciones, para que vean el pan que yo os di de comer en el desierto cuando os
saqué de la tierra de Egipto.”
33 Entonces dijo Moisés a Aarón: Toma una vasija y pon en ella unos dos litros de maná, y colócalo
delante del SEÑOR a fin de guardarlo para vuestras generaciones.

Una jarra de oro con maná fue guardada en el arca o cofre del pacto, descrito con mayor detalle en la
parte final de este libro del Éxodo. En dicho cofre se conservaron finalmente 3 cosas: (1) La vara o
bastón de Aarón, en el que brotaron retoños, (2) La jarra con el maná y (3) y las tablas del pacto, que
contenían la Ley de Dios, los 10 mandamientos. La ley nos habla del hecho de que solamente Cristo
guardó la Ley. El la cumplió por ti y por mí. El pan o maná, nos habla de la muerte de Cristo por
nosotros. El nos ha provisto el alimento espiritual. Y la vara o bastón de Aarón que retoñó nos ilustra la
resurrección de Cristo. Sobre aquel arca o cofre, sirviendo como una tapa estaba el llamado
propiciatorio, de oro puro, sobre el cual se rociaba la sangre de los sacrificios. Únicamente Cristo pudo
satisfacer las demandas de Dios. Solamente El puede salvar y puede salvarnos a nosotros porque ha
derramado su propia sangre. Debido a Su sacrificio, la gracia y misericordia de Dios se extienden hacia
el ser humano, hacia el pecador.
Leamos los versículos finales de este capítulo 16, que son el 34 y el 35:
34 Tal como el SEÑOR ordenó a Moisés, así colocó Aarón la canasta con el maná delante del cofre del
pacto para que fuera guardado.
35 Y los hijos de Israel comieron el maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; aquel pan
comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán.

Estos versículos nos dicen que los israelitas comieron aquel pan durante los cuarenta años que vagaron
por aquel desierto. Y además, ya hemos leído anteriormente cuál era su ración diaria. Cuando
finalmente llegaran a la Tierra Prometida, la provisión del maná cesaría y comerían nuevamente del
antiguo maíz. Creo que, al final, descubrirían que, después de todo, aquel pan era un alimento
realmente estimulante. En efecto, había sido una comida exótica, comparada con el viejo maíz.
Para terminar haremos una última aplicación práctica, necesaria para todos aquellos que han sido
salvados, redimidos, que han aceptado la obra de Jesucristo al morir en una cruz. Pero, a partir de ese
día, han continuado hablando solo de esa experiencia, pero no han crecido ni se han desarrollado
espiritualmente; no han profundizado su conocimiento del Señor porque no se han alimentado lo
suficiente con la Palabra de Dios. Y es precisamente de esa Palabra que Dios desea que nos nutramos.
La aplicación se extiende también hacia aquellos que aun no han llegado a tener un conocimiento
personal del Señor Jesucristo como su Salvador. Si aun no has saboreado ese pan que descendió del
cielo, te sugiero que vengas a Cristo y lo pruebes. El Salmo 34:8, dice,
Probad y ved que el SEÑOR es bueno.
¡Cuán bienaventurado es el hombre que en El se refugia!
Además, y en el Evangelio de Juan 6:51, el Señor Jesucristo dijo:
51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan
que yo también daré por la vida del mundo es mi carne.

© 2014 La Fuente de la Vida

Agua de la roca Peña de Orbe.


LFV 118

EXODO 17

TEMA; los israelitas se quejaron nuevamente, porque querían agua en Refidim; Dios envió a Moisés a
Horeb para hacer salir agua de la roca; Aarón y Hur sostuvieron los brazos de Moisés e Israel venció a
Amalec; y Moisés edificó un altar reconociendo que el Señor era su estandarte.

OBSERVACIONES

Los israelitas habían salido de Egipto y se encontraban viajando por el desierto, dirigiéndose hacia el
Monte Sinaí. A lo largo del camino, Israel pasó por 7 experiencias que son, a la vez, ilustraciones
apropiadas de la vida cristiana. Recordemos que, como dijo el apóstol Pablo en su primera carta a los
Corintios 10:11,
11 Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para
quienes ha llegado el fin de los siglos.

Todos los cristianos harán bien en leer y reflexionar sobre estas lecciones, que nos han llegado en la
forma de imágenes cuyo significado es claro.
Al viajar por el desierto los israelitas tuvieron sed y, una vez más, se quejaron. Leamos el primer
párrafo de nuestro estudio de hoy, desde el versículo 1 al 3, que relata ese incidente en el que
EL AGUA FLUYO DE LA ROCA GOLPEADA
Toda la congregación de los hijos de Israel marchó por jornadas desde el desierto de Sin, conforme al
mandamiento del SEÑOR; y acamparon en Refidim, y no había agua para que el pueblo bebiera.
2 Entonces el pueblo contendió con Moisés, y dijeron: Danos agua para beber. Y Moisés les dijo: ¿Por
qué contendéis conmigo? ¿Por qué tentáis al SEÑOR?
3 Pero el pueblo tuvo allí sed, y murmuró el pueblo contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos has hecho subir
de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?

Los israelitas se quejaban constantemente. Apenas surgía una necesidad, comenzaban a protestar.
Entonces Dios, en su misericordia, satisfacía esa necesidad. Después surgía otro problema y empezaban
a reclamar, quejarse y encontrar defectos. Veamos cuál fue la reacción de Moisés, en el versículo 4:
4 Y clamó Moisés al SEÑOR, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? Un poco más y me apedrearán.

A estas alturas, y aunque llevaban tan poco tiempo viajando, Moisés estaba probablemente dispuesto a
retirarse y que otra persona ocupase su lugar, porque estaba sumamente molesto con la actitud quejosa
de los israelitas. Observemos la provisión de Dios para ellos, en esta ocasión. Leamos los versículos 5
al 7:
5 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo y toma contigo a algunos de los ancianos de
Israel, y toma en tu mano la vara con la cual golpeaste el Nilo, y ve.
6 He aquí, yo estaré allí delante de ti sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrá agua de ella
para que beba el pueblo. Y así lo hizo Moisés en presencia de los ancianos de Israel.
7 Y puso a aquel lugar el nombre de Masah y Meriba, por la contienda de los hijos de Israel, y porque
tentaron al SEÑOR, diciendo: ¿Está el SEÑOR entre nosotros o no?

Esta era la vara o el bastón que le fue dada a Moisés cuando había regresado a Egipto. Era el símbolo y
garantía de la autoridad y poder de Moisés. Esta es la primera mención de la “roca” y del “agua” que
brotó de la roca. ¿Qué representa la roca? No tenemos necesidad de hacer conjeturas ni de recurrir a
nuestro propios conocimientos. En la ya citada primera carta a los Corintios 10.1-4, el Espíritu Santo
nos lo explica con estas palabras:
Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos
pasaron por el mar;
2 y en Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar;
3 y todos comieron el mismo alimento espiritual;
4 y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía; y la
roca era Cristo.

El pan que comían los israelitas era el llamado “maná”, que es una figura de Cristo, el Pan de Vida.
Cristo también es el Agua de Vida y la roca, una figura de El. En esta ocasión, la gente también dudó de
Dios; así, podemos ver un contraste entre la incredulidad del pueblo y la solidez de la roca. Aquel
pueblo se apoyaba en sus antiguos hábitos y sentimientos inestables, mientras la nube de la duda no les
permitía ver la presencia de Dios.
La roca constituye una bella imagen del Señor Jesucristo. Dice el Salmo 61:2,
Desde los confines de la tierra te invoco, cuando mi corazón desmaya.
Condúceme a la roca que es más alta que yo.
Esta roca señala a la persona de Cristo. Y en el Salmo 78:35, dice otra vez el salmista:
se acordaban de que Dios era su roca,
y el Dios Altísimo su Redentor.
Después, en el Nuevo Testamento, el apóstol Pedro dirá en su primera carta 2:6-8,
6 Pues esto se encuentra en la Escritura:
HE AQUI, PONGO EN SION UNA PIEDRA ESCOGIDA, UNA PRECIOSA piedra ANGULAR,
Y EL QUE CREA EN EL NO SERA AVERGONZADO.
7 Este precioso valor es, pues, para vosotros los que creéis; pero para los que no creen,
LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS CONSTRUCTORES,
ESA, EN PIEDRA ANGULAR SE HA CONVERTIDO,
8 y,
PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCANDALO;
pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban también destinados.

Finalmente, tenemos las palabras de consejo del apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios 3:11;
Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo.
Aunque la roca es una adecuada figura de El como el fundamento –en que nosotros nos apoyamos y
sobre quien está edificada la Iglesia—una roca sería el último lugar al que iríamos a beber agua. Pero
admiramos la consistencia y duración de la roca, de la que podemos aprender grandes lecciones. Jesús
es la roca, pero Su vida perfecta no te salvará. Sus enseñanzas no redimirán tu alma. Su vida y doctrina
son puras como el mármol pulido pero, aunque las apliques a tu vida, no te salvarán. La aplicación de
los principios expuestos por el Señor Jesús podría perfeccionar tu vida, pero El es aun la roca contra la
cual podría tropezar tu pie.
Tú puedes dejarte caer sobre Cristo, la Roca, para recibir la salvación. Pero no hay esfuerzo humano
que sea capaz de hacer salir agua de esta Roca. Solo después de que la roca fue golpeada brotaron de
ella aguas que trajeron la vida. Jesús fue crucificado y nada que no sea creer que El murió en tu lugar y
llevó tus pecados en aquella cruz, te salvará. La roca golpeada es una figura de la muerte de Jesucristo.
La primera vez que ellos protestaron por causa de la sed, Dios le dijo a Moisés que golpease la roca y
entonces, las aguas brotaron de ella. Este incidente es el que acabamos de leer en este capítulo 17. Pero
el libro de Números relata que, por segunda vez, los israelitas se quejarían por la falta de agua. En esa
ocasión, Dios le daría a Moisés instrucciones diferentes. En este segundo incidente y según Números
20:8, le dijo lo siguiente:
8 Toma la vara y reúne a la congregación, tú y tu hermano Aarón, y hablad a la peña a la vista de ellos,
para que la peña dé su agua. Así sacarás para ellos agua de la peña, y beban la congregación y sus
animales.

En este segundo incidente, Moisés tendría que hablar a la roca porque la roca ya había sido golpeada,
(según aquel primer incidente que comentamos hoy, en Éxodo 17). Así también Cristo fue crucificado
hace 2.000 años y cuando El dijo en la cruz “consumado es”, realmente su obra de la redención
quedaba consumada, terminada. Cristo no tiene que ser crucificado otra vez. Dios estaba satisfecho con
lo que Jesús había hecho en la cruz. La pregunta hoy es: ¿Estás tú satisfecho con la obra que Cristo
realizó para ti en la cruz? El murió para salvarte. Todo lo que Dios pide es que creas en Su hijo.
Desde la Roca, Cristo Jesús, proceden en la actualidad las bendiciones espirituales. Las aguas de
bendición brotan para aliviar los labios resecos. La carta a los Efesios 1:3, dice:
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

La Roca fue herida una vez y de ella brotó agua en abundancia. La fuente rebosa. La corriente de aguas
es caudalosa y el mundo no puede contenerla. Pero, a pesar de ello, hay muchas almas que, como las
flores, se marchitan y las lenguas de muchas personas están también resecas. Hay millones que están
muriendo a causa de su necesidad de la bebida espiritual. El canal está atascado, bloqueado por las
dudas, corroído por el pecado y aislado por la indiferencia. El canal también se encuentra obstruido por
aquellos que profesan conocer a Jesucristo pero, en la realidad no tienen una relación con El.
Al mirar a mí alrededor, no puedo evitar el sentir pena. El mundo está sediento. Y ya a un nivel
personal quisiera preguntarte: “¿Has recurrido a la Roca herida para beber del agua de la vida? Dios
dice que si bebes de esa agua, nunca más tendrás sed”.
El párrafo siguiente nos relata
LA CONTIENDA CONTRA AMALEC

Durante su marcha por el desierto, los israelitas se enfrentaron con los amalecitas, que en la Biblia
representan a la naturaleza física, carnal. Esta experiencia es aun otra lección que haríamos bien en
aprender. Dice el versículo 8:
8 Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.

Amalec era descendiente de Esau, que fue hijo de Isaac y hermano de Jacob. Esaú era un símbolo de la
naturaleza física, que exige satisfacer sus inclinaciones al mal, tal como comentamos al estudiar el
Génesis. Los amalecitas se habían convertido en enemigos de Israel y nunca dejaron de serlo. Por
primera vez, los israelitas se implicaron en una lucha. Leamos los versículos 9 y 10:
9 Y Moisés dijo a Josué: Escógenos hombres, y sal a pelear contra Amalec. Mañana yo estaré sobre la
cumbre del collado con la vara de Dios en mi mano.
10 Y Josué hizo como Moisés le dijo, y peleó contra Amalec; y Moisés, Aarón y Hur subieron a la
cumbre del collado.

A la luz de la comparación de Esaú con la naturaleza física, diremos que Israel no podía vencer a
Amalec por sus propios esfuerzos, así como tú y yo no podemos vencer a nuestra naturaleza. Según
dice el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 5:17,
17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se
oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis.

Esta es la imagen que se hizo realidad en la travesía por el desierto cuando los israelitas y los
amalecitas luchaban entre sí. Continuemos leyendo los versículos 11 y 12:
11 Y sucedió que mientras Moisés tenía en alto su mano, Israel prevalecía; y cuando dejaba caer la
mano, prevalecía Amalec.
12 Pero las manos de Moisés se le cansaban. Entonces tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y
se sentó en ella; y Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de un lado y otro del otro. Así estuvieron
sus manos firmes hasta que se puso el sol.

Un examen detenido revela que la lucha de esta batalla, en efecto, tuvo lugar en la cima de la montaña.
Fue una lucha en oración. Aquella batalla no la ganaron los israelitas por su capacidad para combatir,
porque ellos no eran soldados experimentados ni aun tenían en aquel momento una tradición militar. La
batalla la peleó y la ganó Moisés. En el momento en que Moisés ya no fue capaz de mantener sus
manos en alto, los israelitas comenzaron a perder terreno en la lucha. Si no hubiera sido por Moisés,
habrían sido derrotados. La lección importante que aquí tenemos que recordar, es que el Espíritu Santo
es el único que puede darnos la victoria sobre nuestra naturaleza física. El triunfo llega en la medida en
que un creyente es controlado por el Espíritu. Cuando tú y yo actuamos independientemente del
Espíritu, Amalec, es decir, nuestra naturaleza física, consigue una victoria fácil. Recordemos aquella
imagen de Moisés, que cuando levantaba sus manos, hacía vencer a aquel pueblo. Tú y yo nunca
seremos capaces de dominar y vencer las inclinaciones de nuestra propia naturaleza física. Solo el
Espíritu Santo puede hacerlo.
Leamos los versículos 13 y 14:
13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
14 Entonces dijo el SEÑOR a Moisés: Escribe esto en un libro para que sirva de memorial, y haz saber
a Josué que yo borraré por completo la memoria de Amalec de debajo del cielo.

Este es el momento apropiado para detenernos a considerar a aquel hombre llamado Josué, que con el
tiempo resultaría elegido para ser el sucesor de Moisés. Parecía un hombre corriente pero este relato
nos muestra cómo Dios ya le estaba preparando para la tarea que le esperaba en el futuro. Dios le
comunicó a Moisés que le informase a Josué que Amalec sería destruido.
Gracias a Dios que El quiere poner fin al control de esa naturaleza física. Cuando El lleve a su iglesia
universal al cielo, la transformará. La primera carta a los Corintios 15:52, confirma esta verdad, y dice
lo siguiente:
52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los
muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Si el Señor llevase la iglesia al cielo tal como ésta se encuentra en la actualidad, sin cambiarla, el cielo
sería simplemente como esta vieja tierra porque nosotros estropearíamos aquel lugar con nuestra
antigua naturaleza física. Nosotros arrastramos nuestra vieja naturaleza por años, como si fuese un
cadáver. Nos hubiera gustado librarnos de ella y lo habremos intentado hacer. Pero tal naturaleza
continúa afirmando su identidad una y otra vez. Pero damos gracias a Dios, por compartir la esperanza
de todos los creyentes, de vernos libres de ella algún día. Aquellos que pertenecen a Cristo serán
transformados, en un día futuro, en seres aptos para el cielo.
Finalmente, leamos los últimos versículos de este capítulo, los versículos 15 y 16:
15 Y edificó Moisés un altar, y le puso por nombre El SEÑOR es mi Estandarte,
16 y dijo: El SEÑOR lo ha jurado; el SEÑOR hará guerra contra Amalec de generación en generación.

Hay 3 cosas importantes para recordar. Primera, que Dios va a librarse de ese enemigo, en este pasaje
llamado Amalec. En otras palabras, Dios proveerá la liberación de esta naturaleza vieja. Segunda, el
Señor nunca concertará compromisos con esa vieja naturaleza. El siempre estará en guerra con ese
enemigo de generación en generación. Y la tercera verdad, es que el continuo conflicto durará mientras
vivamos aquí en la tierra con estos cuerpos. La naturaleza física, controlada por el mal, y el espíritu,
nuestra naturaleza espiritual, estarán siempre en guerra la una contra la otra. Solo el Espíritu Santo de
Dios puede darnos la victoria. Si estamos dispuestos a reconocerlo así, experimentaremos triunfos en
esta lucha incesante que es nuestra vida en este mundo. Estimado oyente, la forma de vencer no
constituye ningún secreto ni verdad exclusiva para algunos privilegiados. La victoria está muy cerca,
frente a nosotros. Es una de las buenas noticias del Evangelio. Es una de las grandes verdades y
lecciones de la Biblia.

© 2014 La Fuente de la Vida

Jetro visita a Moisés. Nombramiento de jueces.


Llegan al Sinaí
LFV 119

EXODO 18:1 – 19:5

En nuestro programa anterior, el relato nos describió el incidente que se produjo cuando el pueblo se
quejó por la falta de agua, así como la provisión de agua cuando Moisés, siguiendo instrucciones de
Dios, golpeó una roca, de la cual brotó agua en abundancia. El texto registraba igualmente el primer
enfrentamiento de los israelitas con los amalecitas, pueblo descendiente de Esaú, hijo de Isaac y
hermano de Jacob. También leímos algo sobre la presentación de Josué, a quien Dios estaba preparando
para suceder en el futuro a Moisés.
Este capítulo desarrolla el siguiente
TEMA: Jetro, el suegro de Moisés, trajo a la esposa de Moisés y a sus dos hijos para que se reuniesen
con él; Moisés agasajó a Jetro, quien le aconsejó nombrar jueces, consejo que Moisés aceptó. Después,
Jetro regresó a su país.

En primer lugar, destacaremos algunas

OBSERVACIONES

En este capítulo 18, llegamos a la última de las 7 experiencias vividas por los israelitas entre su salida
de Egipto y el Monte Sinaí. Dios había estado dirigiendo a Moisés directamente, por medio de
revelaciones. En este pasaje Moisés recibió también consejos inspirados por la sabiduría humana.
El primer párrafo nos detalla
LA VISITA DE JETRO, SUEGRO DE MOISES

Jetro, sacerdote de Madián, visitó a su yerno Moisés. Le trajo a su esposa y a sus hijos. Al reunirse
todos tuvieron lo que podríamos llamar una reunión familiar. Leamos los versículos 1 al 4:
Y Jetro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, oyó de todo lo que Dios había hecho por Moisés y por
su pueblo Israel, cómo el SEÑOR había sacado a Israel de Egipto.
2 Entonces Jetro, suegro de Moisés, tomó a Séfora, mujer de Moisés, después que éste la había enviado
a su casa,
3 y a sus dos hijos, uno de los cuales se llamaba Gersón, pues Moisés había dicho: He sido peregrino en
tierra extranjera,
4 y el nombre del otro era Eliezer, pues había dicho: El Dios de mi padre fue mi ayuda y me libró de la
espada de Faraón.

Moisés había llegado a la región de Madián con toda la multitud de los israelitas, donde se produciría la
reunión de Moisés con su mujer e hijos. Aparentemente cuando ellos se dirigían hacia Egipto, después
de aquella experiencia de encuentro con el Señor, relatada en Exodo 4: 24, en la que ella le había
calificado como “esposo de sangre”, Moisés la había enviado de regreso a su hogar paterno,
inmediatamente después de dicho incidente o poco después de él. Ningún pasaje Bíblico registra el
hecho de que ella haya estado en Egipto cuando tuvo lugar la salida de los israelitas. Pero ahora Jetro,
su padre, la trajo a ella y a sus hijos a Moisés, reuniéndose así toda la familia. Continuemos leyendo los
versículos 5 al 7:
5 Y vino Jetro, suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de Moisés al desierto, donde éste estaba
acampado junto al monte de Dios.
6 Y mandó decir a Moisés: Yo, tu suegro Jetro, vengo a ti con tu mujer y sus dos hijos con ella.
7 Salió Moisés a recibir a su suegro, se inclinó y lo besó; y se preguntaron uno a otro cómo estaban, y
entraron en la tienda.

Hay un detalle interesante que destacar. Y es la excelente relación entre Moisés y su suegro. Eran
amigos que se llevaban muy bien. Moisés le contó todo lo que Dios había hecho para conducir a los
israelitas fuera de Egipto. Y Jetro demostró un gran interés en los temas que Moisés le expuso. De
hecho, Moisés había salido a recibir a su familia; incluso se nos dice que besó a su suegro y no se nos
informa que haya saludado de esa manera a su esposa. Tampoco se destaca aquí que Moisés estuviese
feliz por ver a sus hijos. Estos detalles parecen confirmar nuestra conclusión previa de que las
relaciones entre los miembros de aquella familia no eran como debían haber sido.
Continuemos leyendo los versículos 8 al 12:
8 Y Moisés contó a su suegro todo lo que el SEÑOR había hecho a Faraón y a los egipcios por amor a
Israel, todas las dificultades que les habían sobrevenido en el camino y cómo los había librado el
SEÑOR.
9 Y se alegró Jetro de todo el bien que el SEÑOR había hecho a Israel, al librarlo de la mano de los
egipcios.
10 Entonces Jetro dijo: Bendito sea el SEÑOR que os libró de la mano de los egipcios y de la mano de
Faraón, y que libró al pueblo del poder de los egipcios.
11 Ahora sé que el SEÑOR es más grande que todos los dioses; ciertamente, esto se probó cuando
trataron al pueblo con arrogancia.
12 Y Jetro, suegro de Moisés, tomó un holocausto y sacrificios para Dios, y Aarón vino con todos los
ancianos de Israel a comer con el suegro de Moisés delante de Dios.

Jetro probablemente habrá reaccionado con escepticismo cuando, en Madían, Moisés había anunciado
que él iba e liberar a los israelitas de su esclavitud de Egipto. Quizás Jetro les dijo a sus vecinos. “Yo
no se qué le ha sucedido a mi yerno. Es un hombre de grandes ideas. Cree que Dios le ha elegido para
liberar a los israelitas y sacarlos de Egipto. Yo simplemente no creo que el Dios a quien él sirve pueda
hacer eso”. Bueno, la verdad es que Dios lo hizo y ello aparentemente hizo que Jetro llegase a un
conocimiento personal de Dios, lo cual parece evidente por el hecho de que ofreció sacrificios a Dios
junto con Moisés y los ancianos dirigentes de Israel.
El párrafo que sigue, nos relata que
MOISES ACEPTO EL CONSEJO DE JETRO DE NOMBRAR JUECES

Leamos los versículos 13 al 18:


13 Y aconteció que al día siguiente Moisés se sentó a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de
Moisés desde la mañana hasta el atardecer.
14 Cuando el suegro de Moisés vio todo lo que él hacía por el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces por
el pueblo? ¿Por qué juzgas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta el
atardecer?
15 Y respondió Moisés a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios.
16 Cuando tienen un pleito, vienen a mí, y yo juzgo entre uno y otro, dándoles a conocer los estatutos
de Dios y sus leyes.
17 Y el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces.
18 Con seguridad desfallecerás tú, y también este pueblo que está contigo, porque el trabajo es
demasiado pesado para ti; no puedes hacerlo tú solo.

Jetro quería y respetaba mucho a Moisés y estaba entusiasmado con él. El haber traído a su familia para
que se reuniese con Moisés, le permitió quedarse por algunos días allí, Así pudo comprobar lo ocupado
que estaba ejerciendo como juez ante el pueblo y ofreció una sugerencia para aligerar la carga de
responsabilidad que llevaba Moisés. De tales consejos y sus resultados nos hablan los versículos 19 al
27, que leeremos a continuación:
19 Ahora, escúchame; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Sé tú el representante del pueblo delante
de Dios, y somete los asuntos a Dios.
20 Y enséñales los estatutos y las leyes, y hazles saber el camino en que deben andar y la obra que han
de realizar.
21 Además, escogerás de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces
que aborrezcan las ganancias deshonestas, y los pondrás sobre el pueblo como jefes de mil, de cien, de
cincuenta y de diez.
22 Y que juzguen ellos al pueblo en todo tiempo; y que traigan a ti todo pleito grave, pero que ellos
juzguen todo pleito sencillo. Así será más fácil para ti, y ellos llevarán la carga contigo.
23 Si haces esto, y Dios te lo manda, tú podrás resistir y todo este pueblo por su parte irá en paz a su
lugar.
24 Moisés escuchó a su suegro, e hizo todo lo que él había dicho.
25 Y escogió Moisés hombres capaces de entre todo Israel, y los puso por cabezas del pueblo, como
jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez.
26 Ellos juzgaban al pueblo en todo tiempo; el pleito difícil lo traían a Moisés, mas todo pleito sencillo
lo juzgaban ellos.
27 Y Moisés despidió a su suegro, y éste se fue a su tierra.

Esta claro que Moisés estaba sumamente ocupado en solucionar los problemas y litigios que surgían, y
en aplicar las instrucciones de Dios para la vida y buena convivencia de todos. Las recomendaciones de
Jetro eran buenas y bien intencionadas, procurando que Moisés cuidase mejor su salud y pudiese
concentrarse en temas fundamentales. Su meta era quitar gran parte del peso que llevaba Moisés, al
tener que ocuparse de tomar decisiones sobre la totalidad de los asuntos sometidos a su criterio, tanto
los de mayor como los de menor importancia. Alguien podría preguntarse si aquella fue una buena
sugerencia, porque no vino directamente de Dios, quien hablaba con Moisés cara a cara. No lo
sabemos, pero el relato Bíblico y la experiencia demuestran que, en diversas ocasiones, Dios ha
comunicado Su voluntad sobre el camino a seguir a través de personas, circunstancias, escritos, y de
todos los medios a su alcance. En una ocasión incluso utilizó un asno para hablarle a un profeta que no
quería obedecer a Dios; el episodio se encuentra registrado en el libro de Números 22. En cuanto a
Jetro, resultan significativas las palabras que pronunció al presentar su consejo a Moisés, especialmente
cuando dijo: “Si haces esto, y Dios te lo manda, tú podrás resistir y todo este pueblo por su parte irá en
paz a su lugar”. En consecuencia, Moisés procedió a implantar el sistema propuesto y parece que
funcionó adecuadamente; al menos el texto Bíblico no registra ninguna indicación de desaprobación
por parte de Dios.
Llegamos así a
EXODO 19:1 – 5
TEMA: Israel llegó al Monte Sinaí; Moisés comunicó al pueblo el mensaje de Dios; el pueblo se
preparó para el tercer día, cuando el Señor descendería ante todos los israelitas sobre el Monte Sinaí; se
le advirtió a la gente que no tocase el monte; y la presencia de Dios descendió sobre el monte Sinaí.

OBSERVACIONES

Los capítulos 19 hasta el 24, tratan el tema de la ley. Los israelitas llegaron al Monte Sinaí y allí
acordarían aceptar la ley, es decir los 10 mandamientos. Pero sigamos el desarrollo de los
acontecimientos desde que
LOS ISRAELITAS LLEGARON AL MONTE SINAI

Leamos los versículos 1 y 2:

Al tercer mes de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, ese mismo día, llegaron al
desierto de Sinaí.
2 Partieron de Refidim, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon en el desierto; allí, delante del monte,
acampó Israel.

Los israelitas habían llegado al Monte Sinaí, lugar donde recibirían la ley. Dios iba tratar a su pueblo
con misericordia, dándoles la oportunidad de decidir si querían continuar viviendo bajo Su dirección,
como lo habían hecho a lo largo del período y camino recorrido desde que salieron de Egipto hasta que
llegaron al citado monte, o si mas bien preferían aceptar y recibir la ley. Llegamos así a un párrafo que
describe como

MOISES ENTREGO EL MENSAJE DE DIOS Y EL PUEBLO RESPONDIO

Aunque en nuestro programa de hoy solo abarcaremos los versículos 3 al 5, que leeremos a
continuación:
3 Y Moisés subió hacia Dios, y el SEÑOR lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de
Jacob y anunciarás a los hijos de Israel:
4 “Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os
he traído a mí.
5 “Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos
los pueblos, porque mía es toda la tierra;

Los israelitas habían viajado desde Egipto hasta el Monte Sinaí protegidos por la gracia y misericordia
de Dios.
Dios les recordó lo que había hecho a los egipcios y la manera milagrosa en que les había transportado,
como dice el texto, sobre alas de águilas. Quizás debiéramos decir algo sobre el águila y su significado
en la Biblia. El águila es un ave de rapiña, lo cual es corroborado por el antiguo libro del patriarca Job
9:26, que dice: Se deslizan como barcos de juncos, como águila que se arroja sobre su presa. En el
Evangelio según Mateo 24:28, vemos que el Señor Jesucristo dijo: Donde esté el cadáver, allí se
juntarán las águilas. Sin embargo, el águila ha sido utilizada en las Sagradas Escrituras como un
símbolo de Dios y de la deidad. En el libro del profeta Ezequiel la deidad se ha representado por el
rostro de un águila. En el cuarto capítulo del Apocalipsis, último libro de la Biblia, la deidad está
ilustrada por un águila que volando. El águila es admirada por sus alas, adecuada figura de la deidad, y
por su capacidad de elevarse a las alturas. Después de estas imágenes, parece que comprendemos mejor
el versículo 4, que decía:
“Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os
he traído a mí.

Esta sí que fue una gran demostración de la gracia infinita y maravillosa de Dios. Por gracia, Dios
liberó a los israelitas de Egipto llevándoles hasta el Monte Sinaí. Dios les había visto impotentes y
desesperados en medio de la esclavitud de Egipto, y les liberó. Recordemos que les liberó por medio de
aquella sangre derramada por los corderos. Durante aquella noche en la que el ángel de la muerte pasó
de largo, Dios les condujo fuera de aquel país. Llegaron al Mar Rojo, donde Faraón podía haberles
destruido. Pero Dios intervino y les hizo atravesar las aguas del mar con su poder. Es que, como
elocuentemente nos explica el relato, les transportó como si hubieran viajado sobre las alas de las
águilas.
Ya hemos destacado que en su viaje desde Egipto hasta el Monte Sinaí, los israelitas vivieron varias
experiencias en las que Dios satisfizo sus necesidades. Les proveyó el pan o maná cuando tuvieron
hambre y agua cuando tuvieron sed. Trasformó las aguas amargas de Mara en agua dulce. Les libró del
enemigo llamado Amalec. A lo largo del camino recorrido Dios les llevó sobre aquellas alas, de la
misma manera en que El nos conduce en la actualidad. El nos guía por Su gracia, bondad y
misericordia y nosotros vivimos por la fe.
El pacto del Sinaí fue hecho con Israel como confirmación del pacto de Dios con Abraham, que ya
consideramos al estudiar el libro del Génesis. No era legalista porque fue hecho con un pueblo
escogido, redimido y ya adoptado. El lugar central lo ocupa la relación espiritual. Y este pacto no era
un acuerdo ni un tratado entre dos partes del mismo rango. Era un pacto unilateral, establecido por
Dios.
Ya que este pacto cimentaba una relación, las demandas de la santidad de Dios reflejadas en la ley,
recaían sobre el pueblo al regular el compañerismo y la comunión entre Israel y Dios, condicionando el
goce de sus bendiciones. El versículo 5, que ya hemos leído, no debe ser interpretado como si la
permanencia del pacto dependiese de la aceptación u obediencia futura del pueblo. Lo que sí dependía
de la obediencia, era el disfrute y gozo de las bendiciones. De esa manera, la santidad había de ser el
resultado de la relación que implicaba el pacto.
Tal como veremos al considerar la totalidad del mensaje de las Sagradas Escrituras, aquella ley nos
reveló el carácter de Dios, Su santidad, y la debilidad del ser humano, Como diría el apóstol Pablo
siglos después en su carta a los Romanos 3, por medio de la ley surge el conocimiento del pecado. La
ley fue dada para revelarnos que somos pecadores. Dios nunca pretendió dar la ley como un medio para
obtener la salvación. Como dijo el Apóstol Pablo en su carta a los Gálatas 3:24:
De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos
justificados por fe.

En el mundo romano, el “ayo” aquí mencionado, no era el maestro de escuela sino un esclavo que
cuidaba al niño. No tenía una función educativa sino disciplinaria. Era un ayudante del maestro que
custodiaba al niño, para que llegara a salvo a la escuela. De la misma manera, la ley es nuestro
custodio, que nos toma de la mano y nos conduce a Cristo, el verdadero maestro, que nos muestra el
camino hacia Dios. Nos conduce hacia la cruz y nos dice que, como pecadores, y que necesitamos a un
Salvador. Y si de esa manera nos acercamos a la cruz, allí somos justificados gratuitamente por su
gracia, por medio de la fe, en la salvación, en la redención que hay en Jesucristo.
Esa es la única manera para que un pecador como tu o yo pueda tener paz con Dios. Este es el
momento más trascendental por el que puede pasar tu vida. Es el instante en que recibes el perdón, la
vida eterna, para comenzar a experimentar aquí y ahora, en esta tierra, tanto en medio de dificultades,
sufrimiento o privaciones, como en épocas de bonanza y prosperidad, la paz que solo Dios puede dar,
Su fortaleza y su sabiduría para disfrutar de una vida de auténtica calidad. Es decir, un verdadero
anticipo de la eternidad. Estimado oyente, te deseo esa experiencia porque, realmente, ¡vale la pena!

© 2014 La Fuente de la Vida

Moisés recibe indicaciones en el Monte Sinaí.


LFV 120

EXODO 19: 4 – 25

En nuestro programa anterior estábamos considerando el párrafo que relataba las incidencias de
aquellos días en los que
MOISES ENTREGO EL MENSAJE DE DIOS Y EL PUEBLO RESPONDIO (cont.)
Para ver mejor la situación que estaba viviendo aquel pueblo, recordemos que los israelitas, en su
marcha por el desierto, habían llegado al Monte Sinaí y allí permanecieron durante todo el tiempo que
duraron los acontecimientos relatados desde el principio de este capítulo 19 hasta el libro de Números
10:10. Estarían en aquella zona alrededor de 6 meses y 11 días. Moisés recibiría la ley de Dios y
muchas instrucciones relativas a la adoración del pueblo que había sido liberado de la esclavitud y
redimido.
Los últimos versículos leídos fueron el 4 y el 5, que leeremos nuevamente para comenzar nuestro
estudio de hoy:
4 “Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os
he traído a mí.
5 “Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos
los pueblos, porque mía es toda la tierra;

Vemos que Dios les recordó que habían sido liberados por el poder de Dios. Ya hemos examinado la
utilización de las águilas en el texto Bíblico explicando el carácter de Dios, como un símbolo de la
deidad. También hemos hablado del pacto que Dios hizo con su pueblo, como confirmación del pacto
que había hecho con Abraham. No era un pacto entre dos partes del mismo rango, sino que había sido
establecido de forma unilateral por Dios, con su pueblo redimido y adoptado. La parte central lo
ocupaba una relación espiritual y el pacto cimentaba dicha relación, exponiendo las demandas de la
santidad de Dios. La obediencia requerida condicionaba el disfrute de las bendiciones que Dios estaba
dispuesto a conceder. Igualmente destacamos que la ley ponía en evidencia el pecado y debilidades del
ser humano para cumplir las ordenanzas divinas. También mencionamos la siguiente cita de San Pablo
en su carta a los Gálatas 3:24,
24 De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos
justificados por fe.

O sea que, así como el ayo o esclavo del mundo romano, con su función protectora y disciplinaria,
custodiaba al niño conduciéndole a la escuela donde se encontraba el maestro, la ley es nuestro
custodio que nos conduce a Cristo, hacia la cruz, para hacernos ver que somos pecadores y que
necesitamos un Salvador. Y allí, frente a la cruz somos justificados gratuitamente, por su gracia, por
medio de la fe, y recibimos la redención.
Al pensar en el carácter santo de Dios y en la debilidad humana, es oportuno citar la afirmación del
apóstol Pablo en su carta a los Romanos 3:19,
Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se
calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios;

Es decir, que ningún ser humano puede alegar que en su defensa que no está bajo pecado. La ley señala
el nivel que Dios requiere e ilustra la incapacidad humana para cumplir los requisitos que Dios ha
establecido.
Ya habíamos aclarado que Dios nunca dio la ley como un medio de salvación. Pero aun podrían quedar
dudas con respecto a la pregunta. ¿Y por qué fue entregada la ley? El mismo escritor, San Pablo,
declaró en su carta a los Gálatas 3:19,
19 Entonces, ¿para qué fue dada la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la
descendencia a la cual había sido hecha la promesa, ley que fue promulgada mediante ángeles por
mano de un mediador.

Es decir, la ley fue promulgada como un medio para reprimir el pecado. Sirvió para restringirlo,
presentándolo como un quebrantamiento de la ley divina que provocaría la ira de Dios. Además, fue
temporal, hasta que viniese la simiente, es decir, el Mesías, después de lo cual ya no era necesaria.
Continuemos leyendo en el versículo 6, continuando con las instrucciones de Dios a Moisés:
6 y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” Estas son las palabras que dirás
a los hijos de Israel.

Aquí es conveniente recordar el momento en que Moisés, habiendo huido de Egipto, estaba
apacentando las ovejas de Jetro su suegro, y Dios le llamó desde una zarza que ardía y no se consumía.
En aquella ocasión, relatada en este libro del Éxodo 3:12, Dios le encomendó la tarea de liberar al
pueblo oprimido en Egipto y le dijo:
12 Y El dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y la señal para ti de que soy yo el que te ha enviado será
ésta: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto adoraréis a Dios en este monte.

En el versículo 6 que hemos leído en nuestro Capítulo de hoy, Éxodo 19, se recalca la finalidad de este
pacto unilateral que Dios hacía con aquellos israelitas, y que consistía en hacer de ellos un pueblo
único, y bendito en el sentido de convertirse en una nación que aceptara las leyes justas de Dios y las
obedeciese, teniendo una relación espiritual y especial de comunión y compañerismo con El, como un
pueblo consagrado a cumplir en esta tierra la voluntad de Dios. Serían como un reino de sacerdotes,
implicando que cada miembro del pueblo, cuyo rey era Dios, tendría acceso a Su presencia y a mediar
como sacerdote a favor de otros. Serían, además una gente santa, es decir, moralmente pura y dedicada
por completo al servicio del Señor. Por ese motivo les había redimido de la esclavitud, separándoles
para sí, para que viviesen en armonía con El.
Y esta relación especial de dios con su pueblo constituye también una anticipación y una figura de los
que sería, en el Nuevo Testamento, la relación entre Dios y Su iglesia. Como dijo el apóstol Pedro en su
primera carta 2:9 y 10,
9 Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de
Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
10 pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido
misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia.

Así que el apóstol Pedro recalcó que aquella responsabilidad en el pasado confiada al pueblo de Israel
era ahora también aplicada, en esta época de la gracia de Dios, a la iglesia de Jesucristo. En el Sinaí,
Dios le había dicho a Moisés “seréis para mi un reino de sacerdotes y una nación santa” (como hemos
leído en el versículo 6 de nuestro capítulo 19). Y (como acabamos de leer) el citado apóstol Pedro,
llamó a los cristianos del nuevo Testamento, viviendo en la era de la iglesia, “real sacerdocio, nación
santa, pueblo adquirido para posesión de Dios”. Los creyentes son, realmente, un pueblo especial,
salvado, redimido, liberado y preservado por Dios.
Lógicamente, este privilegio de ser un pueblo elegido por Dios implicaba igualmente un deber. Así
como el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, también la iglesia en el Nuevo Testamento es
llamada a una actitud de obediencia y testimonio de Dios en medio de un mundo que vive alejado de
Dios y que no le reconoce como Señor. A desempeñar esta gran responsabilidad son en la actualidad
llamados todos aquellos que han aceptado el sacrificio de Cristo en la cruz en lugar suyo y que han
decidido dar a Dios un lugar de prioridad en sus vidas.
Es necesario subrayar que la ley que Dios no había sido entregada al pueblo para que el ser humana
llegase a ser un hijo de Dios sino, más bien establecía un modo de vida por medio del cual una persona
salvada pudiese demostrar que era ya era un hijo de Dios. Así como en el nuevo pacto estipulado en la
cruz de Cristo no serían las obras buenas y justas que una persona hiciera las que le convertirían en un
hijo de Dios, justificado y salvado de la condenación eterna que todos merecemos, sino que tales obras
serían una demostración de una vida renovada por la obra del Espíritu Santo de Dios que habita en el
corazón de todos aquellos que han creído en el sacrificio de Cristo.
Volvamos a nuestro pasaje Bíblico de Éxodo 19, y leamos los versículos 7 y 8:
7 Entonces Moisés fue y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso delante de ellos todas estas palabras
que el SEÑOR le había mandado.
8 Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho. Y llevó
Moisés al SEÑOR las palabras del pueblo.

La entrega de la ley a los israelitas en el Monte Sinaí fue el comienzo de la etapa de la ley, que se
extiende hasta la cruz de Cristo, podríamos decir desde el Éxodo hasta la muerte de Cristo. Esa época
reveló que un pueblo, viviendo en condiciones ideales, no podía cumplir la ley de Dios. Aun antes de
saber en qué consistía dicha ley, como acabamos de leer, dijeron: “Haremos todo lo que el Señor ha
dicho” A partir de aquel día y durante 1.500 años demostraron que no eran capaces de cumplir esa ley.
Esa misma actitud resulta evidente hoy en día en muchísimas personas, que creen que el ser humano
natural o normal, puede agradar a Dios por sí mismo, cumpliendo y llevando a la práctica en su vida las
demandas de Dios. Y no es así. El ser humano no puede agradar a Dios y fracasa constantemente,
siempre que lo intenta. La ley pretendía controlar esa naturaleza humana con sus inclinaciones
naturales al mal. Esa naturaleza rebelde, que proclama ser libre, autónoma del Supremo Creador, no
puede ser controlada por los seres humanos. El apóstol Pablo en su carta a los Romanos 8: 6 y 7,
explicaba que, cuando dominaban nuestra mente, las desordenadas apetencias humanas de tal
naturaleza conducían a la muerte. Pero cuando nuestros pensamientos son controlados por el Espíritu,
es decir, por Dios, somos llevados a vivir en plenitud y en paz.
Tu y yo, pues, poseemos esa vieja naturaleza, que está en enemistad con Dios. Esta no puede someterse
a El en obediencia ni agradarle. No se si habrás llegado a esta conclusión como resultado de tu
experiencia personal. ¿Has llegado a la conclusión de que no puedes satisfacer las demandas de Dios
viviendo al nivel que El requiere? Creo que podemos darle gracias por que El ha preparado otra opción
para nosotros.
Lo que hemos leído en nuestro pasaje Bíblico de Éxodo 19, en los versículos 7 y 8, cuando los
israelitas dijeron “haremos todo lo que el Señor ha dicho” fue nada menos que un despliegue de
hipocresía y arrogancia por parte del pueblo de Israel. Sin embargo, hay que reconocer que muchas
personas que hoy afirman lo mismo; que son capaces de cumplir la ley divina y producir obras acordes
con la ley de Dios. Cuando la verdad Bíblica, demostrada por la experiencia de aquel pueblo, es que
nadie puede salvarse de esa manera.
El siguiente párrafo nos describe cómo
ISRAEL SE PREPARO PARA VER UNA MANIFESTACION DE LA PRESENCIA DE DIOS

El relato nos lleva ahora a contemplar una manifestación solemne y espectacular de la presencia de
Dios. Leamos los versículos 9 al 15:

9 Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, vendré a ti en una densa nube, para que el pueblo oiga cuando
yo hable contigo y también te crean para siempre. Entonces Moisés comunicó al pueblo las palabras del
SEÑOR.
10 El SEÑOR dijo también a Moisés: Ve al pueblo y conságralos hoy y mañana, y que laven sus
vestidos;
11 y que estén preparados para el tercer día, porque al tercer día el SEÑOR descenderá a la vista de
todo el pueblo sobre el monte Sinaí.
12 Y pondrás límites alrededor para el pueblo, y dirás: “Guardaos de subir al monte o tocar su límite;
cualquiera que toque el monte, ciertamente morirá.
13 “Ninguna mano lo tocará, sino que será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá.”
Cuando suene largamente la bocina ellos subirán al monte.
14 Y Moisés bajó del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y ellos lavaron sus vestidos.
15 Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no os acerquéis a mujer.

Esta minuciosa preparación subrayaba la importancia del acontecimiento que estaba por ocurrir; que el
Dios de los cielos estaba a punto de hacer un pacto con su pueblo. A diferencia de las deidades paganas,
que supuestamente moraban en las montañas, el Dios de Israel descendería del cielo a las montañas
para conversar con su pueblo. Como preparación, Dios les mandó que se apartaran de impurezas y que
se consagraran a El. El rito de la purificación consistía en lavar sus vestidos y abstenerse de relaciones
sexuales, porque éstas eran aspectos siempre presentes en los cultos paganos de los pueblos que vivían
en aquellas regiones cercanas y de esas prácticas de idolatría el pueblo de Dios debía distinguirse y
separarse. Además, durante ese período de 3 días, ninguna persona o animal podría tocar el monte.
Solamente cuando se escuchase el sonido de la bocina, podría el pueblo acercarse al monte.
Continuemos leyendo los versículos 16 al 21:
16 Y aconteció que al tercer día, cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos y una densa nube
sobre el monte y un fuerte sonido de trompeta; y tembló todo el pueblo que estaba en el campamento.
17 Entonces Moisés sacó al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y ellos se quedaron al
pie del monte.
18 Y todo el monte Sinaí humeaba, porque el SEÑOR había descendido sobre él en fuego; el humo
subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía con violencia.
19 El sonido de la trompeta aumentaba más y más; Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno.
20 Y el SEÑOR descendió al monte Sinaí, a la cumbre del monte; y llamó el SEÑOR a Moisés a la
cumbre del monte, y Moisés subió.
21 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Desciende, advierte al pueblo, no sea que traspasen los límites para ver
al SEÑOR y perezcan muchos de ellos.

Todos los fenómenos naturales que acompañaron a la llegada de la misma presencia de Dios tenían que
impresionar profundamente al pueblo para que comprendiesen que éste era un suceso muy solemne y
que les comprometía. Este extraordinario despliegue de poder y de majestad les permitiría conocer a un
Dios que era, al mismo tiempo santo y misericordioso. No es de sorprender que el pueblo se
estremeciera al permanecer al pie del monte. Los israelitas no pudieron contemplar nada más allá de
estas señales de la gloria y el poder de Dios, pero sí escucharon Su voz. Bien dijo el evangelista Juan en
su libro, 1.18,
18 Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a
conocer.

Leamos, finalmente, los últimos versículos de este capítulo, los versículos 22 al 25, que culminan la
descripción de los tremendos sucesos de aquel día y de la conversación entre Dios y Moisés.
22 También que se santifiquen los sacerdotes que se acercan al SEÑOR, no sea que el SEÑOR irrumpa
contra ellos.
23 Y Moisés dijo al SEÑOR: El pueblo no puede subir al monte Sinaí, porque tú nos advertiste,
diciendo: “Pon límites alrededor del monte y santifícalo.”
24 Entonces el SEÑOR le dijo: Ve, desciende, y vuelve a subir, tú y Aarón contigo; pero que los
sacerdotes y el pueblo no traspasen los límites para subir al SEÑOR, no sea que El irrumpa contra
ellos.
25 Descendió, pues, Moisés y advirtió al pueblo.
Solamente a Moisés y a Aarón se les permitió subir al monte. Moisés hizo 3 viajes de ida y vuelta a la
cima de la montaña. Y las instrucciones que recibió hicieron que el pueblo recordara vívidamente la
distancia abismal que hay entre Dios y el hombre, entre lo divino lo humano, así como el milagro de la
manifestación de la presencia de Dios y la entrega de Su revelación.
Y terminamos nuestro programa de hoy enfatizando que en aquella ocasión, Dios habló. La Biblia
registra el hecho de que en diversas ocasiones, Dios habló. Como bien dijo el autor de la carta a los
Hebreos 1.1 y 2:
Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres
por los profetas,
2 en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por
medio de quien hizo también el universo.

Por consiguiente, todos los seres humanos son invitados a escuchar la voz de Dios, encarnada en
Jesucristo, Palabra viva de Dios, Palabra final y definitiva de Dios.
Dios continúa hablando y presentando a su Hijo Jesucristo y su voz llega a nosotros con los acentos
jubilosos de las buenas noticias del Evangelio de salvación y liberación. El problema es que, como
sucedió en los antiguos tiempos de la historia Bíblica y a través de los siglos de la historia humana,
muchos se niegan a escucharle. Y es por eso que, el escritor de este último libro que hemos
mencionado, la carta a los Hebreos incluye una advertencia del Espíritu Santo, que cita antiguas
palabras de un Salmo, que dice:
SI OIS HOY SU VOZ, NO ENDUREZCAIS VUESTROS CORAZONES

Estimado oyente, te invitamos a escuchar aquella voz eterna y presente, con un corazón sensible y
abierto a su influencia. Y aunque su mensaje sea universal podrás percibirlo como estrictamente
personal.

© 2014 La Fuente de la Vida

Los Diez Mandamientos


LFV 121

EXODO 20:1 – 17

En nuestro programa anterior, finalizábamos el capítulo 19, después de que el pueblo hubiese
contemplado el majestuoso descenso de la presencia de Dios sobre el Monte Sinaí. En este nuevo
capítulo que hoy comenzamos, considerado en su totalidad, incluye los siguientes

TEMA; Dios entregó los Diez Mandamientos; Dios prohibió la idolatría; los efectos de la presencia de
Dios en la gente; se presentaron las instrucciones sobre el altar.

OBSERVACIONES

Aquí tenemos, pues la entrega de la Ley. Los Diez Mandamientos fueron presentados en primer lugar,
aunque ellos son solo una parte de la ley. También se incluyeron instrucciones con respecto al altar. La
Ley y el altar se consideraban conjuntamente. Es que la Ley revelaba que el ser humano era un pecador
que necesitaba un Salvador. Por lo tanto, tenía que haber un altar sobre el cual ofrecer el sacrificio,
porque debía realizarse un derramamiento de sangre por el pecado. Cuando en el cuarto de baño nos
contemplamos en un espejo, que es una figura de la ley, vemos que hay un lavabo debajo del mismo. El
espejo nos revela la suciedad, así como la ley es el espejo que nos muestra nuestro pecado. Por eso
resulta necesario tener al lavabo inmediatamente al lado. Este me recuerda un himno que dice:
Hay una fuente sin igual
Que mi Jesús abrió
Y en ese puro manantial
Mis culpas el borró

El primer párrafo de este capítulo describe


LA ENTREGA DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Que eran la primera parte de la Ley dada a Israel, constituyendo el código moral. Leamos los versículos
1 y 2:
Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:
2 Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.

Dios les estaba recordando que les había sacado de las tierras de Egipto y que, en base a esa liberación
quería darles su Ley. El pueblo había pedido la ley y Dios les complació entregándoles primeramente
los Diez Mandamientos.
Al leer los Diez Mandamientos, debemos mencionar ciertos aspectos. El primero se refiere a la “nueva
moralidad”. La llamada “nueva moralidad” se remonta a tiempos anteriores a la entrega de la Ley. En
efecto, surgió justamente en el Jardín del Edén, cuando el ser humano desobedeció a Dios. La nueva
moralidad existió antes y después del Diluvio. Por todo ello, debemos reconocer que en la actualidad
estaría lejos de considerarse nueva. , aunque nos guste considerarnos como pecadores refinados y
sofisticados. La cruda realidad nos recuerda que somos pecadores en nuestro estado original, Los Diez
Mandamientos colocan delante de nosotros las normas y el modelo de Dios. Nadie puede jugar con
estos principios y eludir las consecuencias.
En el mundo cristiano con frecuencia se ha reprochado que aquellos que predican sobre la gracia de
Dios, no muestren un aprecio adecuado por la ley. Al contrario, cada predicador que enseña la gracia de
Dios con la verdadera perspectiva de la salvación por la fe, comprende el elevado carácter de la ley. El
apóstol Pablo enfrentaba este problema cuando en su carta a los Romanos 6:1,2, escribió:
¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?
2 ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

Si alguien piensa que puede continuar viviendo en el pecado y quebrantando los Diez Mandamientos a
voluntad, entonces, esa persona no ha sido salvada por la gracia de Dios. Cuando eres realmente salvo,
deseas agradar a Dios y hacer Su voluntad, la cual está revelada en los Diez Mandamientos. Por lo
tanto, creo que todos aquellos que predican la gracia de Dios sienten respeto y reverencia por la ley de
Dios. Como lo expresa adecuadamente el autor del Salmo 119:97,
¡Cuánto amo tu ley!
Todo el día es ella mi meditación.

Pero, ¿qué es la Ley? Alguien la ha definido como una transcripción de la mente de Dios. Esta es una
definición defectuosa. La ley es la expresión de la mente de Dios en relación a lo que el ser humano
debiera ser. En la ley no hay gracia ni misericordia en absoluto. La ley es la expresión de la voluntad
santa de Dios. El autor del Salmo 19:7, dijo:
La ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma;

¿Es la ley del Señor justa, buena? Nuestras nociones de lo que es justo e injusto están influenciadas por
nuestro medio ambiente o entorno y por el hecho de tener una naturaleza caída. La ley es una
revelación de Dios. El ha trazado la línea entre lo que está bien y lo que está mal. ¿Cómo sabemos lo
que es bueno? Dios nos lo dice. La generación actual, desea la libertad y algunos cuestionan mucho y
de forma equivocada lo que es justo. ¿Por qué es malo hacer tal o cual cosa? se preguntan muchos. Y
hay quienes no se preocupan mucho del robo, la mentira, el adulterio y llegarían, incluso, a justificar la
violencia y el asesinato. ¡Cuanta incoherencia e ignorancia hay sobre la ley! ¿Por qué está mal robar o
mentir? Porque Dios lo ha dispuesto así. Podría alguien preguntar, ¿y esa disposición es buena para la
humanidad? Por su puesto que lo es. Sería maravilloso que el ser humano pudiese cumplir la ley. Pero
no es así. Las cárceles, las cerraduras en las puertas, las garantías que deben firmarse a la hora de pedir
un préstamo porque nadie confía en nadie, constituyen testimonios de esa realidad. Hubo lejanos
tiempos en que la palabra dada era considerada como un compromiso serio y fiable lo cual,
evidentemente, ya es historia pasada. Así es que, las conductas humanas que hemos mencionado son
malas porque Dios lo ha especificado así.
La ley no se impone por sí misma. El Legislador debe tener el poder para ponerla en vigor. Dios mismo
da fuerza a Sus leyes de forma indiscutible y eficaz. Tomemos, por ejemplo, la ley de la gravitación.
Podemos escalar llegando tan alto como nos lo permitan nuestras fuerzas, y con tal que no nos
soltemos, porque dicha ley está operando y no podemos modificar ni invertir esa fuerza.
Muchísimas personas creen que pueden quebrantar los Diez Mandamientos y evitar las consecuencias.
Resulta interesante considerar que una norma debe ser puesta en vigor para ser una ley. En el libro del
profeta Ezequiel 18:4, dice que “El alma que peque, ésa morirá” Esta norma tiene fuerza de ley y el que
la quebrante, debe pagar la pena impuesta y ser castigado.
Hay otro punto de vista que debe corregirse; es el de confundir la ley y la gracia colocándolas en un
solo sistema, con lo cual se priva a la ley de su majestad y significado. No hay amor en la ley ni hay
gracia en la ley. Cuando a la gracia se la mezcla con la ley, se la priva de la bondad de su carácter
gratuito y de su gloria. Así, la gracia es despojada de su maravilla, atractivo y del anhelo de ser poseída.
Las necesidades del pecador no son satisfechas cuando la ley y la gracia son vinculadas de esta manera.
La ley expone lo que el ser humano debería ser. La gracia expone lo que Dios es. La majestad de la ley
es una realidad que tenemos que reconocer.
La ley revela el inmenso y profundo abismo que existe entre Dios y el ser humano. En su carta a los
Gálatas 4:21, el apóstol Pablo formulaba la siguiente pregunta: Decidme, los que deseáis estar bajo la
ley, ¿no oís a la ley? Sería mejor escuchar lo que dice la ley, porque el ser humano ha sido pesado en
las balanzas de los Diez Mandamientos y su peso ha resultado deficiente. Los seres humanos no pueden
medirse recíprocamente. Sería fácil para un hombre situado sobre un monte decirle a otro que se
encontrase en una colina baja “Yo estoy más alto que tu”. Pero aquel hombre, siempre estaría por
debajo de alguien que, por ejemplo, hubiese llegado a la luna. Simplemente, ningún ser humano está a
la altura de Dios.
La ley también revela la incapacidad del ser humano para tender un puente que le permita cruzar ese
profundo abismo que le separa de Dios. La carta a los Romanos 3:19, nos dice:
19 Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se
calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios;

Y también dice el apóstol Pablo en Romanos 8:3,


3 Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la naturaleza del hombre pecador,
Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en condición semejante a la del hombre pecador y como
sacrificio por el pecado, condenó al pecado en la propia naturaleza humana.

Es que el defecto no radica en la ley, sino en nosotros mismos.


Como ya hemos visto, la ley era como un espejo que revela al ser humano su condición pecaminosa.
Mucha gente se contempla en el espejo y piensan que se encuentran bien. Esto me recuerda la antigua
historia de hadas en la que la reina se puso frente a un espejo y le dijo: “espejo, espejo que estás en la
pared, ¿quien es la más bella del reino? Ella esperaba que el espejo le respondiese que era ella, pero el
espejo le dijo la verdad y resulta que no era ella, sino otra. Resulta interesante que muchas personas
hoy se colocan frente al espejo de los Diez Mandamientos para formular la misma pregunta, para
comprobar quién es la mejor. La diferencia estriba en que ellas contestan su propia pregunta diciendo,
“soy yo”, porque piensan que están cumpliendo la ley. El ser humano de nuestro tiempo necesita
situarse frente a ese espejo y permitir que sea el espejo el que responda.
La ley nunca convirtió al ser humano en un pecador; sino que reveló que ese ser era un pecador. La ley
fue dada para traer a las personas a Cristo, como ya hemos dicho. Fue como nuestro ayo o custodio
para llevarnos de la mano, guiándonos a la cruz para decirnos a cada uno: “necesitas un Salvador,
porque eres un pecador.”
Llegamos ahora a la exposición de
LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Que, están clasificados en 2 divisiones principales. Una parte trata la relación del hombre con Dios y la
otra, la relación del hombre con sus semejantes. Leamos el versículo 3;
No tendrás otros dioses delante de mí.

Dios estaba condenando al politeísmo o creencia en más de un dios. No hay ningún mandamiento
contra el ateísmo – que en esa época no tenía adeptos dada la cercanía histórica con la creación y la
revelación original de Dios. Los ateos comenzaron a aparecer en los días del rey David, y se les llamó
necios, como decía el Salmo 53:2, El necio ha dicho en su corazón: No hay Dios. En la actualidad, un
ateo puede ser una persona de un alto nivel cultural o intelectual, pero Dios, le calificaría de otra
manera. En nuestro tiempo hay muchos ateos porque ya nos encontramos inmensamente lejos de
nuestros orígenes en la historia y los seres humanos no están dispuestos a aceptar la revelación de Dios
en Su Palabra.
Dios le dijo a Israel: “No tendrás otros dioses delante de mí”. Dios le dio estas instrucciones a aquel
pueblo de esta manera, porque en aquellos días al ser humano le era sumamente difícil mantener un
equilibrio, porque el adorar a muchos dioses gozaba de popularidad. Hoy en día, sin embargo, lo que
resulta popular es no adorar a ningún dios. Realmente, el péndulo se ha desplazado hasta el otro
extremo. El detalle que es importante observar en este versículo es el hecho de que Dios condena al
politeísmo. El apóstol Pablo desarrolla este tema en su ya citada carta a los Romanos 1:21 al 25, donde
dice:
21 Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron
vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido.
22 Profesando ser sabios, se volvieron necios,
23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de
aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
24 Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que
deshonraron entre sí sus propios cuerpos;
25 porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del
Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
Continuemos nuestra lectura con los versículos 4 y 5:
¶4 No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las
aguas debajo de la tierra.
5 No los adorarás ni los servirás; porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la
iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,

Algunas podrían pensar que este pasaje no podría aplicarse a nosotros hoy. Recordemos que la carta a
los Colosenses 3:5 dice que “la avaricia . . . es idolatría” Todo aquello a lo que tú te entregas de forma
incondicional o desenfrenadamente, se convierte en tu dios. Este segundo mandamiento prohíbe el
culto a las imágenes y tiene un significado bastante amplio porque incluye toda tentativa de representar
a Dios y a sus criaturas como objeto de culto. El es un Dios que nos ama y celoso; por lo tanto requiere
nuestro culto y adoración de manera exclusiva. La ley de Dios prohíbe de modo categórico y solemne
hacer representaciones de seres humanos, animales, o astros del cielo o de la tierra, para inclinarse o
postrarse ante ellas con el objeto de rendirles culto.
También debemos aclarar que el pecado de la idolatría no se manifiesta necesariamente de una forma
exterior, porque los ídolos pueden encontrarse instalados en nuestro propio corazón. No en vano los
apóstoles pronunciaron advertencias en tal sentido. Por ejemplo, al apóstol Juan en su primera carta
5:21 dijo: Hijos, guardaos de los ídolos. Y el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios 10:14,
dijo: Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. Muchos no adorarían a Baco, el dios del vino de las
antiguas fiestas romanas y griegas de la antigüedad, pero adoran a la botella justamente de la misma
manera, cayendo en el alcoholismo. Otros adoran a Afrodita, diosa del sexo. Otros al dinero. Cualquier
cosa a la que entregues tu tiempo, tu corazón y tu propia alma, se convierte en tu dios, en tu ídolo. Y
Dios dijo que no deberíamos tener otros dioses fuera de El.
Continuemos leyendo el tercer mandamiento, en el versículo 7:
No tomarás el nombre del SEÑOR tu Dios en vano, porque el SEÑOR no tendrá por inocente al que
tome su nombre en vano.

Utilizar el nombre del Señor en vano equivale a una blasfemia, lo cual es muy corriente en nuestros
tiempos. Pero el mandamiento de Dios nunca ha cambiado. Su nombre no podía ser usado en vano
porque el es Dios y es Santo. Como ejemplo, vemos que no estaba prohibido pronunciar un solemne
juramento, pero sí cometer perjurio, como nos lo recuerda el libro del Levítico 19:12, Y no juraréis en
falso por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios; yo soy el SEÑOR. Muchas personas son
incapaces de expresarse sin blasfemar lo cual, además de estar contra la ley de Dios, evidencia una
alarmante falta de vocabulario.
Leamos ahora el cuarto mandamiento, en los versículos 8 al 11:
8 Acuérdate del día de reposo para santificarlo.
9 Seis días trabajarás y harás toda tu obra,
10 mas el séptimo día es día de reposo para el SEÑOR tú Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu
hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo.
11 Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó
en el séptimo día; por tanto, el SEÑOR bendijo el día de reposo y lo santificó.

El día del sábado fue dado a la nación de Israel en una forma muy excepcional. Era un pacto, una señal
entre Dios y los israelitas. Veremos esto más adelante, en Éxodo 31:13-17. En mi opinión, el día exacto
no es importante. Después de todo, con los cambios de calendario que han tenido lugar no podemos
tener una absoluta seguridad de que nuestro séptimo día equivale o no al sábado. Nosotros guardamos
el que consideramos como el primer día de la semana porque el Señor resucitó de los muertos en ese
día. Como hemos adelantado, este tema será tratado con mayor detalle en un programa futuro.
Llegamos ahora a la sección de los mandamientos que trata sobre la relación del ser humano con sus
semejantes. Y comienza con la familia. Leamos el versículo 12:
12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el SEÑOR tu Dios
te da.

El padre y la madre merecían el honor de sus hijos. Más adelante hablaremos más sobre este cuarto
mandamiento.
Leamos el versículo 13, para considerar el sexto mandamiento.
13 No matarás.

Este mandamiento no fue dado a una nación sino a un individuo. Un hombre jamás debería matar u
otro. Se está hablando del asesinato y el Señor diría que este impulso criminal provenía del enojo, de la
ira. Las Escrituras incluso nos exhortan a no enojarnos con nuestro hermano.
Leamos el versículo 14, para el séptimo mandamiento:
14 No cometerás adulterio.

Vivimos en una época de permisividad en el área de las relaciones sexuales. La ley de Dios afirma
claramente que el adulterio es el sexo practicado fuera del matrimonio y este mandamiento permanece
vigente.
Leamos el versículo 15, para el octavo mandamiento:
15 No hurtarás.

El tema aquí es que si a uno se le permitiese cometer adulterio, entonces también debería permitírsele
robar, matar, etc. Las disposiciones de este conjunto de instrucciones, no pueden separarse
arbitrariamente para atribuirles diferentes grados de vigencia. Si se consiente una de las prácticas,
entonces las demás debieran ser consentidas también. Y si una esta mal, luego todas las demás lo están.
El versículo 16 nos detalla el noveno mandamiento:
16 No darás falso testimonio contra tu prójimo.

El propagar falso testimonio contra tu prójimo equivale a mentir. Y el versículo 17 nos ofrece el décimo
mandamiento:
17 No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva,
ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.

La avaricia, de acuerdo con la carta de San Pablo a los Colosenses 3:5, es idolatría. Este es una de los
grandes pecados en la actualidad. Dios condena el asesinato, el adulterio, el robo, el dar falso
testimonio y la codicia. Más adelante en nuestro estudio tendremos ocasión de considerar los Diez
Mandamientos de una manera diferente.
Quizás tenga para nosotros mucho valor el saber qué piensan los demás de nosotros. Y la opinión de
ciertas personas nos afecta. ¿No ocultamos, por ello, algunas facetas de nuestra personalidad? Y pensar
que Dios puede ver cada rincón de nuestra vida ¿Alguna vez nos hemos preguntado qué piensa Dios de
nosotros? Hemos dicho anteriormente que la ley es ese espejo donde el ser humano puede contemplarse
y comprobar su estado de pecado y la distancia que le separa de Dios. Recordemos que la imagen
reflejada destaca nuestra impotencia y debilidad para acercarnos a Dios. Pero también, por la fe, nos
hace dirigir nuestra mirada a Cristo en la cruz, muriendo en nuestro lugar, reconciliándonos con Dios.
© 2014 La Fuente de la Vida

Leyes sobre propiedades; relación con los


esclavos, amos y dueños
LFV 122

EXODO 20:18 – 21:36

Finalizamos nuestro programa anterior con el pueblo ante el Monte Sinaí, y Moisés recibiendo la
primera parte de la Ley de Dios, es decir, los Diez Mandamientos, de los cuales presentamos una
exposición inicial y resumida. Continuamos hoy con nuestro estudio del capítulo 20, llegando al
párrafo en el que el escritor describió
LOS EFECTOS DE LA PRESENCIA DE DIOS SOBRE LOS ISRAELITAS

Dios había entregado a los israelitas el código moral de los Diez Mandamientos. Sin embargo, además
del código moral, aquella ley tenía un contenido mayor. Dios les daría también aquella parte de la ley
que trataba sobre la legislación social. Igualmente les daría instrucciones sobre un altar y las referentes
a la construcción de un Tabernáculo o tienda de reunión que utilizarían durante su viaje por el desierto.
Todo ello formaba parte de la ley, constituyendo un conjunto coherente de normas.

Leamos los versículos 18 al 20:


18 Y todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonido de la trompeta y el monte que
humeaba; y cuando el pueblo vio aquello, temblaron, y se mantuvieron a distancia.
19 Entonces dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros y escucharemos; pero que no hable Dios con
nosotros, no sea que muramos.
20 Y respondió Moisés al pueblo: No temáis, porque Dios ha venido para poneros a prueba, y para que
su temor permanezca en vosotros, y para que no pequéis.

Cuando los israelitas vieron los truenos y los relámpagos tuvieron miedo, retrocedieron y se apartaron
del monte. La ley presentaba un nivel moral alto. Es que la Ley del Señor es perfecta y requiere
perfección. Si estás tratando de salvarte mediante el cumplimiento de esa ley, debes tener en cuenta que
tendrías que ser perfecto. Si no lo eres, por medio de esa ley no puedes salvarte. Podemos dar gracias a
Dios que bajo los términos de su Gracia, El puede tomar a un pobre pecador, rebelde y alejado de Dios
como yo y salvarme. La gracia revela algo de la admirable bondad de Dios.
Continuemos leyendo el resto de este párrafo: los versículos 21 al 23:

21 Y el pueblo se mantuvo a distancia, mientras Moisés se acercaba a la densa nube donde estaba Dios.
22 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto que os he
hablado desde el cielo.
23 “No haréis junto a mí dioses de plata ni dioses de oro; no os los haréis.

Es importante considerar por qué Dios se apareció justamente de esta manera a los israelitas. Creo que
resulta evidente que quiso inculcarles, de manera que les quedase grabada en la memoria, la realidad de
que El era el Dios vivo. Recordemos que se habían criado en Egipto rodeados de ídolos y que eran
también idólatras, como podremos ver más adelante. Habían estado adorando a las criaturas antes que
al Creador. Por eso Dios se estaba acercando a ese pueblo como nunca antes.
Llegamos ahora a un párrafo que incluye las
INSTRUCCIONES SOBRE EL ALTAR

Habiéndoles Dios dado los Diez Mandamientos, añadió a ese código las instrucciones sobre el altar. Un
altar se utilizaba para realizar sacrificios y nos habla de la cruz de Cristo, y de la sangre que allí
derramó. Este es el altar que los israelitas hicieron antes de erigir la tienda de reunión, o tabernáculo.
Aparentemente, hicieron un altar como éste dondequiera que fueron. Solo cuando el tabernáculo fue
construido se preparó un altar que pudiese ser transportado. Leamos el versículo 24:
24 “Harás un altar de tierra para mí, y sobre él sacrificarás tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus
ovejas y tus bueyes; en todo lugar donde yo haga recordar mi nombre, vendré a ti y te bendeciré.

No se menciona que en este altar se presentase una ofrenda o sacrificio por el pecado. La ofrenda o
sacrificio de paz y reconciliación revelaba que la persona necesitaba un sacrificio que la reconciliase
con Dios, y que Cristo lograría la paz por medio de Su sangre en la cruz. La ofrenda quemada hablaba
de quien es Cristo, de Sus méritos y de Su poder para salvar.
El altar de este pasaje sería hecho de tierra y en él los israelitas ofrecerían sus sacrificios de ofrendas
quemadas y de paz y reconciliación. Las ofrendas por el pecado y los sacrificios por las culpas fueron
instituidas en Israel más tarde.
Leamos ahora el versículo 25:
25 “Y si me haces un altar de piedra, no lo construirás de piedras labradas; porque si alzas tu cincel
sobre él, lo profanarás.

Este versículo contiene una lección importante. Dios quiso que construyesen un sencillo altar de piedra
sin grabados ni adornos. Quizás alguien hubiera querido erigir un altar hermoso, de aspecto atractivo.
Desde el momento en que un instrumento o herramienta para grabar se aplica a las piedras, pervierte la
finalidad para la que se diseñaron. No hay nada de malo en un lugar atractivo para la adoración, pero si
los grabados u ornamentos oscurecen el mensaje de la cruz, desviando nuestra atención del Señor
Jesucristo que murió en esa cruz, entonces, para Dios, ello constituye una ofensa. Como vemos en este
detalle del versículo 25, Dios no quiso que éste fuera el caso.
Seguramente recordaremos que cuando el apóstol Pablo fue a la ciudad de Corinto, descubrió que los
creyentes estaban influenciados por la filosofía. Muchos de los sacerdotes paganos implicados en las
religiones paganas trataban de identificarse con todos los pecados de Corinto. Cuando Pablo llegó,
aquellos filósofos de segunda categoría deseaban argumentar, discutir y parecer intelectuales. Aquellos
Corintios estaban propensos a adoptar cualquier tendencia. Pablo tuvo una experiencia similar en
Atenas. Y le dijo a los Corintios, en su primera carta 2:2, pues nada me propuse saber entre vosotros,
excepto a Jesucristo, y éste crucificado. Es que si Cristo crucificado queda fuera del mensaje, ¿qué
importancia tienen el edificio en que se practica el culto, la estética de su decoración, la belleza del
santuario, la calidad de la música o la elocuencia del predicador? Todo lugar en que Cristo crucificado
no esté presente, según el punto de vista de Dios, está contaminado.
Y el versículo 26 añade:
26 “Y no subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra sobre él.”

Quizás los decoradores habrían considerado conveniente construir bellos escalones para subir hasta el
altar. En aquel tiempo los hombres vestían una especie de camisa o túnica, que tendrían que levantar al
subir los escalones, dejando al descubierto su desnudez. Pero Dios no quería utilizar ni permitir en Su
presencia nada que recordase la naturaleza física, porque El conoce las tendencias naturales de la parte
física del ser humano, y no deseaba que ésta se expusiese en público y en Su Presencia.
(Más adelante en el libro del Éxodo, veremos que entre las vestiduras que debían ponerse los
sacerdotes, estaban los calzoncillos de lino que les cubrirían de la cintura a los muslos cuando entraban
al tabernáculo y se dirigían hacia el altar)
Llegamos así a
EXODO 21:1 – 36

TEMA; Leyes para siervos y siervas; leyes para el homicidio involuntario; leyes para los que maldicen
a sus padres; leyes para los agresores, etc.

(Después de la promulgación de los Diez Mandamientos, o Decálogo, y por medio de Moisés, Dios le
dio al pueblo una serie de estatutos que consistían en una aplicación de la Ley a la vida cotidiana. Su
enumeración ocupa algunos capítulos del libro del Éxodo formando, en efecto, un código civil que
puede dividirse en 5 secciones principales:
1. Leyes relativas al altar y al culto. (Éxodo 20:23 al 26)
2. Leyes que protegían los derechos humanos. (Éxodo 21:2 al 22:15)
3. Estatutos sobre la conducta individual. (Éxodo 22:16 al 23:9)
4. Ordenanzas sobre el año sabático, el sábado,
la fiesta y el sacrificio. (Éxodo 23:10 al 19)
5. Promesas. (Éxodo 23:20 al 33)
Así, el pueblo de Israel llegaba a ser una nación gobernada directamente por Dios, quien detentaba el
poder ejecutivo, legislativo y judicial.)
(fin de la cita del italiano, que empezó con paréntesis en página anterior).
El primer párrafo de este capítulo incluye

LA LEY QUE REGULABA LAS RELACIONES ENTRE AMOS Y SIERVOS


Éxodo 21 se ocupa de la legislación social. Esta parte de la ley constituía en aquella época un asunto
importante, porque los israelitas habían sido esclavos en Egipto.
(Resulta extraño hablar en nuestro tiempo de la esclavitud, que se remonta a épocas muy antiguas.
Cuando estudiamos Génesis 17:27, vimos que Abraham, habiendo recibido la promesa de Dios de tener
a su hijo Isaac, se sometió al rito de la circuncisión, participando de ello también de él todos los
varones de su casa, incluidos los siervos. Además, otros pueblos antiguos como los egipcios,
babilonios, romanos y griegos abusaron de esta práctica, llegando a considerarla una institución natural
y necesaria. Los métodos para conseguir esclavos variaban entre utilizar a los prisioneros de guerra a
comprarlos en el mercado o quedarse con los hijos del esclavo nacidos en la casa del amo. Los
versículos 1 al 11, tratan sobre el caso de los esclavos hebreos. La situación de los esclavos extranjeros
será tratada cuando estudiemos el libro de Levítico 25:44-46.)
(Podemos decir que la legislación de Moisés fue mucho más humana que otras legislaciones de la
antigüedad que, siglos después, el cristianismo no querría trastornar el orden social suprimiendo una
costumbre tan arraigada. En su carta a los Efesios el apóstol Pablo, por una parte, exhortó a los
esclavos que obedeciesen a sus amos y por otra, aconsejó a los amos cristianos que tratasen a sus
esclavos humanamente, Así que el cristianismo no solo enunció principios que implicaban una mejora
en las condiciones sociales de los esclavos sino que la ética cristiana conduciría inevitablemente a la
desaparición de la esclavitud al proclamar la igualdad de todos los seres humanos ante Dios y que los
esclavos eran miembros del cuerpo de Cristo, la iglesia, y partícipes de los dones del Espíritu Santo, tal
como veremos en nuestro estudio al llegar a la primera carta de Pablo a los Corintios 12:13.)
Leamos los versículos 1 y 2:
Estas son las ordenanzas que pondrás delante de ellos.
2 Si compras un siervo hebreo, te servirá seis años, pero al séptimo saldrá libre sin pagar nada.
Estos 2 versículos afirman claramente que los israelitas nunca podrían convertir de forma permanente a
uno de sus propios hermanos en un esclavo. Continuemos leyendo los versículos 3 al 6:
3 Si entró solo, saldrá solo; si tenía mujer, entonces su mujer saldrá con él.
4 Si su amo le da mujer, y ella le da a luz hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá
solo.
5 Pero si el siervo insiste, diciendo: “Amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no saldré libre”,
6 entonces su amo lo traerá a Dios, y lo traerá a la puerta o al quicial. Y su amo le horadará la oreja con
un punzón, y él le servirá para siempre.

Esta ley tan notable declaraba que un esclavo, después de haber servido por un período de 7 años podía
quedar libre. Si estaba casado al convertirse en esclavo, podía llevarla con él. Si se casaba durante el
tiempo de su esclavitud, es decir, si se casaba con una mujer que ya era esclava de su propio amo, al
final de los 7 años él quedaba en libertad, pero su mujer seguía perteneciendo a su amo. En
consecuencia el era un hombre libre y ella no. Sin embargo y ya que amaba a su esposa y a su amo,
podía decidir quedarse por su propia y libre voluntad. Si así lo decidiese, su amo le perforaría el lóbulo
de su oreja, lo cual significaba que serviría a su amo para siempre.
Esta es una hermosa figura del Señor Jesucristo. El vino a esta tierra y adoptó nuestra humanidad.
Todos nosotros éramos esclavos del pecado. El podría haberse ido libremente. Podría haber regresado
al cielo, a su elevada posición en la Deidad, sin pasar por el portal de la muerte. El no tenía por que
haber muerto en la cruz. Pero voluntariamente descendió a la tierra y asumió nuestra humanidad. Como
elocuentemente lo expresa el apóstol Pablo en su carta a los Filipenses 2:8, Y hallándose en forma de
hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
El Salmo 40:6—8 continúa diciendo:
Sacrificio y ofrenda de cereal no has deseado;
has abierto mis oídos;
holocausto y ofrenda por el pecado no has requerido.
7 Entonces dije: He aquí, vengo;
en el rollo del libro está escrito de mí;
8 me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío;
tu ley está dentro de mi corazón.
Este pasaje se refiere a Cristo, pues así lo manifiesta la carta a los Hebreos 10:5—9, y esto se cumplió
cuando el Señor vino a este mundo. Leámoslo, pues, a partir de Hebreos 10:5, incluyendo algunas
aclaraciones: “por lo cual, al entrar El en el mundo, dice (refiriéndose s Cristo) Sacrificio y ofrenda no
has querido, pero un cuerpo has preparado para mí (no fue solo el lóbulo de su oreja que fue perforado
por un punzón, como la del esclavo, pero Dios le dio un cuerpo para toda la eternidad). Y continúa
diciendo: En holocaustos y sacrificios por el pecado no te has complacido. Entonces dije: “He aquí, yo
he venido (en el rollo del libro está escrito de mí) para hacer, Oh Dios, tu voluntad. Más arriba, cuando
decía en holocaustos y sacrificios por el pecado no te has complacido, podría agregarse que eran
ofrecidos por disposición de la ley. Y recalco la parte final de esta cita, en la que Cristo dice Yo he
venido para hacer tu voluntad, Oh Dios. Es decir, que El quitó lo primero para poder establecer lo
segundo. Cristo fue hecho “semejante a Sus hermanos” (como dice Hebreos 2:17) El eligió no salir en
libertad sin nosotros. Podría haber abandonado esta tierra sin morir, pero dijo (como seguramente
habrán dicho muchos esclavos hebreos al escoger a una esposa esclava) “Yo amo a mi esposa” (y
Cristo añadiría) “Yo amo al pecador”. Y así, por obediencia se dirigió hacia la muerte, incluso a la
vergonzosa muerte en la cruz, para poder redimirnos de la esclavitud del pecado. Verdaderamente, esta
es una maravillosa figura de Cristo, incluida aquí en el relato inmediatamente después de la entrega de
los Diez Mandamientos.
Vayamos ahora a un párrafo que trata sobre
LA LEY SOBRE LAS LESIONES PERSONALES

Leamos el versículo 12:


12 El que hiera de muerte a otro, ciertamente morirá.
Este versículo autorizaba la pena capital. La nación de Israel podía, en base a esta disposición, ejecutar
a un asesino. Pasemos al versículo 13:
13 Pero si no estaba al acecho, sino que Dios permitió que cayera en sus manos, entonces yo te señalaré
un lugar donde pueda refugiarse.

Había 6 ciudades de refugio distribuidas por toda la tierra de Palestina. Fueron establecidas en
ubicaciones convenientes para que alguien acusado de homicidio involuntario pudiese acogerse a la
protección que ellas le ofrecían, hasta que el problema en que esa persona estuviese involucrada
pudiera solucionarse. Más tarde, en nuestro estudio, hablaremos más sobre estas ciudades de refugio.
Continuemos con el versículo 14:
14 Sin embargo, si alguno se ensoberbece contra su prójimo para matarlo con alevosía, lo tomarás aun
de mi altar para que muera.

Si un hombre cometía un asesinato premeditado, sería ejecutado. Pero si matase a alguien al defenderse
de un ataque, en defensa propia, sin premeditación, no merecía la ejecución.
Y el versículo 15 presenta otro caso:
15 El que hiera a su padre o a su madre, ciertamente morirá.

Aquí tenemos la versión de aquellos días de la violencia física en el hogar, es decir los casos de golpes
y malos tratos. Esta disposición de Dios constituía una protección para la familia y sus miembros.
Continuamos con otra situación diferente en el versículo 16, relativa a los casos de secuestro
16 El que secuestre a una persona, ya sea que la venda o sea hallada en su poder, ciertamente morirá.

Leamos otras normas legales para diversos casos en los versículos 17 al 19:
17 El que maldiga a su padre o a su madre, ciertamente morirá.
18 Si dos hombres riñen y uno hiere al otro con una piedra o con el puño, y no muere, pero guarda
cama,
19 y se levanta y anda afuera con su bastón, el que lo hirió será absuelto; sólo pagará por su tiempo
perdido, y lo cuidará hasta que esté completamente curado.

En otras palabras, el que era responsable de las lesiones tenía que indemnizar al herido, tanto por su
tiempo como por los gastos médicos.
Las leyes arriba mencionadas y las demás presentadas en el resto de este capítulo, han constituido la
base para los sistemas legales de muchas naciones. Ellas forman la declaración básica de principios
para la ley y el orden necesarios para la convivencia social, sobre la cual se han construido y
desarrollado países civilizados.
Los versículos 24 y 25 resumen lo presentado hasta el momento:
24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
25 quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.

En otras palabras, estos versículos establecen la ley de la reciprocidad, vigente en aquellos tiempos del
Antiguo Testamento. La ley debía ser cumplida si había de haber orden y protección para la vida
humana y la propiedad privada.
Tenemos que dar gracias a Dios por no tener que depender del cumplimiento de la ley para nuestra
salvación. Porque hay Alguien que está dispuesto ha conceder Su gracia y Su misericordia hacia
nosotros, para que podamos ser salvos. Es el Señor Jesucristo.

© 2014 La Fuente de la Vida

Leyes de restitución; derechos sobre la


propiedad.
LFV 123

EXODO 22 – 23

EXODO 22

TEMA; Las leyes sobre robo, daños y perjuicios, ofensas, préstamos, fornicación, brujería, bestialidad,
idolatría, y las leyes sobre los extranjeros y las viudas.

OBSERVACIONES

Los capítulos 21 al 24 de Éxodo tratan el tema de la legislación social. Se formularon leyes básicas
para la que llamaríamos una sociedad civilizada.
Este pasaje Bíblico forma parte de la sección formada por los capítulos 21 al 24 que, como hemos visto
en programas anteriores, se ocupa de la legislación social. Son leyes básicas de lo que podríamos
llamar una sociedad civilizada y de las cuales el mundo occidental ha obtenido modelos para su propio
derecho y para la definición de los delitos.
El primer párrafo del capítulo 22 trata sobre
LA LEY SOBRE LOS DERECHOS DE PROPIEDAD

En la actualidad con frecuencia surge la pregunta “¿Qué es correcto o justo y qué es incorrecto o
injusto?”. Hace un tiempo un profesor universitario, que afirmaba ser ateo, discutía conmigo sobre este
asunto y el pensaba, como muchos hoy, que esos son conceptos relativos, y que lo que él consideraba
justo, y lo que yo tenía por justo, podrían ser polos opuestos. Entonces el me preguntó: “¿En que basa
Ud. sus conclusiones dogmáticas?” Le respondí: “En la Palabra de Dios” Y continué diciéndole que mi
naturaleza era como la suya, y que a mí me agradaría ceder en ciertas circunstancias y poner mis
propios límites en algunas situaciones, de acuerdo con mi conveniencia, pero que Dios me había
provisto un modelo a seguir. Resulta interesante que el modelo de Dios ha producido sociedades en las
que existe una medida de la ley y de la justicia.
Las leyes expuestas en los capítulos 21 al 24 se dirigen directamente a los problemas y abarcan todos
los aspectos esenciales de la vida cotidiana. Una gran parte de nuestras leyes se basa en estos preceptos.
A mi me agrada que la Palabra de Dios diga: “No matarás”. Porque ello me protege a mí y a mi familia.
Y me tranquiliza que la Biblia advierta: “No robarás”, porque esa norma protege lo poco que yo pueda
tener. Estas y otras leyes son fundamentales para mantener el orden en cualquier sociedad.
Leamos el versículo 1
Si alguno roba un buey o una oveja, y lo mata o vende, pagará cinco bueyes por el buey y cuatro ovejas
por la oveja.
Probablemente la restitución estaba en relación con la importancia económica del daño y el buey era
especialmente útil para la supervivencia de una familia. Lo que hay que subrayar y que está en la base
de este versículo es que el robar no era lícito, y el damnificado debía ser resarcido por su pérdida. Es
interesante que en el Nuevo Testamento, el Evangelio según Lucas 19:8 nos relata que Zaqueo actuó
según ese principio. Leamos ese pasaje:
8 Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si
en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado.
¿Por qué dijo eso? Simplemente se estaba refiriendo a la ley de Moisés.
También nuestras leyes actuales establecen que si uno destruye una propiedad ajena, debe pagar el
valor del objeto dañado o reponerlo. Habría que reconocer que la ley de Dios que obligaba a reponer
cuatro veces lo robado o dañado, es más adecuada para la forma de ser de la naturaleza humana. Si esta
norma estuviese vigente, todos seríamos más cuidadosos. La condición humana continúa siendo la
misma y Dios es siempre el mismo, y trata al ser humano en base a lo que considera mejor para él.
Continuemos leyendo los versículos 2 y 3:
2 Si el ladrón es sorprendido forzando una casa, y es herido y muere, no habrá culpabilidad de sangre;
3 pero si ya ha salido el sol, habrá culpabilidad de sangre. Ciertamente, el ladrón debe hacer restitución;
si no tiene con qué, entonces será vendido por el valor de su robo.

Aquí encontramos las bases de la ley de defensa propia. La protección de Dios abarcaba la propiedad y
el hogar. Bajo este principio, un hombre estaba justificado al proteger su propiedad y a sus seres
queridos.
Si un ladrón entraba de noche a robar y el dueño de la casa lo mataba, no sería culpado de asesinato.
Pero si lo mataba de día, el dueño de la casa sería culpado de homicidio. Aparentemente, de día se
podía ver al ladrón y pedir ayuda con facilidad. El código Mosaico buscaba proteger la vida humana,
aun la de los criminales. El ladrón tenía que compensar el robo con sus propios bienes materiales o, en
caso contrario, ser vendido como esclavo.
(Hace un tiempo, en América, un hombre se introdujo en una vivienda y su propietario le disparó
hiriéndole. El ladrón herido le puso una demanda judicial por varios miles de dólares en daños y
perjuicios. El caso fue al juzgado y el ladrón lo ganó porque aquel juez determinó que el propietario no
tenía derecho a dispararle. Para hacer frente a la indemnización, el propietario tuvo que vender su casa.
Y no hubo ningún fallo contra el ladrón.) En nuestras sociedades, a veces se pone un gran énfasis en las
garantías y protección de los derechos individuales. Pero en muchos casos se protegen los derechos del
culpable a expensas de los derechos del inocente.
(Y por otra parte hay que reconocer que la sociedad moderna es muy diversa y compleja, en
comparación con la de la época de Moisés y sería absurdo aplicar literalmente algunas de aquellas leyes
a nuestra realidad). Las leyes de Dios constituían principios básicos que proporcionaban a la sociedad
orden y seguridad. Si la humanidad hubiese practicado la legislación social expuesta en el libro del
Éxodo, no tendríamos los problemas sociales actuales en las calles de nuestras ciudades.
(Y ya hemos subrayado en varias ocasiones que la ley fue dada al ser humano no para que éste por sí
mismo satisficiese las demandas de la justicia y santidad de Dios, sino para demostrarle su necesidad
de ser objeto de la gracia de Dios. Dios aborrece el pecado y lo condena duramente en todas sus
formas. Y la ley pone en evidencia que cada ser humano está sujeto por la fuerza del pecado y la
rebelión contra Dios. Por eso Dios concede la salvación por Su gracia y misericordia, por la fe en la
obre de Jesucristo en la cruz.
Entre los versículos 5 y 15 se reglamentan los eventuales daños causados a la propiedad ajena. Leamos
los versículos 5 y 6:
5 Si alguno deja que un campo o viña sea pastado totalmente, y deja suelto su animal para que paste en
campo ajeno, hará restitución con lo mejor de su campo y con lo mejor de su viña.
6 Si estalla un incendio y se extiende a los espinos, de modo que las mieses, amontonadas o en pie, o el
campo mismo se consuman, el que encendió el fuego ciertamente hará restitución.

En estos estatutos vemos que el código de Moisés enfatizaba el derecho a la vida y a la propiedad,
principios básicos para la convivencia y el bienestar de la humanidad. Dios había dado estas leyes para
que aquel pueblo de Israel fuese un ejemplo a las otras naciones de la tierra.
Continuemos leyendo los versículos 16 y 17, con sus estatutos sobre la seducción sexual:
16 Si alguno seduce a una doncella que no esté desposada, y se acuesta con ella, deberá pagar una dote
por ella para que sea su mujer.
17 Y si el padre rehúsa dársela, él pagará una cantidad igual a la dote de las vírgenes.

Las hijas solteras y sin compromiso matrimonial eran consideradas como propiedad de su padre; por
eso, cuando la hija perdía su virginidad, su valor disminuía y el padre debía recibir una compensación.
Si alguien engañaba o seducía a una joven virgen no comprometida, el varón debía dotarla y tomarla
por mujer. (Normalmente se pagaba a los padres de una joven una dote cuando se confirmaba el
compromiso). Si su padre no quería que su hija se casara, el varón todavía estaba obligado a pagar la
dote de las vírgenes) (ECB). Cabe destacar que en la actualidad, la violencia sexual y las violaciones
forman parte de las noticias de todos los días.
Los versículos 18 al 20 contienen estatutos sobre costumbres propias de la idolatría. Leamos el
versículo 18:
18 No dejarás con vida a la hechicera.

Las hechiceras predecían el futuro o controlaban a otros por el poder demoníaco. Hoy en día podemos
ver un resurgimiento de sectas satánicas y un gran interés en lo sobre natural. Dice el versículo 19:
19 A cualquiera que se eche con un animal, ciertamente se le dará muerte.

El bestialismo era comúnmente practicado por los cananeos en sus ritos de adoración a su dios Baal.
Nos demuestra hasta que nivel de degradación en su dignidad puede descender el ser humano. Y el
versículo 20, dice:
20 El que ofrezca sacrificio a otro dios, que no sea el SEÑOR, será destruido por completo.

Este estatuto tenía el castigo más severo, y quizás podría considerarse como la base de toda otra
desviación moral o aberración. Estas prácticas han caracterizado los períodos de decadencia y caída de
imperios y la disolución de pueblos.
Vamos a leer los versículos 21 al 25, que contienen estatutos acerca del cuidado de los necesitados:
21 Al extranjero no maltratarás ni oprimirás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
22 A la viuda y al huérfano no afligiréis.
23 Si lo afliges y él clama a mí, ciertamente yo escucharé su clamor,
24 y se encenderá mi ira y os mataré a espada, y vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos
huérfanos.
25 Si prestas dinero a mi pueblo, a los pobres entre vosotros, no serás usurero con él; no le cobrarás
interés.

La Palabra de Dios ha inspirado e impulsado a grandes movimientos de ayuda a los más débiles que
han surgido en la humanidad. Por ejemplo, los orfanatos comenzaron bajo los auspicios de iglesias y
organizaciones cristianas. De misma manera, nadie podría aprovecharse del pobre que pidiese un
préstamo ni comportarse con el como un prestamista.
Pero hay algunas leyes más. Así que pasemos al capítulo

EXODO 23

TEMA; Leyes sobre la difamación y el falso testimonio; justicia; caridad; el año del reposo; el sábado;
la idolatría; las 3 fiestas; el sacrificio; y la promesa del Angel.

Pasemos a considerar ahora la parte final de


LA LEY SOBRE LOS DERECHOS DE PROPIEDAD (cont.)

Leamos los versículos 1 y 2:


No propagarás falso rumor; no te concertarás con el impío para ser testigo falso.
2 No seguirás a la multitud para hacer el mal, ni testificarás en un pleito inclinándote a la multitud para
pervertir la justicia;

Estas normas nos advierten que debemos ser cuidadosos con lo que decimos, lo cual es la regla de
conducta divina. Un chismoso actuando entre la gente puede llegar a ser tan peligroso como un asesino,
un ladrón o un adúltero. Sin embargo, en nuestra sociedad, un chismoso consigue, muchas veces, pasar
inadvertido. Esta regla ampliaba el noveno mandamiento y recalcaba la necesidad de actuar con justicia
imparcial en las cortes: los israelitas debían llevar testigos veraces a los juicios. No debían dejar que la
justicia se pervirtiese ni dejarse influenciar por la mayoría. El juicio no debía inclinarse hacia el rico ni
hacia el pobre. El juicio y la práctica de la justicia debían realizarse con imparcialidad. Los romanos
representaban a la justicia con la imagen delicada de una mujer con los ojos vendados, que no actuaba
con favoritismo hacia ciertas personas; en una mano sostenía una balanza y en la otra, una espada. La
espada significaba que cuando se pronunciaba una sentencia, se ejecutaría el castigo. La balanza
representaba la imparcialidad de un juicio sin favoritismos.
El siguiente párrafo, los versículos 10 y 11, trata de

LA LEY SOBRE LA TIERRA Y EL DIA DEL REPOSO

10 Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto;


11 pero el séptimo año la dejarás descansar, sin cultivar, para que coman los pobres de tu pueblo, y de
lo que ellos dejen, coman las bestias del campo. Lo mismo harás con tu viña y con tu olivar.

Dios repasaría esta ley con Israel cuando entrasen en la tierra prometida. Los temas del día del reposo,
el año Sabático y el año del Jubileo se tratarán en nuestro estudio del libro del Levítico. En pocas
palabras, el día Sábado o día del reposo era el séptimo de la semana y era un día de estricto descanso.
El año Sabático, al final de un período de siete años, era de reposo para la tierra, que se dejaba sin
cultivar. El año del Jubileo, era también llamado año de la libertad. Cada 50 años se celebraba un año
sabático en el que se dejaba reposar la tierra, se condonaban las deudas y se daba la libertad a los
esclavos que habían sido obligados a venderse como esclavos. Las tierras que habían sido vendidas,
volvían a sus dueños originales.
Leamos ahora los versículos 14 al 17, donde se mencionan
LAS TRES FIESTAS NACIONALES

14 Tres veces al año me celebraréis fiesta.


15 Guardarás la fiesta de los panes sin levadura. Siete días comerás pan sin levadura, como yo te
mandé, en el tiempo señalado del mes de Abib, pues en él saliste de Egipto. Y nadie se presentará ante
mí con las manos vacías.
16 También guardarás la fiesta de la siega de los primeros frutos de tus labores, de lo que siembres en
el campo; y la fiesta de la cosecha al fin del año cuando recojas del campo el fruto de tu trabajo.
17 Tres veces al año se presentarán todos tus varones delante del Señor DIOS

LOS VARONES ISRAELITAS TENÍAN QUE PRESENTARSE TRES VECES AL AÑO EN


JERUSALÉN, PARA PARTICIPAR EN LA CELEBRACIÓN DE TRES FIESTAS. (1) LA FIESTA DE
LA PASCUA, QUE ERA UN RECORDATORIO DE LA PROTECCION DIVINA DURANTE LA
ULTIMA PLAGA Y DEL EXODO APRESURADO DE EGIPTO, SEGUIDA DE LOS SIETE DIAS
EN QUE COMERÍAN PANES SIN LEVADURA. (2) LA FIESTA DE LA SIEGA, TAMBIEN
LLAMADA LA FIESTA DE LAS SEMANAS. QUE SE CELEBRABA POR SIETE SEMANAS (50
DIAS) DESPUES DE LA FIESTA DE PANES SIN LEVADURA, LLAMADA DE PENTECOSTES
EN EL NUEVO TESTAMENTO. Y (3), LA FIESTA DE LA COSECHA, QUE SE LLAMÓ LA
FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS. ANTES DE QUE EL RELATO NOS LLEVE A LA ENTRADA
DE LOS ISRAELITAS EN CANAAN, ESTUDIAREMOS ESTAS FIESTAS CON MAYOR
DETALLE

EL CAPITULO PROSIGUE CON LAS

PROMESAS E INSTRUCCIONES SOBRE LA CONQUISTA DE LA TIERRA POR PARTE DE


ISRAEL

LEAMOS LOS VERSÍCULOS 20 Y 21:

20 He aquí, yo enviaré un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te traiga al lugar que
yo he preparado.
21 Sé prudente delante de él y obedece su voz; no seas rebelde contra él, pues no perdonará vuestra
rebelión, porque en él está mi nombre.

Siempre surge la pregunta sobre quién es este Angel. Otros pasajes de las Sagradas Escrituras aclaran la
respuesta. La primera carta a los Corintios 10:4 dice, hablando de los israelitas en el desierto:
4 y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía; y la
roca era Cristo.

Y el apóstol Pablo continúa diciendo en el mismo capítulo 10, y los versículos 9 y 10.
9 Ni provoquemos al Señor, como algunos de ellos le provocaron, y fueron destruidos por las
serpientes.
10 Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destructor.

¿Quién era entonces el Angel mencionado en los versículos 20 y 23 de nuestro pasaje de hoy? Lo más
posible es que haya sido el Señor mismo, en una aparición antes de la encarnación. Era al Señor Jesús a
quien ellos tenían que obedecer.
Continuemos leyendo el versículo 23;
23 Pues mi ángel irá delante de ti y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del
cananeo, del heveo y del jebuseo; y los destruiré por completo.
Dios les dijo a los israelitas que El quería expulsar a los enemigos que habitaban en aquella tierra a
causa de su pecado y rebeldía absoluta, que les había llevado a la idolatría. El versículo 27 añade:
27 Enviaré mi terror delante de ti, y llenaré de confusión a todo pueblo donde llegues; y haré que todos
tus enemigos ante ti vuelvan la espalda.

Dios también le estaba diciendo a Israel que Su intención era colocarles en aquellas tierras para que
fuesen suyas. Pero a continuación les advirtió, en las palabras de los versículos 32 y 33:
32 No harás pacto con ellos ni con sus dioses.
33 Ellos no habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí; porque si sirves a sus dioses,
ciertamente esto será tropezadero para ti.

Los israelitas no debían concertar pactos ni comprometerse en absoluto con los habitantes de aquel
país, ni con los dioses que estos adoraban. Esa obediencia y la fidelidad a Su Palabra era la condición
esencial para recibir las bendiciones de Dios del versículo 25, que no hemos leído. Y para aquellos que
verían aquí una arbitraria crueldad por parte de Dios, les recordamos que Dios es Santo, como reflejó
Su ley, y El estaba dispuesto a castigar no solo a aquellos pueblos cananeos sino, incluso a Israel por su
desobediencia, infidelidad e idolatría. Acontecimientos históricos futuros como la derrota de los
israelitas, deportación y posterior esclavitud n Babilona, y la destrucción de Jerusalén serían hechos
que trágicamente demostraron que Dios demandó su justicia a todos los pueblos que moraron en
aquella tierra: tanto a los habitantes originales, como a los israelitas.
Por eso, cuando se cumplió el tiempo, Dios que obra no solo con justicia sino también con amor, envió
a Su Hijo Jesucristo, quien satisfaría la justicia de Dios y llevaría, ocupando nuestro lugar en la cruz,
nuestros pecados. Por tal motivo, Jesucristo es la única persona en el universo autorizadas para
proclamar las siguientes palabras, que encontramos en el Evangelio Según Juan 14:6,
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

© 2014 La Fuente de la Vida

Moisés y ancianos en el Monte Sinaí; ofrenda


para el Tabernáculo
LFV 124

EXODO 24:1 – 25:9

TEMA; El Señor llamó a Moisés desde la montaña; los israelitas comprometieron su obediencia; La
gloria de Dios apareció; y Aarón y Hur quedaron a cargo del pueblo durante la ausencia de Moisés.

OBSERVACIONES

El capítulo 24 de Éxodo concluyó con la sección de la legislación social que había comenzado en el
capítulo 21. Hemos comprobado que la Ley de Moisés era mucho más que los breves y concisos Diez
Mandamientos, y que el área de la legislación social abarcaba mucho terreno. El primer párrafo
presenta la
ORDEN DE ADORAR ANTES DE LA EXISTENCIA DEL TABERNACULO

Leamos el versículo 1:

Entonces Dios dijo a Moisés: Sube hacia el SEÑOR, tú y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los
ancianos de Israel, y adoraréis desde lejos.

Dios le pidió a aquellos hombres que subiesen a la montaña, pero incluso a ellos, que estaban en una
posición muy única, en esta ocasión se les dijo que adorasen desde lejos. ¡Cuán diferentes eran las
cosas en la época de la ley a cómo son en la era de la gracia! Bajo la Ley el ser humano debía adorar
desde lejos pero, refiriéndose a nuestra época, la carta a los Efesios 2:13, nos dice: Pero ahora en Cristo
Jesús, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo. Dios
nos salva y nos conduce hoy, por su gracia, a lo largo del sendero de la vida.
Continuemos leyendo los versículos 2 y 3:
2 Sin embargo, Moisés se acercará solo al SEÑOR, y ellos no se acercarán, ni el pueblo subirá con él.
3 Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras del SEÑOR y todas las ordenanzas; y todo el
pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que el SEÑOR ha dicho.

Esta era la segunda vez que los israelitas habían dado una respuesta afirmativa cuando Dios les
preguntó si querían recibir sus mandamientos y Su ley. Ellos estaban seguros de sí mismos,
autosuficientes y casi arrogantes cuando le respondieron a Dios. “Si; queremos tu ley”. Prometieron
cumplir todas las palabras del Señor cuando aun no las tenían en su totalidad. Se les habían entregado
los Diez Mandamientos y creían que podían obedecerlos.
Uno se pregunta cómo Israel pudo engañarse tanto. Pero estoy aun más desconcertado por el hecho de
que hay tantas personas que todavía creen que están viviendo bajo la ley. Aquellos que piensan que
están cumpliendo las normas de Dios están engañados y esto es tremendo. La primera carta de Juan
1:8, dice que Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está
en nosotros. No estarás engañando a tus vecinos, ni a tu esposo, esposa o seres queridos. Pero
indudablemente te estarás engañando a ti mismo. Porque si dices que no tienes pecado, te estás
realmente engañando a ti mismo. Incluso puedes llegar a pensar que alguien que afirma no tener
pecado está, en parte, diciendo la verdad. Pero el apóstol Juan declara alguien que así habla, no dice en
absoluto, la verdad. En el mismo capítulo 1 que hemos citado, v.10, dice: Si decimos que no hemos
pecado, le hacemos a El mentiroso y su palabra no está en nosotros. Es decir que si afirmas que no has
pecado, haces que Dios parezca mentiroso. Pero El no es así. Lo mejor que puedes hacer es no jactarte
de tu bondad. En nuestro pasaje Bíblico, nos sorprende la arrogancia de los israelitas cuando dijeron:
“Haremos todas las palabras que el Señor ha dicho”.
En el siguiente párrafo se nos relatan las ceremonias en las que

LOS ISRAELITAS RECONOCIERON EL PACTO


Leamos loe versículos 4 al 7:
4 Y Moisés escribió todas las palabras del SEÑOR. Levantándose muy de mañana, edificó un altar al
pie del monte, con doce columnas por las doce tribus de Israel.
5 Y envió jóvenes de los hijos de Israel, que ofrecieron holocaustos y sacrificaron novillos como
ofrendas de paz al SEÑOR.
6 Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad de la sangre la roció sobre el
altar.
7 Luego tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, y ellos dijeron: Todo lo que el SEÑOR ha
dicho haremos y obedeceremos.

Los israelitas se sentían ciertamente confiados y totalmente seguros de sí mismos. Realmente pensaron
que eran capaces de cumplir la ley de Dios, lo cual era la forma mayor de engañarse a sí mismos.
Prometieron obedecer a Dios pero no lo hicieron. El hombre natural, normal, cree que puede agradar a
Dios pero no es así. Tú y yo no podemos complacer a Dios porque nadie es capaz de alcanzar el nivel
de vida que Dios requiere. Olvidamos que, por lo que a Dios se refiere, realmente somos miembros de
una raza corrompida. Si lo dudas, simplemente mira al mundo a tu alrededor, a la anarquía y al
desorden moral. Mira al pecado, a la confusión, a los que niegan la existencia de Dios, y a la
incredulidad que impera por todas partes. Dios tenía toda la razón cuando dijo en la carta a los
Romanos 3:10; NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; Vivimos en tiempos en los que lo malo y lo bueno
son relativos y se confunden, sin una línea que los separe. Los profetas anunciaron que tal día llegaría
y, verdaderamente, así ha sucedido.
Continuemos leyendo el versículo 8:
8 Entonces Moisés tomó la sangre y la roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que el
SEÑOR ha hecho con vosotros, según todas estas palabras.

Incluso antes de que Dios les comunicase su ley, los israelitas fueron rociados con sangre, para que
supiesen que tenía que realizarse un sacrificio. Dice la carta a los Hebreos 9:22, Y según la ley, casi
todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón. Dios repetiría estas
palabras muchas veces. Se debía entregar la vida, y la penalidad tenía que ser pagada antes de que
ninguno de nosotros pudiera ir al cielo.
El relato nos lleva ahora al momento en que
MOISES ASCENDIO SOLO AL MONTE SINAI

Leamos los versículos 9 y 10:


9 Y subió Moisés con Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel;
10 y vieron al Dios de Israel, y debajo de sus pies había como un embaldosado de zafiro, tan claro
como el mismo cielo.

La frase que dice “. . . y vieron al Dios de Israel”, debe entenderse a la luz de otros pasajes Bíblicos. De
hecho, nadie ha visto a Dios porque El es un Espíritu. El Evangelista Juan 1:18, nos dice que Nadie ha
visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer. Lo que
ellos vieron fue una representación de Dios. Yo me pregunto si nosotros veremos a Dios el Padre
después de esta vida, durante la eternidad. Jesucristo será, probablemente, la contemplación más
cercana que tendremos del Padre. Pero El será suficiente para satisfacer nuestros corazones. Todo lo
que sabemos en la actualidad sobre el Padre es a través del Hijo. No se qué aspecto tiene Dios el Padre,
cómo siente o piensa, porque El nos ha dicho en el libro del profeta Isaías 55:8 y 9:
8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos,
ni vuestros caminos mis caminos—declara el SEÑOR.
9 Porque como los cielos son más altos que la tierra,
así mis caminos son más altos que vuestros caminos,
Pero Jesús nos lo ha revelado. Así que, cuando Moisés, Aarón, Nadab, Abiu, y los setenta ancianos
dirigentes de Israel subieron al Monte Sinaí, no vieron a Dios el Padre, sino que vieron una
representación de Dios.
Leamos el versículo 11:
11 Mas El no extendió su mano contra los príncipes de los hijos de Israel; y ellos vieron a Dios y
comieron y bebieron.

En este versículo, igual que en el anterior, ellos vieron esa representación de Dios. Más tarde, Moisés
pediría ver a Dios porque todo lo que él había visto era dicha representación. Moisés quería ver a Dios.
Y el ver a Dios sería también la súplica de su discípulo Felipe en la sala en que se encontraban los
discípulos reunidos con Jesús. Según el evangelista Juan 14:8, Felipe le dijo: Señor, muéstranos al
Padre, y nos basta. Y el Señor le respondió: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me
conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?
Estimados oyentes, si queréis ver a Dios, tendréis que ir a su encuentro a través de Jesucristo.
Algunos han ofrecido diversos testimonios sobre hecho de que, desde el momento de su salvación,
pueden venir directamente a la presencia de Dios. La verdad es que no venimos directamente a la
presencia de Dios, porque tenemos un mediador. Como dice el apóstol Pablo en su primera carta a
Timoteo 2:5, Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo
Jesús hombre. Tú puedes venir a Dios por medio de Jesucristo. Cristo es el “árbitro” que anhelaba el
patriarca Job, al sentir la lejanía y el carácter inaccesible de Dios. Cristo pone una mano en la mano del
Padre y la otra en tu mano, y os acerca, os reúne a ti y a Dios. No podemos llegar hasta Dios el Padre
por nosotros mismos, y debemos reconocerlo.
Leamos ahora los versículos 13 al 18:
13 Y se levantó Moisés con Josué su ayudante, y subió Moisés al monte de Dios,
14 y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros. Y he aquí, Aarón y Hur están
con vosotros; el que tenga algún asunto legal, acuda a ellos.
15 Entonces subió Moisés al monte, y la nube cubrió el monte.
16 Y la gloria del SEÑOR reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo
día, Dios llamó a Moisés de en medio de la nube.
17 A los ojos de los hijos de Israel la apariencia de la gloria del SEÑOR era como un fuego consumidor
sobre la cumbre del monte.
18 Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y
cuarenta noches.

Aquí vemos que Josué comenzó a aparecer en escena con más frecuencia. Dios le estaba preparando
para ser el sucesor de Moisés. Era aun joven y Dios tenía que enseñarle muchas cosas antes de que
estuviese preparado para dirigir al pueblo de Israel. Y fue durante aquel tiempo pasado en el Monte
Sinaí que Moisés recibió las instrucciones presentadas en el resto de este libro del Éxodo.
EXODO 25:1—9

TEMA; Lo que los israelitas debieron ofrecer para la construcción del Tabernáculo, y las instrucciones
para el mobiliario del Tabernáculo.

OBSERVACIONES

Entre los capítulos 25 y 30 de Éxodo, Dios le reveló a Israel el proyecto del Tabernáculo y el modelo
para las vestiduras del sumo sacerdote. A continuación, tenemos el relato de la construcción del
Tabernáculo y el hecho de que aquella tienda fue llena de la gloria del Señor. Esa tienda de reunión, fue
el centro de la vida de los israelitas porque era allí donde el ser humano se acercaba a Dios.
El primer párrafo del capítulo nos habla de los
MATERIALES QUE SE UTILIZARÍAN EN EL TABERNACULO

Leamos los versículos 1 y 2:


Y habló el SEÑOR a Moisés diciendo:
2 Di a los hijos de Israel que tomen una ofrenda para mí; de todo aquel cuyo corazón le mueva a
hacerlo, tomaréis mi ofrenda.

Israel había estado solo unos pocos meses fuera de la esclavitud, Sin embargo, el Señor les pidió que
hiciesen una contribución para ayudar a la construcción del Tabernáculo o tienda de reunión, que
utilizarían en su travesía por el desierto. Lo sorprendente fue que los israelitas dieron tanto que se les
pidió que dejasen de contribuir. Leeremos los versículos 3 al 7, que detallan los elementos que tenían
que traer;
3 Y esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata y bronce;
4 tela azul, púrpura y escarlata, lino fino y pelo de cabra;
5 pieles de carnero teñidas de rojo, pieles de marsopa y madera de acacia;
6 aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático;
7 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.

Nuestra primera reacción es la siguiente: ¿Dónde obtuvieron todo aquello? Recordemos que Israel
acababa de ser liberado de la esclavitud y lo que presentaron era parte de cuatrocientos años de sueldos
atrasados que habían recolectado cuando estaban saliendo de Egipto. Éxodo 12:36 nos recuerda que
“ . . . el SEÑOR hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, que les concedieron lo que
pedían. Así despojaron a los egipcios.” Cuando los israelitas salieron de aquel país, se llevaron grandes
riquezas. Se ha calculado que se dedicó solamente al tabernáculo, un material valorado, por lo menos,
en unos 5 millones de dólares. Aquella tienda de reunión era de un tamaño relativamente reducido
porque tendría que ser transportada en la marcha por el desierto. Pero, aunque pequeña, era
estéticamente hermosa y ricamente adornada.
Continuemos leyendo el versículo 8, en el que Dios les dijo:
8 Y que hagan un santuario para mí, para que yo habite entre ellos.

Dios nunca dijo que iba a vivir en el tabernáculo en el sentido en que El estaría restringido a un lugar
determinado. Sin embargo dijo que moraría sobre los querubines, según pasajes Bíblicos como 1
Samuel 4:4, 2 Samuel 6:2, 2 Reyes 19:15 e Isaías 37:16. Los querubines eran una categoría de ángeles;
en la tapa del cofre o arca había dos, de oro, que se enfrentaban uno con otro y tenían las alas
desplegadas. Israel era una teocracia y Jehová era el Rey. Era una nación que tenía que ser gobernada
por Dios. Su trono se encontraba entre los querubines y ése era el lugar donde el ser humano se
encontraba con Dios. La idea que existe hoy en día de que Dios mora en un edificio construido por
manos humanas, no es cierta. Se trata de una noción pagana. Algunas personas llaman al edificio de
una iglesia “la casa de Dios”. No es la casa de Dios porque El no mora en un edificio ni nunca lo hizo.
El rey Salomón, refiriéndose a Dios, expresó esta verdad muy adecuadamente, en el segundo libro de
Crónicas 2:6, ¿quién será capaz de edificarle una casa, cuando los cielos y los cielos de los cielos no
pueden contenerle? Aquel tabernáculo iba a ser el lugar donde el ser humano se encontrase con Dios.
Aquí es oportuno citar las palabras del Salmo 99:1,
El SEÑOR reina, estremézcanse los pueblos;
sentado está sobre los querubines, tiemble la tierra.
Aquel arca o cofre era el trono de Dios y fue el primer mueble del mobiliario que tenían que fabricar.
Finalmente por hoy, leamos el versículo 9:
9 Conforme a todo lo que te voy a mostrar, conforme al diseño del tabernáculo y al diseño de todo su
mobiliario, así lo haréis.

En el Nuevo Testamento, la carta a los Hebreos nos dice que este tabernáculo terrenal fue diseñado
según el estilo del Tabernáculo del cielo. Pero surge la pregunta: ¿Hay un tabernáculo literal en el
cielo? Yo adopto el punto de vista de que lo hay, porque Dios así lo indicó. Lo interpreto literalmente y
creo que si Dios hubiera querido darle otro significado diferente, lo hubiera aclarado. La citada carta a
los Hebreos 8:5, hablando de los sacerdotes que prestaban su servicio, dice,
5 los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales, tal como Moisés fue advertido
por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo; pues, dice El: Mira, haz todas las cosas
CONFORME AL MODELO QUE TE FUE MOSTRADO EN EL MONTE.

Y otro pasaje, en este mismo libro de Hebreos 9:23 y 24, continúa diciendo:
23 Por tanto, fue necesario que las representaciones de las cosas en los cielos fueran purificadas de esta
manera, pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que éstos.
24 Porque Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos, una representación del verdadero, sino
en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros,

Por lo tanto, al no haber hoy un tabernáculo o santuario similar en la tierra, el único lugar de encuentro
entre Dios y el hombre, es la cruz donde murió Jesucristo. Allí se consumó el sacrificio único, y
completo. Allí puedes presentarte hoy mismo, por la fe, aceptando ese sacrificio realizado en tu lugar.
Si así lo haces, el Espíritu Santo morará en ti. Y ya que hemos hablado de lugares donde Dios no mora,
no está presente, diremos que si tú acudes a ese lugar de encuentro que es la cruz, reconociendo que El
llevó tus pecados, El morará en ti por su Espíritu Santo. Con tus propias palabras, dirígete a El, y
comprobarás que no está tan lejano como piensas. Al contrario, se encuentra tan cerca que puede
escuchar tus palabras y percibir tus pensamientos.

© 2014 La Fuente de la Vida

El Arca del Testimonio


LFV 125

EXODO 25:10 – 22

En nuestro programa anterior leímos los primeros versículos de este capítulo, que comenzaban a dar las

INSTRUCCIONES PARA LA CONSTRUCCION DEL ARCA DEL PACTO

El patio exterior era un lugar cercado que rodeaba al propio Tabernáculo, de 45 m de largo y 22 m y
medio de ancho por los dos lados. Si consultamos el plano de esta tienda-santuario (Éxodo 30:28)
veremos que en al patio exterior estaban el altar del holocausto y la pila utilizada como lavatorio, El
tabernáculo propiamente dicho estaba dividido en 2 compartimentos. El lugar Santo y el lugar
Santísimo. La tienda tendría unos 14 m de largo, y unos 5 m de ancho. El lugar Santísimo tenía 5 m de
largo, 5 m de ancho y 5 m de alto, formando u cubo perfecto.
El mobiliario del Lugar Santo constaba de la mesa, el candelabro de oro y el altar del incienso. En el
lugar Santísimo se encontraban el arca del pacto y el propiciatorio (o tapa del arca). En el patio exterior
había 2 muebles: el altar del holocausto y la pila, cercados por un cerco de lino blanco.
Continuemos leyendo los versículos 10 al 13:
10 Harán también un arca de madera de acacia; su longitud será de dos codos y medio, su anchura de
un codo y medio, y su altura de un codo y medio.
11 Y la revestirás de oro puro; por dentro y por fuera la revestirás, y harás una moldura de oro
alrededor de ella.
12 Además fundirás para ella cuatro argollas de oro, y las pondrás en sus cuatro esquinas; dos argollas a
un lado de ella y dos argollas al otro lado.
13 También harás varas de madera de acacia y las revestirás de oro.

El arca y el propiciatorio o tapa que estaba sobre él era el lugar donde Dios se encontraría con los
israelitas. Era el sitio donde ellos se acercarían a Dios. Era el lugar más sagrado del tabernáculo.
Tomemos nota de que el primer mueble fue el arca. Y nos estamos aproximando a él desde el punto de
vista de Dios, desde dentro de la tienda, hacia fuera. El arca estaba en el lugar Santísimo, donde moraba
la presencia de Dios. Si nos estuviésemos acercando a este lugar desde el punto de vista del ser
humano, iríamos primeramente a la entrada de la tienda de reunión, y luego al altar de bronce y a la
pila.
Esta tienda de reunión se había hecho de tal manera que pudiese ser transportada por los israelitas en su
marcha por el desierto. Se armaba cuando acampaban y se desarmaba cuando proseguían su viaje a otro
lugar. Cada mueble estaba equipado con argollas y varas para poder ser llevado fácilmente en el viaje.
La tapa del arca estaba considerada como una parte separada del mobiliario.
Continuemos leyendo los versículos 17 al 19:
17 Harás además un propiciatorio de oro puro; su longitud será de dos codos y medio, y su anchura de
un codo y medio.
18 Harás igualmente dos querubines de oro; los harás de oro labrado a martillo, en los dos extremos del
propiciatorio.
19 Harás un querubín en un extremo y el otro en el otro extremo; harás el propiciatorio con los
querubines en sus dos extremos de una sola pieza.

Ahora, al leer el versículo 20, fijémonos en lo que dijo Dios.


20 Y los querubines tendrán extendidas las alas hacia arriba, cubriendo el propiciatorio con sus alas,
uno frente al otro; los rostros de los querubines estarán vueltos hacia el propiciatorio.

El detalle importante aquí, es que los ángeles querubines miraban hacia abajo, hacia la tapa del arca.
Leamos los versículos 21 y 22:
21 Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.
22 Allí me encontraré contigo, y de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre
el arca del testimonio, te hablaré acerca de todo lo que he de darte por mandamiento para los hijos de
Israel.

El arca era un cofre cubierto de oro por dentro y por fuera. Estaba hecho de madera de acacia. Era un
símbolo perfecto del Señor Jesucristo en su deidad, y en su humanidad. Jesucristo fue el Dios-hombre.
Su deidad estaba representada por el oro, y Su humanidad estaba representada por la madera.
El arca no podía ser simplemente descrita como un cofre de madera porque era también un mueble de
oro, ni como una pieza de oro, porque era también de madera. Se requerían ambos materiales, el oro y
la madera, para mantener el simbolismo, señalando a Cristo como el Dios hombre. No hay mezcla de
ambas condiciones. Pasar por alto esta dualidad sería tomar en consideración una noción distorsionada
de Su persona. No hay una doctrina en la Biblia tan llena de un misterio infinito y tan apartada del
ámbito de las explicaciones, como la llamada unión hipostática de Cristo, el Dios-hombre. Sin
embargo, no hay símbolo tan sencillo como el arca, que describe la unión de Dios y el hombre en un
cuerpo. Así es que un sencillo cofre hecho de madera y oro nos expresa verdades insondables.
Verdaderamente, Dios elige las cosas simples para confundir a los sabios. Aquel cofre simple nos
ilustra la totalidad de la historia, del carácter de la persona única y del inexplorable misterio de la
bendita persona del Señor Jesucristo, tal como el ser humano es capaz de asimilarla.
Como hemos ya indicado, el arca estaba cubierto de oro por dentro y por fuera. La carta de Pablo a los
Colosenses dice que en Cristo habitó corporalmente la plenitud de la deidad. Jesucristo no era
meramente un hacedor de milagros ni un hombre con una conciencia sumamente desarrollada de Dios.
El era Dios. Habló como Dios. Se colocó en el mismo nivel de Dios. En el Evangelio según Juan 14:1-
9 dijo:
No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. ¿Tanto tiempo he estado con
vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú:
“Muéstranos al Padre”?

Sí. Realmente, El era Dios.


El también era perfectamente humano. Se cansaba. Se sentó a descansar en el pozo de Samaria al calor
del día. Durmió. Comió, bebió y rió. Lloró. Y, más allá de todo esto, sufrió y murió. Y todas éstas eran
características humanas. Así que en el arca se requerían tanto el oro como la madera. Sin embargo,
ninguno de estos materiales se mezcló, ni la identidad de uno de ellos se perdió al unirse con el otro
material. Cristo era, al mismo tiempo, Dios y hombre, pero las dos naturalezas nunca se fundieron. El
nunca se comportó al mismo tiempo como Dios y hombre. Todo lo que El hizo fue perfectamente
humano o perfectamente divino.
El arca no era un cofre vacío. Contenía 3 elementos mencionados en la carta a los Hebreos 9:4
4 el cual tenía el altar de oro del incienso y el arca del pacto cubierta toda de oro, en la cual había una
urna de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que retoñó y las tablas del pacto;

El contenido del arca era también simbólico. La vara de Aarón, que floreció, nos habla de la
resurrección del Señor. El maná o pan nos habla de la realidad de que Cristo es el Pan de Vida. Y Los
Diez Mandamientos señalan a la vida que El vivió en la tierra, cumpliendo toda la ley y las profecías
que hablaban de El.
Las tablas del pacto hablan del reino de la majestad de Cristo. El nació rey, vivió como un Rey, murió
como un Rey y resucitó de los muertos como un Rey. Y regresará a la tierra como un Rey. El programa
de Dios se está llevando a cabo en la actualidad y ha estado desarrollándose desde la eternidad pasada y
así continuará hasta que Cristo gobierne sobre la tierra. El mundo necesita un gobernante. El ser
humano necesita un Rey. Algún día El vendrá como Rey de reyes y Señor de señores.
La urna de oro que contenía el maná, nos habla de Cristo como profeta. El habló de parte de Dios,
como el Evangelista Juan claramente expuso en 6:32. Allí dijo Jesús; En verdad, en verdad os digo: no
es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del
cielo. Y Jesucristo fue también el mensaje de Dios para el ser humano. El era el Verbo, la Palabra de
Dios, el mismo alfabeto de Dios. Es el Alfa, primera letra, y la Omega, la última letra del alfabeto
griego. El es el mensaje final de Dios para el hombre. Desde que Cristo vino a la tierra como el Dios-
hombre, el cielo ha permanecido en silencio porque Dios, después de Cristo, no ha tenido nada más que
añadir. El no agregó ninguna posdata a la carta dirigida al ser humano, porque Cristo es la
personificación de esa carta. Dios nos ha revelado Su propio corazón en Cristo.
La vara de Aarón, que había florecido, nos habla de la obra de Cristo como sacerdote. El profeta, como
portavoz, hablaba de parte de Dios al ser humano; en cambio, el sacerdote era el portavoz del ser
humano ante Dios. Como sacerdote, El entró en el cielo. Incluso ahora El está allí sentado a la derecha
de Dios. Jesucristo, el Dios-hombre, fue resucitado de los muertos y es el único ejemplo de
resurrección hasta el tiempo actual. La vara de Aarón era un palo viejo que recobró la vida. Por todo
ello, el arca nos habla de Cristo como profeta, sacerdote y rey. Recordemos las palabras del Evangelista
Juan en 1:14, Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
La tapa del arca, reposaba sobre la parte superior del cofre, pero era una pieza separada del mueble.
Estaba hecha de oro puro, con ángeles querubines en ambos extremos, con sus alas desplegadas
cubriendo dicha tapa, y mirando hacia ella, donde era colocada la sangre. Era aquí que el sacerdote
rociaba la sangre del sacrificio, convirtiendo este sitio en un lugar donde se manifestaba la gracia de
Dios. Este lugar era también un símbolo de la muerte de Cristo. Siendo El un sumo sacerdote, es como
si se hubiese presentado en los cielos con su sangre, después de su muerte en la cruz. A veces podría
parecer demasiado literalista al mencionar de esta manera a la sangre de Cristo. Recordemos que el
apóstol Pedro en su primera carta 1:18, 19, la menciona de la siguiente manera:
18 sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con
cosas perecederas como oro o plata,
19 sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.

Aquí la sangre de Cristo es considerada más preciosa que la plata y el oro. Podríamos decir que lo más
valioso que hay en el cielo es la sangre que el derramó en la tierra por los seres humanos. El presentó la
sangre de su sacrificio al entrar al cielo y ello es lo que convierte al trono celestial de Dios en un lugar
como aquella tapa del arca, donde se manifiesta la gracia de Dios para nosotros. Nosotros somos hoy
invitados a venir a Dios en base al hecho de que Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, ha ofrecido su
propia sangre por nuestros pecados. La carta a los Hebreos 1:14 al 16 nos recuerda lo siguiente:
14 Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios,
retengamos nuestra fe.
15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno
que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.
16 Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y
hallemos gracia para la ayuda oportuna.

Tú y yo podemos acercarnos a Dios por medio de nuestro gran Sumo Sacerdote que está en los cielos.
Es el Cristo vivo que está en el lugar de honor, a la derecha de Dios. A través de El encontramos
misericordia y ayuda. Muchos creyentes están tratando de librar su batalla aquí en la tierra por sí
mismos. Están intentando enfrentarse a las cuestiones de esta vida solos, para solucionarlas únicamente
por sus propios recursos personales. Estimado oyente, tú y yo no somos capaces de hacer tal cosa. No
tenemos la fuerza suficiente. Necesitamos ayuda. No nos estamos apropiando de la ayuda que Cristo
ofrece. El apóstol Pablo, en su carta a los Efesios 1:19 y 20, en una oración a Dios, expresó sus deseos
de que la poderosa fuerza que actuó en Cristo, resucitándole de los muertos, pudiese actuar también en
los creyentes de la ciudad de Efeso. Y nosotros estamos también incluidos en aquella oración. Hay que
reconocer que en la actualidad, vemos muy poco de aquel poder operando en los creyentes. Tenemos
que darnos cuenta de nuestra gran necesidad de apropiarnos de ese poder por la fe, porque tenemos un
Sumo Sacerdote que se encuentra en la presencia de Dios.
El sumo sacerdote que servía en el tabernáculo se apresuraba a dirigirse hacia el Lugar Santo, rociaba
la sangre sobre la tapa del cofre o arca del pacto, y salía inmediatamente. Cristo, nuestro Sumo
Sacerdote, cuando presentó su ofrenda, se sentó a la derecha de Dios y se encuentra aun allí para
interceder hoy por nosotros. El murió aquí en esta tierra para salvarnos. Pero vive actualmente en el
cielo para asegurar nuestra salvación. Y nosotros debiéramos mantenernos en contacto con El. ¿Has
tenido alguna conversación con El en el día de hoy?
En nuestro programa de hoy hemos contemplado las muebles que se encontraban en el Lugar Santísimo
del tabernáculo o tienda de reunión transportable que utilizaron los israelitas en su marcha por el
desierto. Concretamente, hemos hablado del arca o cofre y de la tapa en su parte superior. En cada caso,
hemos examinado el significado simbólico de cada una de estas piezas del mobiliario, en relación con
la persona y la obra de Cristo, que Dios dispuso y proveyó para nuestra salvación.
En nuestro próximo programa, consideraremos el mobiliario del segundo compartimento del
tabernáculo de reunión, llamado el Lugar Santo.
Dijimos al principio que aquel tabernáculo sería el centro de la vida de aquel pueblo que viajaba por el
desierto, porque sería el lugar donde las personas podrían acercarse a la presencia de Dios para tener
una relación con El.
Aquella antigua tienda ya no existe en la actualidad. Tampoco existe aquel venerable sumo sacerdote
que presentaba ante Dios la sangre del sacrificio. Pero por todas partes, en todos los rincones de este
mundo, hay hombres y mujeres de cualquier posición o en las más diversas situaciones, que necesitan
tener una relación con Dios. Y ya hemos dicho que la Biblia especifica la forma en que los seres
humanos pueden iniciar esa relación. Y por este libro cuyo estudio nos ocupa cada día, sabemos que
hay un solo mediador entre Dios y los hombres. Y ese único mediador es Jesucristo. Los antiguos
sacerdotes se presentaban en la vieja tienda para rociar la tapa del arca con la sangre del sacrificio de
animales. Pero nuestro mediador, nuestro Sumo Sacerdote, es decir, Jesucristo, murió en la cruz
derramando su propia sangre por nuestros pecados. Y después resucitó, presentándose en el cielo
triunfante, habiendo consumado la obra de la salvación. Obra que quedó totalmente terminada y que
hoy está a tu disposición, para que por la fe la aceptes.

Terminamos con las apropiadas palabras registradas en el Evangelio según Juan 3:16 y 17.
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree
en El, no se pierda, más tenga vida eterna.
17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo
por El

Y aunque aquí se mencione a todo el mundo, te invitamos a escuchar estas palabras como dirigidas
personalmente para ti. Porque esa fue la intención del autor. Dios el Espíritu Santo las dejó en este libro
tan antiguo y a la vez tan nuevo, tan actual, para que tú las escuches como una invitación estrictamente
personal.

© 2014 La Fuente de la Vida

La mesa para el pan de la proposición; el


candelero de oro; el Tabernáculo; las cortinas
y velos
LFV 126

EXODO 25:23 – 26:14


Recordemos que entre los capítulos 25 y 30 del libro del Éxodo Dios le expuso a Moisés el proyecto
del Tabernáculo y el modelo a seguir en la preparación de la ropa que utilizaría el Sumo Sacerdote. En
nuestro programa anterior hemos hablado de los materiales de la construcción de esta tienda de reunión
y de los muebles que se instalarían en el lugar Santísimo, es decir, el arca o cofre y la tapa que lo
cubría, así como de su significado y simbolismo en relación con la persona de Jesucristo. Hoy
consideraremos los muebles del segundo compartimento del tabernáculo, llamado el Lugar Santo. El
párrafo que comienza en Éxodo 25:23, nos habla de
LA MESA DEL PAN DE LA PRESENCIA

Había 3 muebles en al Lugar Santo: (1) el candelabro de oro, (2) la mesa del pan de la presencia, y (3)
el altar del incienso. Este llamado Lugar Santo, era un sitio para la adoración. El candelabro de oro es
una de las figuras más perfectas de Cristo que podemos encontrar en la Biblia. La citada mesa del pan
de la presencia nos habla de Cristo como el Pan de Vida. Y el altar del incienso señala a la oración, en
el sentido que el Señor es en la actualidad nuestro gran intercesor, y cuando oramos a Dios el Padre, lo
hacemos a través de El.
Sobre la mencionada mesa se colocaban 12 tortas de pan. Hay muchas explicaciones sobre la forma en
que se disponían estos panes pero lo realmente importante es recordar es que cada torta representaba a
una de las tribus de Israel. En otras palabras, Dios estaba proveyendo en condiciones de igualdad para
todos. Leamos el versículo 23, de Éxodo 25:
¶23 Harás asimismo una mesa de madera de acacia; su longitud será de dos codos, su anchura de un
codo y su altura de un codo y medio.
Observemos que la mesa del pan de la presencia medía 90 cm. de largo, 45 cm de ancho y 65 cm de
alto. Tenía la misma altura que el arca de la alianza. Dice el versículo 24:
24 Y la revestirás de oro puro y harás una moldura de oro a su alrededor.

La moldura de oro tenía la función de evitar que el pan se cayese. La descripción continúa en los
versículos 25 y 26:
25 Le harás también alrededor un borde de un palmo menor de ancho, y harás una moldura de oro
alrededor del borde.
26 Y le harás cuatro argollas de oro, y pondrás argollas en las cuatro esquinas que están sobre sus
cuatro patas.

Una vez más leemos que debían colocarse varas a través de las argollas para que la mesa pudiese ser
transportada en el viaje de los israelitas por el desierto. Sería llevada sobre los hombros de los
sacerdotes. Continuemos leyendo los versículos 29 y 30:
29 Harás también sus fuentes, sus vasijas, sus jarros y sus tazones con los cuales se harán las
libaciones; de oro puro los harás.
30 Y pondrás sobre la mesa el pan de la Presencia perpetuamente delante de mí.

Como ya adelantamos, el pan era un símbolo de Cristo. Por lo tanto, la mesa también era una figura de
Cristo. Esta mesa del pan de la presencia sugiere muchas cosas: nos habla de sustento, provisión, de
suministro. Es la mesa de la salvación. En el Evangelio según Mateo 22:1—14, el Señor pronunció la
parábola de la boda del hijo del rey. En la historia se relataba que los invitados rehusaron asistir,
irritando al rey, que se encargó de tratar con los que le habían rechazado. Una vez hecho esto, el rey
amplió su invitación a todos los que se encontraban por las calles, quienes fueron convidados a asistir a
la fiesta y a comer. De la misma manera, la invitación se ha extendido hoy al mundo para que las
personas vengan y participen de la salvación que se encuentra en Jesucristo.
Se trata de una mesa de provisión. Dios, como Creador, provee los alimentos para el ser humano y los
demás seres vivos. Cada día puedes comer, físicamente, en una mesa provista por Dios. Sin embargo,
cuan pocos reconocen esta verdad y le dan las gracias por su generosidad. Dios es, pues, el que nos
provee lo necesario.
Esta mesa también nos habla de la Cena del Señor, que fue instituida por el Señor mismo justamente
antes de Su muerte en la cruz. Es una mesa de comunión para creyentes. Por eso la mesa de los panes
de la presencia era una figura previa que señalaba a Cristo como el que sustenta la vida espiritual del
creyente.
Como dijimos al principio, la mesa medía 90 cm de largo, 45 cm de ancho y 65 cm de alto. Estaba
hecha de madera de acacia y cubierta de oro. La casi incorruptible madera de acacia nos habla de la
humanidad de Jesucristo. La madera era un producto de la tierra, pero no estaba sujeta a su acción
desde un punto de vista químico. De la misma forma, nuestro Señor tuvo un cuerpo hecho de elementos
de la tierra y concebido en el vientre de una virgen. El oro puro nos habla de Su deidad y no es
producido directamente por la tierra; está separado de ella y tiene un valor intrínseco. Cristo, en Su
deidad, no era de esta tierra. Era Dios y vino de la gloria, del reino celestial.
Sobre la mesa se colocaban 12 tortas de pan. La mesa y los panes son mencionados como
constituyendo una unidad. Hoy hacemos lo mismo cuando nos referimos a la “mesa” del Señor y así,
asociamos la mesa con el alimento. Este procedimiento estilístico de asociar el todo con la parte se
conoce como metonimia y es comúnmente utilizado en la Biblia.
El pan era cambiado cada sábado, o día del reposo. El pan reemplazado era comido con vino por los
sacerdotes en el Lugar Santo. La mesa no prefiguraba a Cristo de la misma manera que el pan o maná.
Aunque ambos nos hablan de Cristo, no hay la misma conexión. El maná habla de Cristo como el dador
de la vida. El mismo lo interpretó así en el Evangelio según Juan 6:32, cuando dijo: Entonces Jesús les
dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi
Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Un poco más tarde, Jesús les diría: Yo soy el pan de la
vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.
Ahora bien, el pan de aquella mesa también nos habla de Cristo como el sustentador de la vida. La vida
eterna es un don, un regalo, es el maná que descendió del cielo. La persona que recibe ese pan, recibe la
vida eterna. Sin embargo, la vida eterna requiere un alimento especial como sustento, para ayudarla a
crecer e infundirle fuerza aquí en la tierra. El pan de la mesa del Lugar Santo simboliza a Cristo como
ese alimento especial para aquellos que han participado del maná o pan de la vida-
El Señor Jesús también fue simbolizado por otra ilustración que El mismo usó. El libro del Levítico
24:5, dice: Tomarás de la mejor harina y con ella cocerás doce tortas; de cuatro kilos y medio cada una.
En relación con esto el Señor Jesús, según el Evangelio de Juan 12:24: En verdad, en verdad os digo
que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto. El
Señor Jesús fue molido en el molino del sufrimiento. En su angustia, dijo en este mismo capítulo del
Evangelio de Juan, v. 27: Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: “Padre, sálvame de esta hora”?
Pero para esto he llegado a esta hora. Y en ese mismo pasaje, un poco más adelante, en los versículos
31 y 32, dijo que El tuvo que pasar por el fuego del sufrimiento y del juicio, con las siguientes palabras:
Ya está aquí el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si soy
levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo. El Señor Jesucristo salió de la tumba, resucitó de los
muertos con una nueva vida porque Su alma no fue afectada por la corrupción de la muerte. El es
actualmente como el pan de la mesa de la presencia que estaba en aquel Lugar Santo. El es el pan, el
alimento del cual se nutren los creyentes para mantener su vida y desarrollarse. El cristiano se alimenta
del Cristo que vive. El creyente debe de apropiarse de Cristo tal como El existe hoy, pues se encuentra
en el lugar de honor en la presencia de Dios el Padre. Por ello el pudo decir: Yo soy el Pan de Vida.
Un antiguo proverbio expresa este pensamiento de que algo crece de acuerdo con aquello de lo cual se
alimenta. Hay también un libro que trata el tema de las dietas que se titula: Tú eres lo que comes. Uno
de los problemas de la actualidad consiste en que hay demasiados cristianos que no se están
alimentando de Cristo. Tenemos que nutrirnos de El para poder crecer y desarrollarnos. El apóstol
Pablo dijo en su segunda carta a los Corintios 5:16: Por eso, nosotros ya no pensamos de nadie según
los criterios de este mundo; y aunque antes pensábamos de Cristo según tales criterios, ahora ya no
pensamos así de El. Por tal motivo, debemos de alimentarnos de El, es decir, de Su ejemplo y
enseñanza, sabiendo que El vive y el lugar y posición que ocupa. De esa manera nos desarrollamos y
nos fortalecemos.
El párrafo siguiente del pasaje Bíblico de hoy nos conduce a una descripción de
EL CANDELABRO DE ORO

Leamos los versículos 31 al 33:

¶31 Harás además un candelabro de oro puro. El candelabro, su base y su caña han de hacerse labrados
a martillo; sus copas, sus cálices y sus flores serán de una pieza con él.
32 Y saldrán de sus lados seis brazos; tres brazos del candelabro de uno de sus lados y tres brazos del
candelabro del otro lado.
33 Habrá tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, con un cáliz y una flor; y tres copas en
forma de flor de almendro en el otro brazo, con un cáliz y una flor; así en los seis brazos que salen del
candelabro.

La descripción continúa detalladamente en los versículos 34 al 39. Pero para que no resulte monótona
la lectura, pasaremos al versículo 40, que dice:
40 Y mira que los hagas según el diseño que te ha sido mostrado en el monte.

El candelabro era probablemente la figura más perfecta de Cristo que encontramos en el mobiliario del
tabernáculo. Le representa como oro puro y nos habla de Su deidad. Le presenta tal como El es, como
Dios. Es importante destacar que la adoración tiene mucho que ver con vivir expuestos a Su luz.
Al estudiar la mesa del pan de la presencia vimos que exponía el hecho de que cuando adoramos a Dios
debemos nutrirnos del Señor Jesucristo. No se trata de asistir a una iglesia por el mero hecho de
reunirse para entretenerse, realizar cierta vida social u otros motivos personales o comunitarios.
Solamente podemos adorar a Dios cuando nos alimentamos de aquel a quien señalaba la antigua mesa
del tabernáculo.
Decíamos que para adorar a Dios, debíamos vivir iluminados y expuestos a Su luz. Cristo es la luz,
simbolizado por aquel candelabro del Lugar Santo. En aquellos tiempos, si uno quería ver la luz
natural, tenía que salir de la tienda de reunión. Pero si deseaba estar ante la luz del candelabro, debía
permanecer en el tabernáculo. En el Evangelio de Juan 1:19, el escritor nos dijo que Cristo era la luz
verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. Es sabido que muchos aconsejan a otros
utilizando meras “palabras”. Pero ciertas filosofías, a veces, pueden constituir un fraude y un engaño.
Escuchemos lo que dijo San Pablo en su carta a los Colosenses 2:8. Mirad que nadie os haga cautivos
por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los poderes
que dominan este mundo y no según Cristo. Es importante destacar que Cristo no fue simplemente un
filósofo más, que oscurecía su consejo con palabras desprovistas de conocimiento y sabiduría. El es el
Hijo de Dios y en El no hay sombras ni oscuridad.
De hecho, el candelabro consistía de una sola pieza de oro. Era un material que había sido martillado y
muy adornado. Tenía como un eje principal, del cual salían, a cada lado, 3 brazos, haciendo un total de
7 brazos. Cada brazo era como la parte principal y más ensanchada de la hoja de un almendro, con su
fruto y flor. En la parte superior de los brazos se encontraba una flor de almendro abierta y era allí
donde de colocaban las siete lámparas llenas de aceite.
Las flores de almendro parecían de madera, pero en realidad eran de oro, Nos recuerdan a aquella vara
de Aarón, que floreció. Cuando el sacerdocio de Aarón fue puesto en duda, el florecimiento de su vara
de almendro estableció y confirmó su derecho al sacerdocio. La vara de almendro, una rama muerta,
recobró la vida y produjo fruto. De la misma manera Cristo fue confirmado como Hijo de Dios por su
resurrección de los muertos. La resurrección no convirtió a Cristo en el Hijo de Dios, porque El ya lo
era desde los eternos designios de Dios; la resurrección simplemente lo confirmó. En el caso de Aarón,
él había sido nombrado sumo sacerdote por Dios y su posición fue confirmada por la “resurrección” de
la rama muerta del almendro. De la misma manera, la resurrección de Cristo confirmó Su sacerdocio.
Cristo es, pues, nuestro gran Sumo Sacerdote. El se convirtió en un hombre y participó de nuestra
naturaleza, habiendo sido “tentado en todo como nosotros, pero sin pecado” Pero la base fundamental
de Su sacerdocio es Su deidad. Recordemos que el sacerdote representaba al ser humano ante Dios. Y
Cristo, como Dios que se hizo hombre, es actualmente el Dios-hombre que representa al ser humano.
Así, hay alguien en el cielo que me conoce y me comprende, que es capaz de ayudarme. La
resurrección que le presentó como el Hijo de Dios, igualmente declaró Su derecho a ser sacerdote.
Resulta interesante observar que no se dan las medidas del candelabro. ¿Por qué? Porque no se le
pueden poner medidas a la deidad. No se pueden medir las dimensiones de Jesús como el Hijo de Dios.
Por nosotros mismos, no podemos comprenderle. El está más allá de los cálculos humanos. No
obstante, El también era perfectamente humano. Su deidad y Su humanidad nunca se fusionaron. Junto
con el hecho de que Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, estuvo Su orden “¡Lázaro, ven
fuera!” Y Lázaro salió vivo de la tumba.
El candelabro proporcionó luz al Lugar Santo, que era el lugar de la adoración. Observemos que el
candelabro sostenía las lámparas iluminadas. Al mismo tiempo, las lámparas revelaban la belleza del
candelabro. Y el aceite de las lámparas representaba al Espíritu Santo. En el Evangelio de Juan 14:16,
Cristo dijo del Espíritu Santo: Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi
nombre, El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho. Cuando tú y yo
estudiamos la Biblia juntos, nos reunimos alrededor de la persona de Cristo, y es el Espíritu Santo el
que toma todas los asuntos relacionados con Cristo, y nos los revela, nos los enseña, tal como aquellas
lámparas revelaban la belleza del candelabro. El Espíritu Santo revela a Jesucristo como el Hijo de
Dios, aquel que vino a la tierra para intervenir a favor nuestro y que vive en el cielo para interceder por
nosotros.
Pasemos ahora a considerar
EXODO 26:1—14
TEMA; las cortinas del Tabernáculo; se mencionan materiales como el lino, pelo de cabra, pieles de
carnero y de marsopa (o tejón): las tablas para el tabernáculo y el velo o cortina para el arca.

LAS CORTINAS DEL TABERNACULO

Sobre el mismo tabernáculo había cuatro series de cortinas. La primera era de lino y cubría la parte del
tabernáculo que medía 12 metros y medio de largo por 2 de ancho. Esta cubierta de lino descendía por
los lados de la tienda de reunión, pero no se permitía que tocase el suelo. Leamos los versículos 1, 7, 8:
Harás el tabernáculo con diez cortinas de lino fino torcido, y tela azul, púrpura y escarlata; las harás
con querubines, obra de hábil artífice.
¶7 Harás también cortinas de pelo de cabra a manera de tienda sobre el tabernáculo; en total harás once
cortinas.
8 La longitud de cada cortina será de treinta codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos, las
once cortinas tendrán una misma medida.

Las cubiertas de lino eran de hermoso aspecto, pues eran el resultado de un trabajo de artesanía fina.
Tenían que estar cosidas entre sí. La longitud de una cortina debía ser de 12 metros y medio, por lo cual
las 10 cortinas unidas cubrían exactamente la parte superior y los costados del tabernáculo. Se
mantenían juntas con lazos y broches. La descripción continúa en el versículo 14:
14 Harás también para la tienda una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y otra cubierta de
pieles de marsopa por encima.

La tercera serie de cortinas fue hecha de pieles de carnero teñida de rojo y la cuarta, de pieles de
marsopa.
Cada uno de los materiales que cubrían la tienda tenía un significado simbólico. El de la primera
cortina era lino finamente cosido con ángeles querubines artísticamente bordados. No tocaba el suelo y
su belleza solamente podía contemplarse desde dentro del tabernáculo. Esta cortina no se veía desde el
exterior. De la misma manera podríamos decir que el atractivo del Señor Jesucristo no puede ser
contemplado por el mundo. El solo puede satisfacer a Su propio pueblo. Es importante que los
creyentes le adoren porque no solamente necesitamos alimentarnos espiritualmente de El, pero también
necesitamos contemplarle en toda Su belleza. En el Salmo 17:8, el rey David dijo: Guárdame como a la
niña de tus ojos, escóndeme a la sombra de tus alas. Esto nos recuerda lo que hemos dicho sobre las
alas de los querubines bordados en el lino de la cortina que cubría la tienda. Bajo esas alas divinas es
un buen lugar para refugiarnos y deberíamos adorar a Aquel que es digno de recibir nuestra adoración.
La segunda serie de cortinas estaba hecha de piel de cabra y tocaba el suelo. La cortina nos recuerda el
valor de Cristo para los pecadores. Es simbólica de la muerte de Cristo y éste es el mensaje que debe
ser proclamado al mundo. En la carta a los Hebreos 9:26 leemos lo siguiente: De otra manera le hubiera
sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo; pero ahora, una sola vez en el final
de los tiempos, Cristo se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo. Este es el
mensaje de esta cortina.
La tercera serie de cortinas era de piel de carnero teñida de rojo. Nos habla de la fuerza y vigor de
Cristo y de la ofrenda de Si mismo en la cruz. Nos muestra el aspecto exterior de Su ofrenda como
nuestro sustituto.
La cuarta serie de cortinas era de pieles de marsopa, animal marino parecido al delfín. Después de 40
años en el desierto se deterioraría por el paso del tiempo y el clima, pero siempre protegería lo que
estaba dentro. Nos habla de la vida de Cristo ante los seres humanos. Así como la cortina de lino se
encontraba dentro para mostrar su belleza al creyente, esta cubierta de marsopa no tenía ningún
atractivo que revelar. El profeta Isaías en 53:2 dijo de Cristo: creció delante de El como renuevo tierno,
como raíz en tierra seca; no tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos. Por eso decimos
que no hay belleza exterior que contemplar. Tenemos que entrar al Lugar Santo para ver su atractivo. El
mundo no ve en El lo que nosotros vemos.
Estimado oyente, si Jesucristo es tu Salvador y Señor porque has creído en El como tu Salvador,
aceptando Su muerte en la cruz en tu lugar, tú también podrás experimentar una nueva vida, en la que
podrás ir descubriendo, cada vez más, el atractivo de Su persona, de su vida y de Su palabra. Como dijo
San Pablo en su primera carta a los Corintios 2:9:
COSAS QUE OJO NO VIO, NI OIDO OYO,
NI HAN ENTRADO AL CORAZON DEL HOMBRE,
son LAS COSAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE
AMAN.

© 2014 La Fuente de la Vida


El Tabernáculo, el altar de bronce, aceite para
las lámparas.
LFV 127

EXODO 26:15 – 27:21

En nuestro programa anterior leímos la descripción del mobiliario del Lugar Santo: la mesa del pan de
la presencia, el candelabro y las series de cortinas que cubrían el tabernáculo, destacando la forma en
que los colores y materiales utilizados prefiguraban la persona y la obra de Cristo en la salvación.
EL primer párrafo de nuestra lectura de hoy se ocupa de la descripción de
LAS TABLAS Y LAS BASES DEL TABERNACULO

Leamos los versículos 15 al 19:

¶15 Harás luego para el tabernáculo tablas de madera de acacia, colocándolas verticalmente.
16 La longitud de cada tabla será de diez codos, y de un codo y medio la anchura de cada tabla.
17 Cada tabla tendrá dos espigas para unirlas una con otra; así harás con todas las tablas del
tabernáculo.
18 Harás, pues, las tablas para el tabernáculo; veinte tablas para el lado sur.
19 También harás cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de una tabla
para sus dos espigas, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos espigas.

El material de las tablas, la madera de acacia, era muy duro y resistente, parecido a la madera de
secoya, que es prácticamente indestructible. Las tablas estaban recubiertas de oro. Había 20 tablas en
cada lado y 10 en la parte posterior del tabernáculo. En las tablas se fijaron argollas, por las que
pasaban las barras para mantener unida la estructura de la tienda.
Todos los detalles del tabernáculo hablan de la persona o de la obra de Cristo en la salvación y a favor
de los creyentes en su vida cristiana. Cada cortina, lazo, y elemento del mobiliario revela alguna faceta
del Salvador. Y así como las barras mantenían unida las piezas de la estructura, el Espíritu Santo de
Dios mantiene actualmente unidos a los verdaderos creyentes. De hecho, en la Biblia se les dice a los
creyentes que tienen que “preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.
Las series de cortinas que cubrían el tabernáculo eran cada una de un color diferente, y cada una de
ellas tenía su propio significado. Estaba el color azul, que es el color del cielo. Estaba el rojo, que nos
habla de la sangre de Cristo. Otro color era el resultado de la mezcla del azul y el rojo, que producía un
tono púrpura, que simboliza la realeza. Los materiales en azul y rojo hablan del cielo tocando la tierra,
es decir, de la humanidad de Cristo. El púrpura le describe como el Rey de los judíos. Las tablas, barras
y argollas estaban recubiertas de oro, que simboliza la deidad del Señor Jesucristo.
Adelantándonos en nuestra lectura, pasemos ahora a los versículos 31 y 32, que nos describen
LOS VELOS

¶31 Harás además un velo de tela azul, púrpura y escarlata, y de lino fino torcido; será hecho con
querubines, obra de hábil artífice.
32 Y lo colgarás sobre cuatro columnas de acacia revestidas de oro; sus ganchos serán también de oro,
sobre cuatro basas de plata.
El velo era estaba colgado de cuatro columnas, y nos habla de la humanidad de Jesucristo. Las
columnas estaban hechas de madera de acacia recubierta de oro, unidas a sus bases de plata. Esto nos
señala a la deidad controlando la tierra a través de la redención. No había capitel en el extremo superior
de esas columnas, lo cual las distinguía de las otras columnas del tabernáculo; habían sido simplemente
cortadas. El profeta Isaías 53:8, hablando de Cristo nos dijo:
Por opresión y juicio fue quitado;
y en cuanto a su generación, ¿quién tuvo en cuenta
que El fuera cortado de la tierra de los vivientes
por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la
herida?

Y así, Jesucristo fue cortado de la tierra de los seres humanos; vivió solo hasta cumplir los 33 años de
edad.
El velo estaba hecho de lino fino trenzado y constituía la única entrada al Lugar Santísimo. El velo
simboliza la humanidad de Jesucristo. Cuando el se encontraba en la cruz, entregó Su espíritu. En el
momento de su muerte, el velo se partió en dos, representando la fractura entre Su espíritu y Su cuerpo.
Cuando el velo del templo se partió en dos, quedó abierto el acceso a la presencia de Dios. El único
camino para llegar a Dios hoy es por medio del Señor Jesucristo. Había una sola entrada al Lugar
Santísimo, así como solo hay un camino hacia Dios. En el Evangelio de Juan 14:6, están registradas las
siguientes palabras de Jesús: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.
Algunas personas creen que uno puede venir a Dios si es sincero y pertenece a alguna iglesia. No lo
creas. No encontrarás en la Palabra de Dios esa forma de pensar.
Así es que el velo nos provee una hermosa figura que nos muestra la humanidad de Cristo. Es la muerte
de Cristo la que nos salva. Su vida intachable, inmaculada nos condena. Cuando me presento ante el
velo, estoy separado de Dios y condenado. Me veo incapaz de entrar en la presencia de Dios. En el
Evangelio de Mateo 27:50 y 51, en el relato de la muerte de Jesús, leemos que
50 Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu.
51 Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se
partieron;

Queda claro que la muerte de Jesús provee el acceso a Dios y el velo partido así lo ilustra.
Había también otra cortina. Leamos los versículos 36 y 37:
¶36 Harás también una cortina para la entrada de la tienda de tela azul, púrpura y escarlata, y de lino
fino torcido, obra de tejedor.
37 Y harás cinco columnas de acacia para la cortina, y las revestirás de oro, y sus ganchos serán
también de oro; y fundirás cinco basas de bronce para ellas.

Este velo o cortina, conducía al Lugar Santo, el lugar de la adoración, donde se encontraban el
candelabro de oro, la mesa de los panes de la presencia y el altar del incienso. Nosotros no podemos
adorar a Dios de cualquier manera, por antigua, tradicional y respetable que sea. Debemos acercarnos a
El por medio del Señor Jesucristo. Tenemos que acercarnos de un modo verdadero, conforme al
Espíritu de Dios. En el Evangelio de Juan 14:6, encontramos estas palabras de Jesús, que ya hemos
citado anteriormente: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.
En consecuencia, ambos velos prefiguraban a nuestro Señor Jesucristo. Llegamos ahora a
EXODO 27:1 – 21

TEMA; El altar de bronce y sus recipientes; el patio o atrio del tabernáculo; el aceite para la lámpara.
Observemos que a medida que salimos del tabernáculo propiamente dicho hacia al patio o atrio, los
elementos del mobiliario son de bronce. Me refiero al altar de bronce y a la pila de bronce. Recordemos
que dentro de la tienda, los muebles eran de oro. En la medida en que uno se acerca a Dios, el énfasis
recae en la persona de Cristo. Al ir alejándose hacia fuera, el énfasis se pone en la obra de Cristo.
Leamos los versículos 1 al 3, para una descripción de
EL ALTAR DEL BRONCE
Harás también el altar de madera de acacia, de cinco codos su longitud, de cinco codos su anchura, el
altar será cuadrado, y de tres codos su altura.
2 Y le harás cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos serán de una misma pieza con el altar, y lo
revestirás de bronce.
3 Harás asimismo sus recipientes para recoger las cenizas, y sus palas, sus tazones, sus garfios y sus
braseros. Todos sus utensilios los harás de bronce.

Los muebles del patio exterior eran de bronce, que representaba al juicio del pecado. La cuestión del
pecado debía ser arreglada en el patio, antes de proceder a entrar en el Lugar Santo. Los muebles del
Lugar Santo eran de oro, lo cual ilustra la comunión, el compañerismo con Dios y la adoración a Dios.
Así que el pecado no estaba presente en el Lugar Santo, al haber sido tratado en el patio.
El ser humano se encuentra fuera. ¿Cómo ha de aproximarse a Dios? Lo primero que necesita es un
sustituto que muera por él. El hombre puede evitar encontrarse con Dios, pero si quiere tener un
encuentro con El sin morirse, debe tener un sustituto. En aquel tiempo, alguien tenía que morir por él
en aquel altar de bronce. Algunas veces este altar fue llamado la mesa del Señor, y también fue llamado
el altar del holocausto, donde se realizaba un sacrificio en el que la víctima se quemaba por completo.
Es el lugar donde Dios se ocupaba del pecador. Nos habla de la cruz de Cristo y del hecho de que El es
realmente el que murió en lugar del ser humano. Es lo que el apóstol Pablo expresó en su carta a los
Efesios 5:2. Andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda
y sacrificio a Dios, como fragante aroma. Cristo fue nuestro sacrificio, nuestro holocausto. El altar del
tabernáculo fue construido por los hombres pero siguiendo el modelo que está en el cielo. Y la cruz fue
el altar del sacrificio elegido por Dios. El Señor Jesucristo fue entregado porque Dios en su presciencia
había determinado que El iba a morir en la cruz. Por lo tanto, Cristo, fue más que simplemente un
hombre bueno. Era el Cordero destinado para ser sacrificado desde antes de la fundación del mundo.
No había ninguna forma de acercarse a Dios, sino por medio del altar de bronce. Allí, una victima debía
ser sacrificada, reclamada como sustituto. El Evangelio de Juan 1:29, dice: Al día siguiente Juan el
Bautista vio* a Jesús que venía hacia él, y dijo*: He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo. El apóstol Juan habló de Cristo como el sustituto colocado sobre aquel altar de bronce. En este
altar se convirtió la cruz en aquellas tres últimas horas en las que descendió una gran oscuridad y Cristo
pagó por los pecados del mundo.
En el citado Evangelio de Juan 1:12 también se dice que a todos los que le recibieron, les dio el
derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre. El ser humano no puede
adorar, orar o servir a Dios hasta venir ante el altar de bronce. En aquel tiempo, cada sacerdote, cada
Levita, tenía que presentarse ante este altar. Estimado oyente, el camino que pasa por la cruz es el que
conduce al hogar divino, a la casa del Padre celestial. Si Jesucristo no hubiese pasado por aquel altar de
bronce que fue la cruz, no tendríamos acceso a Dios.
Jesucristo no es solo el Cordero que murió por nosotros. Es también el Cordero resucitado. El apóstol
Juan en su libro El Apocalipsis 5:6 relató que en su visión vio a un Cordero, de pie, como inmolado. El
altar de bronce se encontraba en la entrada del Tabernáculo. Y la cruz de Cristo se encuentra frente al
cielo; fue levantada en la tierra, pero no hay entrada al cielo excepto a través de esa cruz.
El bronce que cubría el altar nos habla de juicio. La madera de acacia recubierta de bronce ilustra la
fortaleza de Cristo para el sacrificio. Indudablemente, esta es una gran figura de la cruz.
Ahora, vamos a leer los versículos 9 y 16, en relación con
EL ATRIO O PATIO DEL TABERNACULO

¶9 Harás también el atrio del tabernáculo. Al lado sur habrá cortinas de lino fino torcido para el atrio,
de cien codos de largo por un lado.
16 Y para la puerta del atrio habrá una cortina de veinte codos de tela azul, púrpura y escarlata, y de
lino fino torcido, obra de tejedor, con sus cuatro columnas y sus cuatro basas.

Una vez más, los colores de las cortinas nos cuentan la historia. El color azul era el celestial y nos
hablaba del hecho de que Cristo vino del cielo. El rojo escarlata nos ilustraba la humanidad de Cristo y
la sangre que El derramó por la humanidad. El color púrpura era el resultado de la mezcla entre azul y
el rojo, el color de la realeza, símbolo de la majestad de Cristo. Esta era la cortina para la entrada del
patio, por la cual entraban los sacerdotes y miembros de la tribu de Levi. Esta entrada medía solamente
2.25 m de alto y el cerco alrededor de la parte exterior del tabernáculo medía 45 m de largo por 22.5 m
de ancho por los dos lados, estando cubierto por lino blanco todo alrededor. Separaba a los que estaban
en el interior de los que estaban en la zona exterior.
Hablaremos también algo sobre
EL ACEITE PARA LA LAMPARA

Lo cual hace la conclusión de este capítulo bastante interesante. Resulta extraño que este tema se
suscite especialmente en este lugar. Leamos el versículo 20:
¶20 Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas para el alumbrado,
para que la lámpara arda continuamente.

Como ya hemos destacado, el aceite nos habla del Espíritu Santo de Dios. Esta es la interpretación que
dio el profeta Zacarías a su visión de un candelabro con un depósito de aceite encima; en su libro 4:6,
dijo: “ . . . No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu”—dice el SEÑOR de los ejércitos “. La
luz es aquella que da el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no habla de sí mismo sino que toma los
asuntos de Cristo y nos los revela.
Finalmente, leamos los versículos 20 y 21:
¶20 Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas para el alumbrado,
para que la lámpara arda continuamente.
21 En la tienda de reunión, fuera del velo que está delante del testimonio, Aarón y sus hijos la
mantendrán en orden delante del SEÑOR desde la tarde hasta la mañana; será estatuto perpetuo para
todas las generaciones de los hijos de Israel.

La lámpara encendida nos habla de Cristo. Ahora que todo ha cambiado, es decir, que el Señor
Jesucristo ha regresado al cielo, el Evangelista Mateo 5:14, nos recuerda que tu y yo somos luz para el
mundo. Nosotros no emitimos mucha luz, pero es el Espíritu de Dios el que puede utilizarnos. La
primera figura de Cristo que encontramos en el libro del Apocalipsis, último libro de la Biblia, le
muestra caminando en medio de siete candeleros de oro, que representaban a las iglesias. Uno de los
mensajes de esa visión del apóstol Juan, prisionero en la isla de Patmos, es que el Señor trata de
mantener la luz del testimonio de la iglesia como una luz viva, que continúe encendida en la tierra. En
ese pasaje Cristo se está ocupando de la vida de aquellos que le pertenecen.
También diremos algo sobre dos elementos del mobiliario que aun no hemos mencionado. Uno de ellos
es el altar del incienso que se encuentra mencionado en el capítulo 30 de este libro del Éxodo. Estaba
colocado delante del velo o cortina que llevaba al Lugar Santísimo donde, como ya indicamos en un
programa anterior, se encontraba el arca de la alianza. Tal como entonces en aquel santuario
transportable que era el tabernáculo, si en la actualidad uno desea adorar a Dios verdaderamente, tiene
que acudir, figurativamente hablando, a ese altar del incienso. Recordemos que el incienso, en la
Biblia, puede ser usado como un símbolo de la oración que se eleva hasta la misma presencia de Dios.
El otro elemento del mobiliario aun no mencionado, es la pila de bronce. Aquella pila permitía que
alguien que se disponía adorar a Dios, pudiera lavarse y quedar limpio, ya que los sacerdotes debían
quedar libres de toda impureza. Continuando con el elocuente simbolismo de los muebles del
tabernáculo mencionados en este estudio, y pensando en la aplicación práctica a nuestra situación en el
mundo actual, podríamos decir que en el altar de bronce, que señalaba al sacrificio de Cristo en la cruz,
cualquier persona puede recibir a Jesucristo como su Salvador y será salvo. Y como los antiguos
sacerdotes en la pila de bronce, el creyente puede lavarse de las impurezas que se contraen durante la
vida en este mundo y ser limpiado progresiva y continuamente por el Espíritu Santo de Dios. Todo
aquel que de ese paso de fe, quedará aceptado para entrar en la presencia misma de Dios, donde podrá
expresarle su gratitud y adoración.

© 2014 La Fuente de la Vida

Las vestiduras de los sacerdotes


LFV 128

EXODO 28

TEMA; Aarón y sus hijos fueron elegidos; el efod; el pectoral; el Urim y el Tumim; la corona y las
vestiduras sacerdotales.

Hemos visto que cada detalle del mobiliario del tabernáculo como, por ejemplo, los materiales y los
colores utilizados señalaban a la persona y la obra de Cristo. Ahora examinaremos a aquellos que iban a
ocuparse de los servicios religiosos. Los Levitas estaban encargados de ciertas funciones de cuidado del
tabernáculo y Aarón y sus hijos serían los sacerdotes. Y Aarón sería el sumo sacerdote.
La primera parte de este capítulo nos relata como
AARON Y SUS HIJOS FUERON ELEGIDOS PARA EL SACERDOCIO

Leamos los versículos 1 y 2:


Entonces harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aarón, y con él sus hijos,
para que me sirva como sacerdote: Aarón, con Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón.
2 Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y para hermosura.

Para que Aarón pudiera ejercer el sacerdocio como sumo sacerdote tenía que utilizar ciertas prendas de
vestir. Y las vestiduras señalaban simbólicamente a Cristo. Es cierto que la mayoría de las instrucciones
dadas en el libro del Éxodo no constituyen una lectura apasionante, pero sí nos revelan las dimensiones
de la persona de Jesucristo. ¿Alguna vez te has preguntado por qué Dios nos dio todas estas
instrucciones? Bueno, desde pequeños, hemos aprendido por medio de dibujos y figuras. La Biblia es
como un libro de imágenes y Dios quiere que aprendamos las verdades que El quiere enseñarnos
observando las figuras que se encuentran en la Biblia.
Estas ropas no eran santas en el sentido en que hoy consideramos a algo como santo. La palabra hebrea
para santo significa “apartado”. Las ropas estaban separadas, apartadas para el servicio de Dios.
Cualquier cosa apartada para Dios es santa.
Observemos que aquellas vestiduras habían sido diseñadas para la honra y gloria de Dios y eran, por lo
tanto, hermosas. Algo que está reservado para el servicio de Dios no tiene por qué ser severo y
desprovisto de atractivo o de auténtica belleza. Después de todo, Dios es el creador de la belleza y del
color. Miremos los tonos de de un amanecer, del atardecer, de las hojas en el otoño, o al color del cielo
en un día soleado, o al contraste de una tormenta oscureciendo el firmamento, Por ello la ropa de los
sacerdotes debía reflejar belleza y estética, para honrar y destacar la gloria de Dios.
Continuemos leyendo el versículo 3:
3 Y hablarás a todos los hábiles artífices, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán
las vestiduras de Aarón para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote.

Y a continuación se describe la ropa que Aarón, como sumo sacerdote, debía utilizar. Leamos el
versículo 4:
4 Estas son las vestiduras que harán: un pectoral, un efod, un manto, una túnica tejida a cuadros, una
tiara y un cinturón; y harán vestiduras sagradas para tu hermano Aarón y para sus hijos, a fin de que me
sirvan como sacerdotes.

Aquí se mencionan 6 vestiduras para ser utilizadas por Aarón en el servicio a Dios. Estas ropas pasarían
a ser las de sus sucesores en el sacerdocio. Dice el versículo 5:
5 Y tomarán para ello el oro y la tela azul, púrpura y escarlata, y el lino fino.

Como podemos ver por el texto Bíblico, las ropas serían confeccionadas de un material de la máxima
calidad.
El siguiente párrafo nos habla de un ornamento que se llevaba sobre la túnica del sumo sacerdote,
llamado
EL EFOD

Leamos los versículos 6 al 9:


6 Harán también el efod de oro, de tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido, obra de hábil
artífice.
7 Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, para que se pueda unir.
8 Y el cinto hábilmente tejido que estará sobre él, será de la misma obra, del mismo material: de oro, de
tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido.
9 Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel:

El efod es difícil de describir. Se colocaba sobre la túnica de lino. Constaba de 2 partes amplias de tela,
una delantera y la otra trasera, que se unían y sujetaban por medio de 2 hombreras con dos cintas o
cadenas de oro, con incrustaciones de ónice. Las partes de la vestidura se ceñían al cuerpo con un
cinturón. Sobre las 2 piedras de ónice, debían estar grabados los nombres de las 12 tribus de Israel (seis
en cada piedra). Cuando el sumo sacerdote entraba en el tabernáculo, llevaba escritos dichos nombres
sobre sus hombros. Este detalle destaca el poder y la representatividad del sumo

sacerdote. En el Nuevo Testamento y hablando de Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, la carta a los
Hebreos 7:25 dice: Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de
El se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Y es que Cristo es capaz
de salvarnos. Tiene la fuerza y el poder para hacerlo.
¿Recuerdas la parábola que Jesús pronunció sobre la oveja perdida? El pastor del rebaño salió a
buscarla y al encontrarla, la trajo de vuelta sobre sus hombros. Jesucristo me lleva sobre sus hombros y
así es como te lleva también a ti. De vez en cuando, en ciertos lugares del camino de la vida yo me
apeo, pero El está precisamente allí, dispuesto a recogerme nuevamente para colocarme sobre el lugar
seguro de sus hombros, para continuar llevándome. Por todo ello, esta prenda de vestir, el efod, nos
ofrece una imagen entrañable de nuestro Señor Jesucristo.
En el párrafo siguiente se nos describe
EL PECTORAL

Leamos los versículos 15 y 16:


15 Y harás el pectoral del juicio, obra de hábil artífice; lo harás como la obra del efod: de oro, de tela
azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido lo harás.
16 Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho.

La mejor forma de describir al pectoral es comparándolo con un chaleco que se colocaba sobre el efod,
sujetado firmemente al mismo con 4 cordones de oro. Dos de los cordones eran introducidos por anillos
de oro en los extremos superiores del pectoral y se sujetaban a las hombreras del efod. Los otros dos
cordones de oro eran introducidos por anillos de oro en

los extremos inferiores del pectoral y se sujetaban a los pliegues laterales del efod y se ataban con un
cordón azul sobre el cinto del efod. Se le calificaba como el pectoral del juicio. ¿Y por qué? Porque
ilustra la realidad de que el pecado ha sido juzgado. En cuanto a nosotros hoy, como creyentes,
necesitamos el pectoral de la justicia. Es que el pectoral cubre el corazón malo que llevamos dentro de
nosotros. Esa es la única manera en que podemos hallarnos ante la presencia de Dios. Esto significa
que nuestros pecados han sido juzgados. La justicia de Dios nos ha sido cedida, atribuida. Por tal
motivo se le denomina el pectoral del juicio.
El pectoral formaba, en cierta forma, parte del efod. Ambas prendas formaban un conjunto armonioso y
atractivo.
Continuemos leyendo los versículos 17 al 20

17 Y montarás en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera será una hilera de un rubí, un topacio y
una esmeralda;
18 la segunda hilera, una turquesa, un zafiro y un diamante;
19 la tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista;
20 y la cuarta hilera, un topacio, un ónice y un jaspe; todas estarán engastadas en filigrana de oro.

Para que veamos el gran valor de esta vestimenta, aquí se incluye la lista de las 12 piedras preciosas,
distribuidas en 4 filas de 3 piedras cada una. El versículo 21 añade el siguiente:
21 Las piedras serán doce, según los nombres de los hijos de Israel, conforme a sus nombres; serán
como las grabaduras de un sello, cada uno según su nombre para las doce tribus.

Estas piedras preciosas se encuentran también citadas en el Nuevo Testamento, en el último libro de la
Biblia, el Apocalipsis, en el capítulo

21, el apóstol Juan relató que en su visión, contempló a la Nueva Jerusalén, una ciudad que descendía
del cielo; una ciudad de oro, con muros de jaspe, y los cimientos de su muro estaban adornados con las
piedras preciosas.
Cada una de las piedras tenía un color diferente, formando una imagen brillante y de gran belleza. En
mi opinión, el universo de Dios esta lleno de color y cuando el pecado sea finalmente removido, le
veremos resplandecer en todo su colorido.
El detalle interesante de aquellas 12 piedras es que, cuando el sumo sacerdote entraba a la presencia de
Dios con su pectoral colocado, ilustraba al Señor Jesucristo que se encuentra en el lugar de máximo
honor en la presencia de Dios, intercediendo por nosotros. El Señor no solamente nos lleva sobre sus
hombros, que son un lugar de capacidad y fuerza espiritual, sino que también nos lleva en Su pecho.
Estamos grabados en Su corazón. El nos ama y la imagen que hemos contemplado simboliza Su amor
por nosotros.
(Según el versículo 30, que leeremos pronto, se indica otro de los propósitos del pectoral para el uso del
Urim y el Tumim. El pectoral era doble, para que formara una especie de bolsa para llevar el Urim y el
Tumim)
A continuación se nos explica el significado de
EL URIM Y EL TUMIM

Leamos el versículo 30:

30 Pondrás en el pectoral del juicio el Urim y el Tumim, y estarán sobre el corazón de Aarón cuando
entre a la presencia del SEÑOR; y Aarón llevará continuamente el juicio de los hijos de Israel sobre su
corazón delante del Señor.

Nadie sabe exactamente qué eran el Urim y el Tumim. El significado de las palabras era,
respectivamente, “luces” y “perfecciones”. Hay numerosas

teorías al respecto. Lo verdaderamente interesante es que estaba relacionado con el determinar cuál era
la voluntad de Dios, para que los sacerdotes tomaran decisiones para los israelitas. Una de las teorías
sostiene que eran 2 piedras, pero se ignora cómo se usaban para saber cual era el parecer de Dios.
Algunos han sugerido que el Urim representaba una respuesta negativa y el Tumim una positiva.
Algunos incluso piensan que eran como un juego de dados, pero yo no lo creo así. Sea lo que fuere,
aunque se desconozca el método utilizado, servía para saber la voluntad de Dios en asuntos específicos.
Y Dios habrá querido que los detalles permaneciesen en la oscuridad por una muy buena razón. Y es
que no faltarían personas que hoy tratasen de producir algo parecido para proporcionarnos todas las
respuestas. Ya hay actualmente mucha gente cerca de nosotros intentando resolver nuestros
interrogantes sin tener el Urim y el Tumim. No olvidemos que Dios quiere que recurramos
directamente a El para obtener las respuestas a nuestras preguntas.
A continuación, en los versículos 33 y 34, se nos habla sobre
EL MANTO DEL EFOD

33 Y harás en su borde inferior granadas de tela azul, púrpura y escarlata alrededor en todo su borde, y
entre ellas, también alrededor, campanillas de oro:
34 una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, y así alrededor de todo
el borde del manto.

Las granadas nos hablan de fruto del creyente y las campanillas del testimonio del creyente. Ambos
deberían estar presentes en nuestras vidas. Tendríamos que ser testigos de Cristo, y debería haber en
nosotros el fruto del Espíritu Santo, tal como se detalla en la carta de Pablo a los Gálatas

5:22 y 23. Pero está claro que demasiadas personas quieren ser testigos, aunque no tienen una clase de
vida que las respalde. Y. por otra parte, muchos sí tienen un nivel espiritual que les respalda, pero no se
dedican a dar testimonio de su fe. Podríamos decir que, figurativamente hablando, deberíamos tener
una granada y una campanilla. Continúa diciendo el versículo 35:
35 Y estará sobre Aarón cuando ministre; y el tintineo se oirá cuando entre en el lugar santo delante del
SEÑOR, y cuando salga, para que no muera.

Estos símbolos de vida fructífera y de testimonio activo producirían cierto sonido cuando el sumo
sacerdote entraba y salía del santuario. La frase “para que él no muera” significaba una grave
advertencia para el sacerdote oficiante, porque solo un sacerdote vestido adecuadamente y siguiendo
las reglas del ritual podía entrar al Lugar Santo. Si no cumpliese lo establecido, sería herido de muerte.
Continuemos leyendo los versículos 36 al 38:
36 Harás también una lámina de oro puro, y grabarás en ella, como las grabaduras de un sello:
“SANTIDAD AL SEÑOR.”
37 La fijarás en un cordón azul, y estará sobre la tiara; estará en la parte delantera de la tiara.
38 Y estará sobre la frente de Aarón, y Aarón quitará la iniquidad de las cosas sagradas que los hijos de
Israel consagren en todas sus ofrendas santas; y la lámina estará siempre sobre su frente, para que sean
aceptas delante del SEÑOR.

Estas vestiduras distinguirían al sumo sacerdote de los demás sacerdotes y, al mismo tiempo, exponían
la gloria y la hermosas características de la persona y obra de nuestro Sumo Sacerdote quien, en
palabras de la carta a

los Hebreos 7:26, es santo, inocente, (sin maldad), sin mancha, apartado de los pecadores. El murió
aquí en esta tierra para salvarnos. Pero, como resucitó, vive y está en el máximo lugar de honor en el
cielo, en la presencia de Dios, para interceder por nosotros.
Leamos, finalmente, los versículos 39 al 43:
39 Tejerás a cuadros la túnica de lino fino, y harás una tiara de lino fino; harás también un cinturón,
obra de un tejedor.
40 Para los hijos de Aarón harás túnicas, también les harás cinturones, y les harás mitras, para gloria y
hermosura.
41 Y vestirás con ellos a tu hermano Aarón y a sus hijos con él; y los ungirás y ordenarás y consagrarás
para que me sirvan como sacerdotes.
42 Les harás calzoncillos de lino para cubrir su desnudez; llegarán desde los lomos hasta los muslos.
43 Y los llevarán puestos Aarón y sus hijos cuando entren en la tienda de reunión, o cuando se acerquen
al altar para ministrar en el lugar santo, para que no incurran en culpa y mueran. Será estatuto perpetuo
para él y para su descendencia después de él.

Dios no quiso que hubiese ninguna exhibición de desnudez por parte de aquellos que oficiaban el ritual
del tabernáculo. Dios no deseaba que se diese lugar a una ostentación indebida de la parte física del
cuerpo del sacerdote. Aquellas ropas habían sido confeccionadas para cubrir cualquier obra e influencia
de la parte física del ser humano, ante la suprema experiencia de entrar en el lugar donde se efectuaba
la adoración a Dios.
Por ese motivo en la actualidad, cuando nos disponemos a orar a Dios o a adorarle, tanto en la esfera
privada como en la comunidad de los creyentes, tratamos de que todo lo que nos rodee exteriormente, e
incluso lo que nos pueda preocupar interiormente, no sea motivo de distracción ni desvíe nuestra
mente, nuestros pensamientos, de Aquel que es el motivo de nuestra adoración, de nuestra honra, y de
nuestra gratitud.

© 2014 La Fuente de la Vida

Consagración de Aarón y de sus hijos


LFV 129

EXODO 29

TEMA; El sacrificio y la consagración de los sacerdotes; el holocausto continuo; La promesa de Dios


de tener su morada entre los israelitas

En el capítulo anterior leímos algo sobre la designación de Aarón y sus hijos para ejercer el sacerdocio
en el tabernáculo o tienda de reunión de los israelitas en su viaje por el desierto. Consideramos también
ciertos detalles sobre las vestiduras sacerdotales, como el efod, el pectoral, el Urim y el Tumim.
Destacamos igualmente el valor significativo y profético de los materiales y colores utilizados, como
figuras que anticipaban la persona de Cristo, su obra de salvación e intercesión a favor de los suyos.
El capítulo 29 es un capítulo extenso y no todo su contenido, ni la lectura de algunas de sus partes
podría resultar de interés. Las partes significativas de los versículos que no leamos, serán resumidas en
el comentario que hagamos de los versículos leídos. Estoy seguro de que el Espíritu de Dios quiere usar
ciertos detalles de este capítulo para que podamos aprovechar sus enseñanzas principales y obtener
beneficio de ellas. Dios ha incluido en la Biblia grandes lecciones espirituales y Su Palabra constituye
un alimento indispensable para el ser humano.
El primer párrafo del capítulo trata sobre

LA CONSAGRACION DE LOS SACERDOTES

La consagración para un creyente no es algo que él hace por sí mismo. Es algo que Dios hace por
nosotros y se apoya sobre la obra terminada de Cristo. Leamos los versículos 1 al 4:
Esto es lo que les harás para consagrarlos para que me sirvan como sacerdotes: toma un novillo y dos
carneros sin defecto;
2 y pan sin levadura, y tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untados con
aceite; los harás de flor de harina de trigo.
3 Los pondrás en una cesta, y los presentarás en la cesta junto con el novillo y los dos carneros.
4 Después harás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada de la tienda de reunión, y los lavarás
con agua.

Después de que Aarón y sus hijos fuesen consagrados, debían realizarse 3 sacrificios de animales. Cada
uno de los 3 debía ser llevado a cabo de forma diferente. Y el lavamiento prefiguraba la regeneración
de la cual habla el Nuevo Testamento. La carta del apóstol Pablo a Tito 3:5 nos recordó que El nos
salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por
medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo. Como el texto mismo lo
afirma, el lavamiento aquí mencionado tiene que ver con la regeneración. En este sentido, la pila de
agua del tabernáculo se refería a un tipo de lavamiento diferente.
Después de que se lavaran conforme al rito de la ceremonia, el relato continúa describiendo como
Moisés iba a colocar las vestiduras rituales sobre Aarón, ropas que ya describimos al estudiar el
capítulo 28. Leamos los versículos 5 al 9:
5 Y tomarás las vestiduras y pondrás sobre Aarón la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y lo
ceñirás con el cinto tejido del efod;
6 y pondrás la tiara sobre su cabeza, y sobre la tiara pondrás la diadema santa.
7 Luego tomarás el aceite de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza, y lo ungirás.
8 También harás que sus hijos se acerquen y pondrás túnicas sobre ellos.
9 Y les ceñirás los cinturones a Aarón y a sus hijos, y les atarás las mitras, y tendrán el sacerdocio por
estatuto perpetuo. Así consagrarás a Aarón y a sus hijos.

Aarón debía ser ungido con aceite, que sería derramado sobre su cabeza, como símbolo de la elección
para ese servicio especial. Sus hijos no serían ungidos con aceite, pero sí tenían que vestirse con el
atuendo de los sacerdotes. Decíamos que la consagración es una acción de Dios y no algo que nosotros
hacemos. A veces habremos presenciado actitudes de consagración en las que algunas personas han
prometido a Dios hacer algo. Yo mismo he hecho grandes promesas a Dios en el pasado y no he
logrado cumplirlas en la forma en que lo hubiera deseado. Y no me agrada considerar esa actitud como
una consagración, que no es lo que yo le prometo a Dios. La consagración es, más bien, venir a El con
las manos vacías, confesando nuestra debilidad, y nuestra incapacidad para hacer cualquier cosa y
después, permitirle a Dios que haga el resto.
Si lees las oraciones de Moisés, Elías, David y Samuel en el Antiguo Testamento, y de Pablo en el
Nuevo Testamento, encontrarás que aquellos hombres no vinieron a Dios en base a lo que ellos eran, a
quienes eran, o a lo que le habían prometido a Dios hacer. A veces, he escuchado a personas hacer
grandes promesas de entrega, sacrificio y dedicación a Dios; promesas que, desafortunadamente, no
han podido cumplir porque nosotros, en realidad, no tenemos mucho que ofrecer a Dios. ¿No te parece?
Quizás tu crees que tienes mucho que ofrecerle, pero yo no. Lo importante es, pues, acercarnos a El con
nuestras manos vacías para permitirle que El las llene.
El relato Bíblico nos lleva ahora a tratar más concretamente el tema de
LOS SACRIFICIOS DE LA CONSAGRACION

Leamos el versículo 10:


¶10 Entonces llevarás el novillo delante de la tienda de reunión, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos
sobre la cabeza del novillo.
Como indicamos anteriormente, después de que Aarón y sus hijos fueran consagrados, debían tener
lugar 3 sacrificios de animales, cada uno de ellos de manera diferente. Primero debía sacrificarse el
novillo, como ofrenda por el pecado. El sumo sacerdote y su familia ponían sus manos sobre la cabeza
de aquel becerro. Hay gente que piensa que la imposición de manos transmite algo mágico o espiritual.
No es así. Este no es el propósito de la imposición de manos. La imposición de manos sobre un animal
significaba identificación. Cuando un pecador venía ante el altar y ponía sus manos sobre la cabeza del
animal que había traído para el sacrificio, significaba que el animal estaba ocupando el lugar que a
aquel pecador le hubiera correspondido.
Aquel animal ocupó el lugar de Aarón. Moriría por el porque éste era un pecador. Y los sacerdotes se
identificaban con los animales que morían en su lugar. De esta manera, reconocían su propio pecado y
la necesidad de ser limpiados por medio de la sangre. Así era el holocausto. Cuando estudiemos el libro
de Levítico examinaremos estas ofrendas detalladamente. Incluso, al principio mismo de la Biblia, en
el jardín del Edén, hubo un holocausto. En cuanto a nuestro relato sobre el Tabernáculo en el desierto,
el altar que hemos identificado como el altar de bronce es llamado, a veces, altar del holocausto, porque
allí se ofrecía el sacrificio principal, el primer sacrificio, en el que la víctima se quemaba por completo,
a diferencia de otros sacrificios que eran consumidos por el adorador y los sacerdotes. Este sacrificio, el
holocausto, expone la persona de Cristo, es decir quién es El. Y el altar nos habla de su obra, es decir,
de lo que El he hecho por nosotros.
El segundo sacrificio afectaba a uno de los carneros. Como acabamos de decir, sería también un
holocausto, o sea que la víctima debía consumirse por completo sobre el altar. La sangre del carnero
sería rociada por todos los lados del altar y el carnero debía ser lavado y cortado en pedazos.
El tercer animal para el sacrificio sería el otro carnero. Su sangre debía ser puesta sobre la oreja
derecha, sobre el dedo pulgar de las manos derechas y sobre el dedo pulgar de los pies derechos de
Aarón y de sus hijos, como un símbolo de que habían sido lavados y consagrados al Señor. La sangre
en la oreja pudo haber significado la dedicación para escuchar la Palabra de Dios; la de los pulgares
pudo ser un símbolo de la santidad al hacer la obra de Dios y la sangre colocada en los pies, para
señalar el andar en pureza y cuidadosamente en el servicio de Dios. El resto de la sangre, debía rociarse
sobre el altar alrededor. Y también debía tomarse de la sangre que estaba en el altar y el aceite de la
unción para rociarlos sobre los sacerdotes, y sus vestiduras, quedando de esta manera consagrados,
ellos y sus vestiduras.
Adelantándonos a nuestra lectura, pasemos ahora a los versículo 26 y 27, que tratan el tema de la
comida de los sacerdotes:
LA COMIDA DE LOS SACERDOTES

¶26 Entonces tomarás el pecho del carnero de la consagración de Aarón, y lo mecerás como ofrenda
mecida delante del SEÑOR; y esa será tu porción.
27 Y consagrarás el pecho de la ofrenda mecida y la pierna de la ofrenda alzada, lo que fue mecido y lo
que fue alzado del carnero de consagración, de lo que era para Aarón y de lo que era para sus hijos.

Un detalle interesante es que no mecían esta ofrenda de derecha a izquierda, sino de atrás para adelante,
en dirección al altar y los sacerdotes, simbolizando que dicha ofrenda estaba siendo presentada a Dios.
El pecho del carnero era una ofrenda mecida, que quedaba reservada para que la comiesen Aarón y sus
hijos. También en el libro del Levítico, veremos que una parte de la ofrenda iría para Aarón y los
sacerdotes como su parte. Es que como a los Levitas, miembros de la tribu de Leví, no se les había
asignado ninguna tierra para su cultivo en la distribución que se hizo a la nación, Dios les proveyó su
sustento de esta manera. Los Levitas tenían que ejercer su servicio en el tabernáculo y, más adelante en
la historia, en el Templo, y recibirían, por lo tanto, una parte de la ofrenda. De esa manera, los israelitas
contribuyeron al sostén y a las diversas necesidades del funcionamiento del tabernáculo y
posteriormente del Templo.
Para abreviar también la lectura, nos adelantaremos hasta el versículo 38, leyendo hasta el 40, donde se
habla de
EL HOLOCAUSTO CONTINUO

¶38 Esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día, continuamente.
39 Ofrecerás uno de los corderos por la mañana y el otro cordero lo ofrecerás al atardecer;
40 y ofrecerás una décima de un efa de flor de harina mezclada con un cuarto de hin de aceite batido, y
para la libación, un cuarto de hin de vino con un cordero.

Aquí se hace una referencia a las ofrendas diarias para el servicio del tabernáculo, ya no para la
ordenación de los sacerdotes. Es interesante observar que las ofrendas diarias contenían elementos
básicos de la dieta cotidiana del pueblo, como carne, harina, aceite y vino. En este caso también, el
libro del Levítico nos ofrecerá los detalles de este sacrificio que se ofrecía de forma continua. Esta
ofrenda consistía en un sacrificio diario, en el que se presentaba un cordero por la mañana, y otro
cordero al atardecer. Nos habla del hecho del que el pueblo requería un recordatorio constante de que se
necesitaba a alguien que ocupase el lugar de las personas en el sacrificio, y de que su pecado merecía la
muerte. Hacía falta un derramamiento de sangre para pagar su pecado. Estas ofrendas diarias
constituían, en las propias palabras del texto Bíblico, “un olor agradable al Señor”. En el Nuevo
Testamento, el apóstol Pablo, en su carta a los Efesios 5:2, vió el sacrificio de Cristo a la luz de aquella
antigua ofrenda, cuando dijo: andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por
nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma.
Este pasaje Bíblico termina recalcando la importancia de las ofrendas diarias en la vida de aquel pueblo
que viajaba por el desierto. El Señor había prometido que habitaría precisamente en aquel lugar, entre
ellos. Como el pecado siempre ha constituido una barrera insalvable entre el ser humano y Dios, la
relación de compañerismo y de comunión con Dios se establecería y se fortalecería, fundamentada en
la sangre derramada por los pecados. Cuando los sacerdotes se consagraran y sirvieran al Señor,
entonces Dios moraría con ellos, para que supieran que El era Jehová su Dios. Aquí hay que destacar
algo importante. El hecho de que Dios condescendiera a habitar en una tienda de reunión, que
llamamos el tabernáculo, nos habla elocuentemente de su profundo amor e interés por su pueblo.
Y, recordando este sacrificio, este holocausto continuo, recordemos que la carta a los Hebreos 9:26,
destacaba esta verdad diciendo: De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la
fundación del mundo; pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para
destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo. Por supuesto, este versículo se refiere al sacrificio del
Señor Jesucristo. Porque la sangre de los toros, machos cabríos y corderos no podía quitar el pecado;
pero la sangre de Jesucristo, sí podía y puede hacerlo. Su sacrificio fue apropiado. EL Señor se ocupó
de forma adecuada del problema del pecado. Murió una sola vez. Al llegar el tiempo determinado por
Dios apareció para quitar el pecado por medio del sacrificio de sí mismo.
Después de haber examinado las ceremonias de consagración de los sacerdotes, el holocausto continuo
y el simbolismo de los detalles del ritual de aquel santuario en el desierto, terminamos este programa
con algunas reflexiones sobre la actitud de Dios con los seres humanos. El puso todo los medios de su
parte para remover el problema del pecado, que las Sagradas Escrituras consideran una barrera
infranqueable entre el ser humano y Dios. Dios se hizo carne, se encarnó en esta humanidad caída y
bajo el control de la esclavitud del pecado. Envió a Su Hijo y El habitó entre nosotros, como lo expresó
el Evangelista Juan. Le envió para morir en una cruz, en la que llevó nuestros pecados, pagando nuestra
deuda, en nuestro lugar. Su obra de remover el obstáculo del pecado quedó completamente terminada y
después resucitó, consumando su victoria, que es también nuestra victoria y la de todos aquellos que
crean en El, que un día también resucitarán para entrar en la vida eterna y estar para siempre en la
presencia de Dios. Y así, Dios habrá cumplido su propósito eterno, de tener comunión, compañía, una
relación de compañerismo con sus criaturas, para compartir con ellas todo lo que El ha creado en ese
universo que es tan inmenso que escapa a nuestra observación limitada de nuestra existencia en esta
tierra.
Y como el señor Jesucristo, en los días de su vida en el mundo, dio a conocer a Dios, ofreciendo con su
persona una imagen de Dios, El mismo expresó Su deseo de reunirse con los suyos, con su iglesia,
cuando el pecado y las fuerzas del mal estuviesen próximos a su derrota definitiva. Por tal motivo,
finalizamos hoy con aquella declaración de Jesús, efectuada a sus discípulos en una reunión privada, no
mucho antes de que los poderes de aquella época le llevasen a la cruz para ser crucificado. Podemos
leerla en el Evangelio según Juan 14:1 al 3
No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí.
2 En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a
preparar un lugar para vosotros.
3 Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde
yo estoy, allí estéis también vosotros.

© 2014 La Fuente de la Vida

El altar del incienso, dinero del rescate, la fuente


de bronce; el aceite de la unción.
LFV 130

EXODO 30

TEMA; La adoración

En nuestro programa anterior consideramos la ceremonia de consagración de los sacerdotes, los


sacrificios de dicha consagración y el significado del sacrificio continuo. Así que resulta lógico que el
relato nos lleve ahora al tema de la adoración. Y el primer apartado que vamos a considerar trata sobre
EL ALTAR DEL INCIENSO

Este es, pues, el gran capítulo de la adoración. Al mirar al primer compartimiento del tabernáculo
propiamente dicho, llamado el Lugar Santo, encontramos 3 muebles. Todos ellos nos expresan
adoración. Ya hemos hablado del candelero y de la mesa del pan de la presencia. Pero allí también
había un altar; el altar del incienso. La mesa del pan de la presencia y el candelero de oro simbolizaban
al pueblo de Dios reuniéndose y teniendo juntos convivencia y comunión. Para los creyentes en la
actualidad, como veremos en el Nuevo Testamento, habría una reunión festiva en la que, por medio de
la comunión con Cristo y los unos con los otros, se recibiría alimento espiritual. Volviendo a nuestro
pasaje, iniciemos la lectura con los versículos 1 al 4:
Harás también un altar para quemar en él incienso; de madera de acacia lo harás.
2 De cuarenta y cinco centímetros será su longitud y de cuarenta y cinco centímetros su anchura, será
cuadrado; y de noventa centímetros su altura. Sus cuernos serán de una pieza con él.
3 Lo revestirás de oro puro: su parte superior, sus lados en derredor y sus cuernos; y le harás una
moldura de oro alrededor.
4 Le harás dos argollas de oro debajo de su moldura; los harás en dos de sus lados, en lados opuestos, y
servirán de sostén para las varas con las cuales transportarlo.

Según las instrucciones, era un altar pequeño pero, aun así, tenía argollas para poder introducir las
varas que permitirían transportarlo sobre los hombros de los sacerdotes. En el libro de Números se nos
dice que los Levitas transportaban los muebles en su marcha por el desierto. Dice el versículo 6:
6 Pondrás el altar delante del velo que está junto al arca del testimonio, delante del propiciatorio que
está sobre el arca del testimonio, donde yo me encontraré contigo.

El altar estaba instalado exactamente junto al velo o cortina. El arca del pacto y su tapa, llamada
propiciatorio, se encontraban del otro lado del velo. Así que el altar se hallaba en el Lugar Santo, el
lugar de la adoración. Leamos los versículos 7 al 9:
7 Y Aarón quemará incienso aromático sobre él; lo quemará cada mañana al preparar las lámparas.
8 Y cuando Aarón prepare las lámparas al atardecer, quemará incienso. Habrá incienso perpetuo delante
del SEÑOR por todas vuestras generaciones.
9 No ofreceréis incienso extraño en este altar, ni holocausto ni ofrenda de cereal; tampoco derramaréis
libación sobre él.

Este no era un altar de sacrificio. Y solamente un cierto tipo de incienso podría colocarse sobre este
altar. Los sacerdotes entrarían allí para quemar incienso cada vez que encendiesen las lámparas del
candelero. Este altar nos lleva a pensar en la adoración. Y conocemos este significado porque la Biblia
utiliza en muchos pasajes el incienso como un símbolo de la oración y la alabanza. El rey David, por
ejemplo, en el Salmo 141:2, dijo: Sea puesta mi oración delante de ti como incienso. Y en el último
libro de la Biblia, el Apocalipsis, en una visión, está presente la figura del incienso. Dice Apocalipsis
8:3, Otro ángel vino y se paró ante el altar con un incensario de oro, y se le dio mucho incienso para
que lo añadiera a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. El
Evangelio según Lucas 1:9 nos dice que Zacarías, conforme a la costumbre del sacerdocio, fue
escogido por sorteo para entrar al templo del Señor y quemar incienso. Zacarías era un miembro de la
tribu de Leví y ejercía su sacerdocio en el Templo. En este versículo se nos dice que estaba sirviendo
junto al altar del incienso. Y era la hora de la oración. El Dr. Lucas, cronológicamente, inició el Nuevo
Testamento con Zacarías ante el altar del incienso. En otras palabras, Dios interrumpió Su silencio de
400 años, el período entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, en el altar del incienso, entregándole allí
un mensaje a Zacarías.
Por lo tanto, el incienso es una figura del Señor Jesucristo, nuestro intercesor. En la época relatada en
nuestro pasaje de hoy, el sacerdote Aarón ejercía su ministerio en el lugar en el lugar de la adoración. Y
Aarón era una figura de Cristo en este sentido específico, aunque Cristo es realmente un sacerdote
según el orden sacerdotal de Melquisedec, como veremos al estudiar la carta a los Hebreos 7. En el
capítulo 9 de esa carta a los Hebreos, encontramos un detalle extraño: el altar del incienso aparecía
colocado en Lugar Santísimo. ¡Fue como si el escritor de esa carta ignorase donde debía estar! ¿Por qué
le habrá colocado en el Lugar Santísimo, antes que en el Lugar Santo, como aparece en este libro del
Éxodo? Pues porque cuando esa carta a los Hebreos fue escrita, la cortina o velo que separaba ambos
lugares había sido desgarrada y dividida en dos partes, en el momento de la muerte de Cristo. Cristo
había sido ofrecido aquí en la tierra, Su cuerpo había sido desgarrado cuando había muerto en la cruz.
Pero, después de su resurrección ascendió, regresando al cielo, y en la actualidad, el altar del incienso
se encuentra en los cielos. Nosotros nos acercamos a Dios por medio de Jesucristo. El es nuestro gran
Intercesor. Cristo está en los cielos y este altar nos habla del lugar donde El se encuentra. Cuando nos
comunicamos con Dios a través de la oración, tenemos que presentarnos por medio del Señor
Jesucristo.
Algunas personas dicen: “bueno, ahora que he sido salvado, puedo acceder directamente a Dios”
Realmente, no puedes. Solo puedes acercarte a Dios por medio de Jesucristo. El es el que nos conduce
a la presencia de Dios. Cristo está en el cielo orando por nosotros. Para los israelitas era admirable
pensar que su sumo sacerdote se encontraba en el tabernáculo, ante el altar del incienso, orando por
ellos. Para nosotros es, también, maravilloso saber que Jesucristo. Nuestro gran Sumo Sacerdote, está
orando por nosotros.
Cristo no está orando por el mundo. ¿Lo sabías? Cuando estaba en esta tierra y antes de morir, en su
llamada oración sacerdotal, registrada en el Evangelio de Juan 17:9, dijo: Yo ruego por ellos; no ruego
por el mundo, sino por los que me has dado; porque son tuyos. Podríamos preguntarnos, ¿y por qué no
ora por el mundo? Jesucristo murió por el mundo y el Espíritu Santo se encuentra aquí para hacer el
ofrecimiento de Cristo real a todos aquellos que le reciben. Cristo no pudo hacer más que morir por los
pecados del mundo. Y el está en el cielo orando por todos aquellos que le han recibido como Salvador.
Me alegra que El lo esté haciendo porque si no fuese así, no podríamos lograr mucho aquí en la tierra.
Así que el tener un gran Sumo Sacerdote que ora por nosotros, es una maravillosa realidad. Dios oye
nuestras oraciones por ser Cristo quien es, y por lo que hizo por nosotros en la cruz.
La carta a los Efesios 1:6, dice que El pensó en nosotros para alabanza de la gloria de su gracia que
gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado. Es decir que, por causa de Jesucristo, Dios el
Padre nos acepta en su amado Hijo. En los Evangelios Mateo 17:5, Marcos 9:7, y Lucas 9:35, Dios el
Padre dijo: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a El oíd. En cuanto a nosotros, no solo
debemos escucharle sino que también debemos orar por medio de El. Jesucristo nos dijo en Juan 14.14:
Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. En esto precisamente consiste el orar bajo el control del
Espíritu Santo.
Pero volvamos al tabernáculo. Observemos que este altar estaba separado de los otros muebles.
Solamente los sacerdotes podían adorar allí. Incluso un rey, el rey Uzías, según el relato del segundo
libro de las Crónicas 26:16 al 21, fue herido por la lepra cuando se entrometió en aquel lugar para
quemar incienso en el altar. Y solamente los sacerdotes pueden hoy orar; cada verdadero creyente en
Cristo, es un sacerdote. Algunos creen que una persona puede vivir cualquier tipo de vida licenciosa de
acuerdo con sus gustos, rechazar a Cristo, y luego al enfrentarse con dificultades y la aflicción, como
por ejemplo, la grave enfermedad de un ser querido, tal persona puede arrodillarse ante Dios y esperar
una respuesta suya. Pero Dios dice que El no responderá a esa clase de oraciones. No olvidemos que el
altar del incienso es el lugar donde acuden los sacerdotes. La única oración que un pecador puede
dirigir a Dios es la de aquel recaudador de impuestos en el templo: Dios, ten piedad de mí, pecador.
(Lucas 18:13). Dios oirá esta oración cuando sea dirigida a El y la responderá.
El versículo 8 de este capítulo 30 de Éxodo dice: Habrá incienso perpetuo delante del SEÑOR por
todas vuestras generaciones. Tiene que haber una alabanza constante a Dios. En la primera carta de
Pablo a los Tesalonicenses 5:17, se nos dice: orad sin cesar. El incienso debía estar sobre el altar por la
mañana y por la tarde.
Cuando el sumo sacerdote entraba y ofrecía incienso sobre el altar, quedaba por un tiempo en la tienda
de reunión. El perfume del incienso permanecía sobre sus vestiduras y cuando salía de allí y caminaba
entre la gente, todos podían percibir el aroma. Trasladando esta escena a nuestro tiempo podríamos
decir, figurativamente hablando, que la mayoría de los cristianos no están utilizando la clase de
perfume o colonia apropiada. La fragancia adecuada es la oración. ¡Que nuestras oraciones asciendan
hacia Dios como un dulce incienso, que penetrará en nuestra ropa, al haber pasado un tiempo en
oración!
Leamos ahora, los versículos 12 y 13, que nos indican que
LOS REDIMIDOS PODÍAN ADORAR
12 Cuando hagas un censo de los hijos de Israel para contarlos, cada uno dará al SEÑOR una
contribución al Señor como rescate por su vida cuando sean contados, para que no haya plaga entre
ellos cuando los hayas contado.
13 Esto dará todo el que sea contado: cinco gramos de plata, que es la mitad del peso oficial del
santuario y la ofrenda al SEÑOR.

Este era el segundo requisito para la adoración. No habría ninguna plaga entre ellos, porque iban a ser
redimidos. Serían rescatados con plata. La plata es el metal que representa a la redención y una figura
que anticipaba la redención. Cada persona que adoraba tenía que ser redimida. En nuestro tiempo, en el
que se habla de adoración general o pública, tengamos en cuanta que solo los redimidos pueden adorar
a Dios. Eso sí. El camino permanece abierto hoy, para que todo aquel que quiera, sea redimido,
salvado.
A continuación llegamos a un párrafo que nos aclara otro requisito para adorar. O sea, que
LOS QUE HABIAN SIDO PURIFICADOS PODÍAN ADORAR

No solo los adoradores tenían que ser redimidos, sino también debían ser purificados. Esto nos conduce
a la pila de agua que había en el tabernáculo y que estaba situada en el patio exterior. Había sido
fabricada de bronce, como el altar de bronce. Allí era el lugar donde Dios solucionaba el problema del
pecado y donde El se ocupaba de nuestro pecado. Los creyentes, a quienes Dios ve anticipadamente
como santos, a veces cometen pecados. Continuemos leyendo los versículos 17 al 20:
17 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
18 Harás también una pila de bronce, con su base de bronce, para lavatorio; y la colocarás entre la
tienda de reunión y el altar, y pondrás agua en ella.
19 Y con ella se lavarán las manos y los pies Aarón y sus hijos.
20 Al entrar en la tienda de reunión, se lavarán con agua para que no mueran; también cuando se
acerquen al altar a ministrar para quemar una ofrenda encendida al SEÑOR.

El sacerdote no podía entrar al tabernáculo a ejercer su servicio a menos que primero no se hubiese
lavado. Podía contaminarse mientras se encontrase fuera de la tienda de reunión.
En nuestro transitar por este mundo podemos ensuciarnos, contaminarnos y no podremos adorar hasta
que estemos limpios. Es por eso que el Señor lavó los pies de sus discípulos. Y el continúa haciéndolo
hoy. Figurativamente hablando, tenemos que acudir a aquella pila de agua, que es lo que primero
hacían los antiguos sacerdotes. Si ellos iban al altar de bronce, se lavaban antes y después. Si iban al
Lugar Santo, se purificaban antes de entrar y al salir. En mi opinión este tema del lavado y la
purificación era muy importante. El Señor deseaba que conociesen realmente la necesidad de ser
santos, con toda la pureza que implica la santidad.
La idea de que un creyente puede, en un estado de impureza espiritual, servir a Dios aceptablemente es
errónea. Dios pondrá en evidencia a los que así lo hagan. En la primera carta de Pablo a los Corintios
3:12 al 15, leemos lo siguiente:

12 Ahora bien, si sobre el fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno,
paja,
13 la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada;
el fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno.
14 Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa.
15 Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque
así como por fuego
Algún día Dios aclarará la situación de aquellos creyentes que le sirvieron en un estado de impureza
espiritual y con motivaciones equivocadas. Lo que parece una “gran obra” ante los seres humanos, no
tendrá ningún valor para Dios. Porque El quiere nuestra pureza espiritual.
Los sacerdotes debían lavarse en aquella pila de agua. De la mis manera, nosotros debemos venir a El
para confesarnos. La primera carta de San Juan 1:9 nos dice que Si confesamos nuestros pecados, El es
fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. La antigua pila de agua,
hecha de bronce, simboliza nuestra progresiva santificación. Debemos limpiarnos espiritualmente si
queremos adorar, servir a Dios y ser utilizados por El. No solo nuestras ropas debieran desprender ese
aroma del incienso, sino que nosotros mismos necesitamos ser lavados en agua pura. Y esa agua pura es
la Palabra de Dios.
Las mujeres habían traído sus espejos de bronce bruñido para fabricar la pila. En ese tiempo, no tenían
espejos de cristal. Pero los espejos reflejaban y revelaban la suciedad y ése era el propósito de la pila,
en la que se lavaba el sacerdote y que simbolizaba a la Palabra de Dios. La Biblia es un espejo y
cuando nos miramos en ella, se refleja nuestro pecado. Entonces necesitamos confesar ese pecado y ser
limpiados.
Ahora bien, no necesitarás confesar tu pecado públicamente; sino ir a Jesucristo en privado. Es como si
la pila de agua estuviese en el cielo. Es evidente que nuestros ojos, nuestra mente, nuestras manos,
nuestros pies, en fin, todo nuestro ser espiritual se contamina y admite impurezas. Y no solo al asistir a
la iglesia sino que cada vez que tengamos conciencia de ese estado, necesitamos confesar directamente
a Dios nuestros pecados antes de adorar a Dios. (Dios no aceptará la adoración hasta que provenga de
un corazón limpio y puro, ni aceptará nuestro servicio a menos que surja de un corazón con
motivaciones puras.)
Pasemos ahora a considerar otro requisito. Porque
LOS QUE HABIAN SIDO UNGIDOS PODÍAN ADORAR

Leamos los versículos 25 hasta la primera parte del versículo 27:


25 Y harás de ello el aceite de la santa unción, mezcla de perfume, obra de perfumador; será aceite de
santa unción.
26 Y con él ungirás la tienda de reunión y el arca del testimonio,
27 la mesa y todos sus utensilios

En la actualidad, ¿cuál es, para nosotros, el ungimiento o la unción? Es la unción del Espíritu Santo.
Tenemos un ungimiento de ese aceite celestial que nos capacita para comprender la Palabra de Dios.
Esta es la razón por la cual la Biblia se convierte en un mensaje real y actual para tantas personas de
nuestro tiempo. No se trata de la acción de ningún maestro ni predicador, sino del Espíritu de Dios que
utiliza la Palabra de Dios. Solo el Espíritu puede ungirte. No tienes que dirigirte a ninguna persona para
que derrame aceite sobre ti. Tu mismo, tu misma, puedes dirigirte a Dios ahora y decirle: “Dios mío,
abre mi corazón, mi mente y mi vida para entender tu Palabra”. La primera carta de Juan 2:20, dice:
vosotros tenéis unción del Santo, y todos vosotros lo sabéis. El Espíritu Santo, derramado sobre
nosotros, es nuestra unción.
Pero la citada primera carta de Juan 2:27 continúa diciendo: Y en cuanto a vosotros, la unción que
recibisteis de El permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; pero así como su
unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como os ha enseñado,
permanecéis en El. El Espíritu Santo es el que puede abrir tu mente y corazón cuando te acercas a Dios
para comprender Su Palabra. Entonces El traerá bendiciones a tu corazón. Y pensar que hay tanta gente
en la actualidad que se está formulando preguntas como: “¿Qué es la vida? ¿Para qué vivo? ¿Cómo y a
quién le comunicaré mis necesidades?” Estimado oyente, pídele a Dios, con tus propias palabras, que el
Espíritu Santo de Dios convierta Su Palabra en una palabra viva y real para tu corazón y
experimentarás una verdadera satisfacción.
Leamos los versículos 34 al 36, donde se nos habla del
EL INCIENSO

34 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Toma especias, resina, uña aromática y gálbano, especias con
incienso puro; que haya de cada una igual peso.
35 Con ello harás incienso, un perfume, obra de perfumador, sazonado, puro y santo.
36 Y molerás parte de él muy fino, y pondrás una parte delante del testimonio en el tabernáculo de
reunión donde yo me encontraré contigo; santísimo será para vosotros.

Se nos dan los ingredientes del incienso. La mezcla producía una especia aromática que no podía
reproducirse ni reemplazarse. Leamos, finalmente por hoy, los versículos 37 y 38:
37 Y el incienso que harás, no lo haréis en las mismas proporciones para vuestro propio uso; te será
santo para el SEÑOR.
38 Cualquiera que haga incienso como éste, para usarlo como perfume será cortado de entre su pueblo.

Nadie debía utilizar esa fórmula para sí mismo. Tampoco Dios aceptaba imitaciones.
En cuanto al altar, nos habla de oración y la adoración. Es el lugar donde tenemos que ofrecer a Dios
alabanza, gratitud y nuestras peticiones. La citada fórmula no podía reproducirse; no debía utilizarse
para intentar que la adoración resultase agradable, humanamente hablando. Debemos adorar a Dios con
una verdadera actitud espiritual. Debemos asegurarnos que en una reunión de adoración la Palabra de
Dios sea el elemento principal y central.
Para terminar, quiero recordar que había 2 altares. En el del holocausto, Dios se ocupaba del pecador.
Nos hablaba de la tierra y del pecado del ser humano. El altar del incienso señalaba al cielo y la
santidad. El altar del holocausto nos ilustraba la obra que Cristo hizo por nosotros aquí en esta tierra. El
altar del incienso simboliza lo que Cristo está haciendo por nosotros hoy en el cielo. También nos habla
de nuestras oraciones y de la participación en la adoración. Nos comunica que Cristo ora por nosotros.
El es el que verdaderamente alaba a Dios y ora intercediendo por nosotros. Es nuestro intercesor.
¿Cómo podemos aprender a adorar? Figurativamente hablando, no será en aquel altar donde se
derramaba la sangre y adonde acudimos como pecadores para aceptar a Cristo como Salvador. Sino que
tenemos que entrar en el Lugar Santo y presentarnos ante el altar de oro. En éste, no se realiza ningún
sacrificio porque el problema del pecado ya ha sido solucionado fuera de aquel lugar. La verdadera
razón es que, como creyentes, somos aceptados ante la presencia de Dios para adorar, y El escucha
nuestras oraciones, por lo que Cristo ha hecho por nosotros en la cruz, por su sacrificio puro y perfecto,
realizado una vez para siempre.

© 2014 La Fuente de la Vida

Llamamiento de Bezaleel y de Aholiab; el día de


reposo como señal; El becerro de oro.
LFV 131

EXODO 31:1 –32:25

TEMA; Bezaleel y Aholiab fueron llamados y capacitados para trabajar en el tabernáculo; El sábado o
día del reposo fue instituido como una señal entre el Señor y los israelitas

En nuestro programa anterior tratamos el tema de la adoración, considerando algunos aspectos del
tabernáculo o tienda de reunión, que era un santuario transportable que utilizaron los israelitas al salir
de Egipto y en su marcha por el desierto. Concretamente, vimos el altar del incienso, los requisitos para
adorar y el incienso, destacando las aplicaciones prácticas para los creyentes en la actualidad.
En el primer párrafo de nuestra lectura de hoy se detalla

EL LLAMADO A LOS ARTESANOS CONTROLADOS POR EL ESPIRITU DE DIOS

Este capítulo parece una especie de intervalo entre la entrega de la ley y las instrucciones sobre el
tabernáculo. Moisés pasó mucho tiempo en el Monte Sinaí recibiendo todas las indicaciones necesarias.
Y los israelitas se impacientaron mientras esperaban su regreso. Este capítulo nos informa sobre los
artesanos que construyeron la tienda de reunión y, de manera especial, sobre uno de ellos en particular,
que había sido distinguido con una capacidad específica para fabricar los elementos del mobiliario,
especialmente los muebles más difíciles. Leamos loe versículos 1 al 6:
Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
2 Mira, he llamado por nombre a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá.

3 Y lo he llenado del Espíritu de Dios en sabiduría, en inteligencia, en conocimiento y en toda clase de


arte,
4 para elaborar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce,
5 y en el labrado de piedras para engaste, y en el tallado de madera; a fin de que trabaje en toda clase de
labor.
6 Mira, yo mismo he nombrado con él a Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y en el corazón
de todos los que son hábiles he puesto habilidad a fin de que hagan todo lo que te he mandado.

Estos hombres y sus colaboradores habían recibido un don o capacidad especial como artesanos.
Fabricaron el mobiliario del tabernáculo y también las vestiduras. El Espíritu de Dios les preparó para
su trabajo. Podría surgir alguna pregunta sobre el oficio de Bezaleel antes de que Dios le llamase para
realizar esta tarea. Yo creo que su oficio era la artesanía y que él trabajaba el oro, la plata y otros
materiales delicados. Pero él recibió un don especial de Dios para hacer la obra que le había
encomendado.
En mi opinión, un hombre debiera trabajar en aquello para lo cual se ha preparado, a menos que Dios
disponga las cosas de otra manera. Y esa debiera ser la regla a seguir por cada persona que esté
dispuesta a realizar un servicio para Dios. Porque, por una parte, algunos parecen dispuestos a ir más
allá de los dones que Dios les ha dado, traspasando los límites de su propia vocación y preparación. Y
por otra parte, hay quienes descuidan los dones recibidos por Dios para ocuparse de tareas que les
atraen más, desde un punto de vista humano.
La capacidad de Bezaleel era esencial para la construcción del tabernáculo. También a ti, Dios te dará
un don desarrollará los talentos que posees. Dios nos concede dichos talentos o capacidades, pero
quiere que se los dediquemos a El. Y debemos permitir que el Espíritu Santo nos tome y nos utilice.
No todos tenemos los mismos talentos y dones. Y hay cierta impresión errónea por parte de algunos,
que piensan que si no pueden ejercer ciertas funciones públicas, quedan fuera de la esfera del servicio a
Dios. Hay muchísimos dones que Dios concede a los seres humanos para
que puedan servirle. Queda librado a cada persona el determinar cual es su don o capacidad personal.
Sea cual fuere el don que Dios te ha dado, a El le agradará que Su Espíritu lo tome bajo su control y lo
utilice para Su servicio.
El párrafo siguiente, nos explica como fue
EL DIA SABADO O DIA DEL REPOSO CONVERTIDO EN UNA SEÑAL

Leamos los versículos 12 al 17:

12 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:


13 Habla, pues, tú a los hijos de Israel, diciendo: “De cierto guardaréis mis días de reposo, porque esto
es una señal entre yo y vosotros por todas vuestras generaciones, a fin de que sepáis que yo soy el
SEÑOR que os santifico.
14 “Por tanto, habéis de guardar el día de reposo porque es santo para vosotros. Todo el que lo profane
morirá irremisiblemente; porque cualquiera que haga obra alguna en él, esa persona será cortada de
entre su pueblo.
15 “Durante seis días se trabajará, pero el séptimo día será día de completo reposo, santo al SEÑOR.
Cualquiera que haga obra alguna en el día de reposo morirá irremisiblemente.
16 “Los hijos de Israel guardarán, pues, el día de reposo, celebrándolo por todas sus generaciones como
pacto perpetuo.”
17 Es una señal entre yo y los hijos de Israel para siempre; pues en seis días el SEÑOR hizo los cielos y
la tierra, y en el séptimo día cesó de trabajar y reposó.

Este es un tema importante y profundo que debemos considerar. El del día del reposo. Y es un asunto
que muchos pasan por alto. El día del reposo fue dado al ser humano inmediatamente después de la
creación y fue cumplido universalmente. Estaba basado en el reposo que Dios disfrutó después de su
obra de creación. Cuando llegamos al sistema de la ley de Moisés, vemos que Dios lo convirtió en uno
de los Diez Mandamientos para los israelitas, según Éxodo 20:8. Era la señal del pacto que convirtió a
Israel en una teocracia. Era una prueba del compromiso de la nación con Dios. Si no guardaban el día
santo, el castigo sería la separación de la congregación, lo que probablemente resultaría en muerte. En
ese momento, Dios afirmó con claridad que el sábado era solo para los israelitas. En cuanto al
cumplimiento del día del reposo en tiempos posteriores, diremos que, como Jesucristo resucitó de los
muertos el primer día de la semana, desde el principio, la iglesia se reunió en el primer día de la
semana. Y en ese día nació la iglesia, pues el día de Pentecostés se celebró el día siguiente al sábado.
Llegamos así a
EXODO 32:1 – 25
TEMA; el becerro de oro; la ley quebrantada; y la intercesión de Moisés

El primer incidente de este relato fue el relacionado con


EL BECERRO DE ORO

En cuanto a los israelitas, este capítulo es la crónica de una tragedia y, aun así, es aquí donde vemos
una de las más importantes enseñanzas y revelaciones sobre nuestro Dios. Y que constituye una de las
más grandes lecciones de la Biblia acerca de la oración. Leamos el versículo 1:
Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, la gente se congregó alrededor de Aarón,
y le dijeron: Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros; en cuanto a este Moisés, el
hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

La gente pensó que Moisés se había ido o que, probablemente, había muerto. Y ya que él estaba
ausente, quisieron hacerse ídolos o dioses que les guiasen en su marcha a través del desierto. En
seguida, cayeron en la idolatría. Podría pensarse que Aarón, que era el sumo sacerdote, hubiera
intentado detenerles, pero no lo hizo así. Se dejó arrastrar por la actitud del pueblo, que quería retornar
a la idolatría. Escuchemos la reacción de Aarón en el versículo 2:
2 Y Aarón les dijo: Quitad los pendientes de oro de las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y
de vuestras hijas, y traédmelos.

Hay que aclarar que los pendientes en las orejas eran, en aquel tiempo, una señal de idolatría y una
evidencia de que aquel pueblo había estado adorando a los dioses de Egipto. Por ello, se apresuraron a
traer sus pendientes a Aarón. Y los versículos 3, 4 y 6, nos explican para qué.
3 Entonces todo el pueblo se quitó los pendientes de oro que tenían en las orejas y los llevaron a Aarón.
4 Y él los tomó de sus manos y les dio forma con buril, e hizo de
Ellos un becerro de fundición. Y ellos dijeron: Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de
Egipto.
6 Y al día siguiente se levantaron temprano y ofrecieron holocaustos y trajeron ofrendas de paz; y el
pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.

Resulta difícil imaginarse a aquella gente cayendo en la idolatría y en la inmoralidad tan rápidamente.
Ya se habían alejado de Dios, incluso habiéndole prometido que obedecerían todos Sus mandamientos.
Como puede verse, no estaban cumpliendo ninguno de ellos. Y durante todo ese tiempo, Moisés se
encontraba en el monte recibiendo la ley, las instrucciones y el proyecto para el tabernáculo.
Leamos los versículos 7 y 8, donde encontramos
LA CONDENACION DE LA APOSTASIA DE ISRAEL

7 Entonces el SEÑOR habló a Moisés: Desciende pronto, porque tu pueblo, que sacaste de la tierra de
Egipto, se ha corrompido.
8 Bien pronto se han desviado del camino que yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición y lo
han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: “Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la
tierra de Egipto.”

Es importante destacar que Dios no había redimido o salvado a Israel porque aquel pueblo fuese
superior, más importante o mejor que cualquier otra nación. Porque los israelitas no eran superiores, ni
más importantes ni mejores que las demás naciones. Dios mismo había dicho que eran un pueblo
obstinado. En consecuencia, veamos la reacción de Dios, leyendo los versículos 9 y 10:
9 Y el SEÑOR dijo a Moisés: He visto a este pueblo, y he aquí, es pueblo de dura cerviz.
10 Ahora pues, déjame, para que se encienda mi ira contra ellos y los consuma; mas de ti yo haré una
gran nación.

Aquella fue una tentación real para Moisés. Era como si Dios le hubiera dicho: “Moisés, yo te utilizaré
como lo hice con Abraham, y haré de ti una gran nación y aun podré cumplir mi pacto con Abraham”.
Observemos la actitud de Moisés. Su oración fue un ejemplo entre las más destacadas oraciones de
todas las Sagradas Escrituras. Leamos el versículo 11, que da comienzo a
LA INTERCESION DE MOISES
11 Entonces Moisés suplicó ante el SEÑOR su Dios, y dijo: Oh SEÑOR, ¿por qué se enciende tu ira
contra tu pueblo, que tú has sacado de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?

Dios le había dicho a Moisés: Desciende pronto, porque tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto, se
ha corrompido. Entonces Moisés le respondió a Dios osadamente, y le dijo: “Yo no recuerdo haber
sacado a ningún pueblo de la tierra de Egipto y, además, ellos no son mi pueblo. Son tu pueblo. Tú les
quitaste de Egipto y lo hiciste con tu poder. Yo, no hubiera podido hacerlo” ¿Te imaginas estar
hablando con Dios de esa manera? Esto nos lleva a reflexionar sobre la inconveniencia de expresarnos
con hipocresía cuando oramos a Dios. Al hablar con Dios debemos dirigirnos a El con honestidad, con
franqueza, lo cual es compatible con el respeto que El merece. Continuemos escuchando aquella
oración ejemplar de Moisés. Dice el versículo 12:
12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: “Con malas intenciones los ha sacado, para matarlos
en los montes y para exterminarlos de la faz de la tierra”? Vuélvete del ardor de tu ira, y desiste de
hacer daño a tu pueblo.

Aquí el argumento era fuerte. Si Dios llevaba a cabo esa destrucción, Faraón y los dioses de Egipto
serían reivindicados y los egipcios se burlarían del Dios verdadero. Y ahora Moisés apelaba a un tercer
argumento para que Dios apartase su ira de los israelitas. Leamos el versículo 13:
13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo, y les
dijiste: “Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de la cual
he hablado, daré a vuestros descendientes, y ellos la heredarán para siempre.”

O sea que el Señor sería visto como el que no cumple sus promesas, pues El había prometido Abraham,
Isaac y Jacob una descendencia incontable y que les llevaría a la tierra prometida. Moisés sabía que el
pueblo había pecado y no trató de justificar sus acciones. Veamos el resultado en el versículo 14:
14 Y el SEÑOR desistió de hacer el daño que había dicho que haría a su pueblo.

La expresión “desistió” o “se arrepintió”, como dicen otras versiones, no quiere decir que Dios cambió
de forma de pensar, sino que pensó en otro curso de acción. El Señor no es inflexible y responde a las
necesidades, actitudes y acciones de Sus hijos, expresadas en oraciones como ésta, que llegan a su
presencia y afectan a la forma en que El actúa. Si fuésemos más honestos al orar, veríamos más
respuestas visibles a nuestras oraciones. A veces habremos recibido respuestas negativas por no haber
hablado con el con franqueza, con un corazón sincero.
El párrafo siguiente nos lleva a la tremendas consecuencias de la idolatría de Israel; me refiero al
EL JUICIO DE DIOS

Leamos los versículos 15 al 18:


15 Entonces se volvió Moisés y descendió del monte con las dos tablas del testimonio en su mano,
tablas escritas por ambos lados; por uno y por el otro estaban escritas.
16 Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.
17 Al oír Josué el ruido del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Hay gritos de guerra en el campamento.
18 Pero él respondió:
No es ruido de gritos de victoria,
ni es ruido de lamentos de derrota;
sino que oigo voces de canto.
Los israelitas estaban pasando por momentos de gran excitación en su adoración del becerro de oro,
mientras en su actitud de rebeldía e idolatría pecaban contra su Dios. Los versículos 19 al 21 nos
muestran la airada reacción de Moisés:
19 Y sucedió que tan pronto como Moisés se acercó al campamento, vio el becerro y las danzas; y se
encendió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las hizo pedazos al pie del monte.
20 Y tomando el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego, lo molió hasta reducirlo a polvo y lo
esparció sobre el agua, e hizo que los hijos de Israel lo bebieran.
tierra de Egipto.”
21 Entonces dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo para que hayas traído sobre él tan gran
pecado?

Prestemos atención a la respuesta de Aarón, tratando de desligarse de la grave situación. Leamos los
versículos 22 al 24:
22 Y Aarón respondió: No se encienda la ira de mi señor; tú conoces al pueblo, que es propenso al mal.
23 Porque me dijeron: “Haznos un dios que vaya delante de nosotros; pues no sabemos qué le haya
acontecido a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto.”
24 Y yo les dije: “El que tenga oro, que se lo quite.” Y me lo dieron, y lo eché al fuego y salió este
becerro.

Aquí vemos que la excusa de Aarón fue tan absurda como lo que el pueblo había hecho. Si no fuera un
asunto tan serio, habría que tomarlo con sentido del humor. En otras palabras, Moisés llevaba la culpa
por lo sucedido. Los israelitas pensaron que les había abandonado y por ello recurrieron al becerro de
oro. No se puede menos que sonreír ante la declaración de Aarón. Incluso Moisés debe haberse reído de
pura incredulidad. Recordemos nuestra reciente lectura del versículo 4, que decía que Aarón había
esculpido el becerro con herramientas, dándole forma. Evidentemente, se trataba de una mentira. Y dice
el versículo 25:
25 Y viendo Moisés al pueblo desenfrenado, porque Aarón les había permitido el desenfreno para ser
burla de sus enemigos . . .

y continúa el relato, como veremos en nuestro próximo programa.

Al ver la caída moral de los israelitas y su falta de control, se destaca aun más la actitud de defensa e
intercesión de Moisés ante Dios, a favor de aquella gente. En el próximo programa veremos la reacción
de Moisés, pues muchos no habían participado de aquella falsa adoración e idolatría. También en
nuestra época, tan alejada de aquellas prácticas, es evidente que el ser humano, que permanece alejado
de Dios, puede traspasar todos los límites morales y caer en las más bajas aberraciones. Incluso
podemos ver hoy cómo puede destruirse a sí mismo, por causa de las drogas y otros vicios. No hay
nada que hacer con esta vieja naturaleza humana, sujeta a pasiones sin control, que provoca la
degradación propia y la ajena. Por ello, no está demás recordar que la obra de Cristo en la cruz es la
única que salva y regenera a todo aquel que, por la fe, responde a la invitación de Dios. El poder de
Dios conduce así a una transformación radical del ser humano. Bien decía el apóstol San Pablo, en su
segunda carta a los Corintios 5:17; si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;
he aquí, son hechas nuevas.

© 2014 La Fuente de la Vida


El quebrantamiento de la ley, la intercesión de
Moisés. La presencia de Dios prometida.
LFV 132

EXODO 32:26 – 33:23

En nuestro programa anterior el relato nos permitió examinar el grave incidente de la caída de Israel en
la idolatría, adorando a un becerro de oro mientras Moisés se encontraba en el Monte Sinaí recibiendo
la ley. Dios había hablado de destruir a aquel pueblo rebelde pero Moisés intercedió a favor de los
israelitas. Y al descender del monte, viendo la degradación de la gente, rompió las tablas de la ley y
destruyó el becerro de oro. Dios iba a juzgar a su pueblo. Leamos los versículos 26 al 28:
26 Y Moisés se puso de pie a la puerta del campamento, y dijo: El que esté por el SEÑOR, venga a mí.
Y se juntaron a él todos los hijos de Leví.
27 Y él les dijo: Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: “Póngase cada uno la espada sobre el muslo, y
pasad y repasad por el campamento de puerta en puerta, y matad cada uno a su hermano y a su amigo y
a su vecino.”
28 Y los hijos de Leví hicieron conforme a la palabra de Moisés; y cayeron aquel día unos tres mil
hombres del pueblo

Este juicio fue gravísimo y extremo. Y en aquel contexto fue la forma de hacer frente a una abierta
rebelión y a un gran pecado que marcaría el comienzo de la destrucción o disolución de la nación, por
medio de prácticas paganas que degradaban a la gente, destruían a las familias, atentaban contra los
más elementales derechos humanos y al derecho a la vida. Dios había entregado a Moisés un código
legal que protegía todos esos derechos, elementales para que los integrantes de una sociedad pudiesen
convivir en paz, respeto mutuo y libertad. Pero ahora, todo ese proyecto de desarrollo peligraba.
Realmente Moisés no tenía ninguna otra opción. Se encontraba como el cirujano ante un paciente
enfermo de cáncer, que sabe que para salvar al enfermo debe extirpar un tumor mutilando así una parte
de su cuerpo. Si la rebelión quedaba sin castigo, se hubiera extendido a toda la nación, causando su
destrucción debido a los enemigos internos y externos. Tenemos que entender que el pecado, que es
también una rebelión contra Dios consta de elementos destructivos que afectan al cuerpo, a la mente y a
la totalidad del ser humano. La fuerza de esos factores negativos va actuando progresivamente hasta
conducir a las personas a una situación de no retorno, irreversible, que conduce a la muerte física y
espiritual. En aquel trágico incidente, el pueblo tuvo la oportunidad de arrepentirse del pecado
cometido, de rectificar y reconocer a Dios.
Podríamos tomar aquel episodio como un ejemplo o ilustración de cómo actúa Dios hoy. El ofrece
gratuitamente la salvación y la vida eterna. Los que la rechazan, son condenados a la muerte eterna, a la
separación eterna de Dios.
El párrafo siguiente, destaca
LA INTERCESION DE MOISES

Leamos el versículo 30:


30 Y sucedió que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, y yo
ahora voy a subir al SEÑOR, quizá pueda hacer expiación por vuestro pecado.

Una expiación cubría el pecado. Esa fue la forma en que el pecado fue tratado antes de que Jesucristo
viniera a la tierra y muriese en la cruz. Después de la cruz, el pecado fue removido. Y ahora Moisés
expuso la cuarta razón para conducir a los israelitas a la tierra prometida. Leamos el versículo 31:
31 Entonces volvió Moisés al SEÑOR y dijo: ¡Ay!, este pueblo ha cometido un gran pecado: se ha
hecho un dios de oro.

¿Qué es esto? Es una confesión. Si tú quieres tener una relación con Dios tendrás que estar de acuerdo
con El en el problema del pecado. El pecado, como tal, debe ser confesado. Tampoco importa quién
seas tu. Este era el pueblo elegido de Dios, los israelitas, y tuvieron que reconocer, por medio de
Moisés, que habían cometido un gran pecado, rebelándose contra Dios, haciéndose un ídolo de oro y
adorándolo. Y así lo expresó Moisés ante Dios. Cuando confesamos nuestro pecado a Dios, lo
exponemos detalladamente, diciéndole a El en qué consistió. Leamos el versículo 32:
32 Pero ahora, si es tu voluntad, perdona su pecado, y si no, bórrame del libro que has escrito.

Es como si Moisés hubiese dicho: “Yo ocupo mi lugar junto al pueblo. Me identifico con ellos y si tú
tienes la intención de eliminarlo, ¡elimíname a mí también! Recordemos que Dios le había dicho a
Moisés que aun podría cumplir con su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, simplemente formando una
nueva nación a partir de Moisés. Pero, como hemos visto, Moisés unió su destino al de los israelitas.
Observemos que aquello que mueve el corazón de Dios, impulsa la mano de Dios. Leamos los
versículos 33 al 35:
33 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Al que haya pecado contra mí, lo borraré de mi libro.
34 Pero ahora ve, conduce al pueblo adonde te he dicho. He aquí, mi ángel irá delante de ti; mas el día
que yo los visite, los castigaré por su pecado.
35 Y el SEÑOR hirió al pueblo por lo que hicieron con el becerro que Aarón había hecho.

Dios se ocuparía del pecado personalmente. Sin embargo, El conduciría a aquel pueblo a la tierra
prometida. Aquellos que no habían secundado la rebelión contra Dios cayendo en la idolatría del
becerro de oro, serían guiados por el ángel de Dios. Ahora bien, el Angel del Señor en el Antiguo
Testamento era la presencia visible de Dios: era el Cristo reencarnado, es decir, antes de su venida al
mundo. Debido a la intercesión de Moisés, Dios no había renunciado a Su pueblo. Este incidente
debiera hacernos más conscientes de la gran importancia de la oración.

Llegamos entonces a

EXODO 33:1 – 23
TEMA; La presencia personal de Dios se apartó del campamento; los israelitas murmuraron; el Señor
habló con Moisés; y Moisés deseó ver la gloria del Señor:

EL PUEBLO ISRAELITA CONTINUO SU VIAJE

Leamos los versículos 1 y 2:

Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que has sacado de la tierra de
Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: “A tu descendencia la daré.”
2 Y enviaré un ángel delante de ti, y echaré fuera al cananeo, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y
al jebuseo.

Dios estaba preparando a los israelitas para entrar en la tierra prometida a los patriarcas. Les veremos
reanudar su marcha en el libro de Números. Porque el libro de Levítico es una continuación de las
instrucciones relacionadas con el servicio y ritual del tabernáculo, que solo estaban comenzando a
construir según el relato del libro de Éxodo. Leamos los versículos 3 y 4:
3 Sube a una tierra que mana leche y miel; pues yo no subiré en medio de ti, oh Israel, no sea que te
destruya en el camino, porque eres un pueblo de dura cerviz.
4 Cuando el pueblo oyó esta mala noticia, hicieron duelo, y ninguno de ellos se puso sus atavíos.

Aquellas joyas, como ya hemos dicho, eran paganas. Los pendientes en las orejas, por ejemplo,
demostraban el hecho de que aun estaban adorando a los dioses falsos de Egipto. Dice el versículo 5:
5 Porque el SEÑOR había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: “Sois un pueblo de dura cerviz; si
por un momento yo me presentara en medio de ti, te destruiría. Ahora pues, quítate tus atavíos, para que
yo sepa qué he de hacer contigo.”

Esta era la tercera vez que Dios había calificado a Israel como un pueblo obstinado y terco. Una vez
más podemos comprobar que Dios no había venido a salvar y a liberar aquel pueblo porque ellos
fuesen superiores.
Dios les pidió que quitasen de en medio toda señal de que fuesen paganos y se definiesen públicamente
como pueblo de Dios. Yo personalmente creo que ésta es la razón por la cual el bautismo (me refiero al
bautismo por agua) era tan importante para los cristianos de la iglesia primitiva. Era una evidencia de
que una persona había dejado su antigua vida y se identificaba públicamente con su nueva vida. El
bautismo en la actualidad también ofrece la oportunidad de dar el mismo testimonio. Como resultado
de la advertencia de Dios, dice el versículo 6:
6 Y a partir del monte Horeb los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos.

Leamos el versículo 7, que nos relata que


EL TABERNACULO FUE INSTALADO FUERA DEL CAMPAMENTO

7 Y acostumbraba Moisés tomar la tienda, y la levantaba fuera del campamento a buena distancia de él,
y la llamó la tienda de reunión. Y sucedía que todo el que buscaba al SEÑOR salía a la tienda de
reunión, que estaba fuera del campamento.

Cuando el tabernáculo estaba siendo construido, Moisés lo instaló fuera del campamento del pueblo.
En aquel momento, era únicamente una tienda de reunión. Posiblemente solo consistía en una gran
tienda de campaña o, quizás, era solamente el cerco exterior que después rodearía el tabernáculo.
Continuemos leyendo los versículos 8 y 9:
8 Y sucedía que cuando Moisés salía a la tienda, todo el pueblo se levantaba y permanecía de pie, cada
uno a la entrada de su tienda, y seguía con la vista a Moisés hasta que él entraba en la tienda.
9 Y cuando Moisés entraba en la tienda, la columna de nube descendía y permanecía a la entrada de la
tienda, y el SEÑOR hablaba con Moisés.

Aquí podría surgir la pregunta: ¿Ha visto alguien a Dios? El evangelio según Juan 1:18 nos dice que
ningún ser humano ha visto jamás a Dios. Y el mismo Evangelio en 14:9 nos revela que aquellos que
han visto a Jesucristo, han visto ya a Dios el Padre. El Señor Jesucristo es la revelación de Dios oculta
en un cuerpo humano. En el Antiguo Testamento, uno de sus nombres era el “ángel del Señor”. Y fue
aquel ángel del Señor el que conversó con Moisés. Leamos la primera parte del versículo 11:
11 Y acostumbraba hablar el SEÑOR con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo.

Así que, como los amigos hablan entre sí, cara a cara, Dios y Moisés hablaban. Sin embargo, Moisés
no vio a Dios.
Continuemos leyendo la segunda parte de este mismo versículo 11:
Cuando Moisés regresaba al campamento, su joven ayudante Josué, hijo de Nun, no se apartaba de la
tienda.

Una vez más, se menciona a Josué. El era el hombre que Dios estaba preparando para ser el sucesor de
Moisés. En aquel tiempo, no creo que nadie en el pueblo sospechase nada sobre esa elección, pero
cuando lleguemos al libro de Josué, veremos que él era, quizás, la persona más improbable de todas
para suceder a Moisés.
Continuaremos con nuestro estudio leyendo los versículos 12 y 13, que dan comienzo a

LA ORACION DE MOISES Y LA RESPUESTA DEL SEÑOR

12 Y Moisés dijo al SEÑOR: Mira, tú me dices: “Haz subir a este pueblo”; pero tú no me has declarado
a quién enviarás conmigo. Además has dicho: “Te he conocido por tu nombre, y también has hallado
gracia ante mis ojos.”
13 Ahora pues, si he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que me hagas conocer tus caminos para que
yo te conozca y halle gracia ante tus ojos. Considera también que esta nación es tu pueblo.

Moisés le estaba pidiendo a Dios lo mismo que el apóstol Pablo en su carta a los Filipenses 3:10, que
pedía conocer al Señor. Es también lo mismo que Felipe, uno de sus discípulos, le dijo a Jesús en el
Evangelio de Juan 14:8 Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. Yo creo que cada verdadero hijo de
Dios tiene un deseo sincero de conocerle. Y los versículos 14 y 15 añaden:
14 Y El respondió: Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso.
15 Entonces le dijo Moisés: Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas partir de aquí.

Es evidente que Moisés necesitaba la presencia de Dios junto a El. Sabía que no podría llevar a cabo su
gran misión por sus propios medios y fuerzas. Continúa diciendo el versículo 16:
16 ¿Pues en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No es acaso en que tú
vayas con nosotros, para que nosotros, yo y tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que
están sobre la faz de la tierra?

Es importante observar que Dios convirtió a los israelitas en un pueblo peculiar por una razón bien
definida. En la actualidad, la iglesia es también un pueblo peculiar. Esto significa ser un pueblo para
Dios. No quiere decir, por supuesto, que dicho pueblo tenga que estar formado por personas raras o
excéntricas. Pero el diálogo continúa. Leamos el versículo 17:
17 Y el SEÑOR dijo a Moisés: También haré esto que has hablado, por cuanto has hallado gracia ante
mis ojos y te he conocido por tu nombre.

Moisés realmente estaba llegando a tener una relación muy íntima con Dios. Ante esa declaración, nos
dice el versículo 18:
18 Entonces Moisés dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.

Estas palabras nos confirman que Moisés no podía realmente ver a Dios cara a cara. Dice el versículo
19:
19 Y El respondió: Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti, y proclamaré el nombre del SEÑOR
delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión de quien tendré
compasión.

Aquí destacamos que, en el Nuevo Testamento el apóstol Pablo hizo referencia a este versículo en su
carta a los Romanos 9:15, cuando escribió: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré
compasión del que yo tenga compasión. Leamos también el versículo 20, porque Dios continuó
diciéndole:
20 Y añadió: No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir.

Otra vez se nos confirma el hecho de que no podemos contemplar el rostro de Dios, no podemos verle
cara a cara.
Los versículos 21 al 23 culminan este diálogo entre Dios y Moisés. Para finalizar nuestro estudio de
hoy, leamos los versículos 21 al 23:
21 Entonces el SEÑOR dijo: He aquí, hay un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;
22 y sucederá que al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano
hasta que yo haya pasado.
23 Después apartaré mi mano y verás mis espaldas; pero no se verá mi rostro.

Este pasaje nos está hablando sobre la gloria como una representación de Dios. El Señor Jesús dijo que
cuando El viniese por segunda vez a esta tierra, se vería en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Las
palabras quedaron registradas en el Evangelio según Mateo 24:30, Entonces aparecerá en el cielo la
señal del Hijo del Hombre; y entonces todas las tribus de la tierra harán duelo, y verán al HIJO DEL
HOMBRE QUE VIENE SOBRE LAS NUBES DEL CIELO con poder y gran gloria. Yo crea que esa
señal en el cielo es la gloria que se menciona aquí en este capítulo 33 del Éxodo, versículos 22 y 23.
Cuando Cristo asumió su naturaleza física, es decir, su cuerpo humano, su gloria no estaba reflejada en
ese cuerpo. En su humanidad, El asumió un lugar humilde y renunció a Su gloria. Pero todavía era Dios
y por ese motivo, pudo decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, como respuesta a la pregunta
que le formuló Felipe, en el pasaje que citamos anteriormente en este programa.
Nosotros no veremos a Dios. Veremos al Señor Jesucristo y el tendrá una forma humana, porque ésa es
la forma que asumió aquí en la tierra. En la actualidad, El tiene un cuerpo glorificado y algún día
futuro, cuando dejemos este mundo, seremos como El, tal como lo expresa el Apóstol Juan en su
primera carta 3:2, que dice: Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que
habremos de ser. Pero sabemos que cuando El aparezca, seremos semejantes a El porque le veremos
como El es.
Esta es la expectativa y la esperanza de los creyentes que, después de haber recibido a Jesucristo como
su Salvador personal, tienen una relación personal con Dios y viven por la fe. Esta era también la forma
en que Moisés iba a vivir a partir de los momentos descriptos en el relato Bíblico. El supo que la
presencia de Dios tendría que acompañarle. De otra manera, el resultado de su misión acabaría siendo
un fracaso.
Y, ¿qué diremos de nosotros en el día de hoy? ¿Acaso no necesitamos la compañía, guía y fortaleza que
solo Dios nos puede dar? Seguramente somos conscientes de que, frente a los problemas que tenemos
que enfrentar en nuestra vida diaria, las presiones que debemos soportar y las situaciones conflictivas
en nuestro trato con los demás, necesitamos la presencia de Dios. ¿Y qué diremos de nuestros propios
conflictos, nuestra aceptación del pasado y del presente, los interrogantes de nuestra vida, las dudas
sobre el propósito de nuestra existencia y la ansiedad por el futuro? Aunque no le podamos ver,
indudablemente necesitamos sentir a Dios muy próximo, muy cercano, a nuestro lado, como un
compañero, como un amigo.
© 2014 La Fuente de la Vida

El Pacto renovado; Moisés y las tablas de la ley.


Día del reposo; ofrenda para el Tabernáculo
LFV 133

EXODO 34 --- 35

En nuestro programa anterior el relato nos llevó a considerar el motivo por el que El señor tuvo que
juzgar a Su pueblo y la intercesión de Moisés. Israel se preparó para continuar su viaje. Moisés, por su
parte oró y tuvo una revelación personal de Dios. Comenzamos ahora
EXODO 34

TEMA; Las tablas de la ley fueron renovadas; el nombre del Señor fue proclamado y el rostro de
Moisés brilló.

Leamos los versículos 1 al 4, que tratan sobre


LA RENOVACIÓN DE LAS TABLAS DE LA LEY

Y el SEÑOR dijo a Moisés: Lábrate dos tablas de piedra como las anteriores, y yo escribiré sobre las
tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que tú quebraste.
2 Prepárate, pues, para la mañana, y sube temprano al monte Sinaí, y allí preséntate a mí en la cumbre
del monte.
3 Y que no suba nadie contigo, ni se vea a nadie en todo el monte; ni siquiera ovejas ni bueyes pasten
delante de ese monte.
4 Moisés, pues, labró dos tablas de piedra como las anteriores, se levantó muy de mañana y subió al
monte Sinaí, como el SEÑOR le había mandado, llevando en su mano las dos tablas de piedra.

Estas eran las segundas tablas de la ley. Las primeras habían sido despedazadas por Moisés cuando al
haber descendido del Monte Sinaí descubrió que los israelitas habían hecho un becerro de oro y lo
estaban adorando. Entonces regresó al Monte con otras tablas de piedra sin escritura.
En el párrafo siguiente,
EL NOMBRE DEL SEÑOR FUE PROCLAMADO

Leamos el versículo 5:

5 Y el SEÑOR descendió en la nube y estuvo allí con él, mientras éste invocaba el nombre del SEÑOR.

El Señor estaba proclamando Su nombre y ello constituyó un gran progreso para Moisés y los
israelitas. Porque un nombre tiene un significado. Hay nombres en la historia de los pueblos cuyo
recuerdo asociamos con vidas de personajes y sus acciones. Dios quería que los israelitas recordasen
sus experiencias con El desde que salieron del país de Egipto. Continuemos con los versículos 6 y 7.
6 Entonces pasó el SEÑOR por delante de él y proclamó: El SEÑOR, el SEÑOR, Dios compasivo y
clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad;
7 el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que
no tendrá por inocente al culpable;

Dios no extiende su gracia y misericordia cerrando Sus ojos ante los culpables ni pasando por alto su
pecado. El pecado debe ser castigado y la pena pagada. Dios de ninguna manera absuelve al culpable.
Pero, ¿qué sucede entonces? ¿Cómo ejerce Su gracia y misericordia y, al mismo tiempo, tiene en
cuenta la iniquidad? Pues, porque se ha provisto un sacrificio. Los sacrificios realizados en Israel en
aquella época no removían el pecado pero señalaban a aquel “Sacrificio Perfecto”, el Señor Jesucristo
quien, cuando viniese, removería el pecado por medio de Su muerte en la cruz. Continuaba diciendo el
versículo 7:
el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y
cuarta generación.

Es conveniente recordar que en la actualidad uno puede cometer un pecado que afectará a sus hijos,
nietos y biznietos y tataranietos. En una ocasión, habiendo seguido un curso de psicología sobre
situaciones específicas de anormalidad mental, nos llevaron de visita a una clínica especializada, donde
el profesor nos explicó que algunos de los enfermos internados sufrían las consecuencias de pecados y
graves vicios de sus padres, abuelos y bisabuelos. Y en visitas a hospitales infantiles, algunas veces me
he encontrado con casos de ceguera debidos a excesos cometidos por los padres de los enfermos.
Realmente, uno no puede quebrantar las leyes de Dios con impunidad. Dios es siempre el mismo y sus
leyes no cambian. Sin embargo, debemos dar gracias a Dios por que El es el que guarda misericordia a
millares, el que perdona la iniquidad, como decía el versículo 7. Si solamente nos volvemos a El,
recibiremos misericordia. Dicen los versículos 8 y 9:
8 Y Moisés se apresuró a inclinarse a tierra y adoró,
9 y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia ante tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros,
aunque el pueblo sea de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por
posesión tuya.

Este debe ser la cuarta vez que a este pueblo se le llama obstinado. Como ya he dicho en otras
ocasiones, aquí somos conscientes, una vez más, que Dios nunca salvó a la nación de Israel porque los
israelitas fuesen superiores a otros pueblos, por su buen comportamiento o por que prometiesen hacer
el bien. Aquel pueblo se caracterizaba por su terquedad.
Llegamos ahora a una sección en la que
LA MISION ENCOMENDADA A MOISES FUE RENOVADA

Leamos el versículo 10:


10 Y Dios contestó: He aquí, voy a hacer un pacto. Delante de todo tu pueblo haré maravillas que no se
han hecho en toda la tierra ni en ninguna de las naciones; y todo el pueblo en medio del cual habitas
verá la obra del SEÑOR, porque es cosa temible la que haré por medio de ti.

La palabra temible aquí, significa que incita al terror. Lo temible que Dios haría sería como colocar un
escudo alrededor de Su pueblo. Si El no lo hubiese hecho así, sus enemigos les habrían aniquilado.
Continuemos con los versículos 11 y 12:
11 Observa lo que te mando hoy: he aquí, yo echo de delante de ti al amorreo, al cananeo, al heteo, al
ferezeo, al heveo y al jebuseo.
12 Cuídate de no hacer pacto con los habitantes de la tierra adonde vas, no sea que esto se convierta en
tropezadero en medio de ti;
Esta es la tercera vez que Dios les dijo que echaría a sus enemigos. Les advirtió que no hiciesen un
pacto con ninguno de los pueblos de aquella tierra. Cuando vinieron los gabaonitas ante Josué (como
veremos al estudiar ese libro) engañaron a los israelitas. Simularon que había venido de lejos y tenían
pan viejo para probar lo que decían, al menos ante Josué. ¿Por qué Dios no quiso que Israel hiciese
pactos con los pueblos de la tierra de Canaán? Si los hicieran, caerían en una trampa que les conduciría
nuevamente a la idolatría. Y Dios continuó diciéndoles, según los versículos 13 y 14:
13 sino que derribaréis sus altares y quebraréis sus pilares sagrados y cortaréis sus Aseras,
14 pues no adorarás a ningún otro dios, ya que el SEÑOR, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso;

La expresión de que Dios es un Dios celoso pretende explicarnos que El no quiere compartir Su honor
y gloria con dioses falsos. Tampoco hay por qué disculpar a Dios por ser celoso. Humanamente
hablando, si amamos a una persona sentimos celos de ella en el sentido de que no queremos
compartirla con otras. No estamos hablando aquí de los celos como una obsesión enfermiza. Sino de
que cuando amamos a alguien, nuestro interés por la persona amada nos lleva a preocuparnos por ella y
cuidarla. Y continúan las advertencias en los versículos 15 al 17:
15 no sea que hagas pacto con los habitantes de aquella tierra, y cuando se prostituyan con sus dioses y
les ofrezcan sacrificios, alguien te invite y comas de su sacrificio;
16 y tomes de sus hijas para tus hijos, y ellas se prostituyan con sus dioses, y hagan que también tus
hijos se prostituyan con los dioses de ellas.
17 No te harás dioses de fundición.

La tierra de Canaán estaba saturada de idolatría. Predominaba una inmoralidad total. Por ello Dios
estaba advirtiendo a Israel para que el pueblo se mantuviese separado de gente involucrada en prácticas
paganas y y se abstuviese completamente de concertar alianzas con ellos. Israel tenía que destruirles o
expulsarles de la tierra. A través de los años, los críticos han censurado esta forma de actuar,
aparentemente, sin haber investigado los motivos para medidas tan extremas. Por supuesto, la razón
obvia era que Dios estaba protegiendo a los israelitas de los horrores y prácticas aberrantes y
destructivas de los que estaban dominados por la idolatría. Pero había otra razón. Hoy en día se sabe
que las enfermedades venéreas tenían proporciones epidémicas entre los habitantes de Canaán. Dios
estaba también protegiendo a los israelitas de los estragos de aquellas enfermedades. Pero Israel
desobedeció a Dios y tuvo que sufrir graves consecuencias. Finalmente, con el transcurso de la historia,
Dios les enviaría a la cautividad de Babilonia.
Llegamos a un nuevo párrafo en que
SE ORDENO NUEVAMENTE LA CELEBRACION DE LAS FIESTAS Y LOS DIAS DE REPOSO

Leamos el versículo 18, 23, 25 y 26:


18 Guardarás la fiesta de los panes sin levadura. Según te he mandado, por siete días comerás panes sin
levadura en el tiempo señalado en el mes de Abib, porque en el mes de Abib saliste de Egipto.
23 Tres veces al año se presentarán todos tus varones delante de DIOS, el Señor, Dios de Israel.
25 No ofrecerás la sangre de mi sacrificio con pan leudado, ni se dejará nada del sacrificio de la fiesta
de la Pascua hasta la mañana.
26 Traerás a la casa del SEÑOR tu Dios las primicias de los primeros frutos de tu tierra. No cocerás el
cabrito en la leche de su madre.

Aquí vemos que Dios estaba preparando a Israel para entrar en la nueva tierra, volviendo a establecer
las fiestas y los días del reposo. Por ello el relato nos presenta muchos detalles sobre todo lo que tenían
que hacer y no hacer. Los israelitas debían colocar a Dios en primer lugar. La prohibición de cocer el
cabrito en la leche de la madre se debía probablemente a que esta práctica formaba parte de los ritos
religiosos cananeos de la fertilidad.
Ahora llegamos al interesante en que
EL ROSTRO DE MOISES BRILLO

Leamos los versículos 29 al 35:


29 Y aconteció que cuando Moisés descendía del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su
mano, al descender del monte, Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía por haber hablado
con Dios.
30 Y al ver Aarón y todos los hijos de Israel a Moisés, he aquí, la piel de su rostro resplandecía; y
tuvieron temor de acercarse a él.
31 Entonces Moisés los llamó, y Aarón y todos los jefes de la congregación volvieron a él; y Moisés les
habló.
32 Y después se acercaron todos los hijos de Israel, y él les mandó que hicieran todo lo que el SEÑOR
había hablado con él en el monte Sinaí.
33 Cuando Moisés acabó de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.
34 Pero siempre que Moisés entraba a la presencia del SEÑOR para hablar con El, se quitaba el velo
hasta que salía; y siempre que salía y decía a los hijos de Israel lo que se le había mandado,
35 los hijos de Israel veían que la piel del rostro de Moisés resplandecía. Y Moisés volvía a ponerse el
velo sobre su rostro hasta que entraba a hablar con Dios.

Llegamos, pues, en nuestro relato al


EXODO 35
TEMA; El sábado o día del reposo; las ofrendas voluntarias para el tabernáculo; Bezaleel y Aholiab
fueron llamados a realizar su trabajo:

En la primera parte del capítulo, se nos dice que

SE VOLVIO A ENFATIZAR EL DIA DEL REPOSO

En relación con ocasiones anteriores, ésta era la tercera vez. Leamos los versículos 1 al 3:
Entonces Moisés reunió a toda la congregación de los hijos de Israel, y les dijo: Estas son las cosas que
el SEÑOR ha mandado hacer.
2 Seis días se trabajará, pero el séptimo día tendréis un día santo, día de completo reposo para el
SEÑOR; cualquiera que haga trabajo alguno en él, morirá.
3 No encenderéis fuego en ninguna de vuestras moradas el día de reposo.

El Señor insistió en que el primer motivo para guardar el día del reposo era que estaba relacionado con
la primera creación. Dios había descansado en el séptimo día. A medida que la humanidad se había ido
apartando de la mano creativa de Dios, se iba alejando del Creador. Y llegó el día en que la humanidad
en conjunto ya no reconoció a Dios, y comenzó a adorar a la criatura. Y el ser humano dejó que cumplir
el día del reposo. Ahora bien, Dios dijo que el sábado era una señal peculiar entre El mismo y los
israelitas. Y empezó a establecer reglas que realmente se aplicaban más a Israel en la Tierra Prometida
que a cualquier otro lugar. El que trabajase en un día del reposo, sería apedreado. En nuestra situación
actual sería muy difícil mantener el funcionamiento de la convivencia en sociedad sin alguien que
trabajase los sábados. Las leyes de Dios eran apropiadas para las condiciones de la sociedad y la tierra
en que viviría Israel.
El párrafo siguiente nos habla sobre
LAS OFRENDAS VOLUNTARIAS PARA EL TABERNACULO
Leamos los versículos 4 y 5:
4 Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que el SEÑOR ha
ordenado, diciendo:
5 “Tomad de entre vosotros una ofrenda para el SEÑOR; todo aquel que sea de corazón generoso,
tráigala como ofrenda al SEÑOR: oro, plata y bronce;

Los regalos para la construcción del tabernáculo debían tener un carácter voluntario. La gente no estaba
obligada en absoluto a traer nada, pues no se le exigió tal actitud. Aquí no se trataba de la obligación de
contribuir con la décima parte, es decir, con los diezmos. Era una ofrenda voluntaria. Además de oro y
plata, podían traer otras cosas, como veremos. Leamos los versículos 6 al 9:
6 tela azul, púrpura y escarlata, lino fino y pelo de cabra;
7 pieles de carnero teñidas de rojo, pieles de marsopa y madera de acacia;
8 aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático;
9 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.

Estas eran las diferentes cosas que los israelitas podían proveer para la construcción del tabernáculo o
tienda de reunión. En aquellos tiempos no había tal cosa como la moneda de curso legal. El método del
trueque consistía en el intercambio de artículos; así que los israelitas estaban entregando parte de sus
bienes a la obra del Señor, en vez de dinero.
Una pregunta que se ha formulado repetidas veces fue, ¿de dónde consiguió aquella gente los diferentes
elementos que entregaron al tabernáculo, teniendo en cuenta que habían sido esclavos en Egipto?
Recordemos que, según Génesis 15:14, Dios había dicho que ellos saldrían de Egipto con grandes
riquezas. Como ya explicamos oportunamente, EL se aseguró de que ellos recuperasen los sueldos
atrasados que se les debían. Y los egipcios estaban tan deseosos de librarse de los israelitas que les
dieron todo lo que pidieron. Así fue como acumularon la riqueza con la que salieron de Egipto.
El último párrafo de este capítulo. Nos relata cómo

BEZALEEL Y AHOLIAB FUERON LLAMADOS A REALIZAR SU TRABAJO

Leamos los versículos 30 y 31.


30 Entonces Moisés dijo a los hijos de Israel: Mirad, el SEÑOR ha llamado por nombre a Bezaleel, hijo
de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá.
31 Y lo ha llenado del Espíritu de Dios en sabiduría, en inteligencia, en conocimiento y en toda clase de
arte,

Bezaleel era el hombre que Dios había preparado para fabricar los elementos del mobiliario que serían
tan importantes para el Tabernáculo. Y el versículo 24 añade:
34 También le ha puesto en su corazón el don de enseñar, tanto a él como a Aholiab, hijo de Ahisamac,
de la tribu de Dan.

En estas palabras también vemos que Dios le había dado a Bezaleel la capacidad de transmitir esa
habilidad a otros, como Aholiab.
Finalmente, leamos el versículo 35, que nos detalla los talentos de aquellos artesanos:
35 Los ha llenado de habilidad para hacer toda clase de obra de grabador, de diseñador y de bordador
en tela azul, en púrpura y en escarlata y en lino fino, y de tejedor; capacitados para toda obra y
creadores de diseños
El Tabernáculo era una obra hermosa. Era como una alhaja en medio del desierto. No era grande en
tamaño, como una nave o depósito, sino solo una construcción pequeña. Teniendo en cuenta el valor de
los metales preciosos hace unos años, se ha calculado que se gastó en aquella obra una suma
equivalente a 5 millones de dólares. En tiempos de inflación el valor incluso podría haber sido mayor.
Es que aquella tienda de reunión era la preciosa joya de Dios; es decir, una figura de la persona de Su
Hijo, Jesucristo.
¿Qué valor tiene la persona de Jesucristo para ti? ¿Le evalúas como un maestro o, simplemente, un
líder religioso más entre los muchos que ha tenido o tiene la humanidad? Quizás le has contemplado,
incluso, con veneración en las muchas obras artísticas que han intentado representarle. Pero la
verdadera forma de determinar su auténtico valor, es considerar que alguien tan valioso como el Hijo
de Dios se ofreció por ti, como sacrificio vivo, en lugar tuyo. Bien pudo decir el apóstol Pablo en su
carta a los habitantes de la ciudad de Filipos: yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del
incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero
como basura a fin de ganar a Cristo. Si reconoces tu necesidad espiritual, como pecador alejado de
Dios y le aceptas como tu Salvador, tu también podrás recibir el valioso don de la vida eterna, para
comenzar a disfrutarlo ahora mismo y, a partir de hoy, durante tu vida en esta tierra.

© 2014 La Fuente de la Vida

Construcción del Tabernáculo; mobiliario del


Tabernáculo.
LFV 134

EXODO 36 y 37

En nuestro programa anterior, dedicado a los capítulos 34 y 35, consideramos la renovación de los
mandamientos escritos en las tablas de piedra, la proclamación del Señor, el brillo del rostro de Moisés
después de haber estado en la presencia de Dios, el día del reposo o sábado, las ofrendas voluntarias
para el tabernáculo y el comienzo del trabajo de los artesanos en las obras del tabernáculo.
En primer lugar estudiaremos
EXODO 36

TEMA; Las ofrendas fueron entregadas a los trabajadores; se limitó la generosidad de la gente; la
fabricación de las cortinas; el velo, y la cortina para la entrada.

El primer párrafo trata sobre


LA CONSTRUCCION DEL TABERNACULO

El relato de este capítulo regresa al tabernáculo, Ya hemos visto las instrucciones dadas para su
construcción. Ahora leemos que lo estaban edificando de acuerdo con las indicaciones recibidas. El
seguir el proyecto era muy importante, porque el tabernáculo era el retrato de Dios sobre Cristo. La
tienda de reunión revelaba la persona y la obra de Cristo.
Leamos los versículos 1 y 2:
Y Bezaleel, Aholiab y toda persona hábil en quien el SEÑOR ha puesto sabiduría e inteligencia para
saber hacer toda la obra de construcción del santuario, harán todo conforme a lo que el SEÑOR ha
ordenado.
2 Entonces llamó Moisés a Bezaleel y a Aholiab y a toda persona hábil en quien el SEÑOR había
puesto sabiduría, y a todo aquel cuyo corazón le impulsaba a venir a la obra para hacerla.

Cada miembro del equipo de trabajo, que probablemente era muy numeroso, estaba dedicado a
construir la tienda de reunión con la sabiduría y la inteligencia que Dios le había concedido. El
responsable de las obras era Bezaleel.
Aquí podemos observar algo que es de gran importancia y esencial para la obra del Señor. Si alguien
está sirviendo al Señor de mala gana, es mejor que no lo haga. Dios no puede utilizar a alguien con
semejante actitud. Vemos que construyendo el tabernáculo estaban hombres que estaban tallando
hermosas piezas del mobiliario, que iban a ser usadas en la adoración al Señor. Para ellos, esta tarea no
constituía un simple puesto de trabajo, ni estaban pendientes del reloj. No se limitaban a trabajar
durante un horario determinado, para después interrumpirlo. No estaban haciendo aquello como una
obligación. Habían sido esclavos en el pasado y aquí estaban, trabajando otra vez como esclavos, pero
en esta ocasión, porque deseaban hacerlo. Ponían su corazón en aquel trabajo. Esa es la manera de
llevar a cabo todo lo que se hace para el Señor.
Observemos que Bezaleel se apresuró a cumplir con la tarea encomendaba por el Señor lo más rápido
que le fue posible. La obra de Dios debe ser echa con alegría, con sumo agrado. En su carta a los
Romanos 14; 5, el apóstol Pablo dijo: . . . Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir.
Así es como debemos servir al Señor. Tenemos que estar plenamente convencidos que le estamos
sirviendo a El porque así lo deseamos y porque estamos ansiosos por agradarle. Otra vez, el mismo
apóstol Pablo dejo en su primera carta a los Corintios 9:16: ¡ay de mí si no predico el evangelio! Pablo
realmente quería anunciar el mensaje del Evangelio.
El libro de los Jueces, que estudiaremos más adelante, en el 7:5-7 nos relata el incidente producido
cuando Gedeón, juez de Israel, y sus 300 hombres escogidos descendieron al río para beber. Aquellos
soldados no se apoyaron sobre el suelo de la orilla para beber. Hundieron sus manos en el agua y las
llevaron a la boca para observar al enemigo mientras bebían. Fue como si ya estuviesen tratando de
localizar a los enemigos para lanzarse contra ellos. Esa es la clase de entusiasmo que necesita la iglesia
de nuestro tiempo para enfrentarse a la esclavitud del mal y para proclamar el mensaje de la paz con
Dios.
Continuemos leyendo los versículos 3 al 5:
3 Y recibieron de Moisés todas las ofrendas que los hijos de Israel habían traído para hacer la obra de la
construcción del santuario. Y ellos seguían trayéndole ofrendas voluntarias cada mañana.
4 Así que vinieron todos los hombres hábiles que hacían todo el trabajo del santuario, cada cual del
trabajo que estaba haciendo,
5 y dijeron a Moisés: El pueblo trae más de lo que se necesita para la obra de construcción que el
SEÑOR nos ha ordenado que se haga.

Esta es la primera ocasión registrada que yo conozco, en la que se le pidió a la gente que dejase de
entregar sus ofrendas. Habían traído mucho más de lo necesario para construir y amueblar el
tabernáculo. Nunca he leído sobre una demostración de generosidad como ésta ni antes, ni después de
este incidente. Continuemos con la lectura del versículo 6:
6 Entonces Moisés dio una orden, y se pasó una proclama por todo el campamento, diciendo: Ningún
hombre ni mujer haga más trabajo para las contribuciones del santuario. Así se impidió que el pueblo
trajera más.

Y así fue que se le insistió a la gente que no contribuyese más, tratando de convencerles de que ya
habían traído lo suficiente. Y resultó sorprendente si consideramos que aquellas personas estaban recién
liberadas de la esclavitud. Nunca antes habían poseído nada y ahora que tenían riquezas, podría haberse
esperado que no estuviesen dispuestos a entregarlas. Pero contribuyeron con generosidad, con alegría y
entusiasmo para entregarlo todo a Dios. Sea lo que hagas alguna vez por Dios, ésta debe ser tu actitud y
la forma de hacerlo. De esta manera desea Dios que se haga todo.
Parece como si en este capítulo estuviésemos recorriendo nuevamente el relato de los diferentes
elementos y partes del Tabernáculo. Aunque suene como una repetición, antes se nos dio el proyecto
del Tabernáculo y ahora, llegamos a la ejecución misma del trabajo. No solamente necesitamos el
proyecto y los materiales sino que necesitamos ver cómo se iniciaron los trabajos, que son los que se
inician en este capítulo.
A continuación tenemos un párrafo que se ocupa de

LAS CORTINAS

Leamos el versículo 8:
8 Y todos los hombres hábiles de entre los que estaban haciendo la obra hicieron el tabernáculo con
diez cortinas de lino fino torcido, y tela azul, púrpura y escarlata, con querubines, obra de hábil artífice;
Bezaleel las hizo.

Esta era la serie de cortinas para todo el tabernáculo, que continuó durante la marcha por el desierto.
Era el cerco exterior. El lino fino torcido egipcio nos habla de la justicia de Cristo, de Su carácter y de
Su obra. Nos recuerda la justicia que El nos provee para revestirnos, de manera que podamos estar en la
presencia de Dios. Lo importante a considerar es que Cristo es adecuado para satisfacer nuestras
necesidades. El puede salvarnos, liberarnos y guardarnos.
Sin recurrir a la lectura del texto y para resumir los detalles del mismo, consideraremos ahora
LAS TABLAS Y LAS BASES

Las cortinas de pelo de cabra, la cubierta de pieles de carnero, las tablas y las bases, también nos hablan
de la persona de Cristo, de una u otra manera. El Tabernáculo medía unos 14 metros de largo por 5
metros de ancho, y de 5 metros de altura. Estaba hecho de madera de acacia y las tablas estaban
revestidas de oro. Las tablas medían unos 67 cm de ancho. En la marcha por el desierto resultaban
pesadas para llevar y fueron transportadas en carros. (Sin embargo, todos los elementos del mobiliario
fueron llevados sobre los hombros de los sacerdotes de la tribu de Leví.) Las tablas de oro debían ser
colocadas en forma vertical, pero cada una de ellas tenía ciertas bases para encajar en bases de plata, así
que todo el tabernáculo descansaba sobre plata. La plata es figura de la redención. La estructura del
tabernáculo se mantenía unida por barras. Se colocaron argollas en cada tabla y cuando éstas estaban
colocadas en su posición, las barras se deslizaban por las argollas y mantenían la tienda firme. El
resultado fue, pues, una construcción compacta.
También consideraremos brevemente
LOS VELOS INTERIOR Y EXTERIOR

El tabernáculo tenía un velo interior o cortina que dividía la parte principal de la tienda en 2
compartimentos; el más pequeño, era el Lugar Santísimo y el más grande, el Lugar Santo. Todo el
tabernáculo, pues, ilustraba algún aspecto de la persona y obra de Cristo. Llegamos así a
EXODO 37

TEMA; Bezaleel construyó el arca o cofre, su tapa o propiciatorio, la mesa de los panes de la presencia,
el candelabro y el altar del incienso; la unción del aceite y el incienso puro.

OBSERVACIONES

Todos los temas tratados en este capítulo ya han sido comentados en los capítulos previos de este libro
del Éxodo. Para no repetir los pasajes bíblicos que ya han sido citados en los capítulos anteriores,
resumiré algunos de los puntos culminantes y los detalles que considero de mayor importancia.
En primer lugar, hablaremos algo de

EL PLANO DEL TABERNACULO

Los dos elementos del mobiliario en el patio exterior eran el altar de bronce y la pila. Cuando uno
entraba al Lugar Santo, había tres muebles; el candelero de oro, la mesa del pan de la presencia, y el
altar del incienso. En el Lugar Santísimo se encontraba el cofre o arca del pacto y su tapa, el llamado
propiciatorio.
Había tres compartimentos en la tienda de reunión. Y había tres entradas al tabernáculo. (1) Había una
entrada a través del cerco de lino que rodeaba al tabernáculo propiamente dicho. (2) Había otra entrada
que conducía al Lugar Santo. Y (3), la tercera entrada llevaba al Lugar Santísimo, donde solamente
entraba el sumo sacerdote una vez al año en el gran Día de la Expiación (como veremos en el libro de
Levítico) y rociaba sangre sobre el propiciatorio o tapa del arca, convirtiéndolo en un lugar donde
actuaba la gracia de Dios.

LOS MUEBLES PARA EL TABERNACULO


Había 7 muebles colocados de tal manera que ofrecían un hermoso aspecto, El altar de bronce ilustraba
la cruz de Cristo, donde recibimos el perdón de nuestros pecados. La pila de agua simbolizaba el hecho
de que Cristo lava y limpia a los suyos. La pila es el lugar donde, figurativamente hablando,
confesamos nuestros pecados, y recibimos perdón y limpieza.
El Lugar Santo era el sitio de la adoración. En él, el candelero de oro era una figura de Cristo, que es la
luz del mundo. La mesa del pan de la presencia simbolizaba a Cristo como el Pan de Vida, del cual nos
alimentamos espiritualmente, El altar del incienso era el lugar de la adoración. Nos habla de la realidad
de que Cristo es nuestro intercesor. En la carta a los Hebreos, el altar del incienso fue visto como
colocado en el Lugar Santísimo (en vez de en el Lugar Santo) porque nuestro intercesor, que es Cristo,
está actualmente en el cielo. Pero altar del incienso estaba fuera, en el Lugar Santo, donde tú y yo
podemos acudir hoy. Cuando los creyentes quieren adorar a Dios, van al Lugar Santo. Allí tienen lugar
acciones o actitudes que tienen que ver con la adoración, como confesión, alabanza, expresiones de
gratitud, intercesión y peticiones. Y todo esto está situado en el Lugar Santo. Si uno quiere ver la luz
que el mundo provee, sale fuera, pero si uno desea contemplar la luz del candelero, tiene que entrar en
aquel lugar. Para servir a Cristo uno no puede vivir según la sabiduría del mundo sino a la luz de la
Palabra de Dios.
El Lugar Santísimo simboliza a Cristo, en la presencia de Dios. En el libro de los Hebreos se nos dice
que nos acerquemos al trono de la gracia, que es ilustrado por la tapa del arca de la alianza, es decir el
propiciatorio. Allí es donde encontramos gracia y misericordia para recibir y dar ayuda en tiempo de
necesidad. Hay, pues, un propiciatorio para los creyentes en el cielo.
Cuando Cristo vino a esta tierra, no solo hizo realidad la antigua realidad y figura del tabernáculo. Hizo
algo bastante excepcional. El tabernáculo del desierto estaba siempre en un plano horizontal con
respecto a la tierra, colocado en su superficie plana, con sus columnas y tablas encajadas en las bases
situadas por debajo. Pero cuando Cristo vino al mundo para pagar el precio por nuestros pecados, fue
como si hubiera orientado aquella tienda hacia una posición perpendicular. La cruz fue el altar de
bronce donde el Cordero de Dios fue ofrecido por nuestros pecados; aquí abajo, en esta tierra, El murió
para salvarnos. Pero regresó al cielo donde vive en la actualidad para guardar nuestra salvación. El
Lugar Santísimo se encuentra hoy en el cielo. Nosotros no nos dirigimos horizontalmente a Dios,
acudiendo a un edificio o a una persona que está en la tierra, sino que miramos hacia el cielo y nos
dirigimos directamente a El, por medio de Jesucristo. Como bien dice el apóstol Pablo en su primera
carta a Timoteo 2:5, Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres,
Cristo Jesús hombre.
Y ya con los pensamientos concentrados en la realidad de nuestra situación actual, estimado oyente,
cabe formularte una pregunta. Figurativamente hablando, y teniendo en cuenta todo lo que hemos
considerado sobre aquella tienda en el desierto y su mensaje simbólico para todos los tiempos, ¿dónde
te encuentras tú ahora, y en qué lugar, en relación al tabernáculo? ¿Necesitas ir a colocarte ante el altar
de bronce, aquel símbolo elocuente de la cruz, para recibir la salvación? Hay muchas personas, incluso
hombres y mujeres que exteriormente profesan ser miembros de alguna iglesia, que necesitarían acudir
a aquel altar de bronce, donde Jesús derramó su sangre por ellas y por ti. Quizás has contemplado el
altar desde lejos, considerando su lugar y significado en la historia y en la tradición; posiblemente hasta
puedes haberlo admirado. Pero no te has acercado a aquella cruz con fe, aceptando la obra de Cristo, el
Cordero de Dios a favor tuyo y que murió allí en lugar tuyo. Pero también es posible que ése no sea tu
caso, sino otro bien diferente. ¿No serás tu un cristiano que se ha manchado, adquiriendo impurezas al
transitar por el camino de la vida, y que necesita confesar sus pecados en aquella pila de agua, para ser
limpiado? Esas impurezas constituyen un estorbo en tu relación con Dios; simplemente, no estás
disfrutando de tu vida cristiana, ni de la vida misma. Este estado de ánimo puede, incluso, mantenerte
en una actitud de descontento contigo mismo, que se refleja en una relación inestable con tus seres
queridos o con tus amigos. Y cuando acudes a Dios en oración, resulta que tienes la fuerte sensación de
que El no te escucha, ni contesta tus oraciones. Y es que necesitas, además, acercarte al altar del
incienso, símbolo de la oración. Y aquella pila de agua, había sido fabricada en bronce pulido, que
brillaba como un espejo. Era una gran ilustración de la Palabra de Dios, que es como un espejo y al
contemplarnos en él, nos revela nuestra impureza. Y el agua pura es la Palabra misma de Dios, que hoy
nos limpia y purifica, cuando nos acercamos a ella reconociendo y confesando nuestro pecado. Hasta
puede que hayas perdido el interés o el apetito por alimentarte de la lectura y estudio de la Biblia, con
lo cual tu vida espiritual permanece estancada y en estado de anemia, porque necesitas nutrirte del Pan
de Vida, que es Jesucristo, para recibir renovadas fuerzas, indispensables para tu crecimiento interior y
para hacer frente a las luchas y presiones de la vida. También podría ser que tu caso sea totalmente
diferente y tengas la sensación de estar caminando en la oscuridad. La oscuridad no permite ver dónde
nos encontramos ni el camino a seguir. Nos puede llegar a un estado de gran confusión, que es la
situación que experimentan muchas personas hoy en día. Hay aparentemente tantas versiones sobre la
verdad, tantas religiones, tantas sectas, que es posible que hayas adoptado la actitud de distanciarte de
todo lo que lleve el nombre de alguna religión o creencia, porque las contradicciones que has
observado en los seres humanos que las profesan no te han inspirado confianza. En este caso, necesitas,
además, acercarte a aquel candelero de oro, cuyas lámparas emitían luz. Las luces de aquel hermoso
candelero de oro ya se habrán ido apagando con el correr de los siglos, pero aquella luz señalaba a
Jesucristo, que es la Luz del mundo. De El habló el evangelista Juan en su libro 8:12, citando a Jesús en
una importante declaración, que se aplica a la oscuridad y confusión de muchos seres humanos. Jesús
les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que
tendrá la luz de la vida. Aquí se dice que “Jesús les habló otra vez” ¿Será ésta una verdad olvidada por
la frágil memoria humana y que, también en nuestra época, necesita ser repetida una vez más en este
momento de la historia? Hay muchas personas que realmente necesitan orientarse con esa luz que no se
ha apagado y que señala, de manera única y clara, el camino hacia Dios, que es El mismo Jesucristo.
Es por ese motivo que estamos recorriendo aquella tienda de reunión que, como santuario transportable
usaron los israelitas en su marcha por el desierto. Antes y después de ella, surgieron líderes, dirigentes,
príncipes y reyes, que detentaron el poder humano. La historia se ha encargado de que, paulatinamente,
vayan pasando al olvido. Pero aquella tienda, aquel tabernáculo señalaba a Cristo Jesús.
Acabamos de exponer varias situaciones humanas. Posiblemente tú te encuentres viviendo alguna de
esas experiencias. Por ello, no solo aquella antigua y ya inexistente tienda de reunión, sino la totalidad
de las Sagradas Escrituras, señalan a Jesucristo, quien es definió a sí mismo, con estas palabras. Yo soy
el camino, y la verdad, y la vida. El camino para llegar a Dios.

© 2014 La Fuente de la Vida

El altar del holocausto; el atrio del Tabernáculo;


lista de las ofrendas.
LFV 135

EXODO 38

TEMA; El altar del holocausto; la pila de bronce; el patio; y las ofrendas del pueblo

En nuestro programa anterior el relato de los capítulos 36 y 37 nos recordó las ofrendas generosas del
pueblo para la realización de las obras del tabernáculo, las series de cortinas, las tablas y sus bases y el
velo que separaba a los dos compartimentos: el Lugar Santísimo y el Lugar Santo. Recordamos
también a Bezaleel, artesano llamado y capacitado por Dios para dirigir el equipo que se ocuparía de la
construcción de los elementos y muebles. Visualizamos también un plano del tabernáculo, con los
muebles que se encontraban en sus compartimentos. A modo de resumen, pudimos considerar el
significado espiritual de los detalles más destacados de la estructura de aquella tienda de reunión, como
por ejemplo las tablas y las series de cortinas que cubrían el tabernáculo.
Ahora, en primer lugar, haremos sobre este capítulo 38, algunas
OBSERVACIONES

En este pasaje Bíblico continuamos observando el tabernáculo. A partir del capítulo 25, vimos el plano
del tabernáculo y todos sus detalles. En este momento, Bezaleel y sus ayudantes estaban construyendo
la estructura de la tienda. En efecto, al llegar a este capítulo 38, a mí entender, el tabernáculo ya había
sido prácticamente construido, aunque aun no se había colocado todo en orden. Este capítulo dedica
mayor atención al atrio o patio exterior.
Como ya veremos en el libro de los Números, el pueblo de Israel proseguía su viaje cuando la columna
de nube se ponía en movimiento. El arca, llevada sobre los hombros de los sacerdotes, guiaba a la
procesión. Cuando la nube se detenía, el pueblo instalaba su campamento. El arca era colocada sobre la
arena del desierto y el tabernáculo era armado alrededor de ella. Entonces tenía lugar la colocación a
sus lados de las tablas revestidas de oro, las barras se deslizaban por las argollas situadas en las tablas,
y ese sistema de sujeción mantenía firmemente unida la estructura del tabernáculo. Luego, sobre las
tablas, eran colocadas cuatro series de cortinas de los siguientes materiales: lino, pieles de cabra, pieles
de carnero teñidas de rojo y las pieles de tejones, para protección ante las condiciones climáticas. La
belleza del tabernáculo tenía que ser contemplada desde dentro. Y todos los detalles ilustraban la
adoración, la alabanza a Dios, y a las bendiciones para las personas.
El atrio o patio exterior, rodeado por un cerco de lino, medía 45 m de largo por 22 m de ancho y en él
estaban situados el altar de bronce, que era el del holocausto, y la pila de agua. En aquel atrio, se
solucionaba el problema del pecado. El pecador se presentaría allí a la puerta como un pecador y el
sacerdote le guiaría entrando al atrio. Entonces el pecador colocaría su mano derecha sobre la cabeza
del animal que había traído, que podía ser un cordero, una cabra o un buey. Luego el animal era
sacrificado y el sacerdote lo ofrecería en el altar. Y allí era hasta donde el individuo podía llegar
personalmente. De ahí en adelante continuaba en la persona de su sacerdote. Este tenía que detenerse
ante la pila de agua y lavarse, para poder entrar al Lugar Santo. Recordemos que en el lugar santo había
3 muebles: el candelero de oro, la mesa del pan de la presencia y el altar del incienso, todo lo cual nos
habla de la adoración. A continuación se encontraba el velo o cortina que separaba el Lugar Santo del
Lugar Santísimo, velo que el sacerdote no se atrevería a cruzar, pues no entraría en el Lugar Santísimo,
donde estaba el arca del pacto y su tapa, el llamado propiciatorio. Porque solo el sumo sacerdote podía
entrar en ese Lugar, y únicamente una vez al año, a favor del pueblo.
El capítulo comienza describiendo
EL ALTAR DEL HOLOCAUSTO

Bezaleel hizo también el altar del holocausto de madera de acacia, cuadrado, de dos metros y
veinticinco centímetros por cada lado y de un metro y veinticinco centímetros su altura.

En este altar de bronce la víctima era ofrecida y el pecado era juzgado. Era allí donde el individuo o la
nación acudían para ocuparse del problema del pecado. Cuando este altar fue construido, ya no se pudo
fabricar otro altar. Este constituía el acceso a Dios y otro altar, hecho en cualquier otro lugar, habría
sido como una blasfemia. Estaba situado en un lugar de prominencia porque la cuestión del pecado
debía quedar arreglada allí. Ninguna otra acción o actitud como la adoración o la recepción de
bendición podía tener lugar hasta que uno hubiese pasado por el altar de bronce del holocausto.
Los cuernos del altar nos hablan de fuerza, es decir, de la capacidad de Jesucristo para salvar. Había
muchas instrucciones y detalles sobre la actitud ante este altar y su cuidado. Se requerían tazones,
braseros, argollas, varas, etc. Más allá de estos detalles, lo importante es recordar la función de este
altar, de solucionar el grave problema del pecado.
Leamos ahora el versículo 8, los detalles sobre
LA PILA DE BRONCE

8 Además hizo la pila de bronce y su base de bronce, con los espejos de las mujeres que servían a la
puerta de la tienda de reunión.

Los espejos aquí mencionados fueron fabricados de un bronce que había sido sumamente pulido y
lustrado. También en aquella época, las mujeres usaban espejos y la pila de agua estaba hecha del
material de aquellos espejos. El espejo representa a la Palabra de Dios. Porque es la Biblia la que le
revela al creyente su necesidad de limpieza. Y para eso estaba allí la pila, para lograr esa limpieza.
Trasladando esta escena a una imagen de nuestra vida diaria, es lo mismo que tenemos en nuestro
cuarto de baño. Allí está el espejo y por debajo se encuentra el lavabo. El espejo solo no puede quitar la
suciedad, así como tampoco la ley de Dios entregada por medio de Moisés, puede salvarte. Esto me
recuerda el himno del autor español Juan Bautista Cabrera que dice:
Hay una fuente cuyos raudales
Las venas nutren del Salvador;
Bañado en ellos se encuentra limpio
De sus pecados el pecador.

El siguiente párrafo describe


EL ATRIO O PATIO

Leamos los versículos 9 al 11:

9 Hizo también el atrio; hacia el lado del Neguev, al sur, las cortinas del atrio eran de lino fino torcido,
de cien codos.
10 Sus veinte columnas y sus veinte basas eran de bronce; los ganchos de las columnas y sus molduras
eran de plata.
11 Por el lado norte había cien codos; sus veinte columnas con sus veinte basas eran de bronce, los
ganchos de las columnas y sus molduras eran de plata.

El lino fino torcido nos habla de la humanidad de Cristo y, de hecho, separaba al ser humano de Dios.
A veces he escuchado a algunos proclamar que todo lo que teníamos que hacer era seguir las
enseñanzas de Jesús –incluso no creyendo en su deidad-- y, como resultado, la paz vendría al mundo.
Esto no es cierto. Nunca podrá haber paz para el ser humano, a no ser que se logre por medio de la
sangre derramada de Cristo. Aquel cerco de lino, que simbolizaba la humanidad de Cristo, separaba al
ser humano de Dios. La vida de Cristo no nos salva; nos condena. Es la muerte de Cristo la que nos
salva. La Palabra de Dios, y especialmente el tabernáculo, son como un libro de imágenes. Si uno solo
observa la imagen, puede entender que la vida y enseñanzas de Cristo no te pueden salvar. Porque en
primer lugar, tu no puedes situarte a la altura de Su vida y de Sus enseñanzas. Es necesario trazar aquí
una línea divisoria que marque claramente cuál es la verdad. Por ello insisto en que las enseñanzas de
Cristo no pueden salvar. Lo que nos salva es la muerte de Cristo en la cruz. Por ese motivo el altar de
bronce estaba precisamente en aquel lugar. Como ya anticipé, el cerco de lino blanco separaba a al ser
humano de Dios, y a Dios del hombre. Aunque las bases del tabernáculo mismo eran de plata, las bases
del cerco eran de bronce. El bronce, como ya hemos visto, es el metal que representa al juicio. La
imagen de Cristo en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis 1:5, dice que sus pies eran semejantes al
bronce pulido, fundido en un horno. No te quepa ninguna duda. El pecado tiene que ser juzgado. El ser
humano debe reconocer que es un pecador, que no puede entrar ante la presencia de Dios hasta que el
problema del pecado haya sido resuelto.
Los ganchos de las columnas y sus anillos para la cortina que rodeaba el atrio, eran de plata. Y la plata
era el metal de la redención. El cerco del patio o atrio mantenía al ser humano fuera, pero Dios señaló
un camino para que él pudiese entrar. Encontró una manera de juzgar el pecado y proveyó una
redención para que el ser humano pudiese ser revestido por la justicia de Cristo. Por todo ello, la
totalidad de este tabernáculo constituye una elocuente figura. Uno puede contemplar aquella tienda de
reunión y comprender el mensaje del Evangelio. Dios nos lo ha revelado por medio de imágenes.
Había una entrada al patio o atrio. El ser humano no podía saltar y cruzar el cerco. Tenía que entrar por
la puerta de entrada. Leamos el versículo 18:
18 Y la cortina de la entrada del atrio de tela azul, púrpura y escarlata, y lino fino torcido era obra de
tejedor. La longitud era de veinte codos y la altura, de cinco codos, lo mismo que las cortinas del atrio.

Todos los colores y materiales nos hablan de la presencia de Cristo. Ya hemos hablado de este tema
antes, pero no está demás repetirlo. El color azul nos habla del hecho de que El descendió del cielo en
toda su Deidad. El color escarlata nos habla de Su humanidad y de la sangre que derramó por la raza
humana. El azul y el escarlata combinados producen el color púrpura, que nos habla de su realeza. El
nació siendo rey de los judíos.
La entrada era tan alta como el cerco exterior. Medía nueve metros de largo por dos metros y
veinticinco centímetros de alto, igual que las cortinas del atrio. Esta entrada era el único acceso al atrio.
Y era lo suficientemente amplia como para que entrase cualquier pecador, pero quiero enfatizar que era
el único camino por el que uno podría entrar. Durante su vida en esta tierra, Cristo dijo que El era el
CAMINO, la VERDAD y la VIDA. Y me agrada pensar en aquella entrada al atrio como el CAMINO.
La segunda entrada, de las tres que había, que conducía a la persona a la misma presencia de Dios, era
la entrada al Lugar Santo. Me agrada pensar en ella como la VERDAD. Cristo también dijo que si uno
iba a adorar a Dios, tendría que adorarle en espíritu y en “verdad”. No es mi intención expresarme con
dureza, pero la “adoración” en una iglesia o comunidad que niegue la realidad de la persona de Cristo y
lo que El ha hecho, no será una verdadera adoración. El debe ser adorado en “verdad”. Uno no puede
negar la deidad de Cristo y el hecho de que El murió por ti, y aun así, adorarle.
Después estaba la tercera y última entrada, que conducía al mismo Lugar Santísimo; era el acceso
cruzando el velo o cortina que nos habla de la vida que Cristo entregó en la cruz. Cuando el murió, el
velo fue rasgado en dos partes, desde arriba hacia abajo, queriendo decir que el camino a Dios estaba
ya abierto. Aquí tenemos a la VIDA, quedando así completa la trilogía que había expresado Jesús
cuando dijo que El era el camino, la verdad y la vida. Ya lo registró así el Evangelio de Juan 14:6,
donde Cristo, además, añadió lo siguiente: nadie viene al Padre sino por mí.
A continuación quisiera llamar tu atención a la cuestión del israelita como individuo. La nación de
Israel había sido calificada como “hijo”. Pero Dios nunca llamó a ningún israelita “hijo”, a nivel
personal. La cuestión sería entonces: “¿Quién era un judío?” ¿Era un judío alguien que nació judío o es
que su religión le convertía en un judío? En los tiempos del Antiguo Testamento, había que nacer judío
para ser identificado como tal. Y Dios hizo una provisión para que cada uno fuese redimido, lo que
significa que cada individuo tenía que experimentar como un nuevo nacimiento espiritual. Aunque
Israel fuese una nación elegida, cada persona tenía que ser redimida,
Continuemos nuestra lectura en Éxodo 38, leyendo los versículos 25 y 26;
25 Y la plata recogida de los que fueron contados de la congregación, fue tres mil trescientos
diecinueve kilos con quinientos veinticinco gramos, según el peso oficial del santuario;
26 todos los empadronados mayores de veinte años, fueron seiscientos tres mil quinientos cincuenta.

Los judíos trajeron plata porque era el metal de la redención. Cada uno de los israelitas tenía que ser
redimido para ser aceptado por Dios. En nuestro caso, nosotros hemos sido redimidos por la sangre de
Cristo, que es más valiosa que el oro o la plata. En aquellos tiempos, no todos los israelitas fueron
salvados. Solo un remanente de la nación fue salvo, de la misma manera que, en la actualidad, no todos
los que exteriormente figuran como miembros de cualquier iglesia, son salvos. En estos tiempos de
tanta confusión y ambigüedad en los aspectos religiosos y espirituales, profesar de palabra que uno es
miembro de una iglesia, no significa demasiado, porque no podemos ver el interior de las personas. Es
necesario el paso de la conversión, de la redención y salvación personal.
Leamos el último versículo de nuestro estudio de hoy, dedicado al capítulo 38 de Éxodo. Me refiero al
versículo 27;
27 Había también tres mil trescientos kilos de plata para fundir las bases para el santuario y las bases
para el velo. Toda esa plata se usó en cien bases, o sea, treinta y tres kilos de plata en cada base.

Las bases fueron fabricadas con el dinero de la redención. Allí fue colocado el tabernáculo propiamente
dicho. Se apoyó sobre la plata. Se apoyó sobre la redención. Mirando ahora a la humanidad, a todos los
pueblos de la tierra, y según la revelación de Dios y el mensaje del Evangelio, cada individuo tendrá
que aceptar personalmente la salvación, la redención que Cristo hizo posible con su sacrificio. Y hay
que pagar el precio de la redención. Pero, ¿cuál es ese precio? Bueno, no consiste en plata ni en oro. La
única condición requerida es que tú te encuentres sediento, que seas consciente de que tienes sed de
beber del agua de la vida.
¿No te agradaría beber del agua, de la fuente de la vida? La salvación es gratuita. Pero no es barata. A
Dios le costó todo. El entregó a Su Hijo para morir en la cruz y pagar así el precio de nuestra
redención. Por eso decimos que somos redimidos, comprados, salvados y liberados por su sangre.
En aquellos tiempos del desierto, la redención le fue impuesta a la nación de Israel. Pero cuando
llegaron a la tierra prometida, a Canaán, si ellos querían ser considerados o contados entre los
redimidos, tuvieron que pagar el precio de la redención. Por ello tenemos que dar gracias a Dios porque
el ya ha pagado por nosotros. La salvación que El ofrece no cuesta dinero. No tiene ningún precio.
Quizás sería más apropiado decir, que es tan valiosa, que todas las riquezas del mundo no podrían
comprarla, pero tienes que tener esa sed, tienes que sentir esa imperiosa necesidad de beber de esa agua
de vida. Tienes que darte cuenta de que no existe nada ni nadie aquí en la tierra que pueda saciar esa
profunda sed del alma. ¿Quieres realmente ser salvo? ¿Reconoces que necesitas la salvación porque
eres un pecador? Si así lo admites, entonces puedes aceptarla, por la fe, y puedes confiadamente venir a
recibirla. Y no tengas dudas. Porque el precio ha sido pagado, al derramar Cristo Su valiosa sangre por
ti. Y al ser ya un hijo en la familia de Dios, te hace posible venir a Dios y ser aceptado por El, por
medio de Jesucristo.
Y ya que hemos hablado de la sed, y del agua de la vida, no puedo menos que recordar que este tema
constituye el título de nuestro programa que se llama, como es sabido, la Fuente de la Vida. Para
expresar este aspecto del Evangelio, queremos finalizar nuestro encuentro de hoy con las palabras de
Jesucristo que inspiraron el lema de nuestro estudio Bíblico. El Evangelio de Juan nos relata que Jesús,
cansado del viaje se sentó junto a un pozo. Allí llegó una mujer de Samaria y Jesús le pidió agua para
beber. En medio de la conversación que se entabló entre ellos, y refiriéndose al agua del pozo, Jesús le
dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no
tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota
para vida eterna.

© 2014 La Fuente de la Vida

Confección de las vestiduras de los sacerdotes, el


efod, túnicas, mitra, etc. Conclusión del
Tabernáculo, santificación, y se llena de la
Gloria de Jehová.
LFV 136

EXODO 39 y 40
En nuestro programa anterior resumimos diversos aspectos del altar del holocausto, de la pila de agua,
del atrio o patio exterior, las entradas al tabernáculo y la situación del israelita, con los pasos que tenía
que seguir para ser aceptado en la presencia de Dios. Comparamos aquella situación con la del
individuo de nuestra época, ante su problemática personal de solucionar el problema del pecado que le
separa de Dios, y la actitud que Dios requiere para aceptarle como hijo en Su presencia.
Llegamos así al
EXODO 39
TEMA; el vestuario de los servicios religiosos y las vestiduras santas; el efod; el pectoral; las túnicas y
capas, etc.; todo el vestuario fue examinado y aprobado por Moisés.

La primera sección de este capítulo trata sobre


LAS VESTIDURAS SANTAS DEL SUMO SACERDOTE

Aarón era el sumo sacerdote y todas las vestiduras que llevaba ilustraban la persona y la obra de Cristo.
Ya hemos hablado anteriormente del modelo para esas vestiduras. Comencemos nuestra lectura de hoy
con los versículos 1 y 2:
Además, de la tela azul, púrpura y escarlata hicieron vestiduras finamente tejidas para ministrar en el
lugar santo, y también hicieron las vestiduras sagradas para Aarón, tal como el SEÑOR había mandado
a Moisés.
2 También hizo el efod de oro, de tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido.

Las vestiduras eran calificadas como “santas” porque habían sido apartadas para el servicio a Dios. El
versículo 5 continúa con la descripción de la ropa del sumo sacerdote:
5 Y el cinto hábilmente tejido que estaba sobre él, era del mismo material, de la misma hechura: de oro,
de tela azul, púrpura y escarlata y de lino fino torcido, tal como el SEÑOR había mandado a Moisés.

Se dice del cinto, que había sido “hábilmente tejido”, es decir, que había sido tejido de una forma
excepcional. El sumo sacerdote utilizaba 8 prendas de vestir. Cuatro de ellas eran similares a las usadas
por todos los sacerdotes. Y los otras cuatro eran peculiares y le distinguían de los demás sacerdotes;
eran vestiduras hermosas apropiadas para la gloria y belleza de la presencia de Dios. El sumo sacerdote
era una figura de nuestro gran Sumo Sacerdote, el Señor Jesucristo, en toda su extraordinaria gracia y
gloria. Cada elemento de sus vestiduras tenía un carácter simbólico,
En el gran día de la expiación, cuando Aarón llevaba la sangre al Lugar Santísimo, se quitaba todas sus
vestiduras que reflejaban aquella belleza y gloria, y se vestía únicamente con las ropas sencillas de lino
que utilizaban los demás sacerdotes. Es así que se presentaba en aquel lugar sencillamente, sin adornos,
pero puro.
El lino blanco utilizado por los sacerdotes nos habla de justicia. En su libro, el profeta Isaías 52:11,
escribió lo siguiente, exhortando a sus contemporáneos a abandonar una ciudad caracterizada por la
idolatría,
Apartaos, apartaos, salid de allí,
nada inmundo toquéis;
salid de en medio de ella, purificaos,
vosotros que lleváis las vasijas del SEÑOR.
Dios aun habla de esta manera. Yo no creo que El utilice a un creyente que esté pecando, permitiendo
en su vida cosas que desagradan a Dios, que se apartan de su carácter y voluntad, no importando los
talentos y capacidades que esa persona pueda tener. Es como si tal creyente no estuviese haciendo nada
para Dios porque El no acepta esas obras, que son como la madera, heno y paja que, en aquella imagen
en la que el apóstol Pablo, en su primera carta a los Corintios 3:12, comparaba con el oro, plata y
piedras preciosas de las obras de auténtico valor para el Señor. Debemos revestirnos con la justicia de
Cristo y entonces, vivir una vida que la respalde. Esta es, pues, una lección que nos enseñan aquellas
vestiduras sencillas y elementales de los sacerdotes.
Resulta interesante observar que cuando Aarón entraba en el Lugar Santísimo para ofrecer el sacrificio
por los pecados del pueblo, se despojaba de sus hermosas vestiduras de gloria. Cuando el Señor Jesús
vino a esta tierra, dejó de lado Su deidad, pero no sus vestiduras de belleza y gloria. El se quitó sus
prerrogativas como Dios y de la manifestación visible de la gloria celestial, descendiendo a la tierra
como un ser humano. Y nació como un niño, aunque la gente estaba esperando a un rey. Después, se
ofreció a Sí mismo como un sacrificio por el pecado y murió por la humanidad.
Decir que Dios murió en la cruz no sería realmente correcto. Me pregunto qué se entiende o qué
significa cuando hablamos de aquella “muerte” en la cruz. Cuando Jesucristo murió en la cruz, fue
separado de Dios, y esto es cierto. En la Trinidad hubo como una escisión, se abrió como una brecha,
cuando, como dice el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios 5:19 y 21, Dios trató a Jesús,
quien no conoció pecado, como al pecado mismo. Pero, incluso en ese momento, Dios estaba en Cristo
reconciliando, poniendo en paz al mundo consigo mismo. Este es, por supuesto, un misterio en el que
no podemos penetrar. Y después de haber leído varias obras teológicas, compruebo que otros tampoco
han sido capaces de desentrañar este misterio.
Aquellas hermosas y gloriosas vestiduras eran realmente atractivas. El sumo sacerdote estaba ricamente
ataviado y lleno de colorido. Tenía puesto el efod, que tenía 2 piedras de cornalina, una en cada
hombro, con 6 de los nombres de las tribus de Israel en cada una de ellas. Este detalle nos habla de la
fuerza y capacidad de nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas. Cuando una de Sus ovejas se pierde,
nuestro gran Salvador sale a buscarla, la encuentra, la coloca sobre Sus hombros y la trae de vuelta.
Debemos dar gracias a Dios por tener un Pastor dispuesto a llevarnos sobre Sus hombros y traernos con
seguridad de regreso al redil. El puede salvar completamente a todos aquellos que vengan hacia Dios a
través de El, como dice la carta a los Hebreos 7:25: Por lo cual El también es poderoso para salvar para
siempre a los que por medio de El se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder
por ellos.
El sumo sacerdote también llevaba puesto un pectoral, que era algo parecido a un chaleco y que tenía
12 piedras preciosas, montadas en engaste de filigrana de oro. Era una prenda de gran belleza.
Posiblemente tenía una especie de bolsillo donde se guardaban el Urim y el Tumim. No sabemos como
funcionaban el Urim y el Tummin tenían algo que ver con las predicciones y el determinar cual era la
voluntad de Dios. Las piedras preciosas del pectoral nos hablan del hecho de que Cristo nos lleva hoy
en Su corazón, porque El nos ama. Como elocuentemente se declara en el Evangelio de Juan 3:16,
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en
El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Aquellas piedras preciosas, montadas sobre oro, nos describen
Su gran amor hacia nosotros.
Sobre el borde de la capa del efod estaban, como un adorno más, las campanillas de oro puro y las
granadas. De esta manera, cuando el sumo sacerdote estaba de servicio, aquellas campanillas hacían oír
su sonido en el momento en que se dirigía hacia el Lugar Santo. La granada simboliza la vida fructífera
del creyente y las campanillas nos hablan del testimonio público de esa vida. Cuando el sacerdote se
encontraba en el Lugar Santo, los israelitas podían decir: “Bueno, él está allí, en el lugar de la
adoración, sirviendo a nuestro favor. Sabemos con certeza que se encuentra allí porque podemos oír el
sonido de las campanillas”. Esto es, precisamente, lo que la adoración debería significar para nosotros.
Nuestro Sumo Sacerdote está representándonos a nosotros en la presencia de Dios. Esta realidad
tendría que atraernos hacia la persona de Cristo.
En una ocasión, un creyente estaba escuchando a un predicador que exponía la Palabra de Dios y,
cuando el sermón terminó, se le acercó y le dijo: “Bien, hoy hizo Ud. sonar la campana” El sermón
había sido como cualquier otro, pero el oyente era una persona a la que le encantaba estudiar la Biblia y
entonces, al escuchar la proclamación de la Palabra de Dios, sentía que se encontraba en la presencia de
Dios.
Escuchar, pues, el sonido de las campanillas debió ser una experiencia maravillosa. Considerando en
conjunto las vestimentas de los sacerdotes y, en especial, las del sumo sacerdote, vemos que nos
ofrecen una imagen majestuosa. Y en la placa de oro puro o diadema, que llevaría sobre la parte
delantera de su turbante para que estuviese siempre sobre su frente y que lo consagraba como sacerdote
grabaron, a manera de sello, las palabras “SANTIDAD AL SEÑOR”, queriendo decir, en realidad,
“consagrado al Señor”. Esta referencia a la santidad tiene que ver con la vida interior, pero lo
importante es que significa que el sumo sacerdote estaba totalmente consagrado al servicio del Señor.
Como dijimos al principio, la palabra “santo” implica a cualquier cosa que esté separada, apartada, para
ser utilizada por Dios.
Tenemos que reconocer que todos aquellos que proclaman o enseñan la Palabra de Dios, en un sentido
figurado, es como si llevaran sobre su frente, en el lugar más visible de su cuerpo, aquellas palabras
grabadas. E El gran significado espiritual de aquel lema, llevado a la práctica en la vida de servicio y
obras de los creyentes, hará que todo lo que hagan para Dios sea efectivo y fructífero.
Llegamos así a
EXODO 40

TEMA; el tabernáculo fue levantado y ungido; Aarón y sus hijos fueron santificados; la nube de la
gloria del Señor llenó el tabernáculo.

En este capítulo encontramos al tabernáculo ya instalado. Teniendo en cuenta que ya hemos comentado
los detalles significativos de cada elemento del mobiliario del tabernáculo y de las vestiduras de los
sacerdotes, (desde el punto de vista de su aplicación espiritual para nosotros como creyentes en la
actualidad), solamente quisiera tratar un asunto, entre los mencionados en este capítulo. Cuando Moisés
erigió el tabernáculo en el desierto, en el campamento del pueblo de Israel, sucedió algo asombroso.
Pasando por alto la lectura de los detalles ya comentados en programas anteriores, vamos a leer
únicamente los versículos 34 al 38, que nos describen cómo
EL TABERNACULO FUE LEVANTADO Y LLENO DE LA GLORIA DEL SEÑOR
34 Entonces la nube cubrió la tienda de reunión y la gloria del SEÑOR llenó el tabernáculo.
35 Y Moisés no podía entrar en la tienda de reunión porque la nube estaba sobre ella y la gloria del
SEÑOR llenaba el tabernáculo.
36 Y en todas sus jornadas cuando la nube se alzaba de sobre el tabernáculo, los hijos de Israel se
ponían en marcha;
37 pero si la nube no se alzaba, ellos no se ponían en marcha hasta el día en que se alzaba.
38 Porque la nube del SEÑOR estaba de día sobre el tabernáculo, y de noche había fuego allí a la vista
de toda la casa de Israel en todas sus jornadas.

Cuando el apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, intentó identificar a los israelitas, enumeró varios
elementos que les distinguían de los otros pueblos de la tierra. Uno de ellos era que la nube gloriosa de
la presencia de Dios estuvo con ellos, como dijo en dicha carta en 9:4. Los israelitas eran el único
pueblo que alguna vez tuvo esa manifestación de Dios, de la presencia visible de Dios. Esa presencia
les condujo guiándoles a través de aquel enorme y desolado desierto. La nube se elevaba por encima
del santuario, en la mañana, si ellos fuesen a viajar en ese día. Si no se elevaba, durante ese día los
israelitas permanecían en el campamento y ni siquiera se desplazaban a ninguna parte. Nunca
intentaron ponerse en movimiento ni actuar impulsados por su propia sabiduría u opinión. No tuvieron
que efectuar votaciones para decidir, por mayoría, si debían o no continuar su viaje. En cuanto a
Moisés, el tampoco tuvo que tomar esas decisiones. Era Dios, por medio de Su presencia en la nube,
quien les indicaba lo que tenían que hacer, o dejar de hacer.
Con cierta frecuencia decimos en las iglesias que Cristo es la Cabeza de la iglesia. Como reflexión
crítica y constructiva, tú y yo debiéramos preguntarnos: ¿es Cristo realmente la cabeza de tu iglesia y
de la mía? Así como los antiguos israelitas en el desierto, que seguían a la nube gloriosa de la presencia
de Dios, ¿estamos nosotros siguiendo la guía e indicaciones de Dios, no ya manifestada en una nube
sino en la presencia del Espíritu Santo que vino al mundo cuando Cristo partió, llegando a nuestra vida
desde el momento en que creímos en El como nuestro Salvador y Señor? En la actualidad, el Espíritu
Santo ocupa el lugar de aquella nube en el desierto, guiándonos y conduciéndonos. Desgraciadamente,
Su presencia e influencia es, con frecuencia, olvidada. Parece que cuando necesitamos ayuda, nuestra
tendencia natural es siempre refugiarnos en recursos humanos, en recursos ajenos a Dios. La iglesia, las
comunidades cristianas de nuestro tiempo necesitan líderes y colaboradores llenos, controlados por el
Espíritu de Dios. Así como dirigentes y colaboradores que presten suma atención a la Palabra de Dios y
que estén dispuestos a seguir la voluntad de Dios en sus decisiones, actividades públicas y decisiones
personales. Por ello, aunque hoy no veamos una nube gloriosa como manifestación visible de la
presencia de Dios sobre la iglesia, está presente el Espíritu Santo de Dios, que desea ser el guía que nos
conduce en el camino de la vida.
Habíamos comenzado el estudio de este libro diciendo, en nuestra introducción, que el Éxodo, que
significa “salida”.Fue el segundo libro escrito por Moisés, autor del Pentateuco que, como seguramente
recuerdas, recibía ese nombre por incluir a los primeros cinco libros de la Biblia, que son: Génesis,
Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. En cuando al contenido, diremos que continuaba con el
relato iniciado en el libro del Génesis, aunque con un lapso de unos 3 siglos y medio. Moisés fue el
personaje sobresaliente en este relato. A modo de repaso, diremos que la preparación de Moisés para
liderar al pueblo israelita oprimido en Egipto, abarcó 2 períodos de los 3, de 40 años cada uno, en que
se dividió su vida. La primera parte de su formación había tenido lugar en Egipto, en la corte del
Faraón; allí había obtenido conocimientos en toda la sabiduría humana acumulada en aquella época. La
segunda parte de su preparación transcurrió en el desierto, hasta que recibió el llamado de Dios para
regresar a Egipto; allí, lejos de todo contacto humano, con la excepción de su familia, debió adquirir la
disciplina física y espiritual que requeriría la gran empresa de liberar al pueblo esclavo; recibir la
revelación de Dios en la ley, aplicarla a las necesidades de aquel pueblo, y después conducirlo, en una
larga marcha de 40 años a través del desierto, hasta las fronteras de la tierra prometida.
Hemos dedicado bastante tiempo al tema del tabernáculo o tienda de reunión, que Dios le ordenó a
Moisés construir. Y que fue como un santuario transportable durante aquel viaje por el desierto. De
manera especial, hemos examinado los materiales de la construcción de aquella gran tienda, así como
la institución del sacerdocio a partir de Aarón, primer sumo sacerdote. En los materiales para la tienda,
el plano, los elementos del mobiliario, y en las vestiduras de los sacerdotes, hemos podido ver en cada
calidad, color y diseño, así como en las funciones de los sacerdotes y la forma en que los israelitas
debían solucionar el problema del pecado, símbolos e imágenes que nos anticiparon la persona de
Cristo, señalando claramente su carácter y su sacrificio expiatorio realizado en aquel otro altar del
futuro, que sería la cruz. También cabe destacar que el tabernáculo incluía igualmente numerosos
detalles aplicables a nuestra vida como cristianos, viviendo en una época muy diferente desde todo
punto de vista. En este sentido hemos recibido instrucciones sobre como mantener una vida pura que
agrade a Dios. Porque el único elemento que no ha cambiado desde aquellos tiempos, es la presencia
del pecado en el mundo, caracterizado por la rebelión contra Dios y la idolatría.
Y como el tema preponderante del libro era narrar los acontecimientos históricos de la historia de la
redención, creo que ha quedado debidamente demostrado que el libro del Éxodo es una obra de
palpitante actualidad, tanto para aquellas personas que, aunque interesadas en el estudio de la Biblia no
tienen la certeza de tener una relación personal con Dios a través de Jesucristo, como para aquellos que
profesan ser cristianos, creyentes.
Así terminamos, pues, nuestro estudio de este libro, que comenzó describiendo la triste y sombría
situación de los esclavos hebreos trabajando como esclavos en los campos de fabricación de ladrillos, y
que concluye ahora con la manifestación gloriosa de la presencia del Señor en el tabernáculo. Fue su
presencia, su compañía la que les liberó, alimentó, fortaleció y guió en la marcha por el desierto. Y
Dios quiere liberarte a ti de la oscuridad de la esclavitud del pecado, para traerte a la gloria de Su
presencia y colocarte en el mismo centro de Su voluntad, donde El pueda guiarte y conducirte.

© 2014 La Fuente de la Vida

También podría gustarte