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El término espiral logarítmica se debe a Pierre Varignon.

La espiral logarítmica fue estudiada


por Descartes y Torricelli, pero la persona que le dedicó un libro fue Jakob Bernoulli, que la
llamó Spira mirabilis «la espiral maravillosa».

La Spira Mirabilis: e
‘Eadem Mutata Resurgo’—

——

Siente la magia… y el misterio en esta


maravillosa curva, capaz de hacerse concha,


número, huracán, fractal, danza, flor… y
SÍMBOLO.
La Espiral como Símbolo
De acuerdo con la semiótica,
un SÍMBOLO es la representación de una idea mediante una FORMA, a
veces geométrica, que sintetiza esa idea, ese pensamiento o ese concepto
mediante el poder de la ANALOGÍA. En nuestra cultura el SÍMBOLO
tiene la capacidad de una INTENSA EVOCACIÓN. Su fuerza radica en su
habilidad de recordarnos propiedades profundas del CONCEPTO al
hacerlas explícitas en la FORMA.

LA ESPIRAL SIMBOLIZA el crecimiento


cíclico, la autosemejanza y la infinitud en sus dos polaridades: lo
infinitamente pequeño y lo infinitamente grande. Cuando miramos una
espiral quedamos atrapados en un sueño hipnótico que nos revela que el
TODO parece condensarse y esconderse en la realidad más simple, el punto
-su polo u origen-, de donde emerge creativamente permaneciendo
SIEMPRE IGUAL A SÍ-MISMA.

La Vida, en su danza, parece decirnos lo mismo: semejante siempre a mí


misma, sin principio ni final, mutante y permanente, evoluciono y vuelvo a
resurgir siendo la misma; y lo hago mediante un ritmo cíclico, abarcando
cada vez un CAMPO DE EXPERIENCIA más y más amplio que
‘profundiza’ todo lo anterior.

Lo sea o no de la Danza de la Vida, LA ESPIRAL ES UNO DE LOS


SÍMBOLOS MÁS ANTIGUOS y se encuentra en todos los continentes,
habiendo jugado un papel fundamental en el ‘simbolismo arquetípico’ desde
su aparición en el arte megalítico.

En efecto, la espiral es una figura


geométrica cargada de significaciones simbólicas, presente en las culturas de
todas las épocas y continentes.

La espiral es y simboliza emanación, extensión, desarrollo, continuidad


cíclica pero en progreso y rotación creacional. Es un signo universal de la
temporalidad, representando la permanencia del ser a través de las
fluctuaciones del cambio.

En el SÍMBOLO ESPIRAL confluyen el arte, la naturaleza, la ciencia… y la


espiritualidad.
Y DENTRO DE LAS ESPIRALES, el principal
símbolo dinámico es una espiral equiangular, logarítmica o de crecimiento
uniforme presente en el Arte Universal como el Símbolo Dinámico
Arquetípico.

EQUIANGULAR, porque es la única curva plana que tiene la propiedad de


la equiangularidad. Como se ve en la figura, esto significa que corta todos
sus vectores de radio en un ángulo constante α. [VER]

LOGARÍTMICA, porque la característica fundamental de esta espiral es


que la expansión y la rotación tienen un vínculo geométrico o exponencial:
mientras el ángulo de giro crece en progresión aritmética, el radio
correspondiente crece en progresión geométrica. [VER]

DE CRECIMIENTO UNIFORME, porque la espiral logarítmica es la


trayectoria de un punto que se mueve con celeridad constante v0. Es decir, la
aceleración tangencial es nula en cualquier posición (la aceleración es
perpendicular a la velocidad) [VER]
Sí, la Espiral es un círculo espiritualizado. En
la forma espiral, el círculo, desenrollado, devanado, ha dejado de ser
vicioso… mostrando, así, una salida de la reincidencia. Cada nueva vuelta es
a la vez síntesis del ciclo anterior y tesis del siguiente.

Cuando el SÍMBOLO ESPIRAL añade en nuestra psique a sus dos


dimensiones temporal (rotación) y espacial (expansión) la profundidad que
hay en su ser, aparece la hélice como símbolo de la elevación espiritual y de
la multidimensionalidad de la existencia.

La hélice, como extensión


vertical de la figura espiral, señala la salida de la permanencia en un plano
y, por lo tanto, la posibilidad de experimentar todas las dimensiones de la
existencia.

La espiral hecha hélice en los pozos iniciáticos es, por lo tanto, un símbolo de
descenso-ascenso y un medio de comunicación entre los planos subterráneos,
el terrestre y los celestes, recorrido que se efectúa en cualquier iniciación y
en toda génesis (la del día, la del mes, la del año, etc.) donde se debe morir a
un estado para nacer a otro, regenerando una vez más el proceso cósmico
del que derivan los diferentes procesos y de los que participan los astros,
dioses de la tierra, y el inframundo.

La espiral manifiesta simbólicamente


un proceso arquetípico presente en toda creación, la de una energía
centrípeta y una fuerza centrífuga coexistiendo en cualquier organismo, lo
cual es también ejemplificado por las trombas, ciclones, tornados (o
deidades benéficas-maléficas de los vientos), entre multitud de otros objetos

y fenómenos.

Cuando los dos fenómenos dinámicos de rotación y expansión se unen


aparece siempre la espiral.
Sí, la espiral es el SÍMBOLO DE LA VIDA. Porque evoca, en sí, esa
fuerza, el Impulso Vital, que es causa de la extensión y del desarrollo de los
organismos. Es decir, causa de su EVOLUCIÓN. Impulso que apreciamos,
cada día, en la fecundidad de la Tierra, en los ritmos repetitivos de la Vida y
en la permanencia del Ser frente a los cambios en el crecimiento.

La Espiral en la Naturaleza

La espiral es una formación


natural frecuente en el reino vegetal. Como queda dicho, evoca la evolución
de una fuerza, de un estado. Tiene la propiedad de la ‘homotecia continua’.
Es decir, aunque crezca siempre permanece semejante a sí misma. Esto
permite, como en las conchas de los caracoles o los cuernos de los animales,
crecer por un extremo sin cambiar la forma.
En biología son frecuentes las
estructuras aproximadamente iguales a la espiral logarítmica, por ejemplo,

las telas de araña y las conchas de moluscos.


Hace millones de años, antes de la aparición de los peces, en la familia de los cefalópodos
había muchas especies de animales con concha en forma de espiral. Los amonites iban
taponando los espacios redundantes del caparazón a cada vuelta del caracol hacia la madurez.
Los amonites vivieron en el Cretácico y el Jurásico, pero todavía hoy existen moluscos del
género nautilus.

Los nautilus, como hacían los amonites,


van sellando los tabiques de las cámaras a medida que construyen otra mayor para albergar
su cuerpo que va creciendo, y ese caparazón sin bicho, lleno de gas más ligero que el agua, lo

utilizan a modo de boya para flotar.

— Si damos un corte transversal a la concha del nautilius veremos que está formada por
compartimentos separados por tabiques y comunicados por un sifón. El animal ocupa el
compartimento más externo, que es de mayor tamaño. Al ir creciendo el molusco abandona el
compartimento anterior y crea uno con la misma forma pero más grande. Su borde exterior
describe una curva que es siempre igual a sí misma.

Sí, se trata de una espiral logarítmica o


equiangular (α=81º), pero no es la espiral logarítmica áurea, la construida sobre el
rectángulo áureo (α=72.97º), ya que, como se muestra en la figura, difiere bastante de ésta.

La forma de la concha del nautilus -en rojo- se


ajusta con mucha exactitud a la espiral de Fibonacci formada con triángulos equiláteros. En
este caso, se construye una serie de triángulos equiláteros cuyos lados son los términos de la
serie de Fibonacci y se forma la espiral con arcos de las circunferencias circunscritas a los
triángulos.
El halcón se aproxima a su presa según una
espiral logarítmica, su mejor visión está en ángulo con su dirección de vuelo; este ángulo es el
mismo del grado de la espiral.

Los insectos se aproximan a la luz según una espiral logarítmica porque acostumbran

a volar con un ángulo constante a la fuente luminosa.

Normalmente el Sol es la única fuente de luz y volar de esta forma consiste prácticamente en
seguir una línea recta.
Un aspecto fascinante de las plantas es su
capacidad de producir unos hermosos diseños en espiral. Esto ha fascinado a los matemáticos,
filósofos y botánicos durante siglos, y se conoce como filotaxis, o «disposición de las hojas».
Aún más asombroso fue el descubrimiento hace mucho tiempo que las espirales se ajustan a
unas relaciones matemáticas precisas, en particular la Sucesión de Fibonacci. Esta sucesión,
que lleva el nombre del filósofo medieval que la describió, es la secuencia de números enteros
generada al añadir entre sí los dos enteros anteriores: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, etc.

Si se observa atentamente una piña, una


alcachofa, un girasol o un cactus, y se delinean las espirales, se detectan múltiples espirales
tanto en sentido horario como antihorario, en ángulos cada vez más cerrados. La cantidad de
espirales en cualquiera de dos direcciones contrarias son generalmente miembros de la
sucesión de Fibonacci. Además, el ángulo entre las hojas en un tallo y los elementos en una
espiral está generalmente cercano al «Ángulo Áureo» (137,5°), es decir, el límite de los
cocientes de los sucesivos números de Fibonacci, y se relaciona con la «Razón Áurea», el
rectángulo más grato a la vista, que se construye con cuadriláteros con los lados con
longitudes de números crecientes de Fibonacci.

En el crecimiento de las plantas, las


hojas deben disponerse, alrededor del tallo, de manera que reciban la máxima cantidad de luz
solar. Si creciesen unas encima de las otras, la hoja de arriba impediría que la luz solar llegase
a la hoja de abajo. A medida que el tallo va creciendo, cada hoja brota con un ángulo fijo
(propio de cada especie) respecto a la hoja anterior.

Curiosamente, el ángulo que maximiza la cantidad de luz solar que reciben las hojas y que
éstas no se solapen unas con otras es el ángulo de oro de 137,5º.

En la imagen de abajo, que se corresponde con la de la izquierda vista desde arriba, vemos la
distribución de las hojas alrededor de un tallo y observamos que ninguna hoja está
completamente sobre otra anterior.
Si observamos esta imagen, vemos cómo las
hojas se van añadiendo en la hélice ascendente que forman alrededor del tallo con un ángulo
de 137,5º desde la hoja anterior. El porqué el ángulo áureo produce la mejor disposición de
las hojas alrededor de un tallo está ligado al concepto de número irracional. Si un ángulo es
irracional por muchas veces que lo desplaces alrededor de un eje nunca regresará a la
posición inicial.

Pero la cuestión aún persiste: ¿cómo hacen matemáticas las plantas? Es decir, ¿cómo
resulta esto de procesos naturales al nivel molecular? La respuesta ha esquivado a los biólogos
durante décadas, y parece que ya nos vamos acercando a la

respuesta. Hojas, pétalos, flores y


semillas comienzan a brotar a partir del meristemo apical (extremo de crecimiento) en sitios
llamados primordios. Estos primordios tienden a actuar como sumideros para la auxina, la
hormona que produce el crecimiento de la plantas. Es decir, la auxina los evita
concentrándose en la superficie (L1 en la figura) Los nuevos primordios crecen efectivamente
en la zona donde las concentración de auxina es mayor. Esta zona se corresponde con la zona
cercana al centro del crecimiento y que se encuentra lo más alejada posible de los demás
primordios. Ver figura:

En resumen, como muestra la figura de arriba, surge un primordio (3), el crecimiento de la


planta lo lleva hacia fuera de la zona central de crecimiento (DILATACIÓN) a la vez que un
nuevo primordio (2) surge en la zona donde se va concentrado la auxina que evita al
primordio (3) acercándose a la zona central que se corresponde con la punta de la yema (L1) y
alejándose por ROTACIÓN del primordio (3).

Ahora la auxina se concentra en una nueva


zona que evita a los primordios anteriores (3 y 2), zona donde surge el primordio más joven
(1). Este proceso de ‘búsqueda del espacio libre con máximo empacamiento’ es el que explica
el surgimiento de los primordios según un patrón geométrico regido por el GIRO y
DILATACIÓN.

Ya lo tenemos: GIRO + DILATACIÓN = ESPIRAL LOGARÍTMICA.

La espiral como la clave de la creación y de la existencia


Como si fuesen la firma de una inteligencia
suprema estas formas espirales están inscritas a todos los niveles del espacio y el tiempo. Las
hallamos en las galaxias, en el sistema solar, en el código universal de la vida (ADN), en la
religión y en el arte de todas las culturas humanas. Pero, ¿cuál es su significado más
profundo…? ¿Cuál es el sentido último del mensaje que nos transmiten y qué relación tienen
con nuestra propia existencia como hijos de las mismas estrellas que iluminan nuestro
destino…?

La Tierra nació a partir del movimiento en


espiral de una nube de gas y polvo cósmico. Desde entonces, las espirales forman parte de
nuestro entorno cotidiano. Podemos contemplarlas en todas las escalas posibles, tanto en el
espacio como en el tiempo. La propia naturaleza eligió dicha forma para su crecimiento y
desarrollo. La forma helicoidal está presente en lo más recóndito de los seres vivos, como en la
doble hélice del ADN (ácido desoxirribonucleico) que codifica nuestra herencia.
El cuerpo humano también contiene la triple hélice del
cordón umbilical –formado por dos arterias y una vena–. Tenemos remolinos en el pelo, rizos
o tirabuzones. Las huellas dactilares, las glándulas sudoríparas y los folículos pilosos, así como
la estructura torsionada de
algunos huesos y el caracol de nuestro oído interno –una de las espirales más perfectas–
también evocan la misma forma, que asimismo observamos en las olas que culminan
enroscándose, en las conchas de los caracoles, el movimiento de los ciclones o tornados y las

curvas espirales divergentes o centrífugas de las galaxias.

Todos estos casos constituyen ejemplos de cómo la naturaleza repite una y otra vez este
motivo que nos acompaña desde que nació el sistema solar. Al fin y al cabo, éste es una espiral
que integra otra mucho mayor: el inmenso remolino de la Vía Láctea, que gira
vertiginosamente en el espacio en una danza que repite el mismo motivo espiral.

Tal vez por ello, dicha forma se convirtió desde tiempos remotos en uno de los símbolos más
universales de la Humanidad y la encontramos en todas las civilizaciones como un leitmotiv
omnipresente.
En las culturas precolombinas, el dios de la lluvia,
Tlaloc, era representado saliendo de la boca de un caracol gigante, y Quetzalcóatl estaba
estrechamente relacionado con caracoles marinos. Para los mayas, el solsticio de invierno era
el momento cero en su cosmología y la espiral simbolizaba ese origen. La Venus de Milo fue
representada girando sobre sí misma en movimiento ascendente, con su parte superior
desnuda y la inferior cubierta, como si estuviese abandonando el ropaje de la materia en su
ascenso en espiral.

El caduceo hermético, con el doble enroscamiento de las


serpientes, reproduce la misma forma que el doble movimiento de los Nâdi, unos canales
situados a ambos lados de la columna vertebral que ciertas prácticas yóguicas ponen en
movimiento a fin de lograr el despertar de la Kundalini, para que ésta ascienda hasta el
chakra (vórtice energético) situado en la cabeza. Todas estas configuraciones serpentinas
reiteran idéntico leitmotiv.

El antiquísimo símbolo del Yin y Yang, es también una forma de espiral que carece de
principio y fin. Todo se expande y multiplica, dando origen a la dualidad, para regresar de
nuevo a la divinidad, una vez finalizado el proceso. En el Hinduísmo, la doble espiral
representa la evolución, partiendo de su centro, y la involución, regresando al mismo. Es el
Kalpa y el Pralaya, nacimiento y muerte. Para numerosos pueblos africanos, esta forma
simboliza la dinámica de la vida y la expansión de los seres dentro de lo manifestado. Entre los
Dogón, representa la semilla de Amma; es decir, el verbo o palabra de Dios. Este concepto se
expresa mediante una espiral de cobre rojo que da tres vueltas en torno a una vasija de barro.
Entre los germanos, el mismo signo rodeaba el ojo de un caballo unido a un carro solar, que
representaban la fuente de toda luz.
LA ESPIRAL MARAVILLOSA, ¿cuál es la magia de su embriagadora danza…? ¿Por qué
seduce tanto su forma…? ¿Qué misterios de nuestra existencia desvela…?

Historia

El origen del estudio de esta espiral tiene que


ver con la navegación. A lo largo de los siglos XVI y XVII miles de barcos surcan los océanos.
Los navegantes sabían que sobre la superficie terrestre la distancia más corta entre dos
puntos es un arco de círculo máximo. Pero para seguir un rumbo que encaje con este arco es
necesario realizar continuos cambios de rumbo. Por ello sustituían este rumbo óptimo por
otro en el que el ángulo que formaba la trayectoria del barco con todos los meridianos que
atravesaba era constante. Así, el rumbo se mantenía constante.

Los rumbos de este tipo dibujan en la esfera terrestre una curva llamada loxodrómica. Pero
los navegantes no trabajaban sobre una esfera, sus mapas eran planos, proyecciones de la
esfera. La proyección de la esfera sobre un plano convierte a la loxodrómica en una espiral
equiangular: una curva creciente con una propiedad similar a la de la circunferencia, que la
tangente en cada punto corte el radio vector siempre con el mismo ángulo.
El ángulo es proporcional al logaritmo del
radio. Se construye trazando sucesivos triángulos rectángulos semejantes, de tal forma que la
hipotenusa de uno es un cateto del siguiente; y uniendo los vértices consecutivos (Esto la
emparenta con el CRECIMIENTO GNOMÓNICO u homotético) Así:

Mientras el ángulo de giro crece en progresión


aritmética –sumando siempre la misma cantidad-, el radio correspondiente crece en
progresión geométrica –
multiplicando siempre el radio anterior por un mismo número-.
Una espiral logarítmica, espiral
equiangular o espiral de crecimiento uniforme es una clase de curva espiral que aparece
frecuentemente en la naturaleza. Su nombre proviene de la expresión de una de sus
ecuaciones: θ = log(r/a) Matemáticamente, incluyéndola en la categoría de curvas mecánicas,
es decir aquellas cuya ecuación no es un polinomio, fue descrita por primera vez por
Descartes.
El nombre de spira mirabilis (espiral maravillosa) se lo debemos a Jacob Bernouilli
(matemático suizo del siglo XVII), que la estudió en profundidad quedando cautivado por esta
espiral hasta el punto de dejar escrito en su testamento que en su lápida debería figurar una
espiral logarítmica con la inscripción “eadem mutata resurgo” (“Mutante y permanente,
vuelvo a resurgir siendo el mismo”) para su tumba; pero contrariamente a su deseo de que
fuese tallada una espiral logarítmica (constante en el crecimiento de

su radio), la espiral que tallaron


los maestros canteros en su tumba fue una espiral de Arquímedes (constante en la diferencia
de los radios). La espiral logarítmica se distingue de la espiral de Arquímedespor el hecho de
que las distancias entre su brazos se incrementan en progresión geométrica, mientras que en
una espiral de Arquímedes estas distancias son constantes.

Jakob Bernoulli escribió que la espiral logarítmica puede ser utilizada como un símbolo, bien
de fortaleza y constancia en la adversidad, o bien como símbolo del cuerpo humano, el cual,
después de todos los cambios y mutaciones, incluso después de la muerte, será restaurado a su
Ser perfecto y exacto.
La espiral logarítmica posee la notable
propiedad de crecer de una manera terminal, sin modificar la forma de la figura total y ser así
permanente en su forma a pesar del crecimiento asimétrico. En este caso, según nos vamos
alejando del centro, la espiral se va haciendo cada vez más ancha. Y este aumento se produce
de una manera continua y uniforme. Su borde exterior describe una curva que es siempre
igual a sí misma. La separación de las espiras aumenta al crecer el ángulo, es decir, el radio
vector crece de forma exponencial respecto del ángulo de giro. Por eso también recibe el
nombre de espiral geométrica.

Eadem Mutata Resurgo

Jacob Bernouilli descubrió varias


propiedades de esta curva que les pasaron desapercibidas a Descartes y Torricelli, entre ellas
el hecho de que la espiral logarítmica es la única curva que verifica que su evoluta, su
involuta, su caústica, su podaria, etc., son, a su vez, una espiral logarítmica. Por ello “eadem
mutata resurgo” significa que aunque me cambien, es decir, si trazan mi evoluta, mi involuta,
mi cáustica de reflexión o de refracción… siempre volveré a aparecer semejante a mí misma.
La autosemejanza relaciona directamente esta espiral con los objetos fractales.
La propia construcción de esta espiral nos sugiere el motivo de su abundante presencia como
forma que rige el crecimiento de numerosos organismos vivos. Las dos ideas que inspiran este
crecimiento son las de rotación más dilatación: el crecimiento aditivo autosemejante con
enrollamiento.
En efecto, cuando los fenómenos
de rotación y expansión se unen, dan lugar a una espiral, que es una curva que surge a partir
de un punto que gira y que al mismo tiempo se aleja del punto de origen.

Fórmula

La Ecuación en coordenadas polares (r,θ) es:

r = abθ

o también: θ=logb(r/a)

de aquí el nombre logarítmica.

La ecuación en forma paramétrica es:


x(θ)=abθcos(θ)

y(θ)=abθsin(θ)

con números reales positivos a y b. a es un factor de escala que determina el tamaño de la


espiral, mientras b controla cuan fuerte y en que dirección está enrollada. Para |b| >1 la
espiral se expande con un incremento θ, y para |b|

En geometría diferencial, la espiral puede definirse como


una curva c(t) con un ángulo constante α entre el radio y el vector tangente

Si α = 0 la espiral logarítmica degenera en una línea recta.

Si α = ± π / 2 la espiral logarítmica degenera en una circunferencia.

Cualquier línea recta al origen cortará a la espiral logarítmica con el mismo ángulo α, que
puede calcularse (en radianes) como arctan(1/ln(b)).
El grado de la espiral es el
ángulo (constante) que la espiral posee con circunferencias centradas en el origen. Puede
calcularse como arctan(ln(b)). Una espiral logarítmica de grado 0 (b = 1) es una
circunferencia; el caso límite es una espiral logarítmica de grado 90 (b = 0 o b = ∞) es una
línea recta desde el origen.

Comenzando en un punto P y moviéndose hacia


dentro, a lo largo de la espiral, hay que rodear el origen infinitas veces antes de alcanzarlo; sin
embargo, la distancia total de este camino es finita. El primero en darse cuenta de esto
fue Torricelli incluso antes de que se ideara el cálculo infinitesimal. La distancia total
es r/cos(α), donde r es la distancia en línea recta desde P al origen.

La demostración está en el enlace del gif.


Se pueden construir espirales logarítmicas de grado 17,03239 utilizando la sucesión de
Fibonacci o la proporción áurea. La espiral construida utilizando rectángulos con
la proporción áurea resulta ser una buena aproximación a la espiral logarítmica.

También podemos trazar la espiral a través de un


transcurso de aproximaciones sucesivas. En este caso comenzamos con una agrupación de
rayos separados por un ángulo constante, luego elegimos un punto sobre uno de los rayos que
sea lo suficientemente cercano al centro y allí trazamos una línea perpendicular al rayo que
pase por el punto que hemos elegido ,tal como se muestra en la siguiente figura:

De esta forma tendremos determinado un punto sobre el rayo continuo en el sentido horario.
Entonces nuevamente trazamos la perpendicular al rayo adyacente por el punto que
acabamos de hallar y encontrando un tercer punto sobre el siguiente rayo en este caso.
Continuando con este proceso tendremos como resultadouna figura semejante a la espiral.

Véase el ejemplo de la figura adjunta.

El número e

La espiral logarítmica está generada por el número e, la constante de Euler, desde una
fórmula abierta que crece exponencialmente hacia el infinito en progresión geométrica.

Al número e también se le conoce como Número de Euler o Constante de Napier.

Precisamente éste último nombre se debe a la primera referencia a la existencia de esta


constante que hay registrada. En 1618 John Napier introdujo el número e en unas tablas
referenciadas en el apéndice de un estudio sobre los logaritmos. Pero en estas tablas, no daba
un valor concreto para el número e, sino que simplemente daba una lista de logaritmos
naturales calculados a partir de esta nueva constante.

Unos años más tarde, Jacob Bernoulli estudió el problema del interés compuesto. En él hacía
cálculos sobre los beneficios de una cantidad de dinero con un interés anual del 100%
dependiendo de los periodos en los que se pague a lo largo de un año. Elevando el número de
periodos al límite, terminó hallando una ecuación que sin que el propio Bernoulli fuera
consciente definió por primera vez el valor de la constante matemática e.

Para encontrar el primer uso del número e, así como el primer cálculo de los primeros
decimales nos tenemos que trasladar al ‘reinado matemático’ de Leonhard Euler. Euler se
refirió por primera vez a la constante en 1727, y la mencionó con la letra e por primera vez en
la publicación Mechanica de 1737. También fue el primero en definir una serie para facilitar
un cálculo mediante fracciones continuas, y hallar de hecho los primeros 18 decimales del
número e.

Con el paso de los años, aparecieron muchos otros métodos de cálculo para el número e, así
como nuevas definiciones aprovechando la evolución del cálculo matemático. Todo esto
permitió que el número de decimales conocidos del número e fuera en aumento, siendo
William Shanks el primero en llegar a las 200 cifras en 1871, gracias otra de las definiciones
del número e hecha por Euler mediante la suma infinita del inverso de factoriales, que
permite con tan sólo los 25 primeros términos de la suma hallar los primeros 22 decimales.

Al igual que en el caso del número pi, la llegada de la era computacional, ha hecho que el
cálculo de los decimales de e se haya convertido en toda una obsesión, siendo el record actual
el conseguido por Alexander J. Yee el pasado febrero con 500.000 millones de decimales.

En 1873, Charles Hermite (1822-1905) logró demostrar que e es trascendente, a dicho logro
llegó usando un polinomio, conseguido con ayuda de fracciones continuas, empleadas,
anteriormente, por Lambert. David Hilbert — también Karl Weierstrass y otros —
propusieron, posteriomente, variantes y modificaciones de las primeras demostraciones.

Definición del número e


El área entre el eje x y la gráfica y = 1/x, entre x = 1 y x = e es 1.

La definición más común de e es


como el valor límite de la serie

que se expande como

e=1/0!+1/1!+1/2!+1/3!+⋯

Otra definición habitual dada a través del cálculo integral es como solución de la
ecuación: ln(x)=1

que implica ∫dt/t=1 (entre 1 y x)

es decir que se define e como el número para el que ln(e)=1

o lo que es lo mismo, el número para el que ∫dt/t=1 (entre 1 y e)

La función exponencial f(x) = e^x es su propia derivada y su valor es 1 para x=0, y por lo
tanto su propia primitiva también: de^x/dx=e^x

y e^x=∫e^t dt
Además, e es el límite de la sucesión de término general: (1+1/n)^n

Primero, la propiedad se puede generalizar a una variable real, pasando del límite de una
sucesión al de una función: e=lim(x→∞)(1+1/x)^x

En ambos casos, e presenta regularidades no fortuitas.

El número real e es irracional, y también trascendental (ver Teorema de Lindemann–


Weierstrass). Fue el primer número trascendental que fue probado como tal, sin haber sido
construido específicamente para tal propósito (comparar con el número de Liouville). La
demostración de esto fue dada por Charles Hermite en 1873. Se cree que e además es
un número normal.

El número e presenta en la fórmula de Euler un papel importante relacionado con


los números complejos:

El caso especial con x = π es conocido como identidad de Euler

de lo que se deduce que:

Es decir, existe el logaritmo de números negativos, ¡en el campo de los números complejos!,
claro. Además:
que es la fórmula de De Moivre.

La Espiral de Teodoro de Cirene

Utilizando el teorema de Pitágoras podemos representar las raíces de los números


naturales, formando una espiral conocida como “Espiral de Teodoro”

Uno de los catetos de cada uno de los triángulos rectángulos consecutivos que forman la
espiral, mide la unidad, el otro es √n y la hipotenusa es √(n+1)
La distancia entre dos «vueltas» de la espiral tiende a π; es su propiedad más conocida. Si
además se numeran las intersecciones y se colorean las posiciones que ocupan los números
primos, uniéndolas con trazos, surgen esos curiosos patrones.

0801.1441 (ver artículo)

Teodoro de Cirene (actualmente Shahhat en Libia) vivió en el siglo IV aC .

Fue maestro de Platón. Según su discípulo, fue el primero en demostrar que las raíces
cuadradas de los nº naturales (no cuadrados) desde el 3 al 17, son números irracionales.

La Espiral de Durero

La Espiral de Durero o Espiral Áurea es una curva que surge de dibujar arcos de
circunferencia en el interior de los sucesivos cuadrados que se obtienen al construir sucesivos
rectángulos áureos. Fue Alberto Durero quien la descubre y la estudia.
No es una espiral puramente logarítmica
(Spira Mirabilis), pero apunta a ella.

En la figura adjunta se aprecia la mínima diferencia entre la espiral de Durero (en rojo) y
la espiral logarítmica áurea (en verde).

Siendo tan parecida a la espiral logarítmica áurea, no es de extrañar su relación con la


sucesión de Fibonacci, tal como se aprecia en las figuras de abajo. Esto explicaría su relación
con Φ, con la Belleza y con la Armonía.
Espiral celta

Simbolizaba la creación y el giro constante de las estrellas en el cielo de la noche. Las

estaciones cambiaban y retornaban cada año como puntos de


una rueda gigante, y las estrellas de los cielos parecían rodar arriba, girando en un eje que era
el de la Estrella del Norte. En efecto, los celtas creían que la Estrella del Norte era la
localización del cielo, y el movimiento, evidente, de las estrellas alrededor de este eje, formaba
una trayectoria espiral, o escalera, en la cual las almas ascendían hacia su vida futura.

El continuo y expandente movimiento de la espiral también simbolizaba la siempre


expandible naturaleza de la sabiduría y el conocimiento

La espiral en la simbología druida

El elemento más definitorio y más potente de una espiritualidad son los símbolos que la
definen. Toda la ideología, toda la esencia de una religión, de una espiritualidad debe quedar
reflejada en el símbolo o símbolos que la definen. Cuando nos adentramos profundamente
dentro del mundo espiritual nos encontramos con estos elementos que representan de manera
invariable tanto a la propia espiritualidad como a aquellos conceptos que representa dicha
filosofía.
Un símbolo se define como la imagen o figura con que
materialmente o de palabra se representa una idea, concepto o sentimiento. Eso sí, todo
símbolo necesita de una interpretación y sin ella, el símbolo pierde su significado.

Un símbolo es una representación de un concepto o idea que es perceptible por medio de al


menos uno de los sentidos.

Del latín simbolum, y éste del griego síµßolon, el símbolo es la forma de exteriorizar un
pensamiento o idea más o menos abstracta, así como el signo o medio de expresión al que se
atribuye un significado convencional y en cuya génesis se encuentra la semejanza, real o
imaginada, con lo significado. Afirmaba Aristóteles que no se piensa sin imágenes, a lo que
podríamos añadir que tampoco sin el símbolo que es su sustituto.

En cuanto al símbolo dentro de la


espiritualidad, en las formas exteriores de las religiones semíticas como la asiria y fenicia, en
la hindú y en las indoeuropeas, como la greco-latina, impera el símbolo pues en ellas se dio la
representación de los fenómenos de la naturaleza personificados en seres mitológicos que
terminaron por encarnar los valores morales de la sociedad.

En el “Diccionario de Símbolos” podemos leer: “El símbolo, por lo tanto, no sólo representa,
sino que, en cierto, modo exige una cierta realización y deviene en el centro sobre el que
gravita la actividad intelectual que él mismo desencadena. Por valernos de un ejemplo, unas
alas estampadas sobre el uniforme de un aviador serán tan sólo un signo; en cambio, esas
mismas alas, en el talón de mercurio, constituyen el símbolo del viajero nocturno, del anhelo
del viaje. Con el signo, en suma, nos desenvolvemos en un terreno firme, continuo e
inequívoco, mientras que con el símbolo nos adentramos en una ruptura del plano, en una
discontinuidad que nos sitúa en una dimensión preñada de recovecos.”

También añade lo siguiente en esta introducción al concepto


de símbolo: “Buceando en la historia del símbolo, constatamos que todo objeto puede
revestirse de cierto valor simbólico, ya se trate de un objeto natural (piedras, metales, frutos,
animales, ríos y océanos, todos ellos símbolos figurativos) o abstracto (formas geométricas,
conceptos, números)”.

El uso de símbolos nos permite adentrarnos en la parte más recóndita de nuestro


subconsciente, nos ayuda a navegar a través de los conceptos arquetípicos para conocer más
sobre nuestros propios pensamientos.
Uno de los psiquiatras que más han indagado en
este aspecto de los arquetipos, que no son más que la esencia, el modelo original de algo, de
una idea o arte, ha sido Jung, que comenta respecto al símbolo: “El Símbolo no es ni una
alegoría ni un simple signo, sino más bien una imagen para designar lo mejor posible la
oscura naturaleza, apenas sospechada del espíritu (es decir, lo consciente y lo inconsciente),
una imagen que concentra las producciones religiosas, éticas y estéticas del hombre y que
confiere vivacidad y dinamismo a las actividades intelectuales, imaginativas y emotivas del
individuo, por cuanto supone a la naturaleza biológica y mantiene en constante tensión los
contrarios que se hayan en la base de nuestra vida psíquica”.

Para aclarar el concepto indica Jung que “el símbolo no explica, sino que se proyecta más allá
de sí mismo, hacia un sentido aún en el más allá, inasible, apenas presentido que ninguna
palabra de la lengua que hablamos podría expresar de forma satisfactoria”.

Bajo estas premisas intentamos descifrar lo


que los antiguos druidas nos trasmitían. De esta manera, a través de los símbolos podemos
acercarnos a las enseñanzas de nuestros ancestros de tradición y ver el uso y significado de los
distintivos de su espiritualidad, que es la nuestra.

Hay conceptos e ideas inherentes e inseparables de la definición de druidismo y si nos


atenemos al sistema trinario druídico, podemos definir precisamente tres símbolos que
definen al druidismo. Estos son, enumerados del más simple al más complejo, la Espiral, el
Laberinto y el Triskel. Estos tres símbolos, tanto por separado como en un estudio conjunto
de ellos, nos muestra este camino druídico, este triple camino definido por sus respectivos
conceptos.

El triple camino druídico, el camino de ascensión celta


viene dado por estos elementos: Naturaleza, Verdad y Conocimiento. A través de estas tres
nociones podemos acercarnos al corazón del camino druídico hacia la Ascensión, hacia la
Awen. Y a cada uno de estos conceptos se le puede asignar, y le define, uno de los símbolos
mencionados anteriormente. Así pues, podemos relacionar a la Naturaleza con la Espiral, el
Laberinto con la Verdad y el Conocimiento con la triple espiral, con el Triskel.

La Naturaleza es la Gran Maestra del Druida, su mayor fuente de conocimiento. Se dice


que para saber si algo es adecuado o no, los maestros druidas decían que se observara en la
naturaleza y si se daba en ella, si la naturaleza mostraba ese aspecto bajo alguna de sus
formas, es que ese concepto era bueno, esa idea era correcta. La naturaleza es venerada y
preservada por los druidas y a ella acuden como fuente de inspiración.
Y la naturaleza es una espiral. Desde lo más
grande que conoce el ser humano, las galaxias, al más pequeño elemento definitorio de la vida,
la espiral se hace presente en forma y presencia. La elipse de la tierra y del resto de los
planetas alrededor del sol es una espiral. El ADN es una doble espiral. Y de nuevo se hace
realidad la máxima de: cómo es arriba, es abajo. Macrocosmos y microcosmos. El universo y
el ser humano.

El druidismo nos invita a conocer la naturaleza y a través de su estudio, a nuestro


conocimiento interno, a una comprensión de nuestro yo más íntimo y por lo tanto de nuestra
conciencia.

Y es a través de la espiral como un druida se acerca a la naturaleza y a través de esta


naturaleza a la misma esencia del Todo, del Increado. Y es por esta razón por la que una de
las formas que el druidismo tiene de representar a la Fuente de Todo es precisamente con una
espiral.
Pero la vida, la existencia del hombre en el
universo no es algo tan simple como una espiral. Se retuerce y se complica hasta formar el
siguiente símbolo de nuestro estudio: el Laberinto. El Laberinto es la complicación de la
espiral. Antiguamente se creía que el Laberinto era la representación del camino hacia la
divinidad, que se hallaría en su centro en el modelo neoplatónico que asemeja la vida de los
hombres como un retorno al centro de este laberinto, que no sería sino el regreso al Todo.

El laberinto es un símbolo poderoso, utilizado por muchas culturas. Desde oriente, en


donde se usaba como protección y distracción frente a los malos espíritus, hasta el norte de
Europa, en Escandinavia, donde se utilizaba en rituales paganos. Cuando un druida se acerca
al concepto de verdad recorre un laberinto. Cuando un druida vive, recorre un laberinto.

Es a través de la Verdad como un druida se acerca a la


Naturaleza, lejano de artificios, lejano de apariencias. Es a través de la verdad como un
druida intenta desentrañar el Laberinto de la Vida. Camina a través de los senderos en espiral
del laberinto, alejándose en ocasiones del centro, acercándose en otras ocasiones, observando
en definitiva el centro, o la Verdad, o en definitiva el Todo, desde todos los puntos de vista
posibles, sin prejuzgar, sabiendo que en cada vuelta del laberinto la visión de ese centro, de
esa Verdad puede ser diferente y sin ninguna duda, lo recorre sabiendo de antemano que el
camino emprendido puede ser el erróneo y puede haber transitado por un sendero inane o por
caminos que no comprende.

Pero eso no impide que un druida siga


caminando por la Espiral Laberíntica. Y eso nos lleva a la sublimación de la espiral. La triple
espiral o Triskel. Porque para un druida no existe una realidad en su existencia, sino tres: el
mundo físico, el mundo psíquico y el espiritual. Así pues, un druida sabe que para llegar al
centro de ese Laberinto, para recorrer la Espiral, no solo debe recorrer una única espiral sino
que debe seguir el camino marcado por el Triskel y adentrarse en el conocimiento completo.
La comprensión es el arma que utiliza un druida para avanzar a través del Laberinto vital.

El druida hace suyo el triskel como símbolo final de su espiritualidad.

Este es el reto al que se enfrenta el druida: el discernimiento


del mundo y por tanto en el conocimiento de sí mismo. Es dicho conocimiento el motor y el
objetivo del druida. Sólo recorriendo esta espiral y haciéndolo de manera triple, desde una
concepción holística de la existencia y a través del triskillion, de la triple espiral, es como el
druida llega al centro del Laberinto, como recorre la espiral.

Y así, invierte el viaje y desde el conocimiento accede a la verdad y a través de la verdad es


como llega a la unión con la Naturaleza y por lo tanto como se hace uno con la Awen, la fusión
con el Todo.

La Escala de Jacob

Se trata de la escalera que aparece en el


célebre sueño de Jacob, relatado en el capítulo 28 del Génesis: “una escalinata que estaba
apoyada sobre la tierra y cuyo extremo superior tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban
ángeles de Dios” (Gén 28, 12). Al despertar, Jacob pronuncia estas palabras: “¡Qué temible es
este lugar! Es nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo” (Gén 28, 17).

En el simbolismo tradicional de las diferentes Escuelas de los Misterios, La Escala de Jacob


representa un camino de ascenso-descenso por los Planos de la Realidad. Y los ángeles, o seres
divinos, que suben y bajan por sus peldaños, simbolizan los distintos estadíos o Grados en la
Evolución de la Consciencia Humana.
Maravillosamente recreada en los pozos
iniciativos de los jardines de la Quinta de Regaleira en Sintra (Portugal), de quince en quince
escalones y en forma de espiral, se descienden nueve plataformas que nos hacen bajar al
abismo o subir al cielo. Las nueve plataformas son una referencia a los nueve círculos del
Infierno, las nueve secciones del Purgatorio y los nueve cielos del Paraíso de la Divina
Comedia de Dante. En el fondo está la Cruz de los Templarios grabada en mármol rosa sobre
una rosa de los vientos, que era el indicativo de la Orden Rosacruz.

La Pentaflor

Dos familias de curvas se dice que son ortogonales cuando en un punto común en el que
coincida una curva de cada familia, las tangentes forman ángulos rectos. Las familias
de espirales logarítmicas

y
o sea, las levógiras y las dextrógiras, forman haces de curvas ortogonales, que no sólo es un
motivo ornamental muy utilizado, sino que es también una pauta de crecimiento para algunos
tipos de flores.

La Geometría Sagrada es un concepto planteado por el esoterismo y el gnosticismo. La


creencia básica es que existen ciertas relaciones entre la geometría matemática y diversos
conceptos místicos.
La Pentaflor es la imagen de poder más acabada de la Geometría Sagrada. Refleja la vista
superior de la molécula dodecaédrica del ADN y es una imagen que nos sirve para generar un
punto de implosión y ordenar la energía, las ondas y la materia de manera armónica.

La Pentaflor es una bella fusión del Pentagra,


la Espiral Áurea, la Autosemejanza y el Infinito. Es un símbolo construido con diez
espirales de proporción áurea ordenadas sobre un pentágono, de las cuales cinco giran hacia
la derecha y cinco a la izquierda, creando una imagen de poder que hace referencia a la
energía femenina de la creación (el Pentáculo)

Su base matemática, como se ha visto en apartados anteriores, es el crecimiento homotético y


la secuencia numérica de Fibonacci o la secuencia de la vida.

Epílogo
Siente la magia… y el misterio en esta
maravillosa curva (SPIRA MIRABILIS), capaz de hacerse concha, número, huracán, fractal,
flor… y SÍMBOLO.

Si has llegado hasta aquí, párate, serénate, relájate, respira… y SONRÍE. No pienses…
¡SIENTE!

MIRA, VE y RECONOCE.

Quede esto así, escrito para

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