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VISIONES DE LA HISTORIA.

La primera noción de una historia universal que se conoce es la de Daniel, en


la Biblia, al interpretar un sueño del rey Nabucodonosor. El se refiere en realidad al
porvenir, pero es primera vez que se concibe a la historia como una sucesión de
épocas que de uno u otro modo afectan a todos los hombres. “Es la más temprana
expresión conocida de una visión universal de la historia”.

Visiones teológicas de la historia.


 San Agustín de Hipona (354-430). Su visión de la historia es agonal. Escribió De
civitate Dei, en respuesta a los paganos, que acusaban a los cristianos por la caída de
Roma. Hizo una Teología de la historia, sobre la base de la razón y de la revelación
cristiana. Plantea la existencia de dos ciudades: la celestial y la terrena, que están
entremezcladas. Dos ciudades (sociedades), una de buenos y una de malos,
constituidas ambas por hombres y ángeles.
- Ciudad terrena: amor a sí mismos hasta el desprecio de Dios.
- Ciudad celestial: amor a Dios hasta el desprecio de sí mismos.
Una es la sociedad de piadosos, la otra de impíos. Ciudad celestial peregrina en la
tierra. En cada ciudad andan futuros miembros de la otra, todos mezclados hasta que
los separe el juicio final.
Distinguió seis etapas históricas, caracterizadas por personajes o
acontecimientos bíblicos:
1. De Adán a Noé.
2. De Noé a Abraham.
3. De Abraham a David.
4. De David hasta el exilio de los judíos en Babilonia.
5. Desde el exilio hasta el nacimiento de Jesús.
6. Desde Jesús hasta el fin de los tiempos.
Cada etapa es una edad: infancia, niñez, juventud, estado adulto, madurez y
vejez. Dos imperios representan para él la historia terrestre: el asirio (Este) y los
romanos (Oeste). Refuta la visión clásica (griega) de la historia como un ciclo
perpetuo sin principio ni fin: su argumento es la encarnación, un hecho único e
irrepetible que no es compatible con la idea de ciclo.
 Joaquín de Fiore (1130-1202). Visión simbólica y progresiva de la historia. Es
contrapuesto a San Agustín. Fundador de monasterio, vivió la época de la formación
de Europa. Sus ideas fueron precursoras de la modernidad. Se propone desentrañar el
cursus temporis, vale decir, la secuencia de los tiempos desde el principio hasta el
fin. Establece correlación entre las escrituras y la historia. Interpreta históricamente
la revelación divina. Llega a la conclusión de que el cursus temporis sigue una línea
ascendente.
Propone tres edades, que no sólo se suceden cronológicamente, sino que es
una escala ascendente o de perfeccionamiento. Cada edad tiene su curso propio;
initium (comienzo), fructificatio (plenitud) y consumatio (extinción u ocaso). Las
épocas se superponen.
1. Del Padre. Desde Adán a Cristo. Prevalece el orden del matrimonio. Abraham es el
dux o prototipo de esta edad. Se caracteriza por el predominio de la ley.
2. Del Hijo. Desde el rey Oseas a ¿?. El prototipo o dux es Cristo. Prevalece el orden
de los clérigos. Se caracteriza por el predominio de la gracia.
3. Del Espíritu Santo. Comenzó con San Benito y durará hasta el fin del mundo.
Prevalece el orden de los monjes. No se sabe aún quién será el prototipo.
Predominio de una gracia más perfecta.
Aunque De Fiore no lo dice, concibe la historia como un progreso. La edad futura será
mejor, y por lo tanto el mundo actual sólo vale porque colabora a su advenimiento.
Esta actitud mental, que gira a cuenta del futuro, es la raíz del racionalismo y su
creencia en el progreso indefinido. En su opinión, era posible el reino de Dios en la
Tierra.

Visiones filosóficas de la historia.


 Jacobo Bossuet (1627-1704). Vivió en el siglo de Luis XIV. Fue encargado de la
educación del delfín, y para él preparó el Discurso sobre la historia universal.
Compara la trayectoria de los pueblos con la de la religión. Dice que los hombres son
señores de sus actos, pero no de las circunstancias o consecuencias de ellos, a través
de las cuales la Divina Providencia rige la historia. Se trata de la primera filosofía de
la historia “moderna” en su estructura y enfoque: atención a los sucesos mismos para
fundamentar en ellos las conclusiones.
“Las historias particulares representan la trayectoria de las cosas que han
ocurrido a un pueblo en todo su detalle, pero para entenderlo todo, es preciso
conocer la relación que cada historia puede tener con las otras”, dice. Los imperios se
suceden, pero la Iglesia se mantiene inalterada. Dios es el que guía la historia.
 Juan Bautista Vico (1668-1743). Propone una ciencia nueva para la historia.
Rescata las humanidades cuando lo que estaba en boga eran las ciencias exactas.
Construye su sistema sobre la base de la observación de los hechos, y la suya es la
primera explicación propiamente histórica de la historia universal. Busca las leyes
propias del mundo de la historia (construido por los hombres). Considera a las
naciones como sujetos de la historia.
Las naciones tienen un ciclo (etapas divina, heroica y humana), que se repite
indefinidamente. Parte con la superación del estado bestial a través de la invención
de una religión. Cada época presenta un lenguaje, una política y un derecho que le
son propios.

Etapa Lenguaje Gobierno Gobierno


Divina Primitivo Teocrático Divino
Heroica Metafórico Aristocrático Simbólico
Humana Convencional Republica/Monarquía Equitativo
Vico fue el primero en hacer notar la conexión entre las distintas formas
culturales de cada época. Anticipó los posteriores sistemas racionalistas de la historia
universal. Definió su nueva ciencia como una “teología civil razonada de la
providencia divina en la historia”.

Visiones racionalistas.
 El racionalismo. Central entre mediados del siglo XVIII y mediados del XX. Apogeo
con los grandes sistemas de pensamiento racionalista del siglo XIX: el idealismo
dialéctico de Hegel, el positivismo sociológico de Comte y el materialismo dialéctico
de Marx.
El racionalismo es ante todo una actitud mental, una nueva postura frente a la
realidad. Búsqueda de la certeza, de un saber seguro, al margen de la revelación. Se
trató de una conmoción intelectual, que puso en cuestión la autoridad de griegos y
latinos. También conmoción religiosa, originada por el protestantismo. Otro pilar
cuestionado: la revelación.
Surge la búsqueda de nuevos criterios de certeza, por el método (camino) para
adquirir conocimientos seguros: qué se puede demostrar sobre las cosas. Entre los
pensadores que contribuyeron a forjar este tipo de raciocinio están Hugo Grocio
(1583-1645) y Renato Descartes (1595-1650). Grocio plantea la existencia de un
derecho natural racionalista. En la filosofía Descartes introdujo una disociación entre
espíritu y materia, lo que fue clave para el pensamiento racionalista.
El criterio de certeza es no admitir otros conocimientos que los adquiridos por
la razón, que ella misma está en condiciones de comprobar, por la vía experimental o
la especulativa. El dualismo cartesiano fue luego reducido sólo a idea, por algunos, o
sólo a materia, por otros. Uno de ellos fue Tomás Hobbes (1588-1679), fundador del
positivismo jurídico. Niega el derecho natural. Para el racionalismo sólo es real lo
concebible por la razón humana.
En el fondo, la razón humana pasó a convertirse en medida de la realidad, y no
limitada por ella. El racionalismo sostiene que lo propio del hombre, como sujeto
racional, es aplicar su razón a hacer realidad un mundo ideal, más perfecto y más
justo, diseñado por su razón.
La física y las ciencias de la naturaleza fueron las que recibieron mayor
impulso en esta época: responden al nuevo criterio de certeza. En consecuencia, se
vive un auge de las ciencias exactas y una declinación de las ciencias sagradas. Las
humanidades se acercan también a las ciencias exactas.
En el área política, surge la idea del pacto o contrato social: la sociedad es un
colectivo de individuos que se ponen de acuerdo a través de un contrato. El
pensamiento ilustrado culmina con la creencia en el progreso indefinido de la
humanidad por obra de la razón (Turgot y Condorcet). La eliminación de todo derecho
anterior y superior a la razón (fundado en la revelación o la tradición, como hasta ese
entonces) termina por cobrar un precio: se sacrifica a los hombres concretos en
nombre de uno abstracto.
El racionalismo llega a su apogeo con los grandes sistemas de pensamiento
racionalista del siglo XIX.
 Hegel (1770-1831). Idealismo dialéctico absoluto. Todo lo real se reduce a
diversas formas de una única idea: el espíritu absoluto, que está en perpetuo
despliegue dialéctico. Tesis, antítesis y síntesis forman lo que Hegel llama una
Aufheben. La tesis es una afirmación, la antítesis es negación y la síntesis cancela,
completa, incluye y supera lo anterior. Hegel dice que todo es idea, y que lo que se
capta por los sentidos es solo apariencia.
“Si los hechos no están de acuerdo con la teoría, tanto peor para los hechos”.
En opinión de Hegel, la historia es el despliegue dialéctico de la idea de
Estado. La tesis son las monarquías orientales (Persia, Egipto, Babilonia), donde sólo
uno es libre: el monarca. La antítesis es la ciudad-Estado de Grecia, donde hay
algunos que son libres: los ciudadanos. La síntesis es la monarquía cristiana, donde
todos son libres. Hegel dice que en cada etapa hay algo así como una ciudad símbolo,
que los demás siguen e imitan. La idea de modelo que se imita es acertada: se ha
visto que es así.
 Augusto Comte (1798-1857). Positivismo sociológico. Le tocó vivir las
consecuencias de la Revolución Francesa, de manera que no está tan conforme con su
época como Hegel. Sostuvo que la historia de la humanidad sigue un curso progresivo
(idea típica de la ilustración).
También divide la historia (estadios, dice él). El primer estadio es el teológico,
en que la religión aparece como una manera de enfrentar el entorno amenazante.
Ciencia dominante: la teología. Clase dominante: los sacerdotes. El segundo estadio
es el metafísico, en el que el hombre busca las causas de las cosas: no ya
explicaciones religiosas, sino filosóficas. Obviamente, predomina la filosofía. El tercer
estadio es el positivo, en que el hombre ya no se pregunta el por qué de las cosas,
sino por el cómo, los hechos positivos. Según él esta pregunta une y permite avanzar.
La ciencia predominante es la sociología, creada por él mismo. Su lema fue “orden y
progreso”, y tuvo una gran influencia en hispanoamérica.
 Karl Marx (1818-1893). Invierte las tesis de Hegel, y construye el materialismo
dialéctico: todo es materia, que está en perpetuo despliegue dialéctico. Como en su
época se vivía la industrialización, con el surgimiento del proletariado, Marx articula
su interpretación de la historia también en tres etapas fundamentales, pero sobre la
base de las relaciones económicas de producción.
Su tesis es la sociedad primitiva antes de que surgiera la propiedad privada. La
antítesis es la sociedad de clases que se funda en la propiedad privada y que opone a
los hombres en una lucha permanente entre explotadores y explotados. la
contradicción entre estas dos clases se agudiza a medida que transcurre la historia. La
síntesis será una sociedad sin clases donde deje de existir la propiedad privada. El
inventó el concepto de la plusvalía del trabajo.

En los tres sistemas racionalistas está la idea de fondo del progreso indefinido,
el anuncio de la llegada de la humanidad a su etapa más perfecta y feliz, donde todo
ande bien. Es como proponer la existencia del paraíso en la tierra. Cada uno de ellos
identifica el desenlace de la historia con su propio triunfo.
Curso del pensamiento racionalista:
 Los comienzos del racionalismo, con la búsqueda de nuevos criterios de certeza,
corresponden a una prescindencia –al principio solamente metódica- de la fe como
elemento de comprensión de las realidades terrenas.
 Siglo XVIII: idea del progreso indefinido de la humanidad por obra de la razón.
 Apogeo con los sistemas de pensamiento racionalista de Hegel, Comte y Marx en el
siglo XIX. Se presentan como anunciadores del ingreso de la humanidad en la etapa
final de su historia.
 La tercera etapa es la disolución de los grandes sistemas en el relativismo y el
colectivismo del siglo XX. Estados totalitarios.
El racionalismo también logró influir en la Iglesia, ya que quiso ponerse a tono con los
pensamientos en boga. Cristaliza a fines del siglo XIX, en el “modernismo”:
reinterpretar la naturaleza de la Iglesia. Esto fue condenado y denunciado por Pío X,
pero renació después de la segunda guerra mundial, como “un nuevo modelo de
cristianismo o de Iglesia, como entidad de origen y fines vagamente humanitarios”.

Visiones culturales de la historia.


 Oswald Spengler (1880-1936). Visión orgánica de la historia. “La Decadencia de
Occidente”. Critica la visión netamente europea de la historia hasta ese momento.
Propone una nueva visión. Mundo histórico: regido por la ley del sino o desarrollo
vital. A esta ley se ciñen las culturas, que son como organismos vivos, que tienen un
ciclo vital: nacimiento-primavera, crecimiento-verano, madurez-otoño y muerte-
invierno. Para él no existe una sola historia de la humanidad, sino una historia
comparativa de las distintas culturas. Ya no más la idea de progreso indefinido. Las
culturas no se influirían entre sí, y si una toma cosas de la otra es que se parecen.
Dice que “cultura” es más ancho que nación, pero menos que humanidad.
Identifica 19 culturas. Aunque cada una es diferente, hay elementos morfológicos
comunes:
El nacimiento está marcado por la aparición de una mitología inédita, que da
origen a dos clases: sacerdocio y nobleza. Después aparece la filosofía característica:
la cultura se explica a sí misma, y aparece una tercera clase los que dependen de su
propio rendimiento. Eso da origen al verano o crecimiento, que es la segunda etapa.
El otoño (madurez) llega cuando la filosofía, el razonamiento, desplazan a las
creencias, y la tercera clase (burguesía) pasa a ocupar el lugar preponderante. Se
produce la vulgarización de la cultura. En el invierno, la última etapa, se produce la
civilización. La ciudad se impone sobre el campo. El hombre se vuelve anónimo y
cosmopolita. Aparece una cuarta clase: la masa. Masificación y problematización de
los conocimientos. Para Spengler, este curso es inevitable, no se puede evitar. Cuando
la cultura muere, “su sangre se cuaja, ss fuerzas se agotan, se transforma en
civilización”.
La historia universal es la historia del hombre urbano, del constructor de
ciudades. Desafía al campo y a la aldea, llega a ser urbe cosmopolita y ahí se
extingue. La extinción de la religiosidad interior viviente caracteriza el tránsito de la
cultura a la civilización, el climaterio de la cultura. “El dinero piensa, el dinero
dirige: tal es el estado de las culturas decadentes desde que la gran ciudad se ha
adueñado del resto del país”.
 Arnold Toynbee (1889-1975). Como funcionario diplomático, anduvo por lo que se
consideraba el comienzo de la historia: Mesopotamia, Babilonia, Egipto. Entre 1934 y
1961 escribió los doce volúmenes de su “Estudio de la Historia”, y lo que hizo fue pulir
lo que dijo Spengler. Opina que no hay que hablar de culturas, sino de marcos
históricos distintos:
1. Sociedades primitivas. Innumerables. Algunas de ellas remontan.
2. Civilización primaria. Dejan huellas más definidas, y se pueden contar. De ellas,
algunas vuelven a subir de nivel.
3. Civilización secundaria. Dejan huella mucho mayor. Cada una está producida por
una religión superior (no localista).
4. De las religiones superiores salen las religiones universales, que son cuatro: el
cristianismo, el islamismo, el hinduismo y el budismo.
5. Después vendría el predominio total de las cuatro religiones y por el último el
triunfo de una sola en todo el mundo, que según él será el budismo mahayana (el
japonés), porque es el más flexible de todos.
Para Toynbee, lo que hace que unas sociedades suban y otras no es un sistema de
desafíos y respuestas. Los que encuentran respuestas a los desafíos, avanzan. Los que
no tienen respuestas o no tienen desafíos, decaen. No es fatalista como Spengler: no
hay un curso inexorable para cada civilización.