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Era un claro día de verano

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Era un claro día de verano y estábamos bañándonos en el río.

El agua estaba realmente helada, porque el río mencionado nacía en la cordillera, entre los hielos. Después de un rato en el agua realmente nos crujían los dientes.

De pronto mi primo Pedro Pablo que estaba dentro del agua exclamó “¡me picó una jaiba!”. Miramos extrañados, pues sabíamos que en los ríos no andan jaibas; ellas son del mar.

Incrédulos, lo miramos mientras salía del agua. ¿Lo había picado realmente una jaiba?. Al salir no se le veía nada. Así es que le preguntamos prontamente, ¿dónde fue la picadura? entonces él se largó a reír con fuertes carcajadas, mientras lo mirábamos sin hablar.

Realmente se había burlado de nosotros así es que decidimos darle una lección esa tarde. Para eso nos reunimos y acordamos hacerle una buena broma. Pensábamos que nos divertiríamos mucho. Mi primo Patricio se puso una aleta en la espalda, luego se metió al río.

Se fue nadando debajo del agua hasta que llegó detrás de Pedro Pablo. En ese momento todos gritamos “¡un tiburón!”.

El chico dio un tremendo salto cuando vio la aleta a pocos metros de él y trató de arrancar. Como estaba hasta la cintura en el agua, le costaba salir, mientras el supuesto tiburón se le acercaba cada vez más.

Ahora nos tocaba a nosotros reírnos de Pedro Pablo y lo hicimos con grandes carcajadas.

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