Está en la página 1de 3

EL LENGUAJE

Los conceptos de «signo» y «símbolo».

Características del lenguaje articulado.

Hemos dicho que se puede llamar «lenguaje» cualquier

sistema de signos que sirva para la intercomunicación, es decir, para comunicar

ideas o estados psíquicos entre dos o más individuos. Y a menudo se llama «lenguaje»

cualquier tipo de comunicación entre seres capaces de expresión, sean ellos

hombres o animales. En efecto, hechos de expresión se han comprobado

también entre los animales. Así, por ejemplo, se han realizado estudios sobre el

lenguaje de las abejas; y, sobre todo, los psicólogos han estudiado también otras

expresiones significativas registradas en otros animales, como caballos, perros,

etc. Sin embargo, los lingüistas no aceptan el lenguaje animal como objeto de

la investigación lingüística, por no reconocerle las características esenciales

del lenguaje humano. En efecto, al considerar las expresiones animales como

lenguajes, es decir, como sistemas de signos, se atribuye a ese último término

(signo) un significado muy amplio y, en parte, discutible. Lo que entendemos

comúnmente por signo es un «instrumento» que está por una idea, un concepto o

un sentimiento, con los cuales el signo mismo no coincide: un instrumento que evoca,
en particular, un concepto en virtud de una «convención» y de acuerdo con una

tradición determinada, pero que no tiene con el concepto evocado ninguna relación

necesaria de causa a efecto o viceversa. Los psicólogos, y, entre ellos, en particular

los behavioristas, que llaman «contexto» a cualquier conjunto de hechos que

se encuentran comúnmente en una v relación necesaria o, por lo menos, habitual,

consideran como «signos» los hechos mismos de un «contexto», en la medida en

que el presentarse de uno de ellos reclama o implica la posibilidad o necesidad de

que se presente(n) también otro(s) hecho(s) perteneciente(s) al mismo

«contexto». Aplicando este punto de vista al lenguaje humano, los estudiosos aludidos

consideran los signos de éste (las palabras) como una especie de «estímulos» a

los que corresponderían como «reacciones» determinadas imágenes. Esta

concepción tiene, sin duda, sus serios fundamentos desde el punto de vista

psicológico, pero no puede explicar en forma satisfactoria el salto del signo

«hecho» al signo «sustitución» o instrumento convencional y elemento de cultura

perteneciente a una determinada comunidad.