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LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA

1. LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA Y LA CONSTITUCIÓN DE 1978


LA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA: ¿REFORMA O RUPTURA? (1975-1977).
La muerte de Franco marca el inicio de una nueva etapa en la historia de España: la transición a la
democracia. Podemos decir, por tanto que la definición de Transición Española es aquella que nos indica
en proceso de cambio que condujo de la dictadura franquista al régimen democrático actual.
Las bases este proceso la encontramos en factores externos e internos: en cuanto a los externos, hay que
tener en cuenta la caída de dos regímenes dictatoriales cercanos, como eran Portugal y Grecia, quedando
España aislada en su situación política en Europa occidental; con respecto a los internos, tenemos que tener
en cuenta el desarrollo económico y social que había vivido España desde los años 60, encontrándose unas
nuevas generaciones con una situación política no acorde con sus perspectivas, que miraban cada vez al
ejemplo europeo (tan bien conocido por la abundante emigración). Otro aspecto importantes es el de el
aumento de la oposición, tanto universitaria como sindical, política, católica y nacionalista) y las propias
diferencias entre los aperturistas y los “del bunker”, sumándose eso a la “reforma pactada” entre todas las
tendencias políticas de la oposición y los aperturistas de dentro del propio franquismo. Por último, y como
punto fundamental, La doble legitimización del rey, tanto por ser el heredero de Franco, con lo que se ganaba
el apoyo vital del ejército y los franquistas, como por ser el heredero de D. Juan De Borbón (que renunció en
nombre de su hijo).
1.1. La opción reformista de Juan Carlos I.
Don Juan Carlos fue nombrado rey de España el 22 de noviembre de 1975. En su discurso, para evitar
recelos del franquismo, habló de “continuismo” pero a la vez de una voluntad de sociedad libre y moderna,
lo cual fue interpretado como un paso hacia el aperturismo. Hay que tener en cuenta que el papel del rey
siempre había estado a la sombra de Franco, por lo que para muchos era un absoluto desconocido y pocos
sabían de sus verdaderas intenciones. La nueva monarquía nacía legitimada por el propio franquismo: el
ejército, la Administración y las fuerzas del orden público. Todos ellos esperaban que hiciera realidad una
monarquía autoritaria. La oposición exigía cambios rápidos y significativos.
EL CONTINUISMO DE ARIAS Y LA APUESTA POR LAS REFORMAS.
Este discurso de coronación de Don Juan Carlos apuntaba sus intenciones reformistas, pero la
ambigüedad de su significado dejaba abiertos muchos interrogantes. De hecho, los primeros actos del nuevo
rey estuvieron dirigidos a tranquilizar al aparato franquista, incluido el ejército. En este sentido hay que
entender la continuidad de Arias Navarro como presidente del gobierno.
Sin embargo, el rey colocó a su antiguo preceptor (educador, consejero personal) Torcuato Fernández
Miranda al frente de las Cortes y del Consejo del Reino, y obligó a Arias a contar en su gobierno con figuras
del reformismo como Fraga, Areilza, Osorio y Garrigues. Además, inició contactos para iniciar los cambios
que debían llevar hacia la democracia. Especialmente significativo fue el indulto general que permitió la
salida de la cárcel de algunos políticos como Marcelino Camacho, líder de CC.OO.
Arias Navarro inició una tímida reforma pero insuficiente.
La política de congelación salarial provocó el estallido de conflictos laborales. Algunas de las principales
empresas del país, como Hunosa o Ensidesa, estuvieron en huelga durante meses.
El presidente Arias Navarro reaccionó de manera autoritaria ante los conflictos como los hechos de
Vitoria, en los que la policía causó cinco muertos. Además se produjeron enfrentamientos entre facciones
carlistas en Montejurra.
La lentitud con que avanzaban las reformas daban cada vez más fundamento a la ruptura democrática
con el franquismo, encontrándose con muchos problemas por parte de los sectores más duros del franquismo
(Blas Piñar al frente), el terrorismo y la desconfianza de los movimientos obreros.. Para dar cohesión a sus
planteamientos y como paso fundamental en todo este proceso de cambio político en España, en marzo de
1976, los dos principales organismos de la oposición, que se organizaban en dos grupos (La Plataforma de
Convergencia Democrática-en torno al PSOE- y la Junta Democrática- en torno al PCE- se fusionaron en
la Coordinadora Democrática, conocida como Platajunta, aglutinando en sus filas también a formaciones
de centro y a los nacionalistas.
1.2. El desmantelamiento legal del franquismo.
El rey provocó la dimisión de Arias en 1976 y, gracias a las gestiones de Fernández Miranda en el
Consejo del Reino, logró nombrar presidente del gobierno a Adolfo Suárez. Los antecedentes políticos de
Suárez eran falangistas, por los que los del “bunker” parecían estar de acuerdo, y sí parecía estar en
consonancia con lo que quería el rey, así, en su primera alocución exponía que “los gobiernos del futuro
serán el resultado de la voluntad de los españoles”.
Para hacer más creíbles sus intenciones reformistas, además de rodearse de un gobierno muy joven
donde estaban aperturistas como Landelino Lavilla, Osorio o Gutierrez Mellado (el único militar de alta
graduación que siempre apoyó abiertamente el cambio), Suárez concedió una amnistía generosa ( que se
sumaba a la concedida por el rey donde se excarceló a Marcelino Camacho, líder de CCOO) e inició
contactos con la oposición para implicarla en el proceso de reforma. Fue así como comenzó a abrirse camino
la estrategia de la ruptura pactada, es decir, una vía que intentaba dar paso a otro sistema.
Esta transición de “la ley a la ley” se consideraba absolutamente necesaria para deslegitimar cualquier
intento de involución (marcha atrás) política. El proceso aperturista culminó cuando las Cortes franquistas
dieron su aprobación al proyecto de Ley para la Reforma Política. La Ley para la Reforma Política (Ley
1/1977 de 4 de enero) fue aprobada el 18 de noviembre de 1976 por las Cortes franquista (lo que se
consideró un “harakiri” político) y sometida a referéndum, con una participación del 77 por ciento del censo
y un 80 por ciento de votos a favor, por tanto, el pueblo español, necesitado de cambios, pidió la reforma por
abrumadora mayoría. Tenía el carácter de Ley Fundamental, siendo la última de las Leyes Fundamentales del
Reino del franquismo. Fue el instrumento jurídico que permitió articular la Transición española del régimen
autoritario del General Franco (una dictadura militar que provenía de la Guerra Civil Española) a un sistema
constitucional democrático (una monarquía parlamentaria, con cortes bicamerales elegidas por sufragio
universal, tal como se definió por la Constitución española de 1978 tras las elecciones generales de 1977).
La legalización de la oposición.
Un paso fundamental para el establecimiento de un sistema democrático era la legalización de los
partidos políticos de la oposición.
En 1976 el PSOE celebró públicamente su XIII Congreso y antes de que acabara el año fue legalizado.
El secretario general del PCE, Santiago Carrillo, provocó su detención a finales de 1976 y planteó al
gobierno Suárez la incómoda cuestión de la legalización. La actitud moderada del PCE, su compromiso de
no cuestionar la monarquía (tras varias entrevistas secretas entre Suarez y Carrillo) y la presión ejercida por
el conjunto de la oposición llevaron a Suárez a legalizar al PCE en abril de 1977, aprovechando el parón de
las Cortes en Semana Santa y para evitar la dura reacción de la extrema derecha y la de la cúpula militar, por
lo que se le llama “el viernes rojo”.
Las Fuerzas Armadas expresaron su protesta y el ministro de Marina presentó su dimisión. Pero Suárez
continuó negociando con la oposición medidas como la disolución del Tribunal de Orden Público, del
Sindicato Vertical y la del propio Movimiento Nacional, asó como la convocatoria de elecciones para elegir
Cortes Constituyentes.

1.3. Las elecciones a Cortes constituyentes.


Una vez garantizada la pluralidad política, los partidos se prepararon para concurrir a las primeras
elecciones democráticas desde los tiempos de la República.
A ellas concurrieron, además de los partidos legalizados, otras agrupaciones políticas de reciente
aparición. Suárez creó la Unión de Centro Democrático (UCD) intentando aglutinar a la derecha menos
dura y los demócratas-cristianos, también apareció la derechista Alianza Popular, encabezada por Manuel
Fraga, bastante más conservador y más a la derecha. En cuanto a la izquierda, se encontraban el PSOE, con
Felipe González al frente y aún con un socialismo casi republicano y muy lejos del socialismo que se vivía
en Europa, el Partido Socialista Popular, encabezado por Enrique Tierno Galván (que luego será alcalde de
Madrid y padre de la “movida madrileña”), el PCE, alejado de los postulados antiguos y con Carrillo como
líder; y los nacionalismos: PNV, el Pacto Democrático per Catalunya (de Jordi Pujol) y el Partido
Republicano Catalán, de Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat en el exilio durante la dictadura
franquista.

Fueron unos meses duros, amrcados por la crisis económica y el terrorismo (ETA mató de 1976 a 1980 a
más de 1500 personas, siendo paralelo al terrorismo de extrema derecha que en enero de 1977 mató a 7
abogados laboralistas del PCE). En las elecciones del 15 de junio de 1977 el electorado español se mostró
cauto y apoyó la estabilidad que representaban los que habían iniciado la reforma. La UCD obtuvo una
mayoría relativa seguida muy de cerca por el PSOE. Los grupos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco
obtuvieron unos resultados que pronosticaban su futuro protagonismo. En Andalucía el PSOE fue el partido
más votado. Se entienden, por estos resultados, que los votos eran casi idénticos a los de la II República y
que los españoles se posicionaban en opciones moderadas, alejadas de los extremismos., sin existir una
fuerza realmente poderosa.

EL PERÍODO
CONSTITUYENTE:
UNA 2.ETAPA DE
CONSENSO
(1977-1979).
El gobierno de UCD
y las Cortes se
enfrentaron a dos retos
históricos: atajar la crisis económica y definir el nuevo sistema de relaciones laborales así y construir un
nuevo marco político democrático a través de una Constitución.

1.4. La necesidad de consenso económico: los Pactos de la Moncloa.


A medida que avanzaba la década, se hacían más patentes los graves problemas económicos que
configuraban la mayor crisis económica desde la gran depresión de 1929. El estancamiento del PIB, la
inflación galopante, el incremento del déficit público y el aumento espectacular del paro, eran signos
evidentes.
La inexistencia de una política fiscal adecuada impedía afrontar los problemas y corregir los
desequilibrios. Además, las dificultades derivadas de la inestabilidad política habían llevado a los gobiernos
a no tomar medidas correctoras.
Dada la situación, todas las fuerzas políticas y sindicales estuvieron de acuerdo en la necesidad de
resolver estos problemas consensualmente. Así, el 25 de octubre de 1977 se firmaron los Pactos de la
Moncloa, es decir,un acuerdo entre todas las fuerzas políticas parlamentarias para arreglar la alarmante
situación económica. Todo intento de concertación posterior se realizó exclusivamente entre el gobierno
correspondiente, los sindicatos y la patronal.
Además de dar una momentánea estabilidad al mundo de las relaciones laborales, estos pactos sirvieron
para frenar la tendencia negativa de la economía, redujeron la inflación y el déficit exterior, aunque no
lograron detener el incremento del paro. Se aprobaron otras medidas complementarias, como la ley de
medidas urgentes para la reforma fiscal y la ley que reestructuraba la Seguridad Social y creaba el INEM.

1.5. La organización del nuevo Estado autonómico.


Tras las elecciones de junio de 1977 quedaba claro que en las nacionalidades históricas, Cataluña y País
Vasco sobre todo, sería imposible la normalidad democrática si no se resolvían sus reivindicaciones
autonomistas.
Si bien nadie discutía la necesidad de restaurar los gobiernos autonómicos de Cataluña y el País Vasco, e
incluso de Galicia, la unanimidad desaparecía al determinar los límites geográficos que suponían la
implantación de un Estado autonómico.
Ante la generalización de las manifestaciones populares en favor de la autonomía, las fuerzas políticas
optaron por generalizar la creación de autonomías, solución conocida como café para todos.
En Cataluña casi un millón de personas se manifestaron a favor de la autonomía en 1977. Un mes
después regresaba el presidente de la Generalitat, Josep Tarradellas. La Generalitat provisional se encargó de
negociar con el gobierno central los traspasos de competencias a lo largo de 1978.
En Andalucía se aprobó, en abril de 1978, el régimen preautonómico y se constituyó la Junta de
Andalucía. Tras la aprobación del Pacto Preautonómico o Pacto de Antequera y el triunfo electoral de los
partidos de izquierda, la Junta acordó desarrollar el proceso autonómico a partir del artículo 151 de la
Constitución. El 28 de febrero de 1980 se realizó un referéndum para ratificar la iniciativa autonómica.
El hecho de que no se consiguiera la mayoría absoluta en Almería bloqueó el proceso autonómico hasta
principios de 1981, fecha en que se inició la redacción del Estatuto de Carmona. En mayo de 1982 se
celebraron las primeras elecciones al Parlamento andaluz, que ganó por mayoría absoluta el PSOE.

LA C0NSTITUCIÓN DE 1978.

1.6. El consenso constituyente.


A partir de 1977, en un ambiente de riesgo continuo para la democracia a causa del terrorismo, las
fuerzas políticas pusieron manos a la obra con el propósito de elaborar una Constitución que creara un nuevo
tipo de Estado. Por primera vez en la Historia de España, la redacción del texto constitucional no iba a
responder a la imposición unilateral de un partido, sino al acuerdo entre los más importantes. Una comisión
de siete personas, representantes de las distintas fuerzas políticas había sido nombrada en agosto de 1977
para elaborar el borrador de la nueva Constitución. Tres de Centro: Gabriel Cisneros, José Pedro Pérez
Llorca y Miguel Herrero de Miñón; un socialista: Gregorio Peces Barba; un comunista: Jordi Solé Tura; un
miembro de Alianza Popular: Manuel Fraga Iribarne; y un nacionalista catalán: Miquel Roca Junyent.
Los acuerdos no fueron fáciles en temas como la educación, la libertad religiosa, el aborto, el divorcio, la
pena de muerte, el sistema electoral, etc. En total fueron 16 meses de discusiones hasta que la comisión logró
llegar a un acuerdo, después de cerca de tres mil doscientas enmiendas. El texto pasó a debatirse en el
Congreso y el Senado que acabaron aprobándolo por mayoría. El orden de la creación,ratificación y
referendum quedaría así: Empieza reuniéndose una ponencia formada por siete miembros que entre agosto y
diciembre de 1977 elabora un anteproyecto que entrega el 5 de enero de 1978 a los grupos parlamentarios.
Éstos presentan sus enmiendas y la ponencia las examina hasta que entrega el trabajo así realizado el 17 de
abril de 1978 a una Comisión del Congreso, que lo debate hasta el 20 de junio. Siguen los debates en el
Pleno del Congreso del 1 al 24 de julio, en el Senado y en la Comisión Mixta, que dan lugar al texto que es
presentado a los ciudadanos en referéndum el 6 de diciembre de 1978.

1.7. Principales características de la Constitución de 1978.


1. Es una Constitución extensa. Con 169 artículos es la segunda en extensión de las que ha tenido
España a lo largo de su historia, sólo superada por la de Cádiz que tenía 384 artículos. Este rasgo implica el
afán de los legisladores por determinar un amplio número de cuestiones en el propio texto constitucional. Sus
bases están en la Constitución republicana española de 1931 y en las constituciones europeas tras la II Guerra
Mundial.
2. Es una Constitución muy consensuada. Quienes elaboraron y discutieron sus artículos fueron
conscientes de que todos debían ceder en sus pretensiones para lograr el mayor acuerdo posible. Entre los
elementos fundamentales del consenso destacaron:
• La conveniencia de establecer una forma política monárquica.
• Los valores básicos sobre los que debía basarse la Constitución: democracia, libertad, pluralismo.
• El establecimiento de un sistema económico de libre mercado, pero afirmando la dimensión social del
Estado.
• La posibilidad de la reforma de la Constitución, pero dificultándola cuando se refiriese a cuestiones
esenciales del texto constitucional.
3. Es una constitución muy ambigua en algunas cuestiones. Esto se debió a la necesidad de poner de
acuerdo a
sectores políticos e ideológicos muy diversos. Esta buscada ambigüedad hace posible diferentes
interpretaciones y el
desarrollo de políticas diferentes con el mismo texto constitucional.
4.La amplia declaración de los derechos y libertades de los españoles. Para ello se inspiró en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos y contrastaba con lo restringidos que habían estado
presentes dichos derechos y libertades durante la dictadura. También se hacía referencia a algunos
deberes fundamentales para el mantenimiento del Estado, como es el pago de impuestos.
5.La monarquía parlamentaria como sistema político español, en la que el rey como jefe del Estado
arbitra entre las diferentes instituciones, pero no tiene poder ejecutivo.

6.La división de poderes. El legislativo correspondía a las Cortes, integradas por el Congreso y el
Senado, dos cámaras elegidas cada cuatro años por sufragio universal, directo y secreto. El ejecutivo
recayó en el gobierno, integrado por el presidente, los vicepresidentes y los ministros, que serían
elegidos en función de la composición mayoritaria de las Cortes. Por último, el poder judicial
correspondía a los jueces y magistrados, coordinados en última estancia por el Tribunal Supremo.
Las anteriores instituciones se completaron con otras dos: El Tribunal Constitucional, que se
encargaba de interpretar la Constitución en caso de conflicto, y El Defensor del Pueblo, cuya misión es
atender directamente a los ciudadanos velando por el respeto de sus derechos y libertades.
7.La descentralización del Estado, pues la Constitución contemplaba la posibilidad de que las regiones
y nacionalidades pudieran optar por convertirse en comunidades autónomas, que a su vez se organizaban
en provincias y municipios.

La Constitución fue propuesta a referéndum de todos los españoles el 6 de diciembre de 1978 y fue
aprobada mayoritariamente. Hubo una abstención del 33 % de españoles con derecho a voto. En el País
Vasco la abstención fue del 54.5% por la negativa de los nacionalistas a pronunciarse ante la afirmación de la
indivisibilidad de la soberanía española. De los cerca de 18 millones de votantes, el 88 % de los votos
fueron favorables a la nueva Constitución y sólo un 8 % fueron votos negativos. El 4 % restante fueron votos
en blanco o nulos. A la vista de los resultados, fue sancionada (firmada, ratificada) por el Rey, ante las
Cortes, el 27 de diciembre del mismo año, entrando en vigor dos días después, en que fue publicada para
general conocimiento en el Boletín Oficial del Estado.

1.8. Estructura del texto constitucional.


El texto de la Constitución española de 1978 consta de los siguientes apartados:

- Un breve preámbulo en cuyo primer párrafo se transcribe casi literalmente la fórmula de promulgación
de la Constitución de 1869, que sigue al destronamiento de Isabel II. En él se exponen los fines y medios
de esta ley y son: Fines: Establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos
integran la Nación Española. Medios para conseguirlo son: Garantizar la convivencia democrática,
consolidar el Estado de Derecho, proteger a todos los españoles y pueblos de España, promover el
progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida, establecer una
sociedad democrática avanzada y colaborar a la paz y cooperación eficaz entre todos los pueblos de la
Tierra.

- Título preliminar que comprende los 9 primeros Artículos y cuyo principal contenido es el siguiente: la
soberanía reside en el pueblo. Unidad de la nación y derecho de autonomía. El castellano y las demás
lenguas españolas. La bandera de España y las de las Comunidades Autónomas. Madrid, la capital de
España. Partidos políticos. Sindicatos y asociaciones empresariales. Fuerzas Armadas. Respeto a la ley,
libertad e igualdad y garantía jurídicas.

- Título I: De los derechos y deberes fundamentales. Está estructurado en cinco capítulos y comprende
desde el Artículo 10 hasta el 55. El principal contenido es: la nacionalidad, la mayoría de edad a los 18
años, el derecho de los extranjerismos, la igualdad ante la ley, el derecho a la vida, la libertad religiosa,
derecho a la intimidad e inviolabilidad del domicilio, libertad de residencia y circulación, libertad de
expresión, derechos de reunión, asociación y participación, libertad de enseñanza, derecho a la
educación, derecho a la huelga, sistema tributario, matrimonio, derecho a la propiedad, libertad de
empresa y economía de mercado, protección de la familia y de la infancia, derecho al trabajo y descanso
laboral, seguridad social, acceso a la cultura, medio ambiente y calidad de vida, atención a los
disminuidos físicos, tercera edad, Defensor del Pueblo, etc.

- Título II: De la Corona. Comprende desde el Artículo 56 hasta el 65. Habla del rey y sus funciones. La
sucesión. El Príncipe de Asturias. La Reina. La regencia y la Casa del Rey.

- Título III: De las Cortes Generales. Desde el Artículo 66 al 96. Consta de tres capítulos y contiene
todas las funciones, duración, etc., del poder legislativo.
- Título IV: Del Gobierno y de la Administración. Desde el Artículo 97 al 107. Composición y estatuto
del gobierno. Nombramiento del Presidente. Nombramiento de los Ministros. Responsabilidad de los
miembros del Gobierno. La Administración Pública, etc. Funciones del poder ejecutivo.
- Título V: De las relaciones entre el Gobierno y las Cortes Generales. Desde el Artículo 108 al 116.
Responsabilidad del Gobierno ante el Parlamento. Derecho de información de las Cámaras. La moción
de censura. La dimisión del Gobierno. Disolución de las Cámaras. Estado de alarma, excepción y sitio.

- Título VI: El poder judicial. Desde el Artículo 117 al 127. Independencia de la justicia. Colaboración
con la justicia. Gratuidad de la justicia. Juzgados y Tribunales. Consejo General del Poder Judicial.
Tribunal Supremo. El Fiscal General del Estado. Incompatibilidades de Jueces, Magistrados y Fiscales.

- Título VII: Economía y Hacienda. Artículo 128 al 136. Función pública de la riqueza. Planificación de
la actividad económica. Bienes de dominio público. Los tributos. Los Presupuestos Generales del
Estado, etc.

- Título VIII: De la organización Territorial del Estado. Del Artículo 137 hasta el 158. Dividido en tres
capítulos. Es la novedad más notable, que consagra la organización el Estado en comunidades
autónomas. Con ello se daba respuesta tanto a las reivindicaciones de las nacionalidades históricas
(Cataluña y País Vasco) como a las crecientes demandas de descentralización política y de respeto a los
valores culturales e históricos de los diversos colectivos regionales.

- Título IX: Del Tribunal Constitucional. Del Artículo 159 al 165. Composición del mismo.
Competencias. Nombramiento del Presidente por parte del Rey, etc.

- Título X: De la reforma de la Constitución. Del Artículo 166 al 169.

- El texto de la Constitución concluye con cuatro Disposiciones adicionales sobre los derechos históricos
de los territorios forales y el régimen económico y fiscal de Canarias; nueve Disposiciones Transitorias;
una Disposición Derogatoria de leyes anteriores que puedan oponerse a la Constitución y de una
Disposición Final sobre la entrada en vigor de la propia Constitución.

EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS.


Tras las elecciones de junio de 1977 quedaba claro que en las nacionalidades históricas, Cataluña y País
Vasco, sobre todo, sería imposible la normalidad democrático si no se resolvían sus reivindicaciones
autonomistas, de las que se habían hecho eco no sólo los partidos nacionalistas con mayor representación
como el PNV y CiU, sino, en general, toda la izquierda parlamentaria. Si bien nadie discutía la necesidad de
restaurar los gobiernos autonómicos de Cataluña y País Vasco, e incluso de Galicia, las tres Nacionalidades
Históricas, la unanimidad desaparecía a la hora de determinar los límites geográficos y competencias del
proceso de descentralización que suponía la implantación de un Estado autonómico. Ante la generalización
de las manifestaciones populares a favor de la autonomía también en otras regiones, las fuerzas políticas
optaron por generalizar la creación de autonomía, una solución que sería conocida como café para todos.

1.9. La Autonomía del País Vasco.


Antes de que la estrella de Suárez se apagara, el presidente tuvo tiempo de llegar a un acuerdo con los
nacionalismos vascos respecto a su Estatuto. El PNV que se había abstenido en el referéndum
constitucional, decidió en esta ocasión negociar el ansiado Estatuto de Autonomía. Después de duras
conversaciones, en julio de 1979 Adolfo Suárez acordó el texto con Carlos Garaikotxea, Presidente del
Consejo General Vaso y del PNV. Los resultados electorales de marzo habían ratificado la hegemonía del
nacionalismo moderado y apuntaban un ascenso importante de Herri Batasuna. ETA continuaba, por otra
parte, sus acciones violentas y todo ello aportaba la evidencia de que sin el concurso de sectores del
nacionalismo era imposible una solución política para el País Vasco; y, sin esta, todas las medidas policiales
estaban condenadas al fracaso.
El acuerdo político alcanzado significó, en general, un acoplamiento más riguroso del Estatuto a la
Constitución. De esta forma, la realidad nacional vasca, que aparecía en el proyecto, se convirtió en
nacionalidad, constituida en comunidad autónoma dentro del Estado español. Las grandes cuestiones en
litigio (discusión) quedaron recogidas: la posible integración de Navarra a Euskadi, las competencias sobre
orden público y enseñanza o la Hacienda autónoma, regulada por medio de los Conciertos Económicos, etc.
Fue uno de los momentos de mayor euforia de la transición. El PNV había conseguido plasmar en el Estatuto
unos niveles de autogobierno no contemplados hasta entonces en otros textos legales, en cuanto al
reconocimiento de los derechos individuales y colectivos de la comunidad vasca.

1.10. El Estatuto de Autonomía de Cataluña.


En septiembre de 1977, en Cataluña casi un millón de personas se manifestaron a favor de la autonomía.
Un mes después regresaba el presidente de la Generalitat en el exilio, Josep Tarradellas, y restableció con
carácter provisional el gobierno autónomo. La Generalitat provisional se encargó de negociar con el gobierno
central los traspasos de competencias a lo largo de 1978, mientras una comisión de parlamentarios elaboraba
el proyecto de Estatuto de autonomía. Adolfo Suárez apenas encontró problemas en Cataluña, donde la
voluntad dialogante y pacifista de sus parlamentarios allanó el camino de la aprobación del Estatuto, cuyo
proyecto no presentaba incompatibilidad alguna con la Constitución. Los Estatutos vasco y catalán serían
aprobados en referéndum el 25 de octubre de 1979, pero la abstención en ambos casos superó el 40 %.
Los esfuerzos de Suárez por dar un respuesta al problema histórico de la organización territorial de
España no se vieron reconocidos en las elecciones a los parlamentos autónomos vasco y catalán, donde UCD
quedó mal situada.

1.11. La Autonomía de Andalucía.


En Andalucía se aprobó en abril de 1978 el régimen preautonómico y se constituyó la Junta de
Andalucía. Después de la aprobación del Pacto Preautonómico o Pacto de Antequera, y el triunfo electoral de
los partidarios de izquierda en las elecciones municipales de 1979, la Junta acordó desarrollar el proceso
autonómico a partir del artículo 151 de la Constitución, que hacía posible el acceso rápido a la plena
autonomía, equiparable a las nacionalidades históricas. El 28 de febrero de 1980 se realizó un referéndum
para ratificar la iniciativa autonómica en el que se estableció la necesidad de lograr en cada provincia la
mayoría absoluta. El hecho de que no se lograr la mayoría absoluta en Almería bloqueó el proceso
autonómico hasta principios de 1981, fecha en que se inició la redacción del Estatuto de Carmona, que fue
aprobado por amplia mayoría el 20 de octubre de 1981. El 23 de mayo de 1982 se celebraron las primeras
elecciones al Parlamento andaluz, que ganó por mayoría absoluta el PSOE.