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SECUNDARIA DEL VALLE

DE MACUSPANA
¡Fieles al deber!

PROCESO QUE SIGUI DIAZ PARA


LA CENTRALIZACION DE PODER

Alumno: Luis Alberto Gil Bocanegra

Materia: Historia

3 “A”
Sección Secundaria

Macuspana, Tabasco 22 de marzo de 2019


PROCESO QUE SIGUI DIAZ PARA LA CENTRALIZACION DE PODER

El Porfiriato fue una etapa difícil e importante en México en la que Porfirio Diaz se
adueñó de la presidencia durante más de treinta años.
Desde noviembre de 1876 hasta mayo de 1911 tuvo México un solo jefe político, el
general Porfirio Díaz. Pero durante cuatro años de este largo período hubo otro
general en la presidencia de la República, Manuel Gonzáles, pero en realidad, la
jefatura política del país fue conservada por Díaz quien siguió durante su larga
gubernatura las mismas directrices políticas de Juárez y Lerdo:
Mantuvo e incluso acentuó, la secularización del estado; Promovió todo lo que pudo
el fomento material del país, y de una manera particular las obras públicas; Procuró
conciliar y unir a los diferentes sectores políticos; y se atuvo a la legalidad
constitucional, pero observando la constitución… a su manera.
Porfirio Díaz en efecto instauró una dictadura constitucional. La dictadura era real y
la constitución era la quimera o la fachada con la que pretendía ocultar la realidad.
Porfirio Díaz mantuvo cuidadosamente la fachada; pero por medio de mecanismos
caciquiles impuso en todas partes a sus candidatos y, a través de sus ministros y
agentes, impuso a los diputados, gobernadores etc., lo que debían hacer.
Así su voluntad suplantó a todas las
garantías establecidas por la constitución, y
se convirtió en el motor y timón de toda la
nación, además de tener el control de toda
la fuerza política, también tenía el control de
los militares, para lograr esto, les quitó a los
estados los cuerpos armados y organizó un
poderoso y disciplinado ejército profesional y puso junto a ellos a una policía federal
y una rural para mantener la paz en el campo.
Hasta fines de siglo, los acontecimientos políticos más importantes fueron:
levantamientos, conspiraciones, rebeliones indígenas, conflictos y arreglos
internacionales, y en la época de González, disturbios en la capital motivados por
las fallas y la corrupción del gobierno.
Durante el régimen de Díaz, México logró considerables avances sobre todo en el
terreno económico y alcanzó un auge material sin comparación en su historia. Este
gran mejoramiento garantizó la larga paz porfiriana y el tenaz esfuerzo que hizo el
gobierno para fomentar la riqueza nacional.
Al llevar a cabo este fomento, la administración de
Díaz cometió dos grandes errores, que pagaríamos
como nación: el de abrir la puerta de par en par a las
inversiones extranjeras y el de malbaratar las tierras
desocupadas, vendiéndoselas a quien menos las
necesitaba.
En esa época varias ramas de la producción nacional
se desarrollaron enormemente, la minería es la que
logra mayor crecimiento y tuvo dos grandes
novedades: el desenvolvimiento de la explotación de
los metales industriales como el hierro, el cobre, el
plomo etc., y la iniciación del beneficio de nuestros
yacimientos petroleros.
En la agricultura y en la industria no hubo progresos tan sensacionales, en la
agricultura hubo aumento en los cultivos llamados de explotación, café, azúcar,
henequén y algodón, y en las industrias progresó mucho la de tejidos de algodón;
la metalurgia hizo algunos avances en el Norte, donde la ciudad de Monterrey
empieza a surgir como emporio industrial.
El gobierno procuró contribuir al progreso nacional de tres maneras: realizando
obras públicas, atrayendo capitales extranjeros y vendiendo las tierras inutilizadas.
La construcción de una amplísima red de ferrocarriles fue el mayor logro de los
gobiernos de Díaz y González. Los 617 km. de vías férreas que el país tenía en
1876 se acercaron a 23 000 en 1910. Y por las facilidades dadas por el gobierno
para la colocación de capitales en México, nuestro país se convirtió en un paraíso
de los inversionistas extranjeros de paises en los que abundaba el capital y que por
eso dejaba pocos beneficios.
En 1910 el valor de capitales invertidos en las minas, que era más o menos unos
mil millones de pesos, alrededor de novecientos millones estaban atribuidos a los
extranjeros.
Durante el Porfiriato se insistió en atacar el problema de la escasa productividad
agrícola por medio de la venta de los terrenos baldíos y de su colonización. Pero a
esta operación se le dio una enorme amplitud. Por una ley en 1883 se autorizó la
formación de compañías para deslindar los baldíos que luego eran vendidos a las
mismas compañías o particulares.
Esta autorización y la venta sirvieron para traspasar
inmensas extensiones del país a los potentados o a
personas influyentes con nada de ganancia para el país.
Otra característica del Porfiriato fue que los diversos
grupos políticos del país convergieron en el Gabinete de
Porfirio Díaz. Durante su primer mandato, el gabinete
estuvo conformado en su totalidad por los antiguos
combatientes de la Revolución de Tuxtepec. Sin
embargo, en su segundo período presidencial, llegaron
juaristas como Matías Romero e Ignacio Mariscal;
lerdistas como Romero Rubio y Joaquín Baranda, y un
imperialista, Manuel Dublán. Con los gobernadores,
Díaz procuró mantener estrecha relación, en especial en
lo relacionado con las elecciones de las legislaturas y
tribunales de justicia locales, la construcción de ferrocarriles, el combate a los
yaquis, quienes llevaban más de cincuenta años atacando Sonora, y también en
otros asuntos menores.
La paz que se impuso durante el gobierno de Porfirio Díaz permitió el desarrollo de
la cultura y la ciencia en México, dado que desde fines del siglo XVIII la continua
inestabilidad política, social y económica impidió que se impusiera un clima propicio
a la ciencia y a la cultura. Sin embargo, durante el Porfiriato floreció la literatura, la
pintura, la música y la escultura. Las actividades científicas fueron promovidas
desde el gobierno, pues se consideraba que un avance científico del país podía
conllevar cambios positivos en la estructura económica. Fue entonces cuando se
fundaron institutos, bibliotecas, sociedades científicas y asociaciones culturales. De
igual manera, el arte popular buscó en la cultura de México un elemento para
plasmar sus composiciones y expresarse, y así se lograron muestras del arte
mexicano que fueron exhibidas en el mundo entero. El positivismo logró hacer que
en México hubiera un renacimiento del estudio de la historia nacional, como un
elemento que afianzó a Díaz en el poder y contribuyó a la unidad nacional. En el
estudio de esta rama sobresalieron Guillermo Prieto y Vicente Riva Palacio.
El historiador mexicano José López Portillo y Rojas, en su obra Elevación y caída
de Porfirio Díaz, menciona que el avance nacional durante el Porfiriato también
cambió la fisonomía del presidente. En abril de 1881, tres años antes de comenzar
su segundo período presidencial, el general oaxaqueño contrajo matrimonio con
Carmen Romero Rubio, proveniente de las familias con mayor abolengo y alcurnia
en la alta sociedad mexicana. Hasta ese año, —según los relatos de la época—,
Díaz contaba con todos los rasgos de un militar formado en los campos de batalla:
tosco en su modo de tratar con la gente, brusco, con un vocabulario adecuado para
hacerse valer por encima de sus soldados, acostumbrado a escupir y sin mucho
respeto por las formas sociales. Sin embargo, como el mismo Díaz relató años más
tarde en sus Memorias, su esposa Carmen se dedicó a formarlo dentro de la
sociedad mexicana. Le enseñó el idioma inglés, y nociones de idioma francés, los
modales de la alta sociedad, la forma de moverse y expresarse, la forma de comer,
el vocabulario adecuado para cada situación. Su fisonomía, como afirmó López
Portillo y Rojas, en efecto, había cambiado. Del color moreno de su piel, pasó a
tomar un tono más tostado. Como afirman varios testimonios de historiadores de la
época, al regresar a la presidencia en 1884, Díaz ya no era Porfirio sino más bien
"Don Porfirio". Esta opinión la expresó el obispo oaxaqueño Eulogio Gillow a un
diario de filiación católica en 1887:

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