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El urbanismo moderno se edificó sobre los conceptos sustanciales de interés general o interés

común. Hay que entender con ello que las decisiones públicas, los planes, con sus
obligaciones y prohibiciones, las realizaciones públicas, las excepciones al derecho de usar
libremente la propiedad (servidumbres), las expropiaciones y los impuestos estaban
legitimados por intereses colectivos que se consideraban superiores a los intereses
individuales.

La sociedad hipertexto, compuesta de multipertenencias, movilidades y territorios sociales e


individuales de geometría variable, confronta al neourbanismo a una trama compleja de
intereses y retos que resulta cada vez más difícil de concretar en intereses colectivos estables
aceptados por todos. Los representantes locales, el Estado, los urbanistas y los expertos de
todo tipo tienen menos capacidad para fundamentar sus actuaciones y propuestas en un
interés general o común objetivo y único. Además, el desarrollo de ciencia y técnica muestra
complicaciones inextricables donde, en otro tiempo, tan sólo había problemas que resolver:
la experiencia en la que se basaba la decisión calificada de interés general se ha sustituido
por la controversia entre expertos; ahora, quienes toman las decisiones se enfrentan al
espinoso principio de precaución. Una decisión no puede considerarse ya como de interés
general o común tan sólo por el hecho de su sustancia objetiva. Es la forma, el
«procedimiento» según el cual ha sido elaborada y finalmente coproducida por los actores
implicados, lo que le confiere in fine su carácter de interés general. Las divergencias y
conflictos no se resuelven apenas por las mayorías, ya que éstas son cada vez más
circunstanciales, sino por compromisos que permiten tratar muchas situaciones colectivas.

Los procedimientos de identificación y formulación de los problemas y de negociación de


sus condiciones adquieren una importancia creciente y decisiva. La participación — en
formas diversas — de los habitantes, usuarios, vecinos y de todos los actores implicados en
este proceso es esencial. Ya no se trata tan sólo de debatir entre opciones diferentes, de
mejorar las soluciones propuestas, sino de coproducir el marco de referencia y la formulación
misma de los desafíos.

Estas gestiones procedimentales modifican la naturaleza de la intervención de los expertos y


profesionales, y en concreto del trabajo del urbanista. Éstos deben inscribir su intervención
en procesos a largo plazo, que a veces encajan mal con la lógica del mercado y los cambios
políticos locales. Además, cada vez les resulta más difícil adaptar su intervención al interés
general, y deben poner sus conocimientos al servicio de diversos grupos y actores, lo que
plantea de una forma nueva las cuestiones de ética y deontología en este campo profesional.

El neourbanismo fomenta la negociación y el compromiso frente a la aplicación de la regla


mayoritaria, el contrato frente a la ley, la solución ad hoc frente a la norma.

La primera vez que leí el término participación ciudadana me imaginé gente en la calle
decidiendo sobre una política pública, o levantando la mano para decidir cómo se diseñaba
un espacio público. Pero en realidad la participación ciudadana es mucho más
compleja que eso, y sus métodos han ido evolucionando con el uso de las nuevas
tecnologías o lo que también es conocido como e-gobierno.

La participación ciudadana no es sólo una forma de hacer política sin muchas pretensiones,
sino también es una manera de impulsar el desarrollo local integrando a la comunidad. Su
mecanismo es el involucramiento de la población en las decisiones de los gobiernos sin
necesidad de formar parte de la administración pública o de un partido político.

Varias ciudades intermedias en América Latina y el Caribe están trabajando para volverse
cada vez más participativas. Por ejemplo, la Ciudad de Rosario, ubicada en la Provincia de
Santa Fe, Argentina, está intentando incorporar la opinión ciudadana en la definición de sus
políticas públicas. Aquí presento dos ejemplos de cómo lo están haciendo:

1. La participación ciudadana es parte importante del Plan Integral de Movilidad de la ciudad


de Rosario, el cual contempla todos los componentes de la movilidad urbana, tales como
transporte peatonal, ciclista, automotor y de carga. Los procesos de participación ciudadana
permiten conocer la opinión de la gente sobre los proyectos que más influyen en sus vidas.
Por ejemplo, cuando el gobierno local promovió la prohibición total del ingreso del
automóvil en el microcentro de la ciudad, la ciudadanía rechazó la idea a través de una
votación. Como resultado, el gobierno modificó la propuesta y no incorporó esta disposición
en el Plan Integral de Movilidad, adaptándose a las preferencias de sus ciudadanos.

2. Otro ejemplo de participación ciudadana se evidencia a través de la realización de foros


multisectoriales. Este tipo de eventos no se relaciona con la definición de una política pública,
sino que intenta canalizar acciones a favor de una causa.

Este fue el caso en el III Foro Latinoamericano de Desarrollo Sostenible en Rosario, el cual
reunió a 87 organizaciones conocedoras de esta temática, incluyendo entidades sociales,
universidades, empresas, individuos, y representantes de diferentes escalas del gobierno. El
objetivo del Foro fue dar a conocer qué acciones está llevando a cabo cada organización por
su cuenta, y juntar esfuerzos para promover el desarrollo sostenible. El valor de este tipo de
espacios es que se construyen entre todos, no hay diferencias entre los participantes, y no
importa de dónde vienen o a quién representen. En el caso del Foro, se integró a todas las
organizaciones que trabajan por esta causa en distintos rubros económicos, sociales o
ambientales con el fin de lograr un desarrollo más sostenible para Rosario.

Hoy en día, el uso de las nuevas tecnologías le ha otorgado un rol cada vez más activo a los
ciudadanos. El futuro de la participación ciudadana está en el aprovechamiento de las
tecnologías de la información y la comunicación para alcanzar la “democracia electrónica”
en la toma de decisiones públicas. Un ejemplo de e-participación es ¡Democracia Real
Ya!, una plataforma española que reúne cientos de grupos y movimientos ciudadanos que
trabajan por resolver la crisis económica que vive el país. Esta plataforma nació en internet
y es un ejemplo de cómo las tecnologías de la información pueden ser una forma valiosa para
que los ciudadanos expresen sus necesidades y busquen soluciones a sus problemas.