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Una forma democrática de psicoterapia

Entrevista a Tom Andersen (*)

por Claudio Deschamps

El recientemente fallecido terapeuta noruego Tom Andersen es reconocido por ser


el inventor de la técnica del equipo reflexivo por la cual se eliminan las barreras que
en la cámara Gesell separan al equipo de la familia y del terapeuta de campo; según
este dispositivo, cada uno de los miembros del equipo presenta su punto de vista
frente a los pacientes, quienes de esta manera, tienen libre acceso para escuchar las
conversaciones que los tienen como objeto.

El grupo de terapeutas hacen hincapié en el carácter "conversacional" de la terapia,


esto es, una práctica cuyo objeto es producir cambios en el lenguaje con el cual el
consultante refiere sus problemas. En la nota que sigue, Tom Andersen nos cuenta
acerca de su particular forma de entender la terapia.

El respeto por nuestras voces

Perspectivas Sistémicas: En 1986 me puse en contacto con su trabajo gracias a


una de las visitas del Dr. Carlos Sluzki. Desde entonces, siempre me ha impactado
la posibilidad de trabajar en terapia "rompiendo" con la cámara Gesell.

Quedé tan impresionado en aquel momento que según creo mi trabajo clínico
actual tiene mucho que ver con esa ruptura. Por eso he tratado de hacer llegar lo
que usted está haciendo a mis alumnos universitarios y a los terapeutas que
entreno.

Por otra parte, desde un primer momento pensé que este uso particular de la
cámara y la formación de un equipo reflexivo nos permitiría democratizar la
clínica, sobre todo en un país donde hemos atravesado por tantos gobiernos
dictatoriales.

En general los terapeutas siempre les hemos dicho a la gente qué es lo que
pensaban, qué es lo que sentían, qué es lo que tenían que hacer...

Me gustaría saber si usted está de acuerdo con esta idea de que esta modalidad de
trabajo es una forma más democrática de hacer terapia.

Tom Andersen: No he vivido en estados opresivos. sin embargo, he estado


viajando en los últimos tiempos por países de Europa del Este que han sufrido una
historia opresiva, y he visto que les gusta mucho esta nueva forma de hacer terapia.
Precisamente esto tiene que ver con lo que usted plantea. Pienso que cada ser
humano debería tener todas las oportunidades que le sean posibles para ser felices
más allá de las circunstancias políticas o de otra índole. Todos y cada uno de
nosotros debiéramos tener la posibilidad de que nuestra voz sea escuchada y
respetada.

Pero también es importante ser la persona que escucha a los demás y esto es una
responsabilidad.

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P.S.: ¿Cómo concibió esta forma de trabajar con las familias?

T.A.: Siempre me ha interesado ver la cuestión en términos de justicia-injusticia,


tema que siempre me ha preocupado. Además no puedo dejar de mencionar la
influencia que tuvo para mí la experiencia de mi padre. El fue maestro de primaria
en Noruega y, durante la Segunda Guerra Mundial, al negarse a enseñar la historia
nazi que le imponían, fue trasladado junto con otros ochocientos maestros al límite
con Rusia donde fueron muy maltratados. Nunca volvió a ser feliz, ya que se
enfermó y luego de un año de agonía murió. Por otra parte nunca me ha parecido
natural el hecho de andar oprimiendo a la gente.

Creo que mi modalidad de trabajo tiene que ver con una forma emocional de ver el
mundo. Pero también considero que esta perspectiva es el producto de mis propias
experiencias personales, las cuales me llevaron a sentirme más cómodo cuando
empecé a trabajar así.

P.S.: ¿Cómo definiría su estilo terapéutico?

T.A.: La palabra terapia no es un término que resulte de mi agrado. Lo que es


definido como terapia es para mí primero y antes que nada un tipo de relación.
Esto tiene que ver con lo ético y también con lo estético, con el arte. Para mí no se
trata de una cuestión técnica, ya que las técnicas corren el riesgo de convertirse
prontamente en algo mecánico.

P.S.: ¿Cuál es el foco de su trabajo en este momento?

T.A.: Mi foco actual de trabajo es el resultado de muchos cambios y movimientos


en distintas direcciones. Hace diez años atrás buscaba en las familias las
constelaciones, las relaciones, los patrones de la vida diaria en una forma
estructural. Entonces conversábamos demasiado acerca del modo de conversar.
También trataba de buscar qué es lo que había dentro de las personas y saber
cuáles eran los sentimientos y motivaciones de la familia. Ahora en cambio, me
centro en la conversación misma y en el lenguaje que se usa en la misma. Me
interesa mucho más el rol que juega lo corporal en la creación de significado. De
modo que ahora he estado intentando poner en tela de juicio algunas de las
premisas freudianas que sostiene que hay un núcleo interno, un self interno o una
estructura interna, ya sea biológica o psicológica, desde la cual nosotros hablamos
y actuamos. Nadie ha podido comprobar que esta estructura realmente exista. Sin
embargo, hemos estado tanto tiempo convencidos de que debía haber algo ahí
dentro que empezamos a hablar y actuar como si tal cosa existiera.

Por eso, recientemente, llegué a la conclusión de que tal estructura interna de la


que habíamos estado hablando durante tanto tiempo, no existía.

Mi premisa es que lo único que tenemos es el cuerpo, la fisiología y las conversaciones.


No hay nada que pruebe la existencia de construcciones psicológicas, tales como el
ego, el super-ego, el inconsciente, etc.

Estas construcciones de las que hemos hablado tanto como si realmente existieran
son un producto del lenguaje, de un tipo de lenguaje muy practicado. Si uno empieza
a hablar demasiado acerca de algo, termina creyendo que realmente existe.

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P.S.: ¿Cómo ha modificado su trabajo este tipo de conclusiones?

T.A.: Para mí ahora todo se centra en la conversación y cómo la gente que forma
parte de la misma es transformadas y cambiada por la conversación en sí misma.
Los cambios se producen por estar en conversación.

P.S.: ¿Cuándo usted puede decir que la gente se ha modificado en la conversación?


¿Cuáles son las señales?

T.A.: Creo que no he prestado demasiada atención a ese tipo de señales, ya que lo
que me ha preocupado en verdad enormemente es darle a la gente la posibilidad
de hablar acerca de las mismas cosas de una manera diferente. Hablando de una
manera diferente, las personas pueden también empezar a pensar de una manera
diferente y a actuar y vivir de un modo distinto. Todo esto significa poder estar
presente en la vida de una manera diferente.

P.S.: ¿Cómo maneja con los pacientes el tema de poner fin a una terapia?

T.A.: He estado viajando tanto últimamente que en realidad tengo sólo algunos
pocos casos que pueda seguir. Pero debo decir que el final de una terapia es un
tema a debatir con el paciente. Le pregunto cómo le resulta seguir viniendo, si
todavía sigue valiendo la pena, si todavía es un encuentro del cual puede ganar
cosas, o si siente que puede estar sin esos debates o conversaciones.

Creo que todo debería ser discutido en la terapia. Yo no puedo saber cuándo el
paciente ya no tiene más necesidad de acudir a la consulta. Con esta modalidad me
siento más cómodo cuando trabajo.

P.S.: ¿Cuál es su marco epistemológico en la actualidad?

T.A.: Bueno...no estoy muy seguro. Me parece que tenemos que ser muy
cuidadosos cuando hablamos de estas cuestiones o de estos términos como
"constructivismo", "cibernética de segundo orden", "construccionismo social". Por
eso trato de no usar esta terminología y digo en cambio, que lo que yo hago es
tratar de hablar con la gente, para conocerlos, para trabajar junto con ellos.

También, en vez de usar la palabras supervisiones, prefiero y además me gusta


decir que hablo y trabajo con mis colegas. Por supuesto que también prefiero decir
que hablo y discuto con mis alumnos en lugar de decir que les enseño o los educo.
En definitiva, lo que hago y prefiero, es conversar con la gente sobre cosas acerca
de las cuales tanto ellos como yo podamos hablar. Además yo también debo
tenerme en cuenta. No debiera conversar sobre cuestiones acerca de las cuales no
puedo hablar. Me pasó una vez en Los Angeles que tenía que hablar con una mujer
mientras varias personas estaban observando. Le hice a la mujer una pregunta en
relación a algo que acababa de mencionar, pero luego me di cuenta que se trataba
de un tema que no debía tratarse en tales circunstancias con tanta gente ahí
observando. Lamentablemente pregunté por el nombre de un hombre y la mujer
me aclaró que no debíamos hablar acerca de él. De modo que traté de tomar otro
tema, de hablar de otra cosa, pero su nombre apareció por segunda vez.
Nuevamente intenté seguir con otra cuestión, pero el nombre surgió entonces por
tercera vez. Entonces tuve que tomar una decisión y asumí la responsabilidad de
decir "no podemos hablar aquí". Los terapeutas locales se sintieron

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culpados/culpables, frente a lo cual les dije que lo lamentaba mucho pero que no
podíamos seguir hablando ahí delante de todos. Luego de disculparme, nos
retiramos y buscamos otra habitación donde poder continuar. Fue muy importante
para esta mujer poder hablar entonces sobre este hombre.

Para mí es fundamental no forzarme a mí mismo a continuar con el encuentro si


aparece algún momento en el cual siento que no puedo continuar o no sé qué hacer.
Lo único que puedo hacer en esas ocasiones es decir que lo siento mucho y no
continuar con la sesión. Antes de entrar, siempre trato de recordarme a mí mismo
que debo permitirme decir "no puedo hacerlo" cuando esto ocurre. Sería peligroso
si tomara la posición de "debo, podré hacerlo todo, debo poder lograrlo, y mostrarles
cuán bueno soy".

La conversación interna y la conversación externa: caminar dentro de las


palabras

T.A.: Nosotros no tenemos una lengua sino que estamos en la lengua, estamos
rodeados por el lenguaje. Por eso quiero explorar más acerca del lenguaje.

Antes solía pensar que se daban movimientos adentro de nosotros, en cambio


ahora creo que nosotros estamos/ somos en el movimiento, en el lenguaje y que no
tenemos la lengua adentro de nosotros.

Estamos/ somos en las relaciones, en la naturaleza.

Cuando la gente habla puedo ver algo en las caras de la gente que me dice que esa
palabra que está usando es importante. Muchas veces le digo a la gente cuando
habla que noté que mencionó una determinada palabra y entonces les pido que
examinen la palabras y me digan si hay más palabras en esa palabra.

En general, les pregunto si la palabra que acababan de mencionar es chica o grande.


una vez una paciente me dijo que era grande, entonces le propuse que caminara
hacia adentro de la palabra y me dijera lo que podía ver y escuchar. La señora
escuchó música. Entonces le pregunté qué música escuchaba. Me respondió y
comenzó a llorar. Luego le pregunté si prefería escuchar esa música a solas o si
prefería hacerlo junto con otras personas. Este fue un trabajo muy rico porque las
mismas palabras son muy ricas.

Por supuesto que hay que ir muy lentamente para hacer este tipo de trabajo. Por
eso primero digo "usted acaba de mencionar esta palabra..." y veo si la respuesta
me permite hacer una nueva pregunta. Luego pregunto ¿es esa la palabra que
usualmente le viene a la cabeza cuando está hablando o pensando?

Todas estas son preguntas que preparan el camino para comenzar a explorar
dentro de la palabras.

Siempre hay más para ver y escuchar en las palabras que lo que se ve de entrada.
Siempre prefiero quedarme un rato en aquello que parece ser significativo para la
gente y luego meterme adentro.

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Luego de este tipo de trabajos los consultantes salen distintos, aún para los ojos de
los otros. Y de esta manera, la gente también empieza a escuchar de una manera
diferente.

Notas

(*) Tom Andersen es psiquiatra y profesor del Institute of Community Medicine


( Instituto de Medicina Comunitaria), Sección de Psiquiatría Social, de la
Universidad de Tromso, Noruega. Creador del Equipo Reflexivo, intervención que
sentó la base para los modelos reflexivos en la terapia familiar. Es autor del Libro
"El equipo reflexivo. Diálogos y Diálogos sobre diálogos". Ed. Gedisa.