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"Hay un bosque del paseante, del fugitivo, del indígena, un bosque del caza-

1 sa s or del mundo. Una an trop olo . la de los sentido


dor, del guardamonte o del cazador furtivo, un bosque de los enamorados, David Le Breton
de los ornitólogos, está también el bosque de los animales o el de los árbo-
les, el bosque de día o de noche. Son mil bosques en uno solo, mil verdades
de un mismo misterio que se escabulle y que sólo se entrega fragmentaria-
mente". Del mismo modo, existe un paisaje, un sonido, un sabor, un
perfume, un contacto, una caricia para desplegar la sensación de la presen-
cia y avivar la conciencia de sí mismo. David Le Breton explora los senti-
El sabor del mundo
dos, todos nuestros sentidos, como pensamiento del mundo. Esta vez el
antropólogo se deja sumergir en el mundo para estar dentro de él y no delan-
Una antropología de los sentidos
te de él. Nos muestra que el individuo sólo cobra conciencia de sí mismo a
través de los sentidos, que experimenta su propia existencia mediante reso-
nancias sensoriales y perceptivas.
De esta manera, todo hombre camina en un universo sensorial vinculado
con lo que su cultura y su historia personal han hecho de su educación, ya
que cada sociedad dibuja una "organización sensorial" que le es propia.
Percibir los colores es un aprendizaje, tanto como escuchar o ver. Tocar,
palpar, sentir en el agobio o el sufrimiento es hacer aflojar la piel y el pensa-
miento ante el carácter concreto de las cosas, pero es también sentirse,
saborearse y a veces incluso llegar a sentir disgusto consigo mismo.
El autor se convierte en explorador de los sentidos, sin omitir nada sobre
nuestras atracciones y nuestros rechazos. Al proponer que se reflexione de
ahora en más bajo el lema "siento, luego soy" nos recuerda que la condición
humana, antes de ser espiritual, es completamente corporal.

David Le Breton es profesor en la universidad de Estrasburgo y miembro del laboratorio

II avi s e :r .
Culturas y sociedades en Europa. Es autor de Coros et société, Antropología del cuerpo y
modernidad (Nueva Visión, 1999), La sociología del cuerpo (Nueva Visión, 2002), Des
visages, Passions du cisque, La Chair á vif, Du silence, L'Adieu au corps, Eloge de la
marche,Lapeau et la Trace, Signes d'identité y Anthropologie de la douleur.

.S.B.N 978 950-602-555-7

9, 789506111025551117 Nueva Visión


David Le Breton

1
EL SABOR DEL MUNDO
COLECCIÓN David Le Breton
CULTURA Y SOCIEDAD

EL SABOR
DEL MUNDO
Una antropología
de los sentidos

Ediciones Nueva Visión


Buenos Aires
Le Breton, David
El sabor del mundo. Una antropología de los sentidos -1á ed. -1' reimpresión
- Buenos Aires: Nueva Visión, 2009.
368 p., 23x15 cm (Cultura y Sociedad)
Traducido por Heber Cardoso
I.S.B.N. 978-950-602-555-7
1. Antropología I. Cardoso, Heber, trad. II. Título
CDD 301

Título del original en francés: Para Armand Touatz, que conocía el sabor de
La saveur du Monde. Une antthropologie des sens vivir y pensar el mundo y que ahora ha partido,
Éditions Métailié, Paris, 2006 solo, a explorar ese otro sabor del que Boris Vi an
habla en un texto famoso, aunque esta vez no
podrá compartirlo con sus amigos. En reconoci-
miento a la deuda de una amistad imborrable.
ISBN 978-950-602-555-7
Y para Hnina, pues el sabor del mundo necesita
un rostro.
Traducción de Heber Cardoso

LA F OPIA Toda reproducción total o parcial de esta obra por cualquier


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Y ES U7áELITO
samente autorizada por el editor constituye una infracción a
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© 2007 por Ediciones Nueva Visión SAIC, Tucumán 3748, (1189) Buenos Aires,
República Argentina. Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723. Impreso en la
Argentina / Printed in Argentina
Cuando, al abandonar la iglesia, me arrodillé ante el
altar de pronto sentí, al incorporarme, escapar de los
espinillos un olor amargo y dulce a almendras, y
advertí entonces en las flores pequeñas manchas más
ocres, bajo las que me figuraba debía estar oculto
aquel olor, como lo estaba, bajo las partes gratinadas,
el sabor del pastel de almendras o, bajo los manchones
de rubor, el de las mejillas de Mlle. Vinteuil.

Marcel Proust, Du cóté de chez Swana


INTRODUCCIÓN

Me gusta que el saber haga vivir, que cultive, me gusta


convertirlo en carne yen hogar, que ayude a beber y a
comer, a caminar lentamente, a amar, a morir, a veces
a renacer, me gusta dormir entre sus sábanas, que no
sea exterior a mí.

Michel Serres,
Les Cinq Seas

Antropología de los sentidos

Para el hombre no existen otros medios de experimentar el mundo sino


ser atravesado y permanentemente cambiado por él. El mundo es la
emanación de un cuerpo que lo penetra. Entre la sensación de las cosas
y la sensación de sí mismo se instaura un vaivén. Antes del pensamien-
to, están los sentidos. Decir, con Descartes, "Pienso, luego existo" sig-
nifica omitir la inmersión sensorial del hombre en el seno del mundo.
"Siento, luego existo" es otra manera de plantear que la condición hu-
mana no es por completo espiritual, sino ante todo corporal. La antro-
pología de los sentidos implica dejarse sumergir en el mundo, estar
dentro de él, no ante él, sin desistir de una sensualidad que alimenta la
escritura y el análisis. El cuerpo es proliferación de lo sensible. Está
incluido en el movimiento de las cosas y se mezcla con ellas con todos sus
sentidos. Entre la carne del hombre y la carne del mundo no existe
ninguna ruptura, sino una continuidad sensorial siempre presente. El
individuo sólo toma conciencia de sí a través del sentir, experimenta su
existencia mediante }as resonancias sensoriales y perceptivas que no
dejan de atravesarlo.
La breve incidencia de la sensación rompe la rutina de la sensibilidad
de sí mismo. Los sentidos son una materia destinada a producir sentido;
sobre el inagotable trasfondo de un mundo que no cesa de escurrirse,
configuran las concreciones que lo vuelven inteligible. Uno se detiene
ante una sensación que tiene más sentido que las demás y abre los
arcanos del recuerdo o del presente; pero una infinidad de estímulos nos
atraviesa a cada momento y se desliza en la indiferencia. Un sonido, un
sabor, un rostro, un paisaje, un perfume, un contacto corporal desplie-
gan la sensación de la presencia y avivan una conciencia de sí mismo
algo adormecida al cabo del día, a menos que se viva incesantemente
atento a los datos del entorno. El mundo en el que nos movemos existe conforman la trama de la existencia, incluso las más imperceptibles,
mediante la carne que va a su encuentro. comprometen la interfase del cuerpo. El cuerpo no es un artefacto que
La percepción no es coincidencia con las cosas, sino interpretación. aloja un hombre obligado a llevar adelante su existencia a pesar de ese
Todo hombre camina en un universo sensorial vinculado a lo que su obstáculo. A la inversa, siempre en estrecha relación con el mundo, traza
historia personal hizo con su educación. Al recorrer un mismo bosque, su camino y vuelve hospitalaria su recepción. "Así, lo que descubrimos
individuos diferentes no son sensibles a los mismos datos. Está el bosque al superar el prejuicio del mundo objetivo no es un mundo interior te-
del buscador de hongos, del paseante, del fugitivo, el del indígena, el nebroso" (Merleau-Ponty, 1945, 71). Es un mundo de significados y
bosque del cazador, del guardamonte o del cazador furtivo, el de los valores, un mundo de connivencia y comunicación entre los hombres en
enamorados, el de los que se han extraviado en él, el de los ornitólogos, presencia del medio que los alberga.
también está el bosque de los animales o de los árboles, el bosque du- Cada sociedad dibuja así una "organización sensorial" propia (Ong,
rante el día y durante la noche. Mil bosques en uno solo, mil verdades 1971, 11). Frente ala infinidad de sensaciones posibles en cada momen-
de un mismo misterio que se escabulle y que sólo se entrega fragmenta- to, una sociedad define maneras particulares para establecer seleccio-
riamente. No existe verdad del bosque, sino una multitud de percepcio- nes planteando entre ella y el mundo el tamizado de los significados, de
nes sobre el mismo, según los ángulos de enfoque, las expectativas, las los valores, procurando de cada uno de ellos las orientaciones para
pertenencias sociales y culturales. existir en el mundo y comunicarse con el entorno. Lo que no significa que
El antropólogo es el explorador de esas diferentes capas de realidad las diferencias no deslinden a los individuos entre sí, incluso dentro de
que encajan entre sí. Al final él también propone su propia interpreta- un grupo social de un mismo rango. Los significados que se adosan a las
ción del bosque, pero procura ampliar su mirada, sus sentidos, para percepciones son huellas de la subjetividad: encontrar dulce un café o el
comprender ese hojaldre de realidades. A diferencia de los demás, no agua para el baño más bien fría, por ejemplo, a veces suscita un debate
desconoce lo dicho a medias. Pero su trabajo consiste en el deslinde de que demuestra que las sensibilidades de unos y otros no resultan
esas diferentes sedimentaciones. Dado que recuerda a Breton, sabe que exactamente homologables sin matices, pese a que la cultura sea com-
el mundo es un "bosque de indicios" donde se disimula lo real, cuya búsque- partida por los actores.
da lo alimenta. El investigador es un hombre del laberinto a la bús-
queda de un improbable centro. La experiencia sensible reside ante todo La antropología de los sentidos se apoya en la idea de que las
en los significados con los que se vive el mundo, pues éste no se entrega percepciones sensoriales no surgen solo de una fisiología, sino ante todo
bajo otros auspicios. W. Thomas decía que a partir de que los hombres de una orientación cultural que deja un margen a la sensibilidad in-
consideran las cosas como reales, éstas son reales en sus con-secuencias. dividual. Las percepciones sensoriales forman un prisma de significa-
Nuestras percepciones sensoriales, encastradas a significados, dibu- dos sobre el mundo, son modeladas por la educación y se ponen en juego
jan los fluctuantes límites del entorno en el que vivimos y expresan su según la historia personal. En una misma comunidad varían de un
amplitud y sabor. El mundo del hombre es un mundo de la carne, una individuo a otro, pero prácticamente concuerdan sobre lo esencial. Más
construcción nacida de su sensorialidad y pasada por el cedazo de su con- allá de los significados personales insertos en una pertenencia social, se
dición social y cultural, de su historia personal, de la atención al medio desprenden significados más amplios, lógicas de humanidad (antropo-
que lo rodea. Levantado entre el cielo y la tierra, matriz de la identidad, lógicas) que reúnen a hombres de sociedades diferentes en su sensibili-
el cuerpo es el filtro mediante el cual el hombre se apropia de la dad frente al mundo. La antropología de los sentidos es una de las
sustancia del mundo y la hace suya por intermedio de los sistemas innumerables vías de la antropología, evoca las relaciones que los hom-
simbólicos que comparte con los miembros de su comunidad (Le Breton, bres de las múltiples sociedades humanas mantienen con el hecho de
1990, 2004). El cuerpo es la condición humana del mundo, el lugar donde ver, de oler, de tocar, de escuchar o de gustar.' Aunque el mapa no sea
el incesante flujo de las • cosas se detiene en significados precisos o en el territorio donde viven los hombres, nos informa sobre ellos, recuerda
ambientes, se metamorfosea en imágenes, en sonidos, en olores, en tex-
turas, en colores, en paisajes, etc. El hombre participa en el lazo social 'Si nos remitimos a la sola existencia de los cinco sentidos, ciertas sociedades
no solo mediante su sagacidad y sus palabras, sus empresas, sino humanas distinguen menos o más. "No existen más sentidos que los cinco ya estudia-
dos", dice Aristóteles (1989, 1) de una vez para siempre en la tradición occidental. Sin
también mediante una serie de gestos, de mímicas que concurren a la duda que también se pueden identificar otros sentidos, a menudo vinculados con el
comunicación, a través de la inmersión en el seno de los innumerables tacto: la presión, la temperatura (lo caliente, lo frío), el dolor, la kinestesia, la
rituales que pautan el trascurrir de lo cotidiano. Todas las acciones que propiocepción que nos informa acerca de la posición y los movimientos del cuerpo en el

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las líneas de fuerza y levanta un espejo deformado que incita al lector a cuando el hombre tecnológico moderno piensa en el universo flsico, pien-
ver mejor lo que lo aleja y lo que lo acerca al otro, y así, de recoveco en sa en algo susceptible de ser visualizado, en términos de medidas o de
recoveco, le enseña a conocerse mejor. representaciones visuales. El universo es para nosotros algo de lo que
El mundo no es el escenario donde se desarrollan sus acciones, sino esencialmente se puede construir una imagen" (Ong, 1969, 636). En
su medio de evidencia: estamos inmersos en un entorno que no es más nuestras sociedades, la vista ejerce un ascendiente sobre los demás
que lo que percibimos. Las percepciones sensoriales son ante todo la sentidos; es la primera referencia. Pero otras sociedades, más que de
proyección de significados sobre el mundo. Siempre son actos de sope- "visión" del mundo, hablarían de "gustación", de "tactilidad", de "audi-
sar, una operación que delimita fronteras, un pensamiento en acción ción" o de "olfacción" del mundo para dar cuenta de su manera de pensar
sobre el ininterrumpido flujo sensorial que baña al hombre. Los sentidos o de sentir su relación con los otros y con el entorno. Una cultura de-
no son "ventanas" abiertas al mundo, "espejos" que se ofrecen para el termina un campo de posibilidad de lo visible y de lo invisible, de lo táctil
registro de cosas en completa indiferencia de las culturas o de las sen- y de lo no táctil, de lo olfativo y de lo inodoro, del sabor y de lo in-sípido,
sibilidades; son filtros que solo retienen en su cedazo lo que el individuo de lo puro y de lo sucio, etc. Dibuja un universo sensorial particular; los
ha aprendido a poner en ellos o lo que procura justamente identificar mundos sensibles no se recortan, pues son también mundos de signifi-
mediante la movilización de sus recursos. Las cosas no existen en sí; cados y valores. Cada sociedad elabora así un "modelo sensorial"
siempre son investidas por una mirada, por un valor que las hace dignas (Classen, 1997) particularizado, por supuesto, por las pertenencias de
de ser percibidas. La configuración y el límite de despliegue de los clase, de grupo, de generación, de sexo y, sobre todo, por la historia
sentidos pertenecen al trazado de la simbólica social. personal de cada individuo, por su sensibilidad particular. Venir al
Experimentar el mundo no es estar con él en una relación errónea o mundo es adquirir un estilo de visión, de tacto, de oído, de gusto, de
justa; es percibirlo con su estilo propio en el seno de una experiencia olfacción propio de la comunidad de pertenencia. Los hombres habitan
cultural. "La cosa nunca puede ser separada de alguien que la perciba, universos sensoriales diferentes.
nunca puede ser efectivamente en sí porque sus articulaciones son las La tradición cristiana conserva asimismo la doctrina de los sentidos
mismas que las de nuestra existencia, ya sea que se plantee al cabo de espirituales formulada por Orígenes (Rahner, 1932), retomada por Gre-
una mirada o al término de una exploración sensorial que le confiera gorio de Nisa, evocada por San Agustín y desarrollada por Buenaventu-
humanidad. En esa medida, toda percepción es una comunicación o una ra. Los sentidos espirituales están asociados al alma, se inscriben en la
comunión, un retomar o un concluir por nuestra parte de una intención metafisica abierta por una fe profunda que llevaba a percibir con
extraña o, a la inversa, el cumplimiento desde fuera de nuestras ca- órganos espirituales la impresión de la presencia de Dios, de cuya sen-
pacidades perceptivas, algo así como un acoplamiento de nuestro cuerpo sorialidad profana era incapaz de dar cuenta. Los sentidos espirituales
con las cosas" (Merleau-Ponty, 1945, 370). En todo momento las activi- no habitan en forma permanente al fiel; a veces intervienen mediante
dades perceptivas decodifican el mundo circundante y lo transforman intuiciones fulgurantes que dan acceso a una realidad sobrenatural
en un tejido familiar, coherente, incluso cuando a veces asombra con los marcada por la presencia de Dios. Conforman un sentir del alma ade-
toques más inesperados. El hombre ve, escucha, huele, gusta, toca, cuado para penetrar universos sin común medida con la dimensión
experimenta la temperatura ambiente, percibe el rumor interior de su corporal de los demás sentidos. "Una vista para contemplar los objetos
cuerpo, y al hacerlo hace del mundo una medida de su experiencia, lo supracorporales, como es manifiestamente el caso de los querubines o de
vuelve comunicable para los demás, inmersos, como él, en el seno del los serafines; un oído capaz de distinguir voces que no resuenan en el
mismo sistema de referencias sociales y culturales. aire; un gusto para saborear el pan vivo descendido del cielo a los efectos
El empleo corriente de la noción de visión del mundo para designar de dar vida al mundo" (Job, 6-33); asimismo, un olfato que perciba las
un sistema de representación (también una metáfora visual) o un sistema realidades que llevaron a Pablo a decir: "Pues nosotros somos para Dios
simbólico adecuado a una sociedad traduce la hegemonía de la vista en el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden"
nuestras sociedades occidentales, su valorización, que determina que no (2 Corintios 2-15); un tacto que poseía Juan cuando nos dice que palpó
haya mundo que no sea el que se ve. "Esencialmente —escribe W. Ong—, con sus manos el Verbo divino. Salomón ya sabía "que hay en nosotros
dos clases de sentidos: uno, mortal, corruptible, humano; el otro, in-
mortal, espiritual, divino" (Rahner, 1932, 115).
espacio y procura una sensación de sí mismo que favorece un equilibrio y, por lo tanto,
un empleo propicio del espacio para el individuo, unos y otros vinculados al tacto, en
Numerosos trabajos, en especial en América, han intentado acercar
nuestras sociedades, pero que poseen su especificidad. de manera precisa y sistemática esa profusión sensorial a los efectos de

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ver cómo las sociedades le dan un sentido particular: Howes (1991, 2003, supuesto que habrá ganado la unidad de la síntesis y la evidencia de la
2005), Classen (1993a, 1993b, 1998, 2005), Classen, Howes, Synnott simple razón; pero perderá lo real del objeto en la clausura simbólica del
(1994), Ong (1997), Stoller, 1989, 1997), o de historiadores como Corbin discurso que reinventa el objeto a su propia imagen o, más bien ; según
(1982, 1988, 1991, 1994), Dias (2004), Gutton, (2000), Illich (2004), etc. su propia representación. Por el contrario, quien desee ver o, más bien,
La lista de investigadores, o la de aquellos dedicados a algún aspecto mirar perderá la unidad de un mundo cerrado para reencontrarse en la
particular de la relación de lo sensible con el mundo, sería interminable. inconfortable apertura de un universo flotante, entregado a todos los
D. Howes señala una dirección posible: "La antropología de los sentidos vientos del sentido" (Didi-Huberman, 1990, 172).
procura ante todo determinar cómo la estructura de la experiencia sen- Esbocé este trabajo hace quince años, en la Antropología del cuerpo y
sorial varía de una cultura a otra según el significado y la importancia modernidad (1990), sugiriendo la importancia de una antropología de
relativa que se otorga a cada uno de los sentidos. También intenta los sentidos, al analizar en particular la importancia occidental de la
establecer la influencia de esas variaciones sobre las formas de organi- vista. Cargué con este libro durante todo ese tiempo, trabajando en él sin
zación social, las concepciones del yo y del cosmos, sobre la regulación descanso, pero de manera tranquila, con la sensación de tener ante mí
de las emociones y sobre otros campos de expresión corporal" (Howes, un océano que debía atravesar. Acumulé materiales, encuestas, obser-
1991, 4). vaciones, lecturas, viajes, escribía en cada ocasión algunas líneas o al-
gunas páginas. En los intersticios que me concedía el trabajo para otra
El antropólogo deconstruye la evidencia social de sus propios sentidos obra, a veces durante un año trataba de explorar de manera sistemática
y se abre a otras culturas sensoriales, a otras maneras de sentir el mun- un sentido, luego otro. El tiempo transcurría, las páginas se sumaban.
do. La experiencia del etnólogo o del viajero a menudo es la del ex- A veces publicaba un artículo específico acerca de las modalidades
trañamiento de sus sentidos, resulta enfrentado a sabores inesperados, culturales de uno u otro sentido.
a olores, músicas, ritmos, sonidos, contactos, a empleos de la mirada que Escribir sobre una antropología de los sentidos suscita, en efecto, la
trastornan sus antiguas rutinas y le enseñan a sentir de otra manera su cuestión de la escritura: ¿qué intriga seguir de una punta a la otra?
relación con el mundo y con los demás. Los valores atribuidos a los ¿Cómo elegir entre la infinidad de datos para dar carne a dicha intención
sentidos no son los de su sociedad. "Desde el comienzo, África tomó por sin extraviar al lector en la profusión y la acumulación? A veces trabajé
asalto mis sentidos", dice P. Stoller, quien evoca la necesidad de ese des- durante semanas o meses sobre los aspectos sociales de percepciones
centramiento sensorial para acceder a la realidad viva de los modos de sensoriales que finalmente no conservé en la obra por falta de coheren-
vivir de los songhay: "El gusto, el olfato, el oído y la vista ingresan en un cia con el conjunto. A menudo tuve la impresión de que lo esencial del
marco nigeriano. Ahora dejo que las visiones, los sonidos, los olores y los trabajo consistía en podar, en tener que suprimir dolorosamente distin-
gustos de Níger penetren en mí. Esa ley fundamental de una epistemo- tos caminos para mantener un rumbo, una coherencia en la escritura y
logía humilde me enseñó que, para los songhay, el gusto, el olfato y la en el pensamiento. Por eso, cuando lo pienso, me da la impresión de
audición a menudo son mucho más importantes que la vista, el sentido haber empleado quince años en escribir esta obra yen superar uno a uno
privilegiado de Occidente" (Stoller, 1989, 5). los arrepentimientos hasta decidirme finalmente a enviarla a Anne-
La experiencia antropológica es una manera de desprenderse de las Marie Métailié, que la esperaba desde comienzos de la década de 1990.
familiaridades perceptivas para volver a asir otras modalidades de acer- De nuevo le debo un profundo reconocimiento por concebir su oficio corno
camiento, para sentir la multitud de mundos que se sostienen en el un acompañamiento del trabajo de los autores mediante la notoria
mundo. Entonces, es un rodeo para aprender a ver, da forma a "lo no confianza que les prodiga. Sin ella, quizá no me habría lanzado a un
visto" (Marion, 1992, 51) que esperaba una actualización. Inventa de un proyecto tan ambicioso. Debo reiterar que mi deuda es también conside-
modo inédito el gusto, la escucha, el tacto, el olfato. Rompe las rutinas rable para con Hnina, quien leyó y releyó los diferentes capítulos de la
de pensamiento sobre el mundo, apela a despojarse de los antiguos obra.
esquemas de inteligibilidad para inaugurar una ampliación de la mi-
rada. Es una invitación a la gran amplitud de los sentidos y del sentido,
pues sentir nunca se da sin que se pongan en juego significados. Es un
recuerdo a todos los vientos del mundo de que cualquier socialización es
una restricción de la sensorialidad posible. La antropología hace volar
en pedazos lo común de las cosas. "El que elige tan solo saber, por

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1. UNA ANTROPOLOGÍA
DE LOS SENTIDOS

Todo conocimiento se encamina en nosotros mediante


los sentidos; son nuestros maestros [...] La ciencia
comienza por ellos y se resuelve en ellos. Después de
todo, no sabríamos más que una piedra si no supiéra-
mos que tiene su olor, luz, sabor, medida, peso, consis-
tencia, dureza, aspereza, color, bruñido, ancho, pro-
fundidad [...] Cualquiera puede impulsarme a con-
tradecir los sentidos; basta con que me tome del cuello
y, haciéndome retroceder, me arrincone. Los sentidos
son el comienzo y el fin del conocimiento humano.

Montaigne,
Apologie de Rairnond Sebona'

Solo existe el mundo


de los sentidos y del sentido

El mundo perceptivo de los esquimales, en medio del singular entorno


del Gran Norte, difiere ampliamente del de los occidentales. La vista,
sobre todo, adopta una tonalidad propia. Para una mirada no acostum-
brada, el paisaje que ofrecen los bancos de hieo l pai finitamente
monótono, sin perspectiva posible, sin contornos donde fijar la mirada
y situarla, en especial durante el período invernal. Si se levanta el viento
o si cae la nieve, la confusión del espacio aumenta produciendo una
escasa visibilidad. Para E. Carpenter, no por ello los aiviliks dejan de
saber cómo jalonar su camino ni cómo reconocer dónde se hallan; sin
embargo, dice que nunca escuchó a ninguno de ellos hablarle del espacio
en términos de visualidad. Caminan sin perderse, incluso cuando la
visibilidad se halla reducida a cero. Carpenter relata una serie de ex-
periencias. Por ejemplo, un día de intensa bruma, "escuchaban las olas
y los gritos de los pájaros que anidaban en los promontorios; sentían la
ribera y las olas; sentían el viento y el rocío del mar sobre el rostro, leían
a sus espaldas las estructuras creadas por los movimientos del viento
y los olores. La pérdida de la vista no significaba en absoluto una
carencia. Cuando empleaban la mirada, lo hacían con una agudeza
que me asombraba. Pero no se hallaban perdidos sin ella" (Carpen-
ter, 1973, 36).

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• LQS aiviliks recurren a una sensorialidad múltiple en el transcurso de viento o del paisaje. Pero no son solo cánticos; son celebraciones del
sus desplazamientos; nunca se pierden, pese a las transformaciones, a estrecho vínculo que une a los hombres con el mundo bajo todas sus
ve-ces rápidas, de lás condiciones atmosféricas. El ruido, los olores, la formas. Eljoik no es en absoluto una palabra encerrada en la repetición
dirección y la intensidad del viento les proporcionan valiosas informa: de los orígenes, sino un entorno abierto, donde aparecen nuevas formas
ciones. Establecen su camino mediante diversos elementos de orienta- según las circunstancias y son mimadas a través de un puñado de pa-
Ción. "Esas referencias no están constituidas por objetos o lugares con- labras o, a veces, simplemente de sonidos. Para los saami, el mundo no
cretos, sino por relaciones; relaciones entre, por ejemplo, contornos, la solo se da a través de la vista, sino también mediante los sonidos.
calidad de la nieve y del viento, el tenor de sal en el aire, el tamaño de
las resquebrajaduras en el hielo. Puedo aclarar aun más este aspecto con
una ilustración. Me encontraba con dos cazadores que seguían una pista Los sentidos
que yo no podía ver, incluso si me inclinaba hasta muy cerca del suelo como pensamiento del mundo
para tratar de discernirla. Ellos no se arrodillaban para verla, sino que,
de pie, la examinaban a distancia" (21). Una pista está hecha de olores La condición humana es corporal. El mundo sólo se da bajo la forma de
difusos, puede sentirse su gusto, su tacto, escuchársela; llama la lo sensible. En el espíritu no existe nada que antes no haya estado en los
atención con señales discretas que no solo advierte la vista. sentidos. "Mi cuerpo tiene la misma carne que la del mundo”, dice Mer-
Los aiviliks disponen de un vocabulario que contiene una docena de leau-Ponty (1964, 153). Las percepciones sensoriales arrojan físicamen-
términos para designar los distintos modos en que sopla el viento o la te al hombre al mundo y, de ese modo, al seno de un mundo de
contextura que tiene la nieve. Y desarrollan un vocabulario amplio en significados; no lo limitan, lo suscitan. En un pasaje de Aurora, Nietzs-
materia de audición y de olfacción. Para ellos, la vista es un sentido che imagina que "ciertos órganos podrían ser transformados de tal modo
secundario en términos de orientación. "Un hombre de Anaktuvuk Pass, que percibieran sistemas solares enteros, contraídos y conglomerados
a quien le preguntaba qué hacía cuando se encontraba en un sitio nuevo, en sí mismos, como una célula única; y, para los seres conformados de
me respondió: "Escucho. Eso es todo". "Escucho" quería decir "escucho lo manera inversa, una célula del cuerpo humano podría presentarse como
que ese lugar me dice. Lo recorro con todos mis sentidos al acecho para un sistema solar, con su movimiento, su estructura, su armonía". Más
apreciarlo, mucho antes cie pronunciar una sola palabra" (López, 1987, adelante, observa que el hombre mantiene con su cuerpo una relación
344). En su cosmología, el mundo fue creado por el sonido. Allí donde un comparable a la de la araña con su tela. "Mi ojo -escribe-, ya sea agudo
occidental diría: "Veamos qué es lo que hemos escuchado", ellos dicen o pobre, no ve más allá de un cierto espacio y en ese espacio veo y actúo,
"escuchemos lo que vemos" (Carpenter, 1973, 33). Su concepto del es- esa línea de horizonte es mi destino más cercano, sea grande o pequeño,
pacio es móvil y diferente de la geografía cerrada y visual de los 'al que no puedo escapar. En torno a cada ser se extiende así un círculo
occidentales; se presta a los cambios radicales que introducen Tás concéntrico que tiene un centro que le es propio. Del mismo modo, el oído
estaciones y la longitud de la noche o del día, los largos períodos de nieve nos encierra en un pequeño espacio. Lo mismo sucede con el tacto. Según
esos horizontes donde nuestros sentidos nos encierran a cada uno de(
y hielo que vuelven caduca cualquier referencia visual. El conocimiento
del espacio es sinestésico y constantemente mezcla el óóiljuntó -d1 la ■ nosotros como dentro de los muros de una prisión, decimos que esto está
áensorialidad. En la tradición de los inuits, los hoMbres y -fos aniniales cercano y aquello lejano, que esto es grande y aquello pequeño, que esto
tablában la misma lengua, y los cazadores de antaño, antes de que es duro y aquello blando".' Nietzsche describe el encierro del hombre en
aparecieran las armas de fuego, debían demostrar una paciencia infini- el seno de los límites de su cuerpo y su dependencia con respecto al
ta para acercarse a los animales y saber identificar sus huellas sonoras mismo en materia de conocimiento.
para llegar a ellos sin hacer ruido. Una "conversación" sutil se anudaba Pero, de modo simultáneo, la carne es la vía de apertura al mundo. Al

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entre el cazador y su presa en una trama simbólica donde ambos se experimentarse a sí mismo, el individuo también experimenta el acon-
encontraban relacionados entre sí. tecimiento del mundo. Sentir es a la vez desplegarse como sujeto y
Otras comunidades del Gran Norte colocan asimismo al sonido en el cen : acoger la profusión del exterior. Pero la complexión física no es más que
,tro de sus cosmogonía@, apelando ala evocación de la audición del mun- un elemento de funcionamiento de los sentidos. El primer límite es me-
do antes que a la visión del mundo. Los saami, por ejemplo, poseen la nos la carne en sí misma que lo que la cultura hace con ella. No es tanto
tradición del joik. (Beach, 1988), una descripción cantada de la tierra y
de sus habitantes. Son evocaciones de los animales, de los pájaros, del
' F. Nietzsche, Aurore, Gallimard, París, 1970, págs. 128-129 [Aurora: pensamientos
sobre los prejuicios morales, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000].

20 21
el cuerpo el que se interpone entre el hombre y el mundo, sino un de las cosas son así el hecho de una actitud mental inducida por una
universo La biología se borra ante lo que la cultura le mediación directa o por una flotación de la vigilancia. "Nunca vivo por
prestá como aptitud. Si el cuerpo y los sentidos son los mediadores entero en los espacios antropológicos; siempre estoy ligado por mis raí-

1
r--
de nuestra relación con el mundo, solo lo son a través de lo simbólico
que los atraviesa.
ey:0,4 i'
Los límites del cuerpo, como los del universo del hombre, son los que -1
procinalstembóicodlsquetrai.Agl
ces a un espacio natural e inhumano. Mientras atravieso la plaza de la
Concorde y me figuro totalmente atrapado por París, puedo detener la
mirada en una piedra de los muros de las Tullerías y la Concorde
desaparece y solo existe esa piedra sin historia; también puedo dejar que
que la lengua, el cuerpo es una medida del mundo, una red arrojada se pierda la mirada en esa superficie granulosa y amarillenta, y ni si-
sobre la multitud de estímulos que asalta al individuo a lo largo de su quiera existe entonces piedra; solo queda un juego de luz sobre una
vida cotidiana y que solo atrapa en sus mallas aquellos que le parecen superficie indefinida (Merleau-Ponty, 1945, 339). Pero la desrealización
más significativos. A través de su cuerpo, constantemente el individuo de las percepciones implica la pérdida del mundo.
interpreta su entorno y actúa sobre él en función de las orientaciones , r Sólo lo que tiene sentido, de manera ínfima o esencial, penetra en el
interiorizadas por la educación ola costumbre. La sensación es inmediá-C/A 4,, lcampo de la conciencia y suscita un momento de atención. A veces, a
tamente inmersa en la percepción. Entre la seri-á-á-clon y la percepción, .i modo de revancha, lo simbólico no sutura lo suficiente a lo real, surge lo
se halláTálácultad de conocimiento que recuerda que el hombre no es/ innombrable, lo visible, lo audible, imposibles de definir, pero que inci-
un organismo biológico, sino una criatura de sentido. Ver, escuchar, tan a intentar comprenderlos. Si bien las modalidades de la atención a
gustar, tocar u oír el mundo significa permanentemente pensarlo a enudo se aflojan, la experiencia demuestra que mediante una bús-
través del prisma de un órgano sensorial y volverlo comunicativo. La? queda meticulosa a veces él hombre encuentra los sonidos, los olores, los
vigilancia o la atención no siempre resultan admisibles. Aunque el in- tactos o las imágenes que lo han atravesado durante un instante sin que
dividuo sólo posea una ínfima lucidez, no deja de seleccionar entre la él se detenga en ellas. El mundo se da así en concreciones súbitas e
profusión de estímulos que lo atraviesan. _=--------7.-1P c7 :-
.1 - innumerables. El hombre habita corporalmente el espacio y el tiempo de
Frente al mundo, el hombre nunca es un ojo, una oreja, una mano, una su vida, pero muy a menudo lo olvida, para bien o para mal (Le Breton,
boca o una nariz, sino una mirada, una escucha, un tacto, una gustación 1990). Pero justamente allí solo tiene existencia lo sensible, puesto que
o una olfacélón, elecd—i/7770aáctividáa: A -é-á-da Momentóinstitiyel estamos en el mundo merced al cuerpo y el pensamiento nunca es puro
mundo sensorial donde se'impregna en un mundo de sentidos cuyo spíritu. La percepción es el advenimiento del sentido allí donde la sen:1
entorno es el pre-texto. La percepción no es la huella de un objeto en un sación es un ambiente olvidado pero fundador, desapercibido por el
órgano sensorial pasivo, sinauna actividad de conocimiento diluida en hombre a menos que se trasmute en percepción, es decir, en significado.
la evidencia o fruto de una reflexión. Lo que los hombres perciben no es Entonces es acceso al conocimiento, a la palabra. Aunque sea para ex-
"i-) lo real, sino ya un mundo de significados. presar su confusión ante un sonido misterioso o un gusto indefinible.
La existencia individual apela a la negligencia de la profusión de da- Existe una conceptualidad del cuerpo, así como un arraigo carnal del
tos sensoriales para hacer la vida menos penosa. La dimensión del j )„, pensamiento. Todo dualismo se borra ante esa comprobación basada en
sentido evita el caos. Las percepciones son justamente la consecuencia la experiencia corriente:El cuerpo es "proyecto sobre elmundo", escribe
de la selección que se efectúa sobre el incesante fluir sensorial que ' M. Merleau-Ponty, quien señala que el movimiento ya es conocimiento
baña al hombrea Se deslizan sobre las cosas familiares sin prestarles , sentido práctico. La percepción, la intención y el gesto se encastran e
atención, aunque sin deslucir el cuadro; se reabsorben en la eviden- C-Ua C 1 W-á-té-iones comunes en una especie de evidencia que no debe hace
cia, aun si el individuo a veces tiene dificultades para nombrarlas olvidar la educación, que está en su fuente, y la familiaridad, que los
con precisión, aunque sabe que otros se hallan en condiciones de guía. "Mi cuerpo -escribe-- es la textura común de todos los objetos y es,
formular un discurso al respecto. Causa satisfacción ver un "pájaro" por lo menos con respecto al mundo percibido, el instrumento general de
o un "árbol", aunque el aficionado pueda identificar un pato y la mi 'comprensión' (Merleau-Ponty, 1945, 272). El cuerpo no es una m_a-
estación de los amores, o un álamo. La categorización es más o menos teria pasiva, sometida al control de la voluntad, por sus mecanismos
floja. Envuelve más o menos las cosas o los acontecimientos con los C., ‘1,-Q propios; es de entrada una inteligencia del mundo, una teoría viva
que el individuo se conforma cuando no desea hacer esfuerzos de aplicada a su entornó. Ese conocimiento sensible inscribe el cuerpo en
comprensión suplementarios. continuidad de fa-á-Intenciones del individuo enfrentado al mundo que
El aflojamiento de lo simbólico y el acceso a una especie de desnudez {
lo rodea; orienta sus movimientos o acciones sin imponer la necesidad

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! de una larga reflexión previa. De hecho, en la vida cotidiana, las mil -- 1> gico. La percepción no es la realidad, sino la manera de sentir la 1-ea..?
percepciones que salpican la duración del día se producen sin la me- lidad.
diación profundizada del cogito; se encadenan con naturalidad en la Para descifrar los datos que lo rodean, el individuo dispone de una
evidencia de la relación con el mundo. En su medio acostumbrado, el in- escala sensorial que varía en calidad e intensidad, donde se inscriben las
dividuo raramente se encuentra en posición de ruptura o de incertidum- percepciones. Si pretende compartir esa experiencia con otros, debe
bre; se desliza sin obstáculos por los meandros sensibles de su entorno acudir a la mediación del lenguaje o recurrir a mímicas o gestos muy
familiar. connotados. Una dialéctica sutil se plantea entre la lengua y las per-
aD., c *V, cepciones. El rol del lenguaje en la elaboración de estas últimas proba-
- Si las percepciones sensoriales producen sentido, si cubren el mundo .:
[con referencias familiares, es_porque se ordenan en categorías de pen- blemente sea decisivo. La palabra cristaliza la excep. Cióñ, la convoca. La
samiento propias de la manera en que el individuo singular se las 'lengua no es más que un- a etiqueta a colocar sobre una miríada dedatos
arregla con lo que ha aprendido de sus pares, de sus competencias exteriores y muy objetivables. Esto significaría acreditar el dualismo
particulares de cocinero, de pintor, de perfumista, de tejedor, etc., o de entre el espíritu, por una parte, y la materia, por otra. Ala inversa, las cosas
1 lo que sus viajes, sus frecuentaciones o sus curiosidades le han enseña- solo se vuelven reales por su ingreso al registro del lenguaje. Por eso, de un
, do. Cualquier derogación de las modalidades acostumbradas de ese extremo del mundo al otro, los hombres no ven, no huelen, no gustan, no
desciframiento sensible suscita indiferencia o encogimiento de hom- oyen, no tocan las mismas cosas de la misma manera, así como no
bros, o implica el asombro y la tentativa de readoptarla en lo familiar al experimentan las mismas emociones.
I encontrarle un parecido con otra cosa o al efectuar una investigación
El lenguaje no se encuentra en posición dual frente a lo real que
1 adecuada para identificarla: un olor o un sonido, por ejemplo, cuya describe; la palabra alimenta el mundo con sus inducciones, se encastra
' singularidad han llamado la atención. con él sin que pueda establecerse una frontera estanca entre uno y otro.
i.: No percibimos formas, efluvios indiferentes, sino de entrada datos
Para cada sociedad, entre el mundo y la lengua se extiende una trama
rl)afectados por un sentido. La percepción es una toma de posesión sim- in costuras que lleva a los hombres a vivir en universos sensoriales y
bólica del mundo, un desciframiento que sitúa al hombre en posición de , Ssemiológicos diferentes y, por lo tanto, a habitar en universos con rasgos
Ir comprensión respecto de él. El sentido no está contenido en las cosas C-Amft -; 5y fronteras claramente disímiles, aunque no impidan la comunicación.
como un tesoro oculto; se instaura en la relación del hombre con ellas y .«., Percibir en la blancura de la nieve una multitud de matices implica el
en el debate que establece con los demás para su definición, en la com- empleo de un repertorio casi igual de palabras para designarlos o per-
placencia o no del mundo para alinearse en esas categorías. Sentir el mitir la comparación sin interminables perífrasis o metáforas. Si el
mundo es otra manera de pensarlo, de transformarlo de sensible en individuo sólo dispone del término "nieve", sin duda que no tendrá la
r inteligible. El mundo sensible es la traducción en términos sociales; impresión de que su experiencia de la nieve es infinitamente más amplia
I culturales y personales de una realidad inaccesible de otro modo que no de lo que él imagina. Pero para captar los matices, son necesarias las'
1 sea por ese rodeo de una percepción sensorial de hombre inscripto en una palabras para construir su evidencia; de lo contrario, permanecen in-
1 trama social. Se entrega al hombre como una inagotable virtualidad de más acá del lenguaje y de lo percibido. Para el esquimal no es
j significados y sabores. _ así; su vocabulario para designar la nieve es muy amplio, según las
• r ---- peculiaridades que la caracterizan. Del mismo modo, para un habitante
de la ciudad nada se parece tanto a un carnero como otro carnero, pero
Lenguaje y percepciones sensoriales el pastor es capaz de reconocer a cada uno de sus animales y de llamarlos
( por su nombre. La palabra capta la percepción en su prisma significante 7?
Al igual que la lengua, el cuerpo es un constante proveedor de significa- 7 y le proporciona un medio para formularse.
dos. Frente a una misma realidad, individuos con cuerpos impregnados EPero si las percepciones sensoriales se encuentran en estrecha rela-- -\
por culturas e historias diferentes no experimentan las mismas sensa- Ición con la lengua, la exceden igualmente debido a la dificultad que a 1
ciones y no descifran los mismos datos; cada uno de ellos es sensible a ?menudo presenta para traducir en palabras una experiencia; el gusto de 1
, un licor, el placer de una caricia, un olor, una sensación de dolor, por
las informaciones que reconoce y que remiten a su propio sistema de
referencia. Sus percepciones sensoriales y su visión del mundo son ir ejemplo,
• a menudo exigen recurrir a m_etáforas, a comparaciones, some- i
tributarias de los simbolismos adquiridos. Al igual que la lengua, el ten al individuo a un esfuerzo de la imaginación, a ingresar creativa- 1
cuerpo proyecta un filtro sobre el entorno, encarna un sistema semioló- mente en una lengua que tiene dificultades para traducir_ la sut ileza de i
C 25
L,tát,

la experiencia. De toda sensación que se experimenta queda algo de t


ganga irreductible a la lengua. Si bien el sistema perceptivo se encuen- 1 -1 del lazo social. Un mundo sin los demás es un mundo sin lazo, destinado
al no-sentido.
traeschmnligdouaje,stánrmubodia- _l El conocimiento sensible se amplía incesantemente mediante la ex-
do a él.
/ periencia acumulada o el aprendizaje. Algunos trabajos demuestran la
modelización cultural de los sentidos. H. por ejemplo, describió
Educación de los sentidos la experiencia sensorial de un joven ffateamericano que comienza a
fumar marihuana. Si no se cansa y mantiene la docilidad, un aprendi-
Al nacer, el niño percibe el mundo como un caos sensorial, como un zaje lo lleva a correr poco a poco sus percepciones hacia las expectativas
universo donde se mezclan las cualidades, las intensidades y los datos. 2 del grupo, otorgándole la sensación gratificante de ajustarse a lo que
Elbeéosciantr ylepción,suao preci conviene experimentar para pertenecer de pleno derecho al grupo de
de lo que se agita en él y en torno a él. Está inmerso en un universo fumadores. En efecto, el joven que inaugura la experiencia comienza por
inasible de sensaciones internas (frío, calor, hambre, sed...), de olores, no sentir "nada" que no sea una breve indisposición. La tarea de los ini-
el de la madre sobre todo, de sonidos (las palabras, los ruidos que lo ciados que acompañan sus torpes tanteos consiste en enseñarle a re-
rodean), de formas visuales imprecisas, etc. Al cabo de semanas y meses, conocer ciertas sensaciones como propias del hecho de estar "enchufa-
lentamente todo ese magma se ordena en un universo comprensible. do", es decir, de gozar de los efectos de la droga en total conformidad con
Una cierta manera de ser cargado, nombrado, tocado, de sentir los su experiencia: Ante su contacto, el novicio aprende a identificar esas
mismos olores, de ver los mismos rostros, de escuchar las voces o los rui- sensaciones fugaces y a asociarlas con el placer. Se le prodigan ejemplos
dos de su entorno llevan al niño a un mundo de significados. Lo sensorial y consejos, se le muestra cómo retener el humo para sentir sus virtudes,
se convierte en un universo de sentido donde el niño construye sus se rectifican sus actitudes. Él mismo observa a sus compañeros, se
referencias, va más allá de sí mismo, se abre a una presencia sensible esfuerza por identificarse con ellos y alcanzar físicamente la sensación
en el mundo. Sin duda que el primero de los sentidos en orden de que él se hace de la experiencia. Se produce una suerte dObricolage7en
aparición es el tacto, ya desde la etapa fetal merced a los ritmos de des- el novicio entre lo que los otros le dicen y lo que él imagina. Si los efectos
plazamiento, los movimientos; luego, en el contacto corporal con la físicos suscitados por el empleo de la marihuana se muestran desagra-
madre o la nodriza, el niño toma conciencia de sus limitaciones, de lo que dables durante los primeros intentos, al cabo del tiempo se transforman
es. El oído ya se encuentra presente desde la etapa intrauterina; el niño en sensaciones deseadas, buscadas por el gozo que producen. "Las
oye la voz de su madre, la música que ella escucha, filtradas a través de sensaciones producidas por la marihuana no son automáticas, ni siquie-
la placenta. Las impresiones táctiles o auditivas son las más antiguas; la ra necesariamente, agradables —afirma H. Becker—. Como en el caso de
vista interviene más adelante. las ostras o del Martini seco, el gusto por esas sensaciones es socialmen-
r - La experiencia sensorial y perceptiva del mundo se instaura en la' te adquirido. El fumador experimenta vértigos y prurito en el cuero
ca -elludo; siente sed, pierde la sensación del tiempo y de las distancias.
relación recíproca entre el sujeto y su entorno humano y ecológico. La
educación, la identificación de los allegados, los juegos del lenguaje que ¿Todo esto es agradable? No está seguro. Para continuar utilizando la
designan los sabores, los colores, los sonidos, etc., modelan la sensibili- marihuana es preciso optar por la respuesta afirmativa" (Becker, 1985,
1975).
dad del niño e instauran su aptitud para intercambiar con el entorno sus
experiencias que son relativamente comprendidas por los integrantes Este tipo de modelización cultural mezcla las intenciones del indivi-
t--de su comunidad. La experiencia perceptiva de un grupo se modula a duo y sus ambivalencias con las de los compañeros que procuran in-
y ravés de los intercambios con los demás y con la singularidad de una fluirlo. En efecto, el hombre no podría definirse a través de su sola
At, (t
r éTáZión con el acontecimiento. Discusiones, aprendizajes específicos
--- voluntad, el juego del inconsciente le arrebata una parte de su sobera-
)Modificin o afinan percepciones nunca fijadas para la eternidad, sino nía, confunde la pista de la influencia inmediata de los otros. Diversas
. Ssiempre abiertas a las experiencias de los individuos y vinculadas con. experiencias sensibles están al alcance de un novicio que desea iniciar-
una relación presente con el mundo. En el origen de toda existencia se. Se aprende a reconocer los vinos, a degustarlos, a describir una
humana, el otro es la condición para el sentido, es decir, el fundamento miríada de sensaciones al respecto, asombrándose de inmediato por
haber sido tan poco sensible antes sobre el asunto. Poco a poco, la
2 Sobre la socialización de las emociones y las percepciones sensoriales en los niños educación hace brotar lo múltiple a partir de lo que antes parecía
"salvajes", cf. Classen (1991), Le Breton (2004). unívoco y simple. Un aprendiz descubre el universo infinitamente
--- 1
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variado del perfume, así como un joven cocinero se da cuenta progresiva- ceremonias. Para sumergirse más en su curso, personalmente ingiere una
mente de que el gusto de los alimentos depende de una serie de detalles dosis del San Pedro, siguiendo en esto el ejemplo de los pacientes del cu-
en la composición del plato o en su cocción. randero. Pero durante el desarrollo de la cura, lúcido, decepcionado por no
experimentar ninguna de las visiones que esperaba, el etnólogo observa la
lucha ritual del curandero contra los espíritus que se encuentran en el
Disparidades sensoriales origen de la enfermedad del paciente. Entonces ve a un hombre agitarse en
soledad en medio del vacío, haciendo la mímica de un enconado combate,
En un pueblo de la costa del Perú un chamán celebra un ritual terapéutico y comprueba que, por el contrario, los demás pacientes participan intensa-
en un paciente cuya alma se encuentra perturbada por espíritus hostiles. mente en la acción, manifestando fuertes emociones según las diferentes
La clarividencia y la eficacia terapéutica del curandero se ven fortalecidas fases de la batalla entablada. "Aparentemente, todos veían alguna espacie
por un poderoso alucinógeno, el cactus San Pedro, que contiene mescalina. de monstruo que lo tomaba de los cabellos y trataba de llevárselo. Los
La planta le abre las puertas de la percepción y le permite "ver" más allá comentarios de los participantes y su evidente terror me convencieron
de las apariencias ordinarias. Él describe sus efectos, destacando ante todo bastante de que todos, excepto yo, tenían la misma percepción al mismo
el leve embotamiento que se apodera del que lo consume, luego aparece tiempo" (1974, 119).
"una gran visión, una aclaración de todas las facultades del individuo. El observador extranjero permanece al margen; ninguna visión en
Entonces sobreviene el despegue, una fuerza de visión que integra todos los particular viene a solicitarlo a pesar de sus deseos. No ve al "monstruo" que
sentidos: la vista, el oído, el olfato, el tacto, el gusto, incluido el sexto sentido, enfrenta al curandero ante la aterrorizada mirada de los asistentes. Per-
el sentido telepático, que permite propulsarse a través del tiempo, del manece fuera de esa emoción que consolida al grupo, insensible a la
espacio y de la materia [...1. El San Pedro desarrolla el poder de la per- efervescencia colectiva. Al extraer sus representaciones de otras fuentes,
cepción en el sentido de que si se quiere percibir algún objeto muy alejado, el investigador estadounidense no puede abrir sus sentidos a imágenes que
un objeto poderoso o una fuente de enfermedad, por ejemplo, se lo puede ver carecen para él del correspondiente anclaje cultural. Sin duda, al cabo de
con claridad y actuar sobre él" (Sharon, 1974, 114). Las "visiones" del su iniciación llegará a apropiarse de ellas, pero aún es demasiado novicio
chamán son el testimonio de un largo aprendizaje junto a sus antepasados en la materia. A la inversa, las visiones que atraviesan a aquellos hombres,
en diferentes regiones del Perú. En contacto con ellos, antaño se inició en y que para ellos tienen las cualidades de lo real, arraigan en un yacimiento
el control de los efectos de la planta y, sobre todo, se interiorizó en el código de imágenes culturales. Por la experiencia de esas curas, aprendieron a dar
dé desciframiento de las imágenes que ya entonces se desencadenaban, una forma y un significado precisos a ciertas sensaciones provocadas por
otorgándole una percepción liberada de las escorias de la vida habitual, el empleo del San Pedro. Los gestos del chamán van a injertarse en esas
situada en el centro del mundo de los espíritus. Moverse sin limitaciones formas y significados, y acompañan esas visiones cuya convergencia es
en ese universo invisible exige poseer sus claves, para encontrarse en un fortalecida por el grupo. Para gozar de los efectos de la droga, para agre-
mismo nivel frente a los animales feroces, los espíritus malignos y los garle imágenes precisas y coherentes con los episodios de la ceremonia, es
brujos. preciso que esos hombres hayan aprendido a descifrar sus sensaciones
Gracias a ese auxiliar divino, el San Pedro, que purifica y amplía sus vinculándolas con un sistema simbólico particular. Es el código que, jus-
capacidades de percepción hasta llegar a la videncia, el chamán dispone de tamente, D. Sharon desea conseguir al cabo de su iniciación.
las armas y la tenacidad necesarias para enfrentar la extenuante sucesión El chamán se alimenta del fervor suscitado por su compromiso; está
de pruebas que lo aguardan en el desarrollo de su acción terapéutica. La sostenido por la emoción colectiva que ha elaborado como si fuera un
ceremonia testimonia una lucha sin merced del curandero contra temibles artesano. Pero ese clima afectivo que suelda a la comunidad no es una
adversarios. Pero el propio enfrentamiento obedece a figuras codificadas. naturaleza, no es provocado por un proceso fisiológico inherente a las
En determinado momento de la cura, el chamán salta hacia la mesa (la propiedades químicas de la droga. La emoción no es lo primero, sino lo
mesa donde está dispuesta una serie de objetos de poder) y toma un sable segundo; es un proceso simbólico, es decir, un aprendizaje que se corporiza,
con el que se bate vigorosamente contra adversarios invisibles para el que lleva a los integrantes de la comunidad a identificar lb -S—aCffs-- del
profano. chamán y a reconocer el detalle de las peripecias de su lucha contra los
Presente en el pueblo con motivo de sus investigaciones sobre plantas espíritus.
alucinógenas, y deseoso de ingresar en la intimidad de los procedimientos El escritor griego Nikos Kanzantzaki, siendo niño, se encuentra con
del curandero, un etnólogo estadounidense, D. Sharon, asiste a una de esas su padre en Megalo Kastro, en Creta. El príncipe Jorge acaba de tomar

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posesión de la isla en nombre de Grecia. El alborozo se apodera de los La penetración significante del mundo de los sonidos permite al
habitantes. El hombre lleva a su hijo hasta el cementerio y se detiene afinador de pianos arreglar su instrumento basándose en la audición de
ante una tumba: "Mi padre se quitó el pañuelo de la cabeza y se inclinó [
matices ínfimos entre las notas, inaccesibles al profano, ya que su iden-
hasta tocar la tierra; con sus uñas rasguñó el suelo, hizo un agujerito en tificación se apoya en una educación y en un conocimiento particular-
forma de embudo, apoyó en él la boca y gritó tres veces 'Padre, vino. mente afinados. Ese aprendizaje crea la diferencia allí donde el hombre
Padre, vino. Padre, vino'. Su'voz no dejaba de alzarse. Rugía. Extrajo del de la calle sólo percibe un continuum dificultosamente susceptible de
bolsillo una pequeña petaca con vino y lo fue vertiendo, gota a gota, en distinción. La educación de una modalidad sensorial consiste en volver
el hoyo, esperando todas las veces que se sumergiera, que la tierra lo r)-5--;. discreto lo que parece continuo a quienes no poseen claves para com-
bebiera. Luego se incorporó de un salto, hizo el signo de la cruz y me miró. --
iender su sentido, en declinar lo que se presentaba en un primer
Su mirada resplandecía. `¿Escuchaste? —me dijo con voz enronquecida (1 of' abordaje como lleno de innumerables diferencias. Este aparente virtuo-
por la emoción—. ¿Escuchaste? —Yo no hablaba, no había escuchado $ sismo provoca el asombro del profano, pero es fruto de una educación que
nada—. ¿No escuchaste? —gritó colérico mi padre—. Sus huesos crujie- se desdobla en una sensibilidad particular que aumenta su sutileza. Así,
ron"» el joven Mozart escucha un día en la Capilla Sixtina un fragmento poli-
En 1976, en el pueblo de Mehanna, en Níger, P. Stoller acompaña a l i fónico cuya partición es celosamente conservada por el coro y la recopia
un curandero songhay a la cabecera de un hombre víctima de un hechizo C . de memoria pocas horas después. Los usos culturales de los sentidos -
1 dibujan un infinito repertorio al pasar de un lugar y de una época a la
y enfermo, que sufría de náuseas y diarrea, y que se encontraba muy (/
debilitado. Un hechicero, identificado como una figura conocida de la otra. Allí donde el animal dispone ya de un equipamiento sensorial
cultura songhay, se había apoderado de su doble y se lo devoraba tran- prácticamente terminado cuando nace, fijado por las orientaciones
quilamente. Sus fuerzas vitales se agotaban. La tarea consistía en genéticas propias de su especie, en cambio su pertenencia cultural y su
encontrar al doble para impedir que el hombre muriera. El curandero personalidad le otorgan al hombre un abanico de regímenes sensoriales
prepara un remedio insistiendo en los sitios de contacto entre el cuerpo sin medida común.
y el mundo: las orejas, la boca y la nariz. Llevando de la mano a Stoller,
de inmediato se entrega a la búsqueda del doble por los alrededores del
pueblo. El curandero escala una duna donde se encuentra un montón de La hegemonía occidental de la vista
mijo. Lo examina con cuidado y de pronto exclama: 'Yo wo wo wo!',
golpeando suavemente su boca con la palma de la mano. Se vuelve hacia Los hombres viven sensorialidades diferentes según su medio de exis-
el etnólogo: —`¿Escuchó? —¿Si escuché qué? —le respondí sorprendido. tencia, su educación y su historia de vida. Su pertenencia cultural y
—¿Sintió el olor? —¿Sentir qué? —le pregunté. —¿Vio? —¿De qué me está il social imprime su relación sensible con el mundo. Toda cultura implica
hablando? —volví a preguntarle". El curandero se muestra decepcionado de 2.? una cierta complejidad de los sentidos, una manera de sentir el mundo
que su acompañante no haya visto, no haya olido, no haya escuchado nada. que cada uno matiza con su estilo personal. Nuestras sociedades occi-
Se vuelve hacia él y le dice: "Usted mira, pero no ve nada. Usted toca, pero dentales valorizan desde hace mucho el oído y la vista, pero otorgándoles
no siente nada. Usted escucha, pero no oye nada. Sin la vista o el tacto, se un valor a veces diferente y dotando poco a poco a la vista de una
puede aprender mucho. Pero usted debe aprender a escuchar o no llegará superioridad que estalla en el mundo contemporáneo.
a saber gran cosa sobre nosotros" (Stoller, 1989, 115). Las tradiciones judía y cristiana confieren a la audición una eminen-
A través de estos ejemplos tomados de situaciones y culturas muy cia que marcará los siglos de la historia occidental, aunque sin por ello
diferentes se puede ver cómo el mundo y el hombre se engarzan gracias denigrar la vista, que permanece en el mismo nivel de valor (Chalier,
a un sistema de signos que regula su comunicación. Los sentidos no son 1995). En el judaísmo, la plegaria cotidiana Cherna Israel traduce esa
sólo una interiorización del mundo en el hombre; son una irrigación de postura que acompaña la existencia entera, puesto que el deseo de un
sentido, es decir, una puesta en orden particular que organiza una judío piadoso consiste en morir pronunciando esas palabras por última vez.
multitud de datos. El canto de un pájaro o un sabor resultan identifica- "Escucha Israel: Yavé, nuestro Dios, es el único Yavé. Amarás a Yavé, tu
dos o suscitan la duda, o bien son percibidos como no surgiendo aún de Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con toda tu fuerza. Que estas
un conocimiento y se procura retenerlos para reencontrarlos luego en palabras que te dicto hoy permanezcan en tu corazón. Las repetirás a tus
otras circunstancias. hijos, se las dirás tanto sentado en tu casa como caminando por el camino,
tanto acostado como de pie" (Deuteronomio, 6, 4-9).
3 Nikos Kazantzaki, Lettre au Gréco, Presses-Pocket, París, 1961, pág. 105.

30
También la educación consiste en una escuchg. "Cuando un sabio del
Talmud quiere atraerfá-aienCión sobre una reflexión o incluso destacar sido ofrecido y que nunca será ofrecido a la raza mortal, un beneficio que
una dificultad, dice: «Escucha a partir de ahí» (cherna mina), y cuando proviene de los dioses (Platón, 1996, 143).
En La República, el distanciamiento del filósofo de la sensorialidad
el discípulo no comprende, responde: «No escuché»" (Chalier, 1995, 11).
Incluso la luz no es más que un medio para alcanzar una realidad que ordinaria y su ascenso al mundo de las Ideas se realiza bajo la égida de
se dirige ante todo al oído atento del hombre. La creación del mundo es lo visual y no de la audición. El filósofo "ve y contempla" al sol. La vista
un acto de palabras, y la existencia judía es una escucha de la palabra es más propicia que el oído para traducir la eternidad de la verdad. El
revelada. Dios habla y su palabra no deja de estar viva para quienes oído se halla demasiado envuelto por la perduración como para tener
creen en ella. Llama a los elementos y a los vivos a la existencia. Y se validez, mientras que la vista metaforiza la contemplación, el tiempo
revela esencialmente mediante su palabra. Delega en el hombre el pri- suspendido. Para Aristóteles, más cercano de lo sensible de la vida
vilegio de darles nombre a los animales. Aguzar el oído es una necesidad cotidiana, la vista es igualmente el sentido privilegiado: "Todos los hom-
de la fe y del diálogo con Dios. _El sonido es siempre un camino de la bres desean naturalmente saber; lo que lo muestra es el placer causado
interioridad, puesto que hace ingresar en sí una enseñanza proveniente por las sensaciones, pues, fuera incluso de su utilidad, ellas nos gustan
de afu-érá- y pone fuera de sí los estados mentales experimentados. por sí mismas, y más que cualesquiera otras, las sensaciones visuales.
"¡Escuchad!", ordena Dios por intermedio de los profetas. Todo a lo largo En efecto, no solo para actuar, sino incluso cuando no nos proponemos
de la Biblia se desgranan relatos edificantes, observaciones, prohibicio- acción alguna, preferimos, por así decirlo, la vista a todo lo demás. La
nes, alabanzas, plegarias, una palabra que hace su camino desde Dios causa radica en que la vista es, entre todos nuestros sentidos, la que nos
hasta el hombre, a Salomón, demandando la sensatez, que busca su oído. hace adquirir el mayor de los conocimientos y nos descubre una multitud
El Nuevo Testamento acentúa aun más la palabra de Dios como ense- de diferencias" (Aristóteles, 1986, 2). El privilegio de la vista prosigue
ñanza, prestándole la voz de Jesús, cuyos hechos y gestos, las más su camino al cabo de los siglos, pero afecta más bien a los clérigos que
ínfimas palabras, son retranscriptas por los discípulos. Fi des ex auditu, a los hombres o a las mujeres comunes, inmersos en un mundo rural
"la fe viene a través de la escucha", dice Pablo (Romanos, 10-17). Por el V donde el oído (y el rumor) resulta esencial.
camino de Damas, al escuchar la palabra de Dios, Pablo resulta g,,,-: Los historiadores L. Febvre (1968) y R. Mandrou (1974) establecen,
fulminado y pierde la vista. La metamorfosis toca su propio ser; ya no para el siglo xvi, una cartografía de la cultura sensorial de la época de
verá el mundo de la misma manera. Rabelais. Aquellos hombres del Renacimiento mantenían una relación
También la vista resulta esencial desde el comienzo. Al crear la luz, estrecha con el mundo, al que apresaban con la totalidad de sus sentidos,
Dios la entroniza como otra relación privilegiada con el mundo. "Y la sin privilegiar la mirada. "Somos seres de invernadero —dice L. Febvre—;
envuelve, la sustenta, la cuida como a la niña de sus ojos", dice el ellos eran de aire libre. Hombres cercanos a la tierra y a la vida rural.
Deuteronomio (XXXII, 10). Varias palabras inaugurales de Dios a Hombres que, en sus propias ciudades, reencontraban el campo, sus
Abraham solicitan la vista: "Alza tus ojos y mira desde el lugar donde animales, sus plantas, sus olores, sus ruidos. Hombres de aire libre, que
estás hacia el norte y el mediodía, el oriente y el poniente. Pues bien, miraban, pero que sobre todo olían, olfateaban, escuchaban, palpaban,
toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia por siempre aspiraban la naturaleza mediante todos sus sentidos" (1968, 394). Para
(Génesis, 13-14). Abrir los ojos significa nacer al mundo. Platón hace de Mandrou o para Febvre, la vista no se encontraba despegada de los
la vista el sentido noble por excelencia. En el Timeo, escribe notoriamen- demás sentidos como un eje privilegiado de la relación con el mundo.
te que "la vista ha sido creada para ser, en nuestro beneficio, la mayor Resultaba secundaria. La audición estaba primero. Eran seres auditi-
causa de utilidad; en efecto, entre los discursos que formulamos sobre vos. Sobre todo a causa del estatuto de la palabra de Dios, autoridad
el universo, ninguno de ellos habría podido ser pronunciado si no hu- suprema a la que se la escuchaba. La música desempeñaba un rol social
biéramos visto ni los astros, ni el sol, ni el cielo. Pero en el estado actual importante. Señala Febvre que, en Le Tiers Livre, Rabelais describe una
de las cosas, es la visión del día, de la noche, de los meses y de la sucesión tempestad con intensidad, con palabras sugestivas que juegan con su
regular de los años, es el espectáculo de los equinoccios y de los solsticios sonoridad, pero sin el menor detalle de color.
quienes han llevado a la invención del número, son los que han R. Mandrou, alumno de L. Febvre, comprueba a su vez que los es-
proporcionado el conocimiento del tiempo y han permitido emprender critores del siglo no evocan a los personajes tal como se ofrecen a la
investigaciones sobre la naturaleza del universo. De ahí hemos extraído mirada, sino a través de lo que se decía en las anécdotas o los rumores
la práctica de la filosofía, el beneficio más importante que jamás haya que sobre ellos circulaban. La poesía, la literatura, testimonian abun-
dantemente los aspectos salientes de los sonidos, los olores, los gustos,
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del contacto y de la vista. "El gusto, el tacto, el ojo, la oreja, la nariz/ sin había puesto en marcha y que Alberti había teorizado. Lógica de la
los cuales el nuestro sería un cuerpo de mármol", escribe Ronsard. mirada antes que del golpe de vista, que suspende el tiempo y desencar-
Ninguna exclusividad destaca a la vista. La belleza no es aún el sitio de na a los hombres (Bryson, 1983). Un sujeto soberano se acoda a la ven-
una contemplación que reclamará exclusivamente a la mirada, sino una tana y fija el mundo según su punto de vista. "En el teatro del mundo (la
celebración sensorial en la que el olfato y el oído son los primeros hués- escenografia desempeña su rol en la invención), el hombre le arrebata
pedes. Así, Ronsard: "A menudo siento en la boca/susurrar el suspiro de el primer lugar a Dios [...]. Esa subjetivación de la mirada también
su aliento [...1 Haciendo resonar el alma que se mece/ En los labios donde tiene, incuestionablemente, su precio: la reducción de lo real a lo
ella te espera/ Boca plena de amomo/Que me engendra con su hálito/Un percibido" (Debray, 1992, 324). Se trata también de la suspensión del
prado florido en cada lugar/Donde se esparce tu fragante perfume". deseo y del encuentro –agrega M. Jay– en un diagrama de la mirada que
Febvre y Mandrou multiplican los ejemplos de una sensorialidad que se ha pone a distancia la desnudez de la mujer o del hombre mientras la
vuelto ajena al hombre contemporáneo. Paracelso le reclama a la medicina reifica. "Es preciso aguardar los desnudos provocadores de Dcjeuner sur
que se someta a los rigores de la observación, pero son metáforas olfativas l'herbe y de la Olympi a de Manet para que la mirada del espectador se
o acústicas las que surgen de su pluma y le reclama al médico que "discierna cruce finalmente con la del tema" (Jay, 1993).
el olor del objeto estudiado" (1968, 398). La perspectiva se abre tanto al futuro como al espacio; es una
Febvre o Mandrou ceden sin duda ante un juicio de valor al señalar apropiación del mundo bajo la égida de la soberanía visual. "En latín
un retraso de la vista en el siglo xvi sin percibir las singularidades de las clásico, perspi cuus es lo que se ofrece sin obstáculos a la mirada.
Pers-
pi l'ere señala el hecho de mirar con atención, de mirarse a través" (Ilich,
acciones de la vida corriente, al hacer de la mirada moderna el patrón
de las visiones del mundo. Sin saberlo, L. Febvre opera un etnocentris- 2004, 221). La perspectiva es una mirada en transparencia en el espacio,
mo al desconocer las modalidades y los significados particulares de la una línea de fuga que se abre a la visibilidad. Separa al sujeto del objeto,
(--) mutad del siglo xvi y al conceder legitimidad soló a ifiráiniráda—qiie póco transformando al primero en personaje omnisciente y al segundo en una
a poco se va impregnando con valores científicos y racionales más tar- forma inerte y eterna. La perspectiva no es en absoluto un hecho de la
díos. Existen múltiples empleos de los sentidos y de las configuraciones naturaleza que espera con paciencia la inteligencia de un sabio para
sensoriales según las sociedades: "Pues bien, la cultura europea no actualizarse; es una forma simbólica, una manera de ver que tiene sentido
esperó al siglo XVII para acordar un lugar central a la mirada –escribe C. en un momento de la historia de una sociedad (Panofsky, 1975).
Havelange–; se encuentra allí, sin ninguna duda, una de las constantes Desde la Antigüedad, para las sociedades europeas la transmisión de
rde la civilización occidental. La difusión de la imprenta a partir del siglo la cultura y de los modos de estar juntos era un asunto de la palabra.
xvi, los descubrimientos ópticos a comienzos del siglo xvn o incluso el Desde la repetición de los textos sagrados hasta la de las tradiciones, el
advenimiento de los modernos procedimientos de observación científica, mundo estaba regido por la oralidad. Toda búsqueda solicita una pa-
por ejemplo, inducen e indican al mismo tiempo, mucho más que una labra y no un escrito. Y para el mundo europeo, la autoridad de
simple valorización de la mirada, una transformación de las maneras de Aristóteles o de Galeno, por ejemplo, era decisiva. No tanto por sus
ver y pensar la mirada" (Havelange, 1998, 11). escritos, sino debido a la tradición oral que los vehiculizaba. Ambrosio
de Milán lo dice: "Todo lo que consideramos verdadero, lo creemos ya sea
1----Durante mucho tiempo el modelo visual de los tiempos modernos fue
el que se puso a punto en el quattrocento mediante la perspectiva, una mediante la vista o el oído". Agrega: "A menudo la mirada resulta enga-
manera de captar lo real a través de un dispositivo de simulación que ñosa; el oído sirve como garantía" (Ong, 1971, 55). En el transcurso del
parece duplicarlo. La perspectiva representa el espacio en tres dimen- primer milenio, lecti o implicaba la audición. Frecuentemente el libro
siones de lo real sobre una superficie de dos dimensiones y exige un era leído en voz alta para un auditorio atento, que leía mentalmente por
modelo geométrico. La tela es percibida como una ventana al mundo o sí mismo. San Agustín recuerda su encuentro con Ambrosio, el obispo de
como un espejo plano. El cuadro en perspectiva no reproduce la imagen Milán; al entrar al recinto lo asombra verlo inmerso en una lectura
retiniana suscitada por el objeto; es una institución del espacio y no de silenciosa. "Sus ojos, cuando leía, seguían las páginas y su corazón
la vista (Edgerton, 1991). De hecho, es una puesta en escena. El objeto escudriñaba el pensamiento, pero su voz y su lengua descansaban". 4 El
es traducido en términos geométricos. La racionalidad cartesiana le texto poseía entonces un estatuto de oralidad; la lectura implicaba la voz
agregará más adelante su legitimidad, puesto que para Descartes las y un eventual auditorio.
imágenes retinianas se encuentran necesariamente en el espíritu, lo San Agustín, Les Confessions, Livre de Poche, París, 1947, pág. 137
que ajusta con la idea de una "naturaleza" de la visión que Brunelleschi México, Porrúa, 1991]. [Confesiones,

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Las nuevas técnicas del libro del siglo xii arrebatan al oído su antigua Este cambio de importancia de la vista, su creciente repercusión
hegemonía en la meditación sobre los textos sagrados y la transfieren a social y el reflujo de los otros sentidos, como el del olfato, el tacto y en
la vista. El "libro escrito para ser escuchado" se desvanece ante "el texto parte del oídq, no solo traduce la transformación de la relación con lo
que se dirige a la vista" (Illich, 2004, 161). En 1126, el maestro del sta- visible a través de la inquietud de la observación; acompaña asimismo
diunz agustiniano de París, Hugues de Saint-Victor, escribe: "Hay tres la transformación del estatuto del sujeto en sociedades donde el indivi-
formas de lectura: con mis oídos, con los tuyos y en la contemplación dualismo se encuentra en estado naciente. La preocupación por el re-
silenciosa". La tercera manera de proceder comienza a volverse corrien- trato surge lentamente a partir del quattrocento y alimenta una inquie-
te, la lectura silenciosa operada por la mirada (Illich, 2004, 164-5). tud por el parecido y por la celebración de los notables que rompe con los
Pierde su rostro y su voz, e ingresa en la interioridad bajo la égida de la siglos anteriores, dedicados a no distinguir entre los personajes, sino
mirada. La lectura es una conquista de la vista; redistribuye el equili- atentos a su sola existencia en la historia santa o en la de la Iglesia. En
brio sensorial. A partir de entonces fue preciso aprender a leer en la segunda edición de sus Vi te dei piú eccelenti pittori, scultori e
silencio y dejar de hacerlo en voz alta, como antes. architettori (1568), Vasari abre cada una de las biografías con un re-
z, o Con la invención de la imprenta, la difusión de los libros implica una trato, preferentemente con un autorretrato. Y en el prefacio expresa su
CP conversión de los sentidos al destronar al oído de sus antiguas prerro- inquietud por la exactitud de los grabados con los rasgos de los hombres
gativas. Para M. Mac Luhan o W. Ong, las sociedades occidentales reales. La individualidad del hombre —en el sentido moderno del
ingresan entonces en la era de la vista, mientras que los pueblos sin término— emerge lentamente. El parecido del retrato con el modelo es
escritura pasan a disponer de un universo sensorial claramente-menos contemporáneo con una metamorfosis de la mirada y del progresivo
jerarquizado. No obstante, la imprenta no alcanza sino a una ínfima auge de un individualismo aún balbuceante en la época. Los retratistas
parte de la población que sabe leer. El rumor sigue siendo una referen- manifiestan la inquietud por captar la singularidad de los hombres o las
. -., cia. Pero la difusión de las primeras obras impresas a partir de la mujeres que pintan y esta voluntad implica que el rostro haga de ellos
segunda mitad_del siglo xv en diferentes ciudades europeas confiere a lo individuos tributarios de un nombre y de una historia únicas (Le Breton,
.,■ escrito, es decir, a lo visual, una autoridad que antes solo había per- 2003, 32 y ss.). El "nosotros, los demás", particularmente en los medios
al oído. En 1543, por ejemplo, el De Hunzani Fabrica,
,.. tenecido de sociales privilegiados, lentamente se convierte en un "yo". Al convertirse
- -- --
'yt Vesalio, obra fundadora de las investigaciones 1 6. 1fel-áiñ
.
atorrna h uma- a partir de entonces más bien en un sentido de la distancia, la vista cobra
¿ na, contiene numerosas planchas con ilustraciones. La geografía, que importancia en detrimento de los sentidos de la proximidad, como el
amplía sus conocimientos—tf= aá lasIiiiálas de los navegantes, se apoya olor, el tacto o el oído. El progresivo alejamiento del otro a través del nue-
1-111 .., en mapas cada vez más precisos a medida que se van produciendo las vo estatuto del sujeto como individuo modifica asimismo el estatuto de
los sentidos.
exploraciones. Por lo demás, la visión cobra culturalmente en medicina
un valor creciente. La meticulosa observación de los cadáveres median- Resulta, pues, difícil hablar de una "postergación de la vista" en el
te su disección alimenta un nuevo saber anatómico que ya no se basa en caso de los contemporáneos de Rabelais sin manifestar un juicio arbitra-
la repetición de una palabra consagrada (Le Breton, 1993). En el Rena- rio. ¿Postergación en relación con qué patrón de medida? Ya se trate de
cimiento, la vista es celebrada como la ventana del alma. "La vista, la imprenta, de la perspectiva, de la investigación anatómica, médica,
mediante la cual se revela la belleza del universo ante nuestra contem- óptica, "los ojos todo lo conducen", dice Rabelais en el Tiers Libre. En el
Dioptrique, Descartes planteaba la autoridad de la vista con respecto a
plación, resulta de tal excelencia que cualquiera que se resignara a su
pérdida se privaría de conocer todas las obras de la naturaleza con las los demás sentidos: "Toda la conducta de nuestra vida depende de nues-
que la vista hace que el alma permanezca contenta en la prisión del tros sentidos, entre los cuales el de la vista es el más universal y el más
cuerpo: quien las pierde abandona esa alma a una oscura prisión donde noble. No existe duda alguna de que los inventos que sirven para
cesa toda esperanza de volver a ver el sol, luz del universo". 5 aumentar su poder están entre los más útiles que puedan existir". El
microscopio, el telescopio le dan la razón al ampliar hasta el infinito el
Leonard de Vinci, Tirité de peinture, Delagrave, París, 1940, pág. 19 [Tratado de registro de lo visual y al conferir a la vista una soberanía que ampliarán
pintura, Madrid, Editora Nacional, 19831. "Porque la vista es la ventana del alma, ésta
siempre teme perderla, de manera que al estar en presencia de algo imprevisto y que
asusta, el hombre no se lleva las manos al corazón, fuente de la vida, ni a la cabeza,
habitáculo del señor de los sentidos, ni a las orejas, ni a la nariz, ni a la boca, sino al devuelven a otro lado; sin sentirse lo suficientemente tranquilizado, posa sobre ellos una
sentido amenazado; cierra los ojos, apretando con fuerza los párpados, que de pronto lo Y otra mano, a modo de protección contra lo que lo inquieta" (pág. 88).

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aun más, al cabo del tiempo, la fotografia, los rayos X y las imágenes basada en la visualización e implica a la visualización" (Ellul, 1981, 15).
médicas que les seguirán, el cine, la televisión, la pantalla informática, El dominio del mundo que implica la técnica solicita previamente un
etc. Para Kant, "el sentido de la vista, aunque no sea más importante que dominio del mundo mediante la mirada.
el del oído, es sin embargó el más noble: pues, en todos los sentidos, es el La preponderancia de la vista con respecto a los demás sentidos no
que más se aleja del tacto, que constituye la condición más limitada de solo impregna a la técnica, sino asimismo a las relaciones sociales. Ya
las percepciones" (Kant, 1993, 90). En su Estética, Hegel rechaza el a comienzos de siglo, G. Simmel señalaba que "los modernos medios de
tacto, el olfato o el gusto como inaptos para basar una obra de arte. Ésta, comunicación le ofrecen sólo al sentido de la vista la mayor parte de to-
al existir del lado de lo espiritual, de la contemplación, se aleja de los das las relaciones sensoriales que se producen de hombre a hombre, y
sentidos más animales del hombre para apuntar a la vista y al oído. esto en proporción siempre creciente, lo que debe cambiar por completo
Valorizada en el plano filosófico, cada vez más en el centro de las la base de las sensaciones sociológicas generales" (Simmel, 230). La
actividades sociales e intelectuales, la vista experimenta una amplia- ciudad es una disposición de lo visual y una proliferación de lo visible.
ción creciente de su poder. En el siglo xix, su primacía sobre los demás En ella, la mirada es un sentido hegemónico para cualquier desplaza-
sentidos en términos de civilización y de conocimiento es un lugar común miento.
de la antropología física de la época, así como de la filosofia o de otras La penetración de la vista no deja de irse acentuando. El estatuto
ciencias. La medicina, por ejemplo, más allá de la clínica, de la que, como actual de la imagen lo revela. J. Ellul recuerda que hasta la década de
se sabe, confiere una legitimidad fundamental a lo visible a través de la 1960 era la simple ilustración de un texto, el discurso era lo dominante
apertura de los cuerpos y del examen comparado de las patologías, se y la imagen se limitaba a servirlo (1981, 130). En la década de 1960
exalta por impulsar cada vez más lejos el imperio de lo que se ve. En el germina la idea de que "una imagen vale por mil palabras". "La era de
artículo "Observación" del Dictionnaire usuel des sciences médicales, la información se encarna en la vista", dice I. Illich (2004, 196). Vemos
Dechambre se exalta: "No existe diagnóstico exacto de las enfermedades menos al mundo con nuestros propios ojos que mediante las innumera-
de la laringe sin el laringoscopio, de las enfermedades profundas de la bles imágenes que dan cuenta de él a través de las pantallas de toda
vista sin el oftalmoscopio, de las enfermedades del pecho sin el estetos- clase: televisión, cine, computadora o fotocopias. Las sociedades occi-
copio, de las enfermedades del útero sin el espéculum, de las variaciones dentales reducen el mundo a imágenes, haciendo de los medios masivos
del pulso sin el tensiómetro y de las variaciones de la temperatura del de comunicación el principal vector de la vida cotidiana. "Allí donde el
cuerpo sin el trazado de curvas y sin el termómetro" (en Dias, 2004, 170). mundo real se trastrueca en simples imágenes, las simples imágenes se
Esta ampliación de las capacidades sensoriales del médico es sobre todo convierten en seres reales y en las motivaciones eficientes para un com-
visual, pese a que algunas sean más bien auditivas (estetoscopio). El portamiento hipnótico. El espectáculo, como tendencia a hacer ver por
microscopio revoluciona la investigación al hacer accesible lo infinita- diferentes mediaciones especializadas el mundo que ya no es directa-
mente pequeño a la vista. A fines de siglo, los rayos X penetran la mente asible, encuentra normalmente en la vista al sentido humano
pantalla de la piel y al cabo del siglo xx el arsenal de imágenes médicas privilegiado que en otras épocas fue el tacto; el sentido más abstracto,
hurgará por todos los rincones del cuerpo, de modo de hacerlos accesi- y el más mistificable, corresponde a la abstracción generalizada de la
bles a la vista. sociedad actual" (Debord, 1992, 9). Las imágenes avanzan sobre lo real
El estudio cada vez más afinado del cuerpo desemboca al cabo del y suscitan la temible cuestión de lo original. Incluso si son manipuladas
tiempo en las técnicas contemporáneas de los diagnósticos médicos por incesantemente para servir a fines interesados. Manipulación de
imágenes. Poco a poco la medicina fue desprendiéndose de la antigua imágenes, ángulos de la toma o del disparo, epígrafes que las acompa-
práctica de la olfacción de las emanaciones del enfermo o de experimen- ñan o técnicas múltiples que desembocan en un producto final.
tar el sabor de su orina. Tomar el pulso pierde su importancia. La Las imágenes no son más que versiones de lo real, pero la creencia en
elaboración del diagnóstico se establece a partir de entonces sobre el su verdad intrínseca es tal que las guerras o los acontecimientos po-
zócalo de lo visual, en el relativo olvido de los demás sentidos. Pero no líticos se realizan a partir de ahora a fuerza de imágenes que orientan
se trata de cualquier mirada la que ha sido así refinada por la tecnología; fácilmente a una opinión a engañarse, incluso a la más "despierta". El
es una mirada estandarizada, racionalizada, calibrada para una bús- scanning y el zapping son los dos procedimientos de la mirada en el
queda de indicios a través, justamente, de una "visión del mundo" muy mundo de las imágenes. Estas dos operaciones ya eran inherentes a la
precisa. "La vista no basta, pero sin ella no es posible ninguna técnica [...1. mirada; hoy en día son procedimientos indispensables para no empan-
La vista del hombre compromete la técnica [...1. Cualquier técnica está tanarse en el sofocamiento de lo que se ve. El espectáculo que permanen-

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temente nos rodea y que orienta nuestra mirada nos atrapa con la Son efímeras y están destinadas sobre todo a su percepción táctil, son un
fascinación de la mercadería. "Para no enceguecernos [...1, para liberar- medio de comunicación entre el mundo y los hombres (Howes, Classen,
se de la pantanosa tiranía de lo visible —dice J. L. Marion—, hay que orar, 1991, 264-5). Una terapéutica multisensorial queda así concentrada en
el solo registro de la vista.
hay que ir a lavarse a la fuente de Siloé. Ala fuente del enviado, que solo
fue enviado para eso, para entregarnos la vista de lo visible" (Marion, En efecto, en la tradición de los navajos un enfermo es alguien que ha
perdido la armonía del mundo, el hozho,
1991, 64). Solo lo visible otorga la legitimidad de existir en nuestras cuya traducción implica si-
sociedades, lo visible revisado y corregido bajo la forma del look, de la multáneamente la salud y la belleza. El enfermo se ha apartado del
imagen de sí mismo. Las imágenes remiten unas a otras, economizando camino de orden y belleza que condiciona la vida de los navajos. La cura
el mundo y remitiéndolo a su desuso. La copia sobresale con respecto al es la reconquista de un lugar feliz en el universo, una puesta de acuerdo
con el mundo, de reencuentro con el hozho.
original, que solo tiene el valor que le otorga la copia. "A partir de ahora, El lugar
enfermo debe recuperar
el mapa precede al territorio —dice Jean Baudrillard (1981, 10)—, pre- la paz interior. Cuando una persona pierde su en su universo, se
cesión de simulacros". Lo real es una producción de imágenes, "no es más encuentra desorientada o físicamente mal y solicita un diagnosticados
que operacional. De hecho, ya no existe lo real, pues ningún imaginario que indique la ceremonia necesaria para su restablecimiento. Se elige
lo envuelve. Existe lo hiperreal, producto de síntesis, que irradia una vía según la naturaleza de las perturbaciones: sufrimientos perso-
modelos combinatorios a un hiperespacio sin atmósfera" (11). La copia nales, conflictos familiares o de grupos, etc. Por otra parte, algunas de
es la justificación del origen. ellas solo se deben a afecciones orgánicas; miembros rotos, parálisis,
Las técnicas de vigilancia mediante cámaras entran en los detalles de visión o audición defectuosas, etc. Cada una de ellas tiene a su "especia-
la imagen expuesta, instauran una vista superlativa que excede la lista", el que por lo general conoce sólo sobre la suya, pues la misma exige
una intensa
simple mirada gracias a una serie de dispositivos tecnológicos que turas, etc. memorización para su ejecución: melopeas, oraciones, pin-
permiten acercar o ampliar el ángulo de la toma. En la actualidad esas La ceremonia tiene lugar en un hogar,
cámaras se encuentran por todas partes, no solo en los satélites, sino en una cabaña construida con
los aeropuertos, en los puntos estratégicos de las ciudades, en los co- postes de madera. Asisten los más cercanos al enfermo, que se sientan
mercios, en las estaciones, en las rutas, en los cruces viales, en los si-tios en el suelo, y también ellos logran algún beneficio de la ceremonia. La
de servicios, en los bancos, etc. Los teléfonos celulares contienen misma dura varios días. Antes de comenzar, el curandero consagra los
aparatos fotográficos o cámaras, las webcams, o, en otro plano, las lugares aplicando sobre las vigas del techo pizcas de polen de maíz,
emisiones de la telerrealidad asestan sus cámaras sobre acontecimien- blanco para el hombre, amarillo si se trata de una mujer. Varios mo-
tos de la vida cotidiana. "Nuestra sociedad no es la del espectáculo, sino mentos pautan el decurso de la ceremonia: la purificación consiste en la
la de la vigilancia —dice Foucault— [...] . No estamos ni en la tribuna ni aplicación de manojos de hierbas o de plumas en diferentes partes del
en el escenario, sino en la máquina panóptica" (Foucault, 1975, 218-9). cuerpo, se le hace beber al paciente infusiones que lo llevan a vomitar
Espectáculo y vigilancia no son contradictorios, tal como Foucault pa- copiosamente,
bogan. es sometido a baños de vapor en una choza cercana al
rece sugerirlo en cierta reflexión que data de la década del '70; en el Se le aplican ungüentos. Inhala el humo proveniente de hierbas
mundo contemporáneo en particular, uno y otra conjugan sus efectos arrojadas sobre un fogón. El curandero y los asistentes entonan melo-
para producir una mirada permanente, un formidable desplazamiento peas. Es preciso limpiar el cuerpo de sus suciedades, prepararlo para el
de lo privado hacia lo público. Nuestras sociedades conocen una hiper- renacimiento. Una vez lavado, el enfermo es masajeado con los maderos
trofia de la mirada. que sirven para la oración, sobre todo en las zonas del cuerpo que
El privilegio acordado a la vista en detrimento de los demás sentidos flaquean. Es dioses.
a atraer a los fajado con ramas de yuca. Los cantos sagrados se orientan
Hataali, cantor, es el nombre que los navajos dan a sus
a veces induce a una interpretación errónea de la cultura de los demás
o bien a la desviación de las intenciones originales. Así, las pinturas de curanderos tradicionales. Los cánticos que ellos conocen, asociados a
arena de los indios navajos, que remiten en lo esencial a elementos del una vía, entrañan un poder, no un comentario sobre los acontecimientos:
tacto y del movimiento del mundo, son percibidas por los occidentales son acontecimientos en sí mismos y agregan su impacto al conjunto de
como un universo fijo y visual. Suscitan interés por su belleza formal y la ceremonia. En bastoncitos de cañas se ofrecen regalos destinados a los
dioses y se los sella con polen.
son coleccionadas o fotografiadas por ese motivo. Sin embargo, para los
navajos esas pinturas están destinadas a ser transportadas sobre el Luego llega el momento del restablecimiento, cuando intervienen las
cuerpo de los pacientes y no para ser eternizadas en la contemplación. Pinturas con arena (o a veces con harina de maíz, carbones y pétalos
de

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flores dispuestos sobre una piel de gamo (Dandner, 1996, 88)) realizadas Luego el enfermo queda aislado durante cuatro días, con la arena de las
por los curanderos y los asistentes a la ceremonia con polvos vegetales pinturas esparcida sobre sus mocasines. Medita para reencontrar su
de color, que surgen de la cosmología de los navajos. Representan lugar en el equilibrio del mundo.
escenas coloreadas, con una serie de personajes, según el ritmo cuater- La belleza de los dibujos suscitó en los observadores el deseo de
nario con que los navajos ven el mundo: las cuatro orientaciones car- conservarlos y exponerlos, desconociendo la trama simbólica de los ritos
dinales, los cuatro momentos del día, los cuatro colores (blanco, azul, de curación y volcándose solo hacia la mirada de pinturas destinadas
ocre, negro), las cuatro montañas sagradas que delimitan el territorio, inicialmente a lo táctil, pero también animados por los cánticos sagra-
las cuatro plantas sagradas (maíz, habichuela, calabaza, tabaco). Cada dos que acompañan la ceremonia. En 1995, los curanderos tradicionales
objeto posee su lugar en una cosmología donde todo está vinculado. Esas navajos se rebelaron contra esas pretensiones que desfiguraban su
pinturas se realizan sobre una alfombra de arena blanca extendida saber. Visitaron los museos norteamericanos de su región para exigir el
sobre el piso del hogan. "El conjunto es azul, halaga la mirada, lo que es retiro de las pinturas de curación de las salas de exposición y su
el primer objetivo de dicha pintura: seducir, atraer a esos Seres aun restitución al pueblo navajo, así como los enseres de los antiguos cu-
lejanos, seducirlos lo suficiente como para que tengan ganas de acercar- randeros. Los navajos no soportaban ya ver sus pinturas sagradas en las
se al pueblo de la tierra, al mundo de los hombres, para que "bajen" al paredes de los museos.
hogan. Más que nada, resultan sensibles a la finura, a la elegancia, a la Sin embargo, en su tiempo, dos curanderos de renombre, Hosteen
coloración de la obra, puesto que ellos mismos la han iniciado" (Cross- Klah, a comienzos del siglo xx, y Fred Stevens, más adelante, habían
man, Barou, 2005, 176). transformado las pinturas efímeras en vastos tapices, desplazando un
Antes de que salga el sol, el enfermo, desnudo hasta la cintura, se edifico ético en un motivo estético. Franc J. Newcomb, una estadouni-
sienta en el centro de la pintura. El curandero hunde las manos en un dense cuyo marido era un comerciante instalado en la reserva, llegaría
recipiente lleno con una poción de hierba-medicina. Éstas son distintas a apasionarse con esos motivos y a reproducirlos a su vez sobre papeles
de las hierbas medicinales: se las recoge con particulares precauciones, de embalaje, luego a la acuarela, como una especie de memoria de las
con oraciones interiores; no son solo plantas, sino palancas simbólicas ceremonias. Por su parte, F. Stevens había encontrado una técnica de
para actuar sobre el mundo. El curandero aplica las manos sobre las fijación de modo que las pinturas se adhirieran a un soporte. En 1946 esa
figuras dibujadas con los polvos coloreados sobre la arena, sus huellas opción provenía de la necesidad que experimentaba de preservar la me-
se le adhieren y entonces las lleva a la piel del enfermo. Transfiere el moria navajo de los ritos de curación, ya que temía que desaparecieran
poder de la pintura al ser del enfermo. Éste lo toma de la mano y por falta de curanderos.
recupera la serenidad de su camino en el hozho. Esas pinturas efímeras, Pero las obras elaboradas por Hosteen Klah o Fred Stevens no eran
y los personajes que en ellas se mueven, son los sitios de contacto con los por completo pinturas de las ceremonias. Éstas no podían realizarse sin
dioses. Si estos últimos quedan satisfechos con las pinturas, adoptan la razón, sin que un enfermo estuviera presente; de lo contrario, el poder
forma de asistentes del hombre-medicina, cubiertos con su máscara puesto en movimiento giraba en el vacío. Mediante errores ínfimos,
específica. transformaciones en los colores, desplazamientos de objetos o de perso-
Cada ceremonia requiere una decena de pinturas. Las mismas están najes, su poder era deliberadamente desafectado, de modo que solo
destinadas a desaparecer, están consagradas a cuidar a un enfermo, tuvieran sentido para su composición estética. Por lo tanto, los dioses no
restableciéndole el gustes por vivir y la belleza del mundo. No deben podían engañarse; se trataba más bien de educar a los profanos. Nin-
permanecer sobre el piso del hogan después de la puesta del sol. J. Faris guna pintura estaba bendecida con el polen, como era usual en los ritos
escribe al respecto que la ceremonia "consiste en apelar a réplicas mi- de curación. La neutralización de su fuerza simbólica era el precio que
nuciosas —a copias— de ese orden y de esa belleza en forma de cánticos, se pagaba por su ingreso a un mundo de pura contemplación que, a juicio
de oraciones, de pinturas sobre la arena, sin nunca apartarse de un de los navajos, ya no tenía por entero el mismo sentido. Esas obras eran
espíritu de profunda piedad. El menor error, la menor falta a ese rigor de alguna manera falsas, pese a que su belleza maravillara a los
comprometerá la curación [...]. Resulta incorrecto decir que las pinturas estadounidense. Se trataba de un formidable malentendido que oponía
sobre la arena son "destruidas" al cabo de la jornada que asistió a su
realización. Son aplicadas y consumidas, su belleza y su orden son
absorbidos por los cuerpos y las almas de quienes buscan la curación".`' apoyé asimismo en los diferentes textos que integran ese volumen, entre ellos los de S.
Crossman y J.-P. Barou. Véase asimismo sobre esa ceremonia: Newcomb (1992), Sand-
J. Faris, "La santé navajo aux mains de l'Occident", en Crossman, Barou (1996). Me ner (1996), Crossman, Barou (2005).

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una visión occidental del mundo a lo que sería preciso denominar la en efecto, a hacer geometría, aunque no refiriéndonos a la vida corriente.
sensorialidad del mundo navajo. Con otro malentendido, el que hacía Las percepciones no son una adición de informaciones identificables con
ingresar a lo inmutable un arte provisorio, que valía como remedio para órganos de los sentidos encerradas rígidamente en sus fronteras. No
la restitución de un enfermo al mundo. Pero toda museografía es ins- existen aparatos olfativo, visual, auditivo, táctil o gustativo que prodi-
talar en la mirada lo que responde la mayor parte del tiempo al poder guen por separado sus datos, sino una convergencia entre los sentidos,
de un objeto, jamás reductible a su sola apariencia y a la sola visión. Por un encastramiento que solicita su acción común.
su propio dispositivo, es reducción a la vista a través de la licencia que La carne es siempre una trama sensorial en resonancia. Los estímu-
se otorga a su dimensión simbólica, necesariamente viva e inscripta en los se mezclan y se responden, rebotan los unos en los otros en una
una experiencia común. corriente sin fin. Lo táctil y lo visual, por ejemplo, se alían para la de-
terminación de los objetos. Lo gustativo no es concebible sin lo visual, lo
olfativo, lo táctil y a veces incluso lo auditivo. La unidad perceptiva del
Sinestesia mundo se cristaliza en el cuerpo por entero. "La forma de los objetos no
es el contorno geométrico: mantiene una cierta relación con su propia
En la vida corriente no sumamos nuestras percepciones en una especie naturaleza y habla a todos nuestros sentidos al mismo tiempo que a la
de síntesis permanente; estamos en la experiencia sensible del mundo. vista. La forma del pliegue de un tejido de lino o algodón nos permite ver
A cada momento la existencia solicita la unidad de los sentidos. Las la flexibilidad o la sequedad de la fibra, la frialdad o la calidez del tejido
percepciones sensoriales impregnan al individuo manifiestamente; no Puede verse el peso de un bloque de hierro que se hunde en la arena,
se asombra al sentir el viento sobre el rostro, al mismo tiempo que ve la fluidez del agua, la viscosidad del jarabe [...]. Se ve la rigidez y la
cómo los árboles se doblegan a su paso. Se baña en el río que tiene ante la fragilidad del vidrio y cuando se rompe con un sonido cristalino, el
vista y siente la frescura luego del calor de la jornada, aspira el perfume de sonido es transportado por el vidrio visible [...]. Puede verse la elastici-
las flores antes de tenderse en el suelo para dormir, mientras que a lo dad del acero, la ductilidad del acero al rojo vivo" (Merleau-Ponty, 1945,
lejos las campanas de una iglesia indican el comienzo de la tarde. Los 265-266). Incluso cuando la mirada se desvanece, los gritos del niño que
sentidos concurren en conjunto para hacer que el mundo resulte coherente se aleja de la casa lo mantienen visible. Merleau-Ponty subordina el
y habitable. No son ellos quienes descifran al mundo, sino el individuo a conjunto de la sensorialidad a la vista. Otros lo establecen bajo el reino
través de su sensibilidad y su educación. Las percepciones sensoriales lo de lo táctil. La piel es, en efecto, el territorio sensible que reúne en su
ponen en el mundo, pero él es el maestro de la obra. No son sus ojos los que perímetro el conjunto de los órganos sensoriales sobre el trasfondo de
ven, sus orejas las que escuchan o sus manos las que tocan; él está por una tactilidad que a menudo ha sido presentada como la desembocadura
entero en su presencia en el mundo y los sentidos se mezclan a cada de los demás sentidos: la vista sería entonces un tacto de la mirada, el
momento en la sensación de existir que experimenta. gusto una manera para los sabores de tocar las papilas, los olores un
No se pueden aislar los sentidos para examinarlos uno tras otro a contacto olfativo y el sonido un tacto del oído. La piel vincula, es un teflón
través de una operación de desmantelamiento del sabor del mundo. Los de fondo que reúne la unidad del individuo.
sentidos siempre están presentes en su totalidad. En su Lettre sur les Nuestras experiencias sensoriales son los afluentes que se arrojan al
sourds et les muets á l'usage de ceux qui entendent et qui parlent [Carta mismo río que es la sensibilidad de un individuo singular, nunca en
sobre los sordos y los mudos para los que oyen y hablan], Diderot inventa reposo, siempre solicitado por la incandescencia del mundo que lo rodea.
una fábula al respecto: "A mi juicio sería una agradable sociedad la de Si se siente a la distancia el perfume de una madreselva que puede
cinco personas, cada una de las cuales solo tuviera uno de los sentidos; verse, si se vibra con una música que nos emociona, es porque el cuerpo
no hay duda de que todas esas personas se tratarían como si fueran no es una sucesión de indicadores sensoriales bien delimitados, sino una
insensatos; y os dejo que penséis con qué fundamento lo harían [...1. Por sinergia donde todo se mezcla. "Cezanne —escribe también Merleau-
lo demás, hay una observación singular para formular sobre esa socie- Ponty— decía que un cuadro contiene en sí mismo hasta el olor del
dad de cinco personas, cada una de las cuales solo es poseedora de uno paisaje. Quería decir que la disposición del color sobre la cosa [...1 sig-
de los sentidos; es que por la facultad que tendrían para abstraer, todos nifica por sí misma todas las respuestas que daría a la interrogación de
ellos podrían ser geómetras, entenderse de maravillas, y solo enten- los demás sentidos, que una cosa no tendría ese color si no tuviera esa
derse a través de la geometría" (Diderot, 1984, 237). El mundo solo se da forma, esas propiedades táctiles, esa sonoridad, ese olor..." (1945, 368).
a través de la conjugación de los sentidos; al aislar a uno u otro se llega, El cuerpo no es un objeto entre otros en la indiferencia de las cosas; es

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el eje que hace posible al mundo a través de la educación de un hombre sensible es fluctuante; nunca sigue siendo el mismo, a la inversa del
inconcebible sin la carne que forma su existencia. Está comprometido en alma, que "se lanza hacia lo que es puro, lo que es inmortal y siempre
el funcionamiento de cada sentido. El ojo no es una simple proyección parecido a ella misma". 7 A través de los ojos del alma y del pensamiento,
visual ni el oído un simple receptor acústico. Los sentidos se corrigen, se el hombre penetra en los arcanos de lo sensible, aparta los colgajos que
relevan, se mezclan, remiten a una memoria, a una experiencia que condenan la realidad del mundo y accede a una inteligencia purificada
toma al hombre en su integridad para dar consistencia al mundo. Aris- de lo sensible.
tóteles evoca así un sensus communis que opera una especie de síntesis Aristóteles se opone a Platón y, al denunciar el carácter abstracto de
de las informaciones proporcionadas por los otros sentidos. "La percep- ese proceso en contra de los sentidos, escribe: "Debemos sostener que to-
ción sinestésica es la regla", escribe Merleau-Ponty (1945, 265). La do lo que aparece no es verdadero. Ante todo, admitiendo incluso que la
percepción no es una suma de datos, sino una aprehensión global del sensación no nos engaña, al menos sobre su propio objeto, sin embargo
mundo que reclama a cada instante al conjunto de los sentidos. no se puede identificar la imagen con la sensación. Luego, nos asiste el
derecho a sorprendernos con dificultades tales como las magnitudes y
los colores, ¿son realmente tales como aparecen desde lejos o tal como
El límite de los sentidos aparecen desde cerca? ¿Son realmente tales como se les presentan a los
enfermos o como se les aparecen a los hombres que gozan de buena
Las percepciones son difusas, efímeras, inciertas o a veces falsas, pro- salud? ¿El peso es aquello que parece pesado a los débiles o a los fuertes?
porcionan una orientación muy relativa sobre las cosas allí donde un ¿La verdad es lo que vemos mientras dormimos o en el estado de vigilia?
saber más metódico exige rigor en detrimento de las vacilaciones del En efecto, sobre todos estos puntos resulta claro que nuestros adversa-
sentido a las que el mundo está acostumbrado. La ciencia no es el co- rios no creen en lo que dicen. Por lo menos, no existe persona alguna que,
nocimiento del objeto que toco, veo, huelo, gusto u oigo; la ciencia es al soñar una noche que se encuentra en Atenas, mientras se halla en
puritana, rechaza el cuerpo y mira las cosas con frialdad y espíritu Libia, se ponga en marcha hacia el Odeón" (Aristóteles, 1991, 228).
geométrico. El conocimiento humano carece, por cierto, de universali- Aristóteles se burla de Platón y de sus émulos que estigmatizan el
dad y rigor, pero sirve humildemente al desarrollo de la vida cotidiana cuerpo y los sentidos. Recuerda con razón que las informaciones propor-
y al sabor del mundo. Les resulta indispensable. No es conocimiento de cionadas por los sentidos dependen de las circunstancias y que éstas no
laboratorio, sino el generado al aire libre. Sin embargo, en la experiencia contienen ninguna verdad inmutable. El proceso a los sentidos es, pues,
común, las percepciones sensoriales no son las únicas matrices de la un absurdo, una abstracción, que —destaca Aristóteles con malicia— no
relación con el mundo. El razonamiento, no el científico sino el de la ex- les impide vivir la vida cotidiana sin demasiadas preocupaciones.
periencia, corrige permanentemente las ilusiones, que existen más en No hay que confiar en los sentidos sin antes haber sopesado las in-
los escritos de los filósofos orientados a estigmatizar lo sensible que en la formaciones. Si veo un leño roto sobre el agua, no necesariamente lo
vida corriente de los hombres. Por otra parte, la razón ha dejado de ser un tomo por tal, y si el sol me parece cercano no trato de extender la mano
instrumento de la verdad, no es infalible. El ajuste con el mundo implica para tomarlo. Descartes es escéptico con respecto al conocimiento sen-
entonces aunar la percepción con el razonamiento. sible, al que niega la facultad de alimentar la reflexión científica.
Existir significa afinar permanentemente los sentidos, desmentirlos Comienza de esta manera la Tercera meditación: "Ahora cerraré los ojos,
a veces, para acercarse lo más posible a la ambigua realidad del mundo. me taparé las orejas, me apartaré de todos mis sentidos, incluso borraré
La tarea de los sentidos en la vida corriente siempre implica un trabajo de mi pensamiento todas las imágenes de las cosas corpóreas o, al me-
del sentido. "Los ojos y las orejas de los hombres solo son falsos testigos nos, porque esto es muy dificil de lograr, las consideraré como vanas y
si el alma de los hombres no sabe escuchar su lenguaje", ya decía falsas". La parábola del trozo de cera recuerda la no permanencia de las
Heráclito. Demócrito opone "el oscuro conocimiento de los sentidos" al cosas. En la vida corriente, la cera adopta varias formas que no molestan
"luminoso", surgido del razonamiento. Platón inaugura una larga tradi- a quienes la utilizan; posee una sucesión de verdades según las circuns-
ción de desprecio de los sentidos y del cuerpo, pálidas pantallas ante la tancias. No es siempre el mismo objeto para los sentidos. Sólo el
esencia de las cosas. En el Fedón, dice: "El alma razona con mayor entendimiento —concluye Descartes— enseña la verdad de la cera. 8
perfección cuando no la perturban la audición ni la visión, ni dolor ni Platón, Phédon, Garnier-Flammarión, París, 1991, págs. 215
placer alguno; cuando, por el contrario, se concentra lo más posible en y 242.
Descartes, Mé di tations nzétaphysigues
(presentadas por Franoise Khodoss), PUF,
sí misma y manda, alegremente, a pasear al cuerpo". El conocimiento París, 1970, págs. 45 y ss. [Meditaciones metafísicas,
México, Porrúa, 1979].

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Rechaza el testimonio de los sentidos que hace ver redondeadas a torres
de las catástrofes provienen de los sentidos, ya que son engañadores,
alejadas que en realidad son cuadrangulares. Incluso lo que denomina impostores, destructores".`'
"sentidos interiores" engañan —dice Descartes en la Sexta meditación—, al
tomar, desdichadamente, el ejemplo del dolor que sienten en un miem- De hecho, las percepciones sensoriales no son ni verdaderas ni falsas;
bro mutilado las personas que han perdido un brazo o una pierna. Se nos entregan el mundo con sus propios medios, dejando que el individuo
las rectifique según sus conocimientos. Trazan una orientación sensi-
trata de un error de la imaginación, sostiene Descartes al concluir que
ble, un mapa que no es en absoluto el territorio, salvo para quien acepte
incluso no puede estar seguro "de que me duela alguno de mis miembros,
aunque sienta dolor en él". Al ignorar la realidad del dolor en el miembro permanentemente confundir Roma con Santiago. En principio, cada uno
sabe cómo manejarse en las situaciones de ambigüedad y actuar en
fantasma, Descartes llega a dudar de los dolores que siente, corno si en
efecto el cuerpo se equivocara perpetuamente, pese a imponer su mo- consecuencia, desplazándose para ver con mayor claridad, acercándose
lesta presencia al alma. para aguzar el oído ante un grito casi inaudible, o para extraer del arroyo
la rama que parecía quebrada, pero que no lo estaba.
Otra fuente de error es el ambiguo reparto de sensaciones de la vida P.

real con las que provienen de los sueños que, sin embargo, le dan a quien
duerme la convicción de que son muy reales. "Puesto que la naturaleza
parece llevarme a muchas cosas de las que la razón me aparta, no creo
que deba confiar mucho en enseñanzas de esa índole", concluye. Descar-
tes confiere al conocimiento sensible un estatuto subalterno con respec-
to al entendimiento, pero lo concibe como necesario para la existencia a
causa de su utilidad práctica y, pese a todo, también para la fuente de
la ciencia, aunque de inmediato sea sometido a prueba. "Pero, ¿cómo
podría negar que estas manos y este cuerpo sean míos? Si lo hiciera,
quizás me comparara con esos insensatos, cuyo cerebro se encuentra
tan perturbado y ofuscado por los negros vapores de la bilis que cons-
tantemente aseguran que son reyes cuando en realidad son muy
pobres, que están vestidos con oro y púrpura cuando en realidad se
encuentran desnudos, o imaginan ser cántaros o tener un cuerpo de
vidrio. ¿Pero cómo? Son locos, y yo no sería menos extravagante si
siguiera sus ejemplos" (27-28). De esta manera, Descartes distingue
dos regímenes diferentes de la sensorialidad que no se juntan nunca:
"Pero, sin embargo, es preciso prestar atención a la diferencia que existe
entre las acciones de la vida y la búsqueda de la verdad, la que tantas
veces he inculcado; pues, cuando se trata de la conducta de la vida,
sería algo ridículo no remitirse a los sentidos" (227). La unión del
cuerpo y del alma impone a la mediación de los sentidos para acceder
a lo real y llama al alma a la corrección. Sólo de ella provienen todas
las certezas.
Si bien Descartes expresa su desprecio por los sentidos a los efectos
de la elaboración de un sistema científico digno de ese nombre, olvida
otra dimensión del conocimiento sensible, la que alimenta el trabajo de
los artesanos o de los artistas de todo tipo. Nietzsche resume el ra-
zonamiento que desemboca en la descalificación de los sentidos. "Los
sentidos nos engañan, la razón corrige sus errores; por lo tanto, se
concluye que la razón es la vía que lleva a lo permanente; las ideas menos
concretas deben ser las más cercanas al "verdadero mundo". La mayoría 9 F. Nietzsche, La Vedan/é de pul ssance,
t. 2, Gallimard, París, 1947, pág. 10.
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2. DE VER A SABER

Mientras estaba en la ventana esta tarde, los halco-


nes volaban en círculo cerca de mi terreno roturado;
la fanfarria de las palomas silvestres, volando de a
dos o tres a través del campo que tenía ante mi
vista, o posándose con las alas agitadas en las ra-
mas de los pinos del norte, detrás de mi casa, le
daba una voz al aire; un águila pescadora estría la
límpida superficie del estanque y extrae un pez; un
visón se escabulle fuera del pantano, frente a mi
puerta, y atrapa una rana cerca del borde; los gla-
diolos se inclinan bajo el peso de los pájaros que
revolotean aquí y allá.

H. D. Thoreau,
Walden ou la vie dans les bois

La luz del mundo


Estamos inmersos en la ilimitada profusión de la vista. La vista es el
sentido más constantemente solicitado en nuestra relación con el mun-
do. Basta con abrir los ojos. Las relaciones con los demás, los desplaza-
mientos, la organización de la vida individual y social, todas las ac-
tividades implican a la vista corno una instancia mayor que hace de la
ceguera una anomalía y una fuente de angustia (infra). En nuestras
sociedades, la ceguera se asimila a una catástrofe, a la peor de las
invalideces. Según una representación común, tanto ayer como hoy, si
se trata del ciego, "toda su actividad e incluso su pensamiento, organi-
zados en torno a impresiones visuales, se le escapan, todas sus faculta-
des envueltas en tinieblas quedan como baldadas y fijas; parece sobre
todo que el ciego permaneciera aplastado por el fardo que lo agobia, que
las propias fuentes de la personalidad las tuviese envenenadas (Villey,
1914, 3). Perder la vista es perder el uso de la vida, quedarse al margen.
Naturalmente se evoca el mundo "oscuro", "monótono", "triste" del cie-
go, su "encierro", su "soledad", su "vulnerabilidad" ante las circunstan-
cias, su "incapacidad" para vivir sin asistencia.
A falta de vista, la humanidad en general corrientemente se le niega
al ciego. P. Henri señaló en una serie de lenguas el carácter peyorativo
de la palabra ciego o de sus derivados metafóricos. La ceguera es una
oclusión a cualquier lucidez que lleva al individuo a su pérdida. Le falta

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la capacidad de discernimiento. Ver significa comprender, sopesar los siendo prisionero de un simulacro. Es preciso ver más allá de un mundo
que no es el de la vida corriente, sino un universo de Ideas. El ojo ve las
acontecimientos. Ponerse anteojeras o "taparse los ojos" es dar testimo-
cosas al pie de la letra, sin retroceder. Las metáforas evocan a menudo
nio de ceguera ante las circunstancias. "En todas las lenguas [...] , ciego
alude a aquel cuyo juicio se encuentra perturbado, al que le falta la luz, su enceguecimiento. Confunde Roma con Santiago, distingue un grano
de arena en el ojo del vecino pero no ve la viga en el suyo. La vista trans-
la razón [...], que no permite la reflexión, el examen; quien actúa sin
discernimiento carece de prudencia; inconsciente, ignorante; pretexto, forma al mundo en imágenes y, por lo tanto, fácilmente en espejismos.
Sin embargo, comparte con el tacto el privilegio de evaluar la realidad
falsa apariencia" (Henri, 1958, 11). de las cosas. Ver es el camino necesario del reconocimiento.
Se entiende por qué el ciego es una personalidad estigmatizada y
angustiante. Sus ojos carecen de expresión, no tienen luz, a menudo su Un vocabulario visual ordena las modalidades del pensamiento en
rostro permanece inerte, sus gestos resultan inapropiados, su lentitud diversas lenguas europeas. Ver es creer, tal como lo recuerdan las fór-
entra en contradicción con los flujos urbanos o los ritmos habituales. Los mulas corrientes. "Hay que ver para creer". "Lo creeré cuando lo haya
prejuicios caen en cascada sobre un mundo considerado corno el de las visto", etc. "¡Ah, mi oreja había escuchado hablar de ti —dice Job—, pero
"tinieblas", de la "noche", etc. El ciego se siente en falso con los demás. ahora mi ojo te ha visto". La vista está asociada al conocimiento. "Veo"
En la vida corriente, la existencia es "principal y esencialmente visual; es sinónimo de "comprendo". Ver "con los propios ojos" es un argumento
no se haría un mundo con perfumes o sonidos", escribe Merleau-Ponty sin apelación. Lo que "salta a la vista", lo que es "evidente", no se discute.
(1964b, 115). Para los ciegos por cierto que el mundo se trama en un En la vida corriente, para ser percibida como verdadera, una cosa debe
universo de olores, de sonidos o de contactos con las cosas, pero para ante todo ser accesible a la vista. "Tomar conocimiento —dice Sartre— es
quienes ven, la apertura al mundo se opera ante todo a través de los ojos comer con los ojos". Ver viene del latín videre, surgido del indoeuropeo
veda:"sé" , de donde derivan términos como evidencia (lo que es visible),
y no imaginan siquiera otra modalidad.
Ver es inagotable pues las maneras de mirar el objeto son infinitas providencia (prever según las inclinaciones de Dios). La teorice es la
incluso si, en la vida cotidiana, una percepción más funcional basta para contemplación, una razón que se aparta de lo sensible, aunque tome de
guiar los desplazamientos o para basar las acciones. Las perspectivas se allí su primer impulso. Especular viene de speculari, ver. Una serie
agregan a las variaciones de la luz para espesar las múltiples capas de de metáforas visuales califican el pensamiento en especial a través del
significados. La vista es sin duda el más económico de los sentidos, recurso de la noción de claridad, de luz, de perspectiva, de punto de vista,
despliega el mundo en profundidad allí donde los otros deben estar de visión de las cosas, de visión del espíritu, de intuición, de reflexión, de
próximos a sus objetos. Colma la distancia y busca bastante lejos sus contemplación, de representación, etc. A la inversa, la ignorancia
percepciones. A diferencia del oído, aprisionado en el sonido, la vista es reclama metáforas que traduzcan la desaparición de la vista: la os-
activa, móvil, selectiva, exploradora del paisaje visual, se despliega a curidad, el enceguecimiento, la ceguera, la noche, la bruma, lo bo-
voluntad para ir a lo lejos en busca de un detalle o volver a la cercanía. rroso, etc.
La vista proyecta al hombre al mundo, pero es el sentido de la sola "El origen común atribuido al griego tuphlos, "ciego", al alemán
superficie. Solo se ven las cosas que se muestran o bien es preciso daufy al inglés deaf, "sordo", al inglés dumb, "mudo", al alemán clamp'',
inventar maneras de soslayarlas, de acercarse o de alejarse de ellas para "mudo, estúpido", resulta notable, vuelve a señalar P. Henri. Da la
ponerlas finalmente bajo un ángulo favorable. Lo que escapa a la vista impresión de que todo hubiera ocurrido como si las invalideces sensoria-
a menudo es lo visible diferido. Se levanta la bruma o amanece, un les, concebidas como si oscurecieran el conocimiento, perturbaran el
desplazamiento cualquiera modifica el ángulo visual y ofrece una nueva espíritu, encubrieran la realidad externa, hubiesen sido llevadas a
perspectiva. La agudeza de la mira tiene límites. No todo se da a ver; lo confundirse y a ser designadas por palabras que tradujeran los hechos
infinitesimal o lo lejano escapan, a menos que se posean los instrumen- materiales: cerrado, oscuro, perturbado [...]. ¿Cómo concebir que se
tos apropiados para percibirlos. A veces las cosas están demasiado le- pueda, sin la vista, sacar partido de las excitaciones auditivas, olfativas,
janas o demasiado cercanas, son vagas, imprecisas, cambiantes. La gustativas, táctiles, organizar en percepciones, representarse una silla
vista es un sentido ingenuo, pues está aprisionada en las apariencias, tan solo rozando el respaldo, reconocer un alimento por el gusto, sin
al contrario del olfato o del oído que desenmascaran lo real bajo los verlo, etc." (Henri, 1958, 38). Si las tinieblas son el contraste, la luz es
la aspiración de muchos ciegos que rechazan su ceguera "y procuran
ropajes que lo disimulan. realizar su 'nuevo nacimiento' poniéndola bajo la égida del acceso a una
Platón rechaza la imagen corno una falsedad que arrebata la esencia
de lo real: el hombre sólo percibe sombras que toma por la realidad, sigue luz por lo menos espiritual" (pág. 253).
La vista no es la proyección de una especie de rayo visual que viene tallándola, trabajándola, dándole forma a la materia. Pera esa mirada
a barrer el mundo con su haz, no se desarrolla en una línea única, a que toca las cosas es corriente en su voluntad de sentir a flor de piel un
menos que se trate de una atención particular; constantemente abraza objeto de interrogación o de codicia. La relación amorosa conoce esa
una multitud de elementos de una manera difusa. De pronto extrae del mirada maravillada que ya es en sí una caricia. Goethe cuenta así sus
desfile visual una escena insólita, un rostro familiar, un signo que re- noches junto a una joven: "El amor durante las noches me impone
cuerda una tarea a realizar, un color que impresiona la mirada. En la otras ocupaciones: ¿gano al estar sólo a medias instruido en ellas,
vida corriente, el mundo visual se desarrolla como un hilo ininterrum- aunque doblemente feliz? ¿Acaso instruirme no significa seguir el
pido, con una especie de indiferencia tranquila. A menos que surja un contorno de sus caderas? Solo entonces comprendo los mármoles:
rasgo de singularidad que lleve a prestar más atención. Lo visual es el reflexiono y comparo. Los ojos... palpo con la mano sus relieves, veo sus
mundo que se da sin pensar, sin alteridad suficiente como para suscitar formas".'
la mirada. Hay una especie de actividad del olvido, una economía sen- La vista requiere los otros sentidos, sobre todo al tacto, para ejercer
sorial que libera a la conciencia de una vigilancia que a la larga se vuelve su plenitud. Una mirada privada de sus recursos es una existencia
insoportable. Rutina que lleva a las cosas conocidas y descifradas de paralizada. La vista es siempre una palpación mediante la mirada, una
inmediato o bien indiferentes y que no motivan ningún esfuerzo de la evaluación de lo posible; apela al movimiento y en particular al tacto.
atención. Prosigue su exploración táctil llevada por la mano o por los dedos; allí
La mirada se desliza sobre lo familiar sin encontrar asidero allí. El donde la mirada se limita a la superficie de las cosas, la mano contornea
golpe de vista es el uso de la mirada que mejor corresponde a ese régimen los objetos, va a su encuentro, los dispone favorablemente. "Es preciso
visual. Efimero, despreocupado, superficial, mariposea a la búsqueda acostumbrarnos a pensar que todo lo visible está tallado en lo tangible,
de un objeto para captar. A la inversa, la mirada es suspensión sobre un todo ser táctil promete de alguna manera a la visibilidad, aunque haya
acontecimiento. Incluye la duración y la voluntad de comprender. Ex- intrusión, encabalgamiento, no solo entre el tacto y quien toca, sino tam-
plora los detalles, se opone a lo visual por su atención más sostenida, bién entre lo tangible y lo visible que está incrustado en él" (Merleau-
más apoyada, por su breve penetración. Se focaliza sobre los datos. Ponty, 1964, 177). Tocar y ver se alimentan mutuamente en la percep-
Despega las situaciones de la tela de fondo visual que baña los días. Es ción del espacio (Hatwell, 1988). "Las manos quieren ver, los ojos quie-
poiesis, confrontación con el sentido, intento de ver mejor, de compren- ren acariciar", escribe Goethe. El ojo es más flexible que la mano,
der, luego de un asombro, un terror, una belleza, una singularidad cual- dispone de una latitud más amplia en la exploración del espacio, accede
quiera que apela a una atención. La mirada es una alteración de la desde el comienzo a un conjunto que la segunda solo aprehende lenta y
experiencia sensible, una manera de poner bajo su guarda, de hacer suyo sucesivamente. Sin las manos, la vista queda mutilada, del mismo modo
lo visual arrancándolo a su infinito desfilar. Toca a la distancia con sus que sin los ojos las manos están destinadas al tanteo. Ver es aprehender
medios como si fueran ojos. lo real con todos los sentidos. "La vista nos ofrece siempre más de lo que
La mirada cercana a veces se convierte en casi táctil, "háptica", diría podemos asir y el tacto sigue siendo el aprendizaje de la mediación y del
Riegl; se posa en la densidad de las cosas como si fuera una especie de intervalo de lo que nos separa de aquello que nos rodea" (Brun, 1986,
palpación que hacen los ojos. Tocar no con la mano, sino con los ojos; 157). La mano procura resolver las fallas de la mirada, trata de superar
procura más bien el contacto y ejerce una especie de caricia. El ojo óptico esa separación.
preserva la distancia, hace del objeto un espectáculo y va dando saltitos La vista es una condición de la acción, prodiga la captación de un
de un lugar a otro; el ojo háptico habita su objeto. Se trata de dos mo- mundo coherente formado por objetos distintos en diferentes puntos del
dalidades posibles de la mirada. Se toca con los ojos del mismo modo que espacio. Ver es moverse en la trama de lo cotidiano con suficiente
los ciegos ven con las manos. Para J. Brousse, por ejemplo, la contem- seguridad, establecer de entrada un discernimiento entre lo posible y lo
plación de una estatua en un museo abreva ante todo en una tactilidad inaccesible. "Mi movimiento no es una decisión espiritual, una acción
de la vista que camina en torno a ella, la palpa, conjura simbólicamente absoluta que decretaría, desde el fondo del retiro subjetivo, algún cam-
la distancia moral que impone no tocarla con las manos. "Dicho de otra bio de lugar milagrosamente ejecutado en el espacio. Es la consecuencia
manera, solo gozamos con ella en la medida en que nuestra mirada, a natural y la maduración de una visión" (Merleau-Ponty, 1964a, 18). El
causa del guardia, de los carteles y de la costumbre reemplaza al tacto hombre es un ordenador visual, un centro permanente del mundo. De
y ejerce el oficio de éste" (1965, 121). Sin duda, se trata del regreso a las pronto ciego o en la noche, no sabe leer la oscuridad con una sensoria-
fuentes para una obra nacida en las manos de un artista que la modeló ' Goethe, Alegies rornaines, Aubier-Montaigne, París, 1955, pág. 35.

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lidad más amplia, está sumergido en un abismo de significado y
reducido a la impotencia. Todas las familiaridades de su relación con el de dicho objeto, trasmitiendo la cualidad especial de excitación que nos
mundo desaparecen. Entonces se vuelve dependiente de sentidos que entrega la sensación de la belleza" (Freud, 1961, 42 y 115).
antes aprendió poco a utilizar, como el tacto, el oído o el olfato. Pero la El amor enceguece dice el adagio popular, destacando que el amante
vista es limitada, la distancia disipa los objetos, exige la luz. solo tiene ojos para la que ama. El deseo vuelve deslumbrante el aspecto
En la vida habitual, la vista asegura la perennidad del entorno, su del otro, lo adorna con cualidades ante las que los demás no son en
inmovilidad, por lo menos aparente. Para conocer la fugacidad del ins- absoluto sensibles. "Se le reprocha al deseo que deforme y reformule, a
tante es preciso dejar de contemplar el río y adentrarse en él, mezclarse los efectos de desear mejor. El amante, Don Juan para el caso, se en-
con su corriente y escuchar, gustar, palpar, sentir. Para el hombre gañaría mientras que su confidente, Sganarelle, vería con claridad: hay
contemporáneo, la mirada establece distancia. En primera instancia no que volver a la tierra, ver las cosas de frente y no tomar al deseo por la
se encuentra en posición de estrechar al mundo. Mirar de lejos es man- realidad; en suma, sería preciso salir de la reducción erótica. Pero, ¿con
tenerse resguardado, no ser implicado. La tradición filosófica occidental qué derecho Sganarelle pretende ver mejor que Don Juan lo que por sí
hace de la vista un sentido de la distancia, olvidando que durante largo mismo no habría notado ni visto si el amante, Don Juan, no hubiera
tiempo las sociedades europeas medievales y renacentistas no conce- comenzado por señalárselo? ¿Con qué derecho, en toda buena fe, se
bían ninguna separación entre el hombre y el mundo, que ver era ya un atreve a razonar con el amante, si no puede, por definición, compartir su
compromiso. A menudo la mirada es culturalmente un poder suscepti- visión ni la iniciativa?" (Marion, 2003, 131). Los ojos del profano nunca
ble de reducir el mundo a su merced; existe una fuerza de impacto son los del amante.
benéfica o maléfica. La creencia en el mal de ojo, por ejemplo, es Para nuestras sociedades, la belleza, en particular cuando se trata de
ampliamente compartida por numerosas culturas. En diversas socieda- la femenina, es una virtud cardinal; impone criterios de seducción a
des, y nuestras tradiciones occidentales no están exentas de ello, la menudo vinculados con un momento del ambiente social. Se encierra
mirada mantiene en jaque al mundo, lo petrifica para asegurarse su tiránicamente sobre sí misma según una definición restrictiva. Un pro-
control. Es un poder ambiguo, ya que libera simbólicamente a quien es verbio árabe formula, con toda inocencia, una tendencia de fondo que
su objeto, incluso si lo ignora. Es manifestación de poder pues colma la vale igualmente para la construcción social de lo femenino y lo mascu-
distancia y captura, es inmaterial, pero sin embargo actúa, sale a luz. lino en nuestras sociedades: "La belleza del hombre se encuentra en su
Con la mirada se palpa, los ojos palpan los objetos sobre los que posan inteligencia; la inteligencia de la mujer se encuentra en su belleza" (Che-
la mirada. Mirar a alguien es una manera de atraparlo para que no se bel, 1995, 110). La mujer es cuerpo, y vale lo que vale por su cuerpo en
escape. Pero, también se palpa el ojo de alguien, es posible regodearse el comercio de la seducción, mientras que el hombre vale por su sola
con la mirada, etc. El voyeur se conforma con saciar su deseo tan solo con cualidad de hombre, sea cual fuere su edad (Le Breton, 1990). Los
la mirada, abrazando con los ojos, aunque el otro lo ignore. La distancia criterios de belleza son, por cierto, cambiantes según las épocas (Vigare-
queda abolida puesto que él ve. "Devorar con la mirada" no es tan solo llo, 2005) o las culturas, pero subordinan la mujer a la mirada del hom-
una metáfora. Algunas creencias la toman al pie de la letra. Ver es una bre. La belleza está hecha, sobre todo, con la vista.
puerta abierta al deseo, una especie de rayo asestado sobre el cuerpo del "Muéstrame tu rostro, pues es hermoso —le dice el amante a la sula-
otro, según la antigua teoría de la visión, un acto que no deja indemne mita (2-14)—. ¡Qué hermosa eres, mi bienamada, qué hermosa eres! Tus
ni al sujeto ni al objeto del deseo. ojos son palomas/tras tu velo/tus cabellos parecen un rebaño de cabras/
que ondulan sobre las laderas del monte Galaad [...1 Tus senos son dos
cervatillos, mellizos de una gacela, que pacen entre los lirios". La
La codicia de las miradas bienamada no le va en zaga: "Mi bienamado es fresco y sanguíneo/se lo
reconoce entre diez mil: su cabeza es dorada, de oro puro/sus bucles son
Si bien Freud admite que el tacto resulta esencial para la sexualidad, no palmas/negras como el cuervo". La mujer, sobre todo en las sociedades
por ello deja de reproducir su jerarquía personal (y cultural) de los occidentales, está asignada a la belleza, a estrechos criterios de seduc-
sentidos privilegiando la vista en el contacto amoroso. "La impresión ción, mientras que el hombre es más bien el que compara y evalúa, el que
visual es la que más a menudo despierta la libido [...]. El ojo, la zona juzga a menudo de manera expeditiva su calidad sexual por la vara de
erógena más alejada del objeto sexual, desempeña un rol particular- su apariencia o de su juventud, sin sentirse nunca concernido cultural-
mente importante en las condiciones en las que se realizará la conquista mente por la hipótesis de estar él mismo bajo el peso de una mirada
femenina para expresar la calidad de su virilidad. "La mujer —escribe
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Baudelaire— está en todo su derecho, e incluso cumple con una especie de sí mismo, suscita en el locutor la sensación de ser apreciado y le
de deber al aplicarse a parecer mágica y sobrenatural; es preciso que entrega la medida del interés de su palabra sobre el auditorio. Incluso
asombre, que encante; en tanto ídolo, debe adorarse para ser adorada. si no se intercambian palabras, lo esencial queda dicho sin equívocos. Se
Debe tomar, pues, de todas las artes los medios para elevarse por encima trata de un momento precioso de encuentro por la gracia de una mirada
en otra dimensión de la realidad y sin más incidencia sobre esta última.
de la naturaleza". 2 Baudelaire no habla de los hombres, lo que no tendría
ningún sentido; solo la mujer surge del registro de la evaluación visual La emoción no resulta menor a la que se tendría si sus dos cuerpos se
hubieran mezclado.
en términos de belleza o fealdad. Un hombre jamás es feo si posee alguna
Los ojos tocan lo que perciben y se comprometen con el mundo. En un
autoridad. pasaje de su Journal, C. Juliet expresa asimismo la fuerza simbólica de
Colocar la mirada sobre el otro nunca es un acontecimiento anodino;
la mirada. Juliet se halla sentado en la terraza de un café frente a una
en efecto, la mirada se aferra, se apodera de algo para bien o para mal,
joven. 'Tenía la cabeza inclinada y mis ojos la llamaban. Entonces alzó
es inmaterial sin duda, pero actúa simbólicamente. En ciertas condicio-
los suyos y literalmente se tendió sobre mi mirada. Permanecimos así
nes oculta un temible poder de metamorfosis. No carece de incidencia
física para quien de pronto se ve cautivo de una mirada insistente, que durante diez o quince largos segundos, dándonos, escudriñándonos,
lo modifica físicamente: se acelera la respiración, el corazón late con más mezclándonos el uno con el otro. Luego ella recobró la respiración, la ten-
velocidad, la tensión arterial se eleva, sube la tensión psicológica. Se sión cayó y apartó la vista. No pronunciarnos una sola palabra, pero creo
produce una inmersión en los ojos de la persona amada como si se tra- que nunca me comuniqué tan íntimamente con nadie, ni penetré tan
completamente a una mujer como en aquel momento. Luego no nos
tara del mar, de otra dimensión de lo real.
La mirada es un contacto: toca al otro y la tactilidad que reviste está atrevimos ya a mirarnos; sentía que ella estaba perturbada, que ambos
lejos de pasar desapercibida en el imaginario social. El lenguaje corrien- nos encontrábamos como si acabáramos de hacer el amor".; Cruzar una
te lo documenta a discreción: se acaricia, se come, se fusila, se escudriña mirada no deja indemne; a veces incluso perturba la existencia.
con la mirada, se fuerza la mirada de los demás; se posee una mirada El tema platónico del reconocimiento encuentra en la mutua resonan-
penetrante, aguda, cortante, que atraviesa, que deja clavado en el lugar, cia de los rostros su zona de fascinación. El momento en que hace irrup-
ojos que hielan, que asustan, etc. Diversas expresiones traducen la ten- ción el misterio confunde el pasado con el futuro, remonta el tiempo y
sión del cara a cara que expone la mutua desnudez de los rostros: diseña ya el futuro. "Le contó sus melancolías del colegio y cómo en su
mirarse como perros de riña, de reojo, con buenos ojos, con malos ojos, cielo poético resplandecía un rostro de mujer tan bien que al verla por
con el rabillo, etc. Del mismo modo, los amantes se miran con dulzura, primera vez la había reconocido", escribe Flaubert al comentar el amor
de Frédéric por Mme. Arnoux. 4 El primer encuentro entre el joven
se comen con la mirada, se devoran con los ojos, etc. Una mirada es dura,
acerada, agobiante, melosa, dulce, vinculante, cruel, etc. Rousseau y Mme. de Warrens testimonia la misma iluminación que
Sería larga la enumeración de los calificativos que le otorgan a la abre al otro a un contacto que escapa al sentido, a menos que se recurra
mirada una tactilidad que hace de ella, según las circunstancias, un a la metáfora de los ojos que tocan su objeto. Carne de sí mismo y carne
del otro se confunden entonces bajo los auspicios del rostro que traza un
arma o una caricia que apunta al hombre en lo más íntimo y en lo más
camino del alma o de la sensualidad radiante. El joven Rousseau va de
vulnerable de sí mismo (Le Breton, 2004). A veces, "desde la primera
Goufignon a Annecy con una carta de recomendación del señor de Pont-
mirada" (según los términos del mito) se establece un encuentro amoro-
so o amistoso. El imperativo de "la desatención educada" no consigue yerre para Mme. de Warrens. Un deslumbramiento lo espera; en la
décima ensoñación dice que "ese primer momento decidió toda mi vida
contener la emoción; el rito tolera un suplemento. La connotación sexual
de la mirada actúa sin encontrar obstáculos. Las miradas se encuentran y produjo mediante un inevitable encadenamiento el destino del resto de
mis días". Rousseau aún ignora todo sobre la mujer cuya protección
y el encanto opera. Se efectúa un reconocimiento mutuo. La apertura del
busca; la imagina más bien de edad y entregada a las devociones. Ella
rostro a la mirada señalaba ya, bajo una forma metonímica, el encuentro
se dispone a ingresar a la iglesia de los Cordeliers y, al volverse de pronto
que seguiría (Rousset, 1981). La mirada toma en consideración el rostro
hacia él, alertada por la voz intimidada del joven, la ve. "¡Qué fue de mí
del partenaire y lo confirma así simbólicamente en su identidad. En la
ante aquella visión! —exclama Rousseau—... Vi un rostro colmado de
relación con el otro, la mirada se halla fuertemente investida corno
gracias, unos hermosos ojos llenos de dulzura, una piel resplandeciente,
experiencia emocional. Es sentida como una marca de reconocimiento
" C. Juliet, Journal (1.957-1954), Hachette, París, 1978, pág. 259.
2 Baudelaire, "Éloge du maquillage", en °m'eres completes, t. II, La Pléiade,
G. Flaubert, LÉducation sentimentale, Folio, París, pág. 295.
Gallimard, París, pág. 717.

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hay inocencia en la mirada. El Evangelio lo dice sin equívocos: "Quien
la forma de una garganta encantadora... Que quienes niegan la simpa-
mirare a una mujer para desearla, en su corazón ya ha cometido adul-
tía de las almas expliquen, si es que pueden, cómo, al entreverla por
primera vez, ante la primera palabra, la primera mirada, Mme. de Wa- terio con ella" (Mateo, 5-28).
A la inversa, en otro tiempo el film pornográfico invita a verlo todo, en
rrens me inspiró no solo la más intensa atracción, sino también una
primeros planos, hace del espectador un voyeur de ojos alucinados,
perfecta confianza que nunca fue desmentida". 5 fascinados con los órganos genitales de los actores, pero solo para la
La mirada que se deposita en el otro nunca es indiferente. A veces es
eyaculación del hombre, único fluido corporal que tiene una dignidad, ya
encuentro, emoción compartida, goce inconfesado, contiene la amenaza
que "todo líquido que sale del sexo de la mujer es considerado como sucio.
del desborde. En ese sentido, no resulta sorprendente que la Iglesia haya
Los primeros planos de la penetración deben estar "limpios". La menor
combatido las miradas "concupiscentes" o supuestamente tales. Ver es
huella es eliminada de inmediato mediante toallitas higiénicas desear-
ya darse otra medida y ser visto confiere sobre uno mismo un asimiento
tables. La cartera de filmación de una actriz de cine hard core se parece
del que el otro puede aprovecharse. Así, por ejemplo, la vida de las reli-
a un maletín de primeros auxilios para el caso de infección: gel de
giosas está constreñida a la "modestia de la mirada", están sometidas a
limpieza, toallitas descartables, pera para lavaje, esponjas vaginales"
la necesidad de bajar con humildad la mirada en todas las circunstan-
(Ovidie, en Marzano, 2003, 191). No ocurre lo mismo con los humores
cias" a los efectos de evitar malos pensamientos o el contacto fatal con
la ambivalencia del mundo. Se trata de la ritualización de una sumisión que salen del hombre.
La dignidad social de las sustancias corporales femenina y masculina
en la que se supone que el hombre mira a su antojo, sin perjuicio alguno.
no es manifiestamente la misma. De ahí la importancia de los C11172 spots
La mirada es concupiscencia, incitación a la libre acción del deseo;
en los films pornográficos: la eyaculación visual se muestra fuera del
conviene eliminarla en su fuente. "Difícilmente se atiene a la compara-
cuerpo de la mujer, en un contexto donde el placer de esta última resulta,
ción de las apariencias —dice J. Starobinski—, está en su propia
pues, sin interés para la mirada del desempeño y de la mostración del
naturaleza siempre reclamar más [...1. Una veleidad mágica, nunca
esperma, que vale como demostración de virilidad y de verdad de un goce
plenamente eficaz, jamás desalentada acompaña cada uno de nuestros
masculino absorbido por el autismo. Tenemos la indiferencia de la mujer
golpes de vista: asir, desvestir, petrificar, penetrar, fascinar" (Staro-
convertida en puro pretexto para una exposición del poder masculino.
binski, 1961, 12-13). 7 La pornografía está centrada en el orgasmo masculino, pues resulta
La mirada hace correr el riesgo del pecado. Un simple roce del deseo,
visible, clamoroso, triunfador, incuestionable, surgido de la lógica del
aunque quede limitado a la intimidad, no deja de ser una mancha para
desempeño. Ésta consiste en ver todo, y nada más. Ya no solo regodear
el alma. San Agustín es explícito: "Si vuestras miradas caen sobre al-
la vista, sino sumergirla en los orificios de la mujer lo más lejos posible
guien, no deben detenerse en nadie, pues al encontrar hombres no
en búsqueda de la verdad del deseo. Despliegue de la mujer bajo todos
podéis impediros verlos o ser vistas. Los malos deseos no solo nacen
sus ángulos íntimos, como lugar de recepción del desempeño maquinal
mediante el tacto, sino también debido a las miradas y a los movimientos
del hombre. "La posibilidad de "mostrarlo todo" que funda a la pornogra-
del corazón. No creáis que vuestros corazones sean castos si vuestros
fía se opone al pudor que ayuda a dibujar los contornos de un espacio
ojos no lo son. El ojo que no tiene pudor anuncia un corazón que tampoco
interior y transforma el cuerpo en una especie de cobertura protec-
lo tiene. Y cuando, pese al silencio, los corazones impúdicos se hablan y
tora del psiquismo, a partir del hecho de que puede funcionar como
gozan con su mutuo ardor, el cuerpo bien puede permanecer puro, pero
pantalla para lo que proviene del exterior. El "mostrar" y el "ver" van
el alma ha perdido su castidad". 8 A juicio de la Iglesia, la mirada nunca al encuentro del "querer ver" y del "querer ser visto" que contribuyen
es solo contemplación, distancia; es un compromiso con el mundo. El
a la sensación de unidad y fortalecen la identidad del sujeto" (Mar-
deseo imaginado es para el alma un deseo realizado que la mancha. No
zano, 2003, 203).
El discurso feminista impugna el privilegio masculino de la vista y
(Las confesio-
5 J.-J. Rousseau, Les Conftssions, Livre de Poche, París, págs. 73 y 78 sostiene que el goce de la mujer es más amplio. A partir de que "la mirada
nes, Madrid, Alianza, 19971. predomina, el cuerpo pierde su carne, es percibido sobre todo desde el
6 O. Arnold,
Le Corps ef reune. La vie des irligieuses au xixe siécle, Seuil, París, 1948,
exterior. Y lo sexual se convierte más en un asunto de órganos bien
pág. 88.
Ya he abordado este tema en Les Passions ordinaires (2004), por lo que no volveré circunscriptos y separables del sitio donde se reúnen en un todo viviente.
sobre el mismo en esta ocasión. Véanse, asimismo, Paris (1965), Deonna (1965) y, sobre El sexo masculino se convierte en el sexo, porque es bien visible, porque
todo, Havelange (2001). la erección resulta espectacular [...]. Las mujeres, por su parte, conser-
" légle de Saint Augustin, en Regles des nzoizzes, Seuil, París, 1982, pág. 43.
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van estratificaciones sensibles más arcaicas, reprimidas, censuradas y punto luminoso que todos creen ver en movimiento. Ningún marco de
desvalorizadas por el imperio de la mirada. Y el tacto es a menudo más referencia permite evaluar su posición en el espacio y la distancia de des-
emocionante para ellas que la mirada" (Irigaray, 1978, 50). plazamiento varía enormemente de un sujeto a otro. Cada cual entra al
dispositivo en principio de manera aislada. Se calcula un promedio de
desplazamiento del punto luminoso. A continuación se deja que estas .
La vista personas discutan acerca de sus percepciones. Colocadas de manera
también es aprendizaje aislada en presencia del mismo punto, tienden a acercar sus resultados,
creando sin saberlo una norma social. Si bien este dispositivo experi-
Las figuras que nos rodean están visualmente ordenadas en esquemas mental está alejado de las condiciones de lo cotidiano, demuestra sin
de reconocimiento según la agudeza de la mirada y el grado de atención. embargo mediante un rodeo la manera en que se ejerce el moldeamiento
Aristóteles ya lo había notado: "La percepción en tanto facultad se aplica social de las percepciones.
a la especie y no simplemente a algo". El individuo reconoce el esquema Ver no es un acto pasivo nacido de la proyección del mundo en la
"árbol" y esto basta para sus inquietudes, pero, si fuera necesario, iden- retina, sino un asir mediante la mirada. Se impone, pues, un aprendi-
tifica un árbol específico: un cerezo, un roble o, más precisamente aún, zaje por más elemental que sea. Tal es la enseñanza de la famosa
el de su jardín. La aprehensión visual facilita así la vida corriente. Un cuestión planteada en julio de 1688, después de su lectura del Ensayo
principio de economía se impone, en efecto, para no quedar sumergido sobre el entendimiento humano de J. Locke, por el geómetra irlandés W.
por las informaciones, ahogado en lo visible. Un sumario reconocimiento Molyneux, librado a la sagacidad de los filósofos de su tiempo y que tanta
de los datos del entorno basta para moverse en él sin perjuicios. La tinta hiciera correr. Un ciego de nacimiento que aprendiera a discernir
mayoría se satisface con eso, pero para otros el mismo espacio resulta mediante el tacto entre una esfera y un cubo del mismo tamaño, ¿sabría
inagotable en saberes. Puede observarse en el jardinero capaz de for- distinguirlos si la vista le fuera restituida a los veinte años? Una res-
mular un discurso sobre cada planta que se le cruza en su camino. Los puesta positiva a la pregunta descansa en la idea de la transferencia de
hombres no recorren el mismo mundo visual ni viven en el mismo mundo conocimientos de una modalidad sensorial a otra: lo que es conocido
real. mediante el tacto también lo será de entrada por la vista. Molyneux
Los sentidos deben producir sentido para orientar la relación con el duda de ello y piensa que la transferencia del saber táctil al de la vista
mundo. Es preciso aprender a ver. Al momento de nacer, el bebé no exige una experiencia. La figura que se toca y la que se ve no son las
discierne el significado de formas indecisas, coloreadas yen movimiento mismas. Locke concuerda con Molyneux y piensa que el ciego de na-
que se acumulan en torno a él; lentamente aprende a discriminarlas, cimiento ha carecido en su infancia de la educación simultánea de la
comenzando por el rostro de la madre, integrando esquemas de percep- vista y el tacto, y por lo tanto su juicio resulta afectado. Para Berkeley,
ción ante todo singulares y que luego generaliza. Para reconocer, asimismo, el ciego de nacimiento que recupera la vista no accede a un
primero debe conocer. Durante meses, su vista permanece menos uso adecuado de sus ojos sino al cabo de un aprendizaje.
afinada que su oído, ya que no tiene sentido ni la usa. Poco a poco toma En 1728, una operación del cirujano Cheselden devolvió la vista a un
impulso para convertirse en un elemento matriz de su educación y de su niño de trece años afectado por una catarata congénita, pero sin res-
relación con los otros y con el mundo. De esta manera adquiere las claves taurar en principio toda la capacidad visual, pues ésta no conseguía
de interpretación visual de su entorno. Ver no es un registro, sino un percibir los contrastes y ciertos colores, y se manejaba con dificultad en
aprendizaje. Este afinamiento le permite al niño moverse al discernir el el espacio. "Durante largo tiempo no distinguió ni tamaños, ni distan-
contorno de los objetos, su tamaño, su distancia, su lugar, su impacto en cias, ni situaciones, ni incluso figuras, señala Diderot. Un objeto de una
él, a decir su color, a identificar a los demás de su entorno y a evitar los pulgada colocado ante él, y que le ocultaba una casa, le parecía tan
obstáculos, a atrapar, a caminar, a trepar, a jugar, a correr, a sentarse, grande como la casa. Tenía todos los objetos ante los ojos y le parecían
etc. La vista es una orientación esencial. Implica la palabra de los aplicados a esos órganos, como los objetos del tacto lo son a la piel"
adultos para precisarla y el sentido del tacto, profundamente ligado con (Diderot, 1984, 191). Requirió dos meses para familiarizarse con el
la experiencia de la vista. Es necesario adquirir los códigos de la vista sentido de la representación de un objeto; antes, las imágenes se pre-
para desplegar al mundo en toda su evidencia. sentaban ante sus ojos como simples superficies dotadas de variaciones
Un estudio clásico de Shérif ilustra la influencia de los demás al de colores.
respecto. La experiencia consiste en observar en un lugar oscuro un Después de permanecer mucho tiempo cautivo en la oscuridad de un

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fin
sótano, y tras haber desarrollado una buena vista nocturna, Kaspar en escena. La mirada solicita un asimiento en perspectiva de lo real,
Hauser es perturbado por la luz diurna y la profundidad del mundo que tomar en cuenta la profundidad para desplegar el relieve y el recorte de
lo rodea. Tiene dificultad para adquirir el sentido de la perspectiva y de las cosas, sus colores, sus nombres, sus aspectos, que cambian según la
la distancia de las cosas. Un día, el jurista A. Von Feuerbach, que se distancia desde donde se las vea, los juegos de sombra y luz, las ilusiones
había apasionado con el caso del adolescente, le pide que mire por la engendradas por las circunstancias. El ciego de nacimiento que accede
ventana de su casa, pero Kaspar al inclinarse hacia el exterior experi- a la facultad de ver no posee aún su uso. Se pierde en un conglomerado
menta una crisis de angustia y balbucea una de las escasas palabras que de formas y colores dispuestos en un mismo plano, y que le parecen
entonces conocía: "Feo, feo". Algunos años después, en 1831, Kaspar pegados a sus ojos. Penosamente adherido a un medio de formas inco-
había adquirido la mayor parte de los códigos culturales que le faltaban. herentes, de colores mezclados, inmerso en un caos visual, discierne
Y cuando el jurista le pide que repita la experiencia, Kaspar le explica: figuras, fronteras, tonalidades coloreadas, pero le falta la dimensión del
"Sí, lo que vi entonces era muy feo; pues, al mirar por la ventana, siem- sentido para moverse con comprensión en ese laberinto. Sus ojos están
pre me parecía que ponían ante mis ojos un muestrario sobre el que dispuestos para ver, pero aún no poseen las claves de lo visible. Para
algún embadurnador hubiera mezclado y salpicado el contenido de sus distinguir un triángulo de un cuadrado, debe contar los ángulos. Asi-
diferentes pinceles, impregnados de pintura blanca, azul, verde, ama- mismo, tiene dificultad para comprender el significado de una tela o de una
rilla y roja. En esa época no podía reconocer con claridad cada objeto, tal fotografía. La representación del objeto en dos dimensiones suscita
una dificultad de lectura.
corno los veo ahora. Era penoso mirar y, además, esto me producía una
sensación de ansiedad y malestar, como si hubiesen tapado la ventana con Los ex ciegos que recuperaban la vista hacían dolorosos esfuerzos no
ese muestrario abigarrado para impedirme que pudiese mirar hacia solo para aprender a emplear sus ojos, sino también para mirar. Atra-
afuera" (Singh, Zingg, 1980, 314). El propio Von Feuerbach establece la vesaban un período de duda, de desesperación, de depresión, que a veces
relación con el ciego de Cheselden, que choca contra una realidad pegada terminaba trágicamente. Algunos de los ciegos descriptos por Von
a sus ojos. Senden (1960) se sentían aliviados al volver a la ceguera y por no tener
Diderot, testigo de una operación de cataratas ejecutada por Daviel que luchar ya contra lo visible. Hasta tanto no haya integrado los
a un herrero cuyos ojos se habían estropeado a causa del ejercicio de su códigos, el ciego que vuelve a ver sigue siendo ciego a los significados de
oficio, señala cómo, incluso después de un normal uso de la vista, no lo visual; ha recuperado la vista, pero no su uso. Ciertos ciegos de na-
resulta sencillo reapropiarse de ella después de décadas de desuso: cimiento no soportan el costo psicológico de un aprendizaje que perturba
"Durante los veinticinco años que había dejado de ver, se había acostum- su relación anterior con el mundo. "Los ciegos operados demasiado tarde
brado tanto a remitirse al tacto que había que maltratarlo para obligarlo de una catarata congénita raramente aprenden a usar bien la vista que
a que volviera a utilizar el sentido que se le había devuelto. Daviel le les ha sido otorgada y a veces persisten en sus comportamientos yen sus
decía, golpeándolo: "¡Mira, animal! Caminaba, hacía lo suyo; pero todo sensaciones, más ciegos que aquellos que, por un proceso inverso, acce-
lo que nosotros hacemos con los ojos abiertos él lo hacía con los ojos den tardíamente a la ceguera completa (Henri, 1958, 436).
cerrados" (pág. 214). Para adquirir su eficacia, la mirada del ex ciego debe dejar de ser una
Diderot concluye con razón que "Es a la experiencia a quien debernos mano de recambio y desplegarse según su propia especificidad. Pero allí
la noción de la existencia continuada de los objetos; que es mediante el donde el niño ingresa a la visión sin esfuerzo especial, sin saber que
tacto que adquirimos la de su distancia; que tal vez sea preciso que el ojo aprende y así amplía su soberanía sobre el mundo, el ciego de nacimien-
aprenda a ver, como la lengua a hablar; que no sería sorprendente que to que se inicia en ver avanza paso a paso en una nueva dimensión de
la ayuda de un sentido fuera necesaria a otro [...1. Solo la experiencia nos lo real que le exige su sagacidad para la observación. Al apropiarse con
enseña a comparar las sensaciones con lo que las ocasiona" (pág. 190). el tiempo mediante un esfuerzo del aprendizaje de lo que los demás han
El hecho de que un ciego de nacimiento recupere la vista, lejos de agregar obtenido naturalmente al crecer, descubre que la vista es ante todo un
una dimensión suplementaria a la existencia, introduce un sismo sen- hecho de la educación. El que recupera la vista aprende, como un recién
sorial y en la identidad. Imagina que el mundo se le iba a entregar con nacido, a discernir los objetos, su tamaño, su distancia, su profundidad,
a identificar los colores, etc. Tiene dificultad para reconocer un rostro
toda inocencia, pero descubre una realidad de una infinita complejidad,
o un objeto si antes no lo ha reconocido con las manos. Por un largo
cuyos códigos le resultan difíciles de adquirir mientras trata simultá-
neamente de olvidar lo que le debe al tacto y al oído. tiempo, el tacto sigue siendo el sentido primordial en su apropiación del
mundo.
La visión implica atravesar las sucesivas densidades que la vista pone

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A veces la domesticación simbólica de la vista sigue siéndole inacce- distancia a la que se encuentra o de su forma o por malas condiciones de
sible, continúa viviendo en un mundo grisáceo, sin relieve, sin interés, visibilidad, el individuo se desplaza o efectúa una proyección con los
colmado de detalles inútiles e inquietantes. De ello da testimonio la sentidos más o menos ajustada. Estos agregados a menudo son reve-
historia de S. B., que ha suscitado la atención de varios comentaristas ladores de sus pensamientos momentáneos o de contenidos inconscien-
(Green, 1993; Erhenzweig, 1974; Lavallée, 1999; Sacks, 1996). Ese hom- tes. Figuras informes se convierten eventualmente en figuras familiares.
bre extrovertido, artesano con reputación, se volvió ciego a los diez El test de Rorschach se emplea en psiquiatría para atraer fantasmas. Se
meses, pero nunca perdió la esperanza de recuperar la vista. Finalmen- presentan las manchas, que no significan nada preciso, al imaginario
te fue posible un transplante de córnea a los 52 años. Operado con éxito, del paciente. Sus respuestas tienen que ver con sus preocupaciones, sus
el hombre experimentó una euforia de algunas semanas antes de deseos, sus angustias y dan al terapeuta un material para trabajar junto
desanimarse. Mientras antes se hallaba en contacto con el universo al paciente. Aunque no signifiquen nada en sí mismas, el individuo las
táctil y sonoro, había permanecido al margen del mundo visual, impo- dota de significados adecuados a su singularidad. En sus Cuadernos,
tente para captar sus códigos. Su ceguera precoz nunca le dio la ocasión Leonardo da Vinci había intuido su principio; señala: "Si miras ciertos
para construir los esquemas visuales que le permitieran recuperarlos muros poblados de manchas y hechos con una mezcla de piedras, y si
luego. La tactilidad fue la mediación inicial en su relación con el mundo. tienes que inventar algo, podrás ver sobre la pared la similitud de los
Antes de nombrar un objeto, debía tocarlo. Y luego, dejar de tocarlo para diversos países, con sus montañas, sus ríos, sus rocas, los árboles, las
verlo. Sus ojos no adquirían autonomía; le servían más bien para ve- landas, los grandes valles, las colinas de diversos aspectos; podrás
rificar la experiencia táctil, la única que le daba coherencia al mundo. ver batallas y movimientos vivaces, y extraños aspectos en los
Peor aun, diversos objetos le resultaban enigmáticos. No reconocía a la rostros, trajes y mil otras cosas que reducirás a una buena forma
gente por el rostro, sino por la voz. Sus rasgos o los de su mujer no le integral".'"
gustaban. En su hogar, prefería vivir de noche. A menudo se sentaba Esta disposición para completar las formas o volverlas inteligibles es,
frente a un espejo, dándoles la espalda a sus amigos. Era una manera según Gombrich, una de las matrices de la ilusión en arte, pero también
de conjurar el infinito de la vista en una captación que la volviera por fin de la vida corriente. Una visión sincrética desprende una especie de
pensable. S. B. se liberó poco a poco del caos visual, de lo grisáceo, de la atmósfera de la escena observada. Una situación o un objeto son per-
proliferación de detalles que tenía dificultad en comprender. Pero el cibidos según un esquema global. Su significado aún no está definido y
sentido no comparece sin un valor que le dé vida. S. B. llegaba demasiado solo saldrá a luz más adelante, después de un examen más atento. Se
tarde, fracasaba al movilizar sus recursos y en investir a lo visual con crea una expectativa ante el sentido. Al respecto, Ehrenzweig habla de
algo que tuviera interés para él. Al recuperar la vista se había recargado scanning inconsciente susceptible de captar estructuras abiertas a los
con un sentido superfluo. Aquel agregado era una paradójica amputa- sentidos, allí donde el pensamiento claro requiere más bien nociones
ción a causa de los esfuerzos que implicaba y de la decepción de descubrir precisas y cerradas. El barrido de la mirada suspende las situaciones y
un mundo que no correspondía a lo que él imaginaba. Murió algunos les confiere de entrada una comprensión afinada mediante un procedi-
años después a causa de una "profunda depresión" (Ehrenzweig, 1974, miento más atento (Ehrenzweig, 1974, 76). El significado viene siempre
49). 9 La vista no brota de la fuente; es una conquista para quien no tuvo después, corno en el lenguaje, incluso si de inmediato es rectificado,
la ocasión de enfrentarse con ella. eventualmente varias veces, en la medida en que una situación rara-
En la vida común, allí donde un objeto resulta difuso a causa de la mente posee un significado unívoco.
La expectativa es creadora de sentido, completa de manera contin-
9 O. Sacks (1996) describe dolorosamente la historia de un hombre que se volvió ciego
gente las carencias según los esquemas convencionales de representa-
durante su primera infancia y que recuperó la vista 50 años después, luego de una ción de la realidad. Gombrich hace referencia a la época de la guerra,
operación de cataratas. Al despertar vio una bruma y, alzándose en medio de un caos de cuando su tarea consistía en escuchar desde Londres las emisiones de
formas, escuchó la voz de su cirujano que le preguntaba cómo se sentía. Solo entonces radio alemanas para hacer un informe sobre las mismas. Las condicio-
comprendió que aquel desorden de luz y sombras era el rostro del cirujano. Lejos de
entrar felizmente al mundo visual, Virgil sintió que era "desconcertante" y "terrible" nes técnicas hacían que algunas de ellas fueran poco audibles, a pesar
tener que desplazarse sin la ayuda de las manos. Tenía dificultad para captar el sentido de su valor estratégico. "De esta manera, pronto fue todo un arte, incluso
de la profundidad y la distancia, y no paraba de chocar con las cosas o de sentir terror una competencia deportiva, interpretar esas bocanadas de vocablos
ante ellas. Cinco semanas después de su operación, se sentía claramente más discapa- sonoros que constituían de hecho todo lo que habíamos podido captar de
citado que durante el tiempo que le había durado la ceguera. Luego de una depresión
y del consiguiente deterioro de su salud, volvió con toda felicidad a la ceguera. 19 Leonard de Vinci, Les Carnets, "Tel", Gallimard, París, 1940, pág. 74.

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los discos grabados. Fue entonces cuando comprendimos hasta qué visión impotente, no comprende nada del mundo que lo rodea en tanto
punto lo que podemos oír se halla influido por nuestros conocimientos y no asimila los códigos de traducción de lo visual.
por lo que de ello esperamos. Para oír lo que se decía, nos era preciso oír
lo que se podía decir" (Gombrich, 1996, 171). De manera permanente,
para (oír o) ver el mundo, el individuo pegotea los fragmentos vi- Visiones del mundo
suales que le faltan, según su probabilidad de aparición y lo que él
espera ver en ellos. Este tipo de atención favorece el reconocimiento Visualmente, toda percepción es una moral o, en términos más cercanos,
de un paisaje o de un amigo que camina a lo lejos, sin que sea posible una visión del mundo. El paisaje está en el hombre antes de que el
aún discernir los detalles para una identificación más precisa. hombre esté en él, pues el paisaje tiene sentido solo a través de lo que
La visión sincrética desprende un estilo de presencia, no está vacía el hombre ve en él. Los ojos no son solamente receptores de la luz y de
de detalles, integra innumerables puntos de vista, pues no elige y las cosas del mundo; son sus creadores en tanto ver no es calcar un
permanece disponible ante todos los indicadores. "El jugador expe- afuera, sino la proyección fuera de sí de una visión del mundo. La vista
rimentado, dotado de un misterioso sentido de las cartas, puede significa poner a prueba lo real a través de un prisma social y cultural,
encarar en una fracción de segundo todas las distribuciones perti- un sistema de interpretación que lleva la marca de la historia personal
nentes, como si las tuviera a todas ante sus ojos" (Ehrenzweig, 1974, de un individuo en el interior de una trama social y cultural. Toda
73). Capta una estructura de conjunto o, más bien, una atmósfera mirada proyectada sobre el mundo, incluso la más anodina, efectúa un
significante. La caricatura es una forma de mirada sincrética que razonamiento visual para producir sentido. La vista filtra en la multi-
plicidad de lo visual líneas de orientación que vuelven pensable al mun-
ofrece una gestalt del sujeto representado, una especie de correspon-
dencia más parecida aun que la de un retrato común. Las telas de do. No es en absoluto un mecanismo de registro, sino una actividad. Por
Picasso, de Klee, de Matisse a menudo son portadoras de esta visión otra parte, no existe la visión fija, sino una infinidad de movimientos de
de conjunto de un rostro o de un objeto. El barrido se interrumpe si los ojos, a la vez inconscientes y voluntarios. Avanzamos en el mundo
el individuo se concentra provisoriamente en un dato. Una visión de golpe de vista en golpe de vista, sondeando visualmente el espacio a
analítica descompone entonces el conjunto, fragmenta su objeto para recorrer, deteniéndonos más en ciertas situaciones, fijando la atención
apropiárselo paso a paso. El individuo mira los elementos que a su más específicamente en un detalle. Un trabajo de sentido se efectúa
juicio de entrada tienen sentido, abandonando el resto de los datos permanentemente con los ojos.
visuales. En la globalidad de la escena, la mirada analítica va de un — 9 L? Toda visión es interpretación. No vemos formas, estructuras geomé-
indicio a otro. La tarea de otorgar sentido resulta trivial, por ejemplo \. tricas o volúmenes, sino significados, esquemas visuales, es decir, ros-
en la visión de una tela naturalista, donde se percibe sin dilemas un tros, hombres, mujeres, niños, nubes, árboles, animales, etc. En los ojos,
paisaje rural o el rostro de una mujer: accedemos por convención a la infinita multitud de las informaciones se hace mundo. Siempre hay
la representación en tres dimensiones allí donde solo vemos una un método para orientar el ángulo de la mirada. Dupin, el detective de
superficie plana y coloreada. Edgar Allan Poe, no es el primero en registrar la oficina del funcionario
"La visión no es más que un cierto empleo de la mirada", dice sospechado en la búsqueda de la carta robada. Su vista no es más
Merleau-Ponty (1945, 258). El ojo carece de inocencia, llega ante las objetiva ni mejor que la de otros que ya habían registrado meticulosa-
cosas con una historia, una cultura, un inconsciente. Pertenece a un mente el departamento sin encontrar nada, pero su razonamiento
sujeto. Arraigado en el cuerpo y en los otros sentidos, no refleja el produce otra mirada que lo lleva a descubrir de pronto la carta entre
mundo; lo construye mediante sus representaciones. Se prende a las otros papeles anodinos que estaban sobre el escritorio. Un objeto no se
formas portadoras de sentido: las nubes que preceden a una tormenta, expresa en un significado unívoco, como lo recuerda irónicamente la
la gente que pasa, los restos de una comida, la escarcha de una mañana percepción de la botella de Coca Cola en el pueblo africano descripto en
helada sobre un vidrio, mil acontecimientos que se desarrollan en su Les .Dieux sont tonzbés sur la téte. Pues todo depende de quien lo perciba
cercanía. Un juego de significados no deja de establecerse entre lo Y de sus expectativas al respecto, de su experiencia para afectar un
percibido y lo visto. "Nada se encuentra sencillamente desnudo. Los significado y un uso. El hombre nace a lo visible, sacándolo a la luz.
mitos del ojo inocente y del dato absoluto son redomados cómplices La vista es siempre un método, un pensamiento sobre el mundo. Y M.
(Goodman, 1990, 36-37). La única inocencia de los ojos es la del ciego de Foucault, al datar el nacimiento de la clínica a fines del siglo xviii, des-
nacimiento operado y que no recupera el empleo de la vista. Es una cribe un nuevo sesgo de la mirada que se posa sobre el cadáver. Los

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pocos pasos de allí, extraíamos del bolsillo lápiz y papel, y competíamos
médicos modifican el ángulo de observación, ven otra cosa. "Los médicos por separado para ver quién anotaba el nombre de la mayor cantidad de
describieron lo que durante siglos había permanecido por debajo del los objetos que habíamos visto al pasar [...]. A menudo, mi hijo llegaba
umbral de lo visible y de lo enunciable; pero no era que se hubieran a listar unos cuarenta" (Schuhl, 1952, 209).
puesto a percibir después de haber especulado durante demasiado tiem- lengua. de ver es preciso aprender los signos como para manejar una
po o a escuchar a la razón más que a la imaginación; ocurría que la lngua. "Avanzábamos lenta, regularmente, entre los bloques de hielo,
relación de lo visible con lo invisible, necesaria para todo saber concreto, sin hablar, llevándonos a veces gemelos a los ojos para estudiar un punto
habíá cambiado de estructura y hacía aparecer bajo la mirada y en el negro que aparecía sobre el agua: ¿un trozo de hielo?, ¿un pájaro?, ¿una
lenguaje lo que se encontraba más acá y más allá de su dominio" (Fou- foca que sacaba el hocico para respirar? No es difícil distinguir entre
cault, 1963, VIII). La clínica traduce otra relación entre el cuerpo y la estas cosas, hacerlas coincidir con "la imagen buscada" que se tiene en
enfermedad, mira de otra manera y habla —dice Foucault— el lenguaje la cabeza: bastaron algunos días de aprendizaje sobre las sombras, las
de una "ciencia positiva" (XIV). Las modalidades de lo visible habían formas y los movimientos que significaban 'foca" (López, 1987, 124). Los
cambiado. Bichat da uno de los primeros testimonios de ello en la rastreadores, los cazadores leen los menores detalles de un entorno para
historia de la medicina, pero éste es un saber en marcha, y las modali- identificar las huellas del hombre o del animal. Cuando la vista está
dades de la mirada que apoya conocen aún otros episodios. La misma habituada, no deja de sorprender a quienes ignoran los códigos de
pantalla de lo real se ofrece cada vez bajo una nueva versión. percepción. Derzu Uzala disponía de un formidable conocimiento de la
La agudeza de la mirada resulta secundaria frente a la cualidad taiga siberiana, leía las pistas a libro abierto para el estupor de sus
particular de ver. El escritor W. H. Hudson, viajero, naturalista atento acompañantes, entre ellos el explorador V. Arseniev» Los aiviliks
tanto a los hombres como a los vegetales o a los animales, da una serie disponen de una formidable agudeza visual. E. Carpenter también
de ejemplos de ello. Recuerda a un amigo de la Patagonia capaz de posee una vista perfecta, pero "ellos podían ver mucho antes que yo a una
memorizar todo el conjunto de cartas de un juego gracias a las ínfimas foca sobre el hielo l...l. Dándole un golpe de vista a la cima de un iceberg,
diferencias de coloración del dorso. "Ese hombre, que poseía una vista pueden decir si ven un pájaro o una foca, una foca o un delfín. El sonido
con una agudeza sobrenatural, se sintió profundamente asombrado de un avión se aleja mucho antes de que pueda verlo, pero los niños
cuando le explicaba que una media docena de pájaros parecidos al siguen mirándolo hasta mucho después de que ha desaparecido de mi
gorrión, que picoteaban en su patio, que cantaban y construían nidos en vista. No sugiero que sus ojos sean ópticamente superiores a los míos,
su jardín, su viñedo y sus campos, no eran de una, sino de diez especies
sino simplemente que sus observaciones son significativas para ellos y
diferentes. Nunca había notado diferencia entre ellos"» Un pastor que años de educación inconsciente los han entrenado en ese sentido"
conoce cada carnero de su rebaño, aunque sean cien, al igual que el (Carpenter, 1973, 26).' 3
paisano conoce a sus vacas. Los marinos detectan cambios atmosféricos Con sutileza, apoyándose en su propia experiencia, Hudson rechaza
que resultan imperceptibles para los demás. El médico sabe leer los la idea corriente en su época (fines del siglo xix) de la superioridad de la
síntomas imperceptibles de una enfermedad allí donde los familiares vista de los amerindios con respecto a la de los occidentales. Hudson
del paciente no advierten ningún cambio, etc. "Saber mirar: en eso señala simplemente que unos y otros no miran las mismas cosas. "Cada
consiste todo el secreto de la invención científica, del diagnóstico uno de ellos habita en su pequeño mundo, que es personal y que, para
iluminador de los grandes clínicos, del «golpe de vista» de los verdaderos los otros, no es más que una parte del halo azulado que difumina todo,
estrategas" (Schuhl, 1952, 209). Pero, además de su talento, les fue pero donde, para ese individuo en particular, cada objeto se recorta con
preciso un aprendizaje meticuloso de la mirada para adquirir los códigos una nitidez sorprendente y cuenta claramente su historia [...1. El se-
de percepción adecuados para su ejercicio profesional. creto de la diferencia es que su mirada está dirigida a ver ciertas cosas
El mago Robert Houdin cuenta cómo afina la mirada de su hijo, dando que busca y que espera encontrar" (pág. 165). Ante sí se desarrolla una
por otra parte un hermoso ejemplo de una vista simultáneamente global historia evidente, un mundo ya conocido del que el individuo busca los
y detallada, al enseñarle "a captar con un solo golpe de vista, en la sala signos, abandonando lo que escapa a su reconocimiento. "Un japonés
de espectáculos, todos los objetos que llevan sobre sí los espectadores".
Así, de inmediato el joven podía simular clarividencia tras colocarse una P2 W. Arseneiv, Dersou Ouzala, J'ai lu, París, 1977.
banda sobre los ojos. "Mi hijo y yo pasábamos bastante rápido ante una ju- " La misma observación se encuentra en B. López: "Algunos cazadores esquimales
guetería, o cualquier otra tienda, y echábamos una mirada atenta. A poseen una agudeza visual que causa estupefacción; pueden mostrar un reno paciendo
en una ladera a cinco o seis kilómetros" (López, 1987, 348).
" W. H. Hudson, U, fiáneur en Patagonia, Payot, París, 1994, pág. 163.
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—dice R. Arnheim— lee sin dificultad ideogramas impresos en tan pe- 1895, asistían al Grand Café, donde se proyectaba el film de los
queños caracteres que un occidental necesitaría una lupa para desci- hermanos Lumiére sobre la entrada de un tren a la estación de La
frarlos. Esto tiene que ver no con que los japoneses estén dotados de una Ciotat.
vista más penetrante que la de los occidentales, sino con que los ca Ponderar las modalidades de desconocimiento o de error de las
racteres kanji forman parte de su stock visual" (Arnheim, 1976, 101). fotografías o de los films para ciertas poblaciones remite más bien a
La lectura de una imagen de cine o fotográfica exige la posesión de los evaluar su grado de aculturación con respecto a los modelos occidentales
} códigos de interpretación. Durante mucho tiempo, el etnocentrismo que se expanden por el mundo. La liquidación de las sociedades tra-
occidental creyó en la universalidad de sus concepciones de la imagen y dicionales con el rodillo compresor de la técnica occidental y de su
de la perspectiva, atribuyendo las dificultades de las otras sociedades economía de mercado lleva a una creciente universalización de los
para comprenderlos al hecho de una inferioridad cultural o intelectual. esquemas de interpretación de la imagen. La erradicación de culturas
De hecho, el occidental se encontraba ante el mismo fracaso para captar o el recorte de sus alas mediante la penetración de los valores del
los significados de las imágenes o de las obras tradicionales de esas mercado' y la norteamericanización del mundo no eliminan el carácter
sociedades sobre las que volcaba su desprecio. Toda lectura de una social, cultural e histórico de la imagen. La relatividad y la pluralidad
imagen impone poseer los códigos. Durante mucho tiempo las imágenes de los mundos son afectadas por la intimidación de las mercaderías y el
del cine o las fotografías suscitaron el escepticismo de diferentes so- modelo económico predominante. Alguna vez, se le echará la culpa a los
) ciedades que no las comprendían y no conseguían identificar su conte- fantasmas del hecho de que ciertas sociedades no reconozcan las imá-
nido, su orientación, su profundidad, los símbolos, etc. (Hudson, 1967, genes, pues en todas partes del mundo los hombres estarán bañados por
( Segall, Campbell, Herskovits, 1966). Imágenes de objetos familiares no la misma cultura visual. Pero la desaparición de la pluralidad del
son reconocidas por una serie de poblaciones que no ven en ellas más que mundo no es un argumento para sostener la naturalidad de la imagen.
imágenes coloreadas y sin significado. En 1970, Forge describió las
dificultades de acceso a la fotografía que presentaba un pueblo de Nueva
Guinea, los abelams, que sin embargo la conocían desde sus primeros
contactos con los europeos en 1937. Cuando los jóvenes trabajaban en las Límite de los sentidos o visión del mundo
ciudades de la costa, por lo general se hacían fotografiar: "El sujeto se
coloca rígido ante el aparato, esté solo o en grupo [...]. Ningún abelam (La vista no es un calco de lo real en el espíritu; si así fuera, habría
muestra dificultad para reconocer tal fotografía; identifican y nombran
al individuo, si lo conocen. Pero cuando se les muestra su fotografía
tomada cuando están en movimiento o cuando no están rígidos, mirando
4 demasiado para ver. Es selección e interpretación. Nunca aprehende
más que una de las versiones del acontecimiento. El espacio es una
elaboración psíquica al mismo tiempo que social y cultural; la apropia-
fijamente la cámara, en ese caso dejan de identificar la fotografía. ción visual del mundo resulta filtrada por lo que podríamos llamar,
Incluso los habitantes de otros pueblos que se desplazaban especialmen- según los términos de Bion, pero aplicándolos a la vista, una "barrera de
te porque sabían que yo tenía la fotografía de un pariente muerto no contacto", una frontera de sentido permanentemente cuestionada, un
podían reconocerlo y la daban vuelta en todos los sentidos" (Jahoda, containing, es decir, un comportamiento, una pantalla psíquica que
1973, 272). filtra los datos a ver y los interpreta de entrada.
Un ojo no acostumbrado recorre la imagen cinematográfica de mane- Más allá aun, las repercusiones de los acontecimientos sobre la
ra analítica, buscando un enganche de sentido. La aparición y la de- mirada del individuo imprimen asimismo su matiz. Inmerso en un duelo
saparición de los personajes, los movimientos de la cámara, los primeros o en el desempleo, enfrentado a graves dificultades personales, ve "todo
planos desconciertan, se recuperan detalles significativos solo para los negro"; a la inversa, regocijado por buenas noticias, ve "todo de color de
espectadores y no para la economía del film. En nuestras sociedades, rosa". El hombre que de pronto piensa que un intruso acaba de ingresar
para ciertas poblaciones no acostumbradas a la lectura de imágenes, la a su casa deja de ver su habitación de la misma manera, incluso aunque
confusión era la de la ficción y la realidad. ¿Qué estatuto acordar a esos no haya cambiado en nada su disposición o su luz. La vista está im-
fragmentos de realidad proyectados sobre la apantalla? En Les Carabi- `) pregnada por consideraciones morales. La historia personal y la
niers, de Godard, un campesino procura ir detrás de la pantalla para circunstancias modifican la tonalidad de la mirada. El hombre al que no
bañarse con la joven filmada en su bañera. La historia del cine conservó le gustaba determinada ciudad o región ahora no deja de elogiar su
el pánico que se apoderaba de los espectadores que, en diciembre de belleza tras haber mantenido un encuentro amoroso decisivo o luego de

72 73
comía de a poco la mortaja con la que había sido sepultada. La epidemia
resolver viejas preocupaciones vinculadas con el lugar. Al principio sólo terminaría al cabo de la desaparición de la mortaja. Tras celebrar
desagradable, el contacto con una persona se convierte en su contrario consejo, los ediles tornaron la decisión de exhumar el cuerpo. «Encontraron
si las circunstancias la muestran bajo una luz distinta. El mismo rostro casi la mitad de la mortaja en la boca, la garganta y el estómago, ya
que antes era visto con desagrado, de pronto es visto con placer, o a la digerida-podrida. Ante ese espectáculo, el preboste, fuera de sí, extrajo
inversa. Las cualidades morales asociadas, con los datos y con su per- la espada, le cortó la cabeza y la arrojó fuera de la fosa. De inmediato, la
cepción,Cau s selección en lá - profusion de lo real, son siempre peste cesó».' Los ángeles hablan con los hombres de buena fe durante el
tributarias del estado espiritual del actor. Al ver al mundo, uno no deja día, o por la noche, durante el sueño. Una muchedumbre vio a un
de verse a sí mismo. Toda mirada és un autorretrato, pero ante todo el de decapitado tomar la cabeza, ponérsela bajo el brazo y alejarse
L,-,--
una cultura. tranquilamente del lugar de su ejecución. Se creía que, puestos en
Las fronteras de lo sensible varían de una cultura a otra; lo visible y presencia de su asesino, los despojos de una víctima comenzaban a
lo invisible tienen modalidades singulares. Así, la mirada del hombre sangrar. Las brujas producían terror en sus jueces, pues sus miradas
medieval no tiene ninguna relación con la que hoy proyectamos sobre el estaban cargadas de amenazas para quienes les ofrecían ingenuamente
mundo. Entonces no se veía el mundo con los mismos ojos. La naturaleza los ojos a su exacción, pues «operan siempre ya sea mediante una mirada
de los contemporáneos de Rabelais aún no se encontraba "desencanta- o por una fórmula mágica depositada en el umbral de una casa» (pág.
da", asimilada a una fuerza de producción o del ocio. "Fluidez de un 122).
mundo donde nada se encontraba estrictamente delimitado, donde los El demonio seducía a las mujeres y las obligaba a cometer con él el
propios seres, al perder sus fronteras, cambian en un abrir y cerrar de pecado de la carne o a dañar a sus semejantes merced a temibles
ojos, sin provocar ninguna objeción de forma, aspecto, incluso de "reino", hechizos. Algunos testigos asisten enajenados a los aquelarres de las
como diríamos hoy: he ahí tantas historias de piedras que se animan, brujas y los diablos. Las primeras «a menudo han sido vistas tendidas
que cobran vida, se mueven, avanzan; he ahí los árboles convertidos en sobre la espalda en los campos y en los bosques, desnudas hasta debajo
seres vivos sin por ello sorprender a los lectores de Ovidio E...1. He ahí del ombligo, en posición para esa infamia, agitando las piernas y los
a los animales comportándose como hombres y a los hombres convirtién- muslos, con los miembros dispuestos, con los demonios íncubos en
dose a voluntad en animales. Un caso típico es el del hombre-lobo, el del acción, aunque resultaran invisibles para los espectadores e incluso a
ser humano que puede encontrarse simultáneamente en dos lugares veces, al final del acto, se elevaba por encima de la bruja un vapor muy
distintos, sin que nadie se asombre por ello: en uno de ellos es hombre, negro del tamaño de un hombre» (pág. 302). Las noches de aquelarre se
en el otro es animal" (Febvre, 1968, 404). Es preciso aguardar el trans- veía el vuelo lúgubre de las brujas por encima de los techos. Algunos
curso del siglo xvii para que aparezca en ciertos hombres de letras una niños eran cambiados por obra del diablo, algunos hombres eran trans-
mirada racionalizada, despegada de cualquier sentimiento de trascen- portados lejos de sus lugares familiares, sin que tuvieran conciencia de
dencia, preocupados por convertirse en "amos y poseedores de la na- ello. "Somos dos quienes redactamos este tratado; ahora bien, uno de no-
turaleza", penetrada por lo que L. Febvre llama "el sentido de lo posible". sotros (solamente) a menudo vio y se encontró con tales hombres: por
La mirada de los hombres del siglo xvi no estaba animada por la certeza ejemplo, alguien, ex maestro de escuela y ahora sacerdote [...] tenía la
de que el non posse engendrara el non esse, que lo imposible no pudiera costumbre de contar que una vez había sido levantado por los aires por
ser. el diablo y llevado a lugares recónditos" (pág. 287).
El martillo de las brujas (Malleus maleficarum), publicado en 1486, Las brujas producen granizadas, tormentas, tempestades, que testi-
breviario de los cazadores de brujas, escrito por dos inquisidores, monjes gos las ven fabricar al orinar o al arrojar agua en un punto consagrado
dominicos, es un sorprendente repertorio de las creencias comunes de la por su maleficio (pág. 291). Eventualmente convierten a los hombres en
época y de lo que cada uno estaba convencido que veías con sus propios animales, hacen perecer a los fetos o a los recién nacidos mediante
ojos. Para ambos autores, la brujería es un elemento probado por la fe sortilegios. Reducen los miembros viriles, "como si hubieran sido arran-
católica y cualquier refutación al respecto es una herejía. El texto cados del cuerpo [...], un artificio mágico debido al demonio los oculta en
describe hechos verificados por testigos de una época para la cual el un sitio donde ya no puede vérselos ni tocarlos" (pág. 311). Uno de los
mundo se correspondía estrechamente con lo que esperaban encontrar autores cita el testimonio de un "padre venerable" cuya reputación
en él a la vista de sus códigos culturales. De esta manera, uno de los ' J. Sprenger, H. Institoris, Malleus malelicarunz, Jéróme Millon, Grenoble, 1990,
autores testimonia su propia experiencia. La peste causaba estragos en Pág. 237.

1
una ciudad. Corría el rumor de que una mujer muerta y enterrada se
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estaba por encima de cualquier sospecha: "Un día —decía—, mientras Los hechiceros permanecen en la sombra; solo la anomalía fisiológica los
escuchaba las confesiones, un joven se acercó y en el transcurso de la delata, pero solo se puede acceder a ella tras su muerte, cuando se
confesión, afirmó, lamentándose, que había perdido su miembro viril. El realizan las autopsias rituales.
padre manifestó su sorpresa y se resistía a creer en sus palabras [...]. El genio de las aguas ayuda a los hombres; les otorga a algunos de ellos
Tuve la prueba, pues no vi nada cuando el joven, al apartar su ropa, me la facultad de desdoblarse durante el sueño, pero de manera lúcida y con
mostró el lugar". El sacerdote, convencido, sugirió entonces al desdicha- una perspectiva benéfica. Abandonan el cuerpo dormido bajo la forma
do que "buscara a la mujer» y que fuera a "ablandarla" con palabras de una mariposa nocturna o de murciélago. Ven en la oscuridad a los
apaciguadoras. "Pocos días después, volvió para agradecerme, decla- animales segregados por los hechiceros. Poseen «dos pares de ojos».
rándose curado, puesto que había recuperado todo. Creí en lo que me Saben identificar a los hechiceros invisibles para la mirada de los de-
decía, pero, además, me presentó la prueba evidente ante la vista" (311) más. El genio de las aguas sostiene asimismo su creación confiriendo
Los autores no dicen qué ocurrió con la presunta "bruja". una parte de su poder a objetos rituales que no pueden ser mirados por
Corno señala a su vez R. Lenoble al comentar el espacio pictórico del no iniciados, a causa del poder que encierran. Los magos adivinos «por su
Renacimiento, los ángeles, los santos, los unicornios son "vistos" con sus don de la doble vista pueden dialogar en el seno del mundo invisible de
propios ojos por los hombres, quienes no dudan de su realidad. El la noche con los dobles de los hechiceros y contrarrestar sus designios
bestiario del Renacimiento admite al temible basilisco, animal híbrido maléficos. Los segundos, con ayuda de su arsenal de encantamientos,
proveniente de un huevo de gallo empollado por un sapo. Con una sola pueden atemorizar, incluso matar a un hechicero, no actuando sobre su
mirada mata a los hombres que se cruzan en su camino si los ve antes doble durante la noche, sino atacando su persona física durante el día»,
resume V. Baeke (1991, 5).
de ser visto por ellos; de lo contrario, el vulnerable es el basilisco. Se
considera que otros animales poseen poderes maléficos cercanos, como Para los ojibwas, en América del Norte, los windigos, monstruos
el lobo, el gato, el león, la hiena, la lechuza (Havelange, 2001). Lo que hoy caníbales, son seres reales, capaces de atentar contra sus vidas. Se los
denominamos lo "sobrenatural" era lo "natural" en la época. Las fronte- escucha, se los ve y hay que apresurarse a huir para no ser devorado.
ras de lo visible solo son comprensibles en función de lo que los hombres Hallowell cuenta la desventura de un anciano amenazado una vez por
un windigo, cuya presencia detectó a causa de un ruido particular en el
esperan ver, no de una realidad objetiva que nadie puede ver nunca
bosque. El hombre huyó en una canoa y remó a toda velocidad para
puesto que no existe. escapar, pero no dejaba de divisar tras de sí al obstinado animal. La
Los walis constituyen una pequeña comunidad aldeana en la frontera
entre Camerún y Nigeria. Solo algunos privilegiados poseen la facultad persecución se prolongó, pero el hombre consiguió escapar tras una serie
de ver lo que resulta invisible para el común de los mortales y solo de peripecias. Hallowell concluye que la visión del mundo de los ojibwas
algunos iniciados se atreven a mirar y a emplear ciertos objetos rituales condiciona su vista con respecto a su entorno. Leñadores, conocedores
cargados de poder. El mito de origen de la sociedad evoca el enfrenta- minuciosos del bosque, decodifican el peligro por los ruidos o por apre-
miento de dos demiurgos, el genio de las aguas y el genio de la brujería. ciaciones visuales que no se prestan a ningún equívoco. Cada socie-
El primero, amo de las costas, provoca una vasta inundación para dad traza las fronteras entre lo visible y lo invisible, entre lo que
apagar un incendio encendido por el segundo y así obtiene la posibilidad conviene ver y lo que escapa a la vista, promulga categorías visuales
de fabricar a los hombres. Luego se retira y deja que los hombres se que son ante todo categorías mentales. Un objeto o un paisaje nunca
multipliquen. Pero a veces se deja ver por algunos de ellos para en- quedan encerrados en un significado unívoco, pues todo depende de
quien los perciba.
señarles nuevas técnicas o para mostrarles plantas propicias para la
curación de ciertas enfermedades. El genio de la brujería deambula por Las diferentes formas de hinduismo privilegian una modalidad par-
la superficie de la tierra sin renunciar por completo a sus bajas obras. ticular de la visión muy alejada de la distancia o de la separación a las
Insufla el principio del mal en ciertos hombres ya desde el vientre de la que comúnmente se encuentra asociada en nuestras sociedades. En ese
madre al dispensarles un distintivo específico: el borde de la aurícula de contexto cultural, el ojo siempre se encuentra en acción. El darsana
sus corazones toma la forma de una cresta de gallo. Los hechiceros hindú no es una visión de sentido único del objeto sagrado o del gurú; es
tienen la facultad de desdoblarse durante la noche, mientras duermen. un intercambio y solicita el hecho de ver y de ser visto por lo divino. Se
Sus dobles maléficos abandonan el cuerpo bajo la forma de un animal intercambian las miradas y se confirman mutuamente. Lo divino está
presente en la imagen y autoriza la celebración. El darsana es una
para dirigirse hacia una víctima e infundirles una enfermedad. Pero ese
doble es invisible ante la mirada de los hombres o las mujeres corrientes. modalidad táctil de la mirada, una plegaria tangible asegurada por lo

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visible. Con ella, el fiel adquiere espiritualidad, emoción, sensación de cierto que podemos indicar directamente cosas que están coloreadas de
proximidad con lo divino. El objeto o el gurú, el templo, son otros tantos esa manera, pero ahí termina toda nuestra capacidad al respecto: nues-
lazos entre el cielo y la tierra. Mirada de reconocimiento y de propicia- tra capacidad para explicitar los significados no llega más lejos» (Witt-
genstein, 1984, 39). Cualquier hombre puede virtualmente reconocer
ción, el darsana es benéfico; en términos de fuerza, es el revés del "mal
de ojo", cuyo impacto es destructivo (Pinard, 1990). Pero esa mirada millares de colores diferentes. Pero necesita categorías mentales para
compartida es desigual; la de la divinidad tiene el poder de matar. De ahí identificarlos; de lo contrario, gira en torno a ellos sin conseguir en
la necesidad de una ofrenda previa que le permita dirigir la mirada verdad caracterizarlos. El aprendizaje de nuevas distinciones amplía la
hacia ella antes de volverla hacia el fiel. paleta de reconocimiento. Pero si el vocabulario cromático de nuestras
El tema de la mirada se halla omnipresente en la mitología y la sociedades se ha ampliado considerablemente en potencia, escasos son
teología hindúes a través de los múltiples ojos que cubren el cuerpo de los hombres que hacen un uso elaborado del mismo.
Brahma o el tercer ojo de Shiva. Abunda en las prácticas artísticas y en En el niño, el sentimiento difuso del color precede la adquisición de las
las celebraciones de todo tipo. La aparición del gurú es siempre una palabras para expresarlo. Es preciso que aprenda a distinguir la gama
iluminación para los devotos, que así participan de su santidad; provoca de colores en la que se reconoce su sociedad. Ingresa entonces en otra di-
una emoción intensa, lágrimas, la pérdida de sí mismo en la sustancia mensión de lo real a través del amoldamiento social de su conciencia de
del maestro. Es como el pasaje del aliento divino a través de los hombres las cosas. Comienza a discernir y a nombrar los objetos y apoyándose en
o las mujeres transfiguradas. S. Kakar describe la llegada del gurú de ellos poco a poco va diferenciando su color (es como la leche, etc.). Solo
una secta hindú. «Mahárájji se acercó a ellos, con las manos juntas, la adquisición de un vocabulario para pensar el mundo y, sobre todo, los
alzadas a modo de saludo, antes de sentarse en un sofá instalado en el colores (o las categorías que los acompañan) cristalizan su aprendizaje.
centro del césped [...] dirigió una sostenida mirada a un sector de su En el origen, el niño es en potencia capaz de reconocer una infinidad de
público y la mantuvo durante algunos minutos antes de girar majestuo- colores, así como de hablar una infinidad de lenguas, pero poco a poco
samente el rostro hacia otro grupo para fijarla en él sin parpadear. Era identifica sólo los que retiene la lengua de su comunidad. La percepción
una demostración del virtuosismo del silencio y la mirada. La transfor- de los colores se vuelve entonces relativa a una pertenencia social y
mación del rostro de los discípulos era notable, mientras sus miradas se cultural, y a una sensibilidad individual. El nombre fija la percepción,
sumergían en las del gurú y se imbuían y abrevaban en su rostro. La aunque no la agota. "¿Cómo sabe que ve el rojo (o que está frente a una
línea de las cejas se suavizaba de manera perceptible, los músculos de imagen visual), es decir, cómo establece una conexión entre la palabra
las mandíbulas se relajaban y una expresión de beatitud se extendía `rojo' y 'un color en particular'? ¿Qué significa de hecho aquí la expresión
poco a poco por sus facciones» (Kakar, 1997, 183). Ser atravesado por la `color en particular'? ¿Cuál es el criterio que le permite a alguien vincu-
mirada del gurú es una iluminación interior, una participación inmedia- lar siempre la palabra a la misma experiencia? ¿Muy a menudo no se
ta en su aura. trata de que denomine rojo solo a un hecho?" (Wittgenstein, 1982, 29-
30). La facilidad para recorrer una gama cromática reconociendo cada
matiz, sabiendo nombrarlo, reclama una sensibilidad y una formación
Percepción de los colores sólidas, propias de una determinada pertenencia social y cultural. Cada
grupo humano ordena simbólicamente el mundo que lo rodea y sobre
El color es particularmente dificil de nombrar, pone en aprietos al todo la percepción de los objetos y sus características de color.
lenguaje, sobre todo cuando se trata de discernir los matices.' Salta a la La denominación de los colores está vinculada con el lenguaje. Solo
vista, pero ninguna evidencia acude para describir con certeza el existe percepción y comunicación en torno a los colores porque un
fenómeno. La palabra gira sobre sí misma sin llegar a dar cuenta del individuo aprendió a investirlos de sentido en referencia al sistema de
mismo por completo. Los fuegos del color perturban el tranquilo funcio- signos de su grupo. El campesino o el panadero no disponen de la misma
namiento del lenguaje recordándole sus insuficiencias. Los matices se gama cromática que el designer industrial o el pintor. En medio de un
escabullen y solo las grandes categorías cromáticas alimentan el mundo mismo colectivo, no necesariamente surge la unanimidad en la caracte-
coloreado con eventuales agregados de adjetivos (claro, oscuro, pálido, rización de los colores. Si bien puede establecerse de manera sumaria,
etc.). "Si se nos pregunta qué significa 'rojo', 'azul', 'negro', 'blanco', por las sensibilidades individuales le introducen una infinidad de matices.
La percepción de los colores es un hecho de la educación vinculado con
2 No abordo aquí la importante cuestión de los valores atribuidos a los colores o a su la historia personal del individuo. M. Pastoureau señala con razón que
simbolismo. Cf. M. Pastoureau (2002), Zahan (1990), Turner (1972), Classen (1993).

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el historiador no debe «encerrarse en definiciones muy estrechas sobre impregnados de referencias biológicas y para quienes los pueblos se
el color, ni, sobre todo, proyectar anacrónicamente en el pasado las que clasificaban en una escala de evolución que llevaba necesariamente a las
hoy son nuestras. No eran las de los hombres que nos han precedido y categorías culturales europeas planteadas como absoluto. La "vejez"
quizá tampoco sean la de los que nos sucederán [...]. Para él, como para progresiva de los pueblos los dotaría de una fisiología más acabada. En
el etnólogo, el espectro debe ser encarado como un sistema simbólico, ningún momento, los colores son planteados como categorías simbóli-
entre otros sistemas simbólicos, para clasificar los colores» (1990, 368 y cas.
371). El color no existe fuera de la mirada de un hombre que separa los No obstante, ya en 1879, Virchow podía comprobar que los nubios,
objetos de la luz. No es solo un hecho óptico, físico o químico; ante todo, típicos de esa sensibilidad cromática considerada como "pobre", recono-
es un hecho de la percepción. No se deduce mecánicamente de las cían sin dificultad objetos o muestras de papeles coloreados luego de un
diferentes modalidades del espectro de Newton; es un dato personal mínimo aprendizaje. Eran las primicias de un prolongado debate en
impregnado por la educación. El hombre interpreta los colores, no los litorno al universalismo o al relativismo de la percepción de los colores.
registra. Son ante todo categorías de sentido y no resultan percibidos del En 1881, una decena de fueguinos provenientes de la Tierra de Fuego
mismo modo en las distintas sociedades humanas. fueron expuestos en el Jardín d'acclimatation de París y observados,
La propia noción de color, tal como la entendemos en nuestras medidos en todos los sentidos por los científicos de la época. Los fue-
sociedades en el sentido de una superficie coloreada, es ambigua, no es guinos eran entonces considerados como un pueblo "atrasado" y habían
universal y torna imposible una comparación franca con las demás sido colocados por Darwin "entre los bárbaros más inferiores" (Dias,
culturas que a veces denominan cosas muy diferentes. 2004, 213 y ss.). Manouvrier, en particular, multiplica los experimentos
De un área cultural a otra, la percepción de los colores es objeto de va- al respecto y observa que "los propios fueguinos han dado muestras de
riaciones. Resultan innumerables las dificultades de traducción de una una perfecta aptitud para distinguir los matices más delicados, sin estar
lengua a otra o de un sistema cultural a otro. M. Pastoureau enumera obligados a denominar esos matices, por supuesto, ya que su vocabulario
algunas a propósito de las traducciones de la Biblia: «El latín medieval, no debe ser de los mejores provistos" (Dias, 2004, 128). Por su parte,
sobre todo, introduce una gran cantidad de términos de color allí donde Hyades llega a conclusiones parecidas: "No se puede admitir que los
el hebreo, el arameo y el griego solo empleaban términos de materia, de fueguinos no conozcan claramente otros colores y si variaron tanto en el
luz, de densidad o de calidad. Allí donde el hebreo, por ejemplo, dice nombre de nuestros tejidos, esto parece obedecer a que los matices que
brillante, el latín a menudo dice candi dus (blanco) o incluso ruber(rojo). les mostrábamos no respondían exactamente a los que ellos estaban
Allí donde el hebreo dice sucio o sombrío, el latín dice niger o vfridi s y acostumbrados a ver, o también a que querían expresar la contextura,
las lenguas vernáculas, tanto negro como verde. Allí donde el hebreo dice la apariencia de la tela, más que su color. No poseen palabras para
rico, el latín traduce a menudo por purpureus y las lenguas vulgares por indicar el color en general y esto volvía muy difíciles nuestros exámenes"
púrpura. En francés, alemán, inglés, la palabra rojo es abundantemente (Dias, 2004, 217). Los fueguinos no distinguían los colores según la
empleada para traducir palabras que en el texto griego o en hebreo no definición europea. No estaban en el mismo "pensamiento de la vista"
remiten a una idea de coloración, sino a ideas de riqueza, de fuerza, de (
Merleau-Ponty, 1945, 463).
prestigio, de belleza o incluso de amor, de muerte, de sangre, de fuego» Nietzsche no resulta en absoluto perturbado por esas diferencias de
(Pastoureau, 2002, 19). percepción y ve en ellas más bien una forma particular de humanización
En 1858, W. E. Gladstone señala que los escritos de Homero o de los de la naturaleza. "Cuán diferente veían los griegos la naturaleza si,
griegos de la antigüedad no disponen del mismo vocabulario que los como es preciso tenerlo bien presente, sus ojos permanecían ciegos al
hombres de su tiempo. El mismo término designa en Homero simultá- azul y al verde, y si en vez del azul veían un marrón más oscuro yen vez
neamente al azul, al gris y a los colores oscuros. De un modo evolucio- del verde, veían un amarillo (si designaban, pues, con una misma pa-
nista, Gladstone deduce de ello una pobre sensibilidad cromática en los labra, por ejemplo, el color de una cabellera oscura, el de las flores de
griegos, centrada sobre todo en torno a la oposición entre lo claro y lo aciano y el del mar meridional o incluso, siempre con una misma
oscuro. Otros autores de la misma época señalaban igualmente que el palabra, el color de las plantas más verdes y el color de la piel humana,
azul faltaba en el vocabulario de la Biblia, del Corán, de la Grecia de la miel y de las resinas doradas: si bien que de manera comprobada
antigua y de diversas sociedades tradicionales. Veían en ello una sus mayores pintores no entregaron su universo solo a través del negro,
anomalía de la percepción atribuida a una deficiencia de las categorías del blanco, del rojo y del amarillo), cuán diferente debía parecerles la
visuales. La percepción de los colores es naturalizada por esos autores naturaleza y más cercana al hombre [...]. No se trataba solo de un

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ese refinamiento. Los maoríes de Nueva Zelanda distinguen un cente-
defecto. Gracias a esos acercamientos y a esa clasificación, dotaban a las
nar de rojos, pero en relación con las oposiciones propias del objeto: seco/
cosas de armonías de colores extremadamente seductoras que podían
húmedo, cálido/frío, blando/duro, etc. La percepción del rojo depende de
constituir un enriquecimiento de la naturaleza.Quizás esa fuera la vía
dióagozar del espec- la estructura del objeto y no a la inversa, según la visión occidental de los
mediante la cual la humanidad finalmente apren colores. El galés literario no dispone de palabras que correspondan
táculo de la existencia". 3 exactamente a verde, azul, gris y marrón. El vietnamita y el coreano no
A menudo los etnólogos han señalado las disparidades en las percep-
establecen distinción explícita entre el verde y el azul (Batchelor, 2001).
ciones cromáticas de las diferentes sociedades humanas. Wallis observa El griego kyaneos incluye el azul, lo oscuro y el negro. Al respecto, Louis
que los "ashantis tienen nombres distintos para el negro, el rojo y el
Gernet señala que "la sensación de color afecta y, de alguna manera,
blanco. El término negro es asimismo empleado para todo color oscuro, desplaza la percepción del color" (1957, 319). El hebreo yárás g significa
tales como el azul, el púrpura, etc., mientras que el término rojo sirve
tanto amarillo como verde. Se aplica al follaje de los árboles o a las
para el rosa, el naranja y el amarillo" (Klineberg, 1967, 231). Para D.
Zahan, el área africana globalmente separa los colores en rojo, blanco y plantas. Tiene la misma raíz que designa a una enfermedad que "deja
negro. "Los bambaras de Malí clasifican todos los objetos verdes o azules amarillas" a las plantas. Jeremías emplea el mismo término para desig-
nar la palidez que se apodera de los rostros presa del terror (Guillau-
en la categoría del 'negro' —escribe—; los amarillos oscuros y naranja, en mont, 1957, 342).
la del `rojo'; los amarillos claros, con el 'blanco'. Los ndembus de Zambia
Incluso entre el inglés y el francés, tal como señala Batchelor, la
asimilan igualmente azul y 'negro', así como amarillo y naranja con el transposición no es sencilla: purple, por ejemplo, se traduce de manera
`rojo' (Zahan, 1990, 119). Junod se asombra, en la década de 1920, de las
diferente en francés si el color tira hacia el azul (violeta) o al rojo
categorías de colores de los baronga del sudeste africano, muy diferentes (púrpura). Si bien "pardo [brun]" corresponde aproximadamente a
significa a la vez negro y azul oscuro;
a las de los europeos: Ntima brown, si se refiere a objetos de la vida corriente como los zapatos, los
,

es carmín, rojo, púrpura y también amarillo; el amarillo no es cabellos o los ojos no es equivalente a brown. Si los zapatos resultan
libungu,
percibido como un color distinto; psuka designa el tono del cielo a la brown, por ejemplo, son más marrones que pardos. Los cabellos "more-
que es el nombre que se le da a las
aurora y el del sol al salir; nkushé, liblaza, el nos [brun]" son más bien dark en inglés y no
brown (Batchelor, 2001, 95-
algas, se aplica al color del cielo azul; nkwalala es el gris; 96). El antiguo chino ts'ing remite al azul obtenido a partir del índigo,
verde, el verde de la hierba nueva en la primavera y el término
literalmente, lo que hace pero también al verde de los árboles o al pelaje de un animal. Sujetos de
correspondiente en djonga es rilambyana, lengua inglesa no confunden el naranja con el amarillo, bien diferentes
ladrar a los perros: la hierba verde tiene ese efecto en los perros de los
para su repertorio lingüístico. No les ocurre lo mismo a los zunis, que no
indígenas" (Zahan, 1990, 141). poseen en su lengua más que un único término para designar los dos
En una sociedad de Nueva Guinea, la clasificación de los colores —escribe
colores y que no los diferencian (Lennenberg, Robert, 1956).
M. Mead— mezcla "el amarillo, el verde oliva, el azul verdoso y el azul
Como conclusión de un importante coloquio, Meyerson, al comparar
lavanda como variedades de un mismo color" (Mead, 1933). El vocabu-
la denominación de colores a través de las diferentes culturas, señala
lario cromático de los neocaledonios no contiene más de cuatro nombres
que "esos sistemas no se recuperan de una lengua a otra; sin duda que
más o menos equivalentes al rojo, al verde, al negro y al blanco del
designa al mismo tiempo al amarillo pálido, al existen hechos de denominación comunes como existen hechos de aten-
francés. El término mii ción perceptiva comunes. Al parecer en todas las lenguas se denomina
amarillo brillante, resplandeciente, al rosado, al rojo vivo, al bermellón,
designa los negros y los azules oscuros. al negro, al blanco, al rojo. Pero ya la amplitud y la comprensión de esos
al rojo violáceo, al violeta. Boere tres conceptos principales no parecen ser las mismas en todas partes. El
reagrupa al verde de la vegetación, del jade, del azul del mar, del
Kono negro puede englobar o no al azul y al verde; puede o no significar lo
cielo, etc. El último grupo comprende el blanco, pero diferenciado del cla-
oscuro en general. Asimismo, el blanco puede designar, pero no en todas
ro, de la claridad y de la transparencia (Métais, 1957, 350-351).
partes ni siempre, lo luminoso, lo brillante, lo plateado, incluso lo
Para los inuits, el blanco es susceptible de una multitud de matices.
dorado. El rojo puede avanzar más o menos sobre el anaranjado, el
No es que dispongan de un mejor sentido de la observación que los demás
rojizo,
r el amarillo. Fuera de esas tres nociones que, una vez más,, son
hombres, pero su entorno y el registro cultural que les es propio permite
epresentadas en líneas generales, en todas partes se advierten diver-
[Aurora: pensamientos sobre los gencias [...]. Tal nombre concreto designa tanto un matiz muy preciso
" F. Nietzsche, Aurore, Gallimard, París, 1970
Madrid, Biblioteca Nueva, 20001. Para un resumen histórico del
prejuicios morales, como la marca de una categoría afectiva o social y a veces las dos a la vez"
debate, cf. Dias, 2004, 75 y ss.

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(Meyerson, 1957, 358). Las culturas que solo tienen algunos nombres como si allí hubiese un "progreso" en la mirada de la humanidad. El
para los colores, por ejemplo el blanco, el negro o el rojo, remiten a ellos hombre iría así desde lo inferior de las sociedades tradicionales a lo
el conjunto de los colores de su entorno. superior de la civilización en virtud de una progresión moral de la que
El arco iris es, al respecto, un formidable test proyectivo en la escala la cultura euronorteamericana sería un punto de llegada, en una mo-
de todos los pueblos. Si bien lo divisamos con sus siete colores siguiendo dalidad cuyo etnocentrismo y autosatisfacción son denunciados por la
antropología cultural desde Boas, a comienzos del siglo xx. Y, sobre todo,
a Newton, 4 los griegos y los romanos solo veían tres, cuatro o cinco los dos autores aíslan la noción de color de cualquiera otra referencia,
colores. Uno solo, Ammien Marcellin, distingue seis (púrpura, violeta,
verde, anaranjado, amarillo y rojo). Jenófanes o Anaxímenes, como más como si fuera algo incorporado, como si el conjunto de las sociedades
adelante Lucrecio, veían el rojo, el amarillo y el violeta. Aristóteles nombraran y distinguieran los "colores" según el modelo occidental. Se
agrega el verde. Séneca ve cinco (púrpura, violeta, verde, anaranjado, trata de un escollo redhibitorio.
rojo) (Pastoureau, 2002, 30). Los sabios árabes o europeos de la Edad El estudio de los colores emprendido por Berlin y Kay es una na-
Media prosiguen esas observaciones con la misma ambigüedad de la turalización del mundo. De hecho, el vocabulario cromático de diferen-
mirada, pero ninguno de ellos distingue el azul. "De los siete colores del tes sociedades humanas nunca aísla los colores de su contexto preciso de
arco iris, tres no tienen nombre específico en árabe: el violeta, el índigo aparición. Más bien son sensibles a la luminosidad, a las oposiciones
y el naranja. Son colores indefinidos, vagos, `innombrables'. El rojo y el entre lo seco y lo húmedo, lo blando y lo duro, lo caliente y lo frío, lo mate
verde se destacan, por el contrario, como colores plenos, positivos, y y lo brillante o también a las características morales del objeto, al hecho
cortan con la desconfianza casi repulsiva con que la cultura árabe de que sea visto por un hombre o por una mujer. Los colores se encastran
experimenta ante el amarillo y, sobre todo, ante el azul. Por otra parte, dentro de un sistema de valores, de simbolismos locales, que subordina
los únicos a los cuales les ha dado una forma morfológica típica y cualquier denominación a un contexto en particular. Cada terminología
cromática remite a un pensamiento particular del mundo. Separar los
específica en ataly que los gramáticos árabes llaman 'nombre de color'
amarillo, abiah,
azul; alfar, colores de sus objetos, tomarlos como coloraciones puras es una visión
son: ah'mar, rojo; akhdar, verde; azraq, del mundo expuesta a diversas objeciones, ante todo a la de ser una
negro" (Boudhiba, 1976, 347-8).
blanco, y aswad o también ahh'al, abstracción alejada de la vida real. No se expresan colores: se expresa
A través de una comparación de términos de colores tomados de 98
lenguas o dialectos, Berlin y Kay tienden a afirmar que los colores sentido. "¿No es posible imaginar que ciertos hombres tengan otra
básicos identificados por las sociedades humanas oscilan entre dos y geometría de los colores diferente a la nuestra? Lo que finalmente quiere
once. Un color básico es a su juicio un color que remite a una palabra decir: ¿no es posible imaginar a hombres que tengan otros conceptos de
simple de la lengua, no incluido en otro término que exprese color, no los colores diferentes a los nuestros? Y esto, a su vez, quiere decir: ¿es
restringido a una clase de objeto y saliente en la percepción de los posible representarse que otros hombres no posean nuestros conceptos
actores, un término que permanezca más allá de las circunstancias. de los colores?" (Wittgenstein, 1983, 19).
Apoyándose en datos psicofísicos, no temen plantear un esquema En Japón —dice M. Pastoureau—, saber si uno está frente a un color
evolucionista en siete estadios. Si hay dos colores básicos que son nom- azul, rojo o a algún otro tiene menos importancia que identificarlo como
brados, éstos son el blanco y el negro; un tercero es el rojo. Si otros son mate o brillante. Existen varios blancos que se escalonan desde el mate
retenidos, el cuarto y el quinto son el verde y el amarillo; el azul se agrega más delicado hasta el brillante más luminoso, con tantos matices que
en sexto lugar, luego el marrón y más allá el púrpura, el gris, el rosado dificultan el discernimiento de la mirada occidental no acostumbrada
(Pastoureau, 2002, 153). Pero la hegemonía del Japón en materia de
y el naranja.
Sin dejar de ser interesante, el enfoque resulta discutible, ante todo industria fotográfica ha sensibilizado a los occidentales para la distin-
porque postula una evolución de las sociedades desde lo simple a lo ción entre lo mate y lo brillante, por lo menos en materia de impresión
complejo, de lo general a lo particular, de lo destacado a lo matizado, de fotografías. Un color no se reduce a ser solo un color: el verde del
follaje no es el de las pinturas de alfarería.
" En una primera comunicación a la Royal Society de ciencias de Londres, Newton En condiciones experimentales, los hombres de cualquier sociedad
divisa el arco iris en cinco colores diferentes (rojo, amarillo, verde, azul, violeta), pero
su preocupación consistía paradójicamente en concordar con las armonías musicales. Si
están aptos para ordenar bajo una forma adecuada bandas coloreadas
había siete notas en la gama musical, tenía que haber siete colores en el arco iris. En separadas de toda referencia a lo real. Es un juego de niños que no lleva
la publicación final, de 1728, agrega a su lista el naranja y el índigo, dos colores difíciles muy lejos, pues en las condiciones de existencia reales de los individuos,
de identificar en el arco iris, incluso para quien lo mira atentamente según los criterios en el seno de su cultura, el ejercicio carece de sentido. Conklin, al so-
occidentales.

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licitarles a los hanunoos que nombraran el color de ciertos objetos namos los matices del verde, por ejemplo. Las diferencias podrían ser
separados de todo contexto local o de tarjetas pintadas, observa en sus percibidas al cabo de un esfuerzo de la atención, pero en la vida corriente
informantescantidad de confusiones, de incertidumbres, de vacilacio- semejante actitud no es habitual. Si bien las percepciones visuales (o
c auditivas, olfativas, táctiles o gustativas) están marcadas por el sello de
ntrario, logra respuestas inmediatas cuando se trata de
nes. Por el co una pertenencia cultural concordante con la singularidad del individuo,
objetos surgidos de la vida corriente y si formula de otra manera las
preguntas, preguntándoles a sus informantes a qué se parecen, etc. nunca son inmutables. El hombre que sale de su lengua o de su cultura,
Evidencia una caracterización de los colores en cuatro niveles, donde se que mantiene intercambios con los demás, aprende a ver de otro modo
mezclan de hecho dimensiones muy diferentes. Si se fuerza el vocabu- el mundo, amplía su conocimiento cromático o su percepción visual.
lario hanunoo para que entre en un registro occidental, los cuatro colores Las lenguas giran en torno de las cosas al tratar de dar cuenta de ellas,
distinguidos son el negro, el blanco, el rojo y el verde. Pero estaríamos pero ninguna logra encerrarlas en sus signos. La palabraperro no muer-
alejados de lo que ven los hanunoos: "Ante todo existe una oposición de, la palabra rojo no enrojece a nadie. Las lenguas son la humanidad
la del mundo, pero no el mundo. Hablar varias lenguas agrega cuerdas al
entre lo claro y lo oscuro [...]. Luego, una oposición entre lo seco, 191).
desecación, y lo húmedo, ola frescura (suculencia)" (Conklin, 1966, arco. El dominio afinado de varias lenguas proporciona un reservorio de
El término "color" no existe en esa lengua, como en muchas otras, por sentido y amplía el poder de pensar y de expresar la pluralidad de lo real.
ejemplo en la antigua China (Gernet, 1957, 297). Al resumir investiga- Cada lengua piensa al mundo a su manera; es como un filtro, un
ciones llevadas a cabo en el África negra, M. Pastoureau señala que la "interpretador" (Benveniste). Ninguna lo hace como la otra, pero no se
mirada que se dirige al mundo es menos sensible en las fronteras que completan las unas a las otras. Son otras tantas dimensiones posibles
separan las gamas de color que al hecho de saber "si se trata de un de lo real.
color seco o de un color húmedo, de un color blando o de un color duro,
de un color liso o de un color rugoso, de un color sordo o de un color
sonoro, a veces de un color alegre o de uno triste. El color no es una Noche
cosa en sí, menos aun un fenómeno que surge solo de la vista"
La vista convoca a la luz. "Dios dijo 'Que sea la luz' y la luz fue. Dios vio
(Pastoureau, 1989, 15).
El hombre que mira los colores del mundo no se preocupa en absoluto que la luz era buena, y Dios separó la luz de las tinieblas". El mundo
por los datos físicos, químicos u ópticos; se conforma con ver e ignora el comienza en la luz, y para la vista se acaba en la oscuridad. "Miraron la
inconsciente cultural que impregna su mirada. Lo que al comienzo pa- tierra, y solo vieron mísera sombra y E...) tinieblas sin límite" (/s., 8-22).
recía simple, comparar la percepción de los colores, revela ser de una La experiencia de la noche despoja al hombre de su facultad de ver, lo
complejidad infinita, pues los hombres no miran las mismas cosas según sumerge en un caos de sentido. Deja de ser el centro del mundo. La noche
su pertenencia social y cultural. El centro de gravedad de la denomina- lo envuelve y neutraliza los juegos perceptivos al desconectarlos de la
ción de los colores no reside en los propios colores, sino en los datos de identificación de sus fuentes. Un ruido que resulta desdeñable durante
la cultura. Los mismos solo tienen sentido en las circunstancias precisas el día, pues de inmediato se lo asocia con un acontecimiento, se vuelve
inherentes a la percepción del objeto. No expresan tanto distinciones de más enigmático durante la noche, y si no resulta familiar suscita an-
colores, sino distinciones de otro orden provenientes de la cultura. Al gustia. La mirada fracasa en su intento de neutralizar la amenaza. R.
creer que se compara color con color, se comparan en vano visiones del Mandrou recuerda cómo durante mucho tiempo la noche fue un mundo
mundo. "Aunque para el antropólogo las oposiciones de conducta reve- de terror en las sociedades europeas. "La sombra nocturna era en todas
lan mucho más que las oposiciones de longitud de onda y son más ade- partes el dominio del miedo, tanto en la ciudad como en el campo; incluso
cuadas para darnos informaciones culturales, cada tipo de estudio en París, que tenía más rondas de vigilancia que cualquier otra ciudad.
debería colaborar con otros para sugerir nuevas relaciones y convocar a Desde el toque de queda, con todos los fuegos apagados, la ciudad se
nuevas hipótesis y explicaciones" (Conklin, 1973, 940-941). repliega, temerosa, en las tinieblas E...]. Reino de lo oscuro, la noche
La realidad física "objetiva" Q,para quién?) se borra ante las catego- pertenece también —inseparablemente-- a los fantasmas y a los secuaces
rías de sentido que los hombres proyectan en ella. El color es mirado a de Satán: el espíritu del mal se encuentra como en su casa, del mismo
través de filtros específicos. Cada comunidad conserva ciertas propieda- modo que la luz, tranquilizadora, es la herencia de un Dios bondadoso"
des del objeto mirado. Si un mismo término califica colores distintos, los (Mandrou, 1974, 83).
hombres los percibirán como cercanos, de la misma manera que desig- La noche es un mundo de profunda ambigüedad. Y si bien los unos

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RR
auditivas sin poder vincularlas a algo concreto. En el quieto espesor del
experimentan en esas circunstancias la sensación de sumergirse en una
silencio, puede concebirse en qué medida el ruido significa una amena-
paz no perturbada por nadie, otros se inquietan al no tener ningún za, una especie de recuerdo de la fragilidad y de la finitud que dominan
asidero en medio de la ausencia del murmullo tranquilizador de las
al hombre y le imponen mantenerse bajo su voluntad. Habitualmente,
actividades diurnas. La singularidad sonora de la noche es propicia para la vista aplaca la inquietud o circunscribe las amenazas.
el surgimiento de lo peor o de lo mejor. Le confiere al silencio un creciente
La noche es el tiempo de la desconexión del sentido. Las relaciones
poder al borrar los contornos del mundo, al remitir provisoriamente
comunes con los demás y con las cosas se disuelven. La oscuridad libera
(pero quién puede saber cuál será la duración cuando uno se halla en
los significados, los aparta de su anclaje habitual, los enloquece. Despo-
medio de la angustia) todos los límites reconocibles a lo informe, al caos.
jado de su superficie de sentido, el mundo se vuelve espesor insondable.
El mundo permanece suspendido, ahogado en una oscuridad que contie- El principio de realidad es frágil. La medianoche es la hora del crimen
ne todas las amenazas a juicio de quien se encuentra inmerso en el o la de las pesadillas, así como un mundo entre el perro y el lobo expresa
terror. El silencio y la noche se remiten mutuamente, privando al hom- justamente el malestar que produce la posibilidad de encontrarse en él.
bre de orientación, librándolo a la temible prueba de su libertad. Le "Cuando las formas de las cosas quedan disueltas por la noche, la
imponen la conciencia de su incompletud. oscuridad de la noche, que no es ni un objeto ni la calidad de un objeto,
El crujido del parquet en la casa que se creía vacía, el ruido de pasos
invade como si fuera una presencia. En la noche, cuando estamos
en el jardín cerrado, un grito en el campo manifiestan una intrusión enclavados en ella, no estamos vinculados con ninguna cosa. Pero esa
inquietante, una vaga amenaza que moviliza y provoca la actitud de
"ninguna cosa" no es la de la pura nada. Ya no hay esto o aquello; no
acecho para comprender mejor su origen y, por lo tanto, conjurar el
existe "algo". Y esa universal ausencia es, a su vez, una presencia, una
acontecimiento. Michel Leiris cuenta al respecto una anécdota de su presencia absolutamente inevitable" (Lévinas, 1990, 94).
infancia. Mientras caminaba una noche por el campo silencioso de la
El individuo ya no se encuentra en su rutina, como el maestro de obra
mano de su padre, escuchó un ruido que lo intrigó y atizó su miedo en
tranquilizado por los objetos visibles que se despliegan a su alrededor;
momentos en que la oscuridad se espesaba ante sus ojos: "Ese rumor
en ese momento se encuentra rodeado por lo invisible. Invadido por lo
tenue escuchado en la noche, cuyo carácter angustiante descansaba posible, ya no sabe ni dónde está ni a dónde va. Pierde su identidad. La
quizás exclusivamente en el hecho de que manifestara el estado de vi-
oscuridad no es la ausencia de percepción, sino otra modalidad de la vis-
gilia de algo ínfimo o lejano, única presencia sonora en el silencio de un
ta; no es la ceguera, sino una vista ensombrecida, despojada de sus
lugar más o menos rural, donde yo imaginaba que a semejante hora todo
antiguas referencias. Del desdibujamiento de las fronteras de lo visible
debía estar durmiendo o comenzando a dormirse". 5 Para tranquilizarlo, brota una angustia que no se debe a la noche, sino a la imposibilidad de
su padre le habla de un vehículo que se desplazaba a lo lejos. Más
dar sentido al entorno. La oscuridad cancela lo visual y da libre curso al
adelante, Leiris se pregunta si no se trataba más bien de un insecto. El
fantasma. Privada de referencias tranquilizadoras, la persona cede a la
joven Leiris vivió entonces una especie de iniciación a la muerte. Mucho
angustia. De ahí el grito, evocado por Freud, de un niño de tres años
después, durante otra noche, el ruido del pavimento ante el pasaje de un
acostado en una habitación sin luz: la noche se convierte en una pantalla
fiacre le provocó una sorda interrogación acerca de la permanencia de para la proyección de sus terrores. "Tía, dime algo, tengo miedo porque
las intrigas del mundo exterior a pesar del sueño. Fractura del acon-
está oscuro'. La tía le respondió: `¿,De qué te sirve, si no puedes verme?'
tecimiento cuyo ruido desgarra el silencio habitual de esas horas y
"No tiene nada que ver, respondió el niño; cuando alguien habla, vuelve
esos lugares y despierta una imagen de la muerte. Esas insólitas
la luz'"." La palabra enunciada es una objeción al silencio angustiante
manipulaciones sonoras que disuelven la paz circundante aparecen
del entorno, a la inquietante suspensión de las referencias, que dejan la
como desplazamientos que proyectan al hombre "a los lindes del otro
impresión de un piso que desaparece ante nuestros pasos. El silencio
mundo, poniéndolo en posición de recibir un mensaje de él, incluso
se encuentra, en efecto, igualmente asociado con el vacío de sentido
de ingresar en él sin ser disuelto, o bien de englobar con la mirada la Y, por lo tanto, con el vacío de referencias familiares, con la amenaza
marcha de la vida y de la muerte según una óptica de ultratumba" (pág.
de ser devorado por la nada (Le Breton, 2004). La palabra es,
23). entonces, ese hilo de significado, el punteado de una presencia que
Tener los ojos despojados de miradas, las orejas entregadas a indicios
puebla el mundo con su humanidad tranquilizadora. En el rumor
sonoros imposibles de identificar, induce ciertamente al miedo, expone indiferente de lo real y el anonimato de la noche, una voz introduce
a imaginar lo peor. El individuo es presa tan solo de percepciones 6 S. Freud, Trozs essais sur la théorie de la sexualité,
Gallirnard, París, pág. 186.
M. Leris, Fourbis, Gallimard, París, 1955, pág. 25.
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un centro, organiza el sentido en torno a ella. Luego, el regreso de la Videncia
luz apacigua finalmente el lugar al restituirle sus contornos familia-
res. Están también los ojos que perforan la noche, que ven más allá de las
En ciertas sociedades o en ciertas circunstancias se encuentra una apariencias, incluso más allá de lo visible. Las mitologías culturales a
relativa visión nocturna. Resulta del aprendizaje y sobre todo del acos- menudo confieren al ciego la facultad de la videncia. "En verdad —le dice
tumbramiento a condiciones de existencia que vuelven necesario el Sócrates a Alcibíades— los ojos del pensamiento solo comienzan a tener
hecho de poder desplazarse o trabajar en la oscuridad. La agudeza la mirada penetrante cuando la visión de los ojos comienza a perder su
visual a menudo es apreciada en oficios o trabajos que exigen su agudeza". Si los párpados están cerrados —dice Plotino—, la claridad del
ejecución nocturna. El campesino de Niverne descripto por G. Thuillier ojo "destella interiormente con claridad" (Deonna, 1965, 50). Quien
(1985, 3), dispone de una buena visión nocturna que le permite, por otra pierde la vista se beneficia con una mirada volcada hacia el interior, sin
parte, practicar con eficacia la caza furtiva. F. Maziéres, viajero, re- pérdida alguna. Si bien no ve nada del mundo circundante, en cambio
cuerda la facilidad de los habitantes de la Isla de Pascua para mo-verse tiene acceso a un mundo invisible a los demás. Numerosos relatos mi-
durante la noche, incluso por lugares que no conocen. Recuerda haber tológicos evocan la sobrecompensación en términos de videncia para
tenido una experiencia semejante en una población amerindia, en la quien ha perdido la vista. Tiresias es castigado con la ceguera por haber
Amazonia, bajo la reducida luz que dejaban pasar los grandes árboles. visto a Atenea bañándose. Pero la diosa cede ante las exhortaciones de
Cuenta que él mismo aprendió a desplazarse en una oscuridad relativa la madre del jovén y le concede el don de la profecía. Edipo se castiga por
(pero «ellos sabían mirar mejor que yo», agrega). Es, asimismo, la expe- sus crímenes arrancándose los ojos, pero en el texto de Sófocles, Edipo
riencia de los prisioneros mantenidos cautivos en lugares sombríos. Al en Colona, sobre el final de su vida se ha convertido en un hombre sabio.
cabo de un tiempo se produce cierto acostumbramiento que permite fijar La ceguera no es mutilación, sino apertura de la mirada al tiempo aún des-
referencias. conocido para los hombres, establece la habilidad para ver más allá de
Varios de los niños llamados "salvajes" poseían igualmente una bue- lo visible, allí donde se quedan las miradas de quienes no ven de-
na visión nocturna (Classen, 1991; Le Breton, 2004). Así, a propósito de masiado lejos. La videncia perfora el caparazón de las cosas para acceder
Kamala y Amala, dos niños criados durante mucho tiempo por lobos, el a su interioridad -oculta: es revelación de la apariencia. También atra-
pastor Singh señala en su diario: "El 3 de enero de 1921, en una noche viesa los límites temporales al ver más allá del día de hoy. Pero el
muy oscura, cuando la visión y la actividad humana declinan totalmen- vidente a menudo paga su poder con la ceguera (Delcourt, 1957, 59 y
te, se descubrió que podían detectar la presencia de un hombre, de un 124).
niño, de un animal, de un pájaro o de cualquier otro objeto en el lugar Únicamente la videncia ilumina más allá de lo sensible. No hay quien
más oscuro, allí donde la vista humana se vuelve impotente por guste, quien escuche. Existen quienes tocan, pero no son los que tocan
completo" (Singh, Zingg, 1980, 44). J. Itard señala la misma facilidad en de manera común; curan tradicionalmente los pequeños males de la
Victor de l'Aveyron para moverse durante la noche. vida cotidiana al recitar una fórmula consagrada o al colocar las manos
Kaspar Hauser poseía una visión nocturna que conservó hasta su sobre la piel de sus clientes, aunque nada digan sobre el futuro. Los
asesinato en 1833. Von Feuerbach señala al respecto que "ni el crepúscu- videntes disponen de los ojos del espíritu, de un ojo interior, pese a que
lo ni la noche ni la oscuridad existían para él. Esto fue advertido por sus ojos reales ya no desempeñen su tarea. El vidente se encuentra como
primera vez al verlo caminar de noche con la mayor confianza, rechazan- muerto en una de las dimensiones comunes de la existencia para renacer
do siempre la luz que se le ofrecía en los lugares oscuros. A menudo se en un más allá que no le es dado a los demás.
sorprendía o se reía de la gente que buscaba su camino al tanteo o
asiéndose a objetos para entrar, por ejemplo, a una casa o para subir una
escalera durante la noche" (Singh, Zingg, 1980, 326). La capacidad de
ver hasta cierto punto de noche es un hecho que deriva del aprendizaje;
no le está vedada a hombres o mujeres obligados a vivir en un espacio
más o menos oscuro.

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3. OÍR, OIRSE:
DE LA BUENA ARMONÍA
AL MALENTENDIDO

"Oigo el ruido del arroyo de Heywood, que desemboca


en el estanque de Fair Haven, sonido que aporta a
mis sentidos un consuelo indecible. En verdad me
parece que corre a través de mis huesos. Lo oigo con
una sed inextinguible. Calma en mí un calor areno-
so. Afecta mi circulación; creo que él y mis arterias
establecen una simpatía. Qué es lo que oigo sino
esas puras cascadas dentro de mí y el sitio por
donde circula mi sangre, esos afluentes que se
arrojan en mi corazón".

H. D. Thoreau,
Walden

Escuchas del mundo

El hombre se abre camino en la infatigable sonoridad del mundo


emitiendo por sí mismo sonidos o provocándolos mediante palabras,
hechos, gestos. Si se suspende a voluntad la acción de los demás
sentidos, cerrando los ojos o manteniéndose al margen, los sonidos del
entorno dejan sin asidero al hombre que desea defenderse de ellos,
franquean los obstáculos y se hacen oír imperturbables, pese a las
intenciones del individuo. Las orejas siempre están abiertas al mundo
"sin interponer puerta ni clausura alguna, como hacen los ojos, la lengua
y otras partes del cuerpo —dice Pantagruel—. Creo que la causa es que
siempre, continuamente podamos oír, y oyendo aprendamos perpetua-
mente"? El oído no tiene ni la maleabilidad del tacto o la vista, ni los
recursos de exploración del espacio; solo se puede "parar la oreja" o hacer
"oídos sordos". Penetrado por él pese a su voluntad, el hombre se
encuentra en posición de recibir o de rechazar al sonido, nunca de
Jugador. Entra o no en resonancia. Pero siempre el oyente se encuentra
en el centro del dispositivo. El sonido es más enigmático que la imagen,
pues se da en el tiempo y en lo fugaz, cuando la visión permanece fija y
resulta explorable. Para identificarlo es preciso estar a la escucha, ya
que no siempre se renueva. Desaparece en el mismo momento en que es
oído. En ese sentido, se entiende que Platón hiciera de la contemplación
' F. Rabelais, Le ners Llore, en Oeuvres completes, Seuil, París, 1973, pág. 429.

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el sitio de una verdad inmutable y no de la escucha, que transcurre ciego, "con el propósito de conseguir una respuesta audible, a veces se ve
en el mismo momento en que se la formula. obligado a provocarla emitiendo él mismo ruidos que, por reflejo, le
El pensamiento encuentra en el sonido, es decir, en la palabra, la proporcionan un contorno sonoro de los lugares [...J. Con el objetivo de
forma mayor de expresión. Los otros sentidos, excepto la vista que orientarse en un corredor que da a la acera o de obtener una idea del
comparte con el oído, pero en otro registro, el mismo privilegio, resultan volumen de una sala o de una galería, resulta habitual que el ciego
embrionarios al respecto, demasiado cercanos al cuerpo, demasiado arrastre intencionalmente los pies o, al contrario, que golpee el piso de
imprecisos, demasiado íntimos. El sentido se encarna ante todo en una una manera más marcada o también que tosa o carraspee" (Henri, 1958,
palabra dirigida a otro. Con excepción del lenguaje de los signos, las 274). La agudeza auditiva del ciego recuerda en qué medida los sonidos
lenguas tienen su materia prima en el sonido. Así, incluso los niños contribuyen á nuestra orientación en el mundo, aunque muy a menudo
sordos "participan indirectamente de un universo al que la voz le da estas informaciones queden encubiertas por la vista, que las hace sub-
cohesión" (Ong, 1971, 136). El oído es el sentido federador del lazo social alternas. Si quien ve se fía sólo de la vista al mirar, por ejemplo, un
en tanto oye la voz humana y recoge la palabra del otro. vehículo que avanza por la ruta, el ciego se apoya en su oído y oye el
Es depositario del lenguaje. El entendimiento es el otro nombre del motor o las vibraciones de la ruta.
pensamiento. Ser escuchado es ser comprendido. Decir "¡Entendidor 2 es Un murmullo continuo otorga su tonalidad familiar a la vida cotidia-
asentir. Muchas sociedades otorgan a la escucha un valor que otras le na y le asegura al hombre su marcha a lo largo de la existencia. 3 Esas
confieren más bien a la visión. A menudo el oído es asociado con el emanaciones sonoras no se apagan nunca del todo y le dan carne a la
pensamiento. Entre los wahgis, la percepción de las cosas queda densidad del mundo; sin ellas, la vista no sería más que la contempla-
subordinada a lo que se diga de ellas y no a lo que se vea. La escucha es ción de una superficie. Cada sonido está asociado al objeto que lo pro-
quien ordena el mundo, al igual que durante mucho tiempo ocurría en voca, es su huella sensible, el hilo liberado que lleva a los innumerables
nuestras sociedades europeas. A comienzos de siglo, Chamberlain movimientos del entorno. "No hay sol de los sonidos", escribe L. Lavelle,
señalaba que, en el norte de Queensland, "la oreja es la sede de la marcando así ese rasgo continuo de la sonoridad y su subordinación a
inteligencia, a través de ella el mundo exterior penetra en el hombre. una serie de objetos susceptibles de hacerlo resonar. Pero lo propio del
Así, cuando los hombres de Tilly River vieron a los blancos por primera sonido es también desbordar su lugar de origen. El oído es inmersión,
vez comunicarse entre sí mediante cartas, las acercaban a las orejas como el olfato. A la inversa de la vista, siempre encerrada en una
para saber si podían comprender algo con ese método" (Chamberlain, perspectiva, irradia al no tener otras fronteras que la intensidad del
1905, 126). Para los sedang moi de Indochina, decir de alguien que no sonido. "Escuchaba el tictac del reloj de Saint-Loup, que no debía estar
tiene orejas, significa que no es muy sagaz. Y tlek, mudo, también muy lejos de mí. El tictac cambiaba de lugar a cada momento, pues no
significa estúpido (Devereux, 1991, 44). Al igual que en la vieja fórmula veía el reloj: me parecía provenir desde detrás de mí, de adelante, desde
francesa, entre los suyas, en el centro del Brasil, "oír" (un sonido) la derecha, desde la izquierda; a veces se apagaba, como si estuviera
significa asimismo "comprender". "Está en mi oreja", dicen (Seeger, muy cerca. De pronto descubrí el reloj sobre la mesa. Entonces lo oí en
1975, 214-5; Howes, 1991, 176). La valorización del oído se traduce entre un lugar fijo de donde ya no se movió. Me parecía oírlo en ese lugar; no
ellos mediante los discos en las orejas o en los labios, que adornan sus lo oía, lo veía: los sonidos no tienen lugar". 4 Si bien el sonido concentra
cabezas. el espacio, también reúne a los individuos bajo su estandarte. Proferido
En caso de ceguera, la representación espacial del ciego se construye en común, procura una fuerte sensación de pertenencia, la de hablar con
a partir de una constelación sensorial donde el tacto y sobre todo el oído una sola voz. La multitud escande consignas, canta los mismos himnos,
desempeñan un papel esencial. El ciego maneja así sus dificultades de los mismos eslóganes, se fortalece con la imposición de los estímulos
desplazamiento. Para tener las dimensiones de una habitación, escucha sonoros. Vuelve solidario al mundo allí donde la vista lo mantiene a
el ruido de sus pasos sobre el piso y sus repercusiones en los muros, o el distancia, como si estuviera sobre un escenario •
sonido de su voz al chocar contra las paredes. Hace ruidos con los pies
o las manos para apreciar mejor el espacio que lo rodea. El sonido
desnuda el interior del lugar. Un entorno silencioso convoca la necesi- " R. Murray Shafer sugiere "paseos para escuchar" destinados a la exploración sonora
dad de hacerlo resonar para poder identificar sus características. El de un espacio particular, al azar de los estímulos y de los "itinerarios acústicos", que o-
rienten al participante con una partitura que señale el clima sonoro y los sonidos que
'En francés, el verbo entendre tiene el doble significado de oír/escuchar y comprender/en- se producen a lo largo del recorrido (Murray Shafer, 1979, 291).
tender. En varios pasajes de este capítulo se produce ese doble juego de significados. [N. del T. I M. Proust, Le Cólé de Guennantes,
Classiques frangais, París, 1994, pág. 79.

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El oído penetra más allá de donde llega la mirada, le imprime un restaurar la soberanía del hombre sobre la espuma de sonidos, a
relieve al contorno de los acontecimientos, puebla el mundo con una disciplinar el caos sonoro estableciendo el recurso de la repetición: las
inagotable suma de presencias, de vidas que ha atrapado en sus redes. campanas, los instrumentos musicales, los cantos, las arpas eólicas des-
Indica el zumbido de las cosas allí donde nada podría descubrirse de otra tinadas a hacer concordar la disposición de los sonidos según el deseo del
manera. Traduce la densidad sensible del mundo allí donde la mirada hombre. Los medios modernos de registro, como el magnetófono o la
se conformaba con las superficies y seguía adelante, sin sospechar cámara, amplían este poder. Pero el sonido sólo puede reproducirse
siquiera los vibrantes bastidores que ocultaban los decorados. El sonido disociado del tiempo y transformado en espacio que se puede recorrer de
revela, como el olor, el más allá de las apariencias, obliga a las cosas a nuevo. Antes de que existieran esos recursos, los hombres imitaban a los
dar testimonio de sus presencias inaccesibles ala mirada. Vuelve visible animales o a los ruidos de la naturaleza, tratando de producir por sí
lo invisible prestándole oídos solo un momento. Si la vista es un so- mismos las sonoridades familiares que se les escapaban a causa de su
metimiento a la superficie, el oído no conoce esas fronteras: su límite es fugacidad y por su carácter inopinado. "Los caramillos se fabricaban con
el de lo audible. El cazador escucha al animal que roza las ramas de los un ala de búho, a veces con el hueso de una liebre, pero entonces su tim-
árboles o la hierba en la espesura de los bosques. El centinela escudriña bre era menos puro —recuerda C. Milosz—. Sirven para imitar el trino de
los sonidos en la oscuridad de la noche para no ser sorprendido por el las gangas; de lo contrario no se las podría localizar; cuando advierten la
enemigo. Allí donde la bruma reduce la vista hasta lo imposible, el existencia de un peligro, se acurrucan contra un tronco, tan bien que no
marino percibe el ruido del agua contra el casco, el rechinar de las velas; se las puede distinguir de la corteza E...]. Se deslizaron sin hacer ruido
todas las sonoridades emitidas se convierten en informaciones preciosas al interior de una zona muy espesa del bosque que estaba en penumbras.
para una navegación sin peligro. El mundo se entrega aunque tengamos Romuald se llevó el caramillo a los labios, sopló delicadamente mientras
los ojos cerrados. 5 hacía pasar los dedos por encima de los agujeros E...1. De pronto res-
El oído introduce una sucesión, un ritmo, que da lugar a la expectativa pondió una ganga; luego, otra vez, más cerca.""
o a la fugacidad; se va tramando con el transcurso del tiempo. El sonido Los sonidos están asociados a la afectividad y a un significado que los
se borra al mismo tiempo que se deja oír: existe en lo efimero. Por otra filtra, apartando unos, privilegiando a otros, salvaguardando así el
parte, solemos decir "prestar" oídos, como si existiera audición que no sueño o la concentración del individuo que camina por la calle indiferen-
fuera provisoria. Uno se "presta" al sonido, en vez de "entregarse" a él, te al estrépito del tránsito. Pero de pronto resuena una voz familiar en
pues éste escapa al poder del hombre. Una vez escuchado, desaparece. la selva ruidosa de la ciudad, consigue abrirse paso y suscita la atención.
Allí donde la visión en principio siempre está disponible, uno se en- De noche, el llanto de un niño o los crujidos sospechosos del piso in-
cuentra en el espacio. La sonoridad del mundo recuerda su contingencia, terrumpen el sueño, cuando diversos otros ruidos han carecido de in-
la falta de poder allí donde, al ser solicitados de nuevo, los otros sentidos cidencia, pues de entrada han sido asociados, en la penumbra del sueño,
resultan dóciles: volver a ver un paisaje de otoño o una puesta de sol con datos triviales por su repetición incesante o con la familiaridad de
sobre la colina, degustar hoy y mañana el sabor de un plato o de un vino, su sentido. Asimismo, la audición de su nombre pronunciado mientras
recurrir al mismo perfume, acariciar una vez más la piel del ser amado. duerme con los puños cerrados despierta a alguien, mientras que otras
El sonido se pierde y escapa al control del hombre así como a su voluntad palabras no suscitan ninguna reacción en él. El oído es un sentido de la
de escucharlo de nuevo, salvo mediante la ayuda de los instrumentos interioridad, lleva el mundo al corazón de uno, cuando la vista lo lleva
técnicos que lo controlan y lo difunden a voluntad, estableciendo la hacia fuera del mismo.
soberanía del hombre. Impone un corte entre el antes y el después. La
audición de las sonoridades del mundo obliga a sentir el transcurso del
tiempo. Sonoridades del mundo
Existen estratagemas tradicionales que se orientan justamente a
La existencia se trama en la permanencia del sonido. Voz y movimientos
I. Calvino imagina a un soberano condenado a una reclusión solitaria a causa del de quienes está cerca, palabras sin cuerpo de la radio o de la televisión,
ejercicio del poder y cuyos sentidos al acecho escudriñan el menor sonido. Con ayuda de ecos de la calle, del vecindario, cantos o músicas de fiestas o de ritos,
sus recuerdos, cada ruido, cada movimiento percibido le resultan indicios y así, a través gritos infantiles en la plaza del pueblo o a la salida de la escuela, regreso
de las sonoridades que llegan hasta él, recompone una existencia a la que su función lo
había sustraído. Cada día drena una sucesión de referencias auditivas cuyo orden y de los rebaños con sus campanillas colgando del cuello, campanas de
timbre conoce. Cf. I. Calvino, Sous le soleil Jaguar, Seuil, París, 1990. C. Milosz, Sur les bords de l'Issa, Gallimard, París, 1956, pág. 158.

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iglesia o llamados a la plegaria del almuédano en lo alto del minarete, mugido de alguna vaca inconsolable en algún distante patio de granja.
ruidos confusos de la ciudad, innumerables ring-tones de los teléfonos Mientras tanto, toda la orilla resonaba con la trompeta de las ranas
celulares, el paso de los coches y los camiones por las calles o las rutas cer- gigantes..." (pág. 125). Thoreau realiza el inventario. de los sonidos
canas, o murmullo del bosque, agitación del follaje de los árboles, ruido campesinos a los que les escapa: "No criaba perros, gatos, vacas,
de la lluvia sobre el pavimento o en el techo de la casa, gritos de los cerdos, ni gallinas, de manera que os podría parecer que me faltaban
pájaros, de las aves de corral en la granja, sordas manifestaciones del ruidos domésticos; ni la mantequera, ni la roldana, ni siquiera el
cuerpo. canto del hervidor, ni el silbido de la tetera, ni gritos de niño como
"La vida de la gente que, al salir de mañana de sus casas, sin haber consuelo. Un hombre del Anclen Re'gime se habría vuelto loco o se
oído nunca el gorgoteo del urogallo, debe ser triste, pues no han conocido habría muerto de aburrimiento. Ni siquiera ratas en las paredes [...]
la verdadera primavera", 7 escribe con nostalgia C. Milosz. Sin duda, tan solo ardillas en el tejado y bajo el piso, un chotacabras en el
pero entonces es preciso vivir en esas campiñas que conocen los jugue- tejado, un arrendajo azul que grita bajo la ventana" (pág. 127). Du-
teos del urogallo. Por otra parte, también podría experimentarse la rante el transcurso de las estaciones en Walden, Thoreau señala las
emoción de escuchar el bramido del ciervo o el silencio del desierto o del metamorfosis de la vida vegetal y animal, las variadas sonoridades
bosque. La latitud de las percepciones sonoras remite a una ecología y del mundo. El silencio tornasolado del invierno, el canto de los grillos
a una cultura y, más allá aun, a la sensibilidad auditiva particular de en el verano, el zumbido de las abejas, el fieltro de la nieve sobre un
quien se halla escuchando al mundo. mundo adormecido o la violencia de la tempestad sobre una naturaleza
Cada comunidad humana ocupa un universo acústico propio, pautado embravecida... 9 El hombre que escucha el ritmo de las estaciones sabe
por las ceremonias colectivas, las tecnologías presentes, los animales, el identificar su cambiante fisonomía y las diferencias sonoras entre un
mar, el desierto, la montaña, el viento, la lluvia, la tormenta, las es- sitio y otro.
taciones, etc. Thoreau, en Walden, escucha el tren de Fichburg no lejos Los pueblos franceses son acunados desde hace mucho tiempo por un
del estanque donde tiene su retiro: "El silbato de la locomotora penetra tranquilo ambiente sonoro, según las actividades locales, la presencia o
en mis bosques tanto en verano corno en invierno, simulando el grito del no de animales: las campanadas del ángelus, la entrada y la salida de
cernícalo que planea sobre el patio de alguna granja, informándome que las escuelas, el pasaje de los rebaños, a veces con el tintineo de las
una cantidad de activos comerciantes de la gran ciudad llegan al recinto campanitas colgadas al cuello de los animales, el ladrido de los perros
de la pequeña..."." A veces, el sonido de las campanas de las aldeas o los gritos de los animales de granja, el sordo ruido de la piedra de
vecinas llega hasta él. Los animales reinan en aquel mundo rural de amolar, los martillazos del herrero desgranando su sonoridad al cabo del
1854 aún a salvo de la industrialización. "Al atardecer, el mugido de al- día, pero también los golpes de las paletas de las lavanderas acuclilladas
guna vaca recortada sobre el horizonte, más allá de los bosques, en el lavadero, las herraduras de los caballos, el murmullo de las con-
resonaba dulce y melodioso, al principio lo confundí con las voces de versaciones, el ruido de la lluvia o del viento, de la tempestad...
algunos trovadores que a veces venían a darme serenatas [...]. Regular- Las pequeñas ciudades rurales del siglo xix no afectadas por las
mente, a las siete y media, cierto momento del verano, una vez que instalaciones industriales están bañadas por un silencio que asombra a
pasaba el tren del atardecer, los chotacabras cantaban sus vísperas los parisinos de paso. En 1867, Théophile Gautier, que descansaba en
durante una media hora, instalados sobre un tronco o en el tejado de la Issoire, comunica su asombro a un corresponsal: "Algo me impresiona-
casa [...]. Cuando los otros pájaros enmudecen, las lechuzas recuperan ba: era el profundo silencio que reinaba en la ciudad. No se oía abso-
su canto, tal como las lloronas con su antigua práctica [...]. También lutamente nada, ni el ruido de un vehículo, ni el ladrido de un perro, ni
tengo la serenata de un búho. Allí, al alcance de la mano, podría el ruido del agua al correr, ningún estremecimiento de algo que estuvie-
tomárselo por el más melancólico sonido de la naturaleza" (págs. 123- ra vivo. Era una extraña sensación para mí, acostumbrado como estoy
124). al tumulto parisino [...]. Sin embargo, esa ausencia de sonoridad, pese
Antes de que caiga la noche, múltiples sonidos se conjugan y Thoreau a sí misma, tenía una presencia: se escuchaba el silencio" (Thuil-lier,
los identifica escrupulosamente: "El rezongo de los pájaros nocturnos 1977, 37). Al escuchar trabajar a los picapedreros de una aldea iraní, R.
sobre los puentes, el ruido que se escuchaba desde más lejos que Murray Schafer destaca que la mayoría de los sonidos permanecían en
cualquier otro durante la noche, el ladrido de los perros y a veces el la discontinuidad, vinculados con los ritmos del cuerpo del hambre y
9
Ibíd., pág. 205. Acerca del inventario de Thoreau de los ruidos del invierno, cf. op. cii. pág. 272.
8 H. D. Thoreau, Walden ou la vie dans les boi s, Gallimard, París, 1922, pág. 115. Véase también el excelente ejercicio sistemático realizado por J. Brosse (1965).

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eran relativamente diferentes entre sí en las sociedades aún poco madre es el primer sonido que hace ingresar al niño, cuando aún está en
industrializadas, mientras que la mayoría de los ruidos de las socieda- el útero, en el universo humano, cargado de afectividad, de significado.
des modernas se vuelven continuos y no dan tregua alguna (1979, 117). El feto se halla inmerso en el líquido amniótico, cuyo olor siente, y con
De esa manera, las máquinas de vapor, el ferrocarril, los primeros el que experimenta los movimientos de la madre; se encuentra en
automóviles desalojan los charcos de silencio en su recorrido o en los al- permanente audición de su corazón, oye igualmente su voz y la de los
rededores. Las maquinarias agrícolas, las motocicletas, los autos, los cercanos. Estudios estadounidenses demuestran que, en niños prema-
camiones introducen un nuevo régimen de ruidos y remodelan las sen- turos, la escucha de la grabación del sonido del corazón materno
sibilidades sonoras, sobre todo a partir de la década de 1950. En el campo disminuye el índice de mortalidad con respecto a servicios que perma-
aparecen y se establecen sonidos inéditos, otros, corno la descarga de necen ajenos a esta práctica. El latido del corazón de la madre ejerce una
fusiles en las bodas, desaparecen (reemplazados por los conciertos de bo- función de aplacamiento. Su voz, sobre todo, se encuentra siempre en un
cinas), las matracas de Pascua, las campanas de la iglesia, que se proceso de comunicación, convoca lentamente el sentido, es decir, el lazo
vuelven obsoletas, etc. Dentro mismo de la granja, la economía de los social, es el hilo tenso que lleva al niño a su humanidad, lo hace pasar
ruidos se va modificando al cabo del tiempo: "Los ruidos familiares de del grito a la palabra, a su propia voz (a su propio camino). El niño sabe
la casa de antes se han convertido en símbolos de la persistencia cam- que su palabra o sus gritos movilizan a los demás que están a su
pesina. El discreto ronquido de la roldana, el canto del grillo en la alrededor, toma conciencia de su poder y lentamente aprende a respon-
chimenea, el tictac del reloj, el ritmo desigual del molino, ésos eran los der a la voz de quienes lo rodean. Construye su narcisismo en la
signos de un mundo tradicional que se apoyaba en una perduración envoltura sonora materna que lo lleva. Experimenta júbilo al emitir
secular", escribe G. Thuillier (230 y ss.). Los entornos sonoros no son sonidos y al escucharlos, sobre todo si suscitan una respuesta en su
inmutables; el retroceso de las tradiciones, el abandono de ciertas entorno.
costumbres, las metamorfosis de la agricultura, las nuevas técnicas La media lengua con la que el niño se ensaya para hablar reproduce
modifican su naturaleza. Los hombres crecen entonces en una trama la melodía general de la lengua de su medio. El propio lactante se
sonora diferente a la de sus padres. inventa una tonada tranquilizadora, un "espacio de transición", dice
Cada comunidad humana ocupa un universo acústico propio, nunca Winnicott. Se escucha simultáneamente desde afuera y desde adentro
dado de una vez para siempre, sino que varía al cabo de su historia e produciendo por sí mismo los sonidos que le encantan. Las palabras que
incluso de las estaciones. Pero el inventario de las sonoridades no es se intercambian a su alrededor, sobre todo su entonación, lo envuelven
necesariamente el de su percepción por parte de los actores, pues esta y le dan una materia sonora que le permite jugar con delectación.
surge de una atención moldeada por la educación, por aprendizajes Compartir esa media lengua preparatoria entre el niño y su entorno es
particulares que vuelven, por ejemplo, al pastor o al campesino sensi- un baño de placer, una comunicación intensa y multisensorial que
bles a las modificaciones de los mugidos de un animal de su rebaño, al introduce simultáneamente una invitación al parloteo por parte del
cazador ante los gritos del pájaro cuyas huellas sigue, allí donde el entorno y la constitución de un "diálogo melódico" (R. Diatkine) que le
profano no percibiría nada que no fuera un magma indiscernible. La abre al niño el camino al lenguaje y al placer de la palabra. Su vo-
existencia de los sonidos, incluso a la altura de la audición del hombre, calización es la creación de un universo sonoro propicio. Mediante ella,
no implica en nada su percepción si no están adosados a un significado construye simbólica y realmente la presencia materna, domina la
o a un motivo de alerta. separación, puebla al mundo con una sensación de paz. Se estimula
agradablemente y hace la experiencia de su voz, de su cuerpo y, más allá,
de su soberanía.
La infancia como baño sonoro Ese espacio de creación depende, por supuesto, de la capacidad de la
madre para ser suficientemente cariñosa sin ahogar al niño con una
Quienes escuchan viven en un mundo sonoro a veces invadido por el rui- ternura sofocante ni dejarlo en un vacío de presencia. Su voz, luego su
do, pero en principio la audición participa sin equívocos del goce del rostro, ambos juntos son el balancín que lleva al recién nacido a reunirse
mundo. El sonido es la propia materia del lenguaje, la voz es un acom- con la comunidad humana. Si ella sabe acompañarlo sin invadirlo,
pañamiento incansable de la existencia, es el zumbido cuya sobreabun- Construye un narcisismo feliz y tranquilo que sostiene en él una sen-
dancia asegura la plena inserción en el seno de la trama social. "El oído sación de seguridad. Incluso cuando el niño escucha esa voz en otra parte
es un sentido eminentemente social" (Wulf, 2002, 457). La palabra de la de la casa, la misma le indica que su madre siempre está a su lado.

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Ayudado por ella, integra la lengua que lo baña. La voz materna se pájaros; quien aprende una lengua extranjera debe reconocer sus so-
inscribe entre el cuerpo y el lenguaje, entre el afecto y la representación: nidos, sus ritmos, captar su coherencia. El músico o el ejecutante de
es la apertura al sentido. algún instrumento se apropian de la música para hacer de ella una
De hecho, la lengua materna es la primera lengua extranjera que el emanación personal cuando inicialmente la misma le resultaba exte-
hombre aprende, aunque de inmediato la hace suya. El niño ingresa rior.
lentamente en ella a través de su parloteo, al principio centrado es- El oído a veces resulta agredido por compositores que transforman las
trictamente sobre sí mismo si procura solicitar al otro. "La actividad sensibilidades musicales de sus contemporáneos: "Sabemos que incluso
egocéntrica de la palabra, en tanto pura expresión de sí mismo, cede la música de Mozart fue acusada de confusa por el emperador José II de
cada vez más el lugar a la voluntad de hacerse comprender y, por ahí, Austria, quien deploraba que estuviera tan recargada de notas, escribe
a la voluntad de universalidad" (Cassirer, 1969). La voz y la palabra de A. Ehrenzweig. Su desagrado radicaba probablemente en la riqueza de
la madre son la apelación a una lengua común, que es también la de su la estructura polifónica, que oscurecía la claridad de la línea melódica.
comunidad de pertenencia. Al igual que el rostro de la madre, su voz es Al final de, su vida, Mozart fortaleció voluntariamente las vías medias,
un contenedor, una envoltura sonora que duplica la del rostro y viene a más desdibujadas, dándoles una expresividad melódica propia (alimen-
aplacar su angustia (piénsese en la palabra en la noche). Un "espejo tando así la audición horizontal). Esperaba que la sutileza de su com-
sonoro" (Castaréde, 1987, 149) —y ante todo vocal— precede y prepara el plejidad pasara desapercibida para el espectador ingenuo y gustara al
"espejo visual" para que el niño acceda al lazo social. Este intercambio conocedor. La molestia del emperador demuestra que Mozart no había
le falta al niño sordo, carente de referencias sonoras y que para orien- logrado engañar al espectador ingenuo" (1974, 107). Ehrenzweig recuer-
tarse dispone sólo de la vista y del contacto físico, pero se encuentra da asimismo que los últimos cuartetos de Beethoven tuvieron que
desajustado con un entorno que tiene dificultades para sustituir los esperar un siglo antes de ser ejecutados. El aprendizaje o el acostumbra-
estímulos sonoros habituales con equivalentes visuales o táctiles. El miento transforman el estatuto de los sentidos. Las armonías de
niño sordo no está privado de la voz, pero sus vocalizaciones se arraigan Beethoven fueron percibidas como desagradables desde su primera
menos en el diálogo melódico con el entorno y más en un diálogo kinésico audición: "Una vez que nuestra sensibilidad se acomoda a esas articu-
o visual?) laciones subterráneas, se vuelve posible percibir mejor en el primer
El lactante aprende lentamente, al cabo de meses, a reconocer el magma período de Beethoven las rupturas originales y las súbitas transiciones
de sonidos que lo rodea, desde los ruidos exteriores más o menos propicios que muy a menudo hoy se pierden. La familiaridad lleva a saltar con más
hasta la voz de la madre o la de los demás miembros de su familia, los de facilidad los obstáculos antes sentidos como abismos profundos o crestas
su propio cuerpo o del entorno técnico. Se familiariza con lo que a veces empinadas" (pág. 110).
llegaba a inquietarlo. El aprendizaje de los sonidos, el comienzo de la Para familiarizarse con sonidos inesperados en música es necesario
familiaridad con ellos a través de su integración en un universo de sentido superar la sensación de imperfección o de incompletud que se experi-
participa de la cultura ambiente, del baño sonoro que impregna al niño. mentan en un primer momento y adquirir los códigos para captarlos
"Para quien sabe escuchar la casa del pasado, ¿la misma no es una desde el interior, mediante la asociación con un significado, con un valor
geometría de ecos? Las voces, la voz del pasado, resuenan de otra manera negativo o positivo. La primera audición de una música desconocida
en la gran sala y en la pieza pequeña. De otra manera también resuenan suscita desagrado. Los intervalos musicales, discordantes en una pri-
los llamados desde la escalera" (Bachelard, 1992, 68). mera impresión, a veces se vuelven agradables al cabo de una serie de
No hay más naturaleza de la vista que naturaleza del oído. El oído se audiciones, cuando se entiende mejor su principio. La música china a
educa al cabo del aprendizaje y de la experiencia. El ornitólogo se fa- menudo resulta molesta por su intensidad, sobre todo cuando se la
miliariza con el tiempo con los innumerables sonidos emitidos por los somete a una audición que ignora su sistema sonoro. Poco a poco el
acostumbramiento comienza a romper las asperezas del mundo, a a-
A veces, el anuncio de la sordera del niño suscita una enojosa ruptura de las brirlo a una audición diferente.
actitudes parentales, sobre todo maternas; el niño deja de ser percibido "en la anticipa- La experiencia demuestra que, cuando una persona sorda que acaba
ción de la palabra, y pasa a ser considerado en la dolorosa perspectiva de su mutismo" de pasar por una cirugía reparadora escucha el sonido por primera vez,
(Bouvet, 1982, 17). El diagnóstico sumerge al niño en una situación ambigua que está lejos de ser, desde el comienzo, la inmersión en un universo
desorienta a los padres, inclinados a asociar la sordera con el mutismo, encerrando
entonces al niño en una inducción a no hablar que provoca justamente su imposibilidad
agradable. No existe la transparencia del sentido y el aprendizaje es la
de acceder a la palabra. clave del mundo sonoro. Lejos de abrirse al júbilo de su entorno, el ex

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sordo experimenta la formidable agresión de un estruendo sin coheren- La sensibilidad al ruido es una cuestión de circunstancias y, sobre
cia. Todo representa un ruido. En su oído todavía nada tiene sentido; todo, del significado que el individuo le dé a los sonidos que oye. Si
lentamente tendrá que apoderarse de los datos. Se siente atravesado por participa en una verbena, el ambiente sonoro que lo baña contribuye a
parásitos sonoros cuya fuerza lo desalienta. Los hallazgos del oído pasan su felicidad; si es un lugareño que no consigue dormir, entonces ex-
por el dolor. J. Grémion evoca el testimonio trágico de una joven, Mé- perimenta una violencia. La explosión que de pronto conmueve a un
lane, que se suicidó al no soportar el caos sonoro que la rodeaba luego de barrio tranquilo provoca cólera en primer término. Pero, al acercarse a
recuperar la audición, de la que carecía desde el nacimiento. "Gente que la ventana, la súbita visión de un fuego artificial que nos recuerda una
habla: parece como si fuera una serie ininterrumpida de gritos. Da la fecha que habíamos olvidado modifica radicalmente el sentido del acon-
impresión de que la gente aullara. Es una agresión insoportable. Con los tecimiento. El ruido, como la música, es una cuestión de oído y, por lo
ruidos pasa lo mismo. El ruido de un grifo que deja caer el agua es una tanto, de sentido. Es una disonancia introducida allí donde esperába-
cascada. El ruido del papel de diario es una deflagración. [...] Me mos otra cosa, del mismo modo que una música mal ejecutada o fuera de
convertía en un sonido. El canto de los pájaros. Eso entraba tanto en mí, contexto, demasiado baja o demasiado alta, incluso si es habitualmente
me atraía, me oprimía, me invadía tanto que me convertía en el propio apreciada, se vuelve penosa de escuchar.
pájaro, y así era con todo" (Grémion, 1990, 129; Higgins, 1980, 93 y ss). La fórmula de la presencia ante el otro es "¡lo escucho!", manera de
Para ser propicios, los sonidos deben disolverse en el sentido; de lo expresar la disponibilidad silenciosa o la aprobación de sus
palabras. El
contrario producen una violencia simbólica. sonido es aplacamiento, recuerdo tranquilizador del bullicio continuo de
la vida en torno a uno; el ruido irrita, moviliza una vigilancia, un penoso
estado de alerta. En tanto forma insistente de un stress,
suscita el
El ruido malestar, la molestia, impide el pleno goce del espacio. Resulta particu-
viene a quebrar la buena armonía larmente doloroso cuando recubre la voz humana y hace que sea difícil
mantener una conversación. "En la naturaleza no existen ruidos, sino
El oído es el sentido de la interioridad; parece llevar al mundo al centro tan solo sonidos —escribe J., Brosse—. Ninguna discordancia, ninguna
de sí mismo, mientras que la vista, a la inversa, lo aleja de ese centro. anarquía. Aun el ruido del trueno, el estrépito de una avalancha o la
Pero el oído está cautivo. Si bien la vista, el tacto o el gusto implican la caída de un árbol en el bosque responden a leyes acústicas y no las
soberanía del hombre, el oído se mantiene sin defensas ante la intrusión transgreden. Solo el hombre, y el mundo engendrado por el hombre,
de la penosa sonoridad proveniente del exterior. El ruido es una pa- rompen con brutalidad y desgarran la trama de la unidad armónica"
tología del sonido, un sufrimiento que se desarrolla cuando la audición (Brosse, 1965, 295-296). En sentido propio y figurado, la buena armonía
siempre es quebrada por el ruido.
se ve forzada, sin posibilidades de escapar. Aparece cuando el sonido
pierde su dimensión de sentido y se impone del mismo modo que una La preocupación por el ruido aparece sin duda con las primeras
agresión, ante la que el individuo resulta impotente para defenderse (Le concentraciones humanas de importancia, que requerían la circulación
Breton, 1997). En tanto valor sonoro negativo e insistente, fuerza la de hombres e informaciones, la presencia de animales, transportes, etc.
atención pese a la voluntad y procura desagrado. Una etimología a F. Murray Shafer señala que la primera legislación contra el ruido
menudo repetida, sin duda imaginaria pero reveladora, asocia el térmi- pertenece a Julio César, 44 años antes de Cristo, y prohibía la circula-
no inglés noise al latín nausea. La sensación de ruido expulsa al in- ción de vehículos en Roma entre el anochecer y la salida del sol (1979,
26 4-265).
dividuo de sí mismo y atormenta el instante. Kafka realiza la metáfora A. Franklin evoca en París, en el siglo xii ,
la figura de los
de su violencia mediante la imagen del animal agazapado en el silencio pregoneros, funcionarios públicos juramentados, cuya tarea consistía
maravilloso de su madriguera. Una vez, un imperceptible silbido lo en proclamar en voz en cuello el texto de los actos oficiales, las con-
aterroriza. El ruido cobra amplitud al mezclársele nuevos sonidos vocatorias a asambleas, las bodas, los entierros. Asimismo se ocupaban
sibilantes. El animal se siente atrapado, acosado sin remedio, imposi- de mencionar a personas por entonces desaparecidas. Otros pregoneros
bilitado de protegerse. A todas partes donde se dirija su oído se siente estaban vinculados con comerciantes y promocionaban de la misma
hostigado y aterrorizado por ruidos que lo hacen sentir ajeno a su manera sus mercaderías. Los vendedores ambulantes atraían ruidosa-
madriguera y lo van minando interiormente." mente la atención de los transeúntes. "Y nunca terminaban de berrear/
En París hasta la noche", señala J. de Galande (Franklin, 1980, 14). Poco
" F. Kafka, "Le terrier", en La Coloniepénitentiaireetautresrécits, Gallimard, París, después del amanecer, un dependiente anunciaba la apertura de los
1948.

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baños públicos y luego aparecían los vendedores de pescado, de aves de del ruido en la vida cotidiana y con una creciente impotencia para
corral, de carne, de frutas, de vino, de harina, de leche, de flores, etc. controlar sus excesos. Si bien se consigue con facilidad abstraerse de los
Pero también los vendedores de ropa, de muebles, de vajilla, de carbón, aspectos penosos de las otras percepciones sensoriales, la audición, en
etc. Los hermanos limosneros reclamaban de viva voz la generosidad de cambio, no consigue superar la misma prueba y las afecciones que
los transeúntes en nombre de su comunidad y juntaban sus pregones produce el ruido son su consecuencia. !.os diferentes lugares de la ciudad
con los de los mendigos. "Los toneleros, los caldereros, los afiladores, los son ruidosos y las casas no resisten las infiltraciones sonoras de las
zapateros remendones, los especieros... contribuían a la batahola junto calles cercanas o sencillamente de las viviendas linderas. El confort
a los comerciantes de ropa usada, trapos, hierros viejos y vidrio roto" acústico es escaso, excepto en ciertos parques o cementerios. Los ruidos
(Franklin, 1980, 78). 12 se encastran y acompañan con su constancia al ciudadano: coches,
Un autor de la época de Rabelais evoca los ciento siete pregones que camiones, motocicletas, ómnibus, tranvías, talleres, sirenas de ambu-
se escuchaban en la plaza pública, pero Bajtin sospecha que eran lancias o de la policía, alarmas que se echan a andar sin razón ma-
muchos más: "Importa recordar que no solo todas las apelaciones, sin nifiesta, animaciones comerciales en las calles o en los barrios, verbe-
excepción, eran verbales y expresadas a grito pelado, sino que por otra nas, manifestaciones deportivas, políticas, etc. La modernidad conoce la
parte todos los anuncios, bandos, ordenanzas, leyes, etc. se llevaban a permanencia de la sonoridad y la capacidad de multiplicar su intensidad
conocimiento del pueblo por vía oral [...]. En relación con el período de por medio de los altoparlantes. La radio o la televisión no paran nunca,
Rabelais, el siglo xix fue un siglo de mutismo" (1970, 184-185). Durante ni los entornos musicales trivializados de los espacios públicos, de los
mucho tiempo los pregoneros realizaron una contribución mayor a los cafés, de las tiendas, a veces incluso de los medios de transporte. La
ruidos de la ciudad, antes de que las animaciones comerciales con sus imposigión del sonido en nuestras sociedades, además de la omnipresencia
altoparlantes los reemplazaran. de los teléfonos celulares, matiza singularmente la idea de la sola
Además de las voces o de los pregones de los hombres, la presencia de hegemonía de la vista, a pesar de que ésta ejerza un rol mayor en la
animales, el chasquido de los látigos, la circulación de carretas, los estructuración social.
vehículos tirados por varios caballos en las calles estrechas y pavimen- El ruido no queda limitado a su fuente, sino que es como una mancha
tadas contribuían a la cacofonía ambiente. Más adelante, las máquinas de aceite: el estruendo de la fábrica se derrama sobre el vecindario, la
de vapor que hacían funcionar las fábricas, los ferrocarriles, los automó- máquina de cortar troncos inunda el bosque y el valle con su estrépito
viles, los trabajos modificarán aun más la economía sonora. "La calle continuo, la moto de agua o el motor fuera de borda quiebran la se-
ensordecedora aullaba ami alrededor", escribe Baudelaire. A comienzos renidad del lago o del litoral y no dejan más opciones que abandonar el
de siglo, en París, Rilke da testimonio de la efervescencia sonora que la lugar o soportar sus perjuicios. La modernidad, al darle la posibilidad
noche no conseguía vencer. "Debo confesar que no puedo privarme de a todo el mundo de acumular instrumentos ruidosos, le otorga simultá-
dormir con la ventana abierta. Entonces los tranvías circulan a través neamente un poder sobre los demás. La multiplicación de fuentes so-
de mi habitación. Los automóviles pasan por encima de mí. Una puerta noras significa a veces un arma en contra de un vecindario reducido a
se golpea en alguna parte, un vidrio cae en medio de un tintineo. Oigo la impotencia. "La riqueza —escribe J. Brosse (1965, 296)— se mide ahora
risas, grandes estrépitos, el tenue cloqueo de lentejuelas. De pronto, un por las fuentes de ruido, por la gama de ruidos de que dispone una
ruido sordo, ahogado... Alguien sube por la escalera, se acerca, sigue persona". Los medios de amplificación sonora comunes, de bajo precio,
acercándose, está al otro lado de la puerta, se queda allí, finalmente procuran un poder simbólico, una revancha frente al entorno o a la
sigue. Y, de nuevo, la calle. Una mujer grita: `Pállate. No puedo más!' suerte, o participan de una inscripción de la identidad en el espacio, con
El tranvía eléctrico se acerca muy agitado, pasa por encima, más allá de indiferencia o desprecio por los demás.
todo. Alguien llama; la gente acude, se reconcilian, un perro ladra. Un El ruido es una forma insidiosa de contaminación, pero ante todo es
perro, ¡qué alivio! Hacia el amanecer, incluso surge un gallo que canta, una cuestión de apreciación personal. No necesariamente se deduce de
y un delirio infinito. Luego, de pronto, me duermo"." un volumen sonoro; resiste a cualquier medida objetiva pues es resulta-
La ampliación de la técnica va de la mano con la creciente penetración do de una atención particular y de la proyección de un universo de
valores sobre un dato auditivo. Lo que para uno es deleite, para otro
12 A. Franklin cita una serie de poemas de diferentes autores acerca de los gritos de puede ser ruido. La cadena hi-fi lanzada a su máximo libera al joven de
París hasta el siglo xvu. sus aprensiones y lo incita a bailar, a cobrar seguridad, pero irrita al
" Rainer-Maria Rilke, Les Cahiers de Maite Laurids Brigge, Seuil, París, 1966.
pág. 12. vecindario que siente en ello una agresión. Asimismo, los altoparlantes

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a todo volumen en los vehículos con todas las ventanas abiertas, lo que
vuelve imposible cualquier conversación en su interior, pero cuyo ob- de salón, que oponía a ejecutantes y al auditorio en dos grupos simétri-
jetivo es el de una demostración de poder personal. El adolescente que cos, por lo general enfrentados. Ese tipo de música daba preferencia a
modifica el motor de su motocicleta goza con el ruido multiplicado que pro- los sonidos de alta frecuencia, cuya dirección resultaba clara. Es la
duce, aunque siembra molestia a su paso. música de concierto clásica (Murray Shafer, 1979, 170).
La guerra del ruido es una guerra del sentido: implica significados Diversas legislaciones trataron en vano de limitar o prohibir a los mú-
opuestos, violación de las sensibilidades para algunos, distensión para sicos de la calle, que a veces, en Inglaterra, mostraban un maligno placer
otros. El mismo sonido es propicio u horripilante: todo es cuestión del en provocar a los burgueses. Una carta colectiva, firmada en particular
punto de vista. Para algunos las emanaciones sonoras de la fábrica son por Dickens, Carlyle, Tennyson y Milais, se sublevaba contra la perse-
una fuente de sufrimiento, pero para otros significan una delectación. cución de "esos cínicos sopladores de cobres, batidores de tambores,
Los eligen, si bien se encuentran en libertad de apartarse de ellos en molineros de órganos de Bavaria, rascadores de banjos, aporreadores de
cualquier momento; se maravillan con ellos y los consideran como una címbalos, violentadores de violines y berreadores de baladas; pues basta
firma sonora del mundo contemporáneo. Si los ruidos de la fábrica con que los autores de esos ruidos odiosos sepan que uno de vuestros
destruyen la salud de los obreros, esto no es cuestión de ellos; resultan presentes corresponsales necesita calma en su propia casa, para que la
dignos de admiración para el futurista L. Roussolo, afortunado esteta, referida casa se encuentre de pronto asediada por esos cacófonos, que
cuya refinada existencia se desarrolló bien lejos de las fábricas. Los buscan vender su silencio" (Murray Shafer, 1979, 102-103). Más que las
ruidos de la guerra lo fascinaban. En 1913 publicaba LArt du bruit, leyes, difíciles de aplicar y que chocaban contra la hostilidad popular,
donde escribía, por ejemplo: "Atravesemos juntos una capital moderna, defensora de la presencia de los músicos callejeros, fueron más bien los
con los oídos más atentos que la vista, y variaremos los placeres de ruidos del tránsito automotor, el reacondicionamiento de las aceras, lo
nuestra sensibilidad distinguiendo los gorgoteos del agua, del aire y del que los hizo desaparecer. Durante mucho tiempo las efervescencias del
gas en las cañerías metálicas, los borborigmos y estertores de los mo- alborozo popular resultan un ruido intolerable para los oídos burgueses,
tores, que respiran con una indiscutible animalidad, la palpitación de una afligente batahola que delataba la vul-garidad del populacho y el
las válvulas, el vaivén de los pistones, los estridentes gritos de las carácter incompleto de la civilización de las costumbres. Pero, asimis-
sierras mecánicas, los saltos sonoros de los tranvías sobre los rieles, el mo, la música o las festividades de los ricos son percibidas por los medios
chasquido de los látigos, el flamear de las banderas. Nos divertiremos populares corno siniestras mundanidades.
orquestando idealmente las puertas corredizas de las tiendas, la alga- Una proxemia simbólica se impone en la percepción de los sonidos
rabía de las muchedumbres, las diferentes bataholas de las estaciones, provenientes desde fuera de la casa. En su límite, el ruido constante de
de las herrerías, de las hilanderías, de las imprentas, de las usinas la calle, integrado por el individuo como no proveniente de su campo de in-
eléctricas y de las vías subterráneas E...]. Y no hay que olvidar los ruidos fluencia, finalmente resulta olvidado, mientras que las intrusiones
absolutamente nuevos de la guerra moderna"» sonoras de las cercanías se vuelven intolerables, pues son una señal
Por su parte, John Cage decía. "Todo es música". Definir como "mú- insistente de la presencia indeseable del otro en el corazón de la in-
sica" el ruido de los automóviles o de las maquinarias industriales es una timidad. Apenas filtrado por la delgadez del tabique, un coche que
cuestión de punto de vista. Posición lógica si se considera como tal no estaciona en la calle, un motor en marcha, un televisor encendido con
importa qué disposición particular de los sonidos. poco volumen son vividos corno una agresión por el vecino cansado que
Las divergencias de gusto duplican las rivalidades entre las clases y procura dormirse. Si los individuos dejan de entenderse, la buena ar-
monía se rompe. Numerosas denuncias presentadas en las comisarías
se manifiestan con toda claridad en los numerosos conflictos que toman
al ruido como objeto. En el siglo xix, los cantores y los músicos de la calle tienen que ver con conflictos entre vecinos a propósito del ruido; peleas,
chocaban la sensibilidad burguesa, acostumbrada a la música refinada gritos de niños, ladridos de perros o bien televisión, radio, aparatos de
de sus salones, que no toleraba escuchar bajo sus balcones otra manera lanzados a demasiado volumen. La víctima del ruido es expulsada
de cantar o de tocar. Consideraba como vulgaridad y cacofonía las mú- de su universo propio, se niega a abandonarlo, su casa se vuelve porosa,
sicas y las canciones con las que gozaban los medios populares. Al darle ruidosa a causa de otros o amenazada por su próxima intrusión: siente
prioridad a las bajas frecuencias, la música popular buscaba lo vaporoso cada sonido exterior como una violación. De la misma manera que
y lo difuso en oposición a la claridad y a la concentración de la música nuestros propios olores no nos molestan, los ruidos que producirnos no
son percibidos como molestos. Siempre son los otros quienes hacen
14 L. Roussolo, LArt des bruits, L'Áge d'homme, Lausana, 1975, pág. 38.
ruido. Dramáticas acciones ocurren cuando un vecino irascible, "supe-
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rado por el ruido", tal como titulan los periódicos, dispara sobre un grupo placer, satisfacción, es un modo eficaz de gestión de la identidad, un
de adolescentes reunidos abajo de su inmueble en torno a una música a elemento de la constitución de sí mismo como sujeto. Pero sometida a
todo volumen. esas agresiones regulares, incluso no percibidas como tales, la audición
Los innumerables conflictos de la policía que se ocupa de los ruidos se va deteriorando de a poco. Esa burbuja de sonidos de fuerte intensi-
manifiestan el desacuerdo de las modalidades de la percepción auditiva, dad próxima a estallar ensordece sensiblemente el oído y les da a ciertos
las incompatibilidades sociales, culturales e individuales que la ley adolescentes una capacidad auditiva semejante a la de hombres de unos
procura arbitrar fijando umbrales de intensidad a las máquinas o sesenta años. La pasión por el estrépito termina pagándose con la re-
restringiendo el funcionamiento de los lugares ruidosos, prohibiendo el ducción al silencio.
estrépito después de determinada hora o reglamentando la emisión de En principio, la audición se restablece al cabo de horas si la exposición
ruido en las fábricas o en los equipamientos colectivos. Se trata, jus- ha sido breve, pero si se prolonga y se repite deja huellas irreversibles.
tamente, de malentendidos. Los japoneses se conforman con paredes de Esas lesiones son conocidas con el nombre de "enfermedad de los
papel para establecer la paz en sus hogares. La sensación del ruido es caldereros", pues fueron descriptas por primera vez por Barr en 1890,
visualmente aniquilada por una pantalla acústica que resultaría muy en obreros que trabajaban en esa industria particularmente ruidosa. La
inoperante, por cierto, para un occidental que se encuentra como obli- sordera profesional nace de condiciones de trabajo extenuantes para el
gado testigo auditivo de una fiesta que transcurre en sus inmediaciones oído y a veces de reticencias a protegerse para controlar mejor las ope-
(Hall, 1971, 66). raciones durante el trabajo. La única prevención al respecto consiste en
Entre un barrio, una ciudad o entre un continente y otro, de hecho los la formación precoz de los jóvenes que hacen sus primeros pasos en esas
perjuicios sonoros difieren. Las diferencias sociales y culturales inter- empresas, donde están sometidos a una presión sonora. Una vez que se
vienen en la apreciación del ruido y definen los umbrales de aceptabili- ha acostumbrado, el obrero deja de considerar al ruido como perjudicial
dad o de rechazo. "Mientras que los jamaiquinos son indiferentes al y lo utiliza, a la inversa, como un balancín para experimentar la calidad
ruido de las máquinas —señala R. Murray Shafer (1979, 204)—, los de sus gestos. La confrontación regular con el ruido desactiva su
canadienses, los suizos o los neozelandeses son muy hostiles al mismo. intensidad y su molestia. Los obreros olvidan la cacofonía de las
Los jamaiquinos aceptan asimismo el ruido de los aviones, que en otras par- máquinas. Los días de huelga, el primer asombro tiene que ver con el
tes es rechazado, y del tránsito automotor, que otros países condenan silencio del taller.
particularmente". La cacofonía de las bocinas ha desaparecido de los paí- Uno se acostumbra a una fuerte presión sonora y termina por
ses europeos gracias a medidas legislativas, pero subsiste en las ciuda- trabajar, dormir, escribir, leer o comer, por vivir en un medio ruidoso,
des de Medio Oriente o en Asia, en Estambul o en El Cairo, por ejemplo, lo que no deja de tener consecuencias en el sueño o en la salud. Los niños
donde viene a agregarse al estrépito del tránsito o a las músicas que expuestos al ruido tienen menor facilidad para aprender a leer y mayor
provienen de los comercios. dificultad para concentrarse en las actividades del aula. Escolares de un
A veces el ruido resulta, a la inversa, una pantalla que permite re- establecimiento de Manhattan sometidos al ruido del tren elevado ma-
tirarse del mundo y preservarse de contactos no deseados. El joven se nifestaban un retraso de 11 meses en el aprendizaje de la lectura con
construye una muralla sonora con su autorradio o su reproductor de CD respecto a otros niños de la misma edad que estudiaban en un aula
portátil durante sus recorridos diarios o en la discoteca. Las conversa- tranquila de la misma institución. Luego de la insonorización de las
ciones o los ruidos que lo rodean quedan tapados por músicas que surgen vías, los dos grupos no mostraban diferencia alguna (Ackerman, 1991,
de su propia decisión. Rechaza la imposición de un universo sonoro en 227). El ruido neutraliza la atención, la concentración, aniquila cual-
el que no es maestro de ceremonias. El poder del sonido anula cualquier quier interioridad. Lleva a encerrarse en uno mismo, tal como lo
otra manifestación del exterior. Gracias a sus auriculares, se encierra demuestra otro estudio que compara la incidencia de tres ambientes
en sí mismo y testimonia su propia soberanía. Entiende que el mundo sonoros en el comportamiento de los transeúntes. En una zona residen-
comienza y termina con sonidos que surgen de su sola decisión. cial, a lo largo de una calle bordeada de árboles, un hombre cuyo brazo
Deliberadamente instalado en seno del grupo de pares a través del está enyesado deja caer libros al piso. Bajo la égida de un ruido ambiente
autorradio o de otros instrumentos de amplificación del sonido, la in- común de 50 decibeles, el porcentaje de ayuda es del 80%; cae al 15%
tensidad sonora reduce la comunicación a una pura forma fática que le cuando una cortadora de césped emite en las cercanías a 85 decibeles.
impide medir su soledad o su desconcierto. La búsqueda de dominio El ruido aísla, acentúa la agresividad y descarga moralmente la
mediante la producción de estruendo o de suspensión sónica engendra atención que se le presta al otro. La defensa psicológica, la indiferencia

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táctica que acomoda para la agresión se muestran como desventajas a manera grotesca. Ciertos viajeros ven en las particularidades de las
término para una mejor integración social. Sin que lo sepa, el individuo lenguas africanas una confirmación de sus prejuicios negativos. En
está sometido a un estrés continuo, a un estado de excitación del que no determinada época, se consideraba que los hotentotes carecían de todo
siempre tiene conciencia. Numerosos trabajos demuestran su inciden- lenguaje, pues solo eran capaces de articular sonidos guturales.
cia en la calidad y en la duración de una tarea que se debe cumplir Según Malte-Brun, de manera general las lenguas africanas consis-
(Miller, 1978, 609-612). La aparente adaptación al ruido se convierte al 4> ten en "una multitud de idiomas que parecen contener muchos gritos
cabo del tiempo en un peligro, porque debilita progresivamente la apenas articulados, muchos sonidos extraños, aullidos, silbidos inven-
audición y a veces desemboca en sordera. tados imitando a los animales" (Cohen, 1981, 334). Buffon repite que los
El gradual deterioro del oído que se produce con la edad se acentúa por viajeros holandeses decían de los hotentotes "que su lengua es extraña
la exposición constante a los ruidos de fondo. Si tanto afecta a los y que cloquean como los pavos". Para Virey, "las voces" resultaban "de
occidentales, se debe de hecho a circunstancias que obligan a vivir una intolerable grosería" (Virey, 1826, t. I, 428). La Enciclopedia ni
permanentemente en el ruido. Un estudio realizado en la década del '60 siquiera toma en consideración la pluralidad lingüística del continente
en los mabaans, una población tradicional en los confines de Etiopía, lo africano y señala que "la lengua de los negros es difícil de pronunciar,
ilustra. Los mabaans viven de manera silenciosa, incluso su voz es baja, ya que la mayoría de los sonidos salen de la garganta con esfuerzo". Para
no tocan el tambor, no emplean armas de fuego. El nivel de ruido de su Loti, en Roman d'un spahi, los negros tienen "una voz de falsete si-
aldea es insignificante. La medición de las capacidades auditivas de 500 miesca". Si hablan al mismo tiempo, solo escucha "el concierto de su
habitantes demostraba que su oído no se debilitaba en absoluto con la voces agudas, que parecen salir del gaznate de - monos" La música
edad. africana es, por supuesto, "desagradable", "ronca", "discordante", "estri-
La calidad de la presencia entre los hombres, su placer de estar juntos, dente", solo es "cacofonía" por estar tan alejada de los criterios occiden-
encuentran en las metáforas acústicas su imagen privilegiada: estar en tales, los únicos válidos para juzgar en todo el universo. El tambor
resonancia, en armonía, en tono, de acuerdo, ser todo oídos, a la escucha, "emite hipos", "borborigmos", las voces son "eructos", los cantos "aulli-
prestar oídos, etc. El buen entendimiento implica la apertura de las dos demoníacos de una muchedumbre de poseídos". En suma, esa
fronteras individuales bajo la égida de un universo de sentido y de música no es más que una insoportable "batahola" (Martinkus-Zemp,
sonidos que unifique a los hombres. Los amigos y los amantes vibran al 1975, 79 y ss.). En 1930, un antropólogo de Weimar publicó una obra
unísono. El mundo sonoro inscribe físicamente la alianza entre uno sobre los judíos, libro que los nazis emplearon abundantemente; en él,
mismo y los demás; si es elegido, recibido favorablemente, encarna la se detenía en las maneras "judías" de hablar. Según el autor, su palabra
mediación que salva los obstáculos y permite el encuentro. El ruido es resultaba falseada "no solo porque representan un disfuncionamiento
siempre destrucción del lazo social. en el mundo de la gran cultura europea, sino también porque, si se daba
crédito a un renombrado médico de la época, "los músculos que emplean
para reír y hablar funcionan de manera diferente a los de los cristianos,
El otro y su batahola y esa diferencia puede ser localizada E...] en la nariz yen el mentón, que
son completamente particulares" (Gilman, 1996, 187). La animaliza-
Si el otro no es apreciado, su lengua es un ruido, una quebrada línea de ción del otro, que se pone en marcha en el discurso sobre la apariencia,
sonidos encastrados, carentes de sentido y razón. A modo de ofensa al
el olor, el contacto, incluye asimismo a su palabra, a su voz o a su música
mundo sonoro, vive en el ruido, en la batahola. Sus hechos y sus gestos bajo la misma estigmatización.
chocan el refinamiento auditivo del racista. Su música es cacofónica, sus
ritmos están destinados a ser ruidosos. La lengua que habla es una
jerigonza (como el lenguaje adjudicado antiguamente a los habitantes Conjura ruidosa del silencio
de Auvergnat), una jerga (como la de los bretones), ante la cual es posible
preguntarse cómo puede ser comprendida con sus entonaciones grotes- La relación con el silencio es una prueba que revela aptitudes sociales
cas, con sus efectos de elocución. El término "bárbaro", que designaba al Y culturales, pero también personales; exige poseer los recursos simbó-
otro en la Antigüedad, imitaba irónicamente la manera en que los grie- licos para gozar de él sin ceder al miedo: de lo contrario, abre las puertas
gos percibían la lengua de los otros (Weinrich, 1986). Esa lengua era un al fantasma. Unos se aplacan al encontrar en el silencio una respiración,
ruido, un tejido de ridículas emisiones sonoras; se la remedaba de una interioridad difícil de poner en acción en un mundo siempre ruidoso;

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otros se asustan de un mundo que se presenta desnudo ante la irrupción mora la soledad. La noche, sobre todo, resulta propicia para su llegada,
de un silencio que aniquila las huellas sonoras que tapizan su tranqui- así como el crepúsculo, el momento en que un mundo se convierte en
lidad espiritual. El ruido es para ellos una tela de sentido que los protege otro. Condenan al mutismo o a la locura a quienes los cruzan y no saben
de la brutalidad del mundo, un escudo contra el abismo que así se abre defenderse de ellos. Las situaciones en las que atacan son aquellas en
en el mundo. En efecto, el silencio afloja el imperio del sentido, anula las que reina el silencio. Un hombre cae en poder de los esufsi está solo
cualquier entretenimiento y pone al hombre frente a sí mismo, lo enfrenta al atardecer o por la noche, alejado de los suyos, a merced de la tristeza
con dolores ocultos, con los fracasos, con los arrepentimientos (Le Breton, o de la melancolía de un lugar desolado. No hay salvación fuera de
1997). Le quita todo control sobre el acontecimiento y suscita miedo, el compartir palabras con los hombres. La conversación fluida conjura sus
derrumbe de las referencias que llevan, por ejemplo, a curtidos ciudadanos insidiosas maquinaciones. La liviandad del lenguaje, la insignificancia
a no poder dormirse en el campo o en una casa silenciosa. Al acecho, el incluso del tema no molesta. D. Casajus dice que se disculpan con una
menor estremecimiento en el exterior o el crujido de un mueble significan fórmula rutinaria: "Es cuestión de salvarse del esul' , como si un francés
amenazas a esa tela de fondo en la que proyectan sus pesadillas. Es preciso dijera "Es cuestión de hablar". Reunidos, los hombres no dejan de
que se acostumbren a la tranquilidad del entorno, que se familiaricen con conversar, recurriendo a los innumerables temas que permiten infor-
los sonidos que los rodean, que dejen de sentir la ausencia de ruidos como marse sobre unos y otros o, de manera más elemental, de conjurar el
un modo de solapado acercamiento del enemigo. silencio. Hombres que no se conocen abrevan en el repertorio de fór-
Y el acontecimiento existe, en efecto, por la intrusión de su ruido; mulas consagradas que disipan la incomodidad y mantienen un nivel
recorta un silencio que entrega, por el contrario, la sensación de una satisfactorio de intercambio. La palabra debe ser protegida como la
extensión plana, sin defectos, sin historia, al mismo tiempo llena de llama de una lámpara que aguarda el sueño o el día. "Al que se abstrae
seguridad y de angustia a causa de su ausencia de límite y de su en una discusión entre amigos, y parece abismado en sus pensamientos,
polisemia. El ruido siempre se identifica bastante claramente con una de inmediato se le ruega en medio de risas que salga de su silencio"
fuente; el silencio inunda el espacio y deja en suspenso al significado. (Casajus, 1989, 287).
Quienes temen al silencio permanecen al acecho de un sonido que Víctimas de las circunstancias, aquellos que carecieron del bálsamo
humanice el lugar; temen hablar, como si su palabra fuese a poner en de la palabra y resultaron afectados en su razón se benefician con una
movimiento a oscuras fuerzas listas para descargarse sobre ellos. Otros, terapéutica ritual que consiste en escuchar cánticos tradicionales y
para escapar a la angustia, hacen intercambio de trivialidades, gritan religiosos entonados por las mujeres. Si esto no surte efecto, la comuni-
o silban, cantan ruidosamente, acuden a la compañía de una radio o de dad solicita la palabra de Dios a través de la lectura del Corán. El
un grabador, llaman por teléfono o encienden la computadora o el lenguaje de los hombres o el de Dios es un arma contra el temible silencio
televisor. Al restaurar el imperio del sonido, procuran restablecer los que abre el camino a "los esuf
derechos de una humanidad en suspenso, recuperan las sedes de sus El ruido, en su oposición al silencio, a menudo tiene una función
identidades, conmovidas por un instante debido a la ausencia de cual- benéfica en las costumbres tradicionales que aún mantiene en la
quier referencia acústica identificable. El sonido ejerce una función actualidad, durante ciertos períodos. Las conductas acústicas bullicio-
tranquilizadora al disponer de señales tangibles de existencia, al dar sas han acompañado durante mucho tiempo las bodas en diferentes
testimonio de la turbulencia sin fin de un mundo siempre presente. Da regiones europeas. La práctica subsiste aún hoy, con el cortejo de
asidero, sobre todo si uno mismo es su dueño, allí donde el silencio es vehículos que atraviesan la ciudad o el campo en medio de un gran
inasequible y supera infinitamente al individuo. Signo de la continuidad estrépito de bocinas. F. Zonabend (1980, 180 y ss.) describe el alboroto
de los otros junto a uno, tranquiliza al recordar que más allá de uno ritual que acompaña las bodas en Minot, en el Chátillonnais. Ruidos y
mismo el mundo continúa existiendo. La radio o la televisión pueblan la gritos a lo largo del recorrido, llamados de niños, campanas, descargas
casa y a veces siguen funcionando como un simple ruido de fondo; su de fusil, concierto de bocinas, etc. La comida dura dos horas y está
tarea consiste en borrar deliberadamente un silencio pesado de sobre- acompasada por risas, aclamaciones, gritos, canciones... Los habitantes
llevar, pues evoca la ausencia, el duelo, el vacío de una existencia o una de Minot se sorprenden hoy ante las bodas silenciosas: "La gente ya no
soledad difícil de asumir. sabe divertirse; ahora existen bodas que no se pueden entender". La
Entre los tuaregs Kel Ferwan y sus vecinos de Agadez, la conversa- sospecha pesa sobre esos matrimonios. Esa clandestinidad sonora no
ción es, en ciertas horas, un arma contra los peligros del silencio. En el consigue disimular acontecimientos inconfesables: desavenencias entre
desierto viven "los esuf,, seres nefastos que merodean los lugares donde los cónyuges, conflictos entre los parientes...

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La batahola ritual de la boda hace alarde del alborozo y consolida beles, etc.) o bien instrumentos musicales (matracas, tambores, etc.). Se
públicamente el matrimonio, pero también participa del cambio de recurría a todo lo que era susceptible de participar en la demostración
estatuto de la joven, "disyunción llena de riesgo", que, según Lévi- sonora para hacerle la vida difícil a la pareja y expresar públicamente
Strauss (1964, 293), acompaña y simboliza el estrépito, que aleja las la reprobación. Una vez llegados al domicilio de las víctimas, los
instancias negativas y convoca la fecundidad y la abundancia para la integrantes del cortejo hacían un alboroto ensordecedor hasta que se les
pareja. El silencio sería signo de esterilidad, de peligro o la implícita daba de beber o se les ofrecía dinero. La ruptura del régimen sonoro, y
confesión de alguna conducta culpable. en especial del silencio de la noche, era una manera acústica de destacar
El sonido opuesto al silencio, si es deliberadamente elegido por el la falta de armonía en las relaciones sociales, para hacer volver a los
individuo o la comunidad, posee una virtud de conjura contra el silencio autores de la perturbación a una mayor humildad o para integrarlos,
percibido como un mundo en el que la humanidad ha perdido sus prerro- pese a todo, mediante una gestión simbólica.
gativas. ' 5 El ruido es entonces un llamado al orden de un sentido que
Por las molestias que provocaba, la cencerrada confería al aconteci-
amenaza con deshacerse.
miento una temible publicidad que exponía a sus víctimas a que se les
cayera la cara frente al resto del grupo. Al entregar dinero, es decir, al
realizar una indemnización honorable, compraban el silencio de los jó-
El alboroto deliberado
venes, los resarcían pagándoles el precio por haberse apartado de las
como llamado al orden del sentido
normas. Ajuicio de la juventud, el ruido era una metáfora del no-sentido;
el "ruido" que envolvía entonces la comunicación en el medio pueblerino
El sonido que penetra y fuerza la interioridad a veces está cargado de expresaba la ruptura del lazo social. El estrépito ritual no impedía la in-
poder y entonces puede modificar la relación del hombre con el mundo. fracción a las costumbres, sino que "la señalaba objetivamente" y "la
Poseer la emisión es una garantía de la reducción de los demás al contrabalanceaba metafóricamente", dice Lévy-Strauss. Más allá de los
silencio. El sonido es un instrumento de poder bajo dos aspectos: por la casos de matrimonios de gente que había enviudado, sin duda servía
confiscación de los medios para propagar el monopolio de la palabra y también para aplacar los espíritus del difunto, acompañaba las "conjun-
también por el acoso que se ejerce sobre quienes no tienen los recursos ciones difíciles" (Lévy-Strauss, 1964, 293). La cencerrada era una re-
para alejarse de él. O bien se encarcela en un régimen sonoro o bien se sistencia mediante el sonido que perduró hasta comienzos del siglo xx,
hace callar al otro. Se trata de dos modalidades de presión radical sobre a pesar de la oposición de la Iglesia y del poder civil. En la actualidad
los individuos o los grupos, de dos empleos políticos del sonido. adopta la forma de las manifestaciones, con sus consignas, los silbatos,
Una conducta ruidosa reveladora de un empleo político era la de la los abucheos que consolidan a la multitud y que se alternan por medio
cencerrada, manera tradicional de romper el silencio, en el sentido de los altoparlantes. La cencerrada conoce otras versiones; así, durante
literal del término, mediante una batahola organizada. Ritual de escarnio los tiempos de la dictadura militar en Brasil, los habitantes de las
y de obscenidad que reclamaba una producción sonora aparentemente ciudades golpeaban sus cacerolas o hacían un alboroto ensordecedor
desordenada, se orientaba a manifestar públicamente la desaprobación algunas noches. Un concierto de bocinas saludaba el paso de algún
de conductas moralmente reprensibles a juicio de la comunidad, pero comandante detestado por la población.
que la ley escrita no condenaba: parejas mal avenidas (diferencias de La cencerrada sonora era un intento simbólico de anulación del
edad, de condición, etc.) que hacían sospechar un ma-trimonio por desorden, ya fuera social o cósmico. Se orientaba a conjurar las amena-
interés, elección de un cónyuge que no pertenecía al círculo de la zas anunciadas por la ruptura de las familiaridades. C. Levy-Strauss
comunidad, nuevo matrimonio de un viudo o de una viuda, inconducta destaca el estrépito que realizan ciertas sociedades tradicionales en oca-
del hombre o de la mujer, etc. Los jóvenes del pueblo se reunían y se sión de los eclipses, manera de señalar también así "una anomalía en la
dirigían al domicilio de sus víctimas en una marcha tumultuosa, cadena sintagmática" (pág. 295). M. Godelier describe el batahola que
haciendo la mayor cantidad de ruido posible, gritando, vociferando, realizan los baruyas de Nueva Guinea en el momento de un eclipse:
insultando, blasfemando, cantando, llamando la atención del conjunto "Comprendí a través de aquellos gritos que la luna estaba "a punto de
del vecindario. Se golpeaban de manera caótica los utensilios de cocina morir". Inmediatamente después de que esos gritos fueran pronuncia-
(cacerolas, marmitas, calderos, etc.) o de trabajo (hoces, azadas, casca- dos, desde todas partes de la aldea se alzó una cencerrada producida con
objetos que eran golpeados y con sostenidos clamores. Después de un
15 Sobre la antropología del silencio, cf. Le Breton, (1997). largo minuto, volvió el silencio" (en Le Goff, Schmitt, 1981, 347). Esas
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a los dioses o a los espíritus, etc. La iglesia hizo campanas o, a veces,
conductas acústicas de conjura de una amenaza se reencuentran en gongs, badajos o carillones, una práctica eminente desde el final de las
varias fiestas calendarias de las tradiciones europeas y de manera persecuciones a manera de convocatoria a los oficios religiosos (Illich,
moderna cuando llega el fin de año; entonces, en las ciudades se 2003, 131). En Tebas, junto al Nilo, Pacomio llamaba a sus monjes con
escuchan conciertos de bocinazos, la explosión de innumerables petar- la trompeta sagrada de los egipcios, mientras un novicio golpeaba las
dos, el encendido de fuegos artificiales, etc. puertas de cada celda con "el martillo para despertar". En 638, cuando
L.-V. Thomas percibe los funerales en África occidental como una los árabes conquistan Jerusalén, limitan severamente la liturgia cris-
conjugación de ruidos deliberados que tienden a oponerse a la muerte. tiana, prohiben las campanas, cuyas vibraciones —según creen— pertur-
El desorden de los hombres replica el desorden de la muerte, en una ban los espíritus invisibles de los muertos que deambulan por los aires.
especie de regreso al caos inicial, de donde emerge el renacimiento al Cuando Godefroy de Bouillon y sus cruzados entran a Jerusalén en
cabo de la ceremonia: "Golpeteo de manos, sonidos de trompas, disparos, 1099, la ciudad desconocía el uso de la campana, que por entonces era
tambores, cencerros y castañuelas se suceden o se agregan a los cán-
corriente en Europa. La convocatoria de los fieles se realizaba mediante
ticos, a los gritos y a las palabras en una batahola de la que difícilmente el choque de dos palos colgados (íd. pág. 135). La Europa cristiana
podría darse una idea. Y todo eso con tanta mayor intensidad y con tanta resulta unificada acústicamente por el sonido de las campanas, que no
mayor duración en la medida en que el muerto es más viejo y más demoran en jalonar casi por todo el mundo el avance de los misioneros
influyente. En determinados momentos, con el ritmo desenfrenado con sus signaturas simbólicas.
de los tambores y la ayuda de libaciones de vino de palma, todo el Las campanadas envuelven a las comunidades con sus manifestacio-
auditorio es llevado a una atmósfera de kermés, donde cada cual nes regulares y constituyen focos de identidad; su irradiación reúne la
participa del ruido a su manera para hacer valer su presencia" afectividad colectiva subsumiéndola bajo un símbolo. "Había días en
(Thomas, 1982, 165). que el ruido de una campana que daba la hora llevaba en la esfera de
Si el alboroto organizado es una respuesta al desorden del mundo, su sonoridad una placa tan fresca, tan poderosamente impregnada
una recuperación simbólica de sus condiciones de existencia por parte
de humedad o de luz que era como una traducción para ciegos o, si se
del hombre, la producción deliberada de silencio, en otras circunstan-
quiere, como una traducción musical del encanto de la lluvia o del
cias, participa de una misma lógica de sentido. M. Douglas observa en
encanto del sol. Si bien en aquel momento, con los ojos cerrados,
los leles la imposibilidad que tienen las mujeres para producir durante tendido en mi cama, me decía que todo puede transponerse y que un
la noche los ruidos que los alimentan cotidianamente, como por ejemplo universo solo audible podría ser tan variado como el otro".'" "El arte
moler el grano después del crepúsculo. Las emanaciones sonoras atraen del fundidor modeló el sonido de la campana, cuyo alcance modeló,
la atención de los espíritus, que se enfurecerían con ellas. Los sonidos a su vez, el lugar y amplió el dominio al que la gente pertenece" (Illich,
que desafortunadamente sean emitidos configuran una apertura a su 2003, 127).
nefasta intrusión. Lo que perturba es un régimen sonoro inusual, una Durante mucho tiempo, las campanadas eclesiales modulan el espa-
ruptura del acostumbrado orden del mundo. cio emocional del grupo. En las campiñas medievales, por lo menos
hasta el final del Ancien Régime, "había un sonido que predominaba por
encima de todos los ruidos de la vida activa y envolvía todas las cosas con
El sonido como umbral: orden y serenidad: el sonido de las campanas. Eran los buenos espíritus
el ejemplo de las campanas que, con sus conocidas voces, anunciaban la alegría, el duelo, la tranqui-
lidad o el peligro Se las llamaba por sus nombres: la gorda Jacquelin, la
La emisión de sonidos particulares a menudo es percibida como la campana Roland; se conocía el significado de las diferentes campana-
transposición de un umbral, el anuncio del pasaje de una dimensión . a das" (Huizinga, 1980, 10). Al igual que los niños, era bautizada antes de
otra en las actividades colectivas. La primera campana que se puede que dejara oír un carillón que solo le pertenecía a ella con la particula-
datar se remonta al 1250 a. C. en China. Sus usos eran entonces políticos ridad de su timbre, que el vecindario sabía reconocer entre mil otros que
o militares. La campana tiene la ventaja de atraer la atención por sus podían llegar a escuchar en sus viajes. La ceremonia comenzaba con una
claras percusiones, que cortan con la sonoridad ambiente. Numerosas bendición para expulsar los espíritus impuros adheridos al metal, que
sociedades recurrieron a ella para dar una señal, para advertir a la había sido sustraído a las entrañas de la tierra. La plegaria la purificaba
comunidad, para indicar el desplazamiento de los animales, para
"M. Proust, La Prisonniére, Livre de Pocha, París, pág. 144.
pautar las ceremonias religiosas, para purificar el espacio, para llamar
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para hacerla digna de difundir los sonidos que movilizarían a la fe. La
campana era untada con crisma. Por debajo de su orbe, se rociaba el la sacralización del espacio y del tiempo" (Corbin, 1994, 25). En pocos
lugar con plantas aromáticas. El léxico que designa sus partes compo- años, las tradiciones sonoras resultan perturbadas y la cultura sensible
nentes en francés, en los dialectos occitanos, en italiano o en español, le se ve obligada a una recomposición. Las emociones colectivas ya no son
pide en préstamo términos al cuerpo humano: cabeza, cerebro, frente, alternadas por las escansiones regulares de las campanas, que las
orejas, boca, garganta, trompa, panza, espalda, etc. Y la propia campana anunciaban al vecindario y restablecían los hilos encastrados de la
resulta afectada por perturbaciones en la elocución cuando el sonido memoria. La resistencia de las comunidades rurales, aliadas con el clero
cojea, se ensordece, etc. (Charuty, 1985, 129 y ss.). El rito jalona un en contra de los representantes del Estado, permitió que en varios
progresivo apartamiento del silencio, se orienta a un parto sonoro de la lugares las campanadas continuaran haciéndose escuchar a pesar de la
campana. En el pensamiento tradicional, las cuerdas vocales y las que represión (pág. 37 y ss.). El rechazo era intenso y así, en el verano de
sacuden los badajos de la campana no resultan muy diferentes. 1800, el adjunto de una comuna de Ille-et-Vilaine, por ejemplo, le
El bautismo de los niños a veces se realizaba bajo las campanas de la transmite al prefecto "el pedido reiterado y cotidiano que todos los
iglesia: "Una pariente o amiga sostiene al niño lo más cerca posible del habitantes me formulan unánimemente para que puedan seguir gozan-
campanario, donde las campanas redoblan alegremente. En ciertas do del sonido de las campanas" (pág. 81).
comarcas, el propio padrino las hace sonar. Cuanto más hace oír su voz La lógica republicana entendía unificar la nación en las preocupacio-
la campana, menos riesgos corre el niño de quedar sordo y mudo: el nes terrenales y tenía muchas dificultades para adaptarse a los restos
gorjeo de las campanas ingresa a la lengua del recién nacido" (Charuty, de una simbólica religiosa asociada con el
Anejen Re'gime; se esforzaba,
1985, 125). En otras partes de Francia, sobre todo en Bretaña, no solo a menudo vanamente, por romper las viejas referencias, las tradiciones
se ponen en juego las campanas de la iglesia, sino también las "ruedas en vigor, imponiendo sus costumbres propias dentro del espacio y del
con campanitas" incrustadas en los muros del edificio religioso, las que tiempo de los hombres. En ejercicio de su autoridad, modifica los sím-
forman un carillón cuando se las acciona mediante una cuerda. La bolos y los desplaza hacia una lógica civil de celebración de la comunidad
claridad del sonido engendra la facilidad de una palabra a partir de nacional. Las campanas, como instrumentos iniciales de comunicación,
entonces arrancada al silencio o a la confusión. Poseen la facultad de cu- a menudo son reemplazadas por el tambor, pero éste está lejos de
rar la sordera. El éxito a veces supera todas las esperanzas: un disponer del poder emocional de las campanadas. "La sonoridad repu-
folklorista señala que conoció "a una buena madre de familia que, varias blicana no es la de la campana, sino la del tambor; ahora bien, éste no
veces había recurrido a ese medio en favor de su hijo mayor; al final logró tiene el mismo alcance que su competidora. Conviene, pues, no solo
tanto éxito, y su hijo se volvió tan charlatán, que fue obligada a hacer prohibir el uso religioso de las campanadas, sino también desacralizar
girar la rueda al revés para moderar un poco su locuacidad" (Charuty, las señales de la campana y transformar la naturaleza de las emociones
1985, 125). Sin duda, las diferentes formas de campanitas en miniatura que suscita" (Corbin, 1994, 36). Prohibición o regulación estricta de las
o de sonajeros, más allá del placer del juego y de la estimulación sonora, campanadas, imposición de una sonoridad republicana enfrentada a la
manifiestan la misma inquietud por propiciar con su ejemplo que el sonoridad religiosa, una serie de medidas se eslabonarán a lo largo de
lenguaje del niño surja sin tropiezos. los sucesivos poderes para reducir las campanas a silencio o reservarlas
La vinculación de las campanas con una cultura religiosa crea para usos civiles. El 8 de abril de 1802, la campana mayor de Notre-
desacuerdos entre las sensibilidades colectivas. En Francia, la Consti- Dame da cuenta de la publicación del Concordato y de la firma de la paz
tuyente decidía a comienzos del verano de 1781 la fundición de las de Amiens, que ponía a fin a diez años de silencio. De inmediato, las
campanas de las iglesias o de los conventos para convertirlas en campanas de la capital celebran a su vez el recuperado permiso para
moneda, lo que revela una larga lucha entre la sociedad civil y la redoblar, pese a que de entonces en adelante obispos y prefectos tu-
sociedad religiosa (o simplemente el apego de los hombres a las sonori- vieran que ponerse de acuerdo para llegar a un entendimiento (pág. 45
dades tradicionales de sus pueblos y sus ciudades). Entre el verano de y ss.).
1793 y el verano de 1795 —escribe A. Corbin—, la República reanuda la Una vez restablecidas las campanas, aunque en menor cantidad,
tradición del sacrificio de las campanas para fundirlas y fabricar volvieron a sonar, en algunas partes de manera libre, en otras más
cañones. "Los dirigentes del nuevo régimen no ordenan aún el silen- controladas por las autoridades civiles, a menudo sobre un fondo de
ciamiento de las señales religiosas, sino que procuran reducir el poder de tensión con las
poblaciones apegadas a su sonido. La modificación del
emocionar y de ensordecer hasta entonces reservado al clero, y de impedir mapa de parroquias y comunas llevó al retiro de campanas en un
centenar de pequeñas comunas, provocando heridas en la identidad.
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"Impusieron una transferencia de las referencias territoriales y una ni que tan a menudo se las haga repicar durante el día o la noche. Según
perturbación de las identidades, entre las que la desaparición de la las ciudades y pueblos, se van estableciendo compromisos para satisfa-
campana constituye la manifestación más espectacular. La nostalgia cer a unos y a otros.
del instrumento, arrancado de un campanario que enmudecía para ser Al cabo del siglo xix, la voluntad de ordenar esas disparidades re-
colgado en la torre de la iglesia de otra comunidad, a menudo percibida gionales, de desacralizar el uso de las campanadas, de suprimir gran
como rival, señala la dificultad de conexión o, si se prefiere, de transfe- número de ellas, preocupa a las autoridades civiles, que bien desearían
rencia de identidad" (Corbin, 1994, 56). Las rivalidades de campanario tener su monopolio (Corbin, 1992, 155). De allí los numerosos conflictos
se avivan aquí en el simbolismo de los sonidos y de su poder. Los pueblos entre el alcalde y el cura, entre lo profano y lo sagrado, lo cívico y lo
despojados se quejaban del "rapto" de sus campanas, manifestando así, litúrgico o incluso entre iglesias competidoras. J.-P. Guitton da cuenta
con el empleo de ese término, la connotación sexual de la operación. Las así del estado de intensa querella durante el Delfinado entre protestan-
rivalidades sonoras entre una comunidad y otra fortalecen el simbolis- tes y católicos por el dominio simbólico del sonido. Los protestantes "por
mo. El poder de una campana que invade el espacio sensible es una su sola autoridad elevaron las campanas por encima del templo y las
manera de marcar la ascendencia. Las disparidades de resonancia hacen sonar a una misma hora y de una misma manera que las de la
provocan humillaciones y avivan las prevenciones entre comunidades. parroquia, y corno el templo domina sobre la iglesia, además del des-
Y la reducción a silencio de sus campanas afecta dolorosamente a los honor que de ello recibe la casa de Dios en semejante proximidad, esa
hombres. De ahí la práctica corriente de la confiscación de las campanas confusión es causa de desprecios que preocupan a los católicos, que tie-
de los vencidos a cargo de los jefes guerreros vencedores, quienes las nen que sufrir impacientemente que una religión que solo es tolerada
distribuían o las fundían para forjar nuevos cañones, a menos que les triunfe insolentemente con un fasto comprobado de marcas exteriores
permitieran a los notables del lugar volver a comprarlas (Corbin, 1994, que la verdadera, que es la del Rey y la de todos, pues se reúnen todos
22). 17 La derrota se traducía entonces por una amputación del universo los días dos veces al sonido de la campana en contra de la práctica de las
sonoro familiar, los puntos de referencia eran golpeados en su corazón otras iglesias" (en Guitton, 2000, 30).
y cada día recordaba simbólicamente a la comunidad una memoria Estas tensiones muestran el apego de las comunidades a sus campa-
sensible de su identidad alterada. nas y los conflictos de las que aún son objeto. Por otra parte, A. Corbin
Durante mucho tiempo, las campanadas y el tictac del reloj dieron su abre su obra recordando una intensa querella en una comuna rural de
ambiente sonoro y su identidad al hombre común. Corbin recuerda que Normandía en 1958, luego de la restauración de un campanario dañado
en el siglo xIx la lucha contra el ruido era una preocupación menor con por los alemanes en 1944. Se trataba de reservar el uso de la sirena para
respecto a la que se libraba contra los malos olores. Sin embargo, las los incendios y para los ejercicios de los bomberos y de suspender la
quejas contra las campanadas son de antigua data; J.-P. Guitton (2000) costumbre de hacerla sonar todos los mediodías. El consejo municipal
da algunos ejemplos ya del siglo xvii. Corbin señala, para el siglo xix, dos decidió que a partir de entonces bastaba con el ángelus. Pero una frac-
circunstancias de intolerancia ante las campanadas. En tiempos de ción de la población protestó y reivindicó la preferencia cívica por la
epidemias, las autoridades cancelaban a veces las campanadas fúne- sirena. Los campesinos sobre todo se habían acostumbrado a ella, con-
bres, no a causa del ruido, sino para no preocupar a los sobrevivientes siderándola un símbolo de la modernidad. Algunos denunciaban el
ni, sobre todo, a los enfermos. Por otra parte, en zonas rurales a veces menor alcance de las campanas. Quienes vivían cerca de donde estaba
la gente se molestaba en verano a causa de las campanadas verpertinas, instalada la sirena se regocijaban con la posibilidad de no ser molesta-
pues se levantaban temprano por la mañana y se acostaban poco dos más con sus estridentes llamados (págs. 12-13). Durante un año la
después de la puesta del sol. A la inversa, en la ciudad eran las guerra de los sonidos causó estragos. Los campesinos llegaron incluso a
campanadas matutinas las que molestaban. A menudo los prefectos ocupar la alcaldía en nombre del derecho a la sirena. Mientras tanto, el
prohibían que se las hiciera sonar antes de las seis de la mañana. Las alcalde murió de un infarto. Finalmente, el conflicto fue resuelto. Las
denuncias por molestias provocadas por las campanadas se inscriben en campanas sonarían al mismo tiempo que la sirena. Por otra parte, los
el marco más amplio de la oposición de las elites a las cencerradas o a alcaldes trataron de disponer de campanas y de ejercer dominio sobre
la batahola que caracterizaba al pueblo. La "civilización de las costum- uno de los simbolismos esenciales de la ciudad. Al lograrlo, además de
bres" prosigue su ofensiva e integra lentamente la preocupación por las en los momentos tradicionales de la vida civil de los integrantes de la
campanas. Las elites piensan que no es necesario que suenen tan fuerte comunidad, también podían sonar por ejemplo en ocasión de divorcios
o de la adopción de un niño. Así nacían conflictos entre campanadas
17 1,a práctica se mantenía aún durante la Segunda Guerra Mundial.
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"religiosas", al servicio del cura, y campanadas "civiles", al servicio del Hasta hace poco tiempo, en los países católicos el ángelus sonaba tres
veces por día, interrumpiendo los trabajos en los campos o las conversa-
alcalde y del consejo municipal.
De acuerdo con las reglas de las diócesis, un lenguaje sonoro diferente ciones. Pero la escucha de la campana pierde progresivamente su as-
de una región a otra impone un desciframiento particular según el cendiente a partir de fines del siglo xix, cuando la cultura de campanario
momento, el timbre, el ritmo, la duración de la campanada. La campana se reduce a su más simple expresión. El espacio sensible asiste a la dis-
reafirma un significado común y propio del grupo, participa del lazo minución del sonido de las campanas. La creciente importancia de la
social mediante las informaciones que dispensa en el espacio y la autoridad municipal, el retroceso de lo religioso, la llegada de ruidos
competencia auditiva que exige de sus integrantes. Las campanadas inducidos por las máquinas a vapor, luego por las máquinas eléctricas,
convierten en lenguaje accesible para el conjunto de la comunidad las los vehículos, la posibilidad de recurrir a la sirena al cabo del tiempo
peripecias que pautan la existencia de sus integrantes, reclaman la fueron reduciendo lentamente el impacto emocional de las campanas y
sensibilidad colectiva al anunciar el paso del tiempo, los límites del las han sumido en el desuso teñido de nostalgia con que las considera-
territorio, los honores que se conceden, las ceremonias que se celebran, mos en la actualidad. En las ciudades resultan ahogadas por el ruido de
las reuniones, la alarma, el alborozo. El toque a rebato advierte sobre los fondo del tránsito, amortiguadas por los altos edificios que cortan la
peligros que amenazan a la comunidad o llama a la población para que difusión de su sonoridad. Hoy en día aún reinan a veces en los pueblos
se reúna en la plaza del pueblo. Los hombres nacen, crecen, se casan, o en las ciudades, pero en menor medida, a causa de la erosión de las
mueren en una misma trama sonora que acuna las liturgias y los acon- creencias religiosas tradicionales. Sus campanadas han cambiado de
tecimientos de su vida personal o de sus vecinos, los oficios religiosos, significado. Aún pautan el transcurso del tiempo y a veces resultan
desde bautismos hasta defunciones, desde alarmas locales a los dramas o preciosas por su recuerdo de la duración, para identificar el momento del
a las alegrías de la nación, desde fiestas patronales a las fiestas locales día o conocer la agenda de un barrio o de un pueblo: bautismo, boda,
o incluso al barrido de las calles, el paso del cobrador, el comienzo de la ceremonia fúnebre. Un lenguaje sonoro desgrana las noticias del día y
escuela. Las peripecias locales repercuten en el espacio a través de un dispensa un calendario en el espacio. Pero, a partir del hecho de la
lenguaje sonoro. Las campanas también ejercen una influencia meteo- descristianización, dejaron de ser un recuerdo de la trascendencia y
rológica; sus carillones alejan las tempestades, las granizadas, las algunos les reprochan ahora ser ruidosas y de participar en la contami-
tormentas. nación sonora. En numerosas ciudades o pueblos han quedado reduci-
Señalan, advierten, alarman, reúnen, son el primer instrumento de das al silencio como consecuencia de las quejas. En ese sentido, F. Mu-
comunicación que consolida a la comunidad en torno a una referencia rray Shafer observa que en Vancouver, sobre las 211 iglesias, en la época
común. "Sin el estudio minucioso de las campanadas —escribe A. Cor- (1979), 156 ya no tenían campanas. Y entre las del primer grupo, solo
bin—, no se podrían percibir con precisión los ritmos de la existencia de once las hacían sonar. Veinte disponían de carillones eléctricos o de
música grabada.
los hombres de campo, la configuración experimentada por los territo-
rios, el consentimiento y la resistencia ante la expresión de las jerar-
quías y, sobre todo, las sutilezas de una retórica que estructura, en la El sonido
misma medida que el rumor, los procedimientos de la comunicación"
(pág. 267). Sin competencia, ninguna otra fuente sonora atenúa el im- como instancia de transición y umbral
pacto psíquico y afectivo de las campanadas. Todavía en el siglo xix, en
una época en que los "relojes de pulsera" eran escasos, el transcurso del Todo fenómeno social de transición convoca la percusión. El sonido posee
tiempo era pautado por las campanadas de la iglesia y el sonido del reloj la virtud de romper la temporalidad anterior y crear de entrada un
de pared. De tal modo que el tiempo del cuerpo y el tiempo civil a veces nuevo ambiente, de delimitarlo y unificar un acontecimiento entre sus
entran en conflicto cuando, luego de los cambios horarios del verano, manifestaciones. La ruptura acústica traza una línea de demarcación y
aparecen diferencias sensibles entre el tiempo de los hombres y el de sus transforma la atmósfera de un lugar. Funciona como indicador de un
referencias sonoras (Corbin, 1994, 114 y ss.). Así, el desplazamiento de pasaje. Los instrumentos son múltiples y van desde el golpeteo de manos
la hora del ángelus no debe contradecir los movimientos del sol, es decir, o de los pies a los petardos, a los címbalos, a los gongs, a las campanas o,
perturbar las impresiones sensoriales de la gente de campo. La campa- sobre todo, al tambor, o incluso a la voz, a la música que se difunde por
nada modifica la duración del trabajo, pero sin perturbar demasiado los altoparlantes, etc. El comienzo o el final de un ritual, aun en períodos
ritmos físicos de los hombres. diferentes dentro de una misma ceremonia, reclaman una escansión

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sonora que delimite el tiempo, a menudo una percusión. "La principal otro instrumento de percusión, sino, al contrario, por instrumentos
característica de los instrumentos de percusión tiene que ver con su melódicos (297 y ss.). Ni el frenesí ni el choque brutal de los sonidos de-
monotonía, lo que los vuelve inadecuados, por sí solos, para un uso sencadenan necesariamente la crisis. En una misma ceremonia todos
melódico, pero los hace eficaces para el ritmo" (Jackson, 1968, 296). escuchan la misma música, pero /solo entran en trance los adeptos
La música, entendida en sentido amplio, mantiene relaciones fuertes iniciados; los demás se atienen a su rol. "Esto no quiere decir que el
y ambivalentes con el trance o la posesión. Aveces es indispensable para tambor nunca sea responsable de la entrada en trance; solo significa que
la crisis; en otros momentos o en otros lugares resulta inútil. Interviene cuando está presente, se debe a razones de otro orden" (Rouget, 1980,
en todas las secuencias de la ceremonia o solo en algunas de ellas. Los 253).
sistemas sonoros que la acompañan son múltiples, yendo del minima- El trance ya no está subordinado a la música mediante hechos de
lismo de la campana o del sonajero a los estrépitos de los címbalos, de "ritmo, de dinámica o de melodía" (123). Los quiebres del ritmo son
los tambores o los violines, pasando por muchos otros instrumentos. A corrientes, sin ser universales. La aceleración del tempo a menudo va
veces la voz, los cánticos, se mezclan con los movimientos de quienes aunada con el aumento de la intensidad del sonido, tal como en el
están en contacto con el más allá. Los sonidos emitidos elaboran entre candomblé brasileño,' en el ndbp de Senegal o en Bali, en el Tibet y en
los músicos, los hombres y las mujeres en plena crisis, una comunica- muchas otras partes. Pero la dramatización de la música por crescendo
ción, una resonancia fundada en el hecho de compartir un mismo código. o accelerando no es en absoluto la regla. G. Rouget señala irónicamente
Para R. Needham (1967), la apertura al otro mundo que caracteriza que no se ha observado ningún caso de trance en una sala de conciertos
al chamanismo, la posesión u otras ceremonias basadas en ritos de con motivo de la audición del Bolero de Ravel (133). Al evocar a los
pasaje se efectúa por intermedio de instrumentos de percusión. Según vendas de África del Sur, J. Blacking señala que "los ritmos que excitan
Needham, los que actúan no son ni la melodía ni el ritmo, sino la cua- en las danzas de posesión no hacen entrar en trance a todos los vendas.
lidad fisiológica inherente a la percusión, que es independiente de Únicamente ponen en trance a los integrantes del culto y solo cuando
cualquier condicionamiento cultural. "No hay duda de que las olas de so- bailan en sus propias casas, donde resultan familiares los espíritus de
nido no tienen un efecto neurológico ni orgánico en los seres humanos, los ancestros que ellos poseen. El efecto de la música depende del con-
sea cual fuere su cultura". La reverberación producida por los instru- texto en el cual es al mismo tiempo ejecutada y escuchada" (Blacking,
mentos musicales no solo tiene efectos estéticos, sino sobre todo orgáni- 1980, 54). Sin embargo, no sería posible desdeñar su incidencia simbó-
cos" (Needham, 1967, 610). Otros autores defienden la tesis de que el lica cuando se reúnen las condiciones para el advenimiento de la crisis.
trance es provocado por sonidos susceptibles de actuar sobre el ritmo J. Blacking cuenta que una vez, mientras tocaba el tambor, los poseídos
alfa del cerebro o por una perturbadón del oído interno. fueron saliendo a la arena. Una mujer de edad también participó y luego
Pero el trance o la posesión no son inducidos por una propiedad de algunos minutos se rebeló contra el músico improvisado. "Pretendía
acústica particular dotada del poder biológico de poner a los hombres en que yo impidiera que la música hiciese su efecto al precipitar el tempo
movimiento. La eficacia de los ruidos emitidos en un contexto preciso no lo suficiente, presumo, para impedir la llegada del trance" (54).
tiene que ver con su naturaleza, sino con su organización coherente y Ninguna melodía en particular posee virtudes universales en el
significativa para la comunidad humana que los escucha. Si los sonidos acompañamiento del trance. En diversas ceremonias resulta, por el con-
surgidos de la percusión operan el pasaje a la temporalidad específica trario, convocado por un ritmo o una melodía específica, en la que el
de los rituales, ello es debido a su sentido, no a su sonido. Numerosas poseído reconoce a su divinidad. En el sur de Italia, cada bailarín de
ceremonias que ponen a los hombres en contacto con los dioses se tarantela reacciona ante la tonada que caracteriza a su tarantela. Los
realizan sin instrumentos de percusión. Al examinar una larga serie de músicos ensayan una serie de tonadas o de cantos surgidos del reperto-
datos etnológicos, G. Rouget (1980) demuestra que la capacidad de ac- rio tradicional. Al oír "su" melodía, se pone en movimiento (De Martino,
ción de la música en el trance o en la posesión no surge ni de una 1966). Son "lemas musicales" o "verbales" que provocan la posesión. A
vocalidad ni de un instrumento en particular. El tambor no es en ningún veces, como en el caso de los thonga, "cada persona poseída inventa un
caso el único instrumento empleado, pese a que a menudo los textos canto que será a partir de entonces el suyo y por medio del cual las crisis
consagrados al chamanismo evoquen su presencia. Se ponen en juego o los trances serán provocados o curados" (H. A. Junod, citado en Rouget,
sonajeros, campanas, gongs, violines, instrumentos propios de culturas 1980, 154). Pero ningún ritmo, ningún instrumento, posee el poder de
específicas. G. Rouget toma también el ejemplo de la manía en la Grecia mover de inmediato a los adeptos que lo reconocen, incluso aquellos que
antigua, donde la crisis no es inducida en modo alguno por un tambor u se encuentran directamente involucrados, puesto que se trata de su

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la música tecno de una raye que le párece insoportable, mientras que la
lema personal. Solo se entra en trance si se reúnen las condiciones misma suscita la exaltación y un estado cercano al trance en los afi-
propicias. Pueden no estarlo si el individuo se encuentra en situación de cionados a las rayes. La creencia en las facultades de la música y las
impureza, si diferentes adeptos son capaces, en una misma ceremonia, expectativas propias del grupo son las que potencian sus efectos físicos.
de encarnar a la misma divinidad, a la que se espera en la escena del cul-
to. Suele ocurrir también que pese a los esfuerzos de los músicos, el
trance se les escabulla a los adeptos. Por alguna razón, la divinidad no Creaciones del mundo
quiere hacerse presente y el hombre o la mujer encargados de encarnar-
la resultan impotentes para entrar en su piel. La música no tiene "Dios dijo: 'Que sea la luz' y la luz fue. Dios vio que la luz era buena, y
incidencia alguna si se la escucha fuera de las circunstancias vinculadas Dios separó la luz de las tinieblas. Dios llamó a la luz 'día' y a las tinieblas
con la ceremonia; solo actúa si se reúnen las condiciones propicias `noche". Y así, palabra tras palabra, Dios instituyó el mundo. El
enumeradas por la cultura. Evangelio de San Juan retorna desde el comienzo la consigna: "Al
Recordemos que el chamán tuvo conocimiento de su vocación durante comienzo era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Al
las crisis que le sobrevenían en plena soledad, en un contexto donde comienzo estaba con Dios. Todo fue a causa de él y sin él nada habría
ninguna música, ningún tambor, se encontraba en sus inmediaciones. sido". En diferentes sociedades humanas, la creación del mundo es
Poco a poco fue aprendiendo que los mismos testimoniaban su encami- descripta bajo la forma de una acción sonora. Cuando un dios formula
namiento hacia el poder de curar o de encontrar a los dioses. La ini- el deseo de modelar a otro dios o al hombre y a los animales, o al cielo y
ciación, debida a un par, cristalizó esa virtualidad, la canalizó, dio la tierra, interviene un elemento acústico para tal acción. Canta, grita,
finalmente sentido a lo que antes solo era desorden. El dominio de la sopla, habla o ejecuta algún instrumento musical. "El abismo primor-
música llegó en ese momento, para ritualizar el trance. Si bien el tambor dial, las fauces abiertas, la caverna cantarina, el singingo supernatural
sagrado del chamán (u otro instrumento en su lugar) es fundamental, ground de los eskimos, la grieta en la roca de los Upanishads o el tao de
no basta en sí mismo para convocar automáticamente al trance. "El rol los antiguos chinos, desde donde el mundo emana 'como un árbol', son
de la música consiste mucho menos en suscitar el trance que en crear imágenes del espacio vacío o del no-ser, de donde se alza el aliento ape-
condiciones favorables para su eclosión, para regularizarlo y hacer de él nas perceptible del creador. Ese sonido, surgido del Vacío, es el producto
una conducta ya no solo individual, imprevisible e ingobernable, sino, de un pensamiento que hace vibrar a la nada y, al propagarse, crea el
por el contrario, dominada y al servicio del grupo" (Rouget, 1980, 435). espacio", escribe M. Schneider (1960, 133).
El efecto psíquico de los sonidos es la consecuencia de su eficacia Los dioses egipcios nacen del sonido, luego de ser llamados por Alón-
simbólica, no de un efecto acústico. No es una sensación en funciona- Re. Un mito estonio da cuenta del origen de las innumerables voces de
miento, sino un signo, es decir, una percepción vinculada con un sentido la naturaleza merced a la llegada del dios del canto, quien un día baja
eminente para el adepto, un sonido que identifica, pues se le ha en- al Domberg e invita a todas las criaturas que se encuentran allí a
señado a reconocerlo y a actuar en consecuencia. "El condicionamiento comenzar a cantar. Entonces, cada una recibe un "fragmento del sonido
de la música al trance no surge de una obligación natural, sino de un celestial: la tela, su murmullo; el torrente, su rugido; el viento aprende
arbitrario cultural" (Rouget, 1980, 302). El trance es desencadenado por a repetir sonidos estridentes y los pájaros, los preludios de sus cantos.
el canto o la palabra, una particularidad sonora de la música cargada de El pez procuró levantar los ojos lo máximo posible, pero sus orejas
sentido y de afectividad para el adepto, inscripta en una memoria del permanecieron bajo el agua; vio el movimiento de los labios del dios y los
cuerpo. La vehemencia, el ritmo, la percusión u otros datos no intervie- imitó, pero siguió siendo mudo. Sólo el hombre se apoderó por entero de
nen a menos que estén asociados con comportamientos aprendidos. La ellos y así sus cantos penetraron en las profundidades del corazón y se
música es una trama que organiza las ceremonias. Pero la entrada en elevaron igualmente hacia la morada de los dioses" (Chamberlain, 1905,
trance o los movimientos propios de la divinidad no son una invención 120). El poder del trueno a menudo ha sido asociado con los orígenes de
pura o una gesticulación: de hecho, el poseído responde a técnicas del la humanidad: es el caso de los arandas de Australia, los samoyedos y
cuerpo aprendidas durante las iniciaciones. Es llevado por el sentido los koryaks de Asia o el de una serie de pueblos norteamericanos o
antes de serlo por el sonido. Si no hubiera más que sonido, se sentiría africanos. Muchos otros mitos de creación del mundo convocan a la
exterior, como por ejemplo el etnólogo cuando observa las ceremonias
sin sentirse en nada atrapado por ellas, sino por su deseo de comprender. • palabra o al sonido como instancia primordial.
El 007rt o el orn es un término sagrado de los vedas, el sonido que
O como, por otra parte, en un plano cercano, el campesino que escucha
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contiene todo el universo, es el brahmán, el origen de toda actividad, de existencia al mundo" (Chatwain, 1988, 13). El hombre que viajaba
todos los datos. Este sonido no es una invención humana, sino un sonido cumplía un recorrido ritual: "Caminaba tras los pasos de sus ancestros.
primordial, no creado, que escapa a cualquier temporalidad y que solo Cantaba las estrofas del ancestro sin cambiar una sola palabra, ni una
pueden escuchar a veces ciertós místicos, cuando sus espíritus se han sola nota, y así recreaba la creación" (29).
retirado por completo de la sensorialidad profana. Para los hombres Cada lugar es asociado simbólicamente con cantos y con bailes que ex-
comunes, el universo que entregan los sentidos es una pantalla tras la presan su naturaleza y su espiritualidad. Mapa físico y sonoro que vale
cual se halla el sonido de los orígenes, que no es audible a los oídos. "A corno título de propiedad para los aborígenes o, más bien, acto de
es el sonido raíz, la clave, y es pronunciado sin que la lengua toque el soberanía social. Los aborígenes accedieron a la ciudadanía australiana
paladar; es el menos diferenciado de los sonidos. Del mismo modo, todos en 1967, y un decreto de 1976 estipulaba que podían reivindicar una
los sonidos articulados se producen en el espacio entre la base de la tierra con la condición de demostrar que la habitaban desde hacía mucho
lengua y los labios. El sonido de la garganta es la A y M es el último tiempo y que ningún blanco o que ninguna industria o mina se encontra-
sonido, que se pronuncia al cerrar los labios. U encarna el movimiento, ba en el territorio solicitado. S. Crossman y J.-P. Barou (2005, 281 y ss.)
parte desde la base de la lengua y concluye en los labios. Om representa informan acerca de un sorprendente proceso celebrado en Alice Springs,
toda la gama de sonidos, en una forma que ninguna otra palabra es en septiembre de 1979, en el que un grupo de mujeres pretendía lograr
capaz de contenerla, y es el símbolo más justo del Logos, de la Palabra de la Corte el título de propiedad de una tierra. Tenían que demostrar
«que se encontraba en los orígenes»" (Nikhilananda, 1957, 83). La voz que ellas eran la emanación de los lugares tal como el ancestro lo había
que canta el Om ya no es humana, resulta espiritualizada, "se hace co- soñado. Cuando el juez, algo escéptico, las convocó, ellas comenzaron por
creadora, pues, con la voz divina" (Pinard, 1990, 80). Todas las corrien- santificar el estrado del tribunal con puñados de pigmentos ocre-rojizos.
tes del hinduismo, el jainismo o el budismo se reconocen en la santidad "Se colocan a continuación en fila india y avanzan dando pequeños
del Om y en la convicción de que cristaliza la realidad última. "El ob- saltos, saltando con un brazo doblado y apoyado en la espalda, mientras
jetivo que todos los vedas proclaman, al que llevan todas las austerida- que con el otro agitaban una especie de porra que terminaba en plumas
des, por el cual experimentan deseo todos los hombres que llevan una de cacatúas": Luego se desprendieron el corpiño, dejando en libertad sus
vida de continencia [...1 es el Om. Esa sílaba es el brahmán. Esa sílaba senos completamente al desnudo, los que se untaron con grasa de
es el Altísimo. No importa si al conocer esa sílaba el hombre obtiene todo puercoespín. "Entonces, de sus labios comenzó a salir un murmullo
lo que desea. Es el mejor apoyo y el más alto. Quien conoce ese apoyo conquistador, el canto inmemorial de la Ley, de la Awely, cuyas huellas,
resulta magnificado en el mundo de Brahma" (Katha Upanishad, 1, 2, ocres y sinuosas, son el otro rostro". Las mujeres se pusieron a practicar
15-17). bailes, cantos tradicionales que demostraban la larga anterioridad de
En otras partes, ciertos lugares conocidos de una comunidad aborigen sus ancestros sobre aquella tierra, mostraron objetos sagrados y consi-
no resultan forzosamente visibles, pues están lejos. Un mapa permite guieron ganar su causa.
llegar hasta ellos, pero es un mapa auditivo, no se traza en la visualidad La palabra consagrada reconstituye permanentemente al mundo tal
de un recorrido. Se vuelve real mediante cantos susceptibles de ser corno es percibido por un clan totémico y traza líneas de sentido que
actualizados de un clan totémico a otro, cantos que expresan las orien- permiten cumplir un periplo, puesto que las songlines se responden
taciones a seguir. Cada segmento del recorrido está vinculado con otro, unas a otras como consecuencia de los intercambios entre los diferentes
si se encuentran a aquellos que conocen todavía los cantos tradicionales grupos. El canto y la creación conforman una unidad, puesto que la
de la creación del mundo. Son los songlines, los "itinerarios cantados", segunda es una emanación del primero. Cantar una estrofa en el
los que evoca B. Chatwin en Australia. Un inmenso mapa al mismo desorden o equivocándose en los términos es una forma de abolición de
tiempo geográfico y espiritual es poseído en fragmentos por los diferen- la creación. Un informante de Bruce Chatwain dice que en teoría un
tes clanes. Una trama de cantos dibuja las pistas a lo largo de millares hombre que ha partido en walkabout puede así atravesar toda Australia
de kilómetros. Cada iniciación vuelve a fundar el mundo de los ances- solicitando únicamente buenos interlocutores para que le canten la
tros, recuerda los sitios sagrados y coloca al joven en el surco del tiempo prosecución de su camino. "Se pensaba que ciertas frases, ciertas
y del espacio de los orígenes. "Los mitos aborígenes de la creación hablan combinaciones de notas musicales, describían el desplazamiento de los
de seres totémicos legendarios que habían recorrido todo el continente pies del ancestro. Una frase significaría 'lago de sal', otra 'isla de la
en el Tiempo del Sueño. Y cantando el nombre de todo lo que encontra- ribera', spiniled , 'duna', 'estepa de mulgas', 'pared rocosa', etc. Un
ban en su camino —pájaros, plantas, rocas, manantiales—, le habían dado "cantor" experimentado, al escuchar su sucesión, podía contar el núme-

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ro de ríos que su héroe había atravesado, la cantidad de montañas que enfermado seriamente. El sorko escala una duna y emite un sonido.
había escalado y deducir de ello en qué lugar del itinerario cantado se Luego se vuelve hacia el etnólogo desconcertado y le pregunta si
encontraba" (154). Los integrantes de un clan totémico expresan que escuchó, sintió o vio algo. Stoller no había percibido nada, lo que le valió
pueden reconocer un canto al "tacto" o por su "olor", es decir, según un la reprimenda del sorko, quien le reprochó su falta de atención y de
aborigen, por su "aire" (88).
receptividad para sus enseñanzas. Un pesado silencio de reprobación
pesaba sobre él, mientras se dirigían a la casa del enfermo. Para
sorpresa de Stoller, éste se encontraba trabajando enérgicamente en el
Poder de los sonidos
patio. Estaba curado. "Las palabras fueron buenas para este", dijo el sor-
ko (568). La palabra correctamente emitida por la persona eficiente
En numerosas sociedades donde la oralidad es esencial, el significado de reduce los maleficios del brujo a la inacción. "El poder del encantamiento
un sonido reside menos en "lo que designa que en la propia actividad de de- —dice Stoller— no reside en el significado de las palabras, sino en sus
signar" (Zukerkandl, 1958, 68). Una palabra, un sonido, una música sonidos. X es el término mágico que inmoviliza al brujo, haciéndolo caer
poseen culturalmente un poder de transformación de lo real si se los durante su vuelo 1...). Los songhay y otros pueblos dispersos por el
utiliza según las formas, en el momento propicio. "Al ser proyecciones mundo consideran que el sonido tiene una existencia separada del do-
dotadas de poder, las palabras pronunciadas son en sí mismas el aliento minio de los hombres, de los animales y de las plantas. Las palabras son
de ese poder. Las palabras tienen un poder real en las relaciones in- poderosas y los sonidos transportan fuerza. Por estas razones presento
terpersonales (y las palabras pronunciadas implican esencialmente ese texto en inglés tan solo con una X" (568).
relaciones interpersonales reales, no imaginarias, puesto que el auditor Para los songhay, el sonido del goolji , un instrumento monocorde
se encuentra presente y reacciona: cuando el rey afirma que Untel es su entregado después de vencer a la comunidad por el primer sorko
representante, su representante es Untel y nadie más). En una cultura en el
pasado a un genio malo, une el presente con el pasado: es una rememo-
oral-auditiva, las palabras son inseparables de la acción, pues siempre ración de los antiguos. "El sonido del godji
son sonidos" (Ong, 1971, 110). La palabra emitida tiene un impacto nos penetra y nos hace sentir
la presencia de los ancestros. Escuchamos su sonido y sabemos que nos
sobre el mundo según las intenciones y el conocimiento de quien la hallarnos en el camino de los ancestros. El sonido es irresistible. No
emplea, según el poder que posea tradicionalmente. Frazer consagra podemos dejar de vernos afectados por él; lo mismo ocurre con los
varios capítulos de La rama sagradaa describir las prohibiciones de pro-
espíritus, pues cuando escuchan su 'grito', son penetrados por él.
nunciar nombres de personas, de pueblos enemigos, de ancestros, de Entonces se excitan y entran en el cuerpo de los poseídos" (564). Los
dioses, de muertos, de reyes, etc., excepto en circunstancias particula- sonidos no solo son sonidos, sino, además, los elementos de una cosmo-
res. Señala que en esas sociedades las palabras son las cosas y que logía viva cuyos mitos entregan las claves. Los escuchados por los
proferir esos nombres en ciertas condiciones sería peligroso, pues songhay no son los que escuchaba Stoller o un visitante extranjero. Son
equivaldría a convocar a las propias cosas. fuerzas que enlazan el presente con la larga historia songhay, a los
Para los songhay, de Níger, los sonidos son portadores de la posibili- hombres de hoy con los de ayer. •
dad de transformación del mundo. Ciertos descendientes de un ancestro Para ciertas sociedades, el poder de penetración del sonido lleva su
mítico conocen las palabras que protegen a los soldados de las heridas energía transformadora al corazón del sujeto o de los acontecimientos.
o a los hombres de accidentes de la vida, y disponen de un vasto saber En la cultura popular hindú, un mantra es una fórmula sagrada a la que
acerca de las plantas eficaces para tratar los males del cuerpo o de la se le otorga eficacia en la transformación del mundo. Aleja a los malos
existencia. El sorko conoce las palabras que rechazan a los hechiceros.
espíritus, aplaca a los dioses, hace propicia una acción, etc. En la prác-
"Para aprender a escuchar, el curandero songhay debe aprender a tica tántrica, el recitado de un mantra va acompañado por un ritmo
aprehender el sonido de las palabras, del mismo modo que un músico particular. El adepto se esfuerza por identificarse con una divinidad o
aprende a reconocer los de la música. Así, el sonido es la figura central por acceder a un efecto psíquico deseado. El sonido y el ritmo cristalizan
del mundo de la música, y también lo es del de la magia. Ese universo el poder del mantra, a menudo recibido de un gurú. El b ija
de sonido es una red de fuerzas" (Stoller, 1984, 563). es una sílaba
aparentemente desprovista de sentido, pero esencial para el adepto a los
Mucho antes de vehiculizar un significado, la palabra transporta efectos de conquistar el estado deseado. La repetición del mantra en-
poder. Y Stoller cuenta un episodio ocurrido mientras acompañaba al gendra vibraciones que desembocan en la producción de los efectos
sorko en su cacería de un brujo que perseguía a un hombre que había esperados por el adepto. El mantra a menudo va acompañado por una

132
imaginería mental. El ritmo del mantra es aún técnica de concentra- de la brujería, cuyo manejo implica un poder de acción eficaz sobre el
ción, para despertarse ante el acontecimiento, pero también de explo- mundo en vistas de un provecho personal. Un saber que encuentra su
ración de sí mismo, de regreso hacia el pasado para comprenderse mejor finalidad en sí mismo carece de peso con respecto a los privilegios que
en el aquí y en el ahora. Sirve también como palanca terapéutica para procura su uso en las relaciones sociales. No se habla para saber, sino
los curanderos indios, cuya tarea es entonces identificar al que pueda para actuar, y para aprovechar a su vez aquello que se considera que la
tener impacto sobre la enfermedad (Kakar, 1997, 220 y ss.). brujería da a quienes conocen sus arcanos. La preocupación del etnólogo
Los tamules sivaítas de la India ponen en acción una identificación termina diluyéndose en la ingenuidad o en la duplicidad. Y el malenten-
común a una lengua y a una geografía por el hecho de entonar cantos dido se sella, en efecto, cuando los granjeros solicitan un consejo y antes
sagrados, como los santos antiguos, con los mismos términos. De esta de retirarse preguntan cuánto le deben.
manera se distinguen del sivaísmo tradicional y del budismo o del Del mismo modo que una palabra pronunciada cristaliza la suerte, la
jainismo, que predominan en esa parte de la India. La fidelidad a la identificación del brujo por parte de quien se encarga de "cazarlo" es una
palabra inaugural resulta esencial, pues las palabras hacen las cosas, necesidad para contener finalmente la fuerza que continúa escapando
de él. La enfermedad queda así cercada. "Tan solo por la nominación, la
no se conforman con significarlas. La voz hace advenir lo real, es real pa-
ra esa sociedad, donde la oralidad no ha perdido sus prerrogativas. El manipulación simbólica de la situación tiene alguna posibilidad de ser
peregrinaje a los santos lugares importa menos que el hecho "de cantar pa- operativa: porque al nombre del brujo se le puede oponer entonces el del
ra vivir plenamente, para actualizar la experiencia espiritual de tal cazador de brujos. También se puede saber si la fuerza del primero es
periplo, como si uno de los santos tamules estuviera al lado del peregri- comparable con la del segundo" (99). La lucha entre las dos instancias
no" (Pinard, 1990, 78). El sonido es otro camino para vivir la experiencia es terrible; es una áspera oposición a propósito de una apuesta en la que
espiritual. De ahí el corte de la oreja (lugar desde donde se escucha) al va la vida o la muerte. "El desembrujamiento consiste en responder a
cabo de la instrucción del adepto o, más aún, el pendiente en la oreja que una supuesta agresión material (pero considerada como cierta) median-
dirige la atención hacia la escucha del mundo. te una agresión metafórica efectiva, que pretende alcanzar el cuerpo de
En nuestras propias sociedades, la palabra no siempre es la simple la víctima en ausencia de éste" (100). El poder de la palabra en brujería
portadora anodina de un significado; suele estar dotada de un temible se encuentra asimismo verificado en el consejo que incansablemente da
impacto en la brujería. J. Favret-Saada, quien realizó un estudio en el el desembrujador a sus clientes de repetir siempre las últimas palabras
bosque de Mayenne, escribe al respecto: "Sostengo hoy que un ataque de del presunto embrujamiento para que no tengan incidencia en ellos.
brujería puede resumirse a esto: una palabra pronunciada en una La oralidad no funciona sola en las circunstancias de la brujería; se
situación de crisis por quien más adelante será sindicado como brujo es apoya igualmente en el tacto yen la mirada, dos modalidades particulares
interpretada a destiempo como habiendo tenido efecto sobre el cuerpo y de contacto con el otro. Para las creencias tradicionales, un sortilegio
"prende" cuando la víctima (o sus bienes) ha sido tocada. A partir de
los bienes de aquel al que había sido dirigida, quien a partir de este
hecho se considerará embrujado" (1977, 20). En brujería, la palabra no entonces, sus seres cercanos o todo lo que posee como unidad simbólica son
es solo saber: procura un poder sobre los demás. "Resulta literalmente susceptibles de ser afectados. Todo contacto entre el "fuerte" y el "débil", el
increíble informar a un etnógrafo, es decir, a alguien que asegura no presunto brujo y su víctima, implica una pérdida de fuerza para el segundo,
querer hacer uso alguno de esas informaciones, que pregunta ingenua- una vulnerabilidad que corre el riesgo de pasar desapercibida. El apretón
mente, para saber por saber. Pues una palabra (y solo una palabra) es de manos resulta particularmente peligroso en su trivialidad. No se le
la que anuda y desanuda el sortilegio, y cualquiera que se ponga en presta ninguna atención, pero anuda el sortilegio (150).
posición de decirla es temible" (21). De ahí la larga paciencia de J. Ell tacto pasa igualmente por la mirada. La mirada del brujo no es la
Favret-Saada ante los campesinos del Bocage, quienes le aseguraban apacible puesta en juego de un sentido de la distancia valorizado por
que no creían en esas cosas, pero que finalmente le aconsejaban ir a ver nuestras sociedades; es una mirada táctil que posee una carga nociva.
a alguien, cuando sospechaban que había quedado "atrapado" a su vez Lo que mira, lo fusila simbólicamente con los ojos. Una víctima habla
en el juego de los sortilegios. de un vecino: "Siempre se lo veía, sobre el tractor, mirando lo que pasaba
Las investigaciones del etnólogo no tienen ningún sentido para esos en nuestros campos E...1. Cada vez que él miraba, me decía: 'se avecina
hombres y esas mujeres, quienes siempre consideran que el saber de la alguna desgracia". Y la desgracia nunca dejaba de venir: "en-fermedad
brujería tiene una incidencia práctica. La simple preocupación por el mortal de los gansos E...), aborto de una vaca, accidente con algún
conocimiento resulta impensable tratándose de ingredientes simbólicos vehículo, etc." (151). La mujer de Jean se rebela contra su marido:

134 135
"Nunca baja la mirada" y volviéndose hacia mí, explica: "Cuando no se se trata de personas sordas. "Preferimos la expresión visuales[...],nzun-
la baja, uno es más fuerte que ellos (los brujos). Mi marido baja la mirada do visual, antes que mundo del silencio para designar al mundo de los
ante el vecino. Siempre le digo: ¡No bajes la mirada! Pero todas las veces sordos o su manera de estar en el mundo. Esto, porque el sentido de la
la baja" (152). La brujería muestra la perduración de la oralidad en las palabra silencio se presta a malentendidos, a causa de la diferencia que
sociedades contemporáneas. puede haber en las experiencias, según se sea sordo, con dificultades de
audición, devenido sordo o de audición normal" (Mottez, 1981, 50). El
lenguaje de signos reemplaza al lenguaje oral en su función antropoló-
Sorderas gica; el niño encuentra en ella un medio para formular su pensamiento,
o el relevo de lo visual le da un lenguaje, una memoria y un medio para comprender al mundo.
Favorece la integración de las reglas inherentes a la lengua de su so-
El oído no solo es esencial para anclar al hombre en el seno de un mundo ciedad y, por lo tanto, su plena ciudadanía. En ciertas regiones ocurre
lleno de sonidos para escuchar; también resulta decisivo para el desa- incluso que la importante cantidad de sordos congénitos llega a imponer
rrollo moral e intelectual del niño. El niño sordo no escucha la voz de su a la comunidad el uso simultáneo de una lengua oral y de un lenguaje
madre o de quienes están junto a él: sólo capta las expresiones de sus de signos, integrando así sin discriminación a cada actor en el seno del
rostros, sus gestos, sus miradas; no está en condiciones de interrogar a lazo social (Groce, 1985).
sus padres a propósito de los significados que lo rodean, de formar parte Pero el lenguaje de signos resulta difícil de admitir por parte de
de ellos por propia voluntad. La lengua le resulta ajena, no puede ir quienes oyen con normalidad, a causa de la ruptura sensible que la
apropiándosela lentamente para constituir con ella su pensamiento y misma opera con los ritmos de interacción comunes, que subordinan el
comunicarse con los demás. Sin un esfuerzo particular de la educación, cuerpo a una relativa discreción. La comunicación implica, por cierto, el en-
el niño está condenado a la mudez. La comunidad del sentido es en castre de la palabra y el gesto, de la lengua y el cuerpo, pero el sentido
amplia medida una comunidad sonora, una apertura a los murmullos de es percibido ante todo como hecho del lenguaje y, por lo tanto, de la
la vida cotidiana, una aptitud para responder a la voz de quienes están audición, mientras que los movimientos corporales son vistos más bien
cerca de nosotros, a interrogarlos, a suscitar sus comentarios. La sor- como los simples comentarios a una palabra soberana. La lengua de
dera suprime una dimensión posible de la realidad. signos desborda ese marco, hace justicia al cuerpo y al rostro, pero
Durante mucho tiempo los niños que nacían sordos se convertían en suscita molestia en quienes oyen normalmente, para quienes solo la voz
mudos porque no podían captar el mecanismo del lenguaje. Su expan- es digna del lenguaje, ya que las señas son, a su juicio, una "gesticula-
sión hacia el mundo estaba limitada por su dificultad de acceso a un ción", una manera gestual "ruidosa" de expresarse. Una conversación
universo simbólico; a falta de educación, solo podían permanecer en la su- entre sordos en un lugar público provoca una curiosidad poco preocupa-
perficie de ese universo. Su exclusión de los intercambios verbales, la da por la discreción, atrae los comentarios y a menudo hasta la burla
imagen de retraso mental inducida por su actitud, los condenaban a la con- (Higgins, 1980, 126 y ss.).
dición del idiota de pueblo o a la mendicidad. Los lingüistas señalan una La condición depreciada del cuerpo en la comunicación se traduce
proximidad entre surdus y sordidus (sucio), el inglés swart y el alemán mediante la represión que ha afectado a los lenguajes de signos de las
schwarz. Otras culturas realizan asociaciones semejantes (Chamber- personas sordas en beneficio de la palabra desde el Congreso de Milán
lain, 1905, 122; Classen, 1993, 64-65). No recibir ningún estímulo, de 1880. Mientras tanto, los primeros educadores de niños sordos, como
mantenerse apartados del sonido (y sobre todo del lenguaje) provocaba el abad de l'Épée o Degérando, sabían reconocer en la lengua de signos
su marginalidad. Toda sordera lleva en germen el riesgo de mutismo y, a una lengua total y aparte de las demás, gracias a la cual el niño forjaba
más aun, el de una barrera al desarrollo personal por falta de educación, su pensamiento y su capacidad para comunicarse con los demás. Pero la
a menos que el niño haya estado envuelto en un universo significativo constitución de una cultura propia alimenta en quienes oyen con nor-
de ternura y reconocimiento. malidad el temor a un repliegue sobre sí misma de la comunidad sorda,
De manera "espontánea", cada comunidad de sordos desarrolla una a un comienzo de disidencia, circunstancia que el imaginario biológico
lengua propia apoyada en una gestualidad muy elaborada y en una gran de la época trata de que no siga aumentando. Bell, el conocido inventor del
atención a los datos de lo visible del mundo. El sonido como apoyo de la teléfono, cuya mujer era sorda, expresa ese temor: "Naturalmente, si
lengua es desplazado entonces hacia la vista; el ojo actúa con la misma decidiéramos crear una variedad sorda de la raza, y si debiéramoS
eficacia que el oído. B. Mottez rechaza la referencia al "silencio" cuando proponer los métodos para incitar a los sordomudos a casarse con

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sordomudas, no inventaríamos un mejor método que el que ya existe bién son sordos aprenden a firmar de manera natural, del mismo modo
[...l. Estamos en vías de creación de una variedad sorda de la raza que los demás niños aprenden a hablar. Pero más allá del círculo
humana" (en Higgins, 1980, 64). La preocupación por una integración familiar, resultan escasos los interlocutores capaces de dialogar con
social global fortalece la voluntad pedagógica centrada en el aprendizaje ellos. Por el contrario, el niño sordo de nacimiento, con padres que oyen
de la palabra. El Congreso de Milán proscribió los signos por considerar- con normalidad, no goza de ese "baño" de lengua; a menudo resulta
los un obstáculo para ese aprendizaje. Fue una decisión cargada de aislado, carente de contacto con su entorno, a menos que algún integran-
consecuencias, que entregaba las riendas de la educación de los sordos te de la familia responda a esos esfuerzos de la comunicación gestual.'"
a quienes podían oír con normalidad y sumergía los lenguajes de signos Pese a que ese lenguaje mímico no tiene la estructura de una lengua,
en la denigración moral y pedagógica. Los sordos, que solo son mudos por consigue sacar sin embargo al niño de su aislamiento y lo acerca a la co-
defecto en la audición y en el aprendizaje de la lengua, debieron municación corriente. E. Laborit da testimonio de su entusiasmo al des-
someterse a la palabra, esforzarse por adquirir sus rudimentos sin cubrir, más allá de la complicidad que la vincula con su madre, la
poder apoyarse en una lengua de signos reducida a la clandestinidad, y existencia de un lenguaje de signos que ella ve como una apertura al
eso por la sola voluntad de quienes oían con normalidad. La comunidad mundo, como un ingreso total a la comunicación (pág. 52 y ss.).
sorda experimentó entonces una dolorosa regresión cultural. La volun- Pero el niño que no dispone de un entorno que lo estimula al respecto,
tad de integrar socialmente a los sordos se enfrentaba con la necesidad que aliente sus intentos, a menudo presenta un apartamiento claro de
de ocultamiento ritualizado del cuerpo en la vida social (Le Breton, la normalidad en el campo psicológico, afectivo, intelectual, social. In-
2004, 106 y ss.), que los signos no dejaban de transgredir. cluso si la atención y la ternura lo inscriben a pesar de todo en un
En el transcurso de la década del '80, después de una intensa lucha, las universo con significado, en cierta medida permanece en el sufrimiento
comunidades de sordos recuperan el pleno uso de sus lenguajes. La pe- de su aislamiento. E. Laborit habla de ello con conocimiento dé causa a
dagogía de las escuelas especializadas se flexibiliza y favorece simultánea- pesar justamente de la calidad de la presencia de sus padres al respecto:
mente a los signos y a la oralidad. En Francia es preciso aguardar un "Creo que los padres que oyen con normalidad y que privan a sus hijos
decreto de enero de 1991 para que se levante en la enseñanza la prohibición del lenguaje de los signos nunca comprenderán qué es lo que pasa por
del lenguaje de signos y para que los padres "tengan la opción de bilingüis- la cabeza de un niño sordo. Hay soledad, y resistencia, sed de comuni-
mo para sus hijos. Era una opción importante, pues le permitía al niño cación y a veces rabia. Está también la exclusión en la familia, en la casa,
sordo tener su propia lengua, desarrollarse psicológicamente y también donde todos hablan sin preocuparse por uno. Porque siempre es preciso
comunicarse en francés oral o escrito con los demás. Había transcurrido un preguntar, tirarle de la manga o del vestido a alguien para saber algo,
siglo desde lo que califico como un acto de terrorismo cultural de parte un poquito, de lo que pasa alrededor de uno. De lo contrario, la vida es
de quienes oían con normalidad".' 8 Ese oprobio de un siglo a los len- una película muda, sin subtítulos" (63-64). Esa distancia con el mundo
guajes de signos manifiesta el hecho de que en las mentalidades occiden- exterior disminuye, incluso se vuelve indiferente, si el niño se ha
tales el pensamiento y la comunicación son ante todo hechos de oralidad.
El cuerpo es como la dimensión impúdica de la palabra, su parte mala, la
4. beneficiado con los signos como primera lengua, y si sus padres se
preocuparon por estimularlo, por brindarle una apertura sensorial al
que se impone a la mirada, pero cuya presencia conviene atenuar subsu- mundo. Al disponer de un marco para organizar su pensamiento, de un
miéndola en los códigos de discreción y de fidelidad a los usos (Le Breton, medio eficaz de comunicación con su entorno y sobre todo con los demás,
1990). El lenguaje de signos parece, a la inversa, un himno al cuerpo y al al estar sensibilizado ante la complejidad del mundo, el niño experimen-
rostro, rompe los ritos y suscita molestia en quienes oyen con normalidad, ta un desarrollo personal que su sordera no merma, pese a imponerle
para los que solo la voz es digna del lenguaje. una particular relación con el mundo.
Del mismo modo que la represión de la gestualidad en la comunica-
ción común depara una penosa atención a los sordos que departen entre "'"No tardé en experimentar la necesidad de comunicarme con los demás, y a partir
sí, perjudica igualmente a la educación de los niños sordos de nacimiento de entonces comencé a expresarme con ayuda de una mímica muy simple, escribe H.
y contribuye a hacerles dificil la vida. Solo aquellos cuyos padres tam- Keller, ciega, sorda y muda. Meneaba la cabeza para decir 'no', la inclinaba para decir
`sí'. El gesto de atraer hacia mí significaba 'vengan', el gesto de rechazar 'váyanse'.
18 E. Laborit, Le eri cle la mouette, Lafont, París, 1994, págs. 187-188. E. Laborit ¿Deseaba pan? Simulaba cortar rebanadas y untarlas con manteca 1...1. Mi madre
recuerda la resistencia de las escuelas especializadas para integrar el lenguaje de lograba hacer que la comprendiera en muchas ocasiones" (Keller, 1991, 21). "Cuando era
pequeña, nadie me escuchaba, escribe la comediante E. Laborit. Mi madre y yo
signos, incluso fuera de los cursos, de modo que los niños pudieran comunicarse entre
ellos (págs. 87-88). habíamos inventado un lenguaje para las dos, y eso era todo...".

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contacto sonoro e impone recurrir a formas visuales de comunicación
La comunicación mediante el lenguaje de signos reclama la postura, el
(lenguaje de signos, lectura labial). El "silencio" interior, si bien es
movimiento de las manos y las mímicas del rostro, implica un uso del
privación del sonido, no es privación de sentido, y el incansable movi-
cuerpo y una cercanía fisica en ruptura con los ritos de interacción en vigor.
miento del mundo no deja de continuar penetrando en menor medida en
A menudo abandonado a sí mismo, solo en su cuna, el niño occidental carece
el individuo. "Ajuicio de los demás —escribe el comediógrafo H. Seago—, ese
de estímulos en una sociedad donde la palabra y lo escrito prevalecen sobre
lenguaje (de los signos) puede parecer una representación visual de lo
el cuerpo, destinado a un papel de comparsa. No ocurre lo mismo con el niño
que ellos perciben como mi 'silencio'. Pero yo, por mi parte, no siento
sordo en el África subsahariana, como señala M. J. Serazin. En un per-
`silencio' en mi fuero interno, solo en mis oídos. En virtud de mi experiencia
manente contacto corporal con su madre, vive según el ritmo de ella,
de la alienación, del amor, de la pasión, del dolor, del deseo y de la lucha
colgado a su espalda o a sus caderas, respira con ella, experimenta el calor
continua para comunicar, las palabras corren desde mi alma bajo una
de su piel, vibra cuando ella realiza las tareas domésticas, camina, baila,
multitud de estilos: explosiones frenéticas de furia o dulces danzas de
les habla a sus allegados. El niño se halla en el centro de los intercambios
elocuencia volando en alas de la poesía. Mis ojos, mi espíritu, mi corazón
interpersonales, su sordera no le resulta una discapacidad, pues si bien le
no son en absoluto silenciosos" (Seago, 1993). El silencio es también una
faltan el sonido y las palabras, se beneficia con innumerables solicitaciones
capacidad de hacer hablar al mundo de los ojos. La sensibilidad ante las
visuales, táctiles, rítmicas, inmerso en la sociabilidad, permanentemente,
vibraciones le permite a las personas sordas recoger informaciones sobre
solicitado por unos u otros, participa con toda su carne en la efervescencia
su entorno: reconocer la voz de los cercanos, identificar el ruido de pasos,
del mundo.
identificar momentos musicales, el paso de un vehículo, la caída de un
En esas sociedades, el lenguaje de los signos no es afectado por
objeto. A flor de piel, el sentido de las vibraciones resulta esencial para el
prohibiciones, pues la dignidad del cuerpo en la comunicación no suscita
aprendizaje de la palabra.
ninguna objeción. "Resulta paradójico —escribe al respecto M. J. Sara-
La edad de aparición de la sordera es un elemento decisivo para el
zin— que allí donde la palabra es dominante, en África, en una matriz que
desarrollo del individuo, al abrirle o cerrarle la puerta al lenguaje y, en
tiende a la oralidad, el oído es relativo y la sordera no resulta una
especial, a un conocimiento de la sonoridad posible del mundo. D.
discapacidad mayor. Pero, a la inversa, allí donde la escritura y todas las
Wright, por ejemplo, quien se volvió sordo a los siete años, señala que su
técnicas de mediación predominan, el oído se vuelve mayoritario y su
adquisición del lenguaje en ese momento facilitó su integración social.
déficit es una discapacidad mayor de naturaleza tal como para compro-
En su experiencia personal, describe una percepción corriente de aque-
meter la buena maduración y el buen desarrollo del niño" (Serazin,
llos cuya sordera ha sobrevenido antes de que se hubieran familiarizado
1983, 17). Si bien el niño occidental depende del oído para su educación,
con la palabra, la de continuar escuchando las voces o los ruidos de la
para el niño africano, en cambio, solo es una mediación entre otras. El
vida corriente cuando la vista es llamada con ese propósito. "Que esas
estatuto social depreciado del sordo es una consecuencia del estatuto del
voces eran imaginarias y que constituían proyecciones de la costum-
cuerpo y, en especial, de la gestualidad en la comunicación. La cancela-
bre y de la memoria me resultó evidente a la salida del hospital —es-
ción ritualizada del cuerpo en nuestras sociedades conlleva la represión
cribe D. Wright—. Un día, cuando conversaba con un primo, éste tuvo
social del sordo y le complica el camino hacia una feliz integración social:
la feliz inspiración de colocarse la mano sobre la boca mientras ha-
hace de la sordera una discapacidad (Le Breton, 2004). A propósito, E.
blaba: fue el silencio. De pronto, de una vez para siempre, comprendí
Laborit señala: "Para mí, el lenguaje de los signos corresponde a la voz: que si no veía no escuchaba" (Wright, 1980, 22). Pero esa audición
mis ojos son mis orejas. Sinceramente, no me falta nada. Es la sociedad que anuda una correspondencia sensorial entre lo visual y lo sonoro
la que me convierte en discapacitada, la que me vuelve dependiente de
impone un conocimiento anterior de la palabra o de los ruidos de la
los que oyen con normalidad: necesidad de hacerse traducir una conver-
vida.
sación, necesidad de pedir ayuda para hablar por teléfono, imposibili-
Para un individuo sordo antes de la adquisición del lenguaje, la
dad de tomar cont Jto con un médico directamente, necesidad de sub-
experiencia del mundo y, en especial, la lectura labial que realiza
títulos en la televisiin..." (págs. 132-133).
participa de una sola visión del mundo, de un desciframiento estricta-
La sordera manifiesta grados diferentes de filtrado y de clausura ante
mente visual. Del mismo modo, su oído no controla los sonidos que él
el entorno sonoro. No es un mundo puro de silencio, pues a menudo el
mismo emite. Mantenido a la fuerza al margen de las conversaciones
individuo escucha los ruidos de su cuerpo o acufenos. Las prótesis triviales de la vida cotidiana, que enseñan al niño a colocar su voz, a
permiten a muchos individuos que padecen un déficit auditivo mante- modularla según los ritmos propios de un grupo social, a respetar los
nerse aún a la escucha del mundo. Pero la sordera profunda impide todo
141
140
acentos tónicos, a pronunciar bien ciertos sonidos, no dispone en 4. LA EXISTENCIA
absoluto del ejemplo dado por sus allegados. El control de la palabra COMO UNA HISTORIA DE PIEL:
emitida debe pasar entonces por otros sentidos. Al mirar, al tocar, al sen- EL TACTO
tir la posición y el movimiento de ciertas partes de su cuerpo, al ex-
perimentar las vibraciones de sus cuerdas vocales o las de sus profeso- O EL SENTIDO DEL CONTACTO
res, la persona sorda que se educa en la palabra adopta vías sensoriales
inhabituales para inscribirse en un material sonoro que no escucha. 2"
Luego recurre, si "habla", a falta de oír, a una atención kinestésica y La felicidad es también el tacto. Thomas pasaba
vibratoria de los movimientos fonatorios adquirida al cabo de un descalzo desde la superficie lisa del piso al frío de
aprendizaje largo y riguroso (Bouvet, 1982, 56). Pero ese recorrido las baldosas de piedra del corredor y, frente a la
oblicuo no la restituye a la plenitud del mundo sonoro; la inserta más puerta, a la redondez de los guijarros sobre los que
bien en la comunicación común, al volverla apta para hacerse entender se secaba el rocío.
por quienes oyen, a veces no sin malentendidos, justamente.
La conjunción de los universos sensoriales y del universo del sentido Czeslaw Milosz,
no resulta fácil de establecer, ya que reclama de la persona sorda una Sur les bords de lIssa.
atención infalible para mantener el contacto. La ausencia de sonidos
para comunicarse implica, en la relación con una persona que oye, una
conversión al registro visual de los elementos de significación difundi- A flor de piel
dos por el lenguaje: el desciframiento se opera en el movimiento de los
labios, de las manos o del cuerpo, en la tonalidad de la mirada, en las El sentido táctil engloba al cuerpo en todo su espesor y en su superficie;
mímicas, etc. La indolencia de la conversación resulta dificil de alcan- emana de la totalidad de la piel, al contrario de los otros sentidos, que
zar, pues cualquier ruptura de la atención disipa los signos. H. Seago están más estrictamente localizados. De forma permanente, en todos los
expresa bien el esfuerzo requerido en un intercambio con una persona lugares del cuerpo, incluso mientras dormimos, sentimos al mundo cir-
que oye. "El constante gasto de energía que requieren mis permanentes cundante. Lo sensible es ante todo la tactilidad de las cosas, el contacto
observaciones aporta una tensión inevitable a mi interacción con quie- con los demás o con los objetos, la sensación de tener los pies sobre la
nes no saben comunicarse mediante el lenguaje de los signos, e incluso tierra. A través de sus innumerables pieles, el mundo nos enseña
con quienes lo conocen. En tanto persona sorda, vehiculizo por todas acerca de sus constituyentes, sus volúmenes, sus texturas, sus con-
partes esa auténtica tensión. Nunca se disipa, siempre está presente. tornos, su peso, su temperatura. "El tacto, grandes dioses, es el
Vivo muchos momentos de incomodidad durante mi interacción con propio sentido del todo el cuerpo: por él penetran en nosotros las
quienes oyen, en razón de las obligaciones impuestas por una comuni- impresiones desde el exterior, por él se revela todo sufrimiento
cación poco natural e ineficaz" (Seago, 1993, 145). Por otra parte, la interior del organismo o bien, al contrario, el placer del acto de
experiencia de los sordos demuestra que a menudo la necesidad de hacer Venus" (Lucrecio, 1964, 64).
repetir una frase mal leída con los labios suscita la impaciencia del La preeminencia del tacto en la existencia, el hecho de que esté
interlocutor, que se sabe escuchado y no tanto mirado con atención. Esa primero en la ontogénesis, induce la ampliación de la noción de contacto
deconstrucción del ritual que oculta la sonoridad en beneficio solamente a los demás sentidos. Para Epicuro, por ejemplo, todos los sentidos se
de la mirada incomoda en tanto vuelca la situación acostumbrada de reducen al tacto, puesto que toda percepción se asimila a un contacto.
interacción y transforma cualquier palabra emitida en movimientos Platón retoma esa idea. Aristóteles establece cada sentido en su dimen-
sutiles de los labios. sión propia y reconoce cinco. Sin embargo, le confiere al tacto una especie
de ventaja, pues "se encuentra, en efecto, separado de todos los demás
20 H. Keller explica: "Al leer los labios de mi maestra, no tenía otro medio de sentidos, mientras que los demás son inseparables de éste [...]. Solo el
observación sino mis dedos. Solo el tacto debía instruirme sobre las vibraciones de la tacto existe en todos los animales". 1 Un diccionario de la lengua rusa
garganta, los movimientos de la boca, las expresiones del rostro y a menudo ese sentido editado en 1903 sugiere que "en realidad los cinco sentidos se reducen
era deficitario. Entonces estaba obligada a repetir las mismas palabras y las mismas
frases, a veces durante horas, antes de pronunciarlas de una manera correcta" (Keller, ' Aristote, Petit traité stoi re naturelle, Belles-Lettres, París, 1953, 455a, págs. 23-
1991, 88). 25y27.

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a uno solo, el del tacto. La lengua y el paladar sienten el alimento; los oí- vista, y racionalizado, lleva necesariamente a la denigración del tacto.
dos sienten los sonidos; la nariz, las emanaciones olfativas; los ojos, los Sin embargo, se puede ser ciego, sordo, anosmático y seguir viviendo.
rayos de luz" (en Mead, Metraux, 1953, 163). Ver se asimila a una pal- Se pueden experimentar agnosias locales, pero la desaparición de todas
pación del ojo (Le Breton, 2004). "El tacto es, en relación con los otros las sensaciones táctiles signa la pérdida de la autonomía personal, la
sentidos, lo que es el blanco para los colores; sobre él se basa la gama se sen- parálisis de la voluntad y su delegación en otras personas. El hombre es
saciones. Todo lo que nos viene desde el exterior es contacto, ya sea que incapaz de moverse si no experimenta la solidez de sus movimientos y
lo sintamos bajo la forma de la luz, del sonido o del olor". 2 Matriz de los la tangibilidad del entorno. La desaparición del tacto es una privación
demás sentidos, la piel es una vasta geografía que alimenta las diferen- del goce del mundo, el amontonamiento en un cuerpo que se vuelve
tes sensorialidades, las engloba en su tela, abriéndole al hombre di- pesado e inútil, la evasión de cualquier posibilidad de acción autónoma.
mensiones singulares de lo real que no podrían aislarse unas de otras. La anestesia cutánea perturba el gesto, hace que los miembros parezcan
"En efecto —dice Condillac—, sin el tacto, siempre habría mirado los de mármol y provoca la torpeza. "El sentido del tacto es el único cuya
olores, los sabores, los colores y los sonidos como a mí mismo; jamás privación implica la muerte", señala ya Aristóteles (1989, 108). Sin
habría creído que existieran cuerpos odoríferos, sonoros, coloreados, punto de apoyo, sin límite a su alrededor para captar el sentido de la
sabrosos"»
presencia, el hombre se disuelve en el espacio; así como el agua se mezcla
Pero otra filiación, más platónica, hace del tacto un sentido vulgar que con el agua, él se desliza en una impensable ingravidez. Unico sentido
no distingue en absoluto al hombre del animal. Si bien Ficino, fiel al indispensable para la vida, el tacto es la matriz fundamental de la
espíritu del Renacimiento, que asimila el tacto a la sexualidad, reconoce relación del hombre con el mundo. A través de la metáfora de la estatua
por un momento que se trata de un "sentido universal" que comparten que se despierta, sentido tras sentido, Condillac escribe que es "con el
tanto los animales como los hombres, rechaza, en cambio, su asimilación tacto como la estatua comienza a reflexionar". También escribe: "Nues-
a la inteligencia, que, ella sí, distingue a los hombres dei -eino animal. tros conocimientos provienen de los sentidos, y en particular del tacto,
Escribe: "La naturaleza ha colocado al tacto lo más lejos de ' a inteligen- porque es él quien instruye a los demás sentidos"»
cia" (en O'Rourke Boyle, 1995, 4). El sentido del tacto pertenece a la ma-
teria, no al alma o al espíritu: es cosa del cuerpo. Si el amor contempla-
tivo se eleva a partir de la vista, el amor voluptuoso condesciende al La piel
tacto, pero este último no tiene el mismo valor. Para Pico della Miran-
dola, otro platónico, las manos y el tacto tienen corporalmente u n alma En tanto órgano más extenso del cuerpo humano, la piel encierra al
orientada hacia su ascensión divina. 'Las manos no son una instancia sujeto en su recinto: indica al mismo tiempo la clausura y la apertura.
de divinización, sino de degradación —escribe O'Rourke Boyle—. El con- Envoltura real y simbólica del cuerpo, y por lo tanto del propio individuo,
tacto de las manos no es una imagen creíble para un programa platóni- es una memoria inconsciente de la infancia, un recuerdo de los arrebatos
co" (1998, 5).
dé amor o de rechazo hacia la madre. "La piel es la envoltura del cuerpo,
Cantidad de filósofos prosiguen con la denigración de un sentido del mismo modo como el yo tiende a envolver el aparato psíquico", es-
demasiado alejado a su juicio del alma o del pensamiento. Para Descar- cribe D. Anzieu (1985, 100). Toda historia personal es ante todo una
tes, por ejemplo, el tacto ocupa el rango más bajo en la escala de los historia de piel. En muchas lenguas europeas, la piel es una metonimia de
sentidos: "El contacto que tiene por objeto todos los cuerpos que pueden la persona. En francés, yen castellano, por ejemplo, se "salva la piel", "uno
mover alguna parte de la carne o de la piel de nuestro cuerpo [...] no nos se pone en la piel del otro", "se le saca el cuero a alguien", "uno se siente bien
da, en efecto, un conocimiento del objeto: el único movimiento con el que o mal en su propia piel". Las mismas expresiones pueden encontrarse en
una espada corta una parte de nuestra piel nos hace sentir dolor sin alemán o en inglés (Benthien, 2002, 18 y ss.). La piel es el terna.
dejarnos saber por eso cuál fue el movimiento ola figura de esa espada".° La piel traduce una diferencia individual, pero también demarca un
Singular cuestión la que se plantea Descartes, más preocupado por el género sexual, una condición social, una edad, una calidad de presencia,
estilo de la herida que le ha sido infligida que por la herida en sí. La compromete la eventual asignación a una "raza" según el color y el pú-
subordinación del sentido a un saber concebido sobre el modelo de la blico presente. Es, sobre todo, un límite del sentido y del deseo, une o
2 E. Junger, Le Contemplateur soldaire, Grasset, París, 1975, pág. 87. separa, organiza la relación con el mundo, es una instancia de regula-
Traité des sensations, PUF, París, 1947, pág. 312. ción, un filtro al mismo tiempo psíquico y somático. La piel está saturada
R. Descartes, Principes de la philosoplue, Gallimard, París, pág. 660. `'Condillac, íd., pág. 313.

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de inconsciente y de cultura, devela el psiquismo del sujeto, pero para moverse, procuraba según las formas de su cansancio identificar
también la parte que ocupa dentro del lazo social, la historia que lo baña. la posición de sus miembros para, a partir de ellos, deducir la dirección
Lo privado y lo público se reúnen en ella. La piel es el punto de contacto en que se encontraba la pared, el lugar de los muebles, y así reconstruir
con el mundo y con los demás. Siempre es materia de sentido. y expresar el nombre de la morada en la que se hallaba. Su memoria, la
Barrera que protege de los objetos exteriores, pese a que no sea capaz memoria de sus costillas, de sus rodillas, de sus hombros le presentaban
de contener las agresiones más allá de un cierto umbral, está viva en sucesivamente varias habitaciones en las que había dormido, mientras
tanto respira, mantiene intercambios con el entorno, emite olores, tra- a su alrededor las paredes invisibles, cambiando de lugar según la forma
duce los estados anímicos mediante su textura, su calor, su color. de la habitación imaginada, se arremolinaban en las tinieblas". 6 El tacto
Establece el pasaje de estímulos y de sentido entre el afuera y el adentro. le resulta propicio a la memoria. Sus huellas permanecen en la super-
Instancia de separación, encierra la individualidad, pero es al mismo ficie del cuerpo, dispuestas a renacer en cualquier momento. Procuran
tiempo lugar de intercambios con el mundo: por ella transitan el calor, referencias perdurables en la relación con el mundo.
la luz, el goce o el dolor. Lugar del límite y simultáneamente de la aper- - En situaciones de preocupación, la automanipulación de los cabellos,
tura, le indica al individuo su soberanía sobre el mundo, el volumen que del rostro, el reacomodo o la palpación de la ropa, las manos que se
ocupa en él. crispan, se oprimen, se retuercen, la mano que pasa por la frente, los
El tacto es, por excelencia, el sentido de lo cercano. Estrechamente balanceos del cuerpo, el hecho de golpetear sobre una mesa, de tomar
localizado, exige abandonar los demás objetos para profundizar en uno objetos y depositarlos de manera repetitiva, de limpiar un sector del
solo, el que se tiene entre manos. El sentido táctil implica la ruptura del escritorio, de masticar bombones, chewing-gunz, de sostener un cigarri-
vacío y la confrontación con un límite tangible. Si bien la vista procura llo en la mano son gestos de distensión que escapan ala conciencia. Esos
un espacio ya construido, el tacto lo elabora mediante una serie de innumerables movimientos apuntan a reducir la tensión, a tranquili-
contactos. Siempre es local, sucesivo, se da por secuencias. Se explora zar, a falta del contacto con otra persona.
una parte, luego otra. Una silla, por ejemplo, es percibida desde el Más allá de su dimensión espiritual, el rosario que los cristianos, los
comienzo por la mirada: sus características, sus defectos, su textura se musulmanes o los budistas deslizan entre los dedos cumple asimismo
dan de inmediato. A la inversa, la mano explora con método, palpa los una función de solicitación muscular y de distensión. Las manipulacio-
contornos, para lentamente reconstruir el conjunto. Si bien la mirada nes de piedras, de objetos lisos, de balas, de granos, el masajeo de un
abarca inmensas extensiones, incluso a la distancia, el tacto, en cambio, objeto flexible, acompañan la ensoñación, la meditación, el descanso, la
anda en lo real más inmediato, implica un contacto corporal con el reflexión. El empleo de un talismán, de un fetiche, de un osito de
objeto. Sin él, el mundo se escabulle. Pero en la percepción corriente, la peluche, de un "objeto de transición" regularmente tocado, palpado,
vista y el tacto marchan juntos, como las dos caras de una misma abrazado, tomado, cumple la misma función de reaseguro. En la Grecia
medalla. Incluso si, según las circunstancias, una y otro cobran una antigua, era común llevar consigo una piedra pulida, de ámbar o jade,
necesaria autonomía, por ejemplo, la noche para el tacto o el examen de a la que el individuo ansioso palpaba para distenderse. La misma tra-
un paisaje para la vista. dición prosiguió en Asia. Aun en la década de 1960, los griegos juguetea-
En todo momento, al estar en contacto con el entorno, en la piel ban con las cuentas de rosarios de ámbar, sin que esto tuviera connota-
resuenan los movimientos del mundo. La piel no siente nada sin sentirse ciones religiosas. "Son komboloza o 'rosarios para las preocupaciones'.
a sí misma. "Tocar es tocarse —dice Merleau-Ponty— [...I las cosas son la Los griegos los tomaron de los turcos. Los manipulan por todas partes,
prolongación de mi cuerpo y mi cuerpo es la prolongación del mundo que en tierra, en mar y su tintineo desplaza el insoportable silencio que se
me rodea [...1. Es preciso comprender al acto de tocar y al de tocarse corno escucha cuando la conversación decae. Los pastores los usan, así como
el anverso y el reverso del uno y del otro" (1964, 308). El objeto nos toca los policías, los cargadores, incluso los comerciantes tras sus vidrieras"
cuando lo tocamos y se disipa cuando el contacto se rompe. (Mac Luhan, 1968, 100). En la actualidad se encuentran a la venta bolas
Todo estímulo táctil marca las fronteras entre uno y el otro, entre el de metal cuya promoción insiste en los beneficios terapéuticos que
afuera y el adentro. El tacto cincela la presencia en el mundo mediante procuran a quienes las toman en la palma de la mano y juegan con ellas.
el permanente recuerdo de la frontera cutánea. "Cuando me despertaba
así —escribe Proust—, mi espíritu se esforzaba por tratar, sin lograrlo, de
saber dónde estaba, ya que todo giraba alrededor de mí en la oscuridad,
las cosas, los países, los años. Mi cuerpo, demasiado embotado como M. Proust, Du cáté de chez Swann,
Livre de Poche, París, pág. 8.

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El carácter concreto de las cosas padre y se presentó como si fuera Esau. Sin embargo, el oído no en-
gañaba al anciano, quien reconoció la voz de Jacob. Pero al pedirle que
El soñador busca pincharse para convencerse de su estado. Al tocar las se acercara, confió en su tacto y se convenció de que era Esau. "Isaac le
cosas, se reconoce que existen. El mundo, y por lo tanto la presencia del dijo a Jacob: 'Adelántate, pues, para que te toque, hijo mío; ¿eres mi hijo
otro, es ante todo una modalidad táctil. Sentido de la interfase entre uno Esau o no?'. Y Jacob avanzó hacia Isaac, su padre, y él lo palpó y le dijo:
y el otro, el tacto encarna el límite radical entre el sujeto y su entorno. `La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las de Esau'. Y no lo
Impone el contacto inmediato, el tope palpable del objeto que asegura a reconoció, pues sus manos eran como las de Esau, muy peludas, y lo ben-
lo real su cohesión y su solidez. Da al hombre los puntos de apoyo que lo dijo. Luego dijo: "Tú eres mi hijo Esau" (21-24). La insistente palpación
arraigan a un terreno tangible. "La realidad se toca con el dedo". Por de Isaac fracasó en cuanto a descubrir el fraude. Su error se explica por
metáfora, se toca el final de la existencia, se toca el cumplimiento de un el olor a animal que siente al estrechar a su hijo. Jacob 'se adelantó y lo
objetivo, se toca, incluso, a lo sublime. En lo que concierne a la ma- abrazó, y él sintió el olor de sus ropas y lo bendijo. Y dijo: 'Ves: el olor de
terialidad del mundo, el tacto es soberano, da pruebas del carácter mi hijo, como el olor del campo que bendijo Adonai'" (25-28). La
concreto de las cosas, tiene el rango de verificación de su veracidad. La conjugación del contacto físico, de los sabores del plato y del olor animal
palabra de Tomás en El Evangelio resulta clara en su aparente obsce- demuestra sin apelación al anciano Isaac que Esau era quien se
nidad: "Los otros discípulos le dirán entonces: 'Hemos visto al Señor". encontraba frente a él.
Pero él les dijo: 'Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no La realidad se toca con el dedo. Solo percibimos las fronteras de la piel
introduzco la mano en su flanco, no creeré' (Juan, 20, 25). A su regreso, al entrar en contacto con un objeto exterior o al ser tocados por él. Solo
el propio Jesús le solicita a Tomás: 'Trae tu dedo aquí y mira mis manos, a través de la mirada el cuerpo no parece diferente a las cosas que lo ro-
adelanta tu mano e introdúcela en mi costado, y deja de ser incrédulo y dean. El contacto con el objeto es un recuerdo de la exterioridad de las
cree". Sin sentir vergüenza, Tomás hunde sus dedos en las heridas. "Mi cosas o de los demás, una frontera incesantemente desplazada que le
Señor y mi Dios". Jesús le dijo: "Porque me has visto, has creído. procura al sujeto la sensación de su propia existencia, de una diferencia
Dichosos de aquellos que creen sin haber visto". Por el contrario, le que lo pone simultáneamente frente al mundo e inmerso en sí mismo.
prohíbe a María Magdalena que lo toque (mili me 'aligere). Los que creen "La realidad queda comprobada de manera primaria en la resistencia,
al ver son preservados del tacto, como los otros discípulos que se con- que es un ingrediente de la experiencia táctil. Pues el contacto físico 1...1
formaron con ver y creer. implica el choque 1...1, así el tacto es el sentido donde tiene lugar el en-
Si no se las puede palpar, las cosas resultan irreales. El tacto cuentro original con la realidad en tanto realidad El tacto es el
habitualmente es invocado como fiscal de la realidad de las cosas. Pero verdadero test de la realidad" (Jonas, 2001, 47). Tocar es el signo radical
el contacto no puede ser por completo la piedra de toque de la verdad, tal del límite entre uno mismo y el mundo. El contacto con un objeto procura
como testimonia el relato bíblico de Jacob, cuando engaña a su anciano el sentido de sí mismo y de lo que está fuera de uno, una distinción
padre, que se había vuelto ciego a causa de la edad (Génesis, XXVII). entre el interior y el exterior. "Cuando estoy sola —escribe Virginia
Antes de morir, Isaac desea bendecir a su primogénito Esau, convirtién- Woolf—, a menudo caigo en la nada. Debo apoyar prudentemente el pie
dolo así en el intercesor entre Dios y los hombres. Ante todo, le pide un en el borde del mundo, temerosa de caer en la nada. Me veo obligada a
plato de cabritos, como le gustan a él. Pero su mujer, Rebeca, escucha la golpearme la cabeza contra una puerta muy dura para obligarme a
conversación, y por su parte desea privilegiar a Jacob, el hijo menor. Le ingresar a mi propio cuerpo". 7
informa a éste lo que pasa y le pide que vaya a buscar en el rebaño dos La dificultad para situarse en el mundo si se pierden las orientaciones
hermosos cabritos para preparar una comida celebratoria. Jacob sabe lleva a buscar límites de sentido lo más cerca de sí a través del contacto
cómo engañar a su padre en un primer momento, pero le teme a la corporal con el mundo. El límite físico es un rodeo para recuperar límites
prueba del contacto físico. El cuerpo de Jacob es liso y el de Esau es de sentido: la preocupación consiste en aprehender un mundo que se
peludo. Rebeca supera esas dificultades: "Y Jacob se retiró. Trajo (los escabulle. Lo que no se logra hacer con la propia existencia, se trata de
cabritos) a su madre, que preparó sabrosas comidas, como le gustaban hacerlo con el cuerpo. El recuerdo de los límites cutáneos ejerce una
a Isaac. Luego Rebeca tomó las ropas de Esau, su hijo mayor, las mejores función de aplacamiento, de reordenamiento del caos interior. Reúne al
que tenía en la casa, y con ellas vistió a Jacob, su hijo menor. En cuanto individuo con la sensación de su unidad. La piel que encerraba al mundo
a las pieles de los cabritos, con ellas recubrió sus manos y la parte lisa social dentro de fronteras relativamente precisas y coherentes, que le
del cuello de Jacob" (14-16). Así vestido, Jacob fue al encuentro de su 7 V. Woolf, Les Vagues,
Livre de Poche, París, 1974, pág. 54.

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daban al lazo social un punto de apoyo y referencias previsibles, se en las que tengo la impresión de no existir". Cuando se inflige cortes,
encuentra en la actualidad llena de agujeros. Si la piel del mundo se des- Stéphanie, de 18 años, se siente por fin "profundamente viva". La herida
figura, el sujeto, a la inversa, se repliega en la suya para intentar hacer corporal deliberada es la búsqueda al tanteo de un umbral de dolor o de
de ella su refugio, un lugar que pueda controlar a falta del control que apertura de la piel que dé la sensación de existir. Una vez que se lo ha
tiene sobre el entorno. logrado, la presión psicológica se afloja. El cuerpo de un sujeto que sufre
La búsqueda de límite fisico hoy resulta corriente a través de las huye por todas partes, a menos que se restauren sus fronteras, que se
actividades físicas o deportivas de riesgo, cuyos eslóganes repetidos erija un tope para contenerlo (Le Breton, 2003).
muchas veces son "descubrir sus límites", "superarlos", etc. Esos límites El contacto con las cosas es el único recuerdo posible de lo real, pues
apasionadamente buscados se resuelven en un enfrentamiento físico el cuerpo es la encarnación del actor, su única posibilidad de estar en el
con el mundo, con el deseo de tocarlo, de sentirlo con todo el cuerpo. El mundo, y tocarlo, cualquiera sea la forma que adopte, es un contacto
contacto físico o el rendimiento componen un tope para la identidad!' Se personal con el mundo allí donde los demás sentidos, y en particular la
alcanza una sensación de plenitud provisoria. vista, se encuentran en una radical impotencia. Ver no basta para ase-
Si las actividades físicas o deportivas alimentan una búsqueda lúdica gurarse de lo real; solo el tacto tiene ese privilegio. La abolición del tacto
de contacto con el mundo, las conductas de riesgo o los ataques al cuerpo hace desaparecer un mundo reducido de entonces en más solo a la
son más bien una búsqueda de contenido, un seguro contra el sufrimien- mirada, es decir, a la distancia y a lo arbitrario y, sobre todo, al es-
to. Ingresan a una antropología de llamado a la existencia cuando el pejismo.
individuo tiene la impresión de ser arrastrado a un caos de sufrimiento.
"Es cierto que eso hace mal, pero demuestra que uno(a) es real, que uno(a)
La mano
está vivo": la misma idea se encuentra siempre en quienes atentan
contra su propio cuerpo. Vivir resulta insuficiente, el sujeto no ha
investido lo suficiente su cuerpo, su anclaje en el mundo; le es preciso ex- Si el tacto se extiende sobre toda la superficie del cuerpo, la piel resulta
perimentar las sensaciones que lo lleven finalmente a la sensación de un más a menudo pasiva, más tocada de cuanto ella toca, a la inversa de la
arraigo en sí mismo. Existo en el momento en que me corto, pues estoy mano, cuya vocación, más allá de la de asir, es justamente la de ir al
inmerso en una situación de gran poder emocional y sensorial. El dolor, encuentro de los cuerpos o de las cosas, más allá de cualquier separación,
la llaga, la sangre fuerzan finalmente la sensación de existir. Cuando el para permitir una evaluación táctil. Aristóteles fue el primero en ver en
yo carece de apuntalamiento, cuando la imagen del cuerpo tiene dificul- la mano a un instrumento arraigado en la carne del hombre y capaz de
tades para establecerse como un universo propicio, recurrir a sensacio- hacer que el mundo le sea más hospitalario. "En efecto, el ser más
nes vivas da finalmente la impresión de ser uno mismo. Ya no basta con inteligente es aquel que resulta capaz de utilizar bien el mayor número
existir; es preciso sentir que se existe. Una sobrepuja de sensaciones ,ffimi, de herramientas: ahora bien, la mano parece ser, no una herramienta
viene a poner fin al desmoronamiento de uno mismo y de la inconsisten- sino varias E...1. Fue, entonces, al ser capaz de adquirir el mayor número
cia de la imagen del cuerpo. de técnicas al que la naturaleza le concedió la herramienta que es con
Una incisión es entonces una manera de sentir por fin los límites de mucho la más útil, la mano". Si los animales no tienen más que un medio
uno mismo, de vivir por un momento esa unión del yo y de la imagen del de defensa —prosigue Aristóteles—, el hombre, por el contrario, posee
cuerpo. Cuando no queda más que el cuerpo para experimentar la propia muchos, "y siempre le es dado cambiarlos e incluso contar con el arma
existencia y eventualmente hacérsela reconocer a los demás, el borde de que desea cuando lo desea. Pues la mano se convierte en uña, garra,
la piel se convierte en un modo de reaseguro de la identidad personal. cuerno, o lanza o espada, o cualquier otra arma o herramienta. Puede ser
La falta de inserción en el entorno, la sensación de insignificancia per- todo eso porque es capaz de asir y de sostener" (Aristóteles, 1956, 136-
sonal, ya no deja opción. Existo puesto que tengo la sensación de mí 138). La mano no solo siente una huella del objeto; también percibe su
mismo y el dolor lo verifica. Si no es la de la incisión, será la cicatrización calor, su volumen, su peso y en el contacto experimenta placer o dolor.
El derramamiento de sangre es una verificación de la existencia, un Al avanzar hacia el objeto, la mano emancipa al tacto del resto de la
prueba final de estar vivo. "Atravieso fases en las que me siento vacío, piel. Órgano por excelencia de la prensión y del tacto, explora, palpa
toca, acaricia. Solo adquiere fuerza a causa de los movimientos y de la
"
Sobre las conductas de riesgo o los deportes extremos como búsqueda de un límite sensibilidad que la animan. Paralizada o agnósica, pierde sus cualida-
Conduites ic risque•
físico, cf. D. Le Breton, Passions du rlIsque, Métailié, París, 2000 y des: toca pero no es tocada. El intercambio queda roto. Para Aristóteles,
Des jeux de morí au ji ,u de vivre, PUF, París, 2002.

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"resulta imposible que exista una mano hecha de no importa qué, por hueco de la mano es un prodigioso bosque muscular. La menor esperanza
ejemplo de bronce o de madera, sino por una homonimia comparable a lo hace estremecerse" (Bachelard, 1978, 84).
la de un dibujo que representa a un médico. Pues esa mano no podrá La infinita plasticidad de la mano confiere al hombre la posibilidad de
cumplir con su función, como no pueden cumplir con la suya una flauta manejarse en la multitud de artes e industrias que son fundamental-
de piedra o el médico dibujado, que tampoco podrá cumplir con la suya" mente manuales. Marino, pescador, alfarero, herrero, escriba, músico,
(Aristóteles, 1957, 6). escritor, etc., las técnicas manuales son necesarias como lo son en la
La movilidad del brazo, del antebrazo, del puño y de los dedos le actualidad en la informática o para manejar un automóvil o una bi-
confiere a la mano una formidable apertura motriz y táctil. La articula- cicleta. Apoyándose en los recursos propiamente humanos de crear
ción de los dedos en varias falanges y la capacidad del pulgar para sentido y valor, la mano ha ampliado la soberanía del hombre sobre la
oponerse a cada uno de los otros dedos le dan una posibilidad de apre- naturaleza haciendo de él un incansable fabricante de herramientas, un
hensión múltiple, desde la de fuerza, en que se cierra sobre el objeto a homo faber. Que la inteligencia y la mano hayan tenido una inicial
la manera de una grapa, a aquella en que la precisión y la sutileza vinculación, lo recuerda a su manera el inconsciente de la lengua al
resultan determinantes. La estructura osteomuscular favorece la mo- atribuirles sin duda la misma raíz indoeuropea "nz.n." (mens: inteligen-
tricidad, la movilidad, la flexibilidad, el poder, la habilidad para innu- cia, man: hombre, en las lenguas nórdicas). Para varios filólogos, nzanus
merables tareas que implican la precisión o la fuerza. En las técnicas del (en latín, la mano) surge de allí.
cuerpo, la mano, con el refinamiento que le proporcionan la mirada y la La humanidad nace a partir de la mano y de sus innumerables usos.
inteligencia práctica, es una pieza maestra por sus posibilidades de "Instrumento de instrumentos" (Aristóteles), "órgano de lo posible" (P.
aprendizaje, de metamorfosis, de adaptación a las circunstancias. Valéry), modela las herramientas, máquinas cada vez más perfecciona-
El tacto requiere educación para no resultar inexacto o insuficiente. das, se encuentra en el origen de todas las técnicas. Cuando se adquiere
El niño aprende a dirigir y a coordinar los movimientos de los músculos la habilidad de la mano, tanto en el hombre común como en el artesano,
de las manos, va refinando sus palpaciones, aprende a reconocer con- desarrolla una competencia incluso para acciones que se realizan por
sistencias o resistencias, a no romper los objetos o a lastimar a sus primera vez. Guiada por la inteligencia práctica del actor, parece poseer
compañeros de juegos o a lastimarse él mismo. Algunos oficios exigen la capacidad de hacer todo en "un periquete", lo que la hace socia del
una formidable competencia con las manos. El tacto nunca es un sentido hombre en su tarea y no solo ejecutante.
inerte, sino una inteligencia en acción, más o menos aguzada. Un niño
ciego que no aprende a tocar permanece al margen del mundo, en la
necesidad de ser asistido por los demás. Sus manos son torpes, no por Palpar
carencia biológica, sino por falta de educación.
El contacto fisico de la mano sobre el lápiz y el papel, del codo sobre la El tacto permanece en la superficie; palpar se distingue de la misma
madera, o del antebrazo sobre la tabla de la mesa implica una cierta inercia manera como se diferencian oír de escuchar. Activa y exploratoria, la
de la piel, un abandono del cuerpo a su espacio cercano. Existe un tacto palpación toma las cosas entre manos y las investiga en todos los
pasivo, permanentemente solicitado por el hecho de sentir en diferentes sentidos a la búsqueda de informaciones. Esa es la tactilidad del ciego,
puntos del cuerpo la presión de las cosas. Pero el tacto es un sentido activo una palpación precisa de los objetos a lo largo de un recorrido, o en la
si la mano avanza de manera deliberada y exploratoria hacia el mundo, cotidianeidad, a los efectos de identificarlos muy a menudo con un
abraza una forma, encierra un volumen, aprecia su consistencia, su tex- simple contacto de reconocimiento para las cosas ya conocidas. Palpar
tura, el grado de calor, su solidez, etc. Esa actividad sustrae el tacto de la es una especie de penetración táctil, una búsqueda de espesor que el solo
pasividad. Es una empresa deliberada de la mano que palpa, evalúa,
sopesa, sacude, rasca, frota, desplaza, oprime, etc. Por cierto que uno tam- que su estructura osteomorfológica no les dé tanto margen de maniobra. Un hermoso
bién toca con el pie, con los labios, con la lengua, pero con un menor margen ejemplo se encuentra en C. Brown (Celui qui Irgardait passer lesjours, Seuil, 1971; yDu
de apreciación. A menos que una enfermedad prive al hombre de sus pea' gallehe, Laffont, 1990), quien había nacido con parálisis, con movimiento solo en el
manos, el tacto implica una puesta en acción de la palma y sus dedos." "El rostro y en el pie izquierdo, que se convirtió en su vínculo fundamental con el mundo.
La literatura del Renacimiento evoca casos de ese tipo. Así, el anatomista Benedetti
9 Excepcionalmente, en los individuos privados del uso de las manos, los pies son (1450-1512) encuentra "una mujer que había nacido sin brázos, pero que era hábil para
capaces de tocar, sentir, asir, empujar, quebrar, modelar, pintar, escribir, etc. Los pies hilar y coser con los pies" (O'Rourke, 1998). Ambroise Paré describe un caso semejante
resultan depositarios de la mayor parte de las funciones habituales de la mano, pese a en su obra Des Monstres et pi odiges (1996).

152 153
contacto con la superficie no basta para brindar. "Para palpar —dice P. Infancia del tacto
Villey—, el ciego nunca se conforma con entrar en contacto con un punto
único del objeto propuesto. La pulpa del índice, por ejemplo, es amplia; La piel es ante todo, durante todo el período de la existencia, el primer
corresponde a varios puntos, por lo menos a seis, de la letra braille que órgano de la comunicación. En la historia individual, el tacto es el
percibe en forma simultánea. El movimiento hecho en vistas de palpar sentido más antiguo, el más anclado, ya presente in utem después del
va acompañado, pues, siempre de un contacto más o menos amplio: segundo mes de gestación, y luego de manera privilegiada en los
siempre experimenta la necesidad de precisar la noción así adquirida primeros años de vida. Envuelto en la matriz, el feto experimenta una
mediante movimientos en mayor o menor medida numerosos" (1914, culminación del contacto corporal que el niño reencontrará en los mo-
207). La persona que puede ver utiliza más raramente esa forma afi- mentos de acercamiento fisico a su madre. "Así —escribe M. Serres—, antes
nada de la tactilidad, pues sus ojos le bastan de entrada para reunir las de ver la luz, pasamos el tiempo en el vientre de una mujer, entrecruzan-
informaciones que necesita. Pero ciertos oficios exigen permanente- do unos sobre otros nuestros tejidos en la oscuridad: el desarrollo del
mente la puesta en acción de una elaborada competencia táctil. embrión, como suele decirse por antífrasis, debería denominarse envol-
El movimiento (con lo que conlleva de muscular y de articular) y el vimiento 1...]. La panadera amasa la masa del pan con sus manos como
tacto se asocian en la identificación de la naturaleza y de las cualidades la mujer grávida masajea sin quererlo la masa viviente prenatal"
de un objeto. La mano, en tanto encarna la inteligencia sensible del ( Serres, 1987, 330). Mucho antes de que el feto disponga de la vista,
hombre, culmina un proceso que solicita a todo el cuerpo. Para Révész, de la audición o de la olfacción, su piel ya siente las vibraciones del
el sentido háptico desborda la dimensión táctil y kinestésica para en- mundo, pese a que sean diferentes a las que sentirá más adelante.
globar una orientación más ampliamente exploratoria tomando, pal- utem, registra una multitud de mensajes organizados según el ritmo In
pando, sopesando el objeto. "Cuando la mano entra en contacto con el de vida de la madre, sus ocios, sus actividades, sus desplazamientos,
objeto-objetivo, no dispone, como en el sistema ocular, de un 'campo sus comidas, etc.
periférico' que tenga valor de llamado y que pueda proporcionar puntos Poco a poco las paredes uterinas se aprietan en torno al feto. Las
de anclaje. El sujeto debe efectuar intencionadamente movimientos de contracciones en el momento del parto constituyen una etapa esencial
exploración en el espacio de trabajo para buscar (si es que existen) para el ingreso del recién nacido a la vida, activan los sistemas respira-
referencias exteriores" (Hatwell, 2000, 2). torio, circulatorio, digestivo, de excreción, endocrino y nervioso. "Mien-
De manera general, la mirada desempeña un rol decisivo en la aco- tras la madre, al sentirse masajeadora y expulsiva, y el niño, que se
modación del gesto yen la precisión del tacto, no solo guiando a la mano, siente masajeado y expulsado, establecen una estrecha comunicación de
sino también ofreciéndoles a los dedos informaciones preciosas que los cuerpos, llevan a cabo esa experiencia común y complementaria para
inducen la pertinencia de la percepción. Toda experiencia táctil se halla ambos que prepara el acceso a una nueva realidad para cada uno de
íntimamente mezclada con la palpación de la mirada. Y, a la inversa, ellos" (Bouchard-Godard, 1981, 265). En los casos de nacimiento prema-
para juzgar distancias, presiones, posibilidades de acción, la vista turos o por cesárea, los niños presentan durante el primer año de vida
requiere en lo inmediato o por experiencia el arbitraje del tacto. La un índice sensiblemente más elevado de afecciones rinofaríngeas, res-
ceguera hace que los movimientos de la mano se hagan a tientas. piratorias, gastrointestinales y genito urinarias. Montagu (1979, 49-50)
Révész señala, justamente, que "cuanto más complicado sea un sostiene incluso que la mortalidad de niños nacidos mediante cesáreas
objeto táctil, mayores dificultades tendrá la aprehensión háptica (el es más elevado que en el caso de otros niños.
tacto del ciego), y más evidente parece la superioridad de la vista" Los prematuros son menos vivaces, más enfermizos, frágiles. Lloran
(Révész, 1950, 141). más que otros niños. Esas perturbaciones, según Montagu, provienen de
las carencias en materia de estimulaciones táctiles y también de la
ausencia de masajes realizados por las contracciones uterinas. Si deben
ser puestos en incubadora, esto los aleja de la madre y genera paralela-
mente una asepsia en las relaciones físicas. Los lactantes que se be-
nefician con un intercambio de sensaciones con sus madres o nodrizas
se desarrollan mejor que los que permanecen en el entorno de la in-
cubadora, con contactos más distantes impuestos por los cuidados que
requieren. Sus defensas inmunitarias son mejores, son más tranquilos,

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distendidos, adquieren peso con mayor rapidez. El contacto afectiva- El seno es simultáneamente alimenticio, cálido y dulce, proveedor de
mente fuerte conjura en parte el efecto de carencia que nace del medio ternura, objeto con el que jugar o para acariciar, etc. La escasez de tras-
agresivo y aséptico impuesto por los cuidados especiales. Por supuesto, tornos digestivos en el niño alimentado con el pecho materno contrasta
la ulterior maternalización de esos niños es susceptible de encauzar esas con la frecuencia más elevada en aquellos que son alimentados con
mamadera. Los comienzos del lenguaje se efectúan en esas experiencias
dificultades y llevarlos a un desarrollo armónico."'
La incompletitud fisiológica y moral del niño, su incapacidad para iniciales de contacto corporal eminentemente significativas en su ternu-
asegurar su homeostasis interna y su ingreso a la vida lo vuelven ra y en aprobación o su ruptura y su reproche. En forma paralela, las
dependiente de su entorno social, esencialmente de su madre o de exploraciones táctiles del niño son decisivas para su orientación en el
quienes ocupan su lugar. Librado a sí mismo, sin cuidado, sin afecto, el mundo; juega con el cuerpo de la madre, se apodera de los objetos y los
lactante va a la muerte al no poder alimentarse o protegerse del medio lleva a la boca, a los labios, los agita ante sus ojos. Lentamente coordina
que lo rodea. Para A. Montagu, la estimulación táctil resulta necesaria sus gestos, subordinando a ellos la vista, antes de que ésta gane, a su
vez, la delantera. Si toca a los objetos o a las personas que lo rodean,
para su completo desarrollo y para su apertura al mundo. Durante los
primeros meses de existencia, en contacto con una madre amante y pronto asimila las prohibiciones o los ritos de contacto propios de su
sociedad. Por otra parte, aprende a discernir el significado inicial de un
atenta, el niño se encuentra en un contacto corporal que envuelve su piel
objeto viéndolo y ya no solo tocándolo. El contacto se convierte entonces
por completo. El sentido del tacto resulta entonces primordial. Las sen-
en una información complementaria, pero no se im-pone desde el
saciones experimentadas en el contacto con el seno, o con el biberón,
mezclan en la modalidad del placer y de la satisfacción de las necesida- comienzo. Tocando el mundo, el niño aprende a distinguirse de él y a
des biológicas, lo audible, lo táctil, lo olfativo, lo gustativo. Labios, boca, plantearse como sujeto. La abundante sensorialidad de su entorno pasa
lengua, piel experimentan una tranquila efervescencia que participa ya ante todo por el camino que le ofrece su madre; ella es, para bien (aunque
en la construcción de sí mismo. Cualquier estimulación de los labios del a veces para mal, si descuida ese rol de pasadora), su apertura sensual
y sensorial hacia el mundo.
lactante suscita una rotación de la cabeza hacia el objeto de la estimula-
ción y el movimiento de chupar. En el niño alimentado con el seno de la La madre es simultáneamente matriz de sentido y de sensaciones,
persigue en el tiempo el alumbramiento social e individual de un niño
madre, la respuesta manifiesta la búsqueda del pezón.
El mundo del lactante se da ante todo por la boca, movilizando la al que le imprime la tonalidad de la relación con el mundo. En favor de
tactilidad, el gusto, el olfato, lo caliente, lo frío. "Para el recién nacido, las experiencias cutáneas con la madre en el marco de una relación
las sensaciones simultáneas de los cuatro órganos sensoriales (la ca- aseguradora de apego, el niño construye su sentido de los límites y
vidad oral, la mano, el laberinto del oído y el estómago) son una asimila la confianza que le permite sentir que existe con felicidad y ple-
experiencia propioceptiva total. Para él, los cuatro se hallan mediatiza- nitud. Para él, su entorno cobra sentido y valor y no resulta invasor ni
dos por la percepción del contacto" (Spitz, 1968, 57). Durante la lactan- vacío, sino digno de interés. Se cría a un niño no solo alimentándolo u
cia o los cuidados maternos, la mano del niño, eminentemente activa, se ocupándose de su higiene, sino también brindándole ternura, teniéndo-
aprieta contra el seno, lo aferra, lo acaricia, lo golpetea. El lactante lo en brazos, insuflándole una confianza elemental en el mundo que
siente el olor de su madre, escucha las palabras o los cantos que le comienza ya en los brazos de la madre. La piel materna lo envuelve
dirigen, lo acunan, se encuentra en una intensa relación piel a piel con psíquicamente, le imprime sus significados, sus bloqueos o sus apertu-
ella. Durante la lactancia, le bebé no mira el seno, sino el rostro de la ras al deseo, según la calidad de su presencia así como la del padre.
madre. Incluso si pierde el pezón y lo busca, no quita la vista de sus ojos. Según D. Anzieu, el niño se encuentra en la necesidad de hacer la
Si el tacto es el corazón de su universo, su madre lo proyecta ya fuera de experiencia de una envoltura contenedora, es decir, de una maternali-
zación amante, que le dé el sentido de sus límites personales y lo inscriba
sí mismo, rumbo al encuentro del mundo exterior.
mediante la palabra y el contacto dentro de un mundo propicio, basado
en el intercambio. El niño que carece de holding se halla permanente-
I" Si quienes atienden a los bebés ponen en marcha simplemente un breve programa mente a la búsqueda de los límites y de la confianza que le faltan. No
de estimulación táctil (masajes, tomarlos en brazos, hablarles, jugar con ellos, etc.), los
niños prematuros comienzan a ganar peso, tienen un mejor crecimiento, una tranqui- haber sido criado con amor lo lleva a experimentar un vacío, la ausencia
lidad que los diferencia de aquellos que no han participado en la misma experiencia. de confianza en un mundo del que no sabe qué esperar ni lo que los demás
Acerca de todos estos datos, además de los trabajos esenciales de A. Montagu, véanse pueden esperar de él. Si le faltan los materiales sensoriales, y en es-
los numerosos testimonios y los debates al respecto en Barnard, Brazelton (1990), Ficld pecial el holding (el hecho de ser apoyado en el sentido fisico y moral),
(2004), Consoli (2004).
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y el handling (el hecho de ser conducido en sentido fisico y moral), "hace afectivamente impregnado, y vuelve a representar en el imaginario el
de todas maneras esa experiencia con lo que queda a su disposición: de contacto con la madre momentáneamente ausente o lo duplica si ella se
ahí las envolturas patológicas constituidas por una barrera de ruidos encuentra junto a su cabecera. Ositos de peluche, trozos de tela,
incoherentes y de agitación motriz; éstas aseguran no la descarga muñecos que chupa o manipula, arroja y vuelve a tomar, conjuran así la
controlada de la pulsión, sino la adaptación del organismo para la ausencia. Esos objetos resultan un reemplazo de la presencia materna.
supervivencia" (Anzieu, 1985, 112). "Objetos transicionales", madres portadoras y proféticas, lo acompañan
La ruptura de la fusión de los cuerpos anterior al nacimiento, el mientras se duerme, lo consuelan si se lastima, si está enfermo o lejos de
despojamiento de la envoltura uterina, hacen del niño un sujeto aparte, ella por un momento. El niño se proyecta en ellos y los hace confidentes de
librado a sí mismo. El contacto corporal madre-hijo inventa la sociedad sus sinsabores o de sus esperanzas. Esos objetos favorecen la erotización
y la cultura, es decir, la manera particular en que una mujer cría a su de la boca mientras proveen a la seguridad ontológica que el niño necesita.
hijo. Si ella responde a sus movimientos, le habla, lo acaricia, lo marca Éste asimismo se chupa el pulgar, se balancea, emite prolongados intentos
con su ternura, le trasmite su calor, el niño se educa en una tactilidad de articular palabras. Mediante una intensa puesta en juego de sus
feliz. Ella despierta su sensualidad respetando su diferencia, no arras- sensaciones kinestésicas, visuales, táctiles y auditivas, el niño disipa su
trándolo en su seducción. Abre la vía para la erotización de su piel y de angustia fabricándose un mundo que provisoriamente se basta para él.
una apertura cercana al otro. Los intercambios cutáneos entre la madre Más adelante, el acceso al lenguaje y a la capacidad de pensar la ausencia
y el hijo deben evitar el dominio y dejar que el niño siga su camino en la reduce ese recurso propiciatorio al cuerpo.
ternura y no en el acaparamiento. Montagu deplora que las madres norteamericanas (piensa, de modo
Si la madre es rígida o contradictoria, le imprimirá al hijo una manifiesto, en las madres blancas, anglosajonas y protestantes) tiendan
sensibilidad que se corporizará de inmediato en sus relaciones con los a descuidar los contactos corporales con sus hijos. Al no haber tenido
demás. La ternura de un adulto hacia los demás es un efecto de edu- nunca bebés en brazos, temen lastimarlos, dejarlos caer y así evitan
cación y no una expresión de buena o mala voluntad. La cualidad del con- tales situaciones de intimidad frente a las cuales carecen de educación.
tacto se arraiga en los primeros años de vida, en la manera en que el niño A diferencia de mujeres jóvenes de otras sociedades, acostumbradas
ha sido tocado, cargado en brazos, acariciado, amado, estimulado o no. desde temprana edad a ocuparse de sus hermanos o hermanas menores,
Su sensibilidad se educa en las relaciones con la madre y con quienes lo o de niños del vecindario, para una joven madre norteamericana (y de
rodean. Al ser acariciado, mimado, amado, aprende a acariciar, a mi- otras partes del mundo occidental) la relación con el niño es un hecho
mar, a amar. Si le han faltado ternura y contacto con los demás, a me- sorprendente que ya no es trasmitido por una familia inclinada al hijo
nudo resulta bulímico en su existencia adulta o bien se comporta único.
poniendo distancia o agresividad en las relaciones con los demás, Después del nacimiento, la separación de los cuerpos es bastante
incluso con sus más cercanos. radical. La envoltura materna se desplaza hacia la cuna, la habitación
Una minoría de niños, incluso luego de una prueba personal, no o la eventual nodriza. Lejos de dejar que su propio placer sensorial se
necesariamente busca el contacto personal con la madre: la presencia de conjugue con el del niño, la madre se aplica más bien a responder a sus
ella a su lado le resulta suficiente. El apego no está en cuestión, no se preguntas, manteniéndolo fisicamente a distancia (Montagu, 1979,
trata en absoluto de rechazo o de indiferencia con respecto a ella. La 185). Para M. Mead, las mujeres norteamericanas tienen más contactos
evitación del contacto concierne asimismo al padre, a veces no. El niño corporales con sus hijas que con sus hijos. La relación con el niño varón
se conforma solo en la manera habitual, en la que sus padres le parece de entrada sexuada y esa sensación la hace contener su caricia.
manifiestan su amor tocándolo o descuidando el contacto con el cuerpo. Para Montagu, esa diferencia de tactilidad recibida por el hombre y la
Esos niños concuerdan con su madre, cuando la sienten cercana. Según mujer en su infancia determina luego su sensibilidad. Los hombres son
que el padre aliente o no los contactos físicos, el niño los buscará o menos inclinados a acariciar o a ser acariciados que las mujeres, acos-
permanecerá a la expectativa (Main, 1990, 467). Las formas de educa- tumbradas a esas actitudes. Un hombre (o una mujer) que no se ha
ción del niño están vinculadas, por supuesto, con la pertenencia social beneficiado en absoluto con la ternura presenta dificultades para ma-
y cultural, solicitan una cierta proxemia. nifestarla más adelante. Las torpezas y los modos rudos de los hombres
Los trabajos de Winnicott esclarecieron los fenómenos transicionales durante los preámbulos amorosos a menudo están vinculados con esa
mediante los cuales el niño aplaca su angustia frente a la ausencia. En falta de socialización afectuosa que los lleva a refugiarse en la "virilidad"
momentos en que se anuncia la separación, el niño solicita un objeto hecha de una sexualidad reducida a la genitalidad sin ternura, sin

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reconocimiento del otro. En nuestras sociedades, las caricias son clara- permanentemente en un clima de dulzura y tranquilidad, en una trama
mente un patrimonio femenino. Así, a menudo las mujeres se besan al familiar en sí misma capaz de generar distensión. Semejante entorno
saludarse cuando se conocen, contrariamente a los hombres, quienes desarrolla en el niño una sensación de confianza hacia el mundo y hacia
prefieren estrechar la mano o un golpe con las palmas de las manos que sus propios recursos; está impregnado por la serenidad, incluso en los
mantenga la distancia con el otro, incluso las grandes palmadas "viriles" momentos de adversidad que debe enfrentar (Montagu, 1979, 171). M.
en la espalda (Le Breton, 2004). "El niño que no se ha desarrollado Mead describe cómo en Bali el niño crece en un contacto corporal in-
táctilmente, al crecer se convierte en un individuo algo zafio, no solo cesante con su madre o con su entorno, no solo el constituido por la
fisicamente en sus relaciones con los demás, sino también psicológica- familia, sino por el conjunto de hombres o mujeres de las cercanías, por
mente. Esta clase de personas carecerán probablemente de 'tacto', de ese los otros niños. Se encuentra permanentemente inmerso en un baño de
sentido que el diccionario define como 'delicadeza espontánea' " (Mon- estimulación táctil (Bateson, Mead, 1942).
tagu, 1979, 164). En Maghreb, el niño se halla enormemente en contacto con la madre,
Los juegos infantiles se encuentran sexualmente orientados. Si bien con las tías, las hermanas, las abuelas o las demás mujeres del pueblo
la niña pequeña mima a su muñeca, el varón pronto se disuade de tener o del barrio. Experimenta una relación de proximidad cutánea hasta los
semejante comportamiento y es llevado a la razón en virtud del miedo dos o tres años, o hasta un nuevo embarazo de la madre. Alimentado con
de parecer un "mariquita" o un "mujercita". Los padres norteamericanos leche materna, es amamantado según demanda, cuando lo pide. Si llora,
tienen tendencia a jugar más con sus hijos varones, a implicarlos en la reacción de la madre es la de ofrecerle el pecho. Por otra parte, los
juegos "viriles" de contacto, en tanto manifiestan hacia las hijas mujeres niños raramente se chupan el pulgar (Zerdoumi, 1982, 95), ya que tiene
una actitud dulce y protectora. La socialización diferenciada de varones menos necesidad de autoestimulaciones que los niños occidentales.
y niñas confirma las opciones de las sociedades e imprime su sensibili- Durante la jornada, cuando se encuentra atareada realizando las tareas
dad sensorial, en especial su actitud frente a los contactos corporales. La domésticas, o sale de la casa, lleva al niño a sus espaldas, o lo coloca sobre
piel es siempre la apuesta inconsciente de la relación con el otro. las rodillas si se sienta. Si debe trasladarse hacia otra parte, deja al niño
En un cierto número de sociedades humanas, el niño se encuentra en en manos de otra mujer de la familia o del barrio, o lo confía a sus
permanente contacto corporal con la madre, en sus brazos, colgado sus hermanas. Siempre hay alguien disponible para tenerlo, para jugar con
espaldas, sobre las caderas o sostenido mediante un tejido junto al él, para acariciarlo, etc. Si la madre se aleja por algún tiempo demasiado
cuerpo. Acompaña sus movimientos, comparte sus actividades, se aco- prolongado, a su regreso, deseosa de recuperarlo, lo abraza, le habla, lo
pla a su ritmo. De múltiples maneras es una prolongación del cuerpo de acaricia prolongadamente y a veces le da el pecho durante una hora
la madre, incluso cuando ésta trabaja. El niño duerme cuando ella muele (Zerdoumi, 1982, 93).
el mijo o el arroz, descansa a su lado cuando ella dormita. La madre Durante mucho tiempo, los hijos acompañan a la madre a los "baños
nunca resulta estorbada por su presencia; desarrolla una técnica corpo- moros", donde vive una estrecha complicidad táctil y afectiva con la
ral que no merma en nada sus actividades habituales y que le permite madre y las demás mujeres, y donde todos los contactos están permiti-
no dejarlo solo en ningún momento. Si se ausenta por un momento, el dos sin que lleguen a producir incomodidad. Cuando nace un hermano
niño queda al cuidado, de la misma manera que cuando la madre se haya o una hermana, el niño es desplazado a la periferia del cuerpo materno.
presente, de las niñas de la familia o de la aldea. La piel de la madre es Pierde el privilegio del seno y del contacto estrecho ron la madre, pero
el filtro semántico y sensorial de su relación con el mundo. a menudo las hermanas o los demás integrantes de la familia toman el
En el Ártico canadiense, por ejemplo, los netsiliks asocian estrecha- relevo y siguen jugando con él, vigilándolo, llevándolo en brazos. El
mente el cuerpo del niño al de la madre. Esta, tranquila, serena, jamás padre tiene un contacto más reservado con los hijos, a pesar de la
rezonga al hijo; le deja total libertad de movimientos. Colgado mediante palabra del profeta, quien lo exhorta a exteriorizar sus sentimientos
un paño a sus espaldas, el niño se encuentra en contacto cutáneo por el hacia ellos, tomándolos en brazos, acariciándolos, etc. De manera ge-
vientre, muy protegido del frío intenso por las pieles que lleva la madre. neral, en Maghreb el niño se encuentra, en los medios tradicionales,
Si tiene hambre, rasca la piel de la madre, quien de inmediato le da el inmerso en un rico universo sensorial y goza de una tactilidad plena de
pecho. La acompaña durante las actividades diarias, íntimamente ape- amor.
gado a ella. La evacuación intestinal se hace sobre la espalda de la En numerosas sociedades africanas, el niño se halla en una gran
madre, en pequeños pañales de caribú. En esos momentos, la madre lo proximidad física con la madre (Rabain, 1979). Al evocar a los yakas, R.
toma entre las manos para cambiarlo. Ese contacto piel a piel se realiza Devish traduce bien esa comunidad táctil de la familia africana: "De

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manera casi continua, el niño permanece en un contacto epidérmico con no dispone de las mismas bazas en la existencia que un niño amado y
la madre, el padre, los hermanos y hermanas o con los parientes, con las colmado. Los trabajos de Spitz sobre el hospitalismo brindan un testi-
coesposas del padre. Muy raramente se crean vacíos de contacto, que el monio sobrecogedor. La ausencia de una madre o de una nodriza atenta,
niño aprende a llenar gracias a un objeto transicional propio" (Devish, por causa de enfermedad o muerte, y la hospitalización del lactante o su
1990, 56;1993). Ala inversa, otras sociedades combaten la tendencia del internación en una institución lo priva de los cuidados maternos y de los
niño a aferrarse al cuerpo de la madre. Los procedimientos de fajar al ni- contactos cutáneos que necesita para su desarrollo físico y psicológico.
ño, propios de las sociedades europeas tradicionales, durante mucho Los daños que experimenta se encuentran en estrecha relación con la
tiempo contuvieron sus movimientos. Privado de la libertad de moverse, duración del alejamiento de la figura materna y de las carencias de
era dejado en la cuna o cerca del campo, donde los adultos trabajaban y quienes están a cargo de colmar sus aspiraciones a ser mimado, aca-
lo vigilaban mientras cumplían con sus tareas. En nuestras sociedades, riciado, etc. En un estudio sobre 123 lactantes de una institución de
la misma situación perdura, pero claramente menos que en la mayoría Nueva York, Spitz demuestra que los niños que ven regularmente a sus
de las sociedades tradicionales. Cuando aprende a caminar, experimen- madres no presentan ninguna dificultad en el crecimiento o de relación
ta la culminación de los contactos corporales con los demás, resulta más con el mundo. Sin embargo, después de los seis meses, muchos de ellos
tocado y mimado en ese momento que durante su primera infancia, caen en comportamientos caracterizados por lloriqueos, en contraste
cuando había quedado en la cuna, solo tomado en brazos de la madre en con su anterior actitud jovial y extrovertida. Si la ausencia de la madre
los momentos de las comidas o de la higiene (es decir, un contacto se prolonga, el llanto da lugar al repliegue en sí mismo, permanecen
episódico). acostados boca abajo en la cuna, volviendo la cabeza cuando son lla-
A diferencia de varias otras sociedades donde el niño habita de alguna mados y llorando si el llamado se torna insistente. Pierden peso, sufren
manera en el cuerpo de la madre o de otras personas, en nuestras de insomnio, de afecciones en las vías respiratorias. El repliegue sobre
sociedades el contacto comienza esencialmente a demanda del niño sí mismo se acentúa y el llanto da lugar a una especie de rigidez en la
(menos, sin duda, en las sociedades latinas). Las madres occidentales no expresión. Colocados en el piso o en la cuna, permanecen indiferentes,
gozan de la misma disponibilidad que sus homólogas africanas o asiá- con el rostro sin la menor animación."
ticas, e incluso ellas mismas, durante sus respectivas infancias, nunca La "depresión anaclítica" (Spitz, 1965, 206 y ss.) afecta a los niños que
fueron enfrentadas a semejante actitud. Poco a poco los contactos han cortado el contacto con la madre a causa de contingencias adminis-
disminuyen y a menudo se vuelven escasos en el momento del ingreso trativas entre el 6° y el 8° mes de vida. Entregados a cuidados eficaces,
a la pubertad para desaparecer durante la adolescencia. Asimismo, los pero sin implicación afectiva, sin posibilidad de jugar en contacto con el
niños, cuando son chicos, se tocan permanentemente entre sí al jugar o cuerpo de un adulto, ingresan a un marasmo del cual las madres luego
en los patios, durante los recreos escolares. Se toman de la mano, se tendrán dificultades para sacarlos. Según Spitz, si la separación supera
acarician, se empujan, juegan a explorar sus cuerpos, etc. Pero sus los cinco meses, y si durante ese tiempo el niño no es maternalizado,
mutuos contactos se van atenuando en la escuela primaria para desapa- acariciado, mimado, estimulado por una figura de reemplazo, los daños
recer luego. Cada grupo social desarrolla una manera propia de educar físicos y psicológicos corren el riesgo de convertirse en irreversibles. Por
y de sensibilizar a sus integrantes con diferentes formas de contacto y el contrario, si las relaciones anteriores con sus madres eran malas (ma-
de estimulaciones táctiles, en función de la sociabilidad que desarrolle dres indiferentes o a las que les molestaba el contacto con el bebé), las
y del entorno donde se inserte. Tareas particulares, competencias ad- incidencias psíquicas o morales por causa de ausencia serán claramente
quiridas, a veces llevan igualmente a una educación más afinada del menos graves.
tacto y de la sensibilidad táctil. Otro estudio de Spitz arroja una cruda luz sobre las consecuencias de
la ausencia de contacto corporal entre el niño y la madre (o la nodriza).
Para ello, describe los síntomas de hospitalismo que se producen en una
Las carencias del tacto institución para niños abandonados. Allí los niños se encuentran perfec-
tamente cuidados, alimentados, atendidos. La higiene no admite repa-
Una piel común vincula al niño con su madre y, más allá, lo integra al
seno del mundo, siempre que dicha piel no se encuentre desgarrada, "
Las teorías del apego afectivo, como las de Spitz, Harlow o Bowlby, retornan
fragmentada, ausente; incluso si sus demás necesidades fisiológicas son trabajos más antiguos de Hermann (1973), los que insistían en esos imperativos de
satisfechas, el niño carente de estimulaciones sensoriales y de ternura contacto y de ternura en la relación con el niño. A su juicio, éstos eran tan importantes
para el desarrollo y el gusto de vivir del niño como los cuidados o la alimentación.

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ros, pero la falta de personal impone cuidados fragmentados y mecáni- crecimiento, el desarrollo cognitivo y, sobre todo, las ganas de vivir del
cos, sin ternura, sin que el niño tenga tiempo de apegarse a alguna de niño.
las personas que lo atienden. Una misma enfermera se ocupa de una Las lagunas de la madre (o de la nodriza) en la provisión de - una
docena de bebés. Sus tareas no le permiten jugar con ellos, cantarles, envoltura afectiva en torno a la piel del niño provocan perturbaciones
acariciarlos, tenerlos en brazos, establecer una relación auditiva, táctil, más o menos serias en su relación con el mundo. Si la membrana cutánea
olfativa, etc. Los niños se hallan prácticamente privados de ternura y de del niño es lo suficientemente sólida como para enfrentar las turbulen-
contactos cutáneos. Si bien las primeras semanas de la separación las cias del entorno, la falta de estimulación le impide sentirse simbólica-
madres suelen venir a alimentarlos, pronto quedan totalmente librados mente contenido. El hecho de considerarlo como un socio del intercam-
al personal de la institución. El deterioro físico y psicológico se produce bio, de tenerlo, de acariciarlo, de cuidarlo, modela su confianza en el
en pocos meses: marasmo, pasividad, incapacidad para jugar, para mundo y le permite situarse dentro del lazo social, de saber qué puede
ponerse boca abajo o sentarse, rostro sin expresión, deficiente coordina- esperar de los demás y qué esperan los demás de él, en un sistema de
ción ocular, mirada perdida, retraso en el desarrollo, aparición de tics, mutuo intercambio de reconocimiento.
de movimientos compulsivos, de automutilaciones, etc. El índice de Corno consecuencia de la falta de desarrollo de una seguridad ontoló-
mortalidad es enorme. Cuatro años después, los que han sobrevivido gica que favorezca la confianza activa en su entorno, el niño choca con
97111
tienen dificultades para sentarse, para mantenerse de pie, para cami- él a través de sus llantos, sus gritos, su agitación. Es "insoportable",
nar, para hablar. La carencia afectiva, la ausencia de estimulación, han nunca está satisfecho, no tiene límites en las relaciones con los demás.
destruido su capacidad de desarrollo simbólico y físico. Frustrados en De no ser contenido, pasa a ser invasor. Con falta de seguridad, de
una relación de la que esperaban amor, se repliegan sobre sí mismos, pronto, o de manera habitual, privado de sus débiles referencias, el niño
volviéndose vulnerables a las enfermedades y a los retrasos en el cre- se vuelve pegajoso, busca permanentemente relacionarse con sus cerca-
nos. Esa carencia de contacto de piel en un clima de confianza y de
cimiento.
En 1938, en Nueva York, J. Brunneman, quien dirigía un servicio de ternura suscita más adelante, en el adulto, una patología de los límites.
pediatría, decidió que cada niño hospitalizado debía ser tenido en A falta de límite de sentido, se efectúa una búsqueda de frontalidad con
brazos, maternalizado, mimado, etc. Este nuevo régimen de cuidados el mundo. Son los hombres y mujeres que viven de manera caótica, que
disminuyó la mortalidad infantil en su servicio de 30-35% a 10%. El niño se sienten vacíos, insignificantes, que no experimentan su existencia.
no solo tiene necesidad de alimentación y de cuidados, sino también de Carecen de los límites social y psicológicamente necesarios entre ellos
ser amado y de entrar en un diálogo corporal con alguien que se interese y el mundo. El yo-piel (Anzieu, 1985) es perforado por todas partes como
en él. T. Field cuenta la historia de Tara, una niñita criada en un consecuencia de no haber sido apuntalado por una afectividad feliz y
orfelinato rumano. Pasaba la parte esencial de su tiempo en la cama, coherente durante la primera infancia.
teniendo solo contactos funcionales con el personal. A los siete años, La carencia de amor, la falta de estimulaciones cutáneas en la
acusaba retraso de desarrollo cognitivo y de crecimiento. Pesaba la infancia, llevan a que los individuos desarrollen pruritos y a tratar de
mitad que una niña de su edad y apenas se sostenía sobre sus piernas. aliviar la comezón rascándose. Para la psicosomática de la piel, nume-
Un terapeuta especialista en masajes comenzó a encargarse de ella rosas afecciones cutáneas son enfermedades provenientes de la falta de
junto a otros niños. Después de algunos meses de tratamiento, de sentir contacto, la expresión de carencias en materia de estimulaciones tácti-
les. Son, además, socialmente difíciles de soportar, invalidantes incluso

1
una presencia cálida a su lado, recuperó una vitalidad y una renovada
por las molestias que ocasionan, por el juicio o el rechazo que suscitan
fuerza (Field, 2001, 13-14). 12 Los niños que reciben masajes experimen-
tan, con respeto a otros, un aumento en el crecimiento, en la distensión, en los demás (Consoli, 2004, 68 y ss.). Frenan el establecimiento de una
en el apetito, etc. Los prematuros permanecen hospitalizados menos relación amorosa por temor a provocar la retracción o el rechazo. Al
tiempo y son más "despiertos", están más atentos a su egreso. La pri- interrogar y observar a madres de niños afectados por eczema, M. Ro-
vación de contactos físicos y afectivos altera el sistema inmunitario, el senthal comprueba que son poco pródigas en contactos cutáneos (Mon-
tagu, 1979, 155). La enfermedad viene a rellenar las lagunas de contacto
' 2 No solo los niños requieren contactos y el reconocimiento de lo que son. Las
piel a piel. El propio niño asume su envoltura cutánea, pero de manera
personas de edad también lo reclaman enormemente, no solo en las instituciones donde ambigua; traduce al mismo tiempo su falta en ser y satisface las
son internadas, sino asimismo en su domicilio. La práctica regular de masajes, si es estimulaciones que le faltan. De modo ambivalente, traduce su voluntad
consentida, por supuesto, aunque sea modesta, mejora considerablemente su estado de cambiar de piel: sus síntomas son un llamado simbólico dirigido a la
físico y, sobre todo, sus ganas de vivir.

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terminar, se declaraban 'tomadas por la tela', cuando en realidad ellas
madre para suscitar su atención y provocar su afecto, y simultáneamen-
te un reproche por su abandono al volverse "rechazable". "Da la impre- eran quienes la manchaban" (Tisseron, 1987, 13). Según Clérambault,
esa atracción se alimentaba en los primeros años de vida, con una madre
sión de que las madres de niños con eczema no se abstienen de contactos
corporales con el niño; pero los contactos que proponen, iniciados por ausente o avara en contactos personales. El fortuito descubrimiento del
ellas o en respuesta a la incitación del niño, nunca llegan a ser apacibles contacto con una tela en la cuna o durante un juego con la ropa o con una
y llenos de confianza. A partir del hecho de la angustia, que por razones muñeca cristaliza alguna vez un placer susceptible de ser reavivado en
diversas suscitan en la madre, esos contactos corporales parecen des- cualquier momento, sin dependencia de los demás. Carentes de amor,
tinados a un exceso de estimulación, de origen tanto amoroso como 'M i esas mujeres robaban simbólicamente el objeto, se apoderaban de la
13 La calidad del contacto con la seda, la palpaban y gozaban tanto con los estremecimientos del tejido
agresivo"(Bucht-Gda,19826).
madre y con sus allegados durante la infanCia condiciona la calidad de como del contacto de éste sobre la piel de ellas: "Excita, una se siente
mojada; para mí, ningún goce sexual se le equipara", decía una de ellas.
la erotización de la piel del hombre o de la mujer en el futuro.
La piel es una memoria viva de las carencias de la infancia. Éstas A veces la sexualidad se convierte en el pretexto para ser tocado,
continúan resonando mucho después, incluso a pesar de que a veces acariciado, rodeado por personas a la búsqueda de ternura y contactos
atenúen su efecto Mediante remedios o encuentros que se establecen, y perdidos (Montagu, 1979, 126-127). Un estudio norteamericano reali-
zado sobre 39 mujeres entre 18 y 25 años internadas en un hospital
que avivan o alivian esas llagas. Inquietudes crónicas o circunstancia-
les a veces producen una reacción epidérmica: ronchas, en sentido real psiquiátrico de Pennsylvania por depresión, demuestra que más de la
o figurado, crisis de eczema, de soriasis o de urticaria, manchas rojas. mitad de ellas utilizaba la sexualidad no tanto por placer, que a menudo
no experimentaban, sino para ser abrazadas, contenidas. Varias de
La alergia no solo tiene origen en plantas o animales; el término se
aplica también a las personas que suscitan emociones penosas. La ellas reconocían que las relaciones sexuales, incluso dentro de esa
irritación interior resuena en la pantalla cutánea, el cuerpo semantiza pobreza afectiva, eran el precio que había que pagar por su insaciable
hambre de contactos fisicos. Una de ellas decía: "Simplemente quiero
el contacto perturbado. Entonces se lee a flor de piel, a la manera de ún
sismógrafo personal muy sensible, el estado moral del individuo. Si bien que alguien me tenga y así me parece que las cosas funcionan bien. Si
la piel no es más que una superficie, también resulta la profundidad voy a la cama con alguien, por un momento me tiene contra sí"
figurada de uno mismo: encarna la interioridad. Al tocar la piel, se toca (McAnarney, 1990, 509). A veces, aun frígidas, esas mujeres solo
al sujeto en sentido propio y en sentido figurado. La piel es doblemente experimentaban asco ante la sexualidad, pero su deseo consistía en
estar por un instante entre los brazos de alguien (Thayer, 1982, 291).
el órgano del contacto: tanto condiciona la tactilidad como también mide
la calidad de la relación con los otros. A menudo se habla de buenos o Era el hambre de una ternura nunca recibida, ni en la infancia ni luego
de malos contactos. Se está bien o mal en la propia piel. La relación con de ella, la conjura de la soledad. El contacto corporal les daba la sen-
el mundo de todo hombre es una cuestión de piel (Anzieu, 1985; Le sación de ser amadas, protegidas, reconfortadas y, sobre todo, conteni-
das dentro de los límites simbólicos cuya ausencia mortifica la existen-
Breton, 2003). cia. Su condición de mujeres y su sed de contactos las llevaban a no
A comienzos de siglo, el psiquiatra Clérambault interrogaba a muje-
res cuyo único objeto de sensualidad y de deseo era la seda. Decepcio- poder disociar sexualidad e intimidad física, puesto que para los
hombres que las deseaban solo importaba la sexualidad.
nadas por el contacto sexual con hombres, encontraban en la palpación
de telas el júbilo erótico que les faltaba. La tela "no entregaba un
eventual partenaire deseable: lo reemplazaba. Y esa relación adoptaba El tacto del ciego
la forma de una pasión y de un orgasmo, es decir, de una relación
amorosa completa [...I. La tela ya no era para ellas un partenairepasivo.
El tacto en el hombre es en potencia un sentido de una cierta agudeza,
En una reciprocidad que confesaban haber esperado en vano en su vida
amorosa, la tela respondía a sus caricias, oponía su sonido sedoso o su pese a que los filósofos a menudo lo coloquen en un rango secundario. Los
rigidez a las manipulaciones, 'rechinaba' e incluso 'gritaba'. Y, para ciegos, por ejemplo, sugieren un rodeo para pensar el tacto en otro
registro, cuando se convierte en una modalidad esencial de la relación
con el mundo. Carentes de la vista, los ciegos se orientan mediante el
'3 S. Consoli describe, en el otro polo de la existencia, "pruritos seniles" en las
personas ancianas, carentes de ternura y de contactos con los demás (Consoli, 2004. oído y, sobre todo, por el contacto fisico con las cosas. Todo su cuerpo les
202). A esa edad, la sensación de abandono a menudo alimenta los delirios de infección sirve para tocar, no solo los dedos. Cuando Diderot le pregunta al ciego
cutánea, la sensación de ser devorado por parásitos sucios, etc. (pág. 85).

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de Puiseaux su definición sobre el ojo, éste le responde, provocando la imitarla, por producir sonidos que le permitan participar en esos
admiración del filósofo: "Un órgano sobre el cual el aire hace el mismo intercambios de los que está excluida.
efecto que el bastón en mi mano". Su definición del espejo queda por Ann Sullivan le enseña el alfabeto manual trazando letras con los
completo subordinada al tacto: "Una máquina [...] que pone las cosas en dedos sobre su mano. Pero Helen no consigue hacer aún el vínculo con
relieve, lejos de donde están emplazadas, si las mismas se encuentran el lenguaje. Entre sus primeras palabras, recuerda una, water
convenientemente colocadas en relación con ella. Es como mi mano: no II (agua),
la que reencuentra más adelante, en un momento de iluminación que
es preciso que la ponga junto a un objeto para sentirlo"' 4 (Diderot, 1984, funda su regreso a la comunicación y al mundo. H. Keller estaba junto
145). ¿Sería feliz si pudiera ver? El hombre responde que le gustaría a una fuente, con la mano en el agua: "Mientras disfrutaba la sensación
"mucho más tener brazos largos: me parece que mis manos me instrui- del agua fresca, Miss Sullivan trazó en mi otra mano la palabra "agua",
rían mejor acerca de lo que pasa en la luna que vuestros ojos o vuestros primero lentamente, luego más rápido. Me quedé inmóvil, con toda la
telescopios; y además los ojos más bien dejan de ver antes que las manos atención concentrada en el movimiento de sus dedos. De pronto tuve un
de tocar. Por lo tanto, valdría más que se perfeccionara en mí el órgano recuerdo impreciso, como de algo olvidado desde hacía mucho y de golpe
que tengo, antes de ocuparse del que me falta". el misterio del lenguaje me fue revelado. Ahora sabía que
En las Additioris, Diderot evoca el caso de un herrero operado con signaba ese algo fresco que corría entre mis manos" (Keller,a-g-u-a de-
1991, 40).
éxito por Daviel, quien le había devuelto la vista, pero que sin embargo A los diez años, al encontrar a uno de los profesores de Laura Bridgman,
continuaba utilizando las manos. Del matemático inglés ciego Saunder- otra joven sorda y ciega, pero que había conseguido acceder al lenguaje
son, Diderot escribe que "veía por la piel" (pág. 176). Diderot concluye articulado, comienza otro aprendizaje que la llevará a hablar. Su pro-
que "si un filósofo, ciego y sordo de nacimiento, hace un hombre a fesor le tomaba la mano "que ella pasaba ligeramente sobre su
imitación del de Descartes, me atrevo a aseguraros, señora, que le rostro,
haciéndome sentir las posiciones de su lengua y de sus labios mientras
colocará el alma en la punta de los dedos" (pág. 158). Mucho tiempo ella profería un sonido. Ponía el mayor empeño en cada uno de sus
después, Helen Keller escribe a su vez: "Si yo hubiera hecho un hombre, movimientos [...]. Para leer los labios de la maestra, no tenía más
por cierto que le habría colocado el cerebro y el alma en la punta de los medios de observación que mis dedos. Solo el tacto debía instruirme
dedos" (1914, 70). 15 acerca de las vibraciones de la garganta, de los movimientos de la boca,
La historia de Helen Keller resulta emblemática. Nacida en 1880 en de las expresiones del rostro" (86-88).
Alabama, se desarrollaba normalmente cuando a los 18 meses una En la obra que redacta a los veinte años, H. Keller escribe los dos
enfermedad la privó de la vista y del oído. Entonces se encierra en sí modos de comunicación que la vinculan con los demás y con el mundo.
misma, convirtiéndose en una niña dificil. Una institutriz fuera de lo Con el alfabeto manual, su interlocutor, al que no ve ni escucha, traza
común, Ann Sullivan, la devolverá al mundo mediante su paciencia e rápidamente sobre su palma las letras del alfabeto correspondientes a
ingenio. Para H. Keller, el mundo se entrega bajo los auspicios del tacto las palabras que desea trasmitir. Helen percibe el movimiento de
(y del olfato); a través de sus manos conserva aún el contacto con sus sen-
tido de manera continua, como en la lectura. La velocidad de la
allegados y su entorno. Antes de la regresión intelectual provocada por comunicación depende de la familiaridad de su interlocutor con ese
la enfermedad, se encontraba en vísperas de adquirir el lenguaje y medio de contacto. Esa manera de deletrear rápidamente cada letra
pronunciaba sus primeras palabras. Más adelante, al pasar los dedos permite una conversación común; incluso puede seguir una conferencia
por el rostro de la madre, siente los movimientos de sus rasgos, de los si el orador no tiene un ritmo demasiado rápido. Otra forma que exige
labios, las vibraciones de las cuerdas vocales y se esfuerza en vano, al una familiaridad con sus interlocutores consiste para ella en llevar la
" El sistema de Louis Braille, ex alumno de Valentin Haüy, consiste en inscribir los
mano a sus órganos vocálicos. Helen coloca el pulgar sobre la laringe, el
sonidos bajo la forma de un relieve reconocible mediante la sensibilidad digital. Los 63 índice sobre los labios y así puede entablar una discusión con alguien
caracteres del alfabeto braille se imprimen mediante incisiones y se leen en relieve, bajo cercano. "De esta manera, capta el sentido de esas frases inconclusas
la forma de una percepción háptica. que completamos inconscientemente, según el tono de la voz o el par-
" Aunque considera a la vista como el "más universal" y el "más noble" de los sentidos, padeo de los ojos" (306).
Descartes, en su Dioptrique, no deja de invocar la imagen del ciego y de su bastón para
explicar cómo la luz toca al ojo: "aquellos que habiendo nacido ciegos lo han utilizado
La agudeza táctil de Helen Keller se manifiesta en todo momento. Si
durante toda su vida, y juzgareis que de manera tan perfecta y tan exacta, que casi se bien no desarrolla la sutileza de una Laura Bridgman, capaz de sentir
podría decir que ven con las manos o que su bastón es el órgano del algún sexto sentido ínfimas diferencias en el espesor de un hilo, puede identificar los rasgos
que les ha sido dado a falta de la vista". de carácter de sus amigos. De Mark Twain escribe que percibe "el guiño

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cuando le estrecha la mano" (191). 16 Del mismo modo que otros recuer- siente los objetos, los muebles, la. atmósfera que lo rodea. Identifica el
dan el rostro de la gente con la que se han cruzado, ella conserva la ambiente de los diferentes objetos de su habitación o de otros lugares a
memoria de la presión de las manos estrechadas y de todas las contrac- través de un reconocimiento táctil difícil de precisar. Sin hacer de él un
ciones que distinguen a los individuos entre sí. Ella siente en la sentido infalible, pues también resulta incierto, a veces los ciegos pre-
superficie de la piel las vibraciones de las calles de las grandes metró- sienten a distancia obstáculos colocados en su camino. "Localizan, por
polis y prefiere caminar por el campo y no por la ciudad pues "el sordo lo general en la frente o en las sienes, esas sensaciones y solamente, o
y continuo rezongo de la ciudad mientras trabaja agita mis nervios. casi solamente, son percibidos los objetos que se encuentran a la altura
Siento el caminar sin fin de una multitud invisible y ese tumulto sin del rostro. Un ciego dotado de esa facultad, que se encuentra con un árbol
armonía me enerva. El chirrido de los pesados vehículos sobre el pa- en su camino, en vez de chocar contra él, se detendrá a uno o dos metros
vimento irregular y el silbido híper agudo de las máquinas me torturan" de distancia, a veces más, lo rodeará y luego proseguirá su camino con
(170). Dice "recordar en sus dedos" muchas de sus discusiones con Ann seguridad" (Villey, 1914, 84). Esas impresiones difusas están asociadas
Sullivan o con sus otros amigos. "Cuando un pasaje de sus libros le de manera muy sutil con la tactilidad, con la temperatura, con el oído.
interesa, o cuando desea fijarlo en la memoria, lo repite rápidamente En quienes ven normalmente, el sentido de los obstáculos pasa por
pasando los dedos de la mano derecha sobre él; a veces ese juego con los informaciones visuales, pero se lo reencuentra a veces durante camina-
dedos es inconsciente y se habla a sí misma en el alfabeto manual. A tas nocturnas, de tanteo en la oscuridad.
menudo, cuando se pasea por el hall o la baranda, pueden verse sus Por el contrario, de manera general, el régimen de conocimiento
manos entregadas a una mímica desenfrenada y los movimientos rá- inducido por el tacto difiere del que surge de la vista. Para el ciego, el
pidos de sus dedos forman como un múltiple aleteo de pájaros" (Villey, tacto proporciona elementos de saber de manera sucesiva, cuando la
1914, 80). vista los ofrece de un solo golpe. El tacto es una experiencia discontinua,
A propósito de ese tacto particular que guía al ciego en sus caminatas un tanteo que conduce a la elaboración de un conocimiento. Éste re-
diarias, Révész (1950) sugiere el empleo del término háptico para de- sultara tanto más rápido en la medida en que los elementos tocados sean
signar las modalidades del contacto que van más allá del tacto y de la en parte ya conocidos. Pero si bien la vista es pródiga en informaciones,
kinestesia, pese a estar sutilmente ligados con ellos. Un ciego emplea su la mano avanza siempre austeramente. Descubre las cosas poco a poco,
sensibilidad cutánea para identificar las cualidades del espacio. Una según el modo en que se disponen en su camino. Las corrientes de aire,
vez que conoce una silla, la identifica de entrada, sin tener que recons- los objetos que irradian calor o frío duplican las informaciones auditivas
y entregan indicaciones valiosas a lo largo del recorrido de una habita-
truirla: "No es un desfile, incluso rápido, de representaciones, en el cual
las diferentes partes se agregarían unas a otras en el mismo orden que la ción o de una calle. "Mientras el sol brilla —escribe Rousseau— tenemos
sensación inicial, sino con una velocidad cien o mil veces mayor. Es un ventaja con respecto a ellos; en las tinieblas, son ellos quienes nos guían.
surgimiento. La silla surge de un bloque en la conciencia. Sus diversos Somos ciegos la mitad de la vida, con la diferencia de que los verdaderos
elementos coexisten allí con una perfecta limpieza. Se alza con una real ciegos saben siempre manejarse, mientras nosotros no nos a-trevemos a
complejidad. No sabría decir ya en qué orden las diversas partes fueron dar un paso en medio de la noche"»
percibidas, aunque me resulte fácil detallarlas en un orden diferente" La agudeza del tacto desarrollado por muchos ciegos se encuentra en
(Villey, 1914, 161). El ciego construye su sentido del espacio a través de ' contradicción con el estatuto del cuerpo en los ritos de interacción de la
la tactilidad y del oído. vida corriente. La prohibición de tocar es fuerte en nuestras sociedades
y duplica las dificultades para la orientación. Para reconocerse en un
Si para quien ve normalmente la memoria es esencialmente visual, en
el ciego es olfativa o táctil. Un simple contacto con un objeto conocido ambiente, si bien tocan los objetos, no sin disgusto para quienes ven
restaura de inmediato su estructura. Un ciego en su medio familiar normalmente, les resulta imposible tocar a sus interlocutores. Y sus
eventuales torpezas en medio de la multitud, si chocan contra otra
persona, no siempre son vividas simplemente. Si los ciegos, más que
16 N. Vaschide hace referencia a Marie Heurtin, una joven sorda y ciega de nacimien- otros, son "tocadores" en su vida corriente, entre ellos se tocan poco,
to, cuya sensibilidad táctil destaca asimismo: "A veces incluso le basta con tocar el puño temerosos de los -mismos equívocos (Le Breton, 1990, 2004).
de su hermana Marguerite y de sentir el desplazamiento de sus músculos para in-
terpretar su pensamiento, semejante a un músico que juzgara sobre una melodía sin Esa calidad del tacto o del oído en el ciego resulta puramente
escucharla, por las solas vibraciones de las cuerdas colocadas bajo sus dedos" (Vaschide, "J.4. Rousseau, Émile ou de l'éducation, Flammarion, París, 1966, pág. 168 [Emilio,
1909, 208). En el film de Chaplin, Luces de la ciudad, la heroína, que ha recuperado la o de la educación, Madrid, Alianza, 1990].
vista, reconoce el sabor mediante el tacto.

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accidental: nace de la necesidad. También le es posible a quien ve nor- dejan de ser percibidas. El goce del mundo se arraiga en él en otra
malmente si hace el correspondiente aprendizaje y si se vuelve ciego. En dimensión de lo real diferente a la del que ve con normalidad. Si la noción
quien ve, la vista reemplaza permanentemente al tacto. El ciego no tiene "hermoso día" es más bien una noción visual, para el ciego posee otra
esa opción. Pero, no obstante, conviene estimular su aprendizaje en el tonalidad sensorial, olfativa o táctil, por ejemplo. "Para mí, el viento
niño ciego de nacimiento, por accidente o enfermedad, desde los prime- ocupa el lugar del sol y un hermoso día es aquel en el que siento una dulce
ros años de existencia. Tocar afinadamente se aprende de la misma brisa sobre la piel. Ella hace entrar en mi vida una multitud de sonidos.
manera que una técnica del cuerpo que se va refinando al cabo del Las hojas susurran, los trozos de papel se deslizan por el pavimento, las
tiempo. paredes o las esquinas resuenan dulcemente con el impacto del viento
Con la colaboración del sonido, el recorrido del hombre común es un que siento en los cabellos, en el rostro o en la ropa". Un día en que solo
asunto visual. El ciego llevado a vivir en un mundo de personas videntes hace calor es un hermoso día, pero la tormenta lo vuelve más excitante,
apela, a la inversa, a las referencias táctiles y musculares: declives en pues de pronto me da un sentido del espacio y de la distancia" (Hull,
el trayecto, sensaciones plantares acerca de la consistencia del suelo o 1990, 12). Borges confesaba que antes le gustaba menos viajar: "Ahora
de la acera (arena, pavimento, piedras, barro, etc.), reconocimiento de que soy ciego, me gusta mucho; siento más las cosas".
las bocas de las alcantarillas, del borde de la acera, consistencia de los
árboles, de las paredes o del mobiliario urbano, presentimiento de la
presencia de obstáculos, sensaciones de calor, de frío, de humedad, 4 La temperatura de los acontecimientos
vibraciones de puertas que se cierran ose abren, transeúntes, vehículos,
etc. El oído no "compensa" la vista, aunque multiplique sus adverten- Si un jorai se pierde en la selva tropical y debe buscar su camino pese a
cias. El tacto, por su parte, exige la inmediatez del contacto, pero la la desaparición del sol, palpa la corteza de los árboles de manera de
facilidad de la vista para recorrer el espacio no es la del brazo, y el ciego identificar la cara más cálida, la que fue calentada durante más tiempo
no accede a la información táctil sino en el momento en que se establece por el sol, y de esa manera deduce la ruta a seguir (Koechlin, 1991, 171).
el lazo. Las necesidades ecológicas inducen imperativos culturales, bricolages
El oído es otra línea de orientación a través de la intensidad y la sociales que sorprenden a nuestras sociedades, pero esa sutileza del
dirección de los sonidos: ruidos de vehículos, del tránsito; sonoridades tacto no tendría ocasión de ser empleada allí. El sentido térmico es una
particulares de ciertos lugares: cafés, comercios, talleres, arroyos, ríos, "forma de tacto exterior, afectiva y temporal" (Lavelle, 213), pero menos
fuentes, etc. Pero el ciego disminuye su capacidad de orientación si las material, más fluctuante, solidaria con los movimientos de la afectivi-
informaciones sonoras afluyen en profusión, si confunden su identifica- dad personal y de las condiciones ambientales. Su objeto es atmosférico
ción a causa de la lluvia, cerca dé un boulevard tumultuoso o si el entorno —como diría Tellenbach— y remite a una conjunción difusa de datos
enmudece o emite sonidos amortiguados, por ejemplo cuando cae la internos del individuo y de datos externos, que se le escapan, y de los que
nieve. "Un fuerte viento le produce al ciego el mismo efecto que la niebla se protege, quitando o agregando ropa, o mediante un modo de calefac-
a quienes ven con normalidad. Entonces se siente desorientado, perdido. ción adecuado. El tacto nunca es independiente del sentido térmico. La
Los ruidos violentos, que unen sus respectivas corrientes, le llegan piel es una instancia de regulación de la temperatura corporal. Los
desde todas partes; él no sabe entonces dónde se encuentra".' 8 Una receptores térmicos protegen de eventuales daños causados por el frío
multitud de datos silenciosos se interpone entre el ciego y el mundo, sin o el calor. Señalan el peligro antes de que sobrevenga el dolor, dando
procurarle ninguna referencia. Pero también muchas balizas olfativas tiempo a prevenirse.
De manera pasiva o activa, el individuo experimenta permanente-
acompañan sus desplazamientos, pese a que en sus orígenes sean más
imprecisas. A veces resultan duraderas: la presencia de una panadería,
de una pescadería, de un florista, de un especiero; otras veces son pro-
visorias al estar vinculadas con las estaciones y con el florecimiento de
1 mente la temperatura de los objetos o de los cuerpos en contacto con él.
Las condiciones de calor o de frío del mundo circundante rebotan en la
piel y según sus disposiciones personales, las capacidades de regulación
las plantas. determinan su sensibilidad térmica. El aire envuelve a la piel a la
Las trayectorias del ciego se oponen a la hipertrofia de la vista de la manera de un ropaje invisible, cálido o frío según las circunstancias. Las
mayoría de los transeúntes, recordando también ellas en qué medida, si temperaturas medias no se sienten: se deslizan sobre la piel sin in-
no resultan útiles, muchas indicaciones sensoriales caen en la rutina y cidencia. El sentido térmico se ejerce solo durante los excesos de
'" E. Canetti, Le Terri toire de thomme, Albin Michel, París, 1978, pág. 138.
temperatura exterior o las modificaciones del medio interno del propio

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Asimismo, la mano se encuentra culturalmente orientada a manifes-
hombre. Las variaciones experimentadas traducen las cambiantes mo- tar una tolerancia o no a la temperatura de los objetos. Entre los bukas,
dalidades de su inserción en la trama de los acontecimientos. La una población amerindia, el antropólogo Blackwood se asombraba al
sensación de la temperatura exterior está determinada por el grado de verlos "poner las manos en el agua que acababa de hervir y de retirar de
calor del cuerpo, él mismo largo tiempo vinculado con la afectividad. Si ella un "taro" tan caliente que cuando me pasaban mi parte invariable-
tiene fiebre a causa de una enfermedad, tiembla y, a veces, no consigue mente la dejaba caer 1_1. Asimismo, introducen la mano en una ma-
recuperar calor pese a la ropa, pero también puede temblar al enterarse rmita llena de caracoles apenas la retiran del fuego" (Klineberg, 1967,
de una noticia que lo deja helado. 241). No se trata de que esos hombres tengan una naturaleza particular,
La emoción se manifiesta en el individuo mediante un aflujo de sangre si no de la simple puesta en práctica de una cultura que moviliza en sus
y un aumento del calor corporal. Según las circunstancias y su propia integrantes una sensibilidad particular.
sensibilidad, el individuo experimenta variaciones térmicas a veces Los recursos humanos en materia de resistencia al frío o al calor son
perceptibles a simple vista (si enrojece) o al tacto. El sentido térmico es considerables. La experiencia de los niños denominados "salvajes" es
un indicador de la "temperatura" que reina en una relación. De esta rica al respecto (Le Breton, 2004). Cuando Víctor es descubierto a fines
manera, hablamos de un recibimiento glacial o caluroso, de la frialdad del siglo xvin en las montañas del Aveyron, el niño vivía totalmente
o de la calidez de una persona, de un discurso inflamado o de una desnudo, a pesar de los inviernos rigurosos que se sucedían en el lugar.
multitud que arde, de noticias que caen como duchas frías o que Su cuerpo no daba muestras de ninguna secuela del frío. Al contrario,
calientan el corazón, de una mirada fría o de fuego, etc. El calor que sube Jr Itard, el pedagogo que se encargó de él, observaba a su vez, en los
a las mejillas o a las manos, el sudor frío, demuestran que ciertas si- jardines del Instituto, la capacidad poco común de Víctor para disponer
tuaciones particulares modifican la temperatura corporal. Reconfortar- del frío con una sorprendente avidez. "Varias veces en el transcurso del
se en el contacto con alguien o que un frío le recorra la espalda a uno a invierno lo vi en el jardín de los sordomudos, semidesnudo, acuclillado
causa del miedo son expresiones corrientes que testimonian la encarna- sobre un suelo húmedo, quedarse así durante horas enteras expuesto a
ción de la lengua. La carne de las palabras remite a la resonancia cor- un viento frío y lluvioso. No solo con respecto al frío, sino también ante
poral de los acontecimientos y a su "atmósfera". el calor, el órgano de su piel y del tacto no daban muestras de sensibi-
La lengua inglesa tiene las mismas referencias: evoca a cold stare lidad alguna" (Malson, 1964, 143). En pleno invierno, Itard lo sorpren-
(una mirada fría), a heated aigument (tina discusión encendida), he día casi desnudo, rodando feliz por la nieve. Las temperaturas heladas
heated up to me (sus sensaciones se encendieron con respecto a mí). To se deslizaban por su piel sin producirle daño alguno.
be hot under the colar, por ejemplo, remite a la incomodidad que se Curiosamente, Itard queda impresionado por la resistencia térmica
experimenta luego de cometer una torpeza (Hall, 1971, 81). D. Anzieu del niño, por su júbilo ante el rigor de los elementos, que le recuerda su
analiza la sensación de calor o de frío ante el contacto con otra persona antigua libertad. En vez de juzgarla como una oportunidad, la considera
como una movilización del yb-piel formado por un yo corporal vuelto como una deficiencia y no deja de obligarlo para que sienta la tempera-
hacia el exterior y de un yo psíquico volcado hacia la interioridad del tura ambiente según criterios que él considera como más "naturales",
sujeto, y orientado a crear o a recrear "una envoltura protectora más sin duda, pero que eran los de una comunidad social en particular. Itard
hermética, más encerrada en sí misma, más narcisísticamente protec- somete entonces al niño a una serie de acciones enérgicas que se orien-
tora, una para-excitación que mantenga a distancia a los demás ' '
tan a hacerle perder las percepciones térmicas forjadas en las soledades
(Anzieu, 1985, 176). de las mesetas del Aveyron. Cuenta en su diario con qué rigor le infligía
Según las circunstancias de la educación, el individuo tolera más o cotidianamente baños de varias horas en agua caliente. Mediante un
menos el frío externo. Un niño criado en un clima de sobreprotección, lento trabajo de erosión, de fragilización del cuerpo del niño, después de
poco acostumbrado a soportar variaciones de temperatura, lleva toda su meses de un tratamiento riguroso, el pedagogo consigue quebrar las
vida según criterios de apreciación vinculados con su infancia. Otro niño percepciones iniciales de Víctor. Éste se vuelve entonces sensible a la
que haya crecido en un contexto más laxo al respecto adquiere una diferencia de temperaturas. Comienza a temerle al frío y usa ropa, a
resistencia al frío o al calor. Las condiciones de la infancia determinan imagen de Itard y el resto de su entorno.
en profundidad la tolerancia personal a la temperatura ambiente. Sen- Pero esta asimilación no queda sin contraparte. Víctor pierde sus
tado con sus compañeros helados en torno a un brasero con los habitan- antiguas defensas contra la enfermedad. Se vuelve vulnerable a las
tes de Tierra del Fuego, Darwin observaba con sorpresa que aquellos variaciones de temperatura de su entorno, cuando antes gozaba de una
hombres desnudos se mantenían alejados del fuego.
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salud de hierro. Itard pasa por alto esa consecuencia y se felicita en su la temperatura del agua o del'aire ambiente. El calor baña el cuerpo sin
diario por los resultados obtenidos. quemarlo, lo distiende, alivia el cansancio, favorece la ensoñación. El
El pedagogo cuenta que el niño, sentado junto al fuego, recogía los agua envuelve la piel y remite al individuo a su densidad corporal, a la
carbones encendidos que caían fuera del hogar y los devolvía, sin prisa, sensación feliz de los límites. Indudablemente también evoca el recuer-
a su lugar. En la cocina, extraía las papas del agua hirviendo donde se do perdido de la matriz. Los niños juegan en el agua, salpican, ríen, no
cocinaban para comérselas sin mayor demora. "Y puedo aseguraros —es- quieren salir. En nuestras salas de baño se desarrolla una liturgia que
cribe Itard— que en aquel tiempo tenía una epidermis fina y aterciope- 441 da libre curso a la estimulación cutánea. El baño caliente a menudo está
lada" (Malson, 1964, 144). Muy lejana de la de sus contemporáneos asociado a la sexualidad o al menos a estimulaciones agradables que el
parisinos, la experiencia corporal de Víctor manifiesta su adaptación a individuo se dispensa (Pow pow, hammam).
las condiciones de su entorno. ¿Con qué dificultades, en cuántos años, El baño frío (o la ducha) es más estimulante, provoca modificaciones
sobre qué bases anteriores? Esas preguntas permanecen sin respuesta. respiratorias que incitan a recobrar el aliento y energizan el cuerpo,
Pero en esos niños prematuramente aislados de su comunidad original, tonifica al sujeto. Thoreau, en Walden, expresa la felicidad de esos baños
la primera condición para su supervivencia descansa en el comienzo de cotidianos que "lavaban a las personas del polvo del trabajo, o borraban
socialización ya integrado, incluso si este poco a poco se va borrando la última arruga producida por el estudio"." Todas las mañanas —es-
para modularse en función de las precisas dificultades que enfrentan en cribe— "me levantaba temprano y me bañaba en el estanque; era un ejer-
su entorno. La piel de Víctor se había vuelto congruente con las cicio religioso, y una de las mejores cosas que hice. Se dice que en los
condiciones ecológicas que se le imponían; probablemente surgido de un barios del rey Tching-thang había una inscripción-grabada al respecto:
medio pobre y habiendo vivido varios años en ese contexto antes de `Renuévate por completo todos los días; y otra vez; y otra vez, por siem-
perderse o de ser abandonado, el esfuerzo no había debido ser excep- pre'. La entiendo muy bien" (88).
cional.
Se encuentra la misma indiferencia a la temperatura exterior en
Amala y Kamala, las dos niñas-lobos descubiertas en la India en 1923:
"La percepción del calor y del frío les era ajena —escribe el pastor Singh,
quien las había tornado a su cargo—. Para .protegerlas de los rigores del
invierno, les hacíamos ponerse ropa abrigada, pero no la soportaban y
por lo general se la quitaban apenas volvíamos la espalda. Tratábamos
de cubrirlos con frazadas durante la noche, pero las rechazaban y si
insistíamos, las quitaban. No eran en absoluto sensibles al frío y sentían
placer en no llevar nada sobre 'el cuerpo, aun durante el tiempo más frío.
Nunca se las vio temblar en los momentos más fríos ni transpirar
durante los días o las noches más calurosos (Singh, Zingg, 1980, 50).
Esas dos niñas o Víctor, entre otros ejemplos, habían desarrollado con
vigor una capacidad de regulación térmica que el uso de ropa reemplaza-
ba artificialmente, sin que el organismo tuviera necesidad de movilizar sus
recursos naturales. Esa defensa es hoy ampliamente reprimida por el
hombre de las sociedades occidentales a partir del hecho del amplio
abanico de ropas del que dispone, de la climatización o de la calefacción
de los lugares o de los medios de transporte. El cuerpo pierde así la
facultad de medirse con los elementos.
En numerosas sociedades humanas, en forma privada o colectiva, los
baños calientes son una tradición, ya que le procuran al cuerpo una
sensación de aplacamiento, de purificación, de entregarse al tiempo y a
menudo también de alivio del dolor o del cansancio. La experiencia del
baño es esencialmente táctil: remite al individuo a su piel afectada por 19 H. D. Thoreau, Walden, ob. cit., pág. 167.

176 177
5. EL TACTO DEL OTRO

El otro en tanto otro no es aquí un objeto que se


convierta en nuestro o que se convierta en nosotros;
por el contrario, se retira hacia su misterio.

Emmanuel Levinas,
Le Temps et lAutre

Del sentido del contacto


a las relaciones con los demás

La piel se halla cubierta de significados. El tacto no es sólo físico; es


simultáneamente semántico. El vocabulario del tacto metaforiza de
manera privilegiada la percepción y la calidad del contacto con los
demás, desborda la sola referencia táctil para expresar el sentido de la
interacción. La piel —ya lo hemos visto— significa metafóricamente al
sujeto cuando éste aún confia en su piel. Comprender remite a empren-
der con el otro a los efectos de llevar adelante una
empresa
tiende la mano a alguien que se encuentra en dificultades común. Se le
o se lo deja
caer. Se establece una corriente o no entre dos personas. El hecho de
sentir remite simultáneamente a la percepción táctil y a la esfera de los
sentimientos. Tener tacto o consiste en rozarcon el otro temas delicados
con modos justos y discretos que preservan la reserva sin mantenerlo
pese a todo al margen de una información esencial. Esa delicadeza
revela una intuición de la distancia a mantener con alguien cuyo
temperamento importa manejar. Una fórmula pega justo, alcanza la
cuerda sensible. Se tiene el sentido del tacto, se sienten bien las cosas
gracias a una sensibilidad a flor de piel. Es todo suave como terciopelo.
Y se toca el cielo con lá manos cuando se suceden las felicidades.
Dar la mano significa darse totalmente. Pero estar en manos de
alguien significa la pérdida de la autonomía personal, sobre todo si se
trata de un hombre de puños, de ira las manos. Se poseen los objetos a
los que se ha echado mano. Se toca a alguien mediante un testimonio que
emociona, pero en la misma ocasión se lo manipula. Se halaga acarician-
do al pelo o se toma con guantes
algo para no herir a alguien, y ciertas
personas se deben tomar con pinzas o manejarse con prudencia: son
quisquillosas, exigen guantes de seda, mientras que otras tienen
la piel

179
dura o son densos. Se tantea el terreno para evaluar si conviene hacer estúpida falta de la naturaleza de hacer servir los órganos generadores
una propuesta y se teme que sea mal recibida. Uno se siente herido en para aliviar la vejiga es un factor importante en esa repulsión", escribe H.
carne viva o se si ente mal a causa de palabras hirientes o de un contacto Ellis (1934, 269). El deseo es la transformación en goce de lo que sería asco
que produce erupciones, eriza los pelos, altera los nervios; se es demasia- con uno u otra partenai re que no hubiese sido elegido(a). El acercamiento
do sensible si se tienen reacciones epidérmicas. Una observación acera- de los cuerpos es impensable de otro modo que no sea mediante su acuerdo
da hiere, lastima, choca o hace sudar. Una palabra causa frío en la en el deseo. A partir de entonces, las fronteras del asco desaparecen en la
espalda o calienta el corazón, pone la carne de gallina o da urticaria, lejanía. El deseo es esa alquimia que vuelve maravillosos los atributos
alivia o irrita. La molestia hace enrojecer. Una escena golpea, es sexuales del otro. La proximidad erótica todo lo comparte. "El amor lleva
punzante. El seductor trata de hacer un toque. Una relación es ardiente, en el acto a los amantes a la intimidad fisiológica y ya no existe nada que
tierna, dulce, tibi a,picante, etc. Se es untuoso,pi cante,pegajoso, se tiene resulte repulsivo entre ellos. Todos los secretos del cuerpo y de lo emuntorio
piel de elefante, se es un duro, un blando, etc. Se arriesga la piel en una pasan a ser comunes. Tocatodo es un nombre de amante. Esa verdad
situación peligrosa. Una persona es cálida, glacial, etc. orgánica, esa ex secrati o de los lugares secretos y de las necesidades
Estas expresiones acuden al vocabulario del tacto para expresar las naturales se ajusta a la 'poesía' habitual y extraordinaria del amor"."
modalidades del encuentro. Los verbos concernientes a la mano califi- • La sexualidad suprime la separación de los cuerpos en el espacio, los une
can ciertas acciones con respecto a los demás: tomamos distancia de él en el abrazo, la caricia, el beso. La mezcla de los cuerpos que hacé del tacto
como tomamos parte de su pena, nos apoyamos en él o nos vemos el sentido esencial de la sexualidad es un intento por conjurar provisoria-
obligados a llevarlo o a sostenerlo, pues carece de confianza en sí mismo; mente la separación mediante la captación del otro en el mismo goce. "Eros
captamos su argumentación o lo comprendemos, pero a veces es preciso desea el tacto, pues aspira a la unificación, a la supresión de las fronteras
arrancar un testimonio o tocar la cuerda sensible para lograr un favor. espaciales entre el yo y el objeto amado", escribe Freud (1978, 44).
Se lleva a la persona amada en la piel,' se la recibe con los brazos La caricia no es la captación del otro, sino su roce, el que se da como una
abiertos, pero si la detestamos, produce piel de gallina, nos eriza o aproximación sin fin. El tacto es el sentido inicial del encuentro y de la
suscita repulsión. Algunos quieren arrancarle la piel a su enemigo o sa- sensualidad, es un intento por abolir la distancia acercándose al otro, en
carle el cuero. La calidad de la relación con el mundo es ante todo una una reciprocidad de inmediato comprometida. No existe quien toque sin ser
historia de piel. tocado. En el erotismo, la caricia es una mutua encarnación de los amantes.
Cada uno de elloise revela así mismo mediante el amoldamiento al cuerpo
del otro. La reciprocidad de la mano y del objeto alcanza aquí su plena
Abrazos medida. La mano toca y ella misma es tocada. Encarna todo el poder de ser
en el mundo. "La caricia —dice Sartre— no es simple roce: es modelación. Al
El sexo de la mujer o del hombre a menudo es percibido como bestial, acariciar a los demás, hago que nazca su carne mediante mi caricia, bajo
sucio, maloliente, ridículo. Las bromas escatológicas hacen de esa per- mis dedos. La caricia es el conjunto de ceremonias que encarnan a los
cepción su materia prima. "El acto de copular y los miembros que a él demás El deseo se expresa mediante la caricia, así como el pensamien-
concurren son de una fealdad tal que, si no fuera por la hermosura de los to se expresa mediante el lenguaje. Y precisamente la caricia revela la
rostros, los engalanamientos de los actores y la discreción del acto, la carne de los demás como carne mía y de los demás". (Sartre, 1943, 440). La
naturaleza perdería a la especie humana", escribía Leonardo da Vinci. 2 caricia solo tiene virtud si es consentida por quien la recibe. Si no es
Lasexulid,notábmapreldso,unftcmú deseada, es una forma de violencia. El mismo movimiento es, según la
de desagrado. Para Freud, está "fuera de duda que los órganos genitales del manera en que sea recibido, una violación o una ofrenda; resulta intolera-
otro sexo pueden, en tanto tales, inspirar repugnancia" (1962, 36). "La ble si es impuesto por la fuerza o la intimidación. La infinita dulzura de una
'En la lengua inglesa se encuentra la misma preponderancia del tacto para traducir
caricia es ante todo un hecho cargado de significado.
la calidad de la relación con el otro: "keep in touch; a touching expen-ence-, he is tou•hy; En su alocado deseo de alcanzar al otro, la caricia permanece sin
a griPping expen'ence; handle with --kid gloves; daply touched: be tact/id or tactless; embargo en su superficie. "Por más que pudiera colocar a Albertine
someone is a soft touch or has a soft louch; a cli nging personal/ tv; how does that gmp you; sobre mis rodillas —escribe Proust—, sostener su cabeza con mis manos,
a pat on the back; to prrss or push someone; a hands-off policy get a grip or a hold on" que pudiera acariciarla, recorrer demoradamente con las manos su
(Thayer, 1982, 264). Se escapa a una situación peligrosa skin o/ our teeth, se habla de cuerpo, como si manipulara una piedra que encerrase el salitre de los
loas/ ng our skin o de gel under our ski ns.
2 Léonard de Vinci, Carnets, Gallimard, París, 1942, pág. 104. 3 Paul Valéry, Cahiers Il, Gallimard, París, 1974, pág. 490.

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océanos inmemoriales o el rayo de una estrella, sentía que sólo tocaba • A. Cohen deja que su pluma corra con la misma emoción: "En los
la envoltura cerrada de un ser que en su interior accedía al infinito". El comienzos, de pronto dos desconocidos se conocen maravillosamente,
otro se entrega por la piel, pero falta algo .que el abrazo no logra captar. labios atareados, lenguas temerarias, lenguas nunca saciadas, lenguas
"Tomo y me descubro tomando, pero lo que tomo entre las manos es algo que se buscan y se confunden, lenguas en combate, mezcladas en un
diferente a lo que quería tomar: lo percibo y sufro por ello, pero sin ser tierno aliento, santo trabajo del hombre y la mujer, jugos de las bocas,
capaz de decir qué era lo que quería tomar pues, con la turbación, la bocas que se alimentan una a otra, alimentos de la juventud...". 5 E1 beso
propia comprensión de mi deseo se me escapa; soy como alguien que puede ser una metonimia del deseo, un revelador de las cualidades del
duerme y que, al despertar, se encuentra crispando las manos sobre el amor y de ternura de un hombre para bien y para mal. Al abrazar, ya
borde de la cama sin recordar la pesadilla que había provocado su gesto. . expresa su manera de comportarse ante el amante. A través de los
Esta situación es la que se encuentra en el origen del sadismo. El sa- detalles —dice F. Alberoni—, una mujer sabe reconocer "que él quiere
dismo es pasión, sequedad y ensañamiento" (Sartre, 1943, 468). La in- manejar el juego o que está dispuesto a cederle el lugar; también puede
satisfacción es el necesario resurgimiento de un deseo destinado a lo descubrir mil otras características del hombre" (1987, 243).
inacabado y, por lo tanto, pues, a volver a resurgir siempre. Ese deseo El beso que se intercambia ritualmente después de colocar el anillo en
de fusión eternamente decepcionado es la nostalgia, pero también la el dedo de los recién casados y a la salida de la ceremonia religiosa o laica
oportunidad de los amantes, pues abolirse en el otro es el fin de cualquier es una forma de compromiso simbólico y de confirmación oficial del
deseo. "La caricia —dice J. Brun— no es una captación: es más que un común afecto. La boca devora la otra sin morderla, en una inmersión
contacto; es aquello a través de lo cual procuramos hacer surgir nuestro plena de deseoy sin fin en el cuerpo de la persona amada. Ésta "comienza
aquí y ahora en los del otro, y hacer irradiar los suyos en nuestro propio el proceso, porque, ya abierta, sin distinción entre el exterior y el in-
yo" (Brun, 1967, 106). terior, se ofrece de entrada como una carne; es la primera en encarnar
La caricia es revelación de sí mismo mediante el otro. Es un don que la indiferencia entre tocar y ser tocado, entre sentir y sentir(se). Pero si
solo adquiere su sentido en la devolución que ofrece en el mismo movi- nada se le resiste (y precisamente la carne que comienza a entregar a
miento. "El otro me da lo que no tiene: mi propia carne, —escribe J.- otro se define en que no se resiste), entonces, puesto que nada se le
L. Marion—. Y yo le doy lo que no tengo: su propia carne" (2003, 191). El resiste, el beso de mi boca en su boca (donde cada una de ellas entrega
acceso al cuerpo del otro en una relación amorosa no suscita ninguna la carne a la otra sin distinción) inaugura el infinito apoderamiento de la
reticencia. El erotismo o la ternura no miden en absoluto las caricias, los carne. Ya no se trata solo de llevar el beso más allá de la boca que besa
besos en la boca, las mejillas, el cuello u otras partes del cuerpo. El placer y que es besada para que todo, del otro y de mí, se encarne" (Marion,
compartido de la oralidad se despliega en el goce no sólo del rostro, sino 2003, 196).
de todas partes donde los labios se posen, pues en el deseo del otro todo La sexualidad no se limita tan solo a la conjunción de las zonas
es deseo, todo es júbilo. "Tus labios, oh prometida, destilan la miel genitales; todo el cuerpo es erógeno. Pero la educación de los hombres y
virgen. La miel y la leche bajo tu lengua" (III-4) dice el amante en el de las mujeres en la materia lleva a que numerosas mujeres queden
Cantar de los cantares, al responder al llamado de su bienamada. "Que frustradas. Si bien las mujeres esperan con intensidad las caricias, para
me bese con besos de su boca. Tus amores son más deliciosos que el vino" muchos hombres las mismas resultan inútiles y no tienen más función
(1-1). El beso en la boca, oprimiendo los labios y entremezclando los
cuerpos, es el hecho propio de los amantes, y no se encuentra en ningún asistiera a su realización, como un pariente al que se espera para que tome parte del
otro momento entre las ritualidades de la vida corriente. "Cada beso triunfo de un niño al que se ama mucho" (pág. 279). Sobre el beso, cf. Le Breton (2004).
llama a otro beso —escribe Proust—. ¡Ah, en los primeros tiempos cuando 6 A. Cohen, Belle du Seigneur, Folio, París, pág. 351. El beso en la boca puede ser

unó ama, los besos nacen con tanta naturalidad! Proliferan apretados percibido por otras culturas como el colmo del asco. Al respecto, citemos el ejemplo de
los unos contra los otros, y sería tan difícil contar los que se dan durante la India, frente a una escena de besos en un film occidental: "La aparición en la pantalla
del beso 'a la norteamericana', labios apretados, interminable, desencadena todas las
una hora como las flores campestres en mayo". 4 veces una gran hilaridad; el beso 'a la francesa', donde los enamorados 'se comen'
recíprocamente la boca, como se dice aquí, también provoca risas en las salas cinema-
4 M. Proust, Un amour de Swann, ibíd., pág. 284. Proust realiza una admirable tográficas, pero por lo general causa malestar en los espectadores, tal como pude
descripción del primer beso entre Swann y Odette. "Fue Swann quien, antes de que ella comprobar muchas veces. Los jóvenes se vuelven o muy silenciosos o muy ruidosos y
lo dejara caer, como a su pesar, sobre sus labios, la retuvo durante un instante a cierta escupen al suelo. Los mayores contienen el aliento, perturbados. Otros esconden el
distancia, entre sus manos. Quería darle tiempo a su pensamiento para que acudiera. rostro entre las rodillas para no ver la secuencia" (citado por J. Dupuis, L'Inde. Une
para que reconociera el sueño que ella había acariciado durante tanto tiempo y para que introduction á la connaissance du monde jadien, Kailash, París, 1992).

182 183
que la de acelerar el orgasmo. Muchos hombres se encuentran a la ellas o con sus hijos. En Borneo, por ejemplo, los hombres no soportan
búsqueda de un rendimiento más bien homosocial, válido para el grupo esos contactos, pero las mujeres se entregan a ellos con delectación. En
de pares masculino, real o imaginado, solo atento a los criterios de otras partes, entre los trobriandeses, por ejemplo, el despioje es una
virilidad en los que la mujer no tiene ningún lugar. A las mujeres a forma de sensualidad, uno de los pasos preliminares antes de llegar a la
menudo les falta la ternura, tal como denuncian las feministas o los cópula.
sexólogos. En el Brasil colonial, el cafuné, la costumbre de hacerse sacar los
El sexo en erección es para el hombre el único dispensador de placer. piojos y de acariciar prolongadamente la cabellera, a menudo por es-
"Todo lo demás es cine", decía un hombre interrogado en una encuesta. clavos, es descripta no sin perturbación por Charles Expilly, un viajero
Mujeres que sufren, privadas de ternura en sus vidas corrientes, se. francés de la época: "En los momentos en que hacía más calor, cuando
prestan a relaciones sexuales, a menudo sin placer, para estar por fin moverse e incluso hablar se volvía fatigoso, las senhoras, retiradas a las
entre los brazos de alguien (infra). "La mujer goza más con el tacto que habitaciones interiores, se tendían sobre las rodillas de sus mucamas
con la mirada, y su ingreso a la economía escópica dominante significa, (negras al servicio de las brasileñas blancas) favoritas, a las que les
también, que se la asigne a la pasividad —escribe L. Irigaray (1977, 25- entregaban sus cabezas [...1. Ese ejercicio se convertía en una fuente de
6)—: será el hermoso objeto a mirar [...J, la mujer tiene sexos por todas delicias para las sensuales creoles. Un estremecimiento voluptuoso
partes. Goza un poco en todas sus partes. Por no hablar incluso de la recorría los miembros ante el contacto de aquellos dedos acariciadores.
histerización de todo su cuerpo, la geografía de su placer es mucho más Invadidas, agotadas por el fluido que se expandía por todo su cuerpo,
diversificada, múltiple en sus diferencias, compleja, sutil, de lo que se algunas sucumbían a las deliciosas sensaciones que se apoderaban de
puede imaginar... en un imaginario demasiado centrado sobre lo mis- ellas y desfallecían sobre las rodillas de las mucamas" (en Bastide, 1996,
mo". Según L. Irigaray, la mujer no se encuentra en lo que ella denomina 60-61). Expilly describe asimismo festividades en cuyo transcurso las
la "especula(riza)ción masculina". mujeres conversaban, mientras jóvenes esclavas se ocupaban de sus
cabellos. Los hombres no estaban exentos de esa práctica y entregaban
igualmente la cabeza a su amante o a su criada. Para R. Bastide, esa
Las prevenciones del tacto costumbre era un islote de sensualidad tolerado en una sociedad rígida
en cuanto a las amantes que se mantenían en la casa, mientras los
En Montaillou, en el siglo xiv, el despioje mezclaba las generaciones y los maridos multiplicaban las aventuras amorosas. La frustración llevaba
sexos. Los niños se despiojaban entre sí, los criados despiojaban a sus a una erotización de los contactos físicos nacidos en el ca/iiné; Bastide
amos, las mujeres a sus maridos o a sus amantes, las hijas a su madre, llega a hablar incluso de amor lesbiano (77 y ss.).
etc. Mujeres de dedos ágiles realizaban una tarea remunerada. El des- La individualización de nuestras sociedades tiende a poner un "espa-
pioje era una actividad social, sobre todo femenina, cargada de ternura cio de reserva" (Simmel) entre uno y el otro, que permita la preservación
y sensualidad, "último salón en el que se conversaba; para ello había que de uno en el seno de sociedades donde cada vez se vive menos juntos y
instalarse al sol, en los techos planos de las casas bajas y contiguas o cada vez más apartados el uno del otro. Sociedades donde el "yo,
enfrentadas como en espejo" (Leroy Ladurie, 1982, 204). El despioje personalmente yo" prevalece sobre el "nosotros", donde la civilidad se
atravesó los siglos como una actividad trivial que implicaba un momen- convierte en un esfuerzo y ya no en una evidencia colectiva. En ese con-
to de pausa, de tranquilidad en la sucesión de los días. Un texto famoso texto, el tacto, y particularmente tocar al otro, como sentido de la
de Rimbaud describe a "las buscadoras de piojos" que "paseaban sus cercanía, de la intimidad, comparte el mismo destino que el olor, que se
dedos finos, terribles y encantados" por los cabellos de su hermano a la convierte en un penoso signo de promiscuidad si no es elegido de manera
búsqueda de "rojas tormentas". Rimbaud no oculta en absoluto la fe- recíproca por los individuos involucrados.
licidad sensual de esos dedos femeninos al deslizarse dulcemente por En nuestras sociedades, el cuerpo dibuja el contorno del yo, encarna
entre los cabellos. Si bien el despioje era una práctica higiénica, también al individuo. Sus fronteras de piel son duplicadas por una no menos
era la ocasión de acercamiento táctil al otro en una entrega recíproca. En predominante frontera simbólica que lo distingue de las otras y funda
diferentes sociedades humanas, el despioje de los cabellos es una forma una soberanía personal que nadie podría franquear sin su consenti-
acostumbrada de contacto corporal, un momento de distensión y de miento (Le Breton, 1990, 2004). Los niños se tocan mucho más cuando
ternura entre individuos reunidos por un lazo familiar o por una cer- son jóvenes, despreocupados aún por las ritualidades corporales, por las
canía afectiva. A veces, son solo las mujeres quienes la practican entre prevenciones con respecto a los demás. Pero poco a poco, a medida que

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tactilidad posible de la interacción conoce una extensa gama que va CleS-
la educación opera, los contactos disminuyen. El hecho de tocarse o de de la ausencia de contacto al desarrollo intenso de relaciones físicas. Un
mantenerse muy cerca del otro es reemplazado por la palabra, por los psicólogo estadounidense, Jourard (1968), contó en los cafés de diferen-
intercambios de miradas, los gestos a distancia y las mímicas. Las tes ciudades la cantidad de veces en que los interlocutores se tocaban al
ritualidades sociales que se le imponen al niño, y que se van acentuando cabo de una hora. Pese al impresionismo del método, los resultados dan
a medida que va desarrollándose, concluyen el proceso de nacimiento. que pensar: San Juan (Puerto Rico), 180; París, 110; Gainsville (Flori-
Se aparta de la madre, alentado por ella, pero sabiéndola disponible a
sus demandas. da), 2; Londres, 0. 7 Las sociedades anglosajonas prefieren mantenerse a
Los contactos físicos antes buscados con felicidad se vuelven ambiva- distancia del cuerpo del otro, allí donde las sociedades arábigo-musul-
manas, por ejemplo, nunca vacilan en tocarse (por lo menos de hombre
lentes, quedan sometidos a deliberación. Si proviene de allegados, aún a hombre o de mujer a mujer). La prevención del contacto o su exaspe-
resultan valorizados, pero si emanan de un extraño inducen a la mo-
lestia y a la sensación de violación de la intimidad. Las prohibiciones ración son hechos culturales.
Según las sociedades y las circunstancias, los encuentros son más o
limitan entonces las relaciones en el mundo del niño, mientras su menos táctiles. La escasez de contactos físicos pone de manifiesto so-
margen de maniobra no deja, precisamente, de ampliarse. "La prohibi- ciedades donde la distancia entre los individuos es una característica. Si
ción de tocar separa la región de lo familiar, región protegida y protec- la distancia simbólica se franquea, el intercambio pierde su neutrali-
tora, y la región de lo extraño, inquietante, peligrosa" (Anzieu, 1985, dad: una mano que toca una parte del cuerpo, aunque sea otra mano u
146). El niño experimenta su soberanía sobre el mundo, sabe que no debe otro brazo, allí donde esto no es en absoluto una costumbre, produce una
tocar cualquier cosa sin precaución y que el cuerpo de los demás no se connivencia afectiva o una molestia. Un toque furtivo sin intención
encuentra disponible a su investigación sino en momentos privilegia- particular contribuye a acercar a los individuos. Un estudio realiza-
dos, otorgados por la cultura departenaires precisos y en sitios corpora- do en una biblioteca norteamericana demuestra que los estudiantes
les no menos codificados. Aprende también que nadie tiene acceso a su cuya mano había sido rozada por un instante mientras entregaban
cuerpo si él mismo no lo consiente. Las prohibiciones de contacto de- su tarjeta de identificación ofrecían una evaluación más positiva en
limitan la posición del sujeto en el seno del mundo, controlan su om- el personal que aquellos que no eran tocados, incluso si era preciso
nipotencia, establecen su margen de deseo, autorizan su fluida inscrip- matizar las actitudes de los varones y las mujeres; los primeros se
ción en medio del lazo social. mostraban ambivalentes y francamente hostiles si el empleado era
En nuestras sociedades, los contactos corporales provienen sobre un hombre. Incluso un contacto accidental tiene un impacto emocio-
todos de miembros de la familia o de parejas sexuales. Su culminación nal importante. Otra experiencia ponía en escena a una mujer que
en el adulto ocurre en el momento de las relaciones amorosas. Los solicitaba a las personas que salían de una cabina telefónica una
amigos se tocan raramente, excepto al estrecharse la mano o en el "beso moneda que había dejado deliberadamente. Si tocaba a su interlocu-
en la mejilla". No obstante, la mayoría de las relaciones sociales son tor, tenía infinitas más posibilidades de recuperar su dinero (Tha-
anudadas por un contacto, se abren y se cierran con un apretón de
manos, con un beso, una palmada en la espalda, un abrazo. Ese acer- yer, 1982).
La búsqueda de contacto manifiesta asimismo un intento más o
camiento preludia la preocupación por la transparencia del encuentro. menos diestro de seducción o una declaración de amor encubierta. El
El deseo de proximidad y el miedo a ser arrastrado más lejos de lo comportamiento de "tirarse un lance" implica romper la reserva y
previsto inducen la ambivalencia del contacto. El ceremonial de saludo penetrar con precaución dentro de la esfera personal del otro. Muy a
"expresa al mismo tiempo la aproximación y el alejamiento en una gama menudo, el hombre toma la iniciativa de contacto poniendo la mano
de variadas acentuaciones" (Straus, 1989, 615). Tocar al otro es soste- sobre el hombro o el muslo de la chica, se acerca a ella quebrando los usos
nerse al borde del abismo abierto por su presencia. proxémicos. Puede resultar "pegajoso" y transformar su cuerpo en ins-
Las variaciones en las modalidades de tocar al otro son considerables
según los sexos, las edades, los estatutos sociales, el grado de familia- trumento de poder si su partenaire rechaza el contacto y desea liberarse
ridad o de parentesco entre los individuos.'' La tolerancia a los contactos 'Porque la mayoría de los ingleses de la alta sociedad ha experimentado un
fisicos es ante todo cultural, está vinculada con la educación recibida, condicionamiento para no-tocar, la tactilidad ha adquirido una connotación negativa
pero se modula según la sensibilidad individual y las circunstancias. La latente en la cultura inglesa. Es tan cierto que el sentido del tacto y el acto de tocar están
culturalmente manchados de vulgaridad. Las demostraciones públicas de afecto son
"No abordaré aquí la cuestión de la proxemia, es decir, la ritualización del contacto vulgares. Tocar a alguien es vulgar". (Montagu, 1979, 198).
con el otro, largamente tratado en Le Breton (2004).
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la educación opera, los contactos disminuyen. El hecho de tocarse o d e tactilidad posible de la interacción conoce una extensa gama que va des-
mantersuycdloermpaz lbr,os de la ausencia de contacto al desarrollo intenso de relaciones fisicas. Un
intercambios de miradas, los gestos a distancia y las mímicas. Las psicólogo estadounidense, Jourard (1968), contó en los cafés de diferen-
ritualidades sociales que se le imponen al niño, y que se van acentuand o tes ciudades la cantidad de veces en que los interlocutores se tocaban al
amediquvsroláne,cuyprosdenacimt. cabo de una hora. Pese al impresionismo del método, los resultados dan
Se aparta de la madre, alentado por ella, pero sabiéndola disponible a que pensar: San Juan (Puerto Rico), 180; París, 110; Gainsville (Flori-
sus demandas. da), 2; Londres, 0. 7 Las sociedades anglosajonas prefieren mantenerse a
Los contactos fisicos antes buscados con felicidad se vuelven ambiva- distancia del cuerpo del otro, allí donde las sociedades arábigo-musul-
lentes, quedan sometidos a deliberación. Si proviene de allegados, aún manas, por ejemplo, nunca vacilan en tocarse (por lo menos de hombre
resultan valorizados, pero si emanan de un extraño inducen a la mo- a hombre o de mujer a mujer). La prevención del contacto o su exaspe-
lestia y a la sensación de violación de la intimidad. Las prohibiciones ración son hechos culturales.
limitan entonces las relaciones en el mundo del niño, mientras su Según las sociedades y las circunstancias, los encuentros son más o
margen de maniobra no deja, precisamente, de ampliarse. "La prohibi- menos táctiles. La escasez de contactos físicos pone de manifiesto so-
ción de tocar separa la región de lo familiar, región protegida y protec- ciedades donde la distancia entre los individuos es una característica. Si
tora, y la región de lo extraño, inquietante, peligrosa" (Anzieu, 1985, la distancia simbólica se franquea, el intercambio pierde su neutrali-
146). El niño experimenta su soberanía sobre el mundo, sabe que no debe dad: una mano que toca una parte del cuerpo, aunque sea otra mano u
tocar cualquier cosa sin precaución y que el cuerpo de los demás no se otro brazo, allí donde esto no es en absoluto una costumbre, produce una
encuentra disponible a su investigación sino en momentos privilegia- connivencia afectiva o una molestia. Un toque furtivo sin intención
dos, otorgados por la cultura departenaires precisos y en sitios corpora- particular contribuye a acercar a los individuos. Un estudio realiza-
les no menos codificados. Aprende también que nadie tiene acceso a su do en una biblioteca norteamericana demuestra que los estudiantes
cuerpo si él mismo no lo consiente. Las prohibiciones de contacto de- cuya mano había sido rozada por un instante mientras entregaban
limitan la posición del sujeto en el seno del mundo, controlan su om- su tarjeta de identificación ofrecían una evaluación más positiva en
nipotencia, establecen su margen de deseo, autorizan su fluida inscrip- el personal que aquellos que no eran tocados, incluso si era preciso
ción en medio del lazo social. matizar las actitudes de los varones y las mujeres; los primeros se
En nuestras sociedades, los contactos corporales provienen sobre mostraban ambivalentes y francamente hostiles si el empleado era
todos de miembros de la familia o de parejas sexuales. Su culminación un hombre. Incluso un contacto accidental tiene un impacto emocio-
en el adulto ocurre en el momento de las relaciones amorosas. Los nal importante. Otra experiencia ponía en escena a una mujer que
amigos se tocan raramente, excepto al estrecharse la mano o en el "beso solicitaba a las personas que salían de una cabina telefónica una
en la mejilla". No obstante, la mayoría de las relaciones sociales son moneda que había dejado deliberadamente. Si tocaba a su interlocu-
anudadas por un contacto, se abren y se cierran con un apretón de tor, tenía infinitas más posibilidades de recuperar su dinero (Tha-
manos, con un beso, una palmada en la espalda, un abrazo. Ese acer- yer, 1982).
camiento preludia la preocupación por la transparencia del encuentro. La búsqueda de contacto manifiesta asimismo un intento más o
El deseo de proximidad y el miedo a ser arrastrado más lejos de lo menos diestro de seducción o una declaración de amor encubierta. El
previsto inducen la ambivalencia del contacto. El ceremonial de saludo comportamiento de "tirarse un lance" implica romper la reserva y
"expresa al mismo tiempo la aproximación y el alejamiento en una gama penetrar con precaución dentro de la esfera personal del otro. Muy a
de variadas acentuaciones" (Straus, 1989, 615). Tocar al otro es soste- menudo, el hombre toma la iniciativa de contacto poniendo la mano
nerse al borde del abismo abierto por su presencia. sobre el hombro o el muslo de la chica, se acerca a ella quebrando los usos
Las variaciones en las modalidades de tocar al otro son considerables proxémicos. Puede resultar "pegajoso" y transformar su cuerpo en ins-
según los sexos, las edades, los estatutos sociales, el grado de familia- trumento de poder si supartenairerechaza el contacto y desea liberarse
ridad o de parentesco entre los individuos.'' La tolerancia a los contactos
físicos es ante todo cultural, está vinculada con la educación recibida, "Porque la mayoría de los ingleses de la alta sociedad ha experimentado un
pero se modula según la sensibilidad individual y las circunstancias. La condicionamiento para no-tocar, la tactilidad ha adquirido una connotación negativa
latente en la cultura inglesa. Es tan cierto que el sentido del tacto y el acto de tocar están
"No abordaré aquí la cuestión de la proxemia, es decir, la ritualización del contacto culturalmente manchados de vulgaridad. Las demostraciones públicas de afecto son
con el otro, largamente tratado en Le Breton (2004). vulgares. Tocar a alguien es vulgar". (Montagu, 1979, 198).

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de él. O bien espera un signo de conformidad, listo para batirse en Tocar al que sufre
retirada e intentar algo más en otro momento.
La ruptura del espacio íntimo se encuentra en un sentido opuesto, En nuestras sociedades occidentales, el contacto con el cuerpo del otro
cuando se intenta una intimidación que se orienta justamente a provo- se encuentra estrechamente bajo la égida del desdibujamiento (Le
car malestar, a someter al otro sin llegar a una lucha física. La falta de Breton, 1990). El individuo posee a su alrededor una reserva personal,
respeto a esas fronteras simbólicas, e inconscientes en tanto no son un espacio de intimidad que prolonga su cuerpo e instaura una frontera
transgredidas, de inmediato es vivida como una agresión por el sujeto entre él y los demás que no se rompe sin su acuerdo o sin violentarlo. Una
que la experimenta. "El asedio mediante los otros sentidos —escribe E. envoltura simbólica lo protege del contacto con los demás, que saben
Canetti—, vista, oído, olfato, está lejos de ser tan peligroso. Dejan aun un intuitivamente a qué distancia mantenerse para evitar sentirse mutua-
espacio entre uno y la víctima; en tanto ese espacio exista, queda una mente incómodos. El único acceso al cuerpo de los demás está vinculado
ocasión para escapar, nada está decidido. Pero en tanto contacto, la con la relación amorosa, con la sexualidad o con el contexto familiar. Más
palpación es la precursora de la degustación. En el cuento, la bruja hace allá del "lance" o de la ternura propia de un primer encuentro, donde el
que le ofrezcan un dedo para saber si la víctima está bien gorda" tacto sorprende y conmueve si es fruto de un consentimiento, el contacto
(Canetti, 1966, 216). La violencia consiste, por otra parte, en irse a las físico manifiesta la excepción del encuentro, un cierto aflojamiento de la
manos, cuando toda la sacralidad del otro queda abolida; entonces se simbólica social habitual y el ingreso en otra ritualidad. Instaura un
trata de quebrar, de herir, de penetrar por la fuerza en el cuerpo del sentido más allá de los sentidos. El menor acercamiento posee una
enemigo. Las situaciones de agresividad rompen las fronteras, el con- fuerte connotación afectiva pues procede a romper las convenciones
tacto físico se orienta a la intimidación privando al otro de toda reserva, proxémicas usuales. Uno no es tocado del mismo modo en que es
invadiendo su distancia íntima y poniéndola simbólicamente en juego. escuchado o visto.
Asimismo, mediante una ruptura de las reglas sociales de contacto es El contacto —escribe E. Levinas— es "exposición del ser" (1974, 122).
como se realiza la aprehensión del culpable. "Es preciso sentir sobre el La imploración a menudo induce el hecho de captar al interlocutor
hombro la mano de alguien de confianza, habilitado para hacerlo, para susceptible de resolver una situación mediante las manos, los brazos,
que uno se comporte de manera corriente, sin ir directamente a las como para arrastrarlo consigo y mostrarle la amplitud del sufrimiento
manos. Uno se empequeñece, camina; uno se comporta con resignación" que tiene el poder de encauzar. El individuo demanda un reconocimien-
(Canetti, 1966, 216). to que sabe que no será aportado solo por las palabras; procura acercar
Sin embargo, nuestras sociedades tan atentas a la preservación de la físicamente al otro como si solo quisiera conformar una unidad con él.
distancia interpersonal experimentan, en ciertas circunstancias asocia- La mano se extiende hacia el cuerpo del otro, irreductiblemente otro,
das con una fuerte actividad colectiva, una tendencia al acercamiento diferente a sí mismo, trata de conjurar la distancia, de abolir la se-
físico. El contexto deportivo, por ejemplo, produce el entusiasmo de los paración para juntarse por un instante con el otro que su piel encierra
jugadores o de los partidarios. La emoción suelda provisoriamente a los in- dentro de él mismo. Abraza las formas mediante la caricia o el contacto,
dividuos en la sensación de conformar una unidad con el equipo, de siente el graneado de su piel, su calor; trata de modificarlo, de llegar
disolverse en un Nosotros maravilloso. El cuerpo como frontera de iden- mediante la piel al corazón de sí mismo." P. Valéry lo expresa con
tidad queda olvidado. Asimismo, los manifestantes desfilan por las ca- precisión: "Lo más profundo que hay en el hombre es la piel".'° En la
lles, llevados por la sensación de su unidad en el combate que se han superficie del cuerpo se extiende la interioridad del sujeto, interioridad
propuesto. Los participantes de un carnaval, de una fiesta, de una raye
panty, tienen la sensación de que las fronteras de sus cuerpos explotan
el autobús, en una manifestación o una congregación festiva, ocurre estar apretados
y que se mezclan con lo demás. En un contexto más íntimo, y fuera de unos contra otros. El malestar resulta entonces en parte disipado por la necesidad de
toda referencia erótica en el sentido estrecho de la expresión, el contacto evitar la mirada del otro o de observarse por un momento. En esos momentos de pro-
físico de un terapeuta con el enfermo participa de la misma apertura del miscuidad, la imposibilidad de tocar con la mirada releva la prohibición de contacto
yo fuera de la clausura del cuerpo." borrada por las circunstancias.
' El simbolismo de la mano protectora es corriente, ya se trate de un gesto real
Esos mismos individuos se encuentran en otros momentos aplicados a preservar su efectuado por una persona consagrada sobre una multitud o un grupo, o el del individuo
espacio íntimo ante la invasión del otro. Otras situaciones de muchedumbres, donde por con sus cercanos, o de un objeto dibujado, modelado o transformado en joya a imagen de
el contrario cada uno permanece aislado, sin lazo, como no sea el de la proximidad con la mano de Fatma.
los •Mmás, inducen a una ruptura de las distancias culturales. En el subterráneo o en "'Paul Valéry, LIdée jire, Gallimard, "La Pléiade", París, t. 2, págs. 215-216.

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que solo se alcanza mediante la mano sobre la piel desnuda. En La u na canción, y tengo tu dolor en la mano"." El sentido táctil cumple una
de la Capilla Sextina, tal como la pintó Miguel creaióndlhomb función antropológica de contenedor, de restauración de sí mismo en
Ángel, Dios despierta a Adán a la existencia mediante el tacto. Tiende situaciones de sufrimiento o de falta en ser. Tocar procura el sentido de
su mano hacia él para insuflarle la chispa de la vida. El poder simbólico sí mismo y de lo que está fuera de uno. El gesto restaura una frontera,
del tacto es tal que Miguel Ángel olvida que Dios creó el mundo mediante lleva a la sensación de uno mismo a un entorno más amplio. Recuerda
el Verbo. el límite con lo que no es uno mismo a través de la resistencia que se
A partir del hecho de su arraigo en la ontogénesis, el tacto es una experimenta, en el tope que se encuentra.
forma primordial de contacto que arraiga con el mundo y cuya solicita.. En una situación de incertidumbre, de desconcierto, la búsqueda de
ción en un contexto de sufrimiento sin duda reaviva el recuerdo de la sensaciones permite reavivar un lugar sensible en el mundo que se nos
presencia materna y restaura la confianza en sí mismo y en el mundo. escapa. En situación de sufrimiento, recurrir a la piel, incluso atacán-
La mano es un instrumento de aplacamiento. "Introdujo Su mano por la dola (Le Breton, 2003), a veces se impone para restaurar un límite
fisura y todo lo que me es interior se emocionó", dice el Cantar de los finalmente tangible a falta del sentido que se escabulle. Si el sentido del
cantares (5-4). La de Cristo cura a los enfermos. En la sinagoga, un tacto resulta englobador, al encontrar en la piel su órgano de envoltura
hombre extiende su reseca mano, él la toma y "se vuelve sana como la real y simbólica, delimita asimismo aquello que es diferente a uno mis-
otra" (Mateo, XII, 9-13). Toca las heridas y éstas se cierran; las enferme- mo. En situación de sufrimiento, el contacto (en el doble sentido del
dades, y desaparecen; la frente de los afiebrados, y éstos se curan. Le término) es un poderoso medio de restauración de uno mismo. El hombre
presentan niños "para que los toque" (]Warcos, 10-13). Pone las manos está en el mundo merced a su cuerpo. Perder el tacto de los otros a veces
sobre la piel de los leprosos o sobre los ojos de los ciegos o sobre la cabeza significa perder el mundo; ser nuevamente el objeto (o, más bien, el
de los enfermos, en un contacto propicio que los libera de las dolencias. sujeto) de un contacto significa recuperarlo.
La mano de Jesús es depositaria del poder de Dios. Los apóstoles he-
redan ese privilegio y distribuyen "el espíritu santo" imponiendo las
manos sobre la frente de los fieles que se apretujan en torno a ellos. Las ambigüedades del tacto
Las tradiciones de curanderismo popular a menudo solicitan el con-
tacto físico. "Tocar" es una manera de curar una afección de la piel: No existe tacto sin tocar ni contacto cutáneo sin que se ponga en juego
herpes, verrugas, escaldaduras, hinchazón del vientre, etc. El "sanador" una afectividad. Tocar al otro cuando éste sufre se presta a malenten-
cumple un ritual, pone su mano sobre la afección y la circunscribe didos; a veces se tiene el temor de que se trate de un gesto "interesado",
mientras recita un encantamiento. Entre las costumbres sociales, el sobre todo cuando se trata de una interacción entre un hombre y una
"sanador" a menudo era instituido como tal por un miembro de su mujer. Compromiso con el otro, el gesto debe basarse en la evidencia del
familia que disponía de ese "don" y antes de morir lo trasmitía a aquel, contacto sin connotación sexual o de dominio. Sean cuales fueren las
o a aquella, que le parecía más idóneo/a para preservar su eficacia. El modalidades (ternura, rozamiento, masaje, etc.), induce una resonancia
saber trasmitido surgía de un secreto que le confería un redoblado vinculada con la historia individual.' 2
poder. Los reyes de Francia curaban antiguamente las escrófulas me- El contacto cutáneo siempre se ve amenazado por una intención
diante la imposición de manos. Muchas tradiciones terapéuticas se interesada (seducción, imposición de manos, etc.) o por una voluntad de
apoyan en el contacto propicio del curandero, mediante la transmisión imperio sobre el otro, al mismo tiempo que se impone como una ne-
de su "energía" a través de un contacto físico. cesidad antropológica para muchos pacientes en situación de sufrimien-
El tacto nunca es un puro tocar, sino un rozamiento de la historia to. Solo la singularidad de las circunstancias es juez de la posible
íntima de la persona tocada. Trae a la luz afectos profundamente ambigüedad de un gesto de confortación. Pero al tocar al otro existe algo
arraigados, que exceden la lucidez y la voluntad. Es una forma de la pa- intocable que marca la intimidad de la persona; existe el contacto que
labra e impone una respuesta. "La mordedura de la murena había de- tolera y el que la molesta, el que estaría en el límite de la imposición de
jado un dibujo de agujeros, una letra clara sobre mi piel oscura. Había una voluntad. Junto a su padre moribundo, Inoué Yasuchi descubre por
puesto su mano justo allí y era el gesto más íntimo que una mujer había te- •
nido para conmigo —escribe E. de Luca—. Tocaba la superficie de un dolor, . " Erri de Luca, Tu, nlio Rivales-Livre de Poche, París, 2000, pág. 53.
,

12
un claro asimiento, capaz tanto de reavivarlo como de calmarlo. Estoy Sohre todos estos puntos, remito al trabajo de Florence Vinit (2001), que demuestra
que el tacto durante la atención del otro, aunque sea una necesidad antropológica, no
ahí, decía su mano sobre la herida, te acompaño lejos, el tiempo que dura Puede ser objeto de elogio sin precauciones, a partir de la ambivalencia que lo rige.

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mo gesto es caricia, confortación, cuidado, masaje, palpación médica,
última vez el encierro de sí mismo en un cuerpo: "Brotó entonces de abajo seducción, intrusión, etc. Y si es realizado con una intención particular,
del futón una mano adelgazada que extendió hacia mí. Como hasta es sentido por el otro con una tonalidad que le pertenece en propiedad.
entonces nunca había tenido un gesto así, no comprendí en el momento Todas las situaciones son posibles, incluso salvaguardando las aparien-
qué era lo que quería. Tomé su mano en la mía. La apretó. Ejerció una cias, el desagrado experimentado por uno no impide la e-ventual
ligera presión, pero de inmediato sentí casi imperceptiblemente que me emoción de otro. La indiferencia de quien se ocupa de cuidar a alguien
rechazaba. Era como un "asimiento", como un pez que muerde el anzuelo con respecto a su gesto no necesariamente desactiva la molestia o la
de una caña de pescar. Con sorpresa, le solté la mano. No sabía qué satisfacción de quien lo recibe. "Para poner la mano sobre el cuerpo del
sentido otorgarle a aquel gesto que por cierto expresaba un sobresalto otro, para tocarlo —dice J. Clerget—, no es preciso temer desearlo, ni
de la voluntad de su parte. Experimenté la helada sensación de haber amarlo. Más aun, solo podemos plantearlo como si lo amáramos, no
sido rechazado, como si a la liviandad con que le estreché la mano mi asible en el movimiento de la mano que lo recibe" (Clerget, 1997, 54).
padre hubiese respondido: `No bromees"'.'" El contacto no podría impo-
nerse frente a la sensibilidad de quien lo recibe, a menos que sea una
forma de la intrusión. Tener cuidado
ToCar al otro en esas circunstancias se encuentra siempre en el límite
de ser un acto de dominio, de captación afectiva. Las manos son capaces de El hospital pone a su personal y a los pacientes en una situación insólita. .
mentir acerca de su intención. La voluntad de aliviar al otro implica, no Hacerse cargo suscita infaltablemente la cuestión de la intimidad a
obstante, una forma de manipulación, una voluntad de cambiarlo que partir del hecho de la ruptura de los códigos habituales de la civilidad.
suscita una cuestión ética (Roustang, 2000, 31 y ss.). Matizados con res- En la relación de atención médica, el tacto reviste diferentes modalida-
pecto al estatuto del hombre y la mujer en los Estados Unidos, y con las des. Acompaña el diagnóstico mediante la palpación o la toma del pulso.
normas específicas de virilidad que reinan allí, en especial en los medios Se impone en el aseo íntimo si los pacientes no tienen autonomía de
blancos, anglosajones y protestantes, existen trabajos norteamericanos movimientos. Está vinculado asimismo con los múltiples cuidados que
que demuestran que las mujeres son claramente más receptivas a los implica la salud de los pacientes. La experiencia hospitalaria produce
con-tactos físicos que los hombres (McCorkle, Hollenbach, 1990). En el dependencia y, sobre todo, una inesperada disposición de los demás para
contexto terapéutico, el hombre norteamericano se molesta ante una ingresar en la esfera íntima y acceder al cuerpo.
cercanía física que interpreta en términos de seducción, de intrusión o No obstante, al respecto, las relaciones táctiles con los pacientes son
de dominio, allí donde la mujer encuentra una confortación desprovista de desiguales. El niño hospitalizado es decididamente tocado, mimado,
ambigüedad. Todo ocurre como si tocar estuviera desde el comienzo acariciado. Atrae la ternura como una forma de reparación del pesar que
asociado, en el caso del hombre, a una propuesta sexual, allí donde la experimenta. Pero esa solicitud se ejerce menos con los adolescentes a
mujer ve solamente un gesto de confortación o de amistad. T. Field ve causa del temor de suscitar ambigüedad. Lo mismo ocurre cuando se
en ello el síntoma del hecho que las mujeres resultan tocadas más a trata de pacientes adultos o ancianos, los que no necesitan en menor
menudo por su madre, su padre,'' sus amigos (del mismo sexo o del medida los contactos y la confortación.
contrario), están más expuestas a serlo durante los exámenes ginecoló- Ese contacto privilegiado se lo reencuentra al final de la vida, cuando
gicos por ejemplo. "De esta manera, ser tocadas puede ser tranquiliza- la enfermedad agota al sujeto y solo queda un abrazo torpe. A veces,
dor para mujeres hospitalizadas, pero perturbador para hombres que cuando se trata de la muerte de un niño, la madre se tiende sobre él, lo
por lo general tienen menos experiencia en ser tocados y, en especial, en toma junto a su vientre como para hacerlo volver a ella. El sentido táctil
situaciones médicas" (Field, 2003, 44). Tocar, el gesto de aplacamiento, en los cuidados o en el acompañamiento de una persona discapacitada
es un acto de comunicación; no es mecánico y la manera en que es o enferma, moribunda o anciana, reconstruye con un solo trazo el lazo
percibido no siempre concuerda con la intención que lo anima. social que el lenguaje ya no sostiene. Cuando la existencia se escabulle,
De una y otra parte, a través del desagrado o el placer, el contacto de el contacto de una persona significativa, afectivamente implicada, en-
la piel es una puesta en contacto de los deseos. Con las ambigüedades cama un límite de existencia, una contención, y restaura un valor
y las ambivalencias que se suscitan. Según las interpretaciones, el mis- personal batido en retirada por la enfermedad o la edad. Alimenta un
placer sensorial tanto más fuerte cuando la existencia se encuentra más
Inoué Yasuchi, Histoire de ma mére, Stock, París, 1984, págs. 10-11. en retirada. Joe, profundamente mutilado por la explosión de una bom-
"Existen estudios que demuestran que los padres tocan claramente menos a su.
hijos que a sus hijas (Jourard, 1966).
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ba y reducido al solo contacto físico, piel a piel, expresa la intensidad d e medicamentos" (Anzieu, 1985, 206). La palabra plena, la escucha
surelacióno fmr:"Elasedciójroyélapeció atenta, el reconocimiento personal en ausencia de todo juicio restable-
el contacto dulce y ágil de sus dedos [...1. Un día sintió el cambio en la cieron en aquel hombre una piel contenedora que rechazaba el sufri-
punta de los dedos ante la ternura del tacto, sintió la piedad y la va- miento.
cilación de un amor muy vasto que no era un intercambio que se hacía Comunicación afectiva, ese tacto es a veces el recuerdo de un contacto
desde él hacia ella o desde ella hacia él, sino más bien una especie de materno orientado a envolverlo, es simultáneamente presencia del otro
amor que englobaba a todas las criaturas vivientes y que procuraba y regresión íntima al seno de una historia que reaviva el recuerdo de los
aliviarlas algo, hacerlas un poco menos desdichadas, un poco más momentos en que la madre estaba allí en momentos en que había que
parecidas a sus semejantes".'s La piel es un ancla que vincula al sujeto enfrentar la adversidad. Reanuda las referencias esenciales para la
con el mundo. Da un sentido a la compasión. La gratuidad o, más bien, restauración de la confianza. A la inversa, el tacto terapéutico o el
la generosidad de un gesto de apoyo no tienen precio. masajel"son también para ciertos pacientes la reparación de la ausencia
Cuando la palabra desfallece, incluso en la vida corriente, para cuando el entorno familiar, y en especial la madre, ha sustraído esa
expresar la emoción solo queda el tacto, que da un espesor afectivo al envoltura afectiva durante la infancia. La sensación de abandono es una
contacto, al reencuentro con el cuerpo. Es un formidable surgimiento del forma de maternalización, de regreso a las fuentes que colman por un
sentido, justamente porque desborda la ritualidad ordinaria de la momento el sufrimiento y proporcionan un efecto de devolución al
relación. Joe, amurado en su cuerpo y vinculado con el mundo solo por mundo.
su piel, describe con precisión las manos de las enfermeras asignadas a su Los masajes se emplean para reducir los sufrimientos psicológicos
cuidado. Su experiencia se puede transponer a una cantidad de enfer- (stress, depresión, ansiedad, etc.), los dolores físicos agudos o crónicos
mos. "La enfermera diurna tenía las manos hábiles, manos algo ásperas, (dolores lumbares, cefaleas, fibromialgias, etc.), disminuyen las pertur-
como las de una mujer que trabaja desde hace mucho, tanto que la baciones neuromusculares o las de las enfermedades autoinmunes, los
suponía de una cierta edad y la imaginaba con los cabellos grises [...I. cánceres, etc. Cualquier situación de sufrimiento puede recibir sus
La enfermera diurna era lista en su trabajo... toc, él quedaba de costado, beneficios. Los masajes alivian las tensiones, los dolores, la ansiedad, la
floc, ella deslizaba un paño muy cerca de él, toc, ella lo volcaba de irritación. Restauran el dominio de sí mismo, la calma. Tanto se trate
espaldas y de pronto el aseo había terminado E...). La mayoría de ellas de niños, de adultos o de personas ancianas, el impacto es el mismo. Es
tenían manos dulces, pero lo suficientemente sudorosas como para una reparación afectiva que no elude la falta en ser, pero procura un
pasarlas a tirones sobre su cuerpo, en vez de deslizarlas dulcemente por sosiego. El tacto terapéutico se encuentra cercano a la ternura, pero no
él. Sabían que eran muy jóvenes" (pág. 143). engloba ningún contenido erótico. En tanto contacto de cercanía afecti-
El contacto fisico con un enfermo o con un individuo disminuido ejerce va, tranquiliza y recuerda que el individuo no está del todo solo en su
una función contenedora, aplaca. La presencia del otro, arraigado en su pena. ' 7 E1 efecto benéfico de un contacto fisico implica, por supuesto; que›
contacto, es un freno al desmantelamiento de sí mismo. "El médico sea apropiado a la situación, incluso si va más allá de las expectativas
elogia el escáner—decía N. Cousins—, el enfermo elogia la mano tendida". comunes. El otro se abandona a la caricia o al tacto, sea cual fuere,
Una psicóloga, citada por D. Anzieu, evoca una experiencia de ese orden. respondiéndole con fervor, mientras da libre curso a su dolor. La mano
Un hombre es hospitalizado después de un intento de suicidio con fuego; 1
se trata de una persona detenida que había resultado seriamente 'fi El tacto terapéutico consiste en colocar las manos sobre el cuerpo de una persona
quemada, aunque su existencia no corría peligro. Se quejaba del dolor enferma durante unos diez minutos, movilizando en el interior de uno una fuerte
que sentía. La enfermera le había prometido una dosis suplementaria intención de aliviarlo o curarlo. El contacto se encuentra asociado con una imagen
de calmantes, pero estaba ocupada en otra parte. Durante ese tiempo, , mental positiva de restauración del estado de salud del enfermo. Su eficacia descansa
la psicóloga le hablaba al hombre: "La entrevista espontánea y cálida 1 en la concentración, la seguridad interior y, sobre todo, en la calidad de presencia del
terapeuta. Los masajes o las palpaciones adquieren múltiples formas cuya descripción
que mantuvimos llevó a su vida anterior y a los problemas personales que I: excede el marco de esta obra; a veces tienen una función de relajación, de distensión, de
pe-saban en su corazón. Cuando finalmente la enfermera volvió con los reanimación sensorial (masaje californiano, etc.), se orientan a una acción terapéutica
analgésicos, el hombre los rechazó con una amplia sonrisa: 'Ya no vale a través de las presiones ejercidas en diferentes puntos del cuerpo (do-in, shiatsu) o
la pena, no me duele más'. Él mismo se mostraba asombrado. La en- reducen las tensiones fisiológicas por rozamiento, masaje, manipulación de las energías
(osteopatía, quiropráctica, kinesiterapia, etc.)
trevista prosiguió; luego se durmió tranquilamente, sin ayuda de " Tocar a un paciente en estado de coma modifica su ritmo cardíaco y provoca una
Dalton Trumbo, Johnny s'en va en guerre, Seuil, París, pág. 166. serie de respuestas fisiológicas.

194 •
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que reconforta opera una transfusión de existencia. Recuerda al La experiencia clínica demuestra que los niños nacidos en esas condicio-
hombre que sufre que no está solo frente a la prueba. Está en manos de nes desarrollan un tono y una presencia infrecuentes. La haptonomía es
otro que lo apoya. La caricia o el abrazo de la mano procuran arrancarlo una quintaesencia del tacto terapéutico, realiza de manera deliberada
al dolor, devolverlo al mundo, procurarle un segundo aliento. lo que ciertas personas efectúan intuitivamente con los enfermos, o
El tacto haptonómico es para F. Veldman "la ciencia de tocar y de simplemente en la vida cotidiana para calmar en los otros un dolor o una
sentir en su dimensión interior y afectiva". A alguien tendido(a) sobre angustia.
el vientre, le pide que perciba su mano, sus dedos, su palma, luego su De hecho, se establece un contacto simbólico entre el terapeuta y el
puño, su brazo y que establezca una continuidad. El movimiento interior sujeto que demanda, y remite a una transferencia de sentido. El re-
del sujeto que prolonga sus sensaciones corporales en el brazo del otro, conocimiento de su posición personal de sufrimiento por parte del
en la calidez de la relación, produce un efecto de aplacamiento. La enfermo, la disponibilidad de quien lo atiende, la apertura de los cuerpos
respiración se tranquiliza, las tensiones aflojan, la ansiedad se disipa. movilizan una eficacia simbólica. El contacto corporal con una persona
El frío que eventualmente puede sentirse al comienzo de la interacción extraña es un hecho infrecuente; expone a abandonarse a los movimien-
desaparece y cede ante una agradable sensación de calor corporal. Las tos del otro. Por cierto que el gesto de aplacamiento nunca es mecánico;
fronteras personales se rompen dentro del respeto mutuo. El sujeto se su eficacia se apoya sobre una calidad de presencia y, por lo tanto, de
siente reconocido en profundidad, devuelto a una totalidad humana, contacto. S. de Beauvoir da testimonio de ello en el relato sobre la muerte
liberado de su individualidad a veces pesada. La haptonomía ha sido de su madre. "Los dolores de mamá —escribe— no tenían nada de ima-
empleada con buenos resultados en mujeres embarazadas, en especial ginario; tenían causas orgánicas y precisas. Sin embargo, más allá de un
a partir del cuarto mes. Una vez que se logran la confianza y la dis- cierto umbral, los gestos de la señorita Parent o de la señorita Martin
tensión, el terapeuta le pide a la madre que tome contacto con el hijo que los calmaban; pese a que eran idénticos, los de la señora Gontrand
lleva consigo. Y la mujer, que vivía al feto de manera abstracta, posa la no la aliviaban". 's En otro momento, mientras que su hermana,
mano sobre el vientre y siente que el niño reacciona ante ese contacto. agotada, ya no estaba en condiciones de velar junto a su madre
Emocionada, la mujer aprende en un instante a rodearlo con las manos moribunda, S. de Beauvoir le propone relevarla. Pero ésta se resiste:
y a moverlo en la matriz. Y el padre, inmerso en la atmósfera de se- "Mamá parecía inquieta. —¿Sabrás ponerme la mano sobre la frente
guridad afectiva que reina en ese momento, descubre que dispone del si tengo pesadillas? —iClaro que sí! Me miró con intensidad: —Tú me
mismo privilegio de jugar con el niño in utero. Para la mujer, el hecho de das miedo" (pág. 94).
estar encinta se desplaza entonces desde la intelección a una efectividad A través del estrecho contacto de los cuerpos se crea una relación de
sentida. confianza, propicia para una mejoría del estado fisico del enfermo. El con-
Si el terapeuta le pide a la madre que lleve al niño sobre su corazón tacto corporal (una mano sobre el cuerpo, un masaje) reduce la ansiedad,
o que lo baje a la matriz, ella descubre que el niño responde a su demanda provoca una distensión que restaura la confianza del enfermo en sus
interior. La madre aprende a tener actitudes anticipatorias. Cuando, recursos personales de lucha contar el dolor. Estimula la sensación de
por ejemplo, el feto manifiesta signos de disgusto, ella regula el tono sí mismo, vuelve al sujeto sensible a su piel y, por lo tanto, a su
muscular de la pared abdominal y del perineo, envuelve al niño con su individualidad en la trama del mundo. El terapeuta se opone al des-
mano y le da seguridad. Los momentos de juego con el feto se prolongan aliento del enfermo y demuestra su implicación en la voluntad de que
a medida que va madurando; la madre aprende a dirigirlo, a ayudarlo, a sea liberado de sus síntomas. D. Anzieu proporciona un ejemplo que ma-
sentirlo y así se instaura una seguridad básica para el niño que va a na- nifiesta la tensión positiva hacia el otro: "Más de una vez me ha bastado
cer, una sólida base afectiva. "Poco a poco —escribe Veldman— se de- con imaginar en silencio que le hacía un gesto corporal de confortación
sarrolla entre la madre y el hijo una interacción comunicativa [...]. La a un paciente angustiado, cuando la explicación verbal no resultaba
madre y su hijo se encuentran en sintonía. La madre puede estar suficiente para que ese paciente recobrara un mínimo de seguridad
sensitivamente abierta a las necesidades del hijo" (This, 1981, 279). Más narcisista: ninguno de esos gestos llegaba hasta el acercamiento corpo-
allá del apego que se crea ya antes del nacimiento, la mujer descubre los ral" (Anzieu, 1986, 85). Una sensibilidad superficial penetra en la
lazos alquímicos que la vinculan física y afectivamente con el niño y deja densidad de uno y genera una influencia propicia en los puntos de dolor
de plantear involuntarios obstáculos para su progreso. Acompaña al o de tensión. F. Bourreau señala que "todo dolor, superficial o profundo,
niño en sus movimientos tendientes a franquearse paso hacia la existen- puede ser atenuado por la sensación cutánea producida por una técnica
cia, lo alienta, le prepara el camino y vive con intensidad su nacimiento. S. de Beauvoir, Une mort trzls dance, Gallimard, París, 1964, pág. 115.

196 197
de estimulación [...1. Muchas personas emplean por sí mismas esos 6. OLER, OLERSE
pequeños medios". ' 9
En ciertas circunstancias, la comunicación táctil deja de acudir al
lenguaje; reúne profundamente a los individuos cuando las palabras A Thomas le gustaba sobre todo entrar a la despensa,
faltan a causa del dolor o de la emoción. El abrazo, el contacto fisico, se lo que no ocurría con frecuencia. Entonces la mano de
esfuerzan por conjurar la imposibilidad de decir. Una mano se posa su abuela hacía girar la llave de la puerta pintada de
sobre una frente o un hombro, aprieta un brazo, busca la calma para otro rojo y los olores estallaban. Ante todo, el de las sal-
que ha sido perturbado por una noticia o debilitado por los embates del chichas y de los jamones ahumados, colgados de las
dolor. Intenta romper la separación y señala la solidaridad, la concor- vigas del techo; a ellos se les mezclaba otro olor que
dancia de emociones; certifica una presencia amistosa, a alguien que provenía de los cajones superpuestos a lo largo de las
acompaña en la pena. La sola cualidad de la presencia llena el mundo. paredes. La abuela abría los cajones y le permitía
Lo elemental del contacto corporal reemplaza a una palabra desbordada husmear el contenido mientras le explicaba: 'Esto es
por la emoción. El contacto piel a piel da un respiro en medio del su- canela, esto, café, esto, clavos de olor.
frimiento, un eventual apoyo para rechazarlo. El individuo desgarrado
encuentra brazos que atenúan su abandono y conjuran la sensación de C. Milosz ,
caída en el vacío que se experimenta entonces. Dicha cualidad de pre- Sur les bords de l'Issa
sencia le permite al sujeto que sufre construirse un envoltorio tranqui-
lizador en la prolongación del cuerpo de los demás.
La denigración occidental del olfato

Al hombre occidental no le falta por cierto el olfato, sino más bien la


posibilidad de hablar sin avergonzarse de lo que huele, de dejar correr
los recuerdos; también le falta vocabulario adecuado para dar una mejor
organización a su cultura olfativa. Testigo de la intimidad, causa mo-
lestia, excepto para hablar de manera expeditiva y decir que algún lugar
huele bien o mal o para buscar el nombre de una flor o de una planta que
perfuma una calle. La olfacción es un jardín secreto que causa repugnan-
cia compartir a causa de lo insólito de semejante conducta. En Quebec,
en una muestra de 182 personas interrogadas acerca del sentido que
preferirían perder, el 57% optó por el olfato, aduciendo su "pobreza", su
"inutilidad" o las molestias que provocaba por las situaciones que
implicaban el enfrentamiento con la "hediondez" (Synnott, 1993, 183).
Un estudio del instituto IPSOS de 1993, sobre el valor de los sentidos
para los franceses, ubica al olfato en el último rango, justo después del
gusto. La cultura norteamericana no le confiere una mejor posición. En
la jerarquía de los sentidos, el olfato no tiene ningún peso. No obstante,
a pesar de la reputación de insensibilidad olfativa del hombre occiden-
tal, una reflexión sobre la intimidad demuestra que ciertos olores
acompañan constantemente su existencia. Si bien no son valorizados en
los discursos, lo que confirma su dimensión íntima y dificilmente
trasmisible, no por ello dejan de estar presentes en el placer o la molestia
que ocasionan.
• La anosmia (incapacidad para sentir los olores) es una discapacidad
9 F. Bourreau, Contrólez your douleur, Payot, París, 1991, pág. 148 ; véase tambien
penosa que sustrae a la existencia una parte de su encanto. Obliga a
Savatofski (2001).

198 199
vivir en un mundo insípido e inodoro, privado del aroma de las comidas, como un lugar montañoso entre campos cultivados. La nariz, con su
del sabor de los alimentos o de los vinos. Las bebidas, los alimentos olfato, es órgano de amistad u hostilidad motivada por el puro instinto,
tienen el mismo gusto indiferente. Las personas afectadas resultan más anterior a cualquier reflexión". 2
vulnerables al no poder evaluar el olor del humo o del gas, que puede El hombre es un animal que no huele (que no quiere reconocer que
poner en peligro su existencia; a veces ingieren alimentos echados a huele); en esto se distingue de otras especies y de su propia historia. En
perder, dado que no pueden sentir ni su olor ni el gusto. De manera que Malestar en la cultura, Freud, con el mismo espíritu, asocia el retroceso
conviene siempre tener "un buen olfato" para manejar la propia exis- cultural del olfato con el desarrollo de la civilización. "No obstante el
tencia. retroceso a segundo plano del poder excitante del olor, el mismo parece
Veamos un ejemplo de la estigmatización del olfato a través de la ser consecutivo al hecho de que el hombre se alzó del suelo, se resolvió
demonización del perfume: en 1770, un proyecto de ley sometido al a caminar sobre sus piernas, etapa que, al volver visibles los órganos
parlamento británico estipulaba sin ambages: "Toda mujer, sean cuales genitales hasta entonces ocultos, determinaba que demandaran ser
fueren su edad, profesión, grado, señorita, esposa o viuda, que a partir protegidos y así se engendraba el pudor. En consecuencia, al erguirse el
de la fecha atraiga, seduzca y lleve engañosamente a su hogar a un hombre, dicha "verticalización" sería el comienzo del ineluctable proce-
sujeto británico utilizando perfumes, maquillaje u otras lociones cosmé- so de la civilización. A partir de allí se desarrolla un encadenamiento
ticas, con dentadura postiza, con peluca de lana española, con corset que, desde la depreciación de las percepciones olfativas y del aislamien-
metálico, zapatos de taco o con rellenos postizos, estará expuesta a las to de las mujeres en el momento de sus menstruaciones, llevó a la
penas previstas por la ley contra la brujería y otros delitos semejantes; preponderancia de las percepciones visuales, a la visibilidad de los
y el matrimonio incriminado será declarado nulo y no celebrado" (en órganos genitales, luego a la continuidad de la excitación sexual, a la
Goody, 234). El mismo terror al perfume como instrumento casi demo- fundación de la familia y, de la misma manera, al umbral de la ci-
níaco de seducción lleva al Parlamento de Pennsylvania a adoptar esa vilización humana" (1971, 50). Freud construye una grandiosa novela
ley poco tiempo después. sobre los orígenes sensoriales del hombre. Su análisis es significativo de
Para Aristóteles, el olfato es un sentido bruto, inferior a lo que es en un tiempo y una cultura que inscriben el olfato y la vista en los extremos
el animal. El hombre no saca provecho de él. Si bien Condillac otorga de la jerarquía sensorial. Esa sensibilidad al olor es promovida en
prioritariamente la olfacción a su famosa estatua, no lo hace en absoluto contraste con una insoportable animalidad de origen, que más valía
por su importancia en la definición del hombre, sino más bien "porque dejársela a los "primitivos".
es entre todos los sentidos el que parece contribuir menos al conocimien- R. Winter evoca una experiencia significativa llevada a cabo por
to del espíritu humano". También escribe: "Los objetos desagradables investigadores californianos acerca de las relaciones entre olor y proxe-
que procura ...] son más numerosos que los objetos placenteros; y eri mia. Participantes más o menos perfumados recorren un parque público
este último caso, solo puede ofrecer una delectación fugaz, pasajera" observando las reacciones que se suscitan a su paso. Se sientan en los
(1947, 222). Para muchos filósofos, Kant por ejemplo, el olfato es el bancos, piden informaciones, se mezclan en las conversaciones. Aque-
sentido "animal", el último en cuanto a valor e interés.' En 1878, en la llos que son olfativamente neutros pasan desapercibidos, los que están
jerarquía de P. Broca, fundador en 1859 de la Sociedad de Antropología perfumados alejan a los paseantes, a pesar de su agradable olor (Winter,
de París, la "vista es el más intelectual de los sentidos" y va aunada con 1978, 10). La mujer "demasiado" perfumada es una cocotte, o bien es
el desarrollo de la inteligencia humana; la pasividad de la olfacción que evocada con una sonrisa que busca complicidad. El hombre perfumado
se conforma, según él, con recibir las impresiones sin reflexionarlas, le queda más expuesto, pues contradice una norma implícita que asocia la
confiere un pobre valor. Así, siempre según Broca, ese sentido predomi- masculinidad con la ausencia de arreglos exteriores. Injuria su virili-
na "en el bruto y puede calificárselo como sentido brutal (...1 ya que no dad, se presta a la sospecha." El perfume no es un atractivo, un toque
agrega nada a sus conocimientos, solo toma una débil parte, en sus decisivo en el juego de la seducción, sino a condición de que sea utilizado
placeres, quizá procurándole incluso más desagrado que goce, y prestán- por una mujer y en cantidad que apenas se perciba.
dole tan pocos servicios en la vida civilizada que su pérdida ni siquiera Dispuesto en lugares clave del cuerpo, cuello, lóbulos de la oreja, entre
es considerada como una invalidez" (Dias, 2004, 40 y 50). E. Jünger 2 E. Jünger,
señala el arcaísmo del olfato, "se levanta en el medio del paisaje humano Le contemplateur solitalre,op. els:, pág. 107.
" Se trata de un rasgo puramente cultural. Los hombres se han perfumado en Europa
hasta comienzos del siglo xvin. Y en distintas sociedades, lo hombres y las mujeres
' E. Kant, Anthropologre d'un point de vue pragmati que, Vrin, París, cap. 22 siguen perfumándose.
[Antropología en sentido magma/Ufo, Madrid, Revista de Occidente, 19351.

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los senos, en los puños, etc., su encanto se apoya en la sutileza de su uso. Muchos autores han escrito acerca de la descalificación del olfato en
Suplemento sensorial para dar mayor encanto a la presencia, finta la cultura norteamericana, en especial en la blanca, anglosajona y
olfativa destinada a seducir, pero también a procurar placer a quien lo usa, protestante, reproduciendo un imperativo puritano de higiene y asep-
a dar de uno mismo una imagen propicia, aumenta el poder de la relación sia. Simbólicamente, el olor recuerda el cuerpo o lo que en él se ma-
estésica con el mundo e indica una disponibilidad, preludio de otros nifiesta como tal; por lo tanto, resulta obsceno en el espacio público o
placeres que aguardan a los amantes. Más allá de la apariencia de la incluso en el privado. Es la parte mala de la otra mala parte en el
vestimenta, del maquillaje, del peinado, del estilo de la presencia ante hombre, que es su cuerpo (Le Breton, 1999). "En el empleo de su aparato
los demás, el perfume agrega su nota sutil a la puesta en escena de uno olfativo —dice Hall—, los norteamericanos son culturalmente subdesa-
mismo bajo los mejores auspicios. Es una especie de firma olfativa de sí rrollados. El uso intensivo de los desodorantes en los lugares públicos o
mismo, deliberadamente elegida dentro de un vasto abanico, una revela- privados hace de los Estados Unidos, un país olfativamente neutro y
ción de uno mismo, pero también un afianzamiento lúdico y volátil. La uniforme; en vano se buscará un equivalente en el resto del mundo. Esa
oferta de perfume resulta hoy en día considerable. Como todas las cuestio- insulsez contribuye a la monotonía de los espacios y priva a nuestra vida
nes de las modas, para la mujer (a veces también para el hombre) se trata cotidiana de una apreciable fuente de riqueza y variedad" (Hall, 1971,
de encontrar una manera personal de afiliarse a la corriente y, por lo 66).
tanto, de recortarse discretamente ante aquellos cuya mirada cuenta. El En la década de 1970, una universidad norteamericana instauraba
perfume o las colonias dan una presencia, una carne, a quien teme pasar una zona sin perfume de ninguna clase en su campus. Las fuentes de
desapercibido y no ignora la poca confianza de nuestros contemporáneos sensualidad eran encuadradas, cuidadosamente controladas. Lo que
frente a las emanaciones naturales del cuerpo. 4 procede del cuerpo se presta a la sospecha y a ser cancelado. H. Miller
I. Illich recuerda que A. Kutzelnigg, un historiador, contaba 158 encuentra allí otro motivo para reprobar a los Estados Unidos: "No se
palabras en promedio en alemán para designar los olores en los contem- nos permite sentir el olor real, ni experimentar el verdadero sabor de lo
poráneos de Durero. Solo 32 subsisten hoy, a menudo únicamente en los que fuere. Todo se halla esterilizado y embalado bajo celofán. El único
dialectos locales (Illich, 2994, 97). Por el contrario, sin ser exhaustivo, olor que es admitido y reconocido como tal es el del mal aliento, ante el
F. Aubaile-Sallenave cuanta alrededor de 250 términos relativos a que todos los norteamericanos tienen una obsesión mortal. Es el autén-
nociones de olores o perfumes en el mundo árabe musulmán, claramente tico olor de la descomposición. Al morir, el cuerpo de un norteamericano
más hospitalario a la olfacción. Los olores "proporcionan metáforas en puede ser lavado y desinfectado. Pero un cuerpo norteamericano con
todos los campos de la vida social, moral, intelectual y religiosa, ofre- vida, en el que el alma se descompone, huele siempre mal; todos los
ciendo un abanico semántico muy amplio, desde los sentidos más norteamericanos lo saben y es por eso que prefieren ser norteamericanos
triviales hasta las imágenes más elevadas de la cosmología religiosa y al cien por ciento, solitarios y gregarios al mismo tiempo, antes que vivir
mística" (1999, 115). nariz frente a nariz con la tribu"." El control de los olores personales es
Contrariamente a otras sociedades que han llevado lejos el arte de los una inquietud creciente de nuestras sociedades occidentales, so pena de
olores, y cuyas calles o casas están repletas de exhalaciones de todas ostracismo o de una mala reputación. Nada debe evadirse del cuerpo
clases, las sociedades occidentales no valorizan el olfato. El discurso natural.
social estigmatiza más bien los olores. A pesar de su posición eminente El individuo, encerrado en su burbuja olfativa (que él mismo no
en la vida personal, el olfato está socialmente afectado por la sospecha huele), no tolera en absoluto la intrusión de un olor corporal que no sea
y sometido al rechazo. Es ese algo de lo que no se habla sino para es- el suyo en su espacio íntimo. A menos que éste le resulte conocido o
tablecer una connivencia en torno a un hedor. Los olores surgen menos familiar, o que se trate de una relación de seducción. Los olores
de una estética que de una estesia, actúan a menudo fuera de la esfera desagradables son los del otro, no los propios, incluso si se experimenta
consciente del hombre, orientando sus comportamientos sin que él lo el temor a incomodar a los otros. La publicidad nos alerta permanente-
sepa. mente acerca de este punto. El cuerpo es fuente de desconfianza: si bien
uno no los huele, los otros perciben los malos olores que se desprenden
4 La historia incluso ha rescatado a singulares personajes que se perfumaban el de uno sin que lo sepamos. La publicidad estigmatiza las exhalaciones
interior del cuerpo. "Las lavativas fueron empleadas para voluptuosas perversiones corporales e invita a librarse de ellas gracias a muchos desodorizantes.
olfativas: el cardenal Moncada adquirió celebridad por hacerse administrar lavativas ("Según la nariz, son las cinco de la tarde", etc.) Olor a transpiración, a
con aguas perfumadas para disfrutar, a través de canales infrecuentes, la voluptuosidad
de sentirse perfumado tanto en su interior como en su exterior" (Camporesi, 1995, 89). Henry Miller, L'oei 1 qui voyage, Buchet-Chastel, París, pág. 144.

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aliento, a orina, etc. Del mismo modo que no se soporta sentir el olor del blemente para contrarrestar la sensación de inseguridad de los usuarios
otro, tampoco se tolera que el otro sienta el de uno. Perfumamos o y para disipar los olores a combustible o a los caños de escape de los
neutralizamos el cuerpo para volverlo aceptable a la apreciación de los vehículos. Los gimnasios esparcen perfumes alimonados para sanear el
demás. ambiente, los centros de talasoterapia diseminan olores marinos o
Las mujeres son las primeras afectadas por ese tema culpabilizador campestres para alimentar la sensación de bienestar de los clientes. Se
que hace del cuerpo un lugar naturalmente maloliente. En los imagina- conciben exhalaciones apropiadas para incitar al consumidor a que
rios occidentales, la mujer es más cuerpo que el hombre; por lo tanto, compre, por ejemplo, el olor a café arábigo en los pasillos de los su-
corre el resigo de oler peor: conviene entonces que su olor natural sea permercados.
borrado por el perfume. Es una manera honorable de arreglárselas ante El mercado industrial de los olores se ocupa incluso de la productivi-
la adversidad. La profusión de olores puestos en el mercado en la ac- dad de los empleados, como esa empresa japonesa que recurría a
tualidad para los cuidados del cuerpo o la protección olfativa de los fragancias con olor a limón para estimular el trabajo al comienzo de la
hogares apunta menos a agregar nuevos olores que a borrar o rectificar mañana y la tarde, y antes del almuerzo del mediodía o al final de la jor-
los olores "naturales" percibidos como desagradables, aunque el suple- nada, y fragancias florales para aumentar la concentración. En otros
mento de placer aportado por los perfumes correctivos no sea indiferente momentos, se utilizan olores del bosque, pues se considera que disipan
para sus usuarios. La química sintética se impone frente a los ambientes el cansancio (Synnott, 1993, 203). Son ejemplos paradigmáticos de esos
olfativos naturales. Mediante estratagemas olfativas, se orienta a intentos por "arrastrar de la nariz" a los empleados o a los consumidores
domesticar las cualidades morales a veces nefastas asociadas con un a través de un uso interesado de la aromaterapia.
producto: un aroma de frescura o de naturaleza para una pintura o un de- La maquinaria industrial del mundo es hoy una incansable fábrica de
tergente, etc. El mensaje procura así una virginidad simbólica para olores artificiales. Cumple una función de marketing, la de tranquilizar
productos cuyo uso resulta nocivo. al cliente e incitarlo a volver o a consumir. Esas actividades de produc-
En nuestras sociedades occidentales una denegación metódica se ción deliberada de olores sintéticos juegan sobre el filo de la navaja:
aplica a quitarle a los olores sus prerrogativas en la vida cotidiana. Se deben hacer concordar los ambientes olfativos con los significados de los
hace un esfuerzo por disimular o encubrir los olores naturales, por objetos. Sin nunca volverle la espalda a su dimensión simbólica; de lo
odorizar los objetos naturales, por poner en marcha una reorganización contrario, ya no se recupera al cliente (Holley, 1999, 216). Es difícil
olfativa de los lugares vitales. Estos últimos años, se ha abierto una imaginar un olor a cocina dispensado diestramente en los asientos de un
multitud de boutiques para la venta de perfumes, de cosméticos, de auto deportivo. Aromas sintéticos recrean olores "naturales" ausentes
inciensos, de productos de tocador, de instrumentos de aromaterapia, etc. en los productos, o los modifican, pues no se los considera lo suficiente-
Un formidable comercio de olores ha hecho su apariéión con el objetivo de mente atractivos: el olor a media lunas calientes que se exhala en los
recubrir con su artificio hedónico los olores reales del mundo. Una expe- alrededores de una panadería o en una terraza de café durante la ma-
riencia pionera de Laird en 19401es proponía a distintas mujeres tres pares ñana; el olor a rosas o a canela en las alfombras; el olor a cuero en la ropa
de medias de nylon, una perfumada con un tono frutado, otra con un aroma de plástico; el olor sintético a frutillas o a damasco en frutos insípidos;
floral y la tercera conservaba sus olores originales. La mayoría de las neumáticos perfumados con aromas a rosas; ropas con olores suaves y
mujeres elegía el par de medias con exhalaciones florales, agregando que acariciadores; olor a pan fresco en productos congelados, etc. Muchos de
el nylon les parecía mucho más suave (Winter, 1978). Se trataría de una los productos que se consumen en la actualidad, desde los medicamentos
experiencia muy trivial hoy en día. hasta los vehículos, desde los cosméticos hasta los utensilios de cocina,
Los expertos modelan cuidadosamente los olores más adecuados para desde la alimentación hasta el mobiliario, están dotados de un adita-
que un producto seduzca a los consumidores. Los objetos cosméticos o de mento olfativo para volverlos atractivos y disipar cualquier prevención
tocador cotidianos son odorizados para proclamar la inocuidad de su a los mismos mediante ese olor agradable.
uso. El papel higiénico huele a lavanda, el jabón exhala fragancias de El olor es el "alma" de la mercadería para los imaginarios occidenta-
naranja, de lavanda o de pino, etc. El marketing olfativo no perdona a les. Un producto cuyo olor tenga connotaciones positivas en términos de
ninguna mercadería. Autos de segunda mano huelen a perfumes lujosos frutos, de naturaleza, de grandes espacios, etc., queda al margen de cual-
o a nuevos. Las empresas privadas o públicas valorizan sus locales o sus quier sospecha, resulta olfativamente purificado. Un principio antropo-
productos con perfumes sintéticos que se considera procuran distensión, lógico del olor consiste en ser revelador de una interioridad, de una
paciencia. Los estacionamientos para vehículos son odorizados agrada- verdad intrínseca que nada puede disimular. Si bien el mismo solo goza

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codicia. A la inversa —dice L. Roubin—, la presentación de una rama de
de un modesto estatuto cultural en nuestras sociedades, por el contrario,
se beneficia con una atención puntillosa por parte del marketing, como ciprés o de cardo signa la ruptura. Una rama de tomillo expresa la
intensidad del amor. La joven, si acepta la declaración, responde con
voluntadericóosmptaien.
una rama de romero (257).
En la alta Provence tradicional, desde el nacimiento hasta la muerte,
redes de olores acompañan el pasaje de una dimensión de la existencia
El olor como atmósfera moral
a otra. "Ciertos medios ajenos a la espacio-temporalidad trivial están
vinculados con un ambiente olfativo que los aísla de la vida normal.
El olor resulta difuso en el espacio, aliento sostenido que envuelve los Tales son los olores a incienso de los santuarios, las 'humaredas de los
objetos, sin extensión real, sin lugar preciso, atmósfera que se expande en holocaustos', el olor a pólvora, la embriaguez del héroe, cuyo rol no es el
torno a una zona al mismo tiempo localizada e indeterminada, no está de un simple condimento. En efecto, los olores, por los profundos de-
encerrado en las cosas, como el gusto, o en su superficie, como el color:
el olor es un envoltorio sutil. Desprendido de su fuente como un sonido, s encadenamientos que provocan, son, en esos casos, el elemento deter-
minante de la situación" (Leroi-Gourhan, 1965, 116).
flotante en el espacio, penetra en el individuo sin que éste pueda La escansión olfativa de momentos simbólicos de la existencia indivi-
defenderse de su invasión. Identificar la fuente implica dar vueltas en dual o colectiva es un dato corriente en las culturas. Así, los niños
torno a ella, buscarla a veces sin certezas. Si bien pueden cerrarse los
ojos para escapar a un espectáculo afligente, si bien se puede dejar de waanzis del sudeste de Gabón están sometidos a ritos de purificación y
de formación de sí mismos mediante el olor. Bajo las camas, en los
comer o de beber para evitar sabores penosos, si bien se puede evitar ángulos de las habitaciones, se disponen vegetales o recipientes donde
tocar una sustancia descompuesta, en cambio no se puede escapar al se maceran hojas mezcladas con ralladura de corteza. Los productos
olor, aunque vuelva desagradable la vida. "Contrario a la libertad", odoríferos envuelven al niño y lo protegen. Por otra parte, muy a menudo
según la fórmula de Kant, el olor invade a quien lo huele, para bien o se les hace usar ropa o adornos pertenecientes a individuos considerados
para mal. Determina el ambiente afectivo de un lugar o de un encuentro, buenos y sabios, a los efecto de que el niño se impregne con su olor y, al
pues es una moral aérea aunque poderosa en sus efectos, a pesar de que hacerlo, se ilustre con las mismas cualidades a lo largo de toda su vida"
siempre esté mezclada al imaginario y, sobre todo, sea reveladora de la
psicología del hombre que huele. No se trata tanto del olor que se huele, (Mouélé, 1997, 214).
Asimismo, una pluralidad de olores acompaña tradicionalmente con
sino del significado con que está investido ese olor. sus virtudes purificadoras o protectoras el desarrollo del niño magrebí
El olor es un marcador de atmósferas, imprime la tonalidad afectiva a través de fumigaciones, unciones, masajes, etc. El propio parto implica
de un momento que se desea despegar de los otros, sustraer a lo común. la creación de una atmósfera específica para proteger a la madre y al
De esta manera, durante los ritos religiosos o profanos, es solicitado niño que va a nacer. Un pequeño brasero colocado cerca de la puerta
como un limitador de ambiente que concurre para demarcar la situa- exhala olores fuertes de fumigaciones, cuya función consiste en alejar a
ción, una escansión olfativa que subraya el valor comprometido. Es un los genios maléficos y proteger contra el mal de ojo (Aubaile-Sallenave,
sentido de la transición (Howes, 1991). En Provence, por ejemplo, cuan- 1997, 186 y ss.). Las fumigaciones contribuyen a la ritualización de pa-
do nace un niño, los cercanos llevan tradicionalmente hasta su cabecera sajes de momentos intensos de la existencia, como la noche de bodas, la
ramos con efluvios protectores. Si el umbral de la existencia se da bajo circuncisión, la primera enfermedad del niño, etc. Son una manera de
un auspicio odorífero propicio, no hay ninguna razón para que la vida no
prosiga según ese lineamiento olfativo. Para los jóvenes y las jóvenes, las apartar a los djinns del camino. Se los encuentra en los rituales de em-
brujamiento o de exorcismo. El olor es una protección o una propiciación,
ofrendas odoríferas acompañan el tránsito hacia la adultez. Así, duran- erige una barrera moral entre el individuo y la adversidad, o la
te la edad núbil, el adolescente recibía de su madrina una joya de
alteridad.
protección, el cassoléto (el perfumador). "Pendientes ovoides, a menudo El olor tiñe con una tonalidad particular una relación con el mundo.
de plata, estaban llenos de alcanfor y hierbas aromáticas, consideradas Da ganas de instalarse en él para vivir o de escaparle, incita al abandono
como joyas protectoras, simultáneamente decorativas y profilácticas" o a la desconfianza, induce la inquietud ola distensión. Las exhalaciones
(Roubin, 1980, 252). de un lugar expresan su dimensión moral, el clima afectivo que lo
En la existencia, diversas circunstancias vinculadas con la expresión envuelve. "En casi toda experiencia con los sentidos —dice Tellenbach-
del amor apelan al recurso odorífero. En mayo el joven enamorado se encuentra algo adicional que queda inexpresado. Ese adicional que
cuelga una rama de albahaca o de espinillo en la puerta de la joven que
207
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supera al hecho real, pero que sentimos al mismo tiempo que él, po-
prohibiciones esenciales separan a las mujeres de los hombres, y la
demos denominarlo atmosférico" (1983, 40). El olfato, más que los otros jerarquía de los olores les está subordinada: "Un buen número de
sentidos, participa de la atmósfera al mismo tiempo física y moral de un
prohibiciones, al estar vinculadas con la edad, el sexo o el tótem de los
lugar o de una situación. La alianza olfativa prepara los espíritus según individuos, hacen que la apreciación de un olor perteneciente a un ser
expectativas específicas. Así, entre otros ejemplos, pacientes a la espera
de un eventual diagnóstico de cáncer, sin que lo sepan, se hallan o a una cosa dependa mucho de esos parámetros. Por ejemplo, en el
expuestos al olor de la heliotronina. Un test de ansiedad revela a momento de la cocción de ciertos moluscos de dorso amarillo, todos los
varones sentirán un exquisito aroma, mientras que las mujeres habla-
continuación en esas personas una menor angustia que en otras no
expuestas al mismo olor. Con posterioridad, juzgarán agradable y rela- rán de un olor nauseabundo" (Mouélé, 1997, 216). El buen o el mal olor
entre los waanzis dependen de la posición social.
jante a ese olor (Holley, 1999, 184). La aromaterapia está basada en el
principio de que el olor ejerce una influencia moral en el individuo que M. Mouélé cuenta también que en esa misma sociedad el olor de los
pescadores es considerado bueno, ya que simboliza la fortuna que los a-
lo huele. Elegida en el momento oportuno, acompaña desde entonces
una mejor sensación de sí mismo, ayuda a luchar contra el stress, la compaña. Una vez que la pesca ha concluido, se vuelve insoportable,
angustia, etc. fuera de medida, y el pescador debe tomar un baño para evitar las pullas
El olfato es simultáneamente un sentido del contacto y de la distancia, a su regreso. El cambio de contexto transforma el estatuto del olor, pues
no es éste el que incomoda, sino su sentido en el momento. La experien-
sumerge al individuo en una situación olfativa sin darle opción, sedu-
ciéndolo o atrayéndolo, pero a veces provoca el rechazo y la voluntad de cia demuestra igualmente que el médico o el enfermero pierde en parte
alejarse lo antes posible de un lugar que agrede la nariz. El olor no deja su rechazo a los olores corporales de excrementos, de falta de higiene o
del aliento penoso de un enfermo. El ejercicio de la profesión es una
indiferente; es recibido de buen o mal grado. Si impregna un ambiente,
sombrilla protectora, pero la pantalla se alza, por el contrario, cuando
participa de manera penosa en ciertos lugares creando la sensación de el profesional abandona su trabajo.
contaminación, de la degradación de un lugar. Todo olor que no esté en
De manera general, los olores que surgen del cuerpo humano (sudor,
su lugar provoca molestia y extrañeza, pues la interioridad que expresa aliento, orina, flatulencias, excrementos, esperma...) son desagradable-
no se encuentra en las expectativas propias de las circunstancias. Toda
mente percibidos por la mayoría de las culturas, sobre todo si se trata
ruptura olfativa induce una destrucción de la atmósfera buscada. Un de olores reales o supuestos provenientes de integrantes de otro grupo.
olor de alcantarilla que ingresa a un santuario expulsa de inmediato
cualquier espiritualidad. Pero esa comprobación no es completamente universal; si los niños
demuestran en qué medida el desagrado hacia los olores corporales es
dificil de adquirir, otras sociedades no los estigmatizan más. Numerosos
ritos de salutación consisten en oler el rostro o las axilas del otro. Entre
Relatividad de la apreciación de los olores
los kanum-irebe, de Nueva Guinea, es costumbre retener algo del olor
del que se va. La persona que se queda pasa la mano bajo la axila del
La apreciación de los olores es un hecho circunstancial; los efluvios no viajero, la huele y se fricciona el cuerpo. Asimismo, en numerosas so-
constituyen un lenguaje cuyo sentido se deduzca de relaciones significa- ciedades, besar no es el contacto breve de un labio sobre una mejilla o
tivas con otras. Únicamente el contexto en que aparecen les confiere un sobre otro labio: es un contacto olfativo, una manera de impregnarse con
valor y un sentido. El contexto de un olor no es otro olor, sino el mundo la intimidad del otro, de signar el reencuentro en los puntos de emisión
donde aparece y donde es típico (Gell, 1977). Lo importante no es la de olores que no remiten más que a sí mismo. En la cultura birmana, por
composición del perfume, sino el hecho de que cree una atmósfera ejemplo, besar significa "respirar-aspirar" (Bernot, Myint, 1995, 172).
específica. Sébastien Chamfort, un gentilhombre de provincia que re- En nuestras sociedades, el beso, si bien implica un acercamiento físico,
gresaba a su casa después de una estadía en Versalles, en el siglo xvif,
consiste ante todo en la inhalación del olor y del calor del otro. Ronsard
insta a los criados para que orinen en las paredes de su castillo, para asocia el beso al "aliento de rosas"
conferirle ese halo aristocrático que le había encantado. Incluso el olor de la bienamada. No la siente solo en
los labios posados sobre los suyos: ella "sopla con (su) boca una Arabia
a orina, en cierto contexto, se convierte en el más suave de los olores por a quien se le aproxime".
el significado que reviste.
La relatividad simbólica de su aroma a veces se encuentra vinculada
con las definiciones sociales de los sexos. Entre los waanzis, por ejemplo,

208
Los olores de la existencia las prácticas sociales y cuyo poder imaginario veremos en el racismo o
en el desprecio del otro.
Los olores son una forma elemental de lo inexpresable. La descripción Según las ecologías y los ambientes sociales, una miríada de olores
de un olor a alguien que no lo huele o no lo conoce es todo un reto. En las acompañan permanentemente los movimientos individuales al cabo del
lenguas occidentales, el vocabulario olfativo es pobre y surge más bien día." De un momento o de un lugar a otro, el individuo atraviesa capas
de un juicio de valor (esto huele bien o mal), de una resonancia moral (un de olores: las de la ropa, de las sábanas, de la ropa interior, de la casa, de
olor que hechiza, penoso, repugnante), del eco de otro sentido (un olor cada una de las habitaciones, del altillo o del sótano, de la cocina, del
dulce, suave, frutado, acariciador, penetrante, grasiento, picante), de la jardín, de la calle, de los comercios, de los lugares públicos, etc. Olores
evocación de algo (un olor a trigo, a rosas), de una comparación: "Esto diseminados a lo largo del día: productos de tocador, café, chocolate, pan
huele como...". La referencia a un olor apela a la perífrasis o a la tostado, tabaco, comidas que se preparan a fuego lento, flores colocadas
metáfora: Se habla en el halo del olor, en sus alrededores, pero nunca de sobre las mesas, etc. Cada región tiene sus propios olores vinculados con
él en su singularidad. la vegetación, las estaciones, los animales o las industrias locales que
Hablar de un "buen" o de un "mal" olor es una opinión ampliamente impregnan el espacio con sus efluvios propicios o nefastos. Olor del
personal. El olor es una percepción eminentemente subjetiva, tanto en litoral, a yodo, a pescados, a puerto, a floreros, a algas, a arena; de la
el valor de su experiencia como en su identificación o en su evocación. montaña, del bosque, de las praderas, etc. Variaciones estacionales. de
Moviliza una geografía y una historia interiores, un relato personal más olores desprendidos por los árboles, los frutos, las flores, los lugares, etc.
difícil de hacer coincidir con el de otro que si se tratara de un color o de Pero también por la lluvia y la tierra mojada, las hierbas secas del
un sonido. El olor comparte con el gusto una individualización de la verano, los campos según el ciclo de trabajo del otoño al verano. Existen
experiencia. Reduce el lenguaje a la impotencia, y en todo caso apenas . paisajes olfativos (smellscapes) (Porteus, 1990) que cambian según las
si lo coloca en un margen de aproximación. En las lenguas occidentales, estaciones y las condiciones meteorológicas. L. Roubin habla de "campo
por lo menos, ningún vocabulario propio designa un olor en su especifi- olfativo preferencial" para designar "haces de incitaciones odoríferas
cidad, contrariamente, por ejemplo, a ciertas lenguas africanas, donde que dependen de las actividades implantadas en ciertos lugares y que
existe un preciso léxico olfativo. En el lenguaje de los wenzis, catorce tér- ponen en acción modos de actuar, formas de sensibilidad que los hom-
minos designan olores, sin referencia a su fuente o a su objeto (Mouélé, bres mantienen en el centro de su estilo de vida" (Roubin, 1989, 185 y
1997). ss.).
Existe, por cierto, un vocabulario autónomo de la perfumería o de la Además de los olores de la cocina que a veces invaden la casa, la
fabricación de aromas, pero no alimenta en absoluto el vocabulario del odorización de los lugares en los que vivimos, en especial de las ha-
profano. El olfato es el sentido menos diversificado en la lengua. Aunque bitaciones, es una costumbre corriente en diferentes sociedades: barri-
el hombre sea capaz de discriminar millares de olores, rebota contra las tas de incienso, papeles de Armenia, aromatizantes, hierbas secas,
palabras al intentar describirlos o trasmitirlos. El sentido olfativo sigue azúcar impalpable arrojada al hogar para que produzca olor a caramelo.
siendo íntimo, incluso cuando trata permanentemente sobre los com- Las casas japonesas exhalan fragancias de maderas aromáticas o de
portamientos, recortando un ambiente moral particular. Suscita en incienso. Según su asimilación en el siglo xv a las palabras de Buda,
nuestras sociedades una actitud púdica, incluso reprimida, una reticen- perfumadas, como todo lo que lo concierne, se "escuchan" esos olores
cia hace de él un motivo de evocación. difusos en su evocación del ritmo de las estaciones o de los ambientes
Para sentir un olor se impone el contraste, la diferencia entre un particulares. Procuran una sensación de relajamiento, de bienestar, un
ambiente olfativo y otro. En tanto volátil, se debilita a medida que el goce olfativo y unen a los individuos en presencia de una atmósfera
hombre se demora en los mismos lugares o en sus proximidades. Bastan común y feliz. Las variedades de incienso propuestas pasaban de 400 en
unos pocos minutos para que la conciencia del olor desaparezca. El olor la era Meiji (1868-1912), a 600 en la actualidad. Experimentan un
es también protector, indica en especial la corrupción de los alimentos, creciente éxito. Kódó, una práctica estética tradicional, reúne a una
el carácter nocivo de un lugar. El peligro de ciertas sustancias mortales
se duplica si carecen de olor. La prudencia exige "olfato". Se considera 6
Véase, por ejemplo, el inventario olfativo de R. Dulau en Pondichéry, o los de L.
que un "buen" olor indica un alimento o un ambiente propicio, que un Grésillon (el barrio La Huchette, en París), S. Lignon-Darmaillac (Sevilla), N. Mainet-
Delair (Brest), L. Marrou et al (La Rochelle), en Dulau Pitte (1998). Véase también
"mal" olor, por el contrario, significa una amenaza, algo desagradable. Roubin (1989) sobre los olores de la Haute-Provence, o más en general de Porteurs
Una especie de moral alimenta un saber popular a menudo en acción en (1990).

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decena de personas bajo la égida de un maestro de ceremonias y de un aplicar a las propias excreciones del niño, que se conforma con rechazar-
preparador. Los hechos y gestos de los participantes están cuidadosa- las cuando provienen de otros". El aprendizaje del significado y de las
mente codificados. Cada uno de ellos "escucha" los diferentes inciensos conductas a seguir frente a las secreciones corporales explica que el asco,
y se esfuerza por reconocerlo. S. Guichard-Anguis (1998) describe una si bien es universal en su forma, no lo sea en su contenido. "Creemos que
reunión en Kyoto, que tenía por tema el frío de la estación: "Tres una deyección nos causa repugnancia en razón de su mal olor. Pero,
inciensos diferentes evocan: la helada, la nieve y el hielo. Cada partici- ¿olería mal si antes no se hubiera convertido en el objeto de nuestro asco?
pante los siente y entonces se mezclan con un cuarto elemento: la luna". Nos hemos olvidado con rapidez de las dificultades que tuvimos para
De inmediato son presentados desordenadamente los recipientes para Ah, comunicarles a nuestros hijos las aversiones que nos constituían, que
quemar los inciensos a los participantes, quienes los identifican y ca- hacían de nosotros seres humanos" (Bataille, 1967, 65).
ligrafían sus nombres sobre un papel destinado a ese efecto. El niño que crece en un contexto social y cultural particular recibe una
educación olfativa propia de los valores de su grupo, que tiene que ver
no solo con la distinción entre los "buenos" y los "malos" olores, sino que
Aprendizaje del universo odorífero también implica un aprendizaje meticuloso de los significados del
mundo. Entre los umedas, el cazador desarrolla una gran agudeza para
Durante mucho tiempo, el niño no experimenta repulsión alguna ante reconocer la presencia de cerdos salvajes e incluso para determinar su
sus excrementos, ante su orina; le gusta sentirlos o jugar con ellos y al edad. Esa sensibilidad olfativa la adquieren los jóvenes siguiendo a los
respecto la llamada al orden de los mayores a menudo resulta brutal. mayores por la jungla; del mismo modo, aprenden a identificar desde
Lentamente, ante la presión de la educación y de la imitación de los lejos el más ínfimo olor a humo proveniente de un campamento (Gell,
mayores, interioriza la sensación de desagrado y comienza a su vez a 1977, 126). Conformada por el aprendizaje, se desarrolla con una agu-
despreciar los olores corporales, sobre todo los de los demás. Hacia los deza tanto más intensa en la medida en que resulta esencial para la
cuatro o cinco años, comienza a reproducir a su vez las prevenciones de identificación del animal.
sus mayores, pero todavía se halla en camino y goza empleando tér- La discriminación de los olores se impone a veces en una ecología o
minos prohcriptos que remiten a las materias corporales que repugnan simplemente mediante un ejercicio particular. De esta manera, el vir-
a los adultos. La evocación de la ventosidad es flamígera. El folklore tuosismo de los perfumistas o de los enólogos se constituye en hombres
obsceno de los niños estudiado por C. Gaignebet (1980) hace innumera- o mujeres que han aprendido a emplear su olfato, y los demás sentidos,
bles referencias a los olores escatológicos que llenan de repugnancia al 1 ,, después de una prolongada formación profesional y personal. Las
adulto si se encuentra en público, aunque claramente menos si está solo diferencias en materia de olfacción surgen no tanto de desigualdades en
o si se trata de sus propios olores. Stercus cuique suum bene olet (para la sensibilidad sino de la formación. Sea como fuere, se manifiesta como
cada uno, su propio excremento huele bien) recuerda Montaigne. 7 un compromiso suficiente, aprende a discriminar olores o a catar vinos
Ciertos olores no tienen derecho de ciudadanía en nuestras socieda- y a alcanzar un buen nivel de apreciación de su objeto.
des, aunque sean admitidos, en el caso de ser propios, sin molestia. El Como consecuencia de los progresos de la química, la composición del
niño lo recuerda sin vueltas con su ludismo excrementicio; se sitúa en perfume se fue transformando en un arte durante el transcurso del siglo
► x. En 1884, Huysmans pinta en el personaje de Des Esseintes un
el umbral de las normas sobre el asco, mientras juega con ellos a la
distancia, aunque con mucha concentración. Resiste durante mucho modelo de esos nuevos creadores: "Desde hacía años era hábil en la
tiempo antes de ceder a la represión. "El niño se muestra más bien ciencia del olfato; pensaba que con este sentido se podían lograr goces
orgulloso de sus propias excreciones, las pone al servicio de su auto semejantes a los ,del oído y de la vista, ya que cada sentido era capaz,
afianzamiento frente a los adultos", escribe Freud en su prefacio a la como consecuencia de una disposición natural y de una cultura erudita,
obra de Bourke (1981, 33). "Bajo la influencia de la educación, las pul- de percibir nuevas impresiones, decuplicarlas, coordinarlas, componer
siones coprófilas y las tendencias del niño toman poco a poco la vía de la con ellas ese todo que constituye una obra; y no era, en suma, más
represión; aprende a mantener en secreto sus excrementos y a sentir anormal que existiera un arte que desprendiera odorizantes fluidos, que
vergüenza de ellos. Hablando con propiedad, el asco nunca se va a otros que emitían ondas sonoras, o incidían con rayos diversamente
(Ensayos coloreados en la retina de un ojo f...]. En el arte de la perfumería, el
Montaigne, Essais, III, Garnier-Flammarion, París, 1969, pág. 144 artista concluye el olor inicial de la naturaleza, cuya fragancia talla y la
Erasmo (III, IV, 2) escribe: Saus
completos, México, Porrúa, 1991]. En sus Adages, eleva corno un joyero depura la imperfección de una piedra y la hace
caique crepitas benc olet (cada uno encuentra que su ventosidad huele bien).

212
valer". 8 Un perfume contiene una decena de ingredientes y fijadores que formación de los alumnos perfumistas de Grasse. Para la mayoría de
modulan su perduración e intensidad; cada uno de ellos solo cobra ellos, la iniciación comenzaba a muy temprana edad, apenas dejaban a
sentido en relación con un conjunto donde se mezcla y modifica sus sus familias, que ya pertenecían al oficio. Los padres les enseñaban a los
propias cualidades. Su creación se asemeja a un arte de la composición, hijos a reconocer y a almacenar una memoria de los olores. Esos hijos
a una forma volátil de musicalidad. Si el cocinero se aplica a dotar del vivían, por otra parte, en un medio odorífero y frecuentaban los labora-
mejor gusto a las comidas que prepara, el inventor de un perfume busca torios donde se fabricaban perfumes. Allí adquirían una afinada discri-
las asonancias olfativas que mejor respondan a su intención del momen- minación olfativa. "En la gente nacida en Grasse, hay una vocación por
to. Reúne los constituyentes hasta lograr la nota deseada. "Para decidir la multitud de olores reunidos", decía un perfumista local (Roubin, 1989,
intuitivamente sobre los treinta o cincuenta términos y sobre su propor- 171). El perfumista integra un vocabulario, una gramática, un estilo que
ción para que las notas, afinidades, intensidades, momentos de eficacia, le pertenece en propiedad. El aprendizaje del oficio comienza por la
perduración, etc. se imbriquen afortunadamente en el efecto deseado", elaboración de una sólida memoria olfativa a los efectos de poder de-
el creador se remite a su memoria, a su experiencia, a su imaginación , terminar de entrada un vasto abanico de olores. Trabajo incansable de
(Roudnitska, 1987, 22). Una escala de aproximación le permite ordenar memorización, repetido innumerables veces para dominar sin error las
sus impresiones y actuar con eficacia sobre su composición. sustancias odoríferas. Los ejercicios se orientaban igualmente a reunir
Roudnitska ofrece algunos otros ejemplos que escapan a la intuición los olores a fin de darles la tonalidad perfumada buscada. O, a la inversa,
olfativa del hombre común: "A tal esencia de rosa le buscaremos fres- en descomponer los ingredientes que participaban en su fórmula. "En el
cura, aromas florales, atractivos, agregados frutales (o ácidos), ascen- transcurso de esas experiencias y mediante una serie de operaciones
dencia, una suave dulzura o una aspereza verde y picante, será etérea deductivas, el perfumista adquiere una representación mental de las
o pesada, etc." (Roudnitska, 1980, 27). Si bien la experiencia común con distintas sustancias odoríferas. A partir de esas imágenes no conse-
los olores es más bien limitada, mal caracterizable mediante un vocabu- cutivas, cada uno constituía su escala personal de aromas, y de esa
lario moral o referido a objetos, el perfumista, en cambio, conoce manera se encontraba en situación de evocar un determinado olor
minuciosamente varios miles de olores (3000 odorizantes sintéticos y aun en ausencia de la sensación correspondiente" (Roudnitska, 1980,
cerca de 150 esencias naturales) que componen el teclado con el que 16).
fabrica sus perfumes, una amplia materia prima donde la disposición Lejos de la opinión corriente acerca de su descrédito, la olfacción es
particular de algunos componentes conforma una fórmula única. En- una memoria profesional de opción para numerosos ejercicios en apa-
frentado a un olor o a otro perfume, sabe identificar sus elementos y riencia alejados de ese registro sensorial: aromatizadores, bacteriólo-
el porcentaje en que han sido utilizados. A pesar de su renombre, E. gos, empleados de empresas de gas, horneros, queseros, etc. Muchas
Roudnitska (pág. 174) confiesa su humildad frente a la pluralidad de las profesiones encuentran en el olor un indicador para la puesta en
opciones en la fabricación de un perfume: "Frente a los millares de práctica de su experticia. Pero el aprendizaje de su refinamiento no
combinaciones posibles con nuestros centenares, incluso nuestros mi- surge en absoluto de procedimientos formales; la disposición de los
llares, de elementos utilizables, uno sospecha cuán pobre es, incluso al olores se realiza al cabo del tiempo, a través de la experiencia acumulada
cabo de una muy larga carrera muy bien desarrollada, la experiencia (Candau, 2000; 2002). "Del mismo modo que un comerciante de vinos
práctica que puede tener el compositor en el complejo juego de esas reconoce el crudo al olfatear una gota, que un vendedor de lúpulo apenas
combinaciones". Maestro en esos efluvios, corno los cocineros lo son de percibe el aroma de una bolsa determina de inmediato su valor exacto,
los sabores o los músicos de los sonidos, los perfumistas son estetas del que un negociante chino puede revelar en el acto el origen de los trigos
olfato. Las notas de la cabeza son las primeras en captarnos: son francas, que huele, decir en qué granjas de los montes Bohées, en qué conventos
pero desaparecen; las notas del corazón aparecen a continuación: le dan budistas fue cultivado [...j de la misma manera Des Esseintes podía, al
cuerpo al perfume; las notas de fondo dibujan el surco y sostienen las respirar un atisbo de olor, referir de inmediato las dosis de su mezcla,
notas del corazón (Vignaud, 1982, 158). Una composición olfativa explicar la psicología de la misma, citar casi el nombre del artista que
despliega una serie de notas simultáneas o sucesivas que se anulan, se lo había escrito y le había impreso la cadencia personal de su estilo"?
suman, se mezclan en una variedad de acordes. Ciertas profesiones, además, por supuesto, de los perfumistas o de los
El aprendizaje de los "narices", es decir, de los perfumistas, es una enólogos, encuentran en el olor una especie de equilibrio profesional.
empresa de largo aliento. En la década de 1980, L. Roubin describía la Así, para los cocineros, el olfato es un vector de apreciación de la calidad
" J. K. Huysmans, A rebours, Folio, París, 1977, págs. 216-217. " J. K, Huysmans, ob. cit., págs. 219-220.

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de los ingredientes, del grado de cocción, etc. Un cocinero compara los mohada. Las últimas semanas de su existencia, se apegaba a ese olor.
olores con "notas musicales". Otro controla a sus ayudantes al percibir "Terminé por dejar en la habitación un frasquito con los panecillos para
los olores de un tiempo de cocción que se ha excedido. Siente de entrada los que las enfermeras cada tanto impregnaran con ellos el cartoncito,
olores indeseables que nacen de una buena o mala cocción, o de un in- exactamente como se cambia el frasco de suero. De alguna manera se
grediente de peor calidad. La fabricación adecuada de un plato no solo alimentaba con aquel olor y hasta el último momento su celda perma-
tiene que ver con la vista, sino sobre todo con las emanaciones olfativas neció impregnada de olor a lilas" (Gaulier, Esneault, 2002, 94).
que desprende. La elección de los ingredientes también tiene que ver con Otro paciente le pide un día un frasco de menta. "Cuánta fue mi
una competencia olfativa afinada por la experiencia. Un buen cocinero sorpresa al verlo llorar y decir: 'Veo campos de menta hasta donde se
siente el grado de frescura de los moluscos, de los pescados, de la carne, pierde la vista. Es algo que se remonta lejos. En Argelia, estaba mi
de los frutos, de las legumbres (Candau, 2002, 99-100). Los cocineros madre, el té'. Era posible volver a ese lugar interior tan profundamente
confiesan abiertamente su empleo puramente moral del olfato; "sien- enterrado y reprimido. La semana siguiente estaba radiante y me anun-
ten" los datos esenciales para la buena confección de su plato, pero no lo. ció que pronto abandonaría el hospital, pese a que los médicos me habían
gran denominar con precisión los olores que perciben. "Oliendo, un dicho que tenía por lo menos para tres meses" (pág. 135). El hombre se
sabe, pero es difícil describirlo" (pág. 101). había convencido de que cada inhalación del olor a menta fortificaba sus
La calidad de indicador que reviste el olor en ciertas circunstancias es pulmones enfermos. Cada inyección de memoria reavivaba sus ganas de
igualmente valiosa para los médicos legistas, aunque ese saber producto vivir.
de la experiencia no surja en modo alguno de un aprendizaje universi- En una obra coescrita con un detenido, M.-T. Esneault cuenta el
tario. Ciertos profesionales reconocen de entrada, a través de los datos trabajo llevado a cabo en el hospital penitenciario de Fresnes recurrien-
olfativos que emanan del cadáver si el individuo había bebido, y qué. Si do a panecillos saborizados. Éstos pasaban de una nariz a otra, provo-
había ingerido psicotrópicos, pueden determinar el momento de la cando emociones, alegrías, gritos de sorpresa, memorias de pronto
muerte, las eventuales causa del deceso, etc. Por cierto que la competen- reavivadas, que soltaban la palabra, que producían conversaciones
cia olfativa debe ser corroborada por la información concreta que entre los reclusos. Era una evasión sensorial para hombres que carecían
entregue la autopsia. Ese saber olfativo está, además, desigualmente de estimulaciones felices, con los cuerpos incrustados en sus celdas,
repartido en la profesión. Algunos médicos legistas no lo desarrollan en confinados a olores a desinfectantes, a humedad, a orín, a tabaco, etc. La
absoluto o le tienen desconfianza. apertura de los diferentes frascos suscita en M. Gaulier una inmediata
evocación de lugares y momentos vividos. "Nuestra celda se transforma-
ba en la cabina de un faro cuando aparecía el olor a mar. Había mo.
Memoria olfativa mentos en que, ante un pasaje rápido, para nuestro asombro, por una
ventana abierta parecían llegarnos las salpicaduras del mar". Luego,
La visión, el gusto, el tacto o la audición son proveedores de memoria, con más cautela, escribe: "Si debo hacer el balance de lo que volvía más
pero el olor posee un raro poder de evocación, independientemente de los a menudo a mi memoria, en su mayoría eran recuerdos de la infancia,
contextos. No por su convocatoria al imaginario, pues entonces, pese a de los personajes más cercanos (los padres), de los lugares y las
sus esfuerzos, el individuo no logra más que establecer una imagen situaciones que habían marcado tal o cual instante, y todo eso con
visual, no puede suscitar en sí un olor. Pero, por el contrario, cuando lo muchos detalles" (pág. 123).
experimenta al cabo de su existencia, incluso el que estaba contenido en La memoria olfativa se inscribe en el largo plazo; es una huella de
un frasco o el que fue inhalado en un recodo del sendero, se proyecta lejos historia y de emoción que las circunstancias reavivan. Siempre impreg-
en el tiempo. Incluso un modesto trozo de pan mojado en la sopa posee nado de afectividad, el olor es un medio para viajar en el tiempo, para
una poderosa capacidad para evocar de golpe la infancia. Un enfermo en arrancar1 al olvido migajas de existencia. Convoca a la memoria si ésta
estado de coma reacciona de pronto ante el olor a naranja, su nariz sigue se encuentra más o menos asociada con un acontecimiento de la historia
el cartón impregnado con ese olor y las lágrimas brotan de sus ojos. individual, aunque a veces apele ala reflexión para recordar circunstan-
Pocas horas después muere en paz, tras haber recuperado un olor cias precisas: es una incisión en el tiempo. Suscita una emoción inme-
familiar de su pueblo en la Guayana. M.-T. Esneault recuerda a otro diata de felicidad o de tristeza, según la tonalidad de los recuerdos.
paciente en un servicio penitenciario de cuidados intensivos. El hombre Contenida en un recipiente o asociada con un objeto o con un lugar
le pedía que le trajera panecillos de lilas, que colocaba junto a la al- determinado, es un instrumento de rememoración. En una novela de C.

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Mac Cullers, Biff piensa a menudo en su mujer fallecida varios meses suerte. Se traslada entre los mundos, opera tan bien en los sueños como
antes. Resucita su recuerdo al destapar un frasco de perfume que ella en las actividades diurnas. Su uso le procura al individuo y a su entorno
usaba. "El olor lo había dejado rígido clavado en el lugar por los "menos una oportunidad de buena fortuna, de felicidad o de vida dulce,
recuerdos que le traía el perfume. No a causa de su vivacidad, sino que la propia condición para esa existencia" (Gell, 1977, 33).
porque emprendían juntos la larga serie de años [•I. Había revivido Para los ongees, de las islas Adaman, en el golfo de Bengala (Classen,
cada minuto pasado con ella [...I. A menudo destapaba el frasco de Agua 1993, 125 y ss; Classen, 1994, 152 y ss.), el olor es una fuente de iden-
,Florida y se pasaba el tapón por el lóbulo de las orejas o por las muñecas. tificación y un principio de ordenamiento de la vida social, provoca y
El perfume se mezclaba con sus lentas meditaciones. El pasado cobraba alivia las enfermedades, comanda los movimientos de la vida y la
forma. Los recuerdos se colocaban con un orden casi arquitectónico". '° muerte. Los individuos están compuestos por olores y los huesos son su
El olor despliega el tiempo según la decisión del individuo, viene a materialización. El proceso de maduración describe un crecimiento
negar la muerte o la ausencia, convoca fantasmas del pasado. "Con los olfativo. En el niño, el movimiento progresivo del olor en los huesos y los
ojos cerrados, las orejas tapadas, atado de pies y manos, con los labios dientes da vida al cuerpo cristalizando la materia. La aparición de
cerrados, elegimos entre mil, años después, tal paisaje de un bosque en los dientes marca su acceso a la humanidad, tal como la conciben los
aquella estación durante la puesta de sol, antes de la lluvia, ese lugar ongees. Para las personas ancianas, el olor experimenta una progresiva
donde se almacenaba el maíz forrajero o ciruelas secas cocidas, desde disminución que precipita la enfermedad, la creciente fragilidad de los
septiembre hasta la primavera, una mujer" (Serres, 1985, 184). En huesos y, sobre todo, la pérdida de los dientes. El anciano muere por no
tener ya reservas suficientes, se convierte entonces en espíritu, en un
busca del tiempo perdido de Proust se apoya en infinitesimales sensa- ser inodoro y capaz de retomar el ciclo del olor a través de otro
ciones cuyo despliegue es una incansable fuente de memoria: "Cuando
nada subsiste de un pasado reciente, después de la muerte de los seres, nacimiento. La muerte signa el agotamiento sin retorno del olor perso-
después de la destrucción de las cosas, solos, más frágiles, pero más nal o bien su absorción por un espíritu (tomya). Esa inhalación, si bien
vivaces, más inmateriales, más persistentes, más fieles, el olor y el sabor causa la muerte de un hombre, da simultáneamente nacimiento a un
permanecen aún durante mucho tiempo como almas, para recordar, espíritu. Y si un espíritu es absorbido por una mujer, fecunda un ser
para esperar, encima de las ruinas de todo lo demás, para construir sin humano que pronto nacerá. El olor condensado en sí mismo es a ese
doblegarlo, con su gotita casi impalpable, el edificio inmenso del recuer- punto el estiaje que mide el grado de salud que la fórmula de salutación
usual, el "¿Cómo le va?" local, traduciría por "¿Cómo le va a su nariz?".
do"." Si la persona responde que se siente heavy, se acerca a quien ha
preguntado y frota la nariz contra su mejilla a los efectos de liberar algo
de ese exceso de olor que provoca la sensación de pesadez (heaviness).
Odorologías, cosmologías La vida en común reúne los olores personales e impide que los
A veces el olor sirve culturalmente para pensar el mundo, para actuar individuos sean demasiado fácilmente respirados por un espíritu, lo que
sobre él. Lejos de una "visión" del mundo, una "olfacción" del mundo se les causaría la enfermedad o la muerte. Existen ciertas astucias que con-
impone entonces, una odorología antes que una cosmología. La carne de su curren para la protección mutua: en caso de desplazamiento, cada cual
universo emite una pluralidad de olores que los hombres tratan de permanece en el surco del hombre que lo ha precedido y se cubre con el
controlar. Se trata de culturas olfativamente orientadas, allí donde la humo desprendido por un trozo de madera. Dicho procedimiento lleva a que
mayoría privilegia la vista. Los umedas de Nueva Guinea hacen del olor los ongees mantengan sin pausa encendido el fuego de su campamento.
un principio que actúa sobre el mundo. Los que emanan de preparacio - Pinturas de arcilla sobre el cuerpo retienen con eficacia el olor personal
nes mágicas poseen un poder de acción propia. El Oktesap es un perfume entre sus redes. Después de una comida con carne, también evitan la pro-
que se lleva en una bolsita colgada al cuello y cuyo aroma tiene la pagación del olor del animal, que podría alertar a sus congéneres de la
propiedad de atraer los cerdos salvajes hacia el cazador. Se piensa jungla acerca de que uno de ellos ha sido muerto y comido.
Cuando un hombre está dormido, su espíritu, que reside en los

I
asimismo que ese olor suave que acompaña al cabo del día actúa también
durante la noche. Al alimentar los sueños del cazador, el perfume le trae huesos, reúne los olores desprendidos durante la jornada y los devuelve
al interior del cuerpo para que sea posible la existencia. La enfermedad
Livre de Poche, París, 1947.
'° Carson Mac Cullers, Le Cocurest un chasseur solitairc, manifiesta el retroceso o la adición en la calidad del olor encarnada por
págs. 282-283. el individuo. El calor es responsable de su disminución, disuelve el olor
Livre de Poche, París, pág. 55.
" M. Proust, Du cólé de chez Swann,
2 11)
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solidificado que constituye el esqueleto, el individuo pierde peso, y esa cultural dividida en dos grupos, uno de pastores y otro de pescadores;
hemorragia se debe contrarrestar gracias a los dibujos cutáneos de sus relaciones están jerarquizadas y, sin embargo, son complementa.
arcilla que retienen el olor. El frío lo fija, pero el resultado es igualmente rías. La organización social está basada sobre los valores pastorales, que
perjudicial. El tratamiento consiste en calentar al paciente para restau- determinan que la comunidad de pescadores sea dependiente y subal-
rarle la fluidez momentáneamente perdida. Una herida provoca la pér- terna. El orden del mundo en el que viven los hombres es una odorología:
dida del olor contenido en los huesos. Entonces se la cubre con tiza son los olores atribuidos a los diferentes integrantes del grupo, en
blanca para generar una sensación de frío y así frenar el derrame función de sus ocupaciones diarias, los que determinan el conjunto de las
olfativo. La terapéutica se orienta a reanudar el movimiento del olor relaciones sociales (Almagor, 1987). No obstante, los hombres, en tanto
entre el hombre y el mundo. tales, no huelen, o por lo menos no emiten a priori ningún olor negativo
Los ongees entierran a sus muertos, pero en la primera luna llena o positivo: son las tareas que los definen las que los llevan a oler. Los
exhuman el cadáver, le retiran la mandíbula inferior y la ocultan bajo pescadores son percibidos por los pastores como dispensadores de malos
los otros huesos. Ésta, junto con los dientes que aún contenga, resulta olores. Cuando se acercan a sus chozas, se aprietan la nariz, y temen que
peligrosa, pues conserva el olor personal. Sobre todo, el olor de 1 esos olores nauseabundos contaminen el ganado o perjudiquen la fer-
antiguas comidas masticadas. El retiro de esa mandíbula vuelve inofen- tilidad del rebaño. Muchos otros pueblos viven en esas regiones, pero el
sivo al espíritu del muerto, que se ha vuelto incapaz de masticar y, a olor que exhalan es bueno; solo el de los pescadores resulta nocivo y
partir de ello, capaz de cooperar con los vivos. El regreso de los huesos causa asco. El buen olor acompaña culturalmente la vitalidad, la crea-
al campamento signa el final del duelo. Los allegados al difunto anudan ción; el mal olor conlleva la progresiva corrupción de los elementos. Para
plantas secas alrededor de los huesos y los pintan con arcilla para los pastores, sus vacas encarnan justamente la fertilidad, el infinito
enfriarlos y preservar los olores. Conservados en un canasto, los huesos movimiento de la naturaleza y desprenden un "buen" olor. No son solo
odoríferos son el medio para proseguir la comunicación con los ancestros un regalo de Dios, sino también el propio principio de su existencia. Son
en caso de que se requiera su ayuda, por ejemplo, para curar a un en- hasta tal punto el emblema del buen olor que los hombres se lavan las
manos con su orina, se untan con su bosta o frotan con manteca
fermo. clarificada (ghee) los hombros, la cabeza, los cabellos y el pecho de sus
Los ritos de iniciación convocan igualmente su cooperación, pues los
jóvenes deben cumplir un viaje por el mundo de los espíritus. En esa hijas adolescentes para favorecer su fecundidad. Asimismo, el olor del
ocasión, lejos de las costumbres habituales, los jóvenes ongees atraen la ghee sirve para atraer a los hombres, es un temible perfume para el amor
atención de los espíritus disipando sus olores. El grupo entero participa (Almagor, 1987, 109).
de esa efusión deliberada. Las pinturas con arcilla se borran momentá- En ese contexto, donde el centro de gravedad del mundo es pastoral,
neamente; se cuelgan canastos con carne asada de las ramas de los los peces resultan animales antitéticos. Para los dassanetchs, el olor es
árboles. Únicamente los hombres casados realizan ese viaje al más allá; para las vacas una manera de orientarse en el rebaño, de cuidar a sus
las mujeres los ayudan aspirando su olor para así descargarlo, y los terneros, y para el toro un modo de enfilar a la vaca antes de cubrirla.
masajean para empujarlo a la parte inferior del cuerpo y, de ese modo, Se considera que los peces no tienen órganos sexuales, que carecen de
procurarles liviandad de espíritu. Durante dos días, mientras yace olfacción y, en consecuencia, a través de esa visión del mundo, que
inanimado en el suelo, el iniciado aprende a conocer el mundo de los también carecen de sexualidad. Están del lado de la inmovilidad, del
espíritus y, en especial, los medios para aplacarlos. Al regreso, las mu- estancamiento, no existen en la vitalidad del mundo, son hediondos y
jeres los masajean y les enfrían el cuerpo para restablecer el equilibrio quienes pasan la vida pescándolos resultan afectados por todo ello. Ese
de los olores. El mundo de los espíritus no se encuentra radicalmente olor a muerte simbólicamente es capaz de alterar la fecundidad del
aparte; un tejido de relaciones, sobre todo olfativas, lo une al mundo de ganado e impone la cuidadosa ritualización de las relaciones entre
los vivos, aunque queda cuidadosamente delimitado por los ritos. Am- ambos grupos. Con la misma lógica cultural, se considera que la vagina
bos universos son mutuamente dependientes. Para los ongees, el mundo de una mujer menopáusica huele a pescado. La infecundidad huele mal.
es una respiración, se inhala y se exhala, está constituido por olores Que los pescadores pasen horas en el agua del río o del lago no cambia
cristalizados o flotantes, animado por un movimiento sin fin que la cul- en nada la situación. El olor es un hecho de apreciación cultural; son los
tura procura controlar. De la buena ejecución de los ritos depende la buena valores sociales los que huelen y no los hombres en tanto tales contami-
circulación de los olores y el mantenimiento del cosmos. nados por sus tareas. Los pescadores hieden a causa de su desafortuna-
Los dassanetchs del sudoeste de Etiopía forman una comunidad da asociación con un animal de estatuto ambiguo, fijado en un presente

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sin fin. Impregnados por los valores pastorales, los propios pescadores para contribuir a la fijación positiva del difunto y también para proteger
lamentan su olor y aprecian el del ganado. Esa asignación de una a los allegados de cualquier peligro de muerte. Los tufos de la degrada-
diferencia olfativa que se duplica en una diferencia social no hace a la ción del cuerpo son conjurados mediante un nauseabundo olor a incienso
cultura dassanetch una sociedad dual. Se realizan numerosos intercam- que se considera que borra la memoria (Siegel, 1983).
bios entre ambos grupos, pero siempre bajo la égida de ritos que limiten Entre los canaques, "olor a vida" y "olor a muerte" distinguen a "los
los peligros de contaminación. humanos que viven con una vida positiva y a los que continúan su
Los suyas del Matto Grosso brasileño distinguen una jerarquía de existencia en un estado negativo" (Leenhardt, 1947, 107). El "olor a
olores que se pauta según los valores de la sociedad masculina y adulta. muerte" no está constituido exclusivamente por los hedores de la
En efecto, un hombre es considerado como una mezcla de olores o sin putrefacción, sino por los olores que conservan las osamentas deseca-
olor. Encarna el "buen" olor de las relaciones sociales, las de la cultura das, o todo aquello que está irremediablemente desprovisto de vida. Es
frente a las demás categorías. Se considera que las personas ancianas el del esqueleto abandonado en la montaña, y al que se denomina "osa-
exhalan un olor acre, los jóvenes, varones o mujeres, un olor fuerte y las mentas de los dioses". Es el olor de los difuntos y de sus dioses. Se les
mujeres, un olor aun más fuerte. Las clases olfativas se ordenan en queda adherido, puesto que en los discursos del ordenador de las fiestas
función de los hombres que encarnan la perfección social y olfativa, del final del duelo, tres o cuatro años después de su muerte, a la gente
mientras que los jóvenes están aún inconclusos, todavía cercanos a la que tienen olor a "rancio" se la denomina baos (pág. 105). Y, en efecto,
naturaleza, y que las mujeres, al estar inmersas en el mundo biológico la permanencia de los muertos impregna con ese olor. El que caracteriza
de las reglas y de la gestación, encarnan un cierto desorden. Las an- al difunto es más o menos intenso según la antigüedad de su deceso. Al
cianas han perdido su muy fuerte olor, pues ya no son fecundas y no encaminarse al mundo de los muertos, allí donde se encuentran los
atraen a los hombres: han dejado de ser elementos perturbadores en el dioses, conserva las huellas de su "olor en vida". Esos olores incomodan
seno de la comunidad. Una vez cumplido el rito de pasaje que lleva a la a los dioses, quienes le procuran entonces una alimentación adecuada
edad de hombre, los jóvenes pierden todo olor. Al revés de lo que sucede para transformar su condición olfativa.
con las jóvenes, cuya pubertad provoca la aparición simbólica de un Por el contrario, más al norte, en las islas Salomón, no se habla de
"muy fuerte olor". El jefe de la comunidad también presenta un "muy "olor a muerte" ni se lo combate. "Si bien se emplean hierbas aromáticas,
fuerte olor". Pero su estatuto lo aparta de los hombres comunes. Su es- toronjil u otras, la idea no es en absoluto combatir la pestilencia, sino
píritu, que alberga en el corazón de los animales y las plantas específi- asegurarles a los difuntos las hierbas que les gustaban y de ese modo
cas, lo vuelve más cercano a la naturaleza. Asimismo, "su poder puede favorecerlos. En las islas Salomón, los arqueros cuelgan dichas hierbas
provocar desórdenes" (Classen, 1993, 86). a su espalda. Asimismo, el chamán que baja a las moradas subterráneas
La muerte también tiene un olor que no es solo el de la putrefacción, de los difuntos, y que debe engañar la vigilancia de los dioses, no se unta
como lo recuerda la comunidad javanesa de la isla de Surakarta. En esa en agua pútrida como en las Nuevas Hébridas, sino de efluvios de plan-
sociedad, los familiares del difunto adoptan una actitud de indiferencia tas que les gustan a los dioses" (pág. 106).
(iklas). Dios les recuerda al difunto, ya que éste no ha desparecido; se
a. Para los sereer ndut, de Senegal, el individuo posee dos principios de
encuentra en otra parte, en un mundo diferente donde continúa velando vida, cada uno de ellos definido por un olor específico. Uno es físico y
por los suyos. Demasiadas emociones manifestadas por sus allegados lo testimonia el olor del propio cuerpo; el segundo, espiritual, es el del alma
perturbarían. Debe proseguir su camino por el más allá sin ser retenido, inmortal. Este último abandona al individuo justo antes de morir, pero
le permite al adivino reconocer un ancestro encarnado en el niño que
ni siquiera por la memoria de sus allegados. El hecho de ser l'Has
manifiesta una ruptura de recuerdo con el difunto. El maestro de ce- acaba de nacer o de presentir un terreno propicio para ciertas enferme-
remonias desgrana los elementos de su historia, distanciándolos de sus dades (Dupire, 1987, 6). Un rito funerario da pruebas de la presencia
cercanos, como si se tratara de otro. Se fotografía el cadáver: se fija no temible de ese "olor a alma". Así, "los camilleros que transportan el
la memoria del difunto, sino su estado definitivo, aboliendo toda histo- cadáver de un anciano lo depositan ante el umbral de la puerta y hacen
ria, todo acontecimiento. Conviene recortar esa imagen de cualquier que los niños pequeños y las jóvenes de la habitación le pasen por encima
referencia a él, conservarla en la ajenidad de la perduración. El cuerpo tres veces. En efecto, se teme que el difunto trate de llevarlos al más allá
en descomposición, solo él, está destinado al tiempo, a la destrucción. El para que le hagan compañía, ilusión que alimentan haciéndole 'sentir'
olor cadavérico rompe el acuerdo y altera su imagen al devolverla a la a su alma, que merodea alrededor del cadáver, los 'olores de las almas'
temporalidad. Es considerado como contagioso y debe ser combatido de sus acompañantes terrenales. Se excusan de ese engaño susurrando-

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le: 'Perdónanos, ellas te acompañan" (pág. 12). Para ciertas comunida- En un viejo escrito, revelador de otro universo sensible," P. Henri
des humanas, el olor tiene el poder de organizar social y culturalmente resume las capacidades de deducción que las emanaciones olfativas
ciertas dimensiones de la existencia colectiva. confieren a aquellos que, a causa de su ceguera, se acostumbran a ellas.
"Su nariz es terriblemente indiscreta: le informa acerca de la salud
(olores a pastillas, pócimas, vendajes), los gustos culinarios (especias,
El olor a uno mismo café, abusos con el vino, licores), la vestimenta (pieles o prendas de lana
impregnadas en naftalina, guantes de piel, ropa con caucho) u otros
Todo hombre emite un olor, al margen del modo en que se lave ose perfume, (perfumes, tabaco), sobre la asiduidad o la indolencia en el aseo, sobre
un olor único que desprende la piel y que sin duda incide en las relaciones la profesión (olores a aserrín, yeso, productos farmacéuticos, aceite para
que mantiene con los demás. Si bien ese olor experimenta modulaciones al engrasar), etc." (Henri, 1944, 46). Por cierto, no todos los ciegos disponen
cabo del día o de la vida, una fórmula básica permanece, a la manera del de un sentido olfativo desarrollado hasta ese punto. Como para el tacto
rostro. Sus diferencias son variaciones sobre un mismo tema. El olor de o el oído, importa ante todo afinar las capacidades y, al cabo de la expe-
cada hombre es una firma en el espacio. De la misma manera que las líneas riencia, estar así en condiciones de manifestar, por su intermedio, un
que surcan la mano, esa huella olfativa solo pertenece a una sola persona. sólido conocimiento del mundo. No todos realizan ese esfuerzo que co-
Al estar bañado permanentemente en él, el individuo ignora su tonalidad. mienza en la más temprana juventud, merced al aliento de los padres,
Sus olores íntimos no lo molestan tanto como los de los demás. N. Ka- de los maestros, de los cercanos y, sobre todo, por la voluntad del niño
zantzaki cree recordar que en el pasado, "cuando yo tenía dos o tres años, para escapar a su encierro y a su dependencia. La capacidad de dis-
cada ser humano tenía un olor propio y, antes de alzar la vista para verlo, criminación mediante los olores no es privilegio de todos los ciegos, sino
lo reconocía por el olor que exhalaba. Mi madre tenía su olor, mi padre, el tan solo de una parte de ellos (Ferdenzi et al, 2004, 126 y ss.).
suyo, cada uno de mis tíos, el propio, y mis vecinos también. A causa de ese Un joven paciente de O. Sacks le hace eco al singular poder de H.
olor, amaba al que me tomaba en brazos o, al contrario, me le escapaba, no Keller. Corno consecuencia de los efectos secundarios de los productos
quería saber nada con él. A la larga, esa facultad se fue embotando, los que tomaba, descubrió en sí una asombrosa capacidad para decodificar
olores se fueron confundiendo, todos los hombres quedaron sumergidos en el mundo a través de los olores. Reconocía a sus amigos o a los demás
el mismo hedor del sudor, del tabaco, de la gasolina".' 2 pacientes de la clínica por el olor. Olía asimismo sus emociones: el
Los ciegos de nacimiento a veces disponen de un sentido súperagudo del miedo, la angustia, la satisfacción. A imagen del personaje de P. Süs-
olfato que les permite identificar a sus interlocutores. Helen Keller, que kind, conocía la "fisonomía olfativa" de cada individuo con el que se
solo tenía a su disposición dos sentidos, el tacto y el olfato, lograba reconocer encontraba, de los lugares, de los comercios. Llegó a pensar que "nada
a sus visitantes por su olor personal. Desarrolló incluso una especie de era verdaderamente real si antes no lo olía". Pero tres semanas después
caracterología basándose en las informaciones olfativas que percibía: "A su olfato volvió a la normalidad dejándole una infinita pena. "Ahora sé
veces —escribe— me ocurría encontrar personas a las que les hacía falta un a lo que renunciamos siendo civilizados y humanos" (1988, 203 y ss.). P.
olor individual distintivo: muy rara vez me parecían animados y agrada- Villey refiere asimismo el caso de un ciego que no se equivocaba nunca
bles. A la inversa, la gente cuyo olor se manifestaba fuertemente acu- sobre la identidad de sus visitantes: "Su olfato era tan sutil que le
sado a menudo poseía mucha vida, energía e inteligencia. Las exhala- permitía reconocer a las personas mucho antes de tocarlas. Daba la
ciones de los hombres eran, por lo general, más fuertes, más vivaces, impresión de que cada una tuviera un olor particular, un signo distin-
más individuales que las de las mujeres. En el perfume de los jóvenes tivo, como cada flor tiene su perfume" (Villey, 1936, 74).
hay algo de elemental, algo que tiene que ver con el fuego, con el Un hombre, una mujer o un objeto a veces dejan una huella olfativa
huracán, con las olas del mar. Se sienten sus pulsaciones de fuerza y de en el espacio o en un tejido. Montaigne da fe de ello en un texto ines-
deseo de vivir. Me gustaría saber si los demás observan como yo que peradamente sabroso: "Cualquier olor se me adhiere de maravillas; mi
todos los niños pequeños tienen el mismo perfume, un perfume puro, piel parece hecha para abrevar en él. El que se queja de que la naturaleza
simple, indescifrable como su personalidad aún dormida. Solo a los seis dejó
al hombre sin instrumento para transportar los olores que percibe
o siete años comienzan a tener un perfume particular que resulta
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perceptible. Se desarrolla y madura paralelamente con sus fuerzas

11
' Durante siglos, los hombres eran, en efecto, ampliamente identificables por los
olores vinculados con el ejercicio de sus
físicas e intelectuales" (Villey, 1914, 241). oficios. El empleo de herramientas o de
" N. Kazantzaki, an Gn'co, ob. cit., págs. 34-35.
amateriales particulares, la cercanía con animales, etc., los exponían durante todo el día
emanaciones olfativas específicas.

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la nariz, se equivoca, pues se transportan por sí mismos. En mí par-
lactante como consecuencia de una enfermedad a veces inducen el
ticularmente, los bigotes, que los tengo bien espesos, me sirven. Si les ;rechazo de la madre.
acerco los guantes o el pañuelo, su olor se mantendrá durante todo un
La asimilación del sujeto a una huella olfativa alcanza su ápice
día. Delatan el lugar de donde provengo. Los apasionados besos de la
cuando ciertos pacientes, en ruptura con su entorno, experimentan el
juventud, sabrosos, glotones y pegajosos se les pegaban en otra época y
rechazo, real o imaginado, de los demás, su pérdida de valor personal,
permanecían en ellos durante varias horas" (Montaigne, 1969, I, 374).
ceden a un delirio del olor propio y se convencen de que exhalan efluvios
Una habitación conserva a veces la presencia invisible de la persona que
acaba de retirarse: su olor permanece en el lugar: un perfume, un olor nauseabundos. Equivocadamente o con razón, perciben movimientos de
molestia en su entorno, e incluso si la discreción parece retener a sus
a tabaco, a jabón, a sudor, a angustia, etc. Esa memoria alusiva resulta
vecinos, están convencidos de que no se trata de que éstos no huelan la
para los policías un indicio valioso, pese a que sea impalpable, porque
hediondez, sino que no se atreven a decírselo por miedo a herirlos. El
es un acto de acusación en el lugar del crimen que señala la presencia
delirio de las emanaciones fétidas que emanan de uno mismo confunde
en el lugar de un individuo determinado. El perfume de la dama vestida
la relación con el mundo, le da un contenido imaginario a una vergüenza
de negro no admite equívocos. más o menos lúcida, a la pérdida de la capacidad de proyectarse en el
Investigaciones realizadas en niños demuestran su facilidad para
futuro a causa de una sensación despreciativa de sí mismo (Brill, 1932;
identificar el olor de la madre. Enfrentados al olor del seno materno, los Tellenbach, 1983, 106 y ss.).
lactantes vuelven la cabeza hacia él y a veces adoptan la postura típica
de mamar: el brazo doblado sobre el pecho y las manos cerradas (Schaal,
1995). Niños de entre 27 y 36 meses en situación de elegir entre dos Olores del erotismo
prendas de la misma forma y color, una de ellas usada por la madre y la
otra no, reconocían a la primera en siete de cada diez casos. Si se le hace
En la relación amorosa, el intercambio de olores participa del intercam-
oler esa prenda a un niño en una guardería infantil, se observa un
bio de cuerpos. Mezcla los cuerpos sin la protección de los ritos de
comportamiento de atención y aplacamiento: si el niño estaba a disgusto
interacción, que mantienen la distancia e implica una feliz resonancia
o se mostraba agresivo, se tranquilizaba, a veces se acostaba sobre la
de los mutuos olores de la pareja. La molestia ante el olor del otro es una
prenda, la apretaba contra sí, se la llevaba a la boca. Si se negaba a comer,
traba radical a la ternura, a la entrega. H. Ellis cita varias páginas de
recuperaba el apetito. Objeto transicional, la prenda, por el olor que con-
Casanova donde éste expresa su delectación ante el olor de las mujeres
serva, es un lugar de mantenimiento simbólico de la presencia de la madre,
que ha conocido: "En cuanto a las mujeres, siempre me ha parecido
un motivo de apaciguamiento. El niño le dice espontáneamente a la
suave el olor de las que he amado E...). Hay algo en el dormitorio
especialista en puericultura que se la presenta: "Huele bien, huele a ma-
femenino que uno ama, algo tan íntimo, tan perfumado, emanaciones
má". Obligadas a elegir repetidamente entre tres batitas de bebé, una de
tan voluptuosas que un enamorado no cavilaría un solo momento si
las cuales ha sido usada por su hijo de unos diez días de vida, las madres
tuviera que elegir entre el cielo y ese delicioso lugar" (Ellis, 1934, 132)."
nunca se equivocan. Pero las modalidades de contactos anteriores resultan
El olor personal es un ingrediente del deseo en cuanto causa repulsión
determinantes: si las madres han establecido con el bebé una relación de o atrae. En La guerra y la paz, el conde Pedro decide casarse con la
proximidad afectiva, no se equivocan prácticamente nunca, a diferencia
de las madres que mantienen a sus hijos a mayor distancia.
La alteración olfativa del niño como consecuencia del prolongado paso "Al referirse a los imaginarios olfativos del siglo xix, A. Corbin señala en qué medida
el "modelo del celo animal obsede; los médicos no pueden librarse de él; siguen con-
por los brazos de otra persona (nodriza, familiar, etc.) molesta a ciertas vencidos de que la seducción le debe mucho al olor de las menstruaciones [...]. En la
madres, que se aplican a lavarlos, perfumarlos, les cambian la ropa, óptica de Montpellier, en ese momento del ciclo, la mujer manifiesta la vitalidad de la na-
aumentan su ternura para con él, regenerando el olor perdido (Schaal, turaleza, vuelca los productos de una fuerte animalización; emite un llamado a la
2003, 63). El olor es un marcador de la calidad de la relación, un goce fecundación, dispersa efluvios de seducción". De ahí la mitología en torno a las mujeres
compartido, una referencia, pero si el contacto no se ha instaurado, se pelirrojas, siempre olorosas y con el aspecto de ser realzadas por una sensualidad
permanente. Pero si las "menstruaciones atizan la seducción de la joven púber, las
produce el distanciamiento, que hace decir a alguien "No lo siento" mismas recuerdan su misión genésica, pero solo les confieren un olor discontinuo; lo que
cuando se tienen dificultades para establecer la relación. De esa mane- le procura a la mujer un verdadero sello olfativo es el esperma masculino, así como la
ra, las madres cuyo apego a los hijos es menor tienen dificultades para Práctica del coito impregna con un olor particular la carne de las mamas de numerosos
identificar su olor. Por otra parte, las emanaciones desagradables de un animales. Es el comercio sexual el que, en todos los campos, acaba con la feminidad"
(Corbin, 1982, págs. 52-53).

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princesa Helena después de percibir su olor durante un baile. Ahí tam- únicamente los hombres cuando bailan; otra es el olor algo astringente
bién el olor es tomado como una emanación de la interioridad, como una de un aceite de coco mezclado con otra sustancia, que se ponen en el
prueba de la contigüidad moral que acentúa la intensidad del encuentro cabello" (1965, 183-184).
físico. Entre los yakas —señala R. Devish—, la atracción sexual descansa no
El amor o el erotismo se alimentan del olor amado del otro, así como tanto en un juego de caricias cuanto en un intercambio de olores. "Es
el odio se alimenta de su mal olor real o imaginado. Una madre rechaza como si el aliento y el olor, en particular el genital, atrajeran y en-
al hijo cuando no reconoce su olor, los amantes que no concuerdan volvieran al partenaire mucho más que las palabras o la mirada.
olfativamente están expuestos a la ruptura, el olor nefasto es un re- Durante el encuentro amoroso, en ese contacto envolvente, uno se deja
cuerdo permanente de una falta de armonía esencial. Las afinidades llevar con los ojos cerrados. En la unión sexual, el olor es alternativa-
electivas son, ante todo, afinidades olfativas. mente fuente y testigo de la apetencia sexual del partenaire. El término
El Cantar de los cantares,atribuido al rey Salomón, enamorado de la para la comunión sexual es nyuukisana, compuesto por un sufijo cau-
Sulamita, inscribe el perfume como celebración erótica, como una em- sativo —isa— y por una forma recíproca —ana—. El término quiere decir:
briaguez olfativa que agrega su nota sensual al canto sensorial de los "Hacerse olfatear mutuamente el olor que excita a uno y a otro" (Devish,
cuerpos entrelazados. Ya se trate de la amante: "Qué suave el olor de tus 1990, 53). Un disenso insuperable en una pareja se explica por una
perfumes/tu nombre es aroma penetrante [...]. Bolsita de mirra es mi "incompatibilidad de olores" (54). Y, de la misma manera, el in-cestuoso
amado para mí/que reposa entre mis senos [...] sus mejillas son como "vuelve a tragarse la espuma de su propia fermentación [...]. El incesto,
una era de especias aromáticas, como fragantes flores/sus labios corno li- la lepra y la promiscuidad sexual se hallan asociados como análogas
rios que destilan mirra que fluye" o de su compañero: "La fragancia de violaciones de fronteras físicas, sociales y morales. La repulsión que
tus perfumes/supera a todos los aromas [...] tus brotes, paraíso de gra- causa el incesto, como la que suscita la lepra, surge del registro olfativo"
nados/lleno de frutos exquisitos:/ nardo y azafrán/aromas de canela, / (55).
árboles de incienso/mirra y áloe/con los mejores bálsamos".
Cuando el poeta hace ingresar al rey Salomón en el relato, lo ubica en
el desierto "parecido a una columna de humo,/sahumado de mirra y de La olfacción es una moral intuitiva
incienso,/de polvo de aromas exóticos". Canto de amor de un erotismo
apasionado, celebración del vínculo privilegiado de un pueblo con su El olor es un pensamiento inmediato del mundo, una instrucción de uso
Dios, o anticipación para otros de la relación del alma con Cristo, la de las circunstancias allí donde es percibido. Es buena o mala: en otros
difusión aérea de perfume o de aromas y su poder de atracción vale tanto términos, juzga sin apelación. Una moral natural se exhala del hombre
para las relaciones carnales como para las espirituales. "He perfumado o de las cosas y resulta temible, pues ratifica la mayor parte del tiempo
mi lecho con mirra,/áloe y cinamomo" dice la mujer adúltera en lo:, el prejuicio anterior. A veces incluso un acontecimiento "huele mal" o
Proverbios (7-17). Los usos profanos no recurren a los mimos productos. "huele a quemado" y produce inquietud. El olor revela la interioridad sin
pero los aceites odoríferos, los perfumes, no resultan menos utilizados. discusión y denota los estados anímicos del individuo, de los aconteci-
corno lo recuerda el Cantar de los cantares, para la seducción, el re- mientos o de los lugares. Si bien signa la maldad de alma en los ima-
cibimiento de los visitantes, la unción de los cadáveres. Jerusalén es un ginarios sociales, el hedor también señala, si surge de una iniciativa
reconocido lugar de la perfumería en la antigüedad: el Cantar la social, la reprobación a un hombre o a una mujer que transgrede las
denomina la "colina del incienso". reglas tácitas de la comunidad. En ciertas regiones de la baja Provence,
Ciertos olores o ciertos perfumes están asociados con el fortalecimien- o de la Provenza media, o en el norte de España, las cencerradas sonoras
to del poder erótico. Beach describe, en una sociedad del sudoeste del se desdoblaban en cencerradas malolientes. El uso deliberado de
la
Pacífico, un afrodisíaco basado en la analogía entre el olor del pescado repugnancia expresaba el desorden social, el quebrantamiento de las
y el de la vagina. "Los hombres utilizan cerezas rojas atadas a una línea leyes no escritas de la comunidad. Si un extranjero deseaba casarse con
para atrapar los peces. Después de pescar de esa manera, se considera una mujer del país, si existía una distancia de edad demasiado impor-
que las cerezas pueden atrapar a las mujeres con la misma eficacia. Su tante entre los cónyuges, si un viudo o una viuda deseaban volver a
vagina, a imagen de los peces capturados, serán atraídas por quien casarse, en efecto, la juventud del pueblo los sometía a una impugnación
posea las cerezas [...1. Otros olores son asimismo reputados por su simbólica que los exponía a los penosos efluvios de una carroña de asno
que se quemaba cerca de la casa de los transgresores. El mal olor sig-
seducción. Uno de los más poderosos es una hoja almizclada que llevan

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acontecimiento. El olor escapa a la voluntad, se supone que está des-
nificaba olfativamente la ruptura de la atmósfera habitual del pueblo. pojado de cualquier hipocresía, de todo disimulo posible. Es una actua-
Sin embargo, si los esposos arreglaban previamente mediante una lización, un develamiento. Sin duda surge del fantasma en su percep-
donación sustancial, la juventud aceptaba, y una vez reconocido su ción y más aún en sus conclusiones, imponiéndose de la manera menos
prejuicio, incluso llegaban a realizar ofrendas de flores que aromatiza- razonable.
ban las calles. La exposición al mal olor a una pareja que transgredía las
normas implícitas del grupo ocurría igualmente en ciertas regiones
españolas mediante una "incensación de escarnio", que en Navarra Olor a santidad
llevaba incluso a arrojar inmundicias u objetos hediondos a la casa de
la pareja (Roubin, 1989, 262-3). El cristianismo prolonga parcialmente en sus cultos y sus ceremonias la
El olor es una metáfora de la intimidad, un develamiento de sí mismo. pasión por el perfume y los aromas surgida en la Antigüedad.'" Se ins-
P. Süskind proporciona una ilustración al respecto. El joven Grenouille, taura sobre el fundamento cultural del mundo semita, para el cual los
al mismo tiempo que huele al abad que lo ha recogido, parece apropiarse perfumes, las especias, las plantas aromáticas o los ungüentos ocupan
de su sustancia, como si la desenrollara con cada bocanada que aspiraba. un lugar esencial. Mateo cuenta el episodio evangélico de la adoración
Y Terrier se encontraba a ese punto tan aterrorizado que parecía iden- de los Reyes Magos. Ya el nacimiento de Cristo se encontraba bajo los
tificar su olor con su alma y temía perderla o quedar desnudo si el niño auspicios de los buenos olores. Los Reyes le traían como presentes oro,
proseguía con su examen. "A Terrier le parecía que el niño lo miraba con incienso y mirra: "El oro concordaba con el rey, el incienso con el dios, la
sus narinas y que lo examinaba sin complacencia, más implacablemente mirra a quien iba a conocer la muerte, es decir, sin duda no solo al
de lo que podría hacerlo con los ojos; con la nariz engullía algo que hombre, sino también al Redentor" (Albert, 1990, 209). Incluso los
emanaba de Terrier sin que éste pudiera contenerlo ni disimularlo... excrementos de Jesús niño son de olor agradable. J.-P. Albert cita un
Tuvo la sensación de estar desnudo y de ser feo, entregado a las miradas relato catalán de comienzos de siglo: "La Virgen extendía sobre el ro-
de alguien que lo miraba fijamente sin entregarle nada de él". ' 5 Ese mero los pañales del niño Jesús. Se dice que a través del olor suave del
develamiento olfativo evoca un insoportable examen de conciencia. romero todavía puede olerse el perfume de los excrementos del buen
¿Es el olor personal una parte sensorial del alma? En diversas cul- Jesús" (Albert, 1990, 145).
turas, el olor de uno mismo es asimilado a una especie de olor del alma: La figura de María Magdalena frecuenta el Evangelio con su presen-
se inhala y se exhala, se respira y penetra hasta lo más íntimo, dando cia devota y amante junto a Cristo. En Lucas y Juan, unta los pies de
la sensación de entregarse al otro, si se trata del olor personal, o de
Jesús con un perfume precioso, escena que le vale el desprecio de Judas.
ser invadido, si se trata del olor del otro. Para los dogons, la
Este último le pregunta por qué no vendió el perfume para así darles el
volatilidad del sonido se asemeja a la del olor. "Escuchan" los olores
dinero a los pobres. Jesús el responde: "Déjala hacer, que lo guarde para
y "huelen" la palabra, pues ésta tiene un olor. Un discurso de calidad, el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros:
por ejemplo, "posee un olor vivo, un olor a aceite de cocina, que es, pero a mí no siempre me tendréis" (Juan, XII, 4-8). De cierta manera,
según los dogons, el más delicioso de los perfumes, pues evoca al mismo
la lustración de María Magdalena prefigura el ingreso a la tumba.
tiempo el alimento y la fecundidad, la dos formas de la vida". (Calame-
Imagen de devoción, del amor desinteresado de Cristo, la joven recibe la
Griaule, 1965, 56). gracia y la redención de sus pecados. Los perfumes desbordan su ma-
En los imaginarios sociales, el olor está asociado con la sagacidad, con terialidad, su significado es ante todo metafísico, elevan el alma hacia
la intuición. Se "huele" al otro gracias a una especie de "olfato". "Tener Dios, hacia la contemplación de las cosas celestiales.
olfato" significa manifestar una intuición que va más allá de las apa-
riencias visuales para captar indicios impalpables, que revelan una
dimensión oculta, invisible para los demás. Los "que saben husmear"
r
.
. En su uso profano, se encuentran profundamente arraigados en la

observan y presienten las tendencias venideras del mercado o de un "Sobre la mitología cristiana de los aromas, remitimos al libro de J.-P. Albert (1990).
W. Deonna recuerda que en la Antigüedad no solo los dioses o los muertos elegidos eran
los que exhalaban maravillosos efluvios, sino también los hombres o las mujeres si
tenía
'' P. Süskind, Le Parfunz, Livre de Poche, París, pág. 26. Este sorprendente relato n
el honor de agradar a los dioses. Así ocurría con la reina o el rey de Egipto. Los
hace de lo real una pura emanación olfativa. Ante los ojos de Grenouille solo existe la dioses griegos proporcionaban a sus protegidos 'ambrosía y néctar (Deonna, 1939). Por
inmaterialidad de los olores desprendidos por las cosas, los animales o los hombres. Su otra parte,
exhalación vale incluso por su propio ser. Cuando ama, Grenouille debe despojar
a la su Illontaigne escribe: "Se ha dicho de algunos, como Alejandro el Grande, que
sudor exhalaba un olor suave por alguna rara y extraordinaria complexión" (I, 391).
mujer de su cuerpo para asir su esencia olfativa.

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seducción o el erotismo, en la vanidad de la carne. María Magdalena, ex fieles animados por una fe ferviente y sin quebrantos. Cuando estaba
pecadora que los utilizó abundantemente para lo peor, los restituye a su con vida, Felipe Néri "emanaba un perfume tan agradable, tan raro, tan
destino inicial, Dios." A cambio, el hombre experimenta la felicidad
insólito que todos lo denominaban olor de la virginidad: al olerlo,
suprema de los perfumes divinos. "Ungid a Jesús y él os ungirá", resume algunos de sus penitentes sentían de pronto que morían en ellos todos
con gracia J.-P. Albert (1990, 239). La Virgen desprende un maravilloso los apetitos carnales, del mismo modo que ante el olor a mirra mueren los
olor celestial que ni siquiera las plantas aromáticas pueden atenuar en gusanos, ante el del ámbar los buitres, ante el del cedro las serpientes".
el momento de su muerte. Los ángeles dispensan su suave olor a los El santo disponía incluso de la facultad de oler la hediondez de aquellos
mártires o a los santos, a los que se les aparecen. que acudían a él con el espíritu manchado por pensamientos impuros.
J. de Voragine presenta a Cristo como una caja aromática que debe ser Durante las confesiones, incomodado por los efluvios del pecado,
quebrada para que exhale su olor propicio y así disipe la fetidez que ro- tenía a mano un pañuelo para ocultar su repulsión (Camporesi, 1989,
dea al hombre desde el pecado original. Cristo es el perfume divino que 164). En Praga, un monje tenía la reputación de reconocer el grado
se exhala en el altar del sacrificio. "El hombre estaba cautivo, herido, de castidad de las mujeres por el olor que exhalaban (Ellis, 1934, 108
hedía. Por eso Cristo quiso ser herido, para que la caja se abriera y así y 110). Innumerables santos dan testimonio de los mismos efluvios
saliera el tesoro con el cual el cautivo fuera rescatado. [...] Cristo estaba maravillosos: Catalina de Siena, Simeón, Domingo, Nazario, Ambrosio,
lleno de ungüento, como un búcaro de alabastro, y por eso quiso ser etcétera.
quebrado mediante numerosas heridas, para que el precióso ungüento Para la tradición cristiana, la no corrupción de los cuerpos y las
saliera, ya que con él se curaba al herido 1...]. El cuerpo de Cristo estaba inexpresables fragancias que de ellos se desprendían otorgaban un pre-
pleno de bálsamo, tanto como una tienda, y él quiso que esa reserva se gusto (un pre-olor) del paraíso. "No permitas, ¡oh señor!, que tu santo
abriera para que el bálsamo se derramara y así lo que hedía pudiera conozca la corrupción", dice David en un salmo (XV, 11). La leyenda
curarse. En efecto, ese depósito fue abierto cuando un soldado le abrió dorada desgrana las innumerables historias de mártires cuyo cuerpo
el flanco con la lanza. Sobre el olor del bálsamo, se dijo: he entregado mi perfumaba después de la muerte,' 8 especie de revancha metafísica por
perfume como el cinamomo y el bálsamo odorífero" (en Albert, 1990, su suerte como profanos. Sus suaves aromas daban testimonio de la
174). presencia simbólica de Dios en sus cercanías. La apertura de tumbas o
La propia cruz estaba perfumada, ya que había sido hecha con madera de relicarios inundaba a los espectadores de una manifestación olfativa
de paraíso. "Mientras el rey descansaba, se dice en el Cantar el nardo que no tenía, para ellos, equivalentes. Cuando Beda, el venerable, mu-
con el que estaba perfumada, es decir la Santa Cruz, diseminó su rió, "un olor tan grande perfumó a todos los que se encontraban en la
perfume" (De Voragine, II, 1967, 192). Siempre según De Voragine, iglesia que creían estar en el paraíso" (II, 434). Durante el alzamiento
Helena llegó al sitio donde se encontraba la Cruz y "de pronto la tierra del cuerpo de Marcos, "un olor tan penetrante se expandió por Alejan-
tembló, y se expandió un olor de plantas aromáticas de admirable dría que todos se maravillaban y se preguntaban de dónde podía
fragancia" (De Voragine, I, 1967, 194). Los vestigios de la Cruz continua- provenir semejante suavidad" (I, 305). Un mismo olor acompañó los
ban exhalando un suave olor, el de Cristo, cuya anterior presencia aún traslados de las reliquias de Étienne (II, 43), de Domingo (59), etc.
seguía perfumando el sitio. A partir del siglo vnt, las iglesias de Oriente Dos años después de su muerte, fue abierta la tumba de Stanislas
introdujeron en la liturgia la costumbre de ungir las cruces que se Kotska y apareció "el joven santo no solo intacto y todo entero, como si
ofrecían a la adoración de los fieles, para hacer sensible la alianza con hubiera sido sepultado unas horas antes, sino desprendiendo un olor,
lo divino. una fragancia del paraíso". El sacristán se apoderó de un hueso de su
El olor es un marcador moral: revela la interioridad del individuo columna vertebral y lo depositó en la sacristía; de inmediato un mara-
pese a sus subterfugios para disimular su "verdadera" naturaleza. La villoso perfume invadió la habitación y se diseminó por la iglesia (Cam-
presencia de Jesús perfuma, es el perfume divino que ilumina a los hom- poresi, 1995, 85).'" En cuanto a la beata Beatriz II d'Este, su tumba
bres. El "buen olor de Cristo" se transforma en olor a santidad en los
'Por excepción, podía ocurrir que los santos desprendieran olores infectos, a imagen
17En el siglo II, Clemente de Alejandría escribía en El Pedagogo: "Resulta imperioso de Rita, patrona de las prostitutas y de las causas perdidas. Los estigmas que llevaba
que nuestros hombres exhalen no el olor de los perfumes, sino el-de las virtudes, y que sobre la frente, en las manos y en los pies exhalaban un hedor del que la santa nunca
la mujer respire el Cristo, el ungüento real, y no los polvos y los olores, y que se unte pudo liberarse, a pesar de las plegarias. Lydwine alternaba, según los momentos de su
con el ungüento inmortal de la temperancia, que encuentren su deleite en el santo 010 existencia, hedor o un maravilloso olor.
del espíritu" (en Faure, 1998, 267). ig
Pero los tiempos cambian y, así como los místicos contemporáneos a menudo son

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desprendía "una frescura sobrenatural, tan olorosa y tan suave, en nada Adán con la misma pureza de alma. "El rosario estaba siempre en las
semejante a los olores terrestres, que regocijaba, consolaba y maravilla- manos de un santo; en consecuencia, por el contacto constante con
ba a quien se acercara a aquella santa sepultura" (en Camporesi, 1986). sus manos y con su efluvio, ese objeto fue impregnado por una fuerza
Si algún incrédulo dudaba en presencia de la muchedumbre de la sua- santa, la fuerza del estado de inocencia del primer hombre. He ahí el
vidad del olor que se desprendía de los despojos, el castigo no se hacía misterio de la naturaleza espiritual. Esa fuerza es experimentada
esperar. Así, un hombre se atrevió a declarar que el cadáver de Ladislas naturalmente por todos los animales, sobre todo mediante el olfato, pues
olía mal. De inmediato fue tomado del cuello, haciéndoselo girar a la nariz es el órgano esencial de los sentidos en los animales. He ahí el
medias sobre sí mismo hasta que el hombre, enloquecido, reconoció su misterio de la naturaleza sensible". 2° Es posible preguntarse por qué el lo-
error. La cabeza volvió a su lugar, pero conservó una cicatriz como bo no la sintió antes.
recuerdo de su sacrilegio (Deonna, 1935, 206). La dimensión simbólica La pureza, la santidad o la armonía quedan simbolizadas por un olor
del olor fue verificada por la cantidad de incrédulos que no lo olían y que agradable, suave; el mal, la suciedad, la impureza, el desorden exhalan
se encontraban en dificultades con la muchedumbre, que sí comulgaba olores pútridos o repulsivos. En las religiones monoteístas, el paraíso es
en aquellas delicias. un jardín de delicias de maravillosos aromas, un lugar para la bienaven-
Los adjetivos expresan la metafisica de un olor que nada identifica con turada exacerbación de los sentidos. "Allí —escribe Bonaventure— todos
el mundo terrenal. Es "celestial", "angelical", "divino", "paradisíaco", su los sentidos entran en acción. El ojo verá un esplendor que supera
origen desborda una humanidad irrisoria. Recuerda al hombre que su per- cualquier belleza; el gusto percibirá un sabor que supera toda dulzura,
manencia terrenal no es más que un universo de pruebas y que sus raíces el olfato sentirá un aroma que supera a cualquier perfume, el tacto
están en el cielo. Los olores de los santos prefiguran los del paraíso. Cier- tomará un objeto que supera cualquier delicia, el oído será renovado por
tos hagiógrafos repiten a cual más que esos efluvios alimentan y un sonido que supera todo beneplácito".
fortifican el alma. Al percibir los de Lydwinw, "era como si se hubiese Para Antonio de Padua, el paraíso es la exaltación de los sentidos y el
comido jengibre, clavo de olor o canela; el sabor ardiente y fuerte infierno, su execración. En el infierno, "los ojos gritarán pidiendo luz y
mordía la lengua y el paladar con dulzura, y los asistentes no ex- sin embargo estarán obligados a contemplar terrores, tinieblas y humo.
perimentaban la necesidad de alimento alguno" (en Deonna, 1935, Las orejas clamarán pidiendo el placer de la armonía y sin embargo solo
205). escucharán gemidos, gritos estridentes, tumultos, blasfemias y maldi-
No solo los despojos de los santos desprenden ese olor celestial, sino ciones E...]. El gusto desearía ardientemente consolar el ardor de su sed
también los objetos que han tocado o que les pertenecían: sus reliquias, y de su hambre y sin embargo no logrará los medios para satisfacerlos,
la ropa, el agua con que fueron lavados, etc. Un peregrino ruso caminaba ni siquiera con las inmundicias de las cloacas. El olfato reclamará per-
una noche de invierno buscando un refugio que sabía cercano. Un lobo fumes y sin embargo no los conseguirá, excepto un hedor a putrefacción,
se arrojó sobre él. El hombre tenía enrollado en la mano el rosario de un tufo de pestilencia, de los que un solo soplo bastaría para infectar a
orar. Rechazó al animal con el rosario de lana, que de pronto rodeó la toda la tierra" (Camporesi, 1989, 77). El infierno es un lugar considerado
garganta del animal oprimiéndola. De inmediato el lobo se llevó las fétido, poblado de diablos y de chivos que exhalan su infecto olor a
patas al cuello, pero el rosario se enganchó en las zarzas y lo sofocaba azufre, a descomposición, a imagen de su repugnancia moral.
aun más. El peregrino se acercó y cuidadosamente lo liberó. El lobo huyó En numerosos relatos mitológicos, los monstruos y los dragones en-
sin más. De noche, en la posada, el peregrino contó su aventura. Un venenan la atmósfera con sus efluvios pestilentes. Los brujos que los
incrédulo se burló de él e invocó la superstición. Pero el peregrino sirven en el mundo terrenal emiten asimismo un olor nauseabundo. Sus
encontró el oído atento de un maestro que propuso una explicación. ritos maléficos reclaman productos de olor fétido, por ejemplo carroñas
Recordó que Adán daba nombre a los animales que se le acercaban animales o fumigaciones hediondas de los espíritus infernales. Cuando
temerosos. El peregrino era en sí mismo un santo, resucitaba en él a Job es sometido por Dios a la prueba de la miseria y de la enfermedad,
su desgracia se manifiesta a través de las emanaciones pútridas de su
considerados como enfermos afectados por un delirio, desde comienzos de siglo el olor
cuerpo. En el texto famoso de Dostoievsky, el penoso olor emitido por el
cadáver del staretz Zossima es una terrible objeción a la santidad del
a santidad era analizado por H. Ellis como una anomalía de la secreción corporal. "El
perfume exhalado por muchos santos o santas es debido, sin ninguna duda, a condicio- hombre, y también a la existencia de Dios. El hombre había vivido en la de-
nes nerviosas anormales, pues es bien sabido que tales condiciones afectan al olor, y en voción, en la entrega de sí, en la pureza. Alrededor de su ataúd, la mul-
la locura, por ejemplo, es conocida la presencia de olores que incluso son considerados
como importantes elementos de diagnóstico" (Ellis, Psychology o/ sea-, t. 1, pág. 62). Récits d'un pélerin russe, París, 1978, págs. 74-75.

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titud espera la manifestación lógica de una vida aureolada por Dios: la resulta dudosa, incluso racista, a menos que se imagine una rara
suavidad del cadáver antes del entierro, su santidad olfativamente homogeneidad social de los individuos. Pero el olor es antropológica-
confirmada. Pero el hedor que se desprende de la carne en descomposi- mente un marcador moral. Al respecto no conviene hablar de visión del
ción testimonia en contra de Zossima, y toda su existencia queda de mundo, sino de olfacción del mundo, una odorología, en la medida en que
pronto barrida por la ausencia de confirmación olfativa. La tradición el olor categoriza lo real según su propia dimensión para los imaginarios
ortodoxa quiere que el cuerpo de un jústo exhale un olor delicioso. La colectivos. Lo que huele bien inspira confianza; lo que huele mal es
multitud recuerda a otro staretz cuyo cadáver desprendía un agradable tramposo y peligroso, o por lo menos aun desconocido y amenazador.
perfume. Existe mucha perturbación: "¿Significa acaso que Dios quiere Pero la definición de "bueno" o de "malo" resulta singularmente cam-
expresarnos una advertencia?". Un monje, viejo enemigo de Zossima, se biante. En Magreb, el extranjero, antes de recibir el estatuto de hués-
apresura a echar aceite sobre el fuego: "Prescribía una purga contra los ped, es "el que hiede". Al interrogar a su olor, se tiene respuesta sobre
diablos. Bullen en vosotros como las arañas por los rincones. Y hoy él la esencia del individuo. Al parecer, una moral "natural" indica el ca-
hiede. En eso veo una gran advertencia del Señor". 2 ' mino a seguir. El olor, aunque muy a menudo sea imaginario, participa
El Profeta nace en La Meca, lugar principal en la época del comercio de las fronteras simbólicas entre uno y los demás.
de especias. La tradición musulmana también celebra el olor delicioso A comienzos de siglo, un niño, Manuel Córdoba, es capturado . por una
que emana de la tumba de ciertos santos. El Profeta separaba al buen tribu amerindia en la Amazonia. Si bien el olor almizclado de los indios
compañero del malo en términos olfativos: "Es como alguien que lleva lo incomoda al principio, el malestar resulta compartido, porque éstos
perfume y el otro que sopla sobre un horno. El que lleva perfume puede se sienten molestos en su presencia. Le falta el "buen" olor. Lo lavan con
ofrecértelo y tú puedes comprárselo, mientras que el otro puede poner hierbas y líquidos odoríferos. A partir de entonces comparte los rasgos
tus hábitos en el fuego y en último lugar respirarás el aire sofocante del olfativos de la sociedad en la que está obligado a vivir. Su olor personal
horno" (en Aubaile-Sallenave, 1999, 96). La fetidez acompaña a los ya no significa un obstáculo. Años después, cuando la permanencia
dfinns y expone al mal de ojo. A la inversa, los buenos olores de la entre los indios le pesa y se encuentra en edad de volver con los suyos,
albahaca, el laurel rosado, la mirra o la alheña protegen a los hombres. percibe penosamente aquel olor. Había dejado de "sentirse" bien con
Si el amigo es asociado con el perfume y la frescura, el enemigo siempre ellos. Un ciclo se había cerrado (Classen, 1993, 97).
hiede. Un hadith le hace decir al Profeta que las tres cosas que más le El olor del otro es a veces solo una diferencia olfativa nacida de un
gustan en el mundo son las mujeres, los niños y los perfumes. "Perfumé modo de vida, de una alimentación particular, de la naturaleza de la
al Enviado de Dios con los perfumes más intensos que pude encontrar ropa que se usa, del uso habitual de aceites o ungüentos, o de un trabajo
hasta que vi el resplandor de esos perfumes en su cabeza y en su barba", en condiciones particulares; suele connotárselo de manera peyorativa
dice Aicha, la más joven de las esposas del Profeta. sin que necesariamente existan rastros de racismo: más bien se trata de
etnocentrismo. Un viajero francés que recorre China constantemente se
encuentra indispuesto por los olores ambientes. Invitado durante un
El olor del otro viaje en tren a reunirse con un grupo de chinos, se siente molesto por el
olor que exhalan, que ni siquiera el olor del tabaco consigue disipar, y a
Incluso más allá de los efluvios realmente percibidos, el olfato es un medida que pasa le tiempo las náuseas se instalan en él con mayor
fuerte sentido de la discriminación. Define de una sola vez la alianza o intensidad. Llegados al término del viaje, los chinos se apretujan en
la ruptura, la simpatía o el odio; cancela la distancia o la aumenta hasta torno al único de ellos que habla inglés. El viajero desea tomar conoci-
el infinito. La olfacción —decía Rousseau— es el "sentido de la imagina- miento de sus impresiones. El intérprete resiste, pero finalmente ter-
ción". Resulta menos afectado por lo que huele que por lo que espera mina por confesar: "Si jugamos todos al nzah-jong, era para sacarnos las
(1966, 200). Existe un olor de la alteridad, una línea olfativa de de- ideas de la cabeza. El olor... el olor nos impedía dormir. Porque... usted
marcación entre lo de uno y lo de los demás. En nuestras sociedades, los huele tan mal".« El mal olor es siempre el del otro, pero uno siempre es
negros, los judíos, los árabes, los pobres, las prostitutas, los desconoci- el otro para alguien.
dos, etc., están olfativamente estigmatizados y a veces se encuentran, D. Jennes, un explorador canadiense, vivió una experiencia con los
entre ellos mismos, hediondos. Todo hombre emite un halo olfativo al innuits durante una exploración por el Ártico a comienzos de siglo: "Me
entorno y ninguno es parecido a otro. La idea de un olor "étnico" o de raza 22 F. Manque, "Dans le train du Nord", en
Odeurs, II•ssenee d'un sens,Aufzernent, n"
21 F. Dostoievsky, Les fréres Karanzazov, t. I, Livre de Poche, París, 1972, pág. 424. 92, 1987.

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parecía que tenían un olor corporal distinto del nuestro. Una anciana encuentra en el campo olfativo de una persona con la que no tiene
me preguntó una vez si había notado un olor particular entre ellos al relación íntima, sobre todo en los lugares públicos. Es alcanzado por la
llegar a su comarca. Le confié mis observaciones y me respondió: —"Es intensidad y el carácter sensual de esa experiencia que le impide al
extraño, nosotros habíamos notado lo mismo con usted" (Synnott, 1993, mismo tiempo prestar atención a lo que se le dice y dominar sus propias
201). E. Carpenter era el huésped de una mujer avilik. Ella le preguntó sensaciones" (Hall, 1971, 196 y 71).
de pronto: "—¿Olemos nosotros? —Sí. —¿Nuestro olor le molesta? —Sí. El olor suscita un imaginario de mezcla de cuerpos que provoca, según
Siguió cosiendo en silencio y luego agregó: —Usted nos huele y eso le • las circunstancias y los individuos, el placer de compartir una intimidad
molesta. Nos preguntábamos si olíamos y si eso le molestaba. A menudo que enciende el deseo o, a la inversa, el desagrado de ser atravesado
he es-cuchado a los blancos comentar acerca del olor de los esquimales, fisicamente por las emanaciones de otro cuyo estado uno desaprueba o
pero nunca había oído a éstos devolverles el cumplido" (Carpenter, al que se considera perteneciente a una categoría social despreciable
1973, 64). Los nduts, que viven en la zona saheliana, se preocupan por (como en el caso del racismo). "Al oler un cuerpo —escribe Sartre— es ese
la limpieza (en el sentido físico) y por la pureza (en el sentido simbólico). mismo cuerpo lo que aspiramos por la boca y la nariz, lo que poseemos
En ese sentido, consideran que los blancos son sucios, por sus costum- de una sola vez, así como su sustancia más secreta y, para decirlo de-
bres tan alejadas de las de ellos. Una madre que lavaba a su hijo que finitivamente, su naturaleza. El olor en mí es la fusión del cuerpo del
protestaba, lo amenazaba con "oler pronto a orina, como los blancos" otro con mi cuerpo. Es un cuerpo desencarnado, vaporizado, que sigue
(Dupire, 1987, 8). siendo todo entero él mismo, pero convertido en espíritu volátil" (Sartre,
El olor es un desborde sensible del cuerpo fuera de las fronteras de la 1963, 221). El olor es el otro reducido a una fórmula olfativa, penetrante,
piel; alcanza al otro en una connotación sexual, da la sensación de ser insidiosa, convertida en esencia. Revela sin ambigüedad su naturaleza,
invadido, incluso de ser violado. Reúne en el mismo orbe afectivo e la que sus hechos y gestos disimulan bajo un velo engañoso. Al olerlo no
íntimo a individuos dispersos. De ahí la molestia frecuentemente se- queda duda alguna acerca de lo que en realidad es.
ñalada en las cárceles, los dormitorios, las salas comunes de los El olor es el retorno olfativo de una apariencia engañosa. Una
hospitales al percibir los olores de los demás junto al de uno. Sin opción confesión "de interioridad". Al entregar la quintaesencia de un indivi-
de ir a otra parte, el individuo lo vive como una intolerable presencia duo, no puede inducir a error. "Me huele mal", se dice de alguien sobre
volátil e insistente que penetra en su espacio íntimo. El olor se transfor- el que se tienen dudas. La designación olfativa confiere un estatuto
ma entonces en un motivo de fijación, en una obsesión personal que moral a quien es objeto de ella. La subjetividad de esa percepción, la
acaba por volver insoportable la promiscuidad. Proyección de los senti- interpretación inmediata que opera sobre el mundo, los estereotipos que
dos ante todo, el olor está tejido con el imaginario. Versión aérea y sutil inconscientemente alimenta, la especie de rigor que parece enarbolar,
de la moral, es vivido como una penetración en la intimidad del otro, sindican por excelencia al olor como elemento del discurso racista o de
como una inmersión en una . organicidad que habitualmente la piel la expresión del prejuicio de clase. El hombre que es bueno huele ne-
disimula. Oler a alguien es experimentar de algún modo su animalidad, cesariamente bien, según la imagen del racista. El que es malo huele
puesto que es oler su carne, descubrir los arcanos fisiológicos de otro que mal, según la imagen que lo estigmatiza. La naturaleza ha hecho bien
antes se ofrecía como sujeto. El olor es amenazante, sobre todo el del las cosas al disponer un banderín olfativo sobre cada individuo para
otro, pues impregna la intimidad del cuerpo invadiendo al individuo que evitar los errores. El bien y el mal disponen de una señalización in-
lo inhala. Forma de posesión, se expulsa de sí para instalarse en otro. Si cuestionable. Una ingenua brújula de olores dispensa la línea de
es desagradable, el olor es un antirrostro: revela la parte de la carne conducta a adoptar según las circunstancias.
destituyéndola de toda espiritualidad. El olor es un ingrediente indispensable para odiar al otro. "La
Esa emanación del otro es más o menos tolerable según el estatuto cuestión social no es solo una cuestión moral: es también una cuestión
conferido al olor en las distintas sociedades. Hall recuerda cuánta sen- de olfato", escribe Simmel (1981, 236). Asociado con una moral, el olor
sibilidad tienen frente al olor los árabes: aman "los olores agradables y se transforma en marcador de la identidad individual o colectiva a
son parte integrante de sus contactos con los demás. Respirar el olor de través de una jerarquía sutil donde aquel que formula el juicio no duda
un amigo es no solo agradable, sino deseable [...] . Bañar a los demás con un solo instante de la suavidad que se desprende de su persona. Para
el aliento de uno es una práctica corriente en los países árabes. Un bien o para mal, encierra al otro en lo ineluctable de su destino olfativo.
norteamericano, por el contrario, aprende a no proyectar su aliento Todas las categorías despreciadas o inferiorizadas resultan olfativa-
sobre los demás. Por eso un norteamericano se siente molesto cuando se mente despreciables. Tras cortar y exponer públicamente las 4.600

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cabezas de los almohades vencidos en Marrakesh, el califa al-Mamoun obrero o del campesino, bañados en sudor y considerados poco afectos a
de Sevilla, con tranquila brutalidad replicaba a quienes se quejaban de los lavarse (Simmel, 1981, 235). La idea de que los pobres huelen mal es un
malos olores que impregnaban la ciudad: "El olor de los cadáveres de lugar común de la literatura burguesa luego del primer tercio del siglo
aquellos a los que se ama es suave como el perfume; solo los cadáveres lux (Corbin, 1982). Los homosexuales no escapan a la discriminación
de los enemigos huelen mal" (Aubaile-Sallenave, 1999, 96). "Hay tanta olfativa: "Símbolo de la analidad, instalado en las cercanías de las le-
diferencia entre un amigo virtuoso y un amigo malo como entre un trinas, ellos también participan de la fetidez animal 1...1; los olores del
hombre que tiene perfumes y otro un fuelle de herrero", habría dicho el pederasta, aficionado a los perfumes pesados, manifiestan la proximi-
profeta. "Solo el enemigo hiede", dice un proverbio árabe. Ich kann ihn dad olfativa del almizcle y del excremento", resume A.. Corbin (1982,
nicht nechen, dicen los alemanes, es un tipo hediondo, un muladar, un 172). Las mujeres en situación de quebrantamiento de destierro, la puta
sucio, una basura, un podrido, una bolsa de mierda, etc. No se lo puede (pulida: la que huele mal) ola mujer de vida ligera quedan estigmatiza-
tragar o pasar,porque uno lo tiene en la nariz. Los norteamericanos o los das por un olor penoso.
ingleses hablan de stinker, de stinkoe o de stbilpot. El otro siempre es El mal olor de la mujer, sobre todo durante sus reglas, es un leitmotiv
maloliente cuando no se encuentra en olor a santidad. Simmel califica de la literatura etnológica, tanto allí donde su condición queda subordi-
al olfato como "sentido desagradable o antisocial por excelencia" (1981, nada a la del hombre y es colocada del lado de la naturaleza, como allí
237). donde la cultura siempre es cuestionada. En tanto otra desprovista del
Ex soldados norvietnamitas explican que "olían" a los norteamerica- poder de dar nombre, la mujer se encuentra olfativamente en desventa-
nos mucho antes de verlos fisicamente. Un veterano norteamericano ja. Así, entre los tukanos de la selva amazónica se piensa que sus
está convencido de conservar la vida aún gracias a su "nariz": "No era exhalaciones fétidas son parecidas a las de los pecaríes, un animal
posible ver un camuflaje enemigo si se encontraba exactamente delante despreciado a causa de su olor infecto, de su promiscuidad y de su
de uno. Pero el olor era indisimulable. Podía oler a los norvietnamitas permanente actividad de escarbar la tierra con el hocico (Classen, 1993,
antes de oírlos o verlos. Su olor no es como el nuestro o el de los filipinos 90). El olor de las menstruaciones es el peor de todos, ya que atrae
o de los sudvietnamitas. Si volviera a olerlos, los reconocería" (Gibbons, serpientes u otros animales venenosos, altera los productos de la
1986, 348). El otro es de una naturaleza física al margen de la humani- cosecha y molesta a los animales domésticos. Entonces la mujer es
dad normal y sus emanaciones lo siguen simbólicamente, a la manera puesta provisoriamente al margen de la comunidad (pág. 87). Entre los
del tufo de un animal. desanas, otra sociedad amazónica, la primera menstruación de una
Toynbee recuerda el desagrado que experimentaban a veces los ja- adolescente lleva a su separación al grupo y a una ceremonia de
poneses vegetarianos al oler "el olor fétido y rancio de los pueblos purificación a cargo del chamán que regularmente acude a la choza para
carnívoros de Occidente". 2" Shusaka Endo habla del "olor corporal exhalar sobre ella el humo de un cigarro. Solo después de ser simbólica-
sofocante, ese olor a queso, pai-ticular de los extranjeros". Los términos mente lavada de los malos olores de sus reglas, la adolescente vuelve a
bata kusai (literalmente "hedor a manteca") denominan a esas exhala- recuperar su lugar. La sangre menstrual desprende un olor desagrada-
ciones desagradables de los europeos (Borelli, 1987). A veces basta con ble y contaminante para el olfato de los desanas. Asimismo, asimila a la
poseer una particularidad física o moral para merecer una atención mujer con los animales, con lo imprevisible de la naturaleza que se im-
olfativa. El imaginario popular sospecha que los pelirrojos poseen una pone biológicamente en ella.
vitalidad sexual desbordante; según Virey, exhalarían "un olor amonia-
cal viril, que afecta sobre todo a las mujeres, cuya contextura nerviosa
es muy sensible, y que llega a causarles afecciones histéricas. Ese olor La puesta en escena racista del olor del otro
a macho cabrío se disipa cuando el hombre se entrega mucho a las
mujeres, porque depende sobre todo de la reabsorción de la simiente en Si el otro desprende un mal olor obliga al desprecio, justifica en el ima-
la economía animal. Así, los animales presentan una carne muy des- ginario la violencia simbólica o real de que es objeto. El racismo a
agradable al gusto durante la época del celo: produce náuseas". 24 menudo ha respaldado su odio o la sensación de inferioridad biológica de
La jerarquía social está duplicada por una jerarquía olfativa. El su víctima mediante la invocación convencional de su olor fétido. En la
prejuicio de clase se alimenta con la presunción del mal olor del otro, del literatura colonialista y/o racista, los negros han sido así habitualmente
descriptos como manifestantes de un olor característico, homologando
23 A. Toynbee, A Study o/ History, t. 1. Oxtbrd University Press, 1935, pág. 231. en la nariz de sus detractores una cercanía particular con el animal.
21 1-B. Virey, Histoire nalturIle du gen re burnain, Bruselas, 1826, t. 2. pág. 111.
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Buffon escribe que las mujeres del norte de Senegal "tienen un olor ción pasiva por parte de ellos dt la idea de que, por el hecho de ser negros,
desagradable cuando están acaloradas, pese a que el olor de esos negros no eran considerados capaces de tener el gusto de lavarse conveniente-
de Senegal sea mucho menos fuerte que el de otros negros". Los de mente ni a menudo, ni de bañarse con frecuencia, incluso que no tenían
Angola o de Cabo Verde "huelen tan mal cuando están acalorados que la posibilidad de hacerlo y que, en realidad, tampoco debía importar que
el aire de los lugares por donde han pasado queda infectado por más de lo hicieran [...]. Ni siquiera podía imaginar una existencia en la que el
un cuarto de hora". 25 olor estuviera ausente, donde no volviera nunca. Siempre lo había olido,
Virey no se queda a la zaga y afirma que "cuando los negros están lo olería siempre; formaba parte de su inevitable pasado; era una parte
acalorados, su piel se cubre de un sudor aceitoso y negruzco que mancha preponderante de su herencia como hombre del sur". 2"
la ropa y que, por lo común, exhala un olor a puerro muy desagradable". Con humor incisivo, en 1912 M. Weber denuncia ese imaginario
A su vez, retorna la imagen de Buffon de los efluvios persistentes olfativo. Había leído en la pluma de los "raciólogos" alemanes que los
después de que han pasado por un lugar, pero aplicándola a los "sene- "instintos raciales" de los norteamericanos blancos se manifestaban en
galeses y a los negros de Sofala". 26 Cuando los africanos se desplazan especial por el hecho de que no podían soportar el "olor de los negros",
—escribe R. Demaison en Les Oiseaux d'ébéne, en 1925—, "un surco que era desagradable: "Puedo referirme a mi propio olfato: no he com-
odorífero 1...1 de extraños tufos" los sigue. "Lo que hay de desagradable probado nada semejante, a pesar de los muy estrechos contactos que
en la piel del negro —señala L. Figuier— es el olor nauseabundo que mantuve. Tengo la impresión de que el negro, cuando olvida lavarse,
despide cuando el individuo está acalorado por el sudor o el ejercicio. huele exactamente como el blanco en la misma situación y viceversa.
Esas emanaciones son tan difíciles de soportar como las que despiden También puedo dar fe del espectáculo corriente en los Estados del Sur
de una lady sentada en su cabriolet,
ciertos animales". 27 El olor particular del negro —escribe Hovelacque—, con las riendas en la mano, al lado de
a veces extremadamente penetrante, no parece depender de la transpi- un negro; es evidente que su nariz no experimentaba molestia alguna.
ración, sino que la materia que la produce es sin duda segregada por las Hasta donde sé, el olor del negro es una invención reciente de los
glándulas sebáceas". 28 Virey explica como conocedor que "el león prefie- Estados del Norte, destinada a explicar su reciente 'distanciamiento'
re devorar al hotentote antes que al europeo, porque el primero tiene un de los negros" (1974, 120). J. Dollard confirma a su vez la observación de
olor más fuerte y, al estar revestido de sebo, parece una presa más Weber. Pese a sus esfuerzos, confiesa no haber lograda percibir un olor
sabrosa" (pág. 111). particular en los negros que los distinga del de los blancos. Piensa que
En 1931, P. Reboux nos explicaba con sabiduría que "tanto existe la "la amplitud de ese prejuicio debe inducir una sensibilidad exacerbada
brevedad de los crepúsculos tropicales como existe el olor del negro. Se hacia el olor corporal de los negros, que no se manifiesta tratándose de
los blancos" (1957, 381).
daría la impresión de alguien que nunca ha viajado, si se aventurara a
hablar de otro modo que no fuera el del viajero. Afirmo, pues, que en el El hedor del otro, objeto de resentimiento, es un hecho consumado. El
mar Caribe el pasaje del día a la noche es instantáneo, de la misma racista habitual recuerda tranquilamente el olor "árabe" que comienza
manera que sostengo que el olor del negro es poderoso e intolerable" (en a percibir apenas franquea una línea simbólica que divide una ciudad,
una calle, un barrio. El foetorjudaicus es un leitmotiv
Jardel, 1999, 88). Las mujeres africanas no escapan a ese desagrado: "De del discurso an-
sus cuerpos sudorosos sube un olor asqueroso", "un olor insulso y fuer- tisemita desde la Edad Media hasta nuestros días y ha dado lugar a una
te", "Os