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PERFILES

SANTIDAD SALESIANA
1817. Había aceptado la voluntad
Margarita Occhiena de Dios, pero desde ese momento
su vida se llenó de muchas y pesa-
das cargas que sobrellevar: gober-
Madre de Don Bosco y de la Familia Salesiana nar la casa, llevar adelante los cam-
pos, cavar la viña. Pero no se olvidó

A
mable y hermosa, joven e in- “El Señor bendijo la unión de Fran-
geniosa, Margarita Occhiena cisco y Margarita –escribe Lemoy- de ser, ante todo, la madre de sus
había sido solicitada como ne- y los alegró con el nacimiento niños. Lo revela la última palabra de
esposa por varios jóvenes, en aque- de dos hijos. Al primogénito, naci- la pequeña narración salida de la
llos tiempos en los que se acostum- do en 1813, le pusieron el nombre boca de Don Bosco: sonriendo. Una
braba casarse siendo jovencísimos. de José, y al segundo, nacido el 16 madre siempre tensa por la fatiga,
Pero sólo después de cumplir los de agosto de 1815, lo llamaron las responsabilidades, habría hecho
veintitrés, en 1812, dio su confor- Juan”. de sus hijos unos ansiosos. Marga-
midad a Francisco Bosco, campesi- rita, sonriendo, les enseñó a dar gra-
no que prestaba sus servicios en casa “Tenía solamente cuatro años – con- cias, a cumplir sus deberes. Y los
de un vecino acomodado. Había tará Don Bosco-. Un día al regresar deberes eran duros para todos, en
quedado viudo con un hijo, Anto- del campo con mi hermano José, aquellos tiempos: tiempos de cares-
nio, y se le había muerto la primera estábamos los dos muertos de sed, tías, de pestes, de verdadera ham-
hija, Teresa. Entró en una casa que pues el verano era muy caluroso. La bre, tiempos en los que era necesa-
ya había sido visitada por el dolor y madre sacó agua y la ofreció en rio hacer a pie 19 kilómetros para ir
donde su primer trabajo fue abra- primer lugar a José. Yo, creyendo ver a la escuela, y los niños de ocho años
zar y consolar a un huérfano. Aquel en aquel gesto una preferencia, hice tenían que trabajar para ganarse el
huérfano le causaría muchas amar- como que no la quería. La madre, pan.
guras y disgustos. Será una pesada sin decir palabra, se llevó el agua.
cruz con la que cargar, y sin embar- Yo permanecí un momento de aquel Margarita, sin embargo, nunca con-
go sabrá educarlo con firmeza modo, y luego tímidamente dije: sideró como tiempo perdido el que
y amor, hasta hacer - Mamá, ¿no me da agua se quitaba del trabajo para entre-
de él un hom- también a mí? garlo a Dios. Ya que el párroco vivía
bre hon- - Creí que no tenías lejos, ella misma enseñó el catecis-
rado. sed. mo a Juan, y lo preparó para la pri-
- Mamá, perdón. mera comunión. Y con los hechos
-Así está bien. le enseñó a encontrar al Señor en
Fue por el agua los enfermos, en los pobres. Mar-
y sonriendo garita era una mujer de gran fe. Dios
me la dio” estaba en la cima de todos sus pen-
samientos, y por tanto también lo
En aquel tiem- estaba siempre en sus labios. Dios
po Margarita te ve: era la gran palabra con la que
había sido ya les recordaba a sus hijos que siem-
golpeada por pre se encontraban bajo la mirada
una tremenda del Dios grande que un día los ha-
desgracia: la bría de juzgar. Si les permitía ir a
muerte de su entretenerse por los prados vecinos,
marido Francis- les decía: “Acuérdense de que Dios
co, abatido por la los ve”. Si alguna vez los veía pen-
pulmonía en sativos y temía que en su ánimo
mayo de ocultasen pequeños rencores, les
susurraba al oído: “Acuérdate de
que Dios te ve y ve también tus pen-
samientos”. En las hermosas noches
estrelladas, salían fuera de casa, se-
ñalaba el cielo y les decía: “Dios es
quien ha creado el mundo y ha co-
locado allí arriba las estrellas. Si el
firmamento es tan hermoso, ¿cómo
será el Paraíso?”.

18 BS Don Bosco en Centroamérica