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DISCRIMINACIÓN Y DIVERSIDAD SEXUAL

“La Diversidad Sexual - Discriminación y derechos” en https://www.gob.mx/censida/acciones-y-programas/la-


diversidad-sexual-discriminacion-y-derechos

VÍNCULOS VIOLENTOS EN PAREJAS ADOLESCENTES

“Violencia en los vínculos de pareja” en


https://www.buenosaires.gob.ar/sites/gcaba/files/violencia_en_los_vinculos_de_pareja.pdf
Estudios de género: historia y debates actuales
La perspectiva de género debe remitirse a la historia del movimiento feminista. Podemos encontrar sus inicios
como movimiento organizado a fines del siglo XIX, cuando mujeres europeas de clase alta comenzaron a
reclamar participación política y educativa. Más tarde, en la época de posguerra y de la mano de figuras como
Simone de Beauvoir vino la llamada segunda ola del feminismo. Esta etapa encauzó su lucha en cuestionar el
profundo androcentrismo (el punto de vista centrado en el varón, que valoriza su propia posición) de la sociedad
capitalista. La demanda de la igualdad de la redistribución socioeconómica se extendió hacia planos que hasta
el momento eran considerados como “privados”: el trabajo doméstico, la violencia conyugal o en la pareja, la
sexualidad. Avanzados los '70, el “feminismo de la diferencia” centró la mirada en torno a la pregunta: ¿qué
constituye a una mujer? En este giro, en primer lugar, se pensó a la mujer ya no en comparación con el varón
sino en relación con sus aportes específicos a la vida social, las formas históricas en que se desplegó “lo
femenino” y la necesidad de visibilizar y valorarlo en sí.

María Isabel Santa Cruz, doctora en Filosofía por la Universidad de París I, Investigadora Emérita de CONICET y
directora de la Sección de Filosofía Antigua, problematiza la idea de igualdad que tenía parte del movimiento de
mujeres: el objetivo de lograr las posiciones de los varones, como si hubiera que ser idénticos a ellos. Esa idea
de igualdad, entonces, era una igualdad pensada desde el varón. Por otro lado, ese feminismo de la diferencia
fue abriéndose a la diversidad: pasó de hablar de “La mujer” a la búsqueda de “las mujeres” (se distinguió entre
ser mujer blanca, a ser trabajadora, negra, inmigrante, etc.).

Si bien la historia es mucho más larga, es importante remarcar el vínculo de diálogo entre las activistas y las
académicas que ya tenían acceso a la formación universitaria. Así, comenzaron los llamados Estudios de las
Mujeres, que más adelante cambiaron por “estudios de género”.

La categoría de género es de gran utilidad ya que introduce dos dimensiones que resultan centrales para el
análisis de las desigualdades:

- Propone que la identidad de género es una construcción social y no un rasgo que deriva de la anatomía (leída
recurrentemente como biología-natural).
-Aporta una perspectiva relacional: no estamos hablando solo de mujeres, sino de las relaciones de género,
donde los varones (y/o otras identidades de género) también hacen parte de ese sistema, y que son relaciones
de poder, donde unos ocupan posiciones aventajadas y otros/as menos valoradas. Además, la desigualdad de
género se vincula con otras como las de clase, edad, color de piel, nacionalidad.

Si bien hoy existen algunas diferencias al interior del feminismo y de los movimientos de mujeres, todos
acuerdan con denunciar la perpetuación de un “sistema de sexo-género” (es decir, la manera en que cada
sociedad establece un orden a partir del valor que se le otorga a la condición social de las mujeres y de los
varones, en función de cómo es considerado el dato biológico) que oprime al género femenino: el patriarcado.
Las relaciones patriarcales instituyen una distribución desigual de poder, por lo tanto, de recursos materiales y
simbólicos entre varones y mujeres. Así, la fuerza de trabajo productiva y reproductiva de las mujeres no les
pertenece.

Algunos datos muestran cómo está siendo subordinada y explotada la condición social femenina:

 La violencia de género. Más estrictamente, “violencia basada en las relaciones de género patriarcales”, se
trata, en el 95% de los casos, de agresiones a mujeres en tanto tales. Agresiones dentro del noviazgo o del
mundo doméstico, agresiones de ex novios o ex maridos, son prácticas que progresivamente fueron visibilizadas
a partir de normas sensibles y de mujeres que se animan a hacer las denuncias; y también, cuando las denuncias
no fueron escuchadas, lamentablemente, y se transforman en una muerte anunciada. Hasta hace pocos años
estos asesinatos sistemáticos a mujeres se los rotulaba bajo la carátula de “crímenes pasionales”, cómo si se
tratase de un caso aislado, de índole privado y doméstico. Luego comenzó a utilizarse la palabra femicidio. Esta
categoría es política: permite visibilizar que se trata de una violencia fundada y sostenida por una cultura
patriarcal que permite que muchos varones lleguen a considerar a “sus” mujeres como propiedad privada,
objetos de control y maltrato.

 La trata con fines de explotación sexual. Este problema ha sido visibilizado a partir de leyes12 que buscan
proteger a chicas y chicos, a mujeres adultas, por ejemplo, que son engañadas, secuestradas o amenazadas para
llevarlas lejos de su hogar y explotarlas sexualmente. Es un desafío para la escuela abordar esta problemática.
Muchas escuelas lo hacen, y la ESI también lo propone: enseñar a niños/as y adolescentes a pedir ayuda a adultos
de confianza cuando sucede algo que los daña o a decir que “no” frente a alguna situación que los/as incomoda;
a no guardar secretos que los/as hacen sentir mal; a valorar igualmente a varones y mujeres y tener la lupa
puesta cuando ejercemos algún tipo de violencia las mujeres; y a reconocer situaciones de acoso, abuso sexual,
maltrato, etc.

 La exclusión política y económica y la doble o triple jornada laboral. La información disponible en estadísticas
nacionales e internacionales, es que persiste una exclusión sistemática de las mujeres en los lugares de poder
político y económico. Situación que se complementa con la sostenida condición de “cuidadoras” que las mujeres
conservan en sus hogares. Más de dos tercios del trabajo mundial no remunerado es realizado por mujeres; el
equivalente a casi el 50% del PBI mundial, según un estudio global del Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo. Aún cuando tengan un empleo pago, la mayoría sigue a cargo de niños, niñas y adolescentes del
hogar y también, de manera creciente, de las personas ancianas que requieren cuidados. ¿Cómo podría
sostenerse el sistema capitalista si el trabajo doméstico que realizan las mujeres diariamente fuera remunerado?
El tiempo de ocio, el descanso y el disfrute de la vida social sigue estando mal distribuido en muchos hogares.

En relación con “lo masculino”, podríamos afirmar que los varones también forman parte de este sistema, y
muchas veces también lo padecen. Aún con los fuertes cambios producidos en las últimas décadas, sigue vigente
la idea de que ser “varón” es estar dispuesto a alguna forma de transgresión, al dominio social y económico y a
la rudeza. La primera causa de muerte en Argentina de los varones jóvenes sigue siendo la muerte violenta en
crímenes, violencia en las calles y también en accidentes vinculados con la transgresión de normas y el prestigio
que se obtiene al colocarse en situaciones de riesgo. A su vez, los varones generalmente no arman redes de
apoyo emocional en momentos de crisis que, por ejemplo, puedan contenerlos frente a la imposibilidad de
colocarse en un papel de proveedor económico en la familia. Cargan así el peso de un problema socioeconómico,
y que puede influir en formas de violencia intradoméstica.

Estereotipos y desigualdades
Todas y todos en menor o mayor medida reproducimos estas violencias ya que, en tanto parte de un sistema
sexo-género establecido, integran lo que parece un destino inmodificable.

No siempre el amor, el sexo y la reproducción estuvieron unidos bajo el manto del matrimonio heterosexual y
de la familia nuclear tal como la conocemos hoy. Es recién en el siglo XIX, de la mano del desarrollo del
capitalismo industrial, que se construye un ideal el “amor romántico” que vemos en telenovelas, cuentos de
hadas y películas. Aún hoy persiste en nuestras alumnas (y también en adultas), mucho más que en varones,
una esperanza de ser “rescatadas” por un otro que será su “media naranja”. Lo paradójico es que ese ideal no
habilita otras formas más profundas del amor: aquellas en que la otra persona es percibida y tratada como un
sujeto de derecho y un sujeto de deseo. Por ejemplo, cuando una estudiante que padece una relación de pareja
violenta nos dice todo el tiempo que él “la quiere a ella”, que “ella es de él”, como si ella fuera un objeto que se
posee, y que no puede preguntarse ni plantearse cuál es su deseo. El amor no significa lo mismo para todos/as,
y a menudo está asociado a situaciones de manipulación en vínculos de pareja. Por eso es necesario desarmar
la lógica de posesión instalada que pueda justificar acciones violentas (desde celos a golpizas). En la actualidad
estas prácticas se trasladaron también a las redes sociales, y es frecuente encontrarse con casos de control y
hostigamiento a través de los teléfonos celulares. Por eso desde la ESI, como establecen los Propósitos
formativos de los Lineamientos Curriculares, se busca “promover una educación en valores y actitudes
relacionados con la solidaridad, el amor, el respeto a la intimidad propia y ajena…”15 . Este enfoque nos exige
que rompamos con los modelos o estereotipos, tanto de varón y de mujer. A veces se dice que el enfoque de
género es un tema sólo “de mujeres”. También se suele reproducir un estereotipo de las feministas como
mujeres “anti-hombres”, que en nada se acerca a sus reclamos de justicia e igualdad, y gracias al cuál hoy
grandes cantidades de mujeres pueden gozar de mucha mayor autonomía en comparación a lo que sus abuelas
podían aspirar. Por otro lado, cada vez hay más varones que se asumen feministas y que cuestionan fuertemente
este orden establecido.

Diversidad sexual y género

¿Qué es el género?
Se refiere a los aspectos socialmente atribuidos a un individuo, diferenciando lo masculino de lo femenino, en
base a sus características biológicas. Es decir que es lo que las sociedades esperan que piense, sienta y actúe
alguien por ser varón o por ser mujer. Por ejemplo, se dice que “los hombres no lloran” o que “a las mujeres les
gusta la ropa”. Así, el género condiciona los roles, las posibilidades, las acciones, el aspecto físico y la expresión
de la sexualidad de las personas.

¿Qué es la identidad de género?


Es la forma en que cada persona siente su género. Por eso, puede corresponder o no con el sexo asignado al
nacer. Es decir que es el género que cada persona siente, independientemente de que haya nacido hombre o
mujer. Una persona que nació hombre puede sentir que su identidad de género es femenina y viceversa.

Noviazgos violentos en
adolescencia: señales de alerta
y prevención
Las situaciones de maltrato y violencia más habituales y extendidas en parejas de
adolescentes y jóvenes están relacionadas con la manifestación de los celos y el ejercicio
del control. Se ponen en evidencia y son potenciados por la utilización de las tecnologías de
comunicación, como celulares, computadoras, tablets.

La violencia (física, sexual y/o emocional) en el noviazgo son todas aquellas modalidades de vinculación dentro
de parejas adolescentes que implican abuso de poder, la instalación paulatina de maniobras de dominación
sobre la otra persona y, consecuentemente, la restricción de derechos y la producción de daños para quien las
padece. Se puede dar en persona o vía tecnologías de comunicación.

El problema de la violencia hacia las mujeres se origina en la histórica discriminación que padecen éstas en las
sociedades que avalan prácticas basadas en la inequidad entre mujeres y varones. Nuestra sociedad actual
todavía transmite concepciones que favorecen una organización familiar autoritaria y verticalista desde la cual
se genera desigualdad en cuanto a los derechos de sus miembros de acuerdo con el género.

En familias con roles estereotipados se replican posiciones asimétricas en la pareja y se transmiten creencias en
torno al amor tales como la entrega incondicional, dar sin pedir nada a cambio, perdonarlo todo, etc.

La proveniencia de hogares donde se han vivenciado patrones abusivos de vinculación, sumado al inicio de las
primeras vivencias de vínculos amorosos teñidos de romanticismo e idealismo, puede encontrar a jóvenes con
menos recursos personales para protegerse de relaciones que los someten a perjuicios para su autoestima y
salud.

El riesgo de violencia aumenta con: consumo de alcohol y/o sustancias, condición de inmigrante, padecer
enfermedades discapacitantes, no tener una red social de contención (amigos, familia).

SEÑALES DE ALERTA

En primer lugar, debemos identificar los indicadores que pueden dar cuenta de vinculaciones dañinas entre
jóvenes. Muchas veces el carácter abusivo de una relación queda invisibilizado para quienes son sus
protagonistas, ya que es muy factible que ocurra simultáneamente a demostraciones de afecto y deseos de estar
juntos. Los adolescentes consideran las agresiones de sus parejas como una broma o como un juego que a veces
puede "irse de las manos" o como respuestas "normales" ante malentendidos.

Los adolescentes pueden confundir los reclamos, los celos, las exigencias de mantener relaciones sexuales, la
invasión en su intimidad, el control de sus actividades y relaciones con una muestra de interés por parte de sus
parejas.

COMO PREVENIR

La familia y la escuela pueden aportar a la sensiblización sobre esta problemática, promoviendo la


desnaturalización de los pilares socioculturales de la desigualdad en los vínculos. Son ámbitos donde se pueden
brindar condiciones para que se genere con confianza un diálogo donde el adolescente sienta que puede ser
escuchado sin juzgamientos, que reciba información sobre todas aquellas maniobras sutiles que limitan en el
día a día, sus posibilidades de crecimiento y autonomía; y, que se lo oriente y acompañe en relación a los riesgos
que le puede ocasionar el sostener un vínculo de este tipo.
Es conveniente que la familia y la escuela tengan en su agenda los recursos locales que abordan este tema en
su comunidad (hospital, centro de salud, sistema de protección de niños y adolescentes con direcciones,
teléfonos y días de atención).

La violencia en las relaciones de


pareja adolescente
¿Qué teorías explican el origen y las causas de la violencia en parejas jóvenes?
Muchos jóvenes y adolescentes no prestan demasiada atención a la violencia en sus relaciones de pareja,
tienden a creer que se trata de un problema que afecta exclusivamente a los adultos. Sin embargo, durante el
noviazgo pueden aparecer importantes factores etiológicos de la violencia de género que se produce en parejas
adultas.

Violencia en las parejas jóvenes: ¿por qué ocurre?

La violencia en las relaciones de pareja es un problema que afecta a todas las edades, razas, clases sociales y
religiones. Es un problema social y de salud que debido a su elevada incidencia ha producido en la actualidad
una importante alarma social tanto por la gravedad de los hechos como por la negatividad de sus consecuencias.

El concepto de violencia en las relaciones de pareja adolescentes ha sido definido por diversos autores. Las
investigaciones internacionales, emplean el término “dating aggression y/o dating violence”, en España, el
término más empleado es el de violencia en las relaciones de pareja adolescentes o violencia en relaciones de
noviazgo.

Definiendo este tipo de violencia

Ryan Shorey, Gregory Stuart y Tara Cornelius definen la violencia en relaciones de noviazgo como aquellas
conductas que implican agresiones físicas, psicológicas o sexuales entre los miembros de una pareja en el
noviazgo. Otros autores, destacan que se trata de aquella violencia que implica cualquier intento de dominar o
controlar a una persona de forma física, psicológica y/o sexual, causando algún tipo de daño.

Desde la psicología, diversos autores intentan explicar las causas de esta violencia en las relaciones de pareja en
adolescentes. Aunque actualmente son escasos los estudios que han abordado de forma teórica el origen y
mantenimiento de la violencia en estas parejas, existe cierta tendencia a explicarla desde teorías clásicas sobre
agresividad o vinculadas a ideas sobre violencia de género en parejas adultas.
A continuación se exponen algunas de las teorías y modelos teóricos más relevantes, aunque no todos, para
arrojar algo de luz sobre este problema.

Teoría del Apego

John Bowlby (1969) propone que las personas conforman su estilo de relación a partir de las interacciones y
relaciones que establecieron durante la infancia con las principales figuras de apego (madre y padre). Dichas
interacciones influyen tanto en el inicio como en el desarrollo del comportamiento agresivo.

Según esta teoría los adolescentes procedentes de hogares en los que observaron y /o sufrieron malos tratos,
que muestran problemas en regular sus emociones, bajas habilidades para solucionar problemas y/o menor
confianza en sí mismos, aspectos que también pueden deberse como consecuencia de lo anterior, mostraría
mayores probabilidades de establecer relaciones de pareja conflictivas.

Desde esta perspectiva, las agresiones en la adolescencia se originarían por las experiencias negativas en la
infancia, tales como conductas agresivas en los progenitores, maltrato infantil, apego inseguro, etc., y al mismo
tiempo influenciarían la ocurrencia de patrones disfuncionales en la adultez. Sin embargo, no podemos obviar
que las experiencias personales conllevan un proceso de elaboración individual que permitiría modificar estos
patrones.

Teoría del Aprendizaje Social

Propuesta por Albert Bandura en 1973 centrada en los conceptos del modelado y el aprendizaje social, explica
como el aprendizaje en la infancia se produce a través de la imitación de aquello que observamos.

Las conductas agresivas en la relación de pareja adolescente, se producirían por el aprendizaje de las mismas
bien por experiencia personal o bien por ser testigo de relaciones en las que existe violencia. Por tanto, las
personas que experimentan o se encuentran expuestas a violencia mostrarán una mayor probabilidad de
manifestar conductas violentas en comparación a aquellas que no han experimentado o han estado expuesta a
la misma.

Sin embargo, debemos considerar que cada persona realiza un proceso de construcción propio sobre su
experiencia y no se limita exclusivamente a copiar las estrategias de resolución de conflictos de los padres.
Además, algunos estudios han constatado que no todos los adolescentes que han perpetrado o han sido víctimas
de agresiones en sus parejas, en su infancia experimentaron o fueron testigos de conductas agresivas en sus
hogares, entre sus amigos o con parejas previas.
Perspectiva Feminista

Autoras como Lenore Walker (1989) explica que la violencia en las parejas tiene su origen en la distribución
social desigual basada en el género, que produce mayor poder para el hombre con respecto a la mujer. Según
esta perspectiva la mujer es contemplada como objeto de control y dominio por el sistema patriarcal a través
de los principios de la teoría del aprendizaje social, los valores socioculturales del patriarcado y la desigualdad
de género, trasmitidos y aprendidos a nivel individual. La violencia de género es la violencia cuya finalidad es
mantener el control y/o dominio en una relación desigual, en la que ambos miembros han recibido diferente
socialización.

Esta perspectiva teórica ha sido adaptada a la violencia en las relaciones adolescentes, considerando las
múltiples evidencias de la influencia que ejercen los sistemas de creencias tradicionales en los roles de género,
tanto en la aparición como en el mantenimiento de la violencia. Esta adaptación explica y analiza porqué las
agresiones que los chicos comenten, muestran tendencia a ser de mayor gravedad, y analizar las posibles
diferencias entre ambos géneros, por ejemplo con respecto a las consecuencias.

Teoría del Intercambio Social

Propuesta por George C. Homans (1961), indica que la motivación de las personas reside en obtener
recompensas y en reducir o eliminar los costes en sus relaciones de pareja. Así, el comportamiento de una
persona variará en función de la cantidad y del tipo de recompensa que considera que recibirá.

Por tanto, la violencia en las relaciones de pareja se emplea como una forma de reducir los costes, ganando a
través de las agresiones mayor control y poder. La búsqueda de control por parte del agresor estaría relacionada
con la reducción de otro de los posibles costes de las relaciones, la incertidumbre, el no saber qué piensa el otro,
qué hace, dónde se encuentra, etc. En esta línea cuanto menor sea la reciprocidad en una interacción
determinada, mayor será la probabilidad de comportamientos emocionales basados en la ira o violencia.

A su vez, tales comportamientos producirán que el individuo se sienta en desventaja y aumentará la posibilidad
de que la interacción se torne más peligrosa y violenta. Así el principal beneficio de la violencia es la obtención
del dominio sobre otro individuo y las probabilidades de que un intercambio violento finalice, aumentan cuando
los costes del comportamiento violento son mayores que los beneficios que produce.

Enfoque Cognitivo-Conductual

Centra la explicación de la violencia en relaciones de pareja en las cogniciones y procesos cognitivos, resaltando
que las personas buscan la consistencia entre sus pensamientos y entre estos y sus conductas. La presencia de
distorsiones cognitivas o incongruencias entre estos, producirá emociones negativas que pueden propiciar la
aparición de violencia.

Sin embargo, el enfoque cognitivo-conductual se ha centrado más en la explicación de las distorsiones cognitivas
que se producen en los agresores por ejemplo, ante una misma situación en la que la pareja no está presente,
el agresor mostrará mayor tendencia a pensar que su pareja no le ha esperado en casa con el fin de fastidiarle
o como una forma de faltarle al respeto, lo que producirá emociones negativas, por su parte una persona que
no es agresora, pensará que ello es debido a que su pareja estará ocupada o divirtiéndose y le producirá
emociones positivas y se alegrará por ello.

Modelo Ecológico

Fue planteado por Urie Bronfenbrenner (1987) y adaptado por White (2009) para explicar la violencia en las
relaciones de pareja, pasando a denominarse modelo socio-ecológico. Explica la violencia en las relaciones de
pareja a través de cuatro niveles que van desde el más general al más concreto: social, comunitario,
interpersonal e individual. En cada uno de los niveles existen factores que aumentan o disminuyen el riesgo de
perpetración de violencia o victimización.

Así las conductas violentas en una relación de pareja se situarían en este modelo a nivel individual y se
desarrollarían debido a la influencia previa de los otros niveles. Esta influencia de los diversos niveles, proviene
de la visión tradicional de división del poder en la sociedad a favor de los hombres, al igual que en la Teoría
Feminista.

Plantea que los comportamientos violentos contra la pareja son influenciados por las creencias a nivel social
(por ejemplo, la distribución del trabajo para hombres y mujeres, división sexual del poder), a nivel comunitario
(como la integración de las relaciones sociales diferenciadas por género integradas en escuelas, lugar de trabajo,
instituciones sociales, etc.), a nivel interpersonal (como las creencias de ambos miembros de la pareja sobre
cómo debe ser la relación), y a nivel individual (por ejemplo, qué piensa el individuo sobre qué es lo “adecuado”
o no en una relación). Aquellos comportamientos que incumplan tales expectativas asumidas en función del
género, aumentarán las probabilidades de conductas violentas y utilizarán dichas creencias para justificar el uso
de la violencia.

Conclusiones

Actualmente existen diversas teorías o perspectivas, se ha producido cierto avance científico en este campo y
las nuevas investigaciones se han interesado en explicar la violencia en las relaciones sentimentales de los
adolescentes, revisando las teorías tradicionales y aquellas teorías que se centran en cualquier tipo de violencia
interpersonal.

Sin embargo, a pesar del reciente avance científico sobre este ámbito, aún quedan muchas incógnitas por
resolver que permitan llegar a conocer los factores tanto individuales como relacionales sobre el origen, las
causas y el mantenimiento de la violencia en el noviazgo. Este avance permitiría ayudar a los adolescentes tanto
a identificar si sufren violencia por parte de su pareja como a prevenir su aparición, al igual que a identificar
aquellos factores que pueden originar la violencia de género en parejas adultas e iniciar su prevención desde la
adolescencia.