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La tenue luz de la luna bañaba cada rincón de la ciudad.

Las brisas eran frías, y la nieve se


manifestaba decorando todo aquello que se cruzase con ella. Aquella noche de enero se hacía
más larga de lo habitual.

Podías observar cómo los niños correteaban junto a sus amigos en una feroz guerra de nieve,
mientras sus padres los observaban sonrientes; era una noche preciosa.

Pero, para los pacientes de la clínica psiquiátrica LY, era un día más, ya que ellos no están
capacitados para disfrutar de aquello, y la ausencia de sus seres queridos era cada vez más
creciente con el paso del tiempo. Hace una semana atrás, la navidad había dado su fin, y eran
contables las familias de los internos quienes recordaron sus existencias para esta fecha.
Algunas personas no se atrevían a visitar aquel lugar por el temor que les invadía por el hecho
de que se cumplía un mes desde el suicidio serial.

No hubo persona en el mundo que no se enterase de aquel incidente catastrófico.

Jeon Jungkook, uno de los herederos de la cadena de clínicas LY, es el protagonista de aquel
suicidio. El joven azabache de tan sólo 16 años, padecía de esquizofrenia; razón por la cual sus
padres al enterarse de aquello decidieron excluirlo tanto del mundo exterior, como de ellos. El
hijo menor de los Jeon había manchado su apellido al padecer de tal trastorno. La mente de
Jungkook podía tan fácil y cruelmente jugar con él hasta ser capaz de llevarlo al suicidio.

En todas partes del mundo habitaban personas que aún retomaban el tema. Aún en las
secciones de noticias podías encontrar argumentos sobre tal hecho. Como siempre, todas esas
acciones y comentarios, sólo se limitaban a comentarios mediocres llenos de prejuicios,
muestras de lástima, burlas y hasta juzgamientos.

Sólo alguien puede ser capaz de encontrar la verdadera historia detrás de todo aquello.
Porque sí, no solo fue aquella maldita esquizofrenia quién lo llevó al suicidio; todas esas
razones quedaron redactadas en una carta escondida en la clínica.

❄❄❄
Como cada noche, cuando las enfermeras no prestaban atención, Kim Taehyung se escabulle
de su habitación para visitar para la que le solía pertenecer a su Jungkookie. El chico de cabello
rubio se recostaba en la polvorienta cama, mientras abraza sus piernas ahogando sus sollozos
en ellas. Nadie lo había comprendido tanto como el muchachito de linda sonrisa lo había
hecho, puesto que él, igual que Jeon, padece de esquizofrenia.

—Él se ha marchado... —Musitó— Y como un tonto sólo estoy aquí, porque no he podido
hacer más nada que llorar mientras los recuerdo invaden mi mente —Cubrió su rostro,
volviendo a llorar.

—Kookie fue como la hermosa nieve de un invierno, ¿no? —Murmuró el contrario, apenas
audible— Antes de un soleado verano.

—Esto pasará, ¿verdad, Jiminie? El gran nudo en mi garganta y la opresión en mi pecho que se
forman cada vez que lo recuerdo desaparecerán, ¿cierto?

—Sí.

—Entonces, si es así, ¿por qué sólo recuerdo los viejos tiempos? ¿Por qué lo sigo recordando?
—Alzó su rostro— No lo pude salvar. Le prometí que pronto saldríamos de este lugar e iríamos
a ver la nieve.

— ¿Te sientes culpable de lo que ha pasado?

—Sí, es mi culpa...

—No te culpes tanto, Tae.

—Es si tan sólo yo hubie-

—No llores demasiado. —Interrumpió— No te castigues por mucho tiempo. Pero nunca
olvides lo que pasó.
Kim se quedó meditando las palabras recién dichas por su amigo. Definitivamente Jimin
llegaba a ser el chico más sabio. Era una lástima que el resto pensara que sólo existe en su
mente cuando les contaba sobre él. El resto se perdían de una persona maravillosa.

Desvió su mirada al escritorio donde el joven azabache solía escribir sus más dulces poemas.
Desde que Jungkook falleció no había vuelto a leerlos, ya que aquello significaba desmoronar
cada vez más, lo que restaba, de su lastimado corazón. Tomó asiento en la silla de este,
comenzado a buscar en los cajones. Suspiró, buscando valentía en sí mismo al encontrar en
uno de los cajones las fotografías que se tomaron junto a sus amigos días antes de la tragedia.
Sonrió con melancolía recordando aquel día.

Ese día le prometiste ver la nieve, habló esa voz

Pero, mira, ya no está más contigo, se burló

—Cállate—Escupió la palabra con tosquedad.

Retomó su cometido, volviendo a hurgar en el cajón. Se extrañó al sentir algo al fondo de este,
así que extendiendo un poco más su mano. Se sorprendió al reconocer un pequeño cofre viejo,
de color rosa desgastado cubierto de manchas rojizas con un pequeño candado oxidado que
permanecía abierto.

—Jungkookie, ¿qué es esto? —Murmuró, acariciando con su pulgar el objeto rectangular.

Despojó el pequeño candado, prosiguiendo a abrir el susodicho. Su sorpresa fue aún mayor al
encontrar un sobre que, al igual que el cofre, estaba cubierto de manchas rojizas. Con sus
manos temblorosas tomó el sobre, dejando a un lado el cofre. Estudió con detalle el sobre en
sus manos, encontrándose en una esquina la firma de la persona que más ha amado. Y con un
poco de ansiedad, decidió abrir el sobre, consiguiendo una hoja doblada. La tomó,
comenzando a leerla.

"Hola.

Aquí el chico que ha manchado y destruido a muchos.


No sé quién pueda leer esto realmente. No tengo muchas expectativas.

Te preguntarás de qué se trata esto, ¿no? La respuesta es: solo quiero expresar lo que he
guardado en lo más profundo de mi herido corazón.

No busco comprensión, sólo busco ser oído, en este caso, ser leído.

Tal vez no quieras leer lo que piensa un esquizofrénico "¿qué de bueno puede decir un enfermo
mental?", ¿es ese tu pensamiento? Si no quieres seguir leyendo, eres libre de hacerlo, al fin y al
cabo, no soy nadie para obligarte. Tampoco sé quién está leyendo esto. Pero si tu voluntad es
continuar, lo apreciaré aunque no esté presente.

Antes de ingresar a la clínica, tuve un mejor amigo. Se llamaba Yugyeom. Nunca fui compatible
con el resto, a decir verdad. Pero, cuando conocí a Yugyeom, fui el chico más feliz. Él me
entendía, me amaba, me escuchaba y pasaba la mayor parte del tiempo conmigo sin esperar
nada a cambio. Pero yo no supe algo más de lo superficial sobre él.

Antes de conocerlo me sentía observado y como si alguien murmuraba y me persiguiera, pero,


al conocerlo, me sentí más confiado. Aún sentía todo lo dicho anteriormente, pero
mientras Gyeomie estuviera conmigo, todo estaría bien. Era mi mejor amigo, me conocía hasta
el punto de hacerme añicos cuando se le placiera, pero, yo no lo conocía del todo.

Cuando me percaté de ello decidí hablarlo con él, y me sentí un poco mal cuando comenzó a
llorar diciendo que tenía miedo de contarme sobre sus realidades, pues temía contarme que su
verdadero yo no me agradara. Él era un chico muy dulce y gentil, pero estaba tan herido hasta
el punto que una suave brisa podría romperlo aún más. Lo abracé fuertemente, intentando así
pegar por lo menos un poco las piezas rotas. Desde ese día Gyeomie y yo fuimos más unidos.
No había secretos entre nosotros; conocí su historia.

Luego de meses, papá y mamá volvían de sus viajes en el exterior. Ese día mamá, junto con mi
nana, me vieron hablando con él fuera de casa. Decidí presentarlos.

Yugyeom se mantuvo alegre al momento de saludar a mi nana, pero se limitó a dedicarle una
sonrisa falsa a mamá, en cambio mamá se quedó estática observando, desbordando terror en
sus ojos. Me tomó bruscamente del brazo, llevándome dentro de la casa mientras llamaba a
gritos a papá. Giré, y lo vi aún parado en el mismo sitio sacudiendo su mano de un lado a otro
en modo de despedida y una mueca se formó en sus labios.

Al ingresar dentro de casa papá y mis hermanos, Jonghyuk y Daehyo, se encontraban en


medio de la sala de estar. Estaban alarmados por los recientes gritos de mamá. Ella volteó a
verme, y me dijo que la esperase en la cocina, pues pronto saldríamos luego de que hablara con
papá. La obedecí abandonando la habitación, dirigiéndome hacia la cocina, donde mi nana me
esperaba. Esperé alrededor de quince minutos, en los cuales, por un momento, escuché un
sollozo proveniente de la sala. Cuando quise averiguar que era, mamá entró a la cocina en
compañía de papá. Mamá tenía los ojos hinchados.

Salimos de casa, yendo hacia el auto. Papá se detuvo frente de la casa de mi tío Minyeol, quién
es psiquiatra y administraba las cadenas clínicas de papá. Me pregunté porqué de repente
estábamos allí, pues solemos visitarnos entre sí sólo en celebridades.

Mi tío estaba fuera de su casa y en su mirada era notoria la preocupación. Entramos en su


casa, guiándonos a hacia la sala de estar. Se sentó frente a mí, y comenzó llenarme de
preguntas sobre mi hermano Jonghyuk, mi nana y sobretodo de Yugyeom. Al finalizar conmigo
me pidió que los dejara un momento a solas con mis padres. Accedí, yendo hacia el patio
delantero para poder apreciar su jardín.

Me sentía extrañado, no sabía el hecho de su actitud. Luego de un rato, mis padres salieron
junto con mi tío. Dijeron que querían hacerme un par de exámenes, pero no era algo para
preocuparme. Esa tarde se basó en estar encerrado en la clínica de mis padres haciéndome
miles de estudios. Pero al finalizar el día... Yo no volví a casa.

Mi madre volvía a tener los ojos rojizos y mi padre mantenía su mirada seria. Me citaron en la
oficina de mi tío, y créeme, entrar ahí pensé, en ese momento, que fue lo peor de mi vida. Es
extraordinario como tu vida cambia de un segundo a otro, moviendo piezas inconsciente y
estratégicamente.

"Tu amigo Yugyeom del que tanto hablas, no existe. La nana de la que hablas que prepara la
mejor comida y te dedica la atención necesaria desde que eras un niño, no existe. Tu supuesto
hermano Jonghyuk tampoco existe. Solo tienes una hermana; Jeon Daehyo. Kookie, pequeño
tienes esquizofrenia. Tus padres siempre observaron una actitud atípica en ti, pero esto lo ha
confirmado aún más. A partir de ahora serás ingresado de inmediato en la clínica psiquiátrica
de tu padre para recibir las terapias y atención necesaria para tu estabilidad. Tranquilo,
intentaremos que esta noche sea lo más grato, ya mañana solucionaremos el tema de tu
habitación. Pero quiero que sepas que el primer paso positivo en todo esto, es que aceptes tu
trastorno y dejes que seas ayudado" Esas fueron las palabras de mi adorado tío Minyeol.

¿La persona que siempre me escuchó no existe? ¿Mi hermano no existe?

En ese momento mi mundo se vino abajo, ¿pero qué mundo? ¿Uno donde mi mente me
domina?

Vi a mamá; volvía a llorar. Papá evitaba mi mirada. Luego de ese día, me quedé en esta clínica
que se ha convirtió en mi nuevo hogar. Luego de permanecer años entre la sociedad, y de un
día a otro estuve encerrado y me demostraron que tengo un grave trastorno, el cual debía
aprender a controlar por si quería volver a ver a mi familia.

Los primeros días fueron horribles, de un lado a otro entre estudios, consultas médicas y
cientos de terapias. Efectivamente, mis padres se encargaron de que tuviera la mejor
habitación y trato de la clínica. Mi estabilidad en ese entonces estaba a lo lejos de relacionarse
con la normalidad en la que solía vivir. Y, como si fuese poco, las enfermeras murmuraban lo
suficiente audible como para que me enterase que todos en el país se habían enterado de la
internación psiquiátrica del pequeño Jeon, y mi historia se encontraba en cada noticiero y en
cada periódico del país.

Cuando me enteré de ello, me fue inevitable no llorar. Necesitaba a alguien para hablar, y las
personas que me parecían correctas para hablarlo, no existen. Yugyeom, mi Gyeomie, ya no
está en mi mente gracias a los medicamentos recetados.

Por un tiempo me encerré en mi habitación para no tener contacto con ningún otro paciente y
me aferraba a los tratamientos. Por un tiempo dejé de tomar mis medicamentos para volver a
verlo. Y en efecto, lo volví a ver.
Ahí estaba él para escucharme nuevamente. Le conté que lo había extrañado como nada, y
ahora me dedicaría a ello para poder estar con él Pero se rehusó a esa idea, y sin más se fue. La
persona que tanto amé se fue, y jamás la volví a ver.

Depresión. Ese fue mi estado. Estuve deprimido por varias semanas. Mi familia me aisló del
resto. Ni papá ni mamá me visitaron. Manche el apellido de la familia. Todo había dejado de
tener importancia; todo se había vuelto tan oscuro y quebradizo en mi vida.

Me odié a mí mismo, odie el mundo y tuve un poco de miedo de ver el más allá, porque, ¿acaso
un enfermo mental tiene futuro alguno? En ese punto, la vida ya no parecía tan hermosa como
los describía en mis poemas o en mis películas favoritas. Pero una tarde pude ver un poco de
luz.

Esperaba que mi nueva psiquiatra me atendiera, ya que mi tío no se encontraba en el país.


Estaba sentado frente la puerta, y de pronto un chico alto, cabello rubio y el rostro más
precioso del mundo, se sentó a mi lado. Sentí su mirada sobre mí, pero intenté evitarla.
Pasaron minutos, cuando sentí un pequeño golpeteo en mi hombro. Voltee, estaba el mismo
chico sonriendo para mí. Su sonrisa geométrica me atrapó. Se presentó, su nombre grabándose
en mi mente: Kim Taehyung. De pronto una pequeña conversación incómoda tomó un rumbo a
una más extensa, aprovechando cada segundo para seguir hablando.

El chico, al igual que yo, padece de esquizofrenia. Me invitó a pasar un poco tiempo esa tarde
con él y otros internos. Accedí a ello. Quise estabilizarme en aquel lugar. Sin duda alguna,
aceptar aquello, fue lo mejor que me ha pasado. Esa tarde conocí a tres maravillosos chicos, sin
duda.

Cuando los conocí, me sentí vivo de nuevo, volví a respirar, todo volvió a tener sentido, soñé
con una recuperación, haber ensuciado la reputación de los Jeon dejó de importarme. Soñé en
grande y hasta volví a amarme como era. Sabes, puede que no sea perfecto, pero noté que
puedo amarme de una manera hermosa aún con mis imperfecciones.

Sentí que todo lo malo tuvo un gran cometido, gracias a ello viví como nunca antes. También
sentí miedo, miedo de que todo esto no fuese real, pero envié todo eso directo al vacío; decidí
arriesgarme.
En esos momentos esperé que, aunque sólo existe en mi mente, Gyeomie esté bien. A esa
pequeña persona que mi mente creó, le quiero dedicar estas palabras: Hey, Browny, soy feliz,
tengo amigos y ya he aprendido a amarme, ¿estás orgulloso de mí? Espero tú sí puedas
alcanzar el cielo sea donde sea que estés.

Pero de pronto un día todo se desvaneció, así como él, de pronto desapareció. Y mi mayor
miedo se hizo presenciar.

Mi consulta psiquiátrica fue cancelada, ya que mi tío junto a mis especialistas personales
tendrían una junta para debatir mi estabilidad. Rogué para que de alguna forma hubiese
avanzado en algo, pero me dolía que si aquello fuese de esa manera, ya no estaría con los
chicos.

Mi tío solicitó mi presencia en la junta. Entré, todos tenían sus miradas clavadas en mí. Tomé
asiento y encaré a mi tío. Me sentí nervioso, y mis labios ya comenzaban a lastimarse de tanto
morderlos. Mi tío comenzó a hablar, y Dios, en ese momento sentí mil puñaladas en mi
corazón.

"Sabes, la vida no es para todos, Jungkook" comentó la psiquiatra.

¿Qué hace una persona como yo en este mundo...?

Concuerdo exactamente con ella, dijo esa voz en mi cabeza

De nuevo mi mundo inexistente chocó contra la realidad. Nunca negué mi esquizofrenia, pero
en ese momento quise pensar de ese modo. De pronto recordé que no tomaba mis
medicamentos con frecuencia, y siempre que hacia eso, podía seguir junto a mis amigos. Y ahí,
justo ahí, caí en lo que llaman realidad; mis amigos tampoco existen.

Me exasperé como nunca. Grité y mi llanto ascendía cada vez más. Las enfermeras me
tomaron de los brazos, y pude distinguir a mi tío con una ampolla. Luego de eso, sentí una
punzada en mi cuello, mi cuerpo sintiéndose más débil hasta caer en un profundo sueño.
Desperté, no sabiendo cuánto tiempo había pasado, pero me encontraba en mi habitación.
Intenté salir, pero la puerta estaba cerrada. Golpeé intentando librar un poco mi ira. Las
enfermeras llegaron, colocándome una camisa de fuerza y de nuevo, la misma punzada en mi
cuello. Nuevamente, estuve días encerrado en mi habitación, y claro; nadie vino a verme.

Entonces fue ahí cuando la ira ocasionó que incluso lo correcto se sintiese insoportable.

Ya no le vi sentido al mundo...

Así como el atardecer interminable que tanto describían en mis historias favoritas, todo
comenzó a oscurecer; igual que yo. Mis imperfecciones volvieron a atacarme, y ya no me sentí
amado por mí; mi corazón comenzó a nublarse.

¿Por qué no puedo sentir sus corazones ahora?

¿Por qué ya no están en mi mente?

¿Por qué no me están escuchando?

¿Por qué se alejan de mí?

Taehyung prometió sacarme de aquel lugar luego de que nos recuperáramos, e iríamos a ver la
nieve; juntos. Pero él no existe. Él sólo está en mi mente.

Así que, las cosas lindas en este mundo también tienen fecha de expiración.

Pañuelos sucios, oscuridad, una habitación solitaria, inseguridades, problemas de confianza,


pequeñas voces horribles en mi cabeza, una cama de madera polvorienta, secretos, sangre,
pérdida de peso, ninguna expectativa, las personas que no puedo ver.

Amar a esos chicos fue libre, salvaje, dulce, sereno. Amarlos fue ver la luz del sol; un lindo lugar
estable para vivir a salvo, pero amarlos atrajo consecuencias.

Cuando no hay una buena razón para quedarse sólo quedan buenas razones para irse...

Esos chicos fueron el tiempo adecuado, en el momento adecuado.


Cada uno de ellos me dio una razón para seguir viviendo, ya que ellos son los tres trastornos
más hermosos que he conocido. Cada uno me enseñó a luchar un poco más, y así mi vida fue
avanzando. Pero luego de eso mis tres trastornos al igual que se convirtieron en mi todo, se
convirtieron en mi nada

Por mis tres trastornos aprendí a vivir y a morir.

Namjoon; el chico de tez morena que padecía de bipolaridad con sólo dos estados de ánimos
frecuentes. A pesar de las veces que su enojo se entrelaza con el trastorno explosivo
intermitente, me enseñaste que un poco de resentimiento, no hace mal. Para mí, era el chico
más inteligente y dulce del mundo. Lástima que sea en mi mundo donde permaneció.

Yoongi; su depresión que se unía con la ansiedad, y a la vez con su fobia social. Pero a pesar de
ello, pudo disfrutar cada momento al máximo, sin tener que estar expuesto al exterior. Ese
chico me enseñó que la tristeza es la llave para el futuro amor propio.

Y por último, mi amor platónico; él me ha enseñado que la esquizofrenia crea a las mejores
personas, aunque sólo puedan estar en tu mente. Y un mundo ficticio, sólo a veces, eres capaz
de disfrutarlo por ese instante. Un poco de demencia, no es malo para nadie. Y a decir verdad,
aquel chico, cuyo nombre es Kim Taehyung, sólo pudo ocasionar que cayera de cabeza en el
amor.

Por favor, no me juzgues. Sólo di que lo he hecho bien, aunque no lo creas así, quiero pensar en
eso.

Gracias por leerme.

Se despide un perdido y trastornado Jeon Jungkook. "

—Kookie...—Sollozó—Estoy aquí, Jungkookie. Estuve ahí, ¿acaso no pudiste verme?— Inhaló y


exhaló, intentando respirar de una manera menos errática— Yo existo, no soy producto de tu
imaginación. Esos chicos, aunque sólo sean producto de nuestro trastorno, podíamos haber
disfrutado de aquello, cariño…
Ellos se fueron, él también, ¿qué haces aquí?

— ¡Cállate! —Gritó exasperado— ¡Tú no existe! ¡Tú estás en mi mente!

Puedo controlarte cuando quiera

—Tú no pu-puedes hacer eso —Sollozo frenéticamente—Tú solo estás en mi mente, so-

Das un poco de lástima, ¡así que te compensaré! El amiguito de tu querido Jungkookie,


Yugyeom, fue su esquizofrenia que se hizo presenciar al exterior para poder conocerlo y jugar
un poco más con él. Triste, ¿no?

— ¡Eso no es cierto!—El enojo se estaba haciendo presenciar.

Me temo que sí, amigo

De pronto las enfermeras entraron alarmadas, mientras Taehyung era arrastrado a su


habitación para luego inyectarle una dosis de olanzapina.

Entonces, en ese momento, la muerte le preguntó a la vida: — ¿Por qué todos te aman y a mí,
aunque a veces sea la solución de muchos, sólo me odian?

Y la vida respondió: —Porque tú eres la triste realidad y yo una perfecta mentira.

Las personas dicen que la vida sigue, pero para Kim Taehyung la vida no sigue, sólo pasan los
días. Y él también concordó con la psiquiatra de Jungkook; la vida no es para todos.

Fueron dos chicos amándose en el tiempo y momento indicado, pero con un desafortunado
camino; fueron dos chicos completamente enamorados con consecuencias mentales.