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Zona dark

Destruye lo que odias, no digas lo que ellos quieren


escuchar. Esto es muy sencillo.
Miguel Ángel Vidal (Voz Propia)

Lo último que quiero es ser respetable o que me consideren


un gran instrumentista. Yo trabajo con emociones.
Jimmy Page
I
Vidas ejemplares
PARADOJA

Todo hombre bueno tiene dos ojos como dos peces


naufragando en un grueso mar de lentes atónitas
Todo hombre bueno tiene una boca entreabierta
de la que se descuelgan (como hilos de baba
–pero con sorprendente regularidad–)
consejos y consejos y consejos
Pero lo más repugnante de todo
es que cada hombre bueno tiene dos manos húmedas
que lo auxilian en la emotiva tarea
de ganarse a alguna pobre criatura pecadora
mojándole la frente o las manos respectivas
con su bondadosísima transpiración
Y así todo hombre bueno genera –oh paradoja–
precisamente aquello que quiere destruir:
las más bajas pasiones, el odio más siniestro.
VIDAS EJEMPLARES

Tú eras
el que nunca escribió nada
en las paredes del ñoba
ni jugó (como los otros)
a mojar los cristales (ya sabes cómo),
el de los veintes en conducta.
Tu tragedia fue no poder
formar parte de la escolta del plantel,
por no dar la talla ni tener la pinta.
En compensación hiciste
cinco poemas patrióticos
que te valieron una medallita
en los juegos florales, y el mismo director
te felicitó en público.
Tú eres
aún el de los veintes en conducta,
el irreprochable ciudadano
que, cerca ya del día de su jubilación,
siente de pronto una increíble duda
y se pregunta si quiso este destino:
unos hijos en CESCA, otro en la FAP,
una mujer que tiñe
de rojo sus cabellos blancos
(y no precisamente por amor
a los símbolos patrios).
Tú eres
el que ahora sonríe tontamente al vacío,
con su viejo futuro de gloria de su barrio
hundido en su pasado de chancón –primer puesto
del colegio estatal N° 007892–.
II

Este personaje murió una mala noche


en que todos los dioses estuvieron borrachos.
Murió en su ley, tras haberse bebido
novecientas botellas de Cienfuegos
y habiéndose fumado por lo menos
novecientos mil palos en especies.
Tuvo tiempo de quitarse la ropa
ante docenas de ojos estupefactos:
“Miren, señores”, dijo, y con un gesto
veloz tuvo sus prendas a sus pies
(ah qué placer el desnudarse así,
como una carcajada súbita e impoluta).
No era jueves ni había un aguacero
y murió sin pedir perdón a nadie
y sin arrepentirse de sus culpas.
Murió en su ley, golpeando sus neuronas
con el metal pesado –su gran vicio–.
III

Verdaderamente es triste cómo todos te lornean,


oh detritus viviente. Da gracias porque aquí
no hay espejos que reflejen tus ojos inyectados,
las fofas carnes de tu decadencia. Pero
bien sé que en tu mirada embrutecida
he vislumbrado tu viejo secreto.
Dentro de ti, amargamente ríes
de todos los desprecios, y sonríes
de que no nos hayamos dado cuenta.
Te sabes algo más que un sucio bebedor
que se arrastra por tabernas infectas
entre un leproso mar de escupitajos.
Te sabes ante todo una existencia única,
milagrosa como un
instante de placer.
VEGETACIÓN MIRAFLORINA
(Los ricos también lloran)

Feas en su belleza uniforme pasean


con ropas relucientes a la última moda
Bajo el sol, el chillón
color de sus cabellos
es aún más amarillo
–ciegan, qué duda cabe–
Los suyos les darán
lógicos matrimonios,
planificadas vidas, besos planificados
Caerán los años sobre su bronceada
desnudez sin poesía
Envejecerán en medio de sus baños
sauna y de sus aeróbicos
Y un día enfrentarán en silencio el espejo
y clavarán sus ojos en los ojos de vidrio
Y ya será muy tarde para abrirlos
CRIOLLAZO

A mí nadie me da orégano cuando bajo a comprar


grifa
nadie me marca los naipes nadie me carga los
dados nadie me mete la mano
A un gesto mío los zambos del billar cogen mi saco
me arremangan la camisa me lustran los zapatos
con la lengua
Soy el criollo bacán, el que hace las carambolas
Soy un hombre, y a mi paso todas las hembras se
arrechan
A mí cuando me dejo caer de madrugada
por la Victoria nadie me hincha los huevos
Ningún cholo me jode, porque yo soy el men
A esta loquita impúdica y alcohólica y viciosa
que se cree muy viva porque bebe en mi costa
me la tiro esta noche
A mí no hay hembra que se me resista
Y nadie me ve la cara, porque yo no creo en nadie
Ni en mí ni en los demás; por nada ni por nadie
muevo un dedo
De la necesidad hago virtud, a las humillaciones
forzosas llamo astucias,
triunfo de mi fracaso río de mi vergüenza sé que
sólo los lornas se rebelan,
que para rebelarse hay que tomar en serio alguna
cosa –lo cual siempre es ridículo–
Que este mundo se quede como está, para que
vivan
los que en él a su orgullo le hacen un agujero
confortable
con vista panorámica
Yo soy el que puede chupar y joder cuando y
cuanto quiera
Soy el criollo bacán, la risa en la oscuridad, la
negación de la risa, la sombra sin el asombro
Soy el criollo bacán, el tiro por la culata, la moneda
de tres caras, el gato en vez de la liebre
II
Martes 13
CONFITEOR, DOMINE

Oh, nosotros tenemos que trivializarlo todo,


ustedes saben
para qué malgastar miradas demasiado profundas
en las cosas
yo no he nacido para que me tomen el pelo
si veo a una mujer echo mano a sus senos
bruscamente arremeto
contra su pelvis no me importa si tiene la nariz
corta o larga si sus ojos están
abiertos o cerrados: yo he aprendido a tomar las
cosas por asalto
–nadie, sobre todo, tiene que sospechar que detrás
de mis párpados
hay algo más que lánguidas y frías piscinas de lujo
empapadas de cloro antiséptico
nadie debe creer ni aun por un segundo que allí
detrás hay algo sin corazas ni murallas,
una trémula carne que en el fondo es quien lleva
mi nombre y roba mis sentidos para ponerlos
en mis debilidades,
en la mujer que ansío, y a la que odio–
(Oh ritmos sincopados bien sabe dios que es cierto
que detrás de estas manos
que sostienen con fuerza y elegancia las cosas en su
sitio y detrás de estos labios
hechos a la medida de cualquier carcajada
está esa cosa débil, frágil, trémula, húmeda, esa
maldición capaz de agua y de fuego)
MARTES 13

Aquí paseando
Gris puñado de polvo
Esputo de la noche primordial

Aquí, paseando
sin futuro, presente ni pasado
contemplando los dientes de Beethoven
sobre la cabecera de mi cama

Con la Muerte como única certeza


con la vida royéndome la entraña de los nervios
con la fiebre sobreesdrújula del alfabeto Ludwing
van
En los dominios del Eros-Tánatos y con mi
hambriento animal cómplice
cual pálido asesino en la entrepierna

Sabiendo hasta el hastío


que la vida no vale ni el precio de una rata
que no hay ni un mandamiento respetable
y que es mejor fundirse en el nirvana
del caos sensorial

Aquí, paseando
como un león enjaulado
–huelga de micros–
Los cuatro muros de mi biblioteca,
ron y tabaco
EL COBARDE

Aquel cuyos ojos tienen el frío oceánico


de la frente translúcida,
cuya tibia sonrisa se diluye
en el frío de todo, temblorosa,
de cuyo cada gesto se desprende
la humedad de la nieve de la entraña,
luz sobrenatural que lo estremece
de temor a sí mismo.
Dice a los que hablan ante su sonrisa:
“¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Cuidado!”
Aquel que se arrodilla ante el futuro
y ante las nubes diurnas y nocturnas.
Ah, la angustia.
Aura polar que envuelva cada gesto.
“Tenemos frío de las olas muertas,
tenemos, oh Señor, tenemos frío”,
dice. Acostumbra reír en la penumbra.
Dice a sus pájaros, los que le acompañan
en el oscuro frío de su celda
(y mientras a sus patas ata cintas
prudentes que controlen la distancia):
“Queriditos, no vayan muy lejos
(los tengo atados ya), porque afuera hace miedo”.
Ay, ay, ay, ay.
III
LA MÁS RAYADA
LA MÁS RAYADA

En una ciudad como ésta,


con una prostituta en cada esquina
donde el deber le manda estar de pie,
Una ciudad como una prostituta,
donde basura y moscas son por definición
imprescindibles,
Una ciudad babeada por los lobos
de miradas voraces que inoculan
sus inyectadas venas en las venas,
Es imposible la incontaminación:
cada ojo y palabra y cada tacto
envilece al objeto del deseo,
que tiene sólo 2 alternativas:
Ponerse en manos de toda esa jauría
–beber como quien vive, vivir como quien bebe
(la humanidad no deja morir de hambre
a una mujer hermosa –dijo Miller
(¿o no fue Miller? Cabe
tal posibilidad a título de hipótesis
–verificable en la realidad empírica
(ésta es la base del método científico
–¡larga vida a la ciencia!–)–)–)–
O, si no,
a impulsos de una súbita cólera sacrosanta,
alzar los brazos en medio de la plaza,
en plan Savonarola ––Girólamo mi hermano
a través de los siglos– y un poco también como
Agustín de Hipona –mi maestro en el tiempo–,
que abandonó la crápula para abrazar la ascesis
HERMANOS MIS HERMANOS decir EL INFIERNO ESTÁ PRÓXIMO
NOVEISACASOELFUEGOENELCANDENTEASFALTO
LASLLAMARADASGRISESELEVARSEENELHUMO
ELHORRORDELOSCARROSDEHIRVIENTEDENTADURA
Y la diosa LOCURA en cada esquina,
DEGRADANDO AL ESPÍRITU Y PERDIÉNDOLO en densos
abismos, y en las letrassinuosasdelascalles
Todoslosmovimientosdelinstinto
ETC.
Revisando, en verdad hay 3 alternativas:
1) abandonocínico 2) furormístico 3) 1 y 2
Esta última es la más rayada.
ARREPENTIOS

Suenan las campanas


llamando a las almas
¡Arrepentíos!¡A-rre-pen-tí-os!

De noche en San Felipe


las altas torres de cálidas ventanas
son los astros burgueses
del viejo paraíso de la infancia

Los vientos
destruyen el camino previsto en carcajadas
de cometas humanas

De madrugada
las flores del laurel se desmayaban
Su olor aún llenaba
los espacios

Lacios
perros de troncos pálidos
husmean la mañana
de las sábanas

El frío
La noche consumada
En la iglesia cercana
suenan las campanas
llamando a las almas

Ellas separan
la turba pecadora
(quieta y pálida,
sola)
de la santa,
bendita caravana

Ellas separan
al frío del caliente
al caliente del frío
¡Arrepentíos!

Ellas separan
lo mío de lo tuyo
lo tuyo de lo mío
los cuerpos de los cuerpos
las almas de las almas

Volved pródigos hijos


al cobijo
de la eterna campana
inmaculada
Volved pálidos hijos
pecadores

Las flores
agonizan de frío
Arrepentíos
CIRCE

Parias con nuestra sangre han comprado los


hombres
sus altas torres donde se guarecen
de vicios ancestrales
Somos las malas sombras de sus noches
Como extranjeros son en sus propias ciudades:
la vida que hay en ellas es la nuestra
porque para nosotros es que brillan las luces
y anuncia sus caminos el cemento
Para vivir jamás pedí permiso
para morir tampoco
y nunca me arrepiento de mis actos
Parias la fealdad de sus vidas compradas
de su legalidad y de su hastío
doblará sus espaldas arrugará sus frentes
Cuando no sirvan más los dejarán los suyos
al borde de una zanja como engranajes rotos
Los desprecio y desprecio su desprecio
Mi orgullo es alto como mis caderas
Lo alimenta el respeto de mis bestias,
mis animales bajo mis caricias
Ellos son mis hermanos / Los hombres no me
importan
Morirán como mueren los esclavos
Yo seré interminable
SPLEEN

Preguntándome qué hice en estos veinte años te


encontré en mi memoria
Recuerdo que en verdad te enseñé algunas cosas
En el fondo eras dócil, con tus cabellos como los
de un perro
Aprendiste sin que me diera cuenta mi odio contra
la “ye”
y mi predilección por la “y griega”
Llegaste a sublevarte más que yo cuando
escuchabas “ye”
Soltabas frases como
“Es de esos tipos que dicen ‘ye’ en lugar de ‘y
griega’”,
dejándome sin palabras en la boca y con una
sonrisa en el cerebro
Aprendiste sin que me diera cuenta todos mis
vicios y mis debilidades
Con alarmante facilidad bebías los más falaces de
mis pensamientos,
como, por ejemplo: “El esplendor de la noche
presente
me prueba que hay un dios detrás de toda la
naturaleza”,
idea que más tarde repetías, lanzándome
una sonrisa y una mirada cómplices
que me provocaban cierto remordimiento
por fomentar en ti esa vocación anticientífica
Pero ahora no entiendo por qué mi permanente
sentimiento de culpa,
cuando quizá nadie como yo te dio tanto sin pedir
nada a cambio
(porque, en verdad, jamás te pedí nada,
ni tu amor, ni tu comprensión, ni tu compañía).
IV
PETER PUNK
LA METAMORFOSIS

Una mañana Gregorio Samsa se despertó y vio que


sus manos
ya no eran de carne y hueso sino precarios recortes
de papel. Acobardado,
quiso retener con ellas lo último de noche que
quedaba,
para evitar el día inevitable, el vil enfrentamiento
con sus viejos y con
todo el resto del género humano, pero eran
inútiles recortes de papel. Quiso lavarse la cara,
peinar la caballera, que le daba
un aspecto feroz, pero temió mojarlas y perderlas,
a esas tristes miserias, su único tesoro.
Quiso llamar a alguien, mas se dijo
yo ya no tengo hermanos, mis hermanos
ya no son mis hermanos. Entonces vio,
pegados al cristal de la ventana
que tenía a un costado de su lecho,
manos que un día fueron carne y hueso,
rostros de seres que fueron humanos.
Entonces comprendió. “Somos los desterrados
de la vida”, se dijo, apartando las sábanas,
se levantó del lecho, abrió la puerta,
salió a la madrugada ensombrecida.
Afuera, aquellos hombres de manos de papel
le volvieron la espalda, para huir con la noche
de aquel lugar en el que amanecía.
Samsa empezó a seguirlos; sin volver
la mirada hacia atrás, sabiendo que sería
inútil todo adiós, se adentro en la humedad
de las últimas sombras, abandonó la luz
de los días futuros, abandonó la casa
paterna,
para siempre.
ELECTROSHOCK

Osea, en un electroshock hay harta poesía


Yo no computo aún por qué nadie le ha escrito un
poema al electroshock
Al principio, claro, es una mierda, pero todo
principio es una mierda
la primera vez que lo haces, por ejemplo, cuando
eres hembrague
o la primera vez que te zambulles desde el
trampolín en una piscina
Inclusive, piensa en el infierno: al principio debe
ser insoportable
ese incendio eterno que jamás se consume para que
tu dolor sea infinito
pero luego tiene que ser bacán moverte
indestructible en todas esas llamas
sorprendentes,
lenguas de fuego de textura incógnita igual que un
baño de cristales rojos
Y, si lo piensas bien, en el fondo el infierno debe
de ser lo más `placentero del mundo
Entonces, yo te digo que un electroshock es tan
placentero como el mismo infierno
El primer momento es espantoso: sentir cómo te
están separando tus huesos hasta hacerte
perder tu forma humana
o cómo te destruye poco a poco por dentro una
fuerza sin cara
Pero luego detienes tu consciencia, una vez que ya
estás adentro de la cosa
Primero es como si una serie de telones que nunca
habían sido levantados
se empezaran a alzar en tu cerebro, igual que en
un teatro que al mismo tiempo fuera muchos
otros teatros sucesivos
–si bien estos telones no son rojos, sino de un
azul furiosamente rojo,
y su tacto no es el del terciopelo, sino helado y
marítimo, como el de una malagua de
ultratumba–
Entonces te comienza a parecer que los límites de
tu caja craneana son los límites del Cielo y
de la Tierra
y tus ojos se estiran sin romperse hasta llegar al
borde superior de todo el universo conocido
–osea, hasta la punta de tu frente–
Ta que en ese momento tienes omnipotencia,
omniprescencia, todas esas huevadas
teológicas
Si dices fiat lux, te apuesto plata a que la luz se
hace
Y eso hice yo, pues, Adán, entre otras muchas
cosas–tú, por ejemplo–
BIGOTES BIGOTES BIGOTES

Unas beatas salen de su misa con la actitud sumisa


de su misa
Un buen hombre pasea con su pequeño hijo por
estas largas calles de Perú
deben hallar algún placer en ser virtuosos
placer que jamás sacie y que jamás fatigue –como
el vicio–
La virtud es otro vicio más para alegrar
nuestras pequeñas vidas codiciosas
Nuestras jóvenes vidas codiciosas
Ay, hermanos humanos, criaturitas del señor,
animalitos incomprensivos, sin imaginación para la
muerte:
Camino sola porque me apetece
SOLAzarme en la contemplación de nuestro cosmos
nuestro querido y pequeño planetita
¿CUÁL ES EL ARXÉ DE LA PHYSIS?
FRIEDRICH NIETZSCHE TENÍA UNOS BIGOTES
RIDÍCULOS EN SENTIDO ABSOLUTO
LOVE STORY

Ojos negros
piel canela
que me llegan-a-de-ses-pe-rar
Me-hinpor-tastú
ytú-ytú
ysolamén-tetú
ytú-ytú
Me-hinpor-tastú
ytú-ytú
y nadie más que tuuuuuuuuuu
Ojos negros
piel ca Q.E.P.D.
y D.D:G.
MONTSERRAT ALVAREZ
(1969-1989)
SIC TRANSIT
GLORIA MUNDI
“¡Ay pobrecita”
“En el fondo era buena chica”
“Ké desperdizio”.
V
PQRST
PETER PUNK

Peter Punk te espera detrás de las esquinas


–en cualquier esquina, esta misma noche–
para mostrarte su miembro mientras ríe a carcajadas
y un relámpago de gozo se desmaya en su cerebro
Él no tiene futuro ni responsabilidades
sólo goza y se abandona en los brazos de su madre,
esta gran prostituta que es la ciudad de Lima
Ella lo pisotea con el mayor desprecio
pero él sigue aferrado a su fláccido seno
Él la odia y la ama y la busca en su pasado,
donde no tiene futuro ni responsabilidades
(hace ya más de treinta años que no tiene nada de
eso)
Yo lo conozco bien, tú también lo conoces
se nutre del veneno que las calles le ofrecen
y luego lo vomita y blasfema y maldice
Madre, tú amaste mucho a este pobre hijo débil,
lo amaste demasiado, al más débil de todos,
que una noche esperó tu regreso detrás
de aquella esquina con su chaveta implacable
y la clavó en tu cuerpo con rencor y con odio
La clavó trece veces en tu pálida sangre,
con odio y con amor, riendo a carcajadas
–oh placer infinito–. Recemos por su alma.
NO EXISTEN

NO EXISTEN FILÓSOFOS ESCÉPTICOS –magister


dixit–
LOS ESCÉPTICOS ESTÁN EN LAS TABERNAS Y EN
LOS BARES
Así decía PQRST, joven catedrático,
una tarde de abril de 1999
Ah qué vida ésta
OYE KANT EN QUË TE BASAS PARA DECIR QUE
EXISTE ALGO QUE NO SE PUEDE CONOCER
¿KÓMO KONOCES, CAN’T, LO INCOGNOSCIBLE?
KÉ noúmeno ni noúmeno
SÓCRATES ERA UN REO
ESOPO ERA UN ESCLAVO
DIÓGENES UN MENDIGO
Ah qué vida ésta
Llorar abrazados al cuello de los caballos
lágrimas sifilíticas
Retorcer el pescuezo de los pollos,
EL PESCUEZO DE LOS JÓVENES POLLOS,
cocinados desde niños en la muerte
Ah qué vida ésta
YA SE ACABÓ LA FILOSOFÍA MODERNA
Caminar con las piernas y pulmones,
agotar los oxígenos y espacios
Caminar abrazados a los pollos,
pEdir pERdÓn en NoMbRe dE la EsPeciE
Ah qué vida ésta
YA SE TERMINÓ LA FILOSOFÍA
ya se terminó
la filosofía
¡YA! / Hemos terminado
Nos vamos
El último –ese último último– el último apaga
LA LUZ
DE OCULO DEI

El ojo de Dios se halla encerrado en un triángulo


rectángulo
y a la vez equilátero
de cada uno de cuyos vértices parte una recta
luminosa
que se prolonga hasta el infinito y no se curva en
ningún punto del espacio
la suma de los cuadrados de sus catetos no es
concebible para mente humana,
pues va más allá del cero y es la nada de la nada
Mas no se identifica en modo alguno
con el infinito al que se expande la mirada que
encierra esta figura
Y tal suma NO es igual al cuadrado de su
hipotenusa,
sino a su negación y a su no-negación
Y los tres puntos que están en sus vértices
no crean el plano de los pitagóricos
sino que inconcebible–
mente hacen el sólido
pues se hallan bañados en la atmósfera
impronunciable del ojo de Dios
Y las legañas del ojo de Dios,
verdes y acuosas, bañan los espacios
diurnos y nocturnos de los sesos
de los matemáticos –¡verdadera sopa!–
Y también de los de algún profano
que no tiene otra vinculación con el NÚMERO
que la audición geométrica de las obras de Bach
como cerveza que, pesadamente, se derrama
bañando el cosmos con su arquitectura
Y –¡OH DICHA! OH BIENAVENTURANZA!–
estas legañas del ojo de Dios
no son sino la sustancia sagrada
que integra los espíritus individuales
con el Motor primero de la cosas
Y sus manifestaciones en el NúmerO y la MúSicA
son más sagradas que las intocables
vacas que los hindúes acarician en secreto,
cuando no hay nadie viéndolos que pueda
condenarlos
EL OTRO DÍA

El otro día, cuando estaba paseando,


vi ante mí un ancho campo ajedrezado
que se extendía aceleradamente
hacia el horizontal confín de aquella tarde
¡Qué bello monumento a la geometría!
Al igual que un imán, la mirada atraía
la feliz alternancia de colores que cubría
todo el gentil trazado de aquella gran cuadrícula
Y justamente me estaba preguntando
quién sería el autor de esa obra colosal
que se perdía de vista por sus cuatros costados,
cuando vi a un feo anciano que arrastraba un costal
de grandes dimensiones y en extremo pesado
–“¡Buenas noches!” –le dije, pues ya se había
ocultado
el sol hacía un buen rato–
Por cierto, lo que hacía me extrañó de inmediato,
porque todas las estatuas que sacaba del costal
eran demasiado grandes para haber salido de él
–y cada una de ellas era una ficha de ajedrez–
El viejo con paciencia las iba colocando
en cada casillero, y el peón más pequeño
duplicaba en altura a cualquier ser humano
Entonces me invadió un mal presentimiento
y hubiera preferido estar lejos de allí
(por ejemplo, tomando un café en el Haití)
y hubiera preferido no haber sabido nunca
(o mejor una sangría en la calle de las pizzas)
de la existencia de ese gran tablero
de negro césped que estaba contemplando
Pero antes de irme, por amabilidad,
le pregunté al anciano: “Y ¿cuando es la partida?”
Y el respondió: “Cuando haya terminado
de colocar las fichas”
Di media vuelta y, mientras me alejaba,
no pude evitar preguntarle, sin verle:
“¿Y si mueres dejando tu trabajo pendiente?”
Y el rió: “Lo acabará
cualquier otro sirviente”
Por eso ahora, cuando veo a dos hombres
ante un tablero, pienso en aquel anciano
y me pregunto cuánto falta ya
para que el último peón haya sido colocado
(pero, en el fondo, no me importa demasiado)
GG

A la pirámide le quito una de sus bases


que es, precisamente, el elemento de este suelo
terráqueo
Al trifronte Dios gigante le quito uno de sus ojos
que es el astro nuclear de estos suelos perecibles
Al mono yo le quito sus pelos al buey su yunta
Porque todas las cosas se derraman en una sola de
todas las direcciones posibles,
y porque todo puede ser suprimido sin alterar su
condición efímera,
en la perfecta asepsia encontraré mi centro
en la perfecta insipidez en la precisa-a/niquilación
En la perfecta asepsia encontraré mi centro
en la perfecta insipidez en la precisa-a/niquilación
En la ferp ecta sep siam
fecta pidez niqui lación
GGG
VI
LA VERDAD
CAÍN ARREPENTIDO

“Compartid vuestro pan”: ¡cuánta mentira!


Yo no compartiría mi pan con nadie y,
lejos de los hombres,
furtivamente, lo devoraría.
¿Dónde podré esconderme de los hombres? Lejos
de ellos
seguiría escuchando sus voces, y sus pasos,
aun fuera de su alcance, aproximarse a mí.
No valgo nada, bien lo sabéis, no valgo nada. Pero
considerad
que cada día lloro por mis culpas, aunque ya he olvidado
dónde y cuándo pequé, y en qué manera, y no sé
qué dios es este oscuro señor que me castiga
con el miedo, el dolor y la vergüenza.
¿Qué dios será mi dios, qué dios será
el dios de la miseria, del odio, del horror?
Sólo sé que mi culpa no merece
Ni un dios que la castigue.

II

Señor desconocido, Tú te ocultas


en la altura, en las sombras, en la noche.
Quizá eres tenebroso, mas ¿qué importa?
Cien veces más oscuro es mi pecado.
Quizá eres cruel, pero ¿qué importa eso
si se alzan tus altares entre nubes pomposas?
Quizá eres implacable. ¡Qué me importa,
si hay justicia en tu mano, si en tu ira
está mi absolución!
III

Oh Señor, no te alejes
de mí, no me abandones
en esta soledad, en estos negros,
helados, hondos `pozos,
en medio de estos huecos jeroglíficos
que me interpelan, que mi nombre saben.
Yo no he crecido nunca. No podría
caminar sin Tu mano. Que Tu mano me guíe en
este caos
donde todas las voces son el mismo silencio,
donde mis ojos ven mi crimen cada noche,
donde no sé lo que oigo y lo que sueño.
¡Basta de laberintos! Para gigantes
son tus juegos de manos. Demasiado
grande eres, Señor, demasiado alto
para tus pobres hijos.
Oh Señor, no te alejes, no retires Tu Mano.
sin el contacto de ella, la mía quedaría
fría para siempre, para siempre inútil.
LA ESFINGE

Maldigo el día
en que aprendí la lengua de los hombres.
Si no la conociera, sus voces estarían
lejanas, como las de las cosas, y no arrebatarían
mi alma en su laberinto
confuso de murmullos y susurros y risas (son
felices).
Existió una gran época, demasiado lejana,
en la que mi silencio se extendió sobre el mundo
y reinó mi sonrisa como una lluvia helada.
Y ahora las paredes no alejan estas voces,
estas voces extrañas que odio tanto y que temo.
Ellos siguen hablando, no se percatan
(deben haberme confundido con un pisapapeles).
Son felices, y no saben que los odio.

Mas, ¿qué pueden temer? Yo estoy muy lejos.


No podrían soñar cuán lejos estoy, ni cuántos miles
de montañas de arena nos separan: ¡las arenas
de los siete desiertos! Siete cielos las cubren:
Yo soy la Esfinge.
Pero ya nadie sabe que mi voz tiene treinta
ventanas.
Ése es un secreto de los tiempos.
Nadie sabe que al fondo, en la trigésima,
resplandecen los astros.
EL ÁGUILA

Algo huele hoy en mí el perro, pues me ladra,


y en el ajeno cuerpo de este desconocido
niño tiembla el recelo. Oye:
es mejor que te vayas. Nada puedo decirte.
Hoy mi voz está helada del viento de los astros, y
no sabe
del aliento de los hombres.

Yo sé que temes, niño, mi alma de azul granito,


mi solemne plumaje, pompa fúnebre.
Es mejor que te vayas, niño: yo soy el águila
más sola de las cumbres, y podría
devorarte, o no hacerlo.
Es mejor que te vayas.
INSOLIDARIDAD

Por estos huesos y esta carne me sentís cerca de


vosotros.
¡Qué errados estáis!
Ajena me es esta morada, como a la caterva de
espíritus
le es ajeno el castillo que atormenta y habita.
Y esta legión puede alzarse más allá de las murallas
y contemplar las piedras en las que se estrella su
furia.
Y aunque, como yo, tenéis
dos manos y dos ojos
y la misma sangre universal que mi sed más
recóndita sacia,
no os siento mis hermanos.
LA VERDAD

Por la Libertad ni siquiera


los goces de la esclavitud sacrifico
Por la Justicia ni tan sólo
el placer de la injusticia entrego
Por la Verdad
entierro mi nombre cavo mi fosa
A la muerte doy lo que más amo
Bebo la taza de veneno
VII
TODOS USTEDES
PESADILLA

Todos sabemos –¿no es cierto?– con Tales y


Anaximandro y Maupassant,
que vivir es morir, todos sabemos,
igual que Galileo, que el sol jamás se pone
Todos sabemos, Sócrates, que no sabemos nada
Todos sabemos que han pasado eras y siglos y
milenios
y que nos acercamos al fin de las edades
Todos temblamos (sí, ya sin vergüenza), todos
temblamos
y preparamos concienzudamente nuestra desnudez
irreprochable
para ser admitidos con otros en los cielos, si es que
hay
un dios, o sino en donde sea que ingresaren los
justos
Pero todos temblamos porque en verdad sabemos
que no sabemos esto
porque en verdad sabemos que no hemos hecho
nada de todo eso
porque en verdad sabemos que el triunfo es de los
otros, de los ciegos y ciegos,
que la guerra se ha hecho para ellos y las medallas
para sus victorias
y que jamás podremos, con todas nuestras dudas a
cuestas, enfrentarnos
al inflexible pulso de sus garras movidas por el mal
inexorable, lento.
BALA PERDIDA

Sin una dirección determinada


bajo del microbús en movimiento
pateo la vereda
echo a andar sacudiéndome los huesos
pasándome la mano por las crines
Soy más veloz y más individual que todas estas
gentes indistintas
más alta es mi estatura y más densa mi sangre
Avanzo incontenible por las calles
sorteando los cadáveres que me cierran el paso
Los piropos que escucho me hacen estallar
en francas carcajadas (si supieran
con quién se están metiendo,
Temblarían) ¡Peligro!
Soy una fuerza de la naturaleza
Soy un virus que se extiende velozmente
por la urbe de las letrinas públicas
Soy un monstruo de neuronas eléctricas
en la noche de luces innumerables
Soy el testimonio de un fracaso enorme
Llevo en mis venas más alcohol que sangre
Soy un Algo que viaja fatalmente
rumbo a un destino incógnito y prohibido
y sin control ni objeto aprieto el paso,
sabiéndome una bala perdida que ya nunca
se podrá detener.
ALGO ESTÁ MAL NO SON PRECISAMENTE

Algo está mal no son precisamente los zapatos


ni la chompa sin embargo algo está fuera de su sitio
no son quizá las manos ni necesariamente las ideas
Hay algo incomestible en la garganta algo torcido
en toda la espesura
enmarañada de piernas que se enredan
intolerablemente al caminar ojos ardiendo y la
fiebre en el cuello
de la camisa
algo anda mal
no son precisamente los zapatos tampoco sin
embargo los caminos
torcidos que extravían su lugar y el lugar del lugar
morboso y amorboso
pe-ro-al-go-es-tá-mal, os digo, aunque no veo
más que hostilidad contra mi cigarrillo mis uñas
peligrosas mi mirada en exceso
excesiva mi torpe errabundear que arruina vuestras
charlas
deportivo-políticas Yo no tengo la culpa tampoco es
contagioso
mi desorden os digo yo no tengo la culpa sois
vosotros
Os reconozco como a los culpables, sospecho del
veneno en el alpiste,
lo olfateo y me alejo, con recelo, ladrando
represalias
TODOS USTEDES

Ustedes que ante mí se avergüenzan de ser felices y


tienen “la mejor de las buenas voluntades”,
ustedes que transpiran con la mirada fija en los
cielos vacíos y en los suelos y pasan a mi
lado musitando saludos,
mis exagerados enemigos, que me tratan con tantos
miramientos,
mis jóvenes no-condiscípulos, mis alegres
no-contemporáneos, mis no-compañeros, mis
no-camaradas, mis no-prójimos

Y ustedes que se beben hasta la misma sangre en


turbios vasos y tienen el orgullo de los cerdos,
ustedes, que me sonríen con lascivia de jabatos y
lujuria que da risa,
ustedes que se rascan los culos con las uñas
engarfiadas de coprófagos y todo lo hacen en
la oscuridad,
mis sobresaltados bebedores aguerridos, mis
hermanos en la vil servidumbre dionisíaca,
mis entrañables borrachos, atropellados por
tantos microbuses

Pero también ustedes, pobres almas que piensan


que tengo alma, porteros, cocineros,
servidores incautos de mi incauta miseria,
ustedes que resguardan de mi voz excesiva sus
pequeñas vidas humildes, por las que yo
transito como una negra sombra,
mamá, papá, hermanos, anónimos vecinos que me
dan las buenas noches o escuchan mi regreso
vacilante por las calles tardías y desiertas y
mueven sus cabezas preocupadas

No me dejéis vivir: yo soy vuestro peligro, la


amenaza que habéis de matar en embrión,
la oscura voz del alma forastera, la impostora, la
intrusa, la sucia parvenue
ÍCARO

Hombres prudentes que reiréis de mi locura: yo soy


Ícaro,
el poeta, el loco, el suicida. Prudentes hombres
que,
aun compadeciéndome,
alabaréis la justicia de mi castigo: sabed que más
allá
de los montes colosales que duermen
su sueño de titanes; más allá de los mares
procelosos que intentan
alzarse a las alturas; más lejos que las nubes
y todas las estrellas, se encuentra el infinito
como una luz celeste sin forma ni confines.
Y jamás lo veréis, hombres prudentes.
Más allá del fuego llameante de los astros, se
encuentra la belleza,
tan inefable como
la música del vuelo de una bandada de aves.
Pero vosotros jamás la veréis.
Más lejos que los sueños de los más visionarios
está la libertad.
Mis labios moribundos se llevarán su nombre.
Pero vosotros
no veréis nada.
VIII
Z
MÓNOLOGO DE LUIS HERNÁNDEZ
CUANDO IBA CAMINANDO HACIA EL TREN
QUE LO ARROLLÓ

Súbitamente hastiado del plato quebradizo, del


peligro
observo que he corrido como Tántalo tras su
racimo de uvas
He subido la tierra hasta los cielos y bajado los
dioses a esta tierra
hice defecar a las estatuas antiguas y metí en el
Parnaso a las prostitutas que me apetecían
Busqué la libertad en el hacer que sea lo que no es
en el hacer que no sea lo que es
Trazo mis líneas firmes como un niño las suyas y
espejismos tantálicos me mueven
Súbitamente hastiado de ser carne frágil las
frágiles costillas
de tratar de dejar el cigarrillo de cruzar por los
pasos peatonales
Súbitamente hastiado, con una carcajada camino
en dirección contraria a la que indican
las flechas de las leyes de los hombres
Estoy hastiado y francamente hastiado de la mesura
de las fronteras de la prudencia y de los
límites
Renuncio
Enfrento la violencia con violencia, sin apartar la
vista y por voluntad propia
y no me haré a un lado si no me viene en gana
Yo soy el poeta, el hombre a quien los dioses
han condenado a la insatisfacción
a morirse de vida y no de muerte.
MONÓLOGO DE MARILYN MONROE
ANTES DE SUICIDARSE

Yo de nada me quejo: en este mundo


jamás hubo una víctima: sólo existen culpables
Yo no tengo miedo de la vida
La vida no es aquel envejecer suburbano
que pudo destinarme el dios de la rutina,
las carnes flácidas bajo los delantales
manchados de miseria cotidiana
Yo no tengo miedo de la vida
Y pienso en todos aquellos jóvenes vaqueros
solitarios
que partían heridos de muerte sobre el lomo
de algún caballo fiel, asesinados
por la humanidad,
rumbo a un salvaje ocaso en technicolor
La vida es aquel súbito desafío del alma
que puede levantarse en cualquier noche incógnita,
las bebidas azules en la luz estelar
de las constelaciones de una ciudad maldita
No ha de sobrevivirme ningún hombre:
Yo seguiré riendo en la última luz
de neón que se refleje sobre el líquido
de la última copa que alguien levante y beba.
EPITAFIO PARA M.M.

Aquí yace un cadáver pecador


Hermanos que pasáis ante esta tumba, no le
arrojéis piedras
Si dulce es la virtud, no lo es menos el vicio
–y reparad en cuál conocéis más a fondo–

Aquí yace un cuerpo bien bonito, comparsas,


aunque no siempre tratado con el debido respeto;
caderas anchas y blancas, cintura estrecha y
flexible,
fue grato a los espejos generosos

Los mórbido perfumes de muchas madrugadas


vean otros como él
Nadie lo juzgue con severidad
Aquí yace la carne
en todo el esplendor de su miseria,
aquí el cuerpo y el alma de ese cuerpo

Los que creen que creen se dijeron qué triste,


no supo arrepentirse de su vida
hasta que fue ya demasiado tarde

Pero nadie rezó en sus funerales,


pues así lo pidió en su testamento –un sucio
manuscrito,
escrito en una letra abominable,
dicho sea de paso–

Ministros, presidentes, generales,


señoras y señores, policías:
Sabed lo que ella hizo
cuando estaba partiendo de este mundo:
Se echó un buen trago de pisco,
poco antes de partir.
Z

Z, pintor de talento, ya no se dedicaba a la pintura


sino a robar a inofensivos transeúntes
Z, ladrón de talento, fue, sin embargo, hecho preso
Cuando los alguaciles le dijeron:
”Pero ¿por qué tú, gran artista,
nos obligas a ahorcarte?”, respondió.
“Dadme sólo cinco años más de vida
y entonces haré algo realmente grande”
Respetuosos de esta increíble promesa
de superar su obra precedente,
se los dieron, mas volvió a las andadas
Y, si bien no dibujó una línea,
sus robos fueron tantos que volvieron a apresarlo
“Nos engañaste, miserable”, le dijeron
Y él volvió a suplicarles: “Dadme cinco años más
y haré algo realmente grande”
Pero el incorregible no hizo nada grande
Ningún gran cuadro, ni siquiera un asalto de
alguna envergadura
Por tercera vez preso, ya en manos del verdugo,
éste le dijo: “Necio
no has hecho nada grande. Con mentiras,
con tus falsas promesas, obtuviste
diez años más de vida”
“¿No fue, acaso, un gran robo?”, respondió el
condenado.
IX
ZONA DARK
FANTASMAS

Los vientos de esta tarde son eco de los vientos


pasados, abanico deshecho de lamentos.
Nosotros llenaremos estos aires de lumbre.

Los fieles mayordomos –sus nombres olvidamos–


comerán en la sombra el pan de servidumbre.
Con respeto abnegado, oirán a sus amos

reír. Hasta que llegue la roja madrugada,


renacerán los cantos desterrados del tiempo
y aquella antigua fiesta brillará en las ventanas.

Como ayer brillará –¿recordáis?–, como ayer...


Seremos las luciérnagas de la mansión ya oscura
que naufraga encendida en el atardecer.

Seremos viejas sombras de lo que fue la vida,


canciones olvidadas en largas sepulturas,
valsando en la memoria de la abuela dormida.
MAUSOLEO

No hay en estas fuentes una gota de agua,


ni en las blancas venas de sangre una gota,
sino fríos vapores de una helada fragua
y mármol lunar de noches ignotas.

Ríen las estatuas, noblemente lentas,


en la subterránea noche de las grutas,
y su aliento helado acaricia a tientas
sus formas olímpicas de marmóreas frutas.

Por entre los verdes, frívolos encajes,


sonríen en silencio ángeles nocturnos.
Versallescos danzan los lánguidos pajes,
lejos del imperio fugaz de Saturno.

En medio de pálidos torsos apolíneos


se deslizan, tímidos, los espirituales,
cadenciosos, mudos cisnes curvilíneos,
y en estas regiones no hay otros mortales.

Ellos en las grutas secretas, veloces,


se deslizan cuando, como la memoria
de un perfume antiguo, sienten la nostalgia
del reino olvidado de los viejos dioses.
MUSEO DE CERA

En su inmóvil escena incorrupto, el pasado


queda, a cada segundo, helado, a nuestra espalda.
Transeúntes, sembramos de pasos olvidados
y pétreos el camino, sin volver la mirada

hacia atrás. Permanece, a veces, una imagen


del pretérito inmóvil presa en nuestra memoria
y palidece a cada paso del largo viaje,
mas tiñe con su luz de leyenda la historia

y se hace más real, y es más atesorada,


y en las ausentes brumas de su vida nostálgica
guarda para nosotros su mustia edad dorada,
refugio del presente, dulcísima nepenta.

Pero este paraíso de la melancolía


encubre una nocturna mascarada violenta
que el olvido a una muerte silenciosa confía,
mas que, en su rebelión, a veces se presenta

en oscuros rincones que los ojos rehúyen:


desaparecer no quiere de nuestras mentes
y por eso sus voces en las tinieblas bullen
y atraviesan las sombras sus facciones dementes.

Pues, si el hecho incorrupto se perdió en el pasado,


guardamos su recuerdo, su imagen pervertida,
una estatua de cera que el tiempo ha deformado
y que un triste museo puebla con nueva vida.

Un siniestro museo de miedo y de amargura,


dédalo de recuerdos que a la bondad asombra,
de la vasta memoria la parte más oscura,
la que guarda poderes furtivos en la sombra:

un monstruo –de venganza o de


arrepentimiento–,
un trémulo verdugo, negro y ensangrentado,
que arrastra hasta el presente palabras y lamentos,
fantasmas –como él– de voces del pasado,
y negros pedestales con estatuas grotescas
cuyos murmullos llenan los largos corredores
y guían al viajero, con sus muecas burlescas,
por entre el laberinto de sus viejos temores,

y, en el patio central de todos los misterios,


entre las moribundas luces de la agonía
de los astros de un cielo donde siempre atardece,
ampara la penumbra, esa noche del día,

los monstruos que soñamos de noche tantas veces.


EL ESPECTRO

En la búsqueda austera de tu enorme ideal


consumido, a la tierra volverás la mirada
y buscarás la vida en tu cuerpo animal,
y el placer buscarás, y no encontrarás nada.

“¡Quiero enterrar mi alma en mi cuerpo mortal


para que sea una con mi carnalidad,
para que en cada hueso mi vida espiritual
aliente la pureza de la bestialidad!”

Quizá, temblando de odio y de arrepentimiento,


de malsanos grimorios alzarás una hoguera
y, entre el imaginario fuego del pensamiento,
esperarás –¡iluso!– que tu espíritu muera.

O bien, con un estruendo grotesco de corneta,


lanzarás, por un tubo de ignorado calibre,
una bala a tu sien, ¡oh gélido poeta!,
y por unos segundos te habrás soñado libre.

“¡Ah, no tener ideas, y tener esta caja


de mi mente vacía de toda perversión,
y que mi cuerpo sea de mi alma la mortaja,
y ser un animal...!” Efímera ilusión:

más allá de la tumba, te seguirán las voces


de tu alma, y en la noche no temerán sonar
cuando vuelvas al mundo en los vientos veloces,

porque aunque de ti mismo pudieras escapar


no lo harás de los altos designios de los dioses:
lo que hay en ti de eterno, no lo podrás matar.
DESPERTAR

Ni todos los augures ni todos los oráculos


hubieran separado sus pasos de los pasos
cuyas huellas el suelo marcaban como hitos.
“Padre –le preguntó–, ¿por qué esta madrugada
está inmóvil el sol, y por qué el cielo
ruge como las aguas más hondas del océano?”
¡Del Reino de las Sombras, los éteres malditos
y su padre habían ido a mostrarle la senda!
“¿Por qué no tenéis voz, ni sombra, ni mirada
de ojos humanos en vuestras turbias cuencas?”
¡Ay! Ebrio por el sueño, no recordaba el hijo
que había muerto el padre en antigua batalla.
“Pues me ceñís mi espada, ¿a dónde he de
marchar?”
¡Para marchar al Reino Sin Nombre despertaba,
para en las tristes Huestes Invisibles formar!
En silencio el guerrero abrazó a su hijo, y luego
le dio la espalda y, hacia el horizonte,
inmóviles las plumas del yelmo, empezó a andar.
“¡Padre! ¿No os detendréis? Me asustan vuestras
huellas
y el camino que trazan bajo este cielo horrible”.
Ni todos los augures ni todos los oráculos
hubieran separado sus pasos de los pasos
de su padre, que, oscuros, perdíanse en la nada.
En silencio marcharon a formar en las filas
de las huestes sin nombre, sin sombra ni mirada.
¿QUIÉNES SON ESTAS FIERAS?

Anoche tuve un sueño: vi, sobre el firmamento,


más allá de los astros del hombre conocidos,
cuatro grandes esferas inmóviles y extrañas,
cuatro grandes planetas, quietos entre las brumas,
las tinieblas incógnitas del espacio infinito.
Y supe que la tierra estaba muy abajo,
muy lejos de esta noche, y pensé –qué blasfemia–
que Tu Reino, Señor, en los terrenos cielos,
también estaba abajo, ignorante de todo
cuanto yo contemplaba. Y vi, después, los cuatro
tronos gigantes de oscuro ébano,
labrados con siniestras alegorías,
construidos por el hombre –me lo dijo
una burlona voz desconocida–.
Y supe –no sé cómo– que los había hecho
para hombres gigantes, para sus cuatro dioses,
¡pero no había nadie sentado en ellos!
Y me dijo la voz –era un susurro
furtivo, mas sonaba con oscura potencia–
que el hombre había soñado la imagen de los dioses
erguida como él, como él humana,
y que no vio jamás los reinos estelares
donde moran los dioses que su sino musitan.
Entonces pregunté: “Y ¿dónde están los dioses?
Veo sus tronos, mas no hay nadie en ellos”.
Me contestó la voz que estaban ante mí.
Mas no sentí temor por la presencia
de las cuatro deidades nunca vistas,
pues, aunque me esforzaba,
“Yo nada veo más que cuatro tronos
vacíos” –insistí. Y fue la respuesta:
“¡Mira bien!”. Y, entonces, tuve miedo,
porque las proporciones descomunales
de los asientos, brazos y respaldos
a nadie contenían, pero, entre las sombras
de cada grupo de cuatro patas,
yacía el cuerpo palpitante
de una gran bestia agazapada,
de un monstruo de facciones torcidas por la ira,
de colmillos sangrientos y de ojos demenciales
como abismos helados de embalsamada furia.
Lentos eran sus gestos y lenta su mirada:
movíanse en un tiempo diferente del nuestro
y sus ojos más lejos que los nuestros llegaban
(adiviné que ningún horizonte
a sus miradas cortaba el camino).
Pregunté con horror: “¿Quiénes son estas fieras?
¿Serán, quizá, demonios, y éste un cósmico
infierno?”
Pero la oscura voz lanzó una carcajada.
Le dije: “¡No hagas ruido! ¿Pretendes
descubrirme?”
Y esta fue su respuesta: “Ellos siempre han sabido
que ahora los contemplas: en la Divina Lengua,
eternamente sueñan los hechos de los hombres,
que, dormidos, musitan”.
“Es una pesadilla blasfema –dije yo–. ¿Un sueño
irracional,
el hombre, de estas bestias?”
Y contemplé de nuevo a los dioses gigantes,
cuya deformidad les impedía sentarse
en los tronos alzados para Su Dignidad,
bajo los que arrastraban Sus Carnes Monstruosas
mientras, de entre sus bocas horribles como
abismos,
surgía, cacofónico, un sordo chapoteo
de entonación imbécil y lento por el sueño.
Y resonó de nuevo la infame carcajada,
y la burlona voz gritó teatralmente:
“¡Contempla, criatura por los dioses soñada,
a las Cuatro Grotescas Bestias Omnipresentes!”
PÚRPURA, AZUL, VIOLETA, NEGRO

Violeta que en tus vidrios de licor venenoso


almacenas secretos puros y sorprendentes:
húndeme en lo profundo del reino misterioso
que arde, en esta botella, frío e incandescente;

azul que de los cielos diurnos nada evocas,


azul artificial, luz del templo sagrado
que, en lo hondo de la noche gigante de las bocas
de los ídolos, cuelgas astros innominados;

turbio lujo sangriento, púrpura indolente,


viejo lugar común de cándidos salones,
perverso terciopelo de mi alma decadente;

y tú, deidad que amparas todas las ilusiones,


de la imaginación la hora omnipresente,
sé favorable y deja que, en las constelaciones,
tus tres acompañantes enciendan nuevas luces.

Vete, amarillo innoble que todo lo desnudas;


atrás, verde radiante de salud insolente;
atrás, reveladora luz de estridencias mudas;

fuera, turba, canalla: que sólo los mejores


fuegos en esta noche la oscuridad penetren,
para que cante el coro de los cuatro colores.
REY SUBTERRÁNEO

Hastiado, pero enfermo de insatisfacción,


habita el solitario un corazón helado
y en medio de las sombras de su honda habitación
aletea un fantasma incógnito y velado.

Alguna vez sonaron, en este antro malsano,


otras voces más claras, alegres y robustas
que la voz del espectro, pero, tenaz gusano,
las royó su palabra fantástica y augusta.

Y a este desierto frígido nunca regresarán,


y sólo el condenado habitará, recluso,
esta oscura y fatal región de la que incluso
aquellos que merecen su desprecio se van.

Pero en estos sombríos espacios desolados


la voz escucha cada vez más el visionario,
la voz reveladora del espíritu alado,

del Gran Rey Subterráneo la voz misteriosa,


la voz que en esta celda alzará su santuario
cuando emerja triunfal, perversa, poderosa.
HERMANO LOBO

El flamígero espectro, en su negra armadura,


devora de los aires el boscaje lunar,
y se yergue en sus fauces la sagrada locura
que los rezos del santo no supieron callar.

Es el solo y sombrío, del que huyen las manadas,


el que arde, fuego helado, en queda incandescencia,
el que enciende en las brumas sus purpúreas
Miradas
como estrellas corruptas y ya sin inocencia.

Como estrellas caídas, condenadas al mal,


en el caos primigenio de esta noche olvidada,
por el pecado místico de su orgullo bestial.

Y su feroz carrera es etrerna y no alcanza


la roja libertad, la tierra iluminada,
el confín de la noche, que brilla en lontananza.
ADVENIAT

Recuerden los ilusos que han olvidado ya


las batallas ganadas, las batallas perdidas,
y del buen Dios esperan la victoria final
y en Sus Manos seniles encomiendan sus vidas,

recuerden, digo, al hijo verdadero del Padre,


al hijo de la luz y de la perfección,
cuando cumplan las órdenes y las leyes acaten
y acallen su consciencia gimiendo una oración.

Recuerden la partida y teman el regreso


cuando se alcen los sones de la macabra danza,
cuando las sombras llenen los aires con su peso;
recuerden la caída, y teman la venganza.

Recuerden la caída, y teman la venganza:


ahora que el vapor se eleva de la tierra
como el negro resuello de un gigante que avanza
y en nuestros corazones se ha encendido la guerra,

como un día monstruoso que nace del ocaso,


como un amanecer rojo en el occidente,
invicto el Gran Rebelde de todos los fracasos,
el flamígero apóstol, el apóstol ardiente,

el gran superviviente de todos los naufragios,


sangriento como un hombre, como un dios
inclemente,
con las pupilas rojas como rojos presagios,
del fondo de la noche surgirá refulgente.
5 MINUTOS DE INTERMEDIO
POR DISPOSICIÓN MUNICIPAL

“Si el show no te divierte o mi música es demasiado


fuerte para tus oídos, es que eres demasiado viejo”
Ted Nugent

ARS POËTICA

La poesía debe ser como el amor,


asunto raro de bichos raros de largos dedos
sensitivos
La poesía debe ser como el amor,
refinada y violenta
y que haga daño y muerda
sin llegar a romperse
ni a romper
Pero a veces la poesía debe llegar más lejos que el amor
y más lejos que todo
Y romper cosas

PROHIBIDO FUMAR EN LA SALA


X
LO QUE NO SE DIJO
POEMA

Tenía tanto hambre como tres campesinos


en la víspera de
la fiesta de la papa
Y comí con una velocidad malsana, sintiéndome los
ojos enormes como platos
y retrocediendo de pronto a un miedo arcaico, a
un pasado salvaje
en el que era preciso devorar en secreto la presa,
antes de que
otros depredadores olfatearan su sangre
Con el corazón todavía acelerado, bebí tres largos
tragos
de pisco, en busca de paz
Y enseguida, con la ayuda de otros tantos
cigarrillos,
pude recuperar
un cierto nivel de civilización
Entonces comprendí que el calor del cuerpo es el
calor del alma
que el hambre del cuerpo es el hambre del alma
y que cuando a un hombre se le priva del pan, no
se le priva solamente del pan
VENDETTA

Hace un culo de años que nos deben una, no


tanto quizá Pizarro
–del que puede que tengamos, a fin de cuentas,
algo,
quizá la furia pronta del que está acostumbrado
a desenvainar la espada por un quítame estas
pajas–
cuanto el curita Valverde, bicho inmundo
que suponemos gordo, ptolomeico y rijoso
Un día todos juntos mataremos a Pizarro
Y, en cuanto al curita, pasaremos de largo sin
mirarlo,
cubriendo su sotana con escupitajos
de coca y de desprecio a nuestro paso.
LO QUE NO SE DIJO

Como Ucchu Pedro me bautizaron todos:


me gustaban los frutos violentos de la altura

Yo, el lugarteniente de Atusparia,


no me rendí jamás
Fui solo fui leproso fui mendigo
y no les quedó nada de lo cual despojarme
Nada sino mi aliento / En el umbral del fin,
me burlé de la vida que ellos me arrebataban,
de un mundo que no quise ni pedí como era

cholos sufridos para el trabajo cholos buenos para


el hambre
cholos sufridos para las cárceles cholos buenos para
la masacre
cholos buenos para la muerte

Los verdugos cortaron la cabeza


de Túpac Amaru, heredero del Imperio
La clavaron en una pica para que todos pudieran
verla
y cada día se hizo más hermosa
Entonces la enterraron bajo la tierra oscura
Ellos tuvieron miedo porque era un rostro de
príncipe
CONTRA LOS MOVIMIENTOS

Movimiento Comunista:
Movimiento Feminista:
Movimiento Obrero:
No me interesan los movimientos de ninguna clase
Los movimientos de cualquier clase me producen
una repulsión infinita
Sólo me importa la materia inerte
que nos espera como una lápida al final del futuro
DIARIAMENTE...

Diariamente expío mi culpa de existir


limpiando pisos hasta extinguir mi vida
Diariamente pago con dolor los placeres
y el dolor con dolor
Aquí nadie me mira –por desprecio los más,
los menos por vergüenza–
Sé que tengo derecho a existir sin dar cuentas
a nadie, tanto como los perros
que corren sobre el bien cuidado pasto
que no debo pisar (como si los señores de esta casa
y todos los señores fueran dueños del pasto,
como si para ellos y sólo para ellos
amaneciera el sol, diera la tierra frutos)
Sé que también por mí las flores se hacen carne
y mi sed es tan grande como la de cualquiera
Sé que también por mí sale el sol cada día
y su calor me alumbra tanto como a los otros
Me ordenó la señora esta mañana sírvenos la
comida
Yo nada respondí sólo quedé mirándola en silencio
Y pude oler su miedo
Me ordenó la señora sírvenos la comida después
come la tuya
Me ordenó vive muévete come respira duerme
Yo nada respondí pero empecé a quitarme el
uniforme
Adiviné mi voz en mi garganta alta y potente
como jamás la tuve
–yo, que nunca he reído fuertemente–
Y no tuve vergüenza de mi cuerpo desnudo
Salí a la calle sin llevarme nada, abandonando
todo como un lastre

Ya no obedeceré órdenes de nadie


ESTA ALEGRE NOCHE DEL APOCALIPSIS

Cantamos al advenimiento del nuevo mundo.


Nuestra música es triste, como el Apocalipsis, y
grandiosa.
En las tinieblas inhóspitas de la noche, hemos
construido
enormes fantasmas de acero y cemento, y los
hemos poblado
con una nueva raza de seres solitarios.
Traemos con nosotros notas musicales jamás antes
oídas,
humaredas azules y rojas para envolver nuestros
cuerpos en la noche,
luces en las cuencas de nuestros ojos.
Esta noche se derrumba la vieja civilización entre
los fuegos artificiales.
Esta alegre noche del Apocalipsis,
no traemos con nosotros viejos códigos éticos,
no traemos con nosotros ideales ni esperanzas:
somos la generación del fin del mundo.
XI
DE NOSOTROS DECID
EN LIMA

En Lima no existen los perros anónimos


Todos sabemos sus nombres, sus caras y sus sonrisas
Los locos son nuestros camaradas den las calles de
Lima
Caminan a nuestro lado, y hombro con hombro, y
diente con diente
En Lima hay un callado policía en cada esquina
y nadie sabe lo que alberga en su negro corazón
secreto
En Lima muchos sabemos que las cosas también se
mueren,
que se extingue humildemente su pobre vida servil
de cosas
En Lima todos sabemos que otros van a morirse
mucho antes que nosotros,
y que con sus ojos en los nuestros nos dirán:
“Hasta nunca”
En Lima los gallos cantan demasiado temprano, y
bajo las veredas hay ocultas
sábanas heladas como la noche de los hermosos
cuerpos solitarios
y las nubes son cúpulas de mármol en el horizonte
de los días de invierno
En Lima todos sabemos del sonido preciso del
rechinar de dientes, y hemos nacido cobardes
hasta la médula de los huesos
En Lima los microbuses llegan siempre cuando ya
es tarde y traen historias de fracasos en cada
letra de su recorrido
y nosotros nos sentamos para olvidar los paraderos
y meditamos en silencio y sin mirarnos a la
cara, porque en Lima
cada uno es poeta, y baila con su sombra como
única pareja, y prepara en secreto
su voz de medianoche
LOS RELOJES SE HAN ROTO

En estos días de paro armado y carestía,


días de microbuses atropellados y de comensales
engullidos,
cuando hay tanta cerveza por beber,
en estos días, digo, en estos días,
la sangre y la cerveza derramadas
se suben a la frente con más sed
En estos días en los que la muerte
es un adorno más para la vida,
las horas del futuro se han venido al presente;
los relojes se han roto, o se los han robado
CUIDADO

Afuera el canto del gallo enciende la madrugada


como un río de sangre de neón encabritado
Afuera la oscura atmósfera se sobresalta se agita
hendida por el silbido simultáneo de las fábricas
rasgado agudamente su tejido / por los primeros
ómnibus del día
convulso su silencio trasnochado / por los potentes
gritos de las aves
Afuera los perrosparias enderezan su osamenta
mirando los muladares
siendo pateados sus huesos por matronas
putrefactas que a toda costa defienden
su kioskito, sus mesitas, su espeso hedor prerezoso
de pescado corrupto refrito en grasa rancia,
alegre desayuno de estómagos paupérrimos
También yo he despertado para siempre,
después de un sueño revelador, señores míos,
con los ojos tan abiertos que ya nunca podré
cerrarlos
con los cabellos tan erizados como el lomo de un
gato enfurecido
con los senos erguidísimos como
cúpulas-estandartes
con la hipertensión necesaria para enfrentar 70
inviernos juntos
Aspiro la verdad que ha horadado mi frente la
bebo a grandes tragos
Huid de mí los que vivís en el engaño
de las paredes protectoras cubiertas con bellos
cuadros
de las palabras rimbombantes sin consecuencias
peligrosas
Cuidado
ahora me revuelvo contra todos vosotros contra el
oprobio y la vergüenza de ser
como vosotros
con los dientes famélicos del perro muerdo la
gruesa pierna que lo ultraja
Cuidado
ahora me levanto, apartando las sábanas; con mi
cuerpo blanquísimo y desnudo
rompiendo la penumbra de mi cuarto cerrado con
tres llaves,
Voy a abrir las ventanas y las puertas
Voy a abrir las ventanas y las puertas
LOS QUE VAN A LA GUERRA

Los que van a la guerra y los que no se van


la llevan por igual dentro de sí,
agitando cruelmente su cerebro
Frente a la Plaza San Martín, los arcos
contra los que apoyo mi costado y fumo
y La mano izquierda a la mano izquierda
son fugaces como el atardecer
Ni siquiera el alcohol triunfa del tiempo
Él remueve las ciénagas, más bien, él las remueve,
en la decadencia de los mármoles íntimos
Él dibuja blasfemias en los cielos, él, tremendo,
blasfema de la vida
Vamos a morir todos, camaradas
DE NOSOTROS DECID

Vosotros que vendréis más tarde que nosotros


para sabernos bárbaros y antiguos,
historiadores del futuro,
de nosotros decid que fuimos habitantes
de un mundo prehumano, semidivino, semibestial,
precario,
fértil en aciertos, fértil en errores
Que habitamos un país en el que las hogueras
dibujaban
en los cerros nocturnos el rojo resplandor de hoces
y martillos
Que venimos de un tiempo de tabernas y de
airadas consignas
vociferadas bajo los rochabuses
Decid que nuestros perros eran largos y tristes y
caníbales
Que en la medianoche de la Plaza de Armas el
Hambre conversaba con Pizarro
Que la Peste nos recibió en su lecho y que nos
brindó asilo y fuimos como hermanos
Que bebíamos con la Muerte y con la Guerra en
una misma mesa y reíamos juntos
Que hacíamos poemas y escupíamos de lado que
estábamos tuberculosos y que nos odiábamos
los unos a los otros
Que traicionamos y que nos traicionaron que nos
señalamos con el dedo y que el cielo en
octubre era morado y rojo
Que alzábamos la voz para increparnos que nos
asesinamos y nos reprodujimos y que muchos
murieron y no se dieron cuenta
XII
ORACIÓN
AH

Ah qué triste destino este de ser


sólo media naranja y media tinta, y no poder
llegar ni al bien ni al mal por senda alguna
y tener siempre listos los principios
para cualquier traición
Nuestro es el purgatorio, como nuestros
son la duda, el escándalo, la farsa
El error es patrimonio de los hombres,
ajenos como son al absoluto
de la razón y de la sinrazón
El purgatorio es de los hombres
Todos los perros se van al cielo
Todos los gatos, al infierno
NADA

Sir Walter Scott era un habitante de sombríos


interiores castellanos, amplios espacios lácteos
cuyo negror hería las gargantas
A veces caminaba, destocado en el viento, sobre su
árida tierra
–grandes perros que ladran al crepúsculo–
Edgar Poe era un odio que murió con el mundo;
sabía de lo alto, porque había caído,
y también de lo bajo, de aquello que conforma
la muerte y hace el acabamiento –colmillo rojo,
señal de la desgracia–
Llegan a mí sus llantos, sus vergüenzas, el gran
canto final de sus errores
Les oigo arrepentirse de sus vidas, retorcerse las
manos en la tumba
Ah, sólo error, y nada más que error, sólo error
para el hombre y cada hombre
¡Y si acaso surgiera, al cabo de los tiempos, una
pálida flor de certidumbre para todos
nosotros, sólo una!
Pero nada
CANGREJOS EN LA COCINA

Lejanas están ya
las altas aguas límpidas, hermanos, pero hemos
aprendido
que es preciso ocultar –qué salobre es el nuestro–
el hedor de la agonía,
que la muerte es algo solitario, pero no privado.

Mis hermanos, con tantos ojos clavados en los


nuestros,
por oscuros caminos que nunca han de
encontrarse, ¿hacia dónde
marchamos?, y ¿qué somos
sobre esta sucia mesa? Basura
abominablemente dotada de vida, miseria
que se arrastra hacia la muerte entre risueñas
curiosidades y ascos (el público
conoce nuestro tiempo)

Lejanas están ya las verdes rocas


CULPA

A ti, oh Artemisa, a la nocturna diosa


cuyo templo está en Éfesos, a cuyos pies vivió
Heráclito, el indigente rey, te invoco
para que nos guíes pese a todo, en medio
de nuestros conturbados cerebros,
y así dejemos de hacernos el mal los unos a los
otros, de buscar
el placer del dolor, que se castiga
con el remordimiento
Porque el dolor ajeno, oh amiga, yo te digo
que es más grande que el propio, y es terrible
pasar de pie y en vela toda la vieja noche
contando las baldosas, royéndonos el hígado
–“Perdón, perdón” –y no hay perdón que valga
ni un ápice de infierno, pues el pasado es uno
e irreversible, ni una
sola gota de culpa
–“Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón”
EPITAFIO PARA SAN JOSÉ

Yo fui el desdentado José, José el callado,


el buen hombre, el pobre hombre, el leal servidor
que llevó la miseria de su vida grosera
a la oscura trastienda humana de tu dios
Yo fui San José, el pobre carpintero,
tonto y simple como pocos
Con los callos de mi humilde oficio, nunca tuve
una bella figura
Alguna vez mi cara, negra y sucia
tras la dura jornada de trabajo,
hizo reír a Jesús, y yo gesticulaba
grotescamente para complacerle
Yo fui San José, el que llevó hasta Egipto
a Jesús y a la Virgen (sobre mi negra mula)
A pie trotaba, con un bulto en mi espalda,
viejo y consumido, más feo que nunca
Yo fui el buen José, el callado, el oscuro,
el que guisó papillas, el que lavó pañales,
el que blandió el martillo y se ensució las manos
y no tuvo en la tierra un día de descanso
Yo fui el desdentado José, José el callado,
el buen hombre, el pobre hombre, el leal servidor
que llevó la miseria de su vida grosera
a la oscura trastienda humana de tu dios.
ORACIÓN

Señor, sé generoso con mis hijos


durante su estancia en este mundo terreno,
porque todos ellos son epilépticos
y horrendamente sufren cada día
Señor, ten piedad de mis hijos
durante su estancia en este mundo terreno,
y que la Muerte les sea luminosa
como el despertar de un foco de 100 vatios,
porque todos ellos son negros perros sucios
y tristemente ven pasar sus días
Señor, Señor, ten piedad de mis hijos
durante su tránsito por este fugaz mundo,
y que la Muerte sea para ellos
dulce como el más dulce nacimiento,
dulce como el beso de los sueños,
dulce como Tu Reino
LOS NAHUA

Los nahua no quieren tomar cerveza


Los nahua no quieren cortar madera
Los nahua no quieren ganar dinero

Ellos van desnudos por entre los montes,


sonrientes y fieros igual que horizontes
No tienen sillones ni televisores

Los nahua no quieren ganar dinero:


poseen un oro imperecedero
–ese que es de todos, el que está en los cielos–.
XIII
VINO ROJO
VINO ROJO
(RADIONOVELA MUDA PARA MECANÓGRAFAS
BEBEDORAS DE AJENJO
–si bien es cierto que el ajenjo no es rojo, sino...
ETC.–)

CAPÍTULO PRIMERO
Un carro ilumina el parque
de madrugada
frío y alegre como su hora callada
(MÚSICA: OMD, “ELECTRICITY”)
Un hombre sale al aire de la noche
Lleva la mente erguida
la cara despejada
la mano en el bolsillo
PLACE COMERCIAL HERE
Jamás conocerás el amor simple
de los seres felices
si abres demasiado el apetito de los lobos urbanos
que depredan por las noches las negras calles del
cosmos
Y tu corazón se hará pequeño y duro como un ojo
(MÚSICA: HARRISON, “POOR LITTLE GIRL”)
Pero aprenderás a reír con una risa fácil
y a guardar tu secreto para la soledad de tus
enaguas
Aprenderás CAPÍTULO FINAL a guardar tu secreto
y a reír
con risa cínica de mujer malvada (MÚSICA:
ALEXANDER DE LARGE & BILLYBOY)
SU MORALEJA JÓVENES
A las mujeres feas o corrientes
no se las ama sino lenta
y verdaderamente, y son en eso tan afortunadas
Las otras son las desdichadas, esas pálidas otras que
despiertan
pasiones súbitas, irreflexivas, condenadas
a las tinieblas de la inmoralidad
ONDAS SONORAS MÁS ONDAS SONORAS
¡DECIBELIOS! ¡QUIERO MÁS DECIBELIOS!
¡SIEMPRE MÁS! ¡SIEMPRE MÁS!
HASTA APAGAR EL ALMA
–Todos tenemos
MÚSICA, MAESTRO
–Todos tenemos
algún enorme error en nuestras vidas
El mío ha sido anoche
(–¿y el tuyo?–)
VINO ROJO, VINO ROJO,
ALIMENTA A ESTE CUERPO ENTRISTECIDO,
NUNCA LO DEJES SOLO
PORTRAIT OF THE ARTIST
AS A YOUNG POUND

Me sorprende que me comparen tanto


con Ezra Pound últimamente
En verdad no conozco a ese sujeto
ni he leído una sola línea suya
No sé quién era este tal Ezra Pound
pero sospecho que era mal encarado,
viejo, de áspera barba,
cáustico, feo, sardónico, bilioso
No comprendo por qué me comparan con él
No sé si se han dado cuenta, señores,
de que yo soy una joven-mujer-muy-atractiva
I’m a soft, sweet child
Una criaturita
Y no ese viejo
al que imagino que encontraban, borracho,
durmiendo en alguna escalera
envuelto en un mugroso abrigo verde-hormiga
Supongo que era tosco y mal encarado
y que no hubiera sabido tratarme
Ni siquiera hubiera sabido, supongo,
abrirme la puerta del coche cuando fuera necesario
Supongo que no habría sabido cómo
apartar la silla para que yo me siente
ni cómo cederme el paso
ni cómo contestarme
Supongo que nos habríamos divertido enormemente
MANIFIESTO DEL BUEN SALVAJE

Nunca entendí el sentido del término comfort


ni tampoco comprendo el valor del dinero
Y no digo esto por vanagloriarme
(pues sería muy torpe querer impresionar
con un lugar común que casi siempre es falso)
En mi casa la gente duerme hasta bien entrada la
mañana
come abundantemente
y nunca tiene frío,
Pero cuando debo ir a la oficina
no me importa dejar el lecho en la penumbra
ni tampoco comer precariamente
en cualquier cafetería en decadencia
Ni tampoco me importa la inclemencia del frío San
Felipe,
donde todos los vientos confluyen:
Me gusta el soplo helado que enciende mis cabellos
me gusta la terraza donde suelo sentarme
aunque el viento se lleve todas las servilletas
y pierda veinte fósforos en cada cigarrillo
–y, cuando cae la noche sobre las altas torres
de ventanas flamígeras,
ver las constelaciones de la electricidad–
Más que el blando sillón que está al abrigo
de los elementos, me complacen
el duro banco del parque solitario,
el escalón austero, el piso indiferente,
el desnudo contacto con grandes fuerzas cósmicas.
No me gusta aceptar licor y chocolates
de manos de un cordial anfitrión satisfecho
y el calor del hogar me hastía y me sofoca. Mi
existencia
es discreta y depravada, y prefiero el olor
vivificante y tenue de la sangre, la roja carne cruda
devorada
en el silencio, a solas, en secreto,
en cualquier rincón de la noche.
BRINDIS

Conozco las siniestras consecuencias de secar


el vaso y dejarlo, bocabajo y desafiante,
sobre la mesa
Conozco bien la forma de encender una hoguera,
aunque ya no tan bien la de apagarla,
y reconozco al padre por su padre, al amo por su
amo, al perro por su perro

Conozco la oscuridad de Heráclito


tanto como la luz del Agatón
y algo mejor al buen viejo Aristóteles,
aunque también, y no menos que a éste,
algunas de las absurdas contingencias
del imperfecto mundo sublunar

Conozco que el pollo no se come con las manos,


y por eso lo hago cuando me viene en gana
Conozco formas fáciles de ganar buen dinero,
aunque no suelo ponerlas en práctica
Y conozco la forma de viajar del estribo
del microbús sin romperme los brazos

Conozco el zumbido de los abejorros


y el de las verdes moscas cantáridas
y las virtudes de éstas bien molidas
Conozco la Biblia, y, en el sentido bíblico,
a más de uno, y a más de dos también

Conozco a la Muerte, quien sacudió mi cuerpo


más de una vez con su hermana la Fiebre
Y también que el cuadrado de la hipotenusa
es igual a la suma de los cuadrados de los catetos

Habiendo llegado a mi año vigésimo


con toda esta ciencia y un puñado de poemas
y sin nada parecido a un billete de diez dólares,
disfuncional por definición
a todo sistema habido o por haber,
brindo por la miseria, que me acogerá en sus filas
cuando se hayan acabado todos los subterfugios,
el dinero de los padres y la paciencia
de los rectores y vicerrectores
y se descubra que fui una enorme trampa
–un ser superfluo, que en nada contribuye
a que las cosas sean lo que son–.
LOVE STORY

Es un hecho que no pienso suicidarme


por más que sea elegante y de buen tono
Y no porque odie demasiado a la Muerte,
sino porque amo demasiado a la Vida
Ustedes saben, a todos sus momentos
y a sus elementos primordiales
A sus cafecitos a sus whiskycitos a sus cigarritos
Al Enorme Seno Que Destila Veneno:
–Madre Tierra–
BARRANCO BLUES

Supongo que los micros


aún no salen de sus incógnitas guaridas
donde duermen el sueño de las bestias de acero
y que ya está en mi paradero el consabido niño
vendedor de tamales
mucho antes de que sus primeros compradores
remotamente piensen en desayunar
La ciudad de madrugada es ajada cuarentona
que, tras el fugaz esplendor (exagero,
por cierto, al decir esplendor) de la noche,
se mira en el espejo las ojeras
En nada me distingo de la masa que suelo
despreciar
(y me pregunto por qué Agustín de Hipona,
y no yo, fue elegido para la trascendencia –en fin,
todo esto es ridículo–)
Se adivina que nace hoy un día sin ganas,
un día irreverente como un escupitajo, y yo tenso
mis músculos
y huyo sin hacer ruido
Salgo en silencio del cadáver de tu casa
cierro la puerta a mis espaldas
me pongo los zapatos en la calle desierta
Regresaré a los textos que debo corregir a cambio
de un puñado de billetes,
a mi oscura y vacía biblioteca y al amor fastidioso
de mi perro
Mi negro perro de sombrío aliento
El mundo es una mierda y eso nadie lo ignora
(misma letra de tango esta huevada)
Ostentar no pretendo con orgullo unos labios
negados al placer ni un alma pura
ni siquiera elevados sentimientos
lo único que tengo es un exhausto cuerpo terreno
y el dolor de cabeza más negro del planeta
Enciendo un cigarrillo –es un placer
frugal y democrático,
propio de nuestra época,
ajena a las pasiones excesivas–
La palabra poeta
suena como un insulto
en mis orejas
blasfemas
Yo reniego de mi vinculación con ella
XIV
COLLAGE
HAITÍ, 4PM, 26ºC

Ahora, en mis neuronas relajadas, en tus ideas


tontas e ingeniosas,
en el feliz hastío de tenerte a mi lado
mientras el café humea su languidez malsana y el
tabaco premia mi largo cansancio
Ahora que para ti esbozo estos gestos y antes de
que mis garras
tensas bajo la mesa y antes de que las rayas de mi
frente
anuncien su deseo peligroso de la liberadora soledad
antes de que aparezca en mi nuca el relámpago y
con él la palabra altisonante
la idea excesiva el gesto brusco etc.
Ahora que no desentono todavía con la banalidad
deliberada
de esta tarde banal en el gran Miraflores indolente
Y antes de que despierte sobre el fondo de nuestra
semejanza pasajera
la horrible diferencia / el nigérrimo abismo / la
maldición babélica
O COMO MIERDA SE LLAME

A veces me gustaría ser una buena muchacha,


bonachona, campechana, gorda,
capaz de sentarme bajo el sol en mi piel
rica en melanina, en calor y en color
Tomar una gaseosa provinciana cuidando
de no manchar con nada mi ancha falda
Tener un corazón enorme y puro como el de un
caballo
Lavar la ropa de todos con mis ásperas manos
O, si no,
ser alguna de aquellas mujercitas
siempre sentaditas, inclinaditas
sobre su tejido, y haciendo punto,
calceta, o como mierda se llame.
GATO MÍO

y: GATO MÍO NO TE DUERMAS SOBRE TUS


LAURELES
es VerdAd qUe eRes bEllo en el efímero presente
QuE goZamOs
mas los años y la carne pueden crear un cuerpo
impropio bajo tu piel oro y marfil
pues todos caminamos irremisiblemente hacia la
fealdad
por más que prodiguemos cuidados y cuidados a
estos sutiles cuerpos
–las turbias glicerinas los besos los jabones–
XV
NOCTURNOS
Clara en la noche, en torno de la tierra errante,
luz de otra parte.

Parménides.
ANOCHE

Anoche escuché la cabalgata de los cuatro viejos


jinetes
Pasaron por mi ciudad y ante mis puertas, entre
recuerdos
de botellas rotas con estrépito y mesas derribadas
sin arrepentimiento
Escuché la siniestra cabalgata de los cuatro jinetes
solitarios
El uno con la faz ensangrentada y la sonrisa eterna
en su faz paralítica,
el otro recubierto de pústulas y llagas, el tercero
pequeño
como un niño sediento ante el seno reseco de una
gran madre muerta,
el último y más grande vestido de escarlata,
enarbolando antorchas, estandartes y gritos
Oí sus carcajadas profundas en los tiempos sobre
toda la tierrra
Tomé a mi niña, la que me acompañaba
en el silencio de mi negra casa; la tomé de la mano
y la llevé conmigo
Pese a que la sabía
penetrada por numerosos dardos, la tomé de la
mano y la llevé
hasta la más recóndita de mis habitaciones
En sus ojos vi el fuego que hay en los que no
mueren
Sus cabellos revueltos eran los del demonio
NOSOTROS LOS HEDONISTAS

Nosotros los hedonistas


deambulamos por esta vida mísera y compleja
mientras los demás transeúntes nos reconocen
por la inocultable sed de nuestros labios
y disfrazan su envidia con desprecio
Somos los nacidos para el goce
de día vegetamos impacientes
aguardando las sombras de la noche
Somos perfectas bestias, animales ajenos
a toda ley, cultura o civilización
Somos perfectas bestias cuando corremos
contra el viento sin brújula y sin meta
con la vida en las piernas, por el puro placer
de enviar al destierro las ideas –(¿te acuerdas?)–
Somos perfectos salvajes cuando hallamos
el valor de una incógnita
dentro de una ecuación de tercer grado
o una tautología por diagramas semánticos
con el placer total de enviar al destierro
a todas las polillas del cerebro
Nosotros los hedonistas
masticamos igual que un chicle globo
el sangrante esplendor del rojo sangre
Somos tan sólo tacto o músculo tan sólo
o tan sólo neurona enceguecida
enviando al destierro los presagios
Somos por esencia caballos no domésticos
de fuertes muslos y crines encendidas,
animales nacidos para la velocidad,
ajenos al pasado y ajenos al presente
Somos como los indios, desnudos en la nieve,
silenciosos o hablando en una lengua eólica.
CIENCIA

Gato negro yo te amo porque tus negras pieles


son sólo de mis ojos cuando me das la espalda
Y porque tu deseo
me pertenece cuando a ti te ciega
Y porque no sospechas
que el menor de tus gestos inocentes
lo sé antes de que surja de tu cuerpo
bajo la frialdad de mi visión científica
Entre los animales de mi laboratorio
tú eres el que no teme mi silencio
Tú reptas hacia mí sin desconfianza
impulsado por una sutil fraternidad
porque presientes
que como tú poseo
un oleaje recóndito de efervescente sangre
EL TONO AZUL DE TU BLUE-JEAN

El tono azul de tu blue-jean me hace soñar


El tono azul de tu blue-jean es más azul al
atardecer
Es un tono azul tan puro y calmo como el más
ancho de los horizontes
Es un tono azul tan frío y claro como los cielos de
la primera creación
Es un tono azul tan celoso de sí mismo como un
secreto de los dioses
CONFESIÓN DEL VAMPIRO

Bien sé que desde hace un tiempo vengo incumpliendo


mis deberes
Que no hice lo debido en el lugar preciso en su
momento
Deberías saber, ello no obstante, que
el reproche congela mi vergüenza en un bloque que
puedo tirar a la basura
Y, aunque a mi pesar,
te miro con la voz enronquecida
te miro desde un alma recóndita y viscosa
Llevo enraizada en el hígado una semilla amarga
que germina veloz en mis colmillos
Sube hasta el corazón y hasta el cerebro
Como una flecha negra
Como una fuerza que me precipita
voraz a tu pureza para beberla toda
Pero este oscuro fuego no ha de apagarlo el agua
que me brinde tu risa transparente,
tu deliciosa incontaminación, hermano
Te lo estoy advirtiendo
NOCTURNO

La garúa espesaba el resplandor absorto


de los postes de luz. El viento estaba
ennegrecido por el anochecer, y gatos por docenas,
camuflados en las primeras sombras,
reptaban sonrientes, con un amanecer
secreto en las entrañas.
Yo iba caminando a carcajadas,
cruzando con el viento las veredas,
riéndome del Arte, de Dios y de los hombres.
Lima 1990