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La Guía de Segovia de

Tadeus Zimm
L A C I U D A D E S C O N D I D A

Con la colaboración de
2 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Déjate seducir por el mundo de


Tadeus Zimm y vuelve a descubrir
la magia de viajar

Tienes en tus manos la Guía de Segovia de Tadeus Zimm, un personaje singular


que te va a hacer recuperar la magia de viajar.

Durante mucho tiempo, Tadeus Zimm recorrió anticuarios y brocantes de media


Europa en busca de unas viejas tarjetas postales que habían sido escritas por
unos desconocidos hace más de un siglo. Eran la crónica de una fascinante
aventura que centenares de viajeros habían compartido cien años atrás, casi
en secreto, en busca del alma de los sitios...

Él mismo se lanzó a revivir aquellos viajes... y de aquella experiencia nacieron


guías como la que tienes en tus manos... Hoy, gracias a ti, aquella historia ha
vuelto de nuevo a la vida...

Si quieres conocer la historia que se esconde detrás de esas fascinantes tarje-


tas postales, pásate por www.tadeuszimm.com.

Ahora, entra en el juego y vuelve a descubrir la magia de viajar.


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La ciudad escondida

En Segovia ocurre algo muy curioso. Tiene una


historia apasionante y una colección de
monumentos realmente asombrosos que en otras
partes de Europa justificarían por si solos el viaje.

Sin embargo, ha habido algo que la ha mantenido


alejada de las grandes rutas turísticas...
4 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

... Es más, parece como si se hubiera divertido tejiendo a su alrededor una imagen de
ciudad amable y tranquila donde venir a pasar el domingo. Un soberbio plan
Acueducto-Catedral-Alcázar-Cochinillo que durante mucho tiempo ha tenido la
habilidad de distraer la atención de los asombrados visitantes, mientras mantenía oculta
bajo 14 llaves una de las ciudades más sugerentes de Europa.

... Como si hubiera reservado el placer de amarla solo a quienes fueran capaces de
entenderla...

Su artificio, sin embargo, hace mucho tiempo que fue descubierto. Lo que ocurre es que
se ha mantenido en secreto... o casi... ¿Te has preguntado alguna vez por qué se ven tantos
visitantes japoneses?...

La clave, en parte, estaba en unas viejas tarjetas postales.

Entra en el juego

Hace más de cien años, aquellos viajeros que iban recorriendo Europa en busca del
alma de los sitios llegaron a España,. Y Segovia fue su primer -y aparentemente extraño-
destino. Sin embargo, sabían muy bien a qué venían.
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Sabían que, bajo esa apariencia de ciudad tranquila y sobria, latía un alma con mil
caras. Una ciudad de fantasía donde las cosas casi siempre tienen una segunda lectura.
Una ciudad sobria pero a la vez sensual. Discreta pero profundamente teatral. Una ciudad
cargada de historias y de sensaciones...

Aquí desvelaron las mil caras de La Ciudad Escondida. Y desde aquí compartieron las
claves de su experiencia. Como siempre. Casi en secreto, como para iniciados, a través
de tarjetas postales...

Mucho tiempo después Tadeus Zimm fue reuniendo aquellas tarjetas y, al igual que había
hecho ya en otros recorridos por las tierras de Holanda, de Bélgica, de Alemania y de Italia,
volvió a vivir aquella experiencia.

Y luego, con la complicidad que requieren las reglas de este viejo juego, también
compartió aquello que había vivido.

Aquí tienes el resultado. Un viaje al alma de Segovia a través de las 14 llaves que van
abriendo, una a una, las puertas que la mantienen oculta.

... Como si fuera el tablero de un juego en el que, desde este momento, estás invitado -y
tentado- a participar.
6
El final
La Guía de Segovia
de Tadeus Zimm
L A C I U D A D E S C O N D I D A

14
13

12
11
10

4
5
9
8

6
Mapa de las 14 llaves 3
7

1 El espíritu de Enrique IV
2 Una forma de entender la vida
3 El arte de leer en las paredes
4 La ciudad de las sensaciones
5 La sombra del rey
6 Riqueza, orgullo, poder, sangre... y fuego
7 Un delicioso paréntesis N
8 El laberinto de las ausencias
9 La cara más agreste y misteriosa
10 La reina del juego O E
11 Ese universo paralelo
12 In nomine Patris 2
13 Tierra de reyes S
14 El final de un viaje iniciático

Este no es un mapa de Segovia. Es el mapa del juego.


1
Hay monumentos y calles sin identificar.
La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Eso es parte de tu reto... Con la colaboración de El inicio


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Las 14 llaves

1 El espíritu de Enrique IV ..................................... 8


2 Una forma de entender la vida ............................ 18
3 El arte de leer en las paredes ............................... 32
4 La ciudad de las sensaciones ............................... 42
5 La sombra del rey ................................................. 50
6 Riqueza, orgullo, poder, sangre... y fuego .......... 58
7 Un delicioso paréntesis ......................................... 70
8 El laberinto de las ausencias ............................... 74
9 La cara más agreste y misteriosa ....................... 82
10 La reina del juego ................................................. 88
11 Ese universo paralelo ........................................... 100
12 In nomine Patris .................................................. 106
13 Tierra de Reyes ..................................................... 118
14 El final de un viaje iniciático ................................ 128
14+ Epílogo. El juego continúa .................................... 136
8 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

1 El alma de Enrique IV

Esta historia tiene una regla previa: antes de


comenzarla debes olvidar todo cuanto conoces de
Segovia... Por eso tu camino no comienza en
ninguno de los lugares en los que piensas, Mejor
hacerlo en uno de los rincones secretos de la
ciudad: el Monasterio de San Antonio el Real.
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El Monasterio pasa completamente desapercibido para la mayor parte de los visitantes


que vienen a la ciudad. Así es hoy... y así ha sido a lo largo de los últimos 500 años.
Porque, desde que en 1488 la reina Isabel la Católica decidiese instalar aquí una
congregación de monjas clarisas, cinco siglos de clausura han hecho que el tiempo haya estado
pasando aquí de una forma diferente al resto del mundo.

Gracias a eso, esta paredes, y sobre todo estos techos, han podido conservar intacto su
gran secreto: aquí encuentras el alma -y tal vez el legado- de uno de los grandes
personajes de esta historia.

Enrique IV de Trastámara, el rey que durante 20


años hizo de Segovia la capital real de Castilla... y
quien, desde aquí, pudo cambiar el curso de la
Historia. Fue una de las personas más vilipendiadas a
lo largo de su vida... y lo fue también a lo largo de la
posteridad. Era el hermano mayor de la propia reina
Isabel... y la persona que tuvo en sus manos
impedir que ella reinara...

Un lugar en el corazón

Esta historia empieza debajo de un cartel:


“Monasterio de San Antonio el Real. Siglo XV. Antiguo
palacio de Enrique IV. Abierto al turismo”. Un cartel de
10 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

otro tiempo... Como si se hubiera impregnado de la magia de las paredes que lo soportan. Una
pequeña joya en sí mismo...

En 1442 aquí terminaba la ciudad de Segovia. Esto era un pabellón de caza a la puerta de los
bosques. Había sido el regalo que había recibido Enrique de manos de su padre, el rey
Juan II, al cumplir los 14 años.

Este fue su refugio de juventud. Aquí venía a cazar y a dejar volar la imaginación en
fiestas de ambiente moruno por las que sentía fascinación.

Y es que Enrique no era entonces ni fue nunca una persona convencional. Sus
partidarios y sus detractores (muchos en ambos lados) trazaron de él un retrato con mil caras
que ha llegado vivo hasta hoy: amante de la música y de la belleza, sensual, seducido por el
refinamiento oriental... abúlico, depresivo, voluble... enemigo de la guerra y de sus horrores,
dialogante hasta la exasperación... débil de carácter, manipulable... impotente...

Cuando fue coronado rey, se habilitó un palacio en el centro de la ciudad y decidió dar
una nueva vida a su refugio de adolescencia. Lo cedió a los Franciscanos para que
construyesen aquí su nuevo convento.

Pero no, el rey no estaba abandonando este lugar y sus vivencias. Por el contrario, lo estaba
haciendo grande. Aún no había cumplido los 30 años pero aquí estaba preparando el
lugar donde quería ser enterrado. Un convento-panteón hecho a su imagen. A la vez
sobrio y refinado... racional e imaginativo... en su ciudad y en sus bosques.

Aquí quedó una parte de su alma. Y aquí también vas a encontrar una parte importante
del alma de Segovia.
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En el interior de ese mundo

Durante siglos solo las monjas -y algunos “iniciados”- sabían lo que encerraban estas paredes.
Hasta que hace 50 años la comunidad se fue haciendo más pequeña y las monjas
empezaron a necesitar menos espacio en el convento. Entonces alguien decidió abrir parte
de esas estancias “al turismo”. Sin embargo, por alguna extraña razón, el Monasterio continuó
siendo un pequeño secreto.

Un nuevo cartel te indica la puerta de entrada. Han bastado unos pasos para que el ruido de
los coches se haya difuminado. Sobre la puerta, los escudos del rey te desvelan que no
estás entrando a un simple convento...

Abre la puerta y camina hasta casi el altar mayor. Ya rodeado por el silencio, observa su techo
de madera. Es un adelanto de lo que te reserva el interior del monasterio.

A la derecha verás una pequeña puerta. Por ahí es donde debes entrar. Probablemente
tengas que llamar al timbre para que vengan a abrirte (...en el fondo desearíamos que este
convento nunca fuera un lugar transitado. Esta forma de entrar a los lugares mágicos forma
parte de la propia experiencia...).

Latidos

El recorrido que vas a hacer no es largo,


pero es un viaje, no ya a otro tiempo... tal
vez también a otro mundo. El claustro
y las dependencias que salen de él: las
galerías, la sacristía, el refectorio, la sala
de los monjes, la sala capitular... Un
pequeño universo cerrado sobre sí
mismo.

Ya desde el principio notas algo especial.


Y es que esto no es un museo. Es un
lugar en el que se ha estado viviendo
sin interrupción desde hace más de
500 años. Y ese latido acaba por
palparse en el ambiente.

Las galerías que rodean el claustro fueron


cerradas hace algunos siglos para
proteger a las monjas de las inclemencias
del tiempo. El cierre restó algo de
vistosidad al claustro, pero en cambio ha
obrado el milagro de conservar
intactas las dependencias que lo
rodean.

Fieles al espíritu franciscano, las


paredes y los suelos son austeros
12 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

(algunos de los enlosados que pisas, por cierto, son los originales de hace más de 500 años).
Tan solo la llamada sala de los monjes se permite unos ciertos lujos. Pero la cosa cambia
cuando miras hacia arriba. Hacia los techos. Son la joya de este lugar. Unos techos
pintados con esmero, la imagen del cielo en este pequeño mundo...

Son una fusión de lo oriental y lo occidental, del islam y el cristianismo. Enrique


recurrió a artesanos mudéjares para la construcción del monasterio. Había hecho lo mismo en
el gran Alcázar y en su Palacio del centro de la ciudad.

Pero estos tienen hoy algo que los hace únicos. Sus hermanos del Alcázar y del palacio del
rey, uno por uno, todos acabaron por ser destruidos. Por el fuego... o por los hombres... Solo
estos quedaron intactos. Son los originales. Los mismos que él vio y los mismos que él
inspiró.

Los techos son distintos en cada sala. Y en ellos casi nada es casual. La presencia de
Enrique es constante pero discreta. Sutil a veces, directa otras. En las paredes y en los
techos, los escudos de Castilla se mezclan con los de Portugal (por la reina) y con los
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escudos de llagas franciscanos (la


congregación llamada por Enrique
para custodiar su legado).
En los de las galerías que rodean el
claustro las referencias a Enrique IV se
cuentan por centenares... pero solo
para ojos avisados. Mira con
atención. Los interminables
entrelazados van configurando
estrellas de ocho puntas en cuyo
interior hay un hueco y en él, pintada
una granada.

No, no es la Granada símbolo de los Reyes Católicos, ni un simple adorno. Es el


emblema de Enrique IV. Un símbolo que él llevaba siempre asociado a un lema:
“Agridulce es el reinar”... Un lema y una idea que marcarían toda su vida, y que aquí están
repetidos cientos, miles de veces en el cielo de su monasterio.

El espíritu del rey

El centro de este universo es el


claustro. Y en el centro del claustro,
como es de rigor, la fuente de la vida,
de la que parten los cuatro caminos
que simbolizan los ríos del paraíso.

Sin embargo, un pequeño detalle lo


hace especial. Acércate a la fuente.
Su vaso, de bronce, es en realidad la
mitad superior de una
campana puesta boca arriba. Y en
su borde, unas letras medievales y
unos diminutos escudos. Debes
leerlo del revés: “Beati Antoni ora
14 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

pro rege Enrico” (Beato Antonio


reza por el rey Enrique). Un mensaje
discreto y un detalle muy sutil en el
centro mismo de este universo...

Historias... historias...

No es un secreto que el rey sentía una


clara fascinación por las formas
del mundo islámico. En el
Monasterio, el máximo exponente son
los techos, pero tal vez disfrutes
encontrando aquí y allá deliciosos
guiños a ese mundo.

En varias partes del monasterio verás


también retablos venidos de los
antiguos Países Bajos. Bruselas,
Brujas, Utrecht...

Retablos detallistas hechos con la


misma madera con la que se hacían las
pipas. No es casual que estén aquí.

Segovia tuvo una estrecha


relación con Flandes. Muchos de los
lujosos y preciadísimos paños de
Flandes que convirtieron a las ciudades
flamencas en las más prósperas del
mundo en la Edad Media estaban
hechos con lana de Segovia...

Sobre esa industria lanera creó Segovia


su prosperidad. Igual que había hecho
Brujas en las tierras del Norte.

Ambas compartieron mucho a


finales de la Edad Media, y la presencia
de estas obras aquí da cuenta de ello... Y
a ambas les iba a tocar compartir
mucho después...

Porque casi a la par iban a vivir un


lento y despiadado declive que las
iba a apartar del mundo... pero que
tuvo la enorme virtud de protegerlas
a ambas por igual del paso del
tiempo...
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... Y al fin, la sala capitular

El momento culminante de la visita es la sala capitular. No es muy grande... y tal vez


por eso es más impactante. Éste es el reino de los números, de los símbolos, de los
mensajes mas o menos evidentes... Y obviamente, de la belleza y la sensualidad...

La sala es cuadrada (4 lados) pero el techo forma un octógono (8 lados). El 4 y el 8. La tierra y


el cielo. El techo de madera, dorada con pan de oro, está formado a base a cintas que se
entrecruzan formando un dibujo geométrico casi sin fin en el que el 8 es una
constante. El número del cielo y también el número que representa el infinito (a fin de
cuentas el símbolo que representa el infinito no es sino un 8 puesto en horizontal...). Pero
también el 10, el 5, el 9... en un universo de estrellas en el que nada se ha dejado al azar.

Todo un mundo de referencias casi cabalísticas. Es la geometría sagrada, la armonía


de las esferas, la música de la composición... Los conocimientos clásicos, cristianos y aún
islámicos se entremezclan -o se apoyan mútuamente-. Y si el conjunto seduce, los detalles te
van abriendo una y otra interpretación. Cuanto más miras los detalles, más figuras,
más mensajes descubres.

Y en medio de ese frenesí, los escudos. El de Castilla y el de Castilla y Portugal unidos.


Los has podido ver aquí y allá, en todo el monasterio pero adquieren una significación
especial aquí, en este cielo dorado de la sala capitular.
16 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

El legado de Enrique IV

... Y es que ahí, tallado en madera dorada y rodeado de la geometría divina, está, a la
vista de todos, el sueño -y tal vez el que pudo ser el legado- de Enrique IV. Castilla y
Portugal, dominadoras de los mares, unidas en el gran reino peninsular... Es el escudo
de la reina... Sí... Pero era el mismo escudo que había usado su bisabuelo, Juan I,
cuando ya soñó con unir ambos reinos...

Porque si hubo algo que marcó la vida de Enrique fue la cuestión de su sucesión y del
devenir del reino. Intrigas, guerras, pactos, traiciones... su hija Juana o su hermana
Isabel... Portugal o Aragón... En otros lugares de Segovia vas a tener ocasión de revivir
los momentos culminantes de aquella historia...

La muerte, sin embargo, le sorprendió antes de tiempo y dejó el conflicto sin resolver.
Enfermo y decepcionado, se había retirado a descansar a la cercana Madrid. Solo tenía 49
años pero ya no tenía fuerzas para seguir luchando. Murió entre grandes dolores.
Probablemente lo habían envenenado.

Nunca se supo cuál fue su última voluntad. Juana o Isabel, Portugal o Aragón... Su
testamento nunca se encontró... o si se encontró fue cuidadosamente hecho desaparecer... Lo
cierto es que apenas un mes después de su muerte la parte derecha del escudo real ya
era distinta. Las armas de Portugal dejaron sitio a las de Aragón y la Historia cambió para
siempre.
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Enrique fue finalmente enterrado en el Monasterio de Guadalupe, junto a su madre. Y


mientras tanto aquí, el Monasterio de San Antonio el Real había quedado a la
espera... tal vez olvidado...

Unos años después, Isabel, ejerciendo ya de reina, sustituyó a los franciscanos por una
congregación de monjas clarisas. E incluso llegó a dejar escrito en su testamento que si
moría en Segovia fuera enterrada en este monasterio mientras llegaba el momento de
trasladar su cuerpo a Granada...

Finalmente no ocurrió. Pero... lo que son las cosas... esas mismas monjas clarisas que ella
trajo a este monasterio acabaron siendo, a lo largo de más de cinco siglos de clausura,
cariño y silencio, las responsables de mantener este lugar casi como lo había dejado
Enrique, convirtiéndose así en las mejores guardianas de aquel legado.

Hoy apenas quedan ocho religiosas. Pero siguen haciendo posible el pequeño milagro de
que, 500 años después, tú mismo puedas comenzar esta historia desde dentro de su
propio corazón.

Y, ahora sí, sal a la calle y busca uno de los grandes monumentos de Segovia. Seguro
que ya eres capaz de verlo con nuevos ojos. El juego puede continuar...
18 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Una forma de
2 entender la vida

El Acueducto es una de las obras más bellas y


espectaculares que dejaron los romanos en
Hispania. Pero en esta historia tiene además un
papel añadido. Va a ser él quien te va a llevar hasta
el mismo corazón de la ciudad. Así que déjate
enredar por él...
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El camino comienza apenas a unos pasos del Monasterio de San Antonio el Real, en un rincón
aparentemente intranscendente, junto a lo que parece ser un sencillo muro de
mampostería.

Sin embargo, lo que tienes delante es nada más y nada menos que el Acueducto. El
comienzo del Acueducto... Y de paso, el lugar donde debes aprender la primera lección: en
Segovia las cosas a menudo tienen una segunda lectura... y muchas veces va a ser ella
la que te va a aportar la mejor clave para entenderlas.

El Acueducto fue construido por los romanos hace casi 2.000 años. Más o menos al mismo
tiempo que en Roma estaban construyendo el Coliseo y casi a la vez que Pompeya quedaba
sepultada por la lava del Vesubio.

Una obra grandiosa para algo tan humilde como hacer que el agua corra por encima...
Porque en definitiva, para lo que sirve el Acueducto es simplemente para que este pequeño
canalón que hay sobre el muro pueda mantener el nivel que tiene aquí y entrar en las murallas
de la ciudad como si el valle que hay en medio no hubiera existido.

Y si ha sobrevivido estos 2.000 años es porque, como tantas otras cosas en la ciudad, no es una
reliquia histórica, sino algo que se ha seguido usando desde entonces.

Aprovecha, pues, para verlo y para tocarlo, porque dentro de muy poco ese canalón va a volar
a casi treinta metros del suelo.
20 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Una obra que crece “hacia abajo”

Aunque el Acueducto como tal comienza aquí, la obra realmente viene desde mucho
más atrás, desde la falda de la montaña. Una canalización de 13 kilómetros recogía el
agua del arroyo La Aceveda y la hacía llegar hasta aquí.

La pequeña cuesta abajo que tienes delante es, pues, el comienzo del valle que debía salvar
la obra para que el agua pudiera llegar hasta la ciudad.

Según vayas avanzando, el terreno va a ir bajando y la construcción va a ir “creciendo


hacia abajo”, para que el canal con el agua se mantenga al nivel adecuado.

Unos metros más adelante vas a ver cómo el muro parece empotrarse en una pequeña
casa. Es la “Casa del Agua”, y tenía mucha importancia en este sistema porque desde la
época de los romanos era el lugar en el que el agua se decantaba y se filtraba para que
entrase en la ciudad limpia de impurezas.

Justo después de la Casa del Agua viene el primer giro brusco de los dos que va a dar el
Acueducto. Y después del giro, los primeros arcos. La construcción empieza a tomar
forma...

Los primeros arcos resultan toscos, casi torpes, con cicatrices de haber sido restaurados
varias veces... con más o menos tino... Y es que curiosamente esta primera parte del
Acueducto es la que más ha sufrido con el tiempo. Tal vez porque era la mas fácil de
destruir... y de reconstruir. La parte principal, en cambio, está prácticamente como el
primer día.
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Pasados los primeros arcos, vas a notar un cambio. Observa bien. Se van a hacer más altos
-natural, porque el suelo sigue bajando- pero también parecen más ligeros. ¿Te das cuenta
de por qué? Por dos cosas. Por una parte las piedras están talladas con un acabado menos
robusto, pero la razón es sobre todo otra. Si te fijas, verás que aquí los arcos no son
totalmente semicirculares, sino un poco apuntados. Y es que los siguientes 36 arcos son
más “nuevos”. Es una parte del Acueducto que fue destruida hace casi 1.000 años y
reconstruida hace 500. Ocurrió en el año 1076 cuando el rey moro de Toledo devastó la
ciudad y rompió esta parte del Acueducto para quitarle su suministro de agua. Triste regalo de
cumpleaños para una obra que por aquel entonces cumplía sus primeros 1.000 años de
vida...
22 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Entonces estas eran tierras de


frontera entre los reinos cristianos (al
norte) y los reinos musulmanes (al sur).
Hacía 300 años que los musulmanas
dominaban estas tierras, pero los
reyes cristianos estaban “empujando” la
frontera. Esta situación se iba a
terminar apenas 10 años después
cuando los cristianos tomaron el control
definitivo de Segovia.

Durante mucho tiempo el Acueducto


pudo seguir funcionando gracias a
una estructura “provisional” que se
mantuvo operativa... durante 400 años.
Pero finalmente se pudo llevar a cabo la
reparación que ves hoy. Fue
responsabilidad de Isabel la Católica.

Una reparación digna de elogio. Porque,


a pesar de alguna licencia como los arcos
ligeramente apuntados, es realmente
admirable que la intervención se hiciera
con un profundo respeto a la obra
y a los materiales originales.

En esta primera parte el desnivel es muy


suave, lo que hace que el Acueducto vaya
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creciendo muy poco a poco. Esto te va a permitir familiarizarte con su sistema constructivo.
Grandes piedras de granito colocadas sin ningún tipo de cemento ni argamasa.
No hay absolutamente nada que las mantenga unidas... salvo su propio peso y, por
supuesto, la forma en que hace 2.000 años fueron talladas y colocadas cada una de ellas.

La vida alrededor

Hoy todo el Acueducto tiene espacio alrededor, y siempre puedes ir de una de sus caras a la
otra por debajo de sus arcos, pero durante muchos siglos la cosa fue más abigarrada. Había
casas pegadas a sus pilares. Y los fuegos de los hogares llegaron a calentar literalmente los
pies de la construcción.

Estás en uno de los barrios... de las aldeas diríamos mejor, que estaban fuera de la ciudad
amurallada. Así como la ciudad amurallada era el territorio de los nobles, estas aldeas
exteriores eran el terreno de los artesanos, de los hortelanos... en definitiva, del
pueblo llano.

Ya sabes que Segovia fue una ciudad rica gracias al negocio de la lana... Pues bien, esta
zona era donde estaban asentados buena parte de los artesanos que la trabajaban: los
tintoreros, los cardadores, los bataneros... un trabajo que a menudo precisaba de agua
abundante. Y esta se sacaba... sí... directamente del Acueducto.

Durante siglos, pegadas literalmente a los pilares existieron las llamadas “cervatanas”,
una especie de conductos que tomaban agua que circulaba por el acueducto y la hacían caer al
suelo... o a unas albercas situadas a su pie. Con el tiempo llegó a haber tantas cervatanas que
acabaron por mermar el caudal que llegaba finalmente a la ciudad. Hoy no queda ninguna de
ellas, aunque si eres un observador paciente acabarás por encontrar la huella de alguna de
sus conexiones, arriba, junto al canalón del que obtenían el agua (y obviamente justo
encima de la vertical de un pilar).
24 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Hubo que esperar a bien entrado el siglo XIX para que cervatanas y casas dejaran espacio
para que la obra brillara como lo hace hoy. Mucho más bella... aunque tal vez... un poco menos
fiel a lo que fue durante siglos...

Una vez pasados los arcos reconstruidos, retomas la construcción original. Lo notarás
entre otras cosas porque las piedras vuelven a ser más robustas. De aquí en adelante
nunca se destruyó.

Comienza el espectáculo

Estás ante el nuevo -y definitivo- giro del acueducto. Desde aquí puedes ver las dos caras
de su alma... que en definitiva son las dos caras del alma de esta ciudad. En la parte de la que
vienes, su lado más práctico y sobrio; hacia donde vas, su cara más sensual y
profundamente teatral.

Aquí empieza a surgir del suelo el segundo piso... O tal vez, con más propiedad, el
primero... Y aquí empieza el espectáculo. El desnivel baja de forma decidida y el
Acueducto crece hacia abajo hasta alcanzar toda su majestad para, al fondo, entrar por fin
en las murallas, en la otra parte del valle.

Desde aquí tienes la sensación de que no es que el Acueducto se adapte al terreno, sino que el
terreno es así para que pudiera levantarse ese Acueducto. Porque además de lo
espectacular de la perspectiva, si empiezas a jugar con sus arcos verás cómo van
apareciendo y desapareciendo entre ellos la catedral, los campanarios, los
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torreones... Cuesta trabajo pensar que todo es casual... Es el espíritu teatral de


Segovia... Aprende a disfrutar de él. La ciudad está repleta de pequeños -y grandes-
espectáculos como éste.

Ahora desciende hacia el fondo del valle, hacia donde está la parte más alta del
acueducto... jugando con él, pasando de un lado a otro bajo sus pilares crecientes, hasta llegar
a lo más alto... o a lo más bajo... El Azoguejo.
26 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

El Azoguejo ha sido desde siempre un lugar de encuentro. Su nombre significa


“mercado pequeño”, como contraposición al “Azogue”, el “mercado”, que se celebraba en
lo que hoy es la Plaza Mayor.

El Azoguejo era el corazón de la Segovia popular, el punto de encuentro de los


ciudadanos que vivían y trabajaban en esas aldeas extramuros, al amparo... o simplemente a
los pies, de la ciudad amurallada.

Aquí además puedes contemplar el Acueducto en toda su grandiosidad. Las altísimas


columnas, ligeras y pesadas al mismo tiempo, para que la obra siga en pie. Verás que cada
columna tiene una especie de cornisas que la van cortando cada varios metros. Son un
elemento diseñado para darle estabilidad, pero además son un truco estético perfecto.
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Evitan que las columnas parezcan demasiado alargadas. Si te fijas bien verás que todas las
columnas las tienen colocadas exactamente en el mismo sitio. El resultado son unas líneas
horizontales imaginarias que van cortando el Acueducto de un extremo a otro.

El mejor sitio para verlo no es el centro de la plaza, sino cuando el suelo sube o baja.
Entonces verás que en función de dónde esté el suelo habrá columnas con más o con menos
piezas, pero esas piezas están colocadas siempre donde deben estar para que la ilusión óptica
funcione. El ojo raramente se da cuenta del “truco” en una primera mirada pero en cambio sí
percibe esa extraordinaria armonía... Son
esas cosas que el corazón percibe
antes que el cerebro...

Cuestión de agujeros

Verás que, sobre el primer piso, más o


menos en el centro, hay una especie de
muro de piedra. Se diseñó para colocar
una inscripción en la que, como era
costumbre entre los romanos, se
mencionaba la fecha en que se construyó y
quiénes fueron los impulsores de la obra. Si
te fijas, podrás ver los orificios en los que
estaban ancladas las letras de bronce
que lo contaban...

Lo contaban... Porque las letras fueron


piadosamente eliminadas en tiempos
de Isabel la Católica. Tal vez no se
consideró oportuno mantener un recuerdo
tan obvio de los antepasados paganos..

Hay estudiosos que han jugado a descifrar el


texto oculto a partir de los orificios, tratando
de deducir qué letras habrían podido estar
incrustadas en la piedra... pero no se puede
asegurar que los resultados sean plenamente
fiables...

Sobre el muro, dos hornacinas, una de


cada lado del Acueducto. Hoy una de ellas
(la que mira al exterior de la ciudad) está
vacía y en la otra puedes ver una imagen de
la Virgen.

En su origen, en ellas había esculturas de


dioses romanos, que siguieron la misma
suerte que las letras de la inscripción...
Por cierto, que hablando de agujeros,
podrás ver que muchas de las grandes
28 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

piedras de los pilares tienen importantes agujeros. Son “de fábrica” y llevan ahí 2.000
años. Eran los huecos en los que se enganchaban las grandes tenazas encargadas de
elevar las piedras desde el suelo hasta el lugar en el que tenían que ser colocadas.

... Aunque puestos a contarlo todo, habría que hablar también de aquella vieja leyenda que
contaba que esos agujeros eran las marcas que habían dejado las garras del diablo, el
auténtico constructor del Acueducto, cuando levantó toda la obra en una sola noche...

... Cuenta la leyenda que una joven, exhausta de llevar todos los días el agua desde la plaza a
lo alto de la muralla, había ofrecido su alma a Lucifer a cambio de que este levantase -en
una noche- una construcción que le quitase sus penas. El demonio aceptó el reto y
cuando estaba a punto de colocar la última piedra y se recreaba en contemplar su creación, el
primer rayo del sol apareció por el horizonte. Faltaba solo una piedra... pero no había
sido capaz de lograr su reto. La joven salvó su alma y la construcción quedó aquí para
siempre... como recuerdo y escarnio...

La gran entrada triunfal

Ahora debes emular a la joven, porque ha llegado el momento de entrar en la ciudad


amurallada. Y lo vas a hacer con el Acueducto... como no podía ser de otro modo. Mira
hacia arriba, Justo a la izquierda del lugar por el que el Acueducto penetra en las murallas hay
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una pequeña puerta. Es el Portillo del Consuelo. Unas escaleras paralelas a los pilares del
Acueducto suben hasta allí. Ése es tu camino.

Cuando llegas a lo más alto y, a punto de cruzar el portillo, casi te preparas para iniciar un
nuevo capítulo de esta historia... entonces miras hacia atrás y ves que el espectáculo
ha vuelto a comenzar. Los parapetos exteriores de la muralla y el propio Acueducto te
preparan su pequeña traca final.

Hay muy pocas ciudades que puedan ofrecer un espectáculo como este: la enorme y ligera
construcción desde lo más alto, los barrios extramuros con sus iglesias
románicas enredándose entre los arcos, los tejados, las montañas...
30 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

... La Sierra del Guadarrama, el origen del agua que traía el Acueducto, con sus relieves
míticos: Peñalara, la Bola del Mundo, Siete Picos, el Montón de Heno... La Mujer
Muerta... ¿La has identificado? Una legendaria mujer yaciente, con una serenidad
sobrecogedora, que se perfila misteriosa en el horizonte, fundida con la propia montaña...
Vuelve hacia atrás y mira de nuevo. Una vez que la identifiques nunca mas dejarás de
verla...

El Portillo del Consuelo

Cuando por fin atraviesas la muralla, el acueducto se transforma súbitamente. De nuevo, un


sencillo muro de mampostería que enfila sus últimos metros casi en silencio hasta
finalizar en cuatro pequeños arcos...

Casi su punto final... porque aún le queda un último suspiro. Convertido en subterráneo, va
a atravesar en silencio toda la ciudad hasta llegar a su otro extremo, en el Alcázar. Ahora toca
separar nuestros caminos... aunque lo volverás a encontrar...

Antes, eso sí, es momento de echar la última vista atrás. Para ello sube al parapeto interior
de la muralla, allí, en lo más alto, donde el acueducto casi toca el cielo, frente a esos
campanarios y esas montañas.
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Apenas estás al comienzo del juego, pero empiezas ya a notar que aquí el mundo se
entiende de una forma especial.

Entonces tal vez empieces a ser consciente de que en tus primeros pasos por la ciudad no has
estado visitando un monumento. Te has dejado guiar por él. Has dejado que te haya
ido abriendo las puertas de esa forma especial de entender la vida.

... Y si además tienes la suerte de pasar por aquí al atardecer, cuando los rayos del sol
adquieren un extraño y curioso tono rosado que tiñe tanto las montañas como las piedras
del Acueducto, entonces te sentirás tentado a pensar que, en efecto, esto solo puede ser
obra del diablo...
32 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

3 El arte de leer
en las paredes

La Segovia intramuros era el territorio de los nobles,


del clero, de los judíos y del rey. Es un mundo que
se expresa en las grandes historias pero también en
los pequeños detalles. Por eso, si realmente quieres
apreciar su verdadero sentido, antes debes
aprender a leer en las paredes.
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Después de la grandiosidad que has vivido con


el Acueducto, lo que corresponde es entrar en
ese mundo de puntillas y sorprender su
intimidad por la puerta de atrás... Eso en
definitiva es lo que acabas de hacer al traspasar
la muralla por el Portillo del Consuelo, una
pequeña “puerta de servicio” situada entre dos
de las grandes puertas de la ciudad.

La Segovia intramuros no era un territorio


homogéneo. Tenía varias zonas. Una para
los nobles, otra para los judíos, otra
para el clero y otra para el rey. Cada una
tenía unos límites muy precisos, e incluso
puertas que se cerraban por la noche y
que las aislaban por completo.

La mayor de todas ella era ésta, lo que hoy se


conoce como el Barrio de los Caballeros.
Aquí vivían los nobles y los ricos
comerciantes de lana. Unas calles y
plazuelas llenas de palacios, de casas
blasonadas y de iglesias.

En realidad, más que un barrio era casi la


suma de una pequeña multitud de
pequeños barrios, de pequeños mundos
que se organizaban alrededor de una iglesia
parroquial. Por eso vas a ver en Segovia
tantas iglesias románicas.

Tu viaje comienza en uno de ellos. En la Plaza


de Avendaño. Es la plaza tranquila que
recibe y acoge al Acueducto.

Un lugar por el que suelen pasar los turistas


sin detenerse, y por eso mismo, un buen punto
de partida para empezar a descifrar esta
Segovia a la vez monumental e intimista.

Esta casa que ves, justo donde termina el


Acueducto, está ahí desde hace 900 años.
Al principio era más simple y fue al final de la
Edad Media cuando alcanzó la estructura que
todavía conserva hoy.

Su espléndida puerta románica te cuenta


que estás ante una casa medieval, aunque esas
grandes ventanas con balcones, añadidas
siglos más tarde, lo disimulen un tanto.
34 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Y es que aquí, los edificios antiguos no se tiraban, sino que iban evolucionando para
adaptarse a los nuevos tiempos... o simplemente a la personalidad de sus inquilinos.

Por eso hay en Segovia tantas casas medievales. Unas casas que a veces son auténticos
tratados de Historia... o incluso de Psicología...

Esas pequeñas calles...

A la derecha de la casa nace una de esas


pequeñas calles en curva y cuesta, tan
misteriosas como sugerentes. En apenas
unos metros, unos altos muros, la entrada de
un convento, grandes paredes sin ventanas
llenas de desconchones... Todo un tratado
de espíritu segoviano...

Vas a encontrar muros como estos en toda


la ciudad. Aparentan ser viejos solares
descuidados, pero no lo son. Casi siempre
son tapias de jardines... o conventos,
casi invisibles pero por todas partes en la
ciudad...

Un indicio de ese mundo interior del que


tanto hay en Segovia...

Y los desconchones... Bueno, los


desconchones de las paredes son otra de las
señas de identidad de la ciudad. Son las
cicatrices que han dejado los siglos en los
edificios. La ciudad está absolutamente
repleta de ellas. Pero no hablan de
decrepitud. Hablan de vida.

Algunas están aparentemente descuidadas.


Otras, recién restauradas. Pero todas son
evidentes, porque aquí las cicatrices no se
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ocultan. En ellas está el alma de la ciudad, y


muchas veces son en sí mismas verdaderas obras
de arte. Ya verás como no pasará mucho tiempo
antes de que te sorprenderás a ti mismo
fotografiando desconchones...

Más adelante tendrás ocasión de ver esta


misma calle desde el otro lado. Recuérdala,
porque luego no te parecerá la misma... Como
casi todo en Segovia, es una calle con dos
lecturas...

San Sebastián

Y al lado, la iglesia de San Sebastián, el


corazón de este pequeño mundo. Tan pequeño,
que termina casi donde comienza, justo donde
está la iglesia.

El templo ha sufrido transformaciones a lo largo


de su historia, algunas verdaderamente
inclementes. Pero debajo de tanta máscara y
de tanto presunto progreso, aquí y allá
acaba apareciendo la esencia... En unas
cornisas... en unos capiteles... en unos ábsides
innegablemente románicos que son capaces de
regalarte unas imágenes en las que uno estaría
tentado a decir que incluso es capaz de oír
sus sonidos...
36 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Justo detrás de los ábsides


de la iglesia de San
Sebastián ves lo que parecen
ser las torres de un
robusto castillo
medieval... Es la parte
trasera de lo que se conoce
como la Casa de las
Cadenas, y es uno de los
mayores palacios que
construyeron los nobles en
la ciudad...

No te extrañen esos aires


de castillo. Muchas de las
viviendas de los nobles
segovianos eran
auténticos castillos urbanos. Y es que en demasiadas ocasiones el enemigo venía de la
propia ciudad...

La Plaza del Conde de Cheste

Si rodeas la Casa de las Cadenas llegarás a la Plaza del Conde de Cheste. Durante siglos fue
uno de los lugares clave del poder segoviano. Media docena de palacios de familias
nobles en torno a una iglesia. Hoy los palacios continúan; la iglesia no, aunque sí su recuerdo,
porque ocupaba el pequeño espacio ajardinado que hay en la parte central de la plaza.
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Durante toda la Edad Media, los


nobles ocuparon un papel
fundamental en la ciudad. Primero
fueron los caballeros que
ayudaron en la conquista de estas
tierras a los árabes. Luego, cuando la
guerra tomó definitivamente el camino
del Sur, el enfrentamiento fue a
menudo entre ellos mismos.
Intrigas palaciegas y luchas de poder
en el entorno del rey.

Obtuvieron tierras y prebendas, y


con el tiempo muchos llegaron a
construir una gran riqueza con el
negocio de la lana. El resultado fue una
nobleza fuerte, orgullosa e
inquieta... Y por supuesto, siempre fue
necesario disponer de una vivienda a la
altura de las aspiraciones de cada cual.

Volviendo a nuestra historia, la Casa


de las Cadenas es el prototipo de
casi todo ello. Es grande, robusta, con
grandes torres. Además, estaba
incrustada en las murallas y
literalmente formaba parte de la línea
fortificada de la ciudad.
38 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Si miras calle abajo verás que en la misma esquina de la casa la ciudad se abre y tienes una
vista espectacular de los barrios extramuros y el Acueducto.

Aquí están las murallas de la ciudad, y ese hueco es el punto donde estaba la Puerta de
San Juan. Esta sí, una de las principales de la ciudad. La puerta fue derribada a finales del
sigo XIX... por aquello del progreso...

Y es que, con el tiempo, las labores defensivas se fueron haciendo menos necesarias, lo que
había permitido a la fortaleza ir adquiriendo esos aires de palacio que ves hoy, con
ventanas más grandes, nuevas simetrías y adornos en las fachadas.

Precisamente uno de esos adornos es una de las grandes señas de identidad de Segovia: ese
relieve delicado que recubre los muros. Es el esgrafiado, y lo vas a encontrar literalmente
por todas partes en Segovia.

El ritmo y el concepto tienen un incontestable sabor árabe, pero no lo es. Empezó


siendo más o menos simple (a base de circunferencias, que encontrarás en otras partes de la
ciudad), pero luego fue evolucionando y se fue haciendo más y más complejo hasta formar
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verdaderos muros de encaje. Un complemento sorprendente para aquellos que vienen


buscando una Segovia sobria y austera...

A lo largo de sus muchos siglos de vida, la Casa de las Cadenas ha tenido huéspedes muy
notables. En la “época dorada”, a finales del siglo XV, aquí vivía uno de los matrimonios
más poderosos de la Castilla de Enrique e Isabel. Poderosos no por sus armas, sino por su
influencia en los reyes. Él, Andrés Cabrera, era hombre de absoluta confianza de Enrique
IV y luego de Isabel la Católica. Su esposa, Beatriz de Bobadilla, fue probablemente la
persona que tuvo la máxima confianza de la reina Isabel. Siempre estuvo cerca de ella, desde
que era una niña hasta su muerte, momento en el que también estuvo a su lado.

Años más tarde la casa adquiriría tintes más sombríos porque en ella tuvo sus
dependencias y sus calabozos la Inquisición. Si la miras bien, verás que no le faltaban
méritos para ello...

Puertas y ventanas

En esta, como en todas las casas medievales, las ventanas originales eran mucho más
pequeñas (en Segovia puedes entender mejor las cosas si aprendes a reducir ventanas
y a quitar balcones...). Pero eso no significa en absoluto que se tratara de casas oscuras y
sin ventilación. La luz y el aire venían “de dentro”. Porque el verdadero centro de la casa
es el patio interior, del que salen todas las dependencias.

Detrás de cada una de esas fachadas hay un pequeño mundo, seguro y más o menos
confortable, al abrigo de las amenazas exteriores.
40 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

A ese patio central se entraba desde la calle. Pero normalmente no por su centro, sino por
una de las esquinas, lo que resultaba más discreto y seguro. De ahí que en Segovia la puerta
de entrada a las casas esté en uno de los lados de la fachada y no justo en el centro.

Mira los otros palacios que forman la plaza. Todos ellos esencia pura de este mundo. Mejor no
tener detalles de cada uno por separado. Juega a entenderlos. Prueba a buscar en ellos sus
orígenes medievales y descubre luego los añadidos que fueron incorporando los siglos.
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Disfruta de sus puertas... Guerreras unas y delicadas otras, pero nunca débiles (las
rendijas verticales que todavía ves casi a ras de suelo en algunas de ellas son las saeteras,
desde donde disparaban con ballesta a quienes estuvieran a punto de entrar).

Prueba a asomarte por alguna de ellas, tal vez alcances a adivinar el patio interior. Y
luego, los esgrafiados, las delicadas ventanas góticas, los escudos... Cada cual con su
propia personalidad.

Estas piedras y estos ladrillos no hablan de estilos arquitectónicos ni de lenguajes artísticos.


Hablan de rudeza, de delicadeza, de desconfianza, de orgullo, de pasiones... En definitiva, son
fragmentos de vida...

Están a la vista de todos, pero son mudos para muchos... Como esperando encontrar unos
ojos capaces de leer en las paredes...
42 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

La ciudad de las
4 sensaciones
Segovia es una ciudad de sensaciones... De un
universo de deliciosas sensaciones... Sin embargo,
los viajeros a menudo se marchan de la ciudad sin
haber disfrutado de ellas. ¿El secreto para hacerlo?
Bajar el ritmo, abrir los sentidos y aprender a mirar
con otros ojos. Antes aprendiste a leer en las
paredes. No deberías irte de Segovia sin antes
aprender a respirar las sensaciones.
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Justo aquí hay un lugar perfecto para empezar a


hacerlo. Toma una callejuela estrecha y en curva que sale
desde la misma plaza del Conde de Cheste. Se llama Luis
Felipe de Peñalosa.

Un brevísimo trayecto te lleva a la plazuela de Colmenares,


un lugar en el que el tiempo, decididamente, pasa de
forma diferente.

Poco a poco vas a ir dejando de oír el ruido de los coches. Tal


vez escuches los gritos de los chicos de un colegio cercano... o
el canto de los pájaros... incluso seguramente el sonido de
tus propios pasos...

La ciudad de alguna forma se ha esfumado y estás en algún


lugar al margen del tiempo. Tal vez sea el silencio... o los
sonidos que se escuchan... pero aquí se respira algo
especial.

Mira a tu alrededor. Prueba a hacer algunas fotos. No


busques historia ni monumentos; busca sensaciones.

Una ventana, una reja, unas sombras, una mancha de


humedad en la pared... un simple balón de fútbol que llega
rodando sobre la nieve... La historia es diferente cada
vez...

Enfrente, como fundida entre los árboles, otra de las


maravillosas iglesias románicas que salpican la ciudad.

Es San Juan de los Caballeros, el centro de este mundo.


Mostrándose y escondiéndose, va a ser tu referencia en esta
parte del camino..
44 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Empieza a descubrirla desde la parte de


atrás, desde su cabecera. Mira esos
ábsides, esos tejados, esas columnas...
Tan... humildes... Con la asombrosa
naturalidad que da llevar rodeada de esta
sensación 800 años...

Tal vez sea esa naturalidad, esa forma que


tienen de fundirse con su entorno, lo
que hace que estos edificios los empieces a
sentir, no como museos, ni siquiera como
obras de arte. Sino, casi, como seres vivos.

Dentro y fuera

Habrás visto una especie de mirador.


Acércate. Te sorprenderá cuando descubras
que es la muralla de la ciudad. Íntima,
casi como si no existiera... hasta que te acercas y miras hacia afuera, y la ves sobrevolando el
valle del Eresma.

En este punto estás a la vez dentro y fuera de la ciudad. En el interior de las murallas
pero con las montañas y los campos casi al alcance de la mano. Y es que aquí las montañas
y el valle no son un telón de fondo, sino que se convierten en un elemento más de este
propio rincón...

Y aquí, un pequeño secreto. Acércate al ábside de la iglesia. Verás que hay unos
escalones que bajan hasta las mismas piedras. Baja por ellos y sigue el camino. Te llevan a la
puerta más recóndita de la ciudad.

Sal por ella. Te encontrarás a los pies mismos de las murallas, en la escarpada ladera del
valle. ¿Dentro?... ¿Fuera?...
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Un estrecho sendero pegado a la


parte exterior de la muralla te permite
recorrer unos metros entre el muro y los
árboles. Enfrente, en el estrecho valle,
casi oculta por los árboles, hay otra
Segovia. La Segovia de los
monasterios en el valle del Eresma.
Santa Cruz la Real, El Parral... Tan
lejanos y a la vez tan sumamente
próximos...

San Juan de los Caballeros

Respira el ambiente y luego deshaz tus


pasos. Hay que subir de nuevo a la iglesia.
Ahora sí, ya puedes rodearla. San Juan
de los Caballeros era el lugar donde los
nobles linajes se reunían para tratar de
sus asuntos. Incluso se concibió como
panteón para los más ilustres.

La explanada que has recorrido ya


existía en la Edad Media. Aquí los nobles
realizaban torneos, justas y
competencias. Hoy, a la sombra de los
árboles o sobre la nieve, los niños de un
colegio cercano juegan a dar patadas a
una pelota de cuero... como tal vez
hayan venido haciendo desde hace
siglos...

Observa la torre. En una primera


mirada tal vez no te haya llamado la
atención ...(el cerebro tiene una limitada
capacidad para ver muchas cosas a la
vez...), pero los arcos del primer piso
son diferentes de los del segundo,
incluso en los materiales; observa
también en uno de los lados cómo los
arcos del primer piso han
desaparecido parcialmente.

Un pequeño caos. Son cicatrices que


hablan de su pasado, no siempre
placentero, pero que la hacen única.

A principios del siglo XX la iglesia


estuvo a punto de desaparecer
víctima de la ruina. Pero un particular le
46 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

salvó la vida. Fue el ceramista Daniel Zuloaga, que la compró y la convirtió en su casa y su
taller. Esto supuso algunas alteraciones en su interior, pero fue su salvación...

Una cicatriz más en este organismo vivo... Hoy es un museo en su recuerdo... y en el de la


propia iglesia...

Del otro lado de la iglesia, un jardín y de nuevo, un mirador. De nuevo la muralla. De nuevo
casi inexistente por dentro y abrupta por fuera... Un lugar donde -tal vez- reconciliarte con
el mundo...

Apura la ocasión porque después, será momento de volver a la iglesia para, ahora sí, salir de
este mundo... o casi... Porque, calle arriba, entre palacios medievales, acabas llegando a
una nueva plaza, la Plaza de San Agustín, con un mirador desde donde puedes ver... la
iglesia de San Juan de los Caballeros...

Es un último contacto... esta vez desde la distancia, sobresaliendo sobre los tejados y
casi fundida con las montañas. Una imagen curiosa... y un recordatorio de que aquí los
conceptos dentro y fuera son siempre relativos...

La Plaza de San Agustín

La plaza de San Agustín es, en muchos sentidos, la otra cara de la moneda del mundo
que acabas de abandonar. En ella están los restos del convento de San Agustín. Restos
porque esta construcción tuvo peor suerte que San Juan de los Caballeros. No tuvo mecenas
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que lo salvase (a pesar de que el propio Daniel Zuloaga emprendió una activa campaña para
ello) y fue derribado hace un siglo, en 1914... La ciudad necesitaba solares. Desapareció
todo menos lo que fue la cabecera de la iglesia, cuyo espacio no resultaba útil porque
desborda la plaza y hunde sus raíces ladera abajo. Tal vez por eso se salvó y hoy, en ruinas y sin
tejados, es un rincón al que volver.

Durante el régimen de Franco se le quiso dar alguna utilidad y se convirtió en un lugar de


homenaje a los muertos de su bando en la Guerra Civil de 1936-39. Sus nombres llenan los
muros que siguen en pie. Con la llegada de la democracia a España, se le quiso quitar ese
enfoque partidista y, sin modificar lo que había, se añadió un recuerdo al régimen
constitucional contra el que se había levantado el general Franco. También se levantó una
escultura en homenaje a las víctimas de la guerra.

El resultado es un espacio extraño, mitad homenaje, mitad testigo mudo, profundamente


anacrónico y tal vez por eso, profundamente atemporal, como un triste recuerdo a las
víctimas de todas las guerras.

La última parte de este recorrido por el Barrio de los Caballeros debes planteártela como
un paseo. Sin historias que contar. Simplemente para darte el gusto de disfrutar de estas
calles, de estas casas, de estas sensaciones...
48 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Las plazas de San Facundo y del Conde de


Alpuente guardan pequeños jardines en su
centro. Son el recuerdo de otras dos iglesias que
desaparecieron en aquel tsunami de finales del
siglo XIX pero que durante siglos tuvieron el
orgullo de ser el centro de su respectivo
universo.

Si te apetece poner prueba tus dotes de


observación, en esta última plaza puedes
encontrar la que fue la puerta de la iglesia
de San Román. Hoy sobrevive como puerta
de entrada a un edificio del siglo XX.

Ya casi al final de tu camino tienes la ocasión de


conocer la otra cara de aquella pequeña
calle en curva donde aprendiste a leer en las
paredes. Y unos metros más adelante, el final
de este recorrido. El punto más alto de la
ciudad, en la Plaza del Seminario.

La iglesia de los Jesuitas

El edificio que pone fin a esta etapa no deja de


ser singular. Es la iglesia de los Jesuitas.
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Mírala bien. Si te desconcierta o no terminas de entenderla en el mundo que acabas de


recorrer es que todo lo que has estado aprendiendo ha hecho su efecto. Porque esta
iglesia pertenece a otro tiempo. Esto ya no es un edificio medieval. Es una obra del
Renacimiento... Y el Renacimiento tiene una curiosa -y a veces difícil- relación con
Segovia.

Es una iglesia hecha “como Dios manda”... o al menos como decían los que
mandaban... Racional, austera, de una simetría casi insultante... El espíritu de la
Contrarreforma. Nada en ella es casual. Sigue los dictados que se habían establecido en la
gran iglesia madre de los Jesuitas, Il Gesu de Roma, pero también fue supervisada por los
arquitectos reales que habían hecho El Escorial. Roma y El Escorial diciendo cómo
había que hacer las cosas en Segovia... Definitivamente, el mundo había cambiado.

El edificio en sí mismo es muy interesante. Pero como vas a ir viendo, hay varios edificios
de la misma época repartidos por la ciudad, y casi en todos los casos te quedas con la extraña
sensación de que parecen ajenos a la misma, como si no acabasen de encajar en una
ciudad en la que las cosas más que ser como
deben ser, son... como acaban siendo...

Y justo aquí, como para romper tanta serena


sobriedad, en un gesto de teatralidad propio del
espíritu de la ciudad, el Acueducto hace de nuevo su
aparición... Justo debajo de tus pies... Es el “Acueducto
subterráneo”. Unas pequeñas placas de bronce en el
suelo te van indicando el lugar exacto por el que pasa.

Es parte del juego. Síguelo durante unos metros... Te va a


llevar a tu siguiente reto... Y te adelanto que no es
fácil...
50 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

La sombra del Rey


5
Ha llegado el momento de que pongas a prueba tus
habilidades adquiridas en los capítulos anteriores.
Porque ahora toca visitar algo que no existe. O
mejor, algo que existe pero que muchos no son
capaces de ver. Vas a ir al corazón de la corte de
Enrique IV. A lo que fue su palacio, en pleno centro
de la ciudad. De ese palacio quedan muy pocos
restos materiales, pero aquí ocurrieron cosas que
cambiaron el curso de la Historia. Si crees en el
alma de los sitios, este es tu reto...
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Hay quien dice que cada vez que en un lugar sucede algo importante, es como si una
huella de aquellos acontecimientos permaneciese allí y transformase ese lugar para
siempre...

Hoy, del que fue el Palacio de Enrique IV apenas quedan unas pocas paredes y algunos
arcos. Pero aquí, en la manzana de casas que vas a bordear, se vivieron al final de la Edad
Media algunos de los episodios más importantes de la historia de Segovia, de
Castilla y de España.

Ya sabes que Enrique IV prefería vivir en el corazón de la ciudad en lugar de hacerlo en


el majestuoso... y un tanto frío y apartado Alcázar.

Y justo aquí, en pleno corazón del Barrio de los Caballeros, construyó su Palacio. Un
palacio nada convencional, como casi todo en él. Una obra hecha a su imagen y
semejanza... Por eso quizás unos y otros -por acción o por omisión- se encargaron de que
poco a poco se fuera desintegrando... Y casi lo consiguen.

Tras su muerte, el palacio fue dividido en tres partes independientes y vendidas por
separado. Y con el tiempo cada una de ellas fue evolucionando a su manera hasta dejar muy
poco de la construcción original. A principios del siglo XXI... Sí, a principios del siglo XXI,
alguien se dio cuenta de que ese poco también iba a desaparecer y movió los hilos para tratar
de salvar lo salvable. No es mucho... pero es... Y afortunadamente, al menos de momento, ahí
sigue...

El palacio ocupaba toda la manzana. Y son precisamente las paredes del esquinazo que
tienes delante el resto más grande que se conserva.

El palacio era una construcción medieval pero, fiel al espíritu del rey, tenia lo que podríamos
decir un “ritmo” árabe... Más que un palacio en sí, en realidad eran varios edificios juntos,
más o menos independientes entre sí, cada uno organizado a partir de un patio central.

Como puedes
apreciar, hacia el
exterior no era
lujoso, y los
materiales que se
utilizaron en su
construcción eran en
su mayor parte
ladrillo y yeso. Lo
bueno estaba en el
interior. Arcos,
yeserías,
artesonados...
Recuerda el
monasterio de San
Antonio el Real.
Imagina esos techos
aquí, en el mismo
palacio del rey...
52 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Las paredes que ves en este esquinazo eran


lo que se llamaba el “Palacio de la
Reina”, y eran las dependencias que
ocupaba Juana de Portugal (el nombre
de la plaza mantiene hoy vivo su recuerdo).

Detrás de estas humildes paredes se


vivió un drama que levantó pasiones y
que acabó por cambiar para
siempre el futuro de España.

En estas habitaciones de la reina se


vivió de primera mano la enorme
tensión que causaba la falta de un
heredero.

Primero, la impotencia del rey... y las


mil y una artimañas para tratar de
remediarla... Luego, cuando la reina al fin
quedó embarazada y tuvo una hija, los
rumores sobre su paternidad. Que si la
niña era hija del rey... que si de Beltrán
de la Cueva...

Detrás de estas paredes, la reina


sufrió la humillación de ver cómo a su
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hija la apodaban “Juana La Beltraneja”. El reino se dividió en dos. Unos apoyaban a la


niña Juana como legítima heredera, otros a Isabel, la hermana menor de Enrique.

Y estas paredes vivieron la enorme soledad de la reina cuando los nobles, en sus
interminables disputas, acabaron por apartarla de la niña para mantenerla convenientemente
“custodiada”, lejos de ella y del rey, en Madrid, en Escalona... La suerte de la que, en
circunstancias normales, habría sido la futura reina de Castilla estaba en el aire...

El final de la historia se iba a escribir en


buena parte años después también aquí...
en la esquina opuesta del palacio.
Toca, pues, rodear el edificio. Continúa
bordeando la fachada del “Palacio de la
Reina” en dirección a la torre que ves al
fondo. Esta parte del palacio fue más o
menos derribada y en su lugar se edificaron
una serie de construcciones inconexas. Hoy
quedan un arco por aquí, un lienzo de pared
por allá...

Un paréntesis

Antes de continuar, merece la pena que


hagas un breve paréntesis y te detengas en
la torre que has estado viendo desde que
comenzaste el recorrido y que ahora tienes
justo delante. Obviamente no pertenecía
al palacio (los separa una calle), aunque sí
a uno de los personajes más
importantes de la corte de Enrique
IV, el contador real Diego Arias Dávila.

Arias Dávila es un ejemplo de los


nobles “de mérito” encumbrados por el
rey. Eran gente de origen humilde, que
hacían bien su trabajo y que , como era de
prever, eran vistos con muy malos
ojos por los nobles “de cuna” que
vivían en los palacios de la ciudad. A fin de
cuentas no dejaban de ser un
contrapoder... hábilmente manejado por el
rey... De hecho Arias Dávila era de origen judío y según parece se convirtió al
Cristianismo de niño.

La torre de su palacio es en realidad menos guerrera de lo que parece. Fue más un


símbolo de estatus (alta, robusta, al lado mismo del palacio del rey) que una fortaleza
puramente defensiva. La delicadeza de los esgrafiados (diferentes en cada piso) y la gracia
de algunas de sus ventanas hablan más de refinamiento que de tosca lucha. Un guiño a los
gustos estéticos del rey...
54 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Ahora sí, continúa rodeando el Palacio


del rey, precisamente por la calle hoy
llamada de Arias Dávila. Más o menos a
la mitad puedes ver el otro resto del
palacio que queda en pie en el exterior.
Un paño de muro de piedra, con
algunas ventanas, que hoy forma parte
de un edificio renovado. En tiempos de
Enrique eran la base de la gran
torre con la que contaba el palacio.

La fachada real

Ya en la esquina, y con la fachada dando


a la plaza que se abre delante, está el
lugar en el que estaba la entrada
principal del Palacio del Rey.
Adéntrate un poco en la plaza para
tomar perspectiva. Si miras hacia el
edificio que está en la misma esquina
y empiezas a reducir el tamaño de
las ventanas, no te costará identificar
un viejo palacio. No es la fachada original
del palacio de Enrique IV, pero tampoco
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se construyó mucho después. A su derecha, en un recoveco, puedes ver la entrada al Museo de


Arte Contemporáneo Esteban Vicente. Es un espacio moderno y minimalista pero que sin
embargo conserva restos del palacio original.

Esta plaza se llama plaza de San Martín (por la iglesia que tiene en su centro) y de hecho en
tiempos de Enrique IV este palacio era conocido como el “Palacio de San Martín”.
Disfruta de la plaza y sus vistas, pero no la recorras de momento. En el siguiente capítulo lo
vas a hacer con tranquilidad, desde la parte de abajo

Por el esquinazo donde hoy está el viajo Palacio era por donde entraba y salía el rey, -a
menudo con vestimentas toscas- para vivir la ciudad desde dentro. Desde aquí gobernó
Castilla y desde aquí acarició el sueño de su unión definitiva con Portugal en un solo
reino.

Llegó incluso a acordar una doble boda para hacerlo posible: la de su hermana Isabel con
el rey de Portugal, y la de su propia hija Juana con su hijo. En una o a lo sumo en dos
generaciones la unión sería un hecho. Pero... lo que son las cosas... aquí mismo, entre estas
mismas paredes se iba a consumar el fin de ese sueño, apenas un mes después de la
muerte de Enrique.

Enrique murió en 1474 y, como sabes, nunca se encontró su testamento. ¿Quién tenía la
legitimidad para sucederle? ¿Su hija Juana? ¿Su hermana Isabel?

Isabel, que se encontraba en el Alcázar en el momento de la muerte de su hermano, no dio


opción al debate. Movió ficha y, justo tras la muerte de Enrique, fue más o menos
56 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

“autoproclamada” reina de Castilla. Fue a unos pasos de aquí, en lo que hoy es la Plaza
Mayor. Y nada más terminar el acto, este palacio fue el primer lugar que pisó.

Porque fue aquí -y no en el Alcázar- donde se celebró el “besamanos” oficial tras la


coronación. Fue toda una
declaración de principios.
Celebrarlo allí, en el corazón
del palacio más íntimo y
más “real” de Enrique, era
tal vez la forma más inequívoca
de decir a todos que ella era la
reina legítima de Castilla.

En los días siguientes Isabel


no salió de aquí, y fue desde
aquí desde donde cimentó su
reinado.

Unos días después entró en


Segovia su esposo
Fernando, a quien todos estos
acontecimientos le habían
pillado en sus tierras de Aragón. Y apenas un mes después fue entre estas mismas paredes
donde se empezaría a poner fin a la historia.

Porque aquí tendría su origen el famoso “Tanto monta”. Y fue justo aquí, en el que había
sido Palacio de Enrique IV, donde se firmaron las “Capitulaciones de Segovia” por las
cuales Isabel de Castilla y su esposo Fernando de Aragón se proclamaron iguales en
sus dos reinos.

Las armas de Aragón sustituyeron definitivamente a las de Portugal en el escudo


real. Detrás de estas mismas paredes empezaba a borrarse el recuerdo del rey
Enrique IV y acababa de nacer algo que se iba a llamar España.

Alguien dirá que hoy no queda nada del Palacio de Enrique IV... Depende de con qué ojos
lo mire...
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El final

El recorrido por el Palacio de Enrique IV finaliza con los últimos metros que quedan
para terminar de rodear la manzana. Por alguna razón, estos últimos metros se viven
con una especie de sobrecogimiento. Tal vez sea el recuerdo de Enrique, de su esposa Juana,
de su hija, también Juana, de su hermana Isabel, de su cuñado Fernando... de Castilla, de
Aragón, de Portugal... De tantas y tantas historias...

En la esquina siguiente, ya casi en el lugar donde comenzaste, el Palacio hacía otro


recoveco. Es lo que hoy es la Plazuela de los Espejos. En ella estaba la entrada
principal del Palacio de la Reina. Estaba en lo que hoy es una casa contemporánea. De
hecho, si te fijas, justo detrás (lo ves por la derecha) está el esquinazo por el que
comenzaste este recorrido. Desde aquí tienes, pues, una vista de lo que fueron las
dependencias de la reina Juana de Portugal. Imagina un patio interior en el centro y casi lo
puedes ver...

Según parece la plaza actual se llama “de los Espejos” porque aquí, sobre la entrada del
palacio había una galería (que quiere recordar el edificio actual) que tenía unos esmaltes que
reflejaban la luz y daban la ilusión de ser como unos espejos. El resto del espacio de la plaza lo
ocupaba la leonera del rey, una especie de patio en el que guardaba sus leones... Siempre
sorprendente Enrique IV...

A la izquierda de la plazuela, pues, las dependencias del rey... Tal vez seas capaz de
trazar mentalmente el rectángulo que ocupaban, adosadas a las dependencias de la reina...

En efecto... es verdad... estás viendo el Palacio de Enrique IV.


58 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Riqueza, orgullo,
6 poder, sangre... y fuego
La Segovia que se extiende a los pies del Palacio
de Enrique IV es el centro de su alma más orgullosa
y pasional. Era el lugar donde los reyes que
llegaban a la ciudad debían descabalgar y jurar los
fueros.

Una soberbia escenografía donde aún hoy se


recuerda la pasión con la que eran capaces de
defender su forma de ver el mundo.
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Nuevamente, una pequeña calle en cuesta


te da las llaves de este mundo. Y así, de nuevo
por la puerta de atrás, llegas al corazón de
la historia.

Desde atrás llegas a la Casa de los Picos, una


de las más singulares de la ciudad, con su
fachada principal como erizada de piedras
en forma de puntas de diamante... Una coraza
que, sin embargo, la casa no había tenido
en su origen.

Hay varias historias que quieren explicar por


qué se hizo. Son más o menos diferentes, pero
todas vienen a coincidir en un cosa: se trataba
de que la casa llamase la atención y de
que se conociese bien quién era su
nuevo propietario. Y desde luego se
consiguió... Aquí estamos hoy, quinientos años
después, hablando de ambos...

Hay quien dice que lo que Juan de la Hoz -


que era el nombre de su nuevo dueño-
pretendía es que se dejase de conocer a la casa
por su antiguo nombre (la “casa del judío”
según unos o la “casa del verdugo” según
otros, en referencia a sus
antiguos propietarios).

Pero de lo que no cabe


ninguna duda es que
quería que se hablase de
él... Porque puso su
escudo prácticamente
en todas partes en las
que pudo. No solo sobre
la puerta, donde era lo
habitual, sino también
sobre cada una de las
ventanas de la fachada, por
pequeña que esta fuera.

La casa es como un ser


vivo. La piel cambia y se
mueve según lo hacen
las sombras sobre sus
miles de caras... Una “piel”
que a veces, más que
añadida, parece como si
surgiese de la casa de
60 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

forma natural. Si te fijas bien verás pequeñas imperfecciones aquí y allá, en el tallado de
la piedra o en la forma en que los “picos” nacen sobre las ventanas y otros huecos. Pequeños,
irregulares... naturales...

Tú has llegado por una calle lateral, pero en realidad, esta era la primera casa que uno se
encontraba cuando entraba en Segovia por su puerta principal, la Puerta de Martín,
que fue derribada en el siglo XIX... También por aquello del progreso... Estaba junto a lo que
luego fue el Teatro Cervantes... también hoy desaparecido... tal vez también por aquello del
progreso...

Una lápida en la pared recuerda que en ella debían detenerse los reyes antes de entrar
en Segovia para jurar sus fueros. En este mismo lugar se detuvo Fernando el Católico
en 1475 cuando llegó a la ciudad tras la muerte de Enrique IV y la coronación de Isabel...
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La Calle Real

Justo aquí, la calle se abre y aparece una amplia vista de los tejados de la parte baja de la
ciudad y, al fondo, la sierra, la montaña de La Mujer Muerta.

Hoy estos tejados son modernos, pero aquí estuvo la Segovia popular y morisca de los
artesanos y campesinos, a los pies de las murallas. Es la continuación del Azoguejo, que
queda justo a la izquierda. Hoy, en medio de ese laberinto sobresale el campanario medieval
de una de las iglesias más antiguas y notables de la ciudad: la iglesia románica de San
Millán, verdadero centro de ese mundo.
62 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Llegados a este punto, es el momento de


volver a entrar en la ciudad. Y lo
vamos a hacer por lo que podríamos
llamar “su lado natural”, como si
entrásemos por la Puerta de San
Martín. Porque esta esta calle en ligera
cuesta es la calle que nace en el
Azoguejo, en el mismo Acueducto, y
llega hasta la Plaza Mayor.

La calle tiene varios tramos, con varios


nombres, pero todo el mundo la conoce
como la Calle Real... aunque ese no sea
el nombre de ninguno de ellos...

Es el recorrido que, por lo demás, y


como puedes observar, hacen los
visitantes que descubren la ciudad por
su ruta más convencional.

Unos pasos más adelante, en una


plazuela a la izquierda, tienes el Palacio
de los Condes de Alpuente, con los
esgrafiados cubriendo toda la fachada
y unas magníficas ventanas góticas
de pizarra negra.

Poderío y delicadeza al mismo tiempo.


A partir de la época de Enrique IV
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Segovia se hizo una ciudad muy rica como consecuencia del negocio de la lana. Los
palacios ya no tenían por qué ser castillos, el lujo empezaba a convertirse en el verdadero
símbolo de poder.

El palacio también tiene sus


“cicatrices”. Observa que justo a la
izquierda de la puerta hay un
arco tapiado, de claro origen
mozárabe. En tiempos fue la entrada
principal del palacio (en un
extremo de la fachada, como
corresponde) aunque más tarde fue
tapiada y escondida tras una pared
para hacer la nueva, más... digamos...
señorial...

La vieja estuvo oculta durante siglos


hasta que fue descubierta al realizar
unas obras de restauración y se decidió
dejarla como la ves hoy, tapiada pero a la vista...

Por cierto que, si eres amante de lo


“vintage”, en este esquinazo del
palacio podrás ver un cartel que avisa
de que “no se permite dejar
carruajes en esta plazuela bajo
multa de 5 pesetas”... En cierta
manera, otra cicatriz en esta historia...

A escasos metros del palacio puedes


ver la Alhondiga, lo que durante
muchos siglos fue el almacén de
grano de la ciudad. Un edificio que
se ha mantenido casi igual a como
estaba en la Edad Media.

Delante de él uno no puede dejar de


pensar en los edificios que albergaban
los mercados de paños de las
ciudades flamencas con las que
Segovia tenía tanta relación.

No es exactamente lo mismo... pero


beben de la misma realidad... Grandes
infraestructuas civiles, útiles y a la vez
verdaderos símbolos de poder...

Bien... llegados aquí, estamos a


apenas un paso del “clímax” de esta
parte del recorrido.
64 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

La plaza de... digamos... Juan


Bravo...

Aquí estás de nuevo. Tal vez no la reconozcas


desde este ángulo, pero esta es la plaza que
había delante de la entrada de lo que fue
el Palacio de Enrique IV. Ahora, eso sí,
vista desde abajo, que es como mejor resulta.
Los restos del palacio del rey son los edificios
que hay en lo más alto.

Esta es posiblemente la plaza más bella de


la ciudad. Por su estética, pero también
porque es una plaza con mil caras, que va
cambiando según la vas recorriendo. Y por
encima de todo, es una gran escenografía.
Una escenografía en la que asistes a la
representación del alma de Segovia. Una
historia de riqueza, de orgullo, de poder, de
sangre y de fuego...

Probablemente la oigas nombrar como la


Plaza de Juan Bravo o la Plaza de las
Sirenas. Pero ninguno de los dos es su
nombre... De hecho no es una plaza sino dos.
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La mitad de arriba es la Plaza de San Martín y la mitad de abajo la Plaza de Medina del
Campo. El espacio que las separa -o que las une- fue durante mucho tiempo un descampado
que llegó a albergar incluso un cementerio vinculado a la iglesia. Pero en el siglo XIX se
diseñó la escalinata que ves hoy. Una escalinata que hace su trabajo de forma perfecta,
resaltando que estás en un espacio lleno de retrancas.

Al igual que suele ocurrir en las plazas construidas en desnivel, es desde la parte de abajo
desde donde el conjunto adquiere su pleno sentido.

La plaza es una magnífica colección de palacios nobles y de casas cargadas de siglos, en una
escenografía que recuerda mucho a las ciudades toscanas. Recias y delicadas a un
tiempo y, sobre todo, muy teatrales.

Es uno de esos sitios que, si no tuvieran una historia detrás, serían admirables de cualquier
forma... Lo que ocurre es que en la práctica, si lugares como éste acaban siendo así es porque
ha habido una historia que
los ha ido modelando...

El nexo de unión entre la parte


alta y la parta baja de la plaza es
la iglesia de San Martin,
rodeada de casas nobles y de
palacios, como corresponde al
barrio y a la proximidad del
palacio del rey.

Como ocurre en otras muchas


plazas segovianas, la iglesia es
el corazón de este
microcosmos.

Aquí, casi perfecta, con esa


galería orientada al sur, tan
característica del románico de
Segovia, un espacio semi-
sagrado que servía tanto de
lugar de reunión de los
habitantes del barrio como
para determinados actos del
culto que no casaban bien con
la solemnidad del interior.

Y para terminar de darle


carácter, esa torre, esos
ábsides... Dos románicos a los
lados y uno central...
posterior... más grande...
cuadrado... porque había que
colocar un retablo... y no
cabía...
66 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Medio escondida, pero


sobresaliendo sobre todos
los demás edificios, otra de
las espectaculares torres de los
palacios de los nobles
segovianos.

Es la Torre de los Lozoya.


Esta sí, mucho más guerrera
que la de los Arias Dávila, aunque
con los años fue suavizando un
tanto su ardor con nuevas
ventanas y sobre todo una
gran puerta. Eso sí, enmarcada
con unas grandes dovelas de
piedra como era costumbre para
resaltar la contundencia de la
construcción y la importancia de
sus habitantes.

No muy lejos de ella verás un


palacio todo hecho con
sillares de piedra, lo cual no
era muy frecuente en la Segovia
medieval. Y es que este ya no es
medieval, sino renacentista,
aunque de alguna forma bebía
de ambos mundos...

Fíjate en la galería del piso


superior. La vas a ver en otras
muchas casas de la época, y te
habla del origen de la riqueza de
esas familias: el negocio de la
lana.

Como sabes, la cadena de


producción del negocio lanero
estaba muy fragmentada pero
en el pico de la pirámide
estaban las familias nobles
y los ricos comerciantes que
dirigían la producción y se
encargaban de venderla.

Esas galerías superiores


hablan del lugar en donde se
secaba la lana, y te cuentan
que fue la casa de un rico
comerciante de este negocio.
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Juan Bravo y la rebelión de las Comunidades

En la parte baja de la plaza, donde ya se llama Plaza de Medina del Campo, puedes ver la
estatua que rinde homenaje a Juan Bravo, uno de esos nobles segovianos, que protagonizó
uno de los episodios más importantes del reinado del emperador Carlos V.

Fue conocido como la Guerra de las Comunidades, y tomó todo su aliento de lo que ahora
mismo tienes a tu alrededor.

Carlos V era el nieto de Isabel y de Fernando. Era hijo de su hija Juana (La Loca) y de
Felipe (El Hermoso). Había nacido y se había criado en Flandes. Y cuando entró en España
no lo hizo con buen pie. Rodeado de una corte de nobles flamencos, no se cuidó mucho de
mostrar su sintonía con las costumbres castellanas.

En 1520 fue nombrado además Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico
lo que junto con sus dominios “hispánicos” lo convertían en el monarca más poderoso de
su tiempo. El sueño de sus abuelos.

Los nobles castellanos, sin embargo, veían con muy malos ojos la pérdida de
influencia que para ellos suponía todo esto y exigieron una rectificación al monarca. Como
no se produjo, acabaron por levantarse contra él.

En realidad, no era nada nuevo. Lo habían hecho con otros reyes de Castilla a lo largo del
tiempo. Pero ahora la situación era distinta. La Edad Media había terminado y aquello
empezaba a ser lo que se luego se llamaría “el Estado Moderno”.
68 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

En un momento del conflicto, el emperador pidió a la ciudad de Medina del Campo


sus cañones para bombardear a la levantisca Segovia. Medina se negó y, como
represalia, las tropas del emperador prendieron fuego a aquella ciudad.

La noticia incendió los ánimos en Segovia. El Concejo


se reunió y declaró la guerra al emperador.

El Bando que redactó aquel del Concejo lo tienes en


esta misma plaza. Acércate y léelo con atención
porque es un texto realmente admirable. Es una
pieza literaria tremendamente emotiva, tan incendiaria
como comedida. Mano de hierro en guante de
seda. Puro espíritu segoviano. Uno de esos textos
que parecen que nacen con vocación de pasar a la
Historia:

“Ayer jueves, que se contaron 23 del presente mes de


agosto, supimos lo que no quisiéramos saber, y hemos
oído lo que no quisiéramos oír. Conviene a saber, que
Antonio de Fonseca ha quemado toda esa muy leal villa
de Medina. También sabemos que no fue otra la ocasión
de su quema, sino porque no quiso dar la artillería para
destruir a Segovia.

Dios nuestro señor sea testigo, que si quemaron de esa


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villa las casas, a nosotros abrasaron las


entrañas, y que quisiéramos más perder las
vidas, que no se perdieran tantas haciendas.
Pero tened señores por cierto, que pues
Medina se perdió por Segovia, o de Segovia
no quedará memoria, o Segovia vengará la
injuria de Medina”

Una pieza para convertirla en piedra y


colocarla en las paredes que la inspiraron...
Justo lo que se ha hecho.

La ciudad se levantó en armas y Juan


Bravo, regidor y jefe de las milicias de la
ciudad, se convirtió en el líder de la
revuelta. La rebeldía se extendió a cada
rincón de la ciudad y los ciudadanos
acudieron a tomar el Alcázar donde
estaban los hombres del emperador.

Justo enfrente del Alcázar estaba la


antigua Catedral, y los sublevados se
hicieron con ella. La batalla se llevó hasta
sus mismas naves. Catedral frente a
Alcázar, dos colosos a cara de perro...

La lucha duró varios meses. Aquí y en otras


partes de Castilla. Hasta que los ejércitos del
emperador acabaron por vencer a los
de los sublevados. Fue en la batalla de
Villalar, a algo más de 100 kilómetros de
Segovia.

El emperador, como se iba a convertir en


habitual en él, fue implacable con los
vencidos. Los líderes de la sublevación fueron
ejecutados. El 24 de abril de 1521 el noble
segoviano Juan Bravo fue decapitado en
el cadalso de la propia Villalar. Los escudos
de piedra de su casa de Segovia fueron
picados para borrar su recuerdo.

Tuvieron que pasar cuatrocientos años


para que una escultura en su honor se
levantase en el corazón de esta historia.

Historias como esta explican los ecos que


suenan en esta plaza...
70 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Un delicioso paréntesis
7
Llegados a la mitad de la historia, y después de
tantos ardores medievales, llega el momento de
hacer un paréntesis. Un paréntesis por un delicioso
secreto de Segovia: el Paseo del Salón de Isabel II.
Un auténtico paseo ilustrado donde sorprender una
cara diferente de esta asombrosa ciudad.
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El Paseo del Salón es uno de esos espacios creados para ver y para ser visto. Un lugar
para el paseo elegante. Un sitio los siglos XVIII y XIX que huele a caballeros con levita
y a damas con amplios vestidos y primorosas sombrillas... Un paseo elegante, pero
eso sí, recogido y discreto.

Se construyó en una pequeña explanada adosada a la muralla por su lado exterior.


Para acceder a él hay que salir por tanto de la ciudad amurallada. Y para darle ya desde el
principio su punto de encanto, eso se hace a través de dos pequeñas puertas: la Puerta del
Sol y la Puerta de la Luna.

Vas a entrar por la Puerta de la Luna. El paseo tiene dos caras. De un lado, la muralla, y
del otro, enfrente, las afueras de la ciudad. Una vez más el exterior. Montañas, cerros,
un pequeño bosque de pinos... Es un paseo que está dentro y fuera de la ciudad al
mismo tiempo. Una sensación conocida, pero también distinta.

El lado interior del paseo se pega a la muralla, con los edificios literalmente adosados a ella...
incluso fundidos... Son de distintas épocas, pero el conjunto tiene una gracia peculiar...
difícil de clasificar. Incluso en algunos lugares con un marcado carácter mediterráneo.
Trata de encontrarlo.

Déjate engatusar por este lugar. Recórrelo sin prisa y, si el tiempo lo permite, haz un alto
en él... Aquí no hay historias que vivir... ni tampoco hacen falta... Es un sitio para ver pero
sobre todo es un sitio en el que estar. Casi tienes la sensación de que este pequeño
universo es como una burbuja que no necesita que haya nada fuera de él.
72 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

La muralla...

Apura el paseo hasta el final.


Verás el segundo portillo de la
muralla. Es la Puerta del Sol. El
paseo acaba justo aquí. No hay
más. No hace falta más.

La explanada da paso a una calle


empinada cuesta abajo. Recórrela
unos pasos, simplemente para ver
cómo la muralla crece al
ritmo que lo hace el desnivel
y como en su parte más alta
quedan como colgadas unas
modestas casas.

Desde aquí, la creciente muralla


con sus casas fundidas parecen
como unos extraños
rascacielos que no tuvieran
nada en sus pisos inferiores.
Son las casas de La Judería.
Si siguieras el camino, harías un
recorrido interesante al pie de la muralla. Pero si no quieres alejarte demasiado no lo hagas
porque dentro de poco te encontrarás en el otro extremo de este camino. Ahora, pues, da
media vuelta, de regreso a la Puerta del Sol.
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Detrás de ella, como agazapada, está La Judería. Estás a punto de entrar en ella, pero no lo
vas a hacer por esta puerta. Aguarda un momento. Ahora acércate. Justo a su derecha verás
los muros de un edificio con unas ventanas con celosías de madera. Es lo que en la
Edad Media fue la Sinagoga Mayor de Segovia. No es momento de hablar de ella, pero
está a punto de serlo. Ahora obsérvala porque ésta es su mejor vista.

Cuando termines, recorre por última vez el Paseo del Salón en dirección a la Puerta de la
Luna por la que entraste. Debes volver a la Calle Real, a la Plaza de Medina del
Campo... o de Juan Bravo... para retomar el curso de la historia... Pero hazlo sin prisa.
Apura el momento, porque estás a punto de cerrar el paréntesis y retornar a tiempos
medievales.

Cuando estés listo, ahora sí, llega el momento de que esta historia se ocupe de los
judíos.
74 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

El laberinto de las
8 ausencias
Judería de Segovia. Final de la Edad Media. Los
judíos viven su época de mayor esplendor. Impulsan
la industria y financian al rey. En general están
integrados en la sociedad... Pero según algunos lo
están demasiado... Por eso, en su éxito iba a a estar
el origen de su condena.

Éstas fueron sus calles y éstas son sus historias.


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En la Judería vas a encontrar una Segovia distinta. Aquí las calles son más estrechas, casi
laberínticas, las casas son más altas. Y es que el espacio era escaso para tantos
habitantes...

Hasta que comenzó el siglo XV, los judíos habían sido una comunidad próspera.
Mantenían sus creencias y vivían más o menos libremente en cualquier parte de la ciudad.
Pero a partir de ese momento su suerte iba a cambiar para siempre.

Al principio se les obligó vivir solo en esta zona de la ciudad, con siete puertas que se
cerraban por la noche. También se ordenó que debían llevar un signo distintivo en
sus ropas para identificarlos fácilmente y se les prohibió ejercer ciertas profesiones.
Al final, simplemente se los expulsó del reino.

Nuestra historia entra en la Judería


por el lugar en el que estaba una
de esas puertas. En la Calle Real.
De ella sale una estrecha calle en
curva... Esa calle es la Judería Vieja.

Y ahí, justo antes de entrar en ella,


sigue viviendo... casi en secreto... el que
fue el más importante y sagrado de sus
edificios: la Sinagoga Mayor de
Segovia.

Una Sinagoga que dejó de serlo


hace 600 años... pero que todavía
existe...

La Sinagoga Mayor de Segovia

La antigua Sinagoga Mayor de


Segovia pasa casi desapercibida.
Debes buscarla en el lugar en el que
la Calle Real forma un pequeño
ensanchamiento para dar entrada a
la Judería Vieja...

Cuesta un poco llamar plaza a este


lugar aunque oficialmente lo sea... Es la
Plaza del Corpus Christi.

El mismo edificio cuyas paredes viste desde el Paseo del Salón, aparece aquí convertido en
un espacio casi invisible, medio secreto. Para entrar debes buscar lo que aparentemente es
la entrada a una pequeña capilla. Una estrecha fachada con una puerta medieval. Encima, la
leyenda “Corpus Christi”.

Y es que esta es la entrada al Convento de Corpus Christi... Porque desde hace 600 años lo
que fuera la Sinagoga Mayor de Segovia ha sobrevivido dentro de un convento.
76 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Tras cruzar la puerta, un típico interior


segoviano. Un zaguán, un patio interior, de
nuevo la inscripción Corpus Christi... y unos
arcos de herradura que empiezan a sugerir
que aquí hay algo más.

Cuando los atraviesas, surge el milagro. Un


espacio blanco, con unos
espectaculares arcos de herradura,
unos enormes capiteles de innegable
inspiración morisca, un techo mudéjar de
madera, unos ventanales, unas celosías...

Es un edificio que impacta. Judío de


origen, cristiano de adopción y con
claros aires musulmanes... Si has estado
en Toledo no te costará reconocer los aires de
la Sinagoga de Santa María la Blanca.

La Sinagoga era el lugar más importante


para la comunidad judía. No sólo era el
lugar de la oración, sino también escuela y
lugar de reunión. Era el centro de la vida de la
comunidad.
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Cuando entres debes colocarte mirando, no hacia donde hoy está el altar mayor, sino hacia
el muro lateral de la izquierda, porque ésa era la orientación original. Cuando se
levantó, la Sinagoga era un lugar “a lo ancho”, no a lo largo como lo ves hoy. Se entraba por la
pared que hoy está al fondo (donde está el altar mayor). Es la parte que viste desde el
Paseo del Salón. El muro que hoy ves a la izquierda del altar mayor está orientado hacia el
Este, a Jerusalén. En él se guardaban los rollos de la Torá (las sagradas escrituras), que ahí
mismo se utilizaban en el culto.

Sin embargo, la Sinagoga hace ya muchísimo tiempo que dejó de serlo. Fue a principios de
ese fatídico siglo XV. Y lo fue como castigo.

En Europa los judíos ya habían sido expulsados de Francia y de Inglaterra. Y en Castilla, en


Aragón y en Portugal importantes predicadores empezaban a culparlos de lo divino
y de lo humano.

En ese contexto, surgió aquí en Segovia una oscura historia que contaba cómo el párroco de
una iglesia cercana había entregado a unos judíos una Sagrada Forma y cómo éstos habían
intentado echarla en agua hirviendo aquí mismo, en la Sinagoga, pero la Forma había
conseguido escapar volando y refugiarse en el Convento de la Santa Cruz a las
afueras de la ciudad.

Como castigo, aquellos judíos fueron ejecutados y la Sinagoga convertida en templo


cristiano. Una historia similar a otras que corrían por Europa y que solían acabar más
o menos de la misma forma: castigo a los judíos y procesiones para fortalecer la unión entre
los cristianos... El caso es que fue así cómo hace 600 años la Sinagoga Mayor de Segovia se
convirtió en un templo dedicado precisamente al Cuerpo de Cristo (de ahí su nombre,
Corpus Christi).

A lo largo de los siglos el templo


sufrió algunas reformas para
adaptarlo a sus nuevos usos, e
incluso, a finales del siglo XIX
quedó muy dañado por un
enorme incendio. Pero hoy ha
recuperado su sencillo
esplendor de los comienzos.

Curiosamente el templo está


bajo el amparo de unas
monjas clarisas... hermanas
de aquellas otras clarisas que
han mantenido vivo el legado de
Enrique IV en el
Monasterio de San Antonio
el Real.

Y aquí, como sucede allí, sin


dejar de ser una iglesia católica,
ha mantenido vivo el
recuerdo de sus orígenes.
78 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

La puerta de la Judería

Ahora sí. Es el momento de cruzar


la puerta de la Judería. En algún
momento esta fue su calle principal,
y todavía hoy es un lugar con sabor.

En la época de los Reyes Católicos


ningún judío podía vivir fuera
de aquí. Tras el toque de queda se
cerraban las siete puertas y estas
calles se convertían en una ciudad
abigarrada, repleta de seres
humanos, aislados del resto de la
ciudad... Un distintivo en sus ropas
indicaba a todo el que lo viera que se
trataba de un judío...

Una historia del siglo XV que


casi parecería del XX... ¿o era al
revés?...

Un judío en la Corte

Unos metros más adelante, en la


primera esquina, extendiéndose
hacia ambas calles, está la casa de
uno de los personajes más poderosos
de la comunidad judía de Castilla.
Abraham Seneor.

Con el tiempo la casa fue dividida entre sus descendientes y más tarde fue hogar de otros
notables segovianos. Por ello su huella queda hoy de alguna forma diluida. No obstante -a fin
de cuentas estamos en Segovia- su recuerdo permanece. En su interior, un Centro
Didáctico de la Judería, mantiene vivo el recuerdo de los judíos.

Abraham Seneor fue una figura muy importante en el reinado de Enrique IV y luego en el
de los Reyes Católicos. Cuando salía de su casa, a mano derecha (por donde has venido)
apenas tardaba unos minutos en llegar hasta el Palacio de Enrique IV. Si lo hacía por la
izquierda, pocos minutos le separaban también del Alcázar...

Abraham Seneor es tal vez el mejor ejemplo del papel que llegaron a ejercer los judíos
en su época, y de las dos caras que llegó a tener ese papel: potenciados y perseguidos.
Tal vez dos caras de una misma moneda. Cuanto más crecía una más lo hacía la otra.

Abraham financió tanto a Enrique como a Isabel y gozó de la plena confianza de


ambos. Desempeñó funciones de máximo nivel en ambos reinados y participó activamente en
algunos de sus episodios más importantes... En la reconciliación de Enrique e Isabel o en las
propias negociaciones de boda entre Isabel y Fernando...
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Fue además un enlace directo


entre los reyes con la
comunidad judía en unos
tiempos en que nobles y clero
maniobraban permanentemente
en su contra, celosos de su
riqueza e influencia.

Sin embargo, sus gestiones y


su poder no le permitieron
evitar el desastre. Al final de su
vida, ya con 80 años, en 1492
tuvo que ver cómo esa misma
reina Isabel a la que tanto había
servido firmaba el acta de
expulsión de los judíos de
España.

Se les dio de plazo cuatro meses


para que eligieran: o convertirse
al Cristianismo o partir para
siempre. Abraham y su
familia decidieron
convertirse al Cristianismo.
Mantuvieron sus bienes y
pudieron seguir viviendo en esta
casa.

La ceremonia de su bautismo
(celebrada en Guadalupe) fue
presidida por los propios
Reyes Católicos que
actuaron como padrinos en
señal de afecto y reconocimiento.

En ese día Abraham, además de religión también cambió de nombre. Pasó a ser Fernán
Pérez Coronel. Fernán, por cierto, en honor al rey Fernando...

Fue una de las últimas cosas que hizo en la vida, porque apenas unos meses después,
murió...

La familia, con su nuevo nombre -los Coronel- y su nueva religión, continuó viviendo en esta
casa y se mantuvo como una de las familias más notables de Segovia. Su nieta María,
de hecho, se casó con Juan Bravo, y los Coronel como unos nobles más de Segovia, tomaron
parte activa en la revuelta de las Comunidades.

Sobre una puerta hoy tapiada, puedes ver lo que fue un escudo, aparentemente
vacío. En 1522 era el escudo de las armas de los Coronel, que fueron picadas por orden de
Carlos V. El emperador tenia fama no sólo de ser inflexible con los vencidos, sino de dejar
constancia de su derrota...
80 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

El barrio

Ahora déjate llevar por los escenarios de este


mundo. Retrocede unos pasos y desciende por la
primera calle. Una pequeña calle en cuesta, un arco
y al fondo, el exterior, las montañas, tal vez la
nieve... un pequeño calvario en lo alto de un cerro...
Probablemente lo recuerdes. Ese arco es la Puerta
del Sol. Estuviste justo del otro lado cuando
caminaste por el Paseo del Salón...
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Camina hacia ella, pero justo antes de llegar, entra en el callejón que ves a tu derecha. Es
como la puerta de entrada a un mundo secreto. Aquí te encuentras con una Segovia
distinta a la que conoces, con casas de ladrillo y vigas de madera hacia el exterior. Hoy son
calles muy tranquilas pero en la Edad Media era un lugar lleno de vida, donde estaban
los comercios, las tiendas y los negocios que gestionaban los judíos.

Tal vez percibas algo que permanece vivo en estas calles: las ausencias. Todas las casas están
habitadas pero apenas se ve gente por la calle, ni se oyen ruidos. Como si una extraña
huella de aquella expulsión y de aquella partida continuase todavía aquí...

La Puerta de San Andrés

El camino te va a llevar hasta otra de las puertas de la ciudad. La Puerta de San Andrés. Es
la más importante de las que quedan en pie... Y si se salvó fue porque el progreso que se llevó
por delante otras puertas de la ciudad llegó aquí un poco tarde, y cuando lo hizo, el concepto
de progreso tal vez había cambiado...

La puerta de San Andrés comunicaba la judería con el exterior. Y en nuestra


historia va a ser el inicio de un recorrido muy especial. Es un recorrido de ida y vuelta a
la cara más agreste y misteriosa de la ciudad. Un recorrido que te va a llevar hasta el
final de la historia de los judíos en estas tierras, pero que además te va a abrir las puertas de
nuevas historias que están por venir...
82 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

La cara más agreste


9 y misteriosa
El arroyo Clamores te enseña la cara más agreste y
misteriosa de la ciudad. Es el segundo de sus ríos,
un minúsculo arroyo que ha esculpido un profundo y
sorprendente valle. En él, frente a la ciudad, se
encuentra el cementerio de los judíos.
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El recorrido comienza y termina en la Puerta de San Andrés. Este era el camino que hacían
los judíos para ir a su cementerio... y el que siguieron -ya sin vuelta- cuando fueron
expulsados de Castilla.

Aquí te vas a encontrar con unos paisajes


diferentes. Casi impensables dentro de una
ciudad. Por eso, antes de comenzarlo, una buena
opción es subir a la propia puerta y hacer un
pequeño recorrido por el camino de ronda de la
muralla. Verás una panorámica de la judería y
tendrás las primeras panorámicas del valle del
arroyo Clamores. No hay duda de que te espera
una Segovia distinta a la que has conocido
hasta ahora.

Cuando bajes de nuevo a pie de calle, sal de la


ciudad por la Puerta de San Andrés. Es magnífica.
Una construcción de aires medievales y mudéjares,
que si observas, no está colocada en el frente
de la muralla, sino en un ángulo de 90 grados,
como si estuviera de canto. No es un capricho. Es
para defender mejor la entrada a la ciudad.

Cualquiera que quisiera entrar por ella debía


prepararse a recibir el ataque no solo desde lo alto
de la puerta, sino desde la muralla que corre a su
lado.

Esta salida te ofrece una buena vista de las


murallas desde fuera de la ciudad. Parecidas
y a la vez diferentes de cuando las has ido viendo en
otros lugares. Aquí, con un punto casi delicado...
84 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Pero la cosa cambia bruscamente si una vez que sales por la puerta giras a la derecha.
Ahí te encuentras otra cara de la ciudad. Las murallas, casi inexpugnables, surgen del risco
formado por el arroyo, y de repente parece como si todo resto de territorio urbano se
hubiera esfumado. Es como si hubieras sido transportado a otro lugar y te acercases a la
ciudad, tal vez desde los bosques... tal vez desde otro tiempo...

Toma el camino que desciende hacia el valle. Abajo, en el fondo, el lugar por donde transcurría
el arroyo Clamores, hoy canalizado y subterráneo, pero también como tantas otras cosas
aquí, no hace falta verlo para sentir su presencia. Su huella es innegable. Justo del otro
lado del río, donde están los pinos, tienes el cementerio judío. Como mandaba la tradición,
en una ladera fuera de la ciudad.

Por el camino, antes de llegar, vas a descubrir otro de los secretos de esta ciudad. Abajo,
junto al río, verás unas huertas. Son tan históricas como las piedras que has estado viendo.
Durante la Edad Media aquí estaban las huertas donde se cultivaban las verduras y las
hortalizas que se consumían en Segovia.

Y en este espacio, siempre por fuera de las murallas y paralelo al curso del río, era donde
vivía el pueblo llano, los agricultores, los artesanos, los moriscos... Si subes “río arriba”
llegarás al Azoguejo. Era la otra Segovia, la que trabajaba y vivía ajena a las intrigas de la
Corte, de los nobles y del clero... Hoy estas huertas siguen vivas... como tantas otras cosas en
esta ciudad...

El cementerio de los judíos

Recorre unos metros río arriba (hacia la izquierda) y atraviesa el arroyo por el Puente de la
Estrella. Luego, un camino de subida te dejará en la ladera, a las mismas puertas de lo que
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fue el cementerio. Una ladera hoy cubierta de pinos, desde la que se ve una de las más
bellas... y tal vez más tristes vistas de Segovia...

Aquí enterraban a sus muertos. Y aquí se congregaron en aquel verano de 1492 antes
de partir para siempre. Para decir adiós a sus muertos y a su ciudad.

Y aquí, en este mismo prado, a aquellas personas se les planteó por última vez el fatal
dilema: renunciar a su fe o partir. Algunos sucumbieron en el último momento y allí mismo
fueron bautizados.

Para aquellos que decidieron mantener su fe, este paisaje fue el último que vieron del
que había sido su hogar y el hogar de sus antepasados. Cuando fueron a otras tierras
se hicieron llamar sefardíes, que viene a ser algo así como “judíos españoles”, y
mantuvieron su identidad y su idioma allí donde fueron.

Hoy, más de 500 años después, sus descendientes mantienen viva esa identidad.
Los sefardíes son hoy más de dos millones de personas repartidas por todo el mundo,
que no olvidan que esta fue la tierra de sus antepasados. Tal vez te cruces con alguno de ellos
en tu camino...

Una vez que hubieron partido, la reina Isabel declaró estos terrenos como ejido, un espacio
público en el que no estaba permitido ni la agricultura ni el pastoreo. Cedió las lápidas de las
tumbas al Monasterio del Parral para que se usasen como material de construcción. Pero
los cuerpos quedaron aquí, en cuevas y en tumbas excavadas en la roca. Hoy puedes
ver restos de ambas... Las tumbas con la cabeza hacia el Oeste, para que al resucitar el
86 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

primer lugar hacia el que mirara el cuerpo


fuera Oriente, Jerusalén. Las hay que
sugieren la silueta de la cabeza y de los
hombros... Alguna incluso habla de un niño...

Este lugar, sencillo y bellísimo a la vez, te


invita a buscar un lugar donde sentarte, en
la ladera, frente a la ciudad.

Y tal vez te sientas tentado a revivir la


última mirada de aquellas familias.
Las casas de ladrillo y madera, más altas de
lo normal, apiñadas delante y detrás de la
muralla, incluso encaramadas sobre ella, las
huertas, el siempre agreste valle del arrollo
Clamores... la Catedral... No, la Catedral no
estaba todavía. Faltaban algo más de 30
años para que empezase a construirse...
precisamente, en parte sobre terrenos que
habían dejado libres los que hubieron de
partir..

El agreste valle del Clamores

Ahora deberías volver de nuevo a la ciudad. Pero esta historia no sería esta historia si antes no
hicieses un nuevo -y breve- paréntesis. Porque desde aquí debes asomarte a una de las más
sorprendentes y espectaculares caras que te reserva el valle del Clamores. Desde
las “alturas” de la ladera, camina un poco hacia el Oeste, manteniéndote más o menos paralelo
a la ciudad. Verás Segovia desde fuera, con perspectiva.
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El valle, la muralla, el Alcázar... Por fin vas a tener un primer encuentro con el Alcázar, y
la vista va a ser espectacular... como ocurre desde casi cualquier posición que lo mires.
Parece un castillo legendario de los bosques de Centroeuropa... Tómalo como un “tráiler” de lo
que te queda por vivir.

Y ahora sí, toca regresar a la ciudad. Deshaz el camino andado y entra de nuevo por la
Puerta de San Andrés. Te quedan unos pocos pasos para terminar tu recorrido por la
judería. Pero aquí, en estos últimos metros, no debe haber más historias. Simplemente
mira el mapa, respira, camina, apura el momento y déjate llevar por las emociones que acabas de
vivir...
88 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

La reina del juego


10
¡Aquí está! Aunque casi nunca has estado cerca, la
Catedral es el edificio que más veces has visto
hasta ahora. Sobre los tejados, en el rincón de una
calle, entre los arcos del Acueducto... Siempre ahí...
Pero no vigilante como un “Gran hermano”, sino con
un guiño cómplice... como para asegurar que todo
va bien... Ella es la Reina del Juego...
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Esta reina, sin embargo, llegó a Segovia cuando la fiesta estaba a punto de terminar, y
no estuvo presente en casi ninguno de los acontecimientos que has conocido hasta ahora. Se
levantó por orden del emperador Carlos V para sustituir a la anterior que él mismo había
ordenado derribar tras los destrozos que había sufrido durante la Guerra de las
Comunidades.

El inicio de las obras fue un momento de euforia y autoestima para los habitantes de Segovia que
por aquel entonces vivían el esplendor de su industria lanera. Era el mes de mayo de
1525. Ellos mismos trasladaban piedras desde las ruinas de la vieja catedral hasta la nueva para
aprovechar los materiales. La obra avanzaba rápido.

Se había contratado al mejor arquitecto del momento, Gil de Hontañón, el mismo que a algo
más de 30 leguas estaba levantando la Catedral de Salamanca.

En apenas 25 años se habían levantado las naves


hasta el crucero, y la torre hasta el cuerpo de
campanas. Entonces se levantó un muro provisional
de ladrillo para aislar lo construido del resto de las
obras, y en 1558 se celebraba la primera misa.

Iba a ser la más grande... y la más bella... Un


edificio a la altura del papel que había representado
Segovia.

... Demasiado tarde...

Sin embargo, todo esto llegaba demasiado


tarde... La catedral de Segovia había sido
diseñada como catedral gótica en una época
en la que ya no se construían catedrales
góticas... Y había sido hecha para albergar
grandes acontecimientos cuando los
grandes acontecimientos ya habían dejado
de ocurrir en Segovia...

Según crecían sus muros, la riqueza de la ciudad


se iba apagando. No fue de golpe. Fue un proceso
lento pero irremediable. El negocio de la lana fue
languideciendo, el poder abandonó definitivamente
Segovia y la ciudad poco a poco fue entrando en un
lento sopor que durante siglos la iba apartar del
curso de la Historia...

A 2.000 kilómetros de distancia su


“hermana”, la ciudad flamenca de Brujas,
estaba viviendo un “encantamiento” similar.
No es que ambas ciudades quedasen al margen del
tiempo. Es que el tiempo comenzó a pasar en ellas
de una forma especial... protegiéndolas...
90 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Así fue como, paso a paso, la Catedral continuó su proceso. Lentamente, pero sin perder un
ápice de su grandeza. Cien años después se derribaba el muro provisional y la cúpula cerraba
el crucero. Luego, las últimas capillas, hasta que un buen día finalizaron las obras.

Había llegado tarde y luego le costó encontrar su sitio, pero al final la reina del juego pudo
mostrar su esplendor. Y es que a fin de cuentas esta Catedral sabe reflejar como pocas
el alma de esta ciudad. Con mil caras... y siempre con una segunda lectura. Sobria pero
sensual. Cargada de historias y de sensaciones... y desde luego, profundamente teatral.

Sorpréndela

Después de tanto tiempo sorprendiéndote, juega ahora tú a sorprenderla a ella. Acércate con
sigilo... por donde menos te espera... Por la fachada principal... Y es que, en la Catedral de
Segovia la fachada principal no es lo mismo que la puerta principal...

Lo primero que tal vez te llame la atención es que esta fachada se encuentra en una especie
de tierra de nadie. Una explanada elevada (el enlosado) que más que acoger, más bien
acaba por aislarla de cuanto la rodea.

En parte es cierto. Y de hecho fue una obra que no se terminó hasta el mismo siglo XIX. Pero
hay que reconocer que el endiablado desnivel en el que se encuentra nunca puso las
cosas fáciles...
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Sin embargo, en su tiempo fue una auténtica novedad. Durante la Edad Media las
catedrales estaban literalmente pegadas a las casas que las rodeaban. Los espacios
que solemos ver hoy delante de ellas no son sino derribos masivos realizados siglos después
para darles perspectiva.

Aquí no, aquí el espacio vino “de serie”. Y ya en el mismo momento en que se
construían las naves se derribaron las humildes casas que tenía delante para liberar espacio
a su alrededor. La catedral no eran solo fachadas y columnas. También era cosa del
urbanismo que la rodeaba. Un primer detalle que indica que tal vez el templo no había
nacido tan medieval como parecía... Y no será el último...

Porque con la catedral de Segovia ocurre algo muy curioso. Si desde el principio hubo algo
claro fue que había que mantener el espíritu de los planos y las ideas de Gil de
Hontañón. Y durante todo el tiempo que duraron las obras esto se convirtió en una
verdad absoluta. Gracias a ello la Catedral tiene la coherencia que tiene.

Pero el “espíritu de los tiempos” acabó encontrando la manera de colarse sin


desentonar...

¿El secreto? La letra y la música... En la Catedral la letra es gótica, medieval... pero


la música es la del Renacimiento... Las columnas, las bóvedas y los adornos son
medievales, pero el ritmo, las proporciones y las cúpulas son renacentistas. El resultado,
impagable. Descúbrelo.
92 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

La fachada principal

Sobre el enlosado, pues, la fachada y, a su lado, la torre. La espléndida torre, que llegó a ser
en su origen todavía 20 metros más alta de lo que ves hoy. No había en toda España una
torre tan alta. Estaba rematada por una enorme aguja, un tejado puntiagudo con estructura de
caoba y plomo... al que literalmente lo partió un rayo.

Fue en 1614... Un enorme incendio acabó con la parte alta de la torre... Afortunadamente, la
catedral estaba en plena construcción y las reparaciones no duraron mucho tiempo. Eso si,
cuando se reconstruyó, se le dio un remate más prudente... y de paso mucho más
renacentista que gótico... Una discreta cúpula de “media naranja”, construida con la
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misma piedra dorada que el resto de la torre, y que muchos años después iba a servir como
referencia para elevar la gran cúpula del crucero.

La fachada en cambio es la original... Tal vez demasiado la original... De ella se ha dicho


que es serena, elegante, austera, de sobria majestad... Sin ninguna duda... Segovia no ha
sido nunca una ciudad de adornos gratuitos...

Pero cuando uno se sienta a observarla no puede evitar una cierta sensación como si
estuviese... un poco... digamos... sin terminar...

La fachada fue lo primero que se construyó (porque el templo se comenzó a construir


por aquí) y según avanzaban las obras el foco de atención se fue poniendo en lo que faltaba
por hacer. El crucero, el nuevo remate de la torre, la cúpula, la cabecera, la fachada posterior...
Los años iban pasando, el dinero iba menguando... y la fachada principal... simplemente...
ya estaba hecha... Además, para entonces ya empezaba a estar claro que la verdadera
entrada principal iba a ser otra...

Esta sensación de obra sin


terminar hace que las
arquerías que enmarcan las
puertas de entrada sean una
delicia. Como si un escrupuloso
escultor hubiera tomado un
boceto y sin más lo hubiera
plasmado en piedra...

Como si las puertas de la más


grande de las catedrales góticas
de España hubieran quedado
eternamente esperando la llegada
de los artistas que debieran
decorarlas... Uno de esos detalles
-profundamente humanos- que
hacen especial esta ciudad.

Interiores

El interior muestra otra cara de la


Catedral. Tiene la entrada por
una fachada posterior que, en
la práctica, es la verdadera
entrada principal del templo. Sin
embargo, te pediría que no te
fijes de momento en ella.
Simplemente, entra.

Lo primero que te llame la


atención probablemente sea el
espacio. La construcción es
94 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

asombrosa. Ligera, luminosa, delicada... Es aún más grande de lo que parece desde el exterior.
Muy alta, muy ancha, muy amplia... un poco quizás demasiado amplia...

En una ciudad acostumbrada a esas pequeñas y oscuras iglesias románicas en cada plaza,
cuesta ver aquí un lugar para el recogimiento y la oración. Es más que evidente que fue
concebido para las grandes ocasiones...
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Las tres catedrales

Pero en la ciudad de las dobles lecturas eso no iba a ser un problema. Si eres un poco
observador, descubrirás un pequeño truco. Verás que hay hasta dos catedrales más
dentro de la propia catedral, cada una de ellas dentro de la anterior, como si fueran
muñecas rusas...

Fíjate en el centro de la nave principal. Verás el coro. Enfrente, el altar mayor, y entre
ellos, una pequeña zona con bancos y un pasillo en medio. Cada uno de estos espacios
está delimitado por verjas y hasta muros. Juntos forman una pequeña catedral en sí
misma, perfectamente delimitada... como si se pudiera hacer una celebración en ella aunque no
existiera el resto del templo...

Entra en el coro. La sillería de madera es la que había en la antigua Catedral. Se desmontó


y se trajo hasta aquí.

Y también guarda su pequeño


secreto. Los dos primeros
bancos (el primero de cada uno
de los lados) estaban reservados
a los reyes... pero no “a los
reyes” en general, sino a Enrique
IV y a Juana de Portugal...

Observa los escudos.


¿Identificas los del Monasterio de
San Antonio el Real?... Castilla y
Portugal, de nuevo unidos,
ahora en el corazón de la
Catedral...

El pasillo que une el coro al altar


mayor se llama la “via sacra”.
Cuando la recorres vas pisando
sobre lápidas...

Del otro lado de la via sacra está el


altar mayor. Se suele conocer
como “la capilla mayor”,
porque a su vez también puede
quedar aislado del resto del
templo con una verja.

Esto hace que llegado el caso


pueda comportarse como una
capilla más... O, ¿por qué no
decirlo?, como una catedral en
sí misma todavía más
pequeña, casi íntima, dentro de
su propio corazón...
96 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

El claustro...

En el lateral opuesto al que has entrado está el acceso al claustro. Este claustro, igual que la
sillería del coro, estaba también en la Catedral vieja y fue traído piedra a piedra hasta
aquí. Gótico, ahora sí. Puro ambiente medieval, obra de Juan Guas, el gran arquitecto de la
época de Enrique IV y de Isabel. Los juegos de la luz en sus arcadas son uno de esos
deliciosos espectáculos que te reserva esta ciudad...
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... Y la torre

De nuevo en el interior, encuentras el acceso a la torre. Un lugar al que se puede -y se debe-


subir... si los 200 escalones no suponen una barrera...

Para ser rigurosos, esta debería ser la última etapa de esta historia. Y si tienes ocasión,
hazlo así (si lo hablas previamente con la oficina de tickets te permitirán volver más tarde).

Arriba, a la sombra de las


campanas, tendrás ocasión de
reconocer desde lo alto los
distintos escenarios que
has estado recorriendo...
Como en una maqueta, la
propia ciudad convertida
en el tablero del juego...

Si no tienes ocasión de volver


más tarde, sube ahora. Al
menos reconocerás los que ya
has visto...

Desde el centro mismo del


tablero del juego, identifica
las distintas casillas: el
Acueducto, la torre de Arias
Dávila, el Torreón de Lozoya, la
Judería, su cementerio... El
Alcázar, la Torre de Hércules, la
iglesia de la Vera Cruz... Y los
tejados, las montañas, los
bosques, los campos de
Castilla...

Estás en la reina del juego...

La música y la letra

De nuevo en el suelo, es el
momento de contemplar la
auténtica fachada
principal. La trasera.

Ya en plena construcción, en 1613, el regidor Pedro de Aguilar hablaba de esta parte del
templo como “lo mejor e mas publico e bistoso que la dicha eglesia tiene”...

Abandona el templo por la puerta por la que entraste y ve a la Plaza Mayor para
tomar un poco de perspectiva.
98 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Frente a la sobria majestad de la


fachada principal, esta es puro
espectáculo. Una auténtica
cascada de volúmenes. Desde lo
más alto de la cúpula hasta el
mismo suelo. Círculos y
cuadrados, esferas y cubos se
combinan en una de las
fachadas más sorprendentes
que puedas encontrar.

Gótica por su estructura y por sus


adornos, y renacentista por sus
proporciones, por su ritmo...por su
cúpula.

... Pero también por el urbanismo...


Porque es una fachada para ser
mirada justo desde aquí... A una
cierta distancia, desde la Plaza
Mayor es desde donde
adquiere todo su sentido.

Hay además una circunstancia que


la hace “redonda”, y es el hecho de
que sea una fachada posterior.

Estamos acostumbrados a ver


fantásticas fachadas
principales, pero es rarísimo que
la fachada que asuma todo el
protagonismo sea la posterior. Esto
la hace diferente. No entra dentro
de los esquemas conocidos... Tal vez por eso hipnotiza y a veces sorprende... Como tantas
otras cosas en Segovia, llega antes al corazón que al cerebro...

Hasta aquí hemos llegado

Habrás visto -cómo no- que todo este maravilloso conjunto, que ha sido capaz de conjugar
estilos muy dispares en una obra equilibrada, tiene un elemento que desentona de
manera innegable: el retablo de piedra gris que hay en la puerta. Desentona por la
música, por la letra... y porque sí...

Porque aquí, la falta de sintonía fue perfectamente consciente... Y el “culpable” fue el


segundo gran arquitecto de la catedral, Pedro de Brizuela. El mismo que había inventado la
cúpula para rematar la torre tras el incendio.

Fue maestro de obras de la Catedral durante más de 30 años. Era un convencido


militante de las nuevas formas artísticas que venían de la mano del Renacimiento y a él en
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buena parte se debe esa


“música”que inunda la Catedral.
La solución de la torre había sido
un éxito, pero sus propuestas
vanguardistas tuvieron menos éxito
cuando intentó hacer cambios en la
estructura de las naves. La fuerza
del proyecto era tal que tuvo que
plegarse y respetar los “viejos usos”...
afortunadamente...

Sin embargo en esta portada


nadie le discutió su propuesta.

La fachada de San Frutos, que ese


es su nombre, utiliza una piedra
gris de granito que rompe de forma
descarada con los tonos dorados
de la arenisca del resto del
templo.

Pero además su diseño se aparta de


la “letra” gótica, y escribe un
discurso hijo de su tiempo.
Clásico, elegante, ligero... y hasta
juguetón, con unas discretas curvas
abiertas que combinan con la dureza
de las líneas rectas y, como remate,
un templete que se repite a si
mismo, uno dentro de otro para
albergar la estatua de San Frutos...
como unas muñecas rusas... otra
vez...

Fue una especie de “aquí sí” de alguien que sabía lo que era El Escorial y que, en la propia
Segovia, había trabajado en la iglesia de los jesuitas, la más moderna de las iglesias de la
ciudad (¿la recuerdas...? También de piedra gris, de cortantes líneas rectas y de inclemente
simetría...).

Aquí, por diseño y por materiales, una firma de insolente modernidad... Una especie de
“Pirámide del Louvre” del siglo XVII para la puerta principal...

Este no fue, sin embargo, el punto final de las obras de la Catedral. Toda la parte trasera que
hoy asombra vista desde la Plaza Mayor es posterior a esa fachada. La concesión a los “nuevos
tiempos” fue eso, una concesión, pero la culminación de la Catedral iba a seguir el
espíritu original. “Con las cosas de comer no se juega”...

Todo un tema de conversación, para desarrollar en torno a una taza de café en uno de los
establecimientos de ese universo paralelo que es la Plaza Mayor...
100 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Ese Universo paralelo


11
La Plaza Mayor de Segovia es, de alguna forma, un
universo paralelo. Durante la Edad Media era “el
mercado”... aunque la plaza no existía como tal... o al
menos tal como la conocemos hoy. Es una plaza
construida en los últimos siglos, con todos los elementos
del alma de la ciudad. La plaza de una discreta capital de
provincia que seduce por lo que te muestra y por lo que
esconde... Algo que en el fondo somos capaces de
percibir... aunque no seamos conscientes de ello.
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La Plaza Mayor es un lugar para ver desde fuera y desde dentro. Desde cualquiera
de sus esquinas o sentado en la terraza de uno de sus cafés. Ambas son recomendables...

Es una plaza que tiene un sabor a finales del siglo XIX... Y en sí misma es una
escenografía, con sus casas porticadas, su teatro, su discreto Ayuntamiento, esas dos iglesias
que se asoman como de refilón, sus cafés y, en el centro, el kiosko de música.

Aquí no hay sabor a nobles ni a palacios guerreros. Es la ciudad de esa pequeña


burguesía de finales del siglo XIX y de principios del XX. Es una plaza que huele a
mañana de domingo y a abrigo de estreno, a cafés en la tertulia y a vermú con seltz.

En los “tiempos gloriosos” de la Segovia medieval la plaza era mucho más pequeña porque
donde hoy está el kiosko de música estaba la iglesia de San Miguel... Esa que ves hoy medio
agazapada en uno de sus laterales.

No... Obviamente no se ha cambiado de sitio. La original se derrumbó oportunamente


en 1532, apenas cuando comenzaban los trabajos para construir la Catedral. Así que se
decidió aprovechar la circunstancia para levantarla de nuevo, pero unos metros más atrás, y
así dejar espacio para hacer una plaza a la altura de la ocasión.

Entre su estilo sobrio y su ubicación descentrada, la iglesia de San Miguel casi pasa
desapercibida, pero es uno de los escenarios clave de nuestra historia... y, ya con
mayúsculas, de la Historia de España.

Porque fue justo delante de ella, en su atrio, donde la princesa Isabel, hermana del
rey Enrique IV se proclamó reina de Castilla. Nada más tener noticia de la muerte de
su hermano, la que años después habría de ser Isabel La Católica salió del cercano Alcázar
102 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

donde estaba residiendo y, en un movimiento sorpresa, tomó posesión de la corona, dejando


fuera de juego al “bando contrario”, los defensores de la hija de Enrique, Juana, la
llamada Beltraneja.

La nueva iglesia cuenta con piedras de la antigua construcción y, si te acercas hasta su puerta,
verás una leyenda que conmemora tan importantes acontecimientos.

La Catedral... y los toros

Casi en el extremo opuesto de la plaza tienes la Catedral, que también se asoma a la plaza un
tanto de refilón. Ya sabes que es su fachada posterior...La más espectacular...

Aunque deberías saber que esa vista no fue siempre tan despejada. Durante algún
tiempo hubo entre la catedral y la plaza una especie de galería de piedra que mandó
construir el cabildo catedralicio y que se levantó para que pudieran ver cómodamente... los
toros...

Al final, todos somos humanos...

Y es que, una vez liberada de la iglesia de San Miguel original, la nueva plaza se había
convertido en el sitio ideal para todo tipo de celebraciones y actos públicos. Y en
www.tadeuszimm.com 103

especial los lances de toros, tan populares en estas tierras. Los balcones corridos de las
fachadas de la plaza van precisamente en esa misma dirección...

La idea de levantar la construcción surgió del propio Cabildo que, según avanzaban las obras
de la Catedral, se encontró con que disponía de un rincón de privilegio para asistir a las
celebraciones, pero en la práctica no tenía desde donde hacerlo porque la Catedral no
parecía ofrecer ni el espacio... ni la conveniencia para semejante actividad.

Conseguir los permisos no fue fácil, porque el Concejo tuvo desde el principio la fina
sensibilidad de darse cuenta de que semejante construcción iba a entorpecer la mejor
vista de la Catedral. Sin embargo, el Cabildo acabó por encontrar el momento y la persona
adecuada, y finalmente el Concejo sucumbió a las presiones y autorizó la obra.

Y ahí estuvo la galería durante algún tiempo... hasta que el sentido común volvió a
imperar y se ordenó su derribo...

El Ayuntamiento

El Ayuntamiento casi se funde con las casas que tiene a los lados. Por supuesto, marca su
jerarquía, pero lo hace de una forma discreta. La construcción -y el propio concepto de la
plaza- fueron obra del maestro de obras de la catedral, Pedro Brizuela, el mismo que había
104 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

firmado la portada de San Frutos, que poco a poco iba encontrando la forma de expresar
su visión de la arquitectura al margen de los rígidos condicionantes que encontraba en el
templo.

En la mente de sus constructores estaba hacer de esta plaza una Plaza Mayor siguiendo el
ejemplo de otras muy notables que había en Castilla, pero los recursos económicos
iban a estar en Segovia muy lejos de aquellos otros modelos.

En cualquier caso, la nueva construcción iba a ser todo un lujo. No solo porque iba a
presidir la mayor plaza de la ciudad, sino porque hasta entonces Segovia no había tenido un
edificio para el Ayuntamiento. Tradicionalmente el Consistorio había celebrado sus reuniones
en el atrio de la iglesia de San Miguel, y al desaparecer, había tenido que ir peregrinando
de una casa a otra. Ahora podía presumir de tener un edificio “a la última”.

El Teatro Juan Bravo

En el último de los cuatro lados de la plaza encuentras el Teatro Juan Bravo. Fue el último
en llegar -a principios del siglo XX- pero se funde a la perfección con el resto de sus
vecinos _una iglesia gótica, la Catedral gótico-renacentista, el Ayuntamiento barroco... No lo
tenía tan difícil... No había mucha armonía que respetar...

Sin embargo, el edificio encaja a la perfección. Y su expreso deseo de “no hacer ruido”,
como pidiendo perdón por estar ahí, acaba por dar a la plaza ese carácter de espacio pequeño
burgués. Una construcción deliciosa en su sencillez.
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Junto con el kiosco de música del centro de la plaza, son la guinda del pastel. Dos iglesias
muy notables, el Ayuntamiento, el teatro. el kiosco de música, los cafés con sus terrazas...
¿Hace falta algo más para que el mundo exista...?
106 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

In nomine Patris
12
A espaldas de la Plaza Mayor se extiende la Ciudad
del Clero. Un barrio que tenía normas propias y
donde no regían algunas de las leyes del reino.
Estaba delimitado por tres puertas que se cerraban
por la noche. Un barrio cerrado sobre sí mismo que
paradójicamente tiene la mejor vista de las dos
almas de la ciudad.
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El barrio se conoce como Las Canonjías o La Claustra, y está a un paso de la Plaza


Mayor. Pero nuestra historia va a demorar un poco la entrada. Antes va a deambular por
unas calles que, aunque en su origen no fueron parte del barrio, comparten plenamente
su espíritu... Tal vez sea por esas calles estrechas... o por esas plazuelas... o por esos altísimos
muros sin ventanas... o por esa tranquilidad...

En un palmo de terreno, tres iglesias, dos conventos, el Palacio Episcopal... y una vieja puerta...
unos desconchones... la casa donde vivió un poeta...

La primera cita es la Plaza de la Trinidad. Con su entrada estrecha, sus recovecos, sus
cicatrices, su iglesia, el viejo muro del convento y la torre sobresaliendo sobre los tejados, es un
espacio casi mágico. Mágico... y hermético. Como si cada una de las construcciones
viviese encerrada en su propio universo... A veces uno se sentiría tentado a pensar que las
cigüeñas que anidan en lo alto de la torre son los únicos seres vivos de este pequeño mundo.

Una torre que, a pesar de donde está, no corresponde a una iglesia. De hecho, probablemente
te haya recordado a la torre de Arias Dávila o al torreón de los Lozoya. Si es así, no vas
descaminado. Al igual que las otras dos, es la típica torre-palacio segoviana de tiempos
medievales. Ésta es la más antigua de todas. Tiene 800 años. Fue un palacio, pero
desde hace siglos está integrada dentro de un convento.

Es conocida como la Torre de Hércules, porque en su parte inferior tiene una escultura que
representa a Hércules -al Hércules egipcio- sobre un jabalí (durante siglos fueron muy
populares una serie de leyendas que citaban a Hércules como el fundador de la ciudad, y esta
torre les hace homenaje). La torre termina con ese remate tan característico, como si tuviera
una casa construida en lo más alto...
108 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Rodea el convento. De nuevo, calles estrechas,


muros interminables, piedras con formas
sugerentes... y una plaza y más recovecos y más
muros... Nuevamente la Torre de Hércules. Es
distinta... y es igual...

No conoces sus historias... Tampoco es


necesario... Ahora, de nuevo, es cuestión de
sensaciones... Tal vez lo importante sea percibir
que en estas calles hay algo que vive aquí desde
hace mucho, mucho tiempo... Y no solo son las
piedras...

Quizás tenga que ver con unas manchas de


humedad... o con el paso lento de una religiosa
entre los altos muros al son de una campaña que
rompe el silencio... Incluso con un olor a madera
vieja que se cuela desde una ventana
entreabierta...

San Esteban

Detrás de otro recoveco del camino, otra


plaza, otra iglesia... Pero aquí las cosas son ya
distintas. Mayores espacios, mayores puertas,
mayores ventanas...
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Aquí también hay una iglesia románica. Es la iglesia de San Esteban. Con su preciosa galería
de columnas en su lado Sur, su entrada porticada en su lado Oeste, sus ábsides en el lado Este, y
su torre... Como debe ser... La torre aquí es un espectacular campanario medieval de estilo
bizantino. Simplemente inolvidable... ¿Qué añadir de las iglesias románicas segovianas?

Enfrente, el Palacio Episcopal, la sede del Obispado de Segovia. Moderno... De la época


del emperador Carlos V... Ya sabes, piedra gris, sobriedad, simetría... Asomando entre los
tejados, cómo no, la Catedral... Y en el centro de la plaza, los coches aparcados... Un lugar sin
tiempo... o tal vez con todos los tiempos...

De la plaza de San Esteban sale el camino que te lleva a Las Canonjías propiamente dichas.
Pero justo antes de entrar, un par... tres pequeños secretos... de los cientos de pequeños
secretos que pueblan estas calles...
110 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

A unos metros de la fachada de San Esteban nace la pequeña calle donde estuvo la pensión
en la que durante 12 años estuvo viviendo el poeta Antonio Machado. No tiene nada que ver
con este mundo... o tal vez tenga todo que ver con él... Merece la pena hacer el paréntesis.

Profesor en el Instituto, amigo de los grandes intelectuales del momento, incluso elegido
miembro de la Real Academia de la Lengua mientras vivía entre estas paredes... La casa... la
humilde casa... conserva los muebles que él mismo utilizó.
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Cuando uno trata de imaginar este otro mundo, íntimo, poblado de unos huéspedes también
humildes... ese dormitorio, ese comedor, esa cocina... esos techos bajos, esos espacios
pequeños, esas ruidosas maderas, ese ambiente denso... Uno no puede dejar se sentir
una cierta desazón...

Camino de Las Canonjías, un par de secretos más. Primero, unos altos muros en
una esquina. Tras ellos, como puedes adivinar, se esconde un convento. Es el convento de
las Carmelitas Descalzas, el que aquí mismo fundó la propia Santa Teresa...

Y unos metros más adelante, un delicioso mirador. El Jardín de Fromkes, llamado así
en honor del pintor, medio polaco y medio norteamericano, que tanto amó Segovia y que vivió
muy cerca de aquí. Una vista sobre el valle del Eresma y los Campos de Castilla...
Dentro y fuera... una vez más...
112 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Las Canonjías

Y ahora sí, Las Canonjías. En realidad son dos calles. La Canonjía Nueva y la Canonjía
Vieja, hoy llamadas Daoiz y Velarde respectivamente.

Las Canonjías eran el lugar en el que vivían los canónigos de la Catedral. Venía a
ser como una especie de gran convento, aunque sin sus rígidas reglas. Un lugar de casas
confortables, con un estatus jurídico propio, donde regía el derecho de asilo.

Las canonjías no son algo exclusivo de Segovia, pero nunca fueron algo frecuente en España...
Y en ninguna otra parte han llegado hasta hoy tan enteras como estas.

Existieron, entre otras cosas, porque en su momento hubo sitio para construirlas, y si 800
años después todavía siguen existiendo es porque, como en otras partes de la
ciudad, han seguido usándose desde entonces.

Siempre fueron casas confortables. De las primeras que hubo en Segovia con agua corriente...
Y si en otras partes de Segovia los edificios fueron evolucionando con los siglos. Aquí lo
hicieron menos. Por dentro continúan siendo pequeños mundos, con su patio, su
jardín, su huerto y sus vistas, éstas al valle del Eresma, y las de la calle Daoiz al valle
del Clamores.

Aquí hasta el último desconchón de la pared es historia, pero no esa historia de los
libros, sino una historia que se puede tocar. Detrás de esas piedras desgastadas, de esas
paredes con color o sin él, hay 800 años, casi 300.000 días pasados, uno a uno. Días de
frío intenso, de sofocante calor, días de guerras, de fiestas, días intrascendentes... días como el
de hoy, entre estas mismas paredes, desde la Edad Media.
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En esta calle te encuentras con una de las puertas que cada noche aislaban el barrio
del resto de la ciudad. Es la Puerta de La Claustra. La única de las tres que tenían Las
Canonjías que todavía sigue en pie. Un arco románico desde el que puedes apreciar una
perspectiva sugerente que llega hasta el Alcázar.

Verás dos arcos, pero la puerta es en realidad solo la mitad izquierda. La mitad
derecha es el muro de una casa, con una puerta construida a principios del siglo XX, eso sí,
tratando de no romper la armonía con la original.
114 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Al final de la calle hay un edificio muy


singular. Tan importante como
aparentemente intranscendente. Es en el
número 26. La placa que hay en la fachada
dice que aquí estuvo La Casa de la
Imprenta. Pero lo que no dice es que aquí vio
al luz el primer libro que se imprimió en
España.

Fue en 1472, un año antes de que se


imprimiese en Brujas el primer libro en Inglés.

Se titulaba Sinodal de Aguilafuente, y se


conserva en los archivos de la Catedral.
Fueron las actas de un sínodo que convocó el
obispo en esa localidad segoviana...

Pobre -y hasta triste- iniciativa para semejante


honor, dirás... No... en realidad, no. El
primer libro impreso en España fue
una iniciativa innovadora tanto en su
concepto como en su resultado.

Fue una iniciativa de Juan Arias Dávila,


obispo de Segovia. Probablemente te suenen
los apellidos. Su padre fue Diego Arias
Dávila, aquel judío converso que llegó a ser
uno de los hombres más poderosos de la corte
de Enrique IV y que levantó su torre -la
Torre Arias Dávila- delante mismo de su
palacio en el centro de la ciudad.

Pues bien, el obispo Arias Dávila se


involucró de forma activa en los
movimientos de reforma del clero y en
ese contexto ordenó celebrar un sínodo en
Aguilafuente.

Pero como era consciente de que de nada


servirían las nuevas normas si no se les
daba la necesaria publicidad, se encargó
de usar el nuevo artilugio que había visto en
Roma: la imprenta. Así que habló con el
impresor alemán Juan Parix y le contrató
para que viniese a España e instalase en
Segovia una imprenta.

Así fue como nació el primer libro impreso en


España, unas normas para la reforma de
la Iglesia...
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El espíritu de la vieja Catedral

La Canonjía Vieja termina donde se encuentra con su hermana, La Canonjía Nueva,


junto a la verja de la explanada que da acceso al Alcázar. Y justo aquí, donde se unen ambas
calles, estaba la segunda de las puertas que cerraban el barrio. De alguna forma era la
más importante porque era la que conectaba el barrio con la Catedral.

Porque, ahora sí, acabas de llegar al


lugar en el que estuvo la Catedral
Vieja de Segovia. Aquella en la que
combatieron los sublevados de las
Comunidades y desde la que hicieron
frente a los hombres del emperador
Carlos V que estaban en el Alcázar. Y
en definitiva, aquella que da sentido al
barrio que acabas de recorrer. Era el
barrio de la Catedral.

Esa Catedral estaba en la


explanada que tienes delante, es
decir, justo frente por frente del
Alcázar que adivinas entre los árboles.
Y como sabes, esa fue su condena.

La Catedral fue mandada derribar


por el emperador Carlos V. Es
cierto que el templo había quedado
dañado en los enfrentamientos, pero no
tenia nada que no pudiera repararse.

Sin embargo, la decisión de


hacerla desaparecer había sido
tomada mucho tiempo antes de
que comenzase la sublevación...
mucho tiempo antes, incluso, de que
naciera el propio emperador...

Hacía muchos años ya que esa


Catedral, con su gran torre a unos
metros del alcázar, era un elemento
amenazante para los reyes
castellanos.

Hacía mucho tiempo que se habían dado cuenta de que un enemigo, atrincherado en el
templo, podría hacer mucho daño al propio Alcázar. Por eso el propio Enrique IV
había propuesto en su tiempo que el templo debería ser derribado y trasladado a otro lugar.

Pero en aquel momento Enrique tenía demasiados frentes abiertos como para embarcarse en
uno contra el clero. Así que no tuvo más remedio que dar marcha atrás y poner en marcha un
“plan B”. Contentar al clero y blindar el Alcázar. Para lo primero ordenó engrandecer la
116 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

catedral con un claustro grandioso. Y para lo segundo ordenó levantar en la parte


delantera del Alcázar una gran torre que pudiera hacer frente con garantías a un hipotético
ataque desde la Catedral. Ambas construcciones siguen hoy en pie. El claustro, como sabes,
se salvó del derribo de la Catedral y en 1530 fue desmontado piedra a piedra y
transportado hasta el lugar donde se estaba construyendo la nueva. Es el claustro que has
visto cuando entraste en la catedral actual.

En cuanto a la torre del Alcázar, la tienes a un paso... Ese va ser tu próximo destino. Pero
antes deberías dar una penúltima vista a la ciudad y de paso comprobar algo que ya has
aprendido en esta historia. Y es que esta ciudad tiene muchas caras, y que esas caras no solo
son la muestra de una personalidad compleja, sino la constatación de que esta ciudad
pertenece a varios mundos y que se muestra auténtica en cada uno de ellos.

A tu derecha, un mirador. El muro en el que te apoyas es la muralla, nuevamente la muralla,


nuevamente inexpugnable desde fuera y casi inexistente desde dentro... Delante de ti, y hacia el
infinito, Castilla. Ésta es la puerta de entrada a los campos de Castilla, llanos, austeros,
despejados. El mundo de las cosas claras. Blanco o negro, lo ves o no lo ves, hay o no hay...

Ahora da media vuelta y camina paralelo a la verja del Alcázar, sin traspasarla, hasta llegar
al final. ¿Cuánta distancia acabas de recorrer?... ¿Cien metros?... Aquí el muro en el que te
apoyas es nuevamente la muralla, nuevamente inexpugnable desde fuera y casi inexistente
desde dentro... Pero estás en otro mundo...

¿Lo reconoces? Los pinos que cobijan el cementerio de los judíos, las montañas, a veces nevadas,
a veces azules... La silueta de La Mujer Muerta sobre las copas de los pinos... A la izquierda, la
ciudad, la parte trasera de las casas de Las Canonjías, la judería, la Catedral... siempre la
Catedral... Y debajo, el valle del Clamores, el sinuoso, abrupto y enigmático valle del Clamores.

Haz un breve recorrido de ida y vuelta sobre la muralla, justo hasta la Casa del Sol, el antiguo
matadero de los judíos... en un extremo, junto a los riscos, para verter hacia ellos los despojos...
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Desde aquí parece como si la ciudad surgiese de lo más profundo de los bosques.
Unos bosques tenebrosos y erizados de espinas, al pie de unas enigmáticas montañas. Un
paisaje inquietante y a la vez profundamente sugerente. Es la otra cara del mundo que has
visto hace apenas un instante. Es el reino de lo fantástico, de lo imaginado, de lo
temido. En los días de niebla la experiencia es impagable...

Dos caras, dos personalidades, dos mundos, un único lugar...


118 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Tierra de reyes
13
El Alcázar. Tierra de reyes... Aquí comenzó la
historia de Segovia hace más de 2.000 años y aquí
están los ecos de los grandes reyes de Castilla. Un
lugar mítico, se mire desde donde se mire...
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Es uno de esos lugares “redondos”. Bello, espectacular desde cualquier punto desde el
que lo mires (y hay muchos desde donde hacerlo), enclavado en un sitio que parece
concebido a su medida. Pero es además un lugar cargado de historias.

De historia reales y ¿por qué no decirlo?, de historias imaginadas, porque además de ser un
lugar en el que se ha vivido mucho, es un espacio que tiene la virtud de despertar
la ensoñación en cuantos lo visitan... Por los riscos sobre los que se asienta, por la
vegetación que lo envuelve, por esa construcción de cuento de hadas...

En este lugar ya había una fortaleza hace más de 2.000 años. Y en época de los romanos éste
era el punto final de aquella gran obra de ingeniería que es el Acueducto. Aquí, en un
depósito terminaba el Acueducto subterráneo.

Durante siglos fue el palacio y la fortaleza de los reyes de Castilla. Luego, como la
propia ciudad, fue cayendo en el olvido y hasta estuvo a punto de desaparecer hace 150 años a
causa de un incendio que devastó
buena parte de sus interiores.

Hoy, por dentro ha perdido un


poco de su alma, pero su exterior
y sus historias son tan intensas
que lo convierten en uno de
esos lugares que, una vez
que los conoces, nunca más
se olvidan.

Esa gran torre...

Cuando te acercas desde la


ciudad, lo primero que te llama la
atención es esa enorme torre
en su frente. No es una torre
cilíndrica como todas las demás
que tiene a su alrededor.
Tampoco es la típica torre de
base cuadrada de cualquier
castillo.

Es casi una torre-pantalla,


alta, ancha, robusta, con
enormes almenas... Defensiva y
amenazante. Como un
gigantesco muro.

Una torre guerrera que, como ya


sabes, no miraba hacia
afuera, hacia un enemigo
que viniese del exterior,
sino hacia la propia ciudad...
120 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

Y justo debajo de ella, un foso, el foso más


espectacular que pudiera imaginarse,
con un puente levadizo para salvarlo.
Como si hubiera sido hecho por el golpe de
hacha de un gigante... De hecho, una parte de
las piedras con las que está hecha la torre están
sacadas del propio foso. Un ingenioso
procedimiento que hacía que cuanto más
crecía hacia arriba la torre, más lo hacia
el foso hacia abajo...

Esta torre y todo su aparato defensivo -ya


sabes- estaban hechos para defenderse de
aquello que tenían enfrente... en lo que
hoy es un jardín... La Catedral. Aquella
Catedral vieja que fue mandada
derribar por Carlos V tras la Guerra de
las Comunidades... Viéndola, uno puede
imaginar el espectáculo que debían ser ambos
colosos cara a cara...

Hoy, delante de la entrada del Alcázar hay


una explanada. Desde ella se ve, magnífica, la
torre de la nueva Catedral...
convenientemente en la distancia...
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El rey astrónomo

A la derecha de la gran torre hay otra mucho más pequeña que te trae otra de las historias
de este castillo casi de cuento. Tiene forma cilíndrica con su tejado puntiagudo. Desde
la explanada de entrada al alcázar casi puedes tocarla con la mano. Es la que ves más a la
derecha.

Su nombre hace referencia a otro de los grandes reyes castellanos que habitaron este
Alcázar, aunque su historia es completamente diferente. Hablamos de Alfonso X el Sabio,
el rey astrónomo.

Hace más de 700 años, en las noches estrelladas, el rey subía a esta torre para
estudiar el cielo. El rey Alfonso fue un gran mecenas de las artes y de las ciencias.
Creó un equipo de intelectuales
latinos, hebreos e islámicos y
se dedicó a investigar el
mundo que le rodeaba a
partir del saber que
habían creado los
griegos. No mucho tiempo
después esto habría sido
considerado una auténtica
herejía...

El rey era un gran aficionado


al estudio del cielo y
escribió 16 libros de
carácter astronómico. El
más importante, las Tablas
Alfonsíes, unas tablas
astronómicas en las que
trabajó un equipo de más
de 50 astrónomos, la
mayoría de ellos judíos.

El trabajo tuvo tal entidad que


durante 300 años fueron
de enseñanza obligatoria
en las universidades de
toda Europa, hasta que
fueron sustituidas por las de
Copérnico.

Hoy, en su honor, en la
Luna existe un cráter de 119
kilómetros de diámetro
llamado Alphonsus. Es un
reconocimiento a su labor,
no como rey, sino como
astrónomo.
122 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

El Alcázar del tiempo

Hubo un momento, en el año 1383, en el que en el Alcázar de Segovia se decidió


cambiar cómo se contaba el tiempo... Fue en las Cortes celebradas ese año, en las que el
Rey Juan I de Castilla propuso que los años se contasen a partir del nacimiento de
Cristo y abandonar el calendario que habían introducido los romanos.

En aquel momento vivían en el año 1422 de la Era Hispanica, que iniciaba el


cómputo del tiempo en la fecha de la pacificación total de Hispania por parte de los romanos.
Pues bien, el rey propuso que a partir de entonces el año1 fuese el del nacimiento
de Cristo, y que cada año comenzase en el mismo día en el que se conmemoraba este hecho,
es decir, el 25 de diciembre.

Así se aprobó y así se empezó a hacer a partir del año siguiente, el 1384 de acuerdo con el
nuevo calendario...

Algún tiempo después se decidió volver a poner, como hacían los romanos, el inicio del
año en el 1 de enero. Esto tal vez honraba un poco menos a Jesús pero resultaba más
práctico...

Así pues, en Castilla el año que sucedió al 1422 fue “el año de Nuestro Señor de
1384”... ¿Dónde mejor que Segovia para acordar una cosa así?...
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Esos tejados
puntiagudos...

Hay un cuarto rey al que se


recuerda desde el exterior del
Alcázar, pero a diferencia de los
anteriores, no es en un lugar
concreto, sino en todo el
palacio.

Se trata de Felipe II, y su huella


la encuentras en los tejados.
En esos tejados puntiagudos de
pizarra que tanto carácter dan a
la construcción.

Hoy sería impensable imaginarse


el Alcázar sin ellos, pero en su
origen, en línea con las
costumbres castellanas, eran de
ángulos menos acusados y
realizados con tejas.

La orden de Felipe II vino


cuando el Alcázar ya
empezaba a dormir el sueño
de los siglos...

Y al final resultó como darle ese


elemento mágico que lo iba a
hacer “redondo”.

El rey, el más poderoso de su


tiempo, en cuyos dominios
“nunca se ponía el sol”, ordenó cambiar todos los tejados siguiendo el estilo de
construcción que había visto “en el país de su padre”, el emperador Carlos V, en
Flandes.

Al igual que estaba haciendo en su gran obra arquitectónica a apenas unos kilómetros de
aquí: El Escorial. De nuevo ecos de Flandes, de Brujas, de Gante, de Bruselas... en el
corazón de Castilla.

... Y por supuesto, Enrique, Isabel, Fernando...

Y, por supuesto, el Alcázar de Segovia habla de Enrique IV, de Isabel de Castilla, de


Fernando de Aragón...

Enrique IV, aunque prefería su palacio del centro de la ciudad para vivir, ocupaba el
Alcázar cuando era necesario. Sin embargo, quien sí pasó largas temporadas aquí durante el
124 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

reinado de Enrique fue su hermana Isabel. No por gusto de ella, sino por imposición del
propio Enrique. Siempre pensó que era mejor tenerla cerca...

Y finalmente aquí, en estos salones, se iba a producir un hecho que tal vez
comenzó a cambiar la Historia. De esa Historia de la que hemos ido tomando retazos
aquí y allá desde el mismo comienzo de la nuestra, allá en el Monasterio de San Antonio
el Real.

Fue aquí, entre estas paredes y junto a estas vistas aéreas de los campos de Castilla, donde en
enero de 1475 Isabel y Fernando invitaron a un almuerzo al rey Enrique IV en
señal de agradecimiento y respeto.

Un fatídico almuerzo del que el rey se tuvo que retirar aquejado de un súbito malestar.

Aquel mal le acompañó hasta su muerte, unos meses después. Hay quien dice que el
mal de Enrique era consecuencia de sus excesos con la comida. Otros, en cambio,
defienden que simplemente fue envenenado. No sería el primero en esta historia... ni habría
de ser el último...

El caso es que, como ya sabes, cansado y enfermo, el rey se retiró a Madrid y allí murió.

Apenas un día después, Isabel salía por esta misma puerta y se encaminó a lo
que hoy es la Plaza Mayor y allí, delante de la puerta de la iglesia de San Miguel se
autoproclamó reina de Castilla. El resto de la historia ya lo conoces. Esta era la última
pieza del puzzle que ta faltaba.
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Durante su reinado, los Reyes Católicos estuvieron varias veces en el


Alcázar y, después de la muerte de Isabel, Fernando recibió entre estas
paredes a Cristóbal Colón, que por entonces, después de sus viajes de
descubrimiento, andaba defendiendo sus intereses... no siempre con éxito...

Interiores con vista

El interior del Alcázar llevó peor suerte que sus espectaculares exteriores. Tras siglos de
esplendor, también los reyes se fueron de Segovia y el Alcázar empezó a llevar una vida
azarosa, que culminó en 1862 cuando un enorme incendio destruyó sus tejados, sus
techos de madera, sus muebles, sus decoraciones...

Poco a poco pudieron ir reconstruyéndose y hoy esos interiores ofrecen una idea de lo
que pudieron ser. Algo fríos y desnudos, sí, pero entre estas paredes ocurrieron
hechos tan importantes que sus ecos aún permanecen en los rincones.

A estas alturas no te costará poner lo que falta... No tendrás dificultad para recrear el
ambiente refinado del mundo de Enrique IV. Techos de madera tallados por los
mejores artesanos mudéjares. Esos mismos artesanos que encontraron tiempo para poner
también en pie los techos de San Antonio el Real bajo los que comenzaba esta historia...
Y esas vistas... esas insuperables vistas desde los balcones, desde sus torres... Casi
imposible no sentirse el dueño de mundo...
126 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

El sueño de Segovia

Durante el reinado de los Reyes Católicos Segovia desempeñó un papel importante y aún
disfrutó de una época de esplendor económico gracias al negocio de la lana, pero poco a poco
su llama se fue apagando y, como le ocurrió a su “hermana” ciudad de Brujas en las
lejanas tierras de Flandes, quedó de alguna forma dormida en el tiempo.

Como allí, nadie la destruyó... porque nadie tuvo la necesidad de hacerlo... Ni siquiera
apenas el progreso lo hizo... Gracias a ello, la experiencia que has vivido ha sido posible.

El Alcázar suele ser el punto final de una visita a Segovia. Un final por todo lo alto,
intenso, espectacular. Pero nuestra historia tiene un último recorrido, una última
puerta y una última llave.

Una puerta y una llave humildes, sencillas, pero que tal vez acaban por dar sentido a todo lo
que has vivido. Una puerta, además, que ya has podido ver... al menos en la distancia... Una
obra de los tiempos de Las Cruzadas que 800 años después, continúa casi como
entonces. La iglesia de la Vera Cruz.

Sal del Alcázar y recorre la explanada que hay delante. Asómate al mirador que hay a la
izquierda. Ya estuviste antes aquí. Es el mirador hacia los Campos de Castilla.
Ahí, abajo, casi en medio de la nada, puedes verla. Una pequeña iglesia de planta
circular con una sencilla torre cuadrada. Ése va a ser, pues, el final de este viaje. ¿Te
sorprende? Más te sorprenderá cuando llegues a ella.
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128 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

El final de un viaje
14 iniciático
Esta historia termina como empezó, en un pequeño
templo a las afueras de la ciudad. Este fue
construido por los caballeros de Las Cruzadas. Es la
Iglesia de la Vera Cruz. Un templo misterioso. Se
construyó en un terreno baldío, al lado del camino a
las afueras de la ciudad... y hoy, 800 años después,
sigue exactamente así... como si estuviera rodeado
de una energía especial que hiciese que nada
pudiera crecer a su lado... ni siquiera el tiempo...
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El camino desde el Alcázar hasta la Vera Cruz es una bajada desde los riscos
hasta el valle. Es, además, el Camino de Santiago.

Tienes dos opciones para hacerlo: la abrupta o la lenta: escaleras o rampa. Tú eliges.

Si optas por la primera,


los escalones de la
Cuesta de la Zorra
te dejarán en unos
minutos en la orilla
del Eresma. En
cambio, si prefieres el
moroso discurrir
de la rampa, verás
cómo poco a poco la
ciudad se va fundiendo
con el valle,
acompañado por la
paz de las murallas,
el Jardín de los
Poetas, la Puerta de
Santiago...
130 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

El valle te reserva nuevas vistas asombrosas del Alcázar. Disfrútalas. Apura un poco la
corriente del río y acércate hasta la Pradera de San Marcos. Allí donde se fundía con el
arroyo Clamores. El punto en el que se unen ambos valles. Como si no quisiera dejarte
partir, el Alcázar te reserva una colección de vistas absolutamente espectaculares...
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La Vera Cruz

Después será el momento de tomar de nuevo el


Camino de Santiago en dirección a
Zamarramala para afrontar la última parada
del viaje.

El lugar en el que vas a obtener la última


de las llaves que te abren el alma de esta
ciudad. Ahí, apenas a unos metros, está la
iglesia de la Vera Cruz.

Es un templo diferente a todos los demás, se


mire por donde se mire. No está claro quién lo
levanto. Existen dudas sobre si fueron los
Templarios o los Caballeros del Santo
Sepulcro.

A veces toma mayor fuerza una de las hipótesis,


otras veces es la otra la que avanza... Pero de lo
que no hay duda -fueran unos o los otros- es que
es un templo iniciático hijo de Las
Cruzadas. Hoy pertenece a los caballeros de la
Orden de Malta, los “herederos” de los
Caballeros del Santo Sepulcro. Por
eso esas cruces rojas con brazos triangulares a
132 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

los lados de su entrada en el lado Oeste. No hay en España otro templo igual. Está inspirado en
Jerusalén, en la Iglesia del Santo Sepulcro y en la Mezquita de la Roca.

No está muy claro para qué se usaba. Fue un


templo relicario (durante siglos custodió
una reliquia que se suponía procedía de la cruz
donde murió Jesús, de ahí su nombre).

También fue un templo de reunión y


probablemente de iniciación de los caballeros
cruzados. Pero desde luego, no es un templo
para la predicación. Su nave no es recta, sino
una especie de camino circular en torno a un
pequeño edificio, un edículo, que ocupa el
centro de la construcción. Y es que, como
corresponde a un templo de los cruzados, esta
iglesia oculta muchísimo más de lo que
muestra.

El poder de los números

Todo el edificio está basado en los


números, en el significado secreto y mágico
de los números. Algunos son evidentes, otros
son más difíciles de hallar y otros, en fin,
todavía no se han descifrado. Y es que aún hoy
no pasa mucho tiempo hasta que alguien,
800 años después!!! sigue encontrando
nuevos y sorprendentes mensajes.

El número de oro, el número Pi, rectángulos


perfectos y triángulos equiláteros, proporción
entre la planta y la altura... los rayos del sol
que se cuelan por las ventanas y se alinean en
determinadas fechas del año... Todo en la
construcción responde a un elaborado
cálculo matemático cargado de
significados...

El número más evidente es el 12. Para empezar a entender lo que tienes delante, debes
situarte a una cierta distancia, para tener un poco de perspectiva. El exterior forma un
polígono de 12 lados. El 12 es un número sagrado y pagano a la vez: Los 12 meses del
año, las 12 tribus de Israel, los 12 apóstoles, los 12 signos del zodiaco...

En el punto donde se unen cada uno de los lados de la fachada exterior hay una columna, y de
ella nace un arco hacia el interior del templo de manera que estos arcos “transportan” la forma
exterior hacia adentro y allí de nuevo forman otro espacio de 12 lados en su centro mismo.
Ese edículo central lo puedes ver desde el exterior porque tiene una altura mayor que
el resto del templo. ¿Lo ves cómo sobresale sobre los tejados de la nave que lo rodea?
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En cuanto a la torre, no le prestes mucha atención de momento. Es una construcción posterior


y, aunque tiene otros valores, acaba por romper el equilibrio original.

La magia de la geometría divina

Ahora es momento de entrar en el templo. Cuando entras, descubres un detalle muy sutil pero
de profundo significado: cuando mires los muros desde el interior, no vas a ver los 12 lados
que viste fuera. Las paredes se curvan y el dodecágono que forma la fachada por fuera se
convierte por dentro en un círculo. Un círculo dentro de un dodecágono... Geometría
divina... Esto obviamente no es casual ni una cuestión puramente estética. El círculo
representa a Dios. Es la forma perfecta.

Así pues, lo que hemos visto en el exterior, de dónde venimos, es el mundo de de los
hombres. Hacia el interior se trata de Dios... y más hacia el interior, en el pequeño recinto
que hay en el centro del templo, de nuevo los doce lados, de nuevo los hombres... Tú...

En el templo se cumplen varias de las reglas


constructivas de los templarios. Mira el
dibujo. Imagínate que dentro del círculo que
forman las paredes del templo trazas dos
triángulos equiláteros imaginarios que
se entrecruzan. Como ves, el resultado será una
estrella de seis puntas en cuyo centro se
forma un polígono de seis lados.

Pues bien, esa es la planta de este edificio. Y


el edículo central se sitúa exactamente dentro
de ese exágono interior.

Una estrella de seis puntas dentro de un


círculo... El Sello de Salomón... El mismo
concepto que los Templarios usaron para
diseñar la iglesia del Temple de París... Y, ya
sin el círculo, la estrella de David de los
judíos... Como aquellas estrellas que se
formaban al cruzarse las líneas en el techo de
inspiración árabe del Monasterio de San Antonio el Real...

Oriente, Occidente, cristianos, judíos, musulmanes... la magia de la geometría divina...

El centro del centro

Ese edículo central acaba, pues, convirtiéndose en el elemento más significativo... y


misterioso del templo. Hoy todavía es un misterio cuál era su verdadero significado. La
construcción tiene dos pisos. Se sabe que los caballeros mantenían sus reuniones en los bancos
corridos del piso superior. Hoy de hecho lo siguen haciendo los Caballeros de Malta. Y
también aquí, en la parte superior de este espacio central, velaban sus armas los
caballeros antes de ser nombrados.
134 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

En lo alto, una bóveda de aire oriental, con los nervios que no se cruzan entre sí en el
centro, sino que forman un cuadrado en lo más alto. Una bóveda califal que diría un
entendido en Arte. Y allí arriba, en uno de los lados, una misteriosa puerta... a no se sabe
dónde. Sin escaleras... una puerta que se cierra... desde dentro... en lo más alto de este espacio
sagrado. ¿Un almacén? No tendría mucho sentido... Tal vez un espacio más dentro de ese
proceso iniciático...

Y en un lugar de honor, una especie de altar con decoraciones de arcos cruzados y columnas
retorcidas -”salomónicas”, diría nuestro entendido en Arte- que revelan también un ritmo
oriental.

Debajo de todo ello, en el piso inferior, un reducido espacio con arcos abiertos a los
cuatro puntos cardinales. Demasiado bajo para estar de pie. ¿Un lugar para la penitencia?
¿Para la meditación? ¿Para la iniciación?

No nos corresponde ir más allá... Pero lo que es innegable es que cuando te colocas en este
lugar tú mismo eres el centro de todo este universo. Como si todas las energías
confluyesen sobre ti. Los doce arcos que vienen desde la fachada, las puertas a los cuatro
puntos cardinales... Decenas de líneas imaginarias que responden a unas proporciones
precisas...

Una especie de viaje al interior de uno mismo que tuviera como objetivo que el
aspirante a caballero, liberado de las ataduras del día a día, fuera capaz de entender el mundo
a partir de lo que ve y, muy en especial, a partir de aquello que no ve pero que sin lugar a dudas
está ahí.
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Haz la prueba. Déjate transportar por ese mundo. No hay duda de que este fue... y tal vez siga
siendo una puerta hacia lo desconocido... sí... hacia el interior de uno mismo...

El fin del viaje

Los números, la geometría sagrada, la convergencia de lo oriental y lo occidental, los mensajes


escondidos... Así empezó tu viaje en aquel lejano Monasterio de San Antonio el Real... y
así está a punto de terminar en este templo casi milenario...

Cuando salgas de la iglesia, mira delante de ti. Esto sí, es ya el final. Como en un gran
escenario preparado para la ocasión, el Alcázar, la Catedral, la torre de San Esteban, la
Torre de Hércules... la muralla... los tejados... los bosques... los campos... las montañas...
Segovia... La ciudad escondida... Ahora, tal vez, todo distinto...

Tal vez veas una ciudad que no está hecha de piedras, sino de historias, de cicatrices, de
ausencias, desensaciones, de guiños, de emociones... Una ciudad que te ha enseñado que el
mundo que te rodea puede estar lleno de magia, y que te ha dado las llaves para que
puedas disfrutarla.

Entonces tal vez sientas la necesidad de compartir la experiencia... Como hicieron aquellos
desconocidos viajeros de hace más de cien años... y como probablemente hayan venido
haciendo otros mucho más antiguos desde hace mucho, mucho tiempo...

Gracias a ti, este viejo juego seguirá estando vivo... Porque tú también eres ya uno de
ellos...
136 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm

14+ EPÍLOGO. El juego


continúa...
La historia ha terminado... Pero el juego, no. El
camino ha quedado sembrado de cabos sueltos, de
retazos de historias convenientemente olvidadas
para que puedas volver sobre ellas. Es la última
pirueta de la Ciudad Escondida... ¿Continúas el
juego?
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Ya tienes las claves. Ahora juega con ellas. La historia de Enrique, de Isabel y de Fernando
te abre nuevos senderos. Descubre el "Tanto Monta" que puso fin a la historia, esculpido en
piedra en el Monasterio de Santa Cruz la Real. El mismo lugar, por cierto, que guarda la
cueva en la que oró Santo Domingo de Guzmán y las mismas paredes de donde surgió el
alma de la Inquisición española: Tomás de Torquemada...

Es solo una de las sorpresas que te ofrece el valle del Eresma. Allí también puedes
encontrar el Paraíso en la Tierra en el Monasterio del Parral... o la Casa de la Moneda
junto al río... o la Real Cacera de Regantes de Enrique IV...o el lugar donde está enterrado
San Juan de la Cruz...

Descubre en el Santuario de la Fuencisla cómo ganar los 5 años de indulgencias plenarias


que concedió el Papa León XIII (y los 40 días de "propina" que añadió motu propio el señor
obispo). Y encuentra -¿por qué no- las mil y una historias que han ido quedando ocultas por
los rincones de la ciudad.

En días de sol, con nieve, con niebla... La experiencia será diferente cada vez...

Y al final, recorre los senderos que rodean la ciudad. Acabarás por convencerte de que
lugares como este no pueden ser posibles... 

Aunque...tal vez quieras tú ponerle tu propia historia... 


138 La Guía de Segovia de Tadeus Zimm
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La Guía de Segovia de Tadeus Zimm


LA CIUDAD ESCONDIDA

Una historia de Tadeus Zimm

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Edición julio de 2015