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ANTOLOGÍA DE LEYENDAS ARGENTINAS.

Leyendas Mapuches

1. EPEW. ANCIANA DUEÑA DE LA MONTAÑA


(TRADUCCIÓN)
Una vez un hombre que andaba buscando sus animales en la montaña se perdió, tampoco encontró sus
animales. Se le hizo de noche tratando de encontrar el camino que llevara de regreso a su casa, así es que
decidió alojarse en el monte. Cuando se acomodaba para descansar y dormir, de pronto vio un fuego en
medio del bosque, alrededor del fuego bailaba una anciana. Se dirigió donde estaba la anciana, esta era la
Kvpvka y al llegar cerca de ella descubrió que había una casa, que estaba hecha con materiales recogidos
del monte. Tenía de todo, papas, arvejas, maíz. Saludó con mucho respeto a la anciana, luego se hicieron
amigos y se casaron.
La anciana al saber que el hombre era pobre, viudo y que tenía cuatro hijos, le dijo: “si tienes hijos,
tráelos, aquí hay de todo”. Así el hombre llevó a sus hijos, comieron y alojaron en la casa de la Kvpvka.
Una noche mientras alojaban en casa de la anciana, uno de los hijos del hombre al mirar los pies de ella,
riéndose dijo: mira, tiene sólo dos dedos la viejita. Al escuchar esto, la anciana se enojó mucho, pateó su
casa y así desapareció todo, el fuego, la riqueza y la Kvpvka.
El hombre desesperado dijo a su hijo: ayayayay, porque te burlaste de la papay (anciana) ¡qué vamos a
hacer ahora! Volvieron a su casa, aconsejó a todos sus hijos... pero finalmente siguió viviendo con la
Kvpvka.

2. EPEW. SIRENA DEL MAR


(TRADUCCIÓN)
Había una vez un hombre que entró en bote al mar en busca de pescados. Muy luego comenzó a llenar su
bote, tenía mucha suerte. Tanta era su suerte que el quería seguir sacando pescados. La gente que lo vió
como llenaba su bote se sintió sorprendida, pues era el único que lograba llenar su bote. Era el Chumpall
que le daba tanto pescado.
Siguió y siguió buscando, hasta que se metió en un tremendo barranco de rocas. Cuando puso un pie
sobre una roca el pie se le quedó pegado. No podía sacar su pie, quiso sacarlo con unas de sus manos y la
mano también se le pegó en la roca. Dicen que el Chumpall lo había tomado como preso “kula-kulawi”
dicen. La piedra creció y se fue más adentro del mar. Además, dicen que cuando va a llover, de esa piedra
sale humo (“fvxenkey”). Es un anunció de mal tiempo.

3. EPEW. PIEDRA DE RIQUEZA


(TRADUCCIÓN)
Antiguamente habían muchos animales salvajes y los mapuches los cazaban para alimentarse. Una vez
cuando un grupo de hombres andaba cazando estos animales vieron una vaca que olfateaba una piedra. La
piedra tiene poder comentaron y se fueron hasta ese lugar. Escarbaron con machete y cuando recién
escarbaban uno de los hombres, vió que se asomaba un metawe, entonces lo sacó.
Otro le dijo: por qué no me vendes el cántaro, yo te pago una oveja. El otro como no tenía animales se
interesó y se lo vendió. El otro hombre se llevó el cántaro a su casa, agarró una oveja y cortó una de sus
orejas. La sangre la depositó en el cántaro y la enterró. De esta forma el hombre enriqueció gracias a la
piedra poderosa (“vlmenkura”).

4. HISTORIA DE UN ENCANTAMIENTO
(TRADUCCIÓN)
Dicen que una vez un hombre que era como Machi fue al mar a buscar remedio, “likan kura”, -no se sabe
que lo que es el “likan kura”-. Cuando andaba por las orillas del mar, le dio mucha sed, cuando se dispuso
a tomar agua en una vertiente, dicen que dijo: ay... que se ve bueno su tiltilkawe papay, le dijo a la
vertiente asociándola a una mujer. Aquí había un gen lafken (dueño del mar) y este se enojó mucho.
Por eso dicen que como castigo un pie se le pegó en una piedra, luego puso el otro pie en otra piedra y
también quedó pegado. No pudo despegar sus pies. Para que ello ocurriera, le hicieron gijatun (rogativa),
pagaron ovejas, pero fue imposible, se quedó pegado. Ahora dicen que tiene mucha riqueza, tiene
caballos, auto, camión, hasta tiene una sirena de mujer. Fue ella la que lo tomó cuando la deseó como
mujer mientras tomaba agua. También ahora tiene hijo, hay otra piedrita, esa es su hijo.

5. PIAM. LEFIN Y PICHIN


(TRADUCCIÓN)
Dicen que antiguamente, dos hermanos, uno llamado Lefin y el otro Pichin, que venían del lado de Lanco,
llegaron a Maiquillahue a pescar. Cuando pasaban por el lugar (gijatuwe) donde recién se había hecho
kamarikun, esos dos hombres morenos tomaron el corazón de oveja que había en el Rewe (lugar sagrado
del gijatuwe), hicieron fuego y se comieron los corazones. Después de eso, entraron en un bote al mar y
se alejaron hacia adentro. Al otro día, dicen que el bote apareció sólo sin sus ocupantes.
La familia de estos dos hombres lo buscaron día y noche sin resultados. Después buscaron una machi para
que hiciera rogativa, esta al amanecer fue a hacer gijatun (rogativa) en el lugar del gijatuwe. Al otro día en
la mañanita dicen que dos Xaru pasaron en el gijatuwe y la machi dijo a los familiares: “Esos son Lefin y
Pichin sus familiares, estos no respetaron el lugar del gijatuwe, con ese lugar no se puede bromear. Por
eso los Xarus siempre andan de a dos.

6. EL ZORRO Y EL CHANCHITO
(TRADUCCIÓN)
Una vez un chanchito subió a la copa del árbol más grande que había en el monte. Cuando el zorro lo vio
- desde abajo le dijo: Chanchito , yo también quisiera estar allá Cómo lo hiciste para llegar tan alto le
preguntó. El chanchito le respondió: eso yo no más lo sé, pero si quieres venir acá también, yo te puedo
ayudar. Y con un lazo lo tiraba y cuando le falta menos de la mitad para llegar arriba, el chanchito soltó el
lazo y el zorro al caer al suelo se hizo pedazos.

7. EL ZORRO Y LA PERDIZ.
(TRADUCCIÓN)
Había una vez un zorro que nadie lo quería porque cantaba muy feo. Entonces para solucionar su
problema se dirigió a la casa de la perdiz para pedir ayuda. La perdiz al ver el zorro se asustó mucho-qué
maldad vendrá a hacer pensó la perdiz.
El zorro la saludó con mucho respeto y le dijo: Sabe qué, tengo un problema tengo ganas de casarme pero
nadie me quiere porque dicen que canto muy feo. Como no va a ser que le dijo la perdiz si tienes la boca
tan grande, casi a las orejas te llega la boca. Ay, no me había dado cuenta dijo el zorro.
Yo te puedo hacer un remedio dijo la perdiz, pero mi trabajo tiene un precio, tiene un valor.
Al escuchar esto el zorro ofreció joyas, vestidos nuevos, zapatos, hasta una casa. Entonces te voy a hacer
el remedio dijo la perdiz, mientras yo preparo mis implementos tu te vas a quedar de rodillas rogando
para que todo salga bien. Así fue que, con una tremenda aguja, le cosieron la boca, dejándosela como un
botón. Al principio sintió mucho dolor pero después tuvo que aguantar.
Para ver si había resultado su trabajo, la perdiz le pidió que cantara el zorro cantó casi mejor que la
perdiz. Luego la perdiz pidió que cuando le traería el pago ofrecido , el zorro negó haber ofrecido tal pago
y hasta insultó a la perdiz hasta echarla del lugar, la perdiz muy temerosa escapó volando. Pero un día
cuando el zorro dormía a la orilla de un camino, pasó por ahí la perdiz y después de asegurarse bien que
el zorro dormía profundamente, le cantó muy fuerte al oído al zorro y salió volando. El zorro al asustarse
gritó muy fuerte y al decir Guak! se le descosió toda su boca incluso le quedó más grande y ahí quedó
lamentándose por lo que le había pasado.

8. LA NIÑA QUE SE ENCANTÓ EN EL LUGAR LLAMADO KIWKIWLIME (TRADUCCIÓN)


Dicen que hace mucho tiempo atrás en un lugar de Chan-chan, una mujer fue con su pequeña hija a
mariscar en el mar. Rápidamente recogió lo que necesitaba. Cuando iban de regreso a su casa, caminando
por las orillas del mar, la niña corría por todos lados. De repente pasaba por delante de su madre luego se
quedaba muy atrás. Su madre le decía: no te alejes mucho de mi hija, anda con cuidado. De repente la
mujer vio que muy mar adentro venía hacia fuera una inmensa nube. Cuando más cerca la veía, le parecía
como un sol y sin darse cuenta estaba con su hija entre esa nube y no veía nada. Pero luego, la nube
desapareció y cuando miró hacia el lado que iba su niña, ésta no estaba, había desaparecido. Miró por
todos lados, sin saber que había ocurrido con su hija. Desesperadamente la llamaba, pero, no apareció.
Pasaron los días se dirigió a una machi para saber que había sucedido.
La machi le dijo: Su hija está viva y vive en una casa de oro, ella está muy bien. Así es que no la busquen
más.
La niña se había encantado en el lugar de kiwkiwlime en Chan-chan. Y un día en que ya había pasado
bastante tiempo de la desaparición de la niña, hubo una salida del mar y dejó abundante peces, algas y
moluscos y que la gente de ese lugar recogió. Esto era como un pago que daba el dueño del mar a la
familia de la niña que había tomado como esposa.

9. HISTORIA DEL GILLATUN EN PUILE.


(TRADUCCIÓN)
Ya ha pasado mucho tiempo, desde ese entonces que no se realizan grandes reuniones aquí en esta tierra,
grandes rogativas mapuche. Creo que ya han pasado más de sesenta años, porque cuando yo tenía como
15 años fue la última vez que se hizo una rogativa mapuche aquí en Puile. Ahí se reunían las grandes
autoridades mapuche con su gente. Estaban los Gen pin, Sargento, Capitán y, se hablaba sólo en lengua
mapuche. Las otras comunidades que participaban eran Dollinco, Ticalhue, Lawan y Paillako.
Cuando el clima iba muy lluvioso o muy seco se hacían rogativas como improvisadas allá en Dollinco ahí
se juntaba la gente. Cuando se pedía agua o lluvia toda la gente iba al estero de Puile. Ahí hacían
oraciones y así llegaba la lluvia. La gente bajo la lluvia bailaba, también como sacrificio se quemaba un
cordero negro y alrededor de eso, la gente bailaba e iba diciendo: que venga el agua.
Las mujeres venían todas, muy hermosas todas vestidas de mapuche con sus trajes y joyas.

10. HISTORIA DE UN GAPITUN EN ALEPUE.


(TRADUCCIÓN)
La señora Eloísa de Alepúe relata que cuando ella era niña una anciana le conversó lo que era el gapitun y
cómo ella se había casado.
“La anciana me conversó que cuando ella era muy niña que todavía no sabía de los quehaceres de casa y
que tampoco su cabello todavía no le alcanzaba para hacerse unas trenzas, la habían raptado para hacerla
esposa”.
“Yo estaba en la casa comiendo papas bunas que sacaba de un canastito y que había cocido mi madre,
cuando de repente entró un hombre, tiró agua al fuego para que se apagara y de improviso me tomó en sus
brazos y me sacó fuera de la casa para subirme a un caballo que tenía listo otro hombre. Ahí me subieron
al anca del caballo y como yo vestía de chamall se me abrió el vestido, hasta me pegó el hombre para que
yo no me resistiera a que me llevara. Cuando llegamos a la casa del hombre allá me cuidaban mucho.
Donde yo iba, allá me acompañaban dos mujeres para que yo no escapara”. Era muy malo comentaba la
anciana dice doña Eloísa.
“Yo todavía no tenía conocimiento pero me daba vergüenza decía la anciana. Y todos: No debes tener
vergüenza me decían. La que era mi suegra y mis cuñadas. Ya estás aquí me decían. Y así pasó el tiempo
hasta un hijo tuve con el hombre y pasaron y pasaron los años hasta que llegué a querer al hombre me
conversaba la anciana dice doña Eloísa de Alepúe .
Ese era el gapitun una forma de contraer matrimonio antiguamente en la cultura mapuche.

11. LA NIÑA QUE SE ENCANTÓ EN ALEPÚE


(TRADUCCIÓN)
Un día, cuando el campo estaba cubierto de neblina del mar, hace mucho tiempo atrás, dicen que dos
hermanitos: una niña y un niño salieron a buscar las ovejas que la habían dejado en la quebrada. Pero lo
primero que hicieron fue buscar chupones, cuando se dieron cuenta que ya era tarde y que empezaba a
caer una neblina el niño dijo a su hermanita que era menor que él. Tú te vas a quedar aquí comiendo
chupones, de vuelta te paso a buscar. Entonces el niño subió más arriba de la montaña donde estaban las
ovejas. Cuando venía de vuelta con las ovejas, pasó en busca de su hermanita pero sucedió que ella no
estaba en el lugar donde la había dejado, lugar donde no se veía casi nada con la neblina. Pensando en que
su hermana no le había hecho caso y se había dirigido hacia otro lado comenzó a llamarla y ésta nada que
contestaba. Entonces, muy asustado bajó corriendo a su casa preguntando acaso había llegado su
hermanita a la casa. No, no ha llegado acá le respondió su padre y todos rápidamente se aprestaron en
busca de la niña, pero no la encontraron por ningún lado. Pasaban los días y la niña nada que aparecía. En
vista de lo sucedido sus padres decidieron ir donde una machi para saber que había sucedido con su niña.
La machi les dijo: Ese día que su niña anduvo en la montaña había mucha neblina y ahí la tomó un dueño
de aquella montaña. La niña se había encantado.

12. EL CHINGUE Y UN HOMBRE EN LA PAMPA ARGENTINA.


(TRADUCCIÓN)
Un hombre llamado Ernesto cuando anduvo trabajando por las tierras de Argentina, un día se dirigió a las
pampas en busca de huevos de Avestruz. Muy luego ya había encontrado huevos que los echó a un saco y
montado en su caballo siguió buscando más huevos. Pero cuando avanzaba lo más tranquilo, de repente
se le apareció un chingue y al verlo se asustó mucho y pensó que lo iba a orinar.
Sucedió que este chingue hacía como que iba a subir al anca del caballo y luego hacia fuerza como que
iba a vomitar, varias veces repitió lo mismo hasta que colmó al hombre y este con un palo le dio por la
cabeza caía al suelo pero luego se paraba. Finalmente el hombre se fue pensando que había vencido al
chingue.
Después de un largo tiempo volvió nuevamente a sus tierras y le contó a su madre lo que le había
sucedido con el chingue. Al escuchar esto, la madre quedó pensando y le dijo: “el chingue te había hecho
una apuesta, y si tú le hubieses pedido lo que tú quisieses, te lo hubiera dado"

13. EL MATRIMONIO
Cuentan que una vez estaba trabajando una pareja de casados trabajando en la loma, se les hizo tarde
,soltaron sus bueyes y regresaron a casa.
Dicen que al lado se encontraba otro matrimonio , que estaban mirando donde dejaban sus herramientas
(cabresto, coyunda, yugo, bueyes). Al amanecer de madrugada regresó el matrimonio a trabajar y no
encontraron sus cosas le habían robado todo.
Entonces la señora dijo: mañana venimos otra ves a trabajar viejito, nos cansamos, estamos agotados
acaso no vamos a comer dijo; mañana después de la comida vamos a venir.
Fueron nuevamente bien temprano a amarrar sus bueyes, no encontraron nada otra vez, regresan a su casa
sin trabajar y sin nada.
Dicen que cuando venían de regreso se encontraron con un hombre, este hombre les pregunta ¿Dónde
anduvieron ustedes?, estábamos trabajando, arando, dejamos los bueyes y las cosas ahí y nos robaron
todo dijeron los viejitos. El hombre les respondió: El que robó dicen que vive ahí mismo a la orilla donde
trabajan ustedes; y les dijo ¿cuánto me pagan?, yo mañana temprano les llevo a los ladrones. Le pagamos
un saco de avena si nos lleva a los ladrones.
Este cuido toda la noche a los ladrones, casi a la entrada de la puerta les fue a hacer guardia, al amanecer
se levanto el hombre y vio un tremendo animal en su casa y dijo ¿cómo llego este tremendo animal?,
Viejita nosotros ayer robamos coyunda, lazo, con eso amarraremos a este animal, querían comerse la
mula que había llegado a la puerta de su casa, una vez amarrada la mula ellos se amarraron también para
poder afirmarla.
De repente la mula pego un brinco, ellos se dijeron somos dos vamos a ganar, pero la mula se llevaba a
los dos, afirma fuerte se decían, en parte caminaban y en parte se caían, pero no podían sostener a la
mula. El hombre decía a su viejita fuerza, fuerza...........párate.
El hombre dueño de los bueyes, cabresto, lazo estaba esperando, luego de un rato llegó el hombre
llevando a los que habían robado y le dijo, estos son los que te habían robado tus bueyes y demás cosa
con las que tú trabajas, éste lleno de ira arremetió contra los ladrones castigándolos duramente, quedando
estos muy golpeados.
Ahora debes pagarme dijo el hombre pues yo cumplí con mi trabajo, el hombre muy agradecido por haber
recuperado sus perdidas le pago su saco de avena y el hombre se alejó muy conforme.
Leyendas del noroeste

El regalo del cardón.

Hace mucho tiempo, aunque ya se practicaba la agricultura en los valles, la vida seguía siendo dura en los
cerros y las punas, porque allí los pastorcitos sufrían la sed cuando marchaban tras sus rebaños.
Uno de esos pastorcitos se había enamorado de una joven como el pero hija del curaca, el jefe de la
comunidad. Cada vez que regresaba a la aldea-después de una larga jornada en los cerros-, la saludaba
desde lejos; y ella le sonreía, le sonreía...El curaca no quería ni oir del amor entre jóvenes. Soñaba con
otro destino para su hija (Seguro el hijo de otro jefe), y odiaba al pastorcito. Quizás esa prohibición los
acerco. El chico, un día, junto coraje y le hablo: la quería con todo su alma y no se resignaba a vivir sin
ella. La joven también le confeso sus sentimientos, y, sabiendo de antemano la oposición que
encontrarían, escaparon hacia la montaña.
A la mañana siguiente, muy temprano, cuando el muchacho debió marchar con los animales y el grupo de
pastores, sus compañeros notaron su falta, pero partieron igual. Rato después, el jefe se levanto para
iniciar la labor del día. Advirtió la ausencia de su hija y se sorprendió, porque ella nunca faltaba a esa
hora. Algo malicio porque despacho un chaski al cerro para saber si el pastorcito había marchado con las
llamas. ¡Y no le cupo duda! Convoco entonces a sus guerreros para salir en busca de los enamorados,
apresarlos y darles su merecido.
Los jóvenes sospecharon que el airado curaca andaría tras ellos. Llevaban horas de delantera, pero
conocían la firmeza y la capacidad del jefe y sus guerreros. Apelaron entonces a la Pachamama, la Madre
de los Cerros, la protectora de los cultivos de maíz y de quinoa, la que ampara siempre a quienes le
manifiestan su respeto. En lo mas alto del cerro cavaron un hoyito, depositaron en el los alimentos que
llevaban y los cubrieron con piedras; allí mismo hicieron una apacheta, uno de estos altares a cielo abierto
que en plena montaña reverenciaban a la madre generosa. Y cuando la apacheta había tomado forma y el
curaca y sus guerreros trepaban la cuesta acercándose a los fugitivos, la apacheta se abrió como un manto
protector y recogió en su regazo a los dos enamorados.
El airado jefe y sus hombres llegaron jadeantes a la cumbre, pero solo encontraron una apacheta recién
hecha ¡Y ni rastros de los fugitivos! Tuvieron que volver a la aldea, y cuando el curaca finalmente se
resigno, junto a la apacheta broto una nueva planta, hasta entonces desconocida, que en la sequedad de
esas alturas formo un tronco grueso, espinudo, alto y recto y con sus brazos al cielo: ¡era el pastorcito
convertido en cardon, agradeciendo para siempre a la Pachamama! Desde entonces, los que marchan por
el cerro solo tienen que voltear un cardón para encontrar, en su esponjosa y jugosa madera que parece de
papel, el agua que saciara la sed de hombres y animales.
Y cuando las nubes se amontonan y las montañas resuenan con el trueno que anuncia la tormenta, sobre el
pecho verde del cardón nace una flor blanca para anunciar la lluvia que bendecirá la tierra: es ella, la
enamorada, convertida en flor por la Pachamama.

Los pétalos de la rodocrosita.

Tras largos días y noches de andar, el chasqui alcanzó el último tramo del camino que conducía a la
morada del rey inca. Llevaba una singular ofrenda destinada al gobernante: tres gotas de sangre
petrificadas, el precioso hallazgo fue recibido con mucha emotividad. En el lago Titicaca, en tiempos
pasados, se había construido el templo de las acllas: las vírgenes sacerdotisas del Inti. En ese sitio se
encontraban anualmente el sol y la luna para fecundar los sembrados y asistir a la sagrada elección de
quien heredaría la responsabilidad de perpetuar la sangre inca. Un día el invencible guerrero Tupac
Canquí se atrevió a ingresar al sagrado templo, desafiando la tradición incaica. Desde el momento en que
descubrió a la bella ñusta aclla, nació su amor por ella. La sacerdotisa lo correspondió, consciente de
ignorar las restricciones del Tawantinsuyo para las elegidas. Juntos, escaparon hacia el sur, buscando
proteger el vientre de la aclla lleno de vida. El poder imperial bramó y destinó infortunados grupos
armados a castigar a los culpables de la transgresión. Tupac Canquí y la ñusta aclla se instalaron cerca del
salar de Pipando, donde tuvieron muchos hijos descendientes de los aymarás, que fundaron el pueblo
diaguita. Sin embargo, jamás lograron deshacerse del hechizo de los shamanes incas. Ella falleció y su
cuerpo fue sepultado en la alta cumbre de la montaña, él murió poco tiempo después, ahogado en su triste
soledad. Una tarde, el chasqui andalgalá descubrió la tumba de la ñusta aclla impresionado por ver cómo
florecía, en pétalos de sangre, la piedra que la cubría. Rápidamente salió del estupor y arrancó una de las
rosas para ofrendar al rey inca. El jefe del imperio, aceptando con emoción la flor de la rodocrosita,
perdonó a aquellos antiguos amantes furtivos. En adelante, las princesas de Tiahuanaco lucieron con
orgullo trozos de la piedra rosa del inca, símbolo de paz, perdón y amor profundo.
Leyenda de los diaguitas, que ocuparon los territorios de las actuales provincias de Catamarca, La Rioja,
Santiago del Estero y Tucumán.

El quirquincho

Cuentan que hace mucho pero mucho tiempo, el quirquincho, antes de ser un animalito era un indio
telero. Era tejedor,pero casi nunca tejía, porque era muy perezoso. Preparaba el telar lentamente y con
desgano; colocaba los hilos de lana y empezaba... Pero enseguida dejaba el trabajo:y decidía seguir al día
siguiente. Pasaban los días y entonces se acordaba de continuar con su tejido. Se sentaba frente al telar,
pasaba un hilo entre los hilos de la urdimbre y se ponía a descansar. Al rato pasaba otro hilo y. .. se
quedaba medio dormido. . Y así siempre; ¡qué perezoso! Pasaba un hilo y descansaba diez... ¡Lástima!,
prolijo es..., ¡pero tan haragán! decía la gente del lugar. Llegó el invierno; los primeros vientos y heladas
anunciaban que iba a sor muy frío. Todos se preparaban para protegerse y fue entonces cuando el
protagonista de esta historia se dio cuenta que no tenía nada de abrigo para ponerse.¡¡Qué frío! Y yo sin
ningún poncho para abrigarme... dijo-. Voy a tener que tejerme uno... ¡qué le vamos a hacer! Eso
significaba que tendría que estar varios días frente al telar, teje que te teje, y ya de sólo pensarlo
empezaba a sentirse cansado. Pero armó la urdimbre, preparó los lizos y el peine, eligió la lana, y empezó
la tarea. Al principio todo iba bien, muy bien: una pasada, otra pasada, apretar los hilos; una pasada, otra
pasada, otra y otra más. Cuando había hecho ya una franja se puso a contemplarlo. ¡Qué lindo iba eso! La
trama había quedado parejita, apretada. Era en realidad un tejido tan perfecto que él mismo se asombraba
al verlo. Entonces pensó en descansar un ratito. Y se quedó dormido. Al poco tiempo despertó: ¡qué frío
hacía! No tenía más remedio que seguir tejiendo... Una pasada, otra pasada. Una pasada, una más y otra, y
otra... No había alcanzado a hacer otra franja cuando ¡seguro!: ya estaba cansado. Pero el frío era cada
vez más intenso, así que no había tiempo para descansar. Tengo que terminarlo,o me voy a congelar! Con
gran desaliento miró todo lo que le faltaba por hacer. ¡No termino más!, ¡y hace frío! Así fue que decidió
continuar, pero como quería terminar pronto empezó a hacer la trama del tejido muy floja. De esta manera
le rendía más el trabajo. Una pasada, una descansada; una pasada, una descansada...¡Y todavía le faltaban
muchas franjas para terminar el poncho! Entonces tomó hilos mucho más gruesos que los que estaba
utilizando y menos retorcidos y siguió con su tarea. Claro que de esa manera la trama quedaba cada vez
más abierta. Si sigo así no me va a abrigar nada, se dijo. Y haciendo un gran esfuerzo de voluntad
continuó el tejido cada vez más y más apretado hasta terminar el poncho con franjas parejitas y con la
misma prolijidad con que comenzó. ¡Y al fin terminó y se puso el poncho que tanto trabajo le había dado!
Todo el tiempo que se pasó haciendo el poncho estuvo el dios de esas regiones observándolo. Y desde
arriba movía la cabeza, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda: ¡Malo!, pensó, no tiene
condiciones para ser hombre. Con tan poca voluntad para el trabajo, el pobre se va a morir de hambre. Lo
voy a transformar en animalito, así podrá arreglárselas mejor. Y así: lo convirtió en quirquincho. Su
poncho se hizo caparazón para protegerlo de las inclemencias del tiempo. Un caparazón que tiene en los
extremos las placas apretaditas y en el centro grandes y separadas. Como la trama del tejido de su famoso
poncho.

La quena.

A esta especie de flauta americana se la construye actualmente de caña, aunque antiguamente podía ser
también de hueso, arcilla o metal. La típica quena incaica era de veinte centímetros de largo y construída
del hueso de la pata de la llama. Las quenas de los pueblos de la Puna están hechas de la canilla del
cóndor o del guanaco. Llevan seis agujeros en línea recta, en la parte anterior.
La leyenda cuenta que en remotos tiempos, las vírgenes del sol recogían la lana suave de la vicuña para
tejer los mantos sagrados. Se reunían e iban en grupos a los mercados indígenas y allí elegían los más
hermosos vellones. A una de estas visitas fue también la hija del gran curaca. Caminaban por un sendero
que se extendía por pequeñas lomadas antes de llegar a destino. De pronto, desde un altozano, llegó el
sonido de una flauta que sólo la hija del curaca oía. ´Se detuvo la jovencita y luego, como en sueños,
caminó lentamente hacia el tañedor de esa flauta misteriosa. Era un pastor de llamas, que mientras pacían
tranquilamente sus animales, hacía sonar su instrumento. Se enamoraron, porque los dos se presentían en
sus silencios. Pero la diferencia social que existía entre los dos hacía difícil los encuentros, y sólo se veían
cuando él la llamaba con su flauta, tocando aquella canción que ella escuchó por primera vez. Una tarde
la ñusta no llegó al lugar de los encuentros. El pastor hizo sonar muchas veces su flauta llamándola, pero
en vano: los crepúsculos morían en la soledad de los cerros. Y con la duda del olvido en su pecho, bajó al
pueblo para averiguar la causa de la ausencia. La aldea se hallaba de fiesta. Y ¡oh! ¡Sorpresa! La mujer
que él amaba se casaba con el hijo del curaca del pueblo vecino, enemigo del padre de la muchacha.
Había llegado el novio con su séquito de guerra y de abundantes regalos. Los pobladores miraban
asombrados todas aquellas riquezas, pero con indiferencia. Cuando buscaron a la novia para que recibiera
al acaudalado caballero, no la encontraron. Había desaparecido como si Pachamama la hubiera tragado.
En vano la buscaron todos. Se pensó que el padre no quería casarla con el hijo de su enemigo. Entonces
hubo amenazas y el pueblo que amaba a su Señor, se volcó por senderos y lugares mas escondidos en
busca de la novia. Llegaron hasta las aldeas más apartadas y no la hallaron. Y una tarde, la encontraron
muerta en el lugar donde siempre se reunían con el pastor de llamas. Pasó el tiempo sobre una tumba que
todas las mañanas se veía cubierta de flores silvestres, pero un día la hallaron profanada. El pastor,
enloquecido, había sacado de los restos de la ñusta el hueso de una pierna y huyó para la soledad de los
timos. Y con él hizo una flauta que sonaba más dulce que ninguna. Y todos los atardeceres, sentado ante
la inmensidad de las cumbres, tocaba su flauta como en los tiempos idos, llamando a la mujer que no
olvidaba. Por eso dicen que la quena es tan suave y melancólica, porque nació del dolor del amor.

El familiar.

Entre los habitantes del noroeste se lo conoce como un enorme perro negro de mirada brillosa y
refulgente, pelo áspero y grandes garras. Sus garras son tan duras que parecen de acero y pueden llegar a
destrozar al que se interponga en su camino de un solo zarpazo.

El familiar puede cambiar de forma cuando quiera y transformarse en víbora, caballo, puma o persona. Se
alimenta de carne humana y se dice que suele hacer tratos con los dueños de ingenios y´plantaciones de
caña, mediante los cuales éstos se comprometen a entregarle un peón o al hijo de un trabajador cada año y
a cambio el dueño recibe protección contra huelgas, robos, y amenazas. Cuentan que si algún peón osa
amenazar al patrón que realizó un trato con el familiar, éste trabajador desaparece misteriosamente sin
dejar ningún rastro. Si el patrón no cumple con el trato pactado, él mismo puede ir a parar a las fauces del
maligno animal. La única manera de protegerse del Familiar si éste aparece es exhibir una cruz o la punta
de un puñal ante sus ojos. Esta leyenda es la más conocida en los departamentos occidentales de Salta y
norte de Catamarca, con algunas apariciones en el sudeste de Jujuy y noreste de Santiago del Estero.. Pero
donde constituye más una realidad que una leyenda es en la provincia de Tucumán. A fines del siglo XIX,
durante el auge de la industria azucarera y el enriquecimiento de los dueños de los ingenios, las
apariciones del Familiar eran constantes. Por la noche los pobladores veían constantemente unos ojos
rojizos, escuchaban aullidos aterradores, rechinar de dientes y tintinear de cadenas. Centenares de perros
negros fueron sacrificados. Los peones golondrinas desaparecían misteriosamente y la gente lo atribuía a
este demoníaco animal. Se cuenta que el día de la inauguración del Ferrocarril que unía el Ingenio Santa
Ana con la red ferroviaria provincial en el departamento tucumano de la ciudad de Río Chico, un Familiar
se instaló sobre las vías, impidiendo el paso del tren y fue visto por muchas personas e inclusive por
varios funcionarios gubernamentales.
Leyendas cuyanas

Leyenda de Puente del Inca:

Inti, el Sol, era el dios del imperio incaico y el Inca su descendiente directo. Su autoridad era mayor que
la de un rey ya que se lo consideraba hijo del Sol y su misión era reinar y proteger a su pueblo.
Una vez hubo un Inca sumamente generoso; amaba a su gente deseando para todos un imperio rico y
soberano. Se preocupaba por igual de los problemas de la vida diaria como de salir a recorrer su territorio
de un extremo a otro, tratando de conquistar nuevas tierras. Continuando la tradición de sus antepasados
jamás invadía un territorio a la fuerza. Primero invitaba a los pobladores a formar parte de sus dominios;
en cambio ofrecía enseñarles a sembrar y aseguraba que nunca les faltaría tierra ni comida. De esta
manera casi nunca era necesario luchar.
Un día el Inca cayó gravemente enfermo. Ni los sacerdotes, ni los hechiceros pudieron descubrir de qué
mal se trataba; el hijo de Inti se agravaba cada vez más y todos temieron por su vida. Hasta que una tarde,
los chasquis que corrían velozmente de una posta a otra, transmitiendo las noticias de pueblo en pueblo,
avisaron a los servidores del Inca, que en el sur existía el remedio que podría curarlo. Inmediatamente
comenzaron los preparativos para la travesía a lo largo de la cordillera y cuando todo estuvo listo,
partieron desde Cuzco, capital del Imperio, en busca del tan preciado remedio.
Una de las cosas que más enorgullecía a los incas, eran los caminos de piedras que se extendían en todo
su territorio. Por ellos anduvieron atravesando valles y montañas; cuando llegaba la noche, acampaban
alrededor de las, posadas que se levantaban a los lados del camino. Dentro de la posada descansaba el
Inca para reponer sus fuerzas.
No se desalentaron en ningún momento a pesar de la dura y larga travesía; una esperanza mucho más
fuerte que todo eso, los alentaba e incitaba a seguir adelante. Querían mucho a su monarca y deseaban
fervientemente que recuperara la salud lo antes posible.
Continuaron la marcha por muchos días hasta que por fin, encontraron el nacimiento de un río que corría
paralelo al camino y siguieron en esa dirección. Las aguas bajaban torrencialmente levantando nubes de
finísimas gotas al estrellarse contra las rocas y el ruido de la turbulenta corriente quebraba el silencio de
la imponente cordillera. Los peregrinos siguieron su camino hasta llegar a un punto donde el río cambió
su curso en una pronunciada curva al este, cerrándoles el paso. Ahí su caudal era mucho más profundo y
su torrente hacía imposible el cruce a la otra orilla.
Hicieron un alto y acamparon decididos a buscar un lugar por dónde poder pasar. Fue así que formaron
grupos dirigidos por un guía y se turnaron; mientras unos descansaban otros recorrían la zona tratando de
encontrar el paso. Desgraciadamente no tuvieron suerte y los grupos volvían cada vez más desalentados
de sus expediciones, hasta que por fin se dieron por vencidos.
Entonces formaron un consejo para decidir qué se haría y después de muchas discusiones y cambios de
ideas, llegaron a la triste conclusión de que debían volver. Abatidos, pensaron que su monarca agotado
por el viaje no podría resistir el regreso y era probable que no volviera a ver a su querido Cuzco.
Se dispusieron a pasar la noche en ese lugar, para iniciar al otro día el retorno. Rodearon al Inca tratando
de estar más juntos y unidos que nunca, como para darse entre sí, el valor y la fuerza que necesitaban para
volver y como para protegerse de esa gran pena que los estaba invadiendo momento a momento.
Mientras tanto Inti el Sol, que ya se estaba por ocultar en el horizonte, vio lo que estaba ocurriendo. La
hazaña que los incas habían sido capaces de realizar por amor a su monarca, no escapó a la vista del dios
y quiso premiar el fervor de este grupo abnegado de súbditos. Entonces consultó con Mama Quilla, la
luna, y entre los dos decidieron ayudarlos inmediatamente.
Al amanecer del día siguiente, los incas, entre dormidos y despiertos, vieron azorados frente a ellos, un
ancho puente tendido que les señalaba el camino. Los dioses lo habían construido para que pudieran
pasar. Llenos de alegría reanudaron la marcha con nuevas esperanzas.
Tuvieron mucho que andar todavía y el Inca se agravaba más y más, ya ni siquiera abría los ojos para
observar a su gente como lo hacía antes; ninguna palabra volvió a salir de su boca y dormitaba
permanentemente. Obligados a hacer muchos altos en el camino porque se fatigaba con facilidad, la
marcha se hizo más lenta y penosa, pero no desfallecieron en ningún momento.
Por fin llegaron al lugar indicado; de inmediato se distribuyeron las tareas, mientras unos buscaban las
hierbas medicinales, otros construyeron una gran tienda para alojar a su monarca e instalar todo lo
necesario para su curación.
No fue en vano todo el extraordinario esfuerzo que dedicaron al Inca; en poco tiempo empezó a mejorar
visiblemente para alegría de todos. Felices emprendieron el regreso entre cantos y oraciones de gracias a
sus dioses. Los chasquis corrieron velozmente delante de ellos llevando la buena nueva. Todo el pueblo
los esperó ansioso y preparó grandes fiestas en su honor. Los templos se vieron resplandecientes, ya listos
para ceremonias y ritos de gracias.
El Inca entró en la capital totalmente repuesto; su pueblo lo saludó con cariño y lo acompañó hasta su
morada. Poco tiempo después el hijo de Inti volvió a reinar en el Imperio.
Desde entonces al noroeste de la provincia de Mendoza, donde pasa el río Las Cuevas, el mismo que
interrumpiera el paso de los peregrinos, se levanta el Puente del Inca uniendo las dos orillas y bajo su arco
siguen pasando torrencialmente las aguas del río.

Leyenda de la Laguna de la Niña Encantada:

La bella laguna de Malargüe ha sido una inagotable fuente de inspiración para la imaginación popular de
la zona. Se aconseja visitar el lugar conociendo o narrando estas historias que le darán un toque
misterioso e inolvidable al paseo.
Una leyenda dice que había una hermosísima princesa india llamada Elcha (en lengua aborigen significa
Espejo), reconocida en su tribu por su belleza. Esa tribu estaba enfrentada a otra por la cual la bruja tenía
simpatía.
Elcha había crecido con un compañero que no era de la nobleza pero a medida que pasaba el tiempo nació
entre ellos un sólido amor. Enterada de ello, la bruja de la tribu convenció al padre de detener la actitud de
enfrentamiento entre las tribus mediante el casamiento de los príncipes.
La princesa Elcha fue informada la noche anterior Desesperada se lo comunicó a su amado y escaparon
velozmente hacia el norte. Minutos más tarde enterados de la huida, ambas tribus partieron en
persecución al mando de la bruja.
En un momento los jóvenes entendieron que habían extraviado el camino y siguieron hasta que los detuvo
un abrupto corte de la superficie que terminaba en la laguna. Miraron hacia atrás y la luz de los
relámpagos iluminó a sus perseguidores, que estaban muy cerca. Elcha y el joven no lo pensaron y
decidieron arrojarse al agua. La primera en llegar y asomarse a la laguna fue la bruja, en el instante en que
lo hizo, un poderoso rayo se descargo sobre ella dejándola petrificada. El resto de los perseguidores
también se acercaron temerosos y vieron reflejada en la superficie, cual espejo la imagen de Elcha. Desde
entonces hasta hoy, tanto la bruja petrificada como la imagen de Elcha se pueden distinguir y es por eso
que los lugareños bautizaron así la laguna.
Existe otra versión de la leyenda. Trata de dos tribus cuyos caciques eran enemigos. La hija de uno de los
jefes se enamoró de un indio de la otra tribu, por lo que ambos fueron separados. Al ver su amor
frustrado, la india lloraba desconsoladamente en la laguna hasta que se convirtió en piedra.
También se cuenta otra historia relacionada con sirenas. Dicen que al aproximarse a la laguna se oía el
canto de mujeres rubias que estaban encantadas. Ellas eran mitad mujer, mitad pez. Estas sirenas, al
escuchar los más leves sonidos de personas, se arrojaban al agua y desaparecían. Pero a una de estas
criaturas, muy linda y orgullosa, Dios la castigó convirtiéndola en piedra, a orilla de la laguna.
Además, hay una narración de origen criollo. Se solía contar que a este espejo de agua se lo denominaba
“Laguna de las siete apuestas” ya que un chileno pícaro y jugador vendió su alma al diablo, por siete
bolsitas con pepitas de oro. El pacto debía efectuarse de noche, a orillas de la laguna, por lo que reunidos
allí el diablo y el chileno, convinieron realizar siete apuestas. Las seis primeras las ganó el chileno,
porque así lo quiso el diablo. Pero la séptima, en la que se jugaba el alma, el cuerpo y el oro, el chileno
astuto hizo que el demonio se distrajera y mientras miraba el agua de la laguna, extrajo una daga.
Invocando el nombre de Jesús le enseño la cruz de la empuñadura y como por encanto, el diablo
desapareció. El sagaz hombre se quedó con todo.
La Ciudad de los Césares:

Esta Ciudad es una ciudad encantada en la cordillera de los Andes, a la orilla de un lago. El día de Viernes
Santo se puede ver, desde lejos, como brillan las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, que son
de oro y plata macizos..."
Esta leyenda surgió en el siglo XVI, durante la conquista española, y describía un paradisíaco paraje
donde se asentaba una ciudad fantástica, repleta de metales preciosos. Sus habitantes poseían grandes
riquezas, y las tierras regidas por esta ciudad eran excelentes para la explotación agrícola y ganadera. La
también llamada Ciudad errante era una ciudad de plana cuadrada, de piedra labrada y edificios techados
con tejas que refulgían bajo el sol. Sus templos , e incluso el pavimento eran de oro macizo. Algunas
versiones la ubicaban en un claro del bosque, otras en una península, y algunas incluso dicen que estaba
en el medio de un gran lago y contaba con un puente levadizo como único acceso. Abundaban en ella el
oro y la plata, de la cual estaban forradas las paredes. Con estos metales también se hacían asientos,
cuchillos y rejas de arado. Tenía campanas y artillería, las cuales se escuchaban de lejos. Algunos dicen
que al lado de ella hay dos cerros, uno de diamante y el otro de oro. Los historiadores ven en esta leyenda
un intento de la corona española por impulsar la colonización de las tierras del sur de América, que si bien
eran importantes en términos estratégicos, eran muy peligrosas y no resultaban tan atractivas a los ojos de
los conquistadores como los territorios del Perú.
La Ciudad de los Césares llegó a convertirse en un verdadero mito de la conquista, al igual que El Dorado
o la leyenda de las Amazonas. Existen numerosas descripciones de este lugar, y no faltaban los testigos
que declaraban bajo juramento las maravillas que de ella habían presenciado. En una antigua crónica
española se puede leer lo siguiente: "Tenía murallas con fosos, revellines y una sola entrada protegida por
un puente levadizo y artillería. Sus edificios eran suntuosos, casi todos de piedra labrada, y bien techados
al modo de España. Nada igualaba la magnificencia de sus templos, cubiertos de plata maciza, y de ese
mismo metal eran las ollas, cuchillos, y hasta las rejas de arado. Para formarse una idea de sus riquezas,
basta saber que los habitantes se sentaban en sus casas en asientos de oro. Eran blancos, rubios, con ojos
azules y barba cerrada. Hablaban un idioma ininteligible a los Españoles y a los Indios; pero las marcas
de que se servían para herrar su ganado eran como las de España, sus rodeos considerables".
Los nombres que recibió esta comarca son variados: "Ciudad Encantada", "En-Lil", "Lin Lin", "lo de
César"' o "Los Césares". "La Ciudad de los Césares" fue el que prevaleció, Como diversa es también la
posible ubicación de ésta ciudad ya que muchas versiones indican que se encontraría en la Patagonia
como así mismo lugareños de Malargue sostienen haberla visto en los atardeceres.

Leyenda del Pozo de las Ánimas:

El pozo de las Ánimas está rodeado por serranías donde, al golpear, el viento produce una especie de
silbido que da origen a distintas leyendas transmitidas por los viejos pobladores, con toda su carga de
misterio y superstición.
El pozo era denominado por los indios Trolope-Co (agua de los muertos o agua del gritadero de las
ánimas), y la tradición cuenta que es el lugar donde van a rezar y llorar las almas que andan en pena por
las montañas.
Como era común entre los pueblos que habitaban de uno y otro lado de la Cordillera de los Andes, se
había producido una diferencia en las relaciones y un grupo del lado chileno, gente de costumbres
aguerridas, estaban persiguiendo a un reducido número de pobladores de la zona de los Molles. La noche
fue extendiendo su manto y ya en plena oscuridad los perseguidos advirtieron que no se oían mas los
gritos de sus enemigos, luego de tomar recaudos, por si se trataba de una treta de sus rivales, retornaron
hasta sus moradas, dando algunos rodeos. Al día siguiente, con las primeras luces, volvieron al lugar hasta
donde había finalizado la persecución y retomaron sobre sus pasos del día anterior, a poco de andar
comenzaron a oír algunos sonidos de lamentos que les llamó la atención. Con cautela continuaron
avanzando y con gran sorpresa se encontraron con dos enormes pozos que se habían hundido bajo los pies
de sus perseguidores, en el fondo se encontraba los cuerpos comenzaron a oír algunos sonidos de
lamentos que les llamó la atención. Con cautela continuaron avanzando y con gran sorpresa se
encontraron con dos enormes pozos que se habían hundido bajo los pies de sus perseguidores, en el fondo
se encontraba los cuerpos moribundos de sus enemigos y los gemidos que surgían de las profundidades
asustaron a los observadores, quienes desde ese momento veneraron la formación que los había salvado
dándole el nombre de "lugar en que lloran las ánimas".
Esta formación geológica, técnicamente denominado "Dolina", es originada por la transformación de los
depósitos subterráneos de yeso que, por efecto de las filtraciones y napas freáticas forman enormes
cavernas debajo de la superficie. Con el tiempo los terrenos se van hundiendo lentamente, originando un
constante crecimiento de los característicos conos.

El Cañón del Atuel:

En el sur de la actual provincia de Mendoza vivía la tribu del cacique Talú. El padre de Talú murió cuando
este era aún muy joven, pero a pesar de su corta edad supo asumir su rol y gobernar a su pueblo con
sabiduría.
La vida de la tribu era pacífica y feliz, pero una gran sequía comenzó a azotar la región. Los ancianos y
los niños más pequeños fueron los más afectados por la falta de agua, y pronto se dieron las primeras
muertes. Sin dudar un instante, Talú reunió a sus hombres y partió con ellos en busca de agua para su
pueblo.
En varias ocasiones recorrieron territorios por los que nunca antes habían transitado, pero sólo
encontraron tierra reseca y cuarteada por el sol abrasador. Durante una de estas expediciones Talú conoció
a una bella muchacha que vivía sola en un valle. El joven cacique habló con ella y decidió llevarla a vivir
con su pueblo, al que ella no tardó en integrarse. Un profundo cariño nació entre ambos, y ella le confesó
que su nombre era Clara, era huérfana, y había vivido sola en el valle durante años. Luego de varios
meses decidieron casarse, y poco tiempo después nacía un bello niño al que llamaron Atuel.
Pese a la profunda alegría que les provocaba el nacimiento de Atuel, los miembros de la tribu no
festejaron porque la prolongada sequía ya se había cobrado la vida de numerosos niños y ancianos. Los
hombres blancos no tardaron en enterarse de la desesperante situación, y decidieron atacar para tomar
control de los territorios. Los combates fueron feroces, pero los debilitados indios finalmente fueron
vencidos, y todos los hombres de la tribu, incluido Talú, fueron asesinados. En medio de la confusión,
Clara pudo esconderse con su hijo recién nacido, y cuando los hombres blancos finalmente abandonaron
el lugar, sólo dejaron viudas, huérfanos y algunos hombres agonizantes.
Clara tomó entre sus brazos al pequeño Atuel y se encaminó hacia las altas montañas, allí donde cae el
sol. Ascendió hasta una de las cumbres y rogó a los dioses que enviasen agua para que los sobrevivientes
de la tribu pudiesen salvarse. Pasaba el tiempo y nada ocurría, así que Clara decidió ofrendar su vida y la
de su hijo a los dioses. Al momento de morir, cada uno dejó caer una lágrima, y de ellas brotó un
caudaloso río que se abrió paso por la tierra reseca hasta llegar a la aldea.
Las mujeres dieron de beber a los niños y, luego de mucho tiempo, volvieron a oírse risas en la aldea. Las
más ancianas buscaron a Clara y su hijo, pero al no encontrarlos comprendieron que ellos eran los
causante s de aquel milagro.
El río trajo nuevamente la vida al lugar, y por las noches su corriente arrullaba a la aldea con un sonido
especial, parecido al llanto de un niño. Todos comprendieron que esas aguas conservaban el espíritu de
Atuel, y así decidieron dar al río el nombre del pequeño heredero.

Leyenda del Aconcagua:

El Aconcagua, para el primitivo habitante era el dueño y señor de todas las causas y de los secretos
biológicos. Vivían en la zona una raza de gigantes muy ambiciosos. En una época en donde todos tenían
sed y triunfaba la arena y la piedra los gigantes concibieron la idea de robarle al viejo titán un granito de
su más preciado tesoro: el agua.
A espaldas del dios de las cumbres, el pueblo de gigantes, escaló sus laderas y liberó las aguas hacia las
planicies. Cuando el Aconcagua despertó brillaba a sus pies, en la luz rosada del amanecer, mil arroyos de
plata.
El colosos, furioso, hizo reventar el receptáculo entero de su caudal el cual, con espantoso rugido, se
derrumbó abnegando los valles y llamadas.
El tiempo pasó y las corrientes de agua se encauzaron. Las tierras se fertilizaron pero el Aconcagua
guarda aún su rencor y decide vengarse períodicamente lanzando de sus laderasturviones que bajan a
devastar sembrados y caserios a través del río de los Patos Potu en huarpe. (leyenda huarpe)

Leyenda de Cacheuta:

Un chasqui llegó, a las tierras de cacheuta, el poderoso cacique suyos dominios comprendían el valle de
Mendoza y los alrededores.
Ante el gran curaca, el emisario refirió los acontecimientos ocurridos: la pérdida de la libertad de
Atahualpa, el gran señor inca, descendiente del lnti, que, hecho prisionero esperaba ansioso el día de su
liberación.
Explicó al asombrado cacique la razón de su envío: llegaba a pedir su colaboración en el rescate del
soberano prisionero. La fidelidad de Cacheuta no escatimó esfuerzos para cumplir con el mayor caudal a
la salvación del señor de todos los quechuas. Convocó a sus vasallos, les exigió su cooperación y muy
poco tiempo después un hato de llamas cargadas con petacas de cuero repletas de objetos de oro y plata
estaban listas para emprender el viaje hacia el norte.
El mismo cacique, al frente de un grupo de fieles vasallos, entre los que se contaban altos jefes guerreros,
seria el encargado de comunicarlas. Partió la expedición. Las llamas, con sus pasitos menudos,
acompañados del movimiento del cuello y la cabeza, marchaban llevando en el lomo la valiosa carga que
iba a servir para dar libertad al soberano de los quechuas.
Llegaron a las primeras estribaciones del macizo andino. Se internaron por los angostos vericuetos de la
montaña y marcharon sin descanso en su afán de llegar cuanto antes a destino. Cerca de un recodo de la
montaña distinguieron, a lo lejos, un grupo de gente armada que de inmediato reconocieron como
enemigos.
Previendo una traición, los indígenas se pusieron en guardia, y como primera medida decidieron esconder
la valiosa carga en el más seguro lugar de la montaña. Grandes conocedores del terreno, nada les fue más
fácil y muy pronto su tarea quedó terminada.
Los adversarios, al notar que habían hecho un alto en el camino y les era imposible detenerlos al pasar
donde se hallaban apostados, decidieron salirles al encuentro. Llegaron cuando Cacheuta y sus vasallos se
aprestaban a hacer frente al ataque. El choque fue sangriento. Silbaban las flechas indígenas, haciendo
víctima en uno y otro bando.
La lucha fue desigual, pero encarnizada. Los indígenas, que supieron defenderse con valor, finalmente
cayeron vencidos. Los contrarios, ya dueños de la situación, se lanzaron en busca de su objetivo, para lo
cual trataron de arrancar su secreto a la montaña.
Al llegar el lugar donde fue depositado el tesoro y cuando ya se creían dueños de él, chorros de agua
hirviendo surgieron de entre las piedras, envolviéndolos. Hallaron la muerte allí donde fueron a buscar
riquezas.
Fue, según la leyenda, el espíritu de Cacheuta quien hizo brotar el agua que terminó con los que no le
permitieron llegar a destino y cumplir la misión que como súbditos fieles se habían impuesto.
Desde entonces esas aguas, originada en un sólo principio de solidaridad humana, llevan en si toda la
bondad propia de tan alto propósito y se brindan a los que acuden a ellas en busca de alivio para sus
males.
Leyendas pampeanas

LA LEYENDA PAMPEANA DE LA PIEDRA DE TANDIL


Este notable fenómeno de la naturaleza causó el asombro de cuantos le conocieron. La famosa piedra se
encontraba sobre el lomo de una sierra del sistema del Tandil, en la provincia de Buenos Aires, República
Argentina. Estaba situada en lo alto, al borde de un precipicio, unidunida a la roca por un punto de su
base, sobre el cual se apoyaba inclinada hacia el vacío. Esta mole de granito tenía lo forma de una
campana y media aproximadamente cinco metros de diámetro y cuatro de altura. Lo más notable de ella
era que se balanceaba continuamente, oscilando a razón de sesenta veces por minuto. Ni los más violentos
huracanes, ni los rayos ni nada pudo desprender la roca de su lugar, donde se mantenía con increíble
equilibrio, ante la admiración de gran cantidad de personas que iban al lugar para verla. Un día, el 29 de
febrero de 1912, sin ninguna causa visible, en las últimas horas de una tarde muy serena, la piedra rodó
por la ladera sin que hasta la fecha haya podido explicarse la razón de la existencia ni los motivos de la
caída de esta verdadera maravilla natural.
A los pocos días de su caída, se acercó a la misteriosa piedra el gran escritor argentino Ricardo Rojas.
Producto de esta visita, es un magnífico texto olvidado llamado La piedra muerta.
Y ahora acompañemos el modo como la imaginación nativa concibió el origen de la extraña piedra...
Era el principio de los tiempos. El Sol y la Luna eran marido y mujer: dos dioses gigantes, tan buenos y
generosos como enormes eran. El Sol era el dueño de todo el calor y la fuerza del mundo; tanto era su
poder que de sólo extender los brazos la tierra se inundaba de luz y de sus dedos prodigiosos brotaba el
calor a raudales. Era el dueño absoluto de la vida y de la muerte. Ella, la Luna, era blanca y hermosa.
Dueña de la sabiduría y el silencio; de la paz y la dulzura. Ante su presencia todo se aquietaba. Andando
por la tierra crearon la llanura: una inmensa extensión que cubrieron de pastos y de flores para hacerla
más bella. Y la llanura era una lisa alfombra verde por donde los dioses paseaban con blandos pasos.
Luego crearon las lagunas donde el Sol y la Luna se bañaban después de sus largos paseos.
Pero los dioses se cansaron de estar solos: y poblaron de peces las aguas y de otros animales la tierra.¡Qué
felices se sentían de verlos saltar y correr por sus dominios! Satisfechos de su obra decidieron regresar al
cielo. Entonces fue cuando pensaron que alguien debía cuidar esos preciosos campos: y crearon a sus
hijos, los hombres. Ahora ya podían regresar. Muy tristes se pusieron los hombres cuando supieron que
sus amados padres los dejarían. Entonces el Sol les dijo:
-Nada debéis temer; ésta es vuestra tierra. Yo enviaré mi luz hasta vosotros, todos los días. Y también mi
calor para que la vida no acabe.
Y dijo la Luna:
-Nada debéis temer; yo iluminaré levemente las sombras de la noche y velaré vuestro descanso.
Así pasó el tiempo. Los días y las noches. Era el tiempo feliz. Los indios se sentían protegidos por sus
dioses y les bastaba mirar al cielo para saber que ellos estaban siempre allí enviándoles sus maravillosos
dones. Adoraban al Sol y la Luna y les ofrecían sus cantos y sus danzas.
Un día vieron que el Sol empezaba a palidecer, cada vez más y más y más... ¿qué pasaba?, ¿qué cosa tan
extraña hacía que su sonriente rostro dejara de reír? Algo terrible, pero que no podían explicarse, estaba
sucediendo. Pronto se dieron cuenta que un gigantesco puma alado acosaba por la inmensidad de los
cielos al bondadoso Sol. Y el Dios se debatía entre los zarpazos del terrible animal que quería destruirlo.
Los indios no lo pensaron más y se prepararon para defenderlo. Los más valientes y hábiles guerreros se
reunieron y empezaron a arrojar sus flechas al intruso que se atrevía a molestar al Sol. Una, dos, miles y
miles de flechas fueron arrojadas, pero no lograban destruir al puma, que, por el contrario, cada vez se
ponía más furioso. Por fin uno dio en el blanco y el animal cayó atravesado por la flecha que entraba por
el vientre y salía por el lomo. Sí, cayó, pero no muerto. Y allí estaba, extendido y rugiendo; estremeciendo
la tierra con sus rugidos. Tan enorme era que nadie se atrevía a acercarse y lo miraban, asustados, desde
lejos. En tanto el Sol se fue ocultando poco a poco; había recobrado su aspecto risueño. Los indios le
miraban complacidos y él les acariciaba los rostros con la punta de sus tibios dedos. El cielo se tiñó de
rojo... se fue poniendo violeta.., violeta. ... y poco a poco llegaron las sombras. Entonces salió la Luna.
Vio al puma allá abajo, tendido y rugiendo.Compadecida quiso acabar con su agonía. Y empezó a
arrojarle piedras para ultimarlo. Tantas y tan enormes que se fueron amontonando sobre el cuerpo hasta
cubrirlo totalmente. Tantas y tan enormes que formaron sobre la llanura una sierra: la Sierra de Tandil. La
última piedra que arrojó cayó sobre la punta de la flecha que todavía asomaba y allí se quedó clavada. Allí
quedó enterrado, también, para siempre, el espíritu del mal, que según los indios no podía salir. Pero
cuando el Sol paseaba por los cielos, se estremecía de rabia siempre con el deseo de atacarlo otra vez. Y al
moverse hacía oscilar la piedra suspendida en la punta de la sierra

Leyenda del noreste.

Leyenda de la yerba mate:

Un día, desobedeciendo los consejos de Tupá, el Dios padre de los guaraníes, Así, la Luna, y su amiga
Aria, la Nube rosada del crepúsculo, quisieron bajar a la tierra.
Así lo hicieron y tomaron sus formas corpóreas. Lo hicieron en esas zonas de tierras rojas, pero no habían
contado con los peligros que podía acecharlas en el bosque. Mientras paseaban entre los árboles,
admirando sus frutos olorosos, gozando de ver sus hermosos rostros en las aguas límpidas de los ríos,
disfrutando de caminar sobre la hierba fresca, se les presentó un jaguar que se disponía a atacarlas. Ellas
quedaron inmóviles y anonadadas.
En ese momento se presentó un anciano que se enfrentó al peligroso animal, y que con su cuchillo logró
matar al yaguareté, y acabar con el peligro que corrieron las diosas en ese momento, en que ni siquiera
les dio tiempo de abandonar sus formas terrenales.
El viejo indio las invitó a su cabaña para recibir la hospitalidad de su familia. Llegaron a una choza
humilde y miserable, en que fueron recibidas por la mujer y la hija del anciano. Así y Aria habían
quedado maravilladas por la hermosura de la joven llena de un tímido recato.
Comieron panes de maíz que hizo la vieja india con el resto de maíz que le quedaba a la familia para
alimentarse, ofreciéndoles su pobreza en demostración de amistad y cariño.
Y aceptando esa bondad de la familia, pasaron allí esa noche descansando de las emociones vividas
durante ese día en la tierra.
Cuando quedaron solas las dos, Aria preguntó:
-¿Qué hacemos ahora, Así? ¿Volvemos a nuestra morada y dejamos que estas gentes crean que nuestro
encuentro ha sido un sueño ?
Así movió negativamente la cabeza.
-No, no, Aria. Estoy llena de curiosidad por saber cuál es el motivo que les ha hecho retirarse a estas
soledades y encerrar con ellos a esa hermosa joven. Y, si no logramos que nos lo digan, nuestro poder no
es suficiente para adivinarlo. Esperemos a mañana.
Aria no sentía la curiosidad de Así; pero era amiga de la pálida diosa, y accedió a su deseo, aunque no le
agradaba mucho pasar la noche en la ruinosa cabaña.
A la mañana siguiente, cuando llegó la nueva luz, Así anunció al viejo que había llegado el momento de
marchar.
- Esperamos - le dijo - que, así como os habéis comportado con nosotros tan amablemente, nos
acompañéis, según dijisteis, hasta el linde del bosque.
Apenas se habían apartado del claro del bosque donde estaba la cabaña, cuando Así, con toda su fría
astucia, intentó que su acompañante les dijera lo que tanto deseaba. Pero el viejo había intuido el deseo de
la joven, y, atribuyéndolo a curiosidad propia de mujer, se decidió a satisfacerlo, y le dijo:
- Hermosa doncella, bien veo que os ha llamado la atención el alejamiento en que vivo con mi mujer y mi
hija; mas no penséis que hay en ello ningún motivo extraño.
Y luego escucharon el relato del anciano indio, que les confió que estaban viviendo alejados del poblado,
para apartar a su inocente hija de los peligros que le podría acarrear su increíble belleza e inocencia.
Durante su vida juvenil había vivido junto a los de su tribu, una tribu como las muchas que estaban en las
proximidades de los grandes ríos, dedicadas a la caza y a la lucha. Allí conoció a la que fue su mujer, y su
alegría no tuvo límites el día en que nació su hija, una niña tan llena de hermosura, que aumentaba el
gozo natural de sus padres. Pero esta alegría se fue trocando en preocupación a medida que la niña fue
creciendo, pues era tan inocente, tan llena de candor y tan falta de malicia, que el padre empezó a temer el
día en que perdiera tan hermosos atributos. Poco a poco, el desasosiego, la inquietud y el temor
invadieron el espíritu del indio hasta que determinó alejarse de la comunidad en que vivía para que en la
soledad pudiese su hija guardar aquellas virtudes con que Tupa la había enriquecido.
- Abandoné todo lo que no me era necesario para vivir en el bosque - dijo el viejo - y, sin decir a nadie
hacia dónde iba, huí como un venado perseguido, hacia la soledad. Desde entonces vivo allí. Sólo el
cariño que tengo a mi hija pudo hacerme cometer esta especie de locura. Pero soy feliz, vivo tranquilo.
Calló el viejo y ninguna de las dos supo qué contestarle. Entonces Así, viendo que el linde del bosque
estaba cerca, le pidió que las dejase, después de prometerle que a nadie hablarían de su encuentro.
Accedió el viejo indio, y, una vez que Así y Aria se vieron solas, perdieron sus formas humanas y
ascendieron a los cielos.
Pasaron algunos días, en los que la pálida diosa no podía olvidar las aventuras y sobre todo el encuentro
que había tenido en el bosque, y, observando al viejo indio desde su soledad celeste, comprendió todo el
valor de la hospitalidad que aquél les había ofrecido en su cabaña, pues vio que las tortitas de maíz, de
que tanto gustaban todas aquellas tribus, habían desaparecido de su alimento. Era indudable que las que
les fueron ofrecidas habían sido las últimas que tenían. Entonces, una tarde, volvió a hablar con Aria y le
contó lo que había observado.
- Yo creo - dijo la nube sonrosada - que debemos premiar a aquellas gentes. ¿Qué te parece, Así?
- Lo mismo he pensado yo, y por eso he querido hablar contigo. Podríamos hacer, ya que el viejo tiene
ese cariño por su hija, tan fuera de lo común, que nuestro premio recayese sobre la joven.
- Has pensado bien, Así. Y como fue tan hospitalario, y sabes que Tupa se alegra de que los hombres sean
de ese modo, tendremos también que demostrárselo.
Desde aquel momento, las jóvenes diosas se dedicaron con afán a buscar un premio adecuado. Por fin, se
les ocurrió algo verdaderamente original y, con el mayor secreto, se decidieron a ponerlo en práctica. Para
ello, una noche infundieron a los tres seres de la cabaña un sueño profundo, y, mientras dormían, Así en
forma de blanca doncella fue sembrando, en el claro del bosque que delante de la choza se extendía, una
semilla celeste. Después volvió a su morada, y desde el cielo oscuro iluminó fuertemente aquel lugar, a la
vez que Aria dejaba caer suave y dulcemente una lluvia menuda que empapaba amorosamente la tierra.
Llegó la mañana, Así quedó oculta bajo el sol radiante, pero su obra estaba concluida. Ante la cabaña
habían brotado unos árboles menudos, desconocidos, y sus blancas y apretadas flores asomaban tímidas
entre el verde oscuro de las hojas. Cuando el viejo indio despertó de su profundo sueño y salió para ir al
bosque, quedó maravillado del prodigio que ante la puerta de su choza se extendía. Desde ella estaba
quieto y silencioso queriendo comprender lo que había sucedido, pero a la vez con un soterrado temor de
que sus ojos y su mente no fuesen fieles a la realidad. Por fin, llamó a su mujer y a su hija, y, cuando los
tres estaban extáticos mirando lo que para ellos era un prodigio, otro mayor acaeció ante sus ojos y les
hizo caer de rodillas sobre la húmeda tierra. Las nubes, que desperdigadas vagaban por el cielo luminoso,
se juntaban apretadamente y lo tornaron oscuro, al mismo tiempo que una forma blanquísima y radiante
descendía hasta ellos. Así, bajo la figura de doncella que habían conocido, les sonreía confiadamente.
- No tengáis ningún temor - les dijo -. Yo soy Así, la diosa que habita en la luna, y vengo a premiaros
vuestra bondad. Esta nueva planta que veis es la yerba mate, y desde ahora para siempre constituirá para
vosotros y para todos los hombres de esta región el símbolo de la amistad y el alimento caliente que
beberán. Y vuestra hija vivirá eternamente, y jamás perderá ni la inocencia ni la bondad de su corazón.
Ella será la dueña de la yerba.
Después, la diosa les hizo levantar del suelo donde estaban arrodillados, y les enseño el modo de tostar y
de tomar el mate.
Pasaron algunos años, y al viejo matrimonio le llegó la hora de la muerte. Después, cuando la hija hubo
cumplido sus deberes rituales, desapareció de la tierra. Y, desde entonces suele dejarse ver de vez en vez
entre los yerbatales misioneros como una joven hermosa en cuyos ojos se reflejan la inocencia y el
candor de su alma.