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Purificando las atmosferas epidémicas: la

contaminación ambiental en las políticas de


salud (Lima, siglo XIX)
Jorge lossio
Pontificia Universidad católica del Perú

ESTUDIANTE: ESTRELLA RAMOS ROGELIO

CURSO: VISIÓN HISTÓRICA DEL PERÚ

INGENIERIA MECATRÓNICA
INTRODUCCIÓN:

Lima es una ciudad cosmopolita, con un contenido de lo más variopinto, su población


desde el año 1793 ha ido incrementado hasta llegar a convertirse en una de las ciudades
más pobladas de América Latina.
La división en cinco cuarteles de la ciudad reflejaba la gran diferencia en las condiciones
sanitarias y ambientales, cuarteles en que las personas vivían en la inmundicia, mientras
que en otros, en la opulencia; prueba de ello son el cuarto y quinto cuartel, en los cuales
hay una marcada diferencia, siendo la densificación poblacional y la tugurización los
problemas de mayor relevancia.
Ciudad de Lima 1876
Los miasmas originaron epidemias e innumerables infecciones, incumpliendo muchas
veces el acuerdo de ornato y orden por parte de las empresas contratadas que esgrimían
su responsabilidad. De acuerdo a los vecinos de Lima, el servicio de recojo de basura
mostraba incontables deficiencias. Las quejas más comunes se referían a los reiterados
incumplimientos de los carretones de la baja policía, que no pasaban a recoger las
basuras salvo una vez a la semana; a la acumulación de desechos en puntos centrales
de la ciudad, como las plazas y los mercados; a la negligencia de los funcionarios de la
baja policía al no evitar la formación de basurales informales; y a la poca frecuencia con
que se barrían las calles; los gallinazos se convirtieron en un medio por el cual la
comunidad podría calificar la contaminación a causa de la basura acumulada; no obstante,
la falta de control no fue la causa principal, sino la falta de cultura, de higiene, y de moral
de la población limeña, de la cual aún quedan vestigios en la actualidad.
La quema de basura se convirtió en una práctica constante, que trajo como concomitante
el incremento de enfermedades respiratorias agudas como el asma, la bronquitis y la
tuberculosis; no obstante la falta de conocimiento sobre los microorganismos patógenos
fue la causa principal que permitió que personas saludables y de condición miserable
interactúen de forma normal, sin haber protección por ningún medio.
Décadas posteriores a la fundación de la ciudad de los reyes, los pobladores consumían
el agua directo del río Rímac; sin embargo, siendo esta la causante de múltiples
enfermedades estomacales se iniciaron las pesquisas de fuentes de aguas puras, una vez
encontradas, fueron protegidas por cubos de mampostería para evitar su contaminación.
La escasez fue el mayor problema que afrontó la Lima del siglo XIX, que era producida
por diversos factores, siendo el principal la irregularidad del río Rímac en los meses de
marzo y Octubre.
Las autoridades se veían obligadas a suplir el agua pura de los manantiales desviando
hacia el acueducto de La Atarjea el agua inmunda de las acequias. Estas, construidas con
el objeto de canalizar el agua, estaban repartidas por toda la ciudad, atravesando tanto
las calles principales cuanto el interior de los conventos y de algunos domicilios.

El agua de las acequias, un agua espesa y cruda, no se consumía directamente. Era


hervida y colada a través de tinajeras, piedras porosas, algunas sales y licores ligeros,
con la esperanza de "despojarla de las partes groseras que tiene"; mas no era suficiente,
y la prueba fehaciente son las principales causas de enfermedad y muerte en Lima, las
cuales fueron la disentería y la tifoidea.
Con el fin de extender la distribución del agua a toda la población, se construyeron nuevos
tanques para su almacenamiento, se perforaron pozos, se abrieron galerías subterráneas
en los terrenos de La Atarjea y se montaron bombas centrífugas. Asimismo, se impulsaron
y auspiciaron estudios conducentes a hallar nuevas fuentes de agua, tan o más puras que
las del valle de Ate.

La contaminación del aire a causa de los miasmas resultó ser otro gran problema de los
médicos de la actualidad, una de las medidas que se tomó fue la construcción de
cementerios lejos de la ciudad, evitando así la fetidez que los cuerpos en descomposición
desprendían.

A diferencia de ciudades como Londres o Nueva York en Lima, a causa de su incipiente


desarrollo industrial, la contaminación a causa de fábricas no resultó un problema.
En 1868, la aparición de una terrible epidemia de fiebre amarilla que atacó toda la costa
peruana reveló lo defectuoso de las condiciones sanitarias y ambientales urbanas de la
capital y, en general, del país. Fue Manuel Pardo, como director de la Sociedad de
Beneficencia Pública de Lima, quien dirigió en la capital la lucha contra la epidemia,
poniendo en práctica las recomendaciones urbanas más desarrolladas que estaban al
alcance.
CONCLUSIONES

Se colige del artículo que la ciudad de Lima, ha tenido un desarrollo poco encomiable en
la prevención de la contaminación ambiental, a causa de la falta de cultura y educación
de las cuales están provistas las acciones de sus habitantes, mostrando lo sórdido de la
vida y lo difícil que puede ser mejorar, cuando la ausencia de educación sigue siendo un
problema latente.