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La guayaba tiene dueño
Copyright © 2012 Jorge Serrano Elías
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Revisión: Ariel Barría A.


Portada: Amelie Serrano
Ilustración: Miguel Valencia
Diseño y diagramación: Rogelio Terán

Se reservan todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de esta


obra puede reproducirse por ningún procedimiento electrónico
o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética
o cualquier almacenamiento de información y sistema de
recuperación, sin autorización expresa de su autor.

Impreso en Panamá
por Universalbooks.
Impreso en papel reciclable.
Jorge Serrano Elías

LA
GUAYABA
TIENE
DUEÑ
El secuestro del Estado
de Guatemala

Panamá, República de Panamá


2012
Dedico este libro:

A Dios Padre Todo Poderoso,


a Jesucristo, su unigénito hijo, nuestro
Salvador, y al Espiritu Santo, nuestro gran
consolador y consejero

A mi padre Jorge Adán Serrano Vásquez, para-


digma de dignidad, civismo e integridad, quien me
enseñó a amar la libertad y sobre todo con su ejemplo
de lucha por lograrla.
A mi madre Rosa Elías de Serrano quien con su
sabiduría me enseñó a apreciar las relaciones familia-
res, a valorar la paz y el amor al prójimo.
A mi esposa Magda Bianchi de Serrano, mi gran
compañera, quien idóneamente ha estado conmigo,
apoyándome en todo momento de mi vida y siendo
un bastión en la realización de mis ideales. Ha sufrido
y gozado conmigo y ha sido el gran balance en la es-
tabilidad de mi familia.
A mis hijos, Jorge, Arturo, Juan Pablo, Magda y
Amelie a quienes doy inmensa gratitud por el respeto,
cariño y grandes satisfacciones que cada uno de ellos
me ha dado, sobreponiéndose con carácter a las adver-
sidades que nos ha tocado vivir.
A mis nueras, que vinieron a la familia a traernos
grandes satisfacciones y nos han dado un gran apoyo
solidario, en nuestros problemas.
A mis nietos, quienes han traído nuevas esperan-
zas y un reto a mi conciencia, para que entienda que

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todavía tengo mucho por hacer y decir, como una in-
eludible responsabilidad hacia ellos.
A mis hermanas, cuñados, sobrinos, y sus fami-
lias, a mis sobrinos nietos, primos y demás familia,
por su solidaridad y por el apoyo y cariño que nos han
brindado en todo momento.
A mi suegro Arturo Bianchi, mi gran amigo, con-
sejero, correligionario, por todo su apoyo irrestricto, a
mi suegra Irma Lazari de Bianchi, por todo su cariño
y apoyo y a todos los familiares políticos que nos han
favorecido con su aprecio y cariño.
A Paco Perdomo y Chita su esposa, a sus hijos,
Paquito, Alejandra y Gabriel, que en forma solidaria y
abnegada, han transitado juntamente con nosotros los
caminos pedregosos del ostracismo.
Al pueblo panameño en general, por el cariño y
generosidad con la que nos han recibido y cobijado y
muy particularmente a amigos, colaboradores, com-
pañeros de trabajo y funcionarios, que sin prejuicios
nos han tendido la mano y con apego a la justicia y el
derecho, nos han apoyado y protegido en la persecu-
ción.
Al pueblo de Guatemala, al que tanto amo y en
particular a aquellos guatemaltecos, que han dedicado
sus vidas con devoción y empeño a la lucha por la
libertad y la justicia.
En forma muy especial quiero rendir un tributo de
gratitud, a todos aquellos hermanos que han perdido
sus vidas en la lucha, manifestándoles a sus seres queri-
dos, que sus nombres están inscritos en una lista inédita
de los héroes ignorados de nuestra querida patria.

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Agradecimientos

A LOS SERRANISTAS
Muy especialmente, un reconocimiento a todos
aquellos amigos, colaboradores y correligionarios, que
valerosamente y contra toda corriente, han defendido
nuestras causas y que por años han sido atacados y se-
ñalados como SERRANISTAS; a los “GALLOS”que
han esperado con ansias que yo hablara, se que cuan-
do lean este libro, sabrán que ahora es el tiempo, que
nuestra lucha no ha sido en vano, ni tampoco ha ter-
minado.

A MIS HERMANOS PANAMEÑOS


Un voto de gratitud para todos aquellos paname-
ños, de todos los estratos sociales, e ideologías que nos
han brindado su amistad y su colaboración en diferen-
tes momentos.
Con especial gratitud quiero mencionar al Presi-
dente Guillermo Endara Garimany, quien con firmeza
no solo nos dio un lugar para refugiarnos, sino que una
patria para vivirla; a los presidentes Ernesto Pérez Ba-
lladares, Mireya Moscoso y Martín Torrijos, quienes
en diferentes momentos de la persecución contra mí,
reaccionaron digna, soberana y enérgicamente, en de-
fensa de principios fundamentales como lo constituye
para los latinoamericanos el del asilo político.
Quiero también testimoniar mi agradecimiento
a los ministros de Estado y funcionarios de estos go-
biernos, que nos han proveído de seguridad física y
jurídica a través de estos años. Agradezco también la
cortesía y congruencia con esas políticas de Estado que
el actual gobierno y principalmente que el Presidente
Ricardo Martinelli, ha mantenido con nosotros.
A todos los amigos que nos han brindado su amis-
tad y cariño, cuya lista sería muy larga y a quienes pre-
sento disculpas por no mencionarlos personalmente.
A mi gran amigo y hermano Lucas Zarak Lina-
res, y a Maria Ruth su esposa, a Mayin Correa, amiga
fiel e invaluable, y a Hugo Giraud, quien me ha dis-
tinguido con su caballerosa amistad. A ellos y a sus
familias por todo lo que hemos recibido de ellos, en
cariño, ánimo y respaldo.
Quiero agradecer especialmente a mi amigo y
gran escritor panameño, Ernesto Endara, el “Neco”
por el estímulo y sabios consejos, que como escritor
viejo me dio, estimulándome a escribir este libro.

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Ingeniero Jorge Antonio Serrano Elías
Presidente de la República de Guatemala 1991–1993

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Contenido

A manera de prólogo 15
Introducción 27

CAPÍTULO I 37
Día “D”: golpe de Estado
En la Casa Presidencial
En el Palacio de Gobierno
De vuelta a la Casa Presidencial

CAPÍTULO II 65
La democracia propone, algunos disponen y
otros descomponen
Los planteamientos programáticos y la guerrilla
Los entendimientos de las cúpulas

CAPITULO III 83
El país está cada día peor
El entorno mundial y las acciones de gobierno
Líneas políticas: la patronal y la de la ranchería

CAPITULO IV 88
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y
la democracia
Aspectos económicos
Recaudación y finanzas públicas
Subsidios y presupuesto
Inflación y recuperación económica
Reservas y balanza de pagos
La estabilización económica
Política salarial
Bono 14
Reapertura de ventanilla, reducción de los subsidios y
apoyo a las municipalidades
Titulación de tierras
Políticas sociales
Educación
Salud
La Ley Serrano y las emergencias en los hospitales
nacionales
El cólera
Vivienda
Hogares comunitarios
Niños de la calle y juventudes con problemas
Logros políticos

CAPITULO V 118
Privatizaciones
El caso de la energía
Telefonía. GUATEL
Nuestro programa
La telefonía rural
El problema

CAPÍTULO VI 133
El retorno de los refugiados y la paz

CAPÍTULO VII 150


La paz
La confrontación sorda pero definitiva.
Lo que nunca aceptaron.
La cúpula militar,
A pesar de la conspiración
Cosas curiosas

CAPÍTULO VIII 163


Y entonces, ¿Por qué el Golpe?

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CAPÍTULO IX 175
Días antes del golpe

CAPITULO X 184
La construcción de la fachada
Fachada de legalidad
Fachada de legitimidad
Títeres y titiriteros
La filosofía de los titiriteros

CAPÍTULO XI 198
Los problemas después de la función
La fachada de la sucesión

CAPÍTULO XII 210


La persecución
Se abre la persecución y el acoso
La persecución legal

CAPÍTULO XIII 229


Esto ¿Por qué?

CAPÍTULO XIV 237


Entonces, ¿qué fue lo que pasó?

CAPÍTULO XV 242
El secuestro del Estado de Guatemala
A partir de ese momento, el secuestro
El caso de los Gutiérrez
El secuestro del Congreso de la República
El secuestro de los medios de comunicación

CAPITULO XVI 284


El grand finale
Elites delincuenciales
Arzú al poder
Portillo al ruedo. Albacea del Gobierno de Efraín

13
Ríos Montt
Berger y Stein a la Presidencia
Berger, gobierno de privilegios
Temática de seguridad
Narcotráfico
Crisis del sistema bancario
El Banco de Comercio
Las ganancias se privatizan y las pérdidas se estatizan
Diferencias con otros problemas bancarios
Mensaje final

CAPÍTULO XVII 308


Mea Culpa, pero hablemos claro

ANEXOS

Anexo uno 320


LA PERSECUCIÓN JUDICIAL
Anexo dos 337
DIEZ AÑOS ANTES DE
SER PRESIDENTE DE LA REPÙBLICA
Anexo tres 342
CARTA DE DIONISIO GUTIERREZ A
RAMIRO DE LEON CARPIO
Anexo cuatro 344
HISTORICA CARTA DEL CACIF, MAYO 1993
Anexo cinco 346
UNIVISIÓN PEDIRÁ EXCUSAS AL
PRESIDENTE SERRANO
Anexo seis 348
LO INCREÍBLE; ESTO YA ES EL COLMO
Anexo siete 351
PROCLAMA DEL 25 DE MAYO DE 1993 DEL
PRESIDENTE JORGE ANTONIO SERRRANO
ELÍAS CONOCIDA COMO EL “SERRANAZO”

14
A manera de prólogo

Esta primera edición de La guayaba tiene dueño


nace sin prólogo de autor invitado. El lector se pre-
guntará por qué. Pues simplemente porque deseo que
sea usted el que lo vaya escribiendo a lo largo de la lec-
tura de esta experiencia de vida que hoy le presento.
Se supone que el prólogo debe dar un contexto
general de la obra, incluir opiniones sobre la misma y
sobre su autor. Normalmente es escrito por una perso-
na a la que se invita, ya sea por amistad, identificación,
reconocimiento o admiración que le tiene al autor. El
prólogo ayuda para que alguien ajeno al escritor justi-
fique la obra y contribuya a que el lector se oriente en
la lectura del libro.
Quien realiza el prólogo suele presentar la obra
y a su autor, ante un público que desconoce la temá-
tica. Cuando el autor es nuevo, como en mi caso, el
prólogo suele escribirlo un personaje reconocido para
presentarlo
Yo he decidido renunciar a todo esto, pues cual-
quier cosa que diga alguien en el prólogo, podría ser
cuestionado por la inmensa campaña que mis detrac-
tores han realizado, durante más de 20 años, contra
mi persona; período en el que sistemáticamente me
han bloqueado cualquier posibilidad de defensa o de
simple aclaración.
Me han tratado de político improvisado y desco-
nocido; aseguran que gané la Presidencia de la Repú-
blica de Guatemala, por casualidad y que cuando gané
estaba endeudado. Me han acusado de corrupción, de
haber sido un “aprendiz de dictador” e incluso llega-
ron prácticamente a copiar todos los delitos que figu-
ran en el Código Penal, para perseguirme.
La verdad es que para que haya un asesino, debe
haber una persona asesinada, un cadáver que sirva
de evidencia y sobre todo, pruebas. Para perseguir al
supuesto asesino, debe haber indicios razonables de
su crimen. Igualmente, si se acusa a una persona de
ladrón, algo debe haber desaparecido y deben exis-
tir evidencias irrefutables del delito. Sólo entonces se
debe perseguir al acusado.

En mi caso, mis enemigos, me han llamado co-


rrupto y ladrón. Sin embargo, a lo largo de 20 años
no han dicho que fue lo que se desapareció, y no lo
han hecho, simplemente porque yo no tomé ni un
centavo del Estado guatemalteco. Tampoco participé
en ningún negocio, lo que está bien demostrado en el
informe de la Contraloría General de Cuentas de la
Nación, como consta en los expedientes judiciales le-
vantados en mi contra. La misma Cancillería de Gua-
temala, en informes que se presentarán más adelante,
declara que no hay pruebas para sustentar los delitos
de los que se me acusó.
Cuando vieron que no había nada con lo que me
pudieran incriminar, entonces ¿qué hicieron? Simple-
mente decir que había comprado 100 fincas en un

16
día, noticia que se desplegó en todos los periódicos
del país. Incluso dieron a conocer, también con gran
despliegue, el número de las matrículas de las fincas.
Pero obsérvese la saña: las 100 fincas eran locales
de los centros comerciales denominados “Novicen-
tros”, ubicados en la zona 5 y 11 de la capital guate-
malteca; centros comerciales de mi propiedad que yo
había desarrollado en los años 1978 y 1979, es decir
más de 10 años antes de ser Presidente. Fue una ca-
lumnia criminal y al día de hoy, mucha gente la cree,
al extremo de que han pedido que esas fincas se repar-
tan entre los necesitados.
Lo que más me dolió en este caso, fue que uno de
los periódicos que más despliegue hizo de la noticia,
fue el diario La Hora, en su edición del lunes 14 de
junio de 1993. Esto yo no lo podía entender en aquel
momento, porque Toyita Godoy, la mamá de Oscar
Clemente Marroquín Godoy, director del medio, ha-
bía sido una de las entusiastas promotoras y vendedo-
ras de esos proyectos. Ella era una dama excepcional
que trabajó conmigo durante muchos años, a quien
siempre estimé y quise mucho. (Ver anexo, Dos)
Otro ejemplo, de los cientos que podría citar, es
haber repetido y repetido durante la campaña elec-
toral, que yo era un hombre endeudado. Incluso, los
partidarios de Jorge Carpio Nicolle pusieron mesas en
todos los municipios de la República, con copias de
las escritura de los créditos que yo había tenido para el
desarrollo de más de doce proyectos inmobiliarios en
los que había participado.
No dijeron, sin embargo, que esos créditos habían
sido pagados. Edmond Mulet, que en ese momento
estaba con Carpio Nicolle lo sabía perfectamente, pues
él había trabajado conmigo, su oficina estaba al lado

17
de la mía, era mi abogado de planta y era el notario
ante el cual se habían hecho la mayor parte de esas
escrituras. (Anexo, Dos)

Cuando yo asumí la Presidencia de la República,


el total de mis deudas era de Doscientos Cincuenta
Mil Quetzales. Tampoco aclararon que en el Banco
Industrial y en el Banco Agrícola Mercantil habían
depósitos por más de Quinientos Mil Quetzales, como
consta en la declaración jurada que presenté a los siete
días de haber asumido el cargo y en los estados de
cuenta de los respectivos bancos.
En dicha declaración también consta que mi pa-
trimonio era superior a los Veinte Millones de Quet-
zales. No obstante, con una propaganda insidiosa, han
hecho creer a la gente que yo estaba quebrado y lo
repiten cada vez que pueden.
Cosa similar hicieron con mi honra personal y la
de mi familia, cuando vieron que no había nada más
de qué acusarme. Un día fui avisado de que pronto
habría un nuevo ataque ordenado y orquestado por un
jefe militar cercano a Ramiro De León Carpio. A los
pocos días salió, como chisme en las noticias, que me
había ido con una cubana; que me había divorciado,
que Magda, mi esposa, me había dejado en la calle y
que mis hijos e hijas estaban en situaciones que no me
atrevo a repetir.
Fue algo horrible. Mucha gente se comunicaba
con mis familiares y con los de Magda; unos para ma-
nifestar su preocupación por lo que estaba sucediendo
y otros, naturalmente, con el ánimo de lograr infor-
mación fidedigna. Casi tuvimos que mandar fotos de
la familia con periódicos en los que se viera la fecha,
para que nuestros pobres familiares pudieran aclarar.

18
Sin embargo, hoy veinte años después, todavía hay
gente que sigue creyendo tan infame mentira.
Aprovecho para aclarar que tenemos una familia
integrada: mis cinco hijos son una bendición de Dios,
todos nos han dado las más grandes satisfacciones, por
su comportamiento, su desempeño familiar, laboral
y profesional. Unos tienen tres títulos universitarios
y otro tiene cinco; tenemos tres nueras que son unas
hijas para nosotros y siete nietos, que son los que nos
han hecho la vida feliz. A Dios gracias somos una
familia, normal con nuestros defectos y problemas y
también con algunas cosas buenas.

Jorge y Magda Serrano

Con Magda vamos a cumplir, primero Dios, 43


años de casados. Lo único que puedo decir es que
quienes nos conocen, son los que mejor testimonio
pueden dar de lo que es nuestra familia. Lo que sí
puedo afirmar, es que todo lo dicho contra ella ha
sido una infame mentira, salida de mentes depravadas
a las que me ha costado perdonar, pero lo he logrado,

19
dejando esto en manos de Dios y su justicia, confian-
do en que, aunque tarde, la verdad siempre sale a luz.
Permítame contar, para que usted juzgue si yo
soy un improvisado, que nací en un hogar en el que
la política era el gran tema. Mi padre, el licenciado
Jorge Adán Serrano, conocido como el “Canche” Se-
rrano, fue un verdadero patriota, amante de la liber-
tad, un luchador contra las dictaduras, tanto contra la
de Manuel Estrada Cabrera, conocida como la de los
20 años, como contra la de Jorge Ubico Castañeda,
conocida como la de los 14.
Se destacó por su valentía, cuando siendo muy
joven cruzó la línea de fuego, en compañía de don
Camilo Bianchi, para llegar al Fuerte de la Palma,
lugar en el que se encontraba atrincherado el tirano,
para entregar a Estrada Cabrera, la nota en la que se
pedía su rendición. Ya adulto, le tocó, con el licencia-
do Federico Carbonel, ir al Palacio Nacional y entre-
gar a Ubico, el famoso Memorial de los 311, en el que
se le pedía la renuncia.
Cuando mi padre murió la prensa entera, y todas
las instituciones cívicas y políticas, le rindieron todo
tipo de reconocimientos. Los titulares señalaban que
cincuenta años de oposición y lucha cívica ejemplar se
cerraban con su muerte.
Quiero decirle a mis detractores que yo no me
improvisé en la política. Me involucré en ella desde el
día que tuve uso de razón y mi primer discurso polí-
tico lo pronuncié a los nueve años en el parque central
de Santa Cantarina Pinula; mi primera entrevista de
prensa la di a los diez años en el noticiero “Radio
Sucesos” del periodista Oscar Conde.
Fui Presidente de mi promoción en el Liceo Gua-
temala, Presidente de la Asociación de Estudiantes de

20
Ingeniería (AEI) de la Universidad de San Carlos, dos
veces Miembro de la Directiva de la Asociación de Es-
tudiante Universitarios (AEU), Coordinador del Plan
de los 100 días, para la recuperación del país después
del terremoto de 1976. Ocupé cargos en organismos
regionales e internacionales.
Fui Presidente del Consejo de Estado, organis-
mo encargado de plantear el camino para el retorno a
la constitucionalidad después del Golpe de Estado de
1982.
Fui candidato a la Presidencia de la República,
postulado por la coalición del Partido Democrático de
Cooperación Nacional y el Partido Revolucionario,
obteniendo un 14% de votos válidos en las elecciones
generales de 1984.
Me desempeñé como miembro de la Comisión
Nacional de Reconciliación, electo en representación
de los partidos políticos de oposición; candidato a la
Presidencia de la República, por el Partido Movimien-
to de Acción Solidaria (MAS); y electo Presidente de
la República a los 45 años de edad.
Este es el resumen de mis posiciones públicas, las
que dieron motivos para que yo fuera conocido am-
pliamente en el país. Sin embargo, mis detractores,
continúan diciendo, veinte años después, que yo era
un improvisado.
Desde niño, mi padre me dijo que lo que me iba a
dejar era una buena educación y se lo agradezco, pues
aproveché todas las oportunidades que me dio. Así,
obtuve dos títulos en la Universidad de San Carlos de
Guatemala; estudié economía y desarrollo en Suecia;
obtuve una maestría en la Universidad de Standfor y
terminé en ACE, el doctorado en educación. También
fui catedrático en dos universidades de Guatemala.

21
Estoy seguro que usted ha oído mucho más de
parte de mis detractores; y quizá los párrafos anterio-
res sean los únicos donde conoce ahora algo diferente
sobre mi persona.
Lo único que quiero pedir al lector es que limpie
su mente, que no me crea a mí, pero que tampoco
prejuzgue lo que va a leer. Que observe que he re-
currido a documentos y hechos de dominio público;
y mi interés no es otro que hacer que la verdad salga
a f lote, pues soy fiel creyente en que solo el conoci-
miento de la verdad nos hará libres.
Cuando el objetivo del prólogo de una obra es
defenderla, se denomina galeato. Mi deseo es tomar
los riesgos y que el prologuista, sea usted mi querido
lector. Por supuesto, no le pido que haga un galeato,
solo le pido su objetividad. Estoy seguro que si usted
lee esta obra, es porque le interesa el tema y si eso
es así, es porque conoce la inquietante situación de
Guatemala y le interesa. También podría ser que us-
ted es o vive en otro país latinoamericano, en el que
situaciones similares están aconteciendo o por acon-
tecer, dado que estas mañas viajan más rápido que las
mismas ondas hertzianas.
¿Qué más le puedo decir yo a alguien que como
usted vive y sufre lo que se pretende relatar en este
libro?
En pocas palabras: deseo con todo mi corazón
que sea usted el que haga el Prólogo, ya sea que lo
escriba y me lo mande o que lo guarde en su mente
como fuente de una experiencia vivida por mi patria,
mi familia y yo.
Se que si usted tuvo la paciencia de leerme, mere-
ce ser el prologuista de mi obra.
Muchas gracias de todo corazón.

22
Mi padre, Jorge Adán Serrano Vásquez, el “Canche Serrano”. En su me-
moria, los sobrevivientes del grupo de los 311 colocaron esta leyenda sobre
su tumba:

LA LEY FUE TU NORMA


TU ESCUDO EL DERECHO
LIBERTAD TU NORTE
CULTO LA HONRADEZ

DESAFIANDO SÁTRAPAS
EXPUSISTE EL PECHO
EN SOBERBIO CULTO
DE GRAN ALTIVEZ

Soneto escrito por Guillermo Flores Avendaño


Expresidente de Guatemala

23
Mi padre firmando la Constitución de 1945, dado que él fue miembro de la
Asamblea Constituyente y miembro de la Comisión de los Quince encarga-
da de redactar el proyecto de la Constitución.

24
Reunión de algunos de los 311 firmantes del Memorial en que se le pidió la
renuncia a Ubico. Foto tomada en 1947. Mi padre, Jorge Adan Serrano está
sentado de quinto en la primera fila; a la izquierda en la foto está sentado
el licenciado Luis Arturo González, quien fue presidente de la República,
y a su derecha el doctor Julio Bianchi, tío abuelo de Magda, mi esposa. Al
extremo derecho de la foto, en la fila de los sentados, está el coronel Guiller-
mo Flores Avendaño, mi padrino de bautizo, quien también fue Presidente
de Guatemala.

25
Día de mi graduación como Ingeniero en la Facultad de Ingeniería de la
Universidad de San Carlos, honrosamente apadrinado por el licenciado
Federico Carbonel Rodas y mi padre, patriotas valientes que tomaron la
responsabilidad de entregar el “Memorial de los 311” al tirano de los 14
años. Como acotación histórica, todos los que habían intentado cosa seme-
jante anteriormente, fueron encarcelados o liquidados. Firmar el Memorial
constituía una hazaña temeraria, pero llevarlo al destinatario era un acto
heroico, reconocido así por la historia.

26
Introducción

Durante mucho tiempo he tratado de escribir so-


bre mis experiencias; sin embargo, cada vez que lo
intentaba, sentía que hacer un anecdotario sobre mi
vida, sería algo que solo disfrutaría mi familia y que,
por otro lado, podría verse como un documento apo-
logético.
Así han pasado casi veinte años. Múltiples veces
lo he intentado sin lograr concretar mi proyecto, pues
a decir verdad, siempre me faltó la motivación sufi-
ciente para realizar una aventura de este tipo.
Un día recibí la llamada de un viejo amigo, el
periodista Salvador Bonini, quien me comentó que
vendría a verme, pues tenía un regalo muy especial
que hacerme. Llegó a Panamá y el gran regalo eran
cinco mil negativos de fotos con toda la historia de mi
primera campaña a la Presidencia de la República.
También me traía un folleto editado por la
Presidencia de la República sobre el Proceso de Paz
en Guatemala. Obviamente, mi curiosidad me llevó
a revisar rápidamente el contenido y, al hacerlo, me
di cuenta de que toda referencia a mi persona y, so-
bre todo, a mi participación en el proceso, había sido
borrada, no sé si por casualidad o con toda la inten-
ción del caso.
Esto para mí no era algo nuevo, pues Álvaro Arzú
Irigoyen, siendo Presidente, sistemáticamente lo hizo.
Eso yo lo entendía, porque la paz para él fue como
un elemento de marketing político, por lo que en
su mentalidad, dar crédito a quien él percibía como
competencia, no era lógico; y como digo, eso yo lo
entendía.
Sin embargo, se me hacía sumamente difícil en-
tenderlo si esto también venía de otro ex presidente,
Álvaro Colom Caballeros, quien inició su carrera po-
lítica precisamente cuando lo nombré como director
del Fondo Nacional de la Paz (FONAPAZ).
No puedo explicar por qué este hecho sí me in-
dignó. Pero al ref lexionar, me di cuenta de que no
era culpa de ellos, que el único culpable era yo, pues
como bien dice el dicho: “El que calla, otorga”.
Irresponsablemente, yo nunca escribí sobre lo que
viví, y dejé que otros, incluyendo mis enemigos, con-
taran su verdad, muchas veces adulterando los hechos,
ignorándolos o haciendo falsas y temerarias interpre-
taciones de situaciones que, de sobra, tuvieron una
justificación histórica en cada una de las coyunturas.
Y eso, ¿quién más que yo, podría saberlo?
Todo eso me llevó a una ref lexión profunda. Lo
primero que vino a mi mente fueron mis nietos, que
ya están llegando a una edad en la que quieren saber
más y más de cuando fui Presidente de Guatemala;
y pensé que si no escribía, ellos serían víctimas de
los escritos de mis detractores. Mi esposa Magda, mis
hijos, mis hermanas, sobrinos y, en general toda la
familia, había vivido la experiencia y ellos ya tienen
su propia opinión; pero mis nietos no.

28
Esto realmente me aterró; de inmediato empecé
a escribir con el deseo de dar no solo a mis nietos,
sino que también al pueblo de Guatemala, al que tan-
to quiero, la oportunidad de conocer mi versión de
los hechos, a la luz de mis experiencia de vida y más
de veinte años de ref lexión; de una ref lexión madura,
un tanto alejada de las pasiones de mi juventud; una
ref lexión inspirada en un legado a las nuevas gene-
raciones y con el profundo deseo de que Guatemala
finalmente encuentre un camino de dignidad y desa-
rrollo.
Hoy soy hombre de dos patrias, una que me vió
nacer, que me crió, me dió todo su amor para desa-
rrollarme, pero que el egoísmo y la codicia desmedida
de algunos de sus hijos la llevaron al borde del abismo,
la humillaron, la han ensangrentado. Una patria cuyas
calles han llenado de dolor, han enfermado la con-
ciencia de mis hermanos, al extremo de que lo bueno
es malo, y lo malo es perfectamente justificable.
Cuán doloroso resulta para uno, que ya no está
inmerso en esa cultura de codicia y muerte, cuando
habla con un paisano y le pregunta cómo están las co-
sas, y con la mayor inconsciencia le responden: “Pues
aquí todo igual, nada nuevo, los mismos muertos de
siempre”.
Sin embargo, los grupos que la han exprimido,
que le han chupado su dignidad, esos hoy son los res-
petables, a los que les echan porras, los que gobiernan,
a los que se les exalta.
Esa patria sufrida es la que amo, en la que el co-
razón de la gente sencilla y pobre está enfermo, pero
no muerto. Lamentablemente, es hoy ejemplo de lo
malo ante el mundo, y compite en las estadísticas del
horror, del abandono y de la miseria.

29
No obstante, mi pueblo, el secuestrado, espera
ansiosamente que llegue el momento en que su llanto
Dios lo cambie en gozo; que para su enfermedad haya
medicina; que en sus calles y montañas no se vea más
la sangre de sus mártires; que en sus campos la voz de
la marimba, el tun y la chirimía abandonen su melan-
colía y canten con alegría al festejar su liberación.
A nuestro Creador, Dios Todopoderoso, debemos
rogarle que nos perdone por tanta maldad, y le pedi-
mos de todo corazón, que haga explícitos los caminos
de esa liberación.
Hoy tengo otra patria: la que por la misericordia
de Dios me recogió del abandono, curó mis heridas,
me dio ánimo y me proporcionó espacios de digni-
dad para sobrevivir, para vivir y, que sobre todo, me
proporcionó la sombrilla que cubrió y protegió a mi
familia.
Lo más grande que mi amada Panamá me ha
dado es haberme permitido desarrollar y formar a mis
hijos, ver crecer a mis nietos fuera de una cultura de
muerte. Es un país en que la vida vale y se respeta, en
que la codicia existe, pero el propio Estado y su gente
la regulan; en la que sus poderosos creen en ella, y sus
fortunas están allí, con rostro humano, apuntalando el
crecimiento y el desarrollo.
Mi Panamá no vive de los ahorros de los pobres
que laboran en el extranjero. Ella, caritativamente, es
refugio no solo para exilados como yo, sino para dece-
nas de miles de desplazados que huyen de situaciones
de inseguridad y amargura en otros países. Panamá no
recibe, ella caritativamente envía las remesas.
En pocas palabras, mi Panamá ha sido mi cueva
de Adulam, desde la cual espero, confiando en Dios,
la liberación de mi otra patria, mi amada Guatemala.

30
En Guatemala, la guayaba, además de identificar
la deliciosa fruta que todos conocemos, es un mo-
dismo que usamos para identificar a la presidencia,
teniendo una connotación de poder y mando, sobre
todo político.
La guayaba tiene dueño relata cómo los grupos de
elite, los grupos del poder en Guatemala, han mani-
pulado y definido la historia a su sabor y antojo. En
sus páginas presento casos que ayudarán a entender
las estrategias de desprestigio, corrupción y dominio
que estos pequeños grupos han implementado con
algunas de las instituciones que les pudieran hacer
mella en sus intenciones de apoderarse del poder, se
llamen estas Ejército, Organismo Judicial, Congreso
de la República, partidos políticos, líderes políticos,
universitarios, sindicales, líderes gremiales, religiosos,
“miembros de la sociedad civil” y hasta Instancias Na-
cionales de Consenso, fachadas manipuladas, usadas y
desechadas.
Como posiblemente el lector podrá observar, uno
de mis grandes problemas o pecados, fue que yo me di
cuenta de lo que digo hace más de veinte años, en el
momento álgido en que los dueños de la guayaba tenían
herida la soberbia y esto atentaba frontalmente contra
sus ambiciones de controlar los codiciados monopo-
lios estatales, y a través de estos, SECUESTRAR EL
ESTADO.
Los señores dueños del país, los que me dieron el
golpe de Estado en mayo de 1993, los que con bom-
bos y platillos proclamaron que ellos eran los adalides
del constitucionalismo y la legalidad, impusieron en
el país una Dictadura del Empresariado, y hoy siguen
manejando el país a su sabor y antojo, porque sutil o
abiertamente, han eliminado o comprado a todos los

31
grupos que les pudieran hacer sombra.
A mí me han desprestigiado. Decir Serrano Elías
dentro de los grupos allegados a ellos es símbolo de
todo lo malo. Sin embargo, como podrán ver, el país
que yo les dejé y lo que hice en dos años y medio, no
tiene nada que ver con lo que ellos han hecho en vein-
te. Mi lucha era legítima, aunque a ellos no les gustara
o no les conviniera. La lucha de ellos es despiadada-
mente egoísta. Si no, veamos lo que se ha dicho de los
resultados de los gobiernos de los dueños de la guayaba:
“La cadena británica BBC retrata al país como
uno de los más peligrosos del planeta, la ruta de mayor
tránsito de drogas desde Colombia hacia México y
Estados Unidos, transacciones que involucran a peli-
grosas pandillas guatemaltecas y de la región.
En su análisis, la periodista Zeinab Badaw señala
que aunque el crimen organizado y las pandillas no
tengan poder político a través de un partido, tienen al
país en sus manos, ya que controlan el territorio, los
recursos, las instituciones estatales y la cultura.
Guatemala ha perdido una generación completa
de sus jóvenes por la violencia y el crimen, lo que se
ha cobrado costos humanos y económicos muy altos,
y algunos creen que el país ya es un estado fallido”.
(Fuente: reportaje en prensalibre.com 21/12/10: JUS-
TICIA)

En el diario El País, de España, del 21 de enero de


2008, el señor M.Á. Bastenier, comenta:
“¿Es Guatemala la Somalia de América Latina?
O, más próximamente, ¿el Haití de Iberoamérica? El
Estado guatemalteco cumple con impecable tenacidad
todos los requisitos para convertirse en un Estado fa-
llido, si es que aún no lo es: zonas del país –corredores

32
estratégicos los llaman– escapan al control de las fuer-
zas de seguridad, y son santuarios del narco–delito;
60 muertes violentas por 100.000 habitantes al año,
cuando el índice español no llega a tres; impunidad
que sonríe por igual al que le tira la basura al portal
vecino, que al asesino industrial en serie; y una Admi-
nistración que regula indiferente la pasividad, en lugar
de prestar servicio al ciudadano”.
No quiero entrar en la discusión de si Guatemala
es un estado fallido o no, pues esto también es relati-
vo, como dice el dicho “cada quien habla de la fiesta,
según le fue en ella”. Porque para los dueños, cómo
va a ser fallido un Estado que los llena de contratos,
al que le pueden vender bienes y servicios al precio
que quieran, el que les protege sus privilegios y sus
prebendas; el que les obedece en la aplicación de la
justicia, el que les tolera hacer todo lo que se les da la
gana, incluso usar los medios de comunicación a su
disposición para hacer juicios y emitir sentencias.
Tampoco para los delincuentes bien organizados,
lavadores de dinero y narcotraficantes, el Estado está
fallido. Tal como lo predije el 25 de mayo de 1993,
ellos están en el mero “paraíso” y más aun, si les lle-
gan a legalizar el narcotráfico, entonces sí se sentirán
como la Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis
Carroll.
Sin embargo, el Estado sí podría estar fallido para
aquellos que ven que ese Estado es incapaz de pro-
tegerlos frente a los intereses y abusos de una ínfima
minoría, para los que mendigan justicia porque no la
pueden o no la quieren comprar, para los que pasan
trabajos para comer, los simples asalariaros, los profe-
sionales, obreros o campesinos, para los que viajan en
buses expuestos a que los maten. O sea, en general, sí

33
es un Estado Fallido para la inmensa mayoría de los
guatemaltecos.
Liberar al pueblo del Secuestro del Estado, es aca-
bar con la alevosía y ventaja con la que se ha manipu-
lado a los políticos, los diputados, los jueces y magis-
trados, los medios de comunicación y, en general, a
muchos de los miembros de la sociedad civil.
Yo quise evitar que llegáramos a esto, en la pro-
clama del 25 de mayo de 1993, lo que mis detractores
llamaron el autogolpe. Manifesté entre otras cosas:
“Durante dos años y medio he estado sometido al
chantaje político por parte de algunos miembros del
Congreso de la República: un chantaje que hace im-
posible gobernar en beneficio del pueblo…” También
expresé:”La irresponsabilidad con la que el Congreso
de la República han resuelto los casos de antejuicio,
es impresionante. Cuántos diputados que incluso han
sido sorprendidos in fraganti en la comisión de de-
litos y a quienes se les ha planteado antejuicios por
múltiples causas, el Congreso se ha negado a darles
trámites”.
En relación a la justicia señalé: “tenemos que re-
conocer que la presente Corte Suprema de Justicia,
desde su elección estuvo viciada. Quisimos trabajar
con ella, pero lamentablemente, su conducta de apli-
car justicia en forma selectiva, es inaceptable….hemos
hecho grande esfuerzos por llevar delincuentes a la
Justicia , pero más han tardado en entrar a las cárceles,
que en ser puestos en libertad por los jueces y por la
misma Corte”.
Fui claro en esa proclama: “lo único que me
mueve a tomar esta decisión trascendente, es garanti-
zar que nuestra Guatemala no sea presa del narcotrá-
fico; que nuestro país no sea un jardín para las mafias;

34
que nuestro país tenga un destino sin corrupción, sin
venalidad, sin demagogia”. Acoté que las medidas to-
madas para la depuración del Estado, eran necesarias
y urgentes, “porque en nuestro país el narcotráfico ha
crecido de una manera impresionante…. Las canti-
dades de tráfico decomisado durante el año pasado y
lo que va del presente, son cantidades sin precedentes
que superan en mucho el mismo presupuesto de la
nación”. “En ese mismo momento, hace veinte años
dije: “ me siento sumamente frustrado de ver la visión
de corto plazo, lo miope que son mchos guatemalte-
cos que por ganar un poco de popularidad política, se
aferran a cosas inmediatas y pierden de vista esa fun-
ción trascendente, de largo plazo , que se debe tener
para gobernar nuestro país…”
Por todo esto, consideraba y sigo considerando,
que liberar al pueblo del Secuestro del Estado, es acabar
con la alevosía y ventaja con las que se ha manipulado
a los políticos, los diputados, los jueces y magistrados;
los medios de comunicación, y en general, a muchos
de los miembros de la sociedad civil.
Sé que este libro presenta una realidad cruda e in-
édita, pues la información allí ha estado. Sin embargo,
ha llegado segmentada a los guatemaltecos y en algu-
nos casos tergiversada u orientada con la interpreta-
ción que los dueños le han querido dar al manipularla.
Lo que relato en este libro tiene un respaldo do-
cumental considerable, pues si algo he querido hacer
es apegarme a la verdad. No me cabe la menor duda
de que mis detractores usarán toda su inf luencia para
volverme a insultar, acuñando todos los apelativos que
sus comunicadores expertos les vuelvan a recomen-
dar.
No me cabe duda de que tratarán también de

35
impedir que esta verdad se sepa. No obstante, les digo
a todos y a cada uno de ellos, que si verdaderamente
están preocupados por la situación del país y su deseo
es descalificarme, increparme por delitos o contrade-
cirme, que esta vez lo hagan sin cobardía, sin men-
tiras, sin verdades a medias. Si es cierto que tienen
argumentos y buena voluntad, que los discutan frente
a frente conmigo. Yo estoy dispuesto a hacerlo en el
foro que escojan; dispuesto a reconocer mis propios
errores y, por supuesto, a defender mis causas, sobre
todo las que dieron resultados positivos para el bien de
mi patria, Guatemala.

36
CAPÍTULO I

Día “D”: Golpe de Estado

Lunes 31 de mayo de 1993.

Desde el domingo 30 de mayo, los corredores


y salones de la Casa Presidencial de Guatemala esta-
ban ocupados por el Vicepresidente de la República,
Gustavo Espina; por diputados, ministros de Estado
y correligionarios. Estaban también, mis familiares y
amigos.
Esto ocurría a escasos 21 días de haber ganado
las elecciones para las alcaldías del país con mi partido
político, Movimiento de Acción Solidaria (MAS); y a
escasos 6 días de la disolución –con el fin de depurar-
los– del Congreso Legislativo y de la Corte Suprema
de Justicia.
Siendo ya la madrugada del día 31, todavía se-
guíamos a la expectativa de la llegada (o en su defecto,
de una llamada telefónica) de los diputados con cuya
presencia tendríamos una mayoría calificada para in-
tegrar una nueva Asamblea Nacional.
Ese interminable domingo, que estuvo muy lejos
de ser un día de descanso, nos dejó múltiples presiones
y tensiones que no sabría cómo describir. Sabía que así
La guayaba tiene dueño

como nosotros estábamos procurando una salida insti-


tucional al conf licto, la cúpula del sector empresarial
(grupo Pirámide) y la cúpula militar (grupo golpis-
ta) estaban urgidos de encontrar una salida legal que
permitiera sacarme de la Presidencia y entrar ellos al
abordaje.
En verdad, el agotamiento que experimentaba
era el resultado de sentirme a la orilla de un mar de
propuestas que no son las que uno quisiera para su
país. Todo eso llega cargado con un equipaje lleno
de hastío; hastío que conduce a una especie de fatiga
“presidencial” que incita a abandonarlo todo. Es la
tentación del desapego, de la indiferencia.
Sin embargo, por otro lado estaba el compromiso
conmigo mismo, con los ideales y con mi país, de en-
frentar lo que habíamos comenzado: depurar un Con-
greso corrupto y una Corte de Justicia espuria y venal,
y así dar paso a un cambio en el Estado guatemalteco
que permitiera el fortalecimiento de las instituciones
democráticas, para que garantizaran los derechos de
los ciudadanos y no solo los derechos y privilegios de
los grupos dominantes.
Los amigos insistían en que descansara un rato.
Pero yo sentía que acostarme era casi una rendición.
Sin embargo, el cansancio y la tensión fueron hacien-
do mella y por fin accedí a retirarme. Entré en un
cuarto de visitas habilitado en la Casa Presidencial,
me quité los zapatos y me tiré en una cama con la ropa
puesta. Era tan grande el cansancio que al principio
no pude conciliar el sueño. Tenía la cabeza repleta de
pensamientos, se reproducía una y otra vez el alud de
acontecimientos que, de hecho, habrían de cambiar
mi vida y la historia de Guatemala. Súbitamente, y
acaso sin quererlo, quedé profundamente dormido.

38
Día “D”: Golpe de Estado

Mientras en la Casa Presidencial sucedía esto, en


el Palacio Nacional el coronel Otto Fernando Pérez
Molina, jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejér-
cito (G2) llamaba a los ocho jefes de las unidades de
inteligencia bajo su cargo y les ordenaba que se pre-
sentaran al Palacio Nacional en uniforme de combate
y con todo su armamento. También les ordenaba que
cada uno de ellos trajera, igualmente preparados, a
dos oficiales militares bajo su mando: un mayor y un
capitán.
Pérez Molina se reunió entonces con los oficia-
les convocados y les manifestó que era necesario to-
mar medidas rápidas, pues aparentemente yo estaba a
punto de lograr una mayoría de diputados, constituir
quórum y así restablecer una Asamblea depurada, para
lograr la salida institucional al conf licto surgido por la
disolución de los organismos antes citados.
Les hizo notar también que, la tarde anterior, el
Presidente había sostenido reuniones –sin los resulta-
dos esperados– con Jorge Carpio Nicolle, del Partido
Unión del Centro Nacional (UCN) y con Alfonso
Cabrera Hidalgo, de la Democracia Cristiana Guate-
malteca (DCG).
La salida institucional que yo buscaba, obviamen-
te, iba en contra de los acuerdos que, en las reuniones
en el Centro de Estudios Militares, sostuvieron los
militares con elementos del sector privado, en las que
se convino en tres puntos fundamentales:
1o. La crisis había que resolverla lo más rápido
posible.
2o. El Vicepresidente Espina y yo teníamos que re-
nunciar, y el Congreso debía nombrar a sus sucesores;
y
3o. Había que depurar el Congreso.

39
La guayaba tiene dueño

Pérez Molina agregó que esa decisión tomada por


él con el sector privado ya había sido comprada por
otros sectores, y que si yo lograba darle una salida ins-
titucional a la crisis, todo lo que intentaban se vendría
a tierra.
En esa reunión, los oficiales de inteligencia, con
Pérez Molina, decidieron actuar en dos direcciones:
1o. Mi renuncia tenía que obtenerse ese mismo
día; y
2o. La Corte de Constitucionalidad tenía que de-
finir la transición del traspaso de mando a un Jefe de
Estado interino.
Decidieron entonces poner la estrategia en movi-
miento. Pero como el Ministro de la Defensa, general
José Domingo García Samayoa, el Jefe del Estado Ma-
yor del Ejército, general Jorge Perussina, y el Jefe del
Estado Mayor de la Presidencia, general Luis Francisco
Ortega Menaldo, no habían establecido una posición
clara respecto de mi persona como Presidente, deter-
minaron dirigirse primero al general Mario René En-
ríquez, Subjefe del Estado Mayor del Ejército.
A esa reunión, Pérez Molina se hizo acompañar
del coronel Barrios Celada y otros oficiales más. En-
ríquez escuchó los argumentos respecto de una ac-
ción inmediata y estuvo de acuerdo con la estrategia
planteada. Comentó a Pérez Molina que, una vez esta
estrategia fuera puesta en acción, ya no había marcha
atrás. No obstante lo delicado y trascendente de lo de-
cidido, este acuerdo lo hicieron como cuando un par
de niños encuentra una caja de chocolates escondida y
deciden comérsela.
De inmediato, Pérez Molina mandó a tomar
control del Palacio Nacional y desarmar a la Guar-
dia Presidencial que estaba encargada de cuidar el

40
Día “D”: Golpe de Estado

edificio. Ordenó que buscaran a los miembros de


la Corte de Constitucionalidad y que los trajeran al
Palacio. Mientras tanto, Enríquez llamaba a algunos
comandantes de la ciudad que simpatizaban con el
movimiento militar, para asegurar la decisión tomada,
lo que también hizo con los líderes del sector privado
que estaban en la jugada.
Después de eso decidieron comunicarse con líde-
res de los partidos políticos, sindicatos, Iglesia Católica
y con la Embajada de los Estados Unidos.
Enríquez y Pérez Molina, acompañados de una
veintena de oficiales (todos vistiendo traje de fatiga y
fuertemente armados) van y le presentan su posición
al Jefe del Estado Mayor del Ejército, general Perusi-
na. Este, de inmediato, se comunicó con el ministro
García Samayoa, quien aceptó recibirlos. Pérez Mo-
lina explicó al ministro su posición, en el sentido de
que Espina y yo teníamos que renunciar y, en con-
secuencia, que la Corte de Constitucionalidad tenía
que encontrar una forma legal de designar un Jefe de
Estado interino.
Aquí se estableció una discusión, pues estaban de
acuerdo con que yo renunciara, pero García Samayoa
y Perusina consideraban e insistían en que era al vi-
cepresidente Espina al que le correspondía tomar po-
sesión de la Presidencia. Pérez y Enríquez argumen-
taban que “Espina era cómplice, que había salido con
Serrano en las entrevistas de prensa y públicamente lo
respaldaba, diciendo que él sería leal a Serrano, que
se mantendría como Vicepresidente mientras Serrano
fuera Presidente y que saldría con él”. Por otro lado
argumentaban que dejar a Espina era dar la cara del
continuismo y que, en ese momento no importaba lo
que la ley estableciera.

41
La guayaba tiene dueño

Finalmente, después de una discusión desagra-


dable, decidieron que tanto el Presidente como el
Vicepresidente debían irse. Luego, por el desarrollo
de los acontecimientos y por un conf licto que resultó
entre ellos, se comprobó que la insistencia de García
Samayoa y Perusina en que se quedara Espina no era
para cumplir la ley, sino para evitar que, una vez Pérez
Molina se consolidara en el poder, los sacara de sus
puestos, lo que en efecto sucedió, cuando los hizo a
un lado, después de haberlos utilizado.
Una vez de acuerdo y al término de la reunión,
más o menos a las ocho de la mañana, García Samayoa
llama a la Casa Presidencial y habla con el general
Francisco Ortega Menaldo y le informa que se ha de-
cidido pedirle la renuncia el Presidente, y lo instruye
para que se lo comunique.
Uno de los amigos presentes, quien había dormido
en un sillón de una de las salas de la Casa Presidencial,
entra a la habitación en la que yo estaba descansando
y me dice:
—Presidente, el Ejército te está pidiendo la re-
nuncia.
¿Qué ejército pide mi renuncia? Vos dirás que
algunos comandantes del ejército…
—Así es –me responde– algunos comandantes
del ejército.
—Bueno –le dije. Gracias, en cinco minutos es-
toy afuera.
Apenas salió mi amigo, me fui al cuarto en el que
estaba durmiendo mi esposa Magda.
—Levántate, Magda, y pónganse a orar, porque
se está cumpliendo lo que el Señor nos había anuncia-
do: el ejército me está pidiendo la renuncia.
Entré a la recámara de mis hijas y a la de mis

42
Día “D”: Golpe de Estado

hijos; les conté lo que estaba pasando y también les


pedí que se juntaran a orar.
Me arreglé y, al salir, evité detenerme a conversar
con los amigos presentes y me encaminé directamente
al despacho del Jefe del Estado Mayor de la Presiden-
cia.
Al entrar, el general Ortega Menaldo, que esta-
ba en su escritorio, de inmediato se puso de pie y lo
saludé.
—¿Qué está pasando, General?
—Señor Presidente, un grupo de oficiales, reuni-
dos en el despacho del Ministro de la Defensa, le está
pidiendo la renuncia.
—¿Hay algo que podamos hacer?
—No, señor –me contestó– Nos han cortado las
comunicaciones, incluyendo los teléfonos de dos cifras
y nos tienen prácticamente aislados. He ordenado em-
plazar artillería en las esquinas. La Guardia Presiden-
cial nos es fiel y está lista para garantizar su seguridad
y la de su familia. Les he advertido que ante cualquier
movimiento contra nosotros, abriremos fuego.
—Muy bien, General –le respondí– Ahora, por
favor, llame usted al Ministro de la Defensa y díga-
le que venga a mi despacho con los oficiales que lo
acompañan para que dialoguemos.
Salí de la sala. Mientras me dirigía a las habita-
ciones tranquilicé con gestos y palabras a los que se
acercan preocupados por las noticias que ya estaban
en el aire.
En la recámara encontré a mi familia orando y
les dije:
—Creo que los debía haber sacado de aquí a to-
dos y haber enfrentado esto yo solo.
Magda, mi esposa, me interrumpió enfáticamente:

43
La guayaba tiene dueño

—No, Jorge, estamos como debemos estar: todos


juntos, porque Dios así lo ha querido.
Mi hijo Arturo, como es habitual, saltó y dijo:
—No papá, esto ya lo sabíamos. Aquí estamos y
Dios sabe por qué. Quizá sea para su propia protec-
ción. Siempre hemos estado juntos, ¿por qué ahora
habríamos de separarnos?
Lo que hice fue extender los brazos para tomar la
mano de mi esposa y la de mi hija Amelie, que estaba
a su lado, y juntamos las manos con Arturo y Jorgito,
Magdita y Juan Pablo. Así, nos pusimos a orar, a dar
gracias a Dios pues sentíamos que su protección estaba
presente. Una vez más, Él se manifestaba en forma
sobrenatural en momentos cruciales dentro de nuestra
unidad familiar. Sabíamos se cumpliría y pasaría lo
que estaba dentro de su soberana voluntad.
Al terminar de orar, pensé: “Ahora, Jorge, te toca
prepararte para enfrentar los negros fusiles de la trai-
ción, pero iré adelante, con ánimo”.
Cuando entré en el despacho privado, el general
Ortega Menaldo me estaba esperando.
—¿Qué nuevas me tiene, General?
—Dice el señor Ministro que ellos no vienen
aquí.
—Entonces –respondí– prepárese porque noso-
tros sí vamos allá.
Al salir del despacho, me reuní con algunos de
los diputados que estaban esperando que se lograra
el quórum (muchos de ellos habían dormido en los
sillones y sofás de la Casa Presidencial) y les dije:
—Les pido que guardemos la calma, pues no les
puedo explicar nada, porque yo mismo no sé exacta-
mente lo que está pasando, por lo que todavía no he
tomado decisiones sobre las acciones a seguir.

44
Día “D”: Golpe de Estado

Estaba terminando de hablar con los diputados,


cuando llegó el general Ortega Menaldo, quien me
informó que no se podía pasar por el túnel que comu-
nica con el Palacio Nacional, porque lo tenían blo-
queado del otro lado.
—Ni modo –respondí– cruzaremos la calle.
En efecto, con una comitiva formada por varios
oficiales del Estado Mayor Presidencial, con el general
Ortega Menaldo y elementos de seguridad a la cabeza,
nos encaminamos por el llamado Callejón Manchén,
para entrar al Palacio por las puertas traseras, que dan
sobre la 5ª Calle.
Apenas salimos pudimos ver que la Casa Presi-
dencial estaba fuertemente protegida, con dos tanque-
tas emplazadas a la entrada y la Guardia Presidencial
bien armada. Sin embargo, observé francotiradores en
las azoteas de los edificios vecinos, y no sabía a quié-
nes eran leales esos hombres, cuyos fusiles asomaban
amenazantes.
En ese momento estaba consciente de que mi vida
corría peligro, pero la adrenalina empujaba y estaba
más decidido que nunca a enfrentar a los oficiales que
estaban ya reunidos en el despacho del Ministro de la
Defensa.
Al llegar a la altura de la iglesia Presbiteriana, en
la esquina del Callejón Manchén y 5ª Calle, fuimos
divisados por un grupo de periodistas, quienes ense-
guida corrieron y nos rodearon. Es lamentable, pero
ese era un mal momento para acercarse con cierta im-
pertinencia a un hombre que va camino a enfrentar el
problema más grande de su vida, lleno de incertidum-
bres, tensiones y por qué no decirlo: también temores.
La comitiva se abrió paso a la fuerza entre el compacto
grupo de tenaces periodistas armados de grabadoras y

45
La guayaba tiene dueño

micrófonos. Gritaban, insultaban, acusaban e interro-


gaban.
Por supuesto, al no detenernos ni contestarles, los
periodistas se irritaron sobremanera, lo que produjo
un desagradable y lamentable incidente de altercados
e insultos.

En el Palacio de Gobierno

Al acercarnos al despacho del Ministro de la De-


fensa, pude escuchar un f luir de voces en sordina, que
más parecía una corriente de aguas oscuras filtrándose
entre matorrales. Cuando entramos, encontramos a un
grupo de oficiales del Ejército, unos sentados y otros
de pie. De pronto se escucha una voz que exclama:
—¡Atención! ¡El Presidente de la República!
Se produjo un silencio, hasta que todos se pu-
sieron de pie. Los saludé y rápidamente recorrí con
la vista la cara de los presentes. El ministro, general
García Samayoa, me señaló la silla que me reservaban.
Ocupé el lugar y volví a observar al grupo de oficiales
presentes, notando que algunos de aquellos rostros me
decían claramente que no estaban de acuerdo con lo
que allí estaba aconteciendo.
No obstante, hay dos rostros que quedaron gra-
bados en mi mente: el del coronel Luis Fernández Li-
gorría, Segundo Jefe de la Policía, quien estaba de pie,
pero recostado en el dintel de la puerta del despacho.
Me miraba claramente con cierto desafío, quizás no-
tando que yo me preguntaba qué estaba haciendo él
allí, pues se trataba de una reunión de ejército y no de
policía; pero rápidamente, recordé el compadrazgo de
él con Pérez Molina, quien siempre lo defendía a capa
y espada y quien, parado en una tercera fila, mantenía

46
Día “D”: Golpe de Estado

en su rostro una mirada muy similar a la de Fernández


Ligorría. En ese momento entendí que ya tenían ali-
neada a la policía. Se produjo entonces un incómodo
silencio, roto por mí:
—Entiendo, señores, que han tomado ustedes
una decisión que ahora deben explicarme.
Repuesto de la sorpresa, el general García Sama-
yoa pretendió hacer un preámbulo, pero yo lo inte-
rrumpí:
—General, ahórreme la fórmula y vayamos al
grano.
—Como usted guste, señor –respondió, mirán-
dome por primera vez– El Ejército ha decidido pedir-
le la renuncia.
—Estoy aquí para que dialoguemos –respondí.
—No hay nada que dialogar –sentenció el general
Mario Enríquez– El Ejército ya tomó una decisión.
—El Ejército, General, no me puede pedir la re-
nuncia. Yo fui elegido por el pueblo. Este es un asunto
civil en el que ustedes no tienen nada que ver. Les
sugiero que no se metan.
—No, señor. El ejército ya tomó una decisión y
la va a mantener –intervino otra vez el general Enrí-
quez.
—Y yo les digo a ustedes que se van a arrepentir
de haberse metido en esto, porque no tienen derecho
constitucional para hacerlo y les advierto que con esta
actitud le están causando un grave daño al propio ejér-
cito. Yo soy un presidente democráticamente electo;
no fui puesto por ustedes, y se los dejo perfectamente
claro: no voy a renunciar, por lo que si quieren qui-
tarme tendrán que deponerme, darme un golpe de
Estado y cargar con las consecuencias de ello.
—La decisión del ejército está tomada –repitió, a

47
La guayaba tiene dueño

falta de argumentos el general Enríquez.


Entonces, me puse de pie y les manifesté:
—Parece que no tenemos nada más de que ha-
blar.
Antes de salir, le extendí la mano a cada uno de
los presentes y en aquellos apretones percibí que había
acertado al pensar que en muchos de aquellos oficia-
les era todavía indecisa su obediencia a tal acción. Es
decir, no estaban completamente de acuerdo con la
decisión a la que fueron empujados por Enríquez y
Pérez Molina.
Al dirigirme hacia la puerta de salida, me llamó
nuevamente la atención ver en esta reunión, y casi
escondido entre dos oficiales, al coronel Fernández
Ligorría. Al pasar cerca de él, escuché que un oficial
de la comitiva presidencial dijo, en un tono que Fer-
nández lo pudiera escuchar:
—Otra traición más, vos, hijo de puta.
Entonces aceleré el paso porque presentí que los
ánimos podrían caldearse y llevábamos las de perder,
pues estábamos desarmados. Regresamos a la Casa
Presidencial por el túnel ya despejado, para no hacer
el trayecto sobre la calle y así, evitar incidentes públi-
cos.
Creo que yo aún no llegaba a la Casa Presiden-
cial, cuando el Ministro de la Defensa y sus princi-
pales colaboradores, pasaron a un salón aledaño, en
el que continuarían la búsqueda iniciada desde muy
temprano: una salida jurídica a mi deposición como
Presidente de la República. Para ello, el ministro y
los oficiales presentes, contaban ya con un grupo de
asesores empeñados en encontrar vías de legalidad al
golpe de Estado.
A esa hora, los licenciados Eduardo Palomo

48
Día “D”: Golpe de Estado

Escobar, Fernando Quezada Toruño, Marco Au-


gusto García Noriega y Carlos Enrique Reynoso
Gil, ya esperaban el resultado de la reunión, para saber
si yo renunciaría o no. Supuse que ya tenían algunos
puntos preparados para una eventual propuesta de re-
solución.
Desde temprano de esa mañana, el Ministro de
la Defensa había pedido por radio a los magistrados
de la Corte de Constitucionalidad que se presentaran
a su despacho en el Palacio Nacional. Solo se presen-
taron los magistrados Jorge Mario García la Guardia
y Gabriel Larios Ochaita. Los otros dos magistrados
que estaban activos, incluido el Presidente de la Cor-
te, doctor Epaminondas González Dubón, se negaron
a asistir al despacho del Ministerio de la Defensa. Por
otra parte, la quinta magistrada, licenciada Josefina
Chacón de Machado, ya había renunciado.
El Ministro de la Defensa, con evidente nervio-
sismo, insistía en que se tenía que encontrar un pro-
cedimiento para removerme legalmente. Todo se les
complicaba, debido a que en la reunión conmigo me
negué a renunciar, dejando muy claro que si me que-
rían quitar tendrían que darme un golpe de Estado.
Al no encontrar la salida que el ministro deseaba, la
tensión crecía. ¿Cómo hacer para que el golpe militar
pareciera legal, de manera que quedara impoluta la
cara del ejército? Lograr esto sería una labor para ver-
daderos titanes del engaño y la triquiñuela.
Otto Pérez Molina y el grupo de oficiales a su
servicio, presionaban ahora al general Enríquez y al
Ministro García Samayoa para que no f laquearan en
la decisión de sacarme de la Presidencia, pues ya todos
estaban muy comprometidos.
Por otra parte, y desde tempranas horas del 1º de

49
La guayaba tiene dueño

junio, se habían dado a la tarea de llamar y traer al


Palacio a los personajes y dirigentes que en una u otra
forma deberían servir de fachada al golpe de Estado
que se hallaba en proceso. Sin embargo, debido a mi
negativa a renunciar, iba a ser difícil hacerlo en forma
rápida y dar con la fórmula jurídica que tuviera algún
grado de credibilidad. Mientras más discutían los dos
magistrados presentes con los asesores del Ministro,
más difícil resultaba encontrar una salida civil y jurí-
dica al golpe militar.
Por otra parte, la situación se complicaba por
la presión de los presidentes de Centroamérica que
instaban al Ministro de la Defensa para que ayuda-
ra a encontrar una fórmula que restableciera el orden
Constitucional, respetando la integridad y continua-
ción del gobierno popularmente electo. A ello se su-
maba la ausencia de dos magistrados de la Corte de
Constitucionalidad, la falta del apoyo incondicional
que ellos hubieran querido de parte de Álvaro Arzú
Irigoyen y de Efraín Ríos Montt, a más del incidente
que provocaron Rigoberta Menchú, Premio Nobel
de la Paz y el Dr. Alfonso Fuentes Soria, Rector
de la Universidad de San Carlos, en la plaza central.
Todo aumentaba los temores del Ministro de que se
pudiera hacer manifiesta la división que existía en el
ejército, lo cual podría convertirse en un conf licto
serio y sangriento.
Por estas razones se urgía a los abogados y magis-
trados presentes a encontrar rápidamente una salida
a la crisis. Otra dificultad que enfrentaban era que el
Congreso no estaba en funciones y que el grupo de
diputados fiel al gobierno, haría imposible armar algo
con la celeridad que las circunstancias imponían.
Por fin decidieron lanzar una serie de proclamas

50
Día “D”: Golpe de Estado

por los medios de comunicación, para darse ellos mis-


mos alguna credibilidad, y plantearon una resolución
en la cual se afirmaba que yo había abandonado el
puesto (aún cuando estaba en mi propio escritorio en
la Casa Presidencial) y le daban al ejército el rol de
salvaguarda del orden constitucional. Todo, con el fin
de salvar la cara de la institución armada.
Se encargó al coronel Pérez Molina que consi-
guiera las firmas de los magistrados que no estaban
presentes y que trajera al Magistrado Presidente para
la conferencia de prensa, durante la cual podrían dar
a conocer la resolución de la Corte de Constitucio-
nalidad y la proclama del Ejército en la que avalaban
mi destitución. Esto resultaba grotesco, ya que tanto
la resolución de esta Corte, como las proclamas del
ejército, eran preparadas en el propio despacho del
ministro y por el mismo grupo de personas.
Sin embargo, todavía existían baches en el cami-
no, pues para la resolución de la Corte aún faltaban
las firmas de los magistrados que no respondieron
al llamado del Ministro de la Defensa y que, por lo
tanto, no estaban en ese despacho. A eso se sumaba
que las mencionadas “resoluciones” o “proclamas”
–llamémoslas así– se basaban en dos hechos totalmen-
te falsos: que yo había abandonado el cargo y que el
Vicepresidente Gustavo Espina Salguero también pre-
sentaba su renuncia, argumentando que esta se encon-
traba en el escritorio del Ministro de la Defensa.

De vuelta a la Casa Presidencial

Al regresar, me vi rodeado de familiares, compa-


ñeros, amigos, secretarios, diputados, ministros, e in-
cluso miembros del cuerpo diplomático que deseaban

51
La guayaba tiene dueño

saber el resultado de la reunión sostenida con los mi-


litares.
Nos acercamos al llamado “Salón de los Espe-
jos” y les conté los pormenores: que los militares me
habían pedido la renuncia y que enfáticamente yo les
contesté que no renunciaría y que el único camino
que tenían era darme un golpe de Estado.
Mientras esto acontecía en la Casa Presidencial,
llegaron al Palacio de Gobierno Rigoberta Menchú
y el Dr. Alfonso Fuentes Soria, con el propósito de
presentar al Ministro de la Defensa su propuesta para
la formación de un triunvirato, iniciativa que fue re-
chazada por el Ministro. Allí mismo se pudieron dar
cuenta de lo que se estaba fraguando.
Entonces salieron del despacho ministerial y se
dirigieron al Parque Central, donde la Premio Nobel
de la Paz comenzó a protestar a voz en cuello:
—¡Esto es un golpe militar, es un golpe militar!
Unas doscientas personas reunidas frente al Pala-
cio Nacional, la rodearon y empezaron a corear:
—¡Gobierno civil, sí; militares no!
A renglón seguido empezaron a llamar traidores
a todos los personajes y dirigentes civiles que estaban
entrando al Palacio. Incluso quisieron agredir a Jorge
Carpio Nicolle, quien para protegerse tuvo que correr
hacia una residencia cercana. Lo mismo sucedió con
Alfonso Cabrera, Secretario General de la DC, a quien
también lo abuchearon, insultaron y hasta intentaron
agredir, debiendo ser protegido por los mismos guar-
dias del Palacio.
Los noticieros televisados y radiales no cesaban
de transmitir las novedades y los comunicados que se
enviaban desde el despacho del Ministro de la De-
fensa, todas destinados a disfrazar el golpe de Estado,

52
Día “D”: Golpe de Estado

haciendo creer que yo había renunciado y abandona-


do el puesto, cuando la realidad era otra.
Como antes dije, yo estaba en la Casa Presiden-
cial, sentado en la silla presidencial, escuchando con
indignación las comunicaciones que se daban a los
medios: “El Presidente ha renunciado”, decían; y yo,
aislado, con una comunicación muy restringida, con
todos los teléfonos internos cortados. Solo entraban
las llamadas que ellos permitían. Estaba claro: tenían
que seguir anunciando que el Presidente abandonó el
puesto para ganar tiempo y seguir dándole todas las
vueltas posibles a la Constitución Política que ellos
proclamaban defender pero que estaban violando en
la forma más descarada, esperando sin éxito, encon-
trar un artículo en el cual respaldarse para lograr sus
propósitos.
Llegaban a la Casa Presidencial informes espo-
rádicos e incompletos de los esfuerzos que hacían los
golpistas por sumar dirigentes civiles al movimiento,
tratando de mantener lo que bautizaron como Instan-
cia Nacional de Consenso, formada apenas 48 horas
antes, y en la que se sentían tranquilos los empresarios
poderosos. No obstante, no podían llegar a acuerdos
con los dirigentes de los partidos políticos, al extremo
de que Alfonso Cabrera trató dos veces de salir, pero
fue forzado a permanecer en el lugar por miembros de
la inteligencia militar.
Todo esto hacía aumentar la tensión. El golpe fue
planificado a lo largo de muchas reuniones por los
empresarios Dionisio Gutiérrez y Leonel Toriello, con
Pérez Molina. A pesar de tener el dominio total sobre
varios de los integrantes de la Instancia Nacional de
Consenso, se miraban debilitados por el desarrollo de
los acontecimientos.

53
La guayaba tiene dueño

Incluso, hubo decisiones tomadas en las reuniones


llevadas a cabo en el Centro de Estudios Militares que
se les hacía imposible implementar. Por ejemplo, de-
cidieron convocar a una manifestación el lunes 31 de
mayo, en la cual se demostraría un “amplio rechazo
a Serrano”. Sin embargo, no necesitaron mucho para
darse cuenta de que no tenían poder de convocatoria,
pues toda la gente que ya tenían adentro, escasamente
se convocaba a sí misma. Por otro lado, la gente que
estaba en la calle respaldaba las medidas de disolución
del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia.
En poco tiempo cambiaron de estrategia y es así
como decidieron, de manera precipitada, fortalecer la
organización de fachada que sirviera a sus fines, como
era la Instancia Nacional de Consenso: enfocada fun-
damentalmente en sacar al Presidente y al Vicepresi-
dente de la República y a depurar el Congreso. Esto lo
concretaron con éxito el mismo 30 de mayo, cuando
tomaron conciencia de la debilidad popular de su pla-
nificado movimiento.
A pesar de la gravedad del caso y de la fragili-
dad del movimiento que fraguaron, se precipitaron
para organizar una conferencia de prensa, presidida
por el Ministro de la Defensa, general García Sama-
yoa, quien apareció completamente uniformado, con
brillante botonadura, charreteras, bastón de mando
y el pecho cubierto de innumerables condecoracio-
nes, hablando en nombre de la Instancia Nacional de
Consenso. Con el fin de mostrar que representaba a
un movimiento civil, estuvo acompañado de funcio-
narios y “dirigentes” de algunos sectores. La escena
me provocó risa.
Resultaba paradójico y tristemente ridículo que
un militar, el propio ministro de la Defensa (que se

54
Día “D”: Golpe de Estado

supone por ley y constitucionalmente un funcionario


obediente y no deliberante) apareciera dando la cara
“civil” del golpe de Estado y actuando como portavoz
de la llamada Instancia Nacional de Consenso.
Me asombró la habilidad de los magnates que
burdamente utilizaron a los militares para dar un nue-
vo golpe de Estado. Siendo honesto, sentí pena al ver a
otras buenas personas que estaban de pie, respaldando
la conferencia, con una cara solemne de circunstancias
y que no tenían la más mínima sospecha de la forma
en que los estaban utilizando. Algunos de ellos tam-
poco tenían la más remota idea de cómo les pagarían
este favor. Ciertamente no visualizaron los alcances de
la conspiración, de la que muy pronto serían víctimas,
tanto el Ministro como otros oficiales militares y mu-
chos de los dirigentes civiles presentes. Fueron usados,
desechados y hasta asesinados.
Durante todo el día recibí llamadas de los Pre-
sidentes de Costa Rica, El Salvador y Honduras que
estaban reunidos en San Salvador por los sucesos de
Guatemala. Después de haber realizado múltiples ges-
tiones, me manifestaron que no había nada que hacer,
indicándome que todos habían suscrito una carta en
la que exigían respeto a mi integridad física y la de mi
familia.
De manera personal, los mandatarios me sugi-
rieron que abandonara el país. Agradecí las muestras
de solidaridad de mis colegas centroamericanos, pero
pensaba que tal cosa no entraba en mis planes, porque
es muy duro tener que abandonar, empujado por las
bayonetas, el puesto que se ganó con tanto esfuerzo y
con tantos votos.
Ya por la tarde, poco a poco se fue desalojando la
Casa Presidencial. Los comunicados y los movimientos

55
La guayaba tiene dueño

de tropas por todo el país abrumaban e inf luían en el


ánimo de la gente. Sin embargo, muchos decidieron
quedarse para acompañarnos. De pronto, don Artu-
ro Bianchi, mi suegro, entró en el despacho privado,
acompañado del Vicepresidente Gustavo Espina y me
dijo:
—Mirá, Jorge, tal como está la situación, creo
que lo más sensato sería que Gustavo asumiera la Pre-
sidencia, eso le daría continuidad a lo que iniciaste y
sería un freno para tus enemigos.
—Yo entiendo sus razones –le respondí. Si Gus-
tavo cree que puede lograr algo, yo no seré quien me
oponga; pero les digo que yo, de ninguna manera voy
a renunciar, pues no voy a dar legitimidad a este gol-
pe. Pero tampoco me opondré a que Gustavo asuma
la Presidencia, aunque, sinceramente les digo, esta es
una opción a la que no le veo la menor posibilidad,
pues esta gente no ha llegado hasta aquí para devol-
vernos después el poder. Ya se la jugaron y se quedan
con él; sin embargo, adelante Gustavo.
—Has pensado bien –dijo mi suegro– Te sugiero
que hablés con los diputados que aún están aquí y que
les pidás el apoyo para Gustavo. Solo dame tiempo
para llamarlos.
Entonces subimos al segundo piso de la Casa
Presidencial, donde se ubicaba el nuevo Salón de Ga-
binete y nos reunimos con los diputados presentes,
comunicándoles la decisión. Se produjeron discur-
sos de lealtades y ratificaciones de agradecimiento y
amistad, al igual que algunas ref lexiones. Esta vez la
despedida era definitiva y por eso se dio con grandes
muestras de cariño y respetos mutuos.
Gustavo salió a reunirse con los militares. Cuan-
do regresó a la Casa Presidencial, nos encontramos en

56
Día “D”: Golpe de Estado

uno de los pasillos y nos detuvimos a platicar. En eso,


a un teniente que venía corriendo por el pasillo en el
que conversábamos, se le cayó una de las granadas que
llevaba en el chaleco, y el artefacto rodó, pasando al
lado mío y de Gustavo. Cuando la granada se detuvo
sin explotar, nos dijimos que no era “nuestra hora”,
pero ¡qué susto!
—¿Cómo te fue con los militares? –pregunté a
Gustavo.
—Sus condiciones eran inaceptables –me respon-
dió– Rechazaron mis propuestas y entre otras cosas,
querían que firmara mi renuncia de antemano. Fue
una entrevista de lo más estéril.
En esas estábamos cuando el Presidente de Costa
Rica, Rafael Ángel Calderón Fournier me llamó por
teléfono y después de hacer algunas ref lexiones, insis-
tió en que renunciara:
—¡Renunciá, Jorge! Estoy seguro de que así se
tranquilizan y paran la persecución y el peligro que
hay sobre vos y tu familia...
Yo pensé: seguro que Rafa Calderón tiene in-
formación que yo desconozco; seguro le han hablado
los militares o quién sabe qué cosa esté pasando. Sin
embargo, repensé mi posición y le reafirmé que mi
respuesta seguía siendo la misma: que no renunciaría.
—Bueno –me dijo– entonces salí de allí lo más
pronto posible.
Luego se me avisó que miembros del cuerpo di-
plomático se hallaban en la Casa Presidencial y que
querían reunirse conmigo. Los recibimos, Gustavo y
yo, en el Salón de Banquetes. El vocero era el Nuncio
Apostólico. Nos manifestaron que estaban preocupa-
dos por nuestra seguridad física y que así lo hicieron
saber a las nuevas autoridades, a quienes les entregaron

57
La guayaba tiene dueño

una nota exigiendo nuestra protección y la de nuestras


familias.
Les agradecimos su invaluable gesto humanitario
y su justificada y leal preocupación. Sin mucho más,
se retiraron.
Al quedar solos, yo traté de convencer a Gustavo
de que tal vez era hora de abandonar el país. Me dijo
que iría a su casa para hablar con su familia y que
cuando todos estuviéramos listos, que nos llamásemos
y nos pusiéramos de acuerdo. Al despedirse, dijo:
—Me llamás a la hora en que te decidás.
Al regresar al salón privado de la Presidencia, reci-
bo otra llamada del Presidente de El Salvador, Alfredo
Cristiani. Me percibe un tanto indeciso e insiste:
—Jorge, por favor salí. Te estoy enviando un
avión y te venís para acá, aquí estás seguro.
—Gracias, Fredy, pero hay cosas que todavía
tengo que hacer...
—No hombre –respondió – estás jugando con tu
vida y la de tu familia. No hay más que hablar, te
mando un avión de inmediato. ¡Por favor, Jorge, salí,
el avión va para allá!
Cuando el Presidente salvadoreño colgó, se incre-
mentó aún más la duda en mi cabeza, porque el tono
de la llamada de Cristiani no dejaba la más mínima
duda de que los golpistas se estaban desesperando y
hasta quizá provocando situaciones molestas que aún
era posible evitar.
Como la llamada telefónica se dio cuando estába-
mos comiendo con mi familia, miré a mis seres que-
ridos y les dije:
—Creo que es imprudente seguir aquí, no sé qué
piensan ustedes.
Todos asintieron con la cabeza, y Jorgito dijo:

58
Día “D”: Golpe de Estado

—Es cierto, ¿qué podemos hacer? Mejor vá-


monos.
Llamé al general Ortega, a quien le referí el con-
tenido de la conversación con el Presidente Cristiani.
Le notifiqué que yo creía prudente salir y no provocar
algún conf licto.
—Las cosas están serias y percibo tanto en Cris-
tiani como en Calderón mucho nerviosismo y no
quiero complicar las cosas innecesariamente.
El general Ortega escuchaba con atención, pero
cuando terminé de hablar, él movió la cabeza hacia los
lados y me dijo:
—Señor Presidente, usted no tiene por qué salir
hoy. Descanse, y mañana con calma, cuando lo tenga
todo listo se va. La Guardia Presidencial y su Estado
Mayor estamos aquí para protegerlo y garantizar su
seguridad.
Agradecí sus palabras, pero le reafirmé que creía
que lo conveniente y prudente era salir tal como me
lo pidiera el Presidente Cristiani.
Acto seguido pedí que me comunicaran con el
Vicepresidente Espina, y le dije:
—Mirá, Gustavo, me llamó Cristiani e insiste en
que salgamos hoy; incluso, me está enviando su pro-
pio avión para que no haya problemas. Después de
oírlo, creo que eso es lo prudente. Ya ordené que lo
preparen todo.
—Mirá, mi hermano –me responde Espina– yo
estoy en la cama ya, lo hablé con Thelma y los patojos
y nosotros nos vamos a quedar; es más, han venido
varios hermanos, hemos orado, y nos sentimos tran-
quilos con la decisión.
—Gustavo, a mí me parece imprudente. Acorda-
te que siempre, vos mismo decías: “Juntos entramos,

59
La guayaba tiene dueño

juntos salimos”, pero yo entiendo que esa es tu deci-


sión y la respeto.
—Así es, gracias –me responde Gustavo– Como
te dije, ya estoy en la cama y nos quedamos.
—Bueno, mi hermano, yo cumplí con avisarte.
Que el Señor te bendiga a vos y a todo tu familia y
espero que te vaya bien
—Igualmente, Jorge, que el Señor los bendiga.
Por favor despedime de los patojos y de Magda. Espe-
ro que pronto volvamos a estar juntos.
Al terminar de cenar, fuimos a arreglar el poco
equipaje que llevaríamos. Magda se recuerda del sal-
mo 27:3 “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá
mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré
confiado”.
—Sin embargo –le dije– estoy confiando en el
Señor, pero creo que ya no es prudente provocar aún
más a estos, que ya están lo suficientemente nervio-
sos.
Y de una vez me vino a la memoria lo que dice la
Palabra: “No se cae la hoja de un árbol fuera de la voluntad
de Dios”. Y nuevamente con Magda y mis hijos, di-
mos gracias al Señor que nos sacaba con vida de esta
conspiración.
Orando estábamos cuando recordaron un sueño
que dos semana atrás nos contara el hermano Juanito,
con el que muchas veces yo me juntaba a orar, quien
al final del servicio dominical en la iglesia el Shadai,
se acercó y me dijo:
—Hermano Jorge, tuve una visión en un mo-
mento en que estaba cabeceando, hace como cinco
días,
—Pues, cuéntemela, hermano
—Vi una gran mano que pasaba sobre el mapa de

60
Día “D”: Golpe de Estado

Guatemala y lo tomaba a usted y a su familia. Los vi, a


los siete, en la palma de esa mano, a la hermana Mag-
dita, a usted, a Arturito, Jorgito, el Pato ( Juan Pablo),
Magdita y Amelie, y después vi cómo un hacha caía
sobre el mapa de Guatemala y al golpearlo lo hacía
añicos, volaban las astillas por todos lados.
—Impresionante, hermano –le respondí– Así es
la misericordia de Dios cuando decide protegernos.
Agradecí aquellas palabras, y como tantas otras
veces, registré lo que me había dicho. En ese crucial
momento que estaba viviendo con mi familia, aquello
vino a mi mente y ratifiqué mi convicción de qué
grande es Él, pues ciertamente todo, pero todo, Él lo
tiene bajo control. Eso quiere decir que lo que estába-
mos viviendo, ya Él nos lo había dicho. Le recordé a
mi familia que todo lo que sucedía era obra del Señor,
quien nos estaba protegiendo en ese momento.
Cuando estuvimos listos, hablé con el general
Ortega Menaldo, con los oficiales del Estado Mayor
y de la Guardia Presidencial. Una vez les agradecimos
su cariño y sobre todo su fidelidad, ellos se despidie-
ron de toda la familia con abrazos efusivos e incluso
con lágrimas. Magda les dijo:
—Hoy nos vamos tristes, pero el Señor permitirá
que un día regresemos alegres.
Acto seguido salimos de la Casa Presidencial.
Nuestra caravana iba acompañada de carros de fami-
liares y amigos que quisieron llegar hasta el aeropuerto
militar La Aurora. Solo permitieron pasar a los carros
de la caravana presidencial y los carros de mis hijos. Al
llegar a la base, el general Pozuelos, comandante de la
Fuerza Aérea Guatemalteca, nos recibió y me dijo:
—¿Cómo está, señor ingeniero?
Antes de que yo contestara, un mayor de la Fuerza

61
La guayaba tiene dueño

Aérea que estaba en segunda fila se adelantó y cua-


drándose, dijo en voz muy alta:
—¡Parte sin novedad, señor Presidente!
Entonces, el comandante reaccionó, diciendo:
—Señor Presidente, aquí tenemos su avión listo,
a sus órdenes.
—Gracias, general, pero me iré en el avión que
me envió el presidente de El Salvador. Allí estaban el
capitán y su copiloto salvadoreños. Los oficiales del
Estado Mayor Presidencial y la Guardia Presidencial,
con los oficiales de la base aérea presentes, formaron
una línea frente a la escalinata de entrada del DC–3 de
la Fuerza Aérea de El Salvador.
Nos despedimos de cada uno de los oficiales con
abrazos; recibimos palabras de aliento e innumerables
muestras de cariño.
En solo treinta y cinco minutos el avión aterrizó
en San Salvador. Al bajar de la aeronave tomé plena
conciencia de mi calidad de ex Presidente de la Re-
pública de Guatemala. Que estaba allí para iniciar un
forzado exilio, pero siempre con esta convicción: no
hay despropósito en lo que Dios dispone y la bendi-
ción está en aceptarlo y bendecirlo por eso.

Hechos y cronologías tomadas del libro Dictating


Demócracy, Guatemala and the end of Violent Revolution.
De Rachel M. McCleary, University Press of Florida,
1999.

62
Día “D”: Golpe de Estado

Seis meses antes del golpe militar, escoltado a la izquierda por el ministro de
la Defensa, José Domingo Samayoa; atrás el jefe del Estado Mayor Presiden-
cial, general Francisco Ortega Menaldo y a la derecha, atrás, parcialmente
cubierto, el general Mario René Enríquez, subjefe del Estado Mayor del
Ejército, El general Jorge Perusina, jefe del Estado Mayor del Ejército, y el
general Pozuelos, Comandante de la Fuerza Aérea.

63
La guayaba tiene dueño

Momento en que el general García Samayoa, ministro de la Defensa Nacio-


nal, me imponía la máxima Condecoración al Mérito Militar, por las actitu-
des y acciones que yo había tenido como Comandante General del Ejército,
en beneficio del país y de la institución. Seis meses antes del golpe.

64
CAPÍTULO II

La democracia propone, algunos


disponen y otros descomponen

Con el objeto de enmarcar los hechos y los ac-


tores que mencionamos en el capítulo anterior y que
mencionaremos mas adelante en el contexto del li-
bro, considero importante, referir algunos elementos
de mi contexto personal, que como todo en la vida,
constituyen realidades que inf luyen en el desenvolvi-
miento social, muchas veces afectando la misma his-
toria, como pasó con el golpe de 1993.
Por diferentes circunstancias, la gran mayoría
de los actores participantes en la cúpula empresarial
de aquel momento, eran mis amigos. Unos, desde
la infancia, jugamos juntos o fuimos compañeros de
colegio; otros de las épocas de mi juventud, pues pa-
rrandeamos y formamos parte del mismo grupo de
amistades. Otros, por razones familiares, relaciones
comerciales o empresariales, incluso en actividades
gremiales que compartimos. Lo cierto es que ni yo
era desconocido para ellos, ni ellos eran desconocidos
para mí; mejor dicho: el problema era que nos cono-
cíamos demasiado bien.
Cuando el golpe de Estado de 1982, ese mis-
mo grupo me había propuesto como Ministro de
La guayaba tiene dueño

Relaciones Exteriores y durante las elecciones del


84, muchos de ellos me apoyaron en la candidatura
a la Presidencia, cuando fui lanzado por el Partido
Democrático de Cooperación Nacional y el Partido
Revolucionario; elección en la que quedé en tercer
lugar con el 14% de los votos.
Pero todo en la vida es coyuntural. Para 1990,
los amores o conveniencias del Grupo Pirámide se
alinearon hacia Jorge Carpio Nicolle y Álvaro Arzú
Irigoyen. Pensaron que si concentraban su apoyo en
estos dos candidatos y se lo daban por igual, lo más
probable sería que llegaran ambos a la segunda vuelta
electoral. Al final, tendrían un presidente puesto por
ellos. Rápidamente esta decisión del Grupo Pirámide
se divulgó dentro del sector privado y me imagino
que, unos de acuerdo y otros no, todos lo respalda-
ron.
Cada vez que nos acercábamos a pedir ayuda para
la campaña, se me argumentaba que no estaba con la
línea del sector y se me sugería que lo mejor sería que
me uniera a alguno de los dos candidatos, porque esa
era la realidad: que la suerte estaba echada.
Muchas de las plumas pagadas por ellos o simple-
mente simpatizantes del grupo, claramente manifesta-
ban que yo no tenía ningún chance y que lo mejor que
podría hacer era ponerme el pijama e irme a dormir.
Como yo siempre he sido necio y tenaz, al darme
cuenta de esa situación, entendí que yo tendría que
hacerle frente a la mayor parte de los gastos de mi
campaña, para lo cual vendí un par de propiedades y
procedí a prepararme para una campaña de bajo costo.
De ella, mis propios asesores y amigos extranjeros me
decían que era posible, siempre y cuando yo me invo-
lucrara personalmente y lograse un contacto directo

66
La democracia propone, algunos disponen y otros descomponen

con los electores, como lo habían hecho Kennedy en


Estados Unidos y Carlos Andrés Pérez en Venezuela
en su primera campaña, con el lema “Ese hombre sí
camina”.
Yo sabía lo que estaba haciendo, no más mítines
con gente traída, o mejor dicho acarreada. Yo iba en
bus y caminando a cada comunidad, daba la mano,
abrazaba a la gente, dormía en la casa de mis dirigen-
tes y correligionarios. La propaganda que pegábamos
en la calle la imprimíamos en la sede del Partido, en
una máquina offset que habíamos comprado. La pin-
tura la fabricaba Gustavo Espina, quien diseñara una
fórmula barata, que ya habíamos probado en las elec-
ciones municipales y nos funcionó por el tiempo que
la necesitamos.
Con el programa Gente para Gobernar, implemen-
tado durante los últimos cuatro años, pusimos a toda
la dirigencia a motivar y organizar la campaña, la mo-
vilización y control de las elecciones en el Día D.
En lo que a medios se refería, tuvimos que hacer
decisiones difíciles, pues este sí era un renglón costoso
y en el que nuestros adversarios estaban muy fuer-
tes, ya que todas las campañas, principalmente las de
Carpio Nicolle, Arzú Irigoyen y Alfonso Cabrera Hi-
dalgo eran fundamentalmente mediáticas e intensas,
hasta abusivamente intensas.
Previendo esto, yo sabía que la intensidad no era
posible por parte nuestra. Entonces, teníamos que
compensarlo con calidad y rigor científico en el uso
de los medios. Decidimos no ir a prensa escrita, pues
ese sector lo tenían prácticamente tomado nuestros
adversarios, sobre todo con la participación de Jorge
Carpio, dueño del segundo diario del país.
Seleccionamos cuidadosamente los programas

67
La guayaba tiene dueño

en que debíamos estar y la intensidad mínima que se


requería para hacernos notar. Sin embargo, aun así,
parecía como si nosotros no existiéramos, ante la ava-
lancha publicitaria de los contrincantes.
Nos quedaba la esperanza de la calidad de los
anuncios y en esto nos estábamos concentrando. Cabe
decir que, desde hacía algún tiempo, yo había com-
prado la mayor parte de las acciones de un laboratorio
de producción de televisión, TVN Televisión. Tam-
bién había instalado un laboratorio de producción de
audio, denominado Dabar Estudio. Así que con el en-
tusiasmo de los socios, fundamentalmente el de Jorge
Quiñónez, hombre de gran experiencia en produc-
ción y con la asesoría y gran colaboración de Marito
Rivera, de Honduras –alias “Chanito”–, mi hijo Jorge
que en ese momento solo tenía 19 años, se encargó
de la producción de los mensajes. Así logramos salir
con anuncios como el de “LOS MISMOS NO”, al
ritmo de la canción María Cristina. Hasta la fecha, esos
mensajes son recordados y figuran como ejemplos en
la historia de las campañas políticas de Guatemala.
Los amigos del Grupo Pirámide no sabían todo
eso, ya que su vista estaba en los medios y en las en-
cuestas que ellos mandaban a diseñar y desarrollar. Su
tranquilidad era absoluta y estaba puesta en las opcio-
nes Carpio–Arzú, que según ellos era tiro seguro.
Nosotros empezamos tarde la campaña, porque
no teníamos cómo hacerlo antes. Así que el 7 de junio
de 1990, en la semifinal y final del campeonato mun-
dial de fútbol, y cuando el país entero estaba pegado al
televisor, lanzamos el anuncio “LOS MISMOS NO”.
Y pegó con tubo, como decimos en buen chapín.
El gobierno brincó y amenazó con demandarme.
Yo les dije: “Adelante, que no hay tranca”, esperando

68
La democracia propone, algunos disponen y otros descomponen

con ilusión que lo hiciera. Los piramidales empezaron


a intensificar su campaña para minimizar mi ascenso
y, por supuesto, a bajarme todo lo que podían en las
encuestas que ellos preparaban a su sabor y convenien-
cia.
Gracias a Dios, en ese momento ya había “pa-
teado”, o mejor dicho recorrido, ampliamente el te-
rritorio del país y mi campaña caminaba con solidez.
Esto vino a fortalecerse con el resultado del programa
“Conversemos” al que yo había asistido por invitación
del entonces Presidente Vinicio Cerezo Arévalo, para
hablar sobre la realidad del país. Ni Carpio Nicolle, ni
Efraín Ríos Montt, ni Álvaro Arzú Irigoyen habían
aceptado tal invitación.
La campaña en mi contra, con la que el Grupo
Pirámide sistemáticamente me bloqueaba, pretendía
romper la psicología de triunfo que tanto nos costaba
a nosotros construir; al extremo que la gente decía:
“Serrano es el mejor, pero no gana”.
Las encuestas que ellos publicaban en medio de
grandes eventos, eran para nosotros noches de fune-
ral. Esto, indiscutiblemente, agrió las relaciones con
ellos. Me entero entonces que una semana antes de las
elecciones, la firma Aragón y Asociados presentó los
resultados de la última encuesta y les hace ver que yo
estaba ya en un segundo lugar y que, además, iba su-
biendo consistentemente. Esto fue como un balde de
agua fría, y entonces obligaron al encuestador a que
me pusiera en tercer lugar y de esa manera se dieron
a conocer los resultados. Este fue el último intento
por bloquearme y de paso, proteger su inversión. Pero
esto era como querer tapar el sol con un dedo, porque
la suerte estaba echada y el domingo, día de la primera
vuelta electoral, se sabría el resultado final.

69
La guayaba tiene dueño

El 11 de noviembre de 1990, la noche de funeral


fue para ellos. No lo podían creer. Al día siguiente, la
prensa decía que se había producido un “Serranazo”.
Todos sabían que en la segunda vuelta electoral, Car-
pio Nicolle no tenía ya nada que hacer, y que yo era
el futuro Presidente de Guatemala.
Esa noche fue intensa, para mí, más bien atrope-
lladora. Me fui a acostar en la madrugada del día lunes,
sin entender ni creer lo que pasaba. Al día siguiente,
cuando finalmente logré levantarme, encuentro que
mi casa estaba totalmente invadida: la sala familiar, los
cuartos de mis hijos, los pasillos, el recibidor de entra-
da, las salas del primer piso, el comedor, desayunador,
jardines, biblioteca, oficinas, etc. En todos los lugares
veía gente, mucha que tenía años de no ver y mucha
que yo sabía que estaba con otros candidatos. Pero yo
pensaba lo que siempre me decían los asesores: “En
política se barre para adentro”.
Tengo que reconocer que los señores piramidales y
sus adláteres asimilaron la situación mucho antes que
yo. Así, cuando se me iban acercando, el discurso era
muy, pero muy interesante, no sé si sería consigna o
bien era producto de una habilidad colectiva, pero to-
dos me decían: “Jorge, estamos muy contentos, no
te ayudamos antes, porque no creíamos que tuvieras
oportunidad, pero siempre supimos que eras el mejor,
pero ahora aquí estamos y vamos con todo”.
Algunos, como los Gutiérrez, sí me dijeron que
aunque ellos sabían el resultado final, me querían decir
que siempre le darían a Carpio Nicolle lo que le habían
ofrecido. A todos se los agradecía, pero en broma les
decía “están perdonados y gracias por pagar la peni-
tencia” haciéndoles saber que yo llegué hasta ahí sin
compromisos y que así entraría al Palacio Nacional.

70
La democracia propone, algunos disponen y otros descomponen

A partir de ese momento empecé a preparar la


segunda vuelta electoral. Básicamente como un for-
mulismo, pues las coordinadoras serranistas, surgieron
en todo el país como salen los hongos en el campo. En
muchos municipios hasta las integraban los “ucenis-
tas” despechados o insatisfechos.
Mientras tanto, comencé a formular esquemas
de gobierno, lamentablemente sin poder hacer defi-
niciones finales, pues quiera que no, aún persistía la
inseguridad de la segunda vuelta, pues como es bien
sabido, “del plato a la boca se cae la sopa”.
A medida que iba avanzando en la definición de
gabinete y en la concreción de las políticas de go-
bierno, me fui dando cuenta de que la agenda de los
piramidales no estaba tan alineada con la recuperación
del país de la crisis en que estaba. Antes bien, estaba
orientada en términos de las privatizaciones, funda-
mentalmente en la de la energía y las telecomunica-
ciones.
Amigos políticos y empresarios locales y del ex-
terior me visitaban para hablar del tema. Todos me
hacían ver que era la agenda del mundo y que era la
oportunidad para que Guatemala también lo hiciera
y así poder tener recursos para la inversión social. A
todos les agradecía sus consejos, pero no les daba fren-
te, pues yo tenía mis propios conceptos. Conocía los
fiascos de las privatizaciones de Argentina y la verdad
yo no era tan cándido como para tragarme la argu-
mentación que se me daba.

Los planteamientos programáticos


y la guerrilla

En campaña yo había explicado hasta la saciedad

71
La guayaba tiene dueño

que un eje fundamental de mi gobierno, sería “procu-


rar la paz”, pero que no concebía la paz solo como la
ausencia de un conf licto armado, sino como la crea-
ción de las condiciones que le permitieran al guate-
malteco desarrollarse y prosperar con dignidad.
Claramente explicaba que la guerrilla tenía clara
la lucha; y bastaba leer sus análisis y comunicados para
saber que ellos tenían tres frentes definidos:
El frente militar, expresado en la lucha armada en
las montaña, acompañada por el trabajo ideológico en
las poblaciones marginadas del país; lucha que acom-
pañaban con acciones terroristas para lograr presencia
en los sectores urbanos. Esas acciones se concretaban
volando puentes, torres de energía eléctrica, bombas
en áreas urbanas, etc.
El frente internacional. La guerrilla era mucho
más activa que los gobiernos, tenía presencia en Euro-
pa, Estados Unidos, Canadá, México y prácticamente
en toda América Latina. Ellos sí entendían la impor-
tancia de ese trabajo, primero porque políticamente lo
usaban para desacreditar la democracia de fachada del
país, así como para lograr apoyos económicos funda-
mentales para la lucha en que estaban involucrados.
El frente interno, en el que debilitaban en todo
lo que fuera posible el desarrollo de las instituciones y
denunciaban todos los esquemas de privilegios, pro-
curando sistemáticamente aislar, local e internacio-
nalmente, al Ejército. Sabían que todo eso repercutía
en los recursos que ese ejército recibía, bajando así la
moral del militar combatiente, al que le tocaba llevar a
cabo su tarea en condiciones difíciles. En este frente el
bienestar y seguridad de la población era fundamen-
tal, pues yo sí estaba claro, que sin el apoyo del pueblo
mismo, no era posible resolver el conf licto.

72
La democracia propone, algunos disponen y otros descomponen

Como se puede ver, estos son tres frentes defini-


dos, pero íntimamente relacionados. ¿Cómo podría-
mos nosotros ganar credibilidad internacional si no
podíamos mejorar la situación de los derechos huma-
nos, si no podíamos enseñar los logros en la recauda-
ción fiscal y en la inversión social?
La guerrilla sí mantenía a la comunidad interna-
cional perfectamente informada. Cada vez que uno
llegaba a alguna visita a Washington o en cualquier
país europeo, la guerrilla ya había pasado por allí.
Nuestros interlocutores estaban debidamente entera-
dos, no solo de la situación macro del país, sino que
también de casos muy particulares, con nombre y ape-
llido. Eran casos que, en muchas ocasiones, nosotros
no los habíamos ni siquiera oído mencionar, pero que
en el ambiente internacional ya existía un expediente
completo que la guerrilla o sus organizaciones parale-
las habían construido y documentado.
En conclusión, la guerrilla, tenía dos fuentes de
abastecimiento de recursos, la nacional y la extranjera:
si queríamos tener éxito en las pláticas con ellos, no-
sotros teníamos que luchar también en los tres frentes.
En el militar, haciendo nuestro trabajo, para aislarlos
y hacerles difícil sus operaciones; en el internacional,
teniendo presencia en todo foro internacional en que
nos fuera posible, visitando todos los países, explican-
do nuestra intenciones, pero sobre todo presentando
hechos concretos, que indicaran que un cambio se es-
taba dando en el ejercicio de la justicia, en el respeto
a los derechos humanos y, en general, en la construc-
ción de una democracia de amplia participación y no
una democracia formalmente electorera como la que
existía.
En el frente interno, la seguridad ciudadana, el

73
La guayaba tiene dueño

empobrecimiento real de la población, expresada en


la absurda inf lación a la que el gobierno de Cerezo
Arévalo había llevado al país, pero que hacía inmensa-
mente felices a algunos empresarios cuyas eficiencias
estaban basadas en la pura especulación, sin importar
cuán mal la estuviera pasando el pueblo. A ese pueblo
al que ya nada le alcanzaba, y en realidad ya no tenía
agujeros en el cinturón para apretárselo. Mas yo sabía
que esto tenía que arreglarlo, y rápido.
Por otro lado, en el ejército se percibían dos mo-
rales: la de los mandos altos a los que en cierta forma
el conf licto los afectaba poco, pues ellos mismos ya no
combatían y, además, administraban los recursos que
se destinaban para el conf licto; y, por el otro lado, la
moral de la gran mayoría de los oficiales, personal téc-
nico y de tropa, quienes tenían que correr los riesgos,
enfrentar el malestar y abandono de sus propias fami-
lias y sufrir, igual que toda la población, el desastre de
la economía.

Los entendimientos de las cúpulas

Todo el gobierno y mis colaboradores insistíamos


en la profundidad de la lucha y la realidad de los fren-
tes en los que la misma debía darse, es decir, la lucha
por una paz firme y duradera, que yo había planteado
a la guerrilla. Para eso yo había consultado a todos los
sectores de la sociedad: iglesias, sector privado, sindi-
catos, cooperativistas, universidades, colegios profe-
sionales, etc. Yo proponía claramente los objetivos y la
estrategia en la que ellos debían centrarse; sin embar-
go, las elites empresariales y militares, que aunque se
hallaban conformes con el planteamiento teórico, en
el fondo pensaban que eso estaba bien como fachada

74
La democracia propone, algunos disponen y otros descomponen

y para decir que lo íbamos a hacer. Sin embargo,


cuando yo iba a implementar mi pensamiento con ac-
ciones, ellos decían, como claramente lo expresó un
militar en los días de la crisis, “en eso no habíamos
quedado”.
Al sector privado le era difícil oponerse a un plan
de esa naturaleza, pero la agenda social o socioeconó-
mica siempre les sonaba a demagogia. Ellos no tenían
la más mínima idea de lo difícil que era para el Estado
conseguir apoyo internacional ya fuera de cooperación
o de crédito, pues nuestra reputación era muy mala,
debido a los hechos que la lucha armada producía y la
activa acción de la guerrilla. Por otro lado, faltaba co-
herencia cuando se comparaba la contribución fiscal
y la acumulación de capital guatemalteco en el ex-
tranjero. Tampoco se daban cuenta, con una miopía
impresionante, que todo eso contribuía a cerrarnos el
acceso a muchos mercados.
Recuerdo mi visita a Indonesia, con motivo de
la Cumbre de los No Alineados. Me entrevisté con
el Presidente Suharto y con varios de sus ministros, y
se abrió ante mis ojos un mercado impresionante en
el que ya países como Chile estaban participando en
forma inteligente y muy conveniente.
Regresé entusiasmado. Entonces inicié las gestio-
nes para abrir una embajada en un país con más de
ciento ochenta millones de habitantes y pedí que se
organizara un almuerzo en Santo Tomás con todos
los dirigentes del sector privado. Con entusiasmo les
relaté lo que viví en Indonesia y les presenté un es-
trategia para vincularnos seriamente a esos mercados.
La respuesta fue muy escéptica, pero pensé que ellos
tendrían que interiorizar el planteamiento, informarse
un poco y que después volveríamos a hablar. Les pedí

75
La guayaba tiene dueño

a los ministros de Economía y de Relaciones Exterio-


res que se organizara una misión comercial para que
los empresarios fueran y se dieran cuenta del potencial
al que yo me estaba refiriendo.
Cuál va siendo mi sorpresa, cuando los ministros
me dicen que la misión no era posible, pues no había
ambiente dentro del sector privado para llevarla a cabo.
Lo más triste fue que me dijeron que del almuerzo en
Santo Tomás, solo salieron burlas, ridiculizaciones y
comentarios irónicos. Parecía que el sector privado es-
taba más interesado en la creación de condiciones más
favorables en el mercado interno y la privatización de
las empresas de energía y telecomunicaciones. “Saltó
la liebre”, dije para mis adentros. Me equivoqué, debía
de haber llamada a empresarios grandes y medios en
lugar de haber perdido mi tiempo con los piramidales
y sus adláteres.
Para ser claros: la única agenda en la que el sector,
en su cúpula, estaba interesado, era en la fiscal, para pa-
gar lo menos que fuera posible; en la monetaria, tener
siempre una divisa sub valuada y garantizar sus planes
de expansión nacionales de altísima rentabilidad; y en
la compra de las empresas del Estado. Cualquier otro
tipo de agenda era coyuntural y solo les interesaba si,
en alguna manera, se afectaban sus intereses.
Para la pequeña cúpula militar, la agenda era más
sencilla. No podían decir que no querían la paz, pero
se resistían pacíficamente a comprometerse del todo.
Lo que en el fondo les preocupaba era que al termi-
nar el conf licto su poder real se viera deteriorado y
que si, por algún motivo, se planteaba la reducción
del ejército, los recursos que ellos manejaban se verían
seriamente disminuidos. Esa cúpula no confiaba en
las múltiples declaraciones mías, en las que afirmaba

76
La democracia propone, algunos disponen y otros descomponen

verbalmente y por escrito que Guatemala necesitaba


un ejército capaz, bien equipado y comprometido con
la seguridad; que yo no iba a transar en reducciones
arbitrarias y que, en todo caso, el tamaño del ejérci-
to se definiría por las necesidades del país y por los
acuerdos de balance que se estaban conversando con
nuestros vecinos.
Tal como se desprende de las opiniones de los
críticos serios e informados, las motivaciones para el
golpe de Estado estaban claras: miedo de la cúpula
militar a una reducción del ejército y el terror de los
grupos piramidales de que el tiempo pasaba y que no
se veía claro lo de las privatizaciones.
Esta carta, fechada el 3 de mayo de 1993, firmada
por Mario Granai, Presidente del CACIF, que según
se me informó fue redactada con la ayuda de la G2, y
que trancribo y adjunto como anexo cuatro, explica
muchas cosas, sobre todo si vemos que la misma fue
enviada 20 días antes de que le produjera la crisis de
mayo del 93, que terminaría con el golpe de Estado,
la carta dice así:

“Señor Presidente:
El pasado jueves 29, nos reunimos con la Comi-
sión Negociadora de la Paz, del Gobierno.
Consideramos importante expresarle nuestra pre-
ocupación por el rumbo que pueda tomar el proceso
de negociaciones para alcanzar la paz, como conse-
cuencia de la actitud que ha asumido la dirigencia de
la URNG, de endurecer sus posiciones y exigencias
como resultado de la debilidad militar, política y de
apoyo internacional a la que ha llegado.
La posición del CACIF le ha sido manifestada
en varias oportunidades y en diversas formas a partir

77
La guayaba tiene dueño

del Acuerdo de Oslo. De la misma forma, la que


mantuvimos en nuestras conversaciones sostenidas
con la insurgencia en Ottawa, especialmente y con
mayor énfasis y amplitud, en la respuesta que le
dimos a su consulta sobre el documento “GUATE-
MALA, UNA PAZ JUSTA Y DEMOCRÁ-
TICA: CONTENIDO DE LA NEGOCIA-
CIÓN” elaborado por la URNG y presentado a
su Gobierno.
En el pasado, reiteradamente le solicitamos que se
nos informara de las negociaciones y, como resultado
del informe recibido de los miembros de la Comisión,
el jueves pasado nos percatamos del avance que lleva
el proceso y los riesgos que se corren.
Nuestra preocupación responde a que, a partir del
próximo cinco de mayo, se iniciará una nueva etapa
de negociaciones, en la cual la insurgencia, además
de endurecer su posición por la situación de desven-
taja en que se encuentra, diera pábulo a que, apa-
rentando buena voluntad, se suscribiera un acuerdo
que comprometa a la Comisión Negociadora, a su
Gobierno y con ello a la Nación.
Atentamente le solicitamos que no se precipite la
firma de ningún documento que no conduzca ex-
clusivamente a un compromiso firme y claro de un
cese al fuego, la desmovilización y desarme de la
URNG.
Al agradecer al Señor Presidente su atención a
nuestra preocupación, le solicitamos con carácter de
urgente, una audiencia para tratar este importante
tema. Asimismo, le ofrecemos nuestro concurso en
este difícil e importante proceso, para que Guatema-
la alcance la paz que todos anhelamos.
Hacemos propicia la oportunidad para expresarle

78
La democracia propone, algunos disponen y otros descomponen

nuestros sentimientos de estima y consideración”.


Firma Mario Granai,
Presidente del CACIF.

Cualquier persona entiende que esta carta contie-


ne profundas contradicciones, primero, fija criterios
ilusorios e irreales, pues, lo que en el fondo se plan-
tea, es la rendición de la guerrilla, lo cual a la luz de
los conceptos planteados anteriormente era imposible.
Cualquiera que conóce la experiencia de los Estados
Unidos en Vietnam, sabe que en el mundo de hoy,
no basta con ganar a tiros, pues la lucha, tal como lo
manifesté anteriormente, se da en varios frentes.
Cuando me ofrecieron su concurso y mencionan
la reunión de Ottawa, pensé para mis adentros, eso es
justo lo que no queremos, pues precisamente esa re-
unión fue la única de las llevadas a cabo con la URNG,
en la que no se pudo hacer una declaración conjunta
y cada grupo la hizo por separado, ciertamente yo no
estaba en ese espíritu, yo si buscaba entendimientos y
no fachadas.
Entonces, resultaba obvio, que los señores del CA-
CIF, lo hacían para cerrar filas con la cúpula militar.
De esta manera ellos expresaban claridad el concepto
muy particular de las cúpulas, y las verdaderas motiva-
ciones de ambos grupos, el militar y el empresarial.
Sin embargo este hecho hizo que identificaran
claramente su objetivo, y buscaran conjuntamente el
abordaje del poder, sin asco y con toda la mala leche,
lo cual lograron con el apoyo de un buen grupo de
ingenuos, a quienes solo tomaron en cuenta, como ya
dijimos, para una participación “patriótica” ocasional.
Fueron los títeres de una sola función.
De allí en adelante, todo es historia.

79
La guayaba tiene dueño

Mitin en la ciudad de Quetzaltenango, en la primera campaña a la presi-


dencia en 1985. Postulado por el Partido Democrático de Cooperación y el
Partido Revolucionario.

80
La democracia propone, algunos disponen y otros descomponen

Saludando a la gente en campaña, acompañado por el candidato a Vicepre-


sidente, licenciado Mario Fuentes Perucini.

81
La guayaba tiene dueño

Segunda campaña, postulado por el partido Movimiento de Acción Soli-


daria (MAS), la que se llevó a cabo caminando, estrechando manos, dando
abrazos y pronunciando breves discursos en tarimas colocadas sobre los bu-
ses que iban en las caravanas.

Mítines relámpagos de los que se realizaban en las plazas centrales de los


pueblos, sin acarrear gente, solo llamándola con los altoparlantes.

82
CAPÍTULO III

El país está cada día peor

El entorno mundial y las acciones de gobierno

Me tocó asumir la Presidencia cuando el mun-


do, estupefacto, presenciaba el inicio de la Guerra del
Golfo. Además, el ordenamiento mundial cambiaba
aceleradamente, a la par que las aspiraciones de liber-
tad, democracia y régimen de derecho irrumpían con
fuerza en sociedades sojuzgadas y, por añadidura, se
consolidaba en otras partes del planeta un proceso de
reivindicación del hombre, sus derechos y libertades,
como resultado del final de la Guerra Fría.
Guatemala no era la excepción en el concierto de
las naciones. Nuestra democracia también se consoli-
daba al traspasarse la Presidencia de la República de
un Presidente civil a otro civil, ambos popularmente
electos. Se trataba de un hecho trascendental en nues-
tra historia política.
Pero el proceso democratizador se veía opacado
por el hecho de que problemas estructurales y ances-
trales no resueltos se sumaban a un rampante déficit
fiscal, una inf lación fuera de control, la constante de-
valuación de nuestra moneda y la creciente pérdida
La guayaba tiene dueño

del poder adquisitivo de nuestra moneda –el quetzal–


en medio de alzas de las tasas de interés y de la erosión
de las economías familiares.
Estos problemas, aderezados por un conf licto in-
terno armado y vigente durante más de treinta años,
desafiaban al segundo gobierno de nuestra reciente
restauración democrática.
En medio de ese complicado panorama finan-
ciero, social, político y administrativo, tuvimos que
priorizar nuestras políticas y estrategias, dado que so-
bre nuestra realidad se sumaba el hecho de que en
la economía mundial se presentaban complejas inte-
rrogantes. Nadie podía decir cuál sería el futuro del
petróleo y de la economía mundial frente al conf licto
del Golfo.
El concepto básico que animó el desarrollo de mi
plan de acción gubernamental, está claramente defi-
nido en la presentación de mi primer informe al Con-
greso de la República, en enero del año 1992, cuando
manifesté:
“Ratifico mi voluntad de lograr la paz fir-
me y duradera y no escatimaremos esfuerzos
hasta conseguirla. La paz es un imperativo para
la justicia, el respeto a los derechos humanos y
el desarrollo del país.
Los retos y la tarea son muy grandes. Las
metas serán posibles en las aspiraciones del
pueblo, solo mediante el esfuerzo consciente
de cada uno de nosotros con una actitud res-
ponsable.
El proceso de paz total y reconciliación ha
constituido la base de mayor trascendencia
del Organismo Ejecutivo, para terminar con
la era de la destrucción de vidas humanas, de

84
El país está cada día peor

recursos naturales y de las instalaciones de in-


versión pública y privada.
Tenemos consciencia de que este conf lic-
to, por más de treinta años, ha desangrado a
nuestra sociedad, especialmente a los habitan-
tes indígenas en el área rural.
Nuestros esfuerzos en ese proceso no se
conforman con alcanzar la terminación de
la lucha armada, porque la Presidencia de la
República ha venido insistiendo firmemente
en que la paz descansa en cuatro pilares fun-
damentales:
a) Terminación de la lucha armada.
b) El impulso paralelo que garantice el res-
peto a los derechos humanos.
c) La urgencia de lograr la mayor equidad
económica y social.
d) La profundización del proceso democrá-
tico y sus instituciones.
El proceso de paz también busca garantizar
un ambiente de armonía con los vecinos de
nuestras fronteras y con la comunidad inter-
nacional.
Por ello ratifico que la insurgencia no es el
único interlocutor del Gobierno.”

Durante toda mi campaña política hablé claro y,


como Presidente, mi discurso fue consistente: la paz
como yo la entendía y la predicaba era un prerrequi-
sito para la libertad y el progreso de la nación. Consi-
dero que el pueblo así lo entendió y por eso me eligió,
como Presidente Constitucional de la República, el 6
de enero de 1990, con el 68% de los votos. Mi pecado
fue el haberlo logrado sin el consentimiento, apoyo ni

85
La guayaba tiene dueño

aprobación de los dueños de la guayaba y de los grandes


señores de la “pirámide”.
En esta perspectiva, nuestro trabajo como Go-
bierno en general y en lo personal como Presidente,
lo encaminamos en el sentido claramente expresado,
el que se podría concretar en actividades específicas
que llevamos a cabo en la ejecución gubernamental.
Para mí, la agenda de la paz no era simplemente
una negociación con la guerrilla. Esta era uno de los
interlocutores como lo señalé clara e insistentemen-
te; pero había otros interlocutores a los que con todo
esfuerzo e inversión de tiempo los oíamos y dialogá-
bamos con ellos en el marco del Foro del Pacto Social
y de igual forma como lo hacíamos con los líderes de
los partidos políticos.
La comunidad internacional también era parte de
nuestra agenda, tanto en nuestras relaciones político
diplomáticas como en las relaciones comerciales y fi-
nancieras.
Para efectos prácticos voy a presentar, por separa-
do, cada uno de los aspectos fundamentales de nuestro
trabajo, haciendo la salvedad de que todos ellos tenían
una interrelación orientada en forma integral. Así, por
ejemplo, las medidas económicas siempre se decidían
tomando en cuenta todas las aristas; igualmente su-
cedía con las negociaciones con la guerrilla, o con
los interlocutores financieros o comerciales interna-
cionales.
Confieso que este estilo de gobierno al que el
sector privado no estaba acostumbrado, es lo que les
llevó a desesperarse, pues en el pasado, así como suce-
dió posteriormente, para ellos la agenda de la Nación
es la de ellos o la que los pueda afectar, las demás se
ponen de acuerdo en ignorarlas y dejan entonces que

86
El país está cada día peor

el Presidente “se mate con su propia mano”.


Así que su responsabilidad como dueños no llega
hasta aquellos aspectos en los que sus intereses no es-
tán directamente comprometidos. El resto del país es
para ellos como lo era para los tradicionales finqueros
del país, la “ranchería”, que así se le llama al lugar en
el que viven los mozos que trabajan en el campo.
Desde esa perspectiva, resulta irónico comprobar
que, para tener el beneplácito de los dueños y no ser bo-
tado, enviado a Panamá y perseguido, hay que tener
muy claras las dos líneas políticas en que uno, como
Presidente, debe moverse:
La patronal, a la que debe ser obediente y seguir
los lineamientos de los dueños; y
La de la ranchería, en la que se puede tener auto-
nomía, siempre y cuando las acciones que se imple-
menten no afecten los derechos y los privilegios de los
dueños.
A la luz de estos conceptos, permítaseme hacer
una presentación de lo que fueron las políticas y accio-
nes de mi gobierno, pues en cada caso entenderemos
cómo los dueños de la guayaba expresaron sus intereses
y cómo se comportaron.
Espero que las evidencias que presentaré a conti-
nuación sirvan para conocer la verdad de lo que real-
mente sucedió en esta parte de la historia de Guate-
mala, no para inducir acusaciones, sino con el fin de
que enmendemos nuestras líneas de conducta, porque
estoy seguro de que si seguimos como hasta hoy, pasa-
rán otros quinientos años y estaremos igual o peor.

87
CAPÍTULO IV

Trabajando para el desarrollo de


Guatemala y la democracia

Aspectos económicos

La economía internacional estaba en un franco


proceso de desaceleración, los países industrializados
mostraban tasas sumamente bajas de crecimiento, al
igual que la producción mundial que, en el 91 presen-
tó la tasa más baja desde 1982. Los países latinoameri-
canos presentaron una tasa de crecimiento general del
2.4%. Sin embargo, con las medidas económicas que
tomamos, tuvimos durante mí período de gobierno
una tasa de crecimiento del 4.13% promedio, casi dos
puntos por arriba del promedio de la región.
En este contexto mundial, el reto que se nos pre-
sentaba era cómo crecer, ante la realidad de la desace-
leración mundial y las amenazas que nos presentaba la
guerra del Golfo.

Recaudación y finanzas públicas

Nosotros optamos por incentivar la producción,


todo lo que fuera posible en ese contexto, generando
confianza en los inversionistas. Pusimos en orden las
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

finanzas públicas, racionalizando el sistema tributa-


rio, eliminado una gran cantidad de impuestos, tasas
y arbitrios y fijando tarifas impositivas racionales, que
incentivaran más el pago de los impuestos que la eva-
sión de los mismos.
Dejamos solo cuatro impuestos:
Impuesto al Valor Agregado –IVA–.
Impuesto sobre la renta –ISR– con una tarifa
máxima de 25%.
Impuesto territorial.
Los impuestos de importación, sujetos únicamen-
te a cuatro tarifas, 5, 10, 15 y 20%, eliminado la tarifa
cero y otra cantidad de tarifas que llegaban hasta el
160%, que para lo único que servían era para fomen-
tar el contrabando y la corrupción.
Aunque parecía que haciendo estos cambios po-
dríamos recaudar menos impuestos, sabíamos que in-
centivar el pago, racionalizando las tasas, tendríamos
mejores resultados. La realidad en la recaudación fis-
cal fue que de 2.344 millones de quetzales recaudados
en 1990, lo subimos a 4,452 millones de quetzales en
1992. Es decir que se había prácticamente duplicado
la recaudación con nuestro plan. (Fuente, Liquidación
de Presupuestos Ministerio de Finanzas)

Subsidios y presupuesto

Las otras medidas fiscales importantes que to-


mamos estuvieron encaminadas a reducir los déficits
fiscales, que en un momento habían llegado hasta un
65% del presupuesto de la nación. Esto, causado fun-
damentalmente por los subsidios que el Estado daba al
transporte urbano y a la energía eléctrica.
Yo consideraba que dichos subsidios eran

89
La guayaba tiene dueño

totalmente injustos, pues el Estado, con su recauda-


ción fiscal estaba subsidiando a los sectores de pobla-
ción de mejores condiciones económicas y en los que
estaban concentrados los servicios.
• Transporte urbano
Por eso permitimos el incremento del pasaje al
transporte público, para eliminar los subsidios, pero
para no perjudicar el ingreso salarial del ciudadano,
ya maltrecho, decretamos un aumento salarial que cu-
briera ese incremento.
Esta medida no fue nada fácil. Sin embargo, nos
mantuvimos firmes y en el marco del foro del Pacto
Social, los ministros mantuvieron horas y horas de
diálogo y negociaciones, tanto con sindicatos y orga-
nizaciones populares, como con miembros del sector
empresarial. Al final logramos ponernos de acuerdo
y fijar las cantidades que se deberían incrementar a
los salarios, tanto del sector público como del sec-
tor privado, para compensar el incremento que se les
causaría a las familias con el aumento del precio del
transporte.
Con éxito logramos trasladar un costo social que
figuraba como carga del Estado, al beneficiario, que a
la final era el mismo empresario.
• Energía electrica
Cosa similar hicimos con la energía, porque crea-
mos conciencia, que el campesino que usaba candela
y baterías desechables era el que más caro pagaba por
cada kilovatio–hora y que no era justo que, además,
con sus impuestos subsidiara la energía que consumía
la industria, el comercio y las residencias de poblacio-
nes con mayores ingresos. Este aspecto fue un poco
más traumático, pero nos mantuvimos firmes y lo lo-
gramos.

90
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

• Logros
El resultado fue que por primera vez en muchí-
simos años, los presupuestos de 1991 y 1992 cerra-
ron prácticamente nivelados; logro que por la falta de
responsabilidad de las administraciones siguientes, se
hiciera imposible mantener, llegándose a la situación
actual en la que el déficit fiscal es extremadamente
grande y completamente fuera de control.
Solo basta con ver la información del Banco de
Guatemala sobre la ejecución presupuestaria del Esta-
do. Los últimos presupuestos del gobierno del presi-
dente Cerezo Arévalo, con un déficit de más de 700
millones de quetzales, y los dos presupuestos de mi
gobierno. Uno de estos, con superávit de 5.8 millones
y el otro con déficit de 10.8 millones de quetzales. Para
efectos reales, ambos fueron nivelados y después, otra
vez la fiesta. Durante el periodo de Ramiro de León,
el déficit fue de 944.5 millones y 1.053 millones, por
eso es que con los datos en la mano, puedo afirmar,
que ni antes ni después los dueños de la guayaba, han
permitido una disciplina fiscal: no les conviene y no
les gusta. (Fuente Banco de Guatemala)
Lo importante es hacer notar que esta disciplina
fiscal orientada a que pague el que usa el servicio evitó
que los sectores más desfavorecidos de la población ab-
sorbieran un golpe al poder adquisitivo de sus salarios,
debido a la disciplina presupuestaria del Estado, prác-
tica que había sido y sigue siendo muy común, cuando
se le carga al Estado los costos de los subsidios.

Inf lación y recuperación económica

Nuestros presupuestos se nivelaron cerrando


prácticamente sin déficit con el crecimiento de la

91
La guayaba tiene dueño

economía 2% por encima del promedio de América


Latina, la inf lación reducida de 60% al 9%, las re-
servas creciendo, de cero hasta casi 800 millones de
dólares, entonces, se produjo la estabilidad económica
que estábamos buscando,. Solo estos datos son sufi-
cientemente elocuentes, para demostrar la efectividad
de nuestra política económica.
Los resultados no se hicieron esperar, la recauda-
ción de impuestos se duplico en dos años, los salarios
ganaron en valor adquisitivo en los dos años por mas
del 16%. (Datos de Instituto Nacional de Estadísticas
y Banco de Guatemala)
Nuestras políticas económicas estuvieron orien-
tadas a trasladar el costo social a quien lo debe y puede
pagar y no al estado o a los trabajadores, por eso es
que después del Golpe, de inmediato regresaron a las
políticas que favorecen a los grandes y especuladores.

Reservas y balanza de pagos

El tipo de cambio en el período tuvo una va-


riación inferior al 3%, lo que para el país era muy
pequeña.
Aunque la información del Banco de Guatemala
plantea que había 24.7 millones de dólares en reservas,
cuando recibimos el gobierno en realidad, no tenía-
mos ni para cubrir la factura petrolera.
Las ventanillas de las instituciones internaciona-
les de Crédito también estaban cerradas, por falta de
pago.
Decidimos implementar el sistema de CENIVA-
CUS, que no era otra cosa que un mecanismo suma-
mente atractivo en rentabilidad, para estimular que el
capital guatemalteco en el exterior se repatriara. Así,

92
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

en 1991 se logró un incremento en las reservas mo-


netarias internacionales absolutas del orden de US$
556.2 millones. Se trataba de un resultado nunca an-
tes observado en la historia económica nacional. Mas
sorprendente fue que cuando me dieron el Golpe de
Estado en el 93, ya teníamos en reservas $736.6 millo-
nes. (Fuente: Banco de Guatemala).

La estabilización económica

De todas formas, en este punto nos quedaba un


pedacito por resolver: cómo pagar los atrasos que te-
nía el país heredados del gobierno de Cerezo Arévalo
con las instituciones internacionales de crédito.
Después de darle muchas vueltas al asunto, llega-
mos a la conclusión de que lo único que podríamos
hacer era poner un impuesto o generar un bono obli-
gatorio de estabilización económica. Pero ¿quién le
pondría el cascabel al gato?
En ese momento ya teníamos institucionalizado
el Foro del Pacto Social, con participación de sindi-
catos, empresarios y gobierno. Decidimos hacer una
presentación de la problemática, de la cual se encargó
Richard Aitkenhead, Ministro de Finanzas, Juan Luis
Mirón, Ministro de Economía, Mario Solórzano,
Ministro de Trabajo, y Fernando Fuentes Mohr, de la
SEGEPLAN.
La presentación era crucial, pues ciertamente el
Estado necesitaba urgentemente, por un lado, resolver
todo el desequilibrio heredado; y por el otro, tener
acceso a créditos para los proyectos destinado a los
sectores sociales.
Con el hecho de ponernos al día lograríamos que
se desembolsaran sumas que nos tenían retenidas, las

93
La guayaba tiene dueño

que nos permitirían terminar una serie de instalacio-


nes de salud, como hospitales; reparar las carreteras
que estaban en un estado calamitoso; reparar los puen-
tes de la carretera del sur del país que fueron volados
por la guerrilla, e inversiones muy necesarias en agua
potable, educación, etc.
Pero sobre todo, yo no quería negociar con el
Fondo Monetario Internacional, en vista de la reali-
dad fiscal que nuestros números presentaban, porque
sabía que la receta tendría un costo social muy alto
para la población de Guatemala, en particular para los
grupos de población más necesitados.
La lucha en el Pacto Social fue muy difícil. El
sector privado estaba muy duro, los sindicatos tam-
bién estaban cautelosos, pues no estaban tan seguros
de cuánto les iba a afectar las medidas que estábamos
proponiendo. Lo cierto es que esto se estancó y no
se miraban asomarse algunas f lexibilidades; incluso
nosotros habíamos presentado un plan más ambicio-
so, sabiendo que tendríamos que tener margen para la
negociación, pero ni dando indicios de ceder conse-
guíamos alguna esperanza.
A todo esto, al terminar las reuniones, siempre
Richard Aitkenhead me daba un resumen y cuando se
podía llegar a algún acuerdo diferente de lo conversa-
do, él me lo consultaba.
Pasaron los días y las semanas y se empezaron a
ver algunas f lexibilidades, sobre todo porque aparen-
temente los sectores tomaron consciencia del proble-
ma y fueron entendiendo la necesidad de enfrentarlo.
Pero no se aterrizaba en nada y nosotros teníamos que
afrontar los compromisos y ponernos en posición de
negociar con el Fondo Monetario.
Cada vez que me encontraba al embajador de

94
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

los Estados Unidos, me daba una conferencia sobre la


necesidad de que nos sentáramos con el Fondo a ne-
gociar. Pero yo, que ya sabía lo que era negociar con
ellos de los tiempos en que trabajé en la SEGEPLAN,
sabía del tipo de información que requerirían, y le
decía que sí lo haríamos. No le decía cuándo, pues
ni loco lo haría antes de tener resultados positivos de
mi política económica, la que yo prometía que sería
sin sacrificio social, sin políticas de las llamadas de
“shock”.
Decidimos que sería mejor que interviniera yo
directamente, para ver si con la presencia del Pre-
sidente se podía llegar a algo. Invitamos a todos los
participantes del Pacto Social a la Casa Presidencial,
nos reunimos en el Salón de los Espejos y empezamos
a discutir como a las once de la mañana. Los invité a
almorzar, para evitar que se ausentaran de la reunión;
la cual siguió durante toda la tarde y llegamos hasta las
once de la noche, hora en que ya contábamos con al-
gunos acuerdos. Entonces nos fuimos juntos a cenar y
allí en la mesa logramos los últimos entendimientos.
Después comentábamos de manera jocosa, que
solo asistidos por el hambre logramos un acuerdo que,
más o menos, satisfacía a todos los sectores:
Primero: el monto de la contribución sería un
porcentaje calculado con base en el capital de las em-
presas;
Segundo: cada empresa podría decidir que, si
quería pagar un bono, pagarían el 2% y ese bono sería
redimible en 20 años sin intereses. Las empresas que
quisieran pagar un impuesto, sería este del 1% y no
sería rescatable.
Tercero: el Gobierno daría a conocer este
acuerdo como una decisión unilateral y que ellos se

95
La guayaba tiene dueño

comprometían a sacar solo un campo pagado atacán-


dolo. Pero como todos sabíamos que eso era funda-
mental, nadie haría mayor caso de eso.
Esta decisión, más la utilidades que habíamos
conseguido mediante la buena administración de
GUATEL, con Ernesto González y Francisco Perdo-
mo, quien en ese momento estaba de subgerente, nos
pusieron en una situación buena para negociar con el
Fondo, porque cuando buscaron los subsidios ya no
estaban, las insolvencias tampoco, la recaudación me-
jorando y con una reforma implementada. Todo lo
ácido estaba arreglado y el país listo y en disposición
para arrancar.
Pero cuando ya todo estaba bonito, a los “dueños”
no les gustó este estilito y empezaron a conspirar, has-
ta que los recursos que no quería dar para estabilizar
el país, lo dieron para botarme y hacer del país lo que
tienen ahora los guatemaltecos.

Política salarial

La política salarial aplicada durante mi período


de gobierno estuvo establecida sobre bases de justicia,
tratando de lograr la compensación que por años se
les había negado a sectores asalariados específicos del
país.
Entre otros, podemos mencionar los siguientes
beneficios: Aumentos en los salarios nominales para
los empleados del Organismo Judicial, Aumento para
los maestros y ajuste del escalafón para el Magisterio
Nacional, se creo la bonificación profesional para los
servidores públicos con título universitario y con cali-
dad de colegiados activos, se creo el Bono de antigüe-
dad para los empleados de la administración pública,

96
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

pagadero mensualmente de conformidad con el nú-


mero de años de servicio.
Se otorgó una Bonificación extraordinaria anual
para las clases pasivas del Estado, se incrementó el pago
mensuales de las prestaciones en jubilaciones, pensio-
nes y montepíos del Estado, a partir de enero de 1993,
se otorgó un incremento salarial a los trabajadores del
Organismo Ejecutivo, de 75% para los profesionales
y entre 18 al 22% para el resto de los trabajadores, se
otorgó un subsidio para nivelación salarial de los em-
pleados municipales, se incremento a las pensiones de
personas que formaban las clases pasivas del Estado.
Definitivamente que las políticas saláriales, fue-
ron parte importante del incremento de la actividad
económica global, sin embargo resultaba incompren-
sible para mi, que esto no se entendiera así, sobre todo
por los dueños.

Bono 14

Consciente de la incapacidad que el guatemalteco


asalariado tiene de generar ahorro, por lo limitado de
su salario, me pareció conveniente que en lugar de dar
un aumento porcentual al salario que devengaban en
ese momento, sería mejor crear un salario extra.
Este bono debería estar fuera de su presupuesto
regular y servirle para disponer de él para gastos ex-
traordinarios o bien para hacerse de algunos bienes de
uso permanente a los que, por su capacidad de ahorro,
no tiene acceso con sus ingresos regulares. Así que lo
concebimos como una forma de ahorro, la que favo-
rece al trabajador, pero que también ha venido a ser
como una Navidad a medio año.
Ahora, cuando se acerca el pago del Bono 14, se

97
La guayaba tiene dueño

llenan los medios de anuncios, ofreciendo todo tipo


de bienes y servicios, lo cual a mí me llena de satisfac-
ción, pues para ser sincero, cuando yo lo impulsé, fue
teniendo en mente fundamentalmente a los trabajado-
res, pero hoy con los años, me satisface el efecto que
causa en la economía del país.
Esta idea se convirtió en ley el 2 de julio de 1992,
como Ley de Bonificación Anual para los trabajado-
res del Sector Público y Privado, y se conoce como
BONO CATORCE. El Decreto 42–92 del Congreso
de la República establece que un salario extraordina-
rio adicional de un mes se les debe pagar a todos los
trabajadores asalariados a finales del mes de junio.
Este beneficio es uno de los logros más importan-
tes obtenidos por los trabajadores guatemaltecos du-
rante las últimas décadas, pues representa un ingreso
adicional que constituye a su vez una inyección anual
a la economía nacional, por varios miles de millones
de quetzales, según lo ha hecho ver sistemáticamente
el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
Según esa misma fuente, más del veinte por cien-
to de la población económicamente activa recibe este
beneficio actualmente, y lo hacen efectivo varias de-
cenas de miles de empresas privadas.
Un amigo, bromeando conmigo, me decía que
este es el día en que más se me recuerda en Guatema-
la: unos para bendecirme y otros para insultarme, y
que supiera que él es de los segundos.

Reapertura de ventanilla, reducción de los


subsidios y apoyo a las municipalidades

La reapertura de las ventanillas internacionales de


crédito, con lo recaudado con la Ley de Estabilización

98
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

Económica, abrió nuevas posibilidades para obtener


recursos para la inversión pública que el Estado ne-
cesitaba. Estas ventajas son las que usufructuó el go-
bierno del presidente Arzú, pues como es lógico, todo
proyecto lleva tiempo para elaborarlo y conseguir su
aprobación, pero lo importante es que el país se be-
nefició.
La eliminación de los subsidios hizo posible que
nosotros fuéramos el primer gobierno que entregó el
8% del Presupuesto General de Ingresos y Egresos a la
Nación, a las Municipalidades del país. Siempre luché
por esto, pues consideraba que era la única forma de
iniciar una descentralización del Estado, a sabiendas
de que la mayoría de las alcaldías no tenían capacidad
para administrarlo. Pero yo estaba seguro de que para
ellas el asumir la responsabilidad sería algo saludable,
pues hay obras necesarias en los pueblos que jamás
van a ser vistas y mucho menos consideradas por el
gobierno central.

Titulación de tierras

No hay cosa que le dé más estabilidad a un siste-


ma democrático, que el acceso que la población tenga
a la propiedad.
En Guatemala hay un problema, sobre todo en
el medio rural, y es que gran parte de la gente tiene
tierras o pequeñas parcelas, pero no tiene título de
propiedad, simplemente se manejan con el ejercicio
de un derecho posesorio, institución débil y suma-
mente vulnerable que lo único que da es inseguridad
y ninguna posibilidad al propietario para obtener un
crédito sobre ella y, lo que es peor, al no figurar en
ningún registro, su transferencia o herencia resultan

99
La guayaba tiene dueño

sumamente complicadas.
Le pedí a Enrique Ortega, a quien nombré en el
Instituto de Transformación Agraria, que estudiára-
mos la forma de agilizar el otorgamiento de títulos
de propiedad a todos esos guatemaltecos que estaban
en tal circunstancia. Él se entusiasmó con la idea y la
asumió con empeño. Nos fijamos la meta de entregar
por lo menos 1,200 títulos por mes y así iniciamos el
programa de titulación, a través del cual repartimos
miles de títulos, en decenas de parcelamientos.
Nunca se me va a olvidar que cuando los campe-
sinos recibían su certificado, lo colocaban dentro de
una bolsa plástica, lo doblaban y se lo ponían dentro
de la camisa. De esa manera veía yo, el cuidado que
tenían sobre ellos, a tal extremo que cuando les pe-
dían que levantaran los títulos para tomarles alguna
foto o video, solo levantaban las manos pero el título
no, ya que por ningún motivo lo iban a arriesgar.

Agricultura artesanal y los fertilizantes

Dada la gran importancia que la agricultura de


subsistencia o artesanal de pequeña escala tiene para
el sustento de la familia guatemalteca y en general
para la economía nacional, en campaña ofrecí bajar el
precio a los fertilizantes, pero no lograba cumplir con
esta promesa, por lo que cada vez que salía al interior
del país la gente me lo reclamaba, incluyendo los pro-
pios líderes del MAS.
Hablaba con Fito Boppel, Ministro de Agricul-
tura, y con muchos de los amigos del sector agrícola
sobre este aspecto, hasta que un día alguien me pre-
guntó si yo era amigo de Boby Dalton, y yo le dije
que sí; entonces me dijo “¿Y por qué no lo llamás, si

100
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

alguien te puede dar una idea es él”.


Enseguida pedí que llamaran a Bobby. Quedamos
de vernos al día siguiente, ya en la tarde. Le conté en
el problema que estaba y que si a él se le ocurría cómo
podría cumplir con esa promesa.
—Mirá Jorge –me dijo Bobby– creo que yo puedo
ayudarte; solo dejame un par de días y yo te llamo.
—Venite en cuanto puedas –le dije.
Al día siguiente cuando me habló por teléfono,
le recordé:
—Si tenés una solución, vamos a ver cómo la po-
demos implementar.
—Yo lo puedo hacer –me propuso Bobby– Solo
necesitaría dos cosas: primero, que aceptes que en-
treguemos el fertilizante paletizado, para que no lo
utilicen los que lo aplican con máquina, es decir, que
esté orientado al verdadero campesino de auto subsis-
tencia, y segundo, que me consigas una forma en que
yo pueda manejar graneles en el puerto Quetzal, para
abaratar el manejo de descarga de la materia prima.
—Mirá –le respondí– a lo del fertilizante peleti-
zado no le veo problema y entiendo que esto es para
que tu margen sea menor en este producto. Respecto
a lo del manejo de graneles en Puerto Quetzal, dame
hasta mañana y te contesto cómo lo vamos a hacer.
Hablé con la gente de la Portuaria Quetzal y les
pedí que encontraran una solución; rápidamente me
contestaron que ya la tenían y que fuera Bobby a ha-
blar con ellos.
Se arreglo todo y muy pronto pudimos lanzar al
mercado un fertilizante que se llamó GAVILÁN, que
se produjo en la planta de Teculután, en el Oriente del
país. Ellos mismos se las arreglaron para distribuirlo
y de esta manera, con la excelente ayuda de Bobby,

101
La guayaba tiene dueño

pude cumplir con esta promesa de campaña, dar un


fertilizante barato.

Políticas sociales

Tanto la política económica, como la de privati-


zaciones (fundamentalmente, lo que acontecería con
GUATEL y el INDE) sí eran políticas de los patrones,
sobre las que ellos opinaban y mantenían puesto el
ojo. Sin embargo las políticas de la ranchería solo las mi-
raban de reojo, no eran de su interés, pero tampoco
querían que se salieran de contexto y que pudieran
llegar a afectar sus intereses.
Me refiero a la salud, educación, previsión y asis-
tencia social, ciencia y tecnología; y en nuestro caso
muy particular: repatriación de refugiados, y política
de derechos humanos.
En el caso de la paz, sí mantenían algún inte-
rés en informarse, pero cobró especial interés para los
dueños del país cuando se dieron cuenta de que en esta
acción había un foco de descontento de la cúpula mi-
litar y que ese malestar podría servir para amalgamar
intereses entre las dos cúpulas, tal y como finalmente
sucedió.
De modo breve, y sin pretender hacer publicidad
o apología de lo que se hizo en el gobierno, voy a pre-
sentar las líneas de acción y logros en nuestras políticas
de ranchería.

Educación

Creo que durante mi gobierno, la educación del


país tuvo uno de los rostros más positivos, en la perso-
na de la licenciada María Luisa (Mau) Beltranena de

102
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

Padilla, en quien se conjugaba un gran sentido social


con gran dedicación e inteligencia y responsabilidad.
Siempre en forma pausada y muy diligente se
presentaba a mi despacho, con soluciones y buenas
ideas, era fácil entenderse con ella. Tenía un sentido
práctico de lo posible, hecho que en la educación, y
sobre todo en la relación con el magisterio, es una
cualidad invaluable.
Con ella logramos, con beneplácito del magis-
terio nacional, que se promulgase una nueva Ley de
Educación Nacional, Decreto No. 12–91, donde entre
otras cosas, se hace obligatorio que se dedique el 35%
de los ingresos ordinarios del Presupuesto Nacional a
la educación.
Con esta ley logramos, durante el primer año de
gobierno, crear 800 plazas nuevas para maestros; y en
el segundo año, 1992, creamos 5,060; y en el tercer
año, 1993, fueron creadas otras 4,000 plazas, superan-
do las expectativas del Movimiento de Dignificación
y Reivindicación del Magisterio Nacional.
Este impacto generó un programa de útiles esco-
lares que benefició a medio millón adicional de alum-
nos. Además, fueron comprados y distribuidos 80,000
pupitres, los cuales beneficiarían a más de doscientos
mil educandos de diferentes escuelas del interior del
país.
Equipamos 400 escuelas en los niveles de prepri-
maria y primaria a las que designamos como núcleos,
que tendrían proyección para atender 2,000 estableci-
mientos educativos.

Escalafón magisterial

También modificamos el escalafón magisterial,

103
La guayaba tiene dueño

pues nos dimos cuenta de que un maestro, con la de-


valuación y el criterio del escalafón vigente, al dar
más años de su vida a la educación pública, lo úni-
co que lograba era empobrecerse más, ganar menos
e incrementar notoriamente su inseguridad para el
retiro. Adicionalmente, habíamos decidido hacer una
nueva revisión a esa modificación. Pero vino el golpe
de Estado y ya nunca supe cuál fue el destino de este
programa.

Valija docente

Creamos el programa de entrega de la Valija


Docente, que se proporcionó en 1992 y 1993, a cada
maestro con los libros de texto, cuadernos, y material
didáctico básico como yesos, almohadillas, papel.
Cuando con la Ministra de Educación hicimos
las primeras entregas, fue muy emocionante ver como
los profesores recibían este material, pues nunca antes
habían recibido ni un lápiz. Entendí que eso era mu-
cho más que una simple ayuda didáctica. Habíamos
hecho un reconocimiento a la importancia de la labor
del docente.

Nueva ley

Otro logro importante fue pasar una nueva Ley


Nacional de Educación, la que introducía una serie de
elementos importantes para el futuro del país; se les
daba una participación más protagónica a los padres
y a las autoridades comunitarias en la orientación y
control del proceso educativo. Lamentablemente ya
no pudimos llegar a implementarla.

104
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

Salud

Durante mi mandato hubo dos ministros de Sa-


lud: el Dr. Miguel Ángel Montepeque, y el Dr. José
Eusebio del Cid, con quien había trabajado cuando
elaboramos el plan Nacional de Desarrollo 1974–79.
También había sido alto funcionario de la Unión Pa-
namericana de la Salud –OPS–; era un gran salubrista,
con una gran experiencia.
La situación de este sector era verdaderamente di-
fícil: desde los hospitales metropolitanos, hasta los más
remotos centros de salud estaban en situación crítica.
Por otro lado, gran parte de los recursos que podrían
servirnos para resolver por lo menos algunos de los
problemas de infraestructura estaban congelados por
el cierre de la ventanillas de los bancos internacionales
de crédito debido a la insolvencia en el pago de las
obligaciones en que había caído el Gobierno.
Al resolverse ese problema, pudimos terminar dos
hospitales departamentales, que eran fundamentales
para el funcionamiento de la red: el hospital de la An-
tigua Guatemala y el de Malacatán, San Marcos; y la
construcción de 27 puestos de salud en el interior del
país y 3 en la periferia de la ciudad de Guatemala.
En cuanto a atención primaria en salud, en 1992,
la Organización Mundial de la Salud – OMS– y la
OPS elogiaron este renglón, por la atención primaria
realizada en Escuintla, considerándolo como el mejor
programa de atención primaria en salud de seguridad
social en América Latina.
Impulsamos la fortificación del azúcar con vita-
mina A y la yodización de la sal, programas que se
habían dejado de lado en el país.
Creamos sistemas de acueductos de agua potable,

105
La guayaba tiene dueño

acompañados de un programa de letrinización, insta-


lando 57,620 letrinas, para beneficiar a 229,410 per-
sonas.
Debido a la problemática que el sector presen-
taba en el área de recursos humanos, impulsamos la
capacitación de enfermeras profesionales, técnicos en
las áreas de fisioterapia, radiología, inspectores sanea-
miento, laboratorio y terapia respiratoria. También se
implementaron cursos de actualización para coma-
dronas tradicionales, promotores de salud rural, cola-
boradores de malaria, vigilantes de puestos de agua y
acueductos. Mediante programas sin precedentes en el
país, en dos años y medio 25,000 personas pasaron por
los diferentes programas que realizamos

La ley Serrano y las emergencias en los hospi-


tales nacionales

Señalo estos programas entre los más indicativos,


pero tuvimos que emprender también un programa
de recuperación de las áreas de emergencia en los hos-
pitales, pues el criterio generalizado de los médicos
era que en la práctica registraban un colapsado.
Pusimos la ley seca a partir de la 1 de la mañana,
y esta medida redundó de inmediato en que el nú-
mero de accidentados y heridos que ingresaban a las
emergencias de los hospitales, se redujera en más de
un 60% en las madrugadas.
Mi pobre progenitora fue muy mencionada, y a
mí me decían: “Evangélico desgraciado, ¿por qué nos
haces esto?”. Sin embargo, un día venía escuchando
en la radio un programa de comentarios telefónicos.
Oigo a un hombre que me estaba dando una insultada
por la medida. Silencio absoluto, ningún comentario

106
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

de los oficiales que iban conmigo. Pero, acto seguido,


entra la llamada de una señora, y se destapa totalmen-
te en el otro sentido, insulta al que habló antes, insulta
al locutor por darle cabida a tan atrevidos comentarios
y le dice: “Qué bien se ve que ustedes no son madre y
no se pasan la noche en vela esperando que les avisen
que a su hijo lo balearon, lo atropellaron o lo acu-
chillaron, que ustedes no son de los que acompañan
a sus vecinos a buscar a sus hijos o a sus maridos a la
morgue del Hospital General o al Hospital Roosevelt,
mejor piensen antes de hablar”.
Entonces fui yo el que rompió el silencio, me reí
y pedí que me averiguaran quién era esa señora, pues
quería personalmente agradecerle la defensa, pues a
decir verdad, yo mismo no la hubiera podido hacer
mejor ni, por supuesto, con esa vehemencia.
La ley seca se quedó y lo curioso es que hoy, des-
pués de veinte años, sigue vigente en el país y algunos
le llaman “la ley Serrano”.

El cólera

Dicen que a todo perro f laco se le pegan las garra-


patas, pues a nosotros se nos vino encima el problema
del cólera. Ya nuestro sistema sanitario estaba sensible
y en cuidados intensivos. Ahora lo teníamos que ha-
cer reaccionar ante la amenaza que se nos presentaba,
porque ya en nuestras fronteras se estaban detectando
casos y no quedaba otra cosa que reaccionar.
Yo no tenía la menor idea de qué se trataba, así
que lo primero que hice fue pedir información y cómo
se podía contrarrestar el peligro. De igual forma hice
que todo el gabinete y principales funcionarios públi-
cos tomaran conciencia del problema y organizamos

107
La guayaba tiene dueño

una comisión intersectorial para que planteara un


programa con el fin enfrentar la emergencia. Así se
hizo, sacamos recursos de muchos ministerios y de-
pendencias y pusimos en marcha el programa.
Cuando se nos presentó el primer caso ya estába-
mos preparados y con un plan preventivo en opera-
ción, por lo que el impacto de la epidemia en el país
tuvo efectos muy reducidos, la manejamos bien tanto
preventiva como asistencialmente.

Vivienda

La vivienda en el país es y ha sido uno de los


problemas endémicos más difíciles de resolver. Yo sa-
bía por mi experiencia en Planificación Económica,
que en todo el Estado no existía ni siquiera un simple
programa de vivienda. El Banco Nacional de la Vi-
vienda (BANVI) era una institución obsoleta, refugio
de favorecidos políticos, que yo quería disolver, pero
que al ser el ente que representaba al Estado era el que
tenía la poca ayuda internacional que se recibía para
impulsar el sector.
Así que decidí, antes de elevar el sector a la ca-
tegoría de Ministerio, crear lo que se llamó el Fondo
Guatemalteco de la Vivienda (FOGUAVI), creado por
Acuerdo Gubernativo No. 759–92 del 10 de septiem-
bre de 1992, con el objetivo de planificar, desarrollar
y financiar programas y proyectos urbanos y rurales,
para proveer de soluciones habitacionales a familias de
ingresos medianos y bajos.
FOGUAVI fue fundado con un capital de Q100
millones. Su objetivo, dotar de vivienda a 800 mil
guatemaltecos durante mi período y coordinar
toda la asistencia y el financiamiento internacional.

108
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

Lamentablemente, por el golpe de Estado, este pro-


grama pasó a ser un apéndice de las políticas de ran-
chería y ya no llegó a tener la dimensión para la cual
fue creado.

Hogares Comunitarios

Mi esposa fue invitada por doña Blanquita de Pé-


rez, esposa de Carlos Andrés Pérez, Presidente de Ve-
nezuela (quien me había privilegiado con una amistad
muy especial) para que la visitara y conociera el pro-
grama de Hogares Comunitarios que ellos desarrolla-
ron en el marco de la Secretaría de la Primera Dama
de la Nación es ese país.
Cuando Magda regreso de esa visita y pudo vivir
lo que encontró, me dijo:
—Jorge, eso lo tenemos que hacer aquí.
Desde el gobierno del presidente Juan José Aré-
valo, en Guatemala no se hacía nada serio en este
sector. Fue doña Elisa de Arévalo, Primera Dama de
entonces, quien había creó las famosas “Guarderías
Infantiles”, programa que al no haber tenido conti-
nuidad en los siguientes gobiernos, se quedó raquítico
y altamente burocratizado.
Existía también un programa privado dirigido
por Carmen de Asturias, la esposa de mi gran amigo
Ricardo Asturias Valenzuela, quien con otras ilustres
personas crearon La Casa del Niño, programa altruis-
ta, caritativo, pero a todas luces insuficiente para lle-
nar las grandes necesidades de la niñez guatemalteca.
No me atrevería a dar estadísticas, pero creo que entre
los dos programas no se atendían más del 2% de las
necesidades de la nación.

109
La guayaba tiene dueño

Magda creó el “Programa de Hogares Comu-


nitarios”, dirigido a niños de escasos recursos y a sus
familias, para apoyar y complementar los esfuerzos de
asistencia infantil y crear un ambiente físico y social
que promoviera el desenvolvimiento del niño, no solo
física sino emocional, intelectual y socialmente.
El programa consistía en organizar a doce madres
que trabajaban, con hijos en edad preescolar y que te-
nían problemas para cuidar de ellos. Se seleccionaba a
dos de esas madres a las que llamamos “Madres comu-
nitarias”, quienes dejarían sus empleos y se dedicarían
a cuidar a los niños de las otras diez. Por ese trabajo
recibirían un sueldo aportado por las madres parti-
cipantes y un complemento que el Estado proveería.
De esta manera, las madres comunitarias tendría un
ingreso similar al de las otras madres, pero su trabajo
sería cuidar a los niños de las demás, mientras ellas
trabajaban.
El Estado proveería capacitación a las madres co-
munitarias y supervisión, para que todo el programa
se desarrollara de acuerdo con normas éticas, morales
y de eficiente servicio social, porque sabíamos que
cualquier problema que surgiera se nos cobraría caro.
De igual forma, el Estado proveería el pequeño
mobiliario que se necesitaba para dotar a cada casa
con los elementos para atender a los niños, juguetes,
material educativo, mesas, sillas, estufa para cocinar
los alimentos de los niños, a los que se les daba un
desayuno, merienda a media mañana, almuerzo y me-
rienda en la tarde antes de que sus padres los recogie-
ran. Luego tuvimos que poner dietistas para diseñar
menús, y capacitar a las madres en la preparación de
los alimentos.
Un día se presenta Gustavo Bianchi, quien tenía

110
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

a su cargo el programa y me cuenta la forma en que


los niños se estaba desarrollando. Le sugerí que hi-
ciéramos un examen psicológico de los niños antes
de entrar al programa y que monitoreáramos su de-
sarrollo. El día que pudimos comparar los primeros
resultados que señalaban la evolución intelectual, con
básicamente una alimentación diferente y un poqui-
to de amor y atención técnica, comenté: “Vamos en
grande y prepárense para crecer”.
Para entonces, ya habíamos tenido experiencia no
solo con la capacitación de las madres comunitarias,
sino con la reacción de las madres que estaban siendo
beneficiadas. Estas ya se reunían periódicamente para
apoyarse y empezamos a notar que la mística del pro-
grama estaba trascendiendo a las comunidades; que
ahora ya no solo estaban enfocadas en los hogares,
sino también en las comunidades como un todo.
A decir verdad, el programa superaba lo que ha-
bíamos visto en Venezuela: ellos nos apoyaron en el
principio y ahora venían a ver lo que estaba sucedien-
do con lo nuestro y a tomar ideas.
En el presupuesto del Estado no existía partida
para impulsar el programa, por lo que todos los gas-
tos se cubrían con los fondos de los llamados “Gastos
Confidenciales” de la Presidencia. El programa crecía
como un fuego en pajonal, nos pedían de los depar-
tamentos que los ayudáramos y que llegáramos con el
programa hasta esos lugares. Ya teníamos fácilmente
300 hogares en funcionamiento y los “Gastos Confi-
denciales” ya no daban más para eso, aunque en ese
momento contábamos con algún apoyo de otras de-
pendencias.
Cuando promoví la creación ya formal del pro-
grama (en reunión con Pepe Lobo, Presidente del

111
La guayaba tiene dueño

Congreso, y Obdulio Chinchilla, diputado) sobre la


necesidad de fondos para el mismo, cuál va siendo mi
sorpresa, cuando me dicen que eso no iba a ser posi-
ble, pues ese programa era de orientación política.
Entonces se me salió el cobre, como se dice, se me
subió el apellido a la cabeza, me salieron las dotes de
dictador o como lo quieran llamar. En pocas palabras:
me encabroné. Les dije: “Lo voy a presentar y prepá-
rense a negar los fondos ante las treinta mil madres
que les voy a parar frente al edificio del Congreso en
la Novena Avenida y a ellas les van a tener que expli-
car que no les importan sus hijos”.
Con Magda, ya nos habíamos dado cuenta de que
no importaba qué se hiciera en el programa. Incluso
los noticieros cubrían los eventos del programa, pero
nunca, nunca informaban nada; iban como a husmear,
pero el bloqueo era manifiesto, era dramáticamente
obvio.
Un día, en una visita de Christian Tomuschat,
Relator de Naciones Unidas para los Derechos
Humanos, lo llevé a ver unos cuantos hogares en fun-
cionamiento, escogidos al azar por él mismo. Se con-
movió y me dijo: “Presidente, pero de esto, ¿por qué
no se sabe más? ¿Por qué la comunidad internacional
no lo sabe?”. Claramente le dije que no tenía respues-
ta, que hacíamos lo posible, pero que existía un blo-
queo inexplicable. Muy emocionado me respondió:
“Esto lo voy a incluir en mi reporte”.
En efecto, así lo hizo; y así, nos dio el único cré-
dito que recibimos por el programa.
Para la Navidad del 92, Gustavo llegó y me dijo
que tenían preparado un festejo navideño para las
madres comunitarias en el parque de la Industria, al
que concurrimos con Magda. ¡Qué emocionante fue!

112
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

Nunca antes en mi vida, ni en los momentos álgidos


de mi campaña, vi una multitud tan genuinamente
emocionada. Eran casi cinco mil madres agradecidas,
muchas lloraban haciendo todo tipo de comentarios.
Recuerdo que solo me volteé y le dije a Magda: “Aquí
está nuestro pago y que el Señor nos permita seguir
adelante”.
Hasta aquí, los dueños parecían indiferentes. Pero
después me enteré de que ellos, al igual que los ma-
ñosos políticos, identificaban ya este programa como
“políticamente peligroso”. Comentaban que esto
apoyaría cualquier intento mío de perpetuarme en el
poder, pues la organización de las madres era un ver-
dadero peligro.
Con estos criterios, será imposible plantear solu-
ciones a los problemas sociales del país. En verdad,
esto no es nuevo, de qué me extraño, pensaba para
mí, si lo mismo pasó con el presidente Arévalo y su
programa de las Guarderías Infantiles y con el esfuer-
zo innovador de las Escuelas Comunitarias a las que
llamó “Tipo Federación”.
Nos dieron el golpe y, como era de esperar, ni el
Procurador ni los sucesivos gobiernos de la privatiza-
ción hicieron nada por continuar e incrementar este
programa. Antes bien, Sanda de Colom le dio el tiro
de gracia.
Tampoco hicieron nada por continuar con los
grupos de voluntarias que había organizado mi esposa
y Thelma de Espina, y que desempeñaban una labor
encomiable en las guarderías infantiles, en el trabajo
con delincuentes, en el hogar de niños discapacita-
dos.

113
La guayaba tiene dueño

Niños de la calle y Juventudes con problemas


delincuenciales

Cuando que el Dr. Tomuschat visitaba el país, yo


procuraba buscar tiempo y conversar con él, porque
siempre daba un reporte de sus preocupaciones, las
que eran muy acertadas; y siempre en el caso de los
niños y jóvenes él ponía mucho énfasis, así que yo
tomaba muy en cuenta sus recomendaciones.
Recuerdo que uno de los grandes problemas era
el que presentaban los niños transgresores. Primero,
porque el Estado no tenía una estructura legal para el
tratamiento de ese problema y tampoco existía una
infraestructura física medianamente aceptable para la
recuperación y reinserción adecuada de los jóvenes en
la sociedad.
No todos los jóvenes eran y son iguales frente a
las transgresiones en las que se ven involucrados. Hay
situaciones de más gravedad que otras. Sin embargo,
el Estado los trataba por igual. Así que los primero que
hicimos fue implementar un programa que permitiera
evaluar cada caso antes de que los jueces intervinieran.
Establecimos coordinación con la Corte Suprema de
Justicia, el Ministerio de Gobernación, el Procurador
de los Derechos Humanos, la Policía y la Secretaría de
la Primera Dama.
Magda y Thelma de Espina, consiguieron una
casa antigua, grande, pero en bastante buen estado, en
la 6ª Avenida y 2ª Calle, Zona 1 de la capital. La to-
mamos en alquiler y la habilitamos rápidamente, para
hacer un centro de diagnostico y tratamiento prelimi-
nar a niños y jóvenes transgresores.
Allí, con la ayuda de las dependencias an-
tes mencionadas, armamos rápidamente un equipo

114
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

interdisciplinario, con trabajadoras sociales, psicólo-


gos, abogados, sociólogos, jueces, y personal especia-
lizado en el manejo de los menores.
La idea era que cada joven o niño, al ser captu-
rado, no fuera llevado a ningún centro correccional,
como era la costumbre, pues allí el que no era de-
lincuente, muy rápido tenía que aprender y hacerse
delincuente para sobrevivir.
A partir de ese momento, cada niño o joven era
llevado a este Centro, en el que habíamos habilitado
dormitorios, facilidades médicas y de alimentación,
para los que quedaran recluidos en forma temporal
mientras eran evaluados. Ya con dictamen de los espe-
cialistas, entonces se decidía qué hacer en cada caso.
Cuando llego el Dr. Tomuschat, y lo llevé a ver
el Centro, se emocionó y no podía creer que en tan
poco tiempo hubiéramos podido establecer algo así.
Por supuesto, no teníamos partidas presupuestarias
para ese programa, pero lo hicimos con los llamados
“Gastos Confidenciales”.
Recuerdo que cuando recorrimos con el Dr. To-
muschat las instalaciones, observamos a un grupito de
10 a 15 jóvenes sentados en el piso viendo televisión.
La directora nos señaló a un niño de unos doce años,
y dijo: “Ese chico ya ha matado a ocho personas; y
el otro que está a su lado, sacó el carro de su padre y
atropelló a una persona. Estos son los casos que nos
toca evaluar para saber qué hacer con cada uno de
ellos, pues los delitos no tienen ninguna similitud en-
tre sí”.

Centro correccional Las Gaviotas

El otro problema era “Las Gaviotas”, un centro

115
La guayaba tiene dueño

correccional que más eso era un “Centro de Altos Es-


tudios Delincuenciales”. Allí los jóvenes entraban con
un “Licenciatura”, o con un diploma de “Técnicos en
Delincuencia” y en un par de años se graduaban con
honores con una “Maestría” o con un “Doctorado”.
Este sí era un problema; sin embargo, nos habla-
ron de una institución española llamada REMAR, la
que tenía mucha experiencia en ese tipo de proble-
mas. Así que cuando fuimos a Madrid, a la Cumbre
Iberoamericana de Presidentes, Magda, mi esposa,
y mi hermana Ivette Serrano de Fuentes (quien nos
ayudaba muchísimo con el programa) se quedaron en
España para conocer de cerca el REMAR y evaluar la
posibilidad de que nos ayudaran con el gran problema
que teníamos en “Las Gaviotas”.
Cuando regresaron venían muy satisfechas de lo
que vieron. Pero como se trataba de una institución
evangélica, teníamos que prepararnos para las críticas.
Entonces les dije: “Allí me las den todas. Si con el
Señor no podemos, con nada podremos resolver este
problema; vamos para adelante”. Muy pronto estába-
mos firmando un acuerdo, el que fue una verdadera
bendición. Los de REMAR entraron a “Las Gavio-
tas” y no sé cómo hicieron, pero al mes, aquello era
algo totalmente diferente, el ambiente delincuencial
había desaparecido y se vivía un clima de relativa cal-
ma y trabajo.
Gracias a Dios, como estas eran políticas de ran-
chería y no de patronales, nadie les dio pelota. Tampo-
co la prensa puso ningún interés en ellas, nunca repor-
tó nada, solo nos alentaban los comentarios del Relator
de Naciones Unidas, quien sí hacía constar estos logros
en sus informes.

116
Trabajando para el desarrollo de Guatemala y la democracia

Otras actividades

No es mi intención continuar relatando otras


actividades fundamentales de mi gobierno en otros
temas sociales, pues parecería que estoy haciendo pro-
pagando lo que sinceramente no es mi intención ni
me interesa.
Lo que sí me interesa es dejar claro estos concep-
tos, para que mis amigos, los dueños del país, tomen
conciencia de que no todo es billete, y que el Estado
requiere de muchas otras cosas más, que bien valdría
la pena que las miraran como acciones necesarias de
justicia social, y no como mera caridad, como suelen
hacerlo.

117
CAPÍTULO V

Privatizaciones

Esta si era un tema candente de los intereses de los


dueños, muchos insistían en que las privatizaciones, que
estaban de moda, podrían ser una fuente de ingresos
para el Estado, yo como lo relaté anteriormente, no
tenía claro cuán conveniente sería para el país privati-
zar, simplemente porque otros lo estaba haciendo.
Antes bien, yo tenía serias reservas sobre si era
conveniente vender empresas de capital del Estado y
destinar los fondos al gasto público, perdiéndose así
un valioso patrimonio de los guatemaltecos, como en
efecto sucedió con la privatización llevada a cabo du-
rante el gobierno de Álvaro Arzú Irigoyen.
Al respecto, claramente establecí:
Que yo no vendería ni las empresas de energía
eléctrica, ni las de teléfonos del Estado. Léase: GUA-
TEL y el INDE.
Que jamás transferiría un monopolio estatal a un
grupo privado, pues consideraba que eso era un hecho
injusto con los usuarios, los que quedarían sujetos a las
decisiones de los dueños de los monopolios.
Con base en estos criterios, empezamos una polí-
tica de desmonopolización de los sectores, dividiendo
Privatizaciones

las actividades, en el caso de la energía en: generación,


transmisión y distribución. Y en el caso de la telefo-
nía: conmutación, interconexión y red primaria.
Estudiamos también el caso de la telefonía celular,
que se estaba iniciando en el país y la interconexión
para el tráfico internacional.

Energía eléctrica. INDE

El caso de la energía: encontramos un sistema al-


tamente dependiente de Chixoy, una hidroeléctrica
del Estado, que estaba presentado problemas por falta
de lluvia. Ello hacía que los niveles bajaran más de
lo esperado; también presentaba problemas de asolva-
miento, es decir de tierra y arenas que estaban llenan-
do el embalse, los que al reducir la cantidad d agua
disponible, estaban limitando seriamente la capacidad
de producción de la planta.
Las otras plantas de generación de energía hidráu-
lica, Los Esclavos, Jurún Marinalá y Aguacapa, pre-
sentaban también serios problemas de asolvamiento; y
en los tres casos los equipos de generación estaban en
muy mal estado, lo que hacía urgente su reparación.
El parque térmico de Escuintla necesitaba una re-
paración inmediata, de fondo, pues en las condiciones
en que se encontraba su operación no era totalmente
confiable, y se hacía necesario sacarlo a menudo, total
o parcialmente, del sistema, y eso se traducía en un
permanente riesgo.
Existía una térmica pequeña en el Oriente del
país, pero era tan ineficiente, que generar energía a
través de ella costaba ocho veces más de lo que se
vendía.
En conclusión, el sistema de generación eléctrica

119
La guayaba tiene dueño

del Estado se encontraba a punto de colapsar o quizás


ya colapsado y lo que estaba esperando era que se lo
notificaran…
La única que estaba funcionando era la térmica
de Amatitlán, que pertenecía a la Empresa Eléctrica,
S.A., y esta sí registraba un mantenimiento aceptable.
Cuando me senté con Alfonso Rodríguez Anc-
ker, a quien yo nombré presidente del Instituto Na-
cional de Electrificación (INDE) me dio el reporte
de las condiciones en que habíamos recibido el sector.
Me dijo que eso no era todo, que si se concretaban
las amenazas de la llamada Corriente del Niño, nues-
tra situación iba ser mucho peor, pues la escasez de
agua nos llevaría a una situación muy crítica, en la que
posiblemente tendríamos que llegar hasta el raciona-
miento de la energía.
Ante esa situación, le di instrucciones para que
manejáramos este problema como una emergencia;
que buscáramos alguna forma de abastecernos de
energía adicional, lo que se miraba sumamente difícil
porque los países vecinos que podrían en algún caso
proveernos, se encontraban en situaciones parecidas a
las nuestra o quizás peores.
Sin embargo, muy pronto me llamó Alfonso y
me contó que había unas barcazas en Houston, que
aparentemente estaban listas para generar 110 mega-
vatios, que el posible usuario había tenido problemas
y que podrían estar disponibles para arrendarlas. Me
indicó, además, que el problema sería que habría que
ubicarlas en Puerto Quetzal, y que a los señores de la
portuaria no les gustaba la idea, pues les ocuparía en
forma permanente un espacio considerable de mue-
lles.
Le pedí que negociara las barcazas y que yo

120
Privatizaciones

hablaría con los señores de la portuaria para hacer-


les ver el problema que teníamos y así lo hicimos. Se
consiguieron las barcazas con un contrato con el que
se les pagaría, si mal no recuerdo, a 5.5 centavos de
dólar por kilovatio.
Ya con esa seguridad mínima, procedimos a re-
parar el parque térmico de Escuintla y después las
hidroeléctricas de Los Esclavos, Jurún Marinalá y
Aguacapa. Esta solución era muy temporal e insufi-
ciente, pues solo una nueva siderúrgica que se esta-
ba estableciendo en Escuintla requeriría consumir la
energía de las barcazas. Así que decidimos encontrar
una forma en que el sector privado pudiera ayudar
en esto; sin embargo, existía un problema: la ley del
INDE prohibía la generación de energía privada.
Les pedí a mis asesores legales que estudiaran
este asunto y muy pronto vinieron con una solución:
la disposición establecida en la ley del INDE era in-
constitucional, porque era anterior a la Constitución
Política de 1985, en la que expresamente estaban pro-
hibidos los monopolios.
Me sugirieron que, por medio de un Acuerdo
Gubernativo, declarara la inconstitucionalidad de los
artículos de la ley que nos limitaban y así lo hicimos,
emitiendo en julio el acuerdo gubernativo 1021–92 y
en enero del año siguiente el acuerdo 9/93.
Con esto se abrió la posibilidad de que se iniciara
un proceso de generación y cogeneración privada en
el país, lo que fue para nosotros una gran solución.
Muy pronto los ingenios y otras empresas iniciaron
su producción y la venta al Estado, a tal extremo que
cuando se da el golpe de Estado, ya el 47% de la ener-
gía que se usaba en el país era de origen privado.
Un grupo de los dueños del país, que sí quería entrar

121
La guayaba tiene dueño

y estaba listo para hacerlo, pedían 8.4 centavos por ki-


lovatio y en una junta con ellos en la Casa Presidencial
y con Alfonso Rodríguez, Presidente del INDE, les
hicimos ver que lo que estábamos dispuestos a pagar
eran 6.5 centavos, uno más de lo que pagábamos a
las barcazas, y que por estudios que habíamos hecho
encontrábamos que ese era un excelente negocio para
ellos.
Supe que al salir de la reunión no solo me men-
taron a mi progenitora, sino que decían: “A este hay
que enseñarle que no es el Rey Salomón, sino que un
simple presidente”.
Lo irónico es que durante años trataron de vender
energía al Estado y no pudieron, y ahora que yo les
abría las puertas, en lugar de estar contentos y agra-
decidos, como yo creí que iba a acontecer, lo único
que saqué fue que se alinearan para botarme lo más
pronto posible, pues lo que estaban dejando de ganar
con nuestras posiciones era mucho dinero.
Sin embargo, yo me hallaba contento, pues en-
contramos una fórmula para que en Guatemala no se
sintiera la crisis energética que hubo en los países ve-
cinos; y porque al mismo tiempo pudimos reparar la
térmica de Escuintla, y las tres hidroeléctricas.
A veces yo me pregunto: ¿Qué día sería más feliz
para estos señores? ¿El día que supieron que iban a
poder generar energía, o el día que les informaron que
Jorge Serrano ya estaba en Panamá?

El asalto fallido

De todas formas, la lucha siguió, pues a los due-


ños esto no les gustó mucho, porque algunos de ellos
lo que querían era un traslado del monopolio, para

122
Privatizaciones

poder definir a su sabor y antojo todo lo referente a


la energía. Entonces fueron al Congreso de la Repú-
blica y promovieron la reforma a la ley del INDE, la
que regulaba el sector de la producción de la energía
eléctrica.
¿Qué hicieron? Cambiaron la directiva y se la en-
tregaron al sector privado. Lo lograron con dinero y
en contubernio con diputados que tenían interés de
participar en la planta generadora de energía eléctrica
de Champerico, en el Sur Occidente del país.
Cuando fui informado de cómo, en forma sor-
presiva y mediante un procedimiento de “fast track”
se aprobó la reforma a la ley, sin que nosotros ni si-
quiera conociéramos ni de la existencia ni el conteni-
do de la misma, ordené que me pasaran una copia de
ella. Comprobé que se sacaba al gobierno de cualquier
injerencia en el sector de energía eléctrica. Para ser
franco, me causó indignación, me dio asco lo burdo
de la maniobra e inmediatamente ordené al Secretario
General de la Presidencia que preparara un veto, pues
yo no estaba dispuesto a sancionarla, ni en artículo de
muerte.
Consideraba que si los señores del sector privado
querían el INDE, que por lo menos pagaran por él,
pero que nos se lo robaran, y que los funcionarios y
diputados corruptos que se prestaron a eso, pues que
fueran devolviendo el dinero que les fue pagado. Esa
fue la Ley 59 de 1992, que fue inmediatamente vetada
por mí.

Se abre la batalla

A partir de este momento las cosas se deterioraron


mucho, pues se hizo cada vez más evidente la alianza

123
La guayaba tiene dueño

y entendimiento de empresarios del sector que que-


rían la energía, con funcionarios comprometidos con
ellos. Pero para no ser yo precisamente quien haga la
denuncia, simplemente transcribo lo que literalmente
aparece en la página 100, del libro Dictating Democracy,
de Rachel McCleary:
“El impasse en el Congreso fue creado por el pre-
sidente del Congreso, un Demócrata Cristiano, que
con el Presidente de la Corte Suprema de Justicia Juan
José Rodil y con el legislador Obdulio Chinchilla Vega
estaban buscando la concesión para generar energía en
el puerto de Champerico, al sur oeste de Guatemala
(…) “Lobo Dubon y los Demócrata Cristianos estaban
amenazando con bloquear en el Congreso la propues-
ta de Serrano para remover los subsidios a la electrici-
dad, al menos que el presidente les garantizara a ellos
el contrato de Champerico. Rodil, como Presidente
de la Corte Suprema, ofrecía sobresellar los cargos que
en materia penal existían contra Rodríguez Anker si
Serrano llegaba a un acuerdo con Chinchilla Vega y
Lobo Dubon. Si Serrano no cooperaba, amenazaba
con considerar cargos de corrupción contra Serrano,
una vez el Congreso lo despojara de su inmunidad.”

Con el pasar de los años me vine a dar cuenta de


cómo se habían manejado en el Congreso y entendí
entonces cómo es que la famosa Ley 59 pasó casi en la
clandestinidad. Se constituyó una alianza estratégica
entre los pulcros y cristalinos dueños, y Lobo Dubón,
Presidente del Congreso, Juan José Rodil Presidente
de la Corte Suprema de Justicia y Obdulio Chinchilla
Vega, Diputado por Chiquimula, quienes querían el
contrato de generación de energía eléctrica de Cham-
perico, a cambio de entregar el INDE.

124
Privatizaciones

Como este asqueroso chantaje era a favor de todos


ellos, debería ser visto como una simple estrategia po-
lítica de “un sector que quería lo mejor para el país”:
manejar la energía eléctrica y apoderarse del INDE.

Telefonía. GUATEL

Cuando entramos al gobierno, nos dimos cuen-


ta que GUATEL era una empresa que debería estar
contribuyendo fuertemente a las finanzas públicas, e
impulsando el desarrollo nacional. Pero cómo lo iba
a hacer, si su desempeño era totalmente ineficiente y
anacrónico, solo teníamos instaladas cerca de ciento
ochenta mil líneas y de ellas el 85% estaban en la capi-
tal, con una demanda insatisfecha en ese momento de
seiscientas mil líneas.
Era claro que el número de líneas instaladas que
encontramos, era absolutamente insuficiente para
acompañar al país en su crecimiento y mucho menos
para comunicar a las comunidades rurales del país.
Como meta nos propusimos instalar en el primer
año de gobierno doscientas cincuenta mil líneas, meta
esta que logramos ya en el segundo año, es decir en
1992. Esto significó que en dos años instalamos mas
líneas, que las que se habían instalado en la historia
completa de las telecomunicaciones en el país, en un
período cincuenta años.
GUATEL, en el año 1990 sólo dio utilidades por
106 millones de Quetzales anuales. En el primer año
de nuestra administración, año 1991, las utilidades de
GUATEL fueron de 405 millones de Quetzales, es
decir un aumento del 380%, y ya para el año 1992, las
utilidades fueron de 542 millones de Quetzales, es de-
cir 510% mas que en el año 1990, último de Cerezo.

125
La guayaba tiene dueño

Así el aporte de GUATEL al Gobierno en 1991 fue


de Q. 182.6 millones de Quetzales y en 1992 fue de
Q.244.1 millones.
Para conseguir una nueva línea, los potenciales
usuarios tenían que esperar mucho tiempo y pagar por
ella, hasta ochocientos o mil quetzales, hechos estos
que promovían una gran corrupción dentro de la ins-
titución.
Las llamadas internacionales, que deberían ser
una de las principales fuentes de ingreso y por ende
de utilidades, estaba prácticamente en manos priva-
das, en un acto sublime de corrupción, porque las lí-
neas a través de las que se realizaban, estaban ubicadas
en casas de familiares, amigos, socios o queridas de
altos funcionarios, diputados, militares o empleados
de GUATEL.
El procedimiento era sencillo: cualquier persona
llamaba a esa línea “internacional” y pagaba al que la
tenía a su cargo. Sin embargo, esas líneas no pagaban
nada a GUATEL por las llamadas internacionales, así
que este era un negocio redondo para ellos. Se trataba
de sangría brutal para GUATEL, entidad que asumía
los costos y estaba privada de obtener las ganancias
que el tráfico internacional debería dejar.
Hago ver que el tráfico internacional era impor-
tantísimo, pues la cuota que el usuario pagaba por lí-
nea era prácticamente simbólica, 4 quetzales al mes,
es decir casi ochenta centavos de dólar. Muchas ve-
ces comentamos con Ernesto González, Gerente de
GUATEL, si acaso mejor sería no cobrar nada, pues
la administración del cobro y el correo, prácticamente
salían más costosos.
En GUATEL como en el INDE, encontramos
una gran burocracia, pues eran instituciones en las

126
Privatizaciones

cuales se podía fácilmente colocar personas que eran


recomendadas por altos funcionarios de gobierno, di-
putados o jefes militares.

Nuestro programa

Al tener clara la situación, rápidamente nos dimos


cuenta que para incrementar los ingresos era necesario
actuar rápidamente en el manejo de la red interna-
cional, para lo cual se hacía necesario ampliarla. Para
eso, primero había que digitalizarla, porque hasta ese
momento se manejaba en forma analógica lo cual im-
ponía muchas limitaciones.
Así que procedimos a ampliar la red y digitalizar-
la, para lo cual, entramos en un “joint venture” con
ATT, MCI y COMSAT; ampliamos la estación Terre-
na Quetzal e instalamos una estación terrena nueva,
seis veces mas grande que la Quetzal a la que llama-
mos Hezriel y la ubicamos en la avenida La Reforma.
Como referencia, quiero contar que esa estación nos
costó, CIENTO CINCUENTAMIL DÓLARES, lo
que era un contraste inmenso, comparado con el cos-
to de la estación terrena Quetzal, que había costado
QUINCE MILLONES DE DÓLARES.
De las estaciones terrestres subíamos a los saté-
lites de INTERSAT, a quienes les pagábamos por el
tráfico, tanto de voz como de datos. Al tener las dos
estaciones operativas, vimos que el tráfico aumentó
exponencialmente y que el pago de los servicios de
tráfico se hacía cada vez mayor.
Revisando un día esta información, me llamaron
la atención las cifras y entonces llamé a Neto Gon-
zález, le manifesté mi sorpresa sobre la subida de ese
renglón y le pregunté cómo podríamos bajarlo. Me

127
La guayaba tiene dueño

contestó que la única forma sería que compráramos


parte de un satélite. Le solicité que se informara sobre
cómo podríamos hacer para comprarlo y cuanto nos
costaría. Dijo que aprovecharía que en dos días saldría
para Acapulco, México a una reunión de la Union
Internacional de Telecomunicaciones y que allí haría
la diligencia.
A los tres días y ya de noche, recibo una llamada de
Neto, en la que me decía que un “transponder” (parte
de un satélite), costaba alrededor de tres millones de
Dólares; pero el problema era que no había ninguno
disponible; que si queríamos, los de INTELSAT, que
en ese momento estaban sentados frente a él, le ofre-
cían que podrían reubicar uno y adjudicárnoslo.
—Compremos dos, pues los vamos a necesitar, le
dije.
—¿Estás seguro? –respondió.
—Dale viaje, Neto. No tengás miedo.
Al entregarnos los “transponders”, empezamos a
manejar todo nuestro tráfico de voz y de datos a tra-
vés de ellos. El primero, lo llenamos a los seis meses
de operar y el segundo también muy pronto. Cuando
Neto me comentaba esto, solo me decía:
—¿Que tal que no te hubiera hecho caso?
La inversión en la estación terrena se recuperó
en un mes y la de los satélites se recuperó en no más
de tres meses. Ante esto, yo pensaba: ¿Cómo carajos
quieren que vendamos esta empresa, si las utilidades
proyectadas para el año con esos simples ajustes, ya se
estimaban en más de quinientos millones de quetzales;
es decir: cien millones de dólares. Para ubicarnos, esto
equivalía al 50% del déficit presupuestario del último
año de Vinicio Cerezo Arévalo.

128
Privatizaciones

Mientras tanto, también estábamos trabajando


en la ampliación de la red externa (fibra óptica, cable
coaxial y línea de cobre); y en la red interna (centros
de conmutación, conocidas como centrales telefóni-
cas), con ATT, Erickson, MCI, Telefónica de España,
Simex, en la capital. En el interior del país lo hacíamos
con la empresa italiana Italtel.
Nuestra meta era triplicar, para finales del 93, el
número de líneas que
GUATEL y sus antecesores, habían instalado en
cincuenta años. Entramos de inmediato en una franca
y dinámica tarea de instalación para llegar a las qui-
nientas mil lineas.
Con ATT, MCI y COMSAT, la negociación fue
un tanto peculiar, porque debido a que no teníamos
suficiente dinero para inversión, entonces se les pidió
a ellos que consiguieran sus propios recursos. De esa
forma, GUATEL les pagaría por un sistema de “lea-
sing”, a 10 años plazo, para lo cual se les otorgaron
solo cartas bancarias de garantía de pago.
En nuestro segundo año de operación, ya GUA-
TEL dio más de setecientos millones de quetzales de
utilidad. Ese año pedí que se hiciera un acto espe-
cial para entregarle a los trabajadores de GUATEL, el
equivalente al 5% de esas utilidades que les correspon-
día de acuerdo con la ley.
Fue ese, indiscutiblemente, uno de los días más
satisfactorios que el Gobierno me proporcionó. Re-
cuerdo la cara de un viejo barrendero, que duran-
te años trabajó en la institución. Cuando recibió su
cheque de dividendos, por el equivalente a veintitrés
meses de salario, al señor se le llenaron los ojos de
lágrimas, no lo podía creer, nunca soñó con tener una
cantidad así a su entera disposición. De inmediato el

129
La guayaba tiene dueño

agua en los ojos se le volvió una catarata y el llanto no


se hizo esperar.
Cada empleado de GUATEL recibió su cheque.
Algo no imaginable, pues si mal no recuerdo, el que
menos recibió fueron doce veces su sueldo, ya que en
la distribución se dio mayor número de salarios a los
de menor ingreso y se fue reduciendo el monto a los
que tenían mayores salarios. Lo cierto es que todos
quedaron felices y yo, aun más feliz y emocionado.
Pero como decía el Quijote a Sancho, “cosas ve-
redes, Sancho amigo, que harán hablar las piedras”.
Hoy veo cuán Quijote era yo. Cada vez que le
comentaba a alguno de los dueños o a sus adláteres so-
bre los logros de GUATEL, reaccionaban mal. Siem-
pre estaban diciendo que el Estado era ineficiente e
incapaz, que para lograr eficiencia debía pasarse esa
empresa a la iniciativa privada. Yo seguía sin enten-
derlos.

La telefonía rural

Ante los resultados muy satisfactorios de la em-


presa, entonces decidimos hacer un ejercicio para lle-
var telefonía rural a lugares remotos del área rural.
Cuando Ernesto González me presentó un bosquejo
del proyecto y el costo, ciertamente me parecía que
este era alto por teléfono, puesto que había que ins-
talar un panel solar con su batería y con su antena
satelital al teléfono. Toda la lógica indicaba que era
una inversión no rentable; sin embargo, le dije que lo
hiciéramos aunque esa telefonía fuera subsidiada por
la telefonía urbana, y así iniciamos el programa.
Se empezaron a instalar los llamados Teléfonos
Comunitarios y empezaron a funcionar. Dos o tres

130
Privatizaciones

meses después, recibo una llamada de Neto Gonzá-


lez y me dice que teníamos una sorpresa: los teléfo-
nos rurales estaban facturando mucho más de lo que
habíamos considerado, porque recibían muchísimas
llamadas de los Estados Unidos, provenientes de los
compatriotas emigrantes; y que si eso seguía así, la
telefonía rural se auto sustentaría y que hasta podría
dejar algún beneficio.
Me alegré muchísimo con la información, por-
que estábamos cumpliendo con una función social de
la empresa y nos estaba resultando muy bien. Pensa-
ba, para mis adentros, que esa era otra razón para no
privatizar, porque con los problemas que la telefonía
rural presenta, no iba a existir compañía privada que
quisiera afrontarlos con una utilidad marginal. Por
lógica, cualquier empresa privada invierte en aquello
que le da mayor rentabilidad.

El problema

Algunos grupos de poder económico se habían


saboreado con la idea de la privatización, basados en
mis actuaciones y decisiones para mejorar tanto el sec-
tor de energía como el de telefonía. Se sumaba a esto
que no me pareció adecuada la propuesta de ley pre-
sentada por la Comisión que nombré para estudiar el
tema. Claramente, y en una forma atrevida, el sector
privado se había “despachado con la cuchara grande”,
pues sacaban al Ejecutivo, al Legislativo e incluso a la
misma Contraloría General de Cuentas, de todos los
mecanismos de privatización que proponían.
Al ver esto yo me dije: “Si así son las vísperas,
cómo serán las fiestas”, y como decimos en buen cha-
pín: “Enseñaron muy pronto el cobre”, Por lo menos

131
La guayaba tiene dueño

para mí, ellos querían ser, en aras de una supuesta


transparencia, los que manejaran el proceso de priva-
tización. Por supuesto, solo me reí y engaveté la pro-
puesta, pues era tan cínica que ni siquiera valía la pena
entrar a considerarla.
Esto provocó la ira de sus redactores y decidie-
ron, con gran alarde, retirarse en bloque, manifestan-
do que el sector privado renunciaba a la Comisión de
Privatización, lo cual para mí fue como un caramelo.
A decir verdad, yo no pensaba que deberíamos pri-
vatizar, menos en ese momento en que las empresas
estaban en franca recuperación y que su valor de mer-
cado no sería nada atractivo. Sin embargo, después, y
al margen de toda consideración social, Álvaro Arzú
las privatizó y todo lo demás es historia.
El único que puede juzgar hoy los resultados es
el propio pueblo quien paga las tarifas y también los
que tenemos conciencia y sabemos que el país se des-
capitalizó y se empobreció. Anualmente, la economía
guatemalteca sufre una sangría cuando las empresas
que se vieron favorecidas por la privatización reciben
sus dividendos, que dicho sea de paso, no son pocos.

132
CAPÍTULO VI

El retorno de los refugiados


y la paz

Como relaté anteriormente, estaba siempre muy


presente en mi mente el tema de los refugiados y des-
plazados. Mi experiencia como presidente del Conse-
jo de Estado, en 1983, al visitar los campos de retorno
de los desplazados, indiscutible me marcó de por vida.
Cualquier descripción dantesca al respecto se quedaba
pequeña. Siempre pensé que si en la tierra estuviera
el infierno, sería algo como eso, en términos de la
situación, desgracia e inseguridad en la que los des-
plazados regresaban de la montaña y la poca capacidad
del gobierno para atender este problema, el cual más
que político, era dramáticamente humano.
Pedía que se me diera un informe sobre la situa-
ción de los guatemaltecos en los campos de refugiados,
porque ya estaba cansado de que se dijera que eran una
extensión de las Comunidades en Resistencia, que
eran grupos comunistas, que prevalecía la corrupción
de parte de las autoridades mexicanas que manejaban
el programa, que cualquier política de retorno forta-
lecería a la guerrilla, que no existían condiciones en
el país para aceptar de regreso a 35,000 guerrilleros.
En fin, la cantidad de argumentos mencionados eran
La guayaba tiene dueño

pocos, comparados con la realidad de las personas que


vivían en esos campos de refugiados.
Se decidió enviar a unas personas para que tra-
jeran un reporte de la situación prevaleciente. Estos
nunca regresaron, lo que fue un argumento más para
que se argumentara que lo que se hallaba del otro lado
de la frontera guatemalteca era un santuario de la in-
surgencia, más que campos de refugiados.
Sin embargo, yo me paré (como “aprendiz de dic-
tador”, según me definen los dueños y sus mercenarios)
y manifesté que para mí, resolver el problema de los
refugiados y desplazados no era una simple acción po-
lítica sino, fundamentalmente, una acción patriótica y
cristianamente humanitaria. Declaré que mi gobier-
no y yo seguiríamos adelante. Gracias a Dios que de
esta política, como era de ranchería, no se enteraron
los dueños, porque lo que estábamos haciendo era un
problema ubicado a cuatrocientos kilómetros de sus
privilegios. Por eso sus radares no lo registraron.
Di instrucciones al ingeniero Sergio Mollinedo,
un hombre de mucha sensibilidad social y conoce-
dor de la situación agraria del país, quien era, en mi
gobierno, Director de la CEAR, una entidad creada
para coordinar la repatriación de las poblaciones de
refugiados que estaban en México, al ingeniero Enri-
que Ortega, Presidente del Instituto de Transforma-
ción Agraria (INTA). También involucré a Bernardo
Neumann, un hombre y amigo extraordinario, judío
practicante y sensible en grado sumo a las violacio-
nes a los derechos humanos, quien siempre me de-
cía que la historia de sufrimiento de sus antepasados
en las persecuciones lo comprometía y lo motivaba a
cumplir con entusiasmo y dedicación, la función que
yo le había dado en mi gobierno, él actuaba como

134
El retorno de los refugiados y la paz

personero del Presidente en materia de derechos hu-


manos y Presidente de la Comisión Presidencial para
la Defensa de los Derechos Humanos. Coordinaban
este proceso, con Álvaro Colom Caballeros, a quien
yo nombré Director del Fondo Nacional para la Paz
(FONAPAZ) y posteriormente, ya en el proceso mis-
mo, con Francisco Perdomo, “Paco”, como Ministro
de Gobernación.
Abrimos un proceso de acercamiento, después de
negociación con los representantes de las comisiones
permanentes de refugiados guatemaltecos en México,
proceso que fue conducido por parte del gobierno por
la Comisión Nacional de Repatriados, Refugiados y
Desplazados (CEAR).
Los acuerdos estaban encaminados a garantizar los
derechos de los retornados, fundamentalmente el de-
recho a la vida, a la libre organización, a la propiedad
de la tierra, a su seguridad, y al reconocimiento del
Estado respecto de su identidad. Esto último, porque
muchos de ellos no tenían ni un simple papel en el que
constara quiénes eran, ni siquiera cómo se llamaban.
Si no tenían eso, que era elemental, mucho menos
iban a tener papeles sobre las tierras que abandonaron
por el conf licto y que ahora estaban enmontadas o
bien, ocupadas por invasores.
La problemática era grande, pero una de las cosas
que me animaron a seguir fue constatar, en las re-
uniones con los representantes de las comisiones de
refugiados, que ellos, sincera y correctamente, estaban
representando a sus compañeros; que eran sinceros en
los temores que planteaban y que todas sus exigencias
tenían una sustentación lógica y justa.
Algunas personas en el Ejército, se manifestaban
preocupados, pues dentro de lo que se negociaba era

135
La guayaba tiene dueño

que no habría presencia militar en los lugares en que


se produjeran los asentamientos y que las autoridades
serían básicamente civiles. Esto, que principió siendo
un argumento de enfrentamiento, se fue disipando
cuando se empezaron a dar las primeras repatriaciones
y los militares en la zona se empezaron a dar cuenta
de que no había diferencia significativa entre los que
estaban regresando de México con los que habían ba-
jado de la montaña.
El 13 de noviembre de 1991 firmé como Presi-
dente de la República una Carta de Entendimiento
con la Alta Comisionada de la Naciones Unidas para
los Refugiados, Sadako Ogata. Este documento sirvió
de base, conjuntamente con la Declaración Unilateral
de mi Gobierno expresada en el punto 7.4 sobre Dere-
chos Humanos (del 7 de agosto de 1992, en el marco
de las negociaciones con la URNG) para que después
el Gobierno suscribiera con los refugiados el acuerdo
que finalmente se firmó en octubre de 1992.
Por su valor histórico, me permito reproducir
fragmentos del discurso que pronuncié el 8 de octu-
bre de 1992, día en que se firmó el Acuerdo entre el
Gobierno de Guatemala, representado por la CEAR,
y las Comisiones Permanentes de Refugiados Guate-
maltecos en México. (El discurso fue improvisado y
lo que se reproduce es una trascripción):
“Estamos reunidos esta mañana, en el seno
de la Comisión Nacional de Reconciliación.
Para mí, en lo personal, esto que hoy acontece
tiene gran significación; es como un primer
paso en la culminación de grandes esfuerzos,
por lo que no vengo a hacer recriminaciones,
ni acusaciones. Represento la unidad nacio-
nal por mandato constitucional y la soberana

136
El retorno de los refugiados y la paz

voluntad del pueblo, expresada en las urnas


Lo único que quiero manifestar a quienes
hoy están sentados en esta mesa, es lo que in-
diqué a mis hermanos guatemaltecos, cuando
terminamos la discusión del acuerdo de Oslo:
‘nuestros brazos están abiertos’, y hoy me siento
honrado y gustoso de poderlos recibir, como
guatemaltecos que se reintegran a su país.
Es una obligación de justicia que nos co-
rresponde y la hemos encarado con dignidad
y valentía.
Bienvenidos a Guatemala, a esta tierra que
va logrando un nuevo estándar de dignidad,
gracias a que hacemos un esfuerzo como go-
bierno por respetar y hacer que se nos respe-
te.
El acto de hoy es singular, porque se logró
un acuerdo de repatriación entre guatemalte-
cos (…) con el esfuerzo fundamental de nues-
tro pueblo.
Las propiedades que hemos adquirido, los
recursos puestos a disposición de los refugia-
dos, son fruto de trabajo y esfuerzo de todos
los guatemaltecos.
Una repatriación sui generis, diferente a las
demás, una repatriación que arranca de la pro-
funda convicción y deseo de que, en nuestro
país demos pasos fundamentales para encon-
trar la paz (…), la paz que se construye con
hechos, y lo que sucede hoy lo garantiza.
Quiero agradecer a COMAR, a CEAR, al
ACNUR por el trabajo que han realizado con
paciencia y tesonera actitud, hasta lograr acer-
camientos sucesivos; a la instancia mediadora,

137
La guayaba tiene dueño

y muy particularmente a su presidente, Mon-


señor Jorge Mario Ávila; (…)a los países que
sirvieron como parte del grupo de apoyo: a
México, Canadá, Francia y Suecia; (…) al Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los
Desplazados y Refugiados; y a la Conferencia
Episcopal de la Iglesia Católica, a las diferentes
Iglesias Evangélicas aquí representadas, por el
trabajo que han hecho.
Todos estos esfuerzos son los que hoy hacen
posible que demos un paso fundamental en la
pacificación de nuestro país, generando con-
diciones de justicia y equidad para la atención
de repatriados, refugiados y desplazaos.
No sería justo si no rindiera homenaje a una
persona, Monseñor Rodolfo Quezada Toru-
ño; y a un organismo que nos sirve el día de
hoy de anfitriona y de marco para este evento
histórico: la Comisión Nacional de Reconci-
liación (…) integrada por Monseñor Rodolfo
Quezada Toruño, Monseñor Juan Gerardi, la
periodista Tere Bolaños de Zarco, el Coronel
Francisco Luis Gordillo, el licenciado Mario
Permuth, el exvicepresidente Roberto Carpio
Nicole, el ingeniero Leopoldo Sandoval y el
suscrito, que hoy como Presidente de la Re-
pública concurro a este acto (…)
Hoy, al haber firmado, lo hago como repre-
sentante de la unidad nacional, como testigo
de calidad, porque esta declaración constituye
un público reconocimiento a la voluntad del
pueblo guatemalteco por la paz.
Treinta años han sido suficientes para de-
mostrar, queridos hermanos, que hoy empiezan

138
El retorno de los refugiados y la paz

a regresar a su país, que este conf licto no ha


dejado nada positivo, solo muerte, desolación
y angustia. Ustedes lo han dicho en su discur-
so y nosotros lo ratificamos plenamente.
Mi gobierno manifiesta, una vez más, la
voluntad de continuar en el camino de buscar
la paz. Mi gobierno establece, una vez más, su
política clara y definida de reconciliación.
Más de mil quinientos refugiados han en-
trado este año, debidamente registrados, y
otros mil quinientos por su propia cuenta.
Tres mil guatemaltecos han retornado al país
y están reincorporados, con dignidad, en sus
comunidades y a Dios gracias, hasta este mo-
mento nadie puede señalar violaciones a sus
derechos humanos, ni ha habido actos reñidos
con la legislación o el correcto ejercicio del
poder, al que mi gobierno está obligado.
Espero que la repatriación, que hoy empieza
en cantidades mayores, sea un ejemplo para el
mundo entero. Pero esto es responsabilidad de
todos los guatemaltecos. No podemos echar
toda la responsabilidad al gobierno.
Mi gobierno ratifica que la verificación
internacional, por parte de las Naciones Uni-
das, siempre será bienvenida en el campo de la
reincorporación de los refugiados y de cual-
quiera de los acuerdos a que lleguemos con la
insurgencia para poner fin al conf licto arma-
do.
Creemos que la paz está en plena cons-
trucción. No creemos que la paz deba espe-
rar a construirse hasta cuando se llegue a un
acuerdo con la insurgencia. Mi gobierno ha

139
La guayaba tiene dueño

mostrado grande y clara amplitud en el proce-


so de reconciliación. No son las palabras sino
los hechos los que hablan.
Hemos aceptado la propuesta del señor con-
ciliador en el tema de los derechos humanos.
Hace tres meses que esperamos una respuesta
categórica de la URNG y este es el momento
que no la tenemos.
Es lamentable que ni la disposición del go-
bierno por firmar de inmediato un tratado
de derechos humanos, ni la de globalizar el
temario, para resolver, de una vez por todas,
la problemática de la lucha interna, han sido
tomadas en consideración y con seriedad, por
la insurgencia.
Han preferido desgastarse en temas de in-
terés estratégico para ellos que en aquellos de
interés para el pueblo de Guatemala.
Finalmente, quiero manifestar nuestro des-
acuerdo, en que no ha sido tomada seriamente
en cuenta la propuesta del gobierno de la Re-
pública de pedir a las Naciones Unidas que
empiece la redacción de un documento que
permita, de inmediato, sentar las bases para
la desarticulación de los frentes guerrilleros y
plantear los mecanismos de verificación para
la finalización del conf licto.
Repito, con toda sinceridad, entereza y
el aval moral que me dan mis actos, como Co-
mandante General del Ejército y Presidente
Constitucional de la República de Guatemala,
que estamos listos para firmar la paz y dar las
garantías que todos los guatemaltecos necesi-
tan para vivir y que no nos eximimos de que

140
El retorno de los refugiados y la paz

esa paz y esas garantías que hoy públicamente


doy a mi país y a la comunidad internacional,
sean verificadas con todos los instrumentos
que las Naciones Unidas deseen.
Las acusaciones en la comunidad interna-
cional no nos van a llevar más que a agudizar
nuestras diferencias. Lo que el pueblo de Gua-
temala quiere, y hoy queda más que manifes-
tado con este gesto de buena voluntad y mu-
tua confianza que estamos presenciando esta
mañana, es la paz y la solución a los problemas
del país.
Queridos hermanos refugiados: bienveni-
dos a su Guatemala, muchísimas gracias por
ese corazón patriótico y esa fe que ustedes han
puesto en estos guatemaltecos que hoy les da-
mos un abrazo fraternal. La confianza en que
juntos podremos construir un futuro mejor.
Quiero pues, en nombre del Estado gua-
temalteco, pedir que un representante de las
comisiones permanentes venga acá, para en-
tregarle, como representante de la unidad na-
cional, esta copia del documento que debemos
guardar todos como testimonio fiel de nuestra
voluntad y compromisos.
¡Muchísimas gracias! Que el Señor nos
bendiga, nos dé coraje y nos permita seguir
adelante en esta tarea. Que le dé animo a
aquellos que están en las tareas de la recons-
trucción y del acercamiento, y que podamos
muy pronto firmar el acuerdo para una paz
firme y duradera”.

En este momento ya me sentía más seguro, pues

141
La guayaba tiene dueño

los tres mil refugiados que regresaron estaban siendo


atendidos por nosotros, sin mayores incidentes. Ha-
bíamos tomado cierta experiencia de los problemas
que afrontaríamos, el más importante de todos, el
reconocimiento de la identidad y registro de todos
aquellos que no tenían ningún documento que los
acreditara (ni siquiera algo donde constara cómo se
llamaban), mucho menos documentos que certifica-
ran la propiedad de la tierra, si es que tenían alguna
parcela, que por las circunstancias habían sido obliga-
dos a abandonar.
A través del programa de adquisición de tierras
para la reubicación de los refugiados y desplazados,
ya teníamos compradas más de veinte mil hectáreas y
FONAPAZ se hallaba conceptualizando los progra-
mas de ayuda.
Iniciamos el programa de repatriación, el cual se
definió como de carácter voluntario. Pensábamos que
se daría lentamente, pero, como en este caso, ya los
tres mil que vinieron primero daban testimonio de su
situación. Entonces sucedió lo mismo que con los des-
plazados, que cuando recibían información respecto
de las condiciones existentes para retornar, los grupos
iban haciéndose cada vez mayores.
Tuvimos que formar campos temporales en lu-
gares fronterizos para realizar los primeros trámites
administrativos, y desarrollar algún trabajo muy pre-
liminar de carácter social. Nuestro programa era que,
desde esos campamentos, cada grupo fuera llevado
directamente al lugar en el que sería asentado de ma-
nera definitiva y que, básicamente, eran sus lugares de
origen.
Sin embargo, algunos de los grupos de acompaña-
miento siguieron presionando para que los refugiados

142
El retorno de los refugiados y la paz

entraran por la costa del Pacífico guatemalteco y que


se hiciera un recorrido hasta la capital, y después hasta
Cobán, en la Alta Verapaz, y de allí, a sus lugares de
origen.
La presión internacional no se hizo esperar, y da-
ban apoyo a esta iniciativa que encabezaba Rigoberto
Menchú. Yo me reuní con embajadores, les mostré fo-
tos del tránsito que estos grupos tendrían que seguir.
Nosotros considerábamos sumamente difícil para el
gobierno montar toda la logística; sobre todo por la
situación de salud de mujeres y niños, quienes ten-
drían que transitar y vivir en condiciones críticas, por
lo menos, durante dos semanas.
Pero mi verdadera angustia era que algún grupo
de los que estaba en contra de esta acción pudiera to-
mar ventaja y provocara un atentado que podría dañar
en forma irreparable el trabajo humanitario que de
buena intención estábamos desarrollando.
Tuve una conversación muy larga con Christian
Tomuschat, Relator sobre la Situación de los Dere-
chos Humanos en Guatemala, designado por Nacio-
nes Unidas. Le hice ver los problemas y. sobre todo.
mis temores, le puse un helicóptero para que visitara
los lugares y que recorriera el tramo de caminos que
tendrían que recorrer las familias de Cobán Alta Ve-
rapaz, al norte del Quiché.
Tomuschat hizo su trabajo y llegó a la Casa Presi-
dencial un sábado en la noche, y me dijo:
—Presidente, estoy de acuerdo con usted, pero
¿qué hacemos?
—Primero, si esto se realiza –le respondí– me re-
levo de toda responsabilidad de lo que pueda suceder.
Esto no quiere decir que no les vaya a dar todo el
apoyo de seguridad que sea necesario y aun más, si es

143
La guayaba tiene dueño

posible. En segundo lugar, habría que ver si los países


amigos, que nos han ayudado y que han manifestado
su apoyo a esa idea, estarían dispuestos a colaborar en
establecer un puente aéreo de Cobán a Playa Grande,
en Quiché y así hacer posible la aventura. Tercero, que
no sea más que un grupo y no todos los que hagan el
recorrido, así se logra el efecto de la marcha, pero no
afectamos a todos y hacemos más manejable el asunto.
Por último, usted es el fiduciario de lo que yo le estoy
manifestando y me exime de toda responsabilidad si
algo llegara a pasar.
Tomuschat sonrió y me dijo que le parecían ade-
cuadas mis observaciones y que él trabajaría para que
así se hiciera.
Prácticamente todo lo planteado fue aceptado y
así se hizo. Gracias a Dios la marcha se llevó a cabo
en forma ordenada y sin incidentes. Países amigos
colaboraron con el puente aéreo y lo único fue que,
durante los casi diez días que duraba el traslado, yo no
tenía paz. Constantemente preguntaba cómo iba todo
y solicitaba que se me informara el desenvolvimiento
de cada actividad, pues sabía que un atentado podría
venir de cualquier lado: de los que estaba a favor o de
los que estaba en contra. Cualquier grupo podría usar
esto para adversar el proceso de paz y, por supuesto,
al gobierno.
Logramos la repatriación, los ubicamos con nues-
tros propios recursos, cumplimos con todos nuestros
compromisos. Lo que resulta triste es que nunca los
dueños preguntaron en qué podían ayudar, porque
como ya lo dije, este problema estaba muy lejos, y tal
vez pensaban: “Que la ranchería se las arregle por sí
sola”.

144
El retorno de los refugiados y la paz

Para mí, este programa sin lugar a dudas, cons-


tituyó uno de los retos más grandes que tuve como
Presidente; y quizá una de las satisfacciones personales
más íntimas. Resulta sorprendente cómo los críticos
de mi gobierno nunca mencionan este programa. Sin
embargo, es evidente que sí hacen monografías com-
pletas de todos aquellos casos en los que los intereses
directos de los dueños están comprometidos.
Cuando en algunos ocasiones he manifestado que
la conciencia de algunos de los poderosos de mi país
esta cauterizada, me refiero exactamente a situacio-
nes como esta, en que la miseria humana, el dolor,
el hambre, la marginalidad del desarrollo, no figuran
en la agenda de los que lo tienen todo, porque están
seguros de que el país está organizado por ellos y para
ellos.

145
La guayaba tiene dueño

Intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en enero de


1993, en la que tuve el honor histórico de leer la declaración que, en acuer-
do unánime, habíamos redactado todos los dirigentes del país, por una paz
pronta, justa y duradera. Con su presencia en aquel imponente auditorio, se
avalaba la decisión del pueblo de Guatemala.

146
El retorno de los refugiados y la paz

Esta fotografía fue tomada durante la Reunión de los Partidos Políticos, con
la URNG, en El Escorial, España en el años 1990, yo participé en ella como
Miembro de la Comisión Nacional de Reconciliación CNR.
A la izquierda está Rodrigo Asturias, conocido como Gaspar Ilóm, seudó-
nimo con el cual él se identificaba en el movimiento guerrillero.
A Rodrigo lo conocía desde niño, pues yo visitaba la casa de sus primos,
Gonzalo y Pedro Asturias Montenegro, hijos de Don Maco y doña Teco,
quienes residían en la casa vecina a la tía Lita, con quien vivía Rodrigo y
su hermano y siempre lo recordaré, pues las casas se comunicaban por una
pequeña puerta.
Loli era el sobrenombre que familiarmente se le daba, el era mayor que yo,
y por un tiempo, fue el cuidador del bus escolar en el que yo me iba, pero
como yo era algo inquieto y no pasaba desapercibido, muchas veces me
ordenaba, “vos Serrano sentate aquí cerca de mi para controlarte”.
Rodrigo, era hijo de Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura,
muy amigo y compañero de mi padre, a el le decían Moyas, quien cuando
esporádicamente visitaba Guatemala, visitaba a sus amigos, llegó así una que
otra vez a almorzar a mi casa, y así fue como yo lo conocí.
A la derecha, está Mario Sandoval Alarcón, liberacionista que había entrado
con Castillo Armas en 1954. Mario era el líder de la derecha beligerante del
país, fundador del MLN, prácticamente el barco insignia de la lucha ideoló-
gica y efectiva contra el comunismo y la guerrilla en Guatemala.
Los Sandoval vivían a tres cuadras de mi casa, mi nana, la Rome, que me
cuidó desde que nací, había trabajado en esa casa por muchos años, y cuando
me sacaba a pasear, iba a hacer visita donde los Sandoval, así que para mi, era
muy familiar llegar a esa casa y ser consentido por Mila y Aida, las hermanas

147
La guayaba tiene dueño

de Armando y del Mico como le decían a Mario. Muchas veces, me tocaba


ir dos veces en un mismo día, pues el doctor Fernando Sandoval, padre de
ellos, era amigo de mi papa, y muchas veces cuando daba paseos con él,
pasaba a verlo, y de paso hacer algo de política.
Para a reunión de El Escorial, yo visité personalmente a Mario y le hice ver
la importancia de que él fuera a la reunión con la guerrilla y me dijo ”Mirá
Jorgito, ya hay que ponerle fin a esto, sí voy, solo quisiera que me acompa-
ñara mi sobrino Carlos Rivers”. Siempre admiré este gesto de Mario, pues
para mi era un salvavidas, pero para el país era, ni mas ni menos, un mensaje
determinante y categórico. Corriendo, al salir, llamé a Monseñor Quezada
Toruño, a Tere de Zarco para darles la excelente noticia, y me recuerdo que
ella me dijo, aunque me tenga que robar la plata, pero Carlos va, déjame
eso a mí.
Cada vez que veo esta foto, pienso, que esa es simplemente la punta del
iceberg, pues todo lo que política y familiarmente hay debajo, es mil veces
mas grande que lo que la misma foto comunica. Espero que el Señor, me
de la oportunidad de poder contar muchas otras cosas referente a esa lucha
por la paz.

148
El retorno de los refugiados y la paz

Foto histórica de quienes participamos en la reunión del Escorial, en junio


de 1990 primera que se da dentro del marco del Acuerdo de Oslo, llamado
“Acuerdo básico para la búsqueda de la paz por medios políticos, que firma-
mos con la guerrilla en marzo de 1990.
De izquierda a derecha, primera fila, Abundio Maldonado, Francisco Luis
Gordillo, Tere de Zarco, Cardenal Rodolfo Quezada Toruño, funcionario
de la Cancillería española, Catalina Soberanis, Oliverio García, Eduardo
Meyer. Segunda fila, Luis Morales Chua, Mario Sandoval Alarcón, Carlos
González, Monseñor Juan Gerardi, Jorge Serrano Elías, Mario Permuth,
Gaspar Ilom, Frances Vendrel (ONU), Mario Solórzano, Miguel Ángel
Sandoval. Tercera fila: Carlos Rivers Sandoval, Luis Becker, Miguel Án-
gel Montepeque, Luis Flores Asturias, Pablo Monsanto, Renán Quiñónez,
Carlos Enrique Chavarría, Yago Pico, de la Cancillería española, y Fran-
cisco Villagrán.
Estos difíciles encuentros, no hubieran sido posibles, sin el apoyo y decisión
del Presidente del Gobierno español Felipe Gonzales, un gran amigo y del
apoyo y entusiasmo de la Cancillería, principalmente, del Embajador Yago
Pico de Coaña y de Juan Pablo de la Iglesia, quien en ese momento, estaba
de Embajador de España en Guatemala.
El trabajo para encontrar escenarios neutrales, que presentaran la condi-
ciones para reuniones de este tipo, no era fácil, piases como Noruega, Ca-
nadá, Ecuador, Venezuela, entre otros, fueron muy consecuentes en abrir
sus puertas para otros eventos de esta naturaleza, sin embargo, en nuestras
vecindades, el apoyo de México y de su presidente Carlos Salinas de Gorta-
ri, también un gran amigo, con quien permanentemente y sin formalidades
proporcionaba los apoyos necesario.
Cosa semejante con Oscar Arias en Costa Rica, bajo cuyos auspicios tuvi-
mos las primeras reuniones informales, y posteriormente fue Rafael Angel
Calderón, quien confirmando la vocación democrática y pacifista de Costa
Rica, nos designó a Hernan Casto mi gran amigo y hermano, quien en
ese momento era Vice Canciller, para viabilizar cualquier requerimiento
logístico.
149
CAPÍTULO VII

La paz

Aquí la cosa estaba más clara que el agua. Yo hice


compaña ofreciendo procurar la paz y hacerla reali-
dad; no porque fuera un punto propagandístico, sino
porque verdaderamente creía en eso y lo había demos-
trado con mi trabajo junto a quienes integramos la
Comisión Nacional de Reconciliación. Le habíamos
dedicado muchas horas, días y meses de nuestras vi-
das, para buscar y encontrar un camino posible hacia
la terminación del conf licto que nos desangraba, en-
frentaba y rezagaba.
Como ya relaté antes, todas las veces que hice
algo por la paz, tanto como Presidente del Consejo de
Estado o como miembro de la Comisión de Reconci-
liaron Nacional, corrí riesgos, sufrí amenazas y serios
sinsabores. Pero en mi caso, la suerte estaba echada. El
día que tomé posesión como Presidente de la Repú-
blica declaré tajantemente:
“Después de más de treinta años de con-
frontación y violencia en el país, es imperante
que todos los guatemaltecos y especialmen-
te mi gobierno, fijemos como una de nues-
tras metas principales el logro de la paz y la
La paz

reconciliación; pues hemos vivido una heren-


cia dolorosa de distanciamiento, luto y en-
frentamiento entre hermanos, que reclama un
esfuerzo de todos por superarla.
Buscamos la paz total y no una simple tre-
gua o cese de fuego, conscientes de que la sola
ausencia del conf licto no es garantía de paz si
permanecen las causas que lo motivaron.
Se trata pues, de lograr una paz duradera
fundamentada en la paz social, que elimine
con justicia y solidaridad las causas y razones
que en forma directa o indirecta han servido
para fomentar la permanencia del conf licto,
y que políticamente se den opciones para que
aquellos que se sienten social, económica o
políticamente agredidos, encuentren meca-
nismos no violentos para resolver sus diver-
gencias”.

Yo hablé claro y no engañe a nadie y el pueblo


me eligió, creyó en mí. Si en la DEMOCRACIA la
“voluntad descansa en el soberano” (léase en el pue-
blo), yo entendía muy claramente que mi mandato
estaba, en el caso de la paz, orientado a buscar la paz y
procurarla y punto.
Inteligente y patrióticamente sí; pero sin los pre-
rrequisitos de rendición de la insurgencia o de cese al
fuego incondicional, como los dueños del país y los de
la cúpula militar exigían, porque eso no era ni lógico
ni viable. Exigirlo de esa manera suponía un profundo
desconocimiento de la complejidad del conf licto, tal
como lo explique antes.
De igual modo, la paz que se buscaría no impli-
caba solo un diálogo con la insurgencia, sino acuerdos

151
La guayaba tiene dueño

y compromisos nacionales con todas las fuerzas del


país, pues la paz solo se conseguiría como fruto de un
esfuerzo nacional que garantizara la preeminencia del
bien común sobre el bien individual, el respeto irres-
tricto a la dignidad y derechos de la persona humana
y la modernización y fortalecimiento de las institu-
ciones del país. Se trataba de garantizar los derechos
del individuo frente a los abusos del Estado o de los
poderosos.

La confrontación sorda, pero definitiva

Es obvio que ni los dueños ni los de la elite militar


creyeron que yo sí iba seriamente tras esos objetivos.
Estimaron que yo era otro que llegaba y que se iba
a perder en el camino, con sus dádivas o amenazas.
Cuando se dieron cuenta de que la cosa no era así,
empezaron a decir que yo no escuchaba a nadie, que
era un “aprendiz de dictador”, que me creía el rey
Salomón y que ellos me iban a enseñar que yo era un
pinche presidente.
Esto venía fundamentalmente del sector de los
dueños del país. Los militares eran un poco más sutiles,
ellos me decían: “Señor Presidente, no trabaje tanto,
las cosas van a su tiempo, haga como el Presidente Ce-
rezo, váyase los viernes, firme el despacho y regrese
los martes, así tiene más tiempo para pensar y ya más
descansado, toma decisiones”.
Lo que hoy resulta claro para mí es que cuando los
dueños decían que yo no escuchaba, era porque no les
hacía caso en lo que ellos querían. Lo que yo hacía es-
taba en contra de sus intereses, pero no se animaban a
decirlo así de claro. Ellos querían que yo trabajara por
la paz y que reordenara las instituciones del Estado,

152
La paz

para que después ellos las manejaran a su antojo.


Cuando empezaron a decir que yo era un apren-
diz de dictador y que me creía el rey Salomón y no un
piche presidente, la verdad es que yo me creía un Pre-
sidente y nunca me consideré un pinche presidente.
Ellos no me eligieron, el pueblo me eligió en
contra de ellos y sus súbditos. Yo tenía mil veces más
compromisos con el pueblo y con mi ideales, los que
dicho sea de paso nunca escondí. No estaba dispuesto,
como otros presidentes antes y después de mí, a ser-
virlos y aceptar sus malas crianzas, tolerar las evasiones
de impuestos, sus estafas al fisco, el aprovechamiento
de los recursos del Estado y, como pasó posteriormen-
te, sus políticas delincuenciales.
Si ellos querían que no se les pusieran arbitrios
para cubrir la destrucción de las carreteras de la cos-
ta sur durante la zafra, si ellos querían quedarse con
GUATEL y el INDE, si ellos querían que se pararan
la conversaciones con la guerrilla, si ellos querían que
yo perdiera las elecciones del 91 y las del 93, y tantas
otras cosas, debían de haber entendido y aceptado que
yo, como Presidente y con base en mis compromisos
con el país, no estaba dispuesto a complacerlos.
En justicia, mis prioridades estaban en sentido
diferente a las de ellos; simplemente nuestra agenda
era diferente. Yo tenía a varios de los ministros, para
que dialogaran de modo permanente con ellos en el
marco del diálogo del Pacto Social, con el propósito
de llegar, de modo civilizado, a acuerdos de beneficio
nacional.
Pero ese diálogo los incomodaba, porque estaban
acostumbrados al monólogo y a que se les obedeciera
incondicionalmente. Ese no era mi problema, yo esta-
blecí el mecanismo de entendimiento, no para recibir

153
La guayaba tiene dueño

órdenes, sino para dialogar.


Ellos no terminaban de entender que, aunque yo
no tenía el control del Congreso, sí tenía un manda-
to popular contundente. El problema estaba en que
yo así lo creía, pues ese es el concepto universal de
la democracia participativa. Para ellos la democracia
consistía en “darle al pueblo atole con el dedo” y, para
ellos, un buen trago de whisky.
El resultado de esa confrontación fue que yo salí
con vida, pero ellos se quedaron con Guatemala, ma-
nejándola a su sabor y antojo, y lo que han hecho con
ella es historia.
Todos lo hemos sufrido.

Lo que nunca aceptaron

Quienes hablan de democracia y libertad, nunca


aceptaron que perdieron las elecciones de 1991, aun
teniendo dos candidatos: Jorge Carpio Nicolle, de la
UCN, y Álvaro Arzú Irigoyen, del PAN, con toda la
plata del mundo. Tampoco aceptaron la pérdida de las
elecciones del 93, quince días antes de que me dieran
el golpe, cuando el pueblo en las urnas ratificó una
vez más su respaldo a mis políticas.
Perdieron y querían mandar como que si hubie-
ran ganado; manipularon y destruyeron el país. Hoy
son inmensamente más ricos, más poderosos, más
abusivos, y también viviendo con más miedo, con más
guardaespaldas y coexistiendo con mafias y carteles
del crimen organizado.
Pobres los choferes de buses que no pueden pagar
guardaespaldas, los habitantes de áreas marginales que
tienen que esconder a sus hijas de las maras, los dueños
de pequeños negocios que tienen que pagar impuestos

154
La paz

a los delincuentes para vivir, los que salen de sus casas


y no saben si van a regresar. Ellos sí que la pasan duro,
pues lejos de haberse enriquecido se han empobrecido
y muchos subsisten, no por la pujanza empresarial del
país, sino porque sus seres queridos han tenido que
emigrar, separándose de sus familias, para conseguir
sustento, con la única esperanza de lograr un futuro
digno para sus descendientes.
¿Cómo hacer entender a estos señores que la paz
se construye con tolerancia y respeto, cediendo en sus
privilegios, y limitando sus ambiciones, al punto en
que estas no atropellen las garantías y derechos del
resto de los guatemaltecos?
Nadie niega que el empresariado debe tener un
papel importante en el país, pero, ¿cómo hacerles en-
tender que ellos no son los dueños de la finca, que
hay que compartir y que el país es como un barco
en el que viajamos todos y la función de cada uno es
importante y ninguna despreciable ni marginal? Esa
es la parte fundamental de la paz que ellos no han
entendido o no quieren entender y por eso es que han
ocurrido más muertes después de la firma de la paz,
que antes de ella.
Me pregunto si esto es el resultado de la privati-
zación de la Presidencia y el secuestro del Estado.

La cúpula militar

Con todo realismo tengo que reconocer que la


cúpula militar, una de dos: o creyó en el cuento que
les echaron los dueños, o bien sintieron que sus pre-
bendas y privilegios se les venían abajo.
Creo que se asustaron y desde el 14 de enero de
1993, después de mi discurso de rendición de cuentas

155
La guayaba tiene dueño

a la nación ante el Congreso de la República, empe-


zaron a conspirar abiertamente, pues ya sus motiva-
ciones eran varias.
Sin embargo, la inquietud por el golpe venía de
atrás. Gustavo Porras Castejón, en su libro “Las hue-
llas de Guatemala”, después de hacer una reseña de
la posición del Ejército que, desde el tiempo de Julio
César Méndez Montenegro se oponía a una solución
negociada, cita un comentario que le hiciera el gene-
ral Julio Balconi:
“…en 1992, cuando el Presidente Jorge
Serrano le ordenó a su Ministro de Defensa
que le proporcionara una lista de oficiales que
pudieran integrarse a las negociaciones, este
le respondió que los oficiales no se sentarían
con delincuentes. El Presidente, sin embargo,
reiteró su mandato, pero cuando el general
García se retiró de su despacho, les dijo a sus
funcionarios allí presentes: “Muchá preparé-
monos para un golpe de Estado”. (Páginas 227
y 228)

Hago ver que este incidente fue en julio de 1991,


antes de la reunión en Querétaro, México, es decir,
a escasos seis meses de que yo tomase posesión como
Presidente. Según recuerdo, fui enfático en que no es-
taba pidiéndoles opinión, sino que dando una orden.
Y allí estuvo presente García Samayoa, quien en ese
momento era Jefe de Estado Mayor del Ejército, el ge-
neral Luis Enrique Mendoza, en ese entonces Minis-
tro de la Defensa; y no fue en mi despacho, sino que
en la antesala de la oficina del Jefe de Estado Mayor
de la Presidencia, en la que ciertamente estaban otros
militares presentes.

156
La paz

El germen del golpe de Estado venía desde ese


momento y, como manifesté antes, la misma esposa
de García Samayoa lo expresó. Estoy seguro de que
ellos estaban convencidos de que yo, al igual que Julio
César Méndez Montenegro o Vinicio Cerezo Aréva-
lo, cedería a sus posiciones de no involucrar al ejército
en la búsqueda de una paz negociada y civilizada.
Resulta que al convencerse ellos de que conmi-
go era diferente, entonces los señores militares de la
cúpula, en la madrugada del 30 de mayo, les entró el
fervor por la defensa de la Constitución, la cual estoy
seguro que ni siquiera habían leído, pues en el Artícu-
lo 244 claramente establece:
“El Ejército de Guatemala es una institución des-
tinada a mantener la independencia, la soberanía y el
honor de Guatemala, la integridad del territorio, la
paz y la seguridad interior y exterior.
Es único e indivisible, esencialmente profesional,
apolítico, obediente y no deliberante”.
Queda absolutamente claro que en la Consti-
tución, al Ejército no se le da la función de pedirle
la renuncia al Presidente, como tampoco se le da la
función de tutelar a los políticos en sus actuaciones;
mucho menos se le da discrecionalidad para establecer
cuándo la política de un Presidente respecto a la ob-
tención de la paz debe ser previamente aprobada por
ellos.
La Constitución es clara, pero muy clara: “el Ejér-
cito debe ser profesional, apolítico y no deliberante”.
Salirse de esto es violar la Constitución, sobre todo
cuando el artículo 246, claramente establece:
“El Presidente de la República es el Comandante
General del Ejército e impartirá sus órdenes por con-
ducto del oficial general o coronel o su equivalente

157
La guayaba tiene dueño

en la Marina de Guerra, que desempeñe el cargo de


Ministro de la Defensa Nacional”.
Queda claro que la Constitución establece una
única cadena de mando, la cual el ejército está obli-
gado a respetar. De aquí pues que el ejército debe
cumplir con la ley, y su actuación no está sujeta a la
presión, conveniencia o disposición de ningún grupo
de presión, sea este el CACIF, el GAM, la Instan-
cia Nacional de Consenso, los patrulleros civiles, el
Grupo Pirámide, las Muchachas Guías, las Sociedades
Protectoras de Animales, el Comité de Solidaridad
con las Especies en Extinción, etc. Y mucho menos
del Jefe de la G2, Dirección de Inteligencia del Ejér-
cito.
Resulta que ahora todos estos señores se confabu-
lan para defender la Constitución, violándola. Eso es
como decir que se va a proteger la virginidad de una
niña, abusando de ella.
En mis largos ratos de ref lexión he llegado a pen-
sar que a los señores de esta cúpula militar, cuando les
enseñaron el concepto de obediencia, no les explica-
ron que esa obediencia no era a los dueños del país, sino
que a sus superiores.
Siempre recuerdo las palabras que les dije en el
despacho del Ministro de la Defensa, cuando me esta-
ban dando el golpe: “Este no es problema de ustedes,
es un problema político y es a nosotros, los políticos,
a los que nos toca resolverlo”. También les dije: “De
esto que ustedes están haciendo, se van a arrepentir al
involucrar al Ejército”.
Y como les profeticé, los dueños los usaron, los
manejaron, los instrumentalizaron y después ellos
mismos los desecharon, los humillaron, y lo que ellos
temían: los redujeron; y lo que es peor, entregaron el

158
La paz

país al crimen organizado.


Me imagino lo que estarán pensando ahora los que
fueron instrumentalizados como “títeres de una sola
función”. A muchos de ellos los veo en la Asociación
de Militares de Guatemala (AVEMIGUA) firmando
declaraciones defendiéndose, justificándose y hacien-
do todo lo posible por no ir a la cárcel, ahora que
sus aliados “los tiraron a los leones” y los usan como
fachada para esconder las atrocidades que ellos, los due-
ños, han cometido. Basta leer a Lafitte Fernández en el
libro “Crimen de Estado. El caso del Parlacen”.

A pesar de la conspiración

A pesar de la conspiración y ejerciendo mis dotes


“dictatoriales”, incluí al Ejercito en la delegación del
Gobierno de Guatemala, y con la invaluable coopera-
ción de Monseñor Rodolfo Quezada Toruño y Tere
de Zarco, por un lado, y la del Presidente de México,
Carlos Salinas de Gortari, por el otro, logramos que
se llegaran a sentarse en una misma mesa, en Que-
rétaro, el gobierno con los dirigentes de la guerrilla
insurgente, aglutinados en la URNG. Fue así como,
el 25 de julio de 1991, se firmó el primer acuerdo
entre el Gobierno de la República y la insurgencia,
en la ciudad de Querétaro, México, al que se le de-
nominó, “Acuerdo de Querétaro”, un acuerdo marco
sobre democratización para la búsqueda de la paz por
medios políticos.
El acuerdo fue suscrito, por parte del gobierno,
por el licenciado Manuel Conde, el ingeniero Mano-
lo Bendfeldt Alejos, el licenciado Fernando Hurtado
Prem, el general José Domingo García Samayoa, el
general Mario René Enríquez Morales, el coronel

159
La guayaba tiene dueño

Julio Balconi Turcios, el coronel Marco González


Taracena, el licenciado Ernesto Viteri Echeverría, el
ingeniero Amílcar Burgos Solís y el señor José Luis
Asensio Aguirre
Por parte de la Unidad Revolucionaria Nacional
Guatemalteca (URNG), suscribieron el Acuerdo: su
comandante, Gaspar Ilom, comandante Pablo Mon-
santo, comandante Rolando Morán, y los miembros
de la comisión Político Diplomática de la URNG:
doctor Francisco Villagrán Muñoz, doctor Luis Be-
kker Guzmán, licenciado Miguel Ángel Sandoval y
licenciado Mario Castañeda.
Por la Comisión Nacional de Reconciliación
f irmaron: Monseñor Rodolfo Quezada Toruño,
Conciliador; señora Teresa Bolaños de Zarco, profesor
Alfonso Cabrera Hidalgo, licenciado Mario Permuth
Listwa, licenciado Oliverio García Rodas, mientras
que por las Naciones Unidas rubricó el documento el
doctor Francesc Vendrell.
Ahora, con el correr de los años, me pregunto,
cómo es posible que los generales Enríquez Morales y
García Samayoa fueran partícipes, en 1993, del golpe
de Estado contra mí?
Ellos estuvieron sentados conmigo y la Comisión
de la Paz del Gobierno por horas y horas en la Casa
Presidencial; siempre oyeron de mi parte instruccio-
nes de mantener la dignidad y legalidad del Estado y
del Ejército, llevar las negociaciones con apego a la
justicia y las conveniencias del país, como consta en el
documento “Iniciativa para la paz total de la Nación”,
que yo firmé, como Presidente, el 8 de abril de 1991,
así como la “Respuesta al Planteamiento Global de la
URNG”, en mayo de 1992.

160
La paz

Esos generales conocieron, estudiaron y discutie-


ron hasta la saciedad el documento que, finalmente,
yo firmé el 30 de junio de 1992. Nunca, ninguno de
los dos, comentó nada contrario al espíritu en que se
llevaba adelante el diálogo; aportaban ideas y colabo-
raban. De repente, yo era el monstruo que quería vio-
lentar la firma de la paz. Lo curioso es que esto solo
sucedió después de las conversaciones entre Dionisio
Gutiérrez y Otto Pérez Molina, descritas ampliamente
por Juan Luís Font y Rachel McCleary y otros autores
mas, las que se venía llevando a cabo desde enero del
93.
A pesar de todo logré, antes de que me dieran el
Golpe, que firmáramos el documento “Puntos para
un Acuerdo sobre Derechos Humanos”, instrumento
que fue vital para definir las garantías que el Gobierno
de Guatemala daría a los refugiados que serían repa-
triados desde México. Yo hice una declaración uni-
lateral sobre el cumplimiento de esos puntos y acepté
la supervisión de Naciones Unidas, hechos estos que
fueron ampliamente reconocidos por la comunidad
internacional e hicieron posible que 35,000 guate-
maltecos abandonaran los campos de refugiados y se
incorporaran a su país con dignidad y respeto.

Cosas curiosas

Cuando vi, con el tiempo, cómo el general Pérez


Molina, con los miembros de la Comisión de Paz de
Arzú, corrían de un lugar a otro en Europa y Amé-
rica, firmando todo tipo de acuerdos, entendí que los
dueños ya habían dado el sí.
Todo me resultó mucho más claro cuando, en
el marco de la conmemoración de los 15 años de la

161
La guayaba tiene dueño

Firma de la Paz, Álvaro Arzú dijo, en una entrevista


que le hiciera Elsie Sierra en el segmento “Cafecito
Dominical” de Telediario, canal abierto de Guatema-
la, que “la firma de la paz para él fue fácil, que se sen-
tó con los dirigentes guerrilleros en El Salvador, que
se dieron las mano y... ¡ya!”. De esa manera los dueños
del país habían logrado la paz que querían: un cese al
fuego, una terminación de hostilidades, firmar lo que
fuera y después cumplir lo que quisieran.
El único consuelo es que, aunque nada mejoró en
Guatemala y aunque los dueños ahora se quedaron so-
los en el ejercicio del secuestro del poder, hay algo que
tenemos que reconocer al Presidente Arzú, y es que ya
no hay muertos como consecuencia de ese conf licto.

162
CAPÍTULO VIII

Y entonces, ¿Por qué el Golpe?

Esa era la pregunta que insistentemente me hacía


frente a lo sucedido; cuando me vi frente al golpe de
Estado que me propinaron. Declaro que aunque esta-
ba en el centro del huracán, me era sumamente difícil
poder entender lo que estaba pasando. La complejidad
de los acontecimientos, la actitud de los actores, los
intereses de los grupos y de las personas, hacían suma-
mente difícil para mí entender lo que ocurría.
Pensaba, para mis adentros, quizá ingenuamente,
que el buscar la paz era indiscutiblemente un obje-
tivo nacional, que el estabilizar la economía, sin un
“shock” social, sin afectar más a los ya empobrecidos,
era también un deseo generalizado. Que repatriar a
los refugiados y regresarlos con dignidad a su país,
era también un anhelo bien aceptado. Que luchar por
la reinserción de Guatemala en la comunidad inter-
nacional nos favorecía a todos. Consideraba que re-
solver el caso de Belice como parte de esa estrategia
nacional, sería ampliamente respaldada por todos los
sectores, en particular los que se suponía que tenían
cierta inteligencia y capacidad para razonar.
La guayaba tiene dueño

En resumen, creía que la creación de las condicio-


nes mínimas de civilización y conciencia humanitaria
figuraban como intereses de todos los grupos y secto-
res: intelectuales, económicos, étnicos, y en general,
de la sociedad en su conjunto.
Casi veinte años de estar sometido a una perse-
cución sin precedentes en la historia del país y de un
humillante exilio, me han servido para que, alejado
de las pasiones, de los prejuicios y, por qué no decirlo,
alejado también del ambiente de la cultura de muer-
te, corrupción y cinismo en el que se desenvuelve la
sociedad guatemalteca, he podido ref lexionar mucho.
He podido estudiar, conversar con amigos, correli-
gionarios e incluso con algunos de los enemigos co-
yunturales que tuve en esos momentos críticos que
describí antes.
Como decía, he ref lexionado tratando de alejar-
me, tanto como humanamente es posible, de los pre-
juicios, y tratando de buscar la mayor objetividad en
el estudio de múltiples documentos. He buscado, más
que su letra, el espíritu bajo el cual fueron elaborados,
escritos o usados en cada estadio del conf licto.
Cada vez más, encuentro que la crisis que se pro-
vocó con mis acciones y salida del gobierno, ha servi-
do para poner en evidencia situaciones que en nuestro
país han venido existiendo, pero que lamentablemente
fueron mediatizadas.
Lo positivo de toda mi experiencia vivida tiene
su raíz en una generación de personas que tenían su
ombligo bien enterrado en Guatemala; que tenían
apego a valores tales como el patriotismo, la justicia, la
libertad, la democracia, y que con sus actitudes y posi-
ciones, hicieron que en cada momento se pudiera vi-
vir con la genuina esperanza en un cambio; esperanza

164
Y entonces, ¿Porqué el Golpe?

que hoy, aparentemente, no existe.


Confieso ingenuamente que creí en esos valores,
por los que hombres y mujeres, verdaderos patriotas,
se expusieron, fueron perseguidos e incluso hasta mu-
rieron. Creía que esos valores significaban lo mismo
para todos los guatemaltecos; y que siendo conceptos
universales, todos entendíamos lo mismo cuando los
invocábamos. Pero, ¡oh, sorpresa!, ni son los mismos
para cada uno, ni significan lo mismo, ni se enseñan,
ni ejercen de la misma manera en cada grupo de gua-
temaltecos.
Muchísimas vivencias impactaron mi vida y mi
formación en general. Desde la educación en mi
hogar, el ejemplo y consejos de mi padre; los estu-
dios universitarios en las facultades de Ingeniería y
de Humanidades de la Universidad de San Carlos; la
participación política en la dirigencia del movimiento
estudiantil, tanto en la Asociación de Estudiantes de
Ingeniería (AEI) como en la Asociación de Estudian-
tes Universitarios (AEU).
De igual modo inf luyeron en mí los estudios en
Suecia, los de posgrado en los Estados Unidos, princi-
palmente los que realicé en la Universidad de Stanford,
California. Fue también importante la experiencia,
el trabajo en instituciones internacionales, particu-
larmente en la Secretaría de Integración Económica
Centroamericana (SIECA), y en la Organización de
Estados Americanos (OEA).
No me cabe la menor duda de que todo esto me
sirvió para salir del “aldeanismo” y tomar contacto
con un mundo diferente al que se nos querían impo-
ner en Guatemala.
Por otro lado cuentan mis vivencias como em-
presario: las limitaciones para realizar los proyectos,

165
La guayaba tiene dueño

las angustias de los días de pago de planillas, las pre-


siones de los créditos, los pagos a proveedores. Todo
ello desgasta, requiere sacrificios, los que no se pue-
den ignorar. He vivido en diferentes etapas de mi vida
las más diversas realidades en mis negocios. Todos son
hechos que han sido parte integral de mi formación.
El trabajo con las cooperativas y con los promoto-
res sociales de la Universidad Rafael Landívar, de Gua-
temala, así como el contacto que tuve con la realidad
educativa, de salud y bienestar social, cuando dirigí el
Plan de Desarrollo Social para el período 74–79, en
la Secretaría General de Planificación (SEGEPLAN)
me pusieron en contacto con una realidad que intuía,
pero que no la conocía en toda su dimensión y, sobre
todo, con la problemática que presenta y limita la re-
solución de los problemas del país.
Todo eso me formó. Pero hay dos cosas que im-
pactaron profundamente mi espíritu. La primera,
cuando como Presidente del Consejo de Estado, tuve
contacto y vi con mis propios ojos la realidad de la
verdadera y humillante miseria en que los desplazados
moribundos bajaban de la montaña, arriesgando sus
vidas para encontrar una mínima esperanza de vida.
La segunda, cuando como Coordinador del Plan de
los Cien Días, después del terremoto de 1976, visité
las comunidades destruidas y enlutadas, en las que la
miseria no les daba ni siquiera el derecho a llorar a sus
muertos.
Perdónese mi brusquedad al expresarlo, pero to-
davía se me hace intolerable y ofensivo escuchar los
argumentos interesados de los empresarios, políticos,
formadores de opinión, e incluso intelectuales, que
hablan de la realidad guatemalteca sin conocerla, sin
entenderla y, por supuesto, sin la más mínima vocación

166
Y entonces, ¿Porqué el Golpe?

para resolverla.
Todos hablamos de libertad, democracia, desa-
rrollo, justicia y tantos otros conceptos que usamos
como valores sublimes, universales e indiscutibles. Lo
importante sería saber qué entendemos cada uno de
nosotros respecto de esos valores. ¿Será lo mismo el
concepto de justicia para un empresario miembro del
Grupo Pirámide, que para un empresario medio, o
para un profesional o para un habitante del interior
del país que vive en una cabecera municipal o en una
aldea sin luz ni agua potable, sin acceso a la educación
ni a los servicios de salud?
Sin ánimo de entrar en acusaciones de carácter
condenatorio, pero sí en aras de encontrar caminos
que nos conduzcan por sendas de realismo, los últi-
mos veinte años de ref lexión me han demostrado que
los conceptos difieren según la posición de cada actor
social.
No dudo que, desde los asalariados hasta los em-
presarios (pequeños, medianos y grandes, no pirami-
dales) pasando por los profesionales, existe la posibi-
lidad de que los conceptos antes mencionados tengan
algún nivel de similitud y cercanía. Sin embargo, para
algunos miembros del gran capital, que lamentable-
mente tienen gran inf luencia en los medios de comu-
nicación, en los organismos y estamentos del Estado,
en los jueces, magistrados, fiscales, sus propios inte-
reses son predominantes e irrenunciables. Ellos, que
por tradición son conocidos como “dueños del país”,
aunque son muy pocos son muy inf luyentes. Para
ellos, la mayor parte de los habitantes del país no son
compatibles con sus conceptos.

167
La guayaba tiene dueño

En la sede de la OEA, en Washington, presidiendo una reunión de la Comi-


sión Ejecutiva Permanente del Consejo Interamericano para la Educación,
la Ciencia y la Cultura. A la izquierda, el Secretario General de la OEA,
doctor Alejandro Orfila, y a la derecha el licenciado Jorge Luis Zelaya Co-
ronado.

168
Y entonces, ¿Porqué el Golpe?

Sesión solemne del 14 de septiembre de 1982, cuando se instaló el Con-


sejo de Estado, organismo encargado de diseñar el proceso de retorno a la
constitucionalidad, después del golpe de Estado de marzo de ese año. Este
organismo creó el Tribunal Supremo Electoral y La Nueva Ley de Partidos
e Instituciones Políticas.

169
La guayaba tiene dueño

En 1983, siendo Presidente del Consejo de Estado, fui recibido en la Oficina


Oval de la Casa Blanca por el presidente Ronald Reagan y el vicepresidente
George Bush. Aparecen también el entonces embajador de Estados Unidos
en Guatemala, Fred Chapin y el embajador de Guatemala en Washington,
Jorge Luis Zelaya Coronado.

170
Y entonces, ¿Porqué el Golpe?

Asamblea General de la International Democratic Union, Tokio Japón, un


año antes de ser electo Presidente de Guatemala. Momento en que era fe-
licitado por la Primera Ministra de Inglaterra, Margaret Thatcher, y por el
Vicepresidente los Estados Unidos, Dan Quayle, por la designación como
uno de los vicepresidentes de dicha organización.

171
La guayaba tiene dueño

En el Palacio de Oriente, con los Reyes de España, en la recepción que


ellos ofrecieron en ocasión de la visita oficial que se realizara a España en
el año 1992.

172
Y entonces, ¿Porqué el Golpe?

Foto con el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, con quien tuvimos
una buena amistad, y quien fue un gran aliado político de nuestro país, en
aspectos tan trascendentes para nuestra política internacional, el proceso de
paz y el caso de Belice.

173
La guayaba tiene dueño

Participación como observador, Presidiendo la Delegación de la IDU, en


las elecciones de Nicaragua, aquí junto a la Presidenta Electa Violeta Cha-
morro.

174
CAPÍTULO IX

Días antes del golpe

En verdad, yo consideraba que mi gobierno estaba


caminando bien: la economía, creciendo; los salarios
incrementando su valor adquisitivo en forma signifi-
cativa; las tensiones sociales con una clara tendencia a
reducirse; la situación fiscal haciéndose manejable al
disminuirse los subsidios.
Con la actualización tributaria y los impuestos
de estabilización, el presupuesto se hacía mucho más
manejable; y como puse al día los préstamos en las ins-
tituciones internacionales de crédito, se abrieron sus
ventanillas de nuevo, y se planteaba la posibilidad de
tener fondos para la inversión social y la infraestruc-
tura, detenida durante el gobierno de Vinicio Cerezo
Arévalo.
Por otro lado, se había firmado un nuevo acuer-
do con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para
apoyo en la balanza de pagos; la política internacio-
nal, encaminada a lograr un reconocimiento de acep-
tación para el país, tenía un éxito interesante, sobre
todo por tres aspectos fundamentales. En primer lu-
gar, la política realista y moderna respecto de la so-
lución del problema de Belice. En segundo lugar, el
La guayaba tiene dueño

reconocimiento de la comunidad internacional a los


esfuerzos del Gobierno en su búsqueda por la paz y,
por ende, la finalización de un conf licto armado que
ya llegaba a los treinta años, el que en ese momento
era el más viejo de América. Y, en tercer lugar, los
progresos en materia de derechos humanos, que esta-
ban claramente reconocidos por el relator especial de
Naciones Unidas, Dr. Christian Tomuschat, así como
en los reportes de varias instituciones y organismos
internacionales.
Paralelo a esto, en los sondeos de opinión que se
realizaban, la popularidad del Gobierno y la mía en
lo personal, estaban siempre por arriba del 60%, lo
que me hacía saber que el apoyo de la población en
términos de su aprobación a las acciones de gobierno
era una realidad.
Todos esos hechos, claros y comprobables, fueron
reafirmados el día 9 de mayo de 1993, cuando mi par-
tido Movimiento de Acción Solidaria (MAS) obtuvo
más del 50% de los votos en las elecciones municipales
del país. Ello, a pesar de que el “sector privado” (léase
Grupo Pirámide) había instado a los partidos y comi-
tés cívicos de oposición a que se unieran o hicieran
coaliciones en todo el país para derrotar al MAS. Supe
después que estos dirigentes y sus candidatos, recogían
dinero en la propia Cámara de Industria para sustentar
sus candidaturas.
Recuerdo que esa noche del 9 de mayo, me pre-
senté en el Parque de la Industria a escuchar la confe-
rencia de prensa donde el Tribunal Supremo Electoral
daba a conocer los resultados de las elecciones. Obser-
vé que el ambiente era como el de un funeral: los par-
tidos políticos y sus dirigentes tenían, como se dice,
cara de circunstancias. La mayoría de los políticos de

176
Días antes del golpe

oposición y los fiscales de los partidos se habían retira-


do. Obviamente, yo estaba feliz y mis correligionarios
también. Di una entrevista a los medios de comuni-
cación que aún se encontraban en el lugar y luego me
dirigí a la casa de nuestro partido.
Cuando íbamos hacia la sede del MAS, el gene-
ral Francisco Ortega Menaldo, Jefe del Estado Mayor
Presidencial me dijo:
—Yo no estaría tan contento, señor Presidente.
Esto es lo peor que nos pudo haber pasado y le reco-
miendo que no lo festejen mucho.
Confieso que sus palabras me cayeron extrema-
damente mal. No entendía cómo él podía decir que
el apoyo popular otorgado por el pueblo en forma tan
contundente, podría ser malo para un gobierno de-
mocrático. Algunos de los que oyeron esas expresio-
nes no tardaron en comentarlas, sin que nadie, enten-
diera qué había detrás de ellas. Sin embargo, en esos
momentos la tensión se sentía en el ambiente, casi se
podía cortar con el filo de un cuchillo.
El 12 de mayo, en horas de la tarde, se presentó
un amigo mío a la Casa Presidencial. Pidió hablarme
de urgencia y lo hice pasar, pensando que tenía algún
problema. Cuando entró en mi despacho, me pre-
guntó en forma un poco alterada, si yo creía que nos
estarían grabando. Entonces le dije, para que tuviera
confianza, que saliéramos a caminar por los corredo-
res, y así lo hicimos. De inmediato me dijo:
—Mirá Jorge, de muy buena fuente supe que ayer
se reunieron en casa de los Gutiérrez, en La Antigua
Guatemala, algunos empresarios y dos o tres milita-
res, para analizar lo que pasó el domingo anterior en
las elecciones. Dijeron que después de lo que había
pasado no habría forma de pararte, que lo único que

177
La guayaba tiene dueño

les quedaba era matarte o matar a uno de tus hijos,


para desmoronarte como a Menem.
Apenas creí lo que me dijo, pero cuando el amigo
se retiró asocié lo que el general Ortega Menaldo me
dijera el día de las elecciones y me entró una gran
duda y una gran inquietud.
Durante toda la noche medité en qué hacer. No
quise hablarlo con nadie. Al día siguiente llamé al ge-
neral Ortega a mi despacho y le comenté lo que me
habían contado. Le dije que pensaba jugármela solo y
que pensaba sacar a mi familia del país, pues en todo
caso el responsable de todo era yo y por supuesto, el
que tenía que correr los riesgos. Me escuchó con aten-
ción y casi sin meditarlo me dijo:
—Señor Presidente, si usted saca a su familia, es-
taría dando un mal mensaje, yo le respondo con mi
vida por la vida de usted, la de doña Magda y la de sus
hijos, pero por favor, no los saque del país.
Lo que me dijo me tranquilizó un poco; sin
embargo, les pedí a todos que no salieran de la Casa
Presidencial, hasta que tuviéramos más información
sobre lo que estaba sucediendo.
En esos días había recibido la carta del presidente
del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas,
Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF),
Mario Granai, en la que requería que detuviera las
negociaciones con la guerrilla, argumentando que
esa agrupación estaba débil y que era muy peligroso.
(Véase el anexo Cuatro)
No entendí la lógica del argumento, pero sí la
intención; sobre todo cuando me contaron que en la
redacción de la carta estaba la mano del coronel Otto
Pérez Molina, director militar de inteligencia (G2).
Me pedían, en la misma carta, una cita y se las di.

178
Días antes del golpe

La reunión no fue nada feliz, pues ya un tanto


molesto, les dije que yo quería parar el derramamiento
de sangre, y que si ellos querían continuarlo, que me
mandaran las listas de los que irían al frente, porque
yo iba a retirar a los soldados que se estaban muriendo
allí, sin saber ni por qué.
Al terminar esa reunión, me quedó un vacío en
el estómago, como cuando se presiente algo malo. In-
quieto como estaba, llamé al general Ortega, le referí
lo sucedido y me dijo:
—Señor Presidente, la cosa está difícil, hay un
golpe de Estado caminando. O nos lo dan o se los
damos.
Cuando salió, confieso que me quedé más con-
fundido. Yo seguía pensando que todo estaba bien,
qué carajos estaba pasando, cuál era la fuente de tan-
to odio y tanto rencor. En realidad no lo entendía.
Esto coincidió con que el Vicepresidente Espina se
encontró con Fernando Andrade Díaz–Durán, quien
le dijo que nosotros estábamos ciegos y que qué cara-
jos le estaba pasando a Ortega, que ya había un golpe
gestándose y no lo desarticulaba. También la esposa
del mismo vicepresidente, se encontró con la esposa
del Ministro de la Defensa, general Domingo García
Samayoa, viniendo ambas en un vuelo de Miami, y
le comentó que si las cosas seguían así, nos darían un
golpe de Estado.
Con el tiempo, y ya en el exilio, leyendo el libro
Dictating Democracy, de Rachel McCleary, encontré
que en la página 164, la autora refiere una conversa-
ción con un hombre de negocios, quien le pidió per-
manecer en el anonimato. Él le contó que el 3 de ju-
nio, días después del golpe, en una reunión en casa de
Juan Luis Bosch, convocada por Juan José Gutiérrez y

179
La guayaba tiene dueño

en presencia de otros empresarios, el general Domin-


go García Samayoa, entonces Ministro de la Defensa
Nacional, dijo que la única forma que él tenía “para
parar a Serrano, era pegándole un tiro”.
Al leer lo expuesto por McCleary en su libro, en-
tendí que todo lo que nos habían dicho era verdad;
y agradezco a Dios que nos haya protegido, pues la
conspiración era mucho más real de lo que se pensaba
y vi muy claro que era motivada por los temores e
insatisfacciones de una pequeña cúpula militar y una
también pequeña cúpula empresarial.
Ya aquí la cosa se hacía evidente, no así quiénes,
cómo y cuándo; pero como dice el dicho, “al diablo
siempre se le ve la cola”.
Tanto en el libro de McCleary, como en el artí-
culo del periodista Juan Luis Font, titulado “La his-
toria tras bambalinas”, en referencia a la junta entre
Dionisio Gutiérrez y Otto Pérez Molina, realizada el
29 de mayo, los autores coinciden cuando se lee:
“La reunión que habría de señalar la alianza entre
sectores civiles y militares para derrocar a Serrano se
desarrolla en el curso de esa madrugada” (Siglo XXI,
Magazine 21, Nº 56 del 22 de mayo de 1994).
En ese mismo artículo, Font hace dos comenta-
rios muy importantes para entender la trayectoria de
la conspiración, cuando afirma:
“Nada podía inquietar más a los oficiales del Ejér-
cito que una decisión tan aventurada de un Presidente
al que se le desconfía tanto. Un Presidente que em-
peñado en la firma de la paz, no dudaría en sacrificar
al Ejército para alcanzar este logro político. Para los
oficiales, Serrano había perdido la solvencia moral en
ese malhadado viaje a Nueva York.”
Primero: Observemos que el argumento que se

180
Días antes del golpe

esgrime en ese artículo, es decir, el temor de los ofi-


ciales es, en esencia, el mismo que se expone en la
carta del CACIF, de fecha 11 de mayo. Esto indica
que la reunión entre Otto Pérez y Dionisio Gutiérrez
fue para confirmar y fijar el plan de acción final en el
que ya habían venido trabajando y coordinando entre
ambos grupos. Prueba de ello es, también, que Pérez
Molina invitó a varios del grupo de los allegados a los
Gutiérrez, para que dieran charlas a los oficiales de
la G2, con lo que logra que los oficiales a su mando
estuvieran en la misma línea golpista.
Hago ver que esto último se lleva a cabo mucho
antes del 25 de mayo, día en que disuelvo el Congreso
y la Corte Suprema de Justicia. Por otra parte, tam-
bién hago ver que en la comisión que estaba llevando
a cabo las negociaciones con la guerrilla, estaba de-
bidamente representado el Ejército, con oficiales de
prestigio y carácter. Ellos eran testigos de la forma en
que se buscaban los consensos en la Casa Presidencial
para elaborar y presentar las posiciones del gobierno
en la mesa de negociaciones.
Segundo: Observamos cómo Font hace mención
al incidente de Nueva York, como un hecho que mina
mi solvencia moral dentro del Ejército, cuando se sa-
bía que ese incidente fue planificado y llevado a cabo
por la dirección de inteligencia G2 a cargo de Otto
Pérez Molina, con la participación activa del general
José Domingo García Samayoa.
Efectivamente, fue un día lleno de éxitos en Nue-
va York, en el que, como Presidente de Guatemala y
acompañado de toda la dirigencia política y social del
país, pronuncié un discurso en el cual fijamos una po-
sición total y nacionalmente consensuada. Tan es así,
que el texto del discurso mismo, fue elaborado en un

181
La guayaba tiene dueño

salón del hotel en Nueva York, con la participación de


todos los integrantes de la delegación.
Todos estábamos eufóricos: se le había puesto el
cascabel al gato. La guerrilla estaba acorralada y ahora,
por primera vez, la comunidad internacional en pleno
nos apoyaba y veía con agrado y sobre todo con con-
fianza, la sólida posición de las fuerzas democráticas
del país.
Mientras esto acontecía, la G2 trabajaba activa-
mente en desvirtuar el triunfo de la democracia re-
presentativa del país, contratando a un camarógrafo
para que se presentara a una “barra show” con el fin
de tomar un video.
Yo nunca pedí ir a ese lugar. Fui llevado, acom-
pañado de mis hijos y de toda la delegación. Cuando
llegué al sitio, dije que yo no quería entrar. Entonces,
un oficial me dijo que estaba bien, pero que esperára-
mos a que llegara el general García Samayoa, pues él
dijo que iría a realizar un mandado y quedó que allí
se juntaría con nosotros.
Permanecimos esperando por espacio de quince a
treinta minutos. Llegó García Samayoa y pedí que nos
retiráramos. Entonces se me informó que la televisión
estaba afuera. Ingenuamente pensé que qué iba a estar
haciendo la televisión en Nueva York, en las afueras,
en una calle marginal; que eso era un absurdo. Pero
allí había una luz, grabándolo todo a la loca. Horas
después ese video estaba siendo transmitido por la
cadena Univisión, con toda una versión que era im-
posible que la hubiera redactado un camarógrafo que
“casualmente pasaba por allí”.
Lograron el escándalo que los golpistas querían; y
ya después, las disculpas presentadas por Univisión, así
como otros testimonios, no sirvieron de nada: habían

182
Días antes del golpe

golpeado mi integridad y reputación. Y aún más, al


país y a la esperanza justa del pueblo por la paz. Esta
conspiración y su historia íntima y sórdida, amerita
otro libro que tengo en preparación. (Véase Anexo:
Cinco)
Puedo ahora decir que “aquí el diablo ya no solo
enseñó la cola, sino que trajo un retrato de cuerpo
entero”. A la luz de todo lo anterior, hoy sí que tiene
sentido la observación de Ortega Menaldo: “O nos
dan el golpe, o se los damos”. Mi conclusión ahora,
después de tantos años, es que el golpe yo lo di, pero
no a quien debía de habérselo dado; entonces ellos me
lo dieron a mí.
La conspiración quedó clara, venía gestándose
desde muchos meses antes. Las macabras intenciones
de matarme a mí, matar a uno de mis hijos, o darme
el golpe de Estado, encontraron un detonante con los
eventos del 25 de mayo, los que pusieron velocidad a
los acuerdos del 29 de mayo, entre Otto Pérez Molina
y Dionisio Gutiérrez, aparentemente en representa-
ción de sus respectivos sectores.
Ahora solo suena en mis oídos las palabras que
pronunció el oficial del Ejército que me seguía cuan-
do, el 31 de mayo de 1993, salíamos del despacho del
Ministro de la Defensa: “Otra traición vos, hijo de la
gran puta”.

183
CAPITULO X

La construcción de la fachada

De lo relatado por algunos de los cronistas del


golpe de Estado del 1º de junio de 1993, orquestado
por la alianza Gutiérrez Bosch–Pérez Molina, se de-
duce que sus principales problemas para consolidarlo
estaban en lograr legalidad, sea como fuere y, en con-
secuencia, obtener una legitimidad aunque fuera de
fachada.

Fachada de legalidad

Está claro en la legislación guatemalteca, que al


Presidente de la República no se le puede destituir;
solamente si el Congreso (después de seguir un lar-
go procedimiento avalado por una mayoría calificada
de votos) lo declara loco o simplemente en estado de
interdicción, por lo tanto incapacitado mentalmente
para ejercer el poder.
Gracias a Dios que a estos señores no se les ocurrió
este procedimiento, pues si no, aun estaría en un ma-
nicomio, sirviendo de escarnio para el cumplimiento
de sus aviesos fines. La “solución” encontrada por los
asesores del Ministro, ante la rotunda decisión mía de
La construcción de la fachada

no renunciar, fue declarar el abandono del puesto, sin


importar que yo estuviera sentado en mi escritorio y
en mi propio despacho.
Causa espanto que esta solución fue encontrada
y sugerida por cuatro abogados ajenos a la Corte de
Constitucionalidad: Eduardo Palomo Escobar, Marco
Augusto García Noriega , Fernando Quezada Toruño
y Carlos Enrique Reinoso Gil. Eso sí, con la autoridad
e investidura que proporciona el decretar la legalidad
de un acto como ese, en el propio despacho del Mi-
nistro de la Defensa, apoyados en los fusiles, y “acon-
sejando” a un par de timoratos magistrados (García La
Guardia y Larios Ochaita), quienes también habían
concurrido al despacho a prestar sus servicios legales y
ponerse a disposición de los “patriotas”.
Según ellos, en defensa de la democracia, la viola-
ban, atropellando no solo sus instituciones, sino tam-
bién ignorando fundamentales y sagrados principios
del derecho. Estos principios, si los viola un individuo
o autoridad común, constituye un hecho delezna-
ble, paro si lo hace el ente encargado de defenderlos
es horroroso, como lo calificó el propio Ramiro de
León Carpio, en aquel momento Procurador de los
Derechos Humanos, cuando en la entrevista dada al
periodista Haroldo Shetemul, manifestó:
“…la resolución emitida por la Corte el 25 de
mayo en contra de Jorge Serrano, fue una resolución
política, que si bien ayudó a salir de la crisis, de for-
malismo jurídico no tenía absolutamente nada. Al
contrario, algunos juristas connotados la califican de
horror jurídico.”

Sin embargo, un nuevo concepto se acuña en la


legislación guatemalteca y es “el horror jurídico”; lo

185
La guayaba tiene dueño

que quiere decir que cuando un hecho se realiza al


amparo del poder de las elites (empresariales y mili-
tares) y sobre todo, en el despacho mismo del señor
Ministro de la Defensa, este constituye fuente de de-
recho. Léase cuidadosamente: se perfecciona un golpe
de Estado, sin importar que nombre se le de.
Es inconcebible, y al mismo tiempo preocupante,
que muchos de los formadores de opinión pierden ob-
jetividad en el análisis e interpretación de los hechos,
pues si quieren que sean publicados, tienen que estar
dentro de la línea marcada por los editores. O lo que
es peor: la de los dueños de los editores. Así que, por
eso y por las consabidas “fafas” (este término, es sim-
plemente un soborno para cualquier mortal, pero para
un comunicador social es simplemente una “fafa”) la
opinión pública se traga un dinosaurio de este o de
cualquier tipo.
A la luz de esta realidad, los golpistas pudieron
dar un barniz de legalidad, pero quedó manifiesta la
vergonzosa irresponsabilidad del sistema de justicia;
sistema que a partir de ese momento ha sido fiel y obe-
diente a los dictados de las elites económicas, quienes
se protegen comprando jueces, magistrados y fiscales.
Pero no ha quedado allí, pues el sistema de manipula-
ción y compra de la justicia que ha impuesto esta elite
económica, ha favorecido el narcotráfico y el crimen
organizado, quienes, haciendo uso del mismo, tienen
en Guatemala un paraíso para delinquir, tal como lo
describió la cadena BBC de Londres, en reportaje que
publicó sobre la impunidad en Guatemala y el diario
El Pais de España, entre otros.
Este sistema, como veremos más adelante, lo
han usado para perseguir a las personas que en algún
momento se les han insubordinado; para debilitar al

186
La construcción de la fachada

mismo Ejército, persiguiendo selectivamente a algu-


nos de sus oficiales; cubriendo escándalos financieros
como el interno dentro de la familia Gutiérrez, que ha
tenido fallos de tribunales internacionales y en Gua-
temala, que es el país afectado y estafado, parece que
no existiera.
Así también, el sistema ha protegido a los esbirros
utilizados para los “tumbes” de droga, contrabando e
incluso para la mal llamada limpieza social. En rea-
lidad ya no hay sistema de justicia, se ha ultrajado el
derecho y lo que es peor: se ha alienado la conciencia
de toda una nación, que sabe que la “justicia” tiene
dueño.
A manera de ilustración, relato lo que me conta-
ba hace poco un Magistrado de la Corte Suprema de
Justicia. Recién llegado al puesto, recibió la visita de
uno de los abogados litigantes de un grupo económi-
camente poderoso y le dijo que sabía que le tocaba a él
ser ponente en un caso en el que estaban involucrados
sus representados. Le explicó que su visita tenía el ob-
jetivo de entregarle el tenor de la resolución que ellos
querían que se emitiera, lo cual le ahorraba al magis-
trado la pérdida de tiempo. Y que además, el conte-
nido del borrador ya estaba debidamente conversado
y viabilizado con otros magistrados. También le hizo
ver cuánto era lo que al magistrado le correspondería
por sus “buenos oficios”.

Fachada de legitimidad

¿Cómo hacer para que la comunidad internacio-


nal y la ingenua conciencia nacional, que estaba feliz
con que yo hubiera disuelto el Congreso de la Re-
pública y la Corte Suprema de Justicia, se tragaran el

187
La guayaba tiene dueño

cuento de que no eran Gutiérrez Bosch–Pérez Molina


y compañía, los autores y ejecutores del golpe de Es-
tado?
Lo primero que soñaron y decidieron, según lo
relatado por Juan Luis Font y Rachel McCleary en
sus documentos, fue organizar una manifestación ma-
siva el 31 de mayo, dando el respaldo al movimiento
golpista y demostrar así, repudio a las medidas toma-
das por mí. Aparentemente esta ilusión nacida de su
euforia golpista y su capacidad manipuladora, duró
poco, pues ambos autores relatan que, tanto Dionisio
Gutiérrez como Otto Pérez Molina, se dieron cuenta
de que no tenían capacidad de convocatoria y que su
ilusión no era más que eso: una ilusión imposible de
concretarse.
Eso resultaba lógico, porque la gente estaba feliz
con las medidas tomadas. No entusiasmaba a nadie la
idea de los militares nuevamente, ni mucho menos la
idea de los Gutiérrez al poder. Antes bien, en la mis-
ma puerta del Palacio Nacional, la propia Rigoberto
Menchú, con un grupo de unas cien personas, grita-
ban que se estaba dando un golpe militar, y agredie-
ron a los civiles que se estaban prestando a eso; tal fue
el caso de Jorge Carpio Nicolle, de Alfonso Cabrera
y de sus respectivas comitivas. El grito en la calle era
lo suficientemente elocuente: “¡Es un golpe militar!”,
“¡Militares no, civiles sí!”.
Para resolver en forma inmediata el incidente, los
golpistas juntaron a las pocas personas que estaban en
el Palacio; a unos los sentaron y a otros los pusieron
de pie, en el Salón de Recepciones y con todos ellos
enmarcaron el escenario, procedieron a leer el atroz
parapeto jurídico con el que, según ellos, salvaban el
bache que el golpe de Estado les representaba.

188
La construcción de la fachada

Conscientes de que la foto no era suficiente, co-


rrieron a buscar caras para apoyarse y lo hicieron en
lo que llamaron la “Instancia Nacional de Consenso”,
que cobró vida el 30 de mayo, dando continuidad al
Foro Multisectorial del CACIF, incluso reuniéndo-
se en la misma sede de la Cámara de Industria. Eso
demuestra que también estos señores se convierten
por sus habilidades y dinero, en los dueños de la “le-
gitimidad”, para lavar la cara a todo lo que ya el eje
Gutiérrez–Pérez Molina había consumado.

Títeres y titiriteros

Con perdón de quienes hacen del espectáculo de


títeres un aporte significativo a la educación de niños
y jóvenes, considero necesario ilustrar esta parte de
mis ref lexiones, con un símil entre los títeres y los
titiriteros políticos que montaron el golpe de Estado
del 31 de mayo de 1993. Encontré unas definiciones
en Internet, de autor desconocido, pero que sirven
para apuntalar el concepto de lo que referiré en este
mismo capítulo:
“Una marioneta o un títere es una figurilla o mu-
ñeco que se gobierna de manera que parezca que su
movimiento es autónomo. Su movimiento se efectúa
con la ayuda de muelles, cuerdas, guantes, alambres,
hilos, palos y demás utensilios adaptados a cada tipo
de marioneta o títere. Las marionetas hablan siempre
con una voz aguda, chillona y falsa”.

189
La guayaba tiene dueño

Reunión llevada a cabo, el 1 de junio de 1993, en el Salón de Recepciones del


Palacio Nacional de Guatemala, en la que un grupo de civiles, aparecen apoyan-
do el golpe de estado, perpetrado esa madrugada por la cúpula militar.Hecho
curioso para los que todavía dudan si fue un golpe. En la foto, vemos que el
segundo de pie de derecha a izquierda, es el famoso locutor de TGW Radio Na-
cional de Guatemala, Otto Rene Mansilla, a quien se le conocía como la voz del
“Golpe de Estado”, con micrófono en mano, listo para relatar un golpe mas.

Cuando reviso esta foto, una y otra vez, encuentro


en ella que hay gente buena, mezclada con oportunis-
tas, con maleantes y desconocidos; personas sedientas
de protagonismo. Lo que es una realidad es que allí
estaban todos: algunos prestando su cara y otros solo
su bulto. Supongo que la mayoría de buena fe.
Sin embargo, aunque he comprado dos lupas, una
más fuerte que la otra, no he podido encontrar en
la foto a los verdaderos responsables de la conspira-
ción. Observe el lector que no está Juan Luis Bosch,
ni Dionisio Gutiérrez, ni Otto Pérez Molina, ni Luis
Fernández Ligorría. Entonces me pregunto: ¿por qué

190
La construcción de la fachada

estos señores no dieron la cara? ¿En dónde estaban en


ese momento? ¿Qué estaban haciendo? Solo me doy
cuenta de que, siendo ellos los titiriteros, no podían
dejarse ver, pues así, el espectáculo perdería su efecto
en tan interesante función.
Para ser más claro en el concepto, he recurrido a
Wikipedia para obtener una explicación de lo que es
un titiritero, la cual transcribo a continuación:
“El titiritero diseña el contenido de la represen-
tación basado en historias, cuentos o tradiciones po-
pulares o bien en argumentos de su propia invención.
Escribe el guion de la representación y lo adapta a
los muñecos de que dispone. Busca y selecciona otros
objetos o materiales que serán utilizados por los mu-
ñecos en el desarrollo de la obra. Pinta el fondo de
escenario y lo decora.
En el momento de la representación, provoca su
movimiento manejando los hilos, cables o varillas de
las marionetas o introduciendo su mano en el interior.
Para animar los muñecos, habla o canta imitando la
voz de los diferentes personajes.”
Viendo así la cosa, ya se entiende mejor lo que
pasó ese día y también entenderemos un poco mejor
lo que pasó en los años venideros, pues los señores
títeres de la foto, hoy después de veinte años ya no es-
tán, o están presos, son perseguidos, están marginados
o en el abandono y anonimato.
Sin embargo, los titiriteros de esta historia han
gozado de toda clase de impunidad y mantienen su
vigencia, sobre todo los Gutiérrez–Bosch, quienes han
usufructuado el poder al máximo. Incluso, llegaron a
privatizar la Presidencia de la República en tiempo
de Oscar Berger Perdomo. Lo que falta por ver es
si su compañero de la aventura del 93, general Otto
Pérez Molina, ya como Presidente de la República de

191
La guayaba tiene dueño

Guatemala, se les subordinará y les hará caso; o bien,


ya con la banda en el pecho, buscará su autonomía e
independencia. Esto solo lo podremos saber, cuando
se empiecen a pelear entre ellos.
Regresando a nuestra foto, los casos más dramá-
ticos son los de Jorge Carpio Nicolle, Epaminondas
González Dubón y Ramiro de León Carpio.
Jorge Carpio Nicolle, un buen hombre, como
político muy orientado a su deseo de ser presidente;
sincero y de gran calidad humana; obviamente, en
la foto lo colocaron de pie, como figura prominente.
Quién le iba a decir al pobre tocayo, como yo le lla-
maba, que un mes después lo iban a asesinar en una
forma tan cobarde, tan inhumana, tan deleznable y,
en una palabra: tan horrenda.
Quiero decirles que cuando supe de su muerte
lo lloré y mucho, a pesar de la diferencia que él y yo
habíamos tenido. Jamás un hombre así, al que el país
le debía mucho, merecía tal muerte.
En cuanto a Epaminondas González Dubón, se
trataba de un abogado de reputación, a quien yo traté
muy poco, básicamente dentro de la relación institu-
cional. Sin embargo, conversar con él era suficiente
para aquilatar su capacidad.
El no asistió al llamado que le hizo el Ministro
de la Defensa. Sé que su dignidad se lo impedía, y
por eso no me explico por qué aparece en la foto.
Tengo entendido que después, él mismo comentó su
desacuerdo con la salida jurídica que le impusieron a
la Corte de Constitucionalidad.
En forma misteriosa armaron un atentado, que
algunos dijeron que era para impedir que hablara, y
que lo que pretendían era solo amedrentarlo; pero la
bala no les hizo caso, pues al fraccionarse en el resor-
te de un asiento, hace que una esquirla llegue a uno

192
La construcción de la fachada

de sus pulmones y desgraciadamente lo mata. Otra


muerte cobarde, inhumana y condenable desde todo
punto de vista. No es justo que a hombres así los ase-
sinen de esa manera.
Ramiro de León Carpio, también un buen hom-
bre, un poco ansioso de protagonismo, quería ser Pre-
sidente, pero no tenía claro cómo lo podría lograr.
Recuerdo unos meses antes del golpe, me pidió una
entrevista y por supuesto, lo recibí. Me llegó a en-
tregar el informe de su primer año de gestión como
Procurador de los Derechos Humanos. Cuando a la
ligera lo revisé, le dije:
—Ramiro, qué bueno que se te acabaron las fotos
tuyas, porque si no hubieras entregado un reporte de
mil hojas.
Él solo se echó a reír y me dijo:
—¡Qué jodido sos!
A Ramiro lo utilizaron de tal forma, que le ex-
primieron su dignidad, haciéndolo que se atropellara
a sí mismo; que atropellara sus convicciones e incluso
sus propios ideales, llevándolo a una muerte en vida,
la que no pudo sobrellevar y según me cuentan algu-
nos de sus amigos, eso fue lo que lo mató.
A Francisco Reyes López lo utilizaron bien, pero
solo por unos momentos, pues ya estando en el go-
bierno como Vicepresidente se dio cuenta de la reali-
dad de las cosas, tomó actitudes que no solo lo sepa-
raron de los dueños del país, sino que lo enfrentaron, al
extremo que le montaron su tinglado y no estuvieron
satisfechos hasta que lo metieron preso.
Con Eduardo Palomo Escobar la cosa no fue di-
ferente. A él lo usaron. Paradójicamente, fue perse-
guido después, durante el gobierno de Berger, el de
la privatización de la Presidencia. Palomo era socio y
abogado del Presidente del Banco del Café, Eduardo

193
La guayaba tiene dueño

González, personaje que pretendió definir una política


independiente, enfrentándose políticamente a los due-
ños del país. Tuvo suerte, pues aunque quedó sin poder
ni dinero, lo cierto es que quedó vivo. Le cerraron
el banco de su propiedad y para acallar este abuso, lo
persiguieron a él y a sus colaboradores (incluyendo a
Palomo Escobar) matando así las posibilidades de que
Eduardo González pudiera llegar a la Presidencia y de
paso, castigándolo por pretender hacerles sombra.
En la foto también está Carlos Vielman, el perso-
naje que más cercanía tiene con los Gutiérrez–Bosch.
Hombre fiel y extremadamente obediente a ellos.
Posteriormente, cuando se disuelven los estamentos
de inteligencia del Estado, es Vielman a quien ellos
designan para organizar su inteligencia, pero ya en
forma privada, llevándolo en el Gobierno de Berger,
el de la privatización de la Presidencia, hasta la impor-
tante posición de Ministro de Gobernación.
¿Qué hicieron con Vielman? Eso es historia. Bas-
ta leer el libro “Crimen de Estado. El caso Parlacen”,
escrito por Lafitte Fernández, para saber hasta dónde
fueron capaces de llegar con el poder en las manos.
Hoy, Carlos Vielman está preso en España, esperando
ser enjuiciado.
A los militares presentes, antes de lo que canta
un gallo les habían puesto la punta del zapato en la
rabadilla y los tenían de patas en la calle; tal fue el
caso del general Domingo García Samayoa y Roberto
Perussina. Los otros, como Enríquez, tuvieron mejor
suerte y duraron un poco más.
El resto, son personajes como Mario Solórzano,
Arturo Soto, Alfaro Mijangos, Reinoso Gil, Mario
García la Guardia, Larios Ochaita, Rodolfo Orozco,
personajes que no sé si sabiéndolo o no, prestaron la
cara. Con el tiempo los han reciclado, les ha dado

194
La construcción de la fachada

un poco de protagonismo, pero en general, hoy si no


están muertos, disfrutan de la marginación y el ano-
nimato.
Entre los otros hay algunos que no distingo o no
recuerdo, y algunos a los que me referiré posterior-
mente, pero creo que lo que aportaron fue el bulto,
para hacer volumen en la foto, lo cual como vimos
anteriormente, también es responsabilidad del titirite-
ro: organizar el escenario.

La filosofía de los titiriteros

Ellos y sus acompañantes y adláteres están con-


vencidos de “que lo que es bueno para ellos es bueno
para el país” y que todo aquel que se oponga a tan
justa y conveniente premisa, es un enemigo del Es-
tado, sacrílego de la libertad, antidemocrático y mal
elemento para el desarrollo.
Naturalmente que esto los lleva a “su” realidad:
los buenos gobernantes son los que les obedecen, los
dóciles, los que se hacen de la vista gorda y les permi-
ten usar al Estado y sus instituciones para apuntalar y
promover su progreso, pues de acuerdo con su filoso-
fía, si ellos progresan, también el país progresa.
¿Hasta donde hemos llegado en Guatemala, con
esa filosofía? En aras de la defensa de la Constitución
se le viola, siempre y cuando sea con la venia de ellos.
En aras de la defensa de la justicia, se comete todo tipo
de injusticias, siempre y cuando sea para protegerlos.
En aras de la defensa del derecho, se atropellan los más
elementales principios que lo sustentan. Ellos siempre
lo justifican diciendo que eso es para evitar mayores
males. En aras de la defensa del pueblo, se aseguran y
consolidan los privilegios de los poderosos, convenci-
dos de que ellos son el termómetro del bienestar en el

195
La guayaba tiene dueño

país, y lo que es peor, parece que hubieran convencido


al pueblo de que, en aras de la subsistencia misma del
Estado, hay que venderlo a unos pocos, que se auto-
proclaman como los productivos, los proveedores del
empleo y los garantes de la seguridad.
Que un ministro de la Defensa, apoyado por las
bayonetas y fusiles, llame a cuatro abogados, los ponga
a redactar una resolución de la Corte de Constitucio-
nalidad y que después llame a los magistrados para
que la ratifiquen y firmen, en su propio despacho, eso
lo consideraron práctico, conveniente y necesario, es
decir, un caso vital para el país.
Entonces ¿por qué nos asustamos de que los abo-
gados de los poderosos dicten justicia, sobornando o
amenazando jueces? ¿Por qué nos asustamos de que
esos mismos abogados redacten las resoluciones de
jueces y cortes, si el ejemplo está bien sustentado en
la habilidad y astucia de remover a un Presidente por
el hecho de no alinearse? Bueno, se abrió la puerta
y ahora la usa todo aquel que tenga billete suficiente
para llegarle al precio a los jueces y magistrados. Eso sí
es perversión del derecho.
Sin embargo, para ellos, el fin justifica los medios,
siempre y cuando sean los que controlen y utilicen
esos medios. Permítanme, para cerrar este capítulo,
repetir la expresión de Ramiro de León Carpio cuan-
do, siendo presidente de facto, manifestó en entrevista
concedida a la ya citada revista “Crónica”:
“…la resolución emitida por la Corte el 25 de
mayo en contra de Jorge Serrano, fue una resolución
política, que si bien ayudó a salir de la crisis, de for-
malismo jurídico no tenía absolutamente nada. Al
contrario, algunos juristas connotados la califican de
horror jurídico.”

196
La construcción de la fachada

De izquierda a derecha, el licenciado Epaminondas González Dubón, presi-


dente de la Corte de Constitucionalidad, y el ministro de la Defensa, gene-
ral Domingo García Samayoa, cuando este último se dirigía a la prensa en
nombre de la Instancia Nacional de Consenso, agrupación organizada dos
días antes. Resulta irónico que fuera un militar, con todas sus insignias y
charreteras, quien representara a una instancia supuestamente “civil”.

197
CAPÍTULO XI

Los problemas después


de la función

La fachada de la sucesión

Como decimos en buen chapín: “el atol estaba


listo, solo pendiente de ser repartido con el dedo”.
Nuevos actores aparecen en escena, y algunos de
los títeres, al pasarle la euforia, se empezaron a dar
cuenta de que no todo era color de rosa, ni entusiasmo
golpista.
¿Quién me debía sustituir? Esa se convierte en
una interrogante crucial. La Constitución Política, en
su Artículo 189, claramente determina que, en ausen-
cia temporal o absoluta del Presidente de la República
“lo sustituirá el Vicepresidente. Si la falta fuera ab-
soluta, el Vicepresidente desempeñará la Presidencia
hasta la terminación del período constitucional”.
Más clara no podía estar la cosa. Si verdadera-
mente estaban defendiendo la Constitución, qué me-
jor ejemplo que cumplirla y respetarla, reconociendo
la autoridad de Gustavo Espina, el Vicepresidente.
Pero esto no era lo que querían los dueños. No habían
llegado hasta allí, para cumplir con una norma que
no les convenía, porque la Constitución y las leyes
Los problemas después de la función

son para ellos indicativas de un mero formalismo para


que las cumplan otros. Ellos son los dueños y están por
arriba de la ley.
Pero, ¿qué sucede? Empiezan a reaccionar los de
la foto y los militares, García Samayoa, Perusina, Or-
tega, y otros más se dan cuenta de que con Espina hay
seguridad para ellos, y que sin Espina su suerte está en
la nebulosa.
Mientras tanto, se enteran de que Enríquez, Pérez
Molina y sus “aliados” están buscando otra solución,
que para ellos era incierta y peligrosa. Estos habían
soñado con mi renuncia y la de Espina, las que se
comprometieron a conseguir en determinado mo-
mento, pero que nunca obtuvieron. García Samayoa,
llegó a afirmar que él tenía en su mano esas renuncias.
Me imagino que creyó que al enseñarnos las pistolas
accederíamos, corriendo, a entregárselas.
Ante esta realidad, los tres abogados que tenían
trabajando en el parapeto jurídico, llegaron al despa-
cho del Viceministro de la Defensa, José Luis Quilo
Ayuso, con el fin de ultimar los detalles que le die-
ran una cara legal al gobierno provisional que ellos
querían. Esto no era fácil, pues la Corte de Consti-
tucionalidad, técnicamente, no podía emitir ningún
fallo, sino solamente un decreto o una resolución, lo
que terminó siendo un Acta de Ejecución. Eso no te-
nía la fuerza legal para dar paso a la destitución del
Presidente y Vicepresidente y mucho menos a llamar
la instalación de un Gobierno Provisional que era lo
que los militares golpistas querían y forzaban, ante las
circunstancias planteadas. Sobre todo para la evitar la
llegada de Espina.
Ellos creyeron que nosotros íbamos a ser dóci-
les o quizá miedosos, como lo eran los famosos de

199
La guayaba tiene dueño

la Instancia Nacional de Consenso, quienes al estar


la declaración lista, rápidamente reaccionaron cuando
el Viceministro de la Defensa, Quilo Ayuso, irrum-
pió en el cuarto donde los tenían reunidos. Tal como
lo relata McCleary, literalmente les “ordenó a todos
que se fueran. Que la conferencia de prensa iba a ini-
ciarse”. De ese calibre eran los gestores del golpe: se
habían cambiado los papeles, los civiles eran ahora los
obedientes y no deliberantes. Menudos “dirigentes”
que van al espectáculo sin siquiera saber a ciencia cier-
ta qué era lo que se iba a presentar.
Esa famosa Acta de Ejecución, documento que se
le presentó a García Samayoa, llamaba a los militares
a que prestaran “el auxilio necesario” para asegurar
que la primera resolución se convirtiera en una ley.
De esta manera, los militares no iban a estar actuando
por propia iniciativa, sino más bien de acuerdo con la
autoridad democrática civil. ¡Qué ironía más triste!
Los militares ya habían actuado y lo que estaban ha-
ciendo era darle viso legal a lo ilegal; y repito: estaban
impidiendo que la sucesión se diera en el marco de lo
que ordenaba la Constitución.
Se trasladaron ahora al escenario de los hechos,
en donde ya Quilo Ayuso había mandado a colocar el
telón de los respaldos o, como yo lo veo, el de la ver-
güenza. García Samayoa anunció que el alto mando
continuaría su reunión con los magistrados de la Cor-
te de Constitucionalidad, con el fin de determinar los
procedimientos legales para que el país regresara al
“orden constitucional”.
En la declaración de García Samayoa, quedaron
establecidos conceptos dignos de una tragicomedia.
Predice el retorno a la constitucionalidad, de la si-
guiente manera:

200
Los problemas después de la función

Para dar cumplimiento al artículo 189 de la Cons-


titución, Espina asumiría la Presidencia, pero que de-
bería renunciar inmediatamente.
Que la renuncia de Espina sería presentada al
Congreso, para que fuera ratificada.
Que el Congreso que ratificaría la renuncia de
Espina, sería previamente purgado, pues deberían
haber renunciado todos los diputados depurables que
aparecían en una lista.
Que después, el Congreso, ya depurado, elegiría
al nuevo Presidente y al nuevo Vicepresidente.
Que se reconocía la autoridad de la Corte de
Constitucional para que le asignara el papel que el
Ejército debería de jugar.
Definitivamente que esto es propio de un país
de opereta. Casi doy la razón a quienes nos apodan
como “repúblicas bananeras” (“Banana Republics”).
Solo observemos: el Ministro de la Defensa establece
que Espina asume temporalmente, lo cual es un he-
cho inconstitucional. Dice que debe renunciar, hecho
inconstitucional; que el Congreso debe dar posesión
a Espina y aceptar su renuncia. O sea, está aquí deci-
diendo por el Congreso y, lo que es aún peor, deter-
mina que el Congreso que realice estos actos debe ser
previamente depurado. Es decir, que todos los dipu-
tados de la lista deben renunciar previamente. Todo
esto es arbitrario e inconstitucional. Qué horror que
lo diga un Ministro de la Defensa; pero mayor horror
es que lo avalen los magistrados de la Corte de Cons-
titucional. Si esto no fue un golpe militar, habría que
definir un término más contundente en lugar de la
palabra golpe.
Pero esto no queda aquí. Determinan que ese
Congreso ad hoc, depurado y obediente, deberá elegir

201
La guayaba tiene dueño

al nuevo “Presidente y Vicepresidente” constituciona-


les, por supuesto…
No contentos con todas estas medidas de hecho,
también legisla por la autoridad de las charreteras y los
fusiles, declarando que el Ejército y los militares asu-
mirían el papel que la Corte de Constitucionalidad les
habían asignado. Norma esta muy sui generis, ya que
no está previsto en la Constitución, que el ejército se
subordine a una Corte, pero como ellos lo hacían y los
dueños del país estaban en la jugada, eso no era incons-
titucional, sino que completamente legal…
Van con Espina a plantearle el plan, pero le hacen
ver que para darle posesión, el sector privado exige
que previamente presente su renuncia; a lo que Espi-
na, con toda razón se niega. Al no cumplirse con la
condición de los dueños, Espina ya no era una opción.
¿Y ahora qué?
La depuración del Congreso tampoco estaba fá-
cil. Cabrera Hidalgo de la DC, para impulsarla, pedía
que se quitara de la lista de depurables a Lobo Dubón
y Jorge Carpio de la UCN. También pedía que se
quitara de la misma lista a Edmund Mulet.
Rodil y los magistrados de la Corte también se
defendían de la depuración que querían hacer con
ellos y, hábilmente, estaban formando una alianza con
los partidos políticos para apoyar la tesis de Espina, la
que se oponía frontalmente a las ambiciones del sec-
tor privado y la de los militares que apoyaban a Pérez
Molina y a Enríquez.
El 2 de junio, en medio de todo este relajo, apare-
ce Espina en televisión acompañado de García Sama-
yoa y Perussina, afirmando que él no había renuncia-
do y que ya había hablado con diferentes sectores y
representantes de países, incluso con el Departamento

202
Los problemas después de la función

de Estado de los Estados Unidos y que todos lo re-


conocían a él como el único y legítimo Presidente
de Guatemala. Declaró también que las depuraciones
tanto de la Corte como del Congreso, no eran viables,
porque no existía ningún medio legal para realizar-
las.
Ese mismo día, Pérez Molina se entera de que,
tanto él como nueve oficiales más, habían sido des-
tituidos de sus cargos por alterar el orden jerárquico
e insubordinación. Al enterarse de esto, el sector pri-
vado contactó a Pérez Molina y a su segundo, Mario
Mérida, para que se pusieran en actitud de combate,
pues se decía que los oficiales jóvenes iban a ser trans-
feridos a Alta Verapaz o al Quiché, lugares en donde
había hostilidades con la guerrilla.
Según cuentan, el sector privado financió a algu-
nos oficiales para que salieran del país y evitar así que
se concretara su nueva designación.
De golpe y porrazo, como se dice comúnmente,
el escenario estaba complicadísimo. Los militares que
habían dado el golpe se habían dividido, por temores
y ambiciones puramente personales. Esta división le
daba una oportunidad a los políticos y a Rodil, de
recobrar algo de protagonismo.
El sector privado, sintiéndose amenazado, estaba
dispuesto a explotar cuanto cartucho tuviera a su al-
cance. Los Estados Unidos enviaban severas órdenes
a los militares de Guatemala, principalmente al alto
mando, de no permanecer bajo un régimen militar.
Esto último, aparentemente les fue comunicado como
una decisión tajante tomada al más alto nivel en el
Departamento de Estado en la que participó Meter
Tardoff, Subsecretario de Estado para Asuntos Políti-
cos, y Bernard Aroson, Subsecretario de Estado para

203
La guayaba tiene dueño

Asuntos Internos de América Latina.


¡Qué horror o qué tragedia! Todo se había vuelto
un enjambre de ambiciones y posiciones para repartir
el puesto que yo tenía y que sin ninguna autoridad me
quitaron.
Me contaron que en el propio sector privado ya
las ambiciones se hacían sentir. Alejandro Botrán se
sentía el ungido, pero también Edgar Heinemann,
quien anduvo presentando un plan para pedirme la
renuncia, pensando que una mediocre presentación lo
habilitaba para dirigir el país. Supe después, de buena
fuente, que la discusión con sus amigos era si debían
pasarse a vivir a la Casa Presidencial o deberían que-
darse en su casa. Eso me hace pensar también que, en
la “profundidad” de sus elucubraciones, discutieron el
tamaño de las maletas que podrían llevar.
Hábilmente, el sector privado, en una junta con
García Samayoa y otros militares, los convence de que
el camino era elegir a un nuevo Presidente por parte
del Congreso, tal como estaba; es decir sin depurar, y
a un nuevo Vicepresidente, asumiendo nuevamente el
Ministro la responsabilidad de conseguir la renuncia
de Espina.
A estas alturas, un nuevo golpe se fraguaba dentro
de los mismos militares. Enríquez, en contubernio con
el sector privado y en reuniones secretas, había llegado
al acuerdo de impulsar una salida a la crisis, aislando a
los líderes de los grupos populares y de los sindicatos
y contactado personalmente a los comandantes de las
principales zonas militares del país.
También hábilmente, este grupo que caminaba
de manera soterrada para conseguir una solución a su
medida, hacía que los representantes del sector priva-
do involucrados en estas reuniones secretas, siguieran

204
Los problemas después de la función

participando en la Instancia Nacional de Consenso, a


la que ya en ese momento, se les habían unido líderes
populares del FMS, con excepción de Helen Mack y
de Rigoberta Menchú.
En este entorno, Rigoberta Menchú, quien sí te-
nía claro lo que estaba pasando, denunció que cuatro
golpes militares tuvieron lugar. Estas determinantes
declaraciones de Rigoberta encendieron la furia de
García Samayoa, quien desesperadamente trataba de
encubrir y negar enfáticamente la participación de los
militares en el golpe o los golpes, como lo declaraba la
Premio Nobel de la Paz.
Las cosas así, daban al sector privado una posición
privilegiada en las negociaciones con García Samayoa
y compañía, porque mantenían una relación formal
con los militares, a través de la Instancia Nacional de
Consenso; mantenían una negociación activa y de-
terminante en las reuniones secretas con Enríquez y
compañía. Así también, habían logrado marginar de
las negociaciones reales a los líderes de los sectores po-
pulares; pero formalmente los seguían saludando en la
Cámara de Industria, en el marco de las reuniones de
la Instancia.
Estos titiriteros sí que habían jugado fino, usan-
do a su sabor y antojo y aprovechado para sí mismos
las divisiones que claramente se planteaban dentro del
grupo militar; tanto entre los grupos de García Sama-
yoa, como en el de Enríquez. También aprovechaban
la división que se daba en los sectores populares, entre
los grupos de Rigoberta Menchú y Helen Mack y el
de Nineth Montenegro, Armando Sánchez y Alfonso
Fuentes Soria.
Me han asegurado que es ahí cuando nace la
gran amistad entre Nineth Montenegro, dirigente del

205
La guayaba tiene dueño

Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) y el empresario Dio-


nisio Gutiérrez.
Buscando el formalismo y aterrizando una solu-
ción, se pide a la Instancia que elabore una terna de
candidatos para que dentro de ella el Congreso escoja
al Presidente y Vicepresidente. Dicha terna debía in-
cluir candidatos que fueran aceptables para los grupos
participantes. Finalmente, la lista quedó integrada de
la siguiente manera: Ramiro de León Carpio, Procu-
rador de los Derechos Humanos; Arturo Herbruger
Asturias, Presidente del Tribunal Supremo Electoral;
y Mario Quiñones Amézquita, ex ministro de Rela-
ciones Exteriores.
Los sectores populares, al ver la propuesta, de-
cidieron abstenerse de apoyarla, pues declararon que
los propuestos eran personas políticamente alineados.
Sin embargo, en aras de encontrar una solución, no
votaron a favor pero tampoco los vetaron. Esta actitud
hizo que los miembros de sector privado los acusaron
de carecer de un espíritu de participación y apoyo,
alimentado por su falta de experiencia en la participa-
ción política y falta de entendimiento del proceso de
negociación.
Hoy, recordando eso, entiendo que lo que sucedió
es que los dirigentes de los sectores populares involu-
crados en la Instancia, ya sabían o intuían que una ne-
gociación paralela, sin participación de ellos, se estaba
llevando a cabo entre el sector privado organizado y
algunos de los militares, como en efecto sucedió.
Cualquiera que conociera a los personajes involu-
crados en la lista sabía que todos eran buenas personas;
pero que Mario Quiñónez no tenía el más mínimo
chance, pues a mi criterio, solo lo habían incluido para
relleno, ya que él sería muy independiente y eso no les

206
Los problemas después de la función

convenía a los señores que estaban batiendo el choco-


late en forma determinante.
Arturo Herbruger, un buen hombre, muy dig-
no, íntegro, pero la edad ya no lo favorecía, y todos
los grupos tenían la duda de quienes serían los que
finalmente lo rodearían y los que eventualmente ma-
nejarían el gobierno. Hago ver que cuando yo era
Presidente del Consejo de Estado, apoyé e impulsé
con entusiasmo su designación como magistrado del
Tribunal Supremo Electoral y también su designación
como Presidente del mismo.
Ramiro de León Carpio fue, desde un princi-
pio, el incluido para ganar. Tenía todo el perfil que
los señores del sector privado querían (por ende con
muy buena entrada en la derecha ideológica del país)
y también el que los militares del grupo de Enríquez
deseaba.
Ramiro había sido el secretario privado de Mario
Sandoval Alarcón, líder de la derecha política del país
y fundador del Movimiento de Liberación Nacional
(MLN). Cuando Sandoval Alarcón fue vicepresiden-
te y presidente del Consejo de Estado, en tiempo del
Presidente Kjell Eugenio Laugerud García.
Por otra parte, también Ramiro había sido Ge-
rente de la Asociación Nacional de Azucareros; es de-
cir, fue un fiel y obediente operador de este oligopolio
cartelizado del país, hecho que le daba una confianza
absoluta a los miembros del sector privado que estaban
participando en el movimiento.
Ramiro fue también el segundo en mando en el
partido Unión del Centro Nacional (UCN) lo que le
daba acceso a las bases del partido, aunque su relación
con Jorge Carpio Nicole, su primo, en ese momento
fuera mala. Todo esto estaba bien, pero además tenía

207
La guayaba tiene dueño

en su haber ser el Procurador de los Derecho Hu-


manos, posición desde la cual trabajara un perfil de
izquierda, denunciando hechos violatorios y atacando
sistemáticamente a las Patrullas de Autodefensa Civil
(PAC).
Se podría decir que él, Ramiro, era el piloto ideal,
pues podría sacar la mano hacia la izquierda y cruzar
a la derecha sin problemas.
Irónicamente, Ramiro de León ocupaba el alto
cargo de Procurador porque yo lo había apoyado y
prácticamente negocié su reelección, a pesar de que
Jorge Carpio me dijo: “Tocayo, no hagas eso, si insis-
tís te voy a apoyar, pero dejame decirte que te vas a
arrepentir”.
Para cerrar este capítulo, quiero simplemente re-
producir partes de la carta que Dionisio Gutiérrez el
golpista en jefe, enviara a Ramiro de León Carpio,
antes de ser designado como presidente, y que incluyo
como anexo 3.
Notemos sus conmovedores comentarios: “esta-
ré fuera de Guatemala solo 4 dias, quiero que sepas
que me voy con el corazón tranquilo porque dejo a
mi Pais, ……, en manos de un hombre digno……..”
yo me imagino al leer esta expresión, el alivio que
sentía Dionisio, cuando el golpe en que había soñado
y trabajado por el, estaba concretado, y así todas las
seguridades a sus privilegios y ambiciones aseguradas.
Continúa en la carta dejándole instrucciones, “te
pediré que en los próximos 2 años y medio, es que
reivindiques y des el lugar que le corresponde a nues-
tros amigos patriotas que arriesgaron su vida por la
democracia y ahora están pasando momentos que no
merecen, además, creo que tu seguridad dependerá
de que tengas hombres como ellos a tu alrededor, que

208
Los problemas después de la función

sabrán aconsejarte en muchas decisiones difíciles que


tendrás que tomar”. En este caso, es obvio, que se re-
fería concretamente al General Enríquez, al Coronel
Pérez Molina y su grupo.
En la pos data, le dice una cosa sumamente
interesante,”Ps. Pido disculpas por no llamarte Señor
Presidente, pero a la hora que escribí esta nota, no te
habían puesto la banda presidencial,….”, una de dos,
será que este señor es adivino o un gran manipulador,
pues como iba a saber cual sería el resultado de una
votación que se llevaría a cabo en el Congreso de la
República posteriormente.
Por supuesto para terminar, le da una última ins-
trucción: “Ps. No te olvides del referéndum”

209
CAPITULO XII

La persecución

El hecho estaba consumado: “Habemus Presidente”.


El Congreso, espurio, depurable y en artículo de
muerte, había sido habilitado por el sector privado y
los militares, para que les sirvieran y les proporciona-
ran una salida legal para encubrir el golpe militar, con-
ducido, instigado y dirigido por los señores “dueños del
guayaba”, e instrumentalizado por los obedientes y no
deliberantes general Enríquez y coronel Pérez Molina.
Fue la tesis militar, con el apoyo del sector privado, la
que triunfó en la disputa dentro del ejército.
De allí en adelante todo lo político no fue más
que buscar fachadas y acomodo a los diferentes secto-
res, mientras los verdaderos objetivos del Grupo Pirá-
mide, no se hicieron esperar y se fueron concretando
como ya veremos más adelante.
Sin embargo, para los golpistas, el hecho de que
yo no hubiera renunciado les continuaba molestando,
pues claramente sabían que era una piedra en el zapa-
to para la legalización de todos los horrores cometi-
dos; sobre todo porque en el seno del ejército existían
fisuras que ellos mismos no podían prever a dónde
podrían llegar. De igual forma, la situación con los
La persecución

sectores sociales no estaba del todo resuelta satisfacto-


riamente.
Yo estaba en El Salvador, tratando de estabilizar-
me con mi familia y preocupado por lo que podría
ser nuestro futuro. El Presidente Cristiani y todos los
miembros de su gobierno se portaron con nosotros
en una forma muy especial, y nos arreglaron la es-
tancia en el Hotel Presidente. Al tercer día recibimos
la visita de un funcionario, quien llegaba sumamente
preocupado, pues tenían información de inteligencia,
no completamente comprobada, que indicaba que se
podría llevar a cabo un atentado contra mí, y que por
eso nos iban a trasladar a una casa a la orilla del lago
Coatepeque.
En efecto, el traslado se hizo de noche y cam-
biando vehículos a mitad de la ruta, posiblemente para
despistar. Llegamos a nuestro destino: una casa semia-
bandonada, habilitada con algunas camas y catres, sá-
banas y toallas; así como con provisiones. También
colocaron un equipo muy discreto de seguridad.
Esa noche casi no dormimos. Estábamos mi es-
posa, mis hijos, y nos acompañaba mi sobrino Jorge
Antonio Fuentes Serrano. Ya se había unido a noso-
tros, desde el día anterior, Francisco Perdomo, quien
escondido, pudo salir de Guatemala. De verdad, no
tengo palabras para describir el efecto de soledad,
combinado con la descompresión abrupta del poder.
En la práctica, habíamos pasado de una realidad a otra,
en forma intempestiva, inimaginable.
No había ni siquiera empezado a mitigar mis he-
ridas, cuando allí donde estaba, en lo más profundo
del barranco, empezaron las presiones para insistir en
que concretara mi renuncia al cargo de Presidente de
la República de Guatemala. Amigos del exterior que

211
La guayaba tiene dueño

tenían alguna relación con las nuevas autoridades de


Guatemala, me decían que si yo renunciaba, pararían
toda amenaza todo contra mí; que me garantizaban
que no habría persecución. Esos buenos amigos tra-
taban de persuadirme, pero yo siempre consideré que
eso era darles la solvencia histórica que los traidores
necesitaban; pero yo no iba a certificar como un acto
de heroísmo, lo que en realidad constituyó una trai-
ción.
Al segundo día de estar en el sitio que nos habían
proporcionado, vimos, en el jardín frontal de la casa
que aterrizaba un helicóptero. De él bajaron dos bue-
nos amigos: Armando Calderón Sol, alcalde de San
Salvador, y Oscar Santa María, en ese momento Can-
ciller de El Salvador. Nos dio mucho gusto recibir a
tan distinguidos visitantes, quienes eran portadores de
un mensaje del Presidente Cristiani. Me dijeron que
tenían mucha presión y pena por mi seguridad y la
de mi familia, pues la cercanía a Guatemala nos hacía
muy vulnerables. Cristiani recomendaba que me mo-
viera a un país que estuviera más lejos del alcance de
mis enemigos de Guatemala.
Oscar me indicó que ellos habían hecho gestiones
y que España, México y Brasil ofrecían concederme
asilo si yo lo solicitaba; y que también todos los países
centroamericanos y la República Dominicana eran
otras opciones, pero que si yo quería permanecer en
El Salvador, me decía el Presidente que me darían la
seguridad que fuera necesaria.
Les hice ver que yo no quería salir de Centroamé-
rica, pues eso daría base a que mis detractores pudie-
ran legitimar sus actuaciones y así acusar el abandono
de puesto, argumento que esgrimieron para justificar
el golpe militar.

212
La persecución

En ese dilema estaba. Entendía perfectamente la


preocupación de Freddy Cristiani, pues yo mismo ha-
bía insistido en borrar los controles fronterizos entre
los dos países y sabía perfectamente que el paso era
prácticamente libre.
Justo entonces recibo una llamada de Lucas Za-
rack, en ese momento Presidente del Congreso de Pa-
namá, quien me dice que se enteraron del problema
de mi seguridad; que el Presidente Guillermo Endara
me mandaba a decir que me fuera para allá, que allí
“ni con tanques me sacarían”. Agradecí muchísimo
a Lucas el mensaje y le pedí que le diera las gracias a
Guillermo Endara.
Al concluir la conversación, mi familia y yo sen-
timos claramente una paz muy grande, la que en esas
circunstancias solo puede venir de Dios. Dimos gra-
cias al Señor, e inmediatamente pedí que le comuni-
caran a Calderón Sol o a Santa María, que Panamá
nos parecía la mejor opción y que las expresiones de
Guillermo Endara y Lucas Zarack, nos daban mucha
seguridad. Hicieron los arreglos y al día siguiente, en
el avión presidencial de El Salvador, nos trasladaron a
Panamá.
Como mi renuncia no se producía, los miembros
del sector privado de la Instancia Nacional de Con-
senso, con el afán de poner presión sobre mi persona,
presionaron a su vez al Ministerio Público, para que
esta institución iniciara acciones legales contra mí y
contra Gustavo Espina Salguero, con el objetivo de
evitar la posible instalación de él como Presidente de
la República.
Así, en conferencia pronunciada el 2 de junio, el
Procurador Interino de la Nación, licenciado Edgar
Tuna Valladares, y el fiscal Walter Robles, anunciaron

213
La guayaba tiene dueño

que nosotros habíamos violado un sinnúmero de ar-


tículos del Código Penal y de la Constitución. Creo
que invocaron todos los artículos que se les atravesa-
ron en la mente. El Código Penal no tenía suficientes
artículos para tipificar todos los delitos que se nos im-
putaban, por lo que no vacilaron en inventar uno que
otro por allí.
Órdenes de captura fueron emitidas contra Gus-
tavo Espina, Francisco Perdomo y contra mí. En mi
caso y en el de Perdomo se pedía también la extra-
dición desde El Salvador; y en el caso de Espina, se
le amenazaba con que si no renunciaba, se le abriría
antejuicio.
Por supuesto, todo esto era un verdadero espectá-
culo publicitario, organizado por los promotores mer-
cadológicos del la Instancia. Tan era así, que cuando
el gobierno de Panamá recibió la transferencia de las
órdenes de detención, se sintió ofendido, pues todas
la pruebas aportadas por Tuna Valladares eran cuatro
recortes de prensa y un anónimo. Este último, de un
señor que me acusaba de todo lo imaginable, pero que
al final, decía que el no firmaba, pues tenía miedo a la
reacción que pudiera provocar su escrito. En conclu-
sión, la prueba más contundente era un simple pedazo
de papel mal escrito.
A la larga, esa grotesca persecución sirvió para
que el gobierno panameño nos otorgara, de inmedia-
to, el asilo a nosotros y a nuestras familias.
Mientras todo esto ocurría, ya los mismos aboga-
dos que asesoraron el golpe en el mismo despacho del
Ministro de la Defensa, asesoraban ahora a la Instancia,
para que la Corte de Constitucionalidad prohibiera al
Congreso dar posesión de la primera magistratura a
Gustavo Espina. Así se perfeccionaba el golpe, hecho

214
La persecución

a la medida de los acuerdos llevados a cabo entre Dio-


nisio Gutiérrez y Pérez Molina.

Se abre la persecución y el acoso

A partir de este momento, la prensa del país inicia


la campaña más despiadada que jamás yo hubiera visto:
páginas enteras llenas de odio, atacándome con algu-
nas cosas ciertas, verdades a medias, mentiras, injurias,
groserías. No importaba lo que yo dijera; el periodista
que me entrevistaba ponía lo que le daba la gana, o
con una satírica introducción cuestionaba, demeritaba
o ridiculizaba lo que yo decía. La avalancha de ataques
salpicados de un feroz odio, de resentimientos, llega-
ron a tal extremo que cualquiera que quisiera ganar
popularidad o simpatía, lo único que tenía que hacer
era insultarme o relatar alguna historia o cuento que
me denigrara.
Al principio tuve la intención de hacer algunas
aclaraciones, pero los ataques iban con lujo de desplie-
gue y rellenos de mentira, en primera plana. Cual-
quier aclaración la ponían mutilada en quinta página
y con un encabezado mil veces más insidioso que la
noticia.
Recuerdo que un día, ante una ofensa a mi dig-
nidad, le pedí a Gonzalo Marroquín que, en vista de
que él era Jefe de la Comisión de Libertad de Expre-
sión de la Comisión Interamericana de Prensa (CIP),
interviniera para que se entendiera mi derecho a con-
testar y aclarar lo que en su medio de comunicación
se dijo sobre mi persona. Le solicitaba que lo hiciera
según como la ley lo mandaba: en el mismo espacio y
con la misma importancia de la noticia con la que me
difamaron.

215
La guayaba tiene dueño

Entonces recibí una contestación en la que me


decía que con mucho gusto, publicaría mi aclaración
en la sección de cartas de los lectores, y que yo podría
estar seguro de que esa sección era muy leída. Pensé
que ser insultado ya es duro, pero que, además, me
vieran cara de estúpido, era aun peor. Pensé para mis
adentros: si quien se supone defiende la libertad del
pensamiento, hace esto a un expresidente, qué pue-
de esperar un ciudadano sin rango ni preeminencia
alguna.
Pero, en realidad, son hechos como el descrito
lo que tienen a mi país como está actualmente. No
son las maras, no son las pandillas, no es el crimen
organizado, no es el narcotráfico. La raíz está en todo
eso que tiene su justificación en el abuso de los que
tienen poder, de los que alienan y castran al pueblo,
al coartar sus derecho y libertades. No han entendido
que la libertad y los derechos son para todos. No han
entendido que el hecho de ser propietarios de un me-
dio de comunicación no da derecho a hacer lo que se
quiera, incluido destruir la moral, atropellar la digni-
dad de la persona, sea cual esta fuere; porque incluso
el criminal más grande tiene derecho a su defensa.
Esto es lo humano, lo justo. Pero cuando los podero-
sos o los abusivos cercenan esos derechos, promueven
la violencia, enseñan la intolerancia, ofenden y hu-
millan. No se dan cuenta de que actitudes como esas
crean, como pasó con los poderosos franceses del siglo
XVIII, las condiciones para una revolución implaca-
ble y sanguinaria.
Parece que los dueños del país y sus adláteres no
quieren entender que todo en este mundo tiene un
límite, y que no solo hay que predicar sino que hay
que actuar de acuerdo con lo que se predica.

216
La persecución

En ese mismo medio en el que trabajaba el men-


cionado “adalid de la libertad”, se publicó un edito-
rial, que bajo el título de “Líbranos Señor de toda
tentación”, decía en una de sus partes conducentes,
que no faltaría alguien que, haciendo abstracción de
sus principios cristianos, fuera a Panamá y me matara.
Podría contar miles de historias de este tipo. Lo cierto
es que estos poderosos financiaron estudios, artículos,
publicaciones y hasta “spots” televisivos para subir a
internet y atacarme.
Durante casi veinte años no me han soltado, al
extremo de que un amigo me decía: “Estuve en Gua-
temala, y para mi sorpresa, mucha gente te recuerda
con mucho respeto; sin embargo, cada vez que he leí-
do algo sobre ti, solo he visto cosas malas. O tus ene-
migos son muy activos o tú no te has defendido”. Yo
le respondí que se trata de las dos cosas: mis enemigos
son muy activos y no sé por qué después de veinte
años, aún siguen atacando y yo no me he defendido,
tampoco he tenido cómo hacerlo, pues cada vez que
aclaro algo, más me atacan.
Con frecuencia nos enteramos, por medio de
amigos, que un nuevo ataque se aproxima. Por ejem-
plo, cuando hicieron correr la noticia de que yo me
había divorciado, que me había fugado con una cu-
bana, que mis hijos andaban en drogas, y otras cosas
que no me atrevo ni siquiera a mencionar. Muchos
lo creyeron, pero también supimos que en la oficina
de un alto dirigente de la Instancia, se comentó que,
como no encontraban nada grueso contra mí, era fun-
damental continuar minando mi reputación y que esa
información debían difundirla. Alguien se enteró y
fue a la casa de mis suegros, a contarles lo del nuevo
ataque que venía. Mi suegro me llamó y me contó,

217
La guayaba tiene dueño

según él, para que estuviéramos preparados. Me dijo


que tuviéramos paciencia y me bendijo. Le agradecí
su bendición, le aseguré que el Señor nos daría la pa-
ciencia, pero en cuanto a la preparación, yo pensé para
mis adentros: en esto no hay forma de prepararse, lo
único que queda es resignarse, perdonar y dejar a Dios
que haga justicia, justicia que sí hemos podido ver en
abundancia durante estos veinte años.
Recuerdo que hace cuatro años vino un periodis-
ta que traía una lista de los problemas que han tenido
algunos de los personajes que me habían perseguido y,
sonriendo, me dijo:
—Me sugirieron que le preguntara que les hizo
usted.
Yo me reí y le respondí:
—No le digo, porque si le digo, usted no tiene el
valor de publicarlo.
Me juró que si yo se lo decía, él se comprometía
a publicarlo
—Bueno, vamos ambos a grabar la conversación,
para que estemos seguros de que lo que usted va a
publicar es exactamente lo que yo le voy a decir.
Y así lo hicimos. Todavía tengo presente la cara
del amigo en mi mente, sentados tomándonos una
taza de café en la cafetería del hotel Holiday Inn, hoy
Crown Plaza de Panamá. Esto fue lo que le dije:
—Lo que hice fue perdonarlos, y los perdono
cada día. Me he comprometido ante Dios a no levan-
tar una mano contra ellos y he dejado la justicia en las
manos de Dios.
Lo que aseguré suena fácil, pero es difícil. Créan-
melo, esto es lo que la palabra del Señor recomienda
y a la larga es lo único que le permite a uno vivir y
dejar vivir.

218
La persecución

La persecución legal

Cada vez que se producía un cambio de gobierno


en Guatemala, el cambio de un fiscal en el Ministerio
Público o bien cuando necesitaban distraer un poco a
la opinión pública, entonces venía la publicidad en mi
contra, ya sea anunciando una solicitud de extradición,
medidas judiciales, órdenes de captura, avance de los
procesos o cualquier otra cosa que daba prestigio al
funcionario ejecutante. En todo caso, bien servía de
cortina de humo. Esto, como se dice popularmente,
ya era “de cajón”.
Sin embargo, para mi persona y mi familia, cada
vez que eso sucede, es un momento difícil y humi-
llante. Afecta íntimamente a la familia entera. Nadie
puede imaginarse lo que uno sufre cuando, por causa
de estos procedimientos, algún desprecio se produce
contra mi esposa o alguno de mis hijos, o de mis fa-
miliares o allegados. Cuando alguna oportunidad de
negocios o de otra índole se cae por la insidia y el odio
con que los enemigos nos han atacado, esto no tiene
explicación ni tampoco existe ungüento para aliviar
el dolor. Solo El Señor ha podido darnos la fortaleza
para que nuestras almas no se corroan en rencores y
amarguras. Bendito sea Él, que nos ha consolado y
restaurado permanentemente.
Desde el año 1993 he sido perseguido por pode-
rosos, por funcionarios públicos venales, con menti-
ras, arbitrariedades y manipulaciones de la justicia y el
derecho, así como por algunos magistrados, jueces y
fiscales indignos, que se han dedicado a usarme para
lograr prebendas o favores personales o bien para lan-
zar cortinas de humo con el fin de distraer a la opinión
pública de los temas fundamentales que angustian y

219
La guayaba tiene dueño

oprimen al pueblo de Guatemala.


Ellos saben que la Convención de Montevideo
del 26 de diciembre de 1933, de la cual Guatemala y
Panamá son signatarios, trata sobre la extradición y
reglamenta el asilo, estableciendo que:
“El Estado requirente (en este caso Guatemala)
tiene que reconocer la soberanía del Estado asilante
(en este caso Panamá) y acatar su fallo y no hacer de
ello un motivo de disputa entre los dos países”.
El Estado panameño, en cuatro ocasiones, ha
analizado y juzgado todas las acusaciones y supuestas
pruebas enviadas sistemáticamente por el Estado gua-
temalteco. Cuatro gobiernos distintos y de diferentes
partidos han negado la petición de extradición, por
no sustentar el fondo de las acusaciones, ni cumplir
con las formas previstas según las respectivas conven-
ciones.
Muy cortés y tolerante ha sido el Estado pana-
meño y sus ilustrados gobiernos, en haber recibido
y procesado tres veces las solicitudes de extradición,
pues el mismo tratado de Montevideo establece en el
Artículo 12 que “negada la extradición de un indivi-
duo, no podrá solicitarla de nuevo”. Sin embargo, los
gobiernos guatemaltecos lo han hecho ilegalmente,
violando los convenios con el acostumbrado despre-
cio que ellos han tenido por la ley que repetidamente
declaran defender. Esto es parte de la creencia de que
los poderosos del país tienen, de que la ley no es para
ellos.
Estos señores, con gran desfachatez, han escon-
dido al pueblo de Guatemala que el 25 de junio de
1993, el Estado panameño rechazó por primera vez
la solicitud de extradición, declarando que lo hacía
porque no se había cumplido con lo establecido en la

220
La persecución

Convención de Montevideo.
Un año después, ante el segundo pedido de ex-
tradición, el 24 de agosto de 1994, el Gobierno de la
República de Panamá, por medio de la Resolución
Ejecutiva No. 10, declara que:
“Luego de un minucioso estudio de la docu-
mentación aportada, resuelve negar la extradición del
expresidente de la República de Guatemala, JORGE
ANTONIO SERRANO ELÍAS, por considerar que
los hechos y delitos que motivaron la misma son de
carácter político.”

Finalmente, el 18 de febrero de 1998, y ante las


reiteradas impertinencias e ilegalidades de las autori-
dades guatemaltecas, el gobierno panameño denegó
la última petición de extradición de la siguiente ma-
nera:
“RESUELVE: PRIMERO: Negar como en
efecto niega la solicitud formal de extradición del ciu-
dadano guatemalteco JORGE ANTONIO SERRA-
NO ELÍAS, presentada por el Gobierno de la Repú-
blica de Guatemala, para ser procesado por la supuesta
comisión de los delitos de USURPACIÓN, FRAU-
DE Y ABUSO DE AUTORIDAD, por cuanto tal
solicitud no se apega ni en la forma ni en su contenido
a lo establecido en la Convención de Montevideo de
26 de diciembre de 1933 y en la legislación panameña
vigente; no es cónsona con la práctica y la doctrina
latinoamericana en la materia; no respeta la califica-
ción soberana de la situación histórica que originó la
concesión del asilo político, derecho que le otorgan las
convenciones vigentes en la materia al Estado Asilante
de manera exclusiva; no observa la correspondiente
obligación de terceros Estados de respetar ese derecho

221
La guayaba tiene dueño

de calificación y de no convertirlo en un punto de


tensión internacional, por cuanto el acto se considera
pacífico, apolítico y exclusivamente humanitario”.
Resulta vergonzoso que, a pesar de esta cátedra de
dignidad y derecho, funcionarios guatemaltecos sigan
poniendo en ridículo al país y lo que es peor, expo-
niéndolo a que se le vuelva a dar otra cátedra aun más
vergonzosa; y todo por querer instrumentalizar públi-
camente el derecho y la justicia en beneficio personal
o por servilismo hacia los que, con obscuros fines,
fomentan o patrocinan la persecución en mi contra.
El día que fui notificado de esta Resolución, asistí
al Ministerio de Relaciones Exteriores; me leyeron la
Resolución y después me hicieron firmar de confor-
midad lo recibido. No pude evitar que las lágrimas se
asomaran abundantemente; pero a decir verdad, no
eran solo por la paz que la seguridad aportaba a mi
familia, sino que también sentía vergüenza e indig-
nación, pues no era justo que malos guatemaltecos,
quizá por ganarse alguna prebenda, pusieran al país en
el predicamento de que otro Estado los calificara de
incapaces, pues su petición no se apega ni en su forma,
ni en su contenido a la norma que invoca.
Está demostrada su ignorancia porque descono-
cen la práctica de la doctrina de asilo en América La-
tina. Son irrespetuosos porque no respetan el derecho
soberano que tiene el Estado asilante de calificar, en
forma exclusiva, la situación que originó el asilo. Son
temerarios, pues el Estado requirente tiene la obli-
gación de aceptar la decisión del Estado que otorga
el asilo, ya que constituye un acto pacífico, apolítico
y exclusivamente humanitario, tal como lo señala la
Resolución antes transcrita.
En mi interior pensaba: si así procede un canciller

222
La persecución

como Eduardo Stein, que supuestamente sabe leer y


escribir, ¿qué podemos esperar en el país? Sin embar-
go, no imaginaba cuáles eran las grandes vinculacio-
nes y servicios que él prestaba a los “dueños del país”,
los que solo se pusieron de manifiesto después, cuando
fue nominado como candidato a vicepresidente, con
Oscar Berger. Ambos gobernaron durante el período
de la “presidencia privatizada” y más recientemente,
cuando Stein se desempeña como el brazo derecho de
Pérez Molina, en la transición del gobierno de Álvaro
Colom Caballeros al de el actual presidente.
Resulta mas inexplicable que el Gobierno de
Guatemala, se pusiera en este entredicho, a pesar de
que ya el Departamento de Asuntos Jurídicos de su
propia Cancillería había advertido en sendos dictáme-
nes que el Ministerio Público de Guatemala no tomó
en cuenta.
En repetidas oportunidades, diferentes institucio-
nes hicieron ver tanto a la Fiscalía como a los jueces
encargados, que “no existían pruebas que sustentaran
las acusaciones que se le hacían al expresidente Jorge
Antonio Serrano Elías”; e incluso el propio Departa-
mento Jurídico del Ministerio de Relaciones Exte-
riores de Guatemala les hizo ver que con la evidencia
presentada no se probaban los delitos imputados y que
el Estado panameño no otorgaría la extradición solici-
tada. Asimismo sugirió al fiscal que se buscaran nue-
vos elementos que efectivamente probaran los hechos
que se me imputaban.
La realidad es que no hay delitos comunes come-
tidos por mí, mucho menos pruebas. Pero la presión
de los poderosos en este caso era, y sigue siendo, in-
culparme de todo lo que se pueda. Incluso, temeraria-
mente, han llegado a decir que la razón por la que no

223
La guayaba tiene dueño

se me ha podido extraditar es por culpa del Estado pa-


nameño. Pero han escondido al pueblo que son cuatro
los gobiernos en Panamá que han juzgado mi caso.
Todos estos gobiernos pertenecen a diferentes parti-
dos políticos y con grupos muy disímiles ejerciendo el
poder, y todos han coincidido en el mismo juicio.
Permítanme reproducir las opiniones que fue-
ron emitidas por la Dirección de Asuntos Jurídicos y
Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores de
Guatemala:
PRIMERA OPINIÓN:
Oficio de la Dirección de Asuntos Jurídicos y
Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores, fir-
mado por el Director, licenciado Guillermo Sáenz de
Tejada, dirigido al Señor Ministro, Dr. Arturo Fajar-
do Maldonado, en relación con el oficio, sin número,
de fecha 4 de enero de 1994, enviado por el entonces
Presidente del Organismo Judicial, licenciado Juan
José Rodil Peralta.
En el numeral 2) de dicho documento, se estable-
ce textualmente:
“... de la demás documentación no se despren-
den los hechos que tipifican los delitos por lo que está
siendo procesado, principalmente lo que se refiere a la
malversación y el peculado.”

Asimismo, en el literal E) se manifiesta textual-


mente:
“Por lo anteriormente expuesto se considera que
la documentación recibida por esta Cancillería, debe
ser devuelta a fin de que la misma sea ampliada y que
se llenen los requisitos mínimos a que hace referen-
cia el artículo 5º de la Convención sobre Extradición
de Montevideo, ya que de presentar la solicitud de

224
La persecución

extradición únicamente amparada con la certificación


extendida por el Juzgado Cuarto de Primera Instan-
cia Penal de Instrucción, existe la posibilidad de un
rechazo por parte del Gobierno panameño. Sobre el
particular cabe hacer la observación que de confor-
midad con el artículo 12 de la indicada Convención,
“negada la extradición de un individuo, no podrá so-
licitarse de nuevo por el mismo hecho imputado”.

La contundencia de la opinión anterior, demues-


tra claramente que no había pruebas para acusarme
de los delitos que se me imputaban. Esto, dicho por la
propia cancillería guatemalteca. ¿Cómo entonces pre-
tendían que la cancillería panameña me extraditaría?
Todo era y ha sido un juicio mediático, amparado y
fomentado por los mismos.
SEGUNDA OPINIÓN
Se trata del memorando número 366 de fecha
6 de noviembre de 1996, firmada por los Asesores
de la Dirección de Asuntos Jurídicos y Tratados del
Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala,
licenciado Oscar H. Vásquez Oliva, licenciada Ánge-
la Elizabeth García Urrutia y el Director, licenciado
Guillermo Sáenz de Tejada.
Como este memorando contiene un análisis ju-
rídico amplio y fundamental, plenamente basado en
el Derecho Internacional y apegado a las normas ju-
rídicas vigentes en Guatemala, considero importante
adjuntarlo como anexo, y transcribir literalmente su
CONCLUSIÓN:
“Por lo antes expuesto se estima que, para que
exista la posibilidad de obtener la extradición del Ex-
presidente Jorge Antonio Serrano Elías, es necesario
que el Ministerio Público, así como el Tribunal de

225
La guayaba tiene dueño

conocimiento, recaben las pruebas indispensables con


relación a los delitos que la motivan, expresando con
la debida precisión cada uno de los ilícitos penales que
se le atribuyen, y que se concreten y se aporten prue-
bas de los artificios utilizados para defraudar al Estado
de Guatemala.

De conformidad con el análisis efectuado, esta


Dirección considera que el expediente recibido por
esta Cancillería, debe ser devuelto a fin de que el
mismo sea modificado a efecto de que la solicitud de
extradición tenga la expectativa que sea resuelta en
forma favorable.
Se considera así mismo conveniente que se haga
del conocimiento del Señor Fiscal general de la Repú-
blica la posición de esta Cancillería, a fin de que como
parte acusadora, coopere con el tribunal juzgador en
obtener pruebas más concluyentes de los hechos ilíci-
tos de que se le acusa al sindicado.”

Queda claro que la Fiscalía de Guatemala, para


darle un carácter legal a esta injusta y descalificada
persecución, escogió los delitos y después salieron a
buscar pruebas; o a usar las mismas supuestas pruebas
para tratar de encajarlas en cada uno de los delitos que
se les ocurría. Confirmación de ello es lo manifestado
en el último párrafo de la página 4 del Memoran-
do 366 de la Cancillería de Guatemala, cuando en el
cuerpo del mismo se manifiesta:
“Se establece que la documentación que se aporta
como prueba de indicios razonables de culpabilidad
por la comisión de los delitos de USURPACIÓN DE
ATRIBUCIONES Y FRAUDE, es la misma que
se acompañó en la primera solicitud de extradición

226
La persecución

presentada a la República de Panamá, apoyando la co-


misión de los delitos de USURPACIÓN DE FUN-
CIONES Y PECULADO”

A pesar de estos hechos claros y declarados, se


tiene la desfachatez, por parte del fiscal Mario Leal,
de acusar al Estado Panameño de no cooperar, cuando
la obligación del Estado requerido es de juzgar la in-
tencionalidad de las peticiones del Estado requirente
y no inventar las pruebas que el requirente no puede
aportar.
En tres ocasiones consecutivas Panamá les ha ne-
gado las peticiones por su profundo sentido político y
por no ajustarse ni en la forma ni en el fondo a lo es-
tablecido en la Convención de Montevideo; es decir,
no tienen justificación alguna.
Sin embargo, una vez más, con gran alarde pu-
blicitario, el fiscal Leal y la jueza Lam se complemen-
tan para realizar un nuevo episodio de persecución; y
basados en las mismas supuestas pruebas, ordenar mi
captura por medio de la Interpol, a sabiendas de que
eso no es posible, pues ya media la protección que
un tratado internacional otorgó a través de la acción
soberana y justa del Estado panameño.
Y como si esto fuera poco, los citados funcio-
narios, así como todos los jueces, magistrados y fis-
cales que se han prestado a ese juego, han violado la
doctrina constitucional guatemalteca que, desde 1945
ha prohibido la persecución por razones políticas, así
que con su conducta han atropellado la Constitución
Política de la República, que los perseguidores dicen
proteger.
Ha sido tan molesto todo esto para el Esta-
do panameño y, sobre todo, para las dependencias

227
La guayaba tiene dueño

administrativas del Ministerio de Relaciones Exterio-


res, que mediante Decreto Ejecutivo No. 78 del 17
de junio de 2009, el señor Presidente de la República
de Panamá, decretó que “el asilo territorial otorgado
al expresidente de Guatemala Jorge Antonio Serrano
Elías y su familia, es de carácter permanente”.

228
CAPÍTULO XIII

Esto ¿por qué?

Siempre hay cosas en la vida que resultan difíciles


de explicar, pero que en algún momento o de algún
modo, se les va encontrando cierta lógica, o al menos
va apareciendo alguna justificación que explique los
motivos que pudieron haber desencadenado los acon-
tecimientos.
En mi caso, he de manifestar que me ha costa-
do mucho entender lo que pasó y mucho más cómo
pasó. El Presidente se aísla, o lo aíslan; o el Estado
guatemalteco es muy complejo debido al desorden
propio de nuestra idiosincrasia y de la anarquía de los
intereses que se mueven. O bien, debido a las malas
prácticas heredadas desde las etapas de la conquista y
colonización. Pero sobre todo, por el concepto que te-
nemos de la ley, a la que la sociedad guatemalteca la ve
simplemente como una manifestación de intenciones
y no como una norma obligatoria de cumplimiento.
De todos modos, veinte años de desintoxicación
y ref lexión no han sido suficientes para llegar a ex-
plicarme por qué se acumuló tanto odio contra mí.
Quisiera explicarme qué les hice para que tuvieran
tan grandes razones para conspirar contra mí en la
La guayaba tiene dueño

forma en que lo hicieron; y sobre todo, por qué si ya


no estoy en Guatemala y ya no soy un factor en la
política del país, me siguen atacando, me denigran,
siguen inventando cosas contra mí. Con una saña im-
presionante me persiguen, asociándome siempre con
lo peor.
Cada día le doy más gracias a Dios, que conmigo
la persecución no llegó hasta donde llegó con Manuel
Colom Argueta, Adolfo Mijangos, Danilo Barillas,
Jorge Carpio Nicolle, Monseñor Juan Gerardi, Isi-
doro Zarco, Alberto Fuentes Mohr, , Epaminondas
González, Jaime Cáceres, Leonel Sisniega Otero, y
miles y miles más que en diferentes fechas han caído
asesinados por balas disparadas con el único objetivo
de cambiar la historia en beneficio de algún ingrato
que la quería diferente.
Como es natural, en veinte años sin visitar mi
país, veinte años alejado del protagonismo al que es-
tuve acostumbrado desde niño, veinte años sin recibir
el chisme de primera mano, siempre llegado en un
refrito, me han hecho recurrir a la lectura y al análisis
de la documentación, agudizando mi espíritu crítico,
para no solo seguir la literalidad de lo escrito, sino
–como dije antes– buscar también la intencionalidad
y el espíritu de lo leído o indagado.
Cuando finalmente encontré el libro “Dictating
Democracy” escrito por Rachel McCleary y vi en el
prólogo los agradecimientos y elogios para Juan Luis
Bosch Gutiérrez, Víctor Suarez, Carlos Vielman,
Edgar Heinemann, Marco Augusto García Noriega,
Otto Pérez Molina, José Domingo García Samayoa,
Roberto Letona Ora y otros más, pensé que había
tirado mi dinero, pues creí que iba a ser más de lo
mismo, pero decidí leerlo, con el único objetivo de

230
Esto ¿por qué?

entender los motivos de mis perseguidores.


Confieso que este y otros documentos me han
hecho ref lexionar sobre muchos de los errores que se
cometieron, así como los que yo personalmente co-
metí. También he podido enterarme de la cantidad
de cosas que suceden a espaldas del Presidente; pero,
en medio de todo, me ha quedado claro, pero muy
claro, que es el egoísmo el motor fundamental de mis
paisanos, no solo para interpretar la historia sino para
motivar los hechos que la producen.
Me impuse la lectura del libro de McCleary, que
como manifesté elogia y agradece a mis perseguido-
res todos su apoyo, orientación y aportaciones. En-
contré entonces comentarios como los que señalaré a
continuación. En el Preámbulo del libro, escrito por
Eduardo Palomo Escobar, página xiv, dice:
“Como lo señala el autor, Serrano ciertamente
fue el presidente civil que por primera vez, durante la
transición hacia la democracia, ejercitó su autoridad
como comandante general sobre el ejército”.
Manifiesta McCleary más adelante, página 40,
en la sección dedicada a las Elites y la Transición, lo
siguiente:
“No fue sino hasta que Jorge Serrano Elías asu-
mió la presidencia, que algún grado de autoridad fue
impuesta sobre las instituciones militares. Serrano en-
tendió el poder que él tenía como Comandante en
Jefe y lo uso para poner bajo arresto a oficiales envuel-
tos en violaciones a los derechos humanos. Serrano
también destituyó a miembros del alto mando que no
cumplieron sus órdenes”.
En la Introducción de “Dictating Democracy”,
Richard N. Adams, Profesor Emérito de la Universi-
dad de Texas, Austin, página xv se lee:

231
La guayaba tiene dueño

“Las frustraciones que llevaron a Serrano a romper


la Constitución fueron terriblemente reales. Muchos
legisladores, jueces, oficiales militares, y burócratas
del Estado, fueron más conspicuamente deshonestos
que el propio Ejecutivo.
El país se convertía en foco de una gran transfe-
rencia y lavado de dinero para narcotraficantes, para
bandas locales e internacionales de ladrones, secues-
tradores y asesinos, operando casi sin interferencia;
y el envolvimiento criminal de policías, combinados
con militares, que por sus abusos e impunidad incre-
mentaban el deterioro de la vida civil.”
Nada más cierto que la percepción del profesor
Adams. Solo le faltó apuntar que todo ese deterioro
no se daba únicamente dentro de los grupos señala-
dos, sino que también dentro de los poderosos del país,
quienes han tenido una gran parte de la culpa de esta
situación, pues la fuente del dinero de la corrupción
viene fundamentalmente de ellos. También hay que
reconocer que sin su activa participación, el lavado de
dinero no hubiera sido posible en la forma en que se
venía presentando y, mucho menos, en las dimensio-
nes en que hoy se evidencia en el país.
Pedí en una oportunidad al Ministro de la De-
fensa, general García Samayoa, que juntamente con
el Jefe de la G2 (Dirección de Inteligencia del Ejérci-
to) coronel Pérez Molina, hicieran una presentación
a los directores de los medios de comunicación y a
dirigentes del sector privado, sobre los peligros que
advertíamos de la penetración del narcotráfico en sus
respectivos sectores. Con esto, yo quería poner una luz
amarilla y tratar de iniciar un diálogo para tratar de
formular una agenda sobre el particular. Los comen-
tarios no se hicieron esperar, nadie le dio importancia

232
Esto ¿por qué?

y muchos lo tomaron a burla, por supuesto, acusándo-


me de querer intervenir en la libertad de prensa.
En los aspectos económicos, hasta mi llegada al
poder, Guatemala tal como lo refiere McCleary, no
había implementado los requerimientos de las institu-
ciones financieras internacionales, referidas como las
de primera generación, que fundamentalmente con-
sistían en la estabilización macroeconómica del país y
la liberalización del comercio. Estos eran elementos
fundamentales para poder llegar a un entendimiento
y firmar un acuerdo con el Fondo Monetario Inter-
nacional.
Nosotros, como vimos anteriormente, y como la
misma autora lo refiere en la página 97 de su libro,
lográbamos avances:
“Para 1993 Serrano exitosamente había mejorado
la imagen del país ante las instituciones internaciona-
les, así como con los proveedores de créditos comercia-
les. La confianza de los inversionistas privados, ambos
domésticos e internacionales en el país, fue primaria-
mente estimulada por la firma del Standbay Agreement
con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con
el restablecimiento del crédito con las Instituciones
Financieras Internacionales de crédito. La parte baja
fue que el avance logrado reduciendo la deuda fiscal
e implementando las reformas de primera generación,
no eran de primera importancia para la opinión pú-
blica en Guatemala, dado que estas no se trasladan en
forma tangible de inmediato a los sectores de ingresos
medios y bajos, consecuentemente la mayoría de los
guatemaltecos pareciera que no apreciaron la mejoría
que en el clima económico trajeron las reformas”.
No obstante los logros apuntados anteriormen-
te, habíamos logrado reducir la inf lación que Cerezo

233
La guayaba tiene dueño

Arévalo nos dejó en 60%, a menos del 10%. Los sa-


larios ganaron considerablemente en su valor adqui-
sitivo, la economía crecía por fin, las ventanillas de
los bancos internacionales de crédito se abrían, con el
sistema de los Cenivacus generamos una reserva con-
siderable de divisas, que nos permitía operar sin las
angustias en que nos dejó el gobierno anterior. En fin,
los negocios iban creciendo, las exportaciones tam-
bién, sobre todo las de productos no tradicionales a las
que incentivamos especialmente.
Según mi perspectiva y las estadísticas del país,
que se pueden revisar en los anales del Banco de Gua-
temala, todo parecía que estaba entrando en orden,
que mejorábamos y que nos preparábamos para dar un
salto. Creo que este sentimiento lo compartían varios
de los más diversos sectores del país.
La misma Rachel McCleary, en la página 103 de
su libro, en las conclusiones de su tercer capítulo, es-
tablece claramente que:
“La liberalización de la economía bajo Serrano fa-
voreció la apertura del mercado doméstico. Para mayo
de 1993, el sector privado organizado, en su mayor
parte, estaba de acuerdo con la dirección que estaba
teniendo la política económica”.
Un día me pidieron una audiencia para el pre-
sidente de la Financiera del Banco Mundial, y se la
concedí para un sábado en la noche, pues así fue so-
licitada, dado que él tenía un agitado itinerario de
viaje. Cuando el señor llegó a la Casa Presidencial,
iba acompañado, entre otras personas, por Juan Luis
Bosch. Fueron conducidos por un oficial al salón
Maya e inmediatamente me avisaron, llegué y saludé
a los presentes, incluyendo al visitante.

234
Esto ¿por qué?

Me llamó la atención que todo siguió desarrollán-


dose en una forma bastante informal, hasta que por fin
el señor del Banco Mundial, preguntó que si alguien
sabía a qué horas iba a llegar el Presidente. Hubo un
silencio, e inmediatamente uno de los asistentes, con
mucha discreción, le indicó que el Presidente era yo.
La cara del pobre fue de susto, no sabía cómo ex-
cusarse ni cómo salir de lo que en buen castellano
llamamos “una metida de pata”, la cual a decir verdad
no era de él, sino que mía y de los presentes, que por
la confianza en que nos tratábamos, no dimos ningún
indicio de que el Presidente había llegado. Este inci-
dente rompió el hielo.
De inmediato el funcionario del Banco Mundial
habló. Dijo que había hecho la parada en Guatemala
para conocerme personalmente y porque quería sa-
ber, de primera mano, qué era lo que estaba pasando,
pues llamaron a la sindicalización de un crédito para
la compra de unas barcazas por parte de Enrow, por
cincuenta millones de dólares y que, para su sorpresa,
él mismo se había sindicalizado en menos de veinte
minutos. Agregó que al ver eso, pidió información
sobre la economía en Guatemala y que le dijeron que
allí se estaba gestando un milagrito. Como podrán
imaginarse, yo me sentía sumamente satisfecho de lo
que estaba oyendo y por supuesto muy contento que
eso lo estuvieran oyendo los presentes, incluyendo
Juan Luis Bosch.
Con todo esto, les confieso que todavía hoy,
veinte años después, luego de revisar y revisar datos
y comentarios, sé que lo que estábamos haciendo era
lo correcto y que la economía iba por el camino ade-
cuado, no solo para el crecimiento, sino que habíamos

235
La guayaba tiene dueño

logrado ya una recuperación básica que nos permitía


empezar a pensar en inversión social y políticas de de-
sarrollo. Siendo sincero, sin plata, no hay nada que
repartir.

236
CAPÍTULO XIV

Entonces, ¿qué fue lo que pasó?

Aunque los sondeos de opinión daban que yo te-


nía por arriba del 60% de aceptación, lo cual fue con-
firmado en las elecciones del 9 de mayo de 1993, no
me percaté de que todo lo anterior no me fortalecía.
Pensaba que lo que sucedía era un logro, porque esto
me permitiría mayor respaldo popular para presionar
a la guerrilla en las negociaciones de paz.
Notemos que McCleary, en la página 103 en el
mismo capítulo denominado “Desunidad, Extremis-
mo y Movilización” manifiesta:
“Confrontando una situación de incremento de
desestabilización, convergieron los intereses de la eli-
te. Esta convergencia resultó obvia cuando Serrano
parecía negociar una forma rápida de terminar el con-
f licto armado, sin tomar primero en consideración la
viabilidad institucional de los acuerdos de paz para el
sector privado y los militares” (…) “Serrano, al conti-
nuar las negociaciones sin insistir en un cese al fuego,
amenazaba los intereses institucionales de los dos gru-
pos de elite”.
Ahora, y solo ahora, entendí las palabras del ge-
neral Ortega Menaldo cuando, el 9 de mayo de 1993,
La guayaba tiene dueño

día en que habíamos ganado las elecciones municipales


(veinte días antes del golpe) me dijo: “Señor Presiden-
te, yo no estaría tan contento, esto es lo peor que nos
pudo haber pasado, y yo le recomendaría que mejor
no lo festejen mucho”.
Entendí que no importaba lo positivo que yo
hubiera hecho como gobernante. Lo que si no podía
hacer, a la luz de lo que sucedió, era ir contra los in-
tereses de aquellos que lucraban con el conf licto o de
quienes veían el conf licto como una fuente de poder;
poder que yo sin pensarlo, pero sí convencido de que
para eso me habían elegido, se los vine a plantear con
mis acciones de gobierno. En mi “loca y vana fan-
tasía” yo creí que la autoridad venía del pueblo que
me había respaldado y más aun del mandato que esos
mismos días me fuera ratificado en las urnas.
Curiosamente, cuando McCleary se refiere a mi
personalidad, y hace algunos comentarios de diversa
índole, señala:
“Serrano correctamente interpretó la prioridad
de iniciar directamente conversaciones de paz con la
guerrilla, y él sabía que estratégicamente los militares
deberían de participar en el proceso. Su fuerte perso-
nalidad le sirvió bien a él, para sentar a los militares a
negociar en la mesa con la guerrilla”.
Indiscutiblemente ellos se sentaron con la gue-
rrilla, pero desde el día que les di la orden quisieron
botarme y, sin lugar a dudas, este pequeño grupo de
militares que sí se aprovechaba del poder empezaron
la conspiración de la elite a que se refiere McCleary.
Por el otro lado, la elite económica veía con des-
esperación que el tiempo pasaba y que yo no les de-
finía la forma en que se iban a privatizar las empresas
del Estado. Su angustia se vio colmada cuando en una

238
Entonces, ¿qué fue lo que pasó?

encerrona que me dieron en el Hotel Camino Real,


les hice ver a sus representantes que no permitiría que
un deleznable monopolio estatal pasara a ser un de-
leznable monopolio privado; que eso lo consideraba
injusto para el consumidor y lesivo para los más ele-
mentales intereses del país.
Les manifesté que primero desmonopolizaría y
después privatizaría, garantizando que el pueblo ten-
dría opciones para escoger y que las empresas tendrían
que competir dándole al país calidad y precio. Por
otro lado, les hice ver que toda la presión estaba sobre
la electricidad y las telecomunicaciones, pero que el
Estado tenía más de cincuenta empresas que debería
vender y que si querían carne, que también presenta-
ran un plan para vender el hueso.
Esto terminó de angustiar a los pobres empresa-
rios que con tanta ilusión se saboreaban con las em-
presitas que ellos habían soñado y que ya sus colegas
disfrutaban en países de América Latina.
Hoy veo que hablar de que los intereses de las
elites eran democráticos, es un farsa. Lo que era cierto
es que se sentían amenazados y coincidieron en cons-
pirar. Mucho antes de que yo decidiera disolver el
Congreso y la Corte, ellos ya tenían su plan. Lo cierto
es que cada día se veían más acorralados y compro-
baban con angustia un fortalecimiento nuestro en el
gobierno, aún cuando la situación en el Congreso era
sumamente complicada.
Ni las votaciones, ni las encuestas indicaban que
nosotros estuviéramos mal, pero ellos ya convenidos
y confabulados, comenzaron a insistir en que yo era
un improvisado, que llegué a la presidencia por casua-
lidad, que era un desconocido, que no tenía apoyo,
que el MAS no era un partido, que era simplemente

239
La guayaba tiene dueño

un comité electoral, que yo era un corrupto, porque


tenía caballos y había hecho una casa en Río Dulce,
que me había descarrilado en Nueva York. Bueno,
argumentaron todo lo imaginable, me lo echaron en-
cima y además, hoy me doy cuenta de tantas cosas
que hicieron a mis espaldas, con la clara tendencia a
enemistarme con diferentes sectores.
Me da tristeza que tantos buenos hombres y mu-
jeres se comieran el cuento y lo respaldaron con ve-
hemencia, incluso haciéndole propaganda a una de las
burlas más grandes que se han hecho contra el pueblo
de Guatemala y su deseada democracia.
Tengo que reconocer que hubo una voz en la ca-
lle, que con valentía en ese momento, se levanté e
hizo una denuncia y fue la de Rigoberta Menchú,
Premio Nobel de la Paz. Se relata en la edición de
Siglo Veintiuno, del miércoles 2 de junio de 1993, en
la página 6, lo que ella gritó en la calle y manifestó a
la prensa:
“Llamo a la población a resistir el nuevo golpe
de Estado… Los mismos corruptos tratan de apode-
rarse del mando, avalados por los militares, lo que no
significa un triunfo sino un nuevo retroceso… Dijo:
los nuevos golpistas usurparon mi nombre, colocando
una silla con el nombre de la Premio Nobel, y eso no
me lo consultaron; por lo tanto rechazo y condeno
este nuevo golpe de Estado”.
Cada vez que conozco y entiendo más sobre lo
acontecido y veo los lamentables motivos de los que
participaron, sus ambiciones y motivaciones y, sobre
todo, al ver lo que han hecho con el país, lamento
profundamente no haber triunfado en 1993 en la de-
puración del Estado, comenzando por el Congreso de
la República y la Corte Suprema de Justicia. Con el

240
Entonces, ¿qué fue lo que pasó?

cuartelazo perpetrado por una pequeña cúpula mili-


tar, claramente estimulada y financiada por la cúspide
de una pirámide mal llamada empresarial, se abrió el
camino para llegar a lo que el país es hoy: un conjunto
de instituciones políticas, jurídicas, sociales y econó-
micas, secuestradas, sin credibilidad ni autoridad Y
para muchos, fallidas.
También lamento que se haya cumplido lo que
predije en varios de los discursos y múltiples inter-
venciones de hace veinte años, pues tristemente hoy,
la autoridad la tienen, en las ciudades, el crimen orga-
nizado, en el interior del país el narcotráfico, y en la
economía las grandes lavanderías de dinero que unos
y otros tienen organizadas en perfecto contubernio,
haciendo funcionar perfectamente, lo formal e insti-
tucional con lo informal y mafioso.
Ver que el país subsiste hoy, no por su produc-
ción, sino por las remesas de los pobres guatemaltecos
que en el exterior trabajan y sufren. Sin sus aporta-
ciones, la situación rural de nuestro país sería aun más
desastrosa, el consumo nacional estaría por los suelos
y, por ende la industria, los servicios y la agricultura
no serían posibles. Sin las remesas de los pobres, sería
imposible pagar las importaciones de todos los bienes
y servicios, ya sean de capital o de consumo, inclu-
yendo todos los artículos lujosos de que disfrutan los
privilegiados “dueños del país”, los dueños de la Gua-
temala de hoy.
¡Qué tragedia! Pero yo lo dije…

241
CAPITULO XV

El secuestro del Estado


de Guatemala

El 6 de junio de 1993 debe ser recordado como


el día en que se formalizó el secuestro del Estado de
Guatemala.
Las cúpulas empresariales del país siempre resulta-
ron importantes en el manejo de los acontecimientos.
Su relación con los militares fue de relativo respeto
y lograron entendimientos que los hicieron coexistir
compartiendo el poder, permitiendo, por períodos,
respiros democráticos y ciertas libertades políticas; o
bien, en otras épocas, apoyando a dictadores para pro-
teger sus privilegios.
Cualquiera que se interese un poco por la historia,
lo sabrá interpretar, porque en la existencia de Gabino
Gaínza, Rafael Carrera, Justo Rufino Barrios, Manuel
Estrada Cabrera y Jorge Ubico (más recientemente,
Lucas García y compañía) están los más elocuentes
ejemplos de lo que ha sido el resultado del contuber-
nio entre elites empresariales, oligarcas, conservadoras
y liberales, que se amalgamaron con grupos militares
para ejercer el poder. Como se diría hoy en el lenguaje
empresarial de moda, han vivido un “joint venture”,
es decir, en interpretación castellana: una “aventura
compartida”.
El secuestro del Estado de Guatemala

Pero en mayo de 1993 surgió un nuevo estilo:


jóvenes, atrevidos y “patriotas” como ellos mismos se
definen, en la carta de Dionisio Gutiérrez, deciden
protagonizar una de las hazañas más audaces en la
historia de la democracia. Logran que el Jefe de Inte-
ligencia Militar mande a traer a los magistrados de la
Corte de Constitucionalidad, los lleve al despacho del
Ministro de la Defensa, en donde ya ilustres aboga-
dos habían sido convocados para que asesoraran a los
“ineptos” magistrados.
Todo eso con el fin de encontrar una fórmula
legal de violar la Constitución Política de la Repúbli-
ca de Guatemala. Eso era “pasarse por los forros” las
normas más elementales del derecho, como es la que
nadie puede ser condenado sin antes haber sido oído
y vencido en juicio. Además, logran en forma abu-
siva quitar al Presidente de la República, electo por
el 68% de los votos ciudadanos; y también quitar al
Vicepresidente, a quien le “ofrecieron” que se queda-
ra, pero que al final le dijeron siempre no, aduciendo
que “juntos entraron y que juntos saldrían”, lo cual de
plano lo inhabilitaba para acceder a la más alta magis-
tratura de la nación.
¿Cómo le sonaría esto a un estadounidense, si le
dijeran que el jefe de la CIA mandó a traer a los ma-
gistrados de la Suprema Corte de Justicia de los Esta-
dos Unidos, para llevarlos a la oficina del Secretario
de Defensa en el Pentágono, para que firmasen una
resolución preparada por unos distinguidos abogados
independientes, mediante la cual se sustituiría al Pre-
sidente y al Vicepresidente de los Estados Unidos?
¿Qué pensaría ese ciudadano estadounidense si,
además, le dijeran que no se preocupara, porque tan-
to los integrantes del Senado, como los del Congreso

243
La guayaba tiene dueño

serían depurados porque eran tremendamente corrup-


tos; que integrarían otro Senado y otro Congreso; y
que en cualquiera de esos congresos, se elegiría a los
nuevos dignatarios de la Nación?
En efecto, eso fue lo que hicieron en Guatemala
estos “patriotas bananeros”. El hecho en sí mismo ya
es funesto, pero la enseñanza que obtuvieron de esta
situación fue más funesta aun, pues marcó el principio
y la manifestación brutal del Secuestro del Estado.
Los dueños de la guayaba lo lograron ahora sí. Po-
nían en la Presidencia un títere, aunque esto no era lo
importante. Descubrieron cómo, de manera brutal, se
podía intervenir la Justicia; cómo al poder político se
le podía manipular y poner de rodillas; cómo la socie-
dad civil se podía instrumentalizar y que instituciones
como el Congreso eran dúctiles y maleables ante la
presión. Y lo más importante: por fin encontraron la
fórmula de doblegar a los militares, estimulándoles sus
temores y dividiéndolos.
Estaba claro que los dueños no quería compartir
el poder, así que la división entre García Samayoa,
Perussina y Ortega por un lado; con Pérez Molina
y Enríquez por el otro, les favoreció, al extremo que
estos últimos, al haber sido seleccionados para apoyar
al gobierno de Ramiro de León Carpio y, posterior-
mente al de Arzú, fueron también instrumentalizados
para la misma desintegración del Ejército, dejando
así al país con un solo poder: el de los dueños, hoy
compartido con los narcotraficantes y miembros del
crimen organizado.

A partir de ese momento, el secuestro

En efecto, a partir de ese momento el Secuestro del

244
El secuestro del Estado de Guatemala

Estado vino a ser una realidad. Con algunas excepcio-


nes, los jueces y magistrados, fiscales y procuradores,
bailan al son del billete o de las presiones o preben-
das. Los abogados privados redactan las resoluciones
de jueces y cortes, y por qué no, si ya lo hicieron los
de la Corte de Constitucionalidad en 1993. Qué cosa
mejor, que el ponente de una determinada resolución
sea el mismo que va a ser beneficiado, porque de esta
forma ya no hay nada que arreglar. Sea buena o mala,
los dueños quedan contentos. Por supuesto, ahora ya no
son solo los dueños: el camino se abrió y por él transita
todo tipo de criminales, siempre y cuando tengan ac-
ceso a esta innovadora forma de ejercer la “justicia”.
Ni modo, ahora para simplificar aun más las cosas
a los jueces y magistrados mejor legalicemos el nar-
cotráfico, pues ya de hecho, el asesinato, el secuestro,
el hurto, la estafa, etc., están ya legalizados por un
procedimiento sencillo llamado impunidad.
Por supuesto, de este procedimiento quienes más
se han beneficiado son los señores del crimen orga-
nizado, sean estos descamisados, de camiseta y tatua-
jes, o bien de camisa corbata y de traje confeccionado
por los maestros Salvatore Ferragamo o de don Hugo
Boss, o el de la esquina.
La propia comunidad internacional se alarma de
lo que pasa en el país, por eso se sugirió crear la Co-
misión Internacional (CICIG, auspiciada por las Na-
ciones Unidas). Pero, ¡oh sorpresa!, los dueños resulta-
ron más listos de lo que nos imaginábamos. Ni bien
llegó el señor Carlos Castresana, como Jefe de dicha
institución, lo coparon, lo invitaron, lo sedujeron y lo
alinearon, a tal extremo que en lugar de perseguirlos,
los protegía, según se desprende de la documentación
que aporta Lafite Fernández en su libro “Crimen de

245
La guayaba tiene dueño

Estado. El Caso del Parlacen”.


Sin entrar a hacer juicios sobre el fondo de los
asuntos, sino comentar acerca de algunos de los he-
chos que relata Fernández, que nos ayudan a entender
qué tan lejos se ha llegado con el secuestro de la justi-
cia, transcribo algunas citas de ese libro.
En la página 156, capítulo 9, “Un crimen con sus
propias reglas”, el autor relata que a los fiscales interna-
cionales de la CICIG, al llegar e iniciar las investiga-
ciones en el caso del Parlacen (o sea: el asesinato de
diputados salvadoreños del Parlamento Centroame-
ricano, en 2009) les llama la atención que el fiscal
encargado, Álvaro Matus, declara a la prensa que ni el
director de la Policía, ni el subdirector, ni el tercero
de mando, serían llamados a declarar. Entonces los
fiscales de la CICIG se dan cuenta de que “el caso
era filoso desde el principio, pero los indagadores de
la CICIG sabían que llegaron a Guatemala a trocar
la historia de adversidades judiciales en proyectos de
esperanza para que la justicia se enderezara”.
Más adelante dice: ”…en febrero del 2009 los in-
vestigadores de la CICIG ya habían penetrado la Poli-
cía guatemalteca”, y agrega el libro que ”los primeros
testimonios ajenos al paquete oficial que encontraron
en los expedientes revelaban que en todo aquello es-
taban metidos algunos de los máximos rectores de la
instituciones de seguridad de Guatemala. Los nom-
bres y apellidos eran prominentes. Eran casi los mis-
mos que pillaron como participantes en las matanzas
de los reclusos”.
Estas matanzas se refieren a las ejecuciones extra
judiciales ocurridas en los penales conocidos como
Pavón y El Infiernito, contra varios detenidos que,
como testigos o involucrados en la muerte de los

246
El secuestro del Estado de Guatemala

parlamentarios, estaban guardando prisión en esos pe-


nales y que, obviamente, constituían un peligro para
los autores del crimen.
Los mismos fiscales, según se relata en la página
165 del libro, determinan un curso de acción que los
llevará a pistas más relevantes en el esclarecimiento del
caso, pues claramente visualizaban que el curso y acti-
tudes de los fiscales guatemaltecos estaban totalmente
sesgados:
“La idea era hurgar en la vida de los diputados
asesinados, sus negocios, sus posibles contactos con
guatemaltecos, entre otras cosas. Esas eran, en parte,
acciones obligadas para cumplir una buena investiga-
ción. La respuesta de Castresana a la solicitud de viaje
a El Salvador sorprendió a los investigadores. Simple-
mente les dijo no podían cruzar la frontera con El
Salvador, sin dar muchas explicaciones. Los colabo-
radores de la CISIG se quedaron mudos, incrédulos.
No podían mirar con benevolencia esa decisión. Para
ellos era un error no pisar suelo salvadoreños, si verda-
deramente, se quería llegar a la profundidad necesaria
en el caso.”
“¿Por qué Castresana tomó esa decisión? Solo él
lo sabe. …para esa época el español mostraba un cla-
rísimo retroceso en la voluntad que se necesitaba para
darle nuevos ímpetus técnico–jurídicos al tema”.
Más adelante en la página 170, al relatar el desa-
rrollo de las pesquisa, Lafitte Fernández cuenta que
los fiscales internacionales encontraron involucrados a
dos grupos oficiales muy poderosos que operaban n la
Policía y Gobernación:
”En esos temas el mando era vertical. Sin em-
bargo, también involucraron en la cúpula de la or-
ganización al ministro Carlos Vielman Montes, un

247
La guayaba tiene dueño

empresario con fuertes vínculos con los principales


capitales de Guatemala y expresidente de la Cámara
de Industria que gozó, antes de su renuncia, de todo
el apoyo del expresidente Berger y de los sectores
empresariales organizados. (…) La CICIG tenía un
número abultado de testigos de todas las operaciones
que hacían sus hombres más cercanos, las conocía al
dedillo Vielman”.
En el capítulo 10, denominado “Perseguir, silen-
ciar, destruir”, la fiscal costarricense, Gisele Rivera,
de la CICIG, le dice al periodista Lafite Fernández, y
él así lo relata en la página 191:
“Lee bien esa transcripción y verás que hablamos
de la corrupción en la CICIG. Puedes leer que el her-
mano de Figueroa nos informaba de las reuniones de
Castresana con la cúpula económica y de sus pactos.
Ellos nos daban información.”
Estas citas no necesitan comentario alguno, pues
se explican por sí mismas. Sin embargo, lo que sí me
llamó la atención, es cuando ella, la fiscal Gisele Ri-
vera, cuenta que el día 18 de octubre de 2010, luego
de dejar la CICIG, una costarricense de apellido Ga-
rita entabla una demanda por difamación en contra de
ella. Entonces comprende que la batalla había empe-
zado. Dice Fernández, en la página 181:
“Es obvio, sin embargo, que la acusación esta-
ba vinculada al esfuerzo de fiscales y autoridades de
Guatemala de callarla. Todos los que no querían que
ella llegara, a ese país, a testimoniar ante un estrado
judicial, tenían una enorme ventaja sobre ella: Gise-
le estaba a casi mil kilómetros de distancia de ellos
y sus agresores podían investirse de autoridades en
un sistema judicial manifiestamente dudoso como es
el guatemalteco. Tenían el dominio de las acciones

248
El secuestro del Estado de Guatemala

judiciales para inventarse cualquier cosa”.


A todas luces era claro que buscaban una orden
de captura para evitar que ella se presentara a testificar
ante la justicia guatemalteca, sabiendo, dice Fernán-
dez, que: “Gisele no tenía copia de la demanda en
su poder. La distancia entre Costa Rica y Guatemala
era la misma entre su necesidad de información básica
que necesita cualquier ser humano para defender su
honor, y su prestigio”.
Ella misma relata que de darle curso a la deman-
da, la difamación es una acción privada, que no con-
templa prisión preventiva, pero que hay jueces que
“estiran las leyes a su antojo para atropellar libertades
y valores humanos. Tienen la capacidad de ajustar el
camino de la justicia a sus intereses personales. Esto
no es cosa nueva…”
Sin embargo, en un hecho al que ella llama insó-
lito, en tiempo récord de solo cuatro días, se le levan-
tó la inmunidad que ella tenía como funcionaria de
Naciones Unidas, y se decretó una orden de captura
internacional por parte de la INTERPOL, para que
fuera capturada en cualquier lugar del globo terrá-
queo.
Como dice la canción “te pareces tanto a mí”; yo
podría decir que conmigo el sistema judicial guate-
malteco si no inventó, por lo menos practicó, perfec-
cionó y modernizó este tipo de procedimientos. El
Procurador Tuna Valladares, alentado por el mismo
grupo económico que persiguió a la fiscal Rivera,
hace quince años me persiguió a mí y en cuarenta
y ocho horas sacaron una orden de captura interna-
cional pidiendo que me detuvieran, aportando como
pruebas de los delitos cometidos cuatro recortes de
prensa y una nota anónima, mal escrita. ¿Qué tal?

249
La guayaba tiene dueño

Si el sistema de justicia guatemalteco fuera siem-


pre así de eficiente, Guatemala no tendría el índice de
impunidad más alto del mundo. Al respecto, según un
fiscal que me visitó en Panamá hace unos años, ni el
1% de los casos delincuenciales se resuelven.
La propia BBC de Londres en un reportaje his-
tórico, dijo irónicamente, que si usted quería hacer
turismo delincuencial, el lugar ideal era Guatemala,
pues allí es el paraíso de los delincuentes.
Lo que le faltó al reportaje, es recomendarles a los
delincuentes que no se vayan a meter con los dueños del
país, porque entonces no hay coraza ni ley que valga,
porque así sí los pueden perseguir. Tal es mi caso:
llevan casi 20 años persiguiéndome, sin importar si
hay o no delitos, aunque autoridades nacionales como
la misma Cancillería de Guatemala manifiesten que
no existen pruebas ni evidencias que sustenten la co-
misión de los delitos que se me imputan. Pero, ¿quién
dijo que los señores dueños necesitan delitos para per-
seguir? Cuando ellos ya lo han dispuesto, no se nece-
sitan pruebas y punto. ¿Acaso el país no es de ellos?
No quiero ni es mi intención hacer una mono-
grafía de los abusos de estos señores, porque ellos tie-
nen mucho más ingenio que yo para inventar proce-
dimientos para la realización del secuestro del Estado.
Imagínense: ellos hace veinte años o quizás más, ya
tenían claros cómo se podía llevar a cabo este secues-
tro. En cambio, a mí me tocó pensar y estudiar mu-
cho, para llegar a entender la desgracia de lo que al
país le ha pasado.

El caso de los Gutiérrez

Considero que este es, sin lugar a dudas, un caso

250
El secuestro del Estado de Guatemala

emblemático de lo que ha sido, con todo su drama-


tismo, el secuestro de la justicia en el país. En él se
ve hasta dónde han sido capaces de llegar Juan Luis
Bosch y Dionisio Gutiérrez, burlando la justicia, ma-
nipulándola e instrumentalizándola; utilizando jue-
ces, magistrados, fiscales, presidentes. Y, por supuesto,
utilizando a mercenarios como Víctor Rivera, al que
tuvieron a su servicio personal, lo prestaron al Eje-
cutivo, lo pusieron como operativo de Vielman en el
Ministerio de Gobernación y bueno… ¡solo Dios sabe
cuántas cosas más hicieron con él a su servicio!
Como en el caso anterior de la CICIG, no pre-
tendo opinar ni juzgar el fondo de esta controversia
familiar. Simplemente señalo los mecanismos usados
por este dúo poderoso en la manipulación de la justi-
cia. Es lamentable que ese ha sido uno de los ejemplos
más nefastos para la destrucción de las instituciones
judiciales del país y, como veremos, los actores son
básicamente los mismos que en el caso anterior y en
tantos otros casos en los que se ha atropellado, no solo
la justicia de Guatemala, sino la dignidad misma de
nuestra sociedad.
Conozco desde hace más de cuarenta años a Juan
Arturo Gutiérrez, a quien se le conoce hoy como “El
Tío” o “Don Arturo”, porque entré siendo muy joven
como socio del Club Rotario de la Ciudad de Gua-
temala, al que le llamaban el “Club de los Viejos”.
Fui apadrinado por Eduardo Mayora Dawe, mi buen
amigo “Guayo”, abogado, mayor que yo, pero parte
del grupo con el que yo jugaba golf en el Guatemala
Country Club.
Conocí también a Alfonso Bosch, padre de Juan
Luis y a Dionisio Gutiérrez, padre de Dionisio. A ellos
los traté muy poco, ambos murieron en un accidente

251
La guayaba tiene dueño

aéreo cuando en su propio avión iban a Honduras a


dejar ayuda humanitaria, por una catástrofe sufrida
en el vecino país, y en la que el Club Rotario estaba
dando apoyo. Siempre a ellos se les recordó con espe-
cial cariño y gran respeto; ambos fueron personas que
dejaron un gran vacío en el Club y durante años se
honró su memoria.
Así que el concepto que yo siempre tuve de esa
familia Gutiérrez fue muy bueno, y mejor aún, cuan-
do en tiempos del expresidente Romeo Lucas García,
tuve problemas con el gobierno. Juan Arturo, siendo
Presidente de la Cámara de Industria, se portó con-
migo como todo un caballero y verdadero amigo, al
igual que Mario Echeverría, que era Presidente de la
Cámara de Comercio, Juan Maegli, Bernardo Neu-
mann y Edy Carrete, mis compañeros de la Junta di-
rectiva de la Asociación de Amigos del País.
A los sobrinos del “Tío Arturo” solo los conocía
por referencia, sobre todo a Juan José y a Dionisio,
que eran compañeros de colegio y amigos de barrio
de mis sobrinos Jorge Antonio y Juan Carlos Fuentes
Serrano.
Empecé a tratar a Juan Luis Bosch cuando ya él
era un dirigente empresarial (dicho sea de paso, activo
y entusiasta) y después de que ellos, en 1982, habían
tomado la dirección de las empresas y Juan Arturo se
había trasladado con su familia a vivir al Canadá.
Un día, ya viviendo yo en Panamá, me llamó
mi suegro, don Arturo Bianchi, quien siempre fue
un dirigente del sector empresarial y me contó que
Juan Arturo Gutiérrez lo visitó en su residencia. El
propósito era que se enterara de primera mano de lo
que se iba a destapar, pues los sobrinos lo perjudicaron
seriamente en sus intereses y que él iba a proceder

252
El secuestro del Estado de Guatemala

contra ellos. Mi suegro me dijo: “Yo creo que Arturo


también querrá que yo te pase esta información, pues
me imagino que sabrá del problema que tú tienes con
ellos, así que te lo cuento, para que estés enterado que
viene algo grueso”.
En efecto, muy pronto se empieza a comentar
el incidente, pues como lo relata Gerardo Reyes en
el periódico El Nuevo Herald, del 16 de octubre de
2005, en un artículo titulado “Un imperio de pollos
se despluma en Miami”:
“La tranquilidad que se respiraba en el am-
biente del elegante salón del Hotel Sonesta de
Key Biscayne, esa mañana del 16 de febrero
de 1999, alimentó las esperanzas de algunos
de los presentes de que la reunión a puerta
cerrada pondría punto final a una larga dis-
puta de una de las familias más poderosas de
Centroamérica.
Durante la primera parte de la sesión, uno
de los grupos familiares escuchó pacientemen-
te las explicaciones del otro respecto a los ne-
gocios de la enorme y próspera empresa Aví-
cola Villalobos. No hubo gritos ni diatribas.
Pero la vida de todos los presentes cambió
cuando Juan Arturo Gutiérrez, uno de los pa-
triarcas de la familia en discordia, más conoci-
do en Guatemala como Don Arturo, oprimió
el botón de play de un aparato de DVD.
En la pantalla apareció el propio Don Ar-
turo acusando a los miembros del grupo fami-
liar opositor de ladrones y mentirosos, y para
sustentar sus señalamientos proyectó imágenes
que habían sido tomadas secretamente duran-
te una reunión en Canadá a mediados del año
anterior.
253
La guayaba tiene dueño

En las imágenes aparecían dos altos eje-


cutivos de Avícola Villalobos explicando, sin
escrúpulos, una serie de maniobras presun-
tamente fraudulentas para obtener ingresos
millonarios a espaldas de la contabilidad de
la empresa y engañar al fisco de Guatemala,
quedándose con los impuestos a las ventas.
Allí también se citaba el testimonio de un
auditor del grupo familiar que describió cómo
los sobrinos de Don Arturo utilizaban cuentas
bancarias en Miami para esconder ingresos y
dividendos de la empresa.
Como despedida del documental, el em-
presario les advirtió que se prepararan para
una acción legal.
En ese momento, de acuerdo con la ver-
sión de los demandados, las puertas del salón
del hotel se abrieron y apareció una tromba
de notificadores judiciales que abordaron a los
ejecutivos para que firmaran citaciones a un
proceso civil que la empresa matriz de Don
Arturo, Lisa S.A., acababa de entablar en una
corte estatal de Miami.
Una cámara, a la entrada del salón, insta-
lada por investigadores de los demandantes,
captó la llegada y la salida de los asistentes y
en otro lugar del hotel se tomaron imágenes
de los automóviles de los invitados”.
En Miami, Don Arturo y su hijo Juan Gui-
llermo Gutiérrez, en nombre de Lisa, S.A.,
adelantaron dos procesos civiles, uno estatal,
por uso de propiedades robadas, y otro federal
por confabulación para cometer actos fraudu-
lentos y lavado de dinero bajo la figura legal

254
El secuestro del Estado de Guatemala

del RICO Act (Racketeer Influenced and Corrupt


Organizations).
Los acusados principales eran los dos dirigentes
más visibles del emporio familiar:
Dionisio Gutiérrez Mayorga, líder empresarial,
periodista de televisión y financista político con am-
biciones presidenciales, a quien popularmente se le
conoce como “Diosito” por su extraordinario poder.
Gutiérrez ocupa el cargo de copresidente de la corpo-
ración Multi–Inversiones, la empresa matriz del grupo
familiar. Es sobrino de Don Arturo.
Juan Luis Bosch, presidente de Multi–Inversiones.
Es uno de los más destacados promotores del Trata-
do de Libre Comercio de Centroamérica, CAFTA, y
adalid de la batalla contra la dependencia petrolera de
la región, en manos de los designios del presidente de
Venezuela, Hugo Chávez.
“Edward H. Davis, abogado de la mayoría
de los demandados, dijo a El Nuevo Herald
que se abstenía de dar declaraciones sobre el
caso. La decisión fue tomada un día después
de que el abogado aceptara una entrevista con
este reportero.
‘Discúlpenos por la señales contradictorias,
pero hemos llegado a la conclusión de que
preferimos no hablar de litigios pendientes’,
explicó Davis.
‘Esa una muestra más de que no tienen ar-
gumentos’, dijo el abogado de Don Arturo,
Juan Rodríguez ‘¿Qué respuesta pueden tener
a los famosos vídeos en donde el ejecutivo más
importante de Guatemala aparece reconocien-
do que blanquea dinero negro?’
En varios memoriales presentados en las

255
La guayaba tiene dueño

dos cortes de Miami, los demandados han sos-


tenido que la querella es una forma de ‘extor-
sión’ y han concentrado su defensa en alegatos
de que los tribunales de Estados Unidos no
tienen jurisdicción sobre el caso, pero no han
respondido en profundidad a los señalamien-
tos de presunto lavado de dinero en bancos de
Miami a través de compañías de fachada”.
Después de estos incidentes, parece que se tra-
tó de llegar a una negociación de compra–venta de
acciones, pero al parecer la oferta de los sobrinos fue
insultante para el Tío Arturo. Esto da inicio a una
nueva batalla que a partir de ese momento, resulta
muy difícil para Juan Arturo y su hijo Juan Guiller-
mo, pues como era lógico, estos casos deberían ven-
tilarse en tribunales de justicia guatemaltecos, porque
es allí el lugar en que se estaban llevando a cabo los
actos ilícitos denunciados.
Tales delitos eran, primero, la falta de rendición
de cuentas por parte de los sobrinos al tío como in-
versionista, y el hecho de que por casi 10 años, no le
pagaban los dividendos a los que tenía derecho; en
segundo lugar, la apropiación indebida de fondos del
Estado de Guatemala de impuestos por ellos cobrados
y no entregados al fisco.
Esos hechos, en efecto, quedaron demostrados
de manera fehaciente en las grabaciones de las con-
versaciones. Cito nuevamente el Artículo del Nuevo
Herald de Miami:
“En esa reunión, argumentan los deman-
dantes (Tío Arturo y Juan Guillermo) que
Rojas y Rosell (altos ejecutivos de los sobrinos)
admitieron que un 50 por ciento de las ventas
de la empresa avícola no estaban registradas en

256
El secuestro del Estado de Guatemala

los libros de contabilidad.


La empresa estaba vendiendo pollos vivos
por debajo de la mesa. También confesaron,
según documentos aportados a la demanda,
que por un error le habían entregado un re-
porte contable a Juan Guillermo, el hijo de
Don Arturo, que estaba destinado a Bosch, su
contraparte.
Ámsterdam (Abogado de don Arturo), exi-
gió a los sobrinos de Don Arturo una lista de
documentos al tiempo que contrató a Rodrí-
guez en Miami y a una legión de investigado-
res privados para que hicieran una pesquisa de
la venta irregular de pollos. En medio de esa
investigación, según Rodríguez, Don Arturo
recibió una llamada del ex auditor interno de
la avícola, Mario de Águila Cancinos, quien
estaba buscando empleo.
De Águila ‘reveló el secreto’, comentó Ro-
dríguez. En mayo de 1998, el ex auditor ex-
plicó ‘varios mecanismos que estaban siendo
usados por Bosch y Dionisio para desviar ga-
nancias y dividendos sin reconocer derechos a
Lisa [la empresa holding de Don Arturo]’.
Agrega que De Águila `confirmó el fraude
en relación con la venta de pollos vivos por
dinero en efectivo y nos dio los indicios de
depósitos de grandes cantidades de efectivo en
cuentas bancarias de Miami’.
Basándose en una declaración jurada de De
Águila, los abogados pidieron el embargo pre-
ventivo de bienes raíces en Miami, la mayoría
situados en Key Biscayne, compañías de facha-
da que supuestamente usaron los acusados para

257
La guayaba tiene dueño

desviar el dinero, y de cuentas bancarias en


Hamilton Bank, Israel Discount Bank, Total
Bank, Republic International Bank of Nueva
York, Merrill Lynch, Chase Manhattan, Ma-
rine Midland Bank y Barclays Bank.
Un avión Cessna Citation y un Pipper
PA31T fueron también embargados”.

Continúa el artículo del Herald:


“El proceso funcionaba de la siguiente ma-
nera. El dinero se depositaba en las cuentas de
los ejecutivos del grupo y con él se compra-
ba efectivo en dólares en casas de cambio y
otros instrumentos monetarios que luego eran
depositados en cuentas de Miami. Los fondos
de estas cuentas eran utilizados para comprar
casas y otros bienes en el sur de la Florida.
Para justificar el envío del dinero al exterior se
creó una empresa en Panamá, Ancona Finan-
ce, que hacía ‘préstamos falsos’ a la compañía
avícola en dólares.
La contabilidad doble se guardaba en una
oficina, conocida como ‘el cuarto de los tru-
cos’.”

A la luz de estos hechos, el profesor Gordon (the


Chesterfield Smith Professor of Law at the University
of Florida) manifestó en un afidávit que Don Arturo
presentó en Florida: “que los demandados ( Juan Luis
Bosch y Dionisio Gutiérrez) aparentemente quieren
que el caso sea transferido a los tribunales de Guate-
mala, no porque Guatemala ofrece un foro disponible
y adecuado, sino porque ese foro está sujeto a mani-
pulación y corrupción, lo cual imposibilita que pueda

258
El secuestro del Estado de Guatemala

dictarse una resolución justa. Pero los demandados no


desean que los beneficios que pudieran derivar de la
manipulación del sistema judicial guatemalteco los
afecte adversamente por revelaciones sobre su con-
ducta en materia de evasión de impuestos”.
Por otra parte, en declaración personal, Juan Ar-
turo manifestó que:
“Está preocupación puede ser la razón por
la que algunos de los demandados lograron un
arreglo con el Gobierno de Guatemala para
que aceptara un depósito dinerario como pago
de impuestos omitidos y multas, descrito por
el demandado Konrad Losen en su deposición
ante la Corte del Estado de Florida.
Cabe mencionar que esas negociaciones
con el gobierno del Presidente Arzú se lleva-
ron a cabo con posterioridad a la iniciación
del juicio en Florida en febrero de 1999. Las
referidas negociaciones constituyeron una de-
mostración palpable de la impunidad que dis-
frutan mis sobrinos en las esferas del gobierno
guatemalteco. Las amnistías fiscales ad–hoc
concedidas por el Gobierno de Guatemala
violan específicamente los Acuerdos de Paz
y deberían investigarse, debido a su falta de
transparencia.
Además, se ha descubierto posteriormente
que la documentación de tal amnistía fiscal
fue deliberadamente consignada con fecha an-
terior a la iniciación del juicio en la Florida, a
pesar que el presidente de la Avícola, Konrad
Losen, declaró bajo juramento que tal amnis-
tía ocurrió a consecuencia del juicio.
Al respecto, el ex Ministro de Finanzas

259
La guayaba tiene dueño

Pedro Lamport se ha negado a rendir decla-


raciones al respecto ante los tribunales de la
Florida”.

Es claro que todo esto solo muestra la forma en


que estos señores, los dueños, tienen a su disposición
para operar y cubrirse las espaldas: juzgados, fiscales,
presidentes, ministros y en general, el Estado. Da es-
panto el cinismo de Dionisio, cuando habla de corrup-
ción, de libertad, de democracia. Yo me pregunto si él
y su grupo de admiradores, alguna vez han leído algo
sobre estos conceptos o simplemente se los imaginan.
Me pregunto si alguien se los explicó o si simplemente
los intuyen; o bien, lo que en realidad podría ser es
que él sí se creyó lo de su apodo “Diosito” y creerá
que todo, en el mundo, es o debe ser como él lo quie-
re o como él cree que debe ser.
En la revista guatemalteca “¿Y qué?, edición 64
de enero del 2012, en un artículo en el que habla del
regreso de Dionisio Gutiérrez, en un gobierno a su sa-
bor y antojo, el autor reproduce un documento escrito
por Pablo Monsanto, Secretario General de la Alian-
za Nueva Nación (ANN), que al referirse a Dionisio
Gutiérrez lo define de la siguiente manera: “Para lo-
grar sus propósitos ha instrumentalizado a partidos y
a políticos, seduciéndolos con sus ‘negocios y ayudas’.
De esa forma controla bancadas, diputadas y diputa-
dos, quienes presentan iniciativas de ley a favor del
modelo que permita poner el Estado bajo el control
del poder financiero y económico (…) Ha atacado la
institucionalidad del país con el fin de debilitarla; ha
tratado a diplomáticos, académicos, empresarios y di-
rigentes sociales y populares, con prepotencia, altane-
ría e imposición de ideas. Y desde ahí ha apoyado los

260
El secuestro del Estado de Guatemala

movimientos reaccionarios como el golpe de Estado


en Honduras y los intentos de golpes en los países de
Suramérica”.
Para completar esta brillante definición, yo solo
le agregaría: “su intervención en el golpe de estado de
1993, en Guatemala”.
No hay quien se atreva a abrirles juicio en Guate-
mala. Recuerdo cuando el propio Fiscal General, Juan
Luis Florido, a finales del año 2005, quiso sobreseer
los casos penales que por evasión de impuestos se te-
nían abiertos contra los Gurierrez–Bosch, denuncia-
dos por el tío, y documentados en los videos de los
propios ejecutivos de los supuestos defraudadores, y
borrar todo trazo a los expedientes.
Cosa curiosa es que tres años después, en septiem-
bre de 2008 ante el Tribunal Británico de Bermudas,
el propio experto designado por los Gutiérrez–Bosch,
el Señor Wiliam Lozada, en el informe que rinde ante
ese tribunal, admite bajo juramento, que el dinero
proveniente de las cuentas de Guatemala, era dine-
ro negro y que por ende estaba siendo lavado por los
acusados, así como también admite, que es cierto que
los señores Gutierrez–Bosch, mantenían dos juegos de
libros de contabilidad.
Basado en estas prueba y otras mas el Tribunal de
bermudas, los condena en un fallo de 87 páginas, que
incluye todos los considerandos imaginables y la reso-
lución correspondiente, la que queda en firme, dado
que los acusados no la apelaron.
Mi pregunta, como es posible que la justicia gua-
temalteca, que debe saber de esto, pues todo figura
perfectamente documentado en la propia Internet, no
ha seguido el proceso correspondiente en Guatemala,
incluso podemos afirmar que se ha caído en los delitos

261
La guayaba tiene dueño

de encubrimiento y omisión de denuncia


Siempre he pensado que Juan Arturo y Juan Gui-
llermo han tenido que andar como mendigos erran-
tes buscando un refugio jurídico en el que se puedan
cobijar, para que se les haga justicia. Han tenido que
abrir frentes en Estados Unidos, Canadá, Guatemala,
Panamá e islas Vírgenes y Bermudas incluso hasta en
el sistema interamericano, al recurrir a la intervención
del Comité Interamericano de Derechos Humanos de
la OEA. Han tenido que contratar a firmas de aboga-
dos en más de siete países, incluyendo a abogados de la
talla del conocido jurista canadiense Robert Ámster-
dam, quien representa, entre otros grandes del mun-
do, al magnate petrolero ruso Mijaíl Jodorkovsky, ex
presidente de la petrolera Yukos, en uno de los litigios
más sonados del último siglo, contra el Estado ruso.
Imagínese el lector si Juan Arturo y su hijo, Juan
Guillermo Gutiérrez, con toda la plata y dedicación
que le han invertido a su defensa, habiendo logra-
do importantes fallos en cortes de Estados Unidos e
Bermudas, no han podido lograr que ni siquiera se
entreabra la puerta de los tribunales en Guatemala,
dado el secuestro que estos señores tienen del sector,
¿qué podemos esperar los simples mortales ante esa
prepotencia, altanería e imposiciones de tan altruistas
personalidades, que lo único que los “pobres” quieren
es una “libertad” y una “democracia” a su servicio?
Como dije en una ocasión, cuando se me acusaba
de ser un aprendiz de dictador, después del golpe que
estos señores fabricaron contra mí y mi país: “Si ser
aprendiz de dictador es impedir que los Gutiérrez–
Bosch, hagan lo que les da la gana y se adueñen del
país, entonces sí soy aprendiz de dictador”.
Por demás está hacer ver que en el caso que estos

262
El secuestro del Estado de Guatemala

señores han mantenido contra mí, los procedimientos


son los mismos o parecidos, como lo hemos podido
ver. Pero lo que es más aterrador, es que los esbirros,
los sicarios, los torturadores, los ayudantes, llámen-
los como quiera, son los mismos. Los personajes se
repiten, en los casos de la CICIG, del tío Arturo, de
Serrano Elías, del Parlacen, de Pavón, El Infiernito,
de Portillo, de Paco Reyes, de Ríos Montt… de todos
aquellos que en una u otra forma se han tenido que
meter con ellos, o con los que ellos se han querido
meter.
A todos los condenan en los medios y después
los condenan, con o sin pruebas, con o sin delitos en
los supuestos Tribunales de Justicia, que son de ellos.
Ellos son los dueños y los tienen secuestrados. Sería
más fácil violar los sistemas de seguridad del Banco de
Guatemala y entrar a sus bóvedas, que lograr abrir las
puertas de la justicia en el país, para que esta otorgue
alguna garantía al individuo frente a estos poderosos.
Esa es nuestra triste realidad y es indiscutiblemente la
fuente principal de la violencia que durante siglos nos
ha azotado y nos sigue f lagelando.
Aunque parezca un sacrilegio lo que voy a decir,
lamento no haber triunfado en 1993 con el llamado
“autogolpe”, en la depuración del Estado, comenzan-
do por el Congreso de la República y la Corte Supre-
ma de Justicia, porque con la traición perpetrada por
una pequeña cúpula militar, estimulada y financiada
por la cúspide de una pirámide mal llamada empresa-
rial, se abrió el camino para llegar a lo que el país es
hoy: un conjunto de instituciones políticas, jurídicas,
sociales y económicas, secuestradas, sin credibilidad
ni autoridad y, para muchos, fallidas.
Tal como lo predije en mis discursos y múltiples

263
La guayaba tiene dueño

intervenciones hace veinte años: la autoridad la tie-


nen hoy, en las ciudades el crimen organizado; en el
interior del país, el narcotráfico; en la economía, las
grandes lavanderías de dinero que unos y otros tienen
organizadas en perfecto contubernio, haciendo fun-
cionar perfectamente lo formal e institucional con lo
informal y mafioso.
Es indiscutible que el sector justicia es el más
sensible de los sectores, porque representa el último
recurso para la seguridad del ser humano. La Biblia en
el Eclesiastés 5:8–9 dice:
“Que no te extrañe ver países donde a los pobres
se les maltrata y no se les hace justicia. Esto sucede
cuando a un funcionario importante lo protege otro
mas importante, y cuando aun otros más importan-
tes protegen a estos dos.
Sin embargo, te dirán: Esto lo hacemos por el
bien del país.”
(Biblia para todos, Lenguaje Actual, So-
ciedades Bíblicas Unidas)

El libro de Eclesiales, se estima que fue escrito


unos 400 años antes de Cristo, y sorprende que estos
procedimientos tan viejos, tengan la vigencia dramá-
tica que, hoy dos mil quinientos años después siguen
teniendo en Guatemala. No importa cuanta civiliza-
ción y cuanto desarrollo el mundo tenga, en los gua-
temaltecos de hoy, esta tragedia es tan vigente como
lo era en esa época. Tal es el sentimiento de impoten-
cia que se manifiesta frente a la angustia que provoca
la injusticia, producto de una justicia secuestrada.

264
El secuestro del Estado de Guatemala

El deterioro de la Justicia

Mi padre era abogado y se graduaron juntos con


su primo Edmundo Vásquez, que para efectos cla-
ros, era más su hermano e intimo amigo. Era el pa-
dre de Edmundo Vásquez Martínez a quien nosotros
lo llamábamos en casa “Mundito”. Un gran jurista,
era mayor que yo. Fue Rector de la Universidad de
San Carlos, cuando yo estaba estudiando Ingeniería y
Humanidades y fui activo participante en la campaña
para su elección como Rector.
Durante mi campaña a la Presidencia de la Repú-
blica en el 90, él era Presidente de las Corte Suprema
de Justicia. Cuando asumí la primera magistratura de
la Nación, no obstante la relación familiar de toda una
vida (así como el era Mundito para nosotros, yo era
Jorgito para ellos) me dijeron que él no quería asistir
a mi toma de posesión, debido a que yo había sido
muy duro en la campaña, en mis críticas al sistema de
justicia.
Le hablé, le mandé amigos mutuos para que lo
convencieran y finalmente concurrió.
Cuando ya como Presidente lo Recibí en la Casa
Presidencial y pudimos hablar a calzón quitado de lo
que era el sistema de justicia, sus problemas, limita-
ciones y potencialidades, llegamos a entendidos, sin
embargo a él, que confiaba en sus colegas, le era difícil
compartir conmigo lo que yo miraba que sería el fu-
turo del Organismo Judicial si no se hacia algo y muy
drástico. Me parece que él pensaba que yo exageraba.
Hoy veinte años después, creo que me quedé cor-
to. Estoy seguro que Mundito, regresaría a su tumba
con gusto, en lugar de enfrentar la realidad de lo que
es hoy su querido y defendido sistema de justicia.

265
La guayaba tiene dueño

El secuestro del Congreso

Hablar de esto sinceramente ya no tiene ni caso,


pues los Congresos se han distinguido por venderse al
mejor postor. Hoy más que nunca se han vuelto casas
de chantaje. Ya no hay debate político ni ideológico;
unos ponen pautas de abuso y corrupción y los que
vienen atrás las perfeccionan y las superan.
Es ciertamente triste el espectáculo de los diputa-
dos que, recién electos, empiezan a negociar sus curu-
les, sin asco, sin importarles quién los eligió, a quién
representan, qué responsabilidad tienen ante el país,
ante sus correligionarios, sus familias, sus amigos, ni
tampoco ante sus conciencias.
La mayoría de los diputados piensan que las curu-
les las reciben en propiedad, por un período de cuatro
años, como una locataria del mercado recibe un pues-
to en el cual llega a vender verduras, peras, bananos o
tomates. Estos señores y señoras venden leyes y resolu-
ciones (Y esto, dicho con perdón de las locatarias).
Son muy f lexibles, pues en pago reciben dinero,
principalmente; pero no se molestan si les pagan con
prebendas, o favores, o nombramientos, o viajes, o
comisiones o… eso, si son considerados.
Lo lamentable es que en este contexto, los clientes
son todo aquel que tiene inf luencia, dinero, necesita
favores, quiere concesiones o negocios del Estado; es
decir todo aquel que tiene poder y dinero.
¿Quiénes son entonces los fuertes compradores de
leyes? Son los más poderosos del poder económico, ya
que ellos, por supuesto, tienen derecho a corromper.
Recordemos que el país es de ellos; son los narco-
traficantes que necesitan condiciones favorables para
operar con el menor riesgo posible y, por supuesto

266
El secuestro del Estado de Guatemala

también alguno que otro iluso, que se presenta con


una su idea, las que a decir verdad solo quitan tiempo,
pero sirven a los señores diputados para sentirse útiles
al pueblo. Con eso le echan un poquito de ungüento
a sus conciencias.
Y respecto del debate ideológico, estoy seguro de
que muchos de los señores diputados preguntarían: ¿Y
eso cómo se come? Porque recuerdo a un líder polí-
tico de mis tiempos, que decía que las “ideologías se
habían acabado”, y yo pensaba para mis adentros: “A
vos también se te terminaron las ideas”. Por supuesto,
solo las de interés colectivo, pues las de interés perso-
nal y lucrativo, siempre las ha tenido muy claras.
A veces la educación lo jode a uno, sobre todo en
un país como Guatemala, en el que el inmediatismo
es la doctrina preferida, el egoísmo su inspiración y el
mercantilismo la fuerza que mueve los intereses y la
economía.
Un día recibo la visita de cinco diputados guate-
maltecos, que vinieron a Panamá a un congreso, me
llamaron y los invité a almorzar, de casualidad estaban
también de visita, dos fiscales del Ministerio Público,
a quienes también había invitado, así que el almuerzo
fue de lo mas ilustrativo. Como era lógico el tema de
la impunidad salió a relucir, los fiscales contaron de un
proyecto de ley que se había mandado al Congreso, en
el que ellos y otros especialistas habían participado en
su elaboración.
Ellos relataron que en el Congreso le habían in-
troducido unos cambios, que cuando ellos los leyeron,
se dieron cuenta que si se llegaba a promulgar la ley
así, tendría que sacar a todos los presos recluidos en
el sistema penitenciario del país, y que para evitar tan
gran error, lo único que se podía hacer, era evitar que

267
La guayaba tiene dueño

el Presidente Berge sancionara la ley y que la vetara,


pues con un minuto de vigencia, era suficiente para
que los presos pudieran argumentar que les favorecía
y pedir su libertad.
Inmediatamente se produjo una carcajada de par-
te de los diputados, quienes contaron las interiorida-
des del incidente. Resulta que un Diputado dijo, que
ese proyecto no se debía aprobar así como lo habían
mandado y que alguna modificación le tenían que in-
troducir, para hacer valer su autoridad. Contaron que
entonces se habían ido al final de una de las filas de las
curules y que allí unos parado y otros sentados, habían
decidido las modificaciones, las cuales aprobaron sin
dilación.
Que susto, decían ellos riéndose, cuando se dieron
cuenta de lo que habían hecho. Salieron corriendo a
la Presidencia, para hablar con el Presidente y pedirle
que vetara la ley, que no se le fuera a ocurrir firmarla
y mandarla a publicar.
Todos nos reímos por la forma jocosa como el
incidente fue referido, pero ya en frío comentamos
la tragedia, de nuestras instituciones, como se puede
hacer viable un país con ese tipo de responsabilidades
Pedirles un debate sobre el Desarrollo, El Bien
Común, El respeto a la Persona Humana o el per-
feccionamiento de las instituciones que nos ayuden
a vivir mejor y en paz, sería perder dolorosamente el
tiempo, esos son conceptos que quien sabe cuantos
lustros deberán pasar, antes de que un debate de esta
naturaleza pueda llevarse a cabo. Así, aunque parezca
crudo, es como piensan y actúan muchos de nuestros
políticos y por supuesto muchos de nuestros legisla-
dores.

268
El secuestro del Estado de Guatemala

Lo real es que el Congreso, en nuestro pais está


para vender y comprar. Qué lástima, pues si queremos
algún futuro diferente para nuestros hijos, nietos, bis-
nietos… ya estamos tarde para cambiar, pero intenté-
moslo, por favor.
Lamentablemente, la vehemencia y conceptos de
los debates están íntimamente ligados al aceite de las
fichas, a los empaques del billete. No me cabe la me-
nor duda de que así se han conseguido muchas leyes
favorables para los diferentes grupos, pero nos hemos
llevado al país entre las patas y lo que es peor, se le
ha abierto la puerta al crimen organizado para que
concurra a este mercado a buscar sus prebendas y sus
seguridades, en detrimento de los más elementales in-
tereses nacionales.
¿Qué más se puede decir? Esta realidad todos la
hemos vivido, nos ha condicionado, nos ha atrope-
llado y, como resultado, ha devaluado nuestro país,
entregando el poder no al que piense o quiera algo
mejor para el país, sino para el que tenga el dinero o el
poder para comprarlo.
Los que condicionaron los votos para elegir a
los integrantes de la Corte Supremade Justicia en mi
tiempo, no saben, ni incluso creo que lo imaginan,
el grave daño que le causaron al país, el deterioro de
las Cortes, y en general a la desorganización total del
Estado que se ha dado en estos últimos veinte años.
Para elegir esta corte, tal como lo manifesté, se
estaba llevando a cabo un debate, una negociación,
no queríamos ciertos personajes, queríamos una corte
de Juristas no de políticos, queríamos una corte de
gente honorable, que le diera al sistema respaldo con
el ejemplo de sus vidas, no queríamos chantajistas, ni
vendedores de justicia, pero como se dice en Panamá,

269
La guayaba tiene dueño

“jugaron vivo”, se saltaron el procedimiento demo-


crático y en el Congreso usaron el dinero y la amena-
za para establecer la máxima autoridad de Justicia del
País, y lo demás está bien sabido.

El secuestro de los medios de comunicación

Los medios de comunicación deben ser como las


arterias y venas por las cuales puedan circular las ideas
y los conceptos, que vienen a ser como la sangre del
alma. Si esas venas están atrofiadas, si están escleró-
ticas, si están calcificadas o enfermas de enfisema, a
punto de estallar, no permiten que la sangre circule
correctamente y lleve oxígeno a todas las células del
cuerpo; entonces estas células empiezan a enfermarse,
a envejecer e incluso a morir.
El país necesita medios de comunicación que ga-
ranticen esa circulación de ideas, pero no solo las ideas
y criterios de los aprobados por el poder económico, o
de los dueños de los medios. El principio universal de la
libertad de expresión, no tiene nombre ni apellido, no
debe ver ideología, color de la piel, raza, ni religión.
Por la horrible experiencia personal vivida, quiero
decirles que no sé qué es mejor, si morirse físicamente
o ver cómo lo matan a uno en su dignidad, en su ho-
nor. No entiendo cómo se puede ser tan ruin en decir
tantas mentiras, levantar tantas acusaciones, repetir
tantos insultos y creer que con eso se está cumpliendo
con una función periodística y que de esa forma se
está ejerciendo el derecho a la libertad de expresión.
No entiendo cómo en nuestra sociedad hemos
llegado a ser tan destructivos. No tenemos valores, no
respetamos a nadie, no le reconocemos nada a nadie,
no honramos la memoria de nadie, solo resaltamos

270
El secuestro del Estado de Guatemala

lo malo. Y ahora nos preguntamos por qué es que en


Guatemala estamos con los niveles de violencia que
tenemos en las calles, en las casas, en las escuelas, en
todo lugar.
El mercantilismo en los medios es indiscutible-
mente una de las enfermedades más patéticas de nues-
tra sociedad. Son los anunciantes los que determinan
la cultura, los que fijan las agendas de comunicación,
los que determinan los favoritismos políticos, los que
dan la línea editorial e incluso los que determinan de
modo indirecto el sentido y orientación de los enca-
bezados de las noticias.
Es correcto que un medio tenga una línea edi-
torial, sea ideológica, religiosa, económica, etc. Esto
es lícito; lo que no es lícito es que marque una línea
tendenciosa en la noticia. En estos años yo he vivido,
por millares, la experiencia de ver en cada noticia que
se da sobre mi persona, sea de la índole que fuere,
que siempre va cargada de una expresión peyorativa,
insultante o denigrante, aunque sea para recordar al
pueblo de Guatemala que mi gobierno dio al traba-
jador el Bono 14. ¿Qué nos pasa? ¿Estamos enfermos
o qué?
Llevo casi veinte años en el exilio. Nadie podría
decir cuántas veces se me ha aludido o se ha informado
mal de mí. Sin embargo, nunca, nunca, nunca, se me
ha permitido hacer una simple aclaración, y las veces
que lo he intentado solo ha servido para que el nivel
de las falsedades o insultos sean mayores, más ofensi-
vas y por ende, solo hagan más profundo el daño.
Durante los últimos doce años en Panamá, he
ejercido de cierta manera el periodismo, como co-
mentarista radial en un programa que se llama “La
Palabra”, con la periodista Mayín Correa, que dicho

271
La guayaba tiene dueño

sea de paso es uno de los de mayor audiencia en el


país, y tuve un programa de opinión semanal que la
radio KW Continente llamaba “Opiniones de un Es-
tadista”, el que hace unos dos años tuve que suspender,
porque me exigía mucho tiempo, y no tenía.
Orientado o inf luido por las experiencia perso-
nales, me hice el propósito de nunca usar el micrófono
para denigrar a nadie. Eso sí, dar mis opiniones sobre
todo, pero siempre dando una señal de esperanza, de-
jando siempre en mis intervenciones un mensaje de
optimismo, no importando cuán crítica pudiera ser
mi opinión.
La gente me reporta mis comentarios cuando
ando en la calle, siempre repiten la parte crítica y sobre
todo enfatizan en el mensaje de optimismo. Funcio-
narios o personalidades me llaman para agradecerme
o bien para pedirme alguna ampliación sobre lo que
he dicho.
Muchas veces mis opiniones motivan editoriales
o estimulan a algún columnista a referirse al tema que
he introducido o comentado. En resumidas cuentas,
he visto que se puede hacer periodismo y formar opi-
nión, sin insultos, sin sensacionalismo y con el positi-
vismo que cualquier sociedad necesita. Hoy, después
de doce años en la actividad, puedo afirmar con auto-
ridad, como decimos en buen chapín, que “ya no me
pueden dar atol con el dedo”.
Cada día hago un firme propósito de perdonar,
de simplemente olvidar para poder seguir viviendo
y trabajando. Sin embargo, quiero poner un par de
ejemplos, no con el objetivo de incriminar a nadie,
sino buscando que ref lexionemos sobre lo que hemos
hecho mal y que el país ha pagado.

272
El secuestro del Estado de Guatemala

Siempre he tenido aprecio por Gonzalo Marro-


quín, a quien incluso quería nombrar como Secretario
de Relaciones Públicas de la Presidencia, hoy Secre-
taría de Comunicación Social. No obstante, es de la-
mentar que Gonzalo hubiese tenido un pleito muy
largo y profundo con Ángel González, propietario
en ese entonces de los canales de televisión 3 y 7 de
Guatemala. Por esos días, mis allegados me hicieron
ver que, nombrándolo a él, yo en forma automática
compraba un problema que no me pertenecía. Para
mí fue difícil acoger esta recomendación, porque me
parecía que Gonzalo era una buena opción. Siempre
he seguido el desarrollo de su carrera, lo vi llegar a
director de Prensa Libre, y escalar hasta llegar a presi-
dente de la Comisión de Libertad de Pensamiento de
la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Un día, a mediados del mes de mayo de 2005,
se comunicó conmigo el señor Carlos Menocal, pe-
riodista de Prensa Libre, y me pidió una entrevista.
Después de llegar a algunos entendidos, básicamente
en cuanto a respeto, accedí a dársela. La entrevista, de
periodística, no tenía nada. Simplemente se trataba de
un cuestionamiento inquisitorio, insultos, comenta-
rios irónicos e hirientes. Con la prudencia que pude,
hice mis comentarios, di las explicaciones e intenté
razonar con el señor Menocal, cosa que fue imposible.
La verdad es que, en ese momento, no entendí lo que
pasaba.
El día que se publicó la entrevista, nada que ver.
Todo lo que yo dije fue puesto como él lo quería, todo
lo de él estaba resaltado y en lugar de abrir caminos
de ref lexión, solo se me humilló. Ningún respeto a
lo acordado. Con los años, ese señor Carlos Menocal
fue nombrado Ministro de Gobernación no quiero ni

273
La guayaba tiene dueño

pensar por las inf luencias de quién.


Después de la aparición de la mencionada entre-
vista, el 22 de mayo de 2005, envié a Gonzalo Marro-
quín un correo electrónico que literalmente decía:
“Estimado Gonzalo:
En días pasados, me llamó el señor Carlos
Menocal para solicitarme una entrevista y yo
cortésmente accedí a concedérsela. Lamen-
tablemente, la misma muy rápidamente se
convirtió en un interrogatorio inquisitivo y
prejuiciado, más que en una entrevista perio-
dística que pudiera buscar mi opinión o pun-
tos de vista sobre lo que aconteció hace doce
años en el país.
Naturalmente hoy que he leído lo que se
publicó, me pregunto, ¿para qué me llaman
a entrevistarme, si de todas formas van a es-
cribir lo que quieren decir y dar a lo que yo
digo la orientación que previamente andan
buscando?
Han tenido doce años para decir lo que han
querido e interpretar los hechos con una pers-
pectiva determinada y están en su derecho.
Lo que no entiendo es para qué me buscan,
si no tienen la intención de respetar mi punto
de vista y trasladarlo para que el lector, que
tiene derecho a la información, sea quien lo
juzgue.
Gonzalo, me dio mucho gusto ver cuando
estuviste en Panamá que se te respetara tanto
como presidente de la Comisión de Libertad
de Expresión de la SIP, pero, ¿no te parece
que esa libertad de expresión, que es vital y
buena para ustedes, también debería ser buena

274
El secuestro del Estado de Guatemala

para otras personas aunque estas no piensen


igual a ustedes? ¿No te parece que después de
doce años, en aras de la búsqueda de una ver-
dad histórica, se debería respetar mi derecho
a expresarme libremente sin tutelajes, tergi-
versaciones y manipulaciones? Considero que
parte de ese derecho es que se publique lo que
yo digo, a forma de que lo dicho haga sentido
y tenga la coherencia con que fue planteado.
Considero que esta manipulación a la que
me he referido anteriormente, es un atrope-
llo intelectual, y una falta de respeto para los
lectores, e indudablemente también viola el
derecho que ellos tienen a ser correctamente
informados. Yo por mi parte me siento utili-
zado.
Quizá tú no te habrás enterado de la en-
trevista y por supuesto tampoco interviniste
en su presentación final, pero como se dice
en términos militares, “lo que pase o deje de
pasar en un comando, es responsabilidad del
comandante”. Es por eso que te envío esta
nota, pues no tengo ningún interés publicita-
rio, pero sí en aclarar aquellos asuntos que me
atañen a mí y a mi familia.
Puedes estar seguro de que si algún día hay
la intención de hacer algo serio respecto a los
acontecimientos de mayo de 1993, pueden
contar conmigo.
Con el afecto de siempre,
Jorge Serrano Elías.”

Gonzalo me contestó, que si yo tenía algo que


aclarar que le mandara una nota y que la incluiría en la

275
La guayaba tiene dueño

sección “Cartas de los Lectores”, que yo debería saber


que esa era una sección muy leída.
Me habían disparado a mi honor y dignidad, con
un cañón de alto calibre y ahora, el Gran Defensor
de la Expresión del Pensamiento del Continente me
ofrecía, generosamente, una pistola de balín, para que
me defendiera.
Quiero decirles que me sentí humillado, insultado
en mi inteligencia y en mi dignidad, pero no quedó
allí la cosa. Por haberme atrevido a tan osado reclamo,
el editorial del día 23 de mayo me lo dedicaron tam-
bién con mucho más saña y odio. Le envié otra nota,
el mismo 23, la que transcribo a continuación:

“Estimado Gonzalo:
Recibí la explicación que me das sobre la
entrevista mía que se publicara el día 22 de
los corrientes y créeme que sé que de tu parte
no hay intención de hacerme daño y como tú
bien lo indicas, es el afán periodístico lo que
te mueve a esclarecer los acontecimientos de
mayo de 1993.
Sin embargo, al leer el editorial de uste-
des del día de hoy 23 de mayo, insultante,
grosero y escrito con el hígado más que con
la mente, impropio en su contenido y en su
forma de ser la expresión de uno de los más
importantes diarios del país, me doy cuenta
de que tus buenas intenciones como director
no se ven ref lejadas en el medio que diriges y
que abiertamente contradice la nota que hoy
me enviaras.
Quiero decirte que no me extraña que esto
se dé, y que puedo imaginarme que viene de

276
El secuestro del Estado de Guatemala

alguien que tiene algún problema personal


conmigo, pues ya en una ocasión, y usando
el mismo espacio editorial, bajo el título “Lí-
branos Señor de tentación”, de fecha 10 de
agosto de 1994, instó a que alguien alejándose
de sus principios cristianos viniera a Panamá
y me ‘eliminara de una buena vez’, agregando
que ‘sería mejor sumirme en el silencio eter-
no’. (Siendo impropio totalmente que se use el
editorial de Prensa Libre para hacer una franca
apología del delito y una abierta incitación a
delinquir).
Es cobardía que atrincherándose en el pe-
riodismo y en la reputación de un medio, lo
utilicen para sacarse espinas personales, sería
conveniente que a la persona que ha escrito
estos editoriales sí le pidieras que mandara sus
escritos a ‘Voces de los lectores’, y que los fir-
me y esto más, si tiene pruebas de todo lo que
me acusa que vaya a los tribunales y las pre-
sente, pues allí es donde corresponde que se
realicen acusaciones de esta naturaleza, pero
esto no lo hará, pues él bien sabe que al no
poder probar la sarta de falsedades que me im-
puta, cometería en forma personal el delito de
calumnia y entonces sí sería sujeto a que se le
dedujeran responsabilidades penales.
Gonzalo, como te manifesté ayer, en mi
nota por e–mail, no tengo ningún afán de pu-
blicidad, pero en esta ocasión me defenderé
con todos los recursos que tenga a mi alcance,
pues creo firmemente que el pueblo de Gua-
temala después de 12 años y al margen de toda
pasión política, tiene derecho a conocer la otra

277
La guayaba tiene dueño

cara de la moneda y no solo el resumen de


las campañas negra que en su momento mis
detractores lanzaron en mi contra.
Jorge Serrano Elías.”

Este incidente se explica por sí solo: un medio o


alguien usando un medio, amparándose en el anoni-
mato, como un franco tirador, de apellido Sandoval
y de nombre Mario Antonio, que se esconde dentro
de una multitud de frailes, usa como arma y capucha,
el editorial de Prensa Libre, tira a herir o más bien a
matar impunemente, sin ni siquiera respetar lo que la
ley establece en términos del derecho de respuesta; sin
considerar que aun el más grande de los criminales
tiene derecho a defenderse y a que se le respeten sus
derechos y dignidad.
Hoy, con los años, entiendo, que los mismos que
me imagino tenían en planilla al señor Menocal, los
que lo subieron a ministro, han de haber tenido en
planilla al editorialista que amparaba Gonzalo. Hoy,
a la luz de tantas cosas que he visto y que suceden en
Guatemala, imagino que tal vez, esos señores ni si-
quiera eran pagados o “fafeados” (como se le llama al
soborno a los periodista) sino que lo que ellos hacían
era simplemente congraciarse con los dueños del país.
No siendo yo del afecto de ellos, el atacarme les daba
prestigio y posicionamiento.
Quizá simplemente imitaban o se hacían simpá-
ticos con Dionisio Gutiérrez, que me cuentan que en
un programa que tenía en televisión, yo era el plato
principal de su menú, porque siempre me hacía el fa-
vor de mencionarme para mantenerme vigente, por
supuesto insultándome, desprestigiándome o deni-
grándome.

278
El secuestro del Estado de Guatemala

De ese platito azucarado de estos señores yo no


soy el único privilegiado. Los actores del otro bando
son los mismos, solo que en este caso, en el banco de
los acusados de Dionisio, Juan Luis y Gonzalo Marro-
quín, están Juan Arturo y Juan Guillermo Gutiérrez.
Se quejan de que ni campos pagados les publi-
can, que solo les tiran y que como parias, igual que el
pobre Serrano Elías, no tienen derecho a su defensa,
al extremo que el propio abogado de ellos tuvo que
mandarle una carta a Gonzalo Marroquín. Esa carta
la encontré en Internet y me ha parecido importante
reproducirla, porque me doy cuenta de que no solo
yo soy el paria, sino todo aquel que ose desafiar a los
dueños.

“Toronto, 20 de diciembre de 2001


Licenciado Gonzalo Marroquín
Director Editorial
Diario Prensa Libre
Ciudad de Guatemala

Licenciado Marroquín:
En mi carácter de abogado del Sr. Juan Ar-
turo Gutiérrez, esta carta la envío luego de
conversar telefónicamente con el Sr. Gonzalo
Marroquín, en uso de mi derecho de respuesta
al editorial de Prensa Libre publicado el 18 de
diciembre que hace referencia a mi persona.
Dicho editorial reitera el criterio de ese diario
de que ‘...todo enfrentamiento judicial entre
miembros de sociedades o de familias cons-
tituye un asunto privado mientras no haya
un veredicto’, y, por lo tanto, Prensa Libre
no le brinda cobertura. En mi opinión, el Sr.

279
La guayaba tiene dueño

Gonzalo Marroquín intenta sin éxito escon-


der la postura de Prensa Libre, en el pasado,
de informar sobre un tema de trascendencia
nacional que excede el ámbito de una ‘disputa
familiar’.
Incontables noticias de la crónica diaria en
cualquier país democrático del mundo no son
sino ‘disputas familiares’ que escalan a niveles
fuera de control de las partes involucradas. En
nuestro caso concreto, una serie de actos de-
lictivos de dos guatemaltecos y sus ejecutivos,
tales como evasión fiscal y lavado de dinero,
han sido deliberadamente ocultados del cono-
cimiento de la opinión pública guatemalteca
por parte de Prensa Libre. Las razones de esto
son simples: los intereses y las presiones que
ejercen estos dos señores sobre ciertos medios
de prensa (tales como Prensa Libre) y sobre
ciertos individuos del medio (como el Sr.
Gonzalo Marroquín). A esto se suma el he-
cho de que el ingreso por publicidad, cuando
es utilizado como instrumento para ejercer
inf luencia en los medios, constituye un ele-
mento que corrompe la información veraz y
objetiva que la prensa debe procurar.
En otras palabras, los dos empresarios en
cuestión han estado comprando silencio en
detrimento no solo de mi representado, Juan
Arturo Gutiérrez, sino de toda la población.
Este acto cercena los inalienables derechos de
libertad de expresión y de acceso a la infor-
mación de todos los guatemaltecos. Nosotros
simplemente hemos comenzado a demostrar
ante la comunidad internacional no solo esta

280
El secuestro del Estado de Guatemala

sino varias otras conductas delictivas involu-


cradas en este caso.
En la denuncia presentada ante la Comi-
sión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH), don Arturo Gutiérrez es represen-
tado junto a mí, por el Dr. Oscar Fappiano,
ex–Presidente de dicha Comisión y una per-
sona cuya vida profesional ha sido dedicada
a la consolidación del estado de derecho y la
democracia en su país y a la promoción de los
derechos humanos en el continente. Asimismo
contamos con la objetiva colaboración del Dr.
Luis Moreno Ocampo, abogado de recono-
cimiento internacional, presidente de Trans-
parencia Internacional para América Latina, y
reconocido por su dedicación a la lucha contra
la corrupción.
Cualquier observador medianamente obje-
tivo, tanto dentro como fuera de Guatemala,
puede darse cuenta que personas de la talla de
los Dres. Fappiano y Moreno Ocampo nunca
aceptarían manchar su prestigio defendiendo
un caso o una persona que no satisfaga sus
altos estándares de honorabilidad, rectitud y
verdad. Ese es precisamente el caso de don
Arturo Gutiérrez.
He leído con tristeza la respuesta emitida
por los sobrinos de mi representado, presuntos
evasores de impuestos y lavadores de dinero,
luego de conocerse nuestra denuncia ante
la CIDH. Resulta verdaderamente patético
comprobar que su respuesta es continuar ob-
cecadamente con su campaña de desinforma-
ción, a pesar de que este caso es ya de público

281
La guayaba tiene dueño

y notorio conocimiento en Guatemala, y sin


darse cuenta que los ref lectores de la comuni-
dad internacional están a partir de ahora enfo-
cados sobre ellos y sus actos. Esta mal aconse-
jada actitud de los sobrinos de don Arturo de
intentar tapar el sol con un dedo constituye,
para mi obvia satisfacción, un terrible error
estratégico.
El caso de Arturo Gutiérrez recién comien-
za y, como todo caso deberá ser evaluado por
sus propios méritos en tribunales independien-
tes e imparciales, y en observancia del debido
proceso. Mientras tanto, se mantendrá vigente
el embargo que mi cliente ha logrado contra
todas las propiedades de los demandados en La
Florida y otras jurisdicciones.
Finalmente, en el editorial de Prensa Libre
en cuestión, usted, Sr. Marroquín comete la
ligereza de criticar a la Agencia de Noticias
EFE, ‘lamentando’ que dicha agencia españo-
la, ‘haya podido dar cabida a un despacho’ que
‘solo informa de los criterios de una sola de las
partes...’. Si esta crítica a una agencia de noti-
cias tan seria como EFE hubiera provenido de
un gobierno autoritario no me sorprendería.
Que venga de un Vicepresidente de la SIP y
Director de Prensa Libre deja mucho que de-
sear de su objetividad y ética periodística.
Atentamente.

Robert Amsterdam
Amsterdam & Peroff
Baristers & Soliciters
Toronto, Ontario, Canadá”

282
El secuestro del Estado de Guatemala

Quiero reconocer que la radio y la televisión han


sido medios más objetivos, que en general han respe-
tado más la dignidad. Eso no quiere decir que no han
atacado, pero lo que sí es que, cuando lo han hecho,
por lo general han sido más respetuosos de las respues-
tas y han dado libertad para expresarse, por lo menos
en mi caso.
He usado el caso de Prensa Libre, pues en él con-
curren en forma obvia, todos los elementos que tipi-
fican el abuso, la propiedad del medio, el prestigio de
la tribuna y de su director por su labor internacional
de fachada y su incondicional docilidad ante el poder
de los dueños.

283
CAPÍTULO XVI

El grand finale

Consumatum est: y la Presidencia se privatizó

Efectivamente los dueños del país habían tenido


victorias significativas. En concreto: se deshicieron de
mí, colocaron un Presidente que les estaba sumamen-
te agradecido pues no tenía otra forma de llegar a esa
posición; un Presidente al que conocían y sabían que
era bueno para seguir instrucciones. Esto quedó claro
en la carta que el propio Dionisio Gutiérrez le mandó,
antes de que fuera electo, y en la que incluso le indica-
ba que no se olvidara del referendo. ¿Cuál referendo?
Por otra parte, en la misma carta también le daba
instrucciones y le advertía que su seguridad estaba en
que él debería poner a los “patriotas” (léase Otto Pé-
rez Molina y Compañía) alrededor de él, pues ellos
eran quienes le garantizarían su “seguridad”.
Como el mismo Dionisio lo reconoció en su car-
ta del 5 de junio de 1993, él podía irse tranquilo, pues
dejaba al país en buenas manos.
¿Qué pasaría con esas buenas manos? Pues era
más que predecible. De inmediato subieron el pre-
cio del azúcar en el mercado local; se adjudicaron
El grand finale

las concesiones de generación eléctrica, incluyendo,


desde luego, la controversial de Champerico, con un
contrato digno de los contratos que el país firmara
a principios del siglo pasado al adquirirse la deuda
inglesa; porque en ellos el Estado no era suficiente
garantía y se dieron, como garantía adicionales, las
grandes cuentas de consumo del país, como la de la
Cervecería y la de Cementos Progreso.
Los dueños sí estaban contentos. Sin embargo,
el Ejército aún se preguntaba cómo era posible que
al verdugo de los derechos humanos, enemigo de las
Patrullas de Autodefensa, se le tuviera que rendir ho-
nores.
Pérez Molina, ni corto ni perezoso, vistió al
pobre Ramiro de patrullero, le colgó un pañuelo al
cuello, lo uniformó, le dio un fusil, lo subió en una
tanqueta y lo hizo desfilar en el fuerte Mariscal Zaba-
la, en un desfile ante la prensa, el cuerpo diplomático,
personalidades de Gobierno, e invitados especiales. El
mensaje fue clarito: “A este ya lo tenemos”.
Lo triste es que “a este ya lo tenemos” no solo lo
aplaudieron las cúpulas militares y empresariales, sino
que el crimen organizado dijo: “Ahora es cuándo”, y
se desató una de las olas de mayor criminalidad en el
país. Los secuestros eran por docena y los ajusticia-
mientos extrajudiciales por miles, entre ellos pérdidas
irreparables como la de Jorge Carpio Nicole y Epami-
nondas González Dubón. Resulta que el “Procurador
había resultado mil veces peor que el aprendiz de Dic-
tador”, como se dijo en un tímido artículo de prensa
de la época.
A la famosa Instancia Nacional de Consenso se
le dieron las gracias por los servicios prestados como
títeres en la función. Aunque parece que a algunos sí

285
La guayaba tiene dueño

les pagaron, a otros no.

Elites delincuenciales

A partir de ese momento quedó establecido que


los motores de la política, la economía y la seguridad
serían a saber:
El contrabando
El lavado y la evasión fiscal
El narcotráfico.
Para desgracia de nuestro país, los intereses en
estas tres actividades se alinearon entre los grupos po-
derosos y tradicionales hasta entonces, únicos dueños
del país, con las fortunas emergentes. Sobre todo las de
los narcos y lavadores de dinero, quienes muy pronto,
tal como yo lo advertí el 25 de mayo de 1993, busca-
rían sus cuotas de poder y tomarían también parte en
el secuestro del Estado lo que, lamentablemente, ha
venido aconteciendo.
Permítanme hacerles una gráfica, a través de la
cual pretendo explicar cómo veo lo que ha pasado
en el país, y lo voy a representar sobreponiendo tres
círculos.

286
El grand finale

Cada círculo representa una de las actividades an-


tes mencionadas. Ya verán cómo es que la amalgama
se forma y cómo resulta difícil determinar las líneas
que pudieran separar los grupos criminales del país.
Hoy, como lo vemos en el esquema, tenemos la-
vadores, narcotraficantes, contrabandistas, y toda la
gama posible de mezclas, participando en ellas “hono-
rables” miembros de todos los sectores de la sociedad,
unos con gran reputación y prestigio, otros despres-
tigiados y burdos, pero todos socios, y colaboradores,
sin conciencia alguna de lo que hacen y han hecho al
país, Eso sí, todos con la esperanza de que los despe-
nalicen y así ese molesto mote de delincuentes les sea
quitado de encima.
Cuando los señores Gutiérrez–Bosch y todos
sus aliados y sirvientes, patrocinaron su esquema de
poder, estoy seguro de que no se imaginaron lo que
le estaban haciendo al país. Yo, sabiendo de donde
vienen, el origen de su familia, declaro que a pesar
de todo, no los creo tan perversos como para haber
hecho esto a conciencia. Sin embargo, como dice el
dicho, “de buenas intenciones está empedrado el ca-
mino al infierno”.
Ellos pervirtieron y subyugaron la precaria insti-
tucionalidad del país, para defender sus privilegios, y
demostrarle a un Presidente que no era el Rey Salo-
món, y así abrieron el camino para que tirios y troya-
nos hicieran de nuestra Guatemala “el país de la eterna
primavera delincuencial”.

Arzú al poder

Conozco a Álvaro desde que éramos niños; fui-


mos al mismo colegio, yo era un año mayor que él.

287
La guayaba tiene dueño

De jóvenes parrandeábamos juntos e hicimos política


juntos en una época de nuestra vida, en el Partido
de Renovación Nacional (PNR), del cual él era el
Secretario General Adjunto y yo era el Presidente de
la Rama Profesional.
Fue Ministro de Relaciones Exteriores al prin-
cipio de mi Gobierno, Es uno de esos políticos con
ideas fijas, pragmático pero hábil para adaptarse a lo
que los estudiosos llaman la “real politic”.
Por ejemplo, conmigo sufrió mucho cuando yo le
pedí en Guadalajara que me acompañara para recibir
a Fidel Castro. Me dijo que eso lo podía afectar en sus
pretensiones a la Presidencia. Le dije:
—No te preocupes, esta es una cita con la histo-
ria, ya sea que nos guste o no.
Recuerdo que Magda, mi esposa, y Patricia, la
esposa de Álvaro, tampoco querían ir; sin embargo,
las convencí y me dijeron que estaba bien, pero que
ellas permanecerían serias.
En menos de diez minutos, Fidel, que es indiscu-
tiblemente un hombre carismático, nos tenía a todos
bromeando. Después he sabido que Álvaro dice que
Fidel era el único estadista en la reunión y que él lo
admira mucho. Qué bueno, pues si no me hubiera
acompañado, hoy no podría decir eso.
Recuerdo también el caso de Belice. Era realmen-
te un caso de Estado, y no sabía cómo íbamos a salir.
Me dijo que eso sí lo podía afectar y que renunciaba.
En esa ocasión, aunque yo no estaba de acuerdo, le di
la razón.
¿Por qué yo no estaba de acuerdo? Porque él,
como Ministro de Relaciones Exteriores, debía ha-
berse dado cuenta de lo nefasto que era para noso-
tros como país, mantener una posición colonialista a

288
El grand finale

finales del siglo 20, en contra de todas las políticas an-


ticoloniales de la comunidad internacional. Debía de
haber sabido que de esa manera se violaba el derecho
de todo un pueblo a su autodeterminación, tal como
lo garantizaban todos los tratados internacionales que,
en materia de derechos humanos, Guatemala había
firmado y ratificado en los últimos cincuenta años.
Por otra parte él, como Ministro, debería haberse
dado cuenta de que las comunidades africanas y del
Caribe, votaban sistemáticamente en contra de Gua-
temala en todos los foros donde planteábamos algún
caso de nuestro interés como país. Solo había que
preguntarle a Jorge Luis Zelaya Coronado, por qué
había perdido la reelección como Secretario General
Adjunto en la OEA, contra un candidato oriundo de
Barbados.
Finalmente, Belice, como país, tenía más reco-
nocimientos que Guatemala, a pesar de que nosotros
existíamos como nación desde 1821.
Siendo realistas, no había el más mínimo chance
de que tuviéramos alguna esperanza de éxito en el di-
ferendo, en la forma en que estaba planteado. Simple-
mente era una linda cortina de humo, para echársela
encima a cualquier problema nacional. Basta recordar
las excentricidades del ex presidente Miguel Idígoras
Fuentes, o las amenazas de Kjell Eugenio Laugerud,
otro expresidente.
Otro punto en el que nunca pude tener una
respuesta positiva de Arzú, fue en el tema de la paz.
Cuando lo invitamos a la reunión de El Escorial, dijo
que prefería que fuera Luis Flores Asturias. Cuando
fuimos con todos los dirigentes del país, en 1993, a
las Naciones Unidas, fue el único que declinó la in-
vitación. Siempre argumentó que podría afectarse su

289
La guayaba tiene dueño

candidatura. Reconozco que su pragmatismo le fun-


cionó, pues llegó a la Presidencia.
Creo que los dueños, quienes lo apoyaron por más
de seis años en la candidatura, se sintieron un poco
perdidos con él. Creyeron que iba a ser más obedien-
te; sin embargo, Álvaro hay que reconocer que tiene
carácter y en ciertas cosas se les paró, tal es el caso de
la privatización de GUATEL, pero los dejó entrar en
el tema de la energía eléctrica y creo que eso le sal-
vó el gobierno y evitó que estuviera aquí en Panamá
conmigo.
Como referí antes, él solo mencionó como pro-
blema para la firma de la paz el caso de la señora Olga
Alvarado de Novella. Qué bueno que solo eso vio,
pues si no quizá no hubiera llegado a firmar los Acuer-
do de Paz, lo cual es un reconocimiento que el país
debe darle. No obstante, en el Libro “¿Quién mató al
obispo?”, de Maité Rico y Bertrand de la Grange, hay
un párrafo que me llamó muchísimo la atención:
“El asesinato de Gerardi había sido el golpe más
duro contra el proceso de paz, el principal logro del
gobierno. Y de repente, pensaba Porras, comenzaba
esa extraña implicación de oficiales cercanos a Arzú.
Desde que se había lanzado a desmantelar, en 1996, la
mayor red de contrabando del país, el secretario priva-
do del presidente estaba preocupado. La organización,
denominada como la “red Moreno” tras la detención
de su testaferro, un ex agente de aduanas llamado
Alfredo Moreno, tenía su origen en una compleja
estructura creada a finales de los años setenta por in-
teligencia militar, para vigilar el trasiego de personas
y armas en los puestos fronterizos y de paso, obtener
fondos para financiar de forma clandestina la lucha
contrainsurgente. Con los años ese aparato paralelo se

290
El grand finale

había transformado en un sólido bastión del crimen


organizado, cuya inf luencia se extendía a oficiales de
alto rango, jueces, abogados y políticos…
Tras la ofensiva contra la mafia militar, Porras
había estado temiendo una venganza del grupo para
recuperar sus posiciones de poder. ‘Tengo la sospecha’–
comentó a sus compañeros– ‘de que hay una mano
peluda, si no detrás del crimen, sí por lo menos mani-
pulándolo’.” (Página 55)
Lástima que Arzú no se enteró de esto y sobre
todo que no hubiera sabido de esto cuando yo di el
golpe. Si por lo menos hubiera leído la proclama que
yo di a la Nación el 25 de mayo de 1993, no me cabe
la menor duda de que, por lo menos, hubiera sido más
benigno en tratarme, pues solo el desconocimiento
excusa un apoyo como el que dio a los que después,
tal como lo relata Porras, le montaron o por lo menos
manipularon el detestable asesinato de Monseñor Juan
Gerardi. En fin, la historia se escribe con calma.
Tengo que reconocer que, aunque Arzú nunca
dio ningún crédito a lo que yo hice por la paz, por lo
menos él, en lo personal y como Presidente, evadió
atacarme virulentamente; no así su canciller, Eduardo
Stein, hecho que a decir verdad, no lo entendí en ese
momento. No fue sino hasta que vi cómo los dueños
del país lo hicieron Vicepresidente durante el nefasto
gobierno de Oscar Berger Perdomo, y después como
Presidente de la Comisión de Transmisión de Man-
do del gobierno de Pérez Molina, que me di cuenta
de que el exguerrillero era mucho más realista, más
pragmático y menos idealista de lo que yo creía. El
bandazo que pegó era de ciento ochenta grados y mu-
cho más, por lo que tampoco hoy lo culpo, pues en el
país ahora todo se vale.

291
La guayaba tiene dueño

Portillo al ruedo
Albacea del Gobierno Efraín Ríos Montt

A Alfonso Portillo no lo conocí, nunca he con-


versado con él. Simplemente, a la distancia, he podido
seguir su carrera política. Yo sabía que Ríos Montt
casi había decidido lanzar en ese momento a Francisco
Bianchi como candidato a la Presidencia de la Repú-
blica. Esa era la información que se manejaba y que
me llegaba. De repente, me entero por los periódicos
que el FRG y Efraín Ríos Montt lanzaban a Alfonso
Portillo.
Conociendo como conozco a Efraín, pensé que
algo le había visto a Portillo y, como Ríos Montt es
fundamentalmente un estratega, sabía que un poquito
de izquierda le era sumamente importante para ganar
las elecciones, ya que le serviría para matizar en algo
su imagen y para dar garantías a sectores que de otra
forma no votarían por el FRG.
Desde luego, para no perder del todo el perfil,
puso a Francisco “Paco” Reyes, quien en ese momen-
to tenía una vinculación aceptable con los dueños.
Cuando acababa de ganar las elecciones Alfonso
Portillo, un día recibo la llamada de un buen amigo,
quien me contó que la noche anterior estuvieron con
él, que parecía que tenía carácter y buenas intenciones
y que llamó su atención el hecho de que, cuando se
refirió a mí, dijo que lo que se hizo conmigo fue una
cabronada, y que vería cómo me ayudaba. Pedí a mi
amigo que, si lo volvía a ver, que le diera las gracias
de mi parte.
Pasaron los días y nombraron a un nuevo Fiscal
General, Carlos David de León Argueta, y el fiscal
que estuvo encargado de mi caso, el licenciado Mario

292
El grand finale

Leal, se sintió inseguro en su puesto; fue y habló con la


juez Lam, para pedirle que lo ayudara, que él iba a pe-
dir que se emitiera una orden de captura internacional
contra mí y que, por favor, ella la tramitara, pues esa
era la forma que tenía de impedir que lo movieran de
su puesto. Así lo hicieron, por eso es que desde 2002
he tenido a Panamá por cárcel.
Cuando esta orden se da, hablé con el Canciller
de Panamá, José Miguel Alemán, y le hago ver que el
gobierno guatemalteco, buscando un procedimiento
de policía, estaba violando los tratados de Montevi-
deo, ya que el Estado de Guatemala estaba obligado
a respetar la decisión soberana del Estado panameño;
pero que yo no quería hacer de esto un caso que pu-
diera perjudicar las relaciones entre ambos países.
Alemán me dijo que él vería a Portillo en una
reunión la semana siguiente y que le tocaría el tema.
Así fue: me llamaron a la cancillería panameña y me
contó José Miguel que Portillo le dijo que él sabía que
no existía nada contra mi persona y que regresara a
Guatemala.
Que no existía nada no era noticia para mí, pues
tenía en mi poder todos los expedientes, las resolu-
ciones del gobierno panameño y la opinión legal del
propio Ministerio de Relaciones Exteriores de Guate-
mala. Pero regresar así, simplemente, no era lo que yo
pedía, sobre todo conociendo el secuestró del Poder
Judicial que, en ese momento, ya existía. Simplemen-
te bastaba con que el Estado guatemalteco, respetara
los correspondientes tratados.
Con el tiempo me enteré de que no fue única-
mente la motivación del fiscal Leal la que me perju-
dicó, sino que los dueños del país se habían disgustado
al saber que, con mi familia, fui a pasar unos días a El
Salvador.
293
La guayaba tiene dueño

Entonces entendí por qué periodistas de Guate-


mala que me visitaron insistieron en ver los boletos de
avión y los pasaportes, sobre todo el mío.
Empecé a ver el gobierno de Portillo como un
gobierno bien intencionado. Sin embargo, muy pron-
to empezaron los roces con el grupo de los dueños.
Se decía que era por algunas importaciones de po-
llo, azúcar y cemento que Portillo había estimulado y
que, de alguna manera, habían parado entendiéndose.
Pensé para mis adentros: si eso fue así estos no se lo
van a perdonar y vendrá la guerra. Y así fue.
La prensa se fue contra Portillo, igual que lo hi-
cieron contra mí, lo satanizaron, experiencia que yo
he vivido durante más de veinte años; lo arrinconaron
y lo aislaron. Ahora lo tienen preso, al igual que tu-
vieron preso y humillaron a Paco Reyes, quien fue el
vicepresidente durante la gestión de Portillo.
¿Qué hicieron ellos, en este caso? No voy a juz-
garlo; lo que sí puedo afirmar es que Oscar Berger,
Eduardo Stein, Vielmann, Figueroa, Rivera y com-
pañía, hicieron cosas mucho peores y están libres y
protegidos por la más cruenta de las impunidades.
Se ha llegado hasta el extremo de plantear la ex-
tradición del expresidente Portillo. ¿Qué precedente
mundial sería si algún país solicitara la extradición de
alguno de los expresidentes norteamericanos Bush
, Clinton o Carter? ¿Creen ustedes que los Estados
Unidos lo permitirían? De ninguna manera.
Si durante su mandato Portillo cometió delitos,
se le debería juzgar en Guatemala, y por supuesto,
cualquier país ofendido podría presentar sus pruebas
en el juicio; pero lo que sucede es que la justicia gua-
temalteca no tiene credibilidad por su situación de
subordinación a los dueños y hoy también al crimen

294
El grand finale

organizado. A los que quieren juzgar y se encuentran


en el país, los quieren sacar; y a los que están afuera
no los quieren mandar a traer, por la venalidad de
nuestro sistema judicial. Tal es el caso del exministro
Carlos Vielmann, y de los jefes de policía del tiempo
de Berger, Javier Figueroa y Erwin Sperinsen.

Portillo y Ríos Montt plantearon una confronta-


ción con los dueños, la cual se vio tipificada en lo que se
llamó “el Viernes Negro”, una intentona de liberarse
de la dominación, pero en realidad lo que lograron
fue darle una justificación a los Gutiérrez–Bosch para
cerrar filas con sus aliados y plantear una ofensiva fi-
nal, tomarse la Presidencia con todo y todo.

Berger y Stein a la Presidencia


Al poder: el Grupo Pirámide, el G–5, La Mesa,
el CACIF. Llámenlo como quieran

El gobierno de Oscar Berger se establece como


resultado de una lucha abierta de los medios de co-
municación contra el gobierno de Alfonso Portillo, al
que desacreditaron a tal extremo que, a los ojos de los
guatemaltecos, este era, sin lugar a dudas, el “gobier-
no más corrupto de la historia”.
El enfrentamiento con sectores poderosos que
manejan los grandes medios de comunicación de
Guatemala, descalificó a Portillo y esto provocó que
se hicieran extensas investigaciones sobre cada acto
y señalamientos, comprobables o no. Sin embargo,
eso no era lo importante. Desacreditarlo era el obje-
tivo. Mientras tanto, al gobierno de Oscar Berger lo
empezaron a tocar con pinzas y hacerle una fama de
bonachón, lo que a la postre fue usado como una gran

295
La guayaba tiene dueño

fachada para las incalificables acciones y los actos de


corrupción que a la sombra de ese gobierno se lleva-
ron a cabo.

Berger, gobierno de privilegios

Este gobierno se caracterizó por impulsar políti-


cas que favorecen los intereses de los empresarios que
lo apoyaron y de algunos de los grandes agroexpor-
tadores. Su proyecto para el agro carecía de políticas
públicas de impacto para el fomento de las economías
campesinas y, por supuesto, deficitario en iniciativas
sociales.
Al promover el enfoque empresarial en los pro-
gramas GUATE SOLIDARIA, GUATE CRECE,
GUATE COMPITE Y GUATE VERDE, este go-
bierno simplemente ratificaba su orientación funda-
mentalmente empresarial, afirmándolo con la consti-
tución de su propio gabinete.

Temática de seguridad

Desde el principio, el tema de seguridad fue su


talón de Aquiles; se evidenció que no existía una po-
lítica de seguridad y que solo se realizaban acciones
coyunturales que no tenían mayor impacto.
Quizás en un esfuerzo por mostrar algún nivel de
moderación, relanzó los acuerdos de paz, y anunció
la reducción del 35% de las plazas, del presupuesto y
las bases militares; medida demagógica que a la postre
fue contraproducente, pues no establecía cómo se iba
a llenar el vacío de autoridad que esa acción causaría.
Hoy, con los años, nos damos cuenta de que
los únicos que sí supieron aprovecharlo fueron los

296
El grand finale

narcotraficantes “buenos”, como se les llama en el


interior del país, pues son los que vinieron a prestar
parte de la ayuda social que, mal que bien, el Ejército
proveía.
De allí pues que, en seguridad, sí hubo cam-
bios, pero consistentes en que las cifras de violencia
se incrementaron, así como una inexplicable ola de
muertes violentas atribuidas muchas veces a los po-
deres ocultos, y entre ellos al narcotráfico. Destacan
los hechos ocurridos en las cárceles, donde diferentes
reos y mareros presos fueron asesinados. También el
caso cuando fueron asesinados tres diputados salva-
doreños del Parlacen y el piloto, por 4 agentes de la
Policía Nacional Civil –PNC–. Estos policías implica-
dos en el crimen fueron ajusticiados más tarde, dentro
de una cárcel de máxima seguridad, sin que nadie lo
impidiera, sin responsables ni testigos, dejando lugar a
profundas dudas y grande temores.
Este espantoso escándalo en el cual se evidenció
totalmente la corrupta situación de la Policía Nacio-
nal, puso en el centro del huracán al Ministro Carlos
Vielmann, y al gobierno entero.
La inseguridad tocó fondo, las muertes violentas
continuaron y el colapso de las instituciones responsa-
bles de la seguridad era evidente,
El Ministro Vielmann, hombre de confianza, y
colocado en ese puesto por el grupo Gutiérrez–Bosch,
afirmaba que lo ocurrido en los planteles penitencia-
rios se debía a la ruptura de un pacto de no agresión
que existía entre las maras, hecho que fue provocado
por el narcotráfico y por “los poderes ocultos”, y que
eso causó un brutal derramamiento de sangre.
Pero, curiosamente, en una interpelación en el
Congreso, no se le hizo ninguna pregunta al respecto,

297
La guayaba tiene dueño

aunque se conocía públicamente que muchos de los


cadáveres de los mareros presentaban el tiro de gracia,
lo que revelaba una brutal actividad de “limpieza so-
cial” como le llamaban.
La verdad sobre todo esto ha ido saliendo a luz en
diferentes libros y publicaciones, en particular en in-
vestigaciones silenciadas, llevadas a cabo por valientes
fiscales de la CICIG, (Comisión Internacional Contra
la Impunidad en Guatemala) de las Naciones Unidas.
Pero esto, sin mayores consecuencias judiciales para
los involucrados, a no ser para aquellos que por una u
otra razón han sido eliminados físicamente para ca-
llarlos eternamente.

Narcotráfico

Sin lugar a dudas, la capacidad de Guatemala para


combatir el narcotráfico es limitada, lo que se veía en
el gobierno de Berger aun más limitada por los víncu-
los de los carteles guatemaltecos con los colombianos
y mexicanos.
Lo que resultaba aun peor, eran las insistentes
denuncias de los vínculos de todos esos carteles con
militares en retiro, con las maras, que podrían haber
sido armadas por los carteles. Así, fueron “tomadas”
muchas colonias residenciales, a cambio de extorsiones
y secuestros rápidos, pues las mismas maras se veían
involucradas como sicarios al servicio de otros gru-
pos delincuenciales y algunos, incluso, estrechamente
vinculados con escuadrones de la muerte, los llamados
“de limpieza social”.
Otros grupos de poder, de saco y corbata, de una
u otra forma se veían vinculados con el crimen organi-
zado. Directa e indirectamente participaban en activi-
dades de lavado, contrabando y hasta de narcotráfico.
298
El grand finale

Al final del período y en una etapa preelectoral,


no se hicieron esperar las ofertas del narcotráfico para
agenciarse y garantizarse los espacios de poder, por
lo que nunca se llegaran a aprobar las reformas a la
Ley Electoral y de Partidos Políticos; sobre todo, en
materia de transparencia en el financiamiento de los
partidos.
Podemos decir que en el tiempo de Berger, la se-
guridad fue un laberinto en el que participaban todos
a su sabor y antojo, incluyendo el propio gobierno, y
sus más altas autoridades.
Un amigo me decía: “La limpieza social debía
haber empezado en la 6ª avenida y 6a calle, zona uno,
justo allí en el propio Palacio Nacional. Al extremo
que, en la publicación de Internet “Redacción 5º PO-
DER”, Guatemala 12 de abril del 2012, relatan que,
al darle una información sobre el envolvimiento de
personas allegadas al presidente Berger en una activi-
dad de droga, al embajador de Estados Unidos, James M.
Derham “encolerizado como pocas veces , el represen-
tante del gobierno americano, llama a Berger y le dice
que es un corrupto, como nunca antes ha habido en
Guatemala”.

Crisis del sistema bancario

Miles de guatemaltecos se quedaron sin dinero


en efectivo a finales del año 2006. se establece “un
corralito”, porque el sistema decide quitar de enfrente
a Eduardo González, hijo de uno de los principales
accionistas de BANCAFÉ, cuarto banco de la Na-
ción, quien se perfilaba como posible candidato por la
Gran Alianza Nacional (GANA), actor principal en el
escenario político y empresarial. Pero algunos dicen

299
La guayaba tiene dueño

que su pecado capital fue haber desafiado al grupo


principal de los dueños, que no lo querían para presi-
dente.
Selvin Girón y Luis Solano, redactores de Infor-
press, en el blog de “albedrio.org, del 4 de noviembre
de 2006, en un extenso artículo sobre la interven-
ción de BANCAFÉ, comentan, entre otras cosas, lo
siguiente:
“El proceso de intervención de Bancafé respon-
dería a intereses de grupos políticos y económicos do-
minantes del país. La decisión, tomada luego de un
cambio en las altas autoridades bancarias, obedecería
a fuertes presiones del principal bloque bancario para
dejar fuera al banquero y político Eduardo González
y a su grupo”.
Allí mismo, según la misma fuente, los periodis-
tas comentan;
“Los efectos de la intervención del Banco del
Café S.A. (Bancafé), evidencian una cadena de deci-
siones tomadas desde diferentes instancias donde hay
representaciones de grupos políticos y económicos
que tienen objetivos aparentemente bien definidos.
En este sentido, cabe destacar que integrantes de
la Junta Monetaria ( JM), la Superintendencia de Ban-
cos (SB) y algunos miembros de la Junta Directiva del
Crédito Hipotecario Nacional, en su mayoría miem-
bros del inf luyente y politizado Comité Coordina-
dor de Cámaras Agrícolas, Comerciales, Industriales
y Financieras (CACIF), fueron precisamente quienes
tomaron la decisión sobre qué hacer con el citado
banco.
Lo interesante de esta acción es que se dio jus-
to después del cambio de directorio en el Banco de
Guatemala al sustituirse a Lizardo Sosa, quien no

300
El grand finale

pertenece al partido de gobierno, por la ahora ex mi-


nistra de Finanzas Públicas y ex gerente del Banco
Quetzal, María Antonieta de Bonilla, cercana al gru-
po económico de Óscar Berger.
“Así se sabe que el segundo banco más grande
del mundo, el inglés HSBC , que adquirió en julio el
Banco del Istmo (Banistmo), con sede en Panamá, era
parte de las preocupaciones de los banqueros naciona-
les quienes se han estado movilizando para consolidar
sus inversiones y no verse afectados con la competen-
cia internacional
Ese intento de compra habría sido sometido a fé-
rreos bloqueos de banqueros locales para impedir el
traslado a manos foráneas de Bancafé”.
La fallida negociación de BANCAFÉ con el
HSBC, tiene un asombroso parecido con el intento
del grupo salvadoreño que también estuvo interesado
en comprar este banco.
Veamos: el trasfondo apenas si apareció en los
medios. Pero el analista Edwin Pérez (www.i–dem.
org – Nueva Época números 1079, 26/10/2006) afir-
ma que: “…la decisión de la JM no es más que una
quiebra forzada de Bancafé y que para hacer un aná-
lisis más sereno, hace falta incluir algunos elementos
poco conocidos”.
Según Pérez, “se sabe que el conjunto de ban-
queros nacionales desprecian la posibilidad que bancos
internacionales instalen en el país nuevas formas de
hacer competencia.
Para esto se buscó retrasar lo más posible la entra-
da del Banco Azteca, de algunas financieras y se hizo
lobby para que fracasara la compra–venta de Bancafé
por un grupo financiero salvadoreño.
En primera instancia, Bancafé representa ahora

301
La guayaba tiene dueño

millonarios réditos para este grupo de banqueros na-


cionales, puesto que sus activos no se venderán al pre-
cio que tenían en libros, según el titular de la SIB ,
Willy Zapata “.
A esto comentan Girón y Solano:
“Uno de los puntos importantes en el plano polí-
tico es que, como apunta Pérez, de muchos es sabido
que González no forma parte de la cúpula empresarial
que se encuentran en el politizado CACIF , y que
tampoco es de los que acostumbran aliarse con las po-
derosísimas familias, que aglutinan a más de 300 em-
presas con intereses económicos en múltiples países.
(Léase los Gutiérrez–Bosch).
Por estas razones, González estaría siendo una
víctima de sectores interesados en destruir su carrera
política, pero cabe agregar, también interesados en la
liquidación de Bancafé y del Grupo Financiero del
País, por no ajustarse a una estrategia financiera de
largo plazo de los grandes banqueros locales en el
contexto del Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos (DR–CAFTA)”
Los beneficiarios de los activos del BANCAFÉ,
los que lo adquirieron a precio en libros y los vendie-
ron a precio de mercado, son, a juicio de los periodis-
tas Girón y Solano:
“El Banco de Desarrollo Rural (BANRURAL)
de capital mixto; el Banco Reformador (BANCOR),
de los principales accionistas, Dionisio Gutiérrez y el
Banco Agromercantil, se reparten los bienes y cartera
de clientes de Bancafé , que se estima en 1.2 millones,
cuyas cuentas suman Q4,986 millones en depósitos
monetarios y de ahorro. Además de los activos, que es
la parte clave de la intervención.”

302
El grand finale

El Banco de Comercio

En este caso la cosa es un tanto diferente; sin em-


bargo, los procedimientos y los resultados en el mane-
jo del botín son similares.
En un memorial fechado el 10 de enero del 2007,
dirigido y recibido en la Presidencia del Banco de
Guatemala, los señores Jorge Ibarra–Rivera Iglesias y
Carlos Enrique Abularach Zablah, en su calidad de
Presidente del Consejo de Administración y Geren-
te General del Banco de Comercio, S. A., respecti-
vamente, notifican a la Junta Monetaria, que dicha
entidad incurrió en las causales contempladas en el
artículo 75 de la Ley de Bancos y Grupos Financieros.
En consecuencia, solicitan que la autoridad monetaria
proceda a suspender de inmediato las operaciones del
Banco, argumentando que las causas de su incumpli-
miento están directamente relacionadas con la crisis
bancaria que vive el país y declaran:
“La crisis de confianza del público usuario respec-
to del sistema bancario nacional en el último trimestre
del año pasado, resultante de la inesperada salida del
mercado de Bancafé Sociedad Anónima, de la corrida
bancaria de los depósitos del Banco G&T Continen-
tal Sociedad Anónima, y de la falta de una adecuada
provisión de billetes en nuestro medio circulante du-
rante diciembre dos mil seis (2006) y enero dos mil
siete (2007), ocasionó que una importante mayoría de
nuestros clientes y depositantes haya prescindido de
nuestros servicios. Al día de hoy, es patente que nues-
tros depositantes no darán muestras de retomar sus
actividades bancarias en Banco de Comercio, S. A.,
dentro de los parámetros tradicionales de operación,
previos a la crisis de Octubre del dos mil seis”.

303
La guayaba tiene dueño

Los eventos antes señalados, no obstante que se


tratan de hechos extraordinarios e imposibles de pre-
ver y evitar, ajenos totalmente a los actos de adminis-
tración de la institución bancaria, desgraciadamente
han incidido en forma directa en el elemento más
determinante del negocio bancario, cual es el factor
“confianza”.
Resultado de ello es que nuestra obligación de
encaje respecto de las obligaciones depositarias se haya
cumplido de forma irregular en los meses de diciem-
bre del dos mil seis (2006) y enero de dos mil siete
(2007), lo cual en la vida jurídica del banco no había
sucedido”.
Finalmente los mismos socios y directivos del
banco, plantean ante la Junta Monetaria:
“Dados los hechos anteriores, y a los efectos de no
desatender los postulados del artículo 75 de la Ley de
Bancos y Grupos Financieros, la institución bancaria
que representamos ha acordado notificarlo a la Junta
Monetaria, con el propósito de que la autoridad mone-
taria suspenda de inmediato las operaciones del Banco
de Comercio Sociedad Anónima y nombre la Junta
de Exclusión de Activos y Pasivos correspondiente, a
fin de propiciar una salida ordenada del mercado de
la institución evitando con ello una probable crisis de
orden sistémico.” (sic)
Lo que se deduce del resto de los informes es que
el banco lo que realmente tenia era un problema de
liquidez y no un problema de solidez. En este caso, la
receta fue la misma, solo que en este caso el banco be-
neficiado fue : el Banco Industrial S.A., cuyos socios
mayoritarios, son los dueños de la guayaba.

304
El grand finale

Las ganancias se privatizan y


las pérdidas se estatizan

Como se puede ver, esta premisa de la astucia


empresarial de los colaboradores de Berger, se hizo
una vez más una realidad en el país: cinco bancos pri-
vados, propiedad de los dueños del país y sus amigos, se
llevaban los activos, por supuesto, comprados a muy
buenos precios.
Los depositantes perdían una buena parte de sus
ahorros, y el Estado usaba las cuentas del Fondo Para
la Protección del Ahorro y del Banco de Guatemala,
para absorber las pérdidas.
El doctor Sergio Morales, Procurador de los De-
rechos Humanos, responsabilizó al Estado, a la Jun-
ta Monetaria y a Willy Zapata, Superintendente de
Bancos, por los problemas en los bancos del Café y de
Comercio, y por la crisis de liquidez provocada en el
país.
El Procurador explicó que se cometió una gra-
vísima violación a los derechos económicos y sociales
de la población en los hechos ocurridos por esas even-
tualidades. Exigió a las autoridades investigar el caso
y procesar a los empresarios supuestamente vinculados
a los delitos que se pudieron haber cometido en esos
bancos. Y respecto de Zapata, Morales, sí fue enfático
en expresar que incurrió en omisión de denuncia.

Diferencia de estos casos, con otros


problemas bancarios en la historia del país

En el pasado, cuando casos de esta naturaleza


se dieron en el país, la Junta Monetaria, lo que hizo
fue nombrar una Junta Directiva integrada por gente

305
La guayaba tiene dueño

honorable, que dirigiera la institución en problemas,


que recuperara los activos en forma correcta y que pa-
gara a los depositantes y acreedores. Hubo casos como
el del propio Banco Inmobiliario, en que el banco sa-
lió adelante, siguió operando y hasta fue vendido al
Banco de Santander.
A la luz de los acontecimientos que he relatado,
hoy por hoy, los dueños no lo hubieran permitido,
como de hecho lo hicieron.
Los activos fueron para ellos, divididos entre cin-
co, para que no hubiera problemas y… todos contentos
y callados. El depositante, que se aguante, aunque el
procurador diga que se le violaron sus derechos huma-
nos. Pero para aquellos 5, ¿qué carajos significan los
derechos humanos en lo económico de la población,
si estos no tienen nada que ver con la santísima PI-
RÁMIDE, puesto que ellos no los han santificado?
Las pérdidas para el pueblo, como debe ser, pues
así dirán que se diluye el riesgo y nadie lo siente. Bue-
no, esa es la nueva realidad del país: el Estado es de
ellos y qué.
En 1993, el 25 de mayo, en mi proclama a la na-
ción como Presidente, al anunciar las medidas que
tomaría en la depuración del Estado dije:
”Lo único que me mueve a tomar esta decisión
trascendente, es garantizar que nuestra Guatemala no
sea presa del narcotráfico; que nuestro país no sea un
jardín para las mafias; que nuestro país tenga un desti-
no sin corrupción, sin venalidad, sin demagogia”.
Irónicamente, muchos de los que participaron en
el golpe contra mí, ya sea como títeres o bien como
titiriteros, fueron “patriotas” como lo define Dionisio
Gutiérrez, héroes de esa efeméride, hace veinte años.
Lamentablemente, los nombres de muchos de ellos

306
El grand finale

quedan escritos hoy en la historia de Guatemala como


los que han favorecido, protegido y hasta participado
en el narcotráfico, como los que han hecho del país un
jardín para delinquir, tal como dijo la BBC de Lon-
dres: los que institucionalizaron el crimen, la corrup-
ción, la venalidad y la demagogia en el gobierno.
Y para terminar, los que secuestraron el estado
y sobre todo, siempre ejercieron sus derechos como
dueños de la guayaba.

El Gobierno de Alvaro Colom

De este gobierno es sumamente difícil decir algo,


pues estoy seguro, que hasta la fecha él mismo no sabe
a ciencia cierta si fue Presidente.
Se definió como un Social Demócrata, sin en-
tender que era eso, creo que para él serlo, era poner
las fotos de los Presidentes Arbenz y Arévalo en el
palacio, e irle a dejar una condecoración a Fidel.
La política fundamental de su administración, fue
gobernar para hacer presidenta a su esposa, no impor-
tando, la imagen que se dio del país en el exterior,
con la pantomima del divorcio. Actitud, que fue muy
mal vista, pues vulneraba la institución familiar mis-
ma, siendo esta una de las instituciones mas necesarias
socialmente y de las mas difíciles de proteger en el
mundo actual.
Pequeñas escaramuzas con los dueños de la guayaba,
pero finalmente entendimientos, amores, y por su-
puesto pactos que hoy más que nunca se hacen evi-
dentes.
Como me dijo una amiga, Colom gobernó de
noche.

307
CAPÍTULO XVII

Mea culpa,
pero hablemos claro

Panamá, 23 de marzo de 2012

Señores
DUEÑOS DE LA GUAYABA
Ciudad de Guatemala,
Presentes

Estimados señores:

Ya han pasado casi veinte años, en los que ustedes


han gobernado. La historia ha empezado a recoger
con algún grado de objetividad lo que han hecho con
mi patria. Yo no soy quién para juzgarlos y sé que aún
siguen mandando y no sé por cuánto tiempo más.
No quisiera escribir esta carta cuando ustedes ya
no estén en mando, pues dirían que soy un cobarde, y
me preguntaría por qué no lo hice a tiempo, así que,
hablando claro, les voy a facilitar un poquito su traba-
jo a los historiadores; o por lo menos, darles pistas para
que se les haga más fácil hacer su tarea.
Sin tapujos y como decía un buen amigo mío, “sin
ponerle paracaídas al tetunte”, permítanme detallar los
Un mea culpa, pero hablemos claro

temas de fondo que nos enemistaron o enfrentaron:

–ELECCIONES DE 1990
Haberles ganado las elecciones para Presidente de
la República de Guatemala, cuando ustedes, los due-
ños de la guayaba ya habían decidido, que el siguiente
Presidente debería ser o Jorge Carpio Nicole o Álvaro
Arzú Irigoyen. Aunque ya lo sabía, yo debí haber en-
tendido bien la estrategia de ustedes.

–ELECCIONES PARA ALCALDES DE 1993


Haberles ganado las elecciones para alcaldes el
9 de mayo, sabiendo el esfuerzo que ustedes habían
hecho, financiando todas las coaliciones posibles para
derrotar a mi partido, el MAS. Esto ya era mucho,
por eso con toda razón veinte días después, financia-
ron e instigaron el golpe de Estado para quitarme del
gobierno.

–BONO 14
Haber atentado contra la estabilidad de sus bolsi-
llos, al decretar el Bono 14 única reivindicación labo-
ral real, para el pueblo de Guatemala, en los últimos
setenta años. Sin embargo, lamento que ustedes no lo
hayan visto así.

–REPATRIACIÓN DE 35,000 REFUGIADOS


GUATEMALTECOS
Haber retornado al país, a pesar de todas las opo-
siciones y valladares que se presentaron, a 35,000 gua-
temaltecos que vivían en condiciones inhumanas en
campamentos de refugiados, en México. Quizás esto
a ustedes no les interesaba mucho, pues lo único que
oí en alguna oportunidad, fue el comentario de que,

309
La guayaba tiene dueño

“no entendían que hacía yo, trayendo de regreso a


todos esos guerrilleros comunistas”.

–CREAR LOS HOGARES COMUNITA-


RIOS
Haber organizado a través del programa de Hoga-
res Comunitarios, de la Primera Dama, 5,000 hogares
y darle atención humanitaria a por lo menos 50,000
niños de la ciudad capital; y que, en los departamen-
tos ya requerían de esa atención, pues sus madres tra-
bajaban. No hubo nunca la intención de entender la
proyección social del programa, sino que fue mordaz-
mente criticado por el impacto político que podría
tener en favor de nosotros.

–RECUPERACIÓN ECONÓMICA
Haber puesto disciplina en la economía, haber
reducido a un 10% la inf lación galopante que me he-
redó el gobierno anterior de un 60%, la cual estaba
empobreciendo brutalmente al pueblo, sobre todo a
los asalariados.
Como las medidas que debimos tomar significa-
ron poner orden en las finanzas públicas, racionalizando el
sistema tributario, reduciendo los subsidios, nivelando
los presupuestos de la Nación y reducir la inf lación
parando la especulación que durante años favoreció
a muchos poderosos, ustedes las adversaron, sin im-
portar lo que eso significaba para el bienestar de una
población golpeada.

–ELIMINACIÓN DEL CUPO MILITAR Y


DIGNIFICACIÓN DEL SOLDADO
Desde la conquista, el Cupo Militar, es decir, el
reclutamiento de soldados para servir en el ejército, se

310
Un mea culpa, pero hablemos claro

llevó a cabo en los mercados del interior de la Repú-


blica, persiguiendo a los jóvenes que tenían edad de
servicio, y sin preguntarles su voluntad o la situación
de su familia, eran llevados al cuartel, rapados e ingre-
sados a las filas del Ejército.
Terminar esta deleznable costumbre fue un deber
de conciencia y justicia para mí.
Le puse el salario mínimo al soldado, lo que re-
presentó un ingreso tres veces mayor que el que tenía,
y de esa forma nunca más tuvimos que llevar lazos
para incorporar soldados.
No tengo la menor idea de si se enteraron ustedes
de esto, pues estoy seguro que este, no sería tema con
sus interlocutores de la Cúspide Militar.

–PROCESO DE PAZ Y RECONCILIACIÓN


NACIONAL
Desde la Comisión Nacional de Reconciliación
trabajé arduamente por la Paz Firme y Duradera de la
Nación. Fui quien presidió la delegación que negoció
y firmó el Acuerdo de Oslo, inicié las negociaciones
Gobierno–Guerrilla en el 91. Siempre me manejé con
absoluto apego a la ley y a los más caros intereses de la
patria. Esto ha quedado claro en todos mis discursos y
en los documentos firmados y enviados a la guerrilla.
¿Por qué me odiaron? ¿Qué hice tan mal, para
que algunos de ustedes planearan matarme y que mi
propio ex ministro de la Defensa, dijera que lo único
que le quedaba era “meterme un tiro”?

–PAZ EN EL CAMPO
Cree CEAR, FONAPAZ, COPREDE y a tra-
vés del INTA compramos más de VEINTE MIL

311
La guayaba tiene dueño

HECTÁREAS, es decir CUATROCIENTAS CIN-


CUENTA CABALLERÍAS de tierras para ubicar a
los desplazados y repatriados.
Todos estos fueron programas de justicia y ser-
vicio humanitario, no entiendo por qué ustedes no
se interesaron en ellos, ya no digamos por qué no
presentaron en algún momento alguna iniciativa para
hacer algo por esas poblaciones, tan marginales y ne-
cesitadas.
Nunca voy a entender cómo es posible que no se
hayan dado cuenta de que trabajando por el bienestar
de esos guatemaltecos, les estábamos creando condi-
ciones para que pudieran vivir en paz, consigo mismos
y con sus paisanos y hermanos.

–APOYO Y DIGNIFICACIÓN DEL EJÉRCI-


TO
Como Comandante General del Ejército di la cara
por él, asumí como propia su defensa cuando tuve que
hacerlo, sin importar el foro o la posición en que eso
me tocara hacerlo.
Respeté las jerarquías, grados y antigüedades; me
preocupé por el bienestar de la tropa, los especialistas
y los oficiales, fueran estos superiores o subalternos.
Me preocupé, como ningún otro Presidente, en
equipar a la Fuerza Aérea, para dar servicio oportuno
a los elementos en zonas de combate. Me preocupé
por las viudas y huérfanos del conf licto, estableciendo
un programa para sus viviendas y futuro.
También en beneficio de la misma institución,
como un hecho sin precedentes, cambié el Alto Man-
do Militar y aplique medidas disciplinarias a altos je-
fes militares, que directa o fortuitamente, se vieron
involucrados en actividades de insubordinación o de

312
Un mea culpa, pero hablemos claro

carácter delictivo.
Todo esto lo hice con apego a la ley y con un
profundo respeto a la dignidad de los sancionados.
Sigo convencido de que solo profundizando en
estos dos caminos, podremos tener en el país, no solo
un ejército apropiado, sino que también instituciones
fuertes que den sustento a una verdadera democracia.
Créanme señores, que el compadrazgo y la co-
rrupción que algunos de ustedes fomentaron con
algunos oficiales del Ejército, no es el camino para
fortalecer el sistema de derecho del país. Ese, sin lugar
a dudas, sí es el sistema para fortalecer y garantizar sus
privilegios, pero por favor, miren lo que han logrado:
un país con un Estado prácticamente fallido.

–RECONOCIMIENTO DE BELICE COMO


ESTADO INDEPENDIENTE
Este es sin lugar a dudas el hecho que más nos
abrió las puertas al respeto de la comunidad interna-
cional. Era inteligente y digno aceptar con gallardía
una realidad que no podíamos cambiar y que estaba
amparada por todos los convenios firmados por el Es-
tado en el último siglo.
Yo no entendía por qué, si había decidido pagar
el precio político de esa medida, la gente pensante,
y supuestamente patriótica, no apoyaron la decisión
o simplemente se callaron. Antes quisieron utilizarlo
como una bandera política, ridícula ante los ojos del
mundo, y lo único que lograron fue mediatizar los
beneficios que pudimos haber obtenido.

–PRIVATIZAR A ULTRANZA
Como el sector privado lo quería, hacer la pri-
vatización a ultranza era malbaratar las empresas del

313
La guayaba tiene dueño

Estado, las que no valían nada por la situación caótica


en que se encontraban.
Sin embargo era regalar su potencial, trasladarlo
ingratamente a monopolios privados, dando la opor-
tunidad de explotar, para su propio beneficio, los re-
cursos más rentables de la Nación; y sobre todo, dejar
a la población desprotegida en sus intereses y limitadas
sus posibilidades de desarrollo de los servicios más ur-
gentes.
Yo atribuía a la codicia desmedida algunas de esas
presiones; pero con el tiempo entendí que no solo
era eso, sino que también estaban de por medio los
múltiples negocios vinculados a los sectores con los
que ellos se saboreaban; sobre todo, el poder que en
los mismos se escondía. Se trataba del poder que la
liquidez que generan esas empresas otorga tanto para
la inf luencias bancarias como también para otro tipo
de actividades no tan santas.
Confieso que mi intuición me lo decía, por eso
es que yo predicaba la desmonopolización antes que
la privatización; pero esto era veneno para algunos de
ustedes que iban detrás de algo más que un negocio.
Después de veinte años afuera, de observar y fi-
nalmente entender lo que las intenciones de algunos
encubrían, les digo señores, le doy gracias a Dios por
no haber cedido. Quizás hoy yo sería el hombre más
rico de Guatemala, pero no me perdonaría haber sido
parte o instrumento de toda esa porquería en que han
metido a mi país.

–LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO


La lucha contra el narcotráfico fue frontal. In-
terceptamos cantidades sin precedentes, extraditamos
personas vinculadas, perseguimos el cultivo de la

314
Un mea culpa, pero hablemos claro

amapola, apoyamos el trabajo de las entidades foráneas


que se dedicaban al combate de la droga; le dimos
seguimiento a las denuncias de lavado de dinero, tal
como lo manifesté en la Proclama del 25 de mayo de
1993, porque el contrabando y la manipulación en las
aduanas, seguía siendo uno de los más grandes proble-
mas para su control.
Con el tiempo pude entender que esa dificultad
venía de que los beneficiarios del contrabando eran
algunos de aquellos que se presentaban con saco y
corbata a conversar conmigo y que eso sí les afectaba a
ellos y a los socios que tenían en el gobierno
Cuando yo planteé que lo mejor sería privatizar
el manejo de las aduanas, esto no les gustó a muchos
de ambos bandos. Hoy veo que ya no solo son socios
en el contrabando, sino que en el lavado y hasta en el
narcotráfico,

Mensaje final

Estas líneas van dirigidas a quienes despiadada-


mente me atacaron y nunca me dejaron defenderme;
que siempre con su poder impidieron que esta verdad
que hoy declaro al mundo se divulgara.
Pero el tiempo llegó de declararla y lo hago como
un deber para con mi patria, mi familia, principalmen-
te para mis nietos y sobrinos nietos, a los que amo con
todo mi corazón. También van dirigidas mis palabras
a los hermanos en Cristo; aunque se que muchos han
sido arrastrados por años a juzgarme y condenarme,
pero el momento llego de aclarar las infames acusa-
ciones con la que me han difamado, usando mentiras
o verdades a medias, que para el caso, son más horren-
das que las propias mentiras.

315
La guayaba tiene dueño

Ustedes, mis perseguidores, han hecho creer al


país que mi doloroso exilio ha sido dorado, cuando
este es el más duro de los castigos. Los griegos lo lla-
maron ostracismo; castigo que daban sólo después de
una votación pública a mano alzada, la que se debía
ratificar dos meses después, en una votación con con-
currencia mínima de 6000 votantes, quienes en este
caso debían escribir el nombre del sujeto a este castigo,
en un pedazo de barro o en una concha de ostras.
El exilio no era nunca permanente, eran diez
años como máximo; y además, la persona exiliada no
perdía jamás sus derechos ciudadanos e incluso podía
ser perdonada por una nueva votación de la asamblea;
cosas que a mi me han negado.
Ustedes señores, votaron, me condenaron y han
hecho todo el daño posible, condicionando la justicia
para desterrarme permanentemente.
Por mis convicciones cristianas, no puedo desear
a ustedes que prueben un poco de lo que es un exilio
“dorado”, pues estoy convencido de que es mejor pa-
gar el mal con bien. Pero quiero que sepan que no hay
cosa mas horrible, que saber que uno es visto perma-
nentemente como un paria, y saber que mucha gente
lo ve, lo juzga y lo condena.
Es duro saber que uno no tienen derechos, que
uno no es un ciudadano, que es simplemente un ha-
bitante. Es duro comprobar que veinte años de exilio
son para mi esposa Magda y para mi, la tercera parte
de nuestras vidas; para mis hijos, la mitad de las suyas;
y para mis nietos toda una vida.
Me dirijo a mis perseguidores, a los que para jus-
tificar sus cuestionables actitudes destruyeron mi hon-
ra, mancillaron mi dignidad, desarraigaron mi familia
de sus raíces, usaron sus medios de comunicación para

316
Un mea culpa, pero hablemos claro

destruirme y me han mantenido preso en un país al


que bendigo porque su conciencia no ha podido ser
envenenada como lo han hecho con muchos de los
sectores de mi propia patria.
Quiero que sepan que los he perdonado desde
hace muchos años y testifico que la única esperanza
y consuelo que nos ha mantenido, ha sido la fe en
Dios, nuestra creencia en las enseñanzas de nuestro
Señor Jesucristo y la unidad y sanidad que Dios, en su
inmensa misericordia, ha dado a mi familia.
Sin embargo, los invito a ref lexionar en que, al
usar el sistema para la garantía de sus particulares in-
tereses, han venido destruyendo la necesaria convi-
vencia armónica que toda sociedad necesita para vivir
en paz, han impedido que los valores trascendentes
como la equidad, la justicia y la solidaridad, sean una
realidad que promueva el equilibrio social.
Al margen de mi situación personal, piensen que
la gran mayoría de los guatemaltecos, se sienten victi-
mas de un sistema, que ustedes han favorecido y ma-
nipulado permanentemente.
El cambiar a una actitud de respeto y compren-
sión, buscando la aceptación y el perdón de esa socie-
dad, constituye el único fundamento sólido para llegar
a estadios favorables de reconciliación nacional, pero
para eso es necesario abandonar el egoísmo, estar dis-
puestos a dar respuestas congruentes con las necesida-
des y aspiraciones de nuestro pueblo y no las revestidas
de codicia e indiferencia, que han llevado a nuestra
querida patria a la situación en que se encuentra.
No arrinconemos mas al pueblo, no lo empuje-
mos a reaccionar violentamente. Recuerden que para
el pueblo, Miami no es una opción.

317
ANEXOS

319
ANEXO UNO

LA PERSECUCIÓN JUDICIAL1

Acusaciones contra el Expresidente


Serrano Elías

Para efectos de presentar a la opinión pública las


MAL LLAMADAS PRUEBAS, hemos dividido la pre-
sentación en secciones, que permitan analizar las acusa-
ciones con base en la denominación de los delitos que se
imputan.
Para ello, extraeremos las supuestas pruebas conteni-
das en los Expedientes de Solicitud de Extradición remiti-
dos por Guatemala, para hacerlas públicas y quitar de una
vez por todas el misterio del que los detractores del expre-
sidente Serrano Elías se han valido para desprestigiarlo y
condenarlo ante la opinión pública.

I) ENRIQUECIMIENTO ILÍCITO

ACUSACIÓN:
QUE EL EXPRESIDENTE JORGE ANTONIO SERRA-
NO ELÍAS SUSTRAJO GRANDES CANTIDADES DE DI-
NERO DEL ERARIO PÚBLICO, PRUEBA DE ELLO ES

1 Estudio realizado por el licenciado Francisco Perdomo Sandoval sobre la


persecución judicial contra el expresidente de la República de Guatemala, ing-
eniero Jorge Antonio Serrano Elías, presentado a la prensa y opinión pública en
la ciudad de Panamá, en julio de 2002.
QUE COMPRÓ CIEN FINCAS EN UN DÍA, CUANDO ÉL
SE ENCONTRABA ENDEUDADO ANTES DE ASUMIR LA
PRESIDENCIA.

PRUEBAS:
Estas acusaciones contra el expresidente Jorge Anto-
nio Serrano Elías fueron fuerte y sistemáticamente difun-
didas con el avieso fin de desprestigiarlo:

1. PARA APUNTALAR LAS MENTIRAS Y CALUM-


NIAS USADAS EN CONTRA DEL EXPRESIDENTE
SERRANO ELÍAS, SE HA REPETIDO PÚBLICA Y
HASTA JUDICIALMENTE LA CAMPAÑA NEGRA,
QUE LA OPOSICIÓN LE HICIERA AL FINAL DE LA
CAMPAÑA ELECTORAL DE 1990, EN EL SENTIDO
DE DECIR QUE EL INGENIERO ERA UN HOM-
BRE ENDEUDADO.
ESTO ES TOTALMENTE FALSO Y LO DEMUES-
TRA LA DECLARACIÓN DE BIENES Y DEUDAS,
PRESENTADA EL 23 DE ENERO DE 1991, OCHO
DÍAS DESPUÉS DE ASUMIR LA PRESIDEN-
CIA, ANTE LA CONTRALORÍA GENERAL DE
CUENTAS DE LA REPÚBLICA DE GUATEMALA,
SEGÚN LO ESTABLECIDO EN EL DECRETO 203
DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA. (LEY DE
PROBIDAD)
Como puede observarse en dicha declaración,
el total de las deudas ascendía a la cantidad de
TRESCIENTOS SESENTA MIL QUETZALES
(Q. 360.000.00), pero solo en el Banco Agríco-
la Mercantil S.A. y el Banco Industrial S.A. de
Guatemala había QUINIENTOS OCHENTA
Y CINCO MIL QUETZALES (Q 585.000.00)

321
cantidad que cubría de sobra el monto total de las
deudas. De igual manera, la declaración muestra
que el patrimonio conjunto del Ingeniero Serra-
no Elías y su esposa Magda Bianchi de Serrano,
era de casi VEINTE MILLONES DE QUETZA-
LES (Q.20,000.000.00).
Estos documentos, que prueban la situación eco-
nómica del Ingeniero Serrano antes de asumir la
Presidencia, todo el tiempo han obrado en poder
de los perseguidores de oficio y también forman
parte de las pruebas presentadas y contenidas en
los expedientes de extradición.

2. EN FORMA FALSA Y MALINTENCIONADA, SE


DIJO QUE EL INGENIERO SERRANO ELÍAS, SIEN-
DO PRESIDENTE, COMPRÓ CIEN FINCAS EN
UN DÍA, HASTA SE REALIZARON DEMOSTRA-
CIONES PÚBLICAS PIDIENDO QUE SE REPAR-
TIERAN DICHAS FINCAS A LOS CAMPESINOS.

En los expedientes de extradición, con el ánimo
de sorprender al Estado panameño, se presenta-
ron certificaciones de la Dirección de Catastro y
Avalúos de Bienes Inmuebles del Ministerio de
Finanzas, conteniendo el listado de las matrícu-
las fiscales a nombre del Ingeniero Serrano Elías,
con más de 100 fincas, tratando de ignorar que
la adquisición de las mismas fue hecha diez años
antes de que él asumiera la Presidencia.
Cabe hacer notar que las fincas señaladas como las
famosas CIEN, corresponden a los locales de dos
centros comerciales, propiedad del expresidente
Serrano Elías, denominados NOVICENTROS,

322
ubicados en la Zona 11 y Zona 5. Esto se com-
prueba con los números de las matrículas co-
rrespondientes, derivadas de las escrituras de
Constitución de los Regímenes de Propiedad
Horizontal, constituidas ante los oficios de los
Notarios Eduardo Mayora Dawe y Edmod Mulet
Lessier respectivamente, en los años 1979 y 1980.
Ambos profesionales del Derecho en Guatemala,
pueden constatar la veracidad de esta informa-
ción. (VER ANEXO 2)

3. SE DIJO QUE EL EXPRESIDENTE SERRANO


SACÓ FONDOS DEL ERARIO NACIONAL.
PARA CUALQUIER EROGACIÓN EN EL ESTADO,
SE NECESITA QUE EXISTA UNA PARTIDA EN EL
PRESUPUESTO GENERAL DE GASTOS DE LA NA-
CIÓN, ESTA DEBE SER PREVIAMENTE APROBA-
DA POR EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA, Y SU
EROGACIÓN SUSTENTADA CON LOS COMPRO-
BANTES CORRESPONDIENTES.
NO EXISTE EN LOS EXPEDIENTES PRESENTA-
DOS A PANAMÁ, NI EN NINGÚN DOCUMENTO
DE LOS QUE HAN ESTADO A NUESTRA DISPO-
SICIÓN, PRUEBA ALGUNA RELACIONADA CON
DICHA ACUSACIÓN PÚBLICA, REPETIDA VA-
RIAS VECES POR EL SEÑOR FISCAL.
Como en este caso no se presentaron pruebas,
ni siquiera falsas o tergiversadas como en los ca-
sos que expondremos posteriormente, solo se
han dedicado impunemente a calumniar y tra-
tar de impresionar a la opinión pública. De ha-
berse dado alguna sustracción de fondos de esta
o cualquier naturaleza, los que debieron haberlo

323
autorizado y sabido son las personas que actuaron
como Ministros de Finanzas durante el Gobierno
del expresidente Serrano Elías, a saber la Licen-
ciada Raquel Zelaya y el Licenciado Richard Ai-
tkenhead, que podrán testificar si esto es verdad
o es una mentira más, producto de una injusta
persecución.

II) FRAUDE, PECULADO Y MALVERSA-


CIÓN DE FONDOS

ACUSACIÓN:
QUE EL EXPRESIDENTE JORGE ANTONIO SERRA-
NO ELÍAS RECIBIÓ GRANDES CANTIDADES DE DINE-
RO, BAJO EL RUBRO DE GASTOS CONFIDENCIALES,
FIRMANDO SIMPLES RECIBOS, CON EL ÁNIMO DE DE-
FRAUDAR AL ESTADO.

PRUEBAS:
Esta acusación se basa en las partidas de gastos con-
fidenciales recibidos por la Presidencia de la República,
durante el período que ejerció el Expresidente Jorge An-
tonio Serrano Elías. Es ampliamente conocido que todos
los Presidentes en Guatemala, al igual que en otros países
del mundo, han tenido partidas de gastos confidenciales
o discrecionales, esto lo regula la Ley y sus montos anual-
mente son aprobados por el Congreso de la República
cuando se aprueba el Presupuesto anual.
El artículo 35 de la Ley Orgánica de Presupuesto vi-
gente en dicho período, literalmente establece que:
“LOS GASTOS DE NATURALEZA CONFIDEN-
CIAL SE COMPRUEBAN ÚNICAMENTE CON EL

324
RECIBO QUE EXTIENDA EL FUNCIONARIO
SUPERIOR DE LA DEPENDENCIA A LA QUE SE
ASIGNE EL GASTO”.

1. LA FIRMA DE LOS SIMPLES RECIBOS A QUE SE


REFIERE EL SEÑOR FISCAL, POR PARTE DEL EX-
PRESIDENTE SERRANO ELÍAS, NO SON OTRA
COSA QUE EL CUMPLIMIENTO A LO QUE ESTA-
BLECE LA LEY.
LOS 32 RECIBOS FIRMADOS SE ENCUENTRAN
CONTENIDOS EN SU TOTALIDAD EN LOS EX-
PEDIENTES DE EXTRADICIÓN.
A ningún ciudadano se le puede acusar de deli-
to alguno por dar cumplimiento a los procedi-
mientos de la ley; también cabe señalar que las
erogaciones se hicieron a través de sus respectivas
Órdenes de Compra y Pago, acompañadas de los
Acuerdos Gubernativos y estableciéndose clara-
mente la partida presupuestaria correspondiente.
Las erogaciones cumplieron con los requisitos de
ley incluyendo el nombre y la firma del funcio-
nario del Ministerio de Finanzas que controlaba
las asignaciones presupuestarias, el número de re-
gistro y la firma del Funcionario encargado de la
Dirección de Contabilidad del Estado, bajo los
controles del Ministerio de Finanzas y Contralo-
ría General de la Nación.

2. LA PROPIA SEÑORA JUEZ LETICIA LAM, RES-


PONSABLE DE LA SOLICITUD DE EXTRADICIÓN,
A SOLICITUD DEL MISMO FISCAL LICENCIADO
MARIO LEAL, EN RESOLUCIÓN DEL 2 DE SEP-
TIEMBRE DE 1997 CLARAMENTE MANIFIESTA,

325
AL REFERIRSE A LOS GASTOS CONFIDENCIA-
LES RECIBIDOS POR EL EXPRESIDENTE SE-
RRANO ELÍAS, LO SIGUIENTE:

“EL IMPUTADO NO LAS RECIBIÓ EN DEPÓ-
SITO, EN ADMINISTRACIÓN O COMISIÓN,
COMO TAMPOCO TENÍA LA OBLIGACIÓN DE
DEVOLVER DICHAS SUMAS DE DINERO, Y
LOS MEDIOS PROBATORIOS NO PERMITEN
TENER UNA VISIÓN CLARA SOBRE LA CO-
MISIÓN DE HECHOS ILÍCITOS POR LOS QUE
LA JUZGADORA ESTIMA QUE NO SE DAN
LOS PRESUPUESTOS PARA ACCEDER A DIC-
TAR LA GESTIÓN DE EXTRADICIÓN.”

ILÓGICAMENTE, LA MISMA JUEZ, A SOLICITUD
DEL MISMO FISCAL Y POR EL MISMO HECHO,
IGNORANDO SU PROPIO CRITERIO, HOY EMI-
TE UNA NUEVA ORDEN DE CAPTURA, A TO-
DAS LUCES ILEGAL.

Con la resolución firmada y sellada por la misma
Juez Licenciada Leticia Lam, en 1997, queda pro-
bado que ella misma considera que NO EXIS-
TEN PRUEBAS para afirmar que el expresi-
dente Serrano Elías haya cometido delito por esta
razón. Sin embargo, después de esta declaración,
que consta en los expedientes correspondientes y
en forma increíble y basada en las mismas acusa-
ciones, se ha girado la inexplicable orden de cap-
tura del cuatro de junio del 2002.

3. CONSIDER ACIONES SOBR E LOS GASTOS

326
CONFIDENCIALES
ES BIEN SABIDO QUE LOS DISCUTIDOS GASTOS
CONFIDENCIALES, HOY LLAMADOS DISCRE-
CIONALES HAN EXISTIDO SIEMPRE, ASIGNA-
DOS A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA Y A
OTROS FUNCIONARIOS CUYAS RESPONSABI-
LIDADES LO REQUIEREN.
ESTOS GASTOS SON FUNDAMENTALMENTE
DESTINADOS A CUBRIR PAGOS Y EROGACIO-
NES NECESARIAS QUE NO FUERON CONTEM-
PLADOS EN EL PRESUPUESTO ORDINARIO,
O BIEN QUE ES NECESARIO O URGENTE INI-
CIAR SU EJECUCIÓN, PARA SER INCLUIDOS
EN PRESUPUESTOS POSTERIORES, TAL FUE
EL CASO DEL FONDO NACIONAL PARA LA PAZ,
FONAPAZ. ADICIONALMENTE SE IMPULSÓ
PROYECTOS COMO LA REMODELACIÓN DEL
PARQUE ZOOLÓGICO LA AURORA, EL DISEÑO
Y PLANIFICACIÓN DEL MUSEO DEL MUNDO
MAYA.
DICHOS FONDOS SE UTILIZAN TAMBIÉN PARA
CUMPLIR UNA SERIE DE RESPONSABILIDA-
DES QUE POR SU INVESTIDURA REQUIERE EL
PRESIDENTE, EN EL CASO DEL EXPRESIDEN-
TE SERRANO ELÍAS, FUERON DESDE IMPUL-
SAR EL PROGRAMA DE HOGARES COMUNI-
TARIOS, SUFRAGAR GASTOS ESPECIALES DEL
PROYECTO DE PAZ, APOYAR A LA COMISIÓN
ESPECIAL PARA EL ASENTAMIENTO DE REFU-
GIADOS C.E.A.R, AUXILIAR A HOSPITALES DE
CARIDAD, TAL ES EL CASO DE ANTIGUA GUA-
TEMALA Y OTROS CENTROS DE SALUD DEL
INTERIOR DEL PAÍS, APOYAR CASAS Y OBRAS

327
DE REHABILITACIÓN, PATRONATOS, ASOCIA-
CIONES BENÉFICAS O GREMIALES, QUE CONS-
TANTEMENTE REQUIEREN DE APOYO PARA
EL DESARROLLO DE ACTIVIDADES ESPECIA-
LES, APOYAR A GUATEMALTECOS QUE SALÍAN
AL EXTERIOR EN REPRESENTACIONES CUL-
TURALES, ARTÍSTICAS O DEPORTIVAS O BIEN
AUXILIAR A FUNCIONARIOS O PERSONAS QUE
PERMANENTEMENTE REQUERÍAN AYUDA
HUMANITARIA PARA RESOLVER SITUACIONES
PENOSAS O DELICADAS Y OTRAS COSTOSAS DE
SALUD, ASÍ COMO APUNTALAR ALGUNOS PRO-
YECTOS URGENTES RELACIONADOS CON LA
SEGURIDAD NACIONAL, NO PREVISTOS EN EL
PRESUPUESTO, PROVEER AUXILIOS INMEDIA-
TOS EN LOS CASOS DE CATÁSTROFES QUE SE
DIERON EN EL PERÍODO, TANTO EN EL PAÍS
COMO FUERA DE EL Y ASÍ SE PODRÍA CONTI-
NUAR MENCIONANDO MUCHAS OTRAS AC-
TIVIDADES Y ACCIONES QUE FUERON APOYA-
DAS CON FONDOS DE LOS CONFIDENCIALES
DURANTE EL PERÍODO DEL EXPRESIDENTE
SERRANO ELÍAS.

III) USURPACIÓN Y ABUSO DE AUTORIDAD

ACUSACIÓN:
QUE EL EXPRESIDENTE JORGE ANTONIO SERRA-
NO ELÍAS OCULTO SUS PRETENSIONES DE APODE-
RARSE DE UN TERRENO DE OCHO MIL TRESCIEN-
TOS METROS CUADRADOS EN LA RIBERA DE RÍO
DULCE, DEPARTAMENTO DE IZABAL, A TRESCIEN-
TOS KILÓMETROS DE LA CIUDAD DE GUATEMALA Y

328
ABUSANDO DE SU INVESTIDURA, MANDÓ EN FORMA
CLANDESTINA A CONSTRUIR VIVIENDAS SIN CONO-
CIMIENTO NI AUTORIZACIÓN DE LAS AUTORIDADES
CORRESPONDIENTES.

PRUEBAS:
En los mismos expedientes de extradición, figuran
las PRUEBAS que demuestran la FALSEDAD DE LA
ACUSACIÓN:

1. NO PUDO HABER ÁNIMO DE APROPIARSE IN-


DEBIDAMENTE DEL TERRENO EN MENCIÓN,
PUES ESTÁ CLARO EN LAS SOLICITUDES QUE SE
TRATA DE UN SIMPLE ARRENDAMIENTO.

Miles de guatemaltecos solicitan a la Oficina En-


cargada del Control de Áreas de Reserva de la Nación
(OCREN) terrenos en arrendamiento y efectúan cons-
trucciones, sabiendo que la Ley determina que todas las
mejoras incorporadas al vencer el contrato quedan en be-
neficio del Estado.

Es malintencionada y calumniosa la afirmación del


Fiscal, al querer demostrar que la solicitud de arrenda-
miento, por venir del Presidente de la República, suponía
el ánimo de apropiarse del terreno ilícitamente.

ES TOTALMENTE FALSO QUE LA OCUPACIÓN


HAYA SIDO CLANDESTINA, HECHO QUE SE PUEDE
DEMOSTRAR CON TODOS LAS GESTIONES SEGUI-
DAS EN LAS DIFERENTES INSTITUCIONES DEL ES-
TADO, QUE TUVIERON QUE VER CON EL TRÁMI-
TE DEL EXPEDIENTE Y QUE CONOCIERON DE LA

329
SOLICITUD DE ARRENDAMIENTO.

Es mal intencionada y absurda la acusación de que


en forma clandestina se llevaron a cabo trabajos de cons-
trucción, pues como obra en el mismo expediente y se
demuestra en los documentos que figuran en él, las insti-
tuciones respectivas tuvieron conocimiento de las mejoras
incorporadas y sus autoridades ordenaron y practicaron
las inspecciones respectivas y practicaron dos avalúos por
parte de la DIRECCIÓN DE CATASTRO Y VALUA-
CIÓN DE BIENES INMUEBLES (DICABI), del Mi-
nisterio de Finanzas, documento que consta en el mismo
expediente.

LOS DICTÁMENES QUE EL MINISTERIO PÚBLI-


CO NO TOMÓ EN CUENTA

En repetidas oportunidades, diferentes instituciones


hicieron ver, tanto a la Fiscalía como a los Jueces encar-
gados, que NO EXISTÍAN PRUEBAS que sustenta-
ran las acusaciones que se le hacían al expresidente Jorge
Antonio Serrano Elías, e incluso el propio Ministerio de
Relaciones Exteriores de Guatemala les hizo ver que, con
la evidencia presentada, no se probaban los delitos impu-
tados y que el Estado Panameño no otorgaría la extradi-
ción solicitada. Así mismo, sugirió al fiscal que se bus-
caran nuevos elementos que efectivamente probaran los
hechos que se le imputaban. Nos permitimos reproducir
algunas de las opiniones que fueron emitidas por diferen-
tes asesores e instituciones, que apuntalan la afirmación
de que esta ha sido una persecución de carácter político
más que legal.

330
PRIMERA OPINIÓN DE LA DIRECCIÓN DE ASUN-
TOS JURÍDICOS Y TRATADOS DEL MINISTERIO DE
RELACIONES EXTERIORES DE GUATEMALA

Oficio de la Dirección de Asuntos Jurídicos y Trata-


dos del Ministerio de Relaciones Exteriores firmado por
el Licenciado Guillermo Sáenz de Tejada, Director, y di-
rigido al señor Ministro, Dr. Arturo Fajardo Maldonado,
en relación al Oficio sin número de fecha 4 de enero de
1994, enviado por el entonces Presidente del Organismo
Judicial, Licenciado Juan José Rodil Peralta.

NUMERAL 2) DE DICHO DOCUMENTO SE


ESTABLECE TEXTUALMENTE:

“......... de la demás documentación no se des-


prenden los hechos que tipifican los delitos por lo
que está siendo procesado, principalmente lo que
se refiere a la malversación y el peculado.”

ASÍ MISMO, EN EL LITERAL E) se manifiesta


textualmente:
“Por lo anteriormente expuesto se considera
que la documentación recibida por esta Cancille-
ría, debe ser devuelta a fin de que la misma sea
ampliada y que se llenen los requisitos mínimos
a que hace referencia el artículo 5º de la Conven-
ción sobre Extradición de Montevideo, ya que de
presentar la solicitud de extradición únicamen-
te amparada con la certificación extendida por el
Juzgado Cuarto de Primera Instancia Penal de Ins-
trucción, existe la posibilidad de un rechazo por
parte del Gobierno panameño. Sobre el particular

331
cabe hacer la observación que de conformidad con
el Artículo 12 de la indicada Convención, “negada
la extradición de un individuo, no podrá solicitarse
de nuevo por el mismo hecho imputado”

LA CONTUNDENCIA DE LA OPINIÓN ANTERIOR,


DEMUESTRA CLARAMENTE QUE NO HABÍA PRUEBAS
PARA ACUSAR AL EXPRESIDENTE SERRANO ELÍAS DE
LOS DELITOS QUE SE LE IMPUTABAN.

SEGUNDA OPINIÓN DE LA DIRECCIÓN DE ASUN-


TOS JURÍDICOS Y TRATADOS DEL MINISTERIO DE
RELACIONES EXTERIORES DE GUATEMALA

MEMORANDO NÚMERO 366 de fecha 6 de no-


viembre de 1996, firmada por los Asesores de la Direc-
ción de Asuntos Jurídicos y Tratados del Ministerio de
Relaciones Exteriores de Guatemala, Licenciado Oscar
H. Vásquez Oliva, la Licenciada Ángela Elizabeth Gar-
cía Urrutia y el Director Licenciado Guillermo Sáenz de
Tejada.
Este Memorando contiene un análisis Jurídico am-
plio y fundamental, plenamente basado en el Derecho In-
ternacional y apegado a las normas jurídicas vigentes en
Guatemala, razón por la que lo adjuntamos, y relaciona-
mos en este documento su CONCLUSIÓN, la que lite-
ralmente establece:

CONCLUSIÓN:
“Por lo antes expuesto se estima que, para
que exista la posibilidad de obtener la extradición
del expresidente Jorge Antonio Serrano Elías, es
necesario que el Ministerio Público, así como el

332
Tribunal de conocimiento, recaben las pruebas in-
dispensables con relación a los delitos que la moti-
van, expresando con la debida precisión cada uno
de los ilícitos penales que se le atribuyen, y que se
concreten y se aporten pruebas de los artificios uti-
lizados para defraudar al Estado de Guatemala.

De conformidad con el análisis efectuado, esta


Dirección considera que el expediente recibido por
esta Cancillería, debe ser devuelto a fin de que el
mismo sea modificado a efecto de que la solicitud
de extradición tenga la expectativa que sea resuelta
en forma favorable.

Se considera así mismo conveniente que se


haga del conocimiento del Señor Fiscal General
de la República la posición de esta Cancillería, a
fin de que como parte acusadora, coopere con el
tribunal juzgador en obtener pruebas más conclu-
yentes de los hechos ilícitos de que se le acusa al
sindicado.”

Queda claro que la Fiscalía de Guatemala, para darle


un carácter legal a esta injusta y descalificada persecución,
escogió los delitos y después salieron a buscar pruebas, o a
usar las mismas supuestas pruebas para tratar de encajarlas
en cada uno de los delitos que se les ocurría, confirmación
de ello es lo manifestado en el último párrafo de la pági-
na 4 de Memorando 366 de la Cancillería de Guatemala,
cuando en el cuerpo del mismo se manifiesta “se esta-
blece que la documentación que se aporta como
prueba de indicios razonables de culpabilidad por
la comisión de los delitos de USURPACIÓN DE

333
ATRIBUCIONES Y FRAUDE, es la misma que se
acompañó en la primera solicitud de extradición
presentada a la República de Panamá, apoyando
la comisión de los delitos de USURPACIÓN DE
FUNCIONES Y PECULADO”

Todavía tiene la desfachatez el fiscal Leal de acusar


al Estado panameño de no cooperar, cuando la obliga-
ción del Estado requerido es de juzgar la intencionalidad
de las peticiones del Estado requirente y en tres ocasiones
consecutivas Panamá les ha negado las peticiones por su
profundo sentido político y por no ajustarse ni en la for-
ma ni en el fondo a lo establecido en la convención de
Montevideo.
Una vez más, con gran alarde publicitario, el fiscal
Leal y la juez Lam se complementan para realizar un nue-
vo episodio de persecución, y basados en las mismas su-
puestas pruebas, ordenar la captura por medio de la In-
terpol, a sabiendas que eso no es posible, pues ya media la
protección que un tratado internacional otorgó a través de
la acción soberana y justa del Estado panameño.

RESPUESTA DEFINITIVA DE PANAMÁ A LAS SO-


LICITUDES DE EXTRADICIÓN DEL EXPRESIDENTE
JORGE ANTONIO SERRANO ELÍAS

La RESOLUCIÓN EJECUTIVA No. 7 del 18 de


febrero de 1998, por la cual EL PRESIDENTE DE LA
REPÚBLICA DE PANAMÁ, DOCTOR ERNESTO
PÉREZ BALLADARES Y EL CANCILLER DOC-
TOR RICARDO ALBERTO ARIAS, en uso de sus
facultades constitucionales y legales, resuelven en forma
definitiva las solicitudes de extradición planteadas contra

334
el expresidente Jorge Antonio Serrano Elías.
Esta Resolución hace una relación a los hechos y as-
pectos jurídicos que se ven relacionados con el análisis y
profunda consideración que el Estado panameño dio a la
solicitud de Guatemala, con apego a lo establecido en la
Convención de Montevideo de 26 de diciembre de 1933
y resolvió:

“PRIMERO: Negar, como en efecto niega la


solicitud formal de extradición del ciudadano gua-
temalteco JORGE ANTONIO SERRANO ELÍAS,
presentada por el Gobierno de la República de
Guatemala, para ser procesado por la supuesta co-
misión de los delitos de USURPACIÓN, FRAUDE
Y ABUSO DE AUTORIDAD, por cuanto tal soli-
citud No se apega ni en la forma ni en su contenido
a lo establecido en la Convención de Montevideo
de 26 de diciembre de 1933 y en la legislación pa-
nameña vigente; No es cónsona con la práctica y la
doctrina latinoamericana en la materia; No respe-
ta la calificación soberana de la situación histórica
que originó la concesión del asilo político, derecho
que le otorgan las convenciones vigentes en la ma-
teria al Estado Asilante de manera exclusiva; No
observa la correspondiente obligación de terceros
estados de respetar ese derecho de calificación y de
no convertirlo en un punto de tensión internacio-
nal, por cuanto tal acto se considera pacífico, apo-
lítico y exclusivamente humanitario.”

Estamos seguros de que ni el fiscal Leal ni la juez


Lam han leído la resolución antes transcrita, pues de ha-
berlo hecho, se darían cuenta del ridículo en que están

335
poniendo al estado guatemalteco, exponiéndolo a que
nuevamente se le recomiende que respete la convención
de Montevideo, de la cual Guatemala es signataria desde
1933, que se indaguen y estudien sobre la práctica y la
doctrina latinoamericana en materia de asilo, que respeten
la soberanía de Panamá en el juzgamiento de esta situa-
ción, pues desde el momento en que Guatemala invocó
esta Convención para lograr la extradición, se obliga a
respetarla en su totalidad, incluyendo el fallo soberano del
Estado asilante, aunque este no fuera de su agrado.
Las actitudes de los funcionarios antes aludidos, en
la repetición de su necedad, pone de manifiesto, o una
ignorancia total sobre los tratados, o una mala intención
al continuar utilizando su investidura en una persecución
incalificable e injusta.
Por otra, parte y tal como lo señala la Resolución de
Panamá, esta actitud viola también la convención, pues
con esta insistencia absurda podría llegar a crearse un
punto de tensión entre ambos Estados.
Como que si esto fuera poco, es menester recordar a
los citados funcionarios, que en la doctrina constitucional
guatemalteca, desde 1945, se ha prohibido la persecución
por razones políticas, así que con su conducta han violado
la Constitución Política de la República.

EN CONCLUSIÓN:
NO EXISTEN PRUEBAS LEGALES QUE JUSTIFI-
QUEN ESTA PERSECUCIÓN; SIN EMBARGO, ES OB-
VIO QUE SÍ EXISTEN MOTIVOS DE OTRA ÍNDOLE
QUE LA FOMENTAN.

336
ANEXO DOS

LAS PROPIEDADES QUE FIGURAN EN ESTE


VERGONSOZO ARTÌCULOS, PERTENECEN A
LOS CENTROS COMERCIALES NOVICENTROS,
UBICADOS EN LA ZONA 11 Y ZONA 5 DE LA CIUDAD
CAPITAL, DESARROLLADOS POR
El Ingeniero Jorge Serrano Elías,
EN LOS AÑOS 1978 Y 1979.

DIEZ AÑOS ANTES DE


SER PRESIDENTE DE LA REPÙBLICA
- La Hora, Lunes 14 de junio de 1993 Pág. 3

Las propiedades del ex Presidente Jorge Serrano Elías


sólo en la capital suman casi 40 millones de quetzales se-
gún el detalle que dio a conocer esta mañana el Procura-
dor General de la Nación y Jefe del Ministerio Público,
Edgar Tuna Valladares.
El informe es producto de investigaciones llevadas
a cabo por el Ministerio sobre propiedades adquiridas en
esta capital por el ex Presidente como producto de su en-
riquecimiento ilícito y peculado excesivo, puntualizó.
Advirtió que esta semana el Ministerio, dará a cono-
cer resultados de mas investigaciones sobre otras propie-
dades de Serrano Elías.

El detalle del Informe es el siguiente:

338
339
Nota, como puede verse , todos son locales de los centros
comerciales, escriturados en los años 1979 y 1980.

340
Guatemala, 15 de diciembre de 1979.

Nota: Según el “brillante” o “venal” procurador Tuna Valla-


dares, por arte de magia, yo disponía de fondos de la Presidencia,
desde diez años antes, para comprar propiedades como producto de
mi enriquecimiento ilícito.
Esto que parece trivial, fue una de las acusaciones falsas, que
mas han afectado mi reputación y que la gente mas recuerda y repi-
ten. Lo mas triste, es que nunca ningún medio de los que dio des-
pliegue sensacionalista a esta mentira, me permitió ningún tipo de
aclaración. Será esto el respeto a la ley y a la libertad de expresión.

341
ANEXO TRES

CARTA DE DIONISIO GUTIERREZ A


RAMIRO DE LEON CARPIO
Nota Curiosa, la carta fue fechada, un día antes de que Ramiro
de León, fuera designado por el Congreso. Que buen titiritero.

343
ANEXO CUATRO

HISTORICA CARTA DEL CACIF, MAYO 1993

344
345
ANEXO CINCO

Esta primea página de Prensa Libre,


tiene dos noticias significativas:

UNIVISIÓN PEDIRÁ EXCUSAS AL


PRESIDENTE SERRANO

Este sin lugar a dudas, fue uno de los golpes mas duros
que me dieron, montaron una trama, inventaron hechos
que nunca sucedieron y me involucraron en un escándalo
que no existió.
Sorprendieron a UNIVISION, quien al darse cuenta
del complot, con gallardía pidió disculpas e hicieron las
aclaraciones pertinentes, pero el daño estaba hecho.
Se había mediatizado el gran triunfo de ese día en la
asamblea de Naciones Unidas.
Las instituciones democráticas del país, que habían
dado ante el mundo, un ejemplo de unión y testimoniado
su voluntad por obtener la paz, habían sido burlados, por
los intereses de una pequeñísima elite, que sin empacho,
planeo este golpe contra mi moral, pero que fue también
un golpe directo contra las mas justas aspiraciones de un
pueblo por la paz y el futuro civilizado de sus hijos. A esto
se le conoce como La Sopa de Cebolla.

RETORNO DE REFUGIADOS DE LOS CAM-


PAMENTOS DE MEXICO

Irónicamente, en este mismo periódico se reporta, el


retorno de los refugiados que estaban en los campamento
de Mexico, este es el grupo que daría la vuelta por la costa

346
sur, llegando a la capital y después hasta Coban.
La triste realidad de nuestra patria, mientras unos
luchábamos por construir la paz con hechos, otros
trabajaban para minarla con acciones, dolosas y des-
leales.
Nuestro drama está sintetizado en esta primea
página, en la que queda marcado el principio de la
conspiración, tal como lo relatan varios de los analis-
tas de estas efemérides.
ANEXO SEIS

POSDATA: LO INCREÍBLE

LO INCREÍBLE; ESTO YA ES EL COLMO

Ya tenía este libro completamente revisado, y la Edi-


torial en proceso de diagramación, cuando, conversando
con un abogado y amigo guatemalteco sobre los abusos y
manipulaciones que se dan dentro del Organismo Judi-
cial, me cuenta que Juan Luis Bosch y Dionisio Gutiérrez
iniciaron un proceso para despojar de sus acciones a Juan
Arturo, su tío.
Me quedé intrigado y no me aguanté. Llamé direc-
tamente a Juan Guillermo Gutiérrez, quien me confirmó
que efectivamente, los “Boys”, como ellos llaman a sus
primos, iniciaron un procedimiento administrativo, para
despojarlos de sus acciones.
Yo no lo podía creer. Le pedí que me explicara, lo
interrogué y lo interrogué, le pregunté y le repregunté,
hasta que él me dijo: “Mira, Jorge, mejor te voy a mandar
la información legal de todo este asunto”.
Pensé para mis adentros, que si una acción de despojo,
en la que el grupo mayoritario se apropia de las acciones
de un grupo minoritario, se llegara a dar, se terminaría
con el sistema legal corporativo del país. De hecho, pensé,
se acabarían las sociedades de todo tipo, sean anónimas,
de responsabilidad limitada o de cualquier otra índole;
habría que cerrar las bolsas de valores. Sería un cataclismo
empresarial.
A los famosos “Boys” los creo capaces de mucho, pero
que en beneficio de sus muy particulares intereses fueran
capaces de tal acción, me parecía que eso ya era mucho.
Sobre todo a sabiendas del daño irreparable que se
haría al sistema empresarial, a la inversión privada, fuera
nacional o internacional, y en general a la economía del
país. En realidad, eso me parecía algo exagerado.
Pero, ¡oh sorpresa!, recibo la información y cierta-
mente encuentro que sí son capaces de eso. Veamos: el día
3 de mayo de 2011, notifican alegremente al Tío Arturo,
que ya no es socio de las empresas del Grupo Avícola Vi-
llalobos, basándose en resoluciones unilaterales de los so-
brinos, que lo habían decidido en su calidad de accionistas
mayoritarios.
Este Grupo Avícola está compuesto por 22 empresas,
por lo que el Tío Arturo se ve obligado a presentar 22
demandas sumarias oponiéndose a la arbitraria exclusión
como socio. Tales demandas fueron interpuestas en di-
ferentes tribunales; lo curioso es que 14 de ellas fueron
rechazadas por resoluciones básicamente idénticas. Los
jueces, simplemente invocaron los mismos motivos y usa-
ron la misma redacción y hasta en algunos casos no se
cuidaron ni de cambiar los tipos de letra.
Ocho jueces sí admitieron para su trámite las deman-
das, dando lugar a que el Tío Arturo se pudiera defender.
Hago ver que lo que se está peleando es si el Tío se puede
o no defender, no es ni siquiera el fondo del asunto.
Esto, por supuesto no queda allí, el Tío, para que lo
dejen defenderse, tuvo que presentar docenas de amparos,
revocatorias y apelaciones ante las Salas de Apelaciones
y ante la propia Corte Suprema de Justicia, instancias en
las que también se le ratificó su condición de paria, y por
ende se le negó el derecho a defenderse.
Tuvo entonces que ir a la Corte de Constitucionali-
dad, la que según resolución de fecha 21 de marzo de 2012
ordena que se admitan las demandas y que se le dé dere-
cho a defenderse, y esto solo después de un planteamiento
realizado en vista pública.

349
Miren ustedes la nefastas consecuencias de este asun-
to, la empresa afectada de Arturo Gutiérrez es Lisa S.A.,
que es subsidiaria de una empresa canadiense llamada Xela
Enterprises Ltd., hoy ya hay una demanda en Canadá,
pidiendo una indemnización por cuatrocientos millones
de dólares por el valor de sus acciones y dividendos, que
prácticamente se les están confiscando en Guatemala.
No tengo la menor idea a dónde va ir a parar todo
esto; sin embargo, de lo que sí estoy seguro es de que este
abuso deja muy mal parado al país.
Dejémonos de ilusiones, ¿quién va a venir a invertir
ante tal inseguridad?
No pierdo la esperanza de que empresarios no invo-
lucrados en el secuestro del Estado, finalmente reaccionen
y se unan a la lucha que todos los guatemaltecos debemos
dar para evitar que estas acciones de prepotencia nos lleven
a una confrontación social, seguros de que estos señores
la verán desde Miami, tal como se los dijo recientemente
con claridad meridiana el presidente del Banco Mundial,
Robert Zoellick, hecho que incluso la misma prensa del
país lo destacó así:
ANEXO SIETE

PROCLAMA DEL 25 DE MAYO DE 1993


DEL PRESIDENTE JORGE ANTONIO
SERRRANO ELÍAS CONOCIDA COMO
EL “SERRANAZO”

MARTES 25 DE MAYO DE 1993, 07:00 horas,


el Presidente de la República, JORGE ANTONIO SE-
RRANO ELIAS, en cadena nacional de Radiodifusión
y Televisión, dio a conocer la disposición de su gobier-
no y las razones que dieron origen a LA SUSPENCIÓN
PARCIAL Y TEMPORAL DE LA CONSTITUCIÓN
DE LA REPÚBLICA, según lo permite el Título VIII,
artículo 21 Transitorio de la Carta Magna y final de la
misma.
Mediante el Decreto 1-93. Que DISOLVÍA el Con-
greso de la República, Corte de Constitucionalidad y
Corte Suprema de Justicia, destituyendo además, al Pro-
curador General de la Nación y Jefe del Ministerio Públi-
co, y solicitaba al Tribunal Supremo Electoral a convocar,
en 60 días, una Asamblea Nacional Constituyente.
EN RELACIÓN A LAS RAZONES QUE LE IMPUL-
SARON A DISOLVER EL CONGRESO Y LA CORTE SU-
PREMA DE JUSTICIAEL PRESIDENTE JORGE ANTONIO
SERRANO ELIAS DIJO:

“QUERIDOS AMIGOS, VENGO EL DÍA DE HOY A


SUS HOGARES, Y QUIERO COMUNICARLES CON TODA
SINCERIDAD, UNAS MEDIDAS QUE HE DECIDIDO TO-
MAR, QUE SON QUIZAS LAS MEDIDAS MAS FUERTES
QUE HE TOMADO EN MI VIDA.
TENGO QUE CONFESARLES QUE LLEGAR A ESTAS
DECISIONES NO HASIDO FÁCIL, PERO EN MUCHOS MO-
MENTOS YO ME HE PREGUNTADO ¿PARA QUE ESTOY
EN LA PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA?, ¿ESTOY PARA
TOLERAR QUE LA LEY SE SIGA VIOLANDO EN LA FOR-
MA QUE SE HA VIOLADO?, ¿ESTOY PARA VER QUE EL
SISTEMA DE DERECHO ES ATROPELLADO Y QUE CUAL-
QUIER GUATEMALTECO SE CREE CON LIBERTAD DE
HACER LO QUE QUIERE EN EL PAÍS?, YO CREO QUE
NO, YO CREO QUE LA DEMOCRACIA NO ES ESO.
CIERTO, LA DEMOCRACIA ES LIBERTAD, PERO NO
LIBERTINAJE. LA DEMOCRACIA ES UN SISTEMA QUE
NOS PERMITE A TODOS VIVIR ARMONICAMENTE
PERO JAMAS ABUSANDO UNO DEL OTRO.
LO QUE NOSOTROS PUDIMOS VER LA SEMANA
PASADA, ESAS ESCENAS GROTESCAS QUE SE PUDIERON
VER A TRAVES DE TODO EL PAÍS Y DE TODO EL MUN-
DO, DEJAN MUCHO QUE DESEAR DE LO QUE DEBERIA
SER UN SISTEMA DEMOCRATICO.
PERSONAS QUE SE DICEN DIRIGENTES Y QUE SE
TAPAN LA CARA PARA APARECER EN LA TELEVISIÓN;
ESO NI ES DEMOCRACIA, NI ES DIGNO, NI ES ADECUA-
DO.
LA VERDAD ES QUE EN NUESTRO PAÍS A LA LEY
NO SE LE HA DADO EL LUGAR QUE MERECE, Y QUIE-
RO DECIRLES CON TODA SINCERIDAD, POR LOS AR-
GUMENTOS QUE LES DARE POSTERIORMENTE, QUE

352
EL PAÍS NECESITA QUE LES SEAN CONMOVIDAS SUS
ESTRUCTURAS JURIDICAS, QUE DEPUREMOS REAL-
MENTE DE FONDO LOS PROBLEMAS QUE TENEMOS A
NIVEL DEL EJECUTIVO Y DE LOS OTROS ORGANISMOS
DEL ESTADO.
PERO TAMBIEN NECESITAMOS REFORMAR NUES-
TRO ESTADO PARA HACERLO UN ESTADO MODERNO,
UN ESTADO QUE RESPONDA A LAS NECESIDADES DE
LAS GRANDES MAYORIAS, UN ESTADO QUE RESPONDA
A LAS NECESIDADES DE LOS MAS POBRES.
QUIERO DECIRLES QUE ME HA DOLIDO EN EL CO-
RAZON VER LA DEMAGOGIA CON LA CUAL ALGUNOS,
DICIENDO DEFENDER A LOS MAS POBRES SE ESCUDAN
PARA DEFENDER SUS PROPIOS INTERESES, QUE ESTAN
MUY LEJOS DE SER LOS INTERESES DE LOS POBRES QUE
DEBEN SER DEFENDIDOS EN UNA DEMOCRACIA.
ME SIENTO MUCHAS VECES FRUSTRADO DE VER
LO INMEDIATO, LA VISION A CORTO PLAZO, LO MIOPE
QUE SON MUCHOS GUATEMALTECOS QUE SE AFERRAN
POR UN POCO DE POPULARIDAD POLITICA, COSAS IN-
MEDIATAS, Y QUE PIERDEN DE VISTA ESA FUNCION
TRASCENDENTE DE LARGO PLAZO, QUE SE DEBE TE-
NER EN LA ADMINISTRACION DE NUESTROS PAISES.
DEBEMOS DARNOS CUENTA DE QUE HAY MUCHA
GENTE QUE ESPERA RECIBIR MUCHOS SERVICIOS. LA
GENTE QUE GOZA DE ESOS SERVICIOS DEBE TENER UN
ESPIRITU DE SOLIDARIDAD HACIA LOS OTROS, SOLO
ASI PODREMOS CONSTRUIR UNA GUATEMALA MO-
DERNA, PERO SOBRE TODO, UNA GUATEMALA JUSTA.
QUIERO DECIRLES QUE LAS DECISIONES QUE HOY

353
COMPARTO CON USTEDES SON EXTREMADAMENTE
DIFICILES PARA MI, PERO ESTOY SEGURO DE QUE ES-
TAS DECISIONES SERAN PARA EL BIEN DE NUESTRA
PATRIA; PARA DEPURAR EL ESTADO DE TODAS LAS
FORMAS DE CORRUPCIÓN DE LAS CUALES USTED Y YO
ESTAMOS COMPLETAMENTE CANSADOS; PERO TAM-
BIEN PARA CONSTRUIR UN ESTADO MODERNO QUE
LE DE UNA BASE PARA QUE LOS SIGUIENTES GOBER-
NANTES DE ESTE PAÍS PUEDAN REALMENTE TRABA-
JAR, Y PODAMOS COLABORAR TODOS JUNTOS EN LA
RECONSTRUCCIÓN DE UNA PATRIA NOBLE, DE UNA
PATRIA DIGNA.
HE DECIDIDO SUSPENDER TEMPORAL Y PARCIAL-
MENTE LA CONSTITUCIÓN DE LA REPUBLICA, SEGÚN
LO PERMITE EL ARTÍCULO 21 TRANSITORIO Y FINAL
DE LA MISMA CARTA MAGNA. ESTE ARTÍCULO PER-
MITE QUE LA CONSTITUCION CONTINUE CON PLENA
VALIDEZ Y VIGENCIA, PERO AL MISMO TIEMPO, NOS DA
CABIDA A HACER ALGUNOS CAMBIOS QUE CONSIDE-
REMOS EXTREMADAMENTE URGENTES.
PARA QUE NADIE SE CONFUNDA, QUIERO HACER
DOS SALVEDADES:
PRIMERO: QUE NO PRETENDO QUEDARME EN
EL PODER NI UN DÍA MÁS DEL PERIODO QUE TEN-
GO POR MANDATO POPULAR Y LEGITIMAMENTE HE
GANADO EN LAS URNAS, ES DECIR, QUE PRIMERO
DIOS ESTARE ENTREGANDO LA PRESIDENCIA DE LA
REPUBLICA CON UN PAÍS RECONSTRUIDO, DIGNO Y
MODERNO, EL 14 DE ENERO DE 1996, TAL COMO CO-
RRESPONDE AL MANDATO QUE EL PUEBLO ME DIO.

354
SEGUNDO: QUIERO DECIR QUE EN ESTE PRECISO
MOMENTO SOLICITO AL TRIBUNAL SUPREMO ELEC-
TORAL QUE PROCEDA A CONVOCAR EN SESENTA DIAS
A UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE, QUE
PERMITA HACER UNA REVISION DE NUESTRO TEXTO
CONSTITUCIONAL Y NOS PERMITA TENER UNA CONS-
TITUCION QUE SUPERE TODOS LOS PROBLEMAS QUE
LA ACTUAL CONSTITUCION TIENE.
HE ACORDADO, AL MISMO TIEMPO, TOMANDO
UNA RESPONSABILIDAD HISTORICA ANTE LA NA-
CIÓN; RESTRINGIR LAS GARANTIAS, DISOLVER EL
CONGRESO DE LA REPÚBLICA, CAMBIAR LA CORTE
SUPREMA DE JUSTICIA Y LA CORTE DE CONSTITU-
CIONALIDAD, ASI COMO A LOS PROCURADORES DE
LA NACIÓN. ESTE ES EL SISTEMA DE CONTROL DEL
PAÍS.
ENTRE LOS MIEMBROS DEL CONGRESO, LAS COR-
TES Y LOS PROCURADORES, LAMENTABLEMENTE
HAY ELEMENTOS QUE ME HAN IMPEDIDO AL TOMAR
UNA DECISIÓN TAN GRANDE Y TAN IMPORTANTE.
DURANTE DOS AÑOS Y MEDIO HE ESTADO SOME-
TIDO AL CHANTAJE POLITICO DE PARTE DE ALGU-
NOS MIEMBROS DEL CONGRESO DE LA REPÚBLIICA;
UN CHANTAJE QUE HACE IMPOSIBLE GOBERNAR EN
BENEFICIO DEL PUEBLO. CREO, SEÑORES, QUE HAY
IRRESPONSABILIDAD EN EL CONGRESO, EN EL EJERCI-
CIO DE LAS FUNCIONES PARA LOS CUALES HAN SIDO
ELECTOS.
QUIERO DECIRLES A USTEDES, QUE MUY POCAS
VECES HE PODIDO DISCUTIR CON AMPLITUD LOS

355
OBJETIVOS NACIONALES. PERO MUCHISIMAS VECES HE
TENIDO QUE HACER NEGOCIACIONES EN LOS CUALES
YO SIENTO QUE LOS MISMOS SE HAN VISTO SERIAMEN-
TE PERJUDICADOS, Y ESTO NO PUEDE CONTINUAR
ACONTECIENDO DE ESTA MANERA, PORQUE ESTAMOS
CONSTRUYENDO REALMENTE UN ANDAMIAJE JURI-
DICO, QUE POCO O NADA TIENE QUE VER CON LO QUE
QUEREMOS PARA EL FUTURO DE NUESTRO PAÍS.
LA IRRESPONSABILIDAD CON LA QUE SE HAN
MANEJADO LOS CASOS DE LOS ANTEJUICIOS EN EL
CONGRESO DE LA REPÚBLICA ES IMPRESIONANTE.
CUANTOS DIPUTADOS QUE HAN SIDO, INCLUSO,
SORPRENDIDOS IN FRAGANTI EN LA COMISIÓN DE
DELITOS, Y QUE SE LES HAN PLANTEADO ANTEJUI-
CIOS POR MULTIPLES CAUSAS, EL CONGRESO DE LA
REPÚBLICA NO LES HA DADO TRAMITE, SIN EMBAR-
GO, SI HAN DADO TRAMITE, POR EJEMPLO, AL ANTE-
JUICIO DE UN PROCURADOR QUE ERA MOLESTO HAS-
TA CIERTO PUNTO PARA ALGUNOS.
AL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN, EN
FUNCIONES, SE LE PLANTEA UN ANTEJUICIO ESPÚREO,
UN ANTEJUICIO PARA TENERLO CONTROLADO, Y ESO
NO ES CORRECTO. ESO YA NO ES INDEPENDENCIA DE
LOS PODERES; ESA YA ES UNA MANIOBRA DE CHAN-
TAJE QUE RESULTA INACEPTABLE E INCONSECUENTE
CON LO QUE DEBEN SER LOS CONTROLES Y LA INDE-
PENDENCIA DE ESOS PODERES PARA SU JUSTO Y VER-
DADERO EJERCICIO.
EL PUEBLO DE GUATEMALA HA MANIFESTADO REI-
TERADAMENTE SU DESPRECIO POR LA DEMAGOGIA

356
QUE EXISTE EN EL SENO DEL CONGRESO, PORQUE
EN LA MAYOR PARTE DE LOS CASOS SE ANTEPONEN
LOS INTERESES PERSONALES O LOS INTERESES PAR-
TIDISTAS A LOS INTERESES DE LA NACION. LAMENTA-
BLEMENTE ESTO NO ES PARA LO CUAL EL CONGRESO
HA SIDO ELECTO. EL PUEBLO DE GUATEMALA ELIGE A
SUS REPRESENTANTES PARA QUE LOS REPRESENTEN
Y PARA QUE HAGAN TODO LO POSIBLE PARA SACAR
ADELANTE TAREAS LEGISLATIVAS QUE LE PERMITAN
AL PAÍS PROSPERAR Y DESARROLLAR. PERO LEJOS DE
ESO TENEMOS QUE AGUANTAR A UN CONGRESO QUE
RESULTA SIENDO UNA REMORA, Y ES MUY DIFICIL SA-
LIR ADELANTE CON TALES PESOS Y CONTRAPESOS.
POR OTRA PARTE, TENEMOS QUE RECONOCER
QUE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DESDE SU ELEC-
CION ESTUVO VICIADA. QUISIMOS TRABAJAR CON
ELLA PERO LAMENTABLEMENTE SU CONDUCTA DE
APLICAR LA JUSTICIA EN FORMA SELECTIVA HACE IN-
ACEPTABLE, A TRAVES DE LOS PROCEDIMIENTOS ES-
TABLECIDOS, FORTALECER EL ESTADO DE DERECHO.
LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA NO HA PUESTO
EL EMPEÑO QUE SE DEBE PONER PARA RESOLVER LOS
GRANDES CASOS. NOSOTROS HEMOS HECHO GRAN-
DES ESFUERZOS POR LLEVAR DELINCUENTES A LA JUS-
TICIA, PERO MAS HAN TARDADO LOS DELINCUENTES
EN ENTRAR QUE SER PUESTOS EN LIBERTAD POR JUE-
CES Y POR LA MISMA CORTE.
NOSOTROS QUEREMOS ACLARAR AL PUEBLO DE
GUATEMALA QUE DURANTE EL AÑO 1991, EL GOBIER-
NO DE LA REPUBLICA OTORGO LA CANTIDAD DE 48

357
MILLONES DE QUETZALES PARA EL FUNCIONAMIENTO
DE LA CORTE. DURANTE EL AÑO 1992 SE OTORGO LO
QUE CORRESPONDE DE ACUERDO CON LA CONSTI-
TUCIÓN, QUE FUERON 57 MILLONES, MAS 50 MILLONES
QUE SE ENTREGARON POR UN COMPROMISO ADQUI-
RIDO CON EL CONGRESO DE LA REPUBLICA, ES DECIR,
QUE EN EL AÑO 1992 LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
RECIBIO 107 MILLONES, DOS VECES LO QUE RECIBIO
EN EL AÑO 1991 Y POSIBLEMENTE TRES VECES O MAS
DE LO QUE RECIBIO EN EL AÑO 1990.
DURANTE EL AÑO 1993, CONSTITUCIONALMEN-
TE LE ESTAMOS DANDO A LA CORTE 101 MILLONES DE
QUETZALES, ES DECIR, LO QUE RECIBIO EL AÑO ANTE-
RIOR POR CONCEPTO DE CONTRIBUCION CONSTITU-
CIONAL, MAS LA CONTRIBUCIÓN EXTRAORDINARIA.
RECIBÍ LA SOLICITUD DEL SEÑOR PRESIDENTE
DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE 154 MILLONES
MAS, LO QUE QUIERE DECIR QUE PARA 1993 SE PRE-
TENDIA QUE SE LE ENTREGARA A ESE ORGANISMO
CINCO VECES MAS DE LO QUE SE ENTREGO EL AÑO
1991 Y UNA VEZ Y MEDIA MAS DE LO QUE SE ENTREGO
EL AÑO DE 1992.
QUIERO DECIRLES QUE ESAS CANTIDADES DE DI-
NERO NO SON CANTIDADES QUE SE PUEDAN INVEN-
TAR O SACAR DEL AIRE. SON CANTIDADES QUE CUES-
TA MUCHO CONSEGUIRLAS. YO LE MANIFESTE EN SU
OPORTUNIDAD AL SEÑOR PRESIDENTE DE ESE ORGA-
NISMO, QUE ESTABA DISPUESTO A APOYAR LA REFOR-
MA DEL ORGANISMO JUDICIAL Y QUE ME MANDARA
LOS PROYECTOS, SIN EMBARGO, SE NEGO A HACERLO.

358
NO SE TIENE PUES, MALA INTENCIÓN SINO TODO
LO CONTRARIO, QUEREMOS SACAR ADELANTE LA
JUSTICIA EN EL PAÍS. SABEMOS QUE HAY QUE INVER-
TIR EN LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, PERO NO ES-
TOY DISPUESTO A ENTREGAR EL DINERO EN LA FOR-
MA EN QUE SE ME PIDIO, SIN DARME INDICACIONES DE
PARA QUE SIRVE Y PARA QUE SERAN UTILIZADAS ESAS
FUERTES CANTIDADES DE DINERO, QUE VUELVO A RE-
PETIR, SERIA PARA EL AÑO 1993, CINCO VECES MAS DE
LO QUE SE ENTREGO EN 1991.
QUIERO DECIRLES A USTEDES QUE NOSOTROS
CREEMOS QUE ESTAS MEDIDAS SON NECESARIAS
PARA REMOZAR EL ESTADO, PORQUE EL NARCOTRÁ-
FICO EN NUESTRO PAÍS HA CRECIDO DE UNA MANE-
RA IMPRESIONANTE. BASICAMENTE LA CANTIDAD DE
TRÁFICO DECOMISADO DURANTE EL AÑO PASADO Y
ESTE AÑO, SON CANTIDADES SIN PRECEDENTES QUE
SOBREPASAN EN MUCHO EL MISMO PRESUPUESTO DE
LA NACIÓN.
LO QUE MAS ME PREOCUPA ES QUE CADA DÍA EL
CONSUMO DE DROGAS SE ESTA AFIANZANDO, AFIR-
MANDO Y CRECIENDO EN EL PAÍS, SEGÚN ESTUDIOS
QUE TENEMOS.
DURANTE EL AÑO PASADO EL CONSUMO DE DRO-
GAS CRECIÓ MÁS DEL 150 POR CIENTO, QUIERE DECIR
QUE POR CADA KILOGRAMO DE COCAÍNA QUE SE
EN EL AÑO 1992, SE CONSUMIERON DOS KILOGRAMOS
Y MEDIO EN EL AÑO 1993. ESTO ES GRAVE PARA LA NA-
CIÓN.
NOSOTROS NECESITAMOS TOMAR ACCIONES

359
DRASTICAS, POR ESO EL DÍA DE HOY, MEDIANTE
ACUERDO PRESIDENCIAL ESPECIFICO, SE ESTA DECLA-
RANDO AL TRAFICO DE DROGAS COMO UN DELITO DE
LESA HUMANIDAD EN NUESTRO PAÍS.
CREEMOS QUE EL TEMA DE LOS DERECHOS HU-
MANOS ES FUNDAMENTAL PARA PROTEGER A LA PER-
SONA DE LOS ABUSOS DE PODER; PERO CREEMOS QUE
ESE TEMA DEBE ESTAR LEJOS DE LA POLITICA PARTI-
DISTA NACIONAL E INTERNACIONAL. POR ESO, EL DÍA
DE HOY VENIMOS ANTE LA COMUNIDAD INTERNA-
CIONAL, A SOLICITAR A NACIONES UNIDAS EL ESTA-
BLECIMIENTO DE UN MECANISMO DE VERIFICACIÓN
DE LOS DERECHOS HUMANOS EN GUATEMALA, POR-
QUE NOSOTROS NECESITAMOS QUE SE VERIFIQUE EL
ESFUERO QUE EL GOBIERNO ESTA HACIENDO EN EL
CAMPO DEL RESPETO A LOS DERECHOS HUMANOS.
NECESITAMOS TAMBIEN QUE SE ASESORE Y
ORIENTE AL ESTADO PARA QUE PUEDA LUCHAR CON-
TRA LA DELINCUENCIA DENTRO DE UN MARCO DE
RESPETO A LOS DERECHOS HUMANOS.
NO QUEREMOS QUE LOS DERECHOS HUMANOS
SEAN UTILIZADOS COMO UNA VENTAJA DEL DELIN-
CUENTE EN CONTRA DEL HOMBRE HONRADO GUA-
TEMALTECO, NECESITAMOS QUE NACIONES UNIDAS
NOS ASESORE EN EL DESARROLLO DE MECANISMOS
QUE PERMITAN FORTALECER LAS INSTITUCIONES
QUE, PRECISAMENTE, DEBEN VELAR POR EL RESPE-
TO A LOS DERECHOS HUMANOS, QUE NO ES UNICA-
MENTE LA PROCURADURIA DE LOS DERECHOS HU-
MANOS, SINO QUE TODAS AQUELLAS INSTITUCIONES

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QUE FORTALECEN EL ESTADO DE LEGALIDAD Y QUE
GARANTIZAN EL EJERCICIO DE LOS DERECHOS LIBRES
DE CADA UNO DE TODOS LOS GUATEMALTECOS.
EN EL CAMPO DE LA PAZ, QUEREMOS REAFIR-
MAR NUESTRO DESEO DE ALCANZARLA. EL PUEBLO
DE GUATEMALA ES UN PUEBLO PACIFISTA.
QUEREMOS REAFIRMAR NUESTRA CONVICCIÓN
DE IR AL FONDO DE LOS PROBLEMAS QUE PUEDEN SE-
ÑALARSE COMO CAUSAS DE LA LUCHA INTESTINA QUE
NUESTRO PAÍS HA VIVIDO.
RECONOCEMOS, Y LO VOLVEMOS A RATIFICAR
ANTE TODO EL MUNDO, COMO VALIDA LA VIA DE LA
NEGOCIACIÓN PARA OBTENER LA PAZ Y LAMENTA-
MOS, ESO SI, LA INTRANSIGENCIA MOSTRADA POR LA
URNG. EN LA RECIENTE REUNION EN LA QUE PRESEN-
TO DOCUMENTOS CON CARÁCTER NO NEGOCIABLE.
DEBEMOS ENTENDER QUE CUANDO NOS ACER-
CAMOS A UNA NEGOCIACIÓN ES PORQUE VENIMOS
A ACERCAR Y APROXIMAR POSICIONES. PERO CUAN-
DO UNA DE LAS PARTES PRESENTA POSICIONES NO
NEGOCIABLES, ROMPE TOTALMENTE LA POSIBILIDAD
DE DIÁLOGO Y DE UN ACERCAMIENTO. NOSOTROS
LAMENTAMOS ESTAS POSICIONES, SIN EMBARGO, REI-
TERAMOS ANTE EL MUNDO ENTERO NUESTRA FIRME
CONVICCIÓN DE ENCONTRAR LA PAZ POR MEDIOS
CIVILIZADOS.
CREEMOS QUE ES OPORTUNO INVITAR NUEVA-
MENTE A NACIONES UNIDAS PARA QUE ORGANICE UN
MECANISMO DE VERIFICACIÓN DE LOS DERECHOS HU-
MANOS, QUE NO SEA UNICA Y EXCLUSIVAMENTE QUE

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VERIFIQUE LOS TEMAS GENERALES EN ESE CAMPO
SINO QUE ESPECIFICAMENTE VERIFIQUE EL COMPOR-
TAMIENTO DEL GOBIERNO EN TODO LO RELACIONA-
DO CON LA REINCORPORACIÓN A LA VIDA NORMAL
DEL PAÍS, DE LOS GUATEMALTECOS QUE HAN ESTADO
EN LA LUCHA.
EL ESTADO QUIERE QUE LOS GUATEMALTECOS
QUE ESTAN ALZADOS EN ARMAS Y QUE ESTAN EN LA
ILEGALIDAD ENTREGUEN SUS FUSILES.
LES OFRECEMOS GARANTIAS PARA SUS VIDAS Y
LES OFRECEMOS EL APOYO ECONÓMICO PARA QUE
PUEDAN REINSERTARSE Y TRABAJAR DIGNAMENTE.
ADEMAS, ESTAREMOS PIDIENDO A NACIONES
UNIDAS QUE SEA QUIEN VERIFIQUE NUESTRO COM-
PORTAMIENTO. NO TENEMOS MIEDO, NO VAMOS A
ESCONDER NADA, NUESTRA VOLUNTAD ES CLARA Y
CRISTALINA, QUEREMOS VER AL PUEBLO DE GUATE-
MALA TOTALMENTE UNIDO.
QUEREMOS TAMBIEN INICIAR UNA CAMPAÑA
FUERTE CONTRA LA CORRUPCIÓN EN EL PAÍS, UNA
CAMPAÑA QUE NOS PERMITA –Y ES POR ESO QUE JUS-
TIFICAMOS ESAS MEDIDAS-, HACER UN CAMBIO DE LAS
TANTAS COSAS QUE AFECTAN AL PUEBLO DE GUATE-
MALA.
PRIMERO: VAMOS A CLARIFICAR LOS SISTEMAS
DE COMPRAS DE LAS PRINCIPALES DEPENDENCIAS DEL
ESTADO, CON PLICAS PÚBLICAS Y ABIERTAS, PARA LO
CUAL ESTAREMOS INVITANDO A UNA COMISIÓN DE
DIFERENTES SECTORES PRODUCTIVOS DEL PAÍS PARA
PONERNOS DE ACUERDO EN LOS PROCEDIMIENTOS

362
QUE DEN ESA GARANTIA.
EN SEGUNDO LUGAR, ESTAREMOS ELIMINANDO
LA CORRUPCIÓN DE LAS ADUANAS, TRATANDO DE
QUE SEAN AUDITORES PRIVADOS Y ESTATALES LOS QUE
TRABAJEN A TRAVES DE ALMACENADORAS O DEPOSI-
TOS FISCALES PARA EVITAR LA GRAN CORRUPCIÓN
Y EL GRAN CONTRABANDO QUE ESTA AFECTANDO
TREMENDAMENTE, NO SOLO LA PRODUCCIÓN DEL
PAÍS SINO QUE LOS INGRESOS DEL FISCO GUATEMAL-
TECO.
TAMBIEN HEMOS INICIADO DESDE EL DÍA DE
AYER, LA ORGANIZACIÓN DE UNA COMISION QUE SE
DEDICARÁ EXCLUSIVAMENTE A PLANTEAR LA REFOR-
MA DE LA GUARDIA DE HACIENDA Y DE LA POLICIA NA-
CIONAL, PARA HACER QUE ESTOS DOS ESTAMENTOS
PUEDAN RESPONDER EN MEJOR FORMA A LA PROTEC-
CIÓN DE LA POBLACIÓN CIVIL Y HONRADA.
ES TAMBIEN UN RETO CONTRA LA CORRUPCIÓN
HACER CAMBIOS SUSTANTIVOS EN LA DIRECCION GE-
NERAL DE MIGRACION, EN EL DEPARTAMENTO DE PER-
SONAL DEL MINISTERIO DE EDUCACION Y EN OTRAS
DEPENDENCIAS DE ENTIDADES CENTRALIZADAS Y
DESCENTRALIZADOS EN LAS CUALES LA CORRUPCIÓN
HA CAMPEADO EN FORMA INDISCRIMINADA.
ADEMÁS, ESTAMOS DISPUESTOS A DAR INICIO EN
FORMA RAPIDA A PROGRAMAS DE DESARROLLO SO-
CIAL, TALES COMO EL FONDO DE INVERSION SOCIAL,
QUE LLEGARA A NIVEL DE ALDEAS Y CASERIOS PARA
RESOLVER SUS PROBLEMAS MÁS INGENTES, O COMO
EL FONDO NACIONAL PARA LA TIERRA, CON EL QUE

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CONTINUAREMOS ATENDIENDO LAS NECESIDADES
DEL CAMPESINO, EL FONDO NACIONAL PARA LA VI-
VIENDA, FOGUAVI, Y EL FONDO PARA LA NIÑEZ.
QUIERO ANUNCIAR AL PUEBLO DE GUATEMALA,
QUE EL PRESUPUESTO DEL CONGRESO DE LA REPUBLI-
CA DE ESTE AÑO, SERA TRASLADADO TOTALMENTE AL
MINISTERIO DE SALUD, PARA LA REMODELACIÓN DE
LOS HOSPITALES QUE ESTAN EN SITUACION BASTANTE
DRAMATICA. COMO USTEDES PUEDEN VER, LAS ME-
DIDAS SON DETERMINANTES, SON DRÁSTICAS, PERO
NECESARIAS.
GUATEMALA NECESITA UNA OPORTUNIDAD PARA
SACUDIR SU INFRAESTRUCTURA JURÍDICA, Y PARA
RESPONDER A LO QUE TODOS LOS GUATEMALTECOS
HEMOS AÑORADO.
QUIERO VOLVER A REPETIR AL PUEBLO DE GUA-
TEMALA DE QUE NO ME QUEDARE EN LA PRESIDENCIA
UN DÍA MÁS DE LOS QUE ME CORRESPONDEN.
YO FUI LEGÍTIMA Y POPULARMENTE ELECTO POR
EL PUEBLO DE GUATEMALA PARA UN PERIODO DE CIN-
CO AÑOS Y CUMPLIRE EXACTAMENTE MI PERIODO.
LO QUE NO PUEDO PERDONARME, BAJO NINGUN
PUNTO DE VISTA, ES ESTAR EN LA PRESIDENCIA DE LA
REPUBLICA, VER TODO LO QUE HE VISTO Y SALIR CON
LA FRUSTRACION DE NO PODER HACER LO QUE TEN-
GO QUE HACER.
ES POR ESA RAZÓN QUE, HISTORICAMENTE ASU-
MO LA RESPONSABILIDAD DE LOS ACTOS QUE HOY ES-
TOY COMUNICANDO A MI PUEBLO, Y LE PIDO A DIOS
QUE ME AYUDE A SALIR ADELANTE.

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LES QUIERO DECIR A USTEDES QUE ESPERO QUE
ESTA ASAMBLEA CONSTITUYENTE, QUE HOY PIDO AL
TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL QUE CONVOQUE
EN UN PLAZO NO MAYOR DE SESENTA DIAS, DEBE SER
UNA CONSTITUYENTE QUE LLENE LAS EXPECTATI-
VAS DE NUESTRO PAÍS, Y NO HACER NUEVAMENTE
REFORMAS CONSTITUCIONALES CON BASE EN UNA
CONSTITUCIÓN TAN BLANDA Y REGLAMENTARIA,
SINO QUE DEBEMOS PREOCUPARNOS PORQUE QUE-
DEN GARANTIZADOS AQUELLOS ASPECTOS QUE SON
FUNDAMENTALES PARA EL PAÍS.
EN ESTE MISMO MOMENTO ESTOY INVITANDO A
LOS DIRIGENTES POLITICOS, EMPRESARIALES Y SINDI-
CALES DEL PAÍS A UN DIÁLOGO ABIERTO, Y TODOS LOS
DEMAS SECTORES DEL PAÍS, --PROFESIONALES, OBRE-
ROS Y CAMPESINOS--, A QUE EN UN DIÁLOGO ABIER-
TO PODAMOS DEFINIR EXACTAMENTE CUÁLES SON
LAS REFORMAS QUE QUEREMOS IMPLEMENTAR RAPI-
DAMENTE, Y QUE A TRAVES DE ESA REFORMA CONS-
TITUCIONAL PODAMOS EVITAR QUE LA CORRUPCIÓN
DEL PASADO Y LOS VICIOS QUE NO HACEN FUNCIONAL
AL ESTADO O QUE PERMITAN LA CORRUPCIÓN Y LA
DEMAGOGIA, PUEDAN SER REDUCIDOS POR MEDIO
DEL ESFUERZO CONJUNTO DE TODOS NOSOTROS.
NO PRETENDO BAJO NINGUN PUNTO DE VISTA,
SER YO QUIEN HAGA ESAS REFORMAS; CREO QUE ESTE
PODER CONSTITUCIONAL DEBE TOMAR EN CUENTA
LA OPINION DE TODOS LOS GUATEMALTECOS PARA
HACER LAS REFORMAS QUE SEAN MAS URGENTES Y
MÁS INGENTES.

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LO ÚNICO QUE A MI ME MUEVE PARA TOMAR
ESTA DECISIÓN TRASCENDENTE E IMPORTANTE, ES
PODER GARANTIZAR QUE NUESTRA GUATEMALA NO
SEA PRESA DEL NARCOTRÁFICO; QUE NUESTRO PAÍS
NO SEA UN JARDÍN PARA LAS MAFIAS, QUE NUESTRO
PAÍS TENGA UN DESTINO SIN CORRUPCIÓN, SIN VENA-
LIDAD, SIN DEMAGOGIA..
DESEO DE TODO CORAZÓN QUE TODOS LOS GUA-
TEMALTECOS EJERZAMOS NUESTROS DERECHOS,
PERO LOS EJERZAMOS CON RESPONSABILIDAD, NO EN
LA FORMA VENAL Y ARBITRARIA COMO ALGUNOS
PRETENDEN EJERCERLOS, AMPARANDOSE EN CAR-
NETS O EN POSICIONES DE PRIVILEGIO DE PODER.
GUATEMALA NECESITA QUE LOS GUATEMALTECOS
NOS RESPETEMOS UNOS A OTROS; QUE LOS GUATE-
MALTECOS LUCHEMOS TODOS CONTRA LA CORRUP-
CIÓN.
QUIERO DECIRLES QUE LO HAGO CON LA FREN-
TE MUY EN ALTO, PORQUE SI BIEN ES CIERTO QUE HE
SIDO VICTIMA DE GROSERAS CALUMNIAS E INJURIAS,
TAMBIEN SE QUE HAY UN DIOS QUE TODO LO JUZGA,
Y TODO LO VE, Y EL SABE QUE HAY EN MI CORAZÓN, Y
EL SABE TAMBIEN LO QUE SON MIS DECISIONES, HACIA
DONDE VOY, QUE ES LO QUE QUIERO Y, SOBRE TODO,
CUAL ES MI RESPONSABILIDAD CON EL Y CON MI PUE-
BLO, QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA A TODOS. ...MUCHI-
SIMAS GRACIAS”. ......(fin de su discurso)

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