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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL


SIMÓN RODRÍGUEZ
DECANATO DE EDUCACIÓN AVANZADA
NÚCLEO REGIONAL DE EDUCACIÓN AVANZADA
CARACAS

Mi experiencia en el aprendizaje del adulto.


(trabajo final)

Presentado por: Ana de Narváez.

Caracas, Julio 2017

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Mi experiencia en el aprendizaje del adulto.

Cuando hablamos de un adulto, no sólo se debe pensar bajo la perspectiva


cronológica de alguien que ha cumplido tales o cuales número de años; si bien es
cierto, que el aspecto cronológico es una dimensión importante en la definición
social de la adultez, ha de tenerse en cuenta que existen otros indicadores que
definen al adulto y que no se pueden pasar por alto; tales como lo cognitivo, lo
psicológico-emocional y lo social, en este sentido cuando se define a un adulto, se
abarca a una persona desde su compleja integralidad bio-psico-social y hay quienes
agregan lo espiritual.
Desde esa compleja integralidad, el signo fundamental es la madurez,
asociada a los procesos de desarrollo y la marca inequívoca de la autonomía,
independencia y responsabilidad. Esa persona adulta, a medida que crece se va
autoconociendo, autodefiniendo, cada vez se parece menos a otro, se autoafirma
en sus intereses, valores, opiniones e inquietudes. Se proyecta en su viaje de vida,
bajo rumbos que marca, metas que se traza, retos que asume, que en muchas
ocasiones y por causas ajenas a su voluntad, debe ser sujetas a cambios por su
capacidad de ser flexible en su andar, porque no todo resulta como se ha planeado.
Este ser adulto, se mantendrá en esta etapa del ciclo vital gran parte de su
vida, ya ha pasado las etapas de pre-natal, neonatal, niñez, adolescencia y se
embarca en la adultez que de allí en adelante será un mismo viaje con diferentes
matices definido en adulto joven, adulto medio, adulto mayor y finalmente ancianos.
Ya se ha dejado atrás, ciertas características más homogéneas entre pares y se
alza el vuelo hacia rasgos más heterogéneos entre pares.
El adulto asume, responsabilidades, afronta procesos complejos, tanto
positivos como negativos, entre los cuáles está el escoger pareja, estudiar una
carrera, profesionalizarse, formar familia, asumir la paternidad, pérdida de seres
queridos, replanteamientos de su proyecto de vida, pérdidas de alguna parte del
cuerpo, éxitos, fracasos, en fin un sin números de sucesos y procesos que lo irán
modelando internamente y conformando en sí lo que se dice comúnmente “cada

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cabeza es un mudo”, debido a la complejidad de cada individuo en sí mismo y su
propia manera de ver y sumir una misma situación.
Dicho esto, es interesante desde el punto de vista de la educación, seguir
reivindicando la bandera del proceso de aprendizaje del adulto; es a este sujeto
complejo, con una cantidad de procesos en efervescencia y otros ya en calma,
algunos reinventados en su proyecto de vida, otros en las mieles del éxito o en las
penurias del fracaso, impulsadores de generaciones, altruistas, políticos, intensos,
tranquilos entre otros, a quienes se les involucra en una situación de aprendizaje
que jamás debe ser a la medida de las primeras etapas de la vida.
Por eso resulta ineludible, reivindicar cada día los postulados del maestro
Félix Adam, sobre una educación andragógica, que toma en cuenta a ese sujeto
adulto, complejo, a ese grupo tan heterogéneo y rico a la vez, de allí la necesidad
de que los formadores tengan una amplia gama de herramientas para promover una
educación que engrane con las características de los sujetos a quien va dirigida.
Estas primeras reflexiones son parte de mi aprendizaje y experiencia en la
educación de adultos, con énfasis en la educación de adultos mayores, lo cual
intentaré puntualizar a continuación:
1.- Los conceptos guían el estilo de la enseñanza: definitivamente, los
conceptos, que tenemos sobre cada etapa de la vida influyen en la manera cómo
diseñamos y aplicamos los procesos educativos, por ejemplo en algunas
universidades de Venezuela, se estudia una carrera en educación, donde se
analizan a groso modo las etapas de ciclo vital, pero que en los cursos que tienen
que ver con las herramientas, estrategias, recursos y didáctica son aplicables a las
primeras etapas de la vida, dejando en orfandad a la etapa de la adultez en especial
a los adultos mayores.
Pero una vez que el facilitador de adultos que aplica estrategias infantiles en
sus praxis educativa diaria, descubre postulados como el del maestro Adam entre
otros, surge un cambio significativo, se crea un especial cuidado en guiar los
procesos más no imponerlos, en crear más bien en darle todas las respuestas, se
flexibilizan los ambientes de aprendizaje, se dialoga con el adulto que está en
situación de aprendizaje, se asignan los compromisos de evaluación de manera

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más consensuada, se abre una posibilidad de diálogo entre educando y educador,
se respetan los saberes, y se desarrolla una relación educativa de enseñanza-
aprendizaje.
El pensamiento y la praxis educativa del facilitador se liberan de la camisa de
fuerza pedagógica para ir hacia un mundo de posibilidades andragógicas sujetas a
un proceso que invita a promover y afianzar la autonomía del ser, a reconocer al
otro en tanto a su bagaje personal, como a la dignidad como persona que le imprime
un tono diferente al proceso educativo.
En definitiva, cambiar los conceptos que se tienen sobre el adulto y su
potencial educativo, permite fomentar espacios educativos menos hostiles,
ambientes de aprendizaje más productivos y enriquecedores, porque así debe ser
el proceso educativo para adultos “enriquecedor” y no castrante, por eso se debe
entender como resalta Ubaldo (2009) que “ …un trabajo andragógico, debe alejarse
de las lecciones tradicionales, de la lectura y discusión de textos, de la simple
transmisión de contenidos…” (p.59) ya que su papel central según señala el autor,
es “formar sujetos que sepan y puedan tomar decisiones, procedan teniendo
como sustento el conocimiento y la información, desarrollando con ello soluciones
creativas a problemas reales”(p.59).
De manera que la andragogía permite mayor amplitud, en el momento de
diseñar las estrategias, didáctica, el rol del facilitador, porque todo gira en el sujeto
que se educa, no pone el énfasis en el facilitador sino en el estudiante.

2.-El interés es fundamental en la educación de adultos:


El adulto no aprende sino lo que le interesa, aquello que para él le trae algún
provecho o le es rentable desde cualquier punto de vista, en las ideas de Félix
Adam, se puede traducir como que el sujeto adulto aprecie el carácter utilitario que
tienen las nuevas experiencias para su vida, cuando se tienen estudiantes adultos,
se debe tomar en cuenta que utilidad le dará ese conocimiento como incorporarlo a
su contexto personal y social, porque sino le es relevante simplemente dejará de
asistir o aún asistiendo dejará de aprender aquello que piensa que no le servirá de
mucho. Algo interesante con esto es que el adulto cuando algo le interesa le motiva

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y a pesar de cualquier obstáculo lucha por terminarlo, pero cuando no le interesa
simplemente a las primeras de cambio abandona.

3.- ¿Cómo deben ser los ambientes de aprendizajes de adultos?.

Cuando hablamos de ambientes de aprendizaje, no se hace referencia


meramente al espacio físico y su adecuación para personas adultas (que es algo
importante) sino que abarca más allá de eso, se trata de pensar en todos los
aspectos o elementos involucrados en una situación de aprendizaje, esto implica
pensar en el facilitador, el estudiante, los contenidos, las estrategias, la didáctica,
las técnicas, las normas y valores de las relaciones interpersonales a establecer,
los teorías del aprendizaje que sustentarán la praxis educativa, las estrategias de
evaluación, entre otros.
Esto significa que si se parte de la comprensión de un sujeto, que no llega al
salón de clase como una hoja en blanco, sino al contrario trae todo un tejido
personal que ha elaborado desde su propia historia de vida enmarcada en lo socio-
histórico, político, económico de su tiempo, sustentado en contextos locales,
nacionales e internacionales, que está allí porque supone que lo que aprenderá le
será útil, para su propio proyecto de vida el logro de sus propias metas, entonces la
situación de aprendizaje se tendrá que proyectar, bajo una visión liberadora,
creativa, que permita la libre expresión de las opiniones, que impulse cada vez más
la autonomía propulsando el aprendizaje desde el punto de vista colectivo en la
relación de enseñanza- aprendizaje, ejemplificado en un verdadero diálogo de
saberes.
Esto quiere decir, que el rol del facilitador es totalmente distinto al que dicta
clases a los niños u adolescentes, este debe manifestar la capacidad de generar un
ambiente de apertura para el verdadero intercambio de ideas, más allá de sentirse
un trasmisor de conocimientos, vivenciarse como un encendedor de ideas, llevar a
los estudiantes a la reflexión, a la creación de nuevos conocimientos.
Los contenidos deben ser realmente útiles, transferibles a la cotidianidad del
sujeto, vincularlo con su rol social, político y su contexto histórico, es aprender para

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vivir mejor, para saber vivir y disfrutar cada día, poder enfrentar la vida con
aprendizajes significativos que servirán de herramientas en su cotidianidad.
Las estrategias o técnicas no deben ser aburridas, sino dinámicas,
asumiendo postulados desde la andragogía hasta la programación neurolingüística
para así tomar en cuenta los canales de aprendizaje de los estudiantes, para captar
a cada uno de una manera sencilla y vibrante. Las sesiones de clases deben
convertirse en ese aeropuerto de donde despegan las ganas de vivir, los sueños
más inspiradores y el desarrollo pleno de la personalidad, en un clima de desarrollo
de la autonomía y el dirigirse a si mismo.
Hay algo fundamental en el ambiente de aprendizaje del adulto y sobre todo
en los de adultos mayores y es lo referente a los valores, específicamente el
respeto, esto nos permite comprender al otro, a valorar sus intereses y necesidades,
cuando se estimula este valor entre los estudiantes adultos, se obtiene gran riqueza
en el intercambio de conocimientos, y en el desarrollo de aspectos positivos de la
personalidad de cada individuo. Cada uno se siente reconocido, digno esto genera
un clima de confianza, de mejoramiento del autoconcepto y su propia
autoafirmación, se pierde el temor a la burla y se estimula una sociedad más
tolerante. Además, permite expresar otros valores y sentimientos, como la paz, el
amor, la honestidad y la cooperación.
En referencia a la evaluación el sujeto adulto viene marcada de la escuela
infantil por el temor a ser evaluado, pero cuando estamos en ambientes de
aprendizajes más flexibles, esta tendencia disminuye porque parte desde las
propuestas colectivas al compromiso entre adultos, en el cumplimiento de las
obligaciones y en el desarrollo o afianzamiento de la responsabilidad así como base
fundamental el diálogo entre los facilitadores y estudiantes, el proceso en sí no es
unilateral como solía ser en el colegio, sino es más abierto, aunque siempre implique
un producto intelectual y una nota.
4.- La capacidad de reinventarse:
El sujeto adulto, se plantea un proyecto de vida, que aspira lograr con el paso
de los años, sin embargo, las circunstancias a veces ajenas a su voluntad, o sus
propias decisiones de vida, obstaculizan el logro de ese proyecto inicial; pero lo

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interesante es que posee una alta capacidad para reinventarse, para ser flexible
ante las circunstancias imposibles de cambiar.
Particularmente, creo que una de las experiencias más fuertes que pueden
afectar el proyecto de vida, es la pérdida de un familiar muy cercano, o con quien
se planifica gran parte de ese proyecto de vida, por ejemplo, relaciones madre- hijo,
padre-hijo, esposo-esposa, mentor-discípulos, por citar algunos. Estos eventos
ajenos a su voluntad marcan un antes y un después, en los adultos, hacen
referencian a su andar puntualizando en dicho evento, algunos no rehacen su
proyecto de vida y se quedan desvalidos, otros asumen posiciones más firmes y
flexibles reinventando su propósitos personales, el educador de adultos, ha de tener
en cuenta la necesidad imperante de promover esta flexibilidad y ayudar a sus
educandos a reprogramar donde sea necesario para así mejorar su calidad de vida.

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Referencias:
Ubaldo P. Samuel (2009). Modelo Andragógico Fundamentos. México. Consultado
30/07/2017. https://my.laureate.net/faculty/docs/.../Andragogia.Fundamentos.pdf