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ADRIANA LIZBETH SANCHEZ GARCIA

COD. 20162577013

Exposición: COLOMBIA. Paraíso despojado


Diego Arbolea, Isabel Dapena, Luz Maria Londoño, Cristian Saens, Ana Maria Higuita
28/12/2015
Museo de la casa de la Memoria
Antioquia, Medellín

La exposición artística y cultural en mención, se realizó en un espacio rectangular cuyas paredes


contenían murales informativos con dibujos artísticos sobre algunos territorios colombianos que
han sufrido el despojo de sus habitantes; en el centro del espacio podíamos observar el mapa de
Colombia con sus divisiones geopolíticas colgado. Con la exposición, el Museo casa de la
memoria, rindió homenaje a millones de seres anónimos, desplazados, despojados, que al tener
que abandonar su tierra han perdido su entorno vital, también busco hacer un llamado a los
ciudadanos para que, entre todos, por medio de la solidaridad y conciencia, logremos reemplazar
el mapa del despojo y acaparamiento por uno de equidad e inclusión.

El inicio de la exposición comenzó con la introducción del mapa de Colombia, donde nos relataban
como desde pequeños fuimos aprendiendo a relacionar una geografía maravillosa, con la existencia
de múltiples riquezas: dos mares, todos los climas, nevados, selvas, llanuras y una gran
biodiversidad etc. Mas sin embargo no nos contaron sobre la insaciable ambición de elites
económicas, políticas y militares que siempre han querido acaparar el territorio, refugiadas en
armas y poder. También se menciona que, desde la conquista la exclusión formo la geografía de
Colombia, lo cual ha hecho de esta uno de los países con más desigualdad en la propiedad de la
tierra, en lo cual ha contribuido el conflicto armado vivido en el país en las seis últimas décadas,
pues mientras ellos iban despojando con fusiles, otros menos visibles, pero igualmente inmorales
se aprovechaban de la situación para apropiarse de tierras despojadas y beneficiarse económica o
políticamente, como consecuencia del conflicto cerca de 7 millones de personas tuvieron que verse
obligadas a huir de su tierra para salvar su vida dejando no solo 10 millones o más de hectáreas
sino también su origen cultural, afectivo y político, lo cual cambian por completo el rumbo y
proyecto de vida de estas personas desplazadas.
Por consiguiente, se observa el mural sobre Medellín, el cual consistió en el despojo urbano
intensificado por el conflicto armado a inicios de los noventa, el cual se dio principalmente para
asegurar posiciones militares, posibilitar la entrada de entes reguladores de mercados lícitos e
ilícitos, asegurar militarmente zonas estratégicas para inversión de capital y también como forma
de legalizar capitales ilícitos, actualmente la dinámica del despojo parece mantenerse, pero en
menor intensidad.
Seguimos con el mural de Jiguamiando y Curvarado, en el Darién chocoano el cual fue despojado
por la masacre de 1996 por paramilitares, a partir de ahí hubo muchos despojos de estas
comunidades afrodescendientes, realizados por paramilitares empresarios bananeros, ganadores y
servidores públicos. Una vez despojadas estas tierras fueron apropiadas por empresarios para la
instalación de negocios agroindustriales, como la siembra de palma africana para la producción de
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aceite y agro combustibles, y ganadería, a la fecha las comunidades continúan en situación de


desplazamiento y no han logrado volver a sus territorios ancestrales.
Seguimos con el mural de las Tulapas, zona del Urabá antioqueño, donde se cometió el despojo
más grande de Antioquia, los campesinos fueron obligados a vender sus tierras a bajo amenazas y
a bajo precio, a los jefes paramilitares; posteriormente estas tierras fuero destinadas a la
implementación de cultivos extensos, como el del caucho. Tras años de lucha las victimas lograron
que les devolvieran 15 fincas sin embargo aún está lejos el día en que todas las victimas pueden
regresar con el título de propiedad de su tierra.
Continuamos con el mural de las fincas Mechoacán y el Prado, Jagua de Ibirico, en Cesar, fueron
lugares donde se ubicaron temporalmente a campesinos sin tierras, sin embargo, se descubrió
grandes reservas de carbón y gas y nuevamente los paramilitares logran que estas tierras queden
tituladas a testaferros y políticos de la región, quienes luego vendieron a la multinacional
Drummond y a la compañía Prodeco, para proyectos mineros. En la actualidad estas tierras son
explotadas por retroexcavadoras para extraer el carbón, mientras la mayoría de la población
despojada viven en condiciones de pobreza extrema en varias zonas del cesar.
Por consiguiente, el mural de La hacienda Santa Cruz, en Vichada; los Sikuani, una comunidad
indígena, se vieron obligados a desplazarse para protegerse de los enfrentamientos entre
paramilitares y la guerrilla, denunciaron el despojo más sin embargo se repitió el despojo por la
multinacional Carjill, que irregularmente se apropió de la hacienda y más hectáreas de la región.
En el momento allí tienen una enorme siembra de soya y maíz, los Sikuani están dispersos y
malviven en condiciones de extrema pobreza.
La exposición finaliza con algunas frases conmemorativas de Jesús Abad Colorado, Alfredo
Molano, del Observatorio de Derechos humanos Instituto Popular de Capacitación (IPC) referentes
al conflicto armando y sus consecuencias. A mi juicio la frase más significativa y relacionada con
el tema expuesto fue la de Pablo Montoya en la que se decía:
“Primero fue el oro y la plata. Luego la caña de azúcar, el cacao, el tabaco y las quinas. Más tarde
el caucho, el café, el banano. Ahora es la coca y la amapola. Después será el agua, los
biocombustibles, el litio. Los productos cambian, pero el mecanismo de despojo es el mismo.”
En base al título de la exposición, “Colombia, Paraíso despojado”, se define despojar, como el
hecho de desposeer o privar a alguien de lo que tiene y goza con violencia o jurídicamente, en
nuestro país ambas formas de despojo han sido utilizadas por la ambición tanto exterior e interior
sobre el territorio colombiano, se ha derribado cualquier limite moral, cultural, legal y ético, para
lograr poseer un territorio ideal, la concepción de Colombia como paraíso viene desde la
colonización, un jardín del edén, lo cual aún se mantiene gracias a la riqueza natural que este posee,
lo cual genera un atractivo para inversión capital y desarrollo.
El sentido de pertenencia hacia nuestro país, internamente ha provocado el despojo de la propiedad
de la tierra, el querer tener más territorialmente proporciona beneficios económicos y políticos
que a su vez generan cierto poder o domino ante los demás, lo cual no ha permitido un avance
equitativo y justo en el país; así mismo por el afán de ser un país de primer mundo se permite el
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dominio y explotación de algunos territorios del país por multinacionales para el desarrollo de un
proyecto industrial u otro, que supone beneficios, pero en realidad destruye, despoja la identidad
del país, su cultura, naturaleza, sus recursos etc. Estamos perdiendo nuestra identidad colombiana
al excluir, abandonar e incluso eliminar nuestras raíces, como comunidades indígenas, destruir
bosques, reservas naturales etc. Para que ser igual que un país desarrollado, no hemos
comprendido que el desarrollo no es solo concreto y capital, también es respeto y educación, el
pensamiento unilateral, el beneficio para unos pocos, son unas de las tantas causas de los
problemas de Colombia, un país marcado por la guerra y la desigualdad.

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