Está en la página 1de 5

RESUMEN ANALÍTICO ESPECIALIZADO

1. Título. Ética del saber y las instituciones. En: Ética ¿discurso o


práctica social?
2. Autor: Eduardo Balestena
3. Edición Paidós
4. Fecha Marzo 26 de 2019
5. Palabras Claves, Saber, poder, Ética, relaciones,
6. Descripción. Artículo publicado en compendio realizado por Natalio
Kisnerman en relación a la ética profesional en trabajo
social.
7. Fuentes.
-BALESTENA, Eduardo. (1996): Lo institucional,
paradigma y transgresión. Buenos Aires, Espacio
-Berger, P. y Luckman, T. (1986). La construcción social
de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu
-Foucault, M. (1993): Las redes del poder. Buenos Aires,
Almagesto
-Foucault, M. (1991): “Saber y verdad”, Buenos Aires,
Ediciones de la Piqueta.
-Goffman, Ervin. (1984): Internados. Ensayos sobre la
situación social de los enfermos mentales, Buenos Aires,
Amorrortu
-Kisnerman, Natalio. (1998). Pensar el trabajo social,
Buenos Aires, Lumen Hvmanitas
-Kisnerman, Natalio. (1999). Reunión de conjurados,
Buenos Aires, Lumen Hvmanitas.

8. Contenidos.
Saber e investigación: inocencia y no inocencia:

En primera instancia el autor realiza un cuestionamiento


frente a si el saber es o no independiente al poder, así
como el rol de poder que desempeñan las instituciones
frente al saber mismo.
A partir de estos planteamientos aparece un
acercamiento a la relación existente entre el saber y el
poder, cómo el primero vive para responder a una
realidad ajena, renunciando a sí para servir al segundo,
dicho proceso al producir más saber, a la vez reproduce
más dependencia del poder. Al insertarse en estas
interconexiones de subordinación, se finge un saber puro
y democrático, con el fin de encubrir la realidad. De esa
manera el saber entra en conflicto con los valores
sociales y es allí cuando se entra a considerar la relación
con la Ética.

La Ética es vista, según Kisnerman, como elección de


propósitos mediante los que operamos; también es
entendida como una reflexión de por qué hay
comportamientos que se consideran válidos según el
contexto de relaciones sociales, diferente a la moral, la
cual se refiere a los comportamientos o acciones válidas
en la sociedad; aparece así la pregunta de sí existe o no
una sociedad moral lo que el mismo autor responde
negativamente, refiriendo el construccionismo, ya que
desde esta postura, las reglas morales no garantizan que
un grupo actúe según estas.

Desde esta perspectiva se presenta como la diferencia


entre el discurso y la acción sólo genera un discurso de
justificación que abre campo al actuar no ético; la
construcción social, está enmarcada en las relaciones de
poder, llegando a la conclusión de que la realidad es una
construcción desde la trama del poder.
En medio de este contexto, al no producirse acciones
éticas se produce lo contrario, el saber (qué) se vincula a
la perpetuación del poder (cómo y con quién). De esa
manera, el saber nunca será liberador, ni romperá con el
cómo, con la estructura, por el contrario continuará con
las viejas relaciones existentes inhibiendo una ética fiel a
sí misma con una finalidad social que tienda a la verdad.

A continuación el autor entra a realizar algunas


consideraciones sobre el saber y la investigación,
menciona las articulaciones que tiene el saber
(problemas, resultados y concepciones morales) y frente
a ellas evidencia cómo el investigador en su afán por
obtener resultados es capaz de pasar por encima de la
moral, así, la práctica se legitima cuánto más se distancia
de la Ética, pues ya no se reflexiona sobre lo moralmente
aceptable. De esa manera, desde el poder se validan
acciones inmorales, que a su vez establecen prácticas,
dichas prácticas rompen con el sentido y ya no se puede
regular la relación entre el investigador y lo moral.

Así las cosas, el investigador moral no triunfa, pero el


inmoral tiene éxito e incluso no responde por el daño
realizado simplemente porque obtuvo resultados.
LLegamos entonces a un ética relativa, en la que existen
grandes reglas que finalmente son quebrantadas, y en las
el mal actuar se impone sobre lo que es correcto.

En el proceso del saber, quizá, se quiebra con el poder


para impulsar una nueva iniciativa, sin embargo, ésta
cede de nuevo a las relaciones viejas, al poder, así el
último saber es el más conservador, el que se conserva
sumiso.

En este orden de ideas, las prácticas que violan las


normas no se confrontan más que consigo mismas,
convirtiendo a la Ética en una verdad decorativa, que más
que inspirar la práctica, la hiere, todo ello gracias a que el
conocimiento está orientado únicamente al progreso; se
podría entonces afirmar que el saber desempeña también
un papel político por lo que el autor sugiere que el saber
debería separarse del poder.

Para concluir Balestena afirma que las prácticas, como se


evidencia anteriormente, no reflexionan sobre sí mismas,
no tienen un sentido Ético, por lo tanto la Ética es un
mero discurso.

Ética e instituciones: unos y otros (modos de poder,


control y producción)

De acuerdo con Balestena, se debe entender que el


control no funciona a través de un dispositivo vigilante,
sino que se habla de un control que opera como una
máquina imperceptible, la cual en analogía con el texto de
Kafka sobre la penitenciaria, está inscrito en la piel para
instalar la negación, la ruptura de la solidaridad y
desarrollar una operación de control que se interioriza en
los sujetos, en la medida que la conformidad aparece sin
enunciarse, como la alternativa más económica,
permitiendo la disuasión del conflicto, evitar el
enfrentamiento o la exclusión.

Señala que en un aparente no gobierno del poder, el cual


implica que el poder no se muestra ni se hace evidente de
forma coactiva, se desarrolla la realidad de las
instituciones, las cuales son referidas como portadoras de
ideología y como prácticas de control. Dichas prácticas
que se inician con la elección de unos sobre otros, son
expuestas como incompatibles con una ética del saber. El
nudo de esta afirmación recae en que los dispositivos
institucionales se fundan a partir de una verdad no
verdadera, o ad hoc, la cual se ramifica a modo de un
intrincado laberinto del que los receptores de la institución
no logran salir por medio de la argumentación, sino con
otro tipo de tácticas o pactos donde se negocia la verdad
hasta llegar a una aceptable o hacerla desaparecer. La
verdad según Balestena, sería esa coincidencia entre
producción e interés general, pero en los intereses de la
institución por perpetuarse, es algo que debe negarse
para no delatar el carácter de las operaciones selectivas.

El autor hace una descripción de la actividad institucional


como una operatividad en la que los receptores no
pueden producir más que solicitudes, peticiones,
apelaciones hacia correcciones que se presentan del todo
utópicas en el contexto de redes de ejercicio del poder. Al
respecto, la conformidad como se ha dicho antes, no es
algo que se nombra sino que emerge como ejercicio de
espontaneidad configurada y esperable. En las dinámicas
institucionales, la inducción adquiere ese carácter de no
llamar las cosas por su nombre o rehuir a la
denominación. De ese mismo modo la palabra ética se ha
desdibujado.

Esto es explicado como un retroceso del lenguaje de las


grandes palabras, un retroceso de aquello que
enmascara su enunciación, pero que muy claramente no
se enmascara como práctica, ya que todos saben cómo
opera. Al respecto, el autor cuestiona “¿cuál es el espacio
de la ética institucional?”, cuando su producción no sólo
es lo que atañe a los ejes temáticos de la institución, sino
a redes inconscientes de temor, sometimiento, renuncia,
a tal punto, que sin que nadie lo enuncie pero todos lo
entiendan, se hace explícito que los aparatos
mencionados son lugares de sometimiento y no de acción
liberadora. Destaca el autor que si bien el sujeto es
pautado por una ideología “igualitaria”, paradójicamente
se apoya en que la igualdad que no se hace extensiva.

Por otra parte, se indica que los dispositivos no arriesgan


nada al decir no a los sujetos que acuden a la institución,
en cambio al conceder están creando un precedente, por
lo cual aquello que se acepta debe ser excepcional. Sino
lo fuera se estaría abriendo una dinámica de cambio, y
como señala Balestena, los aparatos institucionales
operan precisamente desde lo opuesto, operan
manteniendo el orden y los intereses de sus dirigentes y
no de la población. Sobre esto, destaca que hay una
imposibilidad de los dispositivos por dar cuenta de los
otros, como rasgo inherente a la posmodernidad. Admitir
dicha ausencia sin embargo no es factible. Reconocer las
faltas y cambiar la dirección sería asumir la imposibilidad
de llevar a cabo los fines declarados.

En el deber ser, las instituciones deberían producir


soluciones. Esa sería su producción central, pero en
cambio producen relaciones entre cúpulas, como
mecanismos que socialmente, se intuyen. Dichas
articulaciones permanecen en las penumbras y esta es
verdaderamente la producción central. Lo que no se dice
y opera.

El autor señala que si las instituciones renunciaran a


estas agendas ocultas, a su dinámica de control, para
asumir la verdad, es decir sobre la igualdad, la
racionalidad, la ética, entonces colapsarían, ya que éstas
no están construidas para la verdad sino para el control.
La práctica hace de la ética pura algo marginal, que se
dirige hacia quienes no tienen poder.

Se finaliza con la idea de que al tener las instituciones


esa conformación, se puede extender a que lo público es
una red de conformaciones semejantes, cuando también
se está entendiendo lo público como una red de
desigualdad.

9. Metodología. Revisión documental de autores desde el paradigma


crítico

10. Conclusiones. ● El saber renuncia a sí mismo y se vincula al poder,


con lo cual solo busca obtener resultados para el
progreso, sin importar cuanto daño pueda realizar,
faltando así a la Ética.
● La Ética es un discurso, es únicamente una figura
decorativa, ya que no se realiza una reflexión
sobre el actuar, sino que éste se acomoda a las
relaciones de poder
● El autor va a concluir con la necesidad de
recuperar las instituciones como espacios éticos.
Para dicho propósito se requiere fragmentar las
redes de poder a partir de la acción de los actores
y no de los aparatos.
● La recuperación ética pasa por fuera del estado
con la generación de nuevos actores y el
desarrollo de una conciencia basada en
comprensión y en la no negación de la verdad.

11. Autor del RAE. María Fernanda Ruiz Solarte


Luz Arena Gutiérrez Cuenca
.

También podría gustarte