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GEOPOLÍTICA, TENSIONES

TERRITORIALES Y GUERRA CON


ECUADOR

Por: Armando Chávez Valenzuela – General de


Brigada del Ejército Peruano y Presidente del
Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú
Segunda Edición
Lima-Perú
Marzo del año 2,000
PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

El 29 de Enero de 1998, aniversario de la firma del


Protocolo de Río de Janeiro de 1942, presenté en el Club
Sullana este libro, que originalmente titulé
"GEOPOLÍTICA , TENSIONES TERRITORIALES Y
GUERRA CON EL ECUADOR". Su segunda parte
compendiaba todos los hechos acontecidos en la
frontera nor-peruana, a partir de 1830, fecha en que
Ecuador nació a la vida republicana.

El libro fue presentado sucesivamente en el Cuzco,


Huánuco, Huancayo, Piura, Sullana, en el Club Loreto, y
con conferencias alusivas en las Universidades de Lima
(Agraria, y del Callao) y en diferentes puntos del país.

En diversos periódicos y revistas mereció


comentarios favorables, y recibí el apoyo emocionado y
patriótico de todos aquéllos ante quienes tuve la
oportunidad de expresar mis opiniones personales sobre
un proceso que a todas luces mostraba una peligrosa
vocación de debilidad y entreguismo, por parte del
gobierno peruano.

Los voceros del régimen repetían que habíamos


vencido a Ecuador y se soltaban frases grandilocuentes
que pronto se convertirían en letra muerta. Citaré aquí
la más traicionada: "No se entregará un solo
centímetro de territorio y se respetará el
cumplimiento escrupuloso del Protocolo de Río de
Janeiro".

Yo recordaba que nuestra Fuerza Armada había


vencido abrumadoramente en el conflicto de 1941. Sin
embargo, el gobierno de turno, con Manuel Prado como
mandatario, terminó entregando territorio, por la
presión que hizo el gobierno de los Estados Unidos de
Norteamérica a través de su secretario de estado
Cordell Hull y su representante en la negociación Sumer
Wells, quienes tuvieron la complicidad de los
“garantes”: Brasil, Argentina, y Chile.

El Perú perdió aquella vez nada menos que 110,000


Kmts. 2 en la rica región petrolera de Sucumbios,
concediéndosele a Ecuador libre navegación en el
Amazonas.

En la confrontación de 1981, más conocida como


campaña de "Falso Paquisha", se desalojó a los
ecuatorianos de nuestro territorio, pero no se hizo nada
más, ya que el gobierno del señor Belaúnde no se
preocupó en demandar al país invasor la demarcación
definitiva de 78 Kmts. de la Cordillera del Cóndor,
frontera que había sido ya fijada por el Protocolo de
1942.

También venía a mi memoria que en 1991,


precisamente un 16 de Julio, en el tramo Bumbuiza –
Consumasa, frente al puesto peruano “Pachacutec”,
tropas ecuatorianas derribaron el Hito 51 y
prepotentemente adelantaron dos puestos militares
"Falso Tnte. Ortiz” y “Falso Soldado Monge", en una zona
demarcada en parte y delimitada totalmente por Braz
Días de Aguiar, el comisionado brasilero que cumpliera
esta tarea después de la firma del Protocolo de Río de
Janeiro.

Recordaba que, increíblemente, nuestro Canciller


de entonces, el inefable Torres y Torres Lara, introdujo
entonces su novísimo "Pacto de Caballeros", figura
diplomática de su invención, cuya interpretación era:
"No avancen más, quédense donde estén y
pasemos a conversar”.

Tal desatino impidió que nuestra Fuerza Armada


cumpliera con su misión constitucional de no permitir la
presencia de tropas extranjeras en nuestro territorio, lo
cual significó perder 34 Kmts. 2 en una zona
perfectamente delimitada por el Protocolo de Río de
Janeiro.

Además, no podía olvidarme que entre el 11 y el 17


de Enero de 1993, el Presidente Fujimori había visitado
el Ecuador, reconociendo públicamente la existencia de
un problema fronterizo, cuando todos lo creíamos
zanjado con el Protocolo de Río de Janeiro. En esa
ocasión sucedió algo inconcebible: durante la ceremonia
de transmisión del Mando, el presidente Durán Ballén
reclamó para su país la salida soberana al Amazonas. El
auditorio aplaudió, como era de esperarse, pero lo hizo
también el presidente Fujimori. Con ese gesto fue que
ganó vítores en las calles ecuatorianas, recibiendo una
lluvia de flores. Ese insólito gesto significó un tácito
reconocimiento a las insólitas pretensiones de Ecuador,
hecho que contrasta con lo que había ocurrido durante
el gobierno de Alan García, que resumiré brevemente.

En 1988, al acceder a la presidencia del Ecuador el


Sr. Rodrigo Borja, el presidente Alan García fue invitado
a la ceremonia de transmisión del mando. No aceptó
concurrir, en previsión de lo que Rodrigo Borja pudiese
mencionar en su discurso, sobre problema con el Perú,
designando como su representante a Luis Alberto
Sánchez, quien viajó acompañado del Canciller Gonzalez
Posada, recibiendo las garantías de que no se tocaría el
problema. Por eficaz acción del Embajador Felipe
Valdiviezo Belaúnde, en vísperas de la transmisión del
mando se supo que Rodrigo Borja no respetaría su
promesa, y con ese conocimiento fue que Luis Alberto
Sánchez y sus acompañantes decidieron regresar de
inmediato a Lima. Todavía había Dignidad, virtud que
se perdió con la actitud del presidente Fujimori. Peor
aún, ante ofensas posteriores del gobierno ecuatoriano,
declaró en Lima que "no compraría tanques sino
tractores, palas y no fusiles", encaminando al Perú a
una triste situación de debilidad.

La vocación entreguista de Fujimori se siguió


plasmando con varias acciones. En Noviembre de 1991,
y Enero de 1992, en sendas cartas dirigidas al
presidente Rodrigo Borja, ofreció al Ecuador
concesiones que sobrepasaban el Protocolo de Río de
Janeiro.
Finalmente, iba a superar las más febriles
expectativas ecuatorianas, suscribiendo el Acuerdo de
Paz de Brasilia que violó el Protocolo de Río de Janeiro,
con un indigno y vergonzoso entreguismo que sólo
puede calificarse como Traición a la Patria.

El entreguismo de Fujimori no fue sólo con el


Ecuador; lo fue también con Chile. El 17 de Mayo de
1993, los peruanos fuimos sorprendidos con la
publicación, en el diario oficial “El Peruano”, de las
llamadas Convenciones de Lima. Las había firmado en
secreto el Presidente Fujimori y ese obscuro personaje
que fungía de Ministro de Relaciones Exteriores, Oscar
de la Puente Raygada. Por estas Convenciones, el
gobierno de Fujimori hacía renuncia a todos los
derechos del Perú en Arica, reconocidos por el Tratado
de 1929.

Acompañé a patriotas como el historiador Gustavo


Pons Muzzo. el Embajador Hugo de Zela y el Embajador
Valdiviezo, en una protesta pública por la suscripción
de dichas Convenciones. Por asumir esta actitud fuimos
tildados de "patrioteros"; se nos endilgó además otros
epítetos vejatorios, sólo por defender junto con otros
peruanos los irrenunciables derechos de nuestra patria.

Un congresista de apellido Sandoval llegó a


declarar ante la prensar "Dejémonos de
nacionalismos trasnochados, lo importante es
hacer negocios". Ésta era la clave del pragmatismo
entreguista. La Dignidad Nacional, para esos traidores,
nada importaba.
Pero creció la protesta contra las Convenciones y
su punto más alto se dio en el heroico pueblo de Tacna.
Así descubierto, Fujimori y sus incondicionales tuvieron
que retroceder. El Congreso, que todavía parecía
mantener cierta independencia y amor a la Patria, no
ratificó las Convenciones. La situación hoy es incierta;
con toda seguridad, si el Perú no lo detiene, Fujimori
logrará su objetivo entreguista con Chile, previo
negociado con El Chinchorro.

Con todos esos antecedentes, ¿qué podíamos


esperar de Itamaratí? Nada bueno para el Perú,
definitivamente, sobre todo porque los garantes, una
vez más, se convirtieron en árbitros.

Los sucesos recientes en el Ecuador, el golpe de


estado y su nada claro desenlace, nos confirman que la
situación sigue siendo incierta. Es por ello que el
régimen de Fujimori se esmera dando hospitalidad al
derrocado presidente, como dando a entender que lo
acordado en Itamaratí no puede revertirse.

Poco después de la presentación de mi libro, tuve


la oportunidad de presentar el magnífico trabajo de
Héctor Vargas Haya titulado: "El Perú un país
mutilado ". Sostuve largas conversaciones con el autor,
respetándolo porque defendía los derechos del Perú, y
más aún de su terruño la Amazonía, con valor y sin
medias tintas.

Yo era aún Presidente del Centro de Estudios


Histórico Militares del Perú. Sabía que me había
convertido en una persona no grata para el régimen,
pero hubiese sido inconsecuente si cejaba en mi terca
lucha contra el entreguismo.

El detonante para la represalia final fue mi


participación en el programa televisivo de César
Hildebrandt, donde con todo fervor patriótico denuncié
el Acuerdo de Paz deshonroso firmado por Fujimori.
Pocos días después, un Decreto Supremo me obligó a
dejar la Presidencia del CEHMP.

Ese fue el colofón de una sentencia anunciada,


pues en las páginas finales de mi libro había escrito:

"Un pueblo que se deja arrebatar su Dignidad es un


pueblo sin futuro. Peruanos de corazón, herederos de
Cáceres, Mamanis, Quispes, y Yupanquis, hombres de
ancestros peruanos: digamos ¡Basta ya! a tanta
humillación. Vale más morir de pie que vivir de rodillas.
Por escribir esto no me podrán acusar de derrotista ni
de traidor a la patria porque sólo enarbolo la verdad
¡Morir antes que ceder un milímetro más de nuestro
sagrado territorio patrio! O, en último caso, ¡Muerte a
quienes se niegan a hacer respetar la intangibilidad
territorial del Perú”.

Hoy que ya se entregó territorio, hoy que ya se


violó nuestra integridad territorial y nuestra soberanía,
más que nunca repito: "Muerte y execración a quienes
no han hecho respetar la intangibilidad territorial del
Perú".

La historia sabrá juzgarlos.


Esta segunda edición respeta escrupulosamente la
primera y tendrá su continuación en el libro que con el
título “Los Traidores” estará próximamente en
circulación.

Agradezco a mis compatriotas la receptividad a mis


postulados. El tiraje de la primera edición de este libro
se agotó por completo. Por eso hoy entra en la red
informática mundial, con lo que pretende ampliar su
auditorio, dedicándolo muy en especial a los cientos de
miles de peruanos que han debido marchar al
extranjero, debido a que los nefastos gobiernos de los
últimos tiempos les negaron en nuestro país la
posibilidad de un trabajo digno.

Compatriotas;

Quien escribe estas páginas se compromete a


dedicar el último tramo de su azarosa existencia, a la
terca defensa de los más sagrados intereses de la
patria. Mi proceder es públicamente conocido. No es
verdad que las guerras de agresión, conquista y
expoliación han pasado a ser cosas del pasado. Sucede
que simplemente, ellas han adquirido nuevas formas,
igualmente nefastas.

Considero que la lucha contra el entreguismo debe


darse en todos los ámbitos, hoy con más vigor pues por
desgracia se afianzan en nuestro territorio varios
enclaves extranjeros, frustrando el anhelo de una Patria
Libre y Digna, como la soñaron nuestros próceres y
precursores, héroes y mártires que hoy se quiere
olvidar.

Considero un deber entrar también en la lucha


política. Mis ideas han recibido la simpatía de varios
sectores opositores al actual régimen. Y hoy tengo como
grupo político afín al FRENTE INDEPENDIENTE
MORALIZADOR, que ha tenido la gentileza de
considerarme como Candidato al Congreso con el Nro.
17. Al mencionar esto último, muy ciertamente solicito
el apoyo de mis compatriotas, adhesión reflexiva a una
causa justa que tiene que ver principalmente con los
sagrados ideales de la Patria.

Mi carta de presentación aparece escrita en las


siguientes páginas.

ARMANDO CHÁVEZ VALENZUELA

Lima, 9 de marzo del año 2,000.


PRESENTACIÓN

Quienes conocen la obra del general Armando Chávez


Valenzuela saben que por ser un apasionado de la verdad sus
juicios han resultado siempre polémicos. Él ha hecho de la pluma
un arma de combate, orientado opiniones que van desde la
animadversión de unos pocos hasta la simpatía y adhesión de
las mayorías, por su capacidad de convencimiento serio y
documentado, y en su capacidad de síntesis producto de un
certero conocimiento del tema.
Este es un libro escrito con una sencillez por que su ideal
es que llegue tanto a entendidos como a la mayoritaria masa del
pueblo peruano. Está escrito para todos los públicos y dedicado
con especial predilección a maestros y estudiantes por que a
través de ellos, en el seno de la institución familiar, en la escuela
y en la universidad, los temas que expone podrán comentarse y
discutirse, formando conciencia histórica y un correcto
sentimiento nacionalista.
Podemos estar o no estar de acuerdo con sus juicios
respecto a hechos recientes, porque la historia se está
escribiendo en estos días y hay capítulos todavía no muy bien
definidos. Pero en lo que toca a sus conclusiones en torno al
proceso antecedente, por los datos irrefutables que consigna, no
cabe sino la identificación con una historia escrita con valentía,
con coraje, pero sobre todo con objetividad, premisa
fundamental para la validez de un trabajo de investigación
científica.

P.G. D.y L.

PARTE PRIMERA
GEOPOLITICA
Y TENSIONES TERRITORIALES

I. GEOPOLITICA

Definiciones.

Existen algunas definiciones de Geopolítica que es


conveniente citar y retener en nuestras mentes, por que
su aplicación (o no-aplicación por parte de quienes han
regido los destinos de la república) resultara explicativa
en el doloroso drama de la historia de los límites del
Perú desde 1821 hasta nuestros días. Citamos entonces
tales definiciones:

La Geopolítica es la conciencia geográfica del


estado. Ella proporciona la materia prima con la
que el hombre del estado, de espíritu creador,
obtiene su obra de arte. (General Haushofer ).

La política de un estado está en su geografía .


(Napoleón Bonaparte).

La geopolítica es la geografía del movimiento. (H.


Welgart).

La tierra, es como la libertad, debe conquistarse.


(Emiliano Zapata).

La suerte de todas las naciones reside en su propia


fuerza. (Von Malke).

Es una verdad eterna que no dirigen el mundo la


superioridad de las muchedumbres ni en el empuje rudo
de la masa, sino la supremacía del espíritu y el poder
organizado. (Federico de Geniz).

La geografía es la historia detenida; la historia es


la geografía en movimiento. (Eliseo Reclus).

Principales Autores

El neologismo Geopolítica tuvo su partida de


nacimiento en Upsala, Suecia, en el año 1917. Su
paternidad se le atribuye al sociólogo Rudfolf Kjelle,
quien en su libro Der staat als lebens form ( El estado
como forma de vida )citó el vocablo por vez primera.
La etimología de Geopolítica - dice Haushofer- no
obedece a un mero capricho, ya que no es por
accidente que la palabra política este precedida del
prefijo geo. Este prefijo significa mucho y demanda
mucho. Está en referencia a la política del suelo: la saca
del las teorías áridas y las frases sin sentido que han
hecho caer a los líderes políticas en desesperadas
utopías. La Geopolítica los pone en terreno firme
demostrando que todos los procesos políticos dependen
de la realidad permanente del suelo. Con esto se
materializa el pensamiento haushoferiano que define
esta ciencia como la doctrina del poder del estado
sobre la tierra.

El espacio supone poder y contiene poder. Las


campañas de Pachacuti, Gengis Khan, Anibal y
Napoleón, de Guillermo Foch, Rommel y von
Paulus, demuestran la validez de este axioma. Por lo
tanto Napoleón y Hitler- según el axioma – debían
fracasar en la basta extensión del imperio ruso.

En la paz un estado se satura, restringe o muere;


en la guerra, en cambio se expande, desarrolla o vive
como un ser orgánico nacional.

Basándose en ese enunciado, la escuela alemana


se define a la Geopolítica como el arte de la
actuación política en la lucha, a vida o muerte, de
los organismos estatales por el espacio vital.
Cuando en un estado delimitado del hombre se
descubren filones de riqueza susceptibles de
proporcionar un bien económico, surge la concepción
del potencial económico nacional. Si las mutaciones
humanas arrojan un alto índice de densidad, el
potencial es humano . Conjugando estos potenciales
nace el potencial de guerra. Luego, el poder del estado
está en función del espacio y de la población.

Las virtudes morales de su pueblo determinan su


tradición. La tradición, historia y acción política
crean el orgullo nacional. Despertar y mantener
latente este orgullo nacional es tarea de la
Geopolítica como ciencia auxiliar del poder del estado.

Para Haushofer (1869-1942)la Geopolítica es


ciencia básica general, origen, causa y efecto de la
estrategia.

Para la escuela angloamericana es “seudo ciencia”,


una deformación de la geografía con propósitos
políticos.

Y así, hay muchos detractores de la Geopolítica,


fundamentalmente debido a que Haushofer orientó con
sus ideas al expansionismo hitleriano, causante de esa
tragedia que fue la II Guerra Mundial.

Pero tenemos que aceptar que cada pueblo tiene


su propia Geopolítica, de acuerdo a su espacio forma y
posición. Aquí surge una pregunta: ¿Cuál es la
Geopolítica del Perú? Que cada uno de los amables
lectores elabore su propia respuesta.

Otro geopolítico alemán, Ratzel (1844-1904),


estudio el desarrollo de los estados como elementos
“cuasi orgánicos”, que al igual que los seres humanos
cumplían un proceso de nacimiento, crecimiento,
madurez y muerte. Ratzel expuso leyes según los cuales
los estados más fuertes se engrandecen a expensas de
los más débiles, arrebatándoles su espacio útil
(pensamiento que en el siglo XIX concibiera el ideólogo
de la emergente burguesía chilena Diego Portales,
impulsando al gobierno de su país a anexarse territorios
de sus débiles y anarquizados vecinos feudalizados,
Bolivia y Perú).

Debe motivarnos serias reflexiones la idea


ratzeliana de que el triunfo del más fuerte sobre el más
débil es una ley inexorable de la vida. Con Ratzel nació
la teoría de la Geopolítica.

Rudolf Kjellen (1864-1922), sueco de nacimiento


pero alemán de corazón, fue quien estableció la
diferencia de Geopolítica y geografía política, esta
última definida como el análisis geográfico del estado,
tanto en su desarrollo histórico como en su estructura
actual.

En 1904 el inglés Mackinder formuló su teoría de


Heartland, sobre la base del núcleo de cohesión:
- El que domina el núcleo de cohesión en su país
controla todo el país.
- El que domina a su país puede dominar a sus
vecinos.
- El que domina a sus vecinos puede aspirar a
dominar el mundo.

Esa teoría permite un correcto análisis de las


tensiones, como veremos posteriormente al estudiar las
relaciones de nuestro país con sus vecinos,
especialmente con Ecuador.

Cabe señalar finalmente que para los Estados


Unidos de Norteamérica, el espacio físico sudamericano
constituía y aún constituye su espacio vital,
considerando sus inagotables reservas materiales
estratégicos así como su potencial humano (doctrina
Monroe), lo que ha resultado perjudicial para la
soberanía de algunos países y favorables para algunos
que son de mayor interés para esta gran potencia.

La geopolítica aplicada al Perú.

Hemos dicho ya que el espacio supone y contiene


poder, lo que queda evidenciado con los casos de los
Estados Unidos de Norteamérica, Rusia, China, o Brasil.
Según el mayor o menor espacio dominado, existen:
-Países gigantescos: con una extensión superior a
los cinco millones de Kilómetros cuadrados.
- Países grandes: con más de dos millones de
Kilómetros cuadrados.
- Países medios: cuya extensión es mayor a un
millón de kilómetros cuadrados.
- Países pequeños: con una extensión menor a un
millón de kilómetros cuadrados.

De acuerdo con ello, el Perú es un país medio,


siendo pertinente recordar que al nacer en 1821 a la
vida republicana era un país grande, con una extensión
de tres millones ochocientos mil kilómetros cuadrados.

Los contornos geográficos de nuestro país son


diluidos y alargados, siendo más convenientes las
formas compactas. Tiene fronteras de retracción (en sus
límites orientales); fronteras vivas (en su límite sur)y
fronteras inertes (en sus límites selváticos peruano -
bolivianos).

Por su extensión de un millón y doscientos ochenta


mil Kilómetros cuadrados el perú- como que da dicho-
es un país medio, de forma alargada con fronteras
diluidas y en su mayor parte no arcifinias; sectorizado
en tres regiones surcadas de norte a sur por la
Cordillera de los Andes, fenómeno natural que
determina diferencias notables en la ecología de cada
una de ellas y en las características de sus habitantes.
Su ubicación política en el continente
sudamericano es indudablemente “favorable”, pues está
situación en la parte central del Pacífico sur.
Precisamente esta ubicación, agregada al
establecimiento de su núcleo en el Cuzco, fue la que
permitió a los Incas su admirable proceso expansivo,
aplicándose en ese momento el principio de Mackinder
sobre el heartland y las acciones centrífugas del centro-
periferia. Dominando el núcleo, los Incas dominaron en
principio el país regional y esto les permitió dominar
luego las naciones vecinas, configurándose así el
imperio que en pocos años alcanzó dominio sobre un
vastísimo territorio. Al ser suplantado el Tahuantinsuyo
por el estado colonial dependiente de España, el núcleo
se trasladó a Lima que cumplía los requisitos de una
posición central, pero la situación pervivió por que el
Perú fue centro del dominio colonial español en
Sudamérica, teniendo en esto una ubicación geográfica
idónea, al punto que la independencia de Sudamérica
no pudo consolidarse sino luego de que el Perú fuera
independizado.

En los primeros años de la república y hasta el


gobierno del mariscal Ramón Castilla, el Perú mantuvo
una posición predominante en América del Sur, posición
que luego habría de perder aceleradamente. Es que la
acción del gobierno republicano desde Lima no llegó – ni
llega- con igual fuerza a todo el territorio,
priviligiándose en alguna forma la costa en tanto que la
sierra y la selva se sumían en un atraso que hoy
mismo es fácilmente constatable. La ubicación de la
capital republicana debió trasladarse y
geopolíticamente debió escogerse por nuevo núcleo
Huancayo u otro punto que reuniese las condiciones
que se requerían. Pero aún hay tiempo de enmendar ese
error. Repárese para el caso en el éxito alcanzado por
Brasilia al sustituir Río de Janeiro por Brasilia como
capital geopolíticamente mejor ubicada.

El espacio supone poder a condición de ser


ocupado. Los gobernantes peruanos han olvidado o
desconocen este principio, pues hasta hoy no hemos
ocupado la vastedad íntegra de nuestro territorio, sobre
todo en las zonas fronterizas, lo que ha provocado y
sigue provocando continuos conflictos.

Por su configuración geográfica diluida, el territorio


peruano muestra serias vulnerabilidades, especialmente
las entrantes que existen frente a Brasil, Ecuador,
Colombia, y Bolivia. De acuerdo al efecto de las puntas,
el país que se introduce dentro de otro tiende a
aumentar esa penetración. Así lo ha hecho Brasil en
forma ostensible y cuantiosa; también Colombia, Bolivia
y aún Ecuador, país este último que ha logrado avanzar
e insiste en continuar esa progresión hasta el
Amazonas.
El Perú, como dijéramos líneas atrás, nació en la
vida republicana con una extensión territorial de tres
millones ochocientos mil kilómetros cuadrados. Muy
pronto, dos hechos ingratos para nuestra estabilidad
territorial se sucedieron, influyendo en el futuro
desenvolvimiento del país como nación dentro de la
comunidad americana. Ellos fueron la desmembración
de Guayaquil en el norte y la del Alto Perú en el sur.

En efecto, la audiencia de Charcas, que habían


formado parte del virreinato peruano desde su creación,
pasando en tiempo muy posterior al tardío virreinato
creado en Buenos Aires, para reintegrarse en 1810 al
Perú, bajo el gobierno del Virrey Abascal, fue
seccionado de nuestro país por un capricho ególatra del
libertador Simón Bolívar, hábilmente cumplido por su
principal lugarteniente, Antonio José de Sucre, quien
fundó en ese territorio una nueva república, llamándola
Bolivia. El caso de Guayaquil fue asimismo patético,
pero tuvo como base el principio de la libre
determinación de los pueblos, en cuyo cumplimiento
pasó a integrar la naciente república de la gran
Colombia.

Es verdad que el Perú en los inicios de la república


tuvo que recurrir a las acciones bélicas en aras de
justas reivindicaciones territoriales y de la defensa de
su soberanía; pero luego, en forma general, su política
exterior paso a regirse por los principios de la paz y la
solidaridad continental.

El Amazonas, compartido inicialmente por Perú


Brasil, es el heartland en la región y todos los países
cercanos pretender tener acceso a él. Lo consiguió
Colombia en 1922, a través de Leticia y lo pretende
ahora Ecuador, juzgando que la pasividad del perú es
una constante. Existe en este caso un factor
geoeconómico agregado, cual es el potencial energético
del Pongo de Manseriche, al que ambiciona llegar
Ecuador a través del Cenepa. Esa penetración debió
eliminarse en 1942, pero desgraciadamente hubo
entonces ineptitud y hemos llegado a la difícil situación
actual.

En el diagrama es factible apreciar el efecto de las


puntas y las consecuencias que acarrea a un país el
hecho de tener una capital dislocada y descentrada.

Resulta por demás evidente que en la conducción


de los gobiernos del Perú republicano se dejó de lado la
Geopolítica, que hubiera permitido equilibrar las
desventajas geográficas mediante el determinismo
histórico, caso Chile, país de forma alargada y estrecha
pero compensado por la inteligencia y habilidad de sus
clases directoras. Diego Portales no fue presidente, pero
ejerció una trascendental influencia en la acción de
gobierno de ese país, determinada por el principio
geopolítico del espacio vital. Ello resultó trágico para el
Perú, ya que Chile supo crecer a expensas del más
débil en el terreno militar. Se dio la derrota no obstante
ser el nuestro un país con mayor extensión y población,
y con un potencial económico mucho mayor. Allí se
advierte a las claras el costo de una política adversa al
adecuado mantenimiento de la fuerza armada,
responsabilidad que recae en mandatarios como Balta y
Pardo, quienes hicieron tabla rasa de lo que advirtiera
premonitoriamente. Castilla, fijando como objetivo
nacional del Perú la hegemonía en el Pacífico Sur; de él
fue la famosa sentencia : Si Chile compra un barco, el
Perú debe comprar dos, sino seremos liquidados,
sentencia por desgracia no atendida, ni ayer ni hoy. Por
el contrario, en Chile el actual conductor de su fuerza
armada, general Augusto Pinochet, es un fiel seguidor
de la doctrina Portales.

Brasil, igualmente, ha tomado en consideración a


la Geopolítica, privilegiando su marcha al oeste con los
bandeirantes y mamelucos. El Perú ha perdido un
inmenso territorio selvático ante la expansión del Brasil,
cuyo portavoz geopolítico es el almirante Travassos.

Colombia, por su lado, arrebató al Perú ciento


veintidós mil kilómetros cuadrados, llegando al
Amazonas por Leticia. Lo más irónico en este caso es
que militarmente la victoria correspondió a nuestro
país, sin embargo de lo cual su gobernante de entonces
aceptó un acuerdo diplomático entreguista. El mentor
político colombiano es el general Londaño.

Ecuador, militarmente perdedor permanente ante


el Perú, excepción hecha del reciente enfrentamiento en
el Cenepa, tema que será motivo de un especial
análisis, también ha arrebatado territorio a nuestro
país; situación ésta atribuible a turbios tratos en la
mesa de negociaciones diplomáticas. Su actual mentor
militar es un general respetuoso de los principios
geopolíticos, Paco Moncayo.

Cabe aquí preguntarse, ¿cuál es el objetivo


nacional del Perú y a quién debemos reconocer como su
vocero geopolítico?

II. TENSIONES TERRITORIALES

Para poder analizar el estado actual de nuestros


tratados, protocolos y demás acuerdos bilaterales, así
como las pretensiones que vienen ejerciendo los países
vecinos sobre nuestras fronteras, y tratar
posteriormente en forma específica la situación de la
Cordillera del Cóndor, visualizando así mismo las
contradicciones que inevitablemente han sido
generadas por la concesión de un corredor marítimo
para Bolivia en territorio peruano, necesario será llevar
a cabo una revisión de nuestro proceso de crecimiento
territorial, requiriéndose además un enfoque referido a
la conducción política del gobierno ejercida por los
mandatarios que se han sucedido desde la fundación de
la república hasta el presente.

Un país innegablemente rico y cuyo desarrollo


hasta hoy no se ha tangibilizado, por la inacción o
acción nefasta de políticos corrompidos y entreguistas,
inspiró al sabio italiano Antonio Raimondi para
compararlo con un mendigo sentado en un banco de
oro. Como tal, pronto se convirtió en blanco de la
codicia de los conductores políticos de los países
limítrofes. Rodeado por cuatro naciones primero y
luego por cinco, su clase dominante y/o gobernante
efectuó arreglos fronterizos que en su mayoría
desconocieron los legítimos derechos del Perú so
pretexto de la preservación de relaciones pacíficas y
cordiales con los estados vecinos, lo que tampoco se
llegó a conseguir.

Correlato lógico de ello fue que en el transcurso de


su vida republicana, nuestro país tuviera que soportar-
incluso hasta el presente las más tensas presiones
políticas, sufriendo las más aleves agresiones militares,
todo por que sus gobernantes lo descuidaron
militarmente, incumpliendo la obligación de mantener
en aras de la paz una fuerza armada poderosa y
eficiente para efectos disuasivos.
Aunque debe consignarse en respeto de la verdad
histórica, que esa constante tuvo tres excepciones en el
siglo pasado durante el gobierno del mariscal Ramón
Castilla y en el que está por concluir durante el efímero
mandato del comandante Luis M. Sánchez Cerro y bajo
la presidencia del general Juan Velasco Alvarado.
Períodos en los cuales la fuerza armada se vio
convenientemente equipada y profesionalmente
preparada conteniendo los afanes expansivos de los
países vecinos, particularmente Chile y Ecuador. En todo
el resto de su azarosa vida republicana, los gobiernos
han seguido el camino de una política
contemporizadora, por decir lo menos, con las
consiguientes pérdidas de grandes extensiones del
territorio patrio.

Las causas de las permanentes desavenencias


internacionales pueden hallarse en el surgimiento del
Perú a la vida independiente, con una defectuosa y
ambigua demarcación territorial; asimismo, en el influjo
geopolítico de la Amazonía, en la existencia de grandes
riquezas en el subsuelo amazónico, en el potencial
hidroeléctrico del Pongo de Manseriche y en la otrora
ambicionada región del guano y del salítre. Todos estos
factores, unidos a la permanente inestabilidad política
del Perú, signado de incesante lucha partidarista, que
absorvió las energías del país descuidando su defensa
nacional, motivaron que las presiones geopolíticas de
los países vecinos se agudizaran sobre nuestro
territorio.

Con el Brasil

Brasil fue la primera potencia en tender a


apoderarse de la totalidad de la cuenca amazónica, en
concordancia con su política que había estructurado
como objetivo nacional su marcha hacia el Pacífico.
Base primigenia de ese objetivo nacional fue el tratado
de Tordesillas, celebrados entre los gobiernos de España
y Portugal, que dio a este último una cabeza de playa
en Sudamérica, propiciando la penetración lusitania en
la Amazonía, llevada a cabo por los bandeirantes en su
búsqueda del oro se asentaron primero en Minas
Geraes para ocupar luego el Matto Groso, siguiendo su
progresión al oeste hasta ser aparentemente detenido
por el Tratado de San Ildefonso (1 de octubre de 1777),
que puso término a las controversias entre España y
Portugal cediendo la primera un territorio tres veces
mayor que el que había poseído su rival colonialista en
virtud del Tratado de Tordesillas. De es forma, el camino
quedó expedito para el avance de los bandeirantes y
mamelucos brasileños.

El 23 de octubre de 1915, el gobierno del Perú,


aceptando la tesis del Uti Possidetis de Facto, reconoció
al Brasil, en virtud del Acuerdo Fluvial firmado
entonces, la posesión de ochenta mil kilómetros
cuadrados entre la línea Tabatinga- Apapons y los ríos
amazonas, Yapurá y Teffe. Ya en 1867 ese poderoso país
vecino se había posesionado de doscientos sesenta y
siete mil trescientos tres kilómetros cuadrados de
territorio peruano, aduciendo su pertenencia a las
inmensas zonas que el entreguista mandatario boliviano
Mariano Melgarejo cediera al emperador del Brasil.
Además, en cumplimiento del Tratado Velarde – Río
Branco, suscrito siendo el presidente del Perú Augusto
B. Leguía, Brasil se apodero de otros ciento tres mil
trescientos cuarenta kilómetros cuadrados de territorio
peruano, en la región del Alto Yarúa, Purús y Madeira.
Con Bolivia

En el año de 1909, también gobernando el


inefable Augusto B. Leguía, fue firmado el Tratado
de Rectificación de Fronteras Polo- Sánchez
Bustamante, mediante el cual el Perú a Bolivia noventa
y un mil setecientos veinte kilómetros cuadrados de
territorio, en la región cauchera del Acre y Madre de
Dios y en una zona del río Tambopata. Lo grave es que
el gobierno peruano consumó el entreguismo
desconociendo el laudo arbitral de Argentina, doctor
José Figueroa Alcorta, que había sido favorable para
nuestro país.

Con Colombia

No obstante que las aspiraciones de Bolívar en lo


referente a jurisdicciones territoriales, expresadas a una
carta a Santander el año 1822, cuando existía la Gran
Colombia, señalaban como una necesidad dejar Jaén
por Maynas y adelantar si era posible sus límites de la
costa más allá de Tumbes, sólo en 1890 se evidenciaría
la atracción de ese país por la Amazonía. Alegando
derechos en el Caquetá y el Putumayo, manifestó
entonces su propósito expansionista de querer llegar
hasta las riberas del Amazonas, trabándose en una
guerra contra el Perú el año 1911,ocupando Puerto
Córdova y La Pedrera en el río Caquetá. La respuesta
peruana fue eficaz en el terreno militar, siendo repelida
la invasión. Pero pocos años más tarde, el varias veces
citado Augusto B. Leguía, ya como dictador del Perú, dio
pase al Tratado Salomón Lozano entregando a Colombia
ciento veintisiete mil doscientos setenta y dos
kilómetros cuadrados de territorio, o sea toda la región
del Caquetá y una parte comprendida entre los ríos
Putumayo y Amazonas, el llamado Trapecio Amazónico
en Leticia, obteniendo a cambio el territorio colombiano
del Triángulo de Sucumbios, en la intersección de la
frontera con Ecuador. Se sabe que Leguía actuó bajo
presión del gobierno de Estados Unidos de
Norteamérica, que así quiso compensar a Colombia por
la pérdida de Panamá. En 1932 el efímero mandatario
Luis M. Sánchez Cerro manifestó el anhelo de recuperar
Leticia para el Perú, pero estando en estos afanes vino
a ser asesinado por un militante aprista el 30 de abril
de 1933, cuando pasaba revista en el hipódromo de
santa Beatriz a una multitud de movilizables que se
aprestaba a marchar al campo de batalla. Poco después,
el 24 de mayo de 1934, su sucesor el mariscal Oscar R.
Benavides (irónicamente vencedor en La Pradera),
suscribió el Protocolo de Paz, Amistad y Cooperación
que sancionó la definitiva pérdida de Leticia para el
Perú, logrando así Colombia su objetivo nacional, cual
era una salida directa al Amazonas.

Con Chile

La clase dirigente del vecino país del sur se vio


tempranamente atraída por los ricos yacimientos de
guano y salítre que atesora el departamento peruano de
Tarapacá, lo que motivó la invasión y conquista
desatada el año 1879. Factores que analizaremos con
detalle al estudiar el conflicto con el Ecuador,
determinaron la derrota del Perú, cuyo gobierno espurio
liderado por Miguel Iglesias, suscribió el 20 de octubre
de 1883, en el balneario de Ancón, un tratado
entreguista por el cual Chile quedó dueño del rico
departamento peruano de Tarapacá, que abarcaba
cuarenta y cuatro mil trescientos veinte kilómetros
cuadrados. Este tratado, firmado por José Antonio de
Lavalle y Mariano castro Zaldívar en representación del
Perú y por Jovino Novoa en nombre de Chile, fue epílogo
de la antipatriótica campaña de Nicolás de Piérola,
verdadero instrumento de los intereses chilenos, cuando
la guerra estaba aún inconclusa, pues en la sierra sur el
general Andrés Avelino Cáceres había reorganizado su
ejército guerrillero y se disponía a emprender una
nueva contar ofensiva patriota de Andahuaylas.

A la pérdida de Tarapacá se sumó la definitiva de la


provincia de Arica y parte de la de Tarata aprobada por
el Tratado que el 3 de junio de 1929 suscribieron José
Rada y Gamio, en representación del Perú y Emiliano
Figueroa Larraín, en nombre del gobierno de Chile,
siendo presidente de nuestro país el dictador Augusto b.
Leguía, émulo auténtico de Piérola. En total, Chile se
anexó sesenta y cinco mil cuatrocientos trece
kilómetros cuadrados que antes fueron parte del
territorio peruano.
3’800,000 km2 en 1821 – 1’200, 000 en 1929

La pérdida de grandes extensiones territoriales ha


obedecido pues a diversas causas. En muchos casos ha
sido factor preponderante la corrupción de nuestra clase
dominante y/o dirigente, y la ausencia en ella de todo
sentimiento patriótico, epílogo de cuyo nefasto accionar
ha sido el entreguismo. En otros, los menos, la
mutilación de nuestro territorio fue causada por la
fuerza de las armas, derrota no desligada en ningún
caso del factor antes mencionado. Como tampoco puede
dejar de relacionarse dicho factor con el pretendido
sentimiento americanista, que ha sido más bien la
obediencia a los intereses de los Estado unidos de
Norteamérica.

Todo esto constituyo un innegable desastre militar


y diplomático, debiendo tomar conciencia el pueblo
peruano que en todos los casos la responsabilidad recae
en los políticos que han gobernado nuestra república
anteponiendo mezquinos interese personales o de clase
a los sagrados intereses de toda la nación. Las
mutilaciones territoriales no pudieron ser contenidas ni
revertidas por que esa clase dominante y/o dirigente ha
mantenido a la fuerza armada permanentemente débil,
debiendo exceptuarse de esta irresponsabilidad a
Ramón Castilla, Sánchez Cerro y Juan Velasco Alvarado.
Esa anómala y criticable realidad continuó luego,
pues el potencial militar creado durante el gobierno de
Velasco, que se empezó a deteriorar durante el segundo
gobierno de Fernando Belaúnde, prosiguió en descenso
con los presidentes que después se sucedieron.
Hablamos aquí de desidia, pues los gobernantes,
dominados por la pasión de la lucha política
inmediatista, reflejo de la ambiciosa pugna por el
control del poder, no sólo tuvieron en menos el ideal de
la reivindicación territorial, que caracterizara a la
generación de los Ayacuchos, sino que también
descuidaron la preservación de las fronteras, por que a
toda luz carecieron de conocimiento geopolítico, al
punto tal que arropándose de sentimientos
americanistas nada sinceros o proclamándose
representantes de un utópico planeta en el que las
guerras pertenecen al pasado, ergo también los
sentimientos nacionalistas, redujeron a la fuerza
armada a un plano secundario, ignorando, no sabemos
si calculada o irresponsablemente, que ella constituye
el soporte acaso único y verdadero de la seguridad
nacional. Y para agravar más la situación, estos
estadistas aceptaron convenios y tratados secretos,
pretendiendo que pasase inadvertida su disposición de
seguir atentando contra la integridad territorial de
nuestra nación.

Lo sucedido ante Ecuador lo analizaremos a


continuación más detallada, por todo lo que ha
significado y significa hoy para el Perú.
ANALISIS HISTORICO MILITAR
DEL CONFLICTO CON EL ECUADOR

Entre los conflictos armados que jalonan la historia


del Perú republicano deben citarse: la invasión a
Bolivia, en 1827-1828; la guerra con la Gran Colombia,
en 1828-1829, la guerra de la Confederación Perú-
boliviana, en 1835- 1839, la guerra con Bolivia, en
1841, la guerra con Ecuador, en 1859-1860, la guerra
con España, en 1865-1866, la guerra con chile, en 1879-
1884, los choques con guarniciones ecuatorianas en el
Napo, en 1903-1904, los enfrentamientos con
Colombia, en 1911 en el río Caquetá y en 1932- 1933 en
el Putumayo; las operaciones ante ecuador, en 1941, y
las acciones contra las infiltraciones ecuatorianas en
1981, 1991 y 1995, estas últimas violatorias por parte
de ecuador del Protocolo de río de Janeiro, suscrito en
1942. De todos ellos, el que ha generado una
controversia que sigue aún vigente, es el que ha
enfrentado al perú con el Ecuador.

El Centro de Estudios Histórico - Militares del Perú


tiene bajo su custodia los repositorios documentales
más complejos referidos al conflicto con el Ecuador.
Esto por que de acuerdo con la ley de su creación,
transcurridos veinticinco años de un conflicto armado,
toda documentación debe entregarse a su archivo.
Gracias a esto, el historiador militar Felipe de la barra,
presidente del CEHMP en varios periodos, pudo preparar
un documentado estudio sobre los antecedentes y
desarrollo de dicho conflicto, siendo otro factor para su
exitoso logro el haber servido como Jefe de estado
Mayor General en 1941.

De su Estudio de la cuestión de límites entre el


Perú y Ecuador, libro editado en 1961 como volumen
N°31 de la biblioteca Militar del Oficial, y de estudios
reciente mente publicados por el Departamento de
Historia del CEHMP, tomamos los datos más importantes
para referirnos a los antecedentes de esta
confrontación.

Las historias del Perú y Ecuador pueden dividirse


en tres épocas notoriamente distintas: 1) la
prehispánica; 2) la del dominio colonial español y 3) la
independiente o republicana. Detallar lo que fueron
cada una de estas épocas escapa al marco de nuestro
trabajo, que es más bien un estudio crítico y reflexivo,
que pretende determinar factores de análisis y
comparación, propiciando interrogantes que por su
inferencia lógica nuestros amables lectores estarán en
capacidad de responder. De modo tal que
presentaremos de manera muy suscinta lo ocurrido en
las dos primeras épocas, explayándonos algo más en la
tercera.

Epoca Prehispánica

Cronistas e historiadores coinciden en señalar que


al tiempo en que los Incas constituían un vasto imperio
irradiado a partir de su capital sagrada el Cuzco, en lo
que tardíamente vino a conformar la república del
Ecuador sólo evolucionaron formaciones de limitado
desarrollo, naciones varias que no alcanzaron a
desarrollar ni siquiera un estado regional. Entre las de
la sierra son citadas las de los Cañaris, Puruaes,
Otavalos y Cayambis, una tras otra conquistadas a
fines del siglo XV por el ejército imperial incaico, bajo
la jefatura de Túpac Inca Yupanqui, quien por algún
motivo se estableció en Tumipampa (la actual Cuenca),
donde nació su hijo Guayna Cápac, en la princesa
cuzqueña Mama Occllo, hija a su vez del Inca Pachacuti,
forjador del imperio.
Es una falsedad sostener que existió el varias
veces mentado reino de Quito. Lo que se dio empezando
el siglo XVI fue una sublevación general de esas
naciones, que se enfrentaron a las guarniciones allí
dejas por Túpac Inca Yupanqui. Esta fue razón para que
su sucesor Guayna Cápac emprendiera una
trascendental campaña al norte, movilizando no sólo el
más poderoso ejército hasta entonces reunido, sino
cuantiosos contingentes de mitimaes. Aproximadamente
entre 1510 y 1520 combatió Guayna Cápac contra los
sublevados, sometiéndolos a sangre y fuego, con
verdaderas masacres. Varias de esas naciones sufrieron
una sensible merma demográfica, pero la región fue
repoblada por los mitimaes llevados desde los Andes
Centrales, los que al fin y al cabo incaizaron el territorio
septentrional, como puede advertirse incluso en
nuestros días.

Decíamos que nunca existió el reino de Quito, pero


si una efímera confederación de las citadas naciones en
contra de los Incas, alianza a la que se plegaron
también los Cayambis, motivando que Guayna Cápac
incursionara incluso algo más allá de la actual frontera
colombiana - ecuatoriana, aplastando a esa facción de
los Pastos.

De modo tal que la actual sierra ecuatoriana se


anexó definitivamente al estado imperial dominado por
los orejones cuzqueños, como también parte de la
región montañosa, por que las huestes de Guayna Cápac
llegaron hasta el río coca, tributario del Amazonas, y
parte de la región costeña, pobladas por tribus de un
grado inferior de desarrollo cultural, entre ellas las de
los Chonos, Huancavilcas, Manteños, Manabíes y
Punaeños.

Es muy importante destacar que en esas campañas


tomó parte el príncipe Atahuallpa, quien contando trece
años de edad partió desde su tierra natal, el Cuzco,
solicitado por su padre Guayna Cápac, quien veía en él
al futuro sucesor. Esto debe ser reiterado y
definitivamente aceptado, pues mucho de fábula y
cuento se ha lucrado en el ecuador, hablándose de un
Atahuallpa nacido en Quito hijo de una princesa de esa
región. Este es otro mito derribado a la luz de la
información documental, especialmente por la crónica
de Juan Betanzos. Atahuallpa nació en el Cuzco,
principiando el siglo XVI, hijo del Inca Guayna Cápac en
la princesa Palla Coca, de la panaka de Pachacuti, linaje
imperial por antonomasia.

Otra falsedad es aquella que cita una división del


imperio decretada por Guayna Cápac. El correcto
análisis de las fuentes documentales trae abajo esa
versión, como también aquella que explicó la guerra
entre Huáscar y Atahuallpa como un enfrentamiento
entre quiteños y cuzqueños. Un reciente libro publicado
sobre este tema por el CEHMP prueba con suficiente
sustento documental que esa guerra fue
enfrentamiento dinástico, de grupos de poder y de
panakas, y que Atahuallpa reprimió severamente a
varias naciones del actual ecuador que se alinearon
con Huáscar, entre ellas las de los Cañaris,
pretendiendo siempre llegar al Cuzco que en todo
momento reconoció como capital del imperio.

En conclusión debemos decir que gran parte del


territorio hoy llamado ecuador fue conquistado por los
Emperadores del Cuzco, quienes ejercieron severas
represiones en esa región, matanzas que a no dudarlo
crearon animadversiones que se habrían de trasmitir,
de manera consiente por varias generaciones.

Sin embargo, como rasgo positivo queda el hecho


ya mencionado de que la sierra ecuatoriana fue
adecuadamente incaizada, al punto tal que el poblador
de los Andes Septentrionales casi en nada se diferencia
del campesino de los Andes Centrales, por descender
ambos de un tronco común con el que hasta hoy se
identifican.

Epoca del dominio hispánico

Uno de los primeros afanes de los conquistadores


españoles por afianzar su dominio colonial fue la
fundación de ciudades, y la primera de ellas fue San
Miguel de Piura, fundada por agosto de 1532. Desde
esta ciudad el teniente de gobernador Sebastián de
Belalcázar, sin autorización del gobernador del Perú
Francisco Pizarro, inició la conquista de Quito,
consolidada después por Diego de Almagro quien fue
enviado por su socio para contener no sólo las
ambiciones de Belacázar, sino también las de Pedro de
Alvarado, otro conquistador que aportó a estas tierras
llevado por el ensueño de El Dorado. Fue Diego de
Almagro quien en 1534 dejó fundada la Villa de san
Francisco de Quito.

Años más tarde Francisco Pizarro nombraría a su


hermano Gonzalo como teniente de Gobernador en San
Francisco de Quito. Objetivo de este nombramiento era
la protección de sus intereses en la región oriental aún
inexplorada, en la creencia que allí existían regiones
ricas en oro. Las gentes hablaban de reinos en los que
todo relucía de ese rico metal y surgió el mito de El
Dorado. Pero también se la ambicionaba creyéndola
pródiga en la producción de una especie altamente
cotizada, llamándose País de la Canela o Canelos a la
región surcada por los ríos Cenepa, Santiago, Morona y
Alto Pastaza. De allí que a finales de 1539 Gonzalo
Pizarro decidiera emprender su conquista.

Es un hecho por demás conocido que los


ecuatorianos repiten hasta la saciedad que les
corresponde derechos en el Amazonas pues en su
conquista – según afirman – tuvo decisiva actuación el
apoyo de los vecinos de Quito, aportando hombres,
dinero y vituallas para el descubrimiento del País de la
Canela. Esa es una lucubración carente de apoyo
documental, pues bien se sabe que fue en el Cuzco
donde se proyecto y organizo la expedición de Gonzalo
Pizarro para la conquista de esa región, iniciándose la
marcha al norte a finales de 1539. Tras pasar por
Abancay, Chincha, Lima, Piura y Tumbes, Gonzalo
decidió estacionarse en San Francisco de Quito, en la
creencia de que su título de teniente de gobernador
sería suficiente para captar el apoyo de los vecinos de
esta villa. Documentos de validez incontestable, como
los suscritos por Gonzalo Pizarro el 23 de diciembre de
1540 y el 4 de enero de 1541 dan testimonio de que
dicho apoyo le fue negado, por lo que se vio necesitado
de recurrir a la caja real para poder proseguir su
conquista. La única excepción la dio Francisco de
Orellana, quien con escasos hombres se plegó a la
expedición, en muy mala hora para Gonzalo por lo que
poco después habría de acontecer.

Afrontando grandes dificultades los expedicionarios


llegaron a orillas del río Coca, es decir hasta la
localidad alcanzada muchos años antes por las huestes
cuzqueñas de Guayna Cápac. Allí ordenó Gonzalo la
construcción de un bergantín, ofreciéndose el ambicioso
Orellana para tripularlo con sus partidarios,
prometiendo navegar el río hasta obtener os
bastimentos que requería el resto. En vano guardo
Gonzalo su regreso; el hambre motivo que continuara
por tierra una penosa marcha que consumió a casi todo
su contingente, vagando sin norte durante varios
meses. Orellana, en cambio, allegado al río Napo
decidió hacer traición y apoyado por sus partidarios
continuó la navegación entrando al gran río que
llamaron de las Amazonas, por haber hallado en uno de
sus recodos la resistencia armada de mujeres guerreras,
lo que les trajo a la mente el recuerdo de la mitología
griega. Enfrentando las oposiciones de varias naciones
asentadas en las márgenes del Amazonas, los de
Orellana llegaron al Atlántico, enfilando para España
donde se arrogaron la conquista, recibiendo honor y
gloria en premio a lo que en verdad fue una traición.
Orellana solicitó y obtuvo de la corona el título de
gobernador de la región descubierta, pero halló la
muerte cuando volvía al Amazonas.

Lo dicho muestra a las claras lo infundado del


alegato ecuatoriano sobre su pretendido derecho al
Amazonas sobre la base del descubrimiento de 1541-
1542.

El 20 de noviembre de 1542, en la ciudad de


Barcelona, el rey Carlos v suscribió una real cédula
creando el virreinato del Perú, señalando como su
capital la Ciudad de los Reyes (Lima) y como su primer
virrey a Blasco Nuñez de vela. Por razones
administrativas el virreinato fue dividido en audiencias,
que originalmente fueron las de Panamá, Lima y Santa
Fe; y entre sus gobernaciones estuvo Quito, con
jurisdicción sobre Guayaquil, Quito y Puerto Viejo. En
tiempo posterior se establecieron otras audiencias,
entre ellas las de Quito el 25 de agosto de 1563.
A partir de 1548, desde las ciudades peruanas de
Piura y Quito, se emprendió la exploración de la región
oriental. En 1548 Diego Palomino encabezo una entrada
por Chichipe, Chamaya y el Marañón, fundando la
Cuidad de Jaén en tierra de los Bracamoros (jíbaros). En
1549 Hernando de Benavente, nombrado gobernador de
la provincia de Macas, recorrió la región de los ríos
Cenepa y Santiago. Ese mismo año el gobernador de
Quijos Ramirez Dávila fundó la ciudad de Baeza,
explorando el Alto Santiago y el Zamora. En 1556 Juan
salinas de Loyola recorrió la región de Huancabamba,
Zamora y Macas, descubriendo el Pongo de Manseriche
en el río Marañón; este famoso capitán fue quien
consolidó la presencia del Perú en Zamora, Santiago,
Nieva, el Alto Marañón y Maynas. En 1619 el gobernador
Diego Vaca de vega exploró el anterior de Maynas y la
región del pongo, fundando la ciudad de san francisco
de Borja.

Los religiosos efectuaron paralelas incursiones. Los


dominicos entraron en Los Canelos y los franciscanos en
Sucumbios y Putumayo.

En el siglo XVIII se crearon los virreinatos de Nueva


Granada o santa fe y el del Río de la plata o Buenos
Aires, en ambos casos son territorios segregados del
virreinato del Perú.
El virreinato de nueva Granada se estableció por
real cédula de 27 de mayo de 1717. Se le suprimió en
1723, pero fue restablecido el 20 de agosto de 1739.

Las provincias de Maynas y Guayaquil, que como


pertenecientes a la audiencia de Quito integraran el
virreinato de Nueva Granada, fueron devueltas al
virreinato del Perú el año de 1802.

Fue francisco de Requena quien en 1794 redactó


un valioso informe señalando la imposibilidad que tenía
el virreinato de nueva Granada para administrar
adecuadamente la región extensa de Maynas
(actualmente Amazonas). Fue en atención a este
informe que se dicto la real cédula de 15 de julio de
1802, en virtud de la cual regresaron a la jurisdicción
del virreinato del Perú las regiones de Maynas y Quijos,
con todos sus ríos “hasta donde fueran navegables”.
Documento este de inmensa valía para defender los
derechos del Perú, y que por la misma razón es objetado
por parte del Ecuador.

Conviene recordar que el barón Carondelet (cuyo


nombre lleva hoy el palacio de gobierno de Ecuador),
como presidente de la Real Audiencia de Quito
suscribió el 20 de febrero de 1803 un trascendental
documento, ordenando al comandante general de
Maynas incorporar su jurisdicción al virreinato del Perú.
Muy poco tiempo después, el virrey Fernando de
Abascal recepcionaba la real cédula de 7 de julio de
1803, que decreto el reintegro de la gobernación de
Guayaquil al virreinato del Perú, lo que habría de
confirmarse de manera absoluta con otra real cédula
firmada en 1806.

Epoca republicana

Los estados republicanos que surgieron como


correlato del triunfo sobre el poder colonial hispánico, a
efectos de fijar sus límites decidieron adoptar el
principio del derecho romano conocido como uti
possidetis, señalando como punto de referencia el año
1810, en que empezó a librarse con éxito la lucha
independentista. Ese principio estimulaba el
reconocimiento del estado posesorio en que se hallaban
las provincias o regiones en el tiempo en que eran
colonias y la continuidad del mismo al tiempo de
emanciparse, transformándose en estados
independientes.

El Perú nació como república independiente el 28


de julio de 1821, instalándose su primer congreso
constituyente el 20 de setiembre de 1822, para el cual
los departamentos liberados de Lima, Trujillo y Huaylas
eligieron sus diputados, en tanto que Arequipa, Puno,
Cuzco, Huamanga, Huancavelica, Tarma, Maynas y
Quijos, todavía en poder de los realistas, fueron
representados por ciudadanos oriundos de esos
departamentos que por entonces residían en Lima.

En 1824 el gobierno de la Gran Colombia dictó la


ley división territorial de la república, por la cual se
estableció el distrito del sur abarcando tres
departamentos: Ecuador, Azuay y Guayaquil. Esta última
jurisdicción fue anexada por el todo poderoso Simón
Bolívar el 31 de julio de 1822. En consecuencia, lo que
más tarde se convertiría en república de Ecuador nació
como distrito del sur de la Gran Colombia, sin que para
nada se mencionara entonces a Tumbes, Jaén y Maynas,
pues se reconocía a estos territorios como jurisdicción
de la república del Perú.

En este período se sucedieron diversos hechos en


el afán de establecer los límites definitivos entre el Perú
y la Gran Colombia, no hablándose de límites con el
Ecuador pues este país simple y llanamente no existía.
Entre esos hechos pueden citarse los siguientes:

1. Tratado Monteagudo- Mosquera, firmado el 6 de


julio de 1822. La Gran Colombia solicitó la
anexión de Guayaquil y como el Perú no
accediera a esto, se reconoció el statu quo.
2. Tratado Galdeano- Mosquera, suscrito el 18 de
diciembre de l823. Bolívar pretendió anexarse
Tumbes, pero concluyó reconociendo el uti
possidetis de los virreinatos del Perú y la Nueva
Granada. No fue ratificado por el Congreso de la
Gran Colombia.
3. Dictadura de Bolívar (1824-1826). Es
conveniente anotar que durante el tiempo en
que Bolívar fue dictador del Perú y presidente de
la Gran Colombia, no se habló de límites. Puede
señalarse como antecedente de esa actitud, un
párrafo de la carta que el 3 de agosto de 1822
dirigió a Santander, reconociendo explícitamente
que Jaén y Maynas pertenecían a la república
del Perú.
4. Tratado de Guayaquil, firmado entre el Perú y la
Gran Colombia el 22 de setiembre de 1829,
como epílogo de la guerra que enfrentó a ambas
repúblicas. El presidente peruano mariscal La
Mar nacido en Cuenca y deseaba que esa ciudad
perteneciera al Perú. Recuérdase que aún no
existía el Ecuador. Derrotada la fuerza peruana
en el Portete de Tarquí, se firmó el 27 de
febrero de 1829 el Convenio de Girón,
desocupando el perú los territorios de Guayaquil
y Loja. La Mar fue depuesto por el mariscal
Gamarra, quien tras el Armisticio de Piura
suscribió el citado Tratado de Guayaquil, en
virtud del cual reconoció el uti possidetis de
1810.
5. Falso Protocolo Pedemonte – Mosquera,
pretendidamente firmado por el Perú y la Gran
Colombia en 1830. Este documento, que nunca
fue hallado en ninguna cancillería, estipularía
los límites de ambas repúblicas en el Marañón y
Amazonas, aguas arriba desde la boca del Yurate
hasta el Huancabamba o el Chinchipe, punto en
el que no se habrían puesto de acuerdo.
Remitirse a este documento carece de todo
valor, pues: a) Colombia nunca pudo mostrar el
Tratado o Protocolo original, b) en la fecha se
menciona su firma, el general Mosquera,
suscriptor por la parte colombiana, no estaba en
Lima; c) en igual fecha, Pedemonte, el ministro
peruano que cita como firmante del Protocolo,
estaba enfermo y había sido reemplazado por
Matías León, d) el mismo Mosquera declaró en
1843 que se retiró de Lima sin concluir el
arreglo de límite; e) en la fecha en se habría
firmado el Protocolo, había dejado de existir la
Gran Colombia, emergiendo como república
independiente lo que había sido su distrito del
sur, con el nombre de Ecuador, f) la Asamblea
Nacional reunida en Riobamba en 14 de agosto
del 1830, que acordó la creación de ecuador
como estado independiente, señalo bajo su
comprensión los territorios de Azuay, Guayas y
Quito, no figurando ni Cauca que aunque
perteneciente a la audiencia de Quito siguió
perteneciendo a Colombia, ni Tumbes, Jaén y
Maynas, tácitamente reconocidos como
territorios de la república del Perú.
Creando el estado ecuatoriano, la fijación de
límites con nuestro país dio lugar a los
siguientes hechos:

1. Tratado Novoa – Pando, firmado entre ambas


repúblicas el 12 de julio de 1832. Fue el primer
y único tratado suscrito antes del Protocolo de
Río de Janeiro, en virtud del cual: a) se
reconocieron los límites de entonces, vale decir
la posesión por parte del Perú de Tumbes, Jaén y
Maynas; b) Ecuador desconoció los tratados
firmados con la gran Colombia y c) se
establecieron vínculos de amistad y alianza
entre el Perú y Ecuador.
2. Negociaciones León – Valdivieso, celebradas en
1841. Ecuador manifestó su pretensión de tener
por límites los correspondientes a la Audiencia
de Quito, reclamando a Colombia la posesión de
Cauca y al Perú los territorios de Tumbes, Jaén y
Maynas. Planteado esto por el ministro
ecuatoriano Valdivieso, hallo el contundente
rechazo del ministro peruano Matías León.
3. Negociaciones Charún – Daste, durante el año
1842. El general ecuatoriano Daste reclamó
nuevamente la “devolución” de Tumbes, Jaén y
Maynas, irracional pretensión que al ser
rechazada provocó la ruptura de las
negociaciones. Ecuador inició entonces la
invasión de territorio peruano, lo cual fue
comunicado por el prefecto de Amazonas.
4. Confirmación del Tratado de 1832. Reunidos del
26 de marzo de 1846 el ministro de relaciones
exteriores de ecuador y el encargado de
negocios exteriores del Perú, ratificaron
documentadamente el Tratado de 1832, lo que
fue confirmado por el presidente ecuatoriano
Vicente Ramón Roca.
5. Decreto peruano creando el gobierno de Loreto,
el 10 de marzo de 1853, provocando la absurda
protesta del ministro plenipotenciario de la
república ecuatoriana.
6. Proyecto de ley ecuatoriana sobre navegación
fluvial en el Amazona, presentado el 10 de
noviembre de 1853. Su artículo primero decía a
la letra: “Se declara libre navegación en los ríos
Chichipe, Santiago, Morona, Pastaza, Tigre,
Curacay, Naucana, Napo, Putumayo y demás
ríos ecuatorianos que descienden al Amazonas”.
Tamaño dislate provocó la inmediata protesta
del ministro plenipotenciario del Perú en Quito,
quien apoyó su posición en la real cédula de
1802. Esto a su ves originó la reacción del
ministro ecuatoriano Marcos espinel, quien el 9
de febrero de 1854 declaró que la Real Cédula
de 1802 no tenía fuerza legal, pues “ni se había
cumplido ni debido cumplirse”.
7. Tratado de Mapasingue, firmado el 25 de enero
de 1860 como epílogo de la guerra que enfrentó
a ambas repúblicas. En 1854 la situación
general de ecuador, tanto en su política interna
como en su economía, se tornó muy delicada.
Inglaterra presionaba para el pago de la deuda
contraída por la Gran Colombia. Tómese en
cuenta que al disolverse ésta se acordó que
correspondía a ecuador pagar 21.5% de dicha
deuda (un millón ochocientas mil libras
esterlinas). Ante ello el presidente ecuatoriano
general José Urbina, firmo el convenio Espinel-
Mocatta, en el que se comprometió a saldar
deudas con bonos de aduanas, empresas
industriales y concesiones de tierras en el
oriente amazónico- que no le pertenecía – y en
otras zonas de Ecuador entregaba a Inglaterra
100, 000 “cuadras cuadradas” en la región de
Canelos, a razón de cuatro reales cada una y
1’000,000 de “cuadras cuadradas ”en el río
Zamora, también a cuatro reales cada una,
amén de otras concesiones. Las protestas que
por vía diplomática hizo el gobierno que
presidía el mariscal Ramón Castilla, por la
concesión ecuatoriana de territorios peruanos,
no fueron atendidas, provocándose el conflicto
bélico. Castilla ordenó el bloqueo de los puertos
ecuatorianos y el 17 de noviembre de 1858
tropas peruanas desembarcaron en Guayaquil,
estableciendo su puesto de comando en
Mapasingue. En 1859 el presidente ecuatoriano
general Guillermo Franco quiso que su país
fuese anexado por el Perú, lo que no llegó a
concretarse por la situación de inestabilidad
política, razón por la cual aceptó suscribir con
Castilla el Tratado de Mapasingue, el 25 de
enero 1860, como queda dicho. Este documento
oficial reconoció los derechos peruanos
sustentados con la Real Cédula de 1802, como
también la soberanía del Perú sobre Quijos y
Canelos, anulando las adjudicaciones hechas a
Inglaterra. Al salir del ecuador las victoriosas
tropas de del mariscal Castilla, Guayaquil se
proclamó integrante del Perú, pero esta
voluntad popular fue anulada por la fuerza de
las bayonetas, al movilizarse desde Quito el
ejército de García Moreno.
8. Ley ecuatoriana sobre división territorial,
expedida el 10 de noviembre de 1861, que
consideró como pertenecientes al Ecuador
territorios peruanos situados en Jaén, Napo y
Canelos, hasta el Amazonas y Maynas. Protestó
el canciller peruano José Fabio Melgar y el Perú
impulsó el progreso de Quijos y Canelos.
9. Invasión ecuatoriana en el Napo. Aprovechando
la crítica situación del Perú provocada por la
invasión desatada en 1879 por Chile, y a toda
luz con la anuencia de este país, Ecuador
invadió el Pastaza hasta la boca del Coca en el
Napo. El Perú reclamó sin éxito, conservando la
boca del Aguarico hasta Tiputina.
10. Convenio Arbitral Espinoza- Bonifaz. Ecuador
intentó nuevamente pagar su deuda externa
cediendo territorios que no le pertenecían. Ante
la protesta peruana, suspendió de momento de
toda diligencia respecto a loa territorios de
Canelos, lo que comunicó los acreedores
ingleses. El 10 de agosto de 1887 el ministro de
relaciones exteriores de Ecuador, Modesto
Espinoza, y el ministro plenipotenciario del
perú, Emilio Bonifaz, suscribieron la Convención
Arbitral, sometiendo sus respectivos reclamos al
fallo, definitivo e inapelable, del rey de España.
Esto fue ratificado en Lima el 14 de abril de
1888, por el ministro plenipotenciario de
Ecuador propuso efectuar la delimitación de
acuerdo el Tratado de 1929, surgiendo
irregularidades que el perú no aceptó.
11. Tratado García- Herrera, suscrito el 2 de mayo
de 1890. Fue aprobado por el Congreso de
Ecuador mas no por el Perú, quedando por tanto
invalidado. El rechazo peruano, en octubre de
1891, fue debido a que dicho tratado hacía
concesiones a ecuador permitiéndole acceso al
Amazonas. Hubo violentas reacciones en ambos
países rompiéndose las negociaciones.

12. Convenio Adicional de Arbitraje Perú-


Colombia- Ecuador de 15 de diciembre de 1894.
Fracasado el acuerdo García- Herrera, Colombia
entró a terciar, acordándose una reunión en
Lima de representantes de los tres países,
representando al Perú el doctor Villarán. Esta
convención respetó lo estipulado por la Real
Cédula de 1802 y fue reconocida por los
Congresos de Perú y Colombia, no
pronunciándose el Ecuador. Diez años después,
el 10 de enero de 1904, el Perú retiró su
aprobación.

13. Protocolo Pardo - Aguirre Aparicio. En 1901


fueron advertidas por el Perú las infiltraciones
de Ecuador en dirección al Amazonas. En junio
en 1903 tropas ecuatorianas descendieron por
el Napo hasta Angoteros, siendo rechazadas por
el destacamento de la Policía Fluvial del Perú.
Producida la controversia diplomática, se puso
momentáneo término a la disputa de la
suscripción, el 21 de enero de 1904, del
Protocolo Pardo - Aguirre Aparicio, que acordó
someternos la cuestión a un arbitraje.

14. Protocolo Cornejo - Velarde. Fue firmado el 19


de febrero de 1904, solicitando ambas
repúblicas el arbitraje del rey de España, a
quién solicitó el envío de un comisionado que
estudiase el problema. Estando en proceso las
negociaciones, una tropa ecuatoriana de 70
hombres, al mando de Carlos A. Rivadeneira, se
infiltró en territorio peruano, atacando a la
guarnición de Torres Causano, situada 32 Km. al
sur de la divisoria Aguarico- Napo. La tropa
peruana, compuesta por 23 efectivos
comandados por el mayor Juan Chávez Valdivia,
obtuvo allí una contundente victoria, eliminando
a más de un tercio de los atacantes, entre ellos
a su jefe. En esta acción el Perú lamentó las
bajas del cabo Pantoja, del cabo Castillo y del
soldado Tarazona, valientes defensores de
Torres Causano. Ambas partes firmaron un
pacto el 22 de octubre del mismo año, cesando
momentáneamente el enfrentamiento.

15. Modus vivendi sobre el Napo. En enero de


1905 arribó a Guayaquil don Ramón Menéndez
Pidal, personalidad de reconocido prestigio
internacional que el rey de España tuvo a bien
designar como real árbitro del problema
limítrofe peruano- ecuatoriano. Hasta que se
diera el fallo, Ecuador debía retirar su
guarnición militar de Aguarico hasta Quito y el
Perú la de Torres Causano hasta Iquitos. Ecuador
empezó a objetar el arbitraje y pretendió que se
tomara en consideración el fallido Tratado
García- Herrera, motivando el lógico rechazo del
Perú Tras varias negociaciones, el 17 de enero
de 1910 el representante ecuatoriano Julio
Aguirre propuso que plenipotenciarios de los
países litigantes adoptaran una cuerdo en
Madrid antes de someterse al arbitraje.
Ecuador, por presión de su presidente el general
Alfaro, prosiguió invariable en sus pretensiones,
provocando el rechazo del ministro peruano
Leguía y Martínez.
16. Proceso arbitral en Madrid. En 1910, ante la
insistencia ecuatoriana sobre la posesión de
Tumbes, Jaén y Maynas, el representante
peruano Osma y Cornejo adujo de manera
consistente que no se trataba de una cuestión
de soberanía sino de límites. El árbitro español,
como no podía ser de otra manera, determinó
que Tumbes, Jaén y Maynas eran peruanos, y
que estaban bajo la soberanía de la república
del Perú al nacer en 1830 la república de
Ecuador, no cabiendo otro asunto que fijar los
límites. Ecuador se negó a acatar este fallo,
produciéndose un causus belli que con mucho
esfuerzo fue contenido al mediar Argentina,
Brasil y los Estados Unidos de Norteamérica,
inhibiéndose el árbitro Español de toda
participación posterior.

17. Posición colombiana. En virtud del Tratado


Salomón- Lozano, firmado el 24 de marzo de
1922, el Perú cedió territorio a Colombia, que al
reconocer sus fronteras con el Ecuador y con
Perú, en buena cuenta aprobó los argumentos
peruanos.

18. Protocolo Castro Oyanguren- Ponce. Fue


firmado por representantes del Perú y Ecuador
el 21 de junio de 1924, acordándose la solución
del problema limítrofe por la vía amistosa,
mediante una fórmula mixta que comprendía el
arreglo directo y el arbitraje.

19. Conferencia de Washington. Fue celebrada


entre 1936 y 1937, planteándose que cada país
propusiese concesiones y arreglos en la
frontera, sometiéndose la cuestión a la decisión
arbitral de los Estados Unidos de Norte América.
Lógicamente, la Conferencia fue un fracaso,
porque: a) no estaba en discusión la soberanía
sino la cuestión de límites; b) ésta era sobre
zonas y no sobre provincias o regiones como
pretendía Ecuador con criterio de reivindicación
territorial y c) Ecuador pretendía todo el
territorio que en 1734 había sido posesión de la
audiencia de Quito, desconociendo la Real
Cédula de 1802, el uti possidetis y la libre
determinación de los pueblos.

No vislumbrándose solución al impase secular,


se llegó en 1941al conflicto bélico, cuya
consecuencia fue la suscripción del Protocolo
de Río de Janeiro, único instrumento legal válido
en la actualidad.

EL CONFLICTO DE 1859

El Perú nació a la vida republicana en 1821.


Ecuador lo hizo en 1830, al separase de la Gran
Colombia y constituirse en estado independiente. No
tuvo que transcurrir mucho tiempo para que este país
pequeño y de pocos recursos, que al igual que al Perú a
vivido pendularmente entre la tiranía y la rebeldía,
comenzase a sentir la atracción de la Amazonía,
haciendo gala de grandes pretensiones. En tiempos
pasados no contaba con el poderío militar suficiente
como para apoderarse del territorio peruano mediante
la acción violenta de las armas. En consecuencia, tuvo
que recurrir a otros medios, entre ellos la infiltración
sistemática y la penetración pacífica y encubierta, con
una astuta diplomacia que actuaba en el momento en
que la situación internacional era difícil para el Perú.

En efecto, no obstante haber firmado en 1832 el


Tratado Novoa- Pando, reconociendo al Perú la posesión
indiscutible de Tumbes, Jaén y Maynas, en 1840 Ecuador
reclamó “la fijación perentoria de sus límites
septentrionales y meridionales”, precisamente cuando
el gobierno del mariscal Agustín Gamarra hacía frente a
un grave conflicto con Bolivia.

Pero la clase dirigente ecuatoriana no siempre


actuaría con tino, lo que quedaría plenamente
patenizado en 1859 cuando se le ocurrió adjudicar a sus
acreedores ingleses territorios que pertenecían al Perú.
Fue ese un tremendo desatino, pues no considero que
entonces regía los destinos de la República del Perú el
gran mariscal Ramón Castilla, estadista y patriota y
visionario, que había convertido al Perú en adalid del
progreso en la América del Sur, dotándola de una fuerza
armada poderosa y eficiente para garantizar su
soberanía e integridad territorial. Castilla, que actuó
como un acertado geopolítico, había previsto la
potencial amenaza que constituía Chile, cuya clase
emergente emergía siguiendo los dictados
expansionistas de Diego Portales. Por eso había
advertido proféticamente: “Si Chile compra un barco, el
Perú debe comprara dos; si compra Chile dos, el Perú
debe adquirir cuatro”, entendiendo que no proceder de
esa manera traería la desgracia a nuestro país. Cuánto
de verdad hubo en esas palabras suyas, desatendidas
por quienes lo sucedieron en el poder, que aunque
llevaron títulos de presidentes no supieron proceder
como estadistas y mucho menos como geopolíticos.

Ecuador, decíamos, se atrevió a desafiar a un


coloso, y la reacción de Castilla fue inmediata, certera,
adecuada, en la única forma como debió siempre
actuarse para contener los arrestos de ese país: lo
invadió raudamente, ocupando Guayaquil para avanzar
sobre Quito sin encontrar resistencia. Ecuador tuvo que
rendirse ante una fuerza disciplinada, muy bien
entrenada y suficientemente equipada, reconoció la
Real Cédula de 1802 y firmó el Tratado de Mapasingue.
Los cinco mil hombres que personalmente tuvo bajo su
comando, no tuvieron necesidad para combatir para
ganar esa guerra. Pero Castilla, no obstante ser
consiente de su poderío militar, no supo consolidar el
triunfo y, por el contrario, cometió una serie de yerros
inexplicables. En efecto, no anexó territorio, en este
caso Guayaquil, que había pertenecido al Perú y cuyos
habitantes anhelaban la anexión; luego no impuso el
cupo correspondiente a la indemnización de guerra y,
finalmente, en el colmo de la magnanimidad, dejó como
obsequio para el precario ejército ecuatoriano tres mil
uniformes, tres mil pares de calzado, equipo, armas y
municiones.

En ese primer conflicto armado con Ecuador, el


perú invadió, ocupó territorio y logró una rendición
incondicional del enemigo. Pero no supo sacar provecho
del triunfo, error que dejaría secuelas pues Ecuador
lejos de agradecer el gesto contemporizador de Castilla,
poco tardó en reanudar sus infundadas reclamaciones
territoriales.

LA GUERRA DE 1879

En todo análisis sobre el conflicto limítrofe


peruano- ecuatoriano, no puede dejar de ser
mencionado el accionar de Chile, cuya clase dirigente
supo aprovechar en el momento preciso las
contradicciones internas y la corrupción que
desgraciaron al Perú.

Si Castilla supo colocar al Perú en el poderío


militar más alto de la historia, comparado con los de sus
vecinos sudamericanos, quienes le sucedieron en la
presidencia no tardaron ni veinte años en traer por
tierra dicha obra. Improvisados estadistas y corruptos
políticos, enfrascados en una continua lucha por el
poder, administrando el Perú como un gran latifundio,
terminaron llevándolo a la bancarrota económica, cuya
consecuencia fue el mayor descrédito del país a nivel
internacional. Por su nefasta actuación sobresalen José
Balta y Manuel Pardo, este último verdadero sepulturero
del Perú por su carencia de visión geopolítica, al punto
que tuvo frases que sólo pueden recordadas como
testimonio de la supina ignorancia e imprevisión, como
que nos precipitó a la más dolorosa tragedia
republicana. Al observársele que estaba desmovilizando
al ejército, lo que peligroso, y que el afán
expansionista chileno hacía necesaria la compra de
blindados(acorazados) para hacer frente a su potencial
amenaza, Pardo contestó impávido “ No necesitamos
comprar blindados, pues nuestros dos mejores
blindados son Argentina y Chile” . Se refería al
famoso tratado “secreto” de alianza con esos dos
países, finalmente sólo concretando con Bolivia, que,
como se sabe, aportó ni la más mísera chalupa para
defender su mar incumpliendo el pacto de alianza
cuando el Perú más la requería.

Todos conocemos lo que fue la infausta guerra del


guano y del salitre, ante cuyo recuerdo nos asaltan
reacciones encontradas, entre ellas la vergüenza y la
rabia, sobre todo cuando advertimos que se dio
entonces un entendimiento entre Chile y Ecuador en
contra del Perú.
El desastre en el frente sur, donde Bolivia
defeccionó, y las terribles derrotas en San Juan y
Miraflores, fue responsabilidad de un político nefasto,
sospechoso de haber actuado como instrumento
consciente e inconsciente de los intereses de Chile.
Nos referimos a Nicolás de Piérola, el invertebrado
conspirador, cabecilla de varias revueltas fallidas en el
período que precedió a la guerra de 1879, siempre
asilado por los gobernantes chilenos quienes
auspiciaron en todo momento sus aventuras, Piérola,
que se fijo la disyuntiva el poder o la locura, asaltó la
presidencia nada más que unos días después de la
victoria de Tarapacá, aprovechando el desdichado viaje
del presidente Prado al extranjero. Y se convirtió en
dictador, empezando por dividir el ejercito del sur, con
lo cual facilitó la victoria chilena en ese frente; para
luego “preparar ” la defensa de Lima, sacando de los
puesto de mando a los militares de profesión para
sustituirlos por improvisados “coroneles” que reclutó
entre sus adláteres. Resultó lógico de esto fueron las
desgraciadas jornadas de enero de 1881 y la retirado de
Piérola a la sierra, desmovilizando al ejército. Su
propósito de rendirse para firmar un tratado
entreguista con Chile fue entonces obstaculizando por
la reacción patriota desatada en la cordillera andina. El
joven general Andrés Avelino Cáceres, entiendo que “el
espacio presupone al poder “ fue quien enarboló allí la
bandera de la resistencia liderando esa epopeya sin par
que la historia ha inmortalizado llamándola Campaña de
La Breña.
Contra lo que había supuesto Piérola, esa heroica
resistencia, protagonizada por una selecta elite de
militares y profesionales, apoyado por una
enfervorizada masa campesina, obligó a los chilenos a
evacuar las posiciones de sierra, replegándose a sus
acantonamientos en la costa. Y la guerra se prolongó
más allá de lo que habían supuesto. Piérola tardó poco
en desnudar su protervas intenciones y al saberse que
negociaba con los chilenos fue depuesto por el ejército
de Cáceres, que con el parecer favorable de los pueblos
del Centro proclamó a éste como jefe supremo de la
república.

Desdichadamente para el Perú, Cáceres, queriendo


dar a entender lo lejano que estaba de toda ambición
política, no aceptó ese título, proponiendo más bien la
conformación de una Junta de Gobierno en la que
estuviesen representadas las distintas facciones
políticas, a los afectos de impulsar la unidad nacional
que en ese decisivo trance era un imperativo. Sus
razones no fueron atendidas y prosiguió la anarquía.

Cáceres reconoció como mandatario al inefable


Montero, otro gran error suyo, en tanto que los
chilenos, de acuerdo con Piérola, inventaban para el
Perú un presidente “regenerador ”, titulan que recayó en
Manuel Iglesias. Así, contra los combatientes de La
Breña actuaron en inicua alianza Chilenos y Peruanos
traidores.
Sin armas, sin equipo, sin apoyo del gobernante al
que en mala hora había reconocido, Cáceres obtuvo las
brillantes victorias de Marcavalle, Pucará y Concepción.
Mas cuando éstas perecían revertir el decurso de la
guerra, Iglesias lanzó su célebre Grito de Montán, que
fue el inicio oficial de su accionar entreguista.
Sobrevendría luego Huamachuco, hecatombe de dolor y
de gloria, y poco después la firma del tratado
entreguista en Ancón, saludado por Piérola como de
conveniencia para los interese del Perú. Acto seguido
defeccionó Montero en Arequipa y Bolivia pactó la paz
con Chile, sucesión de hechos fatídicos que obligaron a
Cáceres a reconocer lo de ancón como “un hecho
consumado”.

Pero para ser veraces debemos decir que en la


mente del conductor patriota estuvo siempre latente la
idea de recuperar lo perdido y cautivo, esto es
Tarapacá, Tacna y Arica. Tal fue su ideal cuando entre
1886 y 1890 presidió el gobierno de reconstrucción
nacional, sentando los cimientos de la difícil
recuperación. Y el mismo ideal lo impulsó a presidir un
nuevo período gubernamental en 1894, precisamente
cuando se cumplían los diez años estipulados en el
Tratado de Ancón como plazo para celebrar un plebiscito
que definiese la situación de las provincias cautivas.
Cáceres estaba dispuesto a reclamar el cumplimiento
del tratado cuando ocurrió - como no podía ser de otra
manera – una nueva sublevación de Piérola, quien con
apoyo pecuniario de los chilenos y de la oligarquía
peruana movió montoneras de Arequipa a lima,
sucediéndose aquí algunos enfrentamientos. Asqueado
ante tanta vileza y por impedir que se derramase más
sangre de peruanos, Cáceres salió entonces del país,
perdiéndose así toda esperanza de reivindicación.
Piérola trasformado en presidente inició lo que la
historia ha llamado la república oligárquica y por
supuesto no hizo el menor reclamo a Chile. Su sucesor,
López de la Romaña, so capa de captar recurso
pecuniarios para la adquisición de armamentos, decretó
un impuesto a la sal; pero su ministro de hacienda el
pierolista Mariano Belaúnde dispuso de estos fondos en
provecho propio, en un episodio más de esta historia de
la infamia. Con tal apoyo Chile se negó a cumplir lo
estipulado en Ancón y fue necesario la intervención
norteamericana para recién en 1929 suscribirse el
tratado de paz, por el cual el Perú perdió
definitivamente los territorios de Arica y Tarapacá.

Fiel a su política artera, Ecuador aprovechó toda


situación precaria del perú para proseguir su silente
invasión, posesionándose paulatinamente de territorios
peruanos.

EL CONFLICTO DE 1941

El Perú tardó mucho en reponerse de la terrible


tragedia que fue la guerra con Chile. Su debilidad
manifiesta y la corrupción de su clase política fueron
causas suficientes para que en las primeras décadas del
presente siglo acordase concesiones territoriales a
Brasil, Bolivia y Colombia, doblegándose también ante
Chile. Principal propulsor del entreguismo fue el
dictador Augusto B. Leguía, representante en el Perú de
los intereses del imperialismo norteamericano.

Ese corrupto tirano fue derrocado en 1930 por el


comandante Sánchez Cerro, quien con esa decisión
buscó evitar a toda costa la eternización de un
mandatario émulo de Piérola que por sus poderes
omnímodos pudiese convertirse en generalísimo de la
fuerza armada, sobre todo en tiempo tan convulso pues
era entonces tirantes las relaciones con Colombia.

Prioritario afán de Sánchez Cerro fue el


fortalecimiento de la Fuerza Armada, a los efectos de
que pudiese cumplir a cabalidad su rol de defensa de la
soberanía nacional y la integridad territorial. Quiso
plasmar ese objetivo en la ley de leyes y convocó a la
Asamblea Constituyente que en 1933 dio vida a una
nueva Constitución, en la que fueron perfectamente
fijadas las atribuciones y los fueros de la Fuerza
Armada, parcialmente en los siguientes acápites:

Artículo 213. - La finalidad de la Fuerza Armada es


asegurar los derechos de la república, el cumplimiento
de la Constitución y de las leyes y la conservación del
orden público.
Artículo 153. - El presidente de la república no
puede mandar personalmente a la Fuerza Armada, sin
permiso del Congreso. En caso de mandarla, sólo tendrá
las atribuciones de Comandante en Jefe, sujeto a las
leyes y reglamentos militares y será responsable
conforme a ellos.

Puede de ello inferirse que había nacido aún la no


deliberancia de la Fuerza Armada que hoy conocemos.
Y más adelante veremos la progresión comparando lo
citado con los artículos relacionables consignados en la
Constitución de 1979.

Ese mismo año de 1933 el presidente Sánchez Cerro


decidió la recuperación de Leticia, que años antes
cediera a Colombia el defenestrado Leguía. Una
columna de loretanos había ocupado Leticia en reacción
de puro patriotismo y la Fuerza Armada fue puesta en
alerta de guerra. Sánchez cerro dispuso la adquisición
del armamento y equipo militar que fuera descuidado
por la dictadura, motivando con su accionar el fervor
patriótico desbordante. El 30 de abril se reunió en el
Hipódromo de Santa Beatriz (hoy Campo de Marte) la
más grande concentración de movilizables jamás vista
en el Perú, todos dispuestos a marchar al frente de
batalla en defensa de las justa reinvindicaciones
territoriales de la patria. Y allí se presento Sánchez
Cerro para pasar revista a las tropas. Era un momento
crítico y sucedió lo impredecible. El presidente fue
arteramente asesinado por un sujeto llamado Abelardo
Mendoza, de filiación aprista. Nunca se llegaría a
revelar quienes impulsaron las manos del asesino, pero
por simple lógica puede deducirse que se movieron
intereses que iban más allá del fanatismo partidario.
Los sucesos posteriores sirven para apoyar este aserto.

Se hizo cargo del mando el mariscal Oscar R.


Benavides, cuyo embajador en Colombia, el señor
Belaunde, acordó la sesión definitiva de Leticia a
Colombia, que de esta manera seguro su acceso al
Amazonas, controlando prácticamente el paso del Perú a
Brasil por ese río.

Y ya no hubo guerra, pero el armamento


gestionado por Sánchez Cerro siguió llegando, de modo
que la Fuerza Armada mejoró ostensiblemente su
capacidad defensiva y ofensiva. Tal era la situación
cuando en 1941 el gobierno presidido por el doctor
Manuel prado Ugarteche, debió afrontar el conflicto con
el ecuador.

Sucedió que tras 82 años de relativa calma,


Ecuador desató la agresión inopinadamente. El 7 julio
de 1941, nuestro país de vio conmovido al difundirse un
comunicado del ministerio de relaciones exteriores que
decía a la letra:

“Informaciones oficiales recibidas dan a conocer


que las tropas ecuatorianas acantonadas en la provincia
de El Oro, atacaron simultáneamente los puestos
peruanos de Aguas verdes, Las Palmas y Lechugal, el
día 5 de julio a las 10:00; nuestras fuerzas a cargo de
esos puestos, rechazaron a los ecuatorianos”.

Otro comunicado oficial, expedido el 11 de julio,


informó lo siguiente:

“El día 10 de julio a las 09: 00 horas, fuerzas


ecuatorianas de las guarniciones González Suárez en el
río tigre, atacaron a las guarniciones peruana de
Bartra”. Ese ataque fue rechazado, como también otro
en el Pastaza.

Los ataques ecuatorianos se generalizaron en todo


el frente de Zarumilla, lo que puso en evidencia la
preparación de Ecuador para la guerra. Ante ello, la
reacción peruana no se hizo esperar. A pesar de la
sorpresa, la concentración de fuerzas fue rápida,
constituyéndose para esta emergencia el Comando del
Agrupamiento del Norte, que fue asumido por el general
Eloy G. Ureta.

La batalla de Zarumilla se libró desde las 07:30 del


23 de julio. Ese mismo día fueron expulsadas de
territorio peruano las tropas ecuatorianas iniciándose el
24 la conquista del territorio enemigo. Fue imparable el
avance peruano, los días 25,26,27 y 28 de julio,
ocupándose la provincia El Oro. La ofensiva peruana se
detuvo el 31 de julio, al recibirse la orden de alto al
fuego. Pero Ecuador no respetó el cese de hostilidades
acordado entre ambas partes ese día, y traidoramente
tendió emboscadas en Zapotillo, Chinchipe, Porotillo y
Panupali, causando bajas a las patrullas peruanas.

En el Nor- Oriente se obtuvo también la victoria,


durando la ofensiva del 31 de julio al 14 de agosto,
culminando la campaña con la suscripción del Acuerdo
de Talara, el 2 de octubre.

En esta guerra, la Fuerza Aérea Peruana tuvo su


bautizo de fuego, y con marcado éxito. Su empleo fue
eficiente y productivo, decisivo para obtener el triunfo,
protagonizando acciones sobresalientes el alférez Renán
Elías y el teniente José Abelardo Quiñones, quienes se
inmolaron heroicamente. Dos preciosas vidas y dos
aviones fueron el costo de una espléndida victoria.

El objetivo militar fue totalmente alcanzado,


derrotándose al enemigo de manera indiscutible. Pero
inexplicablemente el Perú accedió a negociar con la
presencia en calidad de gerentes de representantes
diplomáticos de Argentina, Brasil y lo Estados Unidos de
Norteamérica; y para el colmo, Chile logró también
dicho status. El Perú no debió permitir la presencia de
Chile, habida cuenta de su velada y abierta alianza con
Ecuador. Pero ése fue sólo el primer error. El presidente
Prado no debió ordenar la desocupación de la provincia
definitiva de la frontera. El presidente Pardo debió
cobrar la indemnización de guerra – derecho del
vencedor – para cubrir los ingentes gastos que tuvo que
hacer frente a una agresión no provocada. En
conclusión, la acción política estuvo lejos de consolidar
el triunfo obtenido en los campos de batalla. El objetivo
estratégico se alcanzó, mas no así el objetivo político.

Con ese marco, el 29 de enero de 1942


representantes del Perú y Ecuador suscribieron en Río
de Janeiro el Protocolo de Paz, Amista y Limites entre
ambos países. A decir verdad, este acuerdo no fue para
el Perú lo favorable que debió ser considerando su
aplastante victoria militar. Y no cabe duda de que el
gobierno peruano actuó bajo presión del secretario de
estado norteamericano y el canciller Aranha de Brasil,
cuando se efectuaba la Tercera reunión de Consulta de
los ministros de relaciones exteriores de las repúblicas
americanas, debatiéndose los grandes problemas de
solidaridad y defensa continental, puestos en el tapete
a raíz de la segunda guerra mundial que entonces se
desarrollaba.

El artículo segundo del Protocolo prescribió la


desocupación por parte del perú de la provincia de El
Oro en un plazo de quince días, trasladando sus fuerzas
a la nueva línea de demarcación señalada en el artículo
octavo. Esto fue escrupulosamente acatado,
culminándose la desocupación el 11 de febrero.

El Protocolo fue ratificado por los Congresos del


Perú y Ecuador comisionándose al capitán brasileño
Bras Días de Aguilar para que previo estudio de la
región fijara la definitiva frontera.

En aras de la paz, según se arguyó, y – bueno es


siempre recalcarlo- pese a la victoria militar, el
gobierno de Prado cedió a Ecuador aproximadamente
120,000 kilómetros, entre ellos los de la región de
Sucumbios que Colombia había entregado al Perú en
compensación por Leticia.

¿Fue pura casualidad que la región de Sucumbios


atesorase la riqueza petrolera que hoy sustenta de la
Fuerza Armada Ecuatoriana? ¿Qué papel tuvieron en
este negocio las compañías petroleras
angloamericanas?

Pero al fin, con el Protocolo de Río de Janeiro se


consideró zanjado el problema limítrofe con el ecuador y
si esto era así, podía caber impulso la “justificación” al
sacrificio de la integridad territorial pese al triunfo de
la campaña militar. La paz se creyó definitiva y las
pocas voces discordantes fueron pronto acalladas.

En 1941 con Prado, como en 1859 con Castilla, el


perú había cumplido a cabalidad los axiomas de guerra
planteados por Clawsevitz: destruir al enemigo o
quitarle la voluntad de combatir. El soldado peruano
demostró una vez más su valor y su heroísmo y se
patentizó con meridiana claridad que sólo una Fuerza
Armada poderosa y bien comandada podía alcanzar la
victoria. Pero en 1941 como en 1859, el poder político
no estuvo a la altura de su Fuerza Armada y renunció a
sus justos derechos de vencedor. Las consecuencias
negativas de este indebido manejo pronto habrían de
palparse.
FALSO PAQUISHA

No fueron necesarios 82 años, como los que


transcurrieron entre Mapasingue y Zarumilla, sino sólo
cuarenta desde el Protocolo de Río de Janeiro, para que
Ecuador azuzarse un nuevo casus belli, desconociendo
sin lo que firmara tras su derrota militar.

Esos cuarenta años no fueron de absoluta paz


entre ambos países, pues Ecuador provocó varios
incidentes, sí bien no relevantes.

Luego de la suscripción del Protocolo de Río de


Janeiro, se procedió a la demarcación de la línea
fronteriza, tarea que estuvo a cargo de una Comisión
Mixta Peruano - Ecuatoriana. Pero cuando sólo faltaban
demarcar 78 kilómetros en la Cordillera del Cóndor,
Ecuador se rebeló contra la decisión arbitral de Braz
Dias de Aguilar, argumentando la no- existencia del
divortium aquarum entre los ríos Zamora y Santiago.
Esto frustró la materialización con hitos de ese tramo de
la línea fronteriza, reabriéndose la discusión. De allí en
adelante, esa argumentación ecuatoriana se ha repetido
de manera constante, inclusive hasta el presente.
El presidente ecuatoriano Galo Plaza, poco antes
de culminar su mandato (1948-1952), proclamó la
vigencia del principal objetivo nacional de su país,
declarando: “Que el ecuador no aceptará una
frontera que no reconozca a sus inalineables
derechos amazónicos y le proporcione una salida
soberana al Marañón”.

Otro presidente ecuatoriano, Camilo Ponce (1956-


1960), poco antes de abandonar el poder insinuó la
“inejecutabilidad del Protocolo de Río de Janeiro ”. Su
sucesor, el inefable Velasco Ibarra, en su primer
mensaje ante el Congreso ecuatoriano emitió un
pronunciamiento mucho más audaz, al declarar que el
Protocolo de Río de Janeiro era “ nulo”. Esta radical
declaración fue confirmada por el canciller ecuatoriano
José Chiroga, en setiembre de 1960, estando de visita
en Bogotá, al soltar la pintoresca pero peligrosa
afirmación de que “ el tratado es nulo de nulidad
absoluta ”. El siguiente paso en este sentido le dio el 22
de octubre del mismo año, al comunicar a los países
garantes que el Protocolo había roto todo principio de
derecho internacional. El gobierno peruano no actuó
con el rigor que requería la circunstancia, trabándose
más bien en un inútil intercambio de notas
diplomáticas, sin adoptar ninguna decisión de tipo
militar. La ingenua bondad de Castilla, la complacencia
y “fraternidad” de Prado, hallaban en ello correlato, sin
que se previera las graves implicancias que generarían
en el futuro.
Los gobiernos que sucedieron, en la seguridad del
superior poderío bélico del Perú con respecto de
Ecuador, y considerando suficientemente válida la razón
del derecho, permanecieron indiferentes ante las
balandronadas de los dirigentes ecuatoriano, y, para no
decirlo de otra manera, hasta se “acostumbraron” a la
cantaleta de las pretensiones amazónicas, en tanto que
en Ecuador estas alcanzaban consenso nacional,
hábilmente manejadas por el tropicalismo político.

Pero en 1968 un hecho crucial ocurrió en el Perú.


La Fuerza Armada, comandada por el general Juan
Velasco, asumió el poder deponiendo al gobierno
entreguista de Fernando Belaunde. Insurgió en defensa
del petróleo, recurso energético de interés nacional,
cuya posición se proyectaba perpetuar en beneficio de
la Internacional Petroleum Company, transnacional que
en el conflicto de 1941 había abastecido con petróleo
peruano a la Fuerza Armada del ecuador, convirtiendo
Talara en un enclave semicolonial de los Estados Unidos
de Norteamérica en el Perú.

El general Velasco Alvarado, patriota a carta cabal


y conocedor- como brillante soldado que era- que un
país, para hacer respetar sus derechos, requería de una
Fuerza Armada poderosa y bien entrenada, puso
afanes en dotarlas de los requerimientos modernos,
adquiriendo el armamento que le era indispensable y
elevado con la adecuada profesionalización la moral del
militar. Nunca desde los tiempos de Castilla, el Perú
había sido tan poderoso y respetado, cimentándose el
orgullo nacionalista.

En el pensamiento de Velasco Alvarado estuvo


presente el hecho de que en 1979 se cumpliría el
centenario de la infausta guerra del guano y del salitre
y el cincuentenario del Tratado de Lima que Chile
incumplía reiteradamente. De manera inconsulta y no
respetando lo estipulado en ese tratado, el gobierno
chileno propuso por entonces una salida al mar a Bolivia
por territorio que había sido antes peruano. La protesta
peruana fue inmediata y poco faltó para que se llegara
al casus belli, inclinándose esta vez Chile por el temor
que le provocó el resurgimiento de la Fuerza Armada
del perú. Pero al general Velasco Alvarado no se le
permitiría ser el conductor del país en 1979. Intereses
de la oligarquía peruana y de las transnacionales
afectadas por su política nacionalista, determinaron su
caída cuatro años antes, remplazándolo en el poder el
general Juan Morales Bermúdez. Chile saludó con
beneplácito la deposición del general Velasco Alvarado,
pues no sólo se produjo el cambio de personas sino
también- y fundamentalmente- un viraje político total.

Morales Bermúdez heredó una Fuerza Armada


adecuadamente equipada para garantizar la soberanía e
integridad territorial del Perú. Pero el suyo sólo fue un
gobierno de transición, destinado a restaurar el poder a
la oligarquía. Convocó así a elecciones generales, pero
antes auspició la reunión del Congreso Constituyente
autor de la Constitución de 1979, un verdadero parto de
los montes, por lo menos en los capítulos referidos a la
defensa Nacional, cuya expresa finalidad fue mermar los
fueros de la Fuerza armada.

Expliquémonos. El artículo 272 de la Constitución


de 1979 dice a la letra: “ El Presidente de la República
es el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y de las
Fuerzas Policiales. Dirige el Sistema de Defensa
Nacional”. Entiéndase: El presidente es el Generalísimo
Jefe de la fuerza armada y la comanda directamente.
Poder omnímodo similar al que se atribuyó de por sí al
dictador Nicolás de Piérola, con las nefastas
consecuencias que la historia registra, por que creyó
que no había problemas en pasar de mandatario a
estratega. Poder omnímodo que la Constitución de 1933
había anulado, como que fue orientada por inteligentes
asesores, el principal de ellos José Luis Bustamante y
Rivero, un auténtico demócrata.

El artículo 275 de la constitución de 1979 expresa


literalmente: “Las Fuerzas Armadas están constituidas
por el ejército, Marina y fuerza Aérea. Tiene como
finalidad garantizar la independencia, soberanía e
integridad territorial de la república. Asume el control y
orden e integridad en situación de emergencia, de
conformidad con el Art. 231” . Una lectura atenta de
estas líneas nos indica que la Fuerza armada ya no
controla el cumplimiento de las leyes y con la
Constitución, con lo cual los gobiernos pueden hacer
leyes y con la constitución lo que venga en gana. Se
anuló así lo que estipulaba la Constitución de1933, en
el sentido que era atribución de Fuerza Armada
preservar el cumplimiento de la Constitución y de las
leyes.

Y el artículo 278 de la Constitución de 1979


fue redactado en los siguientes términos”: Las Fuerzas
Armadas y Las Fuerzas Policiales no son deliberantes,
Están subordinadas al poder constitucional “. Esto
resulta en verdad aberrante, Cierto que la Fuerza
Armada debe estar subordinada al poder constitucional.
Pero es absurdo anularle la facultad de deliberar, sobre
todo considerando que deliberar- según el Diccionario
de la Real Academia – es pensar, opinar, sugerir. Luego
la fuerza Armada no piensa, no opina, no sugiere, ni
siquiera en aquello que es de su competencia, la
Defensa Nacional.

Con el marco de esta Constitución fue


restaurado en el poder, Fernando Belaunde, heredero de
una Fuerza Armada aún poderosa, pero que empezó a
descuidar por no sentirse identificado con ella.

Así las cosas, el 22 de agosto de 1981 el Perú


fue informado de que tropas ecuatorianas habían
invadido nuestro territorio, asentándose entre Comaina
y el Puesto de vigilancia N° 3, posición que Jaime
Roldós, presidente del Ecuador, se apresuro a
denominar Paquisha, nombre éste de una población
ecuatoriana situada a otro lado de la frontera. En
inusual acierto, el presidente del Perú habló entonces
de FALSO Paquisha, desde donde se había atacado a un
helicóptero peruano que sobrevolaba territorio propio.
Pero ya Ecuador había difundido la noticia a su manera,
acusando al Perú de agresión armada contra una
posición que infundadamente reclamó como suya.

Comandaba el Ejercito del Perú el general


Rafael Hoyos Rubio, oficial decidido y disciplinado
soldado, empeñoso sin ser brillante. Fue él quien, por
orden presidencial, asumió la misión de dirigir las
operaciones para recuperar territorio invadido. Se llevó
a cabo la movilización general de la Fuerza Armada,
dando a entender que además de recuperar el territorio
invadido se invadiría territorio ecuatoriano. Se hablo de
tomar Loja como prenda para obligar a Ecuador el
cumplimiento cabal del Protocolo de Río de Janeiro, con
la fijación definitiva de la frontera en la Cordillera del
Cóndor. Para ello el Perú tenía aún la suficiente
capacidad bélica y un comandante general empeñoso,
de manera que se concibieron esperanzadoras
expectativas.

Falso Paquisha fue recuperado el 30 de enero,


prosiguiendo las tropas peruanas su progresión. Pero el
2 de enero el presidente Belaunde ordenó “ni un
milímetro más en territorio ecuatoriano”. En vano se
había movilizado a toda la Fuerza Armada, a un costo de
trescientos millones de dólares. Y quedamos en lo
mismo Ecuador, tras replegar sus tropas al otro lado de
la Cordillera del Cóndor, se consiguió que se abrieran
una vez más las acostumbradas negociaciones. Se llegó
al absurdo tratado del vencido tratado de imponer
condiciones para retirar sus fuerzas, cuando de acuerdo
a los usos de la guerra al vencido no le queda otro
camino que aceptar las condiciones del vencedor.

La rápida reacción de Fuerza Armada y la


Consecución de una fase de su objetivo estratégico
pudo lograrse merced a la capacidad y entrenamiento
de sus componentes. El ejército vencedor en Falso
Paquisha mantenía aún el poderío logrado con Velasco
Alvarado. EL gran despliegue estratégico a un alto
costo, sólo hubiese hallado justificación si se invadía
territorio enemigo, tomándole prenda para imponer la
demarcación de la frontera en los 78 kilómetros
pendientes. Conseguido el objetivo militar, ése tenía
que haber sido el objetivo político. En consecuencia, la
orden de detenerse en la frontera fue un gravísimo
error sin precedentes. No se había actuado así en 1859
con Castilla ni en 1941 con Pardo, aunque esta última
vez el general Ureta fue urgido a detenerse, pero
considerando que la seguridad nacional estaba por
encima de los titubeos de gobernantes timoratos,
prosiguió su ofensiva hasta alcanzar al éxito sacando
provecho respaldada por la Constitución de 1933: la
Fuerza Armada todavía no había sido declarada “no
deliberante “ y el presidente no era aún el
comandante supremo investido del mando operativo.
Hoyos en cambio, atacando disciplinadamente lo
dispuesto por la Constitución de 1979,tuvo que
detenerse cuando hubiese podido continuar el avance,
pues el plan original firmado por Belaunde constituía
una orden que pudo y debió cumplir hasta el final. Para
un soldado de decisión firme, la coyuntura no hubiese
admitido el retroceso.

Se venció en Falso Paquisha pero Ecuador no pagó


indemnización de guerra. Y al imponer al vencedor
nuevas negociaciones Ecuador se convenció. Y al
imponer al vencedor nuevas negociaciones Ecuador se
convenció de que los dirigentes peruanos carecían de
firmeza, lo cual fue un incentivo para que no renunciase
a sus pretensiones.

Poco tiempo después murió el general Hoyos, en un


extraño accidente aéreo, tras haber desperdiciado la
oportunidad de dar cima al anhelo nacional de zanjar
definitivamente el asunto pendiente con Ecuador.

TRAICION A LA PATRIA

Motivando Ecuador por la complaciente actitud


del gobierno peruano, advirtiendo además del poderío
bélico del Perú, ya no esperó cuarenta años, tiempo
transcurridos desde Zarumilla hasta el Falso Paquisha
sino sólo diez para promover una nueva situación
conflictiva. Así, en 1991 multiplicó los “falsos” ,
creando los puestos fronterizos Falso Teniente Ortiz y
Falso Soldado Monge. En ningún momento había
interrumpido la infiltración en territorio peruano de
manera subrepticia, pero ahora lo hacía de forma
abierta y desafiante. Es que en esa década los
gobernantes peruanos sumieron a la Fuerza Armada en
una peligrosísima postración.

Debió creer el señor Belaunde que Ecuador había


tenido el suficiente escarmiento en Falso Paquisha, lo
que fue un error de apreciación, por decir lo menos. Y
descuidó el equipamiento militar que heredara de
Velasco Alvarado. Sólo eventualmente llegaron
reemplazos y como no existió el adecuado
mantenimiento, el material de guerra entró en
absolescencia. Sólo en la postrera de su gobierno el
señor Belaunde autorizó la adquisición de 24 aviones
Mirage, aceptando el parecer del alto mando militar,
que aconsejo mantener superioridad aérea sobre
Ecuador, condición sine qua non para conservar en
nuestra potencia combativa relativa.

En 1985 la presidencia fue asumida por el señor


Alan García Pérez, líder del partido aprista, quien nada
más que el asumir el mando, en pose teatral y
dramática, autoproclamándose campeón de la paz de
América, anunció la venta de los aviones Mirage que
debía recibir el Perú, reduciendo a la mitad el pedido
inicial. Esto a las claras fue desconocer la apreciación
estratégica del alto mando militar y, aún más, fue poner
en riesgo la propia seguridad nacional, toda vez que era
conocida la carrera armamentista que había emprendido
Ecuador, gracias a los dividendos proporcionados por su
producción petrolera, obsequio que el Perú le diera en
virtud del Protocolo de Río de Janeiro, como hemos ya
explicado.

El presidente García nada le importó la opinión de


alerta lanzada por voceros de la Fuerza Armada, que
calificaron de inconcebible la venta de los Mirage. Al fin
y al cabo, la decisión del Jefe del Sistema de Defensa
Nacional estaba tomada y, por lo demás la Fuerza
Armada había dejado de ser deliberante, no le cabía
opinar. Así lo decía la Constitución vigente.

Signado por la corrupción galopante, ese gobierno


hundió al país en una gravísima crisis económica, con el
consecuente descuido y postergación de la Fuerza
Armada. He aquí una trágica constante en la Historia del
Perú: la poderosa Fuerza Armada que en 1859 forjara el
presidente Castilla fue destruida por sus corruptos
asesores en sólo 20 años, originando la tragedia de
1879. La que reconstruyera Velasco Alvarado también
fue destruida por sus corruptos sucesores, pero esta ves
en sólo 10 años. Al terminar su mandato en 1990, Alan
García dejaba al Perú con la más grande crisis
económica de su historia republicana, superior incluso a
la que debió de afrontar después de la guerra con Chile,
inerme por lo demás para contener con éxito las
ambiciones expansionistas de sus vecinos. Si hoy se
juzga a ese presidente por peculado, enriquecimiento
ilícito y otros delitos, algún día se le habrá de juzgar
por traición a la patria, ya que puso al Perú en
incapacidad de afrontar con éxito - digámoslo de una
vez- las reiteradas pretensiones ecuatorianas. En esa
irresponsabilidad incurrieron los miembros de su
gobierno y también los altos mandos del Sistema de
Defensa Nacional, que no sólo avalaron su gestión sino
que incluso fueron partícipes de la absurda opinión de
que “adquirir armamento era iniciar una carrera
armamentista en la región” , cuando todos sabían que
Ecuador se armaba aceleradamente.

PACTO DE CABALLEROS

En las condiciones ya descritas, en 1990 accedió a


la presidencia de la república el ingeniero Alberto
Fujimori Fujimori. El panorama económico era por demás
nebuloso cuando el 16 de julio de 1991 un contingente
de tropas ecuatorianas se introdujeron subrepticiamente
en territorio peruano, en el tramo Bumbuiza -
Cusumasa, frente al puesto peruano denominado
Pachacútec. Hubo aquí el agravante de que la zona esta
perfectamente demarcada, burlando lo cual y con la
mayor prepotencia imaginable, los ecuatorianos
derribaron el hito N° 51 estableciéndose impunemente
en territorio peruano.

En estricto cumplimiento del resguardo de nuestra


integridad territorial y de la defensa del sagrado suelo
patrio, correspondía a la Fuerza Armada la misión de
expulsar a los invasores. Pero esta vez había una
cartilla de instrucciones, con notoria intromisión de la
diplomacia en el campo militar, que obligaba a
conversar, aún ante hechos de agresión consumada. Era
inaceptable la presencia de tropas extranjeras en
territorio peruano. , era una ofensa imperdonable que
sólo debía reparase con las armas que la patria había
dado a los soldados para su defensa. Pero en vez de
resolverse el incidente en el terreno militar, se traslado
a la mesa de negociaciones, evidente señal de debilidad
por parte del gobierno peruano.

El 26 de agosto el ministro de relaciones exteriores


doctor Torres y Torres lar, hizo conocer que el Perú
había acordado un Pacto de Caballeros con Ecuador,
novísima figura en el campo de los tratados de límites
internacionales, firmado por un país cuyo
comportamiento nunca había sido caballeroso.
Recuérdese que en 1941 no respetó el cese de
hostilidades y tendió arteras emboscadas. Tradición
seguida invariablemente, al punto de derribar un hito
protocolizado para invadir territorio ajeno. ¿Qué hecho
inusual había tenido lugar para hablar de
caballerosidad? ¿Había exceso de ingenuidad o se
trataba de evitar el agravamiento de una situación que
hubiese sido adversa para el Perú dada la notoria
debilidad de su potencial bélico?
Sea como fuere, ese Pacto de Caballeros acordó la
fijación de una zona de seguridad común en los 20
kilómetros intermedios entre los hitos Bumbuiza –
Cusumasa y Yaupi – Santiago, comprometiendo Ecuador
de palabra a restituir el hito derribado.

De esa manera se renunció a la soberanía sobre


territorio inalienablemente peruano y se dio por
descontado que cumpliría su palabra un país que
tradicionalmente siempre la había incumplido. Cabe
aquí interrogarse, ¿se restituyó el hito? ¿Ecuador
respetó la zona de seguridad? ¿Perú llegó a ocupar la
zona de seguridad que le pertenece? Las respuestas
siguen siendo secreto de estado y de esos temas debió
hablarse en Itamaraty. Lo cierto es que fue ese extraño
Pacto de Caballeros el inicio de una nueva forma de
tratar los asuntos limítrofes.

Ese inusual procedimiento, inédito en el derecho


internacional y por lo tanto creación del doctor Torres y
Torres Lara, tuvo además otra connotación. Dio lugar a
que por primera vez en el larguísimo diferendo
sostenido con Ecuador, a causa de su terca y caprichosa
ambición de usurpar territorios ajenos, que el Perú no
repelía con las armas una invasión. Observamos la
progresión de la actitud peruana desde la primera
guerra: a) invasión profunda de territorio enemigo en
1859, con Castilla; b) invasión de mediana profundidad
en 1941, con Prado y Ureta; c) rendición del enemigo y
su expulsión de territorio peruano en 1981, con
Belaunde y Hoyos Rubio y d) pacto de caballeros, sin
expulsión del enemigo infiltrado, 1991.

Ello constituyó un éxito para los ecuatorianos,


vanagloriándose de que por primera vez su diplomacia
había sabido sacar provecho en una situación de un
problema fronterizo allí donde en verdad no se había
admitido antes su existencia y, lo más grave,
presionando para resolver la cuestión fuera del marco
del Protocolo de Río de Janeiro, el cual- para decirlos en
términos vulgares- había sido perforado.

A decir verdad, ignoramos los objetivos políticos


estratégicos de la actual condición gubernativa. Pero la
paz que todos anhelamos no debe obtenerse a cambio
de concesiones territoriales. Esa es la premisa básica e
irrenunciable. La Defensa Nacional tiene hoy una misión
establecida claramente por la Constitución. De allí que
nos asiste la seguridad de que el planeamiento
estratégico debe haber visado la necesidad de poner fin
a los cada vez más seguidos y atrevidos avances
ecuatorianos.

Creemos que por la mente de ningún peruano bien


nacido pasa la idea de ceder un solo milímetro de
nuestro sagrado patrimonio territorial. Por eso
consideramos aparente el retroceso, como parte
necesaria de un plan a mediano plazo, destinado a
finiquitar la cuestión preservando incólumes los interese
de la nación. El gobierno peruano le asiste por ello la
obligación de recuperar y mantener la capacidad
ofensiva de nuestra Fuerza Armada, a los efectos de
ganar la guerra mental mediante el empleo de la
estrategia disuasiva.

ALTO CENEPA

Entre el Pacto de Caballeros y el conflicto del Alto


Cenepa sólo mediaron 4 años. No ya los 82 que
transcurrieron entre Mapasingue y Zarumilla; ni los 40
que mediaron entre Zarumilla y Falso Paquisha; ni los 10
transcurridos entre el falso Paquisha y la destrucción
del hito de Bumbuiza- Cusumasa. Si esta constante
prosigue, tenemos un conflicto ad portas.

Fueron a todas luces difíciles los primeros años de


gobierno del ingeniero Fujimori. La gravísima crisis
económica y la subversión generalizada pudieron ser
factores para que la Fuerza Armada continuase siendo
ignorada en sus apremiantes necesidades.

El 5 de abril de 1992 fue alterado el proceso


democrático, originándose asimismo una serie de
cambios trascendentales en el manejo de la Fuerza
armada. El Servicio de Inteligencia Nacional,
subordinando al Sistema de Inteligencia de la Fuerza
Armada. El sistema pasa a ser manejado directamente
por un representante del presidente de la república.
Se pone fin a la tradición de que el más antiguos
de los generales en actividad acceda a la comandancia
de su instituto, pues el nombramiento pasa a ser
potestad del presidente de la república. Se rompe
también la tradición permitiendo que el comandante
general siga en su puesto definitivamente, no obstante
haber pasado al retiro por límite de edad o por haber
cumplido 35 años como oficial. Sin causa determinada
son pasados al retiro casi todos los espadas de honor.
Igualmente, sin mayores explicaciones, son invitados al
retiro muchos otros oficiales. Queda obsoleta la frase
”antigüedad es clase”, pues los puestos de jefe de
estado mayor, inspector general, etc. No son ocupados
por orden de antigüedad, como se acostumbraba, sino
que se transforman en cargos de confianza, a discreción
del comandante general o de su superior el presidente
de la república. En conclusión, cunde el desconcierto en
la oficialidad de la Fuerza Armada, resquebrajándose la
camaradería. Por ser notorio y evidente, esta realidad
tiene que ser consignada.

Entre el 11 y 17 de enero de 1993, el presidente


Fujimori visita Ecuador y reconoce públicamente la
existencia de un problema fronterizo, lo que creíamos
zanjado por el protocolo de Río de Janeiro. Asiste luego
a la ceremonia de transmisión de mando en ese país y
escucha impávido el discurso del señor Durán Ballén,
nuevo presidente ecuatoriano, quien proclama para su
país una salida soberana al Amazonas; el auditorio,
incluido el presidente peruano, prorrumpe en aplausos,
gesto que es tomado como un reconocimiento a tamaña
pretensión y que es premiado en las calles de Quito con
vítores y flores a su paso. De regreso al Perú el
conmovido mandatario declara: “no compraré tanques
compraré tractores; no compraré, fusiles compraré
palas”.

Fujimori convoca un Congreso Constituyente


Democrático, que aprueba una nueva constitución en
1993, documento que en lo referido a la Defensa
Nacional repite letra por letra lo consignado por la
Constitución de 1979. Ergo, la Fuerza Armada no tiene
injerencia en el cumplimiento de la Constitución y las
leyes; no es deliberante y su comandante en jefe
operativo es el Jefe del Sistema de Defensa Nacional,
que es el presidente de la república.

Poco después se firman en secreto las


Convenciones de Lima, en cumplimiento de las cuales el
Perú abdica de sus derechos en Arica establecidos en el
Tratado de 1929. Complemento de ello a la suscripción
del Acta de Lima, siendo canciller el señor De la Puente
Raygada. Conocido el tenor de esos documentos se
produce la reacción del pueblo tacneño luego la del
todo el pueblo peruano, lo que motiva la reversión del
patricidio, con gran disgusto de los chilenos.

Ese proceso fue puntualmente seguido por ecuador


de que si el Perú aceptaba modificar los términos del
Tratado con chile, aceptase hacer lo mismo con el
Protocolo de río de Janeiro. Aunque todos sabemos que
los tratados internacionales de límites y servidumbres
tienen carácter de 2irreversibles2, el gobierno de
Fujimori hubiera trastocado este axioma de no
habérselo impedido el pueblo peruano.

Es difícil entender las mentalidades de quienes hoy


tiene las riendas del poder en el perú. Repárese que al
arreciar las protestas contra las Convenciones de Lima,
un parlamentario del oficialismo declaró: “Estos
reclamos son nacionalismo trasnochados, lo importante
es hacer buenos negocios”. Chile en efecto, había
iniciado ya un agresivo programa de inversiones en el
Perú, adquiriendo empresas en diversos ramos, hecho
sin precedentes. Recuérdese también que al desatarse
la fiebre de las privatizaciones, un ministro peruano,
consultado sobre si sería posible vender Petroperú a
Ecuador, declaró sin titubeos: El Perú está en venta; si
Ecuador puede pagar el precio de Petroperú, se le
vende”

Difícil, repetimos entender esas mentalidades,


sobre todo cuando cada cierto tiempo las agencias de
noticias internacionales informan que Ecuador prosigue
e incrementa su carrera armamentista, compra aviones
Kfir en Israel y cuenta con instructores de ese país, en
tanto que Chile continúa la modernización de sus
fuerzas blindadas, manteniendo permanente una misión
militar en Ecuador. Preguntémonos, ¿ en contra de qué
país se realizan tales aprestos de guerra?

Como si todo ello careciera de importancia, en el


Congreso del perú se habla de reformas en la Fuerza
Armada, empleándose la terminología propia del
neoliberalismo, hablándose de que estamos en una
“aldea global” y que existe la necesidad de que la
Fuerza Armada sea sometida a un proceso de
“reingenieria”, teniendo por meta la “calidad total”, lo
que pasa por reducir su presupuesto y sus efectivos.

Con ministros y generales afirmando que “las


guerras son cosas del pasado”, con aparente clima de
confianza y tranquilidad con cambios y reformas en la
Fuerza Armada, con una reiterada negativa a adquirir
equipo y armamento disuasivo por que ya “no eran
necesarios”, se dio la nueva agresión ecuatoriana en
1995. Cronológicamente, sigamos paso a paso lo que ha
sido el más reciente conflicto:

9 al 11 de enero .- Fuerzas ecuatorianas atacan a


patrullas peruanas en la Cueva de los Tayos.

24 de enero .- El presidente ecuatoriano convoca a


los embajadores de los países garantes; por primera vez
reconoce dicha denominación en vez de los “países
amigos” que hasta entonces había empleado.
26 de enero.- Un helicóptero ecuatoriano
irrumpe en el espacio aéreo peruano atacando un
puesto de vigilancia situado a cuatro kilómetros de la
frontera.

27 de enero .- Un comunicado del comando


conjunto anuncia que tropas peruanas han recuperado
la Cueva de los Tayos.

28 de enero .- El gobierno ecuatoriano demanda


la injerencia de la Organización de los Estados
Americanos y del consejo de seguridad de las Naciones
Unidas. Ambos organismos responden que los
mecanismos para el entendimiento deben buscarse en
el Protocolo de Río de Janeiro.

29 de enero.- Prosiguen los enfrentamientos.


Tropas ecuatorianas infiltrados en Tiwinza derriban un
helicóptero peruano con cinco tripulantes.

30 de enero.- En ofensiva peruana son


desarticuladas tropas ecuatorianas que ocupaban la
Cueva de los Tayos y otras bases dentro de nuestro
territorio.

30 de enero .- Los garantes invitan al Perú y


Ecuador a una reunión dentro del contexto jurídico del
protocolo de Río de Janeiro; se acepta la propuesta,
pero Ecuador advierte que si el Perú no declara un alta
al fuego, retirará de la reunión a su vice- canciller
Fernández de Córdova.

31 de enero .- se inicia en río de Janeiro la ronda


de reuniones por separados entre los garantes y los
viceministros de relaciones exteriores del Perú y
Ecuador.

01 de febrero .- El Perú plantea el cese del fuego


y la creación de una zona desmilitarizada que quedaría
bajo la observación temporal de los garantes.

02 de febrero.- Ecuador acepta el cese del fuego


pero insiste en mantener el statu quo de la zona, con
participación de observadores civiles y militares de
cuatro países garantes.

05 de febrero .- Culminan las reuniones de Río de


Janeiro con sólo un proyecto de acuerdo que el Perú se
muestra dispuesto a firmar. El presidente ecuatoriano
Durán Ballén, opuesto a la firma de ese acuerdo,
anuncia que las negociaciones continuarán en Brasilia a
nivel de embajadores.

06 de febrero .- El Perú anuncia su decisión de


continuar las conversaciones. Por su parte, Ecuador
informa que su vice - canciller seguirá al frente de las
negociaciones a realizarse en Brasilia.
07 de febrero .- Nuevo ataque ecuatoriano sobre
PV1 y otros puestos cercanos.

09 de febrero .- Nuevo ataque ecuatoriano sobre


PV1 y Base Sur, hallándose en estos puestos peruanos
miembros de la Cruz Roja Internacional.

09 de febrero .- Se inicia en Brasilia la segunda


etapa de negociaciones, discutiéndose las condiciones
del alto fuego. El Perú lo acepta si Ecuador retira sus
tropas de la zona. Ecuador pretende mantenerlas,
aunque propone una tregua humanitaria, provocando
desconcierto de los garantes. Esa actitud finalmente se
interpreta como una maniobra dilatoria para no firmar la
declaración.

10 de febrero.- El gobierno ecuatoriano se


muestra escéptico respecto a la declaración peruana de
alto al fuego; sin embargo dice aceptarla. Llega el aviso
de que Perú ha decretado cese al fuego.
14 de febrero .- A mediodía, el Perú declara un
“cese al fuego unilateral”, luego de que previamente
sus tropas tomaron Tiwinza. Pese a ello, se registran
ataques con misiles aéreos desde la base ecuatoriana
de Coangos.

15 de febrero .- Al cabo de tres intensas jornadas


diplomáticas, a la una de la madrugada se firma la
Declaración de Paz de Itamaraty, siendo sus acuerdos
principales el cese al fuego, el retiro de tropas y el
envío de una misión de observadores.

17 de febrero .- Desconociendo lo acordado en


Itamaraty, Ecuador prosigue sus ataques contra Base
Sur, Cueva de los Tayos y Tiwinza.

19 de febrero.- Nuevos ataques ecuatorianos


sobre Base Sur, Cueva de los Tayos y Tiwinza.

21 de febrero.- Recrudece las acciones. Hasta ese


momento el Perú acusa la pérdida de helicópteros, dos
aviones Sukoi, un avión A7 y un avión Camberra. Tropas
peruanas al mando del general López Trigoso avanzan
hacia Tiwinza.

22 de febrero.- Enfrentamientos en Base Sur y


Tiwinza.

24 de febrero .- Los observadores de los países


garantes emprenden viaje hacia el PV1.

24 de febrero.- El presidente Fujimori iza la


bandera peruana en la Cueva de los Tayos. Aún a
sabiendas de la presencia de periodistas acompañando
a Fujimori, Ecuador lanza nuevos ataques sobre Tiwinza,
Base Sur y Cueva de los Tayos. Los ataques aéreos los
realiza desde Cóndor Mirador.
27 de febrero.- Cae un helicóptero peruano en
Ampama.

27 de febrero .- Misión de avanzada de los


observadores militares arriba a Bagua (Perú) y Patuca
(Ecuador).
28 de febrero .- El ejército peruano destaca dos
nuevos frentes de infiltración enemiga, en Ampama y
Chequiza, posiciones ubicadas en los alrededores del río
Santiago.

28 de febrero .- Incumplido el compromiso firmado


en Itamaraty, los países garantes aprovechan la
presencia de los cancilleres del Perú y Ecuador en la
ciudad de Montevideo y los presionan para firmar una
nueva declaración de paz que ratifica la primera.

24 de marzo.- Ecuador vuelve a violar el acuerdo


de cese de fuego en Tiwinza. Seis militares peruanos
son heridos por ataque de patrulla ecuatoriana. La
misión de observadores de los países garantes se
instala en Bagua y en el PV1. Otro grupo hace lo mismo
en el lado ecuatoriano.

CONCLUSIONES
Teniendo como base los hechos citados y
efectuando un análisis objetivo de los mismos, es
posible llegar a las siguientes conclusiones:
1. Las operaciones en el alto Cenepa fueron
dirigidos por el Jefe del Sistema de Defensa
Nacional, el señor presidente de la república,
apoyado por el comandante general del ejército
y Jefe del comando conjunto de la Fuerza
Armada.

2. Las operaciones se llevaron a cabo en el período


más álgido de condiciones meteorológicas en la
zona.

3. No habiendo podido entrar en territorio


ecuatoriano, se combatió en terreno en todo
orden desfavorable. Ecuador tuvo la ventaja por
terreno, por equipamiento y por mejor
armamento.

4. No pudieron efectuarse maniobras, sino ataques


frontales limitados por la línea de frontera.

5. De nada sirvieron conceptos tales como “aldea


global”, “reingenieria” y “calidad total”, salvo
forzadas explicaciones.

6. El Perú no pudo accionar libremente en el campo


militar, pues tuvo paralela la intervención de los
garantes, de la OEA y de la ONU. Todos se
involucraron y en esto si funcionó aquello de la
“aldea global”.
7. En el Alto Cenepa se desarrollaron
paralelamente las acciones militares y las
negociaciones diplomáticas. Esta debe ser la
“reingenieria” que pretende volver obsoleto el
irrefutable axioma de Klausevitz: “la guerra es
la continuidad de la política por otros medios” .
La experiencia histórica muestra que fracasadas
las conversaciones se llega al causus belli; pero
en el Alto Cenepa, según expresado por el Jefe
del Comando Conjunto, “se combatió para llevar
a Ecuador a la mesa de negociaciones”.

8. Klausevitz escribió: “La finalidad de la guerra es


destruir al enemigo o quitarle la voluntad de
combatir ”. En este caso, se le expulsó del
territorio y se llevó a “conversar ”. El general
Paco Moncayo, jefe militar ecuatoriano, no
entiende esta “reingenieria” de la guerra, pues
señala muy seguro de sí: “El Perú declara
habernos vencido, pero ni nos a destruido ni nos
ha quitado la voluntad de combatir ”.

9. Por primera vez en la historia, un país que está


vencido declara un “alto al fuego unilateral”
cuando todavía no a logrado la rendición del
enemigo. ¿Otra muestra de “reingenieria” ?

10. Por primera vez en la historia se califica al


jefe del ejército vencedor, general López
Trigoso, de incapaz y torpe, apreciaciones del
periodista Guido Lombardi en la televisión,
nunca desmentidas. Correlato de esto fue el
relevo del conductor de las operaciones
exitosas, sin ser ascendido ni condecorado como
otros varios combatientes.

11. En el Alto Cenepa el Perú perdió 10 aviones.


Sólo 4 habían perdido en los conflictos de 1941
y 1981. En el Alto Cenepa los muertos y heridos
por la parte peruana fueron 10 veces más que el
total de las bajas en los conflictos de 1941 y
1981. ¿Esto es lo que se entiende por “calidad
total” ? Ecuador no a cumplido ni cumplirá el
Protocolo de Río de Janeiro, la Declaración de
Itamaraty ni la de Montevideo. El Perú a perdido
soberanía sobre sus territorios hoy
internacionalizados. El supuesto vencido,
Ecuador, sigue amenazando al supuesto
vencedor. El supuesto vencido a obligado a
conversar, no ya sobre los 78 kilómetros de
frontera no demarcadas, sino sobre el total con
el agravante de reclamar una salida soberana al
Amazonas. ¿Todo eso tiene que ver con la tan
mentada “calidad total”?

12. Todo indica que es el petróleo lo que está en


disputa, al intentar Ecuador penetrar por el
Cenepa al Marañón, más adelante del Pongo de
Manseriche. Pero lo mueve además otra
ambición: la de controlar la incalculable reserva
hidroeléctrica del Pongo, hablándose además de
la existencia de oro y uranio en la región. Falta
saber qué empresas capitalistas han hecho de
Ecuador su instrumento.

13. La guerra con Ecuador es inevitable, a corto o


mediano plazo. Tal la principal conclusión que de todos
debemos tener siempre presente.

ANEXO
GUERRA Y PAZ EN EL AMAZONAS: IMPLICANCIAS
POLITICAS DEL CONFLICTO ECUADOR- PERÚ PARA
LOS ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA

Por: Dr. Gabriel Marcella


Departamento de Seguridad Nacional
y Estrategia, Us Army War College.

La primera versión de este trabajo fue preparada


para la conferencia ”Seguridad en la Post- Cumbre de
las Américas”, organizadas por el North-South Center de
la Universidad de Miami, la National Defense University,
y la Fundación canadiense para las Américas, 30- 31 de
marzo de 1995, en Washington DC. Los puntos de vista
expresados pertenecen el autor y no representan
aquellos del gobierno de Estados Unidos, del ejército
norteamericano o los de US Army War College. El autor
expresa su profundo agradecimiento a María C. Rozos y
José M. Boza de la Embajada Peruana en Washington
D.C., al Coronel (RE) Dennis Caffrey, USAF, al embajador
Luigi Einaudi, y al Dr. William Naughton por sus
comentarios e informaciones.

1. GUERRA EN LA CUENCA DEL CENEPA


El 26 de enero de 1995 la tranquilidad del Alto
amazonas sucumbió ante la lucha de las tropas
ecuatorianas y peruanas en la disputada región
fronteriza alrededor de la cuenca del río Cenepa.
Pequeñas unidades de 40 hombres entraron en combate.
A su tiempo, tropas de alrededor de 3000 ecuatorianos
y 2000 peruanos fueron desplegados en el área. Los
ecuatorianos explotaron sus cortas líneas de
comunicación interiores y su posición en la altura (6500
pies) de la Cordillera del Cóndor para dirigir el fuego de
morteros y múltiples lanzadores de misiles contra los
soldados peruanos, para reforzar sus posiciones. La
Fuerza Aérea ecuatoriana estableció superioridad aérea
y su artillería e infantería de jungla dominaron el
terreno. Los combates más serios se dieron alrededor de
la Cueva de los Tallos, Base Sur, y puestos Tiwinza.
Ocupadas por tropas ecuatorianas se establecieron del
lado peruano de la no demarcada y disputada
frontera(1).

Ambas partes desplegaron sofisticados aviones


(Kfir, Sukoi, Mirage, A37)y Ecuador usó tecnología
moderna tales como satélites de posicionamiento global
para localizar blancos en el área inmediata de
combates, Ecuador y Perú firmaron un acuerdo de cese
al fuego en Brasilia bajo el auspicio de los cuatro
Estados garantes del Protocolo de Río de 1942 –
Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos. Un segundo
acuerdo para cesar el fuego y separación de fuerzas se
firmó en Montevideo el 28 de febrero. El proceso de
separación de fuerzas comenzó el 3 de marzo. Para el
30 de abril, aproximadamente el 90% de las fuerzas
habían sido reteiradas del área disputada. Las
discusiones de junio entre los garantes y contendientes
se focalizaron el creación de una zona desmilitarizada,
un acuerdo para intercambio de prisiones, la apertura
de la frontera, t la remoción de minas puestas en el
área en pugna. La limitada victoria de Ecuador en el
área del Cenepa alcanza un nuevo umbral en el viejo
conflicto: Ecuador infringió una derrota militar al Perú
por primera vez desde la batalla de Tarquí de 1829. Por
otra parte, integraron exitosamente la estrategia
militar, operaciones y tácticas con una campaña
informativa que operó tanto en el nivel nacional
(diplomacia) como en el militar (operaciones
psicológicas).

2.IMPLICANCIA POLITICAS Y ESTRATEGICAS DE


LA GUERRA .

La no declarada guerra de 34 días rompió la paz en


América Latina. Pero algo más que la paz fue roto. Un
número de puntos de vista emergente acerca de las
relaciones internacionales, la política exterior de los
Estados Unidos, y los asuntos interamericanos
modernos, fueron también rotos seriamente desafiados.

a)La primera asunción quebrada es la tesis de que


las democracias no van a la guerra entre ellas por que
la democracia constriñe el uso de la fuerza tanto en los
asuntos domésticos como en los internacionales y por
que las democracias comprenden los mismos valores.
Necesitamos reexaminar esta formulación respecto a
Ecuador y Perú. Dos sociedades que comparten una
herencia similar pero que cuyas culturas políticas han
sido profundamente afectadas por las pérdidas
territoriales a manos de vecinos. Esto es
particularmente cierto respecto del legado de la guerra
de Junio-Agosto 1941 y el Protocolo de Río de 1942.
Cada uno tuvo un impacto extraordinariamente
diferente en las dos sociedades: el triunfo militar para
el Perú – el primero desde su independencia- y el
sentimiento de humillación nacional para Ecuador.
Ambos sentimientos están gravados en la mitología
nacional y ayudan a configurar y legitimar las políticas
doméstica e internacional, particularmente las
relaciones cívico-militares y las estrategias de defensa
de ambas naciones. El conflicto es más que una disputa
territorial. Es el acrecentamiento de siglos de
desacuerdo y desconfianza entre Quito y Lima,
combinado con reclamos competitivos acerca del
descubrimiento del Amazonas, la imprecisión de las
fronteras coloniales bajo la autoridad imperial española,
y la aplicación del principio de uti possidetis por las
nuevas naciones independientes del siglo diecinueve
para delimitar las fronteras nacionales.
Una impresión de la guerra de 1941 es
fundamental para la apreciación de la disputa. La guerra
fue casi de un lado. Fuerzas peruanas, bajo el comando
general Eloy Ureta, invadieron Ecuador con 15,000
hombres contra 3,000 soldados ecuatorianos
pobremente conducidos y equipados. El propósito de la
inversión era terminar de una vez para siempre la
disputa fronteriza. Ecuador estaba totalmente falto de
preparación de la guerra, mientras Perú se había
preparado para ella por algún tiempo. Así, las
subsecuentes expresiones de temor ecuatoriano por la
amenaza del militarismo peruano están basadas en la
conducta del General Ureta y elementos del liderazgo
militar. El principal estudioso norteamericano en la
evolución de las fuerzas armadas peruanas modernas
escribe:

“Ureta recibió ordenes en junio solamente para


sostener las posiciones peruanas y repeler cualquier
ataque ecuatoriano. Sin embargo, el general no deseaba
seguir esas instrucciones Ureta envió un ultimátum a
Prado (Manuel, presidente del Perú), diciendo que si no
se le permitía iniciar operaciones contra las fuerzas
ecuatorianas en la región de Tumbes, esto resultaría
una revuelta militar contra el gobierno”. (2)

estos antecedentes son significativos por que las


instituciones militares de cada país han tomado
inspiración de la guerra de 1941. En Perú, la generación
militar de 1941 proveyó el liderazgo y las ideas para el
reformista cuerpo de oficiales de los 50 y los 60- los
fundadores del moderno Centro de Altos Estudios
Histórico militares. En Ecuador, la pérdida territorial a
afectado profundamente la percepción militar de sí
mismos y de sus pensamientos estratégicos. Nótese un
sentimiento del reciente Ministro de Defensa, General
José Gallardo: “Entre los miembros de las fuerzas
armadas, el conocimiento de la inmensa pérdida
territorial de la tierra de nuestros padres a creado un
sentimiento de decisión que nunca más el país será
víctima del despojo territorial, o de agresión contra su
dignidad y su honor ”. (3)Otros dos puntos acerca de la
guerra son críticos para entender la disputa. El
protocolo de río de terminó la guerra, y la solidaridad
interamericana contra el Efe fue fortalecida. Pero
alcanzo una paz “sin amistad”, en palabras del
historiador diplomático bryce wood. En segundo lugar,
los reclamos ecuatorianos acerca de que el Protocolo de
Río de 1942 privó a Ecuador de la mitad de territorio
nacional son totalmente inexactos. La firma del
Protocolo verificó la línea de Status Quo de 1936
firmada en Washington por Ecuador y Perú, menos la
pérdida para Ecuador de solamente 5.392 millas
cuadradas(4).
El Protocolo de Río de 1942 fue declarado nulo en
1961 por Ecuador. La razón fue la cartografía de la
Fuerza aérea de EE.UU. (en cuyo proceso se perdieron
dos aeronaves y 14 hombres en accidentes en la densa
y brumosa jungla) entre 1943 y 1946 que verificó que el
río Cenepa era mucho más largo que lo conocido
originalmente y que corría entre los ríos Zamora y
Santiago. Los estadistas ecuatorianos han argumentado
que la provisión del Protocolo de que la frontera sigue la
vertiente entre los ríos Zamora y Santiago es invalida
por que la Cordillera del Cóndor, que no es mencionada
en el Protocolo de Río, corre entre el Zamora y el
Cenepa y en consecuencia no podría ser la vertiente
entre Zamora y Santiago. A pesar de que las marcas
fronterizas han sido colocadas en alrededor del 95%
(1600 kilómetros) de la frontera, 78 kilómetros del
rango montañoso de la Cordillera del Cóndor esperan la
demarcación final.

La política exterior ecuatoriana a perseguido


activamente por treinta años la nulidad del Protocolo de
Río, arguyendo además que una acuerdo injusto fue
impuesta por la fuerza de un ejército de ocupación
peruano actuando a despecho de la ley internacional y
el control civil en Lima. Posteriormente, ha avanzado el
concepto de que el Protocolo de Río es “no
ejecutable” en los 78 kilómetros. En la política
doméstica el asunto amazónico se a convertido en una
cruzada nacional. La conmemoración anual del Protocolo
de Río del 29 de enero es un evento emotivo para los
ecuatorianos. Enero es un mes sensitivo a lo largo de
las fronteras disputadas, con ocasionales escaramuzas
entre los dos lados, como ocurrió el 9 y 11 en 1995.
Fueron el preludio de la más seria lucha que se produjo
el 26 de enero y luego en febrero. La diplomacia
peruana a insistido en concluir la demarcación final y
rechaza el intento de Ecuador de “invalidar un pacto
que representa una realidad geográfica, histórica y
jurídica ejecutada en buena fe por los países a lo largo
del 95% de la frontera, con la cooperación de cuatro
naciones americanas (Argentina, Brasil, Chile y los
Estados Unidos) como garantes que se comprometieron
en el esfuerzo por que encontraron que el tratado era
una solución justa y concluyente”(5). Los Estados
Unidos y los otros garantes a sostenido consistente
mente la validez del Protocolo y han urgido a las dos
partes a completar la demarcación.

Hasta que los hechos de enero de 1995 se


clarifiquen, el mundo no sabrá quien disparó primero y
por qué. El criterio convencional es que cuando se
encontraron accidentalmente dos patrullas y se produjo
un escaramuza, el combate escalo más allá de lo
rutinario. Si las democracias no van a la guerra una
contra otra, entonces Ecuador y perú son menos que
completas democracias viable. The Economist
recientemente advirtió: “La creencia de que los estados
democráticos no van a la guerra una contra otra se ha
convertido en una creencia corriente de la política
occidental. Tan plausible como esto puede haber sido en
el pasado, es presupuesto peligroso para aproximarnos
al futuro”. (6) Lo que esta advertencia también dice es
que la política exterior de los EE.UU. en los años
recientes puede haber sido prematuramente triunfalista
y eufórica acerca de la profundidad de la democracia en
América latina. Como correctivo, un reciente estudioso
acerca del concepto de Immanuel Kant de paz
democrática, enfatiza la importancia de distinguir entre
democracias completas y parciales. De acuerdo con
ellos, es en la transición del autoritarismo a la
democracia que existe el peligroso recurso de la guerra.

b) La visión de que América latina es un modelo de


relaciones internacionales pacíficas, y que el conceso
de la cumbre de Miami y el movimiento hemisférico
hacia el libre comercio, reforma económica, integración
y democratización puede proceder sin dificultad, puede
ser prematura.

En realidad, América Latina ha tenido


históricamente una de las más bajas tasas de gastos de
defensa en el mundo. De hecho, han decrecido desde fin
de la Guerra Fría. Recientemente ciertos países, como
Argentina, Brasil y Chile, han tomado la primicia de no-
proliferación nuclear, biológica y química, y en medidas
de construcciones de confianza y seguridad regional y
de apoyo a esfuerzos internacionales de mantenimiento
de la paz. Aún Ecuador y Perú estuvieron avanzando
hacia una cooperación mayor, con la propuesta del
Presidente Alberto Fujimori a su contraparte Sixto Durán
Ballén, de al menos 32 iniciativas de cooperación
fronteriza durante la primera visita de un presidente
peruano a Quito. Otro signo de cooperación fue la
concesión, por parte de Perú, de una salida al mar para
Bolivia en el puerto de Ilo. por otra parte, Argentina y
Chile llegaron a un acuerdo final sobre los enclaves
fronterizos en disputa. Como miembros del mercado
común Mercosur, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay
fueron complementando su integración económica con
consultas de alto nivel sobre asuntos estratégicas. En
América Central, La Corte Mundial ha adjudicado la
demarcación final de la frontera entre Honduras y el
Salvador.
La intensidad de la guerra en el Alto Amazonas,
incluyendo la tecnología y las bajas, nos urge a
reapreciar nuestra visión de América Latina en la
posguerra fría. De acuerdo a los reportes de presa.
Ecuador derribó nueve aparatos aéreos peruanos, cuatro
de las fijas (dos Sukhoi-SU22, una37, un bombardero
Camberra y cinco helicópteros; otros reportes indican
dos helicópteros derribados, (antas que Cinco), a través
de una combinación de armas antiaéreas automáticas,
misiles tierra – aire disparados desde el hombro y
aviones Kfir, Ecuador tuvo un A37, ligeramente dañado.
Las pérdidas de equipo y el número de bajas no
combatientes peruanas (300) indican que el Perú no
estaba preparado para el encuentro, mientras Ecuador
estaba mucho mejor preparado.

Tal sofisticación tecnológica es desconocida en


operaciones militares entre países latinoamericanos en
las décadas recientes. Ha habido, para estar seguros,
muy pocas operaciones de guerra actuales, como El
Salvador Y Honduras en 1969,que emplearon
armamentos cosechados de la II Guerra Mundial. Los F5
hondureños arrojaron bombas sobre supuestas fuerzas
sandinistas en el norte de Nicaragua en abril de 1988.
La Guerra de Malvinas sostenida entre Argentina y Gran
Bretaña tuvo, por supuesto, mucha mayor sofisticación
tecnológica y operacional. De este modo, se ha cruzado
un umbral. Mientras muchos de los países tienen esas
armas y comprenden la doctrina y teoría de su
aplicación, es la primera aplicación exitosa de
sofisticación. Más aún el empleo por parte de Ecuador
de la doctrina de “defensa activa” en la cuenca del
Cenepa parece ser una adaptación de la doctrina
”batalla tierra-aire” de las fuerzas armadas
estadounidenses. Además, el número de muertos y
heridos en ambos lados ha subido la apuesta para Perú
y Ecuador. A los funerales de hombres y niños muertos
de ambos lados se le ha entregado una extensa y
altamente emocional cobertura. Las relativamente altas
cifra de bajas (los reportes de presa indican 27 muertos
y 80-87 heridos, y 46 muertos y tantas como 300 bajas
de no combatientes para el Perú). Tales casos podrían
también tornarse en resentimientos contra ambos
gobiernos.

La guerra nos recuerda que existen otros conflictos


territoriales en América Latina que podrían poner en
peligro la paz: Venezuela versus Colombia sobre los
derechos en la Península de la Guajira y el. Golfo de
Maracaibo; él reclamo venezolano de una mayor
porción de la Guyana; él reclamo de Guatemala sobre
una parte de Belice: Las aspiraciones bolivianas de una
salida al mar; el reclamo de Nicaragua sobre las Islas
de Providencia y San Andrés (reclamadas y ocupadas
por Colombia), y la incertidumbre en Buenos Aires y
Santiago sobre la aprobación parlamentaria del acuerdo
de Laguna del Desierto propiedad disputada entre
Argentina y Chile. Aún todos palidecen en comparación
a la explosividad potencial del conflicto Ecuador – Perú.
Los expertos militares, tales como el antiguo Jefe de
Junta Interamericana de Defensa, Mayor General
Beruard Loeffeke, consideraron la disputa entre
Ecuador y Perú como la más probable de conducir una
guerra convencional. Existen lazos entre el contexto
internacional y nacional que afectan la conducta de la
diplomacia y, en el caso de la guerra Ecuador – Perú, la
conducta de las operaciones militares y la naturaleza de
la conclusión de la guerra. A sido por largo tiempo una
tesis de los asuntos internacionales que los Estados que
carecen de la soberanía interna- esto es, que no están
completamente integradas en naciones y democracias-
tienden a ser abiertamente celosos defensores de su
soberanía externa, en un esfuerzo por compensar su
debilidad interna. Tanto Ecuador como Perú carecen de
los atributos de integración nacional y ambos son
democracias parciales. La llegada ulcerosa de una
frontera no demarcada entre ellos se domésticos. Por
ejemplo, en 1995 las fuerzas armadas fueron instadas a
perder un porcentaje garantizado (estimado en el 12,5
al 15%) del impuesto que pagan las compañías
extranjeras de petróleo. El impuesto iba directamente al
presupuesto de defensa. Más aún, hubo demandas para
que los militares permitan la privatización de sus
compañías –el ejército ecuatoriana tiene o comparte
cerca de 31 compañías. Durante la guerra de los 34
días, el congreso ecuatoriano restauró la garantía de
los ingresos del petróleo por otros 15 años, las
discusiones por la privatización se dejaron a un lado.
Las causas para el conflicto son a menudo una
combinación de factores domésticos, institucionales e
internacionales. Escribiendo acerca de las causas de la
guerra, Seyon Brown captura elocuentemente la
combinación. “los altamente subjetivos factores de
ideología, prestigio, credibilidad, y honor, son a menudo
parte de la definición de un país de sus intereses
nacionales, y afectan su juicio de las amenazas
internacionales que enfrentan y las características de
las fuerzas militares necesarias para neutralizarlas”(7).

c) El consenso emergente acerca de que las


relaciones cívico militares en América Latina estaban
moviéndose en la dirección de menor tensión y mayor
control civil necesita ser reapreciado.

Las relaciones cívico- militares son, entre otras


cosas, el controlado proceso civil que decide como la
fuerza es empleada para defender la nación. Las
relaciones cívico - militares democráticas requieren que
la autoridad civil esté a cargo del proceso y que las
operaciones militares sean conducidas de una manera
ética y legal. Las operaciones militares ponen serias
tensiones a las relaciones cívico- militares. Necesitamos
examinar quién esta a cargo y quién fue a la guerra:
¿los civiles, los militares, o coaliciones de los dos?, ¿el
comienzo de la guerra fue accidental, y como
consecuencia estuvieron los militares en la delantera
con las autoridades civiles asumiendo posteriormente
un liderazgo ostensible?, ¿Cómo afectara la guerra las
perspectivas para las relaciones cívico- militares
democráticas? ¿Es demasiado esperar un deseo de
subordinación de los militares a la autoridad civil en los
años venideros? ¿ Envalentonará el triunfo a los
militares ecuatorianos para reclamar no sólo mayores
recursos, sino también para disminuir la autoridad civil?
¿Intensificará la humillación sufrida por los militares
peruanos las constreñidas relaciones entre la autoridad
civil y los militares?

En la guerra en el amazonas la superior preparación en


el campo de batalla condujo a victorias tácticas que
realzaron la popularidad de los militares ecuatorianos.
En Perú, en contraste, ha comenzado la búsqueda de
culpables a quienes adjudicar la fallas de la inteligencia
para anticipar las posibilidades ecuatorianas y el
fracaso de las fuerzas armadas para responder
efectivamente a la presencia ecuatoriana en el área
disputada. El presidente Fujimori respondió a estos
cargos:

“Por algún tiempo hubo una detente en la frontera.


Esto nos dio cierto alivio y una chance para luchar
contra el terrorismo. Hemos eliminado. , o casi
eliminado, al terrorismo…No sólo eso. Como había una
clara detente en nuestra frontera con chile y Ecuador,
se me permitió concentrarme en luchar contra el
terrorismo, por supuesto sin descuidar las fronteras. Me
pregunto, y les pregunto a ustedes: ¿Cuán diferente
hubiera sido si luchando contra el terrorismo, no
hubiésemos podido desplegar nuestras tropas porque
temíamos una debacle en el interior?”(8).

De este modo, los pesados costos de la guerra


imponen reflexión y aprendizaje. La sociedad
ecuatoriana demandará una rendición de cuentas de los
líderes que condujeron la guerra. ¿Conducirá este
aprendizaje a un mayor pragmatismo y responsabilidad
de parte de los líderes civiles y militares, y tal vez una
mayor apertura y comprensión de la necesidad de una
mayor armonía civil- militar y la subordinación del poder
militar del control civil? ¿O, como se indicara
anteriormente, causará resentimiento una vez que la
futilidad de la guerra llegue a ser nítida?
d) Finalmente, el principio de que los acuerdos
territoriales en América Latina, hasta ahora la más
pacífica de las regiones, no son hechos como resultado
del uso de la fuerza, necesitar ser reexaminado.

Es claro que las tropas ecuatorianas no han sido


desalojadas del lado peruano de los limites no marcado.
Se fueron en conformidad con el acuerdo de cese el
fuego y separación de fuerzas. Por otra parte, el
desempeño de Ecuador sugiere que el balance militar –
históricamente a favor de Perú- ha cambiado
sustancialmente. En este sentido, el Presidente Durán
Ballén afirmó el 4 de marzo que la victoria se había
debido a los 14 años de preparaciones militares.
Ecuador ha reducido realmente la disparidad de larga
permanencia en tecnología y capacidades
operacionales. Esto fue claramente demostrado los por
los esfuerzos previamente mencionados para neutralizar
la superioridad del Perú en su dominio táctico de
aviación. Pero este proceso es dinámico y Perú
probablemente pretende mantener su superioridad. De
Hecho, ya casi ha comenzado a hacerlo vía la creación
de una zona militar cerca de la frontera. Se habla
incluso de rearme. Todavía la tecnología militar
moderna permite aún a un poder más pequeño como
ecuador, bajo las correctas circunstancias (entre ellas,
la sorpresa estratégica), alcanzar una disuasión y una
capacidad de guerra para objetivos políticos limitados.
Pueden, a pesar de su tamaño, imponer serios costos a
un poder mayor. La estrategia militar peruana deseará,
como mínimo,, evitar ser introducidos en una guerra
donde los ecuatorianos tengan claramente la ventaja
estratégica. Este parecería ser el caso de la Cuenca del
Cenepa, donde las tropas ecuatorianas pueden
reinfiltrarse fácilmente hacia el lado peruano de la
frontera no demarcada.

Se necesita responder a un número de preguntas


políticas. ¿Cuáles son las implicancias estratégicas y
económicas de esto para el balance militar relativo en
la Costa Oeste de Sudamérica, particularmente
respecto de la alta performance de la aviación, equipos
y armas antiaéreas, radares, y las consiguientes
logísticas? ¿Cuál será el efecto sobre las percepciones
de amenaza de otras naciones y militares?
¿Habrá un nuevo ciclo de modernización de armas,
como resultado? ¿Cómo afectará esto las percepciones
y las relaciones cívico- militares en países que
tradicionalmente ejercen roles de liderazgo –Brasil,
Argentina, Chile, Colombia y Venezuela?
¿O los puntos de vista de los actores
ultranacionalistas de la sociedad, que argumentan a
favor de mayores rasgos militares para defender la
soberanía?

Estas preguntas son críticamente importantes para


Argentina, que en los años recientes ha reducido
agudamente sus fuerzas armadas y desarrollado una
nueva estrategia militar para adecuarse al contexto de
la post guerra fría, optando por la cooperación regional
en materia seguridad con sus vecinos, la participación
en misiones de internacionales de paz, y fraguando una
fuerte relación con los Estados Unidos.

3.PERSPECTIVAS PARA LA RESOLUCION DEL


CONFLICTO
Las elecciones del conflicto alrededor del planeta
son exploradas por Arie Marcelo Kacowicz en el libro
reciente Cambio Territorial Pacífico(9). Este trabajo
propone algunas hipótesis que pueden arrojar luz acerca
de cómo encontrar una solución al conflicto. Las más
pertinentes, con su correspondiente análisis, son las
siguientes:
-Es más probable que ocurra el cambio territorial
pacífico cuando la distribución de poder entre las
partes es algo así como asimétrica y preferiblemente
para ventaja del poder del status quo.

Perú permanece como el poder superior,


plenamente capaz de movilizar su capacidad militar
para atender la amenaza percibida desde el norte. Pero
un esfuerzo de esta magnitud llevará tiempo, mientras
las fuerzas armadas peruanas cambian del esfuerzo
interno contra Sendero Luminoso hacia la defensa
tradicional de las fronteras. Ecuador probablemente no
cederá unas pulgadas de su reclamo de unas salidas al
Amazonas y/o a un acuerdo territorial. En el corto
mediano plazo, porque la pérdida de prestigio
engendrada por algunos comentaristas en Lima están
llamando la mayor derrota militar desde la Guerra del
Pacífico del siglo XIX, tampoco lo hará perú. Ecuador
continuará explotando su papel de víctima y pintando a
Perú como el agresor. La diplomacia ecuatoriana y sus
relaciones con los medios de comunicación han sido
ciertamente superiores durante este conflicto, mientras
la de Perú fue torpe en dar una imagen de secreto e
incertidumbre. Tal vez no pueda encontrarse mayor
contraste en la cultura y estilo estratégico y
operacional, entre dos países en América Latina. (10)

-Es más probable que ocurra el cambio territorial


pacífico cuando las partes sostienen el mismo o similar
tipo de régimen político.
Ecuador y perú tienen tipos similares de gobierno,
pero el de ecuador tiene una ventaja de una mayor
cohesión y una unidad de comando poco común en su
problemática historia. Ambos son democracias
parciales, en los cuales los militares poseen una
autonomía significativa. Por ejemplo, a causa de la
sensibilidad del asunto de la frontera, el presupuesto de
defensa ecuatoriana es secreto –como lo son muchos
presupuestos latinoamericanos, total o parcialmente-.
Fujimori a establecido un estilo autoritario de
democracia que triunfó en la derrota estratégica de la
insurgencia de Sendero Luminoso y en reencender el
crecimiento económico. El 9 de abril d 1995 fue
resonantemente reelecto para la presidencia. Una de
sus primeras iniciativas fue proponer una ley de
amnistía, rápidamente aprobada por el Congreso, que
exoneró a cualquier personal uniformado
potencialmente implicado en violaciones a los derechos
humanos durante la guerra interna contra Sendero. (11)

Sin embargo, existen demandas para la apertura


del proceso democrático en Perú.

Cada país puede se además caracterizado como


poseedor de problemas internos que favorecen una
atención desviada hacia una amenaza externa, lejos de
los asuntos domésticos.
Pero constituiría una seria simplificación atribuir la
guerra sólo a este factor. Estas circunstancias y las
pasiones encendidas por el gran número de personal
muerto y herido no favorecen a una pronta resolución
del conflicto.

-Es más probable que el cambio territorial pacífico


ocurra cuando existe un consenso entre las partes
acerca de la implementación de las normas y reglas del
derecho y la moral internacionales.

Aquí yace el problema más serio. Perú cita el


derecho internacional y afirma la validez del Protocolo
de Río de 1942 como el acuerdo final del asunto
territorial, mientras los ecuatorianos han perseguido el
principio de equidad, el cual requiere la modificación
(si no la nulificación) del protocolo de Río. Para los
peruanos no existe tal problema. Un avance significativo
ocurrió recientemente, sin embargo, cuando el
presidente Durán Ballén aceptó la validez del Protocolo
de río como base para las negociaciones. Al mismo
tiempo Quito mantiene que existe “realidades
geográficas“ (el río Cenepa) que hacen que el Protocolo
de Río no sea ejecutable en los 78 kilómetros de
disputa. Esto fortalece la acción de los Estados garantes
y mejora la posibilidades de una solución pacífica.

El derecho y la equidad no deberían estar en


conflicto; deberían complementarse el uno al otro y una
solución final debería combinar a ambos. en realidad,
ambos gobiernos en los años recientes parecieron
moverse en la dirección de un equilibrio de la ley y la
equidad, hasta que el tiroteo hizo pedazos este proceso.
Una vuelta al camino de la equidad es una posibilidad,
pero requerirá un liderazgo confiable y visionario en
Quito y Lima y la madurez del tiempo. El artículo 6 del
Protocolo de río provee una solución potencial, al
garantizar derechos de navegación a ecuador para
llegar al amazonas.

Esta propuesta debería ser factible, pero Ecuador


tendría que acordar participar activamente y aceptar la
demarcación definitiva de la frontera a cambio del
derecho de acceso al amazonas. Esto podría tomar la
forma de un corredor y puerto en el río Marañón que es
navegable (desde el este del Pongo de Manseriche), o
políticamente más difícil para el perú, un reajuste del
límite que permitiría que el territorio ecuatoriano
alcance el Marañón en algún punto oeste del Pongo de
Manseriche. Perú podría eventualmente aceptar este
concepto, pero para un gobierno peruano sería difícil
garantizar algo más allá de un libre acceso. Contemplar,
garantizar alguna forma de soberanía sobre las tierras
dentro del lado peruano de línea del protocolo sería
políticamente suicida para un gobierno en Lima, al
menos en el corto plazo.

-Es más probable que el cambio territorial pacífico


ocurra cuando terceras partes están involucradas en el
rol de buenos oficios, mediación y arbitraje.
Los garantes del Protocolo de Río desempeñan este
rol. Sus buenos oficios fueron instrumentales para
alcanzar los acuerdos de Itamaraty y Montevideo de
febrero de 1995, para cese del fuego, separación de
fuerzas, y el envío de observadores para verificar el
cumplimiento. Ecuador persevera la opción flexible de
salirse de lo que considera el “chaleco de fuerza” del
protocolo, elevando el asunto a la Organización de
Estados Americanos, las Naciones Unidas y aún el
Vaticano. Pero sus opciones están ahora complicadas
por el recurso de los buenos oficios de los Estados
garantes del Protocolo, porque razonan que debilitaría
la autoridad del Protocolo del Río dentro del derecho
internacional.

¿Podrían ambas partes promover su causa y


encontrar una solución amigable buscando un foro
fuera del Protocolo –por ejemplo, la OEA? Ciertamente,
ambos podrían arriesgarse, pero el riesgo podría ser
realmente mayor para Ecuador, por que acordaría una
adjudicación final de la disputa en términos que
probablemente no sean distintos de aquellos del
Protocolo. La demarcación final de la frontera
incrementaría inconmensurablemente las posibilidades
para la paz. Una frontera indelimitada es una invitación
constante al conflicto. Es fundamental redefinir el
asunto no como territorial, sino como una oportunidad
para la paz bilateral y la cooperación, para lo cual es
necesaria la demarcación.
-Por último, es más probable que el cambio
territorial pacífico ocurra cuando las partes han estado
involucradas en una guerra dentro de un período
anterior de diez años, previó a la negociación sobre el
cambio territorial.
Esta es la dimensión más sobria. desde 1941 no ha
habido mayor guerra. Ecuador y Perú se han involucrado
en escaramuzas ocasionales, siendo la más seria el
incidente Paquisha en 1981 y los eventos de 1995. Lo
que es cualitativamente diferente acerca de la lucha de
enero- febrero 1995 es- como se indicó anteriormente-
la necesidad, la sofisticación tecnológica, y la victoria
de las armas ecuatorianas. A menos de que se detenga
el espiral de la confrontación, puede bien haber otra
guerra en el futuro – pero más desastrosa. En una
guerra futura. Perú podría intentar ejecutar un plan de
guerra similar al de 1941 –ocupar la parte sur de
Ecuador y amenazar con tomar Guayaquil en orden a
imponer un acuerdo. Pero la nueva preparación militar
ecuatoriana podría hacer que tal esfuerzo fuera muy
costoso. Por otra parte, a fines de abril de 1995 el
Presidente Fujimori específicamente desestimó tal curso
de acción.
¿Alentará el valor disuasivo de una guerra futura
desastrosa una solución honorable y pacífica? ¿Tienen
que pagar estas sociedades un alto precio por la paz?
¿Cuál sería ese precio? ¿Bajas mayores, quebrantos
económicos (la estimación del costo de los 34 días de
guerra para ambos países sube hasta un millón de
dólares), y la discordia civil militar? ¿O emergerán
líderes responsables que nos hagan retroceder de al
orilla del desastre? ¿Habrá una guerra mayor en los
próximos tres a cinco años, descargada por un
encuentro accidental entre patrullas de los dos ejércitos
armados hasta los dientes y acampadas en la
impenetrable jungla de la Cuenca del Río Cenepa? Esta
es una clara posibilidad, dado que la irracional escalada
de los incidentes de tiroteo en la jungla podría conducir
de otra manera a honorables líderes a llevar a sus
naciones al desastre.

Existe ya algunas evidencias de que la prudencia y


el pragmatismo están llegando a la escena. El escritor
ecuatoriano Raúl Gangotena Ribadeneira del periódico
de Guayaquil “El Universo” expresa la precaución
elocuentemente:

“Es verdad que el desafortunado conflicto militar


de 1995 a despertado viejos resentimientos, pero el
irresistible anhelo de una solución definitiva constituye
una fuerza poderosa para neutralizar esos rencores.”

“Siendo realistas, es necesario que tomemos en


cuenta que el desempeño de las Fuerzas Armadas
peruanas ha sido cuestionada. Para mantener prestigio,
están ya usando los abundantes recursos ya generados
por el extraordinario crecimiento económico que Perú a
experimentado - casi de un diez porciento anual –no muy
distante- esas Fuerzas Armadas serán forzadas a
demostrar con resultados los beneficios de esta letal
“inversión” ”.

“Las semillas de una tragedia de grandes


dimensiones están siendo desparramadas, por lo tanto,
si los gobiernos dejan una vez más el problema sin
resolver ”.

“Esto no sólo afectaría a los contendientes de


1995, sino que tendería a desparramarse, por que todos
los países vecinos serían forzados a entrar a una carrera
armamentista. Todas esas “inversiones” deberían
también mostrar resultados”(12)

Los comentarios de la prensa peruana se enfocan


en la amenaza ecuatoriana. El Latin American Weekly
Report de Londres refiere: “Los comentaristas
peruanos…han llegado a una desagradable conclusión:
es imposible detener la infiltración de tropas
ecuatorianas en el territorio peruano en la Cordillera del
Cóndor, pues sus ventajas en el terreno son demasiado
abrumadoras. Esto significa que el costo potencial del
fracaso en contra de una solución diplomática es casi
demasiado terrible para ser contemplado: un estado
permanente de guerra no declarada”(13)

Fernando Rospigliosi, un respetado analista


peruano, escribió en caretas (Lima): “El país vecino, su
gente y sus líderes, deben convencerse a sí mismos de
que no pueden continuar provocándonos con
impugnidad, sin sufrir una resonante derrota, en la cual
sufriría significativas pérdidas ”(14)

4. IMPLICANCIAS POLITICAS

Los Estados Unidos tienen un número de interese


en juego: la santidad de los tratados internacionales, la
resolución pacífica de conflictos, la amistad entre don
naciones que son clave en la lucha contra el
narcotráfico, la no proliferación de armas de alta
tecnología, y el propósito de la democracia y el libre
comercio en el hemisferio. Los Estados Unidos también
son un Estado garante del Protocolo de Río hasta que se
complete la demarcación final de la frontera. Hemos
asumido, bajo los buenos oficios del secretario de
estado para Asuntos Interamericanos Asistente,
Alexander Watson,, y la diplomacia de la construcción
de la paz del Embajador Luigi Einaudi, junto con el resto
de los estados garantes y gobiernos adicionales
amistosos, un rol mediador líder. La mediación a
enfriado tensiones, alcanzo un cese al fuego, una
separación y retirada de fuerzas, el establecimiento de
observadores de los cuatro garantes (10 cada uno) a lo
largo de la frontera, y ayudó a llegar a un acuerdo para
una comisión de seguridad conjunta ecuatoriana-
peruana para sumir responsabilidades después de la
partida de los observadores garantes. El Comando sur
de los Estados Unidos está proveyendo también un
significativo apoyo logístico para los equipos de
observadores. Estos son avances significativos, pero se
necesita más para prevenir el desastre. Es fundamental
una demarcación definitiva de los 78 kilómetros.
Deberíamos asumir, en conjunto con los Estados
garantes, una acción diplomática plena con los líderes
en Quito y lima y en la comunidad interamericana para
alterar el cálculo estratégico de confrontación y
belicosidad. Esto supone un proceso de educación
mutua e informaciones compartidas. Deberíamos
enfatizar los riesgos de la escalada para ambas partes,
y asumir medidas de construcción de la confianza y
seguridad, tales como las de la desmilitarización de la
frontera y programas de desarrollo económico
bilaterales en ella. Este es el desafío de construir
mayores apuestas en la paz. Organizaciones tales como
la National Defence University y el comando Sur de los
Estados Unidos deberían avanzar sobre el desafío
adicional de la situación de conflictos, promoviendo
medidas de construcción de confianza tales como traer
a ambas partes juntas para que tengan discusiones
sustantivas acerca de los asuntos de la seguridad
regional. El Comando sur de los Estados Unidos está
profundamente comprometido, proveyendo un staff de
apoyo de 82 personas- conocido como Operación
Frontera Segura- para los observadores internacionales
que monitorearán la tregua. (15)

La comunidad interamericana de naciones debería


elevar el asunto a un diálogo académico y público
mayor. El asunto debería ser analizado cuidadosamente
en las instituciones interamericanas y colegios de
guerra, tales como el colegio Interamericano de
Defensa, como un caso de estudio de resolución de
conflicto. Debería haber una verificación plena de los
hechos que tuvieron lugar y de las localizaciones de
fuerzas y establecimientos en el área fronteriza
afectada por la guerra. La resolución afectiva del
conflicto requiere que los peacemakers comprendan las
emociones y sentimientos nacionalistas involucrados en
ayudar a ambos países a negociar una resolución final,
necesitan toda la ayuda que puedan conseguir para
comprender los puntos de vistas y las perspectivas de
ambas parte, dónde están sus prioridades y demandas
mínimas, qué opciones posibles podría haber para una
solución, y qué les supondría alcanzar un acuerdo.

Con respecto a las relaciones entre los militares


estadounidenses y los ecuatorianos peruanos,
necesitamos reafirmar nuestras líneas de comunicación
profesional. Estas han sido excelentes con Ecuador, que
tiene acceso a los militares estadounidenses para
educación y entrenamiento y para la construcción de
apoyo político. Los lazos con Perú han sido débiles
desde finales de los 60’, y recientemente se han
subsimido bajo la lucha contra el narcotráfico y las
exigencias del autogolpe de 1992, y la política
estadounidense de derechos humanos. Necesitamos
amplificar nuestros canales de comunicación
profesional con los militares peruanos en orden a
establecer una relación de mayor confianza y
mutuamente satisfactoria. en cualquier caso,
probablemente vamos a sumir un rol más directo
disuasión del conflicto que el que tuvimos en el pasado.
Los Estados Unidos deberían promover una reafirmación
amplia del estado de los programas de modernización
de armamento en la región, con vistas a una mayor
contabilidad internacional de las compras de armas.

Pero en el análisis final, el problema deberá ser


resuelto por ecuatorianos y peruanos, ciertamente en el
nivel de lo líderes nacionales pero también en el de la
gente.

5. MEMORIA HISTORICA Y CONSTRUCCION DE


LA PAZ

El difícil terreno de la jungla amazónica y la


ignorancia de la historia son los enemigos de la paz y
la reconciliación. Esto lo hace doblemente desafiante
para los constructores de la paz y mediadores
internacionales, que necesitan ser imparciales en su
trabajo. Necesitan también ser conocedores y
respetuosos de la interpretación de la nación de su
propia historia. No deberían subestimar los
resentimientos nacionalista que pueden existir en
países que se ven así mismos como víctimas de la
injusticia histórica. El pasado debe ser confrontado y
clarificado en orden a encarar el futuro. La disputa
fronteriza ha dominado totalmente las relaciones
bilaterales entre Ecuador y Perú, eclipsando los
numerosos tópicos sociales, económicos, políticos y
ambientales donde existe una comunidad de intereses y
tanto la necesidad como la prospectiva para mayor
cooperación. (16).

Los ecuatorianos y los peruanos tienen diferentes


interpretaciones sobre la guerra de 1941 y sobre el
Protocolo de Río. En realidad el desacuerdo entre Quito
y Perú data del tiempo del Imperio Incaico. Pero ellos
comparten el propósito de trabajar hacia la paz, la
reconciliación, la democracia y el desarrollo económico.

NOTAS
(1)La “niebla de guerra” en la jungla ha hecho difícil
distinguir los hechos de la ficción y el valor de los
reclamos oficiales de los extraoficiales. Algunos de los
reportes confiables hechos por los siguientes: James
Brooke de The New York Times, Gabriel Escobar de The
Washington Post, Howard La Franchi y Sally Bowen del
Christian Science Monitor, Mac Morgolis, Adriana Von
Hagen y William R. Long del Los Angeles Times, sumado
al Foreign Broadcast Information Service. Latin América
(FBIS-LA).

(2)MASTERSON, DANIEL. Militarism and Politics in Latin


America: Perú fom Sanchez Cerro to Sendero Luminoso.
New York, Greenwood, 1991,pág.71
(3)Gallardo “Los grandes Combates: La Epopeya del
Cenepa”, en Hoy Quito, edición especial, junio de
1995,pág.5.
(4)La diplomacia y las operaciones militares de la
guerra del 1941 se discuten en WOOD, BRYCE, Agression
and History: The Case of Ecuador and Perú. New York,
Columbia University Press and University Microfilms
International.1978, págs.50-174; y del mismo autor The
United States and The Latin American Wars,1932-
1942.New York, Columbia University
Press,1966,págs.255-342.ver también ZOOK,DAVID H. Jr.
Zarumilla – Marañón. The Ecuador-Perú Dispute, New
York, Bookman Associates,1964,Y KRIEG, WILLIAN,
Ecuadoran-Peruvian Rivalry in Upper Amazon,
2ª.edición, Washington DC, Departamento de Estado de
los EE.UU., 1986.
(5) EMBAJADA DEL PERÚ. THE Peruvian-Ecudorian
Conflict. Washington DC, february 1995,p 5.La posición
Perú está expresada en los siguientes documentos:
Ministerio de Relaciones Exteriores Documentos Básicos
sobre el Protocolo de Río de Janeiro de 1942 y su
ejecución, 3 r d . Edition, Lima: Editora Perú, sin fecha. The
Peruvian –Ecuatorian Border in the Cordillera del
Cóndor, Lima: Imprenta FAP, 1981. Embassy of Peru,
Washington, DC, Border Demarcation in de Cordillera
del Condor.
La investigación histórica ecuatoriana a sido más
extensiva. Ver por ejemplo: PEREZ CONCHA, JORGE.
Ensayo Histórico- Critico de las Relaciones Diplomáticas
con los estados limítrofes. 2vols. Quito: Banco Central
del Ecuador, 1979. BARRERA VALVERDE, ALBERTO, ed.,
Hombres de Paz en Lucha Ecuador ante la Agresión
Peruana del 1981, Salamanca, Gráficas Ortega, 1982.
(6)The Economist, april 1- 7, pág. 170; ver también el
debate: LAYNE, CHRISTOPHER. “Kant Cant: The myth of
the Democratic Peace”, en International Security, vol
19, N° 2, Fall 1994, pp. 87 125. Ver también MANSFIELD,
EDWARD y SNYDER, JACK, “Democratization and war ”,
en Foreing Affairs, May/June 1995, pp. 79-97. Mansfield
y Snyder afirman: “Gobernar una sociedad que está
democratizando es como manejar un auto mientras se
arroja el volante, se para la nafta, y se lucha con otro
pasajero que estará en el asiento del conductor. El
resultado, a menudo, es la guerra”. El problema,
aducen, está en la transición de la democracia: “las
recientes escaramuzas fronterizas entre Perú y Ecuador,
sin embargo, coinciden con las tendencias a la
democratización en ambos Estados y un giro
nacionalista en el discurso político ecuatoriano.
Además, las tres guerras previas entre ese par en los
dos siglos pasados ocurrieron en período de
democratización parcial. ” Ibid, pp. 89-95

Una totalidad significativa fue agregada por el


secretario de Defensa William J. Perry en su alocución
en el simposium estratégico anual “Partners in Regional
Peace and Security”, coorganizado por el United States
Souther Command and el Institute for National Strategic
Studies, National Defense University , Miami, Florida, 26
de abril de 1995: “Las democracias tienden a resolver
los conflictos internos pacíficamente y comparten el
respeto por los derechos humanos. También tienden a
resolver los conflictos externos pacíficamente. Pero la
democracia no garantiza la paz y la estabilidad. Muchas
de las naciones de este hemisferio están luchando con
conflictos externos e internos esporádicos. La mayoría
de los conflictos externos, tales como disputas
fronterizas, se resuelven a través de la mediación. Pero
a veces la disputa estalla, como la ilustra el conflicto
entre Perú y Ecuador ”.
(7)BROW, SEYOM. The Causes and prevetion of War,
segunda edición, New York, St. Martin’s Press, pág. 82
(8) “Fujimori entrevistado sobre el conflicto con
Ecuador ”, Televisión Panamericana de Lima, 13 de
marzo de 1995; FBIS-LA, 14 de febrero de 1995, pág.
50.
(9)Columbia, University of South Carolina Press, 1994.
(10)Sobre este punto ver el comentario de Manuel
Moreyra, “National Agreement and Security”, en El
Comercio (Lima), 22 de marzo de 1995 p. A2, como fue
reportado en FBIS-LA, 3 de abril de 1995.
(11) “Amnesty Law Criticixed, Creation of Truth
Comission Urged”, en La República (Lima), 17 de junio
de 1995 pág. 20, como fue reportado en FBIS-LA, 29 de
junio de 1995, págs. 44-45.
(12)”Fronm Drifting to Shipwrecking”, en El Universo, 20
de marzo de 1995, como fue reportado en FBIS-LA, 27
de marzo de 1995, pág. 57.
(13)Latin American Weekly Report, 23 de marzo del
1995, pág. 125.
(14)Caretas, 16 de marzo de 1995, pág. 21.
(15)DAVIS, LORI. “Safe Border troops Settle in al
‘Higginsville”, Tropic Times, United States Southern
Command, Quarry Heights, Panamá, abril 7 de 1995, p.
7.
(16)Este es el tema del reporte de la Corporación de
estudios Para el Desarrollo, Ecuador y Perú: Vecinos
Distantes. Quito, 1993.

SITUACION ACTUAL

Escribimos estas líneas en los primeros días de


diciembre de 1997, a la luz de hechos acontecidos en
los últimos días. No queremos contradecir al jefe
supremo de la Fuerza Armada y gran estratega, el
señor presidente Fujimori, ni al profesional de la guerra
y comandante general del ejército, ni el super asesor, al
más grande self man made de este siglo, estratega y
analista de inteligencia. Según ellos ganamos en El
Cenepa y le dimos con todo a ecuador. Y entonces, ¿Por
qué se firmó Itamaraty?, ¿Por qué se acepta la
existencia de impases y, lo más grave, por que se
consiente la discusión sobre una salida soberana del
país agresor al Amazonas? Si acaso en verdad ganamos
en el campo militar, ninguna duda cabe que
continuamos cediendo en el campo diplomático.

El nuevo ministro de Relaciones exteriores, Ferreo


Costa, declaró a poco de asumir ese cargo lo que
siempre debió de ser norma: “no discutiremos salida
soberana al Amazonas”. Aparentemente recuperábamos
así el orgullo nacional y era de suponer que estábamos
listos para la defensa militar de nuestros derechos.

Pero vino luego la reunión de Brasilia y se firmo


allí una Declaración aceptando discutir la libre
navegación de ecuador en el Amazonas, considerada en
el protocolo de Río de Janeiro, pero además aceptando
fijar la frontera común en el terreno, cuando la frontera
estaba ya fijada y sólo cabía demarcar unos cuantos
kilómetros. Consecuencia de estos es el incremento de
motivaciones en Ecuador, cuyos dirigentes no han
renunciado ni ápice a sus pretensiones sobre el
Amazonas. Lo más inexplicable es que el presidente del
Perú se a apresurado en ofrecer puerto libre y zona
franca en territorio peruano, algo no consignado en el
Protocolo de Río de Janeiro y que ni siquiera Brasil ni
Colombia se atrevieron a reclamar nunca. Esta es otra
muestra de debilidad que no hace sino acicatear más y
más las ambiciones ecuatorianas.
Para agravar más la situación, Chile, teniendo
como portavoz al generalísimo de sus Fuerzas armadas,
Augusto Pinochet, se saca finalmente la máscara y
expresa con meridiana claridad, sin tapujo alguno, lo
que muchos sabíamos y lo que sólo algunos de nuestros
estadistas pretendían ignorar: Chile, el garante, es el
más firme apoyo de Ecuador.
El colmo es que con una ingenuidad digna de mejor
causa –por calificar de alguna manera una increíble
declaración- el presidente quiere hacernos creer que lo
acordado en Brasilia aleja la amenaza de guerra y que
de esa manera nos hemos ahorrado 500 millones de
dólares. ¿Tan bajo puede cotizarse la Dignidad
Nacional?. Mientras tanto ecuador gasta no quinientos
sino miles de millones de dólares en armamento y Chile
hace lo mismo adquiriendo tanques que sitúa en nuestra
frontera.
En el perú todo sigue igual por que se considera
innecesaria la potencialización de las Fuerzas armadas.
Pareciera revivir el pensamiento del dictador Augusto B.
Leguía, para quien también lo más importante era evitar
a toda costa la guerra, aunque para ello fuera de
necesidad hacer concesiones territoriales a nuestros
voraces vecinos. Si esto es así, para ahorrarnos 500
millones de dólares cedamos de una vez Tumbes, Jaén y
Maynas.
Valga entonces una nueva invocación a los
estrategas de nuestro siglo y a sus temblorosos
diplomáticos: Si no se define de una ves por todas el
diferendo con Ecuador, no habrá más disyuntivas que el
entreguismo o nuestra extinción como república digna
de respeto en el conceso de las naciones. La única
forma de asegurar la paz es mediante la estrategia
disuasiva, siendo militarmente más fuertes que ecuador.
De lo contrario poca esperanza nos queda de no ver
nuevamente mutilado nuestro territorio hasta que sea
reducido a una mínima expresión o tal vez a la nada.

Lo real es que unos cuantos no tienen nada de


peruanos hacen poco caso de la gravedad de la
cuestión, seguros como están de que llegada la hora de
la suprema prueba, emulando a sus pares de 1879,
huirán a tiempo para disfrutar en el extranjero de los
millones de las reservas. Y aquí el pueblo peruano, el
sufrido y siempre patriota pueblo peruano, como ayer
dijera “Mamita, los chilenos”, no tardará en decir
mañana “Mamita, los monos”.

Los señores estrategas de nuestros días debieran


recordar al mariscal Castilla, teniendo presente su
concepción geopolítica. Debieran mirarse como en un
espejo en la figura agregia del mariscal Ureta, el último
vencedor de este siglo, quien por las armas que
defendían el derecho impuso la suscripción del
protocolo de Río de Janeiro, documentos que otros no
son capaces de hacer respetar, pese al valor de los
soldados que comandan, soldados que son dignos
herederos de Cáceres.

A Cáceres, el patriota excelso, se le pretendió


olvidar, como también se desdeñó a sus heroicos
breñeros. Al mariscal Ureta nadie lo recuerda, no se le
ha erigido monumento alguno y pese a su triunfo en
Zarumilla ni siquiera es héroe nacional. Lo que es más
inicuo, sus camaradas de la campaña del 41 o han
muerto o agonizan en medio de una miseria espantosa,
vencidos por el resentimiento y por el hambre. En ese
camino van los combatientes de El Cenepa.

Un pueblo que se deja arrebatar su dignidad es un


pueblo sin futuro. Peruano de corazón herederos de
Cáceres, Mamanis, Quispes y Yupanquis, hombres de
ancestros peruanos: digamos ¡basta ya! a tanta
humillación. Vale más morir de pie que vivir de rodillas.
Por escribir esto no se me podrá acusar ni de derrotista
ni de traidor a la patria. Porque enarbolamos la verdad.
¡Morir antes que ceder un milímetro más de nuestro
sagrado territorio patrio! O, en último caso, ¡Muerte a
quienes se nieguen a hacer respetar la intangibilidad
territorial del Perú.