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José Luis Abreu | 2017-3059

En relación con el progreso del poder absoluto en ciertos estados, una doctrina,
el absolutismo, se define como la soberanía monárquica sin fronteras y sin
control, que es más importante que el deber de obedecer. El absolutismo
parece estar reforzado por las crisis. El siglo XVII nos muestra la absorción del
absolutismo; Pero es un absolutismo incierto y obsoleto.

En general, la política europea de los siglos XVII Y XVIII sigue dependiendo


ideológicamente de la religión cristiana. Y, sobre todo, el equilibrio entre las
fuerzas sociales, las relaciones materiales y la capacidad de resistencia del
Estado. Los conflictos están mezclados entre términos religiosos y políticos.

Pensadores como Bodino, con una idea de absolutismo, estableciendo que la


monarquía debe ser la que rija todo los destinos del pueblo, nos permite
extrapolar sus ideas a la de Estado. De aquí, que sea a través del Estado,
equilibrado con los poderes, los que se aplican en las diferentes concepciones:
Monarquía constitucional regulada por los parlamentos; poderes ejecutivos,
legislativos y judiciales; diferidos del common law.

El espíritu del Renacimiento comienza a dar sus frutos en el siglo XVII. Hay
muchos esfuerzos de la mente para conocer y comprender el universo. Es el
despertar de la comprensión científica moderna. Bacon, con Novum Organum
(1620), y Descartes, con Discourse on Method, intentarán desarrollar un
sistema lógico de pensamiento. Estas son dos obras imprescindibles del siglo
XVII.

A partir de las ideas de estos pensadores establecemos vínculos entre el


pensamiento científico y el político. Este gran ascenso hará que la política
aparezca como una ciencia. Así que pensaremos en política cuando pensemos
en una ciencia exacta. Esto causa una agitación en el pensamiento en
comparación con los siglos anteriores.