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OCTUBRE 2 0 1 7 VOL 1|Nº1

ENTRAMADO
GACETA LITERARIA DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE
QUILPUÉ

ARMADO DE PIEZAS
Estos textos son entramados, paredes levantadas para
A la usanza de los viejos manuales de carpintería, cobijo de lector. Son habitaciones hospitalarias en
los cuentos son tramas, tramas que tuercen visagras. medio del cruce de verdades.
Los cuentos son ante todo un armado lleno de suples
interiores, agregados de madera que cruzan de acá Todos los autores han formado parte del taller de
para allá. escritura de la Biblioteca de Quilpué. Un taller que se
Un cuento que apela, te lleva a través de los rastros propuso levantar sitio, que cada uno lo hiciera a su
sobre la misma realidad, tratando de descubrir aquel manera. Unos escarbando y levantando tierra, otros
molde perfecto /que no existe/ copiando las instruc- observando personajes y haciéndolos mutar.
ciones invisibles, las instrucciones a tientas que todo Los invitamos a leer esta propuesta que reune los me-
texto postula inventar. jores textos del taller básico de este año 2017.
PALABRA DE BIBLIOTECA

U na Biblioteca no es sólo un techo y cuatro


paredes levantadas para guardar libros, estos
serían estériles si los lectores no terminan
conformando una comunidad. La biblioteca
es un espacio de participación y capacitación
que disfruta en torno a todas las expresiones
ligadas a la literatura, ya sea desde la escritura
a la lectura.
Es por ello que como Biblioteca de Quilpué
nos sentimos muy contentos de sacar adelan-
te la primera publicación de nuestra gaceta
literaria, que reune los mejores textos de
quienes trabajaron semana a semana por dos
meses en nuestro taller literario adulto. Todos Índice
en un ambiente de colaboración y entusiasmo.
No será la última publicación que saquemos Palabra de Biblioteca..............................2
adelante ya que nuestra idea es seguir siendo El Taller.........................................................3
un polo generador de actividades culturales Cuentos..................................................4-21
en la comuna. Uno en donde todos se sientan “Se llamaba Clay”......................................4
incluidos, por ello es que ya se está llevando “¿Quién fue Boy”.......................................8
el taller literario adulto avanzado, el taller de “Cabeza de Rulo”.....................................14
literatura electrónica para jóvenes, además del “La rica papa”...........................................16
Taller de Reminiscencias dirigido a los adultos “La Conversación”...................................19
mayores de la comuna. Junto con ello no paran Poema hallado.........................................22
las actividades de los dos clubes de lectura y
las capacitaciones en computación por parte
de Biblioredes. Es decir contamos con un
sinfin de actividades orientadas al goce y el
aprendizaje en Quilpué.
EL TALLER

El grupo taller literario de la Biblioteca de usuario.


Quilpué presenta todos los años dos versio- A lo largo de los últimos años las sesiones de
nes, una orientada a un nivel básico donde nuestro taller destacan por el compromiso
el objetivo principal es poner en ejercicio la y amistad entre sus integrantes, además del
escritura basándonos en la ejercitación y aprendizaje conjunto, horizontal de los con-
experimentación con los pilares de un texto tenidos. El principal objetivo en ese sentido
narrativo. es entregar a la vida de cada uno de los parti-
El segundo grupo contempla avanzar un cipantes un una nueva forma de aprehender
poco más en el conocimiento de herramien- la realidad circundante con la idea de estimu-
tas y técnicas narrativas más elaboradas. lar la creación de distintos textos.
Ambos grupos sesionan en épocas distin- El coordinador del Taller es el periodista y
tas del año y no tiene ningún costo para el escritor Danilo Vega.
CUENTOS
Se llamaba Clay

Por: Jorge Rubio

B
ubicación de la casa le permitía contemplar
el sector como desde una atalaya. Las casitas
ernabé regresaba a su hogar desde la
tristes que fueron naciendo sin permiso en
escuela ya pasado el mediodía. En el dor-
las lomas vecinas, que se aferraban al terreno
mitorio colectivo se retiró el buzo escolar y
agreste con sus patas flacas, como por arte de
raudo se dirigió a la cocina a husmear en las
magia, resistiendo las arremetidas de cada
ollas. Todo transcurría como cada día. Berta
invierno con sus lluvias, el viento y los suce-
se afanaba en los toques finales del almuerzo
sivos desmoronamientos del terreno. A un
para su numerosa prole. En la mesa ya algu-
costado, la quebrada de los juegos de la in-
nos de sus hermanos esperaban impacientes
fancia. Ensimismado en su contemplación, no
su ración, más que nada saber que les había
se percató que el perro de la casa ya estaba
preparado su madre, a pesar de que el menú
echado a su lado esperando para la aventura
diario no era muy variado. El sueldo de su
de esa tarde. Un suave golpe en la cabeza del
padre era escaso y ellos muchos.
animal y éste entendía que esa era la orden
para iniciar la diversión. Un palo, un trapo,
Al rato salió a jugar al patio. Se detuvo a
una piedra pequeña, cualquier cosa que
contemplar el paisaje que ofrecía aquel lugar
pudiese lanzar hasta el fondo del patio que
orlado de numerosos árboles y arbustos que
luego era recogido por el perro que lo traía
pintaban de verde las quebradas cercanas. La
cariñoso de regreso para volver a empezar. A la sombra de esa higuera fueron quedando
Siempre hubo, al menos, un perro en la casa, sepultados los restos de otros perros que
pero este tenía algo especial que lo hacía muy acompañaron a la familia, desde siempre.
querido por todos los miembros de la fami- El terreno era coronado por tres enormes
lia. Un día llegó y se quedó. Quizás siguió a almendros que en algún momento, ya leja-
cualquiera de sus hermanos desde la escue- no, aparecieron de la nada, donde siempre
la, o uno le dio un pedazo de pan y ya no se hubo volantines agonizantes en septiembre.
marchó. Cada mañana amanecía echado a un Bernabé no logró dominar ese impulso y tre-
costado de la puerta esperando a que alguno pó el árbol mayor por entre sus ramas sólo
saliera a la calle para para divisar desde
acompañarlo. Y así la altura las casas de
los fue conquistan- los vecinos. Algunas
do, pacientemente, almendras maduras
uno a uno. Su nom- se resistían a caer.
bre era Clay. Llegó Arrancó varias y
para quedarse aquel llenó sus bolsillos. El
día en que Casius perro abajo le indi-
Clay se coronaba caba impaciente que
campeón del mundo quería jugar como
de boxeo. De acá era costumbre. Revo-
recogió Bernabé el leteaba alrededor del
nombre que tomaría árbol y luego corría
el perro desde ese hasta la higuera y
momento. Como un desde ahí hasta el
campeón. ciruelo y regresaba
al almendro, una y
Después de un otra vez. Optó por
rato decidió bajar bajar y armado de
al patio y recorrer una piedra rompió
aquellos rincones tantas veces recorrido. La el caparazón de unas cuantas almendras y
higuera eterna que afirmaba el terreno al fi- disfrutó su corazón blanco. Una bandada de
nal del patio, siempre a punto de caer, donde chirigües o jilgueros vino a posarse en lo alto
cuantas veces hicieron las travesuras en las de uno de los árboles inundándolo de colo-
noches de San Juan; los ciruelos que tantos res verdes y amarillos entre una sinfonía de
malos ratos hizo pasar a su madre cuando trinos.
el estómago de algunos de sus hijos no era
capaz de soportar los frutos indebidos; el Ambos, niño y perro, cruzaron el cerco de
retamo de la abuela Genoveva con sus flores latas y se en caminaron hacia la quebrada
amarillas. más cercana. Este era el paraíso para ambos.
El perro se perdía entre la maleza y las matas su cabeza sobre el cuerpo dormido del perro,
de alcayotas para aparecer más allá, tratan- y ambos se quedaron así, por un rato largo,
do de alcanzar cualquier bicho residente en en un silencio cómplice.
ese paraje. Bernabé, por su parte, recorría
aquellos rincones ocultos donde esperaban Bernabé despertó esa mañana muy tarde. El
a madurar las alcayotas que luego en las sol ya hacía un buen rato que se encontraba
manos de su madre o de la abuela se conver- en lo alto. El viaje desde Suecia había resulta-
tirían en un delicioso manjar. Así estuvieron do muy agotador. Estocolmo, Berlín, Madrid,
en este juego hasta avanzada la tarde. Nada Miami, Santiago, resultaba ser un periplo
les alteraba ese íntimo tiempo de felicidad. muy extenuante. En total habían sido treinta
horas entre el vuelo y la tediosa espera en los
De regreso en el patio Bernabé se sentó en aeropuertos, sumado a ello la falta de un buen
un tronco viejo con el ánimo de descansar. El dormir producto de los cambios de horario.
Clay se echó a su lado. Extrajo las almendras Unos meses atrás había decidido hacer este
sobrantes desde un bolsillo y con la misma viaje a la casa familiar en Valparaíso, después
piedra las abrió y procedió. Observaba las de cuarenta años de ausencia. Anhelaba
lomas y quebradas lejanas pintadas de oro reencontrarse con la que fue su residencia

con sus enjambres de casitas multicolores. durante los años de la infancia y juventud,
Ahora miró hasta lo alto de los almendros con su familia, con sus amigos, sus vecinos,
y se ilusionó con que ese tiempo nunca se y sobre todo, reencontrarse con su patio de
acabara. Recordó que su abuela en una no- los juegos en los albores de su vida. Recordó
che de invierno junto al brasero les narró un haber soñado aquella noche en su pernoc-
cuento sobre el almendro que al final decía tada profunda, en que aparecían imágenes
que si uno le pedía un deseo al árbol, éste, si de un niño y su perro, de enormes árboles y
lo concedía, votaría diez de sus hojas sobre pájaros multicolores. Compartió un modesto
sus cabezas. desayuno con el único de sus hermanos, ya
anciano, que permanecía en la casa. La abuela
En un momento se tendió en el suelo y apoyó y sus padres ya habían partido. Sus hermanos
varios quedaron en Suecia, otros emigraron a suelo malherido. Recordó que ahí quedaron
sus propias casas. Las paredes mostraban las sepultados los restos del Clay, el perro de tan-
heridas ocasionadas por el paso de los años. tas andanzas, de tantas aventuras compartidas
La mesa que antes resultaba ser estrecha en la infancia. De las pichangas en la calle en
ahora mostraba sillas vacías. A un costado di- las que él los acompañaba y ya en la juventud,
visó aquel cuadro con dos hermosas palomas en aquella noche larga él fue un compañero
echas de lanas coloridas, la foto de su hermano más en la barricada. Pensó en depositar una
Cristian y numerosas frases de despedida. flor en aquel lugar, pero el romero tampoco
estaba. Guardó silencio por un rato, como un
Salió al patio, no sin temor a lo que tendría último homenaje a ese perro fiel y pensó en
que ver. Las lomas y quebradas vecinas no sus hermanos allá lejos. Recordó a su otro
habían variado mucho el paisaje, sólo que hermano que no soportó la ausencia y lo
ahora las casitas humildes se multiplicaron. venció la nostalgia y decidió partir. Volvió sus
Las matas de alcayotas fueron superadas por pasos hasta donde estaba el almendro herido
las zarzamoras y donde había tunas ahora se y elevó su mirada hacia lo alto y soñó con que
levantaba una construcción. Recorrió con la todo volviera ser como antes fue. Luego retor-
vista su patio. Los almendros ya no estaban, nó a la casa vacía.
sólo uno mantenía, estoico, una rama agónica
que mostraba un puñado de hojas marchitas, En su partida presurosa no se percató de
quizás esperandolo para despedirse de él, aquellas hojas que se desprendieron desde el
definitivamente. Caminó hasta el fondo, hasta almendro para quedar tendidas en el suelo.
donde estaba la vieja higuera y encontró un

Jorge Rubio Cárcamo


66 Años, pensionado, después de 45 años de trabajo, ininte-
rrumpidos. Porteño, más que porteño, placerino de corazón
y quilpueino de adopción Lector esporádico y escritor afi-
cionado. Obtuvo segundos lugares en concursos de cuentos
“Enap Creando” y “Qué Cuento me cuentas”. Mientras
permaneció en la red, escribió artículos de actualidad en
la revista digital “ELKABEZANEGRA”, con sede en Suecia,
dirigida al público latino. Amante del folclor chileno. En ese
rol fue conductor del programa “Chile, Alma y Folclor”, en
radio MARGAMARGA.FM, radio comunitaria de Quilpué.
Editó su primer libro, “De Placeres, Cóndores y Almendros.
Historia de una familia”. Participó en un taller literario diri-
gido por Nelson Rodríguez y este último año en otro taller
de la Biblioteca de Quilpué dirigido por Danilo Vega.
¿Quien fué Boy?

Por: Jaime Godoy

H
ma estadía para el funeral de su postrera
moradora.
abía ido a la vieja casona de sus
abuelos que permanecía cerrada desde la
Se sentó en el sofá de la gran galería donde
muerte de su abuela, para recoger algún
se encontraban el comedor y la sala de
recuerdo para llevar a la reunión de pri-
estar de diario. Ahora iluminada con ese
mos que organizó. Todo en penumbra has-
sol aún fuerte de finales del estío, volvió a
ta que abrió puertas y ventanas para que
ver el verde claro de sus paredes. Recor-
entrara la luz del sol que ya estaba avan-
dó el ruido que se producía cuando algún
zada en su camino hacia el oeste después
sismo movía el largo ventanal que estaba a
de aparecer desde detrás de la cordillera.
su espalda. En frente, tenía el ancho pasillo
Llegó temprano avanzando por los valles
que conducía a la mampara de vidrio de
primero para después continuar avan-
dos hojas y al zaguán y después a la fuerte
zando por las calles e invadir los patios
y alta puerta de la calle. Un leve frío sintió
combatiendo a las sombras, haciéndolas
en su espalda al recordar su infancia en
retroceder hacia el este para derrotarlas
esa antigua casa, ahora sin moradores, de
por completo. Entró la luz y revivieron
no menos de 25 habitaciones y cada una
los recuerdos de su niñez, descubriendo
con sus fantasmas e historias de personas
muebles y rincones casi olvidados después
que fallecieron en ellas.
de más de cuarenta años desde su últi-
Entre él y ese pasillo que conducía a la intactos para los otros, no lo hizo.
puerta de calle, su mirada encontró la Terminó de recorrer la casa, el patio, el
mesa de centro, antiquísima, alta, barni- parral y la higuera del fondo que se junta-
zada clara, con su grueso cristal sobre su ba con otra de la casa de al lado y que en
cubierta y bajo este, lo que buscaba, un las noches de su infancia se llenaban de
montón de fotos. Sacudió el polvo acumu- espíritus y fantasmas, cuyas sombras las
lado por tantos años y aparecieron física- veía moverse en su imaginación infantil.
mente, también en su memoria, fotos de Qué recuerdos afloraron en su mente. Ce-
los abuelos, sus hijos e hijas, las novias o rró puertas y ventanas y abandonó la casa
novios, esposas o esposos y algunos otros, para dirigirse a la de su padre a conseguir
la familia completa. Pero una de ellas le la copia de esa fotografía.
llamó más la atención. Estaba ahí desde
que era pequeño, desde hace medio siglo o Con ella en su poder llegó a la reunión. Sa-
más. Siempre la había visto allí, en especial ludos protocolares, aperitivos, picadillos,
cada vez que usaba esa mesa para dibujar almuerzo, postre, vino a destajo, café, baja-
en un inmenso libro de registro, de esos tivos e informe de cada uno de los asisten-
que usaban en las instituciones del estado. tes para poner al día a los otros sobre su
La imagen estaba impresa en un tamaño vida y la de los suyos. Sacó la pequeña foto
de 18X24, en blanco y negro, la única entre de la gran y amada familia que corrió de
el resto, todas más pequeñas en sepia. mano en mano, de grupo en grupo.
Aparecían en ella su bisabuela materna,
su abuela y entre ellas el abuelo, sentados. – Mira ese es tu papá, dijo uno.
De pie, detrás de ellos, su madre, su tía y
sus tíos y otros familiares, en el piso, una
prima y su tío menor. Se percató que sólo
quedaban vivos dos de ellos. Permanecía
bajo ese cristal con todos sus personajes
aprisionados y encerrados bajo él, sofo-
cados, pero con sus sonrisas a la vista,
sonrisas para la foto y quien sabe que
drama o alegría pudo haber tenido cada
uno de ellos. Se sintió también sofocado
por la situación en que se encontraban los
del grupo por el hecho de pertenecer a esa
fotografía. Estuvo a punto de sacarla para
llevarla a la reunión y liberar, de paso, a
los que estaban en ella, pero se acordó que
su padre tenía la misma foto en un tama-
ño menor y para mantener los recuerdos
para mantener viva en la memoria de su
– Este es el tío Sergio, que joven y buen hijo la vida de sus contemporáneos. Pen-
mozo era, comentó otra. Era uno de los só detenidamente tratando de recordar.
sobrevivientes junto al tío menor que apa- Era joven, delgado, alto, de pelo claro,
recía sentado en el piso. de mandíbula un poco alargada, con un
aire de distinción, seguramente de familia
– ¿Y la señora de edad que aparece al adinerada, frente amplia, orejas grandes
lado del abuelo?, preguntó una de las más con un delgado bigote bajo de su fina y un
jóvenes. poco pronunciada nariz. No hubo caso,
nada le venía a su mente. La instantánea
– Es la bisabuela, la abuela Pina, la madre empezó nuevamente a pasar de mano en
de la abuela respondió él. mano, provocando en cada uno de los asis-
tentes una inmensa curiosidad y necesidad
– Yo no la conocía, dijeron varios de los de descifrar la identidad de aquel descono-
jóvenes. cido joven.

– Déjame mirar, dijo el menor de todos. Al día siguiente los


asistentes, con una
Y así uno a uno fueron reconocidos y copia en sus celulares,
contada parte de su historia por los que iniciaron rondas de
alguna idea tenían de ellos. consultas entre los que
no asistieron a la reu-
-¿Y tu papá por qué no aparece? dijo Lucia. nión. Nada se consiguió,
solo acrecentar la duda
-Lo desconozco, no sé si ya estaba compro- y las ansias de saber
metido con mi madre o estaba trabajando quién era. Se recurrió
o a lo mejor fue el que sacó la foto. Más a los tres sobrevivien-
tarde le consultó y confirmó que él había tes. Uno de ellos, con un
sido el fotógrafo. Alzheimer iniciándose, no recordó
nada. Su padre, de 98 años, tampoco,
-¿Y este que está de pie en la última fila sólo recordó que era un amigo de la
entre tu mamá y mi tía Alicia? preguntó familia. Eso era supuesto por todos
Viviana ya que aparecía en la foto familiar.
Se le consultó al otro sobreviviente
El no lo había visto o no le había llamado de los de la foto, el chico de unos
la atención. Lo miró detenida e intensa- nueve o diez años que aparecía sentado
mente, concentrado y tratando de recor- en el suelo a los pies de su padre. Este, el
dar antiguos comentarios que su madre menor de los tíos, de más de ochenta años
hacía al mostrarle las fotos, seguramente ahora, recordó dos días después que su
nombre era Boy y que era amigo de uno de los presentes que tan gentilmente y desin-
sus hermanos mayores y que vivía en cam- teresadamente había venido para coope-
po a pocos kilómetros al sur de la capital. rar en la identificación. Llegaron con una
Nada más se pudo obtener respecto al vaca entera, diez cerdos más que lechones,
desconocido de la foto. veinte pavos, cincuenta gallinas, setenta
kilos de longanizas ahumadas de Chillan
Ante tan tremenda duda se decidió con- y unas doscientas tórtolas más una malla
vocar a todos los parientes, amigos de de cebollas. Doscientos cincuenta arrolla-
estos y amigos de los amigos para que dos de cerdo y cuarenta kilos de queso de
se reunieran en la casa de los abuelos Valdivia para picar. Ochenta cajas de pisco,
para ver la imagen de mayor tamaño cuarenta de whisky, trescientas botellas de
que permanecía bajo el cristal de la coca-cola, diez barriles de cervezas, be-
mesa de centro para obtener respues- bidas sin azúcar para los más delicados y
ta sobre el enigmático personaje. quinientas cajas de vino Cabernet Sauvig-
non reserva de familia. Hubo que romper
Él estuvo temprano ese día para parte de la galería para poder ingresar la
tener la casa abierta y luminosa. Se vaca y los otros animales al patio. Todos
contrató una empresa de aseo para ellos fueron faenados de emergencia en
que limpiara. Todo estuvo listo a un matadero cercano. Otros se encargaron
media mañana ya con algunos de de traer unos cien kilos de carbón para co-
los primos presentes. A medida locar todo lo traído a cocinar a las brasas.
que pasaba el tiempo llegaban Las primas y mujeres más cercanas a la
y llegaban más y más personas familia se encargaron de las ensaladas. Se
las que después de observar arrendaron vasos y platos en cantidad su-
al personaje tratando recor- ficiente para asegurar la atención de cada
dar, se los invitaba a pasar a uno de los asistentes.
las habitaciones para que siguieran
intercambiando recuerdos y dejar que Cuando se estaba empezando a encen-
otros pudieran observar la imagen. Se der el carbón, apareció en la puerta una
fueron distribuyendo entre el patio y las anciana de unos noventa y cinco años,
veinticinco habitaciones las que se fueron vestida de negro y su pelo en dos trenzas
llenando rápidamente hasta casi hacer enrolladas a los lados de cabeza haciendo
imposible el ingreso de otros. Afuera la fila las veces de moños, a la usanza antigua
era inmensa, casi de unas cuatro cuadras en el campo. Dijo ser de apellido Bisquer-
de largo. En total, unas ochocientas o un tt – apellido de una familia que siempre
poco más de un millar. nombraba la abuela – y que era oriunda de
Rengo al igual que los abuelos. Se le abrió
Los primos mayores se encargaron de espacio para darle la oportunidad de ver
comprar algunas cosas para alimentar a la foto y dijo reconocer al desconocido.
Se le acercó una silla para que estuviera con un equipo – para ayudar al potro y a
más cómoda y así ayudarle a su memoria. los toros en la monta en épocas de celo –
Al correrse la voz que había llegado esta formado de dos veterinarios y seis opera-
dama y que parecía conocer a carta cabal rios para evitar que sus vergas toparan el
al personaje, se produjo un silencio se- suelo. Los novillos y vaquillas de engorda
pulcral para escuchar a la anciana. Todos eran de un poco menos alzada, pero de si-
expectantes esperaban su relato. milar peso. Cada vez que se llevaban al ma-
tadero era más económico hacerlo en un
Eso dio tiempo a los asadores para termi- camión de los que se usan en la minería.
nar su faena. Habían rellenado la vaca con Los vacunos que poseían alcanzaban casi a
los diez cerdos, los veinte pavos, cuarenta los diez millares además de otras especies.
y nueve gallinas, las longanizas, las tórto- Con el esfuerzo hecho para recordar, el
las y casi la malla completa de cebollas. largo viaje realizado desde su ciudad y el
Sobró una gallina y dos tórtolas que no prolongado ayuno, la viejita se desmayó y
cupieron en el vientre de la vaca. La en- detuvo su relato. Ello dio pie para que los
sartaron en una vara que le hicieron pasar asadores atizaran el fuego para darle algo
desde el culo hasta el hocico para poder de comer a la anciana. En ese instante se
girarla sobre las brasas y así cociera pare- percataron que, por el culo, las orejas y los
jo. Cerraron el vientre con alambre para orificios de la nariz empezaba a perderse
que no se cayera el relleno, como también el jugo que estaban dando el relleno, por
el hocico. Al principio solo se olía el aroma lo que tuvieron que ponerle la gallina que
del carbón, pero con el correr de los minu- sobró en el culo, una tórtola en cada oreja
tos el humo de la grasa que se derretía del y un par de cebollas en la nariz para evitar
relleno empezaba a producir el agradable la fuga de tan apetitoso caldo.
humo y aroma de la carne cuando se asa
que se dispersó por las veinticinco habi- Una vez que la anciana despertó, se le dio
taciones, pasillos, la galería pasando por un poco del sabroso caldo y un buen peda-
el zaguán y llegando arrastrándose hasta zo de carne y pedazos del relleno y el resto
la puerta de calle. El aroma alcanzó a la asado se repartió a los asistentes acompa-
Sra. Bisquertt que empezó a recordar. Sí, ñados de aperitivos, pisco o whisky solo o
dijo, lo recuerdo. Era el hijo único de una con coca-cola, cerveza, vino, de los cuales
familia muy adinerada de Rengo que era también bebió la anciana. Algunos comie-
propietaria de un predio de un kilómetro ron poco porque ya se habían satisfecho
de frente sobre la carretera que va hasta con el arrollado y el queso. Terminados
Puerto Montt y de fondo llegaba hasta el de comer, toda la atención recayó sobre la
mar donde tenían unas salinas. Tenían un anciana que siguió por cerca de dos horas
potro y como diez yeguas corraleras y tres entregando antecedentes.
toros de dos metros y veinte centímetros
de alzada, de unos mil ochocientos kilos, – Pero ¿cuál era el nombre de ese joven?
Inquirió uno de los más intrigados asisten- funda decepción. Se cerraron las puertas y
tes después de tan largo relato. ventanas y abandonaron el que había sido
el hogar de los abuelos que nuevamente se
– Primitivo, respondió la anciana con voz llenó de fantasmas y espíritus que murie-
pastosa y medio ebria. No, corrigió des- ron poco tiempo después ya que dejaron
pués, creo que Heriberto y dio otros nom- de existir en sus mentes.
bres cada vez más confundida, durmiéndo-
se después, siendo imposible despertarla. Meses más tarde, al morir el último des-
cendiente y heredero de la propiedad pasó
Alguien que había viajado con la Sra. Bis- a los nuevos dueños de acuerdo al contrato
quertt comento que tenía demencia senil de compraventa hecho por los abuelos.
y que en algunas oportunidades se recor- Antes de ser ocupada por los nuevos
daba, imprecisa, de cosas de antaño y que propietarios, la casa se incendió sin cau-
en otras decía haber participado en accio- sa conocida y desapareció por completo.
nes bélicas de la independencia ocurridas Alguien dijo que probablemente quemada
doscientos años atrás. Con esa revelación por los fantasmas y espíritus de los muer-
se perdió toda esperanza de saber más tos, por despecho, ya que nadie se acordó
antecedentes de Boy y su historia ya que nunca más de ellos ni de la imagen de
nadie más aportó alguna otra información. aquel desconocido que sólo se supo feha-
cientemente que se llamaba Boy.
Los asistentes empezaron hacer abandono
de la casa. Los organizadores de la reu-
nión se quedaron para ayudar a limpiar y
observar por última vez la foto con pro-

Jaime Godoy

Jaime Godoy, nació en Santiago de Chile, el 9 de


octubre de 1948.
Estudió en el Liceo de Aplicación y Estudió Agro-
nomía en la Universidad de Chile. Trabajó en el
Servicio Agrícola y Ganadero por 41 años. Una
vez jubilado retoma su pasión por la literatura y
se inscribe en el Taller de Tejiendo Escrituras.
Cabeza de rulo

Por: Rosa Jimenez

A bel es un joven de estatura media-


na, tez morena, ojos cafés, pelo castaño
abundante y rizado. Su vestimenta es
completa, siempre carga una bolsa con
sus pertenencias, deambula por el sector
y luego se instala en su espacio favorito,
cerca de la casa de estudios donde él no
finalizó el sueño de ser un profesional, el
ir y venir de los estudiantes lo trasladan
en un chispazo de su cordura a la época
de andar con sus libros.

Así en confianza se acerca a los jóvenes


en voz baja y frases cortas, les solicita
monedas para comprar una cerveza, que
le ayudará a pasar feliz el día. La mayor desde entonces camina lento, cojea y
parte del tiempo lo pasa sentado bebien- conversa con los fantasmas que lo acom-
do. pañan de noche, camino al hogar de sus
La negativa ante su petición lo pone de padres, que lo acogen, le brindan hospe-
mal humor. De ese modo tuvo un acci- daje, ropa limpia y alimento. Para el día
dente al cruzarse intempestivamente siguiente volver a su misma rutina.
ante un vehículo, el cual lo atropelló,

Rosa Jimenez

Nacida en 1949. Estudios básicos,Medios y


Técnicos ,realizados en Valparaíso.
Se incorpora al Taller literiario de la Bi-
blioteca de Quilpué en 2015.
La rica papa

Por: Mario Salvador

…”Look at me now…”
Tema de Charlie Puth

¿
en la tierra. Al entrar´l al galpón de la
Papitas chiquillos?, ¡Paapaaa!, papitas feria, vacío el saco de papas sobre este
ricas chiquillos, ¡Hay paapaaa!... mesón de maera de mi local, ¡Paapaaa!,
Toos los sáaos a las cinco de la maña- papitas ricas chiquillos, ¡Hay paapaaa! y
na, me levanto con jockey, blujeanes y me pongo a traajar, pero cuando me da el
zapatillas, subo a la camioneta cargá de hambre me vengo pá onde mi compadre
sacos de papas, parto derecho por la ave- del restoran, el Matías, me siento a la
nía Freire, hasta doblar por una calle de mesa y chupando unas chelas, hablamos
tierra y estacionarme hacia la izquierda. un poco de la vida. Gueno pa’l vino, era
Me echo el saco de papas número tres, mi padre y mi madre tamién, le digo. La
al hombro, y camino por los pasillos de pobre consumía pasta base pá sopor-
cemento, pá no pisar las cacas de perro tar’l los golpes que al toque le daa ese.
No toos tenemos la suerte de tener’l los
padres que tenís vo, Matías. Cuando yo del Wily, que quedaa pa’l centro de Villa
tenía cinco años, los míos me dejaron Alemana. Me compraa mi vinito y el
botao por ser’l negro, en La Asunción del resto de plata que me quedaa, me la jalaa
Hogar de Cristo: Una casa de ladrillos en pasta base. Hasta que me pillaron de-
azules, con jardines y juegos infantiles. nueo y me echaron de la pega después.
En esa casa crecí. Los hermanos de la No había pasao más de un mes, y jué el
acogía, me enseñaron a cantar, pá que José, a buscarme a mi puente otra vez.
me ganara la vida Y conversamos,
sin falopa, hasta largo y tendío los
que cumplí los dos.
dieciocho años, Te voy a dar otra
después, igual me pega, weón, me
juí a la chucha. dijo el José. Hace
Andaa pateando tres años, trabajo
la perra tirri- como un trabaja-
ble e achacao dor independien-
por el centro de te aquí en la feria.
Villa Alemana y Es un trabajo pá
zarpeando a la sobrevir, pero no
gente, en patine- pá, a ver, espéra-
ta tamién. Ellos me aquí sentao,
a veces me daan compadre. Se
plata. Chaucha acerca una case-
que gastaa pa aspirar’l la misma pasta rita a mi local. ¡Paapaaa!, papitas ricas
base de mi madre, a la orilla de la línea chiquillos, ¡Hay paapaaa!. ¿Va a llevar’l
del tren. papas, mi dama.
Botao abajo de un puente, too agüeonao -¡Soy Barsaaa, locaaa! - me compra un
me encontró el José. A él le agradezco kilo de papas, entrega un sobre, y se vira.
mucho, sabí. José es más que un amigo Extiende la palma, vacía el contenido
pa mí. Es como si juera mi padre. Con él del sobre e inhala el polvo blanco de la
empecé traajando en los áridos, yo era su mano.
ayudante.
Con la pala sacaa los escombros, tejas, Soy un cutre. Otra vez le fallé al José. Se
ladrillos rotos, hasta piedras de las casas me quitó el hambre, no tengo sueño, y
de los cuicos. Y los echaa aentro de la quiero puro conversar´l, pero el don de
tolva del José. Con lo que me pagaan, la palabra, como dice el poeta, me duró
fondiao del José, me iba pa la botillería re poco. Me puse choro con el Matías. Me
Mario Andreoli Labra
(Mario Salvador)
Escritor emergente, titulado de Técnico en Co-
municación Social, en Diciembre del 2003, en el
Instituto AIEP de Viña del Mar. En la Biblioteca
de Quilpué ha participado en los talleres de
Reminiscencias 2015 y este año 2017, en el Taller
Literario adulto.
La Conversación

Por: Miguel Valero

T
ple: un mueble para archivadores, libros
ras el vidrio de la pared se encontraba y un par de tazas de café con un hervidor.
él sentado en la oficina esperándola. Usaba Un pequeño escritorio y un computador
su delantal blanco desabotonado y por prendido que en la pantalla mostraba el
debajo una camisa celeste claro con lineas resultado de una biopsia. Un par de sillas y
blancas verticales casi imperceptibles. un ventanal que daba seis pisos más arriba
Un patalón gris oscuro y unas zapatillas de la calle y estaba cubierto con una corti-
de bordes rojos que lo hacían perder la na que llegaba hasta el suelo, su color era
formalidad habitual, todo lo anterior se café y ya estaba desgastada por los años,
complementaba con una corbata con figu- la humedad y el sol. Del otro lado había
ras de dinosaurios amarillos infantilizados una mampara de vidrio que daba al resto
corriendo y riendo a través de su diseño. El del hospital, sobre ella una persiana verde
delantal estaba desgastado en los bordes claro estaba enrollada y amarrada dejan-
de las mangas y sobre el bolsillo superior do entrar la luz a la oficina desde las otras
izquierdo mostraba una credencial con su áreas de la unidad.
nombre y especialidad. La oficina era sim-
Miró el reloj en su teléfono celular y al a decir. Antes de que empezara se levantó
mismo tiempo un mensaje de texto que un instante, bajó la persiana desplegándola
decía que ella llegaría en unos minutos sobre la mampara y volvió a sentarse.
más. Su semblante estaba algo más pálido
y ojeroso que de costumbre, su cara bien Acercó la silla más a ella y comenzó a
afeitada, su pelo cuidadosamente peinado, hablar, su relato era pausado, con un tono
pero sus dedos se movían rápidos, flexio- que permitía que sólo ella escuchara. Lo
nándose y relajándose rítmicamente, con acompañaba con una movimiento de las
fuerza, para luego frotarse las manos y manos abriendo y cerrandolas, periódica
recibir juntas el vapor de su boca en esa y sincronizadamente con las frases que le
fría mañana. iba relatando. Mientras lo hacía su cara iba
perdiendo la serenidad inicial y su frente
Se asomó por la ventana y miró la ciudad se iba arrugando, mostrando un ceño más
sin buscar nada específico. Cerró los ojos acentuado mientras más avanzaba la con-
y respiró profundamente miró la pantalla versación. Mientras tanto ella permanecía
del computador otra vez para luego volver quieta, conforme él le hablaba apretaba
a sentarse. Cinco minutos después apare- más el juguete contra su pecho y aunque
ció ella. Traía un jeans azul con un su rostro permanecía intacto sus ho-
chaleco que ya otras veces había jos se llenaban cada vez más de
usado, era un sweter de lana lágrimas, hasta que finalmen-
anaranjado con figuras de te una de ellas rodó por su
flores de colores de dife- mejilla derecha. Casi ins-
rentes tonos. En su mano tantaneamente su men-
llevaba el muñeco rega- tón comenzó a temblar
lón de su hija que había y un segundo más tarde
olvidado traer el día an- soltó un llanto fuerte
terior. La saludó con un y largo, tanto como su
beso en la cara y ella le suspiro lo permitió. Él
ofreció la sonrisa habitual esperó unos segundos y
de cada mañana, entraron luego sacó unos pañuelos
a la oficina y se sentaron y se los ofreció mientras con
uno frente al otro. La sonrisa de la otra mano tocaba su hombro
ella había dado paso a un rostro más intentando aplacar esa tristeza. Ella
serio. Tenía el muñeco en su manos sobre tomó los pañuelos y quiso secarse la cara
su falda y mientras sus labios intentaban y ojos sin desplazar el colorete de su cara
sonreir otra vez su ojos se veían tembloro- pero era inútil. Él se acercó un poco más y
sos y vidriosos esperando lo que él le iba la abrazó, su llanto se escuchaba aún más
desconsolado y acercó su cabeza al pecho testigo de esta conversación. Luego de un
de él. Lloró un poco más y luego quedó en rato él le tomó ambas manos, las juntó y
silencio, por un rato largo. Sólo se escu- le habló otra vez, lentamente, con pausa
chaba afuera la mezcla de las bocinas de y tranquilidad, pero esta vez con un tono
los vehículos y el transitar del resto del firme y una leve sonrisa.
personal en el piso. Después se separó Ella después de muchas lágrimas volvió a
un poco, su cara había presentado una sonreir, lo suficiente para limpiar su cara y
metamorfosis: tenía los ojos irritados, los secar sus lágrimas. Escuchó atentamente
párpados hinchados y las mejillas húme- todo cuanto él le decía mientras le mostra-
das y cubierta de las combinaciones del ba unos dibujos y esquemas. Finalmente
negro y rojo de su maquillaje. Lo volvió a ambos se pusieron de pie y se abrazaron
mirar y le hizo algunas preguntas, una tras nuevamente, él le sonrió y asintió con su
otra, él contestaba con pequeñas frases cabeza, ella respondió con el mismo gesto.
con cara de frustración a cada una de ellas. Salió entonces de la oficina rumbo a la sala
Una nueva escalada de sollozos salían de con el muñeco en la mano mientras él otra
ella, cada uno con menos fuerza, cubrió su vez volvió a entrar y se dispuso a iniciar el
cara y abrazando fuertemente al muñeco trabajo de esta nueva tarea.
Miguel Valero

Miguel Valero. Nació el 27 de marzo de 1973. Como


él dice nacido, criado y malcriado en Valparaíso.
Estudió Medicina en la Universidad de Valparaíso
y continuó su especialidad en pediatría y oncología
infantil en la Universidad de Chile. Fue profesor
de la UVM, universidad Aconcagua y Andres Bello
y actualmente de la facultad de medicina de la
Universidad de Valparaíso. Es jefe de la Unidad de
oncología infantil del Hospital Carlos van Buren de
Valparaíso y trabaja en el servicio de urgencia in-
fantil de ese mismo hospital. Amante de su ciudad,
su esposa y sus hijas. Ha obtenido algunos premios
menores en concursos de cuentos y se declara un
“amateur” de esta área, buscando siempre com-
partir con más escritores para perfeccionar esta
tardía afición. Gusta también de los comics, libros,
cine y series de ciencia ficción. Intenta dar un espí-
ritu ecológico a su vida con el reciclaje y un huerto
que cuida y cultiva todo el año.
Poema Hallado

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