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LA META DE LA UNIDAD

Una entrevista de Gnosis con Refik Algan, 1994


Por Jay Kinney y Richard Smoley
Traducción de Gastón Fontaine, 2003

Jay Kinney: Quizás podríamos empezar con tus ideas respecto al Sufismo moderno.

Refik Algan: Muchos de los Sheijs que conozco en Turquía son muy cuidadosos al
usar la palabra Sufi, mas bien prefieren usar el término “personas de la tasawuf” o
“Místicos Islámicos”, porque la palabra Sufi se ha vuelto un término vago, confuso,
oscuro. En cada religión, hay una ley externa, que llamamos la Shar‘iah. Esta le señala
a los seres humanos qué hacer individualmente, cómo relacionarse con otros, cómo
debiera ser la sociedad. En segundo término, están las órdenes. Técnicamente una
orden significa algo así como una escuela del desarrollo, que está guiada por un
profesor calificado que deriva de la rama de Muhammad. Para el Budismo o el
Hinduismo, debiera operar de la misma manera.

Dentro de las órdenes se establecen aspectos religiosos renovados y más profundos.


Tal vez, antes uno no indagaba más allá al seguir determinadas prácticas. Entonces
ahora vamos más profundo. Estas tienen un efecto en el individuo. Esto debe llevar a
un resultado, a un fruto, ¿cuál es el fruto? Que se convierta en un proceso de
profundización para el individuo. Algunos podrían decir que se manifiestan algunos
poderes cuando se practica esto. Pero, usualmente, estos poderes no son estimulados
ya que se ven como un velo frente a la verdad. Si uno puede trascender estos poderes,
si puedes evitar aferrarte a ellos, entonces puedes pasar al estado de la verdad. Si
quieres usar otra terminología, pasamos a una verdad objetiva, a la mente objetiva. En
otras palabras, el individuo abandona aquello que nubla su visión del mundo debido a
su cultura, a su pasado, etc. Esa persona gana una visión más sana y puede
entregarse a Dios. De esta forma, se alcanza la más intima de las dichas al ser libre.

La verdadera comprensión—el cuarto estado, le dicen—consiste en ser capaces de


combinar las leyes de la religión en su aspecto externo con la verdad suprema. Pero
hay una tendencia en todas las religiones a confundir sus aspectos folclórico e
histórico, con su significado más profundo. En las descripciones entregadas en el
Corán, Moisés y otros profetas, incluyendo a Jesucristo, son mencionados como parte
del Islam, entendiendo por eso a aquellos que se han entregado a Dios. Algunos dicen
que la palabra “Islam” viene de tres raíces que significan “Saludo”, “Salud” y
“Sometimiento”. Estas cualidades de la mente no tienen nada que ver con una religión
o con una orden o con cualquier organización de ese tipo. Una persona puede estar en
una religión, seguir un camino, y, sin embargo, permanecer tan sólo en lo externo.

Técnicamente, Sufismo es tan sólo un concepto que reúne a diferentes órdenes y


formas de acercarse a Dios. Pero en todo el mundo, hoy día, hay una tendencia
ecléctica: tomemos esto del Sufismo, esto otro de esta otra religión, de tal manera que
si los rasgos más prominentes son los de la religión islámica entonces la llamaremos
Sufismo. Pero el misticismo de cada religión tiene límites, descripciones y definiciones.
Tenemos aquello que llamamos religiones celestiales, las religiones Abrahámicas:
Judaísmo, Cristianismo, Islamismo. Crear un Sufismo lejano a ellas es como formar
una religión artificial, ecléctica.

Richard Smoley: Algunos dicen que se debe pasar por la Shar’iah, tal vez por una
orden, y entonces se puede aproximar al centro más profundo de aquello de lo que
hablas y qué está más allá de las formas. ¿Piensas que los buscadores debieran seguir
esa secuencia en particular?

Algan: La respuesta a esa pregunta depende de quien la hace. Si uno es demasiado


apegado a su cultura, entonces puede que se identifique con sentir algo así como “mi
religión”. Pero esto es siempre un asunto controversial. La religión no es algo que
nosotros hacemos. Es Dios quien va a aceptarnos, es Él quien va abrir la puerta.
Entonces algunos podrán decir que Dios está mostrando el camino y que ese camino
es el más apropiado para ti. En realidad, no podemos saber qué es lo que Dios hará.
Eso sería blasfemar. Mas bien: “OK yo acepto esta religión y voy a tocar a su puerta”;
es una intención que finalmente debe ser aceptada. Pero no tratemos de discutir
acerca del camino de Muhammad o de este camino y este otro camino. ¿Quiénes
somos nosotros para cuestionar a Dios diciendo, “Por qué le abriste ese camino a esa
persona y no este otro?

Hay un verso en el Corán que dice: “Ante los ojos de Dios, la religión es el Islam”. Uno
de mis maestros solía interpretar este verso en el sentido de que, según lo entiende la
gente, existe el Cristianismo, el Islam, el Budismo o Hinduismo, etc. pero estas son
religiones de la gente tal y como ellos la recibieron. Pero ante Dios, hay una sola
religión, un criterio: Y éste es si nos hemos entregado por completo a Él o no. Y es aquí
donde comienza la perspectiva mística: cuando la forma externa es dejada de lado,
cuando abandonamos la organización, la religión externa, e intentamos ser uno a uno
con Dios. Es siempre un intento por ir más allá de la forma. Si existe algo que
debamos llamar Sufismo, es aquí dónde lo podemos ubicar. Pero por otro lado, según
mucha gente, el Sufismo representa una tradición histórica derivada del Islamismo.

Pero si fundamos una organización y la llamamos Sufismo, o tal o cual orden,


entonces eso es sólo una vitrina. Si tenemos necesidad de algo, quizás vamos de
compras, miramos esto y esto otro, y tratamos de encontrar aquello que más nos calza.
Y cumple este tipo de función, pero todavía estamos en lo externo. No quisiera
enfatizar demasiado este aspecto ya que también es necesario algo en lo externo, pero
eso no es Sufismo. Éste nunca comienza a partir de una organización sino que del
individuo. Y hay otra cosa, además—este es el problema más importante de nuestra
era—las órdenes eran instituciones sociales medievales. Cuando una orden creaba una
escuela en algún lugar, el profesor o maestro de la orden era el más educado, la
persona más erudita, que traía luz a su entorno en el sentido mundano también.

Llegaba gente con escasa educación, y se les enseñaba música, a bailar, a cocinar, tal
vez les daban algo de información médica; era algo así como un club cultural o una
universidad local. Durante mucho tiempo estas órdenes cumplieron una función muy
positiva al servicio de la humanidad. En la época medieval, existía el “tipo” más que el
individuo. En un villorrio o en un grupo de pueblos, las personas eran casi idénticas a
los demás. Sentían casi las mismas cosas, tenían las mismas canciones, la misma
comida; las diferencias individuales significaban muy poco. Hoy en día la estructura
social ha cambiado. El individuo cada vez se desarrolla más. En este momento lo que
se está haciendo es tratar de hacer calzar el pie en un determinado zapato más que
encontrar un nuevo zapato para el propio pie. Porque la lógica detrás de las órdenes es
la de proveer flexibilidad según las necesidades externas. Pero nos encontramos con
que dentro de las órdenes no hay esta flexibilidad.

Kinney: De tal modo que el futuro de las órdenes es cuestionable.

Algan: Así lo creo.

Smoley: ¿Tienes alguna idea de cuál podría ser la forma de escuela requerida en estos
tiempos? ¿Qué sería más apropiado: el lidiar con individuos más que con tipologías?
¿Integrar el conocimiento mundano al conocimiento esotérico?

Algan: Las religiones ya están formadas. Pero esta forma flexible de aproximarse
significa darle al individuo la oportunidad de impulsarse hacia aquello que no tiene
forma. De modo que yo pienso que serán las demandas de los individuos las que darán
forma a esa forma, en lugar de decir, “Aquí está la forma y adaptémonos a ella”.
Estamos en un periodo de transición. Las demandas de los individuos serán efectivas.
Miremos el caso de Jesucristo, por ejemplo. La forma en que él enseñaba correspondía
a la demanda de su tiempo. Escogió a unos pocos y les enseñó algo que tendría gran
impacto en la historia. Hoy día podríamos crear de manera artificial la más perfecta de
las órdenes, pero no sobreviviría, porque no las podemos estructurar intelectualmente.

Kinney: Más bien debieran surgir de manera orgánica a partir de la situación.

Algan: Sí. Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis”. ¿Cuál es el fruto de estas
órdenes? O ¿Cuánta gente ha alcanzado la meta? O ¿Cuánta gente se ha acercado a
dicha meta? De otro modo se convierte en algo así como una danza Sufi, danzar en
ropajes distintos o de acuerdo a una música distinta.

Kinney: ¿A qué te refieres cuando dices, “Cuánta gente ha alcanzado la meta”?

Algan: Cada religión y cada orden tienen una función en este mundo. Y la función
tiene que ser en torno a una meta, y la meta es la realización del ser humano, la
realización de la propia identidad con Dios, la propia unidad con Dios. Ya sea que esté
implícito o explícito, esta es la meta de toda religión.

Kinney: ¿Dirías tú, entonces, que mucho de lo que hoy día se asume como actividad
Sufi tiende a perder de mira cuál es su objetivo o se distrae con aquello que debieran
ser detalles de las prácticas?

Algan: Yo no lo diría tan sólo respecto del Sufismo o de las actividades de las órdenes.
Esta clase de actividad, cualquiera sea su nombre, no tiene nada que ver con
volcarnos hacia nuestro interior. Es una búsqueda individual. El método no es tan
importante; ni tampoco lo es la tendencia cultural.

Smoley: Tú hablas de los frutos de las enseñanzas de las distintas órdenes ¿Qué ves
como fruto de lo que se llama Sufismo en América? Has conocido a varias personas
que han trabajado con esta aproximación o alguna similar, aquí. ¿Cómo ves que
funciona?
Algan: No hablemos tan sólo de los americanos; este es un problema universal. Cada
vez que una enseñanza se encamina a alguna parte, hay una tendencia a torcerla o
adaptarla, o a verla como queremos verla. Aunque Dios mismo viniera y tratara de
ayudarnos, discutiríamos con Él y hasta le daríamos ideas. Ahora bien, por supuesto
que esta representación externa tiene un efecto. Al menos aporta cierta flexibilidad a
quienes no tenían ninguna idea acerca de estas cosas. Algunas personas leen los libros
y escuchan la música Sufí y se sorprenden con ello. Pero tienen prejuicios respecto de
los aspectos históricos del Islam, así que dicen “¿Por qué limitar el Sufismo al Islam?
Dejemos que el Sufismo represente una comprensión más amplia.” La gente trata de
jugar con este concepto.

Kinney: Pero, al mismo tiempo, en la conversación contigo me ha parecido que tú no


quisieras limitar el Sufismo al Islam.

Algan: Es que yo no lo llamaría Sufismo. Yo vine acá desde Turquía, de modo que si el
punto de mi partida es el criterio, entonces aquí me llamarían Sufi. Pero el proceso real
comienza cuando dejamos el nombre de lado. Si uno fuese a responder esta pregunta
de manera personal, uno debería comenzar por investigar en torno a la existencia de
Dios. ¿Quién soy yo? ¿De dónde vine? ¿Adónde voy? Sin éstas preguntas nada se
puede lograr. Es este proceso el que “cocina” nuestra personalidad o la hace madurar.
Lo demás es aceptar una forma y comenzar a jugar con ella. ¿La expandimos o la
achicamos? Y entonces comienza el problema. Uno puede comenzar con una búsqueda
sin forma y después experimentar con ciertas formas, pero siempre teniendo en mente
aquello que no tiene forma.

Es muy sorprendente para mí ver cómo, por ejemplo, el mensaje de Jesús ha sido
institucionalizado. En su tiempo había una ley externa, la Shar’iah del Judaísmo. El
cómo se manejó (Jesús) con esa Shar’iah, cuán flexible fue respecto de ella, cómo
enseñó él— en otras palabras, su manejo de la religión institucional es todavía el
problema de hoy. Este también es un muy buen ejemplo para una orden. El mismo
problema está presente allí. Esto no significa que haya que rechazar la Shar’iah o la ley
externa.

Kinney: Aunque es mi impresión de que cuando los Americanos piensan en la


Shar‘iah, están pensando en desagradables imposiciones respecto de su conducta, y a
veces, en aquello que parece ser—ante los ojos de un occidental moderno—un castigo
horrible por cosas pequeñas. Eso parece ser un gran bloqueo que obstaculiza a los que
puedan estar buscando el Sufismo o bien el Islam.

Smoley: Otra cosa que puede parecer difícil es que cuando eliges vivir bajo la Shar‘iah,
aquí en occidente ya vives bajo el influjo de otras leyes, costumbres y prácticas que se
superponen con ella, y que ya son parte del mundo occidental. En occidente hay
formas de etiqueta y de socialización del comportamiento, y vivimos inmersos en ellos
como pez en el agua. Es muy difícil desapegarse de aquello. Si añades otra serie de
leyes, códigos, y prácticas por sobre estas—sean ellas difíciles o no—pueden parecer
duras porque se añade más peso sobre uno.

Algan: El nombre de la tradición es “tradición de Abraham.” Y de acuerdo con el Corán


Muhammad también dijo “según la religión de Abraham”. Esto significa que debes
actuar o comportarte de acuerdo con la estructura del ser humano. En otras palabras,
la Shar‘iah es la parte de las disposiciones religiosas que apuntan a las necesidades
estructurales del ser humano. Si es invierno y está nevando, no salgas en ropa
interior. Esto es Shar‘iah aplicado al nivel del individuo. O si está soleado, no lleves un
abrigo muy grueso, o no tomes alcohol pues es malo para el hígado. No fumes porque
daña tus pulmones. La Shar‘iah es algo similar. De modo que pienso que el Islam aún
no ha sido comprendido. Pero la Shar‘iah tiene también un aspecto sociológico. Las
personas ven la aplicación de estos principios universales en la sociedad árabe y
entonces dicen: “Esta es la religión del Islam”. Si así fuera, Jesucristo, David y los
demás no habrían sido descritos en el sagrado Corán como formando parte del Islam.
Por supuesto esto crea grandes controversias. Pero los Sufis no hacen de ello un
problema.

Smoley: ¿Cómo aconsejarías vivir, trabajar y funcionar, a un americano que practica


el Sufismo hoy día?

Algan: Esto es realmente muy difícil. Se pueden decir cosas muy generales. Yo
recomiendo que una persona no se quede estancada en una orden, que tenga en mente
siempre el criterio objetivo de la ciencia, que mantenga siempre la búsqueda científica
(inquisitiva, que cuestione: GFP), y lidie con los sheijs a posteriori. Todo místico ha
dicho que la experiencia espiritual no puede estar limitada a la actividad de la propia
vida, pero esto no quiere decir que tengamos que sacarnos el cerebro. El camino a Dios
no es a través del intelecto, es a través del corazón—todos saben esto—pero esto no
quiere decir que debamos extirparnos la corteza cerebral.

Kinney: ¿Por qué sugieres en particular mantener una búsqueda científica? Eso suena
extraño para la mayoría de la gente que sigue un camino espiritual o esotérico, porque
mucho de aquello con lo que se vincula esa gente es imposible de probar bajo el
criterio científico; estas son experiencias internas.

Algan: Las experiencias internas son siempre susceptibles de poner en duda. En el


misticismo puro estas dudas se dejan atrás. Pero esto requiere de un maestro
calificado. Pero ¿quien es un maestro calificado? Debo ser yo mismo un maestro
calificado para reconocer a otro maestro calificado. Este asunto es muy sensible. A
través de la historia esto ha sido un mecanismo de abuso. ¿Por qué hay Tequias
cerradas hoy en día? Porque en las Tequias ocurría todo tipo de actividad menos
misticismo.

Existían ciertas leyes en esos tiempos. Si alguien era un derviche, estaba exento de ir
al servicio militar y de pagar impuestos. Había ventajas sociales. También existían
principios muy estrictos: por ejemplo, alguien que se hiciera parte de una Tequia no
podía ser exhonerado. ¿Pueden imaginarse la cantidad de gente desempleada, vagos,
que querían ser derviches y que decían “buscar a Dios”? También los directores de las
Tequias se estaban corrompiendo. Había quienes clamaban ser las más grandes
personalidades espirituales del siglo. Por esto las tequias están cerradas ahora.

Kinney: ¿Caracterizarías tú al Sufismo que se desarrolló en Turquía, como poseedor


de un sabor especial en comparación con el del Norte de Africa o el de otras órdenes
árabes? ¿Hay algunas diferencias en las órdenes que primero se desarrollaron en
Turquía comparadas con las del norte de África, por ejemplo?
Algan: Las órdenes en Turquía se originaron básicamente de Ahmet Yesevi, el gran
maestro de los místicos Islámicos. Esto viene de una rama del Islam no arábiga en Asia
Central. Y en Turquía, siendo éste un estado secular desde hace mucho tiempo, no
estamos obligados a comprender el Islam como el mundo árabe lo entiende. Y no
estamos obligados a comprender el Corán como los árabes lo entienden. Así es que
esto nos da mayor libertad para movernos. En otras palabras, hay cierta diferencia
entre un hombre moderno que come arroz con un tenedor y alguien más que piensa
que tiene que comer arroz con la mano porque esa es la manera tradicional de hacerlo;
y que en el siglo 20 necesitamos comer arroz con la mano para estar cerca de Dios. O
decir que sentarse en una silla es un pecado, que debieras sentarte en el suelo, o que
no debieras tener un armario sino que un baúl. Hay una diferencia entre ambas
culturas. Sin embargo, un buscador sincero siempre debiera mantenerse fuera de las
organizaciones políticas.

Kinney: ¿Por qué?

Algan: Porque ser un buscador sincero tiene que ver con uno y con Dios. Y aquí es
donde el verdadero Sufismo empieza, si llamamos a ese intento, Sufismo. Es algo
privado con Dios. ¿Por qué debiera estar yo interesado en política?

Kinney: Pero alguien podría decir que: “Junto con estar en una búsqueda personal
con Dios puedo estar involucrado en reformas políticas o ayudar a los movimientos
políticos por la paz.”

Algan: Déjame contarte una historia Bektashi, aunque yo no soy Bektashi. En un


barco viaja un Bektashi. De pronto se desata una gran tormenta que afecta a todos los
que van abordo y comienzan a suplicar:

- ‘¡Oh Dios nuestro, sálvanos de esto!’ Entretanto comienza una discusión arriba del
barco:
- ‘¡Dejemos caer el ancla!’
- ‘¡No, mejor movámonos!’
- Otros dicen: ‘¡Viremos en esa dirección!’

Mientras tanto, el Bektashi está pacíficamente sentado en un costado tomando su


raki. Los demás le preguntan:

- ‘¿Por qué no participas en la discusión? ¿Qué haces sentado ahí sólo?’ Entonces el
Bektashi contesta:

- “Un día vi unas lombrices en un montón de estiércol y me pregunté: ¡Dios mío!


¿Cuál es la utilidad de crear lombrices en estiércol de vaca?”

“Pasó el tiempo y me olvidé de esta pregunta. Me enfermé. Llamaron a los doctores,


y los médicos dijeron que el único remedio para esta enfermedad era una clase de
lombriz que vivía específicamente en el estiércol de vaca. ¡Entonces tuve que
juntarlas, lavarlas, hervirlas y gota a gota tuve que tomármelas! Desde entonces,
nunca interfiero con la voluntad de Dios o con los asuntos de Dios, porque Él me
da de beber de ellos.”
Kinney: Otra pregunta que los occidentales se hacen es si el Trabajo de Gurdjieff está
asociado con el Sufismo. Algunos dicen, en cambio, que proviene del Cristianismo
esotérico. Me pregunto cuál es tú perspectiva, habiendo estado en Turquía, habiendo
hablado con gente de allí. ¿Cuál es tu opinión respecto al trabajo que hizo?

Algan: Está asociado principalmente al de la orden Bektashi y al del Cristianismo


Ortodoxo, eso es obvio.

Kinney: ¿Tú crees que él es un ejemplo de alguien que comienza una orden propia y
que, al final, la esencia de sus enseñanzas muere con él?

Algan: Sí. De acuerdo a los principios del misticismo general, sin un maestro vivo la
escuela está vacía, aunque ella pueda estar en lo correcto. Se transforma en pura
Shari‘ah; se vuelca hacia fuera. En otras palabras, los sistemas no funcionan.

Kinney: ¿Si no está el maestro vivo para realizar cambios sutiles que sean apropiados
para el momento?

Algan: Sí. El maestro vivo entrega el calor a la escuela. Si tenemos un gran bloque de
hielo, podemos romperlo en pedazos pero seguirá siendo hielo. Es el maestro quien
derrite el hielo.

Kinney: ¿Implicaría esto que para que las órdenes Sufi sigan vivas, el sheij debe haber
alcanzado el nivel de su maestro, porque de otro modo hay una degeneración?

Algan: Sí. Hay una degeneración. Y hay otro aspecto. Estamos hablando de cosas
debatibles. El bendito Ali decía “Incluso habiendo sido removido el velo entre el ser
humano y Dios, la seguridad y la certeza no necesariamente les siguen como su
consecuencia”. No necesariamente nos convertiríamos en más conocedores.

Kinney: La iluminación mística no trae la omnisciencia.

Algan: En el sentido más mundano eso es exacto. Aquí es donde se encuentra el


problema. Entre los maestros de todo el mundo, Gurus Hindúes, Budistas y otros,
encontramos a muy pocos con educación en el sentido mundano. Su grado de
comprensión se remite a los tiempos medievales, y presentan ese misticismo a las
personas de los tiempos modernos. Por ejemplo, analiza a Rumi; Rumi era la cabeza de
la universidad de su tiempo. ¿Tenemos hoy algún Dedé Mevlevi que sea profesor
universitario? No. Pero ellos eran profesores en el sentido externo, en lo que llamamos
Zahir—esa es una palabra técnica para denominar al mundo aparente. Batin es lo
interno. De tal modo que se pierde el equilibrio entre Zahir y Batin. Se pierde el
equilibrio entre lo aparente y lo oculto. Vas donde un sheij y éste no está bien
educado, y te dice, “Deja tu intelecto. El Diablo fue maldecido a raíz de su mente. Lo
que tú sabes no es conocimiento. Sigue a tu corazón. El amor es lo más grande.”
¡Todas esas palabras que flotan y que no tienen sentido! Pero si estos sheijs tienen un
malestar estomacal, toman un antibiótico. O tal vez les gusta manejar un auto.
Personas que actúan así no deberían tener derecho a los beneficios que trae la
civilización. Esto, sin desmerecer el hecho de que una persona sin educación puede
iluminarse.
Smoley: De lo que tú dices parece desprenderse una enorme tarea, cual es la de
obtener este conocimiento interno mientras todavía se hace uso del conocimiento
externo. Y si uno mira a su alrededor las distintas escuelas, no hay muchas que
respondan a este criterio. ¿Ves alguna esperanza de que cambie este cuadro, o tal vez,
algún lugar donde esto esté cambiando?

Algan: Sí, yo soy extremadamente optimista porque a pesar de las desventajas de la


tecnología, el hombre y la mujer occidental han aprendido a ser precisos respecto al
mundo material. Un tren, por ejemplo, llega a determinada hora. El lidiar con el lado
material les está dando a las mentes de las personas modernas una cualidad distinta.
Podríamos tener críticas respecto a la tecnología, pero esta precisión es algo que está
ocurriendo. De modo que si más personas occidentales comienzan a investigar con
esta precisión, su demanda va a cambiar a las órdenes Sufi, y a las órdenes Hindúes y
a otras. Yo veo esta fase presente como una fase de vacunación. Si alguien viene del
oriente en ropas distintas, inmediatamente la gente dirá, “Bueno, esta persona no está
contaminado por la tecnología”. Pero si alguien se viste con ropas modernas entonces
no puede ser espiritual. Estamos exaltando o disminuyendo sus cualidades en cada
uno de los casos.

Smoley: Hay otro juego además. Muchas de las tradiciones desalientan fuertemente la
promoción de uno mismo, de modo que un maestro no puede salir y decir, “Yo soy esto
o aquello”. Sin embargo, en América la autopromoción es altamente valorada. Ser un
maestro espiritual en América está relacionado con que te promuevas o contrates a
otros para que lo hagan. Sin embargo, en mi experiencia los mejores maestros de
cualquier tradición no se publicitan demasiado a sí mismos.

Algan: Si definimos Sufismo como estar más cercanos a Dios internamente a través de
los métodos del Islam, entonces estas actividades no tienen nada que ver con el
Sufismo. Si el fruto está maduro, si es el momento apropiado, entonces va a existir
una atracción y algo se va a gestar. No creo en el trabajo de grupos muy grandes, de
muchas personas. Eso es cualquier cosa menos Sufismo.

Smoley: Ese es otro tema interesante, porque muchos maestros—y no estoy hablando
siquiera de los Sufi—vuelan alrededor del mundo, de un lado para el otro, dando
charlas, hablando, enseñando. Supuestamente tienen estudiantes, pero me pregunto,
¿qué clase de relación pueden tener con ellos? Porque no pueden llegar a conocerlos a
todos íntimamente. Es un fenómeno común en muchas tradiciones tal y como han sido
transplantadas aquí.

Kinney: ¿Tú crees que la gente tiene la capacidad o el contexto para buscar la esencia
del trabajo Sufi sin tener que ir al extranjero o encontrar a un maestro de otra cultura,
donde haya una tradición más prolongada del Sufismo?

Algan: Hay dos polos que se oponen. Uno es la aproximación de las órdenes, si
tomamos sus aspectos positivos. Tratar de reunir a la gente y lograr que afinen el foco,
intentando elevar su calidad. Y está también la aproximación individual. De manera
que las variaciones ocurren entre estos dos polos. Depende del estilo de cada cual, del
modo de vida de cada uno. Mis maestros jamás tuvieron grupos extensos, y nunca
cobraron nada. Y compartían aquello que tenían.
De modo que hay ciertos principios, y esta es la razón de porque digo que uno debe
tener una mente científica. ¿Cómo se sabe dónde es mejor ir? Aquel que no quiere ser
prisionero de las formas jamás se sentirá cómodo dentro de un grupo extenso. Esta
actitud se remonta a los primeros años del Sufismo en los siglos doce y trece; ya
entonces había un movimiento que rechazaba todas las órdenes y se vestía con ropas
corrientes. De manera que el problema de la degeneración ya se remontaba a ese
período. Uno puede leer las conversaciones de Shams de Tabriz: él se quejaba de
todos los Sheijs de su tiempo. Habiendo viajado desde Irán hasta Anatolia, él señala
que no había encontrado a ni un solo Sheij que llenara los requisitos de un maestro
espiritual.

Kinney: ¿Cuáles son esos requisitos?

Algan: Bueno, él era un ser humano realizado; y él no encontraba a ningún otro ser
humano con la misma condición.

Smoley: Hablando de realización, ¿puedes describir algunos de los tipos de prácticas


espirituales que tú has encontrado útiles, tales como la meditación, la oración, o el
movimiento?

Algan: Esta es una muy buena pregunta de hacer, porque de lo que yo veo hoy en
América, el rasgo más prominente del Sufismo es ese. Lo que se le ha dado a la gente
es como una educación médica sin el entrenamiento clínico. El Sufismo o misticismo
en general es un proceso interno. El reunirse, hacer los dhikr y bailar se considera
Sufismo pero, en realidad, esa es la publicidad. ¿Cómo se administran estos ejercicios,
como funcionan? Esto es algo parecido a la educación clínica, que se aprende al lado
de la cama del paciente. Yo creo que muchos de los Gurus, los llamados maestros
espirituales o Sheijs, no pueden manejar los casos importantes.

Smoley: ¿Qué les falta?

Algan: Supongamos que te conviertes en un total iluminado, que llegas a realizarte. Y


me eliges a mí como uno de tus representantes por mis buenos modales y mis
habilidades, o por mis posibilidades de lograr la realización. Y yo vengo a los Estados
Unidos. Y también yo busco representantes, y nombro gente a mí alrededor. Nadie
sabe cuál es el iluminado. Muchas de estas organizaciones están representadas de
segunda o tercera mano; alguien que nunca hubiese sido considerado una autoridad
se vuelve un Sheij, o un Baba, o un Guru, o un Swami, porque había una vacante en
el mercado.

Smoley: Tú hablaste de una falta de entrenamiento clínico. ¿En qué consiste este
entrenamiento?

Algan: Hay muchos métodos. Y estos métodos no son para ser venerados, sino para
ser vistos como una medicina. Así entonces, puede ser que yo necesite dhikr, y tú
ayuno. Para otro puede ser la meditación, y para otro puede que sea la contemplación.
En otras palabras, trabajar con una persona requiere de la atención y el tiempo que
una madre entrega cuando cría a un bebé. De modo que esto siempre queda a nivel del
individuo.
Kinney: Y es sólo del trabajo con los individuos que surge la experiencia clínica. El
saber por ejemplo: “¡Ah! Ya una vez traté con gente que tenía esta dolencia psicológica,
y fue útil sugerirles esto,” en lugar de decir, “Aquí hay un mantra, repítanlo todos.”

Algan: Sí. Es como si hubiese una gran pileta. Alimentas a los peces, algunos se
vuelven más grandes que otros, y eliges entre ellos; y a esos los trasladas a otra pileta
y luego a otra pileta. Si somos verdaderamente serios, debemos comenzar a nivel del
individuo. Y la otra aproximación es ser primeramente parte de un grupo, con sus
satisfacciones e insatisfacciones, con su sicología grupal.

Smoley: La pregunta de la individualidad parece ser un asunto más importante hoy en


día, porque lo que muchos buscadores realmente quieren es un cassette que puedan
reproducir en sus mentes, y que otros les hagan todo el razonamiento. A veces siento
que muchos buscadores quieren tener la búsqueda de Gurdjieff y las respuestas de
Gurdjieff, o la búsqueda de Jung y las respuestas de Jung, o la búsqueda de Rumi y
las respuestas de Rumi, más que las suyas propias. Pero yo diría que la gente más
importante que conozco o de la que he leído, tiene mucho de esta aproximación
individual.

Algan: Nosotros ya definimos nuestra función y meta: alcanzar el nivel del Islam en el
sentido de la entrega, que es el mismo criterio para todos los profetas. Es una cualidad
del ser. Las religiones están ahí, las órdenes están ahí; se debe comenzar directamente
con la experiencia directa, y con el individuo en su situación particular. Uno comienza
de cero. Se debe cuestionar todo: ¿Existe Dios? ¿Están estas religiones en lo correcto?
¿Cómo me siento? ¿Son mis sentimientos correctos o incorrectos? Se necesita coraje
para preguntarse estas preguntas. Sino, uno queda atrapado en la creencia intelectual
nada más. Por esto mi forma de aproximarme, por naturaleza, no puede ser popular.
No todos están preparados para hacerlo.

Cuando definimos nuestra función y nuestro objetivo de esta manera, es como si


habláramos respecto a un grupo de científicos. ¿Es posible en una sociedad tener un
millón de físicos, o diez millones de físicos, en la cresta de la ola de la ciencia? Es
imposible. Pero hay un lugar para profesores de escuela básica, profesores para la
enseñanza media, profesores universitarios, y así; existe una jerarquía. Estamos
hablando de aquellos que están más cercanos al límite. Ese punto necesita ser
descrito, o al menos señalado, de modo que aquellos que están en el camino tengan un
mapa más amplio en sus manos. Uno va a una orden y dice, “Bueno, esta es la meta,
etc.” Y se queda estancado allí. Porque Dios no tiene religión, no tiene orden, no tiene
nada.

Smoley: ¿Cómo, en tu experiencia, evitas quedarte estancado? Porque una religión o


una orden pueden tener alguna utilidad por un determinado tiempo, tal como la
escuela básica, la media y así. En el mundo es posible saber cuando has pasado por
numerosos niveles de la básica, y entonces continúas adelante. Pero en el mundo
esotérico, no es obvio, porque puede que no sepas cuándo has terminado. Puede que
no quieras reconocer eso porque no tienes adónde más ir.

Algan: Dado que tenemos un cuerpo, todos nos estancamos. No existe un ser
sobrehumano. Si aceptamos que vivimos juntos dentro de una sociedad, entonces todo
el tiempo deberemos enfrentar nuestras dificultades y nuestros problemas. Pero lo que
puede diferir es nuestra actitud frente a esos problemas y dificultades. Si me estanco y
ello es demasiado fuerte, debo ser capaz de aceptarlo. O uno debe hacerse la pregunta:
¿Me estoy estancando?

Pero, si miramos en los libros, como se presentan los Gurues, los Sheijs, y todas las
figuras místicas, vemos como si fuesen un dios viviente entre nosotros, como un ser
sobrenatural. La principal diferencia de la vía Sufi es que uno debe ser capaz de calzar
con la sociedad, aceptar estos inconvenientes, estos lados retorcidos nuestros. Ahora
bien, siempre se dice que es muy difícil volver a la sociedad. Si estos maestros de las
órdenes fueran tan perfectos, entonces se podrían casar, tener hijos, estar dentro de
una sociedad, tratar de subsistir con su trabajo, ser reprendidos por sus jefes, ser los
jefes también. El hecho de que ellos se presenten como seres superiores nos indica que
no pueden vivir abajo—lo que es una imperfección, una limitación por definición.

Smoley: Es verdad, con frecuencia se dice en varias enseñanzas que la disciplina más
dura es la vida en el mundo.