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Argentina contemporánea

Trabajo, Subjetividades y Movimientos Sociales


MTD de Solano
Trabajo colectivo

Departamento de Ciencias Sociales Cuadernos de Trabajo Nº 50


2
Argentina contemporánea
Trabajo, Subjetividades y Movimientos Sociales
MTD de Solano
Trabajo colectivo
Pablo Vommaro (Coordinador),
Mariano Alú, Nuria Bril, Valeria Galván, María J. Iñíguez,
Karen Jorolinski, Romina Malagamba, Marina Moguillansky,
Valeria Saguier, Daniela Slipak, Alejandra Tarsitano

Octubre de 2004

3
CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN
EDICIONES DEL INSTITUTO MOVILIZADOR DE FONDOS COOPERATIVOS
Av. Corrientes 1543
C1042AAB Ciudad de Buenos Aires
Argentina
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Ilustración de tapa: Dibujo realizado por militantes del MTD de Solano

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permiso previo por escrito de la editorial.
ISSN: 1666-8405
4
Índice general

Introducción: 7
1. Construyendo realidad: la creación de imágenes
como praxis de resistencia. R. Malagamba 11
2. Imágenes del trabajo N. Bril y V. Galván 30
3 Los sospechosos de siempre. Narración e identidad
de los piqueteros en las representaciones mediáticas.
K. Jorolinski, M. Moguillansky y D. Slipak 46
4 La política de lo cotidiano.M. J. Iñíguez 58
5 Crece desde el pie. Notas sobre una experiencia
educativa de resistencia. M. Alú, V. Saguier, A. Tarsitano. 82

5
6
INTRODUCCIÓN: En la Argentina de los últimos años se han desplegado una
multiplicidad de configuraciones políticas, sociales, subjeti-
vas y productivas que podemos ver expresadas en las orga-
nizaciones sociales contemporáneas.
Ante estas nuevas realidades que constatamos en un primer
análisis de los movimientos sociales de la Argentina actual,
nos preguntamos acerca del origen de estos procesos. Así
llegamos a las transformaciones sucedidas en el sistema ca-
pitalista entre los años 1968 y 1973. En efecto, creemos que
es en el proceso abierto a partir de estas mutaciones en don-
de debemos rastrear muchos de los rasgos más importantes
de los movimientos sociales más significativos de los últi-
mos años. Y los cambios que distinguimos en el sistema ca-
pitalista a partir de comienzos de los setenta son en realidad
intentos del capital por reconstituir las relaciones de explota-
ción y dominación que estaban amenazadas por la creciente
movilización de esos años y los anteriores.
De esta manera, los cambios en el movimiento de lo social (en
el «movimiento de movimientos») no deben ser leídos sólo
como una reacción al neoliberalismo o a la crisis del capitalis-
mo. No creemos que los nuevos movimientos constituyan
sólo intentos de supervivencia, de resistencia, de organiza-
ción de los pobres o los excluidos. Es fundamental ir más allá
y poder vislumbrar las nuevas propuestas de alteración,
autoafirmación y autogestión de las organizaciones sociales y
comprenderlas en toda su complejidad y diversidad.
Dentro de los movimientos sociales de la Argentina contem-
poránea, seleccionamos a los urbanos y dentro de éstos a
los Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD’s).
Para acercarnos más a nuestro problema, trabajamos con el
MTD de San Francisco Solano (Quilmes, Prov. de Bs. As.).
El principal objetivo del equipo de trabajo que produjo las
investigaciones que integran este volumen fue desarrollar
un estudio socio-histórico acerca de los procesos de cons-
trucción de las subjetividades, las formas de organización y
las propuestas productivas en el MTD de Solano, en rela-
ción con las transformaciones en el sistema capitalista, y en
especial en los procesos de trabajo y producción, en el pe-
ríodo 1970-2003. Como objetivos específicos se propusie-
ron: 1) analizar las transformaciones en las subjetividades,
las identidades y las prácticas sociales de los integrantes del
MTD de Solano, en relación con las transformaciones en el
capitalismo y los procesos de trabajo que se produjeron en
la Argentina en los últimos años y las nuevas formas de
expresión del conflicto social; 2) estudiar y comprender las
relaciones sociales que comienzan a construirse a partir de
7
las características de las nuevas subjetividades, identidades y prácti-
cas, y las organizaciones de los nuevos sujetos sociales; 3) indagar las
relaciones de continuidad y ruptura entre las actuales culturas y prácti-
cas de los trabajadores desocupados y la cultura obrera anterior; 4)
estudiar las características del trabajo y sus representaciones e imáge-
nes sociales en el mundo contemporáneo; 5) explorar las características
de los Movimientos de Trabajadores Desocupados en relación con las
acciones de protesta social y las formas de organización y construcción
territorial; 6) conocer y explicar el proceso de surgimiento de los MTD’s
a partir de procesos políticos y sociales locales y sus relaciones con
formas de organización anteriores.
Desde ya, muchos de estos objetivos quedan aún por realizarse y cons-
tituyen un desafío para el trabajo que seguiremos desarrollando en el
futuro.
La elección del MTD de Solano como organización específica en la que
desarrollamos la investigación y realizamos el trabajo de campo se fun-
damenta principalmente en cuatro elementos. En primer lugar, se trata de
una zona con gran actividad industrial anterior, que hoy se encuentra
fuertemente retraída (industrias del plástico, el papel, el vidrio, metalúr-
gica y cervecera, sobre todo). En segundo término, es un distrito con
una alta densidad demográfica y una alta composición obrera en su
población. Además, allí han existido y existen distintas organizaciones
sindicales, barriales y sociales de gran importancia e interés tanto a
nivel local como nacional y que han tenido una significativa continui-
dad en el período 1970-2004. Por último, el MTD de Solano es una de las
organizaciones de trabajadores desocupados que más ha desarrollado
los proyectos de autogestión y autoorganización, lo que permite anali-
zar diferentes dimensiones del proceso de construcción de las subjeti-
vidades, identidades y prácticas sociales y las nuevas formas producti-
vas en el presente.
Profundizando en las transformaciones que mencionamos más arriba
sugerimos algunas ideas provisorias que serán desarrolladas parcial-
mente en los artículos que se presentan a continuación. En primer lugar,
creemos que las transformaciones del sistema capitalista y de los proce-
sos de trabajo en la Argentina en los últimos treinta años implicaron,
entre otras cosas, cambios en los procesos de construcción de las sub-
jetividades, las identidades y las prácticas sociales. En segundo térmi-
no, estas transformaciones -en el modelo de acumulación, en los proce-
sos socio-económicos, en el mundo del trabajo y la construcción de
nuevas subjetividades, identidades y prácticas- son procesos que se
desarrollan en forma interrelacionada e interdependiente. Es decir, no
podemos abordar los cambios partiendo de una relación lineal o unívoca
(de determinación, sobredeterminación o de autonomía relativa). Las
diferentes dimensiones expuestas tienden a confluir e integrarse en la
nueva realidad abierta a partir de lo que algunos autores caracterizan
como posfordismo. Por otra parte, en el período seleccionado, se conso-
8
lida un proceso que tiende a la confluencia entre espacio de producción
(anteriormente la fábrica) y espacio de reproducción (barrio, territorio).
Con los cambios en los modos de acumulación y la aparición de nuevas
formas productivas, el lugar del trabajo y la producción se difunden
integralmente por todas las esferas de la vida del sujeto y la sociedad.
Es decir, el tiempo y el espacio de trabajo confluyen con el tiempo y el
espacio de la vida. Esto genera mutaciones que abarcan el conjunto de
las dimensiones de lo social. De esto se desprende que las nuevas
subjetividades, identidades y prácticas configuran relaciones sociales
que pueden ser analizadas desde la genealogía de un sujeto de potencia
y no de carencia, con expresiones políticas y culturales que constituyen
las formas de lo social en el presente; y que la relación entre los nuevos
movimientos sociales y el conflicto social excede el marco de las formas
de protesta para abarcar las nuevas propuestas de organización y cons-
trucción territorial de las organizaciones de trabajadores desocupados.
Por último, los procesos asociados al surgimiento y la organización de
los MTD’s pueden rastrearse en la larga y mediana duración y están
relacionados a mutaciones profundas en el movimiento de lo social y el
capitalismo más que a crisis coyunturales o «reacciones de superviven-
cia» ante la pobreza, la exclusión o la crisis del empleo.
En las relaciones de dominación conviven la subordinación con la rebe-
lión. La negación de la subordinación está siempre presente como po-
tencia de los dominados. Así, la cultura y los valores, las tradiciones y
las prácticas que se constituyen en la vida cotidiana de los oprimidos
(en nuestra propia vida cotidiana) configuran resistencias capilares,
espacios de libertad, intersticios o fisuras más o menos potentes que se
despliegan en una tendencia hacia la emancipación.
Entonces, al analizar las formas de lucha y expresión del conflicto social
actuales como parte del proceso de surgimiento de movimientos socia-
les con propuestas de organización y construcción autogestivas y al-
ternativas, exploramos la manera en que los elementos «nuevos» y «vie-
jos» se complementan y confluyen para constituir una nueva dinámica
del conflicto social, nuevas formas de organización colectiva y nuevas
propuestas de cambio social, no sin tensiones o contradicciones, las
que requerirán respuestas novedosas y superadoras tanto a nivel polí-
tico, como de abordaje científico.
El Área de Estudios Sociales del Departamento de Ciencias Sociales del
Centro Cultural de la Cooperación constituyó un espacio cálido, grato y
adecuado para desarrollar un trabajo de investigación que duró nueve
meses. El mismo fue llevado a cabo por un colectivo interdisciplinario
integrado por catorce personas provenientes de disciplinas como la
Sociología, la Historia, la Ciencia Política y el Derecho. Decidimos comu-
nicar algunos resultados de este primer acercamiento a las problemáti-
cas antes descriptas ya que creemos que constituyen un aporte al estu-
dio de los movimientos sociales en la Argentina contemporánea, ade-
más de dar cuenta de un recorrido de investigación que no estuvo exen-
9
to de dificultades y conflictos que fueron resueltos, en su mayoría, a
través de debates y producciones colectivas.
Los cinco heterogéneos textos que presentamos en este cuadernillo,
entonces, intentan dar cuenta de diversas características del MTD de
Solano y el proceso más amplio de transformación del sistema capitalis-
ta desde diferentes abordajes. El trabajo de campo en tres de los seis
barrios que integran el Movimiento (San Martín, Monteverde y Santa
Rosa) se complementó con análisis de diferentes medios gráficos y de
material fílmico (documental y ficción), así como también de diversas
producciones del propio MTD (escritas y gráficas).
El cuadernillo está organizado en dos secciones. La primera está com-
puesta por dos artículos que abordan, desde enfoques distintos, las
nuevas representaciones e imágenes sociales que se construyen acerca
del trabajo en el mundo contemporáneo. Ambos trabajan la dimensión
simbólica del trabajo y la producción actuales a partir de material fílmico
y de producciones artísticas de plásticos reconocidos y del propio MTD.
La segunda sección está integrada por tres artículos que tratan diferen-
tes aspectos de la organización interna, las concepciones y subjetivida-
des y el proyecto del movimiento. El primero de ellos aborda la cons-
trucción del discurso de los medios masivos de comunicación gráficos
sobre los «piqueteros» integrando esto con los discursos que el propio
MTD propone hacia los medios a través de sus órganos de prensa y de
diversas instancias de comunicación o información construidas desde
la organización. Los últimos dos trabajos analizan las concepciones
políticas que conviven en la propuesta y la práctica del MTD de Solano
y los proyectos de formación y educación popular que el movimiento
lleva adelante.
Esperamos que estas páginas sirvan para disparar debates y formular
nuevas preguntas que permitan profundizar, criticar y reelaborar las ideas
en ellas expresadas.
Pablo Vommaro, mayo 2004

10
1 Porque las imágenes son municiones,
CONSTRUYENDO su distribución y su impacto tienen
REALIDAD: LA las mismas velocidades que el impacto de una bala…1
CREACIÓN DE
IMÁGENES Retomando tiempo atrás la lectura de algunos ensayos de G.
COMO PRAXIS Simmel, redescubríamos en el afamado y exquisito Puente y
DE Puerta, una frase que resultó reveladora: «...somos a cada ins-
RESISTENCIA tante aquellos que separan lo ligado o ligan lo separado...» 2 Y,a
fin de cuentas, de esto se trata este ensayo: de observar cómo
Romina
Malagamba un colectivo de sujetos unen y desunen, iluminan y oscurecen,
significando y resignificando una serie de prácticas –discursivas
y extradiscursivas- a través de la producción de imágenes. Pro-
ducción, a partir de la cual, construyen realidad, construyen
nuevas formas de percepción y por lo tanto de apropiación.
El Movimiento de Trabajadores Desocupados Solano - des-
de ahora MTD-S- surge en 1997 en una parroquia de dicha
localidad cuando un grupo de desocupados sin techo se
instalan allí y, con el apoyo y asistencia del párroco Alberto
Spagnuolo, comienzan a organizarse. Empero, el movimiento
cobra fuerza a nivel local meses después, al ser desalojados
por la policía a pedido de la diócesis de Quilmes.
Sin lugar a dudas, podemos considerar al MTD-S como un
movimiento en términos de A. Badiou,3 en tanto que su ac-
cionar colectivo no está previsto ni regulado por el poder
dominante (se trata de una acción que siempre tiene algo de
imprevisible), al tiempo que propone un avance en términos
de mayor igualdad.
Se trata pues, de una organización que surge vinculada con
las profundas transformaciones en la estructura social y pro-
ductiva en la Argentina de los noventa4, y cuyo objetivo
último es lograr el ‘cambio social’. Anhelan una transforma-
ción fundamental en las formas de sociabilidad que restituya
a los desocupados no sólo la posibilidad laboral, el empleo,
sino también la dignidad. ¿Cómo aspiran a obtener el cambio
social? A partir de tres principios básicos que son: la

1Virilio, Paul. Velocidad y Fragmentación de las Imágenes. Entrevista sobre la Dromología.


Buenos Aires. Revista Fahrenheit 450. Nº 4. 1988 pp.42
2 Simmel, Georg. El individuo y la libertad. Barcelona. Ediciones de Bolsillo. 2001. Pp. 46
3 Badiou, Alain. Movimiento social y representación política. Instituto de Estudios y
Formación de la CTA, Buenos. Aires, 2000
4 Transformaciones vinculadas con «los procesos de apertura económica, de la privatización
de empresas públicas, de la reestructuración del mercado de trabajo y del abandono por parte
del Estado de funciones esenciales (educación, salud, etc.), los cuales generaron una fuerte
concentración de la riqueza y un aumento exponencial de la pobreza y la exclusión social».
Fajn, Julio Gabriel. Cooperativas de Recuperadores de Residuos. Buenos Aires, Centro
Cultural de la Cooperación, Octubre de 2002. Pp. 8
11
horizontalidad, la democracia directa y la autonomía. Principios que
poseen su correlato en prácticas como la asamblea, la participación por
medio de la votación y la independencia del accionar del movimiento
respecto del Estado (tal como lo testimonia la lucha por el control de los
planes sociales 5).
Dentro de las prácticas que resultan fundamentales para su lucha con-
tra el poder hegemónico, se encuentra –sin lugar a dudas- la producción
de imágenes.
La imagen como posibilidad
Decir que ‘la nuestra es un época visual’, que «se nos bombardea con
imágenes de la mañana a la noche»6, no introduce novedad alguna. Efec-
tivamente, estamos atravesando un período en el que lo visual juega un
rol fundamental. No es que es que anteriormente no haya existido o no
haya tenido peso alguno; sin embargo, la experiencia humana es más
visual y está más visualizada que antes: «La cultura visual es nueva
precisamente por centrar en lo visual como un lugar en el que se crean
y discuten los significados» 7. Por lo que ese sin fin de imágenes a las que
tan ‘natural’, espontánea e inocentemente nos enfrentamos, tienen un
alto poder condicionante de nuestras prácticas y pensamientos.
En términos de M. Castells 8, estamos viviendo en una cultura de la
virtualidad real. Aunque el conocimiento de la realidad siempre ha sido
virtual, puesto que siempre se percibe a través de símbolos; es a partir
de la década del ’80, y fundamentalmente a lo largo de los ’90, que el
sistema de comunicación fue capaz de capturar enteramente en imáge-
nes virtuales la existencia material y simbólica de los sujetos. Es preci-
samente gracias a este sistema, que M. Castells denomina acertadamen-
te multimedia9, que se torna viable la diferenciación social estratificada
al integrar todos los mensajes en un modelo cognitivo común10, captu-
rando dentro de sus dominios, la mayoría de las expresiones culturales.
Es en virtud de este contexto que cobra vital importancia la producción de
imágenes tanto para el mantenimiento como para el desafió del statu quo.
¿Por qué? Puesto que la resistencia al poder hegemónico es, en parte, una
lucha que se desenvuelve en el plano simbólico, en el cual la producción
de imágenes se halla estrechamente vinculada con la producción de sen-
tido. Y construir sentido es construir una realidad. Realidad que es histó-

5 Subsidios otorgados a desocupados por parte del gobierno nacional.


6 Gombrich, Ernst H. Gombrich Esencial. Madrid. Debate. 1997. Pp.41.
7 Mirzoeff, Nicholas. Una introducción a la cultura visual. Barcelona. Paidós Arte y
Educación. 2003. Pp.17.
8 Castells, Manuel. «La cultura de la ritualidad real» en La era de la información:
Economía, sociedad y cultura. 3 Vols. Madrid. Alianza Editorial. 1997. Vol. I Cap. 5.
9 Caracterizado por la integración de diferentes medios (televisión, radio, Internet,
periódicos entre otros).
10 Por lo que las diferentes propuestas ya no constituyen realmente alternativas distintas.
12
rica y contingente, pero que muchas veces aparece enmascarada tras los
velos de la ideología que, al deshistorizarla, la convierte en algo ‘natural’
y eterno, sirviendo como soporte a la dominación hegemónica vigente.
Se trata de pujas por la significación entabladas al interior de la cultura,
luchas simbólicas por la capacidad de denominación. Dicha capacidad
de ‘etiquetamiento’ no es una simple cuestión formal, sino que acarrea
en sí una determinada forma de construir ‘lo real’. En términos de M. De
Certeau11, la enunciación es un acto de apropiación de la lengua al ha-
blar que envuelve el ejercicio de una violencia, en tanto se trata de una
operación por la cual se hace surgir al otro.
Es por ello que la capacidad de resistencia visual -de resistencia a partir
de la creación de imágenes-, está vinculada con el proceso de
desnaturalización de las imágenes mismas. Producciones que no son un
mero reflejo de una realidad inmanente, objetiva y externa, sino que, por el
contrario, ayudan a producirla; siendo su misma visibilidad la que implica
simultáneamente la invisibilidad del ejercicio de una violencia simbólica.
Justamente, lo interesante es poder observar cómo imágenes similares,
acompañadas de distintos textos y publicadas en distintos medios, ad-
quieren significados que a veces resultan diametralmente opuestos. ¿Por
qué? Porque las imágenes no son auto explicativas, razón por la cual no
suelen aparecer solas, ‘abandonadas a su merced’, sino que, generalmen-
te, se presentan acompañadas de cierta leyenda aclaratoria o de cierto
contexto –quién la produce, dónde, en qué condiciones- que le brinda al
espectador una información adicional, favoreciendo su lectura. Y es en el
hecho de que ninguna imagen cuenta su propia historia12, donde radica
su potencial para generar (contra)sentido, así como la posibilidad de cons-
truir una (contra)información que se oponga a los poderes instituidos y
su producción simbólica imperante.
Recuperar la posibilidad de la producción de imágenes implica también
dejar de ser objetos de estudio, objetos de producción de realidad de los
multimedia, para convertirse en productores mismos de su realidad. La
lucha por la emancipación no se limita a la lucha por los medios de produc-
ción material, sino también por los medios de comunicación que se erigen
como canales privilegiados de producción de sentido.
A su vez, todo juego de la imagen es un juego de tensiones donde mostrar
algo implica, simultáneamente, ocultar otra cosa. Luz y sombra aparecen,
a simple vista, como opuestos constituyendo, por el contrario, un par que
se acompaña. Y de ese juego de ligar y desligar, de aclarar y oscurecer, de
surgir y sumergir, nace ‘la realidad’. Razón por la cual, más que verdad o
falsedad, lo que hallamos son diferentes interpretaciones de una ‘reali-
dad’, que implica siempre construcciones de esa misma realidad. Desde
esta perspectiva se puede comprender de qué manera la imagen de un
piquetero refiere tanto a un luchador por sus derechos contra un poder

11 De Certeau, Michel. Les Cultures Populaires. París. 1979.


12 Gombrich, Ernst H. Gombrich Esencial. Madrid. Debate. 1997. Pp.48.
13
hegemónico que lo sojuzga, como puede ser leído también como un delin-
cuente que infringe la ley y obstaculiza la libre circulación de los indivi-
duos y mercancías garantizada constitucionalmente.
Por ende, la trascendencia de las imágenes no radica en su capacidad de
evidenciar una realidad exterior, sino que su gran poderío emancipador
subyace en la posibilidad de proponer lecturas alternativas acerca de
hechos y circunstancias –tanto pasadas, presentes como futuras. Es en
este aspecto, aparentemente negativo y ‘deformador’, donde reside su
potencial: en el hecho que nos permite observar cómo una persona, o un
colectivo, lee una situación, lo cual tendrá incidencias importantes en su
accionar. Porque el diagnóstico que se lleve a cabo, más allá de su verosi-
militud, será fundamental para la definición de los valores, de los ‘otros-
enemigos’, de los ‘otros-amigos’, de los objetivos, de la determinación de
cuales se considerarán las prácticas más eficaces, entre otras cosas. El eje
no es la imagen en sí, en su dimensión estética, sino en relación a su
capacidad de construir sentido.
«Pariendo nuevas prácticas»13: la lucha por la ‘resignificación’
Las imágenes ofrecidas en sus documentos por el MTD-S no se limitan
exclusivamente a ser expositivas, sino que pueden ser consideradas como
una búsqueda–más o menos consciente- de efectos determinados: nos
enfrentan a nosotros espectadores con un determinado ordenamiento
del mundo. Cuestionan el orden existente oponiéndole su propia pers-
pectiva, dado que los sujetos pintan, dibujan, retratan, filman, fotografían
con los ojos con los que ven el mundo14.
El MTD-S apuesta a lograr el ‘cambio social’ no sólo desde lo teórico,
desde las palabras, sino traduciendo esas ideas y valores en prácticas
concretas que involucren una progresiva mutación de los modos de so-
ciabilidad. Trabajan para conformar un nuevo tipo de relaciones sociales
en las cuales –retomando lo antedicho- la participación a través de la
democracia directa, la horizontalidad y la autonomía del colectivo, repre-
sentan los principios fundamentales para la organización del movimiento.
Este énfasis puesto en las prácticas aparece reforzado a lo largo de las
imágenes donde los valores, los deseos, los imaginarios, el procesamien-

13 Título tomado de una sección del documento Trabajo, dignidad y cambio social,
realizado por el Movimiento de Trabajadores desocupados en la C.T.D. Aníbal Verón. El
MTD-S pertenecía a dicha corriente al momento de emitirse el documento; empero
actualmente se halla desvinculado de la misma.
14 Tal como lo reconoce un miembro del movimiento, durante un encuentro en el Centro
Cultural de la Cooperación en septiembre de 2003, ante la pregunta sobre por qué filmar:
«Yo, la idea de filmar, primero es que quiero hacer un documental del movimiento pero desde
adentro del movimiento, y no desde afuera. Para trabajarlo nosotros y para hacer
contrainformación, todo eso, como hicieron los compañeros de Indymedia el 26 [se refiere
al 26 de junio de 2002, a la represión durante el corte del Puente Pueyrredón], entendés, que
hay cosas que no mostraron los medios, que los compañeros de Indymedia sí mostraron.
Para eso más que nada».
14
to de la otredad, aparecen en acciones concretas 15. Prácticas que, a su
vez, remiten a una acción colectiva, a la solidaridad de todos. Tal como lo
resalta una leyenda debajo de un dibujo que pone en primer plano a Maxi
y Darío,16 secundado por piqueteros con banderas: «Nadie libera a nadie,
ni nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión.» (P. Freire).
Con relación a lo expuesto, nuestra intención es rastrear, a partir de diversas
fuentes audiovisuales, algunos componentes que nos permitan visualizar
cómo las imágenes coadyuvan a construir una cartografía de sentido dife-
rente. Nos concentraremos en rescatar dos elementos fundamentalmente:
por un lado, la ‘reapropiación territorial’, cómo proponen una nueva forma
de vivir la ciudad; y por el otro los cambios en la percepción de la propia
subjetividad de los individuos, que se traduce en acciones colectivas con-
cretas. Indudablemente, no aspiramos a saldar estas cuestiones, sino que
nos enfocaremos en proporcionar algunas líneas de análisis e interpreta-
ción diferentes. En efecto, se trata de una selección absolutamente arbitra-
ria que se funda en nuestra mirada, y por ende, en nuestro deseo.
A lo largo del texto trabajaremos simultáneamente con tres tipos de fuen-
tes audiovisuales: fotografías, film documental y dibujos, que poseen la
peculiaridad y la riqueza de haber sido producidos por el propio grupo, o
por colaboradores cercanos al colectivo. La elección se vincula al hecho
que las imágenes generadas por el propio colectivo brindan la posibilidad
de una aproximación a la elaboración de un ‘autorrelato’, en el que emerge
su forma de percibirse y presentarse.
En cuanto a la circulación del material audiovisual, es importante destacar
que seleccionaremos aquellos que fueron producidos para circulación ex-
terna. Éste es un hecho a remarcar ya que la imagen varía según quién
constituya el destinatario: no es lo mismo lo que se produce y publica para
circulación interna que aquello orientado hacia el exterior. Como bien lo
rescata un extracto de una entrevista realizada a un miembro del MTD-S en
el Centro Cultural de la Cooperación (septiembre de 2003): «Para sacarlo [el
material] hacia afuera tiene que tener acuerdo de todos, de todo el colectivo,
y que sea la voz que represente, o la cosa que represente realmente al
movimiento. Porque yo puedo tener ideas muy locas de lo que quiero mos-
trar, que las tengo, pero si no coincide con el colectivo las tengo que sacar».
Sin embargo, cuando se menciona que apuestan a presentar al colectivo
al exterior, es preciso recordar que la circulación del periódico El Pikete 17

15 Así pues, la práctica de la horizontalidad aparece en las rondas de pensamiento,


participación por medio de la votación en las asambleas (democracia directa). Resulta
interesante reflexionar acerca el fenómeno de la ronda. La ronda es un círculo, y la figura del
círculo es asociada a lo infinito, a algo que no tiene ni comienzo ni fin prefijado. No hay un
orden, no hay jerarquía, lo que hay es circularidad, circulación de ideas.
16 Manifestantes piqueteros asesinados por la represión policial durante el corte del
Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002 Maximiliano Kosteki pertenecía al MTD Guernica
y Darío Santillán al MTD Lanús. Ambos movimientos integraban en ese entonces la C.T.D.
Aníbal Verón, al igual que el MTD-S.
15
es de por sí restringida, ya que su tirada ronda cerca de los mil ejempla-
res; siendo su distribución acotada al ámbito de los piquetes y personas
afines al movimiento. Por otra parte, si bien su contenido es aprobado
por el colectivo en su conjunto, es generado por el ‘área de prensa’18,
que se encarga de los asuntos vinculados con la producción de infor-
mación y el trato con los restantes medios de comunicación.
En cuanto al video documental El Rostro de la Dignidad, fue producido
por el Grupo Alavío en 2001 y recibió críticas por parte del MTD-S, en tanto
que se centró fundamentalmente en el desarrollo de los piquetes, restándo-
le importancia a las demás actividades. Para su tratamiento tendremos en
consideración dicha observación. Asimismo, la fotografía sucia y granulada
del film junto con la baja calidad del sonido, reflejan una producción rodada
con bajo presupuesto que, sin embargo, no deja de impactar.
Cabe aclarar que, al trabajar sincrónicamente con estas diferentes fuen-
tes audiovisuales, estamos haciendo una apuesta fuerte: hay un su-
puesto básico que subyace, puesto que se está equiparando lo que se
presume distinto. Tanto las imágenes producidas técnicamente como
los dibujos a mano, son víctimas de estereotipos: mientras que las pri-
meras reflejarían tal cual la realidad, funcionando como una mimesis; los
últimos serían absolutamente subjetivos, fantásticos, imaginarios,
carentes de cualquier valor probatorio. Sin embargo, por más que la
información que se extrae de una imagen pueda ser totalmente indepen-
diente de la intención de su autor, por fiel que sea una imagen para
transmitir información visual, el proceso de selección estará signado
por la interpretación de lo que el sujeto considere relevante.
Por tanto, aunque las imágenes reproducidas técnicamente se escuden
tras el proceso técnico para pregonar y exigir su presunta objetividad y
pureza, no pueden obviar el hecho que sólo vemos lo que miramos. Más
allá del automatismo del proceso, la toma responde, sin lugar a dudas, a
valores éticos y estéticos del sujeto.
En el caso particular del video y el cine, el modo en que se suceden las
imágenes, constituye un argumento que resulta irreversible, reforzado
por la presencia del sonido, de la palabra, de los silencios. El film siem-

17 Interesante es observar que, debajo del título de El Pikete aparece la leyenda periódico
del movimiento de trabajadores desocupados ‘Solano’. [subrayado nuestro].El hecho que
diga periódico –en vez de gacetilla, panfleto, folleto u otra denominación- es significativa por
que implica en sí una ‘competencia’, una aspiración de equiparación con los mass-media.
Buscan proponer algo alternativo pero dentro del mismo rubro: periódico que brinda
información sobre ‘la realidad’.
18 A la pregunta acerca de cuáles son las funciones del área de prensa, uno de los integrantes
comentó: «Bueno, que se yo. Hacer lo de los Piketes, charlar con compañeros, y sacar
informaciones que por ahí no sacan los medios, cuando hay algún plan de lucha recibir a los
medios…después que más…bueno, buscar información, armar carpetas, informaciones de
todo, poner al día con la información a los compañeros, al día que viene pensando el enemigo,
qué se yo, esas cosas…» Extracto de una entrevista realizada a un miembro del MTD-S,
durante un encuentro en el Centro Cultural de la Cooperación. Septiembre de 2003.
16
pre es armado y por ende ficción. Es preciso hacer hincapié en este
aspecto fundamentalmente en el caso del documental que, a diferencia
del film de ficción, presenta una relación diferente con ‘la realidad’,
puesto que aspira a una cierta legitimidad proporcionada por su su-
puesto tratamiento objetivo de los hechos. No obstante la pretendida
distancia con la ficción, el documental también está sometido a una
cierto ‘guión’, a una cierta secuencia de imágenes -controladas por el
camarógrafo, el director y re-controladas en el proceso de edición- que,
combinadas con otros elementos –como la música y los relatos-
coadyuvan a construir una determinada visión de la realidad.
En cuanto a los dibujos, publicados en El Pikete, quizá uno de los
aspectos más ricos se halla en su ‘plasticidad’. Son susceptibles a cier-
tas variaciones (como lo son las desproporciones en las figuras) que se
filtran en la composición de dichos trabajos y que resultan fundamenta-
les para poder captar la perspectiva, la visión del colectivo, permitién-
doles asociar ciertos elementos y disociar otros. Todo ello gracias a una
supuesta ficción-mentira.
A partir de lo antedicho podemos avizorar cómo se perfila una ruptura
de la división topográfica de observar y ser observado. Al crear sus
propias imágenes acerca de sus actividades, el colectivo reclama para sí
el poder de nominación, el poder dejar de ser sujetos de observación
para convertirse en sujetos observadores, oponiendo a la visión oficial
‘desde arriba’, la visión ‘desde abajo’. Reclaman para sí la posibilidad
de estructurar el campo visual; puesto que, al ofrecer sus producciones,
no sólo tratan temáticas específicas, sino que también proponen una
estructura narrativa disímil.
Una nueva forma de ‘habitar la ciudad’:
territorialidad y piquete
Al recuperar la capacidad de expresión y de acción, el MTD-S se ve
posibilitado de realizar una reapropiación diferente del espacio urbano.
Se trata, frente a la visión simplista de los medios de comunicación que
acotan la actividad del colectivo sólo al piquete, que a su vez es reduci-
do a una mera ‘violación al libre derecho de circulación’, de proponer
una perspectiva que complejice la vinculación entre el movimiento y el
territorio a través de las producciones audiovisuales.
Primeramente, a lo largo de los documentos, se torna evidente la gran
cantidad de imágenes que tienen como soporte físico el barrio, ponien-
do el acento en las prácticas cotidianas que se desarrollan en el ámbito
local. Hay una valoración fundamental del hacer mediante una
reapropiación –entre otras cosas- del barrio. Lugar geográfico desvalo-
rizado desde la óptica del capitalismo globalizado que, siguiendo a
Bauman19, valora la movilidad en tanto que la localidad queda reducida

19 Bauman, Zygmunt. La Globalización. Consecuencias humanas. Bueno Aires. Fondo


de Cultura Económica. 1999
17
a condena. Esa recuperación de lo local como escenario de interven-
ción, forma parte de una serie de estrategias dirigidas a producir una
realidad distinta, no ya desde la ‘estratosfera globalizada y virtualizada’,
sino desde la relación cara-a-cara, desde la cotidianeidad.
A su vez, dicha elección de organizarse a nivel local, se encuentra en
consonancia con las nuevas circunstancias a las que deben hacer fren-
te: «Al no percibir un salario, el trabajador desocupado no tiene acceso
a los medios para garantizar su subsistencia. Su cotidiano no se desa-
rrolla en la fábrica, de modo que su organización emblemática deja de ser
el sindicato, para pasar a configurarse territorialmente en los barrios»20.
Así pues, los talleres productivos, los de educación popular, las asam-
bleas se realizan a nivel local para satisfacer necesidades también loca-
les, a partir del trabajo comunitario. En el caso del MTD-S, está com-
puesto por diferentes barrios (La Sarita, Monteverde, San Martín, IAPI,
Santa Rosa, Berazategui), cada uno con asambleas y talleres propios,
pero que comparten tanto los objetivos como los principios de acción.
Recuperando los dichos de uno de los integrantes: «acá no hay ni un
jefe más alto ni un jefe más bajo...piquetero es ser en conjunto»21.
Asimismo, más allá de la recuperación territorial a nivel local, el movi-
miento plantea nuevos vínculos con el espacio urbano, con la
megalópolis 22 de Buenos Aires.
La profundización del régimen de acumulación flexible –al que nos refe-
rimos con anterioridad- afecta la estructura, forma y organización del
territorio. Tal como lo remarca P. Ciccolella 23, a lo largo de la Región
Metropolitana de Buenos Aires se vuelven patentes los procesos de
exclusión social y fragmentación territorial, consecuencia de la marcada
selectividad de las inversiones 24.
En este contexto, San Francisco Solano aparece como uno de los subur-
bios ‘desfavorecidos’ dentro del Partido de Quilmes. Aislado no sólo de
la posibilidad de acceso fácil a distintos servicios (como salud, educa-
ción), sino también asilado espacialmente.

20 Movimiento de Trabajadores desocupados en la C.T.D. Aníbal Verón Trabajo, digni-


dad y cambio social. Bueno Aires, Argentina. Pp. 6 y 7.
21 Extracto del film documental El rostro de la dignidad, producido por el Grupo Alavío.2001
22 Megalópolis en tanto que no se limita a los límites administrativos de Buenos Aires,
sino que comprende su área de influencia. Incluimos en este concepto lo que sería RMBA
(Región Metropolitana de Buenos Aires).
23 Ciccolella, Pablo. Globalización y dualización en la Región Metropolitana de Buenos
Aires. Grandes inversiones y reestructuración socioterritorial en los años noventa. Revista
Eure (Vol. XXV n.76) pp.5-27 Stago. De Chile, diciembre 1999.
24 Los nuevos espacios de producción, consumo y residencia son lo principales deman-
dantes y beneficiarios de las mejoras sustanciales en la red de accesos y autopistas Ciccolella,
Pablo. Globalización y dualización en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Grandes
inversiones y reestructuración socioterritorial en los años noventa. Revista Eure (Vol. XXV
n.76) pp.5-27 Stago. De Chile, diciembre 1999
18
Solano se halla trasmano. Arribar allí desde la estación de Constitución
requiere un viaje en colectivo de una hora y media de duración –aproxi-
madamente- en el cual la autopista no sirve para comunicar, sino que
ayuda a obviarlo.
A simple vista, las autovías aparecen como elementos de unión. Empe-
ro, simultáneamente, se elevan como muros, como divisiones que tien-
den a reforzar desigualdades del orden socioeconómico. De hecho, en
el caso de Solano, no constituye un factor de integración, sino por el
contrario, facilita atravesar ‘por arriba’ una zona de miseria, carente de
infraestructura moderna, que se vuelve invisible, reforzando la ilusión
de Buenos Aires ‘ciudad de primer mundo’.
Ciertamente, cuanto más nos acercamos a Solano, más se deteriora la
infraestructura vial al punto de convertirse en calles de tierra que, cuan-
do llueve, se inundan tornándose intransitables.
Esta falta de inversión en algunas zonas, no es fruto del azar sino de políti-
cas activas en favor de una determinada configuración territorial de la ciu-
dad. Siguiendo a P. Marcuse, la organización del espacio en la actualidad
deriva en una ciudad fraccionada25. Se elevan muros no sólo físicos, sino
también sociales emergidos no tanto de diferentes ‘estilos de vida’ o ‘nece-
sidades espaciales’, «sino que reflejan posiciones en una jerarquía de po-
der y riqueza en la cual algunos deciden y otros sufren las decisiones»26.
En consecuencia, al tiempo que se derriba los muros con el exterior, se
levantan hacia adentro. En el caso de Solano, la falta de infraestructura vial
se convierte en una de las tantas barreras.
Es en virtud de dicha configuración territorial que podemos comprender
cómo el moderno y aristocrático centro ‘porteño’ ofrece como contracara
la miseria, suciedad y precariedad de Solano.
Será a partir de su accionar, que el movimiento busque romper con esta
lógica territorial de la ‘ciudad guetto’. Hecho que aparece patente en la

25 Es la sociedad posmoderna, la sociedad de consumo la que lleva al extremo la aspiración


de la uniformidad del espacio social. En términos de Liernur: «En lugar de la trama abierta
característica de la metrópolis simmeliana [principios del siglo XX] nos ofrece contenedores
de diverso tipo, separados claramente unos de otros por función y por constitución social. Los
ghettos pobres de los más miserables o los generados por las políticas oficiales de vivienda,
pero también los ghettos ricos, los shopping malls, las ciudades empresariales, se estructuran
para evitar el contacto, la mezcla, el conflicto, la aventura y el encuentro con lo diferente. Son
condensaciones de iguales, separadas radicalmente de otras condensaciones similares. En la
metrópolis actualmente en gestación la diferencia es eliminada y con ello tiende a desaparecer
el choque característico de la metrópolis simmeliana. Es mas, la dinámica de la globalización
hace que los mismos paisajes urbanos –la «Generic City» en términos de Rem Koolhaas- se
repitan de un extremo a otro del planeta». Ponencia presentada por el arquitecto Liernur, Jorge
Francisco. Sobre la actualidad del concepto simmeliano de Metrópolis. Presentada en el marco
del Coloquio internacional: el pensamiento precursor de Gerog Simmel; celebrado en mayo de
2002 en el Goethe-Institut de Buenos Aires, Argentina.
26 Marcuse, Peter. «No caos, pero muros»: Posmodernismo y la ciudad fraccionada, En
Postmodern Cities and Spaces. S Watson and K. Gibson. 1995. Blackwell. Pp.244.
19
primera imagen del documental El rostro de la dignidad. Se trata de una
manifestación en la que se oyen cánticos y sonidos típicos de una muche-
dumbre que camina acarreando consignas en pancartas. En ella se mues-
tra cómo la estructura material del centro de la ciudad aparece ‘corrompi-
da’ por un grupo de sujetos que caminan por el medio de la avenida,
‘desentonando’ con los usos y costumbres establecidos27. La imagen
tiene además la particularidad de tener como trasfondo al mismísimo obe-
lisco, símbolo por excelencia de la Ciudad de Buenos Aires. Y es junto al
monumento más visible de la urbe, que ellos exigen su propia visibilidad.
Acto seguido, el director enfoca la tapa del diario Crónica en el que su titular
aclama: «Miles de desocupados y piqueteros llegan hoy al centro porte-
ño», como si fueran inmigrantes de un país ajeno y distante, reforzando esa
sensación de extranjería y ‘desentone’ anteriormente mencionada.
Por otra parte, el piquete mismo puede ser considerado como una nueva
forma de habitar la ciudad, como una forma de reapropiación de un territorio
del cual fueron excluidos. Sin lugar a dudas, se encuentra fuertemente vin-
culado a las condiciones de existencia actuales, donde el brutal nivel de
expulsión de mano de obra ‘sobrante’, convirtió a los desocupados ya no
en un ‘ejército de reserva’, sino en ‘población excedente’. Motivo por el
cual, las experiencias de lucha mutan, trasladando el eje del conflicto de las
fábricas a las rutas: «si antes se buscaba paralizar la producción, ahora, en
el territorio se busca interrumpir la libre circulación de las mercancías, con la
misma intención de golpear al capitalismo donde más le duele»28.
De este modo, esas autopistas, rutas, calles, que caracterizan el circular
indolente de sujetos y mercancías, se convierten en lugares cargados de
significados, donde se revierte la lógica del mercado para convertirse en
soporte material para la expresión y visibilidad pública del colectivo. El
piquete se constituye en un desafío a esta especie de ‘ciudad contenedor’.
Desafío que se vuelve manifiesto en el documental cuando se observa –
durante el desarrollo de un piquete- a un grupo de jóvenes que desar-
man un alambrado que cerca una plaza 29, y lo trasladan y reinstalan para
defender el corte de ruta. Este hecho simple arrastra una fuerte carga
simbólica desde el momento que los jóvenes desarman el ‘muro físico’
(un ‘muro prisión’), establecido por el orden hegemónico, para conver-
tirlo, en términos de Marcuse30, en una ‘barricada’.

27 Curioso es observar las veredas desiertas y a la gente caminado por la calle. Ofrece un
contraste nítido y fuerte.
28 Extracto de: El derecho a existir Dossier, Marcha. Agosto de 2002.
29 Ironía de un ‘espacio verde’, abierto pero cercado, cerrado. Hecho que se encuentra en
consonancia con el fenómeno antes descrito de especialización yguettificación de la ciudad,
por el cual ciertos lugares públicos tienden a desaparecer en tanto constituyen un estorbo
al proceso de homogenización.
30 Marcuse, Peter. «‘No caos, pero muros’: Posmodernismo y la ciudad fraccionada». En
Postmodern Cities and Spaces. S. Watson and K. Gibson.1995. Blackwell. Pp.248.
20
Por otra parte, mientras los medios de comunicación sólo centran su mirar
en el corte de ruta, éste implica un proceso mucho más extenso. Como
bien aparece en las secuencias del film, para llegar al piquete deben ocurrir
ciertos sucesos que comienzan con la reunión de la asamblea y la defini-
ción de la problemática31, que es seguida por la propuesta del modo de
lucha que se considere más apropiado. En caso de que la asamblea decida
el piquete -por medio de la democracia directa-, se resuelve el día, el lugar,
se organizan las diferentes áreas -como prensa, seguridad, entre otras- y
recién ahí se realiza el corte. Por lo que el piquete no es un fin en sí mismo,
sino el resultado de extenso desarrollo previo.
A lo largo de las producciones audiovisuales, hay un esfuerzo por recu-
perar al piquete como una práctica que, contraria al aspecto violento y
perturbado del ‘normal desarrollo de la vida cotidiana’, resulta para ellos
un momento festivo, libertario. De hecho, puede ser considerado como
uno de los momentos donde el ser piquetero aparece más nítido, donde
el grupo supera a la individualidad, donde son todos iguales, por lo que
no hay nombres sino consignas comunes. Posee un gran poder inclusi-
vo, en una sociedad altamente excluyente: participan todos los sujetos
que lo desean sin importar género, edad, trayectoria social, para confor-
mar un todo común. Justamente, a lo largo del material audiovisual,
podemos observar de qué modo en vez de aparecer nombres, existen
consignas – dignidad, trabajo y cambio social - y si aparecen
individualidades, como las figuras del Che o de Maxi y Darío, no lo
hacen en virtud de su singularidad, sino por lo que representan. Ellos se
han convertido en un lema más que en personas, en referentes más que
en singularidades, son ellos pero son todos.
Fue a partir de pensar cuál sería el valor de la práctica ‘piquetera’, ade-
más de constituir una herramienta de lucha innegable, que nos atrevi-
mos a establecer un parangón entre algunos elementos del piquete y
otros del ritual católico de la misa, en tanto que constituyen el momento
donde el ser cristiano-ser piquetero se asoma con mayor claridad. Am-
bos son aspectos extraordinarios en la vida de los sujetos, que se desa-
rrollan en un espacio y tiempo pautado con antelación. Es un momento
de alegría, de comunión, donde todos son el rebaño de Dios, donde
todos son piqueteros. Se comparte la carne de Cristo (la hostia), se
comparte la carne del pueblo (la olla popular).
Empero hay un gran contraste radicado en que, a diferencia de la misa
organizada por la Iglesia en la cual los sujetos son ‘asistentes’, la organiza-
ción del piquete es colectiva, siendo los sujetos feligreses y párrocos simul-
táneamente. Así, se los ve peregrinar hacia el piquete, en el documental,
unidos tras una misma consigna, unidos por una identidad común.
Finalmente, lo interesante de las imágenes es que nos incitan a
replantearnos diferentes aspectos, entre lo cuales podríamos situar el

31 Definición que se refiere a lo que previamente se había designado como ‘diagnóstico’.


21
derecho a la ciudad, y observar cómo estos agentes marginales –que
quedan por fuera de la lógica económica y social dominante- se apro-
pian ‘de facto’, por medio de la violencia, de la urbe. Una ciudad hostil
pero que es su ciudad en tanto que constituye el marco-soporte de
producción y reproducción de sus vidas.
El cuerpo como punto axial
En el proceso de lucha contrahegemónica, la consecución de una serie de
nuevas prácticas y el desarrollo de un nuevo tipo de sociabilidad, dejan
su marca en el cuerpo. Porque, como bien lo rescata S. Murillo siguiendo
a M. Foucault, «los cuerpos no son cosas, sino puntos axiales de haces
de relaciones y ellos expresan en esas actividades […] dichas relaciones
de fuerza»32. Cuerpos que no son substratos ni esencias, sino que son
construidos y deconstruidos a partir de las relaciones sociales.
En relación con la configuración del cuerpo, dos de los elementos que
aparecen constantemente en los dibujos de manera desproporcionada y
exagerada son: las manos -el hacer- y la boca -el decir.
Curiosa es la desmesura que generalmente tienen las manos en relación al
resto del cuerpo. Reflexionando acerca de cuál sería su importancia, nos
abordó el pensamiento de que ellas constituyen la herramienta más huma-
na: «En la delicadeza más extrema, la mano despierta las fuerzas prodigio-
sas de la materia. Todos los sueños dinámicos, desde los más dinámicos
hasta los más insidiosos, desde el surco metálico hasta los rasgos más
finos, viven en la mano humana, síntesis de la fuerza de la destreza»33.
Se trata de unas manos que parecen simbolizar la capacidad práctica del
hacer34, el ‘poner manos a la obra’ de un grupo de personas que decidie-
ron dejar de ser objetos –del clientelismo, de la política tradicional, del
Estado, de la Iglesia- para convertirse en sujetos de acción. Un colectivo
que se despertó y decidió embarcarse en un proyecto común, construir
una nueva subjetividad basada en nuevas relaciones sociales 35, donde
primen la horizontalidad y democracia directa, sustentadas en una nueva
educación, en nuevos valores y por ende en el desarrollo de nuevas
prácticas. Esas manos son poseídas por sujetos con grandes bocas, que
aparecen como metáfora de la recuperación de la voz, una voz negada,
silenciada que es recuperada, poco a poco, a partir del accionar colectivo.
Los actores involucrados recrean un espacio de participación e inclusión
tanto para niños, jóvenes, adultos, ancianos, de ambos géneros. Igualdad
que se traduce y es alentada en las imágenes, donde los sujetos son
tratados como iguales más allá de sus múltiples diferencias.

32 Murillo, Susana. El discurso de Foucault: Estado, locura y anormalidad en la cons-


trucción del individuo moderno. Buenos Aires. Oficina de Publicaciones del CBC, Univer-
sidad de Buenos Aires. 1997. Pp.85.
33 Bachelard, Gaston El derecho de soñar. Madrid 1995, Fondo de Cultura Económica
34 No en vano a la fuerza de trabajo suele denominársela ‘mano de obra’.
35 No ya dominados y dominadores.
22
Por otra parte, muchos dibujos muestran a sujetos rompiendo cadenas,
liberándose de un sometimiento, de un yugo al que fueron condenados.
Una de las imágenes es acompañada por una célebre frase pronunciada
por el General José de San Martín, que resulta más que sugestiva: seamos
libres, lo demás no importa. ¿Por qué no importa? Quizá porque el hecho
de recuperar la capacidad de hacer, la capacidad de decir, implica dejar el
reino de la sombra para convertirse en luz, chispazo fundamental para
cualquier empresa emancipatoria.
Desde el inicio aspiramos evidenciar cómo la producción de imágenes es
una herramienta fundamental de resistencia que trasluce y alienta cam-
bios en las concepciones. Sin embargo, por las características de la edi-
ción de este trabajo, no podemos proporcionar la totalidad de las imáge-
nes, lo cual implica una debilidad que debemos afrontar. Razón por la cual,
decidimos analizar tan sólo dos imágenes que corresponden a dos imagi-
narios distintos y que fueron producidas en distintos momentos históri-
cos. Por un lado, un cuadro al óleo, de 1959, del magnífico y consagrado
artista plástico R. Carpani –conocido por su militancia en favor de los
derechos de los trabajadores 36- que se titula Desocupados; por el otro, un
dibujo elaborado por el propio MTD-S y que aparece en una publicación
del periódico El Pikete de agosto de 200237.
¿Dónde apoyamos nuestra mirada? ¿Qué nos proponemos rastrear? A lo
largo del texto hicimos reiteradamente hincapié, en que se trata de un
colectivo de sujetos que se ‘despierta’, que mutan desde la pasividad a la
acción. Y ello repercute necesariamente en la disposición de los cuerpos.
Por un lado, el desocupado planteado por R. Carpani no tiene rostro,
está con las manos/brazos cruzados, su cuerpo es de piedra. Está arro-
dillado, descalzo, ‘sólo con lo puesto’. Su actitud pasiva vislumbra re-
signación: desalentado mira hacia adelante, hacia un porvenir que apa-
rece signado por la desolación. Delante suyo sólo hay más desocupa-
dos. R. Carpani nos muestra como toda esta ‘mano de obra’, todo ese
potencial es desperdiciado. En cuanto a los sujetos, son individualidades
puesto que, aun siendo unos cuantos, están desasociados, unificados
sólo por su condición de desocupados. El cansancio, la apatía y la falta
de proyecto común parecen convertirse en su condena.

36 Este punto no es simplemente anecdótico. Justamente es la razón por la que fue


seleccionado, porque proporciona la mirada de un sujeto comprometido y preocupado por
la condición de los trabajadores. Por lo que descartamos cualquier tipo de animosidad en
cuanto a querer perjudicar a los trabajadores. Se trata de un pintor argentino nacido en 1930,
cuya vida y obra se caracterizaron por su fuerte vinculación con su tiempo, por una
apasionada militancia.
37 Es preciso alertar al lector puesto que se trata de una lectura propia, subjetiva, que no
pretende mayor veracidad, ni legitimidad. Simplemente surgió como un ‘disparador’ de ideas
que, sin lugar a dudas, deja abierta la posibilidad a diferentes interpretaciones. Detrás de ella
no yace verdad inmanente alguna.
23
Por el otro, en el dibujo del MTD-S el sujeto aparece de frente con su
puño en alto, absolutamente gigantesco con relación a su cuerpo. Tiene
rostro y su boca abierta como en un grito libertario. Su actitud es activa,
de lucha. Recuperó sus manos –la capacidad de hacer- y su voz –la
capacidad de decir-. Su figura ya no es pétrea sino humana. Tiene ros-
tro, dignidad. No son desocupados, son trabajadores desocupados.
En sus propias palabras: «sabemos quienes somos: personas capaces de
transformar la realidad por el trabajo creador y liberador, sin necesidad de
la explotación. El espacio que construimos se basa en nuevas relaciones,
radicalmente opuestas al sistema capitalista, que es lo que no queremos.
De la confrontación cotidiana con la realidad, y del accionar sobre la
misma, va naciendo la nueva subjetividad, un nuevo pensamiento: libre y
colectivo, a partir del cual nos autodefinimos, nos autoorganizamos y
autogestionamos. El sentido de la libertad lo vamos descubriendo en el
colectivo, y es diferente al liberalismo del capitalismo»38.
Interesante resulta apreciar cómo se pasó desde el desocupado desalenta-
do, desahuciado, carente de rostro, resignado, -pero con un gran potencial-
que aparece en los cuadros del genial artista plástico R. Carpani; al sujeto
que rompe las cadenas, que en su grito recupera su voz, y recupera una
dignidad que le permite mirar de frente. Sujetos que, no obstante su situa-
ción precaria, logran configurar una subjetividad e identidad, que los cons-
tituye ya no es simples víctimas a la espera de limosnas y dádivas, sino que
se construyen como sujetos capaces - capaces de acción, de opinión. Po-
nen en acción ese potencial que en R. Carpani estaba latente.
Son aquellos sujetos que observamos –en el documental- caminar por las
calles con actitud irreverente, coreando consignas con una voz potente
que aclama aquello que creen, aquello que piensan, aquello que son.
Quizá una de las escenas que sintetiza este cambio de actitud es cuando
un miembro del MTD-S, en lo que aparentemente es una ronda de pen-
samiento, pide la palabra y afirma con cierto recato «escribí algo». Se
trata de un hombre de unos cincuenta y tantos años que se decidió a
producir, a escribir; en sus propias apalabras «algo que venía pensan-
do… esto es más o menos así». En verdad su razonamiento carece de
vacilaciones, es articulado, claro y conciso, no fruto de un desvarío,
sino de una reflexión profunda e incisiva. Conscientemente o no, derri-
bó ciertos muros simbólicos para dejar de ser objeto de intervención
convirtiéndose en sujeto de acción.
‘Estrategias’ y desafíos para un futuro incierto
A partir de este relato intentamos tornar visible algunos aspectos que per-
mitirían a la producción audiovisual constituirse como una práctica
contrahegemónica eficaz en los tiempos que corren. ¿Es suficiente? Por su
puesto que no, descartamos que las imágenes por sí mismas puedan gene-
rar cambios sociales; ya que, recapitulando lo dicho, las imágenes no son
38 Nuestra idea de autonomía: poder hacer y pensar en libertad. Extracto de: El derecho
a existir Dossier, Marcha. Agosto de 2002.
24
autoexplicativas, necesitan de la mirada atenta e interpretante de los suje-
tos que las cargan de significado, y por ende de capacidad de acción.
A su vez, la elección de dicha práctica –como lo remarcamos anteriormen-
te- está en consonancia con el desarrollo socio-tecnológico actual. Si-
guiendo a B. Sarlo, las transformaciones tecnológicas son irreversibles:
«desencadenan procesos sociales que tienen un impacto material tan
fuerte como social» 39. Razón por la cual, empezar a utilizar estas fuentes
de producción de sentido es fundamental como parte de una labor ten-
diente a construir un pensamiento, un diagnóstico, una cosmovisión
acorde a los intereses y necesidades específicas del colectivo.
Llegados a este punto, reflexionábamos acerca de cual sería realmente el
gran aporte que podíamos rastrear en las producciones audiovisuales, y
concluimos que es el proyecto. Se trata de recuperar la capacidad de
proyectar, de poder construir un imaginario que le permita abrazar el
pasado para actuar sobre el presente forjando su futuro. Hecho vincula-
do con la posibilidad de (re)construir ese carácter40 que Sennett divisó
perdido. Carácter que provee al colectivo de una cierta estabilidad que
les permite recobrar la capacidad de proyectar un mañana sin quedarse
anclados en un eterno presente signado por la mera subsistencia. De
este modo, el poder dibujarse, el poder elegir la toma que más los identi-
fique, supone la posibilidad de apropiarse de su propia existencia.
En efecto, a través de los documentos audiovisuales, pudimos rastrear
cómo tanto a partir de la recuperación de la territorialidad, como de la
constitución de un nuevo tipo de subjetividad, se vislumbra este nuevo
proyecto basado en la construcción de un modo sociabilidad distinto.
En cuanto al espacio urbano, el colectivo apuesta a establecer una relación
con el mismo disímil a aquella planteada por el capitalismo globalizado, don-
de lo local prima revalorizado como soporte de producción y reproducción
de la vida de los sujetos. Por ello, más que en el piquete en sí, lo importante
es centrarse en esa recuperación de la territorialidad como pilar de las prácti-
cas cotidianas tendientes a generar mutaciones en la sociabilidad. Y, quizá,
este poder situarse, poder establecer su base desde otras coordenadas, le
permita al colectivo poder empezar a pensar y actuar en virtud de «estrate-
gias», y ya no en meras «tácticas» 41. Este cambio de perspectiva implica, en
términos de Rolnik 42, abandonar una ‘ violencia negativa’, que se reduce a la
simple reacción -desde su posición de víctima- para poder concentrarse en

39 Sarlo, Beatriz. «Siete hipótesis sobre la videopolítica», en Instantáneas: Medios,


ciudad y costumbres en el fin de siglo. Buenos Aires. ARIEL. 1997. Pp. 149
40 Carácter entendido en términos de Sennett:«El carácter se centra en particular en el
aspecto duradero, a ‘largo plazo’, de nuestra experiencia emocional. El carácter se expresa
por la lealtad y el compromiso mutuo, bien a través de la búsqueda de objetivos a largo plazo,
bien por la práctica de postergar la gratificación en función de un objetivo futuro […] El
carácter se relaciona con los rasgos personales que valoramos en nosotros mismo y por los
que queremos ser valorados». Sennett, Richard. La corrosión del carácter. Barcelona.
Anagrama. 2000. Pp.10.
25
proponer una alternativa distinta. Dejar de ser cazadores de oportunidades,
para convertirse en forjadores de sus propias opciones.
Por otra parte, pudimos apreciar cómo esta voluntad activa de cambio es
acompañada por una disposición del cuerpo diferente. Hecho a remarcar
en tanto que el poder dibujarse, enfocarse desde una perspectiva distinta
a la presentada por el poder hegemónico, acarrea la posibilidad de produ-
cirse desde ‘otro lado’43. En efecto, poder pensarse desde otras coorde-
nadas, por más que quede aún mucho trayecto por recorrer, implica un
quiebre, una grieta importante dentro el orden vigente en tanto posibili-
dad de producir un imaginario social competidor44. En términos de B.
Baczko: «imaginar una contralegitimidad, un poder fundado sobre otra
legitimidad que no sea la que la dominación establecida se atribuye...» 45.
Empero es preciso recordar que este proceso es incipiente. El MTD-S
debe enfrentar una serie de desafíos: algunos vinculados con su posi-
ción subordinada en el diagrama de poder vigente; otros, fruto de la
complejidad de concebir los cambios al interior del colectivo mismo.
Primeramente, podríamos considerar el escaso poder de circulación que
tienen las imágenes producidas por el colectivo46. Desafío vinculado no
sólo con la escasez de medios propios, sino también con la dificultad de
generar contra-información en un mundo dominado por los multimedia,
propiedad de pocos y gigantescos conglomerados económicos, que se
caracterizan por poseer una gran flexibilidad. En efecto, poseen la capa-
cidad de absorber la mayoría de los productos culturales de diferente
contenido, homologándolos a partir de un modelo cognitivo común.
Hecho relacionado con la posibilidad de ‘recuperación’, mediante la
cual el sistema social en vigencia se defiende reintegrando –aunque
modificado- el discurso opositor.

41 Planteo retomado de De Certeau. El autor considera que, mientras la cultura dominante


establece estrategias vinculadas con el cálculo de las relaciones de fuerza posible por
disponer de un ‘lugar propio’, por ser quien impone la racionalidad oficial. Por su parte, los
dominados se encuentran condenados a regirse por tácticas, puesto que juegan dentro del
sistema del otro. La táctica opera vigilando cada instante, esperando la posibilidad de ‘dar
un golpe’. [De Certeau, Michel. Les Cultures Populaires. París. 1979.]
42 Rolnik, Suely. El ocaso de la víctima. La creación se libra del rufián y se reencuentra
con la resistencia. Ponencia presentada en el marco de un Coloquio sobre La Crisis de la
Representación, desarrollado en Buenos Aires. 2003.
43 Siguiendo a S. Murillo: «Los cuerpos resultan así construidos a través de las repre-
sentaciones respecto de qué es lo verdadero, lo bueno, lo normal, en fin, representaciones
en torno de lo que hay que ser y de lo que hay que tener, para ser reconocido en la propia
identidad, para ocupar un lugar, para que la mirada del otro nos reconozca, nos identifique
y por ende no de el ser». Murillo, Susana. El discurso de Foucault: Estado, locura y
anormalidad en la construcción del individuo moderno. Buenos Aires. Oficina de Publica-
ciones del CBC, Universidad de Buenos Aires. 1997. Pp. 89.
44 Competidor en tanto que propone un imaginario distinto que aspira a ocupar la
primacía. Se trata de ‘destronar’ el poder simbólico hegemónico en la actualidad.
26
Dicha situación, unida al fenómeno de la aceleración47, reconocido por
P. Virilio48 entre otros, nos induce a cuestionarnos acerca de la posibili-
dad de construir un proyecto contrahegemónico en un período en el
que la velocidad de cambio resulta inmensa. Situación que limita la capa-
cidad de los sujetos de captar los acontecimientos, apropiándoselos, y
así reflexionar acerca de ellos para poder construir una alternativa dis-
tinta. ¿Cómo actuar sumergidos en lo que P. Virilio 49 denomina el proce-
so de ‘generación de realidades’, realidades que se van sustituyendo
continuamente y a una gran velocidad?
Estos interrogantes resultan claves y han de ser resueltos para poder
convertir la producción de imágenes en un instrumento efectivo en la
consecución del anhelado ‘cambio social’. Puesto que, el impacto de las
producciones simbólicas depende ampliamente de su difusión, de la
posibilidad de convertirse no sólo en emisores sino fundamentalmente
en ‘emisores eficaces’.
Por otro lado, es preciso que el colectivo logre superar la lógica de la
necesidad que se halla enquistada en sus orígenes. Tal como lo recono-
ce uno de los integrantes del MTD-S en un encuentro desarrollado en el
Centro Cultural de la Cooperación (septiembre de 2003):
¿Por qué se van? Las elecciones es uno de los motivos. Claro, los punteros, o
sea la campaña que hubo Duhalde bajó mucha guita y han comprado compa-
ñeros, le han ofrecido, han puesto fortunas por compañeros que le decían:-
‘vení, traete toda tu asamblea, $5.000, $6.000’, laburo constante con salarios,
que se yo todo, que fue toda una mentira, hoy todos los compañeros están
sueltos, no tiene nada [...] realmente hay compañeros que van solamente por
los planes, que es verdad, nosotros siempre dijimos ‘esto en algún día se va a
depurar, y todavía se va a seguir yendo gente’. Nosotros creemos y vemos
que todavía se van a ir gente porque no todos está abocados a un proyecto
distinto, y no los podemos obligar a que esos compañeros piensen y crean y
tengan la visión que tengo yo, es más, muchos de los compañeros tenemos
distinta forma de ver la política, en cambio creemos en ésta construcción y
sobre eso laburamos.

45 Baczko, Bronislaw: Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas.


Buenos Aires. Ediciones Nueva Visión. Marzo 1999 Pp.29.
46 Recordemos que la tirada del periódico El Pikete ronda los mil ejemplares únicamente,
y que carece de regularidad su publicación.
47 Si bien la vida es movimiento y siendo uno de los mayores peligros el desecamiento
de lo dinámico que tiene; resulta preciso distinguir entre la movilidad característica de la vida
y la circulación frenética, irreflexiva que genera alienación y a su vez, paradójicamente ,
inmovilismo y pasividad. La velocidad de circulación de las imágenes en la actualidad,
convierten al sujeto en un receptor ‘pasivo’ frente a una rotación continua de las mismas.
El individuo pasivo es pobre de capacidad expresiva como consecuencia de una
hipermovimiento que atrofia su accionar.
48 Virilio, Paul. Velocidad y Fragmentación de las Imágenes. Entrevista sobre la
Dromología. Buenos Aires. Revista Fahrenheit 450. Nº 4. 1988. Pp. 42 a 45.
49Virilio, Paul. Velocidad y Fragmentación de las Imágenes. Entrevista sobre la
Dromología. Buenos Aires. Revista Fahrenheit 450. Nº 4. 1988.
27
Asimismo, la inculcación de nuevos valores y su efectiva puesta en
marcha constituyen procesos que requieren tiempo. Al respecto el
miembro del MTD-S en la misma reunión expresaba:
Sí cuesta mucho, cuesta, por ahí el tema éste de la horizontalidad, en la misma
coordinadora tenemos quilombo, porque nos dicen ‘ustedes son más lentos’,
pero bueno es el camino que elegimos nosotros, que se yo... (...)
(...) te encontrás con muchas contradicciones, de tus mismos compañeros, y
de vos mismo. En mi puta vida yo participé de un proyecto que sea colectivo,
comunitario, y que me sienta parte de eso, nunca. Siempre fui individualista,
siempre pensé en mí y nada más. Y hoy estoy cambiando, estoy tratando de
cambiar, me cuesta, y es muy jodido eso.
Indiscutiblemente, no se trata de los únicos desafíos a afrontar por
parte del colectivo. Es preciso recordar que cualquier empresa
emancipatoria debe enfrentar diversas dificultades de diversa índole,
más aún cuando sus objetivos sean a mediano y largo plazo e impliquen
un cambio en las formas de sociabilidad. Efectivamente, embarcarse en
un proyecto de cambio social, implica un proceso donde las mutaciones
no son ni bruscas, ni lineales, ni unidireccionales.
La viabilidad de la resistencia radica en la capacidad de la sombra, de
aquello relegado a la oscuridad, de desbordarse, de avanzar, puesto que
no hay una realidad única y cerrada. Su poderío halla sustento en la
posibilidad de desbloqueo de las fuerzas creativas que permitan la
invención de otras formas de existencia, de proyectos alternativos.
¿Cuáles serán los alcances de esta lucha contrahegemónica? ¿Logrará
convertirse en una alternativa viable más allá del plano local? ¿Se
convertirá en funcional50 a la lógica capitalista actual? Obstáculos hay
muchos, pero definitivamente nadie puede saberlo, y es justamente en
esa imprevisibilidad donde radica su potencial transformador.

50 Funcional en tanto que a partir de la autoorganización comienzan a solucionar una serie


de problemáticas –como el empleo, la alimentación, la salud, la educación, entre otras- que
solían ser responsabilidad del Estado garantizarlas. Sobre todo si tenemos en cuenta que el
tipo de organización social que estamos atravesando no aspira a la inclusión de la totalidad
de la población. Por lo tanto, el que un colectivo de personas ‘excluidas’ se auto-aísle y
resuelva autosuficientemente sus necesidades, puede transformarse en una situación pro-
vechosa para el sistema hegemónico. Obviamente que esta temática es mucho más compleja
y no ha de ser resuelta en un pie de página. Empero, nos parece importante mencionarla para
traslucir la complejidad de la problemática.
28
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Buenos Aires. Revista Fahrenheit 450. Nº 4. 1988.

29
2. IMÁGENES Introducción:
DEL TRABAJO En el presente trabajo serán analizados los cambios ocurri-
Nuria Bril y dos en el modo de producción capitalista y en la forma del
Valeria Galván estado a partir de los años 70, período que hemos denomina-
do «posfordismo», haciendo especial hincapié en la década
del ‘90. Tomaremos para ello las dimensiones espacio-tem-
porales en las que se desarrolla el trabajador en el «mundo
del trabajo». Con este fin, fueron seleccionados 3 films de
diversos países que servirán de fuente para dicho análisis, y
que se pondrán en relación con las fuentes bibliográficas
que constituyen el soporte teórico de este trabajo.
En esta primera parte será definido el marco teórico-concep-
tual a utilizar. Con el objetivo de realizar, posteriormente, el
análisis de las siguientes fuentes fílmicas: «Riff-Raff» (In-
glaterra, 1991), «El empleo del tiempo» (Francia, 2001) y
«Mundo Grúa» (Argentina, 1999).
Denominamos posfordismo al actual modelo de acumulación
capitalista, el cual se corresponde, a su vez, con una forma
determinada que adquiere el estado a partir de la década del 70.
En primer lugar, el posfordismo es la manera en que se regula
la producción a partir de la crisis del modo de organización
fordista. Este último se caracterizaba por formas específicas
de administración del tiempo y del lugar del trabajo. En este
sentido, la fábrica fordista elaboraba grandes volúmenes de
producción rigurosamente idénticos, y para ello los trabaja-
dores desempeñan tareas que se repiten en el tiempo y se
desarrollan en el mismo lugar de trabajo.1
Asimismo, en la empresa fordista, el denominado «mundo
del trabajo» se desenvuelve dentro de la fábrica misma, es
decir desde el lugar de producción, razón por la cual, el modo
en que es controlado el trabajador, es constante, aunque
externo. En esta misma línea, el control de calidad de la pro-
ducción es realizado por técnicos especializados que super-
visan lo fabricado hasta el momento. Algunos autores sos-
tienen que en la fábrica fordista el trabajador es permanente-
mente vigilado, mientras que en la empresa posfordista se
despliegan mecanismos de control de otro tipo.
Ahora bien, a partir de la crisis del modo de organización de
la producción desarrollado en Estados Unidos por Henry
Ford 2, aparece como respuesta un nuevo paradigma produc-
tivo desarrollado en Japón por Ohno -entre otros- también

1 Desde el discurso fílmico puede verse «Tiempos modernos», de Carlitos Chaplín.


2 El cual utilizaba como símbolo productivo a la cadena de montaje para la producción
automovilística.
30
para la producción de automóviles, esta vez, en la fábrica Toyota.
El cambio radical de esta innovación está dado por la relación que se
supone, se establece entre el mercado y la sociedad que consume. En este
sentido, es la demanda de la sociedad la que regula la producción, razón
por la cual, ya no se originan grandes cantidades idénticas de productos.
La producción se especializa, se diversifica, y las existencias ya no se
acumulan en stocks, sino que sólo se produce «lo que se espera que se va
a vender». Así, el gran lema de la fábrica posfordista es «stock cero». Es
decir, la diferencia fundamental es el pasaje de la producción en masa y en
serie, a la producción sin stock y diferenciada.
Otra de las grandes novedades de este modo de producción es que el
trabajador pasa a tener múltiples funciones dentro del espacio donde se
desarrolla su trabajo, en este sentido, pierde la especialización que desa-
rrollara en el modelo fordista. Es decir, ahora se adjudica el conocimiento
de la totalidad del proceso productivo. Sin lugar a dudas, el trabajador se
ve fuertemente vulnerado por los cambios bruscos en la demanda. El
modelo posfordista funciona de modo tal que cuando la demanda crece,
el número de trabajadores aumenta lo necesario hasta alcanzar el grado de
producción que satisfaga a la demanda; asimismo, en momentos en que la
demanda decrece, se reduce el número de trabajadores. La flexibilización
laboral que introduce el posfordismo deteriora las condiciones de trabajo
y vulnera la situación del trabajador en momentos de descenso de la
demanda, con lo cual, la inestabilidad laboral es lo único que se mantiene
estable. En relación con lo anterior, encontramos que la situación extrema
del problema laboral es el desempleo abierto.
Si bien estas características generales del pasaje de un modo de organiza-
ción de la producción a otro están estrechamente vinculadas a la produc-
ción fabril, es posible observar estas tendencias en cualquier otra activi-
dad, debido a que las mismas se expanden como modelo social. Así como
a partir de la década del 70 el capital financiero y el sector de servicios han
tenido un gran crecimiento con relación al capital industrial, estos nuevos
patrones productivos se generalizan dentro del mundo productivo y el
«mundo del trabajo». De éste modo, la flexibilización laboral, la
terciarización de ciertas actividades y los llamados «freelances» son ten-
dencias que escapan al ámbito fabril, instalándose como nuevas formas
de contratación y de relación entre el capital y el trabajo.
Pues bien, la otra variable que hemos tomado para caracterizar al fordismo
y al posfordismo, es el Estado, que se construye en los diferentes momen-
tos del desarrollo capitalista. En este sentido, el modo de producción fordista
se articula con el llamado Estado Keynesiano de Bienestar en cuanto a la
implementación de políticas públicas y de intervención estatal en el modelo
social y económico. En este pasaje, el Estado también ha sufrido alteracio-
nes en cuanto a su modo de intervención social y económica.
Dentro de las características generales que adopta el Estado luego de
articulados estos cambios en el modo de organización capitalista, la
política estatal se basó en la no-intervención del Estado dentro de la
31
esfera económica, al igual que en la apertura de los mercados y la
desregulación económica. Además de esto, la permanente reducción del
llamado gasto público -en detrimento de los sectores más vulnerables-
y los procesos de privatización de empresas de servicios públicos dan
cuenta de las transformaciones del Estado en el contexto actual.
Si bien es necesario analizar estos cambios dentro de la particularidad
de cada país, en términos generales, los acontecimientos antes apunta-
dos se manifiestan como una tendencia mundial, que abarca los cam-
bios en materia productiva y en materia estatal.
Estas particularidades que pretendemos destacar dentro de un contexto
general serán analizadas mediante fuentes fílmicas. Las fuentes fílmicas,
en el presente trabajo, serán consideradas como una fuente histórica
más. Consideramos que los tres films seleccionados tienen la misma
validez histórica que las fuentes bibliográficas escogidas. En este sen-
tido, entendemos que nos aportan una construcción histórica que nos
permitirá una mejor comprensión de los hechos aquí analizados3.
Por ello es que en ningún caso los films aparecerán como representando
un hecho histórico, sino, construyendo -desde el discurso fílmico- una,
entre tantas interpretaciones posibles acerca de la historia. En este sen-
tido, creemos que la lectura cinematográfica de la historia, tiene la misma
validez interpretativa que «la historia misma»4. De este modo serán ana-
lizados los films «Riff-Raff», «El empleo del tiempo» y «Mundo Grúa».
El posfordismo en el discurso fílmico.
Riff-Raff
«Riff-Raff», es un film de ficción, de origen británico, que data del año
1991. En este film, muchos reconocen el renacimiento del realismo social
británico clásico, caracterizado por un fuerte compromiso con la reali-
dad social y, en particular, con el conflicto de clases. El realismo social,
hoy, sin embargo, representa de manera cruda la realidad de la vida
cotidiana, ya no solo de la clase obrera, sino también de sectores popu-
lares en general. El director de «Riff-Raff», Ken Loach, ya había sido
consagrado como uno de los principales exponentes de este estilo du-
rante las décadas del 60 y 705. Loach, a pesar de no retratar, necesaria-
mente, la clase obrera como heroica, se interesa por explorar la comple-
jidad de sus dilemas. Este es el caso de «Riff- Raff».
El film relata la historia de Stevie, trabajador temporario (como él mismo se
define), quien cumple horas de trabajo en una obra en construcción. Allí,

3 Al respecto, se pueden consultar las obras de autores tales como, Monterde, Ferro,
Nichols y Sorlin, entre otros.
4 Ver Ferro, Marc: Historia contemporánea y cine. Colección Ariel Historia. Ariel.
Barcelona. 2000.
5 Sus films, generalmente, cargados de dramas íntimos, presentados de modo tal que
iluminan la política de la vida diaria y embebidos de un profundo contenido militante, lo
destinaron, en numerosas oportunidades durante la era Thatcher, a la censura.
32
se encuentra con otros pares, quienes sufren las mismas vicisitudes que
él; vicisitudes que el lugar que ocupan en el nuevo mundo del trabajo les
ha hecho padecer a todos ellos. Los espacios que definen el ambiente de
trabajo son sórdidos y despojados de sentido, así como también los luga-
res donde habitan. La casa que ocupa de manera ilegal Stevie, con el fin de
no seguir pasando noches a la intemperie, es también un lugar vacío de
sentido, frío, sucio y derruido, que aún conserva los servicios de luz y
gas, anteriormente proporcionados por el Estado. Los dramas de los nue-
vos sectores trabajadores, están descriptos de una manera real y cruda.
En oposición a todo carácter pasivo, el protagonista es un hombre vital y
pragmático quien, a pesar de conservar sus sueños (ser vendedor de ropa
interior masculina), sabe que tiene que trabajar para sobrevivir. En este
sentido, su personaje es contrastado con el rol de Susan, su pareja.
Loach toma del «teatro de la clase obrera» la idea de que el drama no es
exclusivo de las clases medias, sino que también puede provenir de la
gente de trabajo ordinaria. Este punto es claramente expresado en una
de las escenas del film, cuando Susan le cuenta a Stevie que se deprime
seguido, confesión a la cual Stevie -quien muestra constantemente una
personalidad pragmática que le permite vivir en las más duras circuns-
tancias- responde que la depresión es para las clases medias, ellos de-
ben trabajar. Sin embargo Susan insiste: «Yo si me deprimo».
El «realismo» de los avatares -personales y sociales- a los cuales los
sectores caracterizados en «Riff-Raff» se enfrentan, subyace al discur-
so de todo el film. Esta presencia está fuertemente asegurada por dos
factores principales. En primer lugar, el guión ha sido escrito por Bill
Jesse, quien con gran sentido del humor construyó un relato basado en
su propia experiencia como trabajador en los espacios despojados del
mundo de la construcción. En segunda instancia, los actores, con ex-
cepción de tres de los protagonistas, son, efectivamente, trabajadores
de la construcción que han quedado cesantes luego de llevadas a cabo
las políticas neoliberales del período conservador de Thatcher, es decir
que, representan un rol harto conocido para ellos.
«Riff-Raff», realizado durante el interregno neoconservador del Primer
Ministro Major, intenta dar cuenta de las heridas que el gobierno de
Margaret Thatcher (1979-1990) ha dejado en la sociedad inglesa, princi-
palmente, en los sectores populares. Junto con el ocaso del modelo de
regulación de la producción fordista, el sector privado de bienes de
capital, comenzaba a encontrar crecientes inconvenientes para valorizar
el capital invertido en la producción6. Sin embargo, esta preocupación
del sector privado encontró rápidamente una respuesta. Al comienzo de
la década del ochenta, se imponía la necesidad de que «El Estado se
pusiera al servicio de la ‘competitividad’ de las empresas, aceptando la
supremacía de las ‘leyes del mercado’.» 7

6 Ver Chesnais, Francois (comp.). La mundialización financiera. Génesis, costos y


desafíos. Losada. Buenos Aires. 1999.
33
De manera simultánea, en esa época, en Estados Unidos y en el Reino
Unido la «revolución conservadora» asumía el poder. Las políticas gu-
bernamentales de Reagan y Thatcher facilitaron el surgimiento de deter-
minadas condiciones políticas y económico-monetarias (liberalización
de capitales, desregulación económica y mundialización financiera) que
favorecieron la implementación de la nueva forma de valorización de
capital, la cual se extendió luego al resto del mundo. La hegemonía del
capital financiero que se produjo con esta nueva forma de valorización,
implicó una serie de reformas estructurales de la relación entre el Esta-
do, el capital y el trabajo. La revolución del capital no solo requería un
cambio en el rol del Estado, sino también, la adopción de una nueva
forma de organizar el trabajo. Fue así como, a partir de la crisis del mode-
lo de organización fordista surgió el denominado posfordista8.
La decadencia de la organización fordista del trabajo permitió la entrada
de un nuevo modo de organizar la producción al interior de la unidad
productiva (fábrica). Este hecho, se basó en lo que algunos llaman la
«derrota histórica de la clase trabajadora»9. Los sindicatos en Inglate-
rra, por ejemplo, fueron devastados. Este proceso determinó una
despolitización gradual de los sectores trabajadores. «Riff- Raff», bus-
ca transmitir esta idea a través de las reacciones que provoca el perso-
naje de Larry, uno de los amigos de Stevie. Ambos compartían el mismo
puesto de trabajo, sin embargo Larry representa el discurso político
explícito en el film. Larry constantemente critica y cuestiona el estado de
cosas que lo rodea. Su compromiso llega a un punto tal, que en un
momento intenta organizar a sus compañeros para reclamar mejores con-
diciones de trabajo. Pero termina siendo despedido. El punto interesan-
te de este personaje es la reacción de sus compañeros, siempre apáticos
y desinteresados. Todos se mofan de él, ya que ninguno de ellos se
siente identificado o comprometido con las ideas que Larry manifesta-
ba. Todos sufren las mismas condiciones, pero, para la mayoría, la polí-
tica no era la salida. A pesar de esta situación de despolitización de los
trabajadores, el director introduce una imagen, que pasa casi desaperci-
bida. En un momento, Stevie camina por un barrio popular y detrás de él
se lee un graffiti: «class war» 10. Con esto, el director está transmitiendo
su propia postura política al respecto. Es decir, la idea que a pesar de la
desorganización y fragmentación de la clase obrera y pérdida absoluta
de su capacidad de negociación, la lucha de clases todavía sigue en pie
a través de las condiciones humillantes de la clase trabajadora, que
genera nuevas formas de resistencia, individuales y no políticas.

7 Gorz, André. Miserias del presente, riquezas de lo posible. Paidós. Buenos Aires. 2003. p.22.
8 Ver Gorz, André. Miserias del presente, riquezas de lo posible. Paidós. Buenos Aires. 2003.
9 Debido a que, los trabajadores sufrieron durante la década del ochenta, una gran pérdida
de su capacidad de negociación colectiva.
10 Lucha de clases.
34
La nueva forma de organización del trabajo, sistematizada teóricamente
por Ohno -entre otros- es denominada «producción flexible». El toyotismo
se caracteriza por una radicalización de los objetivos productivos ideados
por Henry Ford; sin embargo los mecanismos implementados guardan
enormes distancias con aquellos propios de la fábrica fordista11. La flexi-
bilidad productiva se traduce en la flexibilidad de los agentes producti-
vos, es decir del trabajador directo. Las implicancias de esta última afirma-
ción son diversas para el trabajador. Entre otras podemos enumerar el
abandono de la especialización por la «polivalencia». Es decir, el trabaja-
dor debe ser capaz de cumplir variadas funciones que recorren un ángulo
muy amplio (desde fabricante manual hasta empresario). Asimismo, la
polivalencia del trabajador debe ser complementada con la absoluta
flexibilización de sus tiempos12. El trabajo continuo dejó de ser «rentable»
en términos del capital, ya que lo ideal es que un tiempo de trabajo discon-
tinuo sea articulado a las necesidades de la demanda de la sociedad. Solo
nos queda por agregar que el paradigma posfordista no se reduce a la
organización al interior de fábricas o empresas líderes como Toyota. Se-
gún explica Gorz, empresas como Toyota, es decir empresas que manifies-
tan en su más puro estado las características principales del modelo de
organización posfordista, sólo son el último eslabón de una cadena de
montaje, construida topológicamente según una pirámide, cuya cima está
representada por estas empresas de montaje final. Las empresas o fábri-
cas que le siguen a la cima son las empresas subcontratistas, las cuales,
cuanto más lejos de la cima se encuentren, con mayor fidelidad reprodu-
cirán, bajo el posfordismo, condiciones de producción fordista.
En Riff-Raff nos encontramos, como eje narrativo principal del film, fren-
te a la problemática siguiente: ¿qué significa la existencia de empresas
subcontratistas para los trabajadores? En este punto, debemos distin-
guir dos tipos de asalariados, con características muy diferentes entre
sí: los permanentes y los externos, también conocidos como, «contrata-
dos» o «trabajadores temporarios»13. Stevie es un trabajador temporario,
como él mismo se define en su primer encuentro con Susan. La frase que
sigue a esta presentación es: «este trabajo es sólo temporario... es sólo
basura». Por «basura», en este contexto, podemos entender, no estar
cubierto por el derecho laboral, carecer de seguro social, trabajar en
condiciones precarias, en un ambiente de trabajo hostil, ser maltratado
y vejado por los contratistas, etc. Efectivamente, es éste el tipo de traba-
jo que desempeña Stevie, el «trabajo basura». Las escenas de la obra en
construcción -lugar de trabajo- muestran una gran descoordinación (al
contrario de cómo sucede en la organización toyotista). Esto se debe a

11 Algunos teóricos – Coriat, entre otros- describen estos mecanismos como la lógica
fordista invertida, es decir, como un «pensar al revés» de cómo pensaba el fordismo.
12 Es decir, el tiempo subjetivamente vivido queda relegado a los tiempos de la producción
que son tan variables como (y de hecho, según) las fluctuaciones del mercado.
13 Ver Gorz, André. Miserias del presente, riquezas de lo posible. Paidós. Buenos Aires. 2003.
35
que los trabajadores temporarios no sólo no están amparados por el
derecho laboral sino que, además, no reciben capacitación de ningún
tipo. Son trabajadores pero nadie los percibe como tales. «Riff- Raff»
significa en español «gentuza», «chusma». Es que, efectivamente, los
protagonistas del film, se ubican dentro de esta clase de gente: no son
«obreros de la construcción», son «trabajadores temporarios», es decir,
«gentuza». En este sentido, la relación que tienen con su empleador es
presentada en «Riff- Raff» a través de varias escenas como, por ejemplo,
cuando Stevie y sus compañeros son contratados, el contratista, a tra-
vés de un pésimo trato, les aclara que ellos no gozan de ningún derecho
y que sólo serán contratados con el fin de que no sigan cobrando el
seguro de desempleo.
Por otra parte, el director interrumpe, en varias oportunidades, el plano
narrativo para introducir ciertos elementos cuya función es simbólica,
pero cuya reiteración le agrega el carácter retórico -es decir que busca
guardar en la memoria del espectador ciertas asociaciones-14. Estas figu-
ras son las ratas -en el plano de las imágenes- y en lo discursivo, la
prohibición de orinar en el piso -esta última es enfatizada, hacia el final del
film, a través de la modificación de su formato: pasa de lo meramente
discursivo al orden de la imagen (cartel). La figura de las ratas tiene el
objetivo de transmitir al espectador la suciedad y el abandono que reinan
en el lugar de trabajo de Stevie y los otros trabajadores. La figura de la
prohibición de orinar, es, a diferencia de la anterior, más dinámica ya que
indica15 la opresión, cada vez más insoportable, que los trabajadores tie-
nen que padecer. Concluyendo su representatividad, sólo unos minutos
antes del desenlace, con una inscripción a mano que, cruzando el mensaje
de la prohibición de orinar, permite leerse: «piss off» 16. Esta muestra de
rebeldía y hartazgo se condice, asimismo, con el final: debido a las terri-
bles condiciones de trabajo que estos trabajadores temporarios soportan,
uno de ellos sufre un accidente y cae desde un andamio. Luego del des-
pido de dos amigos y de serios problemas personales con su pareja, aquel
hecho provocó en Stevie una reacción de ira y resentimiento tal que lo
lleva a regresar de noche a la obra en construcción e incendiarla con el
empleador dentro. El film concluye con una gran satisfacción de parte de
Stevie. Sin embargo, las ratas sobreviven al incendio.
El empleo del tiempo
«El empleo del tiempo» es un film de origen francés, realizado en el año
2001. Su director, Laurent Cantet, desde sus comienzos se caracterizó por
orientar su obra hacia la problematización del mundo del trabajo. Este es el

14 Ver Marrone, Irene: «Historia del documental fílmico en Argentina: Filmes documen-
tales de propaganda política: un caso, `La obra del gobierno radical, 1928´». Publicado en
VII Jornadas Interescuelas, Departamento de Historia.
15 A través del pasaje del discurso a la imagen.
16 La traducción de esta expresión vulgar podría asemejarse a la expresión en español «andá
a cagar»; sin embargo, literalmente significa: «méate a ti mismo».
36
caso de su primer film «Recursos Humanos». A pesar de que este último
se acerca notablemente al realismo social de «Riff-Raff», «El empleo del
tiempo» se enmarca en otro tipo de tradición. El film relata la historia de un
hombre común, que en su vida ordinaria experimenta el conflicto que se
transforma gradualmente en horror y espanto17. El componente dramático
de este film atraviesa todo el relato, al mismo tiempo que reviste caracte-
rísticas singulares; es decir, el drama está dado por la forma particular que
el trabajo adopta en la vida de un sujeto. La reflexión sobre la vida de un
hombre común dentro del nuevo mundo del trabajo, se transforma, poco
a poco en algo oscuro y siniestro que evoluciona hasta un punto máximo
de tensión y se descomprime a través de un final desmoralizador.
«El empleo del tiempo» es -según las palabras de su director- la respues-
ta a la pregunta que cierra el film «Recursos Humanos»: «¿y tú cuándo
te vas?». Vincent es un hombre de la clase empresarial francesa, casado
y con tres hijos, que es expulsado del mercado laboral, por característi-
cas de su personalidad, las cuales surgen, a su vez, como síntomas
mismos de las exigencias que el empleo le demanda: apatía, desinterés,
irresponsabilidad, ansias de escapar. Cuando es despedido, Vincent
decide huir de ese mundo a través del emplazamiento de una vida secre-
ta y paralela que mantiene en las sombras para su familia. El secreto y la
mentira constituyen un precio demasiado alto. Pero Vincent no duda en
pagarlo para obtener su libertad. Sin embargo, la misma sólo existe du-
rante el corto lapso que vive la mentira. Finalmente, las presiones fami-
liares y sociales que debe soportar lo empujan, nuevamente, hacia un
empleo estable, de alta responsabilidad, que lo reabsorberá ya no como
empleado, sino como persona. Esto nos hace reflexionar acerca de una
cuestión: ¿en que consiste y a qué se debe la subsunción de la persona,
como persona y no como trabajador, a la empresa? Antes de responder
a esta pregunta, veamos como surge este proceso.
La reducción de la fábrica fordista a la «fábrica mínima»18 toyotista, fue
uno de los primeros y más importantes pasos en la escala de reformas
posfordistas. La fábrica, de esta manera, quedaba limitada a los efectivos
(máquinas y personal) justos y necesarios para cubrir la demanda diaria o
semanal. Esto, a su vez, permitiría ejercer el control continuo y directo
solo a través de la mirada. La fábrica mínima y el método de control que de
ella se deriva determinan el nacimiento de una nueva unidad de produc-
ción flexible y delgada, la cual, luego de un proceso de importación de
métodos y conceptos de otras ramas -en general de los servicios-, logrará
una productividad mayor que la fábrica fordista. Uno de los métodos

17 Al respecto, el director afirma, «...me parece importante que las películas políticas no
sean simplemente de una tendencia, es decir, militantes... Por eso me parece bien meterle un
poco de suspenso, de drama.» (entrevista realizada a Cantet por Alejandra Sánchez, en
ocasión del Festival de Cine Francés en Bogotá).
18 Ver Coriat, Benjamín: Pensar al revés. Trabajo y organización en la empresa japonesa.
Siglo XXI Editores, Madrid, 1991.
37
importados, es el kan-ban, el cual, a su vez, dará origen a uno de los pilares
de la producción toyotista: el «just in time». A partir de una innovación en
la administración de existencias, la cual consistía en que el pedido de los
productos de reemplazo se hacía a partir de los productos ya vendidos, se
adoptó en el sector productivo la producción a pedido de la demanda.
Según el teórico del toyotismo, Ohno, «Lo ideal sería producir justo lo
necesario y hacerlo justo a tiempo».19
Esto se transformó en uno de los principios fundamentales de este tipo
de producción, principio a partir del cual se crearon nuevos métodos.
Principios y métodos del ohnismo, fueron, con el tiempo, adoptados por
otras fábricas y por otras ramas de la producción y de los servicios.
Hoy en día, la empresa, unidad económica principal gracias a la hegemo-
nía del capital financiero, se rige, asimismo, de acuerdo a estos fundamen-
tos. En el posfordismo, la flexibilización de los tiempos de trabajo (entre
tantos nuevos métodos de flexibilización) en función de la demanda del
mercado ha terminado con la tediosa rutina, propia de la producción
fordista. Sin embargo, como sostiene Sennett, «La rutina puede degradar,
pero también puede proteger; puede descomponer el trabajo, pero tam-
bién componer una vida.» 20
En este sentido, nos preguntamos ¿qué implicancias tiene para las estruc-
turas del individuo la desaparición de la rutina? La muerte de la rutina por
la flexibilidad permite la entrada, a su vez, de otro tipo de problemas que se
alejan del monótono mecanicismo fordista. Estos son, las nuevas estruc-
turas de poder y de control que mutan, de modo tal, que reproducen las
condiciones que impiden la liberación. Según Sennett, la especialización
flexible, la reinvención discontinua de las instituciones y la concentración
de poder a través de su descentralización, son los tres elementos princi-
pales de las formas de flexibilidad que adopta el sistema de poder propio
de las sociedades posfordistas. Esos tres elementos de la flexibilidad, son
amalgamados, a su vez, por la organización del tiempo en el lugar de
trabajo, es decir, a través del llamado «horario flexible»21. El horario flexi-
ble implica la personalización de los horarios de la jornada de trabajo, los
empleados pueden cumplir su jornada semanal en cuatro días o en siete,
pueden elegir en qué horarios asistir a la oficina y pueden trabajar desde
sus casas. Sin embargo, la apariencia de mayor libertad -de la cual solo
pueden gozar los empleados privilegiados- se traduce en un cambio en la
forma de ejercicio del control. Al respecto, Sennet sostiene que los con-
troles para los empleados que no trabajan en la oficina son, aún, mayores.
Esto se debe a que los empleadores no quieren perder el control de los
trabajadores no presentes en la empresa y temen el abuso de libertad de
éstos, «Un trabajador o una trabajadora con horario flexible controla la

19 Coriat, Benjamín: Pensar al revés. Trabajo y organización en la empresa japonesa. Siglo


XXI Editores, Madrid, 1991. P. 29.
20 Sennett, Richard: La corrosión del carácter, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000. P. 44.
21 Ver Sennett, Richard: La corrosión del carácter, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000.
38
ubicación del trabajo, pero no por ello obtiene mayor control sobre el
proceso de trabajo en sí.» 22
Éste último es el caso del protagonista de «El empleo del tiempo», cuya
experiencia representa fielmente la exigencia de subsunción de la perso-
na -como persona y no sólo como trabajador- a la empresa.
Vincent, como empleado de una consultoría, debía pasar muchas horas
fuera de la oficina (y de su casa) viajando en su coche para cumplir con
determinadas citas. El placer que Vincent experimentaba en estos viajes (y
en estar fuera de su ambiente de trabajo) lo llevó a prolongarlos más de lo
permitido. Ésta fue la causa del despido a partir del cual nace el relato del
film. Sin embargo, el espectador se entera de este dato hacia el final del
film, momento a partir del cual, debe reconstruir mentalmente la sucesión
de hechos que proporcionan sentido al drama que experimenta Vincent
desde un comienzo. La felicidad y el placer que siente Vincent en sus
viajes hacia ningún lugar, cuando queda desempleado, nos permiten per-
cibir, a través del contraste, las restricciones y la opresión a la que estaba
sometido en su anterior empleo. Viajar, como sostiene él mismo, lo hace
feliz y Vincent está dispuesto a sacrificar casi todo por alcanzar la libera-
ción que lo llevará a la felicidad. Sin embargo, solo hay algo que lo
detiene, las expectativas que su familia y su padre hacen recaer sobre él
con gestos de admiración y confianza. El conjunto de esta situación, lo
lleva a construir una vida paralela imaginaria, en la cual sigue siendo un
trabajador responsable y eficiente, con el único propósito de ocupar ese
tiempo que queda oculto tras la mentira con su libertad. Sin embargo esta
libertad es una libertad vacía y sin futuro: es tan sólo libertad para usar el
tiempo para sí mismo. Esto se debe a que el tiempo como trabajador no le
pertenece, no es algo de lo que se pueda apropiar; es tiempo de y para
otros, para él no significa nada. Esta valoración del tiempo de trabajo es
expresada por un ex compañero de Vincent, quien en un reencuentro, le
confiesa que su trabajo es aburrido y que cuando vuelve de la oficina
necesita hacer algo placentero, como ir a la discoteca, porque necesita
saber que hizo «algo» con su tiempo. Vincent también necesita hacer
«algo» con ese tiempo que arrebató con sus últimas fuerzas de la empresa
que lo consumía. Como sostiene Gorz, con respecto al nuevo trabajador
que se incorpora a la «cultura de la empresa»: «La firma le propone el tipo
de seguridad que ofrecen las órdenes monásticas, las sectas, las comuni-
dades de trabajo: le pide que renuncie a todo -a toda forma de pertenen-
cia, a sus intereses e inclusive a su vida personal, a su personalidad- para
darse en cuerpo y alma a la empresa que, a cambio, le dará una identidad,
una pertenencia, una personalidad...» 23
Vincent, subsumida su persona a la empresa de manera plena, despoja-
do de su personalidad, de sus intereses, de su propia dicha, decide

22 Sennett, Richard: La corrosión del carácter, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000. P. 61.
23 Gorz, André. Miserias del presente, riquezas de lo posible. Paidós. Buenos Aires. 2003.
P. 47.
39
recuperarlos y se escapa, pero en el camino pierde lo único que lo defi-
nía como sujeto -su lazo con la empresa- y esto lo lleva a sostener la
mentira de seguir perteneciendo a ese mundo que lo oprime, mientras
que, lejos del control social, intenta disfrutar de ese tiempo recuperado.
Los rasgos de carácter que demandan las nuevas formas de capitalismo
(seguridad ante la fragmentación, capacidad de desprendimiento) reper-
cuten de forma autodestructiva en los trabajadores más corrientes, co-
rroyendo su carácter. 24 La corrosión ya ha pasado por sobre el carácter
de Vincent. Sus comportamientos, parecen estar dirigidos por un ser
que no es plenamente conciente de lo que hace: solo tiene un único
objetivo: ganar tiempo; ganar tiempo para sí mismo. Con tal de conser-
var esa libertad ganada de forma no convencional, Vincent comienza a
estafar a sus conocidos, se desliga, cínicamente, de sus responsabilida-
des familiares y termina ingresando al negocio del contrabando. Esto
hace que empiece a germinar en él un sentimiento de culpa que lo lleva
a la crisis nerviosa, simultánea al total develamiento de su mentira. Su
familia, resentida, no lo entiende; su hijo no quiere perdonar el engaño,
pero entonces Vincent, abatido completamente, le dice: «¿No me ocupé
de ustedes? Si... es eso. Me tomó tiempo... ¿Crees que es tan simple?» Y,
de hecho, no lo es, porque luego del estallido, Vincent es vencido. Vuel-
ve a la empresa y en la entrevista de trabajo su empleador le recuerda:
«Esto requiere una gran inversión de su parte.» Y, de este modo, Vincent
regresa al mundo del trabajo.
Mundo Grúa
«Mundo grúa» es un film de ficción realizado en el año 1999 por Pablo
Trapero, un joven cineasta de origen argentino. Trapero eligió filmar la
película en blanco y negro, lo cual la torna excesivamente gris. Este film
se enmarca dentro del nuevo realismo social25. Como en la mayoría de
estos films, los personajes principales no son actores profesionales. La
mayor parte de los escenarios son harto conocidas por cualquier habi-
tante de la ciudad de Buenos Aires o del Gran Buenos Aires, y se pue-
den identificar fácilmente, esto se debe a que cada escena transcurre en
un barrio cualquiera y el lenguaje utilizado es sumamente cotidiano. En
síntesis, este film construye un relato de la forma de vida, las costum-
bres y los lugares de los sectores populares, aquellos que se han visto
empobrecidos en los últimos años.
El film se inicia en la puerta de una obra en construcción donde «Rulo»
-quien fuera un gran bajista en los años 70, popularizando el tema «Paco
Camorra» con su grupo juvenil llamado «Séptimo Regimiento»- está
esperando a su amigo Torres, quien le consiguió un nuevo trabajo, uno
de los tantos trabajos que «Rulo» iniciará. Cuando Torres lo presenta a

24 Ver Sennett, Richard: La corrosión del carácter, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000.
25 En este tipo de films, dentro del marco de la producción nacional, podemos encontrar
películas como «Pizza, birra y faso» o «Bolivia», entre otras.
40
otros compañeros de la construcción dice «va a laburar con nosotros,
está aprendiendo». «Rulo» siempre está aprendiendo algo, una nueva
forma de ganarse la vida, de «rebuscársela». El trabajo con las grúas
será una nueva «changa» en su vida.
El film se desarrolla en los años 90, luego de que las políticas impulsadas
por Carlos Menem y la localización del modelo posfordista comiencen a
mostrar sus efectos más nefastos. Sin bien estas políticas económicas y
sociales son el resultado de un proceso iniciado en la década del 70 con
la sangrienta dictadura militar, el punto culminante donde se cristalizan
las consecuencias de este modelo antipopular es, precisamente, el pe-
ríodo en el cual transcurre la historia de «Rulo»: la década del ‘90
A partir de marzo de 1976 se desarticula el modo de industrialización por
sustitución de importaciones -vigente en nuestro país desde los años 30-
comenzando un período lento, pero incesante de desindustrialización, de
apertura económica y de valorización financiera -en reemplazo de la valo-
rización industrial-. Luego de reestablecido el sistema democrático en el
año 1983, se recuperan libertades y derechos eliminados en la década
anterior, pero el panorama en cuanto a política económica no se modificó
sustantivamente. Si bien estos temas merecen un mayor desarrollo por su
complejidad y por la ruptura que significó con el pasado inmediato, en el
presente trabajo nos centraremos en los años 90, momento en que se
intensifican las políticas económicas iniciadas en la dictadura, al mismo
tiempo que se implementa el modelo posfordista a nivel local.
Dentro del gran paquete de reformas estructurales implementadas en el
gobierno de Menem, las privatizaciones de empresas y servicios públi-
cos son un punto de quiebre y de recomposición del Estado, lo que dará
como resultado una modificación radical en las funciones estatales, en
tanto se mercantilizan servicios otrora entendidos como básicos y fuera
de cualquier lógica económica.
La Ley de Convertibilidad de 1991 establece un tipo de cambio fijo entre
el peso y el dólar, cuyo objetivo era contener los altos índices de infla-
ción. Esta ley implica que la moneda nacional se encuentra «atada» al
dólar estadounidense. Si bien efectivamente la Ley de Convertibilidad
ha permitido salir de los procesos hiperinflacionarios anteriores, reducir
el déficit fiscal, alentar la entrada de capitales y la inversión, también
posee efectos negativos para los sectores más amplios de la sociedad.
La vida de «Rulo» transcurre a la sombra de estos procesos económi-
cos, políticos, sociales y culturales, pero ¿cómo afectan estos cambios
su vida laboral? El derrumbe del sector industrial y la política de
privatizaciones de empresas públicas tienen su efecto más aniquilador
sobre el sector obrero. En primer lugar, las privatizadas no han reabsorbido
a la mano de obra ocupada antes de producido el traspaso del sector
estatal. En segundo lugar -y quizás más obvio que el primero- los obre-
ros industriales han pasado a engrosar las filas de desocupados pro-
ducto de la valorización financiera y la liberalización comercial (que im-
plicó la quiebra y achicamiento de plantas del sector fabril).
41
Si bien durante los primeros años los sectores medios y populares se
vieron beneficiados por aquellas políticas, aumentando su capacidad de
consumo -como consecuencia del control de la inflación- esto no perdu-
ró en el tiempo.A partir de mediados de la década de los 90, el índice de
desempleo ascendió al 18% de la población económicamente activa.
Asimismo, si bien el mercado de trabajo se vio fuertemente reducido por
las mencionadas cuestiones, éstas no fueron las únicas.
Como resultado de la implementación de medidas posfordistas, las gran-
des firmas oligopólicas, aumentaron la productividad por empleado y
también la tasa de actividad, al mismo tiempo que contribuyeron al achi-
camiento y precarización del mercado laboral. Las políticas de
«racionalización» y «flexibilización laboral», la terciarización del merca-
do de trabajo, el aumento de la tasa de explotación por empleado y el
disciplinamiento social que produce la desocupación, son las conse-
cuencias directas de los cambios producidos en la década. Asimismo,
los efectos indirectos de estas políticas son la pobreza, la marginalidad
y la exclusión social.
Ahora bien, en relación con esta situación general del país, la trayectoria
laboral de «Rulo» es precaria. De hecho, él mismo comenta que antes de
su nuevo trabajo con la grúa, «arreglaba camiones, vendía repuestos…
changas, siempre changas». Esto nos hace reflexionar acerca del origen
real de la inestabilidad laboral de «Rulo». Sin embargo, son sus últimos
años aquellos signados de trabajos temporales, independientes y sin
seguridad como trabajador. En este sentido, el film tiene un punto de
inicio preciso: allí donde «Rulo» emprende un nuevo proyecto laboral.
Sin embargo, también es posible pensar que ese comienzo del relato es
arbitrario, ya que no indica el comienzo de nada, sino más bien, la conti-
nuidad de su inestabilidad laboral, es decir, no existe un claro momento
de ruptura con el pasado en la vida del personaje. Parecería ser que la
historia es un recorte cualquiera en la trayectoria laboral de «Rulo», así
como también lo indica el final de la narración.
El «mundo del trabajo» en el cual se desarrollan los otros personajes es
similar. Adriana, la quiosquera, que comienza un romance con «Rulo»,
vende poco, y solo «sobrevive» con su negocio. El hijo de «Rulo»,
Claudio, también a su modo, vive los avatares de conseguir su primer
trabajo. Si bien esta problemática no esta desarrollada con profundidad
en el film, se puede inferir de ella que la nueva composición del mercado
laboral no solo restringe el ingreso de nuevos trabajadores, sino que lo
impide, tanto para los jóvenes en busca de su primer empleo, como para
los que, como «Rulo», no pueden establecerse dentro de este «mundo
del trabajo» cada vez más reducido.
Luego de que «Rulo» se somete a los exámenes médicos para ingresar
formalmente a trabajar como operador de una grúa, continúa practican-
do, es decir, aprendiendo este nuevo oficio, mientras tanto llegan los
resultados de aquellos exámenes. Pero «Rulo» tiene un problema: tiene
panza. Los resultados no son favorables para él, la ART (Aseguradora
42
de Riesgos del Trabajo) no lo autoriza para ese trabajo. «¿Pero que se
piensan, qué uno es boludo? ¿Cómo es la cosa?». Son estas las pala-
bras que utiliza «Rulo» luego de haber trabajado durante dos meses
hasta que la ART no lo quiere asegurar. Bajo el imperio del posfordismo,
es el capital financiero -representado, aquí, por la aseguradora de ries-
gos de trabajo- el elemento económico que detenta la potestad de deci-
sión última acerca de quién y bajo qué circunstancias está capacitado a
ingresar al mercado laboral. La pericia y el oficio del trabajador, ya no
bastan por sí solos. Lo definitorio se sitúa, ahora, en un nivel superior:
el «mundo de las finanzas». Por este motivo, «Rulo» emprende un nue-
vo proyecto laboral. Decide viajar al sur, a instancias de su amigo To-
rres, para desempeñar un trabajo, también con grúas. En el sur conoce a
su patrón, quien le presenta a sus compañeros y le enseña el lugar
donde va a dormir, una habitación común, considerada por todos como
el «hogar» de los obreros. En fin, «Rulo» no se puede quejar, tiene
trabajo y aunque a veces no les llegue la comida, peor es ser un desocu-
pado. Con este nuevo mapa de la situación laboral, «Rulo» recibe la
visita de Torres y otro amigo, que enterados de que él y sus compañeros
no reciben la vianda diaria, le dicen: «Dejate de joder… estás
laburando». Por supuesto, por qué quejarse si ahora «Rulo» no es más
un desocupado, trabaja, por fin alguien lo explota…
Sin embargo, el descontento general empieza a hacer ebullición cuando
el retraso de las viandas de comida se consolida. «Se fue todo al diablo»
le dice «Rulo» a su hijo en una de las comunicaciones telefónicas. El
protagonista, de esta manera, toma la decisión de regresar a su ciudad.
Un camión lo transporta desde el sur hasta Buenos Aires, donde «Rulo»
deberá volver a comenzar.
El final de la película bien podría ser el inicio de otra que tenga como figura
central la historia de «Rulo» o de cualquier otro de los tantos desocupa-
dos y trabajadores «informales» que ha expulsado el nuevo modo de
organización capitalista, en coordinación con un nuevo Estado.
En este sentido, y para concluir, queremos enfatizar que durante los años
90 las circunstancias que el trabajador ha debido sobrellevar para seguir
subsistiendo y los altos índices de desempleo que se intensificaron en la
segunda mitad de la década, fueron posibles gracias a las políticas estata-
les adoptadas -en concordancia con la mundialización financiera y el nue-
vo modelo de acumulación- en detrimento de los intereses de amplios
sectores de la sociedad argentina. Al regreso, «Rulo» se enfrentará con
algunas posibilidades, o pasará a engrosar la fila de desocupados, o, tal
vez, comience a cobrar los $150 que ofrece el Estado a modo de seguro de
desempleo- a cambio de alguna mínima prestación laboral-, o, por último,
solo si es lo suficientemente afortunado, a los cincuenta años, conseguirá
algún laburito y vuelva a empezar...

43
Conclusión:
A partir de los films analizados hemos podido observar las generalidades
del nuevo modelo de acumulación capitalista: el posfordismo.
Consideramos que las tres películas elegidas son paradigmáticas del
período analizado. En primer lugar, las historias de Stevie y de «Rulo»
representan las modificaciones que el posfordismo introdujo en los
sectores populares, específicamente, el desempleo, la precarización y el
trabajo temporario. Por otro lado, el caso de Vincent muestra las
vicisitudes de los sectores medios al enfrentarse a las nuevas
condiciones laborales ofrecidas por la empresa. En cualquiera de los
tres casos, los films constituyen un relato del problema del empleo en
este período específico del capitalismo.
Consideramos que los films seleccionados construyen historias sobre
las vivencias personales desde los personajes en relación al «mundo
del trabajo», por lo cual hemos optado por un abordaje socio histórico
del posfordismo desde esta perspectiva. La originalidad del uso de
películas para la elaboración de éste trabajo, nos permitió introducir el
elemento de la subjetividad -dado por los personajes- que se complementa
con las variables económicas, políticas, sociales y culturales analizadas
en los documentos escritos. Más allá de ser éstas, producciones
cinematográficas de ficción, fueron tomadas como fuentes históricas
válidas.
En este punto, es necesario aclarar qué es lo específico del documento
fílmico que se complementa con los documentos escritos para el análisis
socio histórico. Los recursos fílmicos -imágenes, discursos, simbología-
expresan las creencias y el imaginario de una sociedad al mismo tiempo
que construyen un sentido histórico. Asimismo, el análisis fílmico no se
limita a la estructura del film, sino que también da cuenta de la sociedad
que produce y recibe esa película. Es decir, la lectura socio histórica del
film -en este caso, de ficción- nos abre el camino hacia «zonas de
realidad» de las construcciones de sentido de una sociedad determinada.
Desde esta perspectiva, los films y las fuentes escritas se entrelazan y
auxilian mutuamente para construir un sentido histórico y develar
aspectos de la realidad social. El cine es una poderosa fuente a analizar
que, en complementariedad con los documentos escritos, es enriquecida.
En el uso e interpretación de estas dos fuentes consistió nuestro trabajo
a la hora de estudiar los procesos de cambio en el sistema de acumulación
capitalista, período que hemos denominado posfordismo.

44
Bibliografía:
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Buenos Aires, 2001.
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Mayo de 1990.
Ferro, Marc: Historia contemporánea y cine. Colección Ariel Historia. Ariel. Barcelona.
2000.
Holloway, John: La rosa roja de Nissan, Editorial Compañero, Montevideo, Uruguay,
1992.
Marrone, Irene: «Historia del documental fílmico en Argentina: Filmes documentales de
propaganda política: un caso, `La obra del gobierno radical, 1928´». Publicado en VII
Jornadas Interescuelas/Departamoentos, Departamento de Historia, Neuquén, UNCo,1999.
Revelli, Marco: «8 tesis sobre posfordismo». http://usuarios.lycos.es/pete_baumann/
autonomial.html.
Sennett, Richard: La corrosión del carácter, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000.

45
3 LOS ¿Por qué indagar acerca de la identidad de un movimiento de
SOSPECHOSOS desocupados en la actualidad? ¿Cuál es la pertinencia de
DE SIEMPRE. realizar una exploración centrada en el relato de estos suje-
NARRACIÓN E tos? Una grieta atraviesa las páginas de este escrito: las
IDENTIDAD DE identidades tradicionales se convierten en herramientas fa-
LOS
PIQUETEROS EN llidas a la hora de analizar la subjetividad de los actores que
LAS transitan los diversos escenarios de nuestra modernidad tar-
REPRESENTACIONES día. En efecto, las transformaciones que se suscitaron en las
MEDIÁTICAS últimas décadas han originado un extendido debate en las
Karen Jorolinski, Ciencias Sociales que comenzó a socavar las concepciones
Marina esencialistas de la identidad. La fragmentación de los gran-
Moguillansky y des sujetos colectivos, la pérdida de centralidad del trabajo
Daniela Slipak asalariado en tanto articulador de relaciones sociales, el au-
mento abrupto del desempleo, entre otros, han contribuido
al surgimiento de nuevos procesos de subjetivación, al aflo-
ramiento de múltiples identidades. Y el estudio de ellas ha
significado, para las Ciencias Sociales, la adopción de una
perspectiva constructivista, atenta a la creciente reflexividad
de los sujetos en condiciones de perpetua inestabilidad.
Por tanto, nos proponemos en estas páginas explorar la cons-
trucción identitaria de un sujeto social que deviene perma-
nentemente, apartándose de todo anclaje fijo o sustancial: el
Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de Sola-
no. Para ello, apelamos al concepto de Paul Ricoeur de identi-
dad narrativa (1996). Esta concepción subraya la dimensión
simbólica y discursiva de toda construcción identitaria; la pro-
pia representación del sujeto –individual o colectivo- se cons-
tituye a través de una narración, de un relato que interpreta e
integra los acontecimientos de una historia –de una vida- en
una trama con sentido. El acontecimiento, en tanto irrupción
amenazante de la contingencia, debe ser transformado en un
destino a través de la puesta en trama o configuración. El
sujeto, al narrarse, reconduce los acontecimientos disruptivos
hacia una necesidad retroactiva, que los hace comprensibles
y los transforma en parte del orden singular de su vida. La
narrativización de sí mismo supone dicha operación de confi-
guración, de integración de concordancias y discordancias
en una síntesis que realiza la transformación de la contingen-
cia en necesidad, produciendo un sentido que da unidad a la
historia de la vida del sujeto.
Desde esta perspectiva, nos planteamos la necesidad de ex-
plorar las narraciones que el Movimiento de Trabajadores
Desocupados (MTD) efectúa acerca de sí mismo para indagar
sobre la construcción de su propia identidad. Asimismo, ana-
lizamos las representaciones que se construyen y reproducen
en los medios masivos de comunicación, ya que debido a la
46
creciente mediatización de nuestras sociedades (Verón, 1985), creemos
que este discurso resulta sumamente significativo a la hora de acercarnos
al proceso de construcción identitaria del movimiento. En efecto, el MTD
se constituye como un actor político partícipe de una esfera pública atra-
vesada por las narraciones mediáticas; si la identidad se va conformando
a partir de múltiples relatos -entre los cuales los mediáticos ocupan un
lugar privilegiado-, creemos que un minucioso análisis del discurso de los
medios masivos resulta un abordaje apropiado para indagar acerca de la
identidad del MTD.
Medios de comunicación,
identidad y sociedades modernas
Diversos autores de las Ciencias Sociales contemporáneas han mencio-
nado ya la creciente colonización del espacio público de nuestras socie-
dades por parte de los medios masivos de comunicación. Éstos se trans-
formaron en actores decisivos a la hora de definir y controlar el acceso
a la visibilidad y expresión públicas, monopolizando la información y
convirtiéndose en espacios de producción, reproducción y circulación
de representaciones de lo social. Por tanto, creemos que la estructuración
del campo simbólico que esta mediatización del espacio público supo-
ne, debe ser tomada como un elemento fundamental para comprender
determinados procesos sociopolíticos de nuestra época.
Por ello, la indagación de las características de un actor político que
participa de los juegos que se suceden al interior del espacio público de
nuestro país -el Movimiento de Trabajadores Desocupados- supone
que exploremos el ámbito de los medios masivos de comunicación, cómo
éstos construyen y reproducen determinadas representaciones acerca
del movimiento. Ciertamente, éstas no dejarán de incidir sobre la
estructuración del mismo, sobre sus prácticas y discursos en los cuales
se pone en juego la definición de su propia identidad.
Analizamos cuatro medios gráficos y masivos de comunicación -La Na-
ción, Clarín, Página 12 y Ámbito Financiero 1- para observar las repre-
sentaciones que circulan en ellos acera del movimiento de trabajadores
desocupados, cómo son caracterizados y descriptos en ese discurso de
los medios. Más específicamente, tomamos los periódicos cercanos al
acontecimiento del 26 de Junio de 20022, entre los cuales seleccionamos
un corpus compuesto por las ediciones que van desde el día 25/06/2002

1 La elección de estos periódicos responde a la intención de abarcar un espectro ideológico


diverso.
2 Durante esta jornada, las fuerzas policiales efectuaron una represión de un intento de
corte del Puente Pueyrredón de la localidad de Avellaneda que comunica la provincia de
Buenos Aires con la Capital Federal. Como resultado de este accionar, se produjeron dos
muertes y centenares de heridos a causa de balas de plomo policiales. Los asesinados fueron
Darío Santillán, militante del MTD de Lanús y Maximiliano Kosteki, miembro del MTD
de Guernica; ambos MTD se encontraban dentro de la Coordinadora de trabajadores
Desocupados Anibal Verón.
47
hasta el 30/06/2002, porque creemos que resulta una fecha significativa
en la cual este actor cobra especial protagonismo inundando la escena
mediática.
Ahora bien, para efectuar esta indagación, partimos de los supuestos
extensamente desarrollados por Pierre Bourdieu acerca de la estructuración
que se da al interior del campo mediático. En efecto, en el libro Sobre la
televisión, el autor refiere a la articulación de la escena mediática como un
campo estructurado y caracterizado por propiedades específicas. Éste se
encuentra organizado en torno a determinados esquemas y temas que
articulan las disímiles posiciones de los distintos medios de comunica-
ción, en los cuales se da lo que el autor denomina como la «circulación
circular de la información». De este modo, a pesar de las diferencias exis-
tentes entre las distintas posiciones del campo, existe una
homogeneización a partir de la repetición de determinados tópicos, la cual
responde a la lógica de la competencia entre los diferentes actores. Expre-
sa Bourdieu: «cada uno de los productores se ve obligado a hacer cosas
que no haría si los demás no existieran (...) Esta especie de juego de
espejos que se reflejan mutuamente produce un colosal efecto de en-
claustramiento, de aislamiento mental» (Bourdieu, 2001, 31-32).
Por tanto, tomamos los cuatro medios gráficos mencionados como acto-
res paradigmáticos de cómo se representó en la fecha elegida al Movi-
miento de Trabajadores Desocupados del conurbano bonaerense en los
medios masivos de comunicación, para ver posteriormente la incidencia
de este discurso en el relato que específicamente el MTD de Solano efec-
túa acerca de sí mismo, construyendo su identidad como colectivo.
Representaciones mediáticas.
El 26 de junio de 2002 según los medios de comunicación
La lectura de los cuatro periódicos, si bien pone de manifiesto diferen-
cias entre los mismos, permite identificar una serie de coincidencias a la
hora de representar al Movimiento de Trabajadores Desocupados. Co-
mencemos por especificar la imagen que cada uno de los diarios
(re)construye del MTD.
Tanto Ámbito Financiero como La Nación efectúan una criminalización
de la protesta (aunque el primer diario lo realice más explícitamente que el
segundo), a la cual aluden frecuentemente de forma peyorativa3. Los miem-
bros del movimiento son nombrados como «activistas piqueteros», «mi-
litantes izquierdista», «vándalos.» El movimiento aparece descrito en ellos
como un grupo violento, armado, organizado, capaz de romper con la
cotidianeidad del transcurrir urbano y hasta capaz de dañar los distintos
escenarios por los cuales transita, constituyéndose en una molestia y, en
los peores casos, una amenaza para la sociedad. «Los conductores que se
dirijan a la Capital Federal tendrán serios inconvenientes para atravesar

3 En este sentido, Maingueneau afirma: «Los términos peyorativos o laudatorios permiten


emitir juicios de valor implícitos» (Maingueneau, 1999, pág. 90-93).
48
los puentes Pueyrredón, Alsina, La Noria, el acceso a Liniers y la intersec-
ción de General Paz y Panamericana; todos puntos estratégicos para lle-
gar a la Ciudad del conurbano bonaerense» (Ámbito Financiero, 26/06/
02, tapa); «la primera línea de los activistas que actuaron ayer en el Puente
Pueyrredón apareció encapuchada. Algunos estuvieron disfrazados de
combatientes con uniformes e insignias, inspirados en la insurgencia
zapatista de México» (Ámbito Financiero, 27/06/02, pág. 14); «Entrenan
gente para pelear con la policía»; «grupo radicalizado habla de revolu-
ción»; «el cerrojo policial filtró palos, bulones y gomeras» (Ámbito Fi-
nanciero, 28/06/02, pág. 4 y 5). Asimismo, en el día 27/06/02, aparece en la
tapa de La Nación: «grupos radicalizados de izquierda destrozaron nego-
cios y quemaron autos y colectivos». Y a lo largo del diario se leen frases
como las siguientes: «el puente Pueyrredón fue un amasijo de palos,
piedras y balas»; «los hombres del Bloque Piquetero se replegaron luego
de los enfrentamientos y, en su ida, saquearon bancos e incendiaron
vehículos»; «se sabía que los piqueteros tenían armas»; «caos en el
tránsito por el piquete que se instaló en la General Paz y Panamericana»
(La Nación, 27/06/02, pág. 5 y 6). Y al día siguiente aparece junto a una
fotografía de un desocupado encapuchado con un palo en su mano y
rodeado de gomas incendiadas (dando cuenta de un piquete): «según un
trabajo de Nueva Mayoría (...) aumentó el nivel de violencia» (pág. 11).
El periódico Clarín, si bien no profundiza esta descripción de los des-
ocupados como grupos organizados y violentos, coloca algunas frases
que aluden a ello. El día 27/06/02 aparece una infografía en la cual se
detalla el recorrido que efectuaron los manifestantes el día anterior, en la
cual se expresa: «en la esquina con Asunción detienen un ómnibus,
bajan a los pasajeros y lo incendian»; «a su paso rompen vidrieras de
varios bancos»; «en la retirada, los piqueteros responden a la represión
policial con piedras y palos» (Clarín, 27/06/02, pág. 6). Asimismo, cita
frases de funcionarios de gobierno que contribuyen a esta criminalización
de la protesta: «un grupo con armas cortas y con una escopeta habría
actuado en la quema de un micro durante los incidentes del miércoles
(...) muchos manifestantes tenían bombas molotov y ‘palos con cuchi-
llos’» (Clarín, 28/06/02, pág. 6).
De este modo, en los tres diarios se hace referencia a la violencia que
generan los grupos desocupados, al punto de hacerse eco de la versión
oficial que circuló durante el día 27, la cual afirmaba que los piqueteros
se habrían matado entre ellos.
Sin embargo, encontramos en Clarín algunas frases que presentan al movi-
miento como un grupo autoorganizado y solidario, que desarrolla activida-
des para mantenerse económicamente. «Kosteki colaboraba en una huerta
comunitaria de la localidad de Guernica, donde participaba de la construc-
ción de un comedor» y, más adelante, refiriéndose a Santillán, afirman: «tam-
bién trabajaba en ‘la Bloquera’, un emprendimiento del grupo para levantar
casas de material. Y en los últimos tiempos se había encargado de las tareas
de prensa del MTD en la zona de Lanús» (Clarín, 27/06/02, pág. 3).
49
Cabe aclarar, por otro lado, que estos tres periódicos, al referirse al
acontecimiento del 26 de Junio, lo denominan como un ‘choque’ o ‘en-
frentamiento’. Esto supone la existencia de dos grupos antagónicos,
que en iguales condiciones de fuerza, confluyen con los mismos recur-
sos y capacidades para enfrentar al otro. «Grave enfrentamiento entre
activistas piqueteros y fuerzas policiales y de seguridad» (Ámbito Fi-
nanciero , 27/06/02, pág. 14); «hubo dos muertos y más de veinte heri-
dos en un choque entre policías y piqueteros» (Clarín, 27/06/02, pág.
2); «durante los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los
piqueteros» (La Nación, 28/06/02, pág. 8). De este modo, la representa-
ción del movimiento que estos significantes dejan vislumbrar supone
que el MTD es un grupo armado y organizado al igual que las fuerzas
policiales. A nuestro parecer y como veremos en parágrafos posterio-
res, esto dista de ser así.
Página 12, por su parte, refiere al movimiento de desocupados como un
grupo que se manifiesta en el espacio público para defender derechos
básicos (trabajo, alimento, vivienda) que el Estado debería garantizar.
Son descritos como un colectivo organizado que busca autosubsistir.
En este sentido, se lee «Santillán fue velado en un salón del propio
Centro Comunitario que el joven muerto había ayudado a construir en el
Barrio La Fe, de Monte Chingolo. Allí mismo, Santillán estaba constru-
yendo su casa junto con otros compañeros y trabajaba en la Bloquera,
una fábrica en la que se producen los ladrillos para el propio barrio»
(Página 12, 28/06/02, pág. 4). El día anterior este diario, refiriéndose al
asesinato de Santillán titulaba «Lo mataron mientras auxiliaba a otro»,
seguido del relato de un testigo que comentaba las palabras de Darío
minutos antes de su muerte: «‘vayan, vayan, que yo me quedo’, dijo, y
se quedó arrodillado al lado de un compañero herido» (Página 12, 27/
06/02, pág. 2). Estas frases, a diferencia de los diarios vistos anterior-
mente, difunden una representación de solidaridad al interior del movi-
miento. Asimismo, Página 12, en contraposición a los otros tres perió-
dicos analizados, rompe con la visión dicotómica de piqueteros duros y
blandos: habría una diversidad al interior del movimiento que daría cuenta
de la multiplicidad propia de la sociedad. En este sentido, el día 29 de
Junio, se lee: «la verdadera fuerza de estos movimientos está también en
la diversidad de sus componentes, siempre y cuando cada parte sepa
imponerse las limitaciones indispensables a favor del interés general»
(Página 12, 29/06/02, pág. 2).
Ahora bien, profundicemos en el análisis de este discurso mediático.
Nos parece interesante observar, en el tratamiento del acontecimiento
del 26 de Junio, el énfasis focalizado en las causas o consecuencias de
la protesta social. Creemos que este es un elemento a tener en cuenta
para indagar en los periódicos la asignación –ya sea implícita o explíci-
ta- de responsabilidades a los diversos actores sociales por los hechos
acaecidos, justificándose –o no- el accionar represor por parte de las
fuerzas policiales. Por otro lado, tratamos de detectar los presupuestos
50
subyacentes en el relato periodístico, partiendo de la definición que
Maingueneau efectúa acerca de los mismos: «se encuentran inscriptos
en la estructura lingüística» y pueden ser utilizados «para introducir
contenidos que el locutor pretende sustraer de la discusión. En efecto,
en el desarrollo del discurso el locutor está obligado a producir encade-
namientos no de acuerdo con lo que se presupone sino de acuerdo con
lo que se pone (plantea, enuncia)» (1999, 80-83). Veamos estas cuestio-
nes más detenidamente.
Ámbito financiero no explicita las causas de la protesta social, sino que
se centra en las consecuencias de la misma, mencionando las dificulta-
des para el tránsito y los actos de ‘vandalismo’. Como hemos visto
anteriormente, se resalta la violencia del movimiento, la cual se convier-
te en la mejor excusa para la represión del mismo. Aquí, los responsables
de la represión estarían obligados a ello debido a las acciones
‘aberrantes’, ‘guerrilleras’ y ‘contrarias a la democracia’ de los grupos
de desocupados. En este sentido, se lee: «la Policía Bonaerense, secun-
dada por la Prefectura Naval, mantuvo ayer abierto en Avellaneda el
acceso al Puente Pueyrredón, cumpliendo con la orden recibida desde el
gobierno de Eduardo Duhalde. Enmascarados y armados con hierros,
palos, piedras y hasta armas de fuego, según las fuerzas de seguridad,
estos grupos enfrentaron a la policía, recibiendo la adhesión de todo el
arco político de izquierda. Hubo vandalismo en vidrieras de comercios y
autos estacionados, e incluso fue quemado un colectivo de línea» (Ám-
bito Financiero , 27/06/02, pág. 14).
En esta misma línea, La Nación enfatiza las consecuencias del aconteci-
miento, haciendo hincapié en los disturbios, el temor de los comercian-
tes de la zona, las dificultades para el tránsito y los ‘destrozos’ efectua-
dos por los desocupados, justificando, de este modo, la represión poli-
cial. «Que un grupo de personas, por atendibles y legítimas que sean
sus demandas, se arrogue la facultad de privar a otras personas de un
derecho que la constitución les reconoce expresamente, como la liber-
tad de trabajar y de circular por el territorio nacional, resulta un atropello
que puede desatar consecuencias imprevisibles»; «el descontrol
desastado en las inmediaciones del Puente Pueyrredón, cuando unos
500 militantes de organizaciones radicalizadas de desocupados y
provocadores políticos intentaban cortar el camino, agregó otra señal
de alarma en la sociedad, que deberá soportar hoy una marcha de pro-
testa a la Plaza de Mayo y un paro de la Central de Trabajadores Argen-
tinos (CTA), en condena –así lo han llamado- por lo sucedido» (La
Nación, 27/06/02, tapa-pág. 5-8).4
Por su parte, en Clarín, si bien aparece menos explícita y recurrentemente,
se mencionan las características violentas de los desocupados que ate-
morizan a los comerciantes y vecinos, lo cual justifica la represión poli-
cial: «Por acá pasan siempre piqueteros, pero esta vez venían muchos

4 El resaltado en ambos casos es nuestro.


51
con palos. Había muchos con la cara tapada»; «A eso de las nueve
empezaron a bajar mujeres con bebés y hombres con palos. Algunos
venían con la cara tapada y con bolsas con piedras. Pesados» (Clarín,
28/06/02, pág. 12,17). Por otro lado, es interesante observar cómo en los
días subsiguientes al acontecimiento del 26 se enfatiza el papel de algu-
nas figuras policiales como responsables de lo sucedido. Las muertes
habrían sido producto de un ‘exceso’ por parte de un comisario ‘loco’ y
un aparato policial corrupto, desligando así al resto del gobierno de lo
acaecido. «Las mentiras del comisario que dirigió la represión en
Avellaneda» (Clarín,29/06/02, pág. 4); «Duhalde: ‘es muy difícil poner
en caja a la policía bonaerense’» (Clarín,30/06/02, pág. 4). Asimismo, el
día 27 de Junio aparece el siguiente titular: «la crisis causó dos nuevas
muertes», lo cual opaca las posibles responsabilidades políticas por los
asesinatos, las cuales, como veremos a continuación, son resaltadas en
el diario Página 12.
Ciertamente, en este diario, a diferencia del resto, se mencionan
recurrentemente a los responsables de las muertes. Y éstos no serían un
grupo al mando de un comisario loco sino que los asesinatos responde-
rían a un plan sistemático de represión, marcado por una fuerte voluntad
política. Página 12 se opone explícitamente a los discursos de los otros
periódicos: «el plan de matar estimulado por el poder político e
implementado el miércoles por la policía bonaerense tuvo un punto máxi-
mo de cálculo (...) el asesinato de Darío Santillán (...) fue ordenado,
calculado y decidido pese a la advertencia de un fotógrafo» (Página
12, 29/06/02, pág. 4-5). Y al día siguiente, un periodista, expresa: «una
parte del periodismo hizo tremendos esfuerzos iniciales por encubrir a
los asesinos (...) cortar calles o rutas ‘resulta un atropello que puede
desatar consecuencias imprevisibles’, escribió Fernando Laborda en La
Nación del jueves» y continúa «en su artículo no hay una sola sospe-
cha sobre la responsabilidad de la policía. En sintonía con las fuerzas se
seguridad y con el gobierno difunde la idea de una supuesta guerra
interna piquetera e ignora tanto los balazos sobre la Av. Pavón como la
masacre de la estación Avellaneda» (Página 12, 30/06/02, pág. 2). De
este modo, en este diario encontramos una fuerte asignación de respon-
sabilidades políticas por la ‘salvaje represión policial’ (Página 12, 27/
06/02, tapa), la cual es caracterizada como violenta e injustificada frente
a las reivindicaciones elementales -como el trabajo y la alimentación- de
los desocupados.
Ahora bien, antes de pasar al siguiente apartado, aclaremos que hemos
tratado de evitar un análisis del discurso mediático que intente estable-
cer la adecuación del relato de los medios a los acontecimientos fácticos,
sino que nos hemos centrado en los periódicos como un espacio en el
cual se construyen, reproducen y circulan representaciones altamente
performativas, cuyos efectos serán relevantes a la hora de indagar acer-
ca de la construcción identitaria del MTD.

52
Construcción identitaria y resignificación
del discurso mediático en el MTD de Solano
En el año 1997 surgía en la localidad de San Francisco Solano (Quilmes,
Provincia de Buenos Aires) una organización de desocupados, produc-
to de la reunión de un grupo de vecinos que coincidía en la necesidad
de hacer frente a la desocupación y a la pobreza cada vez mayores. En
noviembre de ese mismo año realizaron sus primeras ollas populares y
su primer corte de ruta. Con el agravamiento de la crisis económica y
social en la Argentina, acumulando experiencias, fueron creciendo tanto
en el número de miembros como en el grado de organización. Crearon
talleres productivos, huertas, panaderías, carpinterías, realizaron reunio-
nes de educación popular, salas de primero auxilios.
El MTD de Solano posee una representación de sí mismo, en tanto actor
social y político, que entra en abierta contradicción con las imágenes
circulantes en la mayoría de los medios de comunicación masivos. A
través de entrevistas con miembros del colectivo, de visitas a la organi-
zación y de la lectura de diversos materiales escritos que el MTD produ-
ce, reconstruimos –de manera inevitablemente parcial e inacabada- la
imagen positiva del MTD, aquella que ellos mismos desean proyectar5.
Los miembros del MTD de Solano se representan a su organización como
un movimiento que reúne a trabajadores desocupados, con una historia
singular y con características específicas que los distinguen del resto de las
agrupaciones del movimiento piquetero. Si bien ellos se reconocen integra-
dos a dicho movimiento, no se funden en él, puesto que conservan una
identidad distintiva construida a la luz de sus experiencias de trabajo comu-
nitario, de construcción horizontal, de procesos asamblearios, de participa-
ción de cada uno de sus miembros. De la misma manera, el MTD de Solano
participó –hasta fines de 2003- del Movimiento de Trabajadores Desocupa-
dos Aníbal Verón, aunque siempre manteniendo su autonomía.
A la hora de expresar una definición sobre el colectivo, se consideran un
‘movimiento popular sindical reivindicativo’, ya que en ellos la partici-
pación es abierta, defienden a los trabajadores –desocupados- y recla-
man por los derechos del pueblo. Las consignas que identifican explíci-
tamente al MTD de Solano son tres: trabajo, dignidad y cambio social.
Fundamentales, continuamente presentes en su discurso y en sus prác-
ticas, no son sin embargo las únicas. Cuando los miembros hablan de su
movimiento, resuenan palabras como ‘pacífico’, ‘solidario’, ‘horizon-
tal’, ‘democracia directa’, ‘lucha’, ‘nuevos valores’, ‘trabajo comunita-
rio’, etc. Puede resultar paradójico pensarse como ‘trabajadores des-
ocupados’, sin embargo al interior del MTD de Solano la identidad de
sus miembros se construye con relación al trabajo, pero a un trabajo
resignificado en tanto actividad productiva y autorrealizativa, desliga-
do del salario o remuneración.

5 Según la define Maingueneau, «la imagen positiva es la fachada, la imagen que uno se
esfuerza por dar» (1999;58).
53
Dos elementos muy fuertes en el discurso de los participantes en el
MTD son la autonomía y la formación/educación, conectados entre sí.
El movimiento es autónomo con respecto a cualquier partido político, al
Estado, a los sindicatos, a la Iglesia y a cualquier institución. Su organi-
zación no tiene como meta la ‘toma del poder’ sino la construcción de
relaciones sociales horizontales, democráticas, solidarias, con nuevos
valores y una nueva conciencia. Para ello es fundamental la formación,
la educación popular, la concientización.
El MTD de Solano, por su énfasis en la autonomía y en la construcción
en situación, no consideraba –ni lo hace actualmente- a la prensa como
un asunto importante. Posee una visión crítica del rol de los medios
masivos: «La cadena de fachos de los medios, donde lo que te mostra-
ban era el compañero encapuchado, con el palo, con la capucha, con la
gomera, eso te mostraban, pero después no se fueron a ver que en el
barrio cuando llueve se inunda, que los vecinos cuando van al hospital
no hay salud, de eso no se encargan, no se encargaron nunca» (entre-
vista a un miembro del MTD-S, 2003).
Asimismo, estos movimientos sociales eran relativamente ignorados
por los medios de comunicación hasta la represión de Avellaneda. Esto
cambió cuando el 26 de junio de 2002, los muertos fueron militantes de
aquella agrupación. El relato heterónomo que construyeron los medios
masivos de comunicación sobre los acontecimientos del Puente
Pueyrredón, sumado a la caracterización explícita e implícita de los mo-
vimientos de desocupados, resultarían abiertamente chocantes para los
miembros del MTD. ¿Cómo comprender, y cómo enfrentar entonces, las
reiteradas alusiones a la ‘violencia piquetera’, a su carácter irracional y
antidemocrático, a su criminalidad?
El colectivo social constituido por el Movimiento Aníbal Verón,
articulándose con medios alternativos de comunicación –Indymedia,
AnRed, FM La Tribu-, con organizaciones de defensa de los derechos
humanos –Correpi, HIJOS-, con asambleas barriales, y apoyándose en
las vivencias de los propios miembros de los MTD’s, en testimonios de
diferentes personas, y en documentos legales, consiguieron formular
un relato contrahegemónico en abierta contraposición con la versión
mediática predominante6. Esta (re)narración circuló –poco, es cierto- a
través de Piketes 7, entrevistas a miembros de los MTD’s, medios de
comunicación alternativos, e incluso en el formato de un libro titulado
Darío y Maxi. La dignidad piquetera .

6 Los estudios de audiencias y de recepción durante décadas se basaron en un paradigma


que suponía la omnipotencia de los medios de comunicación en la formación de la opinión
pública. Stuart Hall propuso una reformulación de los supuestos de los estudios de recep-
ción, sugiriendo la existencia de lecturas de negociación o de abierto rechazo con respecto
a los códigos propuestos por el emisor. En este caso, estaríamos analizando una lectura de
rechazo por parte del MTD-Verón.
7 Boletines producidos por el MTD de Solano para circulación interna.
54
En Darío y Maxi el MTD-Verón denuncia claramente a los responsables
materiales –los policías que ejecutaron la represión-, políticos –los fun-
cionarios que la ordenaron desde una posición de Estado- e ideológicos
–los medios de comunicación que la justificaron, y los actores sociales
que demandaban mano dura. Con un análisis documentado desmienten
tanto la primera versión que circuló en los medios, aquella que sugería
que los piqueteros se habrían matado entre ellos, como la más moderada
que apareció unos días después indicando que la responsabilidad sería
de un policía ‘loco’. Mediante el establecimiento de la cantidad de heridos
con balas de plomo (nada menos que 34, según documentos oficiales), a
través del análisis de las propias imágenes de los noticieros o bien de
videos filmados por medios alternativos, y finalmente recurriendo a tes-
timonios de los presentes, pueden afirmar que no fue un policía solo sino
toda la institución. «La Bonaerense detuvo ilegalmente, golpeó, torturó y
se jactó de añorar la dictadura militar» (MTD Verón, 2003, 55).
Con respecto a las responsabilidades políticas, en el libro no dudan en
incriminar al entonces Presidente de la Nación, «El presidente Duhalde
encabezó la decisión de llevar a cabo una represión ‘aleccionadora’ que
lo mostrara fuerte ante su estructura política y los organismos
internacionales»(MTD Verón, 2003, 75). Subrayan también las fuertes
coincidencias en los discursos de los funcionarios y los de la policía,
ambos destinados al fracaso cuando aparecieron las fotografías del ase-
sinato en la estación. Al mismo tiempo, denuncian los roles jugados por
Oscar Rodríguez como nexo entre el gobierno y la policía, Juan José
Álvarez como Secretario de Seguridad, organizando el operativo con-
junto de las fuerzas de seguridad, y del comisario mayor Vega, quien
asignó el operativo a Alfredo Luis Franchiotti.
Las responsabilidades ideológicas de los medios de comunicación tam-
bién fueron claramente señaladas. Al describir la construcción del acon-
tecimiento efectuada por los medios masivos de comunicación en los
días subsiguientes a la masacre del 26 de junio, se destaca que «en
todas las fotos se ve el choque de manifestantes por delante y por
detrás con un cordón flaco de Infantería. Los medios de comunicación
hicieron hincapié en que esos policías fueron agredidos» (MTD Verón,
2003, p. 45). Se señala que existió una intencionalidad política («quien lo
ordenó sabía que iba a quedar en el medio de dos columnas de manifes-
tantes») por parte del mando de la Policía en la colocación de un cordón
de policías muy débil en el medio de las dos columnas de piqueteros; se
subraya también la complicidad de los medios de comunicación al trans-
mitir acríticamente esas imágenes. En efecto, el programa televisivo Des-
pués de Hora conducido entonces por Daniel Hadad fue el que más
insistió en emitir repetidamente dichas imágenes, desde un ángulo que
permitiera observar la «debilidad» del cordón policial frente a la «fuer-
za» de las columnas piqueteras.
Como vimos en la sección anterior, los medios de comunicación insistie-
ron en la violencia de las agrupaciones piqueteras, y transmitieron la
55
sospecha oficial de que «los que manifestaron son otros. Esta vez lo han
hecho de una manera absolutamente violenta e irracional (...). No había
con quién dialogar» (Clarín, 27/06/02). A estas acusaciones, el MTD Verón
responde «los que manifestamos aquella mañana sí éramos los mismos
que desde hace años venimos haciéndolo y, también como en ocasiones
anteriores, había referentes con disposición para dialogar» (MTD Verón,
2003, 92). En los medios masivos, especialmente Ámbito Financiero y La
Nación, se había insistido en que los piqueteros venían armados: el libro
recuerda acertadamente que en el operativo la policía no secuestró nin-
gún arma a pesar de haber detenido a 160 personas, así como tampoco se
conocieron casos de oficiales heridos por balas.
En el prólogo del libro se lee «singular decisión la de empuñar la palabra
para investigarlo todo sobre el Puente Pueyrredón (...) para ser tan
protagonistas de la lucha cotidiana que programan y sostienen como de
la escritura de la historia que los atraviesa y hacen. No ser dichos sino
decirse» (MTD-Verón, 2003, 11). Al producir esta narración, el actor social
y político que es el MTD- Verón –y con ella el MTD de Solano- no sólo
denuncian a los responsables ideológicos, políticos y materiales de la
represión y de su justificación. La operación de producir una versión
propia, una narración autónoma, les permite reintegrar en una trama con
sentido un acontecimiento que, en principio, se presentó como
absolutamente disruptivo de la historia y de la identidad de los Movimientos
de Trabajadores Desocupados en general y particularmente de los
implicados en los sucesos de Avellaneda. Esta operación, descripta por
Paul Ricoeur como la puesta en trama, reconstruye el acontecimiento
integrándolo en una historia más amplia, y transformando en necesidad lo
que se vivió como contingencia. Explica los hechos, los interpreta, y
construye su sentido. De esta manera, se restablece la imagen positiva
del movimiento. Se escribe una contrahistoria (Foucault, 1996), o historia
contrahegemónica que reivindica el papel del MTD, restituyendo los
valores que el movimiento defiende y su propia representación de sí mismo.
Algunas consideraciones finales
En el libro Un diálogo sobre el poder, Michel Foucault enfatiza la
importancia de la asignación pública de responsabilidades sobre los
acontecimientos del transcurrir histórico. La posición que asume el
Movimiento de Trabajadores Desocupados frente al discurso
predominante que circuló en los medios masivos de comunicación los
lleva a construir una narración sobre sus acciones, sus intereses, sus
creencias e ideales, en definitiva, sobre sí mismos como colectivo. La
caracterización que efectúan la mayoría de los medios masivos, el
establecimiento de responsabilidades por lo sucedido que no escapa a
las versiones oficiales -reconociendo los excesos pero acallando la
existencia de una decisión política y de una planificación sistemática
por detrás de la represión- hace necesario el surgimiento de voces
contrahegemónicas.

56
Aún en condiciones de marginalidad, el Movimiento de Trabajadores
Desocupados retoma este lugar, dejando entrever la potencialidad que
supone la organización como colectivo. El establecimiento de lazos
sociales con medios alternativos de comunicación, organismos de
defensa de derechos humanos y agrupaciones barriales, en fin, la
acumulación de capital social les permite fortalecerse como sujetos
reflexivos, en condiciones de articular una narración que se contraponga
a las representaciones hegemónicas producidas, reproducidas y
circulantes en el espacio mediático. Y hemos visto cómo la puesta en
trama que efectúan en esta narración resulta fundamental a la hora de
construir su identidad.
Sin embargo, ¿qué grado de performatividad posee esta voz alternativa
en contraposición a la fuerza que tienen los medios de comunicación
para construir representaciones de lo social? ¿Qué mecanismos son
necesarios para potenciar la presencia de las múltiples voces en el espacio
público? Sería inadecuado pretender dar una respuesta definitiva a estas
cuestiones, simplemente hemos intentado abrir un campo de reflexión
que genere un espacio de visibilidad para las experiencias alternativas.

Bibliografía
Bourdieu, Pierre. Sobre la televisión, Anagrama, Barcelona, 2001.
Foucault, Michel. Un Diálogo sobre el Poder, Alianza, Barcelona, 2001.
Foucault, Michel. Genealogía del Racismo, Creonte, Buenos Aires, 1996.
MTD Aníbal Verón. Darío y Maxi. Dignidad Piquetera, Ediciones 26 de Junio, Buenos
Aires, 2003.
Ricoeur, Paul. Sí Mismo como Otro, Siglo XXI, México, 1996.
Verón, Eliseo. La Mediatización. Hacia una teoría de los discursos sociales. Facultad de
Filosofía y Letras-UBA, Buenos Aires, 1985.

57
4 LA POLÍTICA -¿Dirías como algunos lo catalogaron al MTD que es un grupo
DE LO de protesta social?
COTIDIANO - Yo creo que es mucho más que eso. Algunos dijeron que es una
revuelta contra cultural
María José - Yo creo que es mucho más que eso, yo lo catalogaría como un
Iñíguez espacio de vida (Entrevista a Javier.)

El presente artículo es el producto de un año de trabajo dentro


del taller coordinado por el Prof. Pablo Vommaro, cuya temática
fue el trabajo y los movimientos sociales en la Argentina con-
temporánea. Nuestro interés, dentro del abordaje más general
de subjetividades, identidades y prácticas sociales al interior de
los movimientos sociales en la Argentina, se centró en intentar
explorar el concepto de lo político a través del relato que elabo-
raron los sujetos integrantes del Movimiento de Trabajadores
Desocupados de Solano. Relato que conformó un universo de
sentido anclado en su experiencia personal y colectiva.
Aquí intentamos escapar a la usual dicotomía entre el plano
discursivo y las prácticas concretas. Lejos de la postura don-
de la palabra es mera representación de una práctica que se
labora en otro plano, lo discursivo es aquí punto de anclaje de
sentido. Y además experiencia creadora, es decir, tomada como
una práctica en sí misma en tanto permite articular un relato
que constituye sus identidades como sujetos. Mediante en-
trevistas en profundidad intentamos rastrear la polifonía que
conlleva el concepto de política para los entrevistados, reva-
lorizando su carácter dinámico, procesual e irresuelto.
Introducción: El contexto socioeconómico
En la Argentina de fin de siglo se operó una amplia transfor-
mación, que fue desde la implementación de un modelo de
Estado intervencionista hasta su decadencia y posterior re-
emplazó por un modelo de Estado neoliberal. Sus efectos de
exclusión social son hoy evidentes.
Este proceso, podríamos decir que tuvo su origen en el go-
bierno militar que se inició en 1976. Según Sidicaro, la dicta-
dura se propuso desarticular el intervencionismo económico
y restablecer la libertad de mercado. El proyecto fue más allá
de la economía y buscó la reestructuración general de la
sociedad, de la política y de la cultura.
La persecución del movimiento sindical, la caída de los sala-
rios y la supresión de las legislaciones laborales fueron entre
otros, rasgos de este período. A su vez, en esta etapa se
profundizó el deterioro tanto de los sistemas públicos de
educación y salud, como de seguridad social en general.
La importancia que adquirió el sector financiero, evidenció la
instauración de un sistema de acumulación que privilegió al
58
capital financiero como actividad dinámica del desarrollo en detrimento
de la industria y el consumo interno.
La deuda externa –transferida por la dictadura al Estado- se multiplicó
por siete y prefiguró desde entonces las relaciones instauradas con los
organismos internacionales de crédito y sus agencias; atando el destino
de las decisiones políticas y económicas de todos los gobiernos
posteriores. Éstos por su parte solo se encargaron de profundizar la
orientación económica fijada en esta etapa.
El régimen neoliberal implantado a partir de la década del ´90 con el
menemismo, hizo crecer aún más el poder de los actores socioeconómicos
predominantes y su influencia para determinar decisiones en la esfera
pública. Las características de este período fueron la apertura de la econo-
mía, el aumento de los índices de desocupación, la desregulación de las
relaciones laborales, la precarización del empleo, los retrocesos del poder
adquisitivo de los salarios, las privatizaciones de empresas públicas, la
generalización de las prácticas de corrupción y el crecimiento de la deuda
externa entre otras. En general, el efecto simbólico que tuvo la pérdida de
las conquistas logradas durante anteriores gestiones peronistas, generó
un creciente malestar social y debilitó la representatividad tanto de los
partidos políticos como de los sindicatos.
El gobierno de De la Rúa se encargó de ahondar en el modelo adoptado
por las administraciones anteriores. El eje de su política económica, el
mantenimiento de la convertibilidad, se hizo trisas con el incremento de la
deuda externa arrastrando el sueño «primermundista» de la clase media 1.
De la protesta social a los movimientos sociales
En el contexto anteriormente detallado hacen su aparición distintos gru-
pos que se nuclean en torno a diferentes reclamos sociales. En palabras
de Schuster se podría decir que:
Los últimos treinta años han sido testigo de una diversificación de los aconte-
cimientos de protesta y de una complejización de los actores y escenarios de la
movilización. Según su periodización, entre 1983 y 1988, el 75% de las protes-
tas son lideradas por los sindicatos, en especial los industriales. Siendo que
solo las protestas ligadas a los derechos humanos alcanzan en ese período
números relevantes. Entre 1989 y 1994 el 60% de las protestas sigue siendo de
matriz sindical, pero la enorme mayoría de ellas ligadas a los gremios de servi-
cios (estatales, maestros, empleados de las compañías privatizadas), o referi-
das al empequeñecimiento del aparato burocrático del estado. También se su-
man las vinculadas a la desaparición de industrias de interés regional. Por
último, a partir de 1995 se nota una gran dispersión de la protesta. Florecen las
protestas de matriz ciudadana por la justicia, contra la violencia policial, por
igualdad de oportunidades o derechos, por daños ambientales, por trabajo2 .

1 Ver al respecto Sidicaro, R. La Crisis del Estado. Centro Cultural Ricardo Rojas, UBA,
Bs. As., 2002.
2 Shuster, F. «La protesta social en la Argentina democrática: Balances y perspectivas de
una forma de acción política», La protesta social en la Argentina, Giarraca, (comp.).Alianza
editorial, Bs. As. p. 45, 51 y 52.
59
El hecho más «novedoso» de este período es la aparición de manifestaciones
de los desocupados introduciendo el corte de ruta como método de protesta.
Además de la incorporación de la clase media y sus reclamos vinculados al
«corralito financiero» y al hartazgo con la clase política.
El clima de ebullición social que se generó a partir de diciembre del 2001, puso
en escena la multiplicidad de actores sociales que venían padeciendo las polí-
ticas estatales de más de dos décadas de neoliberalismo. Las expresiones de
protesta, descontento y lucha fueron variadas y se repitieron catalizadas por
diferentes circunstancias. Éstas no eran más que síntomas del rumbo económi-
co, político y social que condujo a la exclusión de un tercio de la población
argentina3 bajo un modelo de producción capitalista.
A los fines de este trabajo tomaremos al capitalismo en su más amplia acepción
como un modo de producción que -como tal- cruza y configura la realidad
cotidiana de los sujetos. El mismo trasciende la esfera económica de una socie-
dad para contemplar la reproducción de la vida misma en su totalidad. El siste-
ma capitalista se presenta como un sistema estructurante de la vida social, se
cuela en todos los planos de la vida del sujeto; no puede ser por lo tanto
delimitado ni circunscrito a un espacio determinado.
Es así como coincidiendo con algunos autores, uno de los miembros del
MTD, Jorge Jara, se planteaba el tipo de vínculo que se establece dentro de
este sistema:
No a la vieja forma de relación que nos había impuesto el capitalismo, (…) la
relación de poder de que todo se resuelve de forma piramidal»4 .
Como nos lo recuerda Marx, el capital por más que parezca adherirse a
objetos o investir las relaciones entre personas, no es más -ni menos- que
una relación social. Es en este sentido que solo modificando el vínculo
entre las personas pueden subvertirse el tipo de relaciones que se estable-
cen bajo su dominio. En esta búsqueda se inscriben varios de los movi-
mientos actuales. Al respecto J. Jara dice:
¿El poder del capitalismo reside en EEUU, reside en el estado; o reside en cada
uno de nosotros cuando nos relacionamos con el otro?5
Y también:
¿Cómo se construye y que complicidad tenemos nosotros con el capitalismo?
¿Cómo lo vamos reproduciendo? ¿Cómo nos vamos deshaciendo del enano fas-
cista que tenemos dentro?6
Bajo esta óptica descubrimos entonces la fertilidad que representa el ejercicio
de una nueva práctica política. En este contexto ciertos grupos sociales, tal
vez en un principio aglutinados bajo determinados reclamos exclusivamente

3 Por solo citar un dato para octubre del 2001 en el conglomerado de GBA la población
que se encontraba bajo la línea de pobreza era el 35,4% del total. Esa misma cifra a octubre
del 2002 alcanzaba el 54,3%. Fuente página del INDEC, EPH Octubre 2001 y 2002.
4 Bonnet, A; Holloway, J; Jara, J. «Cambiar el mundo sin tomar el poder», conferencia en
la Facultad de Filosofía y Letras, UBA, en Cuaderno de debate, CEFYL, Bs. AS., 2002. p.6
5 Idem. p. 6
6 Idem. p.5
60
sectoriales, logran salir de éstos para constituirse como sujetos de acción
política. De este modo la carencia sirve de disparador para empezar a cuestio-
nar el orden establecido, transformándose así en un motor de existencia que
los reconfigurará como sujetos. Este es a nuestro entender el caso del MTD.
El particular ejercicio de la política que se hace desde el movimiento será
entonces nuestro material de análisis. Aquí la política deja de ser lo meramen-
te partidario para ser pensada como un ejercicio cotidiano, más relacionado
con las prácticas, con los modos de habitar el presente, proyectar el futuro y
repensar el pasado. Lo político atañe a la totalidad del individuo. Así desde el
movimiento se plantean su práctica no ya como un momento determinado
donde lo político se alcanza -luego de un proceso lineal, expansivo- sino
como un hacer, pero, sobre todo como un nacer e irrumpir en un orden de
cosas establecido. Tal como lo define un integrante del movimiento:
La política dentro del imaginario popular o del imaginario militante se define en
otro lugar. Nosotros la definimos al revés, nosotros hacemos política con los
compañeros, con las limitaciones ideológicas y las limitaciones que tiene cada
uno; pero cada compañero tiene un saber que compartir, y una experiencia, y en
base a esa experiencia se van construyendo nuevas políticas 7 .
Para Badiou en el siglo XX la política estuvo representada por los partidos
y éstos subordinados al estado. El autor trabaja bajo la idea de que la crisis
de la política en este fin de siglo es, antes que nada, la crisis de la idea de
partido; la crisis de la idea de representación. En sus palabras:
«Cuando se le da la fuerza al estado la política desaparece. Entonces hay que
darle otra clase de fuerza. Una fuerza subjetiva que esté distante del Estado.
Y la clave de esto es el movimiento. Es la idea de otra relación entre movimien-
to y política. En la vieja concepción el movimiento era social y el partido era
político, y el partido representaba en la política al movimiento social.
Porque el partido estaba del lado del estado. (…) porque subordinaba la política
al estado. Y el movimiento era social porque estaba del lado de la vida de la gente,
y no del lado del estado directamente.
Entonces tenemos que cambiar la relación entre movimiento y política. Tenemos
que hablar directamente de la capacidad política de la gente, y de cómo se organi-
za esa capacidad (…)8 .
En este sentido, es que no podemos volver ya a la clásica distinción de la
política como representado-representante. Para ello el autor propone recupe-
rar la idea del movimiento. Éste es, a su entender, la condición para toda
política, en tanto implica la puesta en marcha de una acción nueva que rompe
con la repetición y a su vez crea un nuevo tiempo y espacio 9.
7 Idem. p. 5
8 Badiou, A.: «Movimiento social y representación política», conferencia en Hacia el
tercer encuentro nacional por un nuevo pensamiento, Instituto de Estudios y Formación
CTA, Bs. As., 2000
9 «Porque si no hay movimiento, lo único que existe es el orden (...) Crea tiempo porque
dice voy a hacer esto o lo otro según el tiempo que yo estoy construyendo y no según el
tiempo que domina que es el tiempo del capital, de las elecciones. Crea espacio porque dice
voy a transformar una calle, una fábrica, voy a transformar este lugar, en un lugar político.»
Vease en Badiou, A., 2000, p. 9.
61
En síntesis, Badiou rescata para el movimiento la capacidad de acción
política y define dos rasgos centrados en la novedad.
Por su parte Arendt, también considera la novedad como un rasgo ca-
racterístico de la acción. Acción que es eminentemente política. En sus
palabras: Actuar en su sentido más general significa tomar una iniciati-
va, comenzar, poner algo en movimiento. En la propia naturaleza del
comienzo radica que se inicia algo nuevo que no puede esperarse de
cualquier cosa que haya ocurrido antes. Lo nuevo siempre se da en
oposición a las abrumadoras desigualdades de las leyes estadísticas y
de su probabilidad, que para todos los fines prácticos y cotidianos son
certezas; por lo tanto, lo nuevo siempre aparece en forma de milagro 10.
Lo nuevo viene necesariamente de la mano de lo impredecible, y por eso
reviste el carácter de acción y no tan solo de mera reproducción o repe-
tición.
Por último cabe aclarar que, donde dice impredecibilidad no debe enten-
derse por ello azar. Decimos impredecible, contingente, pero no azarosa.
El azar habla de las posibilidades infinitas, siempre factibles de ocurrir e
imposibles de ser pensadas a priori. ¿Qué posibilidad le quedaría enton-
ces al sociólogo? La contingencia, en cambio, da cuenta de la articula-
ción de una opción dentro de un marco de posibilidades dado. Habien-
do múltiples opciones, pero no infinitas, algo hace que prime una op-
ción sobre otra. En ese sutil proceso es que el sociólogo articula su
tarea. Entonces, bajo nuestra concepción de «Nueva práctica política»
rastrearemos aquellas acciones que según la mirada de los sujetos del
MTD se presenten como novedosas dentro de un marco de acciones
factibles; en tanto laboren por una construcción cotidiana de otro tipo
sociabilidad.
Trabajo de campo: Estrategia teórico- metodológica11
El trabajo de campo estuvo orientado desde el paradigma cualitativo,
compartiendo algunas de las premisas de la corriente hermenéutica de
pensamiento.
La elección de este paradigma (centrado en los supuestos de la existencia
de una realidad subjetiva construida por los actores que pone la mirada
fundamentalmente en los microprocesos desarrollados al interior de la
sociedad -en sus interacciones, en sus grupos, en sus sujetos - donde el
investigador lejos de ser un aséptico observador, un ecuánime traductor
de la realidad social, se integra al relato y forma parte constitutiva del

10 Arendt, H. La condición Humana, Paidós, Barcelona, 1998, p.23, 25


11 Como esquema analítico de presentación nos basamos a grandes rasgos en el procedi-
miento propuesto por Creswell para definir los pasos de la investigación de un diseño
cualitativo.Ver Creswell, J. (1994). Researching Desig. Qualitative and Quantitative
approaches, Thousand Oaks (California), Sage publications, pp. 143-159. Traducción de la
cátedra Errandonea- Infesta Domínguez, Metodología de la invest. Soc., Facultad de Cs. Soc.
UBA, 2004.
62
proceso de conocimiento12) se centró en la necesidad de comprender la
forma en que los sujetos construyen el sentido sobre sus acciones.
En tanto se pretendía acceder a las representaciones elaboradas por los
sujetos, se eligió como método de recolección de datos la entrevista en
profundidad. Ésta, entre otras ventajas, le da más libertad a los entrevis-
tados en términos de construcción del relato -permite que establezcan el
encadenamiento temporal que les parezca, un orden de importancia, una
magnificación o disminución de los hechos relatado- y además, lejos de
estandarizar un cúmulo de preguntas en un lenguaje neutral, les permite
expresarse con sus propias construcciones verbales.
El trabajo de campo se desarrolló en el escenario de pertenencia de los
integrantes del MTD de Solano entre los meses de Diciembre del 2003 y
Febrero del 2004.
Durante el período mencionado se realizaron varias visitas a los Barrios
de San Martín, Monteverde, Florencio Varela, así como al predio que
posee el movimiento en Roca Negra. Excepto por la participación en un
Encuentro Internacional sobre Pensamiento Autónomo desarrollado
entre varias organizaciones en el mes de Enero de 2004 en el predio de
Roca Negra, mi lugar como investigadora se remitió más que nada al
momento de recolección de datos en las entrevistas y a las visitas pre-
vias para acordarlas.
Éstas fueron fijadas con los interesados, luego de algunas visitas al
barrio de Monteverde para contarles mis objetivos. Ellos por su parte
sometieron su participación a consideración de las respectivas asam-
bleas de los barrios a donde pertenecen.
Se tomaron tres entrevistas 13 intentando preservar cierta heterogenei-
dad en la selección de los entrevistados, sobre todo en función del
lugar que éstos ocupan en el movimiento. Así se eligieron dos integran-
tes más antiguos y una más reciente. Siendo uno de ellos considerado
por sus compañeros como un referente dentro del movimiento.
Las entrevistas fueron grabadas con el consentimiento de los entrevis-
tados, sus nombres fueron cambiados para preservar el contrato de
anonimato establecido. También se tomaron notas de campo que fueron
volcadas en el proceso de análisis de la información.
El análisis de datos se remitió a un proceso de reducción-
descontextualización de la información recolectada en función de los
ejes de análisis propuestos, para luego pasar a la fase de interpretación-

12 Al respecto ver Coulon, A. Etnometodología y educación, Paidos, Barcelona, 1995.


Cap.2 Un enfoque microsocial de los fenómenos sociales. P. 31-57. Denzin, N. «Introduction:
Entering the field of qualitative research» en Handbook of qualitative research, Thousand
Oaks Sage Publicacions Inc, Dezin, N. y Lincol, Y. Traducción de la cátedra Errandonea-
Infesta Domínguez, Metodología de la invest. Soc., Facultad de Cs. Soc. UBA, 2004.
13 Entrevistas a tres integrantes del MTD de Solano: Agustín, Javier y María realizada
la primera en Enero y las siguientes en Febrero de 2004.
63
recontextualización donde se unificaron los fragmentos de las entrevis-
tas seleccionados en función del marco teórico y los ejes planteados.
La validación de la información se apoyará por un lado, en devolucio-
nes parciales de los resultados recabados a los integrantes que partici-
paron del trabajo de campo, y por el otro en la detallada descripción de
este proceso que intentamos establecer en esta sección, aumentado la
posibilidad de su replicación.
El objetivo central del trabajo de campo fue exploratorio y se centró en
indagar las representaciones de los integrantes del MTD de Solano
acerca de la concepción de su práctica política.
Para abordarlo se eligieron tres ejes de análisis, a saber:
Nueva práctica política y vida cotidiana.
Dentro del cuál se rastreó: La construcción del relato identitario y las
transformaciones en las relaciones interpersonales de los integrantes
del MTD.
Partiendo del supuesto que cualquier actividad desarrollada por las perso-
nas tiende a modificar en primer lugar su vida cotidiana y, por lo tanto,
también el relato que el sujeto puede construir de si mismo; se indagó cómo
reconfiguran los sujetos el relato de si y del mundo, a partir de la experiencia
de ser parte de un colectivo que sostiene una nueva noción de política. En
segundo lugar, se apuntó a indagar en los cambios en las relaciones con
sus seres más cercanos a partir de su incorporación al colectivo.
Nueva práctica política, cambio social, poder y resistencia
La segunda línea de trabajo vinculaba esta nueva práctica política con
las nociones de cambio social, poder y resistencia. Intentando rastrear
de qué manera -siempre dentro del universo de lo cotidiano- estos suje-
tos articulaban una de sus premisas centrada en la búsqueda del cambio
social y si existía una vinculación con la redefinición de los términos
«poder» y «resistencia» (en el sentido desarrollado por la tradición que
va desde Foucault pasando por Negri y Badiou).
Nueva práctica política versus práctica política tradicional
Por último se buscó rastrear las diferencias que encontraban los inte-
grantes del MTD entre la noción de política articulada al interior del
movimiento y la establecida en las formas tradicionales del ejercicio de
la misma. Haciendo hincapié en la relación que establecen con el Estado
y a partir de sus postulados de autonomía, horizontalidad y autogestión.
Sobre el MTD: Origen y organización
La pregunta por el origen hace ya tiempo que se ha vuelto problemática.
Sin embargo la cadena arbitraria de sucesos para hacer inteligible este
acontecimiento puede establecerse desde las asambleas de desocupa-
dos realizadas en la parroquia Ntra. Sra. de las Lágrimas en Solano Pcia.
de Buenos Aires (que se comenzaron a desarrollar en 1997, donde un
cura llamado Alberto oficiaba de párroco), hasta el desalojo de las fami-
lias y el cura Alberto allí albergados tras la gran inundación. Hechos
64
conjugados con una situación socio- económica nacional crítica, donde
la desocupación y la pobreza alcanzaban límites insospechados, y un
barrio donde la iglesia evidentemente jugaba un papel central. En éste
existía un amplio desarrollo de comunidades eclesiales de base.
Ya en la década del ‘80 varios curas comulgaban y practicaban las
premisas de la teología de la liberación, constituyéndose en un impor-
tante anclaje comunitario. Así el cura Alberto junto con un nuevo grupo
de catequistas se propusieron intervenir directamente en los problemas
que acuciaban a los vecinos. La toma de la iglesia duró aproximadamen-
te dos años, tiempo de sobra para gestar el MTD.
Con las casillas que consiguieron como consecuencia de la toma se
instalaron el barrio San Martín y desde ahí, ya más organizados realiza-
ron los primeros cortes de rutas. El movimiento creció aceleradamente,
llegando a tener 800 militantes.
El MTD de Solano está ubicado en la zona Sur del Gran Bs. As. y está
conformado por siete barrios. Cada barrio posee su asamblea, la cuál es
soberana. De la asamblea se elige un delegado que semanalmente asiste
a las reuniones de mesa con los otros delegados barriales. En los talleres
productivos los integrantes del movimiento trabajan cumpliendo con la
contraprestación exigida por el Ministerio de Trabajo -por los planes
dados- al mismo tiempo que generan una fuente de producción propia.
Estos talleres varían según los barrios, algunos son: Murga, educación
popular, huerta, herrería, panadería, manualidades.
De sus postulados: Trabajo, dignidad y cambio social ya se despende
un interés más abarcativo que la mera lucha por un reclamo sectorial.
Análisis de las entrevistas
Se presentan de modo preliminar los principales resultados obtenidos
en el trabajo de campo.
Situación de entrevista
Las entrevistas, en rasgos generales, planteadas alrededor de tres ejes
centrales se desarrollaron con más soltura en su primera parte. En el se-
gundo eje que requería tal vez, vincular un poco más las experiencias
personales con un nivel conceptual -en relación con las nociones de
poder, resistencia y cambio social- tanto María como Agustín se sintieron
interpelados en menor medida. El intento de traspolar ciertos conceptos
teóricos a su anclaje personal fue mas dificultoso, dado que los entrevis-
tados no sintieron propias las caracterizaciones planteadas. El último eje,
focalizado en las diferencias con los partidos políticos tradicionales, tuvo
su punto más difícil nuevamente en la noción más abstracta de autogestión,
no así en la de horizontalidad que fue ampliamente tratada.
En términos particulares la entrevista con Agustín fue la primera que
hice, embargada de los nervios pertinentes. Se realizó en su casa y
durante todo su transcurso estuvo presente su mujer, quien salvo pre-
guntas puntuales de Agustín no intervino. De todos modos, su presen-
cia -teniendo en cuenta que ella es quien dentro del hogar le dedica más
65
tiempo al movimiento- no pasó desapercibida. La entrevista duró aproxi-
madamente dos horas y media.
La entrevista con María se fijo vía el contacto con Agustín, yo no la
conocía personalmente hasta que nos encontramos en la casa de Agustín
para realizar la entrevista. Hablamos tranquilas y sin interrupciones por
casi una hora.
Por último la entrevista con Javier fue la última realizada. Nos encontra-
mos en el patio de su casa en F. Varela, durante la primera media hora
estuvo presente su mujer quien acotó varias cosas. Luego estuvimos
acompañados por sus hijos, quienes interrumpieron varias veces las
dinámica de la entrevista, pero también me permitieron ampliar la mirada
sobre su cotidianeidad.
Trayectorias de los entrevistados
Javier tiene 33 años, nació en la provincia de Misiones. Vive con su
mujer y dos hijos en Florencio Varela. Estudia 6° año de derecho en la
Universidad de Lomas de Zamora y actualmente se encuentra sin trabajo
por fuera del MTD.
Su padre de origen paraguayo se mudó a Misiones junto con su mujer
donde tuvieron una chacra y nacieron sus siete hijos. En la década del
´70 se trasladaron a Bs. As., allí él entró a trabajar a SASETRU y la madre
se empleó como doméstica. Ella actualmente vive y participa del MTD,
él murió a los 55 años trabajando en la construcción.
Javier de los tres entrevistados es el que posee una trayectoria política más
amplia, a los 15 años se vinculó con gente de la Iglesia Ntra. Sra. De las
Lágrimas que postulaban los preceptos de la «Teología de la Liberación»,
allí conoció a varios de los integrantes que hoy forman el MTD de Solano.
Con ese mismo grupo se incorporó al Frente Grande cuando recién se
iniciaba, del cuál se desvinculó prontamente. Se integró al movimiento en
sus inicios, en la época de la toma de la Iglesia; allí una de sus hermanas
daba catequesis junto al cura Alberto. De sus siete hermanos 4 participan
en el MTD. También lo hacen su madre, su esposa y uno de sus hijos.
Agustín tiene 38 años y nació en Paraguay. Estudió hasta tercer año de un
bachillerato comercial en Paraguay. Vive con su esposa y dos hijos en
Monteverde. Tuvo un paso fugaz por el Peronismo dentro del Municipio
de Quilmes, luego influenciado por la participación de su mujer se incorporó
al MTD. Su esposa se acercó a las asambleas de desocupados que estaba
llevado adelante el padre Alberto en la Iglesia y en seguida comenzó a
colaborar. En el patio de su casa está ubicado el galpón que tiene el
movimiento en el barrio de Monteverde. Ambos están desocupados.
María no tenía experiencia política previa. Entró al MTD en el 2001 im-
pulsada por la necesidad de trabajar. Se enteró de su existencia por un
sobrino que participaba. Tiene 32 años y vive con su esposo y dos
hijos. Terminó el primario y tiene ganas de empezar este año el secunda-
rio. Su padre trabajaba en una bombonería y su madre era ama de casa.
Ella es la única integrante de la familia nuclear que participa del MTD.
66
Análisis
Bajo la primera dimensión de análisis observamos que las actividades
de cada uno de los entrevistados están muy ligadas al movimiento,
aunque con matices vinculados a los «niveles de compromiso», como
ellos los llaman. Como premisas de participación el lugar por excelencia
es la asamblea de cada barrio, allí se supone deben hacerse presentes
todos. Luego está la jornada de trabajo, tiempo que el movimiento acor-
dó con el Ministerio de Trabajo durante el cuál deben estar funcionan-
do los talleres productivos. El MTD al poseer personería jurídica cuenta
con la «ventaja» de poder fijar las actividades y horarios de trabajo para
hacer efectiva la contraprestación por los planes que reciben.
Cada uno de los entrevistados ha experimentado un cambio en su
cotidianeidad a partir de su ingreso al movimiento, su día ahora está
mediado por las actividades del movimiento.
- Y que sé yo, los martes por ejemplo tenemos asamblea en el barrio y los
lunes a veces hacemos una jornada de trabajo y tenemos un equipito de
Monteverde que venimos acá a Santa Rosa a levantar el tejido de la huerta,
hacer el galpón o nos vamos a Roca Negra
- ¿Que hacías antes de entrar al movimiento? ¿Cómo era un día tuyo?
- Iba a trabajar a las 8 de la mañana y venía a las 8 de la noche, miraba un rato
de televisión y me acostaba a dormir, los fines de semana me iba a jugar al
fútbol, ese era mi día (Javier)
A partir de la integración al movimiento los entrevistados fueron aban-
donando ciertos anclajes identitarios y reformulando el sentido de otros.
Así la iglesia y los partidos políticos o punteros barriales fueron perdien-
do lugar en sus vidas cotidianas. El significado del barrio y del trabajo
sufrió modificaciones en algunos de los casos; y la educación formal y los
hijos se presentaron como elementos centrales en sus relatos.
Los tres entrevistados pertenecen a barrios diferentes, sin embargo en
todos aparecen dos constantes. Por un lado la dificultad que les implicó
tener una casa propia -invalidando incipientemente la posibilidad de
mudarse- y por el otro, la vinculación afectiva que establecieron con el
barrio. Dos de los entrevistados tienen sus casas en terrenos que toma-
ron. En los tres casos armaron en el barrio redes de apoyo, tanto afectivas
como materiales, con el resto de los integrantes de su familia ampliada y
con sus compañeros del MTD.
Tal como lo recuerda Holloway, la restricción territorial se vuelve un
principio central de mantenimiento del orden en la sociedad capitalista.
Pero esta restricción opera solo sobre los sujetos, mientras que el capi-
tal en su forma líquida –dinero- se nutre de moverse por el mundo en la
búsqueda de mejores ganancias. Así mientras el capital huye, los suje-
tos quedan cada vez más atados a su espacio territorial por no tener la
posibilidad de emigrar14.

14 Holloway, J. «El capital se mueve», en Cuaderno de debate, CEFYL, Bs. AS., 2002,
p. 8
67
La contrapartida de este proceso es la gestación de lazos y la posibili-
dad de reapropiación del territorio como un lugar de anclaje comunita-
rio 15. El MTD a partir de trabajo que desarrolla en el barrio de alguna
manera lo recupera como lugar de resistencia, de creación, en fin, como
lugar de anclaje de una nueva sociabilidad.
-¿Después se vinieron para acá devuelta... y cayeron directo a Varela, no?
- (…) Sí, siempre en Varela porque todos son de acá
- ¿Y vivís acá hace cuanto?
- A este barrio yo vine a vivir a los 11 años
- ¿Y la casa de al lado es la casa de tu hermano?
- Sí, (…) en la plaza nosotros fuimos, hicimos quilombo en la municipalidad,
estuvimos ahí acampando, nos dieron 17 casillas para las 17 familias que
estábamos viviendo en la plaza. Me habían dado esta casilla y después vini-
mos a plantarnos en este terreno, así que yo plante la casilla acá. La casilla
ahora no se ve porque está recubierta de material. Y cada uno se llevó la casilla
a donde podía...
-¿Te mudarías de barrio si pudieras?
- No, ¿a donde?
- ¿Y te gusta el barrio?
- Yo me crié acá en este barrio, no sé, no, mudarme no, porque nosotros acá
tenemos un... barrio. El MTD tiene galpones acá (…) por ejemplo a la huerta
y eso yo a voy a trabajar al barrio de acá. La jornada de trabajo se hace donde
estas.
(Javier)
- ¿Te mudarías a otro barrio?
- Ahora en este momento no
- ¿Y por qué?
- Y porque ya tengo hecha acá la casa y todo eso, y para conseguir un terreno
en estos momentos ahora sale muy caro. Entonces la situación no está como
para mudarse
- ¿Uds. acá compraron el terreno o se asentaron directamente?
- No, nos asentamos y fuimos haciendo la casa
- ¿Te gusta el barrio?
- (silencio largo, contesta como extrañado) Sí (…) no como pretendería tener-
lo, pero bueno
- ¿Qué cosas sentís que le faltan al barrio?
Por ejemplo, (…) nos falta el agua, que es muy principal. No tenemos agua de
cañería, de aguas argentinas directamente (Agustín)
Todos se encuentran actualmente desocupados. Sus trayectorias labo-
rales empezaron en edades tempranas, promediando los 13 años. Los
empleos generalmente fueron en relación de dependencia -combinados

15 «Porque los espacios físicos resultan insustituibles para la conformación de un sujeto y,


no son el único factor a tener en cuenta, habilitan experiencias colectivas, permiten tener lazos
sociales que redundan en la conformación de una identidad que puede resumirse en la distinción
de un «nosotros» y de un «ellos». Zibechi, R. La revuelta Juvenil de los ´90: las redes sociales
en la gestación de una cultura alternativa, Ed. Nordam, 1997, Montevideo. p. 46
68
con changas que les permitían completar el nivel de ingresos- en escala-
fones bajos de la estructura laboral y alternando períodos de formalidad
y empleo en negro. En los últimos años -sobre todo después del 200- los
entrevistados pasaron a engrosar la cifra de inactivos dado que frente a
la imposibilidad de conseguir un empleo estable, o incluso changas,
decidieron retirarse de la búsqueda laboral.
El ingreso al movimiento estuvo muy asociado, por lo tanto, con la falta
de trabajo y con la imposibilidad de conseguirlo.
- (…) En esa época ya tenia changas, de albañilería, hasta que.... bueno vino
la época mala del 2000 (....) Estábamos los dos sin trabajo, primero empecé a
cobrar yo el plan de $120 y vivíamos solamente con eso (piensa) después
empezó a cobrar ella y se pasó de $ 120 a $160 y ahí más o menos todo ese
año pudimos vivir, porque todavía no había default. Vivimos todo el 2000 y
ella empieza a cobrar en Febrero de 2001 hasta el default, ella entró al movi-
miento en Febrero del 2001 y yo había entrado antes. (Javier)
-¿Antes también le pagaban por producción?
- No le pagaban un sueldo fijo más las horas extras, y ahora si hay mucho
trabajo y hace horas extras no se las pagan, es el nuevo sistema laboral
-¿Desde cuando es esto?
-Y empezó a partir de la mitad del año pasado, ya ahí le bajaron el sueldo,
después le quisieron bajar la antigüedad y él no se dejo, y ahora no hay casi
nada de trabajo. (María)
En una sociedad donde los patrones de precariedad laboral y el desem-
pleo se han naturalizado constituyendo características centrales de lo
que es el mercado de trabajo, se vuelve necesario empezar a cuestionar
la idea de trabajo tal como fue forjada durante los ´40 bajo el imperio del
pleno empleo y el estado de bienestar.
Sin embargo, en el caso de los entrevistados, la posibilidad de empezar
a pensar su actividad como un trabajo productivo no depende única-
mente de sus representaciones como colectivo, sino también de la posi-
bilidad de deconstruir justamente esos patrones culturales tan arraiga-
dos en la sociedad. Los mismos nominan aquello que debe ser conside-
rado como trabajo descartando cualquier modalidad autónoma y alejada
de la reproducción del capital.
Esto explica que, si bien, dos de los entrevistados reconocen su activi-
dad dentro del movimiento como un trabajo, solo Javier hace más explí-
cito el cuestionamiento a lo que se entiende comúnmente bajo el con-
cepto de trabajo.
En este punto el trabajo que ellos realizan se presenta como una labor
que no tiene que ver necesariamente con la producción dentro del siste-
ma capitalista. En su mundo simbólico son seres productivos, trabaja-
dores de tiempo completo pero desocupados para un sistema que los
margina.
- ¿Vos trabajas?
-Sí, trabajo acá. Pero antes trabaje de los 16 a los 24 cuidando chicos en
Adrogué,
-¿Y ahora trabajas acá y qué haces acá?
69
- Acá estoy en la parte administrativa, los papeles para presentarlos (María)
Tal como lo recuerda Holloway la relación entre capital y trabajo es una rela-
ción de huída y dependencia mutuas, pero no una relación simétrica; el trabajo
puede escapar, el capital no. El capital sin el trabajo deja de existir, en cambio
el trabajo sin el capital se convierte en creatividad práctica, en práctica creativa16 .
El trabajo mediado por el capital se transforma en trabajo alienado, des-
provisto de todo rasgo producido por su autor. Trabajo desdibujado,
trabajo en abstracto, que solo sirve como medio para la realización del
capital. En contrapartida, en el trabajo donde no media capital alguno,
se recupera la creatividad del sujeto, se extiende como medio para su
realización y satisfacción personal.
- ¿Y si te ofrecieran un buen laburo o un laburo, bah?
- Hay que ver qué es un buen laburo
- En realidad mi pregunta es, ¿qué es para vos tener trabajo?
- Para mi tener trabajo es la oportunidad de que ese trabajo sea… yo no
quiero volver a las viejas relaciones de trabajo, eso no significa que si
dada la circunstancia tengo que trabajar de nuevo bajo relación de de-
pendencia, lo tenga que hacer porque si no sería un vago
- ¿De qué te gustaría laburar?
- A mi me gustaría hacer una defensoría popular autónoma, independientemen-
te de lo que pueda ganar. (…) entonces mi idea es esa defensoría popular y ver
en que podemos generar un espacio, cubrir una necesidad más. Ahora cubrimos
algunas necesidades como la alimentación, la salud precariamente, pero tam-
bién si podemos cubrir esa cuestión que es el derecho, que estamos todos en
bolas (…). El hecho de que vaya una mujer se separe y el marido le saque la casa
y la deje en la calle con los hijos, y todo lo que implica el derecho de familias que
es lo más vulnerable acá, en este barrio. Todo lo que implica eso ningún un
abogado de derechos humano lo cubre, más que asesorarte y nada más. (Javier)
La formación es uno de los pilares centrales tanto del movimiento como
de sus integrantes en particular. En dos de nuestros entrevistados la
educación formal se sigue presentando como posibilidad de revertir la
situación personal en la cuál se encuentran.
- ¿Cómo te imaginas el futuro?
- Y el futuro me lo imagino, que yo siempre le digo lo mismo a mis hijos que
si no estudian no van a tener futuro.
- ¿Y el tuyo?
- Y el mío, estoy queriendo hacer la secundaria, que todos me cargan que soy
vieja pero no importa, porque ahora hasta para barrer la calle te piden que
tengas el secundario. (María)
Tal como lo relata Javier la educación sigue muy vinculada con la idea
de movilidad social tan arraigada en las clases bajas y medias de la
sociedad.
- La gente se entera así que te estas por recibir de abogado y dice uy como
zafaste, ahora ya sos rico, porque la idea es llegar. La idea del progreso
individual esta muy instalada adentro de la sociedad en todos los estamentos,

16 Holloway, J. «El capital se mueve», en Cuaderno de debate, CEFYL, Bs. AS., 2002
70
en la clase media, en la clase trabajadora. Entonces a mí eso de la movilidad
social no me va. Yo creo que si yo pertenezco a la clase trabajadora nací, me
crié, sé bien lo que se llama la famosa conciencia de clase, tiene que ver con
eso. (…) por cierto, conseguir un título universitario parece que significa
salvarse y no es así. (Javier)
Javier en cambio ve justamente en la educación la posibilidad de revertir
uno de los ejes de del modelo de sociedad actual.
-Sí, si es importante el tema de la formación
-¿Por qué?
- Por un lado es importante no solamente que nosotros nos formemos, nos
formemos entre nosotros digamos, nuestros métodos que son el método
empírico, que es la práctica, la teoría a partir de la práctica. Ese nuestro
método, también vemos como importante que nuestros compañeros vayan a
la universidad; porque si no es como que nos quedamos aislados de una parte
de la formación, necesitamos de esas herramientas, que aprendan métodos de
las clases dominantes, para poder confrontarnos. (Javier)
Es por esto que dentro del movimiento se desarrollan talleres de educa-
ción popular, y diferentes espacios – como las rondas de pensamiento
autónomo- tendientes a cuestionar esas representaciones instaladas
que no hacen, tal vez, más que reproducir formas de sociabilidad vincu-
ladas al capitalismo. La formación es la manera que encuentran de ir
construyendo cotidianamente unas relaciones diferentes.
En relación a la capacidad de proyectar un futuro, y a los cambios en la
percepción de la visión del tiempo luego de su ingreso al MTD, llamó la
atención que ninguno de los entrevistados pudo pensar la idea de futu-
ro más a largo plazo.
Tal vez lo que en algunos de los casos se podría entender como un
renunciamiento a la capacidad de proyectar bajo una incertidumbre tan-
to económica como social, en el caso de Javier específicamente, se po-
dría entender como una manera de reapropiación del presente.
- ¿Qué es el futuro? la verdad que nosotros venimos de una concepción clásica
de la militancia que todo, todo lo imaginaba para el futuro. Todo se construía
para el futuro. Y yo creo que no, la revolución nunca va a triunfar porque la
revolución es permanente, es eterna, está dentro de cada uno. Entonces no
entiendo eso del triunfo de la revolución si no es dentro uno mismo.
- ¿Cambió tu percepción del presente o del futuro desde que entraste al
movimiento?
- Sí cambio, cambiaron en el sentido de que el futuro tiene menos injerencia
que el presente (risas). Es más el presente que el futuro, si bien pensamos en
el futuro, vivimos el presente de una manera más plena (Javier)
Tal como sostiene Holloway:
Si perdemos la proyección de nuestro hacer perdemos también la posibilidad
de decir «vamos a hacer algo totalmente distinto mañana», entonces el tiempo
pierde la posibilidad de la otredad, pierde la posibilidad de ser un tiempo para
crear alternativas (…)."17

17 Bonnet, A; Holloway, J; Jara, J. «Cambiar el mundo sin tomar el poder», conferencia


en la Facultad de Filosofía y Letras, UBA, en Cuaderno de debate, CEFYL, Bs. AS., 2002.
p.10, 11.
71
Esta pérdida de la capacidad de proyección de un futuro a largo plazo no es
anecdótica, en términos formales Holloway dirá que es un rasgo caracterís-
tico -que además asegura el mantenimiento- del sistema capitalista. El capi-
tal al apropiarse del trabajo hecho se apropia también de su proyección.18
El proceso de reapropiación del tiempo es por lo visto mucho más com-
plejo en el terreno experiencial. Sujetos acostumbrados a ver frustrados
durante años sus anhelos alimentados por un imaginario de consumo,
igualdad y ascenso social, localizan ahora en sus hijos la posibilidad de
completar todo aquello que les quedó trunco, o se animan a fantasear
con la idea de hacerlo ellos mismos.
Su integración al movimiento no parece incidir, todavía, en estas repre-
sentaciones.
-¿Cómo imaginas el futuro?
- Y, la verdad, que en estos momentos no me puedo imaginar muy bien el
futuro. Yo lo veo medio complicado el futuro, también (…) yo trato de vivir
el presente, no planifico mi vida así para el futuro. Las veces que planifique
salió todo mal, hay veces que planificas una cosa y sale mal, entonces es
preferible no planificar la vida, hay que ir viviendo el presente y tomar todo
como venga. (Agustín)
- (…) Yo el futuro, pienso en el día de mañana en mis hijos, que sean grandes,
que puedan... si mi hijo más grande quiere ser futbolista, tiene condiciones y
que trabaje de lo que le gusta, el otro quiere ser investigador(…) , y que puedan
tener cosas que yo no tuve y que puedan vivir de lo que les gusta.(María)
En referencia a las transformaciones en las relaciones interpersonales
de los entrevistados se nota una clara reclusión de éstos en el círculo
más íntimo que comparte la actividad en el movimiento. Generalmente el
resto de la familia también participa en el MTD.
Todos reconocen haber cambiado de amistades porque muchas veces
ya no se sentían entendidos por las anteriores y haber hecho nuevos
vínculos de amistad en el MTD.
- (…) Soy piquetera te asocian mal, entonces vos después le volves a expli-
car, hay gente que te entiende y te dice: está bien, hay que pelear, hay que
luchar... y hay gente que no te entiende y a veces te ponías a discutir y
después terminas entendiendo que algún día, Dios no lo permita, cuando no
tenga trabajo va a estar acá y lo entendés (María)
- ¿Y la relación con tus amigos cambió?
- Sí cambio mucho, porque yo mis amigos (…) que no participan en el MTD
los deje de ver. (…) pero ya te digo, si mi vida era así ir los viernes a jugar al
truco , a tomar cerveza , entonces cambió al meterme en esto me hace estar
más fresco de la cabeza , no estar emborrachándome , y esas cosas.
- ¿Y hubo amigos del antiguo barrio amigos que dejaste de ver?
R- Sí eso sí, los deje a todos hace mucho que no los veo (Agustín)
Al ser un grupo que centra su actividad en la transformación cotidiana
de ciertas formas de sociabilidad se desarrolla una alta implicación emo-
cional entre sus integrantes. La idea de comunidad se hace presente.

18 Idem. p.10, 11.


72
- Que decisiones tomo teniendo en cuenta mi pertenencia al MTD por ejem-
plo, el hecho de ir a buscar un trabajo yo tengo en cuenta eso, quien soy, para
que quiero el trabajo, el hecho de seguir con la carrera universitaria, donde
vivir, como vivir, porque vivir. (…)Funciona como contenedor, contiene
muchas veces la violencia familiar, contiene las situaciones de hambre, de
desamparo, de soledad. Entonces es un espacio donde uno puede opinar, o
donde uno puede hablar creo que de una manera te ampara...
- ¿Funciona como una comunidad?
-muchos dicen que somos gente comunitaria, creo que sí, este movimiento
tiene mucho sentido comunitario (Javier)
La participación en el movimiento trajo en todos los casos una amplia
reformulación del funcionamiento familiar.
Familias que venían en su mayoría de tradiciones donde las mujeres se
dedicaban al cuidado del hogar y de sus hijos, o salían a trabajar en caso
de necesidad, ven ahora sus roles trastocados. En el caso de María por
ejemplo, es ella la única ligada al movimiento, Agustín por su parte se
incorpora después de su mujer y alentado por ella, y en el caso de Javier
su esposa es quién se encarga de salir a trabajar mientras él se dedica
activamente a las tareas del MTD.
Las redes familiares ampliadas sirven muchas veces de sostén para lle-
var adelante todas las actividades tanto políticas como domésticas.
Los tiempos familiares y políticos muchas veces se funden, transfor-
mando a sus integrantes en militantes de tiempo completo.
- (…)Y por ejemplo cuando ahora llego de trabajar él cuida a los nenes , si no
me los cuida a veces mi mama. (María)
- Aunque mucho no diferencio porque casi todo es del MTD, a veces, el lugar
este por ejemplo, viene la gente y no te llevo al galpón, te tengo acá, entendés
solo cuando estamos solos nada mas, es que hablamos solamente de otras
cosas pero, yo por ejemplo eso de que estoy continuamente en el movimien-
to, la vida cotidiana de nosotros es estar en el movimiento continuamente, y
quizás de un rato, por ejemplo, nosotros decíamos, sábado y domingo, no
vamos para ningún lado con el movimiento, pero ahora hasta sábado y
domingo estamos, a veces… (Agustín)
Ya pasando al segundo eje de análisis podemos decir que el cambio
social y la resistencia son conceptos con un fuerte anclaje experiencial.
Tal como señalamos más arriba, los sujetos entrevistados – excepto en
el caso de Javier- se sintieron menos interpelados bajo estas nociones
conceptuales. Si bien en múltiples fragmentos de las entrevistas se pre-
sentaron referencias explícitas relacionadas con el modelo de sociedad
que querían, frente a la pregunta por el cambio social esta fue anclada en
la búsqueda de una sociedad perdida, a la que tal vez tampoco nunca
tuvieron acceso.
Así el cambio social, apareció asociado a la posibilidad de recuperar
ciertos derechos característicos de una sociedad basada en la integra-
ción social– trabajo para todos, justicia, redistribución de la riqueza-,
pero también emergió la posibilidad de crear otras relaciones y de resol-
ver «creativamente» los problemas presentados.
73
- ¿Qué cambio buscan?
- (…) que la gente comparta todo lo que hay, y tengan todo lo necesario o lo
básico y no tengan que estar en la calle mendigando o pidiendo. Porque a
veces podemos llegar a decir que estamos mendigando por un paquete de
arroz para poder comer, por más que salgamos a luchar (María)
- Y cuando hablan de querer cambiar cosas, o en el movimiento hablan del
cambio social, ¿qué cambio buscan?
- El cambio social calculo que el cambio se está haciendo, por el solo hecho de
estar luchando como luchamos el cambio se hizo (Agustín)
La noción de resistencia, como correlato implicó la resistencia a las
vicisitudes de la vida cotidiana y a las de un modelo de dominación que
los margina. Pero la resistencia no se presentó como la mera aceptación
abnegada de lo dado, sino que en los relatos apareció íntimamente liga-
da a la idea de lucha por la transformación de la sociedad. En otros
términos resistir, sí, pero para cambiar.
En este punto es que podemos encontrar asociación con la reformulación
del concepto de resistencia tal como lo plantean Negri y Lazzarato, entre
otros. Estos autores revisan la definición de resistencia foucaultiana defi-
nida más que nada desde una negación -intrínseca a cualquier ejercicio de
poder-, para vincularla con un acto de creación, de participación activa de
los sujetos en la recreación de las situaciones. El decir «no» dirán, cons-
tituye una forma mínima de resistencia, pero esa negación, esa oposición,
puede complementarse y enriquecerse con la construcción activa de otras
posibilidades, tal como lo experimentan los sujetos del MTD19.
-¿Cuando hablan de resistencia, hablan de resistencia a qué?
- Resistencia al sistema capitalista en todos los planos de la vida, en cualquier
sentido, en la calle, en la educación, en las relaciones que proponemos, y en
como nos relacionamos nosotros. La resistencia al capitalismo para nosotros
es global, tiene que estar en todos lados, incluso acá adentro (Javier)
- La resistencia para mí es resistir todo lo que nos pase, de poder estar
continuamente luchando. No es una resistencia contra alguien, sino una
resistencia de aguantar la lucha que estamos haciendo, que es necesario para
que haya un cambio. Sería la forma de resistencia de tener aguante, o al menos
que tu cuerpo aguante todo lo más pueda. Si tenemos que pasar hambre
resistirle, como resistimos los 106 días en la rotonda, no teníamos nada y
resistimos ahí, bueno aguantamos, y el frigorífico se dio cuenta de que noso-
tros estábamos aguantando, y nos dio carne, comimos y nos fuimos con lo
que necesitábamos en ese momento (Agustín)
El concepto de poder lejos de ser reapropiado por los entrevistados -
como sí lo fue el de resistencia y en menor medida el de cambio social-
apareció más vinculado con su versión institucional. Donde el poder se
articula de arriba hacia abajo y expresa un atributo que algunas perso-
nas pueden poseer y de las que otras están excluidas 20.

19 Al respecto ver Lazzarato, M. «Del biopoder a la biopolítica». Hardt, M.; Negri, T.


Imperio, Paídos, Buenos Aires, 2002. Cáp. 1.2
20 Holloway, J. «El capital se mueve», en Cuaderno de debate, CEFYL, Bs. AS., 2002.
74
Dicha visión tal como sostiene Holloway, coincide con la interpretación
del poder comprendido como dominación o subordinación. En los esta-
dos de dominación la posibilidad de revertir -reversibilidad táctica en el
lenguaje foucaultiano- la situación de desventaja del «sometido», es
mucho más limitada que en la relación de poder. En esta última, en cam-
bio, la relación se articula sobre la base de dos elementos: que el otro
sea reconocido y mantenido hasta el final como sujeto de acción, y que
se abra frente a la relación de poder todo un campo de respuestas,
reacciones, efectos, invenciones posibles 21.
En el relato de los entrevistados este término posee una cierta carga
simbólica negativa, y sigue asociado tanto con la acumulación de rique-
za, como del poder político en su sentido más tradicional. Los integran-
tes del movimiento en su búsqueda de distanciamiento de las premisas
en las que se asienta la concepción partidaria de la política – donde el
poder en su sentido sustancializado y jerárquico juega un papel central-
desechan esta categoría, en vez de reformularla, por encontrarse toda-
vía en sus representaciones en las antípodas del modelo horizontal que
profesan.
-¿Y qué es el poder para vos?
-El poder esta allá arriba, es y tener todo a nuestros pies. (…) nosotros no
pretendemos llegar al poder, no vamos a llegar nunca al poder con el movi-
miento
- ¿Pero no hay ningún momento que te sientas poderoso?
- No, me siento bien pero no poderoso.
-¿Y eso no es poder?
- No, para mi es sentirme bien, estar bien con mi conciencia, pienso que no
estoy lastimando a nadie. (Agustín)
-¿Qué entendés por poder?
-No sé que es el poder, ni me gustaría averiguarlo.
-¿No hay una diferencia entre el poder entendido como poder sobre otro y el
poder que hacen ustedes, el poder hacer cosas?
- El poder hacer cosas sí, siempre se pueden hacer cosas, pero la palabra
poder la asocio algo con malo y acá no hay nadie que es malo, no me gusta la
palabra poder. (María)
En el tercer eje de análisis observamos que los entrevistados perciben
como claramente diferentes las acciones que realizan dentro del movi-
miento de las de un partido político. Al igual que con el concepto de
poder, el término política esta investido de todas las caracterizaciones
negativas relacionadas con su ejercicio tradicional y partidario.
El partido habla de jerarquías, de corrupción, de concentración del poder
económico, en fin, de un sistema en el cuál solo son parte para ser «usados»
en la retroalimentación de su mecánica.
¿En qué momento sentís que haces política?
- No, no siento que haga política.

21 Lazzarato, M. «Del biopoder a la biopolítica».


75
-¿No es una actividad política lo que hacen en el MTD?
- No, no siento eso. Lo siento como ayudar a la gente, estar juntos para ver si
se pueden cambiar las cosas, pero no hacer política, porque si quiero hacer
política en este momento ya hubiera venido un concejal. (Agustín)
La diferencia la aporta Javier que se reapropia del término, pero expone
claramente las oposiciones con su ejercicio partidario.
Tal como él lo expresa la redefinición del término política lejos de tener
cerrado su sentido, se encuentra en disputa y esa disputa por el poder
de nominación muchas veces implica una discrepancia explícita en el
campo de las acciones.
Según Zibechi22 en estos nuevos movimientos sociales la ideología no
se presenta como un elemento unificador. Se registra un pluralismo de
ideas y de valores que conviven, se entremezclan y también entran en
confrontación. Pluralismo basado en su carácter no suturado, en el elo-
gio que profesan de la multiplicidad de miradas, pero también en discur-
sos muy arraigados en la sociedad capitalista. Eso es lo que permite que
al interior del MTD que nos encontremos con definiciones diferentes de
un mismo concepto.
- ¿Sentís que hacen política?
- Sí, para nosotros todo es política, si entendés la política como una forma de
relacionarse.
La política partidaria, la política tradicional no me interesa, pero si creo que
todo es político.
(…) hay momentos que son muy chotos, hay momentos de rosca, que tenés
que bancarte la rosca de los otros, que te peleaste con aquel… , porque
lamentablemente también como en todas relaciones humanas, la política no
todos la entienden de la misma manera, entonces hay rosca, hay pelea, pero
también hay cosas lindas .
Estuve en otros espacios de militancia pero ninguno me había marcado tanto
como este, por el tema de la concepción de vida que tenemos, ojo que todos
los compañeros no piensan igual, hay otros que te van a decir: yo no quiero
hacer militancia, yo estoy en el movimiento porque no me queda otra, quiero
que mi hijo sea un grande y que me salve mañana (Javier)
Entre las premisas que los definen se encuentran la horizontalidad, la
autogestión y autonomía. La primera está todo el tiempo en evidencia
en sus relatos, y aparece vinculada a la igualdad. Ésta se gesta en la
cotidianeidad, para eso intentan preservan los espacios que la garanti-
cen, como la asamblea, la participación de todos en las actividades, la
socialización de la información, la rotación de actividades, entre otros.
Sin embargo, su ejercicio no está libre de conflictos. Al interior del mo-
vimiento se reconocen diferencias entre los roles de los integrantes. Así
hay lugar para la existencia de referentes. Las diferencias establecidas
no están dadas por una jerarquización a priori, sino tal vez, por el delica-

22 Zibechi, R. La revuelta Juvenil de los ´90: las redes sociales en la gestación de una
cultura alternativa, Ed. Nordam, 1997, Montevideo.
76
do equilibrio entre trayectoria política previa, tiempo disponible, cierto
grado de compromiso y fundamentalmente la formación.
- ¿Cómo explicas vos las diferencias entre los integrantes del movimiento?
- Las personas somos diferentes y venimos de historias diferentes. Yo vengo
de una historia de militancia mínima pero vengo. Hay compañeros que no
tiene ni idea de la militancia.
(…) acá tratamos que no pase eso, de que no terminen rosqueando los refe-
rentes. Muchas veces puede pasar, pero depende del tema, si vas a discutir
sobre el reparto de mercadería te puedo asegurar que opinan todos, si es una
cuestión mas política por ejemplo compañeros está Enero Autónomo a ver
que postura vamos a llevar, opinan menos
- ¿Y por qué?
- muchos porque no les interesa, otros porque sienten vergüenza, otros
porque creen que no saben lo que es, por más que se recontra discutió, hay
compañeros que se sientan en un taller de educación popular tres horas ahí
para cumplir horario nada más ¿me entendés?
- ¿y queda algo de eso?
- no sé si queda, supongo que queda, en algunos queda, no en todos. Pasa que
es mucho más a largo plazo imaginate, vos estudiaste seis años en la facultad
para que te quede eso que estudiaste. ¿Cuánto le podés pedir a un tipo que se
sienta solo tres horas por semana en un taller? (Javier)
Por su parte la autonomía apunta a intentar «no depender de nadie», y
se une a la autogestión de los talleres productivos que realizan en cada
barrio. Autonomía sin embargo no refiere al aislacionismo, de hecho
mantienen asiduas relaciones con otros grupos que comparten sus
premisas.
Con este postulado intentan explicar también, el delicado vínculo que
establecen con el Estado y la función que cumplen los planes sociales
que les entrega el gobierno.
- ¿Cómo resuelven el tema de la autonomía del tema de estar dependiente de
los planes?
- Nosotros precisamente decimos que nuestra autonomía es la autonomía
posible, la autonomía que podemos conseguir. No es la autonomía que quere-
mos, para esa falta mucho
-¿Y a la que aspiran cuál es?
- La que queremos es una autonomía donde nosotros no tengamos que depen-
der de nadie más de que nosotros mismos o sea depender en el sentido
jurídico. No significa que no tengamos que relacionarnos con otros. Sí tiene
que haber relación, pero no podemos estar toda la vida dependiendo de lo que
el estado resuelva todos nuestros problemas. (Javier)
Como sucedió en las anteriores preguntas, el plan no tiene clausurado
su sentido. Así mientras para Javier el plan es algo que coarta la autono-
mía del movimiento, para los otros dos entrevistados el plan parece
tener un peso simbólico más allá del representado por la necesidad
cotidiana -o será acaso que uno lejos de padecer esos apremios econó-
micos no logra dimensionar el peso que representan ciertas necesida-
des insatisfechas-.

77
A pesar de ello sin embargo, por los relatos recogidos, los planes pare-
cen ubicarse como credenciales legitimadoras del «buen militante». Cada
uno lucha por lograr su plan y éste le pertenece al titular y no al MTD en
su conjunto, son de las pocas cosas que no son tratadas
comunitariamente. El plan parece representar en algunos casos, un cer-
tificado de compromiso con el movimiento y/o en otros la recuperación
de la dignidad perdida conjuntamente con el trabajo, a través de la
contraprestación laboral y la lucha que implica conseguirlo.
- Acá cualquiera que se acerca al movimiento y pide un plan ¿se lo gestionan,
o piden algún requisito?
-Esperamos que participe, el requisito es participar en la asamblea, de los
cortes, que venga y que cumpla.
-El plan lo gana cada uno, en la lucha, luchando, yendo a la ruta si es necesa-
rio, como lo hicimos todos. (Agustín)
-¿Qué se significa cobrar un plan jefes?
- Un plan es que vos te ganas dignamente la plata, no te la están dando de
arriba, como la quieren hacer creer, vos te estas dedicando a algo,(…) te sentís
útil, no me gustaría estar sentada en mi casa y que después tengas que ir a
cobrar , eso seria un ñoqui (María)
Por último, las diferencias con la política partidaria se fueron intercalan-
do en los postulados anteriormente tratados. Pero cuando se les pre-
guntó directamente por estas diferencias, la igualdad vinculada con la
horizontalidad fue el precepto más mencionado en todos los entrevista-
dos. Javier lo sintetiza en su relato
- ¿En qué se diferencian de los partidos políticos?
- En que no tenemos una estructura de partido, y tampoco peleamos por el
poder, ni por la migaja de poder. (…) no tenemos formación de cuadro, no
tenemos dirigentes, tenemos referentes, hay una diferencia entre dirigente y
referente. El dirigente decide, lleva y hace. El referente acompaña, trata de
generar espacios, abre los espacios, hincha las pelotas, va al frente, pone la
cabeza cuando hay que ponerla. El dirigente en las movilizaciones tiene un
grupo de escoltas que lo cuida, el referente cuida él, no lo cuidan, ¿entendés? Va
al frente y pone la cabeza por otros compañeros. El dirigente va colgado con un
montón de escoltas. Que sé yo, después la forma de laburar horizontal que
tenemos, la concepción política, la concepción de vida, el sentido comunitario
del movimiento, la organización, es una organización muy, muy... si bien somos
despelotados pero somos organizados en el mismo sentido, tenemos una es-
tructura de organización. No es que cada cual hace lo que se le da la gana, es
organizado todo, todas las áreas del movimiento, el área de salud, el área de
mercadería, el área de formación, el área de relaciones políticas (Javier)
Consideraciones finales
El movimiento, como cualquier colectivo donde se reúnen y convergen
un grupo de hombres y mujeres, no se presenta como un todo homogé-
neo. Entre sus premisas básicas se encuentran la ya consabida igual-
dad, y no es menor, ya el sólo hecho de una proclama de igualdad y
horizontalidad habla de las particulares características de este agrupa-
miento. Tal vez ahora en boga en ciertos círculos sociales, estos adjeti-
vos no son sin embargo característicos de todos los agrupamientos
78
políticos. Es así como no están presentes dentro de una formación parti-
daria, ni en muchos otros ámbitos de la vida social.
La igualdad se fija como basamento y gesta en la cotidianidad, pero
como recién sosteníamos, eso no indica un traspaso sin tensiones a una
homogeneidad pacífica.
Las tensiones, las afinidades, los diferentes niveles de compromiso, es-
tán presentes y configuran diferentes tipos de vínculos al interior del
colectivo.
Entre los integrantes están quienes traen consigo una militancia previa,
están también los que cuentan con una formación tanto política como
académica mayor, están quienes tienen más tiempo para dedicarle a la
actividad política. Todos coinciden en sostener que si bien al interior del
MTD son iguales, existen referentes a los cuales la mayoría acude en
búsqueda de consejos y/o apoyo en determinadas situaciones. Estos
referentes tienen la particularidad tal vez, de contar con un dominio de
los recursos lingüísticos y simbólicos más semejantes a los de las clases
medias. En general pudieron seguir estudiando vía la educación formal y
se encargaron de acercar al movimiento a las discusiones teóricas en
boga en el mundo de las ciencias sociales.
Entre las entrevistas realizadas está claramente presente está distinción.
Javier como referente con una trayectoria política más amplia que la de
los otros dos entrevistados y, con una carrera universitaria a punto de
terminar, tiene un mayor dominio de los basamentos teóricos que sus-
tenta el MTD. Por su parte, el conocimiento de Agustín y María ancla
más en el terreno de la experiencia.
Sin por eso ser excluyentes, ni privativas de alguno en particular, estas
dos miradas del MTD -que se establecen entre Javier y los otros dos
entrevistados- dan cuenta de la multiplicidad del movimiento, de sus
diferencias, que en tanto son aceptadas lo nutren de mayor riqueza.
El movimiento en su elogio de la diversidad y del carácter irresuelto de
las acciones, se encuentra también con las dificultades relacionadas con
la continua reelaboración de sus prácticas y significados.
El MTD como sosteníamos recién, no forma un todo homogéneo, y el
precio por no acallar las voces diversas que lo componen implica apre-
hender a esperar. Alimentados por las premisas del Zapatismo, intenta
«caminar preguntando» y se nutre de paciencia. Los tiempos de cons-
trucción son otros y están centrados fundamentalmente en la formación.
Formación entre teoría-práctica y práctica- teoría, como ellos lo expre-
san, que apunta a modificar los patrones de sociabilidad, a correr los ejes
de importancia, a cuestionar lo establecido; para así cambiar las prácti-
cas instauradas.
Este proceso fue visualizado claramente en los relatos de los entrevista-
dos. El poder y la política se presentaron como dos conceptos relaciona-
dos todavía con modalidades características de una sociedad que ellos
apuntan a modificar y por ello fueron rechazados.
En tanto el poder siga asociado -en sus representaciones- con su moda-
lidad jerárquica, sustancializada, característica de un modelo de domina-
ción, es lógico que desechen esta categoría para hacer aprensibles sus
experiencias -fundadas en la horizontalidad, autogestión y autonomía-
con otros términos. Lo mismo sucedió con el concepto de política. Ésta
se encuentra asociada aún con su ejercicio tradicional y partidario.
La lucha por el poder de nominación es aquí reactualizada constante-
mente. En ella se mezclan el intento por respetar y nutrirse de la multipli-
cidad, pero a su vez también resabios de un modelo de sociedad muy
arraigado en la discursividad social.
En contrapartida si tenemos en cuenta el cambio en las actividades
cotidianas de estos sujetos, los vínculos establecidos al interior del
MTD, la reapropiación de barrio, la caída de ciertos anclajes como los
partidos políticos, y la reinterpretación del concepto de resistencia y de
cambio social, podemos sostener que la participación en el movimiento
ha provocado una amplia reformulación de sus identidades como suje-
tos.
La identidad lejos de ser algo inmutable, da cuenta de un proceso inaca-
bado en constante reformulación, que no sólo permite sus subsisten-
cias en un mundo cotidiano plagado de adversidades, sino que los
reconfigura como sujetos portadores de capacidad en tanto recuperan
la posibilidad de elegir cómo vivir.
Tal como sostiene Zibechi la identidad lejos de ser una abstracción
ancla directamente en la vida cotidiana de los sujetos. Por lo tanto no
hay ninguna esencia apriorística que pueda definir nuestras identida-
des como sujetos, sino que son nuestros actos cotidianos los que defi-
nen una identidad no susceptible de ser clausurada.
El cambio social, la horizontalidad, la autonomía son conceptos que dan
cuenta en mayor medida la actividad política que los integrantes del
MTD realizan. Se distancian de lo dogmático para presentarse como
reglas de acción para la vida; no son preceptos sino modos de cristalizar
sus experiencias cotidianas.
Son muchos los interrogantes que nos quedan, de todas maneras, pudi-
mos observar y experimentar la particular forma que tienen los integran-
tes del MTD de habitar la política.
Ya sea nominado bajo el término de «política» o no, pensamos que
estamos aquí frente a una nueva forma de construcción de sociabilidad
anclada en el terreno cotidiano.

80
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MTD Solano, El pikete, Nros. 7 y 8.

81
5 CRECE DESDE Introducción:
EL PIE1 NOTAS El presente trabajo consiste en una primera aproximación al
SOBRE UNA Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de Sola-
EXPERIENCIA no, Provincia de Buenos Aires, a través de la cual intentare-
EDUCATIVA DE
RESISTENCIA mos dar una visión y efectuar un análisis acerca de los prin-
cipios rectores del movimiento y su relación con las prácti-
Mariano Alú, cas discursivas y efectivas de sus integrantes.
Valeria Saguier, El MTD de Solano está compuesto por vecinos de seis ba-
Alejandra rrios distintos: Monteverde, Florida, San Martín de San Fran-
Tarsitano.
cisco Solano (Quilmes), Iapi y La Sarita de Bernal (Quilmes),
y Resistencia (Berazategui).
Si bien esta investigación se refiere al Movimiento en gene-
ral, cabe destacar que nuestro trabajo de campo se centró
particularmente en uno de sus barrios, Monteverde.
Quienes integran el MTD de Solano son trabajadores des-
ocupados (dejamos para otro trabajo el debate acerca del
significado de estas palabras) que se reunieron en busca de
una manera diferente de vivir y con el objetivo de luchar
para lograr un cambio social profundo. Ellos mismos se de-
finen diciendo:
Somos un Movimiento de Trabajadores Desocupados, un movi-
miento popular, reivindicativo social y político, integrado por
mujeres y hombres trabajadores desocupados2
Nuestro interés en la investigación que dio lugar a este bre-
ve ensayo, radicó principalmente en tener un conocimiento
más directo y palpable que aquel que puede obtenerse a
través de los medios de comunicación.
El MTD de Solano es parte de nuestra lastimada sociedad y
como tal nos interesó conocer cómo es la vida de sus integran-
tes y qué piensan ellos de la realidad que hoy nos envuelve.
Quisimos conocer sus caras, conversar con ellos para oír sus
voces y compartir alguna de las actividades que llevan a cabo
dentro de la organización. De esta forma pudimos interiorizarnos
de los principios que rigen al Movimiento y tener aunque más
no sea una posible percepción de su realidad.
La hipótesis de nuestro trabajo se vincula directamente con
los principios que el Movimiento postula. Primero leímos lo
escrito por el propio MTD acerca de sus principios para luego
adentrarnos en el trabajo de campo, durante el cual nos fue
permitido participar de las Asambleas y de los Talleres de
Educación Popular. También realizamos varias entrevistas a

1 «Crece desde el pie». Canción con letra y música de Alfredo Zitarrosa.


2 Ésta y otras definiciones sobre el movimiento se encuentran en la página del MTD Solano
(www.solano.mtd.org.ar)
82
diferentes miembros del MTD -desde mujeres que promedian los cin-
cuenta y cinco años de edad hasta hombres jóvenes de no más de treinta
y cinco- además de entrevistar a uno de los coordinadores del Taller de
Educación Popular del barrio Monteverde. A través de estas entrevistas,
más la experiencia de estar en el lugar y en el momento en que se llevan a
cabo las Asambleas y los Talleres, pudimos conocer un poco el grado de
presencia y materialización de esos principios en las prácticas discursivas
y efectivas, tanto dentro como fuera del Movimiento.
Vale destacar que los principios que postula el MTD son autonomía,
horizontalidad y democracia directa. Sin embargo, para nuestra inves-
tigación consideramos más conveniente y enriquecedor hablar de soli-
daridad en lugar de democracia directa. Esta última supone como
precondición a la solidaridad como valor arraigado o subyacente en
cada una de las prácticas de quienes integran el Movimiento.
Se trata en definitiva del surgimiento de una nueva cultura política, basada en
la igualdad, en la solidaridad y en la convicción de que el cambio social se
construye día a día.3
Para el MTD de Solano, la horizontalidad, la autonomía y la democracia
directa no sólo son sus principios organizativos, sino que se han con-
vertido en su mayor desafío para la construcción del «hombre nuevo»
inserto en un entramado de relaciones sociales diametralmente opues-
tas a las capitalistas. Pero para la construcción de una economía solida-
ria y alternativa que permita o posibilite el encuentro de los «hacedo-
res» entre sí y con su «hacer» -como plantea Holloway4- rompiendo con
la lógica de opresión entre los hombres, el valor de la solidaridad pare-
ciera atravesar a todos y a cada uno de estos principios.
Porque autonomía no significa sectarismo, sino la solidaridad a través
de la coordinación en la lucha con otras organizaciones o movimientos.
Porque el principio de horizontalidad se erige sobre la concepción de
reconocer al otro como un igual, entablando un vínculo de respeto y
solidaridad entre los hombres y no de limosnas o asistencialismo. Y
porque la democracia directa está íntimamente ligada a la noción de
horizontalidad e involucramiento solidario y consciente con la proble-
mática social (la participación). La construcción del hombre nuevo y de
una nueva sociedad son imposibles sino se basan o erigen sobre el
valor central y visceral de la solidaridad humana.
Es por todo esto, que la solidaridad junto con la autonomía y la
horizontalidad nos parecieron los principios claves que postula el Mo-
vimiento así como las piedras fundamentales en el desafío que enfren-
tan día a día: el cambio social.

3 Movimiento de Trabajadores Desocupados, en la Coordinadora Aníbal Verón. Cuader-


nillos, año 2002.
4 Holloway, John. Cambiar el mundo sin tomar el poder. Ediciones Herramientas, Madrid,
2002.
83
Partiendo entonces de los principios de «solidaridad», «autonomía» y
«horizontalidad», ¿cuál es el grado de materialización que tienen en las
prácticas discursivas y efectivas de los integrantes del Movimiento?
¿Se puede hablar de la construcción de una nueva subjetividad como
consecuencia de la efectiva interiorización de estos valores?
¿Los espacios de saber o producción de saber creados dentro del MTD
contribuyen a formar nuevas subjetividades que paulatinamente condu-
cirán a establecer condiciones más propicias para alcanzar, aún a muy
largo plazo, un cambio social profundo, sustentado en principios sociales
y equitativos, tales como la solidaridad, la horizontalidad y la autonomía?
Una posible respuesta sería que la materialización de los principios rec-
tores del MTD no se desarrolla de forma lineal ni homogénea en los
diferentes espacios que conforman la vida de sus integrantes. A medida
que nos alejamos del espacio visible y directo que constituye el MTD la
misma deviene más difusa y laxa. Esta es la hipótesis de trabajo que
planteamos en el inicio de nuestra investigación, y de la que intentare-
mos dar cuenta hacia el cierre del presente artículo.
Notas de campo:
En el Movimiento circulan un sinfín de valores y principios, que sin
embargo bien pueden verse sintetizados al interior de los tres anterior-
mente mencionados, y que para nosotros son de una inmensa riqueza y
radicalidad, y por lo tanto susceptibles de ser analizados con
detenimiento y cuidado. Intentar rastrear de qué forma se expresan tan-
to la solidaridad como la autonomía y la horizontalidad en las prácticas
discursivas y extra-discursivas de los integrantes del barrio de
Monteverde. Ese en nuestro desafío, en lo que se constituyó como una
primera experiencia de investigación y aproximación a la problemática
planteada. Por supuesto susceptible de muchos errores, y con más pre-
guntas que respuestas, intentamos ver de que modo los piqueteros del
barrio de Monteverde construyen y reifican dichos valores en sus dis-
cursos y la relación que se establece entre el mismo y sus prácticas
concretas de la vida cotidiana.
Tomamos como parámetros para nuestra investigación dos de los espa-
cios generados por el propio Movimiento que son las Asambleas y los
Talleres de Educación Popular. En cada uno de los barrios los vecinos
se reúnen semanalmente en Asambleas en donde se discute y se decide
con respecto a los pasos a seguir en la lucha y su posicionamiento
frente a la problemática social (de la misma forma en que también son
encuentros de carácter operativo donde todos se informan y deciden
acerca del desarrollo de los emprendimientos). Aunque numerosas y
abiertas a todos los miembros del MTD que deseen manifestar sus in-
quietudes, las Asambleas no cuentan con una participación tan amplia
como sus principios harían suponer. En las mismas, se intenta que las
decisiones que finalmente se toman sean consensuadas, a fin de desa-
rrollar una unidad y en pos de la construcción de un espacio plural al
84 interior de la organización.
En cada uno de los siete barrios que componen el Movimiento se realizan
Asambleas semanales, siendo estos el ámbito de discusión y decisión por
excelencia5
Asimismo, algunos de los barrios organizaron y llevan adelante un Ta-
ller de Educación Popular. Este Taller se realiza una vez por semana al
igual que la Asamblea y consiste en un espacio y un tiempo en donde
los miembros del MTD se reúnen para intentar comprender, entre todos,
quiénes son y porqué están donde están. Y también para compartir
aquello que «no saben».
Elegimos combinar la observación no participante con algunas entre-
vistas en profundidad que abarquen distintos sexos, edades, antigüe-
dad en el Movimiento y experiencia militante previa. No tienen ninguna
pretensión de describir la composición del Movimiento de una manera
acabada o definitiva, sino más bien conforman un intento de describir
un mosaico a partir de los hilos comunes que lo atraviesan; cómo sur-
gen nuevas prácticas a partir de, y alterando a su vez, la reflexión con-
junta y la interiorización de los principios fundamentales del MTD.
A partir de las charlas con distintos integrantes del Movimiento que
pueden considerarse con un cierto papel de referentes (papel resistido
tanto por la organización como por ellos mismos, pero que de manera
inevitable en todo grupo termina apareciendo en virtud del tipo de per-
sonalidad, facilidad de palabra, etc.), de las observaciones, del análisis
de las entrevistas y del cruzamiento de todos estos datos con concep-
tos de otros autores y del cotidiano ir y volver de la teoría a la práctica
y viceversa es que nos interesó preguntarnos en qué medida la adop-
ción como guía de los principios mencionados de Autonomía,
Horizontalidad y Solidaridad se realizan transformando la práctica y el
discurso de los integrantes del Movimiento.
Los principios y la praxis:
No es desatinado considerar al MTD Solano como un ámbito de ruptu-
ra. Es de hecho uno de los emergentes de un proceso de largo aliento
que tiene que ver con el nuevo posicionamiento de los sujetos políticos
en sentido amplio, ante la desaparición del Estado de bienestar y el
repliegue de los ámbitos de socialización popular que implicaban la fá-
brica y el partido político. Precisamente ahí es donde consideramos que
radica lo más importante de su aporte: una nueva experiencia de los
sujetos, acorde con las circunstancias en que viven y prestos a la elabo-
ración de nuevas formas de luchar pero también de nuevas formas de
pensarse a sí mismos y a sus organizaciones. Y a partir del todo que
compone al Movimiento, seleccionamos la Asamblea y el Taller de Edu-
cación Popular, ámbitos decisorio y reflexivo respectivamente (aunque
de ninguna manera estancos, ya que es imposible pensar la práctica y
la reflexión por separado) ya que son los espacios que en mayor medida

5 www.solano.mtd.org.ar
85
ponen en juego esa nueva manera de pensarse a sí mismos, de pensar el
contexto y gestionar las propias prácticas a partir de las reflexiones.
Desde una concepción foucaultiana de las relaciones, entendiendo que
toda relación social implica la puesta en juego de poder, en cualquiera de
sus formas y que a la vez la circulación y legitimación del saber altera y
es alterada por el poder circulante en las relaciones 6, se comprende la
centralidad de los ámbitos de la Asamblea y el Taller de Educación Po-
pular a la hora de ver la circulación de esos saberes/ poderes inescindibles
en la realidad.
Los Talleres de Educación Popular pretenden oponerse a una circula-
ción de saber determinada, de un solo sentido, originada en una posi-
ción de poder y funcional a él. Esto es tanto más difícil cuanto que la
relación entre saber y poder no está a la vista sino que se encuentra
disimulada tras una serie de nociones que tratan de desmentir esa rela-
ción7. Su propuesta es construir un saber que nazca y se desarrolle a
partir de las propias necesidades del colectivo, ya sean las necesidades
cotidianas y familiares como por ejemplo los temas relativos a la salud
(prevención y tratamiento de las enfermedades mas frecuentemente de-
tectadas entre sus miembros), o bien otros tipos de saber, necesarios
para la lucha que están llevando a cabo en el plano político, como por
ejemplo las jornadas de estudio y debate sobre el ALCA.
Se ve entonces claramente un intento por hacer del Taller de Educación
Popular un ámbito de producción de saber partiendo de las necesidades
propias del colectivo, y resistiendo a las filtraciones del discurso oficial
acerca de la imagen del ciudadano que los órganos de educación proponen.
Oscar Jara dice en su artículo Concepción Metodológica Dialéctica, los
métodos y las técnicas participativas de la Educación Popular, acerca de
la educación popular (EP):
La crítica al sistema de Educación Tradicional y a las concepciones ‘desarrollistas’
de la educación de adultos, fue abriendo camino para una concepción educativa
crítica y liberadora, como un arma, en las manos de las clases populares, orien-
tada para la transformación de la realidad. De un énfasis puesto en programas
de alfabetización de base y en la implementación de métodos y técnicas activas
y dialógicas, con el objetivo de problematizar las situaciones de opresión, se
fue pasando a una concepción directamente política de la tarea educativa, colo-
cándola en función de los procesos de movilización y organización de las clases
populares.» La concibe como un proceso teórico-práctico que une permanen-
temente el conocimiento y la acción, y no como un «momento» aislado; tam-
bién como una opción del trabajo popular, y no como un conjunto de métodos,
técnicas o procedimientos investigativos o pedagógicos; es un proceso de des-
cubrimiento, creación y recreación de conocimientos; es fundamental el conoci-
miento que los participantes tienen adquirido por su experiencia así como los

6 Foucault, Michel. Arqueología del saber, Siglo XXI editores, Madrid, 1986.
7 Bourdieu, Pierre y Passeron , Jean Claude. Los Herederos. Los estudiantes y la cultura.
Siglo XXI editores Argentina, Buenos Aires, 2003. En esta obra demostraron con claridad
la presencia en el sistema escolar de situaciones que perpetúan las diferencias de clase, a pesar
de que el discurso oficial de la escuela pública se esfuerce constantemente en desmentirlo.
86
valores y riquezas de las expresiones culturales propias de las clases popula-
res; es un proceso que debe responder a las necesidades concretas de un grupo,
segmento social o de una comunidad.8
Podemos citar algunas características para definir el ámbito en el que
nos movimos durante la investigación. En primer lugar, la misma existen-
cia de un Taller de Educación Popular en cada barrio implica una toma de
posición con respecto a la producción y circulación de conocimiento al
interior del MTD.
Cada uno cuenta con dos o más referentes que se reúnen periódicamen-
te y proponen las dinámicas, conectan al MTD con diversos posibles
invitados a los Talleres (como equipos de estudiantes de medicina, pro-
ductores de medicinas naturales a partir de plantas, etc.) que se acercan
a compartir sus conocimientos. Pero también tienen una particular ri-
queza los momentos del Taller en los que los mismos integrantes del
MTD intercambian sus visiones y preocupaciones, y construyen nue-
vas conceptualizaciones a partir del debate y la puesta en juego de los
saberes de cada uno. La filosofía que anima al Taller pudo ser graficada
con mucha exactitud por uno de los referentes a partir de la historia en la
que un maestro pudo enseñar, o más bien, ayudar a construir, conoci-
mientos que él mismo no tenía, en un doble juego en el que todos los
sujetos que establecen la relación aprenden a partir de la construcción
colectiva del saber.
Esta concepción de la educación se corresponde con lo que Paulo Freire 9
denomina educación popular como opuesto a la educación bancaria, la
cual concibe al alumno como un espacio vacío de conocimientos que
sólo será valioso una vez depositado en él el saber que el maestro trae
desde fuera. El principio de la construcción colectiva del conocimiento
aparece tanto en los temas que se tratan en el Taller (siempre surgen de
las inquietudes de los asistentes) como en la dinámica que tiene lugar
en cada uno de los encuentros. Nos llamó particularmente la atención
en nuestras primeras experiencias en el Taller que los tiempos están
mínimamente pautados; no se aprecia una estructura formal que divida
al trabajo en etapas como podrían ser una introducción, desarrollo y
conclusión. Algunos encuentros tienen un final que parece diluirse sin
un cierre definitivo. Al indagar sobre esto, supimos que muchas veces
la misma idea de los asistentes es no cerrar el encuentro, atándose a
conclusiones sacadas sin un proceso de maduración que puede darse
recién en encuentros posteriores.
Las actividades que se desarrollan en los Talleres de Educación Popular
tienden a obtener la mayor participación posible de quienes eligieron

8 Jara, Oscar. La concepción metodológica dialéctica, los métodos y las técnicas


participativas en la Educación Popular, en AAVV «Educación Popular, experiencias y
desafíos», Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2001.
9 Pérez, Esther. Qué es hoy la Educación Popular para nosotros, en «Educación Popular,
experiencias y desafíos», Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2001.
87
estar allí presentes y que cada uno se lleve consigo su experiencia perso-
nal. Por esto es que los Talleres no tienen un cierre formal y general sino
por el contrario buscan generar en cada participante saberes «auto-ad-
quiridos». Es decir, la idea no es transmitir conocimientos técnicos -aun-
que pueden aparecer según como se van desarrollando las actividades-
sino educar para «emancipar», para incentivar en los participantes un
desarrollo psíquico y emocional que permita en algún punto crear nuevas
subjetividades. Quizás, con una mirada hacia adentro más benévola y
conciente, que dé lugar a un mejor y más fortalecido estado de ánimo.
Un camino circular entre las prácticas discursivas y las extra-discursivas
(efectivas, concretas) va construyendo una subjetividad particular entre
los integrantes del Movimiento a partir del eje que marcan los principios en
cuestión. De todos modos, cada espacio, cada Taller busca ser un ámbito
de reflexión acerca de la propia práctica y de los principios del Movimiento.
Rondas semanales de reflexión acerca del desempeño del taller o
emprendimientos (ya sea la panadería, el Taller de Educación Popular, la
marroquinería, etc.) y la Asamblea general del barrio, también de frecuencia
semanal, son espacios donde la reafirmación constante de los principios
rectores los ayuda a transformarse en acto de manera cotidiana.
¿Cuál es el papel entonces que el Taller de Educación Popular y la Asam-
blea tienen en la construcción de estas nuevas formas de subjetividad
signadas por la autonomía, la horizontalidad y la solidaridad? ¿Cómo
esta misma construcción altera la práctica que el propio Taller implica y
se derrama a su vez a otros ámbitos donde, al establecer relaciones
sociales, hace a los sujetos poner en juego estas concepciones?
Responder estas preguntas nos permitirá conocer en qué medida estas
instancias de encuentro -el Taller y la Asamblea- logran el objetivo de
generar una conciencia alternativa de sí mismos y de la realidad en sus
integrantes, redefiniéndose a sí mismos en un contexto social en el que
las viejas subjetividades pierden la consistencia que las caracterizaba y
se licuan inexorablemente. A partir de la perspectiva de R. Sennett10 es
que ubicamos al MTD Solano como un ámbito de resistencia frente a la
problemática causada por el fin del Estado de Bienestar y las nuevas
condiciones de trabajo y de articulación de las identidades.
No podemos omitir que los Planes Sociales de $150 por mes que otorga
el Estado son uno de los motores que llevan a los compañeros del MTD
a participar de las Asambleas y de los distintos Talleres. No obstante, se
desprende de las entrevistas realizadas y de la observación de la diná-
mica propia del Movimiento que las personas que participan del mismo
encuentran espacios y tiempos de compañía y comunión de estados y
proyectos. El MTD intenta reestablecer – al menos un poco – los tejidos
sociales que fueron y están tan destruidos por la acción del sistema

10 Sennett, Richard. La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo
en el nuevo capitalismo, Anagrama, Barcelona, 2000.
88
imperante, sobre todo y en particular, en el conurbano bonaerense. La
idea de los que viven el Movimiento es generar un lugar y un tiempo
propios para trabajar día a día en la búsqueda constante de una nueva
sociedad.
Crear un mundo donde quepan todos los mundos» mediante el atrevimiento
y la verdadera valentía que implica poner la mirada sobre uno mismo - «atre-
verse a confrontar ese enano fascista que todos llevamos dentro». El zapatismo
es sin lugar a dudas una fuerza de gran inspiración y aprendizaje para la gente
de Solano.
Se podría pensar en el MTD de Solano como en una construcción
paradojal acerca de lo que Negri llama «Poder constituyente». Por un
lado, la manera en que el MTD rechaza la «forma estado» como tal y
busca la construcción de una estructura organizativa alternativa bajo
los postulados de la horizontalidad y la autonomía; y por el otro la
amenaza constante de que la potencia emancipadora que inspira al Mo-
vimiento quede cristalizada e instituida en «acto». El MTD desea cons-
truir un poder constituyente que logre en el día a día la transformación
del mundo, el cambio social por ellos tan aclamado. El poder-acción y
no poder-sobre, en su más honda y densa potencia creadora. Desafío
de por sí difícil, so riesgo de haberse convertido en acto lo que inicial-
mente en la figura del piquete no fue más que potencia creadora y revo-
lucionaria en su radicalidad. Hoy, muchos de los integrantes del Movi-
miento expresan sentir que la «mística» del piquete se perdió, que ya no
viven la misma alegría; y se encuentran entonces ante un crucial y deci-
sivo momento para no permitir que el carácter acontecimental de su
lucha puesta en acción sea destruida. Batalla sin lugar a dudas perdida
si dejaran de creer en la transformación de la subjetividad del hombre
mediante su trabajo diario al interior del Movimiento. Y no es casual que
muchos critiquen a los que «vienen sólo por el plan» o a los que aban-
donaron el barco ante algún apretón o una interesada recompensa; aun-
que también saben que la «política es el arte de la paciencia»11 y que la
lucha contra nuestra propia conciencia cargada de individualismo vale
en cada segundo y para cada una de nuestras pequeñas prácticas coti-
dianas. Quizás no se trate tanto de pensar hacia dónde dirigir la lucha,
qué forma es válida para la construcción de este nuevo mundo deseado,
sino la acción como tal en su modo o forma más humana posible, donde
los principios de la igualdad y la solidaridad sean los rectores.
Tanto los Talleres de Educación Popular como las Asambleas están
atravesados por la lógica que propone el MTD y que se condensa en los
principios filosóficos que ya hemos mencionado: horizontalidad, auto-
nomía y solidaridad.
La horizontalidad se verifica en estos ámbitos al no existir roles diferen-
ciados jerárquicamente ni responsabilidades o funciones que no sean

11 Badiou, Alan. Conferencia Movimiento social y representación politica - en el marco de


«Hacia el tercer encuentro nacional por un nuevo pensamiento» Buenos Aires, abril de 2000.
89
rotativas y asumibles por cualquiera de los integrantes. Es largo, sin
embargo, el camino de la construcción de la plena horizontalidad, y el
Taller muchas veces reconoce la dificultad para que la participación sea
total. Es un cambio de mentalidad importante el que debe operarse antes
de que cada uno se admita a sí mismo en igualdad de condiciones y
responsabilidades con todos los demás, particularmente en una socie-
dad en la que la diferenciación y jerarquización social operan a todo
nivel, tanto en la escuela o la fábrica, como en todos los demás campos
(en el sentido que Bourdieu otorga al término) que puedan pensarse.
La autonomía radica en la posibilidad de desarrollar las diversas prácti-
cas cotidianas en un ámbito de independencia con respecto al Estado (y
por lo tanto los mecanismos oficiales de formación y certificación educa-
tivos), los partidos políticos, los sindicatos, la iglesia, e incluso, implica
conservar la relación con otros movimientos sociales en el difícil equili-
brio que implica la noción de coordinación. Ésta consiste en compartir
concepciones y actividades pero siempre a partir de no perder el carácter
autónomo de los que la integran y de consensuar todas y cada una de las
decisiones. La dificultad de mantener este equilibrio llevó al MTD Sola-
no a retirarse de la coordinadora Aníbal Verón por considerar que ésta
«reproducía las lógicas del sistema con dirigentes y representantes
mediáticos que no elegimos y que se van transformando en una direc-
ción política»12. Se privilegia el consenso y la solidaridad por sobre el
número, ya que, se expresa en el mismo comunicado, llevaría a una con-
ducción que coarte en lugar de generar el ambiente para el crecimiento y
la participación.
La solidaridad es otro valor que se hace presente de forma cotidiana en estos
espacios. Desde la ubicación en forma circular (inclusiva, igualitaria, contra-
ria a la disposición tradicional de la escuela en la que todos los pupitres
apuntan al maestro, al «portador de saber») hasta la constante presencia de
mates, bizcochos o cualquier cosa que alguien haya cocinado, contribuyen
a crear un ámbito de cooperación. Muchas veces vimos asistentes que
salían del Taller para continuar alguna tarea (por ejemplo en el horno de pan
o en la huerta) y al regresar eran «puestos en tema» por los demás.
Una vez caracterizados aunque muy someramente, el clima y las formas
en las que se desarrollan el Taller de Educación Popular y la Asamblea; y
cómo los principios rectores del MTD se hacen presentes en estos ámbi-
tos, podemos proponernos un análisis de los distintos espacios de la
cotidianeidad de los integrantes del MTD y tratar de medir en qué grado
estos principios se ponen en práctica. Es decir, cómo la participación en
el Movimiento impacta sobre la subjetividad de sus integrantes, logran-
do o no, según el caso, convertirse realmente en una alternativa integral
frente a la descomposición social que nos circunda.

12 Comunicado del MTD del 20-9-03.


90
Por ejemplo uno de los ámbitos en los que notamos una mayor incorpo-
ración de nuevas formas de subjetividad: el tiempo. Éste es un ámbito en
el que el MTD se ha propuesto, y ha conseguido, organizarse a partir de
sus propias necesidades e intereses 13. El principio defendido de demo-
cracia directa, con la consiguiente discusión en la Asamblea de cada
uno de los cursos de acción, y la búsqueda del consenso unánime antes
que las imposiciones de la mayoría, implican un uso del tiempo que no
puede someterse a los dictados de la modernidad con su creciente ace-
leración y utilización intensiva del tiempo. Es evidente la inspiración
zapatista de esta concepción, ya que fue el EZLN quien propuso desde
su aparición el respeto de los propios tiempos de sus integrantes 14.
Cuando se habla de crear espacios que generen condiciones para el
crecimiento tiene que ver precisamente con esta concepción del tiempo:
«llegaremos en el último vagón, o nos perderemos el tren y esperaremos
el otro, pero llegaremos todos juntos». La apuesta prioriza la construc-
ción interior de cada uno de los integrantes del movimiento por sobre la
«ejecutividad».
Otro ámbito clave para pensar las transformaciones que estas reflexio-
nes mueven en sus integrantes es el del planeamiento y ejecución de
proyectos al interior del MTD. La práctica intra-Movimiento está con-
cebida desde su raíz de manera coherente con los principios y es fácil de
ver para quien se acerca desde afuera. Cada una de las propuestas se
somete a la discusión en el ámbito y el momento correspondiente, todas
las inquietudes son tratadas por los demás.
Todos entienden esta forma de conducirse al interior del Movimiento
como lo esencial del mismo, y a la vez como lo que lo diferencia del
«afuera»:
(...) en mi vida nunca había participado de nada, nunca estuve en nada de
política. Esto fue muy nuevo para mí. Lo viví un poco con miedo, pero miedo
a lo que no conocía: ver la manifestación, ver un corte de ruta desde un
televisor sentado desde mi casa es muy distinto a vivirlo de adentro(...)
Después hice mis propias reflexiones de lo que vivía, hoy saco mis propias
reflexiones de cómo vivimos con mis compañeros y me agrada» (Entrevista a
C., MTD Solano, 5 de diciembre de 2003);
Vine a ver y me gustó. Vi muchos errores. No me quedo por la plata sino
porque me gusta el grupo, compartir. A través de la experiencia vamos apren-
diendo» (Entrevista a A., MTD Solano, 12 de diciembre de 2003);
(...) la palabra es «se respira otro aire». Yo no vendría si no tuviera ganas de
estar con mis compañeros, de estar en la lucha al lado de ellos. Me parecería
ridículo venir obligado porque estoy con el plan de 150 [pesos] aunque yo
hoy no estoy ni siquiera cobrando» (Entrevista a J., MTD Solano, 5 de
diciembre de 2003).

13 en este tema nos basamos en Ferrara, Francisco. Más allá del corte de rutas. La lucha
por una nueva subjetividad. La Rosa Blindada, Buenos Aires, 2003.
14 Frente Zapatista de Liberación Nacional Centro de formación para promotores en
educación «Semillita del Sol» en AAVV Educación Popular. Experiencias y desafíos, Univ.
Popular Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2001.
91
La forma de relacionarse entre sí de los integrantes del Movimiento, la
apertura hacia los demás y el compromiso en la participación es visto
por los propios integrantes del MTD como una de las claves del cambio.
En varias de las entrevistas aparece el diagnóstico «algunos no hablan
en las reuniones ni participan, están sólo por el plan» o bien «el día que
ya no haya mas planes ninguno de estos va a seguir viniendo». Quienes
así se expresan muestran una auto percepción de su compromiso con la
organización y del cambio de mentalidad que se busca operar a partir de
esta militancia. Aprender a trabajar sin un patrón que controle y mande
es uno de los tópicos que más aparecen a la hora de pensar en las
transformaciones necesarias para los integrantes del Movimiento.
La relación con el sistema educativo formal refleja cierto grado de ambi-
güedad. La escuela es vista en algunos momentos como representante
del orden establecido y contraria a las nociones que el Movimiento
busca hacer aflorar en las prácticas de sus integrantes (entrevista a O.,
MTD Solano, 4 y 11 de Septiembre de 2003), y en otros momentos apa-
rece como permeable a las propuestas del MTD y abierta a la colabora-
ción (entrevista a M., MTD Solano, 12 de diciembre de 2003). Si bien el
Movimiento tiene entre sus proyectos la fundación de una escuela pri-
maria propia, los puntos de contacto con otros movimientos que ya han
transitado este camino tienden a disminuir ante las diferentes realida-
des. Tanto la experiencia de las escuelas zapatistas como las del MST de
Brasil, se inscriben en una realidad en la cual la presencia de la educa-
ción formal es prácticamente nula, mientras que en el caso del MTD
Solano su carácter urbano implica una relación de la casi totalidad de los
niños con la escuela pública al menos en sus primeros años.
Los Talleres de Educación Popular se articulan a partir de las bases que la
escolaridad formal sentó en los asistentes y se transforma en un ámbito
principalmente de pensamiento y reflexión sobre la práctica militante.
En las prácticas cotidianas al interior de la familia, los sujetos entrevistados
alcanzan a percibir la puesta en juego de los principios sustentados por el
Movimiento. Un dato importante a tener en cuenta es el alto porcentaje de
mujeres que concurren al MTD y participan en todas las actividades. La
tradición patriarcal de nuestra sociedad tiende a imponer el modelo del
varón proveedor que tiene o busca trabajo afuera para mantener a la familia
mientras que la mujer se encarga de lo relacionado con el hogar y la crianza
de los hijos. En varias entrevistas aparecen casos de hombres desocupa-
dos que llegan al Movimiento a instancias de sus mujeres, ya participantes
activas, y estigmatizados por la vergüenza que supone no poder desempe-
ñar ese rol que la sociedad tradicional les tenía reservado.
Podemos decir que en las diversas dimensiones al interior del MTD (uso
del tiempo, organización interna, relaciones interpersonales de sus miem-
bros) los principios trabajados han alterado en una amplia medida las
«nociones tradicionales» de sus integrantes, contribuyendo a la articu-
lación de una nueva forma de lucha que es también una nueva forma de
pensarse a sí mismos y a su relación con el medio social en el que están
92
insertos. Una nueva subjetividad surgiría de la construcción e
internalización, y consiguiente puesta en práctica de estos principios.
Con respecto a los ámbitos particulares, es decir, más allá de la perte-
nencia al MTD, como las relaciones intra-familiares, la adopción de los
principios es bastante más débil. A pesar de que la mayoría de los inte-
grantes del Movimiento son mujeres, sólo algunas han logrado sumar a
sus maridos. Estas mujeres dan cuenta de un cambio operado en sus
familias a partir de la participación en el MTD: hablan de mayor colabo-
ración, independencia entre sí, respeto mutuo. No obstante, su peque-
ño número no nos permite inferir que las relaciones al interior de las
familias del barrio hayan variado significativamente.
Hay conciencia entre los miembros del MTD de que la consolidación de
los principios políticos que postulan necesariamente requiere de tiempo
y una labor constante día a día sin certezas ni garantías de que los
objetivos se lograrán. La finalidad es modificar su realidad hoy, día a día.
Pensar y focalizar en el camino y no en la llegada:
Si estuviésemos convencidos que tenemos un objetivo que lo vamos a cum-
plir, que vamos a llegar ahí, estaríamos perdidos. Ya no tendría sentido
luchar....porque dirías «que lo hagan otros, si vamos a llegar igual. Sería un
determinismo (Entrevista a V., MTD Solano, 19 de diciembre de 2003).
Conclusiones preliminares:
Teniendo en cuenta lo dicho hasta aquí, algunas conclusiones se infie-
ren como corolario de este análisis. Si bien no ostentan un carácter
definitivo, dejan entrever algunos senderos en torno al análisis de las
subjetividades.
En primer lugar, se observa un alto grado de materialización de los princi-
pios rectores postulados por el Movimiento (horizontalidad, solidaridad
y autonomía) en las prácticas concretas de los individuos que lo integran.
Las distintas dinámicas que rigen la participación en el Movimiento po-
nen en juego, tanto en el registro de lo discursivo como en el de las
prácticas concretas o efectivas (nivel extra-discursivo), cada uno de los
principios mencionados. Desde la organización del Taller y la Asamblea,
sus formas de participación y de producción del conocimiento, hasta el
discurso de cada uno de sus miembros así como aquel que es producido
en forma colectiva al interior de estos espacios, muestran un consenso
articulado a partir de la conformidad con, y adopción de, estos valores.
¿Podemos deducir a partir de esto la emergencia de una nueva subjetivi-
dad entre los integrantes del Movimiento?
Consideramos la posibilidad de dar una respuesta afirmativa a este inte-
rrogante. Basados en los datos que surgen de nuestro trabajo de cam-
po, observamos tanto entre las prácticas discursivas como en las prác-
ticas efectivas o concretas de los sujetos, una lógica que contraría al
individualismo, a la persecución de los objetivos propios y particulares
en primer lugar y a una concepción de las organizaciones según una
lógica piramidal de lealtades estructurales. Más bien se observan for-
93
mas de relación que priorizan lo colectivo, la cooperación y el consenso
general en cualquiera de las dos esferas antes mencionadas.
Sin embargo, la construcción de este nuevo tipo de subjetividad más
inclusiva y solidaria, no deja de presentar fisuras. Construcción sin
lugar a dudas contradictoria y de destino incierto en la medida en que
tiene que oponerse a concepciones hondamente arraigadas en el acervo
cultural de la sociedad occidental post-industrial.
Se van produciendo fisuras en la dominación capitalista, en estas tomas de
espacios o de tiempo- espacios. Fisuras por supuesto contradictorias.15
Este desafío arduo, lento, de hormiga, complejo, se da de frente contra
las carencias cotidianas, el clientelismo político, la fatiga, la desilusión
ante un camino que se hace cuesta arriba.
Por todo esto se entiende que a medida que nos alejamos del espacio en
el que se trabaja de una forma más reflexiva, conciente y cotidiana para
la creación de esta forma alternativa de ver y vivir el mundo, es decir el
MTD, los avances sobre el camino recorrido se diluyen, atenuando su
impacto sobre las prácticas concretas de los individuos.
Parafraseando a Badiou, bien vale decir que la política es un arte; y
esencialmente es el arte de la paciencia, que como tal impone sus pro-
pios tiempos –adversos o alternativos a los tiempos de la economía
moderna – y sus propios espacios – también contrarios al espacio de la
representación. Se trata de dar rienda libre a la creación; y el MTD ha
sabido enfrentarse a la monotonía dominante recorriendo un sendero
que, aunque incierto no por eso menos prometedor.

15 Movimiento de Trabajadores Desocupados, en la Coordinadora Aníbal Verón. Cua-


dernillos, año 2002.
94
Referencias bibliográficas.
Badiou, Alain. Conferencia Movimiento social y representación política, en el marco de
«Hacia el tercer encuentro nacional por un nuevo pensamiento». Buenos Aires, abril de
2000.
Bourdieu, Pierre y Passeron, Jean Claude. Los Herederos. Los estudiantes y la cultura.
Siglo XXI editores Argentina, Buenos Aires, 2003.
Chomsky, Noam. Asaltando la solidaridad: Privatizando la educación.
Ferrara, Francisco. Más allá del corte de rutas. La lucha por una nueva subjetividad. La
Rosa Blindada, Buenos Aires, 2003.
Ferrari, Sergio. La educación como prioridad y obsesión de los «sin tierra».
Foucault, Michel. Arqueología del saber, Siglo XXI editores, Madrid, 1986.
Frente Zapatista de Liberación Nacional. Centro de formación para promotores en educa-
ción «Semillita del Sol» en AAVV Educación Popular. Experiencias y desafíos, Univ.
Popular Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2001.
Holloway, John. Cambiar el mundo sin tomar el poder. Ediciones Herramienta, Madrid,
2002.
Jara, Oscar. Concepción dialéctica de la educación popular y La Concepción metodológica
dialéctica, los métodos y las técnicas participativas en la Educación Popular, en AAVV
«Educación Popular, experiencias y desafíos», Universidad Popular de Madres de Plaza
de Mayo, Buenos Aires, 2001.
Pérez, Esther. Qué es hoy la Educación Popular para nosotros, en «Educación Popular,
experiencias y desafíos», Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo, Buenos
Aires, 2001.
Revista Colectivo Situaciones. Hipótesis 891. De mano en mano, Buenos Aires, noviembre
de 2002.
Sennett, Richard. La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en
el nuevo capitalismo, Anagrama, Barcelona, 2000.

95
CUADERNOS PUBLICADOS
1. Departamento de Ciencias Sociales: Prevención y promoción de la salud
integral en la Ciudad de Buenos Aires. Organizaciones de la Sociedad
Civil. Natalia Bauni y Julieta Caffaratti.
2. Departamento de Ciencias Sociales: Cooperativa de recuperadores de
residuos. Exclusión social y autoorganización. Julio Gabriel Fajn.
3. Unidad de Información: Racionalización y democracia en la escuela
pública. La educación durante el período 1916-1930. Daniel Campione y
Miguel Mazzeo.
4. Departamento de Cooperativismo: La cooperación y los movimientos
sociales. Consideraciones sobre el papel del cooperativismo en dos
movimientos sociales. Trabajo colectivo (MTD Matanza, MOI, Mario
Racket y Gabriela Roffinelli).
5. Departamento de la Ciudad del Tango: El tango en el teatro (parte 1).
Liliana Marchini.
6. Departamento de la Ciudad del Tango: El tango en el teatro (parte 2).
Liliana Marchini.
7. Departamento de Economía y Política Internacional: El petróleo en la
estrategia económica de EE.UU. Valeria Wainer, Andrea Makón y Carolina
Espinosa.
8. Departamento de Economía y Política Internacional: La globalización
neoliberal y las nuevas redes de resistencia global. Dolores Amat, Pedro
Brieger, Luciana Ghiotto, Maité Llanos y Mariana Percovich.
9. Departamento de Estudios Políticos: La construcción del ejército de
reserva en Argentina a partir de 1976. La población excedente relativa en
el área metropolitana de Buenos Aires, 1976-2002. Javier Arakaki
10. Departamento de Ciencias Sociales: La parte de los que no tienen parte.
La dimensión simbólica y política de las protestas sociales: la
experiencia de los piqueteros en Jujuy. Maricel Rodríguez Blanco.
11. Departamento de Cooperativismo: FUCVAM. Una aproximación
teórica a la principal experiencia cooperativa de viviendas en Uruguay.
Analía Cafardo.
12. Unidad de Información: La Calle. El diario de casi todos. Octubre a
diciembre de 1974 (Parte 1). Gabriel Vommaro.
13 Departamento de Cooperativismo: El cooperativismo agrario en cuba.
Patricia Agosto.
14. Unidad de Información: La Calle. El diario de casi todos. Octubre a
diciembre de 1974 (Parte 2). Gabriel Vommaro.
15. Departamento de Estudios Políticos: Las nuevas organizaciones
populares: Una metodología radical. Fernando Stratta y Marcelo Barrera.
16. Departamento de Cooperativismo: Empresas recuperadas. Aspectos
doctrinarios, económicos y legales. Alberto Rezzónico
17. Departamento de Economía y Política Internacional: Alca y apropiación
de recursos. El caso del agua. María de los Milagros Martínez Garbino,
Diego Sebastián Marenzi y Romina Kupellián
18. Departamento de Cooperativismo: Género y Cooperativas. La
participación femenina desde un enfoque de género (Parte 1) Teresa
Haydée Pousada.

96
19. Departamento de Cooperativismo: Género y Cooperativas. La
participación femenina desde un enfoque de género (Parte 2) Teresa
Haydée Pousada.
20. Departamento de Cooperativismo: Dilemas del cooperativismo en la
perspectiva de creación de poder popular. Claudia Korol.
21. Departamento de Cooperativismo: El zapatismo: hacia una
transformación cooperativa “digna y rebelde”. Patricia Agosto.
22. Departamento de Economía Política: Imponernos. Progresividad y
recaudación en el sistema tributario argentino (Parte 1). Rodrigo M. G. López.
23. Departamento de Economía Política: Imponernos. Progresividad y
recaudación en el sistema tributario argentino (Parte 2). Rodrigo M. G. López.
24. Departamento de La Ciudad del Tango: Laburantes de la música.
Apuntes de su historia sindical. Mario A. Mittelman.
25. Departamento de Cooperativismo: Debate sobre Empresas
Recuperadas. Un aporte desde lo legal, lo jurídico y lo político. Javier
Echaide.
26. Departamento de Ciencias Sociales. Asambleas barriales y mitologías:
Una mirada a partir de las formas de intervención político cultural.
Hernán Fernández, Ana Enz, Evangelina Margiolakis y Paula Murphy.
27. Departamento de Cooperativismo. Autogestión obrera en el siglo XXI:
Cambios en la subjetividad de los trabajadores de empresas recuperadas, el
camino hacia una nueva sociedad. Analía Cafardo y Paula Domínguez Font.
28. Departamento de La Ciudad del Tango: La escuela de todas las cosas.
Tango: acercamiento a los modos de transmisión de la música popular a
través de la reconstrucción oral. María Mercedes Liska.
29. Departamento de Historia: Las primeras experiencias guerrilleras en
Argentina. La historia del «Vasco» Bengochea y las Fuerzas Armadas de
la Revolución Nacional. Sergio Nicanoff y Axel Castellano.
30. Departamento de Historia: Estudios críticos sobre historia reciente. Los
‘60 y ‘70 en Argentina. Parte I: El PRT-ERP: Nueva Izquierda e Izquierda
Tradicional. Eduardo Weisz.
31. Departamento de Historia: Estudios críticos sobre historia reciente. Los
‘60 y ‘70 en Argentina. Parte II: Militancia e historia en el peronismo
revolucionario de los años 60: Ortega Peña y Duhalde. Ariel Eidelman
32. Departamento de Historia: Estudios críticos sobre historia reciente. Los
‘60 y ‘70 en Argentina. Parte III: Historia en celuloide: Cine militante en
los ‘70 en la Argentina. Paula Halperín.
33. Departamento de Historia: Estudios críticos sobre historia reciente. Los
‘60 y ‘70 en Argentina. Parte IV: Mujeres, complicidad y Estado
terrorista. Débora C. D’Antonio.
34. Departamento de Economía Política: Deuda externa: verdades que
encandilan. Colectivo del Departamento.
35. Departamento de Comunicación: Los dueños de la palabra. La propiedad
de los medios de comunicación en Argentina. Luis Pablo Giniger.
36. Departamento de Ciencias Sociales: Los discursos de la participación:
Una mirada hacia la construcción de la figura del ciudadano en la prensa
escrita de la Ciudad de Buenos Aires. Matías Landau (coord), Alejandro
Capriati, Nicolás Dallorso, Melina Di Falco, Lucas Gastiarena, Flavia
Llanpart, Agustina Pérez Rial, Ivana Socoloff.
97
37. Departamento de Educación: Reformas neoliberales, condiciones
laborales y estatutos docentes. Analía Jaimovic, Adriana Migliavacca, Yael
Pasmanik, M. Fernanda Saforcada.
38. Departamento La Ciudad del Tango: Los tangos testimoniales. Julio
César Páez.
39.Departamento de Comunicación: Espectáculos de la realidad. Cecilia
Rovito.
40. Departamento de Literatura y Sociedad: Serie El sujeto social en algunas
obras narrativas argentinas del siglo XX. Parte I: Acerca de La Forestal.
La tragedia del quebracho colorado (ensayo de Gastón Gori).Pablo
Marrero.
41. Departamento de Literatura y Sociedad: Serie El sujeto social en algunas
obras narrativas argentinas del siglo XX. Parte II: Rodolfo Walsh. Hacia
una nueva épica. Nancy Denise Javelier.
42. Departamento de Cooperativismo: La gestión en las empresas
recuperadas. C. Roberto Meyer; José E. Pons
43. Departamento de Historia: La formación de la conciencia de clase en
los trabajadores de la carne desde una perspectiva regional. Zárate 1920/
1943. Christian Gastón Poli.
44. Departamento de Literatura y Sociedad: Griselda Gambaro: exilio
textual y textos de exilio. María Cecilia Di Mario.
45. Departamento de Rconomía Política: Un análisis del acuerdo con el
FMI: ¿un nuevo rumbo o el mismo camino?. Diego Mansilla, Lucía Tumini.
46. Departamento de Educación: ¿Qué regulan los Estatutos Docentes?
Trabajadores de la educación, relaciones sociales y normativa. Analía
Ivanier, Analía Jaimovich, Adriana Migliavacca,
Yael Pasmanik, M. Fernanda Saforcada.
47. Departamento La Ciudad del Tango: Tango. Los jóvenes y el tango.
Roxana Rocchi; Ariel Sotelo
48. Departamento de Literatura y Sociedad: Otra cara del mundo.
Literatura juvenil popular en los márgenes de la ciudad. Diego Jaimes y
Pablo Provitilo.
49. Departamento de Historia: Historia de una militancia de izquierda. Las
socialistas argentinas a comienzos de siglo XX. Bárbara Raiter.
50. Departamento de Ciencias Sociales: Argentina contemporánea:
Trabajo, Subjetividades y Movimientos Sociales. MTD de Solano. Trabajo
colectivo

98
Cuadernos de Crítica
1. Departamento Artístico: Los Macocos: Lecturas críticas de Continente
Viril. Coordinador: Jorge Dubatti.

Cuadernos de Debate
1. Departamento de Derechos Humanos: la representación del genocidio en
los lugares que funcionaron como centros clandestinos de detención
durante la última dictadura. El debate de la ESMA.

99
CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN
EDICIONES DEL INSTITUTO MOVILIZADOR DE FONDOS COOPERATIVOS
Av. Corrientes 1543 - C1042AAB - Ciudad de Buenos Aires - Argentina
http://www.cculturalcoop.org.ar
e-mail: uninfo@cculturalcoop.org.ar
Director del CCC: Floreal Gorini
Departamento de Ciencias Sociales
Coordinador: Gabriel Fajn ISSN: 1666-8405