Está en la página 1de 28

La paradoja del Republicanismo

APARECERÁ EN

Sierra, Rubén (editor). (2017). La hegemonía conservadora. Bogotá:


Unibiblos (en prensa).

PENÚLTIMA VERSIÓN POR FAVOR CITAR LA VERSIÓN IMPRESA

Tomás Barrero
Universidad de los Andes

En uno de los estudios más serios sobre las primeras tres décadas del
siglo XX, Darío Mesa1 sostiene con argumentos muy dignos de
consideración que el movimiento republicano y la presidencia de Carlos
Eugenio Restrepo pueden interpretarse como la segunda etapa de un
proceso de modernización que había comenzado con el Quinquenio. A la
maniobra partidista y sectaria de los gobiernos conservadores
tradicionales, el republicanismo opuso una administración de equilibrio
ideológico entre partidos basada en las garantías constitucionales para
la oposición. Al ímpetu reformador si bien poco ortodoxo de Reyes en la
vida económica, el republicanismo contestó con políticas de
estabilización y fomento para la incipiente industria nacional. A las
prebendas en los cargos públicos en las que incurrió el Quinquenio
para mantener la gobernabilidad, el republicanismo replicó con un
intento de imponer la meritocracia. ¿Qué se podría rescatar de un
movimiento político que hizo de la divergencia propiamente política su
principal adversario? ¿Qué conjunto de ideas fundamentales pueden
ser defendidas sin recurrir a la ideología tradicional de los partidos?
Dice Mesa al respecto: “¿Ideas? Ideas claras era lo que tenían el doctor
Restrepo y su movimiento…”2. Agrega a continuación un listado
sumario:

1 La vida política después de Panamá 1903-1922, en Manual de Historia de Colombia,


Tomo III, Bogotá, Procultura, 1984.
2 La vida política después de Panamá 1903-1922, páginas 129-130.

1
“Ese pensamiento se hallaba constituido por las ideas claves de las
revoluciones burguesas sobre la propiedad, los derechos políticos e
individuales, la representación y el impuesto, la libertad de prensa, la
separación del poder público y, en primer plano, la independencia del
Estado frente a la Iglesia, sin la cual, ya sabemos, no existe el Estado
moderno como organismo completo.”3
Con este texto quiero intentar, en un primer momento, una
interpretación de esta ideología republicana en línea con el origen y el
momento histórico del partido republicano que me permita reconstruir
la identidad ideológica entre el republicanismo y ese Estado moderno al
que alude Mesa. Pero, siguiendo la metodología historicista que el
propio Mesa propone, mostraré en un segundo momento que la
modernidad del republicanismo tuvo un enemigo interno, la tesis de la
unanimidad moral católica que Restrepo defendió en sus documentos
sobre la cuestión religiosa. En esta sección me voy a valer del debate
entre Restrepo y Marco Fidel Suárez sobre la identidad ideológica o
doctrinaria del republicanismo.
El conflicto entre modernidad y tradicionalismo puede mostrarse en el
caso concreto de la educación en donde, argumentaré en un tercer
momento, la posición del presidente republicano y de algunos de sus
más eminentes seguidores señala una evidente ambigüedad entre un
modelo educativo moderno y un modelo guiado por los preceptos
morales de la religión tradicional. Las reformas educativas necesarias
para darle forma a las nuevas clases productivas no siempre podían
ponerse de acuerdo con las demandas de la Iglesia y su innegable
influencia sobre el aparato educativo. Sostendré que la unanimidad
moral tuvo un inapropiado cariz de ideológico al que Restrepo tuvo que
ceder durante su tiempo en la Presidencia. La paradoja republicana de
la política sin identidad política es menos evidente de lo que liberales y
conservadores como Alfonso López y el propio Suárez supusieron, pero
también resulta mucho más aguda: la concepción de la educación

3 Ibid.
2
pública difícilmente puede producirse sin elementos ideológicos que la
sustenten.

I. Republicanismo y modernidad
1. El republicanismo como hecho histórico: una corriente
minoritaria en la marea de sucesos tumultuosos
“Orientación republicana”, sin duda la obra más importante de
Restrepo, pretende demostrar dos tesis: (i) en la historia de Colombia es
posible reconocer, además de la pugna entre los dos partidos
tradicionales, una ideología más noble y acorde con los intereses
nacionales, una orientación republicana y (ii) algunos políticos
colombianos, como Restrepo durante su administración presidencial, se
han mantenido fieles a esa orientación. La primera es una tesis de
filosofía de la historia; la segunda es una tesis acerca de la historia
política colombiana. En esta sección voy a presentar una síntesis del
origen histórico del republicanismo según Restrepo, con el objetivo de
discutir en secciones posteriores la ideología republicana y algunas
vicisitudes de su propuesta educativa en el gobierno.
El republicanismo como movimiento político se desarrolla en una franja
de tiempo muy precisa: del golpe de Marroquín a Sanclemente en 1900
a la compleja serie de acontecimientos que culminaron con la presurosa
renuncia de Reyes en 1909. En esos nueve años, la figura de Restrepo
se elevó de la dirigencia conservadora regional y la actividad periodística
a la representación nacional.
Todo comienza en el fragor de la Guerra de los Mil Días. Como parte de
la dirigencia y la milicia conservadora, Pedro Nel Ospina y Restrepo son
contactados en Bogotá para que apoyen el golpe de Estado que el
vicepresidente Marroquín está fraguando contra el presidente
Sanclemente. Ambos rechazan por escrito en “El correo de Antioquia”
las insinuaciones golpistas como rupturas inadmisibles de la
institucionalidad del país y posiciones incoherentes con los principios
3
del conservatismo histórico, lo que le vale a dicha publicación la
censura oficial. El caos de la guerra, la crisis económica y la triste
separación de Panamá generan tal impacto en buena parte de la
dirigencia antioqueña – tanto liberal como conservadora – que surge la
iniciativa de constituir unas Juntas Patrióticas para formular algunas
salidas a la encrucijada que vive el país. A lo largo de 1904 esas juntas
insisten en la necesidad de encontrar un diálogo fluido entre las dos
colectividades históricas eliminando aquellas posiciones dogmáticas y
“partidaristas” que las separan y encontrando puntos de encuentro
nacional, como por ejemplo, el respeto por la institucionalidad y la
división de poderes, la preservación del territorio nacional, la pureza del
sufragio y el reconocimiento de los derechos de la oposición.
Este movimiento es regional, no solo antioqueño, como lo comprueban
los mensajes intercambiados entre la junta patriótica de Medellín y la
de Santa Marta. La Junta Patriótica se transforma en otra, dedicada al
entendimiento entre los dos partidos y denominada “de Conciliación”.
La conforman políticos, industriales e intelectuales y cuenta con muy
poca representación popular. Los republicanos reconocieron desde el
inicio este carácter elitista. El republicanismo no fue un fenómeno de
masas; su composición y las circunstancias políticas que lo rodearon no
lo permitían. Fue, al menos en sus inicios, un movimiento de la élite
regional contra la élite política concentrada en Bogotá; por su carácter
regional promulgó desde el principio la necesidad de descentralización
administrativa que corriera paralela a la ya evidente descentralización
económica. De ahí la idea republicana de que el cobro de los impuestos
debía correr paralelo a la representación política.
Para 1904, la Junta de Conciliación había congregado un bloque de
opinión capaz de confrontar a Marroquín y señalarle sus errores
políticos y administrativos a través de un medio de divulgación, “Vida
Nueva”. La polémica elección de Reyes fue atacada desde el principio
por esta publicación como fraudulenta y el inicio de un gobierno
conservador con participación liberal pronto dejó de ser un motivo de
4
alabanza para dar paso a una crítica por considerar este mecanismo
como una forma velada de eliminar el control político. La oposición
republicana a Reyes fue directa y eficiente, pero, a juzgar por el
testimonio de Restrepo, el republicanismo no participó en la
conspiración de 1905 debido a que la terna destinada a reemplazar al
“dictador” no era representativa por no incluir liberal alguno. Algunos
de los supuestos conspiradores fueron apresados y enviados a
Cartagena; uno de ellos, Enrique Olaya Herrera. Restrepo intercedió en
aquel entonces por los presos políticos a través de “Vida Nueva”. En
adelante, la gratitud de Olaya será explícita: participará en el gobierno
de Restrepo como Canciller. Por su parte, Restrepo será determinante
en la decisión de Olaya de aceptar la candidatura de 1930 y participará
brevemente de ese primer gobierno liberal en calidad de ministro de
Gobierno4.
En este tejido de relaciones personales, el republicanismo ganará
terreno en la capital, sobre todo entre los intelectuales y los periodistas,
como el mismo Olaya, Eduardo Santos y Agustín Nieto Caballero, uno
de los personajes claves en la formulación de políticas educativas en
Colombia. Entre tanto y de acuerdo con los documentos citados por
Restrepo, en los cuatro años siguientes la situación política se
radicaliza y la mayoría de colaboradores de “Vida Nueva” son
interrogados y a veces arrestados. Es el periodo de mayor actividad de
Restrepo como escritor político y el de su confrontación abierta con
Reyes, documentada en numerosas anécdotas. El desgaste del

4 Hay una minuciosa reconstrucción por parte de Restrepo de esa cercanía personal e
ideológica, así como de los encuentros y desencuentros entre Olaya, López y Santos
durante la campaña de 1930 en “Realidad republicana”, el capítulo final (XV) del
segundo tomo de Orientación Republicana. El trabajo de Catalina Brugman, valioso
desde el punto documental y útil como síntesis histórica del periodo republicano de
gobierno, pasa por alto este hecho y considera que el partido republicano fracasó por
no haber conseguido la elección de Nicolás Esguerra en 1914. Como se verá, comparto
buena parte de su argumento principal, pero creo que hay separar la corta existencia
del Partido Republicano como movimiento minoritario de la influencia real de la
ideología republicana en varios de los intelectuales y políticos más influyentes del
liberalismo, con excepción de López. Ver Catalina Brugman, “El fracaso del
republicanismo en Colombia. 1910-1914”, Historia Crítica, No 21, Bogotá, 2001,
páginas 91-110.
5
Quinquenio es irreversible y al retiro de Reyes en 1909 el
republicanismo ya es una fuerza política decisiva y consolidada como la
única oposición real al reyismo.
2. El republicanismo como doctrina: tolerancia y representación
política, civilismo y superación de los caudillos
Según Restrepo, la corroboración de la orientación republicana en la
política nacional se puede detectar en las mismísimas palabras del
Libertador al morir, pero adquiere fuerza y abunda en pruebas en la
reconstrucción de las relaciones entre Núñez, los radicales y la
Regeneración. La Constitución de 1863, con su casi completa exclusión
de representación conservadora, sólo sentó las bases del dogmatismo
liberal que derivó en todo tipo de prácticas autoritarias de Mosquera y
en la revuelta conservadora posterior. Núñez se abstuvo de firmar en
Rionegro y desarrolló una intensa actividad literaria en la que se oponía
a la falta de garantías para la minoría y la ausencia de oposición que
permitiera un control político efectivo sobre las decisiones del Gobierno.
En él ve Restrepo la primera figura de filosofía netamente republicana y
en el programa del movimiento regenerador el primer ensayo
genuinamente republicano de la historia colombiana.
Pero los altos ideales de Núñez y su preocupación por el equilibrio entre
las fuerzas políticas fueron acallados por sus debilidades morales y por
la intransigencia de uno de los grupos que lo secundaba, el de Miguel
Antonio Caro y Carlos Holguín. Esa tendencia se hizo evidente en la
redacción de la Carta de 1886, que Núñez, tal vez por razones de corte
intelectual, también se negó a afirmar. La nueva Constitución otorgaba
un poder casi absoluto al presidente y establecía un sistema de sufragio
poco transparente y sujeto a todo tipo de presiones políticas, religiosas
y hasta militares. Algunos miembros del conservatismo objetaron esa
Carta por las mismas razones que algunos miembros del liberalismo
habían objetado la de 1863. Restrepo ve en Núñez una preocupación
por este estado de cosas que lo lleva a sugerir e impulsar una
candidatura vicepresidencial “moderada” para las elecciones de 1892, la
6
de Marceliano Vélez. Las veleidades de carácter del entonces presidente
y la presión ejercida por el grupo intransigente le impidieron cumplir
con la promesa empeñada de conformar la dupla vicepresidencial y lo
llevaron a decidirse por Caro.
En la incoherencia de Núñez entre su filosofía (“la Regeneración como
ideal”) y su forma de actuar (“la Regeneración como realidad”)
encuentra Restrepo el fracaso de la ideología republicana en su
intención de transformarse en una opción de poder real. La negación de
derechos, la persecución política y los vicios electorales
desencadenarían una tenebrosa intolerancia y una reacción armada por
parte de la minoría liberal inerme y sin representación. Aquí
encontramos el primer elemento doctrinal que quisiera resaltar: el deber
del republicano debe estar, ante todo, en respetar a las minorías y
encontrar puntos de acuerdo entre éstas y la posición predominante. El
pilar sobre el que debe construirse la organización política es la
tolerancia, entendida como respeto institucionalizado por las diferencias
ideológicas y no como renuncia a cualquier tipo de ideología:
“No significa la tolerancia —como muchos lo han pensado entre
nosotros— ni falta de convicciones ni falta de firmeza en ellas. El
republicanismo no es indoctrinario, como lo escribió D. Marco Fidel
Suárez.
La tolerancia sólo implica respeto por las ideas ajenas, así como debe
respetarse la persona, el carácter y los bienes ajenos, sin que ello quiera
decir que no tengamos persona, carácter y bienes propios.”5
La tolerancia como principio de convivencia política y la representación
como índice de tolerancia; ese es el primer elemento de la ideología
republicana que quiero resaltar.
La devastación física y económica que produjo la Guerra de los Mil Días
en la que Restrepo participó bajo el mando de Pedro Nel Ospina fue la
culminación lógica de esa exclusión política apoyada en ideales
fanáticos y partidistas. En todos sus escritos como hombre público y

5 Orientación Republicana, II, Imprenta editorial, Medellín 1930, página 318.


7
Presidente Restrepo critica contundentemente a quienes piensan en la
guerra como salida a los conflictos políticos y rechaza con claridad la
figura del caudillo militar, tan en boga en esa época. Reyes y Uribe
Uribe son dos de sus blancos favoritos. El primero por haber gobernado
con ínfulas de emperador, pasando por alto toda la institucionalidad y
modificando la Constitución a su medida; el segundo por perseverar en
el elemento doctrinal y dogmático de la vida política y no establecer
unas relaciones adecuadas con sus opositores ni con el Clero. Para
Restrepo ambos personajes son un producto natural de la guerra y la
guerra es algo que se debe evitar por encima de todas las cosas, es la
causa del atraso material del país y es la forma premoderna (“bárbara”)
de dirimir diferencias ideológicas. Cualquier conflicto político tiene una
sola vía de solución republicana: la civil, el intercambio civilizado de
opiniones, que, de todas formas es inevitable, dadas las diferencias que
naturalmente existen entre grupos políticos. Un buen ejemplo de esta
actitud puede encontrarse en los extractos del diario de campaña de
Restrepo durante la Guerra de los Mil Días en donde hace énfasis
permanentemente en el respeto y reconocimiento de derechos de los
vencidos. El segundo gran elemento en la ideología republicana es el
civilismo, la tesis de que el conflicto debe ser encauzado a través de
instancias que no permitan las vías de hecho.
Un antecedente histórico íntimamente vinculado con el civilismo es la
crítica implacable a la que somete Restrepo a la administración de
Reyes. En la figura de Reyes —y a nivel internacional, en la de Porfirio
Díaz— encuentra todos los inconvenientes del líder mesiánico, tan caro
a las ideologías dogmáticas. Toda la política del Quinquenio está
plagada de defectos, como que la oposición liberal deba contentarse con
aquella representación que el Presidente, en su magnanimidad, ha
decidido otorgarle y no en acuerdos permanentes. Tal interés de Reyes
en tener representación liberal en el Gobierno es una falsificación de la
doctrina republicana, según Restrepo. La intención genuina es
mantener las voces opositoras acalladas y hacerse a la mayoría de la
8
representación parlamentaria sin recurrir a las elecciones. Otro punto
neurálgico es la división territorial, o, mejor, las sucesivas divisiones
territoriales decretadas por Reyes. Es natural percibir cierta
sensibilidad regional ante medidas como las iniciativas reyistas de
trasladar el ferrocarril antioqueño a la Nación o disminuir el poder de
los Municipios y regiones modificando sustancialmente las atribuciones
de las Asambleas Departamentales y a la postre sustituyéndolas por
Consejos Administrativos designados directa o indirectamente por el
Presidente. Las prácticas económicas de recurrir a las clases pudientes
para financiar políticas de Estado y la perniciosa costumbre de
emisiones de papel moneda sin respaldo real repugnan a Restrepo, que
defiende una división territorial consensuada, una tributación fija y un
fondo que permita soportar la emisión de dinero. La figura del caudillo,
con su aureola de infalibilidad, es por completo opuesta a la idea de
administración republicana, con representación minoritaria que incluya
gobernadores y alcaldes, clara división de poderes y políticas
económicas estables. Aquí encontramos el último elemento del
republicanismo que quisiera resaltar: su desprecio por todo tipo de
caudillos, su aversión por todo tipo de “cesarismo”.
A partir de estos elementos el republicanismo estableció ante todo un
método de gobierno que combinó el equilibrio en la representación y la
despolitización de la posición oficial. Restrepo fue perfectamente
consciente de que su propuesta no encajaba dentro del molde ideológico
tradicional y que el republicanismo era una opción moderna, o, en sus
propias palabras, “civilizada”, opuesta a la barbarie auspiciada por los
partidos Liberal y Conservador. Por ejemplo, en el segundo tomo de
Orientación Republicana podemos leer palabras como estas:
“Considerando que las bases fundamentales de la nueva política y de
las ideas nuevas que tratábamos de implantar debían echarse sobre la
tolerancia y construirse por medio de la conciliación, aún entre los
elementos más opuestos, dirigí a ese fin mis primeros y más abnegados

9
esfuerzos. Creía entonces y sigo creyendo, como lo dijo Hanotaux, que
Civilización es Tolerancia.”6
La participación política reglada entendida como transacción entre
intereses sociales y económicos opuestos correspondía mejor al mundo
civilizado. En el medio político de la época esta posición dejó de ser la
expresión de una opción ideológica tradicional para convertirse en la
manifestación de la necesidad de un ente administrativo y garante de
las condiciones necesarias para la lucha partidista, como lo corrobora
este pasaje del discurso de posesión de Restrepo en 1910:
“Lejos de mí la idea de que se extingan los partidos políticos. No sería
posible ni conveniente: ellos, como la prensa, deben funcionar en la
órbita extensa de su legítima libertad, y contribuir a la labor
republicana de Gobierno, como órganos necesarios de la opinión
pública. Aspiro a que el Gobierno se sobreponga a las pasiones
exageradas de esa misma opinión, y respetándola, sea juez imparcial
donde toda aspiración legítima tenga amparo. Tal vez así se consagre a
los deberes de la Administración y deje a la prensa las lides
apasionantes de la política.”7.
Durante el gobierno de Restrepo esta renovación ideológico-
administrativa habría de enfrentarse con obstáculos prácticos
considerables.
3. El republicanismo como realización: transacción y reforma
La administración republicana no fue fácil debido sobre todo, y aquí
comparto el diagnóstico de Brugman8, a las estructuras económicas y
sociales imperantes en el país. En los documentos oficiales y privados
que Restrepo cita se queja permanentemente de las viejas prácticas

6
Op Cit, página 311.
7
Discurso de posesión. En Carlos E. Restrepo. Obras Tomo I. Imprenta Departamental
de Antioquia, Medellín, 1982, p. 125. Las relaciones del presidente republicano con la
prensa serán agridulces: denostado por los periódicos más católicos, como la Unidad,
su labor será reconocida por la prensa liberal. El Espectador, en cabeza de Fidel Cano,
que lo elogiará refiriéndose a él como “un presidente incoloro” y El Tiempo, fundado
por Alfonso Villegas Restrepo, republicano recalcitrante, y adquirido posteriormente
por Eduardo Santos, quien, lleno de admiración, describirá a Restrepo como “un
algodón entre dos vidrios”.
8 “El fracaso del republicanismo en Colombia. 1910-1914”.

10
políticas y de las dificultades para conformar un gobierno
representativo.
La injerencia de la Iglesia en las elecciones, las presiones del
nacionalismo extremo y la voracidad del bloque liberal pusieron a
prueba la débil estructura política republicana. El tomo II de
Orientación Republicana es una prueba documental de las permanentes
dificultades del presidente Restrepo para encontrar colaboradores
convencidos para su programa político “civilizador”. En buena parte de
sus medidas reformadoras, quiera en el campo económico, quiera en el
campo meramente legal, el Republicanismo fue obstruido
sistemáticamente por los bloques conservador y liberal. Rápidamente
los partidos se reagruparon para oponerse al gobierno, los
conservadores bajo el mando de Concha y los liberales bajo el mando de
Uribe Uribe. No es extraño, por tanto, que la transacción con los
elementos moderados de esos bloques fuera la única salida que
encontró Restrepo para garantizar la gobernabilidad. En algunas
carteras la situación política fue realmente compleja: por ejemplo, en el
Ministerio de Gobierno, la designación de Jorge Roa generó todo tipo de
conflictos por su sectarismo y Restrepo se vio obligado a apartarlo del
cargo9. En Instrucción Pública las cosas no parecen haber sido más
fáciles. Los conservadores Mariano Ospina Vásquez, Pedro María
Carreño (un verdadero comodín ministerial de Restrepo), José María
González Valencia y Marco Fidel Suárez se sucedieron en el corto
espacio de dos años. Únicamente Carlos Cuervo Márquez parece haber
gozado de la estabilidad que requerían las reformas educativas.
En esas condiciones, el margen de maniobra del Gobierno fue mucho
menor de lo necesario para imponer su ideario pero mucho mayor en
términos de cultura y educación políticas de las élites, y aquí me
opongo a la lectura de Brugman 10. Aunque los republicanos
previsiblemente perdieron el poder en la elección presidencial de 1914

9 El lector interesado puede ver el detallado relato de esos conflictos en el Capítulo III
del segundo tomo de Orientación Republicana.
10 Op Cit.

11
representados por Nicolás Esguerra, la influencia del republicanismo no
fue de corto vuelo. Por el contrario, fue directa aunque tuviera que
esperar hasta la República Liberal para hacerse visible; a nivel político
se dio a través de Olaya Herrera y Eduardo Santos, dos republicanos
confesos en su tiempo; a nivel cultural se dio a través de uno de los
grandes ideólogos de la educación en Colombia, Agustín Nieto
Caballero.
Como evidencia a favor de esta afirmación conviene tener en cuenta la
convención republicana de 1915, en la que todos ellos participaron. En
el Manifiesto republicano11 se establecen los lineamientos centrales de
esos “ideales burgueses” a los que se refiere Mesa como, por ejemplo, la
reforma electoral, la modificación de la instrucción pública, las reformas
al servicio civil y diplomático apoyadas en el formación de un grupo de
tecnócratas, ley de presupuestos y política fiscal de austeridad, plan de
Obras Públicas, legislación obrera y creación de un fondo para la
amortización de papel moneda. Literalmente todos los elementos
necesarios para el tránsito del Estado decimonónico de Marroquín a un
Estado sensible a las fuerzas de la producción industrial y capaz de
hacerle frente a los retos del capitalismo. No me parece exagerado
afirmar que Santos y Olaya pasaron del periodismo liberal doctrinario a
la vida política activa de la mano del republicanismo, ni que sus
primeras experiencias como estadistas están marcadas claramente en
su trabajo conjunto a favor de la concordia política dentro de la
agrupación creada por Restrepo 12.
Quizás el experimento republicano fue para los jóvenes liberales una
opción legítima de salir del ostracismo al que los había reducido la
hegemonía conservadora y de emanciparse al mismo tiempo de la
todopoderosa tutela de derrotados jefes militares como Uribe Uribe y, en
menor medida, Benjamín Herrera. Una opción civilista, moderna y

11 Recogido en Convención nacional del Partido Republicano. Julio 11- Agosto 1.


Arboleda & Valencia, Bogotá, 1915, páginas 10-11.
12 Por no detenerme en aspectos más puntuales como la vivienda obrera, estudio con

el que Santos participó en dicha Convención.


12
respetuosa de la oposición que parecía más acorde con los tiempos y las
necesidades históricas, una especie de aprendizaje para que los jóvenes
liberales estuvieran en condiciones de llegar al poder, por fuerza debía
resultar atractiva para un partido reducido a la minoría y excluido a
veces formalmente, casi siempre en la práctica, de las instancias de
decisión13. He aquí una ideología con ideas sustantivas. Esa ideología
moderna contenía, sin embargo, un rezago, un elemento atávico que
provenía de ciertos principios religiosos y que, en conjunción con la
modernidad de la reforma de Instrucción Pública republicana, da como
resultado un conflicto doctrinario muy interesante e ilustrativo de la
época.
II. Republicanismo y conservatismo.
1. Religión y política en Restrepo
Dice Mesa en un pasaje en el que describe el espíritu de Reyes como
administrador:
“…[S]u divisa fue, de modo casi natural, la de “menos política y más
administración”. Pasemos por alto la ingenuidad o la malicia: en esa
divisa había, obvia y fundamentalmente, política, pero no de la que le
gustaba a los “viejos y queridos odios”.”14
Por una ley de atracción entre opuestos, esta opinión se podría adaptar
para describir la posición republicana con respecto a la religión: debe
haber una separación entre Iglesia y partidos políticos, pero a la larga
no puede haber una separación entre Política de Estado y Religión.
Quisiera desarrollar las consecuencias extrañas que trajo esta tesis y
mostrar que hay también más ingenuidad que malicia en ella 15.

13 Ver como apoyo de esta opinión ESM, [No aparece autor] “El canapé republicano y
la generación del Centenario”, Credencial Historia, Edición 176, Agosto 2004. Recurso
electrónico disponible en
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/agosto2004/canape.
htm (Recuperado el 25 de Enero de 2012).
14 La vida política después de Panamá 1903-1922, página 110.
15 El propio Mesa sostiene en su presentación del gobierno de Restrepo que el impulso

modernizante del republicanismo tuvo, desde el punto de vista constitucional, un solo


lunar: la independencia del Estado frente a la Iglesia. Dice respecto a las ideas
modernas republicanas a las que ya me he referido: “Salvo la relativa a la Iglesia,
imprecisa y ambigua explicablemente, estas ideas eran normas constitucionales dos
13
La relación entre política y religión en el republicanismo tiene un
antecedente inmediato: se trata de la renuncia del General Ramón
González Valencia a la vicepresidencia durante la administración Reyes
inducida por el nuncio Ragonessi. El General González, un político
carismático y un católico convencido, cede parte de sus derechos
políticos por causa de la fe que profesa. La intriga política se vale del
sentimiento religioso. Restrepo se resiste a esta intervención y la
denuncia en sus escritos. Uno de los más iluminadores es el discurso
que pronuncia en Medellín al salir electo16:
“La única persona que en Colombia no tiene hoy derecho a pertenecer a
ningún partido político soy yo.
He sido conservador, pero en el puesto que se me ha señalado no puedo
obrar como miembro de ninguna parcialidad política. Desde la
Presidencia veré en los colombianos tan sólo compatriotas, cuyos
derechos debo proteger a todos igualmente.
Nací en Antioquia, pero como Presidente de la República no seré más
que colombiano.
Soy católico, pero como Jefe Civil del Estado – dándole a la Religión
Católica las garantías que le reconoce la Constitución Nacional – no
puedo erigirme en Pontífice de ningún Credo y sólo seré el guardián de
las creencias, cualesquiera que sean, de todos los colombianos.”
La problemática relación entre Política y Religión tiene antecedentes en
el testimonio que cita Restrepo en un documento privado sobre la
cuestión religiosa que nunca envió a la Santa Sede. Ese documento no
deja dudas con respecto a la relevancia de la cuestión religiosa para el
republicanismo. En él se afirma que en 1909 los dirigentes de ambos
partidos firmaron una carta en la que se predicaba la separación de
Iglesia y política. De acuerdo con Restrepo, dicho documento seguía
una orientación que, en sus propias palabras respondía al anhelo de
acuerdos políticos y respeto de la religión: “A esta tendencia de

meses después de la posesión del doctor Restrepo…” (cursivas mías). En La vida


política después de Panamá 1903-1922, página 130.
16 Orientación republicana, Tomo II, Imprenta editorial, Medellín 1930, páginas 17-18.

14
concordia en el campo político y de respeto al Catolicismo en Religión,
se le dio el nombre de Unión Republicana.”17. Así pues, el proyecto
republicano está ligado desde su origen a dos pretensiones
fundamentales: una determinada posición frente a la religión y un
espíritu de concordia y colaboración entre los partidos políticos.
En ese mismo documento, Restrepo se refiere a las indeseables
intromisiones de la política en la religión y de la religión en la política.
Recoge testimonios según los cuales los sacerdotes predican el odio por
el opositor y la conveniencia de las vías de hecho. Esa actitud
beligerante se propicia desde dos periódicos de filiación católica, La
sociedad y La Unidad, dirigido éste último por Laureano Gómez, un
joven ingeniero educado por los jesuitas. Tal procedimiento es contrario
a las disposiciones papales de León XIII en la encíclica Sapientiae
Christianae, cuando aconseja a la religión que no descienda al campo
de la política para no quedar presa de las veleidades de la opinión
pública. La religión, en la medida en que es verdad atemporal, no debe
estar sujeta a votaciones; la política, en la medida en que es falible,
admite diferencia de opiniones18. Se pretende conciliar así dos ámbitos
de la vida humana, la relación del hombre con su creador con la
relación del hombre con otros hombres. La primera se supone no
ideológica y debe ser aceptada por unanimidad, la segunda es ideológica
y puede cambiar con el tiempo y el desarrollo histórico.
Es fundamental señalar que en sus escritos sobre la cuestión religiosa
Restrepo insiste en la distinción entre dos tipos de política, la búsqueda
del bien común y la política partidarista. Los sacerdotes como
“maestros de verdad” no pueden hacer parte de las luchas de partido,
siempre sectarias y parciales. La alternación democrática en el gobierno
“es un hecho a la vez legal, natural y absolutamente inevitable.” 19 La

17 Exposición que hace el Presidente de Colombia a la Santa Sede sobre asuntos político-
religiosos. En Carlos E. Restrepo. Obras Tomo I. Imprenta Departamental de
Antioquia, Medellín, 1982, p. 166. El énfasis es mío.
18 Ver también Orientación Republicana, Tomo II, páginas 295 y 298.
19
Exposición que hace el Presidente de Colombia a la Santa Sede sobre asuntos político-
religiosos. P. 182.
15
tesis republicana en este punto se concentra en afirmar dos cosas, la
primera es que puede y debe haber una separación de la Iglesia y los
partidos. La segunda es mucho menos evidente, toda vez que consiste
en decir que hay una política no partidarista que es la única que parece
garantizar esa separación y que se concentra en el bien común como
objetivo fundamental. En la medida en que haya un gobierno de partido
– sea el que fuere –, las posibilidades de que la necesaria tolerancia
religiosa se produzca se reducirán y, probablemente, desaparecerán. La
política no partidarista debe incluir un respeto por la Religión Católica y
una neutralidad en todos los otros frentes.
En dos cartas, una dirigida a Lázaro Escobar y otra a su hermano
Nicanor Restrepo, encontramos fragmentos esclarecedores de su
posición con respecto a la religión, la civilización y la política. El
primero reza así:
“Es indudable lo que Ud. anota y es que el país no quiere sino vivir en la
barbarie de tradiciones no digeridas ni analizadas: ya ve cómo las
grandes masas se han concentrado y gritan los viejos gritos de las
hordas guerreras.
Combatirlas por la violencia es emplear los mismos medios que
queremos extirpar; no hay más camino que seguir empleando los
métodos republicanos que hemos preconizado: libertad y tolerancia.
No debemos olvidar que hoy los dos grandes peligros para nuestras
ideas son: la bandera religiosa y la bandera antirreligiosa.” 20
El segundo es todavía más claro:
“Sigo creyendo en la necesidad permanente de nuevas organizaciones
políticas, de carácter muy distinto del que hoy tienen; deberán
abandonar la cuestión religiosa, que los unos pretenden resolver
atacando el sentimiento más alto, más respetable y más general que
existe en Colombia; y los otros, tomando el estandarte de Cristo y
arrastrándolo por calles y plazas, por comicios y trapisondas: los
partidos del porvenir se situarán en el terreno puramente social y en el

20 Op Cit. Página 318.


16
económico, que es donde hoy están peleando sus batallas los pueblos
civilizados.”21
La civilización, tal vez interpretada en el sentido de “modernidad”
delineado por Mesa, ya no corresponde a la irreligiosidad pregonada por
el ala radical del liberalismo, ni a la religión como fundamento de toda
ideología del conservatismo más cerrado. La necesidad de una
fundamentación ideológica muy otra a la religiosa puede ser
interpretada como una forma incipiente de separación de Estado y
Religión. El paso de la civilización marca la hora de que Clero y el
Gobierno se abstengan de participar de las luchas partidarias. Éste
para cumplir con su papel de mediador, aquél por ser representante de
la fe verdadera.
2. La disputa por la identidad ideológica: Restrepo vs Suárez
Pero este pulcro esquema se enfrentó repetidamente con un problema
puramente práctico: la injerencia de la Iglesia en la educación. En un
par de textos reveladores22, el presidente republicano nos muestra en
carne propia la paradoja del republicanismo. La designación de algunos
inspectores de Instrucción Pública es un motivo de malestar entre el
clero por no tratarse de conservadores y católicos practicantes. Por otra
parte, la tesis republicana en política dicta que la división de
representación de liberales y conservadores debe ser paritaria. La
solución que encuentra Restrepo es mantener en el Ministerio de
Instrucción Pública a conservadores católicos que satisfagan al Clero.
Tenemos una espléndida síntesis de algunas de las dificultades que
enfrentó Restrepo en los pasajes que le dedica Marco Fidel Suárez a la
administración republicana en los dos primeros tomos de Los sueños de
Luciano Pulgar. Suárez, el “presidente paria”, era uno de los más
ilustres representantes del conservatismo católico nacional y, por ende,
uno de los candidatos ideales para hacerse cargo de Instrucción

21Op Cit Página 282.


22
Mensaje del presidente de la República a la Conferencia Episcopal de 1913 y Carta al
Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia sobre la cuestión religiosa. En Carlos E.
Restrepo. Obras Tomo I. Imprenta Departamental de Antioquia, Medellín, 1982, p.
166.
17
Pública. La elección de Suárez tenía un matiz político adicional porque
desde 1911 era el primer designado ante el Congreso. Sin embargo, esta
transacción política no produjo el resultado esperado:
“En el año de 1911 acepté el puesto de primer designado con que el
congreso se dignó honrarme, y lo acepté con el exclusivo fin de que el
presidente Restrepo pudiera trabajar tranquilo por esta parte…[M]i
elección equivalía prácticamente a dejar vacante la designatura por
estar yo alejado de la política militante y resuelto a no usar de aquella
designación sino para mantenerla en inactividad incompleta. Algún
tiempo después me honró el señor Restrepo con el nombramiento de
ministro de instrucción pública, que por lo pronto rehusé aceptar en
virtud de reflexiones análogas a las que acabo de exponer; pero
sabiendo después de buena fuente, que mi aceptación podría influir en
favor del bienestar de aquel magistrado, no vacilé en recibir el referido
ministerio. Después de algunos meses lo renuncié por haberse
suscitado entre los dos alguna diferencia de mucha entidad…”23
El resultado de esa diferencia aparentemente coyuntural es una
diatriba contra el movimiento republicano y, en particular, contra su
naturaleza “indoctrinaria”24. A lo largo del ataque a ese “partido
ocasional” y sin sustancia ideológica25, Suárez utiliza una y otra vez la
unanimidad moral como arma retórica que se fundamenta, según él, en
la experiencia histórica, en la lógica y en la autoridad intelectual

23 Marco Fidel Suárez, Sueños de Luciano Pulgar. Tomo I. Biblioteca de autores


Colombianos (87), Bogotá, 1954, páginas 63-64. En el segundo volumen, Suárez
confiesa que es el responsable de la unión conservadora en torno a Concha que
derrotará al candidato republicano Nicolás Esguerra en 1914. Op. Cit. Páginas 45-46.
24 Por las expresiones que usa a lo largo de su obra, queda bastante clara su distancia

ideológica con Restrepo y su movimiento, como lo deja claro su alter ego, Luciano
Pulgar en pasajes como éste:
“[N]o te incomodes, pues a mí, en lugar de alterarme, me complacen estas iras de la
libertad y de la tolerancia, porque sacan verdadera cierta idea que hace tiempo me he
formado respecto de estos asuntos.
Me refiero especialmente a aquel partido que es comparable con el radium en los
miligramos de sus adeptos y en el poder misterioso de sus perfecciones. Lo que he
pensado acerca de esta comunidad es que ella no es tal algodón entre vidrios, sino
algodón fulminante.[…] Alárguense mucho sus días para que de esa manera su
intolerancia práctica desautorice su moderación teórica[…].” Op. Cit. Páginas 149-150.
25
Marco Fidel Suárez, Sueños de Luciano Pulgar. Tomo II. Biblioteca de autores
Colombianos (88), Bogotá, 1954, páginas 221-222.
18
indiscutible de José Manuel Groot, Mariano Ospina y Miguel Antonio
Caro. Suárez sostiene la idea de que el conservatismo es por necesidad
republicano porque los conservadores genuinos defienden el concordato
y el fuero de la Iglesia con respecto a la educación pública 26 y afirma
que la única diferencia real, “de mucha entidad” entre liberales y
conservadores reside en su concepción de las relaciones entre Iglesia y
Estado. ¿Cómo puede ser posible que dos escritores tan distanciados
puedan utilizar la misma premisa fundamental en su argumento? En
otras palabras, ¿cuál es el medio ideológico idóneo para que la tesis de
la unanimidad moral en torno a la religión católica florezca? ¿un
pensamiento tradicionalista como el de Suárez o un pensamiento
modernizante como el de Restrepo?
El examen de los textos de Suárez en contra del Republicanismo
muestra cuál es el precio ideológico de la unanimidad moral. Hay tres
sueños en los que se ocupa del republicanismo con algo de detalle: “El
sueño del partido católico”, “El sueño del compromiso” y “El sueño de la
oligarquía”. El primero27 discute la necesidad de organizar un partido
católico para garantizar los derechos de la mayoría católica colombiana.
El análisis de Suárez es sospechosamente parecido al de Restrepo, toda
vez que parte de la unanimidad moral como principio de derecho y
sostiene que, en un Estado que respeta el concordato, no es necesaria
la existencia de un partido católico. El partido conservador es el que
mejor interpreta ese orden, que no es otro que el de la constitución de
188628, y como asociación política es suficiente para representar y
defender los derechos de los católicos. Así pues, siempre que la
unanimidad moral católica esté representada tácitamente en el partido
gobernante y la constitución, el partido católico es prescindible. La base

26
Marco Fidel Suárez, Sueños de Luciano Pulgar. Tomo I. Biblioteca de autores
Colombianos (87), Bogotá, 1954, página 112-114.
27
Op. Cit., páginas 228-245.
28
De forma semejante al legalismo de Restrepo, Suárez define el conservatismo como
el partido que concibe “derecho como sinónimo de libertad”. Ver Marco Fidel Suárez,
Sueños de Luciano Pulgar. Tomo II. “El sueño del partido conservador”. Biblioteca de
autores Colombianos (88), Bogotá, 1954, páginas 26-27.
19
de acuerdo no es un modelo moral inocuo, sino un partido político
histórico. El segundo sueño29 ataca directamente las posiciones
expuestas por Restrepo en la revista Colombia y reproducidas
parcialmente en el segundo volumen de Orientación republicana.
Histórica y sociológicamente la identidad de los partidos se ha
cimentado en la diferencia religiosa, o bien en torno a la defensa de la
religión católica o bien en torno a las logias masónicas y el
racionalismo. No es posible definir un partido histórico y que represente
un grupo social real sin que se tome posición con respecto a la cuestión
religiosa porque, como argumenta Suárez en el tercer discurso 30, no
existen diferencias administrativas ni de organización política que
puedan explicar la persistencia de las diferencias ideológicas. No hay
una orientación republicana que no sea católica porque ninguna
posición genuinamente republicana puede estar al margen del hecho
histórico y sociológico de la unanimidad moral. La “tolerancia como
civilización” del republicanismo carece de sustancia porque, o bien se
basa en el principio auto-evidente de que la fuente de toda tolerancia y
de toda civilización es la religión católica, o bien pretende introducir un
elemento de racionalismo malsano e incoherente a la base del
entendimiento político. Por todas estas razones, de la misma forma que
la facción nacionalista terminó formando parte del partido conservador,
la facción republicana de conservadores moderados terminará
asociándose al liberalismo:
“Es el mismo fenómeno en el fondo, aunque opuesto en el resultado, del
republicanismo, excogitado al principio como partido moderado y
equidistante, pero que al fin se ha trocado en puente hacia el
liberalismo. Los liberales nacionalistas, por regla general, fueron poco a
poco declinando hacia los conservadores; los conservadores
republicanos mucho a mucho se han ido ladeando hacia los liberales.”31

29
Op. Cit., páginas 160-176.
30 Op. Cit. Páginas 216-231.
31 Op. Cit. Páginas 47-48.

20
El elemento de civilización y tolerancia sin doctrina católica sólo puede
presentarse en el liberalismo y por esa razón la ideología republicana
dejará de ser un “ente de razón” en el momento que adquiera
consciencia de su cercanía ideológica con el racionalismo liberal. El
precio de la legitimidad histórico-jurídica de la unanimidad moral
parece ser aceptar toda la ideología conservadora tradicionalista y
abandonar toda pretensión de neutralidad política.
El ataque de Suárez, falaz o no, resulta valioso en su doble dimensión
de percepción política del republicanismo por parte del conservatismo
tradicional y testimonio fundamental de un funcionario del gobierno
republicano encargado de la Instrucción Pública. Es, a la vez, la
reacción de un conservador tradicional y formado en el principio de
autoridad con respecto a la religión y la expresión de uno de los
elementos clave en la transacción política ideada por Restrepo. La
propuesta educativa republicana parece confirmar el diagnóstico de
Suárez. Basada en la unanimidad moral como hecho histórico, sufrirá
en parte por las restricciones más bien tradicionalistas que Restrepo se
impuso durante su gobierno, en parte por ausencia de conservadores
tradicionalistas que la ejecuten. Sólo podrá articularse luego de su
administración en la convención republicana de 1915, aunque con un
énfasis liberal cada vez más claro.
III. La paradoja del republicanismo
1. Modernidad y tradición: el caso de la Instrucción Pública
El delicado problema de las relaciones entre los intereses metodológicos
y científicos de la Instrucción Pública y los intereses morales de la
Iglesia y el Estado, tiene una larga y compleja historia en Colombia. El
Estado, interesado en el desarrollo material y preocupado por la escasez
de trabajadores entrenados para la producción industrial, intentó
reformas educativas en las que el componente técnico tuviera una
función mínima y que no se vieran como un peligro moral-ideológico en
los sectores más tradicionalistas. En concreto, durante la presidencia
de Eustorgio Salgar se propuso la reforma de instrucción pública de
21
1870 que recogía los métodos pedagógicos de Pestalozzi, Froebel y
Herbart e incluyó la contratación de profesores alemanes y la
publicación del semanario oficial Escuela Normal. Dicha reforma fracasó
por carencias materiales de todo tipo, pero sobre todo porque algunos
de los profesores extranjeros eran protestantes y se los percibía como
una amenaza para el catolicismo de la Nación32.
El ansia modernizante de Reyes tampoco se detuvo ante el campo
educativo pero su sagacidad política le permitió transigir con la Iglesia,
como lo muestra la reforma de 1903-1904 (conocida como “Ley Uribe”)
que creó el Ministerio de Instrucción Pública y gracias a la cual se
abrieron el Instituto Técnico Central y la Escuela Central de Institutores
ambas a cargo de los hermanos de las Escuelas Cristianas provenientes
de Francia. Pero, de acuerdo con una de las más reputadas
historiadoras de la educación en Colombia, el ímpetu transformador se
detuvo en 1910 y las reformas educativas tuvieron que esperar hasta el
gobierno de Pedro Nel Ospina33. ¿Cómo podríamos explicar este hecho
en el contexto de un movimiento reformador como el republicanismo?
Por supuesto, podríamos citar la crisis económica y el estado ruinoso
del Tesoro Público como causas principales de esta interrupción
abrupta. Sin embargo, de los informes de los Ministros de Instrucción
Pública en 1911 y 1913 se puede colegir que el incremento de los
educandos osciló entre un 25% y un 20% 34. Además, durante el
gobierno republicano se creó la pensión para profesores públicos a
cargo del Gobierno Nacional mediante la Ley 114 de 1913. Los recursos
materiales y las disposiciones legales favorecían un cambio educativo
que no se produjo con la profundidad y en la medida que la
administración republicana esperaba.

32 Aline Helg, La educación en Colombia, 1918-1957. Una historia social, económica y


política, Bogotá, Fondo Editorial Cerec, 1987, páginas 25-26.
33 Aline Helg, Op. Cit. Página 32.
34 Ver Luis Baudilio Bello, “La problemática de la Instrucción Pública y la propuesta

del Partido Republicano en 1915”, Anuario colombiano de historia social y de la


cultura, Vol 13-14, Bogotá, 1985-1986 p. 199. Bello interpreta las reformas
republicanas como expresión de un espíritu modernizante, si bien clasista, de la élite
colombiana.
22
Creo que en el relato de las vicisitudes de las reformas republicanas no
podemos dejar de lado factores propiamente ideológicos derivados de la
tesis de la unanimidad moral en torno a la religión como uno de los
pilares fundamentales del Estado. Cuando la unanimidad moral se toca
con una política de Estado, como la Reforma Escolar consignada en la
Convención Republicana35, me parece que la paradoja de la neutralidad
parcializada se hace explícita. En ese documento que contiene el modelo
republicano de Instrucción Pública, Agustín Nieto Caballero, Rafael
Ucrós y Alberto Corradine realizan un diagnóstico desolador de la
situación educativa en Colombia y una propuesta modernizante 36:
“Qué de raro que nuestros métodos sean anticuados y nuestros
programas escolares pésimos si tan rara vez aparece un hombre
preparado que se resuelva a violentar el medio, quizá más por miedo
que por otra cosa, huimos de lo nuevo. Lo nuevo es un fantasma. Así,
no es extraño que haya una moral del miedo, que se entiende como
moral de la prudencia, pero que es al fin y al cabo una debilidad
ignominiosa. Lo curioso es que a estos problemas de métodos en la
escuela no se les pueden presentar argumentos de secta o de partido.
En verdad los nuevos sistemas no pertenecen hoy a ningún credo
político o religioso: son puramente científicos. Ni siquiera hay que
evocar en su nombre la tolerancia. Tolerante o no, todo ser racional ha
de aceptarlos como se acepta una operación aritmética, o una reacción
química, por más que uno quiera ser intransigente. Mas llega el miedo,
llega la oposición a lo nuevo porque es nuevo, y la rutina sigue.”
El modelo que ataca el republicanismo es el modelo escolástico
fundamentado en la autoridad y la memorización; es decir, el modelo en
el que se educó Suárez. El nuevo sistema educativo se opone a la vieja
rutina del miedo y la autoridad, pero, recuérdese, esa rutina ha estado
fundamentalmente en manos de la Iglesia. Por contraste con la vieja
usanza, la ciencia, y sólo la ciencia, debe orientar la política educativa

35 Reforma Escolar en Convención nacional del Partido Republicano, páginas 21-27.


36 Id, páginas 22-23.
23
que le permita al país contar con los profesionales y los trabajadores
capaces de enfrentarse con ese mundo industrializado por el que los
republicanos tanto lucharon. Es el proceso educativo de entrada a la
modernidad que puede resumirse en un par de fórmulas 37:
“Orientación científica de la enseñanza. Decir científica es decir
práctica, o sea conforme a las necesidades del país y de la época.”
La propuesta del documento consiste en crear un Instituto pedagógico
nacional que fomente las nuevas metodologías, con participación de
instructores extranjeros y de colombianos formados en el extranjero.
Las experiencias pedagógicas exitosas de la Escuela Nacional de
Comercio fundada en Bogotá en 1905 y regentada por un alemán desde
1908, así como del Gimnasio Moderno recién fundado por Nieto
Caballero parecían darle sustento a esta idea. Pero en el Edén
republicano irrumpe la antigua serpiente. La educación científica debe
supeditarse a la unanimidad moral. La ingenuidad que Mesa reconoce
en la máxima de Reyes con respecto a política y administración se
repite en los republicanos bajo la forma de la autonomía educativa de la
ciencia y la predominancia de la Religión sobre la educación a través de
la moral38:
“Cada nueva consideración es un argumento de más para urgirnos a
entrar en la reforma que ha de comenzar con la importación de
maestros verdaderamente preparados. No es ésta una innovación, mas
importa repetir la idea hasta hacerla calar en la opinión pública como
imperiosa necesidad. Hay a este respecto un punto que aclarar: el de la
religión de los maestros extranjeros. Ciertamente, el legislador
colombiano, al consignar y establecer en el artículo 41 de la
Constitución los fueros que la Religión Católica debía tener en la
escuela, en el sentido de que la enseñanza pública ha de ser armónica
con los principios de aquella Religión, que es la del país, no cerró las
puertas a las reformas y adelantos técnicos, no renunció a los progresos

37 Id, página 25.


38 Ibid
24
de la didáctica, no proclamó la inmutabilidad de los métodos, ni
entendió en manera alguna que con tal disposición condenaba la
instrucción pública a permanecer in eternum en el mismo pie de atraso
e imperfección en que se hallaba cuando se expidiera aquella ley. Y si
tales cosas no entendió el legislador colombiano, tampoco las entiende
ni exige en ninguna parte la Religión Católica, ya que en países como
Alemania, Bélgica, Suiza, Italia, etc., las instituciones netamente
católicas también tratan de ponerse a la cabeza del movimiento con que
la pedagogía moderna transforma las escuelas. ” (Subrayados míos).
La ingenuidad se encuentra en suponer que la moral católica, como en
el trasfondo del paisaje educativo, no va a tener injerencia en la elección
científica del material educativo. Pero la evidencia histórica es algo
menos concluyente y no apoya el discurso republicano. La relación real
entre religión y educación es mucho más compleja durante la
administración republicana por varias razones39.
En primer lugar porque, como vimos, Restrepo no encontró apoyo en los
conservadores tradicionalistas ni en el Clero para imponer sus ideas en
este campo. En segundo lugar porque, en los pocos documentos de
gobierno en los que se refiere al problema concreto de los profesores
extranjeros, Restrepo no parece tener éxito alguno en su afán de
conseguir personal católico e idóneo. En algunos telegramas de 1913
dirigidos a Hernando Holguín y Caro en París y Jorge Roa en Londres40,

39
No quiero sugerir en manera alguna que todos los problemas políticos generados por
la necesidad de recurrir a profesores extranjeros fueran de corte religioso. Diferencias
ideológicas o a nivel de la práctica profesional también fueron determinantes. Esa
historia de adaptación y las resistencias que los “inmigrantes culturales” tuvieron que
vencer ha sido ilustrada con precisión por Renán Silva en uno de sus últimos libros,
Política y saber en los años cuarenta. El caso del químico español A. García Banús en la
Universidad Nacional. Bogotá, Universidad de los Andes, 2011. Es interesante anotar
que, aunque el periodo tratado por Silva no coincide con el que estamos examinando,
sí apoya indirectamente una de nuestras hipótesis fundamentales, en el sentido de
que las reformas educativas republicanas fueron retomadas en parte incluso por los
gobiernos más doctrinariamente liberales como los de López. Es necesario recordar
que durante esos gobiernos Nieto Caballero fue rector y miembro del Consejo Directivo
de la Universidad Nacional. Además Nieto Caballero y Gerardo Molina defendieron a
“transterrados españoles” como García Banús de los ataques tradicionalistas liderados
por Laureano Gómez desde El siglo.
40
Orientación Republicana, Tomo II, páginas 355-356.

25
insiste en la necesidad de fortalecer las Escuelas normales y “ver si
podemos contratar buenos maestros para Bogotá. Han de ser legos y
católicos, pero muy buenos.” Aparentemente tales esfuerzos no
resultaron en nada y Restrepo tuvo que ver cómo, a pesar del esfuerzo
fiscal, la instrucción pública no tuvo el empuje deseado. El elemento
atávico se impuso sobre la fuerza modernizante. En una comunicación
a José A. Gómez Recuero de ese mismo año, ese elemento
tradicionalista se expresa con claridad. En un párrafo digno de Suárez,
el presidente republicano dice lo siguiente:
“Penoso fue el incidente con el señor Santiago Caballero; pero no tenía
remedio la solución que tuvo. Mientras rija la Constitución que nos rige,
que organiza la instrucción pública sobre la base de la religión católica,
apenas puede darse mayor absurdo que el de inspeccionen la marcha
de esa instrucción los miembros de las logias masónicas.” 41
El presidente republicano intentó establecer de todas las formas
posibles una separación entre los intereses de Estado y los intereses de
partido. Y lo consiguió en áreas tan importantes como el sufragio y la
política económica. Pero Restrepo, el conciliador, no consiguió llevar esa
separación al campo de la moral pública y la educación, a pesar de
contar con el apoyo de verdaderos expertos en el tema. La modernidad
de la propuesta republicana que tanto avanzó en otras esferas de la
actividad estatal por una suerte de movimiento pendular quedó
truncada en la separación de Estado e Iglesia y puede señalarse a la
educación como principal responsable. De acuerdo con Mesa, las
condiciones históricas no lo permitían, pero creo haber mostrado que
algunos elementos propiamente doctrinales en la ideología del principal
líder republicano tampoco.

41
Op. Cit. Página 361. Es interesante notar, como lo ha hecho Jorge Orlando Melo, que
en el campo de la instrucción pública de esa época y en un manual tan influyente
como el de Henao y Arrubla, es posible encontrar también “juicios implícitos
tradicionalistas”. Ver http://www.jorgeorlandomelo.com/bajar/henaoyarrubla.pdf,
página 12, consultado el 15 de enero de 2012. Creo que la posición de Restrepo sobre
educación a veces se mueve entre este tipo de juicio fundamentado en la aceptación
tácita de la religión y juicios tradicionalistas explícitos como el de la última cita.
26
A partir de esta conclusión uno puede plantearse la pregunta general de
si en la historia de Colombia tal híbrido de neutralidad política y no
neutralidad moral ha resultado practicable. Porque en la moral e
instrucción públicas, que generalmente han dependido directa o
indirectamente del clero, la distinción entre Iglesia y partido sólo parece
funcionar en teoría.
Ese precursor del republicanismo que fue Núñez, por ejemplo, utilizó la
religión como una estrategia política unificadora y la educación como la
forma más directa de garantizar la injerencia de la religión en la vida
cotidiana42. Parece haber asumido la fe como parte de un cálculo
político que le garantizó el control del país con el apoyo, a veces velado
a veces explícito, de ese inmenso mecanismo administrativo que era el
clero colombiano. Para Núñez la religión es un instrumento de la
ideología, un factor aglutinante y la política es la fuerza directriz. Las
creencias religiosas actúan como cimientos sobre los cuales se puede
construir una organización política central, unas determinadas formas
de producción y hasta un sistema electoral. Poco importa si uno
efectivamente comparte tales creencias y poco importa si el antiguo
radical es un verdadero católico; la religión es una cuestión de Estado.
Para Caro, el intérprete jurídico del frío pragmatismo de Núñez, el
movimiento fundamental parece ser religioso y la política su mera
consecuencia. Garantizar los fueros de la religión católica es darle
fundamento a cualquier orden político porque la religión es el origen de
toda autoridad. La política es una estrategia de preservación religiosa y
la educación un proceso fundamentalmente evangelizador. El Estado es
entonces una manifestación imperfecta de un orden superior que regula
al hombre en su fuero interno y en sus relaciones con los demás. El
Estado es una cuestión religiosa. Garantizar la unanimidad moral a
través de la educación es, en uno y otro caso, indispensable.

42
Para el fundamento de esta opinión ver, por ejemplo, Renán Silva, La educación en Colombia. 1880-
1930. En Nueva historia de Colombia. Tomo IV. Planeta, Bogotá, páginas 68-69.
27
Tal como Laureano Gómez, ese ingeniero conservador y “banderizo” en
su proyecto de Constitución de 1953 con respecto a la libertad de
cultos, Restrepo recurre a la idea de unanimidad moral como estrategia
argumentativa y acepta cualquier reforma a la educación siempre y
cuando se guíe por los principios morales católicos. Como en Gómez, la
encrucijada se hace evidente en dos pasos: para el uno, porque se
pueden profesar todas las religiones cuya moral coincida con la católica;
para el otro, porque de cuando consolidar los principios morales en la
educación se trata, el conservatismo católico tendrá la última palabra.
Ambas posiciones impiden el paso de la consagración legal y formal de
la tolerancia religiosa y de la orientación científica educativa a la
práctica. Una porque toda religión que no coincida con la católica
estaría desprovista de moral, sería un culto legalmente impracticable.
Otra porque toda orientación educativa queda presa, incluso en sus
contenidos, de una orientación moral tradicionalista. Gómez es un
político doctrinario, admirador de Caro y su teología de la historia
inspirada por los pensadores políticos católicos. Pero el mundo del
republicanismo es otro, producto de algunos acuerdos fundamentales
destinados a superar la intolerancia partidista proveniente de la
Regeneración como una realidad política que ha utilizado la religión
como arma ideológica. Por esa razón recurrir a uno de los principios
más caros a la ideología tradicionalista imperante puede traer como
consecuencia comprometerse con otros principios, probablemente
menos admisibles o adecuados en circunstancias históricas en las que
las ideologías tradicionales están en juego.
El Estado republicano no consiguió en este punto alcanzar su sueño de
transformarse en un “Estado moderno, como organismo completo”. El
miembro sin el que ese organismo no puede ser completo es una
política educativa gubernamental separada orgánicamente de la
religión. Desde el punto de vista ideológico esta separación requiere,
como espero haber mostrado, una fundamentación no religiosa de la
moral pública.
28