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DECLARACIONES DE


COMIBAM INTERNACIONAL
Contenido

Afirmación de Antigua, Guatemala ‘86 1


Declaración de COMIBAM ’87 – San Pablo, Brasil - 2
Declaración Adopte un Pueblo 7
San Jose de Costa Rica ‘92 7
Acuerdo de Acapulco - COMIBAM ‘97 - 8
Afirmación de Antigua, Guatemala ‘86
Según el propósito divino revelado en las Escrituras, la misión de la iglesia es la expresión y
expansión del Reino de Dios en palabra y obra, mediante el poder del Espíritu, para la gloria de
Dios, por el crecimiento integral de los creyentes en Cristo y la evangelización de los que no se han
entregado a Él.
La misión es expresar y extender el Reino de Dios.
Entendemos por “misiones” la expresión y expansión del Reino de Dios al establecer la iglesia en
lugares donde ésta no existe, para hacer discípulos de todas las naciones.
Reconocemos que la misión de la iglesia incluye la compasión por el ser humano integral, como una
expresión del Reino de Dios.
Es en medio de la sociedad que la iglesia busca proclamar y demostrar “todo el consejo de Dios”
siendo sal de la tierra y luz del mundo, aceptando las implicaciones sociales del evangelio.
Afirmamos que la iglesia local puede tener mejores posibilidades que personas o agencias de afuera
para evangelizar su conglomerado social. Pero reconocemos también que a través de la historia,
Dios ha usado aun de otras culturas, a personas y organizaciones dispuestas a cumplir en
obediencia el propósito divino.
Agradecemos a quienes han servido y sirven a la causa del Señor en cada uno de los países
latinoamericanos. Esto nos compromete a participar en la búsqueda de formas para alcanzar en el
mundo a los grupos que están ideológica, social y geográficamente marginados.
En el Tercer Mundo, y en vísperas del tercer milenio, debemos tomar en cuenta la realidad
cambiante y sus nuevos desafíos y oportunidades para completar nuestra tarea misionera. Por lo
tanto, tenemos la responsabilidad de desarrollar un nuevo concepto y una nueva metodología de
misiones que corresponda a esta realidad cambiante. Ya no debemos pensar necesariamente en los
mismos términos y con la misma mentalidad de las generaciones pasadas.
Afirmamos que la iglesia, o conjunto de iglesias más cercanas y/o más relacionadas al grupo que se
busca alcanzar, está puesta por Dios en una posición especial para ser copartícipe en la misión de
evangelizar a dicho grupo. También reconocemos que el mandato misionero puede llevar la obra de
Dios más allá de donde ha llegado la iglesia local.
Hemos contemplado los modelos históricos de relación entre el campo misionero y la iglesia
misionera, sin pasar por alto las nuevas alternativas misioneras que surgen desde el Tercer Mundo
para esa relación.
Aceptamos que el quehacer misionero desde América Latina también demanda un espíritu de
sacrificio.
Sostenemos que debe haber un diálogo constante entre las misiones y la ética bíblica. Debemos
vivir según la totalidad de la ética del Reino de Dios, revelado en las Escrituras. Sólo a partir de la
redención y la ética cristiana puede darse la transformación integral.
Afirmamos que uno de los distintivos de nuestra época es la existencia de grandes centros urbanos
que plantean desafíos especiales a la misión de la iglesia.
Toda misión a la ciudad debe tener en cuenta que en las ciudades se expresa el poder satánico de
una forma evidente. Sin embargo, también debe recordarse que Dios quiere redimir a la ciudad, y ha
obrado aun en ella como un centro de difusión misionera.
En una sociedad fragmentada por diversas causas, la iglesia debe ser ejemplo de unidad, usando
las herramientas antropológicas y sociológicas adecuadas. Es imperativo considerar, reconocer,
identificar y estudiar los grupos étnicos, los sectores y las subculturas que deben ser objeto de
nuestra tarea misionera.
Afirmamos que la Biblia claramente enseña el deseo divino de que todos los hombres sean salvos.
Sin embargo, la Escritura también declara que todos los hombres están bajo condenación,
incluyendo a los que aún no han oído.
Hay una revelación general que prepara, pero no substituye la acción salvífica de Dios, la cual se da
solamente por medio de la predicación del evangelio de Jesucristo a quienes responden por fe. De
ahí surge la urgencia de las misiones.
Misionero es un discípulo que, llamado por Dios y enviado por Él a través de la iglesia local, cruza
barreras geográficas y/o culturales a fin de comunicar todo el evangelio, ya sea para el
establecimiento o el crecimiento integral de la iglesia.
La iglesia es la asamblea de creyentes en Cristo, llamados a adorar a Dios en una comunidad que,
en sujeción a Él y unos a otros, penetra el mundo en el poder del Espíritu Santo.
Afirmamos que el proceso de enviar misioneros es de iniciativa divina. Dios lleva adelante este
proceso mediante la iglesia local, instrumento que Él ha establecido para el cumplimiento de la
misión. Por lo tanto, la responsabilidad misionera es principalmente de la iglesia local. Esta
responsabilidad incluye el reconocimiento de individuos llamados, la motivación, la preparación, el
apoyo y el cuidado pastoral de los misioneros.
Las entidades misioneras (denominacionales o interdenominacionales), con su mayor
especialización, ayudan a la iglesia a cumplir con su tarea.
Antigua, Guatemala, 4 de junio de 1986

Declaración de COMIBAM ’87 – San Pablo, Brasil -


Historia de COMIBAM
Del 23 al 28 de noviembre de 1987, en la ciudad de San Pablo, Brasil, nos reunimos tres mil cien
participantes de diferentes denominaciones evangélicas, de veintiséis países iberoamericanos, y
trescientos cincuenta observadores de otros treinta y tres países para celebrar el PRIMER
CONGRESO MISIONERO IBEROAMERICANO, convocados por el Comité de COMIBAM, el cual se
había venido reuniendo por más de dos años para coordinar y facilitar el desarrollo de una visión
misionera en diferentes países de América Latina y de la Península Ibérica.
Más que un evento, COMIBAM ha sido un movimiento de concientización, capacitación y acción
misioneras, especialmente a nivel de la iglesia local.
COMIBAM es un capítulo importante en una historia misionera que comenzó en 1914, cuando una
iglesia brasileña envió su primer misionero a Portugal. Posteriormente, hubo otras iniciativas en
diversos países de nuestro continente. Ha sido en los últimos cinco años que la iglesia
iberoamericana ha despertado con una renovada vitalidad a su responsabilidad misionera.
Históricamente, fue en algunas iglesias locales y agencias misioneras que el interés en enviar
misioneros a otras latitudes comenzó. Por otra parte, la celebración de conferencias especiales ha
ayudado también a promover la obra misionera.
La idea de celebrar un congreso misionero iberoamericano nació de una visión que recibió el apoyo
de líderes evangélicos de América Latina y de otras partes del mundo. Esta idea se convirtió en un
plan concreto durante la reunión efectuada en la ciudad de México, en diciembre de 1984, cuando se
nombró el Comité Coordinador para la realización de dicho plan.
La iglesia brasileña se ofreció para servir como anfitriona del congreso. Le expresamos nuestra
profunda gratitud por su hospitalidad. Se extiende también nuestro agradecimiento a las diversas
organizaciones que han prestado su colaboración a COMIBAM 87.
Después de una serie de consultas y conferencias misioneras llevadas a cabo en nuestro continente
a partir de 1984, nos hemos reunido en San Pablo para afirmar el compromiso misionero de la
iglesia ibero-americana y trazar directrices para cumplir el mandato misionero en nuestros propios
países y a nivel mundial.
Aunque COMIBAM no ha formulado detalladamente una declaración de fe, reafirmamos en esta
Declaración los siguientes principios bíblico-teológicos de la misión, los cuales fueron aceptados por
la Primera Consulta Teológica Iberoamericana de COMIBAM, celebrada en Antigua, Guatemala, en
junio de 1987.

Principios misionológicos de COMIBAM 87


Creemos que la iglesia es un conjunto de creyentes en Cristo que, llamados a adorar a Dios en
comunidades locales y en sujeción a Él y unos a otros, penetran el mundo con el mensaje del
evangelio en el poder del Espíritu Santo.
Según el propósito divino revelado en las Escrituras, la misión de la iglesia es la expresión y
expansión del Reino de Dios en palabra y obra, mediante el poder del Espíritu, para gloria de Dios,
en el crecimiento integral de los creyentes en Cristo, y en la evangelización de individuos y pueblos
no alcanzados con el evangelio. Reconocemos que la misión de la Iglesia incluye la compasión por
el ser humano integral como la expresión del Reino de Dios en la sociedad y que la iglesia debe
proclamar y demostrar todo el consejo de Dios, como sal de la tierra y luz del mundo.
Afirmamos que la Biblia enseña claramente que todos los seres humanos están bajo condenación,
incluyendo aquellos que nunca han oído el evangelio. Sin embargo, la Escritura declara también que
el deseo divino es que todos sean salvos. El hecho de que los hombres tengan una revelación
general, preparatoria pero insuficiente para la salvación, es un factor que determina la urgencia de la
tarea misionera. También nos impulsa el desafío de millones de seres humanos de la creciente
urbanización, el aumento de la pobreza, la expansión del islamismo y de las sectas heréticas, la
amenaza de extinción de grupos no alcanzados por el evangelio, y la proliferación de ideologías
materialistas. Afirmamos que solamente Jesucristo puede salvar y transformar al ser humano.
Declaramos que la iglesia local es el instrumento básico para la evangelización del mundo,
comenzando por su propio contexto social. Reconocemos, agradecidos, que en su acción soberana
en la historia, Dios ha usado también a individuos y entidades misioneras de otras regiones del
mundo para el cumplimiento del mandato misionero. Las agencias misioneras (denominacionales o
no denominacionales) deben hoy utilizar su mayor especialización a fin de ayudar a la iglesia a
cumplir su tarea.
Creemos que las nuevas realidades en nuestro mundo exigen una cooperación de todos los
segmentos del cuerpo de Cristo, utilizando, en respuesta a las necesidades, modelos históricos de
relación entre el país receptor y la iglesia que envía misioneros, y aprovechando las nuevas
alternativas de servicio misionero. Reconocemos que las misiones son obra soberana de Dios y que
Él nos da el privilegio de ser coparticipantes en esa obra. Declaramos que nuestra meta no es una
conquista militar, política o cultural, y que debemos mostrar una actitud de humildad y servicio en la
obra transcultural.
Reconociendo que Dios es el Señor de la mies, afirmamos la prioridad de la oración en la obra
misionera. “Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:38).
Después de reflexionar sobre los principios misionológicos aquí expresados, afirmamos que todos
los segmentos de la iglesia local y las diferentes agencias misioneras deben involucrarse en el
cumplimiento del mandato misionero mundial.
Iglesia local
Son responsabilidades de la iglesia local:
1. Iniciar su propio programa de información misionera.
2. Sacrificar lo mejor en cuanto a personal y recursos materiales para cumplir su tarea misionera.
3. Ser promotora y orientadora de vocaciones misioneras.
4. Estimular la formación de líderes.
5. Respaldar al máximo a los que demuestran tener vocación misionera y ayudarles tanto en su
formación espiritual como en su capacitación para el cumplimiento de su ministerio.
6. Sostener espiritual, social y financieramente a los misioneros.
Pastores
Los pastores reunidos en COMIBAM reconocen que tienen las siguientes responsabilidades:
1. Asumir la responsabilidad que les corresponde como guías espirituales de sus iglesias en lo que
concierne al mandato misionero.
2. Promover la oración de intercesión por las misiones.
3. Informar y mantener la visión misionera por medio de la adoración, la predicación y la
enseñanza.
4. Procurar la mayor cooperación posible en el cuerpo de Cristo a fin de facilitar el sostenimiento
de misioneros.
5. Coordinar en la iglesia local los programas de orientación, capacitación y sostenimiento de
nuevos misioneros.
6. Involucrarse de manera constante en lo relacionado con las misiones transculturales.
Líderes denominacionales
Los líderes denominacionales reunidos en COMIBAM reconocen que tienen las siguientes
responsabilidades:
1. Exaltar el nombre del Señor Jesús y no el de las denominaciones en la tarea de establecer
iglesias.
2. Mantener la visión misionera mundial al mismo tiempo que se procura alcanzar los diferentes
sectores de la sociedad donde la denominación trabaja.
3. Preparar diferentes tipos de programas misioneros a nivel denominacional.
4. Mantener contacto con misioneros extranjeros para determinar áreas de servicio que deben ser
transferidas a individuos o agencias nacionales.
5. Proveer información misionera relacionada especialmente con la niñez y la juventud
iberoamericanas.
6. Promover las misiones en todos los países de Iberoamérica no obstante las condiciones
políticas o el ingreso per cápita.
Profesionales
Los profesionales reunidos en COMIBAM entienden que sus responsabilidades son:
1. Concientizar a los profesionales en las iglesias en cuanto a su potencial para participar en las
misiones.
2. Promover a nivel local, nacional y continental, la organización de grupos de profesionales que
estén interesados en las misiones transculturales con el propósito de intercambiar información y
lograr que participen en la oración, contribuyan financieramente, y colaboren en otros aspectos
de esta obra.
3. Motivar la colaboración con el liderazgo de la iglesia local en la planificación y realización de la
tarea misionera.
Mujeres
Las mujeres presentes en COMIBAM entienden como su responsabilidad:
1. Aceptar el desafío a participar efectivamente en el cumplimiento de la Gran Comisión.
2. Desarrollarse como una fuerza significativa que ejerce influencia misionera importantísima en el
hogar, la iglesia y la comunidad.
3. Buscar en el contexto de la iglesia local y de las agencias misioneras, las oportunidades para
desarrollar sus dones y capacidades a favor de la obra misionera.
4. Concientizar a la iglesia sobre la necesidad urgente de proveer oportunidades para capacitar a
las mujeres que tienen vocación misionera.
Jóvenes
Los jóvenes participantes en COMIBAM entienden que su responsabilidad es la siguiente:
1. Desarrollarse en la iglesia local como un elemento humano que es muy valioso para crear una
fuerza misionera iberoamericana.
2. Enfatizar el hecho de que, históricamente, Dios ha usado a hombres y mujeres jóvenes para
expresar y extender su Reino en la tierra (Jeremías 1:5-7).
3. Formar una conciencia misionera entre los jóvenes de las iglesias locales para que respondan al
llamado divino en esta hora trascendental de la historia de la salvación.
4. Demostrar su lealtad al Reino de Dios involucrándose activamente en el servicio de la iglesia
local, en la oración, el discipulado y la preparación bíblica y misionera.
5. Trabajar bajo la dirección del Espíritu Santo, de la autoridad de los pastores, del liderazgo
denominacional y de las agencias misioneras que reconozcan el potencial de la juventud y
apoyen sus aspiraciones de cumplir el mandato pare el cual el Señor les ha llamado.
Instituciones de educación teológica
Los profesores de instituciones teológicas afirman que su responsabilidad es la siguiente:
1. Apoyar a la iglesia local en el cumplimiento de su responsabilidad misionera.
2. Ayudar a los estudiantes a descubrir y ejercer sus dones y vocación.
3. Ofrecer preparación teológica así como espiritual y el desarrollo de un estilo de vida cristiano,
servicial y disciplinado en la comunidad de fe.
4. Ofrecer una preparación transcultural que, además del análisis sociológico, proporcione al
estudiante una sensibilidad en cuanto a otras culturas y una valorización justa de las mismas.
5. Dedicarse no solamente a preparar misioneros en las instituciones teológicas sino también
cultivar en alumnos y profesores la visión y el compromiso misionero.
6. Procurar que el currículo de las instituciones teológicas estén permeados por el espíritu
misionero.
7. Fomentar la creación de comités misioneros en cada institución teológica para que haya grupos
de oración y se celebren conferencias misioneras.
8. Desarrollar programas de capacitación misionera en cooperación con las iglesias locales.
9. Establecer programas de cooperación entre entidades educativas para utilizar al máximo los
recursos financieros y humanos a fin de enriquecer la enseñanza misionera.
10. Estimular a las instituciones teológicas a promover encuentros nacionales de profesores de
misiones para conocer las condiciones misionológicas de cada país y planificar encuentros
continentales.
Misioneros ibéricos
Los misioneros ibéricos presentes en COMIBAM entienden su responsabilidad de la manera
siguiente:
1. Localizar en América del Norte grupos no alcanzados por el evangelio y que están más abiertos
a misioneros hispanos que a los de otra cultura.
2. Localizar en países iberoamericanos grupos minoritarios que no han sido alcanzados por el
evangelio.
3. Esforzarse por alcanzar, efectivamente, a los inmigrantes iberoamericanos en los grandes
centros urbanos y en las áreas rurales de los Estados Unidos.
4. Formar asociaciones nacionales y continentales para promover consultas misioneras que
beneficien especialmente a los misioneros iberoamericanos transculturales.
Agencias misioneras
Las agencias misioneras presentes en COMIBAM entienden su responsabilidad de la siguiente
manera:
1. Presentarse como ministerios pro-eclesiásticos que trabajan en cooperación con las iglesias
locales para realizar tareas específicas en el Reino de Dios.
2. Evitar el sustituir a las iglesias locales en el cumplimiento de la tarea misionera.
3. Establecer y mantener canales de comunicación entre las iglesias.
4. Escuchar con mayor atención que antes las inquietudes y los anhelos de los líderes en las
iglesias.
5. Trabajar en armonía con las iglesias.
6. Ayudar a las iglesias en la selección y capacitación de candidatos, en la investigación de las
necesidades misioneras y en la sugerencia de estrategias para la participación en la misión
mundial.
7. Estimular a las iglesias para que entre sus miembros levanten los fondos que sean necesarios
en la realización de la obra misionera.
Observadores
Los observadores no iberoamericanos entienden como su responsabilidad:
1. Asumir la responsabilidad de ser socios silenciosos que contribuyan al trabajo misionero sin
esperar crédito alguno.
2. Ofrecer asistencia con un espíritu de siervos.
3. Enfatizar el papel del discipulado en las misiones en lugar de lo meramente institucional.
4. Disponerse a compartir la carga financiera sin crear dependencia.
5. Explorar junto con los líderes nacionales nuevas maneras de capacitar y enviar como misioneros
a profesionales que se sostengan a sí mismos.
6. Compartir información de sobre cómo concientizar a las iglesias locales en cuanto a la misión
mundial de la iglesia.
7. Apoyar la publicación de materiales didácticos e informativos sobre misiones, escritos por
iberoamericanos.
Compromiso
Unidos por el deseo ferviente de ser luz para las naciones, nosotros, participantes en COMIBAM 87,
hacemos esta Declaración confiando en la ayuda del Señor, en la dirección y el poder de su Palabra
y de su Espíritu, e invitamos a todos nuestros hermanos y hermanas en Iberoamérica a involucrarse
con nosotros en el fiel cumplimiento de la misión que Él nos ha asignado: “Te he puesto para luz de
los gentiles a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra” (Hechos 13:47).

Declaración Adopte un Pueblo


San Jose de Costa Rica ‘92
Introducción
Nosotros, participantes de la Consulta Iberoamericana “ADOPTE UN PUEBLO”, convocada por la
Cooperación Misionera Iberoamericana (COMIBAM Internacional) y contando con la adhesión de la
Confraternidad Evangélica Latinoamericana (CONELA), celebrada en San José (Costa Rica), del 6
al 10 de octubre de 1992, representantes de alianzas nacionales evangélicas, comités nacionales de
misiones, organizaciones eclesiásticas y misioneras diversas de los países de Iberoamérica.
Afirmamos que la misión de la iglesia es bendecir a todos los grupos humanos de la tierra con la
Buena Noticia del reino de Dios dada en Cristo Jesús. Entendemos que el deseo de Dios es que la
humanidad, representada por todos los diferentes pueblos1 o grupos de la tierra, pueda relacionarse
armoniosamente con El y su creación.
Actualmente existen en toda la tierra aproximadamente 6.000 lenguas y 24.000 pueblos o grupos
humanos, de los cuales en aproximadamente 11.000 no han tenido ninguna posibilidad de escuchar
la buena noticia de salvación.
Por tal razón, afirmamos nuestra convicción y compromiso de llevar el evangelio del reino de Dios a
estos pueblos, a fin de cumplir con el mandato de Dios a Abraham (Génesis 12.1-3) y el mandato de
nuestro Señor a los discípulos (Hechos 1.8). Afirmamos que nos consagramos a esta tarea con
renovada visión y pasión hasta que el Señor venga.

Por lo tanto,
Declaramos:
1. Que la iglesia debe dar prioridad al mandato bíblico de hacer discípulos a todas las naciones
(Mateo 28.18-20). Comprendemos que la frase “todas las naciones” incluye a los pueblos no
alcanzados que están en nuestras y en otras naciones que nunca han tenido la oportunidad
de entender el evangelio en su propio contexto (Romanos 15.20-21).
2. Que la responsabilidad y las implicaciones de la adopción de pueblos no alcanzados por
parte de la iglesia, demandan oración, investigación, información, selección, sostenimiento
financiero, capacitación específica y envío de misioneros a esos pueblos, por lo que
exhortamos a que cada país de nuestro continente adopte un número de pueblos no
alcanzados que nos permita cumplir con la tarea restante de la evangelización mundial
(Mateo 24.14).
3. La necesidad de la intercesión misionera a favor de los pueblos no alcanzados y de los
esfuerzos a realizar en esta magna tarea.
4. La gran importancia que posee la investigación en la adopción de pueblos no alcanzados. A
través de ella podemos transportar nuestros corazones a los diferentes grupos humanos
sintiendo la necesidad apremiante que ellos tienen de conocer al Señor Jesucristo y su
evangelio. Es por eso que declaramos nuestro interés en trabajar como un solo cuerpo y
recomendamos la creación de centros nacionales y regionales de investigación misionera.

1 En este documento usamos el término “pueblo” como equivalente de grupo humano.


5. La necesidad de divulgación. Todo conocimiento sobre los pueblos no alcanzados debe ser
compartido con cada país, denominación e iglesia a través de los diferentes medios de
comunicación disponibles. A su vez, la iglesia debe utilizar todos los recursos para divulgar a
su membresía la situación y necesidad de dichos pueblos, con las debidas aclaraciones y
prudencia en el manejo de los datos.
6. Con referencia a las estructuras y a la histórica tensión entre la iglesia y las misiones,
declaramos nuestro entendimiento de que en el tiempo y en el espacio, Dios ha honrado y
bendecido las distintas formas en que las mismas se han organizado y cooperado entre sí
para realizar la tarea misionera. Afirmamos que ambas estructuras —las iglesias locales y
las sociedades misioneras— son vitales en el proceso de la adopción de los pueblos no
alcanzados, y que por tanto, ambas deben ser utilizadas de la manera más eficiente posible
y con el mayor ahorro de recursos.
7. Que la tarea misionera demanda un gran esfuerzo de capacitación especializada por parte
de los que van al campo y de los que los envían. Esta capacitación debe ser adecuada,
equilibrada y debe abarcar los aspectos espirituales, intelectuales y prácticos. Entendemos
que la capacitación no se debe reducir a un evento sino que debe extenderse a lo largo de
la vida útil del obrero. Recomendamos, asimismo, que los seminarios e institutos bíblicos en
nuestro continente desarrollen programas de capacitación y entrenamiento misionero
transcultural.
8. Que la iglesia local tiene la responsabilidad primaria de proveer las finanzas para las
misiones. Asimismo es responsable y solidaria con el obrero en las distintas etapas de su
preparación, envío, permanencia en el campo, regreso y readaptación. Tomando en
consideración que nuestros países tienen ya la capacidad económica de solventar la tarea
misionera, la iglesia que envía debe contextualizar la necesidad del obrero con la realidad
del campo asignado.
9. Que el espíritu de cooperación debe caracterizar todos los esfuerzos a realizarse en la tarea
misionera hasta que este evangelio sea predicado a todas las naciones. En consecuencia
aceptamos el reto de adoptar 3.000 de los 11.000 pueblos no alcanzados como parte del
esfuerzo misionero mundial.
San José, Costa Rica

10 de octubre de 1992

Acuerdo de Acapulco - COMIBAM ‘97 -


Convocados por el Señor, los alrededor de dos mil asistentes del Segundo Congreso Misionero
Iberoamericano, COMIBAM ’97, luego de escuchar la voz de Dios a través de su Palabra, buscar su
rostro en oración e intercesión, e intercambiar experiencias y opiniones en los grupos de reflexión
que tuvimos durante este magno evento, hacemos público el siguiente acuerdo:
1. Reconocemos con gratitud a Dios que en los últimos años hemos observado un significativo
avance en el involucramiento y la participación de nuestras iglesias en la causa de las
misiones mundiales, de acuerdo a la Gran Comisión recibida por nuestro Señor y Salvador
Jesucristo (Mateo 28.19), participación ésta que se da por el aumento y la proliferación de
los más diversos eventos y programas de carácter misionero, y la formación de nuevas
estructuras de preparación y envío de misioneros.
2. Confesamos y nos arrepentimos ante el Señor, sin embargo, por no haber hecho todo lo que
estaba a nuestro alcance y que hubiéramos podido realizar para la extensión del reino de
Dios hasta lo último de la tierra, máximo teniendo en cuenta lo pródigo que es nuestro
contexto iberoamericano en términos de recursos humanos, espirituales y materiales.
3. Afirmamos que para asegurar un sano desarrollo de las misiones, y luego del proceso de
evaluación llevado a cabo, deberemos velar debidamente en aspectos que hacen a la
correcta selección de los misioneros, su adecuada capacitación, la seriedad en su envío al
campo, y la supervisión y pastoreo continuo y amoroso.
4. Comprometemos nuestro empeño, con la ayuda de Dios, para bregar por el fortalecimiento
de nuestros respectivos movimientos misioneros nacionales, en el marco de un franco
espíritu de cooperación, que optimice el uso de los recursos que el Espíritu Santo derramó,
generosamente, en nuestro medio.
5. Redoblaremos nuestros esfuerzos, con miras al siglo XXI que pronto comenzará si nuestro
Señor Jesucristo no vuelve antes, para que los pueblos y etnias del mundo donde el
evangelio no ha sido aún anunciado, ocupen un lugar de preeminencia en nuestras
congregaciones, a fin de que con prontitud y espíritu sacrificial, sean alcanzados con el
mensaje de Redención y se establezcan iglesias autóctonas.

Por lo tanto, nos encomendamos a la gracia de Dios y a la asistencia de su Santo Espíritu en el


cumplimiento de esta sublime tarea.
Acapulco, México, 31 de octubre de 1997