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Desde el inicio Fujimori, asume los postulados del libre mercado, impulsados por

organismos multilaterales, cuya implementación es condición de los EE. UU y


Japón para préstamos imprescindibles en un contexto de recesión y violencia.
Con el estado bajo control, Fujimori desarrolla entonces un conjunto de medidas
que alteran la composición y el comportamiento empresarial.
El propio gremio empresarial se rompió, y salieron de la Confederación Nacional
de Instituciones Empresariales Privadas. Por primera vez, además, un sector de
microempresarios, ocupan nichos de mercado vacíos o se asocian como
subcontratos. De esa manera, el proceso de movilidad social descendente
asociado a las políticas de ajuste, se contrapesa con el ascenso de una nueva capa
relativamente joven de empresarios.
Durand ubica, en el periodo autoritario fujimorista un cambio en la composición
del empresariado, solo que remarca más la creciente debilidad del capital
nacional frente a empresas multinacionales.
La forma precisa como se vincula el poder económico actual con las decisiones
públicas en condiciones “normales”, es decir, fuera de casos de escándalos sobre
Lobbying o corrupción, prácticamente no había sido analizada.
Barrantes recuerda que, entre Julio y Noviembre de 1991, con asesoría del Banco
Mundial, el gobierno de Fujimori emite, en ejercicio de facultades legislativas
delegadas por el Congreso, también llega a analizar dos procesos de concesión,
que producen monopolios privados, de hecho muy grandes, para la provisión de
servicios públicos.
La decisión de movilizar enormes capitales para ser intervenidos en pesadas y
costosas infraestructuras requiere que los estados garanticen que las inversiones
no correrán riesgos.
Todo ello saca fuera del ámbito de lo público, de lo deliberativo, los servicios
públicos. La prioridad entonces de los intereses de los grandes grupos
económicos o de las transnacionales no requiere un procesamiento discrecional;
tiene fuerza de ley y funciona por nuevas categorías introducidas en la gestión
pública (la regulación o las garantías contra riesgos, por ejemplo) y nuevas
instituciones públicas.
En este contexto, el poder se puede ejercer a través de asesores de la banca
multilateral, o de estudios de abogados de grandes empresas que preparan
técnicamente contratos.
Según Durand, la alta concentración del poder económico coincide con la
creciente concentración del poder político en el ejecutivo, que desplaza al
Congreso de las definiciones centrales vinculadas con el funcionamiento de la
economía.
Al explotar las dificultades de relación del Estado con amplios sectores sociales
señala que la decadencia de las organizaciones sociales como la de obreros y
campesinos deja “vastos contingentes de la población desconectados del sistema
y plantea, en nuevos términos, el problema de la inclusión social” el que deja de
procesarse en función de negociación gremial, para resolverse por
procedimientos políticos y de alto conflicto social.
Para terminar con la cuestión de poderes económicos que alteran las condiciones
formales de igualdad política en las decisiones públicas, analicemos un momento
la reflexión de O´Donell referido al régimen político democrático, para el autor,
un régimen político define los canales de acceso que puedan acceder, las
estrategias y recursos para lograrlo y las instituciones a través de las cuales el
acceso ocurre.
El autor propone que, hoy en día, este análisis de las condiciones de acceso a
posiciones de gobierno como condiciones de competencia electoral no basta para
analizar la densidad democrática del régimen político; para él lo central terminara
siendo qué tanto pesan en las decisiones u omisiones públicas los insumos
provenientes de este conjunto institucional reglamentado, transparente y
competitivo frente a otros “insumos” de decisiones que provienen de los intereses
económicos y corporativos, la visión de la propia burocracia, las presiones de
otros poderes o los intereses privador de los gobernantes y sus entornos.
Efectivamente, un rasgo particular del montaje político de Fujimori fue la
diversidad de ofertas de recursos y de agencias organizadas por el Estado; es
decir, no se trataba de una estructura piramidal, donde la gestión del sistema de
clientela es encomendada a una estructura territorial de autoridades, sino de la
creación de múltiples oficinas, eventualmente ellas también compitiendo entre sí,
dependientes de Ministerios diferentes en la capital, y, en la cima de esta
estructura, sin sombras ni competencia, el presidente, otorgando dones y
prebendas.
Esta diversidad de ofertas de agencias estatales captando desde diferentes
espacios lealtades al mismo líder queda bien graficada en el caso de Ayacucho en
los años posteriores al conflicto.
En el contexto de descentralización, este orden de relaciones, o los conflictos en
torno a ellas, podrían hacerse más evidentes.
Analizando un conflictivo proceso participativo en una municipalidad de una
zona de extrema pobreza en Huancavelica, que termina con la revocatoria de un
alcalde que intentaba sustituir, con mecanismos participativos poco
estructurados, las relaciones de intercambio entre apoyo político y bienes o
servicios públicos (un no depurado padrón de “Vaso de leche” que permitía que
no solo los niños recibieran suplementos alimentarios, o la determinación de
obras o comisiones para dirigentes comunales) desarrollado por alcaldes.
El tema de la vigencia de relaciones de clientela, cuando menos a escala local,
espera mayores aportes.

LAS INSTITUCIONES DE LA DEMOCRACIA EN EL PERÚ Y LAS


CONDICIONES DE DESIGUALDAD
Desde los años ochenta, hay una clara ampliación del marco institucional de la
democracia al eliminar de la política el peso de exclusiones sociales en la
Constitución de 1979, se elimina la última gran traba a la inclusión política: el
voto de las personas analfabetas (20 años antes se había eliminado otra gran
exclusión: la de mujeres).
Desde 1980, además, de manera ininterrumpida, todos los gobernantes han salido
de as urnas si bien los procesos electorales de 1995 y, sobre todo, de 2000 no
respetaron las condiciones de limpieza de procedimientos y competencia en
igualdad de condiciones de los candidatos.
Ahora bien, este marco institucional democrático expandido desde la década de
los ochenta, ¿se ve afectado por la persistencia de grandes desigualdades?
Para algunos autores, la respuesta es negativa: las condiciones de la acción
política dependerían de los propios actores políticos.
Uno de los temas gruesos de las dificultades de la institucionalización del
régimen democrático es un elemento frecuentemente evocado, pero todavía no
bien explicado: la crisis del sistema de partidos políticos.
Según el propio Tanaka, del escenario de los ochenta, marcado por tres
dimensiones de las relaciones Estado/Sociedad (la representativa de los partidos,
la corporativa de las organizaciones sociales y la de la opinión pública) dos, la
representativa y la corporativa, desaparecen en los noventa, reduciendo la
relación Estado/Sociedad a una relación plebiscitaria. Sin embargo, para el autor,
esta situación seria producto de las prácticas de los propios actores, no de los
marcos institucionales ni de las condiciones estructurales.
El tema de la debilidad de los sistemas de representación (o su caducidad)
parece, sin embargo, quedar vinculado al autoritarismo de fujimorista. Antes de
la elección de Fujimori, sin embargo, el desprestigio de los aparatos de
representación ya era evidente, y es esa crisis la que explica la elección, por única
vez, propiamente de un Fujimori.
DEMOCRACIA PARA ELIMINAR DESIGUALDADES. LA
DESCENTRALIZACIÓN
La descentralización es, probamente, la reforma institucional mas importante producida
desde la transición democrática. En encendida como una reforma de los sistemas de
decisión publica que se realiza con el objetivo de generar mejores condiciones de
bienestar y reducir las brechas de desigualdad territorial, particularmente entre Lima y
las regiones.
El supuesto de la descentralización es que gobiernos subnacionales tomarán mejores
decisiones, mas consensuales, mas concertadas con los actores regionales, sobre el uso o
destino de los recursos de una región.
Sobre la descentralización, en su versión regional, hay muchos análisis de parte mas
periodístico o breves pinceladas. Se cuenta, sin embargo, con mucho material, así como
con solidas propuestas normativas.
Pero investigación sobre el proceso en curso propiamente se han hecho pocas. Una de
más la promesa y una propuesta.
La cuestión queda planteada, pero no es concluyente: ¿un buen gobierno regional
requiere de niveles mayores de desarrollo económico? Probamente se requieren más
análisis territoriales, porque, efectivamente, una de las desigualdades persistentes en
nuestro país es la territorial: dinamismos económicos diferentes se combinan también
con presencia desigual del Estado en el territorio.
CIUDADANOS DIFERENTES
Esencialmente, el terreno de la ciudadanía es el terreno de la igualdad. La construcción
de derechos civiles, políticos y económicos en una construcción de bases de igualdad.
La ciudadanía, el componente individual del régimen político, y la atribución legal de
agencia suponen derechos personales, pero también derechos “circundantes”: expresión,
asociación, libre movilidad, información; efectivamente, el atributo de agencia de la
ciudadanía supone personas que se relaciones en condiciones de igualdad, sin ser
sometidos a coerción que obstruya sus capacidades subjetivas y su disponibilidad de
una razonable gama de opciones. Las condiciones de extrema precariedad minan
también estas capacidades.
La cuestión de las relaciones entre democracia y desigualdad abre ricos debates y pone a
luz debilidades de construcción institucional.
Profundizar este tipo de estudios colaborara seguramente a generar condiciones de
mayor igualdad ya sea económica, social, cultural y finalmente cabe mencionar en lo
político y de mayor calidad en nuestra democracia