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CONFESIONES

Mary Alice: Cuando cometemos algún mal tenemos la necesidad de confesarnos, pensado
que así nada de lo que hemos hecho tendrá ya validez… [Gabrielle se confiesa en una iglesia]
Pero no todas las confesiones se hacen ante un cura, muchas de ellas se hacen en la
intimidad del hogar, donde creemos que nadie nos ve… [Lynette confiesa su enfermedad ante
Bree]
Unas veces son confesiones tan bonitas, que no sabemos ni cómo decirlas… [Bree
comenta a todas sus amigas que está embarazada]
Otras son confesiones que nos perjudican, pero que en el fondo todo el mundo debe
saber… [Lynette se quita la peluca ante sus amigas]
Pero las mejores confesiones, las que mejor nos sientan, son las confesiones que liberan
nuestra propia alma y es que ser uno mismo puede tener consecuencias desastrosas.
[Francisco y Felipe besándose]

Lynette se encontraba de nuevo en su casa, por fin podía decir que había vencido el
cáncer. Tras meses de dura quimioterapia, de pensar mil veces en tirar la toalla, allí estaba de
nuevo, en Wisteria Lane, dispuesta a comerse el mundo. Pero esa mañana no iba a ser como
cualquier otra, un sonido proveniente de la calle la hizo despertar y se asomó a la calle. Sus
amigas le habían preparado una fiesta sorpresa, y un cártel bien grande mostraba que
estaban encantadas de tenerte de vuelta. Tom sonreía, ya sabía lo de la fiesta y era hora de
disfrutarla.
-¿Tú lo sabías verdad? Eres un traidor, ¿sabes? Y los traidores se merecen muchas
cosquillas –dijo Lynette cumpliendo su amenaza. Cuando todo termino, Tom empezó a llorar,
sin poder evitarlo.
-¿Qué pasa Tom? –preguntó ella preocupada.
-No pasa nada Lynette, sólo que… sólo que no esperaba volver a verte feliz. Además, no
esperaba que te volvieras a enamorar de mí y me ha impactado un poco. ¡Estoy tan feliz!
Por un momento, Lynette pensó en Rick, pero fue la última vez en su vida que volvió a
pensar en él, porque ahora de verdad a quien amaba era a Tom.
-Pues claro que te quiero, siempre te he querido, ¿por qué crees que no hice nada con
Rick? Porque en verdad a quien amaba era a ti, él era como una utopía, pero todo se estropeo
con él. Y siempre, siempre, siempre voy a amarte a ti y sólo a ti, quiero que lo entiendas
porque nunca más voy a tener que repetirlo.
-Lo entiendo cariño, y ahora arréglate, es hora de disfrutar de tu fiesta.
-Sí, es hora de disfrutar de mi fiesta… es hora de disfrutar de mi vida.

-Hijo, ¿tú sabías algo de Clara que yo no supiera? –le preguntó Marina a Francisco, su hijo.
-¿Algo? No sé a qué te refieres –dijo él.
-Voy a ir al grano, en esta familia se han acabado las mentiras, llevamos mucho tiempo
mintiendo y eso es lo que nos ha hecho tan desdichados. Tu hermana no ha muerto porque
había abandonado las ganas de vivir, ella ha muerto por culpa de una paliza, ¿sabes si Carlos
le pegaba?
-Pues la verdad es que sí, lo supe el mismo día en el que él murió, de hecho esa fue la
causa de su muerte, pero lo que no sabía es que ella había muerto por su culpa, ahora me
alegro de haber quitado su vida.
-¡Oh, Dios mío! Pero, ¿qué estás diciendo? Cometiste un asesinato.
-Para defender a mi hermana, sí. No podía permitir que ese tío maltratara a mi hermana y
cuando lo vi caer sentí en mi interior una felicidad, una tranquilidad que nunca antes había
sentido. No me sentí culpable mamá, él tuvo lo que se merecía.
-Lo sé hijo, y aunque parezca mentira apoyo tu decisión. Mi hija ha muerto por su culpa,
mi Clara, aunque no me quita el dolor saber que él también murió sufriendo, por lo menos sí
lo alivia un poco.
-Me alegro que pienses así, ahora por lo menos sabemos que pagó por sus actos, pobre
Clara, ¡la echo tanto de menos!
-Yo también hijo, ahora estamos solos los dos y Felipe, porque con papá no se puede
contar, nunca está en casa. Lo peor es que ni siquiera compartió los últimos momentos de su
hija, no la vio viva justo antes de morir, eso es lo que más me duele.
-Eso es lo que le debería de doler a él, no a ti. Tú estuviste a su lado, hasta el final, al igual
que yo… nunca se lo perdonaré. Pero ahora quiero hablarte de otra cosa, a lo mejor no lo
comprendes o ni siquiera recibo la respuesta que yo quiero, pero necesito que tú lo sepas
porque las cosas en esta casa van a cambiar mucho a partir de ahora, tanto que a lo mejor te
resulta extraño.
La madre se preparó para lo peor, ¿de qué hablaba su hijo?

-Muchas gracias por todo, de verdad que no os merezco, sois todas fenomenales –dijo
Lynette al ver todo lo que le habían preparado, sintiéndose parte de Wisteria Lane otra vez.
Todo gracias a sus mejores amigas, sin ellas seguramente seguiría lamentándose, pero había
llegado el momento de continuar, porque la vida nunca para, de hecho siempre la vida debe
continuar.
-Bueno, todo esto es por ti y para ti –dijo Bree.
-Pero, ¿por qué habéis hecho todo esto? –preguntó Lynette.
-Porque es lo que te mereces, tú nos importas mucho y de esta forma te lo demostramos –
dijo Susan.
-Sí, de esta forma queremos decirte que te hemos echado mucho de menos y que
queremos que siempre estés a nuestro lado –dijo Gabrielle.
-Sí, todas juntas, pase lo que pase… hasta el final –dijo Edie.
Así, todas disfrutaron de la fiesta, sin percatarse de que unos vecinos no estaban para
fiestas y sin siquiera darse cuenta de que lo que estaban haciendo era una falta de educación,
pero es que los sueños de Lynette valían más que la educación.

-Danielle, ¿estás bien? –dijo Bree al ver que se acercaba el gran momento, que había
esperado nueve meses, el día en el cuál nacería el hijo de Danielle, el que iba a ser su hijo. La
fiesta ya había terminado y Orson ya había puesto una excusa para que ellas no fueran al
hospital, dijo que querían tenerlo en Canadá, y al estar tan lejos, ninguna pudo ir.
-Empuja hija, empuja, ya falta menos –dijo Orson.
Poco a poco, el bebé de Danielle fue saliendo a la luz del día, conociendo su nueva vida en
el mundo real, pero algo malo ocurría.
-¿Por qué no llora el bebé? –dijo Bree.
-Lo siento mucho, pero ahora tenemos que ponernos con el bebé –dijo el doctor.
-¿Qué es lo que ocurre mamá? –dijo Danielle muy asustada, necesito saber qué le pasa a
mi bebé.
-Tranquila, no sabemos lo que le pasa, pero pronto nos lo dirá el doctor.
Lo que ellos en realidad no sabían es que el niño había nacido muerto, que no tenía latido
y que el bebé, que había sido niña, nunca pudo ver la vida que le esperaba.

-Mamá, desde siempre he querido decir esto, pero nunca me he atrevido.


-Pero, ¿es malo? –dijo Marina.
-Sí y no, según como lo veas. Yo no lo veo malo, pero muchas personas sí y a lo mejor tú
no lo ves bien. Te aseguro que si pudiera evitarte este mal trago lo haría.
-Dime, ¿qué es lo que te pasa? Me tienes intrigada y asustada, dime de una vez lo que te
ocurre. Siempre eres tan enigmático que no sé ni lo que dices.
-Voy a ser sincero, mamá, soy homosexual.
La madre no pudo responder en el momento, se quedó pálida, pero en cuanto pasó el
momento de shock respondió a su hijo.
-Veo que estás muy seguro, ¿es lo que de verdad quieres?
-Sí mamá, no es lo que quiero, es lo que soy.
-Pues si eres así, ¿quién soy yo para intentar cambiarte? No es tan grave, te quiero tal y
como eres, y si eres homosexual pues te sigo queriendo.
-No sabía que ibas a reaccionar tan bien, ¡no sabes lo feliz que me haces!
-¿Y tienes pareja?
-Sí, mamá, es alguien muy cercano a ti. De hecho, él mismo te lo va a decir.
-Soy yo señora Jones –dijo Felipe entrando a la habitación y cogiendo la mano a Francisco,
mirándose los dos con cara de ternura.
-¡Nunca lo habría imaginado! Pero si tú eres mucho mayor que mi hijo.
-Señora, con todos mis respetos, si el sexo no limita nuestro amor, ¿cómo va a limitar
nuestro amor la edad?
-A mí eso no me importa mamá, sólo sé que lo quiero, que lo deseo con toda mi alma y
que me encantaría pasar el resto de mis días junto a él. ¿Qué te parece?
-¿Qué te parece a ti? –preguntó la madre confusa.
-Para mí es un sueño hecho realidad.
-Pues entonces eso me hace feliz a mí también, tenéis mi apoyo, pero cuando venga papá
sí debéis de moderaros. No quiero formar ningún escándalo, poco a poco le haremos entrar en
razón. Por cierto Felipe, ¿por qué estuviste con María si de verdad querías a mi hijo?
-Porque en el fondo no quería reconocer que era homosexual, y creía que si salía con ella
pues se me quitaría, pero esto no es una pegatina que se quita y se pone cuando a uno le
apetece y cuando intenté dejarla ella no me dejó, hasta que descubrió por error una
conversación que tuve con su hijo.
-Siempre nos enamoramos de quien no debemos –dijo Marina mirando una foto de su
marido.
Mary Alice: Sí, las confesiones siempre son más agradables cuando recibimos la respuesta
que siempre habíamos deseado… [Miranda abrazando a su hijo feliz]
Aunque muchas veces no es necesario confesar nada porque la propia vida nos pide algo
a cambio de nuestros pecados… [Danielle llorando con su hija muerta en brazos]
Y es que no todos los pecados son revelados, algunos se esconden tan bien que no salen a
la luz nunca… [Bree quitándose la barriga]
Pero otros se descubren en el momento más inesperado, cuando cometemos el error de
no guardarlos como es debido. [Francisco abre el armario de las ánforas, las mira y cierra el
armario. Se va corriendo, pero no echa la llave con lo cual el armario se abre, dejado a la luz
las dos ánforas]