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HISTORIA DE LOS ANTIPSICÓTICOS

La locura, como un término ambiguo y poco específico, es conocida desde tiempos inmemorables.
Sin embargo, recién a comienzos del siglo XIX, con Pinel y Esquirol, se incluye a los denominados
alienados mentales dentro de la medicina y se comienza a considerar a la psicopatología como un
problema médico y no solo jurídico o social. En este contexto, se desarrolla la psicopatología y los
grandes fenomenólogos de la psiquiatría comienzan a abordar la problemática de la clasificación de
estos trastornos mentales. En este sentido, y con los conocimientos de la época, se marca una gran
diferencia entre los trastornos, con una clara base orgánica (por ejemplo, parálisis general
progresiva sifilítica) y los trastornos psíquicos (como la esquizofrenia). Este dualismo es una de las
piedras angulares sobre las que se constituye la psiquiatría a lo largo del siglo XIX y hasta la mitad
del siglo XX. Hacia la década de 1950, el Dr. Henri Laborit comienza a experimentar con un nuevo
anestésico: la clorpromazina. En los estudios que dirige, observa que al administrarla a pacientes
con diagnóstico de esquizofrenia los síntomas psicóticos disminuyen. Esto da pie al surgimiento de
los antipsicóticos y a la consecuente revolución en el campo de la farmacología: la
psicofarmacología. En este punto, al entender que una sustancia química puede alterar los síntomas
psicóticos, se comienza a poner en tela de juicio a los trastornos como la esquizofrenia como
únicamente fenómenos psíquicos.