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Ejercicio de coherencia textual (ordenar los párrafos del texto)

La palabra griega Filosofía deriva de los términos helenos filos (amante) y sofía (sabiduría): significa
etimológicamente amor a la sabiduría, que es lo que caracterizaba Sócrates, quien piensa, como
hemos visto, que solo un dios puede ser sofós (sabio). El hombre ignorante que se califica a sí mismo
como sabio es en realidad un sofista (sofística quiere decir una aparente sabiduría, pero que no lo
es; el sofista es quien se presenta como un sabio sin serlo verdaderamente).

Pero aparte de eso, hay otras características del hombre que es filósofo. La escuela llamada Stoa,
fundada en Atenas, consideraba que filósofo es sólo quien tiene un estilo de vida capaz de conservar
el dominio de sí mismo: aquel que es paciente, sosegado, virtuoso, sencillo, incluso resignado ante
la desgracia o el excesivo trabajo. Una conocida frase derivada de esa actitud estoica es tomarse la
vida con Filosofía.

Aquel que no filosofa se mantiene en un estado infantil: solo recibe pasivamente algunos
conocimientos escolares que debe aprender sin espíritu crítico, sin preguntarse sobre el sentido
último de ellos. Incluso quien dice que hay que filosofar, debe filosofar para demostrarlo, según
mantiene Aristóteles.

Y aquí encontramos otra vez la principal característica del filósofo: aquel que ama. Por tanto no
puede ser identificado con la imagen tópica del hombre frío, cerebral y racionalista, sino que es el
que más corazón tiene: es ese continuo amante o enamorado de quien escribe Platón e sus Diálogos.

Resulta ilustrativo ese significado etimológico de la voz Filosofía. En vez de esta palabra podrían
haberse formado otras: Sofología, o Logosofía, como también se componen de lógos (tratado) las
de Teología, Biología, Sociología, Psicología o Arqueología. Pero nuestra Filosofía no es un frío
tratado o un mero estudio cerebral acerca de la sabiduría, sino que su nota especial es el amor hacia
ella.

Solo la sabiduría es propia de la Divinidad. Por algo San Agustín escribe en De Civitate Dei que “si
Dios es la sabiduría, el filósofo verdadero es quien ama a Dios” (si sapientia Deus est, verus
philosophus est amator Dei).

Para alcanzar la verdad, la sabiduría o la belleza, es necesario amar. Según Platón, no se entra en la
Filosofía, sino por el éros; según Aristóteles, por la fília; según Agustín de Hipona, por la cáritas (San
Agustín considera que non intratur in veritatem nisi per caritatem: no se entra en la verdad sino por
la caridad); Ortega dirá que la Filosofía es “la ciencia general del amor”.