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LA MUJER EN COMBATE

¿Necesidad operativa de nuestras Fuerzas Armadas o imperativo


Político?

PATRICIO REYNOLDS AGUIRRE

2005

1
“Nada es más necesario que la verdad y, con relación a ella,
todo lo demás no tiene más que un valor de segundo orden. ”

Federico Nietzsche

2
INDICE

I.- INTRODUCCION…………………………………………………………….. 5

II.- RESUMEN HISTORICO……………………………………………………. 8

III.- SITUACION ACTUAL

A.- Una mirada al mundo: ……………………………………………………….. 14

1.-España
2.-Reino Unido
3.-Estados Unidos de América

B.- Una mirada a nuestros vecinos:…………………………..….…………….. 49

1.-Argentina
2.-Perú
3.-Bolivia

C.- Realidad Nacional – Antecedentes Históricos……………………………. 59

1.-Conquista e Independencia
2.-Ejército de Chile
3.-Armada de Chile
4.-Fuerza Aérea de Chile

IV.- PROCESOS DE INTEGRACION ……..………………………………… 75

1.- La integración de la mujer a las F.F.A.A. como imperativo político

2.- El impacto del control de la natalidad y la sociedad de consumo

3
V.- EL CIRCULO INTIMO……………………………………………………….. 87

A.- Condiciones biológicas:


1.-Características físicas
2.-Características fisiológicas

B.- La familia

C.- La sexualidad

D.- El talento

VI.- CONDICIONES LABORALES EN LAS FUERZAS ARMADAS……… 103

A.-Fuerzas en Tierra

B.-Fuerzas Navales

C.-Fuerzas del Aire

VII.-ADAPTACION DE LAS FFAA A LA INTEGRACION FEMENINA…...... 122

A.- Fuerzas de Tierra

B.- Fuerzas Navales

C.- Fuerzas del Aire

VII.- REFLEXIONES FINALES ...……………………………………………. 131

ANEXOS...…………………………………………………………………….… 133

GLOSARIO DE TERMINOS………………………………………………….. 138

FUENTES CONSULTADAS……….…………………………………………… 143

PAGINAS WEB…………………………………………………………..………. 147

4
I.- INTRODUCCIÓN

La dinámica acelerada de los cambios mundiales y regionales y el nuevo modo de hacer


política, entendiéndose como el manejo de los asuntos públicos, que varió drásticamente con
respecto a lo que rigió desde finales de la Segunda Guerra Mundial, colocan a nuestras
autoridades frente a un desafío enorme.

Esto, directamente relacionado con nuestro tema de interés: la Defensa.

La experiencia de los años ochenta y noventa parecen no ser ya aplicables para indicar el
camino a seguir. Nuestro país consolidó un sistema democrático de gobierno, el mundo dejo
de ser multipolar, la globalización parece absorbernos, los enemigos ya no parecen serlo y
los amigos tampoco. Los desafíos aparecen y desaparecen con igual velocidad.

Dentro de este contexto, Chile se ha caracterizado por una política económica exitosa de
Libre Mercado, abierta al mundo y con especial énfasis en integrarse económicamente a
través de acuerdos de libre comercio. Esta situación, inevitablemente tiene efectos sobre los
aspectos estratégicos y militares inherentes al posicionamiento del país en el sistema regional
y especialmente en el cono sur; en términos de alterar sus tradicionales percepciones de
amenazas externas, especialmente en cuanto a la forma como a la oportunidad en que éstas
se materialicen.

En los inicios del siglo XXI el escenario estratégico viene marcado por la aparición de
nuevos riesgos y amenazas para la paz, la estabilidad y la seguridad nacional e internacional,
los que se suman a los considerados tradicionales y que, hasta ahora, son combatidos por la
fuerza militar. Este escenario está en continua evolución y emergen como riesgos principales
los diferendos por motivos económicos (Agua, Gas, Capitales, Fondos Marinos, etc.),
operaciones combinadas de guerra exterior1 y el terrorismo, tanto nacional como
internacional, ya sea actuando con independencia o con la posible combinación de amenazas.

De acuerdo a la Constitución Política del Estado, las instituciones llamadas a enfrentar estos
nuevos desafíos son nuestras Fuerzas Armadas, a las que define claramente en su Capítulo
XI, Artículo 101.

“Las Fuerzas Armadas dependientes del Ministerio encargado de la Defensa Nacional están
constituidas única y exclusivamente por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Existen
para la defensa de la Patria y son esenciales para la seguridad nacional”

Sin duda que para cumplir su misión requieren de los mejores hombres y mujeres de la
nación, el entrenamiento constante y exigente, además del equipamiento adecuado.

En los últimos tiempos hemos estado escuchando desde diversos sectores políticos, la
importancia de incluir a nuestras mujeres en las fuerzas de combate. Las Fuerzas Armadas
aparecen más abiertas que nunca a ellas. La parada militar es una buena muestra de ello. No

1
Se refiere a la participación de fuerzas militares en coalición con otros países por mandato de las Naciones Unidas o en apoyo a un país
aliado.
5
sólo son las más mostradas, sino que pareciera que existe una suerte de competencia entre las
instituciones armadas por cuál les da mayor protagonismo.

La discusión del tema se ha centrado en dos sectores relevantes. Por un lado, el gobierno y
los partidos llamados “progresistas” de la Concertación, algunas Organizaciones No
Gubernamentales (ONG) y grupos feministas menores. Al frente, han estado las Fuerzas
Armadas. Algunas de las instituciones están muy abiertas al tema y otras permanecen más
prudentes, con muchísimas dudas acerca del aporte real de la mujer en las fuerzas de
combate.

Pero… ¿qué hay de fondo en todo esto?

¿Es, acaso, necesario exponer a nuestras mujeres en las fuerzas de combate para lograr la
misión específica que nuestra Constitución les asigna a las Fuerzas Armadas?

¿Es su presencia, en nuestras fuerzas de combate, un aporte para darles mayor capacidad a
nuestras instituciones armadas y con esto disuadir en mejor forma a nuestros posibles
adversarios o simplemente se trata de un imperativo político?

Contestar estas preguntas es el objetivo de esta investigación.

Un estudio en estas materias, choca contra una barrera difícil de superar. La información
sobre los problemas de personal al interior de los cuerpos armados, no siempre está
disponible para ser analizada.

En las naciones europeas occidentales en las que el debate es abierto en todas las materias,
incluso en el campo de la defensa, los problemas derivados de la incorporación femenina a
las FF.AA. se han discutido en el parlamento y en la prensa, de modo que existe una
abundancia relativa de información. En los EE.UU. hay disponibilidad de información por la
tendencia de los norteamericanos a discutir sin mayores restricciones los problemas, aún los
más delicados.

No obstante, en todos estos casos, la información divulgada nunca es tan completa y


fidedigna como se quisiera. Intereses políticos (nacionales o de grupos), cuestiones de
seguridad, defensa de la privacidad de las personas involucradas, la confidencialidad
necesaria para no afectar procesos judiciales en desarrollo, y otros argumentos, son algunas
de las razones esgrimidas para mantener ciertos temas bajo reserva.

En nuestra América hispana, marcada por las desconfianzas y las disputas territoriales entre
países vecinos, los asuntos de la defensa no se resuelven en el debate público. La
información que se puede obtener es la que se difunde para los efectos del reclutamiento y
los contenidos de las leyes que se han dictado. Los eventuales problemas, los pro y los
contra, se mantienen en reserva y los esfuerzos de algunos pequeños grupos por despertar el
interés del público o de las esferas políticas para llevar el tema al debate abierto, logran
escasos resultados. Informaciones que en otras regiones son difundidas sin restricción, en
nuestro subcontinente son mantenidas en la más absoluta reserva, aún cuando su
conocimiento público no represente riesgo alguno a la seguridad nacional o institucional.

6
Una característica del debate que se ha suscitado sobre este tema, es que la mayor parte de la
literatura publicada, se ha centrado en el problema de la incorporación de la mujer al sistema
y de las adaptaciones que se deben realizar en los cuerpos armados para hacerla efectiva.
Nada o casi nada se dice acerca de los beneficios que esta incorporación tiene o puede tener
para la mejor gestión militar de los estados, tampoco se toca el punto relativo al aporte que
las especiales características de la personalidad femenina pueden hacer al conjunto.

Mucho menos se ha tratado el tema de la familia del militar y el impacto que en ella puede
tener la presencia de mujeres en un mundo marcadamente masculino. Tampoco ha existido la
disposición para analizar las experiencias reales de otros países, en torno a las incontables
dificultades que han debido enfrentar las mujeres que se han unido a las FF.AA. en funciones
de combate.

El presente trabajo, aunque la mencionará frecuentemente, no se refiere a la presencia


femenina en funciones de apoyo de tipo administrativo o logístico. Sea en tareas como
escribiente, secretaria, médico, enfermera, abogada, telefonista u otras actividades en las que
se pueden desempeñar indistintamente, hombres y mujeres. Nuestro objetivo, está dirigido a
analizar la presencia de la mujer en las unidades operativas, como un combatiente más, en un
plano de mayor o menor igualdad con el varón.

7
II.- RESUMEN HISTÓRICO.

Con la aparición del Cristianismo la historia de la mujer tiene un momento en que se marca
un antes y un después. Sin duda que la concepción de “persona” de la nueva religión, en la
que se iguala a varones y mujeres, revolucionó al mundo.

En el pasado la mujer no estaba bajo ninguna circunstancia al mismo nivel del hombre. Era
un ser inferior, puesto por la naturaleza al servicio del varón. La presencia de mujeres
influyentes en la vida política, siempre se daba a la sombra de algún hombre o en apoyo a la
labor de éste. Aunque las haya, las mujeres conduciendo los destinos de una nación son
escasas y se las recuerda por ser pocas.

En el pueblo judío antiguo la mujer carecía de todo derecho. Al extremo de que en caso de
enviudar perdía todos los bienes del difunto, a los que accedía en virtud del matrimonio.
Estos bienes naturalmente pertenecían sólo a los hijos varones, si los había, o tornaban a la
familia del marido. La familia de la cual la mujer provenía, rara vez recibía de vuelta a la
viuda. De allí la insistencia de Cristo, en cuanto a la práctica de la caridad, de dar especial
atención a viudas y huérfanos.

Así mismo, la opción de combatir era privilegio exclusivamente masculino, debido a que el
combatiente tenía derecho al reparto del despojo de los vencidos, los que incluían en algunos
casos, las mujeres y niños, quienes se convertían en esclavos o se sacrificaban a los dioses
del vencedor.

No hay un solo relato de veracidad demostrable que se refiera a alguna mujer combatiendo
en las culturas egipcia, griega o latina. Sólo se tiene como antecedente, el mito de las
amazonas, que habrían existido en las riberas del Mar Negro y que ha logrado fama,
precisamente por su carácter de excepcional.

Entre los griegos, así como entre los romanos, los dioses pueden ser masculinos o femeninos,
pero ello no tiene su correlato en el plano de la vida humana. El hombre domina sin
contrapeso en el mundo terrenal. En todo caso, los dioses masculinos están marcados por la
fuerza y se imponen por lo general a las diosas, aunque éstas son indudablemente más
virtuosas.

A través de Aristóteles sabemos, que tanto Sócrates como Platón habían enseñado que la
mujer debía recibir entrenamiento militar y luchar codo a codo con los hombres. Estas ideas
no penetraron en la sociedad griega2. El mismo Platón señala que el hombre debe observar el
ejemplo de los animales domésticos, como los perros, en los que el cuidado que las hembras
dan a sus hijos, no las eximen de sus tareas en la protección del rebaño de la casa. Nada de
ello cambió la condición femenina en el mundo griego. El filósofo no reconoce al hombre
superioridad respecto de la mujer en lo intelectual, pero sí en lo físico. No obstante, que sólo
las mujeres excepcionales son capaces de superar en todo a los hombres3.

2
James M. Blythe, Los Argumentos De La Escolástica Y Las Imágenes Medievales De Las Mujeres Guerreras,www.imprint.co.uk
3
Ibid.
8
Un punto de dificultad para los filósofos griegos, se refería a una cuestión del pudor. La
educación física, indispensable para la práctica de la cosa pública o del servicio militar, se
llevaba a cabo en el gimnasio, en el que los atletas se ejercitaban desnudos, situación
inaceptable para la mujer, custodia del pudor de la sociedad4.

Pese a la enorme influencia que los filósofos ejercieron en la cultura griega, el tema de la
presencia femenina en la política y en la guerra no experimentó cambio alguno en la gran
civilización griega, ni en su heredera histórica, la cultura latina.

Esparta, estado legendario por ser ejemplo de una sociedad absolutamente organizada con
vistas a la guerra, daba a la mujer un rol muy definido. Atender la casa y educar a los hijos...
para la guerra.

De no mediar la influencia del cristianismo el mundo medieval habría recibido los escritos
griegos y latinos, sin prestarles atención, al menos en estos asuntos.

La noción de persona, es decir de individuo racional responsable de sus actos, da al ser


humano una visión distinta de la relación entre varón y hembra, ya que ambos quedan
igualados en su esencia racional. Aun cuando ello no ejerció mayor efecto en orden a
cambiar la relación de dependencia de la mujer respecto del varón, le otorgó un
reconocimiento que antes no tuvo. El culto a la Madre de Dios también ejerce su impacto,
pues en Ella, la mujer alcanza un grado de excelencia que ningún varón puede pretender para
sí.

Sin embargo, San Pablo es claro en señalar que la mujer está sometida al varón en el
matrimonio y en la jerarquía de la Iglesia. No obstante, esto no implica que la mujer no tenga
un lugar de importancia, mientras el marido es cabeza de la mujer, ésta es el corazón del
hombre5.

La Iglesia también veló por el respeto que el marido debía a su mujer, recogido en la vieja
fórmula nupcial del Misal Romano: “Mujer te doy, que no sierva”. La mujer quedaba
subordinada al varón, pero no a su servicio.

La salvación no hace distingos y eso es lo que finalmente cuenta. Para el cristiano, todo lo
demás es sólo temporal.

La historia de la Iglesia nos muestra a numerosas mujeres que ejercieron gran influencia en
sus comunidades, ya sea promoviendo la fe, defendiendo a los perseguidos o compartiendo
sus sacrificios, pero nunca asumiendo roles militares. Esto no significa que la función militar
haya sido menospreciada por la nueva religión. El santo más popular en Chile, San
Sebastián, era un soldado romano.

Los pueblos germánicos contemporáneos de griegos y romanos, herederos de una tradición


guerrera, desarrollaron una cultura cuyos valores fundamentales siguen siendo, hasta hoy, los

4
Ver “Servicio militar” en Aclaraciones.
5
La condición humana, definida en la expresión “dignidad del hombre”, que se alcanza en la medida que se conozca, se ame y se sirva a
Dios, toca por igual a hombres y mujeres.
9
propios de la vida militar; la lealtad como factor clave en las relaciones personales, el
espíritu de sacrificio, la jerarquización de la sociedad y del derecho, etc.

El ideal del germánico es morir en combate, para ir al paraíso. Allí tendrá por recompensa
los insuperables favores de las valkirias. El germano viejo, incapaz de combatir, pierde el
derecho a todo respeto y debe integrarse a las mujeres y los niños. La mujer en esta cultura
carece de todo derecho, es un ser de segundo orden. No va a la guerra.

La cultura occidental, que fragua en un primer paso, en lo que se conoce como Edad Media,
viene a ser el receptáculo de todas las corrientes anteriores. Las componentes grecorromanas,
fuertemente influidas por el cristianismo, han hecho a nuestra cultura un aporte
esencialmente intelectual (incluido el espiritual), al tanto que la cultura germánica acusa su
influencia en aspectos de índole práctica.

En este ambiente, la mujer carece de igualdad de derechos (la sociedad es esencialmente


estamental, es decir, fundada en derechos diferenciados o “privilegios”) frente al varón, pero
puede asumir los derechos de éste, si no hay herederos varones o si éstos son menores de
edad. La ley sálica, que niega a la hija el derecho de sucesión al trono habiendo heredero
varón, es una prueba de ello.

Hay diversos relatos y comentarios escritos por autores de renombre que señalan a las
mujeres en posiciones de liderazgo, frente a las cuales, los varones se subordinaron sin
inconvenientes. No siempre ellas combatieron, pero los hombres aceptaron ser conducidos a
la guerra por sus señoras feudales6. Algunos autores no dudan en señalar que el hombre
medieval estaba más dispuesto a aceptar la autoridad de una mujer, que el hombre
contemporáneo7.

En la polémica escolástica, el tema de la mujer en la vida militar también tuvo su espacio. A


pesar de que muchas de las discusiones sobre el tópico repetían los argumentos de los
filósofos griegos o latinos, es necesario reconocer que el catolicismo ejerció su impacto en el
pensamiento escolástico en estas materias. Así, mientras se repetían las hazañas de las
amazonas o de míticas guerreras vikingas, también se recurría a la Biblia, con sus Déboras y
Judith. Gran parte de la discusión se centraba en el problema de los votos que profesaban
quienes iban a Tierra Santa, principalmente con motivo de las Cruzadas, cuestión que
preocupaba especialmente a los canonistas.

Se aceptaba que las mujeres tomaran votos, pero no que los tomaran con la finalidad expresa
de combatir, aunque ejercieran el mando de tropas que ellas mismas en su condición de
señoras feudales aportaban a la empresa. Hay informes bien documentados, de que las
mujeres en Tierra Santa no desdeñaron el uso de las armas, cuando el solo hecho de llevar
indumentaria masculina era un acto de valentía8.

6
James M. Blythe, Los Argumentos De La Escolástica Y Las Imágenes Medievales De Las Mujeres Guerreras, ww.imprint.co.uk
7
La mujer accedía al control del feudo bajo ciertas condiciones: viudez, menoría de edad de los hijos varones, etc. y en estos casos, debía
cumplir con sus compromisos de fidelidad hacia su propio señor, aportando contingentes de caballeros y soldados, comandándolos en
ocasiones, aunque rara vez combatiera.
8
Nicetas Choniates, O City of Byzantium, Annals of Nicetas Choniates, trad. Harry J. Magoulias (Detroit, 1994), 2.1.60, p. 35. Philippe
Contamine, War in the Middle Ages, trad. Michael Jones (London, 1985), p. 241, y Steven Runciman, A History of the
Crusades, Vol. 1 (Cambridge, 1954), p. 469.
10
Obviamente que estos relatos se conservaron a causa de su condición excepcional. En
realidad, la formación de un caballero se iniciaba en la infancia e implicaba un largo proceso,
mientras que las niñas eran educadas en las labores del hogar. Así, mientras el hombre se
preparaba para la guerra y la conducción política, la mujer se preparaba para el ejercicio de la
economía doméstica y la educación de los hijos.

La más famosa de las mujeres comandantes militares en la Edad Media, fue Santa Juana de
Arco (1412-1431), de quien el caballero Thiband d’Armagnac, alguacil de Chartres, dijo:
“Al margen de los asuntos de la guerra, era sencilla e ignorante. Pero en lo referente a la
conducción de los ejércitos y en las artes de la guerra, en la disposición de las tropas para
el combate y en dar aliento a los soldados, se comportaba como el más experimentado de
los capitanes en el mundo y como si toda su vida hubiera estado dedicada a aprender el
oficio de la guerra9.”

Santa Juana, aun cuando comandaba efectivamente las fuerzas, no combatía.

Su caso es especial, pues basaba su autoridad y talentos en un mandato divino recibido a


través de las voces de San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita. Como sucedía con
muchas otras mujeres medievales que lograron ser aceptadas al margen de lo que era
considerado apropiado para su sexo y que argumentaban que Dios actuaba por su intermedio.

Es la heroína francesa por antonomasia.

La abundante literatura acerca de la mujer en la vida militar revela que el tema era de
dominio común. No obstante, es también usual el temor de los autores de la época, al efecto
deformador del orden social que podría sobrevenir por efecto de la presencia de la mujer en
la vida militar como un hecho frecuente.

Si bien no se puede poner en duda la calidad de la argumentación escolástica en el terreno


metafísico, los argumentos de carácter fisiológico o médico son muy pobres. De todos estos
argumentos, el único que parece sostenerse incólume es el de la menor robustez del físico
femenino, que en la época era más determinante que hoy, debido a que todas las armas de
entonces (arcos, lanzas, mazas, sables o espadas, catapultas, arietes y otros) consistían en
alguna forma de aplicación de la fuerza física del soldado para lesionar al oponente.

El más famoso e importante autor escolástico, Santo Tomás de Aquino (1225-1274), se


limita a exponer que la mujer tiene su espacio propio en la administración de los bienes
domésticos, lo que la aleja de la cosa pública10. No se trata de un pensamiento machista, sino
que dar el debido reconocimiento a la familia, en un esquema de pensamiento en el que el
reino doméstico es el pilar en torno al cual se estructura el edificio social.

9
Como se informa en Régine Pernoud, Joan of Arc. By Herself and Her Witnesses, trad. Edward Hyams (Nueva York, 1969; reeditado
1982), p. 62.
10
Santo Tomás de Aquino, en Libros Politicarum Aristotelis Expositio, en Opera Omnia, ed. R. Busa (Stuttgart-Bad Cannstatt, KG, 1980),
2.5.12. ‘Secundo mulieres dicit, quod Socrates dicebat, quod mulieres debebant eadem tractare cum viris, ut scilicet colerunt agros et
pugnarent, et alia huiusmodi facerent sicut viri: et accipiebat parabolam, id est similitudinem a bestiis, in quibus feminae similia operantur
masculis, sed Aristotelis istud dicit esse inconveniens, nec esse simile: quia bestiae nihil particibant de vita oeconomica, in qua quidem vita
mulieres habent quaedam propria opera, quibus oportet eas intendere, et abstinere semper ab operibus civilibus.’ 2.6.2. ‘. . . Socrates
existimavit quod opertebat mulieres bellare et alia similia facere viris’
11
El maestro de Santo Tomás, San Alberto Magno (¿1193?-1280), plantea el tema de la
incapacidad femenina para la guerra atendiendo a la naturaleza tímida de la mujer, lo que
probablemente era cierto en su tiempo, en virtud de la educación que generalmente se les
impartía11.

En todos los casos, existe el genuino interés de los escolásticos por preservar el rol femenino
con vistas a la persistencia de los valores y buen orden de la sociedad. El que se lograba por
la directa participación de la mujer en la educación de los hijos. El bien común espiritual,
encarnado en los valores de la cultura, prevalece en la mente escolástica por encima de
hipotéticos derechos individuales, que tampoco despertaban el interés de sus eventuales
beneficiarias.

La influencia del pensamiento escolástico, que sigue teniendo importancia en muchos


aspectos, se mantuvo muy sólida en cuanto al rol femenino en la sociedad hasta comienzos
del siglo XX.

En las culturas orientales la situación generalmente no ha sido distinta, si se las compara con
el mundo clásico de griegos y romanos. Las hazañas militares de chinos, japoneses, indios,
manchúes, mongoles y otros pueblos orientales, no mencionan a las mujeres. El asunto no
deja de ser interesante dado que todas las culturas, salvo la occidental, han permanecido casi
sin cambios por más de 2000 años.

Durante la Segunda Guerra Mundial se enfrentaron las fuerzas japonesas con tropas de los
EE.UU. sin que se conozcan relatos de mujeres japonesas capturadas o muertas en combate.
Solamente se conoce de niponas habitantes de algunas islas conquistadas por los EE.UU.,
como Okinawa, que prefirieron el suicidio a entregarse al enemigo. Sus compatriotas las
habían advertido que de caer prisioneras serían objeto de toda clase de abusos,
deshonrándolas a ellas y a sus familias. Aún en tan extremas y desfavorables condiciones
ellas no lucharon.

Las culturas islámicas que han mantenido sus concepciones originales, recogen gran parte
de lo vigente en el mundo del siglo VII. El esquema valórico del árabe musulmán tradicional,
se resume en la expresión “mi fusil, mi camello y mi hijo”. Todo lo demás, incluida la mujer,
es prescindible. La poligamia es un rasgo común de todos los pueblos mahometanos y es otro
reflejo del valor de la mujer en esa cultura.

Para la mujer, el campo laboral fuera del hogar está generalmente vedado. Sólo es posible
encontrar mujeres en funciones públicas en las naciones musulmanas más influidas por el
mundo occidental. En estos países, no tienen cabida en las FF.AA. como combatientes.

Turquía, el país con mayoría musulmana más occidentalizado es entre los socios de la
OTAN, después de Italia y Polonia, el de más baja presencia de mujeres en las FF.AA. Su
representación alcanza a sólo el 3,95 % del total de sus efectivos y de ellas, ninguna está en

11
San Alberto Magno, Commentarium in Octo Libris Politicorum Aristotelis, en Opera Omnia (Londres, 1651), Vol. 4, Libro 2, cap. 3, pp.
78–9. ‘Deinde cum dicit “sed uxores quidem, etc.” subiungit de imperfecture legum Socratis circa uxores dicens: “sed uxores quidem
existimat”, Socrates scilicit, oportere simul bellare cum viris, cum tamen hoc sit contra timiditatem sexus foeminei. Et addit, quod etiam
pro lege dedit Socrates, et disciplina participare eadem mulieres munipicibus, id est, rectoribus civitatis. Cum tamen in Ethicis
determinandum sit, quod si mulier principatum obtineat, hoc corruptio voluntatis est.’
12
unidades de combate (Ver TABLA 1). El que combate es el varón y sus atributos
tradicionales incluyen el fusil, el cuchillo o la cimitarra, armas fuera del alcance de la mujer.

TABLA 1.-

PORCENTAJE DE SOLDADOS FEMENINOS OTAN 2005

BE BELGICA NL HOLANDA
BU BULGARIA NO NORUEGA
CA CANADA PL POLONIA
CZ REPUBLICA CHECA PO PORTUGAL
DA DINAMARCA RO RUMANIA
FR FRANCIA SK ESLOVAQUIA
GE ALEMANIA SN ESLOVENIA
GR GRECIA SP ESPAÑA
HU HUNGRIA TU TURQUIA
IT ITALIA UK REINO UNIDO
LA LETONIA US ESTADOS UNIDOS
LU LUXEMBURGO
Fuente: OTAN 2005.

13
III.- SITUACIÓN ACTUAL

A.- UNA MIRADA AL MUNDO:

1.- ESPAÑA

La historia española es un largo recuento de luchas armadas, varias de las cuales se libraron
en el territorio peninsular y que, por lo tanto, implicaron de uno u otro modo a la mayor parte
de la población.

Destaca entre las mujeres que intervinieron en las luchas armadas, la reina Isabel la Católica,
no por haber actuado como combatiente, sino por haber coronado con éxito la recuperación
de Granada, lucha de ocho siglos por la expulsión de los moros.

En el siglo XIX, España debió luchar una vez más por librarse de los invasores. A comienzos
del siglo, las tropas napoleónicas ocuparon la península, para sostener el gobierno de José
Bonaparte. Esta guerra, también llamada de Independencia, se libró en gran parte, por
fuerzas irregulares12 y obligó a los civiles a tomar parte en ella. Entre tales civiles hubo
muchísimas mujeres, de las cuales la historia y el folklore hispanos destacan a tres: Agustina
de Aragón, Manuela Sancho Bonafonte y Casta Álvarez. (Ver Anexo A).

Durante la primera mitad del siglo XIX, España se vio envuelta en frecuentes conflictos
internos, en los que se enfrentaron las mismas corrientes conservadoras y liberales que
habían colisionado en el siglo anterior en Francia. Nuevamente las mujeres combatieron en
las barricadas codo a codo con los hombres. Sin embargo, el carácter ideológico que
adquirieron tales confrontaciones, hace muy difícil separar los hechos individuales de la
mitología ideológica que caracteriza a este tipo de conflictos.
Lo mismo puede decirse de la Guerra Civil que azotó a España entre 1936 y 1939, con la
diferencia de que a poco de iniciadas las operaciones militares el bando republicano, que
antes había glorificado a las mujeres por su desempeño en combate, comenzó a retirarlas del
frente. Un año después prácticamente ya no había combatientes mujeres en el frente.
Se extendió la creencia de que las mujeres que combatían eran prostitutas y que por tal razón
transmitían enfermedades venéreas a veces más peligrosas que el fuego enemigo.
Por su parte, el bando nacional por estar conformado principalmente por fuerzas regulares,
no contó con mujeres en sus filas, aunque ellas hayan combatido circunstancialmente. La
Guerra Civil española no tuvo a la mujer como actor en combate, lo que no le impidió a éstas
sufrir todo el rigor del enfrentamiento belico.
Después de la Guerra Civil, bajo el gobierno del General Francisco Franco, España se
mantuvo en una línea conservadora en lo referente a las FF.AA., las que aun cuando
avanzaron en la modernización de su equipamiento, mostraron escaso interés por el debate
que se desarrollaba en otros países acerca de la participación de la mujer en la defensa
nacional. Sistemas tan antiguos como el del servicio militar obligatorio (conocido

12
Ver “Fuerzas regulares e irregulares” en Aclaraciones
14
popularmente como “la mili”), que en España no había experimentado cambios de
importancia desde su creación, unos 200 años antes, permanecieron intactos, pese al evidente
desprestigio en el que habían caído como consecuencia de lo injusto del proceso de
selección.
Con la muerte del General Francisco Franco, surgió muy pronto la discusión de los temas
que habían dormido por décadas. Los dos primeros gobiernos de transición, Adolfo Suárez y
Leopoldo Calvo Sotelo, no se involucraron mayormente. Luego el debate se tiñó
ideológicamente. En primer lugar, el gobierno socialista de Felipe González veía en las
FF.AA. un bastión del franquismo en el que se concentraba el núcleo más duro de las fuerzas
conservadoras y centró sus esfuerzos en desmontar el esquema valórico que había marcado a
los militares españoles. Sin embargo, los cambios introducidos en la estructura militar
hispana, que consolidaron todas las aspiraciones socialistas no tocaron los temas de fondo. El
servicio militar permaneció. Es cierto que sufrió modificaciones en cuanto a la incorporación
de la objeción de conciencia y la creación del servicio alternativo, pero mantuvo el injusto
sistema de sorteo para definir a los acuartelados, así como la posibilidad de eximirse de tales
obligaciones, mediante el pago de una cierta cantidad de dinero. El único tema de real
importancia en que se avanzó durante el régimen socialista, fue en el del ingreso limitado de
las mujeres a las FF.AA. En 1988, por primera vez en la historia de España, ingresaban
damas cadetes a la Academia Militar de Zaragoza.
Fue el gobierno del Presidente Aznar el que consolidó los cambios más relevantes. En 1996,
el Partido Popular, por motivos de negociación política, pactó con la Izquierda Unida una
alianza, a cambio de introducir el concepto de FF.AA. profesionales, es decir, la eliminación
del servicio militar obligatorio13.
En esencia, el sistema adoptado es similar al norteamericano. Básicamente se trata de un
núcleo de personal militar de carrera llamado “profesional”, más un contingente de
voluntarios con bajos niveles de especialización, atraídos a prestar servicios durante un
tiempo limitado, a cambio de un razonable nivel de ingresos y otros incentivos. Además
existe la posibilidad de ingresar a los cuerpos profesionales de las FF.AA. o a los cuerpos
paramilitares, como la Guardia Civil.
El modelo dispuso el ingreso de las mujeres en las FF.AA., en igualdad de condiciones
respecto de los varones, en virtud de las normas legales de absoluta igualdad ante la ley, es
decir, sin ningún tipo de restricciones. En la realidad, existen algunas restricciones a las
mujeres. Les está vedado el acceso a los submarinos y a ciertas fuerzas especiales. Aun
cuando las mujeres habían ingresado ya como militares a las FF.AA. en 1988, la aplicación
del modelo de FF.AA. profesionales supuso la definitiva consolidación de su presencia en los
cuerpos armados.
Los resultados de la primera convocatoria de mujeres para cubrir plazas como oficiales de las
FF.AA., no fueron los esperados. Sólo se presentaron 55 postulantes y ninguna superó las
pruebas de selección14.
El modelo de soldado profesional, o más bien ocupacional, que supone un combatiente que
lucha, no ya por la Patria, sino por un salario, no atrae a la juventud como se esperaba (Ver

13
Diario La Razón, (España), 30 de diciembre de 2.003, www.belt.es/noticias/2004/enero/2/ejercito.htm
14
María Luisa Barón, El Papel de la mujer en las Fuerzas Armadas.
15
TABLA 2). Mantener una dotación de alrededor de los 100.000 hombres y mujeres que
deberían constituir la fuerza efectiva de los Ejércitos (nombre genérico para designar a las
FF.AA. españolas), ha supuesto un esfuerzo constante. La campaña publicitaria destinada a
incentivar el ingreso de la mujer, no ha conseguido el acuartelamiento masivo de ellas, las
que no superan el 14% del total de personal en servicio15 ( TABLA 3), lo que viene a revelar
que pese a la poderosa propaganda que ha bombardeado a la sociedad hispana desde fines de
los 70, las mujeres peninsulares no demuestran gran interés por ingresar a la milicia16. Las
TABLAS 4 y 5 revelan que la presencia femenina en los procesos educacionales de mayor
nivel, también es baja.

TABLA 2.-

¿Ser militar es una vocación, como ser sacerdote, o una profesión, como abogado o
ingeniero?

Institucional de Institucional/ Institucional/ Ocupacional Desencantado Total


nuevo ingreso ocupacional socializado

%C %F %C %F %C %F %C %F %C %F %C %F
(n) (n) (n) (n) (n) (n)
Vocación 72,67 49,15 52,17 5,47 81,58 32,88 29,55 11,20 35,09 1,30 62,49 100
(755) (84) (505) (172) (20) (1.536)
Profesión 26,66 31,02 45,34 8,17 17,93 12,43 68,21 44,46 61,40 3,92 36,33 100
(277) (73) (111) (397) (35) (893)
Ns/Nc 0,67 24,14 2,48 13,79 0,48 10,34 2,23 44,83 3,51 6,90 1,18 100
(7) (4) (3) (13) (2) (29)
Total 100 42,27 100 6,55 100 25,18 100 23,,68 100 2,32 100 100
(1.039) (161) (619) (582) (57) (2.458)

%C= de la columna de la tabla


%F= de la fila de la tabla
Fuente: Quiénes Son Y Qué Piensan Los Futuros Oficiales y Suboficiales Del Ejército Español, Rafael Martínez Martínez, © Fundació
CIDOB, www2.ubu.es/derpri/ciepola

15
Las cifras que se entregan discrepan considerablemente entre sí. La Diputada Asunción Oltra Torres, del Partido Popular decía, en sesión
del Congreso, que las mujeres representaban el 20% del total de los efectivos de los Ejércitos españoles. Sin embargo, en el estudio Quiénes
Son Y Qué Piensan Los Futuros Oficiales Y Suboficiales Del Ejército Español, su autor, el profesor Rafael Martínez califica la presencia de
las mujeres en los centros de formación (escuelas matrices), de “testimonial”, al no superar el 6% del total del alumnado. El periódico ABC,
el 24 de octubre de 2.002, en el artículo Las mujeres llegarán a general en un plazo de entre quince y veinte años, señalaba que el 10% de
las fuerzas estaban integradas por mujeres.
16
El diario El País, el 30 de octubre de 1.998, en artículo firmado por Miguel González, cifraba el costo de la campaña publicitaria en 1.600
millones de pesetas.
16
TABLA 3.-

Distribución de sexo por Ejército en España.


Febrero 2006

Ejército Sexo
Hombre Mujer
Tierra 83,07 16,93
Armada 89,18 10,82
Aire 85,46 14,54
Cuerpos Comunes 80,77 19,23
% General 86,50 13,50

Fuente: Comandante Begoña Armendaria . Fiscal de la sala Militar del Tribunal Supremo (www.es.news.yahoo.com)

Actualmente, las Fuerzas Armadas españolas cuentan con una dotación de 121.060 efectivos.
De ellas 16.311 (13,5%) son mujeres y 121.060 (86,5%) son hombres. Para el Partido
Socialista Español (actualmente en el gobierno) la meta es lograr la paridad de hombres y
mujeres en los ejércitos17.

17
Declaraciones del Ministro de defensa de España, José Bono. Febrero 2006.(es.news.yahoo.com)
17
TABLA 4.-

Estadística de la Enseñanza Superior en España. Curso 2000-2001.

Enseñanza militar grado medio. Alumnado matriculado por academia


militar, curso y sexo.

Unidades: Alumnado

Total Primer curso Segundo curso Tercer curso


Total Mujeres Total Mujeres Total Mujeres Total Mujeres
TOTAL 378 3 220 1 108 2 50 -
EJÉRCITO DE TIERRA 235 1 185 1 50 - -
Cuerpo Gral. De las Armas 64 - 35 - 29 - -
A. General Militar 35 - 35 - - - -
A. Infantería 11 - - - 11 - -
A. Caballería 3 - - - 3 - -
A. Artillería 7 - - - 7 - -
A. Ingenieros 8 - - - 8 - -
Cuerpo de la Guardia Civil 140 1 140 1 - - -
Cuerpo de Especialistas 31 - 10 - 21 - -
Escuela Politécnica 17 - 7 - 10 - -
Otros Centros 14 - 3 - 11 - -
ARMADA 83 1 7 - 29 1 45 -
Cuerpo General Militar 32 - 9 - 9 - 16 -
Cuerpo de Inf. De Marina 16 1 2 - 6 1 9 -
Cuerpo de Especialistas 35 - - - 14 - 21 -
Escuela Naval 14 - - - 14 - -
Otros Centros 21 - - - - - 21 -
EJÉRCITO DEL AIRE 60 1 26 - 29 1 5 -
Cuerpo General 42 1 13 - 24 1 5 -
Cuerpo de Especialistas 18 - 13 - 5 - - -
A. General del Aire 18 - 13 - 5 - - -

Fuente: Ministerio de Defensa y Guardia Civil .

La presencia de la mujer en este nivel educacional, es tan reducida, que la representación en un


gráfico de barras no alcanzaría a registrarla.

18
TABLA 5.-

Estadística de la Enseñanza Superior en España. Curso 2000-2001.

Enseñanza militar grado superior. Alumnado matriculado por academias militares, curso y
sexo.
Unidades: Alumnado
Total Primer curso Nuevos Segundo curso Tercer curso Cuarto curso Quinto curso
inscritos en
primer curso
Total Mujeres Total Mujeres Total Mujeres Total Mujeres Total Mujeres Total Mujeres Total Mujeres
TOTAL 1.083 32 202 6 200 6 198 8 198 6 237 4 248 8
EJÉRCITO DE TIERRA 695 28 132 6 130 6 127 6 126 5 150 4 160 7
Cuerpo Gral. De las Armas 607 22 132 6 130 6 127 6 95 4 120 2 133 4
A. Gral. Militar 354 16 132 6 130 6 127 6 95 4 - - - -
A. Infantería 81 2 - - - - - - - - 44 - 37 -
A. Caballería 51 1 - - - - - - - - 9 - 42 -
A. Artillería 64 - - - - - - - - - 34 1 30 -
A. Ingenieros 57 3 - - - - - - - - 33 1 24 2
Cuerpo de la Guardia Civil 88 6 - - - - - - 31 1 30 2 27 3
ARMADA 210 1 37 - 37 - 37 - 39 1 47 - 50 -
Cuerpo Gral. Militar 166 1 30 - 30 - 30 - 31 1 36 - 39 -
Cuerpo de Inf. De Marina 44 - 7 - 7 - 7 - 8 - 11 - 11 -
EJÉRCITO DEL AIRE 178 3 33 - 33 - 34 2 33 - 40 - 38 1
A. Gral. Militar 187 3 33 - 33 - 34 2 33 - 40 - 38 1

Fuente: Ministerio de Defensa y Guardia Civil

La participación de la mujer en las FF.AA. españolas se ve también graficada en las


siguientes cifras, correspondientes a los centros de formación (escuelas matrices):
El 6% del total de alumnos corresponde a mujeres; de ellas, sólo el 28% se encuentra en los
cuerpos combatientes (Cuerpos Generales e Infantería de Marina). En Ingenieros militan el
12% y en Intendencia, el 11%. Las demás, se encuentra en los llamados Cuerpos Comunes
(nuestro equivalente a Servicios18, aunque en este caso, no pertenecen a un Ejército en
especial), que incluye al personal no combatiente19 (ver GRÁFICO Nº 1). Al escaso interés
de la mujer por ingresar a las FF.AA., se suma el hecho de que el grueso de las alumnas se
orienta a áreas de desempeño alejadas de las tareas de combatiente.
Las FF.AA. españolas no han avanzado en aspectos básicos relativos a la incorporación
femenina, a pesar de que las normas adoptadas convierten a los Ejércitos, en las instituciones
más “progresistas” en estas materias. No se han regulado apropiadamente cuestiones
elementales, tales como el caso de las mujeres embarazadas (en relación con las exigencias

18
Ver “Servicios” en Aclaraciones.
19
Rafael Martínez Martínez, Quiénes Son Y Qué Piensan Los Futuros Oficiales Y Suboficiales Del Ejército Español, Fundació CIDOB,
CIDOB Barcelona , 2001, www2.ubu.es/derpri/ciepola.

19
que deben cumplir), las disponibilidades de alojamientos segregados, las adaptaciones de las
unidades navales para recibir tripulantes femeninos, establecimientos disciplinarios y
penitenciarios separados. Tampoco se han dictado normas relativas al matrimonio entre
miembros de las FF.AA.
Los problemas de fondo que se han suscitado con la incorporación de la mujer al servicio de
los ejércitos se presentan en el terreno de la disciplina. Las significativas diferencias
fisiológicas entre el físico varonil y el femenino hacen realmente imposible de aplicar el
principio de “no discriminación” (entiéndase por “justicia”), volviéndose en la práctica en
una discriminación hacia los soldados varones, cuyas exigencias de desempeño no han sido
modificadas debiendo asumir la carga que las mujeres no pueden absorber.
Las normas disciplinarias iguales para ambos sexos, son más relajadas en su aplicación para
ellas que para ellos, con el creciente malestar entre los hombres, que se ha traducido en una
campaña de mensajes anónimos dando a conocer los casos más evidentes de la nueva forma
de discriminación. Cuando las quejas de los miembros de los cuerpos armados se canalizan
por vías clandestinas, es factible concluir que dichos cuerpos se encuentran cercanos a una
crisis de disciplina y mando.
Para la causa de los partidarios de la presencia irrestricta de la mujer en la vida militar,
España no ha sido un buen ejemplo. Esto, debido a las razones esgrimidas para imponer esta
presencia, por el carácter ideológico del debate en torno a la materia, por la improvisación
con que se ha enfrentado el conjunto de cambios tan radicales que necesariamente hubo que
realizar y por el hecho de que la aplicación del modelo vigente de FF.AA. sólo es el
resultado de una transacción política de coyuntura. En ningún caso, el tema de la eficiencia
de los Ejércitos, ha sido la causa real de los cambios que se implementaron.
FIGURA 1.-
Fuente: Fundación CIDOB, Barcelona. 2001.

D istrib u ció n d e m u jeres en las escu elas


m atrices (E sp añ a)

60
50 C uerpos Grales e
Porcentaje

40 I.M.
30 Ingenieros
20
Intendenc ia
10
0
C uerpos
1 C om unes
Armas o Se rv icios

20
2.- REINO UNIDO

En 1914 era toda una novedad ver a una mujer en uniforme militar. Sin embargo, durante la
Primera Guerra Mundial unas 80.000 mujeres sirvieron al Imperio Británico en los cuerpos
castrenses20.

En la época muchos consideraban inapropiado el que la mujer combatiera como un soldado;


más aún, fueron escasas las mujeres inglesas que usaron un arma de fuego en combate.

La mujer ideal amamantaba y educaba a sus hijos y militaba en el pacifismo. Un popular


panfleto, del que se vendieron unas 75.000 copias en tan sólo una semana, resumía el ideal
femenino señalando que “las mujeres fueron creadas para dar la vida, los hombres para
quitarla”21. La ternura femenina era retratada como una virtud que alcanzaba incluso a los
heridos del bando alemán. Un libro acerca de la vida del soldado británico22 contrastaba los
rudos relatos de los soldados sobre la cantidad de enemigos muertos, con la delicadeza de las
inglesas para atender a los mismos enemigos heridos.

Compartiendo codo a codo con sus contrapartes masculinos todos los rigores de la guerra,
estas mujeres “no buscaban revancha ni alterar su buena disposición hacia toda vida
humana”. “El peligro no les inspira a coger un arma y disparar contra el adversario”. En
1915, la feminista y pacifista Helen Mana Lucy Swanwick escribía que el apoyo que por
entonces las mujeres daban a la causa de la guerra, se debía sólo a un profundo sentido de
lealtad familiar. Obrar de otro modo, habría sido visto como un insulto a sus compañeros
varones.

Por muy diversas razones los grupos conservadores se unieron a las feministas, para
argumentar en contra de la existencia de mujeres combatientes. Para ambos sectores, lo que
estaba en juego era la influencia femenina en la vida social y los avances en el terreno
político.

El poder de la mujer de clase media, como árbitro moral y doméstico, se basaba en su


distancia respecto del sórdido mundo de la ganancia monetaria y de la confrontación mortal.
El argumento adquiría gran relevancia en esos años, debido a que muchísimas mujeres se
encontraban librando la batalla por el derecho al voto. ¿Cómo podrían ellas responder al
argumento de que sólo quienes luchan por la patria (léase hombres) tienen derecho al
supremo obsequio de la ciudadanía, el voto? El periódico Woman’s Journal atacó este
postulado publicando en su primera plana una caricatura que mostraba a una mujer con un
bebé en brazos y exclamando: “Voto para las mujeres”. Junto a ella, un soldado
fuertemente armado declaraba que “Las mujeres no pueden sostener armas”, a lo que una
sufragista respondía: “¡No! Ellas sostienen a los ejércitos”. Dicho en otras palabras, las
mujeres sostenían el esfuerzo bélico a través de la maternidad y, por lo tanto, eran dignas de
acceder al voto.

20
Joanna Bourke, Women and the Military during World War One, www.cgi.co.uk/history/war/wwone/women_combatants_01. Joanna
Bourke es profesora de historia de la Universidad de Birkbeck College.
21
A Little mother, 1916, citada por Joanna Bourke.
22
Gleeson Arthur,Golden Lads (1916), citado por Joanna Bourke
21
Sin embargo, las mujeres eran más que esposas, matriarcas y madres patrióticas. Durante la
Primera Guerra Mundial, el espectro de posibilidades de trabajo que se abrió a las mujeres
fue muy grande. Ingresaron a las fábricas, invirtieron en bonos de guerra, se hicieron cargo
de las cosechas y cuidaron de las tropas en sus períodos de descanso. También se
incorporaron en los cuerpos militares en un número aproximado de 80.000, aunque nunca
como combatientes. Ejercieron presiones, no obstante, para recibir entrenamiento como
fusileros23 y portar armas para la defensa del territorio metropolitano, sin alcanzar sus
propósitos dentro de las fuerzas de defensa territorial, mayormente masculinas.

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial los Voluntarios para la Defensa Local (Local
Defence Volunteers o LDV), predecesora del Home Guard, empleó las habilidades de la
mujer para entrenar a los hombres en el uso de armas de fuego, no obstante lo cual, no
admitía miembros femeninos. Pese a todo, se crearon numerosas organizaciones femeninas
cuyas metas eran preparar el frente interno para el combate, pues existía el riesgo de una
invasión alemana.

El Cuerpo Auxiliar Femenino de Defensa (Women's Defence Relief Corps) contó con el
poderoso patrocinio de Lord Kitchener y Lord Roberts. Este último, era el Presidente de la
Women's Rifle Associations. El cuerpo contaba con dos divisiones: la “Sección Civil”, que
perseguía el reemplazo de los hombres en las tareas productivas, de modo de liberarles para
el servicio armado y la “Sección Semi-militar o Sección de las buenas ciudadanas”, cuyas
integrantes eran reclutadas para recibir instrucción en infantería doctrinal, señales,
exploración y uso de armas de fuego. Cada mujer en esta sección no sólo era aleccionada
para ser capaz de defenderse a sí misma, sino que también debía estar preparada para
defender a sus seres queridos.

Se daba por descontado que para muchas mujeres su deber era visto como una forma de
convencer a los hombres que la deshonra era mucho peor que la muerte y, por lo tanto,
debían apuntalar la fortaleza sicológica, cuando no militar de los hombres. En 1929, Virginia
Woolf escribió en Un cuarto propio (A Room of One’s Own), que las mujeres servían como
espejos amplificadores, “reflejando la figura del hombre al doble de su tamaño natural. Sin
ese poder... las glorias de todas las guerras serían desconocidas”. Tales espejos, continúa
“son esenciales en todo acto violento o heroico”.

A pesar de encontrarse cercanas al frente trabajando como enfermeras, rara vez las mujeres
británicas se vieron envueltas en el combate. Esto no es ninguna novedad, debido a que en
los tiempos modernos el empleo de mujeres en el servicio directo de las armas y a gran
escala había tenido lugar casi exclusivamente en las revoluciones y en las invasiones, lo que
no ha sido el caso inglés, por lo que las mujeres sólo fueron capacitadas para defenderse a sí
mismas y a su isla.

No obstante su relativa ausencia del campo de batalla, la tecnología moderna fue reduciendo
la distancia entre las trincheras y la periferia urbana a una velocidad creciente. Los
bombardeos del territorio británico en la Primera Guerra Mundial causaron 1414 muertes
civiles, cifra que se multiplicó por 60 en el siguiente conflicto. Este hecho provocó un gran
trauma entre la población femenina, en particular en Londres y el área sud-oriental del Reino

23
Ver “Fusilero” en Aclaraciones.
22
Unido. Aun más traumático para ellas, fue el doloroso retorno de sus seres queridos de los
campos de batalla, de los cuales cientos de miles presentaban algún tipo de lesión o
mutilación. Sobre los hombros femeninos recayó la pesada carga de cuidar a esos hombres,
sin olvidar que ellas debieron asumir la pérdida de padres, hermanos, novios, maridos e
hijos. Para la mujer, la vida nunca volvería a ser lo mismo.

Como ha ocurrido en otros países, en el Reino Unido se produjo el debate sobre la presencia
femenina en las Fuerzas Armadas tras los grandes cambios sociales de los años 60 y 70. Lo
que se discutía era el derecho de la mujer de participar de la vida militar en igualdad de
condiciones con el varón, no si tal presencia contribuía o no a la eficacia operativa de las
fuerzas.

Hasta el día de hoy, el debate sigue siendo el mismo. Los partidarios de que la mujer se
incorpore plenamente a la vida castrense, defienden el derecho femenino a ello, en tanto que
los detractores, se centran en las mejoras o deterioros que pueda experimentar la calidad de
la gestión militar. Sin embargo, entre partidarios y detractores hay diversos matices y
argumentos, lo que ha revelado la existencia de un punto de equilibrio que tarde o temprano,
se convertirá en la norma sobre la materia. El temor de los más equilibrados es que dicho
punto sólo se alcance después de que un conflicto desnude las falencias de las actuales
políticas acerca de la participación femenina en la milicia24. El desastre de los cruceros de
batalla en Jutlandia, la retirada de Dunquerke y la pérdida del “Hood”, orgullo de la Flota
británica, son sólo unos pocos ejemplos de que los supuestos con que se manejan los asuntos
militares en tiempos de paz, pueden terminar rotundamente desmentidos por la realidad de la
guerra.

La Real Fuerza Aérea Británica (RAF), ha sido el cuerpo que más pronto abrió sus puertas a
la mujer y lo hizo sin restricción alguna, salvo la legal que impide a la mujer entrar en
combate. Inicialmente, hubo algunas dudas respecto de tener mujeres piloteando aviones de
guerra y más respecto de operar helicópteros de apoyo. Al parecer, los mayores costos que
implica la formación de un piloto (entrenar un piloto de un caza Tornado cuesta unos 6
millones de libras), son costos que no se retribuirían en la medida que las mujeres dejen el
servicio para formar familia. Este argumento no ha pesado en la decisión, ya que los pilotos
varones jóvenes presentan también, una alta tasa de deserción de las filas de la institución25.

En realidad no se justifica la decisión de tener mujeres piloteando aviones o helicópteros de


combate, si de acuerdo con la ley, ellas quedarían excluidas de participar en las acciones
militares para las cuales se estarían entrenando.

En el Ejército, las cosas han tenido un tinte más conservador, abriéndose los accesos a las
áreas técnicas y de apoyo. La resistencia del Ejército se funda en dos aspectos
fundamentales: por una parte, el oficio del soldado demanda un gran despliegue físico y
resistencia a la fatiga y aunque se reconoce que algunas mujeres también podrían cumplir
estas exigencias, en general ellas no están adaptadas físicamente para el trabajo militar; por
otro lado, la cultura propia del Ejército, es un elemento que los mandos no quieren ignorar.
El soldado británico no se muestra dispuesto a aceptar soldados mujeres, pese a que sí acepta

24
Ver “Milicia” en Aclaraciones.
25
Ver “Deserción” en Aclaraciones.
23
camaradas varones de otras nacionalidades, religiones o culturas (y, consecuentemente, con
otros valores diferentes a los suyos). Se dice que ellos están dispuestos a morir por una
mujer, pero no a morir junto a ella.

La Real Marina Británica (Royal Navy), ha adoptado una posición intermedia entre lo que
piensa el Ejército y la RAF. Los mandos parecen dispuestos a abrir todos los accesos a la
mujer, pero se han encontrado con un grave problema, que son las cónyuges de los marinos,
que no desean ver a sus maridos conviviendo con mujeres en buques de guerra que
permanecen largos períodos alejados de puerto.

De entre todos los involucrados, partidarios y detractores, es interesante escuchar las


opiniones de los que han debido trabajar con mujeres a bordo en las unidades aéreas o en el
ejército. En relación a los problemas disciplinarios, especialmente a bordo, estos se han visto
reducidos (lo cual es un efecto beneficioso de la presencia de la mujer en cualquier
ambiente), aunque, en palabras de la prensa, su “sabor” ha cambiado bastante, por el hecho
de convivir hombres y mujeres (casi todos jóvenes, con promedios de 20 a 30 años de edad)
en espacios limitados, por períodos prolongados26.

Aún cuando las estadísticas disponibles se refieren solamente a la estructura etárea de las
FF.AA. norteamericanas, ellas reflejan en forma aproximada la realidad de cualquier cuerpo
armado de países Occidentales ( TABLAS 6 y 7). Esta realidad nos indica que las dotaciones
navales se cubren con gente muy joven, en la que los impulsos sexuales generalmente son
muy fuertes, viéndose acrecentados en la medida que se prolongan los períodos de
permanencia en el mar, que son de abstinencia carnal obligada. No es difícil intuir la
situación en las unidades navales mixtas, en especial cuando en ellas confluyen hombres y
mujeres que son liberales en materias sexuales. Más adelante, en otro capitulo, se ahondará
más en el tema sexual.
TABLA 6.-
EJÉRCITO ARMADA INF. DE MARINA FUERZA AÉREA TOTALES

Oficiales Subalternos Oficiales Subalternos Oficiales Subalternos Oficiales Subalternos Oficiales Subalternos
25 o 10.493 211.083 6.938 162.545 2.467 112.067 9.271 125.689 29.169 611.384
menos
26 a 30 16.576 76.291 11.750 54.140 5.051 20.067 14.544 47.305 47.921 197.803
31 a 35 16.360 53.868 11.069 42.971 4.299 10.250 14.485 41.089 46.213 148.178
36 a 40 15.461 40.931 10.596 40.270 3.224 8.755 13.496 47.511 42.777 137.467
41 o más 17.096 18.130 13.361 18.209 3.008 3.551 16.242 18.658 49.707 58.548
TOTALES 75.986 400.303 53.714 318.135 18.049 154.690 68.038 280.252 215.787 1.153.380

Edad del personal en servicio activo, FF.AA. de los EE.UU., septiembre de 2001.

26
E. R. Hayman, Midshipman, FC (X), Women at Sea.
24
TABLA 7.-

EDAD, EN AÑOS TOTALES EN %

Oficiales Subalternos General


25 o menos 13,51 53,00 46,78
26 a 30 22,20 17,15 17,95
31 a 35 21,42 12,85 14,20
36 a 40 19,82 11,92 12,95
41 o más 23,06 5,08 7,91
TOTALES 100 100 100

Fuente: Center 2001, Demographics report, Defense Manpower Data.

Hay informes que revelan que han mejorado las capacidades operativas de los buques
mixtos, pues los hombres no quieren ser superados por sus pares femeninos y, se esfuerzan
más que de costumbre. Pero también hay quejas por parte de los tripulantes. Las principales
se refieren a que las mujeres no reaccionan adecuadamente ante situaciones de emergencia y,
cuando se debe realizar trabajos pesados ellas rara vez participan, todo lo cual recarga el
trabajo de los tripulantes varones. Es así como los principales detractores del sistema mixto,
son los tripulantes de menor rango.

Otro aspecto que ha entrado en la consideración de la Armada Real, es la exacerbación de las


tensiones y emociones que se produce por efectos del virtual encierro a que se ve sometida la
dotación de un buque en la mar. El efecto que se produce en los buques mixtos es
significativamente más alto y dinámico que en los buques exclusivamente masculinos. A
mayor sensación de encierro, mayor será el efecto en la tripulación, de donde se puede inferir
lo que ocurriría en un submarino mixto.

Esto trae a la mente una cuestión muy importante: ¿Qué razones existen para que no se haya
evaluado, en la Royal Navy, la posibilidad de tripular un buque, sólo con mujeres?

Actualmente, parece haberse iniciado un nuevo debate al interior de la marina Inglesa, acerca
de la conveniencia de mantener buques mixtos o sencillamente desembarcar a todas las
mujeres.

La primera señal de advertencia apareció con la decisión de desembarcar a la mitad de las


mujeres. La necesidad de embarcarlas surgió inicialmente como una forma de paliar la
escasez de personal en determinadas áreas, escasez que habría sido superada, lo que haría
innecesario mantener mujeres a bordo.

El problema es bastante complejo. Sin dudas que se simplifica considerablemente el manejo


del personal que se embarca, pues entre los hombres es baja la tendencia a desembarcarse
por razones personales, mientras que esta tendencia es alta entre el personal femenino. Por
otra parte, el dotar las reparticiones terrestres con el personal femenino desembarcado reduce
considerablemente las oportunidades del personal embarcado para acceder a destinaciones en

25
tierra, que son las únicas posibilidades que otorga el servicio naval para reponerse de los
desgastadores períodos de embarco.

Se ha detectado que cuando una mujer es destinada a bordo, generalmente se acoge a alguna
de las franquicias que la normativa le concede en virtud de la maternidad para rechazar el
trasbordo. Llama la atención la alta deserción femenina, lo que ha provocado que después de
más de 20 años de su presencia en los escalafones regulares, no haya muchas esperanzas de
que alguna mujer alcance el rango de Almirante en la próxima década.

El debate acerca de la presencia femenina en los submarinos, que se ha presentado en todas


las armadas que admiten mujeres embarcadas, se encuentra en pleno apogeo. Los temas en
discusión son los mismos, más el factor médico27. Se argumenta que el ambiente de encierro
del submarino con menor disponibilidad de oxígeno, afectaría a la mujer en una medida
mucho mayor que al varón. También se ha manifestado la preocupación por el impacto que
los bajos niveles de oxígeno tendrían en los bebés de las mujeres embarazadas. El tema no es
irrelevante, afecta directamente a las tasas de permanencia de las mujeres en el servicio
(retención).

Otro punto de discusión surgió en la Inglaterra de los años 60. Las fuerzas armadas
empezaron a experimentar una fuerte baja en la cantidad de reclutas, tanto para oficiales,
como para personal subordinado. Se pensó que el principal problema era la falta de
comodidades en cuarteles y buques. Se modificaron ambos, sin resultados satisfactorios.
Después de un tiempo se pudo comprobar que los candidatos, antes de ingresar al servicio,
no sabían cuáles eran las reales condiciones en que desempeñarían su trabajo. Más tarde se
descubrió que el principal problema para reclutar y retener personal, son las bajas
remuneraciones.

Se pensó que la mujer no sufriría este problema, pues históricamente ha recibido más bajas
rentas que el varón. Así, al contar con su presencia, se ayudaría a mejorar las tasas de
reclutamiento.

En el actual esquema las fuerzas armadas siguen sufriendo de la escasez de reclutas, ya que
el interés femenino por la milicia sigue siendo bajo (12,4% de los reclutas y sólo el 8 % del
personal de planta)28 (TABLAS 8 y 9). Además que la retención de personal femenino está
por debajo del masculino, ya que ellas tienden a dejar el servicio para formar familia cuando
aún son jóvenes y no han retribuido con su trabajo militar, el elevado costo de su formación,
instrucción y entrenamiento29.

Por otra parte, aun cuando las tasas de reclutamiento se han mantenido bajas, el tamaño de
las fuerzas navales se ha reducido a tal punto que la justificación inicial para embarcar
mujeres, esto es, la escasez de personal, ha perdido toda su vigencia. Esta realidad, podría
variar, ya que las presiones norteamericanas por una Royal Navy más poderosa, asumiendo

27
Sir Timothy Garden, Woman in the Military, www.tgarden.demon.co.uk/writings/articles/2001/010201.html
28
Ibid.
29
Aún cuando existe la percepción de que la mujer, en general, abandona el trabajo al casarse o al tener su primer hijo, la realidad indica
otra cosa. Las altas tasas de divorcio y la presión por lograr mejores niveles de ingresos, han cambiado las condiciones, al punto que el
retiro de las mujeres del mundo laboral ya no responde a tales causas; sin embargo, ello sigue siendo una norma entre las mujeres militares.
26
mayores responsabilidades en el ámbito de la OTAN, hacen pensar en un incremento en la
cantidad de unidades a flote.

También se ha suscitado la cuestión de si las mujeres deben acceder a funciones o puestos


que las conviertan en verdaderos combatientes, debido a que en la actualidad, la ley impide a
la mujer acceder a esta opción.30 El tema se suma al citado debate acerca de la conveniencia
de mantener a las mujeres embarcadas, pues como se verá más adelante, toda mujer a bordo,
en una situación bélica, es necesariamente combatiente31.

30
The Council on Biblical Manhood and Womanhood, Britain’s Battle over Women in the Military, 13 de marzo de 2.001,
www.cbmw.org/news/britishcombat.php
31
E.R.Hyman, Midshipman, FC(X), Women at Sea
27
TABLA 8.-

Ingreso de personal proveniente de la vida civil, a las FF.AA del Reino Unido.

1992/93 1993/94 1994/95 1995/96 1996/97 1997/98 1998/99 1999/00 2000/01 200102 2002/03

Todos los servicios


Varones 13.070 10.620 11.150 15.500 19.230 20.190 22.560 22.390 20.410 20.950 23.040
Mujeres 1.750 1.330 1.850 2.180 2.940 3.340 3.440 3.160 2.610 2.700 3.240
Total 14.820 11.950 13.010 17.670 22.160 23.520 26.000 25.550 23.020 23.650 26.280

Armada
Varones 1.890 1.280 960 2.010 3.400 3.970 4.110 4.250 3.990 4.270 4.420
Mujeres 380 260 340 350 560 630 660 700 630 740 800
Total 2.270 1.540 1.300 2.360 3.960 4.600 4.770 4.950 4.620 5.010 5.220

Ejército
Varones 10.290 8.760 9.490 11.510 13.580 13.390 15.010 14.750 13.450 13.620 15.060
Mujeres 1.100 810 1.190 1.380 1.940 2.010 1.980 1.750 1.320 1.240 1.550
Total 11.390 9.580 10.680 12.890 15.520 15.400 16.990 16.500 14.770 14.850 16.610

Fuerza Aérea
Varones 890 580 700 1.980 2.250 2.830 3.450 3.380 2.980 3.070 3.550
Mujeres 270 260 320 450 430 700 800 710 660 720 890
Total 1.160 840 1.020 2.420 2.680 3.530 4.250 4.100 3.630 3.780 4.450

Fuente: Defence Analytical Services Agency, www.dasa.mod.uk/

28
TABLA 9.-

Total de personal de Defensa, en el Reino Unido, por sexo.

Oficiale Otros rangos


s
Todos los Total Total Varones Mujeres Total Varones Mujeres
servicios
1 de abril de 2000 207.620 32.520 29.620 2.890 175.100 161.440 13.660
1 de abril de 2001 205.650 32.630 29.600 3.030 173.020 159.370 13.650
1 de abril de 2002 204.690 32.750 29.570 3.180 171.940 158.080 13.860
1 de abril de 2003 206.920 33.160 29.800 3.350 173.770 159.200 14.560
1 de abril de 2004 207.020 33.450 29.920 3.520 173.580 158.710 14.870

1 de agosto de 204.400 33.330 29.800 3.530 171.060 156.310 14.760


2004

Armada
1 de abril de 2000 42.850 7.660 7.140 520 35.190 32.300 2.890
1 de abril de 2001 42.420 7.760 7.200 560 34.660 31.750 2.910
1 de abril de 2002 41.630 7.780 7.190 590 33.850 30.920 2.930
1 de abril de 2003 41.550 7.800 7.180 610 33.760 30.670 3.080
1 de abril de 2004 40.880 7.770 7.130 640 33.120 30.020 3.090

1 de agosto de 40.490 7.720 7.080 640 32.760 29.660 3.100


2004

Ejército
1 de abril de 2000 110.050 13.870 12.590 1.280 96.180 89.670 6.520
1 de abril de 2001 109.530 13.920 12.600 1.320 95.610 89.170 6.440
1 de abril de 2002 110.050 14.060 12.670 1.380 96.000 89.480 6.520
1 de abril de 2003 112.130 14.400 12.940 1.470 97.720 90.900 6.820
1 de abril de 2004 112.750 14.720 13.190 1.520 98.030 91.140 6.890

1 de agosto de 110.970 14.780 13.250 1.520 96.190 89.440 6.760


2004

Fuerza Aérea
1 de abril de 2000 54.720 10.990 9.890 1.100 43.730 39.480 4.250
1 de abril de 2001 53.700 10.960 9.800 1.160 42.740 38.440 4.300
1 de abril de 2002 53.000 10.920 9.710 1.210 42.090 37.680 4.410
1 de abril de 2003 53.240 10.950 9.680 1.270 42.290 37.630 4.660
1 de abril de 2004 53.390 10.960 9.600 1.360 42.430 37.540 4.880

1 de agosto de 52.940 10.830 9.470 1.360 42.110 37.210 4.900


2004
Fuente: Defence Analytical Services Agency, www.dasa.mod.uk/

29
Estudios médicos llevados a cabo entre las mujeres del Ejército32, con una muestra de 143
hombres y 121 mujeres, revelaron que las mujeres que no cuentan con un entrenamiento
diferenciado por sexo habían sufrido fracturas y fisuras en los huesos de las extremidades
inferiores, en una proporción tres veces mayor que en los varones (10,9% de las mujeres,
contra el 3% de los hombres); también se observó que 17 reclutas mujeres presentaban
fracturas pélvicas, frente a sólo 3 varones aquejados de la misma dolencia (14% y 2,1%,
respectivamente). La conclusión del estudio es, que la mujer es más vulnerable a las fracturas
durante el entrenamiento físico militar. Estos antecedentes han servido de argumento para
quienes no desean ver a la mujer británica, en unidades de combate.

32
Alejandra Rodríguez, Diario El Mundo, 10 de enero de 1.999, Suplemento Salud, www.el-mundo.es/salud/1999/325/02157.html
30
3.- ESTADOS UNIDOS DE AMERICA.

Alrededor de 33.000 mujeres sirvieron en las fuerzas armadas norteamericanas durante la


Primera Guerra Mundial. Casi 500.000 lo hicieron en la Segunda; 120.000 vestían el
uniforme militar en tiempos de la guerra de Corea, al tanto que el teatro de la guerra en
Vietnam contó con la presencia de unas 7.000. En Tormenta del Desierto, el 7% de las
fuerzas norteamericanas, eran miembros femeninos, alcanzando una cifra de 40.00033.

Hacer un relato de la contribución de la mujer en la vida militar norteamericana, es


interesante, pues su participación ha debido sortear todas las dificultades que es dable
imaginar, en una medida como no se ha visto en ningún otro caso. Probablemente estos
problemas que se detallarán someramente, hubiesen sido menores de no mediar el hecho de
que en estas materias, los EE.UU. han llevado la delantera, gracias a que la mujer
estadounidense más que en otras regiones, ha librado las batallas más encarnizadas por
alcanzar el reconocimiento de los varones.

Gran parte del discurso feminista contemporáneo se ha generado en los EE.UU., por lo que
muchos de los argumentos esgrimidos por esta corriente, pudiendo ser aplicables a esa
sociedad, no siempre pueden ser trasladados a otras realidades sociales.

Muchos de los logros en materia de derechos de la mujer, han sido obtenidos gracias a la
participación de la mujer en las FF.AA. Es así como hasta el presente, los grupos feministas
de presión insisten en la igualdad de la mujer frente al hombre en la vida castrense.

También los EE.UU. son el país que más ha documentado, investigado y publicado acerca de
todos los temas que guardan relación con sus FF.AA. La abundancia de libros, artículos,
informes, investigaciones, debates, etc., sobre la presencia de las mujeres en la vida
castrense, es tan importante, que no resulta difícil estudiar el tema desde la perspectiva
norteamericana.

La amplitud de fuentes de información, así como la costumbre tan arraigada en ese país de
discutir cualquier tema públicamente, sin importar el efecto que ello tenga en su propios
intereses, asegura una visión más amplia, acerca de las posiciones que al respecto han ido
tomando los diferentes estamentos sociales, a la vez que permite entrever los problemas que
se han suscitado. Otro aspecto digno de destacar, es el hecho de que EE.UU. es uno de los
pocos países que ha documentado la experiencia de fuerzas militares mixtas en combate,
aunque la participación de la mujer en estas unidades estuvo prohibida por ley hasta 1994,
año en que por la vía reglamentaria se eliminaron las restricciones34.

En sus comienzos, la participación femenina en las actividades militares en los EE.UU.


siguió el mismo patrón del resto de los países. Las mujeres tomaron parte en los combates de
la guerra civil por la independencia o revolución, generalmente sólo cuando las

33
Captain Barbara A. Wilson, USAF (Ret.), www.userpages. aug.com/captbarb.
34
Un estudio detallado acerca de la evolución de la participación femenina en unidades combate de las FF.AA. norteamericanas, se
encuentra een el Report, april 2003, Why American Servicewomen are Serving at Greater Risk, WOMEN IN LAND COMBAT, When did
the rules change?, www.cmrlink.org/CMR Notes/M38V8ccmrrpt16.pdf. Los antecedentes obtenidos de este informe, han sido empleados
para tratar este punto.
31
circunstancias las pusieron en el trance de luchar o morir. Hubo, algunas que
deliberadamente se incorporaron a la lucha, siempre de modo irregular. Una de ellas fue
Deborah Samson, quien en octubre de 1778 ingresó al ejército disfrazada de hombre para
servir como voluntaria, bajo el seudónimo de Robert Shirtliffe35.

Rachel y Grace Martin, disfrazadas de hombres, se distinguieron asaltando un correo


británico que viajaba escoltado por soldados armados. Capturaron de esta forma, importante
documentación que pusieron en manos del General Greene.
Probablemente la más famosa de las mujeres que combatieron o tomaron parte en la
Revolución, fue Margaret Cochran Corbin (1751-¿1800?)36. (Ver Anexo B).
También hay numerosos informes de mujeres actuando como espías, papel para el cual
estaban especialmente capacitadas, ya que no eran personas de las que un soldado
desconfiara en absoluto.
En la guerra contra Inglaterra, en 1812, conflicto que casi no conoció otros enfrentamientos
que los navales, se tiene noticias de 2 mujeres sirviendo como enfermeras a bordo del United
States 37.
Según el investigador Franck Moore, unas sesenta mujeres resultaron heridas o muertas
durante la Guerra Civil o de Secesión. 38 Una joven, conocida sólo como Emily huyó de su
casa en 1863 para incorporarse como tambor en un regimiento de Michigan. Herida
mortalmente por un balín en Chattanooga y descubierta su identidad sexual, se negó a revelar
su nombre, aunque sí accedió a enviar un telegrama a su madre pidiendo perdón por su fuga
del hogar.

Tras la batalla de Gettysburg, en julio de 1863, se encontró los cadáveres de dos mujeres
confederadas vistiendo uniformes. Una mujer, portaestandarte de la Unión, fue muerta en
una colina cerca de Picketts Charge. Otra mujer, Frances Day, murió mientras combatía bajo
el alias de Franck Mayne, con el grado de sargento.

Durante la Guerra Hispanoamericana, a fines del siglo XIX, el Ejército de los EE.UU. tuvo
por primera vez mujeres incorporadas en sus filas como enfermeras. De ellas, 22 murieron en
el frente aunque ninguna como consecuencia de heridas en combate, ya que todas ellas
cayeron víctimas de enfermedades tropicales. La primera enfermera del Ejército muerta en
suelo extranjero, fue Ellen Mary Tower y fue también la primera mujer sepultada con
honores militares.

En 1901, se creó el Cuerpo de Enfermeras del Ejército y en 1908, lo propio hizo la Armada,
de modo que al iniciarse la Primera Guerra Mundial, las mujeres ya tenían oficialmente un

35
Ibid. La Capitana Wilson cita diversos autores y textos, entre ellos, Elizabeth F. Ellet, The Women of the American Revolutiont, NY,
Baker and Scribner, 1848, Phebe A. Hanaford, Daughters of America, Boston, B.B. Russell, 1882; Niles, Principles and Acts of the
Revolution, Mrs. Hales Biography of Distinguished Women. Daughters of America,1849 y Women of the Revolution 1882.
36
Ibid. Parte del texto está extractado de la página womenshistory.about.com/od/waramrevolution/
37
Women in the Military,,www.womensissues.about.com/library/weekly/aa092801a.htm
38
Women's Military History, www.womenshistory.about.com/gi/dynamic/offsite.htm. Todos los datos referentes a las bajas sufridas por
mujeres norteamericanas en los diferentes conflictos, han sido tomados de este artículo.
32
sitio propio en las FF.AA. norteamericanas. En este conflicto, las mujeres se desempeñaron
como enfermeras y como telefonistas39.

El Ejército libró una larga e inútil batalla con el War Department para permitir el ingreso de
las mujeres en el rol de secretarias y escribientes, con el fin de aumentar la disponibilidad de
los varones para el combate. El asunto era importante, ya que el volumen de documentos que
debía ser dactilografiado durante la guerra era enorme. Nunca se admitió a las mujeres en
otro rol que el de enfermeras en el Ejército, en la condición de militares. La Armada, por su
parte, no tuvo este problema (sencillamente ignoró los reparos del War Department) y
admitió a las mujeres para las mismas funciones, con rango militar40, tanto en las
reparticiones navales como en la Infantería de Marina y el Servicio de Guardacostas hasta el
fin de la guerra, cuando fueron licenciadas41.

Pese a la disputa ya mencionada, el Ejército norteamericano contrató unas 300 mujeres, para
servir como operadoras bilingües de mesas telefónicas (las “Hello Girls”), ellas cubrían el
enlace entre las tropas en las trincheras y los cuarteles generales de la retaguardia. Recibieron
el grado equivalente al de teniente y el “privilegio” de comprar sus uniformes (que era
entregado sin costo al personal masculino). Estaban sometidas a la reglamentación del
Ejército, con 10 agregados específicos para ellas destinados a preservar la virtud femenina.
Para el Departamento de Guerra eran civiles.

De las 1.881 Medallas por Servicios Distinguidos entregadas durante la Primera Guerra, 24
fueron para miembros del Cuerpo de Enfermeras del Ejército y una para las “Hello Girls”42.

Se estima, por muchos investigadores, que la mujer norteamericana alcanzó el derecho a voto
esgrimiendo como argumento, el que ellas habían ido a la guerra: Si combates, votas.

Recordemos que unas 500.000 mujeres prestaron servicio en las FF.AA. de los EE.UU.
durante la Segunda Guerra Mundial. Esto revela que la mujer norteamericana no vaciló en
ofrecer sus servicios a la causa de la guerra. A pesar de que la presencia femenina en las
FF.AA. no era bien vista por la sociedad, ni por los hombres en el servicio.

Un rol de primera importancia en el otorgamiento de la condición de militar de la mujer en el


Ejército, le cupo a la Primera Dama, Eleonor Roosevelt43. A instancias de la señora
Roosevelt y de la congresista Edith Nourse Rogers, el 28 de mayo de 1941, se presentó un
proyecto de ley para la creación del Women's Army Auxiliary Corps (WAAC), para el
Ejército. Sin embargo, pese a tan insigne promotora, el proyecto fue mutilado, retardado y
cuestionado por largos meses, lográndose su aprobación en noviembre de 1941. Por tratarse

39
Women in the Military,,www.womensissues.about.com/library/weekly/aa092801a.htm. Los antecedentes acerca de la evolución de las
normas que regulan la participación femenina en las FF.AA. norteamericanas, han sido extraídos de este artículo, salvo que expresamente
se indique otra fuente.
40
Ver “Rango militar” en Aclaraciones.
41
WWI: Thirty Thousand Women Were There, userpages.aug.com/captbarb/femvets4.html; otros antecedentes, relativos a la Armada, se
obtuvieron de Department Of The Navy -- Naval Historical Center, World War I era Yeomen (F)-- Overview and Special Image Selection,
www.history.navy.mil.
42
Los antecedentes acerca de las condecoraciones , proceden del sitio www.army:mil/cmh-pg
43
Captain Barbara A. Wilson, USAF (Ret.), www.userpages. aug.com/captbarb.
33
de un cuerpo auxiliar, la ley negaba a sus miembros la condición de militares. El propio
general Marshall intervino para avanzar en este sentido, sin éxito44.

Debió ocurrir el ataque a Pearl Harbour para que las cosas cambiaran. Durante el combate,
las mujeres dieron muestras de un valor y una capacidad extraordinarios, al atender, solo con
los medios disponibles, a los 2.300 heridos que dejó el bombardeo. La Teniente 1º Annie G.
Fox se convirtió en la primera de muchas mujeres enfermeras del Ejército en recibir un
Corazón Púrpura y la Estrella de Bronce, como enfermera jefe en Hickam Field, blanco
predilecto de los japoneses, después de los acorazados.

Cuatro días después, las condiciones para el pleno reconocimiento del status militar de las
mujeres en el Ejército habían cambiado radicalmente, aunque la ley que creó el WAAC sólo
se promulgó en mayo de 1942. En todo caso, como se verá más adelante, no todas las
mujeres que ingresaron al Ejército recibieron la condición de militar.

Apenas iniciada la participación de los EE.UU. en la guerra, en 1942 la Armada creó las
WAVES (Women Accepted for Volunteer Emergency Services), como parte de la reserva,
pero sometidas en plenitud a las reglamentaciones navales. Aparte de las tareas de tipo
administrativo, estas mujeres sirvieron generalmente como enfermeras, tanto en tierra, como
en los buques hospital. El mismo año, las mujeres ingresaron al Marine Corps, recibiendo la
misma denominación de Marines con que se conoce a los miembros varones del Cuerpo;
también ese año, se creó el Coast Guard Women's Reserves. De este modo, la Marina
continuó siendo, en los EE.UU. el servicio pionero en la incorporación femenina a las
FF.AA. Finalmente, también en 1942, se crea el Women’s Auxiliary Ferrying Squadron
(WAFS), integrado por 25 mujeres cuya función era pilotear los aviones recién salidos de las
fábricas, hasta las bases desde las cuales el material sería desplegado a las unidades
operativas, trabajo nada despreciable, considerando la gigantesca producción aeronáutica de
la guerra.

En la cabeza de playa de Anzio, donde las fuerzas norteamericanas permanecieron largo


tiempo sin poder avanzar en la ocupación del territorio central italiano, seis enfermeras del
Ejército murieron como consecuencia del bombardeo alemán, que alcanzó el hospital de
campaña en que servían, al tanto que cuatro mujeres, en el mismo sitio y lugar, se hicieron
acreedoras a la medalla Estrella de Plata, por su extraordinario coraje bajo el fuego enemigo.
En el teatro del Pacífico, un kamikaze impactó en el buque hospital USS Comfort, dando
muerte a 6 enfermeras, 5 oficiales de sanidad, ocho tripulantes de gente de mar y 7 pacientes
e hiriendo a 4 enfermeras.

La enfermera Aleda E. Lutz se convirtió en 1944, en la primera mujer militar de dotación del
Ejército en morir en zona de combate, al caer el avión de evacuación médica en el que
realizaba su misión de evacuación Nº 196.

En plena guerra, se fundó el Women Airforce Service Pilots, WASP. Este es un cuerpo de
mujeres que en el Ejército cumplió el mismo rol que el WAFS en la Armada, aunque
tampoco recibieron su merecido reconocimiento, hasta 1977. Treinta y seis miembros de este

44
Ya se esbozó muy someramente el tema de la condición de militar. En el caso norteamericano, esta condición, como se ha visto, no
alcanza a todo el personal que labora en las FF.AA. y tiene un efecto directo en los beneficios que se otorga a los veteranos de guerra, que
sólo se concede a los que ostentan la condición de militares.
34
cuerpo cayeron en el cumplimiento de su deber, aunque no tuvieron ni siquiera el privilegio
de un funeral con honores militares.

Aparte al ya señalado caso del USS Comfort, las únicas mujeres que se menciona
combatiendo, hechas prisioneras o caídas en acto de servicio a bordo de unidades a flote, se
encontraban prestando servicios en buques mercantes, como enfermeras o camareras. El
hecho de que en la guerra naval no hayan líneas del frente y de que toda unidad a flote sin
importar su rol o condición jurídica, se transforma en un blanco para el enemigo, permite
aseverar que las mujeres que servían a bordo de naves mercantes durante la guerra, eran
realmente combatientes, aunque sólo lo fueran por encontrarse expuestas a la acción hostil
del enemigo.

En resumen, se sabe que unas 400 mujeres entregaron sus vidas al servicio de los EE.UU.
durante la conflagración y aunque la información sólo muy lentamente ha sido dada a
conocer, existen diversos testimonios de mujeres que fueron hechas prisioneras por los
japoneses, especialmente a la caída de la fortaleza de Corregidor, en Filipinas.

Al regresar McArthur a las Filipinas, entre los prisioneros que habían sido liberados y que le
esperaban, se encontraban también las ex-prisioneras. Se asegura que las fotos tomadas en la
ocasión fueron mutiladas o trucadas, para que las damas no aparecieran.

En ningún caso se ha conocido de registros que indiquen que las mujeres hayan combatido
tomando las armas, sin embargo, es de presumir que en un conflicto tan extenso en tiempo y
en espacio, en el que se vivieron las más variadas circunstancias y con una participación tan
masiva de la mujer, esta situación debe haberse presentado en innumerables oportunidades.

Del total de distinciones entregadas durante la guerra, 1.619 correspondieron a enfermeras


(medallas, citaciones o recomendaciones). Solo 16 mujeres recibieron el Corazón Púrpura y
565, la Estrella de bronce. 700 WACs fueron condecoradas o recibieron menciones
honoríficas al término de la guerra45.

Muchas mujeres estuvieron al servicio de los cuerpos armados, sin reconocimiento alguno, al
menos hasta mucho después de finalizadas las hostilidades. Se les negó en muchos casos la
condición de militares en servicio, lo que les impidió posteriormente, acceder a los
beneficios otorgados a los veteranos de guerra. Tales situaciones sólo vinieron a ser
corregidas en los años 70 y 8046. Los que sí manifestaron desde un principio su admiración
por el trabajo femenino, fueron los más de 100.000 heridos que recibieron las atenciones de
las enfermeras y gracias a las cuales muchos lograron sobrevivir.

En 1948, se promulgó la Ley Pública 625, The Women's Armed Services Act, texto que
abría las puertas de los cuarteles a las mujeres para todos los efectos, pero no para todos los
fines. La importancia del documento radicaba en que impedía que los cuerpos castrenses

45
Los antecedentes acerca de las condecoraciones , proceden del sitio www.army:mil/cmh-pg
46
La cuestión del reconocimiento de la condición de militares, para las mujeres del Ejército es de enorme importancia, no sólo por los
aspectos protocolares, como el derecho a un funeral con honores, sino por las franquicias que la ley otorga a los veteranos de guerra. Aun si
sólo se tratara de cuestiones puramente formales, como los ya mencionados honores, es interesante destacar el hecho de que los militares
sienten que su trabajo requiere de un reconocimiento en los mismos términos en los que ellos ejercen su oficio: la recompensa honorífica de
la medalla, del entierro solemne, el monumento, etc., son parte del salario militar. Se lucha por los galardones de la gloria.
35
licenciaran a las mujeres al término de los conflictos. Así, los organismos creados durante la
guerra, adquirieron un carácter de permanente. La mujer se integraba al servicio, pero sin
existir para ella escalafones u organismos exclusivos, con la excepción del WAC.

Dos años después, cuando el número de mujeres en servicio alcanzaban el mínimo, propio
de la post guerra, se desató el conflicto de Corea. Esta guerra no mostró mayores cambios en
el terreno de la participación femenina, como tampoco los mostró en cuanto a los medios
empleados en combate, con la sola excepción de la aparición de la Fuerza Aérea, creada a
partir del Cuerpo Aéreo del Ejército en 1948.

Con la Fuerza Aérea, la mujer tuvo un nuevo campo de desempeño militar, en los mismos
roles que antes tuvo en el Ejército. En especial, la mujer adquirió un lugar importante en las
unidades de evacuación aeromédica.

De las 120.000 mujeres que sirvieron durante la guerra de Corea, 18 rindieron su vida. De
ellas, 14 servían en la Armada, 1 en el Ejército y 3 en la Fuerza Aérea. También, las mujeres
prestaron servicios en Japón y otros países del sudeste asiático, desde donde se apoyaba a las
fuerzas combatientes.

Vietnam marca un pronunciado descenso numérico en la presencia de mujeres en el teatro de


la guerra. Sólo 7.000 miembros femeninos de las FF.AA. tomaron parte en el conflicto,
siempre en los roles tradicionales.

El precio en vidas humanas pagado por las mujeres en Vietnam también fue relativamente
bajo: 9 pérdidas para el Ejército, una la Marina y una en la Fuerza Aérea.

Además, se sabe de 4 mujeres tomadas como prisioneras de guerra, todas ellas desaparecidas
en acción. De ellas, 3 han sido declaradas posteriormente muertas y una se mantiene como
desaparecida en acción.

Finalmente, el 5 de abril de 1975, tras el cese de las hostilidades y 2 años después de la


retirada de las fuerzas norteamericanas un avión C-5 que evacuaba niños vietnamitas se
estrelló, causando la muerte de 67 mujeres, 8 militares y 59 civiles al servicio de diversos
organismos gubernamentales de los EE.UU.

La llegada de la década del los 70 marcó el gran cambio para las FF.AA. norteamericanas en
general y en particular para las mujeres militares.

En 1970, las mujeres fueron admitidas en la Infantería de Marina y en 1975, por primera vez,
recibieron destinaciones en unidades de la Fleet Marine Force, unidades que constituyen las
fuerzas de despliegue inmediato. Sin embargo y pese a los avances anteriormente señalados,
se les impide pertenecer a las unidades de armas de combate47 y artillería de campaña, de
seguridad de equipos y armamento nuclear y de defensa antiterrorista de la flota.

En 1973, después de la traumática experiencia de la guerra de Vietnam, se puso término al


servicio militar obligatorio. Las FF.AA. pasaron a estar integradas sólo por voluntarios, sin

47
Ver “Armas de combate y armas de apoyo de combate” en Aclaraciones.
36
distinción de sexo. Ese año las mujeres representaban el 1,6% de las fuerzas; en 1980
alcanzaban el 8,5% y en 1989 el porcentaje subió a un 10,8%. Desde entonces, las cifras han
experimentado cambios ubicando a la mujer actualmente, en alrededor de un 15%. Se
mantiene también la limitante de que en ninguna unidad el número de mujeres puede exceder
al de los varones.

Las diversas intervenciones militares norteamericanas, con posterioridad al conflicto de


Vietnam, tuvieron a las mujeres actuando en los nuevos roles que excluían de la
participación en combate. No fue hasta la operación Tormenta del Desierto, en que las
FF.AA. de los EE.UU. tuvieron que lamentar nuevamente la pérdida de mujeres militares.
Más de 40.000 mujeres militares estuvieron en el teatro de la guerra, actuando en roles de
apoyo de combate y logístico. 14 mujeres del Ejército fallecieron, 13 de ellas, por acción del
fuego enemigo.

La Marina sufrió una pérdida y la Guardia Nacional Aérea, otra, aunque ésta se produjo en
un accidente en actividades relacionadas con Tormenta del Desierto, en territorio
norteamericano.

Dos mujeres fueron capturadas por fuerzas enemigas.

Recordemos que la legislatura norteamericana intentó en 1988, impedir que las mujeres
militares entraran en combate, pero sólo logró sus propósitos parcialmente al establecer que
ninguna mujer podía ser obligada a tripular un avión o buque de combate (en otras palabras,
sólo podrían hacerlo voluntariamente). En el caso del Ejército, entregó en manos del
Departamento de Defensa, el determinar las limitaciones para el caso de las mujeres de las
fuerzas de tierra, dejando en claro que la idea del Congreso era que las mujeres no
participaran en combates terrestres48.

El Departamento de Defensa promulgó ese mismo año, la Risk Rule (Regla del Riesgo), que
establecía:

“El criterio correcto para impedir el acceso de las mujeres a posiciones o unidades no
combatientes, son el riesgo de combate directo, exposición al fuego hostil o la captura,
cuando el tipo, la duración o el grado de dicho riesgo es igual o mayor que el que corren las

48
El tratamiento del tema de la Risk Rule y su evolución, ha sido extractado de Why American Servicewomen are Serving at Greater Risk.
WOMEN IN LAND COMBAT. When Did the Rules Change?, informe elaborado por Center for Military Readiness, P.O. Box 51600,
Livonia, MI 48151, organismo público, dedicado al estudio de temas relativos al personal militar. El informe se confeccionó empleando las
siguientes referencias:

Jeanne Holm, Women in the Military: An Unfinished Revolution, Novato, CA: Presidio Press, 1982, pp. 118-119.
General Accounting Office, New Opportunities for Women, 1998, Table 6.5, p. 91.

Washington Times, Women in No Rush to Enter Combat, Sept. 29, 1998.

www.cmrlink.org, bajo el título Issues/Women in Combat

Datos entregados a varios servicios por DACOWITS en su reunión de la primavera del 2000, en, Washington D.C.

Memorándum del Secretario Les Aspin, Direct ground Combat Definition and Assignment Rule, 13 de enero de 1994.

37
unidades de combate a las que ellas estén asignadas en un determinado teatro de
operaciones.”

La nueva regla, aun cuando era imprecisa, reflejaba la opinión prevalente de que las mujeres
no debían ser expuestas a los rigores del combate y, por otro lado, la opinión de las propias
mujeres militares, que, según un estudio de la RAND recogido por la General Accounting
Office, sólo en un 10% concordaban con la proposición de que “Las mujeres deben ser
tratadas exactamente igual que los hombres y que deben servir en las armas de combate,
como los varones”.

Tras la Guerra del Golfo, una comisión estudió estas materias con la asesoría de expertos en
el tema, consultas a los mandos y a personal militar de todos los estamentos, realizando
numerosas visitas a terreno, efectuando estudios de fisiología, de normas legales, de
sociología y otros. Las recomendaciones que formularon los miembros de la comisión eran
simples: restablecer las restricciones para el combate aéreo y continuar con la Risk Rule. Las
recomendaciones se aprobaron el mismo día que el presidente Bush perdió la reelección. A
los pocos meses, la administración Clinton inició un programa destinado a terminar con
todas las restricciones a la participación femenina en el combate aéreo, naval o terrestre en
las FF.AA. Se dictó una nueva Regla, aprovechando la circunstancia de que el Departamento
de Defensa contaba con la facultad para ello.

Así, la nueva Risk Rule señala:

“A.- Regla: El personal en servicio podrá ser asignado a cualquiera de las posiciones para las
que se encuentra calificado, excepto las mujeres, que no serán asignadas a unidades de nivel
inferior al de brigada, cuya misión principal es entrar en combate terrestre directo, como se
define más abajo:
B.- Definición: Combate terrestre directo es la interacción con el enemigo en el terreno, con
armamento menor o mayor49, mientras se encuentra expuesto al fuego hostil y a una elevada
probabilidad de contacto físico con el personal de las fuerzas adversarias. El combate
terrestre directo tiene lugar, en la parte frontal del campo de batalla, mientras se determina la
posición del enemigo y se acorta la distancia, para batirlo mediante el fuego, la maniobra o
por efecto de choque.”

Se establecieron algunas restricciones a la asignación de las mujeres a las fuerzas de


combate:

a) Cuando, a juicio del Service Secretary (Cargo que es una mezcla entre nuestro Ministro de
defensa y el Subsecretario de Guerra, Marina o Aviación), la implementación para un
alojamiento y privacidad adecuados, se haga prohibitiva en términos de costos.

b) Cuando las unidades o posiciones deban ser mantenidas, por doctrina, en contacto
permanente con unidades que participan en combate directo.

c) Cuando las unidades deban desarrollar operaciones de reconocimiento de larga distancia o


en misiones de Fuerzas Especiales; y

49
En el texto original se emplea la expresión “individual or crew served weapons”
38
d) Cuando los requerimientos de esfuerzo físico relacionados con el trabajo, excluyan
necesariamente a la mayoría de las mujeres en servicio.

Las normas eran bastante razonables, pero las activistas feministas querían más. Ignorando el
juicio de los especialistas en cuestiones militares, presionaban por imponer su criterio de
abrir los accesos a otras áreas.

Pese a las limitaciones que el Congreso aprobó, a que el Departamento de Defensa


introdujera nuevas modificaciones a lo ya acordado, en la práctica, y siguiendo una política
de hechos consumados, las restricciones fueron sencillamente ignoradas y las instituciones
comenzaron a asignar mujeres a unidades de combate (helicópteros de las fuerzas de
caballería aerotransportada, ingenieros de combate, puestos de mando de unidades de
artillería de campaña, de blindados e infantería), aun si tales estaciones pudieran verse
eventualmente envueltas en situaciones de combate directo.

La implementación de tales medidas es de consecuencias insospechadas y pueden tener un


alto costo en las actuales operaciones, en escenarios tan complejos como Afganistán e Irak.
Definitivamente en este tema se consideró solamente la opinión de los grupos de presión, sin
tomar en cuenta lo que en estas materias piensan las propias mujeres militares.

Lo interesante del tema radica en que durante las primeras operaciones en la invasión a Irak,
tres mujeres cayeron en manos de los iraquíes, de ellas dos fueron posteriormente liberadas y
repatriadas. La tercera mujer, la Private First Class Lori Piestawa, no tuvo tanta suerte, su
cadáver fue encontrado en una tumba con claras evidencias de haber sido sometida a torturas
y vejámenes que le ocasionaron la muerte. A Mayo del 2005, el número de mujeres militares
muertas en Irak se elevaba a 35, además de 270 heridas.50

Estos penosos sucesos han reavivado la polémica en los EE.UU., en especial considerando
que las decisiones que llevaron finalmente a que estas mujeres cayeran prisioneras, se
tomaron ignorando las disposiciones que el propio Congreso había adoptado en uso de sus
potestades legales y del juicio de los especialistas. No se puede desconocer que en estos
casos hay una poderosa advertencia respecto de lo peligroso que resultan las propuestas de
los grupos de presión (en este caso especifico, las feministas), que logran resultados
favorables a sus posiciones, pese al juicio de la gente entendida en la materia51.

Hacia 1990, más de 229.000 mujeres lucían el uniforme militar. El 15% de ellas tenían rango
de oficial. El porcentaje es menor en la Infantería de Marina (alrededor del 10%).

Las cantidades de mujeres eran entonces, las siguientes:


Servicio de Guardacostas: 2.60052
Fuerza Aérea: 77.000
50
Agencia EFE, Mayo 22 del 2005.
51
Las mujeres militares son las primeras en quejarse de que muchas decisiones que se adoptan en relación con su desempeño, son tomadas
considerando las opiniones de quienes nunca han vestido el uniforme ni tomado parte en la vida militar.
52
El Servicio de Guardacostas dependió del Ministerio de Transporte desde 1967, pero su personal siempre ha sido considerado militar, por
las funciones que desempeña. El 23 de febrero del 2003, el Servicio pasó a depender del recién creado Department of Homeland Safety,
manteniendo su condición de organismo militar, así como los estrechos y tradicionales vínculos con la Armada.
39
Armada: 57.000
Ejército: 86.000
Infantería de Marina: 10.000

El Servicio de Guardacostas permite el acceso de la mujer al 100% de los puestos; la Fuerza


Aérea, al 97%; la Marina al 59%; el Ejército al 52% y la Infantería de Marina al 20%.

Las diferentes circunstancias determinadas por el entorno cultural, marcan algunas


divergencias entre los EE.UU. y nuestros países de raigambre hispana: así, mientras en estos
las tasas de deserción escolar en las escuelas matrices de oficiales son notablemente distintas
para varones que para mujeres, en West Point, ellas son de 79% y 75% respectivamente.

Para el año 2000, el Ejército contaba con 10.505 oficiales y 59.650 soldados mujeres;
mientras que la Armada, al año siguiente tenía 8.279 oficiales femeninos y 55.052 mujeres
de gente de mar, representando dichas cifras alrededor del 14,5% del total de efectivos. Ver
tabla 10, a continuación.
TABLA 10.-
Dotación femenina de las FF.AA. de los Estados Unidos, año 2001

Al 31 de marzo del 2001, las mujeres en las FF.AA. (incluyendo al Servicio de Guardacostas), conformaban
casi el 15% de total de las fuerzas efectivas. La Fuerza Aérea posee el más alto porcentaje de mujeres, la
Infantería de Marina, el más bajo. El Ejército cuenta con el mayor porcentaje de mujeres afro-americanas; la
Infantería de Marina, el más alto de mujeres de origen hispanoamericano. La Armada es el único servicio en el
que las mujeres del rango de oficial representan un porcentaje mayor que en el rango de personal subalterno.
Los datos reflejan adecuadamente la realidad de las fuerzas al año anterior.

Número de Porcentaje del


Servicio y rango mujeres total del personal
Total de fuerzas de la Secretaría de 199850 14,7%
Defensa (1)
Personal subalterno 168805 14,7%
Oficiales 31045 14,5%
Ejército 72542 15,3%
Personal subalterno 61871 15,5%
Oficiales 10671 14,2%
Armada 50771 13,9%
Personal subalterno 43010 13,8%
Oficiales 7761 14,7%
Infantería de Marina 10338 6,0%
Personal subalterno 9387 6,1%
Oficiales 951 5,3%
Fuerza Aérea 66199 19,0%
Personal subalterno 54537 19,4%
Oficiales 11662 17,2%
Guardacostas 3538 10,2%
Personal subalterno 2768 10,0%
Oficiales 770 11,2%

(1): No considera las fuerzas del Servicio de Guardacostas.


Fuente: www.infoplease.com
40
Después de más de 25 años de promover y facilitar la presencia femenina en el castrum
norteamericano, los resultados no han sido mucho mejores que lo experimentado en otros
países. Este caso parece señalar que la mujer no se interesa especialmente por la vida y la
carrera militar. Las bajas cifras de mujeres revelan con mayor precisión este innegable
desinterés, pues del total de las mujeres que sirven en las FF.AA., se debe descontar a las que
no desempeñan funciones propiamente militares.

Uno de cada diez soldados que invadieron Irak era mujer. Una de cada siete estaba entrenada
para cualquier acción bélica. 300 mujeres pilotos de guerra realizaron misiones de
abastecimiento y apoyo a sus tropas. Afganistán estrenó la primera mujer piloto que lanzó
bombas desde su aeronave y los primeros aviones de abastecimiento y de apoyo totalmente
tripulados por mujeres. Según el diario Miami Herald, la captura en Irak de la soldado
estadounidense-panameña Shoshana Jhonson “refleja un nuevo ángulo bélico: mujeres
peleando, matando y riéndose ante el enemigo”53. Si bien lo señalado por el diario no
responde exactamente a la realidad, pues mujeres combatiendo ha habido siempre, los
recientes conflictos en los que se han comprometido los EE.UU., nos muestran a las mujeres
militares asumiendo cada vez con mayor intensidad, roles reservados antes exclusivamente a
los varones, que las ponen directamente en contacto con el enemigo.

Desgraciadamente, los informes no pueden hacer referencia al desempeño de las unidades de


combate a flote, las que se han mantenido muy alejadas de las áreas de operaciones
terrestres, de manera que no se tienen antecedentes de primera mano sobre el
comportamiento de las mujeres embarcadas, sometidas a las tensiones particulares del
combate naval.

Tampoco parece haberse considerado en estos informes, que las FF.AA. mixtas han
participado en dos conflictos muy particulares, en los que la abrumadora superioridad
material, más que la calidad de los combatientes, marcaron las diferencias respecto al
enemigo. Cómo se hubieran comportado las mismas fuerzas, en el conflicto somalí, en que
las diferencias materiales quedaron sepultadas bajo el peso de las condiciones del campo
táctico y de la composición y funcionamiento de las fuerzas adversarias, es una cuestión que
aún no tiene respuesta54.

No siempre en la guerra se dan los supuestos de los planificadores civiles ni de los estrategas
militares. En realidad, rara vez se cumplen. Sería trágico, para los EE.UU. que tan pronto se
hubieran olvidado las amargas lecciones de Vietnam. Entre tales lecciones se debe tener muy
presente que no siempre se librará un “... tipo de guerra, en donde la victoria no dependerá
principalmente de tener mejores armas o un mayor número de ellas, sino de la ‘astucia
individual y la cohesión de pequeños grupos de elite’, cada persona en nuestras Fuerzas
Armadas debe ser la real atención”55.

53
Ximena Bedregal, Empoderarse para matar: La feminización de los ejércitos ¿triunfo de la paridad o trampa del patriarcado?,
www.creatividad feminista.org/articulos/desarr_2003_ejercitos.htm.
54
El tremendo impacto que causaron en la opinión pública, las imágenes de la TV que mostraban los ultrajes a los que se sometió a los
cadáveres de los soldados norteamericanos caídos en combate en las calles de Mogadiscio, son reveladoras de la muy especial guerra que se
libró en Somalía.
55
Stephanie Gutmann, Una Milicia más Benévola y Gentil, citada por Lee Bockhorn en Mujeres en las FF.AA., Temas Seleccionados,
Academia de Guerra Naval, p 111.
41
La mujer presenta niveles de escolaridad superiores al del varón al momento de incorporarse
al servicio (también tiende a ingresar a una mayor edad). Mientras el 21% de los varones
registra su paso por la universidad, el porcentaje entre las mujeres alcanza el 27%. A un
mayor nivel de escolaridad se suma un menor rango de exigencias en otras áreas, poniendo
por lo general a las mujeres a la cabeza de las promociones y, por consiguiente, ellas acceden
a mejores oportunidades al momento de decidir las destinaciones de los reclutas56.

Los principales problemas que han debido enfrentar las mujeres en la milicia norteamericana,
están relacionados con su aceptación por sus pares masculinos y los incontables casos de
hostigamiento y abusos de tipo sexual. Estos inconvenientes comienzan en las escuelas
matrices de oficiales, en los que, como ocurre en todas las FF.AA. del mundo, la disciplina
es ejercida por los alumnos más antiguos, que se resienten de la invasión femenina de los
espacios que siguen considerando esencialmente masculinos.

En la Academia de la Fuerza Aérea, durante el año 1993, se denunciaron 56 casos de


violación o ataque sexual, según datos oficiales. Un informe emanado de la General
Accounting Office, de enero de 1994 57, señalaba que entre el 50 y el 75% de las mujeres de
las tres academias habían sufrido algún tipo de agresión sexual, al menos dos veces al mes.
En el informe, se indica que en la Fuerza Aérea, el 59% de las alumnas denunciaron estos
abusos, en la Armada, el 50% y en West Point (Ejercito), el 76%. Diez años después, en una
encuesta realizada el año 2003, el 75% de las mujeres militares reportaron ser victimas de
hostigamiento sexual58

Las tasas de denuncias de atentados sexuales, en las academias de las FF.AA. de los EE.UU.,
superan con creces a las observadas en los barrios más violentos de las grandes urbes del país
del norte. En las restantes unidades y reparticiones militares, los índices parecen ser algo
menores, pero siguen siendo inaceptablemente elevados si se comparan con el promedio en
el mundo civil. Los abusos con algún tipo de connotación sexual, generalmente perseguían
atemorizar, alarmar o abusar de las personas para lograr ventajas en el servicio.

Investigaciones posteriores han revelado que las mujeres denunciantes han sido a veces
sancionadas por formular tales acusaciones (generalmente muy difíciles de probar), por lo
que se ha optado por poner los casos en manos de investigadores civiles. Los directores de
las tres academias han sido relevados de sus funciones, por estimarse que su conducta, en el
tratamiento de estos casos había sido, por lo menos, negligente. También se ha debido dictar
nuevas directivas para dar seguridad a las mujeres y se les ha asignado a sectores de
habitabilidad separados. Medida que pese a ser obvia, no había sido implementada en todas
partes.

56
Ximena Bedregal, Empoderarse para matar: La feminización de los ejércitos ¿triunfo de la paridad o trampa del patriarcado?,
www.creatividad feminista.org/articulos/desarr_2003_ejercitos.htm. en este punto, cita datos del Women´s Research and Education
Institute.
57
GAO/NSIAD-94-6, de enero de 1994, citado en Discover the issue, history and current status of the investigations ,
www.womensissues.about.com/cs/militarywomen/a/aaairforcerapes.htm
58
Reuter health, Marzo 2003. USA.
42
Los casos han alcanzado tal notoriedad, que el Secretario de Defensa debió intervenir
personalmente, disponiendo diversas medidas correctivas, como la conformación de un panel
de 7 civiles, que debe entregar un informe al propio Secretario y a los comités de Defensa del
Senado y Cámara de Representantes. Los informes elaborados por comisiones especialmente
conformadas para tratar el problema han revelado que la situación tiende a corregirse
gradualmente, en la medida que las FF.AA. han ido adquiriendo experiencia en estos
asuntos.

Otro problema de frecuente ocurrencia, guarda relación con el tema de la igualdad entre
hombres y mujeres. Se da por hecho que la mujer no tiene las mismas capacidades físicas del
hombre, por lo tanto las exigencias físicas para ella, deben ser menores. El bajar las
exigencias a la mujer, crea una discriminación que perjudica al varón, ante cuyos legítimos
reclamos se ha optado en algunos casos, por igualar las exigencias para todos, con la
consiguiente merma en las capacidades de los combatientes. Se habla de una feminización de
las FF.AA59.

En donde esta dificultad es más notoria, por la gravedad de las consecuencias, es en el caso
de las mujeres pilotos de aviones de combate, cuando deben enfrentar emergencias que
exigen una gran fortaleza física. Estas situaciones pueden ocurrir en actividades de
entrenamiento, sin la presión del combate, de modo que la frecuencia con que se presentan
depende de factores ajenos a la voluntad humana.

También el problema se presenta a bordo. Diversas tareas que deben realizarse en un buque
demandan del tripulante, un gran despliegue físico que pocas mujeres son capaces de realizar
sin inconvenientes. Las quejas por esta causa son motivo de preocupación constante. Por una
parte, revelan un recargo en el trabajo de los varones y por otro, acusan grietas en la
disciplina, que pueden volverse en un aumento de las agresiones de que se hace víctima a las
mujeres60.

En las actuales circunstancias, el debate se centra en aquellas áreas en las cuales las mujeres
aún no tienen posibilidad de operar. Es notoria la ausencia de mujeres embarcadas en la
fuerza de submarinos. También se mantiene el debate en torno a las otras limitaciones para
las mujeres, como las fuerzas especiales (Navy SEALS) e Infantería de Marina. Una mujer
puede, en las actuales condiciones, ser comandante de un buque de combate de superficie,
incluidos los portaviones, ser piloto de combate embarcado, pero no puede servir como
marinero en un submarino61.

El debate acerca de las limitaciones en las unidades submarinas ha adquirido nuevos bríos, a
raíz de la incorporación de la clase de submarinos Virginia, cuyas unidades no contemplan

59
En este punto coinciden partidarios y detractores de la presencia femenina irrestricta en las FF.AA. De los autores consultados, tenemos a
una feminista y pacifista, Ximena Bedregal (La feminización de los ejércitos ¿triunfo de la paridad o trampa del patriarcado?), una
tradicionalista, como Marcela Cobo de Casarramona, corresponsal de "Despierta Chile" en Barcelona, España (Plan De Destrucción De
Las Fuerzas Armadas Españolas Para Formar Un "Ejército Profesional", Dejando A España Practicamente Indefensa),
www.despiertachile.cl/agosto2002/Opinión/Corresponsal, hasta una investigadora imparcial, como Stephanie Guttman (Una Milicia Más
Benévola y Gentil).
60
Stephanie Guttman, Una Milicia Más Benvola y Gentil: ¿Pueden las Fuerzas de Combate de Género Neutral aún Ganar Guerras?,
citada por Lee Bockhorn, en Mujeres en las FF.AA., serie Temas Seleccionados, Academia de Guerra Naval, extractado de
www.policyreview.org/ang00/bockhorn.html
61
Captain Barbara A. Wilson, USAF (Ret.), www.userpages. aug.com/captbarb, New Debate on Submarine Duty for Women,
www.armedforcescareers.com/articles/article18.html.
43
en su diseño, ninguna facilidad para mujeres. Si esta clase de submarino no considera
mujeres, desde su diseño, probablemente la presencia femenina en el Silent Service se retrase
por una o varias décadas, dado que un submarino norteamericano se construye con un
horizonte de servicio de 40 años62.

A favor de permitir mujeres en los submarinos se muestra un poderoso círculo de miembros


del Congreso y de grupos de presión ligados a estos congresales por razones de índole
netamente política. Su interés principal está en la defensa de los derechos femeninos y en la
igualdad de éstos con los de los varones.

Las condiciones de vida en un submarino son duras, sin importar la calidad de los tripulantes.
Si esto ha cambiado con la tecnología, ha sido para aumentar los niveles de exigencia, en
especial en el plano psicológico, mientras que se han mantenido los requisitos de orden físico
e intelectual. En un submarino convencional (de la segunda guerra mundial), aún había
ocasiones en las que los tripulantes podían disfrutar de un momento de relajo en cubierta,
aunque sólo fuera de noche y las comisiones duraban algunas semanas. En un submarino
nuclear (la U.S. Navy ya no opera sumergibles de propulsión convencional), esas raras
ocasiones de salir a cubierta simplemente ya no existen y la duración de las comisiones
puede extenderse hasta por 6 meses, con muy escasas y breves permanencias en puerto63.

Se argumenta que ya hay mujeres en los submarinos de varios países. Pero nada se dice en
relación a que estos submarinos de otras armadas no están sometidos a las condiciones antes
expuestas, debido a que se trata de unidades de relativa escasa autonomía. Además, estas
experiencias no han sido evaluadas bajo presión de guerra ni tampoco se ha analizado las
dificultades que se han presentado a bordo ni los beneficios operativos alcanzados.

En estricta justicia, el submarino convencional moderno presenta muchas similitudes con el


sumergible de propulsión nuclear, en lo referente a su autonomía y a las necesidades de
aflorar a la superficie. El uso del schnorkel hace innecesaria la aflorada para la renovación
del aire para la tripulación y la carga de las baterías, reduciendo las tasas de indiscreción y
por consiguiente, mejorando las capacidades para permanecer sin ser detectado en el área de
operaciones.64 En lo que respecta a la autonomía, no hay grandes diferencias entre ambos
tipos de unidades, ya que este factor queda limitado a la capacidad de la dotación para
permanecer ininterrumpidamente en la mar y a la disponibilidad de víveres65.

62
New Debate on Submarine Duty for Women, www.armedforcescareers.com/articles/article18.html. Todos los puntos acerca del tema de
la mujer en los submarinos norteamericanos, han sido extractados de este artículo.
63
El sitio web www.chinfo.navy.mil/navpalib/news/navnews/nns03/nns030710.txt, oficial de la US Navy, para la difusión de noticias
relacionadas con las actividades navales, informaba que el 10 de julio del 2004, el USS Montpellier , SSN 765, recaló de regreso en su
puerto base, tras una comisión de 182 días, de los cuales 146 transcurrieron en la mar. De los 125 primeros días de la comisión, que incluyó
su participación en la Operación Iraqi Freedom, el 94% fueron de navegación. La noticia fue proporcionada por Relaciones Públicas de la
Comandancia de la Fuerza de Submarinos de la Flota del Atlántico.
64
La aparición de modernas tecnologías en la propulsión de submarinos, ha permitido la incorporación de unidades que cada vez son tanto
o más discretas que las nucleares. Celdas de combustible, motores más eficientes, nuevos combustibles, torpedos y misiles más pequeños,
métodos de recirculación y filtrado del aire y automatización de procesos que permiten reducir el tamaño de la dotación, caben en este
acápite. El resultado de estos progresos es siempre el mismo: mayor autonomía, menor porte de los buques, más espacio para el armamento,
mayor hacinamiento de las dotaciones. La autonomía de un submarino de la clase U-209, como los que posee Chile, es de unos 50 días en
la mar, según www.wikipedia.org/wiki/Type_209_submarine.
65
Se sabe que una mujer ha comandado un submarino noruego. El argumento norteamericano se sostiene en todo su rigor, si se considera
que éste y otros casos similares, se han presentado en armadas que operan submarinos que desarrollan misiones a corta distancia del puerto
base, de poca autonomía, en los que las condiciones más difíciles de superar, son de menos cuantía. El caso del submarino noruego es
mencionado por Omar Gutiérrez, citando a Sink or Swim, en la Revista Scanorama, noviembre de 1996
44
En los más modernos submarinos de los EE.UU., la disponibilidad de espacio es tan escasa,
que el único pasillo que une al buque de proa a popa, no permite el paso de dos personas
simultáneamente, sin que al menos una de ellas se ponga de costado. En 120 metros de
eslora, se hacinan 145 hombres por un lapso de 2 o más meses. Esto ocurre aún cuando el
buque fue diseñado inicialmente para 108 tripulantes. El personal de gente de mar comparte
solamente dos baños y el espacio entre litera y litera es tan estrecho, que es difícil darse
vueltas estando acostado.

Sólo el comandante y el segundo comandante poseen un pequeño camarote privado, el resto


de la dotación comparte su espacio de habitabilidad con uno o más tripulantes. Si la
necesidad obliga a aumentar el número eventual de tripulantes, se debe recurrir al ya
conocido sistema de “camas calientes”, puesto que las posibilidades de incrementar el
número de literas ya están agotadas, al ocuparse como espacios para el alojamiento
compartimientos que disponían de sitios “ociosos”.

Aunque el comandante disponga de su propio camarote, éste en realidad no es absolutamente


privado. Algunos componentes de sistemas del buque, que por razones de diseño, han
quedado ubicados en ese lugar obligan a que eventualmente, alguien deberá entrar allí, a
realizar un determinado trabajo66.

En estas condiciones, las mujeres embarcadas tendrían acceso a uno de los dos baños
existentes, limitando la disponibilidad para todo el resto de la dotación, a un baño. Las
mujeres con rango de oficial tendrían aun más problemas con su espacio de habitabilidad y
con la disponibilidad de baños. Al mismo tiempo, las estrictas regulaciones establecidas para
evitar el “acoso sexual”, harían muy difícil que las acusaciones por este tipo de faltas no se
multiplicaran indefinidamente, con las consecuencias que son de prever en la cantidad de
voluntarios disponibles para incorporarse a la fuerza de submarinos.

En resumen, en el estrecho espacio de un submarino la habitabilidad queda determinada


estrictamente por el escaso espacio libre que dejan los equipos y armas instaladas. Los
submarinistas por generaciones han aceptado estas condiciones tan duras, como normales.
Agreguemos que se trata del grupo social (dentro de la Armada) con mayor apego a la
tradición y a las viejas costumbres navales, en las que la presencia femenina nunca ha tenido
presencia.

El doble estándar que se ha generado al interior de las FF.AA. norteamericanas en lo relativo


al trato que se da a los militares en razón de su sexo, es un elemento altamente conflictivo
cuya fuerza no ha sido analizada en profundidad por las autoridades castrenses y civiles. 67

En la práctica, numerosos mitos surgidos recientemente, en relación con la mística de los


uniformados, han quedado al desnudo. Se ha sostenido frecuentemente en los EE.UU., que el
ingreso y permanencia de las personas en las instituciones militares es una cuestión que debe
ser abordada como cualquier otro oficio, como un trabajo más, de modo que para un joven,
sea indiferente ingresar al mercado laboral civil o al mundo militar. La realidad se ha

66
La mayor parte de estas condiciones se presentan en nuestros submarinos. Con un agravante, el mayor riesgo por tratarse de unidades
antiguas.
67
Stephanie Guttman, Una Milicia Más Benvola y Gentil: ¿Pueden las Fuerzas de Combate de Género Neutral aún Ganar Guerras?,
citada por Lee Bockhorn, en Mujeres en las FF.AA., serie Temas Seleccionados, Academia de Guerra Naval.
45
encargado de demostrar, una vez más, que las cosas no son así. El creciente aumento en las
tasas de deserción en los grados más bajos de los escalafones, entre los varones, no responde
a las expectativas económicas más halagüeñas del campo civil. Por el contrario, ello se
atribuye a:

- La pérdida de la mística militar.


- La penetración de elementos distorsionadores de la cultura castrense.
- El sistemático deterioro de los niveles de entrenamiento para el combate, para
adaptar este proceso a las reclutas femeninas.
- La pérdida de confianza en los mandos, ante la evidente discriminación que ahora
perjudica a los soldados varones.
- La pérdida del sentido de “guerrero” que necesariamente debe empapar al oficio
castrense68.

Pareciera ser que la profesión militar norteamericana, ya no se nutre en el desafío por lograr
el título de “soldado”, de “marino” o de “aviador”, para luego mantenerlo con esfuerzo y
convertirlo en el fundamento básico de la vida laboral. La participación femenina en las
FF.AA. ha terminado con todo esto, pues frente a una mayor exigencia que una recluta mujer
pudiera estimar como excesiva, el instructor corre el riesgo de ser acusado ante sus
superiores y posteriormente sancionado por “abuso contra el recluta”. Tanto así, que las
frecuentes lesiones experimentadas por las mujeres durante el entrenamiento han obligado a
reducir sistemáticamente los niveles de rendimiento mínimo. Ya no se marcha rumbo al
campo de entrenamiento, sino que se viaja en bus o camión y se regresa al cuartel de igual
forma, perdiéndose la oportunidad de adquirir la necesaria resistencia a la fatiga y el temple
del carácter que se logran con los frecuentes ejercicios de marcha.

Luego que se aceptó la incorporación de la mujer a las FF.AA. como una forma de paliar la
reducción de las bases de selección, también ha sido necesario para mantenerla, reducir
sostenidamente las normas de selección en los procesos que tienen relación con la parte
física de los postulantes. Con menor selección permanente, la calidad del personal militar
necesariamente decae. El resultado es que los beneficios que se han logrado por una parte,
han quedado anulados por otra.

Otro aspecto en el que la incorporación de la mujer a la milicia ha causado un impacto


negativo, es el relativo a las calificaciones. Puesta en el papel, a la mujer se la considera en
perfecta igualdad frente al varón. Pero son tantas las excepciones que se ha debido introducir
para compensar frente a las evidentes diferencias entre los sexos, que finalmente al momento
de calificar al personal, las mayores exigencias que pesan sobre los hombres, les sitúan en el
orden de mérito muy por debajo de las mujeres. Esto disminuye sus oportunidades de
ascensos, traslados o de acceso a otros beneficios que se otorgan tradicionalmente en virtud
de los méritos profesionales. El resultado es simple: descontento respecto de las condiciones
del servicio, desconfianza hacia los mandos y sus mandos, pérdida del sentido del “guerrero”
que marcó a generaciones de militares, desilusión y retiro prematuro69.

68
Ibid. Textualmente, señala: “En los campamentos de entrenamiento de reclutas de hoy, su ’esfuerzo’ es lo que cuenta, no su
rendimiento.”
69
Ibid. En relación con las elevadas tasas de deserción, especialmente entre los oficiales de menor graduación, apunta: “Los jóvenes
oficiales, el ‘mando medio’ que es tan vital para el alistamiento, están tan desalentados con la resistencia incompetente de las Fuerzas
Armadas ante el ataque a su cultura que están abandonando en hordas”.
46
La Infantería de Marina que también cuenta con mujeres entre sus filas, no ha cedido en
aspectos simples, pero claves, para mantener el atractivo por ingresar en sus filas. Ellos, han
recalcado el hecho de que ser un “marine” es una buena razón para vivir y no una forma más
de ganarse la vida. La política de la Infantería de Marina ha dado sus frutos, si consideramos
que el Cuerpo nunca ha tenido problemas para cumplir con sus cuotas de reclutamiento ni
sufre del mal de los retiros prematuros de su personal, y esto, a pesar de que es ampliamente
conocido que el servicio como “marine” impone condiciones bastante más severas que las
del Ejército. Largos períodos de despliegue lejos de la base, niveles de bienestar material
más reducidos, extensas y aburridas navegaciones en las unidades anfibias de la Armada,
entrenamientos y operaciones en una amplia gama de climas y medios geográficos, etc.70.

La expresión “semper fi”, abreviación del “Semper fideles”, lema del Cuerpo de Infantería de
Marina es usada frecuentemente por los soldados del Ejército para demostrar que a diferencia
de éste, la Infantería de Marina sigue siendo una fuerza militar aguerrida, motivada para el
combate, compuesta de verdaderos guerreros71.

El debate no ha terminado, pero se centra en aquellos puntos que unidos trazan el verdadero
límite a las oportunidades profesionales de la mujer en las FF.AA. A los grupos que
presionan por dar un mayor espacio para las mujeres, se unen ahora, la de aquellos que
quieren volver atrás, impactados por la dramática experiencia de las tres militares capturadas
por las fuerzas iraquíes y las más de 35 muertas que a la fecha se han reportado.

70
Ibid.
71
Ibid.
47
FIGURA 2.-

PARTICIPACION FEMENINA EN FF.AA.


ESTADOS UNIDOS

Fuente: www.infoplease.com

48
B.- UNA MIRADA A NUESTROS VECINOS:

1.- ARGENTINA

La historia argentina, desde sus comienzos, muestra una activa participación de la mujer en
las acciones militares. Sin embargo, la presencia de la mujer en las FF.AA. es bastante tardía
en comparación con Chile. Sólo hay antecedentes de mujeres en el Ejército, desde 1960 y 20
años después, en la Armada72.

Durante las campañas de la independencia, las mujeres tomaron parte en actividades


castrenses, generalmente como consecuencia de su deseo de compartir las penurias con sus
maridos. De este modo, su participación generalmente era como encargadas de elaborar la
comida, lavar ropas y cuidar enfermos y heridos. Todo esto sin perjuicio de que espontánea o
deliberadamente, hayan debido entrar en combate. Como se contaban numerosas atrocidades
cometidas por las tropas leales a España, era natural que ellas estuvieran bien dispuestas a
pelear por sus vidas, las de sus hijos (que ocasionalmente también marchaban con sus
padres) y por sus bienes.

Como en otros casos, la participación de la mujer en combate de forma deliberada, ocurrió.


Pero siempre fue como casos de excepción.

Al igual que en nuestro país, la ocupación del territorio del sur del país debió hacerse contra
la firme oposición de la población nativa. Ello dio origen a una larga y dura campaña militar
de exterminio en la que, una vez más, las mujeres tuvieron su parte. Conocidas como las
fortineras, las mujeres que compartieron la guerra con los soldados, eran sus esposas, pero
también habían simples prostitutas o amantes. Dependiendo de las circunstancias, estas
mujeres debieron combatir, preparar la comida, cuidar enfermos, marchar, en fin, realizar
innumerables tareas, sin derecho a pago alguno.

Mientras duró la campaña, el ejército les proveyó con una pequeña ración alimenticia y en
algunas contadas y excepcionales oportunidades, recibieron órdenes para asumir funciones
propias de un militar. Oficialmente, carecían de todo vínculo con el ejército al que en la
práctica estaban integradas. Como es natural, abundan las leyendas y los personajes
femeninos legendarios, probablemente con fuertes visos de verosimilitud73.

La ausencia de conflictos militares en la historia argentina del siglo XX, hasta 1982, no ha
permitido a la mujer durante más de 100 años mostrar sus capacidades y aptitudes para el
servicio castrense. No se conoce de mujeres militares argentinas tomando parte en las
operaciones llevadas a cabo durante la guerra por las Islas Falklands.

72
Los antecedentes históricos están tomados de la página web oficial del Ejército argentino,
www.ejercito.mil.ar/dirsan/La%20mujer/MujSanMil.htm
73
Tomado de Hembras bravas, LAS FORTINERAS, www.amanza.com.ar/amanda/Notas/Fortineras.htm

49
La incorporación oficial de la mujer al Ejército se produjo en 1960, con la creación de la
Escuela de Enfermeras del Hospital Militar. No tenían estado militar ni ostentaban jerarquía
castrense.

En 1982, el Ejército creó la escuela del Cuerpo Profesional Femenino. Su misión fue de
reclutar, formar y perfeccionar al personal de oficiales y suboficiales, en las áreas que en
Chile se denominan con el nombre genérico de servicios.

Como ha sucedido en prácticamente todos los países del hemisferio occidental, a fines del
siglo XX, fuertes presiones de los grupos políticos “progresistas”, así como feministas,
lograron abrir parcialmente las puertas de la profesión castrense a la mujer. Durante estos
años han logrado que ellas alcancen posiciones de mayor jerarquía a las que llegaban
previamente sólo varones.

Es así como la Asamblea Constituyente, abocada a la tarea de reformar la Constitución


Nacional (1994) dio curso favorable a la propuesta de aceptación de los derechos de las
mujeres, reconociendo la máxima jerarquía legal a la Convención sobre la Eliminación de
Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, e incorporando otros artículos
referentes al tema en los cuerpos legales, los que perseguían como objetivo garantizar la
igualdad de oportunidades y de trato entre varones y mujeres74.

El decreto firmado por el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de fecha 29 de agosto
de 1994 puso en vigencia, el “Régimen para el Personal de Soldados Profesionales”.Fue una
modificación legal muy amplia y que abrió a la mujer el acceso a los escalafones de línea, en
las armas de apoyo75 y de especialidades. Cabe mencionar que ya el año anterior, se habían
incorporado alumnas femeninas en lo que es hoy la Escuela de Suboficiales76.

Los requisitos de ingreso no se diferencian respecto de los exigidos para los varones,
pudiendo optar las mujeres a una carrera en las armas de artillería, ingenieros,
comunicaciones y a las especialidades de músico, conductor motorista y enfermero general.
Así también pueden acceder a un empleo en el Ejército como oficinista e intendencia,
mecánico de aviación, mecánico de óptica y aparatos de precisión. Finalmente, en el área de
la electrónica, la mujer puede elegir por desempeñarse como mecánico de equipos de
campaña, mecánico de equipos fijos, mecánico de radar y mecánico de informática77.
Como se puede apreciar, la incorporación de la mujer a las armas de combate (infantería y
blindados), no está contemplado.
En lo referente a las carreras para oficiales, el ingreso de la mujer se produjo en el año 1997,
mediante su postulación e ingreso al Colegio Militar, equivalente a nuestra Escuela Militar,
teniendo como requisitos de ingreso, los mismos que los varones se ven obligados a cumplir.

74
La mujer en el Ejército, www.resdal.org.ar/Archivo/ejar-personal.htm.
75
Ver “Armas de combate y armas de apoyo de combate” en Aclaraciones
76
Historia De La Escuela De Suboficiales Del Ejército "Sargento Cabral", www.esesc.ejercito.mil.ar. Las normas legales que abrieron el acceso
de la mujer a las FF.AA. son la Ley Nº24.429 (Ley del Servicio Militar Voluntario, del 5 de enero de 1995) y su Reglamentación (Decreto
Reglamentario 978, del 6 de julio de 1997)
77
Historia De La Escuela De Suboficiales Del Ejército "Sargento Cabral", www.esesc.ejercito.mil.ar
50
En el Ejército argentino, la mujer puede optar por las armas de Artillería, Comunicaciones e
Ingenieros, además de las especialidades de Arsenales e Intendencia. Tampoco se
contemplan oficiales mujeres en las armas de combate78. En la Escuela Militar de Oficiales
de los servicios para apoyo de combate, se capacita a las aspirantes a oficiales de los
servicios de sanidad, justicia, sistema de computación de datos y de la especialidad de
técnico piloto.
Actualmente del total de efectivos de oficiales, suboficiales, cadetes, aspirantes y soldados
voluntarios, aproximadamente el 6% corresponde a personal femenino79. Probablemente las
cifras de presencia femenina, que son relativamente más bajas comparadas con otros países,
se deban al breve lapso transcurrido desde que se incorporó definitivamente a la mujer como
parte integrante de la Fuerza. El objetivo es alcanzar entre un 10 y un 15% del total del
personal. Dada la experiencia de otros ejércitos, las expectativas de presencia femenina son
bastante razonables.
Cabe hacer notar que tal como también ha ocurrido en otros casos, la intención de incorporar
a la mujer en un pie de absoluta igualdad frente al varón, no se ha cumplido cabalmente. El
Ejército ha debido introducir algunas restricciones. Con la promulgación de la Ley 24.429
(Ley del Servicio Militar Voluntario del 5 de enero de 1995) y su Reglamentación (Decreto
Reglamentario 978, del 6 de julio de 1997), se contó con las bases jurídicas necesarias, que
permitieron desarrollar el sistema de Servicio Militar voluntario en reemplazo del
Obligatorio, en el que participan tanto varones como mujeres, cuya finalidad es contar con
FF.AA. profesionales80.
Este cambio se realizó teniendo presente los pobres resultados obtenidos con las tropas de
conscripción que tomaron parte en la guerra de las Falklands, las que enfrentadas a un
ejército profesional se vieron en serios problemas y fueron rápidamente derrotadas. La
intención del Ejército es que un número significativo de los voluntarios se incorpore al
Cuerpo, como soldados profesionales. Los resultados alcanzados han sido satisfactorios, en
palabras de las propias autoridades militares.
Además es importante mencionar el hecho de que los cambios referidos a la incorporación de
la mujer a las funciones propiamente militares, tanto en el Ejército como en las demás ramas
de la defensa, se llevó a cabo con relativa calma y sin grandes dificultades, entregándose a
los mandos la oportunidad de evaluar las diferentes alternativas de solución a los problemas
previstos.
La nueva ley ha permitido que la mujer militar tenga acceso a los más altos niveles de la
escala jerárquica. Sin embargo, en lo referente a la posibilidad de convertirse en combatiente,
sólo les está permitido acceder a las armas de apoyo de combate.
Como dato curioso se puede señalar que en la actualidad existe en el Ejército argentino
una unidad que sólo cuenta con personal subalterno femenino: el Batallón de

78
Colegio Militar, INCORPORACION DE CADETES, I. REQUISITOS GENERALES, www.colegiomilitar.mil.ar/español/
79
La mujer en el Ejército, www.resdal.org.ar/Archivo/ejar-personal.htm.
80
Sin embargo, la implementación del Servicio Militar voluntario en Argentina, no es en sí, pionero en Sudamérica. Ya a fines de los años
70, esta modalidad fue incorporada en el Ejército de Chile, para las mujeres, como un complemento al Servicio Militar Obligatorio.
51
Operaciones Electrónicas 60181.
En la Fuerza Aérea argentina, el ingreso de las mujeres está normado con los mismos
requisitos que ya existen para los varones, en virtud de que la legislación que rige para esta
institución, es común para todos los cuerpos armados.

Las primeras mujeres ingresaron a la Escuela de Aviación Militar el año 2001, de modo que
aún no existen oficiales femeninos. Sus expectativas profesionales son las mismas que las de
los varones, tanto en lo que respecta a las áreas de desempeño profesional, como al acceso a
los más altos niveles jerárquicos82.

En cuanto al personal de tropa, éste ingresa a la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea,


creada en 1944. La mujer al igual que el varón, tiene acceso a las especialidades de mecánica
aeronáutica, electrónica aeronáutica, telecomunicaciones, armamento y explosivos y
seguridad y defensa. Las mujeres ingresaron por primera vez a la escuela en 1999. De esta
manera, la Fuerza Aérea cuenta con mujeres en sus escalafones regulares de personal
subalterno desde el año 200183.
La integración femenina a esta institución parece haber marchado sin mayores
inconvenientes. Se han alcanzado, según datos de sus propias autoridades, la cifra de 30% de
mujeres entre los alumnos de esta escuela matriz. Esta cifra es mucho mayor a la ostentada
por la Escuela de Aviación Militar84.
El año 2002, la Escuela Naval Militar acogió a sus primeras alumnas, las que egresaron
como oficiales al servicio en el año 2007. Es importante mencionar que desde el año 1980
los escalafones de Profesionales, equivalentes a los de nuestros Oficiales de los Servicios,
contaban con damas en sus filas85.
Al concurso de admisión se presentó un total de 181 mujeres. De los 270 cadetes ingresados,
42 eran mujeres. De ellos, ha desertado el 50% de los varones y el 66% de las mujeres (ver
TABLA 11), lo que permite estimar que la cantidad de oficiales de línea femeninos en
servicio será de alrededor del 10% del total, en los primeros años de la nueva modalidad.
TABLA 11.-
Escuela Naval Militar (Argentina), año 2004.

Ingresados Actualmente Función Comando


Cadetes Masculinos 228 113 93.8 %
Cadetes Femeninos 42 15 93.3 %

Fuente: Instituto Universitario Naval (Argentina), Segundo Encuentro de Liderazgo “De la Teoría a la Práctica”. Ponencia sobre el
liderazgo de la mujer, de Julio E. Sanguinetti.

81
La mujer en el arma de comunicaciones, www.comunicaciones.ejercito.mil.ar/mujer/mujer.htm
82
Escuela de Aviación Militar FUERZA AÉREA ARGENTINA, Condiciones de Ingreso, eam.iua.edu.ar/incorporacion.asp
83
Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea www.primahost3.prima.com.ar/faa/incorporacion/indexincorporacion.html
84
Ver “Línea” en Aclaraciones.
85
Escuela Naval Militar, Ingreso e inscripción, www.escuelanaval.mil.ar/cap2.htm
52
En la Armada, la carrera profesional para las oficiales les impide su acceso a submarinos,
fuerzas especiales e infantería de marina. Para el personal subalterno, están vedadas las áreas
de infantería de marina, electricidad y maquinistas de mar.
La falta de experiencia de esta fuerza, en lo que a mujeres embarcadas se refiere, no permite
evaluar el éxito de esta iniciativa. La tradicional reserva con que las fuerzas armadas
trasandinas manejan sus asuntos internos evitando hacer declaraciones a la prensa, hace que
se carezca de fuentes abiertas, con información de primera mano, sobre ésta y otras materias
relativas al desempeño del personal femenino.
Las cifras revelan que en Argentina ocurre algo similar a lo observado en otras naciones, la
cantidad de mujeres interesadas en ingresar a las fuerzas armadas es muy baja en relación a
los varones.

53
2.- PERÚ

En este país, la “rabona” es el arquetipo de la mujer ligada a la vida militar. El apodo de


“rabona” deriva de su posición física tras las línea de combate, a la cola o rabo de las tropas,
siguiendo a maridos, novios o amantes. En todos los conflictos, tanto internos como
externos, las rabonas marcharon tras las tropas supliendo la carencia de medios logísticos
orgánicos. Sirvieron informalmente como enfermeras, lavanderas, cocineras, etc., tal como
las cantineras los hicieron en los ejércitos europeos o en Chile y las fortineras en Argentina.
Por lo tanto, ellas compartieron con los varones, todos los rigores de la guerra.
Cuando llegaba el momento del parto, sencillamente se detenían lo suficiente como para dar
a luz y casi de inmediato retomaban la marcha con el nuevo hijo a sus espaldas. La guerra no
les daba tregua, no las esperaba, sólo les exigía. El arte pictórico y la incipiente fotografía las
han retratado en diversas oportunidades. La falta de elementos de aseo personal y las ropas
desgastadas no han restado un ápice a la gallardía con que enfrentaron la azarosa existencia
que les tocó vivir.
Para algunos estudiosos del tema militar, la importancia de la rabona en el desempeño de las
tropas no ha sido destacada ni estudiada suficientemente. Bien para atribuirle un
fortalecimiento de la moral combativa de las tropas o para culparla de la “blandura” con que
el soldado peruano se habría batido en la Guerra del Pacífico. Pero, en términos objetivos, la
presencia de las mujeres en los campamentos militares de la época no puede ser vista como
una ventaja ni como una desventaja, puesto que era una costumbre universalmente practicada
y que sólo vino a desaparecer con la creación de los cuerpos de apoyo logístico que hoy
conforman una parte importante de las fuerzas militares. Actualmente en estos cuerpos
siguen militando mujeres, sólo que hoy lo hacen integradas en la orgánica militar, en tanto
que ayer no tenían otro vínculo con el ejército, como no fuera el matrimonio o la relación
amorosa informal con un soldado.
País marcadamente tradicionalista, el Perú debió esperar la llegada de un gobernante liberal,
como Alberto Fujimori, para introducir cambios drásticos en sus FF.AA.
La Ley N° 26628 del 19 de junio de 1996, dictada bajo la administración de Fujimori,
estableció la condición de Fuerzas Armadas mixtas en el Perú. Sin mediar más trámite, se
materializó por la vía legislativa el ingreso de la mujer a los institutos armados peruanos, en
pie de igualdad con el varón.
De esta forma, a las FF.AA. no les quedó otra opción que adaptarse en los aspectos legales y
reglamentarios en el breve plazo de 120 días. Hubo poco tiempo, considerando el gran
cambio que produce una medida de esta magnitud en Instituciones tradicionalmente poco
dadas a los cambios violentos.
Las mujeres, al tenor de la ley, comenzaron a ingresar a las escuelas matrices en 1997. En
diciembre del 2003 se alcanzaban las siguientes cifras de personal femenino en servicio
activo a nivel de oficiales, según datos proporcionados por el Ministerio de Defensa: 86

86
Datos proporcionados por el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social, www.mimdes.gob.pe, no obstante, en el mismo artículo, el
Comandante General del Ejército, General Roberto Chiabra, señala que se cuenta con 35 oficiales en el Ejército. El artículo está fechado el
2 de diciembre de 2003.
54
Ejército: 152 oficiales, 96 cadetes. Las mujeres representan un poco menos del 10% de los
alumnos y presentan tasas de deserción del orden del 30%.
Marina de Guerra: 44 oficiales, 40 cadetes.
Fuerza Aérea: 33 oficiales, 53 cadetes.
No se ha encontrado cifras acerca de la realidad a nivel de personal subalterno.
Los requisitos de ingreso a la Escuela Naval del Perú contemplan diferenciación en los
exámenes de tipo físico. El resto de las exigencias son comunes para todos los cadetes. En
cuanto al grado al que pueden acceder, en las tres ramas de las Fuerzas Armadas pueden
alcanzar la jerarquía máxima87.
Al igual que en la mayoría de los casos, las FF.AA. peruanas no permiten el acceso femenino
a las armas de combate en el Ejército, a las unidades submarinas y de Infantería de Marina y
fuerzas especiales de la Armada y a las fuerzas especiales de la Fuerza Aérea. Según
declaraciones públicas de las instituciones la incorporación de la mujer a la vida militar no ha
tenido contratiempos. Sin embargo, en una sociedad conservadora y con marcadas
diferencias sociales como es la peruana, es difícil que los problemas que han tenido otros
países, no se hayan presentado con tanta o incluso mayor intensidad y frecuencia.
La experiencia personal me indica que el nivel social de las cadetes es notoriamente inferior
al de los alumnos varones. Cuestión relevante en el establecimiento de las relaciones que
deben vincular a compañeros de armas, sin considerar que en el futuro, estas mujeres
deberán asumir la conducción de oficiales varones de menor rango y de personal subalterno,
a cuyos ojos la posición social es muy importante para determinar la jerarquía dentro del
conjunto.
No se puede ignorar que en el Perú, las diferencias sociales son marcadas, determinantes y
generalmente apreciables a simple vista. Probablemente esta cuestión es de escasa
importancia a nivel de gente de mar femenino, que proviene de los mismos estratos sociales
de sus pares masculinos. En todo caso es importante señalar que la sociedad peruana hace
claras diferencias entre varones y mujeres, en la determinación de los roles de cada uno, por
lo que la mujer deberá esforzarse fuertemente para imponerse en un medio tradicionalmente
masculino.
Las mujeres se embarcaron en las unidades navales recién el año 2002, tanto en la condición
de oficiales como de personal subalterno, aunque éste estuvo en servicio desde mucho antes,
ya que su formación demanda un proceso más breve. Es evidente que se hizo coincidir el
embarco de ambos grupos para atenuar el impacto negativo entre los miembros varones de
las dotaciones. La lentitud con que la Armada procedió a recibir mujeres en las unidades
operativas responde a que la adaptación de los buques, para atender a este requerimiento,
toma tiempo y mucho presupuesto. Es público que entre las unidades que se adaptaron,
figura el crucero BAP Almirante Grau, junto a algunas fragatas de la clase Lupo.
Se desconocen en detalle las dificultades que se han debido solucionar en las unidades a flote
para recibir adecuadamente a los tripulantes femeninos y los resultados que su embarco ha

87
www.resdal.org
55
tenido en la eficiencia operativa de las unidades. Se estima en un 2% la presencia femenina
en las Fuerzas Armadas Peruanas a finales del año 200588.
También durante el gobierno de Alberto Fujimori se consagró otro cambio importante;
mediante la Ley Nº 27178 de Servicio Militar, se implanto un modelo de fuerzas armadas
voluntarias, aunque no exclusivamente profesionales.
En términos de la presencia de mujeres en las FF.AA., la ley no hace distingos entre varones
y mujeres. Todos los peruanos están obligados a inscribirse en los registros militares y a
concurrir a los llamados para la selección de los conscriptos, pero sólo se acuartelan los
declarados aptos y que voluntariamente deseen enrolarse. Al igual que en otros casos, la ley
contempla variados incentivos para acuartelarse voluntariamente, como capacitación laboral,
eventual acceso a las dotaciones de planta de las FF.AA. y Policía, algunos beneficios al
momento de optar a cargos públicos por oposición y derecho a recibir tierras en los
territorios que el Estado considere oportuno colonizar.

Es interesante notar en este caso, que si bien el servicio militar actualmente es voluntario, la
inscripción en los registros militares es obligatoria, no otorgándose cédula de identidad a
quienes no hayan cumplido con el trámite pertinente.

88
www.resdal.org
56
3.- BOLIVIA

No han faltado en nuestro vecino país las mujeres que se han destacado en la guerra.
Bertolina Sisa, una indígena, es señalada por su muerte a manos de las autoridades españolas
del siglo XVIII, en virtud de su participación activa en una rebelión de su pueblo. Es hoy,
figura emblemática de los grupos indigenistas de todo el continente.

Las mujeres bolivianas, como ha acontecido con sus similares de muchas partes del mundo,
también acompañaron a sus maridos o amantes en las campañas militares que estos
emprendieron. Al igual que en el Perú, recibieron el nombre algo despectivo, de “rabonas”.
Lo anónimo de su labor no ha permitido, en la inmensa mayoría de los casos, que la historia
guarde los recuerdos de sus sacrificios y lo meritorio de su actividad en medio de los azares
de la guerra.

Muy por encima de todas las mujeres que participaron de la vida militar, resalta la notable
Juana Azurduy. (Ver Anexo C).

No es de extrañar que tanto Bolivia como Argentina se “disputen” a la heroína. Una por su
origen y la otra por su obra. Sin embargo, más parece pertenecer a Bolivia, pues en la época
la región en que se desempeñó Juana, era parte del Alto Perú. Bolivia la ha honrado, dándole
a una provincia, el nombre de Azurduy.

De los escasos antecedentes que es posible reunir acerca de las FF.AA. del país del
Altiplano, se ha podido concluir que la presencia femenina en los cuerpos armados es
mínima. Aunque la Constitución Política en su artículo 213 establece la obligatoriedad de
prestar el Servicio Militar, en la práctica, los cuadros de conscriptos son cubiertos sólo por
los varones.
La participación de la mujer en las FF.AA. está contemplada dentro del Servicio Premilitar,
de acuerdo a los Decretos Supremos No. 24527/97 y 27057 del 30 de Mayo de 2003 y el
Reglamento MD-DGTR-15389.
El Servicio Premilitar, comprendido en la Ley del Servicio Nacional de Defensa es
voluntario y está orientado a instruir y entrenar jóvenes varones y mujeres estudiantes del
nivel secundario, para formar combatientes y ser empleados posteriormente en casos de
desastres naturales o defensa nacional.
La participación en el Servicio Premilitar implica la concurrencia esporádica de los jóvenes a
los cuarteles en los que se imparte la instrucción correspondiente, es decir, no supone la
permanencia del contingente, por un tiempo más o menos prolongado al interior de las
guarniciones, como sucede en Chile, con los estudiantes que cumplen con su Servicio Militar
bajo las condiciones especiales que para ellos contempla la ley.
La situación de la mujer en las FF.AA. bolivianas presenta algunas curiosidades, que es
interesante mencionar.
La Constitución boliviana establece el principio de igualdad de géneros, o sea, entre varones

89
La mujer en el Servicio Militar, www.mindef.gov.bo/servimil/articulos/mujeryelsm.php

57
y mujeres. Sin embargo, la presencia de ellas es muy baja en las instituciones de la defensa.
No obstante lo anterior, incluso la posibilidad de las mujeres cumplieran con el Servicio
Premilitar debió ser reiterada por el Decreto Supremo No. 27057 del 30 de Mayo de 2003,
que modificó el DS Nº 24527, que era del 17 de marzo de 1997.
El Ejército acepto su ingreso en el año 1979 hasta el año 1984, cuando se interrumpió. Luego
se reestableció el año 2002, pudiendo desempeñarse en todas las áreas de la Institución.
Actualmente representan un 0,7 % de la fuerza. En el caso de la Armada y la Fuerza Aérea
solo cumplen labores administrativas90.
La otra curiosidad digna de mencionarse se refiere a una información aparecida en el diario
“El Deber de Santa Cruz de la Sierra”, que a su vez cita al periódico “Los Tiempos de
Cochabamba”. En la nota se consigna el hecho de que por primera vez en la historia, una
mujer está al mando de una unidad del Ejército. Se trataría de la Teniente Coronel de 41 años
de edad, Gina Reque Terán Gumucio, del arma de infantería. Dada la nula información
oficial sobre el tema, es imposible comprobar la veracidad de lo publicado.

90
www.resdal.org
58
C.- REALIDAD NACIONAL. ANTECEDENTES HISTORICOS.

1.- CONQUISTA E INDEPENDENCIA:

Chile es un país cuya historia está determinada en gran medida por la presencia y la acción
de los militares. El proceso de la conquista, iniciado por las huestes españolas de Valdivia y
sus sucesores, es un largo y desgastador enfrentamiento entre conquistadores e indígenas. La
poderosa influencia de la esencia militar del asentamiento hispano, llega al extremo de
determinar la arquitectura tradicional del campo chileno. Otro tanto, ocurre con nuestros
particulares giros idiomáticos, entre los cuales destaca el “al tiro”, con que se designa la
necesidad de reaccionar a la mayor brevedad.

El hecho de que el esfuerzo de ocupación del territorio se enmarcara en un ambiente de


permanente lucha contra los aborígenes, además de la gran distancia que los separaba del
territorio peninsular, determinó que pocas ibéricas se aventuraran a acompañar a sus maridos
o padres. Es proverbial el hecho de que la casi total ausencia de mujeres de origen español,
llevó a los conquistadores a unirse con mujeres oriundas del lugar. Creando así, una amplia
base social mestiza, que es el origen de la actual población nacional, fundamentalmente en el
área comprendida entre las regiones de Coquimbo y Concepción.

La historia de Chile guarda en su memoria, la figura notable de doña Inés de Suárez (¿1507?-
1580). Oriunda de Placencia, España.91 A poco de casarse, enviudó y posteriormente en el
año 1537 viajó a América. Se desconoce la forma cómo conoció a don Pedro de Valdivia, en
cuya expedición de conquista tomó parte, siendo ella la única mujer de origen hispano.
La encontramos en la recién fundada ciudad de Santiago, cuando ésta fue atacada por los
indígenas el 11 de septiembre de 1541. Ausente Pedro de Valdivia, ella asumió un
importante rol en su defensa.
Señala Gerónimo de Bibar, que durante el ataque Inés tomó una espada y dirigiéndose hacia
el recinto en que los españoles tenían a algunos caciques indígenas, les dio muerte. Según
otra versión, Inés habría concurrido a aquel lugar y dado orden de matar a los prisioneros. El
soldado Hernando de la Torre habría preguntado: "Señora: ¿de qué manera los mato?", a lo
que ella habría respondido, desenvainando la espada, "De esta manera" y acto seguido los
habría decapitado.
Este hecho produjo el desconcierto y espanto de los atacantes, permitiendo a los españoles
cargar contra los indios y hacerlos huir. Esta decidida acción le valió como recompensa la
entrega de varias encomiendas indígenas. Fallece en Chile en 1580.
Otro personaje femenino destacado fué la Monja Alférez. Quien en traje de soldado viajó al
Nuevo Mundo y una vez allí combatió valerosamente. 92 Esta es la historia de Catalina de
Erauso (o Erauzo) (¿1592?-¿?), quien en la víspera de tomar sus votos huyó del convento en
el que permanecía desde niña, para enrolarse en una expedición de soldados dispuesta a
pelear por su Señor, el rey de España, ocultando su sexo.

91
La compañera de Valdivia. Inés Suárez: ¿1507?-1580, icarito.latercera.cl/biografias/1520-1599/bios/suarez.htm . Las citas están tomadas
del mismo artículo.
92
La Monja Alférez, www.memoriachilena.cl, sitio oficial de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.
59
De regreso a España, revelaría su identidad al escribir una crónica de las hazañas que le
merecieron el rango de alférez. Esta obra, que tituló “Relación verdadera de las grandes
hazañas y valerosos hechos que una monja hizo en veinte y cuatro años, que sirvió en el
reyno de Chile y otras partes al Rey nuestro señor, en ábito de soldado y los honrosos
oficios que tuvo ganados por las armas, sin que la tuvieran por tal mujer hasta que le fue
fuerza el descubrirse”, es el único testimonio de la conquista de Chile y de la Guerra de
Arauco escrito por una mujer que conoció la experiencia desde un rol protagónico.
Paradójicamente, el relato de su ocultamiento la convirtió en celebridad, proliferando en la
época los testimonios sobre su aguerrida y combativa personalidad.
En el bando mapuche, las mujeres aparecen más frecuentemente. Sin embargo, valen dos
acotaciones en relación con este tema. La primera es que todos los relatos sobre las glorias de
los hijos de Arauco han sido escritos por pluma de sus enemigos, los españoles. La segunda,
es que muchos de estos relatos se han escrito exaltando las hazañas de los indios para
destacar los méritos de los conquistadores hispanos. Faltando en muchas ocasiones, un
verdadero apego a la verdad. Probablemente ocurrió así, debido a la necesidad de rodear a
los relatos, de una cierta aureola poética.
El rol de la mujer mapuche, muy importante en el ámbito económico y cultural de su grupo
familiar, no tiene ninguna relevancia en lo relativo a la guerra. En la comunidad, el rol más
relevante cumplido por una mujer es el de “machi”, mezcla de sacerdotisa, curandera y
consejera, que ejerce enorme influencia política, aunque no tiene funciones específicamente
militares o de combate. En todo caso, en la organización de la comunidad mapuche en donde
la poligamia es una forma normal de vida, es el varón quien ejerce la conducción. La mujer
está excluida de los grupos que deliberan los asuntos más importantes, aunque en
determinados momentos asesore o aconseje. Esto en ningún caso significa que ella se
mantenga al margen de las acciones más representativas del grupo. Por esta razón, los relatos
sobre las actuaciones militares de las mujeres mapuches contra los conquistadores ibéricos
tienen un gran valor testimonial.
Es así como para algunos historiadores Guacolda no sería más que un mito, un personaje
literario creado por Alonso de Ercilla en su poema La Araucana. Otros cronistas coloniales
en cambio, no ponen en duda su existencia93.

Fray Diego de Ocaña, la religiosa Imelda Cano, el padre Rosales y, posteriormente,


Benjamín Vicuña Mackenna coinciden en describir a Guacolda como una mujer muy bella, a
quien sedujo el valor y el talento de Lautaro decidiéndose a seguirlo con lealtad y coraje94.

Las crónicas también señalan que ella y Lautaro sirvieron en casas de españoles. Se dice que
Lautaro sirvió al mismo Pedro de Valdivia, y que Guacolda se había criado en la casa de
Pedro de Villagra. Cuando Lautaro dio por terminado su aprendizaje y partió a unirse a la
sublevación de su pueblo, Guacolda se le unió, y ya no se separaron más. Lo acompañó en la
toma de Concepción, en la batalla en las márgenes del Mataquito y en el asalto a Santiago.

93
Guacolda. Erguida sobre brioso caballo, embiste contra ejército invasor , www.mujereschile.cl/comunicadas/historia/archivo
94
También se consultó Dos mujeres mapuche. Guacolda y Fresia ¿ ?, www.icarito.latercera.cl/biografias/1520-1599/bios/guacolda , tanto
para los antecedentes de Guacolda como de Fresia.

60
Mueren juntos durante la noche, en una emboscada que les tendió Villagra (batalla de
Peteroa, en 1557). Ercilla imaginó en versos lo ocurrido en esa última noche de amor, en que
ella intuyó el infortunado destino. La tradición, no obstante, señala que Villagra la apresó y
llevó consigo, muriendo Guacolda al poco tiempo de pena por la pérdida del hijo de
Tralcahueñu.

El poeta Alonso de Ercilla cuenta en el canto XXXIII de La Araucana, que Fresia fue la
mujer de Caupolicán y que acompañó a éste en todas las batallas en que participó.
En el asalto de Cañete, al verlo rendirse y ser hecho prisionero, le enrostró su cobardía por no
haberse dejado matar luchando y arrojándole el hijo de ambos a sus pies, le dijo: "Críale tú,
que ese membrudo cuerpo, en sexo de hembra se ha trocado; que yo no quiero título de
madre del hijo infame del infame padre".
Tanto Guacolda como Fresia se mantienen como personajes de cuya existencia sólo Ercilla
da cuenta.
Janequeo fue una mujer lonco, de origen mapuche-pehuenche, esposa del lonco Huepután de
Llifén95. Su preparación militar y cualidades de líder, hicieron que se ganara el apoyo de los
estrategas militares de la nación mapuche. Con el patrocinio de su lof (comunidad) y el de su
hermano Güechuntureo, el Consejo de Loncos la nombró a cargo de las tropas de la región.
En un período difícil del curso de la guerra, atacó la fortaleza de Puchunqui y después de
varias batallas rendidas durante el año 1587 derrotó a las tropas españolas. Se desconoce su
destino tras su participación en la guerra de Arauco, siendo aceptado el hecho de que ella y
su gente habrían muerto en la región de Villarrica a causa de una peste.
Las campañas militares de la guerra de independencia dieron lugar a la participación
femenina en diversas ocasiones. Esto debido a que las operaciones se desarrollaban en
territorio poblado.
Entre las mujeres, se guarda el recuerdo de las que militaron en el bando independentista. De
ellas, quizás la más destacada, fue doña Paula Jaraquemada Alquízar (1768-1851)96.
Nació en Santiago en junio de 1768 y murió en la misma ciudad, el 7 septiembre de 1851.
Sus padres fueron Domingo de Jaraquemada y Cecilia de Alquízar. Su niñez y adolescencia
deben haber transcurrido como la de todas las mujeres de fines del siglo XVIII, es decir,
debió haber aprendido las primeras letras y recibido una educación sólida en aspectos
morales y práctica en asuntos domésticos.
En 1818, enterada de la Sorpresa de Cancha Rayada (19 de marzo), organizó militarmente a
los inquilinos de su hacienda de Paine y le ofreció estas fuerzas al general José de San
Martín.
Junto a sus hombres, transformados ahora en soldados, Paula Jaraquemada concurrió a
entrevistarse con San Martín, a quien proporcionó caballos, alimentos y pertrechos. Su
hacienda se transformó en hospital de sangre, pues allí fueron remitidos los heridos en
Cancha Rayada, y también sirvió de Cuartel General para San Martín.

95
Janequeo, www.ciberokupa.cl/cuento1.htm
96
Una patriota temeraria. Paula Jaraquemada Alquízar: 1768-1851, www.icarito.tercera.cl/biografias/1810-1830/bios/jaraquemada.htm
61
2.- EJÉRCITO DE CHILE

El Ejército de Chile contó entre sus filas, integrados oficialmente, con miembros femeninos
desde sus comienzos. Durante la Guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana, las
fuerzas chilenas fueron parcialmente reclutadas entre quienes se encontraban en territorio
peruano. Uno de tales reclutas fue una notable mujer, que ha pasado a ser todo un símbolo de
las armas chilenas. La Sargento Candelaria. (Ver Anexo D).
No se sabe de otras mujeres combatiendo en el Ejército de Chile en este conflicto. Pero se
puede suponer con buenas razones, que la Sargento Candelaria no fue la única.Tampoco
sería la última.
La Guerra del Pacífico nos trae a la memoria la actuación de algunas mujeres, en los
cuarteles y en el combate. Numerosos testimonios dan cuenta de mujeres marchando con
los soldados en las campañas libradas por nuestro Ejército. Entre ellas resalta con colores y
brillos propios, Irene Morales Infante. (Ver Anexo E).
Irene Morales representa junto a la Sargento Candelaria, a la mujer chilena simple y
abnegada, que en las circunstancias extraordinarias que le tocó vivir, supo responder con
coraje y decisión.
Sabemos que junto a Irene Morales, hubo muchas otras mujeres en medio de las tropas
chilenas en la Guerra del Pacífico. A las numerosas cantineras, se sumaron las “camaradas”,
mujeres que acompañaron a los soldados por sus vínculos afectivos (esposas, amantes) o por
su deseo de ayudar a la causa de la Patria. Dieron, junto a los hombres, su vida con
generosidad sin igual.
La participación de las mujeres en la Guerra del Pacífico, como hemos visto, fue activa y
centrada en tres ámbitos fundamentales: el aporte económico, el cuidado de los enfermos y
como cantineras marchando junto al Ejército.
Vemos en el caso chileno, que el combate terrestre no ha sido un campo ajeno al sexo
femenino. Ella esta presente desde los albores de la Patria con Valdivia y sus huestes
guerreras, con Lautaro y sus conas, quienes luchaban ferozmente, sin saber que se
encontraban forjando una nueva nación. La conducta de las mujeres, de uno u otro bando,
siempre digna del mejor soldado, es una demostración de que cuando la necesidad lo
ameritaba, allí estaba ella, dándose al combate con el mismo ardor con que hubiera cuidado
de sus hijos. Sólo que en todos los casos, se trataba siempre de situaciones excepcionales,
aunque adquirieran la condición de combatientes regulares.
Nada hace suponer que en el futuro, si las circunstancias se presentan, las mujeres chilenas
no estarán dispuestas a luchar junto a sus maridos, hermanos y camaradas, como nuevas
Guacoldas o Sargentos Candelarias y, al igual que éstas, lo harán con la valentía tradicional y
reconocida de la raza chilena.
El Ejército, en relación con la presencia de mujeres en sus filas, al igual que otras ramas de la
defensa ha contado con ellas desde hace muchos años. La diferencia, la ha marcado la
reciente incorporación de la mujer en los escalafones de combatientes.
En efecto, desde el año 1995 las mujeres han accedido a la Escuela Militar y de Suboficiales,
para integrarse a los escalafones de Línea y de los Servicios, con excepción de las armas de
62
infantería y caballería blindada. Veinte años antes, con la creación de la Escuela del Servicio
Auxiliar Femenino del Ejército, las mujeres habían ingresado en funciones de tipo
administrativo integradas en escalafones dotados de rango militar y vistiendo uniforme.
El acceso de la mujer al Ejército fue paralelo con la creación de cupos para personal
femenino en el Servicio Militar Obligatorio, tanto cronológicamente como en términos de
funciones a desempeñar.
Los requisitos de ingreso, permanencia, aprobación de estudios y de ascenso no presentan en
nuestro Ejército diferencias con los de los varones. Sólo es importante mencionar que las
exigencias físicas son menores para ellas.
Al contrario de lo que ocurre en otros países, en el Ejército chileno, así como en las restantes
instituciones de la Defensa Nacional, las mujeres tienen la condición de militares, de acuerdo
con las disposiciones del Código de Justicia Militar. Esto en virtud de las disposiciones de la
Ley de Servicio Militar Obligatorio o para prestar servicios en cualquiera otra condición.

TABLA 12.-

Distribución de hombres y mujeres por grado en el Ejército de Chile. Año 2005.

Oficiales
Grado Hombres Mujeres % Hombres % Mujeres
Coronel 297 1 99,6 0,4
Tte. Coronel 622 13 98 2
Mayor 605 35 95 5
Capitán 827 61 93 7
Teniente 604 51 92 8
Subteniente 407 52 88 12
Alférez 98 32 75 25

Cuadro Permanente
Grado Hombres Mujeres % Hombres % Mujeres
SOM. 272 6 98 2
SOF. 4632 88 98 2
SG. 1° 751 10 99 1
SG. 2° 971 0 100 0
CB. 1° 1378 23 98 2
CB 2° 3690 136 96 4
CBO. 4903 287 94 6

Fuente: Ministerio de Defensa Nacional: Separata de actualización del libro de la Defensa Nacional 2005.”Participación de la mujer en la
Fuerzas Armadas”.

63
CANTIDAD Y PORCENTAJE DE MUJERES EN RELACIÓN A LOS HOMBRES

Oficiales Cuadro Permanente


Sexo Cantidad % Sexo Cantidad %
Masculino 3.408 94 Masculino 16.981 97
Femenino 213 6 Femenino 568 3
Total 3.621 100 Total 17.549 100

Fuente: Ministerio de Defensa Nacional: Separata de actualización del Libro de la Defensa Nacional 2005.
“Participación de la mujer en las Fuerzas Armadas”.

FIGURA 3.-

Personal Total del Ejército de Chile

M asculino
87%

Femenino
13%

Fuente:Ministerio de Defensa Nacional:Separata de actualización del Libro de la Defensa Nacional 2005.


“Participación de la mujer en la Fuerzas Armadas”

64
3.- ARMADA DE CHILE

La presencia femenina en la Armada97 ha sido una constante desde 1937, cuando se


incorporaron las primeras enfermeras, al escalafón de los Servicios, entonces denominado
“de Filiación Azul”. Actualmente las mujeres alcanzan al 13% de la fuerza humana, cifra
nada despreciable, considerando que de los países miembros de la OTAN, el que mayor
porcentaje de mujeres exhibe en sus fuerzas navales, son los EE.UU. con un 16%.

Probablemente la participación de la mujer en la Armada ha pasado desapercibida, por el


hecho de que hasta hace muy poco no vistió uniforme en la vía pública, ni desfilaron en las
paradas militares. Hasta la década de 1970, las mujeres que se desempeñaban en las oficinas
vestían un delantal que usaban sobre sus ropas de civil, de color azul con cuello blanco y
adornado con dos anclas cruzadas al costado izquierdo. Después, sencillamente se dejó de
usar el delantal, surgiendo la costumbre de que los diferentes organismos que contaban con
mujeres en sus dotaciones las proveyeran con “uniformes”. Esta costumbre terminó con la
imposición de una tenida uniforme, de falda o pantalón azul, con jumper de igual color. La
misma es usada por empleados civiles, como por la gente de mar.

El personal femenino de sanidad, en cambio, ha usado tradicionalmente como uniforme una


bata blanca con toca. Este considera el uso de distintivos para los grados jerárquicos,
coronados por una cruz, todo en rojo. Por ser ésta una tenida de trabajo, no se usa en la calle.

A contar del año 2003 se reglamentó oficialmente el uso de uniforme para el personal de
gente de mar femenino del área de Sanidad, así como para las oficiales de los servicios, que a
contar del 1 de diciembre de ese año, se incorporaron a los escalafones de Justicia y de
Sanidad. A diferencia de la mayor parte de los anteriores uniformes, el nuevo contempla el
uso de distintivos de grado y especialidad similares a los de los varones.

Estos cambios no han modificado las condiciones generales para el desempeño de la mujer
en la fuerza naval, pues no se prevé que ellas se embarquen (los escalafones a los que
acceden no necesariamente contemplan esta alternativa). En el caso de las oficiales de los
servicios puede darse la circunstancia de contar en un futuro previsible, con alguna
Almirante98.

Otro aspecto en el que las cosas han experimentado variaciones, es en relación al plantel
educacional al que se incorporan. Anteriormente, las que ingresaban a los escalafones de
Gente de Mar de los Servicios realizaban sus primeros estudios en las Escuelas de Sanidad
Naval y de Abastecimientos y Servicios. Ahora, se incorporan como alumnas de la Escuela
de Grumetes, ya que las dos antes mencionadas dejaron de ser escuelas matrices.

La Armada no desarrolla cursos segregados excepto en la Escuela de Grumetes, pues no


cuenta con escalafones exclusivamente femeninos. Las etapas educacionales a que las
mujeres deben someterse durante la carrera son comunes, dependiendo del escalafón y grado,
pues tales instancias son, requisitos de ascenso.

97
Los antecedentes relativos a la presencia femenina en la Armada, han sido proporcionados por la Dirección General del Personal de la
Armada, siendo complementados con los conocimientos personales del autor, obtenidos de su experiencia o de conversaciones con personal
en servicio o en retiro.
98
Almirante: Señor de los mares.
65
Aun cuando a los Empleados Civiles no les son exigidos estudios formales a lo largo de su
carrera, las necesidades institucionales y la preocupación por contribuir al perfeccionamiento
del personal, abren las oportunidades para que tanto varones como damas, puedan acceder a
cursos de post título o post grado con apoyo o financiamiento de la Armada.

Como Oficiales de los Servicios, las mujeres pueden ingresar a los escalafones de Sanidad
Naval, de Sanidad Dental y de Justicia. Su carrera se rige por las mismas normas que regulan
la vida profesional de sus colegas varones.

Para las empleadas civiles, no hay restricción alguna respecto de los escalafones ni de las
especialidades. Ingeniería, Arquitectura, Derecho, Hidrografía, Informática, son algunas de
las que pueden optar.

Para las mujeres de gente de mar de los servicios, las especialidades disponibles son:
escribiente, sanidad naval, sanidad dental, abastecimiento y telefonista.

Las postulaciones femeninas a la Escuela de Grumetes son menores que las masculinas,
considerando como base, la relación postulante/cupo disponible (6,16 vs. 10,52) y la
cantidad total (277 vs. 6.104). La explicación puede estar en el hecho de que las opciones
ofrecidas a las damas son restringidas al área de la salud y a la administración, al tanto que
para los varones, el espectro abarca un campo más amplio.

Históricamente, la cantidad de postulantes varones, ha sido más que suficiente para asegurar
una selección adecuada. En el rango de personal de gente de mar la Armada de Chile no
sufre el problema de los bajos niveles de reclutamiento presentado en los países europeos.
Probablemente el hecho de que las jóvenes de Sanidad Naval y Sanidad Dental vistan ahora
uniforme en la vía pública y de que participen en los desfiles militares, contribuya en el
futuro a que se incremente el interés por estas carreras entre las egresadas de la Educación
Media.

En términos de deserción escolar, las mujeres en la Escuela de Grumetes presentan los


mismos niveles de los varones (12% para ambos casos).

Por el hecho de que no existan escalafones exclusivamente femeninos, la mujer no tiene más
limitaciones, en cuanto al grado que puede alcanzar que las que eventualmente puedan
afectar al personal masculino de su misma condición99. No se cuenta con información
respecto de la proporción de personal femenino de gente de mar que alcanza los grados
jerárquicos más altos, en relación con el que ingresa. Por el hecho de que las oficiales de los
servicios sólo ingresaron durante el año 2003, tampoco es posible determinar su nivel de
retención laboral a lo largo de la carrera.

El elevado porcentaje de mujeres en la dotación institucional que supera la media de varios


países, en los que la campaña por la incorporación de la mujer a las instituciones de la
defensa ha sido ampliamente publicitada, se ha conseguido sin más medidas que las

99
En rigor, las especialidades de Gente de Mar de los Servicios de Auxiliar de Sanidad Naval y Auxiliar de Sanidad Dental son
exclusivamente femeninas; la permanencia de algún varón en el escalafón correspondiente sólo se da circunstancialmente, cuando un
Enfermero Naval, por diversas razones, no puede continuar sirviendo en el escalafón correspondiente, del Personal de Gente de Mar de
Línea.
66
adoptadas por las propias autoridades navales, siguiendo lo que se podría llamar un proceso
de evolución natural. Si se comparan los niveles de participación femenina en la Armada con
los de las instituciones castrenses de los países considerados en el estudio, se puede concluir
que se ha alcanzado una cifra cercana a la media, que ronda el 15%.

Para el año 2008 se ha previsto la eventual incorporación de oficiales mujeres en las áreas de
Abastecimiento y del Litoral.

Las TABLAS 14, A, B, C, D, E, F y G, grafican en números la presencia femenina en la


Armada. (Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

Sin dudas, que el reciente acceso femenino a los escalafones de Oficiales de los Servicios
introducirá a futuro algunas modificaciones a los porcentajes de mujeres en ese segmento,
pero ello no representará un cambio relevante en el panorama general. El primer llamado a
postular al ingreso a los escalafones de Oficiales de los Servicios que incluyó damas
candidatas, tuvo una base de selección de 101 varones y 74 damas. El resultado fue el
acuartelamiento de 6 de éstas. Como en otros países, el interés femenino por la vida militar
es menor que el masculino. Siendo probable que las cifras en futuros procesos de admisión
se vean incrementadas, cuando las razonables inquietudes que pueden presentarse entre las
eventuales interesadas, vayan siendo aclaradas por la experiencia de las pioneras.

La situación entre los Empleados Civiles es también significativa, en el sentido de que más
de la mitad de los escalafones integrados por profesionales universitarios, con la sola
excepción de los afectos a la Ley Nº 15.076 (médicos), está conformado por mujeres. Es en
estas áreas de desempeño profesional, menos “militares”, donde se consigue una mayor
presencia de la mujer y donde ella puede competir de igual a igual con el varón, situación
que es común a todos los casos ya descritos.

Es evidente que la Armada no ha abierto las puertas al embarco de mujeres en las unidades a
flote. Ello responde a diversos criterios, entre los cuales destaca la prudencia, que aconseja
no innovar en aquello que ha funcionado bien por muchos años. Aún cuando el hombre de
mar es un profesional que en el terreno tecnológico se muestra dispuesto a recibir los
cambios y a hacerlos suyos al más breve plazo, no es menos cierto que por definición, es un
hombre de tradición, de costumbre, poco dado a cambiar sus usos si no hay causa más que
probada para ello. Buena prueba de esto último, es el tradicional uniforme naval, que nació
en la época de la navegación a vela y se ha mantenido sin cambios significativos por más de
un siglo.

El buque de guerra es un fiel reflejo de la personalidad naval. Profesionalmente, marcada por


la tecnología, pero fundada bajo el peso de la tradición y las costumbres marineras. El buque
es, casa, cuartel y trinchera, pero también es un alarde de ingenio tecnológico, en el que cada
equipo, cada mínimo componente ocupa un lugar definido cuidadosamente, pues el espacio a
bordo es escaso y el peso influye en la estabilidad de la plataforma. Los costos de las
transformaciones de las unidades para recibir mujeres, que son significativos, como se ha
visto en la US Navy, pudiendo ser abordables por esa fuerza, lo son bastante menos en
nuestra Armada, en razón de sus más bajos presupuestos.

67
En lo que respecta a los problemas de integración de la mujer a las fuerzas, que con mayor o
menor intensidad se han dado en todos los casos, ellos parecen no ser de mayor gravedad.
Probablemente, por el cuidado que la Armada ha dado siempre a la formación valórica de su
personal civil y militar y por los estrictos procesos de selección a los que son sometidos. Otro
aspecto que puede incidir en esto, es que la mujer en la Armada de Chile no ha ocupado
lugares en que la presencia femenina haya sido motivo de polémicas y controversias.

En resumen, el tema de embarcar mujeres desde la perspectiva de la administración del


recurso más valioso da la institución, el humano, plantea un desafío importante, sin que haya
certezas de que los resultados que se puedan esperar sean realmente beneficiosos para la
Marina y por ende para el país.

TABLA 14 A.-

Participación femenina en la Armada de Chile. Año 2003.

Sexo Cantidad Porcentaje


Varones 22.292 87,11%
Mujeres 3.300 12,89%
Total 25.592 100%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

TABLA 14 B.-

Participación femenina en los escalafones de Oficiales de los Servicios. Año 2003.

Escalafón Total Varones Mujeres


Cantidad Porcentaje Cantidad Porcentaje
Justicia 36 33 91,67% 3 8,33%
Sanidad Naval 65 63 96,92% 2 0,77%
Sanidad Dental 37 36 97,30% 1 2,70%
Prácticos 12 12 100% 0 0%
Servicio Religioso 10 10 100% 0 0%
Bandas 1 1 100% 0 0%
Total 161 155 96,27% 6 3,73%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

68
TABLA 14 C.-

Participación femenina en los escalafones de Empleados Civiles de Planta. Año 2003.

Escalafón Total Varones Mujeres


Cantidad Porcentaje Cantidad Porcentaje
Administrativos 104 36 34,62% 68 65,38%
Técnicos 97 48 49,48% 49 50,52%
Profesionales 363 136 37,47% 227 62,53%
Ley Nº15.076 209 151 72,25% 58 27,75%
Total 773 371 47,99% 402 52,01%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

TABLA 14 D.-

Participación femenina en los escalafones de Gente de Mar de los Servicios. Año 2003.

Sexo Cantidad Porcentaje


Varones 3.175 72,43%
Mujeres 1.149 26,57%
Total 4.324 100%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

TABLA 14 E.-

Distribución del personal femenino en los escalafones de Gente de Mar


de los Servicios. Año 2003.

Escalafón Total Varones Mujeres


Cantidad Porcentaje Cantidad Porcentaje
Básico 675 425 62,96% 250 37,04%
Medio 435 400 91,95% 35 8,05%
Superior 203 203 100,00% 0 0,00%
Fuera de escalafón 19 9 47% 10 53%
Escalafones en 2.831 1.983 70% 848 30%
extinción
Total 4.163 3.020 72,54% 1.143 27,46%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

69
TABLA 14 F.-

Presencia femenina dentro del personal no perteneciente a la Planta. Año 2003.

Escalafón Total Varones Mujeres


Cantidad Porcentaje Cantidad Porcentaje
Fondos Propios 2.527 1.262 49,94% 1.265 50,06%
Jornales 68 62 91,18% 6 8,82%
Obreros a Trato 332 139 41,87% 193 58,13%
A Contrata 247 155 62,75% 92 37,25%
Profesores Civiles 271 222 81,92% 49 18,08%
Total 3.445 1.840 53,41% 1.605 46,59%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

TABLA 14 G.-

Comparación entre postulantes masculinos y femeninos a la Escuela de Grumetes.


Año 2003.

Postulantes Cupos Relación P/C


Cursos
Grumetes Navales 4.065 380 10,70
Grumetes IM 905 100 9,05
Mantenimiento 804 44 18,27
Chóferes 180 15 12,00
Mayordomos 26 25 1,04
Cocineros 124 16 7,75
Sanidad Naval (femenino) 210 35 6,00
Sanidad Dental (femenino) 67 10 6,70
Total varones 6.104 580 10,52
Total damas 277 45 6,16

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

70
4.-FUERZA AÉREA DE CHILE100

En la historia de la aviación chilena, la mujer ha estado presente en los diversos campos que
abarca el vuelo de las aeronaves. Algunas de ellas han alcanzado cierta notoriedad, como
Margot Duhalde y las más recientes “abuelas aviadoras”, aunque, en rigor, ninguna ha
conquistado sus laureles en el seno de nuestra Fuerza Aérea. Margot Duhalde, primera mujer
piloto chilena, se integró a las fuerzas de la Francia Libre durante la Segunda Guerra
Mundial, prestando sus servicios como piloto para el transporte de aviones desde las fábricas
a las bases de despliegue. Su labor le hizo acreedora a la Legión de Honor.

En marzo de 2004, las abuelas aviadoras, Madelaine Dupont y María Eliana Christen,
realizaron un extenso raid aéreo que comenzó en Santiago y alcanzó a Ginebra, vía el
Atlántico sur y que, en su viaje de regreso, cubrió Islandia, Groenlandia, y Norteamérica.
Tras 76 días, las audaces damas retornaron a Chile. Aunque ellas no pertenecen a la Fuerza
Aérea, su logro contó con el apoyo de la institución, que ha cumplido un rol importante en la
difusión y promoción de la actividad aérea nacional.

En el campo estrictamente militar, el 1º de noviembre de 1981, se integran 50 jóvenes


conformando el primer contingente del servicio militar femenino de la FACH, con el fin de
ser instruidas para desempeñarse en las áreas de administración y de salud. La necesidad de
reclutarlas surgió del hecho de que la actividad educacional civil no satisfacía
adecuadamente los requerimientos específicos de la institución en estas materias. La Escuela
de Especialidades, en la Base Aérea El Bosque, fue la encargada de llevar a cabo el proceso
de formación. El personal docente fue especialmente entrenado con el apoyo del Ejército. La
necesidad de instructoras militares llevó a recurrir a mujeres reservistas del Ejército para
suplir esta necesidad, las que fueron incorporadas a la FACH en el grado de Cabo 2º.

La formación de estas reclutas se llevó a cabo en el Hospital de la Fuerza Aérea, pues sería
allí donde prestarían sus servicios como auxiliares de enfermería. Para ello primero fue
necesario habilitar las dependencias en las que las alumnas permanecerían en régimen de
internado por dos años.

El segundo contingente (1982-1984) cumplió su período de reclutas en el Ejército, antes de


instalarse en el Hospital de la Fuerza Aérea. Tiempo después, la ciudadanía las vería en la
Parada Militar desfilando tras el estandarte del Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina.

Sesenta mujeres integraron el tercer contingente (1983-1985), que recibió toda su instrucción
en las instalaciones de la FACH. Diez de ellas egresaron al servicio como Técnicos en
Procesamiento de Datos, veinte en Protección de Personas y treinta como Auxiliares de
Enfermería.

Durante el año 1985 se seleccionó a dos de las seis instructoras militares provenientes del
Ejército, para integrarlas al Curso Especial de Oficiales dictado en la Escuela de Aviación,
con el fin de contar con instructoras militares del rango de oficial.

100
Los antecedentes acerca de la presencia de la mujer en la Fuerza Aérea, han sido proporcionados por el Sr. Secretario General de la
Fuerza Aérea, Coronel de Aviación (A) don Hugo Tilly Ebensperger, mediante Carta Nº 20248-1, cuya gentileza agradecemos.
71
Ese año, el Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina asume la tarea de formar
instructoras militares, seleccionadas de entre el personal del segundo contingente de la
FACH y de reservistas del Ejército.

El programa se mantuvo hasta en funcionamiento hasta el 3 de noviembre de 1990. No


obstante que la FACH calificó la experiencia como acertada, la educación privada había
evolucionado lo suficiente como para no ser necesario realizar la preparación profesional de
este personal femenino en el seno de la institución.

El ingreso de la mujer en los escalafones de personal de cuadro permanente, para acceder a


los escalafones regulares a través de la Escuela de Especialidades, es una materia que se
encuentra en etapa de estudio, sobre la base de la experiencia con alumnas en la Escuela de
Aviación. Sin embargo, la misma escuela ha dictado cursos especiales de Administración
para mujeres.

En los escalafones de cuadro permanente de los Servicios, la mujer puede optar por las
especialidades de transporte terrestre, bandas, sanidad, alimentación y apoyo general. La
formación profesional de este personal se realiza antes de incorporarse al servicio. Ingresan
como cabos y pueden alcanzar el grado de suboficial.

Como empleado civil, la mujer puede desempeñarse en áreas técnicas y administrativas, en


igualdad de condiciones que los varones.

En el año 2000 ingresaron a la Escuela de Aviación las primeras mujeres cadetes. Se


convirtieron en las primeras mujeres oficiales de los escalafones de oficiales de línea durante
el año 2003. Las especialidades a las que pueden optar son rama del aire (pilotos), ingeniería
aeronáutica, ingeniería en administración, defensa antiaérea y telecomunicaciones e
informática. Cabe mencionar que las oportunidades de las mujeres en estos escalafones son
las mismas de los varones.

Los escalafones de oficiales de los servicios también son campo abierto a la participación
femenina, desde hace ya muchos años. Sanidad, sanidad dental y justicia, son a los que se
ingresa en el grado de Capitán de Bandada y que tiene como tope, el de General de Brigada,
a excepción de los dentistas, cuyo límite es el de Coronel de Aviación.

Los escalafones de los servicios generales se conforman con los mismos profesionales
anteriores, pero su carrera militar se limita al grado tope de Comandante de Grupo. Como en
los casos anteriores, la institución no hace diferencias entre varones y damas, para el ingreso,
permanencia y ascenso.

La presencia femenina en la Fuerza Aérea, en cifras, se ve reflejada en las TABLAS 15A y


15 B. Al igual que lo observado en la Armada, se aprecia que un número alto de mujeres
integra la fuerza laboral en espacios en los que puede competir razonablemente bien con sus
pares masculinos. De acuerdo con informaciones disponibles, alrededor del 14% del total de
la dotación de la FACH, es personal femenino, lo que sitúa a esta institución dentro de los
rangos promedio observados en casi todos los casos.

72
La experiencia de incorporar mujeres en los escalafones de oficiales de línea, aún muy
fresca, no permite determinar el impacto numérico que tendrá en el conjunto, aunque no
debiera tener una gran incidencia, dado que las cantidades de oficiales de línea son
relativamente pequeñas. El efecto que la incorporación de mujeres a los escalafones
regulares de personal de cuadro permanente (de línea) está en estudio, y podría tener en
conjunto, en términos numéricos, más importancia. Sin embargo, nada puede asegurar que la
FACH logre niveles de participación femenina distintos a los observados en otros países.

Es interesante observar que en lo que respecta a la participación de mujeres en los procesos


de admisión a la Escuela de Aviación, si bien se nota interés en las postulaciones, que han
experimentado un importante crecimiento de 23% a 31%, también muestra un descenso en
los niveles de ingreso de 34% a 28% (Ver tabla 15 B). Probablemente este descenso se deba
a los ajustes que ha tenido el proceso, a medida que la Escuela va adquiriendo experiencia
con las postulantes femeninas. La falta de antecedentes respecto de las cifras de egreso, que
en definitiva son las que cuentan, no permite evaluar el real éxito de la mujer en su empeño
por ingresar a las áreas operativas de la institución. El tiempo se encargará de emitir su
juicio.

También el tiempo será quien determine si las nuevas condiciones que la FACH ha
establecido para el trabajo femenino, han tenido un efecto positivo en la calidad de la gestión
aereo-militar de la nación.

TABLA 15 A.-
Presencia femenina en la Fuerza Aérea de Chile. Año 2004.
Porcentaje de mujeres en la dotación
Oficiales:
De Línea 1,20%
Justicia 21%
Sanidad 37%
Servicios Generales 42%
Cuadro Permanente:
Sanidad 43%
Administración 44%
Otros 20%
Empleados Civiles:
Sanidad 62%
Bienestar Social 18%
Administración 20%
Cadetes:
Escuela de Aviación 22%
Fuente: Comando de Personal de la FACH.

73
TABLA 15 B.-
Participación femenina en los procesos de admisión a
la Escuela de Aviación “Capitán Ávalos”.

Postulantes (%) Ingresados (%)


Año Mujeres Varones Mujeres Varones
2000 23 77 34 66
2001 23 77 35 65
2002 25 75 25 65
2003 25 75 20 80
2004 31 69 28 71
Fuente: Comando de Personal de la FACH.

FIGURA 4.-

Personal Total Fuerza Aérea de Chile

M asculino
85%

Femenino
15%

Fuente: Comando de Personal de la FACH.

74
IV.- PROCESOS DE INTEGRACION

1.- LA INTEGRACIÓN DE LA MUJER A LAS FUERZAS ARMADAS COMO


IMPERATIVO POLÍTICO.

En un mundo marcado cada vez más por el igualitarismo, uno a uno han ido cayendo los
bastiones exclusivamente masculinos. Cualquier diferencia que se haga, en razón del sexo,
recibe una muy rápida y enérgica condena social, aun cuando tal diferencia responda a
imperativos totalmente ajenos a la voluntad humana, como son los derivados de la fisiología.
Uno de estos bastiones ha sido desde siempre, el mundo militar.

La presencia femenina en las fuerzas armadas no es nueva, sólo que en algunas áreas no ha
sido en un plano de igualdad con el varón, tanto en lo que se refiere a las funciones
específicas, como en cuanto a las oportunidades de acceso a las posiciones jerárquicas más
elevadas.

Por lo general, el acceso de la mujer a la vida militar ha seguido al ingreso femenino a ciertas
profesiones u oficios en la vida civil. Así, cuando se admitió el ingreso de mujeres en el
campo de la abogacía o de la medicina, pronto las fuerzas armadas contaron con mujeres
abogados o médicos en sus filas. Mucho antes, la aparición del oficio femenino clásico en la
actividad económica, el de secretaria, evolución natural del aún más antiguo de dactilógrafa,
había abierto las puertas del campo militar a la mujer.

Pero sin duda, que la presencia de la mujer como enfermera en los ejércitos, antecede a todos
los casos anteriores. No obstante, la existencia de ellas era un suceso que sólo ocurría durante
las campañas bélicas101. Hasta la Primera Guerra Mundial, los cuerpos de enfermeras eran
cubiertos principalmente por voluntarias, que recibían instrucción sólo cuando se presentaba
la emergencia. Esta característica se mantuvo incluso en aquellas instituciones que al inicio
de la Gran Guerra ya contaban con cuerpos de enfermeras. Terminado el conflicto, las damas
retornaban a sus ocupaciones habituales.

En los albores del siglo XX aparece en escena un nuevo fenómeno: el sufragismo. Tanto en
Europa como en Estados Unidos, se desató una fuerte corriente que abogaba por el derecho
femenino al voto. Con más o menos suerte, los diferentes movimientos fueron alcanzando
sus metas, tras lo cual emprendieron una nueva campaña, consecuencia natural de la anterior:
el derecho a ocupar cargos públicos, en especial cargos de elección popular. Como ya lo
hemos mencionado, las dos guerras mundiales abrieron definitivamente el mundo laboral a la
mujer, la que adquirió conciencia de que su número constituía un gran capital político.

También los políticos captaron esta nueva realidad. Atender a las necesidades y demandas
femeninas puede fácilmente modificar cualquier resultado en las urnas, con el agregado, de
que muchas de tales necesidades y demandas no conocen barreras sociales ni políticas.

101
Las mujeres habían tomado parte informalmente, en muchísimas campañas militares, siguiendo a maridos, amantes o clientes,
cumpliendo diversas funciones, entre las que destacaban las de enfermera, lavandera y cocinera; esta costumbre se mantuvo hasta que los
ejércitos lograron crear cuerpos de apoyo logístico orgánicos.
75
No es de extrañar entonces, que los grupos que abogan por mayores oportunidades para la
mujer hayan logrado triunfos significativos, llegando a imponer criterios sociales que en
muchas legislaciones han adquirido rango de ley. Tal es el caso de la así llamada “no
discriminación sexual”, que consiste en no considerar ninguna diferencia entre hombre y
mujer, en orden a acceder a derechos y beneficios de cualquier tipo. En los Estados Unidos,
la legislación federal así como numerosas legislaciones estaduales, contemplan la existencia
de organismos cuyo único fin es velar por la perfecta igualdad de derechos entre todos los
ciudadanos, para ocupar puestos en los organismos fiscales o privados. Se ha llegado a fijar
cuotas a ser cubiertas por cada grupo minoritario o “discriminado”. Así, el poder ser
clasificado como miembro de un grupo “discriminado” es una buena forma de acceder a
puestos a los que probablemente, por talento, no se podría postular con razonables
probabilidades de éxito102.

Como en toda corriente de pensamiento, hay extremos. En el caso de los partidarios del
ingreso irrestricto de la mujer a las FF.AA., hay grupos que niegan la validez de cualquier
restricción, incluso si esta surge de cuestiones totalmente ajenas a la voluntad humana. Si las
limitaciones existen, ellas deben ser superadas. El costo material o los sacrificios que la
adaptación exija, carecen de importancia.

Tal corriente es la que se ha impuesto en nuestros vecinos Perú y Argentina, aunque


evidentemente la aplicación de la idea ha debido aceptar la existencia de ciertos límites.

La tendencia en Europa y EE.UU., es eliminar total y definitivamente las barreras. Las


FF.AA. han debido adaptarse al cambio. La experiencia ha ido demostrando que no siempre
es posible cumplir cabalmente con las directrices que emanan del estamento político y se han
hecho oír voces que piden revisar las políticas adoptadas en materia de participación
femenina en la milicia, en tanto que algunos estados han dejado que sean los propios mandos
castrenses los que resuelvan estos asuntos.

Sin duda, el feminismo ha hecho valer sus postulados actuando a través de los grupos
influyentes en la política. Analizado con profundidad e imparcialidad, el feminismo no se
diferencia mucho del machismo que dice combatir103. La pretensión de que hombre y mujer
son “intercambiables” en todas las actividades, el criterio de que la mujer puede hacer todo
lo que el varón, se ha traducido en que la mujer se comporta según el modelo masculino,
despreciando lo que es propiamente femenino. Las antiguas condicionantes, que
determinaban las tareas que podían ser asumidas por la mujer, han pasado a ser juzgadas
como convencionalismos retrógrados. Nótese que el feminismo no menciona nunca los
deberes femeninos, sino tan sólo los derechos.

En el debate acerca de la presencia femenina en las FF.AA., el feminismo tampoco se


detiene en la razón de ser de estas instituciones. Para esta corriente lo que cuenta no es la

102
Al respecto, la posición que empieza a imponerse es la de asignar a cada puesto, al más calificado, procurándose que las diferencias que
anteriormente se calificaban como discriminatorias, sean simplemente eliminadas y no que jueguen de modo de producir nuevas
discriminaciones que vengan a perjudicar a los que antes se vieron favorecidos. Tal es el parecer de la Baroness Symons of Vernham, Dean
Minister for Defence Procurement (Reino Unido), según señala en PART OF MY JOB: EQUAL OPPORTUNITIES IN THE ARMED
FORCES, RUSI Journal, octubre de 2000.
103
Romano Amerio, IOTA UNUM, Estudio sobre las transformaciones de la Iglesia Católica en el siglo XX, Riccardo Ricciardi Editore,
Milán- Nápoles, 1985, ed. castellana, Salamanca, 1994, Capítulo IX La Iglesia y la mujer, 90. Crítica del feminismo. El feminismo como
masculinismo, pp 153-154.
76
necesidad de la defensa de la Patria, ni los costos que cambios tan radicales tienen para el
Estado. Falta en el discurso feminista, una cuestión evidente: determinar el rol femenino en
las FF.AA. No es igual que la mujer haga lo mismo que el hombre hace, que darle un papel
que ella haga o en el cual el varón no logre igualarla o superarla.

La corriente feminista pacifista cuya influencia en la vida política moderna es poco


importante, aboga por la presencia irrestricta de la mujer en las FF.AA. Tan curiosa postura
persigue la eliminación o anulación de las FF.AA., partiendo del supuesto de que sin cuerpos
armados no habría guerras. Como no ha habido indicios de que los estados renuncien a
contar con FF.AA., estos grupos buscan promover la presencia femenina en la milicia pues
perciben que a través de la presencia masiva de la mujer en sus filas, las FF.AA. se
feminizarían a tal punto que ya no serían capaces de combatir, lo que sería equivalente a no
tener fuerzas militares104. No es difícil prever las ventajas que esta situación acarrearía a los
países cuyas FF.AA. carecen de mujeres (el mundo islámico, por ejemplo) o limitan su
presencia a los campos tradicionales.

A su vez, las corrientes feministas pacifistas presentan algunas variantes. La más notable, es
la que denuncia la incorporación de la mujer a la vida militar como un nuevo intento del
poder político, considerado enclave masculino, para someter a la mujer. El mundo militar,
instrumento de opresión, recurriría a la mujer para cumplir con sus propósitos, pero sin
permitirle gozar de las prerrogativas castrenses reservadas a los varones.

El feminismo se une con la izquierda política, en lo que ambos han venido a denominar el
“progresismo”. Las feministas sienten que la izquierda, a través de las políticas de gobierno,
ha demostrado que actúa beneficiosamente por medio de dos tipos de acciones: las acciones
indirectas, porque al generalizar la educación, los servicios sociales, etc. beneficia a la mujer
que parte de una situación de desigualdad. Y luego, por la acción directa: crear organismos
específicos para luchar contra la discriminación de la mujer, como el caso del Instituto de la
mujer, planes de igualdad, etc.

El “progresismo” político partidista de izquierda a la vez hace suyas muchas de las banderas
de lucha del feminismo, entre ellas, el tema de la mujer en combate. La mujer “debe” ser
incorporada a las Fuerzas Armadas en “todos” los ámbitos, sin importar si ellas, o una parte
importante de ellas, no lo desea. No interesan ni los altos costos, ni la tradición, ni tampoco
la posible disminución en la eficiencia de las instituciones armadas. Sólo interesa el sentido
de igualdad de géneros.

Los sectores que se dicen marxistas y sus aliados políticos, ven la presencia de la mujer en
las Fuerzas Armadas como un problema en donde el género las une, pero la “clase” las
divide105. Su visión de unas FFAA “Democráticas” en su estructura, en relación al acceso a
las escuelas matrices, las que deben estar abiertas a toda la sociedad sin ningún tipo de
distinciones, es lo que define claramente su posición sobre el tema106.

104
Stephanie Guttman, Una Milicia Más Benvola y Gentil: ¿Pueden las Fuerzas de Combate de Género Neutral aún Ganar Guerras?,
citada por Lee Bockhorn, en Mujeres en las FF.AA., serie Temas Seleccionados, Academia de Guerra Naval. No sólo estas FF.AA.
feminizadas serían menos capaces para la guerra, también serían más eficientes en la defensa de la paz, la que es sólo amenazada por las
FF.AA. masculinas, que sólo desean la guerra.
105
Clase contra Clase. N.79, 4/09/2005.
106
Programa de gobierno Pacto“Juntos Podemos Más”.
77
La gran mayoría “silenciosa” de las mujeres, que aboga por una presencia femenina limitada
a los roles tradicionales, no da muchas señales de querer defender sus posiciones en estas
materias, en la creencia de que la actual tendencia de abrir el terreno militar sin limitación
alguna, es inevitable e irreversible.

Es importante mencionar la aparición en algunos países desarrollados (europeos,


especialmente) de movimientos neo-feministas, los que abogan por la vuelta al hogar de las
mujeres. Este grupo, busca compatibilizar la vida familiar y profesional a través de empleos
a medio tiempo o labores realizadas a distancia.

En materia de independencia de los mandos militares para decidir estos asuntos, hay una
gama muy variada, que va desde los políticos que imponen las medidas, sin considerar en
absoluto la opinión y experiencia de los militares, hasta los que han dejado que sean ellos
quienes decidan, pasando por todas las posiciones intermedias imaginables.

Muchas normas que se dictan para el mundo civil, que dicen relación con la defensa y
promoción de la mujer, tienen poca aplicación en el plano militar o requieren de complejas
adaptaciones. Los militares se distinguen de los civiles en muchas cosas: el uso exclusivo de
determinada vestimenta, la potestad para el uso de las armas, la renuncia voluntaria a
derechos considerados sagrados para un no militar, el compromiso solemne y sancionado por
la ley de cumplir con su deber al precio de la propia vida y otros, marcan una enorme
diferencia107. En este sentido, los responsables de la conducción política deben comprender
una realidad insoslayable: el mundo militar es especial y diferente al civil, cuyas peculiares
características exigen de ellos, un conocimiento en profundidad.

107
Un militar puede ser juzgado y condenado a sanciones que, según la legislación, pueden ir desde la expulsión deshonrosa del servicio,
pasando por el presidio, hasta la pena de muerte, por cometer acciones que en el mundo civil no merecerían más que una pérdida del
empleo. En Chile, las faltas cometidas por los militares normalmente implican sanciones mucho más duras que las que se aplican a los
miembros del Poder Judicial, por mencionar un campo laboral en el que las acciones punibles tienen tanta o mayor repercusión que en el
mundo militar.
78
2.- EL IMPACTO DEL CONTROL DE LA NATALIDAD Y DE LA SOCIEDAD DE
CONSUMO

Las políticas de control de la natalidad, así como la creciente presión social por acumular
bienes de tipo material, tienen un fuerte impacto en la conformación de las fuerzas armadas
en los países europeos y en los Estados Unidos, principalmente108. En nuestra América
hispana, esta tendencia se ha ido haciendo más evidente en los últimos años, aunque
atenuada por las elevadas tasas de desempleo que hacen más atractiva la opción laboral
militar.

Es así como la propensión a restringir la cantidad de hijos a uno o dos como máximo, reduce
paulatinamente la disponibilidad de varones jóvenes para entrar a integrar los escalafones
militares. Como solución para atender a la demanda de mano de obra de oficios considerados
de menor rango social y económico, que requieren de poca o nula preparación académica, los
países europeos han recurrido a inmigrantes de naciones con tasas de natalidad más elevadas
e ingresos menores. Países como los de Europa oriental, los norteafricanos y, más
recientemente, los hispanoamericanos han servido para paliar el problema.

Para efectos militares estos candidatos, por diversas razones, no resultan del todo adecuados
para el servicio, aun cuando por lo general su ingreso a las FF.AA. se ve restringido
solamente por la normativa legal. España, país en el que las bajas tasas de reclutamiento han
hecho crisis, han decidido la incorporación de extranjeros a las filas militares, en tanto que
los EE.UU. hace mucho tiempo que los admite109.

No puede ignorarse el hecho de que las FF.AA. son la expresión militar de la


nacionalidad110. La incorporación de extranjeros en la milicia, necesariamente implica una
notoria pérdida del sentido nacional en los cuerpos castrenses, cuyas consecuencias sólo
podrán percibirse a cabalidad, en un conflicto bélico de mayor intensidad que los que
actualmente se han librado por estas FF.AA. multinacionales bajo una sola bandera.

Diversos países europeos han tomado conciencia del problema de las bajas tasas de
natalidad, desarrollando políticas de protección a las familias numerosas. Medidas que de
tener éxito, sólo mostrarán efectos perceptibles a mediano y largo plazo.

Las Tablas 16 A y B nos muestran la realidad, también preocupante, de nuestro país al


respecto. Su análisis nos indica la continua caída en la tasa de natalidad, con el agravante,
que no existen políticas gubernamentales para revertir esta tendencia. Al contrario, las
últimas décadas han sido marcadas por el apoyo gubernamental a políticas de control de la
natalidad.

108
María Luisa Barón, El Papel de la mujer en las Fuerzas Armadas.
109
Las mujeres llegarán a general en un plazo de entre quince y veinte años, diario ABC (España), , entrevista al Subsecretario del
Ministerio de Defensa, Víctor Torre de Silva. www.belt.es/noticias/2002/02_octubre/21_mujergeneral.htm.
110
Rafael Martínez Martínez, Quiénes Son Y Qué Piensan Los Futuros Oficiales Y Suboficiales Del Ejército Español, Fundació CIDOB,
CIDOB Barcelona , 2001, www2.ubu.es/derpri/ciepola. El estudio revela que en un país, como España, en donde el sentimiento de
nacionalidad ha sido apagado en beneficio de un fortalecimiento simultáneo de pertenencia a una “comunidad autónoma” y de adherencia a
la Unión Europea, no ha hecho mella en el sentido nacional que se vive en las FF.AA.
79
TABLAS 16 A y B.-

CHILE: Evolución de la tasa de natalidad, según


quinquenios. 1950 - 2005

Período TN

1950 - 1955 4,95


1955 - 1960 5,49
1960 - 1965 5,44
1965 - 1970 4,44
1970 - 1975 3,63
1975 - 1980 2,80
1980 - 1985 2,67
1985 - 1990 2,65
1990 - 1995 2,55
1995 - 2000 2,21
2000 - 2005 2,00

CHILE: Proyección de la tasa de natalidad 2005 - 2050

Período TN

2000 - 2005 2,00


2005 - 2010 1,94
2010 - 2015 1,89
2015 - 2020 1,85
2020 - 2025 1,85
2025 - 2030 1,85
2030 - 2035 1,85
2035 - 2040 1,85
2040 - 2045 1,85
2045 - 2050 1,85

Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Boletín 2005

La pérdida de las colonias, antaño una fuente importante de mano de obra militar, impone la
necesidad de restringir el reclutamiento a la población del territorio metropolitano. La
famosa Legión Extranjera no es vista con buenos ojos entre la mayoría de los europeos,
incluso en Francia, por nutrirse de mercenarios111. Muchos de los cuales son sencillamente
indeseables que huyen de la justicia de sus países de origen. En las unidades de la Legión, la
falta de un sentido nacional francés, es suplida hábilmente con el argumento de que la Patria

111
Ver “Mercenario” en Aclaraciones.
80
del legionario es la Legión. Además, se les otorga la nacionalidad francesa para aquellos que
cumplan una cierta cantidad de años en el servicio.

El mercenario, que en tiempos medievales constituía el grueso de los ejércitos europeos, hoy
sólo está incorporado en los ejércitos británico (Gurkas), español (Legión Extranjera) y
francés (Legión extranjera), aunque limitado a determinadas unidades.

El fenómeno de las campañas publicitarias promoviendo el ingreso a las fuerzas armadas,


que en el pasado sólo se presentaba en tiempos de guerra, se ha tornado permanente. Es
imperioso competir con todos los medios disponibles por un recurso cada vez más escaso: el
humano.

También, el envejecimiento de la población, otra consecuencia de los bajos índices de


natalidad, incide poderosamente en las oportunidades de los servicios armados para reclutar
personal. Como es natural, la función militar es propia de gente joven.

TABLA 17.-

CHILE: Población total por sexo y años calendario terminados en 0 y 5 al 30 de junio,


según grupos quinqueniales de edad. 1985 - 2015

GRUPO DE EDAD Población y Años


Y SEXO 1985 1990 1995 2000 2005 2010 2015

TOTAL 12.102.174 13.178.782 14.394.940 15.397.784 16.267.278 17.094.270 17.865.185

0-4 1.323.066 1.459.498 1.487.544 1.328.435 1.237.463 1.248.325 1.259.507


5-9 1.170.644 1.317.058 1.461.367 1.487.986 1.328.126 1.237.497 1.247.912
10-14 1.243.270 1.165.852 1.321.302 1.463.554 1.488.498 1.328.934 1.237.791
15-19 1.251.432 1.235.643 1.170.027 1.322.956 1.463.158 1.488.317 1.328.427
20-24 1.285.305 1.237.943 1.240.689 1.172.379 1.322.128 1.462.342 1.486.755
25-29 1.118.991 1.268.512 1.242.813 1.242.260 1.171.107 1.320.741 1.459.635
30-34 895.476 1.106.437 1.272.062 1.243.236 1.239.874 1.169.556 1.317.682
35-39 752.259 883.498 1.107.665 1.269.543 1.239.003 1.236.191 1.165.611
40-44 647.161 740.232 881.377 1.101.809 1.261.636 1.231.974 1.228.946
45-49 520.521 633.749 734.101 872.593 1.090.382 1.249.164 1.220.001
50-54 466.479 505.019 622.864 720.989 857.796 1.072.667 1.229.337
55-59 405.154 445.704 489.157 603.577 700.924 835.126 1.045.250
60-64 320.667 378.904 422.191 464.960 577.002 671.677 801.793
65-69 259.199 290.004 347.322 389.561 432.884 539.279 629.844
70-74 193.451 221.466 252.131 305.395 348.283 389.319 487.591
75-79 136.240 150.917 177.237 205.815 256.350 295.148 332.591
80+ 112.859 138.346 165.091 202.736 252.664 318.013 386.512

Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Boletín 2005

81
El envejecimiento de la población produce entre los jóvenes más y mejores oportunidades en
la actividad económica. Frente a lo cual, las fuerzas armadas, generalmente remuneradas por
debajo de la actividad productiva privada, no pueden competir. Este factor adquiere un grado
de complejidad adicional, debido a que la sociedad occidental contemporánea ha hecho de la
adquisición, posesión y goce de bienes materiales, el elemento de valoración social más
importante. El pobre, a su carencia de recursos, debe agregar el sufrimiento de su menor
consideración social. Los que han elegido la vida militar como su forma de vida, con la
consiguiente restricción en la satisfacción de sus necesidades materiales, sufren ahora
también la de una menor consideración social.

La pertenencia a una rama de las fuerzas armadas hasta mediados del siglo XX, era
considerada una cuestión de gran prestigio y aceptación social, para posteriormente pasar a
ser una actividad atractiva sólo para los grupos sociales menos pudientes y, por lo tanto,
menos valorados en la escala social.

Con raras excepciones, la mujer aspira y obtiene niveles de renta inferiores a los del hombre,
por lo tanto, las fuerzas armadas, con sus remuneraciones más reducidas, no constituyen una
alternativa laboral menos atractiva para ella. Además, como en el servicio castrense los
niveles de ingreso dependen del rango alcanzado y de la función desempeñada, las rentas no
quedan determinadas por el sexo del funcionario, lo que pone a la mujer en un plano de
igualdad frente al varón.

82
TABLA 18.-

Crecimiento Económico

PRODUCTO INTERNO BRUTO PER CAPITA

1984 - 2000

Año Miles de Pesos de 1986 Variación Anual (%)

1984 266,60
1985 268,80 0,80
1986 279,20 3,90
1987 292,60 4,80
1988 308,80 5,50
1989 335,70 8,70
1990 342,30 2,00
1991 363,50 6,20
1992 401,30 10,40
1993 422,30 5,20
1994 439,30 4,00
1995 478,60 8,90
1996 506,40 5,80
1997 536,50 5,90
1998 550,10 2,50
1999 537,00 -2,60
2000 558,00 4,00

Crecimiento Promedio Anual (%)

1984 - 1989 4,70


1989 - 2000 4,70

Fuente: Banco Central de Chile

La insuficiente cantidad de candidatos a ingresar a las fuerzas armadas, ha motivado a los


gobiernos europeos a considerar dos tipos de medidas: en primer lugar, ofrecer mejores
niveles de remuneraciones y segundo, el abrir más espacios a las mujeres, en los roles en que
ellas no han sido admitidas. La primera de estas medidas, siempre encontrará el obstáculo de
la escasez de recursos fiscales, los que con el término de la guerra fría resulta poco atractivo
destinar a las fuerzas armadas. La segunda medida, parece encontrar mayor apoyo entre los
políticos, por el hecho de que les permite captar más votos en el electorado feminista, a la
vez que no les obliga a desembolsar más fondos públicos en la defensa, punto que les acarrea
el favor de los grupos ecologistas y pacifistas.

Volviendo al tema de los mejores niveles de remuneraciones, se ha planteado una nueva


opción: el reclutamiento de jóvenes voluntarios por períodos de tiempo limitados (cuatro o
cinco años), a cambio de becas de estudios u otros beneficios, al término del servicio en la
milicia. Estos períodos de servicio pueden ser prorrogables y conducir a una carrera regular.
83
Es una solución atractiva, pues resuelve el problema de la cantidad de personal reclutado,
pero tiene un alto costo y no es adecuado para satisfacer las necesidades de personal de alta
calificación técnica, cuya preparación es cara, tanto monetariamente como en términos del
tiempo que demanda su formación práctica y teórica. Las FFAA. de los Estados Unidos han
aplicado este esquema por años, y han podido conformar un vasto y bien entrenado cuerpo
de reservistas, con los que ha atendido con éxito las necesidades de tropas para las campañas
de Tormenta del Desierto, Afganistán e invasión de Irak. No obstante, el costo de mantener
entrenadas a grandes fuerzas en la reserva, es alto y tiende a perjudicar las opciones de los
reservistas para conservar sus empleos civiles.

Esta posibilidad resulta interesante para las mujeres, en especial las que provienen de las
capas sociales más bajas, que ven en esta opción la oportunidad para subir socialmente y
mejorar sus ingresos.

Finalmente, la alternativa del servicio militar obligatorio, implantada por primera vez en la
Francia revolucionaria, hoy es considerada poco democrática112. Cuando se la mantiene está
sujeta a numerosas limitaciones, como la objeción de conciencia, por muy diferentes causas.
En todo caso, no es una solución adecuada, pues no resuelve el problema de fondo: la falta
de población “en edad de portar armas”. En las fuerzas cuya naturaleza es esencialmente
técnica, la conscripción sólo puede resolver una porción mínima de las necesidades de
personal, en particular en los países con un bajo nivel de escolaridad o de desarrollo
tecnológico incipiente113.

Es importante hacer notar que los factores expuestos anteriormente se ven sometidos a
esporádicas variaciones, como consecuencia de las vicisitudes a que está sometida la
economía: cuando se viven períodos de estrechez, normalmente las fuerzas armadas no
sufren de escasez de candidatos a servir en sus filas. En un escenario como el chileno actual,
en el que la baja demanda de mano de obra genera un alto número de jóvenes desempleados,
la opción por ingresar a las FF.AA. se hace cada vez más atractiva, lográndose mejores bases
de selección, tanto para el ingreso a las escuelas matrices como para el servicio militar.

Como puede apreciarse, la creciente carencia de varones jóvenes para el mercado laboral
militar, sea por un descenso en la natalidad o por el bajo atractivo económico de las carreras
militares, va abriendo sostenidamente el acceso femenino a las funciones castrenses.

No obstante lo anteriormente aseverado, las actuales circunstancias políticas en el plano


internacional, han experimentado variaciones que han hecho repensar la necesidad de
reclutar mujeres para las fuerzas armadas. En esencia, con el término de la guerra fría, la

112
El principio sobre el cual se sustentaba el reclutamiento forzoso, era que siendo el pueblo quien gobierna, el mismo pueblo debe asumir
la defensa de la nación, que es una responsabilidad inherente al rol de gobernante. No se debe confundir el reclutamiento forzoso instaurado
por la Francia revolucionario, con el practicado por los señores feudales, que reclutaban combatientes dentro de los siervos, pues ellos
quedaban vinculados al servicio del señor, en virtud del juramento de mutua fidelidad que les unía de por vida. Se trataba de un servicio de
tipo personal, al tanto que la conscripción moderna es un asunto impersonal, que vincula al individuo con el Estado y no con una persona en
particular.
113
Algunos militares sostienen que la prisa con que se ha decidido en algunos países, terminar con la conscripción, ha impedido analizar las
muchas alternativas que se podrían manejar para perfeccionar el sistema, como la postergación del acuartelamiento hasta el término de la
educación superior, para captar reclutas con mayor calificación profesional o técnica, con la oportunidad de desarrollar una carrera como
reservista, acuartelamiento por períodos breves, durante las vacaciones, etc. Muchas de estas opciones están contempladas en nuestra
legislación, pero se les aplica muy poco.
84
necesidad de contar con grandes contingentes de tropas preparadas para el combate, ha
disminuido significativamente en los países de Europa Occidental, así como en los EE.UU.
A esta menor demanda de mano de obra militar, se ha sumado un mayor esfuerzo de
automatización de equipos y sistemas, que también incide en menores dotaciones para las
fuerzas aéreas y navales, aunque sólo parcialmente en el caso de las terrestres.

Naturalmente que estos procesos exigen del personal militar un mayor grado de
perfeccionamiento técnico, para apoyar eficazmente a las fuerzas operativas. En este sentido,
la mujer puede competir eficientemente con el varón, pues las disciplinas técnicas son
campos en los que ella puede desenvolverse bien114. Sin embargo, las FF.AA. siempre serán
más eficientes en sus tareas, si la función técnica y la propiamente militar, pueden ser
atendidas por el mismo personal.

Una cuestión importante es la relativa a los criterios de selección. Normalmente un cierto


número de candidatos a los planteles militares es rechazado, por no cumplir con los patrones
de selección. Razones académicas, por una parte e incapacidades físicas por otra, son las
causas más relevantes de eliminación de candidatos. Pero no son los únicos, ya que también
se fijan rangos de edad fuera de los cuales todo candidato es automáticamente rechazado,
deformaciones físicas, etc.

Las causales de tipo académico van desde el no contar con los niveles de escolaridad
mínimos que se exigen, hasta el bajo puntaje logrado en los exámenes de admisión. Es
natural y deseable que las FF.AA. decidan aceptar a los más idóneos.

En el plano de las aptitudes físicas, las variables son numerosas y en ellas es posible
distinguir ciertas áreas que merecen alguna discusión. El tema del pie plano es una de ellas.
Los especialistas en medicina militar ya no están de acuerdo que este asunto sea realmente
una patología. La distinción moderna entre pie plano flexible y pie plano rígido, hace
recomendable revisar a fondo este tema, pues es muy probable que numerosos candidatos,
con méritos académicos y otros, queden eliminados por esta causa que en definitiva, no les
impide desarrollar las mismas actividades que las personas que poseen un pie “normal”.
Incluso entre quienes poseen el pie plano rígido, sólo unos pocos pueden ser calificados
realmente como casos patológicos. 115 Difícilmente, una mujer con pies “normales” es capaz
de rendir físicamente más que un varón con pies planos, en las duras condiciones en que se
desenvuelve la vida militar.

Ciertas afecciones pueden ser tenidas como causales temporales de exclusión, pues su
corrección es factible en condiciones normales. La falta de ciertas piezas dentales o la
presencia de caries, por ejemplo, pueden decidir la eliminación de candidatos aptos, aunque
sólo tengan incidencia en cuestiones odontológicas o estéticas menores.

114
María Luisa Barón, El Papel de la mujer en las Fuerzas Armadas.
115
Para el tema del pie plano, se consultó, entre otras, las siguientes páginas web:
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001262.htm, http://www.alemana.cl/not/not/not030626.html,
www.saludhoy.com/htm/nino/articulo/pieplanl.html.

85
Finalmente, la cuestión relativa a los rangos de edad es digna de estudio. Un candidato no es
menos deseable, porque su edad exceda ciertos límites. Es cierto que no es lo mismo un
cadete o grumete de 20 años, que uno de 25, que iniciará una carrera cerca de los 30. Pero
también es cierto que es posible estructurar carreras en las que el postulante inicie su
desempeño profesional contando con un título profesional y que ha cumplido con un
programa de adoctrinamiento militar, mientras realiza sus estudios universitarios. Las
FF.AA. norteamericanas han aplicado programas semejantes por décadas y el hecho de que
tales programas se mantengan, es un indicativo del éxito alcanzado. El mismo esquema
permitiría contar con una dotación calificada de reservistas.

El tema de los criterios de selección es, en resumen, un punto en el que se debe reflexionar,
pues es probable que la preocupación de las FF.AA. respecto de la escasez de candidatos
aptos para la función militar, tenga en parte su origen en procesos de admisión
excesivamente rigurosos, en aspectos de menor relevancia. Cabría preguntarse si, de acuerdo
con los patrones de selección modernos, Napoleón Bonaparte, por su baja estatura, podría
ingresar hoy al ejército al que él dio fama. Otros notables militares, como Julio César y
Alejandro Magno, también sufrieron dolencias que hoy les dejarían fuera de cualquier
proceso de admisión.

Por consiguiente, el argumento de la menor disponibilidad de jóvenes en condiciones de


portar armas para introducir a la mujer en la milicia, ha perdido su vigencia. Al menos para
las fuerzas navales y aéreas.

86
V.- EL CÍRCULO ÍNTIMO

1.- CONDICIONES BIOLOGICAS

Definitivamente éste es uno de los temas más polémicos y manipulado por los sectores que
defiende el ingreso de mujeres a las fuerzas de combate. A continuación efectuaré un análisis
de algunos de estos aspectos.

a.- Características Físicas:

Es claro y aceptado por la ciencia que el hombre físicamente es más “grande” y “fuerte” que
la mujer. El hombre y la mujer tienen las mismas proporciones de músculos y huesos,
teniendo el hombre músculos más fuertes, más pesados y más grandes. Los huesos del
hombre a su vez son más grandes y pesados que los de la mujer. Otras características
comúnmente aceptadas es que el hombre es más alto, tiene brazos y piernas más largas,
además, sus manos son más grandes. La mujer a su vez tiene caderas más anchas y hombros
más angostos que el hombre.

La masa corporal de la mujer y su estructura más pequeña inciden en la fortaleza del


cuerpo116. Generalmente, debido a la estructura de su cuerpo la mujer tiene menor fuerza
física que el hombre.

Las diferencias de fortaleza son mayores en las extremidades superiores que en las inferiores.
Aun cuando en ambos casos, en la generalidad, el hombre prácticamente duplica a la
mujer.117

Veamos a continuación una tabla comparativa de características físicas del hombre y la


mujer.

TABLA 19.-

Características físicas
Cuadro Comparativo

Mujeres (Kgs.) Hombres (Kgs.)


Peso Absoluto 55,00 70,00
Peso Magro 42,00 56,30
Peso Tejido Adiposo 7,90 13,70
Peso Esqueleto 4,40 5,80

Nota: Hombre-mujer promedio 25 años de edad.

Fuente: La incorporación de la mujer a las F.F.A.A., Diferencial psico-fìsico. Coronel Bioquímica Dra. Gladys Ruiz de Pecci

116
Greenhorn y Stevenson “Fortaleza es la capacidad máxima de aplicar o resistir la fuerza”.
117
Laubach, 1976.
87
b.- Características Fisiológicas:

En cuanto a las funciones propias del organismo del hombre y la mujer quisiera referirme en
primer término a las que claramente los diferencian:

a) El ciclo menstrual: Función fisiológica mensual propia del organismo de la mujer,


cuya duración varía de entre los tres y los seis días dependiendo de cada organismo. Los
efectos más comunes que producen los cambios hormonales registrados durante el ciclo
menstrual están relacionados con migrañas, agotamiento físico y mental, dolores ováricos
fuertes (especialmente entre mujeres solteras), irritabilidad, depresión sin causa aparente,
celos referente a afectos o aspectos profesionales, y cambios de carácter118. Es importante
mencionar que no todas las mujeres presentan los mismos síntomas antes mencionados,
como también, es muy poco común que alguna mujer no presente más de uno de ellos
durante su ciclo menstrual. No está demás agregar, que en general, el uso de artículos de
protección femenino produce grados de incomodidad y de merma en la capacidad de
movimiento de la mujer.

b) Embarazo y Post-Natal: Período que se extiende normalmente por 12 meses en los


cuales la mujer está sujeta a un sinnúmero de cambios físicos, fisiológicos y sicológicos119.

En lo físico externo presentará un aumento constante de peso (entre 8 y 20 kilos), el volumen


de su “panza” aumentará a contar del tercer mes de embarazo hasta que éste concluya.
Durante el embarazo las glándulas mamarias se preparan para cumplir con su fin principal, la
secreción de leche. Entre las 5 y 8 semanas es notorio el aumento de volumen de las mismas
lo que se mantendrá hasta que el bebé deje de lactar. La gran revolución hormonal qué
significa el embarazo podría afectar la piel en cuanto a su pigmentación y a manchas
faciales.

En el aspecto psicológico, algunos factores que afectan a la mujer durante el embarazo son
los siguientes:

Tendencia a sentirse única, a centrarse en sí misma (narcisismo primario). Tiene ganas de


descansar, de hacer las cosas más tranquilas, de disfrutarlas. Se vuelve más sensible y
aumenta su irritabilidad. Se siente ansiosa frente al parto que se avecina. Se dice también,
que se produce un regreso a la infancia (antojos, ganas de salir a pasear, etc.).

Las molestias más comunes que se producen en la mujer durante el embarazo pasan por
posible sangramiento genital, dolor abdominal, pérdida de liquido amniótico, nauseas y
mareos.

Terminado el embarazo es común la llamada “depresión post parto” que lleva a la mujer a
bajas anímicas, llantos, etc.

118
Este tema se consulto con más de 50 mujeres en edad de servir en las Fuerzas Armadas. .Las respuestas, en su mayoría, fueron
concidentes.
119
http//miembarazo.cl
88
La mujer presenta algunas afecciones propias de su sexo y que por sus características
afectarían su desempeño militar. Entre éstas podemos mencionar: infecciones urinarias,
hongos, cistitis, hirsutismo, histerectomía, etc.120.

En el aspecto fisiológico nos encontramos que una función fundamental para un combatiente
es la resistencia, o la resistencia total a la fatiga. Entendiendo a la fatiga como un conjunto de
manifestaciones traducidas por fenómenos de naturaleza subjetiva (apatía, angustia, etc.) y
objetiva (disminución del rendimiento físico, alteraciones orgánicas, etc.) producidas por
condiciones de trabajo que superan la capacidad de adaptación del organismo llevando a
comprometer el desempeño. En este aspecto, se puede afirmar que la resistencia física del
hombre supera a la de la mujer121.

La tabla que a continuación se expone muestra las marcas logradas por los medallistas de oro
en diversas especialidades. (Resultados obtenidos durante las Olimpíadas de Atenas 2004)122.
Las consiguieron, mujeres y hombres altamente entrenados física y sicológicamente,
dispuestos a dar lo mejor que su intelecto y su físico les permite. Claramente existe una
marcada diferencia a favor de los varones en cuanto a rendimiento físico.

120
www.mujeractual.com/salud/ginecologia.
121
Lyons, 1997.
122
Resultados Olímpicos Atenas 2004. Hombres y Mujeres.-
89
TABLA 20.-

OLIMPIADAS ATENAS 2004

ATLETISMO

100 MTS 800 MTS 5000 MTS


MUJERES 10,93 1.56,38 14.45,65
HOMBRES 9,85 1.44,45 13.14,39

HALTEROFILIA

MUJERES 242,50 K (Peso 58 - 63 Kgs)


HOMBRES 325,00 K (Peso 56 - 62 Kgs)

TIRO
Pistola de aire comprimido

MUJERES 483,30 Puntos


HOMBRES 690,00 Puntos

Double trap

MUJERES 146,00 Puntos


HOMBRES 189,00 Puntos

REMO
Cuatro por pareja

MUJERES 06'29''29''' Minutos


HOMBRES 05'56''85''' Minutos

Dos sin timonel

MUJERES 07'06''55''' Minutos


HOMBRES 06'30''76''' Minutos

TRIATLON

MUJERES 02h04'43'' Minutos


HOMBRES 01h51'07'' Minutos

PIRAGUISMO
Slalom

MUJERES 210,03 K
HOMBRES 187,96 K

90
2.- LA FAMILIA

Es un tema rara vez abordado en las discusiones acerca de la presencia femenina en la


milicia, no obstante que la escala de valores del militar se resume en la expresión “Dios,
Patria y Familia”. Cabe preguntarse, si en el caso de la mujer su escala de valores es
exactamente igual o cambie a “Dios, Familia y Patria” lo que podría influir en decisiones
importantes.

La familia es un factor de gran relevancia en la vida castrense. Un militar que forma y


mantiene una vida de hogar estable y ordenada, es claramente un individuo más capaz de
afrontar los rigores del servicio. El orden observado en la casa familiar se traslada al cuartel
o al buque, siendo un ejemplo para sus pares y subalternos. A su vez, ellos lo aplican en sus
propias familias, conformando un círculo virtuoso.

El militar cuyo cónyuge no maneje prudentemente el presupuesto doméstico, puede


representar una seria falla en la seguridad, como lo prueban innumerables ejemplos que no
son del caso recordar.

La mujer, hoy como hace mil años, es la encarnación de la vida familiar. En la vida castrense
también sucede lo mismo.

Tras la carrera del militar siempre hay una mujer apoyándolo, instándolo a seguir adelante
frente a cualquier dificultad que se presente. Manteniendo el control del hogar, dando a luz
cuando el soldado o el marino se encuentran sirviendo a la Patria a muchos kilómetros de
distancia, o sufriendo en la soledad la enfermedad de un hijo. Las esposas de los militares no
hacen carrera, pero son parte de las FF.AA.

La mujer del marino no ve con buenos ojos que su cónyuge comparta con mujeres en el
limitado espacio del buque. Se espera que ello contribuya a desestabilizar una vida
matrimonial ya tensionada naturalmente por las frecuentes ausencias del esposo123. La
Armada no puede, por otra parte, sustraerse a las informaciones recibidas de sus similares de
otras banderas, relacionados con los problemas generados a las familias de marinos debido a
relaciones producidas a bordo.

Interesante resulta tratar el tema del matrimonio entre miembros de las FF.AA., por sus
curiosas implicancias. Es frecuente que muchos matrimonios se concierten entre miembros
de un instituto castrense (ver TABLA 21). El contacto profesional entre solteros es
naturalmente una buena oportunidad para ello. Comparten valores, aspiraciones y viven las
mismas condiciones laborales. Además, muchos de estos jóvenes han emprendido la vida
militar por provenir de familias de militares, de modo que también comparten estilos de vida
semejantes.

123
El autor consulto sobre este tema con muchas esposas de militares y la respuesta fue siempre la misma.
91
TABLA 21.-

Porcentaje de personal militar norteamericano, casado con otro


miembro de las FF.AA. Año 2002.

Institución
Sexo Ejército Armada Infantería de Fuerza Total de las
Marina Aérea fuerzas
Varón 3,40% 1,90% 2,20% 6,50% 3,60%
Mujer 18,50% 13,10% 26,80% 26,50% 20,20%
Total 5,70% 3,50% 3,70% 10,40% 6,10%
Fuente: Defense Manpower Data Center, 2002 Demographics Report, www.mfrc-dodqol.org/stat.cfm

La primera interrogante es acerca de cómo puede afectar a la vida matrimonial la jerarquía de


los cónyuges. Por lo general, en ningún país se acepta que el marido posea un rango
claramente inferior al de la mujer o viceversa. La vida social militar está muy determinada
por el rango. No es ilegal, pero tampoco es aceptado de buena gana que el marido, un oficial,
asista a una ceremonia o recepción con su mujer, cabo o sargento, debido a que pone al
protocolo en duros aprietos124.

En la realidad, sin salir del campo de lo normal, nada debería cambiar en la relación
conyugal por causa de la diferencia jerárquica entre marido y mujer, salvo en la eventualidad
de que ambos converjan en la misma unidad y deban mantener alguna relación de
subordinación. Lo usual en estos casos, es que la institución se encargue de evitar las
dificultades que eventualmente puedan aparecer, trasladando a uno de los dos a otro sitio. En
una guarnición relativamente aislada, la separación de los cónyuges puede significar una
buena cantidad de kilómetros de por medio, con la consiguiente alteración de la vida
matrimonial y familiar.

La ley, que en Chile obliga a mantener a los cónyuges en destinaciones cercanas cuando
ambos son funcionarios del estado, es puesta a prueba cuando este caso se presenta. Si se
traslada a uno, debe trasladarse también al otro, con todo lo que ello supone. Si ambos
cónyuges se mantienen en servicio, es normal que uno de ellos no pueda optar por algunos
traslados que le permitan acceder a mejores niveles de renta o que se reservan para los más
capaces (para “hacer carrera”, como dicen los militares). La otra solución es simple, pero
drástica: la mujer se retira del empleo y se dedica a las tareas del hogar o a otras actividades
profesionales. La posibilidad de que se retire el varón es muy baja, pues sus opciones
laborales dependerán siempre de las destinaciones de la mujer o deberá aceptar que su vida
familiar se reduzca a breves y esporádicos encuentros.

124
Según Omar Gutiérrez (La Mujer y las Fuerzas Armadas), el caso de la Coronel del Ejército israelí, enamorada de su chofer, puso en
dificultades a las autoridades militares, que optaron por trasladar al conscripto, hasta el término de su servicio militar.
92
No es difícil pensar acerca de las dificultades de un matrimonio entre dos miembros de la
Armada, cuya opción profesional considere el embarque simultáneo de ambos. La vida
familiar en este caso sería virtualmente imposible, al menos mientras los hijos estén en edad
preescolar. En las publicaciones acerca de la presencia femenina en la vida militar no se
habla de estas situaciones, pero se deja ver la existencia de este problema en las altas tasas de
retiro que presentan las mujeres cuando deben embarcarse o se prolongan los períodos de
embarco125.

Una complicación adicional se presenta cuando ambos cónyuges son militares, pero
pertenecen a instituciones diferentes. Los traslados de uno, determinan en virtud de la ley, los
del otro y ello muchas veces no es factible. La vida familiar se hace en estos casos, aun más
difícil. El marido, miembro de la Armada es trasladado a Puerto Williams, lugar en el que no
hay guarnición del Ejército, institución a la que pertenece su cónyuge. O el marido, miembro
del Ejército, recibe una destinación a Calama, lejos de cualquier repartición naval donde
podría prestar sus servicios la esposa, enrolada en la Armada. ¿En qué unidad cumple la
destinación la mujer? ¿O sencillamente, deben ambos aceptar que la familia vivirá cierto
tiempo separada? Estos casos suponen aumentar los problemas al ya complejo trabajo de
conformar las dotaciones.

Otro punto a tener presente en relación con los matrimonios entre miembros de las FF.AA. es
el de las guardias. Si ambos cónyuges cubren algún rol de guardia, lo que es propio de una
fuerza militar, deberán contar con la buena voluntad de sus respectivos mandos, para que las
guardias de ambos no coincidan (poco factible en muchos casos) o bien recurrir a la bondad
de un familiar que atienda a los hijos. El contar con una empleada en la casa, que no siempre
es posible, es una solución a veces satisfactoria. Los hijos también deberán pagar su cuota de
sacrificio.

La existencia de las casas fiscales, colegios, jardines infantiles, hospitales, redes de centros
recreativos o vacacionales, asistencia social, etc., que son un alivio para presupuestos
familiares estrechos como los que deben manejar las mujeres de militares, son un claro
reconocimiento por parte de las instituciones de la Defensa Nacional de que la familia es un
componente de primer orden en el concierto de la vida castrense.

125
E.R.Hyman, Midshipman, FC(X), Women at Sea. El 60% del personal femenino subalterno y el 90% de las oficiales indicaron que
continuarían en servicio después de casarse, a diferencia del varón cuya opción por el matrimonio casi nunca es causa de retiro.
93
3.- LA SEXUALIDAD

Ningún análisis del tema que estudiamos puede ignorar la sexualidad y sus implicancias
reales y prácticas. Más aun, si se considera que parte de los problemas que ha debido
enfrentar la presencia femenina en el castrum, se sitúa dentro del espectro de lo sexual.
Tratar el punto puede conducir a conclusiones que posibiliten una comprensión más cabal de
la vida de la mujer en las FF.AA.

Aunque ya casi no se oiga hablar de la “liberación femenina”, la proliferación de artículos,


libros, foros y otras formas de expresión, que abordaron este tema en los años 60 y 70, dejó
sus huellas profundas en la sociedad contemporánea. La temática acerca de la mujer
oprimida por patrones machistas de conducta sexual, se integró con facilidad al discurso
feminista que pretendía la obtención de derechos civiles y se extendió a terrenos en los que
ya no venía al caso librar batalla alguna.

Desde el momento en que la moral sexual experimentó un importante debilitamiento y


coincidentemente la mujer se integró en forma masiva al mundo laboral, dejó de tener
significación hablar de liberación femenina en el sentido de sustraer a la mujer del poder
absoluto del varón.

La tendencia moderna de discutir abiertamente cualquier tema, se basa en la premisa de que


la libertad se manifiesta en el derecho a la libre expresión. Pero como la libertad no se limita
a la simple manifestación verbal, se ha pasado a los hechos. No basta ya con expresarse, es
necesario actuar. Estas circunstancias han llevado a la erradicación del tema de la sexualidad
del terreno de la moralidad, con las innumerables consecuencias que ello ha traído consigo y
que no son motivo de análisis en el presente trabajo, salvo en los aspectos que dicen relación
con su impacto en la forma como hombres y mujeres interactúan en el medio social
particular del mundo militar.

Mientras la moral dictaba las pautas de la conducta sexual el comportamiento de hombres y


mujeres estaba claramente diferenciado. Al varón, a quien se atribuía un rol activo, le
correspondía tomar las iniciativas, mientras la mujer, asumía una actitud más bien pasiva o
actuaba de un modo tal que así lo pareciera.

El hecho de que la moral sancionara como ilícitas las relaciones sexuales fuera del
matrimonio, decidía la forma como dichas relaciones eran percibidas por la sociedad,
obligando a los amantes a una relación clandestina o a tener que tolerar la inevitable
reprobación pública. Era natural que se prefiriera la clandestinidad al rechazo social, salvo
que se gozara de una posición tal que este rechazo no representara problema alguno. Así, se
conocieron casos de vida sexual extramarital, a veces adúlteros, entre personajes famosos,
pero muy pocos entre las personas comunes y corrientes126.

La percepción que la sociedad tiene respecto de estas cuestiones, ha cambiado radicalmente.


Es evidente que la temática sexual ha adquirido tintes muy distintos a los de antaño, no sólo
en lo que a la unión matrimonial se refiere, sino al sentido que se da a las relaciones

126
En su momento, el caso de la actriz sueca Ingrid Bergman, que convivió con el director italiano Roberto Rosselini, estando ambos
casados previamente, fue motivo para un notable escándalo. Otro tanto ocurrió con la relación entre la actriz Catharine Hepburn y Spencer
Tracy, siendo éste, casado y católico. Hoy, un suceso similar no causaría gran revuelo.
94
sexuales. Mientras la unión sexual era la culminación de la relación de afecto entre varón y
mujer, aun cuando no tuviera lugar en el contexto del matrimonio ni con vistas a una
posterior formalización, no se esperaba que toda relación afectiva terminara necesariamente
en ello. Había algo de misterioso, muchas veces prohibido, que daba al sexo la condición de
tema reservado sólo para los momentos íntimos y que no se ventilaba públicamente.

El desprendimiento de lo sexual del campo de la moralidad ha modificado apreciablemente


la forma como se aborda hoy el tema del sexo y sus implicaciones. Discutirlo públicamente,
incluso si se trata de situaciones personales no puramente hipotéticas, es algo que no sólo no
es reprensible, sino digno de elogio, señal de franqueza, de apertura, de espontaneidad. La
libertad de expresión llevada a su más depurada manifestación.

De igual manera se pasa de la expresión a la acción. Dejando a un lado los excesos como la
pornografía o la prostitución, en muchos sectores sociales la relación sexual127 ya poco o
nada tiene que ver con la afectividad humana y con sus consecuencias naturales, como la
procreación y el fortalecimiento de los vínculos afectivos. Con creciente frecuencia las
mujeres adoptan conductas de franca agresividad en el juego de la seducción, en las que lo
misterioso del sexo opuesto no tiene ninguna participación. Simplemente se trata de dar
satisfacción al impulso momentáneo, algo tenido tradicionalmente como un comportamiento
exclusivo del varón, que era sancionado negativamente por la moral, aunque no tanto por el
medio social. Esta conducta, practicada por la mujer, siempre fue reprobada por la moral y
por la convención social. Actualmente ya no recibe la misma sanción, aunque todavía
provoca algún estupor. Para muchas personas, hombres o mujeres, la actividad sexual es
vista simplemente como una forma de entretención, de pasar un buen rato o como una
manera más de quemar energías, junto al trote, la danza aeróbica o el ciclismo.

La incorporación irrestricta de la mujer al mundo militar tiene muchas semejanzas con la


nueva forma femenina de comportarse en el terreno sexual, en el sentido de que ya no se
hace diferencias entre la conducta varonil y la femenina. En el mundo laboral esta nueva
forma de comportamiento femenino se ha hecho cada vez más frecuente, dado que las
oportunidades para contactar personas del sexo opuesto se han multiplicado. Cuando la
presencia femenina en las FF.AA. se ha hecho masiva, el fenómeno se ha trasladado de la
vida civil al cuartel, con las necesarias condicionantes que impone cada sociedad.

La aparición de relaciones íntimas entre los compañeros de ocupación, muchas de ellas


llevadas a cabo en horas de trabajo o en los puestos de guardia, con el consiguiente riesgo
para la seguridad, es una realidad que afecta seriamente a las FF.AA. mixtas. La
clandestinidad sexual constituye la norma, debido a que las reglamentaciones prohíben
expresamente las relaciones sexuales en las unidades y reparticiones128. No han faltado
bullados casos de miembros de unidades navales mixtas que se reúnen en sitios privados, en
tierra, a celebrar fiestas de sexo, alcohol y drogas, para resarcirse de las restricciones que el
servicio les impone durante las horas de trabajo129.

127
El término “relación sexual”, en este trabajo, se refiere única y exclusivamente a la relación en que los actores participan de dicha
relación, de manera totalmente voluntaria. La violencia y el acoso sexual son asuntos tratados en otras partes del trabajo.
128
Estas regulaciones existen, formal o informalmente, en todas las FF.AA. y muchas veces no tienen nada que ver con la moral, sino con la
distorsión de la relación entre individuos militares y con la seguridad, al descuidarse las tareas en desarrollo
129
Al parecer, los problemas más serios en relación con la proliferación de las relaciones sexuales entre compañeros de trabajo, se da con
mayor intensidad, en las dotaciones embarcadas. En las unidades en tierra, con mayores oportunidades para salir francos, la “urgencia “ por
sostener un encuentro sexual, puede ser más fácilmente atendida en las horas libres, en otros sitios.
95
En los EE.UU. el significativo incremento de mujeres embarazadas a bordo, 130 comienza a
representar un problema para la administración del personal. Esta situación obliga a
desembarcarlas en circunstancias que las unidades han alcanzado sus niveles de
entrenamiento para ser desplegadas en las áreas de interés o ya se encuentran en dichas áreas,
siempre alejadas del territorio metropolitano. Un reemplazo en tales circunstancias implica
una baja importante en los niveles de rendimiento y un considerable costo en transporte de
personal, repatriación, etc. Los cuidados médicos para estas mujeres también son causa de
preocupación, pues las unidades a flote no siempre están en condiciones de darles la atención
que su estado requiere.

Terence P. Jeffrey en Human Events, revelaba el serio problema que para las fuerzas
norteamericanas en Irak y Afganistán representan las mujeres embarazadas.
Lamentablemente, los interesados en investigar el tema se han encontrado con la reticencia
de las autoridades a dar a conocer antecedentes, aduciendo la necesidad de proteger a las
personas y a las FF.AA131. En la primera mitad del año fiscal iniciado en octubre de 2003,
922 mujeres habían abandonado el Ejército por motivos de embarazo. Muchas de ellas son
solteras. Las estadísticas del año fiscal 2002, señalan que la Armada debió desembarcar
2.159 mujeres embarazadas, las que representaban el 12,3% del total de tripulantes
femeninos presentes a bordo. Según una investigadora, las FF.AA. se han convertido en el
paraíso de las madres solteras, atendiendo a las garantías que el servicio otorga a las mujeres
en esta condición.

Otra arista del problema sexual en las FF.AA. es el uso del atractivo de la mujer o,
directamente, de la actividad sexual, con el propósito de conseguir ciertos beneficios132. En
realidad, este tema se toca muy poco pero es tan real como el de los abusos sexuales. De
hecho, la información acerca de este punto casi no existe, pues tanto oferentes como
demandantes, guardan un muy cauto silencio, por razones obvias. No obstante, en la vida
militar sólo los planes de guerra son mantenidos en secreto. Todo cuanto ocurre en la unidad
o el buque, tarde o temprano llega a conocimiento de todos, aun cuando la calidad de la
información que circula extraoficialmente, siempre deja mucho que desear.

La sola sospecha de la existencia de situaciones anómalas en las que pueda haber mujeres
involucradas, llenará el ambiente de rumores y comentarios abiertamente maliciosos. A
mayor estrechez de los espacios físicos y duración de los períodos de aislamiento o
navegación, tanto más incómodo se volverá el ambiente. Es muy fácil deducir las
consecuencias en la disciplina y en la moral.

El hecho de conseguir algunos favores que por las vías regulares no se obtendrían, sea cual
sea la moneda de cambio, es una grave ofensa a la disciplina, pues atenta contra la justicia,
virtud clave en toda convivencia. Un beneficio otorgado de manera irregular siempre irá en
130
Stephanie Guttman, Una Milicia Más Benvola y Gentil: ¿Pueden las Fuerzas de Combate de Género Neutral aún Ganar Guerras?,
citada por Lee Bockhorn, en Mujeres en las FF.AA., serie Temas Seleccionados, Academia de Guerra Naval, extractado de
www.policyreview.org/ang00/bockhorn.html
131
Citado por Ángel Expósito Correa, La mujer-soldado: ¿Conquista o derrota de la civilización?, Revista ARBIL (España), Nº74,
www.iespana.es/revista-arbil/(74)expo.htm
132
Un análisis profundo de este problema, nos muestra que el uso del atractivo sexual o el otorgamiento de favores sexuales, con el
propósito de obtener ciertos beneficios, que pueden o no implicar el traspaso de dinero, no se diferencia en nada de la prostitución, salvo en
lo que se refiere a la moneda de cambio, que en este caso no es dinero.
96
desmedro de otro individuo con mejores derechos. De allí que en muchas partes, el uso de
influencias para el logro de favores, sea perseguido como una forma de corrupción. Frente a
este problema, nos encontramos con que en algunas oportunidades, los mandos pasan a ser
tan víctimas como las mujeres que son sometidas a los acosos de sus superiores.

Cuando la corrupción se introduce en los cuerpos armados, los resultados pueden ser
desastrosos, debido a que despierta la desconfianza del personal hacia su mando, corroe la
cohesión y genera el rechazo masivo del conjunto hacia quienes resultan injustamente
beneficiados133. Se puede llegar al extremo de que el otorgamiento de cualquier regalía,
incluso legítimamente obtenida, despierte las sospechas del grupo. El problema se convierte
en un drama para las mujeres cuyo desempeño ha sido en todo momento correcto, ya que las
sospechas de que también están incurriendo en prácticas reñidas con la moral, recaerán
necesariamente sobre ellas. También se resiente la confianza que los mandos despiertan entre
los subalternos. El sentimiento de rechazo hacia todas las mujeres, pasa a ser generalizado
entre los varones.

Los problemas referidos a la actividad sexual antes reseñados, están presentes en todas las
ramas de las fuerzas armadas donde sirva personal femenino, debido a que en todas ellas se
dan las condiciones propias de la vida de cuartel, marcadas por un alto nivel de
enclaustramiento, escasos espacios para la intimidad individual, numerosas ocasiones y
lugares donde se pueden producir encuentros furtivos, etc.

La camaradería entre varones asume una forma muy diferente a la que se puede dar entre
personas de distinto sexo134. Mientras entre varones militares la camaradería generalmente
no tiende a ser selectiva, pues todos se dan a todos, entre hombres y mujeres tiende a ser
selectiva. Cada uno busca “apropiarse” del otro, de modo más o menos exclusivo,
generándose problemas de celos, y otros que no tienen relación con la cohesión necesaria
entre combatientes135. En algunas legislaciones, es obligatorio el adoctrinamiento para evitar
que el compañero del otro sexo, sea visto sólo o principalmente como un individuo marcado
por la sexualidad. Es decir, se impone una enseñanza contraria a la naturaleza humana, que
se traduce en la práctica, en que el varón no mira ni se relaciona con su compañera de armas
femenina, a fin de evitar sanciones o malos entendidos. La camaradería resulta entonces, un
producto escaso entre los integrantes de unidades mixtas136.

133
Lee Bockhorn señala que: “Además de los problemas prácticos, el doble estándar introducido por la integración del género ha tenido un
efecto corrosivo en la moral. Un ejemplo de esto son los estándares “regulados por el género” en las pruebas físicas anuales. Un alto
porcentaje de la prueba puede ser muy útil al momento de los ascensos; desafortunadamente, los estándares de las mujeres son lejos más
bajos que los hombres, que naturalmente lleva a un gran resentimiento. Tal como un ex abogado le dice a Gutmann, ‘Es una de las grandes
paradojas ... Por una parte, los ponemos a todos juntos diciendo que son todos iguales, y luego existe un millón de excepciones y reglas que
dejan a las mujeres fuera y las tratan en forma especial’.”
134
Al respecto, Lee Bockhorn apunta en Mujeres en las FF.AA.: “La rapidez en colocar a las mujeres en las unidades de combate arruina
la cohesión de la unidad, que Gutmann describe como un tipo de amor ‘en su más profundo y desinteresado sentido, Cristo lava los pies de
los leprosos’ esto permite que los hombres acepten la responsabilidad de colocar sus vidas en las manos de los demás. Pero Gutmann
señala, ‘el amor de hombre/mujer tiende a funcionar en forma diferente de los lazos de grupos de un solo sexo. ...Tiende a ser más
selectivo, a ser más exclusivo ... Hombres y mujeres están conectados eléctricamente para ‘adherirse’, está bien, pero es una forma muy
diferente de cohesión una que involucra aparearse, no unirse en una gran unidad. Simplemente no es posible en unidades de ambos sexos
fomentar el tipo de unión invisible y cohesión de grupo que el combate requiere, mientras también se evita el tipo de cohesión que ‘estimula
los celos, las disputas de amantes y a los niños’.”
135
La camaradería militar alcanza ribetes increíbles. Se ha llegado a desarrollar este sentimiento entre combatientes de bandos contrarios,
tanto durante las acciones bélicas, como después de ellas. En Europa son frecuentes los encuentros entre combatientes de los bandos
enfrentados durante la segunda guerra mundial, para rememorar las batallas en que lucharon.
136
Lee Bockhorn: “La escritora Gutmann se embarcó en el USS Stennis para ser testigo de la ‘Nueva Armada’ en acción, y encontró una
Armada simultáneamente distraída y paralizada por el sexo. Muchos marinos, sujetos a una continua instrucción sobre el riesgo de los
apremios sexuales están renuentes a hablar o incluso a mirar a sus compañeras cuando están de franco, por temor a sufrir cargos de acoso”.
97
Los militares también tienen claro que estas situaciones representan un serio
resquebrajamiento de la disciplina, pues se deforma el modo como deben relacionarse las
personas sometidas al estricto régimen castrense, que se vinculan mediante la jerarquía y la
subordinación. Los aspectos que se ven más seriamente afectados por el factor sexual, como
la camaradería y la confianza hacia el superior, merecen una consideración especial. La
camaradería ya ha sido analizada en su momento, de manera que nos enfocaremos en la
confianza.

La vida militar propone a quien la cultiva una cuestión de la máxima importancia. Al


superior se le reconoce la potestad de enviar a sus subordinados a la muerte. De allí que al
jefe le compete la difícil tarea de despertar un grado de adhesión casi absoluto, que en otras
profesiones o circunstancias sería fácilmente asimilable con el fanatismo. Ese grado de
adhesión no se consigue si no se cuenta con la firme confianza de que quien manda, sabe
perfectamente lo que está haciendo y de que no expondrá las vidas de sus camaradas, por
muy inferiores que sean en jerarquía, si no hay razones más que justificadas. Perdida la
confianza en el mando, el entusiasmo de las tropas pierde el vigor que garantiza el éxito en la
empresa bélica.

La confianza no se gana por el simple expediente de contar con los atributos legales
conferidos por el mando. Se gana con la autoridad que emana del conocimiento profesional,
con la estrecha relación entre superiores y subordinados y con la justicia con que el jefe
ejerce las funciones de mando137. Cuando en el mundo castrense el jefe adopta un patrón de
conducta diferenciado, no en razón de la jerarquía o de las funciones desempeñadas sino del
sexo de sus subalternos, las personas que se sienten discriminadas reaccionan negando a ese
jefe la confianza de que éste debe gozar para el logro de sus cometidos.

La ausencia de confianza en la relación militar, que necesariamente debe ser mutua,


imposibilita definitivamente la creación del vínculo vital de la camaradería entre los hombres
de armas.

Otro aspecto interesante de la confianza guarda relación con la necesidad de que este
sentimiento surja entre los pares. La creación de sentimientos de confianza entre
compañeros, que se relaciona muy estrechamente con la existencia de un ambiente de sana
competencia en la que no influyen más factores que el talento o el esfuerzo, es muy difícil de
alcanzar en las FFAA mixtas. Esto, por las obvias diferencias que se deben aceptar para crear
espacios femeninos. Entre los varones no puede surgir confianza respecto de una recluta que
por tener exigencias físicas inferiores lleva todas las de ganar. A ella le basta con tener el
“sexo correcto”.

Un problema particularmente delicado, es el de las dificultades a que se ven sometidas las


mujeres cuando son víctimas del llamado acoso sexual. La enorme cantidad de casos de
acoso o de abuso sexual en los cuerpos armados que se denuncia en los tribunales civiles y
militares, en particular en los Estados Unidos, habla a las claras de un problema que es

Adicionalmente, es necesario recordar que un varón puede ser acusado de acoso sexual por el solo hecho de mirar a los ojos a una mujer,
por un lapso de 6 segundos o más.
137
El natural complemento de la confianza hacia el superior, es la que éste siente respecto de sus subordinados, pues es preciso que tenga la
certeza de que cuanto se ordene, será cabalmente cumplido.
98
gravísimo, tanto por su extensión y consecuencias, como por las dificultades que enfrentan
los mandos militares para erradicarlo138. El tema ha sido ampliamente estudiado y difundido
en los EE.UU. y en menor medida, en España. De allí que la mayor parte de la información
que se conoce proviene del país del norte de nuestro continente.

La disciplina, factor de primordial importancia en la eficiencia de las fuerzas armadas, es


también víctima de estas situaciones. Estos abusos definitivamente dañan la cohesión al
interior de las unidades castrenses, distorsionan la percepción de autoridad que debe reinar
en las tropas y generan sentimientos de revancha, que pueden convertir al soldado propio en
un enemigo en los momentos en que se deba enfrentar al adversario en combate.

Un factor adicional, es el representado por la gran dificultad con que se enfrentan los mandos
para poder probar efectivamente la comisión de estos atropellos. También se ha denunciado a
los mismos mandos por su mínimo interés en resolver estos casos, ya que ellos también
estarían condicionados por los prejuicios respecto de la mujer como miembro de las fuerzas
armadas. Se puede alegar a su favor, que algunos casos denunciados pueden corresponder a
intentos de las reclutas por desprestigiar a superiores estrictos en el cumplimiento de sus
funciones de conducción de personal. Las situaciones denunciadas deben ser analizadas
cuidadosamente antes de sancionar o sobreseer a los acusados.

Es aquí donde se aprecia con mayor claridad la enorme distancia que media entre el mundo
civil y el militar. Sin perjuicio de que se deben evitar y sancionar los excesos del mando, la
función conductora de un superior no puede verse restringida por la amenaza permanente de
una acción legal motivada por el malestar de un subordinado.

El impacto que estas situaciones han causado en la sociedad norteamericana se ve claramente


reflejado en internet, donde es muy fácil encontrar decenas de páginas dedicadas a tratar el
tema. Generalmente bajo la forma de denuncias, algunas anónimas, otras a cara descubierta.
Estas últimas, hechas en su mayoría por personal femenino en retiro. La televisión también
ha tratado extensamente el tema, tanto mediante series, como a través de “talk shows” y
documentales.

138
Discover the issue, history and current status of the investigations,
www.womensissues.about.com/cs/militarywomen/a/aaairforcerapes.htm, es un estudio acerca de la situación específica de los 56 casos
denunciados en la Academia de la Fuerza Aérea de los EE.UU. (equivalente a nuestra Escuela de Aviación), desde 1993.

99
4.- EL TALENTO

“Pastelero, ¡a tus pasteles!”, sentencia la sabiduría popular, indicando que cada cual debe
ocuparse de lo que es propio y dejar que el resto haga lo suyo. No todos hacemos lo mismo y
no podemos hacer bien sino algunas cosas, dependiendo entre otros factores, del talento que
a cada uno le ha tocado poseer y desarrollar.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define al talento como “la


capacidad de entender”, así como “la capacidad para el desempeño o ejercicio de una
ocupación”139.

El hecho de que se defina al talento como una capacidad para el ejercicio de una determinada
ocupación, es señal de que un talento no sólo es intelectual, como lo sugiere la acepción de
talento como conocimiento. Es conocimiento, pero abarca todas las potencialidades del ser
humano, físicas, intelectuales y emocionales. Lo natural es que un determinado talento se
nutra de elementos presentes en las tres categorías mencionadas. Tampoco el talento lo es
todo. Como cualquier virtud, el talento requiere de cultivo.

Siendo las personas idénticas en cuanto a la naturaleza, múltiples rasgos nos diferencian, de
tal modo que no resulta difícil reconocer a un determinado individuo dentro de la
muchedumbre. La apariencia física es la más notable de las diferenciaciones entre seres de la
misma especie, pero también los rasgos de personalidad, las aptitudes y los gustos señalan
diferencias. El género, diferencia a una mitad de la humanidad de la otra. El conjunto de
rasgos particulares de cada individuo hace que no haya dos seres humanos iguales. De allí
que para referirnos a los que comparten nuestra naturaleza humana, digamos “nuestros
semejantes” y no “nuestros iguales”.

Ni siquiera es posible la perfecta igualdad entre los gemelos. La dosis de aptitudes con que
cada ser humano ha sido dotado, que llamamos talento, es el elemento que más nos distingue
de nuestros semejantes.

Y dado que en el conjunto de nuestras capacidades, la condición de varón o de mujer es un


factor clave, no es de extrañar que el sexo juegue un rol importante en la ecuación de talentos
con que cada uno de nosotros cuenta.

Un varón no puede competir con la mujer en igualdad de condiciones en el cuidado que se


debe a los recién nacidos. La ternura, el sentido innato para establecer qué necesita el bebé
en un determinado momento, la capacidad para salir del sueño cuando el llanto infantil
quiebra el silencio nocturno, etc., son parte de los talentos naturales en toda madre y que el
hombre, aun el mejor dispuesto, sencillamente no desarrolla si se la compara con la que
caracteriza a la mujer. Objetivamente, existe eso que llamamos “instinto materno”.

A su vez, la mujer no es un competidor del varón cuando de realizar trabajos pesados se


trata. Las antiguas ocupaciones de albañil o carpintero, por citar a algunas que se continúan
practicando, exigen una fortaleza física en las que la mujer no puede competir con reales
opciones de éxito.

139
Del lat. talentum, y este del gr. ταλαντον, plato de la balanza, peso, www.rae.es
100
Incluso, en los talentos de corte intelectual hay diferencias. No se trata de aseverar que haya
superioridad de unos sobre otros, sino de la forma como se desarrolla el pensamiento. A la
mujer se le reconoce una prevalencia en el pensamiento concreto por sobre el abstracto,
mientras que el hombre inclina la balanza en el sentido contrario. Por lo general, las
ocupaciones que exigen una mayor cuota de abstracción son servidas por varones, como la
ingeniería. Pero cuando el pensamiento debe discurrir por senderos concretos, la mujer
domina sin contrapeso: el servicio social, por ejemplo.

La mujer posee mayor capacidad para atender a los detalles, mientras que el varón se maneja
mejor en la apreciación de conjunto. Por algo, las mujeres sobresalen en los procesos de
armado de componentes electrónicos, mientras que el varón ejerce mejor el rol de supervisor.

También es notoria la ventaja del varón en la resolución de situaciones de peligro. Bajo la


tensión de la amenaza, el hombre reacciona más racional que emocionalmente.

¿Y qué ocurre en el campo militar? ¿Es tan distinto el mundo castrense que sólo tenga
ocupaciones donde prevalece el talento masculino?

Las FF.AA. representan un campo laboral tan amplio, que en ellas hay cabida para todos. En
relación con las profesiones llamadas universitarias, las necesidades de personal calificado
para las FF.AA. van desde el dentista y el médico, hasta el abogado, pasando por el
arquitecto, el ingeniero, el pedagogo, el asistente social y el psicólogo, sin pretender agotar la
lista. En otros niveles de especialización, enfermeras, técnicos de todo tipo, chóferes,
cocineros, mecanógrafos, programadores, músicos, y muchos otros. Todo esto, sin considerar
los oficios propiamente militares que se forman en cada rama de la defensa, según sus
necesidades específicas.

Se puede afirmar que las FF.AA. dan una oportunidad a cada talento en particular. Sólo que a
ellas se ingresa en la medida que haya talento, así como la aptitud moral para poner ese
talento al servicio del bien común en un contexto laboral particular. Una parte del complejo
campo de la administración del personal en los institutos castrenses, se consagra a destinar a
cada uno según sus talentos individuales. Ciertas fuerzas militares son particularmente
selectivas en la búsqueda de candidatos con talentos muy específicos, como las fuerzas
especiales, los submarinos o los pilotos de combate.

Nadie puede alegar derechos para incorporarse al mundo militar140. De allí que todas las
FF.AA. del mundo sometan a los interesados a exámenes de admisión, a los que sigue un
permanente y constante proceso de selección, de modo que los más aptos permanezcan y los
demás vayan quedando en el camino.

Pretender que la mujer tiene derecho a ingresar a las FF.AA. por el solo hecho de ser mujer,
carece de racionalidad. Sí es legítimo que ingrese según la cuota de capacidades que cada
persona en particular posee. Tampoco es razonable la pretensión de que no hay límites a las
oportunidades laborales de una determinada persona, porque sí los hay. El primer límite lo

140
Tampoco se puede alegar el derecho a ser arquitecto o abogado, ni siquiera a poseer una licencia de conductor. Hay que demostrar que
se cuenta con el talento y el conocimiento adecuados. Para ingresar a las FF.AA., además se debe superar a otros candidatos.
101
ponen las exigencias específicas para cada ocupación. El segundo, el talento de los que
compiten por el mismo puesto. En este sentido, la profesión militar, más que otras, es de
constante selección.

La experiencia indica que no todos los hombres y mujeres son aptos para desempeñar todos
los oficios y que unos, más que otros, llenan mejor las expectativas del empleador.

El conocimiento del contratante también tiene su parte en el asunto. Si históricamente, las


necesidades de personal han sido cubiertas mediante la adopción y aplicación de ciertos
criterios de selección, con resultados razonablemente buenos, el empleador no tiene
necesidad alguna de cambiar dichos criterios, aún cuando tales normas parezcan poco
objetivas. Los miembros de las brigadas Gurkas en el Ejército Británico son todos varones,
nacidos en Nepal. Podrían ser indios o pakistanís, o una mezcla de muchas nacionalidades,
pero sólo tienen cabida los nepaleses. Por cierto, no todos los nepaleses pueden ser miembros
de las brigadas Gurkas Británicas. Hay un proceso de rigurosa selección. Y el sistema
funciona bien.

Ya hemos visto, al tratar el caso de las FF.AA. británicas, las quejas que formulan los
tripulantes de los buques mixtos, en el sentido de que las mujeres no exhiben en las
emergencias el comportamiento que de ellas se espera, es decir, el mismo de los tripulantes
masculinos. Ante la situación de peligro, los tripulantes varones deben asumir su función y la
de las mujeres. Ello no debe extrañar, pues en las situaciones de riesgo, la mujer espera
naturalmente del varón, la respuesta adecuada a la amenaza, del mismo modo como el
hombre sabe que su deber es enfrentar antes que nadie el peligro141. Otra es la conducta
femenina frente al peligro, en ausencia de un varón. Allí, ella debe asumir todas las tareas y
lo hace tan bien como el que más. Las heroicas acciones de las enfermeras, cumpliendo su
deber, impasibles bajo el ataque del enemigo, dan cuenta de que la actitud de la que se
quejan los marinos ingleses, no se debe a la falta de valor, sino a una conducta natural.

Cuando nos preguntábamos el por qué la Marina Real no ha evaluado tripular buques con
dotaciones únicamente femeninas, dejábamos entrever esta realidad, que es consecuencia
natural de la diversidad de talentos que encontramos entre hombres y mujeres142. Tal vez
debamos buscar la respuesta en el hecho objetivo de la incapacidad femenina para el
desarrollo de trabajos pesados de que ya hemos hablado antes y que obliga a recurrir a los
varones.

Si tal es la realidad de la mujer inserta en la profesión militar, sería prudente evaluar sus
aptitudes para el trabajo castrense a la luz de los talentos de que naturalmente se encuentra
dotada la mitad femenina de la humanidad, con prescindencia de otros factores.

141
Es posible adelantar otra explicación: el buque, territorio naturalmente varonil, inhibe a la mujer, tanto como los espacios
predominantemente femeninos, coartan al varón y le vuelven torpe e inseguro. Ello nos lleva de regreso al viejo “¡Las mujeres y los niños,
primero!”, cuando se hunde el buque.
185 Aun cuando se sabe de la existencia de ejemplos, como el Batallón 601de comunicaciones del Ejército argentino o los regimientos
aéreos soviéticos exclusivamente femeninos en la Segunda Guerra Mundial, la posibilidad de tripular buques o conformar unidades
terrestres sólo con mujeres, no aparece mencionada en ninguno de las publicaciones o artículos consultados, como opción deseable para dar
cabida a la mujer en las unidades operativas. En las FF.AA. norteamericanas, dicha posibilidad está negada por las normas legales. La
Baronesa Symons of Vernham, Dean Minister for Defence Procurement, (Part of My Job: Equal Opportunities in the Armed Forces),
rechaza la idea.
102
VI.- CONDICIONES LABORALES EN LAS FF.AA.

Las condiciones en que se desenvuelve el trabajo humano ha sido siempre un aspecto


importante a considerar cuando de selección de personal se trata.

Como es natural, el entorno laboral debe permitir a los trabajadores un mínimo de elementos
de bienestar, seguridad física, descanso, y otros, que son muy importantes a la hora de
competir en el mercado por reclutar a los mejores individuos.

También, las legislaciones imponen ciertas obligaciones a los empleadores que guardan
relación con el bienestar del personal. Las leyes, casi universalmente han reconocido el
derecho de las mujeres a gozar de permisos pre y post natal, inamovilidad laboral durante los
períodos de lactancia, etc. Esta cuestión, es determinante en el hecho de que en el mundo
laboral el trabajo femenino sea remunerado por debajo del nivel asignado al varón.

Todos estos elementos jurídicos tienen su impacto en ciertas actividades productivas o de


otro tipo, pues determinan la implementación de infraestructuras y servicios que no siempre
son factibles de ofrecer. Así, por ejemplo, en Chile la legislación establece la necesidad de
contar con salas cunas o jardines infantiles dentro de un cierto radio, cuando la empresa
cuenta con una cantidad mínima de mujeres dentro de su nómina.

Menos notoria, pero igualmente importante, es la necesidad de contar con servicios


higiénicos, atención médica, lugares de descanso, alojamientos y otros, distintos para
hombres y mujeres. En algunas legislaciones, es imperativo que los lugares de trabajo
cuenten con estas facilidades aunque allí trabajen sólo hombres o sólo mujeres, en virtud de
las normativas antidiscriminatorias.

En el caso de las FF.AA., la situación no es muy diferente. A pesar de que la profesión


militar demanda muchos sacrificios en lo relativo al confort, las necesidades de recursos para
el bienestar son relevantes, aunque sean muy sencillas. La vida en una guarnición, muchas
veces ubicada en lugares poco gratos para la vida humana, exige contar con algunas
facilidades por muy austeras que ellas sean. Mientras la dotación sea exclusivamente
masculina, las necesidades son menores. Cuando se incorporan las mujeres, el problema se
complica. La infraestructura para habitabilidad debe duplicarse, se requiere contar con
insumos adicionales, la alimentación debe sufrir adaptaciones, la atención médica debe
abarcar nuevos campos, etc.

A continuación se hará un análisis de cómo afecta este tema a cada una de las instituciones
de la Defensa Nacional.

103
1.- FUERZAS EN TIERRA

Muchas de las consideraciones que se formulan en relación con las fuerzas propiamente
terrestres son válidas para las restantes fuerzas. Esto, en virtud de que todas las instituciones
castrenses desarrollan parte importante de sus quehaceres en establecimientos terrestres, que
con algunas diferencias menores, son cuarteles o guarniciones con los rasgos propios de todo
recinto militar. Escuelas, hospitales, cuarteles, talleres y otros, existen en todas o en la
mayoría de las FF.AA. del mundo. De allí que para el título del presente párrafo, se haya
escogido la expresión “fuerzas en tierra”, de connotación más amplia que la de “fuerzas
terrestres”.

En el caso del ejército, las instalaciones ubicadas generalmente próximas a lugares poblados
no presentan mayores dificultades para la presencia de mujeres. Las adaptaciones de las
instalaciones para recibir contingentes femeninos, son de implementación relativamente
simple, siendo necesario básicamente, un esfuerzo de duplicación de servicios de
alojamiento, higiénicos y sólo parcialmente, médicos. A mayor tamaño de las instalaciones,
menores deberían ser los cambios para su adaptación.

La participación de elementos femeninos en prácticas en terreno, tampoco reviste un grado


de complejidad mayor. Ellas al igual que los varones deberán adaptarse a los rigores de la
vida en campaña, con largos períodos de intensa actividad física, alternados con breves
momentos de descanso, escasas o nulas condiciones de higiene, incomodidades para el
servicio de comida, exposición a las inclemencias del tiempo, etc., circunstancias todas que
deben estar presentes ineludiblemente en los períodos de entrenamiento. En el combate real,
los soldados sufrirán éstas y otras penurias en mucha mejor forma si ya las han
experimentado en tiempo de paz.

La vida de cuartel no es igualitaria. La jerarquización, es un rasgo distintivo de todos los


cuerpos armados. Sin jerarquía, un cuerpo social cualquiera carece de un orden que facilite el
logro de los fines que le son propios, por eso, con mayor o menor formalidad, la jerarquía
existe naturalmente en todas las organizaciones humanas.

Con mayor razón existe en las FF.AA., donde la disciplina se ejerce por todos los miembros
en virtud de la posición que cada uno ocupa en el conjunto, determinando la cuota de
subordinación o de mando que a cada cual corresponde. La existencia de jerarquía no elimina
de los cuerpos armados bien disciplinados, una convivencia armónica entre miembros de
distintos estamentos militares. Convivencia que es parte indispensable de la vida entre
hombres que se preparan para enfrentar, como un todo, los rigores de la guerra.

La convivencia al interior del cuartel, adopta la forma conocida en el léxico castrense, como
“vida de cámara” o “vida de casino”143. Tan importante es la vida de cámara, que ella es
enseñada, fomentada y practicada, desde las escuelas matrices, de oficiales y de personal
subalterno y constituye un elemento de juicio significativo en las calificaciones. Una
actividad social en la cámara o casino dispuesta por el mando, es tan obligatoria para los
miembros de la cámara, como cualquiera otra actividad de la unidad y de ella sólo se puede
ausentar quien tenga razones estrictamente fundadas.

143
Ver “Casino” en Aclaraciones.
104
La convivencia en la cámara es en cierta manera un reflejo de la organización militar, pues
ella se desarrolla según el rango de cada uno. También refleja bastante fielmente la estructura
de la sociedad. No es igual la vida de cámara entre los oficiales, que entre los sargentos o
suboficiales; los temas que se conversan, los asuntos que se discuten, así como la forma de
relacionarse, señalan importantes diferencias. Esta realidad no es obstáculo para que bajo
determinadas circunstancias, se compartan momentos de camaradería con la participación de
todos los estamentos de la organización. En la vida de cámara, es posible observar niveles de
camaradería que las diferencias sociales o de jerarquía hacen parecer imposibles a los ojos
del mundo civil.

Sin duda que la vida de cámara es distinta cuando en ella participan mujeres. La presencia
femenina impone al varón un comportamiento más mesurado en su vocabulario, en los temas
que se conversan y en la forma de celebrar los acontecimientos relevantes del quehacer de la
unidad o de la tradición Esta situación, supone un proceso de adaptación muy complejo de
todos los miembros varones del conjunto. La costumbre enseña que la vida de cámara es una
actividad eminentemente viril, que si bien en parte es una copia del hogar en ocasiones
lejano, es también el lugar de encuentro “secreto”, donde se superan las diferencias, se
discuten los asuntos del servicio y se estrechan los lazos de camaradería, en la forma como
los varones suelen hacerlo144.

La sociabilidad y la camaradería son sellos que la profesión de las armas graba tan
profundamente en el alma de sus cultores, que la práctica de estas virtudes se prolonga y
proyecta en la vida civil del personal en retiro. Como muestra, la proliferación de
organizaciones sociales en que éste participa activamente. Solamente en la Quinta Región se
cuentan más de 36 de ellas. Es difícil encontrar un militar en retiro que no pertenezca a una o
más de estas corporaciones.

Es muy conocido el hecho de que la cámara es un fiel termómetro de la calidad de la


disciplina que se practica en la unidad. En las unidades navales norteamericanas, en las que
la ley seca de los años 20 aún sigue en vigor, la vida de cámara es más bien pobre, quedando
en la práctica restringida casi exclusivamente a compartir la comida. No existe allí la
posibilidad de “conversar un trago”, prolongar la sobremesa, etc. Los marinos, al salir franco
adoptan un comportamiento que en otros países es visto como escandaloso y que se atribuye
a que al interior del buque la vida social es escasamente practicada, no obstante que los
elementos de bienestar son en las fuerzas armadas norteamericanas, sensiblemente mejores y
más abundantes que los que puedan gozar los militares de los demás países. Por lo general,
los excesos de los “gringos” no se presentan en nuestros militares, de los que la sociedad
posee una percepción de sobriedad distintiva145.

144
Así como en la vida militar se producen ambientes en los que la presencia exclusiva de varones, es la norma, también existen instancias,
en el ámbito civil, exclusivamente femeninas. No se tiene noticias acerca de reivindicaciones masculinas respecto de abrir estos espacios, a
los varones.
145
Lee Bockhorn, una vez más, nos ilustra esta realidad: “Y cuando el buque no sirve, existen los francos en tierra. La Nueva Armada ha
tomado medidas enérgicas contra los marinos que visitan sus tradicionales lugares de diversión (bares y clubes nocturnos) en los puertos, de
tal forma que ahora las tripulaciones arman sus propias entretenciones como en el caso de un grupo de hombres y mujeres del USS
Abraham Lincoln, quienes se escondieron en una habitación de un hotel de Hong Kong en 1998 para enredarse en los que la Armada
describió como un ‘incidente sexual de grupo’ que involucraba ‘múltiples actos sexuales’.”
105
La vida de cámara es un factor presente en todos los cuerpos armados, pero como es natural,
existen diferencias significativas, que los miembros del mundo castrense pueden reconocer
fácilmente y que se expondrán a continuación para ayudar a comprender mejor el impacto
que la presencia de las mujeres tiene en ésta.

En el caso de las fuerzas terrestres, la vida de cámara se lleva a cabo en el casino. Por lo
general, ubicado en un sitio relativamente aislado del bullicio del trajín habitual, a veces
fuera de los límites del recinto del cuartel, pero próximo al mismo. Cuenta con los espacios
destinados al alojamiento de oficiales y dependiendo de las disponibilidades, de sargentos y
suboficiales en sus respectivos casinos. En los sitios en que existe una gran cantidad de
unidades o reparticiones, es común encontrar un solo casino para los miembros de esas
unidades. Normalmente, cabos y soldados o marineros, duermen en recintos comunitarios,
aunque también cuenten con un casino, donde a veces se sirve la comida, pero que
normalmente sólo se destina a la recreación.

Es común en nuestro país que en los comedores, al menos a la hora de las comidas, las
mujeres sin distinción de grado militar se ubiquen en un sector específico, ya que sus
conversaciones e intereses generalmente difieren con los de los varones. En las reparticiones
navales, generalmente las mismas mujeres solicitan al mando que se les asigne un sector de
uso exclusivo o, en subsidio, horarios de comidas diferidos. En otros casos, esta segregación
surge espontáneamente y se mantiene incluso cuando en el mismo lugar se encuentran
marido y mujer.

La presencia de mujeres en los rangos de oficiales, suboficiales y sargentos, supone la


existencia de casinos con áreas de alojamientos separados, para damas y varones,
probablemente atendidas por personal femenino y masculino. En ciertas legislaciones, el
acceso a cada uno de estos sectores está reservado exclusivamente a los militares del sexo
correspondiente, quedándole vedado total o parcialmente incluso a los superiores del sexo
contrario en funciones inspectivas.

Es importante precisar que la vida de casino en las fuerzas terrestres es prioritariamente, vida
de solteros. Al término de la jornada, los casados se van a sus casas y los solteros “se
adueñan” del lugar. De esta manera, habiendo miembros de la cámara que sean mujeres, éste
se transforma en un interesante lugar de encuentro para quien ande en busca de una pareja,
en especial en aquellas guarniciones cuyo entorno urbano no ofrezca muchas opciones para
atender a este tipo de intereses. Así, las hijas del coronel, antiguamente muy cotizadas entre
los subtenientes, pueden verse desplazadas por la subteniente o alférez que alejada del
control paterno y revestida del aura de la mujer profesional e independiente, resulta más
atractiva y abordable y con la que se puede establecer relaciones más estrechas, sin mayores
problemas.

La vida de cámara tiene un producto muy cotizado en la profesión militar: la camaradería.


Este sentimiento, que se estima indispensable entre quienes van a entrar en combate y que
alcanza rasgos de hermandad en los veteranos de la guerra, se cultiva sólo en la medida que
los miembros del grupo comparten experiencias y, por sobre todo, se ven sometidos a las
mismas exigencias del servicio. Por eso, es natural que haya más camaradería entre los
compañeros de la misma arma y que los vínculos más sólidos se producen entre los de
jerarquía similar.
106
La creciente tendencia observada entre las mujeres a comportarse como hombres y tratarse
con ellos como si no existieran las obvias diferencias, elimina las barreras del respeto con
que anteriores generaciones distinguieron a la figura femenina, pudiendo dar paso a una vida
de cámara con las lamentables consecuencias que son de prever, en un ambiente en el que la
promiscuidad atenta gravemente contra la estructura disciplinaria.

Nunca estará de más recordar el peligro que para la sociedad representan unas FF.AA.
disciplinariamente débiles146.

También la diferencia de las exigencias a que es sometida la mujer afecta a la camaradería.


Mientras que al subordinado varón se le llama generalmente por el apellido, a ella se la llama
por su nombre de pila; la mujer queda normalmente excluida de las faenas pesadas, con el
consiguiente recargo en la labor del varón. Se ha pretendido descalificar como un mito, el
hecho de que las aptitudes físicas de hombres y mujeres son radicalmente diferentes, pero tal
como ya se trató en otro capítulo, ello es una realidad insoslayable.

Tampoco merece mayores análisis el argumento de que la vida militar ya no exige de sus
cultores la participación en actividades o faenas pesadas, pues el soldado debe cargar
abultadas piezas de armamento, cajas de munición, evacuar sobre sus hombros al compañero
herido en combate, sin abandonar equipo ni armamento y todo ello, tras un largo período de
dura actividad física, con mínimas oportunidades de descansar.

Cuando la legislación impone el deber de igualar las exigencias, éstas han debido ser
reducidas en los aspectos marcados por la fisiología, con el evidente desmedro en la
preparación física para el combate y la consiguiente merma en la calidad del
entrenamiento147.

Todas estas consideraciones llevan a que la camaradería, vital en la vida castrense, no pueda
desarrollarse plenamente en las fuerzas mixtas. El resentimiento que surge entre los varones
ante la presencia de mujeres en el servicio, se traduce en una pérdida de las condiciones de
convivencia en la cámara, la que se manifiesta en la segregación informal, pero real. El
malestar consiguiente, es significativo entre el personal de bajo rango y tiende a disminuir
según se asciende en la escala jerárquica, pues este ascenso significa un decrecer en la
frecuencia de faenas pesadas en la agenda personal.

La enseñanza de los oficiales para un correcto ejercicio del mando, se basa entre otras cosas,
en la premisa de que quien manda, sabe qué está mandando, por qué lo hace y muy
especialmente, sabe cómo se hace lo que se ha mandado y cuánto cuesta cumplirlo, porque él

146
Lee Bockhorn: “Si la experiencia de las mujeres... constituye una señal, el hecho de animar a que las mujeres más como hombres hace
emular no sólo los aspectos positivos de la vida masculina, sino también los aspectos más groseros de ella. La escritora Gutmann dice que
muchas mujeres militares se sienten obligadas a decir garabatos y escupir junto con los chicos para ser aceptadas, y nota que las oficiales
“exhiben sus fines con bastante respeto en el departamento de la ‘embriaguez, libertinaje y vulgaridad’” en las antiguas convenciones
Tailhook. Así también, Laura Brodie describe cómo las mujeres en el Instituto Militar de Virginia, luchando por tener un sentido mayor de
inclusión, participan en “apilamientos” de cadetes y en otros aspectos de peloteras de adolescentes hombres, lo que no era exactamente lo
que el movimiento feminista original tenía en mente.
147
Lee Bockhorn: “En el pasado, su temible sargento de entrenamiento habría hecho de su vida un infierno. Pero ahora que se pueden
presentar cargos de ‘abuso contra el recluta’, éstos son separados en ‘grupos de habilidades’. Y si, incluso, las cosas se ponen demadiado
duras, siempre se puede solicitar una ‘suspensión temporal del entrenamiento’. En los campamentos de entrenamiento de reclutas de hoy, su
’esfuerzo’ es lo que cuenta, no su rendimiento.”
107
también lo ha hecho. En ello se funda una parte importante de su ascendiente. Más aún, no
faltan situaciones en que el oficial también debe aportar su cuota de sudor al logro del
objetivo, es decir, no sólo sabe hacer lo que él mismo ordena, sino que está en condiciones
de hacerlo148. ¿Con qué autoridad una mujer puede disponer que su personal ejecute un
trabajo pesado, en circunstancias que ella nunca lo ha realizado ni está en condiciones de
hacerlo? Es un punto que no debe ser descuidado. Y no se trata sólo del caso de los oficiales,
pues en los grados más elevados del personal subalterno, el ejercicio de la función de mando
constituye la clave de su desempeño149.

Así, la vida de cámara no puede producir los efectos beneficiosos que de ella se esperan,
cerrándose un círculo vicioso150.

En materia de riesgos laborales, la vida militar en las fuerzas terrestres presenta una
característica marcada: la posibilidad de caer prisionero. Esta posibilidad es en tierra mayor
que en el mar, pero a su vez, es más baja que entre las tripulaciones aéreas.

¿Está la sociedad dispuesta a exponer a sus mujeres (todas de escasos años, por lo que sería
mejor llamarlas “jóvenes”), al riesgo de ser tomadas prisioneras y sometidas a las vejaciones
a las que toda mujer se expone en manos de tropas enardecidas por el calor del combate? No
es extraño que entre las mujeres se multipliquen las desaparecidas en acción, en cifras
proporcionalmente superiores a las de los combatientes varones. Cometidos estos crímenes
de guerra, particularmente crueles, lo más “seguro” para los violadores es deshacerse de los
cuerpos de sus víctimas, lo que en condiciones de combate, no es difícil151. El cadáver de un
combatiente ocasionalmente es sometido a autopsia y se le sepulta en cuanto se dispone de
tiempo para ello.

Las imágenes de los restos de los soldados norteamericanos desembarcados de un avión, no


son una realidad en las restantes fuerzas armadas del mundo, en las que la abundancia de
medios de apoyo logísticos, propia de los EE.UU., rara vez se podría conseguir.

Los riesgos de caer prisionero de fuerzas adversarias incluyen el maltrato que se da al


capturado, con el fin de obtener información (el clásico “tratamiento de prisioneros”). Los
combatientes varones que se exponen a estos apremios, cuando entre los prisioneros hay

148
La capacidad y la voluntad del superior para compartir todos los sacrificios y penurias de los subordinados, rasgo deseable en todo
conductor militar, es uno de los motivos más poderosos para el fortalecimiento de la camaradería, entre estamentos muy lejanos
jerárquicamente. La historia de la PT-109, hundida durante una patrulla, nos muestra a un comandante llamado John Kennedy, que se
arriesgó noche tras noche, nadando largas distancias en busca de auxilio para su tripulación.
149
Independientemente de que la autoridad de un jefe militar descansa en su jerarquía, dicha autoridad se sustenta esencialmente en su
dominio sobre las materias en las que ejerce el mando y en el ejemplo que irradia sobre los subalternos. Así, la autoridad militar se
estructura en torno a tres pilares: jerarquía, conocimiento y ejemplo. Otros factores, como el “carisma” para lograr la adhesión, la simpatía,
etc., pueden favorecer la acción conductiva, pero no suplen a los anteriores. Quien no haya pasado por la escuela del esfuerzo, carece de los
requisitos básicos para ejercer el mando. Esta es la filosofía que ha llevado a muchas armadas, a mantener y operar buques escuela, donde
los futuros oficiales desarrollan un actividad muy similar a la del personal subalterno.
150
En las reparticiones que carecen de acomodaciones para el alojamiento de las damas, éstas quedan generalmente excluidas de los roles
de guardia, creando un claro desbalance de deberes respecto de los varones, que no sólo deben asumir una mayor carga de trabajo, sino que
además, por su desempeño en las guardias, son calificados, en tanto que las mujeres, por este acápite sólo pueden ser evaluadas asumiendo
un desempeño que en la práctica, no han tenido.
151
Ya se ha mencionado el caso de la soldado Piestawa, que tanto impactó a la sociedad norteamericana y que reabrió el debate acerca de la
presencia de la mujer en las unidades de combate del Ejército.
108
mujeres, son más propensos a revelar datos de valor, pues en ellos, existe una tendencia
natural a evitar el sufrimiento a la mujer152.

La existencia de tratados internacionales, no resuelven el problema. En el ardor del combate,


las reacciones desmedidas no son fáciles de controlar por los mandos, también
emocionalmente alterados. La muerte de un ser humano, en condiciones de normalidad,
causará un impacto más o menos uniforme en todos los testigos, que podrá aumentar o
disminuir dependiendo de las circunstancias que rodeen al suceso; pero si esa muerte ocurre
en un combate entre fuerzas militares, la situación cambia radicalmente.

La muerte de un soldado enemigo es percibida como la eliminación de un obstáculo al logro


de la misión o de una amenaza a la vida propia. Por el contrario, presenciar la muerte de un
compañero de armas a manos del enemigo, es una circunstancia dolorosa, que deja profundas
huellas en el alma y que genera en ocasiones, sensaciones de culpa entre los sobrevivientes o
desata sentimientos de venganza que mueven a actos de aparente heroísmo o de crueldad. La
disciplina militar puede atenuar estos sentimientos, pero en el caos de la batalla, el
autocontrol o el acatamiento de las órdenes pueden quedar superados por los hechos153.

Los riesgos de caer en manos del enemigo no desaparecen por el hecho de asignar las
mujeres sólo a las armas de apoyo. La moderna tecnología de las armas y las dinámicas
condiciones en que se desenvuelven las operaciones militares, hacen que el combate se
desarrolle a veces con tanta intensidad en la retaguardia, como en la primera línea de
combate. Ante el avance del enemigo que ataca, la artillería, emplazada en la parte posterior
del dispositivo, puede verse envuelta en el choque de las fuerzas de infantería. O el ataque
centrarse en las unidades responsables del apoyo logístico. Los blancos que no alcanza la
artillería, quedan expuestos al ataque aéreo, a kilómetros de la línea de combate. Hoy se
habla de la “guerra de 360º”, para señalar esta característica de la guerra moderna154.

La planificación respecto de las circunstancias en que se dará la batalla no pueden prever las
innumerables alternativas que se presentan en el terreno, a la hora de enfrentar al adversario.
En la guerra del Golfo, los misiles Scud iraquíes no cayeron sobre el dispositivo de combate
de la coalición, sino sobre una unidad de apoyo logístico, muy lejos de los campos de batalla.
La enorme diferencia de potenciales militares, tampoco exime a las fuerzas más poderosas
del riesgo de caer en manos del enemigo. Frente a la inferioridad de medios, el adversario
podrá recurrir al empleo de fuerzas especiales (comandos u otros) y también a irregulares
operando a espaldas del dispositivo de batalla. La presión que estas fuerzas pueden ejercer
sobre el ánimo de los adversarios, es significativa, sobre todo si han tomado prisioneros. Irak
ha demostrado la validez de esta realidad, considerando que entre los prisioneros
norteamericanos, había mujeres.

152
Lee Bockhorn: “Esto puede explicar el por qué las Nuevas Fuerzas Armadas sienten la necesidad de desensibilizar a los pilotos
masculinos en el entrenamiento de prisioneros de guerra con los chillidos de sus colegas mujeres, para que la inclinación natural de los
hombres honorables a compadecer a las mujeres por el sufrimiento, no sea usado por sus captores para hacerlos hablar...”
153
Incluso entre las fuerzas navales, que siempre se han distinguido por el trato humanitario que se da a los enemigos recogidos en la mar
(más parecen ser atendidos como náufragos civiles que como adversarios), se han dado situaciones claramente reñidas con los usos de la
guerra. Los deseos de venganza despertados entre los norteamericanos hacia los japoneses, durante la segunda guerra mundial, hicieron que
en varias oportunidades, los náufragos nipones fueran muertos en cuanto eran izados a la cubierta del buque “rescatador”, sin que los
oficiales opusieran objeción alguna.
154
Tanto en la Guerra del Golfo como en la más reciente invasión a Irak, las unidades de apoyo se vieron enfrentadas a fuerzas de combate
adversarias, sin contar con más medios que el personal de apoyo, supuestamente no entrenado para el combate.
109
Las dramáticas experiencias de los prisioneros norteamericanos en Corea, en Vietnam, y
ahora de mujeres en Irak, es una llamada de alerta que no puede ser desatendida. El
prisionero de guerra sufre las peores afrentas que puede sufrir el ser humano siendo varón.
¿Cuánto más deberá sufrir una mujer en idénticas condiciones? En definitiva, éste es un tema
que hasta el momento no ha sido bien analizado. Las mujeres militares merecen que estas
cuestiones sean tenidas en cuenta.

110
2.- FUERZAS NAVALES

Las fuerzas navales plantean circunstancias muy diferentes respecto del resto de las fuerzas
militares. La especial condición de que el marino combate en su cuartel, con pocas
oportunidades para recibir refuerzos del exterior y que debe ser capaz de proporcionarse
todos los elementos necesarios para la supervivencia, conforman la estructuración de una
forma de vida especial. Esto es lo que se denomina la “vida en el mar”.

El incorporar mujeres a unidades de combate de la Armada requiere comenzar por adaptar


las escuelas, sus instalaciones y sus normativas. Simultáneamente, se debe abordar la
modificación de las unidades a flote, en las que se espera embarcar a las futuras navegantes.
El cadete y el grumete, aun cuando realizan sus estudios en tierra, necesitan imperiosamente
del contacto directo con la realidad de a bordo, contacto insustituible en la formación del
marino. En estos aspectos, la profesión naval tiene peculiaridades respecto de las ramas
terrestre y aérea de la defensa, que requieren de adaptaciones menos elaboradas.

El buque, símbolo y medio del poder naval, salvo bajo especiales circunstancias, nunca deja
de funcionar. Los equipos y sistemas destinados a mantener la vida de los tripulantes, que
van desde los servicios higiénicos y sanitarios hasta la confección y distribución de la
alimentación, no pueden detenerse. Y estos servicios dependen de los medios que la nave
también debe proporcionarse, como la electricidad, el vapor, el agua de bebida o el aire
acondicionado, por citar algunos y que al mismo tiempo permiten la operación de los equipos
y sistemas de armas, comunicaciones y medios de detección155.

Un buque de guerra es una máquina de gran complejidad, dotado de una enorme cantidad de
equipos, que debe contar con una dotación capaz de mantenerla y operarla con eficacia. Todo
esto, en un espacio generalmente muy reducido, debido a que el tamaño es un factor de
extraordinaria importancia, determinante en sus capacidades marineras y militares. El
hacinamiento es un factor que une al marino de hoy con el de hace 50 ó 1000 años.

En estas condiciones, la intimidad prácticamente desaparece. Normalmente, sólo el


comandante, el segundo comandante y dependiendo del tamaño del buque, algunos oficiales,
son los únicos que gozan de cierto grado de privacidad. El resto normalmente comparte
espacios de habitabilidad comunitarios, los que quedan determinados por la distribución del
equipamiento de la nave.

Los camarotes (dormitorios para uso de uno o dos ocupantes) sirven además como oficina,
de modo que tampoco pueden llamarse espacios privados. Allí se recibe al personal para
tratar asuntos relacionados con el servicio, se escucha las peticiones, se imparte justicia o se
atiende los problemas particulares que aquejan a algún miembro de la unidad.

En especial, los espacios bajo cubierta, más amplios y cómodos para la habitabilidad de la
tripulación, son también los más o los únicos adecuados para la instalación de los sistemas
del buque.

155
Los cuarteles militares, de ejército, fuerza aérea o armada, generalmente dependen, para la satisfacción de sus necesidades de servicios
básicos, de los medios civiles, aun cuando cuenten con equipos para enfrentar emergencias. El buque, aun estando en puerto y pueda
acceder a los servicios públicos, mantiene un alto grado de autonomía en estas materias.
111
El diseño de una unidad de combate requiere de un gran esfuerzo, en el que las condiciones
de vida de la dotación son sacrificadas en aras de un más eficiente desempeño operativo. Las
necesidades del combate imponen férreamente sus leyes.

La presencia de la mujer a bordo, complica aún más estos problemas. La evidente necesidad
de espacios de habitabilidad separados para hombres y mujeres es un aspecto que no se
puede obviar, al menos en nuestra cultura y que en definitiva, en unidades de menor tamaño,
sencillamente no tiene solución. Múltiples aspectos de la estructura del buque hacen muy
difícil que las mujeres puedan desenvolverse con naturalidad, manteniendo la necesaria
privacidad. Los espacios de habitabilidad rara vez están libres de la presencia de equipos, de
válvulas y de accesos a otros compartimientos en los que se trabaja regular o
esporádicamente, de día o de noche.

Las mismas reglas que impedirían al varón acceder a los espacios exclusivos de las damas,
impedirían a éstas, el acceso a los espacios masculinos, los que generalmente son pasos
obligados a otras dependencias de uso habitual. Ningún espacio está libre del escrutinio de la
guardia en sus rondas habituales o al atender una emergencia.

En combate, todos los departamentos del buque pueden y deben ser recorridos por las
partidas de control de averías. Las cámaras se convierten en estaciones médicas, un
entrepuente (dormitorio comunitario en la nomenclatura náutica), puede convertirse en una
sala de heridos o en la central de control de averías, etc. Los daños causados por la acción del
enemigo pueden hacer que todas las previsiones acerca del uso de cada espacio a bordo,
sencillamente deban ser olvidadas. Por estas razones, el hacinamiento al que antes hicimos
referencia se convierte en promiscuidad, en la que desaparece el natural respeto que varón y
mujer se deben156.

Lo anterior adquiere caracteres particularmente marcados en el caso de los submarinos,


incluso en los grandes submarinos nucleares, ya sea de ataque o portadores de misiles
nucleares. La Armada de los EE.UU., que ha abierto el acceso de las mujeres al servicio a
flote, se ha negado a que ellas se integren a la flota del “servicio silencioso”, aduciendo que
ello implicaría diseñar estos complejos navíos especialmente para llevar mujeres, con el
agravante de que ello redundaría en una importante mengua en las capacidades militares de
los buques.

Las armadas mixtas no han podido ignorar las demandas, que en términos de facilidades para
la vida a bordo, han planteado las mujeres. No sólo se requieren baños separados. Estos
baños necesitan mayor ventilación y más disponibilidad de electricidad, pues ellas no
prescinden de secadores de pelo y otros artefactos indispensables para mantener su buen
aspecto.

El buque de guerra posee algo de igualitario, casi diríamos democrático. Al hecho de que si
se hunde, nadie es más o menos náufrago que otro, se agrega que determinados servicios no
hacen distingos de ninguna especie, salvo las naturales del rango militar. No ocurre así
cuando hay mujeres en el sistema a flote. Los equipos de lavandería a bordo prevén el lavado
de ropa de trabajo, manchada con grasa o petróleo, tanto del personal subalterno como de

156
Es significativo el silencio que sobre estos asuntos, mantienen las fuerzas navales de género neutro.
112
oficiales. La ropa de mujer es necesariamente diferente. Se requieren programas o máquinas
de lavado especiales para ropa más delicada, que tradicionalmente no han existido a bordo.
Lo mismo ocurre con el planchado.

Si bien es cierto que todo esto es objetivamente prescindible, en la práctica el hecho de que
se hagan esfuerzos por atender a tales requerimientos indica que hombres y mujeres no
quieren renunciar a lo que naturalmente son. Las marinas deben hacer estos esfuerzos para
que ellas encuentren un ambiente a flote adecuado a sus necesidades particulares.

El problema de fondo es que ninguno de estos cambios o implementaciones ha traído un


beneficio en las capacidades operativas, sino un recargo en las capacidades de servicios del
buque. Para que una unidad de combate naval sirva a los fines para los que ha sido creado es
indispensable que mantenga su naturaleza espartana, de modo que su tripulación se
endurezca en la paz, para enfrentar con ventajas, los rigores de la guerra. Esto supone que
quien se embarca, acepte implícitamente las limitaciones a la satisfacción de ciertas
necesidades personales, las que son propias de la vida a bordo y no que llegue imponiendo
condiciones, como lo haría quien otorga favores157.

Así mismo, cabe preguntarse de qué sirve realizar un duro proceso de educación tendiente a
adaptar al futuro tripulante a la vida en el mar, si después de todo, termina resultando que el
que se adapta es el medio y no el individuo. Universalmente, la vocación militar se anida en
el corazón de hombres que están dispuestos de buena gana a renunciar a numerosas
comodidades e incluso a determinados derechos básicos, como el de emitir una simple
opinión. Son hombres que se sienten a gusto en un medio más que austero, propensos a
servir más que a hacerse servir y que si es del caso, no vacilan en exponerse al peligro, a
veces sin mediar orden alguna.

La siempre creciente complejidad de las naves no ha terminado con el hecho de que el buque
es un medio en el que las faenas pesadas prácticamente no han variado en casi 100 años. La
arquitectura naval, siempre apremiada por los costos, ha rechazado automatizar equipos no
fundamentales para el combate y cuyas prestaciones pueden ser suplidas satisfactoriamente
por la mano de obra disponible a bordo. Mientras más pequeñas son las unidades navales,
menos espacio poseen para equipos no esenciales para el combate. Muchos medios no
esenciales, si hay tiempo, se desembarcan durante los procesos de preparar el buque para la
guerra. Su carencia será suplida con mano de obra.

La instalación de equipos no indispensables para el combate influye negativamente en las


capacidades bélicas y demanda esfuerzos de mantenimiento necesarios en otras áreas. La
automatización de los equipos a bordo ha simplificado muchas tareas antes atendidas sólo
con el empleo de mano de obra, en especial en los procesos relativos a la adquisición,
exposición y evaluación de la información relativa al campo táctico y al enemigo, así como
al empleo del armamento. Sólo se ha producido dicha automatización en la medida que
mejora las capacidades del buque para cumplir su rol como plataforma de armas, en términos
de rapidez, precisión y volumen de datos manejados. No se concibe incorporar tales
adelantos, en una nave de combate, sólo por cuestiones relativas al bienestar de la dotación.

157
Según Ricochet (Amazons at Sea), en la Royal Navy se habla del fenómeno “Love Boat”, aludiendo a la popular serie de televisión
ambientada en un lujoso crucero de placer (El Crucero del Amor).
113
Al contrario, ello demanda un mayor esfuerzo de preparación profesional, tanto para la
operación como para el mantenimiento y la reparación de los sistemas.

Un ejemplo claro lo constituye la instalación de sistemas de aire acondicionado. Estos


adelantos no se implementaron para dar mejores condiciones de vida a la dotación, sino
porque los complejos equipos electrónicos requieren de condiciones ambientales muy
precisas, que no se consiguen con los antiguos sistemas de ventilación. El tratamiento de
aire, para la dotación, persigue reducir los riesgos derivados del empleo de armas nucleares,
biológicas o químicas y sólo secundariamente se ha buscado el bienestar.

La automatización está ausente, por ejemplo, en los equipos destinados a algunas maniobras
marineras, como las amarras; las que son operadas principalmente a mano, a veces en
difíciles condiciones climáticas y siempre con gran despliegue físico, que la constitución
física de la mujer no está en condiciones de prestar. Muchas tareas que normalmente son
cumplidas por un solo hombre, requieren del concurso de dos o más mujeres o sencillamente
deben ser cumplidas sólo por varones. Cargar un saco de harina o de papas en una faena de
víveres, acarrear proyectiles en una faena de municiones, cobrar una espía, desmontar un
motor, montar una maniobra de fortuna, operar la maniobra de fondeo, abrir o cerrar pesadas
escotillas horizontales, manejar una manguera de incendio, izar o arriar embarcaciones, etc.,
trabajos habituales a bordo, están entre estas tareas. Otras labores, como el mantenimiento y
el pintado del casco y de la superestructura, sencillas en términos de las habilidades
requeridas para su cumplimiento, también son trabajos pesados y a veces riesgosos, no
siempre apropiados para ser emprendidos por una mujer.

Por otra parte, la creciente automatización en los sistemas de mando y control de armas y de
la maquinaria principal y auxiliar, han reducido la cantidad de personal disponible a bordo,
por lo que el trabajo pesado recae cada vez más en menos personal. La dotación debe ser
capaz de atender todas las necesidades del buque, lo que implica el desarrollo de tareas que
demandan un gran esfuerzo físico. Esta es una realidad con la que conviven los tripulantes de
buques mixtos y que genera entre los hombres un profundo resentimiento hacia sus
compañeras femeninas, que no pueden rendir de la misma manera cuando los exigencias
físicas son altas.

Si es difícil desarrollar un ambiente de camaradería entre personas que comparten exigencias


y experiencias; mucho más difícil resulta alcanzar tal propósito, cuando las exigencias son
diferentes. A bordo, donde conviven hombres cuyo desempeño habitual supone un desgaste
más intelectual que físico, con otros en los que el esfuerzo físico es mayor que el intelectual,
el desarrollar los lazos de unidad es un desafío que se supera sometiendo al conjunto a las
condiciones severas de la vida marinera, en las faenas pesadas, en el aislamiento común a
todos, en la austeridad y por sobre todo, haciendo de cada componente de la dotación, por
humilde que parezca su función, un elemento indispensable, sin el cual el buque pierde algo
de su capacidad para desempeñar su rol en la fuerza naval.

Un miembro de la dotación que no calce en el esquema, es más una carga que un tripulante,
es un factor de desunión, punto de fricción donde se desgasta la cadena común de la
disciplina. La presencia de tripulantes que no van a ser capaces de cumplir con las demandas
regulares de la vida a flote, al no ser un aporte al esfuerzo común, necesariamente atentarían

114
contra el logro de la unidad de voluntades que hace de un grupo de personas un verdadero
equipo de guerreros del mar.

El logro de poner un buque en condiciones de cumplir correctamente los roles y las


diferentes misiones que se le ordenen es la suma de los empeños individuales y de las
relaciones estrechísimas que se forjan en los reducidos límites físicos del buque.

Los marinos conocen perfectamente lo difícil que es alcanzar el nivel adecuado de


rendimiento, y en especial, lo saben quienes han integrado la primera dotación de un buque
recientemente puesto en servicio. El equipo tarda en consolidarse y por tal razón, los
necesarios transbordos (en el léxico naval, equivalente a “destinaciones”), merman el
rendimiento del conjunto o lo degradan a tal punto que al término de los períodos regulares
de transbordos, de vacaciones o de reparaciones, el proceso de entrenamiento debe iniciarse
desde cero, tomando meses alcanzar los niveles perdidos con los cambios o la inactividad. El
proceso de afiatar la dotación es difícil y no siempre se consiguen alcanzar los niveles
deseados de eficiencia, ni de fortaleza de los vínculos de camaradería que deben reinar en un
grupo humano que se prepara para ir a la guerra.

En lo que respecta a considerar a las mujeres sólo para tripular unidades auxiliares, para
evitar el exponerlas a los rigores del combate, el servicio naval presenta una situación
especial: en la guerra en el mar no hay una “línea del frente”158. Toda unidad a flote está
expuesta a la acción del enemigo, aéreo o naval, de superficie o submarino. La unidad
auxiliar es un petrolero, que navega junto o próximo a las unidades de combate o es el
remolcador que traerá de vuelta a la base a la fragata inutilizada por el fuego adversario, o es
el transporte anfibio que conducirá a las fuerzas de Infantería de Marina a la playa por
conquistar o es el barreminas que debe buscar y destruir estos artefactos bélicos o finalmente,
es el transporte atiborrado de munición y otros pertrechos que puede desintegrarse ante el
impacto de una bomba o torpedo.

En todos estos casos, el trabajo de la unidad auxiliar se hace bajo la permanente amenaza del
enemigo. Por lo tanto, este rol no exime al buque de los riesgos de la guerra. Podría
mencionarse el caso del buque hospital como una excepción, debido a que las convenciones
internacionales le confieren un status especial de “santuario”. Sin embargo, el que se respete
su condición de tal es una cuestión diferente. Los modernos sistemas de armas no requieren
que el operador vea físicamente al blanco y su empleo se decide a gran distancia, cuando la
identificación del objetivo es muy difícil o imposible.

Más aún, es en las unidades auxiliares donde la demanda por personal capaz de realizar las
faenas más pesadas, alcanza los niveles más elevados. La maniobra Logos a bordo del
petrolero exige capacidad física para el trabajo pesado, tanto como para permanecer períodos
largos de trabajo sin descanso. A diferencia de los buques de combate, la tarea de reabastecer
a las restantes unidades no es algo esporádico, sino casi permanente, dependiendo del tamaño
de las fuerzas.

158
El equipo designado para estudiar las cuestiones relativas al embarco de mujeres en la Royal Navy, había recomendado embarcarlas sólo
en unidades no destinadas al combate, pero pronto se vio que tal recomendación carecía de sentido, ya que en las fuerzas navales, no cabe
hacer tal distinción. Citado por E.R. Hayman, en Women at Sea.
115
La maniobra de remolque bajo condiciones de emergencia, también es una dura prueba para
la dotación. La ausencia de complejos sistemas de armas en las unidades auxiliares, así como
de sofisticados sistemas de mando y control, reduce la cantidad de personal. En las
maniobras no hay excepciones, todos deben prestar su colaboración sin distinción de la
función que cumple en razón de su cargo o especialidad.

La dura vida a bordo de las unidades auxiliares chilenas en la región austral, la que se
desarrolla en condiciones extremas, nos enseña que en estos buques el trabajo más rutinario
adquiere características de verdadera epopeya.

Lo anterior trae a la reflexión una realidad que muchos aficionados a estudiar los temas
militares pocas veces evalúan. Cada país tiene, también en el campo militar, sus
peculiaridades.

A propósito de condiciones extremas. La Marina Real recibió de los hombres embarcados en


buques mixtos una queja: al momento de presentarse la emergencia, la actitud natural de los
hombres era hacer retirar a las mujeres del foco del problema y hacer entonces, el trabajo
propio y el de ellas159. Así las cosas, las emergencias eran tratadas con menos medios
humanos que lo planificado. Ante una avería que afecta a la estructura se recurre al
“apuntalamiento”, otro trabajo pesado, que se ejecuta bajo la presión de la emergencia,
donde no hay espacios para los que no sean capaces de mover grandes pesos u operar
herramientas que exigen el uso de una buena dosis de fuerza física.

En las marinas en las que existen mujeres embarcadas y que no pueden exponerlas al
combate, se presenta un fenómeno inesperado: los tripulantes saben que su buque (que para
todo marino es siempre el mejor buque), no podrá demostrar su valor ante el enemigo, al
menos no en las mismas condiciones en que lo harán los buques tripulados sólo por varones.
Ello afecta negativamente a la moral de esas dotaciones, probablemente tan capaces como el
resto y las expone a las burlas constantes de sus compañeros.

La destinación de las mujeres embarcadas a reparticiones terrestres en puestos habitualmente


cubiertos por personal apto para el servicio de a bordo, práctica habitual en diversas marinas,
ha acarreado un efecto no previsto: resta oportunidades al personal que sirve a bordo para
acceder a dichos puestos con el consiguiente impacto en la moral de las dotaciones
embarcadas. La falta de oportunidades para acceder a puestos en tierra, es un factor que
incide en el crecimiento de las tasas de retiro de personal masculino altamente calificado, con
pocos años de servicio160.

El ambiente marino también impone sus reglas. La vida a bordo implica pasar muchas horas
expuesto a las inclemencias del tiempo, realizando pesadas faenas. El frío, el cansancio y las
ropas empapadas han sido compañeros inseparables del marino y ello no va a cambiar por el
hecho de que se hayan desarrollado nuevas tecnologías. Que tales condiciones estén siempre
presentes es un factor que no preocupa al marino, pues ellas contribuyen a fortalecer al
futuro combatiente en la mar. Más aun, es deseable que el joven en sus etapas de formación
profesional, sufra los rigores de la vida marinera. Así, como oficial, valorará mejor el trabajo

159
Citado por Ricochet en Amazons at Sea.
160
Ibid.
116
de sus subalternos y ponderará más prudentemente los riesgos a los que eventualmente les
expondrá y como marinero, podrá enfrentar los peligros con experiencia acumulada. No es
de extrañar que la sabiduría popular haya acuñado el término “hombre de mar”, para referirse
a quienes han hecho de estas difíciles condiciones, su forma de vida. El mar es un medio en
donde el que no se adapta sencillamente fracasa. No todos pueden ser hombres de mar.

La vida de cámara a bordo también asume ciertas peculiaridades. Mientras que en las
unidades terrestres puede reducirse al personal soltero durante gran parte del año, a bordo, es
parte de la vida cotidiana todo el año y toca a todos los miembros de la dotación, cada uno en
su nivel, aunque se reduzca en el puerto base. La dura jornada de faenas y ejercicios da paso
a la vida social, donde se comentan las actividades del día, se liman asperezas y se fortalecen
los vínculos de camaradería.

Pero aun cuando en la cámara se produce un cierto relajo, éste nunca es total. Las guardias en
la mar o en puerto permiten a una parte de la dotación descansar, mientras otra parte conduce
la navegación, ejecuta ciertos ejercicios, etc. Sin embargo, lo anterior, no exime del hecho de
que surja la amenaza del enemigo o la emergencia propia de la navegación. Hasta en la más
rutinaria de las navegaciones, el zafarrancho de combate se hace oír en el momento más
inesperado. La misma expresión, zafarrancho, indica que en ese momento se interrumpe el
descanso, la comida, la charla, todo, excepto lo necesario para enfrentar el combate o la
emergencia.

Por otra parte, no es posible que las cámaras a bordo, se encuentren en sitios apartados del
ajetreo cotidiano. Su ubicación, tamaño y forma no siempre responden a criterios de mejor
comodidad para sus ocupantes; muchas veces no alcanza a albergar simultáneamente a todos
sus miembros. En este sentido, la cámara es un fiel reflejo de lo que el servicio naval exige a
sus miembros, en orden a adaptarse a las condiciones que la profesión naval demanda, más
que a exigir que tales condiciones se adapten a las necesidades de cada uno.

Un factor adicional a las diferencias entre la profesión naval y el resto de las fuerzas
militares, lo constituye el hecho de que en el buque, desde el comandante hasta el tripulante
de menor rango, todos comparten los mismos riesgos. En el combate terrestre, el soldado de
menor rango está objetivamente más expuesto a sufrir heridas o la muerte que el superior. En
el combate aéreo, sólo intervienen las tripulaciones aéreas. En el combate naval todos son
combatientes, corren más o menos los mismos riesgos y se exponen, en consecuencia, a las
mismas vicisitudes. Si se hunde el buque, todos son igualmente náufragos, cuya
supervivencia es posible en la medida que la disciplina, la unidad y el espíritu de sacrificio se
mantengan intactos. La camaradería en estas circunstancias, no sólo es deseable, pasa a ser
vital.

No falta, en las mentes más agudas, la percepción de que el marino desarrolla por su buque
un respeto semejante al que el militar siente hacia su cuartel, pero mucho más profundo: el
marino sabe que su buque puede ser también su tumba. La tradición naval chilena impone
normas, incluso respecto de la vida de cámara. Así, en la cámara del comandante, debe
encontrarse un retrato del héroe de Chile, don Arturo Prat, en la de oficiales, el del teniente
Ignacio Serrano y en las de suboficiales o sargentos, el del sargento Juan de Dios Aldea,
modelos con los que los miembros de la cámara deben identificarse. La tradición también
dicta el protocolo, que se respeta cuidadosamente.
117
El problema se presenta con mujeres integradas en la vida de cámara a bordo, porque el
protocolo se funda sobre la posición jerárquica, pero supone también atender a la condición
de la mujer, que por ser tal, merece consideraciones especiales que no guardan en absoluto
relación con la posición jerárquica. Si se desconoce la condición de mujer de un miembro de
la cámara, tarde o temprano desaparecerán también el respeto y la consideración debida a
todas las mujeres, militares o no.

La mujer debe adaptarse a esta realidad, pero ello no siempre es posible. La experiencia en
las marinas mixtas, indica que la prevalencia de cambios en las destinaciones entre las
mujeres es alta, por las causas habituales: embarazo y lactancia y su rendimiento está sujeto a
la ciclicidad de sus procesos fisiológicos. Los efectos en las capacidades operativas por estas
circunstancias, son negativos en términos de alcanzar y mantener los niveles de
entrenamiento. Esta “volatilidad” atenta contra la conformación de un equipo de
combatientes, que debe adaptarse en alguna medida, ante cada reemplazo de miembros de la
dotación. No es apropiado juzgar estas situaciones aduciendo que talvez se trate de
trasbordos de personal de escasa importancia en el conjunto. En el buque, las labores más
“humildes”, como sastrería, lavandería o zapatería, son atendidas por gente que realiza otras
tareas, en las guardias o en el combate, ya sea sirviendo en una pieza de artillería, en una
partida de control de averías, como camillero o telefonista, por citar unas pocas, todas las
cuales demandan un entrenamiento individual y de conjunto.

Existe la impresión de que bastaría con imponer normas que impidan a la mujer embarcada
quedar embarazada, pero ello, además de ser contra la naturaleza, es ilegal y atenta contra la
ética de las FF.AA., la que ha estado siempre por fortalecer la vida familiar.

La opción de embarcar sólo a las solteras también ha sido evaluada, pero dado que tarde o
temprano ellas se casarán, la posibilidad de continuar una carrera prolongada en la armada se
ve bastante remota. Ello tampoco resuelve el problema causado por las solteras que queden
embarazadas, situación de alta ocurrencia en las marinas mixtas, donde el porcentaje de
embarazadas a bordo ha llegado a ser mayor que en tierra o en la vida civil161.

Según datos proporcionados por organismos oficiales, la prevalencia de mujeres


embarazadas a bordo de las unidades norteamericanas, ha sido mayor que en tierra,
alcanzando cifras del orden del 31%162. Por otro lado, la situación de las mujeres en estas
condiciones implicaría embarcarlas por un período tan breve de su carrera que cabría
preguntarse si el esfuerzo y el costo de prepararlas como tripulantes de un buque de guerra,
vale realmente la pena, sobre todo teniendo en cuenta que las dotaciones navales se
conforman en un alto porcentaje con personal muy calificado técnicamente y la tendencia es
que esta calificación sea cada vez mayor, en la medida que se automatizan las tareas de a
bordo.

161
Aunque es muy difundida la opinión de que la mujer que trabaja, abandona el empleo cuando se casa o tiene hijos, recientes estudios
indican que sólo en contadas ocasiones es así, sin embargo, en el caso de las mujeres embarcadas o con opción de embarcarse, esta
circunstancia es bastante frecuente.
162
Gutamann, Stephanie.Kinder, Gentler Military. Simon & Schuster, Canada.
118
Las reflexiones anteriores adquieren mayor vigencia a medida que el tamaño de las fuerzas
navales es menor, debido a que las organizaciones de las grandes potencias, poseen personal
en abundancia como para afrontar relevos frecuentes y se ven favorecidas por la
estandarización de unidades y equipos, lo que no ocurre tampoco en las marinas de menor
tamaño.

119
3.- LAS FUERZAS DEL AIRE 163

Las fuerzas del aire, en lo referente a las condiciones laborales, no ofrecen grandes
diferencias respecto de las terrestres. La vida regular se desarrolla en cuarteles que aparte de
las instalaciones necesarias para el mantenimiento y la operación de las aeronaves, muestran
bastantes similitudes.

La existencia de mujeres como miembros de las tripulaciones aéreas, implica la necesidad de


contar en todas las bases aéreas a las que ellas pudieran arribar con medios adecuados a sus
necesidades, aun cuando la cantidad de mujeres en estas tareas sea ínfima.

Las tareas habituales sí son diferentes, debido a que los medios aéreos son equipos de gran
complejidad técnica, de modo que el esfuerzo destinado al mantenimiento de los medios
materiales absorbe un tiempo considerable de las energías del personal. Muchas de estas
tareas pueden ser desempeñadas indistintamente por varones y damas, en campos
específicos, como electrónica, aviónica y otros, en condiciones de razonable igualdad. En
este sentido, la creación de vínculos de camaradería entre ellas y ellos se ve favorecida.

Las fuerzas aéreas tienen su mayor diferencia con las terrestres, en el sentido de que mientras
en éstas toda la unidad va al combate, en aquéllas sólo son verdaderamente combatientes las
tripulaciones aéreas, grupo bastante reducido en relación con el total de la fuerza efectiva.
Las unidades de defensa aérea no se distinguen mayormente de las fuerzas terrestres que
cumplen funciones similares.

Esto plantea un desafío muy particular para los oficiales de las fuerzas del aire, pues la forma
de crear vínculos de camaradería con sus subalternos no puede darse por la vía de compartir
las vicisitudes del combate, sino por el grado de dependencia que el tripulante de aeronave
tiene, en sus capacidades de combate y de supervivencia, respecto de las habilidades técnicas
del ingeniero y del mecánico que realizan el mantenimiento y entregan el apoyo logístico.

Los oficiales que operan las aeronaves de combate sí generan entre ellos, vínculos de
camaradería al estilo tradicional. Cuando a este grupo se integran mujeres, las cosas sufren
algunos cambios, ya que se espera que el piloto de combate o de aeronave de apoyo, se
mantenga en condiciones físicas e intelectuales aceptables para el vuelo en aviones que
plantean elevadas exigencias al piloto, condiciones a las que el organismo femenino no
siempre se adapta adecuadamente, en virtud de los ciclos a que se ve sometido con
regularidad.

Los períodos de embarazo y lactancia suponen una interrupción en el proceso de adquirir y


mantener un nivel determinado de entrenamiento, en desmedro de la eficiencia del conjunto
de la unidad y encarecen el esfuerzo de búsqueda del nivel exigido en la preparación para la
guerra. Por lo general, el piloto de combate debe mantener un nivel mínimo de
entrenamiento, que se pierde rápido cuando no se ejercita regularmente. En una mujer,
expuesta a embarazos o períodos de lactancia, el nivel mínimo para conservar sus aptitudes
de vuelo sufrirá interrupciones, debiendo repetir con mayor frecuencia que el varón, las

163
Del mismo modo en que se eligió la expresión “fuerzas en tierra”, en lugar de “fuerzas terrestres”, se optó por “fuerzas del aire” en
reemplazo de “fuerzas aéreas”, por cuanto algunas de las consideraciones que caben en este acápite, son aplicables a los medios aéreos del
ejército o navales, siendo necesario un término de significado más amplio.
120
etapas más básicas del entrenamiento. Esto tiene un costo adicional que en el caso de un
piloto de combate es relevante.

Esta diferencia entre varones y mujeres atenta contra el espíritu de cuerpo, debido a que no
todos los miembros del equipo pueden rendir en la misma medida y es natural que haya que
adoptar normas diferenciadas para hombres y mujeres, a fin de que las calificaciones puedan
ser realizadas con justicia.

El riesgo de que el avión sea derribado, va a la par con el de que la tripulación sea capturada.
El problema de los riesgos a que se expone la mujer prisionera de guerra, ya fue mencionado
en el caso de las fuerzas terrestres, por lo que valen aquí los mismos elementos de juicio de
entonces; con el adicional de que los riesgos de ser hecha prisionera son significativamente
más altos, pues la aeronave operará regularmente sobre el territorio bajo control del enemigo.
Los pilotos derribados son expuestos a persecuciones sistemáticas por las fuerzas
adversarias, muchas veces motivadas por el deseo de venganza ya que han debido soportar el
ataque de la misma aeronave derribada. No es lo mismo ser objeto de la persecución del
enemigo, cuando se está en la compañía de los camaradas, que cuando como el piloto
derribado, debe enfrentar el peligro en la más completa soledad. Es de suponerse a qué
situaciones se verá expuesta una mujer en tales circunstancias.

Otro aspecto del riesgo de volar y ser derribado, es el de la eyección desde el avión. Sabido
es que un piloto que es eyectado, experimenta aceleraciones brutales, del orden de los 20 G,
debe soportar el impacto del viento a velocidades sumamente altas y, finalmente, debe
absorber el violento contacto con el suelo, que muchas veces no se produce de manera
controlada164. Rara vez un piloto sometido a esta situación se libra sin algún tipo de lesiones.
No se han encontrado antecedentes respecto de la forma como las mujeres han soportado una
eyección, sin embargo es de suponer que por tener una contextura menos robusta que la de
los varones, las lesiones que sufren deben ser de mayor consideración.

No hay mayores diferencias entre la vida de cámara de una guarnición aérea y la que se
desarrolla en un cuartel del ejército, pues ambas comparten las mismas circunstancias.
Solamente se diferencian en que es normal que las unidades aéreas se encuentren en la
periferia de los centros poblados, donde las operaciones aéreas no importunen a la población.
Ello implica una vida de casino más activa que en las unidades terrestres.

164
El paracaidismo deportivo, practicado por muchas mujeres, no es un buen punto de comparación. El deportista se lanza al vacío en
condiciones bastante distintas que el piloto del aeronave derribada, ya que no ha sufrido lesiones antes del salto, opera desde aviones
volando a velocidades bajas, lleva un equipo muy reducido (sin elementos de supervivencia) y posee un paracaídas con capacidades de
control de vuelo que no están presentes en un paracaídas de emergencia.
121
VII.- ADAPTACIÓN DE LAS FUERZAS A LA INTEGRACIÓN FEMENINA.

Es evidente que en todas las instituciones castrenses que han debido recibir contingentes
femeninos ha sido necesario realizar numerosas adaptaciones, en términos de
reglamentación, de infraestructura, de modificación de las unidades a flote y otras.

Históricamente, las fuerzas armadas de todo el mundo han funcionado de otra manera.
Independiente del hecho de que los cuerpos armados siempre deben sufrir adecuaciones a
diversas circunstancias de tiempo y lugar, lo que nunca ha cambiado es el hecho de que el
recluta es el que debe adaptarse al medio165.

El conocimiento, fruto de la experiencia de los militares, enseña que el proceso de


adaptación toma su tiempo y requiere del sacrificio de reclutas e instructores, para que el
recién ingresado se introduzca en un mundo en el que las cosas más sencillas, tienen sus
peculiaridades que el hombre de armas debe dominar. El léxico militar, naval o aéreo, la
forma de tratar al superior, al subalterno o incluso al compañero, la rígida rutina diaria, llena
de pequeñas y grandes diferencias con la vida civil, la falta de privacidad y de comodidades
que fuera del cuartel son tan desconocidas que ni siquiera se piensa en su existencia, etc.

El “período de reclutas”166, primera etapa en el proceso de formación de un militar, apunta a


entregar al novato los conocimientos básicos respecto de lo que el servicio espera de él, en
orden a la conducta que debe observar y a los conocimientos mínimos que debe manejar. Es
el primer paso en un largo proceso de adaptación, indispensable para un eficiente desempeño
en el mundo militar. Es también la primera prueba a que se ve sometido, para aquilatar sus
aptitudes con vistas a convertirse en guerrero. Con diversos nombres y modalidades, el
período de reclutas es un uso universal e ineludible en las FF.AA., que en ocasiones alcanza
al personal que no desarrollará funciones militares167.

El hecho conocido, de las altas tasas de deserción en las escuelas matrices, es revelador de
una realidad que en la boca de un militar puede sonar a soberbia, pero que es lejos de toda
duda, incuestionable. No todos pueden ser militares y no es fácil llegar a serlo.

En realidad, no todos pueden ser médicos, abogados o arquitectos. Ni es fácil lograr el título,
pues cada oficio tiene sus propias exigencias de talento o de otro orden que sólo algunos
individuos tienen, siendo labor de las universidades el seleccionar a los que son realmente
capaces. En los llamados oficios, la necesidad de talentos especiales no es menor. Sólo
algunos pueden ser carpinteros, albañiles o mueblistas. En todos los casos, el mercado
laboral demuestra ser implacable. Sólo triunfan los más o los únicos capaces.

165
Es costumbre entre las familias reales, que los hijos varones reciban formación militar, sin ninguna consideración especial en virtud de
su rango nobiliario. Uno de los hijos de la Reina Isabel sirvió como piloto de helicóptero en la guerra por las Islas Falkland y su padre, el
Príncipe Felipe, fue oficial de Marina embarcado durante la Segunda Guerra Mundial, como un oficial más. Estos y otros casos semejantes
indican que el ingreso al servicio armado se realiza sin ningún tipo de consideraciones especiales.
166
Ver “Período de reclutas” en Aclaraciones.
167
La conocida película Reto al Destino, que lanzó a la fama al actor Richard Gere, ilustra precisamente el período de reclutas al que se
somete a los futuros oficiales aviadores navales norteamericanos que no ingresan al servicio a través de la Academia Naval de Annapolis.
122
La selección del personal no puede faltar en las FF.AA. Sin ella, se corre el riesgo de poner
en peligro a la nación entera. La selección es y debe ser permanente, desde el primer día en
que el joven cruza las puertas de la escuela o del cuartel, hasta que finalmente se acoge a
retiro. La altura que cada cual alcanza en la carrera, es un buen reflejo de la aptitud de cada
uno para el servicio castrense.

Por esta razón, el hecho de que las FF.AA. deban adaptarse para recibir a un grupo específico
no parece de ninguna lógica. Lo normal es que quien se introduce en el mundo militar, se
adapte a las condiciones que este medio impone. Lo contrario implica necesariamente
desvirtuar la esencia de la vida militar, que es de servicio y sacrificio para sus miembros.

A continuación expondré algunas consideraciones respecto de las adaptaciones, separándolas


según la naturaleza de las fuerzas armadas.

123
1.- FUERZAS EN TIERRA

Como ya se ha indicado, las adaptaciones de las fuerzas en tierra a la presencia femenina en


términos de infraestructura, son relativamente sencillas. Las adaptaciones de tipo
administrativo, no merecen ser mencionadas en un trabajo como el presente porque dependen
exclusivamente de la voluntad humana. Donde las adaptaciones adquieren complejidad, es en
los requisitos exigidos para que las unidades y sus integrantes sean declarados aptos para el
combate.

Las exigencias de orden intelectual no constituyen un problema, debido a que en este plano
hombres y mujeres son semejantes.

Sin perjuicio de que la aptitud moral, para enfrentar las situaciones de riesgo propias de la
guerra es indispensable, las exigencias físicas para el combate, son primordiales. Un soldado
requiere de una aptitud para el ejercicio físico intenso y prolongado, porque el combate así lo
impone.

No todos pueden ser soldados. La batalla no tiene horarios. Se come, se bebe, se duerme o se
atiende a las necesidades físicas, sólo cuando y donde realmente se puede, si es que se puede.
Al combate no se va con comedores, baños ni dormitorios, sino con una mochila cuyo
contenido está cuidadosamente regulado en función de las necesidades operativas. En
combate, las únicas oportunidades que tiene el soldado para descansar dependen de la
llegada de un relevo, que muchas veces puede no llegar.

Terminado el combate, el soldado debe convivir con los despojos de los muertos y los restos
del material destruido, hasta que exista la posibilidad de que se sepulte a los caídos y se
despeje el terreno de los escombros, tareas que él mismo debe emprender. En este punto, no
hay adaptación posible. Es el combatiente el que se adapta o sencillamente debe ser retirado
del frente, si antes el enemigo no ha acabado con él.

Las capacidades físicas son tan importantes como las habilidades del soldado, en lo táctico o
en el manejo del arma que se le ha entregado. Y es en las capacidades físicas, donde residen
las principales diferencias entre el varón y la mujer168. No es cierto que en la vida militar
haya una preeminencia del músculo por sobre el cerebro, por lo que pretender que ello puede
ser revertido tampoco es acertado169. Lo que la guerra terrestre necesita es una adecuada
conjunción de músculo y cerebro, como ocurre con toda actividad humana. Con la salvedad
de que la vida militar implica una peculiar combinación de capacidades, habilidades y
talentos, que no siempre es desarrollada por todas las personas170.

La guerra moderna ha hecho aun más difícil el problema. Los ejércitos antiguos combatían
mientras la luz natural lo permitía. Salvo en el caso de un asedio, durante las horas de
oscuridad se corría el riesgo de atacar a los compañeros, por la incapacidad de reconocerlos.

168
Baroness Symons of Vernham Dean, Minister for Defence Procurement, Part of My Job: Equal Opportunities in The Armed Forces,
RUSI Journal Octubre de 2000. Entrevista.
169
La pretendida supremacía de lo físico por sobre lo intelectual, ha sido por mucho tiempo, argumento destinado a desacreditar a los
militares y, entre estos, para hacer bromas a sus camaradas empleados en funciones en las que los aspectos físicos son de mayor relevancia
que en otros.
170
La primacía del intelecto se ve aún más claramente en el hecho de que al soldado se le exige una prestancia moral, que no reside en el
músculo, sino en la mente.
124
Las normas que emitían las autoridades eclesiásticas, imponían treguas por cuestiones de
índole religiosa o humanitaria, que todos acataban. Se respetaba el derecho del enemigo a
recoger a sus heridos y sepultar a sus muertos, pues todos ellos compartían la misma fe. En
otras culturas, las condicionantes impuestas por la superstición o las premoniciones de los
augures o astrólogos operaban de igual forma.

Todo ello ha cambiado. Se combate de día y de noche, porque las circunstancias tácticas lo
hacen aconsejable y porque se cuenta con los medios tecnológicos que hacen que la noche
sea día. Si no se va a combatir de noche se aprovecha la oscuridad para desplegar o
redesplegar las fuerzas, esperando combatir de día. La palabra “descanso” desaparece del
lenguaje del soldado en combate, aunque pese dolorosamente en su mente. La historia
recurre reiteradamente al término “sobrehumano”, para referirse a los esfuerzos increíbles
que han realizado los soldados en incontables ocasiones, para cumplir con las misiones
asignadas bajo el fuego del enemigo.

La autoridad de la Iglesia ya no alcanza a imponer sus normas a las fuerzas militares, aunque
la mayoría comparta el mismo credo. En lugar de dar facilidades al enemigo para recoger a
sus muertos y atender a sus heridos, se busca quebrantar su moral impidiéndole realizar tales
tareas. El compañero herido pidiendo auxilio, en medio de la “tierra de nadie”, afecta
profundamente la moral de las tropas y puede provocar reacciones irracionales, que ponen en
riesgo al resto de la fuerza o al cumplimiento de la misión. Muchos soldados han ganado sus
condecoraciones de guerra precisamente por llevar a cabo rescates de compañeros heridos,
todo ello bajo condiciones extremadamente difíciles.

Nuevamente la realidad nos muestra que lo que se requiere, desde esta perspectiva, no es una
adaptación de las fuerzas a la incorporación de la mujer, sino que ésta sea capaz de
adaptarse.

Es evidente que las armas militares se han diseñado pensando en operadores masculinos. Si
bien es cierto que se han hecho esfuerzos por diseñar armas de uso personal más livianas,
ello ha tenido por finalidad primordial, el que el soldado pueda llevar más munición u otros
equipos y sólo secundariamente el reducir la fatiga. No se puede olvidar que el arma del
infante, por ejemplo, requiere de cierta potencia que sólo se consigue alargando el cañón o
empleando munición más potente, todo lo cual exige un conjunto más robusto. Si bien es
cierto que las fuerzas especiales usan armas de menor tamaño y potencia, éstas no son
eficientes en una unidad de infantería que dispara a mayor distancia y requiere de más
precisión en el tiro.

Además, la tendencia actual es dotar al combatiente con más equipos. Chalecos o tenidas
antibalas, cascos capaces de soportar el impacto de un proyectil, calzado antiminas, visores
nocturnos, equipos de comunicaciones individuales, navegadores satelitales, designadores e
iluminadores de blancos para la aviación o la artillería y otros inimaginables hace pocos
años. Ellos recargan al soldado en combate, demandándole esfuerzos extremos. Esta es una
de las razones por las que los ejércitos de todo el mundo tienen exigencias de contextura
física mínimas, que normalmente no son cumplidas por la mujer. Las adaptaciones que se
han llevado a cabo en algunas fuerzas, consistentes en rebajar las exigencias de desempeño
físico para recibir contingentes femeninos, redundan necesariamente en unidades militares
menos aptas físicamente para el combate.
125
Es generalmente aceptado que las mujeres sólo se integren, por estas razones, a las armas de
apoyo. Artillería, Ingenieros de combate y telecomunicaciones, donde las exigencias físicas
parecen ser menores (No en el caso de la artillería, en la cual las exigencias físicas no son
menores). No obstante, no pueden adaptarse todas las circunstancias.

Sin duda que una central de cálculo de tiro no se resentirá en su eficiencia, si es operada por
mujeres, otro tanto ocurre con una central de comunicaciones. Pero un proyectil de artillería
de 155 mm pesa alrededor de 50 Kg., el que es considerable para un varón y lo será más para
una mujer, que como artillera, deberá cargar muchos durante un lapso de tiempo prolongado.
Ella también deberá cargar la munición en el vehículo de transporte, emplazar el arma,
operar manualmente los pesados mecanismos del cañón, etc. Todas estas tareas son
realmente duras, aún para varones fornidos.

En la guerra moderna, las posibilidades de que las unidades de apoyo que operan alejadas de
las líneas del frente deban enfrentarse con unidades de combate, se han incrementado en la
misma medida en que se ha perfeccionado el armamento y la movilidad de las tropas. En
ninguna planificación militar puede descartarse el empleo por el enemigo, de medios aéreos,
capaces de ofender precisamente los dispositivos logísticos, normalmente menos protegidos
contra la amenaza aérea y por lo tanto, blancos más atractivos.

Prácticamente no existen unidades de fuerzas especiales donde se desempeñen mujeres. En


estas fuerzas, las exigencias físicas son aun mayores que en las unidades de servicio general.
El combatiente especial depende aun más de sus propias capacidades individuales. Es un
combatiente aislado, generalmente inserto en pequeños grupos, en acciones tras las líneas del
enemigo, huérfano del apoyo de la artillería, de la aviación o del aparato logístico.
Prácticamente sobrevive reduciendo al máximo la satisfacción de sus necesidades
individuales. Las exigencias físicas de un combatiente especial sólo son cumplidas por muy
pocos y escogidos varones, de modo que no todos los militares pueden acceder a ello. La
adaptación es en este caso, muy poco viable, salvo que se haga al costo de reducir las
capacidades físicas mínimas exigidas.

En ninguno de los casos planteados puede decirse que no existan mujeres capacitadas para el
trabajo militar. No obstante, las consideraciones que se puedan tener a la vista siempre deben
evaluar la generalidad, no los casos particulares171.

171
Rambo y otros héroes y heroínas del cine y la televisión, han creado una falsa visión del mundo militar, en la que un cuerpo militar, aun
bien entrenado, resulta sistemáticamente destruido por un solo individuo, superdotado, física, intelectual y moralmente. Tales héroes, no
son más que hijos de la imaginación, capaces de llenar las salas de cine, pero no de realizar las hazañas que se exhiben en la pantalla.
126
2.- FUERZAS NAVALES

Las fuerzas navales han sido en todos los casos conocidos, las que más dificultades han
presentado a la incorporación de mujeres. No es una simple casualidad. Pese a que el ingreso
de la mujer a las Armadas ha precedido muchas veces al de las fuerzas terrestres, éstas se han
diferenciado al ocupar plazas laborales en los planteles terrestres en los que puede
desempeñarse eficientemente con sus pares masculinos o en los que definitivamente, no tiene
competidor varón. El buque, medio de combate natural de la fuerza naval, hasta años muy
recientes, no fue abordado por tripulantes femeninos.

Las adaptaciones de una fuerza naval exigen cambios que afectan la estructura de las
unidades a flote, los que a veces son simplemente irrealizables y que debieran hacerse sin
menguar las capacidades bélicas del conjunto. Ya se han expuesto someramente las
dificultades que debe abordar el equipo de ingenieros, arquitectos y constructores navales,
para modificar un buque ya construido. El problema se simplifica en parte, cuando de diseñar
un buque mixto se trata. Si no hay limitaciones en cuanto a los costos es posible lograr
diseños apropiados, considerando que los porcentajes de mujeres de la dotación, serán
constantes y probablemente en áreas específicas de desempeño. La Armada de los EE.UU.
estima que modificar un portaaviones para recibir mujeres tiene un costo de US$ 4.000 por
tripulante femenino, en tanto que en un submarino, dicha estimación sube a US$ 300.000172.

Ya hemos visto que las dotaciones mixtas requieren de espacios de habitabilidad segregados,
a la vez que las facilidades para las mujeres tienen requerimientos especiales en baños,
lavandería, enfermería, etc. La experiencia indica también que la alimentación adecuada para
el hombre sometido a esfuerzos físicos duros, no es apropiada para las mujeres, que tienden a
subir rápidamente de peso, de modo que este aspecto también requiere de adaptaciones que
en unidades menores, es muy difícil de satisfacer173.

El problema, crítico en unidades de superficie, es prácticamente insoluble en los submarinos.


En un sumergible es imposible crear espacios segregados para cada sexo, debido a que el
hacinamiento es una norma de vida para el submarinista, hasta el punto que uno de los
requisitos para ingresar y permanecer en el arma, es la capacidad sicológica para soportarlo
por largos períodos.

Lo que viene a agravar el problema con el paso del tiempo, es la creciente reducción de
tripulantes en las unidades de combate, fruto de la automatización de los procesos de
detección, traqueo174 y destrucción de los blancos, de las comunicaciones y de toma de
decisiones, así como de los referidos al control y la operación de las plantas propulsoras y
auxiliares, etc. Con menos personal a bordo, los trabajos que requieren grandes esfuerzos
físicos no se han terminado. Por el contrario, son los mismos de antes pero ahora con menos
personal para desarrollarlos. Probablemente un acorazado de la segunda guerra mundial, con
1.600 tripulantes, no se hubiera resentido apreciablemente con un 10% de la dotación
compuesto de mujeres. Una fragata de 2.000 toneladas, con 120 tripulantes cuyo complejo

172
New Debate on Submarine Duty for Women, www.armedforcescareers.com/articles/article18.html
173
El tema de la alimentación diferenciada para damas y varones aparece en Mujeres de alto vuelo, de fecha 12 de agosto de 2004, en
www.mujereschile.cl, como una necesidad detectada en la Escuela de Aviación.
174
Ver “Traqueo” en Aclaraciones.
127
equipamiento requiere de un constante y duro esfuerzo de mantenimiento, que no era tan
exigente en el acorazado, dispone cada vez de menos manos para las tareas pesadas, de modo
que todo el escaso personal disponible debe “apegar a la tira”175, según la expresión
empleada en la jerga naval.

No cabe duda de que es posible reducir la cantidad de trabajos pesados a bordo, pero ello se
logra a costa de sacrificar el costoso espacio disponible, aumentar desmedidamente el peso
del buque (lo que reduce la velocidad de la nave y su radio de acción) además de recargar la
agenda de mantenimiento. En los buques auxiliares, la cantidad de trabajos pesados es mayor
que en las unidades de combate, acorde con las labores que realiza.

Se ha pretendido comparar a las unidades navales auxiliares con sus pares del mundo civil,
sin considerar diferencias básicas entre ambas. La nave mercante, sea de transporte o un
modesto remolcador, se concibe y opera bajo los criterios del costo de su operación, en el
que tiene una fuerte incidencia el de la mano de obra. Esta razón lleva al armador a dotar al
buque mercante del máximo de equipos automatizados, reduciendo o eliminando todo
aquello que no sea absolutamente indispensable en el logro de sus metas comerciales. El
mantenimiento que la tripulación ejecuta es mínimo, descansando fundamentalmente en el
servicio que prestan los oferentes terrestres. El buque es programado minuciosamente en sus
navegaciones, tanto para cumplir con sus compromisos con la clientela, como para efectuar
el mantenimiento.

Poco de esto es válido en el caso de las unidades navales. Si bien es cierto que los planes de
mantenimiento demandan una planificación en el empleo operativo del buque, muchas veces
éste debe operar bajo condiciones de emergencia, no planificadas, por su condición de bien
de servicio a la comunidad. El inminente naufragio de una nave, civil o militar, la comunidad
aislada en los fiordos australes afectada por los rigores del clima; la evacuación de un
poblador que requiere inmediata atención médica y tantas otras situaciones, quiebran el más
afinado plan de permanencia en puerto.

La dotación por lo tanto, debe ser capaz de atender la mayor parte del mantenimiento con sus
propios medios, sin perjuicio de que debe estar capacitada para prestar auxilio a otras naves.
Es un buque auxiliar, pero también es un buque de guerra, lo que implica el desarrollo de
otras actividades de tipo permanente desconocidas en una nave mercante, como el
entrenamiento para cumplir su rol en la fuerza que se prepara para la guerra.

El trabajo de mantenimiento también tiende a ser más pesado en un buque auxiliar. En un


petrolero, el mantenimiento de equipos como grúas, plumas, maniobras para la transferencia
de combustible, demandante de grandes esfuerzos físicos, es crítico para el cumplimiento de
los roles del buque en su servicio a las unidades de combate. En estos buques, el trabajo
normal de reabastecer de combustible en la mar, es también una tarea que causa gran
desgaste físico, realizada frecuentemente en condiciones climáticas difíciles, que absorbe a la
mayor parte del personal que no se encuentra cubriendo puestos en la operación normal de la
unidad. La estrecha relación entre la vida de a bordo y el trabajo pesado no da mucho espacio
a las adaptaciones necesarias para recibir tripulantes femeninos.

175
Ver “Apegar a la tira” en Aclaraciones.
128
En la Infantería de Marina, que en todas partes es una componente de las fuerzas navales, las
condiciones de vida y de trabajo son una mezcla de las condiciones prevalecientes en las
fuerzas terrestres y en las navales. El infante de marina combate en tierra, pero el
desplazamiento a las áreas de operaciones se realiza navegando. También debe contar con las
fuerzas navales, para el apoyo logístico. Todo esto implica que para que estas fuerzas se
adapten a la presencia femenina, la fuerza naval debe hacerlo previamente, al menos en las
unidades que se dediquen a las operaciones anfibias.

Se debe recordar que en alguna medida, las fuerzas anfibias son semejantes a las fuerzas
especiales del Ejército. Estas operan huérfanas de apoyo terrestre cercano, se organizan con
una cierta autonomía logística, etc., todo lo cual impone al combatiente anfibio, una
capacidad física excepcional. La experiencia con fuerzas anfibias, que se enriqueció
extraordinariamente durante la segunda guerra mundial, indica que sufrían un porcentaje
mucho más elevado de bajas que las fuerzas terrestres, gran parte de ellas causadas por la
incapacidad del soldado regular por alcanzar la playa, bajo el gran peso de su equipo y
sometido al fuego de los defensores. No debe ser simple casualidad que a la fecha, no se
tiene conocimiento de mujeres en las fuerzas de combate de la infantería de marina de
ningún país.

Una adaptación indispensable, es la que debe sufrir la mentalidad del marino. Las
experiencias que se conocen indican a las claras que tal adaptación no se ha producido casi
en ninguna fuerza naval, por una razón nada despreciable: la tradición de siglos de vida
marinera. Esta tradición supera fácilmente las barreras del idioma, de la cultura e incluso de
antiguas enemistades. En muchas ocasiones es más fácil encontrar similitudes entre marinos
de latitudes muy distantes, que entre marinos y militares de una misma bandera.

Casi universalmente el uniforme naval es azul, los grados jerárquicos poseen nombres y
distintivos similares y son fácilmente asimilables para efectos protocolares. Las costumbres
marineras no conocen fronteras, por el contrario, crean vínculos en la medida que ellas
revelan una hermandad muy particular y que todos son unánimes en respetar y preservar.
También pesa en todo esto el hecho de que los marinos, más que otros hombres de armas, se
relacionan frecuente y estrechamente con sus pares extranjeros.

Los usos tradicionales también tienen importancia. Si durante mucho tiempo algo resultó
exitoso, ¿por qué cambiarlo ahora? Cambiar una mentalidad tan apegada a formas y
costumbres inmemoriales, es una tarea difícil y no se tiene ninguna certeza de que el cambio
produzca efectos beneficiosos en la calidad de las fuerzas de mar, único argumento que
debiera pesar al momento de decidir la puesta en práctica de cualquier modificación.

A partir del análisis de lo que es la vida de cámara a bordo, que ya se ha tocado previamente,
podemos concluir que el servicio a flote es un campo laboral en el que no caben adaptaciones
a las necesidades de los individuos, sino que, por el contrario, son ellos, ya sea hombres o
mujeres, los que deben adaptarse. Adaptar las unidades navales para que puedan acoger a
tripulantes femeninos, es, en términos de lo que significa la vida en el mar, un contrasentido.

129
3.- FUERZAS DEL AIRE

Las fuerzas aéreas requieren escasas adaptaciones, casi todas ellas en términos de
infraestructura de habitabilidad y eventualmente de medios de sanidad específicos para las
damas. No existen diferencias derivadas de la fisiología, entre un hombre y una mujer, para
pilotear una aeronave, salvo los períodos de menstruación, embarazo y lactancia y, como en
otro momento se ha señalado, cuando se debe atender una emergencia en un avión de alto
rendimiento. No es lo mismo una emergencia hidráulica en un avión de combate F-16
volando a mach 2,1 (aproximadamente 2.124 Km./h), que una falla en un avión de transporte
militar volando a 740 Km./h o a la de un avión deportivo a 170 Km./h.

Un factor importante en la adaptación, lo constituye la falta de una larga tradición “aérea”.


Muchas de las fuerzas aéreas del mundo, nunca se han visto envueltas en acciones bélicas
reales y ninguna puede ostentar una existencia de un siglo. La Armada de Chile había
conquistado sus mayores glorias más de 50 años antes de que se creara nuestra Fuerza Aérea.
Es sabido que las tradiciones militares tienen sus principales fuentes, en la experiencia
bélica. La denominación de las unidades, por ejemplo, en la Armada y en el Ejército, evocan
a héroes o acciones de guerra y sobrarían nombres para ello. Los nombres de las unidades
aéreas, surgen de fuentes distintas: animales de carácter simbólico, la toponimia local, etc. y
cuando se recurre a nombres propios, se trata de rememorar a figuras cuyos méritos son de
tipo fundacional o que podrían ser, indistintamente, militares o civiles.

La Escuela Naval lleva el nombre de su alumno más brillante, el mayor héroe nacional. La
Escuela de Aviación en cambio, ostenta el nombre de su fundador176. Mientras hablamos de
una tradición militar o naval que se ha forjado en el ámbito castrense, la tradición aérea en
Chile no logra aun despegarse del mundo de la aviación civil. Los logros de los que nuestra
Fuerza Aérea puede legítimamente enorgullecerse, son resultados que pudieron alcanzarse
también por civiles, lo que no les resta méritos, pero que muy dificultosamente podrían
calificarse de hazañas propiamente militares.

La Fuerza Aérea Argentina, que cumplió un honroso papel en la reciente guerra por las islas
Falklands, gracias a esta experiencia, ha logrado laureles en el terreno militar, en torno a los
cuales ahora puede desarrollar una tradición aérea propiamente castrense que antes no tuvo.

Si la tradición pesa al momento de imponer cambios, la falta de ella favorece los mismos en
muchos ámbitos. Entre ellos, la presencia de mujeres en sus filas. Esta situación, debería
permitir que la adaptación de las fuerzas aéreas a la incorporación femenina, sea la más
sencilla de implementar. Siempre quedará presente, sin embargo, la cuestión de si las
adaptaciones contribuyen o no a una mejor gestión del recurso aéreo militar.

176
En sus comienzos, el Ejército y la Armada también recurrían a la toponimia o a nombres de pura leyenda, para denominar a sus unidades
(Buín, Rancagua, en el caso del Ejército, Aquiles, Águila o Meteoro, en la Armada), pero pronto, los hechos y los héroes reemplazaron a
los anteriores (Topáter, Chacabuco, Arica, Pisagua, Iquique, Yungay, Esmeralda, Carrera o Prat)
130
VIII.- REFLEXIONES FINALES.-

No deja de ser paradójico que en los Estados Unidos, país que más experiencia práctica ha
tenido en guerra durante los últimos 60 años, la legislación actual no permite que las mujeres
participen del combate directo. Más aún, las 37 bajas femeninas en Irak, los ha llevado a que
el Congreso exija una investigación de si se está cumpliendo el espíritu de la Ley. Mientras
esto sucede en el país del Norte, en Chile, algunos sectores políticos y feministas presionan e
insisten para incluirla.

Definitivamente, falta experiencia práctica y tiempo. Mucho tiempo, antes que tengamos
alguna claridad sobre el tema.

En nuestro caso, debemos seriamente preguntarnos si vale la pena exponer a nuestras


mujeres, a las Fuerzas Armadas y al país a una aventura en la cual no existe certeza de sus
resultados y consecuencias.

Aspectos como los morfológicos hacen naturalmente a la mujer menos fuerte y también
menos resistente a la fatiga que el hombre. Las diferencias fisiológicas (menstruación), el
embarazo y el parto complican la participación continua de la mujer en los entrenamientos y
en el frente de combate. El matrimonio y los hijos restan disponibilidad a la mujer para su
desarrollo profesional en las fuerzas operativas. Esto pasa a ser relevante en momentos de
crisis, donde se requiere un 100% de disponibilidad de todas las fuerzas activas entrenadas.

Otros factores a considerar son los costos de adecuación de la infraestructura militar y de los
medios, especialmente en la Armada, que requiere la incorporación de la mujer a las
unidades de combate, los que son, generalmente altos o muy altos. Si bien es cierto que
existe una presión política continua por lograr el ingreso de la mujer a las fuerzas de
combate, no es menos verdad que en los países donde tienen acceso a ellas, su participación
no llega a más de un 1 ó 2%. Estos porcentajes corroboran la falta de vocación o interés que
la mujer muestra por el tema militar operativo.

También, se debe tener en cuenta que el medio militar en general no acepta de buena gana a
la mujer en las unidades de combate. Esto debido a la falta de capacidad física para compartir
los trabajos pesados, la dificultad para entablar una relación de verdaderos camaradas de
armas y el trato diferente que se les otorga. Por otra parte, a la mujer del militar, en su
mayoría, le complica la presencia de mujeres en las unidades de combate. Especialmente en
aquellas donde las ausencias son prolongadas, en condiciones de falta de espacio y de
comodidades, además de la promiscuidad natural que en éstas se produce.

Si se busca justificar el ingreso de la mujer a las fuerzas de combate utilizando el concepto


de “que todos somos iguales ante la ley”, es importante recordar que, en democracia, este
concepto se refiere a la igualdad jurídica y no a una seudo igualdad total. No es igual la
capacidad de unos y otros, tampoco las características físicas y fisiológicas, menos aún los
intereses. Si no fuera así, no existiría la individualidad ni la competencia. Seriamos todos
iguales, un producto industrial producido en línea.

131
Pretender realizar estos cambios argumentando que “otros países lo han hecho” o que “es
parte del proceso de modernidad del país”, no resiste análisis. Definitivamente, nuestra
realidad social y militar es diferente a la de aquellos países que intentan involucrar a la mujer
en combate. Además, la actual estructura de personal de nuestras Fuerzas Armadas ha
demostrado ser eficiente y capaz de cumplir cabalmente su misión constitucional.

Sin lugar a dudas que al gobierno recientemente asumido, le cabe una especial
responsabilidad en esta materia. El, deberá velar porque las Fuerzas Armadas sean capaces
de defender en forma eficiente nuestra seguridad en el difícil entorno en que estamos
situados y no olvidar, que no hay política exterior exitosa sin unas Fuerzas Armadas
competentes.

Para finalizar, quisiera reiterar que la guerra es, en esencia, violencia, destrucción y muerte.
La mujer en cambio, es fuente de vida.

132
ANEXOS.-

ANEXO A.

AGUSTINA DE ARAGON177(1786-1857):
Su verdadero nombre era Agustina Raimunda María Saragossa Doménech, también conocida
como La Artillera, es tal vez la heroína más popular del folklore español. El 15 de junio de
1808, los franceses forzaron las entradas a la ciudad por la zona de Casablanca, intentando
penetrar en Zaragoza entre las puertas del Carmen y del Portillo en medio de un intenso
ataque artillero, cerrando el cerco sobre la ciudad por diversos puntos. El gran asalto del 2 de
julio se centró, entre otras zonas, en el Portillo, donde la batería allí dispuesta había ido
perdiendo uno a uno sus defensores. Fue entonces cuando hizo aparición la heroína, que
tomando la mecha de las manos de un moribundo artillero, disparó el cañón contra los
atacantes, consiguiendo su retirada.
Intervino en otros episodios de los Sitios de Zaragoza. Participó en la lucha por el convento
de Jerusalén y también en el Sitio de Teruel. Su azarosa vida le llevará al Sitio de Tortosa,
donde nuevamente fue capturada, escapándose más tarde.

MANUELA SANCHO BONAFONTE (1748-1863):


Colaboró en las tareas de avituallamiento durante el primer sitio de Zaragoza en junio de
1808. Se destacó en el segundo sitio ante la feroz ofensiva del ejército francés, cuando tomó
las armas con admirable resolución participando en la defensa del convento de San José. Esta
acción le valió elogiosos comentarios del comandante de la plaza, el que le concedió el
distintivo de la cinta escarlata y una pensión de 2 reales. En el combate, resultó herida de
gravedad y se le dio por muerta, por encontrarse sepultada bajo las pilas de cadáveres de los
defensores178.

CASTA ALVAREZ (1786-1846):


Destacó en los asedios a Zaragoza por su patriotismo y valor, acompañando a los defensores
en la batería de cañones de puerta Sancho y en los combates del barrio del Arrabal. Armada
de una bayoneta sujeta al extremo del hombro a modo de lanza, que en ocasiones blandía
amenazante hacia los franceses179.
El general Palafox la condecoró con el escudo de los defensores, y el rey Fernando VII le
concedió una pensión de cuatro reales diarios en 1815.
177
www.aragoneria.com/personajes/agustina.htm
178
Nuria Marín, publicado en www.asociacionlossitios.com/manuelasancho.htm
179
M. Salas, General de Ejército (España), Obelisco Histórico, www.asociacionlossitios.com/castaalvarez.htm
133
ANEXO B.

MARGARET COCHRAN CORBIN180 (1751 - ¿1880?):


Casada con John Corbin, quien se unió al Ejército Continental (o revolucionario). Acompañó
a su marido, como lo hicieron muchas mujeres de soldados, y como éstas, preparaba la
comida, lavaba las ropas y atendía a los heridos. También estas mujeres aprendieron bastante
de los ejercicios militares de sus maridos, pues los observaban frecuentemente en sus
prácticas.
En noviembre de 1776, encontrándose en Fort Washington, la posición fue atacada por el
enemigo. John Corbin servía como ayudante de artillero, en un cañón. Al caer muerto el
artillero, y más tarde el ayudante, la mujer asumió el puesto y siguió cargando y disparando
el arma, hasta que una esquirla la alcanzó en el hombro, mutilando su pecho y lesionando su
quijada. Llevada a la retaguardia, recibió los primeros auxilios.
El fuerte fue capturado pero los soldados heridos fueron liberados, bajo la promesa de no
tomar nuevamente las armas, según se acostumbraba en esos tiempos. En 1779, se le otorgó
una pensión equivalente a la mitad del sueldo de un soldado en servicio en premio a su valor.
En el año 1783, al término de la guerra, ella continuaba perteneciendo a las listas del ejército.
Muchos años después de su muerte, (ocurrida probablemente en 1800), sus restos fueron
exhumados y desde 1926 se encuentran en la Old Cadets Chapel en West Point, academia
donde también existe un monumento en su honor. La ciudad de Nueva York la ha honrado
con una placa conmemorativa ubicada en el lugar de su heroica acción, donde se señala que
se trata de “la primera mujer en desempeñarse como soldado en la Guerra por la Libertad”.

180
www.womenshistory.about.com/waramrevolution/
134
ANEXO C.

JUANA AZURDUY (1780 – 1862)181:

Nacida en el cantón de Toroca en las cercanías de Chuquisaca, Alto Perú, en lo que hoy es
Bolivia. Su infancia se desarrolla en un hogar de buen pasar económico y en las tareas
propias de una niña de la época. A la muerte de sus padres su crianza quedara a cargos de sus
tíos. Posteriormente es enviada al convento de Santa Teresa. Allí se revelara contra la rígida
disciplina y es expulsada a los 8 meses de haber ingresado. Regresa a su región natal, donde
conoce a Melchor Padilla, padre de su futuro esposo.

Contrae matrimonio con Manuel Padilla el 8 de Marzo de 1805. Traen al mundo 4 hijos.

Su esposo compartió con Juana sus conocimientos sobre la revolución Francesa, la republica,
la lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Su vida militar se desarrolló en las provincias del actual noroeste argentino. Contribuyó a la
independencia de este país organizando y conduciendo fuerzas guerrilleras compuestas
principalmente por indios, en estrecha colaboración con su marido.

Su azarosa existencia de combatiente irregular no conoció descanso ni comodidades.


Perseguida por fuerzas superiores, perdió en rápida sucesión a sus cuatro hijos pequeños. En
plena campaña, da a luz a su quinta hija, pero pronto pierde también a su marido, muerto tras
la batalla de Viloma. El Ejército argentino le otorga el grado de Teniente Coronel, con todas
las prerrogativas del caso. En 1824, se retira con su única hija a Chuquisaca donde podrá
celebrar la independencia de su país, lograda un año después. Muere en 1862 a los 82 años
de edad.

181
www.rebelion.org/mujer
135
ANEXO D.

CANDELARIA PEREZ182 (1810-1870 ):


También llamada Sargento Candelaria. Nació en Santiago en el seno de una familia de
artesanos. En 1832 se trasladó a Perú, con otra familia chilena de la cual más tarde se
separaría.
Ya independizada, estableció una posada para marineros en El Callao, denominada “Fonda
Chilena”. Tras la llegada del Ejército chileno expedicionario comandado por Manuel Bulnes,
Candelaria decidió enrolarse como soldado o cantinera.
Su labor en el Ejército fue una mezcla de soldado, enfermera, espía y mensajera. Durante el
bloqueo del Callao por la escuadra chilena a cargo del Almirante Simpson, sirvió de
mensajera y correo para llevar noticias a bordo. Evitaba la vigilancia enemiga, por medio de
su disfraz de marinero.
No obstante su astucia, fue tomada prisionera y enviada a las casamatas (nombre con que se
conocía a los fuertes del Callao)183, de donde logró salir gracias al triunfo chileno en la
batalla de Portada de Guías.
Una vez liberada se unió al Ejército Restaurador, como se llamó al Ejército chileno, en su
retirada al Callejón de Huaylas. En el Ejército de Bulnes, Candelaria se distinguió como
feroz soldado y táctica, indicando los puntos vulnerables del enemigo. Acompañó a la tropa
durante toda la campaña demostrando ser un buen soldado y además de solícita enfermera
que curaba las heridas y protegía a los caídos.
El hecho que llevó a la fama a la humilde soldado fue el Asalto del Pan de Azúcar. Enrolada
en el batallón Carampangue, se sumó a los 400 hombres que dirigidos por Bulnes rodearon el
cerro y comenzaron a subir. Mientras desde arriba, arreciaban las piedras y las descargas
bolivianas. De vez en cuando podían disparar, eliminando al enemigo que caía cerro abajo.
En ese trance, Candelaria recibió en sus brazos el cuerpo ya sin vida del capitán del
Carampangue, Guillermo Nieto. Con sus últimas fuerzas, ella terminó el ascenso del cerro
junto a la mitad del contingente original y combatió mano a mano contra los soldados de la
Confederación Perú-Boliviana.
A las diez de la mañana, el sargento del batallón Valparaíso, José Segundo Alegría, clavaba
la bandera chilena en lo más alto del cerro. El enemigo había sido totalmente diezmado.
Posteriormente sufriría la derrota definitiva en la batalla de Yungay.
En reconocimiento a sus servicios el gobierno la ascendió al grado de alférez, concediéndole
una pensión de 17 pesos mensuales. Esto la convierte probablemente en la primera mujer en
recibir el rango de oficial del Ejército chileno.

182
www.ejercito.cl/historia/héroes
183
En algunos libros, se las designa como las Casas Matta o las Casas de Matta.
136
ANEXO E.-

IRENE MORALES INFANTE184 (1865-1890):


Nació en La Chimba el 1 de abril de 1865. Fue hija de Ventura y de Marta. Siendo muy
joven perdió a su padre, debiendo trasladarse con su madre al puerto de Valparaíso, donde
aprendió el oficio de costurera con el que se ganaría la vida.
En 1877 y cuando Irene tenía sólo doce años, su madre la casó con un artesano mucho mayor
en edad. Al poco tiempo debió sufrir la pérdida de su madre y de su esposo.
Huérfana, viuda y sin familia, tomó rumbo a Antofagasta, donde a los catorce años volvió a
casarse. El dolor no acabaría ahí. Su marido, envuelto en una riña con un soldado al que
finalmente dio muerte, fue condenado y fusilado por ese delito.
Corrían los días de la Guerra del Pacífico y la llegada de la Escuadra chilena a las costas del
Norte, cambiaría su vida por completo. Su triste y solitaria existencia la llamó a servir a los
demás y a su patria. Las penas que debió enfrentar aceraron su carácter, permitiéndole entrar
a la historia de las mujeres de Chile.
Irene Morales fue cantinera. Admitida en el Tercero de Línea (hoy, Regimiento de Infantería
Nº 3 “Yungay”), disfrazada de hombre y pese a su condición de mujer lo que era una
curiosidad, pero no una irregularidad, fue aceptada como “un soldado tercerino”. Participó en
el desembarco de Pisagua (2 de noviembre de 1879) y en el combate de Dolores (el 19 del
mismo mes). Allí se unió a los soldados fusil en mano, para después preocuparse de la
atención de los enfermos. Doble era la fatiga de las cantineras. Pues primero combatían
atendiendo a los soldados con cantimploras de agua y luego dedicaban sus energías a velar
por heridos y enfermos. Si las circunstancias lo ameritaban, cogían el fusil y combatían como
todo soldado. Su fama llegó a oídos del General Baquedano, quien en reconocimiento a sus
méritos le otorgó el derecho a vestir el uniforme y le concedió el grado de Sargento 2º.
Integrada a la Cuarta División se dedicó a lavandera, siendo partícipe de la batalla de Tacna,
en que resultó levemente herida. En todas esas acciones, Irene se destacó por su entrega
desinteresada y su valentía. La leyenda la sitúa entrando con las primeras tropas a la capital
de Rímac, entre los jinetes del Regimiento Carabineros de Yungay.
A diferencia de la Sargento Candelaria, Irene Morales no gozaría del reconocimiento de su
país en vida. El 25 de agosto de 1930 muere en la sala común de un hospital.
El coronel Enrique Phillips le dedicó un artículo publicado en El Mercurio. Allí, entre otras
cosas, señaló: "Las Judith de Chile, fueron muchas en esa gloriosa jornada, pero ninguna
superó en valor a Irene Morales, el tipo de la mujer chilena".

184
www.ejercito.cl/historia/héroes
137
GLOSARIO DE TERMINOS.-

En el texto se han incorporado expresiones que, por tener varios significados, requieren de
una aclaración acerca del sentido de su uso en esta investigación. También ha parecido
necesario explicar algunos términos propios de la jerga militar, para facilitar la comprensión
de los mismos, por quienes los desconocen.

-Apegar a la tira

Expresión de la jerga marinera chilena, usada para indicar el deber de incorporarse a alguna
tarea, en especial cuando de trata de faenas pesadas o de larga duración. El término tiene su
origen en la cuerda que debe ser cobrada entre varias personas, para operar un aparejo,
llamada “tira” o “halar”, por lo que denota a la vez, esfuerzo físico y trabajo de equipo.

-Armas de combate y armas de apoyo de combate

Se designa con el nombre de armas de combate, a las fuerzas de ejército que directamente se
enfrentan al enemigo y que ocupan o defienden el espacio físico por conquistar o ya
conquistado. Tradicionalmente, son armas de combate, la infantería, la caballería y los
blindados; además, se tiende lentamente a considerar como tales, a los medios aéreos
orgánicos del ejército, principalmente helicópteros, que complementan la actividad antes
reservada exclusivamente a los medios blindados y que se ha comenzado a emplear
masivamente. En algunos ejércitos, reciben esta denominación, las fuerzas especiales.

Las armas de apoyo son aquellas que contribuyen a facilitar el accionar de las armas de
combate o a mantener el contacto entre las fuerzas empeñadas en la acción entre sí y con los
mandos. En relación con el enemigo, las armas de apoyo realizan la tarea contraria, esto es,
de obstaculizar o impedir el accionar de las armas de combate adversarias. Se incluyen entre
las armas de apoyo de combate, la artillería, los ingenieros de combate y las
telecomunicaciones.

-Casino

En la nomenclatura militar chilena designa el recinto destinado al alojamiento, servicio de


comida y esparcimiento de oficiales, suboficiales o sargentos, cada uno según su propio
rango. Para el personal de menor graduación, el casino es normalmente sólo un sitio
destinado a la recreación.
En las reparticiones de tierra de la Armada, se denomina casino sólo si constituye un edificio
o construcción independiente de otras edificaciones, al tanto que se le llama cámara, si es un
recinto ubicado dentro de un cierto edificio. A bordo, la función del casino es cumplida por
la cámara, con la diferencia de que el alojamiento no es parte de esta, salvo en algunos
buques menores, donde la falta de espacio obliga a darle, un uso más amplio. En la
nomenclatura náutica anglosajona, el nombre de la cámara de oficiales a bordo, es
138
wardroom, es decir, “pabellón de operaciones”, aludiendo al uso que, en combate, se da
tradicionalmente a este recinto.

-Combatiente

Persona que integra una fuerza que se enfrentará directamente con el enemigo, empleando
algún tipo de armamento u operando los medios en los que se desplaza el armamento y desde
los cuales se emplea. El combatiente terrestre integra las armas de combate, las armas de
apoyo de combate y las fuerzas especiales, el combatiente aéreo es el tripulante de las
aeronaves de combate y en la mar, todo tripulante de un buque de guerra es combatiente.

- Deserción

Aún cuando se emplea regularmente para designar el delito que consiste en dejar voluntaria e
ilícitamente el ejercicio de la profesión u oficio militar, en el texto se usa para significar el
abandono legítimo pero temprano de la función o profesión militar, es decir, con un sentido
estrictamente laboral o escolar.

-Espoteo

Acción de observar la caída de los piques o explosión de los proyectiles de artillería, a fin de
efectuar las correcciones del caso, para asegurar los impactos en el blanco.

-Fuerzas Armadas

El término se refiere a las organizaciones militares del Estado, encargadas de la defensa


nacional contra amenazas externas, planteadas por otros estados o enemigos externos.
Dependiendo de la legislación de cada país, las FF.AA. comprenden también a las fuerzas
policiales, a veces sólo por cuestiones de orden administrativo. En ciertos lugares, la función
policial marítima, es ejercida por la Armada, en tanto que en otros, está a cargo de un cuerpo
especial, que puede o no integrarse a las FF.AA. en tiempos de guerra. Para los efectos de
este trabajo, el término FF.AA. se refiere exclusivamente a las organizaciones militares
responsables de la defensa nacional mediante el empleo de las armas. Los antecedentes
estadísticos recopilados a veces especifican estas diferencias, en otros, no.

En el texto, las expresiones “cuerpos armados”, “cuerpos castrenses” “servicios armados” y


otros semejantes, se han empleado para significar también “Fuerzas Armadas”.

-Fuerzas regulares e irregulares

El término de fuerzas regulares, se da a los componentes militares de las FF.AA.


subordinadas al poder estatal, en tanto que las fuerzas irregulares son aquellas organizadas
por particulares, con o sin apoyo estatal, para emprender acciones militares.
Tradicionalmente, las fuerzas irregulares han empleado las tácticas de guerrillas, para el
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logro de sus fines, por lo que muchas veces se denomina “guerrilla”, independientemente de
los procedimientos bélicos que empleen en el logro de sus fines.

-Fusilero

Sinónimo de “infante”, es decir, el soldado cuya arma es el fusil (llamado a veces, “rifle”) y
que combate a pie, integrando las unidades de Infantería.

-Guardamancebo

Trozo de cuerda que cuelga del badajo de la campana, que sirve para tañerla. En el servicio
naval, se emplea adicionalmente un guardamancebo para ayudarse a pasar de la embarcación
menor, a la plataforma de la escala real del buque. En la Armada de Chile, el guardamancebo
es presentado, por el mensajero, a todos los oficiales del grado de Capitán de Corbeta o
superior. Por cortesía, también se acostumbra presentarlo a las mujeres.

-Línea

Término que resume al de “línea del frente” y que, aplicado al status del personal, indica la
condición de los que desarrollan en sus funciones habituales, labores ligadas al combate o a
la conducción de las tropas de combate. En Chile, los oficiales de las Fuerzas Armadas se
clasifican en Oficiales de Línea y de los Servicios y la misma denominación reciben los
escalafones en los que se encuentran encuadrados.

-Mercenario

Combatiente que, sin contar con la nacionalidad de las fuerzas a las que se integra, combate a
cambio de un sueldo o recompensa, durante un cierto plazo previamente pactado.

-Periodo de reclutas

Primera fase en el proceso de formación de todo militar. Comprende generalmente, la


instrucción llamada doctrinal, es decir la adquisición de las destrezas necesarias para el
manejo del arma individual y los ejercicios de marcha característicos de toda fuerza militar;
también abarca aspectos relativos al conocimiento básico del militar respecto de la
organización a la que se incorpora, de las tradiciones y costumbres distintivas, el uso del
léxico particular y adquisición de las conductas básicas para desempeñarse adecuadamente
en el medio.

-Personal subalterno

Se refiere al personal uniformado que no es oficial. En algunos casos, se le denomina


suboficial (Argentina). La aclaración se hace necesaria, dado que la denominación de este
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personal varía de un país a otro e incluso, de una institución a otra. En Chile, el personal
subalterno del Ejército y de la Fuerza Aérea se conoce como “Cuadro Permanente”, al tanto
que en la Armada, es “Gente de Mar”. En Inglaterra, se les llama “Ratings”; en EE.UU:
“Enlisted”. Se ha evitado las expresiones “tropa” o “marinería”, con que también se designa
a este personal (en España, por ejemplo), por la significación peyorativa que adoptan en el
lenguaje común, en cambio sí se ha empleado la expresión “tropas”, para referirse al
conjunto de los elementos humanos de una fuerza militar, sin distinción de rangos o grados
jerárquicos.

-Ploting

Expresión inglesa que designa la representación, en una mesa o un tablero especial, del
campo táctico y la ubicación de las fuerzas contendientes, para contribuir a que el mando se
forma una más cabal idea de lo que está sucediendo y adopte las medidas que estime
necesario para el logro de su misión. Los operadores van agregando, quitando o moviendo
las piezas que representan a las fuerzas, según van recibiendo la información pertinente.

-Rango Militar

Aun cuando algunas legislaciones, como la chilena, consideran a todo el personal


perteneciente a una institución de la Defensa Nacional, como propiamente militar, aun si no
ejerce funciones militares, en diversos países las normas hacen diferencias entre quienes
ejercen labores técnicas o administrativas, sin usar uniforme u ostentar un grado militar y los
que se ocupan directamente del servicio de las armas. En cada caso, se ha señalado la
existencia de esta diferencia, cuando corresponde.

-Servicio Militar

Usado en el mismo sentido de MILICIA. Cuando se refiere al acuartelamiento forzoso de


conscriptos, por un período de tiempo limitado, también conocido como conscripción, el
texto lo aclara.

-Servicios

Generalmente, designa a los componentes de las FF.AA. cuyo rol es prestar apoyo logístico,
técnico o administrativo. Entre las fuerzas terrestres, generalmente no combaten, aunque a
veces se encuentran desplegados junto con los combatientes, como los capellanes. En las
fuerzas navales, algunos servicios suponen la condición de combatiente, al estar embarcados
(médicos y capellanes).

Son servicios, los referidos a la atención médica, religiosa y veterinaria, los cuerpos de
Intendencia y de Justicia, las unidades de material de guerra.

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-Traqueo

Del inglés “track”, rastro o rastrear, seguir el rastro. Se refiere al proceso de detectar, ubicar,
y determinar los movimientos de un “contacto”, mediante los diferentes sensores, como
radares, sonares, equipos de apoyo electromagnético, la vista, etc., con el fin de dirigir, si
corresponde, las armas, cuando el contacto resulta ser hostil. También se “traquean” los
contactos de superficie, con el fin de realizar las maniobras destinadas a evitar colisiones en
la mar.

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