Está en la página 1de 88

A LA : MAGISTRADA JUEZA PRESIDENTA

DE LA CÁMARA CIVIL Y COMERCIAL


DEL JUZGADO DE PRIMERA
INSTANCIA DEL DISTRITO JUDICIAL
DE SÁNCHEZ RAMÍREZ.

PETICIONARIOS
DEMANDADOS : BASILIO GUZMÁN R. y FRANCISCO
ANTONIO RODRÍGUEZ ARAUJO.

ABOGADOS : BASILIO GUZMÁN R. y FRANCISCO


ANTONIO RODRÍGUEZ ARAUJO

ASUNTO : CONCLUSIONES INCIDENTALES.


SOBRESEIMIENTO SINE DIE
-CUESTIÓN PREJUDICIAL-
(PRINCIPALMENTE) Y MEDIO DE
INADMISIÓN (SUBSIDIARIAMENTE).

MATERIA : CIVIL.

ESPECIE : DEMANDA INCIDENTAL EN


RADIACIÓN DE EMBARGO.

DEMANDANTE
INCIDENTAL : BANCO DE AHORRO y CRÉDITO
COTUI, S.A.

ABOGADO : DR. EURÍPIDES SOTO LUNA.

INMUEBLE
DE REFERENCIA : UNA PORCIÓN DE TERRENO CON
EXTENSIÓN SUPERFICIAL DE MIL
CIENTO CUARENTA Y OCHO PUNTO
CINCUENTA Y SIETE (1,148.57 M2)
METROS CUADRADOS, IDENTIFICADO
CON LA DESIGNACIÓN CATASTRAL
NÚMERO 317097996028, MATRÍCULA
NO. 0400005011, DEL MUNICIPIO DE
COTUI, PROVINCIA SÁNCHEZ RAMÍREZ,
EXPEDIDO POR EL REGISTRO DE
TÍTULOS DEL DISTRITO JUDICIAL DE
SÁNCHEZ RAMÍREZ, EN PROVECHO DEL
SEÑOR KELVIN RAFAEL GIL LAZALA.

EXPEDIENTE NÚMERO : 0506-2018-ECON-00529.

FECHA DE LA AUDIENCIA : 03 DE OCTUBRE DEL 2018.


HONORABLE MAGISTRADA:

Los exponentes, BASILIO GUZMÁN R. y FRANCISCO A. RODRÍGUEZ A., quienes


ostentan sus propias representaciones legales, y quienes además son dominicanos,
mayores de edad, casados, Abogados de los Tribunales de la República, debidamente
matriculados y al día en el Colegio de Abogados de la República Dominicana, bajo los
números 6569-316-88 y 29769-239-05, portadores de las Cédulas de Identidad y
Electoral números 031-0108152-3 y 087-0004265-1, domiciliados, residentes y con
estudio profesional, el primero en la ciudad de Santiago de los Caballeros, sito en la
casa marcada con el número 23 de la calle Andrés Pastoriza de la Urbanización la
Esmeralda de la ciudad de Santiago de los Caballeros (Estudio Jurídico B.G., S.R.L),

en tanto que el segundo en la calle 8, esquina María Trinidad Sánchez, Plaza Abreu,
apartamento 4, del sector La Esperanza, de esta ciudad y municipio de Cotuí, provincia
Sánchez Ramírez, y estudio ad-hoc del primero, estudio donde los exponentes hacen
elección de domicilio para todos los fines y consecuencias legales de la presente
instancia, tienen a bien EXPONEROS y CONCLUIROS, muy respetuosamente de la
manera siguiente:

A- ANTECEDENTES:

1- El inmueble arriba indicado, honorable magistrada, anterior a su deslinde, fue objeto


de una ejecución hipotecaria por parte del señor NORBERTO RADHAMES
PEGUERO DÍAZ, de la cual estuvo apoderada este honorable órgano que
dignamente usted preside, habiendo sido el abogado de este último el DR.
EURIPIDES SOTO LUNA, proceso este que culminó con la sentencia de
adjudicación número 00124/2008 (expediente número 506-08-00276) de fecha
catorce (14) del mes de mayo del año dos mil ocho (2008), la cual contiene el
siguiente dispositivo:

FALLA:

PRIMERO: DECLARA, adjudicatario al señor NORBERTO


RADHAMES PEGUERO DÍAZ, del inmueble siguiente: UNA PORCIÓN
QUE MIDE 1,140 METROS CUADRADOS, DENTRO DEL SOLAR NO.
1-B, PORCIÓN D, DEL DISTRITO CATASTRAL NO. 1 DE COTUI,
LIMITADO AL NORTE Y SUR: CALLE EN PROYECTO; AL OESTE:
2
CALLE NO. 4 Y AL ESTE: JOSE ALBERTO, UBICADO EN LA SABANA
DE DON ARMANDO, SECTOR LOS PINOS DEL MUNICIPIO DE COTUI:
POR LA SUMA DE RD$3,103,000.00 (TRES MILLONES CIENTO
TRES MIL PESOS CON 00/100); más las costas y los gastos de
honorarios profesionales ascendente a la suma de RD$135,105.00
(CIENTO TREINTICINCO MIL CIENTO CINCO PESOS CON 00/100).

SEGUNDO: ORDENA, la parte embargada, señor JUAN DANIEL


MOISÉS REYES, o a cualquier persona que ocupara a cualquier
título dicho inmueble, abandonar la posesión del mismo tan
pronto le sea notificada la presente sentencia.

Y por esta nuestra sentencia así se pronuncia, ordena, manda y


firma.

(Fdos. FRANCISCO A. RINCÓN, Juez Interino y JUDITH ESTHER


ALT. TERRERO REYES, Secretaria Interina).

2- Al tenor de la señalada sentencia y a resulta de su ejecución, por ante el Registro de


Títulos del Distrito Judicial de Sánchez Ramírez, la señalada dependencia tuvo a
bien rendir en fecha veinticinco (25) del mes de febrero del año dos mil nueve (2009),
el certificado de título -carta constancia- a nombre del señor NORBERTO
RADHAMES PEGUERO DÍAZ, que lo acredita como único y legítimo propietario del
señalado inmueble, que es sobre el cual se construyó la casa o morada del señor
JUAN DANIEL MOISÉS REYES, tal y como hace constar el ministerial ARAMIS A.
VICENTE, Ordinario de la Cámara Penal de la Corte de Apelación del Departamento
Judicial de La Vega, al levantar el acto número 140/2008-02 de fecha cinco (5) del
mes de febrero del año dos mil ocho (2008), contentivo de embargo inmobiliario y
sigue siendo la casa o morada, donde aun a la fecha sigue residiendo el señor
JUAN DANIEL MOISÉS REYES, y su esposa la señora LAYLI ELIZABETH
ESPINAL MORALES.

(Véase, por favor, numeral 17 de nuestro índice de piezas y documentos de


fecha 28 del mes de septiembre del año 2018, depositado por la parte
ahora exponente en la Secretaría de este honorable órgano).

3- Inmediatamente, o anterior a su adjudicación, el señor JUAN DANIEL MOISÉS


REYES, procuró poner en marcha uno de sus fabulosos y mágicos planes
procesales, a través y por supuesto del también mago, el DR. ROBERTO A. DE
JESUS MORALES, y obviamente con la anuencia y asesoría, de su socio,
compinche y alicate el LIC. PLINIO R. CANDELARIO RAMOS, juez de Jurisdicción
3
Original de este Distrito Judicial de Sánchez Ramírez, mediante la cual el señor
JUAN DANIEL MOISÉS REYES, con otra carta constancia dentro de esa misma
parcela, deslinda el inmueble adjudicado, y se hace constar que dicha operación
jurídica recae sobre su lecho o residencia, naciendo de dicho ingenio el inmueble
ahora devenido en litigioso, pero obviamente bajo otra designación catastral y
debidamente deslindado, lo cual trae como consecuencia que la preindicada
sentencia de adjudicación de este honorable tribunal y el certificado de título que
surgió de la misma, quedaran en el aire y por igual la fuerza pública que al amparo
de la misma se había solicitado, se “concedió” por la entonces Procuradora Fiscal de
este Distrito Judicial de Cotuí, LICDA. GARINA A. ALMONTE AMPARO, pero eso
sí, para ejecutar sobre el inmueble adjudicado e impidiendo que se ejecutara sobre
el “inmueble fabulosa y especularmente deslindado” tal y como consta en el acto
número 0224/2010 de fecha diecinueve (19) del mes de mayo del año dos mil diez
(2010), en el cual se expresa lo siguiente:

PRIMERO: Ordena a los miembros de esa institución policial dar


protección policial al ministerial ROBERTO LAZALA, Ordinario de la
Cámara Penal Distrito Judicial de Sánchez Ramírez, para que
pueda ejecutar el embargo inmobiliario siguiente a favor del SR.
NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, del inmueble que se describe
a continuación:

UNA PORCIÓN QUE MIDE 1,140 METROS CUADRADOS, DENTRO DEL


SOLAR NO. 1-B, DE COTUI, LIMITADO: AL NORTE Y SUR CALLE EN
PROYECTO, AL OESTE: CALLE NO. 4, Y AL ESTE: JOSE ALBERTO,
UBICADA EN LA SABANA DE DON ARMANDO, SECTOR LOS PINOS DEL
MUNICIPIO DE COTUI, EMBARGADO: SR. JUAN DANIEL MOISÉS
REYES MEDIANTE SENTENCIA NO. 00124/2008 DE FECHA
14/05/2008, EMITIDA POR LA CÁMARA CIVIL Y COMERCIAL DE
SANCHEZ RAMIREZ.

SEGUNDO: En cuanto al inmueble propiedad de la SRA. LAILY


ELIZABETH ESPINAL MORALES, consistente en 1,148.57 metros
cuadrados, y sus mejoras de una casa de concreto ubicada en la
Sabana de Don Armando, Vista del Valle, sector los Pinos, con
colindancia: Norte Calle en Proyecto, al sur: José Robles Alberto P.
N. 1-B, al este: Calle en Proyecto; y al oeste: José Valverde, que re
respete su derecho de propiedad, en virtud del artículo 51 de la
Constitución Dominicana, y la ley 108-05 sobre el inmueble que le
pertenece, no obstante ser la esposa del señor JUAN DANIEL MOISÉS
REYES.

4- No le valió al señor NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, promover acción de


amparo ante este honorable tribunal, la cual fue declarada inadmisible, ni tampoco
demandar en responsabilidad civil a los señores JUAN DANIEL MOISÉS REYES,

4
LAYLI ELIZABETH ESPINAL MORALES, y por igual a la LICDA. GARINA A.
ALMONTE AMPARO, por ante este honorable tribunal, lo cual dio lugar al
expediente número 506-2011-00260, que quedó sobreseído a través de sentencia
incidental número 16/2011 (expediente número 506-11-00260) de fecha veintinueve
(29) del mes de septiembre del año dos mil once (2011) que contiene el siguiente
dispositivo:

FALLA:

ÚNICO: ORDENA el sobreseimiento de la presente demanda en


responsabilidad civil y pronunciamiento de astreinte incoada por el
señor NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, en contra de los
señores JUAN DANIEL MOISÉS REYES Y LAILY ELIZABETH ESPINAL
MORALES, hasta tanto el Tribunal de Jurisdicción Original de este
Distrito Judicial de Sánchez Ramírez, decida sobre la demanda en
nulidad de deslinde y la misma adquiera el carácter de la cosa
irrevocablemente juzgada, por las razones antes expuestas.

Y por nuestra sentencia, así se pronuncia, ordena, manda y firma:


JAQUELINE INMACULADA RAMOS UREÑA, jueza y ELISANIA
MARÍAPEREZ HEREDIA, secretaria.

(Véase, por favor, numeral 48 de nuestro ya señalado índice de piezas y


documentos).

5- No habiendo prosperado la preindicada acción de amparo, como ya expresáramos y


la responsabilidad civil anteriormente indicada haber cogido la debacle o villa diego,
no le quedó otro camino al señor NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, que
promover una litis sobre derechos registrados, forzosa y lamentablemente por ante
el Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original del Distrito Judicial de Sánchez
Ramírez, en declaratoria de nulidad de dicho deslinde y del certificado de título que
surgió del mismo, habiendo sobrevenido del indicado apoderamiento y como era de
esperarse la sentencia número 2011-0397 (expediente número 5171100175) de
fecha cinco (5) del mes de diciembre del año dos mil once (2011), que declara al
demandante, NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, sin calidad jurídica para
dicho apoderamiento, sobre la base de que se trataba de otro inmueble y sobre el
cual este último no tenía ningún derecho real inscrito y fallándose en la siguiente
dirección:

FALLA:

5
PRIMERO: Acoge las conclusiones principales planteadas por el DR.
ROBERTO ANT. DE JS. MORALES SÁNCHEZ, en representación de la
señora LAILY ELIZABETH ESPINAL MORALES, y en consecuencia
DECLARA inadmisible, la presente litis sobre derechos registrado en
nulidad de deslinde, relativo al solar 1-B porción D del D.C. No. 1,
por falta de calidad, según lo expresado anteriormente.

SEGUNDO: CONDENAR, a la parte demandante señor NORBERTO


RADHAMES PEGUERO DÍAZ, al pago de las costas del procedimiento
a favor y provecho del DR. ROBERTO ANT. DE JS. MORALES
SÁNCHEZ, quien afirma haberla avanzado en su totalidad.

TERCERO: Ordenar a la Registradora de Títulos del Departamento


de Cotuí lo siguiente:

A) Levantar cualquier nota preventiva que afecte este inmueble como


producto de esta Litis.

B) MANTENER, con toda su fuerza y valor jurídico el certificado de


título matrícula No. 0400005011, a nombre de LAILY ELIZABETH
ESPINAL MORALES.

Y POR ESTA NUESTRA SENTENCIA, A CARGO DE APELACIÓN Y SE


PRONUNCIA, ORDENA Y MANDA, FIRMADOS: LICDO. PLINIO R.
CANDELARIA RAMOS Juez, y ADALGISA SANTOS RAMIREZ,
Secretaria.

6- Hubo por supuesto, honorable magistrada, que ir al Tribunal Superior de Tierras del
Departamento Noreste, en apelación de la señalada sentencia, pegar el grito al cielo,
hasta donde más no se podía, para que sólo y sólo así se entendiera que lo
acontecido no era sino el accionar de una verdadera asociación de malhechores,
compuesta de abogados y un juez, dedicados a delinquir día y noche, noche y día,
lo cual quizás obligó a los miembros de dicha alzada a prestar atención y revocar la
vergonzosa sentencia, que ya transcribiéramos, reconociendo que el señor
NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, tenía perfecto derecho y calidad para
promover la acción en cuestión, porque se trataba del inmueble a él adjudicado por
este honorable tribunal y remitiendo de nuevo el expediente, por ante el Juez de
Jurisdicción Original de este Distrito Judicial de Sánchez Ramírez, el que
posteriormente y a pedimento nuestro, presentó inhibición ante la alzada, la cual fue
acogida y remitido el expediente ante el juez de jurisdicción original de Hermanas
Mirabal, el cual se encontraba hasta hace poco sobreseído, en atención al recurso de
apelación, que los señores JUAN DANIEL MOISÉS REYES y LAYLI ELIZABETH
ESPINAL MORALES incoaron contra la preindicada sentencia.

6
7- El recurso de casación, honorable magistrada, fue declarado perimido, lo cual
entonces facultó a la parte ahora exponente a solicitar del Tribunal de Tierras de
Jurisdicción Original del Distrito Judicial de Hermanas Mirabal, que fijara nueva
audiencia, en atención a que la cuestión prejudicial ya había cesado y por ello
fijándose la nueva audiencia para el día veintidós (22) del mes de noviembre del
cursante año, por ante el indicado tribunal, para la cual ya han sido debidamente
convocados los señores KELVIN RAFAEL GIL LAZALA, LAILY ELISABETH
ESPINAL MORALES, NELSON ANTONIO JEREZ PAULINO, y la entidad BANCO
DE AHORROS Y CRÉDITO (BANCOTUI), S. A., tal y como consta en el acto de
fecha veintiocho (28) del mes de septiembre del año dos mil dieciocho (2018), del
ministerial JUAN FRANCISCO CEBALLO, Ordinario del Tribunal de Trabajo del
Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de Sánchez Ramírez.

(Véase, por favor, numeral 63 de nuestro ya señalado índice de piezas y documentos)

8- Lo anteriormente señalado, honorable magistrada, quiere expresar que el aspecto


relativo a la calidad y al interés jurídico, del señor NORBERTO RADHAMES
PEGUERO DÍAZ, quedó consolidado al haber alcanzado la autoridad de la cosa
irrevocablemente juzgada, ya sólo iremos a discutir por ante el Tribunal de Tierras
de Jurisdicción Original del Distrito Judicial de Hermanas Mirabal, si el fraude en
cuestión, a lo que se le llamó deslinde, que todos sabemos que no es más que un
tumbe, estuvo o no ajustado al derecho, y ya usted se puede imaginar, honorable
magistrada, si el Tribunal Superior de Tierras del Departamento Noreste, reconoció
que el inmueble sobre el cual recayó el tumbe en cuestión -perdón, el deslinde- fue el
mismo que usted, honorable magistrada, adjudicara en provecho del señor
NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, por tanto, ya usted se podrá imaginar
por anticipado lo que ha de ocurrir en ese apoderamiento inmobiliario, honorable
magistrada, ya que el indicado Tribunal Superior de Tierras, no podrá jamás volver
sobre su propia sentencia.

9- Es importante también destacar, honorable magistrada, y a título de introito, en


primer lugar, que toda litis sobre derechos registrados, genera automáticamente una
nota preventiva y que el apoderamiento inmobiliario en cuestión, es con mucho
mayor antelación a todos los tumbes que se han generado sobre el señalado
inmueble en contra de su legítimo propietario, el señor NORBERTO RADHAMES
PEGUERO DÍAZ, incluyendo obviamente y por supuesto, el préstamo hipotecario del

7
ahora demandante incidental BANCO DE AHORRO y CRÉDITO COTUI, S.A., tal y
como demostraremos en los desarrollos posteriores, y en segundo lugar, que la litis
inmobiliaria que actualmente cursa por ante el Distrito Judicial de Hermanas
Mirabal, no sólo involucra a los señores JUAN DANIEL MOISÉS REYES y LAYLI
ELIZABETH ESPINAL MORALES, sino también a los señores NELSON ANTONIO
JEREZ PAULINO y KELVIN RAFAEL GIL LAZALA, en su consabida calidad de
testaferros de los primeros y la entidad BANCO DE AHORROS Y CRÉDITO
(BANCOTUI), S. A., -a pesar de los pesares- asociada por canonjías y prebendas,
así como mafias de sus gerentes en el despropósito que ahora y aquí nos ocupa.

(Véase, por favor, numerales 54, 55 y 56 de nuestro ya señalado índice de piezas y


documentos)

10- Así las cosas, honorable magistrada, y habiéndose concretizado el robo en


cuestión, al que ya hemos hecho alusión (llamado deslinde) y estando el “nuevo
inmueble” a nombre de la señora LAYLI ELIZABETH ESPINAL MORALES, a
manos de quien pasó fruto de otra ingeniería llamada cesión de derecho y
homologación de cesión, que como usted habrá de imaginarse, también se cocinó por
ante el Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original de este Distrito Judicial de
Sánchez Ramírez, a resulta de todo lo cual se conviene en un préstamo hipotecario
con el señor NELSON ANTONIO JEREZ PAULINO, a cuyo amparo se promueve de
la manera más clandestina posible y por supuesto por ante este honorable tribunal
una segunda adjudicación, con un doble propósito: Alejar hasta donde más se pueda
dicho inmueble del accionar del señor NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, en
primer lugar, y en segundo lugar, fabricarse a todo vapor un tercero a “título oneroso y
de buena fe”, no obstante la inscripción de la nota preventiva que resultó del
apoderamiento inmobiliario, sobreviniendo al efecto la sentencia civil y de
adjudicación número 00152/2011 (expediente número 506-11-00187) de fecha
quince (15) del mes de junio del año dos mil once (2011), que contiene el siguiente
dispositivo:

FALLA:

PRIMERO: DECLARA desierta la presente venta en pública subasta


por falta de licitadores.

SEGUNDO: DECLARA, adjudicatario al señor NELSON ANTONIO


JEREZ PAULINO, del inmueble siguiente: UNA PORCIÓN DE
TERRENO CON UNA EXTENSIÓN SUPERFICIAL DE 1,148.57 M 2, CON

8
LA MATRÍCULA 0400005011, IDENTIFICADA CON LA DESIGNACIÓN
CATASTRAL NO. 317097996025, LIBRO 0022, FOLIO 066, DEL
MUNICIPIO DE COTUI, perteneciente a LAYLI ELIZABETH ESPINAL
MORALES, por la suma de SEIS MILLONES DE PESOS ORO
DOMINICANOS (RD$6,000,000.00), precio que asciende al total de la
primera puja, más los gastos y honorarios profesionales
ascendentes a TREINTA Y OCHO MIL CUATROCIENTOS PESOS ORO
DOMINICANOS (RD$38,400.00).

TERCERO: ORDENA a la parte embargada señora LAYLI ELIZABETH


ESPINAL MORALES, o a cualquier persona que ocupara a cualquier
título dicho inmueble, abandonar la posesión del mismo tan pronto
le sea notificada la presente sentencia.

I por esta nuestra sentencia, así se pronuncia, ordena, manda y


firma.

(FIRMADOS: JACQUELINE INMACULADA RAMOS UREÑA (Jueza) y


ELISANIA MARÍAPEREZ HEREDIA (Secretaria Interina)

11- A la preindicada adjudicación le hizo frente el señor BIENVENIDO ANTONIO


MARTE, con quien la señora LAYLI ELIZABETH ESPINAL MORALES, había
convenido en un préstamo hipotecario en primer rango sobre el señalado inmueble,
el cual quedó vuelto añico y pulverizado con esta segunda ejecución, no obstante y
dentro de todo aquel lodazal, la decencia se impuso, y se decretó la falsa subasta
del señor NELSON ANTONIO JEREZ PAULINO, mediante la sentencia número
00078/2012 (expediente número 506-11-00589) de fecha doce (12) del mes de abril
del año dos mil doce (2013), que contiene el siguiente dispositivo:

FALLA:

PRIMERO: En cuanto a la forma, DECLARA, regular y válida la


presente Demanda en Falsa Subasta, incoada por el señor
BIENVENIDO ANTONIO MARTE, en contra del señor NELSON ANTONIO
JEREZ PAULINO.

SEGUNDO: En cuanto al fondo, Declarar, como al efecto declara, falso


subastador al señor NELSON ANTONIO JEREZ PAULINO, de generales
que constan más arriba, y en consecuencia ordena la reventa del
inmueble consistente en una porción de terreno con una extensión
superficial de 1,148.57 MTS2, con la matricula No. 0400005011,
identificada con la designación catastral No. 317097996028, libro
0022, folio 066, del municipio de Cotuí, perteneciente a LAILY
ELIZABETH ESPINAL MORALES, por las razones antes expuestas.

TERCERO: Fijar como al efecto fijamos, para el día diez (10) del mes
de mayo del año 2012, la reventa.

9
CUARTO: Poner a cargo de la parte demandante, el señor
BIENVENIDO ANTONIO MARTE, la publicación de la nueva venta.

Y por esta nuestra sentencia, así se pronuncia, ordena, manda y


firma.
(FIRMADOS: JACQUELINE INMACULADA RAMOS UREÑA (Jueza);
ELISANIA MARÍAPEREZ HEREDIA, (Secretaria).

12- Esta última sentencia, honorable magistrada, fue recurrida en apelación por el
señor NELSON ANTONIO JEREZ PAULINO, y ante la Cámara Civil y Comercial de
la Corte de Apelación del Departamento Judicial de La Vega, en donde se pronunció
el defecto y el descargo puro y simple, tal y como consta en la sentencia número
222/2012 (expediente número 506-11-00589) de fecha treinta y uno (31) del mes de

octubre del año dos mil doce (2012), emanada del indicado órgano, la cual contiene
el siguiente dispositivo:

FALLA:

PRIMERO: Ratifica el defecto pronunciado en audiencia en contra de


la parte recurrente el señor NELSON ANTONIO JEREZ PAULINO, por
falta de concluir;

SEGUNDO: Pronuncia el descargo puro y simple del recurso de


apelación de que se trata, a favor BIENVENIDO ANTONIO MARTE,
parte recurrida en esta instancia;

TERCERO: Condena a la parte recurrente el señor NELSON ANTONIO


JEREZ PAULINO, al pago de las costas;

CUARTO: Comisiona al alguacil de la Cámara Civil y Comercial del


Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de Sánchez
Ramírez, para la notificación de la presente sentencia.

Y por esta sentencia, así se pronuncia, ordena, manda y firman.

(FIRMADOS: ARELIS S. RICOURT DE GOMEZ, (Presidenta); BLAS


RAFAEL FERNÁNDEZ GÓMEZ, (Primer sustituto de la Presidenta),
NIEVES LUISA SOTO DE LEON, (Segunda sustituta de la Presidenta);
JUAN FANTINO SURIEL HILARIO, (Juez); HENRY DAMIAN ALMANZAR
CUEVAS (Juez); y YERMI L. FLORES R., Secretaria.

13- Ello quiere entonces decir, honorable magistrada, que esta segunda ejecución
desapareció1; no obstante, el tremendismo de ese concierto criminal es tan
impensable, que a pesar de haberse anulado la sentencia de adjudicación, a través
1
Aun y cuando no nos encontramos en la sección reservada del derecho, permítasenos referirnos a lo que
implica en términos jurídicos y procesales, la declaratoria de falso subastador, en el contexto de un embargo
inmobiliario, ya sea este de derecho común o abreviado y obviamente en labios de la jurisprudencia, cuando
y sobre el particular expresa lo siguiente:

10
de la declaratoria de falso subastador y ello haber alcanzado el carácter de la cosa
irrevocablemente juzgada, ejecutaron por ante el Registro de Títulos del Distrito
Judicial de Sánchez Ramírez, la señalada sentencia, generándose entonces y en
fecha nueve (9) del mes de mayo del año dos mil doce (2012), el certificado de títulos
que acredita al señor NELSON ANTONIO JEREZ PAULINO, como “nuevo
propietario” del señalado inmueble, quien a su vez conviene en vendérselo al
segundo testaferro de los esposos, señores JUAN DANIEL MOISÉS REYES y
LAYLI ELIZABETH ESPINAL MORALES, el señor KELVIN RAFAEL GIL LAZALA,
quien a su vez y una vez el Registro de Títulos le expide el nuevo certificado de
título, conviene en fecha catorce (14) del mes de diciembre del año dos mil doce
(2012), en un préstamo hipotecario con la entidad BANCO DE AHORRO y CRÉDITO
(BANCOTUI), S.A., por el monto de CUATRO MILLONES DE PESOS
DOMINICANOS (RD$4,000,000.00), que es lo que en resumida cuenta nos
arrastra al escenario que ahora y aquí nos ocupa, honorable magistrada.

(Véase, por favor, numeral 60 de nuestro ya señalado índice de piezas y documentos)

14- Estando los exponentes y suscribientes, en su consabida calidad de consejeros


legales de los señores NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ y BIENVENIDO
ANTONIO MARTE, plena y cabalmente convencidos, de que el festival de
transferencias y de inscripciones hipotecarias, iba a seguir, optamos en inscribir un
gravamen hipotecario sobre el señalado inmueble, al amparo y tenor de uno de los
estados de costas y gastos, rendido por la Presidencia de la Cámara Civil y
Comercial de la Corte de Apelación del Departamento Judicial de La Vega, a
propósito de las múltiples apelaciones incoadas por el señor NELSON ANTONIO
JEREZ PAULINO, y que habiéndose notificado, había alcanzado la autoridad de
cosa juzgada y posteriormente a dicho gravamen hipotecario inscribir un embargo
CONSIDERANDO, que continuando con los medios que se examinan, la recurrente
señala que la Corte a-qua no valoró, como era su deber, que el apartamento núm. 3,
del “Condominio Vistamar” había sido adjudicado a un tercero, por efecto de una
licitación de procedimiento de venta en pública subasta, sin embargo, de la propia
afirmación hecha por la recurrente, cuando señala la existencia del proceso de
puja ulterior e indica que ella no tenía la posibilidad de depositar la sentencia de
adjudicación, queda evidenciado que no existían obstáculos para que el Tribunal
Superior de Tierras entendiera procedente declarar nula dicha Asamblea General
Extraordinaria, así como también, ordenara la cancelación del privilegió inscrito
en fecha 2 de abril de 2002, sobre la unidad del referido apartamento, en razón de
que el crédito que servía de título para el embargo inmobiliario que estaba siendo
cuestionado, previo al inicio de procedimiento de embargo; que además, cuando el
Tribunal del embargo inmobiliario reabre la venta en pública subasta, la sentencia
de adjudicación de la primera subasta, queda aniquilada sin ningún efecto, ello
equivale a que no ha habido adjudicatario; (S.C.J.-Tercera Sala-Tierras- 27 de abril de
2012, decisión número 60, B.J. 1217).

11
real, para con ello bloquear dicho inmueble, en los términos que así lo precisan los
artículos 679 y 680, ambos del Código de Procedimiento Civil, reformado, y hasta
tanto la casación inmobiliaria fuera fallada, y así aconteció, el recurso en cuestión
fue decidido primero que la reactivación del préstamo hipotecario, convenido
mafiosamente con la entidad BANCO DE AHORRO y CRÉDITO COTUI, S.A., lo cual
entonces crea una situación de dependencia prejudicial de dicha ejecución sobre el
pleito inmobiliario y conforme expondremos en los desarrollos posteriores.

B- DE LOS HECHOS:

15- En el contexto y redil de lo anteriormente señalado, la entidad BANCO DE


AHORRO y CRÉDITO COTUI, S.A., le notificó a los ahora exponentes y
concluyentes el acto número 730/2018 de fecha veinticinco (25) del mes de
septiembre del año dos mil dieciocho (2018), y del ministerial JUAN CARLOS LUNA
PEÑA, de Estrado del Cuarto Juzgado de la Instrucción del Distrito Judicial de
Santiago, contentivo de una demanda incidental en radiación del indicado
embargo2, mediante la cual se nos convoca para el día de hoy, que contamos a tres
(3) del cursante mes y año y a la vez se nos denuncia un índice que contiene cuatro
(4) piezas, contenido en una (1) hoja, que sería el material probatorio en el cual el
demandante incidental apoya sus pretensiones en justicia. En cambio, la parte
ahora concluyente depositó tres (3) índices a esos mismos fines, los dos primeros de
fecha veintiocho (28) del mes de septiembre del cursante año, conteniendo uno

2
La cual contiene el siguiente petitorio:

PRIMERO: Ordenar al registrador de Títulos de Cotui, la radiación


total y definitiva de la inscripción del embargo inmobiliario inscrito
sobre el inmueble identificado como parcela 317097996028,
ubicada en Cotui, Sánchez Ramírez, que tiene una superficie de
1,148.57 metros cuadrados, matrícula número 0400005011, a favor
de los Licenciados Basilio Guzmán y Francisco Rodríguez, por un
monto de RD$20,000.00, originado en mandamiento de pago
tendente a embargo inmobiliario, en virtud de la ley 6186, según
documento de fecha 24 de enero de 2013, acto de alguacil
instrumentado por Aramis A. Vicente, alguacil Ordinario de la
Cámara Penal de la Corte de Apelación del Departamento Judicial
de La Vega, inscrito en el libro diario el 24 de enero de 2013, en
virtud de la perención del mismo, y por ende, la falta de interés de
los persiguientes en mantener las persecuciones por ellos iniciadas.

SEGUNDO: Condenar a la parte demandada incidental, Licenciados


Basilio Guzmán y Francisco Rodríguez, al pago de las costas, sin
distracción.
12
primero sesenta y tres (63) piezas; el segundo tres (3) piezas; y el tercer índice de
fecha dos (2) del mes de octubre del cursante año, conteniendo seis (6) piezas; cuyo
depósito se hizo de conocimiento del DR. EURIPIDES SOTO LUNA, y sin que
hubiera obligación legal para ello, en esa misma fecha, a través del acto número
1,221/2018 del ministerial JUAN FRANCISCO CEBALLO, Ordinario del Tribunal
de Trabajo del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de Sánchez
Ramírez.

C- EXPOSICIÓN DEL DERECHO:

16- Lo primero en señalar, en cuanto al aspecto que ahora y aquí nos ocupa, honorable
y muy respetada magistrada, es que en fecha seis (6) del mes de septiembre del
año dos mil trece (2013), le fue remitida una instancia a la LICDA. OLGA
ALTAGRACIA MARTE ADAMES, suscrita por los abogados infrascritos, y que tenía
como objeto el que se rectificara mediante la corrección, una certificación de estado
jurídico, a propósito de nuestra ejecución hipotecaria, y en el contexto de la
inscripción de nuestro mandamiento de pago, de fecha doce (12) del mes de febrero
del año dos mil trece (2013), en la que solo aparecían, los gravámenes y anotaciones
que se indicarán en lo adelante, requerida mediante instancia de fecha veinticuatro
(24) del mes de enero del año dos mil trece (2013) y que tiene como sustento legal lo
previsto en el artículo 690, numeral V del Código de Procedimiento Civil, reformado.
Los gravámenes en cuestión son los siguientes:

HIPOTECA JUDICIAL: en primer rango, a favor de los LICDOS.


BASILIO GUZMAN y FRANCISCO RODRIGUEZ, por un monto de
RD$20,000.00, inscrito el 11 de enero del 2013, a las 2:32:00. P.M.

HIPOTECA CONVENCIONAL: en segundo rango, a favor del BANCO DE


AHORRO Y CREDITO BANCOTUI, S.A., por un monto de
RD$4,000,000.00, inscrito el 18 de enero del 2013, a las 3:22 P.M.

EMBARGO INMOBILIARIO: a favor de los LICDOS. BASILIO GUZMAN y


FRANCISCO RODRIGUEZ, por un monto de RD$20,000.00, inscrito el
24 de enero del 2013, a las 3:59:00 P.M.

17- En respuesta al señalado requerimiento, la LICDA. OLGA ALTAGRACIA MARTES


ADAMES, nos remite el oficio número 20/2013 de fecha nueve (9) del mes de
septiembre del año dos mil trece (2013), en el cual nos expresa lo siguiente:

Cotuí, Prov. Sánchez Ramírez

13
9 de septiembre del año 2013

Oficio No. 20/2013

A los : Licdos. Basilio Guzmán R. y


Francisco A. Rodríguez A.

De la : Licda. Olga Alt. Marte Soto,


Registradora de Títulos de Cotuí.

En virtud de la solicitud de fecha 6 de septiembre del año 2013,


para que el Registro de Títulos proceda a la corrección y
rectificación de la certificación de estado jurídico de fecha 12 del
mes de febrero del año 2013, a los fines de que se hagan constar las
dos notas preventivas de oposiciones requeridas la primera por el
Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original de Sánchez Ramírez, y
la segunda por el señor Norberto Radhames Peguero Díaz, inscritas
en fecha veinticinco (25) de mayo del año 2011 y 24 de agosto del
año 2011, respectivamente, las mismas no fueron asentadas en la
certificación indicada, ya que fueron canceladas en virtud del oficio
emitido por el Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original de
Sánchez Ramírez, de fecha 6 de diciembre del año 2011, inscrito en
fecha 6 de diciembre del año 2011.

Por tal motivo, he procedido a realizar las correcciones de lugar,


haciendo las correcciones pertinentes, al haber detectado en revisión,
el error cometido inintencional, al no haber asentado la oposición
inscrita en fecha 14 de junio del año 2010, a favor del Lic. Norberto
Radhames Peguero Díaz, la cual está vigente.

18- Asimismo, en fecha tres (3) del mes de noviembre del año dos mil once (2011), el
DR. FRANCISCO ANTONIO RODRIGUEZ ARAUJO, en su condición de abogado
constituido y apoderado especial, del señor BIENVENIDO ANTONIO MARTE, le
requirió por igual a la LICDA. OLGA ALTAGRACIA MARTES ADAMES, y a los fines
de saber si la sentencia de adjudicación número 00124/2008 (expediente número
506-08-00276) de fecha catorce (14) del mes de mayo del año dos mil ocho (2008),
había sido o no inscrita o ejecutada por ante el Registro de Títulos del Distrito
Judicial de Sánchez Ramírez, y en ese contexto promover o no la falsa subasta, a la
que ya hicimos alusión, y a través de una certificación del estado jurídico de dicho
inmueble, lo cual fue respondido a través de su certificación de fecha ocho (8) del
mes de noviembre del año dos mil once (2011), en la que se expresa lo siguiente:

Hipoteca en virtud de pagaré notarial en primer rango, a favor de


Nelson Antonio Jerez Paulino, cédula No. 049-0074870-0, por la
suma de RD$2,000,000.00, acto de fecha 10 de febrero del año
2009, acto auténtico No. 93-2009, inscrito el día 15 de marzo del
año 2010. (Libro 22, folio 66).
14
Hipoteca convencional en segundo rango, a favor de Bienvenido
Antonio Marte, cédula No. 049-0018606-7, por la suma de
RD$1,500,000.00, acto de venta de fecha 16 de marzo del año 2010,
inscrito el día 16 de marzo del año 2010. (Libro 22, folio 66).

Embargo y denuncia del mismo, a favor de Nelson Antonio Jerez


Paulino, por la suma de RD$2,000,000.00, actos del alguacil Ramón
Arístides Hernández Hernández, de fecha 8 de marzo del año 2011,
Nos. 154/2011 y 155/2011, inscritos el día 9 de marzo del año
2011.

Oposición, oficio de fecha 25 de mayo del año 2011,


inscrita el día 25 de mayo del año 2011.

Oposición a favor de Norberto Radhames Peguero Díaz,


inscrita el día 23 de agosto del año 2011.

(Véase, por favor, numeral 52 de nuestro ya señalado índice de piezas y


documentos).

19-Ello quiere entonces expresar, honorable magistrada, que el gravamen hipotecario


del ahora demandante incidental se inscribió sobre dicho inmueble, obviamente
posterior a la transferencia que se operó desde el patrimonio del falso subastador,
señor NELSON ANTONIO JEREZ PAULINO, hacia el patrimonio del “nuevo
adquiriente” KELVIN RAFAEL GIL LAZALA, la cual se inscribió en fecha dieciocho
(18) del mes de enero del año dos mil trece (2013), y en esa misma fecha -léase y
óigase bien, en fecha 18/01/2013-, se inscribió el gravamen hipotecario en
cuestión, no porque lo digamos nosotros, sino que es la propia LICDA. OLGA
ALTAGRACIA MARTE ADAMES, la que así lo hace constar en la preindicada
certificación de fecha doce (12) del mes de febrero del año dos mil trece (2013), la
que emite en respuesta a la instancia de fecha tres (3) del mes de noviembre del año
dos mil once (2011), requerida, como ya dijéramos por el DR. FRANCISCO
ANTONIO RODRIGUEZ ARAUJO, donde hace constar que existían dos (2)
oposiciones, una requerida por el Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original del
Distrito Judicial de Sánchez Ramírez, mediante oficio número 211/2011 de fecha
veinticinco (25) del mes de mayo del año dos mil once (2011), y una segunda
requerida por el señor NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, e inscrita en
fecha veintitrés (23) del mes de agosto del año dos mil once (2011), y esta última a
propósito de la acción principal en nulidad, que actualmente cursa por ante este
honorable tribunal, a lo interno del expediente número 506-11-00403 y que quedó
sobreseída, mediante sentencia incidental de este honorable tribunal, contenida en

15
acta de audiencia de fecha seis (6) del mes de junio del año dos mil doce (2012) 3, a
propósito de la apelación que hizo la contraparte de la sentencia incidental número
0006-2012, mediante la cual se le impone al señor NELSON ANTONIO JEREZ
PAULINO, a un astreinte de QUINIENTOS PESOS DOMINICANOS (RD$500.00)
diarios, hasta tanto le de cumplimiento a la sentencia in-voce de fecha tres (3) de
noviembre del año dos mil once (2011), de este mismo y honorable tribunal; en tanto
que, en el oficio de fecha nueve (9) del mes de septiembre del año dos mil trece
(2013), hace constar que ya en fecha catorce (14) del mes de junio del año dos mil
diez (2010), había inscrita una primera nota preventiva, requerida por igual, por el
LIC. NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, la cual -dice la Registradora, en su
ya transcrito oficio- está vigente. Todo ello se traduce entonces, honorable
3
En efecto, en la señalada acta de audiencia se expresa lo siguiente:

LA JUEZA DESPUÉS DE HABER ESTUDIADO EL CASO


CONSIDERANDO:

1.- Que la parte Demandada solicitó el sobreseimiento del presente proceso


hasta tanto la Cámara Civil de la Corte de Apelación del Dpto. Judicial de La
Vega conozca y decida sobre un recurso de apelación.

2.- Que conforme el Acto de fecha Dieciocho (18) del mes de abril del 2012 este
tribunal ha podido comprobar que existe un recurso de apelación que cursa
ante la referida Corte.

3.- Que el sobreseimiento procede cuando existe cuestión prejudicial, que debe
ser decidido de manera previa por otro Tribunal, y en el presente caso la
cuestión judicial de que se trata es el Recurso de Apelación en contra de la
Sentencia Incidental #06/2012 dictada por este tribunal, en fecha 21 del mes
de marzo del año 2012, por lo que en aras de una sana y correcta aplicación
de justicia y en virtud del principio de pertinencia de la medida, procede
ordenar el sobreseimiento de la presente demanda hasta tanto la Cámara
Civil de la Corte de Apelación de La Vega, decida sobre el referido recurso de
Apelación.

4.- Que la decisión del sobreseimiento suspende el curso de la instancia hasta


la llegada del acontecimiento que lo determina y asimismo el sobreseimiento
para estatuir no desapodera el juez y a la expiración del sobreseimiento la
instancia debe ser perseguida por la parte más diligente.

5.- Que en el caso de la especie, procede reservar las costas del


procedimiento, para ser falladas conjuntamente con el fondo de la demanda,
valiendo decisión sin necesidad de hacerla constar en el dispositivo de esta
sentencia.

POR TALES MOTIVOS, y vistos los artículos 130 y 146 del Código de
Procedimiento Civil, la jurisprudencia que rige la materia.

FALLA:

UNICO: ORDENA el sobreseimiento de la presente, por las razones antes


expuestas.

(Véase, por favor, numeral 49 de nuestro ya señalado índice de piezas y documentos).

16
magistrada, a que anterior a que el ahora demandante incidental, inscribiera su
préstamo hipotecario, el cual está contenido en contrato bajo firma privada de fecha
catorce (14) del mes de diciembre del año dos mil doce (2012) -cuando ni siquiera el
inmueble había entrado al patrimonio del señor KELVIN RAFAEL GIL LAZALA,
pues como ya dijéramos y volvemos a repetir, no fue sino en fecha dieciocho (18) del
mes de enero del año dos mil trece (2013), y que se publicitó por igual en esta última
fecha, ya existiendo inscritas sobre dicho inmueble tres (3) oposiciones, una primera
del catorce (14) del mes de junio del año dos mil diez (2010); una segunda del
veinticinco (25) del mes de mayo del año dos mil once (2011) y una tercera del
veintitrés (23) del mes de agosto del año dos mil once (2011), todo lo cual quiere
expresar, que el empréstito hipotecario en cuestión, al ser posterior a las tres (3)
notas preventivas u oposiciones inscritas, es indudablemente de mala fe, conforme
indicáremos en lo adelante.

20- En efecto, honorable magistrada, no es sino por ello que la Secretaría del Tribunal
de Tierras de Jurisdicción Original de este Distrito Judicial de Sánchez Ramírez -a
pesar de los pesares- y obviamente a requerimiento nuestro, por tanto, no
quedándole otro camino que obrar en esa dirección, emitió su certificación de fecha
nueve (9) del mes de septiembre del año dos mil trece (2013), en la que expresa lo
siguiente:

CERTIFICA:

Que este tribunal de tierras de Jurisdicción Original de Cotuí, NO ha


enviado al Registro de Títulos de Cotuí, oficio alguno ordenando
levantar nota preventiva de oposición de fecha 25 de mayo del
2011, enviada mediante oficio No. 211/2011, sobre porción de
terreno que mide 1,148.57mts2, designación catastral No.
317097996028, certificado de título matrícula No. 0400005011, a
nombre de la señora LAYLI ELIZABETH ESPINAL MORALES.

(Véase, por favor, numeral 59 de nuestro ya señalado índice de piezas y


documentos).

21- Todo ello entonces quiere expresar, noble y serena jueza, que así como usted lo
juzgó, a propósito de la demanda en responsabilidad civil que actualmente cursa
por ante este honorable tribunal, a requerimiento del señor NORBERTO
RADHAMES PEGUERO DÍAZ, y en contra de los esposos LAYLI ELIZABETH
ESPINAL MORALES, JUAN DANIEL MOISÉS REYES y de la LICDA. GARINA A.
ALMONTE AMPARO, a lo interno del expediente número 506-11-00260, en el cual

17
decretó un sobreseimiento, hasta tanto se fallara la litis sobre derechos registrados
que actualmente cursa por ante la Jurisdicción Inmobiliaria de Hermanas Mirabal y
que ya reseñáramos con antelación, esos mismos motivos y razones, son los que
ahora y aquí militan, para que en aplicación del principio de que todos somos
iguales ante la ley e iguales ante la aplicación de la ley, que se sobresea el presente
apoderamiento incidental, hasta tanto la jurisdicción inmobiliaria decida la suerte
del indicado proceso. Que en ese contexto, usted expresa en los numerales 6, 7, 8 y
9 de la preindicada sentencia incidental, cuyo dispositivo ya transcribimos, lo
siguiente:

6.- Que el estudio de los documentos que reposan en el expediente


este tribunal ha podido comprobar que en la jurisdicción original de
Cotuí, existe una demanda en impugnación y nulidad de deslinde,
la cual reposa en el expediente No.517-1100-175, sobre el solar No.
1-B, porción D, del Distrito Catastral No. 1 de Cotuí, incoada por el
SR. NORBERTO RADHAMES PEGUERO, en contra de la SRA. LAYLI
ELIZABETH ESPINAL, la cual esta en fallo reservado, conforme a la
certificación de fecha once (11) del mes de agosto del año 2011,
emitida por ADALGISA SANTOS JIMENEZ, secretaria -Delegada del
referido tribunal.

7.- Que al tratarse el presente proceso de una demanda en


reparación de los daños y perjuicios, que supuestamente ha
ocasionado la parte demandada al demandante, al despojarlo de
manera fraudulenta de un inmueble que le había sido adjudicado,
este tribunal entiende que ciertamente la decisión que emita la
jurisdicción inmobiliaria podría influir en el caso de la especie, al
momento en que este tribunal se avoque a ponderar el fondo del
asunto que nos ha sido sometido.

8.- Que así las cosas, conforme al criterio de este tribunal procede
acoger la solicitud de sobreseimiento hecha por la parte
demandante, tal y como se hará constar en la parte dispositiva, en
aras de una sana y buena administración de justicia.

9.- Que la decisión del sobreseimiento suspende el curso de la


instancia hasta la llegada del acontecimiento que lo determina y
asimismo el sobreseimiento para estatuir no desapodera el juez y a
la expiración del sobreseimiento la instancia debe ser perseguida
por la parte más diligente.

22- ¿Por qué el apoderamiento inmobiliario, honorable magistrada, que actualmente


cursa por ante el Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original del Distrito Judicial de
Hermanas Mirabal, es prejudicial, al presente apoderamiento y a cualquier otro?
Sencillamente por seis (6) razones que a continuación exponemos, a saber:

18
A) Las tres (3) notas preventivas, a las que ya hicimos referencia, se publicitaron
en el registro complementario del inmueble en cuestión, con muchísisima y
suficiente antelación, a que se inscribiera el preindicado préstamo hipotecario,
por tanto, aplicable entonces el principio “prior tempore potior jure” -primero
en fecha, preferible en derecho- lo cual se traduce en que la señalada
entidad bancaria no puede alegar ignorancia de las señaladas notas
preventivas, sencillamente porque aun y cuando pretenda o procure
desconocerlas, su publicidad inmobiliaria surte su efecto, aplicando entonces el
artículo 550 del Código Civil Dominicano, el cual expresa textualmente como
sigue:

Art. 550.- Se reputa poseedor de buena fe, al que posea como dueño en
virtud de un título traslativo de la propiedad, cuyos vicios ignora.
Deja de ser de buena fe, desde el momento en que le sean conocidos
aquellos vicios.

B) Así lo reconoce la doctrina y la postura constante y recurrente de nuestra Corte


de Casación, cuando y sobre el particular expresan lo siguiente:

“SENTIDO DEL ARTÍCULO 208 DE LA LEY DE REGISTRO DE TIERRAS”,

El sentido de ese texto es claro. Para que cualquier reclamación de


un tercero sobre terrenos registrados pueda surtir efectos frente a los
eventuales adquirientes de derechos sobre esos inmuebles
(compradores, causahabientes por aportes, titulares de privilegios e
hipotecas, etc.) se precisa que el reclamante haga inscribir en el
Registro de títulos, específicamente sobre el inmueble afectado, su
demanda judicial, que puede serlo, o una instancia al tribunal
Superior de tierras incoando una litis sobre terrenos registrados, o
una demanda ante los tribunales ordinarios que siempre es un acto
de alguacil, o si ya su reclamación ha sido acogida favorablemente,
una copia de la sentencia. Todos esos documentos deberán estar
certificados: el primero por el Secretario del Tribunal Superior de
tierras, el segundo por el alguacil, y el tercero por el Secretario del
tribunal que haya dictado la sentencia.

La finalidad de la inscripción es obvia: es la oponibilidad de la


reclamación y de sus consecuencias a todos los derechos habientes
sobre el inmueble afectado que hubiesen advenido con posterioridad
a la inscripción de la litis, con plenitud de efectos contra ellos.

El requerimiento del artículo 208 se explica por el régimen de la ley


de Registro de tierras, en el cual después de saneados los inmuebles e
individualizados en un registro y designación catastral, toda la vida
jurídica de aquellos debe concentrarse en su expediente, sea en su
expresión ordinaria de los contratos, sea en su expresión anormal de
litis y ejecuciones. De tal manera es esto así que basta a toda persona
19
que se dispone a formalizar una operación sobre un inmueble
perteneciente a otra, obtener una certificación del Registrador de
títulos sobre el status completo del mismo. Solo podrá hacer el
negocio con seguridad si en ese documento se da constancia de que el
inmueble pertenece a su contraparte y de que sobre el mismo no
figuran gravámenes ni litis inscritos.

Es muy arriesgado limitarse a examinar el duplicado del dueño de la


otra persona involucrada porque podría ocurrir que carezca de todo
valor, o que estando vigente tenga numerosos gravámenes o litigios
inscritos judicialmente y que solo figuran en el certificado original
del título que se conserva en el Registro de títulos.

En una ocasión se presentó a nuestra oficina un antiguo profesor


nuestro en la Escuela primaria, solicitándonos asesoramiento en una
permuta que le proponía hacer el dueño de una casa en la calle
Onésimo Jiménez por un solar de su propiedad. Al solicitar la
certificación en esta se hizo constar que hacía varios años que sobre
un procedimiento de cobro, embargo y subasta, el supuesto dueño de
la casa la había perdido y se había expedido título al adjudicatario
en la subasta. En cuanto a los gravámenes, los que son perseguidos
judicialmente nunca figuran en el duplicado del dueño y solo constan
en el Registro de títulos.

Volviendo a nuestro tema, existe una extendida confusión en la


interpretación del artículo 208, hasta el punto que la casi
totalidad de abogados califica de “OPOSICIÓN”, a la acción
tomada por un litigante en el Registro de Títulos, cuando no es
otra cosa que una “INSCRIPCIÓN”. Es más, no son pocos los que
creen que después de formalizada aquella el Registrador de
Títulos debe congelar el expediente del inmueble afectado
rehusando dar curso a ventas o a disposiciones sobre el mismo.
Esto es un error. La vida jurídica del inmueble puede seguir
imperturbable, a pesar de la inscripción, con la única salvedad de
que en cualquier duplicado que expida debe hacer constar la
inscripción de la litis, para mantener su oponibilidad y efecto
frente a todo el mundo, y esto sucesiva e indefinidamente.

Generalmente la inscripción que comentamos es tomada por el


anterior propietario del inmueble que ha demandado la nulidad
del derecho del actual propietario. Es el caso, por ejemplo, de un
deudor que a consecuencia de un embargo y de una subasta
perdió su propiedad que fue adjudicada al mismo acreedor
embargante, y luego demanda la nulidad de la sentencia de
adjudicación y la nulidad de la transferencia, reclamando el
registro del inmueble nuevamente a su favor.

Si inscribe su demanda, conforme a lo prescrito por el artículo


208, ya no tiene nada que temer a que el adjudicatario del
inmueble lo transfiera a otra persona u otorgue hipotecas a favor
de otros, y que se hagan múltiples operaciones más. Si tiene éxito
en su reclamación todas esas operaciones caerán como un castillo
de naipes porque la nulidad será oponible a todo el mundo desde
la fecha de la inscripción de la demanda. Si, por el contrario, el
demandante no toma ninguna inscripción bastará que se

20
produzca el transferimiento de la propiedad a un adquiriente de
buena fe o a un adjudicatario en subasta para frustrar
absolutamente la pretensión del demandante de readquirir su
inmueble.

La confusión de considerar como una “OPOSICIÓN”, lo que no es


más que una “INSCRIPCIÓN”, ha dado lugar a múltiples chicanas
en el ámbito profesional. En una especie los herederos de una
persona que había vendido los terrenos para una urbanización y
que había recibido la totalidad del precio de venta antes de morir,
alegando no estar seguros de que la totalidad del precio se había
pagado, notificaron al registro de títulos su “oposición” a que se
diera curso a la venta de los solares hasta que judicialmente se
estableciera si dicho precio se pagó o no. El chantaje era evidente:
o se entiende incalculable. Esa infame acción fue desmantelada,
sin embargo, demandando la urbanizadora a los herederos en
elevados daños y perjuicios, congelándose en bancos apreciables
depósitos, inscribiéndoles hipotecas y embargándoles sus muebles
y negocios. Esas acciones, convencieron a los temerarios
herederos a desistir de su oposición-chantaje cancelándola en el
registro de títulos.

Así, en múltiples ocasiones se ha utilizado el art. 208


indebidamente como una oposición, y con propósitos
inescrupulosos y especulativos, a tal punto que hace años el
presidente del tribunal Superior de tierras dio instrucciones
precisas de que para aceptarse una inscripción en virtud del
referido texto debía exigirse uno de los tres documentos
certificados ya señalados, ordenando hacer caso omiso a alegatos
u “oposiciones” informales. Dr. Luis Armando Bircann Rojas, A la luz del
derecho, páginas 220, 221, 222 y 223, numeral 51, primera edición.

CONSIDERANDO, que de conformidad con el art. 208 de la Ley de


Registro de Tierras, "ninguna demanda que se establezca sobre
derechos registrados, así como cualquiera sentencia dictada por un
Tribunal que afecte esos mismos derechos, podrá surtir efecto contra
las personas que no figuran como partes en dicha litis, hasta tanto
se deposite una copia certificada de la demanda o de la sentencia en
la oficina del Registro de Títulos correspondiente, y que en tales
casos el Registrador, después de inscribir el documento hará una
anotación al dorso del Certificado Original del Título y de los
Duplicados existentes; que la antes mencionada oposición de
Clodomiro Marte Rodríguez, en ausencia de demanda formal del
oponente contra Santiago Suriel, no ha podido tener eficacia alguna
para justificar la negativa del Registrador de Títulos de La Vega, a
hacer la transferencia que le fue requerida por Domingo Antonio
Balcácer, ya que éste en su condición de adquiriente de derechos
amparados por el Certificado de Título No 141, en el respaldo del
cual no constaba inscripción alguna que impidiera solicitar tal
transferencia, solamente podía negarse a ella en presencia de "la
copia certificada de la demanda" o de la sentencia que,
eventualmente hubiese podido modificar los derechos registrados;
que, al haber sido confirmada la decisión del juez de jurisdicción
original por la sentencia ahora impugnada, que rechazó el pedimento
de Domingo Antonio Balcácer en el sentido de que se ordenara al

21
Registrador de Títulos de La Vega, verificar en su favor la
transferencia requerida, en el fallo impugnado se ha violado el
artículo 208 de la Ley de Registro de Tierras y consecuentemente los
artículos 73 y 86 de la misma ley; (S.C.J.-Tierras- 21 de diciembre de 1956,
decisión número 41, B.J. 557, pág. 2766).

CONSIDERANDO, que las anotaciones precautorias a que se refiere el


artículo 208 de la ley de Registro de Tierras, sólo tienen lugar
cuando se inicia una demanda en la cual se pone en litigio el derecho
de propiedad de un terreno registrado o cualquier interés en el
mismo; que esta disposición está encaminada solamente a proteger
los derechos de terceras personas ajenas a las litis sino a mantener
la firmeza y autoridad del certificado de título; que en la sentencia
impugnada, contrariamente a como lo alega la recurrente no se violó
el artículo 208 de la Ley de Registro de Tierras, porque cuando el hoy
recurrido Elías Gadala María elevó su instancia al Tribunal de
Confiscaciones solicitando la desconfiscación de sus bienes, la cual
fue ordenada por sentencia que tiene hoy la autoridad de la cosa
irrevocablemente juzgada, no inició una demanda tendente a una
litis sobre terrenos registrados, caso en el cual proceden las
anotaciones preventivas; y porque, en el certificado de título no. 64-
2849, expedido al Estado Dominicano, que sirvió de base para la
venta que este otorgó el 7 de mayo de 1968, a la Previsora
Interamericana, S.A., se hace constar que: “de acuerdo con las leyes
Nos. 5877 de fecha 27 de abril de 1962, y 5816 del 15 de febrero del
mismo año, que declaran confiscadas en favor del Estado
Dominicano, los bienes pertenecientes a Elías Gadala María y en
virtud del requerimiento de la Secretaría de Estado de
Administración, Control y Recuperación de Bienes, por oficio No.
4678, de fecha 29 de julio de 1964, se declara al Estado Dominicano,
investido con el derecho de propiedad de la parcela”, lo que hacia
que esa confiscación decretada por la ley no fuera definitiva y podía
ser impugnada por el confiscado de acuerdo con el artículo 16 de la
ley No. 5924 de 1962, de Confiscación General de Bienes, lo que era
conocido por la recurrente por constar en el aludido certificado de
título haciendo además innecesaria la anotación precautoria, ya que
cuando se inició la litis sobre la parcela No. 3-A-Ref.-B del Distrito
Catastral No. 3, del Distrito Nacional, la Previsora Interamericana,
S.A., había dejado de ser un tercero, por haber adquirido la parcela
por compra al Estado Dominicano, y ser parte demandada en la litis
en reivindicación iniciada por Elías Gadala María; en consecuencia
procede desestimar los alegatos contenidos en el segundo medio de la
recurrente, por carecer de fundamento; (S.C.J.-Tierras- 29 de marzo de
1978, decisión número 20, B.J. 880, págs. 23 in-fine, 624 y 625 ab-inicio).

CONSIDERANDO, que las anotaciones precautorias a que se refiere el


Art. 208 de la Ley de Reg. De Tierras, solo tiene lugar cuando se
inicia una demanda en la cual se pone en litigio el derecho de
propiedad de un terreno registrado o cualquier interés en el mismo;
que esta disposición está encaminada solamente a proteger los
derechos de terceras personas ajenas a las litis sino a mantener la
firmeza y autoridad del Certificado de Título; que en la sentencia
impugnada, contrariamente a como lo alega la recurrente, no se violó
el Art. 208 de la ley de Reg. De Tierras, porque cuando el hoy
recurrido E.G.M., elevó su instancia al tribunal de confiscaciones
solicitando la desconfiscación de sus bienes, la cual fue ordenada por
sentencia que tiene hoy la autoridad de la cosa irrevocablemente

22
juzgada, no inició una demanda tendiente a una litis sobre terrenos
registrados, caso en el cual proceden las anotaciones preventivas; y
porque, en el certificado de título No. 64-2849, expedido al Estado
Dominicano, que sirvió de base para la venta que este otorgó el 7 de
1968, a la Previsora Interamericana, se hace constar que: “de
acuerdo con las leyes No. 5877, de fecha 27 de abril de 1962 y 5816,
del 15 de febrero del mismo año, que declaran confiscadas a favor
del Estado Dominicano, los bienes pertenecientes a Elías Gadala
María y en virtud del requerimiento de la Secretaria de Estado de
Administración, control y recuperación de Bienes, por oficio No.
4678, de fecha 29 de julio de 1964, se declara al Estado Dominicano,
investido con el derecho de propiedad de la Parcela”, lo que hacía
que esa confiscación, decretada por la ley, no fuera definitiva y podía
ser impugnada por el confiscado, de acuerdo con el Art. 16 de la ley
No. 5924 de 1962, de Confiscación General de Bienes lo que era
conocido por la recurrente por constar en el aludido certificado de
título, haciendo además, innecesaria la anotación precautoria, ya
que cuando se inició la litis sobre la Parcela No. 3-A-Ref.-B, del
Distrito Catastral No. 3, del Distrito Nacional, la previsora
Interamericana, S.A., había dejado de ser un tercero, por haber
adquirido la Parcela por compra al Estado Dominicano y ser parte
demandada en la litis en reivindicación iniciada por Elías Gadala
María; en consecuencia, procede desestimar los alegatos contenidos
en el segundo medio de la recurrente, por carecer de fundamento;
(S.C.J, 29 de marzo 1978, Bol. 808, págs. 623-625).

CONSIDERANDO... que el tribunal de jurisdicción original que estaba


llamado a conocer de todo lo concerniente al inmueble en discusión,
ignoró la oposición que, según el Tribunal a-quo, figuraba en el
certificado de título expedido en favor del Dr. Plinio A. Terrero Peña,
sobre gravámenes, disponiendo por su decisión del 3 de febrero de
1984, la nulidad del acto de venta de fecha 22 de diciembre de 1969,
legalizado por el Notario Dr. Juan Arturo Stamers, por el cual Santa
María Collins vendió al Dr. Plinio Terrero Peña....

CONSIDERANDO... que por instancia suscrita por el Lic. José de Jesús


Bergés Martín, a nombre de Santa María Collins, se introdujo ante el
Tribunal Superior de Tierras una litis sobre terreno registrado con el
fin de que se declarara la nulidad del acto de venta del 22 de
diciembre de 1969 y se ordenara la cancelación de la anotación
hecha en el certificado de título en favor del Dr. Plinio Terrero Peña
y se mantuviera el registro del indicado inmueble en favor de la
mencionada Santa María Collins; que el 1ro de marzo de 1980 fue
inscrita en el Registro de Títulos del Distrito Nacional una hipoteca
en segundo rango consentida por el Dr. Terrero Peña en favor de la
Compañía Préstamos la Esperanza, S.A., a pesar de existir una
oposición hecha por Santa María Collins, anotada tanto en el
original como en el duplicado del certificado de título del inmueble
en discusión expedido en favor del Dr. Terreno Peña; que el Tribunal
de Tierras de Jurisdicción Original apoderado de la litis, dictó el 3 de
febrero de 1969 una decisión por la cual declaró nulo el acto de
venta de fecha 22 de diciembre de 1969, legalizado por el Dr. Juan
Arturo Stamers y ordenó al Registrador de Títulos mencionado la
cancelación de la anotación de ese traspaso y del duplicado del
dueño expedido en favor del Dr. Terrero Peña sobre la parte del solar
y las mejoras que le fueron traspasados fundándose en que se
comprobó por la certificación expedida por el Director de Inmigración

23
que Santa María Collins se encontraba en el extranjero el 22 de junio
de 1969 hasta el 31 de agosto de 1974, por lo que en la fecha en que
fue suscrito el contrato de venta o sea el 22 de diciembre de 1969,
ella no se encontraba en el país y por haber comprobado, además que
la firma estampada en el pre de dicho acto tenía una caligrafía
diferente a la que acostumbraba a usar Santa María Collins según
consta en otros documentos auténticos depositados en el expediente;
que el tribunal a-quo confirmó en este aspecto la sentencia del juez de
jurisdicción original.

CONSIDERANDO, que en cuanto a la nulidad del acto de venta del 22


de diciembre de 1969, y la cancelación del certificado de título
expedido al efecto; que el Tribunal a-quo procedió correctamente al
pronunciar dicha nulidad y al ordenar la cancelación de dicho
certificado al fundarse en los razonamientos antes expuestos; que
por tanto, los alegatos de la recurrente a este respecto carecen de
fundamentos y deben ser desestimados.

CONSIDERANDO, que la recurrente alega también que el Tribunal a-


quo dejó sin valor ni efecto jurídico una sentencia de adjudicación
con motivo del embargo inmobiliario trabado sobre el inmueble en
discusión; pero

CONSIDERANDO, que según el artículo 174 de la Ley de Registro de


Tierras en los terrenos registrados de conformidad con dicha ley no
habrá hipotecas ocultas y toda persona en cuyo favor se hubiere
expedido un certificado de título retendrá el terreno libre de las
cargas y gravámenes que no figuran en el certificado de título; que,
además, la titular de dicho certificado de título, Santa María Collins,
había hecho inscribir en el mismo y en su duplicado una oposición,
en virtud del artículo 208 de la Ley de Registro de Tierras, razón por
la cual el Tribual a-quo pudo, correctamente, declarar como lo hizo,
que las Compañías Préstamos La Esperanza, S. A., causahabiente de
Dr. Terrero Peña y la Compañía Inversiones Afines, S. A., (INACO), su
causa eran terceros adquirientes de mala fe, ya que no podían
ignorar la oposición inscrita en el certificado de título y en su
duplicado, a requerimiento de Santa María Collins, y, por tanto, a
ella no le eran oponibles esos traspasos, por todo lo cual estos
alegatos de la recurrente carecen también de fundamentos y deben
ser desestimados;

Por tales motivos: Primero: Rechaza… (S.C.J.-Tierras- 27 de junio del 1988,


decisión No. 15, BJ. No. 931, páginas 834 in-fine y 835 ab-inicio).

CONSIDERANDO, El que alega en su favor la condición de tercero


adquiriente de buena fe a título oneroso debe probar que ha
adquirido el inmueble a ese título y de buena fe. (S.C.J. 18 de noviembre
del 1988, B.J. 936, pág. 1544). (Dr. Jorge A. Subero Isa, 4 años de
Jurisprudencia Analítica Dominicana, 1985 – 1988, numeral 13,
página 125).

CONSIDERANDO, que por otra parte y así consta también en la


sentencia impugnada, el Tribunal a-quo, al conocer del recurso de
apelación interpuesto por los actuales recurrentes en casación y
ejercer además su facultad de revisión que les confieren los artículos
124 y siguientes de la Ley de Registro de Tierras, examinó con

24
amplitud el caso de que se trata y comprobó igualmente que la
oposición cuya inscripción requirieron los recurrentes al Registrador
de Títulos del Departamento de Nagua, por acto de fecha 11 de
diciembre de 1985 y que el último inscribió en el libro registro
correspondiente, estaba dirigida a afectar la Parcela No. 24-B-11, del
Distrito Catastral No. 2 del municipio de Cabrera, amparada por el
Certificado de Título No. 79-4, expedido a favor de la Compañía
Ezequiel Mena, C. por A., por transferencia que le hiciera a la misma,
el propietario original de dicho inmueble, señor Ezequiel Mena, quien
aportó el mismo en naturaleza para la constitución de la indicada
sociedad comercial; que los recurrentes no demostraron ante los
jueces del fondo que ellos fueran acreedores de la Compañía Ezequiel
Mena, C. por A., ni accionistas de dicha compañía o que tuvieran
derecho alguno que justificara dicha oposición, por lo que entendió
confirmar la decisión de jurisdicción original que ordenó la radiación
de la misma; que por consiguiente, el primer medio del presente
recurso, carece de fundamento y debe ser desestimado; (S.C.J.-Tercera Sala-
Tierras- 2 de septiembre del 1998, B.J. 1054, decisión número 13, página
399).

CONSIDERANDO, que si bien es cierto que en la sentencia impugnada


se establece que las porciones de terreno de que se trata en el
presente caso y objeto de esta litis fueron vendidas por el señor Juan
María Castillo Noboa Soto, al recurrente Jesús María Castillo Soto,
según acto de fecha 20 de noviembre de 1995, y que también el 30 de
agosto de 1996, se inscribió ese acto de venta en el Registro de
Títulos del Departamento de Baní, también lo es que desde el 12 de
junio de 1996, o sea con anterioridad a ese registro se había inscrito
en el mismo Registro de Títulos la oposición a transferencia,
hipoteca, venta, etc., requerida por la señora Maribel de la Cruz,
oposición que no fue cancelada, ni por voluntad de dicha señora, ni
por decisión judicial y la que permanecía inscrita al momento en que
el comprador le vendiera a su vez los referidos inmuebles a los
señores Juana de la Cruz Minyetti y Joan José González Minyetti, en
fecha 26 de marzo de 1998, tal como consta en la certificación
expedida por el Registrador de Títulos del Departamento de Baní, en
fecha 18 de octubre del 2000; que por consiguiente resulta evidente
que si a pesar de estar inscrita la referida oposición desde el 12 de
junio de 1996, le fue expedida al recurrente Jesús María Castillo Soto
la Carta Constancia como resultado de la venta de terreno que le
hiciera Juan María Noboa Ortiz, sin que en las mismas apareciera
anotada la oposición que ya se había inscrito desde el 12 de junio de
1996, bajo el No. 576, folio 144, del libro correspondiente y si como
consecuencia de la venta que a su vez hizo María Castillo a los
señores Juana de la Cruz Minyetti y Joan José González Minyetti,
tampoco se hizo constar la referida oposición en las constancias
expedidas a éstos, no obstante permanecer inscrita en el libro de
registro correspondiente, no puede ésta omisión atribuirse a la
oponente señora Maribel de la Cruz, sino a un descuido o negligencia
censurable del Registrador de Títulos del Departamento de Baní,
como lo expresa el Tribunal a-quo en la sentencia impugnada; que de
ningún modo como también agrega dicho tribunal puede afectar ni
invalidar la oposición hecha por Maribel de la Cruz como medida
precautoria para la preservación y protección de sus derechos en
dichos inmuebles, medida a que tiene derecho de conformidad con el
artículo 208 de la Ley de Registro de Tierras;

25
CONSIDERANDO, que de lo precedentemente expuesto se comprueba
que como el divorcio de los esposos Juan María Noboa y Maribel de la
Cruz fue pronunciado el día 26 de junio de 1996, y la oposición fue
requerida e inscrita el 11 de junio de 1996, ésta fue realizada dentro
del plazo prescrito por el artículo 815 del Código Civil, más aún si se
toma en cuenta que por acto No. 186-96 de fecha 9 de agosto de
1996, instrumentado por el Alguacil Ramón Eladio Chalas Chalas, la
mencionada señora demandó a su ex esposo Juan María Noboa Ortiz,
en partición de los bienes de la comunidad y que éste último
constituyó abogado el 14 de agosto de 1996; que en la sentencia
impugnada se da constancia de que es en fecha 18 de octubre de
1999, cuando la señora Maribel de la Cruz tuvo conocimiento de la
transferencia de los inmuebles hecha por su esposo a favor de Jesús
María Castillo Soto, por lo que resulta evidente que al demandar la
partición el 9 de agosto de 1996, su ex esposo trató de traspasar los
inmuebles para sustraerlos de las consecuencias del proceso de
partición y de los efectos de la oposición que ya se había inscrito
sobre los mismos; lo que se reafirma aún así si se toma en cuenta que
por acto No. 283-96 de fecha 25 de octubre de 1996, instrumentado
por el ministerial Ramón Eladio Chalas Chalas, Alguacil Ordinario de
la Cámara Civil, Comercial y de Trabajo de la Corte de Apelación del
Departamento Judicial de San Cristóbal, la señora Maribel de la
Cruz, ya había notificado al señor Juan María Noboa, la oposición
que había hecho al traspaso y gravamen de dichos inmuebles desde
el día 11 de junio de 1996, lo que revela que los traspasos que se
hicieron de los inmuebles en litis tenían por finalidad privar a la
señora Maribel de la Cruz, de sus derechos en los mismos;

CONSIDERANDO, que como la recurrida inició la presente litis por


medio de una instancia dirigida al Tribunal Superior de Tierras, en
la que solicitó que se cancelaran las Cartas Constancias expedidas
por el Registrador de Títulos del Departamento de Baní, sobre las
mencionadas porciones de terreno a fin de que las mismas sean
mantenidas a nombre de su ex esposo Juan María Noboa Ortiz,
después de demostrar que ambos estuvieron casados, que luego se
divorciaron, que los inmuebles fueron adquiridos durante la vigencia
del matrimonio, que ella había demandado la partición de los
mismos por ser de la comunidad entre ambos; que requirió la
inscripción de una oposición al traspaso y gravamen de dichos
inmuebles, a pesar de la cual su ex esposo procedió a la venta de
ellos y por tanto al establecer estos hechos y admitirlos, como lo
hicieron los jueces del fondo, pudieron válidamente como también lo
hicieron, acoger dicha instancia y ordenar la transferencia de las
porciones de terreno de que se trata en la proporción de un cincuenta
por ciento (50%) a favor de los señores Juana de la Cruz Minyetti y
Joan José González Minyetti, después de declarar que el señor Juan
María Noboa Ortiz en su calidad de co-propietario de dichos
inmuebles podía disponer solo del (50%) de dichos bienes; no así del
otro 50% perteneciente a su ex esposa común en bienes; que, por
tanto, en la sentencia impugnada no se ha incurrido en los vicios
denunciados por el recurrente y, en consecuencia, los medios del
recurso de casación examinados carecen de fundamento y deben ser
desestimados y rechazado el presente recurso. (S.C.J.-Tercera Sala-Tierras- 23
de febrero de 2005, decisión número 40, B.J. 1131).

26
Considerando, que en su tercer medio, el recurrente alega que el
Tribunal a-quo incurrió en el vicio de extra petita porque ordenó el
levantamiento de la oposición por él requerida sobre el inmueble en
discusión, sin que la parte beneficiaria del fallo se lo solicitara; pero,
en la sentencia impugnada se expresa en relación con ese aspecto
que al ordenar el juez de primer grado el levantamiento de la
oposición que afecta el inmueble de la presente litis, el Tribunal a-quo
dá constancia de que resulta provechoso y es propio de la jurisdicción
de tierras ordenar el levantamiento de oposiciones cuando una litis
es resuelta, aunque la parte beneficiada con esta orden no la haya
solicitado, porque así se evitan posteriores procedimientos que
generan gastos y cúmulos de expedientes innecesarios o evitables en
el Tribunal de Tierras; que, esta Corte comparte plenamente el
razonamiento y criterio del Tribunal a-quo por considerarlo
legalmente correcto; que, por tanto, el tercer y último medio del
recurso carece también de fundamento y debe ser desestimado.

Por tales motivos, Primero: Rechaza…(S.C.J., 3ra sala, 30 de noviembre del


2005, B.J. 1140, decisión número 42, página 1896).

CONSIDERANDO, que, finalmente, la Corte a-qua expresó en sus


motivaciones: “Que resulta evidente que el recurrido y demandante
original en tercería no actuó diligentemente ya que como bien alega
la parte recurrente y demandada primitiva la certificación que
influye en el proceso es aquella depositada por la parte apelante en
donde da constancia que sobre el inmueble de marras se encontraba
una oposición inscrita el día once (11) del mes de abril del año 1994,
a requerimiento del señor José Francisco Suárez Burdiez y que la
compraventa fue inscrita el día catorce (14) de junio del año 1994,
por lo que habían transcurrido más de dos meses desde la fecha de la
oposición.”; que en la sentencia impugnada se afirma además, “que
cuando se realizó la venta e hipoteca subsecuente el día Diez (10) del
mes de junio del año 1994 ya estaban inscritas las oposiciones
escritas y había sido expedida la certificación de fecha quince (15)
del mes de abril del año 1994 que sustituyó la de fecha catorce (14)
del mes de marzo del año 1994, por lo que el demandante primitivo y
actual recurrido no entra en la categoría de tercero adquiriente de
buena fe.”; terminan los razonamientos de la Corte a-qua;

CONSIDERANDO, que, de lo anteriormente expuesto, y según el


análisis del fallo atacado, esta Suprema Corte de Justicia, como
Corte de Casación, entiende que las motivaciones dadas por la Corte
a-qua son coherentes con el dispositivo de la sentencia impugnada, y
que dicha decisión ha sido dictada dentro de los límites de la
legalidad, toda vez que el recurrente en tercería, según se verifica en
la sentencia analizada, no demostró haber comprado en
desconocimiento de la oposición gravada sobre el inmueble objeto de
litis para pretender ser tercero adquiriente de buena fe, por lo que no
habiéndose incurrido en la sentencia impugnada en ninguno de los
vicios indicados por el recurrente y por carecer de fundamento los
medios planteados, procede que los mismos sean desestimados y con
ellos, rechazado el recurso de casación que nos ocupa.; (S.C.J.-Primera
Sala- 26 de noviembre de 2008, decisión número 56, B.J. 1176, págs. 498 y
499, Vol. I).

CONSIDERANDO, que en ese mismo sentido, el fallo también expresa


“Que se da como un hecho claramente probado por este tribunal, que

27
cuando la entidad comercial Gary Gresko, S. A., adquirió la porción
de terreno de (25,000) metros cuadrados dentro del ámbito de la
Parcela núm. 3914 del Distrito Catastral núm. 7 del municipio de
Samaná, para esa fecha cursaba un proceso que se estaba ventilando
por ante el Tribunal Superior de Tierras del Departamento Noreste,
en el que se cuestionaba la propiedad de la referida porción de
terreno entre los Sres. Francisca, Leónidas, Adela, Cándida,
Eduviges, Agripina, Milagros y Paula, de apellidos Noesis Beato y la
Sra. Amal Salim, proceso que finalizó con la sentencia núm. 63 de
fecha veintisiete (27) del mes de abril del año dos mil siete (2007), en
la cual se le reconoce el derecho de propiedad de ese inmueble a la
recurrente; pero además, este órgano pudo comprobar que cuando se
inició la litis y durante todo el transcurso de su conocimiento, se le
dio la publicidad requerida, en ese entonces, por Ley núm. 1542, en
su artículo 208, tomando todas las medidas precautorias que son
típicas de esta Jurisdicción, como inscripción de oposición con el
propósito de que los terceros se pudieran enterar de la situación
jurídica del inmueble que se encontraba en discusión, hecho que se
confirma con la Certificación de fecha veinticinco (25) del mes de
junio del año dos mil ocho (2008), que fuera expedida por la Licda.
Yesenia Padilla B., Registradora de Títulos ad-hoc de Samaná; de
donde se extrae que resultan improcedentes las afirmaciones de la
Cía. Gary Gresko, S. A., de pretender ser una tercera adquiriente de
buena fe y a título oneroso, aduciendo no tener conocimiento de los
procesos que se conocían en relación a esa porción de terreno en los
tribunales al momento de comprar, ya que fueron tomadas todas las
medidas de publicidad, y con ello se pudo establecer, que tanto las
actuaciones de la adquiriente como las del vendedor son de mala fe,
ya que tenían pleno conocimiento de todo lo ocurrido en ese inmueble,
quedando comprobada la mala fe de ambos; de ahí que resulta
injustificado pretender que la Cía. Gary Gresko, S. A., sea declarada
una tercera adquiriente a título oneroso y de buena fe, como alegan
sus abogados apoderados, y que pueda beneficiarse de la protección
especial que la ley reserva para los terceros que hayan adquirido a
título oneroso y de buena fe, por lo que contrario a esas afirmaciones,
este Tribunal ha llegado al convencimiento de que dicha entidad
comercial, al igual que el Sr. Marchard Patrick Claude Joseph, son
adquirientes de mala fe, ya que conocían la situación jurídica del
inmueble de la especie, lo que conlleva a que este Tribunal rechace
sus conclusiones por improcedentes y mal fundadas”;

Por tales motivos: Primero: Rechaza…(S.C.J. 3ra Sala, 3 de agosto del 2011,
decisión No. 1, BJ. No. 1209).

CONSIDERANDO, …que los señores Diógenes Miguel Villalona y Rosa


María Tejada Capellán, construyeron con sus recursos bajo la
comunidad de gananciales, la mejora consistente en una casa de
blocks y hormigón armado en la parcela núm. 217 del distrito
catastral núm. 21, del municipio y provincia de Santiago ,la cual fue
vendida por Diógenes Miguel Villalona al recurrente Heriberto
Antonio Corona el 10 de junio de 2002, no obstante que desde el 6 de
marzo de 2002, ya estaba inscrita una oposición a traspaso, sin
observar el comprador que dicha mejora no le pertenecía al vendedor
en su totalidad, toda vez que previo a la referida venta, el vendedor
había llegado a un acuerdo con su esposa donde reconoció de manera
expresa la existencia entre ellos de una comunidad de gananciales

28
dentro de la cual estaba incluida la casa o mejora hoy reclamada por
el recurrente; por lo que dicha Corte al hacer suyos los
razonamientos dados por el juez de Jurisdicción Original, considero
que el recurrente Heriberto Antonio corona no se beneficia de la
condición de tercer adquiriente a título oneroso y de buena fe
establecida por el artículo 192 de la ley de Registro de Tierras, en
razón de haber quedado demostrado que con anterioridad al referido
contrato de compra venta del citado inmueble dicha oposición estaba
inscrita, sin que el recurrente previamente observara las
disposiciones establecidas en los artículos 167 y 177 de la ley de
Registro de Tierras núm. 1542 que expresan: “Los Libros-Registros
son públicos, y toda persona tiene el derecho de examinarlos o de
requerir certificaciones de las menciones, datos o notas que en ellos
existen;” por lo que el recurrente no podía ignorar la existencia de
dicha oposición, en virtud de los textos legales precedentemente
indicados, y por la publicidad que caracteriza al sistema registral
inmobiliario.

CONSIDERANDO, que la finalidad de la inscripción en el Registro de


Títulos es propiciar que se conozca la existencia de los derechos que
recaen sobre los inmuebles, la situación de estos, las cargas o
gravámenes que les afectan, en definitiva, hacer transparente y
pública la propiedad inmobiliaria, produciendo efecto jurídico no solo
frente a las partes sino también frente a terceros; por lo que al
decidir como lo hizo, la Corte a-qua no ha incurrido en las violaciones
alegadas por el recurrente en su único medio de casación; por
consiguiente, el mismo debe ser desestimado;

…Primero: Rechaza… (S.C.J.3ra Sala, 8 de febrero del 2012, decisión No. 23,
BJ. No. 1215).

CONSIDERANDO, que por los documentos que reposan en el expediente


formado con motivo del presente recurso, se evidencia que la
recurrente depositó los documentos ante el Registro de Títulos para
fines de transferencia, el 26 de junio de 2009, época para la cual
tenía conocimiento de la litis sobre derechos registrados que la
recurrida había interpuesto contra José Augusto Medina, que no
obstante a esto, dicha parte solicitó ante el juez del fondo, que
ordenara a la Registradora de Títulos cancelar la advertencia que
pesaba sobre el inmueble de fecha 8 de junio de 2009, por lo que, tal
como consideró la Corte a-qua, la recurrente no puede ser
considerada como un tercer adquiriente de buena fe y a título
oneroso, independientemente de que se haya hecho transferir el
inmueble, en razón de que la publicidad registral es para que los
terceros conozcan el estado jurídico de un inmueble, es decir, es para
hacer de conocimiento general que existe una discusión o
cuestionamiento respecto de los derechos registrados en un
determinado inmueble, por lo que, el que se hace transferir un
inmueble con tal advertencia no puede ser considerado tercer
adquiriente de buena fe, razón por la cual en la sentencia impugnada
no ha incurrido en la desnaturalización alegada, con lo cual los
medios que se examinan carecen de fundamento y deben ser
desestimados; (S.C.J.-Tercera Sala-Tierras- 8 de agosto de 2012, decisión número
37, B.J. 1221).

CONSIDERANDO, que respecto a lo alegado por la recurrente en los


medios que se examinan, el Tribunal Superior de Tierras del
29
Departamento Central estableció lo siguiente: ”que, la señora
Inocencia Antonia Liberato Quiñonez, parte demandante ante esa
Jurisdicción y ahora recurrida ante este Tribunal de alzada,
inscribió una oposición a transferencia sobre el inmueble de que se
trata en fecha 31 de mayo del año 2007, con motivo del
apoderamiento de la Jurisdicción civil; y advertencia de la existencia
de Litis Sobre Derechos Registrados, inscrita ante el Registro de
Título del Distrito Nacional, en fecha 04 de octubre del año 2007;
que, de conformidad con el sistema establecido por la Ley de Registro
de Tierras (derogada), en sus artículos 185 y 186, cualquier acto
voluntario o forzoso que se relacione con derechos registrados,
solamente surtirá efectos frente a terceros desde el momento en que
éstos se registren en la Oficina del Registrador de Títulos
correspondiente; que, en consecuencia, el artículo 186, sujeta a la
formalidad del registro todo acto convencional que tenga por objeto
enajenar, ceder, o en cualquier forma traspasar derechos registrados,
sin lo cual no son oponibles a tercero; que los principios contenidos
en los citados artículos están hoy reproducidos en los artículos 89, y
90 de la Ley de Registro Inmobiliario, y por aplicación de los mismos,
no existen hipotecas ni derechos ocultos, por lo que su existencia y
oponibilidad a tercero está supeditada a su registro, el cual se
presume exacto y no admite prueba en contrario, y dicho registro se
realiza, cuando el derecho, carga o gravamen ha sido inscrito en el
Registro de Títulos correspondiente; que en ese mismo sentido
disponía el artículo 208 de la derogada ley ya citada, cuando
ordenaba que: “Ninguna demanda que se establezca sobre derechos
registrados, así como cualquier sentencia dictada por un Tribunal
que afecte esos mismos derechos, podrá surtir efecto contra las
personas que no figuran como partes en dicha litis, hasta tanto se
deposite una copia certificada de la demanda o de la sentencia en la
oficina del Registro de Títulos correspondiente. En tales casos el
Registrador de Títulos, después de inscribir el documento, hará una
anotación al dorso del Certificado Original del Título y de los
Duplicados existentes”; que, el propósito o finalidad de esta
disposición quedó recogida en el artículo 135 del Reglamento de los
Tribunales de la Jurisdicción Inmobiliaria, que complementa la
nueva Ley de Registro Inmobiliario, que dispone: “El Juez o Tribunal
apoderado de una litis sobre derechos registrado, una vez sea
depositada la notificación de la demanda a la contraparte,
informará al Registrador de Títulos y a la Dirección Regional de
Mensuras Catastrales correspondientes, la existencia de la misma. El
Registrador de Títulos correspondiente anotará un asiento sobre el
inmueble involucrado en el que se hará constar que el mismo es
objeto de un conflicto que se está conociendo en dicho tribunal”; que,
en esa virtud, habiéndose inscrito en el Registro de Títulos las
anotaciones anteriormente señaladas, la adquiriente Neracia Ana
Delia Taveras Soriano y su Acreedor La Asociación Popular de
Ahorros y Préstamos no pueden ser considerados Terceros
adquiriente y Acreedor de Buena Fe, porque no podían ignorar su
existencia, dado el carácter público del registro; que, contrario al
alegato de la recurrente (Acreedor Hipotecario) sobre ese aspecto, es
el criterio de este Tribunal, tomando en cuenta que el resultado de
una litis es eventual, no así la finalidad de la anotación de la
existencia de una litis sobre un derecho registrado, su finalidad
esencial es la de advertir a los terceros y a todo aquel que pueda
justificar un interés sobre el mismo, el riesgo que asume: la
oponibilidad del resultado de esa litis en el cual no es parte, pero al

30
contratar bajo esa circunstancia, hay que presumir su conocimiento
sobre ese riesgo que asume, ya que el registro se presume exacto
como establecen las disposiciones anteriormente citadas”;

CONSIDERANDO, que la recurrente invoca inobservancia a garantías


constitucionales, que aunque lo hace de forma dispersa en su primer
y tercer medio, por tratarse según ella de violaciones
Constitucionales, procedemos a darle prelación y evaluarlos de forma
conjunta; en relación a lo que la recurrente formula en parte del
primer medio en lo inherente a la tutela judicial efectiva consagrada
en el artículo 69 numeral 7; del examen de la sentencia impugnada
se advierte, que los jueces garantizaron en todo momento la tutela
judicial efectiva, en tanto que en el proceso contradictorio se les
permitió a las partes depositar sus medios de pruebas y defenderse;
que los jueces al fallar lo hicieron en base a disposiciones legales
vigentes, que el contenido de tales disposiciones es la de proteger y
regular el derecho de propiedad que es la vía consagrada por la
Constitución para el nacimiento del derecho de propiedad como
Derecho Fundamental de la persona;

CONSIDERANDO, que de lo anterior, se advierte contrario a lo alegado


por la recurrente en el primer aspecto del medio que se examina, que
la sentencia impugnada contiene no solo una relación de los hechos,
sino también los motivos jurídicos en que se funda, conforme lo
establecido en el artículo 84 de la Ley 1542 de Registro de Tierras,
ahora 101 de la nueva Ley de Registro Inmobiliario, núm. 108-05, por
lo que así las cosas, procede rechazar en ese aspecto el medio
examinado;

CONSIDERANDO, que los Jueces del Tribunal Superior de Tierras del


Departamento Central no estaban obligados a establecer si el
mandato estaba respetando las formalidades de la Ley núm. 716 del
año 1941, sobre consulado; lo cual fue también sometido a la
discusión ante la Jurisdicción Ordinaria en la Tercera Sala de la
Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia del
Distrito Judicial de Santo Domingo, decisión que tiene la autoridad
de la cosa irrevocablemente juzgada; sino que conforme a la
naturaleza de la litis, se debía determinar cuál fue el uso dado por la
recurrente del mandato fuera de las imperfecciones que pudiera
tener; en ese orden los Jueces del Tribunal Superior de Tierras del
Departamento Central establecieron que esta defraudó los derechos
de la mandante al disponer o vender el inmueble para lo cual no
estaba autorizada; que asimismo al establecer que las operaciones
jurídicas materializadas por la señora María Del Carmen Liberato
Quiñonez con la entidad bancaria Asociación Popular de Ahorros y
Préstamos con la señora Neracida Ana Delia Taveras Soriano eran de
mala fe; por cuanto se formalizaron luego de estar inscritas las
oposiciones en fecha 31 de julio del 2007, se realizó con esto una
correcta aplicación de la Ley de Registro de Tierras en específico en
los artículos 174, 185 y 186, lo que hace que el fallo por su parte
tenga los suficientes motivos respetando con este la tutela judicial
efectiva y el debido proceso, lo que le da legitimidad a todo fallo, por
lo que esta Sala de la Suprema Corte de Justicia procede a rechazar
los medios examinados;

Por tales motivos, Primero: Rechaza... (S.C.J.-Tercera Sala- 24 de octubre de


2012, decisión número 45, B.J. 1223)

31
CONSIDERANDO, que en el tercer medio de su recurso el recurrente
invoca en síntesis lo siguiente: “que existía de manera inequívoca una
oposición a venta trabada en el Registro de Títulos en relación al
inmueble objeto de la litis, que el Tribunal a-quo no obstante ello
consideró a los co-recurridos señores Arcangelo Gerace, Simona
Gerace y Valentina Gerace como terceros adquirientes de buena fe;
por lo que en ausencia de cargas ocultas todo lo registrado le es
oponible conforme al artículo 183 de la ley de Registro de Tierras;

CONSIDERANDO, que ciertamente tal como lo afirma el recurrente,


todo privilegio o carga entre ellas, las oposiciones, una vez inscritas
son oponibles a todo el mundo, conforme a los principios de
oponibilidad y publicidad del sistemas torrens; que toda persona que
realiza una operación jurídica en relación a un inmueble registrado
asume todas las cargas registradas que pesen sobre el inmueble al
momento de la adquisición; que los jueces de la Corte a-qua dijeron
erradamente que el inmueble no tenía cargas y gravámenes, sin
tomar en cuenta la oposición su causa basada en un contrato
incumplido y dejado sin efecto por parte del propietario, no variaba
el curso o la suerte de la operación convenida con los señores co-
recurridos quienes pagaron el precio; que aunque la sentencia
establece motivos errados para beneficiar a quienes compraron el
inmueble, esta Suprema Corte de Justicia los sustituye por los que en
este párrafo externamos; lo que conlleva que el medio que se analiza
sea rechazado; (SCJ, 3ra Sala-Tierras, 29 mayo del 2013, B.J. 1230, decisión no.
297-2013).

CONSIDERANDO, que el Tribunal Superior de Tierras del


Departamento Noreste, para rechazar la excepción de incompetencia
propuesta por el ahora recurrente, estableció: “que ciertamente los
artículos citados concernientes a las Leyes núms. 1542 y 108-05 le
confieren a los Tribunales ordinarios la competencia para conocer de
toda demanda con motivo de un procedimiento de embargo
inmobiliario en el caso de la especie se trata del cuestionamiento del
derecho de propiedad de un inmueble que aunque fue adquirido a
través de una sentencia civil de adjudicación, no menos cierto es, que
dicho cuestionamiento yacía con anterioridad al procedimiento de
embargo indicado y al gravamen que dio lugar al mismo, que fue
inscrito el diez (10) del mes de agosto del año mil novecientos noventa
y siete (1997), todo de conformidad a la certificación de fecha cinco
(5) del mes de febrero del año dos mil ocho (2008), expedida por el
Registrador de Títulos de Nagua, la cual reposa en el expediente por
lo que en tal sentido al tratarse de una litis sobre derechos
registrados que afecta la propiedad misma fue incoada con
anterioridad al procedimiento de embargo, la sentencia que resulta
de esta no purga dicho cuestionamiento, y es la jurisdicción
inmobiliaria la competente con exclusividad de manera absoluta
para conocer de estas demandas cuando afectan inmuebles
registrados, por tanto ésta Jurisdicción deviene en competente, al
tenor el artículo 3 parte ab-initio de la Ley núm. 108-05”; (SCJ, 3ra Sala-
Tierras, 17 julio del 2013, B.J. 1232, decisión no. 44). (precitada).

CONSIDERANDO, que en relación a los fundamentos dados por el


Tribunal Superior de Tierras del Departamento Noreste para declarar
la nulidad de la venta a favor del señor Aurelio Minaya Frica y por
vía de consecuencia el Contrato de Hipoteca celebrado entre esa parte
32
y los acreedores, señores Elso Antonio Vicente Viloria y María Luisa
Figueroa recurrentes en casación, se destacan los motivos siguientes:
“que si bien es cierto que existe en el expediente, una fotocopia de un
contrato bajo firmas privadas de fecha 29 de abril del 2008, en el
cual figura el co-recurrente Fausto Auyoa Rondón, vendiendo al co-
recurrido Aurelio Minaya Frica, el inmueble descrito anteriormente,
es decir, “una porción de terreno dentro de la Parcela núm. 481, del
Distrito Catastral número 3, del Municipio de Cabrera, Provincia
María Trinidad Sánchez, con una extensión superficial de 15,136.82
metros cuadrados, ubicada en el Municipio de Cabrera, con todas sus
mejoras, anexidades y dependencias, más sin embargo, dicho señor
Fausto Auyoa, además de negar que la firma que figura en dicho
documento corresponda a la suya, pues dicho inmueble nunca ha
salido de su patrimonio, puesto que nunca ha vendido el mismo, lo
que quiere decir, que dicho documento de compraventa carece de
toda validez, ya que nunca ha dado su consentimiento para la venta
del mismo, careciendo además, de objeto y causa, lo que conduce a
dicho documento al campo de la nulidad contractual; que si bien es
cierto que el señor Aurelio Minaya Frica, recibió un préstamo por la
suma de RD$473,000.00 de parte de los señores, Elso Antonio Vicente
Viloria y María Luisa Figuereo, otorgando a favor de estos últimos en
garantía hipotecaria, el inmueble descrito anteriormente, el cual
resultó adjudicado a favor de estos últimos como consecuencia de un
embargo inmobiliario, no menos cierto es, que el Certificado de Título
propiedad del señor Fausto Auyoa Rondón que había sido entregado
por este último a favor de Tomás Santos Dippitón en calidad de
acreedor, no había salido de las manos de éste, lo que indica, que al
materializarse la operación de préstamo entre Aurelio Minaya Frica y
los acreedores de este, la misma no fue llevada a cabo con el
Certificado de Título que Fausto Auyoa había entregado a Tomás
Santos Dippitón como garantía, ya que dicho documento reposa en el
expediente tras haber sido depositado por este último, lo que indica
que la materialización de la contratación efectuada entre Minaya
Frica y sus acreedores hipotecarios que resultaron adjudicatarios,
tuvo que ser realizada con un duplicado del título de Fausto Auyoa
que estaba en manos de Dippitón, adquirido de manera irregular o
dolosa, todo lo cual, queda demostrado cuando el depósito de dicho
Certificado de Título existente en el expediente, fue efectuado por el
señor Tomás Santos Dippitón”; que sigue agregando la Corte a-qua, lo
siguiente: “que tras haber quedado comprobado que el título con el
cual realizó el señor Aurelio Minaya Frica el Contrato de Préstamo
Hipotecario con los señores, Elso Antonio Vicente Viloria y María
Luisa Figueroa de Vicente, fue obtenido de manera irregular por
reposar el mismo en manos del señor Tomás Santos Dippitón en
calidad de acreedor de Fausto Auyoa, y al tomar en cuenta que los
referidos señores acreedores de Aurelio Minaya, indicados
anteriormente, no tomaron en consideración que el inmueble
adjudicado a favor de ellos a raíz de un procedimiento de embargo
inmobiliario, nunca ha salido del patrimonio de su propietario
original Fausto Auyoa, quien desde siempre ha estado ocupando el
mismo, es por tanto, razón por la cual, el Contrato de Préstamo entre
Aurelio Minaya y sus acreedores adjudicatarios está viciado de
nulidad, y en consecuencia, dadas las ordenanzas expuestas, dichos
adjudicatarios no podrán ser considerados ni siquiera como terceros
adquirientes de buena fe a título oneroso, ya que también ha sido
demostrado, que el procedimiento del embargo inmobiliario que
produjo la sentencia de adjudicación del inmueble, fue llevado a cabo

33
con posterioridad al lanzamiento de la litis de derechos registrados
del inmueble de que se trata; que este Tribunal de alzada, actuando
como jurisdicción de segundo grado con motivo del recurso de
apelación del cual ha sido apoderado, ha podido comprobar, que la
sentencia que figura descrita anteriormente y que ha sido objeto del
actual recurso, ha sido únicamente fundamentada por la Juez a-quo,
especialmente en algunas documentaciones que resultan
insuficientes para el cabal esclarecimiento de los hechos y sin haber
celebrado las medidas de instrucción que podrían servir de base para
decidir el presente caso de acuerdo a las normas de derecho para
ofrecer así la debida tutela judicial efectiva y el debido proceso, que
bien pudieron contribuir a cambiar el rumbo de la decisión que fue
emitida, lo que quiere decir, que la Juez a-quo al decidir de tal
manera, aplicó un criterio contrario al establecido por la ley, toda
vez que de manera especial, se trata de una venta viciada de toda
irregularidad donde el señor Auyoa no ha ofrecido su consentimiento
para transferir el inmueble al señor Aurelio Minaya Frica, siendo
viciada también la operación contractual que en materia de préstamo
efectuara este último con los indicados señores que resultaron
adjudicatarios a raíz de la sentencia de la adjudicación a causa de
embargo inmobiliario, razón por la cual, procede rechazar las
conclusiones de los recurridos y acoger las de los recurrentes y con
ellas el recurso mismo, y por tanto, revocar la sentencia
impugnada”;

CONSIDERANDO, que de acuerdo a los motivos antes transcritos, los


jueces ejerciendo su amplio poder de apreciación en la valoración de
la prueba, dejaron por establecido que el Contrato de Préstamo
Hipotecario, de fecha 20 de noviembre de 2008, suscrito entre los
acreedores, señores Elso Antonio Vicente Viloria y María Luisa
Figueroa partes recurrentes en casación, con el señor Aurelio Minaya
Frica en relación al inmueble, debía ser anulado, ya que por medio de
maniobras de fraude le había sido despojado a su legítimo
propietario, señor Fausto Auyoa Rondón; que haciendo una adecuada
aplicación del principio jurídico que consiste en que el fraude todo lo
corrompe, la venta resultante del fraude del inmueble consistente en
una porción de terreno dentro de la Parcela núm. 481, del D. C. núm.
3, del Municipio de Cabrera, Provincia María Trinidad Sánchez, en
favor del señor Aurelio Minaya Frica quedo anulada, siendo una de
las consecuencias inmediata que toda operación jurídica sobrevenida
de quien fraudulentamente se había atribuido la propiedad, era que
todos los actos por él suscrito podían quedar invalidados si a la vez
se demostraba que los terceros tenían conocimiento de los vicios que
afectaban el inmueble objeto de la litis, con lo que quedó justificada
la calidad del señor Fausto Auyoa Rondón, por ser el legítimo
propietario del referido inmueble; que el principio de relatividad de
las convenciones al tenor del artículo 1165 del Código Civil que
acuñan los recurrentes, en relación al Contrato de Hipoteca es a
condición de que estén reunidos sin lugar a dudas las condiciones de
validez del contrato de transferencia en el que se justificó el de
hipotecas, conforme el artículo 1108 del Código Civil; por ende, no
puede prevalecer cuando el objeto concertado en el contrato no haya
sido consentido por el verdadero propietario; que siempre le será
permitido perseguir al propietario la nulidad de todo acto sea de
disposición o que constituya carga o gravamen de tipo convencional
que afecte un inmueble de su propiedad cuando son actos
sobrevenidos de un fraude como lo fue el Contrato de Préstamo

34
Hipotecario de fecha 20 de noviembre de 2008, que los jueces de
fondo a la vez pudieron determinar por medio de las pruebas
aportadas que los acreedores no actuaron de buena fe;

CONSIDERANDO, que aunque los recurrentes alegan que actuaron a la


vista de un Certificado de Títulos, los que los coloca según ellos en
actuantes de buena fe; sin embargo el hecho de que no existieran en
el Registro de Títulos algún tipo de anotación preventiva inscrita, no
era el único elemento a tomar en cuenta por los jueces de fondo para
establecer cuando se obra o no de buena fe, sino, que también de
otros hechos y comportamientos se puede derivar la misma, que en el
caso examinado los jueces, dieron por establecido la mala fe por el
hecho de que los acreedores no conocían el inmueble y desconocían
su ocupación por parte del verdadero propietario señor Fausto Auyoa
Rondón; que los elementos examinados por los jueces de fondo al ser
derivados de situaciones de hechos advertidas por ellos durante la
instrucción del proceso, dependen de su poder de apreciación lo que
escapa en principio al control de la casación; (S.C.J.-Tercera Sala-Tierras-25 de
octubre de 2013, decisión número 47, B.J. 1235).

CONSIDERANDO, que ciertamente, fue inscrito el 17 de octubre de


2006, la oposición a transferencia ordenada por sentencia in-voce
dictada por el Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original Sala VI,
sobre el inmueble en discusión, que daba advertencia que sobre dicho
bien se estaba ventilando ante dicho tribunal una demanda en
cancelación del certificado de titulo que por perdida había sido
expedido, el mismo certificado que había sido aportado para
registrar la venta del inmueble en litis; que como se evidencia, la
oposición a transferencia fue inscrita mucho antes que los señores
Belarminio Núñez y Claribel Frías, el 5 de septiembre de 2007,
inscribieran su acto de compraventa del mencionado inmueble, lo que
supone que estos tenían conocimiento previo de la litis introducida
por los actuales recurridos ante el tribunal de tierra; que la mala fe
es una cuestión de hecho que escapa en principio al control vía
casación salvo desnaturalización evidente de los hechos fijados por
los jueces de fondo, lo que no ocurrió en el caso que nos ocupa, puesto
que dichos jueces sustentaron la valoración de la mala fe por haberse
registrado la venta luego de estar inscrita la oposición en el sistema
de registro, en consecuencia, procede rechazar el alegato en cuanto a
la falta de pruebas para justificar la mala fe de los apelantes. (SCJ,
3ra Sala-Tierras, 27 de diciembre del 2013, B.J. 1237, decisión no. 793).

CONSIDERANDO, que en cuanto a las argumentaciones externadas por


la recurrente en la audiencia celebrada el 25 de agosto de 2009, así
como en los diversos escritos de justificación que han sido
depositados en el transcurso del proceso, el tribunal a-quo, manifestó
lo siguiente: "que si bien son ciertos los argumentos de los apelantes,
en apoyo de sus afirmaciones, no menos ciertos, que del estudio
minucioso de las documentaciones que forman parte de este
expediente, este tribunal pudo establecer, que en fecha 5 de junio de
2006, cuando dicha entidad comercial convino el contrato de
préstamos con garantía hipotecaria con el Sr. Diomedes Santos,
recibiendo en garantía del referido préstamo una porción de terreno
de 210.62 metros cuadrados, dentro del ámbito de la Parcela 825 del
D. C. núm. 2 del municipio de Nagua, fue advertida por la señora
Katty Ercira Castillo Sterling para que no realizara ninguna
negociación en base al inmueble descrito precedentemente, ya que en

35
ese momento se estaba cuestionando precisamente el derecho de
propiedad; que dicha señora alegaba que la firma que figuraba
estampada en el acto de venta, donde se hace constar que ella le
había vendido al señor Diomedes Santos ese derecho de propiedad,
había sido falsificada su firma y que accionaría por ante los órganos
correspondientes para demostrar sus afirmaciones”;

CONSIDERANDO, que sigue expresando el tribunal a-quo que, “el


hecho queda claramente evidenciado por medio del acto núm. 148-
2006 de fecha 6 de junio de 2006, instrumentado por el ministerial
José Manuel Mateo Terrero, alguacil de Estrados del Juzgado de Paz
del Municipio de Nagua, de donde se colige que la recurrente fue
informada con tiempo más que suficiente por la recurrida de la
situación jurídica en que se encontraba la porción de terreno que
pretendía recibir como garantía del préstamo que le otorgaría al
señor Diomedes Santos, por lo que pudo tomar todas las medidas
pertinentes a fin de evitar la negociación en base a un inmueble
donde se cuestionaba la forma en que el Sr. Santos había adquirido
el indicado inmueble, en virtud de que el contrato de préstamo con
garantía fue firmado el día 5 de junio de 2006 y el acto núm. 148-
2006 fue notificado un día después, es decir, el día 6 del mismo mes
y año, por lo que se entiende que para esa fecha la operación del
registro no se había efectuado; que sigue indicando el tribunal, que
dicha entidad no se beneficia de la protección especial que la Ley de
Registro Inmobiliario reserva para aquellos que han adquirido un
derecho registrado fundamentado en el estado jurídico existente en el
Registro de Títulos al momento de realizar la negociación, el caso de
la especie no se combinan las disposiciones contempladas en los
artículos 1116 y 2268 del Código Civil, por consiguiente todo los
certificados de títulos surgidos como resultado del acto intervenido
entre el Sr. Diomedes y la señora Ketty son nulos por los mismos
provenir de un acto viciado de irregularidades de nulidad, ya que en
el referido acto, no se observaron las disposiciones conferidas en los
artículos 1582, 1563 y 1584 del Código Civil”; (S.C.J.-Tercera Sala-Tierras-
15 de enero de 2014, decisión número 10, B.J. 1238).

CONSIDERANDO, que para establecer, como lo hace en su sentencia,


que hubo simulación en la segunda venta efectuada por la compañía
Valle de la Liébana S, A., y que por lo tanto, el segundo comprador
Mario Alejandro Velásquez Morales y la hoy recurrente, acreedora
hipotecaria de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, no
podían ser considerados tercer adquirientes de buena fe, el tribunal
a-quo se fundamentó en las razones siguientes: a) que en fecha 11 de
diciembre de 2001 la compañía Valle de la Liébana S. A., le vendió el
inmueble en litis a los hoy recurridos, señores Heriberto Miguel
Rodríguez Bonet y Dalia Belén Granados Alonso, casados entre sí; b)
que en fecha 13 de marzo de 2003 dicha compañía le notificó por
acto de alguacil a los indicados señores, la rescisión del referido
contrato por incumplimiento del mismo; c) que el 20 de marzo de
2003, dichos señores iniciaron ante el Tribunal Superior de Tierras
una litis sobre terrenos registrados, que fue decidida por el tribunal
de tierras de jurisdicción original mediante sentencia núm. 26 del 21
de abril de 2005, revisada en fecha 10 dejunio de 2005, dando
ganancia de causa a los señores Heriberto Miguel Rodríguez Bonet y
Dalia Belén Granados Alonso y rechazando las pretensiones de la
compañía vendedora, decisión que recorrió todos los grados de
jurisdicción adquiriendo la autoridad de la cosa juzgada y siendo

36
ejecutoria de pleno derecho en cuanto a su contenido, lo que condujo
a la inscripción del derecho de propiedad en provecho de los
señalados esposos; d) que en fecha 13 de enero de 2004, el señor
Mario Alejandro Velázquez Morales le compró el inmueble en litis a la
compañía Valle de la Liébana, S. A., con una hipoteca a favor de la
hoy recurrente, Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, pero
resulta que al momento de materializarse dicha venta, ya se
encontraba inscrita en el registro de títulos desde el 8 de marzo de
2003, la indicada litis sobre terrenos registrados que había sido
lanzada por los hoy recurridos en contra de la compañía vendedora y
que fuera decidida en provecho de dichos recurridos mediante
sentencia con la autoridad de la cosa juzgada;

CONSIDERANDO, que sigue razonando dicho tribunal para


fundamentar su sentencia lo siguiente: a) que la compañía Valle de la
Liébana, S. A., no podía vender a Mario Alejandro Velázquez Morales,
el apartamento en litis, porque el mismo ya había sido adquirido por
los esposos Rodríguez Bonet Granado Alonso, y que la decisión que
aprobaba dicha venta, había adquirido la autoridad de la cosa
irrevocablemente juzgada, por lo que todo procedimiento al respecto
era inadmisible, ya que la venta de la cosa de otro es nula de acuerdo
al artículo 1599 del Código Civil; b) que la segunda litis iniciada por
los indicados esposos y de la cual se encontraba apoderado el
tribunal a-quo, fue motivada con la finalidad de que fueran
cancelados los derechos registrados a favor del señor Mario
Alejandro Velázquez Morales sobre el indicado inmueble, así como que
se ordenara que fuera declarada la Asociación Popular de Ahorros y
Préstamos como tercer adquiriente de mala fe y se ordenara la
cancelación de la hipoteca registrada a su favor, al considerar
incorrecta la venta efectuada a dicho señor, como el préstamo
hipotecario, pues ese inmueble ya había salido de la propiedad de la
compañía vendedora al haberlo vendido previamente a los esposos
Rodríguez- Granados y ser autorizado el registro a favor de estos
señores, mediante la indicada decisión núm. 26 del 21 de abril de
2005; c) que la venta hecha al señor Mario Alejandro Velázquez
Morales se hizo existiendo una litis inscrita en el Registro de Títulos,
por lo que no se podía realizar ninguna operación con ese inmueble,
lo que demuestra que hubo mala fe en esa operación al traspasar un
inmueble que había salido del patrimonio de la compañía vendedora
al momento de ser realizada la segunda venta, por lo que la misma es
nula, así como también la hipoteca consentida por la Asociación
Popular de Ahorros y Préstamos era irregular y por consiguiente
inexistente; d) que la segunda venta era simulada y un perfecto
fraude, ya que el indicado inmueble fue adquirido de buena fe por los
esposos Rodríguez-Granados, por lo que esta segunda venta fue
efectuada contra la ley y el derecho siendo una acción de mala fe y
en contra de los verdaderos propietarios que eran los señores
Heriberto Miguel Rodríguez Bonet y Dalia Belén Granados Alonso, por
ser los primeros compradores; e) que el señor Mario Alejandro
Velázquez Morales compró a la compañía Valle de la Liébana S. A., el
apartamento en litis con una oposición inscrita en el Certificado de
Título original, depositado en el Registro de Títulos del Distrito
Nacional, por lo que dicho señor no puede ser considerado un tercer
adquiriente de buena fe, así como tampoco puede ser considerada
tercer adquiriente de buena fe la Asociación Popular de Ahorros y
Préstamos, pues otorgó préstamos existiendo dicha oposición; y
frente a esta situación cualquier gravamen que pueda afectar dicho

37
inmueble lo que no le es oponible a los señores Heriberto Miguel
Rodríguez Bonet y Dalia Granados (hoy recurridos);

CONSIDERANDO, que del examen de los razonamientos expuestos por


el tribunal a-quo como fundamento de su decisión se advierte que,
contrario a lo alegado por la recurrente, al declarar como lo hace en
su sentencia, que tanto el segundo comprador como la hoy recurrente
Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, en su condición de
acreedora hipotecaria, eran adquirientes de mala fe, dicho tribunal
al decidir en este sentido no violó los textos legales invocados por la
recurrente ni incurrió en el vicio de contradicción de motivos, sino
que dictó una sentencia apegada al derecho, ya que, tal como lo
afirma en su sentencia, pudo establecer que el señor Mario Alejandro
Velázquez Morales, segundo comprador, conocía de la existencia de
una litis sobre la propiedad del referido inmueble y que al comprar y
pagar el precio en base a un financiamiento que le hiciera la
Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, dicho tribunal, por vía de
consecuencia, también procedió a declarar a esta entidad como
adquiriente de mala fe, al haber financiado la compra de un
inmueble adquirido mediante una operación ilegítima y simulada,
puesto que recaía sobre un inmueble que estaba afectado con una
oposición a transferencia inscrita de forma anterior a la adquisición
del mismo por parte del segundo comprador;

CONSIDERANDO, que al estar inscrita anteriormente esta litis y la


oposición correspondiente, esto le resultaba oponible a toda persona
física o moral que pretendiera derechos de propiedad sobre el
inmueble en disputa; por lo que, tal como fue establecido por el
tribunal a-quo en su sentencia, el fraude que pudo ser comprobado en
la especie consistió en que existiendo contestación entre los hoy
recurridos (compradores originales) y la empresa vendedora y
habiendo dichos recurridos inscrito la litis, de todas formas dicha
vendedora y el segundo comprador procedieron a realizar su
operación, lo que evidencia que con la misma se pretendió burlar la
primera venta, es decir, la intervenida entre la compañía Valle de la
Liébana, S. A. y los indicados esposos; conclusión a la que llegó el
tribunal a-quo por el hecho de que la litis que se originó por que la
primera venta le era oponible tanto al segundo comprador como a la
hoy recurrente Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, en su
condición de acreedora al financiar a este último;

CONSIDERANDO, que el hecho de que el duplicado del dueño por el


cual el segundo comprador, señor Velásquez Morales pactó con la
vendedora sin que en el mismo existiera anotación de la litis, lo que
según la recurrente lo convertía en un adquiriente de buena fe, esta
Tercera Sala entiende, que considerar este argumento como valedero
desvirtuaría el sistema de publicidad registral, por cuanto con el
mismo se procura que toda anotación inscrita en los archivos del
Registro de Títulos, tomando en cuenta la fecha de su recepción,
tiene oponibilidad erga-hommes, es decir, frente a todo el mundo,
pues pretender que una litis u oposición figurara inscrita en un
duplicado del dueño que está circulando sin el debido control de la
Oficina del Registro de Títulos, es totalmente contraproducente, ya
que en la práctica estos duplicados conforme a la Ley núm. 1542,
vigente en ese entonces, requería la entrega voluntaria de los mismos
ante el Registro de Títulos, lo que solo era posible lograr para las
anotaciones en las que las partes tuvieran interés producto de una

38
convención, lo que en modo alguno significa que la falta de entrega
de dichos duplicados por parte de sus propietarios convierte en
inoponible frente a estos las anotaciones inscritas en los originales
custodiados por el Registro de Títulos, máxime cuando de acuerdo a
lo previsto por el artículo 171 de la derogada Ley núm. 1542, en caso
de existir alguna diferencia entre el Duplicado y el Original del
Título, se le dará preferencia a este último; en consecuencia, al
decidir que en la especie, la Asociación Popular de Ahorros y
Préstamos, hoy recurrente, no podía “ser considerada tercer
adquiriente de buena fe por haber otorgado préstamos sobre un
inmueble sobre el que existía una oposición”, dicho tribunal falló
correctamente, acorde con lo previsto por el artículo 174 de la
señalada Ley núm. 1542, que dispone que sobre terrenos registrados
no existen derechos ocultos, por lo que cualquier anotación que figure
registrada en el original del título, como ocurrió en la especie,
resultaba oponible a todo el mundo; tal como fue decidido por el
Tribunal Superior de Tierras que dictó una sentencia que contiene
motivos adecuados que respaldan su decisión, por lo que procede
validarla y rechazar los medios que se examinan, así como el
presente recurso de casación al ser improcedente y mal fundado;
(S.C.J.-Tercera Sala-Tierras- 22 de enero de 2014, decisión número 20, B.J. 1238).

CONSIDERANDO...que si bien existe un tribunal de derecho común


apoderado del conocimiento de un procedimiento de embargo
inmobiliario, sin embargo eso es en materia eminentemente personal,
estando clara la incompetencia de ese orden de tribunales, para
conocer de materia real y específicamente cuando de derechos
registrados se trata, sobre todo de litis que puedan conllevar una
modificación en dicho registro, de modo que lo pertinente es que si en
el curso de este tipo de procedimientos, se aporta la prueba de la
existencia de esta, y se deduce seriedad en la misma, ese juez de
ejecución forzada, está en la obligación de sobreseer o suspender su
continuación hasta tanto se conozca y juzgue sobre la litis, cuya
competencia es de orden y naturaleza de jurisdicción. En este sentido
la Ley núm. 108-05 de Registro Inmobiliario, en su artículo 3, a saber
“Competencia. La jurisdicción inmobiliaria tiene competencia
exclusiva para conocer de todo lo relativo a derechos inmobiliarios y
su registro en la República Dominicana, desde que se solicita la
autorización para la mensura y durante toda la vida del inmueble,
salvo en los casos expresamente señalados en la presente ley; que por
todo lo expuesto y porque el objeto de la presente litis es un inmueble
registrado conforme a las pruebas; en las circunstancias del caso, la
jurisdicción inmobiliaria es la competente; debido a que de manera
excepcional lo es para todas las cuestiones relacionadas con el título
o posesión de cualquier terreno registrado, en virtud de lo que
disponen los artículos 3 y 29 de la Ley núm. 108-05”;

CONSIDERANDO, que por ultimo sostiene la Corte a-qua, que este


tribunal conserva y mantiene su competencia de manera exclusiva y
absoluta, para los litigios que puedan surgir entre las partes
interesadas como consecuencia de hechos y actos acaecidos con
posterioridad a su registro, en este caso ha habido transferencias y
se solicita nulidad de certificado de título, pero bajo la denominación
de litis sobre derechos registrados; teniendo en cuenta que de lo que
se trata la acción podría conllevar a una modificación al certificado
de título (primando lo real sobre lo personal); que la competencia de
atribución o de razón de la materia no puede en principio ser

39
derogada, vulnerada u obviada por convenciones particulares ni por
tribunales, ya que se entiende que es de orden público. En tal sentido
la jurisdicción idónea por estar especializada en esta materia es la
inmobiliaria”;

CONSIDERANDO, que como la competencia de atribución, constituye


una regla de orden público, la Suprema Corte de Justicia puede en
interés de la Ley suplir de oficio la sentencia recurrida, cuando se
trate de preservar disposiciones de orden público, en ese orden, del
examen de la sentencia se advierte que el recurrente no probó ante el
Tribunal de Tierras como era su deber, que al momento de iniciar el
procedimiento de embargo inmobiliario como resulta cuando se vence
el mandamiento de pago y su correspondiente inscripción por ante el
Registrador de Títulos, no existía contestación al derecho de
propiedad; todo lo contrario conforme a sus enunciados en el
memorial de casación más bien deja establecido, que existía la
referida contestación, previa al mandamiento de pago, ya que este
afirma que la oposición o nota preventiva se inscribió en fecha 4 de
enero del 2011 y el mandamiento de pago cursó en fechas 26 y 27 de
enero del 2011,respectivamente, conforme a los actos núms. 25/2011
y 032/2011, instrumentado el primero, por el ministerial Fernando
Antonio Francisco, Ordinario del Juzgado de Paz Especial de
Transito, Grupo 1 del Distrito Judicial de Santiago, y el segundo, por
el alguacil Alberto A. Nina, de estrados de la Segunda Cámara Penal
del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de San
Cristóbal; en esa línea de razonamiento deducimos, que la
contestación o cuestionamiento de cómo opero la transferencia de los
derechos de la señora Dulce Ramona Bernard parte recurrida, en
relación al inmueble al Solar núm. 11, manzana núm. 1701, del
Distrito Catastral núm. 1, del municipio, provincia de Santiago,
estaba siendo cuestionada debido a la oposición inscrita en fecha 4
de enero de 2011.(SCJ, 3ra Sala-Tierras,19 de noviembre del 2014, B.J. 1236,
decisión no. 580).

CONSIDERANDO, que previo a establecer el alcance normativo que se


deriva de la armonización de los citados textos, como vía de extraer
su finalidad, debemos precisar que los términos que aparecen en el
citado artículo 90, en cuanto a los efectos del registro, en lo
constitutivo y convalidante, es que el primer término implica, que lo
que está inscrito, forma parte de un todo, y lo convalidante implica
que lo inscrito se presume exacto;

CONSIDERANDO, que el estudio en conjunto de tales disposiciones nos


indica, que todo lo inscrito en un inmueble registrado sea como
derecho o carga, tiene por finalidad advertir a los terceros, que al
estar esas informaciones revestidas de presunción de exactitud, el
tercero que decide realizar una operación jurídica lo realiza a cuenta
y riesgo. En ese orden, al contener la anotación en el inmueble
identificado como “porción de terreno dentro de la parcela No. 2028
del D.C. 07 de Baní, con extensión superficial de 45,856,47 metros
cuadrados, amparada en la matrícula 500010639”, una litis en la
que la señora Ana Tomasa Dumé, pretendía inscribir una Hipoteca
Convencional por no tener a mano el duplicado del Certificado de
Título, y en vista de que la operación realizada por el señor Edward
Valera en relación al mismo inmueble era a la vez otra hipoteca, a
esta parte le era oponible la indicada anotación, y por ende, no puede
beneficiarse de la inscripción en primer rango;

40
CONSIDERANDO, que, sostener una tesis contraria, desvirtuaría la
institución de oponibilidad de todo lo inscrito o anotado en los
asientos de registro, en relación a los terceros y le restaría utilidad
al sistema de asientos registrales. Por consiguiente, los jueces del
Tribunal Superior de Tierras del Departamento Central han realizado
una aplicación errada de la Ley y de los Reglamentos de los
Tribunales Superiores de Tierras y de Jurisdicción Original, por lo
que procede casar de oficio la sentencia impugnada, sin necesidad de
ponderar los medios del recurso, por haber incurrido la Corte a-qua
en una errada aplicación de la ley;

Por tales motivos: Primero: Casa... (S.C.J.-Tercera Sala-Tierras- 2 de agosto de 2017,


sentencia número 483, expediente número 2016-884, aun sin boletín judicial).

C) No podrá olvidar, honorable y respetada magistrada, que el proceso ejecutorio,


que culminó con la sentencia de adjudicación marcada con el número
00124/2008 (expediente número 506-08-00276), donde el inmueble en cuestión
y obviamente anterior a su deslinde fraudulento y mafioso; fue llevado a
instancia y requerimiento del señor NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ,
tuvo como abogado constituido y apoderado especial al DR. EURIPIDES SOTO
LUNA, y que la acción principal en nulidad, incoada contra la preindicada
sentencia de adjudicación, que también y por igual, cursó por ante este
honorable tribunal, a requerimiento del señor JUAN DANIEL MOISES REYES,
y en contra del señor NORBERTO RADHAMES PEGUERO DÍAZ, este último
también estuvo representado por el DR. EURIPIDES SOTO LUNA, acción esta
que fue rechazada y confirmada la sentencia de adjudicación a través de la
sentencia número 00456/2010 (expediente número 506-10-00130) de fecha
treinta (30) del mes de diciembre del año dos mil diez (2010), que contiene el
dispositivo que indicáremos en lo adelante, habiendo sido esta última recurrida
en alzada por ante la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación del
Departamento Judicial de La Vega, y allí decretado un descargo puro y simple,
tal y como consta en la sentencia civil número 221/11 (expediente número 506-
10-00130) de fecha treinta (30) del mes de diciembre del año dos mil once
(2011), la cual como es de vuestro sobrado conocimiento, no admite ningún
recurso, no obstante a ello, preferimos procurar certificación de la Secretaría de
la Suprema Corte de Justicia, de fecha veintidós (22) del mes de octubre del año
dos mil trece (2013), que nos dice que no hubo apoderamiento casacional.

41
D) Los dispositivos de las preindicadas sentencias (00456/2010 y 221/11), son
los siguientes:

Sentencia número 00456/2011:

FALLA:

PRIMERO: Declara regular y válida en cuanto a la forma, la


demanda en nulidad de sentencia de adjudicación, intentada por el
señor JUAN DANIEL MOISES REYES, en contra del señor NORBERTO
RADHAMES PEGUERO, mediante acto número 514/2010 de fecha
veinticinco (25) del mes de marzo del año dos mil diez (2010),
instrumentado por el ministerial JOSE DE JS. ALEJO SERRANO,
Alguacil de Estrado del Tribunal de Niños, Niñas y Adolescentes, del
Distrito Judicial de Sánchez Ramírez, por haber sido hecha
conforme a las reglas procesales vigentes.

SEGUNDO: Rechaza en cuanto al fondo, la demanda en nulidad de


sentencia de adjudicación de que se trata, en atención de los
motivos anteriormente expuestos.

TERCERO: Condena a la parte demandante, el señor JUAN DANIEL


MOISES REYES, al pago de las costas del procedimiento, con
distracción de las mismas y en provecho del Dr. EURIPIDES SOTO
LUNA, abogado de la demandada, quien afirma haberlas avanzado
en su totalidad.

Y por esta sentencia, así se pronuncia, ordena, manda y firman.

(FIRMADOS: JACQUEINE YNMACULADA RAMOS HEREDIA, Jueza y


ELISANIA MARIA PEREZ HEREDIA, Secretaria.

Sentencia número 211/11:

FALLA:

PRIMERO: Ratifica el defecto pronunciado en audiencia en contra de


la parte recurrente JUAN DANIEL MOISES REYES, por falta de
concluir;

SEGUNDO: Pronuncia el descargo puro y simple del recurso de


apelación de que se trata, a favor NORBERTO RADHAMES PEGUERO
DÍAZ, parte recurrida en esta instancia;

TERCERO: Condena a la parte recurrente, JUAN DANIEL MOISES


REYES, al pago de las costas del procedimiento y ordenando su
distracción a favor de los LICDOS. BASILIO GUZMAN R. Y YOHANNA
RODRIGUEZ C;

CUARTO: Comisiona al alguacil de Estrado de la Cámara Civil y


Comercial del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial
Monseñor Nouel, para la notificación de la presente sentencia.

Y por esta sentencia, así se pronuncia, ordena, manda y firman.

42
(FIRMADOS: ARELIS S. RICOURT DE GOMEZ, (Presidenta); BLAS
RAFAEL FERNANDEZ GOMEZ, (Segundo sustituto de la Presidenta);
Nieves Luisa Soto, (Jueza); JUAN FANTINO SURIEL HILARIO, (Juez); y
YERMI L. FLORES R., Secretaria.

E) Que al producirse la acción principal en nulidad, que ya señaláramos con


antelación, contra la también señalada sentencia de adjudicación, el DR.
EURIPIDES SOTO LUNA, en su escrito ampliatorio de conclusiones de fecha
primero (1ero) del mes de septiembre del año dos mil diez (2010), numeral 9,
páginas 4, 6, 7, 8, 9 y 10, expresa lo siguiente:

7...

El domicilio del señor JUAN DANIEL MOISES REYES, es la calle


cuatro esquina calle en proyecto, del sector Los Pinos de la ciudad
de Cotuí, lugar en donde es de pública notoriedad que reside
adjunto a su familia, integrada por su cónyuge la señora LAYLI
ESPINAL, y sus dos hijos; tal y como se puede comprobar teniendo a
mano el acto de notoriedad, firmado por siete testigos; el acto de
traslado y comprobación hecho por el Notario Público LIC. JOSE
MANUEL FABIAN HERNANDEZ, en fecha 13 de julio del 2010 y la
copia del acto de venta condicional del inmueble de fecha 13 de
julio de 2008, suscrito por NORBERTO RADHAMES PEGUERO DIAZ y
JUAN DANIEL MOISES REYES, documentos todos que están incluidos
en el inventario de piezas depositadas por ante la Secretaría de este
tribunal en fecha 04 de agosto del 2010.

La vivienda localizada en la dirección precedente, conforme lo pudo


determinar el alguacil actuante, permanece constantemente
deshabitada en las horas de la mañana y la tarde, únicamente bajo
la custodia de un guardia de seguridad, el cual de manera
reiterativa, se niega a recibir notificaciones remitiendo al alguacil
actuante a la casa No. 19 de la calle Duarte de la ciudad de Cotuí,
lugar donde funciona el negocio de préstamos, cuya principal
accionista es la señora LAILY ESPINAL, la cual se identifica
conforme declaró al ministerial actuante como esposa del señor
JUAN DANIEL MOISES REYES, y quien de forma amistosa y
colaboradora recibe sin ninguna objeción las notificaciones en el
lugar indicado, con lo cual, el deudor notificado tuvo acceso
inmediato a dichos documentos ya que fueron recibidos por su
esposa, como ella misma declaró o en su defecto por su concubina y
madre de sus hijos, la que convive con JUAN DANIEL MOISES REYES,
bajo el mismo techo en la vivienda citada en la calle cuatro esquina
calle en Proyecto de la ciudad de Cotuí, tal como se puede
comprobar en el acto de traslado y comprobación instrumentado en
fecha 13 de julio del 2010 por el LIC. JOSE MANUEL FABIAN
HERNANDEZ, Notario Público de los del número para el municipio de
Cotuí, contentivo de comprobación de la identidad y status de las
personas que habitan la casa del sector Los Pinos en Cotuí.

9.- La parte demandada depositó por ante la Secretaría de este


honorable tribunal en fecha 04 de agosto del 2010, dentro del

43
tiempo hábil otorgado por prorroga, un inventario contentivo de 14
piezas en las cuales podemos justificar la legalidad del
procedimiento de embargo inmobiliario que culminó con la
adjudicación a favor de NORBERTO RADHAMES PEGUERO DIAZ del
inmueble embargado a JUAN DANIEL MOISES REYES. Entre estos
documentos se encuentran:

a). Original del acto de notoriedad de fecha siete (7) testigos


instrumentado en fecha 13 de julio del 2010 por el LIC. JOSE
MANUEL FABIAN HERNANDEZ, Notario Público de los del número
para el municipio de Cotuí, en el cual los testigos declarantes
confirman y ratifican que es verdad a bocas en la comunidad de
Cotuí: 1.- Que JUAN DANIEL MOISES REYES y LAYLI ESPINAL son
cónyuges; 2.- Que ambos en su relación han procreado dos hijos; y
3.- Que viven de manera permanente en la casa localizada en la
calle cuatro esquina calle en Proyecto de la ciudad de Cotuí.

b). Original del acto de traslado y comprobación instrumentado en


fecha 13 de julio del 2010 por el LIC. JOSE MANUEL FABIAN
HERNANDEZ, Notario Público de los del número para el municipio de
Cotuí, contentivo de comprobación de la identidad y el estatus de
las personas que habitan la casa localizada en la calle cuatro
esquina calle en Proyecto de la ciudad de Cotuí; dirigidas ella que
es su esposo (esto se puede confirmar con el contenido de la
certificación expuesta en fecha 14 de junio del 2010 por el
ministerial ARAMIS A. VICENTE, actuante en el procedimiento, la
cual conforma parte del inventario de piezas depositado por la
parte demandada).

Que al darse la situación de que la vivienda donde residen JUAN


DANIEL MOISES Y LAYLI ESPINAL, situada en el sector Los Pinos de
la ciudad de Cotui permanece constantemente cerrada en las horas
laborales del día, bajo la custodia de un guardia de seguridad, el
cual sugiere que lleven las notificaciones al negocio propiedad de
LAYLI ESPINAL, entonces, para cumplir con los preceptos legales y
constitucionales a favor de preservar el derecho de defensa de la
persona notificada y donde el notario actuante comprobó a través
de los medios utilizados las mismas informaciones que fueron
aportadas en el acto de notoriedad precitado, respecto a la
condición de cónyuge de JUAN DANIEL MOISES REYES Y LAYLI
ESPINAL, los hijos procreados así como que real y efectivamente esa
vivienda constituye el domicilio principal de dicha familia.

c). Original del acto de traslado y comprobación instrumentado en


fecha 13 de julio del 2010, por el LIC. JOSE MANUEL FABIAN
HERNANDEZ, Notario Público de los del número para el municipio de
Cotuí, contentivo de comprobación de lo existente en el edificio
localizado en la calle Duarte No. 19 de la ciudad de Cotuí, donde el
Notario actuante comprobó a través de los medios utilizados: 1- Que
en dicho edificio funciona un negocio de préstamos propiedad de
LAYLI ESPINAL; 2- Que la señora LAYLI ESPINAL, además de ser la
propietaria de dicha empresa, fue observada y constatada por el
notario actuante, en el desempeño de funciones administrativas,
observándosele ocupar una de las oficinas principales del negocio.

g) Copia del contrato de venta condicional de inmueble suscrito


entre NORBERTO RADHAMES PEGUERO DIAZ y JUAN DANIEL

44
MOISES REYES, en fecha 17 de julio del 2008, instrumentado por el
DR. HECTOR BOLIVAR BAEZ CONTRERAS, Notario Público de los del
número para el municipio de Cotuí. Este documento, que fue
redactado con posterioridad a la emisión y notificación de la
sentencia de adjudicación objeto de la presente demanda principal
en nulidad, contiene la venta condicional que le hace NORBERTO
RADHAMES PEGUERO DIAZ a JUAN DANIEL MOISES REYES, de los
derechos que le fueron atribuidos por la sentencia de adjudicación
impugnada y que fue el resultado de negociaciones entre ambas
partes que procuraban de manera licita que JUAN DANIEL MOISES
REYES recuperara los derechos de propiedad sobre el inmueble
adjudicado mediante la venta de estos derechos por un monto de
RD$3,400,000.00, suma ésta que constituía el valor adeudado y que
generó el embargo inmobiliario precedente. Lamentablemente ésta
operación quedó sin efecto jurídico alguno ya que no se cumplieron
ninguna de las condiciones pactadas en el contrato de parte de
JUAN DANIEL MOISES REYES.

En la presente instancia se hace imprescindible sacar a relucir este


último documento, ya que el mismo tiene vital importancia como
medio de contrarrestar las pretensiones de la parte demandante, la
cual mantiene sus pretensiones de lograr la nulidad de la sentencia
de adjudicación impugnada mediante el alegato de que el deudor
tiene domicilio en la calle 2 número 99 del señor La Esperanza de la
ciudad de Cotuí, y que al ser notificado en la calle Duarte, No. 19,
en la persona de LAYLI ESPINAL, se le violaron los derechos
fundamentales establecidos en nuestra Constitución y en el Código
de Procedimiento Civil. Sirve este documento suscrito de manera
libre y voluntaria por JUAN DANIEL MOISES REYES, para
determinar con exactitud que su domicilio es la calle cuatro esquina
calle en Proyecto, del sector Los Pinos de la ciudad de Cotuí, lugar
en donde, por los documentos depositados por el suscribiente se
determinó que reside adjunto a su cónyuge LAYLI ESPINAL y sus
hijos. (obsérvese la parte introductoria del contrato de referencia
donde aparecen descritas las respectivas direcciones de las partes.

a) El procedimiento de embargo inmobiliario trabado en perjuicio del


inmueble propiedad del señor JUAN DANIEL MOISES REYES, es
regular y válido ya que cumplió con los establecido por los artículos
673 y siguientes del Código de Procedimiento Civil y que al
realizarse las distintas actuaciones procesales en el lugar y persona
mencionado en los mismos, se hizo de manera correcta y muy por el
contrario a lo esgrimido por el demandante, estas actuaciones
fueron hechas para proteger el derecho a la defensa del
demandante y los derechos fundamentales a su favor establece
nuestra Constitución; pues ante la imposibilidad material de que el
alguacil actuante notificara al deudor de manera personal en su
propio domicilio, por las causas ya citada, tal cual lo indica el
ministerial en la certificación emitida en fecha 14 de junio del
2010, cuyo original fue depositado en fecha 04 de agosto del 2010
por ante este tribunal, lo procedente y legal era notificar en manos
de la esposa, concubina, compañera sentimental y madre de los
hijos del requerido, sobre todo por el conocimiento que es vox populi,
de que LAYLI ESPINAL convive bajo el mismo techo.

Que del análisis del contrato de venta condicional suscrito entre


NORBERTO RADHAMES PEGUERO DIAZ y JUAN DANIEL MOISES
45
REYES, en fecha 17 de julio del 2008, instrumentado por el DR.
HECTOR BOLIVAR BAEZ CONTRERAS, Notario Público de los del
número para el municipio de Cotuí, se derivan dos consecuencias:
La primera, permite determinar cual ha sido y es el verdadero
domicilio de JUAN DANIEL MOISES REYES y la segunda que permite
a este honorable tribunal que real y efectivamente JUAN DANIEL
MOISES REYES, en su calidad de embargado, estuvo en todo
momento en conocimiento de los actos procesales que les eran
notificados en el negocio propiedad de su esposa, concubina o
compañera sentimental y prueba de ello es que dos meses después
de la emisión de la sentencia de adjudicación realizó negociaciones
con el beneficiado de la adjudicación, NORBERTO RADHAMES
PEGUERO DIAZ, tendentes a recuperar la propiedad del inmueble
adjudicado, mediante una operación de venta condicional, la cual
finalmente no llegó a concretizarse por causas atribuibles de
manera exclusiva a JUAN DANIEL MOISES REYES. Si se observa
entre la fecha de la sentencia, la suscripción del contrato de venta
condicional y la fecha del acto introductivo de instancia de la
presente demanda en nulidad han transcurrido casi dos años, lo
que evidencia las pretensiones malsanas del demandante de utilizar
la acción principal en nulidad como un recurso o subterfugio para
postergar la ejecución de la indica sentencia de adjudicación, por
parte de NORBERTO RAHAMES PEGUERO DIAZ.

F) Al efecto nos preguntamos, honorable magistrada ¿Acaso se le ha olvidado al


DR. EURIPIDES SOTO LUNA, que el inmueble que ahora nos ocupa, aunque
disfrazado de otro inmueble, las mejoras levantadas sobre el mismo no han
cambiado y que fue el que él ejecutó, a instancia y requerimiento del señor
NORBERTO RADHAMES PEGUERO DIAZ? Más aún, ¿O acaso las mejoras
cambiaron de inmueble? Al efecto, honorable magistrada, es la doctrina constante
de nuestra Corte de Casación, la que y sobre el particular, expresa sobre este
particular lo siguiente:

CONSIDERANDO, que asimismo, la Corte a-qua indica que comprobó,


en virtud de los hechos y documentos que conforman el expediente,
que la porción de terreno adquirida por el señor Alfredo Thomas
Mármol, fue deslindada y se encuentra a favor de la razón social
Infante Auto Import, C. por A., quien adquiere dichos derechos en
virtud del aporte en naturaleza realizado por el señor José Infante en
fecha 7 de junio de 2001, quien a su vez la obtuvo mediante contrato
de venta expidiéndosele una constancia anotada en fecha 4 de
octubre de 2000 y que fuera deslindada mediante una resolución
administrativa; que la Corte a-qua entendió y comprobó que la
constancia anotada obtenida por el señor José Infante fue posterior
al sometimiento por ante el Abogado del Estado como intruso, y que
aún teniendo el conocimiento de la situación al momento de
deslindar no puso en causa al señor Alfredo Thomas Mármol en
violación a lo dispuesto por la ley de Registro de Tierras y el
Reglamento de Mensura, que la parte intimada procedió luego a
otorgar en aporte en naturaleza a favor de la razón social Infante

46
Auto Import, C. por A., el inmueble de referencia, por lo que esta
última no podía alegar ser adquiriente de buena fe, en razón de que
el aporte fue realizado por uno de los accionistas de dicha compañía
y más aún el propio abogado de la razón social,
según pudo verificar la Corte a-qua, fue el
abogado que representó al señor José Infante
ante el abogado del Estado en la solicitud de
desalojo que interpusieran en su contra,
conforme certificación de fecha 25 de mayo de
2007, expedido por el Abogado del Estado, por lo
que no podían alegar ignorancia; (S.C.J. –3era Tierras-, 25 de
julio del 2012, B.J. No. 1220).

CONSIDERANDO: que del estudio de los documentos que conforman el


expediente y de la decisión impugnada resulta que, contrario a lo
alegado por la recurrente, el Tribunal A-qua ponderó, entre las demás
pruebas aportadas a la litis, el informe de la agrimensora, de fecha
10 de agosto de 2012; constando en las consideraciones de la
sentencia impugnada las conclusiones del referido informe, en el cual
quedó estipulado que la servidumbre era una circunstancia evidente,
al indicar que: “En la Parcela existe un camino (de unos 425.79 Mts2
aproximadamente) (…) dicho camino posee en sus linderos laterales
postes eléctricos, los cuales sirven a toda esa comunidad, y se ve a
simple vista que dicho camino divide la Parcela en dos porciones
porque el mismo está delimitado en traviesas de madera que lo
definen en todos sus laterales, de manera que la realidad del camino
es evidente aunque el mismo no se encuentre registrado en el
Certificado de Título No. 94-349”;

CONSIDERANDO: que si bien en el referido contrato de opción de


compraventa, de fecha 27 de junio del año 2007, consta como
condición la ausencia de cargas y gravámenes sobre el inmueble; no
menos cierto es que al ser el estado físico del inmueble en litis de
público conocimiento en la zona, pues la servidumbre era evidente
-tal como se infiere de la sentencia impugnada y de los demás
documentos que conforman el expediente- no podría la ahora
recurrente hacer valer esta circunstancia como un obstáculo para la
ejecución del contrato de opción de compra y venta en cuestión;
(S.C.J.-Salas Reunidas-Tierras-16 de septiembre de 2015, sentencia número 126,
B.J. 1258).

23- Ahora nada más falta, honorable magistrada, que el DR. EURIPIDES SOTO
LUNA, pero esta vez como abogado del demandante incidental, diga exactamente
todo lo contrario a lo que expresó y que transcribiéramos precedentemente. También
nos preguntamos, honorable magistrada, ¿Y Dónde estaba el DR. EURIPIDES
SOTO LUNA, cuando se concedió el indicado préstamo? O mejor aún, ¿Cuál fue su
opinión -que suponemos el banco se la requirió- cuando fue consultado sobre la
concesión o no del indicado préstamo? Podrá el DR. EURIPIDES SOTO LUNA,
justificar que las mejoras se mudaron del inmueble... si aquellas mejoras que el

47
describía en su escrito ampliatorio de conclusiones ya transcrito, pero que dejaron
de estar en el inmueble adjudicado, para mudarse al “inmueble saneado”

24-Como las transferencias fraudulentas ya indicadas y la inscripción del gravamen


hipotecario que ahora y aquí nos ocupa, también fraudulento, fueron inscritos con
posterioridad a que se publicitaran las tres (3) notas preventivas antes señaladas, y
como el efecto purgatorio, que al efecto prescribe la parte in-fine del artículo 717 del
Código de Procedimiento Civil, reformado, no se extiende hasta las mismas, es decir,
no las radia, todo lo cual se traduce en que si se obtuviese ganancia de causa por
ante la jurisdicción inmobiliaria, como hasta ahora ha venido ocurriendo y así
esperamos que continúe y concluya, el resultado de la jurisdicción inmobiliaria se
impondrá, a cualquier transferencia que se haya operado sobre el inmueble,
incluyendo cualquier adjudicación que haya recaído sobre el mismo, por efecto de la
oponibilidad a que se traducen las señaladas notas preventivas, y por efecto
también de haber sido las mismas inscritas primero que las preindicadas
transferencias y gravámenes hipotecarios, por tanto, sería ilógico e insensato, no
sobreseer este apoderamiento y cualquier otro, hasta tanto la jurisdicción
inmobiliaria no decida su apoderamiento, y este adquiera el carácter de la cosa
irrevocablemente juzgada, tal y como lo reconoció este honorable tribunal, a través
de su sentencia número 16/2011 (expediente número 506-11-00260), cuyo
dispositivo y motivación transcribimos precedentemente.

25- Que en la dirección de lo anteriormente expuesto, noble y serena jueza, la doctrina


constante de nuestra Corte de Casación, específicamente de su Tercera Sala en sus
atribuciones inmobiliarias, se expresa en los siguientes términos:

CONSIDERANDO, que en cuanto al fondo del recurso de


apelación de que estaba apoderado, la Corte a-qua estableció
básicamente lo siguiente: “que tomando como base la
certificación de fecha 5 de febrero de 2008, en la cual se hace
constar que las cargas fijas o gravámenes que figuran
anotadas y transcritas, en los derechos de Demetrio García
Núñez, consistentes en una porción de 1236.94 dentro del
ámbito de la Parcela núm. 89 del Distrito Catastral No. 2 del
Municipio de Cabrera datan de las siguientes fechas: La
oposición fue inscrita en el Registro de Títulos el 11 de agosto
del 1997, en virtud de litis sobre terreno registrado a
requerimiento de los señores Néstor Manuel Fuente y
compartes; la hipoteca judicial definitiva, a requerimiento del
señor Bienvenido Raposo Cortorreal fue inscrita el Registro de
Títulos el día 10 de julio de 2002, el mandamiento de pago
48
tendente a embargo inmobiliario en virtud del artículo 663 del
Código de Trabajo y la Ley núm. 6186, fue inscrito en el
Registro de Títulos, el día diecisiete de octubre de 2002; de
donde se desprende que el cuestionamiento que se está
haciendo fue con anterioridad a la inscripción de los
gravámenes descritos coligiéndose que tanto el acreedor
resultante de gravamen judicial perseguidor de los valores
consignados en el mismo, corría la suerte de lo que resultara
en la audiencia que eventualmente se llevaría a cabo para
ventilar el cuestionamiento al derecho de propiedad del
inmueble de que se trata, que el hecho del Registrador decir en
su Certificación que existía la inscripción de la litis planteada
en ese inmueble con anterioridad a los gravámenes que fruto de
su ejecución dieron lugar a la Sentencia Civil No. 128/2003 de
fecha 5 del mes de marzo de 2003, de la Cámara Civil,
Comercial y de Trabajo del Juzgado de Primera Instancia de
María Trinidad Sánchez, pone de manifiesto que el
adjudicatario de la Sentencia Civil Sr. Ángel Agustín Duarte,
corría la suerte de la sentencia a intervenir en la Jurisdicción
Inmobiliaria, como al efecto que le resultó adversa, además que
la sentencia civil de adjudicación por cuando se trata de
hurgamiento en el derecho de propiedad de un inmueble, en el
cual se trata de establecer cuál es el propietario genuino del
mismo”;

CONSIDERANDO, que de lo antes transcrito, se advierte que


contrario a lo invocado por el recurrente, que los jueces
hicieron constar en la sentencia objeto del recurso, que la
oposición tenía como sustento la litis en terreno registrado
impulsada por el señor Néstor Manuel Fuentes y compartes; lo
que resultaba suficiente para que con la sola inscripción
llevada a cabo en fecha 11 de agosto de 1997 le fuera oponible
al acreedor quien inscribió la hipoteca en el inmueble en fecha
10 de julio de 2002, por tanto, el agravio examinado debe ser
rechazado; (S.C.J.-Tercera Sala-Tierras- 17 de julio de 2013, decisión
número 44, B.J.1232).

CONSIDERANDO...que si bien existe un tribunal de derecho


común apoderado del conocimiento de un procedimiento de
embargo inmobiliario, sin embargo eso es en materia
eminentemente personal, estando clara la incompetencia de ese
orden de tribunales, para conocer de materia real y
específicamente cuando de derechos registrados se trata, sobre
todo de litis que puedan conllevar una modificación en dicho
registro, de modo que lo pertinente es que si en el curso de este
tipo de procedimientos, se aporta la prueba de la existencia de
esta, y se deduce seriedad en la misma, ese juez de ejecución
forzada, está en la obligación de sobreseer o suspender su
continuación hasta tanto se conozca y juzgue sobre la litis,
cuya competencia es de orden y naturaleza de jurisdicción. En
este sentido la Ley núm. 108-05 de Registro Inmobiliario, en su
artículo 3, a saber “Competencia. La jurisdicción inmobiliaria
tiene competencia exclusiva para conocer de todo lo relativo a
derechos inmobiliarios y su registro en la República
Dominicana, desde que se solicita la autorización para la
mensura y durante toda la vida del inmueble, salvo en los
casos expresamente señalados en la presente ley; que por todo

49
lo expuesto y porque el objeto de la presente litis es un
inmueble registrado conforme a las pruebas; en las
circunstancias del caso, la jurisdicción inmobiliaria es la
competente; debido a que de manera excepcional lo es para
todas las cuestiones relacionadas con el título o posesión de
cualquier terreno registrado, en virtud de lo que disponen los
artículos 3 y 29 de la Ley núm. 108-05”;

CONSIDERANDO, que por ultimo sostiene la Corte a-qua, que este


tribunal conserva y mantiene su competencia de manera
exclusiva y absoluta, para los litigios que puedan surgir entre
las partes interesadas como consecuencia de hechos y actos
acaecidos con posterioridad a su registro, en este caso ha
habido transferencias y se solicita nulidad de certificado de
título, pero bajo la denominación de litis sobre derechos
registrados; teniendo en cuenta que de lo que se trata la acción
podría conllevar a una modificación al certificado de título
(primando lo real sobre lo personal); que la competencia de
atribución o de razón de la materia no puede en principio ser
derogada, vulnerada u obviada por convenciones particulares
ni por tribunales, ya que se entiende que es de orden público.
En tal sentido la jurisdicción idónea por estar especializada en
esta materia es la inmobiliaria”;

CONSIDERANDO, que como la competencia de atribución,


constituye una regla de orden público, la Suprema Corte de
Justicia puede en interés de la Ley suplir de oficio la sentencia
recurrida, cuando se trate de preservar disposiciones de orden
público, en ese orden, del examen de la sentencia se advierte
que el recurrente no probó ante el Tribunal de Tierras como era
su deber, que al momento de iniciar el procedimiento de
embargo inmobiliario como resulta cuando se vence el
mandamiento de pago y su correspondiente inscripción por
ante el Registrador de Títulos, no existía contestación al
derecho de propiedad; todo lo contrario conforme a sus
enunciados en el memorial de casación más bien deja
establecido, que existía la referida contestación, previa al
mandamiento de pago, ya que este afirma que la oposición o
nota preventiva se inscribió en fecha 4 de enero del 2011 y el
mandamiento de pago cursó en fechas 26 y 27 de enero del
2011,respectivamente, conforme a los actos núms. 25/2011 y
032/2011, instrumentado el primero, por el ministerial
Fernando Antonio Francisco, Ordinario del Juzgado de Paz
Especial de Transito, Grupo 1 del Distrito Judicial de Santiago,
y el segundo, por el alguacil Alberto A. Nina, de estrados de la
Segunda Cámara Penal del Juzgado de Primera Instancia del
Distrito Judicial de San Cristóbal; en esa línea de
razonamiento deducimos, que la contestación o
cuestionamiento de cómo opero la transferencia de los
derechos de la señora Dulce Ramona Bernard parte recurrida,
en relación al inmueble al Solar núm. 11, manzana núm. 1701,
del Distrito Catastral núm. 1, del municipio, provincia de
Santiago, estaba siendo cuestionada debido a la oposición
inscrita en fecha 4 de enero de 2011.

CONSIDERANDO, que cuando existe contestación al derecho de


propiedad, y esta contestación es previa al procedimiento de

50
ejecución inmobiliaria, aquel que impulsa el procedimiento de
embargo inmobiliario lo asume bajo riesgo y ventura, pues es
lógico inferir que si la litis resulta por ante los jueces de fondo
lo suficientemente fundada tendría repercusiones sobre
procedimientos posteriores; en ese orden la esencia de lo
previsto en el artículo 3, párrafo, de la Ley núm. 108-05, de
Registro de Tierras como los causales de incompetencia de la
jurisdicción inmobiliaria, es en interés de preservar, que las
contestaciones inherentes al procedimiento de embargo
inmobiliario, así como todos los que surjan luego de inscrito el
embargo y que guarde relación entre el persiguiente y
perseguidos corresponde al Tribunal de Derecho Común; en
cambio, cuando lo que se cuestiona son derechos previos al
procedimiento de embargo inmobiliario sobre un inmueble
registrado, entra dentro del ámbito de la atribución del
Tribunal de Tierras; por tanto lo decidido por la Corte a-qua,
pone de manifiesto, que en el presente caso el Tribunal
Superior de Tierras ha hecho una correcta aplicación de la Ley
y una justa aplicación del derecho, que por los motivos que
hemos suplido procede rechazar el recurso de casación que se
examina.(SCJ, Tercera Sala-Tierras,19 de noviembre del 2014, B.J. 1236,
decisión no. 580).

26- No olvidéis, honorable magistrada, que el precedente, bajo presupuestos de


identidad es indudablemente vinculante, y componente a la vez de la tutela judicial
efectiva y la seguridad jurídica, tal y como lo reconocen la doctrina y la
jurisprudencia, incluyendo la postura de nuestro tribunal constitucional, cuando y
sobre el particular expresan lo siguiente:

Una de las manifestaciones que adopta la seguridad jurídica es la


que ha reconocido Kelsen cuando establece que, en un sistema
dotado de ella, “las decisiones de los tribunales son previsibles
hasta cierto grado y, por ende, calculables, de suerte que los sujetos
sometidos al Derecho pueden orientarse en su comportamiento.

La existencia de pruebas preestablecidas en Derecho procesal civil


está motivada por la necesidad de dar solidez a las operaciones
civiles, que no admiten alteraciones injustificadas, incluso la menor
conmoción del fundamento en que las operaciones se asientan (… )
sería peligroso para la solidez de las relaciones jurídicas civiles,
formalizarlas en atención a su importancia en documentos escritos,
admitir su impugnación por medio de testigos.

Dicho lo anterior, entendemos que el sistema de prueba legal


tasada, lo que procura es dotar al ambiente contractual de cierta
previsibilidad en lo que respecta a la prueba de los derechos que en
la relación jurídica se consignan. En ese sentido, las partes tendrán
la seguridad, desde el momento en que contratan, de que podrán
exigir los derechos que pretenden ante el tribunal con una prueba
que ha sido reconocida como eficaz para reclamarlo. Este es el rol
que juega el sistema de prueba legal en la seguridad jurídica en el
ámbito de los actos jurídicos. Fuera de ahí, para los casos de los
hechos jurídicos sí se podría admitir la libertad probatoria……

51
Al contrario de lo planteado por la SCJ la exigencia de una prueba
literal para un acto jurídico busca proteger el principio de justicia.
Entendemos que la razón por la cual se ha prohibido la prueba
testimonial es precisamente fundada en una máxima de experiencia
del legislador, no necesariamente porque desconfíe de la capacidad
de los jueces de dilucidar los hechos. Todo lo contrario, de quien
desconfía el legislador es de lo tortuoso y poco previsible que podría
tornarse el proceso si se permite la presentación de testimonios
para probar un acto jurídico. Víctor A. Santana Díaz, La Prueba Legal
Tasada, como salvaguarda de la Seguridad Jurídica en el Proceso Civil
Dominicano. Revista Gaceta Judicial, año 19, número 349, páginas 35 y
36.

En materia comercial y en otras áreas del derecho objetivo se


justifica la libertad de prueba, por la naturaleza misma de los
negocios involucrados. Pero en materia civil la voluntad de las
partes es la reina de la fuente contractual y lo pactado debe quedar
claramente establecido, en un documento escrito, para asegurar la
estabilidad misma de los negocios civiles, aunque se trate de un
contrato consensual….

En consecuencia, cualquier medida de instrucción ordenada en


violación a lo dispuesto por el Artículo 1341 del Código Civil viola la
ley y con ello, este texto de la Constitución. El juez no está
autorizado para ello y la Constitución declara nula la prueba así
administrada.

De este texto (art. 68 N/P) puede observarse que la propia


constitución ordena que la satisfacción de los derechos
fundamentales, frente a los sujetos obligados o deudores de los
mismos, serán garantizados en los términos establecidos por la
Constitución y por la ley. Lo que necesariamente obliga a los jueces
a ceñirse a la ley, al momento de velar por la salvaguarda misma de
los derechos fundamentales.

La propia Constitución de la República en su artículo 74 establece a


quién le corresponde regular el ejercicio de los derechos y garantías
fundamentales. 2- Sólo por ley, y en los casos permitidos por esta
Constitución, podrá regularse el ejercicio de los derechos
fundamentales, respetando su contenido esencial y el principio de
razonabilidad. No corresponde a los jueces establecer
modificaciones al sistema de prueba dispuesto por la ley. Esto le
corresponde al legislador, tal y como se desprende del texto
constitucional arriba transcrito.

En efecto, se ha violado el derecho de defensa del deudor, quien era


la parte demandada y contra quien se admitió la aplicación de un
sistema probatorio distinto del previsto por la ley que regía su
contrato; lo anterior, lógicamente, viola también su seguridad
jurídica que debe ser uno de los objetivos principales del proceso
civil. (Julio Miguel Castaño Guzmán. La prueba testimonial en materia civil
y la “anulación” realizada por la Suprema Corte de Justicia del artículo
1341 del Código Civil: Revista de Ciencias Jurídicas, volumen III, No. 1,
enero-marzo 2015, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra,
páginas 46 y 47).

52
La seguridad jurídica constituye uno de los principios fundamentales
del Estado de Derecho, y se sitúa como referente obligatorio dentro de
la concepción de un Estado social y democrático de derecho. Sin
embargo, se trata de una noción que suele ser utilizada en términos
abstractos, puesto que es un ejemplo común de ambigüedad e
imprecisión del lenguaje jurídico. De ahí que resulta muy difícil dar
una definición de ella sin realizar previamente múltiples
matizaciones o distinciones. Bajo este esquema, no es casual que a
veces el concepto sea distorsionado, apelando de manera genérica a
su protección constitucional, sin dotarlo de contenido real ni
instrumentalidad jurídica.

Para Rodrigo Borja, estadista y jurista, la seguridad jurídica “es la


certidumbre que las personas tienen sobre los alcances y límites de la
autoridad pública. En el Estado de Derecho hay referencias precisas
respecto de hasta dónde llega el poder público y desde donde
comienza la esfera inviolable de los derechos de las personas; lo cual
torna predecible a la autoridad y elimina las arbitrariedades y las
sorpresas en el ejercicio del poder”. Seguridad jurídica significa pues,
garantías de estabilidad en el tráfico jurídico, respeto a las normas
establecidas por parte de la autoridad, certeza de derecho y
consecuente previsibilidad, confianza y predeterminación en la
conducta exigible a los poderes públicos que conforman el Estado.
Magistrado Milton Leónidas Ray Guevara, en su conferencia pronunciada
en ocasión de la XXII jornada de derecho Constitucional, intitulada “La
legitimación de los órganos de la justicia Constitucional en el siglo XXI,
pronunciada en fecha 12 de noviembre del año dos mil quince (2015), en el
hotel Sheraton de Santo Domingo, página 2.

…la seguridad jurídica es requisito para la configuración del orden


público. Si no hay una estabilidad en cuanto a la consecuencia
jurídica, obviamente no pueden los destinatarios de la ley estar
gozando del derecho a la seguridad. La incertidumbre ante la
actuación del Estado impide la seguridad debida a cada uno de los
asociados. Si la ley modifica situaciones jurídicas definidas por el
mismo legislador, sin una finalidad de favorabilidad (para
destinatarios), incurre, no solo en una contradicción, sino en el
desconocimiento del derecho adquirido y legítimamente constituido.
La consecuencia, entonces, es que la actividad del legislador estatal
deja de cumplir con una finalidad esencial a su razón de ser: la
seguridad y tranquilidad de los asociados” (C-549/93). LIC. FÉLIX
TENA DE SOSA, al comentar el artículo 110 de nuestra Constitución Política,
en la obra “Constitución Comentada, auspiciada por la Fundación
Institucionalidad y Justicia, página 235”.

2. EL PRECEDENTE JUDICIAL. Por precedente se entiende el


principio de Derecho (ratio decidendi) que ha sido aplicado por
un juez para decidir un caso análogo al que le corresponde
ahora resolver a otro juez o al mismo juez. La fuerza
normativa del precedente viene dada por el vínculo, más o
menos intenso, en virtud del cual el juez se ve inducido a
aplicar al nuevo caso el principio mismo de derecho que fue
objeto de aplicación entonces (MORAL SORIANO).

2.1 Fundamento del precedente. El respeto a los precedentes


cumple funciones esenciales en los ordenamientos jurídicos,

53
incluso en sistemas de Derecho legislado como el dominicano.
Como bien señala la mejor doctrina, “hoy puede afirmarse que
la autoridad de los precedentes en los países de civil law no es
cualitativamente diferente, ni cuantitativamente inferior a la
de éstos en los Estados Unidos. Si bien son raros los casos en
los que asumen carácter vinculante, en cambio es normal que
ejerzan una eficacia persuasiva, más o menos intensa según la
autoridad del órgano que juzga, de su colocación en el sistema
de los medios de impugnación de las decisiones y de otros
factores de este tipo” (PIZZORUSSO, 1987: 174).

Todo tribunal, y en especial el juez constitucional, debe ser


consistente con sus decisiones previas y ello así por cuatro
razones fundamentales explicadas brillantemente por la Corte
Constitucional colombiana: “En primer término, por
elementales consideraciones de seguridad jurídica y de
coherencia del sistema jurídico, pues las normas, si se quiere
que gobiernen la conducta de los seres humanos, deben tener
un significado estable, por lo cual las decisiones de los jueces
deben ser razonablemente previsibles. En segundo término, y
directamente ligado a lo anterior, esta seguridad jurídica es
básica para proteger la libertad ciudadana y permitir el
desarrollo económico, ya que una caprichosa variación de los
criterios de interpretación pone en riesgo la libertad
individual, así como la estabilidad de los contratos y de las
transacciones económicas, pues las personas quedan
sometidas a los cambiantes criterios de los jueces, con lo cual
difícilmente pueden programar autónomamente sus
actividades. En tercer término, en virtud del principio de
igualdad, puesto que no es justo que casos iguales sean
resueltos de manera distinta por un mismo juez. Y finalmente,
como un mecanismo de control de la propia actividad judicial,
pues el respeto al precedente impone a los jueces una mínima
racionalidad y universalidad, ya que los obliga a decidir el
problema que le es planteado de una manera que estarían
dispuestos a aceptar en otro caso diferente, pero que presente
caracteres análogos. Por todo lo anterior es natural que en un
Estado de Derecho, los ciudadanos esperen de sus jueces que
sigan interpretando las normas de la misma manera, por lo
cual resulta válido exigirle un respeto por sus decisiones
previas (SU-047).

Este respeto a los precedentes judiciales, o principio de stare


decisis, de estarse a lo resuelto en casos anteriores, es
inherente a la función jurisdiccional y no puede ser limitado
por el legislador pues si lo hiciera vulneraría el principio de
separación de poderes y la independencia del Poder Judicial
(FALLON). Ello explica por qué este principio no exige la
existencia de un precepto legal o constitucional que
expresamente establezca la obligación de los tribunales de
adherirse a los precedentes que les vinculan. En efecto, en los
Estados Unidos no es consagrado expresamente por la
Constitución lo cual no significa que el stare decisis pierda su
fuerza imperativa y que no sea lo que es: un parámetro

54
normativo fundamental de los órganos judiciales (MAGALONI
KERPEL: 185). El stare decisis es un principio general del
derecho, presente tanto en derechos judiciales, como el
norteamericano, como en Derechos Legislativos como el
dominicano. Este principio, consustancial a la función
jurisdiccional, tiene como fundamento el principio de igualdad,
o sea, la exigencia de que los casos análogos sean decididos
análogamente (PIZZORUSSO 1984: 409) y se vincula como el
principio de la seguridad jurídica de las personas. Ya que la
eficacia, al menos persuasiva, del precedente encuentra su
fundamento constitucional en nuestro ordenamiento en los
principios de igualdad y seguridad jurídica, “es claro que
dicha eficacia no sólo se predicará de las ratione decidendi de
las sentencias del Tribunal de casación sino también respecto
de cualesquiera sentencias, sea cual sea el juez que las haya
pronunciado. De este modo, entre el conjunto de las sentencias
utilizables para la obtención de precedentes cabrá hacer
diferenciaciones a partir de la intensidad de la fuerza
normativa de unas y otras (su carácter más o menos
persuasivo), pero no, en rigor, distingos cualitativos”
(PIZZORUSSO 1984: 409).

El respeto al precedente, consustancial con la función


jurisdiccional y derivación de los principios constitucionales
de igualdad y de seguridad jurídica, no viola en modo alguno
las disposiciones del artículo 5 del Código Civil que prohíben
“a los jueces fallar por vía de disposición general y
reglamentaria las causas sujetas a su decisión”, pues el juez
no crea ex profeso una regla general sino que provee una
solución concreta para un caso particular de la cual
posteriormente otros jueces derivan o infieren un principio
general aplicable a otros casos. Tampoco opera únicamente en
los casos en que la ley es oscura, silente o insuficiente y que si
no son fallados hacen incurrir al juez en denegación de justicia
(artículo 4 del Código Civil), pues el juez acude al precedente no
sólo para suplir las lagunas del legislador sino, además y
principalmente, para aplicar la ley conforme ha sido
interpretada por los demás jueces. El juez no falla en el vacío:
el juez sabe que pertenece a una comunidad interpretativa y
que con su labor jurisdiccional contribuye a escribir esa novela
en cadena que es el ordenamiento jurídico, a construir esa
catedral inacabada e inacabable que es el Derecho.

2.2. Obligatoriedad del Precedente. La obligatoriedad de un


precedente no se predica con la misma intensidad para las
diferentes partes de la decisión judicial. La doctrina
angloamericana distingue entre la parte resolutiva (decisum),
la razón de la decisión (ratio decidendi) y los obiter dictum
(dichos al pasar). El decisum es la resolución concreta del
caso, es decir, la determinación específica de si el demandado
en cobro de pesos debe pagar o no en materia civil, de si el
despido fue justificado en materia laboral o no, de si el
acusado es culpable o no en materia penal. La ratio decidendi
es la formulación general, más allá de la particularidad del

55
caso, del principio o regla que constituyen la base de la
decisión judicial específica. Por su parte, constituye un mero
dictum, toda reflexión del juez al momento de motivar la
sentencia que no es necesaria para su decisión y que
constituye una opinión más o menos incidental en la
argumentación del tribunal. El decisum goza de la autoridad
de la cosa juzgada y, en la medida en que sólo surte efectos
entre las partes, no constituye en sí mismo un precedente ni
vincula a los otros jueces, pues éstos decidirán otros casos,
quizás análogos, pero nunca idénticos. El precedente
vinculante es la ratio decidendi del caso, ya que, por su
abstracción y generalidad, puede y debe ser aplicado por los
demás jueces a casos similares. En cuanto a los obiter dictum,
éstos tienen una fuerza persuasiva, que puede ser mayor o
menor, según el prestigio y jerarquía del tribunal. Un dictum
es un criterio auxiliar, pero nunca obligatorio del juez.

¿Por qué únicamente la ratio decidendi constituye doctrina


vinculante para los jueces en tanto que los dicta sólo tienen
fuerza persuasiva? La Corte Constitucional colombiana nos
responde esta interrogante: “Para entender el fundamento de
esa diferencia es necesario tener en cuenta que, como ya se
indicó, el respeto al precedente se encuentra íntimamente
ligado a una exigencia que pesa sobre toda actuación judicial,
para que pueda ser calificada de verdaderamente jurídica y
racional y es la siguiente: los jueces deben fundamentar sus
decisiones, no en criterios ad hoc, caprichosos y coyunturales,
sino con base en un principio general o una regla universal que
han aceptado en casos anteriores, o que estarían dispuestos a
aplicar en casos semejantes en el futuro. Y es que no puede ser
de otra forma, pues de los jueces se espera que resuelvan
adecuadamente los conflictos, pero no de cualquier manera,
sino con fundamento en las prescripciones del ordenamiento.
El juez debe entonces hacer justicia en el caso concreto pero de
conformidad con el derecho vigente, por lo cual tiene el deber
mínimo de precisar la regla general o el principio que sirve de
base a su decisión concreta. Esta exigencia de universalidad
de la argumentación jurídica es tan importante, que muchos
teóricos contemporáneos hacen de ella el requisito mínimo de
racionalidad que debe tener una decisión judicial en una
sociedad democrática. Por ende, la existencia de una ratio
decidendi en una sentencia resulta de la necesidad de que
todos los casos no sean decididos caprichosamente sino con
fundamento en normas aceptadas y conocidas por todos, que
es lo único que legitima en una democracia el enorme poder
que tienen los jueces –funcionarios no electos- de decidir sobre
la libertad, los derechos y los bienes de las otras personas. (SU-
047).

2.3 El precedente y el principio de igualdad. Ya hemos dicho que el


principio del precedente queda incorporado en nuestro
ordenamiento por la simple consagración del principio de
igualdad en el artículo 8.5 de la Constitución. Como bien
considera el Tribunal Constitucional español, cuando una

56
decisión judicial se aparta de otra anterior o coetánea recaída
en un caso análogo, el juez tiene que justificar la diferencia en
un cambio de criterio, pues de otro modo el principio de
igualdad resulta vulnerado. Sin embargo, el juez
constitucional español ha limitado las posibilidades de
desarrollo del precedente al expresar que la igualdad en la
aplicación de la ley sólo es violada cuando una sentencia
judicial se aparta del criterio sostenido por el mismo tribunal
en un caso igual (STC 168/1989). Si se trata de dos sentencias
de órganos judiciales distintos, “no puede sin embargo
prosperar la invocación de la igualdad... porque, al no existir
un término de comparación ajeno a las dos sentencias
discrepantes, el juicio aquí habría de referirse al fondo mismo
del derecho aplicado, e incluso a los hechos... es decir, acerca
de cuál de las dos interpretaciones consideradas era la más
correcta” (STC 134/1991).

Con esta conceptualización de la igualdad en la aplicación de


la ley por los jueces provista por el Tribunal Constitucional
español, el juez resulta vinculado tan sólo a su propio
precedente y no al de los demás tribunales, ni iguales ni
superiores. Como bien expresa un autor crítico de esta posición
jurisprudencial, la vinculación “no servirá para asegurar la
uniforme interpretación del derecho por todos los tribunales, y
únicamente garantizará la seguridad jurídica y la igualdad
ante cada tribunal singularmente considerado” (DE OTTO:
292). En el caso dominicano, si bien no puede predicarse la
obligatoriedad del precedente de tribunales superiores con el
mismo rigor que la que puede predicarse del auto precedente,
no cabe dudas de que la doctrina jurisprudencial de la
Suprema Corte de Justicia sentada al conocer de los recursos
de casación es alta e intensamente persuasiva como
precedente, en tanto que la jurisprudencia del tribunal
supremo emanada de los fallos sobre acciones directas en
inconstitucionalidad resulta ser vinculante para todos los
tribunales dominicanos, como veremos más adelante en este
mismo capítulo.

Pero, en realidad, lo anterior no significa que el precedente no


tenga eficacia en el ordenamiento dominicano pues los
sistemas en los que el precedente es fuente del Derecho se
configuran de las más diversas maneras. Así, en Estados
Unidos, “el precedente no tiene carácter vinculante para el juez
que ha pronunciado la resolución, ni la Corte Suprema Federal
ni las cortes supremas de cada Estado están vinculadas a sus
propios precedentes. De esta manera todo el sistema resulta
más dúctil porque, si bien es verdad que los jueces inferiores
están vinculados a los precedentes establecidos por jueces
superiores, la posibilidad que tienen estos últimos de cambiar
de orientación ofrece inevitablemente a todos un mayor espacio
dentro del cual moverse” (PIZZORUSSO 1987: 173).

2.4 Precedente y cambios jurisprudenciales. Un mal entendimiento


del precedente como técnica de desarrollo del Derecho

57
jurisprudencial podría conducir a la rigidificación del derecho
legislado. El sistema de precedente es y debe ser
esencialmente dinámico. Así lo reconoce la Corte
Constitucional colombiana: “El respeto al precedente es
entonces esencial en un Estado de Derecho; sin embargo,
también es claro que este principio no debe ser sacralizado,
puesto que no sólo puede petrificar el ordenamiento jurídico
sino que, además, podría provocar inaceptables injusticias en
la decisión de un caso. Así, las eventuales equivocaciones del
pasado no tienen por qué ser la justificación de inaceptables
equivocaciones en el presente y en el futuro. O, en otros
eventos, una doctrina jurídica o una interpretación de ciertas
normas puede haber sido útil y adecuada para resolver ciertos
conflictos jurídicos en un determinado momento, pero su
aplicación puede provocar consecuencias inesperadas e
inaceptables en casos similares, pero en otro contexto
histórico, por lo cual en tal evento resulta irrazonable adherir
a la vieja hermenéutica. Es entonces necesario aceptar que
todo sistema jurídico se estructura en una tensión permanente
entre la búsqueda de la seguridad jurídica -que implica
unos jueces respetuosos de los precedentes- y la realización de
la justicia material del caso concreto que implica que los
jueces tengan capacidad de actualizar las normas a las
situaciones nuevas” (SU-047/99).

La igualdad en la aplicación de la ley no impide que los


tribunales modifiquen los criterios adoptados en anteriores
decisiones pues ello es consustancial a la propia función
judicial que debe siempre buscar la corrección de criterios que
se revelan posteriormente erróneos. Sobre los tribunales, “no
pesa la exigencia de resolver siempre en los mismos términos
sobre supuestos que se pretenden iguales, pues cada caso, para
el mismo juzgador, puede merecer una consideración diversa,
ya por las peculiaridades que a su juicio muestra, ya porque el
entendimiento judicial de la norma aplicable variase a lo largo
del tiempo, ya, incluso, porque parezca necesario corregir
errores anteriores a su aplicación. Lo que el principio de
igualdad garantiza no es que quienes acudan a los tribunales
vayan a obtener una resolución igual a las que se hayan
adoptado en el pasado por el mismo órgano judicial, sino
simplemente, la razonable confianza de que la propia
pretensión merecerá del juzgador ... la misma confianza
obtenida por otros casos iguales” (STC 30/1987).

La igualdad en la aplicación de la ley busca evitar “que no se


emitan pronunciamientos arbitrarios por incurrir en
desigualdad no justificada en un cambio de criterio que pueda
reconocerse como tal, es decir, como solución genérica
conscientemente diferenciada de la que anteriormente se venía
manteniendo, y no como respuesta individualizada al concreto
supuesto planteado” (STC 63/1984). De lo que se trata es evitar
que los jueces dicten sentencias aisladas que de modo
irreflexivo o arbitrario cambien de modo ocasional e
inesperado líneas jurisprudenciales mantenidas sin

58
contradicción relevante. De ahí que las modificaciones o
virajes jurisprudenciales deben motivar suficientemente el
cambio de criterio (STC 63/1984 Y STC 64/1984). Ahora bien,
“no siempre que falte la motivación expresa del cambio de
criterio ha de entenderse quebrado sin más el principio de
igualdad. Puede haber casos en los que de la propia lógica
interna de sentencia, o de datos externos a ella, como podría
ser la innovación de la jurisprudencia del órgano jurisdiccional
superior... pueda inferirse con certeza, o al menos con relativa
seguridad, que el cambio es consciente” (STC 49/1985). La
existencia de otras decisiones del mismo órgano jurisdiccional
en el mismo sentido de la sentencia impugnada por violatoria
de la igualdad es también un elemento externo a considerar al
momento de evaluar si hubo o no violación a la igualdad en la
aplicación de la ley (STC 2/1991).

El cambio de criterio en la interpretación de las normas es


legítimo, contemplado desde la perspectiva del principio de
igualdad, siempre que sea razonado, razonable y consistente,
esto es mantenido, una vez que se adopta, con un mínimo de
continuidad, requisitos todos que pueden resumirse en la
exigencia de que el cambio no sea arbitrario. El cambio que
significa sólo una ruptura ocasional en una línea mantenida
antes como después de la decisión divergente ha de ser
tachada necesariamente de arbitrario, esto es, adoptado en
atención a consideraciones o circunstancias que por no ser
peculiares o características del caso en cuestión en relación
con otros, no debieron ser tomadas en cuenta en aquél si no lo
fueron en éstos” (STC 161/1989).

2.5 Posición del precedente en el sistema de fuentes. El precedente


es una fuente productiva de normas interpretativas. “Esto es
así porque los precedentes son principios de derecho
identificados al hilo de la decisión concreta, de una decisión
orientada a aplicar las normas producidas por las leyes o por
otras fuentes del Derecho. Consecuencia de este rasgo general
(no hay precedente que no sea interpretativo, al menos de la
lacuna legis) es que estamos ante una meta-fuente a la que no
es posible asignar un grado específico en el sistema jerárquico.
Si una norma interpretativa es emanada mediante una fuente
dotada de una posición propia en el sistema jerárquico (ley,
reglamento o costumbre de interpretación), la misma asumirá
el grado correspondiente a la fuente de la que proviene y no el
que ostentan las disposiciones interpretadas. A diferencia de
esto, en el caso del precedente no hay posibilidad alguna de
identificar su vis normativa por referencia a la sentencia de la
que se obtiene, puesto que, como hemos visto, precedente y
sentencia no se confunden ni siquiera en esos casos
(excepcionales, por lo demás), en los que la sentencia tiene en
sí misma, una eficacia normativa (eficacia materializada en su
propia fuerza de cosa juzgada). Por todo ello, la eficacia
normativa del precedente debe identificarse con la de la norma
interpretada a propósito de la cual se forma el principio de

59
derecho en que el precedente mismo consiste" (PIZZORUSSO
1984: 410).

2.6 Graduación de la intensidad del precedente. La intensidad de la


persuasión ejercida por el precedente es graduable. Dicha
graduación depende de una serie de factores. En primer lugar,
prevalecen los precedentes establecidos por los jueces de última
instancia sobre los de primera instancia cuando los primeros
conocen de la impugnación de las sentencias dictados por los
segundos. En segundo lugar, se reconoce mayor intensidad al
precedente establecido en ocasión de la interpretación de normas
que no han sido aún interpretadas por otros jueces. En tercer
lugar, se reconoce mayor intensidad a los precedentes más
publicitados, como es el caso de las decisiones de la Suprema
Corte de Justicia, que son compiladas, indexadas por materias y
publicadas, lo cual permite claramente la identificación de
precedentes. Finalmente, la intensidad del precedente es mayor
en los órganos judiciales unitarios que en los órganos judiciales
colegiados. (PIZZORUSSO 1984: 411). (Profesor Eduardo Jorge Prats, en
su obra Derecho Constitucional, Volumen I, páginas 531, 532, 533, 534,
535, 536, 537 Y 538, numerales del 2 al 2.6).

CONSIDERANDO, Cabe destacar que es dable que un tribunal se


puede apartar de un precedente que haya sido establecido por ese
mismo tribunal o por una jurisdicción jerárquicamente superior,
pues consagrar lo contrario sería caer en una especie de
inmovilismo, nada deseable en la aplicación del derecho vivo;
ahora bien, en el caso de que un mismo órgano jurisdiccional
cambie de criterio es necesario que ofrezca una fundamentación
suficiente y razonada de su metamorfosis jurisprudencial y
destinada a ser mantenido con cierta continuidad, lo cual se
deriva de la propia dinámica jurídica que palpita en la razonable
evolución y aplicación del derecho, tal y como lo hará esta Sala,
al adoptar el criterio que se asume en la presente sentencia, pues
es el más adecuado a los principios que examinaremos más
adelante. (S.C.J. -1era sala-30 de mayo del año 2012, B.J. No. 1218).

CONSIDERANDO, que es oportuno destacar que conforme al artículo 2


de la Ley sobre Procedimiento de Casación, “Las decisiones de la
Suprema Corte de Justicia, en funciones de Corte de Casación,
establecen y mantienen la unidad de la jurisprudencia nacional”; que
la unidad jurisprudencial referida asegura la obtención de una
justicia predecible, cualidad que ha sido reconocida por la doctrina
como una garantía de dos de los principios fundamentales de nuestro
sistema judicial, a saber, la igualdad de todos ante la ley y la
seguridad jurídica; que, en efecto, aún cuando en materia civil y
comercial la jurisprudencia no constituye una fuente directa de
derecho, es el juez quien materializa el significado y contenido de las
normas jurídicas cuando las interpreta y aplica a cada caso concreto
sometido a su consideración, definiendo su significado y alcance;
que, en tal virtud, es evidente, que tanto la igualdad ante la ley como
la seguridad jurídica serán realizadas en la medida en que los
litigios sustentados en presupuestos de hecho iguales o similares
sean solucionados de manera semejante por los tribunales; que, no
obstante, es generalmente admitido que un tribunal puede apartarse
de sus precedentes, siempre y cuando ofrezca una fundamentación

60
suficiente y razonable de su conversión jurisprudencial, lo cual se
deriva de la propia dinámica jurídica que constituye la evolución en
la interpretación y aplicación del derecho; que aún cuando en esta
materia el precedente judicial no tiene un carácter vinculante, los
principios de imparcialidad, razonabilidad, equidad, justicia e
igualdad inherentes a la función judicial implican que todo cambio
del criterio habitual de un tribunal, incluida la Corte de Casación,
debe estar debidamente motivado de manera razonable, razonada y
destinada a ser mantenida con cierta continuidad y con fundamento
en motivos jurídicos objetivos, tal y como lo hará esta Sala Civil y
Comercial de la Suprema Corte de Justicia, como Corte de Casación,
al adoptar el criterio que se asumirá en la presente sentencia, pues
es el más adecuado y conforme al estado actual de nuestro derecho;
(S.C.J. -1era sala-19 de septiembre del año 2012, B.J. No. 1222).

e) …radica en la solución del conflicto planteado le permitirá


desarrollar la cuestión relativa a la obligación que tiene todo
tribunal de justificar de manera adecuada y rigurosa el cambio de
criterio jurisprudencial.

e) … no menos cierto es, que tal y como alegan los recurrentes, toda
persona tiene derecho a recurrir las decisiones que le sean
desfavorables, en virtud del artículo 393 del Código Procesal Penal, el
cual establece en su parte in fine lo siguiente: “Las partes sólo
pueden impugnar las decisiones judiciales que les sean
desfavorables”.

f) …por lo que no podía la corte negarle el derecho a ejercer el recurso


de apelación; por lo que el presente recurso de casación debe ser
admitido.

h)Mediante la sentencia recurrida por ante este Tribunal, la Segunda


Sala de la Suprema Corte de Justicia declaró inadmisible el recurso
de casación, a pesar de que en la decisión objeto del mismo se
sancionaba a un abogado por los mismos motivos; es decir, que
resolvió una cuestión similar a la abordada en las mencionadas
sentencias Nos. 9 y 24, de fechas cinco (5) de agosto del dos mil nueve
(2009) y diecisiete (17) de noviembre de dos mil diez (2010), sin dar los
motivos necesarios para justificar dicho cambio jurisprudencial.

i) La sentencia existente entre el caso objeto de análisis por ante este


tribunal, y el cambio de orientación jurisprudencial realizado por la
Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia es evidente: estamos
en presencia del mismo presupuesto procesal de admisibilidad.

k) En la sentencia recurrida en revisión constitucional, como se puede


apreciar, se ha operado un cambio de jurisprudencia, sin
desarrollarse una motivación que justifique dicho cambio, ya que en
la referida sentencia la Segunda Sala de la Suprema Corte de
Justicia se limitó a establecer lo siguiente: “Atendido, que el artículo
425 del Código Procesal Penal dispone que sólo puede intentarse el
recurso de casación contra las sentencias de las Salas Penales de las
Cortes de Apelación que sean condenatorias o revocatorias de otra
anterior dictada por un juez o tribunal, contra aquellas que ponen fin
al procedimiento, es decir, en causas por delitos en las que haya
recaído al menos una sentencia de condena en cualesquiera de las
dos instancias y contra las decisiones que deniegan la extinción o

61
suspensión de la pena; Atendido, que en relación al recurso de que
trata y del examen de la decisión impugnada, se infiere que no se
encuentran reunidas las condiciones establecidas en el artículo 425
del Código Procesal Penal, por tratarse de una decisión que no pone
fin al proceso, en consecuencia el presente recurso de casación
deviene en inadmisible”.

l) El valor de la continuidad del criterio jurisprudencial radica en que


la variación del mismo, sin una debida justificación, constituye una
violación a los principios de igualdad y de seguridad jurídica.

m) En relación con el principio de igualdad conviene distinguir: la


igualdad ante la ley y la igualdad en la aplicación de la ley. La
primera noción está consagrada en el artículo 39 de la Constitución,
texto según el cual: “Todas las personas nacen libres e iguales ante
la ley, reciben la misma protección y trato de las instituciones,
autoridades y demás personas y gozan de los mismos derechos,
libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones
de género, color, edad, discapacidad, nacionalidad, vínculos
familiares, lengua, religión, opinión política o filosófica, condición
social o personal…”; y en el artículo 40.15 de la Constitución, texto
que establece lo siguiente: “A nadie se le puede obligar a hacer lo que
la ley no manda ni impedírsele lo que la ley no prohíbe. La ley es
igual para todos: sólo puede ordenar lo que es justo y útil para la
comunidad y no puede prohibir más que lo que le perjudica”. La
segunda noción, igualdad en la aplicación de la ley, está prevista en
el artículo 69.4 de la Constitución, en los términos siguientes: “El
derecho a un juicio público, oral y contradictorio, en plena igualdad y
con respeto al derecho de defensa”.

n) La violación al principio de igualdad consistió en que la Segunda


Sala de la Suprema Corte de Justicia declaró admisibles los recursos
de casación interpuestos por los señores Juan Esteban Olivero
Rodríguez y Bolan Sosa, así como el interpuesto por Tomás Marcos
Guzmán Vargas; mientras que declaró inadmisible el que
interpusieron los ahora recurrentes en revisión constitucional, los
señores Rafael Cruz Medina y Ricardo Díaz Polanco, a pesar de que
dichos abogados recurrieron contra una sentencia en la cual se
habían resuelto cuestiones similares a la que se contraen las
impugnadas por los anteriores recurrentes.

o) El principio de seguridad jurídica está consagrado en el artículo


110 de la Constitución, texto que dispone: “La ley sólo dispone y se
aplica para lo porvenir. No tiene efecto retroactivo sino cuando sea
favorable al que esté subjúdice o cumpliendo condena. En ningún
caso los poderes públicos o la ley podrán afectar o alterar la
seguridad jurídica derivada de situaciones establecidas conforme a
una legislación anterior”.

p) El desconocimiento al principio de seguridad jurídica radica en


que los recurrentes obtuvieron un resultado distinto al
razonablemente previsible, en el sentido de que siendo su caso igual a
aquellos en que, de manera reiterada, se había declarado admisible
el recurso de casación, lo normal era que esperaran que corriera la
misma suerte, es decir, que lo declararan admisible.

q) Sin embargo, lo anterior no implica que el criterio jurisprudencial

62
no pueda ser variado, sino que cuando se produzca dicho cambio el
mismo debe ser motivado de manera adecuada, lo cual implica
exponer las razones que justifican el nuevo criterio.

r) En consecuencia procede, en cuanto al fondo, acoger el presente


recurso de revisión y anular la sentencia, con la finalidad de que la
Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia emita su decisión
manteniendo su criterio jurisprudencial o motivando el cambio.
(Sentencia número TC/0094/13 de fecha cuatro (4) del mes de junio del año
dos mil trece (2013), rendida por el Tribunal Constitucional de la República
Dominicana, páginas 8, 10, 11, 12, 13 y 14).

27- En esa misma línea discursiva, y en relación a la seguridad jurídica, tenida esta
como sinónimo de previsibilidad y estabilidad, también nuestro Tribunal
Constitucional, se expresa en los siguientes términos:

…la seguridad jurídica, considerándola “como un principio jurídico


general consustancial a todo Estado de Derecho, QUE SE ERIGE EN
GARANTÍA DE LA APLICACIÓN OBJETIVA DE LA LEY, DE TAL MODO QUE
ASEGURA LA PREVISIBILIDAD RESPECTO DE LOS ACTOS DE LOS
PODERES PÚBLICOS, DELIMITANDO SUS FACULTADES Y DEBERES. Es
la certeza que tienen los individuos que integran una sociedad acerca
de cuáles son sus derechos y obligaciones, sin que el capricho, la
torpeza o la arbitrariedad de sus autoridades puedan causarles
perjuicios”. Sentencia TC/100/13, del 20 de junio de 2013.

…“que, junto a la justicia, el orden y la paz, [la seguridad jurídica]


constituye uno de los elementos consustanciales del bien común,
objetivo supremo, no solo del derecho, en general, sino también, del
Estado social y democrático de derecho que consagra nuestra Carta
Magna. Corresponde al Estado, en efecto, como máximo exponente de
los poderes públicos, asegurar la estabilidad y permanencia del
contenido de las normas jurídicas, de forma que los particulares
puedan adoptar sus decisiones al tenor de estas, al abrigo de una
capacidad excesiva de alteración de dichas normas por parte de los
órganos del Estado. En otras palabras, la seguridad jurídica consiste
en la certeza y confianza que debe infundir el derecho en cuanto a la
estabilidad del orden legal y la eficacia de su funcionamiento”.
Sentencia TC/121/13, de 4 de julio de 2013.

…el Tribunal entiende que el principio de seguridad jurídica “se


configura como una de las garantías del principio de legalidad, la cual
se concreta en la exigencia de que las disposiciones que impongan
obligaciones que limiten el ejercicio de derechos se encuentren
reguladas en normas con rango de ley, aspectos a los cuales este
tribunal constitucional se refirió en las Sentencias TC/0044/12, de
fecha 21 de septiembre de 2012 y TC/0049/13, de fecha 9 de abril de
2013”. Asimismo, aclara que este principio, al igual que el de
razonabilidad, “no se protegen por la vía del amparo, ya que este
mecanismo ha sido previsto para sancionar los actos o las omisiones
que vulneren o conculquen derechos fundamentales, no así los
principios mencionados ni ningún otro, salvo cuando de dichas
violaciones se derive una conculcación a un derecho fundamental”.
Sentencia TC/0283/13, del 30 de diciembre de 2013).

63
28-Así las cosas, salta a la vista, aun del más lego en la materia, que si el fallo que
provenga de la jurisdicción inmobiliaria, tendrá un efecto dominó sobre cualquier
operación, de cualquier naturaleza que haya recaído sobre el inmueble en cuestión,
entonces pues, ese asunto, deja de ser previo, para convertirse en prejudicial 4, lo
cual entonces deja de ser facultativo el sobreseimiento, para convertirlo en
imperativo, tal y como lo reconoce la más contundente y recurrente doctrina y
jurisprudencia, cuando y sobre el particular expresa lo siguiente:

“…el sobreseimiento debe ser ordenado cuando los hechos que le


sirven de fundamento a esta demanda, podrían, si son acogidos,
entrañar obstáculos legales a la adjudicación o hacerla anulable en
el caso de ser pronunciada”. (Ivanier, Théodore; Les Incidents De La
Saissie Immobiliére, Libraire Technique et Economique, 17 rue de
Constantinopla, París, 1936, página 81).

Duración del sobreseimiento. - El Tribunal goza de un poder soberano


para determinar la duración del sobreseimiento. En la mayoría de

4
Cuestiones previas. Evidentemente no son prejudiciales aquellas cuestiones que se presentan en
el curso de un proceso y que entran dentro de la competencia del tribunal apoderado mediante
un procedimiento distinto del procedimiento a que está sometida la demanda. Son las
cuestiones previas. Esta es una consecuencia de la unidad de jurisdicción judicial. No son, pues,
prejudiciales ante el j. de p. de p. i.: la cuestión relativa a las calidades de las viudas y los
herederos de la personas obligadas comercialmente, justiciables mediante el procedimiento
comercial (art. 426); la cuestión relativa al ejercicio de la acción pública, antes o durante el
curso del ejercicio de la acción civil (art. 3 del C. de Pr. Criminal).

Frente a una cuestión previa, el j. de p. de p. i. debe sobreseer, pero no hasta que el tribunal
competente resuelva, puesto que el mismo es el tribunal competente, sino hasta que, en el primer
caso, la cuestión de las calidades sea decidida mediante el procedimiento de los asuntos civiles;
y hasta que, en el segundo caso, la cuestión planteada con el ejercicio de la acción pública sea
resuelta mediante el procedimiento de los asuntos penales.

Cuestiones prejudiciales. A veces el juez, competente para conocer de una demanda, no tiene
competencia implícita para decidir acerca de ciertos medios o incidentes promovidos por el
demandado o por el demandante, debido a que la solución de estas cuestiones debe ser obtenida
previamente de otro tribunal o de otra autoridad, que son los únicos competentes para resolver
acerca de la contestación planteada con ese medio o incidente.

En estos casos hay, en términos generales, cuestión prejudicial, esto es, una contestación que
entra en el poder de decisión de otro tribunal o de otra autoridad, y de cuya solución depende la
suerte del proceso.

Cuando sobreviene una cuestión prejudicial la instancia queda suspendida: el tribunal


apoderado del conocimiento de la acción debe sobreseer, o, lo que es lo mismo, aplazar el
conocimiento del asunto hasta que el tribunal o la autoridad competente decidan sobre la
cuestión prejudicial.

Resuelta la cuestión prejudicial la instancia reanuda su curso ante el tribunal apoderado. La


sentencia de éste se halla condicionada, pues, por la decisión intervenida acerca de la cuestión
prejudicial. (F. Tavares Hijo, Elementos de Derecho Procesal Civil Dominicano, Volumen I, Sexta Edición,
página 354, 357 y 358).

64
los casos es imposible el cálculo del tiempo dentro del cual cesará
la causa del mismo, por lo cual se acordará con frecuencia, sin
determinación de tiempo (P. Hebraud J. Vidal, en Enciclopedie Juridique
Dalloz, Repertoire de Procedure Civile et Comerciale, Vol. Saisie Inmobiliare
No. 209…).

CONSIDERANDO, que el examen de la sentencia impugnada muestra que por


ella se ordenó el sobreseimiento del fallo de la apelación de la sentencia de
jurisdicción original que rechazó un pedimento de incompetencia que le fue
planteado por el actual recurrido, hasta que la Suprema Corte de Justicia
decidiera acerca de un recurso de casación interpuesto por dicho recurrido
contra la sentencia de la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera
Instancia del Municipio de San Francisco de Macorís apoderado del mismo
asunto, que, por tanto, los jueces del fondo procedieron
prudentemente al sobreseer el caso, ya que de lo contrario se
hubiera podido incurrir en un conflicto de jurisdicción que los jueces están en
el deber de prevenir hasta donde sea posible... (S.C.J.- Tierras- 1 de octubre de
1973, decisión número 2, B.J. 755, pág. 2977).

CONSIDERANDO, que en las condiciones anteriores, y como es evidente que por


otra parte Félix Ma. Mencía estaba consciente de cuál era su situación en
relación con las mejoras sobre las cuales otorgaba un derecho hipotecario en
favor de Sergio Jiménez, la Corte a-qua antes que pronunciar la validez de la
hipoteca debió sobreseer el fallo del asunto hasta tanto el Tribunal de Tierras
decidiera, a instancia de la parte más diligente, si procedía o no el registro
de las mejoras objeto de la hipoteca en favor del deudor hipotecario Félix
María Mencía, para que en el caso de que se ordenara dicho registro por
aquella jurisdicción, el acreedor pudiese obtener a su vez el registro de su
crédito y continuar las persecuciones ante los tribunales ordinarios; que este
sobreseimiento se impone más en la especie, no sólo como un acto de equidad
y de justicia en vista de la buena fe del acreedor hipotecario, la que resulta
de los hechos de la causa según el fallo impugnado, sino también porque en
el mismo fallo consta que el propio Félix Mencía, hoy recurrente en casación,
produjo ante la Corte a-qua conclusiones subsidiarias en tal sentido, las que
dicen así: "subsidiariamente, en caso de que esta Honorable Corte estime que
el tribunal competente para decidir acerca de la validez o ejecutoriedad del
título es el tribunal de Tierras, entonces se sobresea el conocimiento de la
presente instancia, por tratarse de una incompetencia absoluta, en razón de
la materia, y, se nos dé un plazo para apoderar la jurisdicción catastral";

CONSIDERANDO, que esas conclusiones no fueron objeto de ponderación


alguna, lo que acusa una falta de motivación en ese punto y que agregado a
lo dicho anteriormente en lo concerniente al no cumplimiento de las reglas
instituidas por la Ley de Registro de Tierras en relación con el registro de
mejoras en un terreno cuyo Certificado de Título está a nombre de otra.
persona, da lugar a la casación del fallo impugnado; (S.C.J.-12 de diciembre de
1973, decisión número 20, B.J. 757, pág. 3794 y 3795).

CONSIDERANDO, que el sobreseimiento procede cuando existe una


cuestión prejudicial, esto es, cuando un punto de derecho de la
cuestión debe ser juzgado por otra jurisdicción que aquella que
conoce del asunto principal, la que debe sobreseer y reenviar al
tribunal competente el punto a decidir en primer término y de cuya
solución además, depende la suerte del proceso. (S.C.J. -1era sala- 16 de
septiembre del 1998, decisión número 4, B.J. 1054, páginas 104, primer
considerando, Volumen I).

CONSIDERANDO, que el artículo 10 de la Ley de Registro de Tierras atribuye


competencia a los tribunales ordinarios para conocer de todos los
procedimientos relacionados con el embargo inmobiliario y con los incidentes
que puedan suscitarse en los mismos, aunque se trate del embargo de

65
inmuebles registrados; que como en el caso de la especie la Suprema Corte de
Justicia está apoderada sin que aún se haya pronunciado al respecto, de un
recurso de casación interpuesto por el Dr. José Antonio Matos, contra la
sentencia dictada por la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación
de Santo Domingo, en fecha 2 de octubre de 1985, que revocó la decisión
dictada por la Cámara Civil y Comercial de la Segunda Circunscripción del
Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional, en fecha 2 de mayo de
1980, mediante la cual se declaró la nulidad de los procedimientos de puja
ulterior perseguidos por la Corporación Dominicana de Empresas Estatales
(CORDE), resulta evidente que, el Tribunal Superior de Tierras debió sobreseer
el conocimiento del recurso de apelación de que estaba apoderado contra la
sentencia dictada en Jurisdicción Original, hasta tanto la Suprema Corte de
Justicia se pronuncie sobre el recurso de casación interpuesto por el Dr. José
Antonio Matos y al que se ha hecho referencia precedentemente; que al no
hacerlo así, en la sentencia impugnada se ha violado el artículo 10 de la Ley
de Registro de Tierras, por lo que la misma debe ser casada, sin que sea
necesario ponderar los demás medios del recurso;

CONSIDERANDO, que resulta evidente que si el tribunal entendió, lo que es


correcto, que en virtud del artículo 10 de la Ley de Registro de Tierras, no
podía pronunciarse sobre la legalidad de los procedimientos de embargo
inmobiliario de que se trata, porque en virtud de dicho texto legal tales
procedimientos son de la competencia exclusiva de los tribunales ordinarios,
es obvio que en las circunstancias expuestas dicho tribunal estaba impedido
de pronunciarse por ahora sobre el fondo del recurso de apelación de que
estaba apoderado, hasta tanto la jurisdicción ordinaria resuelva de manera
definitiva los procedimientos de embargo inmobiliario aún no definidos por la
misma, dado que, contra la sentencia dictada por la Cámara Civil y
Comercial de la Corte de Apelación de Santo Domingo, del 2 de octubre de
1985, que revocó la de fecha 2 de mayo de 1980, dictada por la Cámara Civil
y Comercial de la Segunda Circunscripción del Juzgado de Primera Instancia
del Distrito Nacional, que había anulado el procedimiento de puja ulterior, se
interpuso un recurso de casación que está pendiente de fallo en la Suprema
Corte de Justicia, revocación que deja subsistente la puja ulterior, hasta
tanto el referido recurso sea decidido, que en tales circunstancias
resultaba prudente el sobreseimiento por el Tribunal Superior de
Tierras, del recurso de apelación de que estaba apoderado, hasta tanto los
tribunales ordinarios decidan de manera irrevocable las demandas existentes
entre las partes, relativas al procedimiento de embargo inmobiliario de que se
trata, que al no hacerlo así, ha incurrido en la violación del artículo 10 de la
Ley de Registro de Tierras, por lo que el fallo impugnado debe ser casado.

Por tales motivos, Primero: Casa... (S.C.J.-Tercera Sala- 22 de noviembre de 2000,


decisión número 27, B.J. 1080, págs. 787, 788 y 796, Vol. II).

CONSIDERANDO, que lo correcto habría sido ordenar el


sobreseimiento del aspecto penal del asunto, del cual estaba
apoderada la Corte a-qua, hasta que la jurisdicción civil decidiera
sobre el derecho de propiedad del inmueble de que se trata, en razón
de que estaba apoderada de esa controversia; por lo que, al no
hacerlo así, la Cámara Penal de la Corte de Apelación, incurrió en
falta de base legal, y por ende procede acoger el medio propuesto.

“Por tales motivos, Primero: Casa…”. (S.C.J. -2da sala- 16 de enero del
2002, decisión número 27, B.J. No. 1194, páginas 280 y 281).

CONSIDERANDO... que, en esa situación, dicha Corte a-qua no debió examinar


y fallar las conclusiones principales presentadas por la ahora recurrida,
admitiendo la nulidad de la decisión dictada en primera instancia, sin haber
ponderado la procedencia del sobreseimiento del caso solicitado por ambas
partes litigantes, en aplicación de la regla de orden público “lo penal
mantiene lo civil en estado”, consagrada en el artículo 3 del Código de

66
Procedimiento Criminal, que se traduce, obviamente, en una falta de motivos
violatoria del artículo 141 del Código de Procedimiento Civil; que, por lo
tanto, los vicios denunciados en los medios de casación analizados están
presentes en el fallo atacado, los cuales deben ser admitidos, sin necesidad
de enjuiciar los demás medios propuestos por la recurrente y casar, en
consecuencia, la sentencia impugnada; (S.C.J.-Primera Sala- 20 de marzo del
2002,decisión número 24, B.J. 1096, Vol. I, pág.201).

CONSIDERANDO, que, además, al tratarse en el caso de un embargo


inmobiliario en virtud de la ejecución de una hipoteca convencional,
conferida fraudulentamente, según las recurrentes, con un poder especial,
combatido por éstas mediante una querella por “falso principal” ante la
jurisdicción represiva, los jueces civiles del fondo no observaron, como era su
deber, las previsiones del artículo 1319 del Código Civil que establece que “el
acto auténtico hace plena fe respecto de la convención que contiene entre las
partes contratantes y sus herederos o causahabientes. Sin embargo, en caso
de querella por falso principal, se suspenderá la ejecución del documento
argüido de falsedad, por el estado de acusación, y en caso de inscripción en
falsedad hecha incidentalmente, podrán los tribunales, según las
circunstancias, suspender provisionalmente la ejecución del acto”, lo que
necesariamente obligaba a la Corte a-qua, aún de oficio, sobreseer el asunto
hasta tanto se decidiera la cuestión prejudicial, medio que suple
oficiosamente ésta Suprema Corte de Justicia al no alegarlo las recurrentes y
tener carácter de orden público; que, al no hacerlo así, dicha Corte ha
incurrido en una violación a la ley y, por tanto, la sentencia impugnada debe
ser casada; (S.C.J.- Primera Sala- 17 de julio de 2002, decisión número 8, B.J. 1100, págs.
161 y 162, Vol. I).

CONSIDERANDO, que la Ley 3723, tal como lo expresan los recurrentes,


establece lo sustentado por ellos, lo cual constituye una regla general a
observar por los tribunales del orden penal, pero hay asuntos excepcionales,
que por naturaleza se hace justificable el sobreseimiento, por prudencia;
asimismo, cuando la continuidad del conocimiento del fondo por aquellos
tribunales que han dictado la sentencia incidental, está comprometida, por
estar subordinada a la decisión del tribunal superior apoderado del recurso
contra el incidente, se debe sobreseer el caso hasta tanto se produzca la
decisión de éste último.

CONSIDERANDO, que en la especie el Juez a-quo procedió


correctamente al sobreseer la medida de instrucción ordenada por
él, por las razones arriba expresadas, por lo que procede rechazar
este último medio. (S.C.J. -2da sala- 22 de enero del 2003, decisión número
21, B.J. No. 1106, página 266).

CONSIDERANDO, que si bien es cierto que la Ley 3723 mencionada


tiende a evitar dilaciones perniciosas en ocasión de recursos
incoados contra sentencias incidentales que han resuelto peticiones
banales o pueriles, lo que es una regla general, no es menos cierto
que cuando el incidente planteado en el curso de un proceso podría
eventualmente impedir que una de las partes siga siendo factor
determinante en el mismo, lo prudente es sobreseer el conocimiento
del fondo, hasta tanto se haya decidido de manera definitiva sobre
ese incidente, y no continuar conociendo el caso, como erradamente
lo hizo la Corte a-qua revocando la decisión del Juez de la Segunda
Cámara Penal del Juzgado de Primera Instancia del Distrito
Judicial de Duarte, por lo que procede acoger el medio propuesto.

Por tales motivos, “…Segundo: Casa…”. (S.C.J. -2da sala- 13 de enero del
2004, decisión número 20, B.J. No. 1118, páginas 225 y 226).

67
CONSIDERANDO, que si bien es cierto que la Ley 3723 mencionada tiende a
evitar dilaciones perniciosas en ocasión de recursos incoados contra
sentencias incidentales que han resuelto peticiones banales o pueriles, lo que
es una regla general, no es menos cierto que cuando el incidente planteado en
el curso de un proceso podría eventualmente impedir que una de las partes
siga siendo factor determinante en el mismo, lo prudente es sobreseer el
conocimiento del fondo, hasta tanto se haya decidido de manera definitiva
sobre ese incidente, y no continuar conociendo el caso, como erradamente lo
hizo la Corte a-qua revocando la decisión del Juez de la Segunda Cámara
Penal del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de Duarte, por lo
que procede acoger el medio propuesto. (S.C.J.-Segunda Sala- 14 de enero de
2004, decisión número 20, B.J. 1118, pág. 225 y 226)

CONSIDERANDO, que ha sido juzgado, que el juez apoderado de un


incidente en falsedad, si tiene dudas serias, debe limitarse a
admitir la inscripción en falsedad, como ocurren en la especie,
disponiendo al efecto la designación del juez comisario que se
encargue del procedimiento; que, la Corte a-qua, si bien en su
sentencia del 25 de septiembre de 1998 declaró nulo el
procedimiento de inscripción en falsedad iniciado mediante el acto
de alguacil No. 32-98 del 10 de mayo de 1998, no así el incoado
mediante el acto de alguacil No. 200/1998 del 7 de agosto del
mismo año; que, en este sentido, la Corte admitió dicho
procedimiento incidental, sobreseyendo el conocimiento del fondo
del recurso de apelación del que está apoderada hasta tanto
interviniera decisión definitiva sobre el aludido incidente de
falsedad, y designó al Magistrado Lic. Juan Alfredo Biaggi Lama,
juez miembro de dicha Corte, como juez comisario, para que se
encargara del procedimiento iniciado; que por lo expuesto, la Corte
a-qua no incurrió en las violaciones alegadas por la recurrente en
sus medios de casación, por lo que procede desestimarlos y, como
consecuencia, el recurso de casación.

“Por tales motivos, primero: Rechaza…”. (S.C.J. -1ra sala- 4 de febrero


del 2004, decisión número 6, B.J. No. 1119, página 109, Volumen I) (El
subrayado nos pertenece).

CONSIDERANDO, que como se evidencia, se trata en el presente caso, de una


demanda incidental de sobreseimiento de las persecuciones, establecida en el
curso de un procedimiento de embargo inmobiliario, por existir una querella
penal en relación a un préstamo cuyos intereses alega la recurrente es
violatorios a la ley; que al rechazar el Tribunal a-quo la demanda en
sobreseimiento puso fin a la demanda incidental desapoderándose así de
dicha demanda, por tanto, la sentencia impugnada debió ser recurrida en
apelación, por lo que, en el caso de la especie, al tratarse de una sentencia
definitiva sobre un incidente la misma era apelable, por lo que no podía ser
impugnada en casación sin que se violentara el principio del doble grado de
jurisdicción establecido en nuestro ordenamiento jurídico; (S.C.J.-Primera Sala-
30 de junio de 2004, decisión número 19, B.J. 1123, pág. 251).

CONSIDERANDO, que en vista de los aspectos comprendidos en la litis


existente entre las partes, pendiente de fallo por el Tribunal de Tierras, entre
los cuales se encuentra la cuestión relativa a la validez de los actos
legalizados por la Notario Público prevenida, toda vez que ante dicha
jurisdicción se demanda la cancelación de determinados Certificados de
Títulos, es innegable que procede ordenar el sobreseimiento del conocimiento
y decisión del juicio disciplinario a que se contrae el presente fallo, tal como
fue solicitado;

68
Por tales motivos: Primero: Ordena el sobreseimiento de la acción disciplinaria
seguida a la Dra. Martha del Rosario Herrand Di Carlo, notario público del
Distrito Nacional, hasta tanto la jurisdicción de tierras decida con carácter
irrevocable, sobre la litis de que está apoderada, vinculada con este
expediente... (S.C.J.-Disciplinaria- 2 de noviembre del 2004, decisión número 1, B.J.
1128, págs. 6 y 7).

CONSIDERANDO, que si bien es la especie, la demanda incoada por


la Fundación recurrente persigue la rescisión de un contrato de
inquilinato, el cobro de los alquileres y el desalojo del inmueble, lo
que constituye una acción personal mobiliaria de la competencia de
los tribunales ordinarios, sin que esté en juego el derecho de
propiedad ni otro derecho real inmobiliario, la existencia entre el
demandante y el Estado Dominicano, representado por el
interviniente Dirección General de Bienes Nacionales, de una litis
sobre el mismo inmueble, que procura la revocación de la donación
que éste le hiciera de dichos terrenos, aun cuando no despoja a los
tribunales ordinarios de su competencia para conocer de la acción
ejercida por la recurrente, como el resultado de dicha acción, está
subordinado a la decisión que pueda tomar la jurisdicción de
tierras sobre aquella otra litis, el juez apoderado puede, como lo
hizo y es lo más razonable, ordenar el sobreseimiento de la
instancia hasta que intervenga sentencia definitiva del Tribunal de
Tierras sobre el asunto del que está apoderado; que por lo expuesto
anteriormente el fallo impugnado está suficientemente justificado
por lo que procede rechazar el recurso de casación de que se trata.
(S.C.J.-1ra sala- 3 de agosto del 2005, decisión número 1, B.J. No. 1137,
páginas 149 y 150, Volumen I).

CONSIDERANDO, que ha sido juzgado por esta Sala Civil y Comercial de la


Suprema Corte de Justicia, que constituyen incidentes del embargo
inmobiliario toda contestación, de forma o de fondo, originada en este
procedimiento, de naturaleza a ejercer una influencia necesaria sobre su
marcha o su desenlace; que estos incidentes están regulados de manera
expresa en los artículos 718 a 748 del Código de Procedimiento Civil, sin
embargo, la enumeración contenida en dichos artículos no tiene carácter
limitativo, lo que permite considerar como tal, la demanda incidental en
sobreseimiento de ejecuciones; que de lo expuesto anteriormente se desprende
que el ejercicio de las vías de recursos contra la sentencia que decide sobre
una demanda en sobreseimiento, se rige por las mismas reglas que se aplican
a los incidentes enumerados en los mencionados artículos 718 a 748, sobre
todo cuando se trata de un procedimiento de embargo inmobiliario ordinario,
realizado siguiendo las reglas establecidas en el Código de Procedimiento
Civil, como sucede en la especie; que, en principio, todas las sentencias que
deciden sobre incidentes del embargo inmobiliario ordinario, son susceptible
del recurso de apelación, excepto cuando la ley lo ha suprimido
expresamente, como ocurre, por ejemplo, en los casos establecidos por el
artículo 730 del Código de Procedimiento Civil, lo que no sucede en la especie;
que a pesar de que la corte a-qua estaba apoderada de una solicitud de
sobreseimiento realizada en plena audiencia y no de una demanda realizada
siguiendo las formalidades legales que rigen la materia, la misma debe ser
asimilada a una demanda incidental en sobreseimiento tanto por las causas
que la motivan como su objeto, a saber, la paralización del procedimiento de
embargo por un espacio indefinido de tiempo, de lo que resulta que la
sentencia que decidió sobre la misma constituye una verdadera sentencia
incidental, y en consecuencia, la misma era susceptible de ser recurrida en
apelación, no pudiendo ser impugnada mediante el recurso extraordinario de
la casación sin violentarse el principio del doble grado de jurisdicción
establecido en nuestro ordenamiento jurídico, tal como lo afirma la parte
recurrida; (S.C.J.-Primera Sala- 30 de mayo de 2012, decisión número 64, B.J. 1218).

69
CONSIDERANDO, que obviamente el sobreseimiento sí se justificaría en caso de
que la indivisión propuesta involucrara a personas no unidas por un vínculo
conyugal, dada la necesidad de individualizar previamente los lotes y
propiciar que cada quien responda por sus obligaciones particulares, sin
afectar al resto de los condominios; que es muy diferente cuando quien funge
como deudora es una mujer casada, conforme se infiere del texto legal ut
supra transcrito, incluso si la deuda se ha concertado sin el consentimiento
de su marido”;

CONSIDERANDO, que de lo antes expuesto se advierte que, para adoptar su


decisión la corte a-qua no tomó en consideración los elementos retenidos por
el tribunal apoderado del embargo, particularmente la existencia de una
demanda en partición de bienes entre las partes; que, en cambio, dicho
tribunal sustentó su decisión exclusivamente en que, según consideró, entre
Cverna Zastaba Pujols Guerrero y Vladimir Dotel López se había producido
una reconciliación, producto de la cual continuaban casados y, por lo tanto,
en virtud de las disposiciones del artículo 1419 del Código Civil, el estado de
indivisión del inmueble embargado no constituía un obstáculo para continuar
el procedimiento ejecutorio; que, sin embargo, en el contenido de la sentencia
impugnada no consta que la referida corte de apelación haya comprobado
esta situación en base a ningún tipo de documentación y, por el contrario, las
expresiones contenidas en la página 10 del fallo atacado en las cuales
afirma que “parece” haberse producido una reconciliación entre el recurrente
y la Sra. Pujols, ponen de manifiesto que la corte a-qua aplicó el referido
texto legal en base a una suposición sobre la situación matrimonial de las
partes;

CONSIDERANDO, que, en tales condiciones, es obvio que la sentencia


impugnada no ofrece los elementos de hecho necesarios para que esta Sala
Civil y Comercial de la Suprema Corte de Justicia, actuando como Corte de
Casación, pueda decidir si la ley ha sido o no bien aplicada, por lo que
procede acoger el presente recurso de casación y casar el fallo criticado sin
necesidad de ponderar los demás medios del recurso, máxime cuando, en el
contenido de las decisiones recurridas en apelación se hace constar que
Alfredo Rivera afirmó que había modificado el pliego de condiciones que regía
dicho embargo, con la finalidad de afectar exclusivamente el 50% del bien
embargado, que pertenecía a Cverna Zastaba, y cuando ha sido juzgado que,
en virtud de lo dispuesto por el artículo 2205 del Código Civil, el acreedor de
uno de los copropietarios de una comunidad o sucesión disuelta pero no
liquidada, no puede perseguir la expropiación forzosa de uno de los
inmuebles comunes antes de la partición de los bienes indivisos, salvo que
ésta fuera promovida por dicho acreedor; (S.C.J.-Primera Sala- 13 de marzo de
2013, decisión número 56, B.J. 1228).

En aplicación de los arts. 73 y 74, la solicitud tendente a hacer suspender el


curso de la instancia, sea realizada por el demandante o por el demandado,
constituye una excepción de procedimiento que debe ser presentada a pena de
inadmisibilidad, antes de toda defensa al fondo o fin de inadmisión del
proponente. (Cass. Civ. 2e, 27 sept. 2012, Bull. Civ. II, nº156).

29-Todo cuanto hemos vertido precedentemente y contraído por supuesto a la solicitud


de sobreseimiento, deberá ser entendido como conclusiones principales y las que en
lo adelante vertamos bajo medio de inadmisión y contraída a diversos causales,
deberán ser tenidas como conclusiones accesorias o subsidiarias y por ello solo
para la hipótesis en que las principales no fuesen acogidas por vuestra Señoría. en
esa línea discursiva, honorable magistrada, también salta a la vista, aun del más

70
desconocedor de la materia, que el presente apoderamiento deviene en radical e
impepinablemente inadmisible, a partir de dos causales, que son: A) Violación de
las reglas del litisconsorcio pasivo; y B) Inobservancia de los principios que
orientan la predeterminación procesal, de cuyos causales nos ocuparemos en
los desarrollos posteriores y en el orden prelativo ya expuesto.

30- Si nos detenemos al menos superficialmente, honorable magistrada, a la instancia


de fecha veintiocho (28) del mes de agosto del año dos mil dieciocho (2018), suscrita
por el DR. EURIPIDES SOTO LUNA, y al auto que en respuesta a dicha solicitud,
rinde este honorable tribunal, el marcado con el número 0506-2018-FTIJ-00564,
detectaremos inmediatamente que los únicos convocados o llamados al pleito en
cuestión, han sido los ciudadanos BASILIO GUZMÁN RODRÍGUEZ Y FRANCISCO
RODRÍGUEZ ARAUJO, jamás el deudor hipotecario, señor KELVIN RAFAEL GIL
LAZALA, a nombre de quien se encuentra el inmueble en cuestión, y sobre el cual
pesa nuestro gravamen hipotecario y embargo inmobiliario, cuya radiación se
persigue, lo cual entonces obligaba al demandante incidental a ponerlo en causa,
en aplicación de los principios que rigen el litisconsorcio pasivo y conforme
expondremos en lo adelante.

31-Es que no debemos jamás perder de vista, que cada vez que hay obligación legal y
procesal, de convocar a más de una persona, porque nos encontramos frente a un
litisconsorcio pasivo5, como es el caso de la especie, y uno de los que componen el

5
El proceso litisconsorcial, léase que involucra a dos o más demandantes
(litisconsorcio activo), dos o más demandados (litisconsorcio pasivo), o dos o más
demandantes y demandados al mismo tiempo (litisconsorcio mixto), al igual que
sus borrosas implicaciones tanto en el discurrir de la instancia como a efectos
ejecutorios, no es cuestión a la que se haya prestado la debida atención en la
doctrina local.

Lo importante es que la autoridad judicial sea capaz de garantizar la


contradicción, la lealtad del debate y el derecho de defensa, asegurándose de que
se cursen las citaciones pertinentes en tiempo oportuno y de que prime una
política de acceso igualatorio a la prueba. (Edynson Alarcón, Revista Gaceta Judicial,
año 14, número 279, Sobre la Doctrina del Litisconsorcio Pasivo Necesario y sus
Derivaciones Procesales, febrero del 2010, página 58).

De todo esto se saca en limpio que: A) El juez debe desestimar la demanda en


cuanto al interesado no emplazado en los casos en que el derecho pretendido es
divisible; B) En caso contrario debe llamar al futuro afectado a causa para lo cual
está facultado por el principio constitucional del debido proceso, en cuyo caso no
viola el principio dispositivo; y C) Sí viola el principio dispositivo cuando convoca
al litisconsorcio necesario en el caso A), con el objetivo de otorgar operatividad a
la sentencia a favor del actor que excluyó al tenedor del derecho. (Fernando
Martínez Mejía, Revista Gaceta Judicial, año 14, número 280, Problemas Actuales del
Litisconsorcio en el derecho procesal civil y su aplicación en el juicio, marzo del 2010,
71
mismo, no es llamado, el apoderamiento en cuestión resulta inadmisible, tal y como lo
proclaman unánime y recurrentemente, tanto la doctrina como la jurisprudencia,

cuando y sobre el particular expresan lo siguiente:

Cuando existe un vínculo de indivisibilidad del lado de los recurridos


y no han sido puestos todos en causa, no hay en principio que
interrogarse sobre los efectos de una anulación, puesto que la
ausencia en los debates de algunos de los co-interesados debe
normalmente entrañar la inadmisibilidad del recurso. (Boré, Jacques,
La Casación en Materia Civil, pág. 978, No. 3296).

1723.- …que la apelación de una sentencia que estatuyó sobre una


acción en partición es irrecibible, si el apelante no intimó más que a
uno solo de los coherederos que habían figurado en la instancia.
(Toulouse, 5 février 1842, Estrompe, (P.42.2.97). T. Crepon, Traité de l’ appel
en matiére civile, Tome I, L. Larorose et Forcel-Libraires–Editeurs, Paris, 1888,
pág. 410).

No siempre es fácil caracterizar la indivisibilidad. H. SOLUS y R.


PERROT sugieren un método aceptable que consiste en considerar
como rasgo definitivo que el criterio de la inadmisibilidad es la
imposibilidad de ejecutar simultáneamente las dos decisiones que
intervendrían si las dos demandas no fueran instruidas y juzgadas
por la misma jurisdicción.

La conexidad procede del deseo de evitar, en interés de una buena


administración de justicia, que sean rendidas decisiones
inconciliables; el problema se sitúa exclusivamente sobre el terreno
de la armonía de la cosa juzgada; puesto que es muy posible que
llegado el caso, contradictorias o inconciliables, las dos decisiones
rendidas puedan ser la una y la otra ejecutadas, cada una por su
lado. La indivisibilidad en cambio, procede por otra consideración;
resulta del hecho de las dos decisiones serían rendidas si el reenvío
no es ordenado, no podrían, en razón de su contrariedad o de su
divergencia, ser ejecutadas simultáneamente; el problema se sitúa
pues, no ya en el terreno de la armonía de la cosa juzgada, sino en
aquel de la ejecución misma de las disposiciones judiciales o, más
precisamente, en la imposibilidad en hecho de asegurar la ejecución
simultánea. (Froilán TAVERAS HIJO, Elementos de Derecho Procesal Civil
Dominicano, Los Recursos, vol. III, 4ta. Ed., p.57.) (Napoleón R. Estévez
Lavandier, 2015, La Apelación Civil Dominicana, págs. 140 y 141).

1726.- La corte de Pau aplicó los mismos principios cuando decidió


que en materia de partición, la indivisibilidad se aplica a la acción
que tiene por objeto hacer cesar la indivisión entre las partes, pero
que no es lo mismo cuando la acción tiende a determinar los
derechos personales de uno u otro de los interesados; en la primera,
todos los coparticipes deben ser intimados en la apelación para
impedir que entre un fallo aplicable a todos los coparticipes y un
fallo intervenido respecto de solo algunos de ellos, modificando la
primera decisión, puedan existir diferencias de naturaleza a crear
imposibilidades en su aplicación. Pero cuando se trata de cosas

página 77).

72
esencialmente divisibles como una suma de dinero o créditos
indebidamente colocados en el pasivo de la sucesión, la ausencia de
herederos no intimados tendrá solo como consecuencia para ellos,
que el fallo será definitivo en cuanto al reporte ordenando,
consecuencia que no es de naturaleza a crear las dificultades que el
legislador quiso evitar. (Pau, 9 février, 1885, époux Pouilly, (D.85.2.252).
Crepón, pág. 411).

CONSIDERANDO, que, además, la formalidad del emplazamiento


en apelación ha sido dictada por la ley en un interés de orden
público, por lo cual la falta o irregularidad en que por ausencia
de tal emplazamiento se incurra, no puede ser cubierta; que, por
tanto, EL RECURSO DE APELACIÓN QUE SE INTERPONGA CONTRA
UNA SENTENCIA QUE APROVECHA A VARIAS PARTES ENTRE
CUYOS INTERESES EXISTA EL VÍNCULO DE LA INDIVISIBILIDAD,
CASO DE LA ESPECIE, TIENE QUE SER NOTIFICADO A TODAS, LO
QUE NO ACONTECE EN ESTE CASO.(S.C.J. 1ra. Sala, 6 de mayo del
2009, decisión número 19, B.J. No. 1182, Volumen I, páginas 202 y
203;S.C.J. 1ra. 28 de octubre del 2009, decisión número 56, B.J. No.
1187, Volumen I, páginas 498-499

En igual dirección: “Cas. Civ. Núm. 3, 11 oct. 2006, B.J. 1151, pp. 132-139; núm. 3, 16
mayo 2001, B.J. 1086, pp. 105-111; núm. 1, 11 mayo 2005, B.J. 1134, pp. 49-53;
núm. 34, 15 de julio 2009, B.J. 1184, pp. 397-403; núm. 5, 7 oct. 2009, B.J. 1187,
inédito y Guy Block, Les fin de non-recevoir en procédure civile, pp. 309-311, núm. 163;
S.C.J.-1ª sala, 5 de marzo de 2014, num.1, B.J. 1240; 1ª sala 12 de marzo de 2014,
num.38, B.J.1240; S.C.J.-camaras reunidas- 7 de octubre de 2009, núm. 1, B.J.1187;
1ª sala 5 de septiembre de 2012, núm.17, B.J. 1222; 23 de marzo de 2011, núm. 38,
B.J. 120; 1ª Cám., 15 de julio de 2009, núm. 34, B.J. 1184; 11 de octubre de 2006,
núm. 3, B.J. 1151, pp. 132-139; 11 de mayo de 2005, núm.1, B.J.1134, ppç 49-53; 31
de octubre de 2001, núm.14, B.J. 1091, pp. 223-229; 3ª sala, 4 de diciembre de 2013,
núm.28, B.J. 1237; 24 de octubre de 2012, núm. 46, B.J. 1223; 8 de agosto de 2012,
núm.37, B.J. 1221; S.C.J. 1ª sala, 30 de octubre de 2013, núm.57, B.J. 1235; 3ª Sala,
25 de octubre de 2013, nú,.52, B.J. 1334; 3ª Cám., 4 de febrero de 2009, núm. 10, B.J.
1179; 24 de enero de 2007, núm.51, B.J. 1154, pp. 767-772; 17 de mayo de 2006,
núm. 15, B.J. 1146, pp. 1674-1682; 27 de julio de 2005, núm. 38, B.J. 1136, pp. 1360-
1369ñ 25 de agosto de 2004, núm. 34, B.J. 1125, pp.694-701; 29 de agosto de 2001,
núm. 31, B.J. 1089, pp. 911-921; S.C.J. 1ª Cám. 24 de enero de 2007, núm. 51, B.J.
1154, pp. 1502-510; 5 de septiembre de 2001, núm. 19, B.J. 1090, pp. 697-703; 29 de
agosto de 2001, B.J. 1089, pp. 911-921; S.C.J., 1ª sala, 14 de marxo de 2012, núm.
54, B.J. 1216; S.C.J. 1ª Sala, 21 de marzo de 2012, núm. 101 y 102, B.J. 1216; S.C.J.
salas reunidas, 10 de abril de 2013, núm. 6, B.J. 1229; 1ª sala, 12 de marzo de 2014,
B.J. 1240, núm. 38; S.C.J. salas reunidas 12 de febrero de 2014, núm. 3, B.J. 1239.

b. Las partes recurridas adujeron en sus respectivos memoriales de


defensa que el recurso de casación devendría inadmisible porque la
ciudadana Nancy Mercedes Jiménez había participado como
interviniente voluntaria en los niveles de primer grado y apelación
del proceso, y, no obstante, no fue puesta en causa en ocasión al
momento de incoarse este recurso ante la Suprema Corte de Justicia.

c. El alto tribunal acogió tales argumentos y precisó en un


considerando de la sentencia ahora objeto de tratamiento:

Que en nuestro derecho procesal, existe un criterio constante de que


en caso de pluralidad de demandantes o demandados, los actos de
procedimiento concernientes a la instancia tienen un efecto
puramente relativo, regla que sufre algunas excepciones como la que
73
se refiere al caso en que el objeto del litigio es indivisible; que para el
caso que haya pluralidad de demandados y el recurrente solo
emplaza a una o varios de ellos obviando a otros, como ha ocurrido
en el presente caso, la jurisprudencia ha establecido que el recurso es
inadmisible con respecto a todas, en razón de que el emplazamiento
hecho a una parte recurrida no es suficiente para poner a las demás
en condiciones de defenderse, constituyendo esto una violación al
sagrado derecho de defensa; que en tal circunstancia, el recurso de
Casación que se interponga contra una Sentencia que aprovecha a
varias partes con un vínculo de indivisibilidad, debe dirigirse contra
todas, que al no ser emplazada Nancy Mercedes Jiménez,
conjuntamente con los demás co-recurridos, procede declarar
inadmisible el presente recurso de Casación sin necesidad de
examinar los medios propuestos.

d. En ese orden, el Tribunal Constitucional ha podido establecer que


con respecto a la ciudadana Nancy Mercedes Jiménez, ella
ciertamente es una parte en el proceso relativo al recurso de
casación, pero no figura emplazada en el acto de alguacil notificado
a los demás co-recurridos ni en ningún otro, pese a tener interés
jurídico porque resultó beneficiada con la sentencia impugnada,
motivo por el cual entendemos que en este aspecto se hizo una
correcta aplicación del derecho. Por tanto, procedía declarar
inadmisible el recurso de casación sin que fuera menester examinar
los medios propuestos.(TC/0209/14 del 8 de septiembre de 2014, págs.
43 y 44, literales b y d).

32- Esa indivisibilidad a la que ya hicimos referencia está expresamente reglamentada


y prescrita en los artículos 691, 693 y 701, todos del Código de Procedimiento Civil,
reformado, cuando textualmente expresan lo siguiente:

Art.691. …Los acreedores y la parte embargada pueden oponerse a


alguna de las cláusulas del pliego de condiciones en escrito
presentado diez días antes por lo menos del fijado para la lectura
del pliego. Este escrito será notificado por el oponente a las
otras partes en el embargo con intimación a comparecer en
un plazo no menor de dos días a la audiencia que celebre el juzgado
de primera instancia, el cual fallará, sin necesidad de oír al fiscal,
a más tardar el día designado para la lectura del pliego. Este fallo
no estará sujeto a ningún recurso.

Art. 693.- (Mod. por la Ley No. 764 de 1944). Desde el día de esta
notificación no se podrá ya cancelar el embargo, sino con el
consentimiento de los acreedores inscritos o en virtud de sentencias
pronunciadas contra ellos.

Art. 701.- (Mod. por la Ley No. 764 de 1944). El día indicado para la
adjudicación se procederá a ésta a pedimento del persiguiente o, a
falta de éste, de algún acreedor inscrito.

33- Que en el orden de lo anteriormente señalado, honorable magistrado, la doctrina


judicial de nuestro órgano casacional se expresa en los siguientes términos:

74
CONSIDERANDO, que la parte recurrida propone, por su parte, la
inadmisibilidad del recurso de que se trata, en razón de que Pedro
Guillermo López Gómez, adjudicatario del inmueble embargado, y
parte en el proceso, no fue puesto en causa con motivo del presente
recurso de casación;

CONSIDERANDO, que en efecto, el estudio del expediente revela que el


recurso de casación incoado por las recurrentes fue notificado
mediante acto No. 408-2000, del 1ro. de junio del 2000, solamente a
César Álvarez González, en su domicilio y en el de sus abogados
constituidos y no a Pedro Guillermo López Gómez, adjudicatario de la
parcela objeto del procedimiento de embargo inmobiliario realizado a
persecución y diligencia de César Álvarez González; que el recurso de
casación debe ser ejercido no sólo contra el acreedor persiguiente,
como ha ocurrido en la especie, sino también contra las personas que
han sido beneficiadas por la sentencia impugnada; que cuando el
recurrente ha emplazado a una sola de las partes contrarias y no lo
ha hecho contra las demás el recurso debe ser declarado inadmisible;

Por tales motivos, Primero: Declara inadmisible (S.C.J.-primera sala-, 1 de


agosto de 2001, B.J.1089, decisión número 1, página 38, Vol. I).

34-En la línea de lo anteriormente señalado, honorable magistrada, expresan la doctrina


y la jurisprudencia lo siguiente:

Los acreedores inscritos después de la notificación referida en el


artículo 691 del Código de Procedimiento Civil, estarán
verdaderamente asociados a formar parte del embargo, el cual
después de dicha notificación no podrá ser cancelado, sin el
consentimiento previo de dichos acreedores o en virtud de una
sentencia pronunciada contra ellos. (S.C.J., enero 1940, B.J. 354,
pág.27).

El acreedor hipotecario que persigue la venta del inmueble afectado,


actúa en representación de todos los que pueden tener inscripciones
sobre el inmueble perseguido. (G.O. 1000, 20 de marzo de 1893). Citada
por el Lic. Carlos Gaton Richiez, en su obra La Jurisprudencia en la República
Dominicana, 1865 – 1938, página 352, numeral 203) El subrayado nos
pertenece.

1091.- PRECIO: Adjudicación de inmueble: Modificación del precio.-


Después de los tres días que preceden a la lectura del pliego de
condiciones, el precio fijado por el ejecutante de un embargo
inmobiliario no puede ser modificado por éste sin la intervención del
tribunal y sin llamar al embargado y a los acreedores inscritos,
quienes tienen derecho a contestar dicha modificación, (13 de
noviembre del año 1931, B.J. No. 256, página 60) (Ver Nos. 1077 y 1078).
citada por Manuel Ubaldo Gómez, Hijo, en su obra Repertorio Alfabético De
La Jurisprudencia Dominicana, 1908 – 1933, Vol. I, numeral 1091, página
224.

2319.- PLIEGO DE CONDICIONES: Postura del precio por el embargante.


Reducción del fijado, cuando las circunstancias lo exigen. La postura de
precio consignada en el pliego de condiciones, liga, en principio, al
ejecutante; pero nada se opone a que, hasta el momento de la
75
subasta, éste solicite y obtenga una reducción de precio, en el caso
de que así lo exijan las circunstancias, “mediante la puesta en
causa correspondiente, que es cuando se forma un contrato judicial
inalterable entre el persiguiente y el embargado”… (22 de diciembre
de 1938, B.J. No. 341, página 923). citada por Manuel Ubaldo Gómez, Hijo,
en su obra Repertorio Alfabético De La Jurisprudencia Dominicana, 1908 –
1933, Vol. II, numeral 2319, página 269.

CONSIDERANDO, que la notificación del depósito del pliego de


condiciones, convierte al acreedor inscrito registrado en parte del
procedimiento a los fines de que puedan intervenir y hacer sus
alegatos; (S.C.J. -1era sala- 9 de octubre del año 1997, decisión número 1,
B.J. No. 1043, página 22, penúltimo considerando)

CONSIDERANDO, que la intimación a los acreedores inscritos prevista


en el artículo 692 del Código de Procedimiento Civil, tiene por objeto,
entre otras cosas, dar a dichos acreedores la oportunidad de
examinar las enunciaciones del pliego de condiciones, entre las
cuales debe encontrarse “la del título ejecutorio, en cuya virtud se
procedió al embargo” (artículo 690 del mismo Código), para que
aduzcan sus reparos y observaciones (artículo 691 y 692); que la
parte intimada, actualmente, o su causante, para quien tenía que
ser, según la sentencia del 12 de marzo de 1931, tan notorias como
para todo el mundo, la causa de la interdicción del señor R.A.T.,
quedó ligada a un procedimiento de embargo cuya solución final
tenía que depender de la que recibiera el recurso de apelación del
embargado o de sus representantes legales, cuya posibilidad debía
serle manifestada; que en recurso de apelación sobre el cual falló la
sentencia del 12 de marzo de 1931, al limitar a R. & Co., o sea a
R&Co., endosantes del pagaré del cual se trataba, no puesto en causa
y extraños a los procedimientos del embargo, pues era a este punto, y
a las personas ligadas por el pagaré y por la instancia sólo a ellos
concerniente, a lo que se refería el tercer ordinal aludido, al cual
habría de aplicarse a la misma regla tot capita, tot sententiae, ahora
invocada por el actual intimado; que, consecuentemente los efectos
jurídicos de dicho ordinal no podían llevarse a hacerles restringir el
alcance de las disposiciones sobre el estado del interdicto, ni el de los
efectos de la radiación que ordenaba, de la inscripción de la hipoteca
judicial que había servido de base necesaria para el embargo, pues
la radiación de una inscripción hipotecaria deja a este inexistente,
efecto que a su vez invocó el intimado respecto de la radiación de la
hipoteca de R., de fecha 12 de noviembre de 1926; que
contrariamente lo pretende la parte intimada, en las disposiciones
del fallo al cual se viene aludiendo, no existen oscuridad ni
ambigüedad alguna, que le hubieran podido impedir, hipotéticamente
hablando, adquirir la autoridad de la cosa juzgada; que esta
autoridad por las razones ya expuestas, era oponible por R. & Co., y
Casa R., obligados por dicha autoridad, a quien les demandaba lo
contrario, como lo hacía el actual intimado o su causante; que la
sentencia impugnada en casación, al disponer lo contrario, violó, por
falta de aplicación, el artículo 1351 del Código Civil y por ello el
tercer medio del recurso, que así lo alega, debe ser acogido. (S.C.J. 20
de enero de 1940, B.J. 354, página 27).

CONSIDERANDO, que, de acuerdo con lo que dispone el artículo 687


del Código de Procedimiento Civil, el tercero adquiriente de un
inmueble embargado no puede oponer sus derechos al ejecutante y a

76
los acreedores inscritos, cuando la adquisición es hecha después de
la transcripción del embargo, sino mediante el requisito de que, antes
de la adjudicación, consigne una suma suficiente para el pago en
capital, intereses y costas, de lo que se adeudare al acreedor
embargante y a los acreedores inscritos; que la consignación
afectada en estas condiciones, y oportunamente denunciada,
constituye un verdadero pago, no del precio de la renuncia del
acreedor a su derecho de proseguir la ejecución, como sostiene la
parte recurrente, sino de los créditos, en capital, intereses y gastos,
de que ese acreedor es beneficiario en virtud de sus títulos; que en
efecto, de la economía del artículo 687 del Código de Procedimiento
Civil, resulta que el tercer adquiriente puede, mediante el pago arriba
indicado, poner fin al procedimiento de expropiación no obstante la
voluntad contraria del ejecutante y de los acreedores inscritos; que,
por otra parte, los términos inequívocos del artículo 687 ponen de
manifiesto que la suma consignada por el tercero adquiriente no va
destinada a pagar el precio de una renuncia, cuya cuantía podría ser
susceptible de más o de menos, sino a pagar exactamente “lo que se
adeudare” al persiguiente y a los acreedores inscritos “en capital,
intereses y costas”; que resulta igualmente de los términos del
artículo 687 que la recepción por el persiguiente y los acreedores
inscritos de las cantidades consignadas por el tercero adquiriente es
hecha para fines de cancelación de sus créditos y no a cambio de su
renuncia a continuar las persecuciones, puesto que la renuncia a un
derecho debería ser, en todo caso, establecida mediante una
manifestación expresa de la voluntad de dichas partes; (B.J. 457,
página 1536, año 1948, mes de agosto) Citada por el Dr. Pablo Antonio
Machado, en su obra La Jurisprudencia Dominicana En La Era De Trujillo,
año 1939 – 1958, Tomo I, página 688, 689, 695 in-fine y 696).

CONSIDERANDO…que a partir de la notificación obligatoria del


artículo 691 del Código de Procedimiento Civil, los acreedores
inscritos quedan ligados al proceso de manera tal que son
verdaderas partes en él, y tienen vocación a participar en su
dirección, pueden subrogarse en los derechos del persiguiente,
sustituirlo en caso de negligencia de éste, hacer reparos al pliego de
condiciones, hacer que se le de una mayor publicidad a la venta o
adjudicación del inmueble.(S.C.J.-primera sala-, 23 de septiembre de
2009, decisión número 41, B.J. 1186, pág.442 in-fine, Vol. I).

CONSIDERANDO, que el tribunal a quo declaró nulo el reparo al


pliego de condiciones presentado por Manuel Emilio Gómez Pión &
Asociados, SRL, por los motivos que se transcriben textualmente a
continuación:

“que tratándose de un reparo al pliego de condiciones presentado


en el transcurso de un embargo inmobiliario realizado en virtud
de la Ley 6186-63, el mismo debe ser sometido en el plazo y bajo
la modalidad indicada en el artículo 159 de la Ley núm. 6186-63,
del 12 de febrero del 1963; que en ese sentido el referido artículo
159 de la ley 6186-63, dispone que: “Los reparos y observaciones
al pliego de condiciones serán consignados ocho (8) días a lo
menos antes de la venta. Estos contendrán constitución de
abogados, con elección de domicilio, todo a pena de nulidad. El
tribunal será apoderado de la contestación por Acta de abogado a
Abogado. Estatuirá sumariamente y en última instancia, sin que
pueda resultar ningún retardo de la adjudicación”; que en adición

77
a lo antes expuesto la Ley 189-11 del 16 de julio del 2011,
introduce modificaciones sustanciales a la forma en que deben
presentarse los reparos al pliego de condiciones con motivo de un
embargo inmobiliario especial al establecer en su artículo 156
que: “La instancia de reparo y observaciones al pliego de cargas,
cláusulas y condiciones. Los reparos y observaciones al pliego de
cargas, cláusulas y condiciones deberán consignarse en instancia
depositada por lo menos ocho (8) días, antes de la fecha fijada
para la venta, por ante el tribunal que conocerá de la misma.
Dicha instancia deberá contener, a pena de nulidad, sin necesidad
de que se pruebe el agravio, las menciones siguientes: a)
Constitución de abogado, con elección de domicilio en el lugar del
tribunal, si no lo tuviere allí. b) El pedimento de reparo y sus
motivaciones, así como cualquier documento que justifique su
pretensión. No podrán formularse reparos al precio de primera
puja, salvo que el mismo sea fijado en contravención a lo
dispuesto en la presente ley. c) Solicitud de fijación de audiencia
para el conocimiento de la petición de reparo, la cual deberá
celebrarse a más tardar cinco (5) días después del depósito de la
instancia de reparo; que así mismo el párrafo I del mismo artículo
dispone: La instancia así producida le será notificada al
persiguiente y demás partes indicadas más adelante en este
artículo, así como aquellas con interés para solicitar reparos por
acto de abogado a abogado cuando lo tuvieren constituido, o
notificación a su persona cuando no lo tuvieren, emplazándoles a
comparecer a la audiencia en donde se conocerá de la procedencia
o no del reparo solicitado. Esta notificación intervendrá por lo
menos un (1) día franco antes de la fecha fijada para la audiencia
a la que se cita”; que hemos procedido a verificar el expediente de
la demanda de que se trata y hemos comprobado que la parte
demandante en reparo al pliego de condiciones de que estamos
apoderados, solo se limitó a depositar instancia de solicitud de
fijación de audiencia para conocer de la demanda en reparo al
pliego de condiciones, sin contener dicha instancia motivaciones
ni conclusiones, así como tampoco depositó documento alguno en
el cual justifique sus pretensiones; que además de esto del examen
del acto No. 168/2014, de fecha veintiuno (21) del mes de marzo
del año dos mil catorce (2014), instrumentado por el ministerial
Wilton Aramis Pérez, alguacil ordinario de la Segunda Sala de la
Cámara Penal del Juzgado de Primera Instancia del Distrito
Nacional, hemos podido verificar que con el mismo la parte
demandante cita y emplaza única y exclusivamente a la parte
demandada para conocer a la audiencia que sería celebrada a
tales fines, no siendo emplazado el señor Hamilk Chahim Gómez,
en su calidad de acreedor inscrito ya que no figura en el
expediente acto mediante el cual se pueda determinar que este
haya sido puesto en causa, violentando así las disposiciones
contenidas en el artículo 156 de la Ley 189-11 antes mencionado
y haciendo dicho procedimiento o demanda nula, por lo que es
nuestro criterio que procede declarar nula la demanda incidental
en reparo al pliego de condiciones, incoada por la Manuel Emilio
Gómez Pión & Asociados, S.R.L., contra Banesco Banco Múltiple
S.A., tal y como se hará constar en el dispositivo de esta
sentencia”;

CONSIDERANDO... que, por otro lado, los acreedores inscritos


también deben ser notificados y puestos en causa en todas las

78
incidencias procesales de los embargos inmobiliarios abreviados
regidos por la Ley de Fomento Agrícola, ya que se integran como
parte en el embargo desde el momento en que se les notifica la
publicación del aviso de la venta con intimación a tomar
comunicación del pliego de condiciones conforme al artículo 156
de la mencionada Ley... (S.C.J.-Primera Sala- 26 de octubre de 2016,
sentencia número 1255, expediente número 2014-2620, aun sin boletín
judicial). La señalada decisión se os anexa in-extensa a las
presentes conclusiones. (Anexo único).

35- Al detenernos a leer la demanda introductiva de instancia, honorable magistrada,


ya varias veces referida, expresa en ella el demandante incidental, que el objeto de
la misma -y así lo expresa en su petitorio, transcrito precedentemente, que se opere
una radiación total y definitiva del embargo inmobiliario inscrito en provecho de los
ahora exponentes y concluyentes sobre el inmueble litigioso y referido con
antelación, ante la necesidad de dicha entidad bancaria de inscribir un
mandamiento de pago, que según sus propias expresiones le fue rechazada al
existir uno precedente, tal y como prescribe el también mencionado artículo 680 del
Código de Procedimiento Civil, reformado, al expresar textualmente como sigue:

Art. 680.- (Modificado por la Ley 764 de 1944). En caso que hubiere
habido embargo precedente, el conservador de hipotecas o el
registrador de títulos no transcribirán o inscribirán el nuevo
embargo y harán constar la negativa al margen de éste,
enunciando la fecha del embargo anterior, los nombres,
residencias y profesiones del persiguiente y del embargado, e
indicando el tribunal que conocerá del asunto, el nombre del
abogado, del persiguiente y la fecha de la transcripción o de la
inscripción.

36- Ciertamente, respetada magistrada, en la glosa o soporte documental que le sirve


de aval al apoderamiento que ahora y aquí nos ocupa, consta el mandamiento de
pago marcado con el número 769/2016 de fecha ocho (8) del mes de octubre del
año dos mil dieciséis (2016), y del ministerial JUNIOR GARCIA VICTORIA, de
generales que constan, y consta además una certificación de estado jurídico de
dicho inmueble de fecha siete (7) del mes de junio del año dos mil dieciocho (2018),
expedida no sabemos como, por la LICDA. OLGA ALTAGRACIA MARTE ADAMES,
Registradora de Títulos de este distrito judicial de Sánchez Ramírez, ante lo cual
nos hacemos dos introspecciones; en primer lugar, no se tendrá el tupé y la
cachaza, como desde siempre se ha tenido de pretender inscribir un mandamiento
de pago, cuyo plazo máximo de vigencia es de veinte (20) días, porque así y no de
otra forma lo prescribe la parte capital del artículo 150 de la Ley 6186, del 12 de

79
febrero del año 1963, Gaceta Oficial No. 8740-Bis, reformada, al expresar como
sigue:

ARTÍCULO 150.- Dentro de los veinte días de su fecha, este


mandamiento se inscribirá en la Conservaduría de Hipotecas
del Distrito Judicial donde radiquen los bienes hipotecados...

37- Si nos rodamos al derecho común, honorable magistrada, el artículo 674 del
Código de Procedimiento Civil, a penas le otorga un plazo hábil de 90 días al
mandamiento de pago tendente a embargo inmobiliario, el cual y como sabemos no
forma parte de la ejecución como tal, sino que es un preliminar de ejecución 6, y se
deduce de la letra misma del artículo 673 del señalado instrumento legal, al
expresar como sigue: “Al embargo inmobiliario debe preceder un
mandamiento de pago...”, contrario a como acontece en el procedimiento
abreviado de la citada ley 6186, en el que el mandamiento de pago, al convertirse
posteriormente y de pleno derecho en embargo real, si forma parte del
procedimiento como tal, y así lo reconoce la mejor doctrina, al expresar lo siguiente:

La disposición legal antes mencionada, hace que de acuerdo con la


ley 6186, el mandamiento de pago sea un acto que forma parte del
embargo, pues este acto preliminar se transforma en embargo de
pleno derecho si el deudor no paga los valores adeudados dentro del
plazo que le concede su acreedor. En el procedimiento ordinario el
mandamiento de pago es un acto preliminar, por tal motivo la
oposición del mandamiento de pago en ese procedimiento no es un
incidente del embargo. En el procedimiento establecido en dicha ley
esta oposición es un incidente del embargo será tratado más
adelante. (Dr. Hipólito Herrera Pellerano, El embargo inmobiliario Ley 6186
de 1963, año 2004, editorial Capeldom, pág. 53).

38-Todo ello entonces nos lleva a la inequívoca conclusión, honorable magistrada, de


que vencidos los veinte (20) días, y no inscrito el mandamiento de pago, después de
su notificación -que es la hipótesis que nos ocupa-, este debe reiterarse por haber

6
CONSIDERANDO, que el mandamiento de pago es un acto extra-Judicial que el acreedor
dirige la persona del deudor y que conlleva, como lo expresan la doctrina y la
jurisprudencia dominantes en el país de origen de nuestra legislación civil, orden de
ejecutar la prestación debida, en virtud del título que se notifica, con la amenaza de
recurrir a la ejecución forzosa, en caso de que dicha orden no sea cumplida; que si es cierto
que el referido acto es uno sin el cual ninguna ejecución, propiamente dicha, es válida, no
es menos cierto que él no constituye sino una formalidad indispensable para llegar a la
ejecución; que así, el mandamiento de pago no es parte integrante del embargo, o en otros
términos, no constituye un acto de ejecución. (S.C.J.-Civil- 25 de mayo de 1938, decisión número
09, págs. 260 in-fine y 261 ab-initio, B.J. 334).

80
perimido, tal y como lo reconoce la mejor doctrina cuando y sobre el particular
expresa lo siguiente:

Entiendo que aún cuando la ley 6186 no prescribe ningún plazo de


caducidad si el acreedor no transcribiera o inscribiere el acto
dentro de los 20 días de su fecha, tendrá que retirar el
mandamiento. ( Dr. Hipólito Herrera Pellerano, op. cit., pág. 61).

39- No logramos entender, honorable magistrada, porque no alcanzamos la categoría


de magos, ya que no formamos parte de esa selecta manada, que sin lugar a
dudas preside el conspicuo abogado DR. ROBERTO ANTONIO DE JESUS
MORALES S., que conexión pudiera existir -si es que la hay- entre el preindicado
mandamiento de pago de fecha ocho (8) del mes de octubre del año dos mil
dieciséis (2016) y la certificación de estado jurídico de fecha siete (7) del mes de
junio del año dos mil dieciocho (2018), ni tampoco se ha presentado prueba alguna
que acredite un oficio de rechazo emanado del Registro de Títulos del Distrito
Judicial de Sánchez Ramírez, dirigido a la señalada entidad bancaria y que tenga
como base nuestro embargo real, condición o requisito sine qua non para procurar
una subrogación inmobiliaria, que no es la hipótesis que nos ocupa, y obviamente
en el contexto de los artículos 721, 722 y 723, ambos del Código de Procedimiento
Civil, reformado. En efecto, es el artículo 1315 del Código Civil Dominicano, el que
textualmente expresa lo siguiente: “El que reclama la ejecución de una
obligación, debe probarla. Recíprocamente, el que pretende estar libre, debe
justificar el pago o el hecho que ha producido la extinción de su obligación”.

40- El señalado artículo 1315 del Código Civil Dominicano, se erige en el estandarte
principal para el establecimiento de la carga de la prueba, y sobre el mismo, el
profesor Froilán Tavares hijo, citando la jurisprudencia nacional, establece que: “En
el terreno procesal estas reglas significan, en primer término, que el
demandante debe probar los hechos y actos que alega en apoyo de su
demanda, y, en segundo término, que el demandado debe probar los hechos
y actos que alega en apoyo de su defensa o de los medios de inadmisión y
excepciones que opone al demandante”. (Elementos de Derecho Procesal Civil
Dominicano, séptima Edición, 1191, editorial Tiempo, S. A., Volumen II, página 222).

41- En ninguna parte de la preindicada certificación de estado jurídico, que como ya


dijéramos es algo totalmente diferente a un oficio de rechazo, se expresa o se deja

81
entrever, que le fue requerido a dicha dependencia inmobiliaria por parte del ahora
demandante incidental la inscripción de un mandamiento de pago tendente a
embargo inmobiliario y que dicha solicitud haya sido rechazada, a consecuencia de
nuestro embargo inmobiliario, sino que, se procura conectar un mandamiento de
pago indudablemente vetusto y que por tanto no sirve para nada, con una
certificación de estado jurídico -jamás un oficio de rechazo- de muy reciente data,
queriendo con ello mezclar mansos y cimarrones y procurar pescar en rio revuelto,
traducido todo ello a una inelegancia académica que raya en lo inconcebible e
inenarrable y que por tanto, mueve a vergüenza ajena.

42- A nadie en sano juicio, y por ello incluidos los suscribientes y exponentes se le
ocurriría pensar que el ahora demandante incidental no tenga derecho a promover
una subrogación en los términos ya indicados, porque hasta tanto su inscripción
hipotecaria no sea declarada nula, habrá de ser tenido como un acreedor
hipotecario en segundo rango, de muy mala fe, pero acreedor hipotecario al fin, y
ello no le autoriza jamás ni bajo ninguna circunstancia a solicitar la radiación de un
embargo que como el nuestro es legal y tiene base de sustentación, salvo que no se
den las condiciones limitativamente señaladas en ley y que al efecto prescriben los
artículos 1234 y 2180, ambos del Código Civil Dominicano, cuando textualmente
expresan lo siguiente:

Art. 1234.- Se extinguen las obligaciones: Por el pago…”

Art. 2180.- Se extinguen los privilegios e hipotecas: 1o. por la


extinción de la obligación principal;…

43- Por tanto, a lo que sí tiene derecho el ahora demandante incidental es a generar
una demanda en subrogación de embargo, jamás en radiación de embargo, para
montarse en nuestro embargo inmobiliario, el cual entendimos, prudente, atinado y
razonable suspenderlo, pues conociendo del apoderamiento inmobiliario, como en
efecto participamos del mismo, entendemos que de prosperar, también dejaría sin
efecto una eventual adjudicación y sobre esa base, dicha entidad bancaria,
continuar a su riesgo, su persecución inmobiliaria, que a juzgar por sus actos no ha
sido iniciada, tal y como de manera precisa e inequívoca lo contemplan los
señalados artículos 721, 722 y 723, todos del Código de Procedimiento Civil,
cuando textualmente expresan lo siguiente:

82
Art. 721.- Si el primer ejecutante que promueva la venta, no ha
continuado el segundo embargo que se le denunció conforme al
artículo anterior, podrá el segundo ejecutante demandar la
subrogación por medio de un simple acto.

Art. 722.- Se podrá pedir igualmente la subrogación en caso de que


hubiere colusión, fraude o negligencia, bajo reserva, en los casos
de colusión o fraude, del pago de daños y perjuicios a quien
corresponda. Hay negligencia, cuando quien ejecuta el embargo no
ha llenado alguna formalidad, o no ha efectuado algún acto de
procedimiento en los plazos prescritos.

Art. 723.- Se condenará personalmente en las costas a la parte que


sucumba en la demanda en subrogación. El ejecutante contra
quien se pronuncie la subrogación, tendrá que entregar al
subrogado las diligencias del procedimiento, sino después de la
adjudicación, ya sean sacadas del importe de la venta, o por el
adjudicatario.

44- Entonces pues, procurar por la vía de la radiación de un embargo, sustituir la


mecánica operacional de la demanda en subrogación, es igual a procurar llegar a
Santo Domingo vía Montecristi, implicativo sin lugar a dudas de un cambio brutal y
radical de un procedimiento por otro y por tanto, desconocedor de los principios que
orientan la “predeterminación procesal”, lo cual conduce a una declaratoria de
inadmisibilidad, que al ser de linaje constitucional reviste un orden público especial
y particular y por tanto, llamado a ser suplido de oficio por el juzgador, tal y como lo
prescribe el numeral 7 del artículo 69 de nuestro documento fundacional, cuando y
sobre el particular expresa lo siguiente:

Art. 69...
7) Ninguna persona podrá ser juzgada sino conforme a leyes
preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal
y con observancia de la plenitud de las
competente
formalidades propias de cada juicio;

45- Que respecto de esta instituta -predeterminación procesal-, la mejor doctrina y


jurisprudencia, expresan lo siguiente:

En lo demás, el precepto simplemente reitera garantías ya formuladas


en otros apartados. Así, se vuelve a reiterar la necesaria competencia
del tribunal al juzgador, ya establecido como garantía en el apartado
2) como el derecho a una jurisdicción competente. Y, por otra parte se
estipula la necesidad de observar todas las “formalidades propias de

83
cada juicio”, lo que no es sino una referencia tanto a las garantías
procesales contempladas en el propio precepto constitucional, muy
destacadamente las enunciadas en los apartados 2) y 3), como a la
regulación procesal contenida en las leyes procesales ordinarias.
Mientras que la infracción de las primeras constituye una infracción
constitucional que, por lo general, podría determinar la procedencia
de un recurso de amparo, las segundas sólo determinarían el amparo,
en principio, en los casos de mayor gravedad y siempre que hubiesen
ocasionado la indefensión del afectado. Comentarios a la Constitución de
la República Dominicana, Tomo II, Página 448, primera edición, Universidad
Rey Juan Carlos, bajo la rubrica Eduardo Spin Templado, Magistrado de la
Sala Tercera del Tribunal Supremo Español y Catedrático de derecho
Constitucional de la Universidad Castilla-La Mancha.

CONSIDERANDO; Que la demanda en nulidad ha sido impugnada por


medio de un fin de inadmisión, cuando lo correcto es que esta sea
atacada por una excepción de nulidad y no por un fin de inadmisión,
en razón de que esta figura (el fin de inadmisión al igual que la
excepción de nulidad de fondo), van dirigida contra el accionante y no
contra el acto procesal que por el contrario, la nulidad procesal va
dirigida tanto contra la actuación que se realiza como contra el acto
jurídico que no es conforme con los requisitos de forma o de fondo, que
el legislador ha instituido para que esté dotada de eficacia; que al
haberse atacado la sentencia por la vía de acción principal y no por el
recurso que manda la ley, la demandante eligió el (sic) procedimiento
que no era el correcto, violando el principio constitucional de
predeterminación procesal, lo que hace anulable tanto el
procedimiento como el acto con que se inició este;

CONSIDERANDO, que por tanto la corte a-qua al analizar las señaladas


conclusiones planteadas por la parte recurrente en apelación, incurrióó
en desnaturalización de las mismas, toda vez que se trataba de un
medio de inadmisión y no una excepción de nulidad, como decidióó la
alzada, asimismo tampoco se produjo en la especie una violación al
principio constitucional de predeterminación procesal, por haberse
interpuesto una demanda en nulidad contra dos decisiones judiciales
que la ley determina que son impugnables mediante los recursos
correspondientes, puesto que en estos casos, conforme ha sido decidido
por esta Sala Civil y Comercial de la Suprema Corte de Justicia,
únicamente trae como consecuencia la inadmisión de la demanda en
nulidad en cuanto a las sentencias que ciertamente sean impugnables
mediante recursos determinados por la ley; (S.C.J. 1ra Sala, 10 de febrero
de 2016. Recurrente: Leoneldy Beato Minier vs María Milagros de la Cruz y
compartes. Citada en: Principales Sentencias de la Suprema Corte de Justicia,
año 2016, págs. 267-268).

46- Que procede condenar a la entidad BANCO DE AHORROS Y CRÉDITO (BANCOTUI),


S.A., al pago de las costas del procedimiento, sin distracción de las mismas, en
mérito de lo instituido en la parte final del artículo 730 del Código de Procedimiento Civil,
reformado, el cual expresa textualmente como sigue: “…Ninguna sentencia dictada en
incidente de embargo inmobiliario pronunciará la distracción de costas.”

84
47-En esa dirección, la doctrina constante de nuestra Corte de Casación ha expresado
lo siguiente:

CONSIDERANDO, que la disposición que prohíbe la distracción de las


costas en los incidentes de embargo inmobiliario, establecidas por el
art. 730 del C. de Proc. Civil, es una disposición imperativa de la ley
que se aplica también a la distracción de las costas en casación. (S.C.J.
octubre 1960, B.J. 603, pág. 2109).

CONSIDERANDO, en cuanto a la alegada violación del artículo 730 del


Código de Procedimiento Civil; que esta disposición legal no prohíbe
la condenación en costas de la parte que sucumbe, sino la distracción
de éstas, según se expresa en el último párrafo de dicho artículo,
distracción que no ha sido ordenada por la Corte a-qua… (S.C.J. –
Primera. sala- 7 de julio del 1993, decisión número 4, B.J. No. 992, página 667
in-fine).

CONSIDERANDO, que por las circunstancias expuestas precedentemente


y por aplicación de la disposición que prohíbe la distracción de costas
en los incidentes de embargo inmobiliario, establecida por el artículo
730 del Código de Procedimiento Civil, disposición imperativa de la ley,
la Corte a-qua ha violado dicho texto legal al ordenar en la sentencia
impugnada, con motivo de la demanda en solicitud de reventa por
falsa subasta, la distracción de las costas en provecho de los abogados
de la parte apelada, razón por la cual la sentencia impugnada debe
ser casada en este aspecto, por vía de supresión y sin envío; (S.C.J. –
Primera. sala- 7 de febrero del 2001, decisión número 1, B.J. No. 1083, página 47
in-fine).

CONSIDERANDO, que en la segunda rama de su segundo medio de


casación, la parte recurrente alega, en resumen, que la juez a quo,
condenó en costas a la demandante incidental, ordenando distracción,
en violación al art. 730 del Código de Procedimiento Civil;

CONSIDERANDO, que el examen del dispositivo de la decisión recurrida,


revela que, tal y como lo señala la parte recurrente en la segunda
rama de su segundo medio de casación, en el ordinal tercero, se ha
condenado a la parte demandante al pago de las costas del
procedimiento, y se ha ordenado su distracción en provecho del
abogado de la parte demandada;

CONSIDERANDO, que el párrafo final del artículo 730 del Código de


Procedimiento Civil, establece que ninguna sentencia dictada en
incidente de embargo inmobiliario, como es el caso ocurrente,
“pronunciará la distracción de costas”, por lo que procedía que la juez
a quo condenara en costas a la parte perdidosa, sin distracción; que,
al haber incurrido en la violación denunciada en el medio bajo
examen, resulta procedente casar la sentencia en el aspecto relativo a
la distracción de costas, por vía de supresión y sin envío, por no
quedar nada que juzgar;

Por tales motivos: Primero: Casa, por vía de supresión y sin envío,
únicamente en cuanto al aspecto relativo a la distracción de costas….
(S.C.J.-primera sala- 26 de abril de 2017, aun sin boletín judicial).

85
CONSIDERANDO, que por mandato expreso de las disposiciones
anteriormente transcritas, el procedimiento especial de ejecución
inmobiliaria previsto por la Ley núm. 189-11 puede ser utilizado por
todo acreedor que haya constituido una hipoteca convencional,
indistintamente del tipo o naturaleza de la acreencia garantizada, y
ha de ser aplicado en todos los embargos inmobiliarios que se
instrumenten a causa de la ejecución de una hipoteca convencional;

CONSIDERANDO, que sobre la alegada violación al art. 730 del Código


de Procedimiento Civil, el examen del dispositivo de la decisión
impugnada revela que, en la especie, fue condenada la parte
demandante al pago de las costas del procedimiento, sin ordenarse la
distracción señalada por esta en la última parte de su tercer medio de
casación; que, en atención a las consideraciones anteriormente
expresadas, los medios bajo examen carecen de fundamento, por lo que
deben ser desestimados; (S.C.J.-primera sala- 28 de junio de 2017, aun sin boletín
judicial).

POR TODOS LOS MOTIVOS aquí expuestos, los vertidos oralmente, así como los de
derecho que Vos tenga a bien suplir, con los vastos e idóneos conocimientos que sobre
el particular poseen, BASILIO GUZMÁN R. y FRANCISCO A. RODRÍGUEZ A., por
nuestro conducto y medio tiene a bien CONCLUIROS muy respetuosamente de la
siguiente manera:

PRIMERO: Decretando un sobreseimiento del presente apoderamiento -demanda en


radiación de embargo-, hasta tanto la jurisdicción inmobiliaria decida la suerte, con
carácter de cosa irrevocablemente juzgada, de la litis sobre derechos registrados
promovida por el señor NORBERTO RADHAMES PEGUERO DIAZ, en contra de la
señora LAYLI ELIZABET ESPINAL MORALES, y que involucra además a los
señores KELVIN RAFAEL GIL LAZALA, NELSON ANTONIO JEREZ PAULINO, y la
entidad BANCO DE AHORROS Y CRÉDITO (BANCOTUI), S. A., la cual recayó
sobre el inmueble arriba indicado y de referencia, al constituir la misma una cuestión
prejudicial, con cuyo criterio se alió este honorable tribunal al rendir su sentencia
incidental número 16/2011 (expediente número 506-11-00260) de fecha veintinueve
(29) del mes de septiembre del año dos mil once (2011), que vincula a estas mismas
partes y atendiendo a las razones, motivos y consideraciones precedentemente
expuestas, a título de conclusiones principales.

SEGUNDO: Subsidiariamente, declarando la inadmisibilidad de la preindicada


demanda en radiación de embargo, bajo los causales de violación a las reglas que

86
oriental el litisconsorcio pasivo, así como la predeterminación procesal, al cambiarse
indudablemente el procedimiento de subrogación por el de radiación de embargo,
frente al cual al demandante incidental no le asiste ningún tipo de derecho, ni
tampoco se dan los limitativos causales para ello, al tenor de las razones expuestas
en el cuerpo de las presentes conclusiones.

TERCERO: Más subsidiariamente, rechazando al fondo la presente demanda en


radiación de embargo, por díscola, intempestiva, insustancial, incongruente y
manifiestamente infundada, sin menoscabo de contener una orfandad absoluta de
pertinencia probatoria, en el contexto de lo previsto en el artículo 1315 del Código
Civil Dominicano y conforme expusimos precedentemente.

CUARTO: Para todas las hipótesis anteriormente planteadas -conclusiones


principales y subsidiarias- condenando al demandante incidental BANCO DE
AHORROS Y CRÉDITO (BANCOTUI), S.A., al pago de las costas del procedimiento,
sin distracción de las mismas, por ser de derecho.

BAJO TODA CLASE DE RESERVAS.

ES JUSTICIA QUE SE OS IMPETRA Y SE ESPERA MERECER, en la ciudad y


municipio de Cotuí, Provincia Sánchez Ramírez, República Dominicana, a los tres (3)
días del mes de octubre del año dos mil dieciocho (2018).

_____________________ _______________________________
BASILIO GUZMÁN R. FRANCISCO A. RODRÍGUEZ A.
Abogado Abogado

87
_____________________
Recibido conforme.

88