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258 El teatro de Cervantes

que se transforma en el Barroco en una alegre y ascendente espe·


!,

ranza), que se eleva en España cm¡ el recuerdo de Cario~- V, la


respetuosa admiración profunda ha<¡:ia Felipe II Y el canno por
Felipe lll, los dos Felipes con los :cuales se abarca la cons.tante
atención de Cervantes hacia el mui¡.do mahometano : corsanos Y
moriscos. '

NUMANCIA

1
El Romanticismo elogia la Numancia, primero, desde un punto
de vista histórico, teniendo en cuenta la época en que fue escrita
y viéndola en relación ·con el estado del teatro español, inglés y
francés, después, como una obra de arte, dejándose arrastrar por
el <;spíritu trágid y necesitando acudir a Greciapara encontrar una
expresión equivalente. Colocados en esta altura crítica tan valiosa
no debemos detenemos en juicios, algunos anteriores, otros mucho
más tardíos, a todas luces incompetentes ; pero sí hay que volver
sobre la obra de Cervantes para tratar de captar, su sentido con
más rigor y al mismo tiempo fijar su forma que no parece que haya
sido estudiada.

·-
El poeta quiere imponerse rápidamente y con una antanaclasis .
conuenza:

EscIPIÓN. Esta difícil y pesada carga


._,,.---· que el Senado romano me ha encargado,
tanto me aprieta, me fatiga y carga ...

Con excepción de las dos redondillas del bando, que se dicen


fuera de la escena, @. jornada primera está escrita en endecasíla· .X..
bo_¡ (nruyas). El verso da sosiego al jefe romano, amplrtuúiirdiS:-
curso, dominio de sí mismo en la discusión y serenidad al disponer
la acción, nobleza al lamento y a la visión profética. Son los cuatro
núcleos de la jornada y para hacer al endecasílabo más grave esa
insistencia de la rima en el mismo comienzo de la tragedia. La em·
El teatro de Cervantes Numancia
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'
presa encomendada a E~cipión es agobiadora, tamaña empresa es Vosotros os vencéis, que estáis vencidos
digna sólo de un gran capitán, del~~encedo.r ~ Y el oído del bajo antojo y femenil, liviano,
de una manera inesperada se ve sometido a esa consonancia que con Venus y con Baco entretenidos.
retiene férreamen«; su atención. !

Agotada la primera función de e~ta rima, volverá a aparecer más/ Termina exhortándoles a que dejen la molicie y se hagan dignos del
tarde (jornada segunda) para desarrollar a lo largo de toda la obra nom?re de romanos. La palabra elocuente del general triunfa, y en
< esa armonía severa y monótonamente mágica. su discurso sale el nombre de la ciudad sitiada, cuya desinencia le
En seguida Escipión hace de su i lenguaje vehículo para las sen- permite rimar con arrogancia.
tencias morales ; el tono sentencioso, abundante sin desmesura,
1
Apenas han jurado los soldados reformarse, cuando se anuncia
:pone en la dicción un marcado reppso. El jefe romano hace resal- la llegada de dos embajadores de Numancia. que no vienen a some-
ttar el estado de inmoralidad del ejército : "yace embebido en la terse, sino a proponer Iq,paz. La elocuencia pasada es sustituida
'fuscivia ardiente". Con este verso cbmienza a levantarse la estruc- por la noble dignidad de !Os numantinos, que choca inútilmente
tura de la obra. Después anuncia q~e va a arengar a los soldados, contra la decisión inquebrantable e inconmovible de Roma. Esci-
y antes de que se eche el bando, v;uelve a decir. "Primero es me· pión, capitán invicto, orador elocuente, se halla ahora enfrente de
nester que se refrene / el vicio qu] entre todos se d~r.rama ... / el dos emisarios y los rechaza secamente, no admitiendo otra solución
vicio solo puede hacemos guerra / más que los enellllgos de esta que la de las armas. La escena tercera termina trazándose el plan
tierra." de campaña, que consistirá en .ap¡:etJU'.-el cerco y acabar al enemigo
Suenan las redondillas del bando1 brevísimo cambio de ritmo que p9J---banlbre. La alta presión dramática creada en el mismo co-
hace que disminuya la tensión primera para penetrar con renovado mienzo no se aminora, pero las órdenes y las distintas disposiciones
interés en la próxima escena, la de [la arenga. dan un cierto movimiento al escenario en contraste con Jo estático '>
"Escipión se sube sobre una pe~a", desde la cual contempla a de la~ acciones precede!;!tes y en especial de la escena que le sigue,
.. todo el ejército y lo domina. Es 1 . grandiosidad oratoria, no sólo la última de la jornada.
<e la peña sirve de pedestal al orador, sino la muchedumbre. Enfrente Escipión Y los suyos se retiran, el escenario se queda vacío por
de este inmenso y rumoroso mar h mano, esa otra forma del im· un momento, hiato que separa la figura de grandes proporciones ·
/ perator va a ejercer su pod_~~~e!J~-~de_r_ de @_ palabra.-la.mirada y del general romano, de la figura inmensa de España. Si antes el
el gesto. Orador-actor, sin miedo r~crimina a la multitud armada. ejército daba líneas heroicas al capitán, ahora los atributos monu-
Cúatro versos le bastan para acercaÍse a los soldados, arremetiendo mentalizadores -corona de torres, castillo- de la personificación
inmediatamente contra ~llos: [ · llenan el ámbito de dhpensiones enormes. Lo que ocurre con Ja
figura sucede también con el verso. El endecasílabo en boca de Es-
mas en las blancas d1/icadas manos cipión y de sus soldados; en boca de los numantinos ha tenido un
y en las teces de rostios tan lustroso.r, noble porte, pero en boca de España se mueve con una lentitud,
allá en Bretaña parecfis criados, -~ decora d~ una majestad, adquiere una apagada sonoridad y un
y de padres flamenco engendrados. aire estatuano que hace, por fin, que la jornada primera tenga ese
ajre estático que caracteriza a toda la obra.
Luego advierte que el amor debe abandonar el campamento, y - El verso de Cervantes no desdice comparado al de los otros 1
añade: autores dramáticos del último tercio del siglo xvr, pero como quie-
r
(
1
J
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ra que Garcilaso y San Juan de I~ Cruz, Herrera y Fray Luis de )1, pues al afligido favoreces,
León habían hecho del verso un instrumento de tan alta calidad, favoréceme a mí en ansia tamaña,
se comprende que el oído español se esforzara en producir algo que soy la sola y desdichada España!
semejante en la Comedia, y en e~to como en tantas otras cosas
fue Lope el que había de triunfar y de imponer hasta finales del A octava que arrancaba con paso tan seguro se le podía augurar
Barroco un elevado nivel. Por eso de Lope a Calderón, la Comedia ~ esplénd.icio final, y otra vez se confía el efecto retórico-dramá-
cuenta con grandes mentes dramáticas y teatrales y grandes poetas, tico a la nma.
aunque quizá no haya producido nada comparable a la poesía de , España quiere que el Duero mantenga abierto el cerco, dando
un Racine. Cervantes, que para el movimiento lírico se confía a: as1 a conocer la es~tagema que ya habíamos oído a Escipión. El
Fray Luis de León, parece formar su expresión dramática siguien- ~ río acud.e al llamamiento y ataca también con mucho brío, fuer-
~ do a Acuña, a Ercilla y a Herrera. Quiere materiales, sobre todo za Y sosiego su parlamento:
/ sintácticos, con posibilidades épicas y plásticas. Durante la jornada
primera. acaso a lo largo de toda la tragedia, el verso no se adue- Madre querida, España: ......
' ña de nosotros por sus cualidades' musicales, tampoco la versifica-
ción muestra esa riqueza y sabiduría de orquestación que ha de con- , , Ante la figura imponente de España está el Duero, y el noble
seguir Ja Comedia muy pronto, sin embargo, Cervantes la maneja no enfrenta ese reposo macizo con la pintoresca dispersión de sus
con gran destreza y con intención¡ artística indudable. afluentes. Ambas personificaciones exponen el concepto histórico
E!. endecasílabo en su forma estrófica de octavas ha estado ex· d~ .~ época del Barroco : la edad antigua, con su característica "7 •
< presando valores morales, se ha movido con una retórica sobrie- d.1v1s1ón. en estados-ciudades y su dependencia del extranjero, feni-
1
dad, y, apoyado en el juego de rimas del mismo comienzo, produce etos, gne~os, romanos; y la edad moderna, que empieza con los
ese efecto de sujeción de un color tan uniforme y oscuro, aunque godos, qmenes vengarán a España de los romanos y de la misma
sin nada sombrío. Estas notas se ,desarrollarán en las jornadas si- Roma, por dos veces (conde de Borbón, duque de Alba) en manos
guientes, apoderándose del tono trágico. Pero es al salir la figura de los españoles. Cuando reine el que
España cuando logra una unidad ,de timbre magnífica. consiguien· será llamado, siendo suyo el mundo,
do el gran verso que sirve de fondo a la personificación : el segundo Felipe sin segundo.
¡Alto, sereno y rspacioso cielo! Debajo de este imperio tan dichoso,
serán a una corona reducidos,
Es el cielo atmosférico, cuyos trrs adjetivos están sosteniendo el por bien universa/ )1 a tu reposo,
ademán y el porte escénico. Al m¡smo tiempo es el cielo espiritual, tus reinos, hasta entonces divididos.
al cual se eleva en súplica la voz atormentada: El jirón lusitano, tan famoso,
1
que un tiempo se cortó de los vestidos
¡Alto, sereno y ~f pacioso cielo, de la ilustre Castilla, ha de asirse
que con tus influe"'fios enriqueces de nuevo, y a su antiguo ser venirse.
la parte que es maypr de este mi suelo
y sobre muchos otrhs le engrandeces: Españ.a en su lamento presenta el estado antiguo, multiplicidad y
muévate a compasi&n mi amargo duelo, esclaVJtud: el Duero en su profecía contempla la perfección hacia
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la cual tiende la historia, que :convierte el fraccionamiento en uni- si se acrecientan ellas con la vida,
dad, la esclavitud en dominio,' y la solidaridad con los godos, po- y suele tanto más ser excelente
niendo a los pies de España n¡il victorias futuras. cuanto se muere más honradamente.
La primera jornada de índole expositiva tan estática tiene ese
final tan externamente parad~, pero adviértase que precisamente Muerte-vida, el tercer tema de la obra y el principal: abrirse > ·
con las personificaciones entran en la escena dos movimientos de paso a la vida por la muerte. El Numantino segundo apoderándose
dirección contraria, dos fuertef corrientes de acentos opuestos: la del último verso desarrolla la idea de morir con honra, y el Nu-
'¿\ caída de N umancia y el levantrmiento de España, lamento y profe- mantino tercero vuelve a hacer aparecer el hambre como tema me-
1 cía. Un derramamiento caudalf so del dolor que no puede ser dete- lódico. Los tres numantinos han tenido una parte muy destacada,
nido, al que se opone el cauce ¡nuevo por donde ha de correr un fu- que ha resaltado más por haber recitado cada uno una octava, tres
turo dichoso, futuro que es í'resente para los espectadores de la en conjunto, que han sucedido a las tres que respectivamente han
tragedia. Al profetizar, el Due o dirá que no puede dejar de cum- pronunciado Teógenes y Caravino, en total nueve octavas que for-
plirse el destino de Numancia, por eso a él se le confía la introduc- man la primera mitad de esta escena, tehiendo la segunda mitad
. ' :: ción del segundo tema melódi{.'o de la obra: "El _fatal, miserable y otras nueve. Cinco las dice el Numantino cuarto, el cual cree que
· triste día." Escipión (la guerrw¡ ha expuesto el pnmero, el hambre. se debe intentar el desafío (a), y propone (b) que se trate de ave- ·
/ · Con la jornada segunda e!Dpieza verdaderamente la obra. Del riguar el futuro y (c) que se baga un solemne sacrificio a Júpiter.
~ campamento romano pasamos~!a la ciudad .sitiada, donde tiene lu- El Numantino cuarto al final pone de relieve el juego de rimas
gar una asamblea deliberante. Están reunidos Teógenes, Caravino, que acabamos de oír: nunca "falta tiempo''. siempre se está "a
cuatro numantinos gobernador s de la ciudad, y el hechicero Mar- tiempo", que no se pase "en balde el tiempo". Marquino recapi-
quino. Están sentados. Teóge¡nes muy brevemente da cuenta del
estado de la guerra y pide que propongan soluciones. A las tres
octavas de Teógenes contesta~' ravino con otras tres, proponiendo
(a) que "a nuestros enemigos convidemos / a singular batalla" y
si los romanos na aceptan q e (a') "este foso y muralla que nos
tula: sacrificios, desafío, agüeros ; Teógenes y Caravino se ofrecen
a salir al combate, y la escena se cierra con el tema del hambre.
Son 18 octavas, la escena segunda de la primera jornada tenía
también 18 octavas y lo mismo la escena tercera ; el parlam.ento de
España estaba formado por 11 octavas y por igual número· el del
!
veda / el paso al enemigo qu~ allí veo, / en un tropel de noche lo Duero. Cervantes siente una exigente necesidad de composjgQ¡;¡.
rompamos, / y por ayuda a lOf amigos vamos." Termina Caravino, Cuando aparecen los dos amigos Marandro y Leonicio 1, se cam-
interviniendo entonces los tres¡ primeros numantinos, cada uno con bia de metro y de estrofa ; esta escena está escrita en redof!dillas.
una octava. A cargo del Num¡mtino primero corre exponer el sen- Junto al tema clásico de la amistad tenemo.§. .el del amor. Maran- ::;
tido de la obra, recurriendo Ie nuevo a la repetición de la última dro es el enamorado y sÜ-;Iíiigo le récri¡;;i~a su pasión:
palabra del verso:
¿No es ir contra la razón,
siendo tú tan buen soldado,
O sea por el oso o por la muerte,

. . ,. . .r _.
andar tan enamorado
de abrir tenemo paso a nuestra vida:
en tan extraña ocasión?
que es dolor i9ufrible el de la muerte,
si llega cuando más vive la vida. 1 El aprendizaje para la función de esta pareja quizá lo hiciera Cervantes
~,. en la Eneida, lib. 9.

- -...-.,~-.,-""'·""'"·------·-·· ...,,,_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _:!!"·-


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Marandro le responde : en direcciones opuestas. El ritual se desarrolla lento, mientras ro-
cían el fuego con el vino, los rayos cruzan el cielo y suenan los true-
En ira mi ~echo se arde nos, acompañamiento de una pelea que sostienen las águilas con
por ver que hpblas sin cordura.
otras aves. Las águilas vencen, se van acumulando los presagios ad-
¿Hizo el amor, por ventura, versos, los rayos y los truenos aumentan, hasta que un demonio
a ningún pec~o cobarde? arrebata la víctima. Los sacerdotes no han podido aplacar al Cielo
'?
1

Es el amor honesto. La acción he['oica colectiva se mueve en gran-


des planos, por su enorme masa épica trepa y se eleva una voz,
________
inclemente y ya sólo queda acudir a Marquino para saber toda la
extensión del mal. En esta escena se anticipa el desenlace dé la ·ol>ra:
._

un acento lírico, el de Marandro. ,De un lado, la acción se genera-


5 liza hasta ir a dar a las personi~caciones: España, la Guerra, la
Aunque lleven romanos la victoria
de nuestra muerte, en humo ha de tornarse,
) Fama; de otro lado, adquiere un~ voz humana, un gesto atormen- y en llamas vivas nuestra muerte y gloria.
/ tado, que el impulso del amor o Ja responsabilidad del mando o
1
' la revelación del destino -individual y colectivo- como heroísmo
subliman, elevando el horror hasta¡ la belleza: Marandro, Teógenes, Si el oído ya había sido dominado por la alternancia de muerte y
Bariato. · vida, ahora vemos transformarse la victoria en humo y la· muerte
La tragedia comenzaba con la yisión de todo el ejército romano eñ11amas vivas, llamas y humo que en la acción ritual se dirigían
entregado a la molicie, dominado por la Venus cipria y el rojo Baco. hacia oriente y poniente. La victoria se convertirá en nada, la >
<Al amor lascivo, que hace muelle ial hombre y lo ablanda, se opo- muerte en vida.
ne el amor honesto, que incita al ~ombre a traspasar los límites del El hambre atormentará a los. hombres, el_!_ri_ste es~ctá<;ulo se
deber en busca de esfuerzos máxll¡ios. En su transporte lírico, Ma- apoderará de sus corazones, ~ucha_agó_ni91_ en\re I¡¡ muerte y la vida.
"í randro hace coincidir exactamente l la vida colectiva con la vida in- El oído está ya sometido y atento a ese tejerse melódico de los
dividual: "También sabes que llegE / en tan dulce coyuntura / esta tres temas.
fuerte guerra dura, / por quien mi ¡¡Joria cesó." (Las otras dos figu-
La desventura del sacrificio la recoge Marandro, oponiéndose a
ras también hacen de su voz y de su destino cifra y compendio
su decaimiento moral Leunicio: "Marandro, al que es buen solda-
-recapitulación- de la colectivid~~.) Y en seguida entona el tema do / agüeros no le dan pena, / que pone la suerte buena / en el
del hambre: "De la hambre fatigapos." El pueblo llega para el sa-
ánimo esforzado, / y esas vanas apariencias / nunca le turban el
crificio. A partir de este momento fl amor honesto y heroico (siem- tino: / su brazo es su estrella o sino ; / su valor, sus influencias."
pre en redondillas) se entrelaza c9n la acción religiosa del pueblo
Disponiéndose a oír el dictamen de Marquino a quien ven llegar.
(tercetos) y la escena necrománticf de adivinación (octavas). Los
sacerdotes hacen sonar el tema di triste : El escenario se queda vacío para que haga su solemne entrada
el hechicero, acompañado únicamente de Milbio, el cual le indicará
Ha gamos nuestro pficio con la priesa dónde está la sepultura que buscan. Todavía en tercetos se modula
que nos incitan los dI!üeros tristes. el teina de triste: "¿Dó dices, Milbio, que está el joven triste?",
que pasa a las octavas: "Agua de la fatal negra laguna, / cogida en
Se dispone el vino, el incienso, el agua; el fuego tarda en encen- triste noche, escura y negra" y recoge el Muerto: " ... Baste. triste,
derse y cuando por fin prende la tea, la llama y el humo parten baste", el cual hace sonar el tema muerte-vida -"pues otra vez la
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muerte rigurosa / triunfará de mi vida y de mi alma"- como antes ejército y después cómo Escipión se dispone a la guerra (z), ter- (
el acompañante había hecho con el del hambre. minando con el movimiento doble de las personificaciones. La jor-
Los tercetos del breve diálog<¡> entre Marquino y Milbio están nada segunda ;tiene lugar en Numancia, primero vemos a los nu-
uniendo esta escena a la anterior¡ separadas por las redondillas ~e mantinos disponiéndose a la guerra (z), y después al amor (y) ho-
Marandro y Leonicio, y en seguiqa se sirven de Ja octava. El sacn- nesto convirtiendo al hombre en un héroe -el desaliento de Ma-
ficio ha tenido al mismo tiempo un movimiento pausado y una pin- randro es el desaliento del héroe-. la jornada segunda termina con
toresca movilidad, el elemento pi\itoresco agita el ánimo y lo des- el doble cuadro del sacrificio y la necromancia.
lumbra, viéndose sacudido constartemente por un nuevo tormento. En la Asamblea deliberante, los numantinos habían decidido
Ya agotados, penetramos en la Jcción mágica. Ahora todo es re- proponer un desafío (a) y en caso de que los romanos no lo acep-
concentración, que la oscuridad ace todavía más densa, pero en taran salir en tropel (a'); además querían conocer el futuro (b) y
medio del mayor abotargamiento, El hechicero deja oír su voz de hacer sacrificios a los di.oses (c) . .EL.orden-de·,.,sto& cuatro .momen-
mando, el largo período de la oct~va se conmueve con el movimi.en- to¡¡._ como ocurre de manera tan . carac(erísticl\ en el Barroco, se
to interrogativo; el mago ejerce ~u poder cada v~z c?n mayor nn- alter~:--los dos"'últiinos ·(b·y éf,~án .sido los primeros en tener lu-
perio, sujetando las fuerzas elemeµtales a su obediencia. El Muerto gar,..precisam~!iie 'e.n.~sentido. i11.vers9 .c y b. Con lo cual la enu-
sale para dejarse caer en el escenario, y Marquino redobla su vio- meración emocional pasa a tener una secuencia lógica: primero
lencia, azotando el cuerpo amortfjado: los sacrificios a los dioses, después los agüeros, e inmediatamente
Alma rebelde, vu,elve al aposento la jornada tercera comienza con la proposición del desafío, que Es-
que pocas horas ha desocupaste. cipión se apresura a rechazar. La escena está escrita en octavas y
Y a vuelves, ya lo muestras, ya te siento, ha tenido lugar entre numantinos y romanos ; éstos no vuelven a
que al fin a tu pesar en él te entraste. aparecer en toda la jornada, que en cambio se llena de mujeres.
Violento contraste que lleva consigo un violento cambio de tona-
El cuerpo se estremece y ante los espectadores la muerte se hace lidad.
vida. Cervantes ha competido con los grandes poetas de Roma. El Rechazado el desafío, Teógenes (segunda escena) en tercetos
Muerto al hablar, con todo el dolor de la vida, no sólo declara el propone la salida en tropel, advirtiéndole Caravino que las muje-
fin de Numancia, sino que continúa exponiendo el sentido de la res se opondrán, y efectivamente éstas llegan con niños en los bra-
obra: zos y de la mano. La acotación da la entrada a cuatro mujeres y )
el amigo cuchillo, el homicida a Lira, doncella, pero '8610-hablan tres mujeres y Lira. La Mujer
de Numancia será, y será su vida. primera en tercetos, las Mujeres segunda y tercera y Líra en redon-
dillas. Las redondillas son el núcleo de esta escena, que va a ter-
Marquino se suicida, y Marandro hace suyo el sitio de la ciudad : minar como empezó, en endecasílabos, pero esta vez en forma de
De toda nuestra ventura octava. Así Ja MujeLJJrime!l!_~ _<:g!L~!!§ Jetl'!<t.O.s la intervención
cerrado está ya el camino. \le lM_¡nuk~!~c;•.!QL1!9.!!!2rsU..J_\!<m!>l~ ~~!le l?s _!los temas
-hambre •. muerte-xid¡¡- que van a adquirir una gran brillantez
Leonicio tiene que animar al ena)tiorado soldado. en -¡~,treilóñd:fuas; uno de los hombres, Marandro, había enun-
La jornada primera prologal h;t tenido lugar en el campamento ciado el otro tema: "los tiernos hijos vuestros en los brazos f las
\ romano. en ella habíamos visto ~¡ amor (y) lascivo adueñado del tristes traen". La Mujer primera ha hablado en ocho tercetos y el
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cuarteto correspondiente. En un juego escénico de seguro efecto, Lira, por último, también ruega a los hombres que no las abandonen
siempre dentro del ritmo estático de la obra, cada una de las y que no busquen la muerte sólo, para ellos. Estas razones las dice
otras mujeres y Lira dicen ocho redondillas. Recuérdese la actua· mientras deja oír el tema de triste y el de muerte-vida, pero no el )
ción de los tres numantinos en la ,jornada anterior. del hambre. Téógenes ·cierra la ·eseena destacando la melodia prin·
cipal: "jamás en muerte o vida os dejaremos; / antes en muerte o
MUJER SEGUNDA. ¿Revolvéis aun todavía vida os serviremos" "pues fuera quedar vivos aunque muertos».
en la triste fantasía Renuncia a la salida, exigiendo sacrificios ¡náximos, y cuando ex·
de dejarnos y a11SCntaros? clama: "mil siglos durará nuestra memoria", recordamos que el
Duero había profetizado "que no podrán las sombras del olvido /
Si al foso queré(s salir, oscurecer el sol de sus hazañas". Teógenes manda a Jos numantinos
llevadnos en tal salida, qu<; se apresten a quemar todos sus bienes, advirtiéndoles que esta
porque tendremqs por vida orden no es nada comparada con la que dará en cuanto todo esté
a vuestros lados, morir. abrasado.
..................... ................ . ~
Se retiran, y, al irse, Marandro detiene a Lira. Leonicio entra
No apresuréis eJ: camino sin que Je vean. Marandro entona el tema muerte-vida, al cual se
al monr, porque su estam bre
• 1

une inmediatamente el de triste, y Lira que en su actuación anterior


cuidado tiene la ,hambre fue la única que no habló del hambre, ahora lo ataca con una
de cercenar/a cobtino. abrumadora insistencia :
MUJER TERCERA. ~¡'.~~-~~-~~~-,~~~~-~-~~~~:. Que me tiene tal la hambre,
que de mi vital estambre
~'.':'.t.~.~~.~~.~1~.~~.'.~~~~--- llevará presto la palma.
y que vuestras madres tristes
también libres aj criaron . Mi hermano ayer expiró,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡. . . . . . . . . . . . . . . . .
de la hambre fatigado;
que, como os dieron la vida, mi madre ya ha acabado,
ansimismo os det la muerte. que la hambre la acabó;
y si la hambre y su fuerza

r
no ha rendido mi salud,
De la Mujer tercera es todavía ~s~ redondilla, ~~ya vibración de· es porque la juventud
bió encontrar una gran resonancia el Romanüc1smo: contra su rigor me esfuerza.

¡Oh muros de lsta ciudad! Uniéndose a Lira inmediatamente Marandro:


Si podéis hablar, '¡fecid

'T"'
y mil veces repetz(l: y aunque la hambre ofendida
te tenga tan sin compás,
,N_.... de hambre no morirás

-~~:rw:,:jl!:.A:}:'"~*:;;;:··:~;::·i-~:.===r111::::i':s~1 1111-!::::;;;;;;::1 1
1
272 El teatro de Cervantes Numancia 273
mientras yo l'viere vida. patética belleza que sobre el fondo de llamas hace resaltar el tema
Y o me ofrez10 de saltar del hambre modulado en todos los acentos, y que da al amor en
el foso y el r¡¡uro fuerte, la guerra su tono más desgarrador. En Ja jornada segunda el sacri-
y entrar por /a misma muerte ficio y los agüeros hacían que la acción se viera rodeada de una
para la tuya¡xcusar. fuerza mágica trascendente, en la jornada tercera -que también
termina bipartida: fuego, hambre- el elemento femenino en su
Lira quiere impedirlo, como as mujeres impidieron que los hom- lamento, en su queja, en su reproche y su súplica, con su amor de
bres salieran en tropel, pero, ante la decisión irrevocable, abraza esposa, de madre, de amante, en grupo y en Ja figura singular, ha-
a su amado. Marandro, pues, llevará a cabo solo la salida en tro- ce que el heroísmo varonil toque las más hondas profundidades
pel, él es la figura en la cual ' resume y compendia el espíritu gue- del dolor y la tortura espiritual. El gesto escueto del hombre, su
rrero de la Ciudad; él es e1 que romperá el cerco del hambre. decisión acerada, tiene esas mil lenguas del dolor femenino y el
, <Marte y el amor honesto se upen también en Marandro, el cual se sufrir infantil, Mujeres y niños hacen serpentear a raudales por la
dejó arrastrar por el desalien¡o cuando oyó a los sacerdotes y a superficie bruñida del valor el retorcido tormento de sentirse en
Marquino los tristes agüeros ~obre el final de la lucha de Numan· las garras de la muerte. El impulso sexual, la alegría erótica de la
cía, teniendo que ser animadr por su amigo ; ahora es Leonicio satisfacción feroz del deseo que hay siempre en la lucha, ha des-
quien exclama: aparecido de la Historia. La Madre exclama :
Terrible ofrecim¡e['to es el que has hecho, ¿Qué mamas, triste criatura?
y en ~l. Marandro, se nos muestra claro
1
¿No sientes que, a mi despecho,
que no hay cobardr enamorado pecho. sacas ya del flaco pecho,
por leche, la sangre pura?
Leonicio quiere acompañarle, a pesar de las súplicas de Maran- Lleva la carne a pedazos
dro para que no lo haga, dr'do ocasión a esta estrofa sobre la y procura de hartarte,
amistad: que no pueden ya llevarte
¡Oh amistad de ¡ni alma venturosa! mis flacos cansados brazas.
¡Oh amistad no e4 trabajos dividida,
ni en la ocasión m¡ís próspera y dichosa! Es algo más que el horror de la tragedia senequista. El combate I
1 '
antiguo, el encuentro del feudalismo, Lepanto, el tremolar de las
Esta escena del amor y la gu~rra termina en tercetos y con el tema banderas y chocar de Jos escudos y las espadas ya no se vivirá
de triste como había empezad\>. La jornada llega al final en octavas sino de una manera intelectual. Sólo Napoleón podrá hasta cierto
y redondillas. Los dos t~mas 1-triste. muerte·vida- continúan en- punto resucitarlo. Numancia está vista como un espectáculo lamen·
trelazándose, mientras que el fuego con una gran lentitud consume table y triste en que la carne se desgarra a pedazos y de los pechos
todas las riquezas: perlas, Qro, diamantes, rubíes, púrpura, bro- maternos salen tallos de sangre.
cado, y al anunciarse que ya s'e ha dado la orden de que nadie que- La jornada cuarta comienza en el campamento romano. Alboro-
de con vida, una mujer -reducción de las cuatro anteriores-- apa- to y alarma. La primera octava la dice Escipión, con más temor de
rece con un niño de la mano y otro en los brazos. grupo de una que su ejército se amotine (ese ejército que había estado dominado
CERVANl'ES.-18
274 El teatro de Cervantes Numancia 275
por el amor lascivo) que de que los .n mantinos se hayan atrevido morir. Lira se queda en su calvario femenino, en su soledad, desam-
parada:
a romper el cerco ; pero le tranquiliza uno de sus capitanes, quien
le cuenta la proeza del amor honesto: Fortuna, ¿por qué me aquejas
con un daño y otro junto,
Dos numantinos, con ~berbia frente, y por qué en un solo punto
cuyo valor será razón se alabe, hu4rfana y viuda me dejas?
saltando el ancho foso y la muralla,
han movido a tu campo cruel batalla. Este Dolor no tiene ensimismamiento hipnótico, de las entrañas
desgarradas brota una suave melodía ("Dulce esposo, hermano tier-
Marandro y su amigo, causando cien muertes, han logrado coger no" "Dulce esposo, hermano amado") que va a concluir en Ja muer-
un poco de pan : te. Ya la Muerte se ha adueñado de la acción, pero apenas ha plas-
El uno de ellos se escfpó huyendo; mado ese grupo de Lira teniendo en su regazo a su amante y cerca
al otro mil espadas le acribaron; de ella a su hermano, cuando la escena pasa a las octavas y sale
por donde infiero que Ia hambre ha sido una mujer huyendo: no quiere morir. El soldado que la persigue,
1 tan subido.
quien les dio atrevimiento en cumplimiento del decreto del Senado numantino que ha orde-
nado quitar la vida a todas las mujeres, es detenido por Lira para
Esta escena cuenta la acción según ext·encia de la técnica teatral; que la mate a ella. El soldado no se atreve a causar la muerte de
al mismo tiempo sirve para introduci a Marandro en Numancia. la hermosura de Lira (respeto a la belleza, que es, por cierto, un -,
Leonicio es el que ha quedado en el ca po de batalla ("Amigo que tema muy cervantino; reaparece en el Coloquio de los perros), y
te has quedado, / amigo que te quedar.te: / no eres tú el que me entonces ésta le ruega que le ayude a sepultar los dos cadáveres. La
dejaste, / sino yo el que te he dejadf). Marandro sale a escena escena, que deja oír una vez más el tema de triste y el de muerte-
para morir; viene lleno de sangre y c9n un cesto de pan. Después vida, termina con la misma rima con que empezó la obra Escipión:
de las primeras ocho redondillas -lan:iento dulcísimo por la muer- carga. El Capitán romano se sentía abrumado por el deber, Nu- )
te de su amigo-, que hacen juego coy las ocho últimas en labios muncia está abrumada por el dolor.
de Lira, los dos amantes se encuentfan -muerte-vida, hambre, La mujer que cruza la escena huyendo sirve de contraste con
triste-, y Marandro señala su función¡: su debilidad a la fortaleza· de toda la Ciudad. La huida hace al do-
lor aún más agonizante. Los dos versos con que la mujer irrumpe
V es aquí el pan que ¡?uardaban
en escena dan la calidad humana del heroísmo, muestran el desfa-
ochenta mil enemigos,
llecimiento necesario. Esta mujer tiene todavía otra función: pre-
1

que cuesta de dos amigdr


para la escena más larga del muchacho que teme a la muerte.
las vidas que más amab"!'. Se llevan los cuerpos, y -~¡¡,!¡:n..tres m¡.¡j~ .Que ,signit\i;:a¡i la Que-
n:~:..~ §1.fevneda_i.x.,SJ,_;ijl)!!Jbre.. Las personificaciones vuelven a
Lamento de Lira -triste, muerte-vid-ª::-• que también subraya el
dar a la tragedia un aire estatuario. La Guerra se dirige a sus eje-
papel de Marandro ("hiClS!eün,;:-;lida"), teniendo a su amante
cutores más asiduoiq;íári.-Cfúeño césen en la destrucción, y recuer-
muerto en su regazo. Esta forma del Dolor -mucho más próxima
da la profecía del Duero, pues si ahora se ceba en los españoles,
al corazón atravesado de siete puñales que a la Pieta- se completa
tiempo vendrá, dice, en que se ponga a su servicio, augurando Ja
con la llegada del hermano -hambre- que también viene para
CERVANIES, - JS•
276 El teatro de Cervantes Numancia 277
ocas1on en que sea llevada por todo el orbe, cuando reinen Fer- colectivo pasa de los labios de la personificación a la figura de Teó-
nando, Carlos y Felipe. En medio de tanta desolación -" ... soy la genes, el cual va a matar a su mujer y a sus hijos antes de buscar'
poderosa Guerra / de tantas ihadres detestada en vano" ComI_>· su misma muene.
Be/laque matribus detestara, Horacio, Odas, I, l, 24-25-, el SI· Si Marandro representaba el valor de los ciudadanos de Numan-
( glo XVI aún podía sentir la fascinación de la Guerra como instru- cia, Teógenes es la concretización visible y abarcable de la ciudad;
/
1 mento de justicia. i él ha sido el que ha dirigido la lucha contra Roma. Teógenes había
La Enfermedad declara que1 no tiene nada que hacer, pues el presidido la Asamblea deliberante, y es él el que ha dado la orden
Hambre se encarga de acabar con los numantinos, y los que todavía de que todo se queme y todos mueran:
y
viven, dominados por el furor la rabia -secuaces también de la
Y o soy, consorte amada, el que primero
Guerra-, se matan entre ellos. El Hambre habla, sus descoloridos
( labios de muerte pintan con ~etáfora tradicional el terrible cua- di el parecer que todos perezcamos
' dro: por todas partes llamas y un horrible estruendo. antes que al insufrible desafuero
1
del romano poder sujetos seamos.
Cual suelen las ovejas descuidadas,
siendo del fiero lobo' acometidas, Y así en Marandro -denegado el combate individua!, irrealizable
andar aquí y allí descarriadas, la salida- hemos visto la encamación del arrojo de los numanti-
con temor de perder ,las simples vidas, nos, en Teógenes vemos ~¡ sacrificio de la gran familia reducido a>
tal niños y mujeres desdichadas, los términos abarcables dramáticamente de la propia familia. La
viendo ya las espadas homicidas, esposa se presta de buen grado a morir, sólo pide ser sacrificada
andan de calle en calle, ¡oh hado insano!, en el templo de Diana. El tema del hambre. que después de descar-
su cierta muerte dilatando en vano. gar toda su fuerza trágica se ha convertido en figura, aún deja oír
1

'
una ba!buceante variación. Dice el hijo: "Mejor será, mi madre.
En esta estrofa quedan plasmadas las últimas horas tempestuosas que comamos, / que la hambre me tiene fatigado." Y contesta_ la
de Ja Ciudad. La Guerra, esa catástrofe inventada por el hombre, esposa de Teógenes:
desata toda su crueldad, su brutal ceguera; la naturaleza humana
compite con la naturaleza física en sustituir la creación con sentido V en en mis brazos, hijo de mi vida,
por Ja destrucción insensata. La esposa muere a manos del esposo, do te daré la muerte por comida.
el hijo mata a la madre, el padre al hijo:
El tema del hambre se hace uno con el tema de muerte-vida. La
>
No hay plaza, no hay' rincón, no hay calle o casa
1
escena se interrumpe con la entrada de dos muchachos, uno por fin
que de sangre y de muertos no esté llena; se resigna a morir, y otro que se va a esconder a una torre de su
el hierro mata, el duro fuego abrasa padre. Ese temor a Ja !DUe~. ,que realza la inmensidad del heroís-
y el rigor ferocísimo condena. mo de Teógenes, ha sido introducicjo con breve eficacia dramática
úñ- momento antes (apoyatura de la tragedia de Lira). La escena
Cervantes maneja .J!!l...&!ldec.11~í@ho desc_dpjjyo bien ,acentuado; su prepara el final de la obra, además tiene otra función: la de marcar
<. pÍuma.épica- se desliza fácilmenfe. aunque no con faci1idad dema- tiempo para que Teógenes pueda llevar a cabo el terrible sacrifi-
,;.io "'"· " " - ' " ' " r;m;~- i..o~. ru ~'""""' ficio. En cuanto el muchacho que ha decidido irse a la torre se va,
278 El teatro de Cervantes Numancia
279
sale Teógenes. Su figura tiene el aire monumental que Je da la
¡Oh cuán triste espectáculo y horrendo
"airada furia" y el "dolor insano'!; pidiendo Ja muerte como Ja pe- se me ofrece a la vista!
día Lira, abandona Ja escena. 1

La jornada cuarta ha tenido l!asta ahora dos núcleos principa- que reaparece cuando se vuelve a Ja rima:
les: Ja muerte de Marandro en eJ regazo de Lira, y el sacrificio de
Ja familia de Teógenes, ambos momentos separados por Ja Gue- El lamentable fin, la triste historia
/ rra y sus secuaces. Reforzando Ja 'escena de Teógenes han aparecido de la ciudad invicta de Numancia
Jos dos muchachos, cuya intervención había sido preparada por merece ser eterna la memoria.
los dos versos de la mujer que tiene Ja misma función en Ja escena
de Lira. La jornada que comeUZllba con la alarma y griterío en el El que dice estos tercetos, Mario, hace buena la profecía ("Aunque
campamento romano, ha sido toda ella una ráfaga de dolor, cuyo lleven romanos la vitoria / de nuestra muerte, en humo ha de tor-
movimiento dramático y desalent~dor las personificaciones fijan es- narse." Jor. II):
tatuariamente, pero Ja mujer perseguida y los muchachos huyendo pues en humo y en viento son tornadas
lo acentúan. · las ciertas esperanzas de vitoria.
Al retirarse Teógenes, volvemos al campamento romano. Por
única vez se utiliza el endecasílabo suelto. La ausencia de rima está Mario cuenta que ha presenciado Ja muerte de Teógenes y oído
!. expresando el silencio mortal que cubre la acción, su ensordecimien- sus \iltimas palabras:
to. El ruido y el ir y venir, la agitación de las llamas y de Jos hom-
bres, Jos suspiros y quejas, el .crepitar del fuego, todo cesa y es .. · ........................... Clara fama,
sustituido por una espesa capa de quietud, que el verso suelto ocupa aquí tus lenguas y tus ojos
adensa. El silencio llena Ja esceqa; dice Escipión con un sonido en esta hazaña, que a cantar te llama.
sordo: :
Si 110 me engaña el pensamiento mio, Versos que recuerdan lo profetizado por el Duero y por el mismo
o salen mentirosas las 'señales Teógenes y que van llenando la escena de Ja sonoridad necesaria
que habéis visto en Numancia del estruendo para la apoteosis final.
y lamentable son y ar1iente llama, En vano. b_uscan un numantino con vida; al no encontrarlo pro-
sin duda alguna que re,celo y temo rrumpe Esc1p1ón en una bella, breve y retórica queja en Ja cual
que el bárbaro furor dfl enemigo so;iirendemos la naturalidad y elegancia con que se p:mía ser do-
contra su propio pechÍ{ no se vuelva. mmador en el Barroco, que va de la mirada de Felipe II a Ja pom-
Todo está en calma ~ en silencio puesto, pa de Luis XIV, _heredero de Roma a través de España:
como si en paz tranquila' y sosegada
· estuviesen los fieros n1mantinos. ······························mi pecho,
para vencer y perdonar nacido 2•
Es la paz, la calma y el silencio ~e la muerte. Escalan la muralla, 2
Para la formación de esta figura moral, corriente en el Barroco euro-
y poco a poco va apareciendo toda la tragedia, hasta que el tema peo, ~om~ese: "lila, altera una inclusarum mulierum vociferante: Viva
de triste encuentra su verso, cifra y compendio del mundo latino: ca~ns, o misera .aeo~tra, C<?nvers~, ut vidit Proculeium, sica, qua turn forte
acc1ncta erat, fenre se 1psam 1ntend1t; sed Proculeius celeriter accurrens eam

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280 El teatro de Cervantes Numancia
281
( Pero vive un numantino, es el muchacho que ha huido a encerrarse
· en una torre, Bariato. Con él, tenemos el tercer núcleo de la joma- ma ~anera,. el mue.hacho se arroja de la torre, pero esta caída es
{ una unagen. la caida de Numancia, que en seguida se completa
da y el movimiento final. El sonido sordo del verso suelto ha esta- en boca de Escipión:
do dando forma al silencio, y poco a poco el terceto va animando
el verso hasta transformarlo e~ la octava que ha de expresar el Tú con esta caída levantaste
heroísmo de Bariato. El muchacho -figura de púber que nada tie- tu fama y mis vitorias derribaste.
ne que ver con el romance y en la que se sublima la acción horren-
, · da haciéndose belleza- es lo, última cristalización de la tragedia, Es la ~da y l".vantamiento que España y el Duero habían expuesto
·' su recapitulación: ' en la prunera ¡ornada. Es el sentido de la obra que se había con- \\
fiado al tema muerte-vida. Dice Escipión:
Todo el furor de cuantos ya son muertos
en este pueblo, en polvo reducido; Con tu viva virtud, heroica, extraña,
todo el huir de los ¡}petos y conciertos, queda muerto y perdido mi derecho.
m· el dar a sujeción jamás oído,
SUS iras, SllS rencore$ descubiertos, Con lo. cua! la tragedia pagana (el sentido antiguo de la Fama)
está en mi pecho solamente unido. queda unbmda de sentido cristiano (todavía Escipión):
Yo heredé de NumcJrcia todo el brío;
ved, si pensáis vencerme es desvario. por haber, derribándote, vencido
al que, subiendo, queda más caído.
·
Banata expl'tea su h u1·da y su arrepentimiento crzstzano, su
1 · · · ·
conver~

sión: "Que si a esconderme aq*í me trujo el miedo / de la cercana El e11ít~tº:tLWS2 latiqg se ha convertido en una acción triste,
y espantosa muerte / ... y el errpr de mi edad tierna inocente / pa- que ha encontrado un armónico horrendamente patético en el tema
garé con morir osadamente." ~ termina: del hambre, para convertirse en esa alegría final cristiana de la /
muerte .'l\l"-..!'S vida, vida inmortal. ,,
Pero muéstresf ya el intento mío, Éste es el sen:ldOC!ela obra, sentido íntim<;> y profundo que .se ·
y si ha sido ell,amor perfecto y puro expresa por medio de la lucha de Numancia contra Roma. Este
que yo tuve a mi patria tan querida, conflicto históricamente ha suplantado y deformado el sentido de
1
asegúrelo luer esta caída. la obra, haciendo que el sacrificio numantino sirviera para sostener
el pa~riotismo a l? siglo XIX. Pero Cervantes no podía prever que
La acotación dice: "Arrójase e\ muchacho de la torre, y suena una l~s cmdades ~spanolas serían cercadas por el enemigo, y que su
trompeta, y sale la Fama, y dire Escipión." "Suena una trompeta, e!emplo de virtud se yarticularizaría en ejemplo de virtud patrió-
y sale la Fama", esto es, suena la trompeta de la Fama. De la mis- tica.. A finales del pnmer Barroco, en la época en que Cervantes
e."".nbe la Numancza, los españoles eran los que sitiaban, no los
utraque rnanu corripuit, et, Te ips,m Caesaremque injuria afficis, insignem
sitiados Y por dos veces, como él mismo se complace en recordarlo
ei humanitatis suae demonstrandae occasionem praeripiens et perfidiae ani~ h.abían tenido a Roma bajo su poder. Es claro que la España deÍ
Sigl': XI~ Y ?e
tae, Parisiis, Didot, 1862, volumen r·
mique implacabilis insimulans cleoientissimum imperatorem." Plutarchi Vi-
p. 1135 (Antonius, LXXIX).
!?dos los siglos puede encontrar en esta obra una
alta lección 1nsp1radora, pero el valor de Jos numantinos vencidos

~Y4 ...'.~~···Z:f_f 3 ·5'Afl., .. ~, __ fr.1&.JI:&,; ._


282 El teatro de Cervantes Numancia 283
.:: es una prefiguración en el sentido cristiano del valor de laJ;jspaña personificaciones ; al segundo se le confía el amor y el dolor. El I
/, vencedora Ce~ Dice la Fama:
de .....,_,... -· · verso no llega siempre a la altura poética y la rima frecuentemente
....,.__.....,..,-
-~~.-

le acompaña en ese bajo nivel, esto no impide que en muchas oca-


Indicio ha dado esta no vista hazaña siones tanto uno como otra estén empleados con gran sentido poé-
del valor que en los siglos venideros tico, retórico-dramático y estructural. Ejemplos de rima retórico-
tendrán los hijos de la fuerte España dramática los encontraríamos en arrogancia-Numancia y hazaña-
hijos de tales padr,es herederos. España; para la estructura, el contraste de la rima carga en boca
'
de Escipión y del numantino, o el uso de muerte y vida.
Escipión había ya encontrado esta rima al arengar a sus soldados, El verso épico o lírico alcanza momentos, algunos ya señala- -,
cuando había también unido N11mancia-arrogancia; frente al cuer- dos, de gran sugestión poética, y el movimiento estrófico es de una
po de Bariato se apresura a usarla de nuevo, y la Fama la recoge gran eficacia dramática y tiene una evidente función estructural.
para llenar el mundo con la gloria de Felipe II. No es un canto La versificación, aunque no con la complejidad, agilidad y virtuo-
para alentar a sitiados, sino pára confirmar en su valor a sitiado- sismo de la plenitud y finales del Barroco, está usada con gran se-
res, y en mi opinión nunca se il¡sistirá bastante que éste es un sen- guridad y potencia dramáticas y puesta al servic.io de la arquitec-
tido secundario. 1 tura de la obra: el paso del terceto a la octava, el contraste entre
Describiendo la tragedia C<:fl exactitud hemos encontrado su el endecasílabo y el verso corto, por último, el gran acierto del
sentido y también su forma. Ifspués de la exposición de la pri- verso suelto, que todavía es mayor si se le compara con las redon-
< mera jornada, viene la acción: sacrificios, agüeros, desafío y salida dillas de la primera jornada.
en tropel. La imposibilidad de µevar a cabo el desafío y la salida
<:da lugar a la acción de Marandrp y a las dos órdenes de Teógenes:
incendio y muerte. Esta armazó~ lógica sirve de cauce al desarrollo
de los acontecimientos y se revifte de un sentimiento lírico que se
expresa por medio de tres te¡nas melódicos : hambre, triste y
<. muerte-vida, en correspondencia¡ con las tres cristalizaciones de la
acción: Marandro, Teógenes, ~ariato, las cuales hay que verlas
1 en relación con las personificaci?nes: España, la Guerra, la Fama.
' El tema del hambre se apoya enl el doble movimiento del amor las-
civo y el amor honesto, el tema ¡de triste (epíteto latino) se expresa
en la doble acción, incendio y niuerte ; por último, el tema muerte-
vida acentúa la unicidad del senl_ido pagano-cristiano de la tragedia~
en sus dos elementos : caída y fevantamiento. f
La versificación tiene una fujlción primordial por lo que se re-
fiere a la forma, tanto desde el 11unto de vista del ritmo como de la
rima. El verso endecasílabo (octava, terceto, verso suelto) se armo-
niza con el octosílabo. El primero se reserva para Jos diálogos ex-
{ positivos, para la arenga, para ·as situaciones trágicas y para las