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La Revolución rusa, como todo conflicto de esta naturaleza, es multifactorial; no se le

puede atribuir una causa única. No obstante, es posible encontrar la desigualdad presente en
muchas de sus causas, como un componente en sí mismo y dentro de las causas y los
efectos de otros. La Rusia de principios del siglo XX tenía una población principalmente
rural, alrededor de 85 por ciento de ella eran campesinos.1 Constaba de una pequeña élite;
sin embargo, incluso esa élite no tenía representación política plena. Rusia era un imperio
donde la desigualdad política era exorbitante.

Algunas estimaciones de la desigualdad de ingresos en el periodo, entre los años 1904 y


1905, indican que el uno por ciento más rico controlaba entre el 13.5 por ciento2 y el 20 por
ciento del ingreso nacional. Las mismas fuentes estiman que el 20 por ciento más rico
controlaba entre el 44 y el 47 por ciento del ingreso. Tal distribución nos dibuja la imagen
de una sociedad muy desigual; no obstante, no la más desigual de su tiempo. Rusia tenía
una tasa de extracción aproximadamente del 55 por ciento. Países como el Reino Unido o
Francia eran ligeramente más desiguales con tasas de extracción por arriba del 60 por
ciento y porcentajes de concentración de la riqueza para el uno por ciento entre el 18 y
20por ciento.

Si bien Rusia era ligeramente menos desigual que otras potencias militares del periodo, sí
era marcadamente más pobre. Desde el fin de la Guerra de Crimea en 1861 hasta poco
antes del inicio de la Primera Guerra Mundial el ingreso per cápita en Rusia amplió su
brecha respecto a los otros países europeos. Pasó de ser aproximadamente 25 por ciento del
ingreso per cápita de Inglaterra en 1861 a menos del 20 por ciento del Reino Unido en
1913.3

Hay que combinar esta información sobre la distribución del ingreso con el hecho de que el
4.7 por ciento de la población tenía propiedad de la tierra 4 –sólo México antes de la
revolución tenía niveles de concentración más elevados de propiedad de la tierra. Aunado a
lo anterior, si bien la Rusia zarista no era tan desigual como otros países europeos y había
experimentado crecimiento económico como producto de su intento de industrialización,
los salarios desde la década de 1880 se estancaron e, incluso, declinaron ligeramente. Por
ejemplo, el pago al factor trabajo para trabajadores en fábricas declinó en valores
constantes entre 1897 y 1913,5 contribuyendo a la percepción de desigualdad en la
sociedad rusa. Todo lo anterior nos da una buena idea de dónde se encontraba Rusia en
términos de desigualdad económica desde una perspectiva internacional.

Otro factor con el que la desigualdad pudo combinarse como causa para la Revolución y
también como factor en la Gran Guerra fue la naturaleza del comercio global. La Rusia
zarista en su intento por alcanzar un mayor desarrollo industrial, como Inglaterra durante la
Revolución Industrial o Alemania desde su unificación en la década de 1870, optó por una
estrategia de integración a la economía global. Para lograr este propósito se dio a la tarea de
construir una red de ferrocarriles que pudieran integrar su gran producción agraria con los
mercados internacionales y que pudiera llevar otras materias primas y bienes hacia Rusia
para ser usados en su industria.

Como resultado de la especialización en las ventajas comparativas que el comercio


produce, algunas provincias rusas experimentaron ganancias como las regiones más
industriales, así como declives en las rurales. Como consecuencia, la desigualdad regional
se magnificó. Provincias como Petersburgo y Moscú, con fuerte presencia manufacturera,
los coeficientes de Gini en estas ciudades llegaron alrededor de 0.6 mientras otras regiones
a niveles tan bajos como 0.16.6

Igualmente, Rusia tenía un sistema impositivo sumamente regresivo que dependía


mayoritariamente de la recaudación vía impuestos indirectos que solamente incorporó un
carácter más progresivo conforme la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial
se volvió catastrófica. La participación del Zar Nicolás II en la guerra fue enorme, enviando
alrededor de 12 millones de soldados, de los cuales más de 2 millones murieron y 1 millón
más de civiles. Al desastre de la guerra le siguió el de la inflación descontrolada durante el
gobierno temporal de Karensky que sirvió como catalizador de mayor malestar social.
Cuando los bolcheviques tomaron por fin Petersburgo y el Palacio de Invierno, quedó claro
que la agenda política del nuevo gobierno tenía una fuerte percepción de la desigualdad al
interior de la sociedad rusa.

El Consejo de Comisarios del Pueblo rápidamente aprobó un decreto en el que la


redistribución por uso de la fuerza era una prioridad. Alrededor de 625,000 personas que
formaban la clase poseedora de tierras desapareció. Después de la revolución, la
desigualdad se redujo dramáticamente, una caída de 30 por ciento en el coeficiente de Gini
apenas unos pocos años después del fin del conflicto.