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La Numancia de Cervantes----- - - - - -- - -

Imagen fiel de la desconfianza del capitán de mer- En la España imperial del siglo XVI un escritor
cenarios frente a un ejército de hombres unidos por español prejuzgaba las contiendas de hoy y de maña-
una noble idea. Porque en la misma conclusión de la na, si cupiese la posibilidad de que nuestras luchas
tragedia, en la cual Numancia se da muerte a sí mis- de hoy no fueran las postreras , contra un enemi-
ma, venciendo con la muerte al invasor, vemos a éste go que siempre tendrá las mismas facciones capi-
dando la muerte, encontrarse con la muerte, que es la tales.
fama, y cómo ésta le vence. Vencido por sus mismos Que quien con la muerte juega, y el fascismo hace
trágicos medios, Escipión reconoce su derrota a ma- con la muerte algo más que jugar, acabará quemado
nos de un jovenzuelo español, que muriendo, puede en ella, mientras tras él, y en torno suyo, vuelva a sur-
más que su ejército incólume. gir, espléndida, la vida.

La Numancia de Cervantes jote y el Viaje del Parnaso , que escribió El rufián dichoso
y El licenciado Vidriera , El retablo de las maravillas y El
laberinto de amor, Numancia y La gitanilla, así tengan
todas su profunda unidad.
1 Hombre cabal verdadero lo fue Cervantes más
que Lope, más que Quevedo, más que fray Luis de
No hubo, ni digamos hay, escritor que se pueda com- León, pongamos por caso de vidas bien cargadas de
parar a Cervantes. Conocemos otros más agudos tal pesares; porque además estuvo en Lepanto y conoció
vez, más correctos quizá, más eruditos sin duda, nin- el fracaso de La Invencible: llega a la cima española y
guno tan cabal, ninguno tan honesto, ninguno tan advierte las barranqueras del despeñadero.
bueno en cuantos sentidos tiene la palabra. Ninguno Si el día de mañana, por un azar, desapareciera
capaz, como él , de multiplicar siempre la hermosura toda la literatura española de los siglos XVI y XVII y
por la bondad. sólo quedara su obra, con ella bastaría para recons-
Tuvo gran lástima del hombre, por serlo honrado truirla. Cervantes es el gran espejo de España, de la
y sin honrar como debieran haberlo hecho sus con- España de su tiempo, de la España mayor, con sus lu-
temporáneos, pero tanta era la fuerza -o la esperan- ces y sus sombras, sus esperanzas y desesperaciones;
za- que le dio saberse tal, que nunca dudó de la for- espejo vivo que halla en la resignación y en el laicismo
tuna venidera, para él y los demás. senequista la fuerza suficiente para resistir las injusti-
No se rindió en Argel, ni en prisión española, ni cias , y sonreír. Si hay algún escritor siempre vivo
le abatió jamás la desventura; siempre tuvo por norte -divino a lo humano- es Cervantes , los pies bien
la honra de ser escritor bueno, y si siempre se es, en hincados en tierra: «Quiero decir que los religiosos
parte, a quienes hacemos, Cervantes fue, en mucho, con toda paz y todo sosiego piden al cielo el bien de la
su propio Quijote. tierra; pero los soldados y caballeros ponemos en eje-
La poesía que definió para el Caballero del Verde cución lo que ellos piden, defendiéndola con el valor
Gabán es la poesía, 1 y no hay otra; aun en un mundo, de nuestros brazos y filos de nuestras espadas, no deba-
como el suyo y el nuestro, en el que «no me puedo jo de cubierta (como lo hacen los frailes) , sino al cielo
persuadir que haya hoy en la tierra quien favorezca abierto, puestos por blanco de los insufribles rayos del
viudas, ampare doncellas, ni honre casadas, ni socorra sol en el verano y los erizados hielos del invierno».
huérfanos [ ... }». Porque -«la pluma es la lengua del Como se es parte de lo que se hace, hijos o nove-
alma», y el alma de Miguel de Cervantes era, como su las, solemos ser desagradecidos con lo que nos hizo
pluma, seguramente mejor que ninguna. Miguel de Cervantes no le pide nada a Dios, ni nada
Tal vez ningún escritor abarcó tanto como él. No le agradece; ni siquiera en tantos papeles en los que de
se olvida, en índice, la totalidad de su obra, pero sí de sí mismo habla casi «puesto ya el pie en el estribo» .
hecho. Maravilla darse. cuenta de que es autor de li- ¿O es algo más que desagradecimiento? Ni en la de-
bros tan dispares cómo La Galatea y el Persiles, el Qui- dicatoria o prólogo de las comedias, ni en los de la se-
gunda parte del Quijote, ni en los famosísimos del Per-
siles, ya en las últimas congojas, va más allá de lo que !
1. «No ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poe-
mas heroicos, en lamentables tragedias, o en comedias alegres o artificio- le dicta su condición de hombre: «Ayer me dieron la l
f
sas [ ... }» extremaunción», y añade con la misma sencillez: «Y ¡
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26 SUPLEMENTOS ANTHROPOS/16
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hoy escribo ésta». «Llevo la vida sobre el deseo que nuestra grandeza que pasará por encima del gusto de
tengo de vivir -sigue-, para explicar que "si está las novelas de caballerías y el de las tragedias greco-
decretado que la haya de perder, cúmplase la volun- latinas traduc;:idas; no eran Palmerines ni Hécubas los
tad de los cielos''.» Los cielos, los mismos que Teóge- que quería el pueblo, sino Calixtos, Melibeas y Celes-
nes impreca en las escenas finales de la Numancia «de tinas; es decir, la expresión misma del Renacimiento:
justa piedad vacíos». 2 el hombre en la tierra, y en tierra española; así será es-
pañol el teatro en todo , hasta el triunfo del neoclasi-
cismo francés .
No podía Cervantes, siendo quien era, dejar de
11 participar en esta prodigiosa creación. Lo hizo como
quien era, como ninguno, aunque los azares de su
Por sabido no puedo callar que la formación del cam- mala fortuna hundieran la mayor parte de su obra tea-
pesinado español, debido a la Reconquista, es del tral en el libro. En ese panteón permaneció larguísi-
todo en todo distinta a la de esa misma clase en el res- mos lustros hasta que el buen olfato romántico de los
to de Europa. El feudalismo español es tan diferente grandes alemanes de principios del siglo pasado lo sa-
del francés o del italiano como lo serán, en el siglo XVI caron a luz sin llegar a convencer, como es bien sabi-
y XVII, sus teatros. do, a Moratín y los suyos. Sólo poco a poco el teatro
El teatro es su público y el público español del si- de Cervantes ha ido resurgiendo para colocarse en el
glo XVI, hijo de su régimen municipal, de los fueros, lugar que le corresponde; si en las comedias de enredo
va a marcar de una manera decisiva su teatro. Mien- perdido por aquel que lo podía todo con sólo ponerse
tras, en el resto de Europa, el feudalismo engendraba, a hacerlo; cimero, con cien segundos, en dejar firme
con su muerte la burguesía; en España los privilegios la grandeza de su pueblo. «Más que ninguno de ellos
otorgados a raíz de la repoblación de campos y lugares (Rueda, Timoneda, Cueva, Virues, etc.) se levantó el
reconquistados van a ser base de privilegios que harán divino ingenio de Miguel de Cervantes en aquella su
del trabajo una ocupación deshonrosa. Los hidalgos ruda Numancia, tan épica en medio de su desaliño, y
están a la base del teatro y de la decadencia españoles. tal, que retrae a la me!Jloria la férrea poesía del viejo
La lucha de ciudad y campo, de artesanía y campesi- Esquilo en Los siete sobre Tebas», éscribió, bien como
nado, de aristocracia y plebe, que caracteriza la for- siempre, Menéndez y Pelayo.
mación de las nacionalidades europeas, existe muy Entre las razones que pudieron mover a Cervantes
desvirtuada en España donde, en cambio, surge es- para traer la tragedia de Numancia a la escena -de-
plendoroso el teatro nacional como ocupación apasio- jando aparte las casualidades, tal vez el conocimiento
nante, en Madrid, en Valencia, en Sevilla y no sólo en de Mariana, quizá la formación de una compañía o el
las ciudades sino en aldeas y villorrios. cumplimiento de un contrato- parece natural supo-
(Ese gusto por el teatro sigue vivo hoy en España; ner una trasposición Numancia-Argel por las corres-
compárese -no la calidad det espectáculo, que es pondencias que puede hallarse en la situación de los
otro cantar- el número de teatros abiertos, hoy, por presos africanos y los sitiados numantinos, ambos ro-
ejemplo, en Valencia [cuatrocientos mil habitantes], deados de enemigos y dispuestos a cualquier sacrificio
en Lille o en Ruán , o en cien ciudades norteamerica- con tal de escapar al cepo. Tal vez hubiese oído Cer-
nas de más o menos un millón de habitantes ... ) vantes, refiriéndose a él y sus compañeros, lo que Es-
En 1492 se descubre América, se conquista Gra- cipión escupe al embajador numantino:
nada y -más o menos- se funda el teatro español
Guan de la Encina era entonces músico del Duque de Bestias sois, y por tales encerradas,
Alba). Parióse en 1499 el prodigio lo mismo de la no- os tengo donde habéis de ser domadas[ ... }
vela que del teatro español; 3 por ahí corre la savia de
Y cuando de la boca de Caravino salen impreca-
2. No había de variar: en la segunda parte del Quijote, y en una de ciones como:
sus frases más célebres: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciados
dones que a los hombres dieron los cielos {. .. ] ¡venturoso aquel a quien
el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo ¡Pérfidos, desleales, fementidos ,
a otro que al mismo cielo!» (11, cap. LVIII). crueles, revoltosos y tiranos;
Siempre el cielo, o los cielos, a lo Giordanq Bruno.
3. Que La Celestina es ceacro y del mejor, lo;>rueban sus posteriores
cobardes, codiciosos, malnacidos,
adaptaciones escenificadas mutilándola y desvirtuándola cal vez menos pertinaces, feroces y villanos;
que otras obras escritas exclusivamente para el teatro cuando éste era ya, adúlteros, infames, conocidos
en cuerpo, lo que hoy es. por de industriosas más cobardes manos!
Pero no se representó - ni siquiera en parce-, porque en España no
existían palacios al modo italiano donde hubiera podido monearse. El
público era ocro: durante el gran siglo español, con Rueda, Gil Vicente, más parecen insultos dirigidos a piratas que no a ro-
Timoneda, Cueva, Virues, Cervantes y cien más, se va a formar el teatro
español en tablados y corrales, que será el teatro europeo; la influencia manos enemigos, que podían haber merecido otros
del teatro inglés encerrado en su isla, es nula por el momento. peores, pero distintos .

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Lo mismo que, cuando se trata de escapar, de equivoca: nada recuerda tanto la escena de Marquino c.
romper el cerco, hay en el afán de los numantinos una y del muerto como la famosísima de las Coéforas, la p
pasión que Cervantes siente y no inventa: del llanto e imprecaciones de Electra frente a la tum- t1
ba de Agamenón. t;
Sa/gaTfl()J a morir a la campaña Hay, además, en laNumancia una exhortación a la d
y no COTfl() cobardes en estrecho ( ... } vida en lo que tiene de más precioso: el amor y la c
amistad. Pocas escenas tan desgarradoras como la de c
En el teatro de esa época no hay todavía continui- Marañdro y Lira seguida por la de Marandro y Leoni- y
dad verdadera del argumento ni progresión constante cio, una y otra con la muerte por fondo, en las que es- ~
del interés, son frecuentísimas las variaciones de lu- tos nobles afanes se expresan románticamente, es de- t
gar, procédese a saltos, se recurre a personajes nuevos cir, trayendo el sentimiento a primer término y exal- 1
ya mediada o a punto de acabarse la comedia. Con el tándolo a más no poder. No es de extrañar la fascina- e
tiempo, ponen reparos los «técnicos», los conocedo- ción que iba a producir la lectura de la tragedia cer-
res de urdimbre y trama, los «profesionales». Para el vantina a Goethe o a Schopenhauer, aun dejando
valor intrínseco de lo creado, ¿qué importa? aparte la faz épica de la historia. A favor del «unani-
El meollo popular y nacional del teatro español mismo» de la historia suele olvidarse que estos episo-
del siglo XVI tenía forzosamente que traer la historia dios, seguidos por la desgarradora escena entre Lira y
patria a cuento: Juan de la Cueva escribirá Los siete in- su hermano, dan un profundo interés humano, indi-
fantes de Lara, La muerte del rey Sancho y Reto de Zamo- vidual, a esa tragedia colectiva tan dramáticamente
ra, El saco de Roma; Andrés Rey de Artieda, Los aman- descrita por Cervantes.
tes de Teruel; fray Jerónimo Bermúdez adapta sus dos
tragedias según la historia de Inés de Castro; leyenda
mora y zaragozana está a la base de La Isabela de Lu-
percio Leonardo de Argensola; etc. III
«En el primer barroco -dice Casalduero- se
parte de una idea fundamental, que se traduce en una El teatro de Cervantes es campo casi inexplorado si se
variedad de acciones, la unidad está fuera de la obra le compara con sus demás obras. Los cervantistas se
{. .. }»Es ley lo mismo para Fuenteovejuna que para La contentan con el Quijote, los eruditos en dramaturgia
vida es sueño, para Guillermo Tell o La muerte de un via- se satisfacen con desenredar la madeja de Lope o pro-
jante. Si esa idea fundamental de la que habla el dis- curar hallar salida al laberinto de Calderón.
tinguido erudito acierta a entrañar el sentir general de Téngase en cuenta que el teatro de Cervantes
un pueblo damos, tal vez, con una definición de lo abarca todos los géneros, en verso y prosa (a lo divino
épico. Ahora bien, aun sabiendo lo que hacía no pudo El rufián dichoso; a lo caballeresco El gallardo español; a
prever Cer;vantes el alcance del Quijote ni el de Nu- lo picaresco Pedro de Urdemalas; a lo real, en muchas
mancta. de sus partes, Los tratos de Argel; añádase la maravilla
No eran fuentes las que le faltaron para la compo- de los Entremeses; y la Numancia). La Numancia, que es
sición de su tragedia, a más de la tradición, de Floro lo que aquí nos importa, es la mejor tragedia españo-
y Lucano a la Crónica General. «En el Renacimiento la. Nadie dio más en esa tesitura, donde lo difícil no
-escribe Casalduero- se traduce a los trágicos, en el es llegar sino mantenerse.
Barroco se escriben tragedias originales, Séneca no Asegura Cervantes haber sido el primero en redu-
hace perder el camino a los dramaturgos de esta épo- cir los cinco actos de la tragedia a tres. La Numancia
ca, al contrario; si se fijan en él es porque encuentran tiene cuatro, paso que parece haber dado antes Juan
lo que iban buscando: el horror y la monumentali- de la Cueva.
dad.» Allí del «acostumbrado registro de sus ni- (Pertenece la Numancia a la primera época de la
gromantes, furias, deidades y fantasmas alegóricos, actividad teatral de Cervantes, anterior a la irrupción
etc.», como gustan de repudiar los neoclásicos en el avasalladora de Lope. Fue representada y no pertenece
teatro de Juan de la Cueva o en el de Cristóbal de Vi- al grupo de las comedias publicadas por su autor en
rués. El Gran guiñol no es de ayer: en la Comedia de la 1615, todas ellas sin estrenar. La Numancia y Los tra-
libertad de Roma por Mucio Scévola, podemos ver «la tos de Argel fueron descubiertas en el siglo XVIII y pu-
operación de cortar a Sulpicio, coram populo (que se blicadas por primera vez, por Sancha, en 1784.)
hace en el teatro) {. .. }». «la Numancia -dice don Marcelino- está sepa-
No llegará Cervantes a tanto en la escena famosa rada· de todo lo que le rodea y forma época en la his-
de la resurrección del joven numantino, tan impresio- toria del teatro español, anunciando ya el drama na-
nante de oír y de ver, pero quien asegure que la tra-
ducción de las tragedias griegas no influyó en el tea-
tro español del siglo XVI -sean las trasposiciones de 4. Américo Castro, en su excelente libro El per¡samiento de Cervantes,
Pedro Simón Abril o de Fernán Pérez de Oliva-, se ni siquiera cita la Numancia.

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cional, tal como lo concibió Lope de Vega. Cervantes No hay obra en el teatro europeo -en su tiem-
presentó en su obra el cuadro de la destrucción de po- con la que pueda compararse la Numancia. Nó-
todo un pueblo, y por más que se diga que un desastre tase en ella cierto reflejo o premonición, de la gran-
tan general no produce tanta impresión en el ánimo deza del propio Quijote, porque los numantinos po-
de los espectadores como los infortunios de una o po- nen en acción lo que podían haber sido sueños del
cas personas, 5 es indudable que un argumento de esta gran caballero. Toda Numancia es quijotesca, es de-
clase, sobre todo si es nacional, puede evitar el terror cir, española.
y la compasión, que recomienda Aristóteles en la tra- Es curioso que la resurrección de la tragedia de
gedia.» Llámalo luego «el Esquilo castellano». Trá- Cervantes se daba en parte a tragedias verdaderas.
tase de un estudio de juventud del gran montañés. Sabido es que se representó en Zaragoza asediada por
Equilibra su juicio en el maravilloso discurso pronun- los fran¡::eses y en Madrid cercada por alemanes, ita-
ciado hace ahora exactamente cincuenta años en el Pa- lianos y moros. No parece, a primera vista, que fuese
raninfo de la Universidad Central de Madrid, en con- la obra que requiriesen las circunstancias ya que los
memoración del tercer centenario de la publicación numantinos acaban derrotados. Pero ahí crece lo es-
de la primera parte del Quijote, pieza oratoria como pañol y su antinomia vida-muerte, entre quienes
hay pocas: «No sería Cervantes personaje indiferente basta el anuncio de la gloria para perder la vida. 6 La
en la historia de la literatura española -dice- aun- Numancia es un canto a la independencia y a la liber-
que sólo conociésemos de él las composiciones ·líricas tad como sólo un español podía escribirla, a fines del
y dramáticas». siglo XVI.
¡Qué salto desde que Aribau escribiera de Los tra- Lo que hay en la Numancia, y falta en otras tra-
tos de Argel y la Numancia, en el prólogo de las obras gedias de la época, es ese profundo sentir nacional,
de su autor, en el Rivadeneyra: «No analizaremos es- ese canto explícito a la grandeza de España que la
tas producciones [ ... ) diremos únicamente que en hizo tan actual en 1808 y en 1936. Hoy todavía,
ellas erró por segunda vez su vocación»! desgraciadamente, nadie puede oír sin estremecerse
aquello de:

¿Será posible que contino sea


IV esclava de naciones extranjeras
y que un pequeño tiempo yo no vea
¿Por qué escribió Cervantes Numancia?, ¿bastará su- de libertad tendidas sus banderas?
poner que quiso cantar una gloriosa efeméride pa-
tria?
Hemos visto que el teatro español sale del pueblo Hay además, en la Numancia mil rasgos de la
y no de la literatura y que esa fue la razón de su éxito vida de su tiempo que la hacen actual en todo mo-
y de su grandeza (en la novel~ quizá sucede lo contra- mento; cuando Escipión insulta a sus tropas repro-
rio, particularmente en el Quijote, como lo ha demos- chándoles pereza y lascivia, les grita:
trado cumplidamente Américo Castro).
Mas en las blancas delicadas manos
y en las teces de rostros tan lustrosos
5. Se refiere Menéndez y Pelayo a la opinión de Moratín, expresada
allá en Bretaña parecéis criados
en los Orígenes del teatro eipañol, donde se lee, refiriéndose a la Numancia, y de padres flamencos engendrados.
que «la elección de argumento en esca pieza es poco feliz: la destrucción
de una ciudad con la de codos sus habitantes presta materia a la narración
épica, pero no es para el teatro». Es decir, lo contrario de «fuertes y animosos»
Es curiosa la influencia de ciertos textos en los tratadistas de la lite-
ratura cuando su autor goza de prestigio; don Narciso Díaz de Escobar y
como suelen ser, según acaba de decir, los romanos;
don Francisco de P . Lasso de la Vega, en su amplia Historia del teatro es- y ahí, vivo todavía, el resentimiento contra los pai-
pañol, que todavía se reimprime, dicen, refiriéndose a la Numancia, al sanos de Carlos l.
pie de la letra: «la elección de argumento en esca pieza es poco feliz; la
destrucción de una ciudad con la de todos sus habitantes presea materia De esa misma arenga destaquemos otros dos
a narración épica, pero no es para el teatro». Seguía Moratín diciendo: versos:
«Los personajes fantásticos que introdujo, lo acaban de echar a perder»,
lo que reafirman palabra por palabra los antecicados historiadores. Ahora
bien, donde el famoso autor atestigua honradamente que «si es contraria Cada cual se fabrica su destino;
esta opinión a la que formaron de esta piezá los alemanes Bouterwek y
&hlegel, puede considerarse cuál habrá sido mi sentimiento no pudien- no tiene allí fortuna alguna parte;
do suscribir a los elogios que de ella hicieron alquellos doctos críticos;
resulta necesaria de la absoluta imposibilidad de conciliar sus principios
con los míos de la composición dramática», e imprimen los otros desver-
gonzados: «Si es contraria esca opinión a la que formaron de esta pieza al-
gunoJ escritoreJ [ ... )resulta necesaria de la absoluta imposibilidad de con-
ciliar sus principios con los nuestroJ acerca de la composición dramática» . 6 . Es, en otro orden lo que lleva al manco Jano a hablar de eslaJ diJcre-
Así se escribe la historia . .. literaria. taJ locuraJ. ·

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que definen la posición estoico-erasmita de Cer- tragedia individual. Se llega, en la primera, a lo más
1
vantes. 7 sublime a que el genio humano ha llegado. Y se llega 1
No han variado en parte, desde entonces, los ma- en la segunda a situaciones de tal hondura, de tal de-
les de España; ella misma declara que se deben a di- licadeza, que el lector se estremece todo. No se puede
sensiones internas: ahondar más ni en el arte, ni en la vida.»
¿Quién escribe esto en 1935? ¿Un extranjero poco
Pues mis famosos hijos y valientes . conocedor de nuestra literatura clásica? No, es Azo-
andan entre sí mismos diferentes [ ... } rín, que tan mal iba a corresponder a su entusiasmo.
y así con sus discordias convidaron ¿Cómo es posible que un catador de su clase ignorara la
los bárbaros de pechos codiciosos[ ... } obra? Por el número. La literatura española de los si-
glos XVI y XVII atesora tal cantidad de obras notables
Lección perdida, entonces y ahora. que no hay posibilidad humana de abarcarla como
pueden hacerlo, con lo mejor de la suya, los demás
*** pueblos europeos; dejando aparte la falta de ediciones,
hija de nuestra desidia y de la general falta de interés.
«Al cabo de muchos años he vuelto a leer la Nu- «El mayor perjuicio del teatro español -escribe el Pa-
mancia de Cervantes. He leído una obra nueva. He dre Andrés- lo ha ocasionado su exorbitante riqueza:
leído una obra maravillosa. No volvía de mi asom- Todas las naciones europeas juntas tal vez no han com-
bro. No me explicaba cómo una obra de tal naturaleza puesto tantos dramas como tiene sola la España[ ... }»
no es conocida, comprendid_a, admirada por las gen-
tes. La Numancia nos ofrece una mezcla primorosa,
exquisita, de lo real y lo alegórico ... En esta tragedia
se revela un conocimiento profundo del corazón hu-
mano. Hay en estas escenas tragedia de un pueblo y V

La supervivencia de la Numancia se debe, ante todo, a


7. Otras citas, en idéntico sentido: su excelencia como obra dramática. Pese al canto a la
grandeza española que encierra si careciera de virtu-
Después que, clmlO quiere tu deseo, des dramáticas no se hubiese puesto en escena ni en
habrán a /oJ romanoJ puesto freno [ ... }
harán que para huir vuelva la planta Zaragoza en 1808, ni en Madrid años más tarde, por
el gran piloto de la naf/e Janta; [ ... } Maíquez, 8 ni hubiese suscitado el entusiasmo que
mereció la refundición de Rafael Alberti, en Madrid,
Que es dolor imufrib/e el de la muerte,
Ji llega cuando máJ vif!e la vida. en 1937, ni se hubiese llevado a escena, el mismo año
Remedio a /m miJeriaJ es la muerte, en París, por la compañía de Jean Louis Barrault. Ni
Ji Je acrecientan e//aJ con la vida, la hubiese vuelto a representar Margarita Xirgu en
y Jue/e tanto máJ Jer excelente
cuando Je muere máJ honradamente. Montevideo, en 1943; ni andaría reimpresa -en una
u otra versión- en las colecciones más populares.
Que la obligación mejor y la primera La Numancia, tras un primer acto de noble exposi-
que Je ha de ofrecer al alto cielo,
es alma limpia y w/untad Jincera. ción, ve crecer el interés en los tres actos siguientes ,
sin que falte nunca movimiento ni pasiones humanas
Marandro, al que es buen Jo/dado en los tipos episódicos que no desamparan en ningún
agiieroJ no le dan pena,
que pone la Juerte buena momento la escena. Añádese, inmortal, el canto de-
en el ánimo esforzado, sesperado del sacrificio colectivo en pro de una idea.
y esm vanm apariencim Podrá faltar una estructura central interna, tal vez so-
nunca le turban el tino:
JU brazo es Ju estrella o Jino; bre personajes episódicos, pero la idea que mueve a
JU valor, JUJ influenciaJ. Cervantes es la que le da vida. Quiso su autor exponer
Que poco cuidan /oJ muertoJ
la grandeza española ante la adversidad y la muerte, y
de lo que a los vif!OS toca. ese empuje es el que moverá la admiración de extraños
antes que la de propios. En eso laNumancia pertenece
decidles que OJ engendraron
libres, y libres naciJteiJ, ·
claramente al teatro de su época: no se encierra en sus
y que vuestraJ madres triJtes peripecias, al contrario: la voluntad del autor es visible
también libres oJ criaron en todo momento y en muchos de ellos tiene que recu-
fortuna, en daño mio conjurada;
rrir a figuras alegóricas para hacerlas patentes (que las
cie/oJ, de jUJta piedad vacíos: haya introducido por vez primera en el teatro Miguel
ofrecedme en tan dura, amarga Juerte, de Cervantes, tal como asegura, es problema que care-
alguna honroJa, aunque cercana muerte.
ce de importancia como no sea para fechar la obra).

Ninguno de estos pasajes ha llamado la atención de Marce! Bataillon 8. Las representaciones de la tragedia fueron conadas por arte -y
en su Er= y EJpaña. no de magia- de Calomarde en vista de los aplausos con que eran aco-
gidos ciertos parlamentos.

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