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Actas de las 111 Jornadas de Humanidades Clásicas

Almendralejo. Febrero de 2001

BREVES ANOTACIONES SOBRE


EL CONCEPTO DE CULTURA EN EL MUNDO CLÁSICO
Luis Miguel García Domínguez
José Ramón González Cortés

Lo que une a ambos -humanos y


dioses- y les diferencia del animal es el
espíritu, el pensamiento y su fuerza, la
chispa prometeica por la cual participan los
hombres de lo divino.
Platón, Protágoras.

Antes de adentrarnos en el estudio del concepto de Cultura en la antigüedad


clásica, nos vemos en la obligación de realizar una primera aproximación a la
naturaleza esencial del mismo. Para ello, utilizaremos definiciones muy concretas y
precisas que sin duda, nos ayudarán a la hora de abordar este punto, a la vez que nos
servirá cómo referentes básicos, que no únicos, para avanzar en nuestra exposición.

Así, según el Diccionario de la Real Real Academia Española, la voz Cultura


haría referencia al "conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado
de desarrollo artístico, científico, industrial en una época o grupo social, etc.". También
se recoge, en la misma acepción, la voz de "Cultura popular", refiriéndose a ella como
el "conjunto de manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo"'

Sin duda, la definición que aparece en el Diccionario de la Real Academia nos


da una muestra lo suficientemente gráfica, por un lado, de la enorme complejidad
implícita en el término y, por otro, de los múltiples usos de que puede ser objeto.
Observamos, pues, cómo el significante Cultura posee numerosos sentidos,
pudiéndonos referir al conjunto de conocimientos genéricos que una persona tiene de
modo teórico o vital, pero igualmente, a un cúmulo de saberes concretos o también, en
un sentido social, al conjunto de conocimientos, creencias y costumbres de un pueblo o
grupo humano que le caracteriza y diferencia de otros pueblos o grupos, y es que no
hay que olvidar que hace ya casi cincuenta años, los estudiosos norteamericanos

' Diccionario de la Real Academia Española. Vigésima edición. Tomo 1. Madrid, Espasa Calpe,
1984. '
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Kroeber y Kluckhon (1952), se propusieron registrar las variaciones en el uso del


concepto de cultura en inglés y reunieron más de doscientas definiciones diferentes.

Después de esta breve reflexión, y antes de proceder al estudio del término en


la época elegida, creemos necesario y conveniente realizar otra aproximación
conceptual al significado de esta palabra, esta vez desde su perspectiva etimológica.
De este modo, y siguiendo la definición contenida en la obra de J. Corominas J.A.
Pascual, la voz culto, tomado del latín cultus-us, remite a la "acción de cultivar o
practicar algo" derivado de colere "cultivar, cuidar, practicar, honrar"? No debemos
olvidar que cultura es el abstracto de colere, entendido como la acción de labrar el
campo, es decir, cultivarlo para hacerlo fértil, por eso se aplica al ser humano, que debe
ser cultivado para pasar de un estado silvestre a una situación culta.

Esta última definición resulta muy esclarecedora, pues denota en sí misma la


necesidad de transformación para pasar de un estado a otro, con lo que engloba un
proceso activo por el que el hombre deja de pertenecer a una categoría natural para
pasar a otra cultural que le otorgará además una partícula diferencial con respecto al
estado anterior. Es en este sentido como la tradición clásica entendió la cultura, como
un proceso de formación, que se verá perfectamente expresado en el concepto griego
de paideia, como más adelante veremos.

Pero a pesar del origen claro y común que según parece tiene el concepto, no
por ello su significado teórico ha sido único, ya que los cambios semánticos que han
existido con respecto al término a lo largo de la historia, de carácter aparentemente
simbólicos, corresponden, en buena medida a aspectos de otra índole y de mayor
trascendencia que la puramente simbólica, llegando incluso a estar determinada esta
variabilidad en la significación del término, como afirma Josep Picó, por "cambios en la
estructura de las relaciones de fuerza entre los grupos sociales que protagonizan el
gobierno de la sociedad, por un lado y entre las sociedades y su posicionamiento
internacional por otro. En este sentido - continúa -, la cultura, su génesis, cambio y
evolución ha tenido diversas acepciones y significados a lo largo de la época histórica
que hemos denominado modernidad, y en su seno ha sido portavoz y bandera de unas

Corominas, J y Pascual, J.A., Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. Volumen


11, Madrid, Gredos, 1984. Nos parece pertinente apuntar, que en la definición se menciona el
primer momento en el que se tiene constancia del uso de este vocablo en España, señalando que
sirvió de bandera en las polémicas estilísticas y literarias entre el gongorismo y sus adversarios,
especialmente en la segunda, tercera y cuarta décadas del siglo XVII, empleado en sentido
favorable y encomiástico por los partidarios de aquél, mas para Lope (en la Filomena, 1621), el uso
del vocablo culto era esencialmente culterano. Se debe mencionar también La Culta Latiniparla de
Quevedo, de 1629.
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formas de dominación u otras, de reivindicaciones y forma de lucha que recorren


nuestra historia más reciente y ponen de manifiesto sus anhelos y contradicciones" 3

De esta manera, la concepción que del término Cultura tenemos en la


actualidad, está vinculado al proceso de modernización de la sociedad occidental a
largo del siglo XVlll y muy especialmente con los postulados del Idealismo alemán,
encarnados en las figura de Johan Gottifried von Herder (1744-1803) o J.Teófilo Fichte,
junto con el nacimiento y expansión de la burguesía y el asentamiento del universo
simbólico, normativo y económico que perdurará hasta nuestros días.

Sin embargo, muchos de los significados y realidades que en la actualidad se le


conceden al término Cultura los encontramos ya en la tradición clásica. De esta forma,
la Cultura entendida como cultivo espiritual del individuo, como disciplina interna que
aspira a un ideal superior a través de la educación y formación de la personalidad,
como producto intelectual de un pueblo, como recurso del poder político o como
instrumento del estado, está presente en este período. El propio Nietzsche afirmaba:

"Casi cada tiempo y cada grado de cultura han intentado alguna vez, con
profundo malhumor, liberarse de los griegos, porque, en presencia de éstos, todo lo
realizado por ellos, en apariencia completamente original y sinceramente admirado,
parecía perder de súbito color y vida y reducirse arrugado, a una copia mal hecha, más
aún, a una caricatura. (...) ¿Quiénes son ésos, nos preguntamos, que aunque sólo
pueden mostrar un esplendor histórico efímero (...) pretenden tener entre los pueblos la
dignidad y la posición especial que al genio le corresponde entre la masa? (...) Y de
esta manera sentimos vergüenza y miedo ante los griegos; a no ser que uno es time la
verdad por encima de todo y se atreva a confesarse también esta verdad, que los
griegos tienen en sus manos, como aurigas, tanto nuestra cultura como cualquier otra ,
pero que, casi siempre, carro y caballos están hechos de un material demasiado
mediocre y son inadecuados a la aureola de sus conductores.4.

Como apuntábamos más arriba, el sentido etimológico de la palabra Cultura


hace referencia a la actuación necesaria para pasar del orden meramente natural al
orden humano a través de la educación o la formación. En Grecia, a esta formación la
llamaban paideia, ya que debía ejercitarse principalmente sobre los niños. Se trataría
de una educación-según una escala de valores. Para éstos, la cultura será por tanto
sinónimo de educación. Una educación que deberá ofrecer al espíritu una imagen del
hombre tal como debe ser, tanto en su conducta y comportamiento externo como en su

Picó, J., Cultura y modernidad. Seducciones y desengaños de la cultura moderna. Madrid,


Ciencias Sociales Alianza Editorial. 1999, p. 14
Nietzsche, F., El nacimiento de la tragedia o Grecia y el pesimismo. Alianza Editorial, Madrid,
1993., pp. 125-126
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condición interna, y estas manifestaciones que tratan de alcanzar la imagen anhelada


del ideal humano se consiguen a través de una disciplina consciente como es la
paideia. Así, la educación deberá suponer un esfuerzo para alcanzar la finalidad, la
perfección de la virtud o perfección moral, es decir, la areté.

De esta manera, la educación considerada como formación de la personalidad


humana mediante el consejo constante y la dirección espiritual, es una característica
típica de todos los tiempos y pueblos. La educación se convierte por primera vez en
formación, es decir, en modelación del hombre de acuerdo con un patrón fijo. Esta
forma de entender el proceso educativo se prolongará a través de la Edad Media y
Renacimiento.

Junto a todo lo dicho, debemos señalar que esta educación, entendida de una
forma más sistemática y pragmática, vino de la mano de los sofistas, que trataron de
conjugar el contenido espiritual con la vida cotidiana imprimiéndole un sentido más
práctico y especializado, motivado, en gran medida, por la realidad histórica del
momento, a saber, la introducción de Atenas en el panorama económico y político
internacional después de la guerra con los Persas. Podríamos señalar que el contenido
educativo sofista se fundamentaba en dos niveles: por un lado, el referido al aspecto
personal y espiritual, tratando de transmitir un cierto saber enciclopédico basado en la
gramática, la retórica, la poesía y la música como modalidades siempre enriquecedora
del espíritu humano , y por otro, el que entiende al hombre como miembro de una
sociedad y por tanto, otorgaba más importancia al dominio de la política y de la ética,
relacionando así la educación con los condicionamientos sociales de la época.

De esta manera, los sofistas denominaron esta concepción de la educación


como techné, palabra que en griego se refiere a toda profesión práctica basada en
determinados conocimientos especiales, no sólo referidos al arte, a la pintura, la
escultura, la arquitectura o la música, sino también a la medicina, a la estrategia de la
guerra o al arte de navegar. Cabría añadir que posee ciertas semejanzas con la
episteme, ya que implica el conocimientos de principios, pero difiere de ella en que su
fin no es la compresión desinteresada, sino el hacer o fabricar algo.5Con la palabra
techné se trata de expresar que estas labores prácticas y estas actividades
profesionales no responden a una simple rutina sino a reglas y a conocimientos
seguros en analogía a lo que en sentido moderno denominamos teoría, sobre todo allí
donde se contrapone la experiencia.6 En este sentido, el sistema griego de educación
tal como lo concibe los sofistas está reflejado en nuestros días en todo el mundo
occidental.

5
Runes, D. Diccionario de filosofía. Barcelona, Grijalbo-referencia., 1983., p 363.
Picó, J., op.cit., p.27.
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Con todo, será Sócrates quien restaure la unidad y vinculación entre la cultura
espiritual (areté) y la moral en el sentido político. La gran aportación de Sócrates será el
tratar de buscar en el carácter moral la clave de la existencia humana en general, y en
particular, la de la vida colectiva. Consideraba como una misión política la educación en
la Areté constituida en virtud única. La suma y compendio de "todo lo que poseo" es
para el hombre socrático la paideia: su formación interior de vida, su existencia
espiritual, su cultura7

Lo mismo se podría afirmar de su discípulo Platón, para quien la búsqueda de


la verdad vendrá justificada, no por el interés de resolver el enigma del universo, sino
por la necesidad del conocimiento de esa verdad para la conservación y estructuración
de la vida. Para Platón, la paideia expresa el perfeccionamiento del hombre conforme al
destino de su propia naturaleza, así, lo que constituye el verdadero sentido de la
naturaleza humana no es la violencia sino la cultura.

De este modo, Platón, a través de sus Diálogos, intentará acercarse por


diversos caminos al conocimiento de la areté, pero descubrirá que las distintas
cualidades llamadas virtudes, tales como la valentía, la prudencia, la piedad y la justicia
son simplemente partes de una virtud, la virtud total, y que la esencia de la virtud está
en el saber. Por tanto, para él la cultura es también la educación para la areté iniciada
desde la infancia, que estimula en el hombre el deseo de llegar a ser un ciudadano
perfecto.8

Ahora bien, si la Cultura es sinónimo de educación en el hombre griego, cabe


preguntarse cuál es el contenido de esa Cultura, cuáles son los valores y normas que
se convertirían en referentes de esa formación. Sin duda, serán los mitos y las
leyendas históricas lo que constituyan los modelos de conducta. De ellos se extrae su
pensamiento, los ideales y las normas de vida. El mito aparece así como la modalidad
más antigua de la organización simbólica del mundo y de la vida humana, como la
primera gran forma de mediación simbólica producida por el hombre y como fuente de
fundamentación y legitimación de la identidad social, de las instituciones, de las leyes y
de la propia autoridad. Desempeña una función social, explicando los orígenes de la
sociedad y sus procesos de transformación.

De esta manera, el mito, cobrará una especial relevancia en nuestro análisis


observándolo a partir de un doble plano. Por un lado, como contenido de la cultura
clásica. Por otro, y desde luego para nosotros el más importante, como la más eficaz
herramienta que nos ayudará a comprender la verdadera esencia del concepto de

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Cultura en la tradición clásica, a saber, el paso desde un estado natural a otro cultural,
con lo que ello implica de trasgresión.

Dicho esto, nos vamos a servir del famoso relato de Protagoras en el diálogo de
Platón del mismo nombre, el mito de Prometeo y Epimeteo, que con elementos
distintos ofrece una estructura en cierto modo semejante a la del Génesis : vida
armónica con la naturaleza, transgresión, vida humana, por tanto, naturaleza,
transgresión, cultura.

Así, al crear a los mortales, los dioses encomiendan a los titanes Epimeteo y
Prometeo que distribuyeran convenientemente las cualidades que estas criaturas
debían tener. Epimeteo distribuye las cualidades de modo compensado, equilibrando
carencias y disponibilidades, pero cuando ya las ha repartido todas, le queda por
proveer al hombre. En el momento que Prometeo inspecciona la obra de su hermano,
encuentra al hombre desprovisto de cualidades naturales, es decir, desnudo, sin
calzado apropiado, sin abrigo, sin defensas; de ese modo, no sería capaz de subsistir.
Ante esta situación, Prometeo roba a Atenea los oficios,. es decir, los saberes técnicos;
y como sin el fuego para nada sirven, roba a Héfesto el fuego y se lo da a los hombres,
pero aún carecían de la capacidad de organizarse para vivir conjuntamente. El dueño
de ese saber, Zeus, manda a su mensajero Hermes dar a los hombres el pudor y la
justicia para que puedan convivir, pero no se los da a personas concretas como ocurrió
con los oficios, sino que se los da a todos por igual, de manera que cada uno tenga su
parte de estas virtudes.

A partir del mito observamos como en un primer momento, existe un perfecto


equilibrio entre los animales, pero al llegar el hombre esta armonía parece
desvanecerse, es más, se transgrede, existiendo dos ordenes contrapuestos, por un
lado el natural y por otro el humano que supone una ruptura con el primero. Este
desequilibrio tratará de resolverse a través de un mecanismo artificial, no natural, que
en el caso griego será la paideia

Verdaderamente significativa resulta la interpretación que el profesor G. Bueno


realiza de este mito entendiendo que "el hombre ha de ser visto como un animal que, si
se diferencia de los demás, será precisamente por sus carencias relativas o porque
está dotado de un logos superior. Por ello -continúa-, esos bienes de Prometeo son
sucedáneos de bienes y dotes naturales, son instrumentos artificiales, tecnológicos
(...), lejos de ser dones naturales, son en cierto modo, cabría decir, aparatos
ortopédicos propiciados para suplir las carencias naturales (...) de donde inferimos que
lo que hoy llamamos cultura, en rigor, es entendida mucha veces como cultura del
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sujeto, de un sujeto reconstruido con prótesis destinadas a suplir insuficiencias de


origen" 9

Con todo lo dicho, podemos señalar que el hombre ha nacido de la naturaleza


pero no está capacitado para vivir naturalmente, así, su desarrollo en la misma
representará inexorablemente una ruptura con la naturaleza. En el Génesis, esta
ruptura se consuma por comer del árbol de la ciencia del bien y del mal; en el mito
griego, por la imprevisión, imprudencia o torpeza de Epimeteo que provocó la
existencia de una criatura desajustada frente a lo que ocurría con todas las otras que
vivían en equilibrio y armonía con la naturaleza.

Observamos pues, como existen dos órdenes de realidad claramente


contrapuestos, de una parte, el natural, caracterizado por su armonía, su equilibrio y de
otra el humano, que supone un transgresión y ruptura de ese orden de integración
natural, pero que busca restaurar de algún modo la ruptura, compensarla, resolverla.
Pues bien, este modelo es básico para comprender el concepto de Cultura en el mundo
clásico.

Esta idea es perfectamente equiparable a la sintetizada en la expresión


alemana hegen und pflegen, que hace referencia al cultivo de un campo que se
encuentra en un terreno inculto sobre el que se va a llevar a cabo una actuación para
llevarlo a otro nivel, pero lo cultivado sigue siendo también parte de la naturaleza, sin
embargo a lo natural (como el hombre en el mito de Prometeo), no se le deja seguir su
curso, sino que se interfiere en él, se le encauza, por eso hay que acotarlo (hegen) y
cuidarlo (pflegen), para que no vuelva al estado anteriorlo. Del mismo modo, la paideia
no es sino la actuación necesaria para lograr niños formados en la helenidad.

Consecuentemente, podemos concluir que el sentido del concepto de Cultura,


en su sentido etimológico, va asociado gramaticalmente a la condición adjetiva del
término que se utiliza como determinación de un sustantivo, generalmente en genitivo,
en sintagmas tales como cultura del espíritu (cultura animi de Cicerón),, agricultura en
Marco Porcio Catón, etc.11 Pero como señala el profesor san Martín Salas, supondría

Bueno, G. El mito de la cultura Barcelona, Península Ibérica, 1996, p. 38-39. De igual manera,
creemos conveniente señalar el erróneo paralelismo que según el autor se ha hecho entre el mito de
Prometeo y el dogma cristiano de los dones del espíritu Santo descendiendo a los hombres, ya que
según el autor "los dones cristianos elevan al hombre, ya completado según su naturaleza, a un
estado sobrenatural. Pero los bienes que Prometeo ofrece a los hombres son, en cambio, los bienes
que por naturaleza les correspondían si no hubiera sido por la caída de la que fue responsable
Epimeteo". Bueno, G., op.cit.
10
San Martín Sala, J., Teoría de la cultura. Madrid, Editorial Síntesis. Filosofía Hermeneia. 1999,
p.30.
11
Bueno, G., op.cit., p. 29
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una cortedad de miras quedarse ahí, es decir, limitar el concepto Cultura a su condición
adjetiva (campos cultivados, espíritus cultivados...) como lo más importante, porque
tras el adjetivo está necesariamente el sustantivo que constituye el ideal, por ejemplo,
en el caso de la helenidad, la cultura griega, eso que para los griegos es el verdadero
modo de ser humano; o en el caso de los campos cultivados, las técnicas de cultivo
que anteceden y rigen las actuaciones que convierten los campos silvestres en
cultivados. La Helenidad antecede a la paideia y la técnica agrícola al cultivo del
campo1*

Con esto, creemos que se ha explicado el contexto global en el que nace la


idea de cultura en el mundo clásico, teniendo presentes los distintos matices que dan al
concepto cierta polisemia. Así, para concluir, tenemos una oposición entre naturaleza y
cultura, en la que el ser humano es un ser natural que rompe parcialmente su
vinculación con la naturaleza, por lo que necesita otro modo de organizarse, modo que
encontrará en la Cultura.

No debemos olvidar, de igual manera, que cuando los Estados Helénicos


fueron absorbidos por el Imperio Romano, éste se convirtió en el marco político de la
cultura helenística. Atenas había adquirido, gracias a su cultura espiritual una
superioridad sobre el resto del mundo y griego era, en palabras de Isócrates, no sólo
aquél que fuera heleno por su origen, sino también todo aquél que participaba de la
educación helénica.

Así, la Cultura griega impregnó la mayor parte de las manifestaciones culturales


del lmperio Romano que tomó el ideal griego como modelo de referencia y la paideia
como cultivo del espíritu humano. En este sentido, la traducción al latín del concepto de
paideia, o al menos de su campo semántico, provocará una nueva metáfora: la cultura
animi, expresada por Cicerón y entendida como el cultivo del espíritu y del alma
necesario para el hombre instruido que se empeña en su propio perfeccionamiento.
Pero en la paideia griega, existen dos niveles conceptuales, uno mínimo, que hace
referencia a los conocimientos básicos sobre el comportamiento social y otro máximo,
ideal, que es al que hace referencia el concepto de cultura romano, el cultura animi del
espíritu.

En su origen latino, Cicerón nos dice que así como un campo sin cultivo, por
fértil que sea, no puede ser productivo, tampoco el alma sin educación puede dar sus
frutos. En sus Disputationes Tuscolanae, Cicerón señala que los romanos superan a
los griegos en la práctica de la vida tanto pública como privada, en el arte militar y en la
moral, pero son inferiores en ciencia y en literatura, la oratoria la han practicado pronto,

12
San Martín Sala, J., op.cit.,pp. 30-31.
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pero han olvidado la filosofia. Cicerón aconseja a los romanos a servirse de la filosofía
clásica que debe ser la madre de la cultura animi.13

Ahora bien, junto al concepto romano-ciceroniano de cultura animi, se


desarrollará el de Cultus vitae, relacionado con los usos y costumbres, la regulación
social, la técnica militar, la jurisprudencia o la arquitectura; en definitiva, todo el
ordenamiento social a través del cual un pueblo alcanza una originalidad que lo
distingue de otros pueblos y sociedades.

El hecho es que, como resultado de toda esta enorme y variada riqueza del
concepto de cultura, los siglos posteriores considerarán siempre a la Antigüedad
Clásica como una fuente inagotable de saber y cultura, de forma que en ella se
inspirarán muchas de las creaciones y de los prototipos ideales que se consideraron
herederos de esta tradición, como sucedió en el Renacimiento.

Por último, y para cerrar nuestra exposición, nos hacemos eco de las palabras
del profesor W. Nestle, referidas al pueblo griego, al señalar que "los griegos son un
caso tlj7ico de desarrollo espiritual, pues ningún otro pueblo manifiesta tal equilibrio de
la fantasía y el entendimiento, de la capacidad de formación plástica con la capacidad
de abstracción más elevada; gracias a la feliz proporción en que poseyó esas
cualidades, el pueblo helénico podía dominar todas las exageraciones y someterlas a
mesuraH1

13
Picó, J., op.cit., p. 30.
14
Nestle, W. Historia del espíritu griego. Desde Hornero hasta Luciano. Barcelona, Ariel-colección
Convivium, 1981., p.21.
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BUENO, G. El mito de la cultura Barcelona, Península Ibérica, 1996,.

COROMINAS, J Y PASCUAL, J.A., Diccionario Crítico Etimológico


Castellano e Hispánico. Volumen II, Madrid, Gredos, 1984.

DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPANOLA. Vigésima edición.


Tomo l. Madrid, Espasa -Calpe, 1984.

NESTLE, W. Historia del espíritu griego. Desde Homero hasta Luciano.


Barcelona, Ariel-colección Convivium, 1981.,

NIETZSCHE, F., El nacimiento de la tragedia o Grecia y el pesimismo Madrid,


Alianza Editorial, , 1993.

PICO, J., Cultura y modernidad. Seducciones y desengaños de la cultura


moderna. Madrid, Ciencias Sociales Alianza Editorial. 1999.

RUNES, D. Diccionario de filosofía. Barcelona, Grijalbo-referencia., 1983.,

SAN MART~NSALA, J., Teoría de la cultura. Madrid, Editorial Síntesis.


Filosofía Hermeneia. 1999.