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Colección «SERVIDORES Y TESTIGOS»

99
Len Sperry

Sexo,
sacerdocio
e Iglesia

Editorial SAL TERRAE


Santander
Título del original en inglés: Sex,
Priestly Ministry, and the Church

Traducción: Ramón
Alfonso Diez Aragón

© 2003 by the Order of Saint Benedict


The Liturgical Press
Minnesota (USA)

Para la edición en castellano:


© 2004 by Editorial Sal Terrae
Polígono de Raos, Parcela 14-1
39600 Maliaño (Cantabria)
Fax: 942 369 201
E-mail: salterrae@salterrae.es
www.salterrae.es

Con las debidas licencias


Impreso en España. Printed in Spain
ISBN: 84-293-1560-8
Depósito Legal: 1699-04

Diseño de cubierta: Fernando


Peón <fpeon@ono.com>

Fotocomposición:
Sal Terrae - Santander
Impresión y encuademación:
Grafo, S.A. - Bilbao
A la memoria del recordado James J. Gilí, SJ,
Doctor en medicina,
que fue para mí amigo y guía a la vez,
y para muchos fuente de inspiración
y prototipo del ministerio sacerdotal.
índice

Agradecimientos .................................................................. 11
Prólogo ................................................................................ 13
Introducción ........................................................................ 15

PRIMERA PARTE
LOS HECHOS ESENCIALES:
EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

1. Sexo y sexualidad: todo lo que deberíamos saber ... 21


Sexo y sexualidad .......................................................... 23
Desarrollo sexual y de género ......................................... 25
Intimidad y sexualidad .................................................. 28
Orientaciones sexuales y de género .............................. 30
Dificultades y trastornos sexuales ................................... 32
Conclusión ...................................................................... 39
Bibliografía .................................................................... 39

2. El proceso del desarrollo psicosexual ......................... 41


Modelo freudiano de desarrollo psicosexual .................... 42
Un modelo integrador de desarrollo psicosexual ........... 45
Algunas premisas básicas .............................................. 46
Factores de predisposición ............................................ 50
Factores y disfunciones en cada etapa del desarrollo ... 54
Desarrollo psicosexual en tres sacerdotes ...................... 65
¿Inevitabilidad o elección? ............................................ 71
Conclusión ...................................................................... 75
Bibliografía .................................................................... 76
SEXO, SACERDOCIO E IGLESIA

Sexualidad, intimidad y celibato ................................. 77


Un contexto para la reflexión sobre la intimidad ........... 78
Tipos de intimidad ........................................................... 81
Niveles y estilos de intimidad ........................................ 83
Barreras a la intimidad .................................................. 88
Intimidad, sexualidad, celibato y espiritualidad ............. 92
Conclusión ...................................................................... 94
Bibliografía .................................................................... 95

SEGUNDA PARTE
LOS HECHOS ESENCIALES:
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

Determinantes de un ministerio sano


y de una conducta sexual inapropiada ....................... 99
Cuatro determinantes ....................................................... 101
Ministro ......................................................................... 102
Dinámica organizacional ................................................ 104
Destinos pastorales ........................................................ 110
Dinámica relacional ......................................................... 111
Conclusión ...................................................................... 115
Bibliografía .................................................................... 116

Tendencia al abuso y conducta sexual inapropiada .. 117


Tendencia al abuso en el ministerio .............................. 119
Desarrollo del patrón de abuso ...................................... 122
Reconocer el patrón de abuso ........................................ 123
Hacer frente al patrón de abuso
en contextos ministeriales ........................................ 126
Conclusión ...................................................................... 126
Bibliografía .................................................................... 126

Narcisismo,
sexualidad y conducta sexual inapropiada ................. 127
Narcisismo y conducta sexual inapropiada ..................... 129
Dinámica psicológica ................................................... 130
ÍNDICE 9

Dinámica religiosa y espiritual ...................................... 136


Dinámica sexual ........................................................... 138
Conclusión ...................................................................... 143
Bibliografía .................................................................... 144

7. Conducta sexual inapropiada


con niños, adolescentes y adultos ................................. 146
Información y consideraciones de fondo ...................... 149
¿Trastorno, inmoralidad o delito? .................................. 150
Conducta sexual inapropiada en sacerdotes:
un modelo de vulnerabilidad ...................................... 151
Tipología de sacerdotes implicados
en conducta sexual inapropiada .............................. 154
Un análisis de los casos de conducta sexual inapropiada 162
Conclusión ....................................................................... 162
Bibliografía .................................................................... 163

TERCERA PARTE CUESTIONES


SEXUALES APREMIANTES

La selección de candidatos aptos para el sacerdocio . 167


Valoración psicológica en el proceso de selección ......... 168
Valoración del historial sexual
y del desarrollo psicosexual ..................................... 169
Una aproximación integradora a la valoración ............... 175
Patrones indicadores de conducta sexual inapropiada
con menores................................................................ 188
Conclusión ...................................................................... 190
Bibliografía .................................................................... 190

Homosexualidad y sacerdocio ..................................... 192


Ideología ........................................................................ 192
Ciencia ............................................................................. 194
Compasión ....................................................................... 197
Ciencia e ideología en el debate sobre la homosexualidad 197
La compasión y el debate ............................................... 201
Bibliografía .................................................................... 202
10 SEXO, SACERDOCIO E IGLESIA

10. Decisión de apartar a un sacerdote del ministerio


activo y aptitud para el mismo ...................................... 203
Decisiones relativas a la retirada del ministerio ............. 205
Aplicación de los criterios a los casos .......................... 214
Decisiones relativas a la aptitud para el ministerio........... 217
Ideales morales,
espirituales y psicológicos en el ministerio ............. 219
Criterios de aptitud/ineptitud para el ministerio ............. 220
Deterioro en el ministerio
comparado con la ineptitud para el ministerio ......... 223
Conclusión ...................................................................... 226
Bibliografía .................................................................... 226

11. Prevención de la conducta sexual inapropiada


en el ministerio ............................................................... 227
Liderazgo con visión de futuro en el ministerio ............. 228
Tipos de respuesta a la crisis
de la conducta sexual inapropiada .......................... 229
Liderazgo con visión de futuro
y prevención de la conducta sexual inapropiada .... 231
Estrategias para la prevención
de la conducta sexual inapropiada .......................... 234
Conclusión ....................................................................... 241
Bibliografía .................................................................... 242

Índice analítico y onomástico ............................................. 243


Agradecimientos

Quiero mostrar mi sincero agradecimiento a Linda Amadeo por su


amistad y sabios consejos a lo largo de muchos años; a Donald
Cozzens por haber sacado tiempo en su apretadísima agenda para re-
visar el libro y escribir el prólogo; y al equipo editorial de Liturgical
Press: Linda Maloney, Mark Twomey, Aaron Raverty, OSB, Colleen
Stiller y Peter Dwyer, que han convertido en libro lo que sólo era un
proyecto.
Prólogo

No es ninguna exageración afirmar que el escándalo de los abusos


sexuales cometidos por sacerdotes durante las tres últimas décadas
ha sacudido los cimientos de la Iglesia católica. Es más, todo hace
pensar que los efectos de la conmoción seguirán sintiéndose duran-
te los próximos años. Numerosos católicos, eri oleadas sucesivas,
han ido tomado la decisión de denunciar los abusos sexuales come-
tidos contra ellos, cuando eran niños o adolescentes, por sacerdotes
y obispos. En un triste y casi patético intento de evitar el escándalo,
las autoridades de la Iglesia han provocado precisamente un escán-
dalo de una magnitud sin precedentes, por la forma en que han
afrontado esta cuestión desde el punto de vista pastoral y adminis-
trativo; de hecho, en muchos casos han vuelto a herir a las víctimas,
que tendrían que haber sido atendidas por encima de todo. El resul-
tado es que los obispos norteamericanos -cuya credibilidad está ba-
jo mínimos- se encuentran actualmente con un laicado molesto y
desilusionado. Un cardenal arzobispo ha presentado su dimisión,
una media docena de obispos se han visto obligados a dejar el car-
go, y se han presentado acusaciones formales de abusos o delitos se-
xuales contra más de mil sacerdotes estadounidenses.
Aunque las autoridades de la Iglesia han dado pasos serios y sig-
nificativos para poner freno a los abusos y establecer políticas y nor-
mas con el fin de impedir que los sacerdotes inculpados vuelvan a co-
meterlos, se tiene la impresión de que, cuando las comisiones exa-
minadoras estén constituidas, se hayan aplicado estrictamente las po-
líticas y se hayan iniciado los procesos judiciales, podríamos encon-
trarnos de nuevo con la situación anterior al escándalo. Las autorida-
des de la Iglesia no han dicho nada, o casi nada, sobre el significado
del escándalo de los abusos, los factores institucionales que involun-
tariamente contribuyen a la crisis, y la etiología de la actual y trági-
14 SEXO, SACERDOCIO E IGLESIA

ca pesadilla. Quieren que los católicos, y la población en general,


piensen que el escándalo es, pura y simplemente, fruto de la debili-
dad humana -unas pocas manzanas podridas en un gran cesto de
manzanas sanas-. Esta solución, sin embargo, no está siendo bien
acogida. Antes o después, para que los obispos estadounidenses re-
cuperen su autoridad moral, tienen que hacer un análisis honesto,
profundo y sincero de los abusos sexuales perpetrados por sacerdo-
tes. Tal análisis revelará la necesidad de cambios sistémicos y es-
tructurales en la Iglesia católica -y, como es de suponer, a él se opon-
drán los católicos que piensan que la actual estructura clerical ha si-
do establecida por Dios-. A pesar de esa oposición, nada se necesita
con más urgencia que un examen completo del significado, los fac-
tores institucionales y la etiología del escándalo de los abusos.
Quienes dirijan tal estudio, y también todas aquellas personas
que quieran comprender este trágico capítulo del catolicismo norte-
americano, tienen a su disposición un recurso excepcional en el úl-
timo libro de Len Sperry, Sexo, sacerdocio e Iglesia. ¡No hay nada
comparable! Es al mismo tiempo preciso en la fundamentación y en
el estudio del desarrollo psicosexual, erudito y claro, científico y
pastoral, comprehensivo y conciso. Los casos prácticos son presen-
tados con habilidad, y la claridad de expresión del autor hace que el
libro se lea sin dificultad. El significativo logro de Sperry no será só-
lo un recurso esencial para entender los factores que han contribui-
do a la crisis presente, sino que también nos ayudará en nuestros es-
fuerzos por configurar una presencia ministerial más sana y renova-
da en la Iglesia.
Es indudable que el presente volumen, bien organizado y funda-
mentado, merece la atención de un gran abanico de lectores: desde
los obispos y sacerdotes, pasando por la Comisión Keating y las co-
misiones examinadoras diocesanas, los formadores y los padres,
hasta los periodistas y el gran público.

P. DONALD COZZENS, Ph.D.


autor de La faz cambiante del sacerdocio
Introducción

«¿Acabaría realmente con la pedofilia de los sacerdotes la supresión


de la exigencia del celibato?». «¿De qué están hablando: de desa-
rrollo de la identidad de género o de desarrollo psicosexual?».
«Cuando el menor tiene más de trece años, ¿no se trata más bien de
casos de efebofilia?». «El cumplimiento de las cláusulas del Estatu-
to* de los obispos, ¿no hará que aumente aún más la escasez de sa-
cerdotes?». Este tipo de preguntas refleja las preocupaciones sobre
las que muchos de nosotros hemos pensado y hablado últimamente.
A pesar de toda la atención mediática y los artículos y estudios so-
bre conductas sexuales delictivas en la Iglesia, es poco lo que se sa-
be sobre las cuestiones relativas a la sexualidad en las que están im-
plicados algunos sacerdotes. Si bien es cierto que algunos términos
como «desarrollo psicosexual» no están bien delimitados y precisan
una clara definición, y algunas cuestiones tienen carácter ideológico
-por ejemplo, que el celibato es la causa raíz de la pedofilia-, el he-
cho es que hay una escasez de comprensión e inteligibilidad en mu-
chos debates sobre estos asuntos. Aunque en los extraños se pueden
excusar la ignorancia y las imprecisiones, es difícil disculpar a las
personas que se mueven dentro de los círculos de la Iglesia y care-
cen de la información y las directrices necesarias para tomar deci-
siones más informadas sobre cuestiones clave como la retirada del
ejercicio del ministerio de los sacerdotes acusados. Lamentable-
mente, cuando las autoridades y los formadores no tienen suficiente
información y directrices, suelen tomar decisiones basándose en la
opinión o en la ideología.

Se trata del Charter for the Protection of Children and Young People
[Estatuto para la Protección de Niños y Jóvenes], de la Conferencia Episcopal
de los Estados Unidos, cuyo texto puede encontrarlo el lector en
<http://www.usccb.org/bishops/charter.htm>.
16 SEXO, SACERDOCIO E IGLESIA

En un momento en que los expertos están haciendo propuestas


radicales como la de eliminar el sistema de los seminarios, y en que
algunos sacerdotes apreciados pero que han sido acusados de haber
cometido un delito de conducta sexual inapropiada, distante en el
tiempo, se sienten conmocionados por la amenaza de ser retirados
del ejercicio del ministerio, los desafíos son tan exigentes que no se
pueden tomar decisiones tan serias basándose en un conocimiento y
unos criterios tan limitados. Lamentablemente, muchas personas
que necesitan estar informadas tienen poco o ningún acceso a tales
fuentes objetivas, o tienen que rebuscar en los libros y artículos dis-
ponibles, pero ideológicamente tendenciosos, para encontrar algún
tipo de información útil. En la actualidad no hay una obra a la que
acudir para dar con una descripción objetiva y completa de los tér-
minos esenciales y la información clave de fondo sobre las cuestio-
nes sexuales que está afrontando la Iglesia. Tampoco hay una fuente
que clarifique tales cuestiones y proporcione directrices útiles para
tomar decisiones informadas en el nivel político y en los niveles de
ejecución y formación. Una fuente que proporcionara tanto in-
formación como directrices -de un modo objetivo y no ideológico-
sería inapreciable y es urgentemente necesaria. Sexo, sacerdocio e
Iglesia intenta llenar ese vacío.
Por muchas razones, este libro es un recurso único. Es una fuente
concisa, comprehensiva, con autoridad y actualizada del tipo de
información necesaria para comprender controversias actuales y to-
mar decisiones razonadas y responsables. Está dividido en tres par-
tes. La Primera Parte empieza proporcionando al lector un vocabu-
lario de trabajo de los más de cincuenta términos e ideas esenciales
que están en el centro de las preocupaciones y cuestiones actuales.
Después, acompaña al lector a lo largo de todo el proceso del desa-
rrollo psicosexual y de los diversos factores -hormonales, psicoló-
gicos, familiares y sociales- que influyen en el desarrollo. Se des-
cribe e ilustra un modelo integrador de desarrollo psicosexual para
clarificar y aumentar la comprensión que el lector tiene de las con-
secuencias normales y patológicas de los procesos biológicos, psi-
cológicos, sociales, religiosos y espirituales implicados en el desa-
rrollo sexual. Este modelo integrador proporciona un mapa de diag-
nóstico para evaluar la aptitud de los candidatos al ministerio para la
formación y la ordenación.
INTRODUCCIÓN 17

Mientras que la Primera Parte se centra primariamente en el de-


sarrollo sexual sano, la Segunda Parte describe las causas de la con-
ducta sexual inapropiada de los sacerdotes con niños, adolescentes
y adultos. Empieza con un análisis de cuatro determinantes de la
conducta sexual inapropiada: la personalidad del sacerdote y el de-
sarrollo psicosexual; la estructura y la cultura de su organización re-
ligiosa; los factores estresantes y el apoyo de su tarea pastoral ac-
tual; y sus relaciones con feligreses vulnerables. Después se descri-
ben las influencias del patrón de abuso y la actitud narcisista de arro-
garse derecho a todo sobre la identidad profesional del sacerdote.
Después de un breve análisis de la cuestión sobre si la pedofilia y la
efebofilia son conductas delictivas, acciones inmorales o trastornos
psiquiátricos, se describe e ilustra un modelo de vulnerabilidad de
la conducta sexual inapropiada de los sacerdotes. El valor clínico y
la utilización administrativa de este modelo de vulnerabilidad se es-
tudian con más profundidad en la Tercera Parte.
La Tercera Parte describe una serie de cuestiones candentes -in-
cluidas algunas bastante controvertidas- que la Iglesia afronta actual-
mente. Entre ellas se incluyen la elección de candidatos idóneos para
el ministerio sacerdotal, la retirada de sacerdotes del ejercicio del mi-
nisterio, la prevención de la conducta sexual inapropiada y el debate
sobre la homosexualidad. Pero el libro no se limita a describir estas
cuestiones, sino que proporciona directrices y métodos para abordarlas.
Este libro se ha ido gestando en torno a unas premisas basadas
en la investigación. Dos de tales premisas merecen ser mencionadas
aquí. La primera es que el desarrollo psicosexual sucede dentro del
contexto del desarrollo humano e incluye las dimensiones o líneas
de desarrollo biológicas, psicológicas, sociales, religiosas y espiri-
tuales. La dimensión social es amplia e incluye el inmenso, aunque
sutil, impacto de la estructura y la cultura de las instituciones reli-
giosas en las actitudes y conductas sexuales de un sacerdote. La se-
gunda premisa es que el desarrollo psicosexual en los sacerdotes es
un proceso continuo cuya meta última es la integración de la sexua-
lidad y la intimidad. Como el sacerdocio exige el celibato, esta inte-
gración de sexualidad e intimidad tiene que incluir necesariamente
el celibato. Como consecuencia, los sacerdotes con altos niveles de
desarrollo psicosexual suelen ser eficaces en el ministerio porque
son psicológica y espiritualmente maduros.
18 SEXO, SACERDOCIO E IGLESIA

En suma, este libro trata sobre el desarrollo psicosexual desde el


nacimiento hasta la edad adulta, cómo este proceso de desarrollo está
influido por varios factores biológicos, psicológicos, sociales, re-
ligiosos y espirituales, y cómo influye en el funcionamiento perso-
nal y profesional de un sacerdote. Se guía al lector a lo largo de este
proceso de desarrollo y de las diversas trayectorias o caminos sanos
e insanos que puede tomar, incluida la conducta sexual inapro-piada
con niños, adolescentes y adultos. También trata sobre cuestiones y
controversias críticas y apremiantes en torno a la sexualidad de
ministros y sacerdotes.

Sexo, sacerdocio e Iglesia debería merecer el interés de un am-


plio espectro de personas interesadas por las cuestiones sexuales que
la Iglesia afronta actualmente: autoridades de las diócesis y de las
órdenes religiosas que son responsables de la toma de decisiones so-
bre varias cuestiones sexuales; miembros de las comisiones exami-
nadoras laicas de las diócesis encargadas del examen de los casos y
de hacer recomendaciones sobre la permanencia o la retirada de los
sacerdotes del ejercicio del ministerio; profesores y formadores de
los seminarios, teologados y centros de formación para el ministerio
que imparten cursos, aconsejan o proporcionan dirección espiritual
a los seminaristas y a otros ministros ordenados y no ordenados; es-
tudiantes que siguen cursos y seminarios sobre sexualidad en la uni-
versidad o en el seminario; sacerdotes y otros ministros en las pa-
rroquias o en otros contextos pastorales; laicos preocupados por el
futuro del ministerio sacerdotal y de la Iglesia.
Aunque la situación en que se encuentran actualmente los sa-
cerdotes y la Iglesia pueda parecer poco prometedora, tengo la fir-
me esperanza de que de esta crisis surgirá un ministerio sacerdotal
y un modelo de Iglesia nuevos y revitalizados. Espero sinceramente
que este libro sirva, aunque sea en pequeña medida, para propiciar
ese cambio promoviendo el desarrollo psicosexual sano en los sa-
cerdotes y en otros ministros no ordenados.
PRIMERA PARTE

Los HECHOS ESENCIALES:


EL DESARROLLO PSICOSEXUAL
1
Sexo y sexualidad: todo
lo que deberíamos saber

¡Pedofilia, efebofilia, identidad de género, desarrollo psicosexual,


parafilias! Aunque estas palabras se emplean como tópicos en la
prensa y en los reportajes televisivos, lamentablemente parece que el
conocimiento de estos y otros términos es más bien escaso. De he-
cho, resulta irónico que durante años la sexualidad apenas haya sido
objeto de debates abiertos en círculos cristianos y ahora parece que
hay otros temas que son más ampliamente discutidos o más urgentes.
Por desgracia tenemos la impresión de que muchos de esos debates
se realizan sin la suficiente información o de que en ellos se divaga
más de lo que sería de desear, porque todavía no hay una compren-
sión común del significado de tales términos y conceptos. Aun cuan-
do este capítulo no tiene la pretensión de ser el compendio definitivo
de la terminología sobre sexo y sexualidad, intenta ofrecer una des-
cripción razonablemente objetiva y definiciones de varios conceptos
necesarios para comprender las cuestiones actuales, sin ningún pre-
juicio ideológico que defender ni posiciones que sostener.
A continuación se definen y describen o ilustran brevemente más
de cincuenta términos y conceptos comúnmente usados y que han si-
do agrupados en cinco categorías: sexo y sexualidad; desarrollo se-
xual y de género; intimidad y sexualidad; orientaciones sexuales y de
género; y dificultades y trastornos sexuales. En lugar de seguir un or-
den alfabético, como en un glosario, los términos siguen una secuen-
cia lógica, en la que primero se describen y definen los conceptos bá-
sicos, y después se explican los términos que se forman a partir de ta-
les conceptos. La Tabla 1-1 contiene la lista de esos términos.
22 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

TABLA 1-1: TÉRMINOS SEXUALES

Sexo y sexualidad
Sexo
Sexualidad
Prácticas sexuales
Orgasmo
Salud sexual
Familia sexualmente sana

Desarrollo sexual y de género


Psicosexual
Desarrollo psicosexual
Madurez psicosexual [es decir, sexualidad integrada]
Orientación sexual
Identidad sexual
Identidad de género
Estereotipos de roles de género

Intimidad y sexualidad
Intimidad Pseudo-intimidad
Intimidad sexual y no sexual
Intimidad célibe Sexualidad
célibe Barreras a la intimidad
Sexualidad y espiritualidad

Orientaciones sexuales y de género


Androginia
Heterosexualidad
Homosexualidad
Homofobia
Escala de clasificación de la orientación sexual
Homosexualidad situacional
Lesbianismo
Bisexualidad
Transgenerismo
Transexualismo
SEXO Y SEXUALIDAD: TODO LO QUE DEBERÍAMOS SABER 23

Dificultades y trastornos sexuales


Fijación
Límites
Delincuente sexual
Abuso sexual
Vulnerabilidad
Conducta sexual inapropiada
Acoso sexual
Patrón de abuso y personalidad abusiva
Adicción sexual
Compulsividad sexual
Parafilias
Pedofilia
Pedófilo
Pedófilo fijado
Pedófilo regresivo
Efebofilia
Efebófilo fijado
Efebófilo regresivo
NMBLA
Deterioro
Ansiedad profesional
Ineptitud para el ministerio

SEXO Y SEXUALIDAD

Sexo. La palabra «sexo» tiene dos acepciones comunes. La primera alude


al aspecto biológico de la persona, la constitución biológica individual
basada en el aspecto de los genitales -que indica si una persona es un
varón o una mujer-. La segunda designa la conducta genital, es decir, lo
que pensamos, sentimos y hacemos sexualmen-te. Esto incluye la
excitación y las actividades asociadas con sensaciones sexuales: fantasías,
masturbación, estimulación previa o relaciones sexuales para sentir placer
y/o en función de la reproducción.
24 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

Sexualidad. La sexualidad abarca tanto el sexo, es decir, quiénes


somos y qué pensamos, sentimos y hacemos sexualmente, como los
significados que damos al sexo. «Lo que nuestro cuerpo significa
para nosotros, cómo nos entendemos como mujer o como varón, el
modo en que nos sentimos cómodos expresando afecto: esto forma
parte de nuestra sexualidad... En este sentido más amplio, la sexua-
lidad es cómo hacemos que el sexo sea significativo» (Whitehead y
Whitehead 1989, p. 45). Aun cuando la sexualidad incluye normal-
mente signos físicos o muestras de cuidado y afecto como acariciar,
no incluye necesariamente las relaciones genitales o prácticas se-
xuales afines.

Prácticas sexuales. Son las diversas formas de actividad sexual


-entre las cuales se incluyen el sexo pene-vaginal, la masturbación,
el sexo anal y el sexo oral- que pueden llevar al orgasmo.

Orgasmo. Orgasmo es el conjunto de breves e intensas sensaciones


en los genitales -que pueden extenderse por todo el cuerpo- que se
experimentan durante el climax o cumbre de la excitación y la res-
puesta sexual. Se caracteriza por una serie de contracciones muy pla-
centeras de los músculos pélvicos que acompañan a la descarga de la
tensión sexual. En los varones puede incluir también la eyaculación.

Salud sexual. Este término designa las actitudes, relaciones y con-


ductas relativas a la sexualidad. También se refiere a la ausencia de
enfermedades de transmisión sexual. Personas sexualmente sanas
son aquellas que ven la sexualidad en clave positiva, se sienten có-
modas con su propia sexualidad y pueden relacionarse con otras de
un modo sexual y emocionalmente responsable a la vez que mantie-
nen unos límites apropiados.

Familia sexualmente sana. Las personas sexualmente sanas se de-


sarrollan, por lo general, dentro de familias sexualmente sanas, es
decir, familias donde tanto las identidades personales como la inte-
gridad del sistema familiar se mantienen y donde se respetan los lí-
mites entre los sexos. Tales familias transmiten valores sexuales
apropiados desde el punto de vista del desarrollo, y sus miembros
experimentan formas positivas de contacto e interacción física sin
invasión emocional o física (Friberg y Laaser 1998).
SEXO Y SEXUALIDAD: TODO LO QUE DEBERÍAMOS SABER 25

DESARROLLO SEXUAL Y DE GÉNERO

Psicosexual. Psicosexuales son los aspectos emocionales y/o cogni-


tivos de la sexualidad.

Desarrollo psicosexual. El desarrollo psicosexual -que actualmente


se denomina cada vez más «desarrollo de la identidad de género»-
es una expresión comúnmente usada, pero difícil de precisar; de
hecho, el consenso acerca de su exacto significado y método de
valoración es escaso. Aunque la perspectiva psicoanalítica ha sido
objeto de muchas críticas, sigue siendo ampliamente conocida. En
esta perspectiva, el desarrollo psicosexual es un proceso de creci-
miento por etapas de la sexualidad que afecta al desarrollo de la per-
sonalidad. Freud creía que la necesidad de gratificación erótica está
presente desde el nacimiento, y que su fuerza o energía impulsora,
la libido, es la motivación básica del crecimiento. Este proceso de
desarrollo pasa generalmente por cinco etapas, cada una de ellas
asociada con una zona erógena específica en la que se centra la libi-
do: oral, anal, fálica, de latencia y genital. Tal desarrollo es normal
o tiene lugar sin incidentes en muchos individuos, pero en otros que-
da interrumpido o «fijado». Según Freud, el desarrollo psicosexual
«normal» implica la interiorización de las normas culturales, la
identificación con el progenitor del mismo sexo y la obtención de la
gratificación sexual con personas del otro sexo. Cuando un adulto
queda fijado, continúa buscando gratificación de maneras que sólo
son apropiadas para niños o adolescentes (Freud 1924/1968, pp.
322-327; Craig y Baucom 2002, pp. 44-45).

Hay que observar que existen otras dos teorías del desarrollo
psicosexual o de la identidad de género menos conocidas, a saber: la
teoría del aprendizaje social y la teoría del desarrollo cognitivo
(Longress 2000). No obstante, en ausencia de una teoría empírica-
mente validada del desarrollo psicosexual, muchas personas, inclui-
das muchas autoridades religiosas y formadores, aceptan esencial-
mente la teoría del desarrollo psicosexual de Freud, aunque creen
que el crecimiento psicosocial y psicosexual está influido también
por otros factores, incluidos los valores espirituales y religiosos. Se
ha dicho que la meta del desarrollo psicosexual no es el orgasmo, si-
26 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

no más bien la capacidad de amar con madurez (Goergen 1974, p.


180). Un nivel alto de desarrollo psicosexual recibe el nombre de
madurez psicosexual.

Madurez psicosexual. Este término designa el nivel más alto de de-


sarrollo psicosexual, en el que un individuo ha completado con éxi-
to las tareas de desarrollo psicosexual asociadas con adolescentes y
adultos (DeLamater y Friedrich 2002, p. 12). En el monumental es-
tudio sobre los sacerdotes católicos en los Estados Unidos, patroci-
nado por la Conferencia Episcopal Estadounidense, se recogían cua-
tro niveles de desarrollo psicológico entre los sacerdotes. Estos cua-
tro niveles representan un continuum de desarrollo del más bajo al
más alto: (1) mal desarrollado, (2) infradesarrollado, (3) en desarro-
llo, y (4) desarrollado. Los investigadores descubrieron que el desa-
rrollo psicosexual (que ellos llaman «madurez psicosexual») era el
factor de predicción más fiable o nivel «desarrollado», mientras que
el segundo era el desarrollo psicosocial (basado en el modelo de de-
sarrollo por etapas de Erikson) (Kennedy y Heckler 1971, p. 171).

Orientación sexual. La orientación sexual alude a la preferencia


emocional y erótica por la categoría de personas -heterosexual, ho-
mosexual o bisexual- que un individuo prefiere para relacionarse se-
xual o íntimamente. La palabra operativa aquí es «preferencia» en-
tre alternativas claras. Por ejemplo, cuando se niega o se limita el ac-
ceso a los compañeros sexuales preferidos, los reclusos de un cen-
tro penitenciario, que en otras circunstancias serían heterosexuales,
podrían participar en actividades homosexuales. Este fenómeno re-
cibe el nombre de homosexualidad situacional. Una visión alterna-
tiva de la orientación sexual se basa en la excitación, más que en la
preferencia (Storms 1981).

Identidad sexual. La identidad sexual designa la autoidentificación


de una persona como heterosexual, gay, lesbiana o bisexual.
«Autoidentificación» es el término operativo que indica si una per-
sona se considera varón o mujer. La identidad sexual indica también
si la persona se considera atractiva para otras. Este término guarda
relación con la identidad de género, pero se diferencia de ella.
SEXO Y SEXUALIDAD: TODO LO QUE DEBERÍAMOS SABER 27

Identidad de género. La identidad de género se refiere al sentido


subjetivo que una persona tiene de ser un varón o una mujer. Este
sentido se adquiere comúnmente a los tres años de edad. Mientras
que sexo es una designación biológica, género es una designación
socialmente construida. Estrechamente relacionado con la identidad
de género está el rol de género, que es el conjunto de normas social
y culturalmente específicas relativas a las actitudes y conductas que
se esperan de varones y mujeres. Por otro lado, la identidad del rol
de género es la medida en que un individuo interioriza de hecho esas
actitudes y conductas esperadas. En otras palabras, la identidad de
género es el sentido interior del yo que una persona tiene como va-
rón o como mujer, mientras que el rol de género es la expresión ex-
terior de lo que la persona siente, piensa, dice y hace para demostrar
a otros que es un varón o una mujer. Además, el rol de género y la
identidad de género se reflejan en la masculinidad y la feminidad.
Finalmente, puede resultar que la identidad sexual difiera de la
identidad de género. Por ejemplo, algunos podrían considerar que
un individuo con una preferencia e identificación claramente hete-
rosexuales, pero que manifiesta algunos rasgos femeninos y relati-
vamente pocas características masculinas clásicas, tiene una orien-
tación homosexual.

Estereotipos de roles de género. Este término designa las creencias


excesivamente simplificadas, rígidas y preconcebidas sobre los ro-
les de género de varones y mujeres. Estas creencias pueden abarcar
características de comportamiento, psicológicas, emocionales o re-
ligiosas. Los estereotipos de género pueden adoptar dos formas. En
la primera, un individuo podría exhibir un número de características
asociadas con un género y afirmar que tiene o valora las caracterís-
ticas del otro género. Por ejemplo, un sacerdote podría vanagloriarse
de dar una imagen de macho y despreciar, de un modo verbal o no
verbal, a otros varones que muestran rasgos más femeninos o re-
finados. En la segunda, un individuo sería considerado objeto de los
estereotipos de género si otros hacen valoraciones negativas sobre él
porque exhibe algunas o muchas de las características asociadas con
el otro sexo. Por ejemplo, los feligreses podrían comentar entre sí
sobre las maneras afeminadas del sacerdote y cuestionar su orienta-
ción sexual.
28 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

INTIMIDAD Y SEXUALIDAD

Intimidad. La intimidad se refiere a aquellos sentimientos de una


relación que promueven la cercanía o el apego y también la expe-
riencia de cordialidad. Este sentido de cercanía puede incluir víncu-
los emocionales, intelectuales, sociales y espirituales. No obstante,
no todas las relaciones estrechas son íntimas. Por ejemplo, uno pue-
de trabajar en estrecho contacto con un colega, pero la relación no
se considerará íntima si falta el segundo componente, es decir, la ex-
periencia de cordialidad y afecto. La intimidad es una relación per-
sonal estrecha, familiar y a menudo afectuosa con otra persona que
implica un profundo conocimiento de esa persona y también una ex-
presión proactiva de los propios pensamientos, sensaciones y senti-
mientos que sirven como muestra de familiaridad (Bagarozzi 1999,
p. 66). Tal cercanía en las amistades o en las relaciones románticas
comporta muchas veces la coexistencia de sentimientos ambivalen-
tes, tanto positivos como negativos. «La madurez en la intimidad
significa aprender a vivir con la alegría y la tensión que produce es-
tar cerca» (Whitehead y Whitehead 1989, p. 5). La expresión geni-
tal puede desempeñar un papel en las relaciones íntimas o puede es-
tar totalmente ausente; así mismo, puede haber actividad sexual con
intimidad o sin ella.

Pseudo-intimidad. Con este término se denomina una relación que


parece íntima, pero que en realidad no lo es. En la pseudo-intimidad,
las sensaciones intensamente sexuales sustituyen a la intimidad au-
téntica, y la verdadera naturaleza de la relación se mantiene en se-
creto, con el fin de mantener la ficción de que se trata de una rela-
ción de afecto y evitar la confrontación.

Intimidad sexual y no sexual. La intimidad sexual designa la se-


xualidad en una relación íntima en todas sus variantes, que van des-
de el contacto amable hasta la relación genital. Es intimidad eroti-
zada y, por tanto, se puede distinguir de la intimidad no erotizada o
no sexual. La intimidad no sexual incluye la intimidad emocional
y la intimidad social, es decir, un sentido de cercanía con otra per-
sona sin expresión genital. Puede incluir la intimidad intelectual,
que implica «compartir ideas e ideales, tanto de la mente como del
SEXO Y SEXUALIDAD: TODO LO QUE DEBERÍAMOS SABER 29

corazón, a la vez que se afrontan cuestiones importantes para el


mundo y para la vida particular de una persona» (Kenel 2002, p. 30).
Finalmente, puede incluir también la intimidad espiritual, es decir,
un sentido de cercanía a Dios.

Intimidad célibe. La intimidad célibe es la capacidad de compartir


una amistad profunda sin estar casado y sin violar la castidad física
o psicológicamente. Algunos piensan que, para un sacerdote, esta
forma de intimidad es un don y una gracia (Cozzens 2003).

Sexualidad célibe. Similar a la noción de intimidad célibe, la se-


xualidad célibe es una expresión de la sexualidad que está centrada
en la amistad y que se esfuerza por vivir la intimidad no genital
(Goergen 1974).

Barreras a la intimidad. Son barreras a la intimidad aquellas con-


ductas específicas, déficits en habilidades o disposiciones que efec-
tivamente bloquean a un individuo o le impiden formar o mantener
un vínculo estrecho con otro. Entre ellas se incluyen el miedo a la
fusión en el otro, la falta de confianza, la limitada capacidad de em-
patia, la comunicación insensible, el autoengaño, el perfeccionismo,
el aislamiento y la incapacidad de lograr un sentido de identidad
personal. De por sí, la presencia de un trastorno del carácter o de la
personalidad, como el trastorno narcisista, límite o antisocial de la
personalidad, es una de las principales barreras a la intimidad.

Sexualidad y espiritualidad. Se puede ver la sexualidad en relación


con la espiritualidad. Una de las muchas maneras de describir la es-
piritualidad es afirmar que consiste en configurar la propia vida en
torno a la experiencia de Dios (Nelson 1988, p. 24). Si se puede
aceptar que «haber sido creados a imagen de Dios para buscar y go-
zar de una comunión íntima es una cualidad humana básica, y que
nuestro desarrollo psicológico desde la infancia se construye sobre
esa característica, identificamos un principio teológico útil. Esto
apunta a la realidad según la cual nuestra vida espiritual está ligada
a nuestro desarrollo psicológico» (Friberg y Laaser 1998, p. 33). Da-
do que el desarrollo psicológico incluye inevitablemente el desarro-
llo sexual, la espiritualidad y la sexualidad están íntegramente reía-
30 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

cionadas. Por último, también se puede establecer una relación en-


tre la espiritualidad y la intimidad, de tal modo que la intimidad es-
piritual se describe como un sentido de cercanía y adhesión a Dios.

ORIENTACIONES SEXUALES Y DE GÉNERO

Androginia. Es la capacidad que un individuo tiene de desplegar


una serie de conductas o rasgos masculinos o femeninos, depen-
diendo de cuáles sean apropiados en una determinada situación. La
androginia implica que un individuo puede ser compasivo y aserti-
vo, emocional y lógico, pero también condicionado o más libre, se-
gún las circunstancias.

Heterosexualidad. La heterosexualidad es la conducta o el deseo


sexual dirigido hacia una o más personas del otro sexo.

Homosexualidad. Son homosexuales las personas cuya conducta o


deseo sexual se dirige hacia una o más personas de su mismo sexo.
En las culturas occidentales a los varones homosexuales se les de-
nomina a veces gays, aunque en algunos lugares este término se em-
plea para designar a las personas homosexuales de ambos sexos.
Homofobia es un miedo irracional a la homosexualidad o a los in-
dividuos homosexuales.

Escala de clasificación de la orientación sexual. En la década de


1940, un grupo de investigadores, encabezado por Alfred Kinsey,
desarrolló una escala de clasificación de 7 puntos llamada «Escala
de clasificación de la orientación sexual», para describir y medir la
orientación sexual. En esta escala el 0 representa a los individuos
con una orientación exclusivamente heterosexual, mientras que el 6
representa a los individuos con una orientación exclusivamente ho-
mosexual. En los puntos 1 y 5 se clasificó a los individuos con una
orientación predominantemente heterosexual (1) o predominante-
mente homosexual (5), mientras que en los puntos 2, 3 y 4 se clasi-
ficó a los individuos con orientaciones bisexuales.
Recientes investigaciones realizadas científicamente indican que
entre el 3 y el 5 por ciento de los varones adultos norteamericanos y
SEXO Y SEXUALIDAD: TODO LO QUE DEBERÍAMOS SABER 31

en torno al 1 por ciento de las mujeres adultas norteamericanas son


homosexuales. Estos datos -y los de otros estudios similares- no
apoyan la creencia, compartida por muchos, según la cual al menos
el 10 por ciento de los adultos norteamericanos son gays o lesbianas
(King 2002).

Homosexualidad situacional. La homosexualidad situacional es


propia de las personas heterosexuales que tienen conductas homose-
xuales cuando su acceso a la conducta heterosexual es limitado o ne-
gado, como en las prisiones, los internados, etcétera (Sperry 2000a).

Lesbianismo. El lesbianismo es la orientación sexual por la que una


mujer tiene preferencia, se siente atraída y/o realiza actividades se-
xuales con una o varias mujeres. Las lesbianas son mujeres homo-
sexuales.

Bisexualidad. Bisexualidad designa la orientación sexual en la que


una persona tiene preferencia, se siente atraída y/o realiza activida-
des sexuales con varones y con mujeres. Es relativamente poco lo
que se conoce sobre el número de personas bisexuales, sobre su por-
centaje en el conjunto de la población y sobre cómo sus relaciones
se diferencian de las de los individuos exclusivamente heterosexua-
les u homosexuales. Además, apenas hay acuerdo entre los investi-
gadores acerca de lo que constituye la bisexualidad, como tampoco
lo hay acerca de si se trata de un rasgo permanente y no sólo de una
cuestión de conveniencia u oportunidad.

Transgenerismo. El transgenerismo designa el continuum a lo largo


del cual los individuos muestran conductas que son asociadas con el
otro género. El término transgenerista designa a la persona cuyos ro-
les y conductas de género -como, por ejemplo, el travestismo- son
contrarias a las esperadas por la cultura en función de su anatomía.

Transexualismo (o transexualidad). El transexualismo es el inten-


so y prolongado malestar psicológico con el propio sexo biológico,
que a menudo lleva al individuo a recurrir a la cirugía para «corre-
gir» su condición sexual. Un transexual es una persona adulta cuya
identidad de género no corresponde a su sexo biológico.
32 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

DIFICULTADES Y TRASTORNOS SEXUALES

Fijación. Es una «paralización» en el desarrollo o la incapacidad de


alcanzar una meta del desarrollo, por la que se produce un estanca-
miento en una etapa previa del desarrollo psicosexual, que hace que
el adulto actúe de una forma que no es adecuada a su edad en deter-
minadas situaciones, o que busque gratificación de modos que sólo
son apropiados para niños o adolescentes.

Límites. Los límites son normas, reglas o códigos de conducta que


caracterizan el espacio o el entorno personal de un individuo y su
sentido de seguridad y protección. Los límites sanos proporcionan a
los individuos un entorno de apoyo y seguro desde el punto de vista
físico, emocional, sexual y espiritual. Los límites enfermizos no
proporcionan este tipo de entorno, porque son demasiado rígidos,
inestables o inconsistentes, y son violados por otros intencionada o
inadvertidamente. Frases como «estás demasiado cerca» o «estás in-
vadiendo mi espacio personal» reflejan violaciones de los límites.
Las cuestiones relativas a los límites son complejas en el caso de
los sacerdotes y pueden crear desafíos y tensiones al marcar fronte-
ras que difieren de los que se producen en otros profesionales de la
ayuda, como médicos o psicoterapeutas. Además de presidir las ce-
lebraciones litúrgicas, un sacerdote puede proporcionar consejo pas-
toral y dirección espiritual, o participar con los mismos feligreses en
actividades como dirigir reuniones de grupos, reunir fondos y aten-
der asuntos sociales. Esta multiplicidad de roles sería antiética para
un psicoterapeuta basado en el principio de las relaciones duales
(Gonsiorek 1999). Además de ser fuente de considerable estrés y
tensión, tales desafíos a los límites son consideraciones importantes
a la hora de determinar si y cómo un sacerdote debe permanecer, ser
retirado o retornar al ejercicio del ministerio.

Delincuente sexual. Un delincuente sexual es un adulto (a) que tie-


ne contacto sexual con un menor con el objeto de excitarse sexual-
mente, o (b) que tiene contacto sexual con personas mayores de
edad, pero la actividad sexual no es deseada o está fuera de control
(Bryant 1999, p. 89). Cabe describir tres formas de delincuencia se-
xual en el clero: (1) pedofilia, cuando el delito y la conducta sexual
SEXO Y SEXUALIDAD: TODO LO QUE DEBERÍAMOS SABER 33

inapropiada tienen lugar con pre-púberes; (2) efebofilia, cuando el


delito y la conducta sexual inapropiada tienen lugar con adolescen-
tes menores de edad post-púberes; y (3) abuso sexual contra adul-
tos o conducta sexual inapropiada con adultos, cuando el delito y
la conducta sexual inapropiada tienen lugar con adultos varones o
mujeres, y las actividades sexuales son no deseadas y compulsivas,
están fuera de control y/o implican violaciones de los límites. Tales
conductas incluyen acoso sexual, relaciones sexuales, tocamientos,
empleo de la fuerza física, felaciones, cunnilingus o violaciones.
Las estimaciones más fiables «sugieren que aproximadamente el
6 por ciento de los sacerdotes católicos han cometido algún delito
sexual contra menores; las víctimas de la mayoría de esos delin-
cuentes (en torno al 80 por ciento, o más) han sido niños post-púbe-
res... Se desconoce el número de sacerdotes que han tenido algún ti-
po de actividad sexual con adultos que han consentido» (Plante
1999, p. 172).

Abuso sexual. Abuso sexual es la invasión de los límites sexuales de


una persona por alguien que tiene influencia o poder emocional, fí-
sico o espiritual sobre ella. El abuso sexual daña inevitablemente a
las personas vulnerables desde el punto de vista psicológico.

Vulnerabilidad. Vulnerabilidad es una condición en la que hay una


reducida capacidad para hacer frente y resistir a la invasión de los
propios límites.

Conducta sexual inapropiada. La conducta sexual inapropiada de-


signa una transgresión de la relación profesional e incluye cualquier
actividad sexual considerada inmoral o ilegal. La conducta sexual
inapropiada incluye las acciones sexuales cometidas por un profe-
sional que viola los límites de un individuo. Así, debido al estatus
que corresponde a los sacerdotes como ministros ordenados profe-
sionales, es más exacto que se denomine conducta sexual inapropia-
da al abuso sexual perpetrado por miembros del clero contra feli-
greses o contra otras personas dentro del ámbito de su ministerio.

Acoso sexual. Es el uso de poder o influencia emocional, económi-


ca, social u organizativa para tener acceso o dominio sexual sobre
34 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

una persona que es vulnerable a esa influencia. Puede incluir, de for-


ma premeditada o no, la creación de un entorno hostil en el que pa-
labras, acciones, materiales gráficos o burlas causan tal incomodi-
dad a los individuos que éstos no pueden actuar con normalidad
dentro de ese entorno (Friberg y Laaser 1998, p. xi).

Patrón de abuso y personalidad abusiva. El patrón de abuso es el


patrón propio de la conducta abusiva -abuso físico, verbal, emocio-
nal y/o sexual- que caracteriza a la personalidad abusiva. Los indi-
viduos que tienen una personalidad abusiva no actúan necesaria-
mente de modo abusivo en todo momento y en todas las situaciones,
sino más bien en situaciones y circunstancias específicas que acti-
van el patrón de abuso. El abuso emocional es común a todas las for-
mas de abuso. La investigación indica que el abuso emocional pue-
de servir como paso previo al abuso físico y sexual. Por ejemplo, un
gesto o comentario emocionalmente abusivo puede recordar a una
persona, víctima un abuso sexual anterior, que puede ser objeto de
abuso o maltrato sexual en cualquier momento. En el patrón de abu-
so subyace el tema de la dominación o el poder de la subyugación.
La personalidad abusiva se preocupa por dominar, por controlar có-
mo piensan, sienten y actúan otros (Sperry 2000a). Muchos pedófi-
los y efebófilos fijados presentan una personalidad abusiva.

Adiccion sexual. Adiccion sexual designa una relación patológica


con cualquier forma de actividad sexual que el individuo es incapaz
de controlar, empeora progresivamente y, por lo general, tiene con-
secuencias negativas (Carnes 1983; 1991).

Compulsividad sexual. La compulsividad sexual es la pérdida de


capacidad para decidir libremente si proseguir o no con una deter-
minada conducta sexual. Se refiere también a situaciones en las que
se produce la continuación de la conducta a pesar de las consecuen-
cias adversas, y la persona compulsiva mantiene su conducta a pe-
sar de los esfuerzos realizados para detener o reducir la frecuencia
de esas conductas. Las conductas compulsivas se ven exacerbadas y
reforzadas por las obsesiones que las acompañan, es decir, los pen-
samientos obsesivos (Bryant 1999).
SEXO Y SEXUALIDAD: TODO LO QUE DEBERÍAMOS SABER 35

Parafílias. Parafilias son los trastornos psicosexuales en los que se


requiere una forma desviada o intensa de conducta sexual para ex-
perimentar la estimulación, excitación y gratificación sexual. El
DSM-IV identifica y describe ocho tipos de parafilias, que incluyen
el exhibicionismo, p. ej., exponer los propios genitales a extraños
que no lo esperan; el fetichismo, p. ej., sostener un objeto inanima-
do -como ropa interior femenina- al masturbarse; elfrotteurismo, p.
ej., tocar o rozar a una persona en contra de su voluntad; el maso-
quismo sexual, p. ej., excitarse sexualmente al ser humillado, gol-
peado o atado; el sadismo sexual, p. ej., infligir sufrimiento a una
víctima; el fetichismo travestista, p. ej., intensa excitación al ponerse
ropas propias del otro género; el voyeurismo, p. ej., observar cómo
se desnuda o realiza una actividad sexual una persona que no sabe
que es observada; y la pedofilia, que es descrita en el párrafo
siguiente.

Pedofilia. Pedofilia es la actividad sexual realizada por adultos con


niños pre-púberes, de trece años de edad o menores. Tal actividad
puede consistir en desnudar al niño, mostrarle los genitales, mastur-
barse en su presencia, tocar o acariciar, hacer una felación o cunni-
lingus, penetrar al niño con el pene, con un dedo o con otro objeto.
Actualmente se considera que la pedofilia es un grave fallo moral, un
delito legal y un trastorno psiquiátrico sexual, denominado «trastorno
psicosexual» o «parafilia» en el DSM-IV-TR (American Psychiatric
Association 2000). Desde el punto de vista legal, la mayoría de los
Estados establecen en su legislación que la actividad sexual entre un
adulto y un niño menor de doce o trece años constituye pedofilia, que
es un delito, independientemente del número de veces que el niño ha-
ya sido molestado. El DSM-IV-TR especifica tres criterios que se han
de cumplir para que el diagnóstico de pedofilia sea correcto. Primero,
el adulto tiene que experimentar, durante un periodo de al menos seis
meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impul-
sos sexuales o conductas que implican actividad sexual con un menor
pre-púber. Segundo, las fantasías o los impulsos sexuales provocan al
individuo malestar acusado o dificultades en las relaciones interper-
sonales. Tercero, la persona debe tener al menos dieciséis años de
edad y ha de ser por lo menos cinco años mayor que el niño o los ni-
ños (American Psychiatric Association 2000).
36 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

Un pedófilo es un adulto que se siente sexualmente atraído por


niños pre-púberes. Se pueden describir diferentes tipos de pedófilos.
El DSM-IV-TR distingue dos tipos de pedófilos: el «tipo exclusivo»
engloba a los que se sienten atraídos sólo por los niños, y el «tipo no
exclusivo» engloba a los que se sienten atraídos primariamente por
niños, pero a veces también por adultos. Es más común la distinción
entre pedofilia fijada y regresiva (Groth, Hobson y Gary 1982). Un
pedófilo fijado es un individuo cuyo interés sexual primario está en
los niños, y nunca o casi nunca realiza una actividad sexual con
iguales. Estos individuos suelen estar interesados en la pornografía
infantil, pueden masturbarse compulsivamente y a menudo usan al-
cohol u otras drogas, por su efecto desinhibidor. Tienden a ser cal-
culadores, más que impulsivos, en sus aventuras sexuales, y usan la
sagacidad, el engaño y la intimidación. Cada vez hay un mayor con-
senso en que estos individuos son psicosexualmente inmaduros, y su
desarrollo ha quedado fijado o detenido. Por otro lado, un pedófilo
regresivo es descrito como un individuo cuya orientación sexual pri-
maria se dirige a adultos del otro sexo. Cuando se encuentran bajo
un estrés extremo, tales individuos pueden regresar psicológicamente
a una etapa psicosexual anterior y tener sexo con un niño. Las es-
timaciones más fiables indican que algo menos del dos por ciento de
los sacerdotes han tenido sexo con niños pre-púberes (Plante 1999,
p. 172).

Los investigadores distinguen a los pedófilos de los incestuosos


y los abusadores de niños. Los incestuosos abusan sexualmente de
un niño o de un miembro de su propia familia, mientras que los abu-
sadores de niños pueden molestar sexualmente a un niño vulnerable,
pero a menudo no tienen preferencia erótica exclusiva por un niño,
a diferencia de lo que sucede con un pedófilo (Shriver et al. 2002).

Efebofília. Efebofilia es la atracción y excitación sexual de adultos


con menores post-púberes o adolescentes (cuyas edades podemos
arbitrariamente situar entre los catorce y los diecisiete años). La ac-
tividad sexual con un niño de trece o menos años de edad es consi-
derada pedofilia. El límite de edad se sitúa en los diecisiete años,
porque se supone que, legalmente, las personas de dieciocho años o
más pueden tener actividades sexuales con un adulto con pleno con-
SEXO Y SEXUALIDAD: TODO LO QUE DEBERÍAMOS SABER 37

sentimiento. Resulta interesante que la ley eclesiástica establezca


los dieciséis años como la edad en la que un individuo puede con-
sentir plenamente, es decir, tener sexo con pleno consentimiento.
Curiosamente, la efebofilia es considerada tanto un grave fallo mo-
ral como un delito legal -pero no uno de los trastornos psiquiátricos
codificados en el DSM-IV, a diferencia de la parafilia- (American
Psychiatric Association 2000). Los efebófilos son adultos que se
sienten sexualmente atraídos y excitados por menores post-púberes
o adolescentes. Se puede establecer una distinción clínicamente útil
entre los efebófilos fijados y los regresivos (Groth, Hobson y Gary
1982). Un efebófilo fijado es descrito como un individuo cuyo inte-
rés sexual primario está centrado en adolescentes y nunca o casi
nunca tiene sexo con otros adultos. Estos individuos suelen estar in-
teresados en la pornografía y comúnmente usan alcohol u otras dro-
gas, por su efecto desinhibidor, antes de iniciar la actividad sexual.
Tienden a ser calculadores, más que impulsivos, en sus aventuras se-
xuales y usan la sagacidad, el engaño y la intimidación. Cada vez
hay un mayor consenso en que estos individuos son psicosexual-
mente inmaduros, y que su desarrollo ha quedado fijado o detenido.
Por otro lado, un efebófilo regresivo es descrito como un individuo
cuya orientación sexual primaria se dirige a adultos del otro sexo.
Cuando se encuentran sometidos a un estrés extremo, tales indivi-
duos pueden regresar psicológicamente a una etapa psicosexual an-
terior y tener sexo con un adolescente. Las estimaciones más fiables
indican que en torno al 4-5 por ciento de los sacerdotes han tenido
sexo con menores post-púberes (Plante 1999, p. 172).

NMBLA. Noticias recientes han informado de que algunos sacerdo-


tes pedófilos condenados han sido miembros o han defendido las ac-
tividades de la NMBLA. ¿Qué es la NMBLA y que conexión tiene con
la pedofilia? La North American Man/Boy Love Association [NMBLA
= Asociación Norteamericana para el Amor entre Hombres y Niños]
es un grupo de gays que abogan por las relaciones sexuales entre
adultos y menores pre-púberes, que ellos consideran «relaciones in-
tergeneracionales» con consentimiento. Los grupos mayoritarios
dentro del colectivo de gays y lesbianas, como la Human Rights
Campaign Fund y la International Lesbian and Gay Association se
han distanciado de la NMBLA porque apoya las actividades pedofíli-
38 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

cas. Estos grupos insisten también en que la NMBLA no es una orga-


nización gay, y la excluyen de las Celebraciones del Orgullo Gay y
de otras publicaciones y actividades conjuntas (Shriver et al. 2002).

Deterioro. Deterioro designa la inhabilidad para cumplir las fun-


ciones propias del ministerio por causa de una enfermedad debilita-
dora médica, relacionada con sustancias, o psiquiátrica, o debido a
la falta de «ajuste» entre un ministro predispuesto y su destino en
una determinada diócesis o provincia. El deterioro -por ejemplo, un
cáncer terminal o un alcoholismo crónico- tiende a reducir en gran
medida, e incluso a impedir, que el ministro realice todas o la ma-
yoría de sus funciones ministeriales. No obstante, muchos deterio-
ros pueden ser tratados o remediados, y algunos pueden curarse
-por ejemplo, fobias como el miedo a las alturas o a hablar en pú-
blico-. Se puede distinguir el deterioro de la «ansiedad profesional »
y de la «ineptitud para el ministerio». En la ansiedad profesional un
ministro que desempeña sus funciones activamente tiene de modo
ocasional un rendimiento menor, debido a factores estresantes espe-
cíficos internos o externos. Muchas veces la ansiedad profesional se
puede aliviar haciendo frente a los factores estresantes específicos o
respondiendo a ellos. Por otro lado, en la situación de ineptitud pa-
ra el ministerio los individuos pueden cumplir normalmente mu-
chas o casi todas las funciones de su ministerio suficientemente bien
sin detectar su ineptitud, como sucede a menudo con la conducta se-
xual inapropiada o la apropiación indebida de fondos, al menos en
las primeras fases (Sperry 2000b). No obstante, debido a que en la
ineptitud para el ministerio subyace un patrón de abuso y una opa-
cidad de carácter, y ordinariamente una falta de disposición a parti-
cipar o responder a los esfuerzos por afrontar la ineptitud, el trata-
miento o los nuevos esfuerzos suelen ser inútiles. En cambio, la re-
tirada del ejercicio del ministerio e incluso la destitución del estado
clerical, es decir, la reducción al estado laical, no son remedios in-
frecuentes para la ineptitud. Mientras que en el deterioro hay impli-
cados factores primariamente físicos y/o psicológicos, en la inepti-
tud para el ministerio suelen estar implicados factores morales y ca-
racterológicos. La pedofilia fijada y la efebofilia fijada son ejemplos
obvios de ineptitud para el ministerio.
SEXO Y SEXUALIDAD: TODO LO QUE DEBERÍAMOS SABER 39

CONCLUSIÓN

Pese a que algunas de estas definiciones y descripciones, que son


más de cincuenta, tienen un carácter marcadamente técnico, estos
términos son moneda corriente en los debates sobre las cuestiones
sexuales en la Iglesia. El lector reconocerá estos términos cuando
aparezcan en los siguientes capítulos. En la mayoría de los casos se
definen en el contexto. Pero cuando no es así, este capítulo sigue
siendo un recurso útil.

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WHITEHEAD, E. y L. WHITEHEAD (1989), A Sense of Sexuality: Christian
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2 El proceso del
desarrollo psicosexual

Al observador casual que asistiera a una ordenación de sacerdotes


diocesanos que tuvo lugar en 1972 pudo parecerle que tres de los or-
denados tenían mucho en común. Aquellos tres amigos no sólo eran
de la misma edad, sino que compartían unos intereses y unas metas
similares. Nadie habría dicho que unos treinta años después de la or-
denación sus vidas habrían tomado caminos tan diferentes.
Recientemente, el padre Andy Sharff ha recibido la baja admi-
nistrativa como responsable de la pastoral en el instituto de ense-
ñanza secundaria de la diócesis donde ha sido profesor durante los
últimos dieciocho años. Anteriormente había impartido clases en
otros centros durante diez años, después de haber trabajado pasto-
ralmente en una gran parroquia de barrio. La comunidad quedó con-
mocionada al enterarse de que recientemente había sido acusado de
conducta sexual inapropiada con tres adolescentes varones.
El padre John Steffin ha llevado las causas matrimoniales den-
tro del tribunal eclesiástico de la diócesis durante los últimos vein-
tiséis años. Fue vicario parroquial sólo durante un año, antes de ser
enviado a estudiar Derecho Canónico.
El padre Jim William es el párroco de una de las parroquias más
grandes de la diócesis, un cargo que desempeña desde hace doce
años aproximadamente. Sin lugar a dudas, es eficaz y se siente feliz
en el ejercicio de su ministerio en la parroquia. Debido al entusias-
mo y evidente talento que demostró durante su primer cargo como
vicario parroquial, fue destinado a una parroquia de tamaño medio
en la ciudad, y después a otras parroquias mayores en los barrios. Si
hoy se realizara una evaluación psiquiátrica, el resultado sería que,
de los tres sacerdotes, sólo el padre William había alcanzado un ni-
vel relativamente alto de desarrollo psicosexual.
42 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

«Desarrollo psicosexual» es un término que aparece hoy mucho


en las noticias. Se usa con frecuencia, pero es poco preciso, y ape-
nas hay consenso acerca de su significado, su método de valoración
o su utilidad clínica. Tradicionalmente, el desarrollo psicosexual es-
taba asociado con el modelo de etapas psicosexuales propuesto por
Freud hace cien años aproximadamente. Resulta interesante obser-
var que, aun cuando los investigadores y clínicos sexuales insisten
cada vez más en que el concepto tradicional es impreciso y reduc-
cionista, que tiene un valor clínico limitado y que debe ser reempla-
zado por conceptos más estrechamente focalizados, como desarro-
llo sexual o desarrollo de la identidad de género, otras personas en
los círculos religiosos y en los medios de comunicación usan ruti-
nariamente el término desarrollo psicosexual. Esta separación cada
vez mayor, que no es una mera cuestión semántica, puede ser supe-
rada con un modelo de desarrollo psicosexual que sea más preciso,
focalizado y clínicamente útil. Este capítulo presenta un modelo que
cumple esas condiciones. Empieza describiendo brevemente el tra-
dicional y reduccionista modelo freudiano de desarrollo psicose-
xual, después presenta un modelo holístico e integrador y, final-
mente, sugiere su aplicabilidad clínica mediante un análisis de los
tres casos presentados al principio.

MODELO FREUDIANO DE DESARROLLO PSICOSEXUAL

En términos generales, «desarrollo psicosexual» designa el proceso


de evolución por el que se adquiere un sentido integrador de la se-
xualidad y la salud sexual. Antes de Freud se creía que sólo los ado-
lescentes tenían capacidad de respuesta sexual. Con su concepto de
libido -energía psicosexual- como elemento fundamental de la ex-
periencia humana, Freud sostenía que la sexualidad y la necesidad
de gratificación erótica estaban presentes desde el momento mismo
del nacimiento. Freud insiste en que el desarrollo psicosexual im-
plica una tensión continua entre impulsos biológicos, como el ello y
la libido, y limitaciones sociales. Su modelo psicológico describe las
etapas del proceso de crecimiento de la sexualidad humana y su in-
flujo en el desarrollo de la personalidad. En opinión de Freud, este
proceso de desarrollo libidinal o psicosexual pasa por varias etapas,
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 43

cada una de las cuales está asociada con una zona erógena específi-
ca donde se focaliza la libido.
El desarrollo psicosexual fue conceptualizado en relación con la
zonas erógenas, unas áreas del cuerpo que producen una intensa
gratificación cuando son estimuladas. La visión freudiana del desa-
rrollo psicosexual implica un proceso en cinco fases: oral, anal, fá-
lica, de latencia y genital. En este modelo el proceso de desarrollo
de la personalidad tiene lugar sin incidentes para muchos indivi-
duos, pero puede quedar estancado o «fijado» en otros. Aquellos in-
dividuos cuyo desarrollo queda fijado, al llegar a su etapa adulta si-
guen buscando la gratificación de unos modos que son apropiados
únicamente para los niños. Freud afirmaba, por ejemplo, que los in-
dividuos que habían sido alimentados excesiva o insuficientemente
en la infancia podían, llegados a la edad adulta, comer, fumar, o be-
ber sin moderación, o hablar en demasía.

Fase oral (del nacimiento a 1 año y medio de edad). Debido a que


en esta fase la zona erógena está centrada en torno a los labios y la
boca del niño, Freud la denominó fase oral. Las fijaciones asociadas
con esta fase llevan a la persona, presumiblemente, a obtener grati-
ficación comiendo, bebiendo, fumando o hablando.

Fase anal (1 año y medio a 3 años). En esta fase la zona erógena


se desplaza al recto y al ano, en el periodo en que normalmente se
enseña a los niños a controlar los esfínteres. Aquí el niño obtiene
gratificación y placer en la función eliminatoria de la defecación.
Dos fijaciones asociadas con esta fase son la retención anal y la ex-
pulsión anal. Se dice que los individuos son «retentivos anales» si
son «emocionalmente estreñidos», obstinados o tacaños. Por otro la-
do, se considera que son «explosivos anales» si tienen dificultades
para controlar los pensamientos y los sentimientos, es decir, si pa-
decen una «diarrea emocional».

Fase fálica (3-6 años). La fase fálica comienza cuando la zona eró-
gena se desplaza a la región genital, donde presumiblemente per-
manece hasta el final de la vida. Freud creía que durante esta fase se
desarrollaban en los muchachos deseos sexuales hacia sus madres,
pero no los hacían realidad por miedo a ser castrados por sus padres.
44 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

Este fenómeno es el llamado «complejo de Edipo». La resolución de


este miedo tiene lugar cuando el niño se identifica con su padre y
modela su conducta de acuerdo con la del padre, particularmente en
lo relativo a los principios morales. Esta identificación disminuye la
probabilidad de castración y desarrolla el superego del niño. Freud
describió un fenómeno similar llamado complejo de Electra, según
el cual en las niñas se desarrollan en esta etapa sentimientos de de-
seo sexual hacia sus padres.

Fase de latencia (6-12 años). Freud creía que durante esta etapa los
impulsos y deseos sexuales estaban latentes, inactivos, o temporal-
mente sublimados en «hobbies», en actividades escolares y en el de-
sarrollo de amistades con personas del mismo sexo. Por eso deno-
minó «de latencia» a esta fase. En un primer momento, Freud creyó
que el desarrollo sexual estaba esencialmente completo en esta fase.
Después reconoció la importancia de la sexualidad adolescente y la
describió detalladamente.

Fase genital (de 12 años en adelante). Con el principio de la ado-


lescencia y el resurgimiento de las pulsiones sexuales en la región
genital empieza la fase genital, denominada por algunos «fase pu-
beral». Durante esta fase se observan las características sexuales se-
cundarias, como el desarrollo de los senos y del vello púbico. Freud
creía que la energía sexual que trataba de expresarse podía ser par-
cialmente satisfecha por medio de sustitutos socialmente aceptables
en la adolescencia, y después mediante una relación adulta madura
e íntima con una persona del otro sexo. El criterio que indicaría si
un adulto está mentalmente sano sería su satisfacción en el trabajo y
en el amor, pues el amor es una salida aceptable para sublimar los
impulsos del ello.
Todo este proceso puede desarrollarse de forma normal o sin in-
cidentes en algunos individuos, pero puede también quedar estanca-
do o «fijado» en otros. Para Freud, «el desarrollo psicosexual nor-
mal significa internalizar las normas y tradiciones de la sociedad,
identificarse con el progenitor del mismo sexo y lograr la gratifica-
ción sexual mediante el contacto genital-genital con un miembro del
otro sexo» (Longress 2000, p. 431). No es de sorprender que para al-
gunos esta conclusión resulte insostenible.
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 45

El modelo freudiano de desarrollo psicosexual ha sido criticado


por varias razones. Primero, por ser androcéntrico, es decir, centra-
do en el varón o dominado por el varón, y homofóbico, esto es, do-
minado por un miedo irracional o un prejuicio ideológico contra los
homosexuales o la homosexualidad. Según la presuposición freu-
diana fundamental, la capacidad sexual es una pulsión biológica pri-
mordial, denominada «libido», que se expresa directamente en con-
ductas psicosociales y sociales y no está mediada por conocimien-
tos o influencias socioculturales. Algunos investigadores ponen en
tela de juicio esta premisa y, por el contrario, sostienen que la se-
xualidad es primariamente una conducta aprendida y social, «cons-
truida» o programada de forma diferente en las diversas culturas.
Segundo, el modelo de Freud ha sido criticado también por re-
duccionista, es decir, porque se centra primariamente en el aspecto
bio-psicológico de la libido. Tercero, ni la investigación ni la expe-
riencia de innumerables generaciones de célibes apoyan la afirma-
ción de que la sexualidad es una pulsión intensa que ejerce una gran
presión y empuja a un individuo a buscar la gratificación sexual fí-
sica directa o indirectamente. Por el contrario, hay diversas situa-
ciones en las que la reducida actividad sexual o la promesa del celi-
bato se viven sin que haya pruebas de que la libido haya sido subli-
mada para compensarla en otra esfera de la vida.

UN MODELO INTEGRADOR DE DESARROLLO PSICOSEXUAL


A diferencia del modelo reduccionista de Freud, que se basa en una
línea de desarrollo única, un modelo más integrador explicará otras
líneas de desarrollo humano que normalmente evolucionan en el
curso de la vida. El modelo integrador propuesto en este capítulo ex-
plica cuatro líneas de desarrollo. También especifica cinco etapas y
sus correspondientes edades, que van del nacimiento a la edad adul-
ta media y reflejan el proceso de la consecución de un sentido inte-
grador del yo y de la sexualidad. En el momento presente, las in-
vestigaciones realizadas sólo permiten especular sobre la edad adul-
ta tardía, y por ello esta etapa no se incluye. En este modelo subya-
cen ocho premisas básicas, que se explican en el siguiente apartado.
Después se describen siete factores de predisposición y otros facto-
res de desarrollo asociados con las cinco etapas.
46 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

ALGUNAS PREMISAS BÁSICAS

Este libro se basa en ocho premisas o presupuestos. Tales premisas,


relacionadas entre sí, proporcionan una base conceptual para com-
prender tanto el modelo integrador del desarrollo psicosexual como
la dinámica y las cuestiones sexuales afines, y también para utilizar
este conocimiento como información necesaria a la hora de tomar
decisiones sobre algunas cuestiones clave que la Iglesia afronta en
nuestros días.

Sexualidad es más que sexo. El término sexo tiene dos acepciones


comunes: el estatus biológico basado en el aspecto de los genitales
-masculinos o femeninos- y su expresión o conducta genital -por
ejemplo, en la expresión «tuvimos sexo»-. El término sexualidad
engloba tanto el sexo, es decir, quiénes somos y lo que pensamos,
sentimos y hacemos sexualmente, como los significados dados al se-
xo. Según Evelyn y James Whitehead, la sexualidad es «lo que nues-
tro cuerpo significa para nosotros, cómo nos entendemos como mu-
jer o como varón, el modo en que nos sentimos cómodos expresan-
do afecto: esto forma parte de nuestra sexualidad... En este sentido
más amplio la sexualidad es cómo hacemos que el sexo sea signifi-
cativo» (Whitehead - Whitehead 1989, p. 45). Ordinariamente la se-
xualidad implica muestras físicas de cuidado y preocupación, como
el contacto físico, con expresión genital o sin ella, o actividades o
prácticas sexuales relacionadas.

La asexualidad es una orientación sexual. Tradicionalmente se


han descrito tres orientaciones sexuales: heterosexual, homosexual
y bisexual. Lamentablemente, hay un considerable número de mi-
nistros -ordenados y no ordenados- que no están debidamente re-
presentados en estas categorías. Ello se debe, probablemente, a que
el modelo tradicional de orientación se basa en la naturaleza de la
atracción sexual experimentada. Aun cuando es útil, este modelo no
explica el caso de los individuos asexuales, es decir, aquellos que
niegan esa atracción o no saben con seguridad cuál es. Storms
(1981) ha descrito un modelo alternativo de orientación sexual. En
este modelo la orientación sexual se basa en el tipo, la extensión y
la frecuencia de la excitación y las fantasías sexuales. Se identifican
EL PROCESO DEL DESARROLLO PS1COSEXUAL 47

cuatro tipos de excitación que se traducen en cuatro orientaciones.


La orientación heterosexual se da cuando la excitación implica a
personas del otro sexo; la orientación homosexual implica la excita-
ción por personas del mismo sexo; y la bisexual implica excitación
por personas de ambos sexos. La cuarta orientación se denomina
asexual, y en ella no hay excitación por ninguno de los sexos.

El desarrollo psicosexual es un aspecto clave del desarrollo hu-


mano. En los últimos años se ha visto con más claridad que el de-
sarrollo sexual no es una forma de desarrollo separado o indepen-
diente de otras formas de desarrollo. Más bien, el desarrollo sexual
tiene lugar dentro del contexto de los procesos de desarrollo huma-
no e incluye las dimensiones o líneas de desarrollo biológica, psi-
cológica, socio-cultural y espiritual. Aquí seguiremos el método
convencional común de combinar las dimensiones social y cultural,
y nos referiremos a ellas sencillamente como la línea «social» de
desarrollo.

En la trayectoria del desarrollo psicosexual influyen diversos


factores de predisposición. La investigación y la observación clíni-
ca revelan que, además de las experiencias y los desafíos al desa-
rrollo desde la infancia temprana hasta la edad adulta, hay una serie
de factores ambientales, relacionados con el embarazo, y perinatales
(es decir, en torno al tiempo del nacimiento), que al parecer influyen
significativamente en el desarrollo sexual. Entre estos factores se in-
cluyen los niveles de testosterona, las complicaciones en el naci-
miento y las actitudes de la familia hacia la sexualidad, por citar só-
lo tres de ellos. Así, una adecuada comprensión del desarrollo psi-
cosexual debería incluir esos factores de predisposición, que pueden
distinguirse de los factores de desarrollo, es decir, los factores aso-
ciados con la infancia, la adolescencia y la edad adulta.

Debido a la complejidad del proceso de desarrollo humano, es


esencial un modelo de desarrollo integrador. Ni un modelo bioló-
gico, ni un modelo psicológico -como la teoría freudiana del desa-
rrollo psicosexual-, ni un modelo espiritual, ni siquiera un modelo
social proporciona una comprensión y explicación adecuada de la
complejidad del desarrollo sexual, y mucho menos del complejo
48 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES". EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

proceso del desarrollo humano. Ni siquiera son suficientes otros mo-


delos complejos como la teoría de las etapas de Erikson, que com-
bina las dimensiones psicológicas y sociales. Sin embargo, un mo-
delo integrador y no reduccionista, que llamamos el «modelo biop-
sicosocioespiritual», parece ofrecer una comprensión más englo-
bante y holística del proceso de desarrollo.

La meta del desarrollo psicosexual y, en realidad, de todo el de-


sarrollo humano, es la unión. En La faz cambiante del sacerdocio
describe Donald Cozzens (2003) la intimidad y la trascendencia co-
mo los dos anhelos o impulsos innatos que inevitablemente llevan a
un individuo a la unión con Dios. Cozzens define la intimidad como
la experiencia de unión con otro, y la trascendencia como unión con
la creación; la combinación de intimidad y trascendencia conduce
finalmente a Dios. En la literatura psicológica, dos conceptos cen-
trales del desarrollo humano son «autonomía» y «pertenencia» o re-
lación. La vida refleja una tensión creciente entre esas dos dimen-
siones polares. La trascendencia y la intimidad madura reflejan un
equilibrio revitalizador entre autonomía y relación, que permite a los
individuos trascender su propio interés para experimentar la unión
con la creación y con Dios. El término esperado de todas las líneas
de desarrollo humano es un maduro e integrado sentido de unión o
intimidad que se refleja en la integridad y la santidad. Además, se
presupone que hay una convergencia creciente de cada una de las
cuatro líneas de desarrollo principales -biológica, psicológica, so-
cial y espiritual- a medida que evoluciona el proceso de desarrollo
humano.
Por consiguiente, podemos describir el punto final de la línea
biológica como la unión con otro individuo y el funcionamiento se-
xual integrado, o «salud sexual», como se conoce más comúnmen-
te. Posiblemente el mejor modo de entender la exploración sexual,
que caracteriza al menos las tres primeras etapas del desarrollo, con-
sista en considerarla un medio para buscar la unión. El punto final
de la línea de desarrollo psicológica sería la unión con el sí mismo,
es decir, un sentido coherente, integrado, del sí mismo, que incluye
una identidad sexual sana. Asimismo, el punto final de la línea de
desarrollo social sería la unión con otras personas, es decir, el fun-
cionamiento relacional maduro, que presupone un alto grado de in-
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 49

tegración en las líneas de desarrollo biológico y psicológico. Y, por


último, el punto final de la línea de desarrollo espiritual sería la
unión con Dios, la meta de la intimidad y la trascendencia.

La relación entre autonomía e intimidad es la dinámica básica


en el desarrollo psicosexual. La autonomía y conceptos afines, co-
mo separación-individuación e independencia, son los polos opues-
tos a la intimidad y los conceptos relacionados con ella: unión, de-
pendencia, pertenencia, apego y relación. El proceso de desarrollo
sano implica aumentar progresivamente la autonomía y la intimidad
-llamada interdependencia- y, a la vez, mantener una tensión y un
equilibrio sanos entre ambos. La separación-individuación es un
proceso continuo que empieza cuando el bebé se diferencia progre-
sivamente de la madre con el fin de alcanzar algún grado de auto-
nomía al dar los primeros pasos, y continúa en las etapas de desa-
rrollo siguientes, hasta que el sí mismo llega a estar completamente
diferenciado. Sólo cuando el sí mismo es lo bastante coherente e ín-
tegro, puede tener lugar la siguiente etapa de desarrollo, la plena au-
toentrega y, por tanto, la plena unión con otros, con la naturaleza y
con Dios. Como consecuencia, quien es capaz de equilibrar las ne-
cesidades de autonomía e intimidad, que compiten entre sí, logra
una medida madura de interdependencia en las relaciones íntimas.
El desarrollo retardado o estancado refleja una falta de equilibrio y
énfasis excesivo en una de las dos; es decir, la persona es excesiva-
mente dependiente o excesivamente independiente.
En el desarrollo psicosexual influyen positiva y negativamente
varios factores y procesos, entre los cuales se incluyen la dinámica
de las instituciones u organizaciones religiosas. Es manifiesto que el
impulso innato por unirse con otra persona tiene dos sendas parale-
las desde el nacimiento -y, según algunos, desde la etapa prenatal-
en adelante. Una es la exploración sexual, y la otra es la exploración
relacional. A lo largo de la infancia, la niñez y la adolescencia tem-
prana y tardía, el individuo explora sexualmente su cuerpo y el de
los demás, es decir, «juega a los médicos» en la infancia, y acaricia
y abraza durante la adolescencia. Al mismo tiempo, el niño explora
relaciones cuando aprende e imita roles de adulto, «juega a papas y
a mamas» y desarrolla una identidad sexual y personal. Los niveles
hormonales, el estilo de apego afectivo entre padres e hijo, las ex-
50 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

periencias de abusos verbales, emocionales y físicos, los traumas se-


xuales y las actitudes familiares y religiosas pueden influir decisiva-
mente en el grado de sanidad o de patología de tales exploraciones
sexuales y relaciónales. Del mismo modo, la influencia de las insti-
tuciones u organizaciones religiosas a través del contacto con sacer-
dotes y profesores de religión afecta al proceso de desarrollo psico-
sexual y al deseo y búsqueda de unión. Incluso en la edad adulta la
estructura y la cultura de esas organizaciones religiosas sigue influ-
yendo en las actitudes y conductas sexuales y -como se observará
en el capítulo 4- puede fomentar la conducta sexual inapropiada.

FACTORES DE PREDISPOSICIÓN

Los factores de predisposición son aquellas influencias orientadoras


que pueden afectar significativamente a la trayectoria de una o más
líneas de desarrollo. Estos factores de orientación pueden ser ante-
riores al embarazo y el nacimiento, o pueden influir en la experien-
cia que el niño tiene de sí mismo, del mundo y de los demás desde
los primeros días de vida. Estos factores pueden influir positiva o
negativamente en el proceso de desarrollo, y la expresión de este in-
flujo puede ser inmediata o retardada. Normalmente, estos factores
de orientación dificultan y complican las diferentes tareas y desafí-
os asociados con las siguientes etapas del desarrollo. Se pueden des-
cribir siete factores de orientación, relacionados con algunas in-
fluencias disfuncionales probables o reales.

Embarazo y experiencia del nacimiento. Las actitudes parentales


hacia el embarazo pueden influir después en la salud general del ni-
ño y en su sentido de autoeficacia y confianza en sí mismo. En la
medida en que los individuos sienten e internalizan que no fueron
deseados, o que sus padres tenían sentimientos tanto positivos como
negativos en relación con su nacimiento, tales individuos pueden es-
tar menos seguros de sí mismos, pueden creer que han de demostrar
lo que valen o, como reacción contraria, tener una mala conducta.
Problemas de salud -p. ej., infecciones víricas- o influencias tóxicas
-p. ej., uso de drogas o grave enfermedad de la madre- pueden
dañar el desarrollo prenatal normal, al igual que los problemas aso-
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 51

ciados con el proceso de nacimiento propiamente dicho -p. ej., na-


cimiento prematuro, cesárea, depresión posparto, etcétera-. Aun
cuando tales experiencias prenatales y del nacimiento no trastornan
inevitablemente el proceso normal de desarrollo, sí pueden influir, y
con frecuencia lo hacen negativamente, en las actitudes y en la con-
ducta, así como en la salud de los adultos.

Temperamento y personalidad. El temperamento designa las ten-


dencias innatas de un individuo a responder y comportarse según
modos y patrones característicos que son evidentes desde el naci-
miento. Por ejemplo, mientras que algunos niños son muy sensibles
a la luz y los sonidos agudos, otros no lo son; y mientras que algu-
nos son tranquilos y plácidos, otros pueden ser muy activos o muy
exigentes. Se han observado tres patrones o estilos temperamentales
principales en los niños: fácil (normalmente predecible y de buen
humor), de adaptación lenta (probablemente atiende con dificultad
y es caprichoso) y difícil (normalmente impredecible y de tempera-
mento irritable) (Thomas and Chess 1977). El temperamento de un
niño se refleja en su estilo de personalidad como adulto, lo cual sig-
nifica que patrones adultos como el optimismo y el esfuerzo conti-
nuado son más comunes en individuos con temperamentos fáciles,
mientras que la negatividad y la sospecha están asociadas con el
temperamento «difícil», y la pasividad y la excesiva dependencia
con el temperamento «de adaptación lenta».

Constitución hormonal. Las hormonas pueden influir en gran me-


dida en la proporción e intensidad de los procesos biológicos, y tam-
bién en la extensión e intensidad de los procesos psicológicos. Los
niveles de la hormona testosterona están asociados con el deseo y la
respuesta sexual. Los individuos con niveles altos de testosterona
pueden tener fantasías y pensamientos sexuales espontáneos, se ex-
citan fácilmente y desean sexo con frecuencia. Por otro lado, los in-
dividuos con niveles bajos tienen poca fantasía, deseo o excitación
sexual, o incluso carecen de ellos. Al parecer, estos niveles hormo-
nales son constantes desde el momento del nacimiento, lo cual su-
giere que el deseo y la excitación sexual son relativamente constan-
tes a lo largo de la vida, excepto cuando son modificados por la me-
dicación o la enfermedad. Igualmente, se ha demostrado que la hor-
52 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PS1COSEXUAL

mona oxitocina influye en las conductas de apego en niños y adul-


tos (Crenshaw 1996). Así, los niveles más altos se asocian con gra-
dos de apego mayores, mientras que los niveles más bajos se asocian
con grados de apego menores.

Estilos de apego. «Apego» designa el vínculo emocional que se de-


sarrolla entre el niño y el progenitor o la persona que lo cuida, y que
después influye en la capacidad del niño para formar relaciones ín-
timas maduras en la edad adulta. Es un sistema innato del cerebro
que influye y organiza el proceso motivacional, emocional y de me-
moria en el que intervienen las personas cuidadoras. El impacto del
proceso de apego sobre el desarrollo no se puede minusvalorar, ya
que «la formación de patrones y la organización de las relaciones de
apego durante la infancia se asocian con procesos característicos de
regulación emocional, conexión social, acceso a la memoria auto-
biográfica y el desarrollo de la capacidad de reflexión y la capaci-
dad narrativa» (Siegel 1999, p. 67).
Se pueden describir distintos patrones o estilos de apego. Cuan-
do el estilo de apego se caracteriza por la interdependencia emocio-
nal, la confianza y los sentimientos mutuos, se llama estilo «segu-
ro». En la edad adulta los individuos con estilos seguros exhiben
más flexibilidad física y emocional en comparación con quienes tie-
nen estilos inseguros. Es decir, son menos vulnerables a los agentes
estresantes, por lo que es menos probable que experimenten proble-
mas de salud, depresión, ansiedad, abuso de sustancias o trastornos
psiquiátricos sexuales o de otra clase. Por otro lado, la vulnerabili-
dad está asociada con estilos «inseguros», es decir, estilos de apego
caracterizados por la inconsistencia o la indisponibilidad emocional.
A continuación presentamos brevemente dos estilos inseguros: evi-
tativo y ansioso (Ainsworth et al. 1978).
El estilo de apego evitativo se caracteriza por el miedo a la cer-
canía, la intimidad y el compromiso. Los adultos con este estilo pre-
fieren mantener la distancia interpersonal (Karen 1994). Probable-
mente sus padres fueron fríos y distantes y adoptaron actitudes de
rechazo. Es interesante observar que los individuos con estilo de
apego evitativo tienen, al parecer, menos deseo sexual, lo cual refle-
ja probablemente sus primeras experiencias de relación, en especial
con sus padres. Además, tales individuos tienden a negar sus propios
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 53

sentimientos y también sus necesidades personales. Lamentable-


mente, cuando esos individuos fueron seleccionados para el sacer-
docio, fueron considerados candidatos ideales para la ordenación,
porque ni el celibato ni la castidad parecían constituir un problema
para ellos. Este estilo de apego se puede observar en algunos minis-
tros cuya conducta sugiere hiposexualidad, es decir, una orientación
sexual llamada «asexualidad».
Las relaciones adultas con el estilo ansioso/ambivalente, a veces
llamado estilo preocupado, se caracterizan por la intensidad y el ca-
os. Los individuos con este estilo suelen tener una implicación emo-
cional muy alta con otros, particularmente con otras personas signi-
ficativas, hasta llegar en ocasiones a la obsesión (Karen 1994). A ve-
ces los otros son vistos como no responsables, no fiables o no dispo-
nibles, lo cual puede provocar enojo y ansiedad en las personas con
este estilo. En la infancia sus progenitores ejercieron la paternidad de
modo inconsistente. Este estilo de apego se puede observar en algu-
nos ministros cuya conducta sugiere hipersexualidad, es decir, preo-
cupación y/o compulsividad sexual, o conducta sexual inapropiada.

Nivel de competencia familiar y estilo familiar. Competencia fa-


miliar es el término técnico que se emplea para designar el nivel de
funcionamiento de una familia. Las familias muy competentes -sa-
nas y maduras- muestran afecto, respeto, intimidad y humor junto
con la capacidad de negociar dificultades y mantener límites apro-
piados y tener fronteras claras. Las familias con baja competencia
-menos sanas e inmaduras- tienen fronteras problemáticas, comuni-
cación confusa y, o bien controlan excesivamente a los miembros de
la familia, o bien no proporcionan estructura ni consistencia (Beavers
y Hampson 1990). El estilo familiar se refiere a la manera en que las
familias se relacionan entre sí. Por ejemplo, en el estilo fusionado o
demasiado vinculado, las familias hacen hincapié en la dependencia
o en la cercanía extremas, y en que sus miembros piensen, sientan y
actúen del mismo modo. Por otro lado, las familias de estilo desvin-
culado hacen hincapié en la independencia extrema, que se refleja en
una cohesión y consistencia relativamente pequeña en el modo en
que sus miembros se relacionan entre sí (Beavers y Hampson 1990).
Las familias más sanas suelen tener un alto nivel de competencia y
un estilo que es interdependiente, es decir, mezcla del estilo vincula-
54 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

do con el desvinculado. Huelga decir que los ministros sexualmente


problemáticos suelen provenir de familias problemáticas.

Actitudes familiares hacia la intimidad y la sexualidad. Los ni-


ños tienden a adoptar las actitudes parentales hacia la intimidad y la
sexualidad. Así, es menos probable que los niños cuyos progenito-
res mantienen actitudes razonablemente sanas tengan actitudes ne-
gativas o ambivalentes hacia el matrimonio y la intimidad. Consi-
guientemente, es menos probable que tengan sentimientos enfermi-
zos de vergüenza y culpa en relación con el sexo y la sexualidad
(DeLamater y Friedrich 2002).

Historia de abandono o abuso temprano. Una historia de abuso


verbal, emocional, físico, espiritual y/o sexual en la infancia o en la
adolescencia puede influir significativamente en el desarrollo gene-
ral biopsicosocial y espiritual de un individuo. Las investigaciones
demuestran de un modo cada vez más claro que el abuso temprano
influye negativamente en el desarrollo normal del cerebro. También
sugieren que los adultos que sufrieron abusos emocionales y sexua-
les en la infancia o en la adolescencia tienen una probabilidad más
alta de abusar de menores que los adultos que no tuvieron tal expe-
riencia de abuso temprano (Rossetti 1990).

Tener tres o más indicadores potenciales o reales de disfunción en


estos factores de orientación no significa necesariamente que un in-
dividuo vaya a tener dificultades o que sea inepto para el ministerio.
Pero sí podría sugerir que el funcionamiento eficaz exigirá un consi-
derable esfuerzo o que la psicoterapia puede ser útil o necesaria.

FACTORES Y DISFUNCIONES EN CADA ETAPA DEL DESARROLLO

Cada etapa del desarrollo humano proporciona a los individuos una


oportunidad para crecer o diferenciar el funcionamiento en un gra-
do más alto que la etapa anterior. En cada etapa hay tareas evoluti-
vas específicas. Estas tareas desafían al individuo a avanzar siguien-
do una línea de desarrollo, ya sea biológica, psicológica o social.
Independientemente de la línea de desarrollo, las tareas tienden a ser
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL

de dos tipos: personales y relaciónales. Cuando estas tareas no se


afrontan adecuadamente, el resultado es una respuesta demasiado
desarrollada o hipersexual, o bien una respuesta escasamente desa-
rrollada o hiposexual. Algunos las denominan formas «estancadas»,
«detenidas» o «fijadas» del desarrollo, y no sólo tienen un efecto
inmediato sino que también influyen en el funcionamiento en alguna
o algunas etapas posteriores del desarrollo, normalmente en la
adolescencia tardía o en la edad adulta temprana o media. A esta in-
fluencia retardada le damos aquí el nombre de «disfunción sexual
adulta esperada y resultante». No obstante, cabe entender esas con-
ductas como esfuerzos inapropiados por lograr algún grado de unión
con otra persona.
Etapa infantil (0-7 años)
Las investigaciones confirman que la capacidad de respuesta sexual
está presente desde el nacimiento (DeLamater y Friedrich 2002).
Biológicamente, el bebé, y después el niño, empieza a desarrollar
esta capacidad de explorar su sexualidad, al principio abiertamente
y después discretamente, a medida que toma conciencia de las nor-
mas familiares y sociales que regulan la expresión sexual. Psicoló-
gicamente, el niño empieza a desarrollar un sentido de confianza y
tiene la experiencia de que los demás y el mundo que le rodea son
positivos y consistentes, en gran parte debido a un estilo de apego
seguro que ya se está desarrollando. Además, el niño empieza a
aprender a diferenciar el sí mismo de otros, y a afrontar la ansiedad
y la incertidumbre asociadas con las experiencias de separación-in-
dividuación. Este afrontamiento lo realiza el niño de diferentes ma-
neras, principalmente aprendiendo a tranquilizarse, al principio chu-
pándose el dedo, y después con objetos transicionales, como una
manta preferida o un peluche que el niño asocia -como asocia a los
padres o los cuidadores- con seguridad y confianza. Socialmente, el
niño empieza a aprender roles de adulto y conductas esperadas a tra-
vés del modelado. El niño practica esos roles y conductas de género
«jugando a papas y mamas». Hacia los tres años de edad se em-
pieza a expresar una identidad de género. El niño establece una re-
lación con un «amigo íntimo» en la que puede arriesgarse a com-
partir secretos y sueños personales con otro, por lo general un niño
de edad parecida y del mismo sexo, sin ser criticado y sin que el se-
56 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

creto sea «violado». Espiritualmente, se ha sugerido que in útero el


niño experimenta la unión, y después del nacimiento se vincula a la
madre o a la persona que lo cuida, para captar de nuevo ese sentido
de unión mezclándose o participando en el sentido de sí misma que
tiene la madre. Cuando empieza el proceso de separación-indivi-
duación, parece que el niño se forma una imagen de Dios o una re-
presentación interna divina de su unión con Dios al reflexionar so-
bre el vínculo con sus padres. Un vínculo parental seguro y afec-
tuoso tiende a reflejarse en una imagen de Dios segura y afectuosa,
mientras que un vínculo inseguro con padres no afectuosos y que
tienen una visión negativa de la sexualidad se refleja en una imagen
de un Dios no afectuoso y/o que inspira sentimientos de culpa. La
tarea personal básica en esta etapa consiste en tranquilizarse, mien-
tras que la tarea relacional básica consiste en formarse un concepto
de las relaciones comprometidas a largo plazo, como el matrimonio,
y practicar roles de género.
La disfunción sexual adulta esperada y resultante en esta etapa
incluye normalmente una respuesta demasiado desarrollada o hiper-
sexual como la preocupación y las fantasías sexuales, o la respuesta
no desarrollada o hiposexual llamada asexualidad, es decir, poca o
ninguna excitación o deseo sexual.
Etapa de la preadolescencia (8-12 años)
En esta etapa los niños tienden a reunirse y juegan en grupos sepa-
rados u homosociales; es decir, las niñas separadas de los niños
(DeLamater y Friedrich 2002). Tal separación significa que la ex-
ploración sexual en esta etapa suele incluir a individuos del mismo
género. Más adelante, en esta misma etapa, los niños empiezan a ex-
perimentar también el comienzo de los cambios hormonales, las ca-
racterísticas sexuales secundarias y los sentimientos de atracción
sexual. Psicológicamente, los niños en esta etapa empiezan también
a afrontar los cambios en su imagen corporal y tienen experiencias
que fomentan o socavan su sentido de autocontrol. Más tarde, co-
mienza a tener lugar la implicación en fiestas y en pandillas hetero-
sexuales. Espiritualmente, los individuos en esta etapa tienden a in-
corporar prohibiciones y actitudes religiosas sobre la sexualidad a
sus normas y prohibiciones familiares y sociales previamente asimi-
ladas, y esto se puede reflejar en su imagen de Dios. El resultado es
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 57

la posible intensificación de la vergüenza y de los sentimientos de


culpa. La tarea personal básica en esta etapa consiste en desarrollar
un creciente sentido de autocontrol que incluye autodisciplina y per-
severancia, mientras que la tarea relacional básica consiste en em-
pezar a formar la capacidad para mantener relaciones estrechas.
La disfunción sexual adulta esperada y resultante en esta etapa
suele incluir conductas demasiado desarrolladas o hipersexuales co-
mo la pedofilia, la pornografía infantil, la masturbación compulsiva
u otras parafilias. Una respuesta no desarrollada o hiposexual puede
incluir un modo de relación sexual superficial, es decir, relacionar-
se con adultos del otro sexo de una manera acusadamente superfi-
cial, demasiado solícita o ambivalente (Cavanagh 1983).
Etapa de la adolescencia (13-19 años)
La pubertad es la primera parte de la adolescencia, en la que el in-
dividuo desarrolla la capacidad de reproducirse. Una erupción hor-
monal durante la pubertad produce el aumento del interés sexual.
Para la mayoría de los individuos, en esta etapa empiezan las expe-
riencias sexuales, entre las cuales se incluyen fantasías sexuales y
exploración genital, es decir, masturbación, caricias, relaciones se-
xuales, etcétera. La mayoría de los adolescentes empiezan a mastur-
barse, al menos ocasionalmente, y aproximadamente el 50 por cien-
to tienen relaciones heterosexuales, mientras que entre el 5 y el 10
por ciento de los varones y el 6 por ciento de las mujeres tienen ex-
periencias sexuales con una persona del mismo sexo (DeLamater y
Friedrich 2002). Muchos chicos experimentan su primera polución
nocturna en la adolescencia temprana. Esta experiencia puede pro-
ducir confusión o resultar placentera, y puede incluir fantasías se-
xuales. Psicológicamente, el adolescente empieza a desarrollar un
sentido estable de sí mismo y empieza a configurar una identidad
personal que incluye una identidad y una orientación sexuales.
Después de este periodo de exploración, los individuos se sienten
más cómodos con su sexualidad, la controlan mejor y tienen una
idea más clara de su orientación. Por otro lado, debido a las presio-
nes sociales, es posible que los individuos de orientación homose-
xual no resuelvan la cuestión de la orientación hasta la etapa de la
edad adulta temprana. Socialmente, el adolescente empieza a rela-
cionarse respetando los límites y la igualdad de los otros, indepen-
58 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PS1COSEXUAL

dientemente de su edad, género o etnicidad. Espiritualmente, cuan-


do surge la capacidad del adolescente para el pensamiento abstracto
y el análisis, se ponen en cuestión y se descartan creencias religio-
sas previamente aceptadas. Al mismo tiempo, el adolescente puede
experimentar de un modo más profundo un anhelo y deseo de expe-
riencias trascendentes que puede quedar satisfecho hasta cierto pun-
to con la música y la experimentación con drogas y con sustancias
psicotrópicas. A través de la experimentación, el adolescente puede
experimentar la trascendencia en el orgasmo sexual, posiblemente
mejorado por drogas u otras sustancias desinhibidoras, que pueden
ser una fuente de culpa o de gran disfrute. La tarea personal básica
en esta etapa consiste en desarrollar un sentido estable del sí mismo
en el contexto del conflicto y de las influencias sociales, mientras
que la tarea relacional básica consiste en establecer y mantener un
nivel básico de intimidad emocional (DeLamater y Friedrich 2002).
La intimidad emocional implica comunicar y compartir los senti-
mientos tanto positivos como negativos con otra persona, normal-
mente con uno o varios amigos íntimos. Huelga decir que ese modo
de compartir implica un considerable riesgo de ser objeto de burla,
de ser criticado, o de que se transmita a otros información muy per-
sonal. Los adolescentes que no han tenido un amigo íntimo en la in-
fancia se encuentran en desventaja, y es posible que ni siquiera in-
tenten compartir de ese modo.
Las primeras indicaciones de desviación sexual pueden aparecer
en esta etapa. La disfunción sexual adulta esperada y resultante en
esta etapa suele incluir conductas excesivas o hipersexuales, como
efebofilia, pornografía adolescente y masturbación compulsiva,
donjuanismo (es decir, lograr conquistas sexuales entre mujeres
adultas) u otras parafilias. Del mismo modo que los individuos con
implicación sexual excesiva en esta etapa pueden tener problemas
después, también pueden tenerlos los individuos con curiosidad o
fantasías sexuales limitadas, o sexualmente reprimidos.

Etapa adulta temprana (20-39 años)


A lo largo de esta etapa, el individuo tiene la oportunidad de seguir
desarrollando la madurez sexual. Biológicamente, el adulto joven
empieza a adoptar un estilo de vida sexual, a saber: celibato, com-
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 59

premiso con vistas al matrimonio, o promiscuidad. Psicológica-


mente, el adulto joven empieza a establecer una identidad y compe-
tencia profesional y a emprender una carrera compatible con sus in-
tereses y talentos (DeLamater y Friedrich 2002). Una tarea de desa-
rrollo adicional consiste en incrementar la capacidad para la refle-
xión crítica, que propiciará la culminación de la educación universi-
taria y el éxito en el trabajo subsiguiente. Durante este periodo los
individuos se enfrentan al reto de desarrollar su capacidad para la
conciencia crítica social, es decir, se hacen cada vez más conscien-
tes del impacto de las instituciones y del pecado social en los indi-
viduos, particularmente en los pobres y los marginados (Sperry
2001). No sorprende que, cuanto más excesivamente focalizado es-
té el individuo en la carrera, tanto más probable resulta que se retra-
se el desarrollo de esta capacidad. Socialmente, el adulto joven em-
pieza a profundizar los compromisos relaciónales y a encontrar el
equilibrio entre competición y cooperación. Espiritualmente, es po-
sible que la imagen de Dios en el individuo cambie y se haga más
sana, más vivificadora y más inclusiva -Dios como masculino y fe-
menino, débil y fuerte, etcétera-, o bien esa imagen puede seguir
siendo la misma. Tales individuos pueden entrar en contacto más es-
trecho con sus deseos o anhelos de unidad más profundos, que adop-
tan la forma de la trascendencia y la intimidad. El hecho de encon-
trar y mantener una amistad íntima y comprometida puede satisfa-
cer gran parte de este deseo de intimidad, mientras que el mayor
contacto con la naturaleza puede ayudar a satisfacer el deseo de
trascendencia. No es que la oración no constituya una parte de la vi-
da del adulto joven, sino que más bien tiene una prioridad o un va-
lor percibido menor. La tarea personal básica en esta etapa consiste
en integrar o estructurar mejor las diversas facetas de la propia iden-
tidad -personal, profesional y social-, mientras que la tarea relacio-
nal básica consiste en incrementar la comunicación y la respuesta
empática en las relaciones íntimas (DeLamater y Friedrich 2002).
Esto constituye muchas veces un reto importante para los varones
que se han identificado demasiado con la función masculina.
La disfunción sexual en esta etapa incluye normalmente pro-
blemas con el deseo o el rendimiento sexual. Puede incluir toda la
gama de conductas hipersexuales antes mencionadas, y también las
hiposexuales.
60 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

Etapa adulta media (40-55 años)


Biológicamente, los adultos se encuentran con el reto de afrontar la
«andropausia», el equivalente masculino de la menopausia, y su sig-
nificado y consecuencias para sus vidas. Disminución del deseo, la
excitación y el rendimiento sexual, menos energía, más tiempo de
recuperación después de las enfermedades y lesiones, pérdida de
masa muscular y otros signos asociados de envejecimiento... son
realidades penosas y ataques al sentido de sí mismo y a la autoesti-
ma del individuo. Uno de los desafíos principales es aceptar estos
cambios físicos como una llamada a centrarse en la propia vida in-
terior a la vez que se mantiene un estilo de vida sano (DeLamater y
Friedrich 2002). Psicológicamente, el reto principal en esta etapa es
llegar a ser de un modo más pleno la persona que uno estaba desti-
nado a ser, teniendo un solo propósito, haciéndose más afectuoso y
cariñoso y más íntegro. Ello implica lograr un mejor equilibrio en-
tre autonomía e intimidad, así como entre el propio interés y la au-
toentrega. Socialmente, el adulto se implica en conductas generati-
vas, es decir, se centra en devolver a la comunidad, mediante activi-
dades de voluntariado, lo que ha recibido de ella. Espiritualmente, la
tarea consiste en desarrollar la intimidad espiritual. Los individuos
en esta etapa pueden responder al doble deseo y anhelo de intimidad
y trascendencia haciéndose más sensibles a las relaciones, poniendo
en primer lugar las necesidades y los intereses de los demás y dedi-
cándose más a la meditación y la oración. Los individuos en esta
etapa se sienten más atraídos que en las etapas anteriores por la ora-
ción centrante y otras formas afines de meditación. La tarea perso-
nal básica en esta etapa consiste en llegar a estar más centrados y
equilibrados, mientras que la tarea relacional básica consiste en vol-
ver a confirmar la propia opción básica de estilo de vida sexual. Para
muchos sacerdotes, se trata del celibato, siempre que hayan seguido
una trayectoria de desarrollo integradora.
La disfunción sexual en esta etapa incluye normalmente proble-
mas con el deseo o el rendimiento sexual. Puede incluir toda la ga-
ma de conductas hipersexuales antes mencionadas, y también las hi-
posexuales. Es específica de esta etapa la experiencia de aislamiento
social, soledad y depresión, que a menudo refleja un sentido de la
sexualidad no integrador.
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 61
La Tabla 2-1 ofrece un sumario de los diversos factores de desa-
rrollo, tareas y problemas sexuales resultantes en la edad adulta.

TABLA 2-1: DESARROLLO SEXUAL: TAREAS Y DISFUNCIONES


Etapa Factores de desarrollo biopsico- Problemas sexuales
socioespiritual específicos de resultantes en la
cada etapa y tareas básicas edad adulta
personales y relaciónales

Predisposición (B) embarazo problemático o establece


(antes y después complicaciones en el nacimiento; la vulnerabilidad
del nacimiento) temperamento difícil y/o «ajuste» para subsiguientes
insuficiente entre madre e hijo; problemas
niveles hormonales anormales (de sexuales
testosterona, por ejemplo) y amplifica
(P) estilo inseguro de apego problemas
(S) funcionamiento familiar bajo y preocupaciones
y/o demasiado fusionado o sexuales,
desvinculado; historia de de identidad
abandono o abuso temprano y de relación
(E) actitudes familiares
demasiado negativas o permisivas
en relación con el sexo y la
religión

Infancia (0-7) (B) explora su sexualidad, preocupación y


primero abiertamente, y después fantasías sexuales
discretamente: por ejemplo, asexualidad
«juega a los médicos»
(P) desarrolla la confianza;
aprende a tranquilizarse; afronta
experiencias tempranas de
separación-individuación
(S) aprende y practica roles de
adulto «jugando a papas y ma-
mas»; empieza a establecer una
identidad de género hacia los 3
años; tiene un amigo íntimo
62 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL
Etapa (cont.) Factores de desarrollo Problemas sexuales
biopsicosocioespiritual (cont.) resultantes (cont.)

Infancia (0-7) (E) desarrolla una imagen de Dios preocupación y


(cont.) que refleja el vínculo con sus fantasías sexuales
padres asexualidad
Tarea personal básica: aprender a
tranquilizarse
Tarea relacional básica: formar el
concepto de matrimonio y
relaciones a largo plazo, y
practicar roles de género

Preadolescencia (B) dedica tiempo a la relación sexual


(8-12) exploración sexual homosocial; superficial;
experimenta el comienzo de los pedofilia;
cambios hormonales, de las pornografía
características sexuales infantil;
secundarias y sentimientos de masturbación
atracción sexual compulsiva;
(P) afronta los cambios en la otras parafilias
imagen de su cuerpo; experimenta
el autocontrol
(S) participa en juegos
homosociales y, después, en fiestas
y pandillas heterosexuales
(E) incorpora normas religiosas
sobre sexualidad a su imagen de
Dios y a su conducta personal
Tarea personal básica:
desarrollar un creciente sentido de
autocontrol, que incluye
autodisciplina y perseverancia
Tarea relacional básica: empezar a
formar la capacidad para
mantener relaciones estrechas
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 63
Etapa (cont.) Factores de desarrollo Problemas sexuales
biopsicosocioespiritual (cont.) resultantes (cont.)

Adolescencia (B) experimenta fantasías efebofília;


(13-19) sexuales y formas de exploración pornografía
genital, como masturbación, adolescente;
caricias, relaciones sexuales, etc. masturbación
(P) desarrolla un sentido estable compulsiva;
del yo y empieza a configurar una donjuanismo/
identidad personal que incluye conquistas
una identidad y una orientación sexuales;
sexual; capacidad para la otras parafilias
autodirección y la
responsabilidad, la cooperación y
la autotrascendencia
(S) se relaciona con otros
respetando los límites y la
igualdad, sin tener en cuenta la
edad, el género, la etnia
(E) trata de satisfacer su profundo
anhelo de trascendencia con la
música, las drogas o la
experiencia espiritual; valoración
crítica de las creencias religiosas
anteriores
Tarea personal básica:
desarrollar un sentido estable del
yo en el contexto de los conflictos
e influencias sociales
Tarea relacional básica:
aprender a mantener la intimidad
emocional
64 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL
Etapa (cont.) Factores de desarrollo Problemas sexuales
biopsicosocioespiritual (cont.) resultantes (cont.)

Edad adulta (B) forja un estilo de vida sexual: toda la gama de


temprana por ejemplo, celibato o conductas
(20-39) matrimonio monógamo hipersexuales e
(P) establece una identidad hiposexuales antes
profesional y/o una trayectoria mencionadas, así
profesional; desarrolla la reflexión como problemas con
crítica y una conciencia social el deseo sexual o el
crítica rendimiento sexual
(S) profundiza los compromisos con
las relaciones; busca el equilibrio
entre la competición y la
cooperación
(E) tiene experiencia de la
trascendencia en la amistad íntima y
comprometida, y empieza a estar
más en contacto con la naturaleza
Tarea personal básica: integrar la
identidad profesional en la
identidad personal
Tarea relacional básica:
desarrollar la comunicación efectiva
en las relaciones íntimas

Edad adulta (B) afronta la andropausia/ lo mismo que en la


media menopausia y su significado/ edad adulta
(40-55) consecuencias temprana; más el
(P) equilibra el propio interés con la aislamiento social, la
autoentrega; se vuelve más soledad y la
centrado/íntegro depresión como
(S) tiene conductas generativas: por reflejo de una
ejemplo, se centra en la entrega a la sexualidad no
comunidad mediante actividades de integradora
voluntariado, etc.
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 65
Etapa (cont.) Factores de desarrollo Problemas sexuales
biopsicosocioespiritual (cont.) resultantes (cont.)

Edad (E) desarrolla una intimidad espi- lo mismo que en la


adulta media ritual más profunda, gracias a la edad adulta
(40-55) oración y a una vida centrada temprana; más el
(cont.) Tarea personal básica: llegar a aislamiento social, la
estar más centrado y equilibrado soledad y la
Tarea relacional básica: depresión como
confirmar de nuevo la opción de reflejo de una
estilo de vida sexual, es decir, el sexualidad no
celibato integradora

Clave: B = factor(es) biológico(s) P =


factor(es) psicológico! s) S =
factor(es) social(es) E =
factor(es) espiritual(es)

DESARROLLO PSICOSEXUAL EN TRES SACERDOTES

¿Cuál es la significación práctica, si es que existe, de este modelo


integrador? Apliquemos este modelo a los tres casos descritos al co-
mienzo de este capítulo, observando factores relevantes de predis-
posición y desarrollo que se reflejan en el camino o trayectoria de
desarrollo de cada uno de esos varones desde el momento del naci-
miento hasta el momento presente en su ministerio sacerdotal.

Padre Jim Gilliam


Desde el momento en que el médico confirmó que la señora Gilliam
estaba embarazada, Jim fue amado y querido por sus padres. No hu-
bo incidentes en el embarazo ni en el nacimiento, y su temperamen-
to «fácil» y el vínculo seguro con su madre propiciaron que fuera el
centro del afecto y la atención de sus padres. Además, era el primo-
génito. Sus actitudes hacia la intimidad y la sexualidad fueron posi-
tivas, y en el momento apropiado el padre de Jim habló con él sobre
el sexo y el despertar sexual. Todos los momentos clave de su desa-
rrollo biológico y psicológico tuvieron lugar según lo deseable. Su
66 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

identidad de género masculina era evidente a los tres años. Jugaba


con los niños del vecindario, llegó a ser un líder del grupo y empezó
a tener un amigo íntimo a la edad de cinco años. En los años en que
cursó la educación secundaria se relacionó con relativa facilidad con
chicos y con chicas, participó en fiestas y perteneció a una pandilla
desde los 15-16 años. En sus fantasías sexuales de los doce años apa-
recían chicas de su edad, y empezó a masturbarse ocasionalmente a
los trece años. Si se hubiera realizado un análisis hormonal, proba-
blemente habría indicado niveles de testosterona normales.
Era un estudiante brillante, activo en los deportes escolares, que
salió con chicas durante los años de instituto y llegó a ser líder de su
clase. Tenía un cierto encanto, transparencia y sensibilidad, que ha-
cían que tanto a los estudiantes como a los profesores les resultara
fácil relacionarse con él y disfrutar con su compañía. Al final de la
adolescencia, su orientación e identidad sexual era claramente hete-
rosexual y, aun cuando tenía alguna preocupación por el celibato,
estaba bastante seguro de que quería ser sacerdote como su tío pa-
terno. Consiguientemente, entró en el seminario diocesano después
de cursar la educación secundaria. En una mirada retrospectiva, re-
sultaba evidente que tenía capacidad para controlar razonablemente
la intimidad física y emocional y que había tomado una decisión in-
formada sobre la opción sexual del celibato antes de su ordenación.
A lo largo de su ministerio parroquial fue considerado un ministro
de los sacramentos eficaz y un pastor equilibrado. Además, era que-
rido por sus feligreses. Los últimos años de la década de 1970 y los
primeros de la de 1980 fueron un tiempo difícil para él, porque al-
gunos de sus colegas sacerdotes más cercanos dejaron el ministerio
para casarse y formar una familia. Durante este periodo de reflexión
reafirmó su compromiso por el celibato. Después de esta «noche os-
cura» le parecía tener la experiencia de una energía y una pasión re-
novadas por sus responsabilidades pastorales.
Padre John Steffin
Aun cuando en la etapa prenatal y en el nacimiento de John Steffin
no hubo incidentes, sus padres tenían una actitud ambivalente hacia
el embarazo. Por entonces sus padres eran granjeros que atravesaban
dificultades financieras, debido a una sequía reciente y a una crisis
económica. El temperamento «de adaptación lenta» de John no «en-
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 67

cajaba» con la impaciencia y el distanciamiento emocional de su


madre. Huelga decir que el estilo de vínculo evitativo que caracteri-
zó el apego entre John y su madre se vio reforzado después por el
aislamiento social que John experimentó en la infancia. La granja
estaba situada en un área rural remota, y John no tuvo compañeros
habituales de juego en sus primeros seis años de vida. Cuando la
granja fracasó, la familia se trasladó a la ciudad, donde su padre em-
pezó a trabajar en una fábrica, y John cursó primero de educación
primaria en un centro católico. Aunque su profesor era una persona
cálida e inclusiva, John era un alumno más en una clase de 35.
Además, la aparente resistencia de John a unirse a sus iguales en los
juegos recreo acentuó su aislamiento, pues, obviamente, se burlaban
de él llamándolo «cateto» o «paleto». Estas burlas hacían mucho
daño a John, pero él, en lugar de responder insultando o peleándose,
se retiraba a la seguridad que le ofrecía el papel de «ratón de bi-
blioteca» y «cerebro» de la clase. Las actitudes de sus padres hacia
el sexo eran decididamente negativas, y a la edad de siete años,
cuando la madre de John lo sorprendió en su habitación estimulán-
dose el pene, lo reprendió diciéndole: «No vuelvas a hacer nunca
más una cosa tan mala». John se sintió profundamente avergonzado
por esta experiencia y obedeció a su madre, es decir, nunca se mas-
turbó ni realizó ninguna otra exploración sexual. El padre de John
no pensó nunca en hablar a su hijo sobre el sexo y la sexualidad; y
como en aquellos años no se impartía educación sexual en la escue-
la, su único conocimiento del sexo lo obtuvo en un artículo de un li-
bro que leyó para un trabajo de clase. No obstante, se identificó muy
claramente con su padre, y esta identificación se reflejó en la tem-
prana identidad de género masculina de John. También se identificó
con un sacerdote muy inteligente, profesor en el seminario, que co-
laboraba los fines de semana en la pastoral de la parroquia a la que
pertenecía la familia. Fue este sacerdote quien animó a John a entrar
en el seminario después de concluir la enseñanza secundaria. En los
cursos intermedios en el instituto, John entabló y mantuvo amistad
con otros dos muchachos que tenían inclinaciones intelectuales si-
milares y a quienes no les gustaba hacer deporte. No resulta sor-
prendente que John fuera el alumno con el mejor expediente de su
clase. Nunca salió con chicas en los cursos de educación secunda-
ria, y no recuerda haber tenido nunca fantasías sexuales que inclu-
68 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

yeran sexo ni implicaran conductas sexuales. Si se hubiera realiza-


do un análisis hormonal, probablemente habría indicado niveles de
testosterona bajos.
Cuando John anunció su decisión de entrar en el seminario aquel
otoño, su madre se sintió muy feliz y dijo que aquél era el día más
dichoso de su vida. Aunque John sabía que sus padres eran católicos
practicantes, su madre no había expresado nunca su deseo de que él
se hiciera sacerdote y «trajera bendiciones a la familia». Los días de
John en el seminario fueron idílicos. Era un alumno excelente y to-
leraba fácilmente el estricto régimen de vida del seminario menor en
la década de 1960. Esto no quiere decir que John fuera siempre agra-
dable y fácil de tratar; por el contrario, su irritabilidad y su mal hu-
mor eran muy evidentes. No obstante, mientras que otros no podían
entender la prohibición contra las «amistades particulares», John se
sentía a gusto cuando dedicaba el tiempo de recreo a intercambiar
ideas con algunos de sus compañeros de inclinación intelectual más
acusada. Se imaginaba que, después de ser ordenado sacerdote, se-
ría profesor en el seminario o desempeñaría algún papel especiali-
zado, en un tribunal eclesiástico, por ejemplo, aunque comprendía
que tenía que pasar algún tiempo esperando la ocasión en un desti-
no parroquial. Aun cuando el equipo de formadores del seminario
mayor expresó una cierta preocupación por la aparente timidez de
John, estaban impresionados por su capacidad intelectual -era el
alumno más brillante de su clase- y por el hecho de que no plan-
teaba ningún problema evidente en relación con la sexualidad o el
celibato. Ni John ni su obispo alcanzaron a comprender cuan difícil
iba a resultarle la misión de su primer nombramiento. Aunque John
podía predicar adecuadamente, a menudo los feligreses que trataban
de hablar con él tenían la impresión de que era un sacerdote frío, po-
co afectuoso e indiferente. Otros lo consideraban irritable, malhu-
morado e incluso directamente poco acogedor. Durante los primeros
años posteriores al Vaticano II, cuando había muchas expectativas
de colaboración entre sacerdotes y laicos, la actitud de John hacia el
consejo parroquial recién elegido fue muy crítica y despectiva. Los
feligreses estaban molestos, y el párroco, que abrigabas muchas es-
peranzas tanto por John como por la perspectiva de tener un conse-
jo parroquial activo, se sentía muy desanimado. Además, John fra-
casó estrepitosamente en la pastoral juvenil. Después de ocho meses
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 69

en aquel destino, el párroco se apresuró a solicitar que John fuera re-


tirado lo antes posible. Aunque estaba previsto que comenzara los
estudios de especialización dos años más tarde, la diócesis cambió
de planes, a fin de que John pudiera empezar esos estudios al cum-
plirse el primer año de su nombramiento.
Padre Andy Sharff
La señora Sharff se emocionó al saber que estaba embarazada. Pese
a que su marido pasaba poco tiempo en casa, por causa del trabajo,
también él esperaba empezar a formar una familia. El embarazo de
la señora Sharff fue un tanto problemático, y Andy nació prematu-
ramente, cuatro semanas antes de lo previsto, probablemente debido
a que su madre consumió drogas y alcohol durante el embarazo. El
temperamento «difícil» de Andy no permitió un acoplamiento parti-
cularmente bueno con su madre, que era bastante impaciente y an-
siosa. Aunque es cierto que quería dar a Andy todo su amor y soli-
citud, su ansiedad y sus esfuerzos contradictorios se reflejaron en el
estilo de apego ansioso-ambivalente que se desarrolló entre ellos.
Las actitudes parentales hacia la sexualidad y el consumo de drogas
eran muy liberales. Tanto el padre como la madre bebían habitual-
mente, y ésta, además, consumía medicamentos, tanto estimulantes
como tranquilizantes. A Andy le permitían que jugara con otros ni-
ños, pero con frecuencia le recordaban «que no dijera a nadie lo que
pasaba en casa», y él entendía que no debía contar que sus padres
bebían y discutían o que, cuando su padre estaba fuera por motivos
de trabajo, su madre recibía visitas de hombres. Andy obedeció.
Aunque uno de aquellos hombres le acarició en varias ocasiones,
poco antes de cumplir los trece años, él no se lo dijo a nadie. A pe-
sar de que al principio se sintió asustado, disfrutó muchísimo de
aquella experiencia, y después empezó a masturbarse una o más ve-
ces al día. Es cierto que conocía a la mayoría de los niños de su zo -
na, pero en realidad no tuvo ningún amigo íntimo. En los años in-
termedios en el instituto, participó en pandillas y en varias fiestas
heterosexuales, pero se sentía más atraído por los chicos. Andy re-
cuerda que en su primera adolescencia oyó casualmente a sus padres
discutir por asuntos de dinero y de infidelidades. La única educación
y consejo sexual que le dio su padre fue: «Usa protección anticon-
ceptiva, y nunca tendrás que preocuparte». Aunque Andy estaba fu-
70 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

rioso porque su padre no sabía casi nada de él y de su atracción se-


xual, no podía hablarle de sus problemas. Tuvo fantasías sexuales en
las que aparecían compañeros de su edad cuando tenía doce años.
Aunque se había masturbado ocasionalmente desde los nueve años,
al cumplir los trece empezó a masturbarse casi todos los días.
También experimentó un fastidioso sentimiento de culpa porque se
mas turbaba y por haber sido molestado sexualmente; ese sentimien-
to se vio reforzado por la moral sexual que aprendió en las clases de
religión en primaria y en secundaria. Si se hubiera realizado un aná-
lisis hormonal, probablemente habría indicado niveles de testostero-
na altos.
Aunque tenía una capacidad intelectual alta, sólo era un estu-
diante medio. Participaba muy activamente en todos los deportes es-
colares y disfrutaba pasando el tiempo con sus compañeros de jue-
go en el vestuario. Aún le quedaba tiempo para participar en las ac-
tividades del consejo de alumnos y, debido a su popularidad más que
a algún talento o logro particular, fue elegido presidente del consejo
de alumnos en su último curso de educación secundaria. Hacia los 18
años, su orientación e identidad sexual parecía primariamente
homosexual, con excitación y fantasías sexuales en las que apare-
cían adolescentes varones más jóvenes. Inseguro sobre su futuro y
confuso acerca de su sexualidad, fue admitido fácilmente en el se-
minario diocesano. A su madre le gustó la idea, aunque se sintió sor-
prendida, porque Andy no había mencionado nunca tal interés. A la
comisión encargada de la selección de candidatos le pareció que
Andy era un joven brillante, apuesto y bien capacitado. Hoy, un
examen detallado habría revelado que Andy tenía sólo una capaci-
dad limitada para relaciones íntimas maduras, y que su desarrollo
psicosexual estaba significativamente estancado. Cuando le comu-
nicaron que había sido admitido, dio un suspiro de alivio, porque
pensó que podría controlar sus impulsos sexuales entregándose por
entero a Dios y su obra. Se sentía agradecido por estar en un entor-
no seguro por primera vez en su vida y consiguió fácilmente ser uno
de los mejores estudiantes de su clase. Aun cuando sentía alguna
atracción hacia sus compañeros seminaristas, en sus fantasías se-
xuales aparecían sobre todo chicos adolescentes. En una ocasión se
armó de coraje para hablar sobre sus deseos sexuales a su director
espiritual. El único consejo que éste le dio fue: «Ora y mastúrbate,
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 71

si tienes que hacerlo, y deja que Dios se encargue de lo demás». Su


primer destino lo llevó a una parroquia. Después de unos años, a los
compañeros sacerdotes les pareció evidente que Andy tenía talento
para relacionarse con los jóvenes, y fue nombrado profesor en uno
de los institutos mixtos de la diócesis. Durante los primeros quince
años aproximadamente, tuvo pocas dificultades con las cuestiones
sexuales; sin embargo, en los meses que siguieron a la repentina
muerte de su madre a causa de una supuesta sobredosis de drogas,
Andy parecía cada vez más preocupado por el deseo y la excitación
sexual con adolescentes de su mismo sexo. Desde entonces Andy ha
mantenido encuentros sexuales muy discretos con seis adolescentes
del instituto, que tenían en general el siguiente perfil: acudían a él
para pedir consejo, provenían de familias monoparentales, eran so-
litarios y tenían problemas de baja autoestima.

¿INEVITABILIDAD O ELECCIÓN?

Puede parecer que la trayectoria de desarrollo de la vida del padre


Sharff iba a tener como resultado más probable su conducta efebo-
fílica, o que el padre Gilliam llegaría a ser probablemente un mode-
lo de integración psicológica y sexual. La realidad es que tanto los
factores de predisposición como los factores de desarrollo ejercen
una influencia considerable en el proceso y en los resultados del de-
sarrollo psicosexual. Del mismo modo, si a un árbol joven que está
curvado lo sujetamos en esa posición con una cuerda, es muy pro-
bable que termine inclinado para siempre. Pero lo cierto es que, así
como un árbol joven curvado puede ser enderezado y mantenido en
una posición vertical, también los individuos pueden reorientar su
trayectoria de desarrollo.
Por ejemplo, ciertamente parece que Jim Gilliam tuvo unos pa-
dres ideales y gozó de muchas de las experiencias saludables de la
infancia y la adolescencia que fomentan el desarrollo óptimo. No
obstante, en su vida hubo innumerables encrucijadas cotidianas en
las que su práctica de conductas sanas y virtuosas mantuvo la direc-
ción de su camino focalizado en el crecimiento, por el que sigue
avanzando. A pesar de sus ventajas de desarrollo iniciales, Jim po-
dría haber tomado una serie de decisiones cotidianas que con el
72 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

tiempo podrían haber cambiado su trayectoria de desarrollo en una


dirección menos sana. De modo semejante, a pesar de los altos ni-
veles hormonales de Andy y del hecho de que fue molestado se-
xualmente por un adulto conocido, su conducta efebofílica ha esta-
do también influida por una serie de decisiones tomadas por él y,
muy posiblemente, por sus superiores. Por ejemplo, podría haber
decidido declinar la oferta que le hizo el obispo de un ministerio a
tiempo completo que le ponía «en peligro», o podría haber decidido
buscar ayuda para superar el problema de la masturbación compul-
siva. El hecho de que no lo hiciera y de que sus superiores descono-
cieran su predilección sexual o no les preocupara, es elocuente.
Verdad es que tales decisiones requieren un cierto grado de coraje y
determinación. No obstante, la gracia y la apreciación y solicitud de
otros pueden ser -y de hecho son- operativas en esas encrucijadas.
Felizmente, hoy hay una conciencia creciente de que la selección de
los candidatos para el ministerio tiene que incluir, además de una
completa batería de «tests» psicológicos, un detallado historial de
desarrollo desde el embarazo hasta el momento presente, un histo-
rial espiritual, un historial laboral, una comprobación de los antece-
dentes criminales y un historial sexual completo realizado por una
persona con abundante experiencia clínica en la valoración de los di-
versos factores e indicadores de desarrollo psicosexual. Si se hubie-
ra exigido un protocolo de selección de estas características cuando
John Steffin y Andy Sharff solicitaron la admisión en el seminario,
se podría haber tomado la decisión de no admitirlos.

La Tabla 2-2 proporciona un sumario condensado de los facto-


res de desarrollo que reflejan las diferentes trayectorias psicosexua-
les en las vidas de estos tres sacerdotes.
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 73
TABLA 2-2: FACTORES DE DESARROLLO
EN LAS VIDAS DE TRES SACERDOTES

Factores Padre Padre John Padre Andy


de desarrollo Jim Gilliam Steffin Sharff
actitud parental deseado; ambivalencia; embarazo
hacia el embarazo; embarazo y embarazo y deseado pero de
complicaciones en nacimiento sin nacimiento sin alto riesgo;
el nacimiento incidentes incidentes complicaciones
en el nacimiento
temperamento; «fácil»; buen «de adaptación «difícil»;
«ajuste» entre «ajuste» lenta»; ajuste «ajuste» menor
madre e hijo «pobre» del adecuado

niveles hormonales, normales bajos altos


es decir,
testosterona

estilo de apego seguro inseguro- inseguro-


evitativo ambivalente

historia de abuso ninguno abandono maltrato


temprano emocional sexual

competencia entre adecuada media; entre media y


familiar; tipo o y óptima; fusionada límite;
estilo de familia apropiada desvinculada

actitudes familiares positivas; negativas; permisivas en


en relación con el nivel alto de nivel alto de relación con el
sexo y la intimidad exigencia con exigencia con sexo; nivel bajo
respecto a la respecto a la de exigencia con
intimidad intimidad respecto a la
intimidad

autoexploración permitida; castigada; permitida;


sexual; capacidad eficaz limitada hasta cierto
de tranquilizarse punto ineficaz

práctica de roles «juega a papas y oportunidades y «juega a papas y


de adulto mamas»; asume compañeros de mamas»; asume
el papel de juego limitados varios roles
padre
74 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL
Factores de Padre Padre Padre
desarrollo Jim Gilliam John Steffin Andy Sharff
(cont.) (cont.) (cont.) (cont.)
forja de la identidad masculina; masculina; ¿masculino?;
de género; padre padre madre
identificación
parental
tener un amigo sí no no
íntimo
juego homosocial; sí; limitado; sí;
exploración sexual algunas ninguna considerable
con personas del
mismo sexo
pandillas y fiestas sí; ninguna; sí;
heterosexuales; si ninguna alguna
comienzo/enfoque a los 13 años, ninguna; a los doce años,
de los sentimientos chicas; ninguna principalmente
de atracción sexual; a los 14 años, niños; a los 13
comienzo de las chicas de la años, chicos de
fantasías sexuales misma edad la misma edad y
menores
expresión sexual; masturbación muy limitada masturbación
masturbación en la ocasional entre entre regular
adolescencia los 14 y y compulsiva
los 17 años desde los 12
años
patrón de heterosexual asexual homosexual
excitación;
orientación sexual
habilidad en entre adecuada muy pobre adecuada
relación con la y buena
intimidad física y
emocional
comunicación entre adecuada muy limitada entre limitada
efectiva de y buena y adecuada
cuestiones íntimas
EL PROCESO DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL 75
Factores de Padre Padre Padre
desarrollo Jim Gilliam John Steffin Andy Sharff
(cont.) (cont.) (cont.) (cont.)

decisión en relación celibato sexual, evita se centra en


con las opciones del amistades sanas las exigencias relaciones con
estilo de vida sexual sexuales varones
y de intimidad adolescentes

equilibrio entre el buen equilibrio, falsa extrema


propio interés y la autoentrega autoentrega; preocupación
autoentrega; nivel de madura; alta baja por sí mismo;
generatividad generatividad generatividad bajo nivel de
generatividad

reacción a la reafirma el no presta preocupación


andropausia celibato atención ante la
(menopausia perspectiva de
masculina) perder el aspecto
juvenil

CONCLUSIÓN

Este capítulo empezó con la presentación de los ejemplos de tres in-


dividuos aparentemente similares cuyo desarrollo psicosexual a lo
largo de la vida tomó caminos o trayectorias que difieren significa-
tivamente. Después hemos descrito un modelo en etapas integrador
del desarrollo psicosexual. Luego, un análisis detallado de los tres
casos ha ilustrado el valor que tiene identificar los factores de pre-
disposición y de desarrollo que influyen en el proceso y en los re-
sultados del desarrollo psicosexual. La consecuencia es que éste es
un componente clave del desarrollo general humano y espiritual de
un sacerdote, y que tal modelo integrador puede ser útil para los for-
madores, tanto en el momento de seleccionar a los candidatos para
el ministerio como a la hora de guiarlos y aconsejarlos en el curso
de su formación.
76 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

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3 Sexualidad,
intimidad y celibato

Hoy el celibato se ha convertido en un tema central en el debate so-


bre la conducta sexual inapropiada. Un muestreo de opiniones edito-
riales de prensa y de expertos en tertulias sugiere que, si a los sacer-
dotes no se les exigiera el celibato, las malas conductas sexuales que-
darían prácticamente eliminadas. El hecho de que los medios de co-
municación y la opinión pública, incluidos muchos católicos nortea-
mericanos, consideren problemático el celibato sacerdotal sugiere
que realmente no entienden el concepto y el valor básicos del celiba-
to. Es innecesario decir que hay una gran confusión acerca de la re-
lación entre madurez sexual, intimidad y celibato. Y parece que ex-
presiones como «celibato sexual», más que clarificar, aumentan la
confusión. Por consiguiente, un desafío fundamental que tiene hoy
planteado la Iglesia, y en especial los responsables de la formación de
los sacerdotes, es comprender y articular mejor la relación entre se-
xualidad y celibato, así como entre sexualidad, celibato e intimidad.
Así pues, ¿qué es la intimidad y cuál es su conexión con la se-
xualidad y el celibato? En primer lugar, definamos la intimidad. Si
pedimos al azar a diez personas que definan la intimidad, probable-
mente nos darán diez definiciones diferentes. Ello se debe a que la
intimidad se parece mucho a la pornografía. La mayoría de las per-
sonas saben lo que es cuando tienen experiencia de ella, pero resul-
ta muy difícil articular claramente su significado. Lo mismo sucede
entre los investigadores: no hay una definición de consenso de la in-
timidad. A pesar de esta falta de consenso, quienes investigan sobre
la intimidad «están de acuerdo en la siguiente premisa: los indivi-
duos tienen necesidades de pertenencia y de autonomía, y el reto de
78 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

equilibrar estas dos necesidades es el desafío básico en las relacio-


nes íntimas» (Carlson y Sperry 1999, p. xx).
Una medida de esa capacidad para equilibrar efectivamente per-
tenencia y dependencia con autonomía o independencia se refleja en
el grado en que un adulto puede respetar a los otros y sus límites.
Lamentablemente, la violación de los límites es común en las per-
sonas que tienen problemas con la intimidad y practican una con-
ducta sexual inapropiada. En una reflexión sobre los numerosos
años a lo largo de los cuales han tratado a sacerdotes con problemas,
los doctores Wayne Fehr y Don Hands observan que «los sacerdotes
que manifiestan una conducta sexual inapropiada o transgreden los
límites, se encuentran generalmente empobrecidos en lo que respec-
ta a la intimidad consigo mismos, con los demás y con Dios» (Fehr
y Hands 1993, p. 43).
Este capítulo pone de relieve una de las premisas básicas del
presente libro: la integración de la sexualidad y la intimidad consti-
tuye el punto final del desarrollo psicosexual. Dado que el sacerdo-
cio exige el celibato, esta integración de sexualidad e intimidad tie-
ne que incluir necesariamente el celibato. Por eso este capítulo ex-
plora la relación entre sexualidad, intimidad y celibato. En primer
lugar, se expone lo que es y lo que no es la intimidad. Después se
describen varios tipos, niveles, estilos y barreras a la intimidad.
Finalmente, se aborda de nuevo el tema del celibato y las etapas del
desarrollo del celibato, el significado de la intimidad célibe y la re-
lación del celibato con la intimidad, la sexualidad y la espiritualidad.

UN CONTEXTO PARA LA REFLEXIÓN SOBRE LA INTIMIDAD

Para responder a la cuestión sobre el significado de la intimidad es


útil tener un contexto para la conceptualización de este complejo y
polifacético fenómeno. Antes de seguir adelante, tiene que quedar
claro lo que es y lo que no es la intimidad. Empezamos diciendo lo
que no es.

Lo que es y lo que no es la intimidad. La intimidad no es sexo,


amor, pasión o determinado tipo de relaciones. Ante todo, la intimi-
dad no es sexo o actividad sexual. La intimidad no es lo mismo que
SEXUALIDAD, INTIMIDAD Y CELIBATO 79

el amor, aunque el amor es un elemento de la intimidad. La intimi-


dad tampoco es lo mismo que la pasión -un estado emocional inten-
so de diversos y a veces confusos sentimientos-. La intimidad tam-
poco es una relación de colegas, ni una amistad casual o interesada.
Por el contrario, la intimidad es una clase especial de relación
que refleja una necesidad fundamental de apego. El apego es el vín-
culo emocional que se desarrolla entre el niño y la madre o la per-
sona que lo cuida (Karen 1994). Las interrupciones o fallos en el
vínculo de apego madre-hijo tienen graves consecuencias a corto y
a largo plazo. A corto plazo, los niños sin alguna forma de conexión
humana no se desarrollan bien y pueden llegar a morir. A largo pla-
zo, una ruptura grave de este vínculo de apego tiene graves conse-
cuencias para el posterior desarrollo de la verdadera intimidad en la
vida. Tales consecuencias incluyen los problemas sexuales y matri-
moniales, el divorcio y diversos trastornos psiquiátricos o relaciona-
dos con el consumo de ciertas sustancias. Esta necesidad de intimi-
dad es, desde el punto de vista del desarrollo, «una manifestación
más madura, diferenciada y avanzada de la necesidad biológica uni-
versal de cercanía, conexión y contacto físico con otro ser humano»
(Bagarozzi 2002, p. 7).
Según una definición muy básica, la intimidad implica tanto
promover la cercanía o la conexión como tener la experiencia de ca-
lor o afecto en una relación humana. El sentido de cercanía puede
incluir vínculos emocionales, intelectuales, sociales y espirituales.
No obstante, no todas las relaciones estrechas son consideradas ín-
timas. Por ejemplo, es posible trabajar en estrecho contacto con un
colega y que, sin embargo, la relación no se considere íntima, por-
que falta el segundo componente, a saber: la experiencia de calor y
comunicación personal.

Intimidad madura versus intimidad inmadura. La intimidad


puede ser madura o inmadura. Aunque exista un estrecho y cálido
vínculo madre-hijo, este vínculo será considerado inmaduro, porque
en él no puede haber el mismo grado de participación en el poder ni
el mismo respeto a los límites del otro, ya que el niño no ha desa-
rrollado aún esas capacidades. Huelga decir que los adultos sin tales
capacidades sólo pueden tener experiencia de la intimidad inmadu-
80 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

ra. Por otro lado, las relaciones íntimas maduras implican compartir
tanto el poder como el respeto mutuo por las limitaciones persona-
les del otro. Además, se puede concebir la intimidad madura como
una relación personal cercana, familiar, y a menudo afectuosa con
otra persona, que implica un conocimiento profundo de ella, así co-
mo una expresión recíproca de los propios pensamientos, emociones
y sentimientos. Tal cercanía en la amistad o en las relaciones ro-
mánticas comporta inevitablemente sentimientos ambivalentes, tan-
to positivos como negativos, que pueden coexistir. Por consiguiente,
la intimidad madura implica aprender a vivir con esta ambivalencia,
es decir, con la alegría y la tensión que produce estar cerca de otra
persona.

Pseudo-intimidad. Es importante diferenciar la «intimidad madu-


ra» de la «pseudo-intimidad», que es una forma de intimidad inma-
dura. La pseudo-intimidad es una relación que parece implicar inti-
midad, pero que, de hecho, no la implica. En la pseudo-intimidad, lo
que sucede normalmente es que un intenso sentimiento sexual sus-
tituye a la auténtica intimidad, y la verdadera naturaleza de una re-
lación se tiene en secreto con el fin de mantener una situación ficti-
cia y evitar la confrontación. La pseudo-intimidad es un juego de
fingimiento que «permite a las dos partes fingir que lo que está pa-
sando no está pasando realmente» (Lothstein 1990, p. 39). En el me-
jor de los casos, sólo se establece una relación parcial. Por ejemplo,
un adulto podría establecer con otro adulto una relación que no pue-
de compartir en profundidad o para la que puede no estar emocio-
nalmente disponible, porque ya se encuentra comprometido en otra
relación, o bien es un esclavo del trabajo y utiliza éste, o los nego-
cios, para evitar los riesgos de la relación. O bien un adulto puede
creer que ha establecido una relación íntima estrecha y profunda con
un niño cuando, de hecho, éste no está capacitado desde el punto de
vista del desarrollo para compartir poder en una relación, lo cual
constituye un requisito para la intimidad madura. Tales relaciones
son psicológicamente seguras para el adulto, porque no necesita co-
rrer el riesgo de poner en común su propio yo por entero, particu-
larmente sus esperanzas y temores más profundos. Por otro lado,
cuando tal relación incluye abusos sexuales, se puede producir un
gran daño.
SEXUALIDAD, INTIMIDAD Y CELIBATO 81

La pseudo-intimidad no es hoy excepcional en el ministerio, de-


bido especialmente al predominio de la dependencia y el narcisismo
en sacerdotes y otros ministros. Los individuos con rasgos acusados
de dependencia y narcisismo son incapaces de establecer relaciones
que vayan más allá de la pseudo-intimidad. Para el individuo narci-
sista la intimidad no significa nada más que ser admirado o adorado
por los otros y disfrutar a costa de ellos. Para el individuo depen-
diente, la intimidad significa relacionarse con otra persona que asu-
mirá la responsabilidad y aprobará su conducta inmadura (Masterson
2000).

Sexo e intimidad. ¿Cuál es el lugar del sexo en la intimidad? El se-


xo puede o puede no tener un papel en las relaciones íntimas, del
mismo modo que en la actividad sexual puede haber intimidad o
puede no haberla. La expresión de la sexualidad en la intimidad
puede ir desde una caricia afectuosa hasta la relación genital. La si-
guiente sección desarrolla más ampliamente la intimidad sexual y
otros tipos de intimidad.

TIPOS DE INTIMIDAD

Para muchos, la intimidad implica ordinariamente la intimidad físi-


ca o sexual. En realidad, hay diferentes clases o tipos de intimidad,
como vamos a tratar de describir y distinguir en esta sección. Tales
distinciones constituyen el trasfondo esencial para un análisis infor-
mado de la relación entre intimidad, sexualidad y celibato.
La intimidad sexual alude a la sexualidad en una relación íntima
en todas sus variables, que van desde la caricia cariñosa hasta la re-
lación genital. Es intimidad erotizada y, por tanto, se puede distin-
guir de la intimidad no erotizada o física (no sexual). La intimidad
no sexual se refiere a varios tipos de intimidad sin expresión genital,
entre los cuales se incluyen la intimidad intelectual, la intimidad so-
cial, la intimidad psicológica y la intimidad espiritual. La Tabla 3-1
proporciona una descripción sintética de estos siete tipos de intimi-
dad, más la intimidad célibe.
82 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

TABLA 3-1: OCHO TIPOS DE INTIMIDAD*

Tipo Descripción
de intimidad

Intimidad Se comunican, comparten y expresan sentimientos,


sexual pensamientos, fantasías y deseos de naturaleza sexual
con una persona significativa. Incluye la cercanía
física, el contacto e interacciones destinadas a excitar,
estimular y satisfacer sexualmente; pero puede llevar o
no a la relación sexual y/o al orgasmo para una parte o
para las dos.

Intimidad Cercanía física y contacto corporal con una persona


física significativa que consiste, por ejemplo, en un abrazo,
(no sexual) un masaje en la espalda u otras formas de contacto no
sexual, que no son un preludio para la actividad
sexual genital.

Intimidad Se comunican, comparten y revelan informaciones y


psicológica sentimientos personales sobre uno mismo con una
persona significativa. Puede incluir la comunicación de
las esperanzas y los sueños personales, y también de
los propios temores, preocupaciones e inseguridades.
La verdadera intimidad psicológica supone una base
segura de confianza en la relación.

Intimidad Se comunican y comparten ideas, pensamientos y


intelectual creencias importantes con una persona significativa.
Supone la capacidad de «ponerse en el papel» del
otro, es decir, de comprender el mundo desde el
marco de referencia del otro.

Intimidad Se comunican y comparten todos los sentimientos


emocional personales, positivos y negativos, con una persona
significativa. Supone la empatia, es decir, la capacidad
de ponerse en el lugar del otro y sentir lo que el otro
está sintiendo, sin identificarse o sentirse apenado por
él (lo que llamamos simpatía).

Inspirado en parte en Bagarozzi 2001.


SEXUALIDAD, INTIMIDAD Y CELIBATO 83
Tipo Descripción
de intimidad (cont.)
(cont.)

Intimidad Se participa en actividades y experiencias agradables o


social lúdicas con una persona significativa; por ejemplo, se
comparten las experiencias diarias, se habla sobre
acontecimientos actuales, se comparten comidas,
etcétera.

Intimidad Se comparten los propios pensamientos,


espiritual sentimientos, creencias y experiencias sobre
cuestiones o asuntos espirituales con una persona
significativa, y con Dios; por ejemplo: prácticas
religiosas, rituales, experiencias de la naturaleza o
profundas experiencias espirituales personales.

Intimidad Se comparte una amistad profunda sin estar casados y


célibe sin violar la castidad ni física ni psicológicamente.
Algunos piensan que, para un sacerdote, esta forma de
intimidad es un don y una gracia.

NIVELES Y ESTILOS DE INTIMIDAD

Además de especificar los tipos de intimidad, es útil y necesario des-


cribir la profundidad o el nivel de intimidad, así como los patrones
o estilos de intimidad particulares y preferidos que se manifiestan en
las relaciones de compromiso. Esta sección describe varios niveles
y estilos de intimidad.

Niveles de intimidad
La observación e investigación clínica sugiere que la intimidad no es
una habilidad que la mayoría de los individuos y las parejas mues-
tren o tengan la capacidad de experimentar consistentemente. Con
esto no se sugiere que la intimidad sea un fenómeno de «todo o na-
da», en el sentido de que ciertos individuos pueden experimentarlo
consistentemente, mientras que otros nunca lo experimentan. Hay
84 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

también un grupo de individuos que son capaces de experimentarlo


ocasionalmente en tiempos de crisis, como, por ejemplo, en unos
funerales o después de un accidente grave. Más bien, parece que se
dan distintos niveles de funcionamiento relacional entre individuos
y parejas. Se postula que la intimidad sólo puede sostenerse en ni-
veles superiores de funcionamiento relacional. A continuación se
presentan descripciones de tres conceptualizaciones diferentes de
niveles de funcionamiento relacional.

Modelo en espiral de intimidad. L'Abate (1986; 1997) ha propues-


to un modelo de desarrollo de habilidad interpersonal que pone de
relieve la intimidad y sus determinantes. Define la intimidad como
la puesta en común de alegrías, heridas y temor a ser herido. La in-
vestigación indica que esa forma de compartir conduce a relaciones
comprometidas, íntimas y prolongadas, mientras que la incapacidad
para implicarse en ese modo de compartir da como resultado la dis-
función relacional.
Tres prerrequisitos para la intimidad son la igualdad, el compro-
miso y la reciprocidad o mutualidad en la relación. De éstas brotan
seis procesos que producen lo que L'Abate (1997) llama la «espiral
de intimidad»: comunicación de valores personales, respeto a los
sentimientos personales, aceptación de las limitaciones personales,
afirmación, comunicación de heridas y temor a ser herido, y perdón
de los errores. Compartir las heridas representa la capacidad para ser
independiente o separado, y dependiente o en compañía, al mismo
tiempo. Requiere la fuerza para unirse a otra persona compartiendo
las heridas, a la vez que se mantiene la separación necesaria para es-
tar disponible para el otro sin exigir perfección, soluciones o rendi-
miento. L'Abate observa también que llorar juntos es la mayor de-
mostración de que se comparten las heridas. El amor incondicional
se demuestra por la habilidad de estar disponible, que se define co-
mo la capacidad de estar a disposición para compartir heridas o llo-
rar juntos. Por consiguiente, los individuos que no poseen suficien-
tes recursos para compartir heridas sólo pueden amar condicional-
mente, lo cual da como resultado una intimidad limitada.
En otras palabras, hay dos niveles de intimidad: «intimidad» y
«no intimidad». El nivel de intimidad incluye seis subniveles rela-
cionados de manera progresiva: comunicación -> respeto -> acepta-
SEXUALIDAD, INTIMIDAD Y CELIBATO 85

ción ->• afirmación -> compartir las heridas ->■ perdón.


Observemos que, del mismo modo que para compartir las heridas
es preciso que se cumplan las cuatro habilidades o subniveles
previos, el verdadero perdón exige los cinco subniveles previos. El
nivel de la no intimidad es notablemente deficiente en uno o más de
estos subniveles.

Niveles de estabilidad relacional. Basándose en numerosas investi-


gaciones, Gottman (1993; 1994a; 1994b) describe la intimidad en
términos de niveles de estabilidad relacional. Aun cuando esta in-
vestigación se basó primariamente en parejas comprometidas, las
conclusiones son aplicables también a las relaciones de amistad
comprometidas. La conclusión clave es que las relaciones íntimas
duraderas y satisfactorias dependen de la capacidad de ambos indi-
viduos para afrontar los conflictos que son inevitables en una rela-
ción. Gottman ha descrito dos niveles de estabilidad relacional: es-
table e inestable. Las relaciones estables implican estilos de relación
caracterizados por los esfuerzos que se hacen por afrontar el con-
flicto ocasional y la capacidad para mantener la intimidad. Tales
conductas anuncian satisfacción en la relación, crecimiento personal
y la continuidad de la relación.
Por otro lado, las relaciones inestables implican estilos de rela-
ción caracterizados por el conflicto permanente y la incapacidad pa-
ra mantener la intimidad. No es de extrañar que tales conductas
anuncien una insatisfacción creciente y la no continuidad de la rela-
ción. Por definición, los individuos que viven relaciones estables tie-
nen más probabilidades de mostrar y experimentar intimidad que los
individuos que viven relaciones inestables.
Estilos de intimidad
Un corolario a la investigación de Gottman sobre los niveles de es-
tabilidad relacional es la investigación sobre los diferentes estilos de
intimidad. Gottman conceptualizó los estilos de intimidad en fun-
ción de los modos o patrones estilísticos que los individuos tienen
de afrontar la resolución de conflictos o la solución de problemas en
sus relaciones. Se observaron cinco estilos diferentes de resolución
de conflictos: aceptador, cambiante, evitador de conflictos, hostil y
hostil-desapegado. Los tres primeros estilos se observaron en rela-
ciones estables, mientras que los dos últimos patrones estilísticos se
86 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL
observaron primariamente en relaciones inestables. La Tabla 3-2
describe estos cinco estilos de intimidad en relación con los dos ni-
veles de estabilidad relacional.

TABLA 3-2: NIVELES Y ESTILOS DE INTIMIDAD**


Nivel/Estilo Descripción

Estable Estilos de relación caracterizados por los esfuerzos


que se realizan para afrontar los conflictos
ocasionales y por la capacidad para mantener la
intimidad.

Aceptador Caracterizado por la capacidad de comprometerse,


abordar los problemas con serenidad y aceptar las
diferencias propias de la pareja.

Cambiante Caracterizado por intensas discusiones ocasionales, y a


veces con actitud defensiva; actúan críticamente el uno
contra el otro; no obstante, parecen disfrutar de esta
intensidad, a la que sigue un renovado sentido de
compromiso y un creciente sentido de individualidad.

Evitador de Su característica es que evita las discrepancias, las


conflictos minimiza o participa en actividades solitarias para
abordar o aliviar las tensiones; a pesar de que evitan el
conflicto, estas relaciones son relativamente felices y
satisfactorias.

Inestable Estilos de relación caracterizados por el conflicto


permanente y la incapacidad para mantener la
intimidad.

Hostil Caracterizado por discusiones intensas con críticas,


desprecio y actitud defensiva; después de tales
discusiones, ni se renueva la relación ni hay un sentido
creciente de individualidad, sino más bien de posible
disolución.

** Basado en Gottman 1994b.


SEXUALIDAD, INTIMIDAD Y CELIBATO 87
Nivel/Estilo Descripción
(cont.) (cont.)

Hostil- Caracterizado por un patrón de intensas discusiones


desapegado que implica una gravedad y un desprecio crecientes
en un individuo que, previsiblemente, motiva un
repliegue emocional por parte del otro; este patrón
fomenta la actitud defensiva en los dos miembros de
la pareja y puede acabar incrementando la posibilidad
de disolución.

Gottman (1994b) observa una tendencia cultural en Norteamé-


rica hacia el estilo de apoyo. Dado que el estilo de apoyo es más
compatible con una visión romántica de la vida, lo mismo que una
visión de la psicoterapia centrada en el cliente, muchos suponen que
este estilo es el ideal al que todas las relaciones deberían tender y el
criterio tácito por el que se juzgan las relaciones. De manera espe-
cífica, los medios de comunicación y los terapeutas idealizan las re-
laciones en las que los individuos pueden comprometerse, afrontar
los problemas con calma y aceptar las diferencias propias del otro.
A pesar del hecho de que la investigación indica que los estilos cam-
biante y evitador de conflictos son también modos estables y satis-
factorios de relacionarse íntimamente, estos patrones relaciónales
suelen ser considerados menos ideales. Es obvio que las implicacio-
nes de esta tendencia, no sólo para las relaciones, sino también para
la práctica clínica, la formación de los terapeutas y la investigación,
son inmensas.
Finalmente, Gottman ve las relaciones de pareja desde la pers-
pectiva de la teoría conductual intercambio-equilibrio. Gottman ha
operativizado el funcionamiento relacional efectivo del sistema de
pareja en la clave de la proporción entre sentimientos e interaccio-
nes positivos y sentimientos e interacciones negativos. Usando va-
rias medidas -risa, caricias, expresión facial, medidas fisiológicas y
frecuencia de las peleas-, Gottman ha descubierto que una propor-
ción de cinco o más interacciones positivas por una interacción ne-
gativa predice estabilidad en la relación, mientras que una propor-
88 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

ción menor predice disolución de la relación. De hecho, esta pro-


porción puede predecir éxito relacional con una precisión del 94 por
ciento.
Gottman (1994a) ha identificado también cuatro señales de alar-
ma de que la relación está fallando. Son: crítica, desprecio, actitud
defensiva y aislamiento. La crítica «ad hominem» implica persona-
lizar, culpar y atacar a la persona. El desprecio implica la devalua-
ción y también el deseo de herir, humillar o insultar al otro. Como
consecuencia, los sentimientos de cercanía y la capacidad de elogiar
y apoyar al otro se pierden en una ráfaga de burlas, sarcasmos e in-
jurias. La actitud defensiva implica sentirse herido, victimizado, y
responder a indirectas poniendo excusas y negándose a asumir la
responsabilidad de cambiar. Finalmente, el aislarse o encerrarse
implica retirarse emocionalmente del otro ante el conflicto o las exi-
gencias, en un intento de disminuir el conflicto. Lamentablemente,
a largo plazo, esta estrategia incrementa de hecho la angustia y la
falta de armonía en la relación. Aun cuando estos cuatro afectos ne-
gativos predominan en las relaciones inestables, se pueden ver oca-
sionalmente también en las relaciones estables.

BARRERAS A LA INTIMIDAD

Las barreras a la intimidad designan conductas específicas, déficits


de aptitud o disposiciones que efectivamente bloquean o impiden
que un individuo establezca o mantenga un vínculo estrecho con
otro. Entre esas barreras se encuentran la incapacidad para distinguir
entre el sexo y la intimidad, la falta de confianza, la falta de empa-
tia, la sensación de ser especial y de tener derecho a todo, la escasez
de barreras y el consiguiente miedo a ser absorbido, la homofobia,
la falta de autoestima y el deterioro de la comunicación (McClone
2002; Kenel 2002). La presencia de un trastorno del carácter o de la
personalidad, como el trastorno narcisista o antisocial de la perso-
nalidad, constituye también de por sí una barrera importante a la in-
timidad. La Tabla 3-3 describe ocho de esas barreras.
SEXUALIDAD, INTIMIDAD Y CELIBATO 89

TABLA 3-3: BARRERAS A LA INTIMIDAD


Barrera Descripción

Incapacidad Identificar la actividad sexual con la intimidad puede


para distinguir producir la limitación de la capacidad de desarrollar y
el sexo de la mantener unas relaciones interpersonales sanas.
intimidad
Falta La falta de capacidad para creer en la sinceridad y la
de confianza integridad de los otros limita la disposición de una
persona a esperar que otro guarde un secreto y no
traicione o socave los esfuerzos que ella realiza dentro y
fuera de las relaciones interpersonales.

Falta La falta de capacidad para pensar y sentir lo que otra


de empatia persona está pensando y sintiendo dificulta el desarrollo
de la intimidad emocional.

Sensación de Rasgos narcisistas como el creerse especial y la actitud


ser especial y de sentirse con derecho a todo -es decir, la expectativa
de tener irrazonable del narcisista de que todas sus necesidades
derecho a sean satisfechas y se le dé un trato de favor- y la falta
todo de empatia son incompatibles con unas relaciones
basadas en la igualdad y la reciprocidad.

Escasez de El miedo a verse psicológicamente absorbido por otro,


barreras y/o debido a la escasez de barreras, dificulta el estableci-
miedo a ser miento de fronteras o causa problemas con el control de
absorbido la propia excitación sexual, la ansiedad o la rabia.

Homofobia Un miedo irracional o determinados prejuicios contra la


homosexualidad o los individuos homosexuales por parte
de un varón pueden llegar a dificultar el establecimiento
de amistades íntimas con otros varones.

Falta de La incapacidad para verse y aceptarse como persona


autoestima digna de respeto y amor limita la posibilidad de
comunicar a otros una actitud de autoaceptación,
autoaprobación y autoestima.

Deterioro de la Una capacidad limitada para escuchar activamente y


comunicación responder apropiadamente, con empatia y asertividad,
dificulta gravemente el desarrollo y mantenimiento de
relaciones íntimas.
90 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

Celibato
El celibato sacerdotal es un modo de vida caracterizado por la con-
tinencia o la renuncia al matrimonio por el reino de Dios.
Relacionada con el celibato está la castidad, o «virtud por la que la
sexualidad humana se ordena al propósito que le corresponde... La
castidad no es sólo continencia, sino que tiene como objetivo la in-
tegración del verdadero significado de la sexualidad y la intimidad,
tanto si la persona está casada como si no lo está» (McBrien 1995,
pp. 302-303). Lamentablemente, estos conceptos, al parecer, son po-
co comprendidos o respetados por algunos -incluidos los medios de
comunicación-, que insisten en que la conducta sexual inapropiada
del clero es achacable al celibato.
Se puede comparar el celibato con una travesía condicionada por
factores de personalidad, expectativas institucionales y el contexto
inmediato que influye en los individuos. Bonnot (1995) ofrece una
observación sagaz cuando sostiene que toda persona que se com-
promete con una vida célibe experimenta varios celibatos diferentes.
Quiere decir que, a medida que una persona madura, negocia varias
etapas de desarrollo del celibato.

Etapas del celibato


Éstas se basan, en parte, en la teoría del desarrollo psicosexual por
etapas de Erikson. También Bonnot (1995) propone un modelo de
etapas en el que cada una de ellas tiene un desafío distintivo, que es
predominante en unos momentos y recesivo en otros, y, sin embar-
go, influye en el individuo. Cada etapa demanda y requiere la reso-
lución de un desafío o dilema concreto, y exige unas fuerzas espe-
cíficas, pues su resolución se produce a través de etapas sucesivas
con diversos grados de influencia. De un modo más específico, ca-
da etapa del celibato requiere la resolución de un desafío o dilema
determinado, exige fuerzas específicas para su resolución y cultiva
virtudes concretas. Estas virtudes «hacen posible vivir después el
desafío del celibato con éxito y satisfacción» (p. 19).

La Tabla 3-4 caracteriza esas cuatro etapas de desarrollo.


SEXUALIDAD, INTIMIDAD Y CELIBATO 91

TABLA 3-4: ETAPAS DEL DESARROLLO DEL CELIBATO***


Etapas Descripción

Adolescente Esta etapa se extiende desde la pubertad hasta el final


de la segunda década de vida, y se puede considerar
como el estado del celibato físico. Por celibato físico se
entiende la capacidad de ser plenamente humano sin ser
sexualmente activo ni sentirse frustrado y preocupado.
La resolución de esta etapa supone que la persona ha
forjado una visión del celibato como opción de estilo de
vida que merece la pena. Esta etapa se asemeja a la
etapa de la identidad, de Erikson.

Generativa Esta etapa se extiende desde el final de la segunda


década de vida hasta los 35 años, aproximadamente, y
se puede denominar celibato generativo. Celibato
generativo se refiere a la capacidad de ser productivo y
responsable sin ser padre ni sentirse incompleto y con
carencias. La resolución de esta etapa requiere asumir
la responsabilidad de la comunidad como un todo, de la
vida y el bienestar de la próxima generación. Esta etapa
se asemeja a la etapa de la generatividad, de Erikson.

Intima Esta etapa se extiende ente los 35 y los 60 años,


aproximadamente, y se denomina celibato íntimo.
Celibato íntimo designa la capacidad de ser un amigo
que comparte la vida sin estar casado, así como de no
violar la castidad física o psicológicamente. Ésta es la
etapa más exigente de la intimidad y una de las más
difíciles de recorrer dentro de las actuales estructuras de
la Iglesia. La resolución de esta etapa supone la
aceptación de la intimidad del compañerismo como
realidad que fortalece la vida y el ministerio. Esta etapa
se asemeja a la etapa de la intimidad, de Erikson.

"** Basado en Bonnot 1995.


92 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL
Etapas (cont.) Descripción (cont.)

Integral Esta etapa se extiende desde los 60 años,


aproximadamente, hasta la jubilación y la muerte, y se
puede denominar celibato integral. Celibato integral
designa la capacidad de mantener el sentido y la
esperanza de la aportación personal a la vida ante la
jubilación y la pérdida de la salud, y la capacidad de
encontrar razones para seguir adelante cuando los
amigos e iguales se jubilan o mueren. La resolución de
esta etapa supone la aceptación de las decisiones y
experiencias de la vida pasada sin desesperación ni
amargura. Esta etapa se asemeja a la etapa de la
sabiduría, de Erikson.

INTIMIDAD, SEXUALIDAD, CELIBATO Y ESPIRITUALIDAD


Esta sección analiza y esclarece la relación entre intimidad y celiba-
to. Ambos son líneas del desarrollo psicosexual estrechamente rela-
cionadas. En consecuencia, en la perspectiva del desarrollo el punto
final del desarrollo psicosexual y de la madurez emocional se puede
definir como integración, unidad o unión. En La faz cambiante del
sacerdocio Donald Cozzens describe la intimidad como el anhelo o
deseo innato de unión con otra persona.
Intimidad célibe
La intimidad célibe es la capacidad de compartir una profunda amis-
tad sin estar casado y sin faltar contra la castidad, ni física ni psico-
lógicamente. En la perspectiva del desarrollo, es la tercera de las
cuatro etapas del celibato (Bonnot 1995). Para un sacerdote, esta
forma de intimidad es un don y una gracia, y los sacerdotes emo-
cionalmente maduros son los que mayores probabilidades tienen de
experimentarla (Cozzens 2003).
Como se ha indicado anteriormente, la madurez emocional re-
quiere un alto grado de desarrollo psicosexual. Tal madurez es el
fundamento de la auténtica espiritualidad e implica inevitablemente
la capacidad de iniciar y mantener unas relaciones sanas. Si carecen
de esa madurez, es probable que los sacerdotes estén subdesarrolla-
SEXUALIDAD, INTIMIDAD Y CELIBATO 93

dos espiritual e intelectualmente y experimenten cada vez más an-


siedad y vacío en su vida. Muchos sacerdotes tratan de aliviar este
vacío -que es un reflejo del deseo básico de unión- con la posesión
de bienes, el prestigio o el poder. Lamentablemente, ese alivio es só-
lo temporal, y el anhelo intrínseco de unión no hace más que au-
mentar. Si el sacerdote no tiene unos cuantos amigos verdadera-
mente cercanos e íntimos, el deseo que siente de relaciones román-
ticas o sexuales puede llegar a ser abrumador (Cozzens 2003).
Las necesidades de intimidad no satisfechas «han llevado a mu-
chos sacerdotes a pensar que sólo podían encontrar su verdadera re-
alización en el matrimonio o, en el caso de los homosexuales, en una
relación sexualmente activa con otro varón. Cualquiera que sea su
orientación sexual, el sacerdote pondera seriamente la posibilidad
de dejar el ministerio con vistas a satisfacer el deseo de unión que
consume su espíritu» (Cozzens 2003, p. 56). «Pero la cuestión ver-
daderamente importante no es si ha de dejar el ministerio y casarse,
sino si puede mantener o no con la persona querida una amistad cé-
libe. En otras palabras, ¿está atravesando una crisis vocacional o una
crisis de intimidad? ... La crisis de intimidad puede llevar a veces a
relaciones de explotación con diversas mujeres o varones» (p. 57).
Celibato sexual
En The Sexual Celibate describió Donald Goergen (1974) como ce-
libato sexual una formulación en parte semejante de la intimidad cé-
libe. El celibato sexual es una expresión de la sexualidad que está
centrada en la amistad y que se esfuerza por cultivar una intimidad
no genital. Goergen explora el terreno de la intimidad y el celibato
en el continuum que va de la intimidad genital a la intimidad no ge-
nital. No es de extrañar que considere las implicaciones de la activi-
dad sexual genital, particularmente la masturbación, en el proceso
de desarrollo del celibato.
La masturbación implica la autoestimulación de los genitales
para obtener una gratificación erótica. Tradicionalmente, la mastur-
bación ha sido considerada siempre como abusar de sí mismo y, por
lo tanto, dañina y pecaminosa. Hoy, cuando se ve desde la perspec-
tiva del desarrollo, surge una comprensión más diferenciada. En esta
perspectiva, la masturbación en la infancia y en la adolescencia es
vista más como una conducta exploratoria, mientras que la mastur-
94 I PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

bación ocasional en la edad adulta puede servir para descargar la


tensión. No obstante, las formas abusivas o compulsivas suelen ser
vistas como perjudiciales y pecaminosas. Con respecto a la mastur-
bación y el celibato, Goergen insiste en que, así como «la mastur-
bación no es un signo de la perfección que nosotros como célibes
nos esforzamos por vivir, tampoco es un pecado. Sencillamente es
una imperfección que todos nos esforzamos por superar. [...] La
masturbación pone de manifiesto que el proceso de espiritualización
todavía no está consumado».

Sexualidad, celibato y espiritualidad


La sexualidad puede ser vista también en relación con la espirituali-
dad. Entre las múltiples formas de describir la espiritualidad cristia-
na se encuentra la configuración de la vida en torno a la experiencia
de Dios en una comunidad de fe centrada en Cristo y encarnada.
Además, ser creado a imagen de Dios para buscar y gozar de la
unión con él es un empeño humano fundamental que se refleja en
nuestro desarrollo psicológico desde el nacimiento (Friberg y Laaser
1998). Dado que el desarrollo psicológico incluye inevitablemente
el desarrollo sexual, la espiritualidad y la sexualidad están intrínse-
camente relacionadas. Por último, también se puede establecer una
relación entre la espiritualidad y la intimidad, de modo que la inti-
midad espiritual es descrita como un sentido de cercanía y adhesión
a Dios.

CONCLUSIÓN

Así como el desarrollo sexual pasa por varias etapas, que van de las
menos a las más integradas y maduras, lo mismo ocurre con la in-
timidad y el celibato. Hemos descrito diferentes visiones del desa-
rrollo o niveles de intimidad, y también varios tipos, estilos y ba-
rreras a la intimidad. Así mismo, se han presentado las etapas del
desarrollo del celibato. Esta perspectiva sobre la intimidad y el ce-
libato, centrada en el desarrollo, es el preludio para el análisis de la
relación entre sexualidad, intimidad y celibato, y de todo ello con la
espiritualidad.
SEXUALIDAD, INTIMIDAD Y CELIBATO 95

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SEGUNDA PARTE

Los HECHOS ESENCIALES:


CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA
4
Determinantes de un ministerio sano y
de una conducta sexual inapropiada

Curt Conway tenía 44 años cuando su mundo empezó a derrumbar-


se. Fundamentalmente, Curt era un sacerdote querido y muy traba-
jador que nunca se negaba a ayudar a quien lo necesitara. Fue du-
rante el tercer año de su misión en una parroquia muy necesitada del
centro de la ciudad cuando Curt empezó a experimentar ataques de
ansiedad que se sumaban a su insomnio crónico. Desde hacía vein-
tiséis años, Curt pertenecía a una congregación religiosa caracteri-
zada por su valiente compromiso en favor de los pobres. Al princi-
pio, y a la luz de los síntomas, el médico personal de Curt le pres-
cribió Valium. Inicialmente, la medicación fue eficaz, pero cada vez
se hacían necesarias dosis más altas para calmar los arrebatos de
Curt. Llegó un momento en que dejó de tomar la medicación y bus-
có consejo psicológico, que se centró en la gestión y el control del
estrés. Como en el caso de la medicación, durante un tiempo pare-
ció que la cosa daba resultado, pero nueve meses después el supe-
rior de Curt le propuso que hiciera un año sabático, al ver que sus
síntomas depresivos habían empeorado.
Curt fue enviado a un centro de renovación, donde participó en
un programa de tratamiento global que incluyó ayuda psiquiátrica y
preventiva, a la vez que renovación espiritual. Durante el desarrollo
del programa pudo pararse a pensar y valorar su propia salud psico-
sexual y espiritual, los patrones de estrés en sus destinos pastorales
recientes, su teología del ministerio y la estructura y cultura de su
orden religiosa, así como los puntos fuertes y los puntos débiles de
su propia salud y personalidad. Quedó impresionado por la valora-
100 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

ción y las recomendaciones del equipo de tratamiento, el cual ob-


servó que Curt presentaba una orientación asexual, que no tenía ver-
daderos amigos íntimos y que su experiencia de intimidad emocio-
nal era muy escasa. Se descubrió que su depresión estaba basada
tanto en su aislamiento emocional como en el hecho de que se esta-
ba «quemando» [burnout]. Después de consultar a su superior, y co-
mo parte de los cuidados posteriores al programa, Curt fue destina-
do al equipo de formación del escolasticado de la orden. Se espera-
ba que allí el ambiente, la estructura y el cultivo de su ministerio fa-
vorecieran más la reflexión y fueran menos estresantes.
Como parte de su planificación estratégica corporativa, la orden
había decidido que el número cada vez mayor de sacerdotes que se
estaban «quemando» y deteriorando exigía una revisión del estilo
apostólico de la orden. Llegaron a la conclusión de que el cambio
era efectivamente necesario, empezando por la formación. Durante
el año sabático que Curt disfrutó, siguió algunos cursos de especia-
lización en espiritualidad y realizó una experiencia supervisada en
dirección espiritual, lo cual le sirvió de preparación para asumir al-
gunas responsabilidades de dirección espiritual en la casa de forma-
ción de la orden. Continuó recibiendo los cuidados posteriores al
programa de tratamiento en el que había participado durante dos
años, durante los cuales se adaptó, no sin alguna dificultad, a un
nuevo estilo y modo de ministerio y de vida. Cuatro años más tarde,
Curt seguía llevando un estilo de vida relativamente equilibrado y
gratificante.
El caso de Curt ejemplifica algunas características que hoy son
comunes en el ejercicio profesional del ministerio: un ministerio
muy exigente, un desarrollo psicosexual deteriorado, una capacidad
limitada para la intimidad emocional, una cultura de la diócesis o de
la orden religiosa que agosta y quema, una vuelta al ministerio y un
nuevo nombramiento. Pero también plantea algunos interrogantes;
por ejemplo: ¿por qué el consejo psicológico y el control del estrés
no fueron eficaces?; ¿había alguna relación entre la orientación ase-
xual de Curt y la cultura de su orden religiosa?; ¿se habría produci-
do la recuperación de Curt si no hubieran tenido lugar cambios en
su teología del ministerio y en la estructura y cultura organizacional
de la orden, así como un nuevo destino pastoral? Muchos piensan
que, por lo general, el padecer estrés y el quemarse significan un dé-
MINISTERIO SANO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 101

licit de capacidad del individuo para afrontar las tensiones, más que
l;i presencia de fallos en el trabajo de esa persona o en la organiza-
ción de la que forma parte. Por consiguiente, no es de sorprender
que los programas de control del estrés estén centrados en la mejo-
ra de la capacidad de los empleados o de los directores para adap-
larse y afrontar el estrés del trabajo y de la organización. Hemos ob-
servado que el quemarse y el deterioro son tanto una función de la
estructura y la cultura de la organización y de las creencias del indi-
viduo sobre su funcionamiento profesional -es decir, su teología del
ministerio- como una función de elementos estresantes del trabajo
o de vulnerabilidades emocionales y falta de habilidades para hacer
frente a los problemas.
Este capítulo describe cuatro factores o determinantes interacti-
vos que, tomados en conjunto, sugieren si es más probable que un
ministro o sacerdote tenga la experiencia de un ministerio sano, o
bien de un deterioro, y concretamente de una conducta sexual ina-
propiada. En las siguientes secciones describiremos e ilustraremos
cada uno de dichos determinantes.

CUATRO DETERMINANTES

Basándome en la teoría sistémica organizacional y en mi experien-


cia como consejero de organizaciones religiosas, puedo afirmar que
parece haber cuatro determinantes entrelazados y que están implica-
dos en la conducta sexual inapropiada de los ministros y sacerdotes.
Son los siguientes: ministro, institución o dinámica organizacional,
destinos pastorales y relaciones. Estos determinantes se derivan de
una fórmula para comprender la salud y el deterioro en el ministerio
descrita hace varios años (Sperry 1991). Estos cuatro determinantes
representan diversos factores internos y externos que influyen en la
salud y en el deterioro. Cuando hay un buen «acoplamiento» o sin-
cronía entre los cuatro, el ministro experimenta un alto grado de bie-
nestar e integridad. Por el contrario, cuando hay un «acoplamiento»
pobre entre dos o más de ellos, es probable que el ministro experi-
mente algún grado de estrés o incluso un profundo deterioro. Este
puede adoptar diversas formas, que incluyen enfermedades físicas,
enfermedades psiquiátricas (véase Sperry 2000) o una conducta se-
102 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

xual inapropiada. Esta fórmula de cuatro determinantes proporciona


un marco útil para comprender y predecir, en términos generales, la
probabilidad de la salud y el bienestar de un sacerdote o de la con-
ducta sexual inapropiada en el ministerio. La Figura 4-1 ilustra esta
fórmula:

FIGURA 4-1: DETERMINANTES DEL MINISTERIO SANO Y


DE LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

Ministro (+) Dinámica organizacional (+) Destinos pastorales


(+) Dinámica relacional ->■ Salud o conducta
inapropiada

Este capítulo pretende describir cada uno de estos cuatro deter-


minantes de la salud del ministerio o del deterioro, y en particular de
la conducta sexual inapropiada. Los capítulos siguientes, en especial
los de la Segunda Parte, estudiarán con más detenimiento algunos
aspectos de esta fórmula.

MINISTRO

La primera dimensión, la del ministro como individuo, incluye di-


versos factores internos que influyen en su salud y bienestar gene-
ral. Entre ellos se encuentran diversos puntos fuertes y otros tantos
puntos débiles. Particularmente interesantes son el nivel de desarro-
llo psicosexual y espiritual, distintos rasgos de la personalidad y del
carácter -la actitud narcisista de creerse con derecho a todo, la ten-
dencia al abuso y la compulsividad- y la teología del ministerio.

Con respecto al desarrollo psicosexual, el capítulo 2 ha descrito


los diversos determinantes del nivel de desarrollo psicosexual -y es-
piritual-, y el capítulo 8 describirá formas de valorarlo. Los capítu-
los 5 y 7 describen el papel de la tendencia al abuso y la compulsi-
vidad en la conducta sexual inapropiada, mientras que el capítulo 6
describe cómo la actitud narcisista de creerse con derecho a todo in-
fluye en la conducta sexual. A continuación se describe la teología
del ministerio.
MINISTERIO SANO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 103

Teología del ministerio


El modo en que una persona ve su papel y sus responsabilidades
profesionales puede ejercer una gran influencia en su rendimiento
profesional, su nivel de estrés y su sensación general de bienestar
personal. Por ejemplo, el médico que cree que tiene que curar a los
pacientes y desafiar a la muerte a toda costa, no se acercará a los pa-
cientes ni responderá al estrés del mismo modo que aquel otro mé-
dico que cree que su papel fundamental es animar a los pacientes a
asumir la responsabilidad de su muerte.
La teología del ministerio que tenga cada ministro ejercerá una
gran influencia en el propósito y la aproximación a su ministerio.
Fundamentalmente, hay dos teologías del ministerio muy diferentes.
En una de ellas, la llamada al ministerio se escucha como una res-
ponsabilidad personal en la que el ministro centra sus energías y ta-
lentos en servir a los demás, sosteniendo la política y la autoridad
establecidas, manteniendo la jerarquía y el control, y preservando el
status quo. Desde esta perspectiva, la salud y el bienestar del minis-
tro es una cuestión secundaria en la realización de la misión. Lo cen-
tral es la acción, los resultados y el polo «del hacer» de la existen-
cia. En la otra teología del ministerio, la llamada se puede escuchar
como un compromiso a configurarse totalmente con el Señor me-
diante la presencia, el discernimiento, la reciprocidad, la delegación
de poder y la transformación. En esta perspectiva, el propio estilo de
vida equilibrado del ministro y la solicitud mutua se convierten en
los medios a través de los cuales se hace presente el reino. El hacer
brota del polo «del ser» de la existencia, del mismo modo que la ac-
ción brota de la contemplación. Mi experiencia clínica muestra que
una teología del ministerio equilibrada y sana es aquella que man-
tiene a la persona en contacto con su humanidad.
Dado que la cultura norteamericana insiste en que «hacer es más
importante que ser» y en que es fundamental hacer bien las cosas,
no debería sorprender el hecho de que muchos ministros sean per-
feccionistas y adopten una teología del ministerio similar. Hablando
de un modo general, los perfeccionistas creen en las tres «oes»: om-
nipotencia, omnisciencia y omnipresencia. Actúan como si tuvieran
que hacerse responsables de todo, y les resulta difícil delegar en
otros la toma de decisiones (omnipotencia). Creen que tienen que
104 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

ser totalmente competentes y saber todo cuanto hay que saber sobre
su trabajo (omnisciencia). Por último, creen que tienen que estar a
disposición de las personas a las que sirven siete días a la semana,
veinticuatro horas al día, lo cual les impide, de hecho, tener tiempo
para descansar y recrearse (omnipresencia). Las tres «oes» exigen
esfuerzos propios de dioses que requieren una energía hercúlea y un
compromiso que pocos pueden mantener durante mucho tiempo. No
es de extrañar que la ansiedad, la depresión, el sentimiento de cul-
pabilidad, la duda acerca de uno mismo y la frustración crónica
sean síntomas psicológicos comunes experimentados por estos indi-
viduos. El capítulo 7 describe varios tipos de sacerdotes implicados
en conducta sexual inapropiada, incluidos algunos cuya teología del
ministerio tiene una influencia operativa en sus problemas sexuales.
Curt admitió que su vida espiritual estaba desequilibrada, con poco
o ningún tiempo para la oración entre sus numerosas respon-
sabilidades. Durante el tratamiento, ayudaron a Curt a articular sus
creencias y presupuestos sobre el ministerio. Su teología del minis-
terio se caracterizaba por creer cosas como que «la recompensa está
en servir a los demás», o que «he sido llamado a ser una persona
para los demás», o que «las necesidades de la comunidad están an-
tes que mis necesidades personales», o que «mi vocación es la de ser
perfecto»... Es probable que estas creencias reflejaran exactamente,
no sólo su formación del noviciado y el seminario, sino también sus
presupuestos teológicos y el estilo de su ministerio. Estas creencias
orientadas a los demás suelen tener como consecuencia la resisten-
cia a la psicoterapia y a la atención sanitaria cuando el enfoque im-
plica cuidado de sí mismo y bienestar personal. Con frecuencia, una
persona como Curt verá al principio la necesidad de atención y cui-
dado de sí mismo como algo que contradice su formación religiosa.

DINÁMICA ORGANIZACIONAL

La dinámica organizacional incluye aspectos estructurales y cultu-


rales de la organización religiosa (la orden o la diócesis) que pueden
influir significativamente en la salud o el deterioro de un ministro.
Los factores organizacionales pueden influir significativamente en
las actitudes y las conductas de los miembros de las organizaciones.
MINISTERIO SANO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 105

De hecho, tales factores pueden ejercer sobre la persona una in-


fluencia mucho mayor que su propia personalidad o sus valores.
Dado que los norteamericanos están enamorados de la autodetermi-
nación, tienden a minimizar la influencia de la dinámica organiza-
cional en sus vidas. Sin embargo, hay demasiados ejemplos de la
abrumadora influencia de tales factores organizacionales.
Un ejemplo claro es el del Departamento de Policía de Los
Ángeles (DPLA) en la década de 1980. Después de que Daryl Gates
fuera nombrado jefe de policía del DPLA, enseguida se comprobó
que las quejas formales de abuso físico, verbal, emocional y sexual
presentadas por empleados del DPLA eran más numerosas que las de
cualquier otra organización o corporación del Estado de California.
Aun cuando los ciudadanos tenían conocimiento de la brutalidad po-
licial en la comunidad -debido en gran medida al desdichado inci -
dente que tuvo como protagonista a Rodney King-, eran pocos, en-
tre los agentes de policía y otros empleados del DPLA, los que cono-
cían la extensión de la brutalidad y los abusos que se cometían den-
tro de la organización. Dado que, antes de que Gates ocupara el
puesto de jefe de policía, las quejas sobre abusos eran relativamente
raras, los investigadores de la organización analizaron la estructura y
la cultura que se desarrollaron bajo el mandato de Gates. Y des-
cubrieron que la estructura y la cultura fomentaban, e incluso re-
compensaban, el abuso por parte de los agentes contra ciudadanos
de Los Ángeles y también dentro del Departamento. Un fenómeno
similar se ha observado en ciertos seminarios y órdenes religiosas
masculinas, que han pasado de una actitud respetuosa hacia las mu-
jeres a una actitud misógina, de odio y falta de respeto hacia ellas,
después del nombramiento de nuevos superiores. Estos importantes
cambios suelen ser observables entre los seis y los doce meses pos-
teriores al nombramiento.
Curt pertenece a una congregación religiosa de talante «progre-
sista» y de tamaño medio, cuya misión incluye la enseñanza en cen-
tros de educación secundaria, institutos y seminarios, así como el
trabajo parroquial. La mayoría de los miembros de la provincia de
Curt ejercían el ministerio en el centro de la ciudad y estaban pro-
fundamente comprometidos en favor de la justicia y la paz, a dife-
rencia de los que se dedicaban a la enseñanza. Ello explica la consi-
derable tensión existente dentro de la orden, particularmente en la
106 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

provincia de Curt. Los provinciales habían cambiado recientemente


y, aun cuando había alguna esperanza de que el estado de ánimo iba
a mejorar, las prioridades inmediatas estaban centradas en las cues-
tiones económicas y personales. Según el testimonio de Curt, los su-
periores de la provincia se habían caracterizado por un ejercicio de
la autoridad benevolente pero autocrático, tenían altas expectativas
de rendimiento y nunca habían dado prioridad a la planificación es-
tratégica. A su juicio, las decisiones sobre destinos personales y
cuestiones de política de la congregación habían estado más basa-
das en decisiones arbitrarias que en una planificación de largo al-
cance o en la valoración de las necesidades de los individuos o de
las instituciones. Aunque Curt no solía quejarse y tenía dificultades
para mostrar su ira, era consciente de ella, de la ambigüedad que
sentía por la arbitrariedad y la falta de confianza y disponibilidad de
sus superiores, y de su profunda tristeza y soledad durante los años
en que luchó para que sus superiores confirmaran que era un «buen»
religioso.

Diseño organizativo. Soroka (1986) sugiere que el diseño organi-


zacional de la Iglesia puede ser fuente y causa primaria del estrés
que experimentan los ministros. Observa que el diseño organiza-
cional se refiere a las propiedades formales y racionales de una or-
ganización que puede ser fácilmente controlada por quienes tienen
la responsabilidad de diseñarla y/o dirigirla, como el obispo de una
diócesis o un superior mayor. Los elementos del diseño organiza-
cional que resultan particularmente importantes en el análisis del
ministerio, la salud y el deterioro son: la estructura de los roles, la
estructura de poder y la cultura y estructura normativa de la
organización.

Estructura de los roles. La estructura de los roles designa los mo-


dos en que las tareas y los deberes son establecidos, organizados y
asignados entre los roles específicos en un determinado medio. El
conflicto entre rol y persona se hace evidente en las situaciones en
que los ideales del ministro entran en conflicto con los intereses pro-
pios de la organización y con el modo burocrático de funciona-
miento de la Iglesia. La ambigüedad del rol se da cuando el minis-
tro carece de la información necesaria para desempeñarlo. Algunas
MINISTERIO SANO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 107

fuentes de tal ambigüedad pueden ser inherentes al rol del ministro,


como, por ejemplo, la falta de un feedback claro en lo relativo a los
resultados del trabajo de la persona. En suma, la estructura de los ro-
les afecta al estrés del trabajo de los ministros a través de su impacto
en el conflicto y la ambigüedad del rol. El conflicto y la ambi-
güedad en relación con el rol hacen que a los ministros les resulte
difícil satisfacer las exigencias asociadas con su vocación. Por con-
siguiente, puede resultarles difícil o imposible conseguir un sentido
de bienestar psicológico y personal en su trabajo.

Estructura de poder. Otro aspecto del diseño organizacional es la


estructura de poder. El grado en que un ministro es capaz de ejercer
poder y controlar su entorno laboral es un factor que influye en su
manera de vivir hasta qué punto se siente impotente. La investiga-
ción muestra de manera convincente que los individuos con altas
exigencias laborales y poco o ningún control de las decisiones sobre
su situación laboral tienden a experimentar más y más graves enfer-
medades físicas (infartos, apoplejías o cáncer) y psiquiátricas (de-
presión clínica, por ejemplo) que los individuos con altas exigencias
laborales pero más control, real o percibido, a la hora de tomar de-
cisiones sobre su situación laboral (Karasek y Theorell 1990). La
aproximación centralizada y jerárquica de la Iglesia a la toma de de-
cisiones limita efectivamente la autonomía y el control decisional
que los ministros experimentan en su trabajo, lo cual contribuye a su
sentido de impotencia, estrés y problemas de salud.

Estructura normativa. La estructura normativa de la Iglesia está


formada por sus objetivos, normas, creencias y cultura. Algunas de
las características de la estructura normativa de la Iglesia se cifran,
por ejemplo, en que no recompensa la innovación, no es creativa y
no acepta el riesgo. Más bien ha hecho hincapié en su misión de ser-
vicio a otros en la organización, con el mínimo estímulo del creci-
miento personal o de la búsqueda del conocimiento como metas y
actividades legítimas en sí mismas. Por eso los individuos que de-
fienden la innovación no son percibidos como personas disciplina-
das y leales a la organización. En definitiva, el rol, el poder y las es-
tructuras normativas afectan e influyen significativamente en los sa-
cerdotes y en su vida ministerial y personal.
108 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

Cultura. La cultura designa los valores, actitudes, creencias, relatos,


recuerdos, acciones y rituales compartidos que caracterizan a una
organización. También incluye las normas, las «políticas» no escri-
tas de la organización sobre lo que es y no es aceptable. La cultura
es a la organización lo que la personalidad es al individuo (Sperry
2002). Aunque muchas veces resulte difícil describir qué es la cultura
de una organización, quienes forman parte de ella pueden sentirla o
intuir su significado. En una cultura hay tres aspectos destacables.
Hay un aspecto cognitivo que refleja cómo piensan y cómo se espe-
ra que piensen los miembros de la organización sobre determinados
temas. Hay un aspecto afectivo o emocional que refleja cómo sien-
ten y cómo se espera que sientan los miembros de la organización
sobre determinados temas. Hay un aspecto afectivo o emocional que
refleja cómo sienten y cómo se espera que sientan los miembros de
la organización sobre algunas cuestiones. Y hay un aspecto conduc-
tual que refleja cómo hay que hacer las cosas en la organización.
Recientemente se ha escrito mucho sobre la cultura de la Iglesia
y su impacto a largo plazo sobre los miembros individuales. Se pue-
den describir al menos tres tipos de cultura: eclesial, clerical y epis-
copal. La cultura eclesial designa los valores, conductas y acciones
asociados con la Iglesia institucional, es decir, la diócesis, las órde-
nes religiosas y el Vaticano. El lado oscuro de la cultura eclesial se
caracteriza por la negación, la evasión, el secreto y el estatus
(Cozzens 2002, p. 88). La cultura clerical designa los valores, con-
ductas y acciones asociados no sólo con los ministros ordenados, si-
no también con algunos individuos no ordenados que trabajan en una
parroquia o diócesis y se identifican fuertemente con el clero. La cul-
tura clerical se caracteriza por el privilegio, la separación, el estatus
y la actitud de creerse con derecho a todo. Los inconvenientes de esta
cultura son que puede fomentar el ensimismamiento y la actitud
narcisista de creerse con derecho a todo, y que tiende «a mantener a
los sacerdotes emocionalmente inmaduros y excesivamente depen-
dientes de la aprobación de sus superiores y feligreses» (Cozzens
2002, p. 115). El clericalismo, que es una forma disfuncional de esta
cultura, es conocido por su «estilo autoritario de liderazgo minis-
terial, una cosmovisión rígidamente jerárquica y una identificación
virtual de la santidad y la gracia de la Iglesia con el estado clerical y,
por ello, con el mismo clérigo» (p. 118). La cultura episcopal es una
MINISTERIO SANO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 109

variante de la cultura clerical reflejada en las conductas y los valores


asociados con obispos y cardenales. El inconveniente de esta cultura
es la actitud de creerse con derecho a todo, la arrogancia, y la falta
de respeto y responsabilización [accountability].
En la medida en que las culturas eclesial, clerical y episcopal re-
flejan la actitud de creerse con derecho a todo, la arrogancia, la fal-
ta de respeto y responsabilización, y el ensimismamiento, tales cul-
turas fomentan la tendencia al abuso. Como consecuencia, la cultu-
ra de algunas organizaciones religiosas se puede caracterizar por la
actitud de creerse con derecho a todo y la propensión al abuso. Ésta
designa la dinámica organizacional que promueve y disculpa la ten-
dencia al abuso y su expresión. El impacto de esta cultura puede te-
ner y tiene, de hecho, efectos diferenciales sobre individuos dife-
rentes. Por ejemplo, una cultura con las características señaladas fo-
mentaría una conducta sexual inapropiada más en aquellos ministros
con niveles bajos de desarrollo psicosexual que en aquellos otros
que tienen niveles más altos. Puede suceder que los sacerdotes con
niveles bajos de desarrollo psicosexual y niveles altos de grandiosi-
dad narcisista, o incluso con trastorno narcisista y/o antisocial de la
personalidad, observen una conducta sexual inapropiada, aun cuan-
do la cultura eclesial de la diócesis o la orden religiosa no sea parti-
cularmente propensa al abuso. Por otro lado, hay situaciones en las
que la cultura eclesial tolera y «estimula» la actitud narcisista de
creerse con derecho a todo y la tendencia al abuso. Tales circuns-
tancias pueden «tener una influencia decisiva», de modo que un sa-
cerdote vulnerable pero, por lo demás, sexual y emocionalmente
maduro puede tener una conducta sexual inapropiada cuando está
sometido a un estrés excesivo y es incapaz de respetar los debidos
límites en las relaciones interpersonales.
No debería sorprender demasiado, por tanto, el que en las dió-
cesis y órdenes religiosas con tales culturas haya habido una inci-
dencia mucho mayor de denuncias de conducta sexual inapropiada
que en otras diócesis y órdenes. Algunos han señalado la archidió-
cesis de Santa Fe, en Nuevo Méjico, y los Irish Christian Brothers,
en la república de Irlanda y en Irlanda del Norte, como ejemplos de
culturas que, al parecer, han fomentado, presumiblemente de modo
involuntario, la tendencia al abuso, particularmente la conducta se-
xual inapropiada.
110 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA
La Figura 4-2 indica la relación entre tipos de cultura clerical y
niveles de desarrollo psicosexual de los sacerdotes.

FIGURA 4-2: INFLUENCIA DE LA CULTURA CLERICAL Y EL DESARROLLO


PSICOSEXUAL EN EL FUNCIONAMIENTO DEL SACERDOTE

Desarrollo psicosexual
Bajo Alto

Cultura Sacerdotes Sacerdotes


de la marginales sexualmente
No
arrogancia y la integrados
comprensiv
propensión al y satisfechos
a
abuso Sacerdotes Sacerdotes
propensos sexualmente
Tácitamente al abuso integrados,
comprensiva pero
insatisfechos

Es de destacar que la orden religiosa a la que pertenece Curt ma-


nifiesta una cultura propensa al burnout. Y es interesante preguntar-
se si tal cultura es, de hecho, una variante de la cultura propensa al
abuso. Ciertamente lo es, porque estas culturas propensas al burn-
out permiten de hecho, aunque involuntariamente, que sus miem-
bros sufran abuso físico y emocional por las exigencias del ministe-
rio. En consecuencia, Curt podría ser considerado un sacerdote se-
xualmente propenso al abuso; pero, debido a su orientación asexual,
no observó de manera explícita una conducta sexual inapropiada.

DESTINOS PASTORALES

Las demandas y expectativas específicas relacionadas con el destino


pastoral pueden explicar la existencia de un considerable estrés, de-
pendiendo de varios factores. Por suerte, esos factores estresantes
pueden ser neutralizados por los sistemas de ayuda en el entorno la-
boral o en la situación vital de un ministro. La parroquia del centro
MINISTERIO SANO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 111

de la ciudad donde trabajaba Curt había sido una de las más ricas de
la diócesis. Ahora los feligreses eran menos de la mitad que en el
momento de su apogeo, y las colectas e ingresos eran menos de la
cuarta parte. Normalmente, Curt trabajaba quince horas al día du-
rante siete días a la semana. A pesar de sus responsabilidades sacra-
mentales, Curt dedicaba la mayor parte de su energía y su tiempo a
tratar de ayudar a sus feligreses ancianos y discriminados, a obtener
comida y alojamiento y a solventar otras cuestiones relacionadas
con los derechos humanos. Admitía que había asumido muchas res-
ponsabilidades y que tenía dificultades para delegar tareas y decir
«no». Este nombramiento pastoral había sido estimulante para él du-
rante dos años aproximadamente, pero después empezó a convertir-
se en una carga. El equipo pastoral estaba formado por siete indivi-
duos dedicados a tiempo completo: además de Curt, dos religiosas,
un laico y otros tres sacerdotes de su orden. Todos los sacerdotes y
sus agendas estaban tan sobrecargados como Curt. Aunque los cua-
tro sacerdotes vivían en la misma casa, se veían poco y, por lo ge-
neral, sólo a la hora de cenar. No es de extrañar que Curt manifesta-
ra que se encontraba aislado y solo. No tenía tiempo para hobbies, y
habían pasado dos años y medio desde sus últimas vacaciones. Sólo
tenía un amigo íntimo, con el que se veía con bastante irregularidad.

DINÁMICA RELACIONAL

La calidad y el tipo de las relaciones en la vida del ministro pueden


servir para predecir tanto la salud y el bienestar general del ministro
como su propensión a observar una conducta sexual inapropiada.
Rossetti (1994) observa que los sacerdotes que muestran una con-
ducta sexual inapropiada con menores tienden a desarrollar relacio-
nes con éstos, y disfrutan más con ellos que con personas de su
misma edad. Sospecha que tales sacerdotes prefieren las relaciones
con menores porque se sienten más cómodos con individuos más jó-
venes que con los de su edad, con quienes probablemente las rela-
ciones serán menos satisfactorias y más superficiales. Por otro lado,
las relaciones significativas con iguales requieren un nivel más ma-
duro de intimidad y de madurez psicosexual. Irons y Roberts (1995)
sugieren que las relaciones pueden ser también problemáticas para
112 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

ministros altamente comprometidos y que trabajan en servicios mi-


nisteriales exigentes. Cuando su teología del ministerio y la cultura
de su diócesis u orden religiosa favorecen una dedicación intensa y
activa, se hacen más vulnerables al desequilibrio en sus vidas. Tal
desequilibrio significa que es probable que cuiden poco de sí mis-
mos y descuiden el cultivo y mantenimiento de amistades significa-
tivas y satisfactorias con iguales. Cuando estos ministros están ca-
sados, experimentan inevitablemente problemas de relación con su
cónyuge. No es extraño, pues, que el descuido de la relación pueda
incrementar su propensión a una conducta sexual inapropiada.
Los problemas de relación se vuelven más complicados cuando
los límites no son claros, el poder es desigual, y el tipo y nivel de in-
timidad no son apropiados en determinadas circunstancias. A conti-
nuación se analizan las siguientes cuestiones: límites, diferenciales
de poder, intimidad, transferencia y contratransferencia.

Límites. Un límite es un punto de separación. Para los individuos, el


límite o separación fundamental es el que hay entre el yo y los de-
más. Una característica de la infancia temprana es la percepción que
el niño tiene de no separación entre su yo y la madre. En el curso del
crecimiento y desarrollo normal, se espera que el yo llegue a estar
mejor delimitado y que se desarrolle y mantenga un límite claro en-
tre el yo y los otros. Este límite interpersonal especifica el grado de
intrusión que se aceptará en la relación. En las relaciones estrechas e
íntimas, el compromiso con la relación es una cuestión liminar bási-
ca, al igual que los compromisos relativos del amigo con su ministe-
rio, familia, amigos sociales y el espacio privado para estar a solas
con los propios pensamientos y sueños sin intrusiones. Así, revelar
los secretos más profundos de un amigo íntimo sería una violación
de este límite relacional fundamental. Los límites pueden ser rígidos,
claros o difusos. Se considera que los límites claros son sanos y fun-
cionales, mientras que los rígidos y difusos son patológicos.
Y, a la inversa, es muy probable que los individuos que han cre-
cido en familias con límites difusos exhiban un sentido pobremente
delimitado del yo, como también es muy probable que experimen-
ten problemas para establecer y mantener límites sanos con otros in-
dividuos y con las instituciones. Así, es probable que los individuos
con estructuras de personalidad que se caracterizan por déficits per-
MINISTERIO SANO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 113

sonales y problemas de identidad, como el trastorno límite de la per-


sonalidad, sean víctimas de varias clases de violación de los límites.
Los códigos éticos profesionales exigen que se establezcan y
mantengan límites claros en las relaciones entre el médico y el pa-
ciente, o entre el consejero y el cliente. Las violaciones de los lími-
tes tienen lugar cuando el consejero no logra establecer o hacer que
se respeten los límites sobre lo que es apropiado en su conducta o en
la conducta del cliente. Por ejemplo, una violación del límite tendría
lugar si un terapeuta, en el marco de la psicoterapia, pide consejo a
un cliente que es agente de bolsa sobre una inversión particular, o
acepta insinuaciones sexuales de un cliente.
En el capítulo 1 hemos indicado que en el caso de los sacerdo-
tes las cuestiones relativas a los límites son comparativamente más
complejas que en el de otros profesionales de la ayuda, como tera-
peutas, médicos y abogados. De los sacerdotes, particularmente de
los que trabajan en parroquias, se espera que desempeñen múltiples
roles y entablen con los feligreses unas complejas relaciones, en las
cuales los límites interpersonales pueden ser fácilmente transgredi-
dos, a no ser que el sacerdote sea consciente de esa posibilidad y dé
los pasos apropiados para disminuir la confusión de límites y salva-
guardar la integridad de tales límites.

Poder. Las cuestiones relativas a los límites se entrelazan con las


cuestiones relativas al poder. El poder incluye responsabilidad, con-
trol, disciplina, toma de decisiones y negociación de roles. Las rela-
ciones interpersonales implican continuamente intentos abiertos y
también encubiertos de influir en las decisiones y en la conducta del
otro. Las cuestiones relativas al control o al poder están ligadas, por
lo general, a asuntos económicos, de recompensa y de privilegios.
Se pueden manifestar de formas más sutiles, como un recrudeci-
miento del conflicto o una competitividad en los esfuerzos por re-
gular la conducta de otra persona. La dinámica básica en el conflicto
interpersonal es quién dice a quién lo que tiene que hacer y en qué
circunstancias. El poder en las relaciones interpersonales puede ser
emocionalmente positivo o negativo, y políticamente puede ir del
laissez faire, pasando por la democracia, hasta la autocracia. En lo
esencial, el poder se convierte en una meta-norma para todas las de-
cisiones relativas tanto a los límites como a la intimidad. El poder
114 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

puede ser compartido tanto de manera equitativa como de manera


desigual.
En una relación profesional, como la que se establece entre un
ministro y un feligrés, al ministro se le otorga un diferencial de po-
der. Aunque un consejero o ministro fomente la colaboración y to-
ma de decisiones mutua, el diferencial de poder sigue existiendo. En
otras palabras, el cliente o feligrés sigue teniendo menos poder que
el consejero o ministro en virtud del rol y el estatus. Cuando se abu-
sa de este poder sobre el feligrés, se pueden producir problemas re-
lativos a los límites. Por ejemplo, si un ministro hiciera sugerencias
sexuales a un feligrés, esta conducta sería considerada una violación
tanto de los límites como del poder.

Intimidad. La intimidad implica automanifestación, amistad, cui-


dado y aprecio de la unicidad individual. Implica negociar la distan-
cia emocional y física entre otras personas significativas. En ambos
casos, la meta consiste en equilibrar el sentido de autonomía con los
sentimientos de pertenencia. Cuando las cuestiones relativas al afecto
en una relación se convierten en fuente de dificultad, se pueden
manifestar de diferentes modos, que incluyen quejas como «No
comprendes mis sentimientos» o «No me das la menor importan-
cia». La verdadera intimidad, comparada con la pseudo-intimidad,
requiere que la relación se caracterice por la existencia de límites
claros y un poder compartido en condiciones de igualdad. Por eso,
en una relación profesional, la verdadera intimidad es posible pocas
veces, o ninguna, dado que por lo general existe un diferencial de
poder. Así, los ministros o consejeros que creen amar de verdad a su
cliente o a su feligrés se engañan a sí mismos y a otros que puedan
convencerse de ello.
Por último, las relaciones se vuelven problemáticas cuando la
transferencia y la contratransferencia no son reconocidas o son abor-
dadas de manera ineficaz.

Transferencia. La transferencia se refiere a la dinámica psicológica


de transferir a las relaciones presentes sentimientos, conductas y ex-
pectativas propias de la infancia o de las relaciones padre-hijo.
Puede ocurrir, por ejemplo, que los intensos sentimientos de cerca-
nía y afecto de una mujer hacia un sacerdote que le ofrece seguridad
MINISTERIO SANO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 115

y consuelo después de una pérdida estén más arraigados en su pasa-


do que en las palabras de consuelo que le dirige el sacerdote. En ge-
neral, es más probable que la transferencia sea operativa en relacio-
nes emocionalmente intensas (Becker y Donovan 1995).

Contratransferencia. La contratransferencia se refiere a la transfe-


rencia que el ministro hace de sus sentimientos de la infancia y de
la adolescencia a una relación presente. Como en el caso de la trans-
ferencia, la contratransferencia puede intensificar y confundir las
circunstancias reales y presentes de una relación. Por ejemplo, los
sentimientos intensos de soledad y deseo sexual de un joven sacer-
dote pueden llevarlo fácilmente a malinterpretar los halagos de una
atractiva feligresa como indicaciones de que lo ama y lo desea.

Como las emociones intensas pueden traducirse en sentimientos


sexuales, es esencial que los ministros tengan suficiente formación,
experiencia y control a la hora de reconocer y controlar la transfe-
rencia y la contratransferencia. También deben ser conscientes de
que la soledad, la ternura y la vulnerabilidad desencadenan el deseo
y la excitación sexual. Por lo demás, «han de saber que se encontra-
rán con reacciones sexuales (en sí mismos y en otras personas) en el
transcurso de su labor» (Becker y Donovan 1995, p. 24). Por último,
tienen que prever el potencial de confusión de límites y diferenciales
de poder en las diversas relaciones en que se vean implicados, tanto
en el ejercicio profesional del ministerio como en su vida personal.

CONCLUSIÓN

Las manifestaciones de salud o deterioro de un ministro, incluida la


conducta sexual inapropiada, pueden ser más obvias que sus causas.
Hemos descrito cuatro tipos de determinantes de la salud y del de-
terioro ministerial, incluida la conducta sexual inapropiada. Hemos
sugerido que se suele pasar por alto el nivel de desarrollo psicose-
xual y la teología del ministerio de un ministro, y también los desti-
nos pastorales, los factores organizacionales -particularmente la
cultura- y los factores relaciónales, como causas que favorecen di-
cha conducta. No está justificado, por tanto, atribuir la conducta se-
116 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

xual ínapropiada de un sacerdote simplemente a un fallo moral personal o


a un déficit en el desarrollo psicosexual. Hacer esta valoración es como
ver la mota en el ojo del sacerdote, pero no ver la viga en el ojo de la
organización religiosa. Con ello no se sugiere que los sacerdotes como
individuos no cometan faltas, sino que es preciso reconocer que las causas
de la conducta sexual inapropiada son múltiples. Por último, hemos
sugerido que la estructura y la cultura de una organización religiosa ejerce
un influjo considerable en el nivel de desarrollo psicosexual de los
sacerdotes. Esperamos que este capítulo haya dejado suficientemente
establecido que se requiere una perspectiva amplia para comprender los
determinantes de salud y deterioro, si se quiere que la Iglesia institucional
y los sacerdotes sean de verdad en instrumentos de sanación e integridad.

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SPERRY, L. (2002), Effective Leadership, Brunner/Routledge, New York.
5
Tendencia al abuso y
conducta sexual inapropiada

Si hubo algo por lo que fue conocido el padre Jeff Nielon en los tres
años que estuvo en su parroquia suburbana de la Costa Este, fue por
sus repentinos arrebatos de cólera. Cada vez que un miembro del
equipo de pastoral cuestionaba la opinión del párroco, o el consejo
parroquial ponía sobre la mesa un asunto candente, él estallaba y sa-
lía de la sala dando un portazo. Las consecuencias eran igualmente
previsibles. Durante varios días, todos andaban de puntillas y se es-
forzaban en lo posible por agradarle y apaciguarle. Algunas veces
los miembros del equipo, sobre todo las mujeres, le enviaban flores.
Pero lo que no hacían era volver a plantear el asunto objeto de la po-
lémica, al menos en su presencia. Como consecuencia, muchos pro-
yectos pastorales eran abortados. Por lo general, el padre Nielon re-
gresaba al cabo de una hora aproximadamente, a veces pedía excu-
sas de manera indirecta, y otras veces distribuía pequeños regalos o
permitía que los miembros del equipo regresaran antes a casa. Los
dos únicos varones del equipo de pastoral no aprobaban en modo al-
guno la conducta del párroco, pero nunca le plantearon directamente
sus objeciones o preocupaciones. Se sospechaba que el consumo de
alcohol era uno de los factores desencadenantes de esos arrebatos
de cólera. Por otro lado, éstos no eran una novedad en la vida del
padre Nielon. El equipo llegó a saber que había actuado de forma
parecida en su ministerio pastoral anterior, en el que, al parecer, ha-
bía provocado muchos celos entre los miembros del equipo de pas-
toral porque tenía sus preferencias.
118 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

En el reciente y dramático filme El Apóstol, Robert Duvall in-


terpreta a un predicador de la Iglesia pentecostal a quien su esposa
le pide el divorcio. Una hora después, los ancianos de la mega-igle-
sia de Texas que él había fundado le informan de que su actividad
como pastor ha terminado. Arrepentido, Duvall reconoce ante su
mujer, directora del coro de la iglesia, que es un mujeriego y que está
obsesionado por viajar, y le pide insistentemente que no lo deje.
Cada vez le inquieta más la idea de que su mujer y sus dos hijos acu-
dan a pedir consejo al responsable de la pastoral juvenil de la igle-
sia. Duvall pide a su mujer que le dé otra oportunidad, pero ella no
lo hace. A medida que avanza el relato, nos enteramos de que el pa-
dre de Duvall era un adicto a las apuestas y al alcohol que había
abandonado a su familia, y observamos el vínculo ambivalente con
su madre. En gran parte del filme, Duvall es presentado como un
predicador con facilidad de palabra y capaz de fascinar a sus oyen-
tes, a la vez que traspasa los límites de su autoridad pastoral con tal
de conseguir lo que desea. Cuando no puede salirse con la suya, se
vuelve calculador, amenazador y violento. Actuando con premedita-
ción, y tras beber más de la cuenta, asesina al joven ministro, ante
su ex esposa y su hijos, golpeándolo con un bate de béisbol.

El padre Richard Ellenberger había sido nombrado reciente-


mente párroco de un grupo de tres parroquias rurales en las que una
mujer laica había sido administradora pastoral durante casi dos
años. Era una mujer competente, bien considerada tanto por el equi-
po de pastoral como por los feligreses. Durante casi tres años, no ha-
bía habido sacerdote en la parroquia, de modo que los fieles sintie-
ron un gran alivio y esperanza cuando se anunció que el párroco ce-
lebraría los sacramentos, mientras que la administradora pastoral se-
guiría centrándose en las actividades diarias y en la economía. El
equipo de pastoral se sentía orgulloso por el hecho de que habían
trabajado en colaboración y con eficacia durante casi dos años, en
los cuales habían hecho frente a graves limitaciones económicas y a
una situación de decadencia moral, porque el anterior párroco había
sido trasladado, debido a sus problemas con el alcohol. Aunque el
nuevo párroco parecía algo distante y difícil de abordar, el equipo y
la mayoría de los feligreses no dieron importancia a este hecho. Pero
empezaron a observar que solía aparcar en la plaza destinada a los
TENDENCIA AL ABUSO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 119

discapacitados junto al despacho parroquial. También notaron que,


en los encuentros en que se servía comida, no recogía sus platos ni
los fregaba. Tampoco se preocupaba de devolver las llamadas tele-
fónicas ni visitaba a los enfermos. Pero nadie se quejaba. Al menos
al principio. Durante las reuniones del equipo de pastoral y en las
conversaciones personales, parecía incómodo y poco comunicativo,
lo cual contrastaba decisivamente con el estilo seguro y animoso de
la administradora. Pronto se ganó la fama de que era excéntrico e
«iba a su rollo». Sin embargo, a la administradora le preocupaba que
no se atendiera a las necesidades pastorales. Cuando lo veía antes o
después de las reuniones y le hacía alguna pregunta sobre una cues-
tión apremiante, él se encogía de hombros y respondía: «No dejes
que tu linda cabecita se preocupe por esas cosas» o «Deberías estar
en casa haciendo niños». Dos días después, ella le pidió una entre-
vista. Al principio, él se excusó y trató de explicarle por qué no po-
dían reunirse. Después, le escribió una breve nota en la que le decía:
«Eres una perra exigente, y es mejor que te largues». Ella le pidió
que se disculpara, pero él la despidió sin una explicación y sin el de-
bido proceso. Ni que decir tiene que ella se sintió aturdida, herida y
desolada. Al día siguiente habló con su abogado y decidió poner una
denuncia de hostigamiento sexual contra el párroco y la diócesis.

TENDENCIA AL ABUSO EN EL MINISTERIO

¿Cuál es el tema común en estas tres situaciones? Los tres ministros


exhiben un modelo de conducta abusiva. Dutton (1998) llama «per-
sonalidad abusiva» a este modelo de abuso. Como el DSM-IV no re-
conoce formalmente la personalidad abusiva como uno de los tras-
tornos de la personalidad codificados en el Eje II, aquí emplearemos
el término «patrón de abuso».
Este patrón de abuso se caracteriza por una constelación prede-
cible de conductas abusivas. Es importante observar que no basta un
caso, ni siquiera unos cuantos casos aislados, de abuso físico, sexual
o emocional para que se dé el patrón de abuso, ya que éste está cons-
tituido por una constelación continua de conductas abusivas que ca-
racterizan el funcionamiento de un individuo en determinadas cir-
120 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

cunstancias. Lo cual no significa que las personas con un patrón de


abuso sean abusivas en todos los momentos y en todas las situacio-
nes, sino que actúan abusivamente en determinadas situaciones y
circunstancias. Puede parecer que muchos individuos con este pa-
trón de abuso actúan con relativa normalidad la mayor parte del
tiempo. La investigación indica que el patrón de abuso es el resulta-
do de una particular estructura de la personalidad y diferencia tres
variantes de esta estructura (Landolt y Dutton 1997; Dutton 1998).
Según una premisa básica de este libro, la tendencia al abuso es
un factor de predisposición en la conducta sexual inapropiada de los
sacerdotes. Con todo, aun cuando la tendencia al abuso es un factor
interno clave en la explicación de dicha conducta sexual, hay otros
factores internos y externos implicados en ella. Así pues, aunque esta
tendencia es una condición necesaria, no basta para explicar todo el
abanico de prácticas de conducta sexual inapropiada perpetradas
por sacerdotes. El capítulo 7 detalla un modelo de vulnerabilidad de
conducta sexual inapropiada que incluye tanto la tendencia al abuso
como otros factores internos y externos. Este capítulo proporciona
una información de fondo importante para ese modelo teórico, y
describe también los tipos de conductas abusivas y el patrón de abu-
so, incluyendo su desarrollo y sus manifestaciones. Antes de abor-
dar el patrón de abuso quizá sea útil describir las conductas abusivas
y los diversos tipos de abuso.

Conductas abusivas
Podemos describir varios tipos de abuso, a saber: físico, sexual, ver-
bal, emocional y espiritual. La Tabla 5-1 especifica estos tipos de
abuso y proporciona ejemplos de cada uno de ellos.
Al parecer, en estos tipos de conductas abusivas hay una sola di-
námica unificadora. Así, aun cuando puede haber diferentes mani-
festaciones de abuso, todas ellas tienen un objetivo o propósito: con-
seguir el control sobre el modo en que otras personas piensan y sien-
ten. En suma, los abusadores están muy preocupados por el control.
Y exhiben un patrón continuo de dominación o de subyugación. No
es de extrañar que otros vean a estos individuos como «adictos al
control». En general, los individuos con un patrón de abuso, inclui-
dos los que practican conductas sexuales inapropiadas, son indivi-
TENDENCIA AL ABUSO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 121
TABLA 5-1: TIPOS DE CONDUCTA ABUSIVA
Tipo de abuso Ejemplos descriptivos

Abuso Avergonzar; retirar o reservarse la aprobación;


emocional blandir un arma; gestos amenazadores; «dar la
espalda» o mostrar indiferencia.

Abuso Amenazas, burlas, hostigamientos, comentarios


verbal humillantes o despectivos.

Abuso Destrucción de propiedades o maltrato de animales;


físico golpes, arañazos, salivazos.

Abuso Padres y profesores que usan amenazas como, por


espiritual ejemplo, «Dios te castigará», o hacen que el otro se
sienta culpable.

Abuso Tocamientos, caricias u otras conductas sexuales no


sexual deseadas.

dúos que han llegado a adquirir una destreza extraordinaria para


controlar lo que otros piensan, sienten y hacen (Sperry 2000).

No deja de ser interesante que las investigaciones recientes su-


gieran que el abuso emocional es común a todas las demás formas
de abuso, y que puede servir como precursor del abuso físico y se-
xual (Dutton 1998). Por ejemplo, un gesto o comentario emocional-
mente abusivo puede recordar a una esposa maltratada o a un niño
que ha sufrido abusos sexuales que pueden ser golpeados o moles-
tados en cualquier momento. Las conductas emocionalmente abusi-
vas pueden ser destructivas e intimidatorias en sí mismas, pero pue-
den ser aún más devastadoras cuando van acompañadas de intimi-
dación física e intrusión sexual. Este capítulo se centrará primaria-
mente en las manifestaciones de la tendencia al abuso emocional y
físico, y el capítulo 7 hará hincapié en el patrón de abuso sexual o
conducta sexual inapropiada.
122 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

DESARROLLO DEL PATRÓN DE ABUSO

El patrón de abuso ha sido objeto de muchas investigaciones en las


dos últimas décadas. Entre otros, Dutton (1998) ha dirigido investi-
gaciones clínicas con el objetivo de establecer el perfil psicológico
de varones que son emocional y físicamente abusivos en las relacio-
nes gay y heterosexuales (Landolt y Dutton 1997). Al parecer, los
resultados de esas investigaciones son aplicables a los ministros or-
denados y no ordenados. Dutton (1998) describe tres factores de de-
sarrollo comunes en varones abusadores. La Tabla 5-2 enumera esos
factores.

TABLA 5-2: FACTORES DE DESARROLLO EN EL PATRÓN DE ABUSO

Factor de desarrollo

• El estilo de vínculo con uno o con ambos


progenitores es inseguro.
• Ser avergonzado
por uno de los progenitores.
• Ser testigo de una conducta abusiva.

El primer factor es la experiencia de vínculo emocional insegu-


ro con la madre o la primera persona encargada de su crianza. Su
vínculo se caracterizó por una disponibilidad emocional impredeci-
ble que producía sentimientos de abandono y, después, por una
aproximación exigente y airada a las relaciones adultas.
El segundo factor es la experiencia de ser avergonzado por uno
de los progenitores, ordinariamente el padre o una figura paterna. Se
asocia el ser avergonzado por el padre con un sentido permanente de
falta de valor e identidad difusa. La humillación puede adoptar di-
versas formas, y probablemente la más común de ellas es que el pa-
dre ridiculice verbalmente al hijo o exprese su decepción por la con-
ducta o el rendimiento del niño.
TENDENCIA AL ABUSO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 123

El tercer factor incluye la experiencia de ser testigo de una con-


ducta abusiva por parte de un adulto. Ordinariamente, este adulto es
uno de los progenitores, y lo que el niño presencia, por lo general,
son variantes del patrón de abuso con una o varias víctimas. Puede
que el niño haya sido víctima del abuso o que no lo haya sido, pero
es preciso que lo haya presenciado.
Basándose en su investigación, Dutton insiste en que ninguno de
estos factores por separado basta para formar el patrón de abuso.
Los tres tienen que estar presentes al mismo tiempo. Si están pre-
sentes, crean el potencial para el patrón de abuso que es configura-
do y refinado por experiencias posteriores, y es muy probable que el
varón practique una conducta abusiva. Además, el modo en que esos
tres factores son modelados por experiencias tempranas y posterio-
res influye en la naturaleza y la gravedad del abuso perpetrado. Por
ejemplo, es muy probable que los varones adultos que sufrieron gra-
ves abusos físicos en la infancia y desarrollaron patrones de abuso,
abusen a su vez físicamente de otros. Así mismo, quienes sufrieron
graves abusos sexuales en la infancia tienen más probabilidades de
abusar sexualmente de otros que quienes exhiben patrones de abuso,
pero no sufrieron tales abusos. No obstante, la tendencia al abuso
emocional es común a todas las personas que han desarrollado una
personalidad abusiva.

RECONOCER EL PATRÓN DE ABUSO


Hemos observado antes que los individuos con patrones de abuso
están preocupados por controlar la manera en que otros piensan y
sienten. Se considera que el control se extiende en un continuum que
va del control sano al control perjudicial. En el extremo sano, el con-
trol consiste en influir y desarrollar positivamente el potencial del
otro. Los individuos expuestos a esta forma de control normalmente
se sienten alentados, desafiados o entusiasmados. En el extremo
perjudicial del continuum, el control actúa como un factor que res-
tringe o desmotiva el potencial del otro. Los individuos expuestos a
esta forma de control experimentan una gama de sentimientos nega-
tivos que van del fastidio a la traición. El sentimiento de fastidio es
una respuesta a los esfuerzos del otro por captar y controlar nuestra
atención. Por otro lado, los sentimientos de ira, de temor, de haber
124 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

sido herido y traicionado, son otras tantas respuestas a los esfuerzos


del otro por controlar abusivamente la manera en que pensamos y
sentimos acerca de nosotros mismos. Así, un modo útil de recono-
cer el patrón de abuso consiste en observar cómo nos sentimos
cuando nos controlan de este modo y cuando las cosas resultan difí-
ciles. En tales situaciones, la experiencia de tener sentimientos de
ira, de temor, de haber sido heridos y traicionados, indica probable-
mente la presencia del patrón de abuso. Podemos describir tres va-
riantes del patrón de abuso.

El patrón cíclico
Estos individuos son fácilmente reconocibles porque pasan cíclica-
mente, de la tendencia explosiva al abuso, a una conducta de arre-
pentimiento. De los tres tipos de patrones de abuso, estos individuos
son los más problemáticos cuando se trata de trabajar con ellos en
contextos ministeriales. Pueden ser muy inteligentes o tener otros
dones, pero es difícil mantener con ellos una relación interpersonal,
y el trabajo con ellos es problemático debido a su tendencia a sen-
tirse fácilmente intimidados, irritables, celosos y temerosos, y a en-
mascarar estos afectos con ira y exigencias directas o indirectas de
control. También tienden a crearse expectativas muy altas en rela-
ción con los otros, asegurando inevitablemente que las cosas saldrán
mal. Además, pueden experimentar niveles altos de síntomas de
trauma crónico, en los que se incluyen arrebatos, afecto restringido,
depresión, ansiedad, dependencia e incapacidad para calmarse y
centrarse cuando están perturbados. Como consecuencia, tienden a
rumiar y, posteriormente, proyectar y echar a otros la culpa de su
agitación interior y sus defectos. Normalmente estallan en exabrup-
tos o en conductas físicas de abuso. El alcohol y otras drogas pue-
den desencadenar este estallido. Muchos de estos individuos pueden
cumplir los criterios para el diagnóstico del trastorno límite de la
personalidad. El caso del padre Jeff Nielon ilustra el patrón cíclico.

El patrón psicopático
Lo característico del patrón psicopático es la tendencia a usar el con-
trol abusivo para obtener todos y cada uno de los fines. Y aunque es-
tos individuos tienen capacidad para examinar rápidamente a perso-
TENDENCIA AL ABUSO Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 125

ñas y situaciones, tienen dificultades considerables para empatizar


con otros. Pueden ser fríos y calculadores y dirigir su conducta abu-
siva con precisión: con una ligera sonrisa pueden tranquilamente
lanzar una amenaza o hacer un comentario despectivo, y seguir ha-
blando como si nada hubiera pasado. Son maestros de la desaproba-
ción y el engaño, pero «confiesan» cuando están acorralados o les
parece ventajoso. A estos sacerdotes el abuso emocional les parece
fácil y no les supone esfuerzo. El consumo de alcohol es común en
el tipo psicopático. De entre los tres tipos de patrón de abuso, son
ellos los que más probablemente practicarán conductas de abuso fí-
sico y también los que más probablemente sufrieron graves abusos
físicos en su infancia. Con frecuencia, estos individuos cumplen los
criterios para el diagnóstico del trastorno antisocial de la personali-
dad, también conocido como «personalidad psicopática». El caso
del personaje de Robert Duvall en la película El Apóstol es un mag-
nífico ejemplo a este respecto.

El patrón hipercontrolado
Estos individuos son hipercontrolados, en el sentido de que, aun
cuando albergan un resentimiento crónico, controlan su expresión
bajo la apariencia de ser estoicos y serios o de estar siempre y su-
perficialmente contentos. No quieren ser notados ni importunados
por las necesidades y las exigencias de los otros, pero al mismo
tiempo quieren estar rodeados de gente. Así, intentarán agradar a los
demás y evitar el conflicto, pero también evitarán los sentimientos y
se mantendrán emocionalmente lejos de otros. A veces parecen ex-
céntricos. No obstante, se sienten fácilmente irritados y amenazados
por otros. Cuando actúan abusivamente, otras personas que no los
conocen pueden sentirse muy sorprendidas. Su estrategia preferida
es el abuso emocional: negar la aprobación, «dar la espalda», no
cumplir las fechas establecidas, actuar de un modo totalmente ines-
perado o dar falsas esperanzas. El alcohol o el consumo de otras dro-
gas puede exacerbar este patrón de abuso. Con frecuencia estos in-
dividuos cumplen los criterios para el diagnóstico del trastorno de la
personalidad por evitación, o el trastorno dependiente o pasivo-agre-
sivo de la personalidad. El caso del padre Richard Ellenberger ilus-
tra el patrón hipercontrolado.
126 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

HACER FRENTE AL PATRÓN DE ABUSO EN


CONTEXTOS MINISTERIALES

Los ministros abusivos pueden ser increíblemente dañinos y desmo-


ralizadores para quienes trabajan con ellos, y también sus servicios
ministeriales se resienten invariablemente. Las autoridades religio-
sas tienden a pensar que la psicoterapia o el envío a un psiquiatra es
la respuesta al problema de la conducta abusiva. Lamentablemente,
aun cuando tal recurso pueda ayudar en ocasiones, es sólo una entre
otras muchas estrategias para controlar y prevenir la tendencia al
abuso. El capítulo 11 analiza otras estrategias para controlar y pre-
venir esta tendencia y la conducta sexual inapropiada.

CONCLUSIÓN

En este capítulo hemos definido qué es la tendencia al abuso, hemos


catalogado varios tipos de conductas abusivas y hemos descrito sus
factores de desarrollo. Hemos detallado tres patrones de abuso. Las
autoridades religiosas y los responsables de la formación tienen
planteado el reto de prevenir y controlar la tendencia al abuso. El ca-
pítulo 11 describe algunas estrategias para ello. Hay que notar que
esta tendencia es un factor interno clave en la explicación de la con-
ducta sexual inapropiada. El capítulo 7 detalla un modelo teórico de
conducta sexual inapropiada en el que la tendencia al abuso es uno
de los factores presentes.

BIBLIOGRAFÍA

DUTTON, D. (1998), The Abusive Personality, Guilford, New York.


LANDOLT, M. y D. DUTTON (1997), «Power and Personality: An Analysis of
Gay Intímate Male Abuse»: Sex Roles 37 (5/6), pp. 335-359.
SPERRY, L. (2000), «The Abusive Personality in Ministry»: Human
Development 21 (3), pp. 32-36.
6
Narcisismo, sexualidad y
conducta sexual inapropiada

El problema se había venido fraguando durante algún tiempo en All


Saints Church, pero ha estallado recientemente en esta gran parro-
quia suburbana, por lo demás tranquila. Formada por una mayoría
de jubilados y familias de jóvenes profesionales, así como por un
grupo considerable de estudiantes universitarios de una universidad
privada próxima, la comunidad se había visto relativamente libre de
problemas desde su fundación. Un pleito entablado contra la parro-
quia y la diócesis por un grupo de feligreses descontentos ha desen-
cadenado entre los fieles una ola de protestas con objeto de lograr
que el director del equipo de liturgia, el consejo parroquial y el pá-
rroco sean sustituidos. El pleito se basaba en que el responsable de
la liturgia había observado una conducta sexual inapropiada con mu-
chachas en la parroquia y que, aun cuando el párroco y el consejo
parroquial habían sido informados del asunto, no habían respondido
apropiadamente ni a tiempo. El director estaba casado, no tenía hi-
jos, iba a cumplir los 50 y trabajaba en la parroquia desde hacia cua-
tro años. Había sido contratado después de una exhaustiva búsque-
da realizada con el fin de encontrar a una persona que tuviera sus
credenciales: título universitario en liturgia y una experiencia exitosa
en otra gran parroquia. Durante sus primeros meses de trabajo en All
Saints, su atractivo e ingenio había conquistado a muchos es-
cépticos, particularmente entre los feligreses mayores, que no eran
partidarios de que las celebraciones y devociones tradicionales fue-
ran reemplazadas por otras nuevas. En un breve plazo consiguió for-
mar un nutrido grupo de seguidores leales. No obstante, su estilo ex-
travagante motivó que algunos presentaran sus quejas ante la dióce-
128 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

sis, y otros pidieran que fuera destinado a una comunidad parroquial


más «compatible». Un informe diocesano posterior concluyó que,
aun cuando las celebraciones litúrgicas y paralitúrgicas de la parro-
quia seguían las normas litúrgicas, tenían más aspecto de shows que
de celebraciones cultuales. El párroco había respaldado siempre al
director cuestionado. Aparentemente, las aguas se habían serenado
en los años segundo y tercero de su contrato. Si bien siempre había
vestido impecablemente, el tercer año estuvo mucho más preocupa-
do por su aspecto físico y sus signos de envejecimiento. Después de
unas largas vacaciones, regresó con una nueva imagen: cirugía esté-
tica del rostro y trasplante de cabello. Antes de su llegada a All
Saints, el equipo de liturgia había estado formado por un grupo de
mujeres y hombres maduros nombrados por el párroco anterior.
Poco después, la composición del equipo cambió radicalmente para
incluir a mujeres profesionales jóvenes y atractivas que eran extre-
madamente fieles a su nuevo director. Cuando se supo que el nuevo
párroco había puesto algunos límites al director por las quejas de
conducta sexual inapropiada y escándalo, los miembros del equipo
de liturgia defendieron al director y atacaron al párroco y al consejo
parroquial.
En este capítulo, y a lo largo de todo el libro, la palabra «narci-
sismo» se entiende como una forma de responder a otros muy espe-
cífica, centrada en uno mismo, pero no necesariamente patológica.
Por eso, cuando usamos los términos «narcisismo», «personalidad
narcisista» y «estilo narcisista», no pretendemos sugerir o connotar
enfermedad mental o trastorno psiquiátrico alguno. Más bien, el nar-
cisismo designa un rasgo estable de conducta o un estilo de perso-
nalidad en el que están presentes dos o más rasgos narcisistas o de
la personalidad narcisista. No obstante, cuando en este capítulo usa-
mos el término «trastorno narcisista de la personalidad», nos referi-
mos a un trastorno de la personalidad que es clasificado como una
de las patologías psiquiátricas. En todos estos trastornos hay un pa-
trón inflexible e inadaptado de experiencia interior y conducta que
causa un malestar o deterioro significativo. Este patrón se caracteri-
za por la incapacidad o falta de disposición a asumir la responsabi-
lidad de la propia vida, a cooperar o colaborar con otros y a tras-
cender el propio interés (Cloninger 1993). En suma, tales individuos
pueden hacer la vida difícil e incluso peligrosa a quienes les rodean.
NARCISISMO, SEXUALIDAD Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 129

El responsable de la liturgia no sólo manifiesta narcisismo, sino


que, al parecer, cumple los criterios diagnósticos del trastorno nar-
cisista de la personalidad. La realidad es que los individuos con un
patrón narcisista se sienten atraídos por los ministerios, particular-
mente por ministerios y posiciones de liderazgo muy visibles.
Además, los ministros narcisistas son cada vez más comunes en las
organizaciones religiosas: en parroquias, comunidades religiosas
masculinas y femeninas, en cargos diocesanos y en otros ministerios
eclesiales. Lamentablemente, los ministros narcisistas hacen un da-
ño increíble en el ejercicio de su ministerio. La personalidad narci-
sista es una de las seis personalidades más comunes en los contex-
tos clínicos y religiosos (Sperry 1991; 1999).
No todos los ministros narcisistas son iguales, como tampoco lo
son todos los políticos o ejecutivos narcisistas. Aunque se ha publi-
cado mucho sobre psicopatología narcisista, sus variantes o tipos es-
tán relativamente poco diferenciados, y es menos aún lo que se ha
descrito sobre esos tipos en contextos religiosos. En este capítulo
describimos tres variantes -desde la claramente patológica hasta la
relativamente sana- de esta personalidad entre los ministros ordena-
dos y no ordenados. Y ponemos de relieve tanto las dinámicas psi-
cológicas, religiosas y espirituales, como las dinámicas sexuales
asociadas con la personalidad narcisista. Antes de describir estas di-
námicas, presentaremos brevemente la relación entre narcisismo y
conducta sexual inapropiada.

NARCISISMO y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

De los seis Tipos de Conducta Sexual Inapropiada por parte de sa-


cerdotes, que se describen en el capítulo 7, cinco de ellos se carac-
terizan por la presencia, en mayor o menor medida, de la actitud nar-
cisista de creerse con derecho a todo. Varios investigadores han ob-
servado también que el narcisismo es un factor en la conducta sexual
inapropiada del clero (Benson 1994; Friberg y Laaser 1998;
Lothstein 1999; Dukro y Falkenhain 2000). Por ejemplo, en su artí-
culo «Narcissism Sets Stage for Clergy Sexual Abuse» [«El narci-
sismo prepara el terreno para el abuso sexual del clero»], Dukro y
Falkenhain (2000) informan de que, en su análisis de conglomera-
130 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

dos de sacerdotes y religiosos que habían cometido abusos sexuales,


pudieron identificar cuatro subgrupos. Dos de los subgrupos se ca-
racterizaban por rasgos narcisistas: uno de ellos presentaba rasgos
de la personalidad narcisista clásica -es decir, atractiva, de trato so-
cial fácil y exitoso en el ministerio-, mientras que el otro subgrupo
era más conflictivo, hostil y resentido. Los autores llegan a la con-
clusión de que su estudio «pone de relieve la importancia del narci-
sismo como un factor que incrementa el peligro de que una persona
cometa abusos sexuales» (p. 25). Estos autores citan también el dis-
curso del obispo John Kinney a la National Catholic Education
Association, en el que indicaba que la «actitud de creerse con dere-
cho a todo es muy frecuente entre los sacerdotes y religiosos que co-
meten abusos sexuales» (p. 25).
La actitud de creerse con derecho a todo, es decir, la pretensión
de merecer un trato especial y todo tipo de recompensas y privile-
gios, es un rasgo clave del narcisismo. Es importante observar que
estos autores indican que el narcisismo y los rasgos narcisistas co-
mo el creerse con derecho a todo -y no necesariamente el trastorno
narcisista de la personalidad- intervienen en la conducta sexual ina-
propiada. Si bien algunos sacerdotes y religiosos que cometen abu-
sos sexuales pueden reunir, y reúnen de hecho, los síntomas de un
trastorno narcisista de la personalidad, otros sacerdotes que abusan
sexualmente de niños reúnen más probablemente los síntomas de un
trastorno de la personalidad por dependencia y de un trastorno ob-
sesivo-compulsivo de la personalidad (Rossetti 1996). Además de
cualquier otro trastorno de la personalidad que pueda darse, los sa-
cerdotes y religiosos que cometen abusos sexuales suelen manifes-
tar el rasgo narcisista de creerse con derecho a todo.

DINÁMICA PSICOLÓGICA

Los ministros narcisistas suelen ser presentados como individuos que


poseen un gran potencial. Por consiguiente, es mucho lo que se es-
pera de ellos, aunque pocas veces desarrollan plenamente todas sus
capacidades. Si bien algunos de estos individuos pueden ser minis-
tros extremadamente eficaces, con el tiempo, e inevitablemente, sur-
gen los problemas. Por un lado, su insaciable necesidad de admira-
NARCISISMO, SEXUALIDAD Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 131

ción y la naturaleza explotadora de sus relaciones se vuelven irritan-


tes. Y, a medida que pasa el tiempo, su presencia ministerial termina
perdiendo autenticidad, porque son manipuladores. En sus esfuerzos
por tener éxito, fácilmente están dispuestos a manipular a otros. Por
lo general, agentes estresantes significativos, como el comienzo del
envejecimiento físico, los contratiempos en la trayectoria profesional
y la experiencia creciente de vacío en sus relaciones, desencadenan
crisis en sus vidas y problemas en su ejercicio del ministerio.
Los narcisistas creen que tienen que confiar en sí mismos, y no
en los demás, para satisfacer sus necesidades. Viven convencidos de
que la dependencia del amor o la lealtad de alguien no les da segu-
ridad. Por el contrario, pretenden ser autosuficientes. Pero en lo más
hondo de su ser experimentan una sensación de privación y vacío.
Para hacer frente a estos sentimientos y apaciguar su inseguridad,
los individuos narcisistas se preocupan de establecer su poder, su as-
pecto, su estatus, su prestigio y su superioridad. Al mismo tiempo,
esperan que otros reconozcan que ellos tienen derecho a todo y son
especiales y que, en consecuencia, satisfagan sus necesidades. Lo
que resulta particularmente chocante es que son explotadores en las
relaciones interpersonales, es decir, manipulan, engañan, son egoís-
tas y tienen otras conductas orientadas al control de los demás. Los
individuos narcisistas viven con la ilusión de que tienen derecho a
ser servidos, que sus deseos tienen preferencia sobre los de otros, y
que merecen una consideración especial en la vida (Sperry 1995).
Hay que subrayar, no obstante, que estas características se dan
con diferentes grados de intensidad. Una cierta dosis de narcisismo
es necesaria para funcionar con eficacia. Todos los individuos exhi-
ben alguna conducta narcisista. Entre los individuos que no mani-
fiestan más que una muy modesta tendencia narcisista se encuentran
personas con mucho talento y capaces de hacer grandes aportacio-
nes a la sociedad. Ahora bien, quienes gravitan hacia el extremo pa-
tológico dan al narcisismo su reputación peyorativa.
Los ministros narcisistas ocupan diferentes posiciones en un es-
pectro que va desde el narcisismo sano hasta el narcisismo patoló-
gico. A continuación describimos tres tipos de variantes del narci-
sismo en los ministros. Estas descripciones han sido adaptadas de
los tipos de narcisismo entre los ejecutivos y líderes, desarrollados
por Kets de Vries (1989), para quien los factores que distinguen en-
132 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

tre salud y disfunción son dinámicas intrapsíquicas e interpersona-


les. El DSM-IV-TR establece la distinción en términos de conducta
y enumera nueve criterios: tiene un grandioso sentido de autoim-
portancia o unicidad; está preocupado por fantasías de éxito ilimita-
do, poder, brillantez, belleza o amor ideal; cree que es especial; ne-
cesita una admiración excesiva de los demás; es explotador en las re-
laciones interpersonales; muestra la actitud de creerse con derecho
a todo; es arrogante y soberbio; envidia a los demás; carece de em-
patia (American Psychiatric Association 2000). A juicio del DSM-
IV-TR, a quien cumple cinco o más de estos criterios se le puede
aplicar el diagnóstico de trastorno narcisista de la personalidad;
quien cumple menos de cinco tiene rasgos narcisistas. Los tipos que
vamos a describir son: narcisismo reactivo, narcisismo ilusorio y
narcisismo constructivo (Sperry 1991; 2000).

Narcisismo reactivo. Los ministros que manifiestan un narcisismo


reactivo cumplen claramente los criterios diagnósticos para el tras-
torno narcisista de la personalidad, pero también ponen de mani-
fiesto rasgos de otros trastornos de la personalidad como la perso-
nalidad sádica, la paranoide y la antisocial o psicopática. Aunque
parecen encantadores y simpáticos, con la misma facilidad pueden
ser fríos, calculadores y despiadados. Según Kets de Vries (1989),
estos individuos sufren graves déficits de desarrollo. El desarrollo
normal implica dos esferas importantes del yo. La primera es la ten-
dencia a obtener seguridad por medio del reconocimiento, la ala-
banza y la admiración, llamada «reflejo», designada como el «yo
grandioso», mientras que la segunda es la tendencia a sentirse po-
deroso a través de la identificación y la idealización de otro, desig-
nada como «imagen parental idealizada». En los narcisistas reacti-
vos no se da el desarrollo apropiado de cada fase en los primeros
años de vida, porque afrontaron mal las experiencias frustrantes. En
su infancia, adquirieron un sentido defectivo y escasamente integra-
do de identidad, y después fueron incapaces de mantener un sentido
estable de autoestima y un sentido consistente del yo. Para hacer
frente a tales sentimientos, estos individuos se figuran que son es-
peciales, lo cual constituye una compensación contra el sentimiento
constante de que nunca han sido amados por sus padres. Es muy
probable que el mundo interior de estos ministros narcisistas estu-
NARCISISMO, SEXUALIDAD Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 133

viera poblado de imágenes traumáticas y malévolas que no pueden


olvidar y que son incapaces de controlar, pero ante las que reaccio-
nan continuamente.
Uno de los métodos que emplean para afrontar los problemas y
tener la sensación de que controlan las situaciones consiste en ha-
cerse la ilusión de que son únicos. Pero es un método frágil, y esta
fragilidad interior influye en sus relaciones con el entorno externo.
Es probable que cualquier discrepancia entre capacidades y necesi-
dades acentúe la ansiedad y deteriore el análisis de la realidad. Estos
individuos tienden a distorsionar los acontecimientos exteriores para
controlar la ansiedad y prevenir una sensación de pérdida y de-
cepción. Algunos ejemplos de tales individuos son Hitler, Saddam
Hussein, Osama Bin Laden y otros a quienes Scott Peck (1983) lla-
ma «gente de la mentira», es decir, individuos cuyas acciones pare-
cen reflejar un sentido de maldad, y a los que otros denominan «nar-
cisistas malignos» (Kernberg 1984).
Los narcisistas reactivos que desempeñan altos cargos entre las
autoridades religiosas pueden causar muchos problemas. Tienden a
rodearse de un séquito de aduladores. Manifiestan poca o ninguna
preocupación por haber herido a otros mientras perseguían sus pro-
pios intereses, y fácilmente desprecian a otros para subrayar su pro-
pia superioridad. Debido al significativo déficit de empatia en su es-
tructura de personalidad, tienen poca conciencia o aprecio de las ne-
cesidades y los sentimientos de los demás. Emprenden proyectos a
gran escala, pero que muchas veces están condenados al fracaso por
falta de juicio y carencia de análisis de la realidad. Y, como era de
prever, cuando las cosas salen mal, culpan a los demás.

Narcisismo ilusorio. El segundo tipo de ministro narcisista cumple


también los criterios para el trastorno narcisista de la personalidad,
pero no manifiesta los mismos extremos de crueldad y paranoia que
el narcisista reactivo. El narcisista ilusorio (que se autoengaña) ex-
perimenta un patrón un tanto diferente de desarrollo en la primera
infancia. Probablemente, durante los primeros años de desarrollo es-
tos ministros fueron estimulados en exceso o sobrecargados. Uno de
sus progenitores, o ambos, les llevaron a creer que eran completa-
mente adorables y perfectos, sin que importaran sus acciones y a pe-
sar de la realidad. Esos niños se convirtieron en los representantes de
134 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

sus padres, los cuales les confiaron la misión de cumplir muchas es-
peranzas que ellos tenían y no habían realizado. Huelga decir que se
volvieron profundamente ansiosos, debido a los ideales de perfec-
ción que les transmitieron sus progenitores, y que no estaban segu-
ros de si podrían cumplir tales ideales. Lo que podría haber apareci-
do como indulgencia por parte de los padres fue en realidad todo lo
contrario, pues usaron al niño para satisfacer sus propias necesida-
des. La imposición de esas expectativas parentales exageradas con-
fundió sobremanera al niño acerca de sus capacidades reales, y esto
lo llevó a la creación de sus creencias engañosas sobre sí mismo.
Tales creencias no realistas pueden proporcionar el impulso ori-
ginal que diferencia al narcisista ilusorio de otros. En algunos casos
el niño tiene un talento extraordinario, está muy motivado y es ca-
paz de conseguir un nivel de éxito acorde con las exageradas expec-
tativas de los padres. En otros casos, el niño tiene menos talento o
pocas oportunidades y utiliza las exageradas expectativas de los pa-
dres como base para sobresalir en alguna iniciativa. No obstante, en
general las creencias no realistas creadas por los padres ocasionan
problemas, porque están basadas en el autoengaño. Normalmente,
resulta difícil mantener una autoimagen exaltada frente a circuns-
tancias externas como la decepción o el fracaso. La autoimagen so-
brestimada que un niño internaliza porque sus progenitores lo han
idealizado puede hacerse más realista después de las interacciones
con iguales más honestos y críticos; pero las huellas de los traumas
de las primeras decepciones tienden a grabarse indeleblemente en el
frágil y deformado concepto del yo. Como consecuencia, los narci-
sistas ilusorios tienden a sufrir dificultades interpersonales causadas
por su deseo de estar a la altura de las ilusiones de sus progenitores
acerca de su valía y que ellos mismos han internalizado. Así, sus
emociones son superficiales, y su conducta se caracteriza por estar
hambrienta de ideales. En suma, la intimidad les resulta difícil, y
buscan a otras personas que proporcionen estructura a su vida.
Para resumir esta sección es importante subrayar que los minis-
tros narcisistas ilusorios son mucho más accesibles que los narcisis-
tas reactivos. No son tan explotadores y, en cambio, son más tole-
rantes con las opiniones discrepantes. También parecen más insegu-
ros. Se mantienen alerta ante las amenazas del entorno y tratan de
no cometer errores. No desprecian tan fácilmente a los demás, tie-
NARCISISMO, SEXUALIDAD Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 135

nen más deseos de agradar y están dispuestos a negociar y llegar a


acuerdos con sus seguidores. Su estilo de relación puede tener un
carácter más colaborador en comparación con los narcisistas reacti-
vos, que están más preocupados por el modo de transformar a quie-
nes les rodean. El narcisista ilusorio es creado por unas expectativas
y exigencias parentales exageradas, mientras que el narcisista reac-
tivo es hijo de unos progenitores severos y brutales. Aunque hay cla-
ras diferencias en lo tocante a los orígenes y las conductas relació-
nales de ambos tipos, uno y otro están preocupados y dominados por
su grandiosidad.
En teoría, es fácil distinguir entre el narcisismo reactivo y el ilu-
sorio, pero en la práctica la distinción es más difícil de establecer.
En la mayoría de los casos, esto se debe a las diferencias en la res-
puesta parental al niño, que se encuentra en fase de desarrollo. Tal
vez un progenitor adoptó una actitud fría, hostil y de rechazo, mien-
tras que el otro fue comprensivo, y ello dio lugar a diferentes grada-
ciones o mezclas de estilos narcisistas. Además, en lugar de sentirse
frustrado cuando las ambiciosas expectativas parentales eran in-
congruentes con la realidad externa, el niño pudo esforzarse con éxi-
to para que sus habilidades estuvieran a la altura de las expectativas
de sus padres. Por último, las posteriores experiencias de aprendiza-
je en la vida pudieron tener efectos paliativos o mitigadores.

Narcisismo constructivo. Los narcisistas constructivos no se com-


portan de manera reactiva ni se autoengañan y, como cumplen me-
nos de cinco de los nueve criterios del DSM-IV-TR, no se les puede
aplicar el diagnóstico de trastorno narcisista de la personalidad.
Rara vez distorsionan la realidad o utilizan defensas primitivas co-
mo la división, la proyección o la idealización; son menos ansiosos
y más conscientes de sus pensamientos y sentimientos. Por otro la-
do, están dispuestos a expresar sus necesidades y a asumir la res-
ponsabilidad de sus acciones. Tienden a ser pensadores indepen-
dientes, en gran medida debido al estímulo parental. Además, sus
progenitores les ayudaron a ver las cosas en perspectiva y a evitar la
creación de chivos expiatorios y otras maniobras destructivas. Lo
más importante es que las expectativas que sus padres tenían pues-
tas en ellos eran realistas y equilibradas y promovían un análisis de
la realidad correcto. Cuando estos ministros se sienten decepciona-
136 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

dos, pocas veces actúan con resentimiento, y son capaces de animar


a otros y de realizar acciones reparadoras.
No obstante, estos ministros han aprendido el arte de la mani-
pulación y a veces actúan con oportunismo. Pese a todo, son capa-
ces de relacionarse como colegas con sus iguales y con las personas
a las que sirven. Poseen un alto grado de confianza en sus capacida-
des y están muy orientados a la consecución de determinados obje-
tivos. Asumirán la responsabilidad última de sus decisiones sin cul-
par a otros si las cosas salen mal. Con todo, a veces aparecen como
carentes de calidez y consideración. Pero su sentido de dirección in-
terior les hace capaces de inspirar a otros y crear una causa común,
transcendiendo sus propios intereses.
En suma, los ministros narcisistas reactivos tienden a ser des-
piadados, grandiosos y exhibicionistas. Tratan de dominar y contro-
lar y son extremadamente explotadores. Los ministros narcisistas
que se autoengañan son menos grandiosos y exhibicionistas. Quie-
ren gustar y son mucho menos tiránicos. No obstante, les falta em-
patia, están obsesionados principalmente por sus propias necesida-
des y tienden a ser discretamente maquiavélicos, es decir, astutos y
engañosos. Por último, los ministros narcisistas constructivos son
también ambiciosos, manipuladores e hipersensibles a las críticas.
No obstante, poseen suficiente confianza en sí mismos, adaptabili-
dad y humor para ser eficaces en diversas situaciones ministeriales
y desafíos interpersonales. Finalmente, como los narcisistas cons-
tructivos no son ministros con trastorno de la personalidad, pocas
veces causan en su ministerio los estragos que son el sello de los
narcisistas reactivos y los narcisistas ilusorios.

DINÁMICA RELIGIOSA Y ESPIRITUAL

La dinámica religiosa y espiritual de las personalidades narcisistas


es predecible y única. Esta dinámica se refleja en su imagen de Dios,
su estilo de oración y otros patrones religiosos y espirituales.
Imagen de Dios. Debido a su ensimismamiento, los narcisistas ilu-
sorios tienen que deformar creativamente el precepto del amor a
Dios y al prójimo para que encaje en su perspectiva patológica. Para
NARCISISMO, SEXUALIDAD Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 137

ellos, Dios -y todos los demás- existen con un solo fin: amar y cui-
dar de ellos. Su déficit espiritual fundamental es una falta de con-
ciencia de la gracia y una incapacidad de gratitud. Por consiguiente,
se imaginan a Dios como un padre que lo da todo, que reconoce que
son especiales y que responde con grandes beneficios (Sperry 1991).
No es de sorprender que tiendan a entender la fe como una súplica
mágica.

Estilo de oración. Consiguientemente, creen que Dios hará exacta-


mente lo que ellos piden en su oración, sin considerar siquiera lo que
Dios les exige. Para ellos sólo hay una clase de oración: la oración
de petición o súplica. La oración como alabanza, examen de con-
ciencia, perdón o acción de gracias significa poco para ellos.
Algunas personalidades narcisistas pueden tener intensas inclina-
ciones místicas que las empujan en la dirección de la experiencia
mística, incluida la oculta. Esto es comprensible a la luz de su gran-
diosidad y del hecho de que se creen especiales. No obstante, es más
probable que experimenten un estado hipomaníaco de autoexalta-
ción que un verdadero estado místico. Cuando las oraciones no son
respondidas como ellos esperan, se sienten heridos en su narcisismo
y profundamente rechazados. Como consecuencia, pueden rechazar
a Dios, haciéndose ateos por un momento o para siempre, porque
Dios los ha decepcionado (Sperry 2001).

Otras creencias, conductas y prácticas espirituales. La espiritua-


lidad proporciona un ámbito que ni pintado para reforzar y reafirmar
su yo grandioso. Para la personalidad narcisista, la noción de voca-
ción como «llamada» de Dios o como signo de «ser puesto aparte»
sirve para reforzar y confirmar aún más su creencia en que son in-
trínsecamente especiales y superiores a los demás. Los roles de mi-
nistro, guía espiritual o profesor suministran un escenario para ex-
hibir esa llamada especial. Así, el escenario espiritual es ante todo
una representación donde la audiencia o el dirigido espiritual «re-
fleja», es decir, admira y alaba esta personalidad. En esencia, el nar-
cisista cree que la finalidad actual de la actividad espiritual es el
«culto» a sí mismo (Sperry 2001).
También es probable que los individuos narcisistas sean insensi-
bles a los sufrimientos y necesidades de los demás. Aun cuando pue-
138 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

dan ayudar a personas necesitadas y hacer obras de caridad, sólo lo


harán si otras personas se fijan en sus actos de caridad. Si sus es-
fuerzos no consiguen concitar la atención de los demás, no harán
una donación, no tenderán la mano para ayudar a nadie, no escu-
charán a otros, o bien no seguirán haciéndolo si dejan de recibir la
atención y la alabanza de los demás.

DINÁMICA SEXUAL
Actitudes sexuales. Recientemente, las actitudes narcisistas en re-
lación con la sexualidad han sido el centro de la investigación sobre
lo que se conoce como narcisismo sexual. «Un individuo con narci-
sismo sexual es incapaz de dar y recibir intimidad emocional, debi-
do a su baja autoestima, su inseguridad y sus creencias disfunciona-
les acerca de las relaciones» (Apt y Hurlbert 1995). Estas actitudes
suelen manifestarse a largo plazo, y los individuos que las adoptan
son incapaces de integrar el sexo y la intimidad. Por lo general, es-
tán preocupados por el sexo y la actividad sexual y se consideran
unos amantes consumados. Pero habitualmente manifiestan una ac-
titud despreocupada hacia el sexo y poseen un sentido exagerado de
sus habilidades sexuales. No obstante, dependen de otras personas
significativas, aun cuando tienden a echarles la culpa de su insatis-
facción sexual.
El narcisismo sexual ha sido conceptualizado como un cons-
tructo clínico que incluye características del trastorno narcisista de
la personalidad, así como insatisfacción y aburrimiento sexual e in-
capacidad para experimentar la intimidad emocional. Como trastor-
no de la personalidad, el narcisismo sexual tiene los siguientes ras-
gos: actitud de creerse con derecho a todo, explotación en las rela-
ciones interpersonales, preocupación sexual, compulsividad, pro-
miscuidad, déficits empáticos y un sentido exagerado de las propias
habilidades sexuales (Hurlbert y Apt 1991). El narcisismo sexual
puede ser valorado con el «índice de Narcisismo Sexual» (Hurlbert
et al. 1991).
Actividad sexual. Los sacerdotes narcisistas tienden a preocuparse
por su apariencia, particularmente por su aspecto físico, su peso, su
forma física, la ropa que llevan y su rendimiento sexual. La activi-
NARCISISMO, SEXUALIDAD Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 139

dad sexual del varón con un estilo narcisista refleja estrictamente sus
creencias y actitudes. Avodat Offit, Doctora en medicina, psiquiatra
y terapeuta sexual, al informar sobre su extensa experiencia de tra-
tamiento de estos individuos, observa que tales narcisistas adoran su
cuerpo: «Se acarician el pene con un afecto y un orgullo absolutos.
Están "enamorados de su pito". Si está en erección, extienden su be-
llo apéndice para que su pareja lo bese y lo acaricie, como si estu -
vieran haciéndole un gran favor. Si no esta en erección, tal vez mi-
ren a su pareja con cierto desdén por haber sido incapaz de hacer
que se levantara» (Offit 1979, pp. 82-83). E insiste en que «acostar-
se con un narcisista masculino puede ser una experiencia de mas-
turbación sexual y emocional. Los hombres se vanaglorian monóto-
namente del tamaño de sus órganos, de su rendimiento, su longevi-
dad y su capacidad de provocar el orgasmo. Ni siquiera hacen pre-
guntas. No es como si dijeran: "Mírame, ¿verdad que soy el más ma-
ravilloso de los hombres?", sino más bien: "Eres una privilegiada
por estar conmigo; yo soy un auténtico prodigio"» (p. 84).
Por otro lado, Meloy (1986) considera que la sexualidad, para
los ministros narcisistas, es fundamentalmente autoerótica. En otras
palabras, sólo su excitación, su placer y su satisfacción son impor-
tantes y dignos de consideración. Esta actitud autoerótica puede ser
negada conscientemente, pero es perfectamente observable en un
patrón de múltiples y pasajeras parejas sexuales. Paradójicamente,
la búsqueda por parte del narcisista del cuerpo perfecto que refleje
su deseo sexual, así como el deseo de ser joven y atractivo para
siempre, puede ir acompañada de impotencia. La incapacidad del
narcisista de tener una erección se explica, cuando no existe una
causa fisiológica, por su miedo a la dependencia. Meloy indica que
el celibato puede respaldar su actitud autoerótica, porque le permite
la libertad de una fantasía sexual que no tiene los límites ni las im-
perfecciones, dificultades, suciedades o inconveniencias del contac-
to físico con otra persona. Las imágenes sexuales pueden ser per-
fectamente gratificantes. Además, Meloy sostiene que, al exigir el
celibato, las autoridades de la Iglesia pueden estar sancionando in-
conscientemente la preferencia del ministro narcisista por la fanta-
sía y las demandas sexuales.
Por su parte, Offit (1979, p. 85) no comparte el supuesto de que
los narcisistas se provocan con frecuencia una intensa autoestimula-
140 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

ción delante de espejos de tres lunas y, a ser posible, otro espejo col-
gado del techo. Por el contrario, los narcisistas miran como algo em-
barazoso, como un fracaso social y sexual, el tener que estimularse
en solitario. Razonan así: «No veo por qué tengo que hacerlo yo, si
puedo conseguir que me lo haga alguien». Por eso buscan a otras
personas con las que usan cualquier forma de atracción, astucia y
explotación, si es necesario, para conseguir la satisfacción que exi-
gen, y el control y la admiración a que creen tener derecho.

Tendencia a la explotación y coerción. Podríamos hacer esta pre-


gunta: ¿hay una conexión entre narcisismo y tendencia al abuso? Sin
duda alguna. En la bibliografía sobre narcisismo, los términos «ex-
plotación» y «coerción» se usan para referirse a la inclinación y la
tendencia al abuso.
La tendencia a la explotación y la coerción no son infrecuentes
en los casos de conducta sexual inapropiada perpetrada por sacer-
dotes con personalidades narcisistas. Las teorías e investigaciones
sobre la tendencia a la explotación sexual se han centrado general-
mente en la violación (incluida la violación por parte de un conoci-
do), más que específicamente en la conducta sexual inapropiada del
clero. No obstante, sus descubrimientos son en parte generalizables,
en especial por lo que respecta a la actividad sexual entre sacerdo-
tes y mujeres y varones adultos, y posiblemente con menores pre-
púberes y post-púberes. Las investigaciones indican que el explota-
dor sexual emplea diversas tácticas de explotación además de la
fuerza física, o en lugar de ésta. Entre ellas se incluyen el uso de fal-
sas promesas, las burlas, las amenazas verbales, la profesión de
amor a la otra persona, el darle drogas o alcohol para desinhibirla,
etcétera. Las investigaciones indican también que la explotación se-
xual suele continuar después de la coerción sexual o la conducta se-
xual inapropiada. Por lo general, esta coerción incluye el influjo en
el otro para que desista de emprender acciones de venganza. Por úl-
timo, las investigaciones sugieren que quienes practican la explota-
ción sexual suelen tener un estilo de vínculo irrespetuoso, que es el
más asociado con los trastornos narcisistas de la personalidad. En
esencial, esto significa que, si bien los explotadores mantienen acti-
tudes positivas hacia sí mismos, tienen actitudes negativas hacia
otros (Baumeister, Catanese y Wallace 2002). Además, los explota-
NARCISISMO, SEXUALIDAD Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 141
dores miran con escepticismo las relaciones íntimas, manifiestan ba-
jos niveles de intimidad y, en cambio, quieren permanecer indepen-
dientes. No es de sorprender que deseen intensamente tener sexo,
pero no intimidad emocional.
La Tabla 6-1 resume las dinámicas psicológicas, espirituales y
sexuales que hemos tratado.

TABLA 6-1: DINÁMICAS DEL NARCISISMO


EN LA PERSONALIDAD NARCISISTA

Dinámica Descripción

Psicológica

Características Narcisismo: un estilo de respuesta centrado en uno


básicas mismo; como patrón intrínsecamente inflexible e
inadaptado, el trastorno narcisista de la personalidad
se caracteriza por la actitud de creerse con derecho a
todo, la grandiosidad, la admiración, la envidia, la falta
de empatia y la explotación de las relaciones.

Visión de la Para el narcisista, la intimidad significa ser admirado o


intimidad adorado por otros, o disfrutar a costa de ellos.

Tipos Narcisista reactivo: encantador y solícito, pero también


puede ser fácilmente frío, calculador y cruel.
Narcisista ilusorio: más accesible, menos explotador y
más tolerante.
Narcisista constructivo: seguro de sí, adaptable,
ambicioso; puede ser un manipulador, pero es eficaz en
el ministerio y hace menos daño que el narcisista
reactivo y el ilusorio.
142 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA
Dinámica (cont.) Descripción (cont.)

Espiritual

Imagen Se imagina a Dios como un padre providente que


de Dios reconoce que él es especial; ve la fe como una
forma de súplica mágica.

Estilo Su oración es principalmente de petición, no de ala-


de oración banza ni de acción de gracias; algunos pueden tener
una experiencia mística que refuerza su
convencimiento de ser especiales.

Creencias La vocación es vista como una «llamada» de Dios y


espirituales un signo de «ser puesto aparte» que refuerza su
creencia de que son intrínsecamente especiales y
superiores.

Conducta y El propósito de la actividad espiritual es la «auto-


prácticas latría»; se sienten atraídos por los roles de
espirituales predicador y presidente, en los que centran la
atención en sí mismos y «trabajan» a la
muchedumbre.

Sexual
Actitudes y Narcisismo sexual es la incapacidad para la intimidad
creencias emocional, debida a la baja autoestima, la inseguridad
sexuales y ciertas creencias disfuncionales sobre las relaciones;
no obstante, los narcisistas están preocupados por el
sexo; tienen actitudes imprevistas al respecto y
poseen un sentido exagerado de sus capacidades
sexuales.

Conducta Preocupados por el vestido, el aspecto físico y el


sexual rendimiento sexual; pueden estar o no
autoeróticamente centrados, pero sólo les preocupa
su propia excitación, placer y satisfacción.

Conducta Entre los factores de predisposición se encuentran la


sexual actitud autojustificadora de creerse con derecho a
inapropiada todo, la coerción, la astucia y la conducta
explotadora.
NARCISISMO, SEXUALIDAD Y CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA 143

CONCLUSIÓN

Los sacerdotes y religiosos que observan una conducta sexual ina-


propiada pueden cumplir los criterios para un trastorno psiquiátrico,
como el trastorno narcisista de la personalidad. No obstante, es muy
probable que manifiesten uno o más rasgos narcisistas, por lo gene-
ral la actitud de creerse con derecho a todo y, posiblemente, la ten-
dencia a la explotación. Cuando se da la presencia de varios rasgos
narcisistas, puede estar justificado el diagnóstico de trastorno narci-
sista de la personalidad. Aunque padezcan este trastorno de la per-
sonalidad, tales sacerdotes pueden ser extraordinariamente eficaces
en su ministerio, al menos durante un tiempo. Después, los proble-
mas aparecen inevitablemente. Por un lado, su incesante necesidad
de admiración y la naturaleza explotadora de sus relaciones se ha-
cen molestas para los demás. Y, con el paso del tiempo, su presencia
personal parece menos auténtica, porque sugiere una conducta se-
xual inapropiada. En su esfuerzo por lograr el éxito, manipulan a
otros fácil y voluntariamente. En general, son agentes estresantes
significativos -como el comienzo del envejecimiento físico, los con-
tratiempos en la carrera y la creciente experiencia de vacío en sus re-
laciones- los que provocan unas crisis que ellos suelen interpretar
en clave espiritual y religiosa. Para hacer frente a esos factores es-
tresantes, tales sacerdotes se preocupan de establecer su poder, su
aspecto, su estatus, su prestigio, sus privilegios y su superioridad. Su
actitud de creerse con derecho a todo, y el hecho de que son explo-
tadores en las relaciones interpersonales, se hacen dolorosamente
evidentes para otros. Los sacerdotes narcisistas tienden a vivir con
la ilusión de que tienen derecho a ser servidos, de que sus deseos tie-
nen prioridad frente a los de los demás, y emplean tácticas como la
astucia y la explotación para conseguir la admiración, el control y la
satisfacción sexual, siempre a expensas de otros.
144 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

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7
Conducta sexual inapropiada con
niños, adolescentes y adultos

• El padre William «Bill» Graven, ordenado desde hacía unos tres


años, intimó con una feligresa de 31 años que vivía separada de su
esposo y que acudió a él en busca de guía espiritual. Poco después
falleció uno de los parientes más cercanos del sacerdote, y éste, en
el proceso de duelo, se sintió cada vez más triste y solitario. Ella se
ofreció a ayudarlo y mitigar su soledad; al poco tiempo, empezó a
abrazarlo y acariciarlo, y acabaron manteniendo relaciones sexuales.
Al cabo de una semana, el creciente sentimiento de culpabilidad del
sacerdote por haber violado su promesa de celibato le llevó a cortar
sus relaciones con la mujer y a poner fin a su relación de «counse-
ling». Ella dejó rápidamente la parroquia, y él no volvió a saber na-
da de ella durante años, hasta que, un buen día, recibió una llamada
del vicario judicial en la que éste le comunicaba que la mujer había
presentado ante el fiscal del distrito y la diócesis una demanda con-
tra él por conducta sexual inapropiada con ella. En los veinte años
que habían transcurrido desde los hechos, el padre «Bill» había de-
sempeñado fielmente sus diversas misiones pastorales, era respeta-
do por sus superiores y no tenía problemas con el celibato ni con la
castidad.

• El padre Gerald Eamons era párroco de la parroquia Holy Redeemer


desde hacía casi nueve años, cuando salieron a la luz ciertas acusa-
ciones contra él relacionadas con temas sexuales. El párroco tenía
fama de ser un «líder-servidor» de su comunidad que parecía siem-
pre dispuesto a caminar un kilómetro más por cualquier feligrés que
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA CON NIÑOS, ADOLESCENTES... 147

lo necesitara. Su dedicación, generosidad y competencia eran bien


conocidas en la comunidad, pero no eran, a su juicio, suficientemente
apreciadas. Esta falta de reconocimiento alimentó el resentimiento de
Eamons hacia sus feligreses y sus aparentemente incesantes exi-
gencias. En los últimos cinco años había tenido relaciones sexuales
durante un breve periodo de tiempo con cuatro mujeres casadas. Su
actitud de creerse con derecho a todo iniciaba esas relaciones y ele-
vaba su autoestima, pero sólo provisionalmente. Después, su agita-
ción interior y su ansiedad aumentaban, y sólo se veían aliviadas
cuando ponía fin a la relación que estaba manteniendo en ese mo-
mento. Pese a todo, al cabo de seis o siete meses su resentimiento lle-
gaba a su punto más alto, y buscaba otra relación sexual.

• El padre Tomás Aguilara había brillado con luz propia por su acti-
vidad académica como miembro del profesorado y catedrático en el
departamento de historia de una pequeña facultad católica.
Trabajaba incansablemente aconsejando a los estudiantes, desempe-
ñando tareas de tutoría y dirigiendo su departamento. No tenía tiem-
po para hobbies ni para la familia, los amigos y los compañeros sa-
cerdotes. Empujado por la vergüenza y la autoaversión, trabajaba
aún más para compensar la creciente sensación de inutilidad que
sentía. El año pasado, este sentimiento se acrecentó cuando se ena-
moró de un estudiante de 18 años al que aconsejaba. Aun cuando en-
contraba razones para justificar que el intercambio de caricias, la
masturbación mutua y el sexo oral no eran ilegales y no violaban su
celibato, experimentaba, pese a todo, algún sentimiento de culpa.
Con el paso del tiempo, se sintió más deprimido, aislado y obsesio-
nado por la pecaminosidad de su vida secreta. Dos años antes había
tenido lugar una experiencia similar con otro estudiante.

• A su regreso del centro de tratamiento para sacerdotes que habían


cometido abusos sexuales, el padre Jeffrey Wisniewski detuvo su co-
che en un área de descanso de una autopista interestatal para tomar
un café. Un camionero le guiñó el ojo, y al cabo de unos minutos, y
de común acuerdo, ambos estaban teniendo sexo en la cabina del ca-
mión. Aunque el padre Wisniewski había sido enviado claramente
por su obispo para recibir tratamiento de su efebofilia, el equipo de
tratamiento enseguida observó que Jeff tenía sexo de manera com-
148 H PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

pulsiva con varones y mujeres de todas las edades cuando se sentía


frustrado y muy estresado. Con todo, sólo un pequeño número de sus
parejas eran varones adolescentes. Wisniewski tenía fama de ser un
excelente predicador y un párroco creativo, aunque poco convencio-
nal. Bebía, vestía a la moda, conducía coches rápidos, y se rumorea-
ba que había sido arrestado dos veces por conducir ebrio. Había pa-
sado por cinco parroquias en un periodo de doce años. Dos de esos
cargos habían durado tan sólo un año, presumiblemente por proble-
mas relacionados con la apropiación indebida de fondos de una de las
parroquias, y con conducta sexual inapropiada en la otra, lo cual lle-
vó a su obispo a decidir que ingresara en un centro de tratamiento.

• El padre Andy Sharff era un encantador y carismático encargado


de la pastoral de un instituto diocesano que fue retirado de su cargo
después de que se presentaran contra él acusaciones de conducta se-
xual inapropiada con tres adolescentes varones durante un periodo
de unos diez años. Todo había empezado poco después de la muerte
de su madre, que coincidió con un periodo en el que cada vez se
sentía más urgido por el deseo y la excitación sexual. Esto le llevó a
mantener encuentros de carácter sexual con algunos adolescentes
durante un periodo de seis o más años. Aunque una de esas relacio-
nes duró al menos cuatro años, hubo otras de menor duración.
Algunas de ellas tuvieron lugar simultáneamente, sin que lo supie-
ran los muchachos, que creían que estaban manteniendo una rela-
ción exclusiva con el sacerdote.

• A los 66 años de edad, el padre John J. Goeghan fue declarado cul-


pable de haber abusado sexualmente de un niño de 10 años. Está
acusado de haber abusado al menos de otras 130 víctimas durante un
periodo de unos quince años de ejercicio del ministerio. Los medios
de comunicación han hecho notar que, a pesar del evidente conoci-
miento de sus superiores, el sacerdote iba pasando de un cargo a otro
cuando los padres de las supuestas víctimas se quejaban. Los docu-
mentos judiciales indican que Goeghan mostró poca preocupación
por sus víctimas y poco o ningún arrepentimiento.

Todos estos casos ejemplifican diversas formas que tienen los


sacerdotes de observar una conducta sexual inapropiada. Al parecer,
CONDUCTA SEXUAL 1NAPROPIADA CON NIÑOS, ADOLESCENTES... 149

algunas de esas formas atrajeron la atención mediática más que otras.


Por ejemplo, tanto el número de los niños implicados como el carác-
ter depredador de las conquistas sexuales de John Goeghan tuvieron
una publicidad infinitamente mayor que la de historias como las de
Bill Graven o Tomás Aguilara, probablemente debido al rechazo so-
cial que se manifiesta contra quienes abusan sexualmente de niños,
particularmente si son ministros de la Iglesia. Las víctimas -o pre-
suntas víctimas, como se les suele llamar- de los abusos son niños,
adolescentes y también adultos. Aunque los medios se centran sobre
todo en los casos de pedofilia, o explotación sexual de niños, el nú-
mero de sacerdotes pedófilos es pequeño. Por otro lado, la inciden-
cia de relaciones sexuales entre sacerdotes y adultos -varones o mu-
jeres- es considerablemente mayor, mientras que la incidencia de la
efebofilia es mayor que la de la pedofilia, pero considerablemente
menor que la de las relaciones sexuales de sacerdotes con adultos.
Hace muy poco tiempo todavía que los medios de comunicación, las
autoridades religiosas y la opinión pública en general han empezado
a distinguir entre estas tres formas de actividad sexual.
Aunque la pedofilia es muy llamativa socialmente y tiene im-
portantes consecuencias psicológicas, legales y económicas, las au-
toridades religiosas tienen que entender y comprender también las
dinámicas de implicación sexual de sacerdotes con adolescentes y
adultos. Por eso este capítulo proporciona un breve esbozo de cada
una de estas tres clases de conducta sexual inapropiada. También
propone un modelo de vulnerabilidad para entender los factores in-
ternos implicados en el desencadenamiento y mantenimiento de la
dicha conducta sexual y una tipología útil para reconocer las dife-
rentes manifestaciones de la misma.

INFORMACIÓN Y CONSIDERACIONES DE FONDO

Como trasfondo para el análisis siguiente, podría ser útil definir los
términos clave, algunos de los cuales se usan comúnmente como si-
nónimos, cuando en realidad no lo son.

Definiciones. El examen y la diferenciación de los siguientes térmi-


nos ayudará a clarificar la exposición de este capítulo. Sus definicio-
150 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

nes se pueden encontrar en el capítulo 1, p. 33: abuso (explotación)


sexual; vulnerabilidad; conducta sexual inapropiada y acoso sexual.

Trastornos psicosexuales. Las definiciones relativas a estas cues-


tiones -pedofilia, efebofilia y parafilias- se encuentran en el capítu-
lo 1, pp. 35-37.

Conducta sexual inapropiada. La definición general se encuentra


en el capítulo 1, p. 33. Se pueden describir tres formas de conducta
sexual inapropiada por parte del clero (véase el capítulo 1): pedofi-
lia (pp. 35-36); efebofilia (pp. 36-37); y conducta sexual inapropia-
da con adultos («Delincuente sexual», pp. 32-33).
En la actualidad no hay constancia de que exista una investiga-
ción sobre la incidencia de la conducta sexual inapropiada con adul-
tos por parte de sacerdotes católicos. Es interesante observar que
disponemos de algunos datos sobre otros ministros cristianos. Una
fuente ampliamente citada es una encuesta realizada en 1988 por la
revista Leadership entre el clero protestante. De los 300 pastores
protestantes que respondieron a la encuesta, el 77 por ciento reco-
noció haber tenido algún tipo de trato sexualmente inapropiado con
otra persona distinta de su cónyuge, mientras que el 12 por ciento
indicó que había tenido relaciones sexuales con otra persona distinta
de su cónyuge durante el ejercicio del ministerio (citado en Friberg
y Laaser 1998, p. vii).

¿TRASTORNO, INMORALIDAD O DELITO?

La manera en que una persona concibe la conducta sexual inapro-


piada influye en la actitud que adopta hacia ella y en el modo en que
responde a la misma. Hay tres maneras de conceptualizar la con-
ducta sexual inapropiada. Ésta, particularmente la pedofilia, puede
ser considerada un trastorno psiquiátrico, un delito o un acto inmo-
ral. Al parecer, los medios de comunicación se centran sobre todo en
la conducta sexual inapropiada como trastorno psiquiátrico o delito
penal, y menos como acción inmoral. Si la conducta sexual es esen-
cialmente un trastorno, entonces hay que centrarse primariamente
en tratar al delincuente y a la víctima -el llamado impacto y foco
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA CON NIÑOS, ADOLESCENTES... 151

personal- y, secundariamente, en buscar la compensación por la ac-


ción delictiva e inmoral -el impacto y foco público-. El alcance del
impacto público de la conducta sexual inapropiada de un sacerdote
puede ser significativo. Por ejemplo, el número de individuos en
quienes produjo impacto la conducta sexual de John Goeghan du-
rante quince o más años pudo afectar a varios miles de individuos,
si se incluyen las víctimas, las familias de las víctimas y los feligre-
ses de las parroquias en las que tuvieron lugar los hechos, por no
mencionar a las personas que conocieron los casos indirectamente
-es decir, a través de la prensa y la televisión- y se escandalizaron.
Algunos psiquiatras como Thomas Szasz sostienen que la pedo-
filia es un delito y un acto inmoral, pero no una enfermedad o tras-
torno psiquiátrico. Szasz (2002) insiste en que «los delitos son actos
que cometemos. Las enfermedades son procesos biológicos que tie-
nen lugar en nuestro cuerpo. La mezcla de estos dos conceptos en el
momento de definir las conductas que desaprobamos constituye un
pozo sin fondo de confusión y corrupción» (p. 54). Él insiste en que
ver a un sacerdote que abusa sexualmente de un menor confiado a
su cuidado como alguien que «sufre de pedofilia, implica que hay
algo anda mal en su forma de funcionar sexualmente, del mismo
modo que decir que sufre de anemia implica que hay algo que no an-
da bien en el funcionamiento de su sistema hematopoiético. Si es
así, el problema sería suyo, no nuestro. Nuestro problema es que hay
algo que está mal en él como agente moral. Nosotros tendríamos que
centrarnos en su inmoralidad y olvidarnos de su sexualidad» (p. 59).
De hecho, la pedofilia es las tres cosas a la vez: un delito, un ac-
to inmoral y un trastorno psiquiátrico. Como la pedofilia tiene un
impacto personal y un impacto público, las autoridades religiosas se
encuentran ante el reto de reconocer y afrontar las dimensiones le-
gales y morales, además de la dimensión psiquiátrica.

CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA EN SACERDOTES: UN


MODELO DE VULNERABILIDAD

En la actualidad no hay consenso entre los investigadores acerca de


las causas de la conducta sexual inapropiada de los sacerdotes. Son
muy pocas las investigaciones realizadas al respecto, y las existen-
tes son estudios descriptivos breves y limitados sobre la personali-
152 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

dad y las características neurológicas de los delincuentes. Tampoco


hay teorías o derivaciones de teorías que expliquen adecuadamente
dicha conducta inapropiada. Tener un modelo explicativo podría fa-
cilitar tanto el tratamiento como la prevención. El no tener una ex-
plicación de por qué algunos sacerdotes parecen más vulnerables o
predispuestos a la conducta sexual inapropiada limita seriamente el
tipo de investigación sobre el tema. Por otro lado, tener dicho mo-
delo fomenta el desarrollo de tipologías y la producción de hipóte-
sis de investigación que pueden ser examinadas.

Un modelo de vulnerabilidad: tendencia


al abuso y compulsividad
En el capítulo 4 hemos indicado que un modelo global de la con-
ducta sexual inapropiada del clero implica cuatro factores: el sacer-
dote, su organización o comunidad religiosa, sus destinos pastorales
y la naturaleza de sus relaciones ministeriales. Esta sección descri-
be un modelo para conceptualizar una de las dimensiones de la con-
ducta sexual inapropiada del clero, a saber: el propio sacerdote. Los
capítulos 5 y 6 han señalado dos factores clave que parecen predis-
poner o incrementar la probabilidad de que un sacerdote tenga dicha
clase de conducta. Tales factores son la tendencia al abuso y la acti-
tud narcisista de creerse con derecho a todo. Hemos notado que es-
ta actitud narcisista prepara el terreno para la tendencia al abuso y a
la explotación. En este capítulo sostenemos que añadir la dimensión
de la compulsividad, es decir, la incapacidad de controlar pulsiones
o impulsos, a la tendencia al abuso incrementa aún más la probabi-
lidad de una conducta sexual inapropiada. En suma, parece que la
vulnerabilidad por la que algunos sacerdotes manifiestan semejante
conducta está en función de la tendencia al abuso y la compulsivi-
dad. En esta sección analizamos brevemente la tendencia al abuso y
la compulsividad, junto con sus implicaciones teóricas y prácticas.
Después proponemos una tipología basada en este modelo.

Tendencia al abuso. La conducta sexual inapropiada es esencial-


mente un acto agresivo o abusivo. El establecimiento de una rela-
ción abusiva da al delincuente poder, control y dominio sobre la víc-
tima y proporciona una conexión -o «unión»- con una persona real
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA CON NIÑOS, ADOLESCENTES... 153

que sirve para reducir los sentimientos de aislamiento y soledad del


delincuente (Lothstein 1990). Blanchard (1991) sostiene que la na-
turaleza de la conducta sexual inapropiada del clero se asemeja mu-
cho a las relaciones incestuosas, y que las cuestiones de poder, con-
trol, ira y hostilidad -manifestaciones de tendencia al abuso- de-
sempeñan un papel central en dicha conducta.
En el capítulo 5 hemos descrito la tendencia al abuso con cierto
detalle. La definimos como una constelación de conductas abusivas
-abuso físico, verbal, emocional, espiritual y/o sexual- que caracte-
riza el «patrón de abuso» (Sperry 2000). Hemos observado que los
delincuentes no abusan en todos los momentos y situaciones, sino,
más bien, sólo en situaciones y circunstancias específicas que acti-
van el patrón de abuso. Un elemento común a todas las formas de
abuso es el abuso emocional, que puede servir como precursor del
abuso físico y sexual. Por ejemplo, un gesto o comentario emocio-
nalmente abusivo puede recordar a un individuo que ha sufrido abu-
sos sexuales que puede volver a ser golpeado o a sufrir abusos se-
xuales en cualquier momento.
En el patrón de abuso subyace el tema de la dominación o el po-
der de subyugación. Este patrón refleja una preocupación por el
control. Por lo general, los delincuentes llegan a ser extraordinaria-
mente diestros en el control de lo que los demás piensan, sienten y
hacen (Sperry 2000). Si bien la tendencia al abuso es un factor in-
terno clave en la explicación de la conducta sexual inapropiada de
los sacerdotes, hay otros factores internos y externos. En suma, la
tendencia al abuso es una condición necesaria, pero no suficiente,
para explicar toda la gama de conductas sexuales inapropiadas por
parte de sacerdotes.

Compulsividad. La compulsividad sexual designa la pérdida de la


capacidad de elegir libremente si se detiene o se prosigue una con-
ducta sexual determinada. También designa la prosecución de la
conducta sexual a pesar de las consecuencias adversas, y el hecho de
que la conducta compulsiva continúe pese a los esfuerzos por dete-
ner o reducir la frecuencia de tales conductas. Las conductas com-
pulsivas pueden verse exacerbadas y reforzadas ulteriormente por
las obsesiones que las acompañan, es decir, los pensamientos obse-
sivos (Bryant 1999). La compulsividad sexual es denominada a ve-
154 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

ees adicción sexual. Según una definición actual, la adicción sexual


designa una relación patológica que un individuo desarrolla con
cualquier forma de actividad sexual que se ha vuelto incontrolable,
empeora progresivamente y suele tener consecuencias negativas
(Carnes 1989). Algunos investigadores cuestionan la validez teórica
de este concepto, porque aún tiene que ser documentado por la in-
vestigación como una enfermedad clínica (Hurlbert y Apt 1991:
Hoffman 1995). No obstante, el concepto sigue siendo empleado
por los profesionales y es ampliamente aceptado por los medios de
comunicación y la opinión pública.

Implicaciones teóricas y prácticas. Dar por sentado que la conducta


sexual inapropiada tiene su origen en la tendencia al abuso y la
compulsividad nos permite especular sobre las implicaciones de este
modelo. Primero, hay varias combinaciones de tendencia al abuso y
compulsividad. Por ejemplo, un sacerdote puede manifestar más
tendencia al abuso que compulsividad, mientras que otro puede
manifestar ambas en la misma medida. Segundo, las diversas com-
binaciones de la tendencia al abuso y la compulsividad impactarán
a las víctimas de un modo diferente. Por ejemplo, si un sacerdote
presenta altos niveles de tendencia al abuso y altos niveles de com-
pulsividad, es más probable que practique formas depredadoras de
conducta sexual que otro sacerdote que no presente dichos niveles.
Tercero, debería ser posible establecer una taxonomía de conducta
sexual inapropiada basada en diferentes combinaciones de tenden-
cia al abuso y compulsividad.

TIPOLOGÍA DE SACERDOTES IMPLICADOS EN


CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

En las ciencias de la conducta, es habitual explicar o articular un


modelo teórico en forma de tabla de contingencia, que es un gráfico
para especificar las relaciones de variables y conceptos. La Figura
7-1 es una tabla de contingencia que compara las dimensiones de
tendencia al abuso y compulsividad empleando diversos niveles: ba-
jo, moderado y alto en el eje horizontal (tendencia al abuso), y bajo
y alto en el eje vertical (compulsividad). El resultado son seis tipos
de sacerdotes que manifiestan una conducta sexual inapropiada.
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA CON NIÑOS, ADOLESCENTES... 155
FIGURA 7-1: TIPOS DE SACERDOTES IMPLICADOS
EN CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

Tendencia al abuso
Baja Media Alta
Baj
Compulsividad
a
Tipo I Tipo III TipoV
Alta
Tipo II Tipo IV Tipo VI
Esta sección proporciona una caracterización detallada de cada
uno de estos seis tipos (del Tipo I al Tipo VI). Como hemos obser-
vado previamente, esta tipología se deriva del modelo de tendencia
al abuso-compulsividad de la conducta sexual inapropiada y se ba-
sa en mi experiencia clínica con sacerdotes que han cometido abu-
sos sexuales durante los últimos treinta años. Tanto Gonsiorek
(1987; 1999) como Irons y Roberts (1995) han descrito modelos en
parte similares.
El lector debería observar que en cada uno de los seis tipos pue-
de darse cada una de las variables de conducta sexual inapropiada
con niños (pedofilia), adolescentes (efebofilia) o adultos. Así, aun
cuando pueda parecer que la pedofilia depredadora está más co-
múnmente asociada con el Tipo VI, hay otras formas posibles. Por
ejemplo, puede haber múltiples víctimas adolescentes en la efebofi-
lia depredadora, o en la conducta sexual inapropiada con adultos
-como en la forma llamada «donjuanismo», en la que un sacerdote
puede seducir consecutivamente a varias mujeres (o varones).
Hay al menos cinco factores que caracterizan cada uno de los ti-
pos: (1) personalidad y nivel de desarrollo psicosexual; (2) número
de víctimas; (3) grado de planificación, astucia e intimidación; (4)
grado de preocupación por las víctimas y remordimiento; y (5) pro-
nóstico de cambio o rehabilitación.

Tipo I. Hay dos variables de este tipo. En la primera, el sacerdote


tiende a ser ingenuo y relativamente sano psicológicamente. A pesar
de su salud psicológica, los sacerdotes que tienen poca experiencia
en el ejercicio del ministerio o tienen una limitada formación pasto-
ral en temas de conducta sexual inapropiada pueden tener alguna di-
156 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

ficultad para reconocer los debidos límites y los criterios éticos que
implican diferenciales de poder con los feligreses, particularmente a
la hora de responder a la implicación sexual en situaciones un tanto
ambiguas como, por ejemplo, cuando un adolescente empieza a re-
lacionarse en interacciones adulto-adulto con un sacerdote, o cuan-
do una mujer adulta a la que un sacerdote está aconsejando dice que
tiene fantasías o sueña con él. Si está bastante estresado y se en-
cuentra en el contexto de tales situaciones, el sacerdote puede invo-
lucrarse sexual o románticamente. Esto puede suceder aunque el sa-
cerdote crea que la actividad sexual con feligreses es inaceptable. En
esta variable, suele haber una sola víctima, y el pronóstico es razo-
nablemente bueno para esos sacerdotes, a no ser que sean caracte-
riológicamente ingenuos, lo cual, según Gonsiorek (1999), significa
que pueden ser también psicológicamente «torpes» para afrontar efi-
cazmente el complejo problema de límites que tienen planteado.
Esta variable es una de las formas más comunes de conducta sexual
inapropiada; hay poca o ninguna planificación o intimidación, y
abundan el sentimiento de culpabilidad y el remordimiento.
En la segunda variable, el sacerdote está mejor formado, pero
padece algún tipo de neurosis. Tal sacerdote desarrollan una relación
sexual o romántica con un individuo vulnerable durante un periodo
particularmente estresante de su vida. Después de una pérdida re-
ciente, como la muerte de un progenitor, dicho sacerdote, que pro-
bablemente está deprimido y solo y cuenta con unas redes de apoyo
limitadas, puede encontrarse con un feligrés necesitado que puede
llenar el vacío emocional que está experimentando. Una secuencia
común es que ese sacerdote haga revelaciones íntimas inapropiadas
sobre su pérdida y su soledad, que conducen a interacciones socia-
les con feligreses y después a la actividad sexual. Curiosamente,
Gabbard (1995) describe a esta clase de individuos como «enfermos
de amor». El pronóstico para esta variante del Tipo I tiende a ser he-
terogéneo, en función del grado de neurosis.

Tipo II. Estos sacerdotes tienden a ser pastores muy trabajadores y


entregados, que han sacrificado toda su vida por la Iglesia. Suelen
hallarse en el periodo intermedio o final de su carrera. Con el paso
del tiempo han ido experimentando un resentimiento y un enfado
cada vez mayores, debido a la insuficiencia de apreciación por todos
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA CON NIÑOS, ADOLESCENTES... 157

sus esfuerzos, mostrada por los feligreses y/o las autoridades dioce-
sanas o de su provincia. Se sienten también minusvalorados, aban-
donados, inadecuados y cada vez más aislados socialmente. Como
consecuencia, encuentran razones para pensar que la vida les debe
algo a cambio de sus grandes esfuerzos y sacrificios. Su actitud de
creerse con derecho a todo y la racionalización con que se justifican
les «permiten» violar los límites sexuales y después practicar con-
ductas sexuales inapropiadas, las cuales suelen ir seguidas de inten-
sos sentimientos de culpa y vergüenza que se suprimen poniendo fin
a la relación y tomando la decisión de trabajar aún más. Pero esta es-
trategia es efímera, ya que el resentimiento crece, porque no hay
cambios en la situación en que ejercen el ministerio. Después, su ac-
titud de creerse con derecho a todo y sus racionalizaciones les lle-
van a violar de nuevo los límites sexuales. Como este patrón se man-
tiene durante varios años, puede haber varias víctimas. En estos in-
dividuos se pueden observar diversas adicciones, particularmente
relacionadas con sustancias, así como adicción al juego y al trabajo.
Suele haber por su parte alguna planificación e intimidación, y sien-
ten poco o ningún remordimiento por su inapropiada conducta se-
xual. Normalmente hay varias víctimas implicadas.
El pronóstico de tratamiento en estos individuos tiende a ser re-
servado, lo cual significa que existe alguna posibilidad de cambio
mayor, el cual, sin embargo, es difícil de conseguir, porque requiere
un considerable esfuerzo terapéutico para reestructurar su estilo nar-
cisista y obsesivo-compulsivo, así como su teología del ministerio
«centrada en las obras». Para que el cambio sea duradero suele ser
preciso un nuevo destino pastoral, lejos de contextos en los que los
límites sean problemáticos para ellos.

Tipo III. Los sacerdotes pertenecientes a este tipo comparten con


los sacerdotes, del Tipo II el hecho de que son en parte narcisistas y
también están profundamente dedicados a ministerios que suelen ser
muy exigentes. Pero, a diferencia de los del Tipo II, estos sacerdo-
tes han llegado a creer que la medida de su autoestima es el grado
en que se sacrifican por los demás. No sólo intentan satisfacer sus
necesidades personales de autoestima en su trabajo, sino que se au-
todefinen en función del éxito o el fracaso de su ministerio. Además,
en sus vidas hay poco o ningún equilibrio, y apenas cuidan de sí
158 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

mismos, de modo que no han desarrollado hobbies, no han aprendi-


do a relajarse y no han cultivado amistades ni la intimidad célibe. Su
compulsividad obsesiva, su teología del ministerio, proclive al bur-
nout, y su actitud narcisista de creerse con derecho a todo se con-
vierten en una fórmula para el desastre. Esto resulta particularmen-
te notable en aquellos momentos en que reciben poco reconoci-
miento y agradecimiento de los feligreses, de sus iguales y de su
obispo. Esta falta de reconocimiento produce como resultado acusa-
dos sentimientos de inutilidad y vergüenza que se hacen insoporta-
bles. Su estilo introvertido agrava su soledad y desconexión y, de
manera refleja, pueden buscar las relaciones sexuales como recono-
cimiento y también como remedio para mitigar su vergüenza.
Tienden a racionalizar sus acciones, insistiendo en que aman de ver-
dad a sus feligreses y realizarán algunos actos sexuales, pero no
otros, a fin de seguir siendo «técnicamente» célibes. Desgraciada-
mente, no es probable que una relación sexual proporcione las emo-
ciones y los sentimientos de control que ellos esperan y exigen.
Como consecuencia, su aislamiento, desesperación y depresión no
hacen más que aumentar. La masturbación puede convertirse en un
problema para ellos y acrecentar aún más su sentimiento de culpa y
de vergüenza. Además de su adicción al trabajo, pueden abusar del
alcohol o de otras sustancias.
Como en el caso del Tipo II, hay alguna planificación y astucia,
pero menos intimidación de las víctimas. Hay bastante sentimiento
de culpabilidad, pero también racionalizan bastante sus acciones.
No obstante, en contraste con los sacerdotes del Tipo II, tienden a
sentir remordimientos una vez descubierta su reprobable conducta.
Por lo general, tan sólo hay una o dos víctimas. La respuesta al tra-
tamiento y el pronóstico suelen ser reservados y dependen del gra-
do en que los esfuerzos terapéuticos logren cambiar su necesidad
compulsiva de rendimiento, de agradar a otros y/o su actitud de cre-
erse con derecho a todo.

Tipo IV. Estos sacerdotes suelen tener continuos problemas con la


asunción de riesgos y el control de los impulsos. Además de proble-
mas con los límites personales, estos individuos pueden manifestar
otras conductas, como actividades delictivas, sobre todo el exceso
de velocidad y el uso de drogas ilícitas, pero también la apropiación
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA CON NIÑOS, ADOLESCENTES... 159

indebida de fondos, el acoso sexual, etcétera. Se presentan ante los


demás como personas llenas de energía, con un cierto encanto y
creatividad. Como los sacerdotes del Tipo II, estos individuos exhi-
ben un narcisismo que se caracteriza porque justifica su actitud de
creerse con derecho a todo. Su conducta sexual tiene lugar tanto
dentro del contexto religioso como en la comunidad en general. A
pesar de su energía y sus ideas creativas, les resulta difícil mantener
y llevar a término proyectos, lo cual ocasiona desaliento y conster-
nación tanto entre los feligreses como entre los superiores.

Notable -y muy diferente de la mayoría de los otros cinco tipos-


es el hecho de que estos sacerdotes manifiestan poca o ninguna pla-
nificación o astucia en sus conquistas. Huelga decir que a menudo
mantienen tales aventuras sexuales con varias personas al mismo
tiempo. A veces, pero no siempre, estos sacerdotes muestran remor-
dimiento por sus acciones. Lamentablemente, su pronóstico y su res-
puesta al tratamiento suelen ser pobres, particularmente cuando no se
han resuelto los problemas de impulsividad y asunción de riesgos.

Tipo V. Los sacerdotes caracterizados por este tipo tienden a ser


bastante encantadores e incluso carismáticos. También son bastante
pretenciosos y suelen creer que son mejores predicadores y pastores
que sus colegas y que recaudan fondos mejor que ellos. Exhiben una
gran necesidad de control y dominio, y fácilmente forman un grupo
de admiradores leales que previsiblemente los defenderán cuando se
hagan públicas las acusaciones de conducta sexual inapropiada.
Además, estos individuos no tienen reparos en forzar normas y re-
glas de todo tipo para que se adapten a sus necesidades y circuns-
tancias, particularmente en relación con su sexualidad. Destaca en
estos sacerdotes el hecho de que eligen una víctima que suele ser un
individuo vulnerable, dependiente y muy leal, para satisfacer sus ne-
cesidades sexuales. No es de sorprender que las relaciones con esas
víctimas vulnerables suelan mantenerse durante largos periodos de
tiempo. Debido a su actitud narcisista de creerse con derecho a to-
do, estos sacerdotes tienden a ser astutos y hábiles manipuladores
que utilizan la intimidación como último recurso para que sus vícti-
mas no revelen la naturaleza de su relación. Es improbable que sien-
tan remordimiento. Por suerte, el número de sus víctimas es peque-
160 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

ño. Lamentablemente, su respuesta al tratamiento y su pronóstico


son, en general, pobres o muy pobres.

Tipo VI. Este tipo incluye dos variantes: aquellos que encajan en el
perfil del depredador sexual y aquellos otros que padecen trastornos
psicóticos graves. Aun cuando el número de sacerdotes en ambas
variantes de este tipo quizá sea el menor, lo cierto es que los sacer-
dotes del Tipo VI atraen una considerable atención mediática, pro-
bablemente debido al número de las víctimas o a la rareza de su con-
ducta sexual.
Los sacerdotes del tipo «depredador sexual» normalmente ma-
nifiestan repetitivamente su inapropiada conducta sexual con meno-
res (pedofilia y efebofilia), o incluso con víctimas adultas. Suelen
recurrir a la manipulación, la intimidación e incluso a la violencia fí-
sica con sus víctimas. De los seis tipos, son éstos los que actúan con
más intencionalidad y astucia en su explotación. No muestran nin-
gún remordimiento por sus acciones y suelen culpar a la víctima de
provocar su conducta sexual. Lamentablemente, la respuesta al tra-
tamiento y el pronóstico para el depredador sexual clásico son de-
sesperantemente pobres.
Quienes padecen trastornos psicóticos graves y manifiestan una
conducta sexual inapropiada son particularmente problemáticos por
el hecho de que, si su enfermedad psiquiátrica no es tratada, o no si-
guen las pautas del tratamiento, tienden a tratar de «controlar» su
enfermedad actuando sexualmente. Si resulta que tienen delirios, su
actividad sexual puede rayar en lo extravagante. Si tienen un tras-
torno bipolar, pueden ser hipersexuales, es decir, excesivamente pre-
ocupados por la actividad sexual indiscriminada o compulsiva.
También es probable que exhiban una conducta de acoso, arrogante,
exigente e impulsiva, marcada por una pobre capacidad de juicio. El
pronóstico para los sacerdotes con esta clase de trastornos psicóticos
graves suele depender de su obediencia y respuesta al tratamiento,
particularmente a la medicación. Cuando el nivel de obediencia al
tratamiento es bajo, el pronóstico es muy pobre. Por suerte, es posi-
ble mejorar la respuesta al tratamiento y el pronóstico si se da una
supervisión continua.
La Tabla 7-1 ofrece un resumen de estos seis tipos.
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA CON NIÑOS, ADOLESCENTES.. 161
TABLA 7-1: SEIS TIPOS DE SACERDOTES IMPLICADOS EN
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

Tipo Descripción

Tipo I Dos variables: el ingenuo, que suele tener una sola


víctima; no hay planificación ni intimidación por su
parte; por lo general, siente mucho remordimiento;
pronóstico bueno; el ligeramente neurótico, similar al
«ingenuo», pero con pronóstico heterogéneo.

Tipo II Entre moderada y gravemente neurótico; sacerdotes


mayores egocéntricos y con mentalidad de mártir, que
no se sienten apreciados; actitud narcisista de creerse
con derecho a todo y una cierta intimidación; varias
víctimas; poco o ningún remordimiento; pronóstico
reservado.

Tipo III Son muy trabajadores, se autodefinen en función del


éxito o el fracaso de su ministerio; planificación y
cierta actitud narcisista de creerse con derecho a todo;
una o dos víctimas; mucho sentimiento de culpa y
racionalización; posible remordimiento; pronóstico
entre heterogéneo y reservado.

Tipo IV Impulsivo, enérgico e inmaduro; problemas


constantes con los límites, conducta sexual
inapropiada y violaciones de otras normas; actitud
narcisista de creerse con derecho a todo; muchas
víctimas; no hay planificación ni astucia; a veces
muestran remordimiento; pronóstico pobre.

TipoV Encantadores, grandiosos y avasalladores; forman un


grupo de admiradores leales; las relaciones con las
víctimas vulnerables suelan mantenerse durante largos
periodos de tiempo; actitud narcisista de creerse con
derecho a todo, con astucia e intimidación; no sienten
remordimiento; pronóstico pobre.
162 II PARTE - LOS HECHOS ESENCIALES: CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA
Tipo (cont.) Descripción (cont.)

Tipo VI Dos variantes: el depredador sexual clásico, psicopá-


tico con actitud narcisista de creerse con derecho a
todo; muchas víctimas; utiliza la astucia y la intimi-
dación y puede herir físicamente a sus víctimas; no
siente remordimiento; pronóstico desesperadamente
pobre; y el sacerdote con trastornos psiquiátricos, es
decir, con psicosis o trastorno bipolar que, si no recibe
tratamiento o no está de acuerdo con él, pone en
práctica sus delirios sexuales o es hipersexual; en tales
casos, su pronóstico es muy pobre.

UN ANÁLISIS DE LOS CASOS DE CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

Volvamos ahora a los casos presentados al comienzo de este capítu-


lo y revisémoslos a la luz del modelo teórico de los Tipos de
Conducta Sexual Inapropiada. Resulta bastante claro que el caso del
padre Graven representa el Tipo I, mientras que la descripción de las
circunstancias del padre Eamons es característica del Tipo II. Las
circunstancias del caso del padre Tomás Aguilara ilustran el Tipo III.
El padre Wisniewski ilustra una variable del Tipo IV, mientras que
el caso del padre Sharff representa el Tipo V razonablemente bien.
Por último, John Goeghan ejemplifica al abusador depredador ca-
racterístico del Tipo VI. Estos casos sirven para ilustrar y subrayar
una observación importante: no hay un solo patrón o caracterización
de sacerdotes que practican un comportamiento sexual inapropiado
con niños, adolescentes o adultos. Dicho de un modo más concreto:
los sacerdotes que manifiestan conductas pedofílicas o efebofílicas,
o tienen relaciones sexuales con adultos, pueden reflejar uno de los
seis tipos.

CONCLUSIÓN

En este capítulo hemos comenzado presentando seis ejemplos razo-


nablemente comunes de conducta sexual inapropiada por parte de
sacerdotes. Después de recordar algunos términos básicos y la in-
CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA CON NIÑOS, ADOLESCENTES... 163

formación de fondo sobre tal conducta, hemos descrito un modelo de


conducta sexual inapropiada de los sacerdotes. Basándonos en este
modelo de tendencia al abuso-compulsividad, hemos articulado seis tipos
de conducta sexual sacerdotal inapropiada atendiendo a cinco factores:
personalidad; número de víctimas; grado de astucia e intimidación; grado
de preocupación por las víctimas y remordimiento; y pronóstico. Por
último, hemos analizado los seis casos del comienzo con los criterios de
este modelo. Es de esperar que este modelo y tipología sea útil para las
autoridades religiosas y las personas implicadas en la formación y en el
tratamiento. Es presumible que incite a otros a proponer explicaciones,
tipologías y modelos alternativos que promoverán tanto la investigación
como el desarrollo teórico. Gracias a esos nuevos modelos y a las
mociones del Espíritu Santo, las autoridades religiosas, los formadores, los
sacerdotes y los laicos pueden mantener la esperanza para afrontar los
numerosos desafíos que aún les esperan en relación con la conducta sexual
inapropiada con niños, adolescentes y adultos.

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TERCERA PARTE

CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES


8
La selección de candidatos
aptos para el sacerdocio

Aun cuando no suscite el grado de pasión e ideologización que sus-


cita el debate sobre la homosexualidad, ni reciba la misma atención
mediática que los sacerdotes a quienes se aparta del ejercicio del mi-
nisterio por conducta sexual inapropiada, el problema de la selec-
ción de candidatos para el sacerdocio es, sin embargo, oportuno e
importante. Es oportuno, porque algunos han lanzado la acusación
de que los seminarios desaniman o rechazan, de modo despropor-
cionado, a los candidatos con mentalidad conservadora y tradicio-
nalista (Rose 2002). Y es importante al menos por dos razones. La
primera es que, en un momento en que el número de candidatos es
pequeño, aparece la tentación de bajar el nivel de exigencia; y la se-
gunda es que, cuando se recortan los presupuestos, los formadores
encargados de la admisión o los administradores pueden fácilmente
encontrar razones para sostener que las evaluaciones psicológicas
detalladas son un lujo y que, aunque sean útiles, no son esenciales.
Con un razonamiento similar podrían argumentar que, si se evalúan
el historial sexual y el desarrollo psicosexual de los candidatos, po-
drían reducirse costos, habida cuenta de los elevados honorarios exi-
gidos por los psicólogos y psiquiatras orientadores. Nosotros soste-
nemos que este razonamiento constituye una receta para el desastre.
Este capítulo se centra en tres consideraciones específicas rela-
cionadas con la selección de candidatos para el sacerdocio. Primero,
se da por supuesto que una evaluación psicológica comprehensiva es
esencial en el protocolo de selección global para la admisión en el
seminario, y que esa evaluación será realizada por un profesional es-
168 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

pecialmente preparado. Segundo, se sostendrá que lo mejor es que


el historial sexual y el desarrollo psicosexual del candidato sean va-
lorados por un profesional con experiencia, como un psicólogo o un
psiquiatra. Tercero, dado que carecen de un marco de referencia te-
órico comprehensivo para guiar las decisiones relativas a la selec-
ción, incluso los mejores protocolos de valoración tendrán deficien-
cias. En este sentido se ofrece un protocolo de valoración derivado
del Modelo integrador de desarrollo psicosexual, descrito e ilustra-
do en el capítulo 2, como ejemplo de marco de referencia teórico
comprehensivo para orientar la valoración y las decisiones relativas
a la selección.

VALORACIÓN PSICOLÓGICA EN EL PROCESO DE SELECCIÓN

El punto de partida para la toma de decisiones sobre el diagnóstico


y la selección consiste en especificar el propósito de dicha selección,
y después diseñar el proceso de la misma de acuerdo con ello.
Algunos creen que el propósito básico del proceso de selección es
eliminar a los candidatos con el tipo de psicopatología o las actitu-
des o atributos problemáticos que son incompatibles con la forma-
ción para el sacerdocio y/o el ejercicio del ministerio. Tales indivi-
duos piensan que la selección tiene una función protectora: proteger
al ministerio sacerdotal de ministros potencialmente peligrosos.
Otros piensan que la selección tiene un carácter más formativo.
Según la concepción formativa, el «propósito ideal de la selección
no consiste en excluir a los aspirantes al ministerio, sino en identifi-
car áreas que necesitan ser sanadas antes de que pueda ejercerse di-
cho ministerio» (Friberg y Laaser 1998, p. 13). Después de deter-
minar el propósito de la selección, el siguiente paso consiste en de-
sarrollar el protocolo de valoración.
Nosotros sostenemos que un protocolo de valoración verdadera-
mente comprehensivo es esencial en el proceso de selección global
para las admisiones en el seminario. Aunque los presupuestos desti-
nados al seminario y a la formación de los seminaristas son actual-
mente poco generosos, es difícil encontrar justificación al hecho de
que se elimine la evaluación psicológica, o que ésta sea mínima; por
otro lado, con ello se correría un alto riesgo de aceptar candidatos
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 169

muy problemáticos. Tal protocolo de evaluación psicológica mínima


podría incluir tan sólo un único test psicológico objetivo, como el
Minnesota Multiphasic Personality Inventory (MMPI-2), y una bre-
ve entrevista para detectar psicopatologías graves. Habida cuenta de
que la aplicación de tests estándar ha resultado ser insuficiente para
evaluar el potencial de conducta sexual inapropiada entre el clero
(Plante 1999; Gonsiorek 1999), tal protocolo de selección limitado
está lleno de riesgos considerables. Por otro lado, tampoco es sufi-
ciente para descartar tendencias neuróticas y cualidades antiéticas
incompatibles con unas relaciones personales sanas y normales en el
ministerio.
Como consecuencia, un protocolo de valoración más adecuado
tendría que incluir la realización de tests objetivos y proyectivos, así
como una entrevista psiquiátrica detallada que contendría una valo-
ración completa del desarrollo psicosexual y de la aptitud del candi-
dato para el ministerio. Tal protocolo de valoración no sólo descar-
taría psicopatologías graves y tendencias neuróticas incompatibles
con el sacerdocio, sino que debería incluir «la clase de información
psicológica que también se centra en la personalidad y las caracte-
rísticas particulares que definen de manera única a un aspirante al
sacerdocio. Así pues, creemos que el psicólogo designado tiene que
valorar las siguientes dimensiones cuando evalúe la preparación y
disponibilidad para la formación sacerdotal» (Coleman y Freed
2000, p. 16). Y a continuación estos autores proponen varias dimen-
siones que a su juicio deberían ser valoradas formalmente. La Tabla
8-1 presenta un resumen de dichas dimensiones. Habría que obser-
var que, además de ellas, Coleman y Freed abogan por el uso de una
batería de valoración psicométrica formal objetiva y proyectiva.

VALORACIÓN DEL HISTORIAL SEXUAL Y


DEL DESARROLLO PSICOSEXUAL

Pocas personas estarán dispuestas a negar que un examen riguroso


del historial sexual de los candidatos constituye parte esencial del
proceso de selección antes de tomar una decisión sobre la admisión
a la formación sacerdotal. No obstante, hay quienes creen que es
mejor realizar ese historial psicosexual después de que el candidato
170 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

TABLA 8-1: PROTOCOLO DE VALORACIÓN PSICOLÓGICA*

Factores psicológicos básicos

Factores biológicos y genéticos: historial médico y salud; capacidad de


tomar conciencia; antecedentes familiares de trastornos psiquiátricos o
relacionados con sustancias; antecedentes de consumo de drogas o
medicamentos.

Determinantes sociales y situación de vida actual: trasfondo familiar;


currículo académico y laboral; sistemas de apoyo sociales y de amistad.

Identidad y concepto de sí mismo: autoimagen; cómo es visto por


otros; nivel de autoestima, «fuerza del yo»; aspiraciones personales y
profesionales.

Factores de personalidad: capacidad para trabajar bajo presión y


afrontar múltiples factores estresantes; nivel de energía; habilidades de
administración del tiempo; adecuación de las defensas; funcionamiento
cognitivo; presencia y grado de de narcisismo subyacente; capacidad de
establecer y mantener relaciones interpersonales; comodidad y
efectividad en contextos grupales; capacidad de recibir feedback de
otros; habilidad empática; capacidad de mantener límites apropiados;
habilidad para relacionarse cómodamente con figuras de autoridad.

Madurez sexual: orientación, identidad y conductas sexuales


coherentes con la vocación; actitudes hacia el celibato en relación con
el crecimiento en la formación; resistencia potencial al crecimiento y
maduración de la experiencia o expresión sexual.

Habilidades, capacidades y experiencia requeridas para el ministerio

Capacidades personales: apertura y flexibilidad; sentido del humor;


capacidad de autoevaluación; salud física adecuada; capacidad de toma
de decisión; dotes para la administración del dinero; buenas maneras;
adecuada fluidez para leer, hablar y escribir; familiaridad con el
sacerdocio católico y atracción por el mismo.

Adaptado de Coleman & Freed 2000.


LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 171

Habilidades, capacidades y experiencia requeridas para el ministerio


(cont.)

Capacidades interpersonales: desarrollo psicosocial adecuado y


capacidad para relacionarse con grupos de todas las edades; capacidad
para el celibato; facilidad para vivir en soledad y establecer relaciones
sanas y a largo plazo.

Habilidades básicas para el ministerio: potencial de liderazgo tal


como se muestra en iniciativas personales y en decisiones de vida
personales; capacidad de cooperar con otros; capacidad de escuchar
activamente; facilidad para la compasión y la empatia; y capacidad de
comunicarse adecuadamente tanto de palabra como por escrito.

Experiencia ministerial: compromiso por la promoción de la justicia;


experiencia anterior de compromiso activo en una parroquia o en otra
comunidad católica; experiencia y familiaridad con las exigencias
ministeriales de la diócesis o la orden religiosa.

Factores de predicción de fracaso vocacional

Emocional: preocupación por uno mismo; escasa capacidad de juicio;


incapacidad para la empatia; demasiado dependiente o demasiado
defensivo.

Histórico: tratamiento previo de trastornos psiquiátricos graves;


fracasos repetidos; toma de decisiones impulsiva; decisiones basadas
puramente en intensas experiencias espirituales.

Motivacional: cualquier indicación que muestre que el candidato desea


huir de sí mismo, de la familia o de una determinada situación
existencial; atracción basada en la inseguridad y necesidad de ser
cuidado; o ambiciones que superan sus capacidades.

haya concluido aproximadamente dos años de formación, o antes de que


empiece su año de experiencia pastoral (Coleman 1996). Existen
diferentes perfiles de historial sexual o protocolos de cuestiones sugeridas
utilizados por los distintos evaluadores.
172 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

¿Formadores o psicólogos experimentados?


Aunque el momento en que se realiza el historial y el tipo de cues-
tiones planteadas son consideraciones importantes, tal vez una más
importante aún sea saber quién tiene que realizar el historial. En este
punto hay dos perspectivas diferentes. Según una de ellas, son los
formadores con experiencia quienes deben realizar el historial o pe-
dir al candidato que escriba las respuestas a una serie de preguntas
similares a las formuladas en un formato de entrevista; después el
candidato conversa sobre sus respuestas con un miembro del equipo
de formadores. Según la otra perspectiva, debe ser un profesional es-
pecialmente preparado quien tenga la responsabilidad de dirigir una
entrevista intensiva sobre el desarrollo psicosexual del candidato.
Algunas comunidades religiosas podrían pensar que es compati-
ble con su proceso de selección el hecho de que el historial sexual
sea realizado por un miembro del equipo vocacional o del equipo de
formadores, o bien que el candidato escriba las respuestas a una se-
rie de preguntas del historial sexual. Quienes ponen en tela de juicio
esta aproximación señalan sus deficiencias y, sobre todo, cuestionan
su validez y utilidad. Algunos critican el que este método de valora-
ción no se tome en serio, cuando no afirman que es esencialmente
inútil. Y aluden a ciertas comunidades religiosas que llegan al ex-
tremo de «instruir» a los candidatos acerca de lo que tienen o no tie-
nen que decir en la entrevista sobre el historial sexual o en el for -
mulario escrito que completan con el fin de conseguir la admisión
en el seminario o en la comunidad religiosa.
Por otro lado, hay distintos seminarios que emplean a profesio-
nales con experiencia y especialmente preparados para realizar un
historial psicosexual, por lo general en el contexto de una evaluación
psicológica comprehensiva. Estoy convencido de que un historial
psicosexual exhaustivo que abarque todas las etapas del desarrollo
debe ser hecho por un profesional con experiencia y especialmente
preparado en la realización de tales entrevistas. Este formato es su-
perior a una entrevista y un historial hechos por un profesional sin
preparación y experiencia especial en la realización de historiales
sexuales, o por una persona que no sea profesional. Stephen J.
Rossetti, doctor en filosofía, sacerdote y psicólogo, que dirige ac-
tualmente el St. Luke's Institute, está de acuerdo e insiste en que los
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 173
profesionales que «seleccionan a los candidatos para el ministerio
tienen que ser expertos en la realización de historiales psicosexua-
les» (Rossetti 1996, p. 78).
Tales profesionales con experiencia utilizan no sólo sofisticadas
habilidades de entrevista que les permiten hacer preguntas matiza-
das y réplicas a las respuestas del candidato con nuevas preguntas
para reunir información válida, sino que además están familiariza-
dos con los diversos factores de riesgo e indicadores del desarrollo
de dificultades sexuales, y los identifican con facilidad durante la
entrevista, mientras que «los profesionales que carecen de este tras-
fondo pueden escuchar la misma entrevista y no entender nada de su
significado» (Rossetti 1996, p. 78).

Contenidos del historial psicosexual


Coleman (1996) presenta un formato de entrevista detallado para
realizar un historial sexual que fue diseñado originalmente por
Steven Rossetti y Carmen Meyer. Abarca ocho áreas y está descrito
brevemente en la Tabla 8-2. Remitimos a los lectores interesados a
Coleman para la batería completa de preguntas -sesenta y seis- y las
correspondientes réplicas a las respuestas del candidato con nuevas
preguntas.

TABLA 8-2: UN FORMATO DE ENTREVISTA


SOBRE HISTORIAL PSICOSEXUAL**

Área Objetivos y muestrario de preguntas

Familia de Objetivo: Entender las actitudes familiares hacia la


origen sexualidad.
Pregunta: ¿Qué grado de comodidad tenían los
miembros de la familia al hablar sobre el sexo y la
sexualidad?

Desarrollo Objetivo: Entender los primeros sentimientos y


sexual experiencias sexuales del individuo. Pregunta: ¿A qué
pre-puberal edad fuiste consciente por primera vez de tus
sentimientos sexuales o de tu sexualidad?

Adaptado de Coleman 1996.


174 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES
Área (cont.) Objetivos y muestrario de preguntas (cont.)

Historia Objetivo: Determinar si ha habido alguna experiencia


de abuso de abuso o explotación sexual.
sexual Pregunta: En tu infancia o adolescencia, ¿alguien te
tocó o te miró de una forma manifiestamente sexual?
(Réplica).

Pubertad y Objetivo: Entender el desarrollo sexual en la


adolescencia adolescencia, particularmente por lo que respecta a la
pubertad y la masturbación.
Pregunta: ¿Cuáles fueron tus fantasías cuando te
masturbaste por primera vez?
(Réplica).

Orientación Objetivo: Entender el grado de conciencia que el


sexual individuo tiene de su orientación sexual. Pregunta:
¿Has sentido curiosidad o te has sentido excitado por
personas de tu propio sexo? (Réplica).

Relación con Objetivo: Entender la experiencia que el individuo


mujeres y tiene de las relaciones con mujeres y de la actividad
actividad sexual adulta.
sexual adulta Pregunta: ¿Has tenido un encuentro sexual con
alguien a quien no conocías con anterioridad?
(Réplica).

Parafilias y Objetivo: Determinar si el individuo ha tenido alguna


conducta forma de desviación sexual o conducta problemática.
sexual Pregunta: ¿Has tenido alguna forma de conducta
problemática sexual que los demás no consideran normal? (Réplica).

Manejo actual Objetivo: Entender cómo el individuo afronta e integra


de la conducta los sentimientos sexuales a la luz del estilo de vida
y los célibe de un sacerdote.
sentimientos Pregunta: ¿Cómo entiendes y respondes a tus deseos
sexuales sexuales?
(Réplica).
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 175
UNA APROXIMACIÓN INTEGRADORA A LA VALORACIÓN
En el capítulo 2 hemos analizado los casos de tres sacerdotes emple-
ando el Modelo integrador de desarrollo psicosexual. Este modelo
especifica varios factores que reflejan el nivel de desarrollo psicose-
xual de un individuo. Hemos sugerido que los siete indicadores de
predisposición pueden impactar significativamente en el desarrollo
incluso antes del nacimiento o durante gran parte de la primera in-
fancia. Los otros dieciocho factores son primariamente indicadores
de desarrollo descritos en el contexto de cuatro líneas separadas, pe-
ro interdependientes, de desarrollo humano: biológica, psicológica,
social y espiritual. A la luz de este modelo y de sus diversos factores,
es razonable considerar que tales indicadores podrían ser usados en la
selección de aspirantes al ministerio, particularmente al sacerdocio.

Valoración de los indicadores de desarrollo


Esta sección ofrece otro protocolo para la selección de candidatos.
El protocolo propuesto se basa en el Modelo integrador de desarro-
llo psicosexual descrito en el capítulo 2. En pocas palabras, este mo-
delo especifica las tareas y los factores de desarrollo propios de ca-
da una de las seis etapas de desarrollo. La Tabla 8-3 presenta un re-
sumen de tales etapas y factores de desarrollo.

TABLA 8-3: FACTORES DE DESARROLLO EN CADA ETAPA


Etapa Factores de desarrollo
Etapa de • embarazo y experiencia del nacimiento
predisposición • temperamento y «ajuste» entre madre e hijo
(antes • niveles hormonales
y después • estilo de apego
del • historia de abuso o abandono
nacimiento) • funcionamiento y estilo familiar
• actitudes familiares en relación con el sexo
Etapa infantil • autoexploración sexual
(0-7 años) • capacidad de tranquilizarse
• práctica de roles de adulto
• identidad de género e identificación parental
• imagen de Dios
• amigo íntimo o confidente
176 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES
Etapa (cont.) Factores de desarrollo (cont.)
Etapa de la • exploración sexual con personas del mismo sexo
pre- • juego homosocial
adolescencia • experiencia relacional heterosexual
(8-12 años) • sentimientos y fantasías de atracción sexual
Etapa de la • exploración o expresión sexual
adolescencia • orientación sexual
(13-19 años) • capacidad de autocontrol
• capacidad de responsabilidad, cooperación
y autotrascendencia
• capacidad de establecer intimidad física y emocional
Etapa adulta • capacidad de intimidad madura
temprana (20- • comunicación sobre cuestiones de intimidad
39 años) • capacidad de reflexión crítica y conciencia social
crítica

Etapa adulta • equilibrio entre el propio interés y la autoentrega


intermedia • nivel de generatividad
(40-55 años) • reacción a la andropausia

Estos factores se prestan a ser valorados en forma de indicado-


res o marcadores de desarrollo asociados. La Tabla 8-4 especifica
los indicadores de desarrollo que sugieren dificultades evolutivas.

TABLA 8-4: INDICADORES Y DIFICULTADES ASOCIADAS EN


CADA ETAPA DEL DESARROLLO

Etapa Indicadores y dificultades asociadas


Etapa de • embarazo no deseado o problemático,
predisposición o complicaciones en el nacimiento
(antes • temperamento difícil y/o «ajuste» pobre entre madre
y después del e hijo
nacimiento) • niveles hormonales anormales (de testosterona, por
ejemplo)
• estilo inseguro de apego
• historia de abandono o abuso temprano
• funcionamiento familiar bajo y/o estilo familiar
demasiado fusionado o desvinculado
• actitudes familiares demasiado negativas o permisivas
en relación con el sexo
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 177
Etapa (cont.) Indicadores y dificultades asociadas (cont.)
Etapa infantil • autoexploración sexual inadecuada
(0-7años) • limitada capacidad de tranquilizarse
• limitada práctica de roles de adulto
• retraso o confusión de la identidad de género o la
identificación parental
• imagen de un Dios duro o distante
• no hay un amigo íntimo o confidente
Etapa de la • inapropiada exploración sexual con personas del
pre- mismo sexo, o actividad sexual precoz
adolescencia • juego homosocial limitado o nulo
(8-12 años) • pequeña o nula experiencia relacional heterosexual
• limitados o inapropiados sentimientos y/o fantasías
de atracción sexual

Etapa de la • inadecuada exploración o expresión sexual


adolescencia • patrón de excitación asexual u orientación sexual
(13-19 años) incierta
• limitada capacidad de autocontrol
• limitada capacidad de responsabilidad, cooperación y
autotrascendencia
• limitada capacidad de establecer intimidad física y
emocional

Etapa adulta • limitada capacidad de intimidad madura


temprana (20- • dificultades de comunicación sobre cuestiones de
39 años) intimidad
• limitada capacidad de reflexión crítica y conciencia
social crítica

Etapa adulta • dificultades para mantener el equilibrio entre el


intermedia propio interés y la autoentrega
(40-55 años) • bajo nivel de generatividad
• reacción negativa a la andropausia

A continuación se presenta una descripción narrativa de cada


uno de tales factores, junto con indicadores o marcadores de difi-
cultades, retrasos o fijaciones de desarrollo asociados.
178 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

Embarazo y experiencia del nacimiento


Embarazo deseado y embarazo no deseado. Los niños cuyos padres
no deseaban el embarazo o tenían sentimientos tanto positivos co-
mo negativos hacia el mismo pueden tener más dificultades para
aceptarse a sí mismos que aquellos que se han sentido deseados y
queridos.

Embarazo sin incidentes y embarazo problemático. Normal-


mente, los embarazos problemáticos implican agentes estresantes
significativos -abuso materno físico o emocional, enfermedades o
infecciones, consumo de tabaco, consumo de drogas, etcétera- que
pueden impactar significativamente en el crecimiento fetal y en el
desarrollo posterior. Embarazos sin incidentes son aquellos que im-
plican un cuidado prenatal normal y en los cuales no está presente
ninguno de los factores estresantes mencionados.

Experiencias y complicaciones en el nacimiento. El proceso del


nacimiento puede producirse tranquilamente y sin incidentes; o
puede también ser estresante, cuando existen complicaciones como
el nacimiento prematuro, los prolapsos del cordón umbilical, el na-
cimiento por cesárea, etcétera. Incluso sutiles complicaciones neu-
rológicas pueden influir significativamente en los niveles de hormo-
nas como la testosterona y otras neurohormonas, lo cual tiene como
resultado un aumento de la vulnerabilidad a los trastornos médicos
y sexuales.

Temperamento
El temperamento es el patrón conductual, con base genética, de ten-
dencias de un individuo a responder de manera predecible. En la
práctica, el temperamento representa el cimiento de la personalidad
con respecto al nivel de actividad, a la emotividad y a la sociabili-
dad. Tres patrones o estilos de temperamento principales: «fácil»,
«difícil» o «de adaptación lenta» (Thomas y Chess 1977). Estos pa-
trones persisten a lo largo de la edad adulta. No es de sorprender que
los individuos con temperamento «fácil» sean menos propensos a
responder de maneras derrotistas, sospechosas o demasiado pasivas
y dependientes.
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO

179

Estilo de apego
El apego es un sistema innato del cerebro que organiza e influye en
los procesos motivacionales, emocionales y de memoria que guar-
dan relación con quienes tienen a su cuidado al sujeto. El impacto
del proceso de apego en el desarrollo no debe ser subestimado, da-
do que «la formación de patrones y la organización de las relaciones
de apego durante la infancia se asocia con procesos característicos
de regulación emocional, relacionalidad social, acceso a la memoria
autobiográfica y desarrollo de la capacidad de autorreflexión y na-
rración» (Siegel 1999, p. 67).
El estilo de apego se refiere a los patrones de vinculación emo-
cional entre el hijo y la madre, u otras personas que tienen al niño a
su cuidado, y que influyen significativamente en la capacidad del in-
dividuo para establecer relaciones íntimas en la edad adulta (Karen
1994). Se pueden describir distintos estilos de apego. Como ya he-
mos afirmado en el capítulo 2, el estilo seguro indica relaciones cá-
lidas, de cuidado y de confianza, en comparación con los tres estilos
inseguros: evitativo, ansioso/resistente y desorganizado. Los estilos
inseguros se asocian con relaciones menos sanas y estables, así co-
mo con la autorregulación de pensamientos, sentimientos y accio-
nes. No es de extrañar que los historiales de apego inseguro se den
con frecuencia en aquellas personas que manifiestan una conducta
sexual inapropiada o que tienen dificultades para alcanzar un grado
suficiente de salud sexual.

Nivel de funcionamiento y de estilo familiar


La competencia familiar se refiere al nivel de funcionamiento de una
determinada familia. Las familias altamente competentes, es decir,
sanas y maduras, muestran calor, respeto, intimidad y humor, ade-
más de capacidad para negociar dificultades y mantener unos lími-
tes apropiados y claros. Las familias con baja competencia -menos
sanas e inmaduras- tienen límites problemáticos, comunicación
confusa y, o bien controlan excesivamente a los miembros de la fa-
milia, o bien no proporcionan estructura y consistencia. Se denomi-
na «estilos familiares» las diversas maneras en que las familias se
relacionan entre sí. Por ejemplo, en el estilo fusionado o demasiado
vinculado, las familias hacen hincapié en la dependencia extrema y
180 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

la cercanía, y en que sus miembros piensen, sientan y actúen del


mismo modo. Por otro lado, las familias de estilo desvinculado ha-
cen hincapié en la independencia extrema, que se refleja en una co-
hesión y consistencia relativamente pequeña en el modo que sus
miembros tienen de relacionarse entre sí. Las familias más sanas
tienden a tener un alto nivel de competencia y un estilo que es in-
terdependiente, es decir, que mezcla el estilo vinculado con el des-
vinculado (Beavers y Hampson 1990). Huelga decir que los minis-
tros sexualmente problemáticos suelen provenir de familias proble-
máticas que se caracterizan por niveles de disfunción entre modera-
dos y graves, y que tienen estilos familiares demasiado fusionados o
demasiado desvinculados.

Actitudes familiares hacia la intimidad y la sexualidad


Los niños tienden a adoptar las actitudes de sus progenitores con
respecto a la intimidad y la sexualidad. Así, es menos probable que
los niños cuyos progenitores mantienen una actitud razonablemente
sana tengan unas actitud negativa o ambivalente hacia el matrimo-
nio y la intimidad. Por otro lado, los padres pueden transmitir acti-
tudes insanas a sus hijos y engendrar sentimientos de vergüenza y
culpa en relación con el sexo y la sexualidad, o actitudes negativas
o ambivalentes sobre el matrimonio y las relaciones íntimas
(DeLamater y Friedrich 2002).

Historia de abandono o abuso temprano


Una historia de abuso verbal, emocional, físico y/o sexual en la in-
fancia o en la adolescencia puede influir significativamente en el de-
sarrollo general del individuo en todas las esferas: biológica, psico-
lógica, social y espiritual. Las investigaciones demuestran de cada
vez con más claridad que el abuso temprano influye negativamente
en el desarrollo normal del cerebro. También sugieren que los adul-
tos que sufrieron abusos emocionales y sexuales en la infancia o en
la adolescencia tienen una probabilidad más alta de abusar de me-
nores que aquellos otros que no tuvieron tal experiencia de abuso
temprano (Rossetti 1990). Si se determina que un individuo que está
siendo evaluado tiene una historia de abuso, es esencial conocer la
verdad sobre la historia real y su impacto en el individuo, tanto
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 181

emocional como físicamente. Además, el evaluador tiene que deter-


minar de qué modo afrontó el individuo la situación y qué recursos
utilizó para enfrentarse o intentar enfrentarse a ella. Tener una his-
toria de abuso no significa necesariamente que la vida del individuo
vaya a ser posteriormente disfuncional o desordenada, ya que el im-
pacto del abuso está determinado en gran medida por la capacidad
de afrontarlo y los recursos disponibles.

Capacidad para tranquilizarse


Es la capacidad que el individuo tiene de limitar, minimizar y sere-
nar afectos dolorosos como el miedo o la soledad sin recurrir al ale-
targamiento emocional, a la despersonalización o a la desrealización
(Masterson 2000). Los niños se apaciguan normalmente con el uso
del chupete, la succión del pulgar, abrazando un peluche, autoesti-
mulándose los genitales, etcétera.

Identificación parental y práctica de roles de adulto


En algún momento, entre los tres y los siete años, los niños empie-
zan a formarse el concepto de matrimonio y de relaciones a largo
plazo. En circunstancias favorables, los niños empiezan a aprender
los roles y los comportamientos que se esperan de los adultos a tra-
vés de la imitación o el «modelado». Después practican esos roles y
conductas de adulto «jugando a papas y mamas». El niño empieza
también a identificarse con más fuerza con uno de los progenitores
(por lo general, la niña con la madre, y el niño con el padre), y esto
se refleja con frecuencia en el juego, cuando el niño «juega» el pa-
pel de padre y marido, y la niña el papel de madre y esposa
(DeLamater y Friedrich 2002).

Autoexploración sexual
Las investigaciones sugieren que la capacidad de respuesta sexual
parece estar presente desde el nacimiento (Masters, Jonson y
Kolodny 1982). Los bebés y los niños muy pequeños activan esta
capacidad explorando su sexualidad, al principio abiertamente, es
decir, acariciándose sus genitales, y después más discretamente,
cuando el niño toma conciencia de las normas familiares y sociales
que gobiernan la expresión sexual. Algunos niños son castigados se-
182 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

veramente por esa conducta exploratoria. Otros son ignorados por


sus padres o las personas que los cuidan, de modo que no aprenden
las normas sociales que determinan cuándo es apropiada la explora-
ción sexual, lo cual puede tener consecuencias a largo plazo. Entre
las experiencias sensuales de los bebés y los niños muy pequeños se
incluyen el ser acunados, abrazados, acariciados, así como el chu-
parse los dedos de la mano y del pie, etcétera. Entre los tres y los
siete años, los niños aprenden las diferencias genitales entre varones
y mujeres y manifiestan un considerable interés y curiosidad por los
genitales de otros niños y adultos. Esta curiosidad se puede observar
en actividades heterosexuales como la de «jugar a los médicos»
(DeLamater y Friedrich 2002). Algunos padres prohiben a sus hijos
tocar el cuerpo de otros niños, e incluso llegan a prohibir las pre-
guntas y conversaciones sobre la sexualidad; el resultado es que el
niño busca entre sus iguales la información sobre el sexo.

Forjar la identidad de género


Durante la primera infancia, por lo general en torno a los tres años
de edad, el niño empieza a formarse una identidad de género, es de-
cir, un sentido subjetivo de lo que quiere decir ser hombre (chico) o
mujer (chica). Al mismo tiempo, el niño se socializa también en las
normas sociales relativas al rol de género, es decir, lo que constitu-
ye la masculinidad y la feminidad, y cómo se espera que se com-
porten los varones y las mujeres (DeLamater y Friedrich 2002). La
confusión o un retraso significativo en la formación de una identi-
dad de género puede complicar las tareas de desarrollo posteriores.

Amigo íntimo o confidente


Un «amigo íntimo» es una persona con la que el niño puede arries-
garse a compartir secretos, preocupaciones personales y sueños sin
ser criticado y sin que el secreto sea «violado». Habitualmente, se
trata de un niño de edad parecida y del mismo sexo, pero que tiene
otra familia de origen. Para que pueda producirse el desarrollo de
una relación de confianza de estas características es preciso que el
niño haya formado relaciones de confianza con los miembros de la
familia, es decir, un estilo seguro de apego, y que se le permita rela-
cionarse con personas que no son miembros de la familia y compar-
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 183

tir información confidencial. Es posible que las familias demasiado


sospechosas y fusionadas se sientan amenazadas por esa puesta en
común de información y no la permitan. La carencia de esas rela-
ciones de confianza puede influir negativamente en el desarrollo de
relaciones íntimas maduras en la edad adulta (Masterson 2000).

Juego homosocial, exploración, estimulación o actividad sexual


Durante la primera fase de la preadolescencia, los niños tienden a
reunirse y jugar en grupos separados u homosociales, es decir, las
chicas separadas de los chicos. Tal separación significa que la ex-
ploración sexual en esta etapa suele implicar a individuos del mis-
mo sexo (DeLamater y Friedrich 2002). Algunos muchachos se
masturban en grupo o practican otras formas de exploración sexual
pasajeras. Para otros la masturbación puede convertirse en un ritual
solitario cotidiano. La excesiva estimulación sexual en esta etapa
puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de problemas sexua-
les en la edad adulta. La actividad sexual precoz es un indicador po-
tencial de abuso sexual. Desde el punto de vista psicológico, los ni-
ños en esta etapa empiezan a afrontar los cambios que se producen
en su imagen corporal. No es infrecuente que los muchachos hagan
comparaciones en los vestuarios sobre su estatura, su figura o el ve-
llo corporal. Lamentablemente, tales comparaciones pueden servir
para confirmar en algunos de ellos una imagen corporal negativa y
determinadas actitudes hacia el cuerpo y la sexualidad.

Experiencias relaciónales heterosexuales


También durante la última fase de la etapa pre-puberal los chicos tie-
nen la oportunidad de participar en fiestas y pandillas heterosexua-
les. Aunque al principio resulta complicada, la experiencia de rela-
cionarse con sus iguales femeninas es excitante y satisfactoria para
la mayoría. Quienes tienen acceso limitado a tales actividades o eli-
gen evitarlas por miedo o falta de interés, se están privando de una
oportunidad de desarrollo que puede tener consecuencias de largo
alcance. Tales experiencias de relación heterosexuales son esencia-
les en el desarrollo de la capacidad para las relaciones íntimas sos-
tenidas y a largo plazo (DeLamater y Friedrich 2002).
184 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

Sentimientos de atracción sexual y fantasías sexuales


También durante la última fase de la etapa pre-puberal los chicos
empiezan a experimentar el comienzo de los cambios hormonales,
la aparición de las características sexuales secundarias y los senti-
mientos de atracción sexual. Generalmente entre los diez y los doce
años, los niños empiezan a experimentar excitación y atracción se-
xual hacia otras personas, pero pueden pasar varios meses más o un
año antes de que experimenten fantasías sexuales (King 2002). En
la mayoría de los muchachos, esa excitación y esas fantasías inclu-
yen la presencia de mujeres, mientras que en otros incluyen a varo-
nes o a personas de ambos sexos. Los individuos que tuvieron poca
o ninguna experiencia de excitación o fantasías sexuales en la últi-
ma fase de la preadolescencia y en la adolescencia tienden a mani-
festar otros indicadores de asexualidad en su vida adulta.

Exploración y expresión sexual en la adolescencia


La pubertad es la primera parte de la adolescencia, durante la cual
madura el aparato reproductor. Una actividad hormonal notable-
mente mayor durante la pubertad lleva a la intensificación del inte-
rés sexual. La mayoría de los individuos tienen las primeras expe-
riencias sexuales durante esta etapa. Entre ellas se incluyen las fan-
tasías sexuales y la exploración genital -por ejemplo, masturbación,
caricias, relaciones sexuales, etcétera-. La mayoría de los adoles-
centes empiezan entonces a masturbarse, al menos ocasionalmente,
y aproximadamente el 50 por ciento tienen relaciones sexuales,
mientras que entre el 5 y el 10 por ciento de los varones y el 6 por
ciento de las mujeres tienen experiencias sexuales con una persona
del mismo sexo (DeLamater y Friedrich 2002).

Patrón de excitación y orientación sexual


La excitación se refiere a la estimulación de los órganos sexuales co-
mo resultado de pensamientos, imágenes o situaciones eróticas. La
excitación se puede medir objetivamente en los varones usando un
pletismógrafo del pene, un instrumento que mide la excitación del
miembro viril. La excitación puede servir como un indicador más
fiable de la orientación sexual que la «atracción», que es un término
un tanto vago, evaluado en función de lo que una persona dice de sí
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 185

misma. Atendiendo a los patrones de excitación, la orientación se-


xual se basa en el tipo, la extensión y la frecuencia de la excitación
y las fantasías sexuales. Se distinguen cuatro tipos de excitación,
que se traducen en cuatro orientaciones: la orientación heterosexual
se refiere a la excitación con personas del otro sexo; la orientación
homosexual se refiere a la excitación con personas del mismo sexo;
y la orientación bisexual implica la excitación con personas de uno
u otro sexo. La cuarta orientación es llamada «asexual», porque no
hay excitación con ninguna clase de personas, ni de un sexo ni de
otro. La asexualidad representa el extremo del subdesarrollo de la
sexualidad (Storms 1981). Para nosotros esta cuarta orientación es
un término bastante útil, porque la asexualidad no es infrecuente en
el ministerio sacerdotal.

Capacidad de autodominio
Autodominio es la capacidad de conseguir un equilibrio de placer y
autocontrol sobre las propias necesidades, deseos, aspiraciones y an-
helos. Esta capacidad refleja no sólo las necesidades internas perso-
nales, el desarrollo del sentido del yo y la disciplina personal, sino
también la internalización de factores externos como normas, crite-
rios morales, principios y normas sociales (Masterson 2000). Aun
cuando el desarrollo de esta capacidad empieza en la infancia y se
extiende hasta la edad adulta, es durante la adolescencia cuando el
individuo se encuentra ante el reto de alcanzar un nivel de dominio
y enfoque sobre la actividad hormonal, la energía sexual y el entu-
siasmo juvenil. La masturbación compulsiva puede estar asociada a
una capacidad limitada para alcanzar ese dominio.

Capacidad de responsabilidad, cooperación y autotrascendencia


Responsabilidad o autodirección es la capacidad que una persona
tiene de controlar, regular y adaptar la conducta de acuerdo con las
metas elegidas, los valores y las obligaciones externas sin culpar a
otros, sin retrasarse excesivamente y sin evadirse. Cooperación es la
disposición a trabajar junto con otros para conseguir un objetivo co-
mún sin limitar los esfuerzos, sin poner excusas y sin caer en el re-
chazo o en la intolerancia. Autotrascendencia es la capacidad de ir
más allá de la propia realidad, es decir, de las propias necesidades e
186 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

ideas, para reconocer otras realidades, como Dios o la bondad de la


creación. La ausencia de dos o más de estas capacidades constituye
un indicador de que existe un trastorno de la personalidad
(Cloninger et al. 1993).

Capacidad para la intimidad madura


Es la capacidad de expresar el yo plenamente en una relación íntima
con un mínimo de ansiedad o de miedo al rechazo. Exige la suspen-
sión temporal de los límites personales, a la vez que se corre el ries-
go de compartir el sentido más profundo del propio yo con personas
dignas de confianza. Por otro lado, individuos sin un sentido sano
del yo, como las personalidades límite, pueden tener conductas ínti-
mas y permitir indiscriminadamente que sus límites interpersonales
sean violados por quienes no son dignos de esa confianza libremen-
te compartida (Masterson 2000).

Capacidad de comunicar efectivamente en


relación con la intimidad
La capacidad de comunicar eficazmente en relación con las cuestio-
nes de la intimidad supone que el individuo tiene unas habilidades
de comunicación razonablemente desarrolladas (sabe escuchar y
responder activamente), un grado razonable de asunción de roles
(habilidad de «asumir papeles»), capacidad de ponerse en el lugar
del otro y empatia (sentir lo que el otro está sintiendo sin identifi-
carse y sin sentir una pena por él que sea mera simpatía) (Bagarozzi
2001). También exige el deseo y la disposición a comunicar, com-
partir y revelar información personal y sentimientos sobre uno mis-
mo con una persona significativa. Esta capacidad se ve facilitada por
un estilo seguro de apego, por el hecho de tener progenitores y otros
modelos de rol que son comunicadores efectivos y por un grado ra-
zonablemente alto de autoestima. Huelga decir que estos diversos
prerrequisitos sugieren que esta capacidad está limitada en muchos
individuos.

Capacidad de equilibrar el propio interés con la autoentrega


Autoentrega es la capacidad de renunciar a intereses personales ego-
céntricos que pueden constituir un obstáculo para actuar con solici-
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 187

tud y compasión. Exige subordinar las propias necesidades y de-


seos y poner en primer lugar las necesidades de los demás (Sperry
2001).

Capacidad de reflexión crítica y de conciencia social crítica


Reflexión crítica es la capacidad de analizar objetiva y sistemática-
mente ideales, ideologías y presuposiciones, y después comparar,
contrastar y desarrollar explicaciones alternativas. Conciencia so-
cial crítica es la capacidad de analizar situaciones y dinámicas so-
ciales y organizacionales en función de los supuestos y las conse-
cuencias éticas y morales (Sperry 2002).

Nivel de generatividad
Generatividad es la capacidad de mostrar preocupación e interés por
los demás, y en particular por orientar y animar a personas de gene-
raciones más jóvenes. Los individuos con altos niveles de generati-
vidad suelen trabajar como orientadores, o como voluntarios que po-
nen a disposición de otros su tiempo y su experiencia, mientras que
quienes tienen niveles bajos de generatividad suelen vivir absortos
en sí mismos y poco interesados en los problemas de los demás
(DeLamater y Friedrich 2002).

Reacción frente a la andropausia


La andropausia es el equivalente masculino de la menopausia. A di-
ferencia de las mujeres, en las cuales se produce una repentina pér-
dida de hormonas, los varones experimentan una disminución gra-
dual de la testosterona a partir de los cuarenta años (DeLamater y
Friedrich 2002). Pero son los factores psicosociales los que predo-
minan en la respuesta a la incapacidad para alcanzar antes metas
profesionales, y también en la respuesta a otros retos como las pre-
ocupaciones por el envejecimiento y la pérdida del aspecto juvenil,
la falta progresiva de energías, o determinadas carencias y cambios
en las relaciones íntimas.
188 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

PATRONES INDICADORES DE CONDUCTA


SEXUAL INAPROPIADA CON MENORES

Aun cuando los indicadores reflejan de manera específica proble-


mas y dificultades en una determinada etapa de desarrollo, en sí mis-
mos no son particularmente útiles a la hora de tomar decisiones eva-
luativas, como, por ejemplo, si un candidato tiene que ser admitido
en el seminario o se le ha de conceder la ordenación sacerdotal. Por
otro lado, hay patrones de conducta que pueden ser muy útiles a la
hora de desarrollar un perfil o de tomar decisiones. En este sentido,
un candidato que tiene poca o ninguna relación con iguales (perso-
nas del grupo de edad al que él pertenece) puede manifestar algunos
o todos los indicadores de desarrollo siguientes: exploración sexual
inapropiada con personas del mismo sexo; sentimientos de atracción
sexual y/o fantasías sexuales limitadas o inapropiadas; capacidad li-
mitada para la intimidad madura; dificultad en la comunicación so-
bre cuestiones de intimidad; etcétera.
Entonces, la cuestión es: ¿cuáles son los patrones -o perfiles-
que definen a los sacerdotes que manifiestan una conducta sexual
inapropiada con menores? Rossetti (1996) ha ofrecido ese patrón o
perfil, pues describe lo que él llama seis «banderas rojas» de la con-
ducta sexual inapropiada, entre las cuales se incluyen la confusión
sobre la orientación sexual, los intereses infantiles y la falta de rela-
ciones con los iguales. La Tabla 8-5 enumera y describe brevemente
esos patrones. En el sexto patrón o bandera roja de Rossetti, la
personalidad, se añade la actitud narcisista de creerse con derecho a
todo y la personalidad narcisista.

TABLA 8-5: PATRONES DE CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA


DE SACERDOTES CON MENORES***
Patrones Descripción y fundamento

confusión La conciencia y la aceptación de la propia orientación


sobre la se suelen alcanzar en torno a los 25 años de edad, pero
orientación los gays pueden necesitar más tiempo; así, la extrema
sexual candidez, una enfermedad psiquiátrica prolongada o la
atracción sexual por menores, y la culpa y la vergüenza
consiguientes, pueden explicar la confusión sobre la
orientación sexual
LA SELECCIÓN DE CANDIDATOS APTOS PARA EL SACERDOCIO 189
Patrones (cont.) Descripción y fundamento (cont.)

intereses y Los adultos que abusan sexualmente de menores


conductas suelen ser psicológicamente inmaduros y tienden a
infantiles pensar, sentir y compartir los intereses y las
actividades de los menores; así, una de las
principales causas de preocupación es pasar el
tiempo libre y las vacaciones con menores.
falta de Quienes abusan de menores disfrutan pasando el
relaciones tiempo con ellos, no con sus iguales, porque las
con iguales relaciones con iguales suelen ser menos satisfactorias,
y es probable que sean superficiales o estereotipadas;
como las relaciones íntimas y significativas con
iguales reflejan madurez psicológica, la falta de tales
relaciones es un criterio diagnóstico muy importante.

extremos de Un historial de hiposexualidad o falta de interés en las


expresión exploraciones y las conductas sexuales es tan
sexual problemática como una historia de hipersexualidad o
conducta sexual inapropiada compulsiva.
historia de Como dos tercios de los sacerdotes que han cometido
abuso o abusos sexuales fueron molestados sexualmente cuando
desviación eran menores de edad, es importante notar la presencia
sexual en la de esta historia de abuso; si ésta no existió, hay que
infancia buscar otros tipos de experiencia sexual desviada en la
infancia o en la adolescencia: límites sexuales
familiares imprecisos, pornografía, si abusaron
sexualmente de niños en la adolescencia, etcétera.

personalidad Es muy probable que manifiesten una conducta sexual


pasiva o inapropiada los sacerdotes con un estilo o trastorno
dependiente, dependiente, pasivo o compulsivo de la personalidad,
con actitud con apego al poder y actitud narcisista de creerse con
narcisista de derecho a todo, o bien con un estilo o trastorno
creerse con narcisista de la personalidad, que están sometidos a un
derecho a todo, estrés considerable y tienen acceso a menores
o bien vulnerables.
personalidad
narcisista

Adaptado de Rossetti 1996.


190 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

CONCLUSIÓN

La cuestión de la selección de los candidatos para la formación sa-


cerdotal y para la ordenación sacerdotal es delicada y complicada,
con independencia de la perspectiva que se adopte: pastoral, eco-
nómica o ideológica. Este capítulo ha ofrecido una aproximación
comprehensiva y sistemática a la selección de candidatos basada en
consideraciones de desarrollo. Si bien la madurez psicosexual no es
el único criterio para la selección, ciertamente es uno de los más
importantes.

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9
Homosexualidad y sacerdocio

En los últimos veinte años ha tenido lugar un debate sin preceden-


tes en torno a las cuestiones políticas, legislativas y teológicas rela-
cionadas con la orientación sexual, particularmente con la homose-
xualidad. Aun cuando este debate empezó a producirse en foros pro-
fesionales, enseguida se desplazó a los foros teológicos. La reciente
publicación de Stanton Jones y Mark Yarhouse, Homosexuality: The
Use of Scientific Research in the Church 's Moral Debate (Inter-
Varsity Press 2000), ha abierto este debate, más allá de los círculos
jurídicos y de la teología moral, a los ministros ordenados y no or-
denados y a los fieles que solicitan información.
El contexto que rodea este debate es mucho más amplio que las
cuestiones propiamente dichas. Una comprensión de dicho contexto
es útil para examinar críticamente las cuestiones debatidas. Este ca-
pítulo proporciona un breve esbozo de ese contexto y resume des-
pués los puntos principales del libro de Jones y Yarhouse. El con-
texto básico para este debate incluye la ideología, la ciencia y la
compasión. Primero describimos brevemente cada uno de estos fac-
tores contextúales, para presentar y analizar después la posición de
Jones y Yarhouse.

IDEOLOGÍA

La ideología es una ordenación sistemática de ideas, opiniones, doc-


trinas y símbolos que constituyen un punto de vista o perspectiva fi-
losófica coherente acerca de cómo tienen que actuar los individuos,
los grupos y la sociedad. Por otro lado, la ciencia es una ordenación
sistemática de datos y conocimientos que forman una explicación
HOMOSEXUALIDAD Y SACERDOCIO 193

coherente y fiable de fenómenos basados en la observación, la ex-


perimentación y la racionalidad. En la mejor de sus manifestaciones,
la ciencia es el polo opuesto a la ideología. En la peor, ciencia e ide-
ología están irremediablemente entrelazadas. La realidad es que hay
algún solapamiento entre ciencia e ideología, normalmente con res-
pecto a consideraciones tales como el determinismo (Sperry 1995).

Determinismo
El determinismo afirma que los individuos no tienen libre albedrío,
porque sus elecciones y acciones están ocasionadas por fuerzas que
escapan a su control. Huelga decir que el determinismo es central en
el actual debate sobre la orientación sexual, sobre todo como presu-
puesto subyacente, más que como tema principal de discusión.
Hay tres visiones del determinismo: duro, suave e indetermina-
do. Quienes adoptan el «determinismo duro» sostienen que la res-
ponsabilidad de las propias acciones es una ilusión, mientras que
quienes adoptan un «determinismo suave» creen que la causación
no es compulsiva, y que actuar libremente no es actuar de manera
impredecible. Quienes adoptan el «indeterminismo» creen que el yo
puede influir en la causación (Sperry 1995). Hoy son las visiones
dura y suave del determinismo las que dominan los debates sobre la
orientación sexual.
Por ejemplo, adoptan inevitablemente una posición determinis-
ta dura quienes abogan por una de las dos opciones en el debate «na-
turaleza» - «crianza» [nature - nurture]. Sostienen que la orienta-
ción sexual se debe totalmente a causas biológicas, o bien a la crian-
za y las primeras experiencias de la vida. David McWhirter, doctor
en medicina, defensor de los derechos de los gays e investigador-
psiquiatra muy respetado, observa que hay relativamente pocos de-
terministas duros en la comunidad científica que crean que la orien-
tación sexual está determinada totalmente por la biología (McWhir-
ter 1993). Entre los deterministas duros se encuentran Blanchard y
Zucker (1994), que hicieron un nuevo análisis de los datos de un es-
tudio de 1981 sobre la proporción entre los sexos y el orden de na-
cimiento de los hermanos, llegando a la conclusión de que el orden
de nacimiento es la única diferencia demográfica fiable entre varo-
nes homosexuales y heterosexuales.
194 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

Por otro lado, la posición determinista suave sostiene que los


orígenes de la conducta, incluida la orientación sexual, están deter-
minados por múltiples factores e implican algún grado de «elec-
ción» o «decisión». Una premisa básica de muchas aproximaciones
contemporáneas a la psicoterapia y la conducta es el determinismo
suave. Una visión determinista suave de la orientación sexual afirma
que ésta es una función de la «naturaleza» o herencia, de la «crian-
za» o entorno, y de la «elección» o decisión.
Para muchas personas, el debate sobre la orientación sexual es
fundamentalmente una cuestión de genética versus «elección». Esta
distinción es, de por sí, una manifestación de determinismo duro.
Probablemente sea más correcto decir que, aun cuando los indivi-
duos tienen ciertas inclinaciones a la homosexualidad, la bisexuali-
dad o la heterosexualidad, la inclinación no es una elección, sino
que el individuo tiene que elegir lo que va a hacer con la inclinación.
Aun cuando, desde una perspectiva científica, los orígenes de la
orientación sexual no están todavía claros, desde una perspectiva
ideológica existen pocas dudas. Las implicaciones de la ideología en
el cambio terapéutico y de conducta están claramente demostradas.
Los defensores de los derechos de los gays abogan por la terapia de
afirmación gay. Por otro lado, la National Association for Research
and Therapy of Homosexuality [Asociación Nacional para la
Investigación y la Terapia de la Homosexualidad] es partidaria de la
«terapia reparativa». Los partidarios de esta ideología sostienen que
a los individuos que han tratado de aceptar una identidad gay, pero
se han sentido insatisfechos o angustiados, se les debería ofrecer la
oportunidad de recibir psicoterapia para mitigar su conflicto de
identidad de género. Estas dos ideologías tan claramente diferentes
configuran dos aproximaciones al tratamiento psicoterapéutico muy
diferentes.

CIENCIA

Por debajo de casi todo el debate sobre la orientación sexual subya-


ce la cuestión «naturaleza-crianza» [nature-nurture]: ¿con la ho-
mosexualidad y la bisexualidad resultado de la biología, es decir, de
las hormonas y la genética, o de la crianza? Una conclusión bastante
generalizada es que «con la orientación sexual se nace, no se ha-
HOMOSEXUALIDAD Y SACERDOCIO 195

ce». Sin embargo, algunos renombrados científicos y defensores de


los derechos de los gays advierten contra una conclusión demasiado
precipitada al respecto. McWhirter (1993), que ha revisado los prin-
cipales estudios sobre hormonas, genética y tejido cerebral, ha lle-
gado a la siguiente conclusión: «El rasgo más llamativo de estos
fragmentos de evidencia es que parecen poner de relieve la idea de
que las raíces de la orientación sexual, ya sea ésta heterosexual, bi-
sexual u homosexual, son múltiples y variables. Mientras se hagan
preguntas, siempre habrá científicos que propongan formas de hallar
las correspondientes respuestas. Ciertamente, aún no hay respuestas
unívocas por parte de la biología, y son pocos los deterministas que
creen o al menos piensan que es en la biología donde hay que en-
contrar todas las respuestas» (McWhirter 1993, p. 54). Hoy, casi
diez años después, las investigaciones actuales siguen sugiriendo
que la orientación sexual no es innata ni está biológicamente deter-
minada, sino que más bien responde a una multiplicidad de factores.
Construccionismo
Además del determinismo, también la construcción social de la rea-
lidad suele complicar la empresa de la ciencia. El construccionismo
social es un proceso por el que un individuo o el grupo revisa o
«construye» una interpretación o sentido nuevo o diferente que pro-
porciona una explicación mejor o más aceptable de un fenómeno
(Guba y Lincoln 1994). Muchas veces se confunde el construccio-
nismo con la investigación científica. Por ejemplo, en algunos co-
mentarios y entrevistas sobre casos de pedofilia en los que se han
visto implicados sacerdotes, hay quienes describen la pedofilia co-
mo un trastorno psiquiátrico, más que como una conducta delictiva
o inmoral. Quienes «construyen» la pedofilia como una conducta
principal o exclusivamente pecaminosa o inmoral ven la confesión,
según parece, como un correctivo razonable. Lo cual supone que, si
se trata de un trastorno psiquiátrico, las acciones del supuesto pedó-
filo se consideran más bien insanas, o al menos más insanas que de-
lictivas. Ello explica probablemente la práctica habitual de llegar a
acuerdos económicos con las víctimas, en lugar de entablar proce-
sos criminales. No deja de ser interesante que la sociedad sólo re-
cientemente -a través de la tercera edición del Diagnostic and
Statistical Manual of Mental Disorders (el DSM-III)- haya «cons-
196 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES
truido» la pedofilia como un diagnóstico psiquiátrico. Anteriormen-
te, la pedofilia se consideraba una conducta delictiva o inmoral.
Análogamente, el alcoholismo, que anteriormente había sido consi-
derado por muchos como un defecto moral, también fue «construi-
do» o atribuido a una causa médica, y de ese modo pudo ser diag-
nosticado como un trastorno psiquiátrico. Con respecto al construc-
cionismo y la orientación sexual, puede señalarse que el término
«preferencia sexual» ha sido sustituido en gran medida por la desig-
nación más neutral «orientación sexual», porque «preferencia» pa-
recía implicar una opción personal.
Ni en la comunidad científica ni en la religiosa se han suscitado
suficientes debates acerca de si está justificado científicamente o no
que la pedofilia sea considerada sólo, o principalmente, un trastorno
psiquiátrico. Por eso no debería resultar demasiado sorprendente
que pocos entiendan o «construyan» la pedofilia como conducta de-
lictiva y como un trastorno psiquiátrico (Sperry 2002). Lo verdade-
ramente llamativo es que sean aún menos quienes la ven con las tres
dimensiones, a saber: como conducta delictiva, psiquiátrica e inmo-
ral. La tabla siguiente ilustra las posibles relaciones entre diagnósti-
co psiquiátrico y conducta delictiva (o inmoral). Como tales cons-
trucciones parecen reflejar opiniones cambiantes y subjetivas, más
que descubrimientos establecidos, objetivos y científicos, ¿qué vali-
dez, si es que tienen alguna, poseen estas construcciones en las dis-
cusiones y los debates serios?

TABLA 9-1: RELACIÓN ENTRE DIAGNÓSTICO PSIQUIÁTRICO


Y CONDUCTA DELICTIVA

Diagnóstico psiquiátrico
Sí No
C I
o A la vez
psiquiátrico
y delictivo

III
Únicamente
psiquiátrico
HOMOSEXUALIDAD Y SACERDOCIO 197

COMPASIÓN
En mi opinión, la compasión tiene prioridad sobre la ideología, tan-
to en los debates sobre la orientación sexual como en las relaciones
cotidianas con los individuos, con independencia de su orientación
sexual (Sperry 1995). Lo cual significa que las cuestiones sobre la
orientación sexual se debaten mejor en un clima de respeto, integri-
dad e imparcialidad. Esto vale también para quienes se esfuerzan por
trabajar terapéuticamente con individuos con problemas de orienta-
ción sexual. En otras palabras, abogar por un tratamiento basado en
la ideología para todos los clientes o pacientes es lo contrario de la
compasión y la competencia, y podría reflejar una visión determinis-
ta muy rigurosa acerca de la etiología de la orientación sexual.

CIENCIA E IDEOLOGÍA EN EL
DEBATE SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD

Algunos han defendido la ordenación sacerdotal de homosexuales


activos. Estamos habituados a que en los debates actuales sobre la
moralidad de la conducta sexual se citen con frecuencia estudios de
investigación científica. Era el uso inapropiado o el abuso de la cien-
cia en tales debates lo que preocupaba a Stanton Jones y Mark
Yarhouse (2000) y lo que les llevó a escribir Homosexuality: The
Use of Scientific Research in the Church's Moral Debate. En su opi-
nión, los cristianos, tanto liberales como conservadores, tienen una
comprensión limitada de la investigación científica sobre la homo-
sexualidad y con demasiada frecuencia hacen afirmaciones inexac-
tas (por ejemplo: «La ciencia confirma que la homosexualidad es
una condición genética») o sacan conclusiones ilógicas (por ejem-
plo: «Como es imposible cambiar la orientación sexual, ser gay es
una variante del estilo de vida normal») cuando recurren a la autori-
dad de la ciencia. Así pues, Jones y Yarhouse escribieron este libro
para examinar críticamente la bibliografía científica y «explorar la
lógica de cómo ella podría ser o no relevante para el debate ético en-
Ire cristianos» (p. 28). Una cuestión básica que surge inevitable-
mente en tal debate es quién determina, y con qué autoridad, qué es
y qué no es un «abuso» de la ciencia y de la psicología.
Estos autores no se esfuerzan en ocultar sus supuestos y presu-
posiciones, pues reconocen abiertamente que defienden la ética se-
198 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

xual cristiana, tradicional y de base bíblica: «Esperamos poner de


manifiesto de manera convincente que, si bien la ciencia nos propor-
ciona muchas perspectivas interesantes y útiles sobre la orientación y
la conducta sexual, la mejor ciencia de nuestros días no ha podido
persuadir al cristiano juicioso para que modifique su actitud moral.
La ciencia no tiene nada que ofrecer que pueda constituir, siquiera re-
motamente, una prueba capaz de obligarnos a apartarnos del juicio
cristiano histórico, según el cual la plena intimidad homosexual, la
conducta homosexual, es inmoral» (p. 12). Por lo que respecta a su
actitud académica, los autores piensan que su libro es «un ejemplo de
buena investigación dirigida "por los ojos de la fe"» (p. 12).
Jones y Yarhouse señalan que los defensores de los derechos de
los gays han recurrido a las pruebas «científicas» con el fin de con-
vencer a las autoridades de la Iglesia de que las creencias y los jui-
cios morales cristianos tradicionales sobre las prácticas homosexua-
les tienen que ser erróneos, ya que tales creencias y juicios no pue-
den tener un fundamento científico. El libro está estructurado en tor-
no a cuatro temas que están en el centro del debate: prevalencia,
etiología, trastorno mental y cambio de la orientación sexual. Cada
uno de estos temas es abordado en un capítulo central del libro, y en
cada uno de ellos se examina críticamente la bibliografía científica
y «se explora la lógica de cómo ella podría ser o no relevante para
el debate ético entre cristianos» (p. 28).

La prevalencia de la homosexualidad
Con respecto a la afirmación en el sentido de que la homosexualidad
es hoy algo muy común -es decir, con una tasa de prevalencia del 10
por ciento o más de la población-, los autores citan estudios que su-
gieren que sería más exacto hablar de una tasa de prevalencia del 2-
3 por ciento. Desdeñan cualquier alegación a favor del supuesto de
que la prevalencia es realmente del 10 por ciento si la orientación
homosexual «exclusiva», es decir, la atracción únicamente por indi-
viduos del mismo sexo (el 2-3 por ciento), se combina con la orien-
tación homosexual «predominante», es decir, la atracción, en la ma-
yoría de los casos, por individuos del mismo sexo (en torno al 7-8
por ciento). Los autores presentan datos de once encuestas de pro-
babilidad nacional que, al parecer, no apoyan esta afirmación, la
HOMOSEXUALIDAD Y SACERDOCIO 199

cual, en su opinión, «se basa en una interpretación errónea de una in-


vestigación muy deficiente publicada por Kinsey» (p. 46).
Jones y Yarhouse sostienen que los argumentos de que la homo-
sexualidad es común y, por tanto, moralmente neutra, y de que la ho-
mosexualidad es inmoral por ser rara, son engañosos, porque en-
marcan el debate -basado en descubrimientos de la investigación
científica- de tal modo que la caricatura de la postura moral cristia-
na tradicional parezca insostenible. Cualesquiera que sean las tasas
de prevalencia, los autores insisten en que las cuestiones morales
complicadas no se pueden resolver nunca citando datos científicos.
La etiología de la homosexualidad
Con respecto a la etiología da la homosexualidad, los autores exa-
minan varias teorías psicológicas y ambientales, así como ciertas
teorías biológicas, particularmente la hipótesis hormonal adulta, la
hipótesis hormonal prenatal y la hipótesis genética. Describen va-
rios esfuerzos científicos realizados para valorar la influencia gené-
tica o el carácter hereditario de la homosexualidad, el llamado «gen
gay», y llegan a la conclusión de que el mejor estudio reciente de
etiología biológica sugiere que posiblemente la genética no sea un
factor causal significativo (Bailey, Dunne y Martin 2000). Después
de un análisis crítico de la investigación sobre etiología, los autores
concluyen que los estudios son actualmente incompletos y poco
concluyentes. No obstante, admiten que hay datos que ponen de ma-
nifiesto las influencias psicológicas, ambientales, familiares y gené-
ticas, y las diferencias cerebrales en la causación de la homosexua-
lidad. Junto con otros estudiosos de la comunidad científica, son
partidarios de una hipótesis interactiva, es decir, piensan que alguna
combinación de naturaleza y crianza interviene en la explicación de
la orientación sexual. No obstante, sostienen que, aun cuando esos
factores pueden ser causas que contribuyen a un caso específico de
homosexualidad, no se puede concluir que uno o más de esos facto-
res representan la etiología o causa de la homosexualidad.
Los autores se oponen particularmente a la afirmación según la
cual, si la investigación demuestra de manera convincente que la ho-
mosexualidad es causada por factores que quedan fuera del control
del individuo -o sea, que, debido a los factores causativos, un indi-
viduo es incapaz de hacer una elección responsable-, entonces es
200 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

erróneo que la Iglesia condene la actividad homosexual o el estilo de


vida gay. Y afirman que, aun cuando haya una predisposición para
los deseos y acciones homosexuales que quede fuera del control del
individuo, «ello no significa que se justifique moralmente que el in-
dividuo actúe según tales deseos... En el nivel más amplio, todos los
seres humanos heredamos una predisposición que no hemos elegido
y que nos empuja hacia la autodestrucción y el mal: nuestra natura-
leza pecadora. La difícil situación del homosexual que tiene deseos
y pasiones que él no elige es, de hecho, la difícil situación común a
la humanidad» (p. 181).
La homosexualidad y la cuestión de la psicopatología
Los autores abordan después el tema de si la homosexualidad es un
trastorno mental o una variante del estilo de vida normal. Reconocen
que las organizaciones profesionales de salud mental, particular-
mente la American Psychiatric Association, han declarado que la
homosexualidad es una variante del estilo de vida normal, no un
trastorno psiquiátrico; pero indican que «la mayoría de los psiquia-
tras en América... y en todo el mundo siguen viendo la atracción por
personas del mismo sexo como signo de enfermedad mental» (p.
115). Y llegan a la conclusión de que, aunque se conciba como una
variante del estilo de vida normal, es inexacto sugerir que los ho-
mosexuales no experimentan más ansiedad que los heterosexuales.
Los autores citan investigaciones sobre las tasas más altas de depre-
sión, abuso de sustancias y suicidio entre algunos, aunque no todos,
los homosexuales. Aún no se ha determinado si este incremento en
los niveles de ansiedad refleja inadaptación, prejuicio social u otros
factores. No obstante, Jones y Yarhouse sugieren que hay pruebas
claras de que «la inestabilidad y la promiscuidad relacional entre los
varones homosexuales tienen que ser consideradas problemáticas
por los cristianos» (p. 181).
Sugieren, además, que la cuestión de si se trata de una variante
del estilo de vida normal o patológica es irrelevante para el debate
moral fundamental. La razón que ellos esgrimen es que psicopato-
logía e inmoralidad son realidades diferentes y, aun cuando en oca-
siones pueden solaparse, trastornos mentales como el PTSD [Post-
Traumatic Stress Disorder = Trastorno de estrés postraumático] y la
psicosis no son patrones de vida intrínsecamente pecaminosos.
HOMOSEXUALIDAD Y SACERDOCIO 201

La cuestión del cambio de orientación sexual


Por último, abordan la cuestión de si la psicoterapia u otras inter-
venciones pueden cambiar de manera efectiva los patrones homose-
xuales. Rechazan sumariamente la conclusión «científica» ofrecida
por muchos y según la cual no hay aproximaciones terapéuticas efec-
tivas para que los gays se hagan heterosexuales. En cambio, exami-
nan la investigación que demuestra que la terapia centrada puede
realizar un cambio «de proporciones modestas, aproximadamente
como en el caso de enfermedades molestas como... la pedofilia, el al-
coholismo y el trastorno antisocial de la personalidad. Es posible que
el cambio inicial se produzca sólo en una minoría, y que las recaídas
entre quienes cambian puedan ser frecuentes, pero ello no significa
afirmar que ningún homosexual puede cambiar» (p. 182).
Conceden que un cambio profundo en la orientación sexual se
da con poca frecuencia. Con todo, este cambio es irrelevante para el
ser cristiano. Los autores insisten en que la cuestión fundamental no
es la conversión a la heterosexualidad, sino más bien a la castidad,
es decir, no practicar acciones homosexuales.

LA COMPASIÓN Y EL DEBATE

Aun cuando que el análisis que los autores hacen de la bibliografía


científica es, al parecer, razonablemente exacto y representativo de
los descubrimientos publicados, el hecho de que las cuestiones reli-
giosas y morales puedan ser informadas, pero raramente resueltas,
por datos científicos hace que el discurso científico sobre esas cues-
tiones sea incierto y quizá debatible, cuando menos. Antes se plan-
teaba una cuestión fundamental: ¿quién determina, y con qué auto-
ridad, qué es y qué no es un «abuso» de la ciencia y de la psicolo-
gía? Los autores no han abordado directamente esta cuestión. Este
es, en mi opinión, un hecho lamentable, pues parecería que hubiera
una circularidad en el uso que ellos hacen de los datos para refutar
las tesis de los otros, basadas en los mismos o similares datos; una
circularidad que, en vez de sostener la credibilidad, la disminuye.
Aun cuando Jones y Yarhouse sostienen que el debate actual so-
bre la homosexualidad implica un «abuso» de la ciencia, probable-
mente sea más exacto describirlo como el peor uso de la ciencia,
202 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

porque en él ciencia e ideología están irremediablemente mezcladas.


En el punto donde se ha llegado a algún denominador común en las
cuestiones sobre determinismo y construcción social de la orienta-
ción sexual, ¿es posible separar la ideología de la ciencia? Sólo en-
tonces es legítimo y útil considerar cómo se pueden aplicar los des-
cubrimientos científicos al tema de la homosexualidad. Es improba-
ble que se llegue a ese denominador común fuera de un clima de
compasión y respeto mutuo. Aunque estas condiciones no se den
inmediatamente en el debate, es imperativo que sean mantenidas co-
mo criterios para hacer avanzar lo que ahora es un debate claramen-
te ideológico en la dirección de un debate científicamente informado
y, quizás algún día, de un verdadero diálogo.

BIBLIOGRAFÍA

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Ideology or Compassion?»: Journal of Individual Psychology 51 (2),
pp. 160-165. SPERRY, L. (2002), «The Homosexuality Debate»:
Human Development 23
(2), pp. 8-12.
10
Decisión de apartar a un sacerdote
del ministerio activo
y aptitud para el mismo

• En el capítulo 2 presentábamos al padre Andy Sharff como el po-


pular responsable de la pastoral en un instituto de enseñanza secun-
daria de la diócesis que recibió la baja administrativa después de ser
acusado de conducta sexual inapropiada con tres adolescentes varo-
nes. Sharff tenía fama de ser encantador, gracioso y con éxito en su
trabajo. Debido a su ingenio y a su carácter carismático, tenía una
facilidad extraordinaria a la hora de recaudar fondos para lo que él
llamaba «el mejor instituto de enseñanza secundaria del mundo».
Era un portavoz muy destacado del instituto y, con el paso de los
años, había formado un nutrido grupo de seguidores. Su actividad
sexual empezó poco después de la muerte de su madre, un periodo
en el que él empezó a preocuparse cada vez más por el deseo y la
excitación sexual, lo cual le llevó a mantener encuentros sexuales
con varios adolescentes durante algunos años. Aunque una de esas
relaciones duró al menos cuatro años, hubo otras de corta duración.
Algunas de ellas tuvieron lugar simultáneamente, sin que lo supie-
ran los muchachos, los cuales creían que estaban manteniendo una
relación especial y exclusiva con el sacerdote. A pesar de las de-
nuncias, la mayoría de los estudiantes, profesores y padres se que-
daron atónitos al conocer las acusaciones. Muchos las rechazaron de
inmediato y se unieron para apoyar al sacerdote, a quien querían y
admiraban. Al punto recibió la baja administrativa, mientras la dió-
cesis procedía a investigar las denuncias. En este periodo se presen-
laron otras tres acusaciones.
204 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

• Fue en 1982, unos tres años después de la ordenación, cuando el pa-


dre William «Bill» Graven, ordenado hacía unos tres años, intimó
con una mujer separada de 31 años de edad. Ella había acudido al sa-
cerdote en busca de ayuda para los problemas de su vida, su matri-
monio y su futuro. Siguiendo las indicaciones del párroco, Graven re-
mitió a la mujer a un terapeuta. Ella empezó a entrevistarse con el te-
rapeuta, pero quiso tener también la «guía espiritual» de Graven.
Aunque él carecía de formación específica en orientación pastoral y
dirección espiritual, accedió a verla sin demasiado entusiasmo. Con
el tiempo, ella empezó a confiarle sus fantasías y sentimientos per-
sonales hacia él. Fue por entonces cuando murió el abuelo de Graven,
el cual, tras la muerte del padre de éste en un accidente laboral, ha-
bía hecho las veces de padre del sacerdote. Después del funeral del
abuelo, la tristeza y la soledad de Graven alcanzaron su punto más al-
to. La mujer se ofreció a ayudarlo y mitigar su soledad; pronto em-
pezó a abrazarlo y acariciarlo, y no tardaron en mantener relaciones
sexuales. Ella le dijo que se había enamorado de él y que él era la
respuesta de Dios a sus oraciones. Al cabo de una semana, el cre-
ciente sentimiento de culpabilidad del sacerdote por haber violado su
promesa de celibato le llevó a cortar sus relaciones con la mujer y a
poner fin a su relación de «consejo». Ella dejó inmediatamente la pa-
rroquia, y él no volvió a saber nada de ella ni sobre ella hasta que re-
cibió una llamada del vicario judicial en la que éste le comunicaba
que ella había presentado ante el fiscal del distrito y la diócesis una
demanda contra él por conducta sexual inapropiada. En los veinte
años transcurridos desde aquellos hechos, el sacerdote había servido
fielmente a los feligreses en los cargos que había desempeñado.
También era respetado por sus superiores y no había tenido proble-
mas con el celibato o la castidad. La noticia de la acusación -aun
cuando no tardó en ser desestimada por el fiscal del distrito- fue ines-
perada y aplastante. Graven no podía comprender ni la acusación ni
la decisión del obispo de ponerle en situación de excedencia.

Informaciones sobre casos como éstos y otros parecidos no son in-


frecuentes en los medios de comunicación. En estos dos casos con-
cretos, las autoridades diocesanas decidieron la baja administrativa
de ambos sacerdotes. Después de un tiempo tomarían una determi-
nación sobre la retirada del ejercicio del ministerio e incluso la secu-
DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 205

larización, es decir, la reducción al estado laical. Pese a que las auto-


ridades diocesanas y de las órdenes religiosas cuentan con el Estatuto
de la Conferencia Episcopal Estadounidense (NCCB), se encuentran
ante el desafío de evaluar casos con circunstancias notablemente di-
ferentes, como ilustran los dos ejemplos citados. La cuestión es la si-
guiente: ¿cómo se toman estas decisiones y qué criterios se utilizan
para tomarlas? Este capítulo aborda esta cuestión y propone una se-
rie de criterios de decisión, así como algunas directrices para la toma
de tales decisiones. Reconocemos que la cuestión de determinar si
procede retirar formalmente a un sacerdote del ejercicio del ministe-
rio es semejante -y en parte diferente- al problema de determinar si
un sacerdote es «apto» para el ministerio. En otras palabras, hay va-
rias conductas no sexuales (por ejemplo, apropiación indebida de
fondos), así como algunas formas menos graves de conducta sexual
inapropiada (por ejemplo, «voyeurismo»), que sugieren ineptitud pa-
ra el ministerio, pero en este momento ni son abordadas en el
Estatuto ni se piensa que exijan la retirada formal del ministerio ac-
tivo. El hecho es que las autoridades diocesanas y religiosas, así co-
mo las comisiones de revisión laicas independientes, tienen la misión
de evaluar complejas acusaciones que implican cuestiones relativas a
la retirada y la aptitud para el ministerio. Así pues, este capítulo abor-
da ambos asuntos: la primera sección se centra en la retirada del mi-
nisterio; la segunda, en la aptitud para el mismo.

DECISIONES RELATIVAS A LA RETIRADA DEL MINISTERIO

La decisión formal de apartar a un sacerdote del ejercicio del minis-


terio es una decisión con consecuencias de gran repercusión para di-
cho sacerdote, para las personas a las que sirve y para la diócesis o
la orden religiosa en cuestión. Para el sacerdote, la decisión puede
significar el final de una carrera satisfactoria y, posiblemente, la úni-
ca carrera que tiene o podrá tener. Dado que muchos de los sacer-
dotes acusados se encuentran en la mitad de la vida o próximos a la
jubilación, la perspectiva del ejercicio de una profesión que no esté
relacionada con el ministerio será muy limitada. El creciente número
de sacerdotes que han sido o serán apartados del ministerio activo
empeora la actual falta de sacerdotes, que constituye una fuente
206 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES
de preocupación creciente para los fieles. Por último, apartar a los
sacerdotes del ministerio tiene muchas implicaciones para las dió-
cesis y las órdenes religiosas. El mero hecho de considerar el costo
en términos económicos y de personal supera lo imaginable. En su-
ma, dado lo que está enjuego, es imprescindible que las autoridades
religiosas y los formadores tengan suficiente capacidad para tomar
decisiones de tan importantes consecuencias.
Una tipología de la conducta sexual inapropiada del clero
En el capítulo 6 incluíamos una descripción de varias formas de con-
ducta sexual inapropiada por parte de sacerdotes. Proponíamos una
teoría de la conducta sexual inapropiada en la que ésta se describía
como una función del grado de tendencia al abuso y del grado de
compulsividad manifestados por un sacerdote. Como consecuencia,
dedujimos y describimos seis tipos de conducta inapropiada. El de-
bate sobre la toma de decisiones se basará en esta tipología, así como
en los criterios de decisión que se describen en la sección siguiente.

TABLA 10-1: SEIS TIPOS DE CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA DEL CLERO

Tipo Descripción

Tipo I Ingenuo o ligeramente neurótico; suele haber una sola


víctima; no hay planificación ni intimidación; por lo
general, siente mucho remordimiento; pronóstico entre
bueno y heterogéneo.

Tipo II Sacerdotes mayores, neuróticos y egocéntricos, con


mentalidad de mártires y que no se sienten apreciados;
acusada actitud narcisista de creerse con derecho a todo y
hacer uso de una cierta intimidación; varias víctimas; poco
o ningún remordimiento; pronóstico reservado.

Tipo III Son muy trabajadores, se autodefinen en función del éxito


o el fracaso de su ministerio; cierta actitud narcisista de
creerse con derecho a todo; planificación; una o dos
víctimas; gran sentimiento de culpa y racionalización;
posible remordimiento; pronóstico entre heterogéneo y
reservado.
DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 207
Tipo (cont.) Descripción (cont.)

Tipo IV Impulsivo, energético e inmaduro; problemas constantes


con los límites, conducta sexual inapropiada y violaciones
de otras normas; cierta actitud narcisista de creerse con
derecho a todo; muchas víctimas; no hay planificación ni
astucia; a veces muestran remordimiento; pronóstico
pobre.

Tipo Y Encantadores, grandiosos y avasalladores; forman un


grupo de admiradores leales; las relaciones con las
víctimas vulnerables suelen mantenerse durante largos
periodos de tiempo; actitud narcisista de creerse con
derecho a todo; empleo de la astucia y la intimidación;
no sienten remordimiento; pronóstico pobre.

Tipo VI El depredador sexual clásico: psicopático con actitud


narcisista de creerse con derecho a todo; muchas
víctimas; utiliza la astucia y la intimidación y puede
herir físicamente a sus víctimas; no siente
remordimiento; pronóstico desesperadamente pobre.
Este tipo incluye también a los sacerdotes psicóticos,
que, si no reciben tratamiento, ponen en práctica sus
delirios sexuales, y si no responden al tratamiento, su
pronóstico es muy pobre.

Criterios para apartar a un sacerdote


del ejercicio del ministerio

Se pueden emplear los siguientes criterios a la hora de adoptar deci-


siones sobre la retirada o la vuelta al ejercicio del ministerio. Estos
seis criterios incluyen indicadores de conducta, biológicos, morales
y espirituales. Naturalmente, para que estos criterios puedan ser
aplicados es preciso que se hayan presentado acusaciones y cargos,
y que una sentencia haya puesto en marcha un proceso de revisión
relativo a la cuestión de la retirada o la vuelta al ministerio activo.
Estos cinco criterios son: gravedad, respuesta al tratamiento,
adicciones, carácter opaco, regresión y reincidencia. A continuación
se ofrece una breve descripción de cada uno de ellos.
208 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

/. Gravedad. La gravedad de la conducta inapropiada es probable-


mente el factor de decisión más importante. La gravedad se refiere
a la severidad de la conducta sexual inapropiada. Es una función del
alcance de la tendencia al abuso y la compulsividad de la conducta
sexual inapropiada, y se refleja en el número de víctimas; el alcan-
ce de la planificación, la astucia y la intimidación; la presencia o au-
sencia de remordimiento o arrepentimiento; y el pronóstico o poten-
cial de rehabilitación. Un indicador de gravedad se encuentra en la
clasificación de los seis Tipos de Conducta Sexual Inapropiada, or-
denados del menos grave (Tipo I) al más grave (Tipo VI). Los tipos
más graves, es decir, los Tipos V y VI, generalmente presentan un
potencial y unos resultados de rehabilitación entre pobres y muy po-
bres, mientras que el Tipo I suele ofrecer resultados mucho mejores.

2. Respuesta al tratamiento. Este término designa los resultados del


tratamiento. Aun cuando el pronóstico se especifica en los Tipos de
Conducta Sexual Inapropiada, la respuesta al tratamiento en cada
caso es una función de la motivación y los esfuerzos del sacerdote,
así como de las expectativas y la implicación del superior, y también
de la capacidad de la diócesis o de la congregación religiosa para su-
pervisar a los sacerdotes de alto riesgo después de completar el tra-
tamiento. La respuesta inicial del sacerdote a las acusaciones o los
cargos presentados contra él, así como su grado de disposición y re-
ceptividad a las directrices del superior son indicadores importantes.
Por ejemplo, si un sacerdote muestra una actitud defensiva y se re-
siste o no está dispuesto a obedecer en caso de que el superior le or-
dene someterse a una evaluación psiquiátrica o a cualquier otro tipo
de tratamiento -ingreso en un hospital, tratamiento domiciliario,
medicación, terapia individual o de grupo-, se suelen producir fe-
nómenos de regresión y reincidencia, o bien no se consiguen las me-
tas del tratamiento si el sacerdote finalmente acepta someterse al
mismo. Si bien la respuesta al tratamiento depende en gran medida
de la motivación y los esfuerzos del sacerdote, así como de la ade-
cuación del programa de tratamiento, también depende de las ex-
pectativas, la estructura, la cultura de la diócesis o de la orden reli-
giosa, y de los recursos de éstas para operativizar un plan de segui-
miento del tratamiento, una vez que el paciente ha recibido el alta
del centro. El resultado del tratamiento depende también del com-
DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 209

promiso de los superiores mayores y locales e incluye un plan de


prevención de la regresión. Además, podría requerir la capacidad y
los recursos para supervisar formal y regularmente a un sacerdote si
vuelve a ejercer el ministerio durante un periodo de prueba.

3. Adicciones. Las adicciones se refieren al uso repetido y creciente


de una sustancia o a la realización de una acción que, cuando no es
posible, da lugar a síntomas de ansiedad y al deseo irresistible de
conseguir la sustancia o de realizar tal acción. Entre las adicciones
comunes en sacerdotes se encuentran las adicciones químicas (por
ejemplo, alcohol y drogas) y las adicciones sexuales y de conducta.
Entre las adicciones de conducta comunes se encuentran la adicción
al trabajo, al juego y a la comida. La presencia de una o más de ellas
complica significativamente el proceso de tratamiento y de recupe-
ración. Así sucede, por ejemplo, con la adicción sexual -si la activi-
dad sexual se ha vuelto incontrolable, empeora progresivamente y
tiene consecuencias negativas.

4. Carácter opaco. Este término alude a la proyección de una per-


sona socialmente aceptable, o yo público, que difiere de la persona
privada, o yo personal (Sperry 1995). El propósito de esta proyec-
ción es engañar e impedir que otros conozcan los verdaderos senti-
mientos, emociones y creencias, o el verdadero programa de la per-
sona que es considerado socialmente inaceptable. Por otro lado, la
transparencia de carácter se refiere al nivel de apertura en relación
con los propios sentimientos, creencias y acciones. Si hay un carác-
ter transparente, el yo público y el yo personal son esencialmente el
mismo. En pocas palabras: «Lo que ves es lo que hay». Los sacer-
dotes que son transparentes pueden admitir abiertamente faltas o
errores y son capaces de afrontar directamente una conducta peca-
minosa o no ética, en lugar de minimizarla, rehuirla o encubrirla. La
opacidad suele implicar que se lleva una doble vida, es decir, se da
una impresión de integridad y decencia en público, pero a la vez se
realizan en privado varias actividades que suponen falta de integri-
dad o son moralmente reprensibles. Por ejemplo, un individuo po-
dría parecer un trabajador infatigable, sobrio y honrado para el resto
de sus compañeros, pero los fines de semana podría ser un bebedor
empedernido o un drogadicto. Del mismo modo, un sacerdote
210 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

podría ser considerado solícito y estar plenamente dedicado a su pa-


rroquia durante el día, pero por la noche podría recorrer las calles o
navegar en Internet tratando de seducir a adolescentes. Muchas ve-
ces, aunque no siempre, el carácter opaco se da en individuos con
graves trastornos de la personalidad, particularmente los trastornos
narcisista, antisocial, límite y paranoide de la personalidad. La opa-
cidad aumenta con el nivel de gravedad, y por eso los sacerdotes de
los Tipos IV y V llevan inevitablemente una doble vida, y no es de
extrañar que manifiesten pocas posibilidades de rehabilitación.

5. Regresión y reincidencia. La reincidencia se refiere a un patrón


de recaídas repetidas. La regresión es el retroceso o la vuelta de un
individuo a una conducta problemática como, por ejemplo, la con-
ducta sexual inapropiada. La regresión y la reincidencia no son in-
frecuentes en los sacerdotes que cometen delitos sexuales, particu-
larmente los que tienen carácter impulsivo, apetitos sexuales no tra-
tados y/o adicciones concomitantes (Gonsiorek 1999). No obstante,
el mejor factor de predicción de la regresión y la reincidencia es la
oportunidad y el acceso. Cuando los sacerdotes delincuentes son
destinados al mismo entorno o situados en cargos similares, aunque
sea en lugares geográficos diferentes pero en los que tienen la opor-
tunidad de acceder a posibles víctimas sexuales, hay una probabili-
dad extremadamente alta de que vuelvan a delinquir. La regresión y
la reincidencia ocurren incluso después de un largo periodo de tra-
tamiento que aparentemente ha tenido éxito. La reincidencia puede
seguir y, de hecho, muchas veces sigue a un periodo de uno o más
años de abstinencia. La concurrencia de factores estresantes signifi-
cativos y el acceso a individuos vulnerables o víctimas potenciales
provocarán probablemente la regresión o la reincidencia. Éstas indi-
can casi siempre que es imprescindible un cambio en el ministerio,
con un destino en el que no haya acceso a posibles víctimas, o com-
pletar la retirada del ejercicio del ministerio.

La Tabla 10-2 presenta un resumen de estos criterios.


DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 211

TABLA 10-2: CINCO CRITERIOS DE DECISIÓN


Criterios Breve descripción

Gravedad Se refiere a la severidad de la conducta sexual


inapropiada, que se refleja en el número de víctimas, el
alcance de la planificación, la astucia y la intimidación,
el nivel de remordimiento y el pronóstico o potencial
de rehabilitación. Los Tipos más graves, es decir, los
Tipos V y VI (Tipos de Conducta Sexual Inapropiada),
generalmente tienen un potencial de rehabilitación
entre pobre y muy pobre, mientras que el Tipo I suele
ofrecer resultados mucho mejores.

Respuesta al Se refiere a los resultados del tratamiento. Aun cuando


tratamiento el pronóstico se especifica en los Tipos, la respuesta al
tratamiento en cada caso es una función de la
motivación y los esfuerzos del sacerdote, así como de
las expectativas y la implicación del superior y de la
capacidad para supervisar a los sacerdotes de alto
riesgo después de completar el tratamiento; una
motivación y una implicación escasas llevan
inevitablemente a resultados de rehabilitación pobres.

Adicciones Se refiere al uso repetido y creciente de una sustancia o


la realización de una acción que, cuando no es posible,
da lugar a síntomas de ansiedad y al deseo irresistible
de conseguir la sustancia o de realizar dicha acción. Se
incluyen las adicciones químicas (por ejemplo, alcohol
y drogas) y las adicciones sexuales y de conducta (por
ejemplo, la adicción al trabajo, al juego o a la comida).
La presencia de adicciones complica el proceso de
tratamiento y suele comprometer el potencial y los
resultados de la rehabilitación.

Carácter Se refiere a la proyección de una persona socialmente


opaco aceptable, o yo público, que difiere de la persona
privada, o yo personal, con el propósito de ocultar los
verdaderos sentimientos o el verdadero programa que es
socialmente inaceptable. Suele implicar que se lleva una
doble vida. Cuanto mayor es la opacidad, tanto más
pobre es el potencial de rehabilitación.
212 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES
Criterios (cont.) Breve descripción (cont.)
Regresión y Se refiere a regresiones repetidas (regresión = vuelta
reincidencia de un individuo a una conducta problemática) incluso
después del tratamiento; la reincidencia puede seguir
y, de hecho, muchas veces sigue a un periodo de uno
o más años de abstinencia. La regresión y la
reincidencia indican casi siempre que es necesaria la
limitación o la retirada del ejercicio del ministerio.
Algunas directrices para la utilización de los criterios

Esta sección proporciona algunas directrices que merecerían la con-


sideración de quienes han de tomar decisiones.

Directriz 1: Valoración de cada uno de los criterios de decisión, no sólo


del tipo de conducta sexual inapropiada.
OBSERVACIÓN: NO es infrecuente que los psicólogos y psiquiatras
ofrezcan una recomendación a los dirigentes y superiores religiosos en
relación con la decisión de mantener o apartar a un sacerdote del ejercicio
del ministerio. Tal recomendación suele basarse ante todo en la naturaleza
de la presentación según la cual se cree que el depredador sexual, es decir,
el Tipo VI, tiene el menor potencial de rehabilitación (Gonsiorek 1999).
Aun cuando la naturaleza de la presentación tiene en sí misma un valor
considerable, tan sólo proporciona una perspectiva. La experiencia sugiere
que múltiples criterios pueden proporcionar una imagen más completa de
un sacerdote concreto dentro de una perspectiva más amplia. Tal
información adicional hace más racional, razonable y justificable la
decisión de cambiar el status de un sacerdote con respecto al ejercicio del
ministerio.

Directriz 2: Si se da un muy elevado nivel de gravedad -como en el Tipo


VI: depredador sexual—, hay que considerar la retirada del sacerdote del
ejercicio del ministerio.
OBSERVACIÓN: Si bien es casi indudable que la forma más grave de
conducta sexual inapropiada -el clásico depredador sexual, es de-
DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 213

cir, el Tipo VI- justificaría probablemente la retirada del ejercicio


del ministerio, tenemos que observar que hay relativamente pocos
sacerdotes del Tipo VI. Aun cuando los medios de comunicación
dan mucha publicidad a tales delincuentes, es probable que la ma-
yoría de los dirigentes y superiores religiosos, así como los equipos
laicos de revisión, no se hayan encontrado nunca o casi nunca con
casos de este tipo. Son más comunes los sacerdotes cuyos perfiles se
asemejan a los Tipos II, III y IV En estos casos, los otros cinco cri-
terios pueden ser particularmente útiles en el proceso de decisión.

Directriz 3: Si se da un nivel de gravedad entre moderado y alto -es


decir, Tipos III, IV y V-, hay que considerar la retirada si está pre-
sente al menos otro criterio.

Directriz 4: Si se da un nivel de gravedad moderado -es decir, Tipo


II-, hay que considerar la retirada si están presentes al menos otros
dos criterios.

Directriz 5: Si se da un nivel de gravedad bajo -es decir, Tipo I-, y


ningún otro criterio, tal vez esté muy poco o nada indicada la reti-
rada, a no ser que la situación se agrave; si hay dos o más criterios
presentes, se debería considerar la retirada.

Directriz 6: Si la acusación se produjo hace algún tiempo y el nivel


de gravedad era bajo -Tipo I-, y si no ha habido una acusación o
acción legal posterior, hay que considerar la posibilidad de mante-
ner al sacerdote en el ejercicio del ministerio.

Directriz 7: Si la acusación se produjo hace algún tiempo y el nivel


de gravedad era moderado -Tipo II-, si no ha habido una acusación
o acción legal posterior y sí, en cambio, alguna indicación de tra-
tamiento y rehabilitación, hay que considerar la posibilidad de
mantener al sacerdote en el ejercicio del ministerio, siempre que se
establezca un seguimiento.

La Tabla 10-3 presenta un resumen de estas directrices.


214 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

TABLA 10-3: DIRECTRICES PARA DECISIONES SOBRE LA


RETIRADA O EL MANTENIMIENTO EN EL MINISTERIO

1. Valoración de cada uno de los criterios de decisión, no sólo del tipo


de conducta sexual inapropiada.

2. Si hay un nivel de gravedad muy alto -como en el Tipo VI:


depredador sexual-, hay que considerar la retirada del sacerdote del
ejercicio del ministerio.

3. Si hay un nivel de gravedad entre moderado y alto -es decir, Tipos


III, IV y V—, hay que considerar la retirada si está presente al menos
otro criterio.

4. Si hay un nivel de gravedad moderado -es decir, Tipo II-, hay que
considerar la retirada si están presentes al menos otros dos criterios.

5. Si hay un nivel de gravedad bajo -es decir, Tipo I- y ningún otro


criterio, tal vez haya poca o ninguna indicación para la retirada,
a no ser que la situación se agrave; si hay dos o más criterios
presentes, se debería considerar la retirada.

6. Si la acusación se produjo hace algún tiempo y el nivel de gravedad


era bajo -Tipo I-, y si no ha habido una acusación o acción legal
posterior, hay que considerar la posibilidad de mantener al sacerdote en
el ejercicio del ministerio.

7. Si la acusación se produjo hace algún tiempo y el nivel de gravedad


era moderado -Tipo II-, si no ha habido una acusación o acción legal
posterior y sí ha habido, en cambio, alguna indicación de tratamiento y
rehabilitación, hay que considerar la posibilidad de mantener al
sacerdote en el ejercicio del ministerio, siempre que se establezca un
seguimiento.

APLICACIÓN DE LOS CRITERIOS A LOS CASOS

El caso del padre Bill Graven corresponde al Tipo I. Su ingenuidad


era evidente, dado que accedió a ejercer de consejero cuando tenía
escasa formación y experiencia en relación con las complejas cues-
tiones de transferencia y límites que son comunes en tales situado-
DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 215

nes pastorales. Posteriormente, en la reclamación legal presentada


contra él, se le informó de que la mujer padecía un trastorno límite
de la personalidad, caracterizado por intensas e inestables relaciones
interpersonales y dificultades para marcar límites. Parece que el sa-
cerdote no fue consciente de las áreas éticas grises ni de los límites
que es preciso establecer y mantener en tales situaciones; ni tampo-
co de cómo la soledad y la depresión, como consecuencia de la
muerte de su abuelo, iban a incrementar su grado de vulnerabilidad
en relación con una conducta sexual inapropiada. Dado que ha de-
sempeñado sus funciones con bastante eficacia durante casi veinte
años sin que se produzca ningún otro caso de conducta sexual ina-
propiada, y no cumple ninguno de los criterios de decisión -nivel de
gravedad bajo, sin adicciones, sin tratamiento ni reincidencia, mues-
tra un carácter notablemente transparente...-, hay razones de peso
para aplicar la Directriz 6. En suma, la recomendación es que no sea
apartado del ejercicio del ministerio.
El caso del padre Sharff corresponde al Tipo V, debido a su en-
canto, su grandiosidad, su actitud de creerse con derecho a todo y su
capacidad para formar en torno a sí un séquito de partidarios leales.
Durante la investigación se puso de manifiesto el siguiente patrón:
al parecer, el sacerdote eligió cuidadosamente a sus supuestas vícti-
mas entre los adolescentes que acudían a él en busca de «consejo»;
todos ellos procedían de familias monoparentales, todos eran solita-
rios y todos tenían problemas de baja autoestima. Cuando el obispo
le ordenó que se sometiera a una evaluación psiquiátrica integral, se
opuso con vehemencia. Con el tiempo, resultó claro que no mani-
festaba empatia alguna hacia sus víctimas ni se sentía arrepentido, y
simplemente excusaba su conducta diciendo que «les había ofrecido
el cuidado paterno que nunca habían tenido». No se diagnosticaron
adicciones evidentes. Hay que observar que durante su tratamiento,
tanto hospitalario como domiciliario, Sharff asumió el papel de co-
terapeuta en su grupo, un papel que se había atribuido él mismo y
con el que ayudaba a otros a «llegar hasta el fondo» de sus proble-
mas. Por desgracia, su respuesta al tratamiento fue considerada mí-
nima, porque se negó a reconocer que tenía un problema y por su ca-
rácter opaco. No es de extrañar que reincidiera unos nueves meses
después de terminar el tratamiento, aunque fue nombrado capellán
del sanatorio. Lamentablemente, éste distaba sólo tres manzanas del
216 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES
instituto donde él había trabajado antes, lo cual le facilitaba un ac-
ceso indirecto, pero fácil, a varones adolescentes. Hay que lamentar
que, aun cuando el plan establecido para después de recibir el alta
especificaba un seguimiento continuo y diario del sacerdote, la dió-
cesis nunca llevó a cabo la recomendación. En este caso la aplica-
ción de los criterios decisionales -y la Directriz 3- llevarían a tomar
la decisión de apartar al padre Sharff del ejercicio del ministerio.
La Tabla 10-4 ilustra la aplicación de los criterios de decisión a
ambos casos.

TABLA 10-4: APLICACIÓN DE LOS CRITERIOS A LOS CASOS

Criterios Padre Bill Graven Padre Andy Sharff

Gravedad Baja - breve relación con Alta - efebofilia; varios


una mujer adulta; se retiran adolescentes han sido
los cargos; no hay víctimas; cargos legales
planificación ni astucia; pendientes; no hay
gran sentimiento de culpa y sentimiento de culpa ni
remordimiento remordimiento

Respuesta Pobre respuesta al


al tratamiento, debido a su
tratamiento negativa; al principio
rechazó la evaluación
psiquiátrica

Adicciones

Carácter Notable
opaco

Regresión Sí - reincidencia nueve


y meses después de
reincidencia terminar el tratamiento
DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 217

DECISIONES RELATIVAS A LA APTITUD PARA EL MINISTERIO

Además de las preocupación actual sobre la retirada de sacerdotes


del ejercicio del ministerio, los superiores religiosos, las autoridades
diocesanas y las comisiones de revisión laicas independientes tienen
que hacer frente también a la difícil tarea de determinar cuándo un
individuo es o no «apto» para ejercer el ministerio. Mientras que los
criterios para la retirada del ministerio se centran exclusivamente en
cuestiones de conducta sexual inapropiada grave, hay otras muchas
cuestiones sexuales menos graves y otros asuntos no sexuales, pero
sí graves, que el Estatuto de la Conferencia Episcopal Estadouni-
dense no aborda. En esta sección del capítulo nos centramos en las
decisiones sobre la aptitud para el ministerio. Bien pudiera suceder
que ser considerado «no apto» para el ministerio tenga el mismo re-
sultado que la decisión de la retirada. No obstante, mientras que una
decisión positiva de retirada ha de tener como consecuencia la reti-
rada de toda forma de ejercicio del ministerio, una decisión de inep-
titud podría tener como consecuencia toda una gama de acciones po-
sibles que van de la retirada inmediata del ministerio, pasando por
la limitación en el ejercicio del ministerio, hasta una «bofetada»
eclesial sin cambios apreciables en el status ministerial. La decisión
de ineptitud se puede tomar directamente -cuando se dicta sentencia
penal por un delito grave como, por ejemplo, apropiación indebida
de fondos-, pero podría resultar bastante compleja y difícil, es-
pecialmente cuando se confunde la ineptitud para el ministerio con
el deterioro ministerial. ¿Qué criterios hay que usar para determinar
la aptitud y la ineptitud para el ministerio? Esta sección describe al-
gunos criterios y unas directrices para aplicarlos.

Tres casos
• El primer caso es el de un vicario parroquial que fue arrestado por
conducir bajo los efectos del alcohol. En la prensa apareció un bre-
ve relato del incidente. Una semana antes del arresto, el ama de lla-
ves de la rectoría había observado en el sacerdote lo que ella descri-
bió como «pronunciación inarticulada». En un programa de desin-
toxicación etílica se determinó que padecía una depresión clínica
-tras la muerte de su hermano menor-, y se le prescribió un trata-
miento antidepresivo. No tenía antecedentes de abuso de sustancias
218 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

ni se descubrieron problemas ministeriales graves. Después de una


hospitalización de cuatro semanas, recibió el alta médica.

• El segundo caso es el de un laico, responsable de la música en una


gran parroquia urbana, que tenía fama de ser interesante y excéntri-
co. Cautivador para algunos, su talento musical resultaba molesto
para otros, que sostenían que las liturgias eucarísticas se habían con-
vertido en shows musicales y habían dejado de ser actos de culto. Él
minimizó las denuncias que lo acusaban de propasarse con algunas
feligresas casadas. También se formularon quejas en el sentido de
que era egocéntrico, exigente e indiferente a las necesidades de los
demás, y de que incumplía las directrices y no respetaba los límites
establecidos por el párroco.

• El tercer caso es el de una religiosa que trabajaba como coordina-


dora diocesana de los programas de iniciación cristiana de adultos.
Aunque poseía excelentes credenciales, su rendimiento no cumplía
las expectativas. Faltaba a las citas o llegaba tarde, no era conse-
cuente en la supervisión del equipo, y no había respondido a las re-
comendaciones del responsable sobre cómo afrontar los asuntos del
equipo. Se dice que pierde los estribos en cuanto percibe la menor
muestra de desprecio. En una reciente reunión sobre presupuestos,
sorprendió a todos cuando dijo a gritos que, si al obispo y al canciller
les preocuparan de verdad ella y los candidatos del programa de ini-
ciación cristiana de adultos, no recortarían su presupuesto. Se dice
que su vida personal es caótica, y sus colaboradores se preguntan si
las cicatrices en sus muñecas no se deberán a un intento de suicidio.

A primera vista, podría parecer que el sacerdote arrestado por


conducir bajo los efectos del alcohol no sería apto para el ministe-
rio, mientras que el responsable de la música y la coordinadora de
los programas de iniciación cristiana de adultos, aun siendo proble-
máticos, probablemente sí lo serían, si no en sus cargos actuales, sí
al menos en otros. Es probable que quienes sugieran que el sacer-
dote no es apto basen su determinación en un criterio como el es-
cándalo público. El uso de un solo criterio como el escándalo plan-
tea problemas. Por ejemplo, la embriaguez de un sacerdote puede
únicamente causar sorpresa en una comunidad, mientras que en otra
DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 219

puede desencadenar una auténtica tormenta. Además, lo que escan-


daliza a un niño suele ser diferente de lo que escandaliza a un adul-
to. Por esta razón, otros criterios de decisión pueden ser útiles para
determinar si un individuo es apto o no para ejercer el ministerio.

IDEALES MORALES, ESPIRITUALES Y PSICOLÓGICOS EN


EL MINISTERIO

Los criterios propuestos reflejan ideales morales, espirituales y psi-


cológicos básicos que se consideran esenciales para los ministros
cristianos. Estos ideales incluyen la honestidad, la integridad, la au-
toentrega y la transparencia de carácter. Se supone que cuanto más
se esfuerce el ministro por alcanzar estos ideales, tanto más proba-
ble será que funcione como un testigo creíble y eficaz del Evangelio,
y viceversa. Así, un ministerio basado en la honestidad y la integri-
dad es preferible a otro basado en la deshonestidad, la tergiversa-
ción, la pretensión y la falta de integridad. Por otro lado, un minis-
terio centrado en el Señor y caracterizado por la autoentrega y la ge-
nerosidad es preferible a otro basado en el autobombo y el egocen-
trismo. Del mismo modo, un ministro que se esfuerza por ser trans-
parente y auténtico en las relaciones con los demás es preferible a
otro que sea opaco. No hay sorpresas con los ministros transparen-
tes: son lo que representan, sin más. Pero sí hay sorpresas con los
ministros de carácter opaco, porque muchas veces llevan una doble
vida. Por ejemplo, con el tiempo sale a la luz que el responsable de
la música, tan entusiasta de la pastoral juvenil, es de hecho un de-
lincuente sexual.
A estos ideales morales y espirituales corresponden determina-
das características psicológicas. Cuanto más se esfuerzan los minis-
tros por alcanzar esos ideales morales y espirituales, tanto más pro-
bable es que sean útiles y colaboradores, dispuestos a perdonar y
conciliadores, empáticos y compasivos. Además, es menos probable
que sean egocéntricos o que se sirvan a sí mismos, que quieran ser el
centro de atención, que controlen y manipulen a otros, que busquen
venganza y que sean indiferentes a las necesidades de los demás.
En suma, los individuos aptos para el ministerio se esfuerzan por
alcanzar los ideales cristianos de transparencia, integridad, honesti-
220 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

dad, autoentrega y compasión, y tratan de superar el carácter opaco,


la falta de integridad, la deshonestidad y las acciones egocéntricas
(Sperry 1995). La Tabla 10-5 presenta un resumen de estos temas.

TABLA 10-5: INDICADORES MORALES DE


APTITUD/INEPTITUD PARA EL MINISTERIO*

Apto para el ministerio Apto para el ministerio

1. Honestidad 1. Honestidad
2. Integridad 2. Integridad
3. Autoentrega 3. Autoentrega
4. Transparencia de carácter 4. Transparencia de carácter

En la mayoría de los casos, los trastornos graves de la persona-


lidad, particularmente el trastorno narcisista reactivo o maligno, re-
flejan los indicadores de «ineptitud para el ministerio» y sus corres-
pondientes características psicológicas.

CRITERIOS DE APTITUD/INEPTITUD PARA EL MINISTERIO

Los siguientes criterios pueden ser útiles para discernir si un indivi-


duo es apto o no para ejercer el ministerio. Si bien estos criterios in-
cluyen una conducta inadaptada observable y tienen una base psico-
lógica, también reflejan los ideales morales y espirituales básicos de
honestidad, integridad y compasión en el ministerio. Se pueden es-
pecificar seis criterios; el primero de ellos es el criterio básico, y los
restantes son criterios de apoyo.

1. Un patrón consistente de carácter opaco, falta de integridad, des-


honestidad y acciones egocéntricas. Este patrón caracteriza general-
mente un trastorno grave de la personalidad, particularmente los
trastornos narcisista, antisocial, límite o paranoide. La presencia de

Basado en Sperry 1995.


DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 221

trastornos psiquiátricos como el trastorno depresivo mayor, el tras-


torno bipolar (maníaco-depresivo) o el trastorno del pánico no indi-
caría necesariamente ineptitud para el ministerio si no está presente
uno de esos trastornos graves de la personalidad. Por otro lado, los
trastornos psiquiátricos que limitan gravemente la capacidad del in-
dividuo para permanecer en contacto con la realidad o para relacio-
narse con los demás, como la esquizofrenia, el trastorno delirante, el
trastorno disociativo, el trastorno obsesivo-compulsivo grave, o un
trastorno por dependencia de sustancias crónico e incapacitador, po-
drían hacer que un individuo fuera inepto para ejercer el ministerio.

2. La negativa a participar o la falta de respuesta a las instrucciones


que recibe, a la dirección espiritual u otros esfuerzos por establecer
límites para cambiar o mejorar el patrón de inadaptación. Esta acti-
tud puede implicar la negativa a participar o la falta de respuesta a
las directrices específicas u otros esfuerzos por establecer límites
para cambiar o mejorar el problema sexual u otro problema afín.

3. La negativa a someterse a un tratamiento psiquiátrico (hospitala-


rio, domiciliario, evaluación de la medicación, terapia individual o
de grupo). Puede implicar también el fracaso en el intento de con-
seguir las metas del tratamiento y mejorar suficientemente. Los sa-
cerdotes pueden responder de diferentes maneras, que van desde un
alto nivel de aceptación e interés por colaborar, pasando por la acep-
tación inicial pero con escasa o ninguna implicación posterior, hasta
el rechazo abierto de la petición o exigencia.

4. Conducta delictiva, tanto si da lugar a acusaciones y sentencias


penales o a problemas graves con la autoridad -rebeldía permanente
o transgresión de las normas- como si se manifiesta en una con-
ducta sexual inapropiada, como caricias sexuales, acoso sexual o pa-
rafilias, como el «voyeurismo». De entre las parafilias se excluye la
pedofilia, que es considerada uno de los criterios de decisión para
apartar al sacerdote del ejercicio del ministerio.

5. La presencia de una o más adicciones puede complicar aún más


los problemas. Entre las adicciones se pueden encontrar la adicción
a sustancias, la adicción a las relaciones o las adicciones conduc-
tuales -como la adicción a la comida, al juego o al trabajo.
222 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

6. Una preocupación significativa por el impacto de la conducta del


ministro, o una historia profesional marcada por la inconsistencia o
el rendimiento pobre en los deberes ministeriales que influye en el
bienestar espiritual y psicológico de las personas. Por ejemplo: ex-
tender rumores dañinos; abuso físico, verbal o emocional; llegar tar-
de sistemáticamente o no cumplir las tareas encomendadas; o ser
fuente de escándalos.
En general, la suma del primer criterio más uno o más de uno de
los criterios de apoyo constituye un argumento de peso en favor de
la ineptitud para el ministerio. Hay que hacer notar dos excepciones:
(1) si el individuo no cumple todos los criterios diagnósticos del
DSM-IV-TR para un trastorno grave de la personalidad (American
Psychiatric Association 2000), entonces tienen que estar presentes
tres o más de los criterios de apoyo para la ineptitud; y (2) un solo
criterio, como el reconocimiento de la culpa y la sentencia de un de-
lito grave como el homicidio o la apropiación indebida de fondos, es
probablemente indicativo de ineptitud. Por otro lado, el arresto y la
condena por conducir bajo los efectos del alcohol no indicarían
ineptitud necesariamente, si no está presente un trastorno grave de
la personalidad o si no se cumple otro de los criterios anteriores. La
Tabla 10-6 ofrece un resumen de estos criterios.

TABLA 10-6: CRITERIOS PARA LA


APTITUD/INEPTITUD PARA EL MINISTERIO**

Los siguientes criterios pueden ser útiles para discernir si un individuo


es apto o no para ejercer el ministerio. Si bien estos criterios incluyen
una conducta inadaptada observable y tienen una base psicológica,
también reflejan los ideales morales y espirituales básicos de
honestidad, integridad y compasión en el ministerio. Se pueden
especificar seis criterios; el primero de ellos es el criterio básico, y los
restantes son criterios de apoyo.
1. Un patrón consistente de carácter opaco, falta de integridad,
deshonestidad y acciones egocéntricas. Este patrón caracteriza
generalmente un trastorno grave de la personalidad.

Adaptado de Sperry 2000, p. 119.


DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 223

2. La negativa a participar o la falta de respuesta a las instrucciones


que recibe, a la dirección espiritual u otros esfuerzos por establecer
límites para cambiar o mejorar el patrón de inadaptación.

3. La negativa a someterse a un tratamiento psiquiátrico o el fracaso en


el intento de conseguir las metas del tratamiento y mejorar
suficientemente.

4. Conducta delictiva, tanto si da lugar a acusaciones y sentencias


penales o a problemas graves con la autoridad -como la rebeldía
permanente o la transgresión de las normas- como si no.

5. La presencia de una adicción a sustancias, la adicción a las relaciones


o las adicciones conductuales, como la adicción al juego o al trabajo.

6. Una preocupación significativa por el impacto de la conducta del


ministro, o una historia profesional marcada por la inconsistencia o el
rendimiento pobre en los deberes ministeriales que influye en el
bienestar espiritual y psicológico de las personas.

En general, la suma del primer criterio más uno o más de uno de los
criterios de apoyo constituye un argumento de peso en favor de la
ineptitud para el ministerio. Hay que hacer notar dos excepciones: (1) si
el individuo no cumple todos los criterios diagnósticos del DSM-IV-TR
para un trastorno grave de la personalidad, entonces tienen que estar
presentes tres o más de los criterios de apoyo para la ineptitud; y (2) un
solo criterio, como el reconocimiento de la culpa y la sentencia de un
delito grave como el homicidio o la apropiación indebida de fondos, es
probablemente indicativo de ineptitud. Por otro lado, el arresto y la
condena por conducir bajo los efectos del alcohol no indicarían
ineptitud necesariamente, si no está presente un trastorno grave de la
personalidad o si no se cumple otro de los criterios anteriores.

DETERIORO EN EL MINISTERIO COMPARADO


CON LA INEPTITUD PARA EL MINISTERIO

Un principio psicológico básico es que la personalidad y el carácter son


estables y relativamente impermeables al cambio. Lamentablemente, esto
significa que el pronóstico en casi todos los casos, si no
224 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

en todos, de individuos que son juzgados no aptos para el ministerio


según los criterios expuestos, es muy reservado. Hay que distinguir
la ineptitud del deterioro, porque en parte se solapan.

Por lo general, el deterioro implica una enfermedad médica o


psiquiátrica grave que impide en gran medida a los individuos reali-
zar casi todas o todas sus funciones ministeriales. Por otro lado, los
individuos que han sido juzgados no aptos para el ministerio pueden
muchas veces cumplir bastante bien algunos aspectos de sus funcio-
nes ministeriales para evitar ser descubiertos. Los deterioros pueden
ser tratados y curados. Por ejemplo, muchos trastornos psiquiátricos
comunes, como la depresión, el trastorno bipolar, los trastornos de
ansiedad e incluso el abuso del alcohol, son muy susceptibles de tra-
tamiento psiquiátrico y tienen pronósticos entre moderados y bue-
nos. Esto contrasta con los trastornos graves de la personalidad, que
son mucho menos susceptibles de tratamiento y, por tanto, tienen
pronósticos pobres. Los trastornos de la personalidad pueden estar
presentes en algunos de los ministros (no en todos) que sufren dete-
rioro. Sin embargo, los trastornos graves de la personalidad están ca-
si siempre presentes en los ministros no aptos. Por consiguiente, el
pronóstico para los individuos juzgados no aptos para el ministerio
es muy reservado o pobre. Por desgracia, esto limita considerable-
mente las opciones para los ministros no aptos. Así pues, para redu-
cir el caos o la inquietud en una comunidad religiosa, en una parro-
quia o en una diócesis, y para reducir también la responsabilidad le-
gal, muchos de estos individuos (casi todos, en realidad) son aparta-
dos del ejercicio del ministerio. Por lo demás, es posible, aunque ra-
ro, que un ministro pueda sufrir deterioros en el ministerio y al mis-
mo tiempo no sea apto para ejercerlo.

Revisión de los tres casos


Si volvemos a los casos citados, resultará ahora evidente que el sa-
cerdote arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol no cum-
ple los criterios de ineptitud para el ministerio. Aunque hay eviden-
cias de los trastornos codificados en el Eje II -depresión mayor y
abuso del alcohol-, no hay indicación de ninguno de los trastornos
graves de la personalidad codificados en el Eje II, ni hay tampoco
DECISIÓN DE APARTAR A UN SACERDOTE DEL MINISTERIO ACTIVO 225

negativa a someterse al tratamiento o al establecimiento de límites,


ni escándalo obvio -sólo el ama de llaves observó en una ocasión lo
que ella describió como «pronunciación inarticulada»-. Como no se
mencionaron fallos en el desempeño de las funciones ministeriales,
también es improbable, que sufra alguna forma de deterioro. Así
pues, no debería ser juzgado «no apto para el ministerio».

Aun cuando pueda parecer que los otros dos casos son menos
graves, el revisarlos a la luz de los criterios propuestos sugiere que
en realidad son mucho más graves. De hecho, ambos cumplen los
criterios de ineptitud para el ministerio. La religiosa cumple tres de
los seis criterios, entre ellos el del trastorno límite de la personali-
dad, uno de los más graves y difíciles de tratar entre los codificados
en el Eje II. Entre los criterios adicionales se incluyen la falta de res-
puesta a las instrucciones que recibe y una inconsistencia significa-
tiva en el cumplimiento de su trabajo.

Del mismo modo, el responsable de la música cumple cuatro de


los seis criterios. Padece un trastorno narcisista de la personalidad
con rasgos antisociales o psicopáticos. Su desafío a la autoridad del
párroco, su falta de respuesta al establecimiento de límites por parte
del mismos párroco, y su falta de preocupación por el impacto de su
conducta sobre los feligreses -por ejemplo, propasarse con varias
mujeres, así como ciertos déficits empáticos-, sugieren su ineptitud
para ejercer este ministerio y quizá también para cualquier otro.
Como no se presentaron acusaciones de conducta sexual inapropia-
da más grave -relaciones sexuales, por ejemplo-, en este caso no se-
ría aplicable la llamada política de «tolerancia cero», y es de supo-
ner que este individuo probablemente no sería retirado aunque fue-
ra considerado «no apto para el ministerio». Es posible que el lector
se esté preguntando si los individuos que cumplen los criterios de
«ineptitud para el ministerio» no deberían también «ser apartados
del ministerio». En el momento presente parece que la conducta se-
xual inapropiada grave es el criterio primario del episcopado como
condición para la retirada formal de los sacerdotes del ministerio, es
decir, la reducción al estado laical.
226 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

CONCLUSIÓN

Dado que las variadas consecuencias de la retirada de un sacerdote del


ejercicio del ministerio son significativas, este capítulo ha ofrecido
criterios y directrices para ayudar a tomar una decisión informada y
razonada. Así mismo, como algunas formas menos graves de conducta
sexual inapropiada y otras cuestiones no sexuales preocupan tanto a las
autoridades religiosas como a los fieles, este capítulo ha proporcionado
también criterios y directrices para valorar la aptitud o ineptitud para el
ministerio. Si bien parece que la conducta sexual inapropiada grave es la
razón primaria y más común para la retirada del ministerio, hay otras
conductas graves que también son merecedoras de la misma medida. Hay,
además, otras conductas sexuales y no sexuales menos graves que indican
ineptitud para el ministerio. Es de esperar que ambas series de criterios
sean útiles para quienes han de tomar decisiones. El desafío que tiene
planteado la Iglesia y sus autoridades es desarrollar aún más y aquilatar
tanto los criterios operativos como las directrices, con el fin de especificar
las sanciones razonables para las diferentes clases de ineptitud.

BIBLIOGRAFÍA

AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION (2000), Diagnostic and Statistical


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TR), American Psychiatric Association, Washington, D.C.
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Preventing Ministry Impairment, Liturgical Press, Collegeville, pp.
114-121.
11
Prevención de la conducta sexual
inapropiada en el ministerio

El ideograma chino para el cambio está compuesto, a su vez, por los


símbolos que representan la crisis y la oportunidad. Tratándose de
la conducta sexual inapropiada en el ministerio, parece increíble que
pueda haber alguna oportunidad en medio de las tremendas crisis a
las que hoy tienen que hacer frente las autoridades eclesiásticas, las
cuales, sin embargo, cuando son verdaderamente eficaces, tienen la
capacidad de vislumbrar un futuro mejor y prevenir errores del pa-
sado, en vez de dificultar el control y la gestión de la crisis. El mi-
nisterio eficaz está orientado a la prevención, en lugar de estar sim-
plemente centrado en la crisis. Su centro de atención lo constituyen
la sanación y la integridad.
Este capítulo se centra en la prevención de la conducta sexual
inapropiada en el ministerio. La prevención puede ser entendida co-
mo un continuum que incluye tres tipos de prevención: primaria, se-
cundaria y terciaria. La prevención terciaria se centra en la rehabili-
tación, es decir, en los esfuerzos por contener o ralentizar el proce-
so que hace que el daño inicial degenere en un grave deterioro. La
psicoterapia y otros tratamientos psiquiátricos con sacerdotes que
sufren tal deterioro son formas de prevención terciaria. La preven-
ción secundaria implica identificar o tratar un problema lo antes po-
sible para detener o invertir los primeros signos de deterioro en el
ministerio. La prevención primaria, finalmente, supone realizar es-
fuerzos para evitar el deterioro en el ejercicio del ministerio antes de
que aquél tenga lugar. La sanación de los ministros y de las comu-
nidades se produce a lo largo de este continuum de prevención.
228 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

Las autoridades de una organización religiosa desempeñan un


papel crítico en cada uno de estos tres tipos de prevención. Pero es
incuestionable que los superiores religiosos más eficaces son los que
centran sus esfuerzos en la prevención primaria del deterioro en el
ministerio (Sperry 1993).
Generalmente, las autoridades religiosas han afrontado la con-
ducta sexual inapropiada y otras formas de deterioro en el sacerdo-
cio sometiendo a los ministros que lo padecen a un tratamiento psi-
quiátrico o a una cura de desintoxicación (prevención terciaria).
Ahora bien, aun cuando la decisión de iniciar semejante proceso sea
necesaria, rara vez es suficiente, porque invariablemente están im-
plicadas una serie de dinámicas que tienen que ver con los aspectos
organizativos. Por eso hay que modificar las políticas, los sistemas
de recompensas y sanciones y las normas, con el fin de reducir la
probabilidad de nuevos deterioros (prevención primaria). Tal vez sea
preciso un cambio en las personas (prevención secundaria): por
ejemplo, apartar del ejercicio del ministerio a un sacerdote popular
o muy conocido, porque ya no es moral, espiritual o psicológica-
mente apto para ejercerlo. Ni que decir tiene que muy probable-
mente los esfuerzos de prevención no tengan éxito si los dirigentes
de la organización en cuestión no secundan plenamente y encabezan
los esfuerzos por el cambio. En cualquier caso, el discernimiento, la
determinación y el arrojo son características esenciales de un lide-
razgo eficaz con visión de futuro, que es lo que, en otras palabras,
exige la prevención del deterioro en el ministerio.
Este capítulo tratará de definir y formular concisamente el con-
cepto de esta clase de liderazgo en el ministerio, junto con las habi-
lidades y elementos que requiere. Y tratará igualmente de describir
e ilustrar dicho liderazgo en relación con la conducta sexual inapro-
piada por parte de sacerdotes.

LIDERAZGO CON VISIÓN DE FUTURO EN EL MINISTERIO

En la literatura referida a la gestión y administración empresarial


abundan hoy los artículos, capítulos y libros enteros sobre lideraz-
go, y particularmente sobre un liderazgo con visión de futuro, que
ha sido descrito como la acción del líder que asume el control, hace
PREVENCIÓN DE LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA EN EL MINISTERIO 229

que las cosas funcionen y se esfuerza para que sus sueños se hagan
realidad. La tarea del líder con visión de futuro se define por el de-
sempeño de una serie de roles, como el de establecer objetivos, o el
de ser agente del cambio, instructor y portavoz (Nanus 1992). Burt
Nanus, director del Instituto de Liderazgo de la Universidad del Sur
de California, proporciona una fórmula para un buen liderazgo con
visión de futuro:
liderazgo con éxito y visión de futuro = objetivos compartidos (+)
visión (+) comunicación (+) pensamiento estratégico (+) cambios
apropiados en la organización (+) personal con poder
¿Qué tiene que ver, pues, el liderazgo con visión de futuro con
la prevención de una conducta sexual inapropiada y el deterioro en
el ejercicio del ministerio? ¡Todo!

TIPOS DE RESPUESTA A LA CRISIS DE LA


CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

Hay al menos cuatro tipos diferentes de respuestas que los obispos


pueden dar a la crisis. El primero consiste, fundamentalmente, en la
negativa: oponerse a la investigación, minimizar o ignorar el asunto,
o bien culpar a la víctima. El segundo tipo de respuesta implica va-
rias iniciativas reactivas, como el establecimiento de comisiones de
revisión, la redacción de una declaración de la política de la organi-
zación, el ofrecimiento a las víctimas del tratamiento más apropia-
do, o la adopción de medidas para la reducción del acusado al esta-
do laical. El tercer tipo de respuesta incluye iniciativas proactivas
y/o preventivas. Las directrices para la formación en los seminarios
y para el desarrollo sexual humano y del celibato en el documento
de la Conferencia Episcopal Estadounidense, The Program of
Priestly Formation (1982), y el establecimiento por parte del médico
jesuita James Gilí (1993) del Instituto Cristiano para el Estudio de
la Sexualidad Humana son ejemplos de iniciativas preventivas y
proactivas. Un cuarto tipo de respuesta incluye iniciativas basadas
en la planificación y los principios estratégicos.
La planificación estratégica es un proceso en el que los líderes
de una organización o institución vislumbran su futuro y establecen
las metas y procedimientos necesarios para alcanzarlo. Las organi-
230 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

zaciones dirigidas estratégicamente tienen una visión o misión cla-


ramente articulada y apropiada que suscita el compromiso de sus
miembros y orienta sus esfuerzos para alcanzar las metas de la or-
ganización. Por definición, las organizaciones con planificación es-
tratégica no están orientadas a la resolución de crisis ni son reacti-
vas, sino que tienen visión de futuro y son proactivas.
El grado de administración y dirección estratégica varía en fun-
ción de la organización de que se trate. En su obra Archbishop, un
detallado análisis de la estructura de poder de la Iglesia católica,
Thomas J. Reese (1989) afirma que el gobierno episcopal es «pri-
mariamente reactivo y no proactivo», y generalmente se implica en
la gestión de las crisis. Reese observa que, si bien algunas archidió-
cesis han desarrollado «declaraciones de misión» y planes pastora-
les, son pocas las que cuentan con una planificación estratégica, y
las decisiones que toman los obispos son, en su mayoría, decisiones
puntual (a corto plazo, orientadas a las crisis) más que comprehen-
sivas (a largo plazo, orientadas al futuro). Por último, Reese obser-
va que «cuando se realiza una planificación, suele hacerse en res-
puesta a una crisis percibida, como es, por ejemplo, el descenso en
el número de sacerdotes».
¿Cuál es la visión y la misión de la Iglesia católica estadouni-
dense? ¿Conocen y comprenden la mayoría de sus miembros esta
misión? ¿Se orientan sus pensamientos, decisiones y conductas en
función de esta misión? Es previsible que las respuestas, respectiva-
mente, sean: «probablemente no»; «no»; y «no». Aquí está, en mi
opinión, el problema central. Como dice el salmista: «Sin una vi-
sión, el pueblo perece».
Algunos estarán de acuerdo en que, cuando la sociedad perma-
nece relativamente estable e inmutada, la misión de las instituciones
sociales primarias no tiene que ser enunciada explícitamente, por-
que todo el mundo sabe cuál es el cometido de la Iglesia, cómo de-
be ser una familia y qué representa el gobierno de la comunidad. No
obstante, en tiempos de cambios rápidos y de complejidad e inesta-
bilidad crecientes, las misiones de las instituciones cambian y tienen
que ser articuladas con claridad. Reese sostiene que desde el Vati-
cano II los obispos han tenido que afrontar un entorno más complejo
y constantemente cambiante y, por falta de consenso sobre las
metas y de certeza en la efectividad, se han encontrado en la peor
PREVENCIÓN DE LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA EN EL MINISTERIO 231

posición posible para tomar lo que tradicionalmente se han conside-


rado decisiones «racionales».
Reese afirma que una de las razones por las que los obispos fa-
vorecen la planificación puntual frente a la planificación compre-
hensiva y estratégica es su falta de conocimiento de las ciencias so-
ciales. Yo sostengo que las realidades políticas y la necesidad eco-
nómica podrían invertir esta visión. Con respecto al pasado recien-
te, es probable que nunca haya sido tan evidente como hoy la nece-
sidad de una autoridad proactiva que utilice las habilidades de un lí-
der con visión de futuro.
Ahora bien, el liderazgo con visión de futuro ¿es compatible con
una organización cristiana? Se podría argüir que Jesús es el mejor
ejemplo de tal liderazgo. El ministerio de Pablo, por su parte, refle-
ja también claramente un liderazgo con visión de futuro. Lo mismo
podría decirse de muchos fundadores de órdenes religiosas, y tam-
bién de John Carroll, el primer obispo de los Estados Unidos. La re-
ciente biografía de Ignacio de Loyola pone de manifiesto que el fun-
dador de la Compañía de Jesús fue un consumado líder con visión
de futuro (Meissner 1992).

LIDERAZGO CON VISIÓN DE FUTURO Y


PREVENCIÓN DE LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

¿Cómo deberían, pues, las autoridades con visión de futuro afrontar


la crisis provocada por la conducta sexual inapropiada? En realidad,
tales autoridades impedirían que tuvieran lugar crisis como ésta,
pues no habrían permitido que la situación llegara a alcanzar las ac-
tuales proporciones críticas.

Veamos ahora cómo se podría aplicar el liderazgo con visión de


futuro al ministerio, al objeto de impedir nuevos y futuros deterio-
ros. Para ello nos basaremos en la fórmula de Nanus para el lideraz-
go con visión de futuro. Recordemos que describe este liderazgo co-
mo la práctica que implica y organiza los siguientes elementos: fi-
nalidad compartida, visión, comunicación, pensamiento estratégico,
cambios apropiados en la organización y ministros con poder.
232 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

Visión y finalidad compartida. La primera prioridad consistirá en


articular claramente la visión y la misión general de la Iglesia cató-
lica estadounidense y los papeles específicos del clero, de los reli-
giosos y de los laicos para cumplir esta misión. Un foro formado
por representantes de todas las partes implicadas en la Iglesia, es
decir, jerarquía, sacerdotes, religiosos y laicos, tendría el cometido
de idear esta finalidad compartida y debatir sobre ella. Entre los te-
mas que deberían ser articulados se encontrarían la importancia del
desarrollo psicosexual y el significado del celibato y la castidad en
los ministros.
Comunicación. Esta visión y esta finalidad comunes tendrían que
ser comunicadas, es decir, compartidas y debatidas por la base, por
el pueblo, para saber hasta qué punto la visión es comprendida y
aceptada. Los líderes con visión de futuro intentan suscitar el com-
promiso de los seguidores con la visión y la finalidad compartidas.
Pensamiento estratégico. El pensamiento estratégico es un proce-
so necesario en el desarrollo de una visión y finalidad compartidas.
El pensamiento estratégico reduce los pensamientos y deseos vagos
y confusos. Cuando los obispos y otros ministros practican el pen-
samiento estratégico, han de considerar cómo actuaría y respondería
Jesús en una determinada situación. Cuando se considere la cuestión
de la prevención de la conducta sexual inapropiada, los formadores
y educadores de los seminarios debatirán estratégicamente sobre los
modos de: (1) modificar las estructuras y la cultura de una organi-
zación religiosa para impedir la conducta sexual inapropiada; y (2)
desarrollar directrices sobre la formación para el celibato de los can-
didatos -como, por ejemplo, The Program of Priestly Formation y
el Estatuto de la Conferencia Episcopal Estadounidense.
Cambios apropiados en la organización. Después se examinarán
los diversos niveles de la organización de la Iglesia, con objeto de
reconfigurar estructuras, culturas y estilo de liderazgo para apoyar y
asegurar que la misión se cumpla (Sperry 1990). Es evidente que és-
ta será una empresa muy importante y deberá empezar por los pun-
tos más necesarios. A propósito de la conducta sexual inapropiada,
varios comentaristas observan que la «cultura del secreto» de la
Iglesia probablemente predispone para la conducta sexual inapro-
PREVENCIÓN DE LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA EN EL MINISTERIO 233

piada, perpetuándola. Cozzens (2002) indica que la cultura del se-


creto y la negativa dentro de la Iglesia destruye la responsabilidad
sexual, porque protege la conducta sexual inapropiada, con lo cual
la refuerza involuntariamente. Esta cultura del secreto, aunque por
una parte proporciona confidencialidad y «no escandaliza», tiene el
efecto de aislar institucionalmente al sistema, de tal modo que per-
petúa el problema que había que erradicar. Los líderes con visión de
futuro se esforzarán por modificar esta cultura institucional cuanto
antes. Además, el estilo de gestión de la crisis propio de los obispos,
con su énfasis en la planificación puntual a corto plazo, será reem-
plazado por una planificación estratégica de gran alcance.

Ministros con poder. Por último, cuando «las personas se apoyan


en una visión, poseen autoridad, es decir, están capacitadas para
efectuar acciones que hagan realidad la visión, sabiendo que tales
acciones serán muy valoradas por todas las personas que comparten
el sueño» (Nanus 1992). Quienes ejercen el ministerio debaten a
menudo sobre la delegación de poder, pero la practican poco, pro-
bablemente porque los obispos no están convencidos de sus valores
o temen su impacto. Por el contrario, los líderes con visión de futu-
ro delegan poder en otras personas, y éstas responden con una con-
ducta efectiva y responsable. Con respecto a la conducta sexual ina-
propiada podemos afirmar que, cuando se delegue poder en los mi-
nistros católicos y en las personas que trabajan con ellos para que
formen su conciencia, esperando que actúen respetuosa y responsa-
blemente, la explotación sexual se verá reducida o eliminada.

A propósito de la aplicación de la fórmula y los principios del


liderazgo con visión de futuro, ¿parece poco realista e improbable
que sean aplicados en la Iglesia estadounidense en este momento?
Si es posible, ¿cuánto tiempo será necesario? En las organizaciones,
incluidas las organizaciones religiosas, el intervalo de tiempo nor-
mal para que se produzca la transición de un modo tradicional de
operación a un modo de actuación con visión de futuro oscila entre
los dos y medio y los cinco años, incluso en las grandes institucio-
nes multinacionales. Es razonable pensar que para que se produzca
el cambio en una diócesis o provincia puede ser necesario al menos
este intervalo de tiempo, o más.
234 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

ESTRATEGIAS PARA LA PREVENCIÓN DE


LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA

Los ministros que han cometido abusos pueden ser increíblemente


perjudiciales y desmoralizadores para quienes trabajan con ellos,
aparte de que también los servicios que realizaban se resienten in-
variablemente. Las autoridades religiosas tienden a pensar que la
psicoterapia o un tratamiento psiquiátrico es la respuesta al proble-
ma de la conducta abusiva. Lamentablemente, aun cuando ese trata-
miento puede ayudar a veces, la preocupación más importante es
prevenir los abusos dentro de la diócesis, la comunidad religiosa, la
parroquia o cualquier otro medio donde se ejerza el ministerio. Tales
estrategias preventivas afectan al ministro que ha cometido abusos,
a la cultura de la organización religiosa y a la situación ministerial
específica.

Ocuparse directamente del sacerdote implicado


La primera estrategia implica ocuparse directamente del sacerdote
que ha cometido los abusos. Como el tratamiento es un aspecto de
la prevención terciaria, es esencial que los ministros implicados par-
ticipen y realicen cambios en el proceso de tratamiento. En el capí-
tulo 5 hemos descrito las personalidades abusivas como personali-
dades profundamente heridas, debido a su experiencia de abuso tem-
prano, vergüenza y vínculo inseguro. Es poco realista esperar que el
esfuerzo personal, la dirección espiritual, la medicación para con-
trolar la agresividad o la participación en una forma general de psi-
coterapia puedan servir fácilmente para modificar y sanar esas pro-
fundas heridas. La investigación de Dutton (1998) y otros (Landolt
y Dutton 1997) sugiere que la mayoría de las psicoterapias indivi-
duales y de grupo son ineficaces en las personalidades abusivas, par-
ticularmente en la personalidad antisocial o «tipo psicopático», co-
mo la denomina Dutton. Por otro lado, el remitir a un psicoterapeu-
ta con experiencia ampliamente demostrada en el tratamiento de
trastornos límite de la personalidad puede reducir la conducta abu-
siva de «tipo cíclico», mientras que la terapia con el «tipo hipercon-
trolado» tiene un mejor pronóstico (Dutton 1998). Esté o no indica-
da la terapia, es incuestionable que el alcohol y otras drogas tienden
PREVENCIÓN DE LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA EN EL MINISTERIO 235

a exacerbar los abusos. Por tanto, una consideración clave es asegu-


rarse de que quien ha cometido el abuso se comprometa a poner fin
al abuso de sustancias, lo cual podría exigir la desintoxicación y la
ayuda psicológica para superar el abuso de sustancias, o bien un gru-
po de apoyo.

Abordar los factores organizacionales


Todas las diócesis y congregaciones religiosas tienen una cultura
corporativa única, que es la constelación de creencias, presupuestos,
relatos, procedimientos y costumbres que caracterizan a la organi-
zación. Las culturas corporativas pueden ser sanas o insanas, pro-
pensas al abuso o libres del mismo. Se ha dicho que las institucio-
nes religiosas y la cultura clerical están orientadas al control y al po-
der. Por eso no debería resultar demasiado sorprendente que la con-
ducta abusiva no sea infrecuente en las organizaciones religiosas.
Además, las organizaciones religiosas con una cultura propensa al
abuso atraen, refuerzan y mantienen a los individuos abusivos más
que las organizaciones religiosas con una cultura menos propensa a
dicho abuso (Sperry 2000). Hay dos estrategias para cambiar efi-
cazmente la cultura de una organización religiosa y hacer que sea
menos propensa al abuso: (1) establecer políticas de admisión y se-
lección para excluir a los candidatos propensos al abuso; y (2) mo-
dificar la estrategia y la estructura de la organización para fomentar
un entorno libre de abusos.

Selección de candidatos sanos


Los formadores de los candidatos y los administradores de las dió-
cesis y de otras organizaciones tienen diversas responsabilidades en
relación con los abusos sexuales en el ministerio. En el capítulo 8
nos hemos centrado en la selección de los candidatos; en esta sec-
ción vamos a reiterar algunos puntos y a añadir otros nuevos.
La primera responsabilidad es elaborar una política sobre la ido-
neidad de los candidatos. Quizá la cuestión más básica a este res-
pecto sea: ¿podemos aceptar conscientemente a individuos abusivos
o animarles a que se preparen para ejercer algún ministerio? Si la
respuesta es «no», la comisión tomará las decisiones necesarias pa-
236 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

ra estructurar su proceso de selección y valoración, con el fin de ex-


cluir a candidatos con protocolos de evaluación psicológica que pon-
gan de manifiesto una personalidad abusiva y tengan un historial que
revele una conducta habitual abusiva. Por regla general, los candida-
tos que reúnan las características que indican un trastorno graves de
la personalidad son incompatibles con el ejercicio del ministerio, ya
que la conducta abusiva es propia de la mayoría de las patologías gra-
ves, y aun moderadas, de la personalidad, particularmente el trastor-
no límite de la personalidad y el trastorno antisocial de la personali-
dad, también conocido como «personalidad psicopática».
La segunda responsabilidad es una selección cuidadosa de los
candidatos. Hoy la selección de los aspirantes es más sensible a cues-
tiones de «gestión del riesgo», como trastornos psiquiátricos concu-
rrentes, bajo control de los impulsos y contraindicaciones médicas y
legales para ejercer un ministerio público. Tradicionalmente, los tests
psicológicos estándar han sido útiles, pero no pueden ser la única ni
la principal estrategia de selección. Algunos individuos inteligentes
con trastornos graves de la personalidad, particularmente las perso-
nalidades narcisistas y psicopáticas, pueden «pasar», y de hecho han
«pasado», el escrutinio del Minnesota Multiphasic Personality
Inventory (MMPI-2), el Millón Clinical Multiaxial Inventory (MC-
MI-III) y otros tests de personalidad. Hay que observar que muchos
sacerdotes que han sido acusados de pedofilia fueron «entrevistados»
antes de entrar en el seminario o en el noviciado.
La selección efectiva requiere una entrevista esmerada y pro-
funda, realizada por profesionales experimentados y especialmente
preparados y que siguen el protocolo establecido. Este protocolo de-
be incluir la realización de una entrevista debidamente estructurada
acerca de la estructura de la personalidad, la familia y el historial del
desarrollo del candidato, así como de su historia social (escuela, tra-
bajo y experiencia militar). Dado que un trastorno de la personali-
dad es un estereotipo de inadaptación que acompaña a la persona
durante toda la vida, los indicios de su presencia aparecerán si se re-
aliza una investigación concienzuda. La información de fondo esen-
cial sobre el aspirante incluye un minucioso formulario de solicitud
formal que se interesa por el historial penal y delictivo, el estado ci-
vil, el historial psiquiátrico, el curriculum detallado desde el final de
la enseñanza secundaria, etcétera. A lo cual hay que añadir una se-
PREVENCIÓN DE LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA EN EL MINISTERIO 237

ríe de preguntas específicas sobre las ideas teológicas, las prácticas


espirituales y las actitudes y conductas sexuales del candidato.
Después se hace una serie de entrevistas al candidato, al objeto
de ampliar y esclarecer las respuestas escritas, con una serie de pre-
guntas que tratan de descubrir las capacidades y la madurez de di-
cho candidato para ejercer el ministerio. Al menos una de tales en-
trevistas tiene que tratar de valorar su nivel de madurez emocional,
espiritual y sexual. El entrevistador ha de tener la habilidad sufi-
ciente para establecer un perfil de los límites y problemas relativos
a los límites, las necesidades de poder y la experiencia de intimidad
o la capacidad para la misma.
Es obligado llevar a cabo el habitual control de los antecedentes,
que tiene que incluir los antecedentes penales, una petición de in-
formación a las instituciones académicas, noviciados o seminarios
enumerados por el candidato en su solicitud, y un control de los ofi-
cios ejercidos, para verificar la exactitud de la información ofrecida
en la solicitud. Hay que exigir al menos cinco cartas de recomenda-
ción, y después será preciso llamar al menos a tres de las personas
que las escribieron. Es de esperar que semejante protocolo sirva para
excluir a aquellos candidatos cuya admisión constituiría un ver-
dadero riesgo.

Modificar la cultura, la estructura y la estrategia


Después de determinar que su cultura es propensa al abuso, una or-
ganización religiosa puede centrar los esfuerzos por el cambio en su
estrategia y su estructura. En primer lugar, tiene que revisar su es-
trategia básica (es decir, su «declaración de misión») y sus estructu-
ras (es decir, los patrones de comunicación e información, las polí-
ticas y procedimientos [incluida la política de selección y admisión
y su sistema de recompensas y sanciones]) para determinar cómo ha
podido engendrar, sostener y reforzar la propensión al abuso (Sperry
2000). Después, puede instituir estructuras que reduzcan y corrijan
la conducta abusiva. Una de ellas es el establecimiento de límites,
esencial para contener la conducta abusiva en las organizaciones re-
ligiosas. Como las personalidades abusivas tienden a despreciar las
normas y convenciones sociales y a transgredir los límites, la orga-
nización religiosa tiene que poner los medios para que las normas se
238 111 PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

cumplan, y para ello ha de establecer unos límites que sean claros,


realistas, coherentes y exigibles. La organización tiene que hacer
cumplir puntualmente esas disposiciones. Por ejemplo, si se sabe
que un ministro abusivo ha maltratado emocional, verbal o física-
mente a algún feligrés o miembro del equipo pastoral, es necesario
un límite firme para restablecer el respeto básico. La decisión de re-
visar las políticas y las prácticas de la organización sobre recom-
pensas y sanciones puede poner de manifiesto que dicha organiza-
ción refuerza involuntariamente la conducta abusiva cuando fomen-
ta y recompensa la competitividad (es decir, premios y honores aca-
démicos, sociales y deportivos), hace comparaciones odiosas o es
incoherente a la hora de castigar la conducta abusiva.

Evaluar los destinos y los cambios de destino


En relación con esta medida de prevención hay al menos dos consi-
deraciones principales. La primera implica el destino pastoral del
sacerdote que ha cometido abusos, mientras que la segunda implica
una valoración o seguimiento del sacerdote en dicho destino. Las
decisiones sobre los destinos de los sacerdotes que han perpetrado
abusos tienen que ser evaluadas con sumo cuidado. La decisión
acerca de si el individuo permanece en el mismo cargo o es cambia-
do de destino tiene que estar en función del tipo y la gravedad de los
abusos, así como en función de las necesidades de otros ministros
ordenados y no ordenados y de los destinatarios de su misión en ese
lugar. En algunos casos los abusos han sido cometidos con un indi-
viduo, mientras que en otros casos lo han sido con varios. A veces,
cuando la posibilidad de escándalo es muy elevada, cuando el esta-
do de ánimo es muy bajo o cuando la situación ha quedado blo-
queada, puede ser necesario apartar del ejercicio del ministerio al
individuo que ha cometido los abusos. Sin embargo, cuando se pue-
den llevar a cabo cambios estructurales y/o el pronóstico de inter-
vención psicoterapéutica es entre moderado y bueno, se podría op-
tar por mantenerlo en su lugar.
Un componente estructural importante que puede ejercer una in-
fluencia positiva en la conducta es el sistema de «valoración del ren-
dimiento» (Sperry 2000). Puede tratarse de una evaluación trimes-
tral o semestral del rendimiento, o de algún otro sistema de supervi-
PREVENCIÓN DE LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA EN EL MINISTERIO 239

sión (algunas diócesis ordenan la supervisión semanal o mensual de


los ministros problemáticos). Cualquiera que sea la forma que se
adopte, con los ministros que han cometido abusos hay que desa-
rrollar un sistema o método que pueda permitir que el individuo per-
manezca en un destino concreto. La valoración puede centrarse en
la reducción de la conducta abusiva con una serie de metas de ren-
dimiento específicas. Tal valoración permite introducir acciones co-
rrectivas basadas en criterios formales y documentados.

Formular y practicar políticas orientadas a la prevención


Tanto las diócesis como las congregaciones e instituciones religiosas
tienen que desarrollar políticas escritas realistas sobre la conducta
sexual apropiada e inapropiada (Sperry 1993; 1995). Tales declara-
ciones de la política de la organización tienen que incluir cláusulas
sobre la selección de los aspirantes a los diversos ministerios, y po-
líticas y directrices específicas acerca de las relaciones del ministro
con los fieles, incluida la relación de ayuda formal e informal. Estas
declaraciones tienen que establecer unos límites muy claros y las
consecuencias que se derivarán de cualquier violación de dichos lí-
mites. Tienen además que precisar cómo se procede ante una de-
nuncia y cómo se afronta la investigación interna, el procedimiento
reglamentario, el seguimiento de ministros con deterioro, la coope-
ración en las investigaciones policiales, el tratamiento de las deman-
das y el apoyo a las víctimas, y las consecuencias por la violación de
la política, así como el tratamiento profesional, la retirada del ejer-
cicio del ministerio, la reducción al estado laical, etcétera. Ni que de-
cir tiene que, si tales políticas no son establecidas y mantenidas con
coherencia, los ministros no tardarán en darse cuenta de que son inú-
tiles o de que existen escapatorias. Es probable que los sacerdotes
con trastornos de personalidad se aprovechen de estos defectos.
Diversas diócesis y congregaciones religiosas han establecido ya
sus políticas con la esperanza de delimitar sus responsabilidades le-
gales y económicas. Este es un primer paso importante. El siguiente
es articular políticas sobre la educación de todos los ministros or-
denados y no ordenados en materia de sexualidad humana, en rela-
ción con la psicología evolutiva y el desarrollo religioso y espiritual.
Estas políticas son proactivas y están orientadas a la prevención.
240 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

Tienen que especificar cómo se forma a los formadores y cómo és-


tos asegurarán que otros ministros ordenados y no ordenados sean
también formados.

Esperar que la conducta inapropiada sea denunciada


Es de suponer que ha pasado ya el tiempo en que se miraba benig-
namente hacia otro lado y se ignoraba el hecho de que un compañe-
ro sacerdote había cometido abusos sexuales. Es improbable que las
diócesis y congregaciones religiosas vuelvan a negar las acusaciones
de conducta sexual inapropiada o traten de obstaculizar las investi-
gaciones. Las informaciones mediáticas de los últimos años han de-
jado dolorosamente claro que los tribunales civiles continuarán con-
siderando a las diócesis y congregaciones religiosas como responsa-
bles de las acciones de sus ministros. Una iniciativa que ha tenido
relativamente poca cobertura mediática hasta ahora es la de las leyes
recientemente promulgadas sobre la «negligencia y responsabilidad
subsidiaria». El objetivo de estas leyes es responsabilizar a los indi-
viduos, más que a las instituciones u organizaciones. Lo esencial de
su aplicación es que un colega de profesión puede ser considerado
responsable de la conducta sexual inapropiada de otro colega. Si un
compañero de profesión tuvo conocimiento o pudo impedir dicha
conducta sexual inapropiada, puede ser considerado también res-
ponsable. Si bien estas leyes se han aplicado hasta ahora a grupos de
médicos, es de suponer que pronto se apliquen a colegas en los equi-
pos y consejos parroquiales, equipos provinciales y responsables
diocesanos.

Propiciar el correspondiente seguimiento


Una vez que ha quedado determinado que se ha transgredido un lí-
mite sexual, y se ha obligado al individuo a someterse a un proceso
de rehabilitación, normalmente se requiere un mecanismo de segui-
miento formal para mantener lo conseguido en dicha rehabilitación
e impedir la reincidencia. Este proceso puede preceder o seguir a un
juicio civil o penal. En dicho seguimiento es de capital importancia
llegar a un acuerdo escrito de objetivos para el proceso de rehabili-
tación, y establecer restricciones a las actividades profesionales y
PREVENCIÓN DE LA CONDUCTA SEXUAL INAPROPIADA EN EL MINISTERIO 241

personales del sujeto, incluidas limitaciones o prohibiciones de con-


tactos con algunos individuos. Sólo pueden tener acceso a ese acuer-
do los compañeros y superiores del sujeto que tienen necesidad de
conocerlo. A un sacerdote maduro y digno de confianza se le asig-
nará el papel de supervisor; él se reunirá con el interesado, al prin-
cipio todos los días o todas las semanas, y después cada dos sema-
nas o cada mes, para revisar el acuerdo escrito. El supervisor con-
tactará también con otros colegas designados para averiguar en qué
medida se cumplen las cláusulas del acuerdo.

CONCLUSIÓN

La prevención del deterioro en el ministerio requiere el apoyo y la


implicación activa de las autoridades religiosas en los tres tipos de
prevención, pero particularmente en la prevención primaria. Las au-
toridades verdaderamente eficaces no tienen reparo alguno en con-
siderar que en su organización no sólo hay ministros deteriorados,
sino que la misma organización puede estar deteriorada y puede ella
misma deteriorar a algunos de sus miembros con sus políticas, su
cultura y sus normas. En este capítulo hemos detallado siete estrate-
gias individuales y organizacionales para prevenir la conducta se-
xual inapropiada y otras formas de deterioro en el ministerio.

Las autoridades religiosas tienen que afrontar una elección bási-


ca. Pueden seguir actuando puntualmente para gestionar las crisis o
pueden optar por ejercer un liderazgo con visión de futuro y desa-
rrollar las diversas medidas de prevención sugeridas. Sin embargo,
ningún cambio de política ni desarrollo programático -por muy pro-
activo que sea- puede por sí solo cambiar la conducta individual en
una organización que involuntariamente fomenta la actitud de creer-
se con derecho a todo y la tendencia al abuso. Tal vez otra forma de
decir esto sea que las organizaciones religiosas propensas al abuso
influyen significativamente en las conductas sexuales de sus minis-
tros. Para cambiar realmente o prevenir la conducta sexual inapro-
piada y otras formas de deterioro es preciso que cambien tanto los
individuos como la organización religiosa.
242 III PARTE - CUESTIONES SEXUALES APREMIANTES

BIBLIOGRAFÍA

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Development 14 (24), pp. 7-10. SPERRY, L. (2000), «The Abusive
Personality in Ministry»: Human
Development 21 (3), pp. 32-36.
índice analítico y onomástico

abusadores de niños, 35-37 clericalismo, 108 complejo de


abuso/maltrato: Edipo, 44 complejo de Electra,
- desarrollo cerebral y, 54,180 44 conciencia social, 59,187
- emocional, 34,120-121 conducta sexual inapropiada, 33.
-historia de, 180-181 Véase también
- inclinación a, 109 conducta sexual inapropiada
- sexual, 120-126 en el ministerio conducta
- víctimas de, 149 sexual inapropiada
actitud de creerse con derecho a todo. en el ministerio:
Véase narcisismo actividad sexual, - atención mediática sobre, 150
24 adicción sexual, 34,109, 209, 221 - consenso acerca de las causas, 150
ambigüedad del rol, 106 androginia, - destinos pastorales y, 102, 238-241
30 andropausia, 60,187 ansiedad - deterioro y, 101
profesional, 38 asexualidad, 46- - determinantes de, 101-102
47,184, 185 Asociación Nacional - dinámica relacional y, 111-112
para la - dinámica/diseño organizacional y,
Investigación y la Terapia de la 104-105,106
Homosexualidad, 194 Asociación - esperar que sea denunciada y, 240
Norteamericana para el - establecimiento de límites y, 237
Amor entre Hombres y Niños, 37- - inmoralidad de, 151
38 autocontrol/autodominio, 57, - menores y, 111
185 - planificación estratégica y, 232,
237
bisexualidad, 31 burnout, - políticas escritas y, 239-240
100,110,158 - respuestas a, 208, 221
- sistema de «valoración
características sexuales secundarias, del rendimiento» y, 238
44, 56, 184 - supervisión después
castidad, 29,146 del tratamiento y, 240-241
- celibato y, 90 - teología del ministerio y, 103,157,
celibato, 77. Véase también castidad; 158
sexualidad célibe - tipología de, 154-163, 206-207
- etapas de desarrollo de, 90-92 - trastornos psicóticos y, 160
- intimidad y, 29, 77-78, 92 - víctimas adultas de, 150
244 SEXO, SACERDOCIO E IGLESIA
contratransferencia, 114. efebofilia, 33, 36-37,149
Véase también transferencia efebófilos, 37
cultura, 108 - alcohol y, 37
- aspecto afectivo o emocional de, - pornografía y, 37
108 - tipos de, 37
- aspecto cognitivo de, 108 ello, 42
- aspecto conductual de, 108 entrega de sí mismo, 186-187
- clerical, 108 Erikson, Erik, 26, 48
- episcopal, 108-109 - etapas de desarrollo de, 26, 48, 90,
- personalidad y, 108 91
espiritualidad y sexualidad, 29-30.
desarrollo de género, 21-22, 25-29 Véase también narcisismo
desarrollo psicosexual, 25 - imagen de Dios y, 59
- constitución hormonal y, 51-52, - oración y, 60
178,184 - trascendencia y, 59, 185-186
- desarrollo humano y, 47,183 estilos de apego/vínculo, 52-53,179.
- dinámica organizacional y, 49-50 Véase también desarrollo
- embarazo y experiencia psicosexual; intimidad
del nacimiento y, 50-51,178 - evitativo versus ansioso, 52-53
- estilos de apego y, 52, 55, 179,180 - hiper- versus hiposexualidad y, 52-
- etapas de, 42-45, 54-65 53
- factores de predisposición y, 45, - impacto en el desarrollo, 52
47, 50-54 - seguro versus inseguro, 52
- identidad de género y, 27 - sentido de confianza y, 55
- madurez y, 26 - vulnerabilidad y, 52
- modelo integrador de, 45 estrategia, 126, 234-237
- perspectiva psicoanalítica sobre, estrés, 100, 101, 156. Véase también
42-45 narcisismo estructura de los
- separación-individuación y, roles, 106-107 estructura de
49-50, 55 poder, 107
- temperamento/personalidad y, 51, - ministro-feligrés, 113-114
178 - relaciones profesionales y, 114
- teoría del aprendizaje social y, 25 estructura normativa, 107 estructuras,
- teoría del desarrollo cognitivo y, 106-109
25 - de organización, 106-109, 232-
- trascendencia y, 48,49, 58, 59, 60 233, 237-238
- unión y, 48, 56 - de poder, 107
desviación sexual, 58 etapas del desarrollo humano, 54-65.
deterioro, 38 Véase también desarrollo
dinámica: psicosexual
- de la personalidad, 129, 130-132, - celibato y, 90-94
138-142
- espiritual, 136-138 familia sexualmente sana, 24
- organizacional, 102, 104-110 familia y salud sexual:
- relacional, 49-50, 102, 111-115 - actitudes hacia la intimidad y la
- religiosa, 136-138 sexualidad y, 54
donjuanismo, 58, 155
ÍNDICE ANALÍTICO Y ONOMÁSTICO
245
- estilo vinculado versus - estilos de, 85-88
desvinculado y, 53-54 - experiencia de calidez y, 28, 79
- nivel de competencia/estilo y, 53- - intelectual, 28, 81
54 - madura versus inmadura, 79-80,
fijación, 32 186
Freud, Sigmund, 25, 42-45,47 - modelo en espiral de, 84-85
- aspectos criticables de, 45 - niveles de, 83-84
- ocho tipos de, 82-83
gay. Véase homosexualidad - sexual versus no sexual, 28, 81-82
generatividad, 187 - significado de, 78-81
Goeghan, John J., 148,149, 151, 162 - social, 28, 83
grupos de juego homosociales, - vinculación e, 28, 79
56,183 - vínculo madre-hijo y, 79

heterosexualidad, 30 Kinsey, Alfred, 30


hipersexualidad, 55, 56, 57
lesbianas, 31
hiposexualidad, 55, 56, 57
lesbianismo, 31 libido,
homofobia, 30
25, 42,43 límites, 32,
homosexualidad, 30, 192-202
33, 78
-ciencia y, 194-195,197,202
- códigos éticos profesionales y, 113
- determinismo y, 193-194
- conducta sexual inapropiada y,
- «elección» y, 194
33,78
- etiología de, 199-200 -ideología
y, 192-193, 197,202 madurez psicosexual, 92
- prevalencia de, 198-199 masturbación, 57, 58,158,183,184
- psicopatología y, 200 ministerio, aptitud para, 217-224
- situacional, 26, 31 - criterios para, 220-223
- «terapia reparativa» y, 194 - deterioros y, 38, 223-224
hormonas, 51-52,178. Véase también - indicadores morales de, 220
desarrollo psicosexual - integridad y, 219 ministerio,
- oxitocina, 52 retirada de, 205-216
- testosterona, 47 - adicciones y, 209, 211
- criterios para, 207-212
identidad sexual, 26, 181 - directrices para, 212-214
- autoidentificación, 26 - opacidad versus transparencia de
identidad, rol de género, 27 carácter y, 209-210, 211, 219
imagen de Dios, 56, 59 - reincidencia y, 210, 212
- narcisistas y, 136-137 - respuesta al tratamiento y, 208-
- autotrascendencia y, 48, 185-186 209,211
incestuosos, 36,153 modelo de vulnerabilidad de conducta
intimidad, 28. Véase también sexual inapropiada en sacerdotes,
pseudo-intimidad 151-154
- barreras a, 29, 88-89 - modelo de tendencia al abuso-
- célibe, 29,77-78, 83, 92-93 compulsividad y, 155,163
- emocional, 28, 58, 82 - necesidad de ser apreciado y, 156-
- espiritual, 29, 59, 83 157
- estabilidad relacional y, 84 - racionalización y, 158
246 SEXO, SACERDOCIO E IGLESIA
Modelo Integrador de Desarrollo - conducta delictiva y, 150, 196
Psicosexual. Véase desarrollo - construccionismo y, 195-196,
psicosexual, modelo integrador de pedófilo, 36
- tipos de, 36
narcisismo, 127-145 personalidad abusiva, 34, 119-120,
- actitud de arrogarse derecho 235
a todo y, 130, 152,157, 158,159 - conductas de la, 119,120-121
- aspectos evolutivos de, 132-133 - factores de desarrollo de la, 122-
- autoerotismo y, 139 123
- conducta sexual inapropiada y, - patrón de la, 122, 153
129-130 - problemas de control y la, 120,
- constructivo, 135-136 121
- criterios del DSM-IV-TR para, 132 - reconocimiento de la, 123-125
- de autoengaño, 133-135 - tipos de, 120-121
- dinámica psicológica de, 130-136, perspectiva psicoanalítica, 25-26
141-142 políticas orientadas a la prevención,
- dinámica sexual en, 138-141, 142 238-241 poluciones
- espiritualidad y, 136-137, 142 nocturnas, 57 pornografía:
- explotación y, 140-141 - adolescente, 58
- factores estresantes significativos - infantil, 36, 57 prevención
en, 143 de conducta sexual
- reactivo, 132-133 inapropiada en el ministerio:
- sano versus patológico, 131 - cultura del secreto y, 232
- tipología comparativa de, 131-136 - delegación de poder y, 233
- vocación y, 137-138 - dinámica organizacional y, 228,
229-232, 235, 237-238
National Association for Research and - timing y, 233
Therapy of Homosexuality, 194 - tipología de, 227-228
NMBLA, 37-38 - liderazgo con visión de futuro y,
North American Man/Boy Love 228, 229-233
Association, 37-38 pseudo-intimidad, 28, 80-81. Véase
también intimidad
oración, 59, 104 psicosexual, desarrollo. Véase
- estilos narcisistas de, 137 desarrollo psicosexual
orgasmo, 24 pubertad, 44
orientación de género, 21-22, 30-31
orientación sexual, 26, 184-185 «quemarse». Véase burnout
- cambio de, 201
- compasión y, 197 rol de género:
- escala de clasificación de, 30-31 - estereotipos y, 27
- preferencia sexual y, 196 - identidad del rol de género y, 181,
182
parafilias, 35, 57 - «jugar a papas y mamas» y, 55,
- DSM-IV-TR y, 35 181
patrón de excitación, 184-185 - relación con un «amigo íntimo» y,
pedofilia, 32, 35-36, 57,149 55, 182
ÍNDICE ANALÍTICO Y ONOMÁSTICO 247
salud sexual, 24 selección de los - sexo y, 46
candidatos al ministerio, 71 sexualidad célibe, 29
- administrador de la, 172-173 - espiritualidad y, 93-94
- control de los antecedentes y, 237 - masturbación y, 92-93
- historia psicosexual para la, 173- - necesidades no satisfechas y, 93
174 superego, 44
- insuficiencia de los tests normal supervisión, 123
mente utilizados para, 169 - después del tratamiento, 160, 213,
- perfiles de candidatos y, 188, 235- 238, 239, 240-241
237 Szasz, Thomas, 151
- protocolo de valoración/entrevista,
168-173, 236 temperamento, 51, 73, 175,178
- selección y, 167 teología del ministerio, 103. Véase
- visión formativa de, 168, 169 también conducta sexual
sexo, 23 inapropiada en el ministerio
sexual: tranquilizarse, 181
- abuso/maltrato, 32,119-126 transexualismo, 31
- acoso, 33-34 transferencia, 114-115. Véase también
- actividad, 24 contratransferencia
- adicción. Véase adicción sexual transgenerismo, 31
- autoidentificación, 26 transparencia, 209, 219-220
- compulsividad, 34, 153-154 trascendencia, 48
- conducta inapropiada, 33. Véase trastornos de la personalidad, 220
también conducta sexual - antisocial, 125
inapropiada en el ministerio - límite, 124
- delincuente, 32-33 - narcisista, 128-129
- desarrollo, 183 - obsesivo-compulsivo, 130
- desviación. Véase desviación - pasivo-agresivo, 125
sexual - por dependencia, 125, 130
- exploración, 57, 184 - por evitación, 125
- fantasías, 57, 184 travestismo. Véase transgenerismo
- identidad, 26
- orientación. Véase orientación valoración, 167-173,174, 236, 238-
sexual 239
- prácticas, 24 - aproximación integradora a, 175
- preferencia. Véase orientación víctimas. Véase abuso/maltrato
sexual vocación. Véase narcisismo
- salud, 24 vulnerabilidad, 33. Véase también
sexualidad, 23-24 estilos de vínculo
- espiritualidad y, 94
zona erógena, 25, 43