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Taumaturgia y teúrgia, el manejo de lo sobrenatural

por Javier Solís Montero

La Taumaturgia es la capacidad para realizar maravillas, prodigios o hechos de


carácter sobrenatural. Por tanto, sobrepasan la capacidad natural humana. De este
modo, un individuo o, también, un objeto pueden ser considerados como
taumatúrgicos. El origen del nombre es explícito al respecto, pues proviene del
griego transliterado thaûma, milagro o maravilla, y de érgon, trabajo.

Habitualmente se ha considerado a determinado grupo de personas como aquellas


capaces de realizar tales actos. Los mismos han sido: magos, chamanes o aquellos
que han tenido algún tipo de posición destacada, ya sea a nivel religioso o
político. En este segundo grupo entrarían los reyes o emperadores, destacando el
caso de los romanos, o durante el cristianismo, los santos o las propias figuras de
Jesucristo y la Virgen María. Por consiguiente, los objetos vinculados con este
tipo de personas, como fueron las reliquias, tenían asumida la capacidad
taumatúrgica. Así mismo, se deben incluir otra serie de objetos que podían ser
empleados para llevar a cabo los rituales vinculados.

Origen histórico

La vinculación de la taumaturgia está íntimamente ligada a la magia en la


Antigüedad. Se puede partir desde las diferentes culturas próximo-orientales o de
la egipcia, pero va a tener un punto de desarrollo indiscutible en la magia del
periodo helenístico, así como en las prácticas realizadas en Roma. Las
invocaciones, los signos, encantamientos, amuletos, maldiciones, himnos, fórmulas o
recetas, son un reflejo de la magia en el mundo antiguo. Por tanto, dentro del
desarrollo mágico se va a presentar la figura del taumaturgo, que sin ser de
creación helenística, sí recibirá una influencia ideológica para su comprensión
desde la perspectiva de comprender las actividades sobrehumanas que realiza
determinada persona.

Ya en época cristiana, gran cantidad de ideólogos o eruditos de las primitivas


comunidades cristianas, van a ver a la propia figura de Jesús como un mago con esas
capacidades taumatúrgicas, ya que realizará milagros, prodigios o maravillas que
escapan al entendimiento racional y son muestra de su naturaleza divina o por
encima de la humana. Con posterioridad, esas capacidades van a pasar tanto a su
madre, María, como a los diferentes santos que van a copar la cúpula celeste
cristiana. Corresponde a una cristianización de las prácticas mágicas, las cuales
formaban parte de la vida cotidiana de los habitantes de la antigüedad, y que
precisamente, en una sociedad como es la romana imperial, llegaba a todas las capas
de la sociedad.

La pretensión a la hora de realizar dichas prácticas responderá a un intento de


influir, ya sea a distancia o por contacto directo, sobre otros seres humanos o la
naturaleza, e incluso sobre la propia muerte. De este modo, miles de personas
buscaban conseguir a un ser amado, curarse de una enfermedad o aplacar a los
espíritus del más allá mediante tales actos.
Los theioi Andres

Por tanto, para lograr tales resultados se recurría a alguno de estos “hombres
divinos” (theioi andres, singular: Thêo aner), para que ellos mismos, mediante la
imposición de manos o la elaboración de determinados rituales, pudiesen lograr
tales actos. El tránsito a la vida cristiana llevó a la adecuación teológica e
intelectual de esta idea, mediante la pretensión de estar en contacto con alguna
parte física o algún objeto que formase parte de esos hombres de carácter
extraordinario, lo que llevó a recurrir a las reliquias. En el caso de Jesús de
Nazaret sí se observa un reflejo directo de los theioi andres, debido a la
consideración de su propia naturaleza divina y su mayor poder de actuación “mágica”
o sobrenatural.

Este punto presenta una vinculación directa con la teúrgia, que como práctica
mágico-religiosa va a consistir en la invocación o atracción de dioses o seres
sobrenaturales para lograr de ellos alguna pretensión, ya sea mediante beneficios o
transacciones. Se logra atraerles, con la actuación ritual, para solicitarles su
intervención. Dicho planteamiento, perfectamente integrado en la mentalidad
religiosa pagana, es adaptado en el mundo cristiano a través de la reconfiguración
ideológica y sincrética del politeísmo al universo monoteísta. Por consiguiente, se
configura toda una serie de seres intermedios, como los ángeles, los santos o
mártires, que van a interceder en favor de los seres humanos.

La adaptación está influida principalmente por corrientes como el neoplatonismo o


el pitagorismo. Un ejemplo de “hombre divino” es Apolonio de Tiana (fallecido
durante el reinado de Nerva, 96-98 d.C.), quien tendrá conexiones con los brahmanes
o los sacerdotes egipcios. Sabemos acerca de su vida gracias a la biografía escrita
por Filóstrato (170-249 d.C.), y alcanzó tal fama que el propio emperador Alejandro
Severo le rindió culto privado. El mismo Filóstrato intentó, sin éxito, presentarle
como un filósofo más que como un mago, aunque los propios hechos que narrará, como
los milagros, resurrección de muertos, aplacamiento de epidemias, expulsión de
demones, profecías, prácticas necrománticas o la capacidad de aparecer y
desaparecer, ofrecen una imagen opuesta a la pretendida. Se mostraba a Apolonio
como un filósofo-asceta basado en los ideales neopitagóricos. Su imagen alcanzó
unos niveles que algún erudito, como Hieroclaes (quien fue gobernador provincial
durante Diocleciano), llegó a considerarle, en su tratado Los amantes de la verdad,
como superior en poder a Cristo. Así mismo, escritores neoplatónicos, como Porfirio
(234-301/305 d.C.) o Jámblico (250-330 d.C.), escribirán sobre la vida de
Pitágoras, presentándole como un prototipo claro de Thêos aner.

Porfirio, en su obra De regressu animae, va a secundar las ideas planteadas


mediante la teúrgia en los Oracula Chaldaïca (Oráculos caldeos). Estos escritos del
siglo II d.C. son desarrollados por Juliano el Caldeo y su hijo Juliano el Teurgo,
considerado un mago, quienes mostraban en sus páginas como invocar a dioses y
lograr tratos con ellos. Jámblico también mantendrá interés en la teúrgia, y
partiendo del estudio de los oráculos caldeos desarrollará su tratado De mysteriis.
Estas ideas son continuadas por Máximo de Efeso, discípulo de Jámblico, o por el
propio emperador Juliano el Apóstata. Sabemos que las referencias llegarán hasta
autores del siglo XI como Miguel Psellos. Incluso el neoplatónico Sinesio de Cirene
(370-414 d.C.) desarrolla su tratado Sobre los sueños, donde plantea que las
ensoñaciones son un escenario idóneo para encontrar a los dioses. El mismo autor
con posterioridad se convertirá al cristianismo y llegará a ser obispo. No
obstante, la teúrgia no fue aceptada por todos los neoplatónicos, como fue el caso
de Eusebio de Mindo. Así mismo, los discípulos de Plotino (205-270 d.C.), el
fundador del Neoplatonismo, van a desarrollar la multiplicación de estos seres
intermedios, además de la búsqueda de la conexión y los encuentros con la mente
universal suprema. Este último aspecto resultará fundamental en su adaptación
cristiana para esa conexión con Dios, así como, posteriormente, con la Virgen y los
santos.

Otros personajes que gozaron de la consideración como un Thêos aner fueron


Alejandro de Abonuteichos o Peregrino Proteo, del mismo modo que algunos
emperadores romanos, a los cuales la propaganda les vinculó con diversos actos
milagrosos. Entre los regentes más destacados estaban: Augusto, Trajano, Adriano o
Vespasiano, entre otros; y los casos atribuidos estuvieron relacionados básicamente
con prodigios, sucesos sobrenaturales, la sanación de enfermos o el sometimiento de
animales salvajes. Era una manera de presentar a los emperadores, además de su
adscripción sacerdotal, como auténticos regentes taumaturgos, elevando así su
propia figura. La naturaleza divina o próxima a la divinidad de los emperadores,
quedaba manifestada con estas capacidades sobrehumanas.
Los tipos de Teúrgia

Pese a todo, no se debe considerar a la teúrgia como una simple continuación de la


magia común, sino como una aplicación de la misma con un fin religioso que pretende
una revelación divina. De hecho, uno de los recursos más habituales de la teúrgia
correspondió a la adivinación, de la cual debemos hacer una división entre dos
vertientes. La primera parte es la telestiké teúrgica, que corresponde a la
consagración y animación de estatuas mágicas para lograr el desarrollo de oráculos,
basándose en la relación natural entre las estatuas y las divinidades. Su origen se
remonta a Egipto, aunque Juliano escribirá una obra con el título de Telestiká que
sirve para su denominación. Dentro de esta práctica destacaría principalmente
Máximo de Efeso, quien, según nos cuenta Eunapio, haría reír a una estatua de
Hécate y las antorchas de la diosa se encenderían solas, para dar paso
posteriormente a las profecías. La otra mitad de la división corresponde al empleo
de un médium y sus trances. En ambos casos se trataría de la recepción de una
divinidad, aunque en el primer caso relativo a un objeto inanimado y en el segundo
a un ser viviente. Según Jámblico, no todas las personas podrían ser un médium,
quedando reservado ese don a grupos de personas jóvenes y de clase más sencilla.
Representación figurativa en cerámica de Egeo consultando a Pitia, en el oráculo de
Delfos. Fuente: redhistoria.com

Durante el s. IV, debido al auge acontecido desde finales del siglo II d.C., la
Iglesia tuvo una actitud ambigua con las prácticas mágicas relacionadas con la
teúrgia; pues por un lado, consideraban su efectividad debido a que eran obra de
demonios contrarios a Dios y a los hombres, pero por otro lado, consideraban
necesaria su prohibición y se debía recurrir a la ascesis. A este respecto, el
emperador Constantino promulgó un edicto que condenaba y castigaba las prácticas
mágicas contra la salud de otras personas o con el fin de lograr enamoramientos,
aunque aceptaba las que alejaban enfermedades de las personas o protegían los
campos. Al mismo tiempo, ante la dificultad de luchar contra estas prácticas, se
recurrió a la transformación de estas acciones a través del cristianismo. Por
ejemplo como ocurrió en Penas, donde a los pies de una estatua de Cristo creció una
palmera que será empleada en curaciones. También los clérigos fabricaban amuletos
de protección, aunque serán definitivamente prohibidos tras el sínodo de Laodicea
(363-364 d.C.). Por supuesto, no podemos olvidar como en la mayoría de referencias
vinculadas con santos, todos ellos podían realizar prodigios y milagros, algo que
llevó a que durante el culto a los mismos (así como de los mártires), a partir del
siglo II d.C. se les asociara a prácticas mágicas y se recurriese a las reliquias
para solventar determinadas vicisitudes.

De tal manera que observamos una perpetuación de conductas mágicas, adaptadas y


transformadas a las nuevas realidades, del mismo modo que hoy en día siguen
presentes en nuestra sociedad. Pero tanto la taumaturgia como la teúrgia, muestran
desde la perspectiva de la Antigüedad la necesidad de modificar los sucesos, buscar
la ayuda y manipulación de las divinidades (aspecto éste intrínsecamente
relacionado con la mentalidad religiosa antigua), y adscribir a determinadas
personas una serie de capacidades que van más allá de lo puramente humano. Esta
última cuestión, sirvió para establecer una posición de poder, tanto religioso como
político, a sacerdotes, filósofos/hombres divinos y reyes/emperadores, y llegó a
mantenerse tras el final de imperio romano de Occidente, siendo continuado por
parte de la Iglesia católica y de los reyes medievales. En definitiva, ambos
elementos analizados corresponden a una interacción por parte de los seres humanos
con espacios divinos y sobrenaturales para lograr sus intereses, y donde el poder
siempre será un reflejo y tendrá su escenario.

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