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Sociología

Unidad 1
Nietzsche – La gaya ciencia

Para que el conocimiento sea posible nuestros instintos deben expresar su parecer incompleto sobre el objeto o suceso
de qué se trata. Entonces comienza una lucha entre estos juicios incompletos, surge una especie de justicia y de
contrato el cual estos instintos Van a subsistir y conservar su razón de ser.

La mayor parte de nuestra actividad intelectual se efectúa inconscientemente. El pensamiento consciente en la


categoría de pensamiento menos violento, por eso los filósofos son los que se engañan más frecuente respecto al
conocimiento.

Michel Foucault – La verdad y las formas jurídicas

En primer lugar se trata una investigación estrictamente histórica, o sea ¿cómo se formaron dominios de saber a partir
de las prácticas sociales?

Las prácticas sociales pueden ser engendrar dominios de saber que no sólo hacen que aparezcan nuevos objetos
conceptos y técnicas, sino que hacen hacer además forma totalmente nuevas de sujetos y sujeto de conocimiento. El
mismo sujeto de conocimiento posee una historia, la relación del sujeto con el objeto, claramente, la verdad misma
tiene una historia. Podemos decir entonces que la historia de los demonios de saber en relación con las prácticas
sociales, excluida la preeminencia de un sujeto de conocimiento dado definitivamente, es uno de los temas
investigación que propongo.

El segundo tema investigación es metodológico, un tema que podemos llamar análisis de los discursos. Hace algunos
años será importante decir y mostrar que aquello que se hacía con el lenguaje obedecía un cierto número de veces por
regularidades internas: las leyes de lenguaje. Había llegado el momento pues, de considerar estos hechos en el curso ya
no simplemente por una aspecto lingüísticos y no, en cierto modo como juegos, juegos estratégicos de acción y
reacción, de pregunta y respuesta, de dominación y retracción, y también de lucha.

El tercer tema investigación consistiría en una reelaboración de la teoría del sujeto. Esta teoría fue profundamente
modificada y renovada en los últimos años por unas teorías o aún más seriamente unas prácticas con toda claridad el
psicoanálisis y se coloca en un primer plano.

Hace dos o tres siglos la filosofía occidental postulaba, explícita o implícitamente, el sujeto como fundamento, como
núcleo central de todo conocimiento. El psicoanálisis poner enfáticamente en cuestión esta posición absoluta del sujeto.
Pero a pesar de que esto es cierto con respecto al psicoanálisis, en compensación con el dominio de lo que podríamos
llamar teoría del conocimiento, o en el de la epistemología, la historia de las ciencias incluso en la historia de las ideas,
creo que la teoría de sujetos siguió siendo muy filosófica.

Cuando seas historia nos atenemos a ese sujeto de conocimiento y de representación como punto de origen a partir del
cual es posible el conocimiento. Sería interesante que intentáramos ver cómo se produce, a través de la historia, la
constitución de un sujeto quien estado definitivamente, quien es aquello a partir de lo cual la verdad se me historia, sino
un sujeto que se constituyen en el interior mismo de esta y que, A cada instante es fundado y vuelta fundaron por ella.

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La traición universitario académica del marxismo concepción tradicional del sujeto desde un punto de vista filosófico
aún continúa, lo que es llevarse a cabo. La constitución histórica de un sujeto de conocimiento a través de un discurso
tomado como conjunto de estrategias que forman parte de las prácticas sociales entre las prácticas sociales en las que el
análisis histórico permite localizar la emergencia de nuevas formas de subjetividad Las prácticas jurídicas o más
precisamente la práctica judiciales están entre la más importante es Las prácticas jurídicas o más precisamente la
práctica judiciales están entre las más importantes. Hay dos historias verdad la primera es una especie estoy en terna de
la verdad que se corrigió partiendo de su propio principios de regulación: es la historia de verdad tal como se hace o a
partir de la historia de la ciencia. Por otra parte en la sociedad o al menos en nuestras sociedades, hay otros sitios en los
que se forman la verdad, allí donde se definen un cierto número de reglas de juego, a partir de las cuales vemos nacer
ciertas formas de subjetividad, dominio de objeto, tipos de saber Y, por consiguiente, podemos hacer a partir de ello una
historia externa, exterior de la hora. La práctica judiciales creo que son alguna de las formas empleados por nuestra
sociedad para definir tipo de subjetividad, formas de saber, y en consecuencia relaciones entre el hombre la verdad que
merecen ser estudiadas.

- [ ] Éste es uno de los temas a desarrollar: la forma jurídica y por consiguiente, su evolución en el campo del derecho
penal como lugar de origen de determinado número de formas de verdad. Cierta forma es verdad pueden ser definidas
a partir de la práctica penal. Por lo que llamamos indagación. La indagación apareció en la media como forma
investigación de la verdad en el seno del orden. En el siglo xix cimentaron también a partir de problemas jurídicos,
judiciales, y penales forma de análisis muy curiosas que yo llamaría examen. Esta forma examen dieron origen a la
sociología la psicología y la psicopatología la criminología, el psicoanálisis.

- [ ] Nietzsche se encuentra un tipo de discurso en el que se hace el análisis histórico de la formación misma del sujeto, el
saber, sin admitir jamás la existencia un sujeto de conocimiento.

En su texto (1873) dice: “En algún punto perdido del universo, cuyo resplandor se extiende a innumerables sistemas
solares, hubo una vez un astro en el que unos animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue aquel el instante
mas mentiroso y arrogante de la historia universal”. Según como expresa el, el conocimiento fue inventado. Nietzsche
afirma que en un determinado punto del tiempo y en un determinado lugar del universo, unos animales inteligentes
inventaron el conocimiento. La palabra que emplea, invención (el termino alemán es ERFINDUNG) reaparece con
frecuencia en sus escritos, y siempre con intención y sentido polémicos. Cuando habla de INVENCION tiene en mente
una palabra opuesta a ella, la palabra ORIGEN. Cuando dice invención es para no decir origen, cuando dice ERFINDUNG,
es para no decir URSPRUNG.

Nietzsche dice que Schopenhauer (habla de el en la gaya cienca) cometió el error de buscar el origen (ursprung) de la
religión en un sentimiento metafísico que está presente en todos los hombres y contendría de manera anticipada el
núcleo de toda religión.

Nietszche afirma: he aquí un análisis de la religión totalmente falso, porque admitir que la religión tiene origen en un
sentimiento metafísico, significa, pura y simplemente que la religión estaba dada implícita en cuenta en ese sentimiento
metafísico. Sin embargo, la historia no es eso, la historia no se hace de esa manera, las cosas no suceden asi, porque la
religión carece de origen, no tiene Ursprung, fue inventada, hubo una Erfindung de la religión, en un momento dado
hubo algo que la hizo aparecer.

Nietzsche afirma que hay quienes buscan el origen de la poesía, su Ursprung, cuando en verdad no existe tal cosa,
porque también fue inventada (un día alguien tuvo la idea bastante curiosa de utilizar ciertas propiedades rítmicas del
lenguaje para hablar, para imponer sus palabras).

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El ideal tampoco tiene origen, fue inventado, producido por una serie de pequeños mecanismos. Para Nietzsche la
invención (Erfindung) es, por una parte, una ruptura y por otra algo que posee un comienzo pequeño, bajo, mezquino e
inconfesable.

A la solemnidad de origen es necesario oponer, siguiendo un buen método histórico, la pequeñez meticulosa e
inconfesable de esas fabricaciones e invenciones.

El conocimiento fue por lo tanto inventado, Decir que fue inventado es decir que no tuvo origen o lo que es lo mismo y
de manera más precisa aunque parezca paradójico, que el conocimiento no está absoluto inscrito en la naturaleza
humana. El conocimiento no constituye el instinto más antiguo del hombre o a la inversa no hay en el comportamiento
humano, en los apetitos, en el instinto humano, algo que se parezca a un germen del conocimiento.

El conocimiento está relacionado con los instintos, pero no puede estar presente en ellos ni ser siquiera un instinto
entre otros, es resultado simplemente del juego, el enfrentamiento de las confluencias, la lucha y el compromiso ente
los instintos.

El conocimiento es de la misma naturaleza que los instintos, no es otra cosa que su refinamiento. El conocimiento tiene
por fundamento o punto de partida a los instintos pero solo en tanto estos se encuentran enfrentados unos a los otros,
confrontados. El conocimiento es un resultado de esta confrontación. Nietzsche dice que el conocimiento es como una
centella que brota del choque entre dos espadas, pero que no es del mismo hierro de ellas.

El mismo no se puede deducir analíticamente según una especie de derivación natural. No es posible deducirlo
necesariamente de los instintos. El conocimiento no es instintivo, es contra- instintivo; e igualmente no es natural, el
contra-natural.

El conocimiento es una invención y no tiene origen, sin embargo aun cuando el conocimiento no esta ligado a la
naturaleza humana ni derivado de ella, está emparentado por un derecho de origen con el mundo a conocer. Esta es la
gran ruptura con la que había sido una noción tradicional de la filosofía occidental. Nietzsche piensa, por el contrario a
Kant, que hay tanta diferencia entre el conocimiento y el mundo a conocer como existe entre el conocimiento y la
naturaleza humana.

En el texto la gaya ciencia Nietzsche afirma que el mundo se parece a un caos eterno se crea un mundo que no busca
imitar al hombre, ignora la ley y el conocimiento ha de luchar contra este mundo sin orden, se relaciona con un mundo
como este y no hay nada en el que lo habilite a conocer ese mundo, ni es natural a la naturaleza ser conocida.

Entre el conocimiento y las cosas que tiene este para conocer no puede haber ninguna relación de continuidad natural.
Solo puede haber una relación de violencia, dominación, poder y fuerza, una relación de violación. El conocimiento solo
puede ser una violación de las cosas a conocer y no identificación de ellas.

En este planteo de Nietzsche hay una doble ruptura:

Entre el conocimiento y las cosas, ya que si ya no existe una relación entre este y las cosas a conocer, hay una relación
arbitraria de poder y violencia en la que la existencia de dios ya no es más indispensable.

Si entre el conocimiento y los instintos hay solo ruptura, quien desaparece entonces no es Dios, si no el sujeto en su
unidad y soberanía.

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Nietzsche dice que comprender es un juego en que lucha tres instintos (reír, deplorar y detestar). Estos conservan al
objeto a distancia y sol todos del orden de las demás relaciones . Los instintos producen el conocimiento para que
luchen entre sí. Hay en el conocimiento una relación de distancia y dominio.

La filosofía occidental caracterizo al conocimiento por la semejanza, adecuación, unidad, grandes temas que se ponen
ahora en cuestión, pero Nietzsche coloca en el núcleo, en la raíz del conocimiento, algo así como el odio, la lucha, la
relación de poder. Afirma que el filosofía es aquel que más se engaña sobre la naturaleza del conocimiento al pensarlo
siempre en forma de adecuación, amor, unidad, pacificación.

Sin embargo, si quisiésemos saber qué cosa es el conocimiento no hemos de aproximarnos a él desde la forma de vida,
de existencia de ascetismo característica del filósofo, sin embargo para conocerlo debemos aproximarnos a el no como
filósofos, sino como políticos, debemos comprender cuales son las relaciones de lucha y poder.

Nietzsche dice que no hay naturaleza ni esencia ni condiciones universales para el conocimiento, sino que este es el
resultado histórico de las condiciones que no sol del orden del conocimiento.

Afirma que el conocimiento tiene un carácter perspectivo, en el sentido de que solo hay ciertos actos en los que el ser
humano se apodera violentamente de ciertas cosas, impone relaciones de fuerza. El conocimiento es siempre un
desconocimiento; solo hay conocimiento en la medida en que se establece entre el hombre y aquello que conoce algo
así como una lucha singular, como un duelo.

En los análisis tradicionales marxistas podemos ver a la ideología presentada como una especie de elementos negativos
a través del cual se traduce el hecho de que las relaciones del sujeto con la verdad es perturbada.

El propósito de Foucault es demostrar las condiciones políticas y económicas de existencia como aquello atreves de lo
cual se forman los sujetos de conocimiento y, en consecuencia, las relaciones de verdad.

Dubet- El trabajo de las sociedades

Hoy en día todo es social, muestras costumbres, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, etc. Lo social, desde
luego, se nos impone: no elegimos ni sus lenguajes, ni sus reglas, ni sus restricciones, y la sociedad se nos resiste cuando
nos oponemos a ella. In embargo, actualmente la mayoría de los sociólogos explican que lo social ya no forma la
sociedad, la idea misma de sociedad es inútil y hasta peligrosa. La sociedad es una construcción, un espejismo, una
ilusión y una manera entre otras de representar al mundo que hay que quitar de encima. Al ser una construcción, lo
conveniente es descentrar la sociedad y estudiar únicamente lo que parece real: las acciones individuales más o menos
racionales, las interacciones y las regulaciones locales, las redes, los actores- redes, los juegos de justificaciones, en
resumen estudiar lo micro y lo local.

Por un lado la estructura social parece descomponerse, porque las desigualdades se multiplican, sin constituir un
sistema homogéneo y centrado como lo era la estructura de clases de la sociedad industrial. Estas desigualdades se
fraccionan u con frecuencia se incrementan sin que puedan desmontarse su mecanismo ni su racionalidad oculta. Por
otro lado, las instituciones de socialización ya no parecen estar en condiciones de formatear a los individuos y
prepararlos con la eficacia que suponía la sociedad para cubrir los puestos que los aguardaban. De hecho la distancia, la
crítica, la reflexividad, el desfase han llegado a ser la regla, y la maravillosa armonía de la sociedad de los sociólogos ya
no parecer ser otra que una ideología desgastada.

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La sociología de la sociedad se convierte en una vaga nostalgia, o bien en una postura crítica empeñada en describir la
vida social como un mecanismo de dominación sin fallas.

Sin embargo, aun cuando la sociedad ha perdido vigencia, las sociedades existen, y es preciso ir mas allá de la inagotable
descripción de la crisis. En realidad la integración social deja su lugar a la cohesión social, que sucede a la sociedad de la
misma manera que la sociedad suceso a la comunidad.

El individuo es definido más por sus tribulaciones que por sus posiciones, tiene que ser, simultáneamente, autentico y
productivo, racional y solidario, y la crítica social solo puede efectuarse en nombre del individuo y de las patologías
sociales que lo privan de reconocimiento. En tanto que el paradigma de la sociedad lleva a estrechar el espacio de las
posiciones siales en nombre de la integración, el de la cohesión social invita a reflexionar, sobre todo, en términos de
desigualdad de posibilidades y oportunidades. Las desigualdades injustas se perciben como discriminaciones, como
obstáculos a las posibilidades de alcanzar equitativamente todas las posiciones sociales en función exclusiva del mérito
de los individuos. La vieja oposición entre las clases sustituida por la competencia entre los individuos y los grupos más o
menos estigmatizados y discriminados.

Mientras que la integración supone instituciones sólidas y republicanas, leyes universales y una función pública
independiente de la sociedad, la cohesión social pone en práctica políticas activas, movilizando a la sociedad civil, los
funcionarios elegidos, las asociaciones y los ciudadanos y apela a una definición de los problemas y a evaluaciones
permanentes. En este marco se impone la noción de capital social, cuyo éxito es producto de la ambigüedad y la
plasticidad. El capital social es uno de los conceptos mágicos de la cohesión social, porque se le atribuye la capacidad de
transformar las virtudes sociales privadas en beneficios colectivos. Se busca que la sociedad se produzca a si misma
gracias a la vida social.

Se observa entonces un extraño cambio de papeles entre la sociología y la economía: la primera es cada vez más micro,
mientras que la segunda, por razonar naturalmente en términos de efectos emergentes y estar mejor armada para el
benchmarking, aprehendería con mayor precisión los mecanismos de la cohesión de las sociedades. La sociología está
bajo la amenaza de desaparecer junto con la sociedad, de quedar reducida a una descripción de los agujeros de la
cohesión y estudiar lo que la economía deja aun de lado.

Para remontarse hacia una imagen social de las sociedades de cohesión, con el fin de tratar de construir una sociológica
de las sociedades, señala 3 caminos:

El primer camino: Es el de la acción y de lo que ha llamado “experiencia social”. Aun cuando se acepte construir
razonamientos sociológicos a partir de la acción individual y sus diversas lógicas, debe admitirse que las lógicas de la
acción son plenamente sociales y remiten a órdenes de fenómenos, a subsistemas que las anteceden. La sociología no
debe renuncia a su vocación de unir el análisis de las conductas y mecanismo sociales globales que las determinan,
aunque estos últimos ya no formen un sistema… siempre que lo hayan hecho alguna vez

Segundo camino: Invita a no abandonar el análisis de las sociedades es el de la dominación. La cohesión social no le
quita nada a la dominación social; simplemente, la transforma, la desmenuza y la vuelve más subjetiva. La dominación
social puede definirse como la suma de los obstáculos y las relaciones sociales que prohíben esa actividad. La
dominación es, entonces, el conjunto de las fuerzas que les impiden a los actores dominados controlar plenamente su
experiencia social, aun cuando ese control se imponga como imperativo fundamental.

Tercer camino: hay sociedades porque los actores sociales construyen la crítica de estas de manera continua. Las críticas
de las injusticias si bien se sitúan en conteros precisos y a personas, apelan también a principios de justicia universales.

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Válidos para toda la comunidad en cuestión. Así, la definición de una sociedad es una suerte de necesidad cognitiva y
moral a la que cada quien recurre en forma espontánea cuando se trata de criticar las injusticias sociales de las que se
siente víctima o testigo. En tanto que ya no parece posible afirmar que la sociedad existe porque habría, por encima de
ella, valores compartidos por todos, la actividad crítica exacerba por la decadencia de esos valores reconstruye una
representación de las sociedades como una distancia a un orden justo.

El mundo de la cohesión social es, ante todo, el descubrimiento de la producción continúa de las sociedades por si
mismas. La verdadera laicización de la sociología.

Cuando la sociedad ya no es tal, el régimen de las teorías sociológicas cambia de naturaleza. Si se admite que las
sociedades reemplazan a la sociedad, la sociología que las estudia debe poner en relieve mecanicismos elementales de
ese trabajo consistente en mantener unido lo que las lógicas de la acción separan, El átomo elemental de esta
actividades es la experiencia social misma, pero es obvio que esta no basta para crear un mundo común, por eso se
deben distinguir 3 mecanismos: Los flujos (que unen las interacciones y ponen frente a quienes están desconcentrados ),
herramientas (que regulan la vida social sin intenciones sociales intermedia) y las representaciones (que constituyen
imágenes en que la sociedades se reconocen más en sus fracturas que en su unidad).

Debemos aceptar una ambigüedad en los conceptos utilizados (Sociedad y cohesión) ya que designan periodos
históricos y hechos objetivos, pero también designan representaciones de la vida social.

-“ Cuando ya no se cree en la sociedad, ni en que una parte del mundo occidental encarna lo universal, ni en la
concepción de que al hablar de sí mismo se habla de todo porque uno es dominante sin quererlo; solo existen
sociedades singulares y es sobre ellas que se debe razonar, sin prejuicio de imaginar que las cosas no siempre son tan
diferentes en otros lugares”.

La sociedad de los sociólogos

Para definir la sociología, lo más sencillo es decir que esta ciencia estudia a la sociedad.

En primer lugar esta definición tiene la ventaja de ser de compresión inmediata, porque es muy evidente que vivimos
en una sociedad.

En segundo lugar esta definición es legitima porque designa un objeto, como toda ciencia, por lo cual la sociología puede
entonces ser una ciencia.

Por ultimo esta definición liga al sociólogo, quizás más de lo que él cree, a una tradición intelectual: justamente, la que
ha definido a la sociología tanto por su objeto como por sus métodos y perspectivas.

Se puede considerar que la sociología, o por lo menos toda una tradición de la sociología, es la filosofía social que
invento la idea de sociedad en la segunda mitad del siglo XIX, un momento en que el siglo de las revoluciones había
invalidado la noción de que la vida social procedía ya sea de un orden natural querido por Dios, ya de una especie de
contrato. Dado que la ilustración y las revoluciones democráticas habían roto el hilo de la legitimidad entre el cielo y el
mundo de los hombres y la miseria provocada por la Rev. Ind mostraba a muchos que el contrato democrático no podía
fundar por si solo un orden social aceptable, era preciso definir la naturaleza de la vida social. En ese momento se forjo
la idea de sociedad.

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¿Qué es la sociedad?

La sociología no ha inventado la idea de que todo o casi todo es social. Lo que ha inventado la sociología es la idea de
que lo social compone una sociedad. Ha definido los conjuntos sociales más pertinentes, sobre todo los Estados-
naciones, como sociedades. Esta forma de designar grupos sociales es un programa intelectual, y más ampliamente un
programa político. La sociedad es un objeto, una realidad para los más naturalistas de los sociólogos, pero también un
mecanismo regulador, un marco que explica la vida social. La sociedad es el objeto de la sociología, y a la ve, lo que
explica el funcionamiento del objeto.

La sociedad es un sistema

La idea de sociedad está unida bastante claramente a la de sistema. Al hablar de la sociedad, la sociología, en cuanto a
pensamiento social natural, sigue designando algo que se asemeja a un sistema situado por encima o detrás de
nosotros. El pensamiento social moderno concibe a la sociedad como un principio generador, un mecanismo oculto
capaz de explicar las conductas de los actores y la existencia de un orden social objetivo.

Había que explicar porque se mantenía cierto orden a pesar de que los individuos de las sociedades democráticas eran
cada vez más cambiantes, cada vez más libres, cada vez más despegados de las comunidades y cada vez más egoístas.

Entonces se afirma que la sociedad es un orden oculto regido por leyes necesarias, consideradas como un mecanismo de
orden social, independiente de los individuos y superior a ellos. Este mecanismo generador determina posiciones, se
impone a los individuos, establece relaciones y nos da libertad para actuar siempre que respetemos las leyes del
sistema.

La idea de sociedad es una representación y una construcción social de la realidad; pero hay un problema respecto a que
la práctica sociológica sigue apoyándose a la existencia de la sociedad detrás de la vida social, la meta del juego sigue
siendo mostrar que las posiciones objetivas determinan las practicas subjetivas y que esos juegos de determinación
informan sobre funciones o leyes del sistema. Además, sin siquiera precavernos transformamos regularidades
estadísticas en causas: si los niños de clases populares fracasan en la escuela más a menudo que sus compañeros de
clases favorecidas, llegamos a la conclusión trivial de que el origen social es la causa del fracaso escolar

En resumen, existe la sociedad más allá de la vida social. Para existir la sociedad no necesita quererlo, la sociedad es
simultáneamente el objeto que hay que estudiar y lo que explica el objeto estudiado.

Pensando sociológicamente – ZYGMUNT BAUMAN


SOCIOLOGÍA ¿PARA QUÉ?

Lo que identifica a la sociología

Se pueden concebir la sociología de diversas maneras. Pensamos en ella como una actividad permanente, una
preocupación continua, una constante verificación del caudal de sabiduría recibida confrontándola con las experiencias
nuevas, un incremento constante del conocimiento acumulado y su modificación en el proceso. La socióloga se
concentra en las acciones actuales o en las cualidades generales de la acción que no cabían en el tiempo.

Las diferencias entre las disciplinas académicas es la división del trabajo entre los académicos que se ocupan de las
acciones humanas. Lo que se proyecta sobre el mapa mental del mundo humano que llegamos en nuestras mentes y
después desplegamos en nuestros actos. Es esa división del trabajo la que da una estructura al mundo en que vivimos.
Lo que identifica a la sociología y le otorga su rasgo distintivo es el hábito de considerar las acciones humanas como
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elementos de elaboración más amplia. Los actores individuales son considerados por los estudios sociológicos en su
condición de unidades, miembros o socios dentro de una red de interdependencia. Entre esas diferentes formas de las
que la manera de pensar sociológicamente se diferencia, ocupa un lugar muy especial el llamado sentido común que es
el conocimiento rico pero desorganizado, asistemático y con frecuencia inarticulado. Toda la experiencia que
proporciona la materia prima para las conclusiones de la sociología es la experiencia de la gente común en la vida común
y cotidiana, una experiencia que antes de ser colocada bajo la lupa de un sociólogo había sido vivida por alguien más, un
no sociólogo. Vivir en compañía de otras personas requiere una gran cantidad de conocimiento y este conocimientos se
llama sentido común.

Esperamos que los sociólogos nos muestren como nuestras biografías individuales se entreje con la historia que
compartimos con nuestros congéneres. Los sociólogos están condenados a permanecer en ambos lados de la
experiencia que pretenden interpretar, adentro y afuera al mismo tiempo.

Cada término que los sociólogos pueden utilizar estará ya fuertemente cargo por los significados dados por el
conocimiento de sentido común de personas comunes.

Por todas estas razones, la sociología está demasiado relacionada con el sentido común como para permitirse esa
distante ecuanimidad con que pueden tratarlo otras ciencias, como la química o la geóloga.

Diferencias entre el sentido común y la sociología

1. La sociología a diferencia del sentido común hace un esfuerzo por subordinarse a las rigurosas reglas del discurso
responsable. Esto significa que de los sociólogos se espera que se preocupen especialmente por distinguir entras las
formulaciones corroboradas por la evidencia disponible y las afirmaciones que solo pueden reivindicar una condición de
suposición provisional y no verificada. Los sociólogos deben abstenerse de formular idea que solo se sustentan en sus
creencias como si se tratara de conclusiones verídicas y que implican la ampliamente respetada autoridad de la ciencia.

2. En relación al tamaño del campo del que se extrae el material para el juicio, para los no profesionales ese campo se
limita al mundo de nuestra vida personal. Rara vez hacemos un esfuerzo por elevarnos por encima del nivel de nuestras
preocupaciones cotidianas, por ampliar el horizonte de nuestra experiencia, que eso requeriría tiempo y recursos que no
disponemos o que no estamos dispuestos a invertir en ese esfuerzo. Por esta razón, el hecho de que los sociólogos
adopten una perspectiva más amplia que la que ofrece el mundo de los individuos significa una gran diferencia en
relación a la calidad y los usos del conocimiento.

3. Modo en que se procede para explicar la realidad humana: a las personas que son profesionales les resulta difícil
aceptar que una situación no fue efecto de la acción intencional de un alguien identificable, y no estamos dispuestos a
renunciar sin más a nuestra convicción de que toda condición desfavorable podría remediarse solo con que alguien
quisiera realizar el acto correcto. La sociología con sus observaciones parte de abstracciones y no de actores individuales
o de acciones aisladas y puede demostrar que la conocida metáfora del individuo motivado como clave para la
comprensión del mundo humano es incorrecta. Cuando pensamos sociológicamente intentamos explicar la condición
humana a través del análisis de las múltiples redes de la interdependencia humana, esa dura realidad que explica tanto
nuestras motivaciones como los efectos de su realización.

4. El poder del sentido común sobre la manera en que entendemos el mundo y nos entendemos a nosotros mismo
depende de la índole aparentemente autoevidente de los hombres. La sociología actúa como un intruso de nuestros
hábitos y de nuestras creencias. La sociología busca desfamiliarizar lo familiar. El cuestionamiento y la perturbación de la
rutina no son del agrado de todo el mundo y muchas veces rechazan el desafío de la desfamiliarizacion porque requiere

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un análisis racional de cosas que hasta entonces funcionaban solas. La sociología aspira a superar las limitaciones del
sentido común y trata de abrir las posibilidades que este tiende a naturalmente cerrar. Al cuestionar nuestro
conocimiento de sentido común , la sociología nos impulsa y alienta a reevaluar nuestra experiencia, a descubrir más
interpretaciones posibles y a tornarnos algo más críticos, a aceptar cada vez menos las cosas como son actualmente o
como creemos que son. El principal servicio que el arte de pensar sociológicamente puede prestaros es hacernos más
sensibles porque aguza nuestros sentidos, nos abre los ojos para que podemos explorar las condiciones humanas que
hasta ahora habían permanecido casi indivisibles para nosotros. El pensamiento sociológico tiene poder por derecho
propio, tiene un poder anti fijador. Se puede afirmar que el arte del pensamiento sociológico contribuye a ampliar el
panorama, a aumentar la eficacia audaz y practica de mi libertad y también de la suya. Pensar sociológicamente significa
comprender más a fondo a la gente que nos rodea. El pensamiento sociológico favorece la solidaridad, una solidaridad
fundada en la comprensión y el respeto mutuo, una solidaridad que se expresa a través de nuestra común resistencia
ante el sufrimiento y de nuestra unánime condena a la crueldad que lo causa. Si se alcanza ese efecto habremos
fortalecido la causa de la libertad, porque habremos elevado al rango de una causa común.

BENEFICIOS DEL PENSAMIENTO SOCIOLOGICO

- Cuestiona nuestro conocimiento que nos provee el sentido común; nos impulsa a reevaluar nuestra experiencia, a
descubrir más interpretaciones posibles y a tornarnos más críticos.

- El individuo se hace un poco menos manipulable, algo más resistente a la opresión y a la reglamentación exterior.

- El individuo, una vez que adquiere la cualidad de pensar sociológicamente, aprecia de mejor manera a los individuos.

- Favorece la solidaridad, fundada en la comprensión y el respeto mutuo.

- Ayuda a entender otras formas de vida, inaccesibles para nuestra experiencia directa

Pensar sociológicamente puede ayudarnos a entender otras formas de vida, inaccesibles para nuestra experiencia
directa y que con demasiada frecuencia forman parte del conocimiento de sentido común solo como estereotipos.
Igualmente nada garantiza que por haber adquirido cierta comprensión sociológica uno puede eliminar o vencer la
resistencia de las duras realidades de la vida. El poder de la comprensión novata para enfrentar las presiones de la
coerción que acompaña al sentido común.

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UNIDAD 2

La sociología clásica: Durkheim y Weber. Estudio preliminar y selección de textos: Juan


Carlos Portantiero.
La sociología, como campo definido del conocimiento aparece en el siglo XIX. Las filosofías de la sociedad aparecen en el
pasado, ligadas a especulaciones religiosas y casi siempre referidas a los problemas de la sociedad y el poder.

La ruptura de esa tradición, que permitirá la constitución autónomas de las ciencias sociales, se haya en el
Renacimiento. El precursor del conocimiento será Nicolás Maquiavelo. La primera disciplina será la ciencia política, lo
que podríamos llamar ciencia política, esto es, teoría del gobierno y de las relaciones entre el gobierno y la sociedad, es
el primer campo secularizado del saber que habrá de irse constituyendo dentro del orden las vasto de las ciencias
sociales.

El origen y el desarrollo de cada campo del conocimiento se vinculan siempre con las preguntas que plantea el
desenvolvimiento social.

1º Disciplina: Ciencia Política: El surgimiento de las naciones y de los Estados centralizados ponía en debate el tema de la
organización del poder que era pensado como un contrato voluntario entre sujetos jurídicamente iguales. Hobbes,
Locke, Montesquieu, Rousseau, contribuyeron en la construcción de un nuevo saber relacionado con el sentido de las
relaciones sociales entre los hombres. Lo social y lo político, que hasta entonces aparecía como algo invariante,
comienza a ser pensado como un proceso de construcción colectiva en el que el hombre procede a la sociedad, la crea y
la organiza. Nace la idea de “contrato social”, de la soberanía popular y de las formas de representación de la soberanía.

2º Disciplina: Economía política: Adam Smith y David Ricardo representan el pensamiento económico. Las etapas de
fundación de la economía política siguen también los ritmos del desarrollo social: en un principio eran los problemas del
cambio, de la circulación, de los predominantes; más tarde la atención se dirigía a los problemas de la producción
debido a que comenzaba la Rev. Ind.

Tanto la ciencia política como la economía política eran fragmentos de una misma sociedad. Hechos políticos y
económicos eran concebidos como fenómenos que se condicionaban mutuamente.

El origen de la Sociología:

Se define a la sociología como la “ciencia de la crisis”, debido a que aparece ligada a una situación de crisis.

El estímulo para el surgimiento de la sociología es la crisis social y política que la Rev. Ind genera. Con ella aparece un
nuevo actor social, el proletariado de las fábricas, vindicador de un nuevo orden social. Para dar respuesta al nuevo
actor social, a su surgimiento, aparecerán 2 corrientes: El socialismo (Marxismo) y la tradición sociológica clásica.

La Rev. Francesa (rev. política-social) fue la primer experiencia de una lucha de clases. La sociología intentará reconstruir
las bases del orden social perdido. En ese sentido, nace ligada con los objetivos de estabilidad social de las clases
dominantes. Su función es dar respuesta a la crisis del SXIX. Es una ideología del orden, del equilibrio. Al mismo tiempo
planteaba por primera vez la posibilidad de construir la sociedad como objeto de conocimiento.

La magnitud de los problemas que plantea la sociedad como objeto de conocimiento impone un abordaje científico.

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La ciencia social debía construirse positivamente, la sociedad si, será comparable al modelo del organismo. Para su
estudio había que distinguir un análisis de sus partes y otro de su funcionamiento: una fisiología. Así definí Saint Simón
las tareas de la nueva ciencia. Fisiología e higiene: no pura especulación, sino también la posibilidad de instrumentar
“preceptos aplicables” para la corrección de las enfermedades del organismo social.

Este positivismo, que exigía estudiar a la sociedad como se estudia a la naturaleza, iba a encontrar su método en la
biología.

La sociedad puede incluir procesos de cambios, pero ellos deben estar incluidos dentro del orden. La tarea a cumplir es
desentrañar ese orden, contemplarlo corregir las desviaciones que se produzcan en él. Así, todo conflicto que tendiera a
destruir radicalmente ese orden debía ser prevenido y combatido lo mismo que la enfermedad en el organismo.

Con esta carga ideológica nace la sociología clásica. En la medida en que busca incorporar a la ciencia el estudio de los
hechos sociales por vía del modelo organicista, desnuda su carácter conservador.

Los padres fundadores:

La sociología se estructura a partir de una doble discusión. Si en su madurez el adversario es el marxismo, en su


mocedad se busca saldar cuentas con el iluminismo.

Los pensadores racionalistas de SXVII aparecen como un antecedente directo de la sociología, porque son los primeros
que abren un campo de investigación más o menos sistemático: el que lleva a descubrir leyes del desarrollo social.

Para Montesquieu las instituciones políticas dependen del tipo de Estado y éste, a su vez, del tipo de sociedad. Por ello,
deducía, que no hay ningún tipo de régimen político universalmente aceptable: cada sociedad debía construir el suyo,
de acuerdo a sus particularidades.

Piensa que es posible construir una tipología de las sociedades, basada en la experiencia histórica. Este desarrollo
creciente de las estructuras económicas y sociales provoca modificaciones en el Estado. Lo que cambia son los tipos de
solidaridad entre los individuos generados por la división del trabajo. Esta construcción permite considerar
legítimamente a Montesquieu como un precursor.

Los principios del iluminismo encontraran su encarnación política en la Rev. Francesa de 1789. Pero, pese al optimismo
de los racionalistas, la crisis de las monarquías y el desarrollo del capitalismo industrial no provocaron un ingreso al reino
del equilibrio social, sino todo lo contrario. Surge así la reacción anti iluminista, la filosofía de la restauración. El orden
frente al cambio.

Este pensamiento reaccionario es otro de los eslabones importantes en el proceso de constitución de la sociología.
Debido a que en él se encuentra la reivindicación del orden.

Nisbet ha señalado, que las 5 ideas, elementos esenciales de la sociología, que estarán presentes en todos los teóricos
clásicos, se vinculan con el pensamiento conservador, preocupado profundamente por las consecuencias
desintegradoras del conflicto de clases. Ellas son: comunidad, autoridad lo sagrado, status y alineación.

La sociología clásica obtiene también del pensamiento tradicionalista la concepción de la sociedad como un todo
orgánico, superior a los individuos que la componen, unificados en sus elementos por valores que le dan cohesión y
estabilidad y que proporcionan sustento a las normas que regulan la conducta de los individuos y a las instituciones en

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las que esas conductas se desenvuelven. Si esos valores, esas normas y esas instituciones se alteran, la sociedad entrará
en un proceso de desintegración. El tema central es el orden social.

La autonomía de la sociología será finalmente fundada por Comte, este no hace más que resumir ideas ya circulantes en
su tiempo e integrarlas a un discurso totalitario. Su tarea consistió en depurar al saintsimonismo de sus tensiones
utópicas y enfatiza sus contenidos conservadores. El objetivo se sus trabajos es contribuir a poner orden en una
situación social que definía como anárquica y caótica, mediante la construcción de una ciencia que, en manos de los
gobernantes pudiera construir la unidad del cuerpo social.

Comte incorpora a su discurso la idea de Evolución y Progreso, pero, en tanto conservador, suponía que los cambios
debían estar contenidos en el orden. La sociedad debía ser considerada como un organismo y estudiada en 2
dimensiones, la de la “estática social” (análisis de sus condiciones de existencia; de su orden) y la de la “dinámica social”
(análisis de su movimiento, de su progreso). Orden y progreso se relacionan estrechamente. El primero asegura la
solidaridad de los elementos del sistema. El segundo, a su vez, debe ser conducido de tal manera que asegure el
mantenimiento de la solidaridad, pues de otro modo la sociedad se desintegraría.

La idea de evolución es la del desarrollo sucesivo de acuerdo con el cual la humanidad pasaría por 3 etapas: la teología,
la metafísica y la positiva. La etapa positiva marcaría, según Comte, la llegada del estado definitivo de la inteligencia
humana y colocaría, en una nueva categorización jerárquica a la sociología en la cima de todas las ciencias.

Tal conocimiento permitiría a los gobernantes acelerar el progreso de la humanidad dentro del orden.

Hurbert Spencer fue mucho más positivista, en el sentido de intentar aplicar a lo social el método científico natural, que
Comte, a quien incluso atacó. Para Spencer no existían diferencias metodológicas en el estudio de la naturaleza y de la
sociedad. El principio que unificaba ambos campos era el de la evolución. Ferozmente individualista, toma de Darwin el
principio de la supervivencia de los más aptos y los traslada al campo social para justificar la conquistas de un pueblo por
otro. Propugna la desaparición de toda intervención estatal. Esto marca, ciertamente una separación radical del
paternalismo político comtiano; a diferencia de este, Spencer señalaba que la sociología debía demostrar que los
hombres no debían intervenir sobre el proceso natural de las sociedades. Paradojalmente, esta ciencia spenceriana, no
era otra cosa que la co-conciencia de las clases dominantes británicas de su tiempo. Influyo considerablemente sobre
elites de sociedades dependientes, como la propia argentina a fines de siglo.

Durkheim: “El problema del orden”

Su pregunta central es, pues una pregunta sobre el orden ¿Cómo asegurarlo en la compleja sociedad industrial en donde
los lazos tradicionales que ataban al individuo a la comunidad están rotos?

En unos de sus libros fundamentales, El suicidio, publicado en 1897, Durkheim señala que la felicidad del ser humano
solo es posible si este no exige más de lo que puede ser acordado. Pero ¿Cómo fijar la cantidad de bienestar, de
comodidad, de lujo que puede perseguir legítimamente un ser humano? Este límite debe ser impuesto por los hombres
desde afuera por un poder moral indiscutido que funde una ley de justicia. Pero ella no podrá distráesela ellos mismos;
deben recibirla de una autoridad que respeten u ante la cual se inclinen espontáneamente.

El orden moral es, pues, equivalente al orden social. Este a su vez, se expresa como un sistema de normas que, por su
parte se constituyen en instituciones. La sociología es el análisis de las instituciones; de la relación de los individuos con
ellas.

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Su eje problemático es la relación entre el individuo y la sociedad. Hay una primacía de la sociedad sobre el individuo y
que permite explicar la forma en que los individuos se asocian entre sí, es el análisis de los tipos de solidaridad que se
dan entre ellos. Durkheim reconoce 2: la solidaridad mecánica y la solidaridad orgánica.

La sociedad mecánica: En el primer tipo, vinculado a las formas más primitivas, la conexión entre los individuos se
obtiene sobre la base de su escasa diferenciación. Es una solidaridad construida a partir de semejanzas y, por lo tanto,
de la existencia de pocas posibilidades de conflicto.

La solidaridad orgánica: es más compleja, supone la diferenciación entre los individuos y como consecuencia la
recurrencia de conflictos entre ellos, que sólo pueden ser zanjados si hay alguna autoridad exterior que fije los límites.
Es una solidaridad propia del industrialismo. Esa autoridad, esa fuerza externa –moral, social, normativa- es la conciencia
colectiva, que no está constituida por la suma de las conciencias individuales, sino que es algo exterior al individuo y
resume el conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de una sociedad. Es esta conciencia colectiva
la que modela al individuo, la que permite finalmente que la sociedad no se transforme en una guerra de todos contra
todos.

Estas ideas se perfilan mejor en otro trabajo, El suicidio, ¿Por qué trata de explicar el suicidio en términos de la
sociología? ¿No se trata, acaso, de un problema individuales, cuyo campo de conocimiento seria psicología? En efecto, la
psicología puede estudiar el suicidio, pero si en lugar de ver en ellos acontecimientos aislados, consideramos los
suicidios en conjunto, durante una unidad de tiempo y en una sociedad dada, esto ya constituye un hecho nuevo,
superior a la suma de los actos individuales; es un hecho social y el estudio de estos es el terreno de la sociología.

Durkheim tipifica 3 tipos de suicidas: el alturista, el egoísta, el anomico:

Suicidio egoísta: seria aquel tipo de suicidio motivado por un aislamiento demasiado grande del individuo con respecto a
la sociedad, es el suicidio de los marginados, de los solitarios.

Suicidio altruista: Correspondería al otro extremo; si el hombre se mata cuando esta desligado de la sociedad, también
lo hace cuando está demasiado fuertemente ligado a ella. Ejem: en el orden militar: sin n alto nivel de integración de sus
miembros no existe ejército. De tal modo, cualquier obstáculo que corroa esa fuerte solidaridad puede transformarse
para el individuo en un impulso suicida.

Suicidio anímico: Anomia significa ausencia de normas. El suicida por anomia es aquel que no ha sabido aceptar los
límites que la sociedad impone: aquel que aspira a más de lo que puede y cae, por lo tanto, en la desesperación.

En estos tres casos es la relación entre el individuo u las normas lo que llevan al suicidio, se trata de fenómenos
individuales que responden a causas sociales.

En 1895 Durkheim publica el libro “Las reglas del método sociológico” en el que define a la sociología y a su objeto. El
objeto de la sociología es el estudio de los hechos sociales; el método para estudiarlos es estudiarlos como cosas. Sólo a
partir de esto la sociología puede legítimamente ser considerada como una ciencia.

Un hecho social consiste en toda forma de obrar, de pensar y de sentir que ejerce sobre el individuo una prisión exterior.
Es decir, los hechos sociales son anteriores y externos al individuo; lo obligan a actuar, lo coaccionan en determinada
dirección. Se expresan en normas, leyes, instituciones que aseguran la tendencia a la buena integración del individuo
con la sociedad. Sistema normativo, sistema de valores, sociedad, conciencia colectiva, hechos sociales, son términos
que aluden a un mismo concepto y acotan una misma problemática: la de la objetividad y exterioridad del mundo social,

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por encima de los individuos concretos. Un mundo social, que al ser aceptado como dato, se transforma en un orden
natural, sostenido sobre la normalidad establecida.

La insuficiente integración del individuo con la sociedad es el síntoma patológico de las sociedades modernas, que no
han logrado recuperar, en las nuevas condiciones del sistema industrial, los valores de equilibrio de la sociedad
preindustrial.

¿Cómo lograr esa integración? Ya no es la familia, ni el grupo religioso, ni el Estado quienes pueden asegurar esa
solidaridad. La principal unidad integrativa es la profesión y la institución que agrupa a los hombres por profesiones: el
gremio.

Weber: “Racionalidad y dominación”

Weber considerara como unidad de análisis a los individuos, precisamente porque son los únicos que pueden albergar
fines, intenciones en sus actos.

Weber intentara superar la dicotomía entre “ciencia de la naturaleza” y “ciencias del espíritu” pero no a la manera de
Durkheim, es decir, naturalizando a la sociedad para transformar así a la sociología en una ciencia empírica, sino
diseñando un método de tipo histórico-comparativo que le permita recuperar a la vez la particularidad y la universalidad
del hecho social.

El análisis histórico pasa a ser sociológico cuando el científico construye, a partir de la realidad, tipos-ideales. “Se obtiene
un tipo ideal al acentuar unilateralmente uno o varios puntos de vista y encadenar una multitud de fenómenos aislados,
difusos y discretos, que se encuentran en gran o pequeño número y que se ordenan según los precedentes puntos de
vista elegidos unilateralmente para formar un cuadro de pensamiento homogéneo.

Pero el punto de partida para esta construcción es el actor y la acción social, las relaciones sociales y los hombres
interactuando. A diferencia de Durkheim, no la sociedad naturalizada sino el comportamiento individual. La sociología
es, una ciencia que pretende entender la acción social, para de esa manera explicarla causalmente en su desarrollo y
efectos. El Estado, la familia, cualquier formación social, deja de existir sociológicamente cuando no existen relaciones
sociales que le dan sentido.

Weber clasifica 4 tipos-ideales de acciones sociales:

Acción racional de acuerdos a fines: Orientación de las acciones humanas hacia la consecución de determinados fines a
través de la utilización de medios adecuados racionalmente para conseguirlos. Ejm: Acceder a un mejor puesto de
trabajo (fin racional) capacitación (medio).

Acción tradicional: Se da por costumbre, por hábito, sin pensarlo, en forma automática. Ejm: saludar con 2 besos, el
medio es el beso.

Acción afectiva: Emoción o sensibilidad hacia el individuo. Ej: un muchacho le grita a su hermano menor por haber
usado su campera nueva sin avisarle.

Acción con arreglo a valores: con ética. Ej: ayudar a un muchacho ciego a cruzar la calle, el objetivo de la acción es
ayudar, expresando solidaridad, a una persona con dificultades. La solidaridad es un valor; el medio es acompañarlo a
cruzar la calle.

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Su discurso tiene una textura perfecta y cada concepto supone al anterior en un escalonamiento lógico que opera por
adición. Pero pese al grado de abstracción alcanzado, el pensamiento weberiano no tiene nada de gratuito. Tanto como
una sociología hay en él una filosofía de la historia, recorrida por una idea-fuerza, la de la Racionalidad. El desarrollo del
hombre es el de una creciente racionalidad en su relación con el mundo. Las regularidades en la conducta humana se
deben principalmente al reconocimiento por los actores de la existencia de un orden legítimo que les otorga validez. Esa
legitimidad puede estar garantizada por la tradición, por la entrega efectiva, por el acatamiento a valores absoluto o por
la adhesión a la legalidad estatuida positivamente. Esta última es la legitimidad contemporánea, sobre la que se
construye el moderno tipo de dominación. Legal y burocrática, racional.

Escritos selectos- Emile Durkheim


La división del trabajo social.

Durkheim es considerado como uno de los fundadores de la moderna sociología “empírica”, como un escritor cuyas
obras desempeñaron un papel principal en la transformación de la sociología de un esfuerzo especulativo, filosófico, en
una disciplina claramente delimitada y firmemente asentada en la observación controlada de la realidad empírica.

Los primeros escritos de Durkheim arraigan en un intento por establecer una crítica de las dos principales corrientes del
pensamiento social, es decir, por un lado la integrada por la economía política y, más genéricamente, la filosofía
utilitarista, y, por el otro, la representada por la diversas escuelas del “holismo idealista”.

Durkheim concluye que cada una de estas características de los ideales morales debe analizarse en el marco del intento
de entender la función central que desempeñan las reglas morales en la organización de la sociedad. Esta comprensión,
por su parte, sólo puede lograrse siguiendo la dirección de alguno de los autores alemanes y fundando una “ciencia de la
moral”. Tal ciencia debería ser una ciencia sociológica, es decir que debería asentarse en el análisis empírico de las
formas concretas de ideal moral que existieron en diferentes sociedades en períodos particulares de la historia.

El esfuerzo por contribuir a la fundación de una “ciencia de la moralidad” sociológica, rápidamente condujo a Durkheim
a enfrentarse con la naturaleza de las sociología y, más generalmente, de los fenómenos sociales, pero sin dejar de
concebir que sus contribuciones a la sociología enfocaban principalmente el campo más especializado de la “sociología
de los hechos morales”

La primera obra de importancia de Durkheim, La división del trabajo en la sociedad (1893), fue concebida como “un
intento de tratar los hechos de la vida moral según el método de las ciencias positivas”. Si bien la obra se asienta en esa
suerte de dicotomía entre sociedad tradicional y sociedad moderna que era un lugar común en la literatura de la época,
Durkheim piensa que su mayor contribución radica en su especificación de las características morales del último tipo de
sociedad. Por ello, en su primera edición, subtituló la obra “Estudio de la organización de las sociedades avanzadas”

De acuerdo con las tesis de La división del trabajo, las sociedades más simples se fundan en un consenso moral
fuertemente definido, una conscience collective envolvente. Hay cuatro dimensiones principales a través de las cuales
podemos analizar las propiedades de la conscience collective en tales sociedades, y cada una de estas características
sufre cambios en el curso del desarrollo social, a medida que la división del trabajo se expande y la sociedad se torna
más compleja. Se trata del volumen, la intensidad , la rigidez y el contenido de las creencias y valores que componen la
conscience collective.

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Volumen: se refiere al grado en el que las perspectivas o actitudes sostenidas por los individuos son idénticas a las
sostenidas por todos los otros miembros de la misma sociedad; o, en otras palabras, en qué medida la conciencia
individual es simplemente un “microcosmo” de la conscience collective.

Intensidad: el grado de “intensidad” de los elementos constitutivos de la conscience collectivese refiere a la influencia
emocional e intelectual que estas creencias y valores ejercen sobre las perspectivas del individuo. Este puede variar, ,
pero en general cuanto más “envolvente” sea la conscience collective, mayor es la intensidad que presenta.

Rigidez: alude a cuán claramente definidas se hallan las creencias y las prácticas sociales asociadas prescriptas (y
proscriptas) por la conscience collective, ésta tiende a hallarse muy conectada con las dos primeras dimensiones. Cuanto
más bajo sea el volumen y la intensidad de las creencias y los valores colectivos, más ambigua y vagamente definidas
están las reglas de conducta que emanan de ellos.

Contenido: La cuarta dimensión, el cambiante “contenido” de la conscience collective resulta, en cierto sentido, la más
significativa, aunque Durkheim no elaboró totalmente sus desarrollos hasta después de la publicación de La división del
trabajo “ si hay una verdad que la historia nos enseña más allá de cualquier duda, es que la religión abarca cada vez una
porción más y más pequeña de la vida social. Originalmente lo ocupa todo: todo lo social es religioso…”

En las sociedades tradicionales, la conscience collective tiende a ser alta en volumen, intensidad y rigidez, y su contenido
es de carácter religioso. La unidad de tal sociedad, en otras palabras, debe encontrarse en el hecho de que en ella existe
un conjunto de valores y creencias fuertemente definidos que aseguran que las acciones de todos los individuos se dan
conformes con las normas comunes. Durkheim llama a esto solidaridad “mecánica. Donde la solidaridad mecánica es la
base de la cohesión social, concomitante bajo nivel de individuación, es decir que, como cada individuo es un
microcosmo del tipo colectivo, a cada miembro de la sociedad se le ofrecen sólo oportunidades restringidas para
desarrollar características de personalidad específica y particular. Este dominio del individuo por la colectividad se ve
ampliado por la naturaleza del castigo o sanciones, Las sanciones represivas son colectivas tanto en su fuente como en
su expresión. Una sanción represiva es una respuesta a las emociones altamente intensas que se generan en la mayoría
de los individuos cuando un hombre transgrede los ideales incorporados en la consciente collective.

Se trata de una expresión de ira por parte de la comunidad, la venganza de una afrenta a la moral. Hay una distinción
fundamental entre “individuación” e “individualismo”. El crecimiento de la individuación presupone una declinación el
volumen, intensidad y rigidez de la conscience collective, : los individuos están en condiciones de desarrollar sus propias
propensiones e inclinaciones particulares en la medida en que éstas se liberan del control de la homogeneidad moral de
la comunidad. Pero esto, a su vez, ocasiona una transformación en el contenido de los ideales morales colectivos: la
declinación de la religión tradicional y la emergencia de lo que Durkheim llama indistintamente “individualismo moral” o
el “culto del individuo”.

La tesis principal de La división del trabajo es que si bien la individuación es una necesidad concomitante con la
disolución de la sociedad tradicional, no implica la erradicación completa de la conscience collective sino su
transmutación en la forma del desarrollo de nuevos ideales morales, los comprendidos en el “culto del individuo”. Así, el
“culto del individuo” proporciona una validación moral de la división del trabajo especializada. Los valores y creencias
que componen el individualismo moral, que subrayan la dignidad y el mérito del individuo humano, enfatizan que cada
hombre debe desarrollar sus talentos y capacidades en su mayor extensión.

Los pensadores utilitaristas, según él, habían brindado un gran servicio a la ciencia moral al haber mostrado que el orden
social moderno está intrínsecamente sometido a relaciones que “no resultan de disposiciones externas e impuestas sino
de una elaboración interna libre”. Sus principales errores, sin embargo, fueron suponer que esta situación podía
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“deducirse lógicamente del concepto de individuo mismo” y que, en consecuencia, tal concepto presupone la disolución
de los ideales morales colectivos como tales. Es decir que no alcanzaron a reconocer la diferencia esencial entre
individuación e individualismo moral. Este último es un producto del desarrollo de la sociedad y se ve moralmente
convalidado por la existencia de valores por medio de los cuales “el individuo se vuelve objeto de una especie de
religión”.

El individualismo moral comprende creencias y valores que son producto de la colectividad, pero que resultan mucho
más difusos en su forma que los comprendidos en el consenso moral característico del orden tradicional.
Consecuentemente, el proceso de desarrollo de la sociedad tradicional a la moderna debe de haber entrañado un
conjunto de profundos cambios institucionales, que modificaron fundamentalmente las bases de la unidad social. Esto
incluye, por supuesto, el desplazamiento progresivo de la solidaridad mecánica por la “orgánica”.

Es característico que las sociedades tradicionales tengan una estructura simple, segmentaria, consistente en agregados
de grupos familiares o clánicos. Como hay sólo una división del trabajo rudimentaria, cada uno de esos grupos es una
unidad productiva funcionalmente equivalente e independiente. La expansión de la división del trabajo, que entraña la
formación de lazos de interdependencia económica entre productores, implica, en consecuencia, la ruptura de la
estructura segmentaria. Se trata de un proceso que se produce con el crecimiento de la densidad moral o dinámica: la
expansión de la escala de contactos entre comunidades sociales de pequeña escala previamente aisladas.

Según Durkheim, el aumento de la diferenciación en la división del trabajo funciona reduciendo los conflictos sociales
que, de lo contrario, tienden a aumentar cuando dos grupos de productores equivalentes compiten por recursos escaso
Así, los individuos de una población dada, cuyos intereses pudieran ser mutuamente excluyentes, en determinada
medida, tendrán la posibilidad de –es más, se verán obligados a– vivir en cooperación unos con otros: si eran todos
agricultores y algunos se vuelven productores manufactureros deberán entrar entonces en intercambio.

El incremento de la diferenciación social y de las sociedades de gran escala, con base más urbana que rural, también
promueve el surgimiento de la propiedad privada. La propiedad colectiva característica de las sociedades tradicionales
es la contraparte material de la forma de conscience collective en la que se funda su unidad. La herencia de la propiedad
a través de la familia, según Durkheim, es una supervivencia de los primitivos derechos de propiedad comunal (y, como
tal, se halla destinada a desaparecer a corto plazo).

La solidaridad orgánica, en consecuencia, consiste en los lazos de cooperación entre individuos o grupos de individuos
que se forman por su interdependencia ocupacional en la división del trabajo diferenciada.

La solidaridad que produce la división del trabajo es tan “espontánea” como la que, en las sociedades tradicionales,
deriva del consenso moral de la conscience collective. No es, y no puede ser, puramente “económica”: tiene caracteres
morales; sin embargo, dado que los individuos hoy ocupan una gran cantidad de posiciones diferentes en la división del
trabajo, se trata de una moralidad de cooperación que necesariamente se distingue de la característica de la solidaridad
mecánica. Esto se ve ampliado por la creciente preeminencia que adquiere la ley restitutiva frente a la ley represiva.

En contraste con esta última, la ley restitutiva no tiene carácter expiatorio sino que consiste en un retorno a una
condición. Las prescripciones comprendidas en la ley restitutiva, vinculadas con derechos individuales, no estimulan la
ira colectiva característica de las sanciones represivas. En consecuencia, su aplicación exige la formación de agencias
especializadas para la aplicación de la ley, en contraste con las sanciones represivas de la comunidad tradicional, que
normalmente se administran difusamente a través del grupo de parentesco. Así cobra vida, en consecuencia, todo el
aparato jurídico de cortes y tribunales que caracteriza al moderno sistema legal.

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La división del trabajo aísla una sutil conexión entre individuación e individualismo, una cambiante polaridad entre
“hombre en particular” y “hombre en general”. Su particularidad, considerada en relación con otras sociedades de las
que él mismo tiene apenas una vaga conciencia, es colectiva: lo que comparte con otros son los atributos del grupo
societario específico del que es miembro, a medida que la división del trabajo se expande y la solidaridad mecánica
declina, el individuo ya no comparte las mismas características con todos los otros individuos en su sociedad: cada vez
es una personalidad más diferenciada, más particular.

El individuo moral subraya a los derechos y capacidades del individuo in abstracto, del “hombre” general. El hombre se
vuelve más consciente de sus características genéricas como ser humano en la medida en que se vuelve más consciente
de sí mismo como personalidad distinta y separada.

La solidaridad orgánica es la base esencial del orden social moderno; no hay posibilidad de retorno a la forma de
solidaridad típica del racionalismo. Sin embargo es fundamental importante reconocer que la solidaridad orgánica, nos e
haya totalmente realizada sino que está emergiendo.

La condición anómica de la división del trabajo, que se refleja tanto en la aparición de crisis industriales como en el
conflicto de clase, se halla directamente vinculada con el modo en que la expansión de la diferenciación ocupacional
destruye la integridad de la comunidad local. En la comunidad tradicional, la producción se halla orientada hacia un
conjunto específico, y conocido, de necesidades locales, y, aunque la manufactura se halle muy desarrollada, patrón y
trabajador trabajan generalmente lado a lado en el mismo taller. Sin embargo, con el aumento de la división del trabajo
y la formación de un mercado de gran escala, cada una de estas condiciones termina debilitada. Se produce una
dislocación entre productor y consumidor, porque ya no hay lazo directo entre el volumen de la producción y las
necesidades conocidas del mercado; consecuentemente se producen crisis de sobreproducción. Según Durkheim esto es
una evidencia “de que en algunos puntos del organismo algunas funciones sociales no se ajustan unas con las otras”.

Del mismo modo, el crecimiento de la industria de gran escala, que depende del desarrollo de mercados nacionales e
internacionales, fragmenta la unidad de las pequeñas empresas, estableciendo la existencia de dos grandes clases,
capital y trabajo, que entran en competencia entre sí. Pero, en lugar de sostener, con Marx, que estos dos grupos de
fenómenos provienen de las propiedades intrínsecas de la división del trabajo misma, Durkheim asegura que derivan del
hecho de que la división del trabajo no se ha desarrollado completamente .Esto es verdad en dos sentidos. En primer
lugar, porque hay una regulación insuficiente de los sectores ocupacionales en lo relativo a la división del trabajo, tanto
a las regulaciones económicas como morales.

El surgimiento de tales regulaciones morales presupone, sin embargo, la aparición de nuevos cambios en la estructura
de la división del trabajo, cambios que están ocurriendo, pero que deben hallarse más avanzados. La eliminación de la
división anémica del trabajo resulta imposible mientras todavía existan grandes desigualdades en la distribución de
oportunidades para la obtención de trabajo. Pero esta situación de igualdad de oportunidades no puede regir donde el
sistema de clases impide que grandes masas alcancen posiciones acordes con sus habilidades: mientras haya ricos y
pobres de nacimientos, debe haber contratos injustos.

Sin embargo, esta “división del trabajo forzada” puede abolirse si se acaba con la transmisión hereditaria de la
propiedad, y este es un proceso que ya puso en marcha la misma expansión de la propia división del trabajo. Hay
desigualdades de capacidad y aptitud “internas” que, según Durkheim, son irradicables. Las desigualdades “externas”,
por su parte, pueden disolverse con el mayor desarrollo de la división del trabajo: el “trabajo se divide espontáneamente
sólo si la sociedad se halla constituida de tal modo que las desigualdades sociales expresen exactamente las
desigualdades naturales”.

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Individualismo moral y la teoría de la religión

La división del trabajo expone las perspectivas fundamentales: que hay tanto continuidad como contraste en la
transición de la sociedad tradicional a la moderna. La continuidad está dada por la necesaria persistencia de los ideales
morales y delos códigos de conducta que ordenan el funcionamiento de la sociedad. El contraste se ve expresado por la
transformación de la naturaleza de estos ideales y prescripciones que tiene lugar con el paso de la solidaridad mecánica
a la orgánica. Con todo, muchos problemas latentes, en especial los concernientes a la naturaleza y orígenes del
“individualismo moral”, fueron sólo resueltos parcialmente por La división del trabajo Estos problemas recibieron una
formulación más clara a la luz de dos preocupaciones de los trabajos posteriores de Durkheim que, a primera vista,
parecen asombrosamente dispares: un intento por acceder al análisis de algunos temas sociopolíticos muy concretos,
por un lado, y un interés cada vez más profundo por la religión primitiva, por el otro. El primero se vio estimulado por el
resurgimiento de resquebrajadas políticas y económicas en Francia en los últimos años del siglo XIX.

En sus cursos sobre el socialismo, Durkheim hace una distinción fundamental entre “comunismo” y “socialismo”. El
comunismo es una teoría utópica, a menudo presentada en forma de ficción, como en la misma Utopía de Moro, y se
reitera periódicamente a lo largo de la historia, porque es, esencialmente, una respuesta al egoísmo y la codicia
humanos que, en alguna medida, son eternos y constituyen “una enfermedad crónica de la humanidad”

Para Durkheim el comunismo debe ser una imagen irreal, un sueño de una sociedad inalcanzable, porque el egoísmo no
puede ser extirpado de la conducta humana: de hecho, la amplitud de las inclinaciones egoístas tiende a crecer a medida
que la sociedad se desarrolla y la individuación se hace más pronunciada. El socialismo es una respuesta al estado de
desregulación de la industria. El socialismo apareció porque en las sociedades más avanzadas de la Europa de hoy, la
producción aparece no relacionada con las necesidades del consumo, o porque la centralización industrial parece haber
dado nacimiento a empresas demasiado grandes como para la sociedad las ignore, es sobre estas y otras evidencias
similares que el socialismo basa sus pedidos de reforma del orden contemporáneo.

El conflicto de clases, insiste, no es un elemento definitorio en el socialismo, sino que es un derivado de su característica
fundamental, que es proponer la fusión de las funciones económicas y gubernamentales. Porque mientras que el
comunismo se basa en una actitud ascética, el socialismo se basa en la noción de que la riqueza generada por la
industria humana, apropiadamente organizada, puede liberar y satisfacer las potencialidades y necesidades de la
humanidad. La significación del socialismo es doble: reconoce que las sociedades avanzadas están pasando por una gran
etapa de transición que exige la emergencia de nuevas formas sociales y percibe que algún tipo de regulación o control
del “libre” juego de las fuerzas del mercado es necesario en el nuevo tipo de sociedad.

Las dislocaciones y conflictos en la división del trabajo no son fáciles de explicar en términos de demasiada regulación
económica (economía política), o de escasa regulación económica (socialistas), sino que derivan del propio predominio
de lo “económico” sobre lo “social”: más específicamente, que lo que hace falta es no sólo el cambio económico sino la
moralización de las relaciones económicas. Aunque comparte con los utilitaristas el supuesto de que la riqueza generada
por la industria humana puede satisfacer la amplitud de las necesidades humanas, el socialismo debe ser sometido a la
misma crítica básica: ignora el hecho de que, si la sociedad crea y extiende las facultades humanas, al mismo tiempo
debe hacerlas concretas y realizables lo que acarrea que deben ser definidas y ordenadas por la regulación moral.

Todos reconocen que las necesidades del cuerpo son limitadas y que, consecuentemente, el placer físico no puede
acrecentarse indefinidamente”.

Pero esto no pasa con las necesidades y deseos de naturaleza espiritual, que no están dados en la naturaleza del
organismo, sino que derivan de las ventajas otorgadas por la sociedad. No hay límite necesario, por ejemplo, al deseo
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humano de acumular riqueza; consecuentemente, es posible que cuanto más riqueza acumule un hombre, más
insatisfecho se sienta, porque el horizonte de sus ambiciones se expande. Pero Saínt-Simon, y pensadores socialistas
posteriores, no lo percibieron. Para ellos:

Las necesidades ilimitadas se contradicen a sí mismas. Porque la necesidad es definida como la meta a la que se apunta
y, si lo ilimitado no tiene meta –puesto que no hay límite–... un apetito al que nada puede apaciguar puede ser una
fuente de sufrimiento. Cualquier cosa que se haga, nunca se apaga.

Estos límites morales eran provistos por la religión en las épocas pasadas. La cristiandad medieval, por ejemplo. La
declinación del rígido control de la conscience collective, el incremento de las sensibilidades humanas promovido por el
aumento de la individuación, junto con la expansión del individualismo moral significan que los hombres ya nunca se
sentirán satisfechos con las limitaciones que se impusieron sobre ellos en épocas pasadas. Por eso la eliminación de la
división anómica del trabajo se halla necesariamente vinculada con la abolición de la división forzada del trabajo. La
necesidad del desarrollo de las asociaciones ocupacionales se halla lógicamente implícita en la teoría de la solidaridad
orgánica de Durkheim: Donde la ley restitutiva se halla altamente desarrollada hay una moralidad profesional para cada
ocupación. En el interior de cada grupo específico de trabajadores se difunden actitudes con las que hay que cumplir,
aunque no las hagan valer sanciones legales.

Pero esta idea no la desarrollo hasta la publicación del famoso prefacio a la segunda edición de la división del trabajo,
donde especifica la naturaleza y el papel de las asociaciones ocupacionales, su tarea consiste en controlar los lazos
morales que unen los distintos segmentos de la industria que cooperan entre sí en la división del trabajo.

Las corporaciones deben ser entidades legalmente definidas, afiliadas unas con las otras y operar bajo el paraguas
general del estado. Deben establecer y sancionar la ética apropiada para cada categoría ocupacional y proporcionar un
foco para la conciencia moral de los trabajadores de esa categoría. El estado siempre hunde sus raíces en las sociedad
civil y aun mas autocrático y aparentemente autosuficiente, en los hechos toma su fuerza de la sociedad.

Todos los testimonios indican que el tamaño y las funciones del estado crecen con el aumento de la división del trabajo.
Debemos aceptar, en consecuencia, que el aumento de la esfera de actividades del estado es un acompañamiento
inevitable del desarrollo de la sociedad moderna.

Para Durkheim el estado es un órgano moral. Es un cuerpo de funcionarios cuyo rol consiste en articular y enfocar las
representaciones colectivas que son el producto de la sociedad ala que sirve. El estado es, lo dice a veces, el cerebro del
organismo social. También desempeña un papel activo canalizando y dirigiendo políticas que traduzcan estas actitudes
en la práctica. Así se explica cómo es que la expansión del estado puede ir dela mano con el crecimiento de los derechos
del individuo: es porque la tarea del estado es precisamente implementar y dar vida a los ideales incluidos en el
individualismo moral. El individualismo “no es una teoría: se asienta en el dominio de la práctica, no en el de la
especulación”.

La primera condición, y la más básica, para que el estado realice esta acción está enunciada en La división del trabajo: la
sociedad debe haberse desprendido de los confines de la estructura segmentaria.

En sus cursos sobre el estado, Durkheim enfatiza una vez más la conexión integral que existe entre individuación y el
desarrollo de la sociedad de gran escala y la división diferenciada del trabajo: No hay duda de que cuando la sociedad es
pequeña, cuando rodea a cada individuo por todos los lados y en cada momento, no le permite desarrollarse en libertad
Pero no pasa lo mismo cuando la sociedad alcanza dimensiones suficientes. Un hombre es mucho más libre en el medio
de una multitud que en un grupo pequeño. En consecuencia se puede decir que las diversidades individuales pueden

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desarrollarse más fácilmente cuando la tiranía declina y el individualismo se establece como realidad y, con el tiempo, la
realidad llega a ser un derecho.

Pero esta tiranía también puede existir dentro de una sociedad desarrollada si los grupos secundarios, como las mismas
corporaciones, asumen demasiada autonomía sobre las actividades del individuo. Si se hallan balanceadas por el poder
del estado, sin embargo, el individuo se encuentra protegido frente a esta dominación; y viceversa.

Sin embargo, para Durkheim, lo que hace “democrática” tal sociedad no es principalmente el balance de poderes que
proporciona la yuxtaposición del estado y de las asociaciones ocupacionales en el orden moderno, sino los canales de
comunicación que esta organización de la sociedad abre entre sus diversas partes componentes.

De acuerdo con la definición de Durkheim, la misma concepción de “sociedad política” entraña una diferenciación entre
gobierno y gobernado. Por otra parte, una sociedad democrática no es aquella en la que el estado es débil. Si el estado
expresa simplemente las opiniones y actitudes del pueblo, el resultado es otra vez una sociedad estancada, en la que
puede haber cambios constantes en las personas que gobiernan, pero en la que la volatilidad superficial en el nivel
político encubre un conservadorismo subyacente.

En consecuencia, la democracia no debe entenderse como un modo de minimizar el poder del estado, sino como un
medio de asegurar un intercambio activo entre el estado y el resto de la sociedad. De acuerdo con el uso que hace
Durkheim del término, una sociedad puede llamarse “democrática” según el grado en que se establezca una relación
recíproca entre estos movimientos que se producen “inconscientemente” y las actividades del estado, más articuladas y
deliberadas.

Pero, en realidad, la existencia de firmes lazos de comunicación entre el estado y la sociedad civil no implica que aquel
no tenga que ser fuerte: sólo con un estado fuerte es posible que exista la democracia –en el sentido que da Durkheim al
término–. En consecuencia, la democracia es una condición merced la cual “la sociedad puede alcanzar una conciencia
de sí misma en su forma más pura”.

Un sistema democrático de gobierno hace posibles procesos sociales en los que intervengan decisiones conscientes y
deliberación racional: en otros tiempos eran producto de sucesos que escapaban al control humano racional. Las
asociaciones ocupacionales desempeñan un papel esencial en este aspecto, ya que son los principales grupos que
intervienen entre el individuo y el estado. Estos grupos constituyen el canal primario de comunicación entre el estado
“consciente” y la infraestructura. De este modo Durkheim sugiere que a los grupos ocupacionales se les debe reconocer
un rol abiertamente político.

La representación directa tiende a producir una situación en la que el logro del verdadero cambio social se hace difícil
porque, si quieren obtener poder, las partes están obligadas a ceder dócilmente a los puntos de vista del electorado.
Esto suprime una vez más la esfera de toma de decisiones independiente que Durkheim ve como necesaria para
combatir el “tradicionalismo inexorable” en el que, de otro modo, tiende a caer la sociedad.

En Las formas elementales de la vida religiosa, señala tres proposiciones principales: que la religión es sociedad
volviéndose “consciente de sí misma”, aunque sea en una firma transmutada simbólicamente; que las representaciones
creadas en la religión son entonces la fuente a partir de la cual se diferencian todas las formas subsecuentes de
pensamiento humano; y que, como creaciones del ser superior que es la sociedad, los símbolos religiosos reciben
respeto o veneración particulares, que se niegan a las propiedades del mundo profano. Cada una de estas proposiciones
ayuda a elucidar el contraste y la continuidad entre las estructuras social y moral de la sociedad tradicional y las del tipo
desarrollado.

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Pero ni los elementos cognitivos ni los morales que hoy dominan la conciencia humana están simplemente “dados” en la
mente (como se sugiere en la filosofía kantiana). Las mismas categorías de pensamiento conceptual, como se muestra
en Las formas elementales de la vida religiosa, fueron originalmente elaboradas como ideas religiosas; y lo mismo vale
para las formas de la moralidad. En consecuencia el individualismo moral tiene su fuente más cercana en los ideales que
encarnó el cristianismo

La cristiandad sustituyó esto por una ética integral que ponía el énfasis en el estado de gracia del creyente y,
consecuentemente, lo obligaba a mantener un continuado escrutinio interno de sus intenciones y motivaciones.

Las formas elementales de la vida religiosa demuestra que la existencia de dioses no es esencial al fenómeno religioso:
en realidad, todos los fenómenos morales, que son producto de la sociedad, pose en cierta cualidad “sagrada”. Si bien
puede ser cierto que la individuación que acompaña el crecimiento del individualismo moral produce necesariamente un
aumento del egoísmo, es fundamentalmente erróneo ver en el egoísmo la fuente del individualismo moral. Este último
es un producto colectivo y es bien distinto del egoísmo: lejos de hallarse basado en el egoísmo, se funda en sentimientos
de respeto por los otros y por la dignidad del hombre en general.

La fuerza motivadora del individualismo moral no es “la glorificación de uno mismo” sino más bien la “simpatía por todo
lo que es humano, una gran piedad por todos los sufrimientos, por todas las miserias humanas, un deseo más ardiente
por combatirlas y aliviarlas, una mayor sed de justicia”.

Una vez que toda la gente persigue un objetivo, como resultado de esta adhesión unánime, éste adquiere una especie
de supremacía moral que lo eleva muy por encima de las metas privadas y en consecuencia le otorga un carácter
religioso.

En consecuencia, la concepción de la religión que establece en Las formas elementales de la vida religiosa debe
comprenderse en el contexto de la teoría del desarrollo social que integra el marco de referencia general de la obra de
Durkheim.

Las formas elementales de la vida religiosa llena, de modo bastante completo, un gran vacío de La división del trabajo.
Como se ha señalado, en esta última obra, Durkheim se propone como tarea principal establecer la naturaleza de las
formas morales apropiadas para el tipo moderno de sociedad, aceptando que (salvo en lo referente a la naturaleza del
crimen y del castigo) las características de la solidaridad mecánica ya habían sido determinadas satisfactoriamente por
otros autores. Pero posteriormente descubrió que esto no era así, y Las formas elementales de la vida religiosa
proporción a un análisis penetrante de dos rasgos básicos del funcionamiento de la solidaridad mecánica que no fueron
analizados en la obra anterior: los orígenes del contenido simbólico de la conscience collective y el marco institucional –
ritual y ceremonial–que crea y recrea esos símbolos.

La religión consiste en un conjunto de creencias simbólicas –creencias relacionadas con cosas “sagradas”. Pero no es
sólo esto. No hay religión que no esté también orientada hacia la acción que no posea un conjunto de prácticas rituales
aceptado; en síntesis, no hay religión sin una Iglesia.

La religión consiste en un conjunto de creencias simbólicas – La cualidad específica de las creencias religiosas radica en
que presuponen una división del universo en dos partes los fenómenos que el hombre considera integrantes de la vida
mundana cotidiana, y aquellos sujetos a actitudes especiales de temor y reverencia. Lo esenciales que se presenta una
división absoluta. Ningún ser u objeto puede pasar directamente de un mundo al otro sin sufrir algunos procedimientos
rituales que lo transforman El grupo clánico, el prototipo de sociedad en general; manifiesta las dos propiedades
características de lo divino: obligación y respeto. En consecuencia se alcanza el enunciado de que la fuerza sagrada –o,

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cuando se la personaliza, dios–es una representación simbólica de la sociedad, de la fuerza social que la subjetividad
individual considera que emana de un ser que está muy lejos y es muy superior a él mismo. El miembro individual de la
colectividad deriva su religiosidad de la forma en que es creada la fuerza sagrada.

El sentimiento de lo divino es evocado en el ceremonial colectivo: en él, como resultado de la intensa emocionalidad y
compromiso generados, el individuo se siente inundado por la acción de una entidad superior a él mismo. Si bien esta
fuerza emana de la reunión colectiva, sólo se concreta a sí misma por medio de la conciencia del individuo, quien la
siente tanto trascendente a él como inmanente en él.

La forma en que se clasifican los fenómenos en clases lógicas no está predeterminada ni por ningún principio estructural
implícito en la realidad misma ni por ninguna facultad intrínseca a la mente humana. La vida del animal está limitada por
su medio sensorial inmediato y es una continuidad deforme de imágenes cambiantes; la del hombre se extiende, tanto
en el tiempo como en el espacio, mucho más allá del medio en el que se halla en cualquier momento determinado. En
su participación en la colectividad lo que introduce un orden estable en el universo y la que crea los conceptos de
tiempo y espacio. El concepto de tiempo referido originalmente a los movimientos periódicos de la sociedad, como se
manifiestan en ceremonias regulares y ritos. Lo que es cierto para las categorías de tiempo y espacio puede
generalizarse a todos los otros conceptos. Un concepto es “impersonal”: no es específico de ningún individuo, pero es
compartido por todos los miembros de la colectividad. Hay una distancia abismal entre concepto y sensación.

El pensamiento conceptual, es religioso por su origen. En las representaciones colectivas de la religión primitiva se hallan
mezcladas las concepciones nacientes de la ciencia, la poesía y el arte. Las diversas “ramas” de la actividad intelectual
sólo se diferencian de su grupo original de representaciones con el aumento de la diferenciación social en la división del
trabajo y la consecuente fragmentación de la conscience collective integral de la sociedad primitiva. La diferenciación de
la vida intelectual acompaña la creciente diferenciación en las ideas morales. Al señalar esto, Durkheim se toma el
trabajo de subrayar que la teoría enunciada en Las formas elementales de la vida religiosa no debe ser vista como otra
versión del “materialismo mecánico”, donde las ideas se tratan como “reflejos” de la realidad social y, en consecuencia
como meros epifenómenos. No hay relación universal entre los sistemas de ideas y sus infraestructuras: la naturaleza de
sus relaciones es contingente en relación con el nivel de avance de la sociedad. Lo que es universal, lo que sí persiste a
través de las formas sucesivas que asumen las sociedades en el curso de sus desarrollos, es el efecto de transformación
de la colectividad sobre la experiencia individual.

La libertad humana consiste en la liberación del hombre de la dominación de fenómenos que no están sujetos a su
control racional. Estos fenómenos son de dos tipos los ímpetus irracionales de sus propias pasiones interiores que, de no
sujetarse a mediación racional, hacen al hombre juguete de deseos arbitrarios y pasajeros y lo exponen a la falta de
destino de la anomia; y las fuerzas externas de la naturaleza. En un estado de anomia el hombre no es libre, porque no
es dueño de sí mismo. La libertad, de acuerdo con Durkheim, no consiste en ser capaz de dar expresión a cada deseo o
capricho sino en el control autónomo de la razón sobre la conducta humana.

En la sociedad tradicional, donde la conscience collective es fuerte, el individuo se halla sujeto a la tiranía del grupo: la
desviación de las prescripciones morales estrictamente definidas se castiga con severidad.

El desarrollo del tipo de sociedad moderna diferenciada permite el progresivo crecimiento de las libertades individuales.
Sin embargo, es un error básico suponer que esta es la emancipación del individuo de la sociedad: por el contrario, el
prerrequisito para esta emancipación es la transfiguración que produce la sociedad en la existencia humana. En
consecuencia, no hay oposición inmanente entre “regulación” y “libertad”: la primera es condición de la segunda La
emergencia del individualismo moral y los cambios estructurales asociados en la división del trabajo ciertamente no
significan que el individuo “se aparte de la sociedad” o ya no dependa de ella sino que hay “una transformación en los
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lazos sociales” de modo que el individuo “está unido [a la sociedad]de una nueva manera... porque la sociedad lo ve de
una nueva manera y quiere que este cambio se realice”.

Con las reglas morales el caso es diferente. Aquí la pena que sufre el ofensor por su violación no está “dada” como
consecuencia de su acto. Esto puede verse en el hecho de que la misma acción, con el mismo resultado efectivo, se ve
de diferentes maneras según las circunstancias totalmente distinta de las consecuencias materiales que siguen a la
violación de una regla preventiva.

Pero cuando un individuo actúa de acuerdo con un ideal moral, normalmente no lo hace simplemente para anticiparse a
los resultados desagradables que podría sufrir si actuara de otro modo. Es así que los fenómenos morales tienen una
cualidad doble, y cada uno de esos aspectos ha sido enfatizado separadamente por diferentes escuelas de filosofía
moral. El idealismo kantiano enfatizó el aspecto de deber u obligación; la filosofía utilitarista subrayó el aspecto de la
satisfacción intrínseca que se obtiene de la conducta moral. En los hechos, en la mayor parte de los actos morales,
ambas se encuentran fundidas: “lo deseable y el placer afectan la obligación”.

La concepción durkheimana del método sociológico

Según Durkheim hay dos hilos principales en el desarrollo de la sociología; cada uno de ellos ha contribuido, y está
contribuyendo, en la formación de la sociología como disciplina independiente y autónoma. Estos son la filosofía social,
por un lado, y las diversas disciplinas científicas sociales especializadas, como la economía, la jurisprudencia y la
geografía, por otro. La sociología se ha desarrollado gradualmente como disciplina consciente de su propia identidad
individual, más allá del difuso contenido dela filosofía social.

Si bien la concepción general de la sociología, sus tareas y su contenido se crearon desde dentro de la filósofa social, el
desarrollo de las otras disciplinas cercanamente vinculadas resulta igualmente importante. Disciplinas como economía,
jurisprudencia, etc., se desarrollaron principalmente separadas unas de las otras, lo mismo que la sociología. Pero cada
una de ellas se vincula con la vida del hombre en sociedad y, en consecuencia, sólo puede beneficiarse al verse afectada
por una comprensión general del modo en que las instituciones sociales particulares de las que se encarga se relacionan
con otros sectores institucionales de la sociedad.

Durkheim señala con frecuencia que la historia de la sociología se vio dominada por autores franceses, y que todos
compartieron la concepción de que la sociedad puede y debe ser estudiada como un fenómeno dado en la naturaleza y
que, consecuentemente, es del mismo orden que los fenómenos estudiados por las ciencias naturales. Aunque estos
pensadores anteriores implícita o explícitamente adoptaron este principio, no adhirieron consistentemente a él en la
práctica. Porque la aceptación de este principio exige que el sociólogo se aproxime a su tema con la misma reserva que
lo hace el científico de la naturaleza: no se puede presumir “conocer” sus propiedades antes de la investigación fáctica,
como en las áreas de la realidad que estudian las ciencias naturales. De ese modo la “construcción de sistemas” de
escritores anteriores debe abandonarse a cambio de un método más cauto y circunspecto.

Los dos preceptos formulados en Las reglas del método sociológico, que los hechos sociales deben ser tratados como
“cosas” y que, inicialmente, deben ser conceptualizados y examinados en términos de sus propiedades “externas”,
observables, deben entenderse teniendo en cuenta estos antecedentes. El observador no puede, en consecuencia,
descubrir sus características sea por un razonamiento a priori, sea por examen introspectivo de su propia conciencia. Sin
embargo, en relación con muchas áreas de la realidad social, se ha aceptado que tales métodos son perfectamente
apropiados. El estudio de las normas morales brinda un buen ejemplo.

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Considerar los hechos sociales como “cosas” es, en consecuencia, el primer prerrequisito de la sociología. Cuando
sostiene esto, Durkheim no quiere decir, por supuesto, que la realidad social no sea distinta de la realidad natural en
otros aspectos: no significa caer en ninguna suerte de crudo materialismo. La concepción de que el reino social es parte
de la naturaleza, según él, no es incompatible con la concepción igualmente válida de que nociones como “propósito”,
“idea” y “valor” son específicas de la conducta humana.

Si se acepta que las propiedades básicas de los fenómenos sociales no pueden determinarse antes de su investigación
empírica, queda claro que el sociólogo no puede satisfacerse con la definición ordinaria, vulgar, de ellas. En sociología
existe la particular tentación de adoptar conceptos populares sin someterlos a examen crítico, dado que los fenómenos
a los que se refieren forman parte de la experiencia cotidiana. Pero el uso popular no sólo es cambiante y ambiguo:
puede estar basado en clasificaciones que, desde el punto de vista científico, sean simplemente erróneas. El
procedimiento correcto para el sociólogo consiste en establecer una conceptualización preliminar construida por las
“características externas comunes” que posee el fenómeno en cuestión. Es decir que, más que imaginar que podemos
captar la “esencia” de un área de la realidad social por algún tipo de procedimiento deductivo o introspectivo, debemos
buscar una conceptualización a partir de un registro inicial de casos que, plausiblemente, pueden integrar una clase
común.

El énfasis puesto en señalar que los fenómenos sociales deben tratarse cómo “hechos en la naturaleza” también aparece
en el análisis de la “externalidad” como característica definitoria de lo “social” en comparación con lo “psicológico”. Aquí
Durkheim afirma que lo que es verdad para el observador científico que confronta la realidad social –que los fenómenos
sociales no son creaciones de su voluntad– es también verdad para cualquier miembro individual dado de la sociedad.

En consecuencia, la realidad que se expresa así no puede entenderse en términos del tipo de conceptos apropiados para
la psicología, conceptos que se refieren a la conciencia individual. Pero si bien la “externalidad”, así entendida, ayuda a
distinguir la sociología de la psicología, no es criterio suficiente para delimitar la amplitud de la materia de la sociología,
porque los fenómenos que no caen directamente dentro de su esfera, como lasa afluencias geográficas o climáticas, son
realidades externas del mismo sentido. La característica distintiva crucial de los hechos sociales debe encontrarse en su
carácter obligatorio. Los hechos sociales son formas de la conducta humana exigibles a un miembro individual de un
grupo en virtud de su pertenencia.

Lo importante es que los fenómenos sociales no pueden ser estudiados ni con los conceptos ni con los métodos de la
psicología individual, que ve al individuo como un sujeto aislado. Pero la existencia de la sociedades tan dependiente de
los elementos que la componen –conciencia, individuos con voluntad– como los fenómenos mentales lo son de la
estructura orgánica del cerebro.

Una combinación de unidades posee nuevas propiedades que no pueden derivarse del estudio de ninguna de esas
unidades considerada aisladamente: Cuando se combinan elementos y, como consecuencia de su combinación, se
producen nuevos fenómenos, es claro que esos fenómenos no están dados en los elementos sino en la totalidad
formada por su unión.

Cuando se analiza la actitud de Durkheim hacia la sociología, es importante recordar el estado del desarrollo de esa
disciplina en el momento en que escribe. El tipo de “psicología social” que existía era la “psicología colectiva” promovida
por algunos pensadores alemanes contemporáneos que, de hecho, era en realidad una antropología de la cultura.
Durkheim lo reconoce, acordando que si eso es lo que se entendía por “psicología social”, no tendría objeción en
sustituir esa denominación por la de sociología. Durkheim acepta la legitimidad y la necesidad de una ciencia “positiva”
de la psicología y hasta señala a los sociólogos que sólo pueden obtener beneficios por familiarizarse con sus principales
logros. Pero otra cosa es imaginar que las propiedades de la sociedad puedan derivarse del estudio del individuo aislado,
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que es el método que siguen tanto la psicología experimental como la filosófica. La explicación de esos fenómenos debe
referirse a factores sociales.

Durkheim subraya que las explicaciones funcional y causal deben separarse.

También deben distinguirse cuidadosamente “función” de “propósito”, por la sencilla razón de que los fenómenos
sociales normalmente no se crean con propósitos conscientemente concebidos o, mejor, que la función social efectiva
de un sector de conducta social dado puede ser muy diferente de las motivaciones sentidas por quienes participan en
ella. Durkheim deja en claro que la interpretación funcional es básica para el método sociológico. El hombre debe ser
estudiado en su devenir, “la historia no es sólo el marco natural de la vida humana: el hombre es producto de la historia
Pero el sociólogo debe rechazar la concepción –sostenida por muchos historiadores– de que la historia es una serie
única de acontecimientos que no permiten una clasificación sistemática. El método histórico debe aplicarse en
sociología en un marco evolutivo que reconozca que las sociedades pueden clasificarse en diferentes tipos y en
consecuencia pueden agruparse en diversos niveles a lo largo de una escala. Tal tipología de sociedad es esencial para
usar el método comparativo, que es el medio primario de verificación empírica en sociología. Para distinguir la
“normalidad” social de la “patología” también es necesaria una tipología de la sociedad.

Siguiendo con su metodología ya establecida, Durkheim señala que un criterio inicial de normalidad puede derivarse de
la característica “externa” del grado de “generalidad” del fenómeno en cuestión. En la mayor parte de los casos, en la
primera aproximación al estudio de un ítem social dado, puede suponerse que si ese ítem se encuentra en todos o en la
mayoría de los casos que pertenecen a un tipo societal tal particular, es normal para ese tipo. Un análisis más profundo
puede demostrar, sin embargo, que esta suposición no se encuentra justificada en los hechos: la prueba real de la
normalidad de un fenómeno social es si se halla o no basada en las condiciones de existencia del tipo societal en
cuestión. Esto puede mostrarse por la demostración de que el fenómeno llena una función específica. Pero también hay
instancias en las que un elemento normal en un tipo particular no tiene una función distinguible sino que aparece
simplemente “dado” en su estructura. Es el caso, por ejemplo, de los efectos secundarios que el proceso de parto tiene
sobre el cuerpo femenino, que no tienen funciones específicas, pero son inevitables en el proceso normal del parto.

Cuando cierto tipo de sociedad se encuentra sufriendo un cambio, es común encontrar que hay fenómenos
ampliamente distribuidos pero que ya no son “normales”, pues son supervivencias de la fase previa de su desarrollo. En
los períodos de transición, sólo un análisis sociológico preciso puede demostrar que pertenece exactamente al pasado y
cuál es la forma emergente que está preparando el futuro.

En otras palabras, el uso de los criterios de normalidad y patología coloca límites identificables sobre la infinitud
anómica de aspiraciones de cambio. Este punto de vista dejó a Durkheim expuesto a la acusación de favorecer un
conservatismo inmanente, y los críticos no tardaron en presentar el cargo.

En respuesta a tal prevención hace dos observaciones. La primera es que el método a veces conduce a conclusiones
extrañamente radicales. Es el caso, por ejemplo, con su conclusión de que cierto nivel especificable de crimen es una
condición de funcionamiento de cada tipo de sociedad. El segundo es que el uso de este procedimiento nos permite
contribuir a realizar efectivamente el cambio, porque nos permite identificar cuáles son los desarrollos crecientes que
están ocurriendo y nos muestra qué debe hacerse para alentarlos.

Para Durkheim el verdadero cambio social es evolucionario, no revolucionario: las sociedades –como la de Francia del
siglo XIX– que experimentaron el mayor número de levantamientos revolucionarios, tienden en realidad a estancarse y
resistirse al cambio. Cambios políticos rápidos enmascaran un estancamiento subyacente. Sin embargo, si podemos

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aislar las verdaderas fuerzas que trabajan para el cambio, podremos alentar su desarrollo, y esto es precisamente lo que
hace posible el análisis sociológico de rasgos emergentes.

El objeto de la sociología

Cuando desempeño mis obligaciones, cumplo con obligaciones que están definidas, externamente a mí mismo y a mis
actos, en la ley y en la costumbre. Aun en el caso en que coincidan con mis propios sentimientos y sienta subjetivamente
su realidad, esta realidad es objetiva, porque yo no la cree meramente la recibí a través de la educación. Si existían antes
que él, existían eternamente a él. El sistema de signos que uso para expresar mi pensamiento, el sistema de dinero que
empleo para pagar mis deudas, etc, funcionan independientemente del uso que haga de ellas.

Nos encontramos entonces con modos de actuar, de pensar y de sentir que presentan la notable propiedad de existir
fuera de la conciencia individual.

Estos tipos de conductas o pensamiento no solo son externos al individuo sino que, además, están dotados de un poder
imperativo y coercitivo, por virtud del cual se imponen a sí mismos sobre el individuo, con independencia de su deseo
individual. Claro está que cuando coincido con eso sinceramente, la coerción se siente solo ligeramente, si es que se
siente, por ser innecesaria. A pesar de eso es una característica intrínseca de esos hechos, se ven el mundo en que se
hace valer así mismo tan pronto intento resistirla.

Un hecho social puede reconocerse por el poder de coerción externa que ejerce o es capaz de ejercer sobre los
individuos, y la presencia de este poder puede, a su vez, reconocerse, ya por la existencia de alguna sanción definida o
por la resistencia que se ofrece contra cada acto individual que apunta a contravenirlo. También se lo puede definir en
términos de su difusión en el interior del grupo, siempre y cuando, de acuerdo con las observaciones que acabamos de
hacer, se tenga cuidado añadir como segunda característica esencial que existe independientemente de las formas
individuales que asume en su difusión.

En realidad, en algunos casos, este último criterio es más fácil aplicar que el anterior. En los hechos, la coacción es fácil
de identificación cuando se expresa externamente por medio de alguna reacción directa de la sociedad, como es el caso
de la ley, las costumbres, las creencias, los hábitos y hasta las modas. Pero cuando es sólo indirecta como la coacción
que ejerce una organización económica, no siempre fácilmente detectable.

El primer paso del sociólogo, en consecuencia, debe ser definir las cosas con las que se trata, para que se pueda conocer
claramente su objeto. Esta es la condición primordial y más indispensable de toda prueba y verificación. Una teoría sólo
puede aprobarse si somos capaces de reconocer los hechos de los cuales pretende dar cuenta.

Para ser objetiva, la definición debe, obviamente, encarar los fenómenos no como ideas mentales sino, en términos de
sus propiedades inherentes. Debe caracterizarlos por un elemento que intereso naturaleza, no por su conformidad con
algún tipo intelectual.

Si bien al comienzo de la investigación las únicas características que pueden averiguarse son aquellas lo suficientemente
externas como para ser inmediatamente visibles, aquellas que se encuentran más y más profundas, son sin dudas más
significativas, el material que se incluye en esta definición fundamental debe buscarse entre las características externas
del fenómeno. Además, queda claro que esta definición de incluir, sin excepción o distinción, todos los fenómenos que
manifiesten las mismas características, porque no tenemos razón y medio para elegir entre ellas.

Podemos sentar como principio que los hechos sociales son capaces de representación objetiva en la medida que se
hacen completamente separados de los hechos individuales que los expresan.

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La objetividad depende de la existencia de un punto de referencia constante e idéntico al que se puede referir la
representación y que haga posible la eliminación de todo lo que sea variable y subjetivo. Mientras la vida social no este
separada de los sucesos particulares que la componen y no tenga existencia separada, no podrá ser estudiada.

Además los actos individuales a los que dan lugar, los hábitos colectivos hallan expresión en formas definidas: las reglas
legales, regulaciones morales, proverbios populares, convenciones sociales, etc.

Entonces cuando el sociólogo comprende la investigación de un orden de hechos sociales dado, debe forzarse por
considerarlas al lado de sus manifestaciones individuales. Pero para hacer un camino metódico debemos establecer las
bases iniciales de la ciencia en terreno sólido y no en arena movediza. Debemos acercarnos al reino social por aquellos
puntos por los que ofrece el mejor acceso a la investigación científica. Solamente después será posible en busca de
metilación más allá y, por aproximaciones sucesivas, abarcar, poco a poco, esta realidad huidiza, que la mente humana
quizás nunca sea capaz de aprender completamente.

Sanciones represivas y solidaridad mecánica

El vínculo de la solidaridad social al que corresponde la ley represiva es aquel cuya ruptura constituye el crimen; le
damos este nombre a cada actor que, en algún grado evoqué contra su autor la reacción característica que llamamos
con la palabra “castigo”. Buscar la naturaleza este vínculo es, en consecuencia, preguntarse cuál es la causa del castigo
o, más precisamente, en qué consiste esencialmente el crimen.

Un acto es criminal cuando ofende estados intensos y definido de la conciencia colectiva.

En otras palabras, no hemos sido una acción y era la conciencia colectiva sino más bien que estrenar porque llegue la
conciencia colectiva. No la condenamos portas un crimen sino que es un crimen porque la condenamos. En cuanto a la
naturaleza intrínseca estos sentimientos, resulta imposible especificar los: pasteles son los más diversos objetos no
pueden sintetizarse en una sola fórmula.

No podemos decir que están vinculados con los intereses vitales de la sociedad o con un Mínimo de justicia; todas las
definiciones son una igual mínimo de justicia; todas las definiciones son inadecuadas.

Sólo podemos reconocerlos por esto: un sentimiento, cualquiera sea su origen o finalidad, se encuentra en todas las
mentes con cierto grado de fuerza y claridad y cada acción que lo viola es un crimen. El castigo es una reacción
emocional.

La pasión que es el espíritu del castigo, si eso solamente cuando se extingue. Y, en consecuencia, si después tía
descontrol aquí en la vía provocado inmediatamente, todavía conserva su fuerza, se expande de un modo mecánico.

Pero hoy, se dice que el castigo ha cambiado su carácter; ya no es para vengarse así misma que la socia castiga, es para
defenderse. El sufrimiento que inflige ya no es más que un medio metódico de protección. Castiga no porque el castigo
le ofrezca una satisfacción intrínsecas si no porque el temor al castigo puede paralizar aquello que contemplan el mal.
Pero justificar una distinción tan radical entre estos dos tipos de castigos no es suficiente para establecer que se los
emplea con diferentes líneas como objetivo.

La naturaleza de una práctica no cambia necesariamente porque las intenciones conscientes de quienes la aplican se
modifican. De hecho, todavía puede desempeñar el mismo papel que antes, pero sin que esto resulte percibido. En este
caso ¿por qué cambiaría sólo en aquellos aspectos de cursos defectos somos más conscientes? Se adapta así misma a las
nuevas condiciones de existencia ti ningún cambio esencial.

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El instinto de venganza es, en suma, solamente el instinto de conservación potenciado por el peligro. Es un arma
defensiva y tiene valor definido, aunque se arma imperfecta.

Hoy, como entendemos más claramente el fin a alcanzar, sabemos mejor como utilizar los medios a nuestra disposición.
No protegemos más sistemáticamente y, por ende, más eficientemente. No hay una decisión radical entre castigo de
hoy y el castigo hacer y, en consecuencia, no fue necesario que este último cambiar a su naturaleza para con Martha el
papel que desempeñan otras sociedades civilizadas.

La principal diferencia deriva del hecho de que ahora produce sus defectos con alta conciencia de lo que hace, pero si
bien la conciencia individual o social no deja de tener influencia sobre la realidad que clarificar, no tiene el poder de
cambiar su naturaleza.

En consecuencia, podemos concluir que los elementos esenciales del castigo son los mismos que antes. El castigo ha
permanecido, al menos en parte, obra de venganza. Se dice que no hacemos sufrir a la parte culpable por el sufrimiento
mismo. Sin embargo, es cierto que encontramos correcto que sufra. Sería peligroso para la sociedad si las ofensas más
seria fueron tratadas como simples transgresiones, pero mayor sería el peligro en la mayor parte de los casos si estas
últimas fueron trata del mismo modo que las primeras.

El castigo debe variar sólo con el grado de dureza del criminal y no de acuerdo con la naturaleza del acto criminal. Un
ladrón incorregible debe ser tratado del mismo modo que un asesino incorregible. Pero, en realidad si se le mostrara
que el delincuente es completamente incurable, aún si no nos sentiríamos obligados a castigar los excesivamente.

Esto prueba que creemos en la ley del talión, aunque la aplicamos de un modo más refinado que antiguamente: ya no
me dimos en forma tan material y lo será, se hace a la atención del hecho o la del castigo, aunque todavía pensamos que
debería haber una ecuación entre los dos términos, nos beneficiemos o no este balance.

El carácter social extracción proviene de la naturaleza social de los sentimientos ofendido. Todos los atacado;
consecuentemente, todos se oponen a la taque. La reacción no sólo en general cines colectiva, lo que no es lo mismo: no
se produce modo al lado en cada individuo sino que es una respuesta total, unificada, aún si varía acuerdo con el caso.
De hecho, del mismo modo que los sentimientos contrarios se le pelan entre sí, los sentimientos similares a 35, y se
atraen con tanta fuerza como intensos sean.

De todas las impresiones similares que se intercambian y la ira que se expresa emergente una emoción única, más o
menos determinada, de acuerdo con las circunstancias, que no emanan de ninguna persona específica sino de todos. Es
la ira pública.

Por otra parte eso es lo que otorga sus funciones: los sentimientos en cuestión derivan su fuerza del hecho que son
comunes a todos; son fuertes porque no están cuestionadas. Es el hecho de ser universalmente respetados el que le da
el respeto específico que tienen. Ahora bien, el crimen es posible sólo si este respeto no es verdaderamente universal.

El crimen consiste esencialmente en un acto contrario estado firmes y definido de la conciencia colectiva.

Para nosotros hay una forma de conciencia. Una contiene los estados personales, el carácter de cada uno, mientras que
los estados que comprenden la otra son comunes a toda la sociedad. La primera representa solo nuestra personal
individual y la constituyen. Y, la segunda representa el tipo colectivo, y consecuentemente a la sociedad, sin la cual no
existiría. Aunque distintas, estado formas de conciencia cómo está mi culadas una con la otra ya que, al final son
solamente una y tienen el mismo sustrato orgánico. Son, en consecuencia, interdependientes. De esto resulta una
solidaridad sui generis, basado en el pareció mutuo, que vincula directamente al individuo con la sociedad.

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Variaciones en el carácter de las sanciones penales

Las variaciones ya sufrió el castigo a los largo del curso de la historia son de dos tipos: unas cuantitativas y otras
cualitativa.

Las leyes que la gobiernan son necesariamente diferentes. La ley de la variación cuantitativa puede formularse del
siguiente modo: ” la intensidad del castigo es mayor en la medida en que la sociedad pertenece a un tipo menos
desarrollado y al grado en que el poder central tiene un carácter más absoluto”.

Es relativamente fácil reconocer cuando un tipo social se haya más o menos desarrollado que otro: solamente tenemos
que distinguir qué grado de simplicidad lo compone y, si son de composición paralela, el grado legislación que
manifiestan.

Llamamos al poder gubernamental “absoluto” cuando no hay otra funciones sociales similares para balancearlo y
limitarlo efectivamente. La traición y las creencias religiosas sirven como freno aun sobre los más poderosos de los
gobiernos. Por otra parte, siempre hay cierto número de organismos secundario capaz de resistir y mantenerse
autonomía. Siendo una base demasiado, las fuerzas sociales sobre las que avanza pueden unirse para reaccionar y
restringir su acción, anticipación posible reacción, dicho gobierno puede incluso ponerse límites por sí mismo. Pero, sean
autoimpuestas físicamente impuestos de afuera, límites son esencialmente contingentes; no derivan del funcionamiento
normal de las situaciones. Cuando se deben a la iniciativa gubernamental se presenta como una graciosa concesión,
como un abandono voluntario de derechos legítimos. Cuando son el producto de la resistencia colectiva tiene un fuerte
carácter francamente revolucionario. La actividad legal se centra alrededor de dos polos. La relaciones legales son
unilaterales o, por lo contrario, bilaterales y recíproca. Éstos son, al menos, los tipos ideales a lo que se aproximan. El
primero comprende exclusivamente leyes que se especifican las demandas de una entidad sobre otra, sin que la
segunda tenga ningún derecho legal que corresponda estas obligaciones. En el segundo caso, el cambio, el vínculo legal
resulta de una Red reciprocidad perfecta entre los derechos conferidos en ambas partes.

Cuanto mayor sea el grado en que las relaciones entre poder supremo y el resto de la sociedad sean de carácter
unilateral, en otras palabras, cuanto más se parezca en aquello que une a las personas con su posición, más absoluto
será el gobierno. Por lo contrario, cuanto más completamente bilaterales en la relación con otras funciones sociales,
menos absoluto será el estado.

Así, lo que hace el poder central más o menos absoluto es el grado en el que hay una carencia fundamental de cualquier
contrapeso permanente organizado con el objeto de moderarlo.

Quién es lime tal autoridad encuentra que posee una fuerza que lo libere de cualquier cosa acción colectiva y que, al
menos en cierta medida, significa corresponde sólo frente así, hace lo que quiere y puede imponer su voluntad
completamente. Esta hipercentralización da lugar a una fuerza social sui generis tan intensa que domina a todas las
otras y la subordina. Éste dominio no se ejerce solamente de hecho sino también en la ley, porque quien está
privilegiado por poseer no se haya invertido de tal prestigio que parece de naturaleza sobrehumana.

La ley que acabamos de exponer se refiere exclusivamente al monto cantidad de castigo. Ahora vamos a referirnos a sus
modalidades cualitativas. Puede expresarse como el siguiente: el castigo que implica privación de la libertad y solamente
eso por periodos de tiempo que va hacían con la gravedad del crimen, tiende creación de menta bañarse el tipo normal
de sanción. Cómo llamo visto, la prisión aparece por primera vez en historia sólo como una amiga meramente
preventiva. Sólo más tarde asume el carácter represivo y, eventualmente, se vuelve la propia tipificación del sistema
penal. La responsabilidad de hecho, el colectiva. Cuando se comete un crimen y castigo por la reparación no es de Dios

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simplemente por la parte culpable si no también, allá junto a ella, si el lugar si ella falta, por el Clan de que forma parte.
Más tarde, cuando abrió su carácter familiar, es un círculo, incluso relativamente extendido, de allegados. Pero en la
medida en que la sociedad se vuelve más concentrada y elementales Pierden su autonomía y sensual en la gran masa, la
responsabilidad se vuelve un asunto individual. A partir de entonces necesario tomar medidas para asegurar que el
individuo comprometido no huya para escapar de la sanción. Y como a la vez son menos ofensivas a la pública, aparecen
las prisiones.

En general son la forma más dura de castigo las que se ven afectadas por este movimiento de retroceso, es decir, las que
primero resultan debilitas y luego desaparecen. Son los peores tipo de castigo capital lo primero que se debilitan, hasta
que llegan al momento en que son completamente suprimidos. Como consecuencia de esto, lo castigo menores se
vuelven más importantes ya que deben llenar el vacío que deja este proceso de regresión.

Es por eso que mientras originalmente estaban mezclados con penalidades adicionales de las que a veces no eran más
que subsidiarios, poco a poco se desprendieron de dejarla a la formación, la privación de la libertad sin comprender
otras eran es por eso que mientras originalmente estaban mezclados con penalidades adicionales de las que a veces no
eran más que subsidiarios, poco a poco se desprendieron de dejarla a la formación, y decir la privación de la libertad sin
comprender otras gradaciones que más que resultan de las diferencias en la duración de esta privación.

de este modo, las variaciones cualitativas en el castigo depende en parte de los cambios cuantitativos que ha sufrido al
mismo tiempo.

Lo sentimiento colectivo que transgrede la criminalidad característica de la sociedad es menos desarrolladas son
colectivos de dos modos: no solamente están sostenidos por la colectividad y de este modo existen en la conciencia de
la mayor parte de los individuos, sino que también se vinculan con otras colectivas. Consecuentemente, los actos que
estamos obligados a realizar para alcanzarlos, no derivan de las inclinaciones de nuestra naturaleza individual, sino que
más bien tienden a violarla, ya que consisten en toda una variedad de sacrificios y privaciones que el hombre cinco en
asimismo para agradar a Dios o para satisfacer la costumbre para obedecer la autoridad. Por eso estamos obligados
alienarnos, la relación con alguna causa pierna, como hacemos con las sensaciones. Por otra parte estamos obligados a
concebirlos como un poder que sólo está separado de nosotros sino que superior a nosotros, ya que nos manda y le
obedecemos.

Pero los crímenes que violento sentimientos y que consisten en la comisión de naciones específicas no pues si no
aparece como dirigió directamente contra los seres trascendentes saqué, en realidad, se relacionan con ellos. Pero los
crímenes que violan sentimientos y que consisten en la omisión de lleva a cabo obligaciones específicas no pueden sino
aparecérsenos como dirigidos directamente contra los seres trascendentes saqué, en realidad, se relacionan con ellos.

Cuanto más respeto si tiene algo, es una falta de respeto. La simpatía que pueda sentir un hombre por uno de sus
semejantes, para no sufrir un traspié escandaloso, no puede revertir el temor reverencial que se siente por la divinidad.

Diferentes el caso con los sentimiento colectivos cuyo objeto es el individuo, por qué cada una de nosotros es uno de
ellos. Lo que le concierne al hombre nos concierne a todos, porque todos somos hombres. Es un sentimiento vinculado
con la protección del niño mana nos tocan personalmente. Entre el hombre general y el hombre que cada uno de
nosotros, no existe la misma diferencia que la que se da entre un hombre y un dios. En consecuencia, sí, tal como se
explica el crimen se reduce progresivamente A las ofensas contra las personas solamente, mientras que la forma
religiosa de criminalidad declinan, resultado inevitable que la fuerza promedio del castigo se vuelve más débil. Esta
debilitamiento no surge el hecho de que la moral se vuelve menos severa sino del hecho de que la religiosidad de la que
la ley penal y los sentimientos originalmente penetrada, declinan constantemente.
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La verdadera razón que la compasión que se siente por el hombre condenado ya no se obviada por sentimientos
opuestos que no permiten que se la sienta.

Sanciones restituidas y la relación entre la solidaridad mecánica y la orgánica

Las variaciones ha sufrido el castigo a los largo del curso de la historia son de dos tipos: unas cuantitativas y otras
cualitativa.

Las leyes que la gobiernan son necesariamente diferentes. La ley de la variación cuantitativa puede formularse del
siguiente modo: ” la intensidad del castigo es mayor en la medida en que la sociedad pertenece a un tipo menos
desarrollado y al grado en que el poder central tiene un carácter más absoluto”.

Es relativamente fácil reconocer cuando un tipo social se haya más o menos desarrollado que otro: solamente tenemos
que distinguir qué grado de simplicidad lo compone y, si son de composición paralela, el grado legislación que
manifiestan.

Llamamos al poder gubernamental “absoluto” cuando no hay otras funciones sociales similares para balancearlo y
limitarlo efectivamente. La traición y las creencias religiosas sirven como freno aun sobre los más poderosos de los
gobiernos. Por otra parte, siempre hay cierto número de organismos secundario capaz de resistir y mantenerse
autonomía.

Siendo una base demasiado, las fuerzas sociales sobre las que avanza pueden unirse para reaccionar y restringir su
acción, anticipación posible reacción, dicho gobierno puede incluso ponerse límites por sí mismo. Pero, sean
autoimpuestas físicamente impuestos de afuera, límites son esencialmente contingentes; no derivan del funcionamiento
normal de las situaciones. Cuando se deben a la iniciativa gubernamental se presenta como una graciosa concesión,
como un abandono voluntario de derechos legítimos. Cuando son el producto de la resistencia colectiva tiene un fuerte
carácter francamente revolucionario. La actividad legal se centra alrededor de dos polos. La relaciones legales son
unilaterales o, por lo contrario, bilaterales y recíproca. Éstos son, al menos, los tipos ideales a lo que se aproximan. El
primero comprende exclusivamente leyes que se especifican las demandas de una entidad sobre otra, sin que la
segunda tenga ningún derecho legal que corresponda estas obligaciones. En el segundo caso, el cambio, el vínculo legal
resulta de una Red reciprocidad perfecta entre los derechos conferidos en ambas partes.

Cuanto mayor sea el grado en que las relaciones entre poder supremo y el resto de la sociedad sean de carácter
unilateral, en otras palabras, cuanto más se parezca en aquello que une a las personas con su posición, más absoluto
será el gobierno. Por lo contrario, cuanto más completamente bilaterales en la relación con otras funciones sociales,
menos absoluto será el estado.

Así, lo que hace el poder central más o menos absoluto es el grado en el que hay una carencia fundamental de cualquier
contrapeso permanente organizado con el objeto de moderarlo.

Quién es lime tal autoridad encuentra que posee una fuerza que lo libere de cualquier cosa acción colectiva y que, al
menos en cierta medida, significa corresponde sólo frente así, hace lo que quiere y puede imponer su voluntad
completamente. Esta hipercentralización da lugar a una fuerza social sui generis tan intensa que domina a todas las
otras y la subordina. Éste dominio no se ejerce solamente de hecho sino también en la ley, porque quien está
privilegiado por poseer no se haya invertido de tal prestigio que parece de naturaleza sobrehumana.

La ley que acabamos de exponer se refiere exclusivamente al monto cantidad de castigo. Ahora vamos a referirnos a sus
modalidades cualitativas. Puede expresarse como el siguiente: el castigo que implica privación de la libertad y solamente

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eso por periodos de tiempo que va hacían con la gravedad del crimen, tiende creación de menta bañarse el tipo normal
de sanción. Cómo llamo visto, la prisión aparece por primera vez en la historia sólo como una medida meramente
preventiva. Sólo más tarde asume el carácter represivo y, eventualmente, se vuelve la propia tipificación del sistema
penal. La responsabilidad de hecho, el colectiva. Cuando se comete un crimen y castigo por la reparación no es de Dios
simplemente por la parte culpable si no también, allá junto a ella, si el lugar si ella falta, por el Clan de que forma parte.
Más tarde, cuando abrió su carácter familiar, es un círculo, incluso relativamente extendido, de allegados. Pero en la
medida en que la sociedad se vuelve más concentrada y elemental. Pierden su autonomía y sensual en la gran masa, la
responsabilidad se vuelve un asunto individual. A partir de entonces necesario tomar medidas para asegurar que el
individuo comprometido no huya para escapar de la sanción. Y como a la vez son menos ofensivas a la pública, aparecen
las prisiones.

En general son la forma más dura de castigo las que se ven afectadas por este movimiento de retroceso, es decir, las que
primero resultan debilitas y luego desaparecen. Son los peores tipo de castigo capital lo primero que se debilitan, hasta
que llegan al momento en que son completamente suprimidos. Como consecuencia de esto, lo castigo menores se
vuelven más importantes ya que deben llenar el vacío que deja este proceso de regresión.

Es por eso que mientras originalmente estaban mezclados con penalidades adicionales de las que a veces no eran más
que subsidiarios, poco a poco se desprendieron de dejarla a la formación, la privación de la libertad sin comprender
otras eran es por eso que mientras originalmente estaban mezclados con penalidades adicionales de las que a veces no
eran más que subsidiarios, poco a poco se desprendieron de dejarla a la formación, y decir la privación de la libertad sin
comprender otras gradaciones que más que resultan de las diferencias en la duración de esta privación.

de este modo, las variaciones cualitativas en el castigo depende en parte de los cambios cuantitativos que ha sufrido al
mismo tiempo.

Lo sentimiento colectivo que transgrede la criminalidad característica de la sociedad es menos desarrolladas son
colectivos de dos modos: no solamente están sostenidos por la colectividad y de este modo existen en la conciencia de
la mayor parte de los individuos, sino que también se vinculan con otras colectivas. Consecuentemente, los actos que
estamos obligados a realizar para alcanzarlos, no derivan de las inclinaciones de nuestra naturaleza individual, sino que
más bien tienden a violarla, ya que consisten en toda una variedad de sacrificios y privaciones que el hombre cinco en
asimismo para agradar a Dios o para satisfacer la costumbre para obedecer la autoridad. Por eso estamos obligados
alienarnos, la relación con alguna causa pierna, como hacemos con las sensaciones. Por otra parte estamos obligados a
concebirlos como un poder que sólo está separado de nosotros sino que superior a nosotros, ya que nos manda y le
obedecemos.

Pero los crímenes que violento sentimientos y que consisten en la comisión de naciones específicas no pues si no
aparece como dirigió directamente contra los seres trascendentes saqué, en realidad, se relacionan con ellos. Pero los
crímenes que violan sentimientos y que consisten en la omisión de lleva a cabo obligaciones específicas no pueden sino
aparecérsenos como dirigidos directamente contra los seres trascendentes saqué, en realidad, se relacionan con ellos.

Cuanto más respeto si tiene algo, es una falta de respeto. La simpatía que pueda sentir un hombre por uno de sus
semejantes, para no sufrir un traspié escandaloso, no puede revertir el temor reverencial que se siente por la divinidad.

Diferentes el caso con los sentimiento colectivos cuyo objeto es el individuo, por qué cada una de nosotros es uno de
ellos

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Lo que distingue la sanción es que no es expiatoria sino que consiste en una simple repetición de Estado. La idea de
tolerar el asesinato, pero con bastante facilidad podemos aceptar la modificación de la ley de la herencia y podemos
conseguir incluso su posible abolición. Al menos es un problema que no los miramos a discutir.

La persona que viola ignora la ley no va a sufrir en relación con su falta; simplemente sentenciada a obedecer. Cómo
estás prescripciones no se corresponden con ningún sentimiento en nosotros, y como no surgir al mente no conocemos
científicamente la razón es existencia, dado que esta ciencia no existe, no tiene raíces en la mayor parte de nosotros.
Hay, por supuesto excepciones: No toleramos Ya de que un contrato contrario la tradición guapo tenía atrás de la fuerza
o del fraude pueda vincular a las partes contratantes. Así, cuando la opinión pública se encuentra en presencia de un
caso de este tipo, se muestra menos diferente de lo que hemos señalado previamente incrementa la sanción legal de su
censura. Lo diferente dominio de la vida moral no se hayan radicalmente separados unos de otros. Por el contrario son
continuos y consecuentemente inclusión regiones marginales donde estas diferencias características se encuentran a la
vi. Es prueba de que las reglas con sanción rectitud iba oyendo derivan toda de la conciencia colectiva o bien sólo son
estados débiles de ella. La ley represiva corresponde el corazón, el centro de la conciencia común. La ley Rectitud iba
surgiendo en regiones muy marginal es ampliamente. Mientras la ley represiva tiende a permanecer difusa en seno de la
sociedad, la ley retributiva crea órganos crecientemente especializados: corte de Comercio, Consejo de arbitraje, Cortés
administrativas de diversas clases.

Pero aunque está en alguna medida se hayan fuera de la conciencia colectiva, no se refiere solamente a los individuos.

Pero el caso es que necesariamente la sociedad está lejos de ayer se ausente de café era de ella legal. Es cierto que,
generalmente, no interviene directamente y efectivamente: debe ser solicitada por las partes interesadas. Pero al ser
llamada, su intenciones, sin embargo, el de la máquina y sólo ella la hace funcionar. Presenta la ley a través del órgano
de sus delegados.

Pero una vez más incorrecto que considerar a los hacía como les decía de árbitros. Cuando debe intervenir no es para
rectificar intereses individuales. No busca descubrir cuál puede ser la solución más encajosa para los advertí varias y no
propone un compromiso para ese día. Más bien aplica el caso particular que se les somete a su regla de la ley general es
irracionales pero una vez más incorrecto que considerar a los hacía como les decía de árbitros. Cuando debe intervenir
no es para rectificar intereses individuales. No busca descubrir cuál puede ser la solución más ventajosa para los
adversarios y no propone un compromiso para ellos, más bien aplica el caso particular que se les somete a sus reglas de
la ley general y tradicional.

De este modo, de acuerdo con la fuerza con la que la sociedad la siente, Interviene más o menos directa y activamente a
través de la intermediación de órganos especiales encargado de representarla.

En resumen, las relaciones gobernadas por la ley cooperativa con sanciones restituidas y la solidaridad que expresan
resultan de la división del trabajo social.

Con seguridad, la medida en que la funciones tienen cierta generalidad, cada uno puede tener alguna idea de esas, pero,
cuando tomas especializadas son, más restringidas el número de individuos que conoce a cada una de ellas. Y,
consecuentemente, son más marginales a la conciencia colectiva. Su autoridad también deriva de la opinión pública,
como las regales penales, pero de una opinión localizada en regiones restringidas de la sociedad.

Hay, como y sabemos, funciones administrativas y gubernamentales en la que algunas relaciones están regulados por la
ley de precios por el carácter particular de acción de la conciencia colectiva y todo lo que come conectado con ella.
Todavía en otros casos más lazos de solidaridad que unen alguna funciones sociales pueden ser tales que su

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quebrantamiento estimule repercusiones que sean lo suficientemente amplia como para provocar una reacción penal.
Pero por la razón que hemos dado estas reacciones son excepcionales. Reconocemos sólo dos tipos de solidaridad
positiva, distinguibles por las siguientes cualidades:

1-la primera una individuo directamente con la sociedad, sin ningún intermedio. En la segunda él depende de la
sociedad, porque dependo de las partes que la componen.

2- la sociedad no se ven la misma perspectiva en los dos casos. El primero, le llamamos sociedad es una totalidad más o
menos Apretadamente organizada de creencias y sentimientos comunes a todos los miembros del grupo: es el tipo
colectivo. En contraste, la sociedad en la que estamos vinculados en la segunda instancia es un sistema de funciones
diferenciadas y especializadas unidas en relaciones definidas. Estados sociales, entre apretadamente organizada de
creencias y sentimientos comunes a todos los miembros del grupo: es el tipo colectivo. En contraste, la sociedad en la
que estamos vinculados en la segunda instancia es un sistema de funciones diferenciadas y especializadas unidas en
relaciones definidas. Estados sociales, en realidad forman una sola puntos no son más que dos aspectos de una y la
misma realidad, sin embargo, deber ser distinguidas.

3- De esta segunda diferencia surgió otra que nos ayuda caracterizar y dar nombre a dos clases de solidaridad.

La primera puede ser fuerte solamente la medida en que las ideas y tendencias comunes a todos los miembros de la
sociedad sean mayores el número e intensidad que aquellos que pertenecen a cada miembro individual. En
consecuencia está solidaridad puede crecer solamente en proporción inversa la personalidad. La solidaridad que
proviene de la semejanza en su máximo cuando la conciencia colectiva envuelve completamente toda nuestra
conciencia y coincide en todos los puntos con ella. Pero en ese momento nuestra individualidad es nada. Si tenemos una
fuerte inclinación para pensar y actuar por nosotros mismos no podemos estar tan fuerte mente inclinados para pensar
y actuar como lo hacen los otros. Por otra parte, en el momento en que esta última solidaridad ejerce su fuerza, la
personalidad se van así; por definición podríamos decir que ya no somos nosotros mismos sino el ser colectivo. Es por
esto que proponemos llamar a esta forma de solidaridad mecánica; la llevamos así solamente por analogía con la
cohesión que une los elementos un cuerpo inorgánico en contraste con la forma que fuera de los elementos del cuerpo
viviente. La solidaridad es literalmente a lo que posee la sociedad. Es así, en este tipo de sociedad, los derechos
personales todavía no son distinguibles de los derechos reales.

Es muy diferente la solidaridad que produce la división del trabajo. Mientras que el tipo anterior implica que los
individuos se parezcan los unos a los otros, este tipo presume que difieren.

El primero es posible sólo en tanto la individualidad personal se ve absorbía en la personalidad colectiva. El último, es
posible sólo si cada una tiene una esfera de acción peculiar para él, es decir, si posee una personalidad.

Entonces, es necesario que la conciencia colectiva deje abierto una parte de la conciencia individual para que esta
funciones especiales puedan establecerse allí, funciones que ella no puede regular.

Cuanto más extensa fiesta región, más fuerte la conexión que resulta de la solidaridad. En los hechos, por un lado tiene
más directamente de la sociedad y, por el otro, la actividad de cada individuo se hace más personalizada en la medida en
que es más especializada. Sin duda, circunscrita comentaba, nunca es completamente original.

Aquí, en consecuencia, la individualidad de todos crece al mismo tiempo que sus partes: la sociedad se vuelve más capaz
de acción colectiva, a la vez que cada una de sus elementos tienen más libertad acción. Cada órgano, en efecto, tiene su
carácter y autonomía especiales, a pesar de eso, estando más grande cuando la individualización de las partes es más
marcada. Basándonos en esta analogía, proponemos llamar a la solidaridad debida a la división del trabajo orgánica.
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