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La función de cualquier crisis consiste en destruir lo viejo para que pueda

surgir lo nuevo. De ahí la importancia de aprovechar este escenario de


cambio y transformación para evolucionar como individuos y como
sociedad.

Aunque llevaba décadas gestándose, de un día para el otro los medios de


comunicación masivos anunciaron que el mundo había entrado en crisis. Algunos
expertos profetizaron que este hecho iba a tener consecuencias apocalípticas para
la mayoría de los ciudadanos. Y lo cierto es que así ha sido. Curiosamente, la
palabra «apocalipsis» viene del griego «apokálypsis», que significa «revelación»
y también «quitarse el velo de los ojos». Es decir, el momento de afrontar la
verdad sobre lo que está sucediendo.

Por su parte, la palabra «crisis» comparte la misma raíz etimológica que


«crisálida», la cual alude a la «metamorfosis» y a la «transformación». Y eso es
precisamente lo que le está sucediendo al sistema económico: está inmerso en un
gigantesco proceso de metamorfosis. De hecho, nos encontramos ante a un
momento histórico extraordinario. Somos testigos de excepción de un cambio de
época. Nunca antes habíamos estado en semejante crisálida.

En este contexto, el cambio y la reinvención han dejado de ser una opción; se han
convertido en una necesidad para poder adaptarnos y prosperar en la nueva
realidad personal, social, política, laboral y económica emergente. Lo que está en
juego es nuestra capacidad de evolucionar como individuos y como sociedad.
Para lograrlo, es fundamental tomar nota de las lecciones psicológicas que esta
crisis ha venido a enseñarnos.

LA DESTRUCCIÓN CREATIVA
“La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma.”
(Antoine Lavoisier)
1.Aceptar la impermanencia de las cosas. No hay nada que dure para siempre.
Todos los sistemas sociales, políticos, financieros y energéticos que hemos ido
creando han tenido un origen, un punto de máxima expansión, un proceso de
decadencia y su consiguiente transformación. No es que hayan desaparecido ni se
hayan destruido, sino que han ido mutando por medio de las denominadas «crisis
sistémicas». Es decir, las que remodelan los fundamentos psicológicos,
filosóficos, económicos y ecológicos del sistema. Y como cualquier otro cambio
brusco, suele venir acompañado de cierto grado de inestabilidad, conflicto y
violencia.

2.Abrirse a lo nuevo. Es una ley tan inmutable como eterna: tarde o temprano,
lo viejo muere, dando paso a lo nuevo. Si bien es cierto que están desapareciendo
sectores, compañías y trabajos industriales, en paralelo están emergiendo otros
nuevos, relacionados con la creatividad y la innovación. Además, gracias al
imparable avance de las nuevas tecnologías, poco a poco se va transformando
radicalmente cómo hacemos lo que hacemos, facilitando que logremos hacer
cosas que no sabíamos que podíamos hacer. Así es como los sectores, empresas y
profesiones de éxito pasado se ven superados por nuevas propuestas más
eficientes y de mayor calidad que las destruyen. A este fenómeno se le denomina
«destrucción creativa», un término popularizado en el siglo XX por Joseph
Schumpeter.

3.Vencer el miedo al cambio. El mayor freno para cambiar es el temor a


soltar lo que creemos que tenemos. En eso consiste precisamente salir de nuestra
zona de comodidad. Algunos lo llaman «dar un salto al vacío». Y otros, «la
travesía por el desierto». Sentir dicha incomodidad nos confronta con todos
nuestros miedos inconscientes. Tememos salirnos de la corriente y seguir nuestro
propio camino. Tememos equivocarnos, fracasar y hacer el ridículo. Y tememos
lo que la gente de nuestro entorno pueda pensar de nosotros.

4.Cuestionar la forma de pensar. El actual escenario de crisis sistémica nos


está diciendo alto y bien claro que está todo por hacer. Todo por reinventarse. De
ahí que sea fundamental que este proceso de destrucción creativa suceda a nivel
individual, en nuestra propia mentalidad. Es hora de que mueran nuestras viejas
creencias para permitir que nazcan las nuevas que están por venir. De ahí la
importancia de cuestionarnos a nosotros mismos, cuestionando un sistema de
creencias que dábamos por inamovible y completamente cierto. Si no rompemos
con la inercia ahora, cuando concluya el periodo de crisis puede que sea
demasiado tarde.

LA HORA DEL CAMBIO


“El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda
sentado sobre él.”
(Proverbio chino)
5.Analizar detenidamente la situación. Más allá de la connotación tan negativa
que suele asociarse a la «crisis», su etimología muestra su auténtico significado.
El ideograma chino que ilustra esta palabra «crisis» está compuesto por dos
figuras: una significa «peligro» y la otra, «oportunidad». A su vez, procede del
vocablo griego «krisis», que a su vez deriva del verbo «krinein», que quiere decir
«juzgar» y «decidir». Este verbo también ha dado lugar a sustantivos como
«crítica» y «criterio». Así, la crisis podría definirse como un momento decisivo
dentro de cualquier proceso individual o colectivo, tanto psicológico como
económico. En el fondo, es una invitación para hacer una pausa y reflexionar
acerca del rumbo que está tomando nuestra existencia. Y a poder ser, decidir
sabiamente el siguiente paso que hemos de dar para seguir evolucionando como
especie y prosperando como civilización.

6.Aprender de los errores. Toda crisis requiere que la afrontemos con


honestidad y humildad. Por más que le duela al ego, hemos de mirarnos en el
espejo y ser autocríticos. ¿Cuál es nuestra parte de responsabilidad? ¿En qué nos
hemos equivocado? ¿Qué podemos aprender al respecto? Hemos de asumir las
decisiones que tomamos en el pasado, pues son muy cómplices del tipo de
circunstancias que estamos cosechando en el presente. Si no aprendemos de
nuestros errores, tarde o temprano volveremos a cometerlos. La crisis seguirá
latente en nosotros. Y la vida seguirá dándonos las bofetadas que necesitamos
para que espabilemos de una vez, aprendiendo lo que ha venido a enseñarnos.

7.Crecer como seres humanos. No podemos resolver un problema desde el


mismo nivel de comprensión desde el que lo creamos. Los verdaderos obstáculos
están en nuestra mente, no en la realidad. Ahí afuera solo encontraremos el
reflejo de nuestras limitaciones mentales. Frente a la crisis, no sirve de nada la
queja, el victimismo y la culpa. Todo el tiempo y la energía que dedicamos a
cambiar aquello que no podemos transformar (la realidad externa), lo estamos
malgastando para transformar aquello que sí podemos cambiar: la realidad
interna, esto es, nuestra visión del mundo y nuestra actitud frente a nuestras
circunstancias. Aunque en un primer momento no lo parezca, siempre hay otras
vías y sendas por explorar.

Para poder llevar estos aprendizajes a la práctica, hemos de empezar por invertir
en nosotros mismos, en nuestra educación. Cuanto mayor sea la calidad de
nuestro conocimiento, mejores serán las decisiones que tomemos y también los
resultados que obtengamos. La buena noticia es que hoy en día la información es
libre, abundante y gratuita. Gracias a las nuevas tecnologías está a golpe de clic.
Saquémosle el polvo a nuestra curiosidad. Podemos empezar yendo a una
conferencia, asistiendo a un curso o leyendo un libro. Hemos de formarnos para
poder adoptar una actitud vital mucho más responsable, proactiva y
emprendedora. En este marco de adversidad, caos e incertidumbre, hay muchos
individuos que están agudizando su ingenio para detectar las oportunidades
existentes; oportunidades que la mayoría –cegada por el miedo y la ignorancia–
no es capaz de ver.

Por más que no los intenten hacer creer legislación tras legislación, no son los
políticos los que cambian nuestra vida. Somos nosotros, los ciudadanos. Y no
con nuestro voto, sino con nuestras decisiones y acciones. La crisis actual es una
oportunidad para hacernos cargo de nosotros mismos. El cambio de mentalidad
individual es lo que de verdad transforma la sociedad y el sistema. Asumamos de
una vez que la seguridad externa no existe. Y que a día de hoy no nos queda más
remedio que elegir entre dos incertidumbres: la de esperar que otros resuelvan
nuestros problemas… O la de comprometernos con aprender a resolverlos por
nosotros mismos.