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intervención familiar
en situaciones
de desprotección
infantil en Castilla y León
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infantil en Castilla y León

serie infancia / documentos de acción socia


colección documentos de acción social
serie infancia

programa de
intervención familiar
en situaciones
de desprotección
infantil en Castilla y León

© Junta de Castilla y León


Consejería de Sanidad y Bienestar Social
Gerencia de Servicios Sociales

Depósito Legal: VA-78/2000


I.S.B.N.: 84-7846-888-9
Imprime: GRÁFICAS GERMINAL, Sdad. Coop. Ltda.
Presentación

La familia constituye el contexto más adecuado para la atención de las


necesidades de los niños y es además el entorno natural de convivencia,
socialización y desarrollo. Por ello, la Junta de Castilla y León considera el
apoyo a las familias como una medida prioritaria del sistema de protección
a la infancia en nuestra Comunidad.
El Programa de Intervención Familiar tiene como finalidad principal el
trabajo con las familias biológicas de los niños que tienen expediente abier-
to en protección a la infancia, por encontrarse en situación de grave riesgo
o desamparo.
Se pretende que los niños puedan vivir en el seno de sus familias de ori-
gen estableciendo garantías de que su seguridad e integridad están salva-
guardadas y sus necesidades cubiertas.
La administración autonómica, con este programa, se plantea capacitar
a estas familias para que puedan dar una correcta atención a sus hijos, desa-
rrollando para ello pautas básicas de atención y educación. Queremos con
ello preservar la integridad de las familias evitando, siempre que sea posible,
una separación de los hijos, o procurando el regreso de los niños en los casos
en los que éstos estuvieran separados de los padres.
Para llevar a cabo esta tarea la Junta de Castilla y León está creando una
red de equipos especializados en intervención familiar, que serán los encar-
gados de llevar a cabo esta importante tarea. El contenido de esta publica-
ción pretende ser un apoyo teórico, tanto para nuestros técnicos como para
aquellos otros de otras administraciones, igualmente relacionados con la
protección a la infancia.

JUAN JOSÉ LUCAS


Presidente de la Junta de Castilla y León
ÍNDICE

PRESENTACIÓN .......................................................................................... 7
PRIMERA PARTE: MANUAL DE INTERVENCIÓN FAMILIAR EN SITUACIONES
DE DESPROTECCIÓN INFANTIL EN CASTILLA Y LEÓN 15
Introducción ................................................................................................ 17
1. El sistema de Protección a la Infancia: Los programas de apoyo a fami-
lias como recurso de intervención ......................................................... 19
1.1. Finalidad de la Protección ............................................................... 19
1.1.1. Finalidad general ................................................................ 19
1.1.2. Integración a través de grupos naturales .............................. 19
1.1.3. Contenido de la protección ................................................. 20
1.1.4. Denominación jurídica para garantizar los derechos del niño 22
1.1.5. Formas de protección .......................................................... 22
1.1.6. Definición del maltrato ........................................................ 25
1.1.7. Cuándo se interviene ........................................................... 25
1.2. Niveles de protección ..................................................................... 25
1.2.1. Los padres en el ejercicio de la patria potestad deben ......... 26
1.2.2. A todos los ciudadanos corresponde .................................... 26
1.2.3. Todas las administraciones públicas deben .......................... 26
1.2.4. La administración competente en materia de protección a la
infancia (protección en sentido estricto) debe ...................... 27
1.2.5. Al sistema judicial competente ............................................ 27
1.3. Recursos del Sistema de Protección a la Infancia ............................ 29
1.3.1. Recursos específicos de protección ...................................... 30
1.3.2. Otros .................................................................................... 31
1.4. Cómo se interviene en el Sistema de Protección a la Infancia ......... 33
1.5. Principios de la toma de decisiones ................................................ 37
1.5.1. Una familia adecuada .......................................................... 37
1.5.2. La protección es cosa de todos ............................................ 37
1.5.3. Prevalecen los intereses del niño ......................................... 38
1.5.4. Una alternativa mejor .......................................................... 38

9
1.5.5. Una alternativa definitiva ..................................................... 44
1.5.6. Una intervención mínima .................................................... 45
1.5.7. Sopesando riesgos ................................................................ 45
1.5.8. Garantías mínimas necesarias .............................................. 45
1.5.9. Plan de Caso ........................................................................ 46
1.5.10. Plan de Contingencia ........................................................... 46
1.6. Finalidad del Programa de Intervención Familiar ............................ 47
2. Los subprogramas de preservación familiar y separación provisional-
reunificación ........................................................................................... 49
2.1. Población a atender ........................................................................ 49
2.2. Finalidad y objetivos ....................................................................... 55
2.2.1. Finalidad .............................................................................. 55
2.2.2. Objetivos ............................................................................. 56
a) Objetivos generales ......................................................... 56
b) Objetivos específicos ...................................................... 57
c) El Subprograma de Separación Provisional-Reunificación
Familiar ........................................................................... 59
3. Características y necesidades de las familias .......................................... 65
4. Temporalización y procedimiento de intervención ................................. 75
4.1. Fases de la intervención .................................................................. 75
4.1.1. Descripción y objetivos de la Fase de Observación ............. 76
4.1.2. Descripción y objetivos de la Fase de Tratamiento .............. 77
4.1.3. Descripción y objetivos de la Fase de Seguimiento ............. 79
4.2. Duración de la intervención ............................................................ 80
4.3. Distribución de funciones ............................................................... 81
5. Recursos de los Programas de Intervención Familiar ............................. 89
5.1. La utilización de los recursos comunitarios y del voluntariado ....... 89
5.2. Composición de los equipos y funciones de cada profesional ....... 92
5.2.1. Composición de los equipos ................................................ 92
5.2.2. Funciones de cada profesional ............................................. 92
5.3. Criterios generales sobre la utilización de los recursos .................... 110
6. Instrumentos estandarizados para la evaluación de la situación familiar 113
6.1. Criterios de selección y descripción de los instrumentos ................. 113
6.1.1. Escalas de Bienestar Infantil (S. Magura y B.S. Moses, 1986) 115
6.1.1.1. Descripción y objetivos ......................................... 115

10
6.1.1.2. Utilización en la intervención de los P.I.F. ............. 116
6.1.1.3. Contenido de las escalas ........................................ 116
6.1.1.4. Administración ....................................................... 124
6.1.1.5. Forma de corrección .............................................. 125
6.1.2. Inventario de Potencial de Maltrato Infantil (J.S. Milner, 1986) 126
6.1.2.1. Aplicaciones del Inventario .................................... 126
6.1.2.2. Utilización en la intervención de los P.I.F. ............. 127
6.1.2.3. Limitaciones del inventario .................................... 128
6.1.2.4. Decripción general del inventario .......................... 129
6.1.2.5. Administración y corrección .................................. 133
6.1.3. Versión para Maestros del Inventario de Problemas de Con-
ducta del Niño (T.M. Achenbach, 1991) .............................. 133
6.1.3.1. Objetivos ............................................................... 133
6.1.3.2. Utilización en la intervención de los P.I.F. ............. 134
6.1.3.3. Descripción ........................................................... 135
6.2. Administración de los instrumentos ................................................. 137
7. Evaluación del Programa de Intervención Familiar ................................ 139
7.1. Introducción .................................................................................... 139
7.1.1. La evaluación de Programas en el contexto de la Interven-
ción Psicosocial ................................................................... 139
7.1.2. Los objetivos de la evaluación de Programas ....................... 140
7.1.3. Diseño y metodología de la evaluación de Programas ......... 143
7.2. Evaluación del P.I.F. ......................................................................... 145
7.2.1. Utilidad de la evaluación de los Programas de Intervención Fa-
miliar .................................................................................... 145
7.2.2. Información que se debe recoger para la evaluación del Programa 147
7.2.2.1. Evaluación de los resultados del P.I.F. ..................... 148
7.2.2.1.1. Evaluación de resultados con respecto a
objetivos finales ....................................... 149
7.2.2.1.2. Evaluación de resultados con respecto a
objetivos instrumentales ........................... 151
7.2.2.2. Evaluación de los recursos y actividades del P.I.F. .. 161
7.2.2.3. Cobertura general del P.I.F. ..................................... 163
7.2.2.4. Características de los casos atendidos ..................... 165

11
ANEXO I: DEFINICIÓN DE MALTRATO INFANTIL Y SUS DIFERENTES
MANIFESTACIONES ............................................................ 169
ANEXO II: VIOLENCIA FAMILIAR: DATOS Y TRATAMIENTO ............. 181
ANEXO III: INFORME INICIAL .............................................................. 225
ANEXO IV: INFORME SEMESTRAL ........................................................ 239
ANEXO V: INFORME DE BAJA ............................................................. 249
ANEXO VI: ESTADILLOS MENSUALES ................................................... 265
ANEXO VII: INFORME ANUAL DE RESULTADOS DE GESTIÓN ............ 271

SEGUNDA PARTE: EVALUACIÓN DEL PROGRAMA DE APOYO


A FAMILIAS EN SITUACIONES DE DESPROTECCIÓN
INFANTIL EN CASTILLA Y LEÓN (1991-1995) ............. 297

PRESENTACIÓN GENERAL DE LA EVALUACIÓN DEL PROGRAMA .......... 299


1. La Demanda de Evaluación del Programa de Apoyo a Familias en el con-
texto de la Intervención en Protección Infantil ........................................... 301
1.1. La Demanda de Evaluación ............................................................. 301
1.2. El Contexto Nacional e Internacional de la Intervención Familiar y
la Evaluación de Programas ............................................................ 302
1.2.1. Los programas de rehabilitación de familias maltratantes o
negligentes ........................................................................... 303
1.2.2. La evaluación de programas en protección infantil .............. 304
2. Características generales del Proceso de Evaluación .............................. 305
2.1. Objetivos de la Evaluación .............................................................. 305
2.2. Metodología y Diseño de la Evaluación .......................................... 306
2.3. Descripción del Proceso de Evaluación ........................................... 308

EVALUACIÓN DEL PROGRAMA DE APOYO A FAMILIAS ......................... 311


1. Introducción ........................................................................................... 313
2. Descripción de la Implantación del Programa de Apoyo a Familias ....... 315
2.1. Justificación del Programa de Apoyo a Familias .............................. 315
2.2. Premisas en las que se fundamenta su implantación ....................... 316
2.2.1. Premisas de tipo Jurídico-Administrativo .............................. 316
2.2.2. Premisas de tipo teórico-técnico .......................................... 317
2.2.3. Premisas respecto a la eficacia de los programas de trata-
miento familiar ................................................................... 317
2.3. Descripción del Programa ............................................................... 318

12
2.3.1. Población a atender ............................................................. 318
2.3.2. Objetivos del Programa ....................................................... 318
2.3.3. Fases del Programa .............................................................. 319
2.3.4. Historia de la implantación de cada subprograma .............. 320
3. Descripción de los casos atendidos en el Programa ................................ 325
3.1. Introducción .................................................................................... 325
3.2. Población Atendida ......................................................................... 327
3.3. Tipologías de situaciones de desprotección .................................... 329
3.4. Características Sociodemográficas de las familias ............................ 333
3.4.1. Edad de las madres y los padres ......................................... 334
3.4.2. Estado civil de las familias .................................................. 335
3.4.3. Nivel cultural de las madres y de los padres ....................... 336
3.4.4. Situación laboral de las madres y de los padres .................. 337
3.4.5. Profesión de las madres y de los padres .............................. 338
3.4.6. Nivel de ingresos familiares ................................................ 338
3.4.7. Número de hijos ................................................................. 339
3.4.8. Edad y sexo de los niños ..................................................... 339
3.4.9. Escolarización de los niños ................................................. 340
3.4.10. Situación de los niños ......................................................... 340
3.5. Problemas Psicosociales de las madres y los padres ........................ 342
3.5.1. Relaciones interpersonales y sociales ................................... 343
3.5.2. Dificultades económicas ...................................................... 344
3.5.3. Problemas psicosociales de los niños ................................... 345
3.6. Factores Asociados a las Situaciones de Desprotección ................. 346
3.6.1. Conciencia de problema y motivación para el cambio ....... 346
3.6.2. Presencia de alcoholismo/adicciones .................................. 348
3.6.3. Problemas significativos en el bienestar psicológico ........... 348
3.6.4. Relaciones interpersonales y sociales .................................. 348
3.6.5. Condiciones del domicilio familiar ..................................... 349
3.6.6. Situación laboral de las madres y los padres ....................... 349
3.6.7. Manejo de la economía familiar ......................................... 349
3.6.8. Planificación familiar .......................................................... 349
3.6.9. Dificultades en la relación con los hijos y en su educación 350
3.6.10. Historia de infancia en los padres/madres ........................... 351

13
3.7. Tiempo de Permanencia de los casos en los Servicios Sociales ........... 352
3.8. Fuente de Remisión del Caso .......................................................... 354
3.9. Situación de los Casos (alta/baja) .................................................... 355
3.10. Características de los Casos dados de Baja ...................................... 356
4. Evaluación de los Recursos y las Actividades del Programa ................... 359
4.1. Introducción .................................................................................... 359
4.2. Análisis Cualitativo de la Organización de los diferentes subprogramas 360
4.2.1. Tipologías atendidas, criterios de inclusión y exclusión en los
subprogramas ......................................................................... 360
4.2.2. Objetivos Generales y Específicos de cada subprograma......... 362
4.2.3. Los Recursos y su Organización en cada subprograma......... 364
4.3. Servicios y Recursos proporcionados a las Familias durante el Trata-
miento ............................................................................................. 372
4.4. Previsión de Recursos tras la Baja del Programa ............................. 377
5. Evaluación de los Resultados del Programa ............................................ 381
5.1. Introducción .................................................................................... 381
5.2. Motivo de la Finalización del Tratamiento ...................................... 382
5.3. Valoración General de los Resultados ............................................. 383
5.4. Modificación de las diferentes Situaciones de Desprotección ......... 385
5.5. Resultados obtenidos con cada uno de los Factores Asociados a las
Situaciones de Desprotección ........................................................ 387
5.6. Modificaciones de la Situación de los Menores ............................... 391
6. Conclusiones y recomendaciones ........................................................... 393
6.1. Sobre la Implantación del Programa de Apoyo a Familias ............... 393
6.2. Sobre la Población atendida en el Programa ................................... 396
6.3. Sobre la Evaluación de los Recursos y las Actividades del Programa 399
6.4. Sobre la Evaluación de los Resultados del Programa ........................ 400

ANEXO I: CARACTERÍSTICAS DE LOS CASOS DADOS DE BAJA ............. 403

ANEXO II: FORMULARIOS DE RECOGIDA DE INFORMACIÓN ............... 417

BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................ 459

14
Primera Parte

manual
de intervención
familiar
en situaciones
de desprotección
infantil
en Castilla y León
Introducción

El Programa de Apoyo a Familias para la prevención de la marginación


de los menores en riesgo de maltrato nació como una experiencia piloto
implantado por la Consejería de Sanidad y Bienestar Social de la Junta de
Castilla y León. Se inició en 1990 a partir de la colaboración entre la Comu-
nidad Autónoma de Castilla y León y tres Corporaciones Locales (Diputación
de Palencia, Diputación de Segovia y Ayuntamiento de Valladolid) ejecutan-
do dichos programas de carácter experimental.
En el primer Plan Regional de Infancia Juventud y Familia (1990) se
recoge el Programa de Ayuda a la Familia como medida prioritaria en pro-
tección de menores. El fortalecimiento de la capacidad de la familia para
atender a sus hijos, aparece como fundamental para facilitar la desinstitu-
cionalización y la integración familiar.
Desde 1991 el Ministerio de Asuntos Sociales, partiendo de los mismos
criterios y necesidades, colabora con la Junta de Castilla y León en la finan-
ciación de dichos programas experimentales.
Posteriormente se ha ido ampliando el programa desarrollándose en otras
provincias de la Comunidad a través de Convenios o subvenciones con la Junta
de Castilla y León. En la capital de Burgos con Cáritas Diocesana desde 1992,
en la provincia de Ávila a través del Ayuntamiento y Diputación de Avila desde
1994, y en la capital de Zamora con Cáritas Diocesana desde este mismo año.
En 1995 por encargo del Servicio de Protección y Atención a Menores
de la Consejería de Sanidad y Bienestar Social se lleva a cabo una evalua-
ción del Programa de Apoyo a la Familia en esos 5 años para comprobar la
utilidad y viabilidad de este programa, considerándose positiva la valoración
general de los resultados obtenidos con el conjunto de las familias y coinci-
dente con lo que se considera habitual en los programas de apoyo familiar
tanto en el ámbito nacional como internacional. Aproximadamente la mitad
de los casos tratados han experimenado una mejoría general de su situación
al haberse alcanzado de manera total o parcial los objetivos planteados.
En ese mismo año (1995) se aprueba y entra en vigor el II Plan Regional
de Protección y Atención a Menores que sigue priorizando tanto en los pro-
gramas de Prevención como en los de Protección el Apoyo a la Familia,
planteándose como uno de sus objetivos el generalizar a toda la Comunidad
Autónoma la implantación de este programa.
En la actualidad se siguen desarrollando los programas anteriormente
citados y además se han implicado la mayoría de las Entidades Locales de
nuestra Comunidad contando en estos momentos con 25 equipos de Inter-
vención Familiar.
Ante el aumento considerado de subprogramas implantados en los dis-
tintos Territorios de la Comunidad Autónoma se ha visto necesario elaborar
un manual de procedimiento y evaluación del Programa de Apoyo a Fami-
lias, que tenga como objetivos:
– Definir y describir el programa.
– Homogeneizar funciones y criterios de los equipos.
– Crear un marco para facilitar, clasificar y crear relaciones entre los
equipos y las Gerencias Territoriales.
– Facilitar la evaluabilidad de los programas.
El presente manual consta de siete capítulos, en el primero se habla del
Programa de Apoyo a Familias como recurso de intervención en el ámbito
de protección a la infancia.
En el II capítulo se describen los dos subprogramas en que va a desa-
rrollarse la intervención con familias, el de preservación y el de separación
provisional y reunificación.
En el capítulo siguiente se describen las características y necesidades de
las familias atendidas en los programas y se analizan las implicaciones para
la intervención.
Los capítulos IV y V tratan de la temporalización y procedimiento de
intervención en la implantación de los programas y de los recursos necesa-
rios para poder llevarlos a cabo.
La evaluación es tratada en los dos últimos. En el capítulo VI se descri-
ben los instrumentos estandarizados a utilizar para la evaluación de la situa-
ción de las familias en el momento de iniciar la intervención del programa,
en la formulación de objetivos y en la evaluación de los resultados de la
intervención y fines. El último capítulo recoge la evaluación del programa de
intervención con familias.
1. El sistema de Protección
a la Infancia: Los programas
de apoyo a familias como recurso
de intervención

La concepción global de todos los dispositivos dedicados a la protec-


ción a la infancia es el punto de partida de la intervención profesional y de
este manual, implica concebir cada recurso como parte de un sistema de
protección sistema al que debe contribuir.

1.1. FINALIDAD DE LA PROTECCIÓN

1.1.1. Finalidad general


Garantizar la integración del menor en sus grupos naturales de convi-
vencia, en condiciones básicas suficientes que posibiliten su participación en
la vida familiar, económica, social y cultural, y su desarrollo como persona.

1.1.2. Integración a través de grupos naturales


Se persigue la integración de la infancia a través de sus grupos natura-
les de convivencia, potenciándolos para que puedan funcionar como con-
textos educativos adecuados.
(1) Sus padres biológicos.
(2) Su familia extensa.
(3) Una nueva familia.
(4) Su autonomía personal y madurez como adulto.

19
1.1.3. Contenido de la protección

Si bien la acción protectora puede considerarse en sentido estricto:


«Cuando los padres o tutores no cumplen con las obligaciones que la Ley
les impone respecto a los hijos menores a su cargo», también debe tenerse
en cuenta que el desarrollo progresivo de los servicios públicos y del siste-
ma de protección social va ocupando parcelas de actuación protectora que
incide en la infancia tanto de forma directa, como indirecta a través de sus
padres.
Esta acción del resto de los servicios públicos se ejerce en muchos casos
desde una perspectiva de atención normalizada, siempre preferible.
Parece lógico que allí donde las áreas teóricas de actuación de los ser-
vicios especializados de protección a la infancia y del resto de los servicios
públicos se solapan, sea preferible utilizar e impulsar los servicios generales
con preferencia al servicio específico de protección a la infancia.
Por lo tanto, en la medida en que la sociedad pone nuevos recursos a
disposición de los menores en riesgo y de sus familias, el ámbito real de
situaciones problema que debe atender protección a la infancia se va redu-
ciendo, limitándose en algunos casos a fomentar la correcta utilización de
los servicios de la comunidad por parte de las familias «en riesgo», o el
correcto funcionamiento de los servicios, especialmente para los casos
problemáticos.
Por ejemplo, al implantarse el sistema educativo como obligatorio
desde los 6 a los 16 años, no tiene sentido que protección a la infancia finan-
cie un servicio de día para el niño de esas edades, en horario escolar. Sí ten-
dría sentido facilitar la escolaridad de una familia concreta, o pedir colabo-
ración en el control escolar sobre ciertos niños en riesgo.
Podemos decir que caen fuera de la actuación de los servicios especia-
lizados de protección a la infancia, actuaciones como:
• Educación compensatoria
• Formación para el empleo
• Atención sanitaria a la embarazada y al lactante
• Educación para la salud
• Tratamiento de drogadicciones

20
• Reeducación y recuperación escolar

• Rehabilitación física, psíquica, o sensorial

• Prótesis y Asistencia Sanitaria

Así mismo, podemos decir que caen fuera del ámbito de la atención
especializada de protección a la infancia, situaciones problema como las
siguientes:

• Retraso escolar

• Falta de preparación laboral

• Enfermedades, malformaciones o hándicaps físicos del niño

• Deficiencias físicas, psíquicas o sensoriales

• Drogadicciones

• Falta de control del absentismo escolar

• Inadecuada atención sanitaria a los padres, incluyendo la educación


para la salud

• Falta de acceso a prestaciones económicas y otros recursos comuni-


tarios a los que una familia tiene derecho.

Ambos grupos de problemas y actuaciones enumerados arriba no son


parte del objetivo principal de la actuaciones de los servicios especializados
de Protección a la Infancia, pero pueden llegar a formar parte de un progra-
ma individual, de forma complementaria y secundaria a la medida protecto-
ra principal.

El contenido básico de la actuación protectora se puede resumir en las


siguientes líneas:

(1) Garantizar a la infancia en situación de desamparo un contexto nor-


malizado de desarrollo personal, que respete su integridad y poten-
cie sus cualidades, en su familia, o en otra.

(2) Sustituir temporal y subsidiariamente a los padres en la atención de


todas las necesidades del niño.

21
1.1.4. Denominaciones jurídicas para garantizar los derechos del niño

Riesgo

La Ley Orgánica 1/1996 de 15 de enero de Protección Juridíca del


Menor define el riesgo como cualquier situación que perjudique el desarro-
llo personal o social del niño y que no requiera la asunción de la tutela.
Pueden darse tres tipos de situaciones:
a) El/la niño/a puede ser protegido/a adecuadamente con los recursos
comunitarios disponibles
b) Las necesidades básicas del niño/a en su familia sólo pueden ser
cubiertas mediante los recursos disponibles especializados de Pro-
tección a la Infancia (programa de intervención familiar, centro
día, etc.)
c) La única protección posible de las necesidades del niño/a es lo
separación temporal de su familia, aún contando con la colabora-
ción voluntaria de sus padres o tutores (acogimiento residencial y
familiar)

Desamparo

Cuando la gravedad de la situación y la falta de colaboración de los


padres son tales que la única forma de garantizar la seguridad del niño o niña
es separarlo de su familia y asumir la tutela provisionalmente desde la Admi-
nistración Pública.
Según el Código Civil, art. 172 se considera como situación de desam-
paro la que se produce de hecho a causa del incumplimiento o del imposi-
ble o inadecuado ejercicio de los deberes de protección establecidos por la
Ley para la guarda de los menores, cuando estos quedan privados de la nece-
saria asistencia moral o material.

1.1.5. Formas de protección

La acción protectora se debe organizar en programas de actuación


según su objetivo general:

22
DENOMINACIÓN DEL PROGRAMA
OBJETIVO GENERAL
DE INTERVENCIÓN

Evitar la separación del niño o la niña de su Preservación


entorno familiar
Separar provisionalmente al niño de su Separación provisional y Reunificación
familia y establecer las condiciones para-
posibilitar su retorno
Separar definitivamente al niño de su fami- Separación definitiva y Acoplamiento a
lia y promover su integración en un entor- una nueva familia
no convivencial alternativo y estable
Establecer las condiciones para que un Emancipación
niño protegido sea capaz de desarrollar
una vida adulta independiente

Cada niño protegido ha de estar adscrito necesariamente a uno de


dichos programas (además de poder recibir servicios complementarios), y así
ha de constar en el Plan de Caso. La inclusión en uno u otro programa
depende de (a) la gravedad de la situación de desamparo o de riesgo, (b) el
grado de colaboración de los padres con el Servicio de Protección de Meno-
res, y (c) el pronóstico en cuanto a la posibilidad de cambio de la situación
familiar.

Los motivos de apertura de expediente se determinan por las siguientes


circunstancias:

• Cuando los padres biológicos lo soliciten, alegando imposibilidad


para cumplir sus obligaciones de guarda.

• Cuando la Administración conoce la situación de un niño que care-


ce de tutores y no existen expectativas de que se inicie la tutela
ordinaria.

• Por orden judicial.

• Cuando la falta de apoyo de otras Administraciones a la familia está


determinando una situación de desamparo de un niño.

Los motivos de apertura de expediente y las formas de actuación están


íntimamente relacionadas tal como se especifica en los cuadros 1 y 2:

23
CUADRO 1
MOTIVOS DE APERTURA DE EXPEDIENTE
SOLICITUD NOTIFICACIONES ORDEN
DE LOS PADRES DE DESAMPARO JUDICIAL
Imposible
o inadecuada Orden judicial
Asentimiento Solicitud Existencia
protección de de ejecución
de los padres de guarda de un menor Maltrato
las entidades de una medida
para adopción por los padres sin tutores
competentes para protectora
ayudar a la familia
Recién nacido Alegando Huérfano Daño al niño Carencia Orden de tutela
y registrado los motivos Abandonado o riesgo de vivienda Orden de guarda
sin padres que les impiden demostrable Carencia de recursos
ejercer sus Orden de
Con padres Conducta materiales para investigación
o tutores funciones de los padres mantenimiento
conocidos de guarda demostrable del hogar
Relación Dificultades
causal entre escolares
conducta Inadecuada
parental atención higiénica
y maltrato y sanitaria
Problemas de
salud mental
insuficientemente
atendidos
Problemas de
orden público
TIPOS DE INTERVENCIÓN
Tutela Valoración Tutela Investigación Investigación Aplicación de
y Acogimiento de los motivos y Acogimiento preliminar y Propuesta la medida
en residencia que les impiden en residencia e implicación de derivación Evaluación
Selección cumplir sus Selección de otras entidades a otras entidades del caso e
de adoptantes obligaciones de adoptantes competentes con competencias implicación de
Acogimiento para proteger concurrentes para otras entidades
Formalización Formalización a la familia proteger a la familia
del acogimiento voluntario en fami- del acogimiento competentes
preadoptivo lia o preadoptivo Plan de caso: Si la derivación para proteger
residencia *Preservación no es efectiva: a la familia
Valoración Valoración familiar
del acogimiento Reunificación del acogimiento Plan de caso: Propuesta
familiar *Separación * Preservación al Juzgado
Propuesta e implantación Propuesta provisional, familiar de Plan de caso
de adopción al de otras entidades de adopción acoplamiento
mes al mes y reunificación * Separación
competentes provisional,
para proteger *Separación
definitiva acoplamiento
a la familia y reunificación
y acoplamiento
Derivación a otras * Separación
entidades con definitiva
competencias y acoplamiento
concurrentes para Derivación
proteger a la familia a otras entidades
con competencias
concurrentes para
proteger a la familia

24
1.1.6. Definición de maltrato
El maltrato infantil se puede definir tanto en términos de las condiciones
del niño como de las conductas de su crianza. Se precisan tres requisitos para
determinar una situación de maltrato infantil:
1. Debe existir una descripción objetiva de la conducta de los padres en
relación al niño. Puede ser un acto de comisión o de omisión, y
puede ser físico o emocional. Es importante identificar el momento o
momentos en que ocurrió la conducta.
2. Debe haber una descripción de daño en el niño o del daño que el
niño está en riesgo probable de sufrir, sobre la base del juicio profe-
sional o la evidencia de la investigación.
3. Es necesario establecer una relación causal entre la conducta paren-
tal y el daño actual o potencial del niño.
En relación con las diferentes manifestaciones del maltrato ver anexo I.

1.1.7. Cuando se interviene


Se interviene protegiendo a la infancia cuando sus padres o tutores no
realizan las funciones que la ley les impone de cara a su desarrollo y parti-
cipación, por cualquiera de los siguientes motivos:
(1) Porque no existen.
(2) Porque no se localizan.
(3) Porque no pueden.
(4) Porque no saben.
(5) Porque no quieren.

1.2. NIVELES DE PROTECCIÓN


Junto a la protección de menores en sentido estricto, hemos de situar la
acción protectora que en un sentido genérico corresponde realizar a los dis-
tintos estamentos de la sociedad, como las obligaciones de los padres para
con los hijos menores, o las del sistema educativo, por ejemplo.

25
La sociedad en general reconoce la necesidad de que todos los ele-
mentos que la integran (personas, instituciones y organizaciones) contribu-
yan a garantizar los derechos de los niños, especialmente su derecho a la
integridad, a no sufrir torturas o tratos inhumanos y vejatorios, a su desarro-
llo integral como persona, y a su propia familia.
Esta necesidad de contribuir a garantizar los derechos del menor puede
concebirse como una necesidad de protegerle, en sentido genérico, y estruc-
turarse en niveles de competencia y responsabilidad según quién sea el
agente protector.
Podemos hablar de los padres y tutores en primer lugar, de todos los ciu-
dadanos en segundo lugar, de la Administración Pública en general, de la
Administración competente en materia de protección de menores en parti-
cular, y también del sistema Judicial.
Conocer cuál es el papel que la sociedad atribuye, a través de la nor-
mativa, a cada uno de estos estamentos, es fundamental para poder promo-
ver su correcta actuación sobre los menores en riesgo de desamparo, y sobre
sus familias, desde las Secciones de Protección.

NIVELES:

1.2.1. Los padres, en el ejercicio de la Patria Potestad deben:


(1) Velar por los hijos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educar-
los y procurarles una formación integral.
(2) Representarlos y administrar sus bienes.

1.2.2. A todos los ciudadanos corresponde:


(1) Notificar las situaciones de malos tratos y de menores abandonados
de que tengan conocimiento.
(2) Denunciar la comisión de delitos que se presencien.
(3) Colaborar con la Administración.

1.2.3. Todas las Administraciones Públicas deben:


(1) Garantizar desde sus competencias específicas los derechos funda-
mentales de los menores y de su entorno familiar.

26
(2) Notificar la existencia de situaciones de desamparo.
(3) Adoptar, en el ejercicio de sus competencias, las medidas necesa-
rias para que los dispositivos y recursos de la comunidad ayuden
especialmente a las familias en riesgo, a fin de evitar situaciones de
desamparo.

1.2.4. La administración competente en materia de protección a la infan-


cia (protección en sentido estricto) debe:
(1) Determinar la situación de desamparo, y asumir la tutela provisio-
nal y la guarda, cuando no se cuenta con la efectiva colaboración
de los padres o tutores.
(2) Asumir sólo la guarda cuando lo solicita el padre voluntariamente
en situaciones de riesgo de desamparo.
(3) Formalizar y autorizar los acogimientos administrativos.
(4) Proponer al Juez acogimientos judiciales.
(5) Proponer al Juez las adopciones.
(6) Revisar al menos cada seis meses la situación de todos los menores
protegidos.
(7) Notificar al Fiscal la situación de todos los casos.

1.2.5. Al sistema judicial competente:


(1) Al Fiscal corresponde proteger al menor de edad mediante las
siguientes actuaciones: (174 C.C)
(a) Conocer y vigilar la situación de los niños.
(b) Proponer al Juez la adopción de medidas protectoras.
(2) Los Jueces son competentes para acordar:
(a) La suspensión de la Patria Potestad.
(b) El establecimiento del régimen de visitas de los padres cuando
estén en desacuerdo con lo establecido por la Administración
protectora.

27
(c) Sancionar las faltas y delitos de padres, tutores, y guardadores.
(d) Ratificar la tutela provisional, a instancia de los padres, el niño,
el fiscal, o la entidad competente.
(e) Adopción.
(f) Acogimiento en los casos que contempla la ley.
(g) Tutela ordinaria.
Así, se puede hablar de diferentes niveles de responsabilidad y de dife-
rentes mecanismos sociales para la protección a la infancia. El objetivo a
perseguir consistiría en que el primer nivel (padres/tutores y ciudadanos) y
el segundo nivel (servicios comunitarios) funcionaran de tal manera que
garantizaran la protección de los niños, y que fuera innecesaria la interven-
ción del tercero. De hecho, hay que tener en cuenta que una de las finali-
dades de los Servicios de Protección de Menores es garantizar a todo niño
en situación de desamparo un contexto normalizado de desarrollo personal,
que respete su integridad y potencie sus cualidades, a ser posible en su pro-
pia familia o en otra, rodeado de una red informal (ciudadanos) y formal
(servicios comunitarios) normalizada de apoyo.
Este planteamiento puede quedar recogido en el siguiente gráfico:

NIÑO
PADRES

TODOS LOS CIUDADANOS

SERVICIOS BÁSICOS. EDUCACIÓN. SANIDAD. SALUD MENTAL

SERVICIOS DE PROTECCIÓN A LA INFANCIA

ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA

28
1.3. RECURSOS DEL SISTEMA DE PROTECCIÓN A LA INFANCIA
El siguiente gráfico recoge el Sistema de Protección a la Infancia con sus
medidas y recursos.
Además se reflejan los Servicios Comunitarios que tienen contacto habi-
tual con niños y familia y responsabilidades de intervención en las situacio-
nes de desprotección infantil.

• Residencias.
• Viviendas hogar.
• Hogares tutelados.
• Familias para niños
• Hogares y unidades
con dificultades o
de acogida.
riesgos especiales.
• Hogares y unidades
• Familias para niños
para menores con
sanos a partir de
• Equipos de interven- problemas • Familia extensa.
8 años
ciones familiar de socialización.
• Familia ajena norma- y/o grupos
• Unidades de inter- • Hogares lizada. de hermanos.
vención educativa para discapacitados.
• Familia ajena espe- • Familias para niños
• Centros de día • Otros. cializada. pequeños sanos.

APOYO ACOGIMIENTO ACOGIMIENTO


ADOPCIÓN
FAMLIAR EN RESIDENCIA FAMILIAR

SERVICIOS ESPECIALIZADOS

GERENCIA TERRITORIAL
SECCIÓN DE PROTECCIÓN
A LA INFANCIA

SERVICIOS COMUNITARIOS

SERVICIOS

EDUCACI SOCIALES
SALUD EDUCA- ÁMBITO
ÓN SANIDAD BÁSICOS OTROS
INFANTIL MENTAL CIÓN POLICIAL

29
1.3.1. Recursos específicos de protección

1. El acogimiento residencial que es una medida destinada a aquellos


niños que no pueden permanecer en sus hogares, y mediante la cual
se les proporciona un lugar de residencia y convivencia que cumpla
con el cometido de una adecuada satisfacción de las necesidades de
protección, educación, y cualquier otra que presenten en esas etapas
de desarrollo. Esta medida se fundamenta en su carácter temporal, ya
que no es deseable la estancia prolongada en las residencias, en su
carácter instrumental, ya que está al servicio de un plan que contem-
pla una finalidad estable y normalizada. Según se recoge en la Ley
Orgánica 1/96, de Protección Jurídica del Menor y en los decretos,
ordenes e instrucciones de la Junta de Castilla y León que regulan los
centros.

2. Centros de día. (Orden de 9 de agosto de 1993, de la Consejería de


Sanidad y Bienestar Social) «son dispositivos que acogen durante el
día a niños que tienen dificultades socio-familiares graves pero para
los que es posible y deseable el contacto diario con su familia». Se
trata, por tanto, de un servicio especializado de protección a meno-
res de edad en situación de riesgo, dentro de las intervenciones
encuadradas en los programas de Preservación Familiar, o de Reuni-
ficación. Es un recurso de apoyo a la familia, con el que se pretende
evitar que un niño tenga que ser separado de su medio familiar o
posibilitar que regrese a él.

3. Acogimiento familiar (Ley Orgánica 1/96 de Protección Jurídica al


Menor, Ley 21/87 de Adopción y otras formas de Protección a Meno-
res, Decreto 57/88 por el que se dictan normas sobre Protección de
Menores en Castilla y León). El acogimiento familiar es un servicio de
bienestar infantil, que porporciona al niño una atención familiar sus-
titutoria o complementaria durante un tiempo planificado, cuando su
propia familia no puede atenderle.

3. Atendiendo a la finalidad del mismo, se recogen tres tipos de acogi-


mientos familiares:

3. – Acogimiento simple, cuando se dan las condiciones de temporali-


dad, en las que es relativamente previsible el retorno del menor
con su familia.

30
3. – Acogimiento permanente, en aquellos caso en los que la edad u
otras circunstancias del menor y su familia aconsejan dotarlo de una
mayor estabilidad, ampliando la autonomía de la familia acogedo-
ra respecto a las funciones derivadas del cuidado del menor,
mediante la atribución por el juez de aquellas facultades de la tute-
la que faciliten el desempeño de sus responsabilidades.
3. – Acogimiento y preadoptivo, posibilitando el establecer un período
preadoptivo, a través de la formalización de un acogimiento con
esta finalidad, bien sea porque la entidad pública eleve la pro-
puesta de adopción de un menor o cuando considere necesario
establecer un período de adaptación del menor a la familia antes
de elevar al juez dicha propuesta.
4. Unidades de Intervención Educativa (U.I.E.) (Ley Orgánica 4/1992,
Decreto 57/88 de 7 de abril, Resolución 30 Junio de 1997). Son un
equipo de profesionales que trabajan con jóvenes con medida judi-
cial no privativa de libertad o que terminada ésta aceptan actuacio-
nes de seguimiento y/o jóvenes con expediente de protección que
presentan problemas de adaptación social.
3. Su finalidad es conseguir la reinserción social y familiar de estos
menores de edad por medio de la intervención personal y familiar.
5. Programas de Intervención Familiar (P.I.F.) (Ley Orgánica 1/96, Decre-
to 57/88, Plan Regional de Protección y atención a menores). Son pro-
gramas específicos de apoyo a familias cuyo objetivo es preservar la
integridad de la familia evitando una separación de ella de los niños o
procurar el regreso del hijo a su casa si está separado de sus padres.
3. Se trata de capacitar a la familia para dar una correcta atención a sus hijos,
eliminando conductas negligentes o maltratadoras, desarrollando pautas
de atención básica y prácticas educativas adecuadas a la edad del niño,
así como capacitar a la familia para enfrentarse a situaciones de crisis.

1.3.2. Otros

Recursos de particular importancia dentro del Sistema de Servicios Sociales:


Como se describe en el capítulo III del Decreto 57/1988 sobre Protec-
ción de Menores de Castilla y León el apoyo a la familia será medida priori-

31
taria en la protección a la infancia que se materializará en ayudas de carác-
ter técnico o económico.

Las Gerencias Territoriales de Servicios Sociales en coordinación con las


Entidades Locales, facilitarán todo tipo de asesoramiento para el acceso a los
recursos generales.

Los recursos dentro de los programas de apoyo a familias se pueden


situar tanto en servicios comunitarios como en específicos.

Dentro de los Servicios Sociales básicos se podrían señalar como algu-


nos de los recursos más significativos , los siguientes:

– Servicio de información y orientación (Decreto 13/90 de 25 de enero,


por el que se regula el sistema de Acción Social), donde se informa a
los ciudadanos sobre derechos y recursos sociales, se orientan los pro-
blemas individuales o familiares hacia servicios o recursos especiali-
zados, si fuera necesario. Se coordinan las tareas de prevención desa-
rrolladas en los sectores específicos y se gestionan ayudas económicas
para situaciones de urgencia social, así como los individualizadas de
carácter periódico.

– Servicio de apoyo a la familia y convivencia (Decreto 13/90), donde


se establecen las siguientes modalidades:

– a) Ayuda a domicilio: comprende un conjunto de tareas realizadas en


el propio domicilio de los ciudadanos por profesionales debida-
mente supervisados, con el fin de atender determinadas necesida-
des de los individuos y grupos familiares cuando estos se encuen-
tran en situaciones en las que no les es posible, por problemas de
autonomía, la realización de sus actividades cotidianas y que pue-
den ser según los casos:

• De carácter doméstico: Todas aquellas actividades que guardan


relación con las que se realizan de forma cotidiana en el hogar
para su mantenimiento.

• De carácter personal: Compañía, acompañamiento en gestiones,


apoyo a la movilidad.

• De carácter técnico: Adaptaciones del hogar en la infraestructura


o en el equipamiento.

32
– b) Ayudas económicas: (Orden de 30 de diciembre de 1994) siendo su
finalidad cubrir total o parcialmente situaciones de extrema urgencia
o grave necesidad de personas físicas con carácter individualizado.
– b) En el art. 4 se dice que se considerará como prioritarias a las fami-
lias que además de escasos recursos económicos tengan a su cargo
menores.
– c) Promoción de la convivencia e integración familiar: Incluye activi-
dades dirigidas a la atención psico-social, desarrollo de habilidades
sociales y educativas y prestaciones técnicas o de rehabilitación
orientadas a mejorar la autonomía, incrementar las competencias
sociales y las relaciones de convivencia. Destacan las actividades
de: apoyo social o educativo y de apoyo a la estructura familiar o
dinámica relacional, así como todos aquellos servicios dirigidos a
facilitar la integraciòn social normalizada de los individuos.
– Programa de voluntariado: (Decreto 12/1995 de 19 de enero) servi-
cios en los que se cuenta con personal voluntario para la realización
de actividades complementarias con menores o con familias como:
acompañamiento al menor al centro escolar o tratamientos, o rehabi-
litaciones… etc.
– La coordinación entre estos servicios básicos y los demás servicios
comunitarios que componen el sistema de protección social (educa-
ción, sanidad, vivienda, trabajo, prestaciones) es fundamental para
poder intervenir en la prevención de situaciones de riesgo para niños
y jóvenes así como en la aplicación y seguimiento de medidas de inte-
gración familiar.

1.4. COMO SE INTERVIENE EN EL SISTEMA DE PROTECCIÓN


A LA INFANCIA
Como se describe en la Ley Orgánica 1/1996 de Protección Juridíca del
Menor:
Las Administraciones públicas facilitarán a los menores la asistencia
adecuada para el ejercicio de sus derechos.
Las Administraciones públicas, en los ámbitos que les son propios articu-
larán políticas integrales encaminadas al desarrollo de la infancia por medio de
los medios oportunos, de modo muy especial, cuando se refiera a los derechos

33
enumerados en esta Ley. Los niños tiene derecho a acceder a tales servicios por
si mismos a través de sus padres o tutores o instituciones en posición equiva-
lente, quienes a su vez, tienen el deber de utilizarlos en beneficio de los niños.
Se impulsarán políticas compensatorias dirigidas a corregir las desigual-
dades sociales. En todo caso, el contenido esencial de los derechos del
menor no podrá quedar afectado por falta de recursos sociales básicos.
Las Administraciones públicas deberán tener en cuenta las necesidades
del niño al ejercer sus competencias especialmente materia de control sobre
productos alimenticios, consumo, vivienda, educación, sanidad, cultura,
deporte, espectáculos, medios de comunicación, transportes y espacios
libres en las ciudades. (Art. 11)
– La Protección del Menor por los poderes Públicos se realizará median-
te la prevención y reparación de situaciones de riesgo con el estableci-
miento de los Servicios adecuados para tal fin el ejercicio de la guarda,
y, en los casos de desamparo, la asunción de la tutela (Art. 12).
– Toda persona o Autoridad y especialmente aquellos que por su profe-
sión o función, detecten una situación de riesgo o posible desamparo de
un niño, la comunicarán a la autoridad o sus agentes más próximos sin
perjuicio de prestarle el auxilio inmediato que precise (Art. 13).
Se pueden diferenciar distintos niveles de responsabilidad y diferentes
mecanismos sociales para la protección a la Infancia como ya hemos refle-
jado en el primer apartado de este capítulo.
Puede considerarse que dentro del abordaje de las situaciones de
desamparo y riesgo de desamparo Infantil existen dos niveles diferenciado-
res: uno primario, comunitario que incluye el nivel local, ya sea barrio, zona,
municipio o comarca y los colectivos profesionales más significativas que
tienen contacto con este problema:
– Profesionales de ámbito escolar.
– Profesionales del ámbito sanitario (pediatra).
– Profesionales de educación infantil (guardería).
– Profesionales del área de Salud Mental.
– Profesionales del ámbito policial.
– Profesionales de los Servicios Sociales de Base.

34
Un segundo nivel, más especializado, los equipos de Protección a la
Infancia, que llevan a cavo la protección en sentido estricto.
Los criterios que se utilizan para determinar si el abordaje de un caso
corresponde a los Equipos de Infancia son los siguientes:
• La situación notificada implica a un/a niño/a, es decir, a una persona
menor de 18 años.
• La notificación revela que la situación supone una violación, real o
potencial, de los derechos de el/la niño/a a recibir el cuidado y aten-
ción que aseguren su normal desarrollo.
• La notificación indica que hay indicios razonables para pensar que la
situación de maltrato está originada por los actos u omisiones de los
padres/tutores u otras personas responsables del bienestar del niño/a.
El proceso que habitualmente se sigue con este tipo de casos consta de
las siguientes fases:
1. Detección y Notificación.
2. Investigación.
3. Evaluación diagnóstica.
4. Toma de decisión y planificación de la intervención.
5. Intervención.
6. Seguimiento.
7. Cierre del caso.
Especialmente en las tres primeras fases, los profesionales que desarro-
llan su trabajo en contacto con la infancia y la familia pueden tener capaci-
dad, pos su conocimiento de la situación, de proporcionar información
imprescindible para garantizar que la problemática de la familia va a ser
definida de manera precisa y que va a ser abordada adecuadamente. (Ver
cuadro de las fases del proceso de intervención.)
La posesión de información completa, veraz y fiable es por tanto el pri-
mer requisito para asegurar una adecuada toma de decisión sobre el caso,
con el consiguiente beneficio para el niño/a y su familia. Así, los profesio-
nales de los Servicios de Infancia han de recoger durante estas fases infor-
mación contrastada y relevante del mayor número posible de fuentes para su
posterior valoración.

35
Con respecto a la colaboración y participación de los profesionales de
servicios comunitarios en este proceso de intervención, es importante resal-
tar tres cuestiones:
1. La Responsabilidad que cada profesional tiene ante la Infancia que reci-
be malos tratos. Esta responsabilidad incluye la obligación de notificar
los casos y la de colaborar en el proceso de solución del problema.
2. El necesario carácter multidisciplinar para un abordaje eficaz del
matrato infantil. La cooperación abierta de todos los profesionales
implicados (servicios sociales, equipos de pediatría, escuela, jardines
de infancia, policias, salud mental, justicia, etc.) es una condición
básica para la utilización de estos instrumentos.
3. El empleo de las guías como algo que puede ayudar a clarificar, agi-
lizar y coordinar la intervención. (Guia 1 Detección y notificación;
Guia 2 Investigación y evaluación).

CUADRO DE LAS FASES DEL PROCESO DE INTERVENCIÓN

DETECCIÓN Y NOTIFICACIÓN

1. Determinación de si el caso constituye una situación de maltrato o de desprotección


infantil, o si el caso ha de ser abordado por otros servicios.
2. Recogida de información (identificación del caso, situación notificada, evaluación inicial
de la severidad del caso y determinación del proceso a seguir).

INVESTIGACIÓN

1. Comprobación de la validez de la notificación.


2. Evaluación del riesgo en que se encuentra el/la niño/a.
3. Provisión de servicios de urgencia en caso preciso.

EVALUACIÓN

1. Determinación de los factores causales de la situación.


2. Identificación de las áreas de intervención.
3. Elaboración del pronóstico del caso.

36
La información de todos los profesionales comunitarios de una zona, en
la fase primera de detección y notificación (cuando la situación es de urgen-
cia podrá remitirse a la Sección de Protección a la Infancia de la Gerencia
Territorial de Servicios Sociales correspondiente, asi como a las fuerzas de
orden público o juzgados).
Los Servicios Sociales Básicos, en esta Comunidad Autónoma, tienen un
papel relevante como puerta de entrada al Sistema, destacando entre sus fun-
ciones la recogida de información, análisis de la situación, valoración inicial
y derivación y coordinación con los SS. SS. especificos y en este caso con
Infancia.

1.5. PRINCIPIOS DE LA TOMA DE DECISIONES

1.5.1. Una familia adecuada


Los niños y jóvenes tienen derecho a una protección que garantice su
desarrollo integral como personas en el seno de una familia, preferentemen-
te con sus padres, en su defecto con su familia extensa, y en último caso con
una familia ajena. La aplicación de las garantías del Estado de Derecho debe
hacerse de forma especialmente atenta con los menores maltratados.

1.5.2. La protección es cosa de todos


La aplicación de los principios del «Estado de Derecho» a la protección
de menores nos ofrece una responsabilidad de atender al niño compartida de
modo subsidiario entre sus padres y los poderes públicos:
1. La «función parental» de los padres representa el contexto normal de
desarrollo del niño, y es el primer nivel de responsabilidad que debe
cubrir sus necesidades utilizando los recursos existentes en la sociedad.
2. La familia extensa constituye un nivel de apoyo inmediato al niño y
a sus padres, a los que ayudan y en caso necesario son los primeros
en sustituirles en su función parental.
3. Los sistemas públicos de Salud, Acción Social, Educación, Vivienda,
etc. de prestación obligatoria para las Administraciones Públicas,
constituyen un tercer nivel protector que deberá ayudar a los padres
a cumplir con su función.

37
4. Los Servicios de Protección de Menores, como servicios públicos
especializados de segundo nivel deben actuar cuando los anteriores
niveles no sean suficientes para garantizar los derechos del niño.

5. El sistema judicial representa el nivel de protección más externo para


garantizar al niño y a sus padres los recursos apropiados, desde la
superior vigilancia de la acción protectora que ejerce el Ministerio
Fiscal, hasta la resolución de conflictos de intereses por los Juzgados.

Todos estos niveles deben reforzarse entre sí en el sentido más próximo


al niño, y actuar sólo de forma subsidiaria.

1.5.3. Prevalecen los intereses del niño

Debido a la vulnerabilidad y a la indefensión reconocidas del niño, exis-


te consenso sobre el principio que debería, no obstante, concretarse en cri-
terios más operativos:

En las decisiones sobre: Prevalecen los intereses Cuando:


del menor sobre los de:
Asignación de recursos Otras personas con más autonomía Tales recursos puedan
a la familia del niño; y capacidad personal para afrontar las garantizar el cumplimiento por
limitaciones que les impone su contexto; los padres de su función parental.
Separación provisional
del menor de su familia; Sus padres, que pueden desear que Está en riesgo la integridad
Régimen de visitas; se quede o que se vaya; básica del menor por el
Separación definitiva; comportamiento de sus padres.
Emancipación;

1.5.4. Una alternativa mejor


Toda acción protectora debe suponer una alternativa mejor a la ausen-
cia de protección. De lo contrario es mejor no intervenir. Los niños y ado-
lescentes a los que se ha separado de sus padres para protegerles tienen dere-
cho a una calidad de vida y a una educación mejores que las que tenían en
su propia casa.

38
1. Separación definitiva: no se debe realizar una separación definitiva
de un niño de su familia biológica si no hay una alternativa mejor;
una nueva familia en condiciones favorables para su desarrollo y que
asume los riesgos existentes.
2. Separación provisional: puede representar una alternativa mejor en
los siguientes casos:
2. • En los casos de maltrato grave a niños vulnerables por su edad o
grado de autonomía, en que no se pueda separar al maltratador de
su hogar o mantenerle bajo control, y la situación se considera
reversible.
2. • En los casos de maltrato menos graves cuando la separación da
una oportunidad a los padres para afrontar sus problemas, y asu-
men voluntariamente prepararse para el retorno del niño en un
plazo fijo inferior a los dos años, y se garantiza el contacto entre
ambos.
2. • Los casos en que la separación sea la mejor manera de proporcio-
nar un tratamiento al niño, y se pueda garantizar el contacto del
menor con sus padres.
2. • Cuando se va a utilizar un acogimiento transitorio como paso pre-
vio para la integración del menor en una nueva familia.
2. • Cuando un menor puede prepararse para la emancipación a través
de un acogimiento.
Los niños y adolescentes tienen derecho a que se ofrezca apoyo a sus
padres.
1. Los padres tienen derecho a recibir apoyo y orientación.
2. Los padres deben recibir ayuda para afrontar los sentimientos negati-
vos que pueda producirles la separación de su hijo.
3. Los niños tienen el derecho a ser visitados por sus padres, y éstos el
deber y la obligación de visitar a sus hijos, siempre que no perjudi-
que el interés del menor.
Los niños y adolescentes que han sido separados de sus hogares tienen
derecho a que se considere seriamente su retorno con sus padres lo antes
posible.

39
Cuantos más y mejores contactos existan entre los padres y el hijo,
mayores son las posibilidades de reunificación de la familia, y las oportuni-
dades de éxito.
En los casos en que el niño ha sufrido malos tratos o negligencias graves, es
probable que haya sufrido consecuencias a nivel afectivo, y por ello es necesa-
rio protegerle especialmente del ambiente familiar.
Los niños y adolescentes que han sido separados de sus hogares tienen
derecho a que se adopte un plan para su integración socio-familiar lo antes
posible, e integrarse en un hogar definitivo en un plazo máximo de dos años.

1.5.4.1. Plan de Guarda estable


El enorme coste que conlleva para el niño la separación y la situación de
provisionalidad e incertidumbre, requiere establecer un plazo máximo para la
duración de las separaciones provisionales.
Ninguna separación provisional debe durar más de dos años, y si es así
se debe decidir una ubicación definitiva para el menor.

1.5.4.2. Prevalencia de los intereses del niño


En numerosas ocasiones se presenta un conflicto de intereses entre los
padres y el niño, en que es necesario considerar ambos, y proteger siempre
los intereses y derechos fundamentales del niño. Si la actuación puede afec-
tar a los derechos de los padres deberá hacerse con la mayor precaución, y
sin provocar su indefensión.

1.5.4.3. La necesidad de vínculos de apego


En caso de separación definitiva deben proporcionarse al niño las con-
diciones para establecer otros vínculos de apego estables con adultos, ya sea
a través de la adopción, o de acogimientos permanentes.

1.5.4.4. Con sus hermanos


Será preferible que los hermanos separados de sus padres permanezcan
juntos durante el acogimiento o en la adopción, o en el mayor contacto
posible.

40
Mantener juntos a los hermanos puede no ser una alternativa mejor
cuando:
• Se ha documentado una grave incompatibilidad irreversible.
• No se reconocen vínculos afectivos mutuos.
• Uno de ellos precisa una atención individualizada incompatible con la
convivencia con los otros.
• Cuando no se encuentra un recurso de acogimiento que les permita
vivir unidos. Si no se encuentra una familia adecuada, puede resultar
preferible que convivan en un centro.

1.5.4.5. Estableciendo límites y responsabilidades para su conducta


Los niños y adolescentes tienen derecho a que se establezcan límites a
su conducta cuando pueda resultar perjudicial para sí mismos o para otros.
1. Ejercer la guarda de un niño significa prestar atención a sus necesida-
des, y establecer límites.
1. La inadecuada atención parental que se encuentra frecuentemente en
los niños protegidos, determina una gran ausencia de conocimiento
de los límites en la interacción social, y la falta de modelos de con-
ducta prosocial produce a menudo que los niños carezcan de un
repertorio de conductas socialmente competentes.
1. Impulsar el proceso de socialización de los niños protegidos es
importante para prevenir la transmisión generacional del maltrato y
comportamientos delictivos, y debe realizarse proporcionándoles
oportunidades para elegir y equivocarse, modelos de comportamien-
to prosocial, y estableciendo límites en su conducta.
2. El control y la coerción ejercida hacia la conducta de un niño debe
ser orientado a aumentar su capacidad de elección libre en el futuro.
1. El derecho del niño a asumir la responsabilidad de su propia vida puede
ejercerlo con propiedad conforme aumenta su edad, y su madurez.
1. El derecho y el deber de tomar decisiones en lugar del niño debe ejer-
cerse de forma que no se impida al niño madurar y ser responsable
de sí mismo en el futuro, y procurando que las comprenda y las acep-
te, y aprenda a elegir y decidir en el futuro.

41
1.5.4.6. Sin romper con su pasado
Los niños y adolescentes a los que se ha separado de sus padres tienen
derecho a tener conocimiento y relación con su propia historia personal y
familiar, y al respeto por sus antecedentes culturales y sociales.
Apoyo específico al niño en función de sus necesidades personales.
Atención particular al apoyo al niño en los conflictos de lealtad con sus
padres, provocados por la separación.
El derecho a mantener contacto con otras personas importantes para
ellos.
El derecho a que se consideren especialmente los problemas causados
por el proceso de cambio de hogar.
El derecho a conocer la propia historia personal y familiar, y a tener
copia del propio expediente y pertenencias personales.

1.5.4.7. Con la participación del niño y de sus padres


Los niños y adolescentes tienen derecho a que se cuente con su opinión
y con la de sus padres.
La colaboración de los padres en el proceso protector es fundamental, y
el factor más importante de éxito. Todos los esfuerzos dedicados a negociar
acuerdos con los padres y lograr su colaboración tienen una importancia
capital.
Cuando los padres se oponen a la colaboración, es más importante el
derecho de los niños a ser protegidos, y esto debe aplicarse no sólo a la nece-
sidad de asumir responsabilidades de los padres, sino también y especial-
mente a proporcionarle ayuda en su propia casa.
La intervención que no cuenta con la colaboración de los padres debe
evitarse y limitarse a situaciones graves en las que se han descartado otras
alternativas. Aunque el uso inicial de la autoridad y el control puedan tener
aparentemente unos efectos negativos, se ha demostrado que en muchos
casos es posible establecer posteriormente una relación de cooperación
positiva, y ayudar a los padres a reinterpretar lo ocurrido.
Los padres y los niños tienen derecho a recibir información y explica-
ciones de lo que se haya hecho sin su consentimiento.

42
El trabajo con familias que se oponen a la intervención requiere el
apoyo y la coordinación especial de los otros servicios y autoridades impli-
cados, particularmente del poder judicial, las fuerzas del orden, y los servi-
cios educativos y sanitarios. También requiere una preparación especial para
afrontar situaciones de crisis y violencia, y prestar gran atención a los infor-
mes, acuerdos, y a los tiempos en que transcurre la acción.
1. Participación de los padres: Los padres tienen el derecho y el deber
de participar en la elaboración del plan de caso.
1. La implicación de los padres es generalmente el principal determi-
nante de éxito de la reunificación familiar. Incluirlos desde el princi-
pio en un proceso de negociación y acuerdos formales beneficia a
todas las partes.
2. Participación de los niños: Se debe consultar la opinión de los niños
teniendo en cuenta su grado de madurez, y los responsables de la deci-
sión deben buscarla activamente y garantizar que se tiene en cuenta.
1. Desde los doce años se debe consultar al niño todas las decisiones de
separación provisional o definitiva, en los cambios de hogar y todo lo
que conlleve cambios importantes para él.
1. A partir de los 15 años, la opinión del niño debe tener un peso impor-
tante, y el proceso de negociación de alternativas debe ser compren-
dido como un proceso de ayuda para aprender a solucionar sus pro-
pios problemas y a tomar decisiones.
1. Es necesario ser comprensivo y respetuoso con los problemas de leal-
tad con sus padres que a veces se le puedan presentar al niño, y ayu-
darle a comprender el sentido de medidas que eventualmente pueda
ser necesario imponerle.
1. Los niños y adolescentes tienen el derecho de ser informados de los
derechos legales que tienen en relación a las personas que intervie-
nen protegiéndoles. Se incluye las normas del hogar o centro en que
resida, el contrato con la familia acogedora, el régimen de visitas, la
duración y el objetivo de las medidas, y las personas a las que puede
recurrir en caso de considerarse injustamente tratado.
3. Responsabilidad pública de informar a los padres y al niño: Los niños
y los padres tienen el derecho de conocer el contenido de los docu-
mentos de su propio caso, salvo cuando existan indicios de que el
conocimiento de ciertos datos por un padre puede perjudicar al niño.

43
Los servicios para los niños y adolescentes deben estar orientados a sus
necesidades, y no a su conducta sintomática.
Los problemas de comportamiento pueden estar producidos por facto-
res sociales, psicológicos, materiales o fisiológicos, y es preciso orientar los
servicios hacia las necesidades del niño, y no hacia las dificultades que los
causan.
Debe evitarse la clasificación etiquetadora, que puede convertirse en
una causa de marginación cuando los niños y los demás esperan de ellos que
se comporten de una determinada manera debido a la «etiqueta» que les ha
sido atribuída.

1.5.5. Una alternativa definitiva


Todo niño y adolescente con medida protectora tiene derecho a un plan
de integración definitiva cuyos objetivos principales sean la continuidad de la
atención, y la estabilidad de su vida familiar.
La integración familiar del niño es el fin principal de la acción protec-
tora, y ésta no puede tener lugar sin un plan destinado a conseguir dicho fin.
El contacto con su familia de origen es un derecho importante del niño
en cualquier caso, y un deber para él, su familia y los servicios cuando el
plan de integración prevé la reunificación. Este contacto es importante inclu-
so cuando no se prevé el retorno del niño a su familia de origen.
La estabilidad del hogar es fundamental para los niños separados de su
familia, y especialmente para los menores de 12 años. Es importante evitar
las rupturas y fracasos de reunificación sucesivas, y para ello deben valorar-
se los factores de riesgo y las alternativas que ofrezcan más estabilidad a los
niños con antecedentes de acogimientos fracasados.
Cuando se prevé una separación de larga duración, el niño tiene dere-
cho a un hogar estable en el que crecer y desarrollarse, y es importante que
él y sus guardadores tengan garantías de estabilidad y permanencia.
El niño tiene derecho a desear volver con una familia anterior cuando
ha fracasado la reunificación con la familia de origen, o cuando necesita otro
acogimiento. Esta alternativa se deberá valorar teniendo en cuenta la prima-
cía del interés del niño.

44
1.5.6. Una intervención mínima
Todo niño y adolescente protegido tiene derecho a que sea mínima la
intromisión en su vida y en la de su familia. Eso implica:
• La preferencia por intervenciones tan breves como sea posible.
• Actuar con el acuerdo del niño, los padres y el mayor número posible
de personas implicadas.
• Preferencia por recursos normalizados próximos al niño y a sus padres
frente a los especiales y lejanos.

1.5.7. Sopesando riesgos


Todo menor tiene derecho a que se sopesen previamente los riesgos y
los beneficios de las decisiones que se adopten.
Este requisito parece ser importante y determinante de la calidad de las
decisiones.
1. Toma de riesgos: el modelo de «toma de riesgos « concibe la decisión
como una toma de conciencia del riesgo cuando el daño potencial es
irreversible y se asumen unos riesgos con la esperanza de alcanzar
unos beneficios. En cada opción posible se deben considerar los ries-
gos que entraña y los efectos que tendrían en el niño.
2. Posibilidad más optimista y posibilidad más pesimista: al valorar un ries-
go puede considerarse la hipótesis más optimista o la más pesimista.
2. • Prevalecerá la hipótesis más pesimista cuando se valore un riesgo
que afecta a la integridad del niño.
2. • Prevalecerá la hipótesis más optimista cuando se valore la posibi-
lidad de cambio de los padres.

1.5.8. Garantías mínimas necesarias


Todo menor tiene derecho a que se adopten medidas preventivas res-
pecto a los riesgos que entraña la opción elegida.
En muchas decisiones no existe ninguna opción posible exenta de peli-
gros importantes, y se impone adoptar unas «medidas complementarias nece-
sarias». En la separación temporal, el mayor riesgo es la pérdida del vínculo

45
entre el niño y sus padres, y la principal garantía mínima es un contrato de
contactos padres-hijo.
Cuando se decide que el niño permanezca o que retorne al hogar si el
maltratador vive allí, existe un riesgo cierto de maltrato. Los mecanismos de
control sobre la conducta del maltratador, y de vigilancia sobre el estado
cotidiano del niño constituyen garantías mínimas sin las cuales debiera
reconsiderarse la decisión en función de la gravedad del riesgo.
A veces será preferible elegir una opción en que existe más riesgo, pero
pueden adoptarse unas garantías mínimas suficientes de que el niño no será
maltratado, frente a otra en que existe menor riesgo pero resulta imposible
de controlar.

1.5.9. Plan de caso


Los niños y adolescentes tienen derecho a que se establezca un plan de
actuación con la mayor participación posible de sus padres.
Contenido del plan: El plan debe incluir: a) objetivos, concretando si la
integración final se realizará con su propia familia, con su familia extensa,
con una familia ajena, o como adulto independiente, b) métodos de inter-
vención para solucionar los problemas de la familia respecto a su hijo, c) cri-
terios para evaluar el funcionamiento del plan, d) plan provisional de apoyo
o separación para el niño para un máximo de dos años, e) concreción de la
persona responsable del niño.

1.5.10. Plan de contingencia


El niño protegido tiene derecho a la previsión de una alternativa por si
fallara el «plan de caso» cuando existen indicios de riesgo en tal sentido.
En el «plan de contingencia» se realizará una previsión de ubicación
alternativa por si resultara inviable la ubicación inicialmente prevista para el
niño.
Se debe considerar principalmente en casos como: La permanencia del
menor en su familia, la reunificación o salidas a casa de niños vulnerables
con antecedentes de maltrato grave incluyendo el abuso sexual, en los aco-
gimientos familiares, y en los procesos de emancipación con riesgo de fra-
caso.

46
1.6. FINALIDAD DEL PROGRAMA DE INTERVENCIÓN FAMILIAR
Como se describe en el capítulo V, para desarrollar este programa de
intervención familiar en nuestra Comunidad Autónoma, se han optado por
disponer de equipos profesionales específicos formados como mínimo por
educadores familiares y psicológos cuya misión dependerá del subprograma
que se esté llevando a cabo con cada niño.
– SUBPROGRAMA DE PRESERVACIÓN.

– Casos: Que habría que separar si no se asigna el P.I.F.


– Finalidad: Conseguir el mayor número de casos que necesitando una
separación (por motivos de protección) se evita con garan-
tía para el niño en cuanto a su integridad y su estabilidad
en su familia.
– SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN PROVISIONAL Y REUNIFICACIÓN.

– Casos: En que se alargaría el tiempo de separación si no son asigna-


dos al P.I.F.
– Finalidad: Conseguir en el mayor número de casos acortar al máximo
el tiempo de separación del niño con su familia.
– SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN PROVISIONAL CON POSIBILIDADES DE SEPARA-
CIÓN DEFINITIVA.

– Casos: En que se puede demostrar una situación de irreversibilidad


familiar con vistas a una separación definitiva sólo si se asigna
al P.I.F.
– Finalidad: Conseguir en el mayor número de casos en situación de
separación provisional con posibilidades de separación
definitiva o bien la reunificación definitiva o bien acreditar
la irreversibilidad de la situación familiar ante un esfuerzo
especial por apoyarlo.

47
2. Los subprogramas
de preservación familiar
y separación
provisional-reunificación

2.1. POBLACIÓN A ATENDER

Como se ha señalado anteriormente, los Programas de Intervención


Familiar atienden a familias y menores de edad que tienen abierto expe-
diente de protección en las Gerencias Territoriales de Servicios Sociales
de la Comunidad Autónoma de Castilla y León como consecuencia de
situaciones de Desamparo o Riesgo. En función del motivo de la apertura
de expediente, y en consecuencia de la situación del niño/a y su familia,
pueden diferenciarse dos tipos de subprogramas dentro de los PIF según
sea la situación del niño/a, separado de su familia o permaneciendo con
ella:

1. El Subprograma de Separación Provisional y Reunificación Familiar,


que se dirige a familias y niños/as donde se ha producido o se va a
producir una separación del niño/a de su familia de origen, con pre-
visión de retorno.
1. En algunos casos, la entidad pública ha decretado el Desamparo del
niño/a, lo que supone que asume su tutela, éste es separado tempo-
ralmente de su familia, y pasa a ser acogido en un entorno alternati-
vo (p.ej., centro residencial, familia de acogida).
1. En otros casos, el niño/a puede encontrarse en situación de Protec-
ción Voluntaria por parte de la entidad pública. Son casos en que el
niño/a ha sido separado de su familia como consecuencia de la acep-

49
tación por parte de la Gerencia Territorial correspondiente de una
solicitud de Guarda Voluntaria realizada por los padres/tutores. Tam-
bién en estas situaciones, cuando el caso está en el subprograma de
Separación Provisional-Reunificación, la separación se plantea como
una medida temporal, y se pretende el retorno definitivo del niño/a a
su familia de origen.
2. El Subprograma de Preservación Familiar, que se dirige a familias y
niños/as donde la entidad pública ha definido la existencia de una
situación de Riesgo. Estas situaciones se producen cuando la Geren-
cia Territorial ha valorado (a) que sólo la aplicación de una medida o
recurso específico de protección (en este caso, un tratamiento fami-
liar) puede evitar una situación de Desamparo, y (b) que hay una
colaboración suficiente de los padres/tutores con esa medida o recur-
so específico de protección como para evitar la separación.
2. Excepcionalmente, algunos casos de niños/as que deben ser separa-
dos definitivamente de sus padres o tutores para insertarse con otros
miembros de su familia extensa, podrán considerarse objeto de inter-
vención del Subprograma de Preservación. Esto podrá darse cuando
se trate de intervenciones con la familia extensa dirigidas a garantizar
la permanencia del niño/a en ese núcleo. Estos casos se mueven den-
tro de un continuo entre la Preservación Familiar y la Separación
Definitiva, dependiendo de la vinculación del niño/a con su familia
extensa.
No en todos los casos donde se ha abierto expediente de protección por
Desamparo o Riesgo de Desamparo se va a iniciar un tratamiento familiar a
través de un PIF. Para que se considere que este recurso es el indicado para
una familia, deben darse, además, las siguientes condiciones de inclusión:
1. La Gerencia Territorial que atiende al niño/a y la familia (a) ha valo-
rado que hay posibilidades (aunque sean escasas) de que se corrija
el comportamiento maltratante o negligente de los padres/tutores
con un tratamiento familiar, (b) ha valorado que hay posibilidades
(aunque sean escasas) de que los padres/tutores puedan resolver los
problemas que les impiden temporalmente o limitan para atender
adecuadamente a sus hijos/as, y/o (c) valora que hay que proporcio-
nar a los padres/tutores todos los apoyos posibles para lograr su
rehabilitación antes de proponer para el niño/a una medida de sepa-
ración definitiva.

50
2. En la familia hay al menos una figura adulta con una mínima capaci-
dad para ejercer responsabilidades parentales (no serían susceptibles
de tratamiento, por ejemplo, padres/madres con esquizofrenia, retra-
so mental, o trastornos similares).
3. Los adultos sobre los que se va a centrar la intervención del PIF (a)
han sido informados previamente y de manera clara por parte de téc-
nicos de la Gerencia Territorial que les atiende, de los motivos de su
intervención y de los objetivos del PIF, y (b) han aceptado mediante
acuerdo escrito la participación en el PIF en las condiciones en que
lo ha determinado dicho Servicio.
4. La Gerencia Territorial ha valorado que no existe ningún otro factor
que haga inviable o inadecuado proporcionar a la familia tratamien-
to a través de un PIF (por ejemplo, no cobertura de necesidades bási-
cas para la subsistencia familiar, fracaso de tratamientos anteriores,
separaciones definitivas de otros hijos/as, padres toxicómanos sin
terapia contra la adicción, familias transeúntes).
4. – Cuando dentro del equipo de intervención familiar no se puedan
asumir todas las familias que la sección de protección a la infancia
tiene para P.I.F. y se cree la lista de espera se tendrá en cuenta los
siguientes criterios de prioridad aunque no serán los únicos deter-
minantes:
4. – • Familias con niños pequeños o bebés.
4. – • Grupo de hermanos.
4. – • Mejor pronóstico en relación al tratamiento
4. – • Familias para las que se considere el resultado de la intervención
como decisivo para tomar medidas de separación definitiva.
Son varias las situaciones o comportamientos parentales que pueden
derivar en una situación de Desamparo o Riesgo de Desamparo y que debe-
rán ser abordados y corregidos desde los Programas de Intervención Fami-
liar. Estos son los siguientes:
1. Maltrato físico.
1. «Cualquier acción no accidental por parte de los padres/tutores que
provoque daño físico severo o enfermedad en el niño/a o le coloque
en grave riesgo de padecerlo».

51
2. Maltrato psíquico (o emocional).
2. «Hostilidad verbal crónica en forma de insulto, desprecio, crítica o
amenaza de abandono, y constante bloqueo de las iniciativas de inte-
racción infantiles (desde la evitación hasta el encierro o confina-
miento) por parte del cualquier miembro adulto del grupo familiar».
Incluye las conductas de rechazar, aterrorizar, privar al niño/a de
oportunidades para establecer relaciones sociales, y la violencia
doméstica extrema y/o crónica.
3. Negligencia física.
2. «Las necesidades físicas básicas del niño/a (alimentación, higiene,
protección y vigilancia en las situaciones potencialmente peligrosas,
educación y/o cuidados médicos) no son atendidas temporal o per-
manentemente por ningún miembro adulto del grupo que convive
con el niño/a».
4. Negligencia emocional.
2. «Falta persistente de respuesta a las señales, expresiones emocionales
y conductas procuradoras de proximidad e interacción iniciadas por
el niño/a, y falta de iniciativa de interacción y contacto, por parte de
una figura adulta estable». Incluye las conductas de falta total de dis-
ponibilidad y atención de los padres/tutores hacia el niño/a, y retraso
o rechazo a proporcionarle atención psicológica que éste necesita.
5. Abuso sexual.
«Cualquier contacto sexual de un adulto con un niño/a, donde el pri-
mero posee una posición de poder o autoridad sobre el segundo».
6. Explotación sexual.
2. «Utilización del niño/a en la prostitución o en la realización de por-
nografía con el fin de obtener un beneficio, sea económico, equiva-
lente o de otra índole, por parte del padre/tutor».
7. Explotación laboral.
2. «Los padres/tutores asignan al niño/a con carácter obligatorio la rea-
lización continuada de trabajos (domésticos o no) que: (a) exceden
los límites de lo habitual, (b) deberían ser realizados por adultos, (c)
interfieren de manera clara en las actividades y necesidades sociales

52
y/o escolares del niño/a, y (d) son asignados al niño/a con el objetivo
fundamental de obtener un beneficio económico o similar para los
padres/tutores o la estructura familiar».
8. Inducción a la delincuencia.
2. «Los padres/tutores facilitan y refuerzan pautas de conducta antiso-
cial o desviadas (especialmente en el área de la agresividad, sexuali-
dad y drogas) que impiden el normal desarrollo e integración social
del niño/a. También incluye situaciones en las que los padres/tutores
utilizan al niño/a para la realización de acciones delictivas (por ejem-
plo, transporte de drogas, hurtos)».
9. Modelo de vida en el hogar inadecuado para el niño/a.
2. «El hogar en el que vive el niño/a constituye un modelo de vida ina-
decuado para su normal desarrollo, por contener pautas asociales o
delictivas».
10. Otros motivos de Riesgo de Desamparo (situaciones de Desamparo
o Riesgo de Desamparo no incluidas en las categorías anteriores).
10. En el Anexo VII se recogen los niveles de gravedad que pueden pre-
sentar estas situaciones de maltrato
En las familias que van a ser objeto de atención por los PIF:
1. Esas situaciones/comportamientos suponen que hay necesidades
básicas del niño/a que no están siendo cubiertas o lo son de mane-
ra muy deficitaria, y están provocando un daño significativo en su
desarrollo físico, cognitivo, social y/o emocional, o pueden llegar a
provocarlo.
2. En general, se dan varias de esas situaciones/comportamientos de
manera simultánea.
Entre las familias que presentan estas problemáticas, hay algunas que
presentan mejor pronóstico que otras en relación al tratamiento. Según la
bibliografía1, las variables relevantes para el establecimiento del pronóstico
son:

1 Arruabarrena, M.I. y De Paúl, J. (1994). Maltrato a los niños en la familia. Evaluación y


Tratamiento. Madrid. Pirámide.

53
– Conciencia del problema en los padres:
– Se refiere al grado en el cual los padres (a) muestran tener conciencia
del daño que está recibiendo el niño/a como consecuencia del maltra-
to y de los problemas que éste padece, y (b) asumen su responsabilidad
en el maltrato y en la resolución de los problemas que afectan al
niño/a. La inexistencia de esa conciencia del problema en los padres
y/o su negativa a asumir responsabilidad alguna en su resolución son
características que, si no se modifican, indican un pronóstico negativo.
– Motivación de cambio en los padres:
– Aunque los padres sean conscientes de los problemas que sufren sus
hijos y reconozcan su responsabilidad, ello no significa que sean
capaces o deseen modificar dicha situación. Es preciso, como criterio
imprescindible para determinar un pronóstico positivo, que los padres
muestren motivación para modificar su comportamiento y su forma de
relación con sus hijos.
– Grado de cronicidad de la problemática familiar:
– Las familias en las que el maltrato representa una situación crónica,
abarcando incluso varias generaciones, tienen un pronóstico difícil. Por
el contrario, los casos no crónicos, donde el maltrato se produce como
consecuencia de una crisis en la familia, tienen un mejor pronóstico.
– Nivel de incapacidad parental:
– Cuanto más severo es el grado de incapacitación personal que pre-
sentan los padres, mayores dificultades hay para su rehabilitación.
Algunos tipos de incapacitación, como son (a) el retraso mental seve-
ro, (b) los trastornos psíquicos de pronóstico negativo, y (c) los pro-
blemas de toxicomanías o alcoholismo de evolución negativa, son
indicativos de un pronóstico también negativo.
– Grado de violencia intrafamiliar:
– Las familias donde la violencia presenta una intensidad elevada y se
produce de manera incontrolada, presentan dificultades muy impor-
tantes para su rehabilitación.
– Existencia de vinculación afectiva padres-hijos:
– Cuando el padre/s maltratante/s no muestra ninguna vinculación afec-
tiva hacia su hijo o cuando el maltrato es reflejo o consecuencia del

54
rechazo total del padre hacia éste, puede establecerse claramente un
pronóstico de carácter negativo.
– Tipo de situación de maltrato:
– Las familias donde se han producido situaciones de abuso sexual
intrafamiliar (especialmente incesto) presentan mayores dificultades
para su reunificación y rehabilitación que las familias donde se pre-
sentan otros tipos de maltrato.
– Gravedad del daño infligido al niño/a:
– A medida que el daño que recibe el niño/a es más grave, es decir, a
medida que el maltrato aumenta en intensidad, el pronóstico es más
negativo.
– Problemas presentados por el niño/a:
– Cuando el niño/a presenta problemas graves (en cuanto a número e
intensidad) de conducta antisocial y/o delictiva (robos, abuso de dro-
gas, fugas, etc.), el pronóstico para la rehabilitación familiar es más
difícil. Se cuenta con las Unidades de Intervención Educativa (U.I.E.)
como recurso de tratamiento para los menores y sus familias con
dichos problemas.
En el P.I.F. la presencia de alguna de estas variables en las familias no
significa que se descarte la intervención con ellas sino que se deberá priori-
zar en el programa de intervención estos objetivos y apoyar a las familias
para producir cambios, ya que a la vez que esto se va consiguiendo el pro-
nóstico del tratamiento mejora.

2.2. FINALIDAD Y OBJETIVOS

2.2.1. Finalidad

El fin último de los Programas de Intervención Familiar consiste en posi-


bilitar que un niño/a pueda vivir en su familia de origen habiendo garantí-
as de que su seguridad e integridad básicas están salvaguardadas y sus nece-
sidades básicas se encuentran satisfechas. Este planteamiento parte de la

55
consideración de que la familia constituye el contexto más adecuado para la
atención de las necesidades del niño/a (especialmente las psicológicas) y es
el contexto natural de convivencia, socialización y desarrollo para éste.

De acuerdo con lo anterior, la finalidad específica de los dos subpro-


gramas en que se dividen los Programas de Intervención Familiar es la
siguiente:

a) Subprograma de Preservación Familiar: En una situación de Riesgo


de Desamparo, preservar la integridad de la familia evitando la sepa-
ración del niño/a.

b) Subprograma de Separación Provisional y Reunificación Familiar: En


una situación donde se ha separado o se va a separar al niño/a de su
familia (por Desamparo o Guarda Voluntaria), procurar el retorno a
la familia de la que ha sido separado previamente.

2.2.2. Objetivos

a) Objetivos generales

Los Subprogramas de Preservación y Separación Provisional-Reunifica-


ción se plantean los siguientes objetivos generales.

Subprograma De Preservación:

1. Eliminar el riesgo de separación del niño/a de su familia.

2. Lograr el mantenimiento del niño/a en su hogar, garantizando su


seguridad e integridad básicas.

Subprograma De Separación Provisional –Reunificación–:

1. Eliminar la necesidad de separación del niño/a de su familia.

2. Lograr el retorno del niño/a con su familia de origen en el menor


plazo de tiempo posible.

3. Eliminar o controlar el riesgo de que en un futuro pueda ser necesa-


rio separar nuevamente al niño/a de su hogar.

56
Algunas de las estrategias más adecuadas para llegar a conseguir dichos
objetivos son:

1. Capacitar a los padres para que sean capaces de proporcionar un cui-


dado adecuado al niño/a y satisfacer sus necesidades básicas.
2. Corregir los déficits/problemas en:
2. – el funcionamiento personal de los padres,
2. – el funcionamiento personal de los niños/as,
2. – el funcinamiento de los padres a nivel parental,
2. – las relaciones entre los miembros de las familia,
2. – el funcionamiento del sistema familiar en su conjunto,
2. – la relación de la familia con su entorno.
2. Asociados o causantes de la aparición y/o mantenimiento de dichas
situaciones/conductas de maltrato/abandono.
3. Dinamizar y coordinar una red de sistemas y servicios (normalizados
o específicos) de apoyo a la familia y el niño/a, que les ayude para (a)
llegar a conseguir un funcionamiento adaptativo a nivel individual,
parental, familiar y social, y (b) eliminar o controlar la reaparición de
situaciones de Desamparo.

b) Objetivos específicos

La finalidad y los objetivos generales de los Subprogramas de Preserva-


ción y Separación Provisional-Reunificación se traducen en una serie de
objetivos específicos. Algunos de ellos son comunes a ambos subprogramas,
mientras que otros son abordados únicamente desde el subprograma de
Separación Provisional y Reunificación. El cuadro que se presenta a conti-
nuación describe cuáles son estos objetivos. Hay que tener en cuenta que no
se trata de un listado exhaustivo ni aplicable en todo su contenido a todos
los casos. Sólo una evaluación individualizada y permanente de la situación
de cada niño/a y cada familia permitirá a los profesionales del Programa de
Intervención Familiar determinar los objetivos específicos pertinentes al caso
y su temporalización.

57
SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN
SUBPROGRAMA DE PRESERVACIÓN
PROVISIONAL-REUNIFICACIÓN
OBJETIVOS COMUNES A AMBOS SUBPROGRAMAS
– Generar conciencia en los padres de sus dificultades en la rela- – Promover el tratamiento y resolución de trastornos psicopato-
ción, crianza, atención y educación de sus hijos/as, y que han lógicos o problemas emocionales en los padres que les dificul-
motivado la situación de Desamparo o Riesgo de Desamparo. tan o impiden ejercer adecuadamente su rol parental.
– Identificar y hacer conscientes a los padres de los factores que – Promover el tratamiento y resolución de dificultades relaciona-
han motivado la aparición y mantenimiento de tales dificultades. les entre los padres que les dificultan o impiden ejercer ade-
– Fomentar en los padres motivación para resolver esas dificulta- cuadamente su rol parental.
des y las de sus hijos/as. – Promover el tratamiento y resolución de dificultades de relación de
– Reforzar en la familia, y específicamente en los padres, su los padres con su entorno (p.ej., familia extensa, aislamiento social)
capacidad de cambio. que les dificultan o impiden ejercer adecuadamente su rol parental.
– Reforzar los aspectos positivos y recursos de la familia. – Abordar las dificultades relacionales padres-hijo/a que se
encuentran en el origen de la situación de maltrato/abandono.
– Implicar a los padres, al niño/a (si tiene capacidad para ello), a
otros miembros de la familia (si se valora adecuado), y a las res- – Promover la provisión al niño/a de tratamientos específicos
tantes redes/servicios/profesionales relacionados con el caso, dirigidos a resolver déficits o problemas que a) le sitúen en una
en el diseño y el desarrollo de dicho plan de intervención. situación de riesgo o vulnerabilidad en su proceso de desarro-
llo, o b) le coloquen en una situación de riesgo para ser nue-
– Apoyar y orientar emocional y técnicamente a los padres en
vamente objeto de maltrato/abandono.
ese proceso de cambio.
– Proporcionar a la familia el apoyo y enseñanzas necesarios – Garantizar que el niño/a disponga en su entorno inmediato de
para corregir los factores que han derivado en la situación de modelos adultos positivos.
maltrato/abandono. – Dinamizar, coordinar y reforzar los sistemas formales e infor-
– Ayudar a la familia a reducir el impacto de la crisis y/o estabilizar males de apoyo que la familia dispone o de los que puede dis-
su situación. Reducir el nivel de estrés familiar, bien ayudando a la poner en su entorno.
familia a hacerle frente de manera adecuada, o bien reduciendo el – Mantener un seguimiento y control constantes del estado del
impacto o el número de los factores estresantes que les afectan. niño/a y de la calidad del cuidado que recibe en el hogar.

OBJETIVOS EXCLUSIVOS DEL SUBPROGRAMA DE PRESERVACIÓN


– Garantizar la integridad del niño/a. que da lugar al maltrato, ya sean situaciones desencadenantes
– Modificar los factores determinantes de la conducta parental o inhibidoras.

OBJETIVOS EXCLUSIVOS DEL SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN PROVISIONAL-REUNIFICACIÓN


Previo a la separación: los nuevos roles a ejercer por cada uno de ellos una vez que el
– Preparar a los padres y al niño/a para llevar a cabo la separa- niño/a retorne el hogar.
ción de manera positiva y lo menos traumática posible. – Ayudar a la familia a reducir su nivel de ansiedad ante la reu-
nificación.
Durante la separación:
Tras la reunificación:
– Ayudar a los padres a mantener una visión realista acerca de las – Ayudar al niño/a a expresar y hacer frente a sus sentimientos de
posibilidades y condiciones para el retorno del niño/a. pérdida en relación a su situación anterior (p.ej., compañeros
– Ayudar a la familia a mantener unas expectativas realistas acer- del centro residencial, educadores, padres acogedores).
ca de la reunificación. – Ayudar al niño/a a hacer frente a los cambios producidos en su
– Apoyar la continuidad de la relación del niño/a con los miem- hogar y en su familia (p.ej., cambios físicos, nuevos hermanos).
bros de su familia y con su entorno anterior a la separación. – Ayudar a los padres a hacer frente a la reestructuración que
– Promover un contacto progresivamente mayor entre el niño/a y supone hacerse cargo nuevamente del cuidado del niño/a.
su familia y una permanencia progresivamente mayor del – Ayudar a la familia a redefinir las normas y roles familiares, y
niño/a en el hogar (p.ej., fines de semana, noches). consensuar la nueva estructura organizativa del sistema familiar.
– Apoyar a los padres en el ejercicio de las responsabilidades – Ayudar a la familia a desarrollar expectativas realistas acerca de
parentales que sigan asumiendo. cómo va a ser el proceso de la reunificación (dificultades y con-
– Ayudar al niño/a a asimilar posibles cambios que puedan pro- flictos previsibles).
ducirse en su familia durante su ausencia. – Enseñar a la familia a enfrentarse de manera eficaz a las difi-
– Ayudar al niño/a a hacer frente a sentimientos de inseguridad cultades y conflictos que pueden aparecer tras la reunificación.
respecto a la estabilidad de su familia o respecto a su retorno, o – Reforzar en los miembros de la familia el sentimiento de iden-
sentimientos de culpa que puedan aparecer tras la separación. tidad familiar.
– Facilitar un proceso de negociación entre padres, hijo/a y otros – Ayudar al niño/a en la nueva integración en su nuevo contexto
miembros de la familia, del que derive un consenso respecto a sociocultural, relacional y/o educativo.

58
c) El Subprograma de Separación Provisional y Reunificación:

Presupuestos básicos de la intervención:

– La reunificación del niño/a con su familia biológica es el objetivo final


de la intervención. Su consecución en el plazo de tiempo lo más breve
posible ha de guiar los objetivos y actuaciones a llevar a cabo con los
padres, con el niño/a, con el resto de miembros de su familia, y con
su entorno.

– La implicación y participación de los padres, del niño/a (si tiene capa-


cidad) y de otros miembros de la familia en la planificación de la inter-
vención, en la formulación de sus objetivos, y en su evaluación, cons-
tituye un requisito primordial para conseguir un proceso de
separación y reunificación exitoso.

– La estabilidad y continuidad de la relación del niño/a con su familia


biológica tras la separación, constituye una condición básica para
posibilitar la reunificación posterior.

– La reunificación forma parte de un proceso que comienza con la sepa-


ración. El éxito de la reunificación depende del conjunto de interven-
ciones llevadas a cabo a lo largo de ese proceso, incluyendo las con-
diciones en las que tuvo lugar la separación inicial.

– Las condiciones para la reunificación deben ser establecidas lo


antes posible por la Sección de Protección a la Infancia, preferen-
temente en el mismo momento de la separación. Estas condiciones
deben ser concretas, deben quedar recogidas en un documento
escrito, y ser conocidas y aceptadas tanto por los padres como por
el niño/a.

– La reunificación constituye, al igual que la separación, una situación


estresante y que genera ansiedad en el niño/a y en su familia. La reu-
nificación supone un cambio, y muchas familias, aunque la deseen,
tienen dificultades para asumir dicho cambio. De aquí que necesiten
ayuda no sólo para conseguir las condiciones que permitan el retorno
del niño/a al hogar, sino también para adaptarse a ese retorno. Este
proceso puede durar meses.

59
Etapas en el proceso de separación-reunificación y objetivos/tareas en
cada una de ellas:
El proceso de separación-reunificación no empieza después de la salida
del niño/a del domicilio familiar, sino en el momento en que se decide que
ésa es la medida necesaria en el caso y empiezan a establecerse las condi-
ciones para llevar a cabo esta intervención y el posterior proceso de reunifi-
cación. Desde el punto de vista de las Secciones de Protección a la Infancia
y los PIF, es muy importante recordar que las intervenciones previas a la
separación tienen una gran importancia de cara a las posibilidades de éxito
del proceso de reunificación.
Los Programas de Intervención Familiar tienen un papel muy relevante
en este proceso previo a la separación, preparando a padres e hijos/as para
que ésta se lleve a cabo de manera lo menos traumática posible, especial-
mente para estos últimos. Algunos de los objetivos/tareas a cumplir por los
PIF en esta fase incluyen:
– Ayudar a la familia (padres e hijos/as) a entender los motivos de la sepa-
ración y a aceptarla.
– Ayudar a los padres a entender la importancia de su colaboración para
conseguir que la separación no sea traumática para los niños/as.
– Ayudar a los padres a explicar a los niños/as los motivos de la separación.
– Ayudar a los padres y a los hijos/as a calmar los sentimientos negati-
vos que puedan surgir como consecuencia del planteamiento de la
separación (culpabilidad, abandono, ansiedad, etc.).
– Ayudar a padres e hijos/as a resolver las dudas y temores que tengan res-
pecto a la separación.
– Acompañar a padres e hijos/as a conocer y familiarizarse progresiva-
mente con el lugar y personas que van a acoger al niño/a durante la
separación.
Siguiendo a Bullock, Little y Millham (1993)2, una vez decidida y prepara-
da la separación, el proceso de separación-reunificación se desarrolla a través
de una serie de etapas sucesivas en el tiempo y cualitativamente diferentes:

2 Bullock, R., Little, M. y Millham, S. (1993). Going home. The return of children separated
from their families. Dartmouth. England.

60
1. El momento de la separación.
1. – Clarificar ante la familia (padres e hijos/as) que conseguir su reuni-
ficación en el plazo de tiempo lo más breve posible, es el objetivo
último de la intervención de la Sección de Protección a la Infancia.
1. – Clarificar ante la familia los motivos y problemas que han motiva-
do la separación, y reforzar la valoración de que éstos son resolu-
bles o mejorables.
1. – Establecer ante la familia las condiciones concretas requeridas por
la Sección de Protección a la Infancia para posibilitar el retorno del
niño/a, y plazos de tiempo para su consecución o revisión.
1. – Transmitir a la familia la idea de la separación como una interven-
ción legítima y dirigida a proteger al niño/a.
1. – Implicar a los padres, al niño/a (si tiene capacidad para ello) y a los
restantes miembros del núcleo familiar (si es adecuado), en las
decisiones a adoptar con respecto a la intervención.
1. – Facilitar y promover la estabilidad y continuidad de la relación del
niño/a con los miembros de su familia.
1. – Ayudar a padres e hijo/a a expresar y hacer frente a sus sentimien-
tos negativos (pérdida, culpa, fracaso, ansiedad, cólera, estigmati-
zación, etc.).
1. – Posibilitar al niño/a, en la medida de lo posible, la continuidad y
estabilidad de las relaciones no sólo con sus padres, sino con el
resto de su entorno (otros familiares, escuela, amigos, actividades
de ocio, etc.).

2. Los momentos posteriores a la separación.


1. – Ayudar a los padres a mantener una visión realista acerca de las
posibilidades y condiciones para el retorno del niño/a.
1. – Continuar recabando información sobre la situación de la familia.
1. – Proporcionar a los padres o facilitarles el acceso a los recursos de
apoyo necesarios para resolver los problemas que motivaron la
separación.

61
1. – Mantener el contacto padres-hijo/a con la mayor frecuencia posible.
1. – Mantener el rol protagonista de los padres en relación al cuidado
del niño/a (por ejemplo, en cuanto a la supervisión de su evolución
escolar, provisión de vestuario y atención médica).
1. – Ayudar al niño/a a asimilar posibles cambios que puedan producir-
se en su familia durante su ausencia.
1. – Ayudar al niño/a a hacer frente a sentimientos de inseguridad res-
pecto a la estabilidad de su familia o respecto a su retorno, o senti-
mientos de culpa.

3. El momento en que se determina la pertinencia de la reunificación.


La reunificación se plantea cuando los problemas que motivaron la
separación del niño/a se encuentran total o parcialmente resueltos, y se con-
sidera que la seguridad e integridad básicas del niño/a van a encontrarse
garantizadas en el hogar.
Como se ha señalado anteriormente, la reunificación supone una situa-
ción estresante; es un cambio, que requiere un proceso de adaptación a nue-
vos roles, rutinas, responsabilidades, etc. Por ello, todos los miembros de la
familia, incluidos a los padres y los hijos/as, deben ser preparados para la
reunificación. Las tareas de la intervención en esta fase consisten en:
– Aumentar progresivamente el contacto del niño/a con su familia y su tiem-
po de permanencia en el hogar (por ejemplo, fines de semana, noches).
– Facilitar un proceso de negociación entre padres, hijo/a y otros miembros
de la familia, del que derive un consenso respecto a los nuevos roles a
ejercer por cada uno de ellos una vez que el niño/a retorne al hogar.
– Ayudar a la familia a reducir su nivel de ansiedad ante la reunificación.
– Ayudar a la familia a mantener unas expectativas realistas acerca de la
reunificación.

4. El momento de la reunificación y los días inmediatamente posteriores.


1. – Realizar con la familia un «ritual de transición» (reunión conjunta),
que permita a padres e hijos/as identificar clara y formalmente el
momento concreto en el que se produce la reunificación.

62
– Ayudar al niño/a a expresar y hacer frente a sus sentimientos de pér-
dida en relación a su situación anterior (padres acogedores, compa-
ñeros del centro residencial, educadores, etc.).
– Ayudar al niño/a a hacer frente a los cambios producidos en su hogar
y en su familia (por ejemplo, cambios físicos, nuevos hermanos, nue-
vas figuras parentales).
– Ayudar a los padres a hacer frente a la reestructuración que supone
hacerse cargo nuevamente del cuidado del niño/a.
– Transmitir a la familia la imagen del técnico de la Sección de Protec-
ción a la Infancia como fuente de apoyo y ayuda en el proceso de reu-
nificación.

5. Las primeras semanas tras la reunificación.


Algunos autores denominan a este período como «Luna de miel». Se
caracteriza por la inexistencia de problemas aparentes en el desarrollo de la
convivencia familiar, y por el esfuerzo de los padres, el hijo/a y los restantes
miembros de la familia por asegurar el éxito de la reunificación.

6. La «discusión».
La «Luna de miel» finaliza con una discusión, que aparentemente deri-
va de desacuerdos en cuestiones relativas a roles, territorios o aspectos eco-
nómicos. Sin embargo, esta discusión ha de interpretarse como parte del pro-
ceso de la reunificación, y constituye el reflejo de cuestiones no resueltas en
la familia (por ejemplo, el dolor de la separación), de tensiones acumuladas
y ocultas, o de expectativas no realistas en relación a la reunificación. En este
momento, la intervención de un profesional que ayude a la familia es muy
importante. En muchos casos, sin esa ayuda externa la familia no será capaz
de hacer frente exitosamente a estas dificultades. Las tareas en este momen-
to deben centrarse en:
– Ayudar a la familia a identificar los problemas reales que se encuen-
tran en la raíz de su/s discusión/es.
– Ayudar a la familia a desarrollar expectativas realistas acerca de
cómo va a ser el proceso de la reunificación (dificultades y conflictos
previsibles).

63
– Enseñar a la familia a enfrentarse a dichas dificultades y conflictos de
manera eficaz, sin percibirlos como un fracaso en la reunificación.
– Ayudar a la familia a expresar de manera adecuada y hacer frente a los
sentimientos negativos o de dolor provocados por la separación.

7. El establecimiento de un nuevo «modus vivendi».


– Reestablecer las normas y roles familiares, y consensuar la nueva
estructura organizativa.
– Ayudar a cada uno de los miembros de la familia a adaptarse a los
cambios producidos en los demás durante el tiempo de la separación.
– Reforzar en los miembros de la familia el sentimiento de identidad
familiar.
– Ayudar al niño/a en la integración en su nuevo contexto sociocultural,
relacional, y/o educativo.

64
3. Características y necesidades
de las familias atendidas
en los programas
de intervención familiar
e implicaciones
para la intervención

Las familias que llegan al sistema de Protección a la Infancia por situacio-


nes de Desamparo o Riesgo de Desamparo presentan una problemática básica
común: la existencia de (a) una disfunción o problemas de relación muy severos
en la relación padres-hijos/as, y (b) problemas y limitaciones significativas en los
padres/madres para atender adecuadamente a sus hijos/as. Partiendo de este
punto, las conductas/situaciones en las que se manifiesta esa problemática y esa
disfunción, su gravedad, los miembros de la familia que se ven directamente
implicados, sus causas, su evolución, etc., varían. No hay, en este sentido, una
«familia-tipo» o un «patrón de funcionamiento» común a todas estas familias.
Sin embargo, sí es posible identificar en al menos una parte importante
de estas familias una serie de características y necesidades comunes, que
requieren ser tenidas en cuenta en el diseño e intervención de los Programas
de Intervención Familiar. Estas son las siguientes:

1. Son familias multiproblemáticas.


Estas familias no sólo presentan problemas en la relación padres-
hijos/as, sino también en muchas otras áreas de su funcionamiento:
– en el funcionamiento individual de sus miembros, incluidos padres e
hijos/as (p. ej., trastornos emocionales o psicopatológicos, limitaciones inte-
lectuales, alcoholismo, toxicomanías, ludopatías, conductas antisociales).

65
– en el funcionamiento de los subsistemas familiares: subsistema con-
yugal (p.ej., violencia física o verbal, separaciones o divorcios violen-
tos), subsistema parental (p.ej., falta de apoyo mutuo en el cumpli-
miento de las responsabilidades parentales, falta de acuerdo),
subsistema fraternal (p.ej., violencia entre hermanos), y en los límites
entre dichos subsistemas (p. ej., role-reversal).
– en la relación de la familia con su entorno: dificultades en la relación con
la familia extensa, falta de apoyo social, conflictividad en el entorno.
– en el área socioeconómica (p.ej., dificultades económicas, desem-
pleo, problemas severos en la administración económica).
En la medida en que estos problemas estén directa o indirectamente
relacionados con los motivos del Desamparo o Riesgo de Desamparo,
deberán ser objeto de atención por parte de la intervención de los PIF. Eso
significa:
– Que es preciso mantener una perspectiva amplia (ecológico-sistémi-
ca) que abarque diferentes niveles de análisis (desde la historia perso-
nal de los padres, las características individuales de los miembros de
la familia, del microsistema familiar, hasta las características del entor-
no de la familia) para identificar cuáles son los problemas que pueden
estar afectando a la relación padres-hijos/as.
– La perspectiva de los Programas de Intervención Familiar debe ser, por
tanto, más amplia que una perspectiva puramente psicológica o de
trabajo social en su sentido tradicional.
– Que tras ello hay que analizar de qué manera esos problemas están
afectando a la relación padres-hijos/as, para poder así establecer los
objetivos de la intervención y secuenciarlos en prioridad y tiempo.
– Que si bien los profesionales de los Programas de Intervención Fami-
liar no van a intervenir directamente en la resolución de algunos de
esos problemas (p.ej., provisión de ayudas económicas a las familias,
provisión de tratamiento psicológico a los niños/as, abordaje de pro-
blemas de retraso escolar en los niños/as), deberán mantener una pers-
pectiva que los incluya en su plan de intervención y deberán mante-
ner una actitud de permanente acceso y coordinación con las redes y
servicios comunitarios que tienen entre sus competencias el abordaje
de tales problemas.

66
2. En muchos casos, con problemas cronificados.

En muchas ocasiones, las familias llegan a las Secciones de Protección


a la Infancia cuando los problemas en la relación padres-hijos/as son de una
gravedad extrema o casi extrema. En general, la aparición de esos problemas
no es inmediata (aunque en ocasiones es fruto de una crisis), sino que es
fruto de una evolución en la que ha ido aumentando progresivamente la gra-
vedad. Este hecho supone un hándicap importante para los Programas de
Intervención Familiar, pues a medida que aumenta la gravedad o cronifica-
ción de los problemas, más difícil resulta su resolución. En muchas familias,
el comportamiento maltratante o negligente de los padres se encuentra ins-
talado firmemente en su funcionamiento individual y en el funcionamiento
y dinámica familiar.

que han recibido tratamientos fallidos anteriormente,

También en muchos casos, las familias que llegan a los PIF han recurri-
do o han sido derivadas en ocasiones anteriores a diferentes servicios comu-
nitarios para tratar algunos de sus problemas (p.ej., salud mental). Es fre-
cuente que dichos tratamientos no hayan tenido éxito (de otra manera
muchas de ellas no hubieran llegado a las Secciones de Protección a la
Infancia), en muchas ocasiones a causa de la insuficiente implicación de la
familia. Los abandonos de tratamientos y el incumplimiento de las orienta-
ciones profesionales son comportamientos habituales en muchos de estos
padres, y pueden tender a repetirlos en la intervención del Programa de
Intervención Familiar.
Evitar este tipo de comportamientos señalando con claridad a los padres
(a) cuáles son las condiciones y compromisos que deben regir su relación
con el Programa, reiterándoselo siempre que sea necesario, y (b) cuáles serán
las consecuencias de los incumplimientos, permitirá no sólo un mayor apro-
vechamiento de los recursos, sino que dará seguridad a los padres y les ense-
ñará a respetar un marco y unas normas de relación.

y dependientes de los Servicios Sociales.

También en muchos casos, las familias que llegan a los PIF se han adap-
tado a una forma de funcionamiento en la que, en lugar de dirigirse hacia la
autosuficiencia, descansan en la dependencia de los Servicios Sociales, en

67
los que buscan la solución a sus problemas (incluyendo los económicos). En
muchas ocasiones, este tipo de funcionamiento se ve reforzado por la diná-
mica de los servicios.
La autonomía de la familia respecto a los Servicios Sociales debe ser, en
estos casos, un objetivo de los Programas de Intervención Familiar, aunque
reconociendo que hay familias que nunca podrán conseguir esa autosufi-
ciencia debido a la existencia de limitaciones en los padres que no se pue-
den corregir (p.ej., limitaciones intelectuales, determinados problemas psi-
cológicos) y que van a requerir el apoyo de agentes externos hasta que los
niños/as alcancen su propia autosuficiencia o independencia.

3. La intervención implica a numerosos profesionales y servicios.

Como se ha señalado anteriormente, la multiplicidad de problemas que


afectan a estas familias hace necesaria la intervención de múltiples profesio-
nales y servicios. Profesionales de ámbitos distintos (p.ej., educación, sanidad,
salud mental, orden público) que disponen de una formación diferente y que
en muchas ocasiones trabajan para instituciones cuyos objetivos son difíciles
de compatibilizar (y en ocasiones, contrapuestos), deben trabajar de manera
conjunta y coordinada en estos casos, compartiendo información, consen-
suando objetivos y distribuyéndose tareas.
Los Programas de Intervención Familiar deben tender al aprovecha-
miento máximo de los recursos comunitarios. Cuando no existen
sistemas/redes de trabajo comunitario ya establecidas, los PIF deberán asu-
mir la función de poner en funcionamiento, dinamizar y coordinar la red de
profesionales y servicios que intervienen en cada caso concreto, con el obje-
tivo último de que, cuando el Programa finalice, dicha red siga funcionando
de manera autónoma, apoyando a la familia y los niños/as en las necesida-
des que éstos presenten. Siendo ésta una de las funciones fundamentales de
los servicios sociales básicos en nuestra Comunidad.
Además de lo anterior, los PIF tienen que tener en cuenta especialmente
el relevante papel que juegan en la intervención con estas familias el sistema
judicial (jueces y fiscales), los servicios que tienen como responsabilidad espe-
cífica la protección de los menores de edad (Secciones de Protección a la
Infancia), y los Servicios Sociales Básicos. Los Programas de Intervención Fami-
liar deben implicar en su intervención y mantener una coordinación estrecha
con los Servicios Sociales Comunitarios, y especialmente con los servicios

68
sociales básicos pues además de que disponen de recursos para apoyar a las
familias y niños/as, serán quienes asuman la responsabilidad de apoyar a la
familia y realizar un seguimiento y control de la situación del niño/a una vez
que se hayan resuelto los motivos que provocaron la situación de Desamparo
o Riesgo de Desamparo.

4. Con posibilidades de que se produzcan situaciones o conflictos que


requieran la intervención inmediata de los profesionales.

Hay algunos problemas, como, por ejemplo, el alcoholismo, las dificul-


tades para el control de la conducta o los impulsos agresivos, algunos tras-
tornos psicopatológicos, o la violencia conyugal, que pueden surgir con viru-
lencia en determinados momentos y provocar situaciones de tensión,
conflicto o violencia familiar que requieren la intervención inmediata de los
profesionales. Son las denominadas «situaciones de urgencia».

En la mayoría de los casos, los problemas que pueden derivar en una


intervención de urgencia son observables previamente por un profesional
preparado, lo que significa que es posible «prever» o «sospechar» que pue-
den aparecer. En otros casos, que representan una minoría, se producen
situaciones de urgencia que no podían haber sido previstas.

La red de servicios que está interviniendo con las familias debe estar pre-
parada para hacer frente a este tipo de situaciones, y los Programas de Inter-
vención Familiar tienen la responsabilidad de coordinar los servicios y plani-
ficar quién, cuándo y cómo va a responder a las situaciones de urgencia. Los
Programas de Intervención Familiar tienen también la responsabilidad de ase-
gurar que la familia sabe dónde recurrir en este tipo de situaciones.

Los profesionales de los PIF deben tener capacidad para valorar


correctamente qué tipo de situaciones requieren una intervención de
urgencia y cuáles no; los errores, tanto en uno como en otro sentido, pue-
den tener consecuencias muy graves. Si una situación de urgencia no es
valorada como tal y no se interviene de manera inmediata, el niño/a puede
sufrir un daño severo o los padres pueden perder totalmente su confianza
en la intervención. Por otra parte, una intervención inmediata ante una
situación no urgente puede significar que los profesionales han sido mani-
pulados o puede servir para fomentar la dependencia de la familia hacia
los profesionales.

69
La necesidad de una intervención inmediata debe valorarse básicamen-
te en función de:
a) La capacidad de la propia familia para hacer frente, controlar y dete-
ner la situación de tensión, conflicto o violencia.
b) La capacidad de la familia para buscar ayuda en su red familiar y/o
social, y la capacidad de dicha red para hacer frente, controlar y dete-
ner el problema.
c) La gravedad del problema.
d) La predecibilidad/impredecibilidad de la evolución del problema.
e) La existencia de niños/as pequeños o con características de vulnera-
bilidad que les impiden defenderse eficazmente del conflicto.
El contenido de las intervenciones de urgencia puede ser muy diverso,
y puede incluir, por ejemplo, una visita domiciliaria o una llamada telefóni-
ca del Educador Familiar o del Psicólogo del PIF, una consulta o ingreso psi-
quiátrico urgente, la convocatoria a familiares que puedan ayudar a la fami-
lia, la intervención de las Fuerzas de Orden Público, o la salida urgente del
niño/a del domicilio familiar. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que
los profesionales del PIF no pueden decidir sobre la salida de un niño/a del
domicilio familiar, y que sólo las Fuerzas de Orden Público o los técnicos de
las Secciones de Protección a la Infancia tienen capacidad para decidir una
medida de este tipo.

5. La demanda original de tratamiento no proviene de las propias familias.

Todos los padres que son atendidos en los Programas de Intervención


Familiar deberán haber sido informados previamente por el técnico que
coordina su caso en la Gerencia Territorial correspondiente de los moti-
vos y objetivos de su participación en el Programa, y han tenido que dar
su consentimiento a ello. En la mayoría de los casos, sin embargo, los
padres no pueden reconocer o no tienen una conciencia clara de sus difi-
cultades en la relación con sus hijos/as, de los déficits que presentan en
su cuidado, ni tampoco tienen una motivación interna de cambio.
Muchos de ellos aceptan la intervención del Programa como la única
manera que tienen de recuperar a sus hijos/as o evitar su separación,
hecho en sí mismo positivo porque indica la existencia de un deseo por

70
su parte de seguir ejerciendo el rol parental y seguir cuidando de sus
hijos/as, pero no suficiente para garantizar que van a tener un aprovecha-
miento adecuado del tratamiento. En otros casos, el impacto psicológico
que la separación o la posibilidad de separación provoca en los padres es
tal que se ven incapacitados para asimilar o entender los planteamientos
iniciales y propuestas de los técnicos de la Gerencia Territorial, y mera-
mente asienten a ellos como la única alternativa que perciben para recu-
perar a sus hijos/as.
Por ello, en muchos casos los objetivos iniciales de la intervención de
los Programas de Intervención Familiar tienen que centrarse en:
a) ayudar a los padres a reconocer sus dificultades en la relación con sus
hijos/as y reconocer los déficits en su cuidado,
b) ayudarles a identificar las causas de ello, y
c) generar en ellos motivación para corregir tales dificultades.

6. En muchos casos, son padres con tendencia a delegar responsabilidades


en el exterior.

Uno de los problemas más habituales al trabajar con familias maltra-


tantes y negligentes es la dificultad de los padres para asumir sus respon-
sabildades, que se hace evidente no sólo para las responsabilidades paren-
tales, sino también en otras áreas (p.ej., laboral, económica). Es frecuente
también que los padres no reconozcan estos déficits, y los atribuyan a fac-
tores o agentes externos (p.ej., cónyuge, familia extensa, dificultades eco-
nómicas, profesionales). Por otra parte, también es habitual en estas fami-
lias la tendencia a delegar en el exterior el cumplimiento de esas
responsabilidades.
Los profesionales de los PIF tienen que estar prevenidos ante esta ten-
dencia e intentar contrarrestarla. El objetivo de la intervención consiste en
último término en conseguir que las familias funcionen de manera adaptati-
va y autónoma, para lo cual es requisito imprescindible que los padres asu-
man sus propias responsabilidades en cuanto cuidadores de sus hijos/as y
responsables del mantenimiento de la familia.
Salvo situaciones graves (en las que, por ejemplo, la salud e integridad
del niño/a corre peligro), los profesionales no deben sustituir a los padres

71
en sus responsabilidades parentales. Lo que los PIF han de hacer es ense-
ñar y apoyar a los padres a que las asuman; para ello, cuando los profe-
sionales hagan tareas de acompañamiento y modelado, será siempre con
el objetivo de que los padres desarrollen las capacidades necesarias para
cumplir adecuadamente esas responsabilidades de manera autónoma y
estable.

7. Con limitaciones o peculiaridades que determinan el tipo de estrategias


o técnicas de tratamiento a utilizar.

Hoy en día, todavía hay un sesgo en el tipo de casos que llegan a las
Secciones de Protección a la Infancia: gran parte de ellos corresponden
a familias de estatus socioeconómicos y culturales bajos. Aunque el mal-
trato y abandono infantil no se restringe a niveles económicos o cultura-
les específicos, es cierto que determinadas tipologías de malos tratos (por
ejemplo, abandono físico, explotación laboral, inducción a la delin-
cuencia) son más frecuentes en las clases sociales más desfavorecidas.
Además, y por muchas razones, las clases sociales medias y altas son
menos accesibles a la intervención de las Secciones de Protección a la
Infancia.

Muchas de estas familias tienen un elevado número de hijos/as, son


monoparentales, y tienen dificultades económicas, lo que puede limitar
su capacidad para participar en el tratamiento (acudir a reuniones, des-
plazamientos, etc.). Los PIF deberán tener en cuenta estas limitaciones, y
(a) intentar adaptar al máximo sus horarios y las actividades del trata-
miento a las posibilidades de la familia, y (b) promover los recursos y ser-
vicios necesarios para permitir a las familias participar en las actividades
del tratamiento (p.ej., cuidadores para los niños/as, ayudas económicas
para desplazamientos).

En segundo lugar, un porcentaje importante de los padres atendidos por


los PIF tienen limitaciones intelectuales o un bajo nivel cultural. Esto supo-
ne que no es posible aplicar técnicas de intervención psicológica o de ense-
ñanza que requieren mayores capacidades intelectuales, de simbolización,
comprensión, expresión o introspección. La elección de los objetivos, estra-
tegias y técnicas de intervención debe tener en cuenta este tipo de limita-
ciones o peculiaridades.

72
RESUMEN
Los Programas de Intervención Familiar necesarios para la familia en coordina-
deben tener en cuenta que: ción con los servicios sociales básicos.
– Trabajan con familias multiproblemáti- – Su objetivo es capacitar a los padres
cas, en muchos casos con problemas para cumplir adecuadamente con sus
cronificados y que han recibido ante- responsabilidades parentales, y hacerles
riormente tratamientos sin éxito. autónomos en este sentido.
– Deben mantener una perspectiva
amplia, ecológico-sistémica, que guíe – No deben sustituir a los padres en el
sus procesos de análisis e intervención. cumplimiento de sus responsabilidades
parentales, sino que su función es apo-
– La intervención rehabilitadora con este yarles y enseñarles para que ellos lo
tippo de familias tiene que partir de una hagan.
creencia básica en la capacidad de
cambio de los padres, así como en sus – Deben perseguir conseguir la indepen-
potencialidades. dencia de la familia respecto a los
– Es fundamental implicar a la familia en Servicios Sociales.
la planificación de los objetivos del tra- – En la mayoría de los casos, sus primeros
tamiento y de los recursos-servicios que objetivos con los padres van a consistir
se han de utilizar. en generar en ellos conciencia de los
– Deben trabajar de manera conjunta y problemas y motivación de cambio.
coordinada con múltiples servicios e
instituciones. – Deben clarificar ante los padres cuál es
el marco y los compromisos que definen
– Entre sus funciones se encuentra la de su relación con el PIF.
dinamizar y coordinar la red de profe-
sionales y servicios intervinientes con la – La red de servicios que interviene con la
familia conjuntamiento con los servicios familia debe estar preparada para res-
sociales básicos. ponder de manera adecuada e inmedia-
– Tienen que tender al aprovechamiento ta ante situaciones de urgencia.
máximo de los recursos comunitarios. – Deben adaptar sus estrategias y técnicas
– Entre sus funciones se encuentra el ges- de intervención a las posibilidades y
tionar la puesta en marcha de recursos capacidades reales de las familias.

73
4. Temporalización
y procedimiento
de intervención

4.1. FASES DE LA INTERVENCIÓN


El presente cuadro describe el procedimiento general de intervención a
través del cual llegan las familias al Programa de Intervención Familiar:

DETECCIÓN

NOTIFICACIÓN

RECEPCIÓN

INVESTIGACIÓN EVALUACIÓN
(Plan urgente) (Lista de espera)*

EVALUACIÓN
(Lista de espera)*

P L A N D E C A S O

DERIVACIÓN AL PIF OTROS RECURSOS

INTERVENCIÓN

(*) Lista de espera. La lista de espera es un instrumento a manejar dentro de la Sección de Protección a la Infancia. Cuando
el recurso más adecuado para una familia sea el PIF y no se cuente con él en ese momento, se planteará otra inter-
vención con el niño y/o la familia hasta poder disponer de dicho recurso.

75
La intervención de los PIF se divide en tres fases secuenciadas, con una
duración de 2 años:

a) Fase de Observación, con una duración entre cuatro y ocho semanas


(1 ó 2 meses).

b) Fase de Tratamiento, con una duración máxima de 17 meses.

c) Fase de Seguimiento, con una duración máxima de seis meses.

4.1.1. Descripción y objetivos de la Fase de Observación

La Fase de Observación comienza cuando la familia inicia su participa-


ción en el PIF. El Equipo del Programa deberá decidir, a partir de la informa-
ción que la Sección de Protección a la Infancia le ha proporcionado sobre el
caso, cuál será la estrategia y la línea de intervención a seguir, cuáles van a
ser los objetivos específicos de la Fase de Observación, y qué profesionales
tienen que intervenir en este momento.

Los objetivos de esta Fase se concretan en:

– Establecer una vinculación positiva entre la familia y los profesionales


del Programa.

– Completar, si es necesario, la información proporcionada por la Sección


de Protección a la Infancia sobre la situación del niño/a y la familia.

– Evaluar el grado en que los padres tienen conciencia de sus déficits y


dificultades en la crianza de sus hijos, y su motivación de cambio.

– Identificar los factores causales o asociados a la situación de Desam-


paro o Riesgo de Desamparo.

– Formular los objetivos iniciales (generales y específicos) de la inter-


vención, y realizar una primera planificación respecto a su secuencia-
ción (objetivos a corto, medio y largo plazo).

– Determinar los recursos necesarios en el caso (tanto del propio Pro-


grama como de otros servicios).

Al final de esta Fase, el PIF deberá remitir al técnico que coordina el


caso en la Sección de Protección a la Infancia, un informe descriptivo sobre

76
la valoración de la problemática y necesidades de la familia, objetivos espe-
cíficos a trabajar, y secuenciación de los mismos (Anexo III).

Se deberá incluir las Escalas de Bienestar Infantil (S. Magura y B.S.


Moses, 1986), el Inventario de Potencial de Maltrato Infantil (J.S. Milner,
1986) y el Inventario de Problemas de Conducta del Niño/a (T.M. Achen-
bach, 1986, 1991) Versión para Maestros.

4.1.2. Descripción y objetivos de la Fase de Tratamiento

Los objetivos de esta Fase se concretan en:

– Desarrollar el tratamiento propiamente dicho, es decir, llevar a cabo


las intervenciones necesarias para lograr los cambios perseguidos en
la situación familiar y del niño/a (intervenciones directas tanto del Pro-
grama como de otros servicios/profesionales).

– Conseguir la implantación de dichos cambios.

– Lograr la máxima implicación de la familia (padres, y niños/as y otros


miembros de la familia si es apropiado) en la planificación y desarro-
llo de la intervención.

– Coordinar y apoyar técnicamente al conjunto de servicios/profesiona-


les intervinientes en el caso.

– Crear, coordinar y/o dinamizar una red estable de servicios formales e


informales de apoyo para la familia.

– Evaluar permanentemente la evolución de la intervención y reformu-


lar, en caso preciso, su estrategia, objetivos y recursos.

En esta Fase, el PIF deberá elaborar semestralmente informes de evalua-


ción de la intervención dirigidos al técnico que coordina el caso en la Sec-
ción de Protección a la Infancia. Estos informes deberán tener con el siguien-
te contenido (Anexo IV):

– Introducción: Período que comprende el informe, recursos utilizados


(tanto propios del PIF como comunitarios), y profesionales/servicios inter-
vinientes con la familia durante ese período.

77
– Evolución del caso:
– • Nivel de bienestar del niño/a en el hogar, según las «Escalas de Bie-
nestar Infantil» de Magura y Moses (1986) (ver capítulo VI).
– • Descripción de los objetivos planteados en relación al niño/a y
nivel al que han sido alcanzados.
– • Otra información relevante sobre la situación de la familia y el
niño/a recogida durante ese período.
– Valoración: Valoración de los resultados y evolución del tratamien-
to, valoración de la situación de los niños/as, orientación sobre la
intervención a seguir en el futuro, y formulación de objetivos.
– Los Informes deben seguir las siguientes recomendaciones:
– • Ser concretos y concisos.
– • Utilizar un lenguaje técnico y comprensible.
– • Recoger los hechos, valoraciones y conclusiones relevantes.
– • Desechar la información irrelevante.
– • Distinguir entre los hechos y las valoraciones/opiniones.
– • Distinguir entre información documentada e información no
verificada.
– • Evitar juicios/valoraciones vagas, inconsistentes o sin apoyo.
– • Justificar las valoraciones recogidas en el informe.
– Esos informes deben incluir el MAGURA y el TRF (en niños con pro-
blemas).
Además de estos informes periódicos, en ocasiones la Sección de Pro-
tección a la Infancia puede solicitar al PIF la elaboración de otros informes
para propósitos específicos (p.ej., para justificar una propuesta de medida,
responder a una petición del Juzgado).
Si en esta Fase se produce el fin de la intervención del PIF (es decir, no
hay Fase de Seguimiento), se deberá elaborar un informe-resumen final para
la Sección de Protección a la Infancia con el siguiente contenido (Anexo V):

78
– Introducción: Tiempo que ha durado la intervención, objetivos con
los que la familia fue remitida al PIF, recursos utilizados (tanto propios
del PIF como comunitarios), y profesionales/servicios que han inter-
venido con el caso.

– Evolución del caso:

– • Evolución del Nivel de bienestar del niño/a en el hogar, según las


«Escalas de Bienestar Infantil» aplicadas a lo largo del tratamiento.

– • Descripción de los objetivos planteados en relación al niño/a y la


familia, y nivel al que han sido alcanzados.

– Valoración, pronóstico y necesidades futuras de intervención: Valora-


ción global de los resultados y evolución del tratamiento, valoración
de la situación de los niños/as al finalizar el tratamiento, pronóstico
del caso, necesidades de la familia, y orientación sobre la intervención
a seguir en el futuro.

– Estos informes deben incluir el MAGURA, el CAP y el TRF.

4.1.3. Descripción y objetivos de la Fase de Seguimiento

Los objetivos de esta Fase se concretan en:

– Supervisar y controlar la situación de los niños/as en la familia.

– Supervisar si los cambios producidos en la familia se mantienen una


vez que el PIF va desapareciendo de la vida familiar.

– Posibilitar una desvinculación adecuada de la familia de los profesio-


nales del PIF.

– Reforzar una vinculación adecuada de la familia con los profesiona-


les/servicios que a partir de ese momento van a ejercer como apoyo y
referencia.

Al finalizar esta Fase, el PIF deberá elaborar un informe-resumen final


de la intervención (con los contenidos detallados en el apartado anterior)
(Anexo V).

79
4.2. DURACIÓN DE LA INTERVENCIÓN DE LOS PROGRAMAS
DE INTERVENCIÓN FAMILIAR
La duración de la intervención de los Programas de Intervención Fami-
liar no será superior a los 18 meses. Según los datos de la bibliografía inter-
nacional1, si una familia recibe servicios intensivos de tratamiento y apoyo,
ese tiempo es suficiente para determinar si la familia tiene capacidad poten-
cial de mejorar, de manera que los niños/as puedan permanecer en el hogar
garantizando su bienestar y su seguridad. Si en ese tiempo no se han obser-
vado cambios significativos en la dirección esperada, no tiene sentido, al
menos en ese momento, continuar la intervención del PIF.
Pero no en todos los casos es necesario agotar los dieciocho meses de
tratamiento para concluir que la intervención no va a arrojar ningún resulta-
do. Por ello, cuando la Sección de Protección a la Infancia (en base a la infor-
mación que le proporcione el Equipo del PIF y/o la información que recoja
directamente) valore que la situación familiar no ha mejorado de manera sufi-
ciente en un tiempo razonable, podrá decidir antes de cumplirse los 18 meses
la suspensión de la intervención del PIF.
Es esperable que haya un grupo de familias que en el período de trata-
miento de 18 meses consigan una mejoría clara y significativa y se conside-
re recomendable el mantenimiento de los niños/as en el hogar, pero esa
mejoría no es suficiente como para considerar que la familia puede funcio-
nar de manera autónoma y que los padres van a ser capaces de asegurar el
bienestar y seguridad de los niños/as sin apoyos o supervisión profesional.
Son familias que siguen necesitando servicios de apoyo/tratamiento durante
más de 18 meses, aunque de una manera menos intensiva.
El Equipo del PIF debe ser capaz de prever esta situación antes de la
finalización de su intervención, y cuando llegue ese momento debe haber
preparado una red de servicios/recursos comunitarios alrededor de la fami-
lia que siga proporcionando a ésta los servicios de apoyo/tratamiento que
requiera.
Si esta alternativa no resultara factible o si se dieran otras circunstancias
que lo justificaran, la Sección de Protección a la Infancia podrá decidir
ampliar el tiempo de intervención del PIF durante seis meses más con una

1 Daro, D. (1988). Confronting child abuse. Research for effective program design. The Free
Press. Nueva York.

80
menor intensidad. Las razones para esta ampliación deberán quedar bien
argumentadas y justificadas en el expediente del caso.

4.3. DISTRIBUCIÓN DE FUNCIONES: SECCIÓN DE PROTECCIÓN


A LA INFANCIA, PROGRAMA DE INTERVENCIÓN FAMILIAR,
CENTRO RESIDENCIAL/FAMILIA DE ACOGIDA
DONDE SE ENCUENTRA EL NIÑO/A Y CEAS

Antes de la remisión de la familia al PIF

Tareas de la Sección de Protección a la Infancia:


– Realizar una evaluación completa de la situación familiar y del niño/a
(contactar para ello con los CEAS), elaborar el Plan de Caso, y formular el
objetivo de (a) Preservación, o (b) Separación Provisional-Reunificación.
– Realizar una primera formulación de los objetivos de la intervención,
en cuanto a qué debe cambiar en la situación de niño/a y/o la familia
para considerar que se ha eliminado la situación de Desamparo o
Riesgo de Desamparo.
– Consultar al técnico del CEAS de la zona sobre las decisiones a adop-
tar con el caso. Consensuar con él los objetivos a conseguir con el
niño/a y la familia, la línea de intervención a seguir, y las funciones a
asumir por cada uno de ellos.
– Informar al técnico del CEAS sobre la inclusión de la familia en el PIF.
– Ofertar a los padres/familia el Programa de Intervención Familiar. Cla-
rificar a la familia el porqué, el para qué y los plazos de tiempo de la
intervención del PIF.
– Clarificar a la familia qué información va a pedir la Sección al PIF, y
qué tipo de actuaciones pueden adoptarse en función de su respuesta
al tratamiento.
– Clarificar a la familia cuál es la relación que va a haber entre el Servi-
cio, el PIF y el centro/familia de acogida donde se encuentra el niño/a.
– Obtener por parte de la familia consentimiento escrito a su participa-
ción en el PIF, en un documento que recoja los objetivos generales de
la intervención.

81
– Elaborar y remitir un informe escrito para el Equipo del PIF sobre la
situación del niño/a y la familia, su respuesta a la propuesta del trata-
miento, y los objetivos generales encomendados al Programa.
– Elaborar y remitir un informe escrito para el Centro de acogida/Entidad res-
ponsable del apoyo técnico en el acogimiento, sobre los objetivos genera-
les propuestos con el caso y la línea de intervención que se prevé iniciar.
– Asegurar que el resto de profesionales/entidades que van a intervenir
directamente con el niño/a (centro de acogida, familia de acogida,
entidad responsable del apoyo técnico en el acogimiento) entienden,
comparten y apoyan el plan de intervención.
– Buscar el apoyo de los profesionales/servicios comunitarios que tienen
relación con la familia en el plan de intervención, y asegurar, cuando
menos, que lo entienden y lo aceptan.

Tareas conjuntas Sección de Protección a la Infancia-PIF


(puede incluirse también al CEAS):
– Cuando se valore necesario, estudiar el caso y determinar la estrategia
idónea para realizar a la familia la oferta y/o presentación del Programa.

En el momento de la remisión de la familia al PIF

Sección de Protección a la Infancia:


– En caso necesario, encontrar un mediador válido que pueda ayudar en
la presentación del PIF.

Tareas conjuntas Sección de Protección a la Infancia-CEAS-PIF:


– Definir y acordar los canales de coordinación y comunicación entre la Sec-
ción de Protección a la Infancia, el CEAS y el PIF durante la intervención.

Tareas conjuntas Sección de Protección a la Infancia-PIF:


– Presentación formal del PIF a la familia. En los casos en que se acuer-
de por ambas partes, por valorarse más adecuado, podrán ser los téc-
nicos de C.E.A.S. quienen realicen esta tarea.

82
– Definir ante la familia la relación que a partir de ese momento va a
haber entre la familia y la Sección de Protección a la Infancia, entre la
familia y el PIF, entre la Sección de Protección a la Infancia y el PIF, y
entre el PIF y el Centro/Familia de acogida.

Centro/Entidad responsable del apoyo técnico en el acogimiento/Familia


de acogida:

– Conocimiento y aceptación de los objetivos generales propuestos con


el caso.

Tareas conjuntas Sección de Protección a la Infancia-PIF-Centro de


Acogida/Entidad responsable del apoyo técnico en el acogimiento:

– Acordar, bajo las directrices de la Sección de Protección a la Infancia,


cuáles van a ser las competencias del PIF y del Centro/Familia de aco-
gida respecto al niño/a, y cuáles van a ser los canales de comunica-
ción entre ambos recursos.
– Definir, bajo las directrices de la Sección de Protección a la Infancia,
cuáles son las tomas de decisión que corresponden a la Sección y cuá-
les pueden ser negociadas directamente entre el PIF y el Centro/Enti-
dad responsable del apoyo técnico en el acogimiento.

Durante la intervención del PIF

Sección de Protección a la Infancia:


– Permanecer ante la familia y otras instancias como institución a quien
compete la toma de decisiones sobre la protección del niño/a.
– Mantener informado al técnico del CEAS sobre la evolución de la
intervención y las actuaciones que se siguen con la familia.
– Coordinar la intervención del PIF y el Centro de acogida/Entidad res-
ponsable del apoyo técnico en el acogimiento y acogedor en su caso.
– Determinar el momento de la reunificación y decidir cómo llevar a
cabo dicho proceso (temporalización, frecuencia de visitas, etc.).

83
– Una vez decidido el retorno definitivo del niño/a a su familia de ori-
gen, informar de ello por escrito al centro/familia de acogida/entidad
responsable del apoyo técnico en el acogimiento, y agradecerles
explícitamente el trabajo realizado y su colaboración.
– Determinar, si es necesario, la interrupción temporal o definitiva del
proceso de reunificación.
– Realizar intervenciones directas con las familias u otros servicios/pro-
fesionales cuando lo solicite el PIF y se considere necesario para la
buena evolución del tratamiento.
– Estudiar la información remitida periódicamente por el PIF y el cen-
tro de acogida/entidad responsable del apoyo técnico en el acogi-
miento, sobre la situación de la familia y el niño/a, y la evolución de
la intervención.
– Mantener contactos directos con el niño/a y la familia, siempre de
manera coordinada con el PIF y el centro de acogida/entidad respon-
sable del apoyo técnico en el acogimiento.
– Recoger información periódica de otros profesionales/servicios impli-
cados en el caso sobre la situación del niño/a y la familia.

Programa de Intervención Familiar:

– Formular los objetivos específicos de la intervención tras la Fase de


Observación. Remitir un informe escrito al técnico que coordina el
caso en la Sección de Protección a la Infancia sobre la valoración de
la problemática y necesidades de la familia, objetivos específicos a
trabajar, y secuenciación de los mismos.
– Desarrollar el tratamiento con el niño/a y la familia, utilizando tanto
los recursos propios del PIF como recursos comunitarios.
– Implicar al máximo a la familia en la planificación y desarrollo de la
intervención.
– Crear, mantener y/o dinamizar una red estable de servicios de apoyo
y protección hacia el niño/a y la familia.
– Remitir informes semestrales a la Sección de Protección a la Infancia
sobre la evolución del tratamiento.

84
– Elaborar propuestas a la Sección de Protección a la Infancia sobre
cambios en el Plan de Caso, cuando se considere oportuno.
– Informar inmediatamente a la Sección de Protección a la Infancia de
cualquier incidente que haya afectado o se piense que puede afectar
negativamente a la seguridad e integridad del niño/a.
– Comunicar a los profesionales del centro de acogida/entidad respon-
sable del apoyo técnico en el acogimiento, cualquier información
relevante sobre el niño/a que pueda afectar a su comportamiento o
situación en el centro/familia acogedora.

Servicios Sociales Básicos:


– Proporcionar a los técnicos de la Sección de Protección a la Infancia
y del PIF toda aquella información sobre la situación familiar que
pueda ser importante para el desarrollo de la intervención.
– Gestionar y tramitar recursos sociales/comunitarios que se han valora-
do necesarios para el caso.

Tareas conjuntas Sección de Protección a la Infancia-PIF:


– Mantenimiento de reuniones periódicas para la reevaluación de la
intervención y, en su caso, la reformulación de la estrategia y/o obje-
tivos de trabajo.
– Formalizar conjuntamente con la familia y el PIF «contratos de inter-
vención» que recojan por escrito los acuerdos anteriores (objetivos
específicos, plazos de tiempo, recursos a utilizar por parte del PIF,
compromisos que adquiere la familia, consecuencias del no cumpli-
miento de tales compromisos).

Tareas conjuntas PIF-CEAS:


– Coordinar la intervención de los servicios comunitarios implicados en
el caso.

Centro de acogida/entidad responsable del apoyo técnico en el acogimiento


residencial o familiar:
– Colaborar en la formulación de los objetivos específicos de la inter-
vención con el niño/a.

85
– Desarrollar la intervención planificada con el niño/a.
– Colaborar activamente en la preparación de la reunificación familiar.
– Comunicar a la Sección de Protección a la Infancia o al PIF toda infor-
mación relevante respecto al niño/a y su familia que pueda afectar a
la intervención.

Tareas conjuntas Sección de Protección a la Infancia-PIF-Centro de acogida/entidad


responsable del apoyo técnico en el acogimiento residencial o familiar:
– Mantenimiento de una comunicación fluida y provisión de apoyo mutuo.
– Acordar los objetivos específicos a trabajar y la estrategia a seguir por
parte de los profesionales del centro de acogida/entidad responsable
del apoyo técnico en el acogimiento.
– Mantener reuniones periódicas para la reevaluación de los objetivos
específicos planteados en relación al niño/a.

Previo a finalizar la intervención del PIF

Sección de Protección a la Infancia:


– Decidir sobre la finalización de la intervención del PIF.

Sección de Protección a la Infancia-CEAS:


– Acordar con el técnico del CEAS la decisión sobre la finalización de
la intervención.
– Definir el proceso de intervención futuro con el caso y, en su caso, los
servicios/recursos a utilizar.

Programa de Intervención Familiar:


– Tratar y planificar con la familia con antelación suficiente la finaliza-
ción del tratamiento, y valorar cuáles son las necesidades de
apoyo/tratamiento que siguen teniendo.
– Negociar con los profesionales/servicios comunitarios con suficiente tiem-
po de antelación cómo llevar a cabo el proceso de desvinculación del PIF.
– Iniciar y desarrollar progresivamente el proceso de desvinculación
con la familia.

86
– Reforzar la vinculación de la familia con la red de profesionales/servi-
cios comunitarios en los términos y de la manera en que se haya acor-
dado con cada uno de ellos.

Tareas conjuntas Sección de Protección a la Infancia-PIF:


– Determinar las necesidades de apoyo/tratamiento del niño/a y la fami-
lia una vez finalizada la intervención del PIF.
– Acordar la estrategia a seguir (y llevar a cabo las acciones pertinentes)
para garantizar que, una vez finalizada la intervención del PIF, dichas
necesidades van a ser cubiertas por otros servicios (con especial aten-
ción a los fracasos en los procesos de reunificación).
– En los casos de fracaso en la intervención (no logro de la preservación
familiar o de la reunificación), hacer un análisis en profundidad de las
causas del fracaso.

En el momento de la finalización del PIF

Sección de Protección a la Infancia:


– Continuar ejerciendo como servicio de referencia para el niño/a y la
familia, o, si el caso es derivado a otros servicios, realizar dicha deri-
vación de manera formal.
– Clarificar ante la familia cuál va a ser en el futuro su relación con el
Servicio.
– Comunicar a las instancias/entidades pertinentes (incluyendo el CEAS)
la finalización de la intervención del PIF y la línea de intervención
futura prevista con el caso.

Programa de Intervención Familiar:


– Realizar un informe-resumen final de la intervención dirigido al técni-
co que coordina el caso en la Sección de Protección a la Infancia.

Tareas conjuntas Sección de Protección a la Infancia-PIF:


– Realizar con la familia una reunión formal de devolución y revisión de
los resultados de la intervención, y de cierre formal del tratamiento.

87
5. Recursos de los Programas
de Intervención Familiar

5.1. LA UTILIZACIÓN DE LOS RECURSOS COMUNITARIOS


Y DEL VOLUNTARIADO

Como se ha señalado capítulos anteriores, los Programas de Interven-


ción Familiar se insertan en una red de servicios comunitarios que tienen
como propósito la protección a la familia y la infancia. En este sentido, los
PIF se conciben como un servicio específico que se crea para responder a
una necesidad que no puede ser atendida por ese conjunto de servicios y
recursos ya existentes; han de ser entendidos, en consecuencia, como un
servicio que complementa esa red de «protección».

Los PIF tienen que tender al aprovechamiento máximo de los recursos


existentes. Eso significa:

– Que al planificar la intervención con cada familia, deberá darse prio-


ridad y promover la utilización máxima de los recursos comunitarios,
siempre y cuando éstos respondan a las necesidades de la familia.
Corresponde por tanto a los PIF, conjuntamente con los Servicios
Sociales de Base, determinar qué recursos comunitarios se requieren
en la intervención y, si es necesario, gestionar su puesta en marcha.

– Que la utilización de esos recursos debe estar perfectamente coordi-


nada, función que también ha de ser asumida por los PIF, conjunta-
mente con los servicios sociales de base. En muchas ocasiones, los
recursos comunitarios pueden ser suficientes o cubrir gran parte de las
necesidades de una familia; sin embargo, podrían no ser eficaces e
incluso producir efectos negativos, si sus objetivos son contradictorios

89
o no congruentes, o si su aplicación no responde a una planificación global
y coherente.
No hay que olvidar, además, que la intervención de los PIF se produce
en un período limitado de tiempo en la historia de una familia. La familia
continuará, una vez finalizada la intervención del PIF, viviendo en su entor-
no y haciendo uso de la red de servicios y recursos disponibles en ese entor-
no en la medida en que lo necesite. Las familias que han llegado al Sistema
de Protección a la Infancia han experimentado problemas muy severos en su
funcionamiento, y probablemente, aun cuando el tratamiento tenga éxito,
pueden volver a sufrir crisis o dificultades en el futuro. La red de recursos
comunitarios debe estar preparada para detectar tempranamente esas difi-
cultades y para ayudar a la familia a superarlas, evitando la reaparición de
situaciones de desprotección. El período de tiempo en que los PIF están
interviniendo con la familia debe ser el momento para crear, consolidar y/o
preparar esa red de protección y ayuda a la familia y al niño/a, de manera
que funcione tanto durante la intervención del PIF, como una vez que haya
finalizado.
Los PIF tienen que tender también a la inclusión del voluntariado
como recurso de apoyo en la intervención. Como ha quedado constatado
en numerosos programas desarrollados en éste y otros países, algunas de
las características del voluntariado (p.ej., elevada motivación y amplia dis-
ponibilidad) le convierten en un recurso de gran utilidad para este tipo de
programas.
El voluntariado nunca puede sustituir la actuación profesional, pero sí
puede servir de apoyo y complemento importante durante el tratamiento, y
puede continuar apoyando a la familia una vez que la intervención del PIF
haya finalizado. Así, por ejemplo, los voluntarios pueden ejercer funciones
como:
– Proporcionar apoyo individual a niños/as que presentan retrasos en el
desarrollo o en su rendimiento académico.
– Proporcionar apoyo a los padres/madres para la realización de deter-
minadas gestiones o actividades del Programa.
– Proporcionar apoyo personal a padres/madres socialmente aislados.
– Proporcionar ayuda directa a los padres/madres en el cuidado de sus
hijos.

90
– Enseñar a los padres/madres determinadas habilidades sencillas para
el cuidado de los hijos o la organización doméstica.
– Apoyar a los profesionales del PIF a ejercer una supervisión y control
más exhaustivos sobre el cuidado recibido por el niño/a en el hogar.
Estos son sólo algunos ejemplos de tareas que el voluntariado puede
ejercer de manera satisfactoria. Se trata de tareas para las que no se requie-
re una cualificación profesional sólida, aunque sí una preparación y una
dirección y supervisión profesional. Para que el voluntariado pueda inte-
grarse y funcionar adecuadamente en la intervención llevada a cabo por los
PIF, han de cumplirse las siguientes condiciones:
– La actuación del voluntario debe estar dirigida, supervisada y apoya-
da directamente por los profesionales del PIF.
– Cada voluntario debe tener una persona de referencia en el PIF a
quien pueda recurrir en cualquier momento a pedir asesoramiento u
otro tipo de ayuda.
– Los voluntarios deben percibir con claridad que forman parte de un
equipo, conocer cuáles son las funciones de cada miembro del equi-
po, y cuáles son las reglas que rigen su relación.
– Los voluntarios deben tener claramente definidas cuáles son sus fun-
ciones respecto a la familia.
– Los voluntarios deben tener recursos personales y habilidades y conoci-
mientos suficientes para ejercer las tareas que se les pretenden asignar.
– La actitud y percepción del voluntario acerca de las familias maltra-
tantes y negligentes ha de ser congruente con la mantenida desde el
PIF.
– El voluntario debe ser enseñado acerca de las dificultades o problemas
que puede encontrarse con cada una de las familias con las que vaya
a intervenir, y debe ser instruido acerca de cómo responder a ello.
– No deben introducirse voluntarios en familias que no acepten dicha
figura, en casos muy graves de maltrato/abandono, en familias con
problemas de abuso sexual intrafamiliar, con niveles elevados de
violencia, o donde los padres presenten problemas psicopatológicos
graves.

91
– Ha de procurarse buscar por parte de los voluntarios un compromiso
de estabilidad en el ejercicio de sus funciones.

5.2. COMPOSICIÓN DE LOS EQUIPOS DE LOS PIF Y FUNCIONES


DE CADA PROFESIONAL

5.2.1. Composición de los Equipos

Los Programas de Intervención Familiar que trabajen en la Comunidad


Autónoma de Castilla y León tienen que disponer de Equipos profesionales
formados, como mínimo, por:

– Educadores Familiares debidamente preparados para la intervención


directa con familias, y un psicólogo cualificado, en un número que
dependerá de la cantidad de familias que atiendan.

Los PIF podrán disponer también dentro de su estructura de otros recur-


sos (p. ej., Grupo Pedagógico de Padres/Madres), cuyos profesionales fun-
cionarán como miembros del Equipo.

Cuando el PIF dependa de la Corporación Local (Diputación y Ayunta-


miento), los profesionales de CEAS (Trabajador social y/o animador comuni-
tario) podrán funcionar también como miembros del equipo cuando la fami-
lia, objeto de intervención, resida en la zona.

En el caso en el que los PIF dependan de entidades privadas, se traba-


jará en total coordinación con los servicios sociales básicos.

El trabajo en equipo es una necesidad en este campo de actuación


donde la complejidad de los problemas en los que se va a intervenir, su mul-
ticausalidad e interdependencia hace necesario este instrumento, para una
mayor eficacia en la intervención.

5.2.2. Funciones de cada profesional

Las funciones que se describen a continuación son las básicas que


deben desarrollarse dentro del equipo, el reparto entre profesionales es
orientativo y flexible, adaptándose en cada equipo a su realidad.

92
a) Funciones de los Educadores Familiares

FUNCIONES

1. Ejercer como figura de apoyo personal ciones de orientación y guía hacia los
para los padres/madres. niños/as. Supervisado o ejecutado por el
2. Supervisar directamente el cuidado psicólogo dependiendo de la situación
recibido por los niños/as en el hogar. problemática.
3. Modelar y enseñar a los padres/madres 5. Recoger información directa y perma-
conocimientos y habilidades para: nente sobre la situación de la familia.
• Proporcionar un cuidado adecuado a 6. Recoger información de otros profesio-
sus hijos en las áreas en las que pre- nales implicados en el caso y coordinar
senten déficits, y asegurar la satisfac- su actuación en colaboración con el
ción de sus necesidades básicas. CEAS.
• Relacionarse adecuadamente con 7. Impulsar la gestión de otros recursos
otras personas y con su entorno. comunitarios necesarios para la inter-
vención, en colaboración con el CEAS.
• Mantener una adecuada organiza-
ción familiar. 8. Recoger por escrito toda la información
4. En familias con pre-adolescentes y ado- relativa al caso.
lescentes: Mediar en los conflictos 9. Participar en la evaluación del Programa
padres-hijos, modelar estrategias de mediante la pasación de cuestionarios e
resolución de problemas tanto en los instrumentos de observación en el domi-
padres como en los hijos, y ejercer fun- cilio familiar.

1. Ejercer como figura de apoyo personal para los padres/madres.

1. Esta es una de las funciones más importantes de los Educadores Familia-


res, pues el tipo de relación y vinculación que establezcan con la familia
tiene una influencia importante, e incluso determinante, en la relación de
los padres con el Programa en general y en la evolución del tratamiento.
1. Los Educadores Familiares deben ser capaces de representar simultánea-
mente ante los padres un rol de apoyo personal y a la vez normativo. Eso
significa que los padres deben llegar a sentirse seguros de contar con el
apoyo y respeto incondicional de los Educadores Familiares, sea cual
fuere su comportamiento, pero también deben saber que el Educador va
a establecer límites y normas a su comportamiento cuando sea preciso (es
decir, cuando pueda resultar dañino para el niño/a).

93
1. El Educador Familiar debe dirigir su esfuerzo a establecer con los padres
una relación de confianza, y para ello debe mostrar una actitud de respe-
to, empatía, transparencia, sinceridad, refuerzo, firmeza, y no culpabiliza-
ción hacia ellos. Este tipo de actitud debe ser permanente, sean cuales fue-
ren las circunstancias del caso y las dificultades que los padres puedan
tener para establecer esa relación positiva y de confianza con el Educador.

2. Supervisar directamente el cuidado recibido por los niños/as en el hogar.


1. Uno de los objetivos más importantes de los PIF consiste en garantizar que la
salud e integridad básicas del niño/a en el hogar se encuentran salvaguarda-
das. Este objetivo debe estar presente a lo largo de todo el proceso de inter-
vención, aunque en general requerirá una mayor atención en los momentos
iniciales del tratamiento, en situaciones de crisis o cambios importantes en la
familia, o, en los casos de reunificación, en las visitas/permanencias del niño/a
en casa o en la fase inmediatamente posterior al retorno.
1. El Educador Familiar es el único profesional que mantiene un acceso direc-
to y continuado al domicilio familiar, y tiene por tanto la oportunidad de
obtener información suficiente para conocer qué cuidados está recibiendo
el niño/a. De aquí que una de sus funciones consista en supervisar si esos
cuidados garantizan su salud e integridad básicas. Para ello, deberá mante-
ner una actitud permanente de búsqueda activa de información, de manera
que pueda conocer de manera fiable cuál es la situación real del niño/a. Es
importante destacar que, en la mayoría de los casos, una mera observación
superficial y espontánea no permite obtener esa información, pues es fre-
cuente que los padres maltratantes y negligentes, especialmente al inicio del
tratamiento, tiendan a ocultar o negar sus déficits. Además, hay que recor-
dar que determinados tipos de malos tratos son difíciles de detectar.
1. En segundo lugar, el Educador Familiar también tiene como función hacer
un seguimiento permanente a lo largo del tratamiento de si se están
logrando los cambios perseguidos respecto al trato y cuidado de los
niños/as en el hogar.
1. Este objetivo de supervisar la situación del niño/a es importante en todos
los casos, pero especialmente:
1. (a) Cuando hay niños/as con características de especial vulnerabilidad,
como son los niños/as de edades inferiores (menores de dos años), o
niños/as con hándicaps físicos o psíquicos.

94
1. (b) En los casos de reunificación familiar, en los períodos en los que el
niño/a permanece con sus padres (visitas o permanencias fuera o dentro
del domicilio) o cuando se ha producido ya su retorno al hogar familiar.

3. Modelar y enseñar a los padres/madres conocimientos y habilidades para:


1. • Proporcionar un cuidado adecuado a sus hijos en las áreas en las que
presenten déficits, y asegurar la satisfacción de sus necesidades básicas.
Para ello, puede ser necesario:
– Enseñar a los padres cuáles son las necesidades físicas, sociales, cogni-
tivas y/o emocionales básicas de sus hijos según su momento evolutivo.
– Hacer conscientes a los padres de la importancia de satisfacer esas
necesidades básicas, y de las consecuencias negativas que puede
tener para los niños/as que haya déficits en ese sentido.
– Enseñarles qué tipos de atenciones y cuidados se requieren para aten-
der adecuadamente dichas necesidades.
– Fomentar un funcionamiento consistente en el subsistema parental en
cuanto a las pautas de crianza y educación de los hijos.
– Enseñarles pautas de comportamiento alternativas al maltrato/abandono.
– Modelar pautas adecuadas de atención, cuidado y relación padres-
hijos.
1. • Relacionarse adecuadamente con otras personas y con su entorno:
Para ello, puede ser necesario:
– Enseñar a los padres técnicas de comunicación y negociación.
– Enseñarles técnicas de autocontrol de los impulsos agresivos.
– Enseñarles habilidades sociales.
– Ayudarles a corregir sus dificultades en las relaciones interpersonales.
– Ayudarles a corregir sus dificultades en el área laboral.
1. • Mantener una adecuada organización familiar:
Para ello, puede ser necesario:

95
– Reforzar o ayudar a los padres a establecer hábitos y rutinas de con-
vivencia familiar.

– Corregir o ayudar a los padres a establecer hábitos para el manteni-


miento del hogar en unas condiciones físicas aceptables.

– Ayudarles a establecer una adecuada distribución de roles y responsa-


bilidades en la familia.

– Ayudarles o enseñarles a llevar una adecuada administración de los


recursos económicos.

1. Los Educadores Familiares en ningún caso tienen como objetivo sustituir


a los padres en el ejercicio de determinadas tareas, funciones o responsa-
bilidades parentales o familiares, sino que su objetivo es apoyarles y ense-
ñarles para que ellos sean capaces de ejercerlas de manera adecuada.

1. Para llegar a esa capacitación, una de las técnicas más utilizadas en la


intervención con familias maltratantes y negligentes es el «Modelado»,
que se convierte en una de las pocas técnicas de enseñanza útiles con
padres/madres negligentes o con un bajo nivel cultural o intelectual
(donde la enseñanza a través de la palabra resulta difícil). Al utilizar el
Modelado, el Educador Familiar «hace» aquello que quiere que los padres
aprendan, por ejemplo, a controlar una rabieta de su hijo, a conseguir que
coma cuando éste se opone, a interactuar lúdicamente con él, a preparar
menús variados, a organizar adecuadamente los armarios, etc.

1. En estos casos, el Educador Familiar hace esas tareas o funciones no para


sustituir a los padres, sino para enseñarles cómo hacerlo. El empleo de
esta técnica exige, para ser eficaz, que los padres sean aleccionados pre-
viamente acerca de qué tienen que observar mientras el Educador ejerce
de modelo, y que, posteriormente, repitan lo que el profesional ha hecho.
El modelado de una conducta debe repetirse tantas veces como sea nece-
sario, y deberá utilizarse de manera más frecuente en la medida en que
las capacidades intelectuales, de simbolización y generalización de los
padres sean más limitadas.

1. No hay que olvidar, sin embargo, que, en un sentido general, el Educador


Familiar está ejerciendo permanentemente el rol de «modelo» para los
padres y para los niños/as.

96
4. En familias con pre-adolescentes y adolescentes: Mediar en los conflictos
padres-hijos, modelar estrategias de resolución de problemas tanto en los
padres como en los hijos, y ejercer funciones de orientación y guía hacia
los niños/as. (Supervisado o ejecutado por el psicólogo dependiendo de la
situación problemática)
1. La estrategia de intervención según la cual el Educador Familiar no inter-
viene directamente con los niños/as, sino que lo hace con los padres para
que éstos sean capaces de proporcionar un cuidado apropiado a sus hijos
y manejar correctamente sus conductas inadecuadas, resulta insuficiente
en las familias donde hay conflictos serios entre los padres y sus hijos pre-
adolescentes o adolescentes.
1. En estos casos, el nivel de conflicto puede ser tan elevado que impida total-
mente la labor del Educador Familiar, que puede encontrarse con que su tra-
bajo depende más de los conflictos que hay en la familia y que hay que
resolver, que de la planificación de objetivos previstos en el caso. Además,
en este tipo de familias, la resolución del conflicto requiere no sólo un cam-
bio de actitud y comportamiento de los padres, sino también de los hijos.
1. Para abordarlo, el Educador Familiar debe ejercer en primer lugar una
labor de mediador de manera que el nivel de conflictividad familiar pueda
reducirse hasta un nivel que permita un trabajo planificado y continuado.
Una vez conseguido lo anterior, el Educador Familiar deberá ejercer su
función de enseñante y modelo no sólo con los padres, sino también con
los hijos, y realizar intervenciones tanto individuales como conjuntas diri-
gidas a enseñar y modelar, entre otros, habilidades y técnicas de negocia-
ción y resolución de conflictos. En esta segunda fase, es también reco-
mendable iniciar una terapia familiar, siempre que exista una mínima
motivación para ello por parte de los miembros de la familia.
1. Por último, en estos casos la relación padres-hijo puede estar tan deterio-
rada que los padres renuncien temporalmente a ejercer las tareas de orien-
tación y guía que todo niño/a necesita, y especialmente un adolescente.
Hasta que los padres se encuentren capacitados para reasumir esa función,
y si no hay otro profesional que pueda ejercerla, el Educador Familiar
deberá hacerlo sustituyendo temporalmente a los padres en este cometido.
1. Como se ha señalado anteriormente, este tipo de intervenciones requeri-
rán del Educador Familiar tanto visitas conjuntas con padres e hijos, como
visitas individuales.

97
5. Recoger información directa y permanente sobre la situación de la
familia.
1. El Educador Familiar es el único profesional que tiene acceso continuado
al domicilio familiar, y puede recoger de manera directa información
sobre la situación de los diferentes miembros de la familia y la dinámica
familiar. En ocasiones, la información a la que tiene acceso el Educador
Familiar no podría ser obtenida de otras fuentes, mientras que en otros
casos complementa a la obtenida en otros contextos.
1. Esta información a la que el Educador Familiar tiene acceso privilegiado
se refiere a:
1. • El trato y el nivel de cuidados y estimulación recibidos por el niño/a en
el hogar.
1. • El comportamiento del niño/a en el hogar.
1. • La organización y hábitos de convivencia familiar.
1. • La distribución de roles y responsabilidades dentro de la familia.
1. • La observación directa de las relaciones familiares: relación conyugal,
relación padres-hijos, relación entre hermanos.
1. • La repercusión de determinados problemas de padres o hijos (p.ej.,
alcoholismo, toxicomanías, problemas emocionales) en la dinámica y
relaciones familiares, y en el cuidado y atención proporcionados al
niño/a.
1. Los métodos que el Educador Familiar debe utilizar para recoger esta
información son:
1. • La observación directa.
1. • La recogida directa de información de los padres.
1. • La recogida directa de información de los niños/as (imprescindible en
todos los casos).
1. • La recogida directa de información de otros componentes del núcleo
familiar.

1. Esta no es, evidentemente, la única información que el Educador Familiar


tiene que recoger sobre la situación y dinámica familiar. Siguiendo las
directrices del Psicólogo del Equipo, deberá también obtener datos, tanto

98
directamente como a través de otras fuentes, que permitan definir correc-
tamente la estrategia y los objetivos del tratamiento. Esta información
dependerá de las características particulares de cada caso, pero puede
abarcar aspectos tales como:
1. a) En la Fase de Observación:
1. a) • Los cuidados ofrecidos al niño/a en las áreas médica y educativa.
1. a) • La situación emocional de los padres.
1. a) • La relación de la familia con su entorno (familia extensa, vecinos,
amistades).
1. a) • La historia y pronóstico de problemas que afectan a los padres (p.ej.,
alcoholismo, toxicomanías, trastornos mentales) o a los niños/as
(p.ej., trastornos emocionales, retrasos en el desarrollo).

1. b) A lo largo del Tratamiento:


1. a) • La evolución experimentada por la familia en cada una de las áreas
mencionadas.

6. Recoger información de otros profesionales implicados en el caso y


coordinar su actuación en colaboración con el CEAS.
1. Como se ha señalado en el párrafo anterior, el Educador Familiar tiene
también entre sus funciones recoger información relevante para el trata-
miento, de otros profesionales/servicios en contacto con la familia y el
niño/a. Entre ellos, se encuentran:
1. • CEAS.
1. • Educadores del centro de acogida donde se encuentra el niño/a.
1. • Guardería y/o Escuela.
1. • Servicios de Pediatría o Medicina General.
1. • Servicios de Salud Mental.
1. • ONGs.
1. • Otros: Servicios Médicos Hospitalarios, Clubes de Tiempo Libre, Servi-
cios de Mujer, etc.

99
1. Estos profesionales pueden proporcionar no sólo información relevante
sobre la situación actual de la familia, sino también de su historia, las
intervenciones llevadas a cabo en el pasado con el caso, y los resulta-
dos obtenidos, aspectos éstos de gran importancia para determinar el
pronóstico del tratamiento y establecer la estrategia de intervención del
PIF.
1. Para que la intervención del PIF tenga posibilidades de éxito, una condi-
ción previa y necesaria es que ese conjunto de profesionales y servicios
comunitarios que está interviniendo con la familia (y donde se integra el
PIF) actúe como una red coordinada, lo que significa:

1. • Que sus componentes han de compartir los objetivos generales y estrate-


gia de la intervención.
1. • Que cada profesional/servicio debe tener claro cuáles son sus compe-
tencias y objetivos, y cuáles los de los demás.
1. • Que deben establecerse canales ágiles y permanentes de comunicación
entre los miembros de la red.
1. • Que la red debe ser eficaz a la hora de dar respuesta a las demandas de
sus miembros.

1. Los Educadores Familiares deben participar, junto con el Psicólogo de su Equi-


po y los técnicos de la Sección de Protección a la Infancia, en la creación de
esa red. En concreto, los Educadores Familiares deberán mantener contactos
periódicos con esos profesionales, contactos en los que habrá no sólo una
recogida sino un intercambio de información, y donde se consensuarán y
asignarán los objetivos de trabajo, que deberán ser revisados periódicamente.

7. Impulsar la gestión de otros recursos comunitarios necesarios para la


intervención, en coordinación con el CEAS.

1. Si a lo largo de la intervención se valora necesario que la familia acceda


a determinados servicios o recursos comunitarios, en primer lugar, el Edu-
cador Familiar (o el Psicólogo del Equipo según el caso) habrá de propo-
nérselo a los padres (y a los niños/as, si es pertinente). Si éstos se niegan y
el equipo del PIF considera que ese servicio o recurso es necesario, el Edu-
cador Familiar (o el Psicólogo) deberá seguir tratándolo con los padres,

100
averiguar cuáles son las razones reales para esa negativa (que pueden ser
distintas de las razones aparentes o manifiestas), e intentar hacerles cons-
cientes de esa necesidad, aportándoles argumentos que les ayuden a supe-
rar su oposición.
1. Si los padres aceptan estos nuevos servicios, se deberá valorar si la fami-
lia es capaz por sí misma de realizar la demanda sin ayuda externa. Sólo
en el caso de que no sea así, el Educador Familiar deberá intervenir, siem-
pre con el consentimiento de los padres, para apoyarles (nunca sustituir-
les) en la solicitud de dicho servicio o recurso.

8. Recoger por escrito, de manera textual y con el mayor detalle toda la


información relativa al caso, incluyendo la información que obtenga en
sus visitas domiciliarias (en entrevistas con miembros de la familia o
mediante observación), en entrevistas con otras personas (p. ej., familia
extensa), y en contactos y gestiones con otros servicios/profesionales.
1. Es importante destacar en este momento que en esa recogida escrita de
información, el Educador Familiar debe transmitir de manera lo más textual
posible la información a la que ha tenido acceso (hechos, actos o compor-
tamientos observados, manifestaciones verbales), diferenciándola clara-
mente de lo que pueden ser sus propias valoraciones o interpretaciones.

9. Participar en la evaluación del Programa mediante la pasación de


cuestionarios e instrumentos de observación en el domicilio familiar.

LOS EDUCADORES FAMILIARES DESARROLLAN SUS FUNCIONES MEDIANTE


– Visitas en el domicilio de las familias. pediatra, médico de cabecera de los
padres, personal de guarderías).
– Acompañamientos a los miembros de
– Reuniones con el Técnico que coordi-
la familia a otros servicios (p.ej., CEAS,
na el caso y su equipo en la sección de
Centro de Salud Mental).
Protección a la Infancia, siempre que
se considere oportuno.
– Reuniones o contactos telefónicos con
profesionales en contacto con la fami- – Reuniones periódicas de supervisión y/o
lia y el niño/a (p.ej., CEAS, escuela, apoyo con el Psicólogo del equipo del PIF.

101
b) Funciones de los Psicólogos

FUNCIONES

1. Hacer la presentación formal del cido u observado en la familia que


Programa a la familia. haga pensar que los niños/as pueden
2. Determinar la línea de intervención a estar sufriendo o sufrir en el futuro un
seguir con el caso, los recursos a utili- daño severo.
zar, y promover los cambios necesa- 9. Mantener reuniones periódicas con
rios para una adecuada evolución del los miembros de la familia para eva-
tratamiento. luar la evolución de la intervención.
3. Seleccionar y hacer la presentación 10. Valorar la situación emocional de los
del Educador Familiar a la familia. miembros de la familia o de la dinámi-
4. Dirigir, supervisar, y apoyar técnica y ca relacional familiar, y determinar
personalmente el trabajo del Educador necesidades específicas de tratamiento.
Familiar. 11. Proporcionar terapias y desarrollar
5. Apoyar al Educador Familiar en la intervenciones específicas de media-
coordinación de la red de servi- ción y/o apoyo personal a los miem-
cios/profesionales intervinientes en bros de la familia.
el caso, y en la gestión de nuevos 12. Centralizar la información relativa a la
servicios/recursos conjuntamente intervención con el caso.
con el CEAS. 13. Elaborar informes escritos sobre la evo-
6. Realizar otras intervenciones necesa- lución del tratamiento dirigidos al téc-
rias para apoyar el trabajo del nico que coordina el caso en la Sección
Educador Familiar. de Protección a la Infancia.
7. Determinar la necesidad de incluir el 14. Ejercer como interlocutor y responsa-
recurso del voluntariado, seleccionar- ble del Programa ante los responsables
lo, dirigirlo, supervisarlo, y apoyarlo de la Sección de Protección a la
técnica y personalmente. Infancia.
8. Notificar de manera inmediata a la 15. Garantizar la aplicación y cumplimen-
Sección de Protección a la Infancia tación correctas de los instrumentos
cualquier sospecha o incidente cono- para la evaluación del Programa.

1. Hacer la presentación formal del Programa a la familia.


1. Para plantearse la intervención del PIF, la familia ha tenido que responder
positivamente a la propuesta hecha en este sentido por el técnico que
coordina el caso en la Sección de Protección a la Infancia y su equipo. Eso
significa que los padres (y, si se ha considerado oportuno, también los
hijos) conocen el procedimiento de actuación y los objetivos generales
del PIF.

102
1. Desde el primer contacto con la familia, será el Psicólogo quien ejerza
ante ellos el papel de responsable del Programa. En el primer contacto,
que puede desarrollarse en una, dos o tres reuniones según el caso, se han
de lograr los siguientes objetivos:
1. • Definir al PIF como recurso de apoyo para conseguir un mayor nivel de
bienestar para los niños/as y la familia en su conjunto.
1. • Alcanzar un consenso mínimo con la familia respecto a cuáles han sido
los motivos para la intervención de la Sección de Protección a la Infan-
cia, y cuáles han sido los motivos para su remisión al PIF.
1. • Conocer la percepción de los miembros de la familia acerca de los pro-
blemas que les afectan y su motivación de cambio.
1. • Consensuar con la familia cuáles van a ser los objetivos generales de la
intervención (preservación familiar o reunificación).
1. • Explicar a la familia las fases y duración del Programa, los profesionales
que van a intervenir, sus funciones, la relación que van a mantener entre
ellos, y la relación que van a mantener con otros profesionales y perso-
nas relevantes en la vida familiar.
1. • Clarificar ante la familia cuál va a ser la relación y las obligaciones del PIF
respecto a la Sección de Protección a la Infancia, y cuál va a ser la utili-
zación del PIF de la información que obtenga durante la intervención.
1. • Planificar con la familia el desarrollo de la Fase de Observación, y
comenzar a implicarles, si es pertinente, en la formulación de los pri-
meros objetivos de la intervención.

2. Determinar la línea de intervención a seguir con el caso, los recursos a


utilizar, y promover los cambios necesarios para una adecuada evolución
del tratamiento.
1. En base a la información que progresivamente va obteniendo acerca de la
situación de la familia y la evolución del tratamiento, el Psicólogo ha de ir
marcando la estrategia y la línea de intervención con el caso dentro del Pro-
grama. A él le corresponden las tomas de decisión en este sentido, aunque
no cabe duda de que deberá respetar los criterios que establezca la Sección
de Protección a la Infancia a este respecto, y contar con la información y la
opinión directa de la familia, del Educador Familiar y de otros profesionales.

103
1. Cuando haya dificultades en la intervención, el Psicólogo, en base a la
información de esas fuentes, deberá valorar las causas que están provo-
cando esas dificultades, y promover las acciones necesarias para superar-
las. En este análisis, se deberán valorar no sólo las dificultades de la pro-
pia familia (p.ej., gravedad o cronicidad de determinados problemas, falta
de conciencia de problema o motivación de cambio en los padres), sino
también si la actuación del PIF o de otros servicios intervinientes puede
estar provocando o contribuyendo a tales dificultades.

3. Seleccionar y hacer la presentación del Educador Familiar a la familia.


1. En la primera visita o el primer contacto del Educador Familiar con la
familia deberá estar presente el Psicólogo, quien se encargará de presen-
tar a este profesional, y volver a definir sus funciones y sus responsabili-
dades y obligaciones.

4. Dirigir, supervisar, y apoyar técnica y personalmente el trabajo del Educa-


dor Familiar.
1. Entre las funciones del Psicólogo del PIF se encuentra el dirigir, supervisar
y apoyar técnicamente al Educador Familiar. Esto se debe realizar a través
de (1) reuniones de supervisión de periodicidad preestablecida, (2) reu-
niones/contactos convocados al efecto para tratar cuestiones concretas
relativas a la intervención, y (3) el acceso permanente del Educador Fami-
liar al Psicólogo para solicitar su asesoramiento.
1. Además de este apoyo técnico, el Psicólogo debe asumir también la fun-
ción de velar por el bienestar personal del Educador Familiar y proporcio-
narle apoyo personal cuando lo necesite. No hay que olvidar que el traba-
jo del Educador Familiar supone una importante carga de tensión y
responsabilidad, y que la herramienta de trabajo del Educador es su propia
persona. La sobrecarga de responsabilidad, la pérdida de motivación y
energía, los problemas personales, son algunas de las dificultades que
puede padecer un Educador Familiar y que pueden repercutir muy negati-
vamente en su trabajo. Los PIF deben tener incorporados mecanismos que
detecten este tipo de dificultades lo antes posible y colaboren en su reso-
lución. El contacto periódico del Educador con el Psicólogo, y el apoyo
técnico y personal de este último, pueden formar parte de esos mecanis-
mos de «protección».

104
5. Apoyar al Educador Familiar en la coordinación de la red de
servicios/profesionales intervinientes en el caso, y en la gestión de nue-
vos servicios/recursos conjuntamente con el CEAS.
1. Hay determinadas gestiones y contactos que deben ser asumidas por el Psi-
cólogo en lugar del Educador Familiar. Esto puede ser indicado cuando:
1. • El contenido de la gestión/contacto requiere la formación específica de
un Psicólogo (p.ej., recogida de información de los profesores de una
escuela sobre sus sospechas de que un niño/a está siendo objeto de abu-
sos sexuales, revisión de los resultados de la valoración psiquiátrica de
un niño/a llevada a cabo por un Servicio de Psiquiatría Infantil).
1. • La gestión/contacto ha sido planificada para tomar decisiones sobre la
línea general de la intervención o aspectos concretos de la misma, y
deben intervenir profesionales con capacidad de decisión (p.ej., con el
técnico que coordina el caso en la Sección de Protección a la Infancia,
con responsables de CEAS, con equipos técnicos de Juzgados).
1. • El Educador Familiar tiene dificultades temporales no resolubles para
llevar a cabo esas gestiones o contactos.
1. Sólo cuando sea imprescindible, el Psicólogo y el Educador Familiar acu-
dirán juntos a reuniones o gestiones con otros servicios/profesionales.

6. Realizar otras intervenciones necesarias para apoyar el trabajo del Educa-


dor Familiar.

7. Determinar la necesidad de incluir el recurso del voluntariado, seleccio-


narlo, dirigirlo, supervisarlo, y apoyarlo técnica y personalmente.
1. Cuando el Psicólogo valore que hay necesidades familiares u objetivos de
trabajo que pueden ser asumidos por la figura del voluntariado, debe en
primer lugar garantizar:
1. • que la familia está preparada para aceptar esa figura,
1. • que el voluntario puede integrarse en la red de servicios/profesionales
intervinientes en el caso,
1. • que el PIF puede asegurar que se cumplen las condiciones mínimas para
asegurar un buen funcionamiento de este recurso (véase apartado pri-
mero de este capítulo).

105
1. Las funciones de selección, dirección, supervisión y apoyo al voluntario
recaen en el Psicólogo del PIF. Una vez seleccionado, el Psicólogo ejercerá
el resto de sus funciones a través de (1) reuniones/contactos de supervisión
de periodicidad preestablecida, (2) reuniones/contactos convocados al efec-
to para tratar cuestiones concretas relativas a la intervención, y (3) el acce-
so permanente del voluntario al Psicólogo para soliitar su asesoramiento.

8. Notificar de manera inmediata a la Sección de Protección a la Infancia


cualquier sospecha o incidente conocido u observado en la familia que
haga pensar que los niños/as pueden estar sufriendo o sufrir en el futuro
un daño severo.
1. La valoración sobre si un niño/a se encuentra seguro en su familia y, en
caso necesario, la decisión de alejarlo del hogar si es necesario para pro-
tegerle, corresponden a la Sección de Protección a la Infancia, no a los
profesionales del PIF.
1. La función de los PIF consiste en hacer un seguimiento continuado de la
situación del niño/a, y detectar, de la manera más precoz posible, la apari-
ción de indicios, situaciones o circunstancias que pueden hacer peligrar su
seguridad. Cuando esto se produzca, el Psicólogo del PIF debe poner inme-
diatamente estos hechos en conocimiento del técnico que coordina el caso
en la Sección de Protección a la Infancia, quien valorará la situación, dará
indicaciones a los profesionales del Programa, y, si lo considera preciso,
adoptará las medidas convenientes para proteger al niño/a.

9. Mantener reuniones periódicas con los miembros de la familia para eva-


luar la evolución de la intervención.
1. Después de la presentación formal del Programa, el Psicólogo del PIF
deberá mantener obligatoriamente contactos periódicos (con una periodi-
cidad máxima de seis meses) con todos los miembros de la familia (inclu-
yendo padres, hijos y otros componentes del núcleo familiar), para:
1. • Revisar la evolución del tratamiento, reforzar los logros obtenidos, y
explicar a la familia la valoración del PIF respecto a dicha evolución.
1. • Recoger la valoración de los diferentes miembros de la familia sobre la
evolución del tratamiento.
1. • Recoger demandas específicas de la familia respecto a la intervención.

106
1. • Contrastar y/o completar la información recogida por el Educador Familiar.
1. • Implicar a los miembros de la familia en la formulación de los objetivos futu-
ros de la intervención y en las actuaciones a llevar a cabo (siempre que sea
posible, se deberá procurar que esto quede recogido en acuerdos escritos).

10. Valorar la situación emocional de los miembros de la familia o de la


dinámica relacional familiar, y determinar necesidades específicas de
tratamiento.
10. En base a la información proporcionada por la Sección de Protección a
la Infancia, por el Educador Familiar, por otros profesionales, o a sus pro-
pias observaciones, el Psicólogo puede llegar a formular hipótesis res-
pecto a problemas personales o relacionales en la familia que parecen
incidir de manera significativa en la aparición o mantenimiento de la
situación de Desamparo o Riesgo de Desamparo.
10. En estas circunstancias, el Psicólogo deberá realizar una valoración
específica dirigida a confirmar esas hipótesis (sea una valoración psico-
lógica individual de algún miembro de la familia, o la valoración de
determinados aspectos de las relaciones familiares), e identificar, en su
caso, necesidades de tratamiento (que serán abordadas por él mismo o
por otros servicios, según el caso).

11. Proporcionar terapias y desarrollar intervenciones específicas de media-


ción y/o apoyo personal a los miembros de la familia.
10. Como se ha señalado anteriormente, los PIF deben tender al aprovecha-
miento máximo de los recursos ya existentes, entre ellos la red pública
de Salud Mental. Esa será la primera alternativa que el Psicólogo deberá
explorar cuando valore que algún miembro de la familia, varios de ellos,
o la familia en su conjunto necesita una terapia.
10. El papel del psicólogo será fundamental en los casos en que se valore la
necesidad de:
10. – de apoyo personal a alguno de los miembros de la familia, o
10. – de mediación en situaciones de conflicto familiar.
10. – tratamiento en problemas relacionales (pareja, hijos, contexto, etc.).

107
12. Centralizar la información relativa a la intervención con el caso.

10. El Psicólogo deberá centralizar toda la información relativa al desarrollo


de la intervención con la familia, que tendrá que quedar recogida por
escrito de manera lo más detallada posible. En la carpeta del caso se
registrarán todos los contactos mantenidos por los profesionales del PIF
con la familia y con otros profesionales/servicios, así como la informa-
ción recabada y las observaciones realizadas en dichos contactos. Por
otra parte, se recogerán también los informes elaborados por otros pro-
fesionales (p.ej., Sección de Protección a la Infancia, CEAS, Escuela) rele-
vantes para el caso.

10. El uso que el PIF haga de esta información (y los informes que se elabo-
ren en el PIF a partir de ella) será restringido y confidencial.

13. Elaborar informes escritos sobre la evolución del tratamiento dirigidos al


técnico que coordina el caso en la Sección de Protección a la Infancia.

10. Semestralmente, el Psicólogo del PIF deberá enviar al técnico que coor-
dina el caso en la Sección de Protección a la Infancia, un informe de eva-
luación de la intervención con el siguiente contenido:

10. – Introducción: Período que comprende el informe, recursos utilizados


(tanto propios del PIF como comunitarios), y profesionales/servicios
intervinientes con la familia durante ese período.

10. – Evolución del caso:

10. – • Nivel de bienestar del niño/a en el hogar, según las «Escalas de Bie-
nestar Infantil» de Magura y Moses (1986).

10. – • Descripción de los objetivos planteados en relación al niño/a y nivel


al que han sido alcanzados.

10. – • Otra información relevante sobre la situación de la familia y el


niño/a recogida durante ese período.

10. – Valoración: Valoración de los resultados y evolución del tratamiento,


valoración de la situación de los niños/as, orientación sobre la inter-
vención a seguir en el futuro, y formulación de objetivos.

108
10. Este informe tiene que ser detallado, y ha de tener información suficien-
te para que los técnicos de la Sección de Protección a la Infancia conoz-
can (1) cuál es el trato y el cuidado recibido por el niño/a en el hogar y
en qué grado sus necesidades básicas se encuentran satisfechas, y (2)
cuál es la evolución de la familia en el tratamiento, de manera que pueda
orientar su toma de decisión sobre:

10. – El mantenimiento del niño/a en el hogar familiar.

10. – La reunificación familiar.

10. – La adopción de otras medidas en relación al niño/a.

10. Para ello, el Informe debería seguir las siguientes recomendaciones:

10. – Ser concreto y conciso.

10. – Utilizar un lenguaje técnico y comprensible.

10. – Recoger los hechos, valoraciones y conclusiones relevantes.

10. – Desechar la información irrelevante.

10. – Distinguir entre los hechos y las valoraciones/opiniones.

10. – Distinguir entre información documentada e información no verificada.

– Evitar juicios/valoraciones vagas, inconsistentes o sin apoyo.

– Justificar las valoraciones recogidas en el informe.

10. Además de estos informes periódicos, en ocasiones la Sección de Pro-


tección a la Infancia puede solicitar al PIF la elaboración de otros infor-
mes para propósitos específicos (p.ej., para justificar una propuesta de
medida, responder a una petición del Juzgado).

14. Ejercer como interlocutor y responsable del Programa ante los responsa-
bles de la Sección de Protección a la Infancia.

15. Garantizar la aplicación y cumplimentación correctas de los instrumen-


tos para la evaluación del Programa (ver último capítulo de este Manual).

109
LOS PSICÓLOGOS DESARROLLAN SUS FUNCIONES MEDIANTE
– Reuniones periódicas con los miem- – Reuniones o contactos telefónicos con
bros de la familia (bien en el domicilio otros profesionales en contacto con la
o en despacho). familia y el niño/a.
– Reuniones periódicas de supervisión y/o – Elaboración de informes escritos para
apoyo con el Educador Familiar del PIF. la Sección de Protección a la Infancia.
– Reuniones con el Técnico que coordi-
na el caso y su Equipo en la Sección de
Protección a la Infancia.

5.3. CRITERIOS GENERALES SOBRE LA UTILIZACIÓN DE LOS RECURSOS


DE LOS PIF

La variedad de problemas y circunstancias que presentan las familias que


van a ser atendidas en los PIF hace que no exista un tipo de tratamiento,
recurso/s o técnica/s estándar aplicable y eficaz para todos los casos. Por ello,
el PIF tiene que decidir en cada caso qué recursos utilizar y cómo hacerlo.
Los criterios para adoptar estas decisiones son aplicables tanto a los recursos
propios del PIF como al resto de recursos comunitarios que pueden ser utili-
zados en la intervención, y son los siguientes:

– La asignación de los recursos debe realizarse tras una evaluación indi-


vidualizada y global de las características y necesidades familiares.

– En esa evaluación deben participar todos los profesionales y servicios


que proporcionan o gestionan esos recursos. Entre todos ellos deben
consensuar una estrategia global de intervención, donde los objetivos
de cada recurso queden claramente establecidos, y tengan sentido y
coherencia en esa estrategia global.

– La decisión sobre la aplicación de un determinado recurso y la inten-


sidad en su utilización, se hará en función de (a) las necesidades de la
familia y del niño/a, y (b) las posibilidades reales de disponer de dicho
recurso.

– En una situación de escasez de recursos, ha de tenderse al aprove-


chamiento máximo de los que estén disponibles.

110
– Puesto que las necesidades de la familia pueden cambiar a lo largo del
tiempo o en momentos determinados (y los objetivos de la intervención
van modificándose en función de ello), la asignación e intensidad en la
aplicación de los recursos también deberá cambiar.
En la utilización de los recursos propios del PIF, esto significa:
– Que en cada caso habrá de valorarse si las características y necesida-
des familiares requieren (a) la intervención del Educador Familiar, y (b)
intervenciones psicológicas de apoyo o la provisión de tratamiento
psicoterapéutico (a algún miembro de la familia, a algunos de ellos, o
a ésta en su conjunto) por parte del Psicólogo del PIF.
– Que en cada caso habrá de valorarse cuál es la intensidad requerida
en la aplicación del recurso, es decir:
– • La frecuencia de las visitas domiciliarias del Educador Familiar.
– • La frecuencia de las sesiones de apoyo/tratamiento psicoterapéuti-
co, o de las intervenciones directas del Psicólogo con la familia.
– Que esa evaluación deberá ser permanente, y la frecuencia de las visi-
tas domiciliarias del Educador o de las intervenciones/sesiones psico-
terapéuticas deberá variar en función de las necesidades del caso.
– Los PIF tienen que ser capaces de utilizar sus recursos de manera fle-
xible. En situaciones de crisis familiar o momentos de especial «vul-
nerabilidad» (p. ej., durante el proceso de reunificación), si se valora
necesario, deberán aumentarse la frecuencia de las visitas y/o contac-
tos con la familia, de manera que se pueda responder adecuadamen-
te a las necesidades del caso y se pueda mantener una supervisión y
control suficientes sobre el cuidado recibido por el niño/a. De la
misma manera, habrá otros momentos en que la frecuencia de las visi-
tas/contactos profesionales podrá o deberá ser reducida.
– Que los horarios de las visitas domiciliarias o los contactos con la
familia deberán establecerse en función de las posibilidades reales de
la familia y de los objetivos a trabajar. Los horarios de trabajo de los
profesionales del PIF deben adaptarse a las necesidades particulares
de cada caso, y nunca a la inversa. Los Programas de Intervención
Familiar deben ser, en este sentido, servicios con una amplia disponi-
bilidad horaria.

111
– Que se procurará el máximo aprovechamiento de los recursos del
Programa, utilizando un solo profesional para cada tarea, es decir:
– • Un solo Educador Familiar asignado a cada familia.
– • Un solo profesional (Psicólogo) para los tratamientos psicoterapéu-
ticos.
– • Un solo profesional (Educador Familiar o Psicólogo, según el caso)
para las gestiones y contactos con otros profesionales/servicios.
– La presencia de más de un Educador Familiar con una familia, la
utilización de coterapias, o la presencia del Educador Familiar en
las sesiones psicoterapéuticas familiares, han de ser situaciones
excepcionales.

112
6. Instrumentos estandarizados
para la evaluación
de la situación familiar

6.1. CRITERIOS DE SELECCIÓN Y DESCRIPCIÓN


DE LOS INSTRUMENTOS

Este apartado tiene como objetivo describir algunos de los instrumen-


tos estandarizados que los profesionales del PIF pueden utilizar para orien-
tar su intervención, es decir, como ayuda para la formulación de objetivos,
y para la evaluación de los resultados del tratamiento con cada familia.
Como es obvio, no se puede hacer una revisión exhaustiva de qué instru-
mentos podrían utilizarse, pues sería una tarea excesiva y no es el propósi-
to de este Manual (para mayor información, véanse las revisiones realizadas
al respecto por Arruabarrena, 1996, Grotevant y Carlson, 1989, y Navarro
Góngora, 1992)1. En este texto se van a presentar algunos de estos instru-
mentos, entendiendo que, en cada caso particular, podrán buscarse y utili-
zarse todos los instrumentos de ayuda para el diagnóstico y la evaluación
de resultados que los profesionales que están interviniendo en cada caso
consideren útiles.

Los tres instrumentos que se presentan en este capítulo han sido selec-
cionados por varios motivos, entre los cuales caben destacarse los siguientes:

1 Arruabarrena, M.I. (1996). Evaluación y tratamiento familiar. En J. De Paúl y M.I.


Arruabarrena (1996): Manual de Protección Infantil (pp. 283-326). Masson, Barcelona;
Grotevant, H.D. y Carlson, C.I. (1989). Family assessment: A guide to methods and mea-
sures. Guilford Press, Nueva York; Navarro Góngora, J. (1992). Técnicas y programas en
terapia familiar. Paidós, Barcelona.

113
– Han sido ampliamente utilizados en el ámbito internacional por pro-
fesionales del campo de la Protección Infantil, como instrumentos de
ayuda en:
– • La Evaluación Inicial que las Secciones de Protección a la Infancia
realizan de la situación de las familias maltratantes/negligentes una
vez que éstas llegan a sus servicios, y que va a servir de base para
la Toma de Decisión sobre la intervención.
– • La Evaluación «clínica» que los profesionales de los Programas de
Intervención Familiar hacen de cada familia de manera individual
antes de iniciar el tratamiento, para detectar las áreas o aspectos
sobre los que se requiere incidir y determinar así los objetivos de la
intervención.
– • El análisis de la evolución y aprovechamiento de la intervención
mediante la pasación de dichos instrumentos en momentos sucesi-
vos en el tiempo.
– • La Evaluación Global de los resultados del Programa y la compara-
ción de los resultados obtenidos en diferentes programas.
– • La investigación sobre las características de los padres maltratantes
y negligentes, las consecuencias del maltrato en los niños/as, y la
eficacia de diferentes métodos/programas de tratamiento.
– Estos instrumentos están comenzando a ser utilizados con esos mis-
mos objetivos en diferentes Servicios de Protección a la Infancia y Pro-
gramas de Intervención Familiar del estado español, lo que puede per-
mitir en el futuro compartir y comparar experiencias.
– Han sido diseñados con una orientación eminentemente práctica y
orientada a la intervención directa.
– Proporcionan información relevante y son sencillos en su administra-
ción e interpretación.
– Recogen información de fuentes diversas (Educador Familiar,
padres/madres, maestros) y con diferente formato (escala de observa-
ción, autoinforme, listado de problemas de conducta).
– Los estudios que se han llevado a cabo con estos instrumentos, tanto
en el ámbito internacional como en el estado español, indican que
cuentan con propiedades psicométricas adecuadas o suficientes.

114
6.1.1. Escalas de Bienestar Infantil (S. Magura y B.S. Moses, 1986)

6.1.1.1. Descripción y objetivos


Este instrumento se enmarca dentro del enfoque ecológico como mode-
lo etiológico del maltrato infantil. Surge ante la necesidad de evaluar los
resultados de los Programas de Intervención llevados a cabo en las Seccio-
nes de Protección a la Infancia y ante la ambigüedad en la definición de las
«consecuencias deseables» de los programas y la incertidumbre y ausencia
de métodos para medir dicho contenido. Parte del concepto de «Bienestar
Infantil» y de la idea de que para conocer la eficacia de un programa de
intervención, se han de conocer los cambios producidos en la conducta,
motivos, conocimiento o recursos de padres e hijos; es decir, en los proble-
mas existentes y en el funcionamiento familiar.
Se trata de unas escalas de observación que deben ser completadas por
un profesional (que puede ser el Educador Familiar) que tiene la oportuni-
dad de observar directamente a la familia y su entorno y que los conozca
suficientemente.
El instrumento consta de 43 escalas:
– Treinta y ocho escalas evalúan conceptos relacionados con una o más
necesidades físicas, psicológicas y emocionales que tienen todos los
niños/as, y que se supone que deben estar satisfechas para garantizar
un desarrollo sano. Para evaluar el grado en que cada una de esas
necesidades está satisfecha, cada escala se divide en niveles (entre tres
y seis), que van desde «adecuado» hasta una «total inadecuación».
– Otras cinco escalas evalúan una serie de condiciones que se conside-
ran necesarias para posibilitar el éxito del tratamiento:
– • El reconocimiento por parte de los padres/madres de la situación de
desprotección del niño/a, los problemas que la han provocado, y su
responsabilidad en ello.
– • La motivación de los padres/madres para resolver esos problemas.
– • La colaboración de los padres/madres en la intervención.
– • La disposición de una red de apoyo para la familia.
– • La disponibilidad de los servicios/recursos requeridos para respon-
der a las necesidades de la familia.

115
Evidentemente, este instrumento es aplicable únicamente a los niños/as
que están conviviendo con su familia de origen o a aquéllos que, aun
habiendo sido separados, pasan un tiempo suficiente en el domicilio fami-
liar. También hay que tener en cuenta que no todas las escalas son aplica-
bles en todos los casos (por ejemplo, hay escalas aplicables únicamente a
niños/as de edades inferiores, u otras aplicables sólo a adolescentes).
Estas escalas evalúan de manera bastante completa el espectro de nece-
sidades básicas del niño/a, aunque no son exhaustivas. Así, por ejemplo, las
necesidades del ámbito social se encuentran recogidas de manera muy
somera, mientras que las necesidades sexuales no son recogidas. Por ello,
cuando se considere necesario, este instrumento se puede complementar
con otros instrumentos, tanto de observación (p.ej., «Home Observation for
the Measurement of the Environment» o «Childhood Level of Living Scale»;
ver Arruabarrena, 1996) como de otra índole.

6.1.1.2. Utilización en la intervención de los PIF


Las Escalas de Bienestar Infantil permiten a los profesionales del PIF
hacer una evaluación exhaustiva al inicio de la intervención de:
a) Cuáles son las necesidades básicas del niño/a, cuál es el grado en que
dichas necesidades están siendo satisfechas en el hogar familiar, e
identificar aquéllas sobre las que hay que incidir en el tratamiento. El
instrumento permite, entonces, determinar los objetivos de la inter-
vención en relación a los cambios que hay que conseguir respecto al
cuidado del niño/a en el hogar, y evaluar si a lo largo del tratamiento
esos cambios se están produciendo o no.
b) Si se da una serie de condiciones previas necesarias para posibilitar el
éxito de la intervención, y, en caso negativo, formularlas como objetivos
del tratamiento y evaluar si se van consiguiendo a lo largo del tiempo.

6.1.1.3. Contenido de las escalas


El instrumento evalúa cuatro áreas del funcionamiento familiar:
1. Adecuación de la ejecución del rol parental. Explora los siguientes
aspectos en relación a los cuidados que los padres proporcionan a sus
hijos:

116
1. – Supervisión/cuidado físico
1. – Disciplina física
1. – Cuidado emocional
1. – Guía/seguridad
1. – Estimulación de la educación
2. Capacidades de la familia:
1. – Habilidades parentales
1. – Salud física de los padres
1. – Salud mental de los padres
1. – Relaciones sociales
1. – Otros recursos familiares
3. Grado de competencia del niño en:
1. – Relaciones sociales
1. – Rendimiento académico
4. Capacidades del niño:
1. – Salud y desarrollo físico
1. – Salud mental
1. – Habilidades cognitivas
1. – Actitudes y motivación

Estas áreas son evaluadas a través de 43 escalas, que se describen a con-


tinuación:

1. Cuidado de la salud física.


1. Mide la adecuación de los cuidados que el niño/a recibe en relación
a su salud física (no evalúa el estado de la salud física en sí mismo).
Pretende ser aplicable a cualquier problema de salud física, inclu-
yendo heridas, enfermedades e incapacidades, ya sean agudas o
crónicas.

117
12. Nutrición/dieta.
11. Se centra en la calidad y cantidad de comida disponible para los
niños/as en la familia y en las consecuencias de una alimentación
inadecuada para la salud. La calidad de la comida tiene en cuenta
tanto el equilibrio nutritivo como si la comida está en buen estado.
La cantidad de comida se define en términos de su preparación y del
acceso de los niños/as a los alimentos. La escala no atiende a cuá-
les son las razones de los déficits en la nutrición/dieta (eso es obje-
to de valoración por parte de otras escalas), sino únicamente mide
el grado de adecuación de la misma.

13. Vestido.
11. Mide la adecuación de la ropa de los niños/as. Los factores que se
tienen en cuenta son su cantidad, estado y adaptación al tiempo
atmosférico (esta escala no evalúa la limpieza de la ropa).

14. Higiene personal.


11. Se refiere a la limpieza corporal (piel, pelo, dientes) y de la ropa.

15. Mobiliario de la casa.


11. Se centra en la existencia y condiciones de los muebles esenciales,
incluyendo electrodomésticos, y en la cantidad y equilibrio de los
muebles en relación a las necesidades de la familia.

16. Hacinamiento.
11. Toma en cuenta la cantidad de espacio disponible para vivir en rela-
ción al tamaño y composición de la familia, a las necesidades pri-
vadas de los adultos y de los niños/as mayores del sexo opuesto, y a
la capacidad de los miembros de la familia para poder realizar las
actividades normales y necesarias en la casa.

17. Higiene de la casa.


11. Evalúa la limpieza de la casa, incluyendo aspectos tales como
orden, cantidad de polvo y escombros (porquerías), eliminación de
las basuras, almacenamiento y consumo adecuado de los alimentos
perecederos, limpieza de la cocina y el baño, y presencia de rato-
nes, insectos o similar.

118
18. Seguridad de vivienda.
11. Evalúa la seguridad que tiene la familia de contar con una vivienda.

19. Disponibilidad de servicios.


11. Se refiere a los problemas que pueden surgir en los servicios de una
casa y que pueden hacerla inhabitable. Se incluyen problemas con
la calefacción, el agua, la luz, los electrodomésticos para cocinar, y
servicios de fontanería.

10. Seguridad física en el hogar.

10. La escala evalúa las condiciones físicamente peligrosas en la casa o


edificio en que la familia está viviendo, asumiendo que cuanto más
peligrosas sean esas condiciones, mayor riesgo de lesión existirá
para los niños/as.

11. Cuidado de la salud mental.

10. Mide la adecuación del cuidado que se proporciona en la familia a


los problemas mentales, emocionales o psicológicos del niño/a (esta
escala no evalúa el estado de salud mental en sí mismo).

12. Supervisión de los niños/as pequeños.

10. Mide la cantidad y calidad de la atención que se presta a los


niños/as cuando están jugando o participando en actividades libres.
El foco de esta escala se sitúa en el peligro o daño que la falta de
supervisión ha provocado o puede provocar en el niño/a (que es
independiente de la causa de esa supervisión inadecuada).

13. Supervisión de los adolescentes.

10. Se refiere fundamentalmente a la supervisión por parte de los padres de


las actividades sociales de sus hijos/as adolescentes (establecimiento
de normas y límites, preocupación parental por las actividades de los
hijos/as, uso de sanciones adecuadas cuando está justificado, capaci-
dad para infundir respeto en los hijos/as, y comprensión de las normas
sociales sobre la conducta de los hijos/as). La escala evalúa la adecua-
ción de la supervisión de los padres, independientemente de su capa-
cidad para ello o de lo difíciles de controlar que sean sus hijos/as.

119
14. Acuerdos para el cuidado de los niños/as.

10. Mide la adecuación con que los padres organizan el cuidado de sus
hijos/as cuando se ausentan por un tiempo, desde una noche hasta
varios días, por la razón que sea. La escala considera varios factores
relacionados con el riesgo de daño para el niño/a, como la edad y
capacidad del niño/a para cuidar de sí mismo.

15. Manejo del dinero.

10. Mide la adecuación con la que los padres manejan sus «ingresos dis-
ponibles», es decir, los ingresos sobre los que tienen cierto control para
gastar (prioridad de gastos, planificación y regulación de los gastos,
atención al valor de lo que se compra, y frecuencia y cantidad de dine-
ro que se pide prestado). No se tiene en cuenta el nivel de ingresos.

16. Capacidad parental para el cuidado de los hijos/as.

10. Evalúa el grado en que la capacidad de los padres para cuidar a sus
hijos/as puede estar limitada; el origen de tal limitación puede ser
físico, mental, emocional o conductual. No se hace ninguna distin-
ción si los padres tienen o no un control voluntario del problema.

17. Relaciones parentales.

10. Mide la calidad de la interacción entre los padres o figuras parenta-


les en la casa (cantidad de peleas y conflictos, métodos utilizados
para acabar las discusiones, uso de la violencia, utilización de los
niños/as en los conflictos, etc.).

18. Continuidad de la labor parental.

10. Evalúa la estabilidad de las figuras parentales de apego para el niño/a.

19. Reconocimiento parental de los problemas.

10. Evalúa de manera explícita las actitudes parentales hacia los pro-
blemas familiares y la comprensión de los mismos. La escala consi-
dera el grado en que los padres comprenden la naturaleza y grave-
dad de la situación de maltrato/abandono y problemas asociados,
comprenden su propia contribución a dicha situación, y asumen
una responsabilidad adecuada.

120
20. Motivación parental para la solución de problemas.
10. Evalúa la preocupación que muestran los padres por los problemas
identificados, independientemente de que se consideren «responsa-
bles» de ellos, y su disposición para trabajar para conseguir la reso-
lución de dichos problemas.
21. Cooperación parental con los servicios/planificación del caso.
10. Evalúa el grado de cooperación de los padres con la
intervención/tratamiento (mantenimiento de las citas, participación
activa en la planificación de la intervención, propuesta de alternati-
vas, uso máximo de los servicios que se ofrecen, aceptación de
recursos, o realización de actividades autónomas).
22. Apoyo del principal cuidador.
10. Se ocupa de las redes sociales informales de los padres que pueden
contribuir a aliviar el estrés personal y las responsabilidades domés-
ticas. La escala mide el nivel de apoyo social a través de la intimi-
dad de la relación y por el número de personas a las que los padres
pueden recurrir para pedir ayuda cuando lo necesitan.
23. Disponibilidad/accesibilidad de servicios.
10. Esta escala es la única que se centra de manera exclusiva en la ade-
cuación de los servicios comunitarios a las necesidades de la fami-
lia. En este sentido, constituye una medida de las limitaciones para
el éxito de un caso.
24. Aceptación/afecto parental hacia los hijos/as.
10. Mide conductas que reflejan una visión positiva incondicional de
los padres hacia los hijos/as (expresiones verbales de afecto, animar
al contacto físico, compartir afecto con todos los hijos/as, aceptar las
demandas de afecto de los niños/as).
25. Aprobación parental de los niños/as.
10. Se centra en si las sanciones se llevan a cabo principalmente pre-
miando la conducta adecuada del niño/a o castigando la conducta
inadecuada. También evalúa la relación entre los castigos y la con-
ducta real del niño/a (proporcionalidad).

121
26. Expectativas parentales hacia los hijos/as.

10. Se centra en la adecuación de las demandas conductuales que los


padres hacen a los hijos/as.

27. Consistencia de la disciplina parental.

10. Evalúa el grado en que los padres mantienen una pauta de discipli-
na uniforme y comprensible para los niños/as.

28. Enseñanza/estimulación de los padres hacia los hijos/as.

10. Se refiere al grado en que los padres proporcionan oportunidades de


aprendizaje y animan a sus hijos/as a mejorar su competencia en la
ejecución de tareas. Esta escala tiene implicaciones tanto emocio-
nales como cognitivas para el desarrollo adecuado de los niños/as.

29. Castigo físico abusivo.

10. Se centra en el uso de la fuerza física con los niños/as como estra-
tegia disciplinaria o de control, y la gravedad de las lesiones físicas
que ello ha provocado en el niño/a.

30. Deprivación deliberada de comida/agua.

10. Mide el tipo y grado de privación de alimentos, cuando esto se prac-


tica como técnica disciplinaria o de control.

31. Confinamiento o restricción física.

10. Mide el uso del confinamiento o restricción como técnica discipli-


naria o de control.

32. Dejar al niño/a fuera de casa deliberadamente.

10. Se ocupa de la privación de un refugio (techo) para el niño/a por


parte de los padres (es particularmente aplicable a los niños/as a los
que se les ha «expulsado» de la casa).

33. Abuso sexual.

10. Indica el nivel de abuso experimentado por los niños/as, diferen-


ciando el tipo de abuso y la persona que lo comete.

122
34. Amenaza de abuso.

10. Define el riesgo de maltrato físico cuando todavía no ha tenido


lugar. Los indicadores de riesgo elegidos son las verbalizaciones y
conductas reales de los padres, que van desde amenazas generales
o vagas hasta amenazas directas y acciones físicas que podrían
haber provocado una lesión.

35. Explotación económica.

10. Se ocupa de la participación de los niños/as en roles de trabajo ina-


decuados, bien de manera voluntaria o involuntaria.

36. Protección ante el abuso.

10. Evalúa la capacidad de los padres para proteger a los niños/as del
daño que otras personas les están infligiendo.

37. Adecuación de la educación.

10. Se centra en el grado en que se están cubriendo las necesidades


educativas del niño/a.

38. Rendimiento académico.

10. Recoge información sobre las notas reales u otros indicadores del
rendimiento del niño/a en la escuela. Se evalúa el rendimiento en
relación al potencial intelectual del niño/a.

39. Asistencia al colegio.

10. Evalúa la asistencia del niño/a al colegio y su repercusión en su


aprovechamiento escolar.

40. Relaciones familiares del niño/a.

10. Se centra en el grado y tipo de conflicto dentro de la casa entre el


niño/a y el resto de miembros de la familia (se aplica a los niños/as
de edad escolar). Se tienen en cuenta factores tales como los esfuer-
zos para la solución de problemas, la tolerancia entre los miembros
de la familia, o la cantidad de contacto entre ellos.

123
41. Mala conducta de los niños/as.

10. Se ocupa del tipo y gravedad de las conductas problemáticas que


muestra el niño/a en casa, en el colegio, y en la comunidad.

42. Conducta de afrontamiento de los niños/as.

10. Evalúa la adecuación de las relaciones que el niño/a establece con


los demás (adultos e iguales).

43. Condiciones que incapacitan al niño/a/grado de deterioro.

10. Se centra en las limitaciones del funcionamiento del niño/a en sus


diferentes roles, atribuibles a condiciones físicas o emocionales
específicas.
La mayoría de las escalas se centran en las necesidades que no son
cubiertas, ya sea real o potencialmente, y no en las causas por las que esto
sucede. Cada escala tiene entre tres y seis niveles, que van desde «adecua-
do» hasta grados de mayor inadecuación. Los niveles de cada escala están
explícitamente definidos. Los «descriptores» narrativos de cada nivel están
escritos en términos lo más observables posibles, es decir, según el funcio-
namiento y conducta reales de los padres y los hijos. La necesidad de recu-
rrir a inferencias y predicciones es mínima. Los descriptores de una determi-
nada escala pretenden ser mutuamente excluyentes; cada familia o niño/a
tiene un nivel que mejor les describe. Cada escala, además de los niveles
mencionados, presenta la posibilidad de responder que la subescala no es
aplicable para el caso en cuestión, o que no se posee la suficiente informa-
ción como para poder ser respondida.

6.1.1.4. Administración
Las escalas están diseñadas para ser completadas por una de las perso-
nas que está interviniendo directamente en la familia, normalmente un Edu-
cador/a Familiar, con toda la información disponible y creíble sobre una
familia. La cumplimentación exacta del instrumento requiere algún contacto
directo y la observación de la vivienda de la familia, pero las escalas no
constituyen un sistema estructurado de observación. La persona que las com-
pleta debe obtener y sintetizar información sobre una familia de muchas
fuentes (incluidos estudios y evaluaciones previas o de otros servicios).

124
La cantidad de tiempo que por término medio se necesita para la cum-
plimentación de las escalas, una vez que el Educador/a Familiar se ha fami-
liarizado con su contenido, es de 25 minutos (a medida que el número de
escalas con puntuación en el nivel «adecuado» aumenta, el tiempo de cum-
plimentación disminuye).
Esta prueba se aplicará en todos los casos, en la observación, en las eva-
luaciones semestrales y al final.

6.1.1.5. Forma de corrección


Se ha diseñado una hoja de evaluación para facilitar la tarea de puntuar
las 43 escalas de cada caso. De la escala 1 a la 28, la familia es evaluada en
conjunto, recibe una única puntuación. En caso de que en una familia la
satisfacción de determinadas necesidades sea diferente para cada uno de los
niños/as, se registrará la puntuación más negativa, es decir, la del niño/a,
cuyas necesidades están más inadecuadamente satisfechas. De la escala 29
a la 43, cada uno de los niños/as de la familia recibe una puntuación inde-
pendiente. En cada caso se debe seleccionar el nivel de cada subescala que
mejor describa a la familia en ese momento. Esto no significa necesariamen-
te que se haya de reflejar la situación del día exacto en que las escalas son
completadas, sino la última información disponible sobre la familia. Esto
tampoco significa que el nivel elegido deba ajustarse completamente a la
familia, sino que debe ser el que más se acerque, el que constituya la mejor
descripción de la situación familiar.
Antes de completar las escalas se ha de revisar el contenido de cada
una de las categorías. No se han de forzar las respuestas; es decir, si no se
posee la suficiente información o la escala no es aplicable, así se debe seña-
lar en la hoja de evaluación. Si la persona que está completando las esca-
las considera necesario añadir alguna información, puede hacerlo en la
hoja de evaluación.
En la corrección de estas escalas, se considera que los aspectos que se
miden en cada una de ellas, tienen una importancia diferente en relación
con el bienestar general del niño/a. Por ello, cada escala tiene asignada una
puntuación ponderada para cada nivel. Estas puntuaciones ponderadas per-
miten comparar la gravedad de las situaciones peligrosas para el niño/a, des-
critas en cada una de las escalas. Las puntuaciones de gravedad van de 0 (lo
más grave) a 100 (adecuado). Sólo con las puntuaciones directas de las esca-

125
las no es posible comparar la gravedad de los descriptores en las diferentes
escalas.
Las puntuaciones ponderadas permiten combinar toda la información
de las 43 escalas en una puntuación total familiar. Esta puntuación total es el
resultado de extraer la media de las puntuaciones de gravedad de las 43
escalas. Para las escalas 29 a 43, en las que se puntúa independientemente
a cada niño/a, se debe hallar previamente la media de las puntuaciones de
gravedad para todos los niños/as. La puntuación máxima familiar sería de
100 y la mínima de 1. Se obtendría una puntuación global familiar de 100 si
la familia obtuviera una puntuación directa de 1 en las 43 escalas.
Para más información acerca de su corrección e interpretación, ver la
adaptación española de De Paúl y Arruabarrena (1998).

6.1.2. Inventario de Potencial de Maltrato Infantil (J.S. Milner, 1986)2

6.1.2.1. Aplicaciones del Inventario


El Inventario CAP fue elaborado en su versión original con el objetivo
principal de ser utilizado como instrumento de detección de padres/madres
(o adultos que cumplen funciones parentales) que maltratan físicamente a
sus hijos. No obstante, se ha demostrado útil en otras funciones, tales como:
– Evaluación de los clientes antes del tratamiento.
– En esta aplicación, el Inventario CAP se usa para proporcionar infor-
mación clínica relevante para el tratamiento. Las cinco subescalas que
componen la Escala de Abuso pueden indicar posibles áreas proble-
máticas del sujeto que requieren tratamiento. Esto debe ser explorado
en mayor profundidad utilizando otras pruebas y/o entrevistas.
– Evaluación del tratamiento o de programas de intervención.
– El Inventario CAP se puede utilizar en la evaluación de tratamientos
individuales o programas de intervención. En general, el Inventario se
administra al inicio del programa de intervención/tratamiento, en

2 Versión española: De Paúl y Arruabarrena, 1998.

126
algún o algunos momentos durante la propia intervención, en el
momento de su finalización, y un tiempo después (habitualmente
entre seis y doce meses tras haber terminado). Los Índices de Validez
del Inventario CAP también pueden constituir un criterio útil que
ayude a determinar/asegurar si la evaluación de la situación de un
sujeto o de los resultados de la intervención llevada a cabo con él, es
fiable o no (los Índices de Validez pueden reflejar que el sujeto inten-
ta dar una imagen no real de sí mismo). La variación en las puntua-
ciones en la Escala de Abuso de un sujeto a lo largo del desarrollo de
un programa de tratamiento, pueden servir como una estimación glo-
bal del cambio en su riesgo potencial de maltrato físico. Por último,
las cinco subescalas que forman la Escala de Abuso proporcionan
información acerca de las áreas donde el programa de intervención es
más eficaz, y las áreas donde los resultados son insuficientes y se
necesita poner en marcha otro tipo de intervenciones.

6.1.2.2. Utilización en la intervención de los PIF


En la intervención de los PIF, el «Inventario de Potencial de Maltrato
Infantil» puede ser útil para:
a) Formular objetivos de trabajo en las áreas del funcionamiento perso-
nal de los padres/madres en las que se detecten problemas, y evaluar
a lo largo de la intervención (con las evaluaciones sucesivas) si dichos
problemas van remitiendo o no.
b) Detectar áreas problemáticas en el funcionamiento personal de los
padres/madres, que posteriormente serán objeto de análisis y valora-
ciones más precisas (bien a través de la utilización de otros instru-
mentos de medida específicos, y/o bien a través de una valoración
psicodiagnóstica profesional).
Es interesante señalar que el «Inventario de Potencial de Maltrato Infan-
til» cuenta también con una «Escala de Deseabilidad Social» compuesta por
diez items, que detecta sujetos que distorsionan sus respuestas de una mane-
ra socialmente deseable, es decir, que quieren dar una imagen positiva de sí
mismos y, para ello, falsean información (para establecer esta conclusión, el
sujeto tiene que puntuar por encima de la puntuación normativa de corte en
esta escala). Esta escala proporciona una información muy útil para la inter-
vención clínica, pues puede indicar que los padres están ocultando infor-

127
mación a los profesionales del Programa sobre problemas que pueden estar
ocurriendo en la familia e incluso sobre situaciones de maltrato o abandono
que siguen produciéndose. Los profesionales de los PIF deben estar muy
atentos a los «signos de alarma» de la Escala de Deseabilidad Social, y explo-
rar si realmente el niño/a está sufriendo situaciones de maltrato/abandono
que los padres intentan ocultar y si hay problemas en la familia que aún no
se han identificado. Los profesionales también deberán explorar por qué los
padres quieren dar una imagen positiva de sí mismos: porque no quieren
colaborar con la intervención, porque no son capaces de reconocer sus pro-
blemas, porque no han establecido con los profesionales una relación de
confianza tal que les permita hablar sobre sus dificultades, o porque tienen
miedo hacia posibles consecuencias negativas derivadas del descubrimiento
de sus dificultades (p.ej., separación o no retorno de los niños/as).

6.1.2.3. Limitaciones del Inventario

En primer lugar, el instrumento tiene su mayor validez cuando se utiliza


para detectar sujetos maltratadores físicos o sujetos alto-riesgo para ello.
Aunque las personas que cometen otros tipos de maltrato (por ejemplo,
abuso sexual, negligencia física) también tienen puntuaciones elevadas en la
Escala de Abuso, en estos casos la Escala produce demasiados errores de cla-
sificación. Además, la puntuación en la Escala de Abuso no puede ser utili-
zada para diferenciar entre los distintos tipos de maltrato.

En segundo lugar, el Inventario CAP describe la situación de un deter-


minado sujeto en el momento de la administración del instrumento. Si bien
una puntuación elevada en la Escala de Abuso predice la probabilidad de
que se produzcan actos de maltrato físico infantil en el futuro, se recomien-
da que, transcurrido un plazo de tiempo, se vuelva a pasar el Inventario. Esto
es especialmente recomendable cuando las condiciones vitales y/o familia-
res del sujeto han cambiado (por ejemplo, si los niveles de estrés han aumen-
tado y/o si un niño/a ha retornado al domicilio familiar con sus padres).

Otra cuestión importante, y que afecta no sólo al Inventario CAP sino a


los instrumentos de autoinforme en general, es el hecho de que sus resulta-
dos pueden verse cuestionados o invalidados por los intentos del sujeto de
distorsionar sus respuestas. Las formas de distorsión más habituales consisten
en dar una imagen positiva de sí mismo, dar una imagen negativa de sí
mismo, o responder al azar. Detectar estas distorsiones es muy importante,

128
pues pueden llegar a invalidar totalmente los datos obtenidos con el instru-
mento. El Inventario CAP incluye -como ya se ha señalado- tres Índices de
Validez (Índice de Imagen Positiva, Índice de Imagen Negativa, e Índice de
Respuesta al Azar), dirigidos de manera específica a detectar los tipos de dis-
torsiones más habituales. Estos Índices deben ser computados y evaluados
antes de proceder a puntuar e interpretar las escalas del Inventario.
Por último, es importante señalar que la puntuación en la Escala de
Abuso del Inventario no puede ser utilizada bajo ninguna circunstancia
como criterio único para realizar un diagnóstico o clasificar a un sujeto
como maltratador/no maltratador o alto/bajo riesgo. La puntuación de un
sujeto en la Escala de Abuso debe ser utilizada conjuntamente con datos de
evaluación obtenidos de otras fuentes (tales como entrevistas, expedientes,
observaciones directas, entrevistas colaterales, informes médicos, y otros
tests psicológicos). En la medida en que se utilicen más datos y se hayan uti-
lizado métodos diferentes para la recogida de información, la probabilidad
de realizar clasificaciones/predicciones correctas es mayor.

6.1.2.4. Descripción general del Inventario


Los 160 items del Inventario CAP contienen un total de cuatro escalas.
La primera de ellas es la Escala de Abuso. Esta escala contiene a su vez cinco
subescalas, cada una de las cuales describe un factor: Malestar psicológico,
Rigidez, Infelicidad o problemas de relación social, Problemas familiares, y
Problemas con el propio hijo. El Inventario CAP contiene también tres esca-
las de validez: la Escala de Deseabilidad Social, la Escala de Respuesta al
Azar y la Escala de Inconsistencia. La combinación de las puntuaciones de
las tres escalas de validez proporciona tres Índices de distorsión de respues-
ta o Índices de Validez: Imagen Positiva, Imagen Negativa, y Respuesta al
Azar.
Escala de Abuso (73 ítems):
Malestar Psicológico (27 ítems)
Rigidez (15 ítems)
Infelicidad y problemas de relación social (14 ítems)
Problemas familiares (9 ítems)
Problemas con el propio hijo (8 ítems)

129
Escalas de Validez:
Escala de Deseabilidad Social (DS) (10 ítems)
Escala de Respuesta al Azar (RA) (12 ítems)
Escala de Inconsistencia (IC) (20 pares de ítems)
Índices de Validez:
Índice de Imagen Positiva: Escala DS elevada y Escala RA normal
Índice de Imagen Negativa: Escala RA elevada y Escala IC normal
Índice de Respuesta al Azar: Escala RA elevada y Escala IC elevada

a) Escala de Abuso
Los 73 ítems que componen la versión española de la Escala de Abuso
recaban información sobre determinadas características del sujeto evaluado,
que se miden a través de las cinco subescalas en que se agrupan los ítems.
De ellas, las dos primeras (Malestar psicológico, Rigidez) miden característi-
cas de personalidad y/o dificultades psicológicas del sujeto. Las dos últimas
(Problemas familiares, Problemas con el propio hijo) miden problemas en las
relaciones interpersonales. La tercera escala (Infelicidad o problemas de rela-
ción social) incluye ítems que evalúan tanto dificultades personales como
interpersonales.
1. Malestar psicológico (evaluado a través de 27 ítems)
1. La escala de «Malestar psicológico» es una medida de la percepción
del sujeto acerca de su malestar psicológico personal. Incluye ítems
que evalúan sentimientos de tristeza, ansiedad, frustración, soledad,
confusión, agresividad y baja autoestima. En sentido general, estos
ítems indican problemas de ajuste personal.
2. Rigidez (evaluado a través de 15 ítems)
1. La escala de «Rigidez» identifica un patrón parental rígido. Valora si
el sujeto tiene muchas expectativas rígidas acerca de la apariencia,
comportamiento o sentimientos de los niños/as. Esto se refleja en
ítems que hacen referencia a que los niños/as deben estar limpios,
deben comportarse adecuadamente, ser obedientes, no tienen que
causar problemas, ni hacer ruido, deben tener sus cosas en orden, y
tienen que estar callados. La rigidez también se refleja en ítems que

130
hacen referencia a que los niños/as necesitan normas muy estrictas, a
la adecuación del castigo físico con los niños/as, a la valoración
negativa de la expresión de sentimientos de debilidad o de necesidad
de apoyo, y a la expectativa de que una casa debe estar siempre per-
fectamente limpia. Estas creencias pueden hacer que el padre/madre
fuerce al niño/a a comportarse de acuerdo al rígido modelo definido
por él. Algunos estudios han asociado la rigidez con el autoritarismo.
3. Infelicidad o problemas de relación social (evaluado a través de 14 ítems)
1. La escala de «Infelicidad o problemas de relación social» hace refe-
rencia a sentimientos generales de infelicidad en la vida y a senti-
mientos de infelicidad derivados de problemas de relación con otras
personas. El contenido de esta escala incluye la percepción de no ser
feliz, de que la propia vida no es buena, de haber tenido mala suerte
en la vida, la percepción de que otras personas han provocado esa
infelicidad, la incertidumbre respecto a si las necesidades básicas del
sujeto van a poder cubrirse, y la falta de confianza en los demás. Estas
situaciones se supone que dificultan la relación del sujeto con sus
hijos/as.
4. Problemas familiares (evaluado a través de nueve ítems)
1. La escala de «Problemas familiares» hace referencia a dificultades
pasadas y actuales del sujeto en la relación con su familia de origen.
Se incluyen ítems referentes al trato recibido por el sujeto en su infan-
cia, y específicamente su percepción sobre el nivel de afecto, com-
prensión, seguridad y apoyo recibidos, la existencia de agresiones
físicas hacia él por parte de sus padres, y el deseo del sujeto de haber
recibido más afecto en su infancia por parte de sus padres. Otros
ítems se refieren a las dificultades actuales de la familia de origen del
sujeto para mantener una relación positiva.
5. Problemas con el propio hijo/a (evaluado a través de ocho ítems)
1. La escala de «Problemas con el propio hijo/a» identifica a sujetos
que describen a sus hijos/as de manera negativa. Se centra en la per-
cepción del sujeto de tener un hijo/a problemático y con capacida-
des y habilidades limitadas. Los ítems hacen referencia a percepcio-
nes de tener un hijo/a que se mete en líos, con problemas especiales,
que es malo, torpe, que rompe cosas, que está enfermo en muchas
ocasiones, y que se hace daño a sí mismo.

131
b) Escalas de Validez

1. Escala de Deseabilidad Social:

1. La Escala de Deseabilidad Social está formada por diez ítems que tie-
nen como objetivo detectar sujetos que distorsionan sus respuestas
de una manera socialmente deseable. El contenido de los ítems
incluye actitudes y conductas valoradas socialmente de manera
positiva, pero que son imposibles de cumplir en su totalidad. Una
respuesta socialmente deseable a algunos de estos ítems incluiría,
por ejemplo, afirmar que uno mismo cumple siempre todas sus pro-
mesas, que nunca se pone furioso con los demás, que nunca actúa
tontamente, o que nunca levanta la voz por enfado. Por el contrario,
una respuesta sincera incluiría, cuando menos, reconocer que algu-
nos de esos ítems no son ciertos. La Escala de Deseabilidad Social
tiene sus ítems balanceados, es decir, hay el mismo número de res-
puestas «De acuerdo» y «En desacuerdo» que tienen asignado el
valor 1.

2. Escala de Respuesta al Azar:

1. La Escala de Respuesta al Azar consta de 15 ítems. Su objetivo es


detectar sujetos que responden al azar al Inventario.

3. Escala de Inconsistencia:

1. La Escala de Inconsistencia está formada por 40 ítems, agrupados en


20 pares. Esta escala proporciona una medida diferente a la Escala de
Respuesta al Azar. La Escala de Inconsistencia mide el grado en que
el sujeto responde de forma inconsistente a ítems que normalmente
han de ser respondidos de una manera predecible y consistente. La
escala está balanceada de la siguiente manera: contiene cinco pares
de ítems a los que se supone que se ha de responder De acuerdo-De
acuerdo, cinco pares de ítems a los que se supone que se ha de res-
ponder En desacuerdo-En desacuerdo, cinco pares de ítems a los que
se supone que se ha de responder De acuerdo-En desacuerdo, y
cinco pares de ítems a los que se supone que se ha de responder En
desacuerdo-De acuerdo.

132
c) Índices de Validez (Índices de Distorsión de Respuesta)

1. Índice de Imagen Positiva:


1. Este índice se construye a partir de dos escalas de validez: Deseabili-
dad Social y Respuesta al Azar. El Índice de Imagen Positiva es con-
siderado elevado cuando la puntuación en la Escala de Deseabilidad
Social es elevada y la puntuación en la Escala de Respuesta al Azar
es normal.

2. Índice de Imagen Negativa:


1. Este índice se construye a partir de las escalas de Respuesta al Azar e
Inconsistencia. El Índice de Imagen Negativa es considerado elevado
cuando la puntuación en la Escala de Respuesta al Azar es elevada y
la puntuación en la Escala de Inconsistencia es normal.

3. Índice de Respuesta al Azar:


1. Este índice se construye a partir de las escalas de Respuesta al Azar e
Inconsistencia. El Índice de Respuesta al Azar es considerado eleva-
do cuando las puntuaciones tanto en la Escala de Respuesta al Azar
como en la Escala de Inconsistencia son elevadas.

6.1.2.5. Administración y corrección


Ver Manual de la versión española del Inventario (De Paúl y Arruaba-
rrena, 1998).
Se aplicará sólo para los casos de maltrato físico, con la periodicidad
establecida (principio, cada seis meses y al final).

6.1.3. Versión para Maestros del «Inventario de Problemas de Conducta


del Niño/a» (T.M. Achenbach, 1986, 1991)

6.1.3.1. Objetivos
La versión para maestros del Inventario de Problemas de Conducta del
Niño se diseñó para recoger en un formato estandarizado las competencias
y los problemas de conducta de niños/as de edades comprendidas entre 5 y

133
16 años, tal y como éstas son informadas por parte del maestro-tutor que
conoce bien al niño/a.
El objetivo de este Inventario es poder establecer una primera aproxi-
mación diagnóstica de posibles problemas comportamentales en niños/as de
tales edades. A través de la información proporcionada por los maestros
sobre los diferentes problemas que presenta el niño/a, se trata de construir un
perfil diagnóstico de dicho niño/a con las puntuaciones normativas existen-
tes. A diferencia de los adultos, los niños/as no acuden a los servicios de
salud mental por sí mismos sino a través de la información proporcionada
por los adultos que conocen su comportamiento. Los padres o los maestros
suelen ser las personas que más tiempo están en contacto con el niño/a y
que, por tanto, pueden tener más información sobre sus problemas de com-
portamiento y la evolución y cambios que se producen en los mismos.
A pesar de que los padres son la fuente clave de información sobre
muchos aspectos relevantes del comportamiento del niño/a, se considera
que los profesores son a menudo igualmente importantes por las siguientes
razones: (1) la escuela es un ámbito de desarrollo del niño/a en el que se
pueden evidenciar problemas que no aparecen en otros ambientes, (2) los
profesores son a menudo las personas que ocupan el segundo lugar de
importancia en la vida de los niños/as, (3) gracias a su entrenamiento, expe-
riencia y oportunidades para observar a los niños/as en grupo, los profesores
pueden informar de aspectos del funcionamiento de los niños/as que no son
evidentes para los padres, y (4) el informe de los profesores no está afectado
por la dinámica familiar, a pesar de que pueda estar afectado por la dinámi-
ca escolar.
De acuerdo al autor del instrumento, si tras su administración se sospe-
chara la existencia de un posible trastorno psicopatológico, debería realizar-
se un examen psicológico/psiquiátrico exhaustivo del niño/a, en esta ocasión
utilizando otros instrumentos.

6.1.3.2. Utilización en la intervención de los PIF


Al igual que el «Inventario de Potencial de Maltrato Infantil» en el caso
de los padres/madres, el «Inventario de Problemas de Conducta del Niño/a»
proporciona de manera rápida un «screening», un «repaso», de la situación
emocional/comportamental del niño/a en el ámbito escolar. Así, en la inter-
vención de los PIF, este Inventario puede ser útil para:

134
a) Formular objetivos de trabajo en las áreas del funcionamiento del
niño/a en las que se detecten problemas, y evaluar a lo largo de la
intervención (con las evaluaciones sucesivas) si dichos problemas van
remitiendo o no.

b) Detectar áreas problemáticas en el funcionamiento del niño/a, que


posteriormente serán objeto de análisis y valoraciones más precisas (a
través de la utilización de otros instrumentos de medida específicos
y/o de una valoración psicodiagnóstica profesional).

La versión para Maestros de este Inventario puede complementarse con


la versión para Padres/Madres, que tiene una estructura similar y los mismos
objetivos. Utilizando los dos instrumentos, puede obtenerse una visión rápi-
da y fiable de la situación emocional/comportamental del niño/a en la escue-
la y en el hogar, tal y como es percibida por los maestros/tutores y por los
padres/madres

6.1.3.3. Descripción

El TRF consta de dos partes:

a) La primera evalúa el nivel de adaptación del niño/a al contexto esco-


lar y su funcionamiento académico.

b) La segunda parte, compuesta por 118 ítems que describen diferentes


problemas emocionales/comportamentales. Los formularios piden a
los maestros que señalen, con la información que ellos poseen, en
qué medida la conducta descrita en el item es característica o habi-
tual en el niño/a, asignándose una puntuación en función de ello
(0=Raramente o Falso; 1=En parte o algunas veces; 2=Muy cierto o
casi siempre). Los problemas emocionales/comportamentales se eva-
lúan en relación a los dos meses inmediatamente anteriores a la cum-
plimentación del formulario.

b) Este instrumento proporciona puntuaciones en:

b) – El «Total de Problemas de Conducta», que se obtiene con el suma-


torio de las puntuaciones directas de todos los ítems e indica, a tra-
vés de su comparación con las puntuaciones normativas, si la con-
ducta del niño/a es, a nivel global, clínicamente perturbada.

135
b) – La «Escala Internalizada» y la «Escala Externalizada». La Escala
Internalizada hace referencia a problemas emocionales/comporta-
mentales relacionados con la ansiedad y conductas de inhibición.
Está formada por tres subescalas: Rechazante, Quejas somáticas, y
Ansioso/deprimido. La Escala Externalizada hace referencia a pro-
blemas emocionales/comportamentales relacionados con conduc-
tas agresivas y antisociales. Está formada por dos subescalas: Con-
ducta delictiva y Conducta agresiva.

Desde el punto de vista del diagnóstico y la orientación de la interven-


ción clínica, resultan más interesantes los resultados individuales de cada
una de las ocho subescalas del instrumento, que corresponden a Síndromes
de problemas emocionales /comportamentales específicos: Retraimiento
social (9 ítems), Quejas somáticas (9 ítems), Ansioso/deprimido (18 ítems),
Problemas en la interacción social (13 ítems), Problemas de pensamiento (8
ítems), Problemas de atención (20 ítems), Conducta delictiva (9 ítems), y
Conducta agresiva (25 ítems).

Siete de dichas subescalas permiten realizar un diagnóstico diferencial


de determinados trastornos psicopatológicos específicos según son clasifica-
dos en el DSM-IV. Estos son los siguientes:

Subescala del Inventario Categoría DSM-IV

Retraimiento social Trastorno por evitación

Quejas somáticas Trastorno de somatización

Ansioso/deprimido Trastorno de ansiedad generalizada


Trastorno depresivo mayor
Trastorno distímico

Problemas de pensamiento Trastorno esquizotípico de la personalidad


Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos

Problemas de atención Trastorno por déficit de atención con hiperactividad

Conducta delictiva Trastorno de conducta tipo grupal

Conducta agresiva Trastorno de conducta tipo solitario agresivo


Trastorno negativista desafiante

136
El TRF se pasará en la fase de observación. No se volverá a pasar poste-
riormente si en esta fase no se diagnostican problemas de conducta.

6.2. ADMINISTRACIÓN DE LOS INSTRUMENTOS


Para hacer la Evaluación Inicial, es evidente que los instrumentos deben
administrarse en el momento en que la familia es remitida al PIF. A partir de
los resultados, se identificarán aspectos deficitarios en las áreas de funciona-
miento personal/familiar evaluadas mediante los instrumentos. Los aspectos
deficitarios entrarán a formar parte de los objetivos de la intervención.
Posteriormente, los instrumentos pueden volver a ser utilizados como
criterio «externo» (junto con la valoración «clínica» de los profesionales
intervinientes en el caso) para evaluar si esos objetivos se han conseguido o
no, considerándose que seis meses es un plazo de tiempo adecuado para ir
realizando sucesivas evaluaciones. Cada nueva evaluación implicará un
nuevo análisis de la información obtenida y, si es necesario, la reformulación
de objetivos de la intervención.
Es importante que en las distintas evaluaciones se apliquen los mismos
instrumentos, siempre que sea posible; las variables que con ellos se evalú-
an no sólo pueden mejorar o mantenerse estables, sino que también pueden
empeorar o retroceder. Hay que tener en cuenta que, de la misma manera
que pueden producirse mejorías en áreas deficitarias, también es posible que
a lo largo del tratamiento puedan aparecer problemas que anteriormente no
se daban (como, por ejemplo, que el niño/a comience a presentar problemas
de comportamiento en la escuela). Este tipo de hallazgos deberá ser objeto
de análisis y diagnóstico individualizado por parte de los profesionales que
están interviniendo en el caso.
Por último, es importante recordar que el plazo de seis meses para la
administración sucesiva de los instrumentos de evaluación (tanto los descri-
tos en este capítulo como todos aquellos que los profesionales del PIF consi-
deren apropiados para cada caso), coincide con los plazos establecidos para
la remisión de informes escritos por parte del PIF a la Gerencia Territorial de
Servicios Sociales, sobre la evolución del tratamiento con cada familia.

137
7. Evaluación del Programa
de Intervención Familiar

7.1. INTRODUCCIÓN

7.1.1. La evaluación de Programas en el contexto


de la Intervención Psicosocial

La alta frecuencia de aparición de programas de intervención en muy


diversos ámbitos (sanitario, educativo, etc.) no ha estado asociada en las
décadas pasadas con la tendencia a la evaluación de dichos programas.
Durante bastantes años, se han puesto en marcha muchas iniciativas que tra-
taban de abordar problemas sanitarios, educativos o sociales, sin considerar
necesario realizar una evaluación de sus resultados o de su eficacia. Se con-
sideraba, quizá, que el mero hecho de poner en marcha una actividad, un
recurso o un programa, era ya una demostración de que se estaba solucio-
nando un problema, partiendo de la premisa de que el recurso era necesa-
rio, suficiente y eficaz y de que no era preciso demostrarlo. En todo caso, la
crítica externa acerca de la ineficacia de los programas, recursos o activida-
des, basada más en la confrontación de modelos teóricos o en rivalidades
profesionales, sustituía a la verdadera evaluación.

Sin embargo, recientemente se ha venido produciendo un proceso de


maduración en muy diversos ámbitos de la intervención social, ya sea sani-
taria, educativa, psicológica y de servicios sociales, que, en parte, se expre-
sa en el hecho de exigir a dichos programas una demostración de su efica-
cia, más allá de las valoraciones basadas en la «buena intención» de los
mismos o en la «estructuración» de los modelos teóricos que los sustentan.

139
Sólo en los últimos años empieza a ser frecuente que los programas de
intervención psicosocial sean sometidos a evaluación. La «cultura» de la
evaluación ha entrado recientemente en el ámbito de los Servicios Sociales.
La Protección a la Infancia constituye una de las áreas de intervención de
más reciente desarrollo dentro de los Servicios Sociales y sus objetivos de
trabajo exigen la máxima clarificación sobre la eficacia de las actuaciones
realizadas. Es evidente que en el trabajo relacionado con la infancia víctima
de malos tratos no es suficiente con poner en marcha programas, ni con
garantizar la «buena intención» de los mismos. Es imprescindible demostrar
si se están alcanzando o no, parcial o totalmente, los resultados deseados. Y
en caso de que no se alcancen los objetivos deseados, es necesario saber,
por ejemplo, cómo se podría mejorar, a qué se puede deber la ausencia de
cambios, con qué situaciones de maltrato no se obtienen todavía los resulta-
dos deseados, etc.

En el ámbito de la Protección a la Infancia, y de la intervención con las


familias en particular, la evaluación debe constituir una prioridad en el dise-
ño de los programas. No se trata de una actividad generalizada todavía, pero
constituye una señal inequívoca de rigor en la puesta en marcha de los recur-
sos psicosociales y demuestra una preocupación por conocer si los clientes
se están beneficiando en la medida deseada de dichos recursos. No debe
olvidarse que la evaluación añade costos a la realización de los programas.
Pero los beneficios que de ella se derivan se convierten en imprescindibles,
en primer lugar, para todos los implicados en cada programa, y en segundo
lugar, para toda la comunidad de profesionales que en el ámbito nacional e
internacional, dedican sus esfuerzos al mismo objetivo.

7.1.2. Los objetivos de la evaluación de Programas

Desde un punto de vista general, en los programas de Intervención Psi-


cosocial, la evaluación se realiza con los siguientes objetivos:

1. Colaborar en la mejora constante de los programas. Conectar de


manera adecuada, a partir de modelos etiológicos confrontados, las
características de la demanda, los recursos puestos en marcha y los
resultados obtenidos, permite ir introduciendo de manera prudente y
paulatina las modificaciones que se consideren pertinentes en los
programas. Es necesario destacar que la interpretación de los datos de
la evaluación de un programa debe generar un proceso de discusión

140
y reflexión sobre los aspectos que son mejorables: tipo de casos que
requieren otro tipo de recursos, eficacia diferencial de los diferentes
recursos puestos en marcha, etc. Sería deseable que la evaluación de
los programas pueda servir para generar, en caso necesario, modifi-
caciones en la planificación de los recursos, en los tiempos previstos
de intervención, la tipología de casos admitida, etc. Todo ello siem-
pre desde la premisa de la mejora permanente de la eficacia y la cali-
dad de la intervención, a partir de la mejor satisfacción de las nece-
sidades de los clientes.
2. Comunicar los resultados a la comunidad científica y de profesiona-
les y ampliar el conocimiento sobre la realidad psicosocial de que se
trate. La difusión de los hallazgos (tanto de los éxitos como de los fra-
casos) constituye un mecanismo fundamental en la evolución de
cualquier área de conocimiento. En la actualidad, sería poco defen-
dible que cada grupo de profesionales debiera evolucionar única-
mente a partir de su propia experiencia. La comunicación de los
resultados es posible si éstos han sido obtenidos a partir de una meto-
dología de evaluación que pueda ser compartida.
3. Servir de ayuda a la intervención. El objetivo básico de cada progra-
ma es corregir los problemas por los que se ha formulado la deman-
da de tratamiento para cada caso. La evaluación del programa se
apoya en los datos que se recopilan de cada uno de los casos, y esta
información debe ser también utilizada para poder planificar con
mayor precisión y eficacia los objetivos, los recursos y la estrategia de
intervención para cada caso.
Para poder alcanzar los tres objetivos señalados es necesario recopilar
de manera sistemática una serie de datos de la población atendida en el pro-
grama y de los recursos puestos en funcionamiento y las actividades realiza-
das. En concreto, se debe recopilar información que permita alcanzar tres
objetivos específicos:
1. Conocer la demanda, es decir, cantidad y las características concre-
tas de los casos que el programa está abordando.
2. Conocer lo que se hace, es decir, conocer con detalle los recursos y
las actividades que se están poniendo en marcha en los programas.
3. Conocer los resultados que se están alcanzado en dichos casos y con
los recursos y las actividades descritas.

141
Es necesario clarificar, en este contexto, que la evaluación de programas
NO DEBE plantearse como:
– Un cuestionamiento o crítica hacia los profesionales o los programas.
La evaluación se debe realizar siempre con un objetivo constructivo y
educativo para los propios profesionales, los responsables o los finan-
ciadores de los programas. Se trata, en definitiva, de ayudar a «hacer
mejor lo que hay que hacer».
– Un análisis de costos y beneficios, con el objetivo simplista de redu-
cir los costos en momentos de necesidad de reducción de gastos. Es
de una gran importancia optimizar la utilización de recursos, de
manera que se obtengan los máximos beneficios posibles. La evalua-
ción de programas sirve a este objetivo, pero no debe confundirse con
la mera reducción de costos.
– Una mera justificación de la existencia y continuidad de actividades,
programas y recursos, o eliminación de programas que «a priori», y
por la razón que fuere, se consideran eliminables.
Existe la posibilidad de que la evaluación de programas sea utilizada
como una estrategia o un recurso para alcanzar objetivos como los citados
anteriormente. Como ocurre en todos los ámbitos del conocimiento, cuando
los medios se ponen al servicio de fines para los que no están diseñados, no
sólo pierden toda su pertinencia, sino que se corre el riesgo de cuestionar su
bondad intrínseca y su aplicabilidad real.
En el contexto más concreto de los Programas de Intervención Familiar
en Protección a la Infancia, los objetivos concretos de la evaluación son:
– Conocer la cantidad de familias y de niños/as con los que se está
interviniendo. Se trata, en cierto sentido, de saber si el programa está
siendo pertinente, en la medida que responde a una necesidad exis-
tente. Poder observar la cobertura de un Programa de Intervención
Familiar a lo largo del tiempo, permite tener información sobre la evo-
lución social del problema tratado y su detección, así como sobre el
funcionamiento general de la Sección de Protección a la Infancia.
– Conocer la problemática concreta de desprotección infantil y las
características asociadas de las familias y los niños/as que están sien-
do tratados. Es importante tener datos para conocer si se está abor-
dando la problemática para la que fue diseñado el programa. La efi-

142
cacia de un programa puede verse influida por el hecho de recibir un
determinado porcentaje de familias con problemas para los que no se
habían previsto una serie de recursos.
– Conocer qué se hace en concreto con las familias y con los niños/as
en los programas. Se trata de conocer el proceso de intervención, los
recursos utilizados, la organización de los mismos, su distribución,
etc. La intervención con familias maltratantes puede realizarse desde
muy diferentes perspectivas teóricas, con mayor o menor profusión de
recursos, y con diferentes fórmulas de organización de los mismos.
Los resultados obtenidos por cada programa adquieren sentido única-
mente a partir de una descripción de tales procesos.
– Conocer cuáles son los resultados alcanzados con las familias y los
niños/as en relación con los objetivos generales y específicos previs-
tos por el programa.

OBJETIVO FUNDAMENTAL:

TENER LA INFORMACIÓN SUFICIENTE PARA PODER MEJORAR


DE MANERA CONTINUA EN ESTE TRABAJO,
PROPORCIONANDO A CADA NIÑO/A
LOS RECURSOS MÁS ADECUADOS A SUS NECESIDADES

7.1.3. Diseño y metodología de la evaluación de Programas

Son muchos los textos escritos acerca de cuestiones metodológicas rela-


tivas a la evaluación de los programas de intervención psicosocial, y más en
concreto, de los Programas de Intervención Familiar en Protección a la Infan-
cia. Aquí se trata de clarificar algunas cuestiones relacionadas con las exi-
gencias metodológicas.

Desde un punto de vista de metodológico, para poder demostrar que los


cambios experimentados en los sujetos son efecto del programa y sólo del
programa, deben cumplirse una serie de condiciones que únicamente se dan
en lo que se denomina un experimento. Dos de estas condiciones son: (1)

143
selección al azar, de entre un conjunto de sujetos con problemas similares,
de un grupo de sujetos que va a recibir el tratamiento, y (2) aplicación de los
mismos recursos del programa a todos los sujetos, manteniendo la máxima
estabilidad y homogeneidad en dicha asignación.
La primera condición implica la utilización de un Grupo Control de
sujetos que no reciben el tratamiento y que son evaluados de la misma
manera que el Grupo Experimental, que sí lo recibe. Unicamente si los cam-
bios observados en el grupo experimental no se han observado en el grupo
control se puede concluir que dichos cambios podrían deberse al programa.
La segunda condición implica que todos los sujetos deben recibir el mismo
tratamiento durante el tiempo que dure la intervención. Es evidente que, en
el ámbito de la Protección a la Infancia y en otros muchos contextos de tra-
tamiento, difícilmente se pueden cumplir ambas condiciones. No se puede,
ni se debe, mantener a un niño/a en su familia o separado de ella sin darle a
ésta la oportunidad de ser tratada, aunque sea con el objetivo, por otra parte
positivo, de poder tener las máximas garantías de saber si los cambios expe-
rimentados en el grupo que recibe tratamiento se deben al mismo. Es, por
otra parte, casi imposible, defender que todas las familias reciban los mismos
recursos de manera homogénea. Cada familia, a pesar de presentar síntomas
semejantes, tiene unas necesidades específicas y, por tanto, un proceso de
tratamiento particular.
En ausencia del método experimental como estrategia de diseño aplica-
ble a este ámbito de trabajo, se opta por un diseño de evaluación que cum-
pla las siguientes condiciones:
– Posibilidad de establecer una diferenciación de tipos de situaciones de
desprotección infantil que permita una lectura diferenciada de los
resultados obtenidos con cada una de ellas.
– Extremo cuidado en el establecimiento de un «hilo conductor» que
conecte (1) los objetivos del programa, (2) las variables comporta-
mentales o actitudinales en que se traducen dichos objetivos, (3) una
serie de indicadores que sean la expresión de que se han producido
los cambios perseguidos en dichas variables, y (4) unos instrumentos
o criterios que midan con validez y fiabilidad dichos indicadores.
– Establecer un sistema de medición y valoración de dichos indicadores
y variables en diferentes momentos de la intervención. Es imprescin-
dible realizar una medición en el momento de inicio de la interven-

144
ción (evaluación pretratamiento) y otra en el momento de finalización
de la intervención (evaluación postratamiento). Para poder compensar
la ausencia de un grupo sin tratamiento y controlar, en cierta medida,
el efecto del azar o de la evolución natural de las variables analizadas,
se considera necesario establecer mediciones intermedias durante el
proceso de intervención, que permitan realizar «Análisis de Tenden-
cias», es decir, análisis de la evolución continuada de las medidas de
las variables objeto de estudio. Se puede considerar pertinente reali-
zar una aplicación de los instrumentos de medida con una periodici-
dad semestral.

7.2. LA EVALUACIÓN DEL PROGRAMA DE INTERVENCIÓN FAMILIAR

7.2.1. Utilidad de la evaluación de los Programas de Intervención Familiar


La evaluación de cualquier programa de intervención psicosocial
requiere poner en marcha unos recursos humanos y materiales con los que
se pueda recoger, almacenar y procesar una cierta cantidad de información
de los casos tratados y de la propia intervención. Se requiere precisión meto-
dológica en la recogida de datos, dedicar un determinado tiempo a organi-
zar y compilar toda la información necesaria, y en algunas ocasiones se debe
emplear tiempo en aplicar unos cuestionarios, etc. En definitiva, es evidente
que realizar la evaluación de un programa supone un costo añadido al deri-
vado de la actividad misma de intervención.
Pero resulta imprescindible tener en cuenta que si la evaluación de un
programa se realiza de manera adecuada, debe producir una serie de bene-
ficios a los profesionales que ponen en marcha la intervención, que deben
superar la inversión realizada.
En este apartado se van a presentar, a modo de ejemplo, algunas de las
aplicaciones prácticas más relevantes que pueden derivarse de la lectura e
interpretación de los datos que se obtienen en el proceso de evaluación de
los Programas de Intervención Familiar:
1. Conoceremos los resultados del programa en cuanto a su objetivo
fundamental: ¿hasta qué punto estamos consiguiendo eliminar la
necesidad de separación del niño del hogar o logramos su retorno?;
¿desaparecen las situaciones de maltrato o el riesgo de maltrato?,

145
¿queda la seguridad e integridad del niño/a garantizados, con sus
necesidades básicas cubiertas?

2. Extraeremos información relevante sobre la capacidad de los recursos


y del programa en sí mismo para alcanzar los objetivos deseados (1)
con los diferentes tipos de desprotección y en función de su grave-
dad, (2) con los factores asociados a las mismas, y (3) con algunas
características demográficas de las familias. Se puede reconocer, por
ejemplo, la mayor o menor eficacia del programa con casos en los
que exista un problema de alcoholismo en los padres, con casos de
negligencia física, con madres adolescentes, o con familias monopa-
rentales. Todo ello puede ayudar a que los profesionales del progra-
ma reflexionen sobre las medidas precisas para poder mejorar de
manera continua los resultados con el conjunto y con cada uno de los
casos tratados.

3. Los datos de la evaluación de un Programa de Intervención Familiar,


recopilados a lo largo de un periodo de tiempo prolongado, permiten
conocer la evolución de características relevantes de los niños/as y
las familias que, a su vez, debería posibilitar una adaptación eficaz de
los recursos a los citados cambios. La evaluación de programas pro-
porciona datos fiables sobre:

3. • El aumento o disminución del número global de familias tratadas,


que justificaría un aumento o disminución de los recursos necesa-
rios.

3. • Los posibles cambios en los tipos de desprotección que se remiten


al programa, que justificarían el mantenimiento, eliminación o
implantación de determinados recursos necesarios para afrontar
ciertos problemas. Dado que los recursos necesarios para los casos
de negligencia física no son los mismos que para los casos de
abuso sexual, una modificación relevante de la proporción entre
estos dos tipos, indicaría la necesidad de modificar los recursos de
los que se dota el programa.

3. • Los posibles cambios en la gravedad de los casos tratados, tanto


desde el punto de vista de la sintomatología presente (daños para
los niños/as) como de los factores asociados a las situaciones de
maltrato.

146
4. Podremos conocer también la utilización diferencial de cada uno de
los recursos del Programa. La flexibilidad e individualización de la
utilización de los recursos debe ser una de las características básicas
de los Programas de Intervención Familiar. Esto significa que cada
familia debe recibir en cada momento los recursos que le son nece-
sarios. La lectura e interpretación de los datos de la evaluación puede
permitir conocer:
3. • Los diferentes grados de utilización los recursos con cada uno de
los tipos de desprotección que se remiten al programa.
3. • La diferente utilización de los recursos con casos en los que apa-
recen diferentes factores asociados a la situación de desprotección
infantil
3. • Las diferencias en la eficacia de los resultados obtenidos con los
recursos aplicados según la tipología y los factores asociados.
3. • La medida en que determinados recursos no son utilizados por las
familias, a pesar de que hayan sido asignados o planificados
5. Por último, obtendremos datos sobre el tiempo de intervención que
se emplea con las familias tratadas. Se pueden detectar diferencias en
el tiempo total de tratamiento en función del tipo de desprotección,
del tipo de factores asociados, de ciertas características sociodemo-
gráficas de las familias, etc. La lectura de estos datos puede propor-
cionar información sobre las mayores o menores posibilidades de
obtener resultados con determinadas familias, después de un deter-
minado periodo de tiempo de intervención.

7.2.2. Información que se debe recoger para la evaluación del Programa


La evaluación se realiza a partir de la recopilación, descripción, análi-
sis e interpretación de cuatro bloques de datos:
1. Resultados
2. Recursos y actividades
3. Cobertura general del Programa
4. Características de los casos atendidos

147
Se han elaborado varios formularios para registrar la información necesaria (anexos III
a VII). Con ellos se puede recoger tanto la información señalada en el apartado 4.1 de este
Manual (sobre evolución del caso y objetivos de intervención), como los datos necesarios
para evaluar el programa. Los tres primeros anexos se refieren a cada caso; los dos últimos
al conjunto.
En resumen, la información que deben cubrir los equipos sobre cada caso es la
siguiente:
• Cuando se inicia, después de la fase de observación: Informe Inicial (Anexo III)
• Cada seis meses: Informe semestral (Anexo IV)
• Cuando se termina la intervención: Informe de baja (Anexo V)

Sobre todos los casos tratados se recogerá la información siguiente:


• A final de mes: Estadillos sobre dedicación de tiempo a las familias y sobre situa-
ción de las familias (Anexo VI).
• Al finalizar el año: Informe sobre Resultados y Gestión (Anexo VII).
• El informe de Resultados se referirá sólo a los casos cerrados a lo largo del año,
mientras que el de Gestión versará sobre todos los casos tratados en ese periodo.

Para el seguimiento de cada caso y para la evaluación de resultados basta con cum-
plimentar los formularios que se recogen en los Anexos de este Manual cuando correspon-
da, y remitirlos a la Sección de Protección a la Infancia.

A continuación se explica el porqué de los datos que se piden en esos


anexos en cuanto a la evaluación del programa.

7.2.2.1. Evaluación de los resultados del PIF

En este apartado se trata de registrar toda la información correspondien-


te a lo que habitualmente se suele entender como la parte esencial de la Eva-
luación de los Programas, es decir, la evaluación de sus resultados. Como ya
se ha comentado, es preciso tener en cuenta que la evaluación de los resul-
tados adquiere todo sus sentido en el contexto global de la Evaluación del
Programa, y a la luz de los datos relativos a las características de los casos
tratados y de los recursos asignados a los mismos.

148
Para poder completar este apartado de la evaluación es necesario hacer
una referencia a la finalidad y los objetivos con los que se ha diseñado el pro-
pio PIF y los Subprogramas de Preservación Familiar y de Separación Provisio-
nal-Reunificación, que quedaron descritos en el apartado 2.2. de este Manual.

7.2.2.1.1. Evaluación de resultados con respecto a objetivos finales


1. Resultados en cuanto a objetivos finales.
Se reflejará hasta qué punto se han logrado los objetivos finales del PIF,
es decir, si se ha conseguido que los niños/as puedan vivir en su familia de
origen en las condiciones adecuadas. Como es lógico, se registrará la infor-
mación correspondiente en función de la pertenencia a uno u otro subpro-
grama. Cada caso será clasificado en una de las categorías a partir de los
cambios producidos en la situación global de la familia y de los objetivos
alcanzados a lo largo de la intervención.

SUBPROGRAMA DE PRESERVACIÓN FAMILIAR


– Objetivos alcanzados: Se ha preservado la integridad familiar; se ha evi-
tado la separación del niño/a de su familia, y éste puede permanecer en
el hogar con garantías de que su seguridad e integridad están salvaguar-
dadas, y sus necesidades básicas están cubiertas de forma continuada.
– Objetivos parciales suficientes: Se ha preservado la integridad familiar
y se han producido cambios positivos notables, suficientes para garan-
tizar el bienestar de los niños/as en la familia, pero requiere control de
los Servicios Comunitarios.
– Objetivos parciales insuficientes: Se han producido algunos de los
cambios esperados, pero no se consideran suficientes para garantizar
la seguridad y el bienestar de los niños en la familia. Requiere la pre-
sencia regular de profesionales de los Servicios Comunitarios.
– Objetivos no alcanzados: No se ha observado ninguna mejoría en la
familia o los logros no son significativos. Requiere la presencia regu-
lar de profesionales de los Servicios Comunitarios.
– Objetivos no alcanzados y se propone la separación provisional. La
familia pasa al Subprograma de Separación Provisional-Reunificación.
– Objetivos no alcanzados y se propone la separación definitiva.

149
SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN PROVISIONAL-REUNIFICACIÓN
– Objetivos alcanzados: Se ha conseguido el retorno del niño/a al hogar
familiar (se ha eliminado la necesidad de la separación), y el niño/a
puede permanecer en el hogar con la garantía de que su seguridad e
integridad están salvaguardadas, y sus necesidades básicas están
cubiertas de forma continuada.
– Objetivos parciales suficientes: Se ha conseguido el retorno del niño/a
al hogar familiar y el niño/a puede permanecer en él; se han produci-
do cambios positivos notables durante la intervención, suficientes
para garantizar el bienestar de los niños, pero requiere control de los
Servicios Comunitarios.
– Objetivos parciales insuficientes: Se han producido algunos de los
cambios esperados en la familia, pero no se ha conseguido el retorno
del niño/a al hogar familiar.
– Objetivos no alcanzados: No se ha observado ninguna mejoría en la
familia o los logros no son significativos, y no se ha conseguido el
retorno del niño al hogar.
– Objetivos no alcanzados y se propone la separación definitiva.

2. Tipología de desprotección: ¿se ha eliminado la situación de maltrato?


Cada uno de los casos ha sido categorizado en función de una o varias
«situaciones o comportamientos parentales que pueden derivar en un
Desamparo o Riesgo de Desamparo» y que deberán ser eliminadas (median-
te la participación en el Programa) para poder anular el riesgo de separación
del niño/a de la familia.
Se deberá registrar, a partir de la información que poseen los profesio-
nales responsables de cada caso, si tal situación o comportamiento parental
ha desaparecido o se sigue manteniendo tras el periodo correspondiente de
tratamiento.

3. Situación de los niños.


Interesa recoger también la situación de los niños al comienzo y al final
de la intervención, es decir, con quién vive: hogar familiar, familia extensa
(con o sin acogimiento), familia ajena (acogimiento o adopción), residencia,
etc. Es éste otro indicador general sobre los resultados del Programa.

150
4. Razón de finalización de la intervención.
La familia puede finalizar su participación en el Programa por diversas
razones que deben de ser registradas en este apartado. Las posibilidades son
las siguientes:
(1) Porque la familia no acepta los recursos y abandona el programa.
(2) Por decisión de los responsables institucionales de la Sección de Pro-
tección a la Infancia.
(2) En esta segunda posibilidad, se deberá especificar si esta decisión se
ha tomado por:
(2) (2a) Cumplimiento del tiempo máximo establecido para la intervención;
(2) (2b) Por falta de resultados con finalización antes del plazo de tiem-
po previsto;
(2) (2c) Por la consecución de los objetivos previstos;
(2) (2d) Porque las circunstancias familiares hacen innecesaria la inter-
vención.

(3) Por otras causas:


(2) (3a) Por traslado;
(2) (3b) Por fallecimiento del niño;
(2) (3c) Por otros motivos, que se deberán especificar.

7.2.2.1.2. Evaluación de resultados con respecto a objetivos instrumentales


1. Factores asociados a la situación de maltrato.
Se considera que cualquier situación de maltrato infantil o riesgo está
determinada, provocada o mantenida de manera múltiple por una serie de
factores individuales, psicosociales y culturales. No se pueden considerar
dichos factores como causas de los malos tratos, ya que se desconoce si exis-
te una relación de causa-efecto entre ellos. Sin embargo, se asume que estos
factores predisponen a la aparición y mantenimiento de las situaciones de
maltrato infantil. Cada uno de estos factores asociados sirve para describir de
manera más precisa la problemática que se aborda por el PIF. Desde este
punto de vista, sirven también para conocer la pertinencia de los recursos

151
que se ponen en marcha en cada programa. Por otra parte, en la medida en
que los factores asociados se convierten en los objetivos del tratamiento con
estas familias, ya que se parte de la hipótesis de que si se reduce o se elimi-
na su presencia, se reducirá o desaparecerá la situación de maltrato a los
niños/as, constituyen una parte esencial de la evaluación de los resultados
del PIF.

Los Factores Asociados más relevantes a evaluar por el PIF son los
siguientes:

2(1) Ausencia de conciencia de problema: Uno o ambos padres no


reconocen la existencia de la situación de desprotección o alto-ries-
go en sus hijos. Se incluye también en esta categoría la falta de
reconocimiento por parte de los padres de aquellos problemas cuya
resolución es imprescindible para solventar la situación de despro-
tección (ejemplo: problemas de alcoholismo o toxicomanía).

2(2) Falta de motivación para el cambio: La actitud y el comportamien-


to del padre y/o la madre hacia la intervención reflejan su resisten-
cia a la introducción de cambios en la situación familiar o, mani-
festando aparentemente una voluntad de cambio, no se implican
activamente en la consecución del mismo.

2(3) Presencia de alcoholismo/otras toxicomanías: Uno o ambos padres


presentan problemas de consumo abusivo o dependencia de alco-
hol, drogas o fármacos.

2(4) Problemas significativos en el bienestar psicológico: Uno o ambos


padres sufren un problema mental lo suficientemente serio para
imposibilitarles un funcionamiento mínimamente adaptado. Se
incluyen también las familias en las que uno o ambos progenitores
presentan dificultades menores a nivel psicológico que tiene impli-
caciones negativas en su capacidad para cumplir adecuadamente
con las responsabilidades de su rol parental.

2(5) Desempleo: El padre o la madre carecen de un trabajo remunerado.

2(6) Problemas en la relación con la familia extensa: Existen problemas


en las relaciones con la familia extensa (parientes consaguíneos y/o
políticos) que interfieren de manera clara en el funcionamiento
adecuado del núcleo familiar objeto de la intervención.

152
2(7) Aislamiento social: Uno o ambos padres no disponen de una red
social que les permita mantener relaciones interpersonales posi-
tivas y estables y, en consecuencia, contar con figuras que les
proporcionen el apoyo necesario (material, emocional e infor-
macional).

2(8) Problemas en el manejo de la economía familiar: Existen dificulta-


des notables respecto a la distribución adecuada de los recursos
económicos de la familia.

2(9) Relación de pareja conflictiva: Se incluyen aquellas familias en las que


existen problemas importantes en la relación conyugal que interfieren
en el cumplimiento de los roles parentales.

(10) Domicilio familiar en condiciones precarias: Se constata la presen-


cia de serios déficit en la vivienda que significan un deterioro
importante de sus condiciones de habitabilidad (casa en estado rui-
noso, ausencia de baño, cocina, calefacción, agua caliente, etc).

(11) Presencia de problemas de comportamiento en los niños/as: Uno o


varios hijos presentan alteraciones emocionales y/o comportamen-
tales que implican un deterioro significativo de su bienestar psico-
lógico (problemas de ansiedad, depresión, problemas conductua-
les, etc.).

(12) Presencia de relaciones conflictivas padres-hijos (excluyendo la


problemática específica del maltrato físico): Se constata un deterio-
ro evidente de las relaciones entre padres e hijos, con repercusio-
nes negativas notables en el entorno familiar general.

(13) Asunción de roles parentales por parte de los hijos: Uno o varios
de los hijos desempeñan, en mayor o menor grado, roles paren-
tales, asumiendo funciones que, fuera de su competencia, impli-
can un nivel de responsabilidad en el niño/a claramente inade-
cuado.

(14) Presencia de problemas relacionados con la planificación familiar:


Los padres no adoptan medios precisos para posibilitar una ade-
cuada planificación familiar.

153
Las variables del niño y de la familia más relevantes a evaluar por el PIF,
que son las evaluadas a la vez por la sección de protección a la infancia son
las siguientes (guía 2 de la variable 17 a la 78):

a) Con respecto al niño


Edad del niño/a y visibilidad por parte de la comunidad: Edad cronoló-
gica del niño y grado en que éste puede ser visto de manera continuada por
personas que no conviven con él.
Capacidad del niño para protegerse o cuidarse a sí mismo: Característi-
cas de desarrollo del niño que le posibilitan o impiden salvaguardar su inte-
gridad ante circunstancias adversas del exterior y grado de dependencia hacia
los adultos.
Acceso del abusador al niño/a: Facilidad de acceso de la persona identi-
ficada como responsable del maltrato/abandono al niño como para causarle
daño de manera activa o pasiva.
Apego hijo-padres: Características de la vinculación afectiva temprana
(relación de apego) establecida entre los padres y el niño durante los primeros
años de vida de éste. Descripción de la manera en que se muestra afecto en la
interacción padres-hijo y sucesos que han configurado o determinado el grado
de apego existente entre ambos. Tipo de percepción que los padres manifiestan
hacia su hijo.
Estatus evolutivo físico del niño: Condición física del niño, nivel de desa-
rrollo y posible existencia de necesidades médicas especiales. Presencia de
enfermedades físicas crónicas y/o severas, déficits sensoriales o motores que
ocasionan una restricción importante del funcionamiento normal del niño en
las diferentes esferas de actividad (escolar, familiar, relaciones sociales,…) o
existencia de otros problemas o condiciones físicas menos severos pero con
impacto significativo en alguna o varias de las actividades habituales del niño;
situación evolutiva del niño en relación a lo que sería esperable según su
edad (talla, peso, vacunaciones, …); aspectos relacionados con la higine del
niño (general y dental), regularidad y asistencia a las revisiones médicas ruti-
narias, etc.
Estatus evolutivo cognitivo y emocional del niño: Existencia de posibles
problemas en el desarrollo evolutivo del niño (retraso mental, retraso genera-
lizado en el desarrollo, trastornos específicos del desarrollo –habla y lengua-
je, lectura y escritura, habilitades psicomotoras–), el rendimiento académico

154
y nivel de aprendizaje, la adecuación de su conducta en el hogar y escuela
(existencia de problemas comportamentales como, por ejemplo, desobedien-
cia, fugas, conductas agresivas hacia objetos o personas, inasistencia a la
escuela, hiperactividad, impulsividad, hurtos u otros comportamientos delic-
tivos, consumo de sustancias tóxicas, etc.), la existencia de potenciales difi-
cultades emocionales (baja autoestima, depresión, intentos/amenazas de sui-
cidio, cambios bruscos en el estado de ánimo, preocupación
desproporcionada en torno a una o varias situaciones, ansiedad o miedos irra-
cionales, ...), problemas en los hábitos de sueño y alimentación, control de
esfínteres, etc. Impacto de este problema en las actividades habituales del
niño y la familia.
Temperamento del niño y capacidad de respuesta hacia los padres: Cali-
dad de la interacción existente entre el niño y su padre/madre/tutor y capaci-
dad del niño para promover afecto y protección en éstos. Existencia de carac-
terísticas comportamentales o temperamentales en el niño que hacen que éste
no responda adecuadamente a las demostraciones de afecto o acercamiento
de sus padres. Grado en que los padres son capaces de comprender y tolerar
estos problemas.
Relaciones sociales del niño: Grado en que el niño mantiene relaciones
sociales con otros niños de su edad, estabilidad de tales relaciones, existen-
cia de posibles problemas de aislamiento/rechazo, grado de control/conoci-
miento de los padres, posibles influencias negativas de las amistades del niño.

b) Variable con respecto a la familia


Cooperación de los padres/tutores con las indicaciones de los técnicos
del servicio de protección a la infancia: Grado en que los padres/tutores acep-
tan las indicaciones y sugerencias de los técnicos del Servicio de Protección
a la Infancia en relación al cuidado del niño.
Características de la vivienda: Estabilidad de vivienda, apropiación del
espacio disponible para las necesidades de la familia (hacinamiento, niños
compartiendo cama con adultos, …), nivel de seguridad (cristales rotos, ven-
tanas sin cierre, balcones sin protección, fuentes de calor al alcance de los
niños, …), higiene (posibles focos de infección, desperdicios visibles, …),
existencia y estado de los servicios y equipamientos básicos (cocina dotada
de electrodomésticos esenciales, baño equipado, agua caliente, calefacción,
electricidad o gas), existencia y condiciones del mobiliario esencial (camas,
sillas, mesas, armarios, etc.).

155
Capacidades de los padres/cuidadores asociadas a la edad: Edad del cui-
dador principal. Existencia, en caso de ser adolescente, de otros adultos que te
apoyen positivamente en el cuidado del niño.

Historia de crianza de los padres/cuidadores: Percepción de los padres


acerca de la calidad de la relación que mantuvieron con sus propios padres,
existencia de figuras adultas positivas de apego durante la niñez y adolescen-
cia, experimentación de situaciones de desprotección infantil (maltrato y/o
abandono físico, maltrato/abandono emocional, abuso sexual, explotación
laboral, etc.).

Historia parental relacionada con situaciones de violencia o conductas


antisociales: Conocimiento de que el padre/madre/tutor ha ejercido violencia
o agresión contra otros (niños o adultos). Intensidad de dichos incidentes y
consecuencia de ello en el cuidado y atención recibido por el niño. Existen-
cia de situaciones de violencia en la familia y nivel de reconocimiento de su
existencia.

Salud y bienestar físico de los padres/cuidadores: Presencia de deficien-


cias, hándicaps o enfermedades de origen y manifestación fundamentalmen-
te física que pudieran limitar el funcionamiento normal de los padres y, espe-
cialmente, la ejecución adecuada de su rol parental. Se incluyen problemas
o manifestaciones somáticas derivadas de un posible abuso de sustancias
tóxicas como el alcohol u otras drogas. Existencia de seguimiento médico del
problema.

Salud mental, nivel intelectual, funcionamiento psicológico de los


padres/cuidadores: Aspectos del estatus y bienestar psicológico de los padres
que pueden afectar, condicionar o limitar significativamente su funcionamien-
to adaptativo en las diferentes esferas de actividad (trabajo, relaciones sociales,
relaciones familiares, …) y, sobre todo, en el desempeño del rol parental. Exis-
tencia de problemas psicológicos importantes y/o patologías psíquicas o psi-
cosociales severas (retraso mental importante, trastornos psicóticos, depresión
mayor, alteraciones graves de la personalidad, alcoholismo u otros tipos de
drogadicción, conducta criminal/delincuencia, etc.). Características del fun-
cionamiento psicológico general del sujeto: capacidad de juicio y razona-
miento, madurez mental, habilidades de enfrentamiento y resolución de pro-
blemas, reacciones habituales ante el estrés, nivel de tolerancia a la
frustracción, estabilidad y madurez emocional, nivel de control de los impul-
sos, autoestima, capacidad para mantener relaciones adultas, pasividad, etc.

156
Toxicomanías en los padres/cuidadores: Existencia de dependencia física
y/o psicológica de los padres/tutores de alguna sustancia (alcohol, droga o fár-
macos) de manera que la intoxicación que padece le hace incapaz de cuidar
y proteger al niño.
Disponibilidad/accesibilidad de los servicios de apoyo: Determinación
de si existen en la comunidad los servicios requeridos por la familia, y si
dichos servicios están disponibles y accesibles para ésta.
Creencias y expectativas parentales hacia el niño/a: Grado en que los
padres mantienen unas expectativas adecuadas en relación a las capacidades
(físicas, intelectuales, responsabilidades que puede asumir, etc.) y necesida-
des (cuidado y atención, estimulación, dependencia/autonomía, etc.) del niño
en función de la edad en la que se encuentra. Existencia de creencias cultu-
rales, étnicas, religiosas, etc. que formulan expectativas inadecuadas o irra-
cionales respecto al cuidado y atención del niño.
Creencias y prácticas de disciplina por parte de los padres/cuidadores:
Características de la disciplina utilizada por los padres y nivel de adecuación de
la misma: utilización del castigo físico, consistencia, inexistencia de disciplina.
Relación de pareja: Estabilidad de la relación, reparto del poder en la
misma, conflictos habituales y forma de resolverlos, existencia de problemas
de violencia, vinculación emocional en la pareja, grado en que las necesida-
des afectivas de cada uno son cubiertas por el otro. Grado en que las dificul-
tades de la relación de pareja afectan o interfieren en la capacidad de los
padres para atender, cuidar y proteger al niño. Utilización del niño en los con-
flictos conyugales.
Relaciones sociales de los padres/cuidadores: Existencia o no de perso-
nas con las que los padres mantienen relaciones de cercanía y apoyo mutuo
(vecinos, amistades, compañeros de trabajo, etc.), grado de aislamiento social
de los padres, conflictividad significativa en las relaciones sociales, estabili-
dad de las relaciones de amistad, disponibilidad que los vecinos, amigos, etc.
tienen para ayudar a los padres en momentos de crisis, tipo de ayuda que
pueden prestarles, etc. Grado en que las dificultades en este área afectan al
bienestar de los padres y a su capacidad para atender a los niños de manera
adecuada.
Presencia de un compañero o padre/madre sustituto/a: Grado en que la
presencia de un/a compañero/a del cuidador principal afecta al cuidado reci-
bido por el niño.

157
Existencia de suficientes factores de control/protectores en relación al
niño/a: Presencia de condiciones/circunstancias en el niño y su entorno que
funcionan como factores de control de la conducta del abusador y/o factores
de protección hacia el niño, reduciendo muy significativamente o eliminan-
do el riesgo de que el niño vuelva a ser objeto de maltrato/abandono y, en
consecuencia, permitiendo que pueda permanecer en el hogar familiar sin
riesgo para su seguridad y bienestar, no siendo necesaria la separación.
Entre los factores de control/protectores más relevantes pueden señalar-
se: (a) la edad del niño y su visibilidad por parte de la comunidad, (b) la capa-
cidad del niño para protegerse o cuidarse a sí mismo, y (c) la presencia de un
adulto en el entorno del niño capaz de protegerle eficazmente del abusador
y satisfacer de manera adecuada sus necesidades básicas.
Relación padres-hijo/a: Grado en que los padres se muestran competen-
tes en estimular y prestar atención al niño en función de las necesidades de
éste según su nivel evolutivo. Provisión por parte de los padres de un entor-
no de atención y estimulación (física y emocional) apropiado a lo que requie-
re el niño.
Relaciones entre hermanos: Comunicación existente entre los hermanos,
existencia de conflictos, victimización de algún hermano por otro mayor,
grado en que la relación fraternal supone una fuente de apoyo o estrés para
los niños implicados en la misma.
Relaciones con la familia extensa: Relaciones de los padres con miem-
bros de la familia extensa que puedan influir de manera significativa en la
dinámica de la familia y, en particular, en el bienestar de los niños. Nivel de
contacto/influencia que la familia extensa ejerce en la familia del niño, grado
en que la familia extensa supone una fuente de apoyo/conflicto, tipo de ayuda
que pudiera prestar (cuidado de los niños, ayuda económica, …), existencia
de rivalidad intensa entre las familias extensas de ambos progenitores.
Sucesos/condiciones estresantes en la familia durante el último año:
Existencia de sucesos/situaciones en la familia que obstaculizan o interrum-
pen los roles y actividades habituales de la familia (ejemplos: muerte del
cónyuge o familiar cercano; separación, divorcio, matrimonio o reconcilia-
ción; retorno/partida del hogar de uno o varios miembros de la familia;
embarazo o nacimiento reciente; estilo de vida caótico o conflicto familiar
continuo (p. ej., período en la cárcel, peleas crónicas, condenas repetidas);
enfermedad/lesión física o psíquica importante o crónica en algún miembro

158
de la familia; jubilación o pérdida de trabajo; situación prolongada de
desempleo; cambio significativo en las rutinas en un espacio de tiempo rela-
tivamente corto; pérdida importante o moderada de ingresos económicos).
Gravedad de tales sucesos e impacto que éstos tienen sobre el funciona-
miento de la familia y, en particular, sobre la capacidad de los padres para
desempeñar adecuadamente su rol parental.
Historia de contacto de la familia con los servicios sociales: Existencia de
contactos previos de la familia con los Servicios Sociales y de intervenciones
de estos servicios a causa de situaciones de desprotección infantil. Grado de
aceptación/rechazo de los padres de la ayuda proporcionada.
Reconocimiento por parte de los padres/cuidadores de la/s situación/es
de desprotección infantil: Grado en que los padres reconocen la situación de
desprotrección del niño y sus repercusiones en el niño, y asumen responsa-
bilidad en la misma.
Motivación de los padres/cuidadores para el cambio y para aceptar ayuda:
Grado en que los padres muestran disposición y deseo de cambiar la situación fami-
liar, y colaborar con los Servicios Sociales y aceptar su ayuda para su resolución.
Situación económica de la familia: Regularidad de los ingresos econó-
micos familiares, existencia de deudas. Grado en que tales ingresos permiten
cubrir las necesidades básicas de la familia. Manejo de la economía familiar
(existencia o no de problemas para establecer prioridades de gasto). Nivel de
autonomía de la familia en este sentido.

c) Necesidades específicas del niño


– Retraso escolar superior a un año.
– Discapacidad física, psíquica o sensorial.
– Toxicomanías.
– Psicosis.
– Delincuencia.
– Problemas de conducta social.
– Prostitución.
– Fugas del hogar o del acogimiento.
– Trastorno emocional.
– Dificultades en el control de esfínteres.

159
d) Necesidades específicas de la familia
– Dificultades en la gestión económica del hogar.
– Dificultades en la organización de la vida cotidiana del hogar.
– Horario laboral de los adultos incompatible con la atención al niño.
– Desempleo.
– Temporero.
– Mendicidad.
– Prostitución.
– Conducta antisocial.
– En prisión.
– Fallecido.
– Deficiencia mental.
– Oposición intensa y/o violenta de los adultos a la intervención del ser-
vicio de protección a la infancia.
En la evaluación de los resultados, se trata de registrar la información
referida a los cambios producidos en las variables relevantes presentes en
cada caso, que hayan sido consideradas objetivo de tratamiento.

2. Evaluación de tipo estandarizado.


La evaluación de los resultados del PIF se realiza también a través de los
instrumentos estandarizados que se detallan en el capítulo VI de este
Manual:
(1) Escala de observación completada por el profesional en contacto
directo con la familia y que la conoce suficientemente (Escalas de
Bienestar Infantil –CWBS–).
(2) Cuestionario de autoinforme que cumplimenta el padre y/o la madre
participante en el Programa (Inventario de Potencial de Maltrato
Infantil –CAP–).
(3) Listado de problemas de conducta del niño/a completado por el pro-
fesor-tutor (Versión para Maestros del Inventario de Problemas de
Conducta del Niño –TRF–).
En concreto, se utilizan estos instrumentos para alcanzar cuatro objeti-
vos principales:

160
a) Completar la información recogida de las familias. Los instrumentos
seleccionados permiten obtener información que, además de estar
estandarizada desde el punto de vista estadístico, proporciona la posi-
bilidad de ser analizada e interpretada clínicamente.
b) Contrastar ambos tipos de información, de manera que pueda com-
probarse si existe o no coincidencia entre los datos que provienen del
conocimiento que los profesionales del PIF tienen de la familia, con
la información extraída a partir del cuestionario de autoinforme, las
escalas de observación y el informe del maestro/tutor.
c) Conseguir una serie de datos que puedan ser comparables para todas las
familias y sujetos participantes en el Programa. Se trata de conseguir, ade-
más, que estos datos puedan ser comparados con los obtenidos por otros
sujetos o familias participantes en otros programas similares realizados en
otros ámbitos nacionales o internacionales. Se deben seleccionar, por
ello, instrumentos que están siendo utilizados en otros programas.
d) Obtener datos de las familias y los sujetos participantes en el Progra-
ma que provengan de fuentes de información diversas y a partir de
instrumentos de diferente formato.

7.2.2.2. Evaluación de los recursos y actividades del PIF


Para conocer los recursos que se han asignado al conjunto de los casos
y la utilización que se ha hecho de cada uno de ellos, en el Informe de Resul-
tados (Anexo VII.A.3) se resumirá la información recogida para todos los
casos cerrados en los correspondientes informes de baja (Anexo V). Se regis-
trarán los siguientes datos:
a) Tiempo de intervención total: Tiempo transcurrido desde que la fami-
lia es remitida al PIF y se inicia la intervención, hasta que dicha fami-
lia finaliza el tratamiento, sea cual sea la razón de dicha finalización.
(Anexo V).
b) Recursos asignados por el propio PIF: Recursos que cada familia ha
recibido a lo largo de su participación en el Programa y que forman
parte del propio PIF. Se recogen durante la intervención y deben
quedar reflejados en el Anexo V (Informe final) y en el Anexo VI
(Estadillos mensuales de dedicación de tiempo de los técnicos del
equipo a cada familia).

161
b) Dado que los recursos esenciales con los que cuentan los diferentes
subprogramas asignados al PIF son (1) los Educadores Familiares, (2)
los Psicólogos, y (3) los Voluntarios, se describen a continuación los
datos requeridos de cada uno de ellos. También se describen los
datos que deben recogerse de la atención psicoterapéutica, para
aquellos Programas que cuenten con este recurso.
b) Educador Familiar. de manera que se pueda obtener la siguiente infor-
mación en cada uno de los casos que reciban este tipo de recurso:
b) • Número total de horas de atención directa a la familia
b) • Número total de horas dedicadas a otras actividades (coordinación
con otros profesionales, informes o coordinación con la Sección,
supervisión dentro del programa, etc.)
b) • Fechas de Inicio y Finalización de la actividad de los voluntarios:
…………… - …………
b) Psicólogo. Se deberán registrar los datos que se presentan en el
Anexo V:
b) • Número total de horas de atención directa a la familia
b) • Número total de horas dedicadas a otras actividades (coordinación
con otros profesionales, informes o coordinación con la Sección,
supervisión dentro del programa, etc.)
b) Atención Psicoterapéutica. En los casos en que el psicólogo del PIF rea-
lice una actividad psicoterapéutica con la familia en su conjunto, con
algunos de los subsistemas familiares o alguno de sus miembros de
manera individual, se deberá registrar de manera específica este recur-
so. Se deberán registrar los datos que se presentan en el Anexo V:
b) • Número total de sesiones de psicoterapia y duración realizadas con
la familia o cualquiera de sus miembros. Se deberá especificar el
número de sesiones de terapia de familia, terapia de pareja, terapia
individual para el padre o la madre, y terapia para los hijos/as.
b) Voluntarios. Se deberá registrar la información que se presenta en el
Anexo V:
b) • Actividad realizada
b) • Número total de horas dedicadas a la familia

162
c) Otros recursos externos al PIF y asignados a la familia o a cualquie-
ra de sus miembros. En este apartado se trata de registrar la utiliza-
ción por parte de la familia de recursos públicos o privados externos
al propio PIF. Para cada uno de estos recursos, se registrará única-
mente la fecha de inicio y de finalización de su utilización. Los recur-
sos externos que se registran son los siguientes:
b) • Centro de Día
b) • Centro de Salud Mental (de adultos o infantil). Se registrará la asig-
nación a la madre, al padre, a alguno de los hijos/as, a la pareja o
a la familia en su conjunto.
b) • Equipo Multiprofesional del M.E.C.
b) • Servicio de tratamiento de alcoholismo
b) • Servicio de tratamiento de otras toxicomanías
b) • Grupos y asociaciones de Tiempo Libre
b) • Escuela de Padres
b) • Recursos de apoyo extraescolar (clases particulares, grupos de
apoyo de tiempo libre, etc.)
b) • Unidad de Intervención Educativa
b) • Otros recursos de los Servicios Sociales
b) • Otros recursos aplicados

7.2.2.3. Cobertura general del Programa


Se trata de conocer el impacto del Programa en el conjunto de las nece-
sidades de la Protección a la Infancia. Se concreta en conocer las siguientes
cuestiones:
a) Número total de familias y niños/as atendidos por subprograma; altas
y bajas. Incluye el número de familias y niños/as que han recibido
algún tipo de recurso. Se señalan también los que han sido dados de
alta y/o de baja a lo largo del año. Se registra en el Informe de Gestión
(Anexo VII.B), que recoge los datos sobre todas las familias tratadas a
lo largo del año.

163
b) Número de familias que han sido dadas de baja en el PIF. Este dato
se refiere únicamente a aquellas familias que han finalizado su par-
ticipación en el Programa a lo largo del año. Se desglosa en los casos
que han «abandonado» el PIF por su propia voluntad y los casos en
los que se ha dado por finalizada la participación por parte de los
responsables institucionales de la Sección de Protección a la Infan-
cia. Esta información se registrará en el Informe de Resultados
(Anexo VII.A), que recoge los datos referidos a los casos en los que
la intervención se ha cerrado.

c) Situación de los niños/as del Subprograma de Separación Provisio-


nal-Reunificación: los niños/as pueden encontrarse fuera de su
hogar, en muy diferentes situaciones: (1) en familia extensa sin aco-
gimiento, (2) en acogimiento en familia extensa, (3) en acogimiento
en familia ajena, o (4) en acogimiento residencial. Se trata en este
apartado de reflejar cada una de estas situaciones posibles.

d) Antigüedad del caso en los Servicios Sociales. Se trata de conocer


la fecha en la que la familia fue conocida por primera vez (y por
tanto registrada en los archivos) por los Servicios Sociales de cual-
quier provincia de la Comunidad Autónoma de Castilla y León o de
otra Comunidad Autónoma, en su caso. En este dato, se reflejará la
razón por la que se abrió expediente a la familia. El objetivo de esta
información es poder valorar la permanencia previa de cada caso y
del conjunto de los mismos en los Servicios Sociales, y a partir de
ello, poder valorar la estabilidad, la cronicidad, y en cierta forma,
la severidad de la problemática de los casos tratados. Se puede
plantear la hipótesis de que el tiempo transcurrido desde la detec-
ción del caso en los Servicios Sociales y el inicio de la intervención
del PIF puede tener alguna relación con los resultados obtenidos
con dicha intervención.

e) Antigüedad del caso en la Sección de Protección a la Infancia. Se


trata de conocer el tiempo transcurrido desde que se abrió un expe-
diente para la familia en los archivos de las Gerencias Territoriales de
Servicios Sociales de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (o
en su caso, de otra Comunidad Autónoma del Estado Español). Se
reflejará la fecha del primer expediente abierto a cualquiera de los
hijos/as de la familia que participa en el PIF. Se puede plantear la
hipótesis de que (1) el tiempo transcurrido desde la aparición del caso

164
en los Servicios Sociales y la apertura del primer expediente en la
Gerencia Territorial, y (2) el tiempo transcurrido desde dicha apertu-
ra de expediente y el inicio de la intervención del PIF, pueden tener
alguna relación con los resultados obtenidos en el PIF.

7.2.2.4. Características de los casos atendidos


En este apartado se trata de recoger un tipo de información con la que
se intenta obtener tres objetivos principales:
1. Poder realizar una descripción pormenorizada de la problemática
abordada por el Programa.
2. Conocer en qué medida se está interviniendo y tratando a los casos
para los que el PIF había sido creado y diseñado. Por muy diversas
razones, a lo largo de la vida de un programa, pueden producirse
modificaciones de las características de los casos que se remiten al
mismo. Los resultados obtenidos con los recursos del programa pue-
den verse modificados por razón de la evolución de dichas caracte-
rísticas.
3. Conocer la severidad y la dificultad de los casos tratados. Los recur-
sos utilizados por un programa y la planificación de los mismos (tiem-
po de intervención, intensidad de las actividades, etc.) y los resulta-
dos obtenidos pueden tener relación con algunas características que
expresen la severidad de la problemática abordada.
3. La información que se recogerá en relación con este apartado de la
Evaluación es la siguiente:
3. a) Cumplimiento de los Criterios de Inclusión en el PIF. En el aparta-
do 2.1. de este Manual se describen cuatro criterios de inclusión
de familias en el PIF. Resulta importante poder reflejar el porcenta-
je de casos en los que se cumplen todos o algunos de los cuatro
criterios. Para ello se recogerá la siguiente información:
3. a) – Si el caso ha sido remitido porque se ha valorado que hay posi-
bilidades de que se corrija el comportamiento maltratante o
negligente, que hay posibilidades de que los padres puedan
resolver los problemas que les impiden o limitan para atender
adecuadamente a los hijos/as y/o porque se valora que hay que
proporcionar a los padres todos los apoyos posibles para lograr

165
su rehabilitación antes de proponer una medida de separación
definitiva.
3. a) – Si en la familia hay al menos una figura adulta con una mínima
capacidad para ejercer responsabilidades parentales.
3. a) – Si los adultos sobre los que se va a centrar la intervención han
sido informados previamente y de manera clara por parte de los
técnicos del Servicio Territorial de los motivos de su intervención
y de los objetivos del Programa, y si estos adultos han aceptado
mediante acuerdo escrito la participación en el Programa.
3. a) – Si no existe ningún otro factor que haga inviable o inadecuado
proporcionar tratamiento a la familia a través del PIF.
b) Los Tipos de las situaciones o comportamientos parentales que pue-
den derivar en un Desamparo o Riesgo de Desamparo. La tipología
se explica en el apartado 2.1. de este Manual; para valorar la grave-
dad de la situación deben emplearse los criterios que se recogen en
el Anexo I.
c) Factores Asociados a la situación o comportamiento parental que
deriva en Desamparo o Riesgo de Desamparo. En el apartado
7.2.2.1.2. de este capítulo se han descrito cada uno de los denomi-
nados Factores Asociados que son objeto de evaluación. En la des-
cripción de las características de las familias atendidas, se debe refle-
jar la presencia o ausencia de cada uno de dichos factores asociados
al inicio de la participación de dicha familia en el Programa.
d) Características sociodemográficas de las familias objeto de inter-
vención. Por último, resulta importante realizar una descripción de
algunas de las variables de tipo social, económico, cultural y demo-
gráfico de las familias que son objeto de intervención por parte del
PIF. Se recogerán las siguientes variables sociodemográficas, siguien-
do la descripción que se detalla en el Anexo III:
d) – Edad de las madres y de los padres
d) – Estado civil de las familias
d) – Nivel cultural de las madres y de los padres
d) – Profesión de las madres y de los padres

166
d) – Situación laboral de las madres y de los padres
d) – Ingresos familiares
d) – Número de hijos/as
d) – Edad de los niños/as
d) – Sexo de los niños/as
d) – Escolarización de los niños/as
d) – Procedencia de las familias
d) – Lugar de residencia de las familias
d) El análisis derivado de la descripción de este conjunto de variables
puede permitir a los responsables y profesionales del PIF:
d) – Conocer si la población de familias atendidas pertenece a uno o
varios subgrupos sociológicos. Se pueden analizar las posibles
diferencias entre programas puestos en marcha en diferentes pro-
vincias y comarcas.
d) – Conocer a lo largo de los años de implantación del PIF, si se están
produciendo cambios sociodemográficos en las características de
los casos. Estos cambios pueden relacionarse, por ejemplo, con
una modificación de los tipos remitidos, con una mayor o menor
presencia de casos relacionados con la marginación, etc. Algunas
variables sociodemográficas pueden ser indicadoras de la antigüe-
dad o la cronicidad de las situaciones de desprotección, como, por
ejemplo, la edad de los padres y el número de hijos.
d) – Conocer algunas características que condicionan los recursos y las
actividades del PIF. El nivel educativo, el estado civil, la profesión
y situación laboral de los padres, así como la situación económica
de las familias, son aspectos que condicionan dichos recursos y
actividades.
d) Conocer este tipo de características de las familias objeto de inter-
vención puede permitir elaborar objetivos relacionados con la pre-
vención primaria y secundaria de situaciones de maltrato infantil.

167
anexo I
Definición de maltrato infantil
y sus diferentes manifestaciones

Bajo el término genérico de Maltrato infantil se engloban diversos tipos


de situaciones, diferentes en su detección, etiología, tratamiento y preven-
ción. Todas ellas no obstante, tienen varias características comunes:
• Constituyen la manifestación y resultado de un conjunto de proble-
mas que afectan al bienestar psicológico de los padres/tutores, y su
entorno presente y pasado.
• Afectan negativamente a la salud física y/o psíquica del niño/a y com-
prometen su adecuado desarrollo.
• Sus efectos negativos aumentan en intensidad a medida que la situa-
ción se cronifica o es más severa.
La siguiente tipología describe las doce situaciones que habitualmente
se identifican como desamparo:
1. Maltrato físico.
2. Maltrato psíquico (emocional).
3. Negligencia física.
4. Negligencia psíquica (emocional).
5. Abuso sexual.
6. Explotación sexual.
7. Explotación laboral.
8. Inducción a la delincuencia.
9. Modelo de vida en el hogar inadecuado para el niño.

171
10. Imposible cumplimiento de la obligación parental.
11. Abandono.
12. Renuncia.

A continuación se presenta la definición de cada una de estas situaciones.

1. MALTRATO FÍSICO
«Cualquier acción no accidental por parte de los padres/tutores que pro-
voque daño físico o enfermedad en el niño o le coloque en grave riesgo de
padecerlo».

Indicadores físicos en el niño:


1. Magulladuras o moratones en el rostro, labios o boca, en zonas
extensas del torso, la espalda, nalgas o muslos; en diferentes fases de
cicatrización o con formas no normales, agrupados o con formas o
marcas del objeto con el que ha sido producida la agresión.
2. Quemaduras con formas definidas de objetos concretos o de cigarri-
llos o puros, o con indicadores de haber sido realizadas por inmer-
sión en agua caliente.
3. Fracturas de nariz o mandíbula o en espiral de los huesos largos.
4. Torceduras o dislocaciones.
5. Heridas o raspaduras en la boca, labios, encías y ojos o en la parte
posterior de los brazos, piernas o torso.
6. Señales de mordeduras humanas, claramente realizadas por un adul-
to y reiteradas.
7. Cortes o pinchazos.
8. Lesiones internas, fracturas de cráneo, daños cerebrales, hematomas
subdurales, asfixia y ahogamiento.

Para identificar la presencia de maltrato físico ha de cumplirse al menos


uno de los siguientes requisitos:

172
a. Como mínimo en una ocasión se ha detectado la presencia de al
menos uno de los Indicadores. Las lesiones físicas no son «normales»
en el rango de lo previsible en un niño de su edad y características
(bien por su mayor frecuencia o intensidad, por ser lesiones aparen-
temente inexplicables o no acordes con las explicaciones dadas por
el niño y/o los padres, etc.).

b. No se ha percibido claramente ninguno de los indicadores señalados,


pero hay un conocimiento certero de que el niño ha padecido algu-
na de las lesiones físicas indicadas como resultado de la actuación de
sus padres/tutores.

c. No existen lesiones físicas, pero hay un conocimiento certero de que


los padres/tutores utilizan un castigo corporal excesivo o palizas
hacia el menor. Para que estos dos tipos de acciones sean calificadas
como maltrato físico, deberían estar presentes los siguientes factores:

c. • La intensidad de la reacción del padre/madre no se corresponde


con la gravedad del comportamiento del niño. O la disciplina
administrada no es apropiada o no está en concordancia con los
intereses del niño en función de su edad o nivel de desarrollo.

c. • Parece que el padre/madre no controló su reacción cesando el


castigo.

c. • Además de lo anterior, el niño presenta una reacción de tensión


emocional no justificada.

2. MALTRATO PSÍQUICO (EMOCIONAL)

«Hostilidad verbal crónica en forma de insulto, desprecio, crítica o ame-


naza de abandono, y constante bloqueo de las iniciativas de interacción
infantiles (desde la evitación hasta el encierro o confinamiento) por parte de
cualquier miembro adulto del grupo familiar.»

Tipos de conductas que comprende:

1. Rechazo. En general, implica conductas de los padres/tutores que


comunican o constituyen abandono.

173
1. • Cero a dos años: Rechazo activo por parte del padre/madre a acep-
tar las iniciativas primarias de apego del niño, a las iniciativas
espontáneas de éste, y a las respuestas naturales/normales al con-
tacto humano. Rechazo a la formación de una relación primaria de
apego con el niño.
1. • Cero a cuatro años: Exclusión activa del niño de las actividades
familiares.
1. • Edad escolar: Transmisión constante al niño de una valoración
negativa de sí mismo.
1. • Adolescencia: Rechazo a aceptar los cambios en el rol social espe-
rados en el joven (es decir, evolucionar hacia una mayor autono-
mía y autodeterminación).

2. Aterrorizar: Se refiere a situaciones en las que se amenaza al niño


con un castigo extremo o con uno vago pero siniestro, que intentan
crear en él un miedo intenso. También se puede aterrorizar al niño
creando hacia él unas expectativas inalcanzables con amenaza de
castigo por no alcanzarlas.
1. • Cero a dos años: Ruptura consistente y deliberada de la tolerancia
del niño a los cambios y a los nuevos estímulos.
1. • Dos a cuatro años: Utilización de gestos y palabras exagerados que
pretenden intimidar, amenazar o castigar al niño.
1. • Edad escolar: Exigencia al niño de respuesta a demandas contra-
dictorias de los padres/tutores.
1. • Adolescencia: Amenaza al joven de exponerle a la humillación
pública.

3. Aislamiento. Se refiere a privar al niño de las oportunidades para


establecer relaciones sociales.
1. • Cero a dos años: Negación al niño de la posibilidad de interactuar
de manera continuada con los padres u otros adultos.
1. • Dos a cuatro años: El padre/madre enseña al niño a evitar cual-
quier contacto social que no sea con él.

174
1. • Edad escolar: Evitación activa de que el niño mantenga relaciones
normales con sus compañeros.
1. • Adolescencia: Evitación activa de que el joven participe en activi-
dades organizadas e informales fuera del hogar.

4. Violencia doméstica extrema y/o crónica: Se producen de manera


permanente situaciones de violencia física y/o verbal intensa entre los
padres en presencia del niño.
1. Para poder definir la existencia de maltrato psíquico/emocional, (a)
debe presentarse al menos en una de las situaciones anteriores de
manera reiterada y/o continua, y (b) la presencia de tal/es indica-
dor/es ha de ser claramente perceptible.

3. NEGLIGENCIA FÍSICA
«Las necesidades físicas básicas del menor (alimentación, vestido,
higiene, protección y vigilancia en las situaciones potencialmente peligrosas,
educación y/o cuidados médicos) no son atendidas temporal o permanente-
mente por ningún miembro del grupo que convive con el niño.»

Indicadores en el niño:
1. Alimentación: No se le proporciona la alimentación adecuada. Está
hambriento.
2. Vestido: Vestuario inadecuado al tiempo atmosférico. El niño no va
bien protegido del frío.
3. Higiene: Constantemente sucio, escasa higiene corporal.
4. Cuidados médicos: Ausencia o retraso importante en la atención
médica de los problemas físicos o enfermedades necesidades. Ausen-
cia de cuidados médicos rutinarios.
5. Supervisión: El niño pasa largos períodos de tiempo sin la supervisión
y vigilancia de un adulto. Se producen repetidos accidentes domésti-
cos claramente debidos a negligencia por parte de los padres/cuida-
dores del niño.

175
6. Condiciones higiénicas y de seguridad del hogar que son peligrosas
para la salud y seguridad del menor.

7. Área educativa: Inasistencia injustificada y repetida a la escuela.

1. Para poder definir la existencia de negligencia física, debe presentar-


se uno o varios de los indicadores de manera reiterada y/o continua.

4. NEGLIGENCIA PSÍQUICA (EMOCIONAL)

«Falta persistente de respuesta a señales, expresiones emocionales y


conductas procuradoras de proximidad e interacción iniciadas por el niño, y
falta de iniciativa de interacción y contacto, por parte de una figura adulta
estable.»

Tipos de conductas que comprende:

1. Ignorar. Se refiere a aquellas situaciones en las que hay una ausencia


total de disponibilidad de los padres hacia el niño, y cuando éstos se
muestran inaccesibles e incapaces de responder a cualquier conduc-
ta del menor.

1. • Cero a dos años: No provisión de respuesta a las conductas socia-


les espontáneas del niño.

1. • Dos a cuatro años: Frialdad y falta de afecto en el tratamiento del


padre/madre al niño, no participación en las actividades diarias del
menor.

1. • Edad escolar: Fracaso en proteger al niño de las amenazas exter-


nas o en intervenir en favor de éste aun sabiendo que necesita
ayuda.

1. • Adolescencia: Renuncia por parte de los padres al rol parental y


ausencia total de interés por el joven.

2. Rechazo de atención psicológica: Rechazo de los padres/tutores a


iniciar un tratamiento de algún problema emocional o conductual del
niño, existiendo acceso a un recurso de tratamiento que ha sido reco-
mendado por profesionales competentes.

176
3. Retraso en la atención psicológica: Los padres/tutores no proporcio-
nan o buscan ayuda psicológica para resolver una alteración emo-
cional o conductual del niño ante una circunstancia extrema en la
que es evidente la necesidad de ayuda profesional (p. ej., depresión
severa, intento de suicidio).
1. Para poder definir la existencia de negligencia psíquica/emocional,
(a) debe presentarse al menos una de las situaciones anteriores de
manera reiterada y/o continua, y (b) su presencia a de ser claramente
perceptible.

5. ABUSO SEXUAL
«Cualquier clase de contacto sexual de un adulto con un menor, donde
el primero posee una posición de poder o autoridad sobre el niño.» El menor
puede ser utilizado para la realización de actos sexuales o como objeto de
estimulación sexual.

Tipos de conductas que comprende:


a) En función de la relación entre la víctima y el abusador:
a) 1. Incesto: Contacto físico sexual protagonizado por una persona
que mantiene una relación de consanguineidad lineal con el
menor (padre, madre, abuelo, abuela) o por un hermano, tío o
sobrino. También se incluye el caso en que el adulto esté cubrien-
do de manera estable el rol parental (por ejemplo, padres adopti-
vos, padrastro/madrastra).
a) 2. Violación: Contacto físico sexual protagonizado por cualquier
persona adulta no incluida en el apartado anterior.

b) En función de tipo de contacto sexual:


a) 1. Abuso sexual sin contacto físico: Por ejemplo exhibicionismo, solici-
tudes al niño de implicarse en una actividad sexual sin contacto físi-
co, enseñar y/o hablar con el niño acerca de material pornográfico.
a) 2. Abuso sexual con contacto físico: Por ejemplo tocar y acariciar
los genitales del niño, coito, intentos de penetración vaginal, oral
y/o anal.

177
6. EXPLOTACIÓN SEXUAL

«Utilización del niño en la prostitución o en la realización de porno-


grafía con el fin de obtener un beneficio, sea económico, equivalente o de
otra índole, por parte del padre/tutor.»

7. EXPLOTACIÓN LABORAL

«Los padres/tutores asignan al niño con carácter obligatorio la realiza-


ción continuada de trabajos (domésticos o no) que: (a) exceden los límites de
lo habitual, (b) deberían ser realizados por adultos, (c) interfieren de manera
clara en las actividades y necesidades sociales y/o escolares de niño, y (d)
son asignados al menor con el objetivo fundamental de obtener un beneficio
económico o similar para los padres o la estructura familiar.»

8. INTRODUCCIÓN A LA DELINCUENCIA

«Los padres facilitan y refuerzan pautas de conducta antisocial o des-


viadas (especialmente en el área de agresividad, sexualidad y drogas) que
impiden el normal desarrollo e integración social del menor. También inclu-
ye situaciones en las que los padres utilizan al niño para la realización de
acciones delictivas (por ejemplo, transporte de drogas, hurtos).»

9. MODELO DE VIDA EN EL HOGAR INADECUADO PARA EL NIÑO

«El hogar en el que vive el niño constituye un modelo de vida inade-


cuado para su normal desarrollo, por contener pautas asociales o auto-
destructivas.»

Tipos de conductas que comprende:

1. Las conductas que pueden incluir un modelo inadecuado para el


niño pueden incluir: Conductas delictivas, particularmente las que
causan daño a los demás, el tráfico de drogas, el consumo de drogas,
y comportamientos autodestructivos.

178
2. Para poder definir la existencia de modelo de vida inadecuado para
el niño:
2. a) Debe presentarse al menos una de las situaciones anteriores de
manera reiterada y/o continua.
2. b) Su presencia ha de ser claramente perceptible.
2. c) El modelo inadecuado debe de ser claramente perceptible por el
niño en su interacción cotidiana.
2. d) El niño debe reunir condiciones suficientes de vulnerabilidad al
modelo: capacidad cognitiva suficiente y razonamiento moral en
desarrollo.

10. IMPOSIBLE CUMPLIMIENTO DE LAS OBLIGACIONES PARENTALES

«Los niños no pueden recibir los cuidados y atención necesarias por


parte de sus padres/tutores, y resulta totalmente imposible, temporal o defi-
nitivamente, que se modifique la situación que lo provoca.»
La incapacitación puede derivar de las siguientes circunstancias de los
padres/tutores:
• Fallecimiento (orfandad del menor)
• Encarcelamiento
• Enfermedad incapacitante (física o mental)

11. ABANDONO

«Delegación total de los padres/tutores del cuidado de niños en otras


personas, con desaparición física y desentendimiento completo de la com-
pañía y cuidado del menor.»

12. RENUNCIA

«Negativa explícita a reconocer la paternidad/maternidad del niño, o


negativa a poseer/mantener cualquier derecho legal sobre éste.»

179
A pesar de haberse definido de manera diferenciada, en la mayoría de
los casos aparecen de manera simultánea diferentes tipologías de maltrato,
cada una de ellas con una mayor o menor gravedad. Frecuentemente las
conductas de maltrato y/o abandono emocional acompañan a las restantes
tipologías de malos tratos.
En este sentido, las diferentes investigaciones realizadas indican clara-
mente que, excepto en los casos de gravedad extrema, los efectos realmen-
te negativos a largo plazo para el niño/a no derivan fundamentalmente de las
acciones de agresión física (sea por acción u omisión), sino de la agresión
emocional (sea por acción u omisión) que se produce simultáneamente al
maltrato o abandono físico.

180
anexo II
Violencia familiar:
datos y tratamiento
José Navarro Góngora
Facultad de Psicología de Salamanca

En este artículo se describe cómo se genera la violencia en la pareja. Se


parte de una serie de estadísticas que tratan de dimensionar la incidencia de
la violencia en la población general, y de las agresiones serias en la pobla-
ción violenta. La segunda parte describe la secuencia de construcción de la
violencia y las intervenciones posibles en cada momento del ciclo.

1. INTRODUCCIÓN: INCIDENCIA DE LA VIOLENCIA


Y PRECISIONES CONCEPTUALES

El objetivo de este trabajo es describir cómo se construye la violencia


en el seno de la familia, singularmente en la relación de pareja. Siguiendo
el hilo conductor de la secuencia de formación se irán presentando las dis-
tintas formas de intervenir según el momento de la secuencia, finalmente se
ofrece un apartado con programas y técnicas de intervención. Todo lo que
aquí se dirá puede aplicarse a la violencia-simétrica (Perrone, 1994) en las
relaciones de pareja y también entre padres e hijos. El modelo necesita
reformularse para la situaciones de violencia-complementaria. Más adelan-
te se definirán estos conceptos. No obstante, en primer lugar, quizás resul-
te util algunos datos sobre la incidencia de la violencia. Los datos han de
juzgarse con prudencia: pertenecen a estudios realizados en otra sociedad
(son americanos); además en materia tan sensible se producen sesgos deri-
vados de cómo se define la violencia, existen, igualmente, problemas de
instrumentación, etc.

183
Total matrimonios con problemas de agresiones .................. 20-30%

Proporción de padres golpeados por sus hijos...................... 3,5%

Proporción de ancianos maltratados (> de 65 años) ............. 3-4%

Proporción de mujeres seriamente agredidas ....................... 2%-4% (sobre población total)

Proporción de niños maltratados 3,6% (si se consideran los comprendidos


entre 3-7 años, se acerca al 4%)

Proporción de agresiones severas (a niños)........................... 0,8%

Proporción de madres maltratantes (de niños) ...................... 50% (un tercio son madres que viven solas)

Proporción de padres o padrastros maltratantes (de niños) .... 40%

Parejas violentas en el primer año de matrimonio ................ 16%

Parejas violentas en el transcurso del 2.º año ....................... 28%

Proporción de mujeres que toleran el abuso por más de un


año antes de abandonar a la pareja ................................ 75%

Proporción de mujeres que toleran el abuso por más de 5 años 26%

Agresión pre-marital ............................................................. 50%

Agresiones contínuas ............................................................ 10%

Primera agresión antes del matrimonio................................. 23%

Agresiones severas (ataques con objetos punzantes) ............ 2% (Población total)

Asesinatos de hombres cometidos por sus esposas ............... 7,7%

Asesinatos de mujeres cometidos por sus maridos................ 9,2%

Proporción de hombres que declararon ser víctimas de


agresiones ....................................................................... 36%

Id. de mujeres ..................................................................... 31% (3,8% ± 1%, población total)

Proporción de hombres que declararon ser exclusivamente


víctimas de agresiones .................................................... 13%

Id. de mujeres....................................................................... 6%

Proporción de las víctimas que declararon que también eran


físicamente agresivos con sus parejas.............................. 50%

Proporción estimada de mujeres residentes en casas de aco-


gida que retornan con sus maridos, a pesar del peligro de
continuar siendo maltratadas .......................................... 25%-50%

Casos de maltrato que se informan a las autoridades ........... 1 de cada 10

Tabla 1: Incidencia de la violencia en la población general e indicadores de gravedad (datos recopilados de


diversas fuentes).

184
En la tabla 1, se han recogido una serie de indicadores que tratan de
reflejar tanto la incidencia en la población general, como en poblaciones
específicas tradicionalmente consideradas en mayor riesgo de ser agredidas
en función de su desvalimiento (niños, mujeres y ancianos). En este respec-
to obsérvese que la tasa de incidencia es sensiblemente parecida, oscilando
en torno al 3%. Un segundo grupo de datos reflejan la persistencia del pro-
blema; datos que son más cualitativos y que expresan mejor la gravedad,
revelando que la violencia llega a ser un problema estructural, cotidiano, de
larga data y un ingrediente más en la forma de relacionarse de la pareja. En
este sentido resulta sorprendente comprobar como en el 50% de la pobla-
ción que se agrede, el maltrato comenzó antes del matrimonio (no obstante
lo cual se casaron), y que un 26% de las parejas llegan a aguantar 5 años
antes de separarse.

Tasa de hombres que se vuelven violentos sin haber tenido una historia previa
de violencia en su familia ................................................................................... 1%
Id. mujeres .......................................................................................................... 2%
Tasa de hombres que se vuelven violentos con una historia previa de violencia
en su familia ........................................................................................................ 6%
Id. mujeres .......................................................................................................... 8%
Proporción de hombres violentos con una historia previa de haber sido objeto
de violencia o con madres objeto de violencia ................................................... 54%
Proporción de mujeres objeto de violencia que experimentaron violencia en su
niñez ................................................................................................................... 29%

Tabla 1: La relación de la violencia actual con una historia de violencia previa. (Datos obtenidos de fuentes
diversas).

La tabla 2, relaciona violencia actual con una historia previa de violen-


cia como testigo o como víctima. Pese a lo que se ha divulgado en los
medios de comunicación y por algunos profesionales, y a pesar de que tener
una historia previa de violencia multiplica por 6 las posibilidades de ser vio-
lento, resulta importante destacar que el 94% de los sujetos testigos o vícti-
mas de violencia en su niñez llegan a poder controlarse.

185
Para finalizar las estadísticas, tan solo dos datos más que reflejan el
importante papel que juega el consumo de alcohol: en el 50% de los inci-
dentes violentos está presente el alcohol, más aún un 20% de los alcohóli-
cos son también violentos.

En segundo lugar sería importante definir qué se entiende por violencia-


simétrica y qué por violencia-complementaria. La violencia simétrica (vio-
lencia agresión) se genera en situaciones de desafio en el que uno trata de
imponerse al otro; la mujer es la que suele llevar los golpes, pero no se some-
te, se las arregla para continuar la lucha. La agresión es abierta y existe el
sentimiento de culpa.

En el caso de la violencia adulto-niño, el niño pretende una relación en


pie de igualdad con el adulto, por eso la situación degenera en violencia. El
niño, en estos casos, no siente miedo del adulto.

La violencia complementaria (violencia castigo) es un intento de perpe-


tuar una relación de desigualdad. En esta relación hay un fuerte y un débil,
el fuerte se cree en el derecho de castigar al débil. Es más oculta, se recha-
za todo tipo de intervención profesional o de control social, no hay senti-
mientos de culpa y sí una cierta sanción cultural que justifica la violencia del
fuerte.

Los niños víctimas de esta situación pueden haber sido quemados,


padecer trastornos del crecimiento, faltarles dientes, etc. Tienen una expre-
sión de miedo y pánico, viven con un sentimiento permanente de indigni-
dad. Creen que han de vivir de esta manera. Las secuelas y trastornos son
muchos más graves. Se trata de una violencia oculta, al contrario de la vio-
lencia-agresión. La violencia castigo destruye la identidad, porque el golpe-
ado no pertenece a la misma clase de quien golpea. En estos casos el entor-
no social cree que las cosas deben ser así, por lo que nadie suele hablar de
ello. La violencia castigo puede llevar a la muerte. Las víctimas presentan un
estado alterado de conciencia, prestándose de forma pasiva y ritual a las
maniobras del violento (Perrone, 1994).

Este es un tipo de violencia que hay que denunciar y hacer que inter-
venga la justicia.

186
2. PREDICTORES DE VIOLENCIA FAMILIAR Y PERFILES
DEL AGRESOR Y LA VÍCTIMA

Los estudios sobre ambos perfiles han de interpretarse con mucha pre-
caución. Algunas familias que presentan los factores de riesgo que a conti-
nución relacionamos, no son, sin embargo violentas. Mientras que algunas
que no tienen el perfil, lo son. Por lo tanto los datos son sólo orientativos; se
trata de una relación correlacional y no de causalidad.

PREDICTORES DE VIOLENCIA: (Arias y O’Leary, 1988)

1. Observación de agresiones parentales o ser objeto de la agresión parental.

2. Personalidad agresiva.

3. Altos niveles de estrés cotidiano. Cuanto más alto es el estrés mayores son las posibili-
dades de agresión.

4. Abuso de alcohol.

5. Problemas maritales.

6. Estilo de interacción negativa con la pareja. Críticas, sobreimplicación, comentarios


negativos, dudas sobre las capacidades, etc.

7. Actitud positiva hacia el maltrato físico.

8. Significado (cultural y social) de la agresión física. La cultura del agresor o su subgrupo


social apoyan la violencia física como método aceptado de relación.

9. Consecuencias percibidas de la agresión.

10. Percepción de los acontecimientos cotidianos como siendo estresantes.

11. Pertenencia a una clase social baja.

12. Aislamiento social significativo. Ráramente las familias maltratantes permanecen más
de dos años en un mismo lugar.

13. Perpetuan la violencia la tensión reiterada y la falta de un ámbiente cálido en la fami-


lia. En la violencia cotidiana juegan un papel importante esa tensión y la comunidad
circundante.

187
Perfiles de la víctima y del agresor:

Hombres (violentos hacia sus esposas): Se caracterizan por estilos agre-


sivos, impulsivos y defensivos. Están sometidos a un alto estrés cotidiano.
Son poco asertivos con sus mujeres (véase apartado 4, epígrafe 1.2., para una
corrrecta interpretación del concepto de asertividad). Tienen baja auto-esti-
ma, depresión e historias de exposición a la violencia. Aceptan las agresio-
nes como método legítimo de relación entre esposos, frecuentemente son
alcohólicos.

Mujeres (violentas hacia sus esposos): Tienen estilos agresivos y defen-


sivos, experimentan altos grados de estrés cotidiano. También carecen de
asertividad hacia sus esposos; tienen baja auto-estima y frecuentemente se
deprimen. Consideran la agresión entre esposos menos negativa que las
mujeres no violentas.

Características personales del violento: Se sienten inadecuados y que su


vida está siendo un fracaso, viéndose impotentes para cambiarla. Reprimen
los sentimientos de desagrado hasta que se produce un estallido de cólera y
violencia. El estrés, real o percibido, es el detonante de los estallidos. Se ven
como víctimas y no como agresores, consideran que reaccionan de forma
inevitable a la provocación de la víctima.

Características de las víctimas: Son muy similares a las de sus victima-


rios (en algunos casos exáctamente iguales): un 36% de hombres y un 31%
de mujeres declararon ser victimas de agresiones. Sólo el 13% de hombres y
el 6% de mujeres declararon ser exclusivamente victimas. Más del 50% de
las victimas son también físicamente agresivos con sus parejas. El factor
común entre agresor y agredido es el deseo de implicarse en la violencia físi-
ca o la legitimidad percibida en el uso de la violencia física contra alguien
íntimo.

En resumen las personas que están bajo un fuerte estrés cotidiano, que
tienen falta de confianza en sí mismos, que son generalmente agresivos, que
no emplean (o no tienen) habilidades para la asertividad y para solucionar
problemas, están en alto riesgo de enrolarse en agresiones físicas.

En el cuadro 1, se recoge una lista alternativa propuesta por Mack


(1989).

188
a) Amplia gama de respuestas.
b) Culpa.
c) Dependencia emocional.
d) Dependencia económica (finalmente determinante).
e) Baja auto-estima.
f) Sistema tradicional de valores.
g) Cólera (depresión).
h) Aislamiento.
i) Miedo.
j) Ambivalencia.
k) Vergüenza (algo embarazoso).
l) Miedo a la locura
m) Enfermedades físicas.
n) Impotencia aprendida.
o) Carencia de un conocimiento previo de la violencia doméstica.
p) Generalmente ha sido un niño(a) maltratado(a) o ha sido testigo de maltratos en su fami-
lia de origen
q) Percepción de la pareja como inmadura(o) y dependiente.
Otros datos de interés:
– Agnósticos y ateos tienen las mayores tasas de maltrato.
– El maltrato tiene más posibilidades de ocurrir en familias jóvenes que en las adultas.
– La educación no juega un papel determinante en el abuso. Sí lo juega los ingresos: los
obreros manuales tienen tasas de maltrato superiores a los cualificados, siendo los obreros
en paro y los que trabajan sólo a jornada reducida los de mayor proporción. La tasa de los
que trabajan a jornada reducida es el doble de la que trabajan la jornada completa.
– Si las familias adoptan una toma de decisiones más igualitaria, las posibilidades de vio-
lencia se reducen a la mitad.

Cuadro 1. Características de la población en riesgo de ser violenta. (Fuente: Mack, 1989).

Algunas parejas parecen ser más proclives que otras a adquirir hábitos
violentos. La pareja típica se compone de dos adolescentes que tienen urgen-
cia de crear su propio hogar. Necesidad que les viene de una situación fami-
liar muy infeliz, en ocasiones tratan de escapar de ser ellos mismos objetos
de malos tratos, de explotación, de incesto, etc. En estas parejas la necesidad
sustituye al amor (Deschner, 1984).

189
3. EL CICLO DE FORMACIÓN DE LA VIOLENCIA E INTERVENCIONES
SEGÚN ETAPAS DEL CICLO
Deschner (1984), ha propuesto un modelo de Ciclo de Violencia que se
ha hecho célebre en el campo y que reproducimos a continuación:
Dependencia mútua: El punto de partida es una relación entre dos personas que
sienten una fuerte necesidad una de la otra. El contrato no expresado de la
relación es que las necesidades de ambos deben encontrar su satisfacción
dentro del contexto de la relación. Se trata de un vínculo con alta intensidad
emocional en la que ambos hacen votos de devoción y pasión mútua que
excluye otras relaciones y el mundo exterior. La mujer suele sentir que su pare-
ja se comporta como un hijo más al que hay que cuidar y no abandonar.
Acontecimiento problemático: En un momento dado la paz se rompe. La
«víctima», hace algo que se percibe como indeseable por el abusador.
Ese algo «displacentero» cae fuera del contrato de dependencia mútua;
el acontecimiento puede ser totalmente trivial.
Respuesta afectiva del abusador al acontecimiento perjudicial: el abu-
sador se siente abandonado y rechazado. Estos sentimientos de rechazo
son los que preparan el estallido de violencia.
No-comunicación de sentimientos: Los sentimientos de rechazo se
transforman en heridas que el abusador no es capaz de comunicar, y la
incomunicación la torna después en explosiones de rabia.
Intercambios de coacciones: El abusador hace varios intentos de detener la
situación displacentera, generalmente mediante una serie de amenazas
verbales y denuncias; el otro miembro de la pareja participa en la esca-
lada respondiendo a las amenazas. La ansiedad de la situación escala,
sin que ambos sean capaces de rebajarla.
El último recurso: El violento juzga la situación como insostenible, no pare-
ciendo existir salida al impasse alcanzado. Esta decisión es clave; cier-
tas normas culturales afectan la velocidad con que se alcanza el climax.
Furia primitiva: El ataque se produce como consecuencia del juicio anterior. Se
atacan objetos de la casa, paredes, etc. Se ataca a puñetazos, mordiscos,
empujones, con instrumentos, armas, etc., a la pareja o al(los) hijos; se les
golpea o incluso dispara más allá de lo necesario para vencer. La con-
ciencia del atacante se inunda por completo de furia, siendo el objeto de
tal furia violentamente atacado sin restricción alguna. La mente racional
del sujeto se desvanece; incluso olvida lo realizado durante el ataque.

190
Refuerzo de la agresión: Durante el ataque de rabia la víctima cesa en su
comportamiento como una forma de sobrevivir al ataque y no provocar
más furia. Con la detención de la conducta, la víctima está enviando el
mensaje de que la «violencia funciona» ya que sirve para detener aque-
llo que molesta al violento (refuerzo negativo). De forma que la táctica
puede repetirse en el futuro.
Si la víctima no resultó excesivamente herida, puede recompensar aún
más al maltratador intentando aplacarlo con gestos o palabras que indi-
can sumisión, por ejemplo culpándose de lo que ha sucedido o siendo
amable con él preparando comidas, siendo más servicial, o teniendo
relaciones sexuales, lo que de nuevo funciona como refuerzo negativo
en la medida en que aplacar disuelve la furia del agresor.
Instigación de miedo: Una vez se ha producido la agresión, el miedo se
convierte en un ingrediente activo de la relación en la medida en que el
abusado adopta una pauta de auto-protección. Con cada repetición del
ciclo aumenta el miedo, y la fase de arrepentimiento se torna menos con-
vincente. El miedo incrementa la ansiedad de la relación impactando su
dogma básico según el cual la relación debe proveer de todo lo necesa-
rio. Reconocer el miedo se convierte en una forma denunciar el contra-
to: la relación ya no puede llenar, ya no sirve, se crea una distancia.
Fase de arrepentimiento: Tanto la víctima como el agresor están trastornados
por lo que acaba de suceder. La víctima puede necesitar atención médi-
ca, o ha huido a una casa de acogida de mujeres. El abusador, debido a
su amnesia parcial, dificilmente puede creer la magnitud de su violen-
cia y, sinceramente, promete no volver a hacerlo. La víctima entiende
que el arrepentimiento es honesto, y superando sus sentimientos de
miedo y rabia, le da una oportunidad más. Desafortunadamente, la
sumisión durante la fase anterior ya ha reforzado negativamente la apa-
rición de nuevos episodios de violencia.
El efecto neto del arrepentimiento es que el violento abdica de su supe-
rioridad conseguida a base de golpes. Proclamando una y otra vez su indi-
gencia, desplaza a la víctima a la posición de dependencia mútua, con lo
que el ciclo vuelve a repetirse.
Son varios los presupuestos que maneja Deschner, y también nosotros en
el modelo de la la figura 1. El primero es que la violencia es algo que se cons-
truye entre los actores de la situación; muy lejos, por lo tanto, de la visión tra-

191
dicional y tópica de que la violencia es algo que depende de uno de ellos (el
violento) y que es sufrida por el otro (la víctima) que no hace nada en la situa-
ción excepto aguantar pasivamente los desbordamientos del agresor. La violen-
cia se construye entre dos, por lo que hace uno y otro. Eso que hacen es enten-
dido como una escalada primero verbal y, después, física, cuyo punto final es
la agresión que termina con el enfrentamiento y con la situación desagradable.

El segundo presupuesto, es que la violencia se construye siguiendo un


patrón circular que, como todos los patrones circulares, se alimenta a sí
mismo, lo que significa que no necesita de razones externas para su mante-
nimiento y que pasa a formar parte del repertorio de patrones de interacción
de la pareja. Una vez creado y ensayado, surge la necesidad de su utiliza-
ción para comunicarse cosas o para controlar situaciones, lo que queda
puesto de manifiesto en Deschner: después de la agresión la pareja suele
tener intensos encuentros afectivos y, el violento, consigue controlar con-
ductas indeseables (temas, actitudes, conductas, etc.) del agredido(a), lo que
explica en buena parte su persistencia y es índice de su peligrosidad. La vio-
lencia pasa de ser un acto aislado a convertirse en una forma mútuamente
aceptada por la pareja de interaccionar, lo que aumenta el riesgo de graves
lesiones o de homicidio.

El tercero de los presupuestos es consecuencia de los dos ya menciona-


dos. Para finalizar la violencia es preciso que los dos actores de la violencia
hagan algo diferente. De nuevo lejos de la interpretación tradicional que
señalaba al violento como lugar del cambio. La finalización de la violencia
se concibe como un cambio de un patrón interaccional y no como cambio
de la conducta de una persona.

El cuarto de los presupuestos es también una consecuencia de la visión


como patrón circular de la secuencia de violencia, y entiende que las agre-
siones implican un consenso implícito rígido, (Perrone, 1994). Se trata de un
acuerdo entre los cónyuges, es rígido porque no pueden modificarse. El con-
senso alcanza tres áreas: espacial, temporal y temática.

– Espacial: Acuerdan vivir la violencia en un lugar determinado y no en


otro (se golpean en la alcoba, pero no en el comedor, por ejemplo),
fuera de estos ámbitos la violencia está prohibida. Ella puede aceptar
ser golpeada delante de unas personas pero no de otras. De esta forma
se define quiénes están dentro y quiénes fuera del ciclo de violencia.
Si se viola el consenso, se rompe el acuerdo y la violencia finaliza.

192
– Temporal: Se relaciona con la secuencia temporal del acto violento:
vuelve del trabajo bebe, está cansado y todos saben que puede esta-
llar la violencia. Pero si el violento elige otros momentos distintos,
puede romperse el consenso y resultar denunciado.

– Temática: La violencia aparece ligada a la discusión de ciertos temas.


Los celos, las familias de origen, la competencia profesional (es un
inútil que no sabe ganar dinero). Cuando se detectan las áreas temáti-
cas es posible bloquear la secuencia de violencia.

En el cuadro 2, hemos recogido variantes al esquema habitual descrito


por Deschner.

1. Después de varios años de ejercicio de maltrato el ciclo de generación de violencia puede


reducirse a tan sólo dos estadios: construcción y ataque. El violento puede agredir a la víc-
tima todos los días, y la víctima quedar en un estado de terror y de sumisión; su actitud
es la de tratar de agradar al violento y evitar su contacto tanto cuanto puedan, pospo-
niendo así la rutina de la violencia. La situación de las agredidas es la de un prisionero
en un campo de concentración.
2. En otra de las variantes víctima y victimario intercambian o negocian los roles periódicamente.
– El victimario cambia en algún momento su rol al de salvador de su pareja mediante
el recurso al arrepentimiento. En otros momentos es la esposa la que juega el papel
de salvadora dejando de fastidiar verbalmente a su esposo y tornándose amable y
cuidándole.
– Cuando ninguno de los dos juegan los papeles de salvadores, símplemente se alternan
en dar y recibir castigos. Después de un periodo de sufir malos tratos, la esposa
comienza a ser verbalmente desagradable con él o lo abandona. El marido durante un
cierto tiempo aguanta la situación hasta que, de nuevo, realiza otro acto de violencia.
En esta variante de ciclo no hay arrepentimiento, ni reconciliación. Estos matrimonios
pueden estabilizarse en el patrón descrito durante muchos años porque ambos gozan
del refuerzo de encontrarse en la posición superior de forma alternativa.

Cuadro 2. Formas alternativas de construcción de la violencia (Deschner, 1984)

Muchos de los elementos del ciclo de Deschner aparecen reflejados en


la figura 1. El esquema facilita la visión de la violencia como patrón circular,
así como su capacidad de alimentarse a sí mismo. Nos servirá también como
hilo conductor para explicar qué técnicas de intervención son adecuadas
para qué momentos.

193
0. Contrato 1. Negociación 2. Grito 3. Insultos 4. Coacciones
irrealizable de diferencias
CIRCUITO DE INTENSIFICACIÓN

A 5. Amenazas
C
T
I
V
6. Activador
A
puntual
C
I
Ó
N 7. Agresión

10. Perdón 9. Arrepentimiento 8. Cese del motivo


de la víctima del agresor de la disputa

C O M P L E M E N TA R I E D A D

FA C TO R E S D E E S T R E S A M B I E N TA L
CONDICIONES SOCIALES DE VIDA

Figura 1. Ciclo de generación de la violencia en parejas simétricas.

Factores de estrés ambiental y las condiciones sociales de vida: De


forma sistemática la investigación ha encontrado ciertos correlatos socio-
ambientales de la violencia. Singularmente se habla de un alto grado de
estrés ambiental. Se significa con ello que la familia en la que aparece la vio-
lencia padece problemas crónicos que la someten a una tensión alta y cons-
tante. Desempleo, trabajos particularmente duros o en condiciones de explo-
tación extrema, enfrentamientos crónicos con las familias de origen,
condiciones de vivienda penosas, etc., son algunas de las situaciones. La lite-

194
ratura habla de otras dos condiciones ambientales particularmente perjudi-
ciales: el aislamiento social (debido a cambios de residencia frecuentes estas
parejas carecen de una red social estable) y el apoyo de la cultura a las con-
ductas violentas.

El aislamiento social funciona en la violencia de varias formas: privan-


do al violento de la posibilidad de observar patrones alternativos que le per-
mitan manejar ciertos problemas de forma distinta a la agresión. Privándole
de la posibilidad de confiar sus problemas a alguien (o de descargar su
estrés). Finalmente, se ha comprobado que la presencia de un tercero inhibe
el pronunciamiento violento (ver tabla 3), la carencia de red social imposi-
bilita esta presencia.

Ciertas minorías étnicas y ciertas subculturas urbanas occidentales legi-


timan el uso de la violencia, y, en algunos casos, practican el culto a la vio-
lencia. No utilizar la violencia cuando la minoría recomienda su uso equi-
vale a ser rechazado socialmente. En algunos casos las familias viven
alienadas de la cultura que reconoce la norma legal como instrumento san-
cionador de ciertas formas de conducta. Obvíamente conocen que existen
normas legales de convivencia, pero no las interiorizaron como algo que les
compete a ellos, y así, por ejemplo, entienden que el delincuente que es
atrapado por la justicia el único error que ha cometido es, precisamente, el
haberse dejado atrapar (Perrone, 1994).

El clínico poco puede hacer para intervenir en el estrés ambiental, sobre


todo si existe una relación de dependencia importante (dependen económi-
camente de un trabajo degradante o de un elevado grado de dureza). Cier-
tas fórmulas de manejo del estrés o la mejora en la utilización de servicios
sociales pueden servir. Pero todo ésto tiene un límite, en situaciones de
carencia de empleo no es realista ayudar a soportar al trabajador unas con-
diciones de explotación, cláramente la actuación que se necesita no es pre-
cisamente la psicológica.

Tampoco el apoyo de ciertos valores culturales a la violencia es fácil de


modificar, aunque el respeto a dichas normas no debe ser óbice para que el
profesional explique de forma clara que en nuestra sociedad, en la que vive el
trasgresor, esas normas no rigen y además están castigadas. A veces el único
argumento es la evitación del castigo, la terapia entonces procede ayudándo
al violento a identificar qué es lo que le está pidiendo el juez y tratando de con-
formar su conducta a dicha petición.

195
0. Contrato irrealizable: Por extraño que parezca la relación entre la
pareja violenta está sujeta a un contrato de exclusividad emocional: se pro-
meten ser todo para el otro. Un amor tan radical puede funcionar durante
algún tiempo, después el desarrollo de la vida impone cambios en las per-
sonas y sus circunstancias, y cuestiona la validez del contrato. La necesidad
de suscribir uno nuevo es normal en todas las parejas, en las violentas esa
necesidad es interpretada como una traición, reclamándose la fidelidad al
original. Uno de nuestros pacientes le decía a su pareja: si me quisieras
como yo te quiero, serías capaz de renunciar a salir con tus compañeras a
tomar un café después del trabajo y estarías conmigo, como yo estoy conti-
go cuando tú me lo pides.

La estrategia de la intervención en este punto se dirige a ayudarles a sus-


cribir otro contrato de relación que tome en cuenta las nuevas circunstancias
y que deje un mayor espacio de libertad a ambos. El objetivo final es reins-
taurar una consideración positiva del otro cónyuge, la terapia no debe fina-
lizar si no se consiguió la consideración positiva.

1. Negociación de las diferencias: La escalada entre los esposos suele


comenzar cuando perciben diferencias de criterios. Las diferencias pueden
interpretarse como prueba de desafecto, como una traición al contrato de
exclusividad. La intervención en este punto pasa por dotarles de un buen
modelo de negociación de diferencias, modelo que tiene tres elementos:
entrenamiento en comunicación, en asertividad y en negociación. Al final de
los entrenamientos la pareja debe: poder mirarse a los ojos cuando hablan,
exponer sus puntos de vista sin herir al otro, expresar sus sentimientos, ser
capaces de transigir en sus exigencias para llegar a un compromiso, así como
defender el compromiso como si fuera propio, escuchar (y eventualmente
poder repetir) el punto de vista del otro. En el apartado 4 hemos recogido un
programa de entrenamiento en asertividad como ejemplo del tipo de inter-
vención que se propone en este nivel 1.

Circuito de intensificación (2. Gritos; 3. Insultos y 3. Coacciones): Una


vez la pareja ha fracasado en la negociación de sus diferencias se inicia una
escalada de la tensión que hemos denominado circuito de intensificación. Se
ha de tener en cuenta que, de ordinario, se necesitan varias recurrencias de
gritos, insultos y coacciones para que la intensificación (y el paso al siguien-
te circuito) sea posible. La escalada viene alimentada por la sensación de los
contendientes de que el otro trata de imponer su punto de vista, lo que lleva
a una respuesta que tiene la desdicha de ser interpretada por el otro conten-

196
diente como un intento de prevalecer sobre su criterio. A veces no se trata
de una lucha de argumentos en escalada, sino que uno de ellos (normal-
mente la mujer) emite una conducta que resulta particularmente aversiva
para el otro (por ejemplo, un insulto); a veces basta con que la mujer se atre-
va a responder ...
Las atribuciones con respecto de las intenciones juegan un papel impor-
tante: ambos atribuyen la discusión a intenciones hostiles del otro (lo que es
impensable habida cuenta los términos del contrato). Además esas intencio-
nes hostiles son atribuidas a rasgos de caracter (por lo tanto estables), lo que
predice una eficacia en la resolución del conflicto muy pobre. Son varios los
mediadores cognitivos que juegan su papel en estos momentos. Hay una
estimación exagerada de la presunta falta cometida, junto con una percep-
ción selectiva de aquellos aspectos negativos de la otra persona. No se
comunican los sentimientos que se están teniendo, generalmente por parte
del marido, y se inicia un proceso de acumulación de puntos, (quien está
callado tiene la sensación psicológica de estar acumulando tensión); en un
momento dado piensa que lo que haga ya está justificado por todo lo que
estuvo aguantando e intercambia lo que acumuló por una acción agresiva
(activación). Pueden entenderse, igualmente, en términos de mediador cog-
nitivo los sistemas de creencias que justifican la violencia, como hemos
mencionado las creencias pueden pertenecer a una subcultura o ser idiosin-
crásicas de una familia o de un sujeto configurando una actitud en el vio-
lento que puede resumirse en los siguientes puntos:
– Muchos maridos piensan que es no sólo su derecho, sino su deber
golpear físicamente a sus mujeres.
– Otros entienden que es legítimo si son provocados. A éstos no les
gusta golpear, y si lo hicieron fue porque: (a) Querían que se les escu-
chara u obedeciera. (b) Cuidaran mejor de sus hijos. (c) Cesaran de
gritarles o molestarles. (d) Les dejaran de responder.
– El marido no se ve responsable de la violencia; fue provocado y, por lo
tanto, se justifica lo que hizo. No se siente responsable. El cambio acti-
tudinal más importante se produce cuando acepta la responsabilidad.

La intervención en este nivel trata de modificar el sistema cognitivo


mediante la re-atribución (atribuyendo a causas externas la postura del espo-
so-a; técnicas para este cometido serían la redefinición, la connotación posi-
tiva y el elogio; pero también la prueba de realidad de ciertas creencias).

197
Pueden enseñársele técnicas conductuales para respetar ciertas señales que
producen la intensificación, señales que se comprometen a respetar cuando
sean emitidas. Por ejemplo, tiempo fuera para el primer cónyuge que perci-
ba que entran en escalada; o la modificación de las condiciones del enfren-
tamiento (hablando en susurros).

Circuito de activación (5. Amenazas, 6. Activador puntual y 7. Agre-


sión): Se trata de la parte más vinculada a la agresión y no es más que la
continuación de la escalada de intensificación. Se inicia con un podero-
so mediador cognitivo, las amenazas, mediante las que el violento se
auto-instruye sobre cómo actuará una vez empiece la agresión. Así, por
ejemplo, la madre puede decirle a su hijo: ¡te partiré la cara!; una vez
sobreviene la agresión tiene ya una pista de cómo actuar. El activador
puntual, es algo que el(la) agredido(a) dice o hace que irremediablemen-
te provoca la agresión. Las agredidas suelen saber muy bien qué es lo
que funciona como disparador, a veces es un insulto (o el tono con que
se dice el insulto), un tema (singularmente los celos), etc. Una vez se pro-
dujo el activador puntual sobreviene la agresión que se realiza en un
estado crepuscular en el que se rebajan los controles, perdiéndose, a
veces, la conciencia y el control de lo que hacen. Las situaciones de vio-
lencia se caracterizan precisamente por esta pérdida o el fallo de los con-
troles internos.

Por razones obvias resulta dificil intervenir en este momento: Es dema-


siado tarde para tratar de controlar la escalada. Puede establecerse un límite
que se suele situar en la amenaza o en la respuesta fisiológica que preludia
la agresión (por ejemplo, cerrar los puños): alcanzado ese límite el violento
debe salir inmediatamente de casa (tiempo fuera), o, alternativamente, la
esposa debe encerrarse en una habitación previamente acordada y que dis-
ponga de una cerradura, así mismo dispondrá de teléfono para pedir auxilio
y de las llaves del coche para huir. Puede, igualmente, pedirse a la mujer que
cese de utilizar el activador puntual, a cambio de lo cual el violento se com-
promete, bajo contrato, a no volver utilizar la agresión. Finalizada la violen-
cia puede iniciarse cambios más profundos cuya meta última es re-instaurar
una mútua consideración positiva.

Complementariedad: Consumada la agresión, la víctima cesa en su


desafio o en la conducta que causó la escalada, hasta la siguiente negocia-
ción de diferencias. El cese de lo indeseable funciona como refuerzo: el agre-
sor ya sabe cómo controlar los problemas y tenderá a utilizar en el futuro

198
aquello que sabe que funcionó. Restaurada la racionalidad, el violento se
percata del daño que ha realizado y muestra un arrepentimiento genuino por
el daño infligido. Se produce un intenso acercamiento afectivo entre la pare-
ja que puede terminar en una relación sexual gratificante. Resulta desdicha-
do que aprendan que sólo consiguen esa cercanía afectiva cuando previa-
mente se produjo una escena violenta. La sinceridad aparente del agresor y
la proximidad emocional conseguida mueven a la agredida a otorgar el per-
dón. Cuan eficaz resulta esta puesta en escena queda demostrado por el
tiempo que media entre el comienzo de las agresiones y la petición de una
demanda de separación (ver tabla 1).
Se suele decir que el momento de la pausa complementaria es el más
idóneo para intervenir. La estrategia de intervención pasa por negociar un
compromiso de fin de la violencia y un procedimiento de auto-protección
para la agredida; es también el momento en que el agresor admitirá una con-
sideración positiva y será, por lo tanto, proclive a comprometerse en aumen-
tar sus expresiones de cuidado y de afecto hacia su pareja y quizás a consi-
derar aquellas conductas o hábitos motivo de enfrentamiento (como por
ejemplo, el alcoholísmo). Es también el momento en que puede aceptar la
necesidad de aprender conductas alternativas a la violencia.

4. ESTRATEGIAS Y TÉCNICAS DE INTERVENCIÓN


EN VIOLENCIA FAMILIAR
Recogemos en este epígrafe cómo organizar la intervención con las
parejas violentas en términos de qué tipos de problemas han de tratarse y
con qué técnicas. Con ello completamos la visión ofrecida en el epígrafe
anterior.

Objetivos generales:
– El primer objetivo y el más fundamental es que nadie resulte física-
mente herido y mucho menos muerto. A este objetivo se subordinan
todos los demás.
– El segundo objetivo consiste en restablecer la consideración positiva
de la otra persona, o al menos el respeto.
– El tercero es mejorar la relación (comunicación, solución de proble-
mas, negociación, reestructuración cognitiva, etc.).

199
– • Estrategias generales de intervención:
– • Evitar al precio que sea el maltrato físico. Bloquear la pauta de
maltrato.
– • Empatizar con el violento como condición de posibilidad de su
cambio.
– • Generar recursos alternativos a la violencia.
– • Restablecer la consideración positiva mútua.

1. Programa y técnicas de intervención:


Toma de Decisiones y Estrategias de Intervención: Quizás le resulte útil
al lector tener un modelo de toma de decisiones en situaciones de violencia.
El que se recoge en la figura 2, tomado de Deschner (1984), puede servir
como orientación.
En general las técnicas y objetivos pueden agruparse en dos grandes
estrategias (Perrone, 1994), evitativas y resolutivas. Se recomienda empezar
por estrategias evitativas y continuar con las resolutivas.
Estrategias evitativas: Tratan de finalizar la violencia sin resolver los pro-
blemas que la motivan. Son distintas para la violencia agresión o castigo.
– Violencia agresión:
– • Introducir cierta complementariedad en la simetría: Después de la
escalada entre los dos, uno de ellos da la razón al otro, estable-
ciéndose con ello la complementariedad.
– • Salida mediante el síntoma: Ante la inminencia de violencia uno de
los dos afirma tener un síntoma (dolor de cabeza, palpitaciones,
mareos, etc.).
– • Rituales: Cuando sobreviene el ataque se introduce un ritual alter-
nativo.
– • Triangulación: Se busca a un tercero que esté presente, de esta forma
se evita la violencia.
– • Un regulador que impide la violencia. El regulador es estable, siem-
pre el mismo.

200
– • Separación: La pareja se separa para evitar la violencia, aunque no
por ello se da por finalizada la relación.

– • Ruptura: La relación se da por finalizada.

– Violencia castigo:

– • Introducir la simetría (introducir igualdad en la relación), apoyando


a quien recibe la agresión. Puede darse la simetria por un cambio de
alianzas: el hijo, por ejemplo, termina por proteger a la madre gol-
peada. Por una enfermedad (el alcoholísmo del padre le hace enfer-
mar).

– • Síntomas: Las víctimas pueden llegar a crear síntomas para detener


la agresión, otitis, infecciones, etc.

– • Sobrecomplementariedad: El que está en la posición inferior acepta


estarlo mucho más, mientras que el que ocupa la posición superior
extrema también su posición.

– • Complementariedad invertida: Inferior y superior intercambian sus


posiciones respectivas. El niño (la mujer) golpeado(a) amenaza a los
padres con llamar a la policía si no atienden sus caprichos.

– • Separación: Refugiándose, por ejemplo, en una institución de aco-


gida de víctimas. Puede también producirse abandonos, como alter-
nativa a ser golpeados hasta la muerte.

Estrategias resolutivas: Tienen como meta solucionar la violencia:

– Interiorización de la ley. Determinadas personas en su proceso de


socialización no han interiorizado la norma legal, viviendo bajo el
imperativo del deseo. Algunos padres no han entendido que la ley no
les permite golpear a sus hijos. Cuando entienden que la ley está por
encima de ellos y los controla o sanciona, pueden empezar a contro-
lar sus actos. Como profesionales somos representantes de ese marco
legal.

– Cambio del sistema de creencias socio-cultural que apoya el ejercicio


de la violencia.

201
Consulta de la pareja

Terapia marital tradicional No ¿Se está produciendo


u otra alternativa violencia?

Remitir a casa protegidas y No ¿Están los


¿Está la esposa a salvo?
posible implicación de la policia hijos a salvo?

Sí No

Informe
a los servicios
de protección
No Conoce la esposa los recursos de menores
Dar información y las causas protegidas por si
y teléfonos de contacto los necesitara en un futuro?

No
¿Desean seguir como pareja?
Derivación a grupos de apoyo
y de mujeres, terapia de grupo Sí

para hombres o terapia indivi-


No
dual dependiendo de las nece- ¿Desean ambos participar?

sidades específicas de cada Sí


pareja y de la disponibilidad
de servicios comunitarios No ¿Resulta la mediación razonable?
¿Puede controlarse la violencia?

Selección del plan de tratamiento

Terapia de grupo para el control Terapia conjunta


Consejo conjunto de pareja O O
de la violencia masculina más grupal

Y/O Tratamiento de alcoholismo Y/O


si fuera necesario

Fig. 2. Árbol de Toma de Decisiones en situaciones de violencia.

202
– Reencuadre de activadores puntuales: Se trata de encontrar otra forma
de entender los activadores puntuales. Determinadas situaciones
necesitan ser redefinidas: por ejemplo, el bloqueo del niño al contes-
tar puede deberse a que tiene tres respuestas al mismo tiempo, sin ani-
marse a elegir una de ellas; cuando rehusa comer, lo que pasa es que
a ella le gustaría comer, pero una vez que ha dicho que no, no se
anima a contradecirse; cuando se calla, es para evitar la violencia, etc.

– Cambio en el consenso implicito rígido: Cuando se ha detectado los


términos del consenso puede intentarse un cambio en dicho acuerdo.
Por ejemplo, puede proponerse no hablar de determinados temas, o
sólo en el salón cuando los niños están durmiendo.

– Cambio de representación: Una vez se ha instaurado la violencia,


cada vez que el agresor piensa en la víctima, elicita las emociones
ligadas a ella: cólera, fastidio, ganas de maltratarla, etc. De lo que se
trata es de cambiar la representación con su correlato emocional. Se
distorsiona la representación pasada, se mezcla la nueva representa-
ción con la antigua, rebajándose la respuesta emocional antigua.

– Aprendizaje del estado: Cuando un sujeto aprende algo en un estado


emocional, el estado emocional le evocará la respuesta conductual.
Fuera de esos estados hay una amnesia que dificulta la respuesta. Sus-
citar en terapia ciertos estados emocionales permitirá recuperar res-
puestas, o adquirir otras nuevas. La emoción permite el anclaje de las
respuestas.

– Meta-comunicación: El sujeto se coloca en una posición desde la que


puede hacer comentarios sobre el estado en el que se encuentra. El
terapeuta puede facilitar la posición haciendo en la entrevista comen-
tarios del tipo: «si Vd. pudiera decirle en esos momentos, no sigas por
ahí porque voy a ponerme violento». No obstante, la permanencia rei-
terada en la posición meta, puede interpretarse como arrogarse una
superioridad no justificada, lo que suele provocar más violencia, por
eso la regla es que quienes núnca están en posición meta, hay que
ayudarles a recuperarla; quienes lo están de forma continuada, hay
que ayudarles a recuperar una relación directa.

– Interiorizar reguladores, que actuan como frenos de la violencia. Los


reguladores pueden ser nuevos aprendizajes.

203
Complementariamente, Fishman (1990), sugiere la necesidad de obser-
var los siguientes principios o estrategias cuando se trabaja con familias vio-
lentas:
– Primo non nocere: La organización estructural de la familia suele res-
ponder a alguna razón que por lo común es sabia. Así la coalición ado-
lescente-madre, puede cumplir la misión de enfrentar la violencia del
padre. Atacar la coalición puede poner en peligro físico a la madre. En
su intento de cambio, el terapeuta, primero, no ha de dañar lo existente.
– La terapia ha de basarse en la experiencia: Dado que el terapeuta
puede encontrarse en la necesidad de desactivar coaliciones que hasta
entonces probablemente han salvado vidas, es esencial que cuente
con criterios seguros para avanzar, para lo cual debe comprobar cuan
seguros son los patrones de interacción nuevos en la propia entrevis-
ta, si tales patrones no se dieran o se reiteraran los antiguos, deberá
tomar las medidas necesarias para la seguridad de la familia.
– Desarrollar una consideración positiva entre los miembros de la fami-
lia: Dado que el sistema familiar violento suele ser un medio degra-
dado, resulta importante que, tan pronto como haya pasado el peligro
de agresión, el terapeuta trate de desarrollar una consideración positi-
va entre los miembros de la familia. En concreto debe tender a crear
un medio cálido, de valoración y respeto mútuo y menos tenso. La
terapia no debe concluir hasta que no se haya instaurado esa consi-
deración positiva. Quizás una buena forma de modelar la considera-
ción positiva por parte del profesional sea escuchar empáticamente la
historia y las razones que le han llevado al agresor a pronunciarse vio-
lentamente, lo que no debe confundirse con justificar la violencia. El
terapeuta debe comprender pero no justificar, y desde luego debe pro-
nunciarse de forma inequívoca sobre lo inadmisible de la violencia y
sobre la necesidad de que cese inmediatamente. Estratégicamente es
mejor hacer esta petición después de escuchar la historia del agresor.
– Tratar tanto con la familia como con el contexto extenso: El factor eco-
lógico que mayor incidencia tiene en el desarrollo de la violencia es
la pobreza. Por eso resulta importante que la familia tenga la posibili-
dad de utilizar los recursos sociales de la comunidad. Junto con los
servicios sociales es necesario investigar cómo influye la familia
extensa. La acción sobre estos factores externos tiene que ser encara-
da con celeridad.

204
Técnicas de intervención: No vamos a pretender una descripción
exhaustiva de las técnicas utilizadas en la terapia de la violencia, muchas de
ellas son patrimonio de otros tipos de terapia (de pareja, familiar, etc.). Nos
proponemos reseñar aquellas que son menos conocidas y más específicas de
este campo. Las técnicas a utilizar dependerán de si estamos en una crisis de
violencia o en una fase crónica.

Para estimar lo crítico de la situación o el peligro potencial de graves


agresiones o de homicidio existen procedimientos basados en la observación
clínica y procedimientos mediante cuestionarios. Un criterio clínico impor-
tante es estimar la frecuencia y el modo en que se produce la agresión. Cuan-
to más frecuentes sean las agresiones y más instrumentales (con objetos con-
tundentes y peligrosos), mayor es el riesgo. Cuando los dos criterios se dan
juntos (frecuencia más violencia instrumental), el riesgo es aún mayor. Elici-
tar información sobre ambos aspectos, resulta por momentos intimidante
para la víctima, por lo que el criterio clínico debe complementarse con prue-
bas estandarizadas (por ejemplo, la Escala Táctica de Conflictos, es un buen
instrumento). Si lo que hay que enfrentar es una crisis el profesional debe pri-
mero separar físicamente a los contendientes, no permitir ni que se vean; si
no pudiera hacerlo por él mismo deberá reclamar la presencia de la policia,
todo antes de que alguien resulte físicamente herido o muerto. Después de
lo cual deberá asegurar la protección de la víctima creando, por tiempo par-
cial y mientras dura la crisis, una red de acogida, bien familiar, bien institu-
cional (centros de acogida), bien mixta. A continuación, y mientras dura la
separación, deberá enseñar a los contendientes primero técnicas de evita-
ción y control del conflicto (que explicamos a continuación), y segundo téc-
nicas resolutivas del conflicto (cuando se ha avanzado en estas técnicas la
pareja suele estar ya viviendo conjuntamente).

Técnicas evitativas o de control del conflicto:

1. Tiempo fuera: Se trata de una técnica clásica de corte aparentemente


sencillo pero que para su utilización en el contexto de violencia exige
una considerable sofistificación y cuidado. Deschner (1.984), sugiere
los siguientes pasos en su aplicación:

1. (1). Cuándo utilizar el tiempo fuera: El mejor momento es cuando la


situación no se ha vuelto todavía demasiado explosiva (ver la
figura 1 y lo expuesto en el epígrafe sobre el ciclo de generación

205
de violencia). El objetivo es que identifiquen pistas tempranas de
la violencia. Esta investigación de pistas debe realizarse en todas
las entrevistas.
1. (2). Utilización del signo «T»: Cuando uno de los miembros de la
pareja decide que se hace necesario un tiempo fuera hará el signo
«T» con las manos, tal como hacen los árbitros de baloncesto. Lo
único que debe decir verbalmente es «tiempo fuera», nada más.
Frente a la creencia popular de que una descarga de agresividad
es liberadora, lo cierto es que lo único que hace es preparar para
la violencia. La ventaja del signo y de la palabra «tiempo fuera»,
es que son neutros y que no precipitan el enfrentamiento.
1. (3). Respuesta al signo «T»: Cualquiera de los miembros de la pareja
puede iniciar el signo «T», el otro deberá cooperar. La tarea de
quien recibe el signo es facilitar la partida de quien lo hace.
Deberá hacer así mismo una «T», o decir algo como, «está bien,
tiempo fuera». Suspenderá cualquier otro comentario para elimi-
nar la tendencia a decir la última palabra. No debe producirse
contacto físico alguno. Resulta más dificil responder adecuada-
mente al signo T que ser el iniciador. Quien recibe puede juzgar
que la situación no es tan seria, pero ha de aceptar la evaluación
del emisor. Puede estar ganando en ese momento la discusión, lo
que le hará más dificil todavía parar.
1. (4). Retirada silenciosa: Una vez se ha producido en signo T, ambos
deben cooperar para que uno de ellos se marche de forma ade-
cuada. Generalmente quien se va es quien hizo el signo, se mar-
chará en silencio y sin decir nada. Deberá concentrarse en no dar
un portazo. El procedimiento funciona si no incrementó aún más
la agresividad mediante gestos, palabras o portazos. Puede susti-
tuirse la salida de la casa por la reclusión en una habitación que
esté provista de pestillo. En ambos casos, la pareja debe acordar
no seguir al otro miembro o molestarle.
Lo esencial del procedimiento es escapar de la presencia del otro
para que ambos puedan calmarse.
1. (5). Pasear: Una vez fuera quien se marchó, debe proceder a dar un
paseo que suponga una actividad física vigorosa que disipe la
energía acumulada. No se recomiendan ejercicios como golpear
árboles, cortar madera, golpear una almohada, etc. Tales activi-

206
dades no liberan tensión, pese a lo extendido de la opinión, más
bien preparan o activan la rabia y hacen más factible la agresión.
En cualquier caso prolongan el tiempo necesario para calmarse.
Mientras pasea deberá tratar de controlar aquellos pensamientos
que reproducen una y otra vez el incidente. Esta rumia reactiva
los sentimientos de furia, sin resolver los problemas. Se le puede
sugerir que, en vez de la rumia, piense en el 1% del error que
cometió, error que podrá comentar con su cónyuge una vez
regrese a casa.

1. (6). La vuelta: Idealmente debe producirse cuando ambos hayan disi-


pado su furia y ya no sea posible la violencia. Debe haberse reba-
jado la presión sanguínea, finalizado la rumia, y estar abiertos a
que quizás cometieron «algún error técnico» (su 1% de error).
Aceptar el 1% de culpa constituye una pista segura de que la vio-
lencia cedió.

1. (7). Intercambio de errores técnicos: Ni es necesario, ni recomenda-


ble que uno de ellos cargue con toda la culpa de la situación. Si
la admisión del error no lleva a que el otro cónyuge reconozca
recíprocamente el suyo, se impone un segundo periodo de tiem-
po fuera (o un tercero o un cuarto). El reconocimiento mútuo de
errores lleva a una auténtica reconciliación. Una vez se ha utili-
zado varias veces, el procedimiento deja de ser algo temido u
ofensivo.
Obviamente el procedimiento de tiempo fuera es algo en lo que
tienen que acordar ambos, sujetándose a un contrato que hemos
recogido en el Apéndice 1. Como puede comprobrase en el
Apéndice el contrato se ofrece conjuntamente con el de finaliza-
ción de la violencia, ambos son inseparables.

2. Respuestas alternativas: Se trata de enseñar fórmulas de confronta-


ción distintas de la agresión. En el caso de padres se les enseña a cas-
tigar a sus hijos retirándoles privilegios o con tareas pesadas, también
con tiempo fuera al que se añade la necesidad de que el hijo elabo-
re un plan sobre cómo piensa conducirse en el futuro, el levanta-
miento del tiempo fuera se hace contigente a la elaboración del plan.

Deschner (1984), ofrece dos ejemplos de respuestas alternativas, la pri-


mera Corrección Diplomática es aplicable entre esposos, también entre

207
padres e hijos adolescentes. La segunda, Respuesta a críticas realizadas por
figuras de autoridad se recomienda especialmente para adolescentes.

CORRECCIÓN DIPLOMÁTICA
Se pretende que la secuencia que se describe a continuación se convierta en una
segunda naturaleza de las personas que lo utilizan y que combinado con el entrenamiento
en asertividad que se describirá después, impliquen una auténtica alternativa a la violencia.
El procedimiento comprende 10 pasos:
1. Afirmación inicial positiva:
¿No te dije que la cena estaba muy buena?.
2. Descripción de la conducta inapropiada:
Cuando fries tanto la carne, termina por quedarse negra y dura.
3. Explicaciones. Porqué la conducta resulta inapropiada:
No me gusta entonces como sabe, está dura y reseca.
4. Descripción de la conducta apropiada:
¿ Qué te parece si programas la freidora cuando fries la carne?.
5. Razones. La nueva conducta puede resultar recompensante.
– Una vez programes la freidora podrás hacer otras cosas, como responder el teléfo-
no, además la carne quedará estupenda.
6. Ofrecimiento de incentivos:
Si lo haces así, te prometo que arreglaré el mango de la sarten.
7. Petición de una confirmación:
– ¿Te parece?
8. Ensayo de la conducta apropiada:
– ¿Por qué no programo la freidora mientras tú buscas en el libro de cocina cuánto
tiempo tienen que freir los filetes?.
9. Ofrecer feed-back durante la práctica:
– ¿La señal que estoy oyendo es la de la freidora?. La cena debe haber salido de cine.
10. Elogio y recompensa:
– Bueno aquí está la sarten perfectamente arreglada.
Puede utilizarse el procedimiento en una versión corta, en este caso sólo se utilizan
los pasos 1, 4, 6 y 10 (afirmación inicial positiva, descripción de la conducta apropiada,
ofrecimiento de incentivos, elogio y recompensa).

208
RESPUESTA A CRÍTICAS REALIZADAS POR FIGURAS DE AUTORIDAD

El programa se dirige sobre todo a jóvenes (también es aplicable en otras situaciones)


que desafian figuras de autoridad porque les critican injustamente. La estrategia es evitar un
enfrentamiento con personas a las que no pueden derrotar debido a la posición inferior que
ocupa el jóven. Básicamente se les pide un sometimiento.

El programa consta de 5 respuestas:

– Contacto visual (transmite honestidad e igualdad de derechos entre personas).

– Asentimiento expresado de forma verbal: básicamente el mensaje ha de ser: de


acuerdo, cooperaré.

– Control (y ausencia) de respuestas no-verbales que puedan resultar agresivas.

– Respuesta asertiva de dilación: implica solicitar un encuentro posterior con la per-


sona poderosa en el que el jóven expondrá sus argumentos de forma más calmada.

Ejemplo: De acuerdo, escribiré 100 veces mi nombre, pero permítame solicitarle vol-
ver al Colegio más tarde, con alguno de mis compañeros como testigo, para explicarle el
porqué de mi conducta.

Técnicas resolutivas del conflicto.

Técnicas de comunicación, negociación y solución de conflictos: Los


entrenamientos en comunicación y solución de problemas son sobrada-
mente conocidos (el lector queda remitido a textos como los de Liberman
et al., 1987, o el clásico y mucho más completo de L’Abate y McHenry,
1983, por ejemplo). En problemas de violencia se utilizan variantes de
entrenamientos en comunicación, como por ejemplo el entrenamiento en
asertividad, variable que juega un papel muy importante como habrá podi-
do apreciarse.

209
ENTRENAMIENTO EN ASERTIVIDAD
Resulta importante distinguir (y hacer distinguir a las parejas) entre: Agresividad: que
supone la afirmación de una persona a costa de otra, o tratar de conseguir objetivos hirien-
do a otra(s) persona(s). No-asertividad: que es una forma de auto-negación, implica dejar a
los demás que elijan por nosotros. Asertividad: significa ser capaz de expresar los senti-
mientos sin herir a otra persona, ser capaz de elegir por uno mismo.
Para facilitar la asertividad, el terapeuta ha de fijarse en las siguientes conductas: con-
tacto visual entre la pareja, postura corporal, gestos, expresión facial, procesos temporales
de la comunicación (por ejemplo, si un miembro de la pareja comienza a expresar senti-
mientos negativos, se va «calentando» y termina con una explosión), fluidez del discurso,
contenido del discurso.
El procedimiento de Entrenamiento en Asertividad, se compone de las siguientes etapas:
1. Evaluación. Se recomienda el role-playing de situaciones por parte de la pareja como
forma de evaluación.
2. Listado de las situaciones: se definen las situaciones que para cada miembro de la pare-
ja resultan conflictivas. Se les pide que definan con claridad qué es lo que ocurre en
esas situaciones conflictivas.
3. Ensayo encubierto: se pide a la pareja que cierren los ojos y que imaginen cómo res-
ponden a una situación conflictiva.
4. Modelado: el terapeuta realiza el role-playing de una escena en la que se muestra cómo
se responde asertivamente.
5. Feedback: se instruye a los clientes para que revisen la respuesta modelada con un
énfasis en discriminar las cualidades no-asertivas, agresivas y asertivas de las respues-
tas.
6. Ensayo encubierto: se pide a la pareja que repita el paso 3, pero visualizando una res-
puesta asertiva correcta.
7. Role-playing del cliente: el cliente ejecuta en role-playing las conductas (e intercam-
bios) nuevas que ha aprendido.
8. Feedback: el terapeuta da feedback al cliente de cada uno de los componentes de la
conducta ejecutada. Utilizar video resulta útil.
9. Entrenamiento: los pasos 6, 7 y 8 se repiten hasta que el cliente ha adquirido práctica
en conseguir un comportamiento auto-expresivo.
10. Ensayo in vivo: se motiva a los clientes a que practiquen en casa.
11. Seguimiento: el terapeuta debe mantener contacto con los clientes mientras realizan en
casa los ensayos.

Al finalizar el entrenamiento el sujeto ha de ser capaz de componer fra-


ses en las que se recojan los tres elementos de una oración asertiva: Des-
cripción de la conducta que perturba al sujeto (cuando llegas tarde); des-
cripción de los sentimientos que provoca en el sujeto la conducta (me siento
explotado); y descripción del efecto tangible que provoca la conducta per-

210
turbante (porque tengo que hacer la comida y atender a los niños al mismo
tiempo). De lo que se trata es de que este tipo de frases se conviertan en un
hábito alternativo a la agresión.

La negociación puede entenderse como una alternativa a la violencia


como método de solución de problemas. A lo que los manuales de terapia
de pareja dicen nos gustaría añadir algunas precisiones. Primero, hemos
encontrado útil explicar a las parejas qué significa negociar, antes de expli-
carles cómo negociar. Una vez han optado explícitamente por solucionar sus
diferencias negociando, les decimos que negociar significa que ninguna de
las dos posturas prevalecerá, seguramente el resultado será un híbrido entre
las dos: negociar significa aceptar que no saldrá aquello que uno quiere, no
obstante lo cual tendrá que comprometerse a defenderlo como si fuera suyo.
En segundo lugar, el compromiso con respecto del resultado de la negocia-
ción es un compromiso que no dependende de que el otro cumpla su parte
en lo pactado. Cada cual se compromete por su honor a defender y cumplir
lo pactado, lo hace porque quiere, no porque el otro se comprometa o no,
podría no hacerlo, y se espera que con respecto de lo prometido hagan lo
que normalmente hacen cuando empeñan su palabra en algo. Lo que quie-
re decir que hemos abandonado un contrato basado en la contingencia de
conductas (quid pro quo). Tercero, una vez se han comprometido y empie-
zan a negociar sobre la lista de problemas, se les reclama su opción por
negociar (en lo que está diciendo, ¿en qué se nota su deseo de negociar?).

Hemos venido repitiendo la necesidad de restablecer una consideración


positiva entre los miembros de la pareja. En relaciones con una historia pre-
via de violencia esa consideración tiene que demostrarse en conductas y
actitudes palpables, de modo que aumentar las expresiones de cariño, cui-
dado y apoyo mútuo constituyen una parte fundamental de la terapia. Los
intercambios positivos no sólo desarrollan una relación positiva, sino que
ayudan a aumentar el umbral de tolerancia de los intercambios negativos. El
lector interesado podrá encontrar en cualquier manual de terapia de parejas
los procedimientos. Es importante, no obstante, recordar que las relaciones
se deterioran no sólo por el intercambio de conductas negativas, sino por la
ausencia de las positivas; el corolario es que la terapia no ha terminado
cuando cesó la violencia, en ese momento, en realidad, comienza una
segunda fase que impedirá la recaida en las agresiones en la medida en que
sean capaces de intercambiarse cosas positivas.

211
Control de las respuestas de celos: Habida cuenta del importante papel
que juegan los celos en la violencia, el profesional debe poder ofrecer algu-
nas fórmulas para ayudar al celoso(a) a controlar su respuesta. Los supuestos
de los que se parte son dos. Primero, aún siendo real lo que motiva los celos,
es posible responder de una forma alternativa que no tenga tanto coste emo-
cional. Segundo, el otro cónyuge puede ayudar al celoso a salir de su tortu-
ra, siempre que éste lo acepte. Deschner (1984), ha hecho una compilación
de fórmulas que presentamos a continuación:

1. Cesar todo tipo de comprobaciones sobre la conducta del otro. Para lo cual primero es
preciso identificar todas aquellas actividades que tienen ese sentido de comprobación y,
después, comprometerse a no realizarlas. Cualquier fallo en una sola de estas conductas
por muy “inocentes” que pudieran parecer da al traste con el intento de erradicar los
celos.
2. Parada de pensamiento: La fórmula clásica para detener las «rumias» es «gritarse mental-
mente», ¡basta!, ¡fuera!, o alguna expresión similar. Igualmente resulta útil llevar una cinta
elástica rodeando la muñeca, que el sujeto tensará y soltará cuando se le venga la «rumia»
celosa. La idea es que el dolor (que no tiene porque ser extremo) sirva como elemento dis-
tractor el tiempo suficiente como para permitir que reconduzca sus pensamientos. Una vez
que ha cesado el pensamiento celoso, el sujeto debe proponerse un pensamiento más racio-
nal (por ejemplo, llegó tarde porque se encontró con alguien). Conviene llevar un registro de
las veces que ha tenido que utilizar la goma elástica o la parada de pensamiento como pro-
cedimiento de auto-refuerzo.
3. Desensibilización sistemática: Puede intentarse una desensibilización clásica creando
una lista de items ordenados según su capacidad de producir ansiedad. Hay que tener en
cuenta que una cosa es imaginar un item y otra muy distinta pasar por la experiencia. De
lo que se trata es de poder mantener la calma frente a este tipo de situaciones, no de que
el sujeto deje de importarle que le sea fiel su cónyuge.
4. Conductas que debe observar el miembro no-celoso de la pareja:
– Debe ignorar los pronunciamientos celosos y responder sólo a los no-celosos.
– No debe responder a las peticiones de información que alimenten los celos. A la vez
debe recompensar una conducta alternativa. En el caso de los celos la conducta alter-
nativa es una petición de atención y seguridad. Por ejemplo, ante la pregunta ¿con
quién has estado cenando esta noche?, la respuesta alternativa que tiene en cuenta las
necesidades de atención podría ser, Como quiera que ya hemos perdido esta noche,
¿qué te parece si mañana vamos a cenar?.
– Una alternativa drástica y peligrosa que no debe intentarse si no es mediante un férreo
acuerdo entre la pareja, es inundar al miembro celoso con toda suerte de información
evocadora de celos, información que puede ser inventada. Conducirse de forma celo-
sa como forma de inundación es todavía más peligroso y sólo en circunstancias muy
especiales podrá utilizarse.

212
5. DISCUSIÓN Y RESUMEN
La violencia es un fenómeno complejo que hunde sus raices en factores
de tipo genético y social. Su tratamiento es igualmente complejo y campo de
intervención de diferentes tipos de profesionales con competencias diferen-
tes y por espacios de tiempo tambien diferentes: médicos, psiquiatras, poli-
cias, jueces, fiscales, asistentes sociales, psicólogos, voluntariado social,
políticos, etc. Sería inocente por nuestra parte haber sembrado la idea de que
el psicólogo tiene la clave de su solución. La violencia no es problema que
pueda ser resuelto por un solo tipo de profesional, su naturaleza exige ser
abordado por profesionales de diferente índole, por eso la primera obliga-
ción es la de conseguir, al menos, un cierto grado de coordinación entre
algunos de estos profesionales, quizás, y muy especialmente, entre los dis-
positivos de recepción de casos, policía y médicos de urgencias hospitala-
rias; los de tratamiento, psicólogos, psiquiatras y voluntariado social; y los
sancionadores, jueces y fiscales. A largo plazo, podrían ensayarse programas
compactados en los que el procedimiento de tratamiento incluyera medidas
psicológicas, sociales y judiciales en un mismo programa. No estamos abo-
gando por un procedimiento de abordaje multidisciplinar en el que varios
profesionales trabajan de forma simultánea con un mismo caso, fórmula
sobre la que existen dudas razonables (Caplan, 1993), sino más bien, y
siguiendo al mismo autor, se sugiere un profesional que esté a cargo del pro-
blema y con la posibilidad de coordinar y dar paso a otros profesionales.
Siendo realistas probablemente lo mejor para prevenir la violencia sería
un buen programa de desarrollo para poblaciones que hoy están sumidas en
economías de subsistencia; sumergidas, o cláramente al margen de la ley. La
marginación por imperativo de la necesidad de seguir viviendo en una socie-
dad que alienta la opulencia y la competitividad fuera de todo control ético
o legal, es en buena parte responsable de la violencia. En nuestro mundo
actual la pobreza no genera violencia sino se da en un contexto de desi-
gualdad social alimentado por valores que cláramente desprecian la obser-
vación de la ley como norma de convivencia. La violencia de nuestra socie-
dad no es un fenómeno de lucha de clases, constituye una verdadera cultura
de la violencia interclasista.
Como resumen de lo expuesto podríamos señalar los siguientes puntos:
1. La violencia familiar, tanto hacia el otro cónyuge como hacia los
hijos, es un fenómeno construido por la colaboración activa del agre-
sor y del agredido. Obviamente no se trata de exculpar a nadie, sino

213
de señalar qué hace uno y otro con la intención definir qué parte
tiene cada uno en su control. Es creencia del autor que la responsa-
bilidad última descansa en quien agrede, que siempre puede elegir
otra forma de controlar la situación distinta de poner en peligro la
integredidad física del agredido.

2. La violencia simétrica se concibe en términos de un patrón de con-


ductas circular en el que unas refuerzan a otras. La violencia se
entiende, igualmente, como producto de una escalada que se ali-
menta por la creencia de los contendientes de que el otro está tra-
tando de imponer su criterio, lo que es respondido por una conducta
que es interpretada por el otro también como un intento de imposi-
ción. El enfrentamiento es dirimido finalmente por la pura imposición
física que provoca en el agredido una conducta de evitación. No hay
consenso, sólo hay que esperar hasta la próxima discrepancia para
que estalle de nuevo la violencia.

3. La reiteración del patrón hace de la violencia un ingrediente habitual


del repertorio de conductas de la pareja, la convierte en la forma de
dirimir los conflictos. La pareja carece de un modelo alternativo de
solución de conflictos, de negociación, de comunicación y de aserti-
vidad. Los programas de intervención contemplan estos cuatro ingre-
dientes como partes sustanciales del tratamiento.

4. Existen importantes variables de tipo cognitivo que alimentan el con-


flicto y que son, igualmente, objeto de tratamiento, variables como la
atribución, la percepción selectiva de los rasgos negativos, la estima-
ción exagerada de los daños producidos por una conducta, las cre-
encias personales, familiares o de la cultura a la que pertenece el
agresor, etc.

5. Las estrategias de tratamiento psicológico de la violencia se dividen en


evitatitivas (que tratan de que no se produzca el acto violento) y reso-
lutivas (que resuelven los problemas de fondo de la pareja). Objetivos
del tratamiento son la finalización de la violencia lo antes posible, la
adquisición de habilidades que hagan innecesario el uso de la violen-
cia, el aumento de intercambio de conductas de cuidado y de expre-
sión del amor, la restitución de una consideración positiva mútua y la
modificación del sistema de creencias que apoya la violencia.

214
6. Se han sugerido varias técnicas de intervención, quizás las más impor-
tantes sean tres: tiempo fuera como evitación, y asertividad y corrección
diplomática como alternativas. Se pretende que las parejas incorporen
las dos últimas como una segunda naturaleza. Finalmente, se advierte
que sin mejorar la relación existe un peligro importante de recaida.
Para finalizar, y en la tabla 3, hemos recogido aquellas intervenciones
que parecen que mejor y peor funcionan.

Funcionó mejor Funcionó peor

N Porcentaje N Porcentaje
Auto-revelación 45 30 14 10
Auto-defensa 33 23 12 8
Escaparse-esconderse 15 11 3 2
Intervención social o legal 44 30 39 28
Hablar 5 4 10 7
Promesas de cesar la violencia 0 – 21 14
Otras 2 1,3 0 –
Nada 1 0,7 46 31

TOTAL 145 100 145 100

FACTORES QUE PERMITIERON EL CESE DE LA VIOLENCIA


N Porcentaje
Miedo al divorcio 27 30
Miedo a sanciones legales 19 21
Deseo de reconstruir la relación* 23 25
Aceptar cambios en la pareja 9 10
Otros 13 14
TOTAL 91 100

(*) También, miedo a perder a la pareja.


Tabla 3. Estrategias informadas por las víctimas que funcionaron mejor y peor para parar la violencia.
(Fuente: varios autores).

215
APÉNDICE 1.

INSTRUMENTOS UTILIZADOS EN LA TERAPIA FAMILIAR DE LA VIOLENCIA

Informe Semanal de Violencia

¿Cuántas peleas han tenido durante esta semana?

Verbales Puntue su rabia de 0 a 10: ..................


Puntue la rabia de su pareja: ..................
Puntue su miedo: ..................

Físicas Puntue su rabia de 0 a 10: ..................


Puntue la rabia de su pareja: ..................
Puntue su miedo: ..................

¿Cuáles fueron las señales internas de que comenzaban los problemas? .....
......................................................................................................................
¿Cuáles las señales que percibió en su pareja?..............................................
......................................................................................................................
¿Cuántas veces tuvo que utilizar el procedimiento de tiempo fuera? ............
......................................................................................................................
¿Cuántas su pareja?.......................................................................................
¿Qué recursos utilizó? (Responda SI/NO)
............ El signo “T” ............ Ejercicio
............ Devolver Tiempo Fuera ............ Admitir el error
............ Marcharse de forma silenciosa ............ Error de la pareja.
¿Cuánto tiempo pasó en tiempo fuera? .........................................................
¿Qué sucedió después? .................................................................................

216
¿Qué otros medios de control utilizó?
Utilizado en la vida
Practicado real

Reestructuración cognitiva ............................... ...............................


Asertividad en tres fases ............................... ...............................
Reflejo de lo escuchado ............................... ...............................
Corrección diplomática ............................... ...............................

Evalúe (de 0 a 10) el grado de felicidad


con su pareja si las cosas continuaran como en esta semana:
............ Responsabilidades de la casa ............ Felicidad general
............ Ayuda con los hijos ............ Comunicación
............ Progresos en actividades personales ............ Dinero
............ Independencia personal ............ Sexo
............ Independencia de mi pareja ............ Vida social.

Tiempo Fuera y Contrato de no-violencia.

TIEMPO FUERA

Cuando sienta que me invade la rabia (o cuando perciba que le ocurre


a mi pareja), haré la señal de tiempo fuera (una «T»), dándome inmediata-
mente la vuelta y marchándome. No golpearé a nadie, ni a nada. No saldré
dando un portazo.

No regresaré hasta que haya dejado de estar violento. Me daré un paseo


para disipar la violencia. Pensaré en alguna cosa que me sea agradable.

Regresaré cuando sea capaz de mantener una conversación que


comience con, «sé que tengo algo de razón, aunque también sé que en algo
estoy equivocado», y sea capaz de describir el error que he cometido.

217
Si mi esposa hace la señal de tiempo fuera (una «T») y se marcha, le
devolveré la señal de forma pacífica, sin importar lo que estuviéramos
hablando. Pensaré en algo agradable mientras mi esposa se marcha. Cuando
vuelva, empezaré la conversación con, «entiendo que en parte yo tenía
razón y en parte estaba equivocado», y describiré el error técnico que haya
cometido.

CONTRATO DE NO VIOLENCIA
Prometo no permitir que mi violencia alcance el punto de agredir físi-
camente a miembro alguno de mi familia, sin importar lo justificado que
pudiera parecer.
Prometo utilizar el procedimiento de tiempo fuera en vez de la violen-
cia, y cooperar con mi pareja cuando sea ella quien haga la señal.
Nombre ................................... Fecha...........................................

218
Referencias Bibliográficas

ARIAS, I. y O’LEARY, K.D.: Cognitive-behavioral treatment of physical agres-


sion in marriage. En Norman Epstein, Stephen Schlesinger y Windy Dry-
den, Cognitive-Behavioral Therapy with Families. New York: Brunner
and Mazel, 1988.
CAPLAN, G.: Aspectos preventivos en Salud Mental. Barcelona: Ed. Paidós,
1993.
DESCHNER, J.P.: How to end the hitting habit. New York: Free Press, 1984.
FISHMAN, Ch.: (1990) Tratamiento de adolescentes con problemas. Barce-
lona: Ed. Paidós. Cap. 5: Tratamiento de la familia violenta.
FRUDE, N.: Understanding family problems. A psycological approach. New
York: John Wiley and Sons, 1991. Capítulos: 5, 6 y 7.
L’ABATE, L. y McHENRY, Sh.: Handbook of Marital Interventions. New York:
Grune Stratton, 1983.
LIBERMAN, R.P.-WHEELER, E.G.-VISSER, L.A.J.M. DE-KUEHNEL, J. y KUEH-
NEL, T.: Manual de terapia de pareja. Bilbao: Ed. Desclee de Brower,
1989.
MACK, R.N.: Spouse abuse. A dyadic approach. En Gerald R. Weeks, Trea-
ting couples. The intersystem model of the marriage council of Phila-
delphia. New York: Brunner and Mazel, 1989.
NAVARRO GONGORA, J.: Técnicas y programas de Terapia Familiar. Bar-
celona: Ed. Paidós, 1992.

219
NEWBERGER, E.H.-BOURNE, R.: Unhappy families: clinical research pers-
pectives on family violence. Littleton: PSG Pub. Con. Inc., 1985
OHLIN, L.I.-TOMRY, M.: Family violence. Univ. Chicago: Chicago, 1989
PERRONE, R.: Curso impartido en el Master Universitario de Intervenciones
en Psicoterapia de la Universidad de Salamanca sobre Violencia y
Abuso Sexual en la Familia. 1994.
PITTMAN, F.S.: Turning points. New York: Norton anc Company, 1987.
ROSENBAUM, A.-O’LEARY, K.D.: The treatment of marital violence. En Neil
S. Jacobson y Alan S. Gurman, Clinical Handbook of Marital Therapy.
New York: Guilford Press, 1986: 385-405.
STITH, S. et al.: Psicosociología de la violencia en el hogar. Bilbao: Desclee
de Brower, 1992
STORDEUR, A. R.-STILLE, R.: Endings mens violence against their partners.
London: Sage Pub., 1989.

220
Formularios
(anexos III-VII)
Formularios

FORMULARIOS
– La Sección de Protección a la Infancia envía al equipo los datos de
identificación de la familia, el Plan de Caso y el Informe de Investiga-
ción y Evaluación (del Manual de Intervención en Situaciones de
Desamparo), con los objetivos propuestos (página 156).
– El Equipo de Intervención Familiar realizará los siguientes Informes y
Estadillos, que enviará a la Sección de Protección a la Infancia cuan-
do corresponda.

FORMULARIOS PARA CADA CASO:


I - Informe inicial (Al concluir la fase de Observación). Anexo III.
II - Informe semestral/seguimiento (Cada seis meses desde el inicio del
Tratamiento o cuando fuera preciso). Anexo IV.
III - Informe de baja (Cuando se cierra el caso). Anexo V.

FORMULARIOS GENERALES DEL PROGRAMA:


IV - Estadillos mensuales de dedicación de tiempo a las familias y de
situación de cada familia en el programa. (Se enviará antes del día
10 del mes siguiente a la Gerencia Territorial). Anexo VI.
V - Informe anual de Resultados y Gestión (Se enviará antes del 31 de
enero). Anexo VII.

223
A. Resultados sobre los casos cerrados en un año
Se cubre con los datos que figuran en:
• Informes iniciales y de baja de los casos cerrados en ese año,
independientemente de su fecha de inicio.
• Estadillos mensuales de dedicación de tiempo y de situación de
las familias en el programa.

B. Gestión sobre todas las familias atendidas en el año.


Se cubre con los datos que figuran en:
• Informes iniciales de los casos tratados en ese periodo, aunque se
hayan abierto con antelación.
• Estadillos mensuales de dedicación de tiempo y de situación de
las familias en el programa.

ADVERTENCIAS:
– Donde se dice «Padre» o «Madre» debe entenderse «la persona que está al cuidado del
niño/a», «cuidador principal» o «guardador», sea o no el padre o madre biológico, espe-
cialmente en el caso de que se trate de familia extensa.
– Cuando los datos no se adapten a los epígrafes de los formularios, deberá señalarse con
cierto detalle.

224
anexo III
Informe inicial

Provincia Equipo Año N.º


CÓDIGO DE IDENTIFICACIÓN DE LA FAMILIA *

SUBPROGRAMA
HIJOS Separación
Preservación
Provisional-
familiar
Reunificación

Fecha del informe

Equipo de Intervención Familiar de

* La provincia.– Código numérico de la provincia. Equipo.– Código asignado a cada equipo de intervención
familiar. Año.– Año en que la familia pasa al PIF. N.º– Orden cronológico de incorporación de la familia al
programa.

227
Identificación de la familia
FECHA DE REMISIÓN DE LA FAMILIA AL PIF:
(Fecha de la resolución) ...........................................................

FECHA DE APERTURA DEL PRIMER EXPEDIENTE:


1. EN SERVICIOS SOCIALES DE BASE Y RAZÓN POR LA QUE
SE ABRIÓ: ...........................................................................
2. EN PROTECCIÓN A LA INFANCIA Y RAZÓN POR LA QUE
SE ABRIÓ: ...........................................................................
CUMPLIMIENTO DE LOS CRITERIOS DE INCLUSIÓN EN EL PIF
(Señalar todos los que cumple el caso):
Existen posibilidades de que se corrija el comportamiento maltratante o
negligente
Existen pocas posibilidades de corregir el comportamiento parental pero se
pretende apoyar a la familia antes de considerar una separación definitiva

Hay una figura adulta con mínima capacidad para ejercer responsabilidades parentales

Los adultos han sido informados de los motivos de intervención y objetivos del
Programa, y han aceptado mediante acuerdo escrito la participación el Programa
No existe ningún otro factor que haga inviable o inadecuado el tratamiento a tra-
vés del PIF

RESIDENCIA HIJOS
N.º de hijos N.º de hijos de
R E S I D E N C I A
menores de 18 años 18 o más años
Hogar familiar
Familia extensa sin acogimiento
Acogimiento en familia extensa
Acogimiento residencial
Acogimiento en familia ajena
Adopción
Otros (señalar)

TOTAL

228
EVALUACIÓN (CODIFICACIÓN)
ESPECIFICAR PARA CADA NIÑO –SÓLO LOS MENORES DE 18 AÑOS– CON EXPEDIENTE
ABIERTO DE PROTECCIÓN:
Evaluar con respecto a la guía 2
Actual: Evaluación del PIF tras la observación.
Pasado: Evaluación de la Sección de Protección a la Infancia antes de pasar el caso al PIF.
MENOR: Apellidos Nombre

PERSONA RESPONSABLE
N.º ACTUAL PASADO
DEL MALTRATO
1 2 3 4 5 0
D 1 M. Físico O O O O 1 3 5 0 .........................................
E 2 M. Psíquico O O O O 1 3 5 0 .........................................
3 N. Física O O O O 1 3 5 0 .........................................
S 4 N. Psíquica O O O O 1 3 5 0 .........................................
5 A. Sexual ➞ O O O O 1 3 5 0 .........................................
A 6 Expl. Sexual O O 1 3 5 0 .........................................
7 Expl. Laboral O O O O 1 3 5 0 .........................................
M 8 Ind. Delincuen. O O O O 1 3 5 0 .........................................
P 9 Modelo Inade. O O O O 1 3 5 0 .........................................
10 Imp. oblig. pat. O O O O 1 3 5 0 .........................................
A 11 Abandono O O
12 Renuncia O O
R 13 Severidad M. ➞ O O O O
14 Cercanía T. O O O O
O 15 Presencia L. O O O O
16 Historia Pre. O O O O N.º ESPECÍFICAS DEL NIÑO
17 Edad/Visibilidad O O O O 57 Re. Escolar L
N 18 Capacidad O O O O 58 Discapacidad L
19 Acceso O O O O 59 Toxicomanías ➞ L
I 20 Apego M/H. ➞ O O O O O O 60 Psicosis ➞ L
21 Apego P/H. ➞ O O O O O O 61 Delincuencia ➞ L
Ñ 62 P. Socializac. ➞ L
22 Estat. Físico O O O O O O 63 Prostitución ➞ L
23 Estat. Cognitivo O O O O O O 64 Fugas ➞ L
O 24 Temperamento O O O O O O 65 T. Emocional ➞ L
25 Relaciones S. O O O O O O 66 C. Esfínteres L
26 Cooperación O O O O O O
27 C. Vivienda O O O O O O ➞ Pronóstico del Caso junto
28 Cuidador Edad O O O O O O con la cronicidad de la
29 H. Crianza M. O O O O O O problemática familiar y la
30 H. Crianza P. O O O O O O gravedad del maltrato
31 H. Violencia M. ➞ O O O O O O
32 H. Violencia P. ➞ O O O O O O
33 Salud Física M. O O O O O O
34 Salud Física P. O O O O O O
35 Salud Mental M. ➞ O O O O O O
F 36 Salud Mental P. ➞ O O O O O O
37 Toxicoman. M. ➞ O O O O O O
A 38 Toxicoman. P. ➞ O O O O O O
M 39 Disponibilidad O O O O O O
40 Expectativas M. O O O O O O
I 41 Expectativas P. O O O O O O
42 C. Prácticas M. O O O O O O ESPECÍFICAS DE LA FAMILIA
L 43 C. Prácticas P. O O O O O O
N.º No P M D
44 Relac. Pareja O O O O O O
I 45 Relac. Soc. Ps. O O O O O O 67 G. Económica O O O O
A 46 P. Compañero ➞ O O O O 68 Organizc. Condi. O O O O
47 Insuf. F. Control O O O O 69 Horario Laboral O O O O
48 Relac. M-H. O O O O O O 70 Desempleo O O O O
49 Relac. P-H. O O O O O O 71 Temporero O O O O
50 Relac. Herma. O O O O O O 72 Mendicidad O O O O
51 Relac. F. Externa O O O O O O 73 Prostitución O O O O
52 Sucesos F. O O O O O O 74 Cta. Asocial O O O O
53 Historia S.S. O O O O O O 75 Prisión O O O O
54 Reconoc. Des. ➞ O O O O O O 76 Fallecido O O O O
55 Motivación C. ➞ O O O O O O 77 Deficiencia ➞ O O O O
56 S. Económicas O O O O O O 78 Oposición O O O O

229
Identificación de la familia
DATOS SOCIODEMOGRÁFICOS
Fecha de nacimiento del padre/tutor
Fecha de nacimiento de la madre/tutora
PROCEDENCIA GEOGRÁFICA
Padre/tutor
Madre/tutor
LUGAR DE RESIDENCIA DE LA FAMILIA (especificar)
l Zona Rural l Zona Urbana
Zona de Acción Social Código
ESTADO CIVIL ACTUAL DE PADRES/TUTORES, CON QUIEN ESTAMOS
TRABAJANDO (Rodear con un círculo)
1. Casados
2. Separados/Divorciados
3. En Pareja (Tiempo )
4. Viudedad
5. Madre soltera
NIVEL CULTURAL PARENTAL (Señalar con una X)

NIVEL CULTURAL PADRE MADRE

No sabe leer, ni escribir


Estudios Primarios
Graduado Escolar, E.G.B.
Formación Profesional
Bachillerato
Estudios Universitarios

PADRE MADRE

Empleo fijo
Contratación temporal
Trabajos esporádicos
Desempleo
Ama de Casa
Jubilado/Pensionista

230
Identificación de la familia

PROFESIÓN DE LOS PADRES (Señalar con una cruz la casilla adecuada)

PADRE MADRE

Alto Ejecutivo, Propietario de grandes empresas.


Postgraduados.

Director de empresa. Propietario de medianas empresas.


Profesionales de titulación superior.
Personal de Administración. Profesional de titulación
media (perito, maestro).

Propietario de pequeños negocios. Oficinista. Trabajador


de ventas. Técnicos.

Trabajador cualificado (Encargado, Oficial).

Trabajador semicualificado (Ayudante, Auxiliar).

Trabajador no cualificado (Peón, Conserje, Dependiente).

Personas económicamente dependientes (Parados, Amas


de casa, Beneficiarios Ayudas Sociales).

INGRESOS FAMILIARES (Rodear con un círculo)


1. < 500.000 ptas./año.
2. 500.000 - 1.000.000 ptas./año.
3. 1.000.000 - 2.000.000 ptas./año.
4. 2.000.000 - 3.000.000 ptas./año.
5. > 3.000.000 ptas./año.

231
Identificación de la familia

PROCEDENCIA DE LOS INGRESOS (Rodear con un círculo)


1. Trabajo de los miembros de la familia
2. En su mayor parte procecen del trabajo de los miembros de la fami-
lia, pero recibe también algún tipo de prestación de los Servicios
Sociales
3. Parte de los ingresos proceden del trabajo de los miembros de la
familia, pero son mayores los que reciben de los Servicios Sociales.
4. Proceden en su práctica totalidad de los Servicios Sociales.
5. Proceden en su práctica totalidad de prestaciones de la Seguridad
Social.

232
Identificación de la familia

NÚMERO TOTAL DE HIJOS:

NÚMERO DE HIJOS MENORES DE 18 AÑOS:

EDAD, SEXO Y ESCOLARIZACIÓN/EMPLEO

FECHA SEXO ESCOLARIZACIÓN/EMPLEO


HIJO
DE NACIMIENTO hombre/mujer (señalar curso o trabajo)

HIJO 1

HIJO 2

HIJO 3

HIJO 4

HIJO 5

HIJO 6

HIJO 7

HIJO 8

HIJO 9

HIJO 10

QUÉ RECURSOS/SERVICIOS/PROGRAMAS HAN INTERVENIDO PREVIA-


MENTE CON LA FAMILIA

RED DE RECURSOS DISPONIBLES EN LA COMUNIDAD

233
Identificación de la familia

INFORME DESCRIPTIVO

Valoración de la problemática y necesidades de la familia, objetivos especí-


ficos a trabajar, y secuenciación de los mismos.

234
Identificación de la familia
1. ESCALAS DE BIENESTAR INFANTIL (CWBS) DE MAGURA Y MOSES
Familia Hijo nº Hijo nº Hijo nº Hijo nº
Puntuación Total de la Escala
«Mantenimiento del Hogar»
«Disposición Parental»
«Rendimiento del Niño»
1. Cuidado de la salud física
2. Alimentación/Dieta
3. Vestido
4. Higiene personal
5. Mobiliario de la casa
6. Hacinamiento
7. Higiene de la casa
8. Seguridad de la vivienda
9. Disponibilidad de servicios
10. Seguridad física del hogar
11. Cuidado de la salud mental
12. Supervisión niños pequeños
13. Supervisión de los adolescentes
14. Acuerdos cuidado de los niños
15. Manejo del dinero
16. Capacidad parental cuidado hijos
17. Relaciones parentales
18. Continuidad labor parental
19. Reconocimiento parental problemas
20. Motivación parental solución problemas
21. Cooperación parental
22. Apoyo principal cuidador
23. Disponibilidad/accesibilidad servicios
24. Aceptación/afecto parental hacia hijos
25. Aprobación parental de los hijos
26. Expectativas parentales de los hijos
27. Consistencia de la disciplina parental
28. Enseñanza/estimulación de los hijos
29. Castigo físico abusivo
30. Privación deliberada de comida
31. Confinamiento o restricción física
32. «Dejarle fuera de casa» deliberadamente
33. Abuso sexual
34. Amenaza de abuso
35. Explotación económica
36. Protección ante el abuso
37. Adecuación de la educación
38. Rendimiento escolar
39. Asistencia al colegio
40. Relaciones de la familia del niño
41. Mal comportamiento de los niños
42. Conducta de afrontamiento de los niños
43. Condiciones que incapacitan a los niños

235
Identificación de la familia

2. INVENTARIO DE POTENCIAL DE MALTRATO INFANTIL (CAP)


(sólo para maltrato físico)

PADRE/TUTOR MADRE/TUTORA

Deseabilidad Social

Respuesta al Azar

Inconsistencia

Imagen Positiva

Imagen Negativa

Respuesta al Azar

ESCALA DE ABUSO

Malestar Psicológico

Rigidez

Infelicidad o problemas de relación social

Problemas con la familia

Problemas con los niños

236
Identificación de la familia

3. VERSIÓN PARA MAESTROS DEL INVENTARIO DE PROBLEMAS


DE CONDUCTA (TRF)

PADRE/TUTOR MADRE/TUTORA

Total de problemas de conducta

Total de problemas internalizados

Total de problemas externalizados

Retraimiento social

Quejas somáticas

Depresión/Ansiedad

Problemas de relación social

Problemas de pensamiento

Problemas de atención

Infelicidad o problemas de relación social

Conductas delictivas

Conductas agresivas

237
anexo IV
Informe semestral

CÓDIGO DE IDENTIFICACIÓN DE LA FAMILIA

SUBPROGRAMA
HIJOS Separación
Preservación
Provisional-
familiar
Reunificación

Fecha del informe

Equipo de Intervención Familiar de

241
Identificación de la familia

Familia
(Para cada apartado se utilizará el espacio que se crea conveniente)

1. Introducción
Fecha de Alta en el Programa
Periodo que comprende el Informe

Recursos utilizados y profesionales que han intervenido:

242
Identificación de la familia

2. EVOLUCIÓN.

Evaluación de los objetivos planteados en el Programa de intervención,


situación actual, valoración y propuesta.

243
Identificación de la familia

3. VALORACIÓN.

Valoración de la situación de los niños/as, propuestas de nuevas áreas y/u


objetivos de intervención a seguir en el futuro, y formulación de objetivos.

244
EVALUACIÓN SEMESTRAL/SEGUIMIENTO (CODIFICACIÓN)
FECHA:
MENOR: Apellidos Nombre

N.º
1 2 3 4 5 0
D 1 M. Físico O O O O ➞ Pronóstico del Caso junto
con la cronicidad de la
E 2 M. Psíquico O O O O problemática familiar y la
3 N. Física O O O O gravedad del maltrato
S 4 N. Psíquica O O O O
5 A. Sexual ➞ O O O O
A 6 Expl. Sexual O O
M 7 Expl. Laboral O O O O
8 Ind. Delincuen. O O O O
P 9 Modelo Inade. O O O O
10 Imp. oblig. pat. O O O O
A 11 Abandono O O
R 12 Renuncia O O
13 Severidad M. ➞ O O O O
O 14 Cercanía T. O O O O
15 Presencia L. O O O O N.º ESPECÍFICAS DEL NIÑO
16 Historia Pre. O O O O
17 Edad/Visibilidad O O O O 57 Re. Escolar L
N 18 Capacidad O O O O 58 Discapacidad L
I 19 Acceso O O O O 59 Toxicomanías ➞ L
20 Apego M/H. ➞ O O O O O O 60 Psicosis ➞ L
Ñ 61 Delincuencia ➞ L
21 Apego P/H. ➞ O O O O O O 62 P. Socializac. ➞ L
22 Estat. Físico O O O O O O 63 Prostitución ➞ L
O
23 Estat. Cognitivo O O O O O O 64 Fugas ➞ L
24 Temperamento O O O O O O 65 T. Emocional ➞ L
66 C. Esfínteres L
25 Relaciones S. O O O O O O
26 Cooperación O O O O O O
27 C. Vivienda O O O O O O
28 Cuidador Edad O O O O O O
29 H. Crianza M. O O O O O O
30 H. Crianza P. O O O O O O
31 H. Violencia M. ➞ O O O O O O
32 H. Violencia P. ➞ O O O O O O
33 Salud Física M. O O O O O O
34 Salud Física P. O O O O O O
F 35 Salud Mental M. ➞ O O O O O O
A 36 Salud Mental P. ➞ O O O O O O
37 Toxicoman. M. ➞ O O O O O O
M 38 Toxicoman. P. ➞ O O O O O O
39 Disponibilidad O O O O O O
I 40 Expectativas M. O O O O O O
L 41 Expectativas P. O O O O O O
42 C. Prácticas M. O O O O O O ESPECÍFICAS DE LA FAMILIA
I 43 C. Prácticas P. O O O O O O
44 Relac. Pareja O O O O O O N.º No P M D
A 45 Relac. Soc. Ps. O O O O O O 67 G. Económica O O O O
46 P. Compañero O O O O 68 Organizc. Condi. O O O O
47 Insuf. F. Control O O O O 69 Horario Laboral O O O O
48 Relac. M-H. O O O O O O 70 Desempleo O O O O
49 Relac. P-H. O O O O O O 71 Temporero O O O O
50 Relac. Herma. O O O O O O 72 Mendicidad O O O O
51 Relac. F. Externa O O O O O O 73 Prostitución O O O O
52 Sucesos F. O O O O O O 74 Cta. Asocial O O O O
53 Historia S.S. O O O O O O 75 Prisión O O O O
54 Reconoc. Des. ➞ O O O O O O 76 Fallecido O O O O
55 Motivación C. ➞ O O O O O O 77 Deficiencia ➞ O O O O
56 S. Económicas O O O O O O 78 Oposición O O O O

245
Identificación de la familia
1. ESCALAS DE BIENESTAR INFANTIL (CWBS) DE MAGURA Y MOSES
(Meses transcurridos desde el inicio de la intervención )
Familia Hijo nº Hijo nº Hijo nº Hijo nº
Puntuación Total de la Escala
«Mantenimiento del Hogar»
«Disposición Parental»
«Rendimiento del Niño»
1. Cuidado de la salud física
2. Alimentación/Dieta
3. Vestido
4. Higiene personal
5. Mobiliario de la casa
6. Hacinamiento
7. Higiene de la casa
8. Seguridad de la vivienda
9. Disponibilidad de servicios
10. Seguridad física del hogar
11. Cuidado de la salud mental
12. Supervisión niños pequeños
13. Supervisión de los adolescentes
14. Acuerdos cuidado de los niños
15. Manejo del dinero
16. Capacidad parental cuidado hijos
17. Relaciones parentales
18. Continuidad labor parental
19. Reconocimiento parental problemas
20. Motivación parental solución problemas
21. Cooperación parental
22. Apoyo principal cuidador
23. Disponibilidad/accesibilidad servicios
24. Aceptación/afecto parental hacia hijos
25. Aprobación parental de los hijos
26. Expectativas parentales de los hijos
27. Consistencia de la disciplina parental
28. Enseñanza/estimulación de los hijos
29. Castigo físico abusivo
30. Privación deliberada de comida
31. Confinamiento o restricción física
32. «Dejarle fuera de casa» deliberadamente
33. Abuso sexual
34. Amenaza de abuso
35. Explotación económica
36. Protección ante el abuso
37. Adecuación de la educación
38. Rendimiento escolar
39. Asistencia al colegio
40. Relaciones de la familia del niño
41. Mal comportamiento de los niños
42. Conducta de afrontamiento de los niños
43. Condiciones que incapacitan a los niños

246
Identificación de la familia

2. VERSIÓN PARA MAESTROS DEL INVENTARIO DE PROBLEMAS


DE CONDUCTA (TRF)
(Meses transcurridos desde el inicio de la intervención )
Sólo cuando en la fase de observación se han diagnosticado problemas de conducta

Hijo nº Hijo nº Hijo nº Hijo nº Hijo nº

Total de problemas de conducta

Total de problemas internalizados

Total de problemas externalizados

Retraimiento social

Quejas somáticas

Depresión/Ansiedad

Problemas de relación social

Problemas de pensamiento

Problemas de atención

Infelicidad o problemas de relación


social

Conductas delictivas

Conductas agresivas

(SE REALIZARÁ SIEMPRE QUE EXISTAN PROBLEMAS EN EL NIÑO)

247
anexo V
Informe de baja

CÓDIGO DE IDENTIFICACIÓN DE LA FAMILIA

SUBPROGRAMA
HIJOS Separación
Preservación
Provisional-
familiar
Reunificación

Fecha del informe

Equipo de Intervención Familiar de

251
Identificación de la familia

A. EVALUACIÓN DE LOS RESULTADOS - NIÑO:

(Se utilizará una hoja por cada uno de los niños por los que se ha llevado a
cabo la intervención)

A.1. Resultados sobre objetivos finales

1. Resultados obtenidos en cuanto a objetivos finales

(Señalar la opción que proceda).

SUBPROGRAMA DE PRESERVACIÓN FAMILIAR

– Objetivos alcanzados: Se ha preservado la integridad familiar; se ha evita-


do la separación del niño/a de su familia, y éste puede permanecer en el
hogar con garantías de que su seguridad e integridad están salvaguarda-
das, y sus necesidades básicas están cubiertas de forma continuada.

– Objetivos parciales suficientes: Se ha preservado la integridad familiar y se


han producido cambios positivos notables, suficientes para garantizar el
bienestar de los niños/as en la familia, pero requiere control de los Servi-
cios Comunitarios.

– Objetivos parciales insuficientes: Se han producido algunos de los cambios


esperados, pero no se consideran suficientes para garantizar la seguridad y
el bienestar de los niños en la familia. Requiere la presencia regular de pro-
fesionales de los Servicios Comunitarios.

– Objetivos no alcanzados: No se ha observado ninguna mejoría en la fami-


lia o los logros no son significativos. Requiere la presencia regular de pro-
fesionales de los Servicios Comunitarios.

– Objetivos no alcanzados y se propone la separación provisional: La fami-


lia pasa al Subprograma de Separación Provisional-Reunificación.

– Objetivos no alcanzados y se propone la separación definitiva.

252
Identificación de la familia

SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN PROVISIONAL-REUNIFICACIÓN


– Objetivos alcanzados: Se ha conseguido el retorno del niño/a al hogar
familiar (se ha eliminado la necesidad de la separación), y el niño/a puede
permanecer en el hogar con la garantía de que su seguridad e integridad
están salvaguardadas, y sus necesidades básicas están cubiertas de forma
continuada.
– Objetivos parciales suficientes: Se ha conseguido el retorno del niño/a al
hogar familiar y el niño/a puede permanecer en él; se han producido
cambios positivos notables durante la intervención, suficientes para
garantizar el bienestar de los niños, pero requiere control de los Servicios
Comunitarios.
– Objetivos parciales insuficientes: Se han producido algunos de los cambios
esperados en la familia, pero no se ha conseguido el retorno del niño/a al
hogar familiar.
– Objetivos no alcanzados: No se ha observado ninguna mejoría en la fami-
lia o los logros no son significativos, y no se ha conseguido el retorno del
niño al hogar.
– Objetivos no alcanzados y se propone la separación definitiva.

2. Razón de finalización de la intervención

– Porque la familia no acepta los recursos y abandona el Programa


– Por decisión de los responsables institucionales
- Por cumplimiento del tiempo máximo establecido
- Por falta de resultados antes del plazo de tiempo previsto
- Por la consecución de los objetivos previstos
- Porque las circunstancias familiares hacen innecesaria la intervención
– Por otras causas
- Por traslado
- Por fallecimiento del niño
- Por otros motivos (especificar):

253
Identificación de la familia

3. Situación de los niños


(Especificar la situación de cada niño/a al inicio y al final de la intervención,
utilizando las iniciales de su nombre y apellido)

SITUACIÓN INICIO PROGRAMA FIN PROGRAMA

Hogar familiar

Familia extensa sin acogimiento

Acogimiento en familia extensa

Acogimiento residencial

Acogimiento en familia ajena

Adopción

Otros: (especificar)

4. Datos sobre incidentes y situaciones de maltrato durante la intervención


• Fase de Observación: Número, tipo y gravedad de la situación
• Fase de Tratamiento: Número, tipo y gravedad de la situación
• Fase de Seguimiento: Número, tipo y gravedad de la situación

Descripción sucinta (utilícese el espacio que se crea necesario):

254
Identificación de la familia

A.2. Resultados sobre objetivos instrumentales y las situaciones de maltrato


MENOR: Apellidos Nombre

N.º FINAL INICIAL OBSERVACIONES


1 2 3 4 5 0 1 2 3 4 5 0
D 1 M. Físico O O O O O O O O ............................................................
E 2 M. Psíquico O O O O O O O O ............................................................
3 N. Física O O O O O O O O ............................................................
S 4 N. Psíquica O O O O O O O O ............................................................
5 A. Sexual ➞ O O O O ➞ O O O O ............................................................
A 6 Expl. Sexual O O O O ............................................................
7 Expl. Laboral O O O O O O O O ............................................................
M 8 Ind. Delincuen. O O O O O O O O ............................................................
P 9 Modelo Inade. O O O O O O O O ............................................................
10 Imp. oblig. pat. O O O O O O O O ............................................................
A 11 Abandono O O O O
12 Renuncia O O O O
R 13 Severidad M. ➞ O O O O ➞ O O O O
14 Cercanía T. O O O O O O O O
O 15 Presencia L. O O O O O O O O
16 Historia Pre. O O O O O O O O N.º ESPECÍFICAS DEL NIÑO
17 Edad/Visibilidad O O O O O O O O 57 Re. Escolar L
18 Capacidad O O O O O O O O 58 Discapacidad L
N 59 Toxicomanías ➞ L
19 Acceso O O O O O O O O
60 Psicosis ➞ L
I 20 Apego M/H. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O
61 Delincuencia ➞ L
21 Apego P/H. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O
62 P. Socializac. ➞ L
Ñ 22 Estat. Físico O O O O O O O O O O O O 63 Prostitución ➞ L
23 Estat. Cognitivo O O O O O O O O O O O O 64 Fugas ➞ L
O 24 Temperamento O O O O O O O O O O O O 65 T. Emocional ➞ L
25 Relaciones S. O O O O O O O O O O O O 66 C. Esfínteres L
26 Cooperación O O O O O O O O O O O O
27 C. Vivienda O O O O O O O O O O O O ➞ Pronóstico del Caso junto
con la cronicidad de la
28 Cuidador Edad O O O O O O O O O O O O problemática familiar y la
29 H. Crianza M. O O O O O O O O O O O O gravedad del maltrato
30 H. Crianza P. O O O O O O O O O O O O
31 H. Violencia M. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O
32 H. Violencia P. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O
33 Salud Física M. O O O O O O O O O O O O
34 Salud Física P. O O O O O O O O O O O O
F 35 Salud Mental M. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O
36 Salud Mental P. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O
A 37 Toxicoman. M. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O
M 38 Toxicoman. P. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O
39 Disponibilidad O O O O O O O O O O O O
I 40 Expectativas M. O O O O O O O O O O O O
41 Expectativas P. O O O O O O O O O O O O
L 42 C. Prácticas M. O O O O O O O O O O O O ESPECÍFICAS DE LA FAMILIA
43 C. Prácticas P. O O O O O O O O O O O O
N.º No P M D
I 44 Relac. Pareja O O O O O O O O O O O O
45 Relac. Soc. Ps. O O O O O O O O O O O O 67 G. Económica O O O O
A 46 P. Compañero O O O O O O O O 68 Organizc. Condi. O O O O
47 Insuf. F. Control O O O O O O O O 69 Horario Laboral O O O O
48 Relac. M-H. O O O O O O O O O O O O 70 Desempleo O O O O
49 Relac. P-H. O O O O O O O O O O O O 71 Temporero O O O O
50 Relac. Herma. O O O O O O O O O O O O 72 Mendicidad O O O O
51 Relac. F. Externa O O O O O O O O O O O O 73 Prostitución O O O O
52 Sucesos F. O O O O O O O O O O O O 74 Cta. Asocial O O O O
53 Historia S.S. O O O O O O O O O O O O 75 Prisión O O O O
54 Reconoc. Des. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O 76 Fallecido O O O O
55 Motivación C. ➞ O O O O O O ➞ O O O O O O 77 Deficiencia ➞ O O O O
56 S. Económicas O O O O O O O O O O O O 78 Oposición O O O O

255
Identificación de la familia
2. ESCALAS DE BIENESTAR INFANTIL (CWBS) DE MAGURA Y MOSES
(Informe final; meses transcurridos desde el comienzo de la intervención )
Familia Hijo nº Hijo nº Hijo nº Hijo nº

Puntuación Total de la Escala


«Mantenimiento del Hogar»
«Disposición Parental»
«Rendimiento del Niño»
1. Cuidado de la salud física
2. Alimentación/Dieta
3. Vestido
4. Higiene personal
5. Mobiliario de la casa
6. Hacinamiento
7. Higiene de la casa
8. Seguridad de la vivienda
9. Disponibilidad de servicios
10. Seguridad física del hogar
11. Cuidado de la salud mental
12. Supervisión niños pequeños
13. Supervisión de los adolescentes
14. Acuerdos cuidado de los niños
15. Manejo del dinero
16. Capacidad parental cuidado hijos
17. Relaciones parentales
18. Continuidad labor parental
19. Reconocimiento parental problemas
20. Motivación parental solución problemas
21. Cooperación parental
22. Apoyo principal cuidador
23. Disponibilidad/accesibilidad servicios
24. Aceptación/afecto parental hacia hijos
25. Aprobación parental de los hijos
26. Expectativas parentales de los hijos
27. Consistencia de la disciplina parental
28. Enseñanza/estimulación de los hijos
29. Castigo físico abusivo
30. Privación deliberada de comida
31. Confinamiento o restricción física
32. «Dejarle fuera de casa» deliberadamente
33. Abuso sexual
34. Amenaza de abuso
35. Explotación económica
36. Protección ante el abuso
37. Adecuación de la educación
38. Rendimiento escolar
39. Asistencia al colegio
40. Relaciones de la familia del niño
41. Mal comportamiento de los niños
42. Conducta de afrontamiento de los niños
43. Condiciones que incapacitan a los niños
(Se adjuntarán copias de las escalas CWBS cubiertas en los informes anteriores)

256
Identificación de la familia
3. INVENTARIO DE POTENCIAL DE MALTRATO INFANTIL (CAP)
(Informe final; meses transcurridos desde el inicio de la intervención )

PADRE/TUTOR MADRE/TUTORA

Deseabilidad Social

Respuesta al Azar

Inconsistencia

Imagen Positiva

Imagen Negativa

Respuesta al Azar

ESCALA DE ABUSO

Malestar Psicológico

Rigidez

Infelicidad o problemas de relación social

Problemas con la familia

Problemas con los niños

(Se adjuntarán copias del CAP cubiertas en los informes anteriores)

257
Identificación de la familia
3. VERSIÓN PARA MAESTROS DEL INVENTARIO DE PROBLEMAS
DE CONDUCTA (TRF)
(Informe final; meses transcurridos desde el inicio de la intervención )

Hijo nº Hijo nº Hijo nº Hijo nº Hijo nº

Total de problemas de conducta

Total de problemas internalizados

Total de problemas externalizados

Retraimiento social

Quejas somáticas

Depresión/Ansiedad

Problemas de relación social

Problemas de pensamiento

Problemas de atención

Conductas delictivas

Conductas agresivas

(Se adjuntarán copias del TRF cubiertas en los informes anteriores)

258
Identificación de la familia

B. RECURSOS ASIGNADOS EN LA INTERVENCIÓN

1. Educador familiar:

Número total de horas de atención directa a la familia

Número total de horas dedicadas a otras actividades (coordinación con otros


profesionales, informes o coordinación con la Sección, supervisión dentro
del programa, etc.)

Fechas de Inicio y Finalización de la actividad del Educador Familiar: ………-


………

2. Psicólogo/Coordinador:

Número total de horas de atención directa a la familia

Número total de horas dedicadas a otras actividades (coordinación con otros


profesionales, informes o coordinación con la Sección, supervisión dentro
del programa, etc.)

Fechas de Inicio y Finalización de la actividad del Psicólogo: ………-………

3. Atención psicoterapéutica:

Nº de sesiones de Terapia Individual de Adultos (padre y/o madre) ……… y nº


total de horas: ………

Nº de sesiones de Terapia de Pareja ……… y nº total de horas ………

Nº de sesiones de Terapia de Familia ……… y nº total de horas ………

Nº de sesiones de Terapia de Individual Infantil ……… y nº total de


horas ………

Fechas de Inicio y Finalización de la actividad del psicoterapéuta: ………-


………

259
Identificación de la familia

4. Voluntarios: Actividad realizada:


Número total de horas dedicadas a la familia
Fechas de Inicio y Finalización de la actividad de los voluntarios: ………-
………

5. Otros recursos externos al PIF: (señalar cuáles se han utilizado)


Centro de Día
Centro de Salud Mental
Equipo Multiprofesional del M.E.C.
Servicio de tratamiento de alcoholismo
Servicio de tratamiento de otras toxicomanías
Grupos y asociaciones de Tiempo Libre
Escuela de Padres
Recursos de apoyo extraescolar (clases particulares, grupos de apoyo de
tiempo libre, etc.)
Unidad de Intervención Educativa
Ayudas económicas de los Servicios Sociales
Otros recursos de los Servicios Sociales ………………………………

Otros recursos aplicados ……………………………………………………

Número total de horas dedicadas por el personal del equipo:


Datos sobre el personal que atendió a la familia
– ¿Hubo continuidad en el personal del equipo que trató a la familia?
– ¿• Técnico 1 (Indicar especialización) ………………………… SI NO
– ¿• Técnico 2 (Indicar especialización) ………………………… SI NO
– ¿• Técnico 3 (Indicar especialización) ………………………… SI NO
– ¿• Técnico 4 (Indicar especialización) ………………………… SI NO

260
Identificación de la familia

C. INFORME-RESUMEN
(Se dedicará a cada epígrafe el espacio que se crea conveniente).

1. Introducción.
Recursos utilizados y profesionales que han intervenido:

261
Identificación de la familia

2. Evolución del caso:


Evaluación de los objetivos planteados en el programa de intervención,
situación actual, valoración y propuesta.

262
Identificación de la familia

3. Valoración, pronóstico y necesidades futuras de intervención:


Valoración global de los resultados y evolución del tratamiento, valoración
de la situación de los niños/as al finalizar el tratamiento, pronóstico del caso,
necesidades de la familia y orientación sobre la intervención a seguir en el
futuro.

263
anexo VI
Estadillos mensuales
de dedicación de tiempo
a la familia
y de situación de cada familia
en el programa

267
ANEXO IV.A - INFORME SOBRE DEDICACIÓN DE TIEMPO A LAS FAMILIAS
EQUIPO DE INTERVENCIÓN FAMILIAR DE …………………………………… MES ……………………………
(Horas de dedicación del técnico superior y los medios a cada familia) (Se enviará cada mes a la Sección de Protección a la Infancia)
Tiempo de intervención directa SEMANA 1ª SEMANA 2ª SEMANA 3ª SEMANA 4ª-5ª-6.ª
Familia Subprog. Téc. Sup. Téc. Medio Téc. Sup. Téc. Medio Téc. Sup. Téc. Medio Téc. Sup. Téc. Medio
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.
268

19.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.
19.
Tiempo dedicado a otras actividades (*)
(*) Coordinación con otros profesionales, informes o coordinación con la Sección, supervisión dentro del programa, etc.
NOTA: • Cómputo de todas las semanas del mes, aunque sean incompletas, comenzando con el primer día hábil.
• Cuando el profesional del CEAS es un miembro más del equipo de intervención se puede recoger su tiempo de dedicación en columna paralela.
ANEXO IV.B - SITUACIÓN DE LOS CASOS HASTA LA FECHA ……………………………
EQUIPO DE INTERVENCIÓN FAMILIAR DE ………………………………………………………………………………
Fecha Fecha inicio Fecha inicio Fecha inicio Meses de Meses de Nombre del
Familia Observaciones
de entrada Observación Tratamiento Seguimiento Cierre Invervención* Educador

11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.
269

19.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
* Intervención = Observación + tratamiento + seguimiento.
anexo VII
Informe anual:
A. Resultados
B. Gestión

A. INFORME DE RESULTADOS
Formulario para recogida de datos de los casos cerrados durante el año,
independientemente de la fecha de inicio. Se cubre con los datos que figuran en:
• Informes iniciales y de baja de los casos cerrados en ese año, inde-
pendientemente de su fecha de inicio.
• Estadillos mensuales de dedicación de tiempo del equipo a las familias.
• Estadillos mensuales de situación de esas familias en el Programa.

NÚMERO DE CASOS Y SUBPROGRAMA AL QUE PERTENECEN


FAMILIAS NIÑOS
SUBPROGRAMA
N % N %

Subprograma de Preservación Familiar


Subprograma de Separación - Reunificación Familiar
TOTAL DE CASOS CERRADOS EN EL AÑO 100 100
(Los casos que hayan cambiado de subprograma, se contabilizarán en el de llegada)

NÚMERO DE CASOS QUE CAMBIARON DE SUBPROGRAMA


FAMILIAS NIÑOS
N % N %

Pasaron del S. de Preservación al de Sep.-Reunificación


Pasaron del S. de Sep.-Reunificación al de Preservación
TOTAL 100 100

273
A.1. Resultados finales

1. Resultados obtenidos en cuanto a objetivos finales

FAMILIAS
SUBPROGRAMA DE PRESERVACIÓN
N %
Objetivos alcanzados
ALCANZADOS La seguridad, integridad y atención de las necesidades
básicas del niño están garantizadas
Se ha preservado la Objetivos parciales suficientes
integridad familiar Se han producido cambios notables, pero no todos los
esperados. Requiere control de los Servicios Comunitarios
Objetivos parciales insuficientes
Pequeña mejoría, pero insuficiente. Requiere la presencia
Se ha preservado regular de profesionales de los Servicios Comunitarios
la integridad Objetivos no alcanzados
NO ALCANZADOS

familiar No se ha observado mejoría significativa en la familia.


Requiere la presencia regular de profesionales de los
Servicios Comunitarios
Objetivos no alcanzados y se propone la separación
No se ha provisional
preservado la Pasa al Subprograma de Separación
integridad Provisional - Reunificación
familiar Objetivos no alcanzados y se propone la separación
definitiva

FAMILIAS
SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN PROVISIONAL-REUNIFICACIÓN
N %
Objetivos alcanzados
ALCANZADOS La seguridad, integridad y atención de las necesidades bási-
cas del niño están garantizadas
Se ha conseguido
el retorno del niño Objetivos parciales suficientes
al hogar Se han producido cambios notables, pero no todos los
esperados. Requiere control de los Servicios Comunitarios
Objetivos parciales insuficientes
NO ALCANZADOS Se han conseguido algunos cambios positivos pero
insuficientes
No se ha conseguido
el retorno del niño Objetivos no alcanzados
al hogar No se ha observado mejoría significativa en la familia
Objetivos no alcanzados y se propone la separación
definitiva

274
2. Eliminación de situaciones de maltrato
(En relación a los hijos menores de 18 años)

NIÑOS EN SITUACIÓN DE MALTRATO AL… INICIO DEL PROGRAMA FINAL DEL PROGRAMA
SUBPROGRAMA DE PRESERVACIÓN N % N %

MALTRATO FÍSICO
MALTRATO PSÍQUICO
NEGLIGENCIA FÍSICA
NEGLIGENCIA EMOCIONAL
ABUSO SEXUAL
EXPLOTACIÓN LABORAL
EXPLOTACIÓN SEXUAL
INDUCCIÓN A LA DELINCUENCIA
MODELO DE VIDA EN EL HOGAR
INADECUADO PARA EL NIÑO
OTROS (Señalar)

NIÑOS EN SITUACIÓN DE MALTRATO AL… INICIO DEL PROGRAMA FINAL DEL PROGRAMA
SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN PROVISIONAL-REUNIFICACIÓN N % N %

MALTRATO FÍSICO
MALTRATO PSÍQUICO
NEGLIGENCIA FÍSICA
NEGLIGENCIA EMOCIONAL
ABUSO SEXUAL
EXPLOTACIÓN LABORAL
EXPLOTACIÓN SEXUAL
INDUCCIÓN A LA DELINCUENCIA
MODELO DE VIDA EN EL HOGAR
INADECUADO PARA EL NIÑO
OTROS (Señalar)

275
3. Situación de los niños atendidos

INICIO DEL PROGRAMA FINAL DEL PROGRAMA


SITUACIÓN SUBPROGRAMA PRESERVACIÓN
N % N %
Hogar familiar
Familia extensa sin acogimiento
Acogimiento en familia extensa
Acogimiento residencial
Acogimiento en familia ajena
Adopción
Otros (especificar)

SITUACIÓN SUBPROGRAMA INICIO DEL PROGRAMA FINAL DEL PROGRAMA


SEPARACIÓN PROVISIONAL-REUNIFICACIÓN N % N %
Hogar familiar
Familia extensa sin acogimiento
Acogimiento en familia extensa
Acogimiento residencial
Acogimiento en familia ajena
Adopción
Otros (especificar)

276
4. Razón de finalización de la intervención

RAZÓN DE FINALIZACIÓN FAMILIAS


SUBPROGRAMA DE PRESERVACIÓN N %
Porque la familia no acepta los recursos y abandona el Programa
Por cumplimiento del tiempo máximo
establecido
Por falta de resultados antes del plazo
Por decisión de los de tiempo previsto
responsables institucionales
Por la consecución
de los objetivos previstos
Porque las circunstancias familiares
hacen innecesaria la intervención
Por traslado
Por fallecimiento del niño
Otras causas

RAZÓN DE FINALIZACIÓN FAMILIAS


SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN PROVISIONAL-REUNIFICACIÓN N %
Porque la familia no acepta los recursos y abandona el Programa
Por cumplimiento del tiempo máximo
establecido
Por falta de resultados antes del plazo
Por decisión de los de tiempo previsto
responsables institucionales
Por la consecución
de los objetivos previstos
Porque las circunstancias familiares
hacen innecesaria la intervención
Por traslado
Por fallecimiento del niño
Otras causas

277
A.2. Resultados con respecto a objetivos instrumentales
1. Factores asociados
PARCIALMENTE
NO MEJORADAS MEJORADAS
VARIABLES MEJORADAS
N % N % N %
Edad/Visibilidad
Capacidad
Acceso
Apego M/H.
NIÑO

Apego P/H.
Estat. Físico
Estat. Cognitivo
Temperamento
Relaciones S.
Cooperación
C. Vivienda
Cuidador Edad
H. Crianza M.
H. Crianza P.
H. Violencia M.
H. Violencia P.
Salud Física M.
Salud Física P.
Salud Mental M.
Salud Mental P.
Toxicoman. M.
Toxicoman. P.
Disponibilidad
FAMILIA

Expectativas M.
Expectativas P.
C. Prácticas M.
C. Prácticas P.
Relac. Pareja
Relac. Soc. Ps.
P. Compañero
Insuf. F. Control
Relac. M-H.
Relac. P-H.
Relac. Herma.
Relac. F. Externa
Sucesos F.
Historia S.S.
Reconoc. Des.
Motivación C.
S. Económicas
Re. Escolar
ESPECÍFICAS DEL NIÑO

Discapacidad
Toxicomanías
Psicosis
Delincuencia
P. Socializac.
Prostitución
Fugas
T. Emocional
C. Esfínteres
G. Económica
ESPECÍFICAS DE LA FAMILIA

Organizc. Condi.
Horario Laboral
Desempleo
Temporero
Mendicidad
Prostitución
Cta. Asocial
Prisión
Fallecido
Deficiencia
Oposición

278
A.3. Recursos y actividades

1. Educador familiar

FAMILIAS NIÑOS
N % N %

(% con respecto al total de familias y niños del programa)

MEDIA RANGO
Horas dedicadas a cada familia en intervención directa
Horas dedicadas a cada familia en otras actividades

2. Psicólogos
FAMILIAS NIÑOS
N % N %

(% con respecto al total de familias y niños del programa)

MEDIA RANGO
Horas dedicadas a cada familia en intervención directa
Horas dedicadas a cada familia en otras actividades

3. Atención psicoterapéutica
FAMILIAS NIÑOS
N % N %

(% con respecto al total de familias y niños del programa)

MEDIA RANGO MEDIA RANGO


DE SESIONES DE SESIONES DE HORAS DE HORAS
Terapia Individual de Adultos
Terapia de Pareja
Terapia Familiar
Terapia Individual Infantil

279
4. Voluntarios
FAMILIAS NIÑOS TIEMPO DEDICADO A LAS FAMILIAS
N % N % Media

(% con respecto al total de familias y niños del programa)

ACTIVIDAD REALIZADA Nº DE FAMILIAS % DE FAMILIAS TIEMPO MEDIO

PADRE/TUTOR MADRE/TUTORA HIJOS FAMILIA EN CONJUNTO


N % N % N % N %

Centro de Día

Centro de Salud Mental

Equipo Multiprofesional
del M.E.C

Servicio de tratamiento de
alcoholismo

Servicio de tratamiento de
otras toxicomanías

Grupos y asociaciones de
Tiempo Libre

Escuela de Padres

Recursos de apoyo extraesco-


lar (clases particulares, grupos
de apoyo de tiempo libre, etc.)

Unidad de Intervención
Educativa

Ayudas económicas de los


Servicios Sociales

Otros recursos de los Servi-


cios Sociales

Otros recursos aplicados

280
A.4. Características de la población tratada

1. Cumplimiento de los criterios de inclusión

% SOBRE EL TOTAL
CRITERIOS DE INCLUSIÓN Nº FAMILIA
DE FAMILIA CERRADA

Existen posibilidades de que se corrija el compor-


tamiento maltratante o negligente

Existen pocas posibilidades de que se corrija el


comportamiento parental, pero se pretende apo-
yar a la familia antes de considerar una separación
definitiva

Hay una figura adulta con mínima capacidad para


ejercer responsabilidades parentales

Los adultos han sido informados de los motivos de


intervención y objetivos del Programa y han acep-
tado mediante acuerdo escrito la participación en
el Programa

No existe ningún otro factor que haga inviable o


inadecuado el tratamiento a través del PIF

2. Antigüedad de los casos tratados

TIEMPO MEDIO

1. Entre la apertura de expediente en cualquier organismo de Servicios


Sociales y su paso a la Sección de Protección a la Infancia

2. Entre la apertura de expediente en la Sección y su paso al equipo del


Programa de Intervención Familiar

281
3. Duración media de las fases de intervención
(Sólo sobre fases cerradas)

DURACIÓN MEDIA

Subprograma Subpr. de Separación


de Preservación Prov.-Reunificación

Fase de Observación
Fase de Tratamiento
Fase de Seguimiento
Total de la Intervención

4. Datos sociodemográficos

4.1. Edad de los padres

PADRES MADRES

MEDIA DE EDAD
RANGO DE EDAD (menor-mayor)

4.2. Composición familiar

N %

Familias biparentales de origen


Familias monoparentales (PADRE)
Familias monoparentales (MADRE)
Familias reconstituidas
Otros parientes
Otros
TOTAL 100%

282
4.3. Procedencia geográfica

N %
Zona Rural
Zona Urbana

4.4. Estado civil

N %

Casados
Separados/Divorciados
En pareja
Viudedad
Madre soltera

4.5. Nivel educativo parental

PADRES MADRES
N % N %

No sabe leer, ni escribir

Estudios Primarios

Graduado Escolar, E. G. B.

Formación Profesional

Bachillerato

Estudios Universitarios

283
4.6. Situación laboral parental

PADRES MADRES
N % N %

Empleo fijo

Contratación temporal

Trabajos esporádicos

Desempleo

Ama de casa

Jubilado/Pensionista

4.7. Profesión de los padres

PADRES MADRES
N % N %

Alto ejecutivo; Propietario de grandes empresas;


Postgraduados
Director de empresa; Propietario de medianas
empresas; Profesionales de titulación superior
Personal de Administración; Profesional de titula-
ción media (perito, maestro)
Propietario de pequeños negocios; Oficinista;
Trabajador de ventas. Técnicos

Trabajador cualificado (Encargado, Oficial)

Trabajador no cualificado (Peón, Conserje,


Dependiente)
Personas económicamente dependientes (Parados,
amas de casa, beneficiarios de ayudas sociales)

284
4.8. Ingresos familiares

N %

< 500.000 ptas./año


500.000 - 1.000.000 ptas./año
1.000.000 - 2.000.000 ptas./año
2.000.000 - 3.000.000 ptas./año
> 3.000.000 ptas./año

4.9. Procedencia de los ingresos

N %

Trabajo de los miembros de la familia en su mayor parte

En su mayor parte proceden del trabajo de los miembros de la familia,


pero recibe también algún tipo de prestación de los Servicios Sociales

Parte de los ingresos proceden del trabajo de los miembros de la fami-


lia, pero son mayores los que reciben de los Servicios Sociales

Proceden en su práctica totalidad de los Servicios Sociales

Proceden en su mayor parte de prestaciones de la Seguridad Social

Procede del trabajo y de prestaciones de la Seguridad Social

4.10. Número de hijos

TOTAL MENORES DE 18 AÑOS


Media de hijos
Rango de hijos

285
4.11. Sexo (En relación a los hijos menores de 18 años)

N %
Niños
Niñas

4.12. Edad de los hijos

TOTAL MENORES DE 18 AÑOS


Media de edad

EDAD N %

Menos de 1 año
De 1 a 3 años
De 4 a 7 años
De 8 a 12 años
De 13 a 15 años
De 16 a 17 años
18 o más

4.13. Lugar de residencia de los hijos (En relación a los hijos menores de 18 años)

N %

Hogar familiar
Familia extensa sin acogimiento
Acogimiento en familia extensa
Acogimiento residencial
Acogimiento en familia ajena
Adopción
Otros (especificar)

286
B. INFORME DE GESTIÓN

Formulario para recogida de datos anuales de todas las familias atendi-


das en ese periodo por el equipo. Se cubre con los datos que figuran en:
• Informes iniciales de los casos tratados en ese periodo (aunque se
hayan abierto con antelación)
• Estadillos mensuales sobre dedicación de tiempo de esos meses a
cada familia
• Estadillos de situación de las familias en el Programa.

Número de casos tratados por subprograma

CASOS A CASOS A
ALTAS BAJAS
1-I 31-XII

Subprograma de Preservación Niños

Subprograma de Separación
Prov.-Reunificación
Niños

TOTAL Niños

Número de casos que cambiaron de subprograma

NIÑOS
N %
Pasaron del P. de Preservación al de Sep.-Reunificación
Pasaron del P. de Sep.-Reunificación al de Preservación
TOTAL

287
Ocupación del equipo (Media semanal de familias atendidas por el equipo)
Ocupación por trimestres: Sumatorio del nº de semanas de tratamiento de
todas las familias atendidas dividido entre 13:
Enero-Marzo:
Abril-Junio:
Julio-Septiembre:
Octubre-Diciembre:
Ocupación total: Sumatorio del nº de semanas de tratamiento de todas las
familias atendidas dividido entre 52

Características de la población tratada

1. Cumplimiento de los criterios de inclusión

N %

Existen posibilidades de que se corrija el comportamiento maltra-


tante o negligente

Existen pocas posibilidades de que se corrija el comportamiento


parental, pero se pretende apoyar a la familia antes de considerar
una separación definitiva

Hay una figura adulta con mínima capacidad para ejercer responsa-
bilidades parentales

Los adultos han sido informados de los motivos de intervención y objeti-


vos del Programa y han aceptado mediante acuerdo escrito la participa-
ción en el Programa

No existe ningún otro factor que haga inviable o inadecuado el trata-


miento a través del PIF

288
2. Antigüedad de los casos tratados

Tiempo medio

1. Entre la apertura de expediente en cualquier organismo de Servi-


cios Sociales y su paso a la Sección de Protección a la Infancia

2. Entre la apertura de expediente en la Sección y su paso al


equipo del Programa de Intervención Familiar

3. Tipo de maltrato, elegir uno (N, es el número de niños)

SUBPROGRAMA SOSPECHA
PASADO ACTUAL
DE PRESERVACIÓN ACTUAL
TIPOS N % N % N %

Maltrato físico

Maltrato emocional

Negligencia física

Negligencia emocional

Abuso sexual

Explotación laboral

Explotación sexual

Inducción a la delincuencia

Modelo de vida en el hogar


inadecuado para el niño

Maltrato físico + negligencia

Negligencia física +
negligencia emocional

289
SUBPROGRAMA DE SEPARACIÓN SOSPECHA
PASADO ACTUAL
PROVISIONAL-REUNIFICACIÓN ACTUAL
TIPOS N % N % N %

Maltrato físico

Maltrato emocional

Negligencia física

Negligencia emocional

Abuso sexual

Explotación laboral

Explotación sexual

Inducción a la delincuencia

Modelo de vida en el hogar


inadecuado para el niño

Maltrato físico + negligencia

Negligencia física +
negligencia emocional

290
4. Variables relacionados con la situación de maltrato

VARIABLES N %

Edad/Visibilidad
Capacidad
Acceso
Apego M/H.
NIÑO

Apego P/H.
Estat. Físico
Estat. Cognitivo
Temperamento
Relaciones S.
Cooperación
C. Vivienda
Cuidador Edad
H. Crianza M.
H. Crianza P.
H. Violencia M.
H. Violencia P.
Salud Física M.
Salud Física P.
Salud Mental M.
Salud Mental P.
Toxicoman. M.
Toxicoman. P.
Disponibilidad
FAMILIA

Expectativas M.
Expectativas P.
C. Prácticas M.
C. Prácticas P.
Relac. Pareja
Relac. Soc. Ps.
P. Compañero
Insuf. F. Control
Relac. M-H.
Relac. P-H.
Relac. Herma.
Relac. F. Externa
Sucesos F.
Historia S.S.
Reconoc. Des.
Motivación C.
S. Económicas
Re. Escolar
ESPECÍFICAS DEL NIÑO

Discapacidad
Toxicomanías
Psicosis
Delincuencia
P. Socializac.
Prostitución
Fugas
T. Emocional
C. Esfínteres
G. Económica
ESPECÍFICAS DE LA FAMILIA

Organizc. Condi.
Horario Laboral
Desempleo
Temporero
Mendicidad
Prostitución
Cta. Asocial
Prisión
Fallecido
Deficiencia
Oposición

291
5. Datos sociodemográficos

5.1. Edad de los padres

PADRES MADRES

Media de edad
Rango de edad

5.2. Composición familiar

N %

Familias biparentales de origen


Familias monoparentales (PADRE)
Familias monoparentales (MADRE)
Familias reconstruidas
Otros parientes
Otros
TOTAL

5.3. Procedencia geográfica

N %

Zona Rural
Zona Urbana

292
5.4. Estado civil

N %

Casados
Separados/Divorciados
En pareja
Viudedad
Madre soltera

5.5. Nivel educativo parental

PADRES MADRES
N % N %

No sabe leer, ni escribir

Estudios Primarios

Graduado Escolar, E. G. B.

Formación Profesional

Bachillerato

Estudios Universitarios

5.6. Situación laboral parental

PADRES MADRES
N % N %

Empleo fijo

Contratación temporal

Trabajos esporádicos

Desempleo

Ama de casa

Jubilado/Pensionista

293
5.7. Profesión de los padres

PADRES MADRES
N % N %

Alto ejecutivo; Propietario de grandes empresas;


Postgraduados
Director de empresa; Propietario de medianas
empresas; Profesionales de titulación superior
Personal de Administración; Profesional de titula-
ción media (perito, maestro)
Propietario de pequeños negocios; Oficinista;
Trabajador de ventas. Técnicos

Trabajador cualificado (Encargado, Oficial)

Trabajador no cualificado (Peón, Conserje,


Dependiente)
Personas económicamente dependientes (Parados,
amas de casa, beneficiarios de ayudas sociales)

5.8. Ingresos familiares

N %

< 500.000 ptas./año


500.000 - 1.000.000 ptas./año
1.000.000 - 2.000.000 ptas./año
2.000.000 - 3.000.000 ptas./año
> 3.000.000 ptas./año

294
5.9. Procedencia de los ingresos

N %

Trabajo de los miembros de la familia en su mayor parte

En su mayor parte proceden del trabajo de los miembros de la familia,


pero recibe también algún tipo de prestación de los Servicios Sociales

Parte de los ingresos proceden del trabajo de los miembros de la fami-


lia, pero son mayores los que reciben de los Servicios Sociales

Proceden en su práctica totalidad de los Servicios Sociales

Proceden en su mayor parte de prestaciones de la Seguridad Social

Procede del trabajo y de prestaciones de la Seguridad Social

5.10. Número de hijos

TOTAL MENORES DE 18 AÑOS


Media de hijos
Rango de hijos

5.11. Sexo (En relación a los hijos menores de 18 años)

N %
Niños
Niñas

295
5.12. Edad de los hijos

TOTAL MENORES DE 18 AÑOS


Media de edad

EDAD N %

Menos de 1 año
De 1 a 3 años
De 4 a 7 años
De 7 a 12 años
De 12 a 15 años
De 16 a 18 años
Más de 18 años

5.13. Lugar de residencia de los hijos (En relación a los hijos menores de 18 años)

N %

Hogar familiar
Familia extensa sin acogimiento
Acogimiento en familia extensa
Acogimiento residencial
Acogimiento en familia ajena
Adopción
Otros (especificar)

296
Segunda Parte

evaluación
del programa
de apoyo a familias
en situaciones
de desprotección
infantil
en Castilla y León
(1991-1995)

Joaquín de Paúl (Director)


Pedro Múgica
Nuria Alday
presentación
general
de la evaluación
del programa

299
1. La Demanda de Evaluación del
Programa de Apoyo a Familias
en el contexto de la Intervención
en Protección Infantil

1.1. LA DEMANDA DE EVALUACIÓN


El equipo de trabajo sobre temas de Protección Infantil de la Facultad de
Psicología de la Universidad del País Vasco, recibió el encargo del Servicio
de Protección y Atención a Menores de la Consejería de Sanidad y Bienes-
tar Social de la Junta de Castilla y León de llevar a cabo una Evaluación del
Programa de Apoyo a Familias. Esta petición se enmarca dentro de la línea
de colaboración establecida entre ambas Instituciones y que se viene desa-
rrollando en los últimos cinco años. En concreto, ya desde la puesta en mar-
cha de los primeros programas de apoyo a familias, se había venido llevan-
do a cabo una evaluación de los mismos con la colaboración de miembros
del equipo de trabajo de la Universidad del País Vasco. Este trabajo se cen-
tró en tres de los subprogramas (Guardo, Valladolid y Segovia) que se pusie-
ron en marcha en primer lugar y de los que se han proporcionado una serie
de Informes de Evaluación. Esta fase de evaluación de dichos subprogramas
culminó con la reunión mantenida con los equipos de profesionales de
dichos subprogramas (Enero de 1996) y en la que se procedió a la presenta-
ción y explicación de los contenidos del Informe.
La demanda actual de evaluación del Programa de Apoyo a Familias se
presentó en el mes de Septiembre de 1995. Tuvo como objetivo el realizar
una recopilación y una síntesis del funcionamiento, cobertura, actividades y
resultados obtenidos por el conjunto de los siete subprogramas que están en
funcionamiento en la actualidad. Se entiende que en esta demanda, al inte-
rés por conocer la realidad más concreta del conjunto de actividades y resul-
tados, se añade la voluntad de obtener una serie de recomendaciones sobre
la posible mejora en el funcionamiento de dichos programas y sobre la

301
implantación de un futuro sistema de evaluación de los mismos. Sería, por
tanto, un primer paso que permitiría a los responsables de dicho programa
el establecer una dinámica de trabajo conducente a la implantación de un
Manual de Procedimiento y Evaluación del Programa de Apoyo a Familias.

En dicho contexto se ha realizado la evaluación que se presenta en este


Informe. La metodología con la que se ha llevado a cabo el trabajo de eva-
luación, la lectura de los datos que se presentan y las conclusiones y reco-
mendaciones que se proponen, han sido escritas y deben ser entendidas
desde dicho punto de vista. En el aspecto metodológico, tal y como se expre-
sará más adelante, debe reseñarse que se trata de una evaluación retrospec-
tiva, realizada a partir de la información existente en los equipos responsa-
bles de los programas y a partir de una rápida recopilación de la misma. En
cuanto a los objetivos, se ha trabajado con los siguientes:

1. Conocer la cobertura total y el funcionamiento concreto de cada


uno de los subprogramas del Programa de Apoyo a Familias y la efi-
cacia de las intervenciones en el conjunto de las familias con las que
se lleva a cabo la intervención.

2. Proporcionar datos que permitan a los profesionales que trabajan en


dichos programas realizar una valoración de su trabajo e iniciar un
proceso de evaluación y mejora permanente de las actividades con
las familias

1.2. EL CONTEXTO NACIONAL E INTERNACIONAL DE LA INTERVEN-


CIÓN FAMILIAR Y LA EVALUACIÓN DE PROGRAMAS

Para poder comprender adecuadamente el contenido del Informe que se


presenta a continuación es importante conocer cuál es el contexto nacional
e internacional del tratamiento de familias en el ámbito de los servicios de
protección infantil. Toda valoración de un programa, un recurso o cualquier
tipo de servicio público o privado adquiere sentido si se inserta de manera
precisa en las coordenadas temporales y espaciales pertinentes y si se esta-
blecen las comparaciones oportunas. Es necesario realizar una brevísima
descripción del estado actual de la cuestión en el contexto nacional e inter-
nacional en dos aspectos: (1) los programas de rehabilitación de familias
maltratantes o negligentes y (2) la evaluación de los programas en los servi-
cios sociales y en la protección infantil en particular.

302
1.2.1. Los programas de rehabilitación de familias maltratantes o negligentes.
En el ámbito internacional, especialmente en el contexto anglosajón, se
aprecia un desarrollo importante de los programas de rehabilitación familiar
a lo largo de la década de los años ochenta. A finales de dicha década
empiezan a ser muy frecuentes en USA los denominados programas de «pre-
servación familiar» que tenían como objetivo evitar la separación de los
niños de sus familias, mejorando las condiciones de las mismas para garan-
tizar la seguridad e integridad del niño.
Se trata, por tanto, de un tipo de recursos que se puede considerar como
relativamente reciente y que se ha venido generalizando en Europa en los
últimos diez o quince años.
En España, los primeros programas de rehabilitación de familias se
pusieron en marcha en algunas Comunidades Autónomas en la segunda
mitad de los ochenta. Los ejemplos de la provincia de Zaragoza, de la pro-
vincia de Guipúzcoa y algún ayuntamiento de Madrid se llevaron a cabo
como experiencias piloto. A partir de los primeros años de esta década
(1990), el Ministerio de Asuntos Sociales a través de la Dirección General del
Menor y la Familia, impulsa la puesta en marcha de una serie de programas
experimentales de tratamiento familiar. Fundamentalmente se ponen en mar-
cha estos programas por la necesidad de cumplimiento de algunas de las
directrices centrales del texto de la denominada Ley 21/87. Esta iniciativa
tiene, además, como objetivo evaluar la eficacia de los mismos a la vez que
intenta crear un contexto en el que se promocionen los recursos alternativos
a la institucionalización de los menores.
Por tanto, se debe considerar que los programas que se evalúan en este
Informe se enmarcan en un contexto internacional en el que los recursos de
tratamiento familiar están siendo objeto de amplio desarrollo en los últimos
años. En el ámbito nacional se trata de un recurso de muy reciente aparición
y que no puede ser todavía considerado como algo generalizado. Debe, por
tanto, valorarse de manera muy positiva la capacidad de la Junta de Castilla
y León, a través de sus profesionales y de los recursos utilizados, para ade-
cuarse y actualizarse en la puesta en marcha de un recurso de intervención
caracterizado por una cierta complejidad. Si se tiene en cuenta que algunos
de estos subprogramas de Castilla y León se iniciaron en 1991, esto puede
ser señalado con mayor rotundidad. Es importante que los responsables téc-
nicos y todos los profesionales que forman los equipos de este programa
sean conscientes de que están llevando a cabo un trabajo en cierta forma
pionero. Estos programas constituyen un modelo que está siendo observado

303
por otros equipos de otras provincias o comunidades autónomas y, muy pro-
bablemente, en un futuro próximo constituirán una de las estrategias de
abordaje de la protección infantil más generalizada.

1.2.2. La evaluación de programas en protección infantil.

La evaluación de la eficacia de cualquier tipo de programas dentro del


ámbito de los servicios públicos no ha sido, ni es en la actualidad, algo que
pueda considerarse generalizado. En el ámbito de los Servicios Sociales, la
evaluación de programas es también muy reciente. En el contexto de la pro-
tección infantil, se empieza a detectar en USA un interés por la evaluación de
programas a partir de la segunda mitad de la década de los ochenta. En el con-
texto europeo, en la actualidad es relativamente infrecuente encontrar progra-
mas de protección infantil que estén siendo evaluados. Lo mismo ocurre en el
ámbito español, en donde la «cultura» de la evaluación es también muy
reciente y no se puede decir que se encuentre ni mucho menos generalizada.

En estos últimos años, se detecta, sin embargo, un gran interés por parte
de algunos programas de protección infantil de conocer la eficacia de los mis-
mos y de saber con cierta certeza la medida en la que se alcanzan o no los
resultados esperados. Debe señalarse que la evaluación de programas sociales
constituye un campo de trabajo también reciente en el que la metodología, los
indicadores de evaluación, los procedimientos de recogida de información,
etc., están siendo también objeto de un importante desarrollo en la actualidad.

Por tanto, nuevamente se debe resaltar lo oportuno y actual de la


demanda realizada por parte de la Junta de Castilla y León de llevar a cabo
una evaluación del Programa de Apoyo a Familias. Los equipos de profesio-
nales de estos programas deben ser conscientes que la evaluación que llevan
a cabo de su trabajo no es tampoco una práctica generalizada en el contex-
to español ni europeo. Esto significa que más allá de las incomodidades o
dificultades que genera el someterse, y someter el programa, a un proceso de
evaluación y, más allá de la escasez de recursos con los que se lleva a cabo
dicha evaluación, deben tener en cuenta que participan en un proceso que
les puede suponer una importante ayuda para iniciar un proceso de mejora
permanente de la calidad de su trabajo. Por otra parte, supondrá la adquisi-
ción de una experiencia y un hábito en el ámbito de la evaluación que van
a ser valorados de manera importante en un futuro próximo en el ámbito de
los servicios sociales.

304
2. Características generales del
Proceso de Evaluación

2.1. OBJETIVOS DE LA EVALUACIÓN

El primer objetivo de la evaluación de este Programa es realizar una des-


cripción y valoración de la forma en que se ha venido llevando a cabo la
implantación real de cada uno de los subprogramas. Se trata de presentar
datos que permitan valorar cómo en la práctica se están llevando a cabo una
serie de actividades en cada subprograma y que responden a una serie de
premisas expuestas en los documentos elaborados por la Consejería de Sani-
dad y Bienestar Social (Plan Regional de Protección y Atención a Menores,
1995).

El segundo objetivo se centra en la valoración de la eficacia alcanzada


por el Programa de Apoyo a Familias en relación a los objetivos previstos. El
informe que se presenta a continuación es una descripción de la evolución
de todas las familias que han participado en el Programa y de las que se han
facilitado datos. Se pretende recoger los resultados globales del conjunto de
familias que han participado en el Programa, haciéndose hincapié en los
cambios que se hayan logrado alcanzar y que son indicativos de la eficacia
de la intervención. Se trata de determinar la tendencia de cada familia, y del
grupo hacia un mantenimiento, agravamiento o mejora del problema del
maltrato y de los factores que se consideran como predisponentes o mante-
nedores de dichos problemas de desprotección. Además se espera poder
señalar qué problemas se han solucionado más frecuentemente y qué pro-
blemas se han mantenido en aquellas familias en las que no se ha observa-
do una evolución positiva. En las conclusiones del Informe se tratará de pro-
porcionar información comparativa con lo que se conoce en la actualidad

305
sobre la eficacia de este tipo de programas en el contexto nacional e inter-
nacional.
Un tercer objetivo, quizá el más relevante, se centra en realizar una eva-
luación del proceso de trabajo, de la organización de los recursos y de las
actividades llevadas a cabo por cada uno de los subprogramas. No se trata
tanto de valorar los subprogramas, en el sentido de dar «valor» a los mismos,
sino de presentar datos que permitan iniciar un proceso de discusión con-
ducente a la mejora permanente de dichos recursos y su organización.
Por último, un cuarto objetivo es el que trata de demostrar que la eva-
luación de los programas de tratamiento familiar, al margen de la dedicación
que exige, tiene siempre efectos positivos sobre la motivación de los profe-
sionales, y en última instancia, garantiza que las familias y niños receptores
de los recursos están siendo considerados como clientes a quienes se les
debe proporcionar la mejor de las atenciones posibles. Este Informe estará
diseñado y redactado de forma que pueda producir un efecto positivo en la
motivación de los profesionales y los responsables del Programa para conti-
nuar y optimizar los sistemas de evaluación.

2.2. METODOLOGÍA Y DISEÑO DE LA EVALUACIÓN


En la evaluación de los resultados de este Programa se ha utilizado un
diseño de grupo único con medidas pre y post-tratamiento. Este tipo de
investigación permite la comparación de dos grupos de medidas. La lógica
de esta investigación consiste en :
a. Tomar un grupo de sujetos/familias que se ha formado sin seguir una
técnica especial.
b. Someter a los sujetos a una medición de las variables previamente
seleccionadas, antes de aplicarles el tratamiento (medida pre-trata-
miento/informe inicial).
c. Aplicarles el tratamiento (intervención con las familias).
d. Tomar otra medida de los sujetos en las diferentes variables, iguales
a las utilizadas en la medida pre-tratamiento (medida post-trata-
miento/informe de baja).
e. Comparar las medidas pre y post-tratamiento.

306
Si se constata la existencia de algún cambio entre las medidas «pre» y
«post» se atribuye al efecto del tratamiento. Sin embargo, pueden aparecer en
una investigación con este tipo de diseño una serie de variables contaminado-
ras (p.ej: historia, maduración, efecto de la medida pre-tratamiento). Estas
variables pueden enturbiar la interpretación de los resultados, ya que se puede
atribuir al efecto del tratamiento la posible variación encontrada entre los dos
momentos de medida, sin tener en cuenta que esta variación ha podido ser pro-
ducida por el efecto de alguna de las variables contaminadoras mencionadas.

Además de ello, hay que hacer constar algunas de las características de esta
evaluación que deben condicionar la lectura de los resultados de la misma:

1. La recogida de información se realizó de manera retrospectiva. En


el momento en que el equipo de evaluación de la Universidad del
País Vasco realizó la recogida de información, algunos de los casos
llevaban varios meses en intervención e incluso otros habían sido
dados de baja. Esto ha supuesto que, en algunos casos, la informa-
ción solicitada no constaba en el expediente abierto a la familia y no
era posible acceder a la familia. Por ello, parte de la información
dependía del recuerdo que los diferentes profesionales tenían de la
familia, lo que pudo provocar un sesgo derivado del recuerdo, posi-
tivo o negativo, que estos pudieran tener de la familia y de la rela-
ción establecida con ella.

2. Se trata de una evaluación externa. Esto significa que la evaluación


ha sido llevada por una institución (Universidad del País Vasco)
ajena a la que ha puesto en marcha los diferentes subprogramas de
Apoyo a Familias (Junta de Castilla y León). Este tipo de evaluación
presenta una serie elementos positivos (Fernández Ballesteros,
1995):
– Maximiza la objetividad, al no estar el evaluador implicado en el
programa.
– Maximiza la credibilidad social de la evaluación, puesto que juz-
gar con independencia aumenta la credibilidad del juicio emitido.
– Maximiza la utilización de tecnología «dura» (diseño, instrumentos).
– Maximiza la utilización de los estándares, toda evaluación necesi-
ta de unos estándares y los evaluadores externos suelen conocer
mejor el ámbito de la evaluación.

307
No obstante, la evaluación externa, de acuerdo a la autora citada
anteriormente, presenta una serie de desventajas:
– Minimiza las posibilidades de mejorar el programa ya que el eva-
luador ajeno no tiene posibilidades de actuación sobre él.
– Maximiza la reactividad de los sujetos, en lo referente al registro
de las operaciones a observar. Los evaluadores ajenos no disponen
de familiaridad con los profesionales de los programas, lo que
puede producir una mayor reactividad.
– La evaluación externa es más costosa, porque requiere la contra-
tación de personal especializado ajeno al programa.
3. Como se ha señalado anteriormente, en la evaluación de este Pro-
grama se ha utilizado un diseño de grupo único con medidas pre y
post-tratamiento. Esto conlleva que carece de las dos propiedades
que caracterizan los experimentos verdaderos, que son muestras
aleatorias y grupo control. Estos diseños «cuasiexperimentales» se
hallarán constantemente amenazados por la existencia de variables
extrañas difíciles de controlar (Anguera, 1995). Ello dificulta la for-
mulación de inferencias causales y consecuentemente, los resulta-
dos deben considerarse con suma precaución.
4. La evaluación de los resultados se ha realizado a partir de medidas
pre y post-tratamiento de las situaciones de desprotección de las que
eran víctimas los niños y de los factores o variables que se conside-
raban relacionados (hipotéticas causas) con dicha situación de des-
protección. Toda esta información ha sido proporcionada por los
profesionales en relación con las familias y los niños, lo que impli-
ca un riesgo de falta de objetividad en la forma en que se presenta
tal información. No se han utilizado medidas de tipo estandarizado
(cuestionarios, autoinformes, escalas de observación) que permiti-
rían presentar datos más objetivos de cada uno de los casos.

2.3. DESCRIPCIÓN DEL PROCESO DE EVALUACIÓN


Con el fin de llevar a cabo la recogida de información necesaria para la
realización de la evaluación, el equipo de la Universidad del País Vasco ela-
boró dos formularios (ver Anexo 2) en donde se recogía información de dife-
rentes áreas: tipología de maltrato, variables sociodemográficas, factores

308
asociados, etc., en el momento de entrada de la familia en el Programa
(Informe Inicial), y en el momento en el que la familia finalizara su partici-
pación (Informe de Baja).
Posteriormente, uno de los miembros del equipo realizó una primera
visita individualizada a cada uno de los siete subprogramas de apoyo a fami-
lias. Los objetivos de esta primera visita fueron los siguientes: (1) explicar los
objetivos y procedimiento de la evaluación, (2) conocer las características
particulares de cada programa, (3) conocer toda la información existente
(retrospectiva y actual) de cada uno de los casos objeto de intervención en
cada subprograma, (4) exponer a los responsables de los subprogramas las
necesidades del equipo de evaluación en cuanto a la recogida de informa-
ción, tanto de las actividades de cada subprograma como de los casos trata-
dos, y (5) en caso necesario, proporcionar instrumentos (formularios) para la
recogida de información.
Una vez presentada la evaluación y establecida la forma de recogida de
información, se solicitó a los responsables de cada subprograma que cum-
plimentaran los formularios elaborados por el equipo de la Universidad del
País Vasco.
A lo largo de este tiempo este equipo realizó un seguimiento y ase-
soramiento en el proceso de recogida de información.
Una vez que los responsables de cada subprograma finalizaron la tarea
de cumplimentación de los formularios, nuevamente un miembro del equi-
po de Evaluación de la Universidad del País Vasco, realizó una segunda visi-
ta individualizada a los siete subprogramas de apoyo a familias para (1) reco-
ger la información requerida para la evaluación, (2) estudiar «in situ» la
información recogida por los profesionales y (3) resolver problemas y dudas
y completar la información.

309
evaluación
del programa
de apoyo
a familias

311
1. Introducción

En esta Introducción a la segunda parte se presenta de manera breve la


ordenación de la información que el lector va a encontrar y el sentido y la
importancia que, a juicio de los autores de este Informe, tiene cada apar-
tado.
En primer lugar, se va a realizar una descripción (transcripción, en algu-
nos casos) de las cuestiones más relevantes de la implantación del Programa
de Apoyo a Familias y que se encuentran recogidas por escrito en las publi-
caciones de la Consejería de Sanidad y Bienestar Social. En concreto, se des-
cribe y valora la justificación que se hace del Programa, las premisas teóri-
cas del mismo, los objetivos, la población que se prevé que va a ser objeto
de atención y las fases de dicha intervención. Se realizará una breve valora-
ción de dichos aspectos y se tratará posteriormente de tener en cuenta esta
información para establecer las comparaciones oportunas con la forma real
en la que se han implantado y se han estado llevando a cabo las actividades
concretas de cada subprograma. En este apartado se hará también una breve
descripción de la «historia» de implantación y mantenimiento de cada sub-
programa, que puede permitir una interpretación más ajustada del trabajo
llevado a cabo y de los resultados obtenidos por cada subprograma.
En segundo lugar, se hará una extensa descripción del conjunto de casos
tratados en el Programa y de las características de todos ellos. Estos datos son
imprescindibles de ser leídos con detenimiento para poder valorar la perti-
nencia, la relevancia e impacto social del Programa, así como su eficiencia
(costos/beneficios). Por otra parte, la lectura de estos datos permitirá conocer
la adecuación de los casos tratados a lo previsto en el momento de su
implantación. Por último, permitirá mejorar la capacidad de interpretación

313
de los resultados al establecer relaciones con las tipologías de desprotección
abordadas y con la gravedad, severidad y cronicidad de los casos.
En tercer lugar, se realizará una descripción cualitativa y cuantitativa de
los recursos puestos en marcha en cada subprograma y de la organización
de los mismos. A la luz de estos datos, se podrá valorar la suficiencia de los
recursos en relación a los problemas que deben abordar. Por otra parte, se
podrán establecer valoraciones sobre las diferencias existentes entre los sub-
programas, de manera que se pueda considerar la conveniencia de promo-
ver o no una mayor homogeneidad de dichos recursos y su organización. El
conocimiento de estos datos acerca de los recursos y las operaciones reali-
zadas con los mismos, permite comprender y contextualizar los resultados
obtenidos, evaluar la eficiencia (costos/beneficios) de los mismos y promo-
ver, a partir de información concreta y contrastable, las mejoras o modifica-
ciones que se consideraran oportunas.
Por último, se realizará una evaluación global de los resultados obteni-
dos con el conjunto de las familias objeto de intervención. Se trata de un
aspecto fundamental de la evaluación, pero no el más importante y que úni-
camente adquiere verdadero sentido en la medida en que sea leído a la luz
de la información descrita anteriormente.

314
2. Descripción de la Implantación
del Programa de Apoyo
a Familias

2.1. JUSTIFICACIÓN DEL PROGRAMA DE APOYO A FAMILIAS

De acuerdo al documento elaborado por la Dirección General de


Acción Social de la Junta de Castilla y León en Agosto de 1990, la situación
en aquellos momentos, en lo referente a la protección a la infancia se carac-
terizaba por: (1) la inexistencia de dispositivos alternativos al internamiento
residencial, que se convierte casi en el único recurso para todos los casos,
(2) existencia de una extensa población que carece de los recursos necesa-
rios para cubrir sus necesidades básicas e (3) inexistencia de dispositivos de
apoyo técnico a la familia.

Ante esta situación, esta Dirección General se planteó «el desarrollo


progresivo de una red integrada de servicios de atención a menores, basán-
dose en la diversificación de dispositivos, que permiten dar soluciones más
individualizadas, considerando como la pieza clave los recursos para reali-
zar el apoyo técnico a las familias desde los Centros de Acción Social».

En aquellos momentos, la evolución de la demanda en lo referente a la


infancia dentro de la Comunidad de Castilla y León presentaba los siguien-
tes aspectos:

– La mejora en la calidad y cantidad de los servicios sociales y sanita-


rios produce un efecto de aumento de los casos detectados de maltra-
to y trato negligente, y especialmente del abuso sexual.

– Parecía incrementarse en Castilla y León el número de nacimientos de


niños con madres menores de 18 años.

315
– Los profesionales estaban demandando, fundamentalmente, recursos
para el Apoyo a Familias y solución a las necesidades de vivienda,
como requisitos básicos para una intervención eficaz.
– Disminución de los acuerdos judiciales de internamiento como medi-
da reformadora, y aumento de las medidas en medio abierto y de las
medidas protectoras complementarias.
– Se estaba produciendo un desplazamiento de menores con problemas
de conducta asocial, desde los dispositivos de reforma a los de pro-
tección, que no estaban suficientemente adaptados para atender a este
tipo de demanda.
En este mismo sentido se afirmaba «...resulta absolutamente central
desarrollar dispositivos capaces de prestar apoyo técnico a las familias con
menores en riesgo de marginación, si se quiere promover la integración fami-
liar y la prevención social». Se consideraba que «de esta cuestión dependen
objetivos como la desinstitucionalización, la ruptura de la cadena de trans-
misión generacional de pautas automarginadoras, y el aumento de la capa-
cidad de las familias para hacer frente a crisis futuras».
Dentro de este contexto, en 1990 se pusieron en marcha tres programas
de carácter experimental, financiados por el Ministerio de Asuntos Sociales,
la Comunidad Autónoma y las Corporaciones Locales (Diputación de Palen-
cia, Diputación de Segovia y Ayuntamiento de Valladolid), ejecutando estas
últimas dichos programas. Las razones que determinaron la puesta en mar-
cha de los programas en esta zonas estuvieron determinadas por ser consi-
deradas como zonas de alto riesgo.

2.2. PREMISAS EN LAS QUE SE FUNDAMENTA SU IMPLANTACIÓN

2.2.1. Premisas de tipo Jurídico-Administrativo.


– La ley 21/87 señala que se procurará la vuelta del menor con su fami-
lia lo antes posible. Así mismo, en el artículo 172.2 se recoge que
cuando los padres soliciten a la Administración Pública la guarda
voluntaria, ésta se tendrá durante el tiempo imprescindible.
– El Decreto de Protección de Menores de Castilla y León establece el
apoyo a la familia como la medida prioritaria en protección de me-
nores.

316
– Antes de proceder a una petición al Juzgado de retirada de los dere-
chos parentales, es necesario demostrar que se han realizado esfuer-
zos razonables por la recuperación familiar. Cuando se han propor-
cionado a las familias recursos y no se han beneficiado de ellos, es
más fácil demostrar la irrecuperabilidad de la familia y proponer un
plan de integración estable del menor en otra familia.

2.2.2. Premisas de tipo teórico-técnico.


– Existe suficiente evidencia empírica de que el contexto más adecuado
para la atención de las necesidades del niño, especialmente las psico-
lógicas, es la familia, contexto natural de la convivencia, la socializa-
ción y desarrollo del niño en nuestra cultura.
– El 90% de los menores que son separados de su familia regresan al
cabo del tiempo con ellas, por lo que si las condiciones que llevaron
a la separación no han cambiado el niño regresa bajo las mismas cir-
cunstancias que motivaron su salida.
– La no intervención con las familias de niños previamente separados de
ellas prolonga indefinidamente la situación de separación con los con-
siguientes costes psicológicos para los menores.
– Según estimaciones de los técnicos de Protección de Menores, un
20% de los menores separados de sus familias podrían permanecer en
sus casas con el adecuado apoyo técnico.

2.2.3. Premisas respecto a la eficacia de los programas de tratamiento


familiar.
– Son eficaces para mantener a los niños con sus familias. El grado de
eficacia varía en función de los criterios de selección y la gravedad de
los casos atendidos, pero se puede decir que tienen un éxito entre el
40% y 90% de casos de menores que pueden permanecer con sus
familias.
– Es más económica y con mejores resultados que la atención en recur-
sos alternativos. Las familias obtienen beneficios de servicios educati-
vos y de apoyo y deben de continuar recibiendo ayuda tras un perío-
do inicial intensivo y tras la reunificación.

317
– Los programas parecen más eficaces al evitar el ingreso de un niño en
un Centro que al facilitar el regreso de un menor previamente separa-
do. También se alcanzan mayores niveles de éxito cuando se intervie-
ne al poco tiempo de detectado el problema que si se dilata mucho la
intervención.
– Se deben distinguir dos tipos principales de programas de intervención
con familias: programas de preservación familiar cuyo objetivo es evi-
tar la separación y programas de reunificación familiar, en los que el
objetivo es conseguir la vuelta del menor a su hogar o, secundaria-
mente, la separación definitiva. Los programas de preservación pue-
den alcanzar una eficacia del 90% para prevenir la separación. Los de
reunificación obtienen un éxito que oscila desde un 25% cuando se
trabaja con familias multiproblemáticas en las que ya se proporciona-
ron los servicios de preservación, y un 70% cuando se trabaja con
todos los niños en acogimiento familiar o residencial.

2.3. DESCRIPCIÓN DEL PROGRAMA

2.3.1. Población a atender.


El programa está dirigido a familias que cumplan tres tipos de requisitos:
– La situación legal del menor debe de ser clara y con perspectivas de
estabilidad.
– El riesgo y la gravedad del caso debe justificar suficientemente una
intervención específica y difícil.
– El grado de reversibilidad potencial de la situación debe hacer renta-
ble la intervención.
Se prioriza la atención de los casos de maltrato o desprotección infantil
que, además de cumplir las condiciones anteriormente señaladas, tuvieran
un pronóstico que hacía razonable considerar que existían ciertas probabili-
dades de éxito con los recursos desarrollados en este tipo de programas.

2.3.2. Objetivos del Programa.


A. Objetivos Generales:
– Preservar la integridad de la familia, evitando una separación de ella
de los menores.

318
– Procurar el regreso de los menores a su entorno familiar si estuvieron
separados de sus padres.
– Garantizar a los menores en riesgo de maltrato, una atención familiar
correcta.
– Desarrollar en la familia la competencia necesaria para la correcta
atención a sus hijos
– Aumentar la capacidad de la familia para enfrentarse a situaciones de
crisis.
B. Objetivos específicos:
– Eliminación de las conductas negligentes o maltratadoras a menores,
por parte de sus padres o familiares.
– Los padres usarán pautas de atención básica adecuadas a la edad del
menor, en las siguientes áreas:
- higiene y hábitos de salud.
- alimentación.
- vigilancia y control del niño.
– Los padres usarán pautas básicas para mantener condiciones adecua-
das de habitabilidad y organización de la vivienda.
– El estilo de la práctica educativa de los padres será, en líneas genera-
les, adecuado para el desarrollo del menor.

2.3.3. Fases del Programa.


En la planificación previa a la puesta en funcionamiento del Programa
de Apoyo a Familias, la intervención fue dividida en seis fases diferenciadas:
Fase Primera: Selección de familias. El objetivo consiste en seleccionar
a las familias objeto de intervención. La decisión de incorporación de la
familia al Programa debía de ser tomada por una Comisión de Valoración del
Servicio Territorial de Bienestar Social con la asistencia del Asistente Social
del C.E.A.S., el Director Territorial Local y el Director Territorial Regional.
Fase Segunda: Toma de contacto. Tiene como finalidad transferir la res-
ponsabilidad del caso al equipo técnico de trabajo con familias.

319
Fase Tercera: Intervención Motivacional y Evaluación en profundidad.
Los objetivos establecidos para esta fase son los siguientes: (1) conseguir una
motivación suficiente de la familia para participar en las actividades del pro-
grama, (2) evaluar en profundidad la situación psicosocial de cada familia y
(3) establecer unos objetivos específicos de intervención.
Fase Cuarta: Intervención Terapéutica. En esta fase se trata de realizar las
actividades conducentes a alcanzar los objetivos establecidos en la fase ante-
rior.
Fase Quinta: Intervención Emancipadora. El objetivo de esta fase se cen-
tra en facilitar la salida de la familia del Programa con las máximas garantí-
as de mantenimiento de los logros obtenidos.
Fase Sexta: Evaluación y Seguimiento. El objetivo de esta última fase se
centra en conocer los resultados y los cambios experimentados en cada caso
y en establecer la planificación de las actividades de seguimiento del mismo.

2.3.4. Historia de la implantación de cada subprograma.

2.3.4.1. Subprograma del Ayuntamiento de Guardo (Palencia)


Este subprograma de apoyo a familias para la prevención de la margi-
nación de los menores en riesgo de maltrato, nació como una experiencia
piloto impulsada por la Consejería de Sanidad y Bienestar Social de la Junta
de Castilla-León. El subprograma, que se encuentra en la actualidad en su
tercera fase, se inició a partir de la colaboración de tres Administraciones
Públicas: Junta de Castilla y León, Diputación Provincial de Palencia y Ayun-
tamiento de Guardo. Su ámbito de actuación es la zona comprendida por el
Centro de Acción Social (C.E.A.S.) de Guardo.
Este subprograma viene desarrollando su actividad desde noviembre de
1990. La actividad del programa se ha interrumpido en dos ocasiones duran-
te 4 y 7 meses, en los años 1993 y 1995 respectivamente. y finalizó la pri-
mera fase en julio de 1993. En la primera fase (noviembre de 1990 a julio de
1993), la atención se centró, fundamentalmente, en menores con problemas
de maltrato/abandono, ampliándose a partir de la segunda fase (diciembre de
1993) dicho criterio, para abarcar familias en las que se dan situaciones de
crisis o problemáticas no específicamente relacionadas con la desatención
de los menores.

320
En la actualidad las instituciones que garantizan el mantenimiento del
subprograma son la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Guardo.
El personal tiene una dependencia laboral del Ayuntamiento de Guardo y
una dependencia técnica de la Junta de Castilla y León.

2.3.4.2. Subprograma del Ayuntamiento de Ávila


Este subprograma comenzó su actividad durante el año 1994 (aunque
ya se intervenía con casos de desprotección infantil desde 1992). Las razo-
nes que originaron su nacimiento estuvieron determinadas por las dificulta-
des observadas para poder trabajar desde los servicios sociales de base con
la eficacia requerida en los casos definidos como de desprotección infantil.
Este subprograma está subvencionado al 50% por la Junta de Castilla y León,
aportando el 50% restante el Ayuntamiento de Ávila.
Los profesionales que toman parte en este programa son un psicólo-
go que ejerce funciones de coordinador del subprograma un trabajador fami-
liar y un trabajador social.

2.3.4.3. Subprograma de Segovia


Este subprograma inició su actividad el año 1991. En un primer momen-
to, el subprograma desarrolló su actividad en una zona rural, al considerar
el Servicio Territorial que se trataba de una zona de Alto Riesgo. En el año
1995 su trabajo se extendió a toda la provincia de Segovia.
Una de las características a destacar de este subprograma es la poca
densidad de población del territorio de su competencia. El aislamiento geo-
gráfico de muchas de las zonas rurales a las que se debe acceder implica un
alto costo temporal y económico derivado de los desplazamientos (cada tra-
bajador familiar realiza aproximadamente 1.000 kms al mes).
Los profesionales que participan en este subprograma son un psicólogo,
que ejerce la función de coordinador del subprograma y a la vez es director
de la Casa Cuna Juan Pablo II, y tres trabajadores familiares

2.3.4.4. Subprograma de Zamora


Este subprograma es de los más recientes ya que inició su actividad en
Enero de 1995. En un primer momento su cobertura se reducía a la capital

321
de la provincia, aunque en la actualidad se pretende ampliar su cobertura a
toda la provincia.

La característica más importante de este subprograma es que ha sido


Cáritas Diocesana la encargada de poner en funcionamiento las actividades
del mismo. Esta organización no gubernamental ofrece sus instalaciones y su
propia infraestructura. Por su parte la Junta de Castilla y León cubre los gas-
tos de personal.

Los profesionales que participan en este programa son un psicólogo y


dos trabajadores familiares.

2.3.4.5. Subprograma del Ayuntamiento de Valladolid

Este programa se puso en marcha a lo largo del año 1991. Su actividad


se inició en uno de los barrios de Valladolid con una población de 3.500
habitantes, al ser considerada como una zona de alto riesgo social. A lo largo
del año 1993, la zona de intervención se amplió, pasando a cubrir una zona
de la capital en la que residen 80.000 personas.

En un principio, la Junta de Castilla y León cubría el 100% del gasto del


personal del subprograma. En la actualidad, este gasto es cubierto tanto por
la Junta de Castilla y León (90%) como por el Ayuntamiento de Valladolid
(10%).

Los profesionales que participan en el Programa son un coordinador, un


psicólogo y dos trabajadores familiares.

2.3.4.6. Subprograma de Burgos

Este subprograma inició su trabajo en el año 1992, financiado y coordi-


nado por la Junta de Castilla y León y gestionado por Cáritas Diocesana de
la provincia de Burgos. El origen de este subprograma estuvo determinado
por las necesidades detectadas en un barrio determinado de la capital. La
organización no gubernamental Cáritas Diocesana ofrece su infraestructura,
mientras que la Junta de Castilla y León subvenciona el gasto de personal.

En este programa los profesionales que participan son una coordinado-


ra (voluntaria), una psicóloga y tres Trabajadores Familiares.

322
2.3.4.7. Subprograma de la Diputación de Ávila
Este subprograma inició su actividad en el año 1994. En el momento de
realizar esta evaluación, el programa desarrolla sus actividades en dos zonas
rurales de la provincia: por una parte, la zona de Arévalo y, por otra, la zona
de los municipios de Madrigal y La Adrada. La financiación de este progra-
ma se realiza a partes iguales por la Diputación Provincial de Ávila y por la
Junta de Castilla y León. Los profesionales que participan en este programa
son una psicóloga que ejerce como coordinadora del subprograma y dos tra-
bajadores familiares.

323
3. Descripción de los casos
atendidos en el Programa

3.1. INTRODUCCIÓN
Para realizar la evaluación del Programa de Atención a Familias se ha
recogido información de 150 casos atendidos en el Programa. A continua-
ción, se procede a describir las características de estas familias, con el obje-
to de conocer las situaciones de desprotección y otro tipo de aspectos rele-
vantes para la planificación de los recursos de tratamiento y para la
evaluación de la eficacia de los resultados. En este apartado se hace refe-
rencia principalmente al total de familias (N=150) que han pasado por el
Programa desde la implantación del mismo, es decir, tanto las que están
actualmente siendo intervenidas como las que han sido ya dadas de baja. Se
hace solo una breve referencia a los datos de las familias que han sido dadas
de baja ya que no se observan diferencias reseñables con respecto al total de
las familias. No obstante, los datos de las familias dadas de baja se presen-
tan con detalle en el Anexo I, ya que los resultados del Programa han sido
evaluados a partir de estas familias que ya han finalizado la intervención. Los
datos que se incluyen son los siguientes:
– Población Atendida: número total de casos (número de familias y
número de menores) atendidos en el conjunto de los siete subprogra-
mas y su distribución en cada uno de ellos.
– Tipologías de las situaciones de desprotección infantil del total de las
familias y su distribución en los diferentes subprogramas.
– Características sociodemográficas de las familias: se analiza la distri-
bución de los sujetos en cada una de las variables sociodemográficas
evaluadas.

325
– Problemas psicosociales de las familias atendidas: se han evaluado
una serie de problemas psicológicos y sociales presentes tanto en las
figuras parentales como en menores. Se considera que estos proble-
mas están relacionados con la gravedad y severidad de las situaciones
de desprotección.
– Factores asociados a las situaciones de desprotección infantil: los fac-
tores asociados son un conjunto de variables individuales, familiares,
sociales y culturales, que si bien no se puede asegurar que son causas
de los malos tratos a los menores, se asume que son factores que pre-
disponen a la aparición, mantenimiento y agravamiento de los mis-
mos. Se puede plantear la hipótesis de que al reducir o eliminar la pre-
sencia de estos factores, se reducirá o eliminará a su vez, la situación
de desprotección de los menores. Bajo esta hipótesis, los factores aso-
ciados se convierten en los objetivos del tratamiento de estos progra-
mas. Estos datos junto con otros, evaluados al finalizar la intervención,
proporcionan información sobre la consecución o no de los objetivos
planificados en la intervención con las familias y, en último término,
sobre el grado de eficacia de los programas.
– Tiempo de permanencia de las familias en los Servicios Sociales. Este
dato se refiere al tiempo transcurrido desde la detección de los casos
hasta la remisión de los mismos a los diferentes subprogramas de aten-
ción a familias.
– La variable Remitente se refiere a la vía por la cual los casos han sido
remitidos al programa. En este caso se contemplan dos vías diferentes:
los Servicios Sociales de Base y el Servicio Territorial de Protección de
Menores de la Junta de Castilla y León.
– Situación de los casos. Se aportan los datos sobre el número de fami-
lias que permanecen en intervención y el número que han sido dadas
de baja.
El conjunto de la información recogida sobre los casos atendidos en el
Programa proporciona una visión general sobre:
– La cobertura del Programa de Atención a Familias (P.A.F.) de Castilla y
León. El número total de casos (familias y niños) que hayan sido obje-
to de tratamiento en el Programa es un dato de una gran relevancia
que permitirá conocer la relevancia del recurso y su potencial impac-
to sobre el sistema de protección de menores de esta Comunidad

326
Autónoma. La consideración de este Programa como dirigido a evitar
la separación del núcleo familiar de una serie de menores en situación
de desprotección, debe permitir valorar el volumen de familias y niños
que han recibido y reciben este recurso.
– Las diferentes situaciones de desprotección infantil que presentan
estas familias y que han ocasionado el ingreso de las mismas en los
diferentes subprogramas que componen el P. A. F., la gravedad de
estas situaciones y el pronóstico de rehabilitación de las familias.
– Las necesidades y problemáticas (diferentes a la desprotección infan-
til) que presentan las familias atendidas. En base a estas necesidades y
problemáticas se determina la severidad de los casos por un lado, y
por otro los diferentes recursos que los programas deben movilizar
para su resolución.
– Las diferencias existentes entre los subprogramas, en cuanto al con-
junto de variables características de las familias atendidas.
Finalmente, hay que reseñar las dos cuestiones siguientes: primero, en
los datos de los hijos, solamente se han tenido en cuenta los hijos menores
de edad, existiendo en algunas familias hijos mayores de edad. Segundo, en
general, existe un mayor acceso a la información relacionada en el caso de
las madres que en el de los padres, sobre todo en los datos referidos a los fac-
tores asociados a las situaciones de desprotección infantil. Habitualmente, los
programas de intervención con familias con problemas de desprotección
infantil se centran en la figura materna, probablemente por influencia de su
mayor presencia en el hogar y su mayor papel en la crianza de los hijos, de
ahí que se aporte mayor información sobre éstas que sobre los padres.

3.2. POBLACIÓN ATENDIDA


En conjunto, han pasado a través de los recursos del Programa de Apoyo
a Familias un total de 150 familias. El total de hijos de estas familias es de
451, cifra que incluye tanto a los hijos mayores de edad y/o emancipados
(n= 80), como a los menores de edad (n= 371). Sin embargo, los datos refe-
rentes a los hijos que aparecen en la presente evaluación se refieren a un
total de 338 niños. Estos 338 niños se corresponden con aquellos de los cua-
les se ha proporcionado información sobre la situación de desprotección
infantil o malos tratos. Estas familias y niños se distribuyen de la siguiente
manera en cada uno de los subprogramas:

327
HIJOS CON
FAMILIAS TOTAL DE HIJOS
TIPOLOGÍA
LOCALIDAD N % N % N %
AYTO. ÁVILA 31 20.7 83 18.4 66 19.5
DIPT. ÁVILA 12 08.0 38 8.4 27 08.0
SEGOVIA 38 25.3 135 30.0 103 30.5
ZAMORA 11 07.3 25 5.5 23 06.8
GUARDO 24 16.0 83 18.4 43 12.7
BURGOS 18 12.0 47 10.4 41 12.1
VALLADOLID 16 10.7 40 8.9 35 10.4
150 100.0 451 100.0 338 100.0

La observación de estos datos globales exige destacar la evidencia


de que estos programas están dando cobertura a un importante número de
casos en los que se ha constatado que los menores son víctimas de malos tra-
tos. Además de la situación de desprotección, éstas familias presentan otra
seria de necesidades y problemáticas que se consideran como predisponen-
tes para el inicio y mantenimiento de los malos tratos a los menores. Desde
los diferentes subprogramas se están realizando una serie de actividades que
tratando de encontrar soluciones a dichos problemas se pueda garantizar la
desaparición de las conductas maltratantes, la estabilidad del núcleo familiar
y el adecuado desarrollo de los menores. Se trata, por tanto, de un conjunto
de niños, muchos de los cuales pudieran ser objeto de separación familiar en
caso de que no se resolviese la problemática de desprotección existente.

Este conjunto de 150 familias han sido objeto de intervención por


parte de los diferentes subprogramas a lo largo de los últimos cinco años,
aunque con abundantes diferencias temporales para cada uno de dichos sub-
programas. Las primeras familias que se incorporan al Programa lo hacen en
el año 1991 en los subprogramas de Guardo, Valladolid y Segovia. Sin
embargo, el subprograma del Ayuntamiento de Ávila y de Burgos, única-
mente reciben familias desde el año 1993, (en el caso del Ayto. de Ávila reci-
ben familias desde 1992, pero en la presente evaluación sólo se han inclui-
do los datos de las familias que ingresan en el programa a partir de 1993). El
subprograma de la Diputación de Ávila y de Zamora únicamente llevan fun-

328
cionando un año en el momento de llevar a cabo esta evaluación. En la
Tabla siguiente se presentan el número de familias que han sido dadas de alta
y de baja en cada subprograma y para cada periodo anual desde el inicio del
funcionamiento de los mismos.

1991 1992 1993 1994 1995


Alta Baja Alta Baja Alta Baja Alta Baja Alta Baja
Ayto. Ávila *** *** *** *** 5 1 14 2 12 19
Dip. Ávila *** *** *** *** *** *** *** *** 12 0
Segovia 13 4 4 1 7 8 4 9 9 5
Zamora *** *** *** *** *** *** *** *** 11 3
Guardo 10 1 1 1 1 5 11 2 1 0
Burgos *** *** *** *** 8 4 5 4 4 0
Valladolid 3 0 0 0 0 0 11 1 3 5

En el caso del subprograma de Valladolid, el equipo evaluador no reci-


bió los datos sobre las familias dadas de alta y baja en el período 1992-1993.
Esto no significa, por tanto, que no se hayan recibido casos durante ese perio-
do de tiempo, sino que no se han registrado en este Informe de Evaluación.

3.3. TIPOLOGÍAS DE SITUACIONES DE DESPROTECCIÓN

17% MF

AF
16%
MF + AF

25% MF+ ME/AE

AF+ME/AE
12%
MF+AF+ME/AE

ME/AE
5% IP
10%
2%
12% 1% AR

329
La primera cuestión que destaca en la lectura de estos datos es la muy
alta tasa de casos en los que existe una situación que ha sido considerada
como de maltrato o abandono emocional. Si se suman todos los casos en los
que aparece esta tipología, aislada o asociada a otras tipologías, nos encon-
tramos con un 63.1% de los casos. Únicamente, en un 15.9% de los casos
se señala la existencia de esta tipología de maltrato o abandono emocional
sin otros tipos de malos tratos. Debe resaltarse en este punto la dificultad
para establecer definiciones operativas del concepto de maltrato/abandono
emocional, lo que provoca muy diferentes interpretaciones y diferentes ten-
dencias hacia una sobrerrepresentación o una infrarrepresentación de la can-
tidad de casos existentes. Por otra parte, en muchas ocasiones se tiende a
considerar que toda situación de maltrato físico o de abandono físico con-
lleva la existencia inevitable de una situación de maltrato emocional. Es
posible que en cualquiera de estas razones haya provocado un aumento de
las tasas de casos de maltrato y abandono emocional en este programa.
Teniendo en cuenta lo anterior, se presenta a continuación una descrip-
ción detallada de cada tipología y su distribución diferencial por cada sub-
programa.
a. El mayor porcentaje de casos atendidos por los programas (25.4 %)
corresponde a casos de Abandono Físico en los que también existe
como componente principal Maltrato y/o Abandono Emocional
(AF+ME/AE). Se han podido observar algunas diferencias entre los
casos atendidos en las diferentes localidades. En el caso de Segovia,
se incluyen en esta categoría casi la mitad de las familias atendidas,
mientras que en la Diputación de Ávila no aparece ningún caso en
dicha categoría.

AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
AF
+ 3.8 % 0.0 % 47.2 % 18.2 % 34.8 % 17.6 % 25.0 %
ME/AE

b. En segundo lugar, destaca un elevado porcentaje de casos que pre-


sentan simultáneamente Maltrato Físico, Abandono Físico, Maltrato
Emocional y/o Abandono Emocional, y que alcanza el 16.7 %.

330
AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
MF +
AF + 3.8 % 0.0 % 8.3 % 27.3 % 17.4 % 23.5 % 50.0 %
ME/AE

Los casos más graves de desprotección infantil son aquellos en los


que se da la presencia de múltiples formas de malos tratos. Son estos
los casos que presentan un peor pronóstico de rehabilitación. Es des-
tacable el alto porcentaje de casos que se incluyen en esta categoría
en el subprograma de Valladolid pudiendo deberse a alguna de las
siguientes cuestiones:

– Dificultades en la asignación de cada caso a una tipología con-


creta, que hayan provocado el que en la mayoría de los casos se
haya optado por la asignación de múltiples situaciones de despro-
tección. En la descripción realizada por los profesionales de este
subprograma de las situaciones previstas como objeto de atención
del mismos (ver cuadro: tipologías atendidas, criterios de inclu-
sión, criterios de exclusión), no se hace referencia a tipologías de
desprotección del menor, sino a lo que se podrían denominar
como factores asociados o problemáticas familiares. Esto puede
implicar diferentes criterios en la utilización de las tipologías de
maltrato que se han manejado en esta evaluación.

– Cabría esperar que tratándose de los casos que presentan mayor


gravedad, la remisión de éstos se hubiera realizado por parte de
los Servicios de Protección Infantil de la Junta de Castilla y León.
Sin embargo, en sentido contrario, se observa que el mayor por-
centaje de casos atendidos en este programa son remitidos por los
Servicios Sociales de Base.

– El subprograma de Valladolid es uno de los programas de implan-


tación más antigua (1991) y en el que los profesionales poseen una
mayor experiencia. Esto puede hacer que la evaluación sea más
completa y se detecten con mayor precisión las situaciones de des-
protección.

331
c. En tercer lugar, un 15.9 % de los casos presentan Maltrato Emocio-
nal y/o Abandono Emocional como única tipología. La incidencia
de esta tipología en las diferentes localidades queda reflejada en la
siguiente tabla:

AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
ME/AE 26.9 % 0.0 % 5.6 % 18.2 % 17.4 % 29.4 % 12.5 %

d. En el 12.3 % de las familias existe una situación de Incapacidad de


los padres para controlar la conducta de los hijos. En esta categoría
estarían incluidos aquellos casos que, sin ser estrictamente casos de
maltrato infantil, implican una situación de riesgo para los menores.
Las diferencias entre las localidades se reflejan en la siguiente tabla:

AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
IP 7.7 % 77.8 % 5.6 % 27.3 % 4.3 % 11.8 % 0.0 %

Es destacable el caso de la Diputación de Ávila, en la que el 77.8% de


los casos atendidos por este subprograma son clasificados dentro de esta
categoría. Debe destacarse que este dato es coherente con los expuesto
en la descripción que hacen los profesionales de este subprograma de
la previsión de casos a atender (ver cuadro: tipologías atendidas, crite-
rios de inclusión, criterios de exclusión). En dicho texto se refieren úni-
camente a las tipologías de Abandono Físico, Incapacidad Parental de
control de la conducta de los hijos y Alto Riesgo. Salvo en el caso de un
11.1% de casos clasificados como de Abandono Físico, el resto de los
casos atendidos en el programa son definidos como «Alto Riesgo», no
pareciendo ningún otro tipo de tipología de malos tratos.
e. Otro 11.6 % de los casos corresponde a familias donde se presenta
exclusivamente Abandono Físico. La incidencia de Abandono Físico
en las siete localidades es:

AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
AF 11.5 % 11.1 % 16.7 % 9.1 % 13.0 % 11.8 % 0.0 %

332
f. En un 10.1 % de los casos las familias presentan factores de riesgo
que hacen prever una recidiva de problemas pasados de desprotec-
ción infantil o la aparición de este tipo de problemas. Son los casos
considerados como Alto Riesgo.

AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
AR 30. 8 % 11.1 % 8.3 % 0.0 % 8.7 % 0.0 % 0.0 %

g. Un 5.1 % se corresponde a familias en las que el Maltrato Físico


aparece asociado a Maltrato Emocional y/o Abandono Emocional.

AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
MF
+ 7.7 % 0.0 % 5.6 % 0.0 % 4.3 % 5.9 % 6.3 %
ME/AE

h. Finalmente, en dos (2.2 %) del total de las familias, aparece Maltra-


to Físico y Abandono Físico y sólo en una de las familias (0.7 %) se
detecta Maltrato Físico presentado de manera exclusiva.
AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
MF+AF 3.8 % 0.0 % 2.8 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 6.3 %

AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
MF 3.8 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %

3.4. CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DE LAS FAMILIAS


Se presenta a continuación la distribución de los sujetos atendidos en el
Programa, en cada una de las variables sociodemográficas evaluadas. Ade-
más, se comentan las diferencias existentes entre los sujetos participantes en
cada subprograma.

333
3.4.1. Edad de las madres y de los padres

– Media de edad de las madres: 35.8


(Rango: 18-70)
– Media de edad de los padres: 40.1
(Rango: 20-62)

No existen diferencias entre los diferentes subprogramas. Se debe seña-


lar que en el caso de las madres se ha incluido algún caso en que, no sien-
do madres biológicas, cumplen la función de las figuras maternas, de ahí que
el rango alcance la cifra de 70 años (situación que solamente se da en una
de las familias). La distribución de los padres y madres por grupos de edades
es la siguiente:

% MADRES % PADRES
Menos de 20 años 1.4 0.8
Entre 20 y 30 años 26.0 12.0
Entre 30 y 40 años 47.6 37.2
Entre 40 y 50 años 20.0 39.0
Más de 50 años 5.0 11.0

Se podrían considerar unas edades relativamente elevadas para el


objetivo de tratamiento de este tipo de programas. Se trata de familias con
madres y padres en una edad en la que ya se han ido instalando y estabili-
zando una serie de comportamientos y en la que los cambios resultan más
difíciles de realizar que en edades más tempranas. Las edades de las madres
y los padres, el número de hijos y las edades de estos, pueden considerarse
como un indicador del momento en que se realiza la detección de los casos
y del grado de cronicidad de las situaciones de desprotección. Se puede
suponer que a mayor edad de los padres, de las madres y de los hijos, más
tardía ha sido la detección de los casos, y en consecuencia estar más croni-
ficada la problemática familiar. Hay que reseñar por otro lado, que este
hecho es habitual en las primeras fases de implantación de este tipo de pro-
gramas.

334
En este sentido, las edades de los clientes de los Servicios de Protección
Infantil pueden constituir a su vez, un indicador adecuado de la evolución
de tales Servicios, en la medida en que una reducción de las mismas supon-
dría una señal de una detección más temprana y por tanto de una mejora de
la calidad del sistema de protección.

3.4.2. Estado Civil de las familias


La tasa de familias formadas por parejas casadas (55%) es clara-
mente inferior a lo que se da en la población general. Se observa un por-
centaje importante de casos en los que la crianza de los menores recae en
una de las figuras parentales (34.9%). A pesar de ser una situación atípica
para las características de la población general, se debe considerar como
coincidente con lo que ocurre en el ámbito de los servicios de protección
infantil. Se debe destacar, no obstante, la relevancia de este dato de cara a la
asignación de recursos específicos para madres que presentarán probable-
mente problemas económicos, de apoyo social, de dificultades para asumir
los roles parentales, etc. Sin embargo, también debe destacarse que la pre-
sencia de una situación de pareja casada no es sinónimo en la mayoría de
los casos de los que aquí se trata de estabilidad personal. Tal y como se verá
en apartados posteriores, en muchas ocasiones se trata de una fuente de
estrés añadida.

55%
Casados

Separ./Divorc.

24% En pareja

Viudedad

Madre soltera

6%
5% 10%

Las diferencias en esta variables entre la población atendida en cada


subprograma, quedan reflejadas en la siguiente tabla:

335
AYTO. DIPT. DE
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA ÁVILA
CASADOS 64.5 % 50.0% 71.1 % 27.2 % 37.5 % 58.8 % 43.8 %
SEPAR/
25.8 % 33.3 % 10.5 % 18.2 % 25.0 % 29.4 % 31.3 %
DIVOR
EN PAREJA 6.5 % 8.3 % 10.5 % 18.2 % 25.0 % 5.9 % 0.0 %
VIUDEDAD 3.2 % 8.3 % 2.6 % 27.3 % 4.1 % 0.0 % 6.3 %
MADRE
0.0 % 0.0 % 5.3 % 9.1 % 8.3 % 5.9 % 18.8 %
SOLTERA

El porcentaje de parejas casadas, en el caso de Zamora desciende a un


27.2%, porcentaje que es igual al de personas viudas en dicha localidad.
Como ya se ha indicado al principio, es destacable el hecho de que en un
34.9% de los casos totales, la crianza y educación de los menores recae en
una de las figuras parentales, bien sea por separación/divorcio de los padres,
por tratarse de personas viudas o de madres solteras, situaciones que supo-
nen un mayor riesgo de abandono y/o maltrato infantil. Esta cifra se eleva al
37,7% y al 41% en los casos de Guardo y de la Diputación de Ávila respec-
tivamente. En el caso de Zamora supera el 54 % y en Valladolid alcanza el
56.4 % de las familias atendidas por este subprograma.

3.4.3. Nivel Cultural de las madres y de los padres

Otro aspecto característico de un gran porcentaje de las madres y los


padres maltratantes y negligentes atendidos en los Servicios de Protección
Infantil es su bajo nivel cultural. La mayoría de las familias atendidas por los
diferentes subprogramas se caracterizan por tener un bajo nivel educativo.
Existe un considerable porcentaje de analfabetismo (9.0 % en los padres y
14.5 % en las madres). Un 75% de los padres y cerca del 70% de las madres
sólo tienen estudios primarios (sin finalizar E.G.B. u obtener el Graduado
Escolar). En primer lugar, hay que destacar que este dato es muy coinciden-
te con lo que se observa en la generalidad de los servicios de protección
infantil. En segundo lugar, debe tenerse en cuenta que la mayoría de estas
familias están compuestas por sujetos con serias dificultades educativas para

336
adecuarse a las demandas del mundo laboral actual, lo que les coloca en
una situación de alto-riesgo de cronificación de su dependencia de los ser-
vicios sociales.
Por último, este dato es muy relevante para la planificación de los recur-
sos concretos de tratamiento familiar. Difícilmente se van a poder adecuar a
modelos terapéuticos pensados y diseñados para sujetos y familias con una
cierta capacidad de verbalización y de organización del pensamiento. Tanto
los profesionales como las técnicas que estos utilizan, deben adaptarse a las
características culturales y educativas de dichas familias y no viceversa, sien-
do éste uno de los retos esenciales de la intervención social y comunitaria en
el ámbito de los servicios sociales y la protección infantil, en particular.

3.4.4. Situación laboral de las madres y de los padres

MADRE
13%

Empleo Fijo
19%
Cont. temporal

Trab. esporádicos

9% Desempleo
34%
Ama de casa

Jubilado/pensionista

6% Dependiente de SS.

12% 7%

PADRE
22%

Empleo Fijo

Cont. temporal

Trab. esporádicos
15%
33% Desempleo

Ama de casa

Jubilado/pensionista

15% Dependiente de SS.


3%
11% 1%

337
Únicamente un 33.6 % de los padres y un 6.3 % de las madres tienen
empleo fijo. Sin embargo, un alto porcentaje de los casos (el 51% de los
padres y el 40.3 % de las madres), se caracterizan por la inestabilidad labo-
ral: contratación temporal, trabajos esporádicos o desempleo. Todas estas
situaciones unidas a la escasa capacitación laboral derivada del déficit edu-
cativo constituyen una importante fuente de estrés a la que muchas de estas
familias no saben hacer frente y que puede afectar a su estado emocional y
a la relación con sus hijos. Las dificultades económicas que aparecen como
consecuencia de la precariedad laboral, los sentimientos de impotencia y de
baja autoestima o el aumento de contactos diarios padres-hijos, pueden per-
turbar de manera seria dichas relaciones.
Un 35 % de las madres son amas de casa y dependientes económica-
mente, lo que hace que la mayor parte del tiempo estén en sus hogares dedi-
cadas a las tareas de crianza. Esto, unido a los bajos niveles adquisitivos de
estas familias y al elevado número de hijos, hace que estas madres estén
sometidas a un importante nivel de estrés.

3.4.5. Profesión de las madres y de los padres


El 55.5 % de los padres realizan trabajos no cualificados. En el caso de
las madres, el porcentaje más alto se sitúa en la categoría de amas de casa
y/o de dependencia económica (71.0%). Estos datos reafirman lo expuesto
en el apartado anterior.

3.4.6. Nivel de Ingresos Familiares

INGRESOS FAMILIARES
34%

< 600.000

500.000-1.000.000

1000000-2000000

22% 2.000.000-3.000.000
29%
> 3.000.000
3%

12%

338
Los datos presentados en la gráfica anterior señalan el hecho de que la
mayoría de las familias posee un nivel de ingresos muy bajo, situándose un
alto porcentaje de las mismas (56.3%) por debajo del millón de pesetas de
ingresos anuales. El bajo nivel de ingresos, unido a los problemas en el mane-
jo de la economía familiar, genera un mayor nivel de estrés ambiental en estas
familias, nivel que se incrementa al tratarse de unidades familiares amplias.
Tal y como se ha señalado anteriormente, muchas de estas familias son
dependientes de las ayudas económicas de los servicios sociales y «clientes»
habituales de los planes de lucha contra la pobreza. La coordinación de las
actuaciones de estos programas de tratamiento familiar con las contrapresta-
ciones derivadas de la participación en los programas de lucha contra la
pobreza es un aspecto importante a desarrollar en los servicios sociales.

3.4.7. Número de Hijos


No existen diferencias en el número de hijos de cada familia entre los
diferentes subprogramas, situándose la media en tres hijos por familia. Esta
cifra es significativa ya que supera claramente la media existente en la pobla-
ción general (1,2 hijos por familia). El rango oscila entre 1 y 9 y el 30 % de
las familias tienen cuatro o más hijos.

Media de número de hijos: 3.0


(Rango: 1-9)

Otro dato a destacar es el hecho de que, en muchos de estas familias,


existe muy poca diferencia de edad entre los niños, lo que implica una esca-
sa separación temporal entre los embarazos. Todo ello puede considerarse,
no obstante, como una característica generalizada de las familias con las que
se trabaja en los servicios de protección infantil. Las implicaciones de estos
datos para la incorporación de programas de planificación familiar en el tra-
bajo con estas familias, resultan evidentes.

3.4.8. Edad y sexo de los niños


La media de edad de los niños es de 9.3 años, oscilando el rango entre
1 y 17 años. La distribución según sexo indica una mayor representación de
niños (55.2%) que de niñas (44.8%). No existen diferencias destacables en
las distintas localidades en cuanto a la edad o sexo de los niños.

339
EDADES PORCENTAJE
De 1 a 3 años 15.2
De 4 a 7 años 21.8
De 8 a 11 años 25.4
De 12 a 15 años 29.0
Más de 16 años 8.6

3.4.9. Escolarización de los niños


Un 9.8 % de los niños no se encuentran escolarizados. Estos datos se
refieren a aquellos casos en los que los menores no están en edad escolar o
han superado la edad de enseñanza obligatoria. No se aprecian diferencias
entre las diferentes localidades.

3.4.10. Situación de los niños

SITUACIÓN DEL NIÑO

Hogar familiar
82%

Fam. Ex. sin Acog.

Fam. Ex. con Acog.

Acog. Institucional

Acog. familiar
1%
11% 5%
1%

En la gráfica se puede observar que la mayoría de los hijos están resi-


diendo en el hogar familiar (82.4%). Este es un dato muy relevante de
cara a la caracterización del Programa ya que refleja que se está traba-
jando con familias en las que los niños siguen en su propio domicilio, que
se intenta mantener la integridad del núcleo familiar y evitar la separación
de los menores del hogar. Se observan algunas diferencias entre los sub-
programas:

340
– En Zamora, un 35% de los menores se encuentran institucionalizados,
lo que podría ser indicador de que estos casos son los que presentan
una mayor gravedad. En Guardo, y en la diputación de Ávila no exis-
te ningún caso de institucionalización.
– En el subprograma de la Diputación de Ávila, el 100 % de los niños
residen en el hogar familiar.
– En Guardo y Valladolid, un 17.1 % y un 11.4 % de los menores, res-
pectivamente residen con la familia extensa sin que exista una situa-
ción de acogimiento. Únicamente existe un caso de un menor en aco-
gimiento familiar (Burgos).

AYTO. DIPT. DE
ÁVILA ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
% % % % % % %
Hogar 84.8 100.0 82.2 60.0 82.9 76.9 71.4
familiar
Familia extensa 3.0 0.0 2.0 5.0 17.1 10.3 11.4
sin acogimiento
Familia extensa 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0
con acogimiento
Acogimiento 12.1 0.0 15.8 35.0 0.0 10.3 17.1
institucional
Acogimiento 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 2.6 0.0
familiar
Adopción 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0

Los datos de los diferentes subprogramas reflejan también que se


está trabajando en unos casos con el objetivo final de evitar la salida de
los menores del hogar garantizando su seguridad y bienestar y en otros,
con el objetivo último de promover la desinstitucionalización de los
menores, es decir, el retorno de estos a la familia de origen. Probable-
mente sea en estos segundos, donde las situaciones de desprotección
infantil y las problemáticas familiares asociadas a las mismas sean las
más graves.

341
3.5. PROBLEMAS PSICOSOCIALES DE LAS MADRES Y LOS PADRES

PROBLEMAS PSICOSOCIALES DE LAS MADRES

44,1
45% Delincuencia
40% Transtorno emocional
35% C.I. límite

29,9
30% Transtorno psíquico
25% Incapa. física
20% Emfermeddad física
12,4

14
15% Toxicomanías

12
6,9

7,8

10% Alcoholismo

6
3,4

Institu.
2,6
5%
0% Hª. maltrato.

PROBLEMAS PSICOSOCIALES DE LOS PADRES


37,1

40 Delincuencia
35 Transtorno emocional

30 C.I. límite
Transtorno psíquico
25
Incapa. física
20
Emfermeddad física
15
10,6

10,6

Toxicomanías
9,7
8,9

8,8

10 Alcoholismo
6,4
6,5
5,6
2,4

5 Institu.

0 Hª. maltrato.

A la vista de los datos que ofrecen las gráficas hay que destacar en pri-
mer lugar la elevada incidencia de problemas de alcoholismo presentes en
los padres (37.1%). En segundo lugar, en el caso de las madres, es reseñable
el alto porcentaje de casos que presentan problemas emocionales (44.1%).
También en el caso de las madres, existe un destacable número de casos que
han sido víctimas de malos tratos en la infancia (29.9%). Estas dos últimas
cifras, en el caso del subprograma de Valladolid, alcanzan el 80%. Este por-
centaje podría deberse a que se han realizado entrevistas en mayor profun-
didad indagando más sobre este área, que lo que se ha podido realizar desde
otros subprogramas. También es posible que se hayan utilizado criterios muy

342
amplios en esta definición, aumentando así el número de posibles situacio-
nes o experiencias infantiles que podrían ser incluidas en este apartado.
Estos datos concuerdan con los que habitualmente aparecen en la lite-
ratura sobre los factores etiológicos de malos tratos. Parece frecuente que en
los padres o madres maltratantes se encuentren sentimientos de incapacidad
para mejorar su vida y su situación personal, lo que puede colaborar a redu-
cir sus habilidades para hacer frente de manera efectiva a las situaciones de
crisis (Anderson y Lauderdale, 1982).
Probablemente, estas diferencias entre padres y madres sean debidas en
gran parte, a las influencias educativas y culturales recibidas. Así, las res-
puestas ante las situaciones de estrés dadas por los primeros, si bien de
carácter desadaptativo, sean más «activas» que en el caso de las madres. En
cualquier caso, y como ya se ha indicado anteriormente, tanto el alcoholis-
mo de los padres y los problemas de baja autoestima o depresión en las
madres como otros problemas psicosociales de las figuras parentales, son
factores que pueden estar favoreciendo la aparición y el mantenimiento de
las conductas de malos tratos hacia los menores. Así, deben ser abordados
desde los programas de intervención con familias maltratadoras por dos
cuestiones fundamentales: (1) por su influencia en el mantenimiento de los
malos tratos, y (2) para lograr que los padres alcancen un nivel de bienestar
personal mínimo, que les permita poder emprender el aprendizaje de habi-
lidades parentales y enfrentarse a situaciones de crisis y a la educación y
crianza de los hijos de forma satisfactoria.
Dentro de este apartado se han evaluado conjuntamente en padres y
madres otro grupo de variables familiares que se presentan a continuación:

3.5.1. Relaciones interpersonales y sociales


% FAMILIAS
– Problemas en la relación conyugal 67.1
– Conflicto con la familia extensa 57.8
– Aislamiento social 43.9

En el subprograma desarrollado en Zamora el porcentaje de problemas


de aislamiento social se reduce a un 9.1 %, (este dato podría estar indican-
do que esta variable no ha sido evaluada de forma exhaustiva) y el de fami-

343
lias con conflictos con la familia extensa es de un 90%. En el caso de Valla-
dolid estos últimos se presentan en el 81.3% de las familias. No existen otras
diferencias destacables entre las localidades, en las variables referentes a las
relaciones interpersonales y sociales.
Puede deducirse de esos datos que las familias atendidas en el programa
presentan importantes déficits en lo que se ha denominado en la literatura
especializada como «red de relaciones sociales» y que se considera como
uno de los determinantes fundamentales de la vulnerabilidad ante el estrés.
Estas deficiencias en la red de relaciones sociales características de las
familias maltratantes, pueden provocar en gran medida, la falta de apoyo
social que padecen y como consecuencia de ello, la carencia tanto de fuen-
tes de apoyo instrumental o material, emocional e informacional o referen-
cial. Uno de los factores relacionados con los problemas de apoyo social, y
que caracteriza a las familias maltratantes y negligentes, es el déficit obser-
vado en las habilidades sociales necesarias para establecer y mantener rela-
ciones interpersonales significativas. Estas relaciones cumplen una impor-
tante función en relación a la paternidad. Esta función es tanto de control de
la conducta parental (reforzando o criticando las prácticas de crianza) como
de provisión de modelos de rol parental.

3.5.2. Dificultades económicas


Un 78.0% de las familias presentan dificultades económicas, de las cua-
les son el 29.0% en las que éstos problemas son graves. No hay diferencias
destacables entre las familias atendidas en las diferentes localidades salvo en
el caso de Burgos. En este subprograma no aparecen familias con dificulta-
des económicas graves, situándose la mayoría (70.6%) en la categoría de
dificultades económicas moderadas.
% FAMILIAS
– Dificultades económicas moderadas 49.0 %
– Dificultades económicas graves 29.0 %

La inestabilidad laboral, el bajo nivel de ingresos y los problemas de


manejo de la economía familiar, en conjunción con el elevado número de
miembros que componen estos núcleos familiares, originan serias dificulta-

344
des económicas en dichas familias. Como ya se ha apuntado, esta situación
de precariedad económica además de una importante fuente de estrés,
puede condicionar el desarrollo del tratamiento si no se provee a los partici-
pantes en el mismo, de los recursos necesarios para responder a las deman-
das o compromisos que se les exige desde el programa.

3.5.3. Problemas psicosociales de los niños


% NIÑOS
– Toxicomanías 0.3 %
– Delincuencia 5.4 %
– Enfermedad física 4.5 %
– Incapacidad física 2.1 %
– Trastornos psíquicos 1.2 %
– C.I. límite 3.6 %
– Trastornos emocionales 12.6 %

Estos problemas presentados por los menores pueden considerarse


como factores de riesgo para la propia situación de desprotección. Por otro
lado, parte de estos, (por ejemplo, los trastornos emocionales, la delincuen-
cia, las toxicomanías, etc.), son consecuencia de dicha situación de despro-
tección, produciéndose así una especie de «círculo vicioso»: los malos tra-
tos producen en los menores una serie de trastornos o alteraciones
comportamentales o emocionales que, a su vez, están favoreciendo el man-
tenimiento de los malos tratos.
El porcentaje de menores que presentan conductas antisociales o
delictivas es del 5.4%. Sin embargo esta cifra está extraída del total de los
menores. Cuando se realiza el promedio teniendo en cuenta solamente
aquellos menores que tienen edades en las que potencialmente pueden
desarrollar este tipo de conductas (mayores de 11 años), el porcentaje
asciende al 10.7%. Es imprescindible que desde los programas se aborden
estas problemáticas, por un lado, para evitar su agravamiento y cronifica-
ción y por otro, como estrategia para reducir y neutralizar las situaciones
de malos tratos.

345
3.6. FACTORES ASOCIADOS A LAS SITUACIONES DE DESPROTECCIÓN
Como ya se ha indicado anteriormente en este Informe se puede consi-
derar que el maltrato infantil está determinado de manera múltiple por fac-
tores que actúan en la familia, en el individuo, en la comunidad y en la cul-
tura en la que el individuo y la familia están implicados. No se pueden
denominar a estos factores como causas de los malos tratos, ya que se des-
conoce si existe una relación causa-efecto entre ellos. Sin embargo, se asume
que estos factores predisponen a la aparición y mantenimiento de las situa-
ciones de desprotección. Así, se convierten en los objetivos del tratamiento
con estas familias, partiendo de la hipótesis de que si se reduce o elimina el
efecto negativo de estos factores, se reducirán o desaparecerán los malos tra-
tos a los menores.
Dentro de estos factores, algunos son importantes como indicadores de
un mejor o peor pronóstico de la rehabilitación de las familias. Este es el
caso, por ejemplo, de los factores denominados como «ausencia de con-
ciencia de problema» y «falta de motivación para el cambio». A su vez, y
como también se ha indicado al principio, la evaluación de los mismos al
finalizar el tratamiento permitirá evaluar los resultados del tratamiento, y de
forma global, la eficacia del programa de intervención.

3.6.1. Conciencia de problema y motivación para el cambio


% MADRES % PADRES
– Ausencia de conciencia de problema 60.1 % 68.9 %
– Falta de motivación para el cambio 56.6 % 61.8 %

Uno de los aspectos que caracteriza a los programas de intervención


con familias maltratantes es el hecho de que en la mayoría de las ocasiones,
las familias maltratantes/negligentes no acceden al tratamiento de manera
voluntaria y tras haber realizado una demanda de ayuda, sino que en gene-
ral lo hacen a causa de la presión ejercida por la autoridad administrativa o
judicial (Arruabarrena, De Paúl, 1995). Tanto el grado en el que los padres
muestran tener conciencia del daño que está recibiendo el niño y de su res-
ponsabilidad en el maltrato y en la resolución de los problemas, como la
motivación mostrada para modificar su comportamiento, son criterios
imprescindibles para determinar el pronóstico del caso.

346
Es por ello que, en numerosas ocasiones, el primer objetivo del tra-
tamiento consista en lograr que los padres adquieran conciencia de sus
dificultades en la relación con sus hijos y realicen una demanda de
ayuda (Arruabarrena, M.I. y De Paúl, 1995). Los datos reflejan que la
mayoría de las familias que participan en los subprogramas carecen al
inicio de la intervención de conciencia de problema y de motivación
para el cambio.

– En el caso de Valladolid estas cifras superan el 90% (ausencia de con-


ciencia de problema), el 85% (falta de motivación para el cambio) en
el caso de las madres y en el caso de los padres el 80% (ausencia de
conciencia de problema).

– En el subprograma desarrollado en Burgos, el 90% de los padres care-


cen de motivación para el cambio.

– En el Ayuntamiento de Ávila estos porcentajes en el caso de las


madres se reducen a un 16.1% y a un 29.0%, (ausencia de concien-
cia de problema y falta de motivación para el cambio respectivamen-
te). Es importante tener en cuenta este dato a la hora de evaluar los
resultados. Como ya se ha indicado, estos factores son un criterio
imprescindible para determinar el pronóstico del caso. Estos bajos
porcentajes, por lo tanto, serían indicadores de un mejor pronóstico
de los casos atendidos en este subprograma. Por otro lado, el descen-
so de porcentajes puede ser debido a diferentes razones:

– A una diferencia, con respecto a los otros subprogramas, en cuanto a


lo que se entiende o define en este subprograma como «conciencia de
problema» y la «motivación para el cambio».

- A que se haya dado un trabajo de estas cuestiones, previo a su remi-


sión al programa.

Y finalmente, al analizar los datos referentes a los recursos utilizados por


los diferentes subprogramas, se observa que en el caso del desarrollado por
el Ayuntamiento de Ávila, el recurso utilizado mayoritariamente (en el
92.6% de los casos) es la terapia de tipo sistémico. Esto puede estar provo-
cando una tendencia a abordar aquellos casos en los que existe un cierto
grado de conciencia de problema y de motivación para el cambio, condición
importante para dicho tipo de intervención.

347
3.6.2. Presencia de alcoholismo/adicciones
% MADRES % PADRES
Alcoholismo/adicciones 15.0 % 46.7 %

En el caso de los subprogramas desarrollados en Burgos y en Valladolid


los porcentajes de madres con problemas de alcoholismo/adicciones ascien-
den al 40.0% y al 26.7% respectivamente.

3.6.3. Problemas significativos en el bienestar psicológico


% MADRES % PADRES
– Problemas en bienestar psicológico 48.3 % 30.4 %

– En los subprogramas de la Diputación de Ávila y de Guardo estas cifras


se reducen, en el caso de las madres (10 % y 8.3 % respectivamente).
– Los padres, en el subprograma de la Diputación de Ávila, no presen-
tan problemas en el bienestar psicológico, En Valladolid, al contrario,
éstos afectan al 80% de los padres.
Es destacable el alto porcentaje de padres que presentan problemas de
alcoholismo/adicciones, siendo en el caso de las madres, los problemas en el
malestar psicológico el dato más significativo. Al igual que otros factores de
riesgo (dificultades económicas, aislamiento social, problemas de salud, etc.),
estos pueden estar favoreciendo la aparición y mantenimiento de las situacio-
nes de desprotección infantil. Estos factores a su vez, durante la intervención
dificultan o impiden cualquier tarea de aprendizaje por parte de los padres, por
lo que dichos déficits o problemáticas deberían ser previamente abordadas.

3.6.4. Relaciones interpersonales y sociales


% MADRES % PADRES
– Relación de pareja conflictiva 66.9 % 73.6 %
– Problemas con la familia extensa 55.2 % 44.7 %
– Aislamiento social 44.0 % 40.2 %

348
Como ya se ha indicado anteriormente, estas familias presentan impor-
tantes déficits en habilidades necesarias para establecer y mantener relacio-
nes sociales disminuyendo en consecuencia las posibilidades de acceder a
fuentes de apoyo material, emocional e informacional.

3.6.5. Condiciones del domicilio familiar


% MADRES % PADRES
– Domicilio familiar en condiciones precarias 43.7 % 43.0 %

Las dificultades económicas, las familias con un elevado número de


miembros, entre otros factores, hacen que en un alto porcentaje de familias
existan problemas de hacinamiento en el domicilio familiar y/o que las
viviendas no presenten las condiciones mínimas de habitabilidad.
– En el subprograma de Valladolid estos porcentajes se reducen consi-
derablemente, siendo en las madres de un 6.7 % y de un 12.5 % en
los padres.

3.6.6. Situación laboral de las madres y los padres

% MADRES % PADRES
– Desempleo 48.2 % 33.0 %

3.6.7. Manejo de la economía familiar


% MADRES % PADRES
Problemas en el manejo de la economía familiar 55.9 % 48.0 %

3.6.8. Planificación familiar


% MADRES % PADRES
Problemas relacionados con la planificación familiar 15.5 % 12.0 %

349
3.6.9. Dificultades en la relación con los hijos y en su educación
% MADRES % PADRES
– Relaciones conflictivas padres/hijos
(excluido maltrato) 46.8 % 49.5 %
– Conductas negligentes hacia los hijos
(excluido abandono físico) 45.8 % 55.3 %
– Ignorancia de las características evolutivas
del niño y sus necesidades 70.6 % 71.3 %

Tratándose de familias que están siendo atendidas debido a una pro-


blemática de malos tratos, son esperables los porcentajes hallados en cuan-
to a las dificultades de relación con los hijos y a su educación. Se obser-
van, en el caso de los padres, algunas diferencias entre los diferentes
subprogramas:
– En el subprograma de Guardo las cifras se reducen considerablemen-
te, no superando en ninguno de los tres casos el 12.5%.
– En los subprogramas de Zamora y de Burgos en el 100% de los padres
se ha valorado que carecen de los conocimientos básicos sobre las
características evolutivas del niño y sus necesidades.
– En el subprograma de Valladolid, el 87.5% de los padres presentan
conductas negligentes hacia los menores.
En el caso de las madres, son destacables las siguientes diferencias:
– En el subprograma de la Diputación de Ávila los porcentajes de rela-
ciones conflictivas padres/hijos y de conductas negligentes descien-
den a un 10% y un 0% respectivamente.
– En el subprograma de Zamora se considera que el 100% de las madres
ignoran las características evolutivas y las necesidades básicas de sus
hijos.
– En el subprograma de Valladolid se considera que el 80% mantie-
nen relaciones conflictivas con sus hijos y que un 86.7% desarrollan
conductas negligentes. En ningún caso se ha considerado que las
madres ignoren las características evolutivas y necesidades de sus
hijos.

350
3.6.10. Historia de infancia en los padres/madres
% MADRES % PADRES
– Historia de malos tratos 29.8 % 10.8 %
– Rechazo emocional en la infancia 25.7 % 11.0 %
– Historia de disarmonía y ruptura familiar 22.1% 9.0 %
– Institucionalización en la infancia 9.9 % 3.0 %

En el caso de las madres, en los subprogramas de Valladolid y Burgos,


estos porcentajes son superiores al de los restantes subprogramas en las
siguientes variables: En el primero, Historia de malos tratos, 66.7%; Recha-
zo emocional en la infancia, 86.7%; Historia de disarmonía familiar, 64.3%.
En el segundo, Historia de malos tratos, 43.8%; Rechazo emocional en la
infancia; 43.8%, Historia de disarmonía familiar, 43.8% e Institucionaliza-
ción en la infancia, 31.3%.

Por otro lado, y también en el caso de las madres, en el subprograma


del Ayuntamiento de Ávila los porcentajes se reducen, no alcanzando en
ninguno de los casos el 3.2%. En el subprograma de Valladolid el 62.5% de
los padres han padecido rechazo emocional en la infancia.

La experiencia de malos tratos en la infancia, coloca a los sujetos en


un importante riesgo de reproducir el problema. (Arruabarrena, M.I. y De
Paúl, J. 1995). Los datos reflejan que en un elevado porcentaje de las
madres, ha existido historia de malos tratos. Es evidente que los programas
de intervención no pueden incidir directamente en este problema por tra-
tarse de una situación pasada, pero sí en aquellos factores o variables que
se sabe que actúan como amortiguadores de la transmisión intergeneracio-
nal. Entre estos, destacan la estabilidad y apoyo emocional de la pareja
actual. Otros factores amortiguadores de la transmisión intergeneracional
son la adecuada integración de la historia de maltrato vivida, la presencia
de una figura de apoyo durante la infancia y la participación en algún tipo
de actividad psicoterapéutica (Belsky, 1993). Es importante tener en cuen-
ta estos últimos factores citados como base para posibles estrategias pre-
ventivas para evitar dicha transmisión en el caso de los menores que han
sufrido malos tratos y que actualmente participan en estos programas de
intervención.

351
3.7. TIEMPO DE PERMANENCIA DE LOS CASOS EN LOS SERVICIOS
SOCIALES
La cuantificación de esta variables se refiere al tiempo transcurrido
desde la fecha del primer informe existente en los servicios sociales o del
momento de la detección del caso hasta el momento de su remisión al Pro-
grama de Atención a Familias.

En primer lugar, hay que reseñar que estos datos, (media de tiempo) se
han extraído de un total de 49 familias. En las 101 restantes no se han pro-
porcionado los datos sobre esta variable, lo que puede ser indicador de dos
situaciones diferentes: o bien que estos casos eran desconocidos previamen-
te por los Servicios Sociales y por tanto, han sido remitidos al programa en
el momento de su detección o bien que, las familias eran conocidas previa-
mente pero se desconocen las fechas de detección por no existir constancia
escrita de ello. Estos 101 casos están repartidos en las diferentes localidades
de la siguiente manera:

– En el Ayuntamiento de Ávila son 28 casos del total (N=31) los que han
sido remitidos al programa en el momento de la detección o aquellos
de los que no se tiene constancia escrita de este dato, lo que supone
el 90,3% de las familias atendidas.

– En la Diputación de Ávila son 9 los casos (N=12), que corresponde al


75% de las familias atendidas.

– En Segovia son 15 familias del total (N=38), lo que supone un 39.4%


del total de familias atendidas.

– En Zamora y Guardo son 11 casos del total (N=11) y 24 casos del total
(N=24) respectivamente, lo que supone el 100% de las familias.

– En Burgos, 6 casos del total (N=18) lo que supone un 22.2% de las


familias atendidas en dicha localidad.

– En Valladolid, son 8 casos del total (N=16), que corresponde a la


mitad de las familias atendidas (50%).

En segundo lugar, decir que la media de tiempo que estas familias son
conocidas por los Servicios Sociales es de casi dos años (22.06 meses). El
rango oscila entre 1 y 144 meses.

352
PORCENTAJE
Menos de 5 meses 40.8
De 6 a 12 meses 16.2
De 13 a 24 meses 10.0
De 25 a 48 meses 16.1
Más de 49 meses 16.0

N= 49

En el porcentaje más frecuente de casos no se superan los cinco meses


desde que se dispone del primer informe o se produjo la detección por parte
de los servicios sociales. Existe por otro lado, un 26.1% de casos en los que
se superan los dos años de tiempo desde que se realizó la detección hasta
que fueron remitidos al programa. Este dato puede estar reflejando lo
siguiente:
– La puesta en marcha de algunos subprogramas es relativamente
reciente. Algunas de las familias incluidas en estos, han podido estar
recibiendo otro tipo de apoyo. No siendo suficiente este apoyo para
corregir la situación de desprotección de los menores, finalmente ha
sido remitidas al Programa en el momento de la creación del mismo.
– Se ha podido considerar en otros casos que la situación familiar no era
grave, ofertando a las familias otro tipo de recursos. Con estos recur-
sos no se ha superado la situación de desprotección, remitiendo final-
mente los casos al Programa.
– Se ha podido producir la detección de los casos por otras problemáti-
cas diferentes a la desprotección (dificultades económicas, alcoholis-
mo/toxicomanías de uno a ambos padres, violencia conyugal, etc.),
constatándose posteriormente la existencia de una situación de des-
protección infantil.
Por lo tanto, es posible que, en el caso de que los datos sean descono-
cidos, la cifra media de tiempo de permanencia de los casos en los Servi-
cios Sociales sea aún más elevada. Si se trata de datos desconocidos, quie-
re decir que éstos se han perdido, que no han quedado recogidos en los

353
informes, por lo que es probable que la detección de los casos se haya rea-
lizado hace tanto tiempo que los profesionales los desconozcan o no los
recuerden. Es importante reseñar que desde estos programas se está intervi-
niendo con algunas familias en las que la situación de desprotección, entre
otras problemáticas, está muy cronificada, lo que por otro lado va a ser un
indicador de que el pronóstico para la rehabilitación de las familias es más
negativo.

3.8. FUENTE DE REMISIÓN DEL CASO


REMISIÓN DEL CASO
100
SS. SS. de base
90
Junta Cast-Len
80

70

60

50

40

30

20

10

0
TOTAL Ayto. Ávila Dipt. Ávila Segovia Zamora Guardo Burgos Valladolid

N=150

El 69.6% de los casos totales son remitidos al Programa por la Junta de


Protección de Menores de Castilla y León, mientras que el 30.4% restante,
llegan al programas a través de los Servicios Sociales de Base. La estructura
organizativa, la financiación de los diferentes subprogramas, o las distancias
geográficas pueden ser algunas de las cuestiones que expliquen esta dife-
rencia. Por otro lado, estas diferencias en cuanto a la remisión de los casos,
puede indicar que los subprogramas están abordando problemáticas familia-
res diferentes. Aquellos casos remitidos por la Junta de Protección de Meno-
res, podrían ser los que presenten situaciones de desprotección infantil más
graves y cronificadas.
También en el caso de las familias que han sido remitidas por la Junta
de Protección de Menores ha podido ocurrir que haya sido necesaria la inter-
vención de la autoridad administrativa o judicial como forma de que las
familias acepten su participación en el Programas. Respecto a este hecho, ya

354
se ha indicado anteriormente, cómo en la mayoría de las familias atendidas
existe una clara ausencia de conciencia de problema y falta de motivación
para el cambio.
Las diferencias en cuanto a la remisión de los casos en los diferentes
subprogramas quedan reflejadas en la siguiente tabla:

AYTO. DIPT. DE
ÁVILA ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
% % % % % % %
Servicios
Sociales 71.0 100.0 5.4 0.0 0.0 0.0 62.5
de Base
Junta de
Protección 29.0 0.0 94.6 100.0 100.0 100.0 37.5
de Menores

3.9. SITUACIÓN DE LOS CASOS (ALTA/BAJA)


Del total de las familias participantes en el programa (N=150), no
todas han sido dadas de baja, permaneciendo parte de ellas en interven-
ción. En la siguiente gráfica quedan representados el número de familias, y
el correspondiente número de menores que continúan siendo atendidos y
el número (familias y niños) que han finalizado su participación en los sub-
programas.

SITUACIÓN DE LOS CASOS


100

90

80
Alta/Baja
70
Alta
60
Baja
50

40

30

20

10

0
TOTAL Ayto. Ávila Dipt. Ávila Segovia Zamora Guardo Burgos Valladolid

N=150

355
Como puede apreciarse, el 43.3% de las familias permanecen en trata-
miento mientras que el 56.7% han sido dadas de baja, (1) al considerar que
se han alcanzado de forma satisfactoria la totalidad de los objetivos perse-
guidos con la intervención o, (2) al considerar que se han conseguido no la
totalidad de los objetivos planificados, pero sí los suficientes para garantizar
el bienestar y seguridad de los menores o, (3) debido al abandono del pro-
grama por parte de la familia o, (4) por considerar imposible alcanzar los
cambios necesarios en la situación familiar para garantizar el bienestar y
seguridad de los menores.

Se aprecian algunas diferencias entre los distintos subprogramas, en


cuanto a la situación de los casos. Mientras que, en el del Ayuntamiento de
Ávila y en el de Segovia en la mayoría de las familias incluidas en la presente
evaluación ha concluido la intervención, en el resto de localidades dismi-
nuyen estos porcentajes, destacando el caso del subprograma de la Diputa-
ción de Ávila en el que la totalidad de las familias continúan en tratamiento.
En este último subprograma cabe destacar que son a su vez los casos que
menos tiempo llevan en intervención, pudiendo ser ésta la razón por la que
no ha sido dado de baja ninguna de las familias.

Los datos del total de familias que han concluido su participación en el


Programa, es decir los dados de baja, son los que se han tenido en cuenta
para realizar la evaluación de los resultados. Estos datos van a proporcionar
información sobre la eficacia de dichos programas.

3.10. CARACTERÍSTICAS DE LOS CASOS DADOS DE BAJA

Los datos completos (variables sociodemográficas, problemas psicoso-


ciales, factores asociados) de los casos que, habiendo sido atendidos en el
Programa de Atención a Familias de Castilla y León, han sido dados de Baja,
se presentan en el Anexo 1.

– El total de familias dadas de Baja es de 85.

– Los datos presentados son los recogidos al inicio de la intervención


con dichas familias.

– Los datos no difieren de los del total de las familias atendidas en el


Programa (N=150).

356
– Los datos de las 85 familias dadas de baja son los utilizados para rea-
lizar la evaluación de los resultados.

– Únicamente se incluyen datos de seis de los siete subprogramas. En el


subprograma de la Diputación de Ávila no existen casos que hayan
sido dados de Baja.

357
4. Evaluación de los Recursos y
las Actividades del Programa

4.1. INTRODUCCIÓN

En este apartado del Informe se presenta lo que puede denominarse la


Evaluación del Proceso del Programa, es decir, todo lo referente a las activi-
dades realizadas con los casos remitidos para intervención. Se trata de des-
cribir y evaluar, en primer lugar, la forma en que son seleccionados los casos,
los objetivos con los que se trabaja y la temporalización de la intervención.
En segundo lugar, se describe y evalúan los recursos utilizados para alcanzar
los objetivos propuestos, teniendo especial relevancia la organización que se
realiza de los mismos. Es importante conocer no solo el tipo de recursos
materiales y humanos con los que se cuenta, sino también la orientación teó-
rica y práctica desde la que se diseña y pone en marcha en el día a día la
intervención.

En la evaluación llevada a cabo de cada uno de los subprogramas no


se ha podido llevar a cabo una observación y seguimiento externo de este
tipo de cuestiones, sino que se ha procedido en base a la información que
los responsables de cada subprograma han proporcionado al equipo de eva-
luación.

La evaluación de los recursos, su organización y las actividades llevadas


a cabo tiene una gran relevancia en la evaluación de programas en la medi-
da en que permite (1) dar sentido y capacidad de interpretación de los resul-
tados obtenidos con dichos recursos, (2) detectar diferencias entre lo diseña-
do y lo que se ha realizado realmente y entre los diferentes subprogramas y
(3) estudiar los aspectos en los que se pueden introducir cambios que per-

359
mitan desarrollar un proceso de mejora de los recursos y de su organización,
que permitan evaluar su efecto en los resultados obtenidos.

En primer lugar, se presenta una descripción cualitativa de las cuestio-


nes que los responsables de los programas han señalado con respecto a la
forma de trabajo en los respectivos subprogramas. En segundo lugar, se hace
una descripción cuantitativa de los recursos proporcionados a cada una y al
conjunto de las familias en los diferentes subprogramas.

4.2. ANÁLISIS CUALITATIVO DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS DIFEREN-


TES SUBPROGRAMAS

4.2.1. Tipologías atendidas, criterios de inclusión y exclusión en los sub-


programas

En la gráfica que se presenta a continuación se pueden observar las dife-


rentes descripciones y terminologías que se utilizan para señalar los casos
que se suponen están siendo aceptados para intervención en cada subpro-
grama. Se detecta esencialmente una clara disparidad y falta de homogenei-
dad en la terminología utilizada por cada subprograma y una tendencia a la
confusión entre aspectos que pueden ser considerados como factores de ries-
go para la desprotección infantil y la propia desprotección del niño.

En algunos subprogramas se señalan claramente determinadas tipologí-


as de desprotección infantil, en otros se señalan cuestiones más generales
como la desestructuración familiar, las familias monoparentales, el alcoho-
lismo parental, etc. Es importante tener en cuenta que si se trata de un Pro-
grama que tiene como objetivo evitar la separación del niño de la familia y
que se enmarca en el ámbito de la protección infantil, el objetivo tiene que
focalizarse en aspectos concretos de la desprotección que los niños sufren
(tratamiento) o pueden sufrir de manera potencial (prevención). La mayoría
de las familias monoparentales, ni de las familias donde existe una enferme-
dad mental o un problema de alcoholismo no son objeto de tratamiento.
Estas familias que han sido tratadas en este Programa lo son porque se supo-
ne que existe una situación real o potencial de desprotección o malos tratos
infantiles. Es importante que los diferentes subprogramas pongan en marcha
un trabajo de discusión y elaboración de criterios homogéneos sobre estas
cuestiones. Por otra parte, se detecta una multiplicidad de los criterios utili-
zados para incluir o no a una familia en el programa. Pero el más relevante,

360
TIPOLOGÍAS ATENDIDAS CRITERIOS DE INCLUSIÓN CRITERIOS DE EXCLUSIÓN
ZAMORA – Riesgo de desintegración familiar. – Hijos menores y expediente abierto en el S.º de – La familia no acepta participar en el programa.
– Cierto grado de desestructuración familiar. Protección de Menores. – No hay mínima estabilidad familiar.
– Situación legal de menores clarificada.
– Reversibilidad de la situación familiar.

DIPT. DE ÁVILA – Familias Alto Riesgo. Abandono Físico. – Lazos afectivos padre/madre-hijo(s). – No lazos afectivos padre/madres-hijo(s).
– Incapacidad parental de control de conductas – Capacidad mental de los padres para la asunción – Incapacidad mental de los padres.
de los menores. de roles parentales. – Riesgo para la vida del menor.

SEGOVIA – Maltrato y Abandono de los menores. – Expediente abierto en S.º de Protección de – No cumplir los criterios de inclusión.
Menores y asignación al Programa por el S.º
Territorial.

AYTO. DE ÁVILA – Familias en riesgo y maltrato. – Hijos menores y expediente abierto en el S.º de – Negativa a participar en el Programa.
– Familias Monoparentales. Protección de Menores. – Patología psíquica y/o mental grave.
– Con escasos recursos psicoeducativos o con – Reversibilidad de la situación familiar. – Minusvalías graves.
conflictividad psicosicial. – Lazos afectivos padre/madre-hijo(s).
– Familias con desventaja social.
361

– Existe riesgo par alos menores.


– Déficits en internalización de normas.
– Aceptación voluntaria del Programa.

BURGOS – Familias multiproblemáticas. – Situaciones de maltrato infantil. – Negativa a participar en el Programa.


– Familias monoparentales. – Situación familiar irreversible.
– Familias con miembros con enfermedad mental. – Valoración de no inclusión por el Equipo del
Programa.

GUARDO – Maltrato y/o Abandono Físico; Maltrato y/o – Expediente abierto en S.º de Protección de – Familias con hijos mayores de 16 años.
Abandono emocional; Abuso Sexual; Incapaci- Menores. – Padres incpacitados.
dad Parental de Control de la conducta de los – No es suficiente la intervención de S.º Sociales – Situación familiar irreversible.
hijos; Explotación Laboral; Corrupción; Alto Generales.
Riesgo. – El menor está leglamente a cargo de sus padres.

VALLADOLID – Madres adolescentes y solteras. – Permanencia del menor en el hogar. – No permanencia de los menores en el hogar.
– Alcoholismo parental; Delincuencia. – Motivación de al menos un progenitor para cui- – No motivación para hacerse cargo de los hijos.
– Desempleo. Falta de vivienda. dar de los hijos. – Enfermedad mental grave o adicciones de los
– Retraso intelectual parental. – Capacidad de al menos un progenitor para cui- dos progenitores.
– Relación conflictiva con la familia extensa. dar de los hijos
y que merece un comentario particular, se refiere a la conciencia de proble-
ma en la familia, es decir, a la voluntariedad o no de los padres para partici-
par en el programa. En algunos de los subprogramas esta cuestión de hace
claramente explícita y en otros no se cita. Se trata de una cuestión clave en
la intervención en protección infantil, sobre la que existen diferentes crite-
rios, pero en la que todos los profesionales coinciden en afirmar que es esen-
cial para garantizar un mínimo pronóstico de éxito de la intervención. Se
recomienda también un trabajo de discusión que garantice una conceptuali-
zación y operacionalización homogénea de la forma en que se define y uti-
liza esta cuestión.

4.2.2. Objetivos Generales y Específicos de cada subprograma

Nuevamente se detectan claras diferencias en la forma en que son expli-


citados los objetivos en cada uno de los subprogramas. Es importante com-
parar la forma en que se describen los objetivos de cada subprograma con
los objetivos que figuraban escritos en la documentación de la puesta en
marcha del Programa de Apoyo a Familias y que se ha expuesto en otra parte
de este Informe (Segunda Parte, apartado 2.3.2).

Es importante tener en cuenta que la formulación de los objetivos de los


programas constituye la clave para la evaluación de los resultados generales
o parciales. En este sentido, se debe valorar positivamente la inclusión entre
los objetivos, que la realizan algunos subprogramas, de cualquier referencia
a evitar la separación del menor o la reintegración del mismo a la familia. El
número de casos en los que esto se produzca será siempre un indicador de
la eficacia del programa. Por otra parte, siempre es conveniente tener en
cuenta que las familia, los padres o las madres deben realizar al final del pro-
grama algo de manera diferente a como lo hacían al inicio del programa, ya
sea en términos de pensamiento, conocimiento, actitudes o comportamien-
tos. Y estas cuestiones deben ser traducidas en términos de objetivos que
permitan evaluar su cumplimiento al final del programa. Para utilizar un
ejemplo contrario, es cierto que cuando se trabaja en este ámbito de la pro-
tección infantil, se intentan producir cambios en la dinámica familiar, pero
resulta imposible precisar, homogeneizar e incluso evaluar con criterios
objetivos y contrastables qué es lo que cada profesional o cliente considera
que es una «dinámica familiar positiva», en el caso de que ésta exista desde
el punto de vista objetivo.

362
OBJETIVOS DEL PROGRAMA
OBJETIVOS GENERALES OBJETIVOS ESPECÍFICOS
ZAMORA – Promover el desarrollo integral de la – Desarrollar competencias para la correc-
familia, para favorecer una dinámica ta atención de los hijos.
familiar positiva que haga posible la per- – Potenciar valores, recursos para mejorar
manencia o reincorporación de los la claidad de vida de la familia. Conse-
menores a la misma. guir convivencia familiar saludable y
relación social positiva.

DIPT. DE ÁVILA – Ofrecer recursos y habilidades para – Evitar la institucionalización d elos


afrontar su situación, reorganizar la diná- menores.
mica familiar posibilitando competen- – Dotar de recursos y habilidades parenta-
cias para superar obstáculos y previnien- les.
do o erradicando las consecuencias en – Reorganización de las relaciones familia-
los menores. res.

SEGOVIA – Garantizar la adecuada atención de los – Reconstrucción familiar y clarificar lími-


menores en el seno de la familia. tes de subsistemas familiares.
– Garantizar el cumplimiento de los roles
parentales.

AYTO. DE ÁVILA – Ofrecer a las familias los recursos y habi- – Incorporación progresiva de las familias
lidades necesarias, reorganizar la diná- a los recursos.
mica familiar posibilitando su competen- – Aprendizaje de normas de convivencia y
cia y previendo o erradicando las educativas.
consecuencias en los menores. – Evaluación de aconteimientos críticos y
capacidades de adaptación.
– Evaluación de las pautas de intervención.

BURGOS – El programa asume los del dossier ini- – El programa asume los del dossier inicial.
cial.

GUARDO – Menor en familia: garantizar la atención – Establecer pautas básicas de atención al


adecuada. menor.
– Menor fuera de la familia: garantizar las – Condiciones habitabilidad y organiza-
condiciones básicas necesarias para el ción en el hogar.
retorno del menor a la familia. – Entrenamiento de los padres en habilida-
– Mantener al menor en el seno familiar des sociales y parentales.
será resultado de que se cumplan condi-
ciones y requisitos mínimos de atención.

VALLADOLID – Garantizar el bienestar del menor en el – Garantizar la atención del menor (salud,
núcleo familiar. higiene, etc.).
– Potenciar las capacidades parentales. – Favorecer condiciones mínimas de habi-
– Promover la autogestión familiar. tabilidad.
– Potenciar recursos de formación, bús-
queda y mantenimiento de empleo.
Fomentar emancipación económica.
– Desarrollo de habilidades parentales, de
comunicación y autocontrol.
– Evitar el aislamiento social.

363
Se aprecia una mayor operacionalización y capacidad de evaluación de
los objetivos descritos en el apartado citado anteriormente (Segunda Parte,
punto 2.3.2). Se recomienda que los objetivos que se describen en dicho
apartado sean desarrollados de manera más amplia y utilizados como docu-
mento de discusión para la formulación de los objetivos de tratamiento de
cada uno de los subprogramas.

4.2.3. Los recursos y su organización en cada subprograma

En las gráficas que se presentan en las siguientes páginas se presenta una


descripción resumida de la información que cada uno de los subprogramas
ha proporcionado acerca de los recursos externos e internos de los que se
dispone, de la forma en que se organiza y se secuencia la intervención con
las familias y de la forma en que se organizan las actividades de dichos
recursos. Una lectura detallada y comparativa de los mismos permite reali-
zar una serie de valoraciones de los mismos:

A. La secuenciación con la que se lleva a cabo la intervención con las


familias y la forma en que son descritos los objetivos diferenciales
de cada una de ellas se considera altamente positiva. La existencia
de objetivos diferenciados en cada una de las fases de la interven-
ción colabora a la clarificación de los recursos y de las actividades
que son necesarios en cada una de ellas. En este aspecto debe resal-
tarse la homogeneidad general en el conjunto de los subprogramas
con respecto a los objetivos y a la duración asignada a cada fase.
Únicamente se detecta una clara discrepancia en el caso del sub-
programa del Ayuntamiento de Ávila en el que la denominada «fase
de intervención» es claramente más breve (6 meses). Parece claro
que en el caso de este subprograma se está trabajando con plantea-
mientos técnicos diferentes al del resto de los subprogramas, lo que
incluiría una reducción del tiempo de intervención. Esta reducción
del tiempo de intervención tiene que estar relacionada con diferen-
cias en las características de las familias y/o con los objetivos que se
persiguen con la intervención.

B. Parece desprenderse de la información proporcionada por los res-


ponsables de los subprogramas que se dispone de una adecuada red
de recursos externos al programa. En general se detecta una cierta
homogeneidad en este tipo de recursos externos, con la excepción

364
de los recursos de «voluntariado», «centro de día» y «servicio de
ayuda a domicilio» que únicamente está disponible en alguno de los
subprogramas. No ha podido ser evaluada en este trabajo la calidad
de la coordinación con este tipo de recursos. No obstante, y dada la
experiencia acumulada en otros programas similares, se puede hipo-
tetizar que la relación y coordinación eficaz con estos recursos
externos constituye una de las cuestiones que mayor preocupación
genera a los profesionales de los subprogramas. Se debe resaltar que
parte del éxito del trabajo en servicios especializados con los casos
de desprotección infantil está condicionado por la agilidad, con-
fianza mutua y eficacia de la coordinación con los servicios socia-
les, sanitarios, educativos de referencia para cada caso. Debe hacer-
se un esfuerzo por registrar, cuantificar y evaluar cualitativamente el
tipo de relación profesional con dichos recursos externos, así como
la aceptación e integración de los subprogramas en el conjunto de
los servicios sociales.
C. En cuanto a los recursos internos que se ponen en marcha en el con-
junto del Programa de Apoyo a Familias y en cada uno de los sub-
programas, se pueden hacer las siguientes valoraciones de los datos
presentados por los responsables de estos:
– Los recursos humanos se consideran limitados desde el punto de
vista numérico. El volumen de familias con las que se trabaja en
cada subprograma es suficiente como para considerar que la can-
tidad de profesionales de cada programa se encontraría en el lími-
te de sus posibilidades y con poca capacidad de hacer frente efi-
cazmente a los frecuentes imprevistos y situaciones de crisis en las
que entran este tipo de casos.
– La cualificación profesional de los recursos humanos se considera
homogénea y adecuada para el tipo de función que están reali-
zando. Se requeriría, sin embargo, hacer un esfuerzo importante
en la formación continuada de estos profesionales. Se trata de una
actividad profesional en la que se requiere un alto grado de moti-
vación y actualización en la utilización de diferentes recursos y
técnicas de tratamiento.
– Se considera que los recursos humanos, a juicio de este equipo de
evaluación, tienen una orientación excesivamente «terapéutica»,
en el sentido de que su intervención tiende a ser de tipo «clínico».

365
Este dato se verá corroborado con la presentación de los datos de
los recursos que cada familia ha recibido. Desde nuestro punto de
vista, se puede decir que adolecen de una necesaria formación y
orientación de tipo «sociocomunitario». Esta valoración debe con-
siderarse de manera particular en cada uno de los subprogramas,
ya que en algunos de ellos se agudiza extraordinariamente.

– Se considera positiva y relevante la utilización de la figura de los


supervisores de la mayoría de los subprogramas. No obstante, a
pesar de que no se ha podido evaluar de manera muy precisa la
distribución de funciones y la organización del trabajo, se detec-
ta en algunos de los subprogramas una escasa clarificación de la
distribución de funciones y responsabilidades entre los diferentes
profesionales. Se recomienda instaurar la figura del supervisor en
todos los subprogramas, cuidando la contratación estable y la
dedicación completa de los mismos a los programas de trata-
miento, de manera que desde esta figura, como mínimo, se
garantice la necesaria estabilidad de los subprogramas en la rela-
ción con las familias. Se recomienda trabajar en la distribución
de responsabilidades y funciones del conjunto de profesionales
de cada subprogramas (supervisores, psicólogos, trabajadores
familiares, etc.).

– Con respecto a los Trabajadores Familiares, se puede afirmar que


se trata de profesionales con una formación muy adecuada para
este tipo de funciones. Se debe estudiar la conveniencia de la
dedicación semanal de este tipo de profesionales a las familias,
analizando la posibilidad de que se pueda disponer de un mayor
número de trabajadores familiares con una menor dedicación
semanal al programa. La adecuación de cada trabajador a cada
familia es una condición importante en el éxito de la intervención.
En la actualidad, el número de familias que tiene asignado cada
educador es excesivo y la asignación de cada familia a cada edu-
cador se realiza de manera muy poco flexible, dada el escaso
número de opciones disponibles. Por otra parte, se trata de un tipo
de trabajo que genera un alto nivel de estrés y tensión emocional
que es difícil de compatibilizar con una dedicación completa. Un
mayor número de educadores con una menor dedicación horaria
semanal permitiría mejorar ambas cuestiones.

366
SECUENCIACIÓN Y TEMPORALIZACIÓN
FASE INICIAL FASE DE INTERVENCIÓN FASE DE SEGUIMIENTO
ZAMORA – 12 SEMANAS – 72 SEMANAS – 24 SEMANAS
– Lograr motivación en la familia. – Desarrollar competencia familiar. – Facilitar la salida del Programa.
– Evaluación de la familia. – Potenciar valores y recursos familiares – Garantizar el mantenimiento de los
– Establecer objetivos específicos. para mejorar su calidad de vida. logros.
DIPT. DE ÁVILA – De 1 a 4 SEMANAS – ENTRE 16 y 104 SEMANAS – ENTRE 4 Y 16 SEMANAS
– Definir contexto y crear la relación – Promover cambios en la familia para – Secuenciar apoyo para facilitar la auto-
familia/educador familiar. que desarrolle capacidades de resolu- nomía familiar.
– Definir el problema y fijar metas. ción de conflictos. – Prevención de recaídas.
– Crear áreas de competencia. – Intervenciones puntuales.
– Investigación (C.E.A.S.).
SEGOVIA – 8 SEMANAS – 96 SEMANAS – 10 SEMANAS
– Reunir información de la familia. – Garantizar adecuada atención del – Revisión y estabilización de metas.
menor. – Prevención de recaídas.
AYTO. DE ÁVILA – 4 SEMANAS – 24 SEMANAS – 8 SEMANAS.
367

– Definir objetivos, metas, recursos y difi- – Promover cambios significativos. – Revisión de metas.
cultades. – Desarrollo de capacidades parentales. – Previsión de recaídas.
– Crear relación de colaboración. – Valoración de éxitos y búsqueda de – Estabilización de objetivos alcanzados.
– Establecer contrato psicoterapéutico. recursos complementarios.
BURGOS – El tiempo de intervención depende de – El tiempo de intervención depende de – El tiempo de intervención depende de
la tipología familiar. la tipología familiar. la tipología familiar.
– Empatizar con la familia. – Elaborar plan y estrategias de trabajo. – Observar mantenimiento de logros.
– Recoger información. – Dar pautas educativas a los padres. – Derivar a la familia a otros servicios.
– Coordinación con otros servicios. – Coordinación con otros servicios.
GUARDO – 4 SEMANAS – 88 SEMANAS – DE 12 A 24 MESES
– Recabar datos para valoración. – Completar valoración de la familia. – Preparar emancipación de la familia.
– Determinar campo de intervención – Establecer objetivos básicos. – Mantenimiento de los logros.
(relaciones familia-E.A.F.Sº Menores) – Elaborar hipótesis de trabajo. – Previsión de recursos.
– Sondeo de conciencia y motivación – Establecer estrategias de intervención.
familiar. – Asignación de recursos.
VALLADOLID – 4 SEMANAS – 78 SEMANAS – 26 SEMANAS
– Diagnóstico del caso. – Aplicación de objetivos establecidos. – Emancipación familiar del E.A.F.
– Programación de la intervención. – Revisión quincenal de objetivos. – Revisión del mantenimiento de los
– Formalizar contacto con la familia. – Coordinación con profesionales. cambios.
– Realizar contrato de participación. – Revisión a lo 6 meses (tras la baja).
RECURSOS EXTERNOS AL PROGRAMA

RECURSOS ZAMORA DIPT. ÁVILA SEGOVIA AYTO. ÁVILA BURGOS GUARDO VALLADOLID

Guarderías
Escuela
Equipo Pedagógico (M.E.C.)
Institución de acogida
de menores
Centro de Día
Servicio de Ayuda a Domicilio
Otras áreas de Servicios Sociales
Instituciones Asistenciales
368

Servicio de Pediatría
Centros de Salud Mental
S.º de Tratamiento específico
(Alcoholismo/Toxicomanías)
Policía
Justicia
Asociaciones ciudadanas
Educación de Adultos
Asociaciones de Tiempo Libre
(Niños y/o adultos)
Voluntariado
Parroquias, Cáritas
RECURSOS PERSONALES DEL PROGRAMA
POSIBILIDAD DE FORMACIÓN ACCESO A LITERATURA
N.º DE TRABAJADORES FORMACIÓN
CONTINUADA PROFESIONAL

ZAMORA – 1 Ldo. Psicología – Psicóloga: Terapia familiar, individual. – Cursos o encuentros dos o tres veces al – Libros sobre Terapia Familiar.
– 1 Diplomado en Magisterio Orientación en intervención familiar. año por un máximo de tres días. – Documentación de Cáritas (margina-
– Animador Socio-cultural – Trabajs. Familiares: Educ. para la Salud. ción y familia).
Intervención en SS.SS. Orientación en – Publicaciones del C.O.P.
Intervención familiar.
DIPT. – 1 Ldo. en Psicología – Violencia familiar. Terapia Familiar. – No posibilidades de acudir a activida- – Revistas: Trabajo Social, Cáritas, Infan-
DE ÁVILA – 1 Diplomado en Magisterio – Intervención en SS.SS. Orientación en des de formación continuada. cia y Familia.
intervención familiar. – Publicaciones del C.E.M.
– C. de Documentación Fuente Clara.
SEGOVIA – 1 Supervisor de caso – Supervisor: Ldo. en Psicología. – No existe posibilidad de formación – No acceso a publicaciones periódicas.
– 4 Trabajadores familiares - Protección a la Infancia. Terapia continuada. – Libros concretos de interés.
familiar e individual.
– Trabajs. Familiares: 1 Ldo. en Psicolo-
gía. 3 Ldos. en Pedagogía.
- Protección a la Infancia y violencia
familiar. Terapia individual.
369

AYTO. – 1 Supervisor de caso – Supervisor: Ldo. en Psicología. – No existe posibilidad de formación – Documentación de Cáritas.
DE ÁVILA – 1 Trabajador Familiar - Protección a Infancia y violencia continuada. – Revistas de Terapia Familiar.
– 1 Trabajador Social familiar. Terapia familiar e individual. – Documentación del C.O.P.
– Trabajs. Familiares: Trabajo Social.
- Protección a la Infancia y violencia
familiar. Terapia familiar e individual.
BURGOS – 1 Supervisor/Coordinador – Supervisor: Diplomada en Trabajo – Posibilidad de acudir a cursos de for-
– 1 Ldo. en Psicología Social. mación continua.
– 2 Trabajadores Familiares – Trabajs. Familiares: Puericultura.
Magisterio.
GUARDO – 1 Supervisor de caso – Supervisor: Psicólogo. – Difícil acceso a cursos de formación – Cuadernos de Terapia Familiar.
– 2 Trabajadores Familiares - Violencia familiar. Terapia Familiar. continuada. – Publicaciones del C.O.P.
– Trabajs. Familiares: Magisterio. – Bibliografía de temas de Protección de
- Violencia familiar. Menores.
VALLADOLID – 1 Supervisor de caso – Supervisor: Psicóloga. – Revistas: FAPMI, Infancia y Sociedad,
– 2 Trabajadores Familiares - Orientación sexual. Diplomada en – Acceso a cursos y Congresos. Infancia y Aprendizaje, Infancia y
Orientación Familiar. Familia, Child Abuse and Neglect.
– Trabajs. Familiares: Psicóloga. Pedagoga. – Libros sobre malos tratos, etc.
- Diplomado en Orientación Familiar.
Terapia Familiar.
ASPECTOS ORGANIZATIVOS
SUPERVISOR DE CASO

TIPO DE CONTRATACIÓN CALENDARIO/HORARIO FUNCIONES


ZAMORA – No existe la figura de
Supervisor de Caso.
DIPT. DE ÁVILA – No existe la figura de
Supervisor de Caso.
SEGOVIA – Fijo. – Dr. del Centro de Acogida Juan Pablo II.
- Eliminar obstáculos para intervención eficaz con la familia.
- Mantener reunión semanal con Equipo:
- Revisión de objetivos. Análisis del desarrollo de la
intervención.
– Trazar líneas de actuación y periodicidad.
AYTO. DE ÁVILA – 15 horas por familia. – Estudio de respuesta de la familia a la intervención.
– 1 hora semanal. – Establecer metas de la familia y del trabajador familiar.
370

– Trabajadores asignados: 2.
BURGOS – Personal aportado por – 8 horas semanales. – Participa en revisión de la intervención.
Cáritas Diocesana. – Gestión y administración del programa.
– Formación del Equipo.
– Conexión con Sección de Protección de Menores.
– Familias asignadas: 20 máximo.
GUARDO – Temporal. – De lunes a viernes. – Elaborar documentación base del programa.
– 9.00 h. - 14.00 h./16.30 h. - 19.00 h. – Establecer objetivos y estrategias.
– Informes de evaluación.
– Coordinación con servicios y técnicos.
– Desarrollo de sesiones terapéuticas.
– Dirección de la escuela de padres.
– Supervisión del Trabajador Familiar.
– Coordinación con Jefe de Zona, técnicos, servicios.
VALLADOLID – Temporal. – Lunes: 9.30 h. - 15.00 h./16.00 h. - – Coordinación de actuación del Equipo.
19.00 h. – Programación de objetivos.
– Martes: 9.00 h. - 15.99 h./16.00 h. - – Evaluación inicial de familias.
20.00 h. – Coordinación de la Escuela de Padres.
– M-J-V: 9.00 h. - 15.00 h. – Intervención directa con familias.
– Flexibilidad– – Verificar cumplimiento de objetivos de programa.
– Registro de datos y actualización de expediente.
ASPECTOS ORGANIZATIVOS
TRABAJADOR FAMILIAR

TIPO DE CONTRATACIÓN CALENDARIO/HORARIO FUNCIONES


ZAMORA – Temporal – Mañana: 10 h.-14 h. (Flexibilidad). – Apoyo emocional.
– 37.5 horas semanales. – Desarrollo y mejora de las habilidades parentales.
– Sesiones diarias (60-10 min.). – Promoción personal, cultural y laboral.
DIPT. DE ÁVILA – Temporal – 37.5 horas semanales. (Flexibilidad). – Dinamizar las relaciones familiares.
– Sesiones semanales o quincenales (50-105 – Favorecer un clima de afectividad en la familia.
min.). – Crear contextos de colaboración en redes sociales.
– Promoción personal, cultural y social.
SEGOVIA – Temporal – 35 horas semanales. (Flexibilidad). – Dinamizar las relaciones familiares.
– Familias asignadas: 2. – Favorecer un clima de afectividad en la familia.
– 2 trabajadores por familia. – Crear contextos de colaboración en redes sociales.
– 1 sesión semanal (120 min.). – Promoción personal, cultural y social.
AYTO. DE ÁVILA – Sesiones semanales o quincenales (90 min.). – Dinamizar las relaciones familiares.
– Favorecer un clima de afectividad en la familia.
371

– Crear contextos de colaboración en redes sociales.


– Promoción personal, cultural y social.
BURGOS – 1 trabajador: 20 horas semanales. – Analizar la situación real de la familia.
– 1 trabajador: 20 horas semanales. – Planificar la intervención junto con el equipo.
– Flexibilidad. – Elaborar programas educativos específicos.
– Familias asignadas: en función de gravedad – Apoyo y orientación a la familia.
del caso y del tiempo del trabajador. – Facilitar la inserción familiar enla red social.
– Orientar organización de economía doméstica, alimentación, higiene, etc.
GUARDO – Temporal – 35 horas semanales. – Evaluar la situación familiar.
– L. a V.: 9 h. - 14 h./16 h. - 19. – Mejora de las habilidades parentales, de convivencia y gestión del hogar.
– Familias asignadas: 10. – Facilitar la gestión de los recursos comunitarios.
– Sesiones semanales o quincenales. – Cumplimiento de tareas y compromisos por parte de la familia.
– Conocimientos y control de comportamientos familiares en hogar.
VALLADOLID – Temporal – 35 horas semanales. (Flexibilidad). – Observar la dinámica familiar. Dinamizar las relaciones familiares.
– L. a V.: 9 h. - 15 h./17 h. - 19.30 h. (dos – Apoyo emocional.
días). – Acompañamiento en determinadas gestiones.
– Familias asignadas: 6. – Educación de la familia, cambio de actitudes.
– Sesiones semanales (60-75 min.). – Participación y preparación de la Escuela de Padres.
– Estimulación de los menores.
– Animación de la familia a participar en actividades comunitarias.
– Registro de datos en los informes.
– Se aprecian algunas diferencias reseñables en la actuación de los
trabajadores familiares. En algunos subprogramas se ha señalado
que cada familia recibe la visita domiciliaria de dos trabajadores
familiares, mientras que en otros es únicamente uno el que lo
hace. En otro subprograma, los trabajadores familiares actúan, en
la mayoría de los casos, en el propio local del servicio de inter-
vención, en funciones de colaboración con el psicólogo-terapeu-
ta, a diferencia de la mayoría de los subprogramas en los que se
trabaja en el domicilio familiar. Deben respetarse y valorarse muy
positivamente las diferentes orientaciones y los diversos modelos
de tratamiento.

No obstante, sería muy importante iniciar una discusión del conjunto de


los subprogramas, para clarificar la medida en que esta diferencias se deben
a reales necesidades diversas del tipo de familias con las que se trabaja. Es
importante que las técnicas de tratamiento se adapten a las características
particulares de cada familia y no que se les exija a las familias acomodarse
a los conocimientos o habilidades técnicas de los profesionales. La flexibili-
dad y adaptabilidad debe ser la línea directriz de este tipo de intervenciones
esencialmente psicosociales.

4.3. SERVICIOS Y RECURSOS PROPORCIONADOS A LAS FAMILIAS


DURANTE EL TRATAMIENTO

En este apartado se hace una presentación, a partir de diferentes formas


de organización de los datos, de los diferentes tipos de recursos que han reci-
bido a lo largo de su participación en el programa el conjunto de las fami-
lias. Se va a tratar de realizar una presentación pormenorizada de esta infor-
mación porque se considera clave para entender el funcionamiento general
del Programa y de cada uno de los subprogramas. Los recursos utilizados son
los trabajadores familiares, las diferentes formas de atención terapéutica y los
grupos educativos para las madres y los padres. Lo importante es evaluar la
utilización diferencial de cada uno de ellos en el conjunto del Programa y
en cada subprograma.

En primer lugar, se presentan los datos relativos a la utilización de los


tres tipos de recursos agrupados por las categorías mixtas existentes: (1) úni-
camente trabajador familiar (2) trabajador familiar y atención terapéutica, (3)

372
trabajador familiar y grupos educativos, (4) trabajador familiar, atención tera-
péutica y grupos educativos, (5) únicamente atención terapéutica y (6) úni-
camente participación en grupos educativos. Esta información se presenta
para el conjunto del Programa (85 familias que han sido dadas de baja) y
para cada uno de los subprogramas.

RECURSOS PROPORCIONADOS A FAMILIAS


Agrupados por categorias mixtas
23%

Trabajador Familiar
7%
Trab. Fam. + Terapia

12% Tr. Fam + Grup. Padres

29% Trab. Fam. + Terapia + G. P.

Terapia Sólo

Grupos de padres
1%
28%

Las diferencias en la utilización de estos tres tipos de recursos agrupa-


dos en las seis localidades, aparecen reflejadas en la siguiente tabla:

AYTO.
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
RECURSOS % % % % % % %
Trab. Fam. 28.4 7.4 70.5 66.7 0.0 37.5 0.0
Trab. Fam.+
Terap. 23.0 22.2 10.0 33.3 11.1 50.0 42.9
Trab. Fam+
Grup. 6.8 0.0 10.0 0.0 22.2 0.0 14.3
Trab. Fam+
Terap.+Grup. 12.2 0.0 0.0 0.0 66.7 12.5 28.6
Terap. 28.4 70.4 5.0 0.0 0.0 0.0 14.3
Grup. 1.4 0.0 5.0 0.0 0.0 0.0 0.0

373
En el conjunto del Programa predomina la asignación del recurso del
Trabajador Familiar con una tendencia a ser utilizado de manera conjunta
con la atención terapéutica. Para poder conocer con más detalle este dato se
ha tratado de cuantificar la información de diferentes maneras y de expo-
nerla en forma de gráficas. En la gráfica siguiente se presentan los datos del
número de familias que han recibido cada uno de los recursos (atención tera-
péutica, trabajador familiar y grupos educativos), sin tener en cuenta las
combinaciones entre los mismos.

RECURSOS DE INTERVENCIÓN PROPORCIONADOS


70%
61,9%
60% 58,3

50%

40%

30%

20,2
20%

10%

0%
Trabajador Familiar Terapia Grupos de Padres

Tal y como puede apreciarse en la gráfica, el recurso más utilizado ha


sido el Trabajador Familiar, que ha sido asignado al 61.9 % de las familias.
La utilización del recurso terapéutico es también frecuente y alcanza a un
58.3% de las familias. El recurso menos utilizado es de los grupos educati-
vos para madres y padres. Se presentan a continuación datos detallados de
los diferentes tipos de atención terapéutica que han recibido las familias y los
niños (terapia de familia, terapia de pareja, terapia individual de adultos y
terapia individual de los niños), ya sea de manera aislada o en diferentes
tipos de combinaciones.
Los datos de esta gráfica se pueden desglosar y organizar de la siguien-
te manera:
– Un 64% de las familias reciben un sólo tipo de terapia (terapia de
adultos (TA) el 21%, terapia familiar (TF) el 26% y terapia de pareja
(TP) el 17%).

374
UTILIZACIÓN DE RECURSOS TERAPÉUTICOS
Terapia Adultos
21% T.A +T.P.+ T.F.+T.I.
2%
T.A. + T.F + T. in.
7%
T.P. + T.F + T. in
2%

Terapia Familiar
26%
T.A.+ T.F.
14%

T.A.+ T.F.
10%
Terapia de pareja
17%

– Un 24% reciben dos tipos de recursos terapéuticos (terapia de adultos


y terapia familiar el 10%, terapia de adultos y terapia de pareja el
14%).
– Un 9% recibe tres tipos de recursos terapéuticos (terapia de pareja,
terapia familiar y terapia individual infantil (T. In) el 2%; terapia de
adultos, terapia familiar y terapia individual infantil el 7%).
– Finalmente, un 2% recibe cuatro tipos de recursos terapéuticos (tera-
pia de adultos, terapia de pareja, terapia familiar y terapia individual
infantil).

UTILIZACIÓN DE RECURSOS TERAPÉUTICOS Y


TRABAJADOR FAMILIAR
Porcentaje de Familias recibiendo cada Recurso
100

100

100
92,8

100
87,5

90
77,8

Terapia
80
75
64,3

62,5

70 Trabajador Familiar

60
50
33,3

40
28,6

30
10,7

20
10
0
A. Ávila SG ZA Guardo BU VA

375
La asignación a las familias de las diferentes modalidades de atención
terapéutica presenta una serie de particularidades en cada uno de los sub-
programas que se describen en la siguiente tabla.

AYTO.
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
RECURSOS N % N % N % N % N % N %
TA 6 23.1 0 0.0 0 0.0 1 16.7 0 0.0 2 40.0
TF 8 30.8 1 50.0 0 0.0 1 16.7 0 0.0 1 20.0
TP 6 23.1 1 50.0 0 0.0 0 0.0 0 0.0 0 0.0
TA+TF 1 3.8 0 0.0 1 100.0 1 16.7 0 0.0 1 20.0
TA+TP 2 7.7 0 0.0 0 0.0 2 33.3 1 50.0 1 20.0
TP+TF+TII 1 3.8 0 0.0 0 0.0 0 0.0 0 0.0 0 0.0
TA+TF+TII 1 3.8 0 0.0 0 0.0 1 16.7 1 50.0 0 0.0
TA+TP+TF+TII 1 3.8 0 0.0 0 0.0 0 0.0 0 0.0 0 0.0

La diferente forma de utilización de los recursos de atención terapéuti-


ca y de los trabajadores familiares son relevantes de cara a comprender la
orientación de los diferentes subprogramas y la forma en la que se intentan
alcanzar los objetivos previstos. Por ello, se presenta, en la siguiente gráfica,
el porcentaje de familias que en cada uno de los subprogramas recibe cada
uno de los dos tipos de recursos.
Por último, se presentan los datos referentes al tiempo (en meses) y las
sesiones que, en el conjunto del Programa, se emplean en la aplicación de
cada tipo de recurso.
– Tiempo (en meses): MEDIA
Trabajador familiar 15.2
Terapia de adultos 10.4
Terapia de pareja 5.9
Terapia de familia 6.4
Terapia I. infantil 3.4
Grupos de padres 7.9

376
– Nº de sesiones: MEDIA
Trabajador familiar 51.9
Terapia de adultos 14.0
Terapia de pareja 10.3
Terapia de familia 8.5
Terapia I. infantil 8.2
Grupos de padres 16.0

4.4. PREVISIÓN DE RECURSOS TRAS LA BAJA DEL PROGRAMA

En las revisiones realizadas sobre las experiencias y evaluaciones de los


programas de intervención con familias con problemas de desprotección
infantil, se constata una probabilidad importante de reaparición de los malos
tratos, meses después de finalizar el tratamiento intensivo. Las cifras de reca-
ídas que se manejan son las siguientes: en un 70% de las familias con pro-
blemas de abandono físico y en un 73% de las familias con problemas de
maltrato y/o abandono emocional (Daro, 1988). Es por ello importante que,
una vez finalizada la intervención intensiva, se realice un seguimiento cer-
cano de la familia y se proporcione un apoyo a sus miembros, con el objeto
de garantizar el mantenimiento de los cambios logrados durante el trata-
miento y evitar las recidivas.

La provisión de estos recursos por parte de los diferentes subprogramas


en la totalidad de las familias dadas de baja queda reflejada en los datos que
aparecen en la siguiente gráfica:

En un 24.3% de los casos no se provee de recursos tras la finalización


de la participación de las familias en el programa. En el resto de los casos
(75.7%), se mantienen o introducen los siguientes recursos:

– En un 40.5% se realiza seguimiento habitual por los Servicios Sociales.


– En el 21.6% de las familias se lleva a cabo un seguimiento específico
de la situación de las mismas.

377
PREVISIÓN DE RECURSOS TRAS LA BAJA DEL PROGRAMA
41%

Sin Recursos

Seg. Habitual

Seg. Específico

Trat. Terapéutico
24%
Trab. Familiar

Terapia + Trab.Familiar
22%
4%
5% 4%

– Se proporciona tratamiento psicoterapéutico al 4.1% de las familias y


a otro 5.4% la figura del trabajador familiar.

– Finalmente, en el 4.1% de los casos se provee de forma simultánea del


recurso de tratamiento psicoterapéutico junto con la figura del tra-
bajador familiar.

Entre los distintos subprogramas se aprecian algunas diferencias en


cuanto a la provisión de recursos a las familias en situación de baja:

– Los porcentajes de familias en las que se mantiene un seguimiento


habitual por parte de los Servicios Sociales de Base, son los siguientes:
Ayto. de Ávila (32.0%), Segovia (38.5%), Zamora (33.3%), Guardo
(50.0%), Burgos (28.6%), Valladolid (50.0%)

– Únicamente en el caso del subprograma del Ayuntamiento de Ávila se


proporciona un seguimiento específico a un porcentaje importante de
familias atendidas en dicha localidad (56.0%). Este dato sería impor-
tante conectarlo con la brevedad diferencial de la fase central de la
intervención. En este subprograma, junto con el de Valladolid, se man-
tiene o inicia tras la baja tratamiento psicoterapéutico en algunos
casos, (uno en el subprograma del Ayuntamiento de Ávila y dos en el
subprograma de Valladolid).

378
– En el subprograma de Burgos se utiliza tras la baja del caso el recurso
del trabajador familiar con una de las familias. No se da esta circuns-
tancia en el resto de los subprogramas.
– En los subprogramas de Segovia y Valladolid algunas familias (Sego-
via, n=4; Valladolid, n=2) reciben simultáneamente tratamiento psico-
terapéutico junto con el apoyo de un trabajador familiar, tras produ-
cirse la baja en el programa.

379
5. Evaluación de los Resultados
del Programa

5.1. INTRODUCCIÓN

En este capítulo del Informe se procede a la exposición de los datos refe-


rentes a la evaluación de los resultados. Normalmente se considera a la eva-
luación de resultados como la «verdadera» evaluación de un programa. No
es esta la orientación con la que se ha realizado este Informe. Si bien es cier-
to que la evaluación de los resultados constituye el punto central de la valo-
ración del rendimiento de un programa y de su eficacia, estas cuestiones
adquieren verdadero sentido si se analizan estableciendo una conexión per-
manente con los objetivos previstos, con las características de los casos con
los que se ha intervenido y con los recursos y actividades que se han puesto
en marcha a lo largo del proceso de intervención.

En este apartado se presentan en primer lugar, los datos referidos al


motivo de finalización del tratamiento. En segundo lugar, se exponen los
datos relacionados con la valoración general que los profesionales realizan
de los resultados generales de la intervención con los casos. En tercer lugar,
se presentan los resultados obtenidos en función de las tipologías de malos
tratos con los que se ha intervenido y los cambios que la intervención ha pro-
vocado en cada una de ellas. En cuarto lugar, se aportan los cambios produ-
cidos en cada uno de los factores asociados a la situación de desprotección.
Por último, se aporta la información referente a los cambios producidos en
la situación de los casos, es decir, al mantenimiento o no del menor en el
domicilio familiar.

Como ya se ha advertido anteriormente en el presente informe, el lector


debe considerar estos datos como tendencias y no como conclusiones pro-

381
badas, debido al reducido número de familias con las que, en algunos sub-
programas, se ha podido contar. Además, la evaluación de resultados se ha
visto dificultada como consecuencia de la falta de información con la que se
ha contado en el caso de algunas de las variables evaluadas.

5.2. MOTIVO DE LA FINALIZACIÓN DEL TRATAMIENTO

RAZÓN DE LA BAJA
1%
Fin de Tratamiento
49%
Separación
21%

Abandono

Ausencia de Cambios

29%

N=85

Como se puede observar en la gráfica, en un 49.4% de los casos, se ha


finalizado el tratamiento con el logro parcial o total de los objetivos pro-
puestos al inicio de la intervención (Fin del tratamiento). En un 28.6% de los
casos, la intervención finaliza debido a la incapacidad de lograr los cambios
previstos. Dentro de este porcentaje se incluyen los siguientes casos: (1)
casos en los que la ausencia de conciencia de problema y/o la ausencia de
motivación para el cambio impide el logro de cambios en la familia, (2)
casos en los que se ha producido un cambio de residencia de la familia a un
lugar fuera de las competencias de los subprogramas y (3) casos en los que
el tipo de patología presentada por los padres impide cualquier posibilidad
de cambio de la situación familiar.
En otro 20.8% del total de las familias en situación de baja, ésta se ha
producido por la decisión voluntaria (abandono del programa) de los padres
de concluir su participación en el programa. Finalmente, en un 1.3% se pro-
duce la institucionalización de los menores, finalizando así la intervención
familiar.

382
5.3. VALORACIÓN GENERAL DE LOS RESULTADOS

VALORACIÓN GENERAL DE RESULTADOS


22%

Parcial suficiente

Objetivos Alcanzados

30%
28% Objetivos no alcanzados

Parcial insuficiente

20%
N=85

En la gráfica anterior se puede observar la valoración general que los


profesionales realizan del total de las familias dadas de baja. Esta valoración
se realiza teniendo en cuenta los objetivos planificados en la intervención
con cada caso. Hay que reseñar que estos datos son muy coincidentes con
los resultados obtenidos en programas similares desarrollados en otros paí-
ses. Una tasa de recuperación cercana al 50% de los casos puede conside-
rarse como adecuada dadas las características de los casos tratados y los
recursos puestos en marcha.

– En el 21.8% de los casos, se ha producido una mejora completa de la


situación de la familia, considerándose alcanzados los objetivos pla-
nificados en la intervención (objetivos alcanzados).

– En un 29.5% de los casos, se valora que se han producido cambios


positivos notables durante la intervención, y aunque no se han alcan-
zado en su totalidad, estos objetivos se consideran suficientes para
garantizar el bienestar de los menores (resultados parcialmente sufi-
cientes).

– En un 20.5% de las familias se han producido algunos de los cambios


esperados. Estos objetivos, sin embargo, no se consideran suficientes
para garantizar la seguridad y el bienestar de los menores (resultados
parciales insuficientes).

383
– Por último, un 28.2% de las familias no han experimentado ninguna
mejoría, es decir, no se han logrado alcanzar los objetivos planifica-
dos (objetivos no alcanzados).
En estas categorías están incluidas aquellas familias en la que la
razón de la finalización del tratamiento ha sido el abandono volunta-
rio del programa. El porcentaje de casos en los que se han alcanzado
los objetivos de manera total o parcial-suficiente sería algo superior en
caso de no inclusión de dichos «abandonos». A continuación se pre-
sentan las diferencias entre las distintas localidades en esta «valora-
ción general»:
Se trata de una información que ha sido proporcionada por los
propios responsables y profesionales de los programas y que no ha
podido ser contrastada a través de una evaluación externa al progra-
ma. Puede también señalarse que se trata de una información en la
que los criterios utilizados pueden ser diferentemente interpretados
por cada uno de los profesionales que completan los datos. Siendo los
profesionales quienes mejor conocen la información de cada caso,
también es cierto que se trata de las personas más implicadas personal
y profesionalmente con ellos, lo que puede producir cierto riesgo de
subjetividad.

AYTO.
SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
% % % % % %
Objetivos
alcanzados 25.0 22.7 33.3 22.2 12.5 12.5
Resultados
parciales
suficientes 32.1 31.8 66.7 22.2 0.0 37.5
Resultados
parciales
insuficientes 25.0 13.6 0.0 33.3 37.5 0.0
Objetiv. No
alcanzados 17.9 31.8 0.0 33.3 50.0 50.0

384
Como se puede observar, en la mayoría de las localidades, los porcen-
tajes más altos corresponden a la categoría de «Resultados parciales sufi-
cientes», aunque se aprecian algunas diferencias:
– En el subprograma de Burgos se valora que únicamente en un 12.5%
de las familias se han alcanzado los objetivos planificados para ase-
gurar el bienestar de los menores. En el resto de los casos con los que
se ha intervenido en esta localidad, los objetivos no se han alcanzado
(50,0%) o no se consideran suficientes (37.5%).
– Al contrario, en el subprograma de Zamora se considera que en la tota-
lidad de los casos dados de baja se ha producido una mejora total o
una mejora parcial suficiente de la situación de las familias. Un 33.3%
de los casos se incluyen en la categoría de «Objetivos alcanzados» y
un 66.7% en la categoría de «Resultados parciales suficientes».
– En el caso del subprograma de Valladolid, un 50% corresponde a la
categoría de «Objetivos no alcanzados». El 50% restante se distribuye
en las categorías de «Objetivos alcanzados» (12.5%) y de «Objetivos
parciales suficientes» (37.5%).

5.4. MODIFICACIÓN DE LAS DIFERENTES SITUACIONES DE DESPRO-


TECCIÓN

PRESENCIA EN PRESENCIA EN
TIPOLOGÍAS DE EVALUACIÓN INICIAL EVALUACIÓN FINAL
MALTRATO
N % N %
MF 1 1.3 1 1.2
AF 8 10.3 2 2.4
MF+AF 2 2.6 1 1.2
MF+ME/AE 2 2.6 1 1.2
AF+ME/AE 22 28.2 13 15.7
MF+AF+ME/AE 13 16.7 4 4.8
ME/AE 13 16.7 10 12.0
IP 6 7.7 5 6.0
AR 11 14.1 9 10.8

385
De los 85 casos dados de baja, son 78 los que se han tenido en cuenta
a la hora de evaluar los resultados según las tipologías de maltrato. De los 7
restantes no se ha aportado la información necesaria para realizar la evalua-
ción de resultados según las tipologías de malos tratos.

RESULTADOS DE LA INTERVENCIÓN POR TIPOLOGÍAS DE MALTRATO


N=85
1
Resultados
0,9
No Rehabilitadas
0,8

0,7 Rehabilitadas
0,6

0,5

0,4

0,3

0,2

0,1

0
MF AF MFAF MFME AFME MFAFME ME IP AR

Tipologías

Únicamente existe un caso en el que se ha señalado la presencia de


maltrato físico sin otro tipo de malos tratos, lo que hace que no sea signifi-
cativa la información referente a esta tipología.
Parece que estos programas son más efectivos en aquellos casos en los
que la tipología presentada por las familias es la de Abandono Físico (75%
de rehabilitación), y en los casos en los que se presenta simultáneamente
Maltrato Físico, Abandono Físico y Maltrato y/o Abandono Emocional
(69.2% de rehabilitación). Aún siendo relevantes, estos porcentajes de éxito
se reducen en los casos de Maltrato Físico presentado simultáneamente con
Abandono Físico (50%) o con Maltrato y/o Abandono Emocional (50%), y en
los casos de Abandono Físico presentado simultáneamente con Maltrato y/o

386
Abandono Emocional (40.8% de rehabilitación). El pronóstico de rehabilita-
ción parece ser más negativo en las familias que presentan Maltrato y/o
Abandono Emocional (23.07% de casos rehabilitados), en los de Incapaci-
dad Parental para Controlar la Conducta Infantil (16.6%), y en los de Alto
Riesgo (18.1%).

En el presente informe, en el apartado de «Tipologías de Situaciones de


Desprotección» se advertía que en algunos programas existía una tendencia
a utilizar en exceso la categoría de «Alto Riesgo» o de «Incapacidad Paren-
tal para Controlar la Conducta Infantil». La menor reducción de los porcen-
tajes en cuanto a resultados en estas dos tipologías podría estar explicada por
este hecho. Pudiera ser que realmente estos casos puedan ser incluidos como
tipologías más concretas de maltrato pero que no se haya efectuado por difi-
cultades en la categorización de las mismas.

En cuanto a los resultados obtenidos, hay que reseñar que éstos son
diferentes a los que se desprenden de informes y revisiones de otros pro-
gramas de tratamiento (Daro, 1988), Esto ocurre concretamente en los
casos en los que se presentan las siguientes tipologías: abandono físico
(asociado o no a maltrato y/o abandono emocional), aquellos que presen-
tan simultáneamente maltrato físico, abandono físico y maltrato y/o aban-
dono emocional. Son coherentes dichas revisiones en las tipologías de
maltrato y/o abandono emocional e inferiores en los casos de maltrato físi-
co, de incapacidad parental de control de la conducta de los menores y de
alto riesgo.

5.5. RESULTADOS OBTENIDOS CON CADA UNO DE LOS FACTORES


ASOCIADOS A LAS SITUACIONES DE DESPROTECCIÓN

Se presentan a continuación los datos de la evaluación de los resultados


obtenidos por la totalidad de los subprogramas en relación a los factores aso-
ciados a las situaciones de desprotección infantil. Se describen los datos de
las madres y de los padres, estableciendo una diferenciación en tres niveles:
(1) objetivos alcanzados, (2) objetivos parciales suficientes y (3) objetivos no
alcanzados.

387
MADRES: RESULTADOS DE LA INVERSIÓN POR CADA FACTOR ASOCIADO
Madres
100%
Resultados
90%
Objet. no alcanzado
80%

70% Parcial Suficiente


60% Objetivo alcanzado
50%

40%

30%

20%

10%

0%
A B C D E F G H I J K L M N

EVALUACION EVALUACIÓN
INICIAL FINAL
FACTORES ASOCIADOS Objs. Objs. Objs.
Presencia no parciales alcanzados
alcanzados suficientes
A.–Ausencia de conciencia del Problema 54.9 % 37.5 % 37.5 % 25.0 %
B.– Falta de motivación para el cambio 53.7 % 36.8 % 39.5 % 23.7 %
C.– Presencia de Alcoholismo o adicciones 14.8 % 63.3 % 18.2 % 18.2 %
D.– Problemas significativos en el bienestar
psicológico 57.3 % 38.6 % 50.0 % 11.4 %
E.– Relaciones de pareja conflictivas 72.8 % 38.8 % 34.7 % 26.5 %
F.– Problemas en la relación con la familia
extensa 56.1 % 38.1% 38.1 % 23.8 %
G.– Aislamiento social 47.5 % 40.0 % 37.1 % 22.9 %
H.– Domicilio familiar en condiciones
precarias 44.4 % 28.6 % 46.4 % 25.0 %
I.– Desempleo 46.3 % 51.5 % 33.3 % 15.2 %
J.– Problemas en manejo de economía
familiar 54.9 % 32.4 % 48.6 % 18.9 %
K.– Presencia de relaciones conflictivas
padres-hijos 50.6 % 21.6 % 43.2 % 35.1 %
L.– Presencia de conductas negligentes
hacia los hijos (excluido abandono) 48.1 % 21.9 % 53.1 % 25.0 %
M.– Presencia de problemas relacionados con
la planificación familiar 15.9 % 46.2 % 0.0 % 53.8 %
N.– Ignorancia sobre las características
evolutivas del niño y sus necesidades 74.4 % 31.4 % 54.9 % 13.7 %

388
PADRES: RESULTADOS DE LA INVERSIÓN POR CADA FACTOR ASOCIADO
Padres
100%
Resultados
90%
Objet. no alcanzado
80%

70% Parcial Suficiente

60% Objetivo alcanzado


50%

40%

30%

20%

10%

0%
A B C D E F G H I J K L M N

EVALUACION EVALUACIÓN
INICIAL FINAL
FACTORES ASOCIADOS
Objs. no Objs. Objs.
Presencia
alcanzados parc./sufics. alcanzados
A.– Ausencia de conciencia del Problema 59.7 % 32.3 % 29.0 % 38.7 %
B.– Falta de motivación para el cambio 61.3 % 32.3 % 41.9 % 25.8 %
C.– Presencia de Alcoholismo o adicciones 40.6 % 55.0 % 10.0 % 35.0 %
D.– Problemas significativos en el bienestar
psicológico 39.7 % 40.0 % 50.0 % 10.0 %
E.– Relaciones de pareja conflictivas 78.1 % 46.3 % 31.7 % 22.0 %
F.– Problemas en la relación con la familia
extensa 46.8 % 50.0 % 28.6 % 21.4 %
G.– Aislamiento social 42.6 % 28.0 % 48.0 % 24.0 %
H.– Domicilio familiar en condiciones
precarias 45.0 % 35.0 % 45.0 % 20.0 %
I.– Desempleo 30.2 % 50.0 % 21.4 % 28.6 %
J.– Problemas en manejo de economía
familiar 43.5 % 26.3 % 47.4 % 26.3 %
K.– Presencia de relaciones conflictivas
padres-hijos 56.5 % 13.8 % 31.0 % 55.2 %
L.– Presencia de conductas negligentes
hacia los hijos (excluido abandono) 61.9 % 20.7 % 44.8 % 34.5 %
M.– Presencia de problemas relacionados
con la planificación familiar 11.5 % 28.6 % 28.6 % 42.9 %
N.– Ignorancia sobre las características
evolutivas del niño y sus necesidades 72.1 % 22.2 % 58.3 % 19.4 %

389
Como ya se ha indicado, la evaluación de los resultados obtenidos por
los programas, en relación a los factores asociados a las situaciones de des-
protección, se ha visto dificultada tanto en el caso de las madres como en el
de los padres (aunque en menor medida en las primeras) debido a que no se
ha aportado la información suficiente.

Se han analizado catorce factores asociados a las situaciones maltratan-


tes con el objetivo de evaluar las modificaciones producidas en los mismos
tras la finalización de la intervención. Como se puede observar en las gráfi-
cas, la frecuencia de todos ellos al inicio del programa es elevada. Los más
frecuentes por orden de importancia en el caso de los padres, son los
siguientes:

– Relaciones de pareja conflictivas (78.1%).


– Ignorancia sobre las características evolutivas y las necesidades de los
hijos.(72.1%).
– Presencia de conductas negligentes hacia los hijos (61.9%).
– Falta de motivación para el cambio (61.3%).
– Ausencia de conciencia del problema (59.7%).
– Presencia de relaciones conflictivas padres-hijos (56.5%).

En el caso de las madres, los más frecuentes por orden de importancia


son:

– Ignorancia de las características evolutivas y las necesidades de los


hijos (74.4%).
– Relaciones de pareja conflictiva (72.8%).
– Problemas significativos en el bienestar psicológico (57.3%)
– Ausencia de conciencia de problema (54.9%)
– Problemas en el manejo de la economía familiar (54.9%).
– Problemas en la relación con la familia extensa (56.1%)

Comparando los resultados obtenidos en la evaluación inicial y final, se


observa un descenso en todas estas problemáticas, tanto en los padres como
en el caso de las madres. Tanto para el caso de las madres como de los
padres, los programas parecen más efectivos en la resolución de los proble-
mas de «relaciones conflictivas padres e hijos», y «problemas relacionados

390
con la planificación familiar». Los factores en los que los programas resultan
menos eficaces son aquellos relacionados con el bienestar psicológico de las
figuras parentales.

5.6. MODIFICACIONES DE LA SITUACIÓN DE LOS MENORES


EVALUACIÓN EVALUACIÓN
INICIAL FINAL
LUGAR DE RESIDENCIA N % N %
Domicilio familiar 158 80.2 151 77.8
Institución 24 12.2 28 14.4
Acogimiento en familia extensa 2 1.0 0 0.0
Acogimiento familiar 1 0.5 0 0.0
Familia extensa sin acogimiento 12 6.1 14 7.2
Adopción 0 0.0 1 0.5
TOTAL 197 100.0 194 99.9

* La diferencia del número de menores entre la evaluación inicial y la


evaluación final es debida a que a lo largo de la intervención, dos de los
menores fallecen (un niño minusválido de 14 años y una niña de 3 meses) y
un tercero cumple los 18 años de edad.

391
6. Conclusiones y
recomendaciones

6.1. SOBRE LA IMPLANTACIÓN DEL PROGRAMA DE APOYO A


FAMILIAS

1. Se considera que la iniciativa de implantar un Programa de Apoyo


a Familias estaba en el momento de sus inicios, y sigue estando en
la actualidad, absoluta y adecuadamente justificada. Se aprecia que
la implantación de los tres primeros programas responde a unas
necesidades concretas de nuevos recursos que son detectadas opor-
tunamente por los profesionales y responsables de los Servicios de
Protección Infantil.

2. Se debe destacar el hecho de que la implantación de estos progra-


mas se realiza de manera relativamente temprana si se tiene en
cuenta el contexto nacional en el que se desarrollaba la protección
infantil en el año 1991. Se considera positivo el que a lo largo de
estos últimos cinco años se hayan implantado cuatro programas
más en otras provincias de la Comunidad Autónoma.

3. Las premisas de tipo jurídico-administrativo, teórico-técnico y refe-


rentes a la eficacia de los programas se consideran pertinentes. La
mayoría de ellas son muy adecuadas para contextualizar la puesta
en marcha del programa y se puede entender que han sido elabo-
radas a partir de un conocimiento actualizado del «estado de la
cuestión» en el ámbito de los programas de tratamiento familiar. Sin
embargo, puede ser necesario señalar una cierta dificultad en la
interpretación del concepto de «esfuerzos razonables». Se trata de
una transcripción de uno de los párrafos más ambiguos de la cita-

393
da Ley 21/87. El concepto de “esfuerzos razonables” resulta difícil
delimitar, operacionalizar y utilizar cuando se entiende como un
criterio para diagnosticar a una familia como irrecuperable. Es cier-
to que los programas de apoyo a familias sirven para garantizar que
en la mayoría de los casos se haya posibilitado a la familia la opor-
tunidad de corregir su situación con la utilización de los recursos
apropiados. No obstante, nunca se debe derivar de un fracaso de la
intervención, realizada la mayoría de las veces con no todos los
recursos ni conocimientos que pudieran necesitarse, el hecho de
que una familia sea «irrecuperable». Sí nos permite tener una cier-
ta seguridad de que, en la actualidad, y con los medios y conoci-
mientos que poseemos, no podemos mejorar la situación de una
determinada familia y el niño, en ciertos casos, debería ser integra-
do en otra familia.
4. Las precisiones que se realizan con respecto al tipo de casos que
son objeto de intervención en este Programa se consideran ade-
cuadas con respecto a los conceptos de «riesgo y gravedad» y
«reversibilidad potencial». No obstante, el poder llegar a conocer
con precisión dichas características de cada caso, siendo en la
mayoría de las ocasiones difícil, exige siempre un trabajo previo
muy importante en los servicios sociales de base y en los servicios
especializados de protección infantil. Se debe realizar una adecua-
da y completa investigación y evaluación de cada caso que permi-
ta poder establecer un pronóstico de los mismos. Esto implica que
buena parte de la eficacia de los programas de apoyo a familias está
condicionada por la calidad del trabajo previo realizado con cada
caso.
5. Se hace referencia en los textos de la implantación del Programa a
un «pronóstico que hace razonable considerar que existen ciertas
probabilidades de éxito». Es muy importante que los profesionales
posean la formación y la actualización suficiente como para poder
conocer una parte relevante de la información que proporcionan
las evaluaciones de los programas de tratamiento que se desarro-
llan en el contexto tanto nacional como internacional. La partici-
pación en Congresos y Reuniones de especialistas sobre el tema
puede permitir conseguir parte de estos objetivos. La propia eva-
luación del Programa de Apoyo a Familias de esta Comunidad debe
ir proporcionando a los profesionales un conocimiento cada vez

394
más real y pragmático del verdadero pronóstico de las diferentes
situaciones familiares relacionadas con la desprotección infantil.

6. Se aprecia una falta de referencia a una cuestión de gran relevan-


cia en la selección de los casos de tratamiento familiar: la volunta-
riedad u obligatoriedad de la participación de las familias en el pro-
grama.

7. Los objetivos generales y específicos se consideran adecuadamen-


te formulados, ya que permiten a cada subprograma un desarrollo
y concreción de los mismos, a la vez que hacen que el conjunto del
Programa adquiera evaluabilidad. Sería conveniente, no obstante,
la formulación de algún objetivo general que pueda ser claramen-
te objetivable y que esté relacionado con el impacto derivado de la
eficacia del Programa de Apoyo a Familias. En concreto, pudiera
considerarse que la puesta en marcha de este Programa debería
provocar una disminución del número de casos en los dispositivos
residenciales o un aumento en la derivación de casos desde los ser-
vicios sociales de base, etc.

8. Resulta evidente que los subprogramas van surgiendo en momen-


tos diferentes y que se gestionan a través de acuerdos con diferen-
tes organismos. Esto hace que sea esperable una importante hete-
rogeneidad en aspectos relevantes de la organización de los
recursos, en las orientaciones de la intervención, etc. Por otra parte,
los diferentes programas disponen de un nivel de experiencia dife-
rente. Todo ello hace que sea muy recomendable establecer cana-
les de comunicación mutua entre los profesionales de todos los
programas. Además de ello, el hecho de que los programas sean
gestionados a través de la colaboración con diferentes organismos
(públicos, en unos casos, y privados en otros) permite a los respon-
sables del Programa realizar una valoración diferencial de la efica-
cia y rentabilidad de las diversas formas de gestión.

9. Se aprecian diferencias importantes en cuanto a las características


geográficas de algunos programas. En una Comunidad como Casti-
lla y León, las diferencias con respecto a la condición de rural o
urbano de cada programa deben ser tenidas en cuenta a la hora de
la planificación de los recursos y de la misma evaluación de los
resultados.

395
10. Se debe resaltar lo negativo que resulta que los Programas que tra-
bajan con familias en este tipo de situación no dispongan de la
estabilidad precisa. Las dificultades de motivación de esta familias,
la inestabilidad y la dureza de estas intervenciones son evidentes.
Deben hacerse todos los esfuerzos posibles para evitar que un pro-
grama, que ha sido puesto en marcha y está trabajando con fami-
lias, desaparezca temporalmente o se encuentre en situación de
inseguridad e inestabilidad. Resulta recomendable no iniciar la
puesta en marcha de un programa de este tipo si no se tienen garan-
tías de que va a disponer de una estabilidad temporal mínima.

6.2. SOBRE LA POBLACIÓN ATENDIDA EN EL PROGRAMA

La lectura detallada de este apartado del Informe puede proporcionar


información de gran relevancia para conocer las características de las fami-
lias que son objeto de intervención y para poder mantener, adaptar, mejorar
o implantar recursos que sean coherentes con las necesidades que las fami-
lias y sus miembros individuales precisan.

1. El número de casos (150 familias y 338 niños) que han sido y están
siendo objeto de tratamiento debe ser considerado como muy
importante, tanto desde el punto de vista del impacto social que
implica, como del aprovechamiento y rendimiento de los recursos
humanos, materiales y económicos puestos en marcha. La actuali-
zación de este programa en el conjunto del sistema de protección
vigente en el conjunto del Estado unida al número de casos citados
debe considerarse también de forma muy positiva. Por otra parte, en
la medida en que los dispositivos de protección infantil (detección,
investigación, evaluación) vayan perfeccionando su funcionamien-
to es previsible que siga aumentando la demanda de recursos de
apoyo a familias que requieren tratamiento alternativo a la separa-
ción de los menores.

2. Las tipologías de malos tratos y desprotección infantil con las que


se trabaja reflejan nuevamente la importancia y relevancia de los
recursos puestos en marcha. En términos generales coincide con lo
que suele ser frecuente en el conjunto de los programas de trata-
miento de los servicios de protección infantil. Unicamente, se ha
considerado relevante la alta tasa de situaciones de maltrato y

396
abandono emocional que se encuentra condicionada por la diver-
sidad de criterios para su definición y por la dificultad para demos-
trar su existencia. También se ha destacado la alta tasa de casos
denominados como de «Incapacidad de control de la conducta de
los hijos» y de «alto-riesgo». La primera de ellas suele utilizarse en
casos en los que no se puede precisar la presencia de malos tratos
y en los que padres con niños relativamente mayores (más de 11
años) se definen como incapaces de hacerse cargo de todos los pro-
blemas que presentan estos niños. Se trata de un tipo de casos que
están apareciendo de forma muy habitual en los servicios de pro-
tección infantil. No obstante, quizá en el proceso de evaluación
que se ha llevado a cabo en este Programa, se ha entendido de dife-
rente manera esta tipología y esto ha provocado que aparezcan
importantes diferencias en algunos subprogramas. Sería importante
analizar esta cuestión en mayor detalle.
3. La mayoría de las variables demográficas (estado civil, nivel cultu-
ral, número de hijos, situación laboral, ingresos económicos, etc.),
que aparecen en los casos que se han estudiado en esta evaluación
son las habituales en las familias que suelen ser objeto de interven-
ción en protección infantil. Por tanto, se puede concluir que este
Programa está trabajando con el mismo tipo de familias que lo
hacen otros programas de tratamiento del resto del Estado, lo que
haría, en principio y desde este punto de vista, comparables los
resultados. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que la mayoría de
las característicaas observadas en estas familias constituyen una
permanente fuente de tensión ambiental y de aparición de proble-
mas cotidianos que hacen que la intervención se vea afectada por
ello. La coordinación de los servicios de apoyo familiar con los ser-
vicios sociales de base y con otros recursos sociosanitarios es
imprescindible.
4. En cuanto a los problemas psicosociales analizados en esta fami-
lias, se deben destacar los siguientes: (1) presencia de una alta tasa
de mujeres con historias infantiles de malos tratos y con problemas
emocionales, (2) presencia de una alta tasa de hombres con pro-
blemas de alcoholismo y (3) alta tasa en todos los sujetos de pro-
blemas de tipo relacional y de aislamiento (con la pareja y con la
familia extensa). Los recursos de tratamiento deben tener en cuen-
ta este tipo de problemas, para adaptar sus recursos a los mismos

397
y mejorar la eficiencia del programa. Es importante tener en cuen-
ta que los problemas emocionales de muchas de las mujeres sue-
len asociarse a sintomatología depresiva, de ansiedad, baja auto-
estima, etc. y que requieren una intervención basada en el
desarrollo de habilidades sociales, de manejo del entorno y de
mejora de la integración social. Los problemas de alcoholismo de
los padres requieren también de recursos especializados. Más rele-
vante es la existencia de los problemas de tipo relacional, que
afectan tanto a hombres como mujeres y a las familias en conjun-
to. Este dato coincide con lo que se ha observado en otros progra-
mas de tratamiento familiar. Parece claro que estos programas tie-
nen que trabajar con sujetos en los que existe una generalizada
falta de habilidad para crear una red de relaciones personales posi-
tivas y para resolver de manera adaptativa conflictos interpersona-
les. Esto se manifiesta tanto en los problemas que tienen con sus
hijos como con otros adultos tanto de su propia familia como de la
red social externa. Probablemente la mera integración en redes
sociales no sea suficiente sin un trabajo intenso de mejora de la
capacidad de los sujetos en la resolución de los conflictos inter-
personales.

5. Se valora positivamente el esfuerzo del Programa por la evaluación


individualizada de la conciencia que cada familia tiene de los pro-
blemas de desprotección infantil y de la motivación llevar a cabo
actividades dirigidas a cambiar su situación. Todos los trabajos
señalan que se trata de variables de un gran valor pronóstico para
el éxito de la intervención. Se debe mantener el interés del Progra-
ma por desarrollar recursos y actividades dirigidas a generar esta
conciencia de problema y motivación para el cambio en las fami-
lias.

6. El tiempo de permanencia de las familias en los servicios sociales,


previo a la entrada en el programa, es en algunos casos excesiva-
mente elevado. Es razonable y esperable este dato en la medida en
que se trata de programas que han aparecido recientemente y que
recogen familias con una larga historia de dependencia en los ser-
vicios sociales. Este dato tiene que ser tenido en cuenta en la eva-
luación de resultados de cada caso, ya que la cronicidad de este
tipo de situaciones empeora el pronóstico.

398
7. Se detectan también importantes diferencias entre los subprogra-
mas en la fuente que remite y deriva el caso al Programa. En algu-
nos casos predominan los servicios sociales de base y en otros el
servicio de protección infantil. Unicamente es conveniente resaltar
la posibilidad de que existan diferencias importantes entre los casos
remitidos por diferentes fuentes en aspectos como (1) la precisión
de la investigación y evaluación realizada, (2) la gravedad de la
situación de malos tratos y (3) la disposición, voluntariedad y reco-
nocimiento del problema que presenta la familia.

6.3. SOBRE LA EVALUACIÓN DE LOS RECURSOS Y LAS ACTIVIDADES


DEL PROGRAMA

1. Es conveniente mejorar y clarificar la utilización de criterios de cla-


sificación de las diferentes formas de presentación de las situacio-
nes de desprotección infantil. Se detecta una cierta falta de homo-
geneidad entre los diferentes subprogramas, que dificulta la
comparación de los mismos en aspectos básicos de la evaluación.
Lo mismo ocurre con los criterios de inclusión y exclusión de las
familias del programa. Se debe fomentar un trabajo de discusión
dirigido a homogeneizar dichos criterios.

2. De la misma manera es muy importante desarrollar un proceso de


trabajo dirigido a la mejora y a la homogeneización de los objeti-
vos generales y específicos de cada subprograma. La evaluación de
los resultados debe siempre hacer referencia a los objetivos previs-
tos y estos deben ser, en la medida de lo posible, traducibles en
indicadores medibles de manera comparable y contrastada entre
los diferentes subprogramas.

3. En cuanto a los recursos externos con los que cuenta el Programa,


parece que la cuestión más relevante es la de la fluidez de la rela-
ción que se establezca con cada uno de ellos. Si se tienen en cuen-
ta las características sociodemográficas de las familias, es evidente
que se trata de casos que requieren una atención global y perme-
nente de muy diversos recursos sociales. La coordinación de los
mismos con el programa de apoyo y la utilización contingente de
los recursos sociales concretos puede ser un recurso de gran efica-
cia con muchos de los casos.

399
4. Los recursos con los que cuentan cada uno de los subprogramas
son relativamente limitados. El volumen de casos y la gravedad de
las situaciones concretas tratadas hace entender que estos recursos
puedan encontrarse muy cerca del límite de sus posibilidades de
desarrollar una intervención eficaz. Desde el punto de vista cuali-
tativo, se considera que los recursos que se utilizan difieren entre
cada uno de los subprogramas en algunos aspectos importantes. Se
recomienda un trabajo de homogeneización en cuanto a las dife-
rentes orientaciones teóricas, la organización jerárquica y la distri-
bución de funciones de los equipos, y las actividades de los super-
visores y de los trabajadores familiares. En términos generales, y de
manera particular en alguno de los subprogramas, se puede afirmar
que los recursos están excesivamente inclinados hacia una orienta-
ción de tipo clínico y terapéutico, adoleciendo de la necesaria ade-
cuación a los modelos de intervención sociocomunitarios. Por últi-
mo, se recomienda reorganizar la forma de trabajo y contratación
de los profesionales, en particular de los trabajadores familiares. Es
importante, en términos generales, que estos programas y sus pro-
fesionales tengan un grado máximo de estabilidad, de manera que
se pueda trabajar con las familias partiendo de planificaciones rea-
lizadas a medio o largo plazo. Por otra parte, puede ser conve-
niente analizar las posibles ventajas de la contratación a media jor-
nada de los trabajadores familiares, ya que la dedicación completa
a esta función pudiera no estar indicada en términos generales.
Dado que cada familia tiene unas características particulares (edad,
sexo, actitudes, etc.), que exigen un tipo de relación diferente con
el trabajador familiar, se recomienda la adopción de alguna fórmu-
la de trabajo que permita aumentar las posibilidades de empareja-
miento y adecuación de los trabajadores familiares a cada situación
familiar.

6.4. SOBRE LA EVALUACIÓN DE LOS RESULTADOS DEL PROGRAMA

1. La valoración general de los resultados obtenidos con el conjunto


de las familias se considera positiva y coincidente con lo que se
considera habitual en los programas de apoyo familiar tanto en el
ámbito nacional como internacional. Aproximadamente la mitad
de los casos tratados han experimentado una mejoría general de su

400
situación, al haberse alcanzado de manera total o parcial los obje-
tivos planteados. Dadas las características generales de estas fami-
lias y las dificultades de los problemas que presentaban, la eficacia
del programa resulta adecuada. No obstante, debe señalarse que se
trata de una evaluación basada en información proporcionada por
los propios responsables de los programas. Para mejorar la validez
interna de la evaluación de los resultados sería conveniente que en
el futuro se establezcan sistemas de contraste externos al programa.
2. Con respecto a las tipologías tratadas los resultados presentan algu-
nas cuestiones que deberían ser analizadas en profundidad por los
responsables de los programas. Los resultados obtenidos con los
casos de Abandono Físico son mejores que lo que se suele obser-
var en las revisiones de este tipo de programas. En general, las fami-
lias negligentes tienen una serie de características que parecen
resultar de una más difícil modificación y que tiende a cronificar su
situación. Sería interesante analizar en detalle la gravedad y croni-
cidad de las familias negligentes tratadas en este Programa, de cara
a comparar los resultados con los de otros programas similares.
Otro dato importante que debe ser analizado es el relativo a los
escasos resultados positivos obtenidos con las familias con tipolo-
gías menos definidas («incapacidad parental de control» y «alto
riesgo»).
3. Es muy importante realizar un análisis en detalle de los resultados
obtenidos con cada uno de los objetivos planteados en lo que se
han denominado «factores asociados». Una lectura detallada de
estos datos puede ser útil para conocer la eficacia diferencial de los
programas en cada uno de los aspectos problemáticos que presen-
tan estas familias. Algunos apuntes serían los siguientes: (1) en un
tercio de los casos no se ha podido obtener ningún cambio en la
conciencia del problema, (2) en los casos en los que se presenta un
problema de alcoholismo, los resultados no han sido positivos en
cuanto a su desaparición, (3) la modificación de los problemas
emocionales de las familias no puede ser considerada como sufi-
ciente y debe intentar mejorarse la intervención ante este tipo de
problemas, (4) pueden ser considerados positivos los resultados
obtenidos en la mejora de los problemas de relación de pareja, (5)
en los problemas de aislamiento social de las familias (madres espe-
cialmente) no han sido resueltos de manera suficiente y debe hacer-

401
se más énfasis en la valoración de cada una de las situaciones par-
ticulares que generan aislamiento social y en la utilización de
recursos que afronten dichos problemas.
4. El Programa de apoyo a familias puede ser considerado como un
programa que tiene como objetivo central mantener a los menores
en el núcleo familiar, es decir, evitar la separación familiar, mejo-
rando la atención, la seguridad y la integridad psicológica y física
de los niños en su propia familia. La lectura de los resultados refe-
rentes a esta cuestión permite valorar de manera muy positiva los
resultados de este programa, ya que en la inmensa mayoría de los
casos de niños que vivían con sus padres esta situación se ha podi-
do mantener una vez finalizado el programa. Se puede hipotetizar
que un porcentaje (difícil de determinar) de estos niños hubieran
debido ser institucionalizados en caso de no haberse llevado a
cabo esta intervención.
5. Por último, se tiene que hacer constar que no se ha podido realizar
una evaluación del seguimiento de estas familias tras un periodo
mínimo de tiempo posterior a la finalización de la intervención.
Este tipo de familias, a pesar de que mejoren su situación durante
un periodo de tratamiento, deben ser consideradas como perma-
nentemente vulnerables a sufrir «recaídas». En ese sentido, resulta
muy importante mantener un control posterior de las mismas a tra-
vés de los servicios sociales, no solo para garantizar el futuro bie-
nestar de los niños, sino, en el caso que nos ocupa, para poder
tener una evaluación rigurosa de los resultados obtenidos a medio
y largo plazo.

402
anexo I
Características de los casos dados
de baja

1. DISTRIBUCIÓN DE LOS CASOS EN LOS SUBPROGRAMAS

FAMILIAS HIJOS
N % N %
AYTO. DE ÁVILA 28 32.9 45 22.8
SEGOVIA 29 34.1 82 41.6
ZAMORA 03 3.5 05 2.5
GUARDO 09 10.6 21 10.7
BURGOS 08 9.4 24 12.2
VALLADOLID 08 9.4 20 10.2
85 100.0 197 100.0

Como se puede apreciar en la tabla, en este caso sólo se incluyen los


datos de seis de siete de las localidades. Esto es debido a que en el caso de
la Diputación de Ávila no existen datos de familias que hayan sido dadas de
baja.

2. TIPOLOGÍAS DE SITUACIONES DE DESPROTECCIÓN

a. Casos de Abandono Físico en los que también existe como compo-


nente principal Maltrato y/o Abandono Emocional (AF+ME/AE).

405
AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
AF
+ 28.2 % 4.3 % 44.4 % 0.0 % 66.7 % 25.0 % 12.5 %
ME/AE

b. Casos de Maltrato Emocional y/o Abandono Emocional.

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
ME/AE 16.7 % 30.4 % 7.4 % 0.0 % 11.1 % 25.5 % 12.5 %

c. Casos de Maltrato Físico, Abandono Físico, Maltrato Emocional y/o


Abandono Emocional.

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
MF +
AF + 16.7 % 4.3 % 7.4 % 0.0 % 22.2 % 37.5 % 62.5 %
ME/AE

d. Casos de Alto Riesgo.

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
AR 14.1 % 34. 8 % 11.1 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %

e. Casos de Abandono Físico.

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
AF 10.3 % 8.7 % 14.8 % 33.3 % 0.0 % 12.5 % 0.0 %

406
f. Casos de Incapacidad de los padres para controlar la conducta de
los hijos.

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
IP 7.7 % 8.7 % 7.4 % 66.7 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %

g. Casos de Maltrato Físico asociado a Maltrato Emocional y/o Aban-


dono Emocional.

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
MF
+ 2.6 % 0.0 % 7.4 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
ME/AE

h. Casos de Maltrato Físico asociado a Abandono Físico.

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
MF/AF 2.6 % 4.3 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 12.5 %

i. Casos de Maltrato Físico.

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
MF 1.3 % 4.3 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %

407
3. CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DE LAS FAMILIAS

3.1. Edad de las madres y de los padres

– Media de edad de las madres: 35.4


(Rango: 18-57)
– Media de edad de los padres: 40.1
(Rango: 20-58)

3.2. Estado Civil


AYTO. DE
TOTAL ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
Casados 59.5 % 64.3 % 65.5 % 0.0 % 44.4 % 42.9 % 62.5 %
Separ/ 21.4 % 25.0 % 13.8 % 33.3 % 22.2 % 28.6 % 25.0 %
Divor
En pareja 9.5 % 7.1 % 10.3 % 33.3 % 11.1 % 14.3 % 0.0 %
Viudedad 4.8 % 3.6 % 0.0 % 33.3 % 11.1 % 0.0 % 12.5 %
Madre 4.8 % 0.0 % 10.3 % 0.0 % 11.1 % 14.3 % 0.0 %
soltera

3.3. Nivel cultural de los padres y de las madres


AYTO. DE
TOTAL
PADRES ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
No lee 7.8 % 4.0 % 10.5 % 0.0 % 0.0 % 25.0 % 16.7 %
ni escribe
Estudios 68.8 % 52.0 % 84.2 % 66.7 % 100.0 % 75.0 % 50.0 %
primarios
E.G.B. 12.5 % 28.0 % 5.3 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
F.P. 1.6% 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 16.7 %
Bachillerato 7.8 % 12.0 % 0.0 % 33.3 % 0.0 % 0.0 % 16.7 %
Es. Uni. 1.6 % 4.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
Medios
Es. Uni. 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
Superiores

408
AYTO. DE
TOTAL ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS
VALLADOLID
MADRES
No lee 15.4% 10.7 % 17.4 % 0.0 % 11.1 % 37.5 % 12.5 %
ni escribe
Estudios
61.5% 46.4 % 69.6 % 100.0 % 77.8 % 62.5 % 62.5 %
primarios
E.G.B. 15.4% 32.1 % 8.7 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 12.5 %
F.P. 0.0% 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
Bachillerato 5.1% 10.7 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 12.5 %
Es. Uni.
1.3% 0.0 % 0.0 % 0.0 % 11.1 % 0.0 % 0.0 %
Medios
Es. Uni.
1.3% 0.0 % 4.3 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
Superiores

3.4. Situación laboral de los padres y de las madres

AYTO. DE
TOTAL
PADRES ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
Empleo 39.1 % 50.0 % 37.5 % 33.3 % 0.0 % 28.6 % 50.0 %
fijo
Contrato
24.6 % 20.8 % 29.2 % 66.7 % 0.0 % 14.3 % 33.3 %
temporal
Trab.
14.5 % 16.7 % 4.2 % 0.0 % 20.0 % 42.9 % 16.7 %
esporádicos
Desempleo 13.0 % 8.3 % 16.7 % 0.0 % 40.0 % 14.3 % 0.0 %
Ama
0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
de casa
Jubilado/
5.8 % 0.0 % 12.5 % 0.0 % 20.0 % 0.0 % 0.0 %
pensionista
Depend.
2.9 % 4.2 % 0.0 % 0.0 % 20.0 % 0.0 % 0.0 %
de S.S.

409
AYTO. DE
TOTAL ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS
VALLADOLID
MADRES
Empleo 9.8 % 10.7 % 17.9 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
fijo
Contrato
6.1 % 10.7 % 3.6 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 12.5 %
temporal
Trab.
19.5 % 21.4 % 17.9 % 50.0 % 12.5 % 25.0 % 12.5 %
esporádicos
Desempleo 12.2 % 7.1 % 14.3 % 0.0 % 25.0 % 0.0 % 25.0 %
Ama
34.1 % 39.3 % 35.7 % 50.0 % 37.5 % 0.0 % 37.5 %
de casa
Jubilado/
6.1 % 3.6 % 7.1 % 0.0 % 12.5 % 12.5 % 0.0 %
pensionista
Depend.
12.2 % 7.1 % 3.6 % 0.0 % 12.5 % 62.5 % 12.5 %
de S.S.

3.5. Profesión de los padres y de las madres

AYTO. DE
TOTAL
PADRES ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
Dr. de 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
empresa
Persal.
0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
Admón.
Técnico 9.9 % 12.5 % 4.2 % 0.0 % 14.3 % 14.3 % 16.7 %
T. cuali-
8.5 % 20.8 % 4.2 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
ficado
T. semi-
12.7 % 12.5 % 16.7 % 33.3 % 0.0 % 0.0 % 16.7 %
cualificado
T. no
50.7 % 37.5 % 50.0 % 66.7 % 57.1 % 71.4 % 66.7 %
cualificado
Depend.
18.3 % 16.7 % 25.0 % 0.0 % 28.6 % 14.3 % 0.0 %
de S.S.

410
AYTO. DE
TOTAL ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS
VALLADOLID
MADRES
Dr. de 1.2 % 0.0 % 3.6 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
empresa
Persal.
0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
Admón.
Técnico 3.6 % 0.0 % 7.1 % 0.0 % 11.1 % 0.0 % 0.0 %
T. cuali-
1.2 % 0.0 % 3.6 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
ficado
T. semi-
6.0 % 10.7 % 3.6 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 12.5 %
cualificado
T. no
16.9 % 21.4 % 14.3 % 50.0 % 0.0 % 25.0 % 12.5 %
cualificado
Depend.
71.1 % 67.9 % 67.9 % 50.0 % 88.9 % 75.0 % 75.0 %
de S.S.

3.6. Nivel de ingresos

AYTO. DE
TOTAL ÁVILA SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
< de 16.3 % 14.3 % 8.0 % 0.0 % 12.5 % 50.0 % 25.0 %
500.000
500.000-
33.8 % 21.4 % 40.0 % 100.0 % 50.0 % 12.5 % 37.5 %
1.000.000
1.000.000-
31.3 % 42.9 % 28.0 % 0.0 % 0.0 % 37.5 % 37.5 %
2.000.000
2.000.000-
16.3 % 21.4 % 16.0 % 0.0 % 37.5 % 0.0 % 0.0 %
3.000.000
> de
2.5 % 0.0 % 8.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
3.000.000

411
3.7. Número de hijos

Media de número de hijos: 3.03


(Rango: 1-8)

3.8. Edad y sexo de los hijos

Media de edad de los hijos: 9.06 años


(Rango: 1-17)

– Niños: 56.5 %
– Niños: 43.5 %

3.9. Escolarización

Niños escolarizados: 90.5%

3.10. Situación del Niño

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
Domicilio 80.5 % 88.9 % 84.7 % 0.0 % 76.2 % 83.3 % 65.0 %
familiar
Institución 12.0 % 8.9 % 12.9 % 80.0 % 4.8 % 0.0 % 20.0 %
Acog. fam. 1.0 % 2.2 % 1.2 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %
extensa
Acog. 0.5 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 4.2 % 0.0 %
familiar
Fam. ext. 6.0 % 0.0 % 1.2 % 20.0 % 19.0 % 12.2 % 15.0 %
sin acog.
Adopción 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 % 0.0 %

412
4. PROBLEMAS PSICOSOCIALES DE LAS FIGURAS PARENTALES
% PADRES % MADRES
– Historia de Malos tratos 9.7 24.4
– Institucionalización en la infancia 6.8 13.3
– Alcoholismo 33.3 8.4
– Toxicomanías 8.3 2.4
– Enfermedad Física 11.1 13.3
– Incapacidad Física 6.9 2.4
– Trastorno Psíquico 6.9 8.4
– C.I. Límite 4.2 7.2
– Trastorno Emocional 16.7 54.2
– Delincuencia 8.3 6.0

4.1. Relaciones interpersonales y sociales


% FAMILIAS
– Problemas en la relación conyugal 75.3
– Conflicto con la familia extensa 56.6
– Aislamiento social 47.6

4.2. Dificultades económicas


% FAMILIAS
– Dificultades económicas graves 28.0 %
– Dificultades económicas moderadas 50.0 %

5. PROBLEMAS PSICOSOCIALES EN LOS HIJOS


% NIÑOS
– Delincuencia 5.5 %
– Enfermedad física 4.6 %
– Incapacidad física 2.0 %
– Trastornos psíquicos 1.0 %
– C.I. límite 2.0 %
– Trastornos emocionales 12.2 %

413
6. FACTORES ASOCIADOS A LA SITUACIÓN DE DESPROTECCIÓN

6.1. Conciencia de problema y motivación para el cambio

% MADRES % PADRES
– Ausencia de conciencia de problema 54.9 % 59.7 %
– Falta de motivación para el cambio 53.7 % 61.3 %

6.2. Presencia de alcoholismo/adicciones

% MADRES % PADRES
– Alcoholismo/adicciones 14.8 % 40.6 %

6.3. Problemas significativos en el bienestar psicológico

% MADRES % PADRES
– Problemas en bienestar psicológico 57.3 % 39.7 %

6.4. Relaciones interpersonales y sociales

% MADRES % PADRES
– Relación de pareja conflictiva 72.8 % 78.1 %
– Problemas con la familia extensa 56.1 % 46.8 %
– Aislamiento social 47.5 % 42.6 %

6.5. Condiciones del domicilio familiar

% MADRES % PADRES
– Domicilio familiar en condiciones 44.4 % 45.0 %
precarias

414
6.6. Situación laboral

% MADRES % PADRES
– Desempleo 46.3 % 30.2 %

6.7. Manejo de la economía familiar

% MADRES % PADRES
– Problemas en el manejo de la economía 54.9 % 43.5 %
familiar

6.8. Planificación familiar

% MADRES % PADRES
– Problemas relacionados con la 15.9 % 11.5 %
planificación familiar

6.9. Dificultades en la relación con los hijos y en su educación

% MADRES % PADRES
– Relaciones conflictivas padres/hijos 50.6 % 56.5 %
(excluido maltrato)
– Conductas negligentes hacia los hijos 48.1 % 61.9 %
(excluido abandono físico)
– Ignorancia de las características 74.4 % 72.1 %
evolutivas del niño y sus necesidades

6.10. Historia de infancia en los padres/madres

% MADRES % PADRES
– Historia de malos tratos 23.5 % 6.6 %
– Rechazo emocional en la infancia 22.2 % 11.7 %
– Historia de disarmonía y ruptura familiar 14.8 % 8.3 %
– Institucionalización en la infancia 8.5 % 3.3 %

415
7. REMITENTE

AYTO. DE
TOTAL SEGOVIA ZAMORA GUARDO BURGOS VALLADOLID
ÁVILA
% % % % % % %
Servicios Sociales 67.9 71.4 7.1 0.0 0.0 0.0 62.5
de Base
Junta de
Protección 32.1 28.6 92.9 100.0 100.0 100.0 37.5
de Menores

416
anexo II
Formularios de
recogida de información

DESCRIPCIÓN DEL PROGRAMA

PROGRAMA DE APOYO A FAMILIAS

1. ORGANIZACIÓN/IMPLEMENTACIÓN DEL PROGRAMA

1.1. Población atendida


1.1.1. Tipologías atendidas
1.1.2. Criterios de inclusión
1.1.3. Criterios de exclusión

1.2. Procedencia de los casos (rodear con un círculo)


a) Servicios Sociales de Base
b) Colegios/Guarderías
c) Servicios Pediátricos
d) Justicia

419
1.3. Secuenciación y temporalización
1.3.1. Fase inicial
Duración (en semanas) ………

Objetivos:
1.3.2. Fase de intervención
Duración (en semanas) ………

Objetivos:
1.3.3. Fase de seguimiento
Duración (en semanas) ………

Objetivos:

1.4. Objetivos del Programa


1.4.1. Objetivos generales
1.4.2. Objetivos específicos

1.5. Tiempo que dura la intervención


a) Menos de un mes
b) 1-3 meses
c) 4-6 meses
d) 7-12 meses
e) 1-2 años
f) Más de dos años

2. RECURSOS DEL PROGRAMA

2.1. Recursos internos (Listar los recursos propios del Programa)


2.1.1. ………………………………………………………

2.1.2. ………………………………………………………

2.1.3. ………………………………………………………

2.1.4. ………………………………………………………

420
2.2. Recursos externos

RECURSOS SÍ NO

Guarderías
Otras áreas de Servicios Sociales
Instituciones de acogida de menores
Escuela
Equipos Multiprofesionales (M.E.C.)
Servicio de Pediatría
Centros de Salud Mental
Servicios de tratamiento específico (alcoholismo, toxicomanías)
Policía
Justicia
Instituciones asistenciales
Asociaciones de tiempo libre para adultos y/o niños
Otras asociaciones ciudadanas
Otros (señalar):

3. RECURSOS PERSONALES DEL PROGRAMA

3.1. Supervisor de Caso

3.1.1. Número de Supervisores de Caso ………

421
3.1.2. Titulación de los Supervisores de Caso:
Ldo. Psicología (señalar número) ………

Ldo. Pedagogía (señalar número) ____


Diplomado Trabajo Social (señalar número) ………

Otros (señalar número):


……………………………… ………

……………………………… ………

3.1.3. Formación de los Supervisores de Caso:


Formación en Protección Infantil (señalar número) ………

Formación en Violencia Familiar (señalar número) ………

Formación en Psicología Clínica:


Terapia Familiar (señalar número) ………

Terapia Individual (señalar número) ………

Otra formación (señalar tipo y número):


……………………………… ………

……………………………… ………

Sin formación específica (señalar número) ………

¿Existe posibilidad de participar en actividades de formación


continuada? (En caso afirmativo, señalar; tipo, duración y fre-
cuencia)
Familiaridad con la literatura profesional (publicaciones periódi-
cas, libros... Señalar cuales):

3.1.4. Experiencia Profesional (rodear con un círculo. Señalar número


de Supervisores y estancia media)
a) En Servicios Sociales ……… ………

b) En Servicios de Protección Infantil ……… ………

422
c) Otros señalar:
……………………………… ………

……………………………… ………

Número medio de años en el Programa de Apoyo a Familias de


los Supervisores de Caso ………

3.1.5. Aspectos organizativos


a) Tipo de contratación (rodear con un círculo. Señalar número)
* Fijo ………

* Temporal ………

* Indefinido ………

b) Número de horas/semana asignadas a cada Supervisor por


familia ………
c) Calendario/horario ………

d) Disponibilidad/Flexibilidad
e) Número máximo de familias asignadas a cada Supervisor de
Caso ………
f) Número de Trabajadores Familiares asignados a cada Supervi-
sor de Caso ………

3.1.6.Funciones asignadas a cada Supervisor de Caso (señalar cuáles)

3.2. Trabajador Familiar

3.2.1. Número de Trabajadores Familiares ………

3.2.2. Titulación de los Trabajadores Familiares:


Ldo. Psicología (señalar número) ………

Ldo. Pedagogía (señalar número) ………

Diplomado Trabajo Social (señalar número) ………

423
Otros (señalar número):
……………………………… ………

……………………………… ………

……………………………… ………

3.2.3. Formación de los Trabajadores Familiares:


Formación en Protección Infantil (señalar número) ………

Formación en Violencia Familiar (señalar número) ………

Formación en Psicología Clínica:


Terapia Familiar (señalar número) ………

Terapia Individual (señalar número) ………

Otra formación (señalar tipo y número):


……………………………… ………

……………………………… ………

……………………………… ………

Sin formación específica (señalar número) ………

¿Existe posibilidad de participar en actividades de formación conti-


nuada? (En caso afirmativo, señalar; tipo, duración y frecuencia)
Familiaridad con la literatura profesional (publicaciones periódicas,
libros... Señalar cuales):

3.2.4. Experiencia Profesional (rodear con un círculo. Señalar número


de Supervisores y estancia media)
a) En Servicios Sociales ……… ………

b) En Servicios de Protección Infantil ……… ………

c) Otros señalar:
……………………………… ………

……………………………… ………

……………………………… ………

424
Número medio de años en el Programa de Apoyo a Familias de
los Trabajadores Familiares ………

3.2.5. Aspectos organizativos


a) Tipo de contratación (rodear con un círculo. Señalar número)
* Fijo ………

* Temporal ………

* Indefinido ………

b) Número de horas/semana asignadas a cada Trabajador Fami-


liar por familia ………
c) Calendario/horario ………

d) Disponibilidad/Flexibilidad ………

e) Número máximo de familias asignadas a cada Trabajador


Familiar ………

3.2.6. Funciones asignadas al Trabajador Familiar (señalar cuáles)

4. CARACTERÍSTICAS DE LA LABOR DEL SUPERVISOR DEL CASO

4.1. Supervisión del Trabajador Familiar


4.1.1. Objetivos
4.1.2. Frecuencia
4.1.3. Duración de cada Supervisión
4.1.4. Lugar donde se realizan

4.2. Toma de decisiones


4.2.1. Tipo de decisiones
4.2.2. Carácter de las mismas
– Individual
– Grupal

425
4.2.3. Reuniones del equipo de intervención

a) Objetivos

b) Frecuencia

c) Profesionales del programa que participan en las mismas

4.2.4. Reuniones con la familia

a) Objetivos

b) Frecuencia

c) Lugar donde se desarrolla

4.2.5. Existencia de Supervisor Externo

a) Formación

b) Frecuencia

c) Objetivos

5. CARACTERÍSTICAS DE LA LABOR DEL TRABAJADOR FAMILIAR

5.1. Frecuencia de las sesiones (rodear con un círculo)

a) Semanal

b) Quincenal

c) Mensual

d) Otra (señalar) ………

5.2. Duración de cada sesión (señalar en minutos) ………

426
6. DESCRIPCIÓN DE ACTIVIDADES (VER ANEXO)

OBJETIVO LOCALIZACIÓN PROFESIONAL ESTRATEGIA FOCO

427
ANEXO

Objetivos
a) Apoyo emocional
b) Incremento de las habilidades parentales
c) Habilidades de estimulación hacia el niño
d) Cuidados médicos
e) Nutrición
f) Desarrollo social
g) Estimulación del lenguaje
h) Apoyo escolar
i) Autocontrol
j) Disciplina
k) Respuestas ante la conducta infantil
l) Habilidades de comunicación e interacción
m) Cuidado físico infantil
n) Corrección de expectativas parentales inadecuadas
ñ) Enseñanza de habilidades de cuidados físicos infantiles
o) Incremento de las interacciones positivas
p) Manejo de problemas infantiles
q) Utilización de técnicas de manejo de la conducta infantil
r) Técnicas disciplinarias alternativas al castigo físico
s) Habilidades de comunicación y negociación
t) Control de los impulsos agresivos
u) Habilidades de enfrentamiento al estrés
v) Técnicas de relajación
w) Técnicas de resolución de problemas
x) Enseñanza de habilidades de comunicación

428
y) Incremento de interacciones verbales positivas madre-hijo
z) Enseñanza de habilidades para la estimulación del niño

Localización
a) Centradas en el domicilio familiar
b) Centradas en el Programa
c) Otros (señalar)

Profesional
a) Trabajador Familiar/Educador Familiar
b) Supervisor del Caso
c) Servicio de Ayuda domiciliaria (Ayuda menajera)
d) Otros (señalar)

Estrategia
a) Provisión de materiales
b) Indicaciones a los padres
c) Modelado
d) Apoyo
e) Ofertar recursos
f) Técnicas de negociación
g) Ofrecimiento de conocimientos a cerca del desarrollo físico
h) Otros (señalar)

Foco de la intervención
a) Padre
b) Madre
c) Diada parental
d) Pareja
e) Padres-hijos
f) Familia extensa

429
Nº caso ………

INFORME INICIAL

CASOS REMITIDOS AL SERVICIO

CÓDIGO ………………

430
Nº caso ………

Identificación del caso

Localidad ................................................................................................................................................

Fecha de remisión del caso .........................................................................................................

Remitente (Rodear con un círculo)

1. Servicio de Evaluación y Diagnóstico


2. Servicio de Guarda
3. Otros (Especificar) ........................................................................................

Tipo de maltrato (Señalar con una cruz la casilla adecuada)

TIPOLOGÍA ACTUAL PASADO SOSPECHA


Maltrato físico
Abandono físico
Maltrato emocional
Abandono emocional
Abuso sexual
Explotación laboral
Corrupción
Incapacidad parental de control
de la conducta del/los/as niño/a/s
Alto - Riesgo
Otros (Señalar):

431
Nº caso ………

TIPO ACTUAL/
HIJOS CATEGORÍA PERPETR.
MALTRATO PASADO

HIJO N.º 1
AÑOS

HIJO N.º 2
AÑOS

HIJO N.º 3
AÑOS

HIJO N.º 4
AÑOS

HIJO N.º 5
AÑOS

HIJO N.º 6
AÑOS

HIJO N.º 7
AÑOS

HIJO N.º 8
AÑOS

HIJO N.º 9
AÑOS

HIJO N.º 10
AÑOS

HIJO N.º 11
AÑOS

HIJO N.º 12
AÑOS

HIJO N.º 13
AÑOS

432
Nº caso ………

Datos sociodemográficos
Edad padre ....................................................... Edad madre ........................................................

Fecha de nacimiento ................................. Fecha de nacimiento ....................................

Procedencia geográfica
Padre ........................................................................................................................................

Madre .......................................................................................................................................

Estado civil (Rodear con un círculo)


1. Casados
2. Separados/Divorciados
3. En Pareja (Tiempo .....................................................................)
4. Viudedad
5. Madre soltera

Nivel cultural parental (Señalar con una X)

NIVEL CULTURAL PADRE MADRE


No sabe leer, ni escribir
Estudios primarios
Graduado Escolar, E.G.B.
Formación Profesional
Bachillerato
Est. Univ. Medios
Est. Univ. Superiores

Ingresos familiares (Rodear con un círculo)


1. < 500.000 ptas./año.
2. 500.000 - 1.000.000 ptas./año.
3. 1.000.000 - 2.000.000 ptas./año.
4. 2.000.000 - 3.000.000 ptas./año.
5. > 3.000.000 ptas./año.

433
Nº caso ………

Situación laboral parental (Señalar con una cruz la casilla adecuada)

SITUACIÓN LABORAL PADRE MADRE


Empleo fijo
Contratación temporal
Trabajos esporádicos
Desempleo
Ama de casa
Jubilado/Pensionista
Dependiente de Servicios Sociales

Profesión de los padres (Señalar con una cruz la casilla adecuada)

PROFESIÓN PADRE MADRE


Alto Ejecutivo, Propietario de grandes
empresas. Postgraduados
Director de empresa. Propietario
de medianas empresas. Profesionales
de titulación superior
Personal de Administración. Profesional
de titulación media (perito, maestro)
Propietario de pequeños negocios. Oficinista.
Trabajador de ventas. Técnicos
Trabajador cualificado (Encargado, Oficial)
Trabajador semicualificado (Ayudante, Auxiliar)
Trabajador no cualificado (Peón,
Conserje, Dependiente)
Personas económicamente dependientes
(Parados, Amas de casa, Beneficiarios
Ayudas Sociales)

Número de hijos ...........................................................................

434
Nº caso ………

Edad, sexo y escolarización/Desempleo

FECHA DE ESCOLARIZ./
HIJO EDAD SEXO
NACIMIENTO EMPLEO

HIJO 1

HIJO 2

HIJO 3

HIJO 4

HIJO 5

HIJO 6

HIJO 7

HIJO 8

HIJO 9

HIJO 10

435
Nº caso ………

Proceso previo del caso en los Servicios Sociales

Detección/Fecha del primer informe .........................................................

Servicios provistos

ORGANISMO DENOMINACIÓN
SERVICIOS SOCIALES RECEPTOR FECHAS
RESPONSABLE PROGRAMA

AYUDAS ECONÓMICAS
Esporádicas
Salario Social
SERVICIOS DE URGENCIA
Acogida
Servicios Médicos
AYUDA DOMICILIARIA
SERVICIOS
PSICOTERAPÉUTICOS
EDUCADOR FAMILIAR
SEGUIMIENTO
PROGRAMA MUNICIPAL
O TERRITORIAL
ASESORAMIENTO LEGAL
OTROS (Señalar)

436
Nº caso ………

SERVICIOS ORGANISMO DENOMINACIÓN


RECEPTOR FECHAS
COMUNITARIOS RESPONSABLE PROGRAMA

SALUD MENTAL
ALCOHÓLICOS
ANÓNIMOS
TOXICOMANÍAS
ESCUELA DE PADRES
OTROS (Señalar)

Situación de los miembros de la familia a la remisión del caso.


Personas que residen en el hogar familiar (Hogar del niño tomado como
referencia y donde reside al menos una figura parental).
1. Padre
2. Madre
3. Hijos (Número ....................)
4. Familia extensa (Señalar):
.....................................................
.....................................................
.....................................................

5. Otros (Señalar):
.....................................................
.....................................................
.....................................................

437
Nº caso ………

Residencia padre (Rodear con un círculo)


1. Hogar Familiar
2. Familia Extensa
3. Residencia particular
4. Residencia temporal (cárcel, psiquiátrico...) ...................................................
5. Otros .......................................................................................................................................

Residencia madre (Rodear con un círculo)


1. Hogar Familiar
2. Familia Extensa
3. Residencia particular
4. Residencia temporal (cárcel, psiquiátrico...) ...................................................
5. Otros .......................................................................................................................................

Residencia hijos

RESIDENCIA NÚMERO DE HIJOS

HOGAR FAMILIAR
FAMILIA EXTENSA SIN ACOGIMIENTO
FAMILIA EXTENSA CON ACOGIMIENTO
ACOGIMIENTO INSTITUCIONAL
ACOGIMIENTO FAMILIAR
ADOPCIÓN
OTROS (Señalar):

438
Nº caso ………

Historia parental (Señalar con una cruz la casilla correspondiente)

RESIDENCIA PADRE MADRE


HISTORIA DE MALOS TRATOS
SEPARACIONES / INSTITUCIONALIZACIONES

Factores de estrés familiar (Señalar con una cruz la casilla adecuada)

RESIDENCIA PADRE MADRE HIJOS


ALCOHOLISMO
TOXICOMANÍAS
ENFERMEDAD FÍSICA
CRÓNICA
ENFERMEDAD FÍSICA
PROLONGADA
INCAPACIDAD FÍSICA
OTROS (Señalar):

SALUD MENTAL (Diagnosticado) PADRE MADRE HIJOS


TRASTORNO PSÍQUICO
CRÓNICO
C.I. LÍMITE
PROBLEMAS EMOCIONALES
OTROS (Señalar):

439
Nº caso ………

ÁREA LABORAL PADRE MADRE HIJOS


Desempleo
CONDUCTA
ANTISOCIAL/DELINCUENCIA

SITUACIÓN ECONÓMICA SI NO
Dificultades económicas graves

Dificultades económicas moderadas

RELACIONES FAMILIARES

Conflicto Conyugal

Problemas relación con la familia extensa

AISLAMIENTO SOCIAL

440
Nº caso ………

Factores asociados

PADRE MADRE
FACTORES ASOCIADOS SI NO SI NO

Ausencia conciencia de problema


Falta de motivación para el cambio
Presencia de alcoholismo/Adicciones
Problemas significativos en el bienestar psicológico
Relación de pareja conflictiva
Problemas en la relación con la familia extensa
Aislamiento social
Domicilio familiar en condiciones precarias
Desempleo
Problemas en el manejo de la economía familiar
Presencia de problema específicos en los niños
Presencia de relaciones conflictivas padres-hijos
(excluido maltrato físico)
Presencia de conductas negligentes hacia los hijos
(excluido abandono físico)
Asunción de roles parentales por parte de los hijos
Presencia de problemas relacionados con
la planificación familiar
Ignorancia sobre las características evolutivas
del niño y sus necesidades
Hª de malos tratos/Desatención severa
Rechazo emocional durante la infancia
Hº de disarmonía y ruptura familiar
Hª de institucionalización durante la infancia

441
ANEXO

Tipología y gravedad del caso

A) MALTRATO FÍSICO
Definido como «cualquier acción no accidental por parte de los padres
o cuidadores que provoque daño físico o enfermedad en el niño o le colo-
que en grave riesgo de padecerlo».

* Indicadores físicos en el niño


– Magulladuras
– Quemaduras
– Fracturas
– Torceduras o dislocaciones
– Heridas o raspaduras
– Señales de mordeduras humanas
– Cortes o pinchazos
– Lesiones internas
– Fractura de cráneo, daño cerebral, hematoma subdural
– Asfixia o ahogamiento

* Requisitos para señalar su presencia


Para identificar la presencia de Maltrato Físico, ha de cumplirse al
menos uno de los siguientes requisitos:
1. En al menos una ocasión ha sido percibida la presencia de, como
mínimo, uno de los indicadores. Las lesiones físicas no son «norma-
les» en el rango de lo previsible en un niño de tal edad y caracterís-
ticas (bien por su mayor frecuencia o intensidad, por ser lesiones apa-
rentemente inexplicables o no acordes con las explicaciones dadas
por el niño y/o sus padres, etc.).

442
2. No se ha percibido claramente ninguno de los indicadores señalados,
pero hay un conocimiento certero de que el niño ha padecido algu-
no de los tipos de lesiones físicas indicadas como resultado de la
actuación de sus padres o tutores.

3. No existen lesiones físicas, pero hay un conocimiento certero de que


los padres o tutores utilizan un castigo corporal excesivo o palizas
hacia el menor. para que este tipo de acción sea calificada como mal-
trato físico, deben estar presentes los siguientes factores:

– La intensidad de la reacción padre/madre no se corresponde con la


seriedad de la acción del niño o con la ausencia de acción del
menor, o la disciplina administrada no es apropiada o no está en
concordancia con los intereses del niño en función de sus edad o
nivel de desarrollo.

– Parece que el padre no controló su reacción cesando el castigo.

– Además de lo anterior, el niño presenta un estrés emocional no jus-


tificado.

* Categorías de maltrato físico

Las categorías especificadas a continuación han sido elaboradas a fin de


determinar la gravedad de la situación:

Gategoría A

Lesiones físicas graves (fracturas de huesos, hemorragias, lesiones inter-


nas, quemaduras, envenenamiento, hemorragias o hematomas subdurales,
etc.) que requieren atención médica.

Gategoría B

Lesiones físicas menores o sin lesiones (no ponen en peligro la salud físi-
ca del menor).

Categoría Z

No conocido.

443
B) ABANDONO FISICO
Definido como «aquella situación en la que las necesidades físicas bási-
cas del menor (alimentación, vestido, higiene, protección y vigilancia en las
situaciones potencialmente peligrosas, y/o cuidados médicos) no son atendi-
das temporal o permanentemente por ningún miembro del grupo que convi-
ve con el niño».

* Indicadores físicos
– Alimentación: no se le proporciona la alimentación adecuada. Ham-
briento.
– Vestuario inadecuado al tiempo atmosférico. El niño no va bien pro-
tegido del frío.
– Higiene: Constantemente sucio. Suciedad aparatosa. Escasa higiene.
– Cuidados médicos: Problemas físicos o necesidades médicas no aten-
didas, o ausencia del control y cuidados médicos rutinarios.
– Supervisión: El niño pasa largos períodos de tiempo (solo o con sus
hermanos) sin la supervisión y vigilancia de un adulto.
– Supervisión dentro del hogar: repetidos accidentes domésticos clara-
mente debidos a negligencia por parte de los padres o tutores de los
niños.
– Condiciones higiénicas y/o físicas del hogar: condiciones higiénicas
y/o físicas del hogar peligrosas para la salud de la menor.
– Área educativa. inasistencia injustificada y repetida a la escuela.

* Requisitos para señalar su presencia


La existencia de Abandono Físico viene determinada por la cronicidad
en la observación de las conductas anteriormente descritas, es decir, de la
constatación de un solo indicador o varios indicadores simultáneamente de
manera reiterada y/o continuada.

* Categorías de Abandono Físico


Las categorías especificadas a continuación han sido elaboradas a fin de
determinar la gravedad de la situación:

444
Categoría A:
El niño ha padecido lesiones o daño físico como consecuencia directa
de la conducta negligente de sus padres o tutores, habiéndose requerido
atención médica por ello.
O
La negligencia en la conducta parental ha determinado que el niño pre-
sente retrasos importantes en su desarrollo (intelectual, físico, social...) que
requieren de atención especializada.

Categoría B:
El niño no ha padecido lesiones o daño físico como consecuencia direc-
ta de la conducta de sus padres o tutores y no requiere, por tanto, de aten-
ción médica. Sin embargo, la conducta parental negligente es causa directa
de situaciones de rechazo hacia el niño (escuela, calle...).

Categoría C:
Se produce la conducta negligente, pero el niño no padece ninguna de
las situaciones señaladas en las categorías anteriores.

Categoría Z:
No conocido.

C) MALTRATO EMOCIONAL
Definido como «hostilidad verbal crónica en forma de insulto, burla,
desprecio, crítica o amenaza de abandono, y constante bloqueo de las ini-
ciativas de interacción infantiles (desde la evitación hasta el encierro o con-
finamiento) por parte de cualquier miembro adulto del grupo familiar».

* Indicadores en los padres o tutores (Garbarino y cols, 1986)


– Rechazo:
Implica conductas que comunican o constituyen abandono (recha-
zar las iniciativas de interacción del menor, exclusión del niño de las
actividades familiares, transmisión al niño de una valoración negati-
va de si mismo).

445
– Aterrorizar:
Se refiere a amenazar al niño con un castigo extremo o con uno
vago pero siniestro, crear en él un miedo intenso, de amenaza
impredecible, ó mantener hacia éste expectativas inalcanzables cas-
tigándole por no alcanzarlas.
– Aislamiento:
Se refiere a privar al niño de las oportunidades para establecer rela-
ciones sociales.

* Requisitos para señalar su presencia


Para señalar la presencia de Maltrato Emocional, se han de dar los dos
requisitos siguientes de manera simultánea:
– Al menos una de las conductas incluidas como indicadores se pre-
senta de manera reiterada y/o continua.
– Su presencia es claramente perceptible.

* Categorías de Maltrato Emocional


Las categorías especificadas a continuación han sido elaboradas a fin de
determinar la gravedad de la situación:

Categoría A (Severo):
Señalar cuando se produzca alguna de las tres situaciones siguientes:
– Rechazo: Categórico, total y constante.
– Aterrorizar: Amenazas dramáticas, misteriosas, extremas o doble
vínculo.
– Aislamiento: El padre/madre pone todo su esfuerzo en impedir las
relaciones sociales del niño.

Categoría B (Moderado)
Señalar cuando se produzca alguna de las tres situaciones siguientes:
– Rechazo: Frecuente y grandemente generalizado.

446
– Aterrorizar: Amenaza directa continuada a la sensación de seguridad
del niño.
– Aislamiento El padre/madre realiza esfuerzos activos por evitar las
relaciones sociales del niño.

Categoría C (Medio):
Señalar cuando se produzca alguna de las tres situaciones siguientes:
– Rechazo: Se limita a incidentes aislados.
– Aterrorizar: Arbitrariedad y utilización del miedo como disciplina.
– Aislamiento: Fracaso parental en proporcionar al niño oportunidades
y ocasiones para la interacción social.

Categoría Z:
No conocido.

D) ABANDONO EMOCIONAL
Definido como «la falta persistente de respuesta a las señales, expresio-
nes emocionales y conductas procuradas de proximidad e interacción ini-
ciadas por el niño y falta iniciativa de interacción y contacto, por parte de
una figura estable adulta».

* Indicadores en los padres o tutores


– Ignorar:
Se refiere al estado del padre/madre de no disponibilidad para el
niño, es decir, el padre/madre está preocupado por si mismo y es
incapaz de responder a las conductas del niño.

* Requisitos para señalar su presencia


Para señalar la presencia de maltrato Emocional, se han de dar los dos
requisitos siguientes de manera simultánea:

447
– Al menos una de las conductas incluidas como indicadores se pre-
senta de manera reiterada y/o continua.
– Su presencia es claramente perceptible.

* Categorías de Abandono Emocional


Las categorías especificadas a continuación han sido elaboradas a fin de
determinar la gravedad de la situación:

Categoría A (Severo)
El niño no tiene acceso emocional o de interacción a los padres.

Categoría B (Moderado)
Períodos prolongados de inaccesibilidad, el padre erige una «barrera de
silencio».

Categoría C (Medio)
Evidente falta de atención al niño durante el tiempo que está con sus
padres: comida regreso del colegio.

Categoría Z
No conocido.

E) ABUSO SEXUAL

Definido como «cualquier tipo de contacto sexual en un niño menor de


18 años por parte de un familiar/tutor adulto desde una posición de poder o
autoridad sobre el niño».

* Indicadores
– El niño es utilizado por sus padres o tutores para realizar actos
sexuales.

448
* Requisitos para señalar su presencia
Se requiere que en al menos una ocasión se haya producido alguna de
las situaciones señaladas.

F) EXPLOTACIÓN LABORAL
Definida como aquella situación en que los padres o tutores asignan al
niño con carácter obligatorio la realización continuada de trabajos (domés-
ticos o no) que:
1. Exceden los límites de lo habitual.
2. Deberían de ser realizados por adultos.
3. Interfieren de manera clara en las actividades y necesidades sociales
y/o escolares de los niños.
4. Son asignados al niño con el objetivo fundamental de obtener un
beneficio económico o similar para los padres o la estructura familiar.

G) INCAPACIDAD PARENTAL DE CONTROL DE LA CONDUCTA DEL NIÑO


Definido como aquellas situaciones en que «los padres o tutores mani-
fiestan o demuestran claramente su total incapacidad para controlar y mane-
jar de manera adaptativa el comportamiento de su/s hijos».

H) ALTO RIESGO
Definido como «aquellas situaciones donde no se ha producido ningu-
na situación de maltrato y abandono, pero las condiciones de la familia y/o
sus miembros particulares hacen prever altas posibilidades de que la situa-
ción se desarrolle en el futuro».

I) CORRUPCION
Incluye impedir la normal integración del niño mediante el refuerzo de
pautas de conducta antisocial o desviadas (especialmente en el área de agre-
sividad, sexualidad y drogas).

449
Factores asociados al maltrato

Además de la situación de maltrato propiamente, es frecuente que se


presenten simultáneamente una serie de problemas en la familia cuya reso-
lución va a depender en gran medida la recuperación del buen funciona-
miento familiar, el mantenimiento de los posibles cambios seguidos y, por lo
tanto, la eficacia del programa.

Se pretende determinar cuáles y cuántos de estos problemas se encuen-


tran presentes en cada familia, en cada uno de los momentos en los que se
realice la evaluación. Se da por supuesto que la solución de dichos proble-
mas, en aquellas familias en las que se presente, ha sido uno de los objeti-
vos de la intervención. De alguna manera, equivale a evaluar en que medi-
da se están consiguiendo buenos resultados en lo que a los objetivos
específicos por la intervención se refiere.

a) Ausencia de conciencia de problema: Uno o ambos padres no reco-


nocen la existencia de la situación de desprotección ó alto-riesgo en
sus hijos. Se incluye en esta categoría la falta de reconocimiento por
parte de los padres de aquellos problemas cuya resolución es
imprescindible para solventar la situación de desprotección (ejem-
plo: problemas de alcoholismo o toxicomanía).

b) Falta de motivación para el cambio: La actitud y el comportamiento


del padre y/o la madre hacia la intervención reflejan su no disposi-
ción a la introducción de cambios en la situación familiar ó, mani-
festando aparentemente una voluntad de cambio, no se implican
activamente en la consecución de los mismos.

c) Presencia de alcoholismo/drogodependencias: Uno ó ambos padres


presentan problemas de consumo abusivo ó dependencia de alco-
hol, drogas o fármacos.

d) Problemas significativos en el bienestar psicológico: Uno ó ambos


padres sufren un problema mental lo suficientemente serio para
imposibilitar un funcionamiento mínimamente adaptado del sujeto.
Se incluyen también las familias en las que uno o ambos progenito-
res presentan dificultades menores a nivel psicológico que tiene
implicaciones negativas en su capacidad para cumplir adecuada-
mente con las responsabilidades de su rol parental.

450
e) Relación de pareja conflictiva: Se incluyen aquellas familias en las
que existen problemas importantes en la relación conyugal que
interfieren en el cumplimiento de los roles parentales.

f) Problemas en la relación con la familia extensa: Existe un problema


en las relaciones con la familia extensa (parientes consanguíneos y/o
políticos) que interfiere de manera clara en el funcionamiento ade-
cuado del núcleo familiar objeto de la intervención.

g) Aislamiento social: Uno ó ambos padres no disponen de una red


social que les permita mantener relaciones interpersonales positivas
y estables y, en consecuencia, contar con figuras que les proporcio-
ne el apoyo necesario (material emocional e informacional).

h) Domicilio familiar en condiciones precarias: Se constata la presen-


cia de serios déficit en la vivienda que significan un deterioro impor-
tante de las condiciones de habitabilidad de la misma (casa en esta-
do ruinoso, ausencia de baño, cocina, calefacción, agua caliente,
etc).

i) Desempleo del cabeza de familia: El cabeza de familia carece de un


trabajo remunerado.

j) Problemas en el manejo de la economía familiar: Existen dificulta-


des notables respecto a la distribución adecuada de los recursos
económicos de la familia.

k) Presencia de problemas específicos: Uno o varios hijos presentan


dificultades que implican un deterioro de su bienestar psicológico
(problemas de ansiedad, depresión, problemas conductuales, etc.).

l) Presencia de relaciones conflictivas padres-hijos (excluyendo la pro-


blemática específica del maltrato físico): Se constata un deterioro
evidente de las relaciones entre padres e hijos, con repercusiones
negativas notables en el entorno familiar general.

m) Presencia de conductas negligentes hacia los hijos (excluyendo la


problemática específica de abandono físico): Uno ó ambos padres
manifiestan ciertas conductas negligentes hacia sus hijos que no lle-
gan a generalizarse y que, por tanto, no pueden ser englobadas
estrictamente dentro de una situación de abandono físico.

451
n) Asunción de roles parentales por parte de los hijos: Uno ó varios de
los hijos desempeñan, en mayor o menor grado, roles parentales
asumiendo funciones que, fuera de su competencia, implican un
nivel de responsabilidad en el niño claramente inadecuado.

ñ) Presencia de problemas relacionados con la planificación familiar:


Los padres no adoptan medios precisos para posibilitar una adecua-
da planificación familiar.

452
Nº caso ………

Informe de baja

Familia .........................................................................................

Supervisor/a ..............................................................................

Fecha de Alta ..........................................................................

Fecha de inicio de Seguimiento ...................................... (Duración en meses)


Fecha de Baja ...........................................................................

453
Nº caso ………

Recursos utilizados a lo largo de la intervención


RECURSOS SI NO TIEMPO TOTAL N.º SESIONES DURACIÓN
(MESES) SESIÓN

Trabajador/a familiar
Valoración
Terapia
* Individual adultos
* Pareja
* Familia
* Individual infantil
Grupos Pedagógicos
Padres/Madres
Otros (señalar):

Situación de los menores (Señalar número de menores en cada situación)

SITUACIÓN INICIO PROGRAMA FIN PROGRAMA


Domicilio familiar
Institución
Acogimiento familia extensa
Acogimiento familiar
Familia extensa sin acogimiento
Otros (Señalar):

454
Nº caso ………

Tipo de maltrato (Señalar con una cruz la casilla adecuada)

TIPO
HIJOS CATEGORÍA ACTUAL PERPETRADOR/A
MALTRATO

HIJO N.º 1
AÑOS

HIJO N.º 2
AÑOS

HIJO N.º 3
AÑOS

HIJO N.º 4
AÑOS

HIJO N.º 5
AÑOS

HIJO N.º 6
AÑOS

HIJO N.º 7
AÑOS

HIJO N.º 8
AÑOS

HIJO N.º 9
AÑOS

HIJO N.º 10
AÑOS

HIJO N.º 11
AÑOS

HIJO N.º 12
AÑOS

HIJO N.º 13
AÑOS

455
Nº caso ………

Residencia hijos
RESIDENCIA NÚMERO DE HIJOS
HOGAR FAMILIAR
FAMILIA EXTENSA SIN ACOGIMIENTO
FAMILIA EXTENSA CON ACOGIMIENTO
ACOGIMIENTO INSTITUCIONAL
ACOGIMIENTO FAMILIAR
ADOPCIÓN
OTROS (Señalar):

Indicación de previsión de recursos adicionales tras la baja


–SI
– Trabajador/a Familiar
– Tratamiento Psicoterapéutico
– Seguimiento específico
– Seguimiento habitual en los Servicio Sociales
– No
Razones de baja (Señalar con una cruz la casilla adecuada)
– Fin de Tratamiento
– Abandono del Programa por parte de la Familia
– Imposibilidad de lograr cambios:
– No conciencia de problema
– No motivación cambio
– Tipo de patología presentada
– Otros (especificar)
Valoración general de resultados
– Objetivos alcanzados
– Resultados parciales suficientes
– Resultados parciales insuficientes
– Objetivos no alcanzados

456
Nº caso ………

Factores asociados
OBJ. NO OBJ. PARC. OBJ. SI
FACTORES ASOCIADOS
PADRE MADRE PADRE MADRE PADRE MADRE

Ausencia conciencia de problema


Falta de motivación para el cambio
Presencia de alcoholismo/Adicciones
Problemas significativos en el bienestar
psicológico
Relación de pareja conflictiva
Problemas en la relación con la familia
extensa
Aislamiento social
Domicilio familiar en condiciones
precarias
Desempleo
Problemas en el manejo de la economía
familiar
Presencia de problema específicos
en los niños
Presencia de relaciones conflictivas
padres-hijos (excluido maltrato físico)
Presencia de conductas negligentes hacia
los hijos (excluido abandono físico)
Asunción de roles parentales por parte
de los hijos
Presencia de problemas relacionados
con la planificación familiar
Ignorancia sobre las características
evolutivas del niño y sus necesidades

OBJ. NO: Objetivo respecto al problema no alcanzado.


OBJ. PARC: Objetivo respecto al problema parcialmente alcanzado.
OBJ. SI: Objetivo respecto al problema completamente alcanzado.

457
bibliografía
ANDERSON, S.C. y LAUDERDALE, M.C. (1982). Caracteristics of abusive
parents: a look