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Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Teología
Arte y espiritualidad
Danna Margarita Villegas Calixto
Profesor: Ricardo Acero
26 de marzo de 2019
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Pallá, J. (2003) La iglesia y el arte: Una doctrina permanente. E Aquinas Año 1. 6. Pp
14-31.

El texto brinda un amplio panorama del recorrido histórico del arte en la iglesia, dando
como tesis central que el arte es posible aproximar la criatura al creador, esto en tanto
el arte en la iglesia es simbolismo de las enseñanzas (de la doctrina, evangelios,
parábolas, verdades de la fe, etc), así quien observa el arte puede hacerse una idea de
lo que transmite esta doctrina en especial. Por otra parte, el autor hace referencia a las
formas de representación de esta doctrina, afectadas también por el lugar del artista en
la sociedad, si por ejemplo este era reconocido como artista, o si pertenecía a la
doctrina que representaba. Termina contemplando un discurso del “santo padre” que
podría considerarse como las grandes conclusiones como: la fé es el camino a la
belleza, y el arte es belleza en sí mismo; el arte facilita la comprensión del hombre,
entre otras grandes premisas.

Considero que la lectura del texto puede llegar a ser compleja y conflictiva ya que está
escrita en términos muy religiosos, por lo que puede ser difícil comprender la real
función del arte, ya que en el texto se afirma que su uso es para “profundizar en la fe y
acercarse al lenguaje de lo sagrado”, sin embargo, esta postura durante todo el escrito
priva al lector de contrastar teorías puramente religiosas o doctrinales y teorías
mercantilistas y de tinte capitalista sobre el arte, y considero que si el autor no da un
espacio real o valioso para que el lector lo cuestione por cuenta propia, siendo así,
aunque la parte histórica y casi teórica del escrito es llamativa y acerca completamente
al lector a lo que fue y es el arte en la iglesia, no hay lugar para el debate, es un
monólogo desde un solo paradigma. Y es allí donde me genera mayor inconformidad,
puesto que el texto puede llegar a limitarse (en su mayor parte) a una revisión
bibliográfica (histórica y teológica) del arte y la iglesia, más no a innovar con alguna
pregunta problema o debate de contraste, por lo que el texto puede ser enriquecedor
para el lector, pero no novedoso.
Ahora bien, en el sentido del contenido del principio me queda resonando el hecho de
que el artista divaga entre lo real y lo ideal, y en la actualidad ninguna es más
predominante que la otra.
A mi parecer los temas de mayor interés (y debate) que no son exactamente los que
más se resaltan en el texto, son en primer lugar la contraposición de mundo público y
privado de la iconografía y culto a las imágenes, y por lo tanto del arte, ya que esto
permite ver primero la monetización de lo sagrado (en el mundo privado) y por otra
parte me genera un cuestionamiento frente al objetivo de la difusión de la doctrina, ¿el
arte realmente cumplía un papel comprensivo y cercano a lo sagrado? ¿O era solo un
método macabro para atraer más feligreses por medio de un arte que se vale del
sentimiento humano para conmover?, la respuesta a estas preguntas dependerá de la
filiación de quien lea el texto. Pero nuevamente considero que estas deberían ser
preguntas contempladas en el escrito original.

Siendo así considero que el texto es una ayuda para cualquier persona interesada en la
historicidad del arte “sagrado”, igualmente para aquellas personas que aunque no
tengan ese interés estén afiliadas a una doctrina como la descrita allí, pero carece de
espacio de verdadero debate (a menos que el lector lo genere) y de innovación, por lo
que es un buen texto de consulta.

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